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/

Sección Qµinta

COMENTARIOS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS
1

�CINCO LECCIONES DE XA VIER ZUBIRI. DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL
VALLE. Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Nuevo
León.

I

HAcE ALGUNOS AÑOS ME SENTÍ impulsado a escribir, para la prensa mexicana, un
artículo intitulado: "Nuestra deuda con Zubiri". Quería hacer patente mi gratitud
al maestro que me hizo descubrir una nueva luz filosófica y un nuevo estilo de filosofar. A muchos de mi generación, él nos lanzó, cobrando conciencia de la realidad,
en la apasionante aventura intelectual del filosofar. El magno espectáculo del riguroso filosofar en cuanto tal, que es Zubiri, nos ha develado un modo de existir y un
tipo de quehacer vocacional. De mí sé decir que si no hubiera ocurrido mi encuentro con Xavier Zubiri, tendría un espíritu completamente distint&lt;Y del que tengo. Acaso les haya sucedido eso mismo a muchos otros cultivadores hispanolocuentes de la
filosofía. Y todo ese ámbito prodigioso de la temática y problemática zubiriana, toda esa herencia emocionada que no podemos ni queremos negar, nos lleva -me lleva a mí, por lo menos- a hablar de nuestra deuda con Zubiri.
"Cinco Lecciones de Filosofía" ("Sociedad de Estudios y Publicaciones", Madrid1963) es la última obra de Xavier Zubiri. Se trata de una exquisita cortesía filosófica del autor para el público culto no iniciado, especialmente, en la filosofía. No tan
sólo presta un "servicio informativo y orientador", sino que nos hace vibrar al unísono con Aristóteles, Kant, Comte, Bergson, Husserl, Dilthey y Heidegger. El autor
ha querido prescindir de toda crítica para ofrecernos, henchido de simpatía y de
respeto, una exposición de lo que significa la filosofía en siete filósofos ejemplares.
Nada más y nada menos.
La filosofía, en Aristóteles, es una forma de saber, uha función intelectual y un
modo de actividad. Saber es poseer intelectivamente, firmemente, la verdad de las
cosas. Sobre el sentir -primer esbozo del saber, que compartimos con los animalesse organiza, por la retentiva o memoria, un orden que llamamos experiencia, "ernpeiría". H ay cinco modos de saber exclusivos del hombre: a) la tékhne consiste en
saber hacer las cosas. Es el modo primario y elemental de estar en la verdad de las
cosas. Mientras el saber de la experiencia ignora el por qué y es particular, el saber
de la tékhne es universal. b) El saber de la phrónesis -que los latinos llamaron
Prudentia- no es un saber hacer cosas, sino una actividad ("enérgeia"). Saber universal que no se constriñe a determinadas circunstancias, sino que se refiere a la totalidad de la vida y del bien del hombre. Trátase de "una habitud de praxis con
razón verdadera acerca de lo bueno y de lo malo para él hombre". c) La epistéme

677

�es realmente el verdadero saber de las cosas. Habitud de la demostración que nos
muestra un "por qué" universal por necesario. Ciencia es un saber "demostrar la
interna necesidad de lo que no puede ser de otra manera" (Opus cit., p. 22). Saber
apodíctico que fue la genial creación aristotélica. d) La intelección ( nous) está constituida por' "ciertas supremas aprehensiones videnciales del ser de las cosas. Solamente así es posible la intelección apodíctica. El saber apodíctico no recae directamente -ejemplifica Zubiri- sobre las relaciones triangulares, sino sobre "el" triángulo. Por esto la videncia noética de la triangularidad es el principio de toda la
ciencia del triángulo" (p. 24). e) La Sabiduría ( sophía) es el saber integral de algo.
Estriba "en, la visión de los principios y en la necesidad con que de ellos deriva necesariamente una ciencia y el Nous de las cosas que por su naturaleza son las más
nobles". El Estagirita quiere hacer de la filosofía una ciencia rigurosa que se explique acerca de sus propios principios. Llama a la filosofía "la ciencia que se busca". Ciencia según el todo en que está. Totalidad como coincidencia de todas las
cosas en un mismo carácter: el "ser". En tanto en cuanto es, toda cosa forma
parte del todo. La potencialidad viene de una actualidad y va ordenada a ella. En
consecuencia, ente es, ante todo, ente como algo actual, ente por sí mismo, substancia.
Como todo modo de saber, la filosofía desempeña una función intelectual. Se
dice que el que la posee es sophós (sabio). Por sophós, Aristóteles entiende el que
conoce no sólo cosas determinadas, sino que abarca el dominio entero de las cosas
que le conciernen. Pero hay varios otros significados: aquel cuyo dominio sabido
es lo más difícil e inaccesible, saber exacto de las cosas, saber enseñable, saber rector, saber que se busca por sí mismo. Solamente cuando las técnicas del placer, de
la comodidad y de la vida fácil se han descubierto, el hombre puede liberarse del
negotium y quedarse en simple otium. En el ocio se ha originado el mito por huir
de la ignorancia. Pero es la sabiduría el saber supremo de las cosas porque versa
sobre su entidad. Ser es el carácter y la noción más universal que cabe. Ninguna
cosa queda, pues, fuera de la filosofía. Nada más difícil e inaccesible que lo universal.
Filosofar es un tipo de bíos, de vida. No se trata, para Aristóteles; de una ocupación esporádica del hombre, sino de un modo de actividad que es patrimonio del
hombre libre. Es libre, según Aristóteles, "el hombre que es para sí mismo y no
en vista de otro". "El supuesto básico de la democracia es la libertad". El hombre
libre vive en la polis, dentro de un régimen de autodisponibilidad.
"Todos los hombres queremos ser felices", dice Aristóteles en el Protréptico, un
escrito de juventud. La felicidad es la habitud de lo bueno. Las diferencias de
ethos son diferencias ante lo que se considera el bien del hombre. Hay tres tipos de
vida: logro de goces y satisfacciones, vida política ( regir con justicia a los demás)
y vida teorética ( entrega a la verdad de lo que las cosas son) . Esta última se funda en las virtudes dianoéticas ( de la actividad del Nous) . La superioridad de la
vida teorética se caracteriza: a) por ser la más alta, la más fuerte, la más vigorosa; b) por ser la actividad más continuada, la que no se agota por mucho que
se detenga en la cosa; c) por ser la que produce las satisfacciones más admirables: lo que las cosas son; d) por ser la actividad más autárquica; e) por ser
la única actividad amada por sí misma; f) por ser la más ociosa de todas las actividades. El bíos theoretik6s no sólo es el bíos más alto, sino el más divino. Atiende a "lo que siempre es". En consecuencia es inmortal y envuelve al The6s. Más

aún, hombre.
és la vida de The6s mismo. p ura act1v1dad
. .
del
actual. Teoría pura. Es lo mejor
como forma de saber' la r·1
. z b..
1 "En
b conclusión:
d 1
I osof'Ia -apunta Xavie
e sa er e os entes en cuanto ent es, eI sab.er apod1ctico
, . de 1
· r· • u i n - es
en cuanto tal y en su omnitud total C
f ·~ .
· os prmc1p1os del ente
función de ser sabiduría. más a, . . lomob_unc~on mtelectual, la filosofía tiene la
•
'
un. es a sa 1duna por excele · 1
b.d ,
.
mera. Fmalmente, como modo de actividad 1 .
,
, ncra, a sa I una pnsuprerna Y más divina "C a t
,
li '. a filosof1a es b1os Theoretik6s, la forma
·
u n o mas so tano y abandon d
, .
encontrando -confiesa Aristóteles- m
, a o . a llli Ill!Smo me he ido
comenta· "N
, .
' e he vuelto mas allligo del mito" y z b. ·
0 es verosmul que Aristóteles hubiera
,
•
bdi d
•
·
u m
sof1a. Pero sería posible que su 1.de d I fil f' a ca o de su idea de la filo. •
ª
e a oso 1a como sabid '
1 •
más d 1vma del hombre hubiera t
. d
una Y como a vida
mito del saber. Sea de ello lo q ermmfa o por parecerle un poco mítica: sería el
ue uere entre estos dos mitos ¡ •
,
b
'
, e lllito que aun no
ha 11egado a ser un saber
1
la filosofía como una cien~ae ( sa_ e; como mi~o,. Aristóteles ha inscrito su idea de
todo en tanto ue es
epISt me) apod1ct1ca de la entidad de todo, y del
q
, Y solamente en tanto que es" (pp. 56_57 ).

11
Para acercarse a la idea kantiana de la filosofía, Xavier Zub· · d"I ·d
mente cinco puntos:
in
1 uc1 a sucesiva-

t·

~a
a
La
o. La
5o. La
o.

!º·

!0rmulación precisa del problema filosófico

para Kant.
idea de un nuevo método en la filosofía prim
e~truc~ura del saber filosófico como ciencia de e:jetos
fil~sof1a como saber de lo trascendente.
.
urudad del saber filosófico: la ciencia filosófica.

¿ Cómo saber si efectivamente una serie de saberes ha
d.d
gura. . . el real camin d
• . ,,
empren 1 o "la marcha se.
o e una c1enc1a ? Kant contesta con tres
.
.
eXIsta verdad en los resultados obtem.dos· b ) que existan
a ) que
, 1exigencias:
1
•, r·.
' ,
no so o resu tados verdad eros, sino, además' una di·r ecc1on
1Ja un metodo
la ·
· .,
c) que cada verdad ,
• d '
.
' en
mvestlgac10n de la verdad ·
as1 conquista a acreciente el sab
•
'
lo destruya, esto es si la marcha
,
er antenor y no simplemente
do lo restante son :neros pro
' segun aqu~l n:1étodo, es realmente progresiva. To.
gramas, nunca c1enc1a real
. Mientras la matemática y la física son cienci
. .
, .
siempre a discusión no llega a 1 .d d úl .
as ngurosas, la metaf1S1ca, sometida
'
c an a es timas no entra '
1
y sin embar
" .
'
aun por e seguro camino
d e la ciencia
sica".
T 'ta .
K
go, mientras haya hombres en el mundo habrá metafí
ra se, para ant, de una "disposici, f d
"
mana. El problema filosófico e I b ,
d odn un amen tal de la naturaleza hus a usque a e un nue O
·- • •
f d
no sólo originante. No se t t d
.
.
v. prmc1p10 un amental y
cierna la índole de la pur ra a, e1 onge~ _de las ideas, sino de un juicio que disL
, .
a razon, una critica de la razón ura
" a matematlca construye figuras y números se ,
p
.
. .
construcción". "La físic d G lil
. .
gun conceptos. Es ciencia, por.
ª
e a eo es c1enc1a no por p d · · ·
smo por hipótesis" (p 76) A ,
did
a o eix1s ru por construcción
es lo que Kant llama. "m·tw
. .' . ~1 ,~ntHen a la ciencia tiene ante todo algo "dado"'.
c1on
ay además t
•
d.
'
contepto es principio "para" 1 .. tui . ,'
' o ro mgre iente: el concepto. El
cíos; pero las intuicione . l a m c10n. Los conceptos sin las intuiciones son vacepto ". Por q ,
s sm. os conceptos son ciegas. Veo la naturaleza con el con•
é
ue no renunciar al supuesto de que los conceptos están tomados de

679

�las cosas y en lugar de hacer que la
los que giren en tomo de la mente?
blemas astronómicos con sólo suponer
no el sol en torno de la tierra. ¿No

mente gire en tomo de los objetos, sean éstos
Copérnico resolvió de golpe una masa de pro•
que es la tierra la que gira en torno al sol, Y
podría hacerse esto mismo en metafísica? Me-

recería la pena de intentarlo" (p. 78).
La lógica, la matemática y la física deben su rigor científico a que proceden a
priori. Pero la lógica está compuesta de juicios analíticos, se funda en evidencias absolutas no se ocupa más que del pensamiento mismo y tiene como supremo princi'
.
. .
pio el de no-contradicción. Las otras dos ciencias se ocupan de ob¡etos y sus JW·
cios son sintéticos, esto es, añaden al concepto del sujeto un predicado que no estaba contenido en él. Son juicios sintéticos a priori. Los principios de la metafisica
(por ejemplo, todo Jo que sucede tiene una causa) son, también, sintéticos a priori.
Pero, ¿ cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica?
Conocer es subsumir bajo un concepto algo dado en una intuición, o referir un
concepto a una intuición. Los conceptos expresan la inteligibilidad misma de todo.
Son )as "categorías", como les llamó Aristóteles. Las cosas son los objetos de todo
posible entendimiento. Que algo sea objeto es una condición que depende de mí. El
"yo pienso" es el que "pone" la inteligibilidad misma de los objetos. Pero las categorías se fundan en el entendimiento mismo, y no en los objetos como pretende
Aristóteles. Trátase, en lenguaje kantiano, de una "deducción trascendental". La trascendentalidad del carácter de objeto está "deducida" de la trascendentalidad del
"yo pienso". Para que haya conocimientos no basta el puro entendimiento; se requiere un objeto dado, un objeto intuido. No es suficiente que la cosa sea real; menester es que sea sensible. Mi sensibilidad espacio-temporal (un aquí y un ahora) es
el principio determinante de la perceptibilidad de algo. El espacio no es un orden de
coexistencia dado por las sensaciones, sino el supuesto mismo de su ordenación. En
consecuencia, es anterior a las cosas. No estamos ante una intuición empírica, sino
ante una forma previa para poder percibir. Intuición pura, intuición a priori.
El entendimiento admite que los objetos son también cosas en si ( nóumeno). Pero del nóumeno no podemos conocer nada sino en cuanto se manifiesta en forma
de objeto (fenómeno). El entendimiento hace de lo dado objeto. La filosofía primera no es ontología sino ciencia de las condioiones trascendentales del conocimiento de los objetos. El conocimiento comienza por la iptuición, sigue con el concepto
y termina en 1a Idea. La idea tiene una función reguladora, no una función cognoscitiva. Cuando sistematizamos la totalidad de lo dable en una intuición externa, estamos ante la Idea del Mundo. La totalidad de lo dable en la intuición interior nos
lleva a la Idea del Alma. Y la totalidad de estas dos totalidades en un sistema absolutamente total es la Idea de Dios. Ahora bien, "mientras haya hombres, habrá
metafísica en el sentido de versión a Jo trascendente, hacia el mundo, hacia el alma, hacia Dios" (p. 96).
La conciencia cognoscente no agota la conciencia del hombre, porque el hombre
es también conciencia moral. En la historia nos encontramos con múltiples normas
morales. Hay que preguntarse no por el contenido de esas normas, sino por la moralidad en cuanto tal, esto es, por el deber. Pero, ¿ qué es el deber? Más allá de lo
que "es" está lo que "debe ser". El deber moral (deber por el deber) no pende de
ninguna condición, es absoluto. Imperativo categórico, le llama Kant. Estamos an·
te la forma suprema de la praxis. Los postulados de la razón práctica -alma in•
mortal y Dios-. son exigencias inteligibles. El puro entendimiento no conduce a la

680

existenc!ª. de Dios, porque Dios no es objeto de la experiencia. "Pero Kant --observa Zubm- ha afirmado enérgicamente: lo. que lo trascendente es absolutamente
reai; 2~. que de lo trascendente tenemos verdades absolutas; 3o. que estas verdades estan fundadas en necesidad intelectiva apoyada en una primera intelección
'demostrada', en la intelección de la realidad libre. Estas verdades forman pues un
verdadero saber" (p. l 08).
'
'
La filosofía
es una ciencia de las verdades últimas. Se trata de u n a reflexion
·' es.
peculativa sobre los principios de la razón, sobre las verdades últimas de l
'
El b
,
a razon.
sa er de que algo 'es". porque_ '_'debe ser" es la conjunción kantiana. "Como quiera q_ue sea -apunta Xavier Zubm para concluir-, Kant tuvo la convicción inconn:1ºVlble_ de que. la filosofía es metafísica, y de que la metafísica ha de ser una cienc'.a e~tncta Y ngurosa. Y la única manera posible de constituir la metafísica como
c1enc1a es hacer de ella una ciencia de los p rincipios supremos de la razón considerada
como princjpio de la inteligibilidad de las cosas para rm'". . . "La filosof'1a es
.
si.empr~ Y s_ó~o. ~na ciencia especulativa de este doble uso de la razón como principio
de !ª mtehg¡bilidad trascendental de los objetos y como principio inteligible de la
r~ahdad trascendente. Si se quiere la razón es principio de un saber teorético pero
~lo tr~cendental, de los objetos, y principio de un saber credencial o práctico'. pero
mtelectivamente verdadero, de lo trascendente" (pp. 114-115). Pocas veces se habrá
hecho u~,ª exposic_ión sintética de la filosofía de Kant que pueda parangonarse, en
penetrac1on y claridad, a la realizada por Xavier Zubiri.

III
La bancarrota de la especulación -singularmente de la filosofía hegeliana- "fue
uno de los grandes sucesos que vivió Comte, por así decirlo sobre sus propios huesos". Xavier Zubiri sigue su marcha en tres momentos suce:ivos:
lo. Cómo ve Comte la filosofía como problema.
2o. Cómo entiende que debe constituirse. el saber filosófico, es decir, la idea de
una .filosofía positiva.
3o. Qué es la filo.sofía como sabiduria del espíritu humano.
"La filosofía es siempre y sólo un momento de la evolución del espíritu humano"
(p. 123) • Trátase de una operación del entendimiento esencialmente incardinado e
una colectividad, en la sociedad. La vida fuerza al hombre a poner orden para po~
• der ~rever lo que va a ocurrir. "Saber es prever, pero prever para proveer". La fj.
lo~o~ia pro~onga metódicamente la sabiduría universal. Pero la filosofía es más sistematica Y tiende más a la generalidad que la sabiduría. Para Comte la filosofí e
en t'ernunos
.
1 "
'
a s,
genera es, aquel saber racional acerca de las cosas y de los hombres
que en última instancia determina el régimen de vida del espíritu humano social~
mente considerado" (p. 126). Cada régimen es un estado a que se ha llegado. Orden llama Comte a aquello según lo cual el estado es "estable". Orden en las ideas
en las costumbres, en las instituciones, etc. "Y aquello según lo cual todo estado vie~
ne de otros Y lleva, por lo menos en principio, a otros es a lo que Comte llama
"progreso" . La uru. dad ·mtnnseca
'
entre orden y progreso 'es, en definitiva, para Corote, la verdadera estructura de todo "estado": es un orden progresivo O un progreso
ordenado". (p. 128).
'
Si la filosofía no es más que la expresión del régimen intelectual de un estado, se

681

�,
comprende que haya distintos tipos de filosofía o, si" se quiere, diversos regímenes
filosóficos. Sistemáticamente considerada, cada filosofía es un orden definido. Desde
el punto de vista histórico cada nuevo orden es un progreso. La ley estructural del
orden y del progreso preside la marcha de la filosofia. Concretamente, Comte nos
habla de la ley de los tres estados:

r

1

lo. El estado teológico. Es el "régimen de los dioses". Todo lo que acontece se
debe a la intervención directa y continua de ~usas últimas y de conocimiento absoluto. El gran método es la imaginación. Fetichismo, politeísmo Y monoteísmo son
desarrollos graduales en el estado teológico.
2o. El estado metafísico. Las entidades
yen a los agentes sobrenaturales. Es "el
naturaleza de cada cosa y se renuncia a
"el primer ministro de la divinidad". El

abstractas o virtudes de las cosas substiturégimen de las entidades". Se apela a la
las causas trascendentes. La Naturaleza es
método es más imaginativo que racional.

3o. El estado positivo. Este estadio se atiene a la observación de los hechos Y. al
razonamiento sobre ellos. Ya no importa averiguar por qué ocurren las cosas, smo
tan sólo cómo ocurren. En vez de causas, hay que descubrir leyes, relaciones invariables de semejanza y sucesión en los hechos. Es el "régimen de los hechos" que no
explica sino constata.
"Los hombres, nos dice Comte, son teólogos en la infancia y metafísicos en la juventud; sólo llegan a ser hombres positivos en la edad madura" (p. 134). El ::a?;r
positivo, que enuncia hechos, se entiende en seis sentid~s: 1) es r~l por opos~cion
a lo quimérico; 2) es útil a diferencia de lo que es ocioso; 3) es _c1~rto Y no mdeciso; 4) es preciso, riguroso y estricto, a diferencia de un conocuruento vago; 5)
es constructivo por oposición a lo negativo; 6) es constatable frente a aquello que es
inconstatable. Constatables son los fenómenos observables, verificables, objetivos. La
naturaleza es un sistema de relaciones.
Como saber teorético positivo, la filosofia tiene por objeto el "totum de los hechos".
Presenta la ventaja de ser un orden real y efectivo, no simplemente especulativo e
imaginativo. Gracias a su positividad, la filosofía es constitutivamente progresiva. Los
hechos tienen una precisa estructura, según seis categorías:
a) Ante todo la categoría de lo matemático, base formal de la unidad de todos los
hechos en un universo espacio-temporal. El universo tiene formalmente una estructura matemática. Nada es ciencia plena, si en una u otra forma, no alcanza carácter
matemático.
b) La astronomía es una especie de pura matemática en marcha que se ocupa d:
la mecánica celeste. Creía Comte -fallas debidas al estado del saber en su tiempo-que lo que ocurre en los astros nada tiene que ver con la química de la tierra. Un siglo después se constituyó la astrofísica.
c) Los hechos terrestres se subdividen en dos grandes zonas: hechos inorgánicos
y hechos orgánicos. De la zona inorgánica se ocupan d.os ciencias: la Física y la Química.
La zona orgánica tiene dos grandes categorías, lo fisiológico como él le llama ( es
decir lo biológico) y la categoría de lo humano, los hechos sociales. "Es hora de que
se haga de la sociedad objeto de una investigación que él llamó en un principio física social, y después sociología. Y la categoría de lo social no es sólo una categoría

682

propia, sino aquella categoría en la que todas las demás categorías adquieren su última
concreción" (p. 152).
Lo matemático, lo astronómico, lo físico, lo químico, lo biológico )' lo social estructurado en su carácter de hecho, constituyen el "totum" con el que se enfrenta la filosofía de una manera positiva. "Este sistema tiene una unidad total de carácter matemático, y sus diversas categorías se hallan fundadas las unas sobre las otras hasta adquirir su última plenitud y concreción en la categoría de lo social". "Pretender que
Comte ha hecho de la filosofía una teoría de la ciencia y no teoría de la realidad
es una caricatura para uso de los positivistas contemporáneos" ( p. 153) .
La sabiduría universal sobre la que está asentada la sociedad está constituida por
la razón teorética y la práctica -tomadas a una- en su carácter racional y positivo.
La filosofía es la forma suprema de la filosofía. Es la razón pública en cuanto positiva. "El progreso consiste en afirmar cada vez más la humanidad frente a la animalidad. Y la diferencia entre el hombre y el animal se cifra, para Comte, en dos
puntos: la inteligencia y la sociabilidad" (p. 159). La humanidad es, el Gran Ser,
la versión positiva de lo que fue Dios para los teólogos y los metafísicos. A la religión positiva , -religión de la humanidad- consagra Comte su "Catecismo positivista".
A pesar de que el sistema de Comte ofrece tantos y tan fáciles flancos a la crítica,
Xavier Zubiri no ha querido transgredir el propósito -expositivo, pedagógico-- que
se trazó inicialmente. Con un raro poder de penetración y de simpatía ha iluminado, en perfecta construcción, ideas flotantes, imprecisas a veces, periféric~ casi
siempre. Ninguno de los otros filósofos seleccionados por Zubiri me parece que pueda
comparársele a Comte en pobreza y en falta de rigor. Pero no voy a emprender ahora una crítica por mi cuenta.

IV
./,

X'avier Zubiri examina la idea que Bergson se forma de la filosofía, en tres pasos:

1o. Cuál es para Bergson el origen de ot,la filosofía.
2o. Qué es el saber filosófico en sí mismo.
3o. Cuál es el ámbito del saber filosófico.

'

Ante todo hay que advertir que Bergson comenzó su labor filosófica en pleno auge del positivismo. Se había c'onstituido la psicología como ciencia positiva y la
sociología. Renace la metafísica. El filósofo hebreo-francés se propone describir el
universo entero en términos matemáticos. Y para cumplir ese cometido necesita, claro está, hacer un análisis "científico" de la idea de tiempo aplicable con precisión
a la sucesión de los múltiples estados mentales. El tiempo de la ciencia positiva es
el tiempo como "sucesión", en la cual hay una cadena determinista de estados. Ahondando en el tema, Bergson descubre que el tiempo es "duración" pura, libertad.
"En frase lapidaria, como todas las suyas, la filosofía, nos dice Bergson, nace de
una concentración de pensami:Oto sobre la base de una emoción pura" (p. 170). El
hombre, antes que horno sapiens, es horno f aber. Y el "horno faber" nos ha dado la
tecnicidad y la ciencia. La inteligencia se nos ha dado como un sucedáneo del instinto. Pero además, el hombre es originariamente horno loquax que entra en "cooperación" con los demás, recortando los caracteres de las cosas y reduciendo el
perfil aristado del concepto. Los peligros de este "horno loquax" estriban en la "so-

683

�'
cialización de la verdad" en la "adaptación de lo real a los intereses de la práctica
y de la vida soci,al". La 'filosofía tendrá que, ir a contrapelo ~e esta fabri~ació~ Y ~e
esta conceptuación esquemática. La concentración de pensamiento_ de la fil~sof1a ~ene como base una gozosa alegría de poseer la realidad. Se conV1ve la realidad m15ma. La filosofía nace, pues, como puro amor a la realidad.
Mientras el símbolo reemplaza lo simbolizado para facilidad de la vida, la metáfora no reemplaza, sino que sugiere una realidad a la que nos. t~anspo~ta. L?s conceptos son meros esquemas de la realidad, guías para el ~onocuruento mmed1a~o de
¡0 real. El objeto de la filosofía es el hecho inmediato. El saber de los ~ec~os inmediatos tomados en y por sí mismo: a) seguirá en cada caso en Y por s1 rmsmas, las
ondulaciones propias de lo real; b) aprehenderá lo real en su continuidad interna,
sin descomponerlo arbitriamente en trozos aislados; c) concebirá, sin embargo, lo
inmediato con toda precisión. Y esta precisión tiene dos caracteres: es general Y es
clara.
La intuición es el método específico de la filosofía. No se trata de una constatac ·ón sino de una aprehensión inmediata por obra de simpatía o simbiosis. El espí1 ' se despoja de ideas preconcebidas y ausculta la realidad en una "duree
' " '. e~
ritu
una e&gt;.-periencia metafísica de un acto durativo. "La conciencia no es una muluphcidad numérica de estados, sino multiplicidad cualitativa de un solo estado, que_ como un élan ( un torrente, decía W. James) , dura y se distiende sin censura. El. uempo de la conciencia --explica Zubiri- no es la sucesión de divers?s esta?os, smo la
durée de un mismo estado" (p. 189). La vida misma es una especie de elan, que se
va abriendo paso a través de la materia. Por eso la intuición, que en sí misma es
durativa es el único instrumento para, aprehender la vida. La "durée" tiene tres caracteres 'precisos: variedad cualitativa, continuidad de progreso, unidad de dirección.
La verdad de la intuición bergsoniana no es una adecuación, sino una inserción
simbólica simpática en la "durée" misma. La metafísica intuitiva es el único saber
que puede captar l~ realidad del espíritu. Los presuntos problemas _del _orige~ del ser,
de la índole del conocimiento y del yo humano se plantean a la mteligenc1a cuando
está fuera de las cosas y no dentro de ellas por intuición. Cuando la inteligencia se
coloca fuera del ser aprehende el ser justo desde allende el ser, esto es, desde la nada.
"Por este camino -observa Zubiri- nunca llegará a descubrir el ser. Haría falta colocarse no fuera del ser, sino dentro de él, por intuición. Y ento~ce~, en lug'.'-1:, d~
saltar del ser a la nada, lo que es espíritu descubre el ser en su ~U1:1a cond1c10n
(p. 200). "Lo propio debe decirse de la crítica kanti~a del conoc~ento. Colocado fuera de las cosas, el entendimiento humano logra ideas que constituyen las co~diciones de inteligibilidad de las cosas. Pero las ideas están separadas de ellas precisamente porque están formadas desde fuera de las cosas. . . Puesto d entro_ de las _cosas mismas por intuición, el espíritu logra de las cosas lo que el entendimiento mstalado fuera de ellas no podrá dar jamás" (p. 200-1201). "Y esto mismo resulta
aún más claro si atendemos a lo que es el yo. . . En realidad, entre los estados mentales el empirismo socava un túnel; el racionalismo tiende un puente; pero a los
dos se les escapa la fluencia del río que corre por la tierra. Este río es el yo, ª&lt;:esible tan sólo a la intuición porque es la durée misma. Es el yo profundo, a diferencia del yo superficial de los estados" ( p. 20 l).
Si el espíritu es una durée que se va abriendo paso por las estructuras somáticas
en la medida que ellas se lo permiten -una acción que se va insertando en la ma-

684

teria-, entonces no hay razón para que esta acc1on cese cuando haya cesado la materia. La inmortalidad aparece como un hecho inmediato.
"La esencia de la conciencia --expone Zubiri- es memoria. Una realidad que
no tuviera la capacidad de retener el pasado en un presente seria un espíritu de estructura puntual; cada acto comenzaría en cero, y aunque ejecutara actos iguales
o parecidos a los de antes, esta semejanza sería mera repetición. Sería justo la inconsciencia. La consciencia es, pues, esencialmente memoria. Ahora bien, la memoria
no es un acto del cerebro". . . "El cerebro es el órgano de la atención a la vida, es
el órgano que selecciona lo que podemos recordar, pero no es el órgano que recuerda" (pp. 202-203). Y nos advierte Zubiri cómo esta teoría de Bergson sirvió de base
a la interpretación de las afasias efectuada por Pierre Marie y a la teoría de las localizaciones cerebrales realizada, en Zürich, por Monakow.
La metafísica y la ciencia tocan a lo absoluto del modo de ser de lo real, con distinto método: la intuición simpática y la inteligencia abstractiva. La dualidad de
métodos se funda en la dualidad de los objetos: la materia y el espíritu.
Al mundo real no llegarnos por conceptos, sino por experiencia metafísica ante lo
inmediatamente dado. Cada cosa nos lleva a todas las demás. Por la intuición se nos
abre el campo entero de lo real. La realidad es élan, evolución "creadora" de algo
nuevo, imprevisible por no hallarse contenido en la fase anterior.
El hombre, para Bergson, es algo más que un espíritu socializado. El aspecto estático del hombre social es el aspecto de organización, cuyo carácter es la presión. El
aspecto dinámico es la aspiración. Hay una moral y una religión de presión, pero
hay también una moral y una religión de aspiración.
Con admirable finura, Xavier Zubiri nos ha instalado en el núcleo bergsoniano de
la filosofia. Esfuerzo de intuición que descubre la realidad espiritual, nos hace entrever las distintas prolongaciones de la durée y nos abre finalmente a su principio y
término trascendente. Instalación en la durée primaria. Experiencia integral. No cabe mejor síntesis ni mayor capacidad de simpatía que las realizadas por Xavier Zubiri.

V
De las "Cinco Lecciones de Filosofía" dictadas por Xavier Zubiri, la última está
dedicada a Husserl, Dilthey y Heidegger. ¿ Por qué agrupa Zubiri a estos tres filósofos alemanes? "Al igual que el pensamiento de Husserl brota en el campo abierto
por Brentano, así también en el campo abierto por Husserl brota el pensamiento de
Heidegger. De esta suerte tenemos un área filosófica determinada por tres pensadores: Husserl, Dilthey, Heidegger" (p. 218). Porque Husserl trata de liberarse tanto
del psicologismo como de la idea de la filosofía anclada en las ciencias del espíritu
a la manera de Dilthey. Sin entrar a la exposición compieta de sus sistemas, Zubiri
se limita a la idea de la filosofía encuadrada. por estos tres nombres. Por supuesto la
mayor parte de los exposición está dedicada a Husserl.
Hay que hacer de la filosofía una ciencia rigurosa y estricta. Hasta ahora todo ha
sido cuestión de puntos de vista, de opiniones discutibles sin fin. Es menester apelar
a las cosas mismas. El psicologismo y el historicismo, consisten en fundar una validez absoluta en algo que no la tiene: en los hechos Husserl ha de aclararnos, sucesivamente, tres puntos:
lo. El planteamiento del problema filosófico.

685

�2o. La posibilidad de hacer de este problema una ciencia.
3o. El problema filosófico radical.

.

\

La actitud de Husserl es la de un ego que quiere fundamentar radicalmente desde
sí mismo toda posible verdad. Fenómeno llama Husserl a lo que es manifi~to en
tanto en cuanto es manifiesto. El cogitatum puede recaer sobre el mundo eterno o
sobre los propios estados psíquicos. ''Fenómeno y conciencia son dos términos correlativos: Toda conciencia es conciencia de algo, y este algo es el fenómeno que se da
en aquella conciencia" (p. ·224). La reducción fenomenológica opera sobre la protocreencia en el mundo entero, y consiste en dejar en suspenso la actitud natural. El
mundo queda reducido a no ser sino lo que aparece a mi conciencia y en tanto que
me aparece. En lugar del puro hecho tenemos el eidos. Trátase de una reducción de
lo fáctico a lo eidético y trascendental. No estamos ante simples estados psíquicos
míos. La conciencia y su objeto no es~n en función de "conformación", sino ~e. mera "correlación". El resultado de la reducción fenomenológica es el descubruruento
de la esencia -aquello que es una cosa "es"-, del ser. Las cosas son más o menos
azules, redondas, etc.; pero "el" azul, "el" círculo, son plen~amente lo qu~ s~n. e~
sí mismos. Justificar es sólo una apelación al saber de la esencia. "El saber filosof1co
·'
· · 1og1a
' " , smo
·
''fenomenología"
-escribe Zubiri en su última 1ecc1onno es '' empino
(p. 232).
El error del psicologismo estriba en convertir el puro darme cuenta en un sist~ma
de mecanismos. Toda conciencia está dirigida hacia algo, es intencional. La conciencia es una "intentio" una noesis. No sólo tiene un objeto, sino que hace que haya
objeto intencional pa;a ella, y lo hace desde ella misma. El noema es el té~no intencional de la conciencia. La unidad noético-noemática es una unidad de sentido. La
evidencia -repleción de una intención en su objeto intuitivamente dado-- es un
momento estructural de la conciencia y no sólo del pensamiento lógico.
La filosofía consiste en la experiencia fenomenológica. "Es una ciencia estricta Y
rigurosa de la esencia. La filosofía no es un sistema racional y lógico de proposiciones y demostraciones, sino que es evide~ciación intuitiva, -~ª e~~enciación_ q~e. no
se funda en puntos de vista personales, smo en una apelac1on objetiva a la mtu_ició?,
en la cual encuentra nuestro saber su última estricta verdad absoluta. Esta c1enc1a
es sistemática pero es un sistema de lo manifiesto en cuanto manifiesto, el siste~
'
•
de las manifestaciones
que competen a las cosas por lo que e11as 'son' . Esta c1enc1a
absoluta de los fenómenos en su sistema es la filosofía. La filosofía es siempre Y sólo
'fenomenología trascendental'. He aquí lo que Husserl buscaba" (p. 243) •
Co el instrumento descubierto Ifusserl ha emprendido el análisi~ fenomenológico
las grandes estructuras es:nciales del mundo: lo que es la .materia~d_a~, lo
que es Ja animalidad, Jo que es la realidad humana y Jo qu~ ~ _la mtersubJetividad.
Estamos ante las grandes ontologías regionales. El ego -subjetividad trascendentalnos abre el área de lo objetivo. El tiempo es la forma de la conciencia en cuanto tal.
Pero no el tiempo del mundo real como transcurso de las cosas, sino el fluir "reducido" la fluencia misma del fluir. La conciencia pura es el ser absoluto.
Diithey es el gran teórico de la vida. La filosofía no nace de la estructur~ de una
razón absoluta, sino de la condición intrínseca de la vida humana como urudad que
se halla en ·un constante cambio de estado. Cada estado es un acontecimiento o suceso que supone la mismidad del alma y la mismidad del mundo objetivo. La vida es
un proceso en que el alma cobra una cierta firmeza en sus tres momen~os: rel'._resentación, estímulo y volición. La vida evoluciona por el cuerpo, por la mfluenc1a del

d:

\

686

medio y por la conex1on con el mundo espiritual circundante. La vida se ve impulsada a una concepción unitaria del mundo, de los valores y de las acciones ( W eltanschauung). Los enigmas de la vida -nacimiento, muerte, lagunas o ·censuras de
la vida- impulsan y dificultan la concepción del mundo. A diferencia de la concepción religiosa, la concepción filosófica del mundo es universal y tiene validez general.
Pero a diferencia de la concepción artística, la concepción filosófica pretende actuar
sobre la vida para reformarla. El objeto de la filosofía es el enigma de la vida en
cuanto dominable por un saber racional de validez universal. Pero la filosofía se
presenta en la historicidad. Históricamente, los sistemas filosóficos se reducen para
Dilthey a tres: naturalismo ( materialismo antiguo y moderno, positivismo ), idealismo objetivo ('estoicismo, Spinoza, Leibniz, Schelling, Hegel, etc.), idealismo de la
libertad (Platón, la filosofía helenístico-romana, la especulación cristiana, Kant, Fichte, Maine de Biran, etc.). Las antinomias entre estos tres sistemas son lógica y metafísicamente irreductibles. Cabe, no obstante, la comprensión de la filosofía como
un hecho histórico (filosofía de la filosofía) . Para Husserl, la filosofía de Dilthey es
un radical escepticismo. Olvida que el espíritu empírico pende de Jo que sea esencialmente la estructura del espíritu en cuanto tal. Confunde el saber de la vida con
la ciencia estricta y rigurosa que puede alumbrarse en ese saber.
Heidegger, discípulo de Husserl, afirma que el ser es algo distinto de la esencia,
cuestión en la que no repara su maestro. El problema radical de la filosofía es el
sentido del ser. El ser y el tiempo, en su unidad radical, constituyen la estructura
del problema ontológico. El análisis de la vida es una pre-ontología u ontología fundamental. La filosofía arranca de la pre-ontología inscrita en el ser del hombre. "El
hombre es, pues, aquel ente cuyo ser consiste en la presencia del ser. Por esto no puede entenderse el ser desde el hombre ( es el error de toda antropología filosófica al
uso) sino que ha de entenderse al hombre desde el ser, pues el hombre vive con vistas al ser. El hombre es lo que es por y desde el ser. Ahora bien: ser, sistere,
desde (ex) algo, es justo lo que se llama ex-sistir desde el ser, existir con vistas
a su ser propio para ser sí mismo" (p. 273). Mi existencia es algo "pre-cursor"
algo que va por delante a lo que voy a ser yo mismo y a la patentización de las cosas intra-mundanas. La comprensión del ser se realiza en forma de mundanidad y de
cuidado. La temporeidad -tridimensionalidad intrínseca del ex-mismo- es el tiempo originario, el horizonte del ser. La angustia -potencia de la nada- es el ánimo
fundamental que sólo es posible por la temporeidad. La filosofía surge por un acto
de tematización de la estructura ontológica de la existencia natural. "Husserl estimó
siempre que la filosofía de Heidegger es una recaída en el antropologismo. Mantuvo enérgicamente -apunta Zubiri- su posición de que la filosofía es, y sólo puede
ser, fenomenología trascendental" (p. 279).
Hasta aquí la presentación de las ideas-madres de Xavier Zubiri expuestas en
sus cinco lecciones de filosofía. "Con esto -concluye Zubiri- pensarán ustedes que
los filósofos no se entienden entre sí. Depende de a qué se llama entenderse. Si por
entenderse se quiere significar estar de acuerdo, evidentemente los filósofos no se entienden, porque no están de acuerdo. Pero si por no entenderse se quiere significar no
saber más o menos de qué se trata, entonces hay que decir que, por el contrario, los
filósofos son hombres que no están de acuerdo, pero que en el fondo se entienden
entre sí. Y esta unidad extraña entre entenderse y no estar de acuerdo en nada es lo
que positivamente, constituye un conflicto" ( 283-284). ¡ Maravillosa ~anera, la de
Xavier Zubiri, de dibujar ese conflicto! Sus lecciones son un estímulo --sutil, valioso,
inteligente- para que nos encaremos, en carne viva, con la problemática filosófica.

687

�I

MÉXICO Y EL ARBITRAJE INTERNACIONAL

-Un estudio de Antonio Gómez RobledoDR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Nuevo León.

I
LLEGAR A LA FrLOSOFÍA, POR EL camino de una ciencia particular, es una positiva
ventaja. Antonio Gómez Robledo llegó a las disciplinas filosóficas por la vía del Derecho. Más concretamente: por el Derecho Internacional. También Descartes (Licenciado en Jurisprudencia) y Leibniz (Doctor en Derecho) cursaron estudio$ jurídicos en la Universidad. Y entre nosotros, Vasconcelos y Caso. Pero Gómez Robledo no ha abandonado nunca el cultivo de las ciencias jurídicas. Estamos ante un
tipo muy arraigado en los pueblos hispanolocuentes: el del filósofo-jurista en provechosa simbiosis vital.
Hace muchos años que siento particular simpatía y admiración por la ejemplar
obra escrita de Antonio Gómez Robledo. Rigor, claridad, mesura, noble pasión, ho- "'
nestidad intelectual ... Todo ello en una dosis muy clásica y muy mexicana.
Bajo los auspicios de la Editorial Porrúa, S. A., apareció, en 1965, la obra del
Dr. Gómez Robledo intitulada: México y el Arbitraje Internacional -El Fondo
Piadoso de las Californias, La Isla de la Pasión, El Chamiza/-. El título, aunque publicitario, no resulta conceptualmente exacto. México, en la plenitud de su significación, no es-- el sujeto o el tema- principal del libro. Se trata de tres casos de arbitraje
internacional en los cuales el Estado mexicano, es una de las partes. Por fortuna, la
obra tiene un subtítulo que precisa el título vago y ·equívoco.
La obra comentada consta de una introducción general, tres partes (los tres arbitrajes enunciados en el sub-título) y un apéndice documental. El método seguido
es siempre el mismo: antecedentes históricos de la controversia, secuela del juicio
(con una amplia y honrada exposición de los alegatos de las partes contendientes) y
examen crítico del laudo. El cariño hacia México -eomo mexicano bien nacido-se da en el autor sin ribetes de ese execrable "chauvinismo" que he conocido y detestado en cierta nación europea, sobre todo, pero que entre nosotros no está del todo
ausente, por desgracia. Una limpia pasión por la verdad -verdad que de Dios es
Y a Dios confluye, como advierte Max Scheler- salva a Gómez Robledo de los excesos patrioteros. Los mexicanos hemos practicado, inveteradamente, el respeto de

689
e H-44

�la norma jurídica, el culto del Derecho. Acaso, como potencia menor y como vecina
de la que es en la actualidad la mayor del mundo, haya México extremado ese culto por la justicia y ese ireneísmo. Como pueblo débil, México no puede escoger, como las grandes potencias, entre la fuerza y el Derecho; sólo puede refugiarse en este
último. Pero lo ha hecho con sinceridad en la convicción. Y cuando hubiera podido
utilizar la fuerza, como en el caso de los pueblos centroamericanos, no lo ha querido hacer. Cierto que somos testarudos. Por afirmar el Derecho cerramos la puerta
a la negociación. En el caso de Texas nos aferramos en )a reafirmación de nuestro
Derecho, "tan cierto como ineficaz, con lo cual no logramos sino precipitar su anexión a los Estados Unidos y contribuir sin quererlo a disponer la situación propicia
al estallido de la guerra del 4 7" (p. XI). No podemos ocultar que nuestro culto por
el derecho -celo por la conservación del territorio nacional, conciencia de la soberanía sin ingerencias extrañas, fe en la justicia -tiene mucho de bueno, pero también tiene mucho de malo. Ya don Lucas Alamán, con su peculiar clarividencia, nos
advertía el peligro de un juridicismo farisaico. Hasta aquí las líneas generales de la
Introducción.
El padre Kino, y otros dos jesuitas, idearon allegar un capital propio, mediante limosnas de personas acomodadas, cuyos réditos pudieran subvenir a las necesidades de
las misiones que se fueron fundando en California. Así nació el Fondo Piadoso de las
Californias. El marqués de Villapuente, y su prima doña Gertrudis de la Peña, marquesa de las Torres de Rada, otorgaron por escritura pública en favor de la Compañía de Jesús y para la cristianización de las Californias, varios bienes. Esto sucedía el 8 de junio de 1735. Se trataba, según los términos de la escritura, de una
obligación de pura conciencia. "En un terreno de pura especulación jurídica se podría argüír --0bserva Antonio Gómez Robledo- que la Compañía no era sino administradora y fideicomisaria, y que el dominio radicaba en las misiones mismas ("donamos a las misiones ...", dice la escritura); pero, en primer lugar, éstas no tenían
como tales personalidad jurídica, y cualesquiera derechos que hubieran tenido, además, no podían hacerlos valer sino por el intermedio y el arbitrio de la Compañía,
"en tal manera que siempre y perpetuamente se continúe el dominio y gobierno de
dichas haciendas en la Sagrada Compañía de J esús y sus prelados", según dicen los
donantes" ( p. 9). Habria que preguntarse si la Compañía de Jesús tiene personalidad jurídica. El autor se limita a negarles personalidad a las misiones, pero no cuestiona la personalidad jurídica de la Compañía de Jesús. Y si resulta evidente la personalidad moral de la orden jesuítica, no parece igualmente evidente, conforme a
Derecho Civil, su personalidad jurídica.
Por virtud de la independencia, México se subrogó a España en todos sus derechos y obligaciones. Se pusieron a disposición del nuevo obispo y de sus sucesores,
los bienes pertenecientes al Fondo Piadoso de las Californias, para que los administrasen e invirtiesen en sus objetos u otros análogos, respetando siempre la voluntad
de los fundadores. Adviértase que no se transfirió al obispo la propiedad del Fondo,
sino sólo su administración. Tras la separación de la Alta California, el Arzobispo
de San Francisco, el Obispo de Monterrey y el Obispo de Grass Valley ocurrieron
ante la Comisión Mixta manifestando tener contra el gobierno de México, una reclamación por tres millones de pesos. ¿Motivos? La injuria que el gobierno mexicano
había hecho al primer Obispo que hubo en California al quitarle la administración
del Fondo Piadoso. Esta reclamación, ridícula a todas luces, fue variada por otra
presentada fuera de tiempo. Ahora se reclamaban sólo los réditos vencidos desde la

690

firma del tratado de Guadalupe. La agencia de México negó la procedencia
demanda, argumentando:
de la
"I. Falta de personalidad, o, quizá mejor/falta de interés 1·urídico
actora, por el triple motivo de:
en la parte
. a) No haber sido nunca de propiedad eclesiástica, ni por el capital ni
réditos, el Fondo Piadoso de las Californias.
por sus
b) No ser los obispos reclamantes los causahabientes o sucesores, con arreglo a
d erech o, d el obispo mexicano de California, y
c) Por el carácter nacional del Fondo.
11. Falta
razón
de: de jurisdicción o de competencia por parte de la Comisión Mixta, en
a) Ser los actos ongmantes y fundatorio, de la reclamación, anteriores al Tratado
de Guadalupe-Hidalgo.
b) ,Ser los. mismos actos de aquellos en que se versan derechos privativos de la soberarua, Y ~~- estru: comprendidos por ello, dentro de los que están sujetas al examen
de la Com1S1on Mllta, con arreglo a la Convención de 1868, y
. c) No haber agotado previamente los peticionarios los recursos legales de carácter
mterno ante los tribunales mexicanos.
III. lmparidad entre el caso del llamado "Fondo Piadoso" de J F'li ·
"F d p· d
as 1 pmas y el
on o ia oso de las Californias" (p. 28).
Pese a la "filosofía ·simplista", enmendando tan sólo las cantidades demandadas.
No vale la pena detenernos en esta sentencia que al decir el ilustre 1· urista ·ali ·
do I
· L Vall
J sc1ense,
n gnac10 .
arta, contiene "más errores que palabras" El D G'
R
hld
b
.
~
~
e o
serva con razón: "siempre duele la injusticia, pero acaso más cuando va
acompa.'lada del desdén y la frivolidad" (p. 57). Quince años después sufrimos un
segundo zarpazo. ¡ Casi increíble!
/
El segundo arbitraje
se extiende literalmente a toda la eternidad, O por lo menos
,
-como apu~~ Go~ez Rob!edo--, al fin del mundo. El embajador Clayton maniobró
co_n tal habilidad diplomática que llevó a nuestro canciller Mariscal a proponer él
nns_mo exactamente lo que deseaba el Departamento de Estado. Más nos hubiese
valido una mala. transacción que un buen pleito. Pero nos aferramos a nuestro derecho, creyendo mgenuamente que brillaría por sí solo ante cualquier tribunal d 1
mundo
·
e
. . . : C orno s1em~re,_
pecamos por los tres vicios de nuestra psicología colectiva:
Jundic1smo, abstracc1orusmo y romanticismo.
De acuerdo c~,n el protocolo de compromiso, los árbitros deberían decidir: lo. Si la
n~eva recl~ac1on, como consecuencia del laudo anterior está regida por el princi~10 de res iudicata, y 2o. De no estarlo, si es justa la misma reclamación Se const1tuyo' _e1 T ~1ºbuna1 A_rbltral
·
con puros europeos que eran desconocedores · puros de
~uestra ~ealidad mexicana (México era uno de "les petits pays chauds", como sohan decrr_ los franceses de aquel tiempo). En término de equipo, la llevábamos de
P_erder: siete contra tres, seis norteamericanos, y un mexicano. El mexicano
cierto
·
•
, por
.
, una b ellísima
persona, s1• se qwere,
pero un cero a la izquierda -"sit
venia verbo"- en materia de Derecho Internacional. En cambio los norteamericanos

º-

=~

691

�eran expertos internacionalistas que conocieron, desde sus orígenes, el asunto sujeto
a debate. Se emplearon el francés y el inglés en la secuela del juicio. Ni siquiera supimos escoger a alguien de los nuestros que tuviera dominio de estos idiomas. No
podemos seguir, en detalle, el doble plano de los debates, la controversia sobre la
cosa juzgada, el duelo judicial Beemaert-Dex y la condena perpetua. Antonio Gómez Robledo expone, con verdadero cuidado notarial, las peripecias del juicio y los
puntos doctrinarios salientes en la controversia. El 14 de octubie de 1902 se dio
lectura a la ultra-breve sentencia que nos condenaba a pagar al gobierno de los Estados Unidos de América la suma de 1.420,628.67 dólares de México, además de
una renta a perpetuidad de 43,050.99 dólares de México anuales.
El examen crítico realizado por Antonio Gómez Robledo, de la segunda sentencia,
puede resumirse en los siguientes puntos: a) Es patente la frivolidad con que se
despacha -un considerando y de una plumada- la cuestión prejudicial controvertida. No se exponen las razones por las cuales los árbitros tomaron partido por una
teoría de la cosa juzgada, de preferencia a su contraria. En consecuencia no motivaron debidamente su fallo y deslucieron la dignidad de la justicia arbitral; b) "No
era de evidencia apodíctica, ni mucho menos, la tesis formalista de 'México, la que
reduce la autoridad de la cosa juzgada a los solos puntos resolutivos de- la sentencia.
El mal estuvo en haber aceptado nuestro gobierno, en el Protocolo ae Comprpmiso,
que esta cuestión fuera examinada en primer lugar, cuando a todo trance debíamos
haber propugnado un arbitraje sobre el fondo del asunto, si no como revisión de
la sentencia de Thornton, por lo menos, para el futuro; pero ya que los árbitros,
según lo convenido, debían decidir ante todo lo relativo a la res iudicata, nadie podrá negar que había sólidas razones y respetables autoridades para sostener que ella
estaba dada irrevocablemente, para los vencimientos futuros del Fondo, en el primer arbitraje" (pp. 96-97); c) "Lo más equitativo, pues, de· parte de los miembros
del tribunal arbitral, hubiera sido tener el punto como dudoso, en presencia del conflicto doctrinal, y en la duda, aplicar el principio general de derecho' de que la
controversia debe resolverse en favor de quien trate de evitarse perjuicios y no de
quien pretenda obtener lucro, es decir, absolver a México"; d) "Hubiera sido igualmente deseable que los árbitros hubiesen explicado con mayor pormenor por qué
eximieron de la autoridad de la cosa juzgada, con referencia al fa!}o de Thornton,
la especie de moneda en que debía hacerse el pago de los réditos, y que, con arreglo a la decisión final, no debía ser ya en oro, sino en moneda de curso legal en México" (p. 100).
Advierte el Lic. y Dr. Antonio Gómez Robledo que las teorías más modernas sobre la cosa juzgada no abrazan, al parecer, la tesis formalista, sino más bien la sustancialista. Y trae a colación las opiniones de varios tratadistas extranjeros y de algunos nacionales. "Por espíritu cient'úico, nada rpás", para usar las mismas palabras
del autor, :me veo precisado a señalar el hecho de que Gómez Robledo omite el
nombre y la obra del autor mexicano de mayor relevancia en materia de res iudicata;
me refiero al distinguido jurista poblano J. Ramón Palacios, autor de "La cosa juzgada" (Editorial José M. Cajica Jr., Puebla, Pue.).
11

La prensa neoyorquina aseguraba, el 15 de agosto de 1897, que se izaría en la isla
Clipperton la bandera inglesa, "a pesar de que se supone que pertenece a México".

692

Casi_ ,°'.1die sabía, a ciencia cierta, dónde estaba ubicada esa isla. Pero el sentimiento
p~tri~tico herví~ en indignaci~n, fresco aún el recuerdo del despojo de nuestros terntonos e~ Belice. El Secretario de Relaciones Exteriores pidió al Secretario de G _
rra y Manna. que se SlIVlera
· ·
" ord enar sea visitada la isla Clipperton por un buque
ue
guerra, a f'.n de que se averigüe lo que haya de cierto en los hechos que se anuncian Y comurucar el resultado a esta Secretaría". El cañonero "Demócrata" t
rode0 . f t
d
h,
.
' ras un
m ruc uos~, espac o u~ prrmer bote que se llenó de agua con los fuertes gol~es de las rompientes. Los tripulantes salieron a tierra como pudieron. No se pudo
izar n~estro pabellón por haberse perdido al llevarlo a tierra. AJ día siguiente el
aprend¡z de fogonero, J ~Jiáq Santos, llevó a nado, dentro de un tubo de hoja de' Jata, nuestra bandera nacional. Luchó con los tiburones, defendiéndose con el mismo
tubo Y, llegó desfall~cid~ ~ _izar nuestra pabellón con los honores de ordenanza. Este es solo el preludio h1stonco del magno e infructuoso esfuerzo por mantener nuestra sobe_ranía. en ,la is!~ de la Pasión. Porque antes de llamarse Clipperton (nombre
de un pirata mgles, la ISia se llamó Médanos y de la Pasión.

d:

"Fue Francia, en efecto, y no Inglaterra ni Estados Unidos ni siquiera Costa Ri-

c~: en cuya "vecindad" está la isla más que de México, quie~ exclusivamente apare-

c10 en el escenario internacional, disputándole a México su soberanía E
ta f
h d ¡
• .
. n no
e15 de Juruo de 1898, el Ministro de Francia en México hizo formal reserva de los d~rec?~s ~e su gobierno sobre la isla, y anunció que pronto sometería los
documentos JU~ti-f1~tivos, como lo verificó en el curso del mismo año" (p. 111). Los
~echos -a mi JWC10 verd~~eramente _ridículos- en que basaba Francia sus pretens\ones, , fueron: l. Declarac1on del ternente de navío y comisario del gobierno frances, V1c_tor Le . Coat de Keverguen, de que a partir del 17 de noviembre de 1858
la, mencionada isla pertenece, en plena soberanía, a Su Majestad el Emperador Napol~on III Y a ~us herederos y sucesores a perpetuidad; 2. Participación del acto anterior, POI el mismo comandante del Amiral, anclado frente a Honolulú al Cónsul General ~~ F~cia Y ?omisario_ Im~erial ante el Rey de las islas Hawai o Sandwich;
3. Notificac10n de dicho func10nano al Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno francés, con la publicación consiguiente en el periódico The Polynesian, de Honolulú.
e a a e

¿ Quién les dijo a esos señores franceses que esos actos bastaban para adquirir la
sob«,ranía de la isla de la Pasión? No encuentro más que esta disyuntiva: ignorancia
del Derecho Internacional o mala fe. Ninguna señal permanente quedó de aquella supuesta ocupación. Ninguna visita periódica al islote. Sólo una declaración flotando
en el aire.

Aunque México no tuviese intereses, económicos en la Isla luchaba por territorio
suyo. La lucha por el Derecho --de la que tan elocuentemente ha hablado el 1·1ustr: Juns~
· ·
·
ge~no. Rudolf. von Ihermges un deber ético. Por eso me permito
senalar m1 radical divergencia del Dr. Antonio Gómez Robledo, cuando afirma: "Lo
que, p~r. el contrario, no percibimos por parte alguna, es cuál pudo ser el interés real
de Mexico en defender su soberanía sobre un islote que no tenía para nosotros el
menor valor político o estratégico, y ni siquiera un valor económico, fuera de las
menguadas regalías que pudiera percibir nuestro gobierno de los explotadores del
gu~no, Y que no ~erían suficientes ni para P!lgar los gastos de la guarnición que deb~namos tener alh como símbolo mínimo de nuestro dominio" (p. 112). Si el interes económico o el valor estratégico lo decidiesen todo, acaso habría que abandonar
nuestro dominio sobre las islas Marías y sobre otras porciones de territorio. Si antes

'

693

'

�/

de 1897 no habíamos tenido una efectiva poses1on y si la isla quedaba lejos de nuestro territorio, ello no significa que debíamos renunciar sin más a la soberanía sobre
la isla de la Pasión. Si la isla era "res nullius» cuando la supuesta apropiación de
Francia, con mayor razÓn México podia ocuparla en 1897. Nuestra Constitución la
mencionaba como parte integrante del territorio nacional. El dominio nos venía desde mucho antes que los franceses soñaran en descubrirla.
Cometimos la torpeza de no aceptar un tribunal arbitral mixto, con un juez de
nuestra nacionalidad. La estulta manía de Mariscal, a la sazón Ministro de Relaciones Exteriores, de sujetar las disputas a los soberanos europeos, nos hizo perder
nuestro incuestionable derecho. No advertía nuestro canciller porfirista que los jefes
de Estado deciden por sus ministros o consejeros técnicos y falsean la justicia, a menudo con tal de favorecer los intereses de su país.
Las tres tesis cardinales de México fueron las siguientes:
"l. La isla Clipperton, en 1858, formaba parte del territorio mexicano ;

II. Suponiendo que la isla no formase parte del territorio mexicano, la declaración de
toma de posesión de Francia, en 1858, no pudo mudar su condición jurídica de res nullius, y, por tanto, México pudo válidamente ocuparla, como lo hizo en 1897;
III. Suponiendo que Francia hubiese adquirido en 1858 un derecho a ocupar la
isla Clipperton, este derecho no sería oponible a 'México, y en todo caso se habría
extinguido por el no uso".
La réplica de Francia, que no podemos seguir por falta de espacio, nos parece notoriamente inconsistente. Sin embargo, Su 'Majestad Víctor Manuel III, rey de Italia, proclamó en su sentencia que Francia tuvo desde noviembre de 1858 la pos_esión
de la isla Clipperton, habiéndose probado el animus possidendi y el corpus re,. La
decisión del monarca italiano es un verdadero monumento a la falsedad y a la torpeza. Lo digo por mi cuenta y riesgo. Aún suponiendo que no hubiésemos probado
nuestros títulos históricos, es un hecho incontrovertible que México ocupó válidamente -y no ficticiamente como Francia, con el ridículo sistema polinesio de publicidad- la isla de la Pasión desde 1897. La curiosa "indulgencia" que utilizó Víctor Manuel III para juzgar la mítica posesión de Francia me resulta bastante sospechosa. Lo que duele no es tanto la pérdida material del islote, cuanto la injusticia cometida con un país débil que ha puesto toda su esperanza en el triunfo de la
razÓn y del Derecho.

III
El Affaire del Chamiza! es, a juicio de Antonio Gómez Robledo, el caso más apasionante de la historia diplomática mexicana. Una nación, "largamente mutilada y
humillada por su poderoso vecino", obtiene, por primera vez, una gran victoria pacífica.
El Dr. Antonio Gómez Robledo no quiere incrementar la función fabulatriz. Con
la serenidad de un pensador clásico, se aplica a analizar esa rara "amalgama de mito
y realidad tan difícil de desleír". El 15 de junio de l9 l l se pronunció el Jaudo arbitral qµe otorgó la victoria a México. Pero no fue sino hasta el 30 de junio de
1962 cuando el Presidente Kennedy y el Presidente López Mateos resolvieron expresar su voluntad de arreglo. Durante más de cincuenta años Estados Unidos des-

694

conoció la validez del laudo arbitral. Acaso la extensión o el valor económico del
territorio expliquen la torpe renuencia de los injustos detentadores.
En 1864 tuvo lugar el desplazamiento, de una a otra ribera, de "nuestro" Chamiza!. La Convención de Arbitraje estipulaba que el caso había de resolverse "de
a~uerdo co_n
varios tratados y convenciones vigentes entre los dos países y segun los pnnc1p1os del derecho internacional". Pero había, por Jo menos cinco tratados sobre la línea fluvial divisoria. Este es uno de los principales moti;os que tornaron tremendamente intrincado el caso.

!º~

El caso del Chamiza! tiene una primera fase diplomática. El 31 de octubre de
1866, el Gobernador del Estado de Chihuahua advertía al Ministerio de Relaciones
Exteriores . d~J, Gobierno de J uárez sobre "las dificultades que se están ofreciendo
por la vanac1on del cauce principal del río Bravo en su margen inmediata a Ja Villa del Paso" . Se hacía men~ión expresa del Chamizal. Nuestro Ministro en Washington, actuando en consecuencia, llamó la atención del gobierno norteamericano "sob
la permanencia de la línea divisoria entre las dos Repúblicas" según lo convenido :e
los trat~dos de Límites. El Procurador General Cushing se af:rró, desde un principi:,
a la ,te~1s de que los Tratados de Guadalupe-Hidalgo y de la Mesilla habían establecido
un _I,rmite natural y no un límite matemático. Confundió el abandono del cauce o mutac10_n_ ?el lecho con otro fenómeno radicalmente diverso, el de la avulsión. Con seria
~ru~1_c1on -fuentes de primera mano- Antonio Gómez Robledo estudia el estatuto
Jundico de los cambios fluviales desde los romanos hasta nuestros días.
. ~ientras los testigos presentados por México se refieren a hechos inmediatamente
v1v1dos, Y :n el lenguaje de los hechos, los testigos norteamericanos dan la impresión de
est~r alecc1on~dos _por quien los presentaba. Es de suponerse que esta impresión de veracidad haya mflwdo en los miembros del tribunal de arbitraje. Hubo proposiciones de
~rueque, por parte de nuestro gobierno, que no se aceptaron. La Convención de ArbitraJe d~ ~?IO sujetó 1~ diferencia del dominio eminente sobre el territorio del Chamiza! a la
C_o~s1on ln!ernac_10nal de Límites, aumentada con un tercer Comisionado, que presidma sus deliberaciones. Este Comisionado sería un jurista canadiense escogido por ambos gobiernos de común acuerdo o, a falta de este acuerdo por el Gobierno de Canadá. Se convino, expresamente, que el fallo sería inapelable y se llevaría a efecto,
en ~o d: que fuera favorable a México, dentro del plazo improrrogable de dos años.
F.Iub1ese sido preferible que los árbitros no fuesen las mismas personas que habían
figurado como Comisionados de México y Estados Unidos en la Coinisión de Límites
"porque, a cambio de su reconocida experiencia, tenían uno y otro, como era natu~
ral, una opinión predeterininada y recíprocamente antagónica" (p. 197). El tribunal que~~ integrado en la forma siguiente: el ingeniero Fernando Beltrán y Puga por Mexico; el general Anson Milis por Estados Unidos y por entendimiento entre a~bos gobiernos, como Comisionado Presidente y árbitro en discordia, el jurista
ca?~di.ense Eugene Lafleur, doctor en Derecho Civil y Consejero de Su Majestad
Bntáruca.
'.'La estrategia de la Agencia Mexicana, a cargo del ilustre jurisconsulto don Joaqum D. Casasús fue muy sencilla (si hábil o no, es imposible apreciarlo en este mo1?ento), pues se concentró exclusivamente en estas dos trincheras: la teoría de la
lmea invari~~le y fija con refe:cencia a los Tratados de Líinites de 1848 y 1853, y la
n~ retroactividad de la convención de 1884" (p. 199). Los Estados Unidos sostuVJ:ron, invariablemente, que el aluvión había sido la única causa del desprendiID!ento de todo el Chamizal. Pero, ¿ cómo explicar por el aluvión "aquella destruc-

695

�cion de la ribera que tuvo lugar de modo violentó y súbito, llevando el asombro Y
la consternación a los afligidos habitantes de la ribera mexicana"? "Ni una ni otra
parte -apunta Antonio Gómez Robledo- iba a tener satisfacción, por los jueces
del litigio en sus respectivas demandas. Los Estados Unidos perdieron en el capítulo
de los he~hos, y nosotros (salvo el único punto de que luego hablaremos) en el derecho..." (p. 220). La sentencia fue pronunciada el 15 de junio de 1911, por el
voto concurrente del comisionado Presidente y del Comisionado mexicano, contra
el voto disidente del Comisionado norteamericano. El laudo arbitral rechazó la teoría de la línea fija. Con irreprochable método se procedió a examinar la conducta
observada por ambas partes, así como las convenciones formales celebradas entre
ellas como ulterior instrumento de interpretación. En materia de Derecho, 'México
alca~ó la victoria en un solo punto: la pretendida posesión del Chamiza! no
reunía todos los requisitos exigidos jurídicamente (ser pública, continua, pacífica
y diuturna ). En materia de hechos, la Convención de 1884 exigía que no sólo la accesión sino también la corrosión fueran lentas y graduales. "Es difícil imaginar - afirma el - Tribunal- cómo podría estimarse como ejemplo de corrosión lenta y gradual
la destrucción de tierras casas y bosques descrita por los testigos en el presente
caso". El laudo concluyó por dividir el Chamiza! entre México y Estados Unidos.
He aquí los párrafos finales de la sentencia:
"Atendiendo a todo lo cual, el Comisionado Presidente y el Comisionado de México, representando una mayoría en la expresada Comisión, sentencian· y declaran:
que el dominio eminente sobre aquella parte del territorio del Chamiza! que queda
comprendida entre la línea media del cauce del río Bravo o Grande levantada por
Emory y Salazar en 1852 y la línea media del cauce del mismo río tal como existía en 1964, antes de las avenidas de ese año, pertenece a los Estados Unidos de
América, y que el dominio eminente del resto del mencionado territorio pertenece a
los Estados U nidos Mexicanos".
Gómez Robledo estima que el laudo del Chamiza! -único tal vez en toda la historia de la judicatura internacional- es un fallo justo, pero extraño, paradójico.
"México en efecto --observa el distinguido internacionalista tapatío-, fue coro'
.
pletamente derrotado en las tesis jurídica_s en las _cu~es articuló t~~ su def~nsa'.
línea fija e irretroactividad de las postenores convenciones sobre hnntes, y trrnnfo
apenas en algo en que la derrota de los Estados Unidos hubiera venido por sí misma como era el punto relativo a la prescripción. Pero, en cambio, y sobre la base
del' derecho alegado por los Estados Unidos (la Convención de 1884), ganó Méxic~
la mayor parte del territorio del Chamiza!, o sea la que se formó por desprendi·
mientos bruscos y no por corrosión lenta y gradual, y que, según los cálculos más probabÍes representa una superficie de 177 hectáreas sobre un total de 234. Por esto de·
cimos 'que en este caso insólito, no marcharon a la par, y en beneficio de la misma
parte, los 'hechos y el derecho" (p. 227). La teoría de la línea fija era _i~d~fendible.
Pero, "¿ cómo hubiéramos podido retractamos durante la secuela del 1u1c10, de lo
que tan solemnemente habíamos afirmado un año antes apenas? Lo pued~ ~acer un
particular, pero nunca- un Estado soberano" (p. 229) . Discrepo de este d1stmgo que
apunta el Dr. Gómez Robledo. Me parece que la sin~eridad, 1~ honrad~~ intelectual
y las normas éticas no sól9 se aplican entre los particulares smo tamb1en entre los
Estados soberanos. Convengo, en cambio, en la defensa del laudo que realiza, tan brillantemente, Antonio Gómez Robledo. Ninguna causa de nulidad pudo esgrimirse
válidamente contra el famoso laudo arbitral. Las últimas páginas del estudio comen-

696

'
tado están dedicadas a exponer las fases del arreglo final y el problema
constitucional en torno al Chamiza!.
Un libro como el de Antonio Gómez Robledo, México y el Arbitraje Internacional, honra a la nación cuna del autor, enriquece la bibliografía del Derecho Internacional Y contribuye a iluminar -histórica y jurídicamente- tres importantes casos de arbitraje interestatal.

JAIME TORRES BoDET, León Tolstoi -su
vida y su obra-, Editorial Porrúa, S. A.,
México 1965.

HAY UNA UNIVERSALIDAD de amor en
Jaime Torres Bodet que le ha llevado
siempre a transfigurarse - henchido de
simpatía- ante toda gran manifestación
del espíritu. Por su aptitud en penetrar
el corazón de los pueblos y de los hombres, por su esfuerzo incesante y consciente para armonizar los diversos elementos de su rica naturaleza, era d~
esperarse - ¡ casi fatal!- que Jaime Torres Bodet se ocupara de León Tolstoi.
La mayor parte de las veces, el fondct
último de Tolstoi ha resultado inexplorado, inédito. Las más diversas y contradictorias interpretaciones han venido
a chocar ante la problemática personalidad del genio ruso. Hace algunos años,
José Ortega y Gasset pedía un Goethe
desde dentro. Pero en vez de inclinarse
respetuoso ante los hechos de aquella vida magnifica, hasta donde le ayudasen
a apreciar la evolución espiritual del genio, de antemano le trazó su yo-programa en vista de "un plan hechizo y seguramente arbitrario". El propósito se
malogró, pero el imperativo quedó en
pie. Torres Bodet ha tratado de ofrecernos, sin decirlo, un Tolstoi desde dentro.
No se trata de ensartar las cuentas de un
rosario biográfico ni de ensayar una crítica más sobre la obra tolstoiana. Estamos ante una visión -iluminada e ilumÍ.nante- de ! la trayectoria vital de
Tolstoi. Graci~ a la poderosa intropatía de Torres Bodet, podemos recrear el

destino de Tolstoi, comprender su "Weltanschauung". Sobre las huellas, sobre
Ir. obra, surge la figura personalizada.
El mundo del espíritu tolstoiano y el mundo que le circunda aparecen humanizados. Jaime Torres Bodet hace de ellos un
redondo universo y nos lo transmite, después, en transmisión emocional, casi en
poesía...
El lector del libro León T olstoi -su
vida y su obra- (Editorial Porrúa, S.
A., México 1965 ) se acostumbra a ver,
en el novelista ruso, una viviente integridad. Le sentimos vivir en sus momentos fundamentales. Y Je comprendemos
mejor al examinar algunas de sus obras
cimeras. León Nicoláievich Tolstoi "pretendió hacer lo que nadie realiza nunca
completamente -y jamás a tiempo-:
huír de su propia historia; romper, por
decreto de su conciencia, la continuidad
patética de su vida, desde la hora en
que el responsable de esa conciencia -tan
penetrante y profunda- vio la primera
luz, en agosto de 1828, hasta los años en
que le sonreía la dicha y el triunfo lo Ji.
sonjeaba, lo mismo en el amanecer de
una infancia rica, espléndida e impetuosa, que en el crepúsculo de una edad cargada a la vez de remordimientos y de
laureles" ( Opus cit., p. 9). Quiso dejarlo todo: mujer, hijos, costumbres, celebridad y fortuna, en busca de la paz
interna, de la confonnidad con su yo
esencial. Y murió en plena fosatisfacción
dé la gloria - el día 20 de noviembre
de 1910-, en la modesta casa del encargado de I la estación de ferrocarril de Astápovo.

697

�Como si se tratase de una fantástica
partitura, Torres Bodet examina, en varios tiempos, el hombre y la obra. Niñez,
adolescencia, juventud, primeras actividades del hombre... Con técnica impresionista nos presenta al "audaz Nemrod
de las cacerías improvisadas entre artilleros, cosacos y balalaikas", "la imagen
del irascible juerguista de las veladas petersburguesas". Y asistirnos a la madurez del narrador implacable de Guerra
y Paz, imparcial y sereno como un demiurgo, al lado de ese mismo demiurgo,
sólo que ahora lloroso, en la sombra, junto al piano en que alguien tocaba · quién
sabe qué música dominante, gemebunda
y torturadora. A la semblanza "del cuentista del pueblo huµulde, barredor de su
propia alcoba, cortador de su propia leña, Zeus sin águilas y sin rayos, entre la
pena o la risa de sus mujiks", sucede la
figura "del destructor intrépido de sí mismo, la del artista que acabó por odiar
su arte, la del cristiano a quien la jerarquía ortodoxa hubo de excomulgar, la
del viejo profeta airado, de barba intonsa, que fue a morir, como un lobo
herido, sin una lágrima ni una queja,
solo ya con su gloria - y con la ternura de la hija que nunca lo defraudó"
( Opus cit., pp. 11 y 12). En la consideración de cada capítulo hay una referencia constante al moralista. Hay un diálogo, siempre operante, entre el creador
y el crítico de sus creaciones, entre el artista y el filósofo". Por humorismo trágico del destino, el crítico de sí propio
-apunta Jaime Torres Bodetmató
al artista en Tolstoi, incluso materialmente. Pero sobre su muerte, se irguió
a la postre su vida. Esa vida, como las
flores que acariciaban sus ojos grises entre los árboles de Yásnaia Poliana, la renueva -sin saberlo-- cada generación.
La rehace cada primavera del hombre,
siempre distinta, y la misma siempre"

(p. 13).
De un rápsoda analfabeto, León Nico-

698

láievich aprendió el arte espléndido de
contar. Le educan tres mujeres: la abuela, una tía y, sobre todo, Tatiana Alejandrovna, un antiguo amor de ru padre. Avido, brusco y vanidoso, a pesar
de su fealdad, León Tolstoi vive desgarrado entre el ángel y la bestia que conviven en él. Se flageló física y li,t erariamente, "proclamando sus vicios y sus flaquezas en voz tan alta que más parecía
querer atemorizar a sus fieles que convencerlos". Hay en Tolstoi una ininterrumpida oposición entre la vida que vive y la
que quisiera poder vivir. Creyó siempre
sincero el amor que decía tener para
todos sus semejantes. Siri embargo -ob~erva Torres Bodet- los comprendía quizá demasiado para quererlos íntegramente. Dueño del universo por sus sentidos,
León Nicoláievich soñaba a veces ser
una planta capaz de florecer antes que
las otras y de crecer tranquila, sencilla Y
alegremente.. . No se contentaba con
describir y cantar a su pueblo como ninguno; quería instruirlo, darle un alma
para vivir. Hace de la libertad la regla
esencial de su escuela en Yásnaia Poliana. La disciplina ha de manifestarse como el producto de una voluntad colectiva.
El matrimonio con Sonia Bers sólo le
brinda unos cuantos años de dicha y un
cauce a su desbordada sexualidad. Sonia, frágil en apariencia, tenía un carácter desapacible y una autoridad d e acero. Esta alma de propietaria, administraba, con singular destreza, los derechos de
autor y las tierras de su marido. Le instaba a que trabajase arduamente en sus
obras y le deparaba, obsecuentemente, el
placer sensual. Su labor de copista le entusiasmó mucho más que su oficio de
fábrica familiar. Sonia se avergonzaba
de ser tan fértil. Las cunas alternaban
con los ataúdes. Tolstoi se fabricó su propia cárcel. La dependencia de Sonia le
pesaba y le confortaba. Hu.bo un mo-

·mento en que Tolstoi se sacude la tutela
y huye de su casa "lleno de muerte".
En ·1as manifestaciones del culto, Tolstoi buscaba "una ocasión de integrarse
a los más humildes, de ser tan obediente y tan dócil como ellos, para olvidar
sus dos permanentes congojas: la repulsión que le inspira la existencia ( demasiado cómoda y regalona) que su familia había acabado por imponerle, y el
terror que suscita en su alma la condición mortal de todos los seres vivos" ( p.
212). Pero su aventura eclesiástica duró apenas dos años. Pierde la fe en la
eucaristía y siente que los ritos externos
son un estorbo para su religiosidad. Honrado y orgulloso, pasa de una contradicción a otra. "Un orgullo que, en ocasiones, lo lleva hasta dejar entender que
habían sido necesarias dieciocho centurias para que alguien ( él, por supuesto)
comprendiera en su plenitud la verdad
de Cristo" (p. 217).
Toda la vida de Tolstoi gira en torno a contradicciones. "Deja de fumar y
adopta dietas vegetarianas. El, sexualmente tan insaciable, afirma que los matrimonios han de ser castos. Más tarda
en decirlo que en asistir al nacimiento
de su hija Sacha. Es el duodécimo parto de su mujer. Desde luego, no será el
último" {p. 218). La muerte, como contradicción y término de Ía vida, le pro'duce un miedo fotenso. "Todas esas
muertes -las inventadas y las reales-son como una serie de ensayos de la
muerte que, según sabe Tolstoi, está esperándolo a él" (p. 219). Odiaba la
mentira y tuvo que vivir en un ámbito
de mentiras. "Propagandista de la pobreza, seguía recibiendo anualmente muchos millares de rublos por sus novelas y
muchos otros millares por el cultivo de
sus terrenos. Teorizante de la castidad,
no cesaba de fecundar a Sonia. Enemigo verbal del arte, no podía olvidarse de
ser artista. Con su camisa de mujik, y
con los pies dentro de las botas que él

mismo se fabricaba, lo veían sus amigos
al frente de una mansión donde casi todos los lujos tenían su asiento. La misma
plutna que encomiaba el ideal evangélico
del trabajo, la virtud y la no resistencia
al mal, iba a mojarse en la misma tinta
para trazar los crueles análisis psicológicos de La Muerte de Iván Jlich y de La
Sonata a Kreutzer. El fauno encarnado en
monje buscaba a Dios con la lezna del
zapatero o con la guadaña del segador;
pero, por las noches, llamaba a Sonia,
para infligirle un homenaje sensual, vehemente y brusco como un insulto" (pp.
235-236). Fuerte por su sed de gloria,
Tolstoi era un débil de carácter. Se empeñaba en ser moralista y era un artista.
Amaba la verdad y vivía en el engaño.
Despreció la fama, y la obtuvo siempre.
"Salvo ciertos instantes nocturnos, que
no me atrevo a llamar de dicha, León y
Sonia viven en estado de guerra -o, por
lo menos, de paz armada- por espacio
de muchos lustros". De joven, había anotado, en su Diario, que no podía existir
verdadero amor entre un hombre y una
mujer, porque no es amor el deseo. Con
Sonia libró una lucha a muerte. Sólo hubo, quizá, .erotismo y violencia. No nos
extrañemos de "La Sonata a Kreutzer" .
En apretados y felices resúmenes, Jaime Torres Bodet nos ofrece la enorme y
multifacética obra escrita de León Tolstoi. Se detiene, con especial delectación,
en Guerra y Paz, Ana Karenina y Resurrección. Traza, con mano maestra, las
grandes líneas directrices de las novelas
tolstoianas y destaca, con singular brío,
el sentido y las excelencias de las grandes obras de León Nicoláievich Tolstoi.
Fiel a su doctrina de la no resistencia al mal, Tolstoi menospreciaba a quienes pretendían hacer la revolución. Sufría
por su inacción. Y sufría por las injusticias sociales que le rodeaban y en las que
participaba, hasta cierto punto, por su
flaqueza ante el sentido capitalista de su
esposa. En la persecución que empren-

699

�de el gobierno contra los "dujobors",
Tolstoi adopta una actitud de franca rebeldía, contra el gobierno del Zar. "Nada confirma la majestad que suele alcanzar el poder de la inteligencia como el
duelo librado, durante años, por los dos
zares de la Rusia decimonónica: el que
llevaba la corona imperial ( fuera cual
fuese el nombre del Romanov en turno)
y el señor de Yásnaia Poliana, enemigo
de la violencia, adalid de la no resistencia al mal; pero rebelde a todas las transacciones, y demoledor del orden establecido, no con las armas, sino con la autoridad de la convicción" (pp 267-268).
Esperaba, para el próximo viraje de la
historia, una alianza de los espíritus, una
solidaridad de las almas en la comunión
de la verdad y del bien que producirían
un nuevo orden de cosas. Pero indudablemente, en Tolstoi, como lo advierte
Jaime Torres Bodet, "el creador fue más
humano que el humanista, más comprensivo que el creyente y más grande que el
ideólogo" (p. 258).
El 22 de febrero de 1901, los miembros del Santo Sínodo decretaron la excomunión de León Tolstoi. El profeta incrédulo se había burlada, en su última
novela, de los ritos de la Iglesia Ortodoxa. Todo lo juzgaba severo, artificial,
sombrío, aburrido, falso. . . Tras la excomunión vino la apoteosis. Un millar
de obreros y de estudiantes aclamó al novelista, en Moscú, al pasar por la plaza
de Lubianka. Centenares de visitantes,
telegramas y cartas invadieron su mansión. Se organizaron cortejos para felicitar al excomulgado. Hasta la misma
Sonia - tan ortodoxa- se solidarizó con
su marido y escribió una enérgica carta
de protesta al Metropolitano de San Petersburgo: "Los culpables del pecado
de traición a la fe no son los que se
extravían en busca de la verdad, sino los
que se mantienen orgullosamente a la
cabeza de la Iglesia y que, en vez de
practicar el amor, la resignación y el

700

perdón, se convierten en verdugos religiosos. Dios perdonará más fácilmente a
quienes, renunciando a los bienes terrenales, viven fuera de la Iglesia una vida
de humildad y de caridad, que a los portadores de condecoraciones y de brillantes mitras, que condenan y que excomulgan . . ." Lo cierto es que el cristianismo
de Tolstoi era más filosófico que dogmático. Su credo, no exento de cierto ímpetu panteísta, rechaza la divinidad de
Jesucristo. Se reduce a afirmar la existencia de un Dios que concibe como el
espíritu, el amor y el principio de todo.
La plegaria solitaria reafirma en nosotros la conciencia de nuestra religación
y del sentido de nuestra vida.
A costa de Tolstoi (anciano ya y convaleciente de una pulmonía) se cometió
una grave injusticia: el Premio Nóbel
( que apenas parecía digno de los méritos del gran escritor ruso) se le atribuyó a Sully Prudhomme, tan mediocre -o
menos que mediocre- al lado del genial
Tolstoi. El viejo novelista ruso sonrió
despectivamente, y comenzó una nueva
convalecencia. Muchos proyectos le estimulaban aún.
La situación conyugal de León Tolstoi
se había tornado insoportable. Sonia, histérica y paranoica, se convirtió en espía
de su marido. Hurgaba sus diarios, buscaba su testamento y espiaba sus más mínimos movimientos. Sonia odiaba y adoraba, a un mismo tiempo, a León Nicoláievich. El médico recomendó a los esposos que se separasen. A los 82 años,
con 32 rublos en el bolsillo, León Tolstoi escapó de Y ásnaia Poliana. En Chamardino, lo · alcanzó su hija Alejandra.
El profeta en fuga contrajo una pulmonía y hubo que descender del tren. Murió el 20 de noviembre de 1910, cinco
días después de haber perdido el conocimiento. Le rodeaban sus familiares, amigos, periodistas, fotógrafos y la expectación invisible del mundo entero.
Máximo narrador, Tolstoi no imita la

vida, es la vida misma. Por eso le admira
Torres Bodet y con él nosotros. "Y casi
le agradecemos -como un signo de humanidad- que, habiendo sido tan poderoso en la acción creadora, haya sido
tan vulnerable ~n la vida práctica, tan
débil frente a sí mismo, y tan indeciso
frente a los seres, de carne y hueso, que
no inventó" ( p. 318) . Hasta aquí las
grandes ideas-madres del libro -generoso, comprensivo, inteligente- de Jaime
Torres Bodet. La bibliografía de habla
española se enriquece con esta aporta&lt;;ión de un mexicano universal.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Poesía de Jaime Torres Bodet, Editorial
Finisterre, 1 o. de enero de I 96 7.
JAIME TORRES BooET es uno de los más
dignos ejemplos de perfección que ofrece la lírica hispanolocuente. Poesía recatada Y seria. Tersura de expresión sencillez de elementos, homogeneidad de tono. La riqueza de su cultura y de su
mundo interior se traducen en una perfecta unidad. Todo es mesura y armonía. Nada de exterioridad y pintoresquismo. El poeta anda en pos del sentido humano de las cosas. Bucea en la hondura
de sus raíces y emerge a la superficie
con una límpida diafanidad y con un
temple sereno. Su veta poética está en
la depuración de la vida espiritual interior. Viene de vuelta del superrealismo ("Destierro"). Conserva la huella de
la simplicidad lírica de sus "canciones"
y la intimidad emotiva de "Los días".
Pero su tendencia intelectual y moral ha
prestado a su arte universalidad, consciencia, dignidad literaria.
En mi adolescencia gusté, extraordinariamente, de un poem~ juvenil d e
Jaime Torres Bodet que ya apuntaba
la difícil sencillez del clásico. Lo publicó 'en el libro Los días el año en que
yo nací:

MEDIODÍA

Tener, al mediodía, abiertas las ventanas
del patio iluminado que mira al comedor.
Oler un olor tibio de sol y de manzanas.
Decir cosas · sencillas: las que inspiren
[amor ...
Beber un agua pura, y en el vaso pro[fundo
ver coincidir los ángulos de la estancia
[cordial.
Palpar, en un. durazno, la redondez del
[mundo.
Saber que todo cambia y que todo es
[igual.
Sentirse, ¡al fin!, maduro, para ver, en
[las cosas,
nada más que las cosas: el Pan, el sol,
[la miel...
Ser nada más el hombre que deshoja unas
[rosas,
}' graba, con la uña, un nombre en el
[mantel. ..
La Editorial Finisterre publica ahora,
con fecha adelantada ( lo. de enero de
1967), cincuenta poemas de Jaime Torres Bodet, seleccionados y prologados
por su autor. En el "¿Preámbulo... 0
epílogo?", escribe Torres Bodet: "Durante casi treinta años, pensé que la agitación exterior -viajes, responsabilidades
conferencias, discursos, celebraciones, de:
beres públicos-- me iba a apartar de la
poesía. Tal divorcio no se logró. Publiqué rnenos versos, sin duda. Pero, si la
poesía escrita se hizo menos frecuehte
-y quizá, para otros, más hipotéticala poesía vivida se convirtió, para mí, en
fuente clara e inagotable". Cada poema
constituye la explicación de un trozo
biográfico. El poeta lo sabe. Pero la poesía no vive de anécdotas. Y el lector tiene que conformarse con la expresión selecta.
En el otoño de su vida, Jaime Torres
Bodet advierte la ampliación paulatina

701

�..
I
de horizontes. O dicha a la manera de
Leopoldo Lugt&gt;nes, tan cara para el propio Torres Bodet, "se ve más cielo entre
las ramas, cuando principia a deshojarse
el huerto". Nada de lo vivido se pierde.
Todo lo conserva la sal del recuerdo. Y
el "ars moriendi" cobra su puesto:

BAJAMAR

"Conforme va la vida descendiendo
-bajamar de los últimos ocasosse distinguen mejor sombras y pasos
sobre esta playa en que a morir aprendo.

hora y lugar en que no estés conmigo;
pues te clavó la muerte tan adentro
del corazón filial con que te abrigo
que, mientras más me busco, más te en[cuentro".
Sentirse hombre entre los hombres,
ejercer el oficio humano, padecer la sed
de vida, solidarizarse con los buscadores
de verdad, ser espíritu y materia vulnerables es poesía en J aime Torres Bodet.
Toda una antropología filosófica está entrañada en este magnifico poema;
NuNCA

Acaba el sol por declinar. Los rasos
de la luz se desgarran sin estruendo,
y del azul que ha ido enmudeciendo
afloran ruinas de horas en pedazos.
Ese que toco, desmembrado leño,
un día. fue timón del barco erguido
que por piélagos diáfanos conduje.
En aquel mástil desplegué un ensueño.
Y en estas velas, ay, siento que cruje
todavía la sal de lo vivido".
La presencia ausente de un ser querido deja sentir su continuidad y su imperio. Todo prolonga y señala a ella. No
es la muerte quien les separa, es la vida.
Pero en la vida se condensa una ilusión
de aurora:

"No has muerto. Has vuelto a mí. Lo
[que, en la tierra
-donde una parte de tu ser reposasepultaron los hombres, no te encierra;
porque yo soy tu verdadera fosa.
Dentro de esta inquietud del alma ansiosa
que me diste al nacer, sigues en guerra
contra la insaciedad que nos acosa
y que, desde la cuna, nos destierra.
Vives en lo que pienso, en lo que digo,
y con vida tan honda que no hay centro,

702

Nunca me cansará mi oficio de hombre.
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyec[tos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas . ..
Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente:
hombre con los que van por las colinqs
hacia , l jardín que siempre los repudia,
hombre con los que buscan entre escom[bros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus ma[nos
• lo que jamás hereda un alma digna,
¡ porque, de todo cuanto el hombre ha
[hecho,
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar su vida!
Somos y no somos. No somos del todo.
Somos proyecto de evasión, invento de
lo que no somos aún. Sólo en la muerte
nos fijamos, nos definimos, nos revelamos.
Y nuestra vida se reduce a vivir de la
creencia de que fuimos. Jaime Torres
Bodet lo dice en forma penetrante y
alada :

R ESUMEN

Vivimos de no ser. . . De ser morimos.
Somos proyecto en todo mientras somos.
Proyecto de esperanza en el deseo·
Y, cuando poseemos lo esperado, ' · · ·
proyecto de evasión, sed de abandono.
En el joven trigal, lo verde es siempre
ansiedad de la espiga. Acaba en oro.
Pero ¿ dónde comienza cuanto acaba?
Vivimos de inventar lo que no somo/
En cambio, este magnífico absoluto
de lo que ya no sufre deterioros,
de lo que ya no pueden
modificar ni el tiempo ni el olvido,
este sólido trozo
de vida inalterable que es la muerte
i cómo nos garantiza y nos define
Y nos revela y nos demuestra en todo!
Vivimos sólo de creer que fuimos.
Seremos siempre póstumos.
I

El lento desasirse de las cosas en el
- d e la vida, tiene su melancolía
,
otono
y
su encanto y su dignidad y su lección
ejemplar. Oigamos al poeta:

PERDÓN

Mírala, cómo cae blandamente
de la más alta cima, entr,e los olmos,
la clara, la dorada hoja sin prisa,
última en desprenderse del otoño.
Con mayor lealtad nadie se rinde.
Nada nunca murió con más decoro.
Toda hecha de luz, fue cielo a tiempo
y no la humilla ennoblecer el lodo.
Ninguna idea sucumbió en tal triunfo,
ni aceptó sin jactancias tantos oros,
ni abdicó de tan puro y frágil reino
con desdén tan completo y silencioso.

¡Quién pudiera imitar su adiós sereno
Y dejar de su paso un dulce asombro
acariciando el aire en que perece '
y perdonando al viento del otoño!

Aunque parezca a algunos demasiado
intelectual la poesía de J aime Torres Bodet, es lo cierto que nos presenta siempre
un valor emotivo --con menos frecuencia
un valor sensual o sensorial - en estado
abstracto, separado
de su raíz natural, y,
,
por esta razon, separado de todo esfuerzo
de saber y de querer. Metafísica del sentimiento es la suya. Y por ello auténtica
poesía.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

E. V. NraMEYER, JR., El General Bernardo Reyes. Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León.
México 1966.

"Como Gobernador del Estado y agente político de la dictadura en la región
que controlaba, Bernardo Reyes fue excelente. Pero al mismo tiempo era una anomalí_a. En un período en que el ejército
mexicano se estaba agotando por la indolencia y la degeneración moral, Reyes lo
levantó escribiendo manuales sobre táctica, intentando resolver el problema del
reclutamiento y creando una Segunda
Reserva, un fuerte ejército de civiles. En
un período en que el progreso material de
la nación estaba acompañado de la cruel
explotación de los trabajadores industriales y por la esclavización de la población agrícola, la voz de Bernardo Reyes
se levantó en defensa del oprimido".
En esta forma resume el Dr. E. V.
Niemeyer la personalidad del general
Bernardo R eyes en una excelente biografía ~~blica1a recientemente bajo el patroc1ruo del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León.
El estudio del Dr. Niemeyer reúne todas las condiciones indispensables en una

703

�investigación histórica moderna. Casi todas sus afirmaciones tienen el apoyo, no
de una, sino de varias fuentes biográficas.
Es precisamente éste, uno de los aspectos
más interesantes del trabajo, pues el autor utiliza una abundante bibliografía,
mucha de la cual no es de fácil consulta
para el investigador mexicano. Esta
cluye, no sólo todo lo que se ha e~cnto
sobre el general Reyes, sino una sene &lt;le
estudios, tanto mexicanos como norteamericanos, referentes a la época en que
le tocó actuar a este personaje. La bibliografía, incluye también, entrevistas
con varias personas importantes y la consulta de numerosos periódicos de la época muchos de ellos editados en losi Estad~s Unidos. Además de los archivos mexicanos, consultó el autor archivos norteamericanos. De estos últimos, resultan
especialmente interesantes, las cartas d_e
los agentes consulares de los Estados Urudos, pues siendo correspondencia confidencial pintan con mayor fidelidad cier'
,
h
tas situaciones que lo que pod1an acer
los periódicos mexicanos de la época.
Esta correspondencia sustituye, cuando
menos en parte, a un diario que se hubiera llevado de los acontecimientos de
esa época. Es precisamente, una de las
mayores dificultades con que tropieza el
investigador al hacer la biografía de personajes de nuestro país; casi no existen
diarios o memorias y la correspondencia
personal, la más de las veces, ha desaparecido.
Debido a esta carencia, la primera parte de la obra del Dr. Niemeyer - la etapa en que don Bernardo todavía no, ~ra
un personaje importante en la política
nacional- aunque más valiosa como
contribución histórica e indudablemente
la de más difícil investigación, nos parece la más débil. La escasez de datos
obligan al autor a recurrir a fuentes de
, valor dudoso, libros, folletos o artículos
escritos muchos años después de los acon'tecimientos, por aduladores o detractores
de don Bernardo, en donde se incluyen

!n-

704

anécdotas que tienen por objeto ensalzar
0 desprestigiar y que, como es imposible
verificarlas, deben considerarse como leyendas.
La última parte de la obra del Dr. Niemeyer es magnífica. La carrera del General Reyes desde julio de 1909, en que
desengaña a sus partidarios que querían
fuera candidato para Vicepresidente, y
el desenlace final frente al Palacio Nacional el 9 de febrero de 1913, parece el desarrollo de una tragedia clásica.
ISIDRO VIZCAYA CANALES

JOAQUÍN ANTONIO l'EÑALOSA, Un Minuto de Silencio, Editorial Jus, México
1966.
UN MINUTO DE SILENCIO nos pide el poeta potosino Joaquín Antonio Peñalosa para su último libro: la reunión de sus
"obras incompletas": Ejercicios para las
Bestezuelas de Dios, Sonetos desde la
Esperanza, Canciones para entretener la
Nochebuena y la Cuarta Hoja del Trébol.
Falta -el eterno y santo horror de
Nervo de las obras odiosamente íntegras- el primer libro del poeta: Pájaros
de la Tarde: sus poemas juveniles, su
mañana de poeta.
Hablando de este libro en la noticia
autobibliográfica, Peñalosa lo señala como "la prehistoria de la que luego uno
se sonroja".
"La Biblia - agrega- me había sugerido sus versos de ancha túnica, sus
paralelismos desdoblándose com_o ~Sfrellas en reflejos, como ecos persiguiendo
vo~es. Ahí quedó el intento juvenil" (p.
7).
Ahí quedó como ausencia bibliográfica. Editado "con el perfil de Estilo"
en 1948, está agotado y es inencontrable
desde 1949.
"Pájaros que cantan sin saber que cantan sin saber qué cantan, sin saber que
'
encantan".

'

1

"Pájaros de la tarde que van besando
las nubes crecidas, y a cada beso revienta
una estrella" (Pájaros de la Tarde, p.
16).
La voz juvenil del poeta cantó, en
ese libro ausente, "la Suave Niña de la
Suave Patria"; las "Antífonas para México"; "El Benedícite de las Cosas me11udas", etcétera. Mirada y voz de niño
que creaba un mundo amable: a su imagen y semejanza:
"Cantemos el himno de las cosas breves, de las creaturillas que alcanzaron
el último soplo de Dios" (p. 44).
El pudor del poeta maduro nos privó
de la segunda edición de sus Pájaros de
la Tarde; aquel primer botón de su primavera.
En los Ejercicios para las Bestezuelas
de Dios, el poeta potosino, franciscano
e Ignaciano, halla en las bestezuelas
- "También las bestezuelas de Dios, ¡ oh
Ignacio, oh Francisco!, pueden ayudarnos
a ordenar vida y poesía"- pretexto para
hablar a los hombres de pobreza, de silencio, de amor.
Esta coleccioncita de poemas había conocido su primera edición, bajo el signo
de Abside, en 1951, en México, y la segunda, en inglés, con el título de God's
little Creatures, en Nueva York, en 1956.
En esta edición ha añadido Peñalosa algunos poemas entonces no coleccionados:
"Lai Mariposa nos advierte que pequeñez
es grandeza", "Ejemplo del Qaracol en la
Santa Pobreza" y "Lección del Caracol
sobre el silencio".
Es la voz del poeta potosino, en esta
colección, la voz aniñada que el propio
Peñalosa celebra, en Inuitación a los Clásicos al Padre Homero.

"Como Noé me construiré mi arca
c011 paredes de nuez y piso de naranja. .."
Así en "Preludios al Arca de Noé".

"Viejo Padre Noé, cuando Dios entre,
ciérrame el arca y que el amor naue[gue .. ." (pp. 15-16)

Y navega el espíritu franciscano y
poético entre árboles que mueren a la
hora dorada, mariposas que meditan sobre la muerte.

"Considera, hermana, que morir tene[mos:
las mariposas mueren en el uiento . ..
La mariposa es irse, deshacerse;
Poluo de oro, recuerda que polvo eres''.
(pp. 19-20)
elefantes de piel arrugada -rocas en
movimiento-, peces que escuchan, redondo el ojo quieto, un sermón de dolor;
asnillos muertos y honnigas que alcanzan el Amor al término ignaciano 'de los
ejercicios.

"No era la leña, ni el carbón, ni una
[carga de rosas;
era la muerte sobre su espalda sola.
Venía por el camino bebiéndose la luna,
Por sus ojos pasaba una alameda oscura,
¡ era la carga última!" (p. 31).
En los "Sonetos desde la Esperanza"
el Dr. Peñalosa cambia de tono totalmente: la estructura cerrada del soneto,
por él manejada hasta con virtuosismo,
se presta a una mayor concentración
conceptual. Serenos, rnagnüicos, perfectos los sonetos fueron editados por vez
primera bajo el signo de Abside en 1962
y recogidos luego, todos, por Salvador
Novo en sus Mil y Un Sonetos Mexicanos, poesía de madurez, no ofrece la cálida voz aniñada del joven Peñalosa.
En Canciones para entretener la Nochebuena las bestezuelas -"por el burrito Blanco de las nueve posadas"- y
la magia navideña arrancan nuevas notas
a su lira; ángeles, bestias azoradas, pesebres y piñatas entre los versos frescos
para la noche blanca:

"Que los ángeles niños rompan ya la
[piñata,

705
• H-45

�que compró Miguel en el puesto, tan
[cara.
Que suban al techo a colgarla en la
[reata
que venden los ojillos con oscura mascada
y que preste José, por un rato, su va[ra; ... (p. 63).
La Cuarta hoja del Trébol reúne poemas no coleccionados antes: "Carta a
Abuelita", "El Problema de la Vivienda", "El Evangelio de Zaqueo", "La
Matanza de !os Inocentes", "Testamento para abrirse en 1999" y "A Nuestra
Señora del Siglo XX".
La voz del poeta que "sabe de sepulturas, de cribas, de hoces", pide un minuto de silencio y un minuto pleno, chorro encantado de tiempo, nos hace comulgar, con su palabra franciscana y niña,
con la hermana muerte y la hermana esperanza, con hormigas y mariposas, con
peces y asnillos muertos.
El arca de su poesía convida al viaje
en compañía del amor:
.. ." amor constante que empiezas siem[pre sin tener ocaso
Este era un gato con los pies de trapo . ..
Viejo padre Noé, cuando Dios entre,
ciérrame el arca y que el amor naue[gue . . ." (p. 16) .
PROF. BENJAUÍN MoRQUECHO GUERRERO

DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL
VALLE, El Romanticismo Alemán. Centro
de Estudios Humanísticos de la U. N. L.
México 1964.
PUBLICADA POR EL Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, que preside su fundador el propio doctor Agustín Basave, esta obra nos
ofrece algo nuevo en literatura crítica en
México. Es más que una mera crítica literaria. En efecto, un crítico sólo examina y califica objetivamente el resultado,

706

la obra, sin necesidad de conmover ni hacer vibrar al ritmo del creador original.
En cambio, el presente estudio del romanticismo alemán es una presentación
en vivo de esta corriente fundamental
del pensamiento moderno, en modo semejante a como surge y se desenvuelve
en los propios románticos.
El libro tiene dos partes. En la primera asistimos en primer término a un despliegue de realizaciones y posibilidades
de la cultura alemana en la que se va a
nutrir y desenvolver el alma romántica
de sus más agregios representantes. Luego vemos cómo las líneas directrices del
romanticismo germano parten de sus orígenes históricos: el movimiento llamado
Sturm und Drang y las figuras prerrománticas de Herder y Goethe. Estos y
los siguientes personajes los presenta Basave sin rodeos, como se presenta a viejos conocidos y buenos amigos.
Lo que yo deseo hacer en esta esquemática reseña de la obra del excelente
amigo Dr. Basave es aproximarme como
él a las fuentes: los propios románticos.
El romanticismo es una abismal infinitud
de ensueños, emotividad, sentimientos,
ideas, experiencias y objetivaciones inagotables. Pero los románticos son finitos
y limitados seres que se duelen de sus limitaciones y finitudes y se desgarran buscando el infinito. Si nos detenemos, pues,
en ellos, más fácilmente podremos reconocer algo de nosotros mismos en esa
"constante humana" que persigue en su
estudio nuestro autor. Por eso trataré
solamente de presentar en grandes rasgos las imágenes o retratos, biografías espirituales que el Dr. Basave ha trazado
espléndidamente de esos grandes tipos de
humanidad que son los románticos.
Juan Godofredo Herder (1743-1803) ,
que nació pobre, "escuchó gratuitamente
las lecciones de Kant", inconformándose
con el frío sistema de su maestro debido
a causas de moral y religión. Dícese que
pudo haber servido de modelo a Goethe
para su Fausto. Más que filósofo, hom-

bre de gran cultura, es un precursor del
movimiento romántico, por ejemplo, en
su valoración del lenguaje como órgano
espiritual de un pueblo y en la exaltación del decir espontáneo, no libresco,
que es el verdaderamente poético. Enfréntase al iluminismo francés, y al joven
Goethe lo arrastra "hacia el mundo de
la afectividad y del entusiasmo". Escribe
poemas ("El joven salvado") y estudios
( "Selvas críticas") de contenido subjetivo. Despierta en Europa el interés por
las expresiones de la cultura popular ( Colección de "Cantos populares"). Sostiene una filosofía de la historia en que "la
actitud de imitación a todo modelo y a
toda ley que no emane de la intimidad
queda proscrita", preparando en ello el
camino para el romanticismo.

Goethe aparece luego en su etapa romántica con "Goetz von Berlinchingen"
y "Werther". "Goethe es para los alemanes la figur~ central de su cultura y hasta
la encarnación nacional", indica Basave.
Entendimiento y sensibilidad abiertos.. .
pasión de vivir. . . vivencias y poesía.. .
"Amó a las mujeres, a la naturaleza y
a los libros. . . de su vida quiso hacer
una obra de arte... escribió, a golpes de
amor, para escudriñar el alma y para
efculpir la belleza". Pasa la imagen de
este hombre universal y tras su magna
sombra vemos surgir, en individuales rasgcs, las figuras de los más destacados románticos alemanes. Nos hallamos en la
segunda parte de la obra, que así se desarrolla:
HEINRICH voN KLEIST. Nace en 1777.
Lleva una vida azarosa y muere suicidándose en compañía de una mujer. "Esa
vida y esa muerte son la vida y la muerte de un romántico", pero lo romántico
propiamente en Kleist es "su disolución
en el ensueño. . . su sentimiento amorfo
Y vaporoso", advierte nuestro autor. Dramaturgo y poeta, habla y escribe poco
(Catalina de Heilbronn, La batalla de
Hermann, El príncipe de Hamburgo), y

compone, antes de morir, su Letanía de
la muerte.
NovAL1s (pseudónimo de Federico
Leopoldo von Handenberg) es la figura más perfecta y representativa del romántico. Nacido en 1772, fué "débil y
enfermizo en su infancia, alegre y estudioso en su adolescencia, romántico
y místico en su juventud". Muere joven. Poeta plenamente, en él "todo en
la distancia se torna poesía", y ésta se
aloja en lo más profundo del ser. La
religión y el saber último se funden
místicamente en ese arte creador y configurador de un universo íntimo que sustituye al cosmos. "Poesía de totalidad es
la suya", nos dice nuestro autor. Enrique
de Ofterdingen, su más grande obra, inconclusa, es un héroe legendario que vive en un mundo idealizado. Los Himnos
a la noche son el mejor canto a su misterio. Sus Cantos espirituales han dado
incluso material a la liturgia. Inspira
poetas y artistas. Schubert musicó varios de sus cantos. En su ''idealismo mágico" evoca igualmente formas del pensamiento y se anticipa a filósofos en su saber del hombre. "Antes que Heidegger",
observa Basave, "tuvo la intuición, expresada en otra forma, de que el hombre
es un ser para la muerte", pero a diferencia de ese filósofo, no ve en la muerte
"sólo un desenlace, sino también un principio y una victoria".
FEDERICO HOELDERLIN, un poeta fuera de sí, en rapto, enajenado, se constituye intermediario entre los dioses y los
mortales, roba los rayos al infinito y los
devuelve al hombre envueltos en cantos.
Su Hiperión, griego moderno que reencarna ideales de la Grecia antigua, prenuncia, dicen, "la efusión dionisíaca, el
movimiento del ditirambo y la educación
heroica que sacuden y hacen r esplandecer el Así hablaba Z aratustra de Nietzsche", y aún llegan a considerarlo "como
la obra revolucionaria más pura y profunda de los alemanes".

707

�FEDERICO ERNESTO DANIBL SCHLEIERMACHER nace en 1768. Teólogo, predicador, pensador religioso, en sus Mon~logos la moral de lo humano alcanza dimensiones de totalidad infinita. Proyección hacia el futuro en eterna juventud.
Religiosidad sentimental sin credos ni
dogmas. "Con la religión no conocemos
ni queremos. Intuimos y sentimos", resume nuestro autor. Panteísmo. "Filosofía de la religiosidad más que de la religión", concluye.
FEDERICO NIETZSCHE ( 1844-1900). La
trágica personalidad de este poeta filósofo que era hipersensible para sí e insensible para los demás, destructor de valores ajenos y narcisista intelectual en Ecce
Horno, es presentada aquí "sin perder
de vista en ningún momento al hombre
de carne y hueso". Se exponen los siguientes aspectos: su "vitalismo, la doctrina
del superhombre, la religiosidad dionisíaca, la actitud anticristiana, la vocación
poética y sus últimas confesiones". Encontramos la voluntad de vivir sin límite, de amar el propio destino en el cosmos en unión individual con él. El ser
~ano queda por encima, de todo. Surge el superhombre, dominante en el universo y henchido de vida inagotable. Primero su entusiasmo, de Nietzsche, por
Wagner y luego la condena de su "cristianismo estetizante y sentimental" y en
él la de todo cristianismo. "Dios h a
muerto". Todo está permitido. El culto
a la vida sustituye al los demás cultos. El
superhombre anticristo y antinihilista
"tendrá que venir algún día". Mas este mito irrealizable termina en absurdo
y en locura. Sin embargo, Nietzsche no
es ateo nos advierte el autor, es un exal'
tado religioso.
''Dios ha muerto" porque
lo hemos matado en nuestros corazones.
"Ha observado de cerca", continúa, "la
civilización que se dice cristiana y se ha
convencido de que vive como si Dios estuviera muerto o como si su ausencia
fuera algo irremediable y fatal". Nietzsche
sostiene una actitud incongruente frente

708

al cristianismo. Lo mismo ve a veces en
la Iglesia (católica) una "vigorosa belleza", que firma su libro El Anticristo.
Pero la verdad es que "no se atreve a
lanzar sus peores dardos contra la figura
de Cristo, por más que se nombre Anticristo", dice Basave. "En el fondo, Nietzsche padece el impresionante encanto de
Jesús". Cristiano, pues, a pesar suyo, este
desorbitado romántico es, ante todo, poeta, no de los quejumbrosos "de estirpe
lunar" sino poeta vigoroso "de estirpe
solar",' que canta en un nuevo lenguaje.
Al final vienen las "últimas confesiones"
publicadas en el libro Mi hermana 'Y
yo que apareció hasta 1961 en traducción
inglesa y que fueron escritas en un sanatorio mental. Con ellas termina la trágica historia del postrer romántico alemán.
Lic. MANUEL MENDOZA SÁNCHEZ

FEDERICO SÁNCHEZ ESCRIBANO y ALBERTO PORQUERAS MAYO, Preceptiva
dramática española del Renacimiento y
el Barroco, Biblioteca Románica Hispánica, Editorial Gredos, S. A., Madrid,
1965. 258 páginas.
TRADICIONALMENTE, LA dramática española del Renacimiento y del Barroco ha
sido estudiada formal y temáticamente
como una eclosión magnífica del genio literario español, de su concepción de la
vida y de la muerte y como una galería
de tipos y conflictos humanos en medio de
pasiones elementales. Han sido relativamente pocos los estudios llevados a cabo
desde el punto de vista de la teoría, como si todo ello fuera una brillante improvisación paralela a la improvisación política y económica que fue la tónica de la
época y la que, en definitiva, causó la decadencia de España. Sin embargo, toda la
dramática renacentista y barroca está sustentada por una teoría bien clara y definida tal como se deduce de este hermoso

libro de Sánchez Escribano y Porqueras
Mayo, Preceptiva dramática española del
Renacimiento y el Barroco, publicado en
el otoño de 1965 en la Biblioteca Románica Hispánica de Gredos.
La obra consta de dos partes: una introducción en la que ambos autores orientan al lector en la teoría dramática de
los siglos XVI y XVII y en el campo de
la comedia española del XVII y una segunda parte, la más amplia, en la que se
han recogido los textos teóricos sobre el
teatro, en una secuencia cronológica. A.
Porqueras Mayo titula su -trabajo Algunas observaciones introductivas a la teoría dramática de los siglos XVI y XVII,
en el que delimita, inicialmente, el criterio seguido en la recolección de los textos y las bases para la localización de los
mismos, así como también el establecimiento de las fuentes utilizadas y una revisión de los trabajos publicados previamente, señalando sus alcances y limitaciones. A. Porqueras Mayo analiza a
continuación cómo comienza a aparecer
en el panorama de la cultura española
una teoría dramática, en pleno siglo XV,
que va a servir de base para todo el desarrollo posterior: estas primeras manifestaciones las encontramos ya en Juan de
Mena, inspiradas en la tradición clásica,
principalmente en lo que el autor llama
"definición de Tulio". El Marqués de
$antillana aporta también sus puntos de
vista, basado en las primeras fuentes que
Mena. Es en el siglo XV cuando los tratadistas tratan de establecer un criterio
para distinguir la comedia de la tragedia y de definir principalmente los caracteres de la primera, pero con una aportación. nueva e interesante, pues señala
el autor: "Ya veremos que la preceptiva dramática del Siglo de Oro sólo se intetesa, prácticamente, en el segundo aspecto, ampliando con gran rigor de pensamiento la mezcla de acontecimientos
tristes y alegres, para crear una teoría

de nuevo cuño sobre la tragicomedia"
(p. 15).

El siglo XVI se abre con dos actitudes que, según Porqueras, serán definitivas en la orientación dramática posterior y que posibilitarán toda "una germinación espléndida posterior". Una es la
de Bartolomé Torres Naharro y otra, al
fmal del siglo, más filosófica y densa, la
de López Pinciano. Hasta la época de
Torres Naharro había predominado el
esquema aristotélico tradicional y ampliamente revivido por los humanistas del Renacimiento; Torres Naharro destacará en
un primer plano a la comedia sin confrontarla con la tragedia, para definirla y
reelaborar su concepto "con una clasificación novedosa: 'comedia a fantasía',
es decir de cosas inventadas, y 'comedia
a Noticia', es decir de cosas ocurridas"
(p. 16), al paso que dignifica a la comedia y le da su valor de género noble entre los dramáticos.
Importante también dentro de este
desarrollo teórico es la obra de López
Pinciano Filosofía antigua poética ( 1596)
quien, aunque influido todavía por las
ideas aristotélicas respecto a la naturaleza de la comedia, concede a ésta "El
principio catártico de la tragedia" (pp.
16-1 7) . Su actitud conservadora se manifiesta al seguir muchas normas preceptivas de las antiguas concepciones clásicas, principalmente en lo que se r efiere
al número de actos, concepto que evolucionará a través de Juan de la Cueva
hasta Jlegar a Lope de Vega, que fija dicho número en tres "desde un punto de
vista teórico" ( p. 17) .
Otro aspecto importante que señala
Porqueras en su exposición es el concepto algo confuso que sobre la acepción de
la palabra comedia priva aún en el siglo
XVII y de donde provienen algunas de
las contradicciones que se encuentran en
las terminologías empleadas por los tratadistas y que incluso alcanzan al Arte nuevo de Lope. Sin embargo, es en el siglo

709

�XVII donde florece pujante la teoría y
donde también se trata de fijar un concepto claro del género. Carvallo, en 1602,
con su Cisne de Apolo, Agustín de Rojas,
en 1602, con Loa de la comedia, van perfilando significados y direcciones nuevas
que, sin romper con el punto de vista tradicional, elaboran un concepto más claro
y definido en la teoría y la práctica, como asegura el autor: "Pero todo ello
transformado, enriquecido, en suma, nacido originalmente ante la observaci6n
de un género cuya 'práctica' va 'modelando' la teoría literaria a la que siguió
en un principio, y que termina por transformar completamente. En otras palabras,
se parte de lo "antiguo' para dejarlo
atrás, lentamente, ante la evidencia de lo
'nuevo' " ( p. 20) .
Juan de la Cueva, uno de los grandes
teóricos, contribuye también, a su modo,
a crear en torno a la comedia el concepto
de lo "nuevo" , planteando en términos
prácticos su teoría y actitud ante el pasado, estratificado en las concepciones oficiales {pp. 21 y 22). Interesantes son
también los comentarios sobre El Arte
nuevo de hacer comedias de Lope, en
los que destaca su sentido polémico ( "tirar la piedra y esconder la mano"), su
ambigüedad misteriosa y, a veces, su indecisión. Los años posteriores a la aparición del Arte ( 1609) representan tomas
de posición decisivas en la teoría dramática y en ellas se perfilan ya claramente las dos tendencias que vislumbr6 Juan
de la Cueva entre los partidarios de lo
antiguo 'y lo nuevo. "Y tenemos - e
afirma- la famosa guerra literaria estudiada por Entrambasaguas, que se
agudiza en dos años decisivos: 1616, año
de la Spongia, y i618, año de la Expostulatio Spongiae. La comedia sale triunfadora, y años después surgen dos columnas inconmovibles, de gran solidez
dialéctica:• Barreda y Pelicer de Tovar"
(p. 23). A través de la polémica, de réplicas y contrarréplicas, muchas veces

710

apasionadas, vemos cómo el siglo XVII
es el siglo del triunfo de la comedia,
triunfo sólidamente asentado en las bases teóricas de los tratadistas. El estudio
de Porqueras viene a demostrar que, en
•medio de la aparente facilidad externa
de la comedia española renacentista y
barroca, la sustentación teórica es de una
solidez extraordinaria y que el "oficio"
de nuestros comPdiógrafos estaba cimentado en bases bien firmes: ''La teoría
dramática española -firma Porcplerasofrece un corpus compacto, muy unido a
la labor creativa. Diríase que ésta, con
sus sacudidas vitales, crea el movimiento
de vaivén que oscila entre la tragedia y
la comedia, para crear, por síntesis, una
nueva criatura de arte: la tragicomedia.
Ningún país en el mundo, por estos siglos,
puede ofrecer una teor!a dramática tan
original y completa como España" (p.
31).
El segundo estudio que sirve de introducción, Ensayo de síntesis sobre la comedia española del siglo XVII por Federico Sánchez Escribano, conocido especialista en nuestros Siglos de Oro, insiste en "el nexo entre teoría y práctica,
con lo cual se prepara al estudiante y al
investigador a no tratar en falso difíciles
problemas estéticos" (p. 33). El punto
de partida de S. Escribano es que "la comedia española del siglo XVII, es un
teatro de ideas expuestas siempre con una
tremenda belleza"; su estudio, por tanto,
si no nos equivocamos, tiende a demostrar cómo operan las ideas en el proceso
creador de la belleza y c6mo se enlazan
con la actitud total que supone el Renacimiento y el Barroco. En apretada síntesis, S. Escribano discute, con la acerada
maestría y la pasi6n que siempre ha. puesto en estos temas, el problema básico de
las épocas espirituales y de las corrientes
literarias, el de la clasificación y los peligros inevitables que se presentan en la
abstracción y caracterizaci6n de las mismas. Las difíciles implicaciones de la ter-

minología usada pueden a veces oscurecer en su base el fenómeno mismo que
se trata de analizar y quedarnos con la
visión, desordenada y caótica del esquema sin apreciar el hecho concreto el hecho vital y base del fenómeno es~ecífico.
Sin embargo, S. Escribano cree y sostiene
que la abstracción, la caracterización tipológica, puede y debe aplicarse, con
cierta medida y cautela. "La abstracción
-dice--1 en grupos literarios, en corrientes literarias, tiene aplicación variable en
extensión y profundidad. Es decir, el término clasificador tiene, en algunos casos,
un sentido lato y puede comprender muchas manifestaciones de la vida de determinada época" ( p. 36). Con esta serie de
c!istinciones y aproximaciones, S. Escribano trata de tipificar el fenómeno complejo del Barroco, sobre el que se han hecho tantas abstracciones, no siempre acertadas. Parte de la divisi6n radical entre
lo "clásico" y todas las demás teorías
opuestas que han recibido distintos nombres a través de la historia de la crítica.
Y, sin caer en la tajante oposición tradie,ional, llega a tipificarlo acertadamente
en los siguientes términos: "Nosotros creemos que se debería llamar 'tragicómico'.
El 'tragicomiquismo' es la fusión total
de lo trágico y cómico, sea en lo que toca a la estructura de una obra, a lo tectónico, sea en el sentido vital que expresa.
Unamuno, por ejemplo, es un trágico de
contextura barroca. En cambio Sartre es
un barroco en su sentido vital, de tenc!encia clásica en la forma. Estas tres
clasificaciones, lo clásico, lo aclásico y lo
tragicómico, son la base de las abstracciones literarias y hay que tenerlas en
cuenta para la mejor comprensión de la
abstracción literaria" ( p. 3 7).
Sentados todos estos presupuestos teóricos, S. Escribano se lanza a describir lo
barroco-español y sus manifestaciones
posiblemente en una caracterización tan'
originalmente nueva y poética que viene a revolucionar muchos de los puntos

tradicionalmente aceptados por la apatía intelectual. En primer lugar, sostiene
que el Barroco como abstracción "es más
exacta que otras" (p. 37), es decir, más
exacta que las clasificaciones parciales o
unilaterales que responderían a una moda o a una tendencia dentro del fenómeno total del Barroco. Es necesario entrar en contacto con la vigorosa caracterización que hace el autor para darse
cuenta de la profundidad con que ha penetrado en esta abstracción que nos lleva a comprender una actitud total de la
vida y la cultura españolas del siglo
XVII; remitimos al lector especialmente a las páginas 38-40 donde se caracteriza lo Barroco en función de lo vital expresivo, de la angustia y de la crisis.
Definida y circunscrita esta abstracción
el autor pasa a continuación a articula;
dentro de ella al teatro del siglo XVII
corno expresión máxima de lo barroco. Es
muy importante la consideración que hace S. Escribano respecto a la influencia
aristotélica en las ideas dramáticas de
nuestro Barroco: "Pero, en general, preceptistas y dramaturgos se ciñen y aceptan ciegamente ciertas afirmaciones de la
Poética del estagirita" (p. 42) y a continuación se citan diecisiete puntos en los
cuales la doctrina de Aristóteles se revitaliza en la teoría barroca, y como consecuencia de esto, los caracteres permanentes de la comedia española del siglo
XVII, caracteres definidos y sustanciados
en las obras maestras. La influencia de
la teoría y la práctica de la dramática de
la antigüedad clásica hacen de la comedia española un fenómeno universal, casi
más universal que español, como señala
originalmente el autor: "El terna de una
crónica casi siempre lleva en sí un paralelo o reminiscencia de la antigüedad clásica. 'El españolismo' de la comedia española es un espejismo de que se han valido algunos críticos para desprestigiar el
valor dramático del drama español del siglo XVII y menoscabar su universalidad.

711

�Porque de lo que menos tiene es de 'español'. La prueba está en que los españoles de siglos posteriores no lo comprenden, y en algunos casos han sido los primeros en ver sus 'tachas'." (pp. 44-45).
Muchas veces se ha presentado la cuestión de si verdaderamente puede existir
una "tragedia cristiana", en el auténtico
sentido de la palabra "tragedia". Personalmente, siempre hemos creído que dentro de la articulación de la teología cristiana y su concepción de la vida y del
destino del hombre, no se presta a la
creación de un concepto trágico de la
vida, ya que, en definitiva, puede echarse mano del "deux ex machina" de la
providencia para resolver muchos problemas planteados en el plano natural. Sin
embargo, S. Escribano sostiene decididamente que sí existe y que puede existir
una verdadera tragedia en la concepción
cristiana de la vida, y que el Barroco
produjo esa tragedia en su sentido más
pleno: "El Barroco, como crisis del Cristianismo, creó la tragedia cristiana...
Gran parte del teatro europeo del siglo
XVII es la tragedia del hombre cristiano, y si esa tragedia cristiana no se ve
en muchos casos es porque el problema
se ha tamizado tanto que no se trasluce
a primera vista. Con todo lo que se ha
escrito sobre La estrella de Sevilla, los
críticos no se han percatado de que se
trata de un caso de conciencia cristiana"
(p. 45).
A continuación se enumeran algunas
de las innovaciones que introduce en el
arte dramático la comedia española del
~iglo XVII en todos sus aspectos y los
puntos coincidentes y discordantes con
la teoría aristotélica. La conclusión de
S. Escribano es definitiva y totalmente
definitoria en su claridad : "En resumen,
la comedia española del siglo XVII no
se estructuró ni con una repentista ignorancia ni con una repentista ligereza,
a: espaldas de una teoría del arte dramático, sino con principios estéticos ya da-

71Z

dos por Aristóteles y Horado, pero refundidos para someterlos al gusto espiritual de la época y a las vitales exigencias del espíritu" (p. 48).
Siguen los textos de la teoría dramática de los siglos XV, XVI y XVII que no
dudamos adquieren una nueva luz con
las aclaraciones que se hacen en los dos
estudios precedentes.
Lm.

JuAN ANTONIO AVALA

JosÉ HERRERO, Introducción al
estudio de la filología latina, Biblioteca
Universitaria Gredos, 1, Editorial Gredos, Madrid, 1965. 387 páginas.
VÍCTOR

Los ESTUDIOS CLÁSICOS en España y en
muchos de los países de habla española han vivido durante mucho tiempo dependiendo de materiales procedentes de
otros países, donde la cultura clásica ha
gozado siempre de un alto prestigio entre
las ciencias del espíritu. Afortunadamente,
li.s nuevas generaciones de estudiantes españoles han cobrado una nueva conciencia y responsabilidad ante los estudios
dásicos; el profesionalismo riguroso ha
ido desplazando a la improvisación de los
aficionados; las traducciones nuevas y orig;.nales van imponiéndose sobre las malas
traducciones del pasado que los editores ponían una y otra vez en circulación
ya que el dominio público sobre la propiedad literaria de las mismas prometía
un negocio redondo. Un entusiasmo nuevo, la calidad superior de la enseñanza
universitaria, la mejor preparación científica de los nuevos filólogos y lingüistas,
la publicación de revistas, anuarios, índices bibliográficos, etc., han hecho que
nuestros estudios clásicos gocen de una
nueva y renovada vitalidad.
Entre los estudios recientemente publicados sobre filología clásica, de.staca por
su originalidad esta Introducción al estudio de la filología latina del Prof. Víctor José Herrero. En una síntesis vigo-

rosa -muy difícil en este campo por la
amplitud e importancia de los problemas-- y con valiosa claridad, se introduce el lector al fascinante mundo de la fi.
lología latina. La obra está dividida, además de la introducción en que se explica
el concepto de "filología", en tres partes:
a) Las fuentes para el estudio del latín,
b) La filología latina en su evolución histórica y c) ámbito y orientación de la
gramática latina.
En la primera parte se- estudia ampliamente la trasmisión de las obras clásicas por medio del testimonio directo: los
manuscritos; se estudian los textos más
antiguos, los materiales empleado,s, la
conservación de los códices durante la
Edad Media, la actividad desarrollada en
los monasterios, el impulso recibido en la
corte de Carlomagno y las lecciones de
Alcuino, el movimiento humanista del
Renacimiento y el descubrimiento de nuevos códices hasta los primeros impresos
y la aparición de las ediciones príncipes.
Todos los datos, nombres, informaciones
bibliográficas y materiales proporcionados por el autor en este capítulo son de
extraordinaria importancia para comprender el largo proceso por el que ha
pasado la trasmisión de la cultura clásica hasta nuestros días.
A continuación, el capítulo III está
dedicado a la edición crítica y su problemática: para cualquier edición crítica y
la reconstrucción más fiel de un texto hay
que partir, siempre que se pueda, de la
base firme de un manuscrito y del conocimiento del tipo de letra empleada en su
composición; de aquí. fa importancia que
el autor da a este capítulo dentro del estudio de la filología y del estricto método de análisis que expone: esta es la
razón por la que, en un plano histórico,
teórico y práctico se explican los principios básicos de la crítica textual y toda su terminología; entre estos principios
básicos están los dos más importantes que
son la "recensio" y la "emendatio", re-

cursos empleados para la reconstrucción
y fijación de un texto y que han sido,
desde el Renacimiento, la piedra angular de la filología. El hábil manejo de estos recursos de la ciencia filológica concluye con la edición del texto en su forma más cercana al original y depende
mucho de la intuición y la pericia del
investigador el llegar a una conclusión
positiva.
Una parte importante, en el estudio de
los manuscritos, es la papirología y' el latín de los papiros, a la cual el autor dedica un breve y sustancioso capítulo, con
una interesante referencia a la papirología en España, así como una abundante guía bibliográfica para estos estudios.
Lo mismo puede afirmarse en lo que toca
al estudio de las inscrip&lt;:iones latinas,
fuente importantísima y segura para reconstruir muchas etapas de la lengua y
de la cultura y que por su permanencia y
solidez, ofrecen un testimonio más seguro
y menos cuestionable que otros testimonios documentales.
Quizá la parte más sólida de este volumen es la dedicada a la exposición de los
problemas lingüísticos y a demostrar el
entronque de la filología latina con todos
los adelantos de la ciencia lingüística modt-rna: lingüística y filología forman en la
actualidad una unidad integral, complementaria y recíproca; los métodos de una
y otra están claramente definidos, como
lo están sus campos respectivos, pero ambas, en íntima relación metodológica, ayudan a que las aclaraciones en el campo
lingüístico sean más profundas y definitivas. Víctor J. Herrero parte del concepto de indoeuropeo común y de los problemas inherentes al método lingüístico,
para exponer, amplia y documentalmente, todos los puntos de importancia en la
formación de las lenguas itálicas y, en
concreto, del lat'm. Para este capítulo se
han aprovechado los valiosos materiales
que la ciencia lingüística ha ido acumulando desde el descubrimiento del sáns-

713

�/

crito a finales del siglo XVIII y todo el
desarrollo del comparatismo durante el
XIX. El autor, paso a paso, va reconstruyendo todos los procesos a través de
los que la gramática comparada --o mejor dicho el método comparativo- llegó
a establecer el parentesco y la afinidad
dentro de la familia de lenguas indoeuropeas y el establecimiento de las leyes fonéticas "por las que se rigen y a las que
responden las conservaciones e innovaciones relativas a la pronunciación" (p.
81) . Toda la metodología del comparatismo ha llevado, con su perfeccionamiento, a fijar totalmente el parentesco lingüístico entre este grupo de lenguas y a
d2rnos un conocimiento más amplio de la
evolución y desarrollo del latín a partir
de sus origenes más remotos. Saliéndose propiamente del enfoque tradicional
que seguía la filología latina, V. J. Henero expone con más amplitud los fundamentos lingüísticos generales del grupo indoeuropeo, caracteristicas que serán aplicables, en cierta medida, también al latín y al estudio histórico de su evolución.
Toda la reconstrucción de estas etapas
históricas del latín ayudan extraordinariamento al estudiante de filología a tener un panorama más amplio y crítico
de la lengua y de sus implicaciones dentro del campo de la lingüistica actual.
Asimismo, nos referimos a las consideraciones que el autor dedica al latín medieval y a las fuentes para su estudio.
De especial interés es también el capítulo dedicado a El latín de los humanistas y al desarrollo del concepto del
"humanismo" dentro del campo de la. filología latina, en especial de la influencia del "ciceronismo" en los ideales culturales, humanos y políticos del hombre del Renacimiento. La influencia de
Cicerón, sobre todo a partir del siglo
XIV, comienza cada vez a ser más importante sobre todo en el aspecto lingüístico y ayuda a la recreación de la lengua latina como instrumento de cultura.

714

Las polémicas entre ciceronianos y antic.iceronianos plantea interesantes cuestiones en esa formación de la conciencia lingüística de los humanistas. V. J. Herrero
dedica también unas páginas a los ciceronianos españoles que llenan una página gloriosa, aunque desgraciadamente
bastante preterida, en el movimiento humanista español: Ginés de Sepúlveda,
Fray Luis de Granada, Luis Vives y otros
muchos. El mérito' de esa inquietud lingüística del Renacimiento reside principalmente en que el latín se convirtió de
nuevo en una lengua viva a pesar de haber nacido de un movimiento de imitación literaria. "Fue -afirma el autor-,
pues, el latín humanistico la lengua viva
e mtemacional de una sociedad culta,
algo así como el francés en el siglo
XVIII. .. Hasta tal punto llegó a ser el
latín la lengua de aquellos humanistas
mtelectuales, que, a pesar del auge que
iban adquiriendo ya algunas de las lenguas modernas, ellos hablaban y escribían latín sin /e en el triunfo y posibilidades de aquellas lenguas'' (p. 188189) . Tiene también cabida en este capítulo el estudio de los principales géneros literarios del latín humanístico, corno la poesía, el teatro (principalmente el
teatro escolar promovido por los jesuitas
y otras órdenes religiosas en sus colegios
y universidades) y la Historia, cultivada
en España con riqueza que sobrepasa a
otras naciones europeas.
No podía faltar en un manual de filología latina la referencia necesaria a las
fuentes bibliográficas; a este punto está
dedicado todo el' capítulo XI. Después
de una introducción sustanciosa y breve
consagrada al alcance y valor de la bibliografía, se describen los repertorios bibliográficos, diccionarios y enciclopedias
de la Antigüedad clásica, colecciones de
textos latinos, Revistas de filología y todas las fuentes secundarias para el estudio de la lengua, tales como la historia
de la misma, la gramática general, Foné-

tica, Morfología, Sintaxis, Estilística, Léxicos y Gramática comparada. La bibliografía es exhaustiva y orientadora para
el estudiante de filología latina.
La parte siguiente estudia La Filología latina en su evolución histórica, en
los siguientes aspectos: en la antigua Roma, en la Edad Media, durante el humanismo y, finalmente, la Filología clásica y la lingüística desde el siglo XIX
hasta nuestros días. No creemos que el
autor, en esta parte, haya añadido nada
sustancial a lo que ya sabíamos por el
manual de Kroll, aunque algunas etapas
se han enriquecido con nuevos materiales y una perspectiva histórica más completa y articulada.
El último punto tocado por el autor se
refiere al Ambito y orientaciones de la
Gramática latina. El estudio de la gramática latina se expone, en estas últimas
páginas, con una metodología nueva teniendo en cuenta los avances y planteamientos de la lingüística moderna. Las
partes de la gramática no deben estudiarse como islotes aislados dentro de la
lengua sino como elementos interrelacionados e integrados indivisiblemente en
un conjunto; de aquí que deba de aplicarse también al estudio del latín esta
nueva metodología para comprender su
mecanismo interno y funcionamiento. Se
estudian, pues, los siguientes aspectos:
a) Relación entre fonética y fonología,
b) Relación de la lexicología con la fonética y fonología, e) Relación de la lexicología con la morfología, d) Relación
de la lexicología con la sintaxis, e) Relación entre fonética y morfología, f)
Relación entre morfología y sintaxis, g)
Relación entre fonología y sintaxis. Aparte se estudian otros problemas gramaticales que completan una visión nueva y
renovada de la gramática latina a la luz
y con la ayuda de los últimos adelantos
de la ciencia lingüistica, con lo que el
estudio del latín recobra un valor nuevo.
Creemos que esta Introducción al estu-

dio de la filología latina viene a llenar
un vacío que existía en lengua española
y que se venía llenando con traducciones y adaptaciones de manuales extranjeros. Como manual orientador, será una
gran ayuda para los estudiantes de filología en el mundo de habla española, tan
rico en su tradición en este campo y tan
descuidado en los últimos tiempos.
Lic.

JuAN ANTONlO AYALA

JAMES W!LLIS RoBB, El estilo de Al¡onso Reyes, Colección "Lengua y estudios literarios", Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965. 261
páginas.

INTERÉS QUE ha comenzado a despertar el estudio de la obra de Alfonso Reyes se ve aumentado, año con año, en
una bibliografía abundante y sólida. Lo
interesante es que muchos de estos trabajos son el resultado de investigaciones
encaminadas a una tesis y como tales llevados a cabo con el máximo rigor y con
en método claro y definido. El trabajo
que nos ocupa en esta nota bibliográfica
es el del profesor James Willis Robb, de
la Universidad George Washington, titulado El estilo de Al/onso Reyes. Este sencillo título nos presenta una de las obras
de crítica más sólida que existen en la
bibliografía alfonsina y no dudamos en
afirmar, desde ahora, que la consideramos de capital importancia para cualquier estudio posterior sobre este tema.
El valor máximo de este estudio reside,
a nuestro juicio, en la especiar metodología empleada para abordar uno de los estilos más ricos y brillantes que ha producido la literatura de lengua española en el
presente siglo. Porque cuando se habla o
se escribe sobre Alfonso Reyes lo primero que hay que señalar, quiérase o no,
es su posición impar como maestro del
estilo, como un explorador de temas universales que lo llevaron a todos los cam-

EL

715

�pos del interés humano y, en una palabra, como quien ejerció las funciones de
la cultura con la más alta dedicación y
simpatía. Y otro aspecto interesantísimo
y de capital importancia en la cuestión
del estilo de Alfonso Reyes es que dicho
estilo presenta rasgos de regularidad, en
el tiempo, que son muy poco frecuentes.
Normalmente, en un mismo autor se pueden señalar con claridad distinta etapas
estilísticas a través de su obra, ya sea en
un sentido progresivo, cuando dicho escritor va conquistando gradualmente el
dominio total de la expresión hasta llegar a un punto de regularidad y de máxima expresividad o, lo que es aún más
frecuente, cuando el escritor presenta diferentés planos estilísticos que reflejan, a
su vez, distintos momentos de su sensibilidad. En Alionso Reyes no es éste el caso:
desde su primer libro Cuestiones estéticas ( París, 1911) y a través de toda su
obra escrita en un período de más de
cincuenta años, se nota ya un estilo hecho, regular, permanente, con todas las
características de brillantez, claridad y
expresividad estudiadas en la obra de J.
W . Robb.
El campo d el estudio presente está
bien delimitado por su autor, así como
también el método. "Su intento -nos
dice en la Advertencia preliminar- es
el de estudiar las características más sobresalientes del estilo artístico de Alionso Reyes, manifiestas en la totalidad de
su obra literaria pero que se revelan más
sorprendentemente - a nuestro juicioen su prosa ensayística. Por lo tanto, el
enfoque central -especialmente en el aspecto esiructural- se dirige al ensayo,
pero se verá cómo la visión artística se
desbord~ de los escritos más estrictamente
ensayísticos hacia los tratados monográficos como El deslinde" ( p. 7). Su método,
el de la Nueva Estilística ( es importante señalar que el prof. Helmut Hatzfeld
~e el director y asesor de esta tesis) ,
acomodado a la naturaleza peculiar de

716

la expresión estilística de Alfonso Reyes:
"Uno de los aspectos de nuestro estudio
del ensayo artístico en Reyes, podrá ser,
entonces la medida en que, y las maneras
en que trasciende el 'mero lenguaje de
todos los días', comunicativo y expositivo,
pasando a la creación de emociones estéticas con Langue Fictive o 'lengua de
ficción'."
Los postulados teóricos que establece
Robb para penetrar en ese estilo especial que caracteriza al ensayo son importantes aunque a alguien le puedan parecer discutibles. Estos presupuestos plantean inicialmente la pregunta sobre la
naturaleza del ensayo y su inclusión dentro del campo de la literatura creadora.
Aplicando los mismos criterios que Leo
Spitzer aplicó a Thibaudet, Robb establece presupuestos críticos que deben
aceptarse ante el ensayo ya que "un crítico o ensayista puede hacer uso muy
especial de los instrumentos artísticos o
·'estilísticos' de expresión, sino que además puede encontrar detrás de sus rasgos expresivos toda una motivación estilística o sea un mundo de estilo y de
pensamiento..." (p. 12). De modo que
lo que intenta Robb es analizar el estilo
artístico de Reyes a través de sus ensayos, sin hacer en su obra "limitaciones
artificiales de géneros literarios" (p. 15)
nÍ "separar al ensayista del poeta".
La primera parte de la obra está dedicada a demostrar cómo en Alfonso Reyes "la crónica se vuelve motivo artístico", es decir, cómo A. R. tuvo la habilidad en convertir en materia poética cualquier suceso u objeto trivial ( recuérdense, las Burlas) a través de la expresión
lingüística más depurada, haciendo uso
de la "nota expresiva, la humedad de
afecto que ni la estrecha aplicación práctica ni la pretendida fijeza lógica logran
siempre absorber. .. Tal es el dominio de
la estilística, cuya soberanía es extensísima y siempre fue más o menos reconocida, o sospechada siquiera, aunque sólo

ha poco estudiada debidamente..." (pp.
19-20). Robb establece en este capítulo
cómo Alfonso Reyes, a través del lenguaje, sublima experiencias ideológicas, sentimentales o de cualquier otro tipo hasta llegar a crear con su materia prima
una verdadera obra de arte. ~eñala también Robb cómo el resultado de esta
elaboración estilística en A. R. proviene
de su toma de posición previa ante el fenómeno del lenguaje y cómo a través de
ese fenómeno se transparenta todo un
mundo, mejor dicho, una visión personal
del mundo y de la vida. "Así -afirma
Robb-- la crónica ha dado paso al comentario interpretativo personal, el cual
a su vez ha conducido a la sugerencia y
creación artística mediante el mágico poder transformador de la lengua de f icci6n" (p. 23).
En la segunda parte, Robb estudia el
proceso expresivo que, partiendo de la
idea, se plasma en imágenes de valor
artístico y más allá del campo ideativo
o meramente informativo. Alfonso Reyes posee ese toque mágico que transforma ideas, sensaciones, impresiones, etc.,
en expresiones verbales de alto valor estético. "El factor muy inclusivo del estilo de Alionso Reyes, más responsable de
su diferencia radical del puro tratadista
o escritor de crónicas y monografías, es
su propensión y capacidad para experimentar y expresar ideas en términos de
imágenes artíst_icas, por sentir las ideas
a través de impresiones visuales, auditivas
u otras impresiones sensoriales estéticas"
(p. 23). Robb e.xarnina ampliamente y
clasifica todo ese mundo de imágenes de
A. R. en este capítulo que creemos es
uno de los más densos de su estudio, por
su amplitud, profundidad y claridad en la
clasificación y en la recolección de datos.
"En esta sección -nos dice-- intentaremos acercamos al mundo artístico-estilístico de Alfonso Reyes sólo desde una
de las varias perspectivas posibles, la perspectiva de su galería o repertorio de imá-

genes individuales predilectas, vistas selectiva y resumidamente" (p. 25). El prin;ero de estos grupos es el de la figura
humana ("central en Reyes el humanista"), figura humana que se proyecta tanto en su dimensión universal como individual y personal y que, también, se concreta en ciertos "héroes simbólicos" predilectos de Reyes. Entre dichas figuras
estudia Robb todo el valor simbólico-estético del cazador, el acróbata, el nadador y el buzo, el jinete y el conquistador. A continuación, y sin abandonar aún
el simbolismo humano, pasa el autor a
examinar los que él llama "eslabones vivos entre hombre y universo", principalmente la flor y la planta, y señala un dato importante en la ideación simbólica de
Alfonso Reyes: "Uno de los símbolos y
encarnaciones más perfectas de la belleza es la flor. En Reyes como en Keats,
entonces, la belleza de la poesía se simbolizará en la flor, creación divina y única que podrá ser analizada pero nunca
explicada del todo" (p. 33). Son particularmente interesantes todas las implicaciones de este símbolo tales como el
poema, la perfección ( en dos niveles: el
material y el espiritual), la expresión de
lo mejicano y de lo local, y, finalmente,
el crecimiento vital. Se analiza también
el mundo de los insectos, de las aves, de
las serpientes y caracoles, en una fauna
simbólica del mundo natural sublimado
a especie estética. Al mismo examen está sometido otro aspecto del mundo de
la naturaleza: el de la geogra_fía dinámica con sus manantiales, ríos, mares, islas,
vientos, nubes y estrellas, que forman el
cosmos de A.R., todo él virtualizado y
estilizado a través de la imagen y la representación estética. Como en el caso de
la imagen del hombre, con sus amplios
elementos de relación, así mismo Robb
centra su atención en todos los procesos
físicos vitalizados a través de la imagen,
como el aire, agua, sangre y luz, que forman parte de la simbología reyista, vista

717

�toda ella como su lenguaje, dinámica en
imágenes pulsantes de energía y fuerza.
Otro capítulo es el de las "Direcciones
seguidas" que incluye senderos y caminos,
viajes, redes y laberintos, importante aspecto tanto en la vida como en la obra
de A. R., como señala Robb: "Una de
las cualidades fundamentales del estilo de
Alfonso Reyes es su dinamismo. Sus frases casi siempre tienen movimiento y van
a alguna parte. ·Este sentido constante de
áirección y de movimiento se expresa,
por ejemplo, en un concepto poético como "Vaivén de Santa Teresa" (Romances del Río de Enero) o en el concepto
de un ensayo como paseo, viaje, exploración con las ideas, dandcl a veces la satisfacción de la complicación, la de atacar un problema o de enmarañarse en una
red, o buscar su camino por un laberinto" (p. 50). El capítulo se cierra con
el análisis de los objetos predilectos manejados por Reyes en su mundo de imágenes: Joyas, rosarios ( con valor más estético que religioso) , campanas y cascabeles, relojes, cámaras, telescopios, veletas,
navíos, ánforas griegas, etc. Creemos que
el análisis llevado a cabo por Robb en
este capítulo es exhaustivo y altamente
valioso ya que introduce al lector al
mundo íntimo e interior de A. R., mundo poblado de todos los seres imaginables, vividos extremadamente y articulados en la expresión simbólica, dentro de
un sistema integral, como veremos más
adelante, y al mismo tiempo esencial para comprender su obra extremadamente
polarizada.
Pasa a continuación Robb a estudiar
los que él llama "ejes imaginísticos", es
decir, la ordenación estilistica de todos
los elementos examinados anteriormente.
"Esta nueva perspectiva --&lt;iice el autornos pone al descubierto toda una serie de
imágenes que parecen seguir cierta ordenación estética, orgánica y dinámica, de
procesos que llamaremos explosión, reverberación, refracción, irisación y on-

718

dulación. Es una configuración íntegra,
una serie continua en que una imagen se
resuelve en otra, de matiz en matiz, como formando un 'espectro' de matices
o imágenes; daremos a todo este proceso
el nombre de 'espectro alfonsino', pues,
según creemos, son procesos imaginísticos fundamentales que fluyen por la visión artística total de don Alfonso" ( p.
61). No.s extenderíamos demasiado si
detalláramos aquí el amplio y profundo
análisis que Robb hace de estas interesantes polarizaciones simbólicas en la obra
de A. R .; lo importante que cabe señalar
en este lugar es cómo estos "ejes imaginísticos", rosa de los vientos que estalla
en una variada gama expresiva, constituyen la traba básica del sistema estético de
A. R. El capítulo profundiza especialmente en las concepciones estéticas que, como
presupuestos necesarios, es necesario tener
en cuenta para entender todo el sistema
de relaciones verbales que saltan a la vista
en todos los ensayos de A. R. y que tienen
un sentido preciso y articulado en toda su
obra. Son coordenadas estéticas que explican el sistema en una obra compleja y llena de referencias, como el mismo Robb
señala al final del capítulo: "Ahora podemos ver uno contra el otro los dos ejes
imaginísticos alfonsinos. Lo que hemos
llamado espectro alfonsino, extendiéndose de la explosión a la ondulación, puede considerarse como el eje horizontal que
abarca la amplia y diversa latitud de sus
reacciones imaginísticas. El segundo eje,
comprendiendo la serie que se extiende
del prismatismo al perspectivismo, ilusionismo y vislumbrarniento, puede considerarse como el eje vertical o eje de profundidad que se proyecta en múltiples
dimensiones" (p. 97).
El capítulo cuarto aborda el mundo de
las imágenes desde otro punto de vista
aún más revelador de su valor estético.
En las Facetas del prisma, Robb afirma
que "todavía hay una tercera manera
de ver las imágenes de Alfonso Reyes:

en términos de una serie de 'modos' o
modulaciones estilísticas constituidas no
sólo por grupos de imágenes temáticamente relacionadas sino por distintas actitudes estilísticas complementarias expresadas cada una por su propio repertorio de
imágenes" (p. 98). Aquí es donde el análisis estilístico de Robb echa mano, hasta cierto punto, del análisis psicológico
para delinear y delimitar los aspectos básicos del mundo interior de Reyes. Creemos
que esto puede ser discutible ya que cuando el análisis estilístico roza con el análisis
de la personalidad hay que andar con mucho tacto en la interpretación de los datos. Sin embargo, Robb basa todas sus
afirmaciones en hechos concretos, en hechos estilísticos que apuntan hacia las
preferencias estéticas de Reyes tal como
están patentes en su obra. Destaca en
este capítulo nueve "temperamentos" que
"Se agregan a la personalidad estilística
del escritor Alfonso Reyes: el científico,
el culinario y el plástico; el popular, el
heráldico y el mitológico; el dramático,
el cinemático y el metamórfico" (p. 98).
La descripción y el análisis son completos y los testimonios altamente reveladores de la psicología y la personalidad de
A. R., al mismo tiempo que su curiosidad de humanista que lo llevó a explorar
y a interesarse en los campos más dispares de la vida humana, que es precisamente donde reside el gran valor de la
obra de Reyes: infinita curiosidad, infinito interés en todo y para todo.
El último capítulo del libro titulado
La visión toma forma está dedicado a estudiar las estructuras ensayísticas, es decir, a comprobar cómo ese mundo interior de A. R. y su concepción estética de
la múltiple y cambiante realidad, se ha
plasmado en el ensayo y en las formas lingüísticas. Comienza tratando de establecer un criterio para clasificar los distintos tipos de ensayo: "según el contenido o la temática; según la extensión,
grado de formalidad o tono personal, in-

tención estética o expositiva" (p. 149).
El autor se inclina por una clasificación
basada en una visión interna y estructural del ensayo: el del motivo y la intencionalidad estética, es decir, un punto de
vista esencialmente estético-estilístico como corresponde a la metodología seguida
en todo este estudio. Robb establece cuatro tipos generales o sistemas de estructuración : 1) estructuras simbólicas, 2)
estructuras de contraste ideológico, 3) estructuras eidéticas y 4) estructuras dinámicas; dentro de cada uno de estos sistemas hay una serie de implicaciones
complejas y de estructuras entre~ruzadas
elaboradísimas, todo el amplio mundo en
que vivió A. R., actualizado y vivificado
en categoría estética. Robb nos lleva, horizontal y verticalmente, por todo ese
mundo y despliega ante nuestra vista temas amplios, variados, universales, iluminados todos por una visión y expresión
metafórica que un lector no avisado jamás podría sospechar que se hallan en
la obra de Reyes, obra que presenta, a
primera vista, un aspecto de sencillez,
cortesanía y fácil serenidad.
Básica es la síntesis y conclusión a que
llega Robb al final de su estudio: "Finalmente, vemos en Alfonso Reyes al artista ensayístico más completo y más perfecto de Hispanoamérica desde José Enrique Rodó; quedando fiel a lo mejor del
americanismo arielista rodiano, Jo ha
universalizado totalmente, llevando a
nuevas alturas de desarrollo y superación
las variadas potencialidades de la flexible forma del en~ayo" (p. 241).
En resumen, como ya señalamos más
arriba, consideramos que esta obra es de
capital importancia en la bibliografía reyista, tanto por la metodología seguida
como por todo lo que a través de ella se
demuestra y se ilumina en la perspectiva
de idea-vida-expresión de Alfonso Reyes.
LIC. JUAN ANTONIO

AY ALA

719

�MALLEA, EDUARDO, Poderío de la Novela.
la. edic. (Col. Ensayistas Hispánicos).
Edit. Aguilar. Buenos Aires. 1965. 180
páginas).
EDUARDO MALLEA, argentino, compañero
en lides de Jorge Luis Borges, nos deja
en este libro una verdadera vivencia del
novelar. Acaso, estas páginas, nos dan un
sentido eidético que ha servido de base
a la novelística contemporánea.
En un mundo, como el nuestro, que
tiende hacia los "antis", surge esta voz
privilegiada que pone en su lugar toda
la problemática literaria. Nada de antinovela, sino novela en su único, absoluto, sentido. En su poderío valedero, pensándola como "ese poder ser a la vez
mundo y criatura" (p. 123), es decir,
"uno y un todo" a la vez. Por eso nos
dice : "He sonreído muchas veces cuando he visto impugnar una novela por
una sola de sus propensiones, como si
una sola de sus propensiones bastara para negar en una persona su cualidad esencial, que es la de vivir" ( p. 124) .
La obra de Eduardo Mallea consta de
ocho pequeños ensayos, que aunque independientes entre sí, no dejan de formar
una unidad, porque, como él mismo lo
atestigua en su prólogo: "Por detrás de
las páginas de este libro pasa constante
un personaje. Ese personaje es la novela.
Casi todas las cuestiones que las presentes
páginas enfrentan distan mucho de estar meramente referidas a la novela. Al
revés, suelen ser cuestiones profundamente relacionadas con el tema de la
vida, la obra, la preocupación y la conciencia del hombre y del escritor. Pero
de algún modo muestran en el fondo a
aquel silencioso personaje" (p. 7).
La novela que es considerada por Mallea como "crónica y el canto del hombre mismo, la memoria en que su d estino
toma forma" (p. 7), ahora, más que
nunca, en lugar de estar próxima a desaparecer, "se acerca cada vez más al dominio de su poder esencial" (p. 7).

720

Aquella crisis que tantos críticos contemporáneos nos señalan como síntoma de
nuestro mundo, lejos de reducir la esencialidad de la novela, convirtiéndola en
algo que de suyo propio antes de nacer
ya está envejecido, antes bien la ha provisto de un mundo totalmente nuevo.
"Un poderoso mundo de problemas tremendos la hará centralmente poderosa,
pues revivirá y se extenderá por el modo
como haya enfrentado y reflejado esos
problemas" (pp. 7-8).
La novela pues "ha de ser ( ... ) no
entretenimiento ~e sofistas, sino ficción en
profundidad y empresa de conocimiento" (p. 9).
El primer ensayo, que Mallea ha titulado Testimonio de un Escritor, y que
fuera una conferencia que nuestro autor
dictase en los Estados Unido, nos muestra
aquel sustento de su propia vivencia: Buenos Aires, su vida en familia, sus libros ...
"Yo ( ... ) ingresé maravillado en la feérica Buenos Aires, donde de día erraría de
estupor en estupor y de noche leería las
novelas policiales y del primer Dickensl.
Pero de las novelas policiales y del primer Dickens algo hería mi imaginación,
algo operaba más profundamente, que
las peripecias mismas relatadas; otra cosa acontecía; al niño le importaba más
soñar que él mismo era uno de aquellos
detectives ( ... ) De modo que el niño
quería ser algo más que un lector pasivo
de activas historias: ansiaba ser su activo actor, su protagonista ideal" (p. 15),
y sobre todo, sus amigos: "Allí conocí a
Ricardo Güiraldes y a Jorge Luis Borges, a Francisco Luis Bernárdez y a Leopoldo Marechal, a Ricardo Molinari. Esa
legión de poetas asombraban ya entonces
al amigo testimonial, al gran mejicano
Alfonso Reyes, doctor titular, padre encantado y hasta editor de aquellos jóvenes fervientes" (p. 17) , y los proyectos:
"Una generación, entera, la generación
nacida a la vida literaria en 1926, se
propuso en la Argentina un ideal uní-

versal ( ... ) Hablo de una aspiración y
un proyecto" (p. 20).
En fin, su experiencia toda que le conformó en el ámbito literario.
Importante también, es aquel otro ensayo titulado El Lenguaje Creador y Contendor. Nos dice Mallea: "Hace algunos
años leí una frase que me causó un infinito placer. Ninguna frase causa un infinito placer si esa frase, aun larvada o informulada, no ha estado ya antes en uno,
no ha sido pensada antes por uno. La
frase de que les hablo era una frase de
William Faulkner, y yo había pensado
tanto y tan igualmente en lo que Faulkner decía -lo había escrito a mi vez,
aunque en otra forma- que recibí ese
pensamiento como una justificación, esa
justificación especialisima, mezcla de placer y de nostalgia, que siente un escritor
cuando se encuentra expresado en las palabras de otro escritor. La frase de William Faulkner era muy sencilla. Pero,
i qué cantidad de implicaciones contenía!
Su texto no era más que el siguiente: Lo
importante no es lo que se dice, sino cómo se dice. Se trataba naturalmente de
la opinión de un novelista sobre su propio arte. Pero alcanzaba al arte de escribir en general" (p. 107).
Sobre esta frase de Faulkner, Mallea
va a tejer una interesante teoría sobre el
lenguaje de la creación literaria. Nos
dice: "Pues el mito, y he aquí el verdadero valor del mito, crea el lenguaje con
que ha de ser dicho antes de crearse a sí
mismo. Más aún: es el lenguaje mismo
el que adapta el mito a su manera. De
ese lenguaje nace la naturaleza misma del
mito, su sustancia y no su accidente. Y
he ahí lo trascendental, lo soberanamente importante de esta convicción" (p.
108).

O bien, más adelante: "El hombre que
alguna vez se ha propuesto crear algo
poéticamente, sea poesía, novela o drama, descubre, en cuanto su inteligencia
se vuelve experta, que lo que ha de sal-

var o matar su producto dramático es
precisamente aquello de estar o no la
vida en el verbo" ( p. 109).
El lenguaje, pues, es convertido en
verdadera guía del creador. Es el lenguaje el que elige las fronteras y limites de
la obra literaria. "De tal manera es así,
que de pronto sucede que el lenguaje
devora al creador que tiene en sus manos" (p. 115). "En resumidas cuentas,
el lenguaje decide no sólo la forma, sino
también el fondo del escritor. Lenguaje
es lo que revela. Lenguaje es lo que acepta o rechaza un proyecto de asunto" (p.
116).
En fin el libro de Mallea, nos lleva, deliciosamente, entre experiencia y vivencia,
a un mundo del novelar, donde todo se
nos aparece completamente nuevo, no por
su novedad en sí misma, sino por su apertura a la generación en crisis.
SRA. MA. ALrclA

SÁNCHEZ

DE

GUERRA

AVELEYRA A. TERESA, Al Viento Submarino (libro del mar por dentro). Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Monterrey, México.
1966.
CoN ESTE LIBRO INICIA, la biblioteca del
Instituto Tecnológico de Monterrey, una
nueva colección, cuyo rubro es el de
Creadón Literaria. Y buen principio,
ciertamente, es este maravilloso libro de
poemas de Teresa Aveleyra A.
Poesía humana, íntima, que despierta
en nosotros una mirada siempre nueva,
La temática amorosa que impregna la
obra de Aveleyra nos muestra una conciliación entre lo humano y lo Divino.
Amor terreno, encadenado a la esperanza y amor Divino, férreo, involucrado
en el destino.
Se abre el texto de Teresa Aveleyra
con un poema que, a manera de introducción - portada, como ella le llama- ,
nos abre los ojos a la metáfora continua-

721
e H46

�da que le servirá de pauta en el desarrollo interno de sus poemas.

"Todo el amor estaba encendido en el
[mar:
el mar era el amor.
El secreto se dijo
por fin en alta voz.
Se dio una gran bonanza
y el amor fue más puro,
porque era s6lo uno
-¡uno solo y no dos!en la unidad del mar,
en la unidad de Dios" (p. 9).
Secreto a voces que nos muestra un
ser, sólo uno, en el enigma del Amor.
¿ Es Amor más puro, por ser de uno Y
no de dos?
Más claridad nos viene, cuando en la
parte preliminar otro poema nos dice:

"En el mar todo es camino,
en la ola y en la espuma
no hay destino,
y lo único que importa es la hermosura
del amor y del mar.
El camino es el final:
playa larga, pura, intacta,
donde campa
y se dilata el placer
de andar y de ser mujer" (p. 19).
Todo camino nos lleva al amor, pero
¿ qué acaso no falta conocerlo?

"Quisiera conocerte, mar, por dentro,
para tener de toda tu figura
la visi6n esencial, exacta Y pura
que se\ muestra en el centro de tu centro;
quisiera ver el fin de nuestro encuentro
bajo la sombra ya de tu espesura:
la fusi6n en belleza claroscura
•
que se cumple tan s6lo mar adentro.
Si en la inmersi6n primera y temblorosa
-apenas de los labios mojadurares tu anfibio color tan deslumbrante,

722

¡ apriétame tu cerco, agua espaciosa,
para que pueda, al fin, de tu hermosura
cantar la hora precisa y el instante!" (p.
[25).

"Existe -y no es de piedra- un alto
entre tu mar y el mío;
[dique
la sombra de su sombra gris divide
las aguas mutuas, el caudal recíproco. .."

Pero si se quiere Amor, no hay que tener temores. ¿ Cómo conocer Amor si se

Pero cuando los dos:
" .. .calando
una brecha en su muro,
en un punto de inmensidad juntamos
r,uestros labios de agua . .. En ese punto,
¡ qué confusi6n alegre de colores,
qué espejear de reflejos,
qué fluir acordado, qué salobre
y encendida dulzura, qué destellos! ..."
(p. 49).

le tiene miedo?

"Rombo de miedo y de sombra
en el ópalo del sueño
-¡ay de mi vuelo pequeño
contra aquel que no se nombra!has puesto sobre la alfombra
de luz en polvo tu asiento
y, al surgir tu movimiento
despacioso por alado,
mi susto agudo y mojado
se clava en el firmamento" (p. 39).
Amor temeroso, por no estar acompañado... ¿Faltará el otro, perdido en el
intento, para hacer vivir el amor?

"Encastillado, amigo,
el varonil enigma en tu mirada
sin claro ni postigo,
me desvela templada
y contenida, más que apasionada.
Más fuerza tiene el roce
liviano en que tu intento queda preso,
a fo largo de doce
horas en embeleso
de casi una caricia y casi un beso.
En ti se me descubre
- sin descubrirse- el vado temeroso,
y limpio, hacia un octubre
hecho para el reposo
de mi mano en la tuya-sin reposo:
y, por la vez primera,
la inc6gnita de amor esclarecida,
que lo que quiero quiera
haz, para que rendida
mi medida resuelva en tu medida. .."
(pp. 41-42).

y sin embargo, tan pronto se conoce
Amor, hay algo que surge y lo d etiene:

O bien, aquel otro poema que nos
dice:
"Sobre el pecho del mar puse las manos
y los iabios se fueron detrás de ellas,
y probé sensaciones como estrellas
de cinco brazos ávidos y arcanos. .."
(p. 82).
Pero, bien lo sabemos, Amor tiene otros
caminos. Aquel placer amable inconsciente, de pronto se ve deshecho por la
duda. Duda ingrata que destroza. El ser
que ama trata de penetrar hasta lo profundo de aquel otro. Pero hay algo, oculto tras la mirada, que dice:

"Algo le falta
a la perfecta música que suena
en esta tarde íntegra.
Algo le falta
a la hora completamente malva
y azul, a la acabada
redondez de la gota que repite
la boca de la fuente.
Algo le falta
a lo absoluto, a Dios mismo le falta
algo esta tarde,
Porque en Dios, música, hora, tarde y
[fuente,
tú,
estando junto a mí, no estás conmigo"
(p. 95).

Y entonces, tras la duda, viene la afirmación del ser que se levanta, aunque
quede la nostalgia. . .

"Mar, una isla entrañada
en tu desierto flúido
--¿oasis de tierra firme?la tuve por espejismo;
y, navegando de largo,
la dejé atrás, al descuido
de las aves ribereñas
y al aroma del tomillo.
No puedo entender por qué
del relente de su olvido
se me han quedado los ojos
para siempre humedecidos
y a solas me voy diciendo
que yo no quise su arrimo,
sino ir ahondando en el mar
en donde todo es camino..." (p. 119).
SRA. MA. ALICIA SÁNCHEZ DE GUERRA
FRANQOISE SAGAN: Le Cheval Evanoui.
LA ÚLTIMA PIBZA de teatro de Fran~oise
Sagan fue representada por vez primera a
principios de septiembre de 1966 en el
teatro parisino "Gymnase".
La alta sociedad aplaudió como se debe mientras que la autora manifestaba
una emoción contenida --según lo reportó
cuidadosamente la prensa-, obedeciendo de esta suerte a su nuevo slogan: "No
quiero que la gente sólo ría de mis chistes; quiero llegarles a sus sentimientos".
Si la prensa no desbordó en elogios, al
menos se mostró condescendiente. El periódico Le Monde descubrió en la pieza
un cierto encanto, aunque ligeramente vetusto; el Fígaro fue del parecer que Fran~oise tiene siempre algo que decirnos,
aunque lo haga según su manera tan personal.
¿ Qué- quiere decir el titulo? La pieza
no nos lo explica. Fran&lt;,0ise Sagan pensó
tal vez que un caballo desmayado era
algo poético.

�Miremos pues el contenido de la pieza,
pues ya sabemos que su marco no es nuevo. Volvemos a la atmósfera de Chateau en Suede con su sociedad aristocrática. El lord inglés Chesterfield (¿por qué
esta marca de cigarrillos?) vive lujosamente con su familia en el fastidio habitual de los, personajes de Fran!,oise Sagan. Su hija "arrastra en su estela" a un
francés, Hubert, "Hobby" como ella lo
llama, y con quien piensa casarse algún
día. En cuanto a él, no parece muy indiferente a la fortuna paterna. Hubert, sin
embargo, no viene solo. También trae su
juguetito, su amante Coralie con quien
espera poder casar al hijo del lord. Por
otra parte, los dos piensan desaparecer
después de este doble matrimonio llevando consigo la parte de fortuna que les habrá tocado. Sin embargo, Coralie no atrae
la atención ni las miradas del hijo estudioso, a pesar de pasearse con un tomo de
Heidegger bajo el brazo y disfrazada con
medias de lana y con gruesos anteojos.
En cambio se hace notar por el viejo
Chesterfield, quien siente en sí un retoño de juventud. Este último hace lo imposible por guardarla con él y llega hasta
a poner azúcar en la gasolina de sus
rolls royce para impedir su partida. Pero

todo vuelve al orden, con evidente falta
de originalidad, cuando Hühert y CoraIie, huyendo del dinero y de sus compromisos, regresan a París en donde vivirán
dichosos.
Se encuentra en el lord uno que otro
pensamiento que recuerdan a la Fran~oise Sagan de las primeras obras, como
éstos: "lo que nos da seguridad sin agradarnos nos ata"; o "un buen día una se
cansa de amar -no de amar a alguien,
sino de amar en general-". ¿No es ésta
la Sagan bien conocida, la que creó el
slogan: "¿ para mí la libertad?" ¿ Para
qué, pues, ese nuevo intento de querer
llegar hasta los sentimientos? Esta tendencia, muy nueva en Franc;oise Sagan,
me parece propia de muchos autores contemporáneos. En efecto, muchos autores
moderno~ escapan más o menos rápidamente de] universo absurdo en el que primitivamente se habían encerrado. Algunos, como Maurois, se refugian en una
estética fría, egoísta; otros1 como Camus, tratan de trascender lo absurdo en
favor de un ideal altruista de amistad ;
otros en fin, como Franc;oise Sagan, no
hacen sino ofrecer historias tiernas que
sólo alcanzan valores de sensiblería.
DIETRICB HAUCK

CANJE

ALEMANIA:
Institut für Auslandsbeziehungen, Stuttgart, 1965, 1966.
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Bibliografía Argentina de Artes y L etras, Fondo Nadonal de las Artes, Buenos Aires,
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Estudi~s, revista argentina de cultura, información y doclU)'.lentación, Buenos Aires
(Setiembre 1965), (O ctubre 1965 ), (Noviembre 1965), (Diciembre 1965), (Enero-Febrero 1966), (Marzo-Abril 1966), (Mayo 1966) (Junio 1966) Setiembre 1966).
'
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Nordeste, re~ista de la Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Nordeste, Argentma, No. 6 (Diciembre 1964).
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Sapientia,, Organo de la Facultad de Filosofía, Un¡versidad Católica Argentina, Santa Maria de los Buenos Aires, Año
No. 77 (1965), Año X.XI, No. 79 (1966)
Año XXI, No. 81 (1966).
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x:x:

U11iversidad, publicación de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 64
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'Montreal, Vol. 30, 1964.
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724
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Nos. 22-23 (Abril-Junio 1965) , Nos. 39-40 (Julio-Diciembre 1965), (Enero-Marzo 1966), Nos. 42-43 (Abril-Septiembre 1966).
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CUBA:

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The ]ournal of Aesthetics and Art Criticism, published quarterly the American Society
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The Personalist, an international review of philosophy, religion and literature, the School
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728

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�JAPON:

VENEZIA:

Bigaku, is publishcd quarterly, in collaboration with Bijutsu Shuppan-Sha, by the
Japanese Society of Aesthetics, Faculty of Letters, Tokyo University, Tokyo, Vol.
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1965.

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MEXICO:
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(Abril-Junio 1966), No, 3, 1966, No. 4 (Octubre-Diciembre 1966).
AruAs, OLGA, Los Preludios, Durango, 1965.
AVELEYRA A., TERESA, Al Viento Submarino, libro del mar por dentro, Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, 1966.
Boletín del Archivo General de la Nación, Secretaría de Gobernación, Archivo General de la Nación, Palacio Nacional, segunda serie. Tomo VI, No. 3, 1965.
Catálogo y Síntesis de los Protocolos del Archivo Municipal de Monterrey 1599-1700,
publicaciones del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Serie: Historia, 1966.
Historia Mexicana, El Colegio de México. Vol. XV, Nos. 2-3 (Octubre 1965-Marzo
1966), Vol. XV, No. 4 (Abril-Junio 1966), Vol. XVI, No. 1 (Julio-Septiembre 1966), Vol. XVI, No. 2 (Octubre-Diciembre 1966).
Humanismo, revista de la Escuela de Humanidade5, Universidad Autónoma de Guerrero, No. 2, época 1 (Abril 1966).
fmpetu, revista juvenil de cultura, Saltillo, No. 2, 1966.
Memoria de El Colegio Nacional, Editorial del Colegio Nacional, México, Tomo V,
No. 4, 1965.

Catálogo de obras ingresadas. Universidad Central de Venezuela, ediciones de la
biblioteca, Caracas, 1963, (Mayo-Agosto 1964).
Cultura Universitaria, revista trimestral, Organo de la Dirección de Cultura de la
Universidad Central de Venezuela, Caracas (Julio-Septiembre 1965), (OctubreDiciembre 1965), Enero-Marzo 1966) .
Boletín de la Biblioteca General. Dirección de Cultura. Universidad de Zulia. Maracaibo, Año 111, No. 5 (Julio-Diciembre 1963).
BRICEÑO PEROZO, MARio, Magisterio y Ejemplo de un Vasco del Siglo XVIII, Caracas, 1965.
Humanidades, revista de la Facultad de Humanidades de la Universidad de los
Andes, Mérida, No. 2 (Abril-Junio 1959), Nos. 3-4 (Julio-Diciembre 1959), Año
11, Tomo 2, No. 5 (Enero-Marzo 1960), Año II, Tomo 2, No. 6 (Abril-Junio
1960), Año 11, Tomo 2, Nos. 7-8 (Julio-Diciembre 1960), No. 10, Tomo IV,
1962.

Mesoamerican Notes 6. Department of Anthropology. of the Americas, A. C., México, 1965.
La Palabra y el Hombre, revista de la Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz,
segunda época, No. 35 (Julio-Septiembre 1965), No. 37 (Enero-Marzo 1966),
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PERU:
Mensajes de los Presidentes del Perú, recopilación y notas por Pedro Ugarteche
Evaristo San Cristoval, Vol. 1, 1821-1867, Lima, 1943.

y

PUERTO RICO:
Asomante, revista editada por la Asociación de Graduadas de la Universidad de
Puerto Rico, San Juan, Año XXI, Vol. XXI, No. 3 (Julio-Septiembre 1965),
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No. 1 (Enero-Marzo 1966), Año XXII, Vol. XXII, No. 2, 1966.

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�T ermin6se de imprimir el día
28 de marzo de 1967, en los talleres de la Editorial Jus, S. A.,
Plaza de Abasolo No. 14, Col.
Guerrero. México 3, D. F. El tiro
fue de 1,000 ejemplares.

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Humanitas, Sección Comentarios y Reseñas Bibliográficas, 1967, No 8, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Sección Cuarta
CIENCIAS SOCIALES

�LA PERSONA Y LOS DERECHOS HUMANOS
EN EL DERECHO INTERNACIONAL
LIC. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

Universidad Nacional Autónoma de México
Universidad de Nuevo León

INQUIBTUD Y ANGUSTIA SON las características de nuestro tiempo debidas a
la tensión producida por la grave amenaza de una guerra inminente. Por desgracia, los esfuerzos en pro de la paz no resultan equilibrados ante el peligro
bélico. Si el hombre moderno vive confuso es que la época propicia tal confusión. Así, vemos cómo diversas instituciones se tornan inoperantes y la
crisis del Derecho es evidente, como signo revelador de nuestro tiempo y si
en el orden interno tal crisis se agudiza, es natural su reflejo en el campo
internacional, situación internacional que, a su vez, presenta nuevas circunstancias de transformación, de ser y de existir. Algún pensador ha dicho que
el hombre de nuestros días se ha despersonalizado y que sólo la siniestra
presencia inminente de la guerra parece preocuparle. En otro aspecto, es imposible soslayar los nobles esfuerzos y los intentos de la más alta institución internacional, que, como portavoz de la Humanidad, es la Organización de
las Naciones Unidas.
En estudio previo/ dijimos que "en la peligrosa distancia que se ha establecido entre el hombre y el hombre, por la postergación y desdén de los
valores espirituales y por la abstrusa cuanto insensata apetencia del poder
mundial, el hombre constituye el origen del problema de los problemas".
~in embargo, no todo es negativo, ya que también se observa un afanoso
buscar de soluciones en tomo a los problemas cotidianos que por momentos
constituyen la amenaza directa en contra de la paz.
Una detenida observación de las manifestaciones internacionales, habida
1

Lic.

ALBERTO GARCÍA GÓMEZ,

"La Universidad del Porvenir". Humanitas, t. III,

Año 1966. p. 582 y siguientes.

567

�cuenta de que vivimos en una época eminentemente internacionalista, es el
hallar diversas manifestaciones producidas en el seno del propio Organismo
de las Naciones Unidas, entre otras, la proyección cada vez más acentuada
hacia la persona humana, hacia el hombre.
Pero, precísase, antes de entrar al gran escenario mundial, el tener algunas
ideas acerca de lo que el internacionalismo pueda significar, no ya simplemente
como una enunciación doctrinaria, sino como una realidad inmediata que
vive el hombre de nuestro tiempo.
Cabe distinguir entre internacionalismo y universalismo. Del primero podemos decir que es un movimiento objetivamente jurídico -entre otros elementos- que trata, y de hecho lo ha conseguido, de acercar a los hombres
a través de normas y de instituciones para crear un nuevo orden internacional en el que sea posible una mejor convivencia humana. La misma Organización de las Naciones Unidas y su Carta, son los más elocuentes ejemplos de ese internacionalismo. Pero no es un internacionalismo racional o
ideológico --como así lo pretende alguna ideología- , es un movimiento natural que se deriva del progreso y de la dominación de la distancia. Es, tal
vez,' la manifestación más palpable de la cultura, la que no tiene ni límites
ni fronteras.
El universalismo, es una actitud natural en el hombre y, como habíamos
dicho también en otro estudio,2 "el más allá" terreno no reconoce límites.
Así, los grandes descubrimientos de la época antigua, como los que se antojan temerarios e irrealizables de la actual, han podido llevarse a feliz término debido también, entre otras causas, a ese espíritu anhelante de universalidad. La presencia del cristianismo constituye, a no dudarlo, aparte de
su origen sobrenatural, una trascendente realidad que parte de la concepción
de. que todos. los hombres s.omos, iguales. De aguí que el sublime mandato
de "Miraos como hermanos", tenga una trascéndencia que el hombre moderno no alcanza a penetrar y que tal vez por ello, haya perdido el rumbo
y en lugar de acercarse a través de la simpatía y de la caridad, se deje arrastrar por el odio, por la soberbia y por lo puramente racional y materialista del
tiempo en que nos ha tocado vivir.
Así, es de la mayor importancia distinguir que entre la confusión producida por el odio y por la apetencia de lo material, -afortunadamente, la luz
del espíritu empieza a iluminar el panorama, si no pesimista, sí aflictivo y
ahora, se inicia una nueva proyección hacia el hombre, como así es posible
advertirlo ya en el P~eámbulo de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, cuando en él se dice:
• Lxc. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ, "lntemacionalismo y Universalismo". Humanitas. t. V,

Nosotros los Pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a
las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles a
1:afirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la cligmdad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de
hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas...

. En la proyección int:rnacionalista -entendida en la forma que dejamos
es en donde eXJSten mayores posibilidades de obtener una visión panoram1ca d_el proble~a del hombre. Porque este cambio de ángulos permite,
no ya la nnrada honzontal, sino la mirada de arriba a abajo.
. Algún autor confiesa que: "no tenemos aún lo que podríamos llamar so- .
ciología de la comunidad internacional; no sabemos casi nada del significado cul_tural y ~ocial de las naciones y de los grupos étnicos que responden
~ un ~smo ~tilo de vida. No conocemos tampoco las causas de las tensi_ones mternac1onales y menos qué repercusiones tiene, en el plano internacional, la estructura defectuosa de las sociedades naturales como la familia
o la empresa".3
·
Vi~t~ la reali~ad, surge el problema de encontrar la fórmula que nos
permitiese el ubi~ar al hombre desde nuevas proyecciones, y no solamente
dentro de los casilleros que nos proporcionan las diversas ciencias relativas
que lo estudian.
. En
época actual, en que la influencia del internacionalismo se de1·a sentir. mas
' vemos como
'
1a cultura en sus diversas
·
·
,
Y mas,
manifestaciones
ha
dilmdo las fronteras, y es innegable el avance obtenido en lo material a través
~e las comunic~~iones, de 1~ transmisión de la palabra y de la imagen, y es
mdudable tam?1en el perfeccionamiento del hombre agrupado desde las hordas,
e~ ?~n Y la tnbu a los Estados modernos. Largo camino, irisado de múltiples
VIcisitu~e.s Y largo recorrido en el que el hombre ha llegado a un término
fatal, vivir o morir.
Sin embargo, el hombre -pese a sus características de todo orden- no
puede variar su naturaleza íntima, su ser tan espiritual como material f;ente
a otr0 se~eJante
·
, a quien
· sólo separa un idioma, tal vez una religión
'
a el,
Y, necesariamente, una colocación de credo político diferente; pero el hombre nace y se hace en el seno de un grupo social.
Así los historiadores y los políticos, más que los filósofos, han tomado el
conce~to del hombre para sus propios fines, fines que en realidad y con frecuencia, han desviado la atención de la verdadera naturaleza del hombre
como "dueno
- de sus destmos,
·
como hacedor de su propia historia, la que cons-'
die~◊--:-

!ª

----

' Carta de la Organización de las Naciones Unidas.

Año 1964, p. 533 y siguientes.

569
568

�truye dentro de un espacio en un medio social_y en una época d~terminada".
Pero el tema del hombre resultaría inacabable, dentro de los límites de nuestro breve estudio, por lo que tenemos que volver hacia la realidad internacional presente y analizar los elementos que nos son dables, para r~cabar el
hecho de cómo el hombre ha caído en la cuenta de que es necesano, frente
al progreso tecnológico y al desdén de las cosas espirituales, e~ volver -muy
lentamente--, por cierto, la vista hacia el hombre de nuestro tiempo.
La Historia Política y Constitucional -como nos dice M. Aguilar Navarro-nos facilita la comprensión de la evolución de estas llamadas -y el término
denuncia lo sospechoso de las ideas- partes dogmáticas de los textos constitucionales. La· generalización y la amplitud de las mencionadas declaraciones nos es de sobra conocida: de los derechos estrictamente políticos hemos avanzado para entrar en la esfera de los derechos sociales, económicos,
etc., y todo ello con el deseo de hacerlos patrimon~o ~e todo hombre, cualquiera que sea. Es la historia del D erecho Cons1:1tuc1onal Interno; de las
distintas formas que los estados adopten para formarse, para estructurarse Y
organizarse ( en el sentido aristotélico) . La organizació~ del Estado ín~amente ligado a la lista de derechos concedidos a sus ciudadanos: es log1c,o.
Cuando los hombres de Weimar discutían los derechos del hombre aleman
vieron, y exactamente, que una constitución puede tener, como un esta~o,
su raíz más honda y personal en el estatuto jurídico que otorgue a sus cllldadanos. De nuevo, y con aire de sugerencia, esta fusión entre el cuerpo
social y sus hombres; de nuevo el perfil de él, un diseñ~ sobr~ el rostro de
los otros. Pero esta misma generalización del tema, la ex1Stenc1a de una auténtica afinidad en las declaraciones de los derechos del hombre (fácilmente
catalogables), permitía pensar que el tema --:-la cosa:- d~sb~r,daba el cuadro particular del Estado: entrábamos en una internacwnalizacion de•la cu~stión. Aquellos derechos del hombre, por otra parte, tenían un rango espe~1al
dentro de la constitución, eran, o podían serlo, preceptos supra-consttt~cionales: base e inspiración de toda la Constitución. Y así fuirn_os apro:nmándonos a las declaraciones de valor internacional: el derecho mtemac10nal mejor sería decir el Derecho de Gentes, se ocupaba del tema y lo hacía
'
. . 14
para resaltar aún más ese carácter supra-constituc1ona .
Decíamos que el ser hombre no se agota ni varía todas sus esencias en una
forma determinada de vivir, como no se ha agotado en una de las grandes
realizaciones que el hombre ha verificado en el decurso temporal de la historia, como así acontece con el hecho histórico de la Revolución Francesa,
• M. Aguilar Navarro. La Protección Internacional de los Derechos ~el Hombre.
Actas del Primer Congreso Hispano-Luso-Americano de Derecho lntemac1onal. t. II,
p. 201.

570

la que ha deslumbrado al historiador y al político, porque si piensa y si cree
que es ahí en donde se podría encontrar el origen del reconocimiento de los
derechos del hombre, sólo que, como un autor lo ha dicho, habría que tomar con cierta cautela tal acontecimiento porque se ha pensado que en la
Declaración de los Derechos del Hombre, redactada en aquellas virulentas
jornadas, estaba el orto mismo del principio de que ahora nos ocupamos.
Ciertamente el hombre-burgués, como tipo social e histórico se forjó en aquel
entonces el estatuto jurídico que más se acoplaba con su manera de ser y de
actuar. No resulta menos evidente que el ser-hombre es invariable en aquella forma de vivir y acaso la realización burguesa no sea la más íntima ni
humana de las que potencialmente laten en el hombre. "Aquella Declaración burguesa estaba amenazada y gravemente en el año de 1793 con el
llamado terror económico, y con la política de Robespierre y Camot; aquella formulación evidenció su precariedad, su fugacidad en el año 1848, año
en que la burguesía siente temor y se resuelve por una actitud estrictamente
defensiva. Resultaba pretensiosa, por lo mismo, la Declaración Francesa, ya
que no se trataba de los derechos del hombre como tal, sino de un tipo
social e histórico del hombre".5
Sin embargo, cuando se habla de un hombre notable, se dice que fue
hombre de su tiempo y en el caso de la Revolución Francesa, se hablaba del
hombre francés, atentos a las circunstancias políticas que determinaron la
generosa proyección de los llamados "derechos del hombre".
En realidad, la historia del hombre -paradójicamente--, nace con el
hombre y toma tiempo la concepción del hombre-persona. Tiempo históricm.
Así, Grecia columbró los temas filosóficos en el instante mismo en que se
hizo el hombre problema de su propio ser y de su mismo destino; "con Sócrates nació el método filosófico y la raíz racional de toda ética. Si los romanos fueron tan dados al derecho y a la ley, su devoción por la legalidad
Y a las formas jurídicas estaba basada en un sentimiento individual de una
exasperada particularidad que casi venía a ser un complejo de seguridad y
privacidad; el griego, a su vez, expuso una teoría del hombre problemático
Y el romano un sistema jurídico del hombre ordenancista. La gran revolución
del cristianismo, la más honda de todas las experimentadas en la historia,
culmina en esa conjugación que es dable, entre el hombre y su Creador, la
Redención, así como la Moral Cristiana se ha plasmado en un perfecto orden destinado a asistir al hombre, a sostenerle en su lucha contra los elementos que tratan de borrar su paso, o desnaturalizar su presencia en el tiempo" .6
El ciudadano, es una nueva concepción dentrp del pensamiento jurídico
' lbid., p. 200.
• lbid., p. 194.

571

�1 '

ro~no y desde luego distinto a la del "hostes", extranjero, desigual, hostil,
no cmdadano romano. El esclavo es considerado por ese derecho como cosa, Y el propio derecho trata de mitigar con la ley la condición del esclavo
como tal.
. L~ concepción del hombre como persona, con dignidad, proviene del crisn:3111smo: al crearse una doctrina que, si bien, con fines ultraterrenales, pred1~ 1~ igualdad de todo~ los seres humanos y señala el camino de engrandecmne~to para el prop10 hombre. El "miraos como hermanos", no solamen:e ttene una trascendencia sublime, sino que constituye la puerta al acercamiento y a la comprensión en caso de que el hombre hiciera de este
precepto un objetivo y una norma.
En la época moderna se llega en el campo del Derecho, al reconocimiento
expreso de la p:rsona y en los terrenos filosóficos v~mos cómo la ontología
del hombre e;11c1erra su más acabada expresión. El Derecho establece una
variedad de normas que protegen al hombre aún en estado embrionario.
Desde luego, muchas son las doctrinas y las corrientes en torno a la persona, a los derechos de la misma, como así es posible encontrarlo en las
constit~ciones del mundo civilizado; pero es comprensible el que los clásicos
y esrudiosos del Derecho no ruvieran en cuenta la situación acrual de la organización internacional, ni de la realidad internacionalista del hombre de
nuestro tiempo. De aquí el que sea imperativo el cambio de orientación en
el J?erecho Internacional, porque nuevas son las circunstancias y nuevas las
realidades de una Era Atómica, las que exigen el frenamiento de una conflag~~i~n bélica que liquidaría fatalmente al hombre, porque ya no es sólo
la mision de regular en forma más o menos eficaz las relaciones internacion~les, si~o el encauzamiento de tales relaciones hacia la búsqueda del mejoramiento mtegral de la substancia de los propios Estados que es el hombre•
,
'
porque, ad emas, este hombre, el hombre moderno, "debe tener conciencia
d_e sus deberes y derechos frente a la Organización Internacional". Y es precisamente en la Organización de las Naciones Unidas en donde se dejó asentado un conjunto de principios acerca de los Derechos del Hombre y se llegó
hasta la creación de la Comisión de los Derechos Humanos, la que a su vez
produjo una Declaración y una Convención acerca de la protección de tales
derechos. Fueron discutidas por la Asamblea General y el 10 de diciembre
de 1948 aprobó una Declaración Universal de los Derechos del Hombre la
'
que esta, compuesta de 30 artículos.
¿ Qu~ fue lo q_ue motivó este movimiento en el seno de la Organización de
las Naciones Umdas? Es indudable que caben varias interpretaciones en torno a tal actitud y podría responderse indistintamente. El hombre se ha percatado de que el hombre acrual padece graves carencias y graves descuidos y
desamparos, en lo individual y en lo nacional. Así, en el campo del Derecho

572

'

Internacional, es posible advertir ya la presencia de las minorías, Y con
su reconocimiento, se da el primer paso hacia una mayor consideración
del hombre como persona, pues no bastaba la consagración moral, ni la
Declaración de los Derechos del Hombre en Francia, como no basta la consagración de las llamadas garantías individuales inspiradas en tal Declaración, porque si bien el hombre no es sujeto del Derecho Internacional, sí
es objeto del mismo.
Verdross, distinguido internacionalista, ha establecido que "más allá. del
Derecho Internacional común a su vez van aquellos principios del Preámbulo y del artículo I (Carta de la Organización de las Naciones Unidas)
que propugnan el respeto general de los derechos humanos, así como una
colaboración de los miembros en los campos económico, social, cultural Y
humanitario".7
Y vemos así, cómo se opera un acercamiento que va del derecho internacional y viceversa, de cómo el proceso internacionalista va acercando a los
hombres, cuando en ese artículo citado se habla de: " ... to preserve human
rigths and justice in their own Iands". . . Reconocimiento tácito de .que a
pesar de las fórmulas jurídicas el hombre no ha alcanzado la plemrud y
perfeccionamiento de su persona, porque, como algún autor ha dicho, "la
personalidad del hombre no se traduce en una lista cerrada e inmoble de
derechos y deberes; es algo cambiante y lo es porque esos derechos y deberes
son los medios distintos en cada situación que se otorgan al hombre para
que pueda defender su auténtico derecho, el de ser y vivir como persona.
Esto explica que los derechos fundamentales del hombre cambian a lo largo
de los años, que surjan unos y se extingan otros". Y por eso, de acuerdo
con las circunstancias de nuestro tiempo, el problema del hombre se ha convertido en un problema internacional. Tal vez, esa declaración de las Naciones Unidas sea producto de la exigencia internacional del hombre como
efecto de ese proceso de integración que gradualmente se ha venido gestando en los últimos tiempos de la vida del hombre.
Es cierto que ese proceso de integl'llción internacionalista encuentra varios
obstáculos: la diversidad de ideas y de doctrinas respecto al problema concreto del hombre en las acruales circunstancias; los nacionalismos, la divergencia de opiniones y las ambiciones que pululan en todos los órdenes, así
como los intereses' los b2Tandes intereses que están en juego, pero es indudable
que los signos de los intentos y de las realizaciones con que acrualmente se
cuenta, son hechos prometedores, reveladores de que en medio de la confusión, en medio de la diversidad de pareceres y de criterios, la razón, la recta
razón principia a imponerse en medio del materialismo sofocante y con el
1

A LFRED VERDRoss,

Derecho Internacional Público, p. 672.

573

�espíritu --como una gran esperanza- hará que el hombre vuelva sobre sus
~aso~,Y reconociendo las sanas doctrinas del pasado, encuentre en la digni-·
f1cac1on de la persona humana el gran principio que le permita reintegrarse
al. campo del derecho como el medio más adecuado para la defensa de sí
rmsn:io, buscando en la paz el medio más conveniente para su perfeccionamiento, al lograr los altos fines que tiene como persona.

EL PODER EN EL ESTADO
Lrc.

JoRGE MoNTEMAYOR SALAZAR

Universidad de Nuevo León
SUMARIO: l. El término "poder".- 2. Necesidad del poder.- 3. Teorías sobre el
origen del poder.--4. Manifestación y fin del poder.-5. Autoridad y fuerza.

1. EL

TÉRMINO "PoDER"

El poder constituye, en el ámbito de las ,relaciones comunitarias, un factor
de orden rector que encauza esfuerzos y actividades hacia el logro del bien
público temporal. Su carácter configurativo y esencial de la estructura estatal,
nos mueve a exponer en forma breve a la vez que concisa, su sentido, significación, trascendencia, justificación y finalidad. El poder, en su unidad de
origen y ejercicio se convierte en el eje o centro sobre el cual giran o convergen las funciones que en vista a su finalidad realiza.
La amplitud terminológica del poder da pábulo, en ocasiones, a equívocos en
cuanto al verdadero sentido y significación del mismo; a fin de evitar situaciones de tal naturaleza en el desarrollo del presente trabajo, describo a continuación los sentidos que el término tiéne según la Real Academia de la
Lengua. Su significación es la siguiente: "lo. Poder (del latín-potere, formado según potes, etc.;) Tr. Tener expedita la facultad o potencia de hacer
una cosa. 2o. Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer una cosa. 3o. Impers.
Ser contingente o posible que suceda una cosa''.1
En su empleo el término puede tener algunos análogos como los siguientes:
"Dominio, imperio, facultad o jurisdicción que se tiene de mandar o ejecutar una cosa, autoridad, superioridad, supremacía, gobierno, fuerza pública, representación de la ley, vigor, capacidad, posibilidad, poderío, suprema potestad del Estado".2 Dentro del campo de significación que se .tiene
1

Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Madrid, 195 7.
• Diccionario Enciclopédico Salvat, Ed. Salvat, 2a. ed., Barcelona, 1950, t. X, p. 581.

574

575

�del poder, existe y cabe la posibilidad de incluir las más variadas manifestaciones del "imperium" estatal.
Es necesario, antes de seguir adelante, hacer mención de lo que el poder
representa en sí, como facultad o potencia de hacer una cosa. Esto con el
fin de establecer una base firme, libre de errores o prejuicios, que nos sirva
para conectar después un auténtico sentido del poder en relación con la
sociedad perfecta que es el Estado.
El poder es específicamente un fenómeno humano que la vida diaria nos
confirma a cada momento. Las vivencias constantes de las cuales somos
sujetos, nos afirman la veracidad de la existencia de un poder que originado en nosotros mismos -poder de hacer algo propio- se proyecta a otros
seres semejantes, de los cuales también recibimos el influjo de sus respectivos poderes.
El poder es algo de lo que disponemos todos los hombres y que utilizamos ·
efl cada uno de nuestros comportamientos. Así se dice: puedo esto o puedo
aquello. Los actos del ser son siempre ea función de un poder hacer. Claro
que este poder hacer no justifica el ejercicio de actos ilícitos o injustos. El
poder como producto socio-humano, tiene su propio marco de limitaciones,
fuera del cual todo fin es condenable.
En nuestras mutuas relaciones de convivencia somos receptores y transmisores de mando y obediencia. Testimonio de tal hecho puede encontrarse cotidianamente, gracias a )a facilidad con que realizamos dichos actos.
La posición del mando o de la obediencia es tan semejante en cuanto
a su realización, que ya Aristóteles en su obra La Política nos dice: "No es
más justo mandar que obedecer; conviene hacer lo uno y lo otro alternativamente. Esa es la ley; y el orden está en la ley". 3 Así como el mando necesita de justificantes, "la obediencia no debe ser ciega sino razonable" .4
Se ha comentado en multitud de ocasiones, si la fuerza física representa
un concepto igualitario al del poder en cuanto quehacer del ser. La solución a esta duda ha sido ampliamente comentada. El poder cuenta, entre
los elementos que le constituyen, el de la "iniciativa" que sólo el ser humano
posee. El hombre, por medio de esta facultad, orienta y dispone medios a
fin de lograr el ejercicio del poder.
La fuerza de la naturaleza es una energía producida por el principio inmutable de que dada una causa sobreviene un efecto. El fenómeno natural se
nos presenta en forma ciega y fatal. En sentido diverso podemos observar la
acción del poder que es "algo de que se dispone"5 para producir el efecto
La Política, Ed. Iberia, Barcelona, 1954, L. III, Cap. XI, p. 3.
AGUSTÍN, Teoría general del Estado. Ed.
México, 1955, p. 87.
• GuARDINI, RoMANO, El poder, Ed. Troquel, Buenos Aires, 1962, p. 15.

• GUARDINI, ROMANO,

• AR1sTÓTELES.

' BASAVE FERNÁÑDEZ DEL VALLE,

576

deseado. Este fenómeno -el del poder- se nos manifiesta no ciego sino consciente; no fatal sino esperanzado. El fenómeno humano del poder es consciente
porque tiene idea de su iniciativa y de su finalidad. Proyecta su actuar
hacia fines cabales a la vez que precisos. Es además esperanzado porque en
su acción lleva implícito el deseo de la consecución feliz de su aspiración.
La energía se convierte "en poder gracias a la toma de conciencia, a la
facultad de opción que dispone de ella y la adapta según fines precisos".6
El empleo que del poder se hace depende de la rectitud del hombre que
lo tenga en sus manos. El poder es un medio orientado hacia fines justos
-ya se ha dicho-, pero en su materialización cabe la posibilidad de que
éstos se desvirtúen o desvíen hacia posiciones in justas o ilegales. Puede decirse que "el poder no es bueno ni malo, sólo adquiere sentido por la decisión
de quien lo utiliza".7
Al poder no se le pueden aplicar calificativos ya que su esencia no nos lo
permite. El poder "no es por sí mismo, constructivo· o destructivo",8 es manejado por la libertad humana y por tanto puede adoptar los caminos de la
rectitud o las vías de lo prohibido. Representa en su amplio campo de ejercicio una posibilidad de bienestar o una amenaza de destrucción. En el segundo de los casos, aunque la posición es impugnable en todos sentidos, de
hecho puede presentarse. En su magna obra Ensayo sobre el gobierno civil
John Locke nos habla del poder despótico que bien puede encamarse en la
situación que se señala.
El hombre, al transformar en acto la facultad que posee, debe asmnir
la responsabilidad que el acto en su manifestación o exteriorización pueda
ocasionar. "No existe poder que no haya comprometido una responsabilidad... un poder humano del que nadie sea responsable no existe".9
El hombre pone en ejercicio su facultad de iniciativa para obtener de ella
un beneficio, que no lesionando a terceros venga a reportarle un provecho.
Todo ejercicio de poder, debe estar fundado en legal y justa causa para no
llegar a dañar intereses ajenos que colocarían al infractor en situación de responder ante su ilícito proceder.
Todo intento de suprimir la responsabilidad, proveniente del ejercicio potestativo, es sintomático a la sustentación de criterios despóticos o dictatoriales. El poder sólo se concibe como acaecimiento humano y no como proceso
natural. Excluirle de su compromiso es tratar de convertirle en fenómeno
natural, atributo que no tiene ni puede llegar a tener por ser contradictorio
a su sentido mismo. En la energía hemos visto que DO existe la responsa1

Jus,

8

op. cit., p. 13.

lbid. p. 17.

op. cit., p. 17.
op. cit., p. 16.

GUARDINI, ROMANO,

• GUARDINI,

577
e H-37

�bilidad, dada su independencia respecto a la libertad y a la voluntad. En
cambio en el poder este elemento es esencial.
Todo poder despótico que haga caso omiso de la responsabilidad que trae
aparejada el ejercicio del poder, no puede tener bases legales de existencia:
"no hay un solo hombre libre que soporte voluntariamente un poder tal".10
El poder no es un fin en sí mismo, sino un medio adecuado que se aplica
según condiciones determinadas.
El poder posee un carácter universal, todos lo llevamos interiorizado. "Es
evidente que toda acción, toda creación, toda posesión, todo goce, engendra
directamente la conciencia de estar dotado de poder". 11
Los más variados tipos de comportamientos inducen a pensar y sentir la
influencia del poder. Este se hace patente no sólo en los actos positivos o
agradables, sino también en los negativos o tristes. Esa aptitud del ser de
inhibir pesares y exteriorizar comportamientos diversos al sentimiento éxperimentado, son pruebas palpables del dominio que en gran número de
casos y veces el hombre tiene que hacer valer.
Creemos que los elementos principales que constituyen el concepto del
poder son los siguientes: lo. El sentido de la iniciativa que sólo el hombre
posee. 2o La iniciativa convertida en acción y proyectada hacia finalidades
precisas. 3o. El carácter universal que abarca y comprende a todos los seres
humanos. 4o. La responsabilidad en el ejercicio del poder.
La racionalidad en el hombre hace que éste proponga fines y adopte medios adecuados para su cabal realización. De ahí que la presencia del poder
en lo individual sea un fenómeno lógico y natural. La esencia misma del
ser humano está constituida de mando y obediencia.
Nos dice Guardini que "podemos hablar de poder en el sentido propio del
término si se dan dos elementos: por una parte, las energías reales capaces'
de producir modificaciones en la realidad de las cosas, de determinar sus estados y sus relaciones reciprocas, pero además, una conciencia que las habite, una voluntad que proponga fines, una facultad de poner en movimiento las fuerzas que tienden hacia esos fines".12
La acción del poder tiende a obtener la realización del bien común. Pero
por éste, no debe entenderse la suma aritmética de los bienes individuales,
ya que una simple acumulación de biene.s privados no puede constituir al
bien colectivo, y es hasta probable que en algún caso lleguen a estar en
oposición con el bien público temporal. Sin embargo quien aspira al bien
social, propugna también por el fomento del bien individual. Puede decirse
16

AR1sTÓTELEs, op. cit.,
u GuARDINI, op. cit., p.
u

578

!bid. p. 14.

L.

20

VI,

Cap.

VIII,

que el bien público comprende en su amplitud al mismo bien individual.
Es frecuente encontrar, en la aspiración colectiva, el deseo de realizar el bien
general fomentando el bien individual. No debe considerárseles como térIninos antagónicos, sino como conjunción armoniosa en vista del bien total.

2.

NECESIDAD DE LA AUTORIDAD

EL HOMBRE ES UN ANIMAL SOCIAL. Lo dijo Aristóteles y a través del tiempo
esta aseveración ha subsistido con la misma nitidez veraz con que fue dicha
por su autor: el Estagirita. Es tan palpable ese afán del hombre de vivir en
sociedad, que en toda época y lugar el concepto mismo de la sociabilidad
está lleno de cabal y fecunda realización. Este modo de ser y actuar existe
en todo el género humano. Su multiplicidad en el obrar es evidente y real.
Algunos consideran que el origen de las agrupaciones sociales procede de
la necesidad que sintió el hombre de reunirse en sociedad, como único medio
para proteger su vida y subsistencia. La propia limitación humana y la
existencia de una naturaleza hostil indujeron al hombre a convivir en comunidad; en ella encontró la proteccióii y el aliento necesario para su desarrollo y superación. La busca de la seguridad y el bienestar, hacen que el
hombre se agrupe en colectividades más o menos numerosas.
Sin desconocer que la causa mencionada sea motivo de la sociabilidad
humana, es de creerse que en la. misma estructura esencial del ser humano
existe ya la inclinación y proyección hacia la comunicación y reunión social.
Si lo social es revelador permanente del desamparo humano, lo social es
también forma de vida imprescindible al hombre dada su propia naturaleza.
La sociabilidad en el hombre hace que éste se congregue en grupos que,
yendo en aumento, dan lugar a la formación de los grandes conglomerados.
Este impulso social del hombre no es tan sólo producto de un interés propio
de seguridad, sino que se genera en la misma constitución anímica y mental
del sujeto. El ser humano tiende a la convivencia para llevar a cabo en ella
su expresión social. La sociabilidad brinda los medios necesarios y adecuados para que las manifestaciones comunes adquieran la debida planeación
hacia el logro de los deseos y las aspiraciones colectivas.
Podría decirse que la pareja de dualidad existencial: "Desamparo ontológico-Plenitud subsistencia!" 13 obra en todo su rigor para configurar dentro
de su paradójica aunque explicable unión al ser social. La paradoja nos
muestra, por una parte, al ser desamparado reconociendo su propia naturaleza

p. 3.
1J

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE, AGUSTÍN,

Teoría general del Estado. Ed. Jus,

México, 1955, cap. II.

579

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deficiente y p0r otra el afán de ese mismo sujeto por lograr su plenitud de
subsistencia que lo redima de sus propias miserias. El análisis detenido de
estos dos elementos ontológicos, hace que se encuentre en ellos el origen de
las manifestaciones sociales. El ser del hombre es consciente de su desamparo a la vez que actuante en vista a su mejoramiento.
El hombre crea lo social. Pero lo social circunscribe en su propio marco
al ser humano. El experimento de tal influjo no es nunca independiente
de la misma esencia humana.
"Lo social forma parte esencial, necesaria, de la vida humana, como componente ineludible de ella, hasta el punto de que un hombre no _social sería
imposible. Un hombre no social constituiría un absurdo del mismo grado
14
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que la enunc1ac10n
ra o .
La sociabilidad no es tan sólo la unión de un grupo determinado de seres,
en el que el rasgo distintivo sea únicamente la simple relación humana.
Hay algo más que eso en el fenómeno social; éste se gesta y desenvuelve en
virtud de fines objetivos señalados e indicados de antemano por sus componentes y a los cuales se aspira colectivamente, porque en ellos el grupo organizado ve la fórmula para el establecimiento de una vida más segura Y

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libre.
La importancia de lo social y ~us repercusiones en las mutuas relaciones
humanas, conducen al hombre a pensar en una sociedad que, colocándose
en un plano de superioridad jerárquica, oriente y conduzca, por los ~d~cuados caminos, los impulsos sociales para obtener de ellos un benef1c10
que se haga extensivo al todo social. Las· múltiples ag~pa~i?nes que constituyen y forman lo social, requieren para su adecuado eJerc1c1O de un orden
rector que estando reconocido como procurador del bien público, emprenda
las medidas y acciones conducentes a tal fin. Ante tal requerimiento aparece
Ja "societas perfecta" 0 sea el Estado, como un impérativo necesario para
el desarrollo y progreso del bien social. El complejo de comportamientos so:
ciales no puede quedar a la deriva, sin un criterio justo y orientador. "fo
son las necesidades de la naturaleza humana las que llevan al hombre a la
sociedad, son los imperativos de la naturaleza social los que llevan la sociedad al Estado".15 Ignacio Gómez Robledo, nos dice parafraseando al gran
jurista español Francisco Suárez: "Una comunidad política sin potestas suprema, 'sería un cuerpo sin cabeza, y una multitud sin orden, que no puede
menos de ser confusa'." 16 Nace pues la urgencia del Estado.
' El Estado se convierte, en virtud de su misma naturaleza, en el medio idó-

1
11

E.
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1

Sociología, Ed. Porrúa, S. A., México, 1956, P· 148.
Política, Ed. Difusión, Buenos Aires, 1942, p. 43.
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Suarez,
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,. GÓMEZ RonLEDo,
foNACio,
El origen df l poder político segun
14

RECASÉNS SrcuEs, Luis,

1•

DE ATHAYDE TRISTÁN

Ed. Jus, México, 1948, p. 72.

580

1 '

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neo por el cual el despliegue social se llevará a cabo sobre cauces de mayor
seguridad y mayor progreso. La obligación de propugnar por el bien colectivo, así como la de fomentar los ambientes propicios a la manifestación pública -todo ello dentro de los lineainientos que la justicia señala- es y debe
ser la mira de constante permanencia en la labor y ejercicio del Estado.
Don Adolfo Posada, el ilustre jurista ovetense, nos dice en la página 69
de su libro: La idea pura del Estado, lo siguiente: "El hombre persona, ser
racional, libre, responsable y por ende, capaz de sentirse y reconocerse obligado. . . el hombre persona, digo, apetece 'nau4-al y rectamente vivir en sociedad'. Y la sociedad que apetece el hombre persona... no es la muchedumbre anárquica, hervidero de luchas en régimen de violencia -bellum omnium contra orones-, ni una 'reunión de hombres congregados de cualquier manera' (Cicerón), sino la sociedad formada bajo las garantías de las
leyes y con objeto de utilidad común (Cicerón), comunidad perfecta (Aristóteles), communitas (Santo Tomás), cuerpo místico (Suárez) ..."
Esta idea de Don Adolfo Posada nos indica que el pensamiento a través
del tiempo ha variado respecto al nombramiento del o~jetivo político-social,
sin apartarse -por ello- del objeto motivo de su consideración. La utilidad común de Aristóteles, la "communitas" de Santo Tomás, el cuerpo místico de Suárez, y otras acepciones semejantes o diversas, pasadas o presentes,
contienen en su todo intencional una proyección al fin que consideran esencial al desarrollo colectivo. Se puede estar equivocado en los medios empleados, pero nunca se puede estar sin objetivo. Los medios serán inoperantes si antes no se les .da un formal enfoque hacia el fin justo y bienhechor.
El objetivo social -general y universal- es uno solo: el bienestar del hombre, sin menoscabo de los bienes ajenos, en todos sus matices de legalidad.
Todo ejercicio desaso~iado de este fin es amenaza constante a la integridad
Inisma del ser humano y, por tanto, condenable en todos sus aspectos.
Si el Estado es necesario para el desarrollo social, el poder o la autoridad en el Inismo es algo fundamental a su vida y ejercicio. El Estado
como máxima organización se convierte en el conductor del obrar social.
Marcando pautas y señalando horizontes, de bienestar, seguridad y paz, el
Estado lleva a cabo su alta misión de propiciar las condiciones necesarias para la permanencia del bien público. "Sin embargo, esta sociedad universal
Y necesaria, el Estado, no podría existir ni alcanzar su fin, sin una autoridad" .17
Un Estado que no tuviera la facultad de ejecutar y organizar actos de
autoridad, sería una representación fantasma, irreal e ilógica, de lo que debe ser un auténtico Estado. El poder se conjuga con los elementos· materiales de pueblo y territorio, para que en unión de su esencia formalista den
" DADIN, ] EAN,

Doctrina general del Estado, Ed. Jus, México, 1955, p. 62.

581

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�lugar al Estado, de tal suerte que el poder es uno de los elementos genéticos
que configuran al Estado. El Estado exterioriza su acción positiva por medio
de funciones de poder, orientadas a hacer valer los principios y metas que el
conglomerado requiere para su mejoramiento y superación.
El desarrollo armónico del bien colectivo, aspiración a la cual pwpugnamos y que encabeza en su ejercicio el Estado, está respaldado por la existencia de la autoridad capaz de imponerse en cualquier momento contra
todo aquello que impida o limite su completa realización. "La obra del bien
público temporal no podría .r realizada por los esfuerzos espontáneos de los
individuos y de los grupos... muchos no prestarían su concurso y, por otra
parte, las acciones dispersas correrían el riesgo de contrarrestarse. Se requie18
re, pues, la conjugación obligatoria de los esfuerzos de todos..."
La convivencia social, el -e~cauce adecuado de las aspiraciones generales,
el establecimiento de instituciones idóneas a la evolución social, el afán de
paz y tranquilidad y el logro de los principios inconmovibles del bie~ público temporal, requieren para su existencia -al mismo Estado le es vi~ldel principio de autoridad. El poder es un producto humano necesario al
igual que el mismo Estado. La autoridad se nos pr:5enta. no tan s?}º como
necesidad patente y real de las instituciones colectivas, smo tambien como
emanación auténtica y vital del mismo ser que, en su diario y constante obrar,
en unión de sus congéneres, va dejando la huella de su esfuerzo, labrando
en el devenir del tiempo el futuro de la comunidad.
La dedicación que al bien público hace el Estado, amerita la capacidad
por todos reconocida de hacerse seguir y obedecer. "Toda unidad de fines
19
en los hombres necesita la dirección de una voluntad" . Sin esta condición
el Estado no podría llevar a cabo su misión humana y colectiva. El Estado,
gestor del bien público, adquiere al mismo ti!'!mpo que un compro~so
lítico-social, un atributo autoritario que le hace disponer de los medios JUStos y necesarios para lograr la realización de su tarea. . .
El orden social al cual se desea llegar en el establecimiento de la autoridad no puede llevarse a cabo o constituirse establemente, si antes no se
les d~ a los principios directrices de: legislación, jurisdicción y administración una estructura de normatividad, es decir, si no se les marca la pauta de
un orden normativo general, justo y equitativo. Cuando el contenido de la
norma es legítimo, los actos de poder fluyen favorablemente en el ámbit~
socio-estatal así: las normas jurídicamente legisladas obligan al cumplimiento y observancia; la sentencia de un tribunal contra un delincu~nte o_bjetiviza la política penal del Estado tendiente a mantener en el medio social

?º-

18

Ibidem.

,. JELLINEK, GEORG,

1958, p. 348.

582

Teoría general del Estado, Ed. Continental, 2a. ed., México,

~ clima de _resp~to y seguridad; los procesos administrativos repercuten tambien en la vida cmdadana. La presencia del poder en sus más variadas manifestaciones de funciones, nos indica constantemente que no debemos olvidar su existencia y necesidad. No se debe obrar o actuar contra lo establecido e indicado por él mismo. El poder no es un ser volátil y relativo es
· como un ente fantástico 'que
pa_tent: y perm~ente, " no debe ser concebido
exista mdepend1ente de quienes lo producen o fuera de ellos..." 20
. Todo or~e~ público, establecido para los fines sociales, está en la posibi~dad, al existir, de ser perturbado o violado. Y,s por ello que el orden polítlco está respaldado por el principio supremo de la_ autoridad, que puede,
en caso dado, emplear al servicio del derecho los medios coactivos O físicos
establecidos, a fin de hacer respetar el orden que a todos beneficia. La autoridad es pues derecho o atributo reconocido a la organización estatal para
que, normando y encauzando conductas y acciones, lleve a cabo el fin supremo del conglomerado social que no es otro sino el del bien común.
Toda organización social posee una autoridad relativa a su funcionamiento
que se hace aplicativa a sus componentes. Es imposible encontrar en tales
agrupaciones sociales la ausencia de un principio autoritario -hemos visto
que el atributo radica en el mismo hombre- . Sin embargo, el poder particular de esas. estructuras sociales carece del sentido y significación que en el
Estado se nene del poder. La autoridad en el Estado es según Jean Dabin
un "monopolio de coacción" y es considerada por Georg Jellinek como un
"poder dominante". Aunque las distinciones entre ambos tipos de poder se
encuentren en la suprema jerarquía que el Estado tiene en la sociedad las
notas anteriores nos señalan que, mientras las agrupaciones sociales distintas
del Estado están limitadas e impedidas en virtud de su misma naturaleza
a una accion mas abierta-, el Estado al manifestarse autoritariamente tiene
a su disposición --que emana de una facultad reconocida- un conjunto de
~edio~ _coactivos que puede hacer valer para que se cumplan y respeten las
dispos1ctones públicas.
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3.

)

TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN DEL PODER

~l tocar el punto sobre las diversas teorías que tratan de fundamentar el
o~igen del pod:r en las comunidades políticas, es de sumo grado imprescindible Y necesario, para dejar sentado un auténtico sentido y significado del
poder como máxima expresión pública.
,. HELLER, HERMANN Teor:a del Estado. Ed F d
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196 ¡, p.
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583

�Diversos criterios de clasificación -de acuerdo con los ejemplos objetivos
que la historia política nos muestra-, son los que existen al respecto de
explicar el origen de la autoridad en las colectividades humanas, organizadas pctlíticamente. Toda una exposición poliforme de criterios y orientaciones es la que se nos aparece al indagar o tratar de escudriñar el sentido de
cada corriente teórica que trata de fundamentar la potestad pública.
A pesar de la compleja y múltiple enumeración de teorías, trataremos de
indicar nuestro punto de vista respecto a cada una de ellas.
El mundo, en su manifestación social, ha variado a través de los tiempos
y de las épocas. El avance coordinado de los múltiples factores sociales hace
que la evolución del mundo en todos sus aspectos se nos presente lógica y normal. Ese grado de mutación superativa o de retraso, según sea el caso -no
siempre se avanza o se mejora aunque se piense fervientemente en lo contra- .
rio- que se observa manifiestamente, no es ajeno al obrar constante de la
sociedad-Estado. Las ideas y los criterios políticos aportan su tributo al cambio que experimenta y resiente el ente colectivo.
Por todo lo anterior es de explicarse el por qué de las grandes variantes
-en sentido, origen y trascendencia- que nos muestran las diversas teorías
sobre el origen del poder. Las épocas son superadas y el esfuerzo humano
por anular los errores del pasado es manifiesto -aunque los hombr~s no se
puedan liberar totalmente de ellos por ser la finitud, condición de su misma
esencia- en toda expresión pública que trata de conducirse por los carriles
de una auténtica y sincera veracidad. No obstante este plausible deseo, que
responde al sentir popular, veremos en algunas de las teorías "sobre el origen del poder político", aspectos de error o engaño que no obedecen a los
lineamientos de una veraz fundamentación que asegure a la tesis política
que se formula, un normal y firme reconocimiento.
Algunas teorías, a pesar de su pobre y escasa fundamentación, subsistieron
durante un largo tiempo, a base no tanto de su veracidad o legalidad, sino
propiciando su realidad, por medio de diversas medidas, laudables algunas,
condenables las otras. Cuando con verdadera devoción, un sistema político,
instaurado por una determinada teoría se avocaba al fomento del bienestar
colectivo, el pueblo o comunidad aceptaba eso como un beneficio a sus intereses y a pesar de las discrepancias que guardaba para con una posición
teorética, se apegaba al mandato de esa potestad que en el ejercicio le era
provechosa. Contrario a esta actitud, era el tratar de imponer un sistema
dado, de dirección pública, valiéndose para ello de los medios violentos que
la ley civil o en su caso la ley natural condenan expresamente.
Hemos pues de señalar que el auténtico sentido del "origen del poder"
debe quedar plasmado independientemente de la aceptación que algunos sistemas teóricos, falsamente estructurados, puedan llegar a tener. El poder

tiene, dada su naturaleza, un "origen especial y concreto". Es por ello que
al estudiar las diversas teorías, trataremos de tener presente la indicación que
hemos señalado.
Una de las clasificaciones más completas que del terna : "Teorías sobre el
origen del poder político" se han hecho es la que ha formulado el Dr. Eustaquio Galán en su obra: Teoría del Estado y del Derecho. Sirvan pues sus
indicaciones directrices, para analizar el sentido de cada una de las teorías
que describe.
A) Teoría del legitimismo monárquico sobrenaturalista. Esta teoría admite que el poder viene de Dios y la elección del gobernante es directa e
inmediata. Se delega o trasmite por herencia.
B) Teoría del legitimisrno monárquico providencialista. No acepta que
Dios directamente delegue el poder en una persona determinada. Se reconoce sin embargo que en momentos de desastre o apuro El hace aparecer
a un hombre de especiales y extraordinarias facultades, cuya superioridad
revelaría su derecho al poder.
C) Teoría aristocrática del poder. En esta concepc10n una selecta minoría -aristocracia- se considera titular del poder político y se valen de
los siguientes criterios para tratar de fundamentar su atributo o privilegio:
el linaje, la raza, la sangre, la edad, la riqueza. La profesión e incluso el
talento, sirven también como fundamentos de distinción. Esta minoría es
la llamada a gobernar.
D) Teoría territorial del poder. La teoría territorial del poder sujeta el
principio de autoridad al sentido mismo del territorio. Tendrá el poder quien
domine el territorio. Este criterio podría aplicarse a las distintas formas
políticas de organización social, aristocracia, democracia o monarquía. Según que el territorio estuviera dominado por un grupo, por un pueblo o por
un monarca.
E) Teoría de la soberanía de la razón. En esta teoría el poder político
no pertenece al rey, ni al pueblo, ni a una minoría, ni al territorio, sino al
derecho, a la razón, a la justicia, al orden, a la constitución. Esta teoría surgió tratando de superar las dos tendencias en boga: la de la soberanía del rey
-absolutisQJ.o monárquico- y la de la soberanía del pueblo -liberalismo-motivada y fortalecida por la Revolución Francesa.
F) Teoría de la soberanía del Estado. El poder pertenece al Estado y no
al rey, al pueblo, a la minoría, al territorio, a la razón, o al derecho. Se considera al Estado como una persona supraindividual, a la cual corresponde

585
584

�el atributo del poder. Su concepc10n es considerada como producto de los
teóricos fascistas y su idea se halla también en los ideólogos del absolutismo.
G) Teoría laica de la soberanía popular. El poder no sólo pertenece al
pueblo, como a su titular natural, sino que procede también de él, como de
su verdadera causa eficiente, sin anterior derivación.
'
H) Teoría individualista de la soberanía popular. Según esta concepción, el
poder surge de la comunidad, cuando el poder individual de cada uno de
los hombres se agrega y suma en una síntesis potestativa.21

COMENTARIOS

l. Respecto de la teoría del legitimismo monárquico sobrenaturalista, no
estamos de acuerdo con sus principios de sustentación. La doctrina del derecho divino de los reyes es una etapa ya superada dentro de la historia del
pensamiento político. El imaginar tan sólo la intervención directa e inmediata de Dios en los asuntos públicos es ilógico y erróneo. Y lo es, porque
sostener tal posición es contradecir la voluntad que el hombre posee como
rasgo esencial de su persona, así como restar en mucho el atributo que la
comunidad tiene en y sobre la potestad pública.

La delegación del poder político por medio de la trasmisión hereditaria,
además de ser criticable en diversos aspectos, puede traer en su ejercicio el
asentamiento en el poder de personas incapaces para manejar y desarrollar
el programa político social. La posición del poder no se debe concretar a
una familia porque este atributo no es de aquélla sino del pueblo. El poder
debe quedar en manos de las personas que la comunidad designe, tomando
en consideración al hacer la elección ciertos rasgos que el conductor social
debe tener para poder brindar al todo colectivo la seguridad de su esfuerzo
y actuación en aras del bien común.
Nadie viene signado para mandar. Hay una igualdad esencial entre los
hombres, sin menoscabo de sus desigualdades accidentales. En consecuencia,
el poder reside próximamente en la comunidad quien la trasmite a los gobernantes.
11. A la teoría del legitimismo monárquico providencialista se le pueden
hacer extensivas las indicaciones referidas a la teoría anteriormente señalada.
Aunque ésta no reconoce la intervención directa e inmediata de Dios en la
21

GALÁN, EusTAQUIO, Teoria del Estado y del Derecho,

329-356.

586

S/E, Madrid, 1951, pp.

designación del titular del poder, sí en cambio establece criterios específicos
para el otorgamiento del poder, sirviendo de sustentación a estos principios
una voluntad divina. El origen del poder, para esta teoría, aparece cuando
en un momento de gran necesidad o trascendencia social Dios hace surgir
a un hombre de extraordinarias facultades que se hace en el ejercicio de las
mismas acreedor al poder. Esta posición es inaceptable. El origen del poder
surge en virtud de hechos y actos humanos y no de causas sobrenaturales.
El hombre, poseedor de iniciativa, poder y voluntad no puede ser ajeno a
la génesis del poder y mucho menos al nombramiento de sus dirigentes.
III. Teoría aristocrática del poder. Hemos creído siempre que quienes
deben dirigir el desarro1lo de la comunidad política hacia el bien público,
son las personas que por su capacidad, su dedicación y su esfuerzo para con
el conglomerado, puedan cumplir fielmente con el alto compromiso que
representa el ejercicio del poder. El empeño que precede necesariamente
a toda acción de poder no es labor de insensatos e incapaces; todo lo contrario, es jornada para aptos y conscientes. Decimos lo anterior, en la creencia de que sólo las personas dispuestas y capacitadas, podrán hacer formal
realidad los deseos de las mayorías.
El poder d~ decisión electiva radica fundamentalmente en el pueblo. Éste,
al hacer uso de su facultad de designación, nombra frecuentemente a los
más aptos para el desempeño de la función política. Los nombrados forjarán, en el constante esfuerzo por lograr los fines sociales, un provecho que
se aplicará no a un grupo determinado, sino a un todo homogéneo y armónico que es el pueblo. Puede también el pueblo, en virtud de su atributo,
reconocer en un grupo determinado aptitudes provechosas I para la dirección
social y entregarle por ello el mando de la comunidad.
Lo dicho en líneas superiores de ninguna manera nos adhiere a la teoría aristocrática del poder, que trata de fundamentar el origen de la autoridad en la existencia de grupos caracterizados por ciertos atributos de: raza,
linaje, sangre, etc.. , Aceptar que en estas élites, cerradas en sí mismas, se
encuentre el origen del poder, es negar la acción de toda una serie de valores
humanos que laten en la agrupación social y que no se encuentran comprendidos en los estrechos límites de tales estructuras.
Los criterios fundados en: riqueza, sangre, linaje, raza, de esos pequeños
grupos aristocráticos que tratan de convertirse en iniciadores del poder político en la sociedad-Estado, además de parecemos atentarios a los principios
del orden y la razón, nos hacen preguntarnos lo siguiente: ¿ Existe algún
argumento lógico para pensar en alguna prioridad de esos grupos sobre el
derecho del pueblo para determinar su forma institucional de vida? La aristocracia es una forma pura de gobierno, no lo olvidemos, pero su ser y

587

�obrar la inclinan peligrosamente en la realidad a consutmrse en oligarquía,
forma política -impura- que no reúne las condiciones de aptitud legal
para dirigir los procesos políticos del conglomerado. La oligarquía estructura a través de un pequeño grupo, el de "los mejores", el gobierno de los
unos cuantos para los unos cuantos, excluyendo de la participación política
al pueblo.

popular. Los principios abstractos de ley, orden, norma, constitución no valen tanto porque en un momento existan formalmente, sino que valen en
cuanto que su contenido sea expresión auténtica del ser y obrar social. La
voluntad es pues siempre presente en toda constitución de principios directores de la evolución social. El poder es por y para los hombres. De ahí lo
ilógico de pensar en principios desarticulados de su propia manifestación.

IV. La teoría territorial del poder establece que el derecho al poder político se desprende del dominio que sobre el territorio se tenga. Esta posición es inaceptable. Establece un erróneo concepto del ejercicio del poder,
porque ignora al pueblo, elemento vital de toda organización político-social,
como factor creativo de la realidad estatal y por tanto del poder que ésta
posee. Coloca al hombre como una cosa más subordinada o agregada al
territorio, quitándole con ello su atributo y dignidad de ser racional.
El poder tiene su origen en el pueblo; así que el dominio de territorio
de nada servirá para actuar en auténtico sentido de poder sobre la población
del mismo. El consentimiento humano, tomando en cuenta el fin que el
poder debe realizar, es el que da con su aprobación, sentido y proyección a
su existencia.
Sujetar al hombre al territorio, es trastocar la jerarquía de valores que
en todo orden natural existe. Todas las agrupaciones -y en esto no es
ajena la estatal- son medios para la solución de problemas y necesidades
del hombre. La relación humana da sentido a todo lo existente en nuestro
mundo. Por ello, estamos en presencia del más grande de los errores y del
más pasajero de los engaños, cuando alguna corriente teórica, aparece negando la importancia-centro que el ser humano tiene.

"El poder político constituye un atributo que sólo a un sujeto humano, individual o colectivo, se puede atribuir, pero no, desde luego,
a una instancia personal, no a una especie de espíritu objetivo desvincu'lado de toda condición carnal",22

V. Reaccionando en contra de la liberalidad de la voluntad que establecían las teorías de las soberanías: la una la del rey, la otra la del pueblo,
surge la teoría de la soberanía de la razón. Es en el siglo XIX y en Francia donde sus teóricos (Guisot, Constant, Royal-Collard) los llamados doctrinarios, le dan sus principios de fundamentación. Establecen un sistema
fundado no en la voluntad sino en la razón de principios abstractos, que
sirvan de caminos señalados al ejercicio de la manifestación política. Así
sobreponen a la voluntad los principios de : orden, razón, derecho, constitución.

La objeción que se puede hacer a la teoóa de la soberanía de la razón
es que trata de establecer un orden sin asociación con la voluntad colectiva. Todo orden normativo debe ser fiel expresión del deseo y aspiración
popular, pues de lo contrario se convierte en fuente de opresión, injusticia
e incapacidad. La conducta de los pueblos tiene para su cabal desarrollo normas de orden, razón y ley, todas éstas aceptadas y sancionadas por la voluntad

588

VI. La teoría de la soberanía del Estado, surgida en el siglo XIX en Alemania y cuyo principal teórico es Gerber, exalta la personalidad del Estado
calificándola de supraindividual. Coloca al Estado como máxima expresión
del derecho del cual él es su originador y al cual debe someterse. Considera
a la organización estatal como originadora del poder político en la agrupación pública. El gobernante y el pueblo aparecen tan sólo como órganos del
Estado, el cual se coloca por encima de ellos en virtud de la facultad de
ordenamiento jurídico que tiene sobre la agrupación política, G. Jellinek
-suscribiendo esta idea- nos dice :
"El Estado, mediante la ley, requiere a las personas
mo órganos para que hagan concordar su voluntad
que la ley dicta, y como la voluntad del órgano es la
tado, oblígase éste a sí mismo al quedar obligados los

que le sirven code tales con lo
voluntad del Esórganos". 23

La teoría de la soberanía del Estado, absolutiza el concepto del mismo
Estado al querer apropiarle la producción total del fenómeno político.
La personalidad del Estado es reconocida por la mayoría de los teóricos
y tratadistas. Esta condición no sólo le es necesaria sino vital. La falla en
que cae la teoría de la soberanía estatal es la de mostrar a esta personalidad
por encima de la voluntad del pueblo, al considerarla supraindividual. Respecto de considerar al Estado como originador del derecho, es oportuno hacer
mención de que antes que existiera cualquier organización política o forma
de gobierno determinada, el derecho era ya vigente en las agrupaciones humanas. El Estado como medio adecuado que debe ser, atiende los deseos
" GALÁN, EusTAQUIO,
"' ]ELLINEK, GEORG,

T eoría del Estado y del Derecho, S/ E, Madrid, 1951, p. 350.

op. cit., pp. 389-390.

589

�y necesidades colectivas y trata de darles favorable solución mediante la elaboración y aplicación de normas de derecho apropiadas, justas y legales.

El poder existe como atributo del pueblo. El Estado es sólo estructura política. Antes del poder característico del gobierno, estuvo la potestad y el
derecho de la comunidad para constituirlo. Por ello cuando el gobierno
deja de ser expresión auténtica del pueblo, éste puede hacer uso de su derecho -anterior y superior al Estado- para organizarse sobre nuevos cauces de dirección política. El poder político originario del pueblo, puede
hacerse valedero cuando las condiciones así lo ameritan, sin que exista ningún orden o principio cimero que pueda impedirlo o suspenderlo.
El tratar de personalizar absolutísticamente al Estado es otra de las objeciones que se le pueden hacer a la teoría de la soberanía del Estado. Esta
idea propicia el nacimiento de los sistemas e ideas transpersonalistas. El Estado no puede existir sin estar vinculado en estrecha e íntima identificación
con el pueblo. Querer abstraer al Estado y colocarlo en una esfera aislada
de la realidad popular, es quitarle su sentido de origen y funcionamiento.
El Estado puede perfeccionar el ser y obrar social, por medio de políticas adecuadas; lo que nunca podrá hacer, es producir totalmente el fenómeno político. La idea de absolutismo y supraindividualidad que Gerber trata de
dar a la teoría de la soberanía del Estado, no puede ser aceptada, ya que el
Estado en virtud de ser "un instrumento no puede ser omnipotente, porque
siempre es dependiente".24 El pueblo siempre trasciende sobre los falsos encumbramientos que del Estado se hacen. El Estado no puede separarse de
su elemento vital, pues ello significaría su propia negación.
VII. La teoría laica de la soberanía popular, establece que el origen del
poder procede del pueblo, negando que exista una causa anterior que lo
motive.
La objeción que se puede hacer a esta teoría es la siguiente : El poder
-hemos dicho- se encuentra plasmado en la esencia misma del hombre.
Éste en cuanto tal, es un ser contingente y por tanto creado y sostenido por
Uno necesario. De lo dicho, razonable es concluir que de alguioo le viene
ésa su facultad reconocida del poder. Centramos nuestro argumento precisamente en el hombre, porque hablar de pueblo es pensar necesariamente
en agrupación de hombres y todo aquello que es trascendente y válido para
éstos, es también efectivo y vital al cuerpo social que sólo es cobertura necesaria de la manifestación pública del ser humano.
VIII. La teoría individualista de la soberanía popular, reconoce que es
el pueblo en donde se encuentra el origen del poder. Sin embargo, consiu BASAVE FERNÁNDEZ
México, 1955, p. 154.

590

DEL VALLE, AGUSTÍN,

Teoría general del Estado, Ed. Jus,

dera el poder del pueblo, como una suma o agregación de poderes individuales. Todos estos poderes individuales -inconexos- por medio de un
pacto o contrato social, dan origen a la llamada voluntad general, que será
la máxima expresión pública del conglomerado.
La concepción de la teoría de la soberanía popular, es el fiel reflejo de
las ideas liberales que quedaron objetivadas en la "Revolución Francesa".
Rousseau, uno de los más importantes ideólogos de la Revolución, escribió,
en su obra El Contrato Social, lo siguiente:
"Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con la
fuerza común la persona y los bienes de cada asociado, y por lo cual
cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y permanezca
tan libre como antes. Tal es el problema fundamental cuya solución da
el contrato social".2 ~

Las líneas transcritas- de Rousseau nos llevan a señalar: lo. El carácter individualista de la asociación rousseauniana. 2o. La indicación para
unificar los unos con el todo. El contexto mismo del párrafo, así como su
aspecto teleológico, muestran la idea de interpretar el poder del pueblo,
como conjunción de poderes individuales, perfeccionándose luego en la manifestación de la voluntad general. Raymond G. Gettell, confirma lo anterior
al decir:
"Según la concepción de R ousseau, las voluntades individuales entregan sus derechos y poderes en el seno de la comunidad, se fusionan
después dando nacimiento a la voluntad general". 26

Nuestra opinión es la de considerar que el poder radica en el pueblo. Pero
ese poder se encuentra en él en tanto que es comunidad y no en cuanto
mera agrupación de hombres con poderes individualizados. El poder se ejercita por y para el pueblo, de aquí que el origen del poder político se geste
no en el individuo, sino en el pueblo. Un hombre en estado solitario nunca
podrá ser poseedor del poder político por su muy especial posición que le
impide actualizar dinámicamente lo que sólo tiene en potencia. La autoridad
es recibida por el gobernante, del pueblo, y éste al otorgarla, ejercita una
facultad fundada en derecho natural. El poder para existir necesita de las
personas que forman el conglomerado.
"' RoussEAu, JuAN JAcoBo, El Contrato Social, Ed. U.N.A.M., la. ed., México,
1962, p. 20 (L. I, Cap. VI).
,. GETTELL, RAYMOND G., Historia de las ideas políticas, Ed. Nacional, México, 1959,
t. 11, p. 40.

591

�IX. Otras teorías sobre el origen del poder. A) Teoría sociológica. B)
Teoría de la fuerza. Aunque estas teorías tuvieron influencia, en sus respectivos ámbitos espacio-temporales, pasaron luego al olvido por ser errónea
su fundamentación e inoperante su proceso dentro del campo cle la evolución política. No obstante, algo de su germen ideológico pasó a elaboraciones
posteriores, siendo por ello frecuente encontrar en nuestro tiempo, sedimentos e influencias de esas concepciones. Las teorías que señalamos son rechazadas plenamente. Tratan de fundamentar el origen del poder político
en causas que nunca pudieron ni podrán motivarlo en auténtico sentido.
La teoría sociológica fundamenta el origen del poder en el hecho sociológico. El individuo es ignorado, al considerársele juguete del proceso sociológico y víctima de "una imposición cívica contra la cual no puede luchar''.27
Entre sus teóricos se encuentran: H. Spencer, Montaigne, Dukheim. El determinismo que establece esta teoría no puede ser aceptado. El ser humano
armonizado en pueblo, con razón, voluntad e iniciativa no puede ser condenado al servicio de un movimiento envolvente que le limite, imponga o arrebate condiciones de existencia colectiva. El fenómeno sociológico no se da
independientemente del sujeto racional, por tanto es éste el que influye sobre
la realidad para adaptarla a sus fines, y no aquélla la que somete irremisiblemente al hombre. Las mismas normas sociológicas confirman que el ser lucha constantemente en p:ro de su seguridad y no de su sometimiento. Igporar el valor de la decisión humana, gran en-or de la teoría sociológica.
Teoría de la fuerza. Señala la génesis del poder en el hecho de la dominación violenta y coactiva sobre el pueblo y su territorio. Para esta teoría,
el empuje y acción de los más fuertes, dio origen al poder en la comunidad
humana. Son sus titulares los que con el triunfo de su fuerza imponen al
todo comunitario, su voluntad y ley. El engaño que porta esta tesis es completamente inaceptable. El empleo de la fuerza - violenta e ilícita- no puede
originar el poder que por derecho natural se encuentra dentro y al servicio
de la agrupación político-estatal. La opresión y el sometimiento, corno causas originadoras del poder, son falsas e incoherentes. Un pueblo sojuzgado
no puede brindar más que su rencor y odio a los que le dominan y someten;
para aceptar lo contrario sería necesario crear imaginariamente a un hombre sin razón ni sentimientos. Del pueblo surge el poder. Su derecho inalienable al mismo no puede ni debe ser vulnerado. La oposición al tirano y
el derecho a la revolución, son dos de los muchos aspectos que demuestran
en la realidad política la primacía que el pueblo tiene como originador y
sostenedor del poder público.
27 GÓMEZ ROBLEDO, loNACIO,

Ed. Jus, México, 1948, p. 100.

592

El origen del poder polltir.o según Francisco Suárez,

A través del comentario de las respectivas teorías, hemos dado nuestro especial punto de vista tratando de que fuera sintético a la vez que claro.
De tales opiniones es de concluirse nuestra posición respecto al problema
de "el origen del poder" .

4.

MANIFESTACIÓN Y FIN DEL PODER

Como producto humano, el poder es proyectado y orientado hacia las
finalidades precisas y necesarias que el grupo social requiere para su vida
y subsistencia. La comunidad necesita del ejercicio constante de las funciones del poder para conservar y consolidar el ambiente propicio a su mejoramiento. Es pues observable que un gran número de las situaciones o circunstancias~ en las cuales vive diariamente inmerso el conglomerado --dentro de una
realidad estatal siempre presente y dinámica- son consecuencia del funcionamiento y ejercicio del poder estatal, que se nos manifiesta en una serie de
actos concretos, que lleva a cabo en cumplimiento de los altos fines que le
impone su investidura.
El poder es un medio empleado para la realización de los valores queridos
Y perseguidos por la sociedad. Por tanto, éste nunca debe concebirse como
un fin en sí mismo. La sociedad civil es su origen, al mismo tiempo que su
fuente de existencia. La potestad estatal encauza su tarea a fin de realizar,
cabal Y justamente, las supremas metas de la función soberana. El poder
se convierte, a través de su ejercicio, en instrumento adecuado para el logro
Y cristalización de las aspiraciones populares.
_El poder -repitiendo-- en tanto medio para asegurar el bienestar público y la seguridad del conglomerado, exterioriza su ejercicio mediante funciones de poder. Estas típicas y caracterizadas funciones no deben ser empleadas arbitrariamente. Toda actividad pública tiene un marco circunscriptivo que le limita en su ejercicio cuando éste se desvincula o se aparta
de los cánones establecidos para sus expresión. Otro de los motivos para que
la f~~ción del poder sea debida y legalmente expresada es el respeto y proteccron que al ser humano debe de tenérsele en la agrupación política. Den!ro de la escala de los valores sociales, existen algunos sobre los cuales todo
mt~nto de intromisión sería típicamente ilícito, al mismo tiempo que violatono al respeto y dignidad socio-individual. La estructura que sustenta a
la sociedad es el elemento humano y cuando éste es coartado en el ejercicio
de sus derechos o en el desarrollo de su libertad, plenamente reconocida
por los principios supremos del Jus, se está llegando al umbral del caos social y a su posible violentamiento.

593
e H-38

�Las funciones que el poder manifiesta, ya sean legislativas, ejecutivas o judiciales, deben apegarse a un orden jurídicamente organizado que concuerde
armoniosamente con las aspiraciones y justos deseos del pueblo. Todo ejercicio de autoridad, para que llegue a ser realizado cabalmente, necesita del
reconocimiento popular que sancione afirmativamente el resultado de su expresión. Cuando existen discrepancias entre el orden autoritario y la aceptación popular, el poder pierde fluidez, efectividad y respeto. Por ello todo
sistema jurídico-normativo que impere en la agrupación debe concordar con
los afanes y anhelos populares.
La autoridad señala criterios de orientación social para que por medio
de su fiel cumplimiento el conglomerado pueda alcanzar los logros del bien
público temporal. La expresión de tal facultad nos muestra toda la gama
de manifestaciones potestativas, que son necesarias para llegar a tal fin.
El poder "se halla concentrado en instituciones y produce normas ordenadas de interacción humana sujetas a principios, códigos y reglas.
El poder es controlado y, a su vez, controla la conducta. .. El poder institucionalizado puede resultar peligroso cuando es demasiado benévolo
o demasiado rígido. La libertad que admite puede significar un movimiento hacia el 'laissez faire' no sometido a dirección alguna, o, en el
extremo opuesto, puede suprimir toda auto-expresión y resultar insoportable".28
En las líneas arriba transcritas, el gran sociólogo Karl Mannheim nos
señala algunos aspectos de lo que él llama "poder canalizado". De su valiosa opinión deducimos que las manifestaciones y fines del poder no deben
caracterizarse ni por la limitación ni por el exceso. Ambas posiciones son
aborrecibles y no recomendables. La una porque atrofia con su quietismo la
realidad política, la otra porque vulnera el sentido mismo del poder, al
ignorar su fundamento: la persona humana. El poder debe enmarcarse en
los principios de un derecho justo y bienhechor.

5.

AUTORIDAD Y FUERZA

Es un error -y por desgracia frecuentemente cometido- el relacionar el
sentido del poder con un comportamiento de violencia física o moral. No
es la fuerza física la que sustenta el poder de las organizaciones, cualquiera
'" MANNHEIM, KARL.

xico, 1953, p. 69-70.

594

Libertad, poder y planificación democrática, Ed. F.C.E.,

Mé-

que sea su grado de desarrollo, ni tampoco la que da legalidad a su ejercicio. El soporte del poder está en la estricta adecuación de sus tareas al
logro del bien social. El poder no debe ser nunca identificado con el ejercicio
injusto de la fuerza física o moral. Ello equivaldría a dar un golpe de muerte
a su misma existencia, a crear- un estado de inquietud social, a instaurar regímenes dictatoriales, sistemas opresivos, desconcierto y desmoronamiento de
los auténticos valores sociales. Aceptar un estado de este tipo sería dar legitimidad a toda la serie de ilícitos que existen, cuando éstos se hicieren con
lujo de fuerza o de presión. Un poder, con esa base de existencia ilícita, jamás será legítimo representante del anhelo social. Será, por el contrario, el
opresor de la libre expresión y el verdugo de las más altas aspiraciones del
ente colectivo.
El origen del poder -ya se ha visto- no procede de la fuerza, sino de la
razón y la voluntad humana. Su ejercicio no debe ser comparado con actitudes que desvirtúan su calidad.
Existe un concepto equivocado del poder, originado quizá, en una falsa interpretación terminológica o en alguna acepción impropia que a la misión
autoritaria del Estado se le ha hecho. El Dr. O. G. Fischbach en su obra:
Teoría general del Estado nos hace una aclaración a este respecto:
Como tercer elemento del concepto de Estado suele comprenderse el
poder del Estado. En muchos casos se emplean para designarlo expresiones poco felices, como dominio, poder coercitivo; términos que recuerdan demasiado situaciones despóticas. En realidad, el concepto 'poder del Estado', guarda m enos relación con la palabra 'fuerza' en el sentido de 'violencia' que con los términos de 'ordenar' y 'administrar'. Lo
esencial para el Estado no es la fuerza, sino la ordenación (organización)
de la colectividad. La coerción política es sólo el último medio para
el mantenimiento de este orden, o sea que no es objeto principal, sino
medio para un fin. Ninguna asociación humana, y mucho menos el
Estado, puede sustraerse por mucho tiempo a semejante poder conectivo.29

El poder en el Estado está nom1ado por el orden del derecho que le señala un campo específico de competencias y atribuciones. La inclinación que
existe de usar indebidamente del poder, así como de excederse en su ejercicio, son aspectos negativos que el derecho pretende evitar. El derecho establece los principios conducentes de seguridad y de justicia para que por sus
vías se revele el acto de autoridad en la sociedad-Estado. La suprema facul,. F1scHBACH, O. G. Teoría general del Estado, 3a. ed., Ed. Labor, S. A., Barcelona,
1934, p. 118

·595

�tad de autoridad reconocida al Estado como medio para alcanzar los fines
colectivos, no puede quedar sin una adecuada reglamentación que asegure el
desarrollo y permanencia del orden legal establecido.
El poder es cuestión de derecho que encuentra su razón de ser en la
institución política misma y cuya utilización por sus detentadores actua10
les no es legítima sino en tanto es ejercida en la línea de la institución.

La autoridad debe vigilar que sus mandatos sean fielmente cumplidos por
parte de sus acatantes, disponiendo, en caso de que aquéllos no lo cumplan,
de las acciones físicas o coactivas establecidas para hacer valer las decisiones
de la autoridad. En muchos casos el empleo de la fuerza es innecesario,
porque voluntariamente los obligados cumplen oportunamente con los imperativos autoritarios del ..Estado. La fuerza no constituye un elemento vital
en el ser y obrar del poder. No obstante, la autoridad tiene a su disposición
y cuantas veces le sea necesario, el uso y empleo de la misma. Es de observar
que la utilización de la fuerza es tan sólo en calidad de medio a fin: hacer
respetar las órdenes emanadas d~ la autoridad, cuando éstas sean objeto de
desobediencia o desacato.
La autoridad como atributo del Estado tiene a su disposición el poder.
Pero no el físico o material sino el legal y jurídico. Este último puede disponer de la coacción cuando las condiciones así lo requieran.
El poder, dada su estrnctura teleológica, nunca debe adoptar posturas ajenas a su competencia y misión. Las acciones del poder deben ajustarse al
orden preceptivo del derecho. El principio o axioma jurídico de que "lo que
no está prohibido está permitido", constituye un índice de contornos claramente visibles que nos señala la posición de individuos y poder. El poder
debe cuidar de no penetrar en esferas de actividad vedadas a su ejercicio.
El poder del Estado no puede ni debe colocarse como simple espectador
impotente y pasivo ante el libre juego de los factores sociales. Como procurador de un orden social debe estar dispuesto en todo aquello que requiera de
su dedicación y empeño. El poder tiene su ámbito de atribuciones, dentro
del cual existe la amplitud necesaria para lograr, con toda autenticidad, las
metas que procura. Tratar de limitar la función autoritaria del Estado, dándole solamente la misión de singular vigilante, es volver a la época del
Estado gendarme que instauró el liberalismo individualista al triunfo de la
Revolución Francesa.
En algunas teorías sobre la autoridad se confunde el sentido de la misma
al igualarla con el ejercicio del poder físico. Tal semejanza es falsa. La
30

596

DABIN, jEAN. op. cit., p. 70.

fuerza nunca podrá constituir un auténtico sentido de poder. El Estado como
mandatario no debe imponer por medio de la fuerza modos de obrar que
choquen contra la integ~-i?ad social y humana de su mandante: el pueblo.
En caso de que así lo hiciera, la calificación de tal proceder podría tener
c1,1~lquier otro nombre menos el de poder o autoridad. La expresión potestativa del Estado es tarea político-social que pretende beneficio colectivo,
dentro de un orden jurídico concreto y determinado.
La fuerza, convertida en auxiliar del poder, presupone imposición del Estado ante todo aquel que, haciendo caso omiso de las normas, lacera la ordenación social. Cuando la fuerza se aplica, estando apegada al derecho, el
pueblo no ve en ella la injusticia o la arbitrariedad sino la necesidad forzosa
de hacer respetar los principios generales que a la comunidad resguardan.
Todo_ lo contrario sucede cuando la fuerza se convierte en rectora violenta y
opresiva de la comunidad política. Es entonces cuando el pueblo, origen y base
del poder, ve en ella no la necesidad del orden, sino el abuso e imposición
~e una ~ictadura o una tiranía. Todo mal llamado poder político que se
mdepend12a de su realidad vital se convierte, desde ese momento, en inauténtica representación potestativa.
El poder de ordenación jurídica responde al deseo expreso de la comunidad
de establecer un Estado armónico, donde las actividades colectivas se conduz~n por caminos de respeto y legalidad. La fuerza representa, en esta
realidad, un factor que no es posible precisar si antes no se manifiesta obrando. La fuerza, si se presenta en su carácter de auxiliar de la autoridad será
un fac~or más q~e contribuye al logro de los fines comunitarios. Si ;or el
contrano, obra aJena al orden y al derecho, será su acción maléfica y condenable.

BIBLIOGRAFIA
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F1scHBACH, O.G. Teoría general del Estado, Ed. Labor, Barcelona, 1934.

INFLUENCIA DE LA POLíTICA EN EL ARTE
(Estudio sobre Sociología de! Arte)
DRA. ANGELES MENDIETA ALATORRE
Contenido: Introducción.- a) La política en las esferas cultur¡iles.- b) Consideraciones sociales en la Historia del Arte.- e) Influencia de la política en el fenómeno
artístico, a través de la historia de la cultura mexicana.

Introducción
POLÍTICA, PALABRA DE SIGNIFICACIONES múltiples, sinonimia de perturbación y
cosa turbia que violenta el limpio concepto en su dignidad aristotélica, porque
político es todo lo que se refiere al bien, según la definición clásica, enlazado con la felicidad que el Estado debe proporcionar a los ciudadanos.
Si ajustamos los conceptos en su acepción exacta, aceptaremos que no existe ningún forzamiento al relacionar los dos terrenos de la cultura como son
el Arte y la Política. En cambio, las vinculaciones de ésta con aquél, son de
tal manera definitivas, que pueden conformar el perfil de una época.
Entre los elementos indispensables de la vida pública se encuentran "las
subsistencias, las artes, armas, renta pública, sacerdocio, gestión de intereses
generales y decisión de juicios".1
En consecuencia, como una de las finalidades de la Sociología es conocer y
estudiar las condiciones y determinantes que enmarcan la vida social y dentro de ellas, se encuentran las artes, el estudio de las relaciones de ambos fenómenos, a través de la historia de la cultura, puede aportar conocimientos
novedosos y enriquecer el estudio de la Sociología del Arte.
Empero, la obra de Arte tiene sus propios campos y sus métodos de evaluación, aunque puede advertirse que, el ambiente social, en términos generales
1

598

ARISTÓTELES, La Política (De la vida política ) .

599

�y de lo político, en áreas más restringidas, presionan o influyen en alguna
manera en la creación artística y el conocimiento de estos hechos exteriores
permite auxiliar, aclarar o dar mayores luces en el conocimiento de la presencia y deterioro del fenómeno social.
Es más, algunas veces el mensaje que debe contener una obra de arte, permanece oculto o velado, hasta que lo situamos en su propio tiempo, como respuesta, crítica o rebeldía a un acontecimiento histórico o social.
Es curioso advertir, asimismo, un proceso de interferencia de planos. Por
ejemplo, nadie desconoce la importancia de los mecenazgos políticos que
protegieron a los artistas; pues bien, cuando el artista tomó conciencia de ese
espíritu, realizó una obra cabal. Pero el genio se cobra su prestigio y con el
tiempo, los planos se invierten y es la obra misma la que adquiere mayor
importancia, con mengua u olvido total del encargo político.
Por ejemplo, qué importan en nuestros días los motivos políticos que influyeron en la lucha de güelfos y gibelinos en Florencia, si lo que pervive es la
estrofa triunfal de Dante; o qué más da que en China la política haya mandado construir una muralla gigantesca, si lo que cuenta hoy. es la pureza
incontaminada del arte de aquellas dinastías.
Conocer pues las interrelaciones de estos dos territorios de la cultura, ahondar un poco más en sus influencias recíprocas, puede ayudar al conocimiento
del fenómeno social.

a)

LA POLÍTICA EN LAS ESFERAS CULTURALES

¿Por qué el intento de conectar las cosas más altas e ideales de la
experiencia con sus raíces básicas, es a menudo considerado como una
traición a su naturaleza o una denegación de su valor? ¿Por qué se
siente repulsión a conectar las altas realizaciones de las bellas artes con
la vida común, la vida que compartimos con todas las demás criaturas
vivientes? Ahora bien, la religión, la moral, la política, los negocios, tienen cada uno un compartimiento en el cual es conveniente que permanezcan, lo mismo el arte debe tener su reino particular y privado, no
obstante, todos ellos forman aspectos variados de la vida humana y de
la criatura y tienen forzosamente interrelaciones e influencias.1

Establecer, pues, sin desvirtuar las causas principales de estos vasos comunicantes, permitirá comprender mejor el fenómeno social dentro de la cir-

• J.

DEWEY,

1949. Pág. 20.

600

El Arte como Experiencia, Fondo de Cultura Económica. México,

cunstancia históricil y política en la cual se originó. El asunto es objeto de la
reflexión sociológica, ya que uno de sus menesteres es precisamente
Estudiar las condiciones y determinantes que enmarcan la vida social y
que influyen sobre ella; es decir, estudiar el contorno o la circunstancia,
las leyes de la naturaleza física, de la biológica, de la concreción geográfica y de mecánica psicológica, pues todas ellas, aunque no se refieran a lo social propiamente dicho, constituyen condiciones, ingredientes y factores que actúan sobre la existencia humana colectiva; 3

Ahora bien, es concretamente hasta el último tercio del siglo XIX cuando
la Sociología adquiere su calidad de ciencia autónoma, lógicamente debemos
colegir lo recientes que son los estudios del fenómeno artístico a la luz de
esta ciencia.
El libro de Guyau, La influencia social del arte es uno de los primeros intentos que buscan métodos propios para evaluarlo, no desde el ángulo estético sino en una dimensión más amplia.
Ahora bien, la crítica tradicional del arte estaba confinada a un dogmatismo tal, que los estudios se concretaban a componer variaciones más o menos
amplias sobre un mismo canon estético. No se aceptaba otro tipo de enjuiciamientos, y con ese miope criterio, las manifestaciones artísticas de otros
pueblos, entre los cuales indudablemente se encontraba el de las culturas
prehispánicas de América, quedaban proscritas o ignoradas.
El mérito principal de Kant, con relación a la Estética consistió en atacar
dicho dogmatismo, para admitir la variedad de manifestaciones artísticas,
de las cuales podría surgir una concepción única y universal de gusto.
También la clasificación tradicional ha sufrido modificaciones. Antiguamente se consideraban como artes mayores a la Música, la Literatura, la
Pintura, la Escultura y la Arquitectura, las cuales fueron divididas en artes
del tiempo y artes del espacio. En nuestros días otras manifestaciones adquieren mayor rango aunque en sus principios fueron despreciadas; tal el caso
de la Cinematografía y la Coreografía, que van adquiriendo validez propia.
Los medios electrónicos de difusión cultural ocupan un modestísimo lugar,
como la Televisión, pero no podemos saber cuáles serán sus máximas posibilidades y con qué criterio serán juzgadas en tiempos venideros.
Hay clasificaciones de dinámica fluctuante que antes estaban sujetas a una
graduación rígida, tal el caso de lo bello, lo sublime, lo gracioso, lo bonito,
lo cómico, lo humorístico y lo feo artístico, cuyas categorías en continuo
movimiento pueden colocar en los primeros planos de consideración, no sola• DR. Lurs RECASÉNS SrcaEs, Notas para la delimitación de los temas sociológicos,
Revista Mexicana de Sociología. No. 4, Año V.

601

�mente a lo feo estético, sino inclusive a lo esotérico, lo grotesco o el "absurdo
poético".
Todo este rodeo reflexivo, deviene en la aceptación de una flexibilidad de
criterio, de la imprecisión de oampos antes muy limitados dentro de sus fronteras y de la buena disposición para admitir que no hay, ni debe haber escándalo en conocer interferencias entre las esferas políticas y las artísticas,
ambas consideradas en su digna significación.
Este posible divorcio de territorios, es en realidad más profundo de lo que
pudiera parecer. Se vincula con el modo de ser del hombre aparentemente
en conflicto con el Estado. Las interferencias pues son muy sutiles, pues si
bien el artista toma conciencia de un movimiento político y social, por otras
partes bien sabemos que la censura o la falta de libertades es el mayor peligro para la obra de arte.
Afirma don Alfonso Reyes en su comentario a la República de Platón:
la política debe ser al Estado, lo que la moral al individuo. Condición
de la ciudad perfecta es el sacrificio de lo particular a lo general. Cada
uno debe desarrollar en sí mismo actividades que sean más útiles a la
comunidad, y prescindir de las que estorban. Como la moral empieza
con la marcha de las facultades humanas, reacias a la razón que acude
a reconciliarlas, así la política tropieza, en naciendo, con las divergencias
entre los individuos.4

Por otra parte, es el artista el que puede, no solamente captar con su sensibilidad, la importancia de su propia época, advertir las corrientes definitivas de su momento histórico, sino que prevé, aquellas que pueden prevalecer. Este pre-sentimiento, o en términos llanos, presentimiento, le permite
obtener una visión anticipada que escapa a la mayor parte de sus congéneres.
Es más, por mucho esfuerzo que hiciera para desprenderse de su propia
realidad social, siempre podríamos descubrir algo que lo delata y lo identifica.
Paradójicamente el arte inexpresivo, esotérico o confinado en sí mismo, como
el que campea en múltiples mánifestaciones de nuestro tiempo, es, precisamente por ese propósito deliberado, un aspecto característico del problema
conflictivo de ciertas décadas.

b)

El concepto de valoración -que es la operación m etódica que corresponde a la apreciación de un acto concreto de la historia con apoyo a un
valor determinado-- no podrá ser otro que el concepto que corresponde
a una tarea de recapitulación, a un resumen de lo hecho hasta ese momento, a un corte parcial, fragmentado e instantáneo, efectuado hasta
un determinado punto del estado de cuentas del fluido acaecer de la
vida del hombre, de un individuo, de un grupo o de la comurndad
humana.'

A esta justificación y limitación que hace el investigador con todos los
antecedentes del caso que estudia, deben aumentarse aquellas que sean idóneas a los territorios de cada valor. Además, la obra deberá ser considerada
dentro del momento social en que se origina, con sus elementos más cercanos
de influencia.
Por otra parte el acervo cultural es tan rico y variado que ha permitido
las clasificaciones más heterogéneas, desde luego en forma independiente de la
relación cronológica. Hegel, con base en los conceptos de fondo y forma,
clasifica al arte en Simbólico, Clásico y Romántico.
La clasificación de José Vasconcelos es más amplia e incluye hasta el gusto
y el olfato, dividiendo a las artes en Apolíneas, Dionisíacas y Místicas.
Las vastas expresiones artísticas son abrumadoras, veamos aquí solamente
unos cuantos aspectos en los cuales se presenta, más ostensiblemente, la influencia de alguna circunstancia social y de preferencia, política, o sea determinada expresamente por el Estado, en una corriente estética.
En el comienzo del arte, está la danza. Es, según sabemos, la madre de
ellas. Puede afirmarse que la circunstancia compulsiva cargada de presagios,
conjuros y embrujamientos forma una carga emocional que el hombre no
puede soportar; es entonces cuando le da salida, la comunica, la expresa
ante sí mismo, como una exteriorización o ante los demás. Su función liberadora es tan perfecta, que subsiste hasta nuestros días.
La danza exigió luego diversidad de temas, lo cual deviene en la fantasía
Y exige a su vez, acompañamiento coral por medio de instrumentos de percusión. De ahí tenemos ya, la danza, la literatura y la música en contrapunto ambivalente. Pero interesa aquí destacar su función social: la danza
es el medio de una comunicación sólida y profunda. La emoción conforma el
alma colectiva. Es más, las danz~ más antiguas son las rondas, o sea el
• ALBERTO

• Revista Cuadernos, julio-agosto, 195 7.

602

CONSIDERACIONES SOCIALES EN LA, HISTORIA DEL ARTE

T.

ARAI,

Ensayo de Valoración de las Artes Plásticas en M éxico (1900-

1950). México, 1953.

603

�círculo sagrado se estrecha y forma una agrupac1on magica, comunal o
simplemente política. Esta forma vital de unión circular, se dejará señalada
en el Kromlech, donde las piedras se yerguen en círculo.
Otro ejemplo, es cuando se presentan ya, consolidadas, las grandes civilizaciones antiguas. Es curioso advertir cómo el pueblo egipcio tuvo, al igual
que el mexica o azteca, un arte que traducía perfectamente las características
de la política estatal.
Atenas y Esparta, los pueblos clásicos, nos informan también de un arte
diverso considerado desde el cambio de la forma institucional de sus gobiernos. Arte sereno, sobrio, de pueblo guerrero, es el de Esparta, en tanto que
en el ateniense lray una suave exquisitez y gran belleza.
Las invasiones o trastornos que sufre el poder público, modifican también
la creación artística.
Cada vez que un pueblo sufre invasión, modifica su arte. La conquista
musulmana de la India, desarrolla el arte Moghul, o sea de los emperadores mongólicos, que dominan la India y le imponen una población
nueva y nuevos modos de artes.6

También la política estatal interviene directamente · en la realización de
algunos géneros artísticos. Platón, pese a su talento, no solamente admitió
la esclavitud, sino pretendió prohibir la comedia y la tragedia, porque eran
aspectos tan maravillosos de la imitación que podrían ser un peligro.
Otro ejemplo, muy preciso, es la forma que adoptan los romanos en la
dominación helénica. Solamente imitan aquello que sirve para su particular
forma de concebir el arte. Aquello que impresione y que dé un aspecto grandioso, es lo que les interesa. No vacilan en sacrificar a miles de esclavos con
tal de llevarse gigantescos monumentos. No pueden romper el canon griego,
pero inventan la superposición de órdenes y sus estatuas adoptan actitudes
solemnes, no graciosas, también con proporciones mayores. El arte debe estar
al servicio del Imperio, y lo logran.
Las invasiones políticas van dejando cicatrices profundas, pero que multiplican las formas expresivas. Por ejemplo, Octavio Paz, al hablar de España,
afirma:
España es palabra roja y amarilla, negra y morada, devorada por los
extremos, al mismo tiempo cartaginesa y romana, católica y mahometana, visigoda y renacentista.7
Estética, pág. 504.
ÜCTAVIO PAz, Introducción a la Historia de la Poesía Mexicana, Cuadernos Ame•
ricanos, No. 3.
• JosÉ VAsCONCELOs,
7

604

El arte cnstiano de los primeros tiempos está proscrito de la política estatal, por eso crece en la oscuridad de las catacumbas y desarrolla un simbolismo oculto que solamente se puede entender entre los iniciados, pero cuando
Constantino abre las puertas a la nueva doctrina, ésta sale y penetra en las
basílicas. Estos recintos civiles, pronto alargan los extremos del cercano ábside,
para formar la cruz latina.
Naturalmente, la influencia mayor y definitiva es la de la religión, cuanto
más que, todas las expresiones del arte antiguo no eran sino formas auxiliares
de la liturgia, el dogma o la teología, pero en aquellos pueblos, la Religión
no está desvinculada de las rawnes de Estado. Podríamos decir, por ejemplo,
que si el Coran prohibe la representación del cuerpo humano y da origen al
"arabesco", la más bella expresión de la geometría poética, también puede
comprenderse que una violación a estas normas daba paso a la sanción del
Estado.
La utopía de un Estado perfecto estimula la aparición de importantes obras
literarias. La política cortesana de los Luises, encerrada en los palacios, inspira, lo mismo que en España, a los poetas que sueñan con la sierra y la
campiña, desde los salones.
Un análisis exhaustivo podría tal vez desmentir en buena parte la siguiente
afirmación que por lo pronto aceptamos como valedera, con las reservas del
caso: con excepción de Grecia -véase la comedia de crítica de Aristófanesen casi ningún pueblo funcionó el arte como crítica social antes del Renacimiento.
La censura de los sainetes medioevales no constituye propiamente un ataque, pero sí, es en los géneros populares donde el pueblo empezará a dar
franco escape a sus enfados.
En los retratos de Goya, aparecen motivos abiertos de censura y el teatro
isabelino en Inglaterra es ya, francamente, una manifestación política que
también presenta el carácter de agencia noticiosa o informativa.
Desde luego, hay géneros o manifestaciones más propicias a la política,
como la literatura - vehículo de las ideas- y dentro de ella, la oratoria y
el ensayo, más que la poesía.

c)

INFLUENCIA DE LA POLÍTICA EN EL FENÓMENO ARTÍSTICO A TRAvÉS
DE LA HISTORIA DE LA CULTURA MEXICANA

También en el campo de la estética y de la ciencia del arte, buena parte
de las discusiones provienen del afán de reducir a un último concepto
la pluralidad de fenómenos. La nostalgia de unidad que quizá alimenta

605

�\

una llama religiosa, llega a casi todos los que se ocupan de problemas
de arte a admitir, cerrando los ojos a la realidad, una raíz única en la
creación artística.
Este prejuicio tan extendido agota el campo de visión de la esfera
del arte dejando oscuro, casi incomprensibles, estilos y direcciones, motivos e influencias que nos aparecen con claridad tan pronto como se
toma una actitud ingenua, comprensiva ante la realidad artística.8

'
Ello es tan cierto que confesamos haber sentido un poco de temor al investigar la influencia de la política en el fenómeno social, como si fuera profanar con instrumentos extraños, la creación artística.
Después, con buen recuerdo de que el hombre es "zoon politikon", admitimos, que, de todas suertes, podía intentarse una visión más amplia del fenómeno social que tomara en cuenta realidades aparentemente ajenas a su
campo particular, pero que estaba amparado por la sociología del arte.
Así podríamos llegar, sin que las premisas estuvieran tiradas de los cabellos,
a conclusiones modestas; empero estudiando "con ingenuidad" o simplemente
con un análisis diferente los hechos, encontramos, para grata sorpresa, la
vinculación que guarda la política con el fenómeno social.
Empero, sí podemos descubrir que esta influencia no siempre fue benéfica,
sino algunas veces fue autoritaria y peligrosa; otras, hizo nugatorios muchos
esfuerzos particulares, pero cabe advertir que su presencia era siempre un
telón de fondo que hacía resaltar, con mayor vigor, la expresión individual.
La última y más espectacular llamarada de actividad artística indígena, tuvo lugar en esta ciudad de M éxico, cuando era Tenochtitlan,
unos cincuenta años antes de la conquista española, es decir antes del
total colapso y muerte de la civilización indígena -afirma Miguel Covarrubias en su estudio sobre las Raíces políticas del arte de Tenochtitlan,
y añade-: el arte monumental azteca está íntimamente ligado al concepto
religioso-imperialista de sus creadores. Es un arte feroz, necrófilo, hecho
para inspirar el temor religioso, para impresionar al pueblo con la grandeza del Estado todopoderoso, con la filosofía de la conquista por la
fuerza de las armas, y la religión basada en el culto de la muerte y de
la sangre. El arte azteca es acentuadamente metropolitano, nació y se
desarrolló en la ciudad de T enochtitlan, que era el corazón, la cabeza y
el cuerpo del Imperio. Siendo un reflejo fiel de la psicología de este
estado, sería imposible comprenderlo sin echar un vistazo a su estruc• JUAN

606

RouRA

PARELLA,

Ralees del Arte, Revista "Filosofía y Letras", \·ol. 6, 1954.

tura política, a su religión y sin antes repasar someramente los hechos
básicos de su historia.9

El desprecio a la muerte, subsiste en los pueblos guerreros y se traduce
en la deificación del guerrero. En la cultura mexicana, las diosas con falda
de serpientes, los Caballeros Tigres y los Caballeros Aguilas, además de la
creación numerosa de elementos para la guerra, como cuchillos, penachos
y emblemas, sirve para dar una impresión de grandeza equivalente al del
dios-sol y a la exigencia de ofrendas de corazones humanos, los cuales deben obtenerse en las guerras floridas, aunque no fueron tantos como las historias cuentan, ni escaparon de estas crueldades casi todas las culturas en sus
tiempos de epopeya.
Sin embargo, pese a lo sombrío que pudiera parecer, la cultura azteca presenta un contraste ambivalente. Las pirámides propician un arte abierto,
espléndido, muy diferente al concepto cerrado y mortuorio del egipcio. La
pirámide no se cierra en punta, sino se abre en plataforma para albergar
la danza y la fiesta cruenta, pero magnífica.
Entre los objetos que se producen para el ceremonial político y sacerdotal,
"se encuentra la palma que tiene la imagen de un sacrificado, el monumento a la Guerra Sagrada en el Templo Mayor, del cual se conserva el llamado Calendario Azteca en el Museo Nacional de Antropología, el Glifo de la Muerte, el relieve del templo con los dioses del
fuego y de la primavera, Xiutecuhtli y X ochipilli; los atlantes, probablemente estatuas de guerreros en Tula, Hgo.; la cabeza de un guerrero,
el relieve de un Caballero Aguila en el antiguo pórtico, el sacerdote en
contemplación en la pirámide de Xochicalco y demás ejemplos".1º

Naturalmente que hay otros muchos aspectos de importancia, que parecen
secundarios y que no lo son, como es el caso de los materiales. Dice Toussaint que en la erección de monumentales cabezas de los olmecas parece haber
un culto a la piedra y a su eterna vivencia y a su esencia inanimada y tenebrosa que se manifiesta en esos solitarios monumentos de rostros impasibles que nos conducen a la belleza no por el camino seguro de la bondad
de la forma sino a través del misterium tremendum. Sin embargo, "en medio de aquellos panteones indígenas de dioses herméticos y terribles, de dioses sangrientos y repulsivos a nuestra mentalidad, las mascaritas sonrientes
• México en el Arte, No. 8, México, 1949.
10 V'
ease: EuCEN KuscH, I mágenes de México, Editorial Hans Car! Nurnberg.

607

�de la Mistequilla forman una isla que rompe con la tradición hierática de
la cultura indígena, ya que supieron expresar la alegría con la más delicada
de sus expresiones psicológicas, la de la sonrisa".10
Frente al mundo tremendum del olmeca, la austeridad teotihuacana y el
dramatismo azteca, el maya conforma su arte dentro de cauces floridos ·¡
suntuosos.
Pueblo de inclinaciones pacíficas, el maya favoreció la aparición de astrólogos y pensadores y en arquitectura, llegaron al principio de la arcada, que
no descubrieron los griegos. Una política pacifista protege la vida de las
artes y permite la creación del hermoso poema del Popo! Vuh.
Sin embargo, es el arte del pueblo azteca en el que se presenta con matices más acentuados la influencia de la política en sus expresiones artísticas.
De su actitud ante la vida, el realismo sombrío derivado de la vida guerrera, se logra el cincelado enérgico de un pueblo dominante y autoritario.
"El arte lapidario de los aztecas es testimonio de severidad implacable, de sensibilidad dramática -casi macabra- y de una concepción austera de la vida. La dureza despiadada de sus dioses, su sobrio
desprecio de la vida, su honda religiosidad y el rigor de su organización, trascendieron a su arte para dejarnos estampada en él, su huella
imborrable".11

Al terminar el año aciago de 1521, la dominación española empieza a imponer sus normas, leyes, costumbres, idioma, religión e ideas. Es decir todos
los aspectos del poder público y la fuerza política.
El arte, con finas antenas capta todos los cambios. La sensibilidad estética es tan sutil, pero al mismo tiempo, tan inteligente que es en las expresiones culturales donde se pueden apreciar con claridad, conflictos, intentos y
éxitos.
Un ejemplo de esta "plasticidad" del fenómeno artístico puede encontrarse también en España. La dominación árabe de siete siglos, no logra modificar el idioma, la religión o las leyes, pero su influencia es definitiva y vigorosa en las artes plásticas y en la literatura.
En América, la conquista arrasa la cultura del pueblo dominado. Pero
en el campo espiritual se produce una escisión que jamás podrá ser olvidada,
los sobrevivientes de aquel mundo destruido no podrán concebir que sea el
mismo Dios el de los misioneros y el de los conquistadores. Ésta será una de
las dificultades para captar la esencia de la nueva cultura y una rebeldía
interna se filtra suavemente, con la inclinación de aquellas notas que apa11

608

MANUEL

ToussAINT, El Arte Antiguo. México y la Cultura. S.E.P. Pág. 150.

rentemente están en su ayuda; es así como el matiz autóctono, ornamental
y brillante al correr del tiempo se perfilará como una de las partes más acentuadas de la fisonomía nacional; el de la forma sobre el dogma, el de la presencia exuberante sobre la sobriedad.
En las expresiones de la arquitectura y ia escultura, pueden advertirse los
pasos de la evolución social y del pensamiento político que domina en determinadas épocas.
Principia la etapa confusa del siglo XVI, con la destrucción de una cultura y la imposición de otra. Hay, naturalmente, un cierto apresuramiento.
Ahí encontramos entonces la erección del templo cristiano sobre la pirámide
semiderruida. Pero el misionero intuye que más que la obra externa conviene saber algo del espíritu y recoge la tradición oral, ésta es precisamente
la que en nuestros días, ha provocado el gran descubrimiento cultural al
.
'
conocer la literatura
de aquellos pueblos.
Las ~ondiciones sociales, derivadas del conflicto político -el indígena, ya
se ha dicho, fue un derrotado, pero nunca vencido-, obligan a levantar los
templos-fortalezas y
"servirán para proteger a los españoles, a los indios conversos e inclusive a los gobernantes contra las sublevaciones frecuentes de los indígenas''.12

Las almenas, los altos muros, inexpugnables en la época, y los servicios
para permanecer dentro mucho tiempo, inclusive años, así como su amplitud para albergar a muchos por la amenaza de los peligros, son las característic~s 1:°ás ostensibles. Tal el caso de los construidos en Cholula, Tepeaca
Y HueJotzmgo aunque no sean precisamente de la misma época.
Los dominicos los levantarán en T epoztlán, Oaxtepec y los agustinos en
Yecapixtla, Acolman y Cuitzeo. Al final, de los tres siglos, el barroco está
en todo su esplendor, hay una libertad plena y el adiestramiento se ha logrado
como en Santo Domingo de Oaxaca, Tlacolula y Santa Mónica.
· La orgullosa pedagogía contemporánea se ufana de haber encontrado dos
fórmul~ felices, para la fijación del conocimiento: la motivación que capta
Y manu_ene el interés como antecedente psíquico del aprendizaje y el aprovechamiento de las inclinaciones, unido a la recreación. Pues bien, los frailes, divirtiendo con los autos sacramentales y cambiando lentamente las finalidades de la danza, obtienen buenos resultados para la evangelización, que
, ". V. CASARRUBIAs, Rebeliones Indígenas de la Nueva España. Biblioteca Enciclopedica Popular de la S.E.P. México. Núm. 47.

609
e H-39

r

�era uno de los motivos que justificaban la conquista, desde el punto de vista
de la política de la Corona española.
Así encontramos también las bellísimas capillas abiertas de Cuernavaca,
Tlalmanalco y Tepozcolula, esta última en opinión de los críticos, la más
bella.
Cuando la estructura política y social parece consolidarse , un estilo artístico que delata esa armonía, comienza en la vida nacional; es el plateresco
de bellas proporciones, sereno y suave, con algunas notas del templo fortaleza.
Al finalizar el virreynato, el barroco se impone con toda su exuberancia.
Las dos culturas encuentran en la ornamentación una inclinación propia,
que será definitiva ya en nuestro panorama. Es así como en Tonantzintla,
hay un cielo indígena de angelillos de tez oscura. Es la vieja raíz, que todavía no será evaluada, pero cuya presencia no podrá negarse en la historia
de la cultura.
La evangelización, protegida por el poder público, tiene libertad para llegar a todos los sitios, hasta en aquellos donde se realizan las actividades comunes. Por ejemplo:
"en lugares donde había ctianguis', mercados, se erigían chapiteles, ermitas abiertas por todos lados, en donde se decía misa, que podían oír
lbs comerciantes sin desatender sus puestos. Tal acontece en Huejotzingo y Cuernavaca, según los estudios de don Manuel Romero de T erreros".13

Desde el principio de la Colonia, la estructura social sigue mandatos políticos y divide al país, de ahí también la diversidad de estilos.
"Don Antonio de Mendoza, hábil político y primer virrey convoca a
las órdenes provinciales para fortificar al país, y los distintos estilos se
ven sujetos a este ordenamiento estatal dentro de la iglesia. Todo -advierte Toussaint- por culpa de la política que en todo se mete'~.

&lt;

Y henos también nosotros levantando iras y rescatando aciertos para encontrar asideros y precisar la influencia de la política en las expresiones artísticas del arte nacional.
'
Cambia la vida nacional, se modifica la estructura política y un nuevo arte
aparece con proporciones gigantescas. Al son de la humilde campana de
Dolores, el pueblo toma las armas y todo el país va en pos de su independencia política. En principio, las manifestaciones plásticas se suspenden.
u Arte en México durante el Virreynato. Porrúa. México, 1951.

610

"Durante el largo espacio de tiempo que media entre 1867 y 1910,
México sufrió hondas transformaciones en los órdenes político; económico y social. Por lo que hace a las letras, la situación creada las afectó en varios aspectos. Señalamos tan sólo uno, el principal: habiendo
dejado de absorber la vida pública al escritor, la labor intelectual se
desarrolla aparte de la acción política, que, por lo demás, casi no existía.
Al amparo de esta paz prolongada, la literatura mexicana alcanza su
máximo florecimiento".14

Así nacerán liceos y academias que hablarán de crear una literatura con
fisonomía propia. Esta inclinación de la voluntad para crear una corriente
ideológica tardará mucho tiempo en llegar hasta la verdadera posición de la
creación literaria, cuando don Alfonso Reyes afirme que su ser mexicano
se verá en su obra sin que él deliberadamente se lo proponga.
Hacia fines del XIX, don José Guadalupe Posada (1852-1913) creará su
"circo político", y sus grabados y calaveras se impondrán como otra línea
de manifestaciones muy típicas, como es el escarnio, en la vida mexicana.
Además, la política propicia el desarrollo de ciertos géneros. Desde la
guerra de Independencia y a todo lo largo del siglo pasado la literatura de
combate toma los primeros planos.
/

"La persuasión o la cólera, cuando no minuciosas argumentaciones,
llenaban estos documentos que pretendíam señalar a los mexicanos los
tremendos peligros a que los arrastraban las luchas civiles o la necesidad de que el pueblo, arrastrando todas jas amenazas y penalidades,
emprendiese la defensa de su libertad. Poco después aparecería el periodismo insurgente al que seguirían proclamas, discursos, ensayos así
como la aparición de una poesía épica y cíuica".15

Los escritores son militantes políticos y éstos, a su vez, se sirven de las
letras, para sus actividades políticas. Pero frente a la picardía popular la
frese.
ura mgenua di
e os romances y las proclamas, persiste y se acrece de ' vez
en cuando, un arte cerrado de corte. Éste se inclina por la pintura de caballete con los ~ncantadores "niños de la Colonia" en el siglo XVIII los
de la época del efímero imperio de Maximiliano y que se convierten e~ influencias italianas y francesas durante el Porfiriato.
. Un nuevo movimiento social volverá a modificar la agitada existencia mexicana.

" Y "' eARLos GoNZÁLEZ PEÑA, Historia de la Literatura M exicana. Ediciones Cultura Y Polis. México, 1940.
611

'

�"As' como la época del modernismo se sustentó en el hecho político
t
,
d
y social del gobierno del general Díaz, el período contempora~e~ e
nuestra literatura nace y se apoya en la realidad de otro acontecimiento
. , M exicana
·
,,.1s
histórico, la Revol ucwn

Dice también Agustín Yáñez:
"que la Revolución impuso el tema de la realidad mexicana como categoría reflexiva y ejecutiva de la vida nacional".

Un arte de proporciones gigantescas, de asesoramiento político,_ de colorido
violento y materiales autóctonos, aparece en los murales con f1gur~ ?oderosas cadenas que se rompen y gritos que estallan. Los grandes movui:uentos
de J~dependencia, Reforma y Revolución, la abo~ción de la esclaVItu~ Y
las Leyes Agrarias aparecen representados por medio _d_e esc_lavos que ~1tan
bajo los látigos O conquistadores de acero, las caras VISionanas de los heroes
se levantan sobre banderas o relámpagos de fuego y las letras o las fechas,
señalan rutas y dejan constancias.
Un solo tema, basta y sobra para la inspiración genial de ,vari?s artis:as·
Por ejemplo, la figura de Hidalgo, se representa desde los m~ diversos angulos. Es también la visión del caudillo desde un p~to _de _VIsta de la estructura social dominante. En la impresora de Claud10 Lmat1 --el que trajo la primera maquinaria para litografía en 1826-- Hidalgo parece u_~ guerrillero francés de cruz y espada, con sombrero de pluma y complex.ion robusta, es el destructor que cambiará el curso de la hist~ria: En las Galerías
de Chapultepec, el retrato de Hidalgo, frente a su escntono, presenta a un
hombre que reflexiona y recurre a sus pensamientos para dar las causas de
la Independencia, es, digamos, el teórico del movimiento; después está la
figura del sacerdote, con vestidos oscuros y el estandarte guadalupano, es ya
el hombre que dentro de su ministerio toma la resolución de una causa. P~p Diego Rivera, es el hombre-histórico, que forma parte de un grupo ~ef1nitivo; para Chávez Morado, constituye el redentor del esclavo, que sostiene
las figuras moribundas, ante las cuales se inclina su rostro conmovido con
incomparable gesto de ternura, mientras señala con la otra rn~o, la luz
blanca de la libertad. Best Maugard pintó un Hidalgo de ojos lummosos dentro de órbitas oscuras que delatan su decisión inconmovible. Para Orozco,
no es solamente el legislador que junto con Morelos sostiene la reforma agraria, sino

-a JosÉ Luis MARTÍNEZ, ver:

612

La Literatura Mexicana en el Siglo XIX.

"el visionario que con la mirada aguda y las pupilas sin tiempo, se perfila encima del grito delirante de los esclavos''.11

La política de los regímenes tiende a buscar la dignificación de la familia, de ahí la multiplicidad de grupos escultóricos y de "maternidades".
Aparece la novela de la Revolución, en la cual se narran simplemente los
hechos y con ello basta, porque la trama es tan abrasadora que la realidad
cumple todas las posibilidades imaginativas. En la danza folklórica el tipo
de la mujer mexicana, con amplias enaguas y pies desnudos irrumpe en los
escenarios o en la coreografía de masas, con temas sociales como en "Las
Coronelas", "Tierra", "Zapata".
El movimiento de la Revolución, de contenidos políticos y posiblemente
con razones sociales propicia un arte que no puede sostener por mucho tiempo sus niveles; no se deteriora, pero deviene en varias corrientes.
Si "el arte nacional revolucionario se gestaba en , el fondo mismo de
las dictaduras, en los movimientos populares y en los primeros inicios
de la búsqueda de lo nacional",

en nuestros días, hay nuevos horizontes abiertos a la esperanza y propicios
a la aventura.
"Cada generación da lo suyo por sensibilidad y espíritu de contradicción -espíritu de creació11r-; por juzgar la realidad con nuevas relaciones con el medio y sus problemas y por un entendimiento distinto
de lo que es la pintura. Algunos pintores aún se hallan como inhibidos
por el pasado inmediato; otros, por la novedad misma que imaginan es
novedad. El tema, grande o pequeño, tiene la dimen.sión del pintor,
que vale lo que vale su pintura".18

Concluimos, la influencia política es un factor presente en la mayor parte
de las expresiones artísticas, como nota particular dentro del ambiente social; ella es benéfica, decisiva o nefasta, pero muchas veces, su fuerza ideológica ha sido propicia. En los grandes mecenazgos históricos, el arte, el
volver por sus fueros logra un prestigio de primeros planos y deja a un lado
la consigna que lo protegió.
17

J usT1No FERNÁNDEZ, Arte Moderno y Contemporáneo de M éxico. Publicaciones
de la U.N.A.M. Ver, Renacimiento político y literatura.

ª

ÜARDozA Y ARAoÓN,

A~gentina, 1965.

México, pintura de hoy. Fondo de Cultura Económica. México-

613

�Los contenidos sociales ejercen a veces influencias definitivas· en una época;
en otras ocasiones solamente en un grupo de pueblos y, a veces, se limitan
a áreas más estrechas. Por ejemplo,
"hay en nuestros días un arte soviético definitívamente vinculado a su
razón social, no obstante su fuerza ideológica no ha ejercido ninguna
.
,.
d
t t. p ,, i9
influencia en las corrientes estetic as e nues ro iem o .

El factor político, dentro del fenómeno artístico, puede ser estudiado· sin
que el mismo intervenga para nada en la evaluación estética, sino solamente
como una presencia que puede o no estar en el modo de expresarse. Esta
finalidad es uno de los diversos objetivos de la sociología del arte, la cual es
'"el análisis de la participación social en la aparición de los estilos,
el estudio de las influencias que éstas ejercen en la sociedad Y lo que
2
puede hallarse de colectivo en un estilo". º

La conclusión se alarga un poco; empero no puede quedar en la frialdad
de un estudio, la problemática del fenómeno artístico de nuestro tiempo.
Intentar una interpretación de lo que acontece, puede ofrecer alguna luz
en el desconcierto de voces que inquieren y preguntan.
Claro está que no es una respuesta, sino una interpretación. ¿ Quién' osará
arriesgar una opinión definitiva sobre un tiempo movedizo? Un gran vaivén, como el de la marea, nos sobrecoge: rompe por un lado las fronteras
de los pueblos para llevar los conflictos a las zonas internacionales y, luego,
arremete con fuerza el espíritu.
Más allá de la rompiente de las olas, se encuentra el artista. Ha tomado,
sucesivamente, las posiciones más ridículas, en opinión de sus congéneres,
para ser escuchado. Acaso se le ha ocurrido protestar, gritar, zaherir, tomar
partido o lanzar proclamas, pero su lenguaje es hoy desconocido para la mayoría .de los hombres. Su voz se pierde con el estruendo de las máquinas
y su pluma se ha enajenado o se ha vendido al mejor postor. De todas suertes es un proscrito.

1

~s plásticos? No. :ero, ¿sabrá usted que es Cibernética? Tampoco, senor, pero. • • -a~"!esgará con timidez- sé algo del ruido que hacen
las alas de los pa1aros, de la claridad de la luz y del temblor callado
que delata el sufrimiento del hombre. . . Y la respuesta no se hará esperar: - ¡ Vaya usted a otra parte, con su fardo devaluado de tesoros"!

El artista se ha marchado silencioso y abrumado. Ellos los señores pod _
,
'
e
~º~·
La ciencia no lo ha conmovido,
la máquina
n~ le asombra, el descubruruento era demasiado concreto para su imaginac10~. Él podía manejar el misterio de la gracia y era dueño de poderes extranos para encontrar ocultas voces en las palabras; pero la sensibilidad no
contaba ya.
Fue ento~ces cuand.o empezó a labrar una nueva obra, a tejer los hilos
de su poes1a, . a combinar colores extravagantes y producir extraños ritmos
sonoros._ El diablo en un rincón, también reía. Entonces, el artista fue otra
vez dueno de su mundo esotérico y ha recobrado, hoy, su gran prestigio de
mago.
El diálogo se ha trocado:
·
'
ros_os de la berra
teman

"lQué expresa usted en ese cuad ro.~ ¿ Q ue' significan
·
esas figuras?
¿Es música ese ruido?"

El artista sonríe; el juego de la imaginación ha triunfado sobre el mundo
!uro que pretende ignorar la fantasía. Su lenguaje es cifrado y no pue:~ penetrar en él. Algunos suponen que solamente lo entienden los ini~1ª os; los au~ac~s, se aprovecha de esos instrumentos y los vanidosos alaan Y queman mc1enso.
la Nad!e ha develado el misterio, solamente el artista sabe hasta dónde es bury dond~ ha dejado caer el gran tesoro. El círculo se ha cerrado y la venganza esta cumplida. ¿ Dónde está el Arte;&gt;
Es tiempo de sombras.
·
"Adivinad, está en alguna parte, pero se ha ocultado, solamente el
talento podrá descubrirlo".

Se ha sometido, voluntariamente, al diálogo de su tiempo:
'&lt;¿Qué puede decirnos del comunismo? No tomo partido. ¿Conoce
la teoría de Einstein? }{o la entiendo. ¿Le conmueve la creación de
,, ARQUELES VELA,
"' LuCio MENDIETA

Fundamentos de Historia del Arte.
y NÚÑEz, Sociología del Arte. Revista del Instituto de Investiga-

ciones Sociales. U.N.A.M. Año XVIII, enero-abril de 1965.

6l4

615

�ÉPOCAS

PREHISPÁNICO

(X a 1520)

,

( 1520-1810)

EPOCA COLONIAL

A

1966)

CUADRO SINOPTICO

ALGUNAS DE SUS

b ) guerrero

a ) IMPERIALISTA

c) Impresionante

b ) Técnico

a) Grandioso

d)

c)

b)

a) Pirámides

MANIFESTACIONES

c) necrófilo

d ) Unión de Iglesia y Estado. Arte al servicio del
ci.alto y de la guerra.
e)

EXPRESIÓN ARTÍSTICA

d) religioso

e) Busca lograr un alarde
de fuerza.

Arcos, flechas, escudos,
penachos, etc.
Dioses de la guerra.
Huitzilopochtli.
Coatlicoe, diosa de la
muerte.
Danzas, esculturas de
Caballeros-Tigres,
Caballeros-Aguilas y
sacerdotes.
Consolidación de un lm•
perio de vastas propor•
ciones. ( Cantos, ritos,
templos, casas reales;
etc.)

la

a) Movimiento social para
obtener la independencia
ideológica.

a) Ideas políticas en transformación. Pugna de
partidos.

b ) La búsqueda por encontrar una fisonomía propia se detiene en la imitación de la cultura
francesa.

b) Literatura doctrinaria.
Inclinación para formar
una fisonomía propia.

a) Se debilitan o desaparecen las Bellas Artes y
aparece la literatura de
combate.

b) Didáctico

c) Edificios de carácter
neoclásico.
El movimiento de la literatura moderna en las
letras.

c) Las manifestaciones culturales al servicio de las
causas sociales.

a) Proclamas, actas, ensayos. Caricatura política.

b) Teatro misional.

a) Templo-fortaleza.
Sirve para la evangelización en la capilla abierta; el templo, para el
culto; y el interior para
guarecerse.

a) Establecimiento
paz pública.

c) Arte avasallador, poderoso. Revaloración de las
culturas antiguas.

Arquitectura, Pintura,
Escultura, Grabado y
Letras, con marcada influencia de los contenidos sociales.
a) Efervescencia constructiva, Aceleración del proceso d e maduración.

de

a) Cambio de ideas políticas. Búsqueda de la justicia social. Doctrina que
influye en los temas culturales.

c) Vasta riqueza artística.
Heterogeneidad. Arte civil con que protege las
expresiones de la belleza.

,

a ) Unión de las dos fuerzas a) Arte religioso y civil.
organizadoras del Virreynato: la Iglesia y el'
Estado

e) dominante

E INFLUENCIA SOCIAL

CARACTERÍSTICAS DEL ESTADO

Notas para el análisis de la influencia política en el fenómeno artístico.
Historia de la cultura mexicana.

ÉPOCA DE LA INDEPENDENCIA

( 1810-1857)

( 1857)

LA REFORMA

(1876-1910)

PORFIRIATO

1917

( 1810-1917)

REVOLUCIÓN

( DE

b ) Libertad, Paz pública.
Expresión abierta de
múltiples y heterogéneas
manifestaciones. ( Peligro
de un arte híbrido)

�BIBLIOGRAFÍA

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2. DEWEY JoaN, El arte como experiencia. México. Fondo de Cultura Económica.
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Sociología del Arte. México. U.N.A.M. Año XVIII, enero-abril de 1965.

\

LA ADMINISTRACION DE LA POL1TICA
EXTERIOR NORTEAMERICANA
DR.

RICHARD

A. JoHNsoN

Trinity University

¿PoR QUÉ ESTUDIAMOS LA administración de la política exterior norteamericana? En mi concepto hay dos motivos predominantes: Primero, porque en
el mundo bi-polar de hoy el papel de los Estados Unidos, y por eso la manera en que lo ejecuta, tiene un interés muy grande per se. Segundo, porque
la administración de su diplomacia se diferencia en muchos aspectos importantes de la de otros estados. Cuando no se reconocen esas diferencias administrativas, la política sustantiva queda incomprensible y muchas veces suscita
malentendimientos peligrosos. Por eso no voy a analizar la política sustantiva
de los &amp;tados Unidos sino a describir la maquinaria que la produce y ejecuta.
Históricamente la administración de la política exterior no interesó ni a los
norteamericanos ni a otros pueblos antes de la primera guerra mundial. Fue
monopolio aristocrático de un puñado de gente. En 1790, el personal del
Departamento de Estado, inclusive el Secretario Jefferson, consistía de ocho
empleados, más un traductor quien trabajaba medio día. Cuando estalló la
Guerra Civil, solamente :SO empleados trabajaban en el Departamento, y en
1914 su personal apenas pasó de 200, aunque subió hasta 44-0 durante la
primera guerra mundial. Hasta 1920, el Departamento de Estado ejerció un
monopolio casi completo sobre la administración de la política exterior porque .el asunto no estimuló ni el interés ni la envidia de otros burócratas.

Después de la primera guerra mundial, el envolvimiento creciente de los
Estados Unidos en las relaciones exteriores y el aumento enorme en su importancia internacional produjeron una expansión muy rápida del Departamento de Estado y la entrada de otros departamentos ejecutivos en el campo
diplomático. En 1938 el personal de ese Departamento casi llegó a mil personas; vino a ser cerca de 3,000 en 1943; y, en 194{), había subido hasta
7,623, sin incluir empleados del Servicio Exterior que trabajaban en el De618

619

�1

1

partamento. Así es evidente que en el período desde el estallido de la segunda guerra mundial la administración de la política exterior tenía que transformarse. Además surgieron o adquirieron importancia en ese período las
diferencias mayores entre la administración norteamericana de ese ramo y los
métodos de otros países.
Un factor primario fue, desde luego, el alcance de los compromisos internacionales es~dounidenses. Después de 1941, el país adquirió obligaciones
de una extensión verdaderamente mundial. Esa característica de su diplomacia ya impone sobre sus administradores la tarea ( poco envidiosa) de distinguir entre estados actual o potencialmente amistosos mientras persiguen el
interés nacional. Además, un sistema de compromisos mundiales no deja a
un administrador alternativas buenas o malas, blancas o negras. Tiene que
elegir entre varios grados de lo malo o entre varios matices de gris.
Cuando Indonesia pidió su independencia, por ejemplo, los Estados Unidos hubieran invocado su política antigua y honorable de promover la autodeterminación de los pueblos coloniales para justificar una decisión para ayudar a Indonesia. Pero los Estados Unidos estaban ligados íntimamente con
los Países Bajos y con otros poderes coloniales de Europa en la Nato y su
interés nacional y la del mundo libre, indicó claramente que el oeste de Europa
tenía que ser negado a las fuerzas agresivas soviéticas. No existía aquí una
alternativa clara, buena o fácil. Los funcionarios que eligieron el tratar de reconciliar a los dos contrincantes sobre la base de la autodeterminación de
Indonesia, no oyeron aplausos de los Países Bajos o de su adversario, pero
evitaron romper enlaces con ambos.
Otra diferencia importante proviene del carácter extraordinario del gobierno federal y sus elementos políticos constituyentes. En primer lugar, el.
gobierno federal, auque ejerce un poder inmenso y tiene la responsabilidad
constitucional de las relaciones exteriores, no tiene poderes ilimitados para
controlar los 50 estados de la federación ni mucho menos. Los estados, en
su tumo, tienen constituciones que reservan poderes importantes a los gobiernos locales. En oodos los niveles gubernamentales, además, existen divisiones de responsabilidades, balanzas entre los poderes ejecutivos, legislativos
y judiciales, y cada uno de esos poderes, en cada nivel, posee prerrogativas
que afectan directa o indirectamente la administración de la política exterior.
Un buen ejemplo reciente del poder ejercido por un funcionario local
se ve en 1a negativa del alcalde de Nueva York a ofrecer un banq1,1ete al
rey Feisal de la Arabia Saudita. De la misma manera, reglamentos municipales que establecen zonas y restricciones residenciales en las ciudades cerca de Washington, D. C., han complicado el problema de encontrar casas y
despachos por parte de diplomáticos de raza negra.
Algunos pocos de los 50 estados han demorado mucho la ejecución de la

620

integración escolar y de otras leyes federales para proteger los derechos civiles de los ciudadanos negros. El papel mundial de los Estados Unidos y
sus declaraciones repetidas en pro de los derechos civiles lo han expuesto a
mucha crítica a causa de las acciones de esos estados recalcitrantes, probablemente más de lo que merezca, porque sus críticos frecuentemente no entienden las dificultades de sus administradores ni la complejidad de su sistema
político.
Las políticas educacionales·de los 50 estados y sus dependencias determinan
lo que influye en los cerebros de sus ciudadanos. Ese acondicionamiento puede
ser liberal, es decir, hacia una interpretación amplia del interés nacional, o
puede inclinarse hacia un nacionalismo estrecho. Pero, generalmente, las actitudes de las autoridades locales son menos cosmopolitas que las de Washington. En cualquier caso, el punto que quisiera subrayar es que el gobierno
federal no tiene nada que ver con la educación básica de la ciudadanía.
Tiene que trabajar dentro del campo de decisiones que la mayoría del público apruebe, y está prohibido por el Congreso emplear fondos públicos para
montar programas de educación pública en relaciones internacionales.
Por uso y tradición, ayudado por su Secretario de Estado y otros oficiales
del Ejecutivo, el Presidente ha llegado a descargar la responsabilidad primaria para la formulación y ejecución de la política exterior. Pero el Congreso
retiene un control importante sobre la política básica y a veces sobre la política administrativa por medio del ejercicio de sus poderes de apropiar fondos, legislar e investigar y revisar los actos del Ejecutivo, y por el derecho
que tiene el Senado de aconsejar y de aprobar nombramientos y tratados.
Los tribunales federales, aunque no tienen un papel específico en la administración de la política exterior, ejercen a veces mucha influencia por su
derecho de revisar los actos del Congreso y del Ejecutivo. Los tribunales
también cambian y restringen las acciones de esos poderes porque interpretan y aplican en sus juicios los tratados, los cuales constituyen la ley suprema del país; porque enjuician extranjeros y porque introducen en sus
juicios tanto la ley internacional como municipal.

Así es claro que la administración de la diplomacia por el Ejecutivo tiene
que tomar en cuenta los prejuicios y pareceres congresionales y la probabilidad de una revisión subsecuente por el Congreso o los tribunales o ambos.
En muchos casos, hay que tener una autorización congresional previa para
empezar cualquiera acción, por ejemplo, para inaugurar un nuevo programa
de ayuda exterior. Además, todos los departamentos ejecutivos trabajan bajo
~I sistema de presupuestos anuales, y esto da al Congreso una arma fuerte y
lista para imponer su voluntad. En otros casos, los funcionarios tienen que administrar leyes adoptadas por el Congreso en oposición a sus consejos o aúñ
protestas y casi todas las leyes incorporan secciones poco al gusto de los ad621

/

�ministradores. Cito aquí, como ejemplo muy conocido, ·ras leyes de neutralidad que el Congreso impuso antes de la segunda guerra mundial.
Dentro del Ejecutivo, el problema de administrar la política exterior se
complica por la multiplicidad de departamentos e intereses que ya están enredados. A veces, además, ciudadanos -privados, funcionarios y aún departamentos, te mezclan en la política exterior sin autorización previa. El Coronel
House influyó mucho con el Presidente Wilson, por ejemplo; y 'el Secretario
de la Tesorería Morgenthau, aunque no tenía responsabilidad alguna formal
para planear la reconstrucción de Alemania después de la segunda guerra
mundial, preparó un plan que el Presidente Roosevelt adoptó en gran parte
y que ejerció una influencia enorme sobre la política de post-guerra inmediata hacia Alemania.
En 1949, unos 40 y tantos departamentos del ejecutivo federal tenían intereses importantes en la administración de la política exterior. Como el
brazo de la Presidencia encargado específicamente de la política exterior, el
Departamento de Estado ejerce una influencia mucho mayor que su tamaño
o presupuesto indicarían, pero ha perdido definitivamente el monopolio qu_e
gozó hasta la primera guerra mundial.
Al nivel más alto del esfuerzo coordinativo y en la formulación de los planes
básicos de acción política, el Departamento ya tiene que repartir su autoridad con el Consejo Nacional de Seguridad, el personal de la Casa Blanca,
el Buró del Presupuesto, la Oficina Central de Inteligencia, la Oficina de
Informaciones, la Oficina de Desarrollo' Internacional, la Oficina para el
Control de Armas y Desarme, el Cuerpo para la Paz, el Consejo de Asesores
Económicos, y tales consorcios del Presidente, funcionarios y particulares, que
gocen de oportunidades para expresarle a él sus puntos de vista sobre problemas internacionales.
El Secretario de Estado es un miembro del Consejo Nacional de Seguridad
que tiene la responsabilidad de coordinar la política básica global, con la
política de seguridad nacional; pero el Departamento de Defensa, sus departamentos constituyentes del Ejército, Marina y Fuerza Aérea, la Comisión
de Energía Atómica y la Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio,
tienen la responsabilidad primaria de formular y administrar la política de
seguridad nacional. Esa responsabilidad significa, desde luego, en esta época
de guerra fría, que consideraciones militares entran con mucho más frecuencia
y peso en decisiones políticas que en períodos más pacíficos.
Varios departamentos y oficinas comparten con el Departamento de Estado
la responsabilidad de la política económica. Los Departamentos de la Tesorería, Agricultura, Interior, y Comercio, el Banco de Exportaciones e Importaciones, la Comisión Aduanal, la Junta de Gobernadores del Sistema Federal de la Reserva Bancaria, las Comisiones Federales de Comunicaciones,

Electricidad, Asuntos Marítimos y Comercio, y la Oficina Federal de Aviación: todos ejercen influencia importante sobre la política exterior en sus
áreas de especialización.
Cuatro departamentos comparten con el Departamento de Estado la responsabilidad por la política social; los de Trabajo, Salubridad, Educación y
Bienestar, Justicia y Correos. No tenemos espacio para enumerar otras dependencias del ejecutivo que tienen menos, pero todavía sustanciales responsabilidades en áreas muy especializadas; pero cualquier lista incluiría al Gobierno
de la Zona del Canal de Panamá, la Comisión para Controlar las Bolsas y
Emisiones de Acciones y Bonos, la Institución Smithsoniana y, por lo menos,
una veintena de otros departamentos, juntas, comisiones y comités. La tercera y final diferencia importante en la administración de la diplomacia estadounidense surge de la heterogeneidad del país y de su pueblo. Los varios y
muchos intereses opuestos que existen entre las regiones y localidades complican sustancialmente las decisiones políticas, económicas y sociales de los
administradores federales: Por ejemplo, si los oficiales que administran el
programa de importaciones del azúcar quisieran aumentar los cupos de ciertas
naciones exportadoras, probablemente no podrían hacerlo, porque el Congreso, consciente de los intereses regionales de los productores de caña dulce y
de la remolacha, no podría autorizar tal acción.
La heterogeneidad de la población ejerce aún más influencia sobre la diplomacia norteamericana. Todas las gr&lt;l:Ildes fuentes demográficas, raciales y
nacionales, de Europa, contribuyeron generosamente a esa población y recibió fuertes contingentes africanos, mexicanos, puertorriqueños y canadienses.
En ciertos estados y ciudades, minorías sustanciales de antecedentes japoneses,
filipinos, kore~os y chinos, contribuyeron también a la mezcla sorprendente que llamamos el pueblo norteamericano. Claro que ahora no sería
correcto considerar a ese pueblo como anglo-sajón, porque tiene elémentos
demasiado grandes de antecedentes eslavos, latinos, judaicos, negros, indios
y orientales. La pr~dominancia anglo-sajona que existía en las 13 colonias
inglesas nunca fue completa y ya es muy atenuada.
Desde luego tal mezcla de contribuciones étnicas y nacionales también
implica una diversidad enorme, en las actitudes y las perspectivas religiosas,
filosóficas, ideológicas, sociales, morales e internacionales. Aunque el país
es predominantemente cristiano, por ejemplo, tiene muchos ciudadanos que
no declaran ninguna fe, y el elemento cristiano está fraccionado entre una
mayoría protestante de docenas de sectas, unos pocos feligreses griego-ortodoxos y una minoría católica muy grande. 6,000,000 de norteamericanos profesan la fe judaica y las grandes religiones del Cercano y Lejano Oriente,
islam, budismo e hinduísmo, reúnen contingentes modestos de creyentes.
No es necesario ilustrar en detalle las dificultades que esa heterogeneidad

622

623

,

�demográfica crea para los administradores de la política exterior. La atracción
de los orígenes nacionales y étnicos de esos elementos diversos ha dejado una
huella profunda en la historia diplomática. El sentimiento contra Inglaterra
que existía entre los Irlandeses, el amor por la madre patria que sentían los
ascendientes de los colonos ingleses y las actitudes pro-Israel de los Zionistas,
ilustran las influencias ajenas a veces al interés nacional que surgen de esas
atracciones a otras naciones. Recientemente, el sentimiento racial entre ciudadanos de ascendencia negra ha condicionado la política norteamericana
hacia los nuevos estados africanos y hacia los pocos enclaves de supremacía
blanca en Africa. Al fin del siglo pasado, muchos ciudadanos blancos, en
cambio, sintieron el peso del llamado "fardo de las responsabilidades de la
raza blanca".
Para sumar, la administración de la diplomacia estadounidense, aunque
tiene por su meta oficial la promoción y protección del interés nacional liberalmente interpretado, se desvía frecuentemente y se tergiversa a veces por
corrientes y mareas de una fuerza y diversidad enorme. El alcance de vista
global de los compromisos, el carácter del gobierno y la heterogeneidad rara
del país y del pueblo se combinan a complicar extraordinariamente la administración de su diplomacia y a darle un carácter singular. Un entendimiento
de esas complicaciones es esencial entonces para comprender su política
sustantiva y su historia. Esto no quiere decir que el entendimiento traiga
aprobación, pero por lo menos prevendrá la condenación basada en las premisas falsas.
Espero que mi trabajo haya contribuido en una manera modesta para mejorar la comprensión de un proceso que tan frecuentemente se me ha frustrado. Tal comprensión la considero esencial para el crecimiento continuo de
la amistad ya impresionante que existe entre nuestras dos grandes naciones.
¡ Que crezca esa amistad! ¡ Que florezca nuestro ente~dimiento mutuo!

624

EL HUMANISMO DE LAS CASAS
PROF. ANTONIO POMPA

y

POMPA

Instituto Nacional de Antropología e Historia

México, D. F.
La persona y su personalidad.-Su ambiente y circunstancia.-La encomienda (El
Repartimiento) .-Los fundamentos de su humanismo.-Su doctrina le lleva a la
defensa de los derechos del hombre.-Polémico, polémica.-Los corolarios de la
política lascasiana.-Las leyes nuevas.

FRAY BARTOLOMÉ ES PERSONA insenescente que con su dinámica provocó discusiones y reacciones así como transformaciones entre los hombres de su tiempo,
cuando su vivencia en las Indias planteó cuestiones y tesis de auténtico humanismo, que a pesar del tiempo, sigue enhiesto en la figura y en la doctrina
defensora de los indios. En nuestro momento, en nuestra circunstancia, el
espíritu de Fray Bartolomé sigue sosteniendo con vigor y doctrina las tesis rigurosamente humanísticas que defendió en pleno siglo XVI.
El padre Las Casas es polemista y es polémica, y es polémico, así lo preconizan sus nueve tratados y todos sus escritos; recuérdese su Tratado tercero, aquel que consigna la controversia con el doctor Juan Ginés de Sepúlveda, alatere del Emperador, quien sostuvo que las conquistas e invasiones en las Indias eran licitas en Derecho, contra la opinión de Las Casas,
quien sostuvo ser tiránicas e inicuas. Las Casas se convierte en polémica y es
polémico desde el siglo XVI, y así actúa en su devenir y con quien pretenda
o conculque el derecho de gentes. Recuérdense las discrepancias de criterio
con el padre Motolinía que algunos más por ignorancia que argucia tratan
de justificar una tesis negativa, éstos ni han leído la Historia Eclesiástica Indiana, ni los Memoriales de Fray Toribio, en que habla desconsoladoramente
de las persecuciones y plagas en la Nueva España, como lo pudo hacer Las
Casas, sólo que Benavente discrepó acerca de los medios de salvación de los
indígenas vejados, provocando esto, queriendo o sin querer, una leyenda ne-

625
•H-4-0

�/

gra que a manera de columna de humo ha envuelto a Fray Bartolomé Y
le ha entregado pardo ante las especulaciones de la historia. En pleno siglo
XX, en nuestros días, al estudiar el erudito don Ramón Menéndez Pidal la
doble personalidad del padre Las Casas, está manifestando a ojos vistas que
vive, y vive como tema polémico dentro de la dinámica histórica de España
en las Indias.
La recia personalidad del padre Las Casas, jurista y teólogo, abarca ampliamente el ámbito de la historia de la invasión y protocolonización de
Mesoamérica como Protector de los indios, decidido, enérgico, sin tregua ni
reposo como un poseso, hasta no satisfacer la noble defensa de la causa cuyos
derechos son la- dignidad del indígena de América, en una palabra, de los
Derechos del hombre.
La personalidad del padre Las Casas tiene muchos ángulos, es múltiple en
su tiempo, en su medio, en su circunstancia. Es la revancha de la nobleza de
espíritu, española, ante fo. negación al respeto de la dignidad humana, y esto
en el vértice de medievalismo y renacentismo, en la estrujante y violenta
mentalidad aún viva de la Reconquista, y de la Conquista, he allí su circunstancia.
España, patria de Las Casas, ha sido una nación con sentido de libertad.
Esto que para muchos no pasa de ser una paradoja, es para nosotros _u~a ~ealidad de España, si por libertad entendemos el deber, el honor y la dtsc1plina;
más si la confusión y el libertinaje fuesen las bases de la verdadera libertad,
nunca los hombres hubiesen salido de su estado primitivo, y en vez de sociedades civilizadas, se agruparían en glebas de esclavos con ineludible acceso
a un grado infrahumano; el definitivo y eterno progreso de los pueblos se
funda precisamente en su libertad; pues, ser libre quiere decir, ser dueño
de sus propios actos para elegir y practicar el bien; o para elegir Y practicar
el mal, somos libres; pero en el caso primero, libertad es sinónimo de perfección, entidad, progreso, mejoramiento; más el segundo, es igual a imperfección, retroceso, aniquilamiento.
Esta libertad de progresar en la línea del bien que es la verdadera fase
y el verdadero sentido de la palabra libertad, fue el prisma por donde el
sano espíritu español se reflejó en los diversos grupos humanos de Indoamérica, aunque repetidas veces antójase que la maldad de los hombres la
hicieron paradoja.
El espíritu medieval-renacentista, aventurero y conquistador, brutal de soldadesca, ávido de apetitos, es también pacífico y humano en algunos misioneros, quienes imprimieron en los pueblos invadidos una semejanza suya Y
de la auténtica España, con el énfasis reciente de la Reconquista al mundo
musulmán, y esto sólo demuestra las esencias del alma española que es Quijote y Sancho, temperamento moral y amoral histórico, cuya tendencia más

626

espec'rlica es ía independencia, la libertad con degeneración asáz del libertinaje; pero también el señorío con que se les define por propios y extraños.
Corrientes encontradas, paradojas continuas, eso forma y constituye el ethos
de España. Y ese español salido del medievo en brote de renacimiento, fogueado en la Reconquista de la España invadida por los moros y mestiza de
moro que le vuelve mudejar va a las tierras nuevas que hallara Colón y donde
éste implantara las primeras encomiendas de hombres.
El uso del término "encomienda" con el sentido que siguió al organismo
del repartimiento antiguo, fue de Nicolás de Ovando, comendador de Calatrava, institución, la encomienda, que modificó el concepto de la española,
pues además de los objetivos políticos y económicos se agregó a ésta el reliligioso, lo que para algunos teólogos justificaba su establecimiento, pues si
una Bula, de Alejandro VI, concedía a España territorios, era para adiestrarlos en la fe y Religión, sólo que esta Institución, la encomienda, cayó
en manos de truhanes y soldadones aventureros y pocas gentes de razón,
y fue tal el cambio de la institución que de "comendador" se hizo "encomendero".
Viene a cuento aquí el Requerimiento de Juan López de Palacios Rubios
(Juan López de Vivar), jurisconsulto y teólogo, acerca de la Tierra firme,
escrito cuando se llevó al cabo la expedición de Pedrarias Dávila y que actualizó la discusión entre su teoría y la tomista. El Cardenal Cayetano, Fray
Antón de Montesinos, Fray Pedro de Córdoba, Fray Bartolomé de las Casas,
Fray Domingo de Soto, Fray Francisco de Vitoria, Fray Domingo Bañes y
el sacerdote Francisco Suárez, fueron los más notables contradictores del
Requerimiento durante el siglo XVI.
Si tuviéramos que expresar con una sola palabra, con una sola frase la reacción de los españoles cronistas y relatores ante la naturaleza americana,
sólo podríamos decir que :;intieron asombro, pasmo, incredulidad ante lo
que sus ojos contemplaron, tierras tropicales, islas exhuberantes de clima cálido y vegetación profusa, y seres humanos como los ojos no habían visto según el decir del propio Cristóbal Colón.
Don Francisco de las Casas, padre de Bartolomé, acompañante en el segundo viaje de la empresa marina de Colón, llegó a la Española, y por sus
servicios se vio obligada la Corona a darle una encomienda, esa institución
puesta ya en práctica en las Antillas, allí donde los perfiles jurídicos de la
institución dieron principio a esta etapa en América y cuya experiencia influyó en el desarrollo posterior de la encomienda en el Continente.
Cabe decir que el padre Las Casas es un historiador de la encomienda,
como actor, por herencia de su padre, y como quien tendió después a luchar por la desaparición de esa institución que por el abuso y la voracidad

627

�de los encomenderos se trocó en organismo negativo para los indígenas de
América.
Cuando la institución que el padre Las Casas había vivido y criticado en
las Antillas pasó al Continente, por uno de sus trasmisores que fue Hernán
Cortés, el Defensor de los indios luchó ante la junta reunida en Valladolid
en 1542 presentando los "Remedios" para este mal social y político en que
se había convertido la encomienda; más, cabe ahora preguntar: ¿cómo el
padre Las Casas combate la encomienda si él mismo antes de ser sacerdote
dominico, cuando sólo era licenciadQ en derecho, regenteaba la encomienda
heredada de su padre, y según él da a entender, le producía emolumentos
más que satisfactorios? Su contacto con los dominicos llegados a las tierras nuevas le transforman en adversario de la institución de la encomienda, y en
protector decidido de los indígenas que primero en repartimiento y después
en encomienda, habían puesto en manos de los invasores de las tierras de
América. Sus bases jurídicas, pues era abogado, y la savia teológica que iba
adquiriendo en su vida eclesiástica, modificaron sus estructuras y le llevaron a una concepción distinta dentro del derecho y de la teología; sus múltiples tratados, sus nueve Tratados, tienden notablemente a la liberación de
los esclavos, y es tal su lucha, desesperada a veces, que lo revela en su estudio
acerca de la Destrucción de las Indias y no sólo lo hace ante las autoridades
de la Corona, sino que ésta constante la aplica en sus A visos y R eglas para
los Confesores y la pone entre las V einte Razones para el remedio de los
males que ocasiona la encomienda y más que todo en el Tratado en el que
pide y justifica la necesidad de la pronta libertad de los indios, y así lo vemos
en el corolario de su petición al Rey, o en el de su petición a los Obispos,
o en el que hace a los religiosos dominicos, agustinos y franciscanos; su monumental estudio con treinta proposiciones muy jurídicas que sitúan dentro
de la doctrina de la Iglesia católica la situación de los infieles y por ende
la situación de los habitantes de las Indias occidentales, ante los reinos de
Castilla y León, y después la disputa con el doctor Juan Ginés de Sepúlveda sobre las conquistas de las Indias, que Ginés sostenía ser lícitas y Las
Casas tiránicas, injustas e inicuas; polémica que se verificó y disputó en
presencia de letrados, teólogos, juristas, en una congregación que suscitó el
Emperador. Su monumental Apologética-Historia y toda esa selva de escritos lascasianos, nos está diciendo, nos está indicando, qué es lo que mueve
a su autor en esa lucha desesperada y desesperante por la defensa de los
grupos humanos de las Indias, invadidos, vejados, vilipendiados por los conquistadores.
La Apologética, a notable diferencia respecto a la Historia - nos dice Edmundo O'Gorman- , _no fue concebida como una obra independiente que
respondiera a propósitos bien definidos desde un principio; por lo contrario,

628

se gestó en un largo proceso de titubeos y atisbos que se desarrolló dentro
del texto de la Historía, y que sólo cobró independencia cuando Las Casas
l?g~ó advertir ~ue las vacilaciones digresivas en que se había empeñado constltman en realidad, la materia de un extenso tratado digno de formar una
obra separada de gran envergadura. Fue entonces, en efecto, cuando comprendió que le había salido al paso la oportunidad de organizar de una manera sistemática su contención favorita o sea, la de que los indios gozaban
de ~l~nitud de entendimiento, el supuesto básico en sus tratados polémicos
Y m1S1oneros, ,en_ sus proyectos y peticiones de reforma y pacificación y en
sus debates publicos entre los cuales destacaba vivamente el recuerdo reciente del que había sostenido con el más famoso de sus adversarios Juan Ginés
de Sepúlveda. Se trataba por lo tanto -asevera O'Gonnan- 'de la mayor
oportunidad que le era dable en el orden de sus afanes, y no ~uede sorprender que, cuando se le presentó, se haya decidido a abandonar, o por lo menos a suspender, la Historia, para entregarse de lleno con su fervor característico al aprovechamiento de aquella oportunidad y cuasi revelación. Desglosó de la Historia cuanto había escrito al respecto como digresión dentro
de ella; hizo los ajustes necesarios para utilizarlo como parte del nuevo libro,
Y echando mano de las fuentes de información que estaban a su alcance y
de su extensa erudición clásica, acabó por organizar y redactar la mo~umental obra que hoy conocemos como la Apologética.
De lo anterior se habrá advertido cuál es la índole principal de esa obra.
Se trata, según ya lo indica su título, de una "historia", pero a diferencia de
1~ ?tr~ cuyo ~rácter polémico acabamos de subrayar, es una historia "apologeti~a , es decir, un relato consagrado a poner de relieve y exaltar las excelenci~ ~e los habitantes naturales del Nuevo Mundo; pero no como simple
~anegm~o a base de un inventario de elogios, sino como un alegato científico des~ado a demostrar que esos hombres gozaban, no por accidente, sino
por -~ecesidad, no sólo los de más alto nivel civilizado, sino todos sin excepcion, de plena capacidad de entendimiento para gobernarse por sí mismos. La otra gran diferencia, pues, entre esta historia apologética y la de
las Indias, estriba en que ahora la defensa del indio se emprende de un
modo dir:cto demostrativo, dentro de un sentido antropológico y por ello
la obra nene un carácter teórico que excluyó de su texto las diatribas de.
'
n~ncias Y acusaciones que tanto abundan en la obra y en lo más de los escritos lascasianos.
Su corriente humanistica, no a la manera del humanismo del Renacimiento, que se ocupa del estudio de las lenguas y de las literaturas de la antigüedad, sino de ese humanismo que brota de la escuela Aquinatense de la Suma
T.eoI'ogica
. en sus Tratados de la Creación Corpórea, de la Ley, de
' la Prudencia, de la Justicia; de ese humanismo integral que posteriormente preconiza

629

�Jacques Maritáin; de ese humanismo cuyas profundas raíces encontramos en
Aristóteles y cristianiza Tomás de Aquino, y que se vuelve un movimiento
filosófico que tiene como fundamento la naturaleza humana y por límite los
intereses del hombre, quizás en el laicato, fundado en el viejo apotegma de
Protágoras, de que el hombre es la medida de las cosas, y que muchos, entre
ellos Friedrich von Schiller enfoca en su estudio del humanismo y Jean Paul
Sartre califica dentro de su escuela existencialista como humanismo, y los
exegetas de Karl Marx, Juan David García Bacca y Rodolfo Mondolfo preconizan como humanismo las raíces del materialismo histórico; sólo que el
humanismo de Las Casas es de raíz medieval, de la Suma Teológica que preconiza el Jus divinum, quod est ex gratia non tollit Jus humanum quod est
ex naturali ratione (Div. Thomas, 2. 2, 2. 10, a 10).
Las Casas, tomista por su estructura dominicana, acepta el origen de la
creación cotpórea por la primera Causa, tal como la preconiza el Génesis, Y
la acepta como artículo de fe, es decir, con el asentimiento de la voluntad,
pues según San Agustín, creer es pensar con asentimiento; y pensar no es otra
cosa, sino discurrir e investigar por medio de la razón e iluminada por el
Espíritu Santo; y el hombre, creación cotpórea, es hijo de Dios, y con San
Pablo no importa que sea hebreo, romano o de cualesquiera otro grupo, sino
que es hijo de Dios. Igualdad preconizada desde el Génesis.
Respecto al Tratado de la Ley que hace suyo Fray Bartolomé, lo bebió
en Santo Tomás, en cuanto a lo que es la esencia, las clases de leyes, sus efectos, lo que es la ley natural y la ley humana, así como las mutaciones de
ésta, pero bajo el concepto de ser el movimiento de la creatura racional hacia Dios, y en el amor de los unos a los otros, el amaos los unos a los otros,
evangélico, la regulación de las acciones humanas.
Para el padre Las Casas el orden y plan del Tratado de la Justicia, es tal
y como lo preconiza Santo Tomás, viene impuesto por Aristóteles en su
Etica Nicómaca, cuando examina por inducción la noción de justicia y su
negación que sintetiza en esta sentencia: lustitia est rectitudo ani@i propter
se servata.
Y sobre la Prudencia, la entiende Las Casas dentro del espíritu del Aquinatense, como él la emplaza en sus Tratados: De Veritate; De Regimine
principum; La Suma Contra Gentiles y la Suma Teológica, como una virtud
que reside en la voluntad y en el entendimiento.
Y así, de esta manera Fray Bartolomé de las Casas, pertrechado con esta
doctrina humanística se lanza como don Quijote a romper lanzas y a desfacer entuertos en defensa de unos pueblos a quienes les han sido conculcados sus derechos, a quienes se les ha privado de la libertad y se les ha entregado en repartimiento o encomiendas a sus enemigos.
Toda la fiereza de conquistador, del guerrero fogueado en la escuela de la

630

Reconquista, ávido de honor, lujuria y riquezas, con el temperamento peninsul~r, se ha vaciad~ por las viejas columnas de Hércules, del gran crisol grecolatmo, al gran cnsol mesoamericano, para crear una nueva expresión, un
nuevo hombre que no sería ni europeo ni americano sino universal y al lado
,
'
'
de este
vendría la contrapartida española, la expresión de la nobleza de espíritu, española, que no ha querido entender don Ramón Menéndez Pidal
la de la revancha de la justicia, del derecho apasionadamente también e~
.
'
agr~1~0 contraste, muy particularmente representada por los dominicos;
¿ QU1en no recuerda los sermones del padre Antón de Montesinos, o las tremendas acusaciones y defensas de Fray Bartolomé?
Se ha dicho en repetidas ocasiones como lo ha expresado José M. Chacón
Y Calvo, que la Teología es la clave de la historia de España. En el proceso
d;e _la conquista y civilización de América no hay duda de que una idea teologica Y una concepción ética explican lo que hay de valor permanente en
ese gr~n capítulo de la historia de la humanidad. El mismo Chacón y Calvo
despues de ponderar la valentía del padre Antón de Montesinos en sus célebre,s sermo~es, y la posterior y dramática entrevista entre Diego Colón y
&lt;lemas autoridades con el padre Pedro de Córdoba y restantes dominicos de
la Española, se atreve a escribir:
"en aquellos momentos solemnes, en la humilde residencia de unos
obscuros frailes surgía un derecho nuevo. Un derecho de profunda raíz
teológica" El Derecho de gentes.

~ Es~ e~, la ra~ y la razón que movieron a Las Casas, que a los cuarenta
anos smtio apasionada vocación en la Isla de Cuba -nos dice Ramón Menénd~, Pi~al:-: entregó su vehemente espíritu ansioso de justicia, a una preocupac1on 1und1ca, la del indio despojado de su dominio libre y selvático
sob;e el exuberante Mundo Nuevo y, al dar libertad a los indios que él
t~ma en~omendados, se sintió investido de una grandeza moral, según él dec'.a, eqwparada por las gentes -a la santidad. Dios le había dotado de un
"mcreíble conato", Dios le había elegido para salvar las Indias devolviendo
a los señores indios la soberanía usuipada o coartada.
'
Y dentro de este espíritu, dentro de esta doctrina humanística, que reconoce ese gran misterio que reside en cada uno de nosotros, según lo afirma
Jacq~es Maritáin, tiene como base y fundamento la dignidad de la persona
humana, como lo preconiza la filosofía de la edad media estructurada en las
proposiciones evangélicas; en consecuencia, este humanismo se basa en una
co~cepción teológica del hombre y estudia el camino que éste ha de recorrer
b~Jo un :once~to trascendental de hijo de Dios. Ya no hay roman~ ni judio, espanol m maya, chamula ni lacandón, sino todos hijos de Dios, debe

631

�haber sido una premisa de Fray Bartolomé de Las Casas para luchar denocl,adamente, oportuna e importunamente por la justicia, dentro de la ley, prudente e imprudentemente, como lo propone San Pablo, para lograr el reconocimiento de los derechos del hombre por la Corona española, conculcados
por los hombres de mala levadura que detentaban la institución de la encomienda, haciendo negativo el precepto humano y por ende humanista de
la dignidad de la persona.
Por ello Las Casas suscita la polémica y su rectitud dinámica de poseso,
de místico, le lleva a la discusión incansable. Posee su verdad y la defiende
heroicamente por ser la verdad, y esta postura le vuelve polémico hasta
nuestros días.
Fray Bartolomé de las Casas, hombre del pasado, es hombre del presente
y será hombre del futuro por la doctrina perenne que preconiza, su Humanismo.

BIBLIOGRAFÍA

l. ALONSO, MARTÍN, Enciclopedia del Idioma. Madrid, 1958. Humanismo. Su Doctrina de los humanistas del Renacimiento que se han ocupado del estudio de las
lenguas y literaturas antiguas 11 2 Fil. Culto de la Humanidad 113 Fil. Doctrina
pragmatista contemporánea debida a Schiller, profesor de Oxford, según la cual
todo conocimiento humano está subordinado a la naturaleza humana, y a sus necesidades fundamentales, restaurando así, hasta cierto punto, el principio de · Protágoras, de que el "hombre es la Medida de las cosas".
2. AQUINO, ToMÁs DE, Suma Teol6gica. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid.
Cfr. Tomo 111. Tratado de la Creación Corpórea
,,
VI. Tratado de la Ley
,, VIII. Tratado de la Prudencia
"
Tratado de la Justicia.
3. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, Del único modo de atraer a todos los pueblos
a la verdadera Religión, Fondo de Cultura Económica. México, 1942.

4. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, Historia de las Indias, Vols. I, 11 y 111. M. Aguilar,
Madrid, s/f.
Vol. 11. Trata del Repartimiento de las Indias, que llamaron después Encomienda,
que han destruido las Indias. Encomienda que los españoles tomaban tan sólo
para servirse de ellas y aprovecharlas.
Vol. 111. Contiene la Instrucción que llevaron los frailes Hieronianos acerca de lo
que debían hacer para la libertad de los Indios.
5. CASAS, BARTOLOMÉ DE LAS, ( lo.) Tratados. Brevísima Relación de la destrucción
de las Indias. Argumento: Todas las cosas acaecidas en las Indias desde su maravilloso descubrimiento, proceso con sus hazañas. . . entre éstas las matanzas y estragos de gentes inocentes y despoblación de pueblos, provincias y reinos... y todas las
otras de no menor espanto.

632

6. CAsAs, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (2o.) Tratados. Fragmentos de un relato que consigna los horrores hechos con los indios, a lo que pide se ponga remedio.
7. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (3o.) Tratados. Contiene la disputa o controversia
entre el Obispo Las Casas y el Dr. Ginés de Sepúlveda, cronista del Emperador,
sobre las conquistas de las Indias que Ginés decía ser lícitas y las Casas no, sino
tiránicas, injustas e inicuas, la cual se ventiló y disputó en presencia de letrados,
teólogos, juristas en una Congregación que mandó su Majestad juntar en 1550.
12 Objeciones de Sepúlveda. Replica de Las Casas.
8. CAsAs, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (4o.) Tratados. Treinta proposiciones muy jurídicas que sitúan dentro de la doctrina de la Iglesia católica la situación de los
infieles y por ende la situación de las Indias occidentales ante los reinos de Castilla
y León.
9. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (So:) Tratados. Fr. Bartolomé por Comisión del
Consejo Real de las Indias compuso este tratado sobre la materia de los indios que
han hecho esclavos, con razones de autoridades, y jurídicas.
Pide y justifica la libertad de los indios.
Cfr. p. 595, Corolario lo. Rey
,, ,, 605,
,,
2o. Obispos
,, ,, 635,
,,
3o. Relig. Dominicos, Agust., Franciscanos.
10. CAsAs, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (60.) Tratados. Entre los remedios que propone
po_r mandato del Emperador para la reformación de las Indias, en que se dan
vemte razones por las que prueba no deberse dar los indios a los españoles en encomienda ni en feudo ni en vasallaje ni de otra manera alguna si Su Majestad quiere
libertar de la tiranía y perdición a los indios.
11. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (7o.) Tratados. Aquí se contienen unos avisos y
reglas para los confesores que oyen confesiones de los españoles que son o han
sido en cargo a los indios de las Indias del Mar Océano, Colegidos por el Obispo
de Chiapa don..., de la orden de Santo Domingo.
12. CASAS, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (80.) Tratados. Comprobatorio del imperio soberano y principado universal que los reyes de Castilla y León tienen sobre las Indias,
compuesto por el obispo don..., de la Orden de Santo Domingo, 1552.
13. CAsAs, FR. BARTOLOMÉ DE LAS, (9o.) Tratados. Algunos principios que deben servir de punto de partida en la controversia destinada a poner de manifiesto y defender la justicia de los indios, /colegiados por el obispo.. .
14. CARRO, O.P. DR. P. VENANCIO D., La Teología y los Teólogos Juristas españoles ante
la Conquista de América. Vols. I y II. Escuela de Estudios Hispanoamericanos de
la Univ. de Sevilla. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1944.
(Indispensable la consulta de los dos volúmenes particularmente el II Vol.).
15. CANGAS, lvEs, Humanismo Cristiano y Eficacia Temporal. Ediciones Humanismo,
Buenos Aires, 1959.
16. DÁVILA, VICENTE, Encomiendas. Caracas, Tipografía americana, 1927-30. V. 1 y 2.
17 • DEMPF, AL01s, Metafísica de la Edad Media. Biblioteca Hispánica de Filosofía,
Editorial Gredos, Madrid, 195 7.
18. GARCÍA BACCA, JUAN DAVID, Humanismo te6rico, práctico y positivo según Marx.
Fondo de Cultura Económica, México, Buenos Aires, 1965.
19. GoNZÁLEz CALZADA, MANUEL, Las Casas, el Procurador de las Indias. Obra premiada en el Certamen Cultural de la Cooperativa Talleres Gráficos de la Nación,
México, 1948.
20. lliNKE, LEWis, La lucha por .za justicia en la Conquista de América. Editorial
Sudamericana, Buenos Aires, 1949.

633

�21. MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN, El Padre Las Casas. Su doble personalidad. Espasa
Calpe, S. A., Madrid, 1963. Cap. l. El Clérigo Las Casas, colonizador, 1502-1523.
Las Casas encomendero. Las casas defensor de la Encomienda. Algunos párrafos
finales de este capítulo.
22. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas. .. Cap. 11. Las Casas escritor. Dos
tendencias conjuntas: Apología y acusación. La Encomienda, clave de la actitud
lascasiana. La segunda vocación de las Casas; nueva misión acusadora. Las Casas
extrema en oposición a la Encomienda.
23. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas ... Cap. III. "La Destrucción de las
Indias" por los Conquistadores y encomenderos. ( 10) El Título jurídico sobre el
Nuevo Mundo, Bula de Alejandro VI. Los 16 remedios de la "Destrucción" 15411542. Las Casas profetiza la destrucción de España. Vitoria disconforme con Las
Casas. Ocho títulos de justo dominio en Indias. El Imperio, según Vitoria y
según Las Casas. Vitoria y las Casas sobre la guerra del Perú.
24. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas. .. Cap. IV. Carlos V reajusta su
título de dominio en Indias (hacia 1541) ¿Influjo de Vitoria? Las Casas y Vitoria
ante Carlos V. ¿Son lascasianas las Leyes nuevas?
25. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas... Cap. V. Las Casas y Ginés de
Sepídveda. Todo el capítulo es interesante. Esclavitud. Sacrificios humanos. "Apologética historia". Cf. a la vez O'Gonnan, Edmundo. "La Apologética Historia''
Universidad de México. Junio, 1966.
26. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas.. . Cap. VI. Las Casas, Motolinía y
Carranza. l. Motolinía frente a Las Casas. "Historia de las Indias". El indio en la
realidad, según Motolonía. Alegato franciscano. El mal trato de los indios, iregún
Motolinía. Utopía franciscana, político religiosa. Carta de Motolinía al Emperador,
1555. Justificación del Imperio. Motolinía condena a Las Casas.
27. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas . .. Cap. VII. Las Postrimerías.
Ocultación de "La Historia de las Indias". Los últimos escritos de Las Casas.
28. MENÉNDEZ PmAL, RAMÓN, El Padre Las Casas. .. Cap. VIII. Ideario Medieval de
Las Casas.
29. MARITAJN, JACQUEs, Los derechos del Hombre y la Ley Natural. Editorial "Dédalo",
Buenos Aires, 1961.
30. MARrTAJN, JACQUES, Humanisme intégral. Problemes temporels et spirituels d' une
nouvelle chrétienté, Nouvelle édition. Fernand Aubier. Editions Montaigue, 13
quai de conti, París.
31. MoNDOLFo, RoooLFO, El Humanismo de Marx. Fondo de Cultura Económica,
México, Buenos Aires, 1964.
32. N1coL, EDUARDO, La Vocación Humana. El Colegio de México, México, 1953.
33. PFEIL, fuNs, El Humanismo ateo de la actualidad. Ediciones F A X., Madrid, 1962.
34. ZAVALA, SILvro, La encomienda indiana. Madrid, Imprenta Helénica, 1935. A la
cabeza del título; Junta para amplificación de estudios e investigaciones científicas.
Centro de Estudios Históricos. Sección Hispanoamericana, 11.

ASPECTOS DEL LIBRE COMERCIO Y PROTECCIONISMO
EN LA ECONOMÍA ESPAAOLA. 1800- 1850
DR. RoBERT S. SMITII
Duke University

I
EL CONCEPTO MODERNO DE industrialización como prerrequisito del desarrollo
económico en áreas atrasadas, tiene incontables antecedentes históricos. Podría demostrarse, por ejemplo, que la cuestión de las tarifas para estimular
la "sustitución de importación" se debatió ampliamente, antes de que el término técnico llegara a convertirse en una expresión de lugar común. Una de
las más vivas controversias acerca del papel de la industria en el desarrollo
nacional tuvo lugar en España hace cerca de un siglo. En la mayoría de
las veces la demanda para la protección corrió parejas con una fuerte subjeción de liberalismo económico.
La economía de Adam Smith y otros economistas "clásicos" llegaron a
España tan prontamente como las nuevas ideas se diseminaron en cualquier
país de no habla inglesa. Naturahnente, resultaría imposible ,citar al primer
español que hubo de leer la Riqueza de las Naciones, ya sea en inglés o en
alguna de las numerosas traducciones francesas. Está claro que Cohneiro fue
mal interpretado creyendo que el texto publicado en 17791 mostraba una influencia smithoniana. En otro extremo Vicente Alcalá Galiano, al escribir
acerca de tributación, en 1778, mencionaba al "político Smith" y aceptó
1

MANUEL CoLMEIRO, Biblioteca de los economistas españoles de los siglos XVI,
XVII y XVIII (Madrid, 1880), p. 78. Colmeiro pensó que BERNARDO JOAQUÍN DANVILA
Y VILLAGRAsA, Lecciones de economía civil o del comercio (Madrid, 1779) tomó ideas
de Condillac, Smith, y otros autores extranjeros, pero el profesor Fabián Estapé ha
demostrado concluyentemente que Danvila fue un plagiario de Cantillon ("Algunos
comentarios a la publicación del Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general,
de CANTILLON", Moneda y Crédito, No. 39 (1951 ), pp. 60-70).

634

635

�muchas de sus ideas, si bien, como sugiere Colmeiro, él no siguió a Smith "paso
a paso".2
El erudito Gaspar Melchor Jovellanos fue ciertamente uno de los que
más prontamente, como cualquiera de los otros españoles, en adecuarse él
mismo con los trabajos de los intelectuales y extranjeros. Sus escritos no
publicados, incluyen un "extracto de la obra de Mr. Smith", y en 1796 hizo
notar en su diario que él había leído la Riqueza de las Naciones cuatro veces. En el Informe en el expediente de ley agraria, el más conocido de los
trabajos de Jovellanos, se refiere a Smith en apoyo de recomendaciones para
las propiedades de los campesinos de la tierra, mejoras de los métodos .agrícolas, y un comercio irrestricto en la producción agrícola. El tono anticlerical
de sus escritos, costó a Jovellanos su puesto como Ministro de Justicia y
en forma póstuma el Informe fue colocado en el Indice de los libros prohibidos.ª
Valentín de Foronda que en alguna ocasión fue cónsul general y encargado
de negocios en los Estados Unidos, fue un prolífico escritor en cuestiones económicas, quien tomó prestadas ideas, sin gran cantidad de discriminación,
de los mercantilistas, de los Fisiócratas y de los escritores clásicos. Pensó
que Smith había proporcionado una clara explicación de la fisiocracia, a la
que Foronda llamó un "sistema profundo", a pesar de su error al clasificar
a los artesanos, manufactureros, y compradores como trabajadores improductivos. Siguió a Smith al condenar el monopolio y los privilegios del gremio,
así como en su invocación hacia el libre comercio y el laissez faire. 4
La odisea de la Riqueza de las Naciones en la traducción española empezó
con el Compendio de Carlos Martíne~ de Irujo la que fue una versión expurgada de la sipnósis de Condorcet acerca del trabajo de Smith.5 Publicado
el Compendio en 1792, Martínez de lrujo escapó de la atención del censor
al omitir mencionar a Smith por nombre; pero dos años más tarde la Inquisición permitió a José Alonso Ortiz publicar una traducción expurgada del
original inglés.6 Alonso Ortiz también escribió un tratado sobre el papel mo• "Sobre la necesidad y justicia de la tributación, fondos de donde deben sacarse, y
medios de recaudarlos", Acta y memorias de la Real Sociedad Económica de los
Amigos del Pais de la Provincia de Segovia, T. IV (Segovia, 1793), pp. 269-359.
3
Juuo SoMOZA DE MoNTSORIÚ, Inventario de un jovellanista (Madrid, 1901) , 81-125;
Obras de D. Gaspar Melchor de Jovellanos: Diarios (Memorias íntimas). 1790-1801
(Madrid, 1915), p. 304 Edith F. Helman, "Sorne Consequences of the Publication of
the Informe de ley agraria by JovELLANos", Estudios hispánicos (Wellesley, Massachusetts, 1952), p. 253-273; lndex librorum prohibitorum (Roma, 1877).
• RoBERT S. SMITH, "Valentín de Foronda, diplomático y economista", Revista de
Economía Política, t. X, no. 2 (Madrid, 1959), pp. 425-464.
• Compendio de la obra inglesa intitulada Riqueza de las naciones hecho por el
marqués de Condorcet (Madrid, 1792 and 1803, and Palma de Mallorca, 1814).
• Investigación de la naturaleza y causas de la 1riqueza de las naciones (4 vols., Valladolid, 1794; revised edition, Valladolid, 1805-1806).

neda, en el cual se apoyó en Hume, Smith, Genovesi y otros economistas extranjeros. Concluyó que "el único apoyo y el verdadero fundamento en que
estriba la solidez y consistencia" del papel moneda es el "crédito público".7
Obviamente, tras la mutilación de la Riqueza de las Naciones por Alonso
Ortiz, Ramón Lázaro de Dou y de Basols, usaron la segunda edición de su
texto como las bases para un comentario extensivo sobre la obra de Smith.8
Dou hubo prontamente de pagar sus respetos a Smith en un estudio de Derecho Público General. El advirtió la superioridad del inglés en "Especulaciones Económicas", y llamó a Smith el "Newton de la economía política".9
Mucho de la economía smithoniana encontró su camino hacia España a
través de las numerosas traducciones de las obras de Juan Bautista Say. En
general, los traductores encontraron la teoría de Say superior a la de Smith.
De acuerdo con Pascual, Say evitó "los frecuentes tropiezos y errores en que
habían incurrido todos los economistas que le precedieron, sin exceptuar
en algunas cosas al célebre Smith".10
Fray Eudaldo Jaumeandreu publicó sus Rudimentos dé Economía Política
en 1816 para usarse en la cátedra de economía, organizada por la Real Junta
Particular de Comercio de Barcelona. Beltrán la llamó "una obra poco original que expone, con claridad y sencillez, las doctrinas de Smith y Say".
Veinte años más tarde Jaumeandreu sacó su Curso Elemental de Economía
Política. Esto también, de acuerdo con Beltrán, "revela poca originalidad, pero,
en cambio, conocimiento de la literatura económica antigua y moderna española y extranjera" .11
Aunque José Canga Argüelles fue más hacendista que economista, su Diccionario de Hacienda, publicado primeramente en Londres entre 1826 y 1827,
tributa sus respetos a algunos economistas contemporáneos. La Riqueza de
las Naciones, dijo~ mostró la falacia del argumento de la balanza favorable
de comercio, explicó las ganancias del empleo del capital tanto en el comercio doméstico como en el extranjero, y demostró el "prodigioso incremento"
en la producción total como resultado de la división del trabajo.12
En sus Elementos de Economía Política, el marqués de Valle Santoro intentó sintetizar el trabajo de Smith y de Say. Aunque Smith era frecuentemente
' Ensayo económico sobre el sistema de la moneda papel y sobre el crédito público
(Madrid, 1796).
8
La riqueza de las naciones, nuevamente explicada con la doctrina de su mismo
investigador · (2 vols., Cervera, 1817).
• Instituciones del derecho público general de España (9 vols., Madrid, 1800-1803).
'º AGUSTÍN PASCUAL, in the Prólogo to Cartilla de economía política (Madrid, 1816).
u LuCAs BELTRÁN, Historia de las doctrinas económicas (Barcelona, 1961), p. 102.
n Diccionario de hacienda para el uso de los encargados de la suprema dirección de
ella (5 vols., London, 1826-27), tomo I, p. 263, t. 11, 146 y 374, t. V, 97-98 y 109.

636
637

(

�incomprendido, "nadie podrá quitarle la ~loria de h~b;r sido ~l fund~or
de la economía política". Por desgracia, Snuth caractenzo deternunados ti.pos
de actividad económica como improductivos; así, "dividiendo los hombres en
clases útiles o productivas y estériles o improductivas fue muy fácil enc~nar
a los unos como a los otros, considerándoles como otras tantas sangmJUe•
las que vivían a costa de su sudor y les robaban el sustento". C~mo p~ra
Say Valle Santoro concluyó que los economistas franceses merecieron la
gloria de elevar la economía política a ciencia metódica y e~acta" -13 En ~
siguiente centuria, con la publicación de la Riqueza de las Naciones, los escn·
tores españoles no hicieron más que Alvaro Flores Estrada ~ ~anuel Col.
meiro, al difundir y defender la economía de la Escuela Clasica. ~l curso
de Economía Política, la obra más conocida de Flores ~strada, ha sido_
mado el "primer tratado sistemático sobre economía escn:o por _u:° espanol •
Publicado primero en Londres, el Curso alcanzó hasta siete edici~n:s, entre
1828 y 1852 y se tradujo al francés. La doctrina d_el Curso ~s. ?asicamente
acerca de Smith, Say y Ricardo, pero en lo relanvo al ~alisis so~re los
efectos de la propiedad privada de la tierra, llevó a conclusiones relativ~ al
pago de la renta, con lo que se anticipó a las ideas de John Stuart Mill Y
Henry George. Flores Estrada consideró a Srnith "el verdad~ro fundador
del moderno sistema de economía política", y pensó que la Riqueza de las
Naciones "debía colocarse entre las obras que más bienes han traído al género
humano':. Pero encontró al economista inglés escaso de ideas en muchos as·
pectos: su "error capital", fue su insistencia en el relativamente estable valor
del trigo y en el "natural" ajuste de salarios al nivel del precio" .14
•
•,
Aunque la fama de Colmeiro descansa principalmente en s~ _co?t:1bucion
a la historia de la economía española, es indudable que se familianzo con la
economía clásica. En la Introducción a su traducción de Economie politique
de Droz, Colmeiro declaró que "Adam Smith fue el primer at_leta qu~ . ~
presentó a luchar con el apóstol de la escuela agrícola"
dec,rr~ los fisio•
cratas) . "Sagaz en sus investigaciones, vigoroso en sus anahsis, logico en s~s
razonamientos, el profesor de Glasgow ha llegado a descubrir una clave mas

ll:·

!~-

13

Elementos de economía política con aplicacifm particular a España (Madrid 1829;

2 ed., Madrid, 1833).
.
.l S ·
1• G. BERNACER, "Alvaro Flores Estrada", in Encyclopedia of the Socia
ciences, t.
VI (New York, 1931), p. 285; Lurs ALFONS? :'1ARTÍN~z CACHERO, Alvaro Flores.E;:
trada: su vida, su obra política y sus ideas economicas (Ov1edo, 1961) • ADoLPHE BLAN~
(Histoire de l'économie politique en Europe, t. II (París, 1837).' pp. .2_99-300) p~ises
FLORES ESTRADA in the following terms: "Ce livre (L'économie polit_iq~e eclec:iqu~~
peut-etre consideré comme le complement necessaire de tous ceus qw 1~nt precede·
methodique avec Say, social avec Sismondi, algebriste avec Ricardo,, expen~ental .ª:e:
Adam Smith, il differe a beaucoup d'égards de tous ces grands ma1tres et il particip
de leurs qualités san tomber dans tous leurs défauts".

638

general en la ciencia".15 Tal vez el primer español que se llamó a sí mismo
ecléctico, Colmeiro afirmó que el economista "debe en una palabra no espi•
ritualizar demasiado ni materializar tampoco la ciencia. Tan fuerte para
repeler el misticismo de De-Maistre y el escepticismo de Ferrier, como vigoroso para rechazar el austero dogmatismo de Ricardo, las tendencias ere.
matísticas de Smith y de la escuela inglesa, o las doctrinas radicales de
Bentham, de San Simón, y de Pecquer".16
Muchos escritores aunque no tan prominentes en la primera mitad del
siglo XIX compartieron con Flores Estrada, Valle Santoro y Cohneiro una
predilección por el liberalismo económico. De seguro, el mercantilismo no
desapareció del todo completamente y la influencia de los fisiócratas contó
en las disquisiciones de la agricultura y la tributación. En las universidades los
textos principales de economía fueron los de Say, Flores Estrada y Colmeiro;
y en las Cortes los legisladores más influenciados fueron hombres que aceptaron los principios del laissez-faire del sistema económico. Sánchez Rivera,
uno de los traductores del Tratado de Say, recalcó sobre la influencia de la
nueva economía en las Cortes de 1820-23: "¡ Cuánto honor resulta a nuestra
nación y cuánta felicidad debemos prometernos para nosotros mismos, y aún
más para nuestros hijos, de un gran número de leyes y disposiciones de la
legislatura... fundadas todas en las ideas luminosas de Say, Smith, Ricardo,
Steuart, Filangieri, Becaria y otros escritores célebres, que han consagrado sus
talentos a ilustrar esta parte esencial de los conocimientos humanos!"17
Aún entre aquellos que se consideran a sí mismos como liberales hubo una
tendencia persistente a poner en duda la aplicabilidad no calificada de las
economías clásicas a los específicos problemas de la economía española. Muchos españoles demandaron más excepciones a la regla del libre comercio que
Smith hubiera permitido; y algunos pensaron que el atraso de España justificaba la prohibición de ciertas importaciones y aún exportaciones. A través
del período a estudio, el tema del libre comercio versus proteccionismo, fue
de lo más debatido y la legislación del período refleja compromisos prove•
nientes de diferencias ideológicas, así como de aquellos impuestos por los
intereses creados.

,. J.

1842).

DRoz, Economía política, o principios de la ciencia de las riquezas ( Madrid,

16

MANUEL Cournmo, Tratado elemental de economía política ecléctica (2 vols.,
Madrid, 1842).
" JUAN SÁNCHEZ RrvERA, en el Prefacio al Tratado de economía política (Madrid,
1821).

639

�II

tico del trigo excediera de 80 reales por fanega y el precio de la harina de
trigo, de 120 reales por quintal. La exportación de granos se declaró "libre
absolutamente".21

La demanda para una protección agrícola, fue una fase de la agitación
para la reforma agraria y de otros proyectos para alentar el progreso agrícola.
Ramón Lázaro de Dou fue presidente de las Cortes que durante el cautiverio de Fernando VII, se reunieron en Cádiz y promulgaron la Constitución
de 1812. A la muerte de Jovellanos, en 1811, las Cortes elogiaron al autor de
la Ley agraria y resolvieron que este célebre tratado "se tenga presente en la
Comisión de Agricultura de las Cortes, para que acerca de su lectura en escuelas o estudios públicos proponga lo que crea más conveniente a la misma
agricultura". 18 Dou, quien en el avanzado año de 1831 publicó un opúsculo
acerca de la tenencia de la tierra "fundada principalmente en una autoridad
del doctor Adam Smith", desaprobó varios de los propósitos para disponer
de las tierras públicas, el rompimiento de los mayorazgos y redistribución de
las tierras de la Iglesia. Urgió un más amplio uso del contrato de enfiteusis,
creyendo que los campesinos que podrían adquirir títulos de tierra en lo general carecerían de los medios para introducir capital para mejoras. El Conde
de Toreno, quien se describe a sí mismo como un arrendatario, dedujo de
la Riqueza de las Naciones que la agricultura inglesa había florecido porque
los rentistas no pudieron ser desposeídos cuando la propiedad de la tierra
cambió de manos.19
Como en Inglaterra, antes de la abrogación de la Ley de Cereales en 1846,
el comercio de grano fue un tema perenne en la legislación y en la literatura
económica española. La opinión en las Cortes de 1810-1814, partía de la
creencia del Diputado Aner, en el sentido de que "es un principio de los
economistas que en el comercio de los granos no haya trabas jamás", a la
denuncia del Conde de Buenavista acerca del permiso para importar granos
como medida "antipolítica. Dígase lo que se quiera, en España hay granos
para toda ella''.2º Las Cortes de 1820 adoptaron una ley de cereales similar
a la legislación británica de 1815: Ni trigo, cebada, centeno, maíz, avena y
demás granos y harinas podrían ser importados a menos que el precio domés-

El debate sobre la ley española de cereales siguió un patrón familiar. Flores
Estrada proclamó el caso en favor del libre comercio. Aunque era un miembro
de la comisión de tarifas, dijo: "el sistema prohibitivo es tan eminentemente
injusto. . . que es poco menos que vergonzoso que el Congreso se detenga a
oír las razones en que se apoya esta doctrina". El Diputado Freire también
denunció la prohibición de la importación de comestibles, "como si nos propusiésemos determinadamente que no siendo ellos muy baratos, las familias
muy pobres no tengan qué comer y nos colmen de sus bendiciones". Pero el
Diputado Priego, con una apología en favor del abandono de "la doctrina de
los mejores economistas", dijo que la agricultura española fue excesivamente
sobrecargada con alcabalas y otros impuestos, que "nos veremos obligados a
abandonar la agricultura, o será indispensable impedir por algún tiempo la introducción de granos". Moreno Guerra tachó el argumento en favor del pan
barato de "error muy perjudicial en política y una piedad muy mal entendida";
pero el Conde de Toreno llamó la atención sobre la legislación inglesa, la que
fue un compromiso entre las demandas de los agricultores y los manufacturistas.
Finalmente el argumento de la defensa se impuso : era tan importante para un
país el poderse alimentar a sí mismo, para ser suficiente en alimentación como
fue para producir sus propios cañones y la fuerza bélica.22

,. Colección de los decretos y órdenes que han expedido las Cortes Generales Y
Extraordinarias, t. 11 (Cádiz, 1813), p. 67.
,. Diario de las discusiones y actas de las Cortes, t. XVIII (Cádiz, 1813), pp. 380-381.
"' Diario de las Cortes, t. IV (Cádiz, 1811 ), p. 298. En marzo de 1811, las Cortes
no solamente prorrogaron el permiso para importar grano, sino que permitieron importaciones libres de impuestos: "géneros prohibidos de extraer que se saqúen del reino
en cambio de los granos introducidos". La medida debía expirar en agosto, pero en
octubre, las Cortes la renovaron "para abastecer completamente los ejércitos Y los pueblos". Colección de los decretos y órdenes, que han expedido las Cortes Generales Y
Extraordinarias, t. I (Cádiz, 1811), p. 105 y t. 11 (1813), p. 18.

640

Flores Estrada enfáticamente declaró: "Jamás podrá progresar la agricultura
de un país que no tenga una libertad absoluta para exportar sus productos territoriales del modo que más acomode al propietario". Otro diputado en las
Cortes de 1820 alabó la política inglesa de pagar impuestos sobre exportaciones de granos, en una medida que "fue bastante (según los economistas) para
llevarla (agricultura) al mayor estado de prosperidad".23 H abía muy poco apoyo para el pago de impuestos de cualquier exportación agrícola; por el contrario, muchos diputados aceptaron el argumento de Dou en el sentido de que
las exportaciones de materias primas debían ser sobrecargadas de impuestos,
si no es que prohibidas "para que se trabajen con ellas las manufacturas, y éstas
se lleven por los nuestros a países extranjeros".24 El Diputado Villanueva
" Colección de los decretos y órdenes generales de la primera Legislatura, 1820-21,
t. VI (Madrid, 1821), pp. 28-29.

" Diario de las actas y discusiones de las Corles: Legislatura de los años de 1820 y
1821, t. I (Madrid, 1820) , pp. 164, 314-319, y 367-376; Diario de las sesiones de
Cortes, Legislatura de 1821, t. 11 (Madrid, 1873), pp. 1873-77.
.. Diario de las sesiones de Cortes, 1821-22, t. 11, p. 831.
" RAMÓN LÁZARO DE Dou, Instituciones del derecho público, t. V, p. 247, y La riqueza
de las naciones, t. 11, pp. 269-277.

641
• H-41

�preguntó a las Cortes acerca de "coartar la expo~ción (de seda) por ahora,
para que no quedasen defraudados nuestros fabn~tes de la ~e~a que necesiten para sus talleres". El Conde de Toreno nego el que prohibi:ndo las exportaciones de la seda en bruto pudiese ayudar a los manufactunstas; por el
contrario, "arruinaría" a los productores españoles de la seda.25 ~n 1820 l~s
mercaderes de Málaga se quejaron de que el impuesto de expo~ion de!_aceite era excesivo; y en las Cortes de 1821 la Comisión de Comercio,;con~e:o una
reducción del impuesto sobre exportaciones de corcho para conciliar los
intereses de la agricultura con los de la fabricac!~n de tapo~es".26 La conciliación de intereses fue con frecuencia el proposito de los llllpuestos sobre
importación. "Consultando el interés de los f~bricantes y co~binándolo con
el de los labradores", "las Comisiones de Hacienda y Comercio ( 1820) propusieron el mismo impuesto (25% ad valorem) en seda en rama como en
seda torcida. En respuesta a las demandas de los culti~ad?res, las_Cortes
de 1820 prohibieron la importación de algodón en rama, si_ bien el D1puta~o
Corominas afirmó que cualquier impuesto arriba del existen~e 10% ~ena
"antieconómico y ruinoso a la industria nacional. . . Es un axioma e~ economía", dijo, "que se debe facilitar la importación de p~eras matenas para la manufacturación, cuando el país no produce las suficientes para el curso de las fábricas". El Conde de Toreno, quien dijo que el cáñ~~º.,español era tan bueno como el ruso, se levantó para defender la prohib1c1on de
importación de ese producto, aduciendo como razón: "sería _útil proveerse
de un producto nacional y en caso de guerra no estar sometldos a los extranjeros".27
Sin embargo la mayoría de los temas vitales de segur~ fueron ü;v~cados por
demandas acerca de la protección de los manufactunstas domestlcos de la
competencia extranjera. En las Cortes de 1820 Flores Estrada exclamó: "Ojalá
que por lo que a mí toca, pudiese persuadir al Congr~o a acabar _desde hoy
mismo con todas las aduanas"; 25 años más tarde su actitud fue tan Justa como
enfática: "El hombre que dé a España el libre cambio habrá hecho un ma,. Diario de -los actos y discusiones de las Cortes, 1820-2I, t. I, p. 128 : 164; D_iario
de las sesiones de Cortes, 1820, t. I, p. 693-694. Flores Estrada se burlo de la idea.
Prohibiéndose la exportación de seda no se ayudaba a los manufactureros, por el contrario, "desde la Guerra de Sucesión. . . no tenemos fabricantes de se~a; los cos~cheros han reducido sus cosechas al último extremo, porque dentro del remo no habia
consumidores, y estaban imposibilitados de llevar sus manufacturas a los mercados extranjeros" (Diario de las sesiones de Cortes, 1821. t. III, p. 1877).
"' Diario de las sesiones de Cortes, 1823, t. III, pp. 1838-1839.
21
Diario de las actas y discusiones de las Cortes, 1820-21, t. I , p. 413; Diario de las
sesiones de Cortes, Legislatura Extraordinaria, 1821-22, t. I, pp. 255, 373-375, Y 613,
685-86, y 711.

642

yor beneficio a su Patria que Colón enseñándole el camino de América''.28
Estrada fue de los menos compremetidos de aquellos que se habían opuesto
a las tarifas proteccionistas; como podremos ver, otros economistas difirieron
con el asturiano, algunos moderadamente, pero muchos en el extremo.
Muchos argumentos acerca de la protección habían echado raíces en
diferentes conceptos de los respectivos papeles de la agricultura y de la industria en la economía nacional. Aunque el Conde de Toreno culpó a sus
colegas, quienes bajo la influencia de la fisiocracia, consideraron la agricultura como la "verdadera riqueza de las naciones", no convenció a muchos
de sus colegas diputados y economistas contemporáneos. En la opinión del
Diputado Verdú, "las naciones, al menos en el principio de su prosperidad,
no pueden ser a un tiempo agricultoras, comerciantes e industriosas. Es menester dedicarnos a un ramo principalmente, si no queremos ser aprendices
de todo y maestros de nada". Mariano José Sicilia, quien tradujo el Diccionario de Ganilh, declaró que si una nación es "fecunda de artículos de riqueza
territorial, poco importará que la industria fabril haga por entonces menos
progresos... teniendo productos abundantes con que pagar al extranjero la
suya, y quedar ganancioso, lejos de perder no hará más que enriquecerse".
Entre muchas de las opiniones opuestas estaba la declaración del Diputado
Aner en las Cortes de 1812 sobre que "ninguna nación compuesta de solo
agricultores se ha reputado por rica hasta ahora". Su ideal fue "hermanar"
las tres fuentes de riqueza: agricultura, industria y comercio. José María Aurrecochea, que escribe en 1841, razona también en el sentido de que un país
estrictamente agrícola estaría destinado a ser "siempre pobre" y "expuesto
a la mayor miseria". Una explicación de esto fue el encubierto desempleo de
las haciendas: "en un país fértil la labranza no necesita la mitad de los habitantes ni que éstos trabaja,sen la mitad del año para abastecer a todos". El
establecer factorías era e! "medio más poderoso para adelantar la misma
agricultura" .29
Alonso Ortiz fue, posiblemente, el primero en España en expandir el argumento de la naciente industria. El comercio libre fue "una verdad indudable" para "un país en que florezca ya la industria en sus varios ramos",
pero la correcta política para el apoyo industrial de un país era "un justo
monopolio con la prohibición de las mercaderías extranjeras. .. a lo menos
,. Diario de las sesiones de Cortes, 1820, t. II, p. 1064; Biblioteca de Autores españoles, t. CXIII, p. XIV.
,. Diario de las Cortes, t. XIII (1812), p. 61, y t. XXI (1813), p. 260; C. GANILH,
Diccionario analítico de economía política, t. I, pp. 251-253; José María Aurrecochea,
"Observaciones político-económicas sobre la hacienda pública de España", en El Amigo
del País, t. II ( 1844) , p. 172.

643

;

�hasta que lQs progresos nacionales constituyan a la nación en un estado de
competencia igual con la de los países extranjeros".30
•
,
Esta doctrina había de ser reiterada. Juan de Balle, un diputado catalan
en las Cortes de 1820, declaró sería "un axioma económico político, que los
pueblos nacientes en índustria no pueden concurrir y comerciar con ?tros
que la tienen muy adelantada". El "sistema prohibitivo" adoptado baJO el
reinado de Carlos III fue la razón de que Cataluña en 1808 tuviera 2,000
fábricas de algodón.31 Andrés Borrego, Ministro de Hacienda en 1840, creyó
que la adopción del libre comercio era una cuestión d~ tiempo y lug~r; invocó tarifas para "favorecer y recompensar a los que mtentan los primeros
ensayos de fabricación" .32 Colmeiro, también, quiso restringir las importaciones, siempre y cuando llegase a ser su efecto el "ahogar en la cuna una
industria naciente, débil y moribunda en sus primeros días, a pesar de todas
aquellas ventajas locales que propiciaran su desarrollo, y le darán con el
• " .33
tiempo tal grado de fortaleza y robustez, que ya no tema la concurrencia
Respecto a si los fabricantes de maquinaria deberían ser tratados como
pequeñas industrias fue un punto de debate. El Diputado Gisbert, en las
Cortes de 1820, propugnó por la "introducción libre de máquinas, por ahora
e interinamente"; y la mayoría de los diputados pensó que la demanda para
la protección de los productores de maquinaria española era prematura aún.
Así el Diputado Alemán consideró no prudente el imponer impuestos a la
máquina de vapor importada, "el alma de la industria inglesa", "porque no
se ha comenzado todavía a construirlas ( en España) , ni es fácil que se construyan en mucho tiempo". Borrego favoreció la libertad de impuestos para
importaciones de maquinaria, pero en el año de 1840 las demandas para la
protección llegaron a ser en alguna forma ruidosas. La voz más insistente ~ue
la de Juan Güell y Ferrer, el inteligente y enérgico orador en pro de la mdustria catalana en general. La Junta de Comercio de Barcelona caracte"' Investigación ( 1805-1806 ed.), t. II, pp. 520-522. Spain, Alonso said, was backward
for two reasons: "la una, aquella desidia que desde el tiempo del Señor Felipe III
ocupó a sus moradores engreídos con la riqueza de sus Indias,. que p~diero~ conservar
mejor, y aún aumentaría considerablemente manteniendo la md~stria nac1~nal Y un
método más acertado en el comercio; y la otra, aquella preferencia que tomo sobre la
nuestra la industria de las demás naciones, que se valieron de nuestra insensibilidad a
nuestros propios intereses, y llenándonos de manufacturas extranjeras arruinaron casi
enteramente las fábricas nacionales".
31 Discurso pronunciado... en la sesión del 5 de noviembre de 1820, para apoyar el
dictamen de las comisiones ordinarias de hacienda y de comercio sobre prohibiciones de
géneros y frutos extranjeros {Barcelona, 1820).
"' Principio de econom!a política con aplicación a la re{orma de aranceles de aduana,
a la situación de la industria fabril en Cataluña, y al mayor y más rápido incremento
de la riqueza nacional ( Madrid, 1844), p. 111.
33 Tratado elemental de economía política ecléctica t. II (Madrid, 1845), pp. 117-144.

644

rizaba a la c~nstrucción de máquinas como "una industria sin porvenir, por
faltarle las primeras materias". Sin embargo, Güell insistió acerca de que los
m~ altos im~uestos en 1~ ~portaciones de maquinaria deberían ser prefenbles a los unpuestos mas baJos de sobre las materias primas para la fabricación de máquinas.34
Muchas de las medidas para proteger la industria española se invocaron
como una defensa en contra de la "desleal" competencia de la industria británica. España, no obstante, debería inquirir acerca del proceso por el cual
I_~glaterra adquirió su superioridad. El Conde de Toreno, pensó que la admisio~ de ~les factores como la forma de gobierno, había contribuído a la preemmen~ia de Inglaterra y declaró que la tarifa proteccionista "principalmente
ha ocasionado su prosperidad". La protección, dijo el diputado Corominas
que fue una "máxima política", la cual "nos la enseñan prácticamente en
Inglaterra y la Francia, que tanto han sabido hacer prosperar sus fábricas". 35
La industria, declaró Manuel Gutiérrez, "se ha perfeccionado en todos los
países del mundo por medio de un sistema restrictivo y protector". El profesor Gutiérrez, que renunció a su inmadura aceptación del libre comercio,
llegó a ser un decidido partidario del proteccionismo catalán y encontró en la
industria textil un ejemplo de la supremacía de Inglaterra "sobre las demás naciones de Europa, a las cuales no podrán transportars; sino como una
planta exótica de difícil, lenta y penosa aclimatación".3 6
De esto s~ dedujo el que Inglaterra, y por extensión Francia, conspiraron
para preverur a España de la protección de su industria, considerando que
por lo ~en?s llegaría a ser un competidor en el comercio de exportaciones.
Baile af~o, en 18:0, que los "agentes diplomáticos de Inglaterra, y hasta
sus escntores de mas fama, no han perdonado diligencia para fascinar a
los Gobiernos y desalentados en este punto, y en tanto que declaman contra
el sistema prohibitivo. único escudo de la industria, apoyan todo el edificio
de la suya en. las mismas trabas y restricciones que califican de tan opresivas,
fun:'tas y r~osas a las demás naciones". 37 Casi dos décadas antes, Canga
Arguelles habia protestado que "los tratados ajustados hasta aquí con la
" Diario de las sesiones de Cortes, 1821-22, t. II, pp. 1034-1037; Escritos económicos
del Excm~. ~r. D. Juan Güell y Ferrer (Barcelona, 1880), pp. XI-XII, y 1-23. La ley
del 22 de Junio &lt;le 1821 permitió las importaciones libres de impuestos de "máquinas e instrumentos que se necesiten para beneficiar las minas". Colección de los decretos y
ór~ene~ g_enerales exp~didos por las Cortes, t. IX ( 1822), p. 7).
Diario de las sesiones de Cortes, 1820, t. 111, p. 2189; Diario de las sesiones de
Cortes: Legislatura extraordinaria, 1821-22, t. I, p. 459.
,. MANUEL MARÍA GuTIÉRREZ, Impugnación a las cinco proposiciones de Pebrer sobre los ~randes males que causa la ley de aranceles a la nación en general, a la Cataluña
en/articular y a las mismas fábricas catalanas (Madrid, 1837), pp. 64-67 y 94.
Diario de las sesiones de Cortes, 1820, t. 111, pp. 2096-2097.

645

�Inglaterra, consultando sólo a sus intereses, arruinan nuestra industria y paralizan nuestro comercio".38 Colmeiro, quien había dicho "me adhiero al sistema prudentemente restrictivo", expresó una desconfianza igual: "hallándose ahora [Inglaterra] con una producción exuberante, con capitales inmensos
y una población obrera, pretenden sus escritores y estadistas más ilustrados
atraer las naciones bisoñas en la industria a una concurrencia libre" -39 Richard
Cobden visitó España en 1846 y fue suntuosamente atendido por los abocrados del libre comercio en Málaga, Cádiz, Sevilla y Madrid. De acuerdo
~on su biógrafo, después de la repulsa de la ley de cereales Cobden "se sintió
libre de comprometerse sobre cualquier intento directo para fortificar la política del libre comercio de su país (Inglaterra) para ayuda exterior".4 º Indudablemente, ganó la aclamación de los librecambistas españoles. Pero para los
proteccionistas, Cobden fue un símbolo de la conspiración de Inglaterra para
dominar a los países menos avanzados industrialmente. Güell, aunque encontró un punto débil en uno de los discursos de Cobden, pensó que éste
podría justificar la adopción en España del libre comercio solamente "cuando
·
nuestras circunstancias sean iguales
a las de Inglaterra en su estado actual""
•
Esta idea de la relatividad de la política económica había sido expresada
antes. De hecho, Beltrán dio crédito a Jaumeandreu por haberse anticipado a
List en un cuarto de siglo. El profesor catalán concluyó que ya fuera el
libre comercio o el proteccionismo, la mejor política depende del "estado
en que se encuentra la industria respectiva de las naciones manuf~ctureras.
Si la perfección y baratura de los artefactos es igual en a~bas na:1~n~, no
puede haber ningún inconveniente en dar al comercio una libertad ilimitada;
pero si de las dos naciones la una tiene su industria naciente o atrasada en
parangón de la otra, la libertad absoluta del comercio exter!o~ no podrá menos
de perjudicarla, y su gobierno debe establecer leyes restncttvas o fundar su
legislación sobre el sistema prohibitivo".42 En 1817, Dou censuró a los economistas españoles por abrazar la "ilusión o delirio" del libre comercio, "escudándose con la autoridad de Smith, a quien presentan como un Aquiles
38
"Memoria que el ministro de hacienda de España pasó al de estado en 1802, sobre
las bases del tratado que debería ajustarse con la Gran Bretaña en el Congreso de
Amiens", in Diccionario de hacienda, t. I , pp. 89-152.
.. Tratado elemental de economía política ecléctica, t. 11, pp. 127-128.
40
J. A. HoBSON, Richard Cobden, the lnternational Man (New York, 1919), PP·
43-45.
" Escritos económicos, p. 35.
e L . BELTRÁN, op. cit., pp. 102-103. Even earlier, Jovellanos said: "acomodar a
un tiempo y a un país lo que en otro país y otro tiempo ha probado bien, es la manía más frecuente de los políticos, como si fuese lo mismo una nación libre, rica, industriosa, comerciante y navegadora, que otra de circunstancias enteramente diversas"
(Informe de la ley agraria [Madrid, 1795), p. 94).

646

de su opinión". Dou pensó que, "cuanto más lejos esté una nación de igualar
o superar a las otras en industria, tanto más lejos debe estar de adoptar el
sistema de Smith".43 La idea volvería a presentarse en varias formas. Balle
creyó_ que el sistema prohibitivo había incrementado la agricultura y la industria en tod~ las naciones ilustradas "al grado de perfección en que las
vemos. Es preciso pues imitarlas".44 Borrego, quien pensó que "nada es absolut? en economía política", se quejaba de que nadie, con excepción del Marques de Valle Santoro, había hecho de las condiciones peculiares a nuestro
país, el objeto de una investigación dirigida a aplicar a nuestro estado los
remedios científicos que reclama". 45 En realidad, Valle Santoro no fue tan
rigurosamente cientüico. Lo mejor que pudo decir acerca de la doctrina del
libre comercio, fue "que nadie ha demostrado que fuese falsa". Sus once
reglas de política comercial, incluyeron el "principio... que la mutua libertad
de comercio arruinará infaliblemente la industria de la más atrasada y así
pueden adoptarla las más adelantadas".46 En un ensayo laureado publicado por la Sociedad Económica de Madrid, en 1844, José María Ibáñez
debatió la cuestión, "sobre si es o no conveniente a una nación celebrar
tratados ~e comercio con otras más adelantadas en industria". Su respuesta
fue negativa: La consecuencia sería "una concurrencia fatal".47 Colmeiro,
co_mentando acerca del movimiento del libre comercio promovido por el ConSCJO de comercio inglés, declaró: "en cuanto de las doctrinas de Mr. Huskisson, yo también las profesaría si fuese inglés, o si mi patria estuviese tan
ade~antada en la carrera de la industria como Inglaterra".48 Pero Pastor, quien
escribía en 1856, afirmó que no había economista "de regular celebridad que
no reconozca la exactitud de las doctrinas de Smith respecto al libre cambio";
ya que para el economista alemán, "todo el libro de List está reducido a
una reproducción ingeniosa de los argumentos usados en favor de la protección de la industria".49

só!o

Aunque muchos escritores apreciaban que el comercio extranjero representa el principio de la división del trabajo aplicado en una escala intern~cional, no recomendaban su inmediata adopción. Canga Argüelles encont'.o apoyo en Say al creer que, a pesar de las "incontestables ventajas del
sistema de absoluta libertad mercantil, apoyadas en la razón y en la expe"' La riqueza de las naciones, t. 11, p. 131.
"' JUAN DE BALLE, Discurso.
.. Principios de economía política, p. XXXII.
.. Elementos de economía política ( 2 ed.), pp. 169-170.
"El Amigo del país, t. I (1844), pp. 193-223.
: In the introduction to J. DRoz, Economía política (Madrid, 1842), p. 136.
Luis MARÍA PASTOR, La ciencia de la contribución, t. I (Madrid 1856) pp.
163-176.
'
'

647

�...

riencia no deberá establecerse de un golpe".5° Carballó, también, creyó que
"las r:formas arancelarias deben, pues, ser lentas. . . una nación en donde
el sistema protector ha dominado por mucho tiempo no debe pasar de una
vez de un sistema a otro" _51 Como podremos ver, España, de hecho, nunca
estuvo en el límite de adoptar el libre comercio de un golpe.

III
Tres marcas de la historia de la legislación arancelaria anterior a 1850
-los términos arbitrarios de la presente discusión- pueden ser revisadas brevemente. La tendencia liberalizante de las leyes de tarifas promulgadas por las
Cortes de 1820-23 fue nulificada por el decreto real del lo. de octubre de
1823; y el arancel recomendado por una reorg~nizad~ junta ?,e aranceles Y
promulgado en 1826 fue "fuertemente protecto~. La ~~ortac10n de 500 artículos fue prohibida y en otros impuestos de rmportac1on, y en otros aranceles de importación excedió del 15% al 25%. 52
_
Mientras los librecambistas agitaban por más bajos impuestos, especialmente después de la publicación del Curso de Flores Es_t~ada, en 1828, .l~s
proteccionistas organizaron intentos frustrados para debilitar la p~otecc10n
otorgada por la tarifa de 1826. La m~s fuerte ~~z en pro de la tarifa, provino de la Comisión de Fábricas de Hilados, Tejidos y Estampados de ~lgodón del Principado de Cataluña, la que, en la M emoria sobre la necesida~
del sistema prohibitivo ( 1834), intentó demostrar el grave error de la ~plicación en España de políticas derivadas de las teorías de. los econormstas
ingleses. Pero los proteccionistas no se encontraban solos
mvoc_ar la refo,rma de la tarifa. En las Cortes de 1837, el Diputado Beltran de L1st, declaro:

:1

" Los aranceles que en el día rigen son el producto, o más bien un~
miscelánea ridícula de las diferentes disposiciones u órdenes de los _diversos administ-radores de aduanas; y lo son tanto, que puede decirse
que no existe un cuerpo de aranceles aprobado por el gobierno desde
el tiempo de Don Carlos JI. Basta esto para probar el estado de desorden y desorganización en que este ramo interesante. debe de hallarse, y la imperiosa necesidad de que se forme una tarifa general, aco~
Diccionario de hacienda, t. IV, pp. 117-124.
Curso de economía política (Madrid, 1855),
pp. 272-273.
_
.. JosÉ M. TALLADA PAuu, Historia de las finanzas españolas en el siglo XIX {Barcelona, 1946), pp. 240-251.
50

., BENIGNO CARBALLÓ WANGÜEMERT,

648

modada al estado del comercio del país, que arreglando los derechos
que deben pagar los efectos ponga trabas a la arbitrariedad". 53

La junta de aranceles y otros cuerpos oficiales, estudiaron la cuestión de
las tarifas y la administración de aduanas intermitentemente, y en 1840, la
junta revisora de aranceles propuso un proyecto de ley que el gobierno había
puesto a la consideración de las Cortes. Al año siguiente, después de haber
debatido las enmiendas propuestas por una comisión ad hoc, el Congreso
de Diputados aprobó la nueva ley de tarifas. Aunque el Diputado Sánchez
Silva, en un reporte de la minoría, protestó por el "absoluto y monstruoso
sistema prohibitivo. . . atendiendo los sofismas mercantiles de muchos comerciantes y fabricantes de Cataluña", la ley de 1841 representó un retraso, considerando la alta protección de 1826. Por ejemplo, de las 237 prohibiciones
recomendadas por la junta revisora, solamente 94 permanecieron en el acta
final. 54
De acuerdo con Tallada, el arancel de 1841 fue "bien visto por los elementos
industriales. . . Sólo más tarde, cuando las tendencias librecambistas ejercieron mayor influencia en sucesivas reformas arancelarias, fue atacado el arancel de 1841". Se levantaron críticas de todos lados. Borrego denunció los
impuestos proteccionistas, "respecto a una multitud de artículos, por el mero
hecho de que se elaboran en el país" y especificó 56 productos prohibidos,
de los cuales pensó deberían estar en la lista libre.55 Otra crítica caracterizó
los precios de los impuestos como "moderados", pero se quejó de que los
avalúos ficticios usados por la administración de aduanas hizo los precios
efectivos muy altos. 56 Gutiérrez resumió sus más agrios ataques en los librecambistas: Cuando no abogaba por una ilimitada prohibición de ciertas importaciones, argüía por impuestos proteccionistas, para "nivelar el precio venal
del producto nacional y extranjero" -un argumento muy en boga en los
debates de la tarifa americana, aún en el siglo XX. Negando que estuviese
favorecido por el industrialismo catalán, Gutiérrez dijo no avergonzarse si
fuese empleado para defender los intereses de esa región. 57
Tallada describe el arancel de 1849 como una medida que contenía " declaradamente tendencias librecambistas". Aunque los impuestos en algunos
., Diario de las sesiones de Cortes, 1837, No. 14 (15 de enero de 1837), p. 138.
"Diario de las sesiones de Cortes: Congreso de Diputados, 1841, Apéndice al No.
63 {junio) ; Tallada, op. cit.
"" Principios de economía política, p. 229.
,. Boletín de empresas, año 1, No. 25 (Madrid, 14 de mayo, 1845) , p. 198.
" Nuevas consideraciones sobre libertad absoluta de comercio (Madrid, 1839), pp.
77-78; Contestación a un artículo sobre libertad de comercio del Excmo. Sr. Don
Antonio Alcalá Galiano (Madrid, 1843), p. 21.

649

/

�artículos llegaron a ser tan altos como del 55% ad valorem, solamente 14
productos permanecieron en la lista de las importaciones prohibidas. A principios de 1840 los algodoneros catalanes, los trigueros de Castilla y los metalúrgicos bilbaínos, "formaron un frente único" para asegurar una mayor
protección; tuvieron que contender con una "pléyade de brillantes oradores
y escritores que en Madrid trataron de impulsar el predominio del liberalismo manchesteriano". Esos brillantes oradores y escritores estuvieron influidos hasta más allá de 1848, pero los proteccionistas estaban destinados a
ganar la batalla antes de que terminara el siglo. No pasó mucho tiempo antes de que los manchesterianos quedaran desacreditados en su propio país.58

EN TORNO A LAS IDEOLOGÍAS JURíDICO-POLíTICASFILOSóFICAS DE LA O.N.U. Y DE LA U.N.E.S.C.O.
DR. I vo H0LLHUBER

EL ÚNrco CAMINO QUE SE OFRECE a la humanidad contemporánea para alejar
el peligro de guerra, como método para la solución de conflicros, es el establecimiento de instituciones internacionales que dispongan de una autoridad
suficiente -tal como Juan XXIII ya lo había dejado entender al mundo
entero en su encíclica "Pacem in terris"-.
Por la variedad de sus atribuciones y el número de sus miembros, la Organización de las Naciones Unidas es la más importai;ite entre todas las instituciones internacionales, y es el1a por consiguiente la que se encuentra en el
centro de la vida internacional, dado que la mayor parte de las naciones del
mundo la integran actualmente. Dicha institución trata de reunir a las diferentes naciones de nuestro globo con vistas a obras de paz y de progreso.
No importa por ahora entrar en los detalles de
esta institución mundial'
.
sino saber si la Carta de las Naciones Unidas ha sido inspirada en una
ideología determinada y cuál es el espíritu trascendental que sirve de fundamento a esta ideología.
Si se atiende al preámbulo y a la declaración de objetivos y de principios
de la O.N.U., puede decirse que nos encontramos frente a una Carta inspirada en los más sublimes y magnánimos sentimientos que jamás hayan alimentado a seres mortales, a tal punto que debiera parecer normal la afirmación de que "no se puede concebir nada más elevado en el plano natural dentro de la construcción ideológica de la humanidad" ( Paulo VI ante la Asamblea de la O.N.U. el 4 de octubre de 1965).

" For the period after 1849 see particulary: TALLADA, op. cit.; GÜELL, op. cit.;
G. MoRQUECHo, La controversia económica en 1859 (Madrid, 1960); MANUEL PuoÉs, Cómo triunfó el proteccionismo en España (Barcelona, 1931).

650

Vale la pena atender a lo dicho y dejarse impregnar de ese encanto sublime:
La Carta del Atlántico de agosto de 1941 -es decir la madrina de la Carta
de la O .N.U.- había preconizado ya solemnemente los principios democráticos
que, en número de ocho, deberían prevalecer después de las hostilidades en el
dominio de las relaciones internacionales. Los que susc1iben la Carta no debe-

651

�rán buscar ninguna ampliación territorial; ninguna modificación territorial
deberá ser hecha sin el consentimiento de los pueblos interesados; cada pueblo
podrá escoger libremente la forma de su gobierno; la paz futura deberá garantizar la seguridad internacional, la reducción general del equipo bélico,
la libertad de los mares, el libre acceso a las materias primas; todas las naciones deberán cooperar para promover el progreso económico y social.1
Séanos permitido hacer notar entre paréntesis, que si reclaman proceder del concepto de "democracia" regímenes tan diferentes como los
de la "democracia" americana, las "democracias" occidentales, las "~mocracias" populares y las de algunos países de América Latina, de
Africa o de Asia que se acercan al de regímenes más o menos dictatoriales, esta es una de las razones por las que este concepto tan delicado no figura en la Carta de la O.N.U., sino más bien en el estatuto
del Consejo de Europa. 1

La reunión en San Francisco, el 26 de junio de 1945, de los pueblos de
las Naciones Unidas fue inspirada en el espíritu de la Carta del Atlántico del
14 de agosto de 1941, la cual había sido estipulada como expresión del derecho natural; en consonancia con tal espíritu, aquellos pueblos se declaraban "resueltos a preservar las generaciones futuras de la plaga de la guerra...,
a proclamar de nuevo su fe en los derechos fundamentales del hombre, en
la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de
los hombres y de las mujeres, así como de las naciones, grandes o pequeñas
(sic!) a crear las condiciones necesarias al mantenimiento de la justicia..., a
favorecer el progreso social y a instaurar mejores condiciones de vida de
acuerdo a una libertad mayor, y, para estos fines a practicar la tolerancia
(sic!), a vivir en paz unos con otros en un espíritu de buena vecindad, a
unir sus fuerzas para mantener la paz y la seguridad internacionales..."
Ahora bien, en contradicción aparente al principio de la igualdad tan solemnemente estfpulada se encuentran sobre todo:
a) La admisión restringida de los miembros.
b) El veto privilegiado de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
c) Las disposiciones excepcionales tomadas en perjuicio de los " pueblos
enemigos".
1
Cf. PIERRE GERBET, Les Organisations lnternationales, Presses Universitaires de
France), 4e. éd. 1960, p. 57.
2
Cf. CHARLES CBAUMONT, L'O.N.U.", (Presses Universitaires de France), 4e. éd.
1964, p. 16.

652

ad a) Fueron invitadas a la Conferencia de San Francisco en 1945 solamente las naciones que habían efectivamente luchado bajo el nombre de las Naciones Unidas o "las que hubiesen declarado la guerra al enemigo común antes
del lo. de marzo de 1945". Se trataba pues ante todo de una manifestación de
seguridad de las Potencias que combatieron contra el Eje. Se trataba de
mantener en tiempo de paz la alianza establecida en tiempo de guerra --decía
Pierre Gerbet- ( 1 p.c. 58) siendo las Potencias victoriosas las que debían
perpetuar su solidaridad para asegurar la defensa de la paz. La O.N.U. fue
creada por los vencedores, para que rehusase ocuparse de la liquidación del
conflicto mundial por no ser de sus atribuciones la redacción de los tratados de paz.

Aunque el principio de la vocación universal de la 0.N.U. pida una participación total de las naciones en las organizaciones internacionales, exigida
además por el reconocimiento del derecho que tiene cada nación a entrar
en una organización con vocación universal, que quiere "ser un Centro en
el que armonicen los esfuerzos de las naciones" (Haft 1, 4), la carta de la
O.N.U. abandonó este principio al someter la emisión de nuevos nombramientos a una serie de condición y de forma. Según el artículo IV de la carta,
"pueden hacerse miembros de las Naciones Unidas todas las naciones pacíficas que acepten las obligaciones de la presente Carta y, a juicio de la Organización, sean capaces de cumplirlas y estén dispuestas a hacerlo"; "la admisión, como Miembro de las Naciones Unidas de toda nación que llene estas
condiciones se hace por decisión de la Asamblea General bajo recomendación del Consejo de Seguridad". Es pues el Consejo de Seguridad el que
decide; es el mismo órgano el que -como lo veremos más tarde- se encontrará condenado a la inercia por el veto de un solo miembro permanente
Y podrá excluir a todo nuevo miembro según las vicisitudes siempre cambiantes de la política internacional.
ad b) En oposición al principio de la igualdad, la Carta de la O.N.U. había
concedido un poder extraordinario a las grandes Potencias, con lo que, en
el caso de un desacuerdo entre ellas, toda actividad de la O.N.U. se encontrará paralizada y condenada a la inercia.

En conformidad al artículo XXIII de la Carta, el Consejo de Seguridad se
compone de once Miembros de la Organización: cinco miembros permanentes, designados por la Carta misma -China, Francia, la URSS, el Reino
Unido y los Estados Unidos- y seis miembros no permanentes, elegidos
cada dos años por la Asamblea General. El Consejo no podía decidir sino
en el caso de una mayoría de siete voces, de las cuales cinco eran necesariamente las de los miembros permanentes. Por consiguiente, un solo miembro
permanente podía por su veto bloquear la decisión de la mayoría del Consejo.
653

�En particular, era la resolución llamada Acheson del 3 de noviembre de 1950
la que servía de medio para sortear las dificultades debidas al veto de las
grandes Potencias y la que marcaba una evolución tendiente a subrayar, en
el ámbito del mantenimiento de la paz, el papel de la Asamblea General en
detriment~ ~el Consejo de ,?eguridad. La resolución intitulada "unión para
el mantenmuento de la paz , del 3 de noviembre de 1950, estipuló que: "si
el Consejo de Seguridad, por falta de unanimidad, no llega a cumplir con
~u respo~sabilidad principal en el mantenimiento de la paz y de la seguridad
mtemac10nales, la Asamblea examinará inmediatamente la cuestión a fin de
dar a sus miembros las recomendaciones apropiadas sobre las medidas correctivas que hayan de tomarse, inclusive el empleo de la fuerza armada para
mantener o restablecer la paz y la seguridad intemacionales".4 El papel de
la Asamblea General, la cual toma sus decisiones por mayoría simple de
votos (salvo para las cuestiones importantes, en las que se exige una mayoría
de dos tercios) , ha prevalecido sobre el papel del Consejo de Seguridad a
pesar de la disposición de la Carta según la cual (art. II, § 2) "toda cuestión
de este género" ( de paz y de seguridad ) que requiere una acción es remitida
al Consejo de Seguridad por la Asamblea General, antes o después de una
atingente discusión".
. Es precisam~nte la Asamblea General la que asegura a las pequeñas y medianas Potencias un cierto predominio. Pero este predominio es falaz si se
considera el hecho de que las pequeñas y medianas Potencias han terminado
agrupándose en tomo a una u otra de las Potencias-Coloso, Estados Unidos y la Unión Soviética.

De acuerdo con una modificación de la Carta, hecha el 3 de agosto de 1965,
desde el lo. de enero de 1966 el número de los miembros no permanentes
del Consejo de Seguridad fue aumentado de seis a diez, lo cual cambia un
poco en este cuadro, la relación de las fuerzas. Un órgano restringido -el
Consejo- debe ser el motor de la institución; de esta manera el principio
de las grandes Potencias se acusa claramente y toma un relieve vigoroso.
Se había dado aquel poder a las grandes Potencias para hacerlas dueñas
de la guerra y de la paz y para hacer más eficaz la actividad de la Organización misma, dándose como un hecho por tiempo ilimitado la conditio sine
qua non de todo funcionamiento, a saber la unanimidad permanente de los
vencedores sobre el Eje de 1945. "Pero la eficacia de la nueva Organización
se fincaba en definitiva sobre un postulado: el del acuerdo entre las grandes Potencias. Si los Grandes permanecen solidarios, la O.N.U. será todopoderosa ante los medianos y pequeños países. Si los Grandes se desunen, la
0.N.U. quedará paralizada. Ello postulaba también que una gran Potencia
nunca intentaría turbar la paz, puesto que toda acción de la O.N.U. contra
ella quedaría bloqueada por su veto" (Cf. Pierre Gerbet l. c.p. 60) . Permitir a cada Estado paralizar el esfuerzo común por su veto era condenarse
a la impotencia.
No hay que extrañarse por consiguiente ante el hecho de que se haya
acariciado la esperanza de que fuera precisamente la Unión Soviética la que
hubiera de proteger eficazmente el "status quo" en Europa. En este sentido,
es ya representativa la opinión de un escritor de 1945 que nutría una esperanza que, en esta época, era común en la mayor parte de los políticos: "En
la Europa de mañana, la URSS constituirá el muro de sostén de todas las
construcciones orientales... Fundándose en este axioma, el pacto anglo-soviético de 1942 y el pacto franco-soviético de 1944 son pruebas de un realismo de buen talante... Si el dispositivo de la seguridad europea debe reposar en el Este sobre la Unión Soviética, en el Oeste será, Inglaterra y Francia quienes habrán de ser llamadas naturalmente a formar la pieza clave".ª
Con esta condición, se podría estar tranquilo ante el hecho de que el Consejo de Seguridad será siempre el pivote del sistema de la O.N.U. y mantendrá
en sus manos todos los hilos.
Sólo cuando empezó la guerra fría a inquietar las conciencias europeas y
americanas se cayó en la cuenta de las desastrosas consecuencias de lo que al
principio no era sino una pesadilla.
Para poner fin a la parálisis del Consejo de Seguridad se esforzaba en hacer
pasar a la Asamblea General la responsabilidad del mantenimiento de la paz.

La O.N.U., de hecho constituida en escenario de vana rivalidad de dos
hegemonías, en lugar de ser el cuadro de las conciencias nacionales para
modelar la conciencia de la comunidad humana, no se contenta de ninguna
manera con permanecer como un máximo tribunal para todos los Estados

ª Cf. MAURICE
1945, p. 150.

ternationales, p. 67.

654

BoURQUIN,

Vers une Nouvelle Société des Nations, Neuchatel (Suisse),

ad c) En virtud del Art. II, § 6 (La Organización procede de tal suerte
que los Estados que no son Miembros de las Naciones Unidas actúen en conformidad a estos Principios en la medida que sea necesaria al mantenimiento
de la paz y de la seguridad internacionales), la O.N.U. dispone de medios
de acción que la autorizan a tomar medidas aún en el caso de Estados que
no sean miembros en circunstancia en que la paz y la seguridad internacionales estén en juego, a pesar de que según el Derecho Internacional General
las disposiciones de un tratado no deben ser susceptibles de oposición a las
de los Estados no incluidos directamente en aquél. ( Cfr. Ch-Chaumont, l.
c. p. 62) .

' Cf. Cn. CnAUMONT,

L'O.N.U., p. 58

ss.

y 75; y P. GERBET Les Organisations In-

655

�no-miembros, sino que se precia de pedirles que actúen en conformidad con
los principios de los que es depositaria en la medida que sea necesaria al
mantenimiento de la paz y de la seguri&lt;;lad internacionales {Art. II § 6).
Entran en esta categoría todas las disposiciones enumeradas en los §§ 3, 4 y 5
del Art. II (sobre todo la obligación de arreglar sus malentendidos internacionales por medios pacíficos, de abstenerse de recurrir a la amenaza o al
empleo de la fuerza, y de abstenerse igualmente de prestar asistencia a un
Estado contra el cual la O.N.U. emprenda una acción preventiva o coercitiva). Los Estados no-miembros están obligados además a tolerar cualquier
pesquisa en sus territorios cuando ésta haya sido ordenada por el Consejo
de Seguridad en conformidad con el artículo 34 de la Carta que dice:
"El Consejo de Seguridad puede investigar sobre todo malentendido o
sobre toda situación que pudiera acarrear un desacuerdo entre naciones
o engendrar otro malentendido, a fin de determinar si la prolongación
del malentendido o de la situación puede convertirse en amenaza del
mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales".

La situación más delicada y más penosa que pueda ofrecerse a un Estado
no-miembro es sin duda la decisión tomada por el Consejo de Seguridad según el Art. 39 de la Carta, a saber que existe en tal o cual país aun nomiembro de la O.N.U. una amenaza contra la paz aún si según la opinión
del Estado no-miembro una tal amenaza no existe de ninguna manera; el
texto del Art. 39 precisa:
"El Consejo de Seguridad nota la existencia de una amenam contra la
paz, de una ruptura de la paz o de un acto de agresión y dicta recomendaciones o decide qué medidas han de ser tomadas. .."

La aplicación del artículo 39 contra los Estados no-miembros tuvo una importancia mundial por ejemplo cuando las Naciones Unidas en la Guerra de
Corea tomaron medidas coercitivas contra un Estado no-miembro (Corea del
Norte).
A pesar de que la compatibilidad con el Derecho Internacional General
de la actitud de las Naciones Unidas hacia los Estados no-miembros, se encuentra todavía vivament'e discutida, la no-compatibilidad con el Derecho
Internacional, de la actitud de la O.N.U. hacia los Estados que en el curso
de la segunda guerra mundial habían sido enemigos de los miembros de la
O.N.U., se hace evidente a los ojos de cualquiera que haya guardado una
pequeña idea de lo que es la justicia internacional.
Se atenta contra bases fundamentales de todo derecho de gentes en los
656

textos de los artículos 53 y 107, los cuales preconizan una ley excepcional
contra los Estados-enemigos de la segunda guerra mundial y descargan a los
~stados v:~cedores de la obligación general de paz, considerada por lo demás
rmportantis!Illa:
Art. 53 : § 1 "El Consejo de Seguridad utiliza, si hay lugar para ello, los
acuerdos u organismos regionales para la aplicación de las medidas coerc~t~vas tomadas bajo su autoridad. Sin embargo, ninguna acción coercitiva. podrá s~r emprendida en virtud de acuerdos regionales O por
organis:nos regionaJ_es sin la autorización del Consejo de Seguridad; se
exceptuan las medidas contra todo Estado-enemigo en el sentido que
propone la d~fin~~ión tomada en el § 2 del presente artículo, y previstas en la . ap_licacz_on del Art. 107 o en los acuerdos regionales dirigidos
contra reincidencia, por un tal Estado, en una política de agresión, hasta
~l momento en que la Organización pueda, a petición de los gobiernos
interesados, encargarse de la tarea de prevenir toda nueva agresión por
parte del mismo Estado.

Art. 53: § El término estado-enemigo, empleado en el § J del presente
artícu~o, se a~lica a to~o Estado que, en el curso de la segunda guerra
mundial, ha sido enemigo de cualquiera de los miembros de la presente
Carta".
Art. 10~; "Ninguna_ disposició~ de la presente carta afecta o prohibe
una acezan _emprendida. o autorizada, como consecuencia de esta guerra,
por los gobiernos que tienen la responsabilidad de tal acción, en contra
de un Estado que, en el curso de la segunda guerra mundial ha sido
enemigo de cualquiera de los miembros de la presente Carta".'
Ana~ados a la luz del derecho de gentes, estos 2 artículos constituyen un
acto ~nilateral de fuerza frente a los Estados vencidos de la segunda guerra
mundial, los cuales en su calidad de no-miembros son considerados sin embargo como sumisos al Art. II, § 6 de la Carta y por consecuencia están oblio-ados
a actuar en conformidad con los principios de la misma Organizació:, la
cual detennina su situación de parias según los artículos 53 y 107. Y sin embargo, en virtud de los mismos artículos, numerosos miembros de la O.N.U.
son simultáneamente declarados libres de emprender una acción coercitiva
contra un "Estado-enemigo", según la terminología del Art. 107.
Te~endo en cuenta la posibilidad de agresión de un Estado vencedor, por
c_u~q'.11er razón, y bajo pretextos difícilmente verificables, esta agresión revestira S!Illultáneamente de un carácter legal a todos los actos dirigidos contra
657
e H-42

�las potencias coaligadas con un Estado vencido y comprometidas a auxiliarlo
(véase por ejemplo los pactos de las potencias del Oeste con Alemania, por
una parte, y los pactos del bloque del Este por otra parte) , de suerte que en
caso de una hostilidad soviético-americana cada uno de estos dos estadosmonstruos podría hacer valer que su acción estuviese dirigida, según el artículo 53, parágrafo 1 de la Carta, "contra la reincidencia de una política de
agresión" por un estado-enemigo (Alemania) o que fuera tqmado según el
artículo 107 como consecuencia de esta guerra. 5
Los artículos 53 y 107 de la Carta atentan también contra el Pacto Kellog
sin que se pueda remitir al artículo 103 de la Carta ("En caso de conflicto
entre las obligaciones de los miembros de las Naciones Unidas en virtud de
la presente Carta y las obligaciones que tuvieren en virtud de cualquier otro
acuerdo internacional, serán las primeras las que prevalecerán"). Lo cual hace
prevalecer las "obligaciones" de la Carta solamente frente a obligaciones l!SUmidas en virtud de otro Pacto, pero no frente a los derechos excepcionales que
preceden absolutamente a las obligaciones generales del derecho de gentes.6
¿¿Para qué sirven por consiguiente (podríase preguntar) todas las protestas
y solemnes afirmaciones de paz, si a causa de la exclusión de la ley a propósito de los "Estados-enemigos" de tiempos pasados se llegara a una situación que cubra simultáneamente la "legalidad" de una agresión contra "Estado-enemigo" de otro tiempo y "la legalidad" también de una agresión ejeº"de antano.
-;,
cutada contra los Estados que se ligaron con tal " Estado-enenugo
De esta manera se ha introducido el Caballo de Troya en el sistema de las
Naciones Unidas7 y también de esta manera ha perdido para siempre su
importancia toda discusión sobre el término ambiguo de "agresión", después
• Cf. STONE, Legal Controls of lnternational Conflict, 1954, p. 252: "This division
makes it like!y that in any hostilitics which might 3.!"ise between the Sovjte Union and
the Western States, each could plausibly allege that its actíon was diected, under article
53, paragraph 1, against 'a renewal of agressive polícy' by an ex-enemy (a German )
State, fighting on the other side; or was 'action ... tal;:en ..." as a result of "the Second
World War under Artícle 107" et p. 303: "Insofar as these enemies become disposed
as allies of rival blocs of Membres, warlike acts may be cloaked with more or less
legal effect as 'action' against the particular ex-.enemy State".
FR. BERBER, Probleme der Illegalisierung des Kricges durch die Satzund d er Uno"
in "Zeitschrift für Politik", Munich 1961, II, p. 118: "Damit verstossen diese Bestim-

mungen in eklatanter Wei eggegen den die gesamte Volkerrechtsordnung beherrschenden
und die Volkergemeinschaft konstituierenden Gleichheitsgrundsatz, da nicht ihre konkrete
Gefahrlichkeit sondem nur die historische Tatsache ihrer ehemalígen Zugehorigkeit zur
Gegenseite der wichtigeren UNO Mitglieder den Mabstab für diese Diskriminierung
liefert''.

• Cf. Fn. BERBER, Lehrbuch des Volkerrechts, Bd. I., S. 208 ss.
Cf. FR. BERBER, Probleme der Illega/isierung.. .", p. 119.

7

658

de que el problema de su definición retuvo la atención de los hombres de
estado y de los juristas durante un medio siglo.
Lo que se encuentra comprometido y corre el riesgo de perderse es el
espíritu mismo de la Carta de las Naciones Unidas, ya que los artículos 53
y 107 contienen disposiciones incompatibles con los principios fundamentales
de la equidad de derechos fijados en el preámbulo de la Carta ("igt¡aldad de
las naciones, grandes y pequeñas" - "equal rights of nations large and small").
Aún cuando una "debelatio" haya tenido lugar bajo la forma de una "reddition inconditionée" ( "unconditional surrender") el derecho de gentes no
soporta de ninguna manera un tratado prejuicioso en menoscabo de los Estados vencidos por tiempo ilimitado.8
Una de las pruebas más fatales del desconcierto que dejaba entrever este
"Caballo de Troya" introducido en la Carta por medio de los Arts. 53 y 107
fue dada por los Soviets en 1948 al hacer valer la perspectiva de que si quisiera el Consejo de Seguridad intervenir en el problema del bloqueo de Berlín,
ello constituiría una violación directa del artículo 107 de la Carta de las
Naciones Unidas.
Tomando en consideración un tal estado de cosas, se comprenderá fácilmente que una invalidación de estos dos artículos en cuestión surge como una
de las tareas más urgentes que las Naciones Unidas deberían considerar propia de su deber inmediato.
Juan XXIII en su encíclica "Pacem in terris" subrayaba la importancia
de la O.N.U. y expresaba vivamente el deseo de "que la Organización de
las Naciones Unidas puede adoptar cada vez mejor sus estrncturas y sus
medios de acción al amplio terreno y al alto valor de su misión". Y Paulo
VI aumentaba este elogio opinando que "no se puede concebir nada más
elevado, en el plano natural, dentro de la construcción ideológica de la humanidad" .
Ahora bien, nosotros hacemos también el elogio del programa de la O.N.U.
encerrado en su preámbulo, pero consideramos que ello no nos impide de
ninguna manera criticar su espíritu de realización que, por ejemplo, no le
pudo impedir (y esto apenas unas semanas después de su constitución) legalizar por medio del documento de Potsdam ( 17 de julio de 1945) la e&gt;qmlsión de unos quince millones de cristianos de origen alemán.
¿Quién tiene la culpa?
Juan XXIII tuvo cuidadosa precaución en distinguir entre las falsas doctrinas filosóficas y sociológicas, por una parte, y los movimientos históricos
ampliamente influenciados por el curso de los acontecimientos, aún cuando
8

Cf. JosEF SoDER, Die Vereinten Nationen und die Nichtmitlgieder Bonn, 1956,
p. 164 y 227.

659

�estos últimos hayan debido su origen y tomen aún su inspiración de aquellas
teorías, por la otra; él deseó
que una nueva energía venga a animar a los gobernantes, la cual pueda
ayudarles a creer en la presencia de Dios en la historia y a aceptar su
ley, hasta en sus últimas consecuencias lógicas, hasta en las aplicaciones
concretas que comporta, así como que sean llevados a hacer absolutamente todo con espíritu de obediencia a un deber que los trasciende,
que trasciende la vida de los individuos, y que, con este espíritu, no
descuiden nada de lo que puede favorecer al desarrollo de la persona
humana y asegurar aquí abajo una vida en sociedad que tenga por
9
sólidos fundamentos la verdad, la justicia, la paz y la libertad.

La exigencia más urgente en nuestros días para alcanzar y garantizar una
paz fundamentada en la verdad, la justicia y la libertad, será pues el tomar
conciencia por parte de la O.N.U. y de sus organizaciones sucursales (de las
cuales la más importante a la luz del clima espiritual del mundo es sin duda
la UNESCO) de la necesidad de una filosofía teísta acorde con los intereses
de un humanismo cristiano: "Si el mundo se siente extraño al cristianismo,
el cristianismo no se siente ajeno al mundo", así hablaba Paulo VI en Belén
el día de la Epifanía en el año de 1964; con ello aprobaba la verdadera
palabra bien conocida de los escolásticos: coniunctio hominum cum Deo est
coniunctio hominum inter sese, et celle du grand Leibniz: existentia entis
alicuius sapie_ntissimi seu Dei est juris fundamentum ultimum ( § 76) . Las
grandes verdades constituyen el más fuerte y aún único lazo social y étnico;
tan luego como se les abandona las naciones quedan próximas a la ruina.
La unidad religiosa e intelectual es la más sólida base de las unidades sociales
y étnicas.
Ahora bien, vista con esta óptica, ¿ cuál es la filosofía adoptada o recomendada por la UNESCO encargada por la O.N.U. de vigilar la Educación,
la Ciencia y la Cultura del mundo?
El preámbulo de una de sus más importantes instituciones especializadas de
envergadura mundial, a saber de la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO ), es digno de una alabanza igual a la del preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas.
En efecto, gracias a una inteligencia verdaderamente sagaz y global, se cayó
en la cuenta "que, puesto que las guerras nacen en el espíritu de los hombres,
es en el espíritu de los hombres donde deben ser levantadas las defensas
9 Cf. el discurso que Juan XXIII dirigió a los miembros del cuerpo diplomático en
la ceremonia celebrada el 11 de abril de 1963 en la Capilla Sixtina.

660

~e la paz; que la incomprensión mutua de los pueblos es lo que ha sido
siempre, ~n el curso_ de la historia, el origen de la sospecha y la desconfianza
entre naciones, habiendo degenerado a menudo sus desacuerdos en guerras•
que la gran Y terrible ~erra que acaba de terminar se hizo posible a cau~
de haberse renegado el ideal democrático de dignidad, de igualdad y de respeto
a la_ persona h~~~na y por la voluntad de sustituirle, explotando la ignorancia y el preJwc10, por el dogma de la desigualdad de las razas y de los
hombres; q_~e, dado que la ~gnidad del hombre exige la difusión de la cultura
Y la educac10n de todos en Vistas de la justicia, de la libertad y de la
·t
ara t d l
.
d
paz exis en,
P, . o as as naciones, eberes sagrados que deben cumplirse con un esp:nt~ de mut~~ asistencia; que una paz fundada sólo sobre los acuerdos econoffilcos y pohticos de los Gobiernos no podía acarrear la adhesión unánim
duradera y_ smcera
·
de los pueblos y que, por consiguiente, esta paz debe
e,
ser establecida sobre el fundamento de la solidaridad intelectual y
l
d I h
.d d" ( p , b
mora
e a . umam a • ream ulo de la Convención de la UNESCO del 16
de noviembre de 1945).
El obje~v~ sublime _de 1~ UNESCO, a saber "la libre búsqueda de la
v~rdad ob¡etw~ y el libre intercambio de las ideas y de los conocimientos
(ib.) , es lo nns~o. qu~ cada filósofo, cada sociólogo, cada pedagogo debe
reconocer Y segwr s1 qmere aspirar a ser fiel a su alta vocación
El objetivo -~eneral de la UNESCO se encuentra precisado. en el Art. I
de la Convenc1on del 16 de noviembre de 1945 que se expresa como sigue:
La Organi~ación se propone contribuir al mantenimiento de la paz y
de la seguri~~d estrechan~o, por la Educación, la Ciencia y la Cultura,
la colaboracwn entre nacumes, con el fin de asegurar el respeto universal de la justicia, de la ley, de los derechos del hombre y de las libertades fundamentales para todos, sin distinción de raza de sexo de
lengua o de religión, que la Carta de las Naciones Unid-:is recono;e a
todos los pueblos.

Ciertamente, na~ie puede poner en duda que la UNESCO se ha preocupado.mucho del bienestar de la humanidad en una escala mundial. Ha favor:c1do el c?nocimiento y la comprensión mutua de las naciones ha dado
un rmpulso vigoroso a la educación popular y a la difusión de la cuÍtura y ha
ayudado al mantenimiento, al progreso y a la difusión del saber. Además
ha ayudado mucho al mejoramiento de las instituciones culturales en los país~
devas~dos ! ha constituido un gran número de fondos de socorro facilitando
el meJorarruento de la alimentación para la conservación de los recursos naturales y por muchos otros medios.
La UNESCO ha fomentado el espíritu internacional e inculcado a todos el
661

�respeto de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y reafirmado por todas partes el profundo apego a las libertades fundamentales que
constituyen los cimientos mismos de la justicia y de la paz en el mundo.
Pero, ¿ cuáles son las últimas bases fundamentales sobre las que está edificado todo el edificio y todo el sistema de la UNESCO? ¿A qué sostén de
su poder ejercido sobre todas las culturas del mundo se remiten sus directivos?
Es sin duda de gran importancia conocer lo que el primer Director General y su sucesor pensaron acerca de esto.
En su discurso de adiós que el primer Director General de la UNESCO,
Dr. Julián H uxley, pronunció con ocasión de la tercera sesión de la Conferencia General de la UNESCO en Beirut el lo. de diciembre de 1948 (el
mismo día que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre era
proclamada por las Naciones Unidas) subrayaba la necesidad de la UNESCO
de reducir las distancias psicológicas de las naciones porque ninguna paz
podrá ser permanente si no está basada sobre la cooperación en los asuntos
cient'úicos y culturales. El segundo Director General, Jaime Torres Bodet,
ex-ministro de México, trató de poner en evidencia la universalidad de la
verdad llamando a la UNESCO la conciencia de un mundo nuevo cuyo cuerpo político está formado por las Naciones \Jnidas. La paz como la guerra,
decía, es antes que nada un estado del espíritu humano. Por esta razón debe
ser fundamentada sobre "la solidaridad intelectual y moral de la humanidad"
(Cfr. el preámbulo de la Convención de la UNESCO) . Vista la importancia
de las declaraciones hechas con ocasión de la sesión de Beirut, el cuadernillo que las resume bajo el título "This is our Power..." goza pues de una
importancia marcada en la propaganda de la UNESCO y es frecuentemente
citado. El poder de la sabiduría o de la verdad ( the power of ,'t'isdom or
10
truth), he ahí las bases a las que ha de referirse cualquier crítica seria.
10 "This is our Power..." (UNESCO publication 273) p. 1:
"there is the power
oí war, or trite power which considers that the way to lead men is to know where they
should go, and to tell them, explaining to them as if they were rational beings why it is
the right way'';
p. 3 : "Unesco has the authority of the human conscience. It has the power over
men their own consciences- no more and no less;
p. 6 "no peace will be permanent unless it is based on co-operation in scientific and
cultural affairs";
p. 13: "Truth is universal. Those who deny that first principie and found their hegemony on biased and incomplete reasoning preach lies. Hence the importance of
Unesco's task, because Unesco, truth, and peace, constitute essentially a single enterprise. The United Nations are the body politic of a new world, and Unesco is its
conscience". (Bodet) ;
p. 15: "Peace, like war, is above all, a state of mind... this was our fundamental
idea".

662

Desd~ el moi:nento en que la UNESCO aspira a una identificación de
su p~op1~ doctnna con la sabiduría o la verdad misma y pretende ser "la
conciencia del nuevo mundo", no puede más evitar que se someta a sus b·
ases
f1·1oso'f.icas a una contraverificación.
Ahora bien, no basta que la UNESCO proteste y obligue que el volumen
que
. trata
D.sobre El objetivo y la filosofía de la UNESCO 11 publicado por su
p~er 1rector ?e~eral, el Dr.. Julián Huxley, es de orden puramente in0_ficial Y por consi~ente no obligatorio; de todas maneras este libro seguirá
siendo una fuente magotable para poner a descubierto el fondo metafísico
de la UNESCO Y para echar una mirada por detrás de su escenario espiritual
Ya ~n ~l, texto publicado en Londres por la "Comisión Preparatoria de 1~
Orgamzac10n de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la
Cultura"
el 15 de septiembre de 1946 (UNESCO /C/6) J'uli,an H ux1ey re1·
. .
vmd1ca . para la UN~SCO "a working philosophy, a working hypothesis12
c_oncerrung human eXIStence and its aims and objects" que sólo "an evolutlo~ary "".orld h~,anism" de orden científico "on a truly monistic, unitary
philosophical basIS puede ofrecer (ib.p.6/7). Se trata por consiguiente de
~ue la ?NESGO adopte como punto de partida de su filosofía no un dualismo, smo una base filosófica verdaderamente humanista, buscando la unida?. de todos lo~ pueblos del mundo en un humanismo científico universal,
unif1ca~do los diferentes aspectos de la vida humana e inspirándose en la
~volucion, desde un punto de vista evolucionista; de esta manera, el destmo del hombre puede resumirse muy simplemente así: Realizar el máximo
de progreso en un mínimo de tiempo (ib. p. 12) . Porque la filosofía de la
UNESCO debe apoyarse sobre el evolucionismo, y por ello el concepto de
progreso debe encontrarse en el centro mismo de esta filosofía.
En ~os ?~minios de la filosofía, de las humanidades y de las artes, el método científ1c~,. au~que. necesario, no es suficiente. Ya no es suficiente porqué
aquellos dommios implican juicios de valor a la vez que cuestiones de hecho
Y de comprensió~ intelectual ("because in them value-judgements are involved
as well as _questions of fact and of intelectual comprehension"; ib. p. 39) .
presencia de valores rivales la UNESCO no puede permanecer neutra
( UNESCO cannot be neutral in the face of competing values"). y la
UNESCO no es neutra de hecho; "aún si debiera rehusar llevar a cabo entre los valores una elección consciente, descubriría que las necesidades de

~?

u Cf. D r.
1947.

Ju¡-tán Huxley~ "Unesco: Its purpose and its philosophy", Washington

e ~ La traducción del té~o """.ork~g philosophy'' · por "filosofía del trabajo" es
~onea porqu~ el autor del ;d1oma mgles no tiene aquí en cuenta una filosofía que explicara el sentl~o del trabajo, sino más bien una filosofía que explota toda la virtualidad
que le es propia.

663

�acción suponen esta elección, de suerte que sería llevada, al fin de cuentas,
a adoptar inconscientemente un sistema de valores". ¿Cuál? Es aquí donde
la filosofía del humanismo evolucionista le servirá de guía. La UNESCO
conformará sus valores éticos a las direcciones discernibles en la evolución
fundamentándolos en el hecho del progreso biológico y formando con ellos
una superestructura adaptada a los principios del progreso social ("It ~11
accordingly relate its ethical values to the discernible direction of evolut1on,
usino- the fact of biological progress as their social advance"; ib. p. 40) .
Sob;e esta base, no existe nada inmutable o eterno en ética, aunque subsistan valores éticos generales y duraderos, a saber los que favorecen una
organización social de naturaleza tal que pueda dar a los individuos todos
los medios de desarrollar o de expresar su personalidad de una manera compatible con el mantenimiento y el progreso de la sociedad.
Quedan como inadmisibles para la UNESCO, sobre todo, los modos del
pensamiento juzgados dogmáticos, sean éstos del dominio de la filosofía o
del de la teología. Para Huxley se trata pues de evitar todos los dogmas sean
cuales fueren, ya sea que se trate de un dogma teológico, marxista, filos_ófico
0 de cualquier otra naturaleza: "we must eschew dogma -whether 1t be
theological dogma or Marxist dogma or philosophical or any other form of
dogma"; para Huxley todo dogma no es sino la cristalización de algún sistema de ideas que han dominado una cierta época: "for that is what d~gmas
are- the crystallisation of sorne dominant system of thought of a particular
epoch" (ib. p. 61).
La tarea principal consiste en ayudar al nacimiento de una cultura mundial
única que posea una filosofía propia, una estructura ideológica y un vasto
programa de acción.
En fin es la idea de un régimen mundial y único el que inspira la moral
última d~ la UNESCO. Esta debe considerar una forma cualquiera de unidad política mundial (sea gracias a un gob_ierno mundial ~ico, sea de _otra
forma) como el único medio seguro de evitar la guerra: 1t must env1sage
sorne forro of world political unity, whether through a single world government or otherwise, as the only certain means for avoiding war", (ib. p. 13) •
De manera tópica, en su programa de educación, la UNESCO puede hacer
resaltar la necesidad última de la unidad política mundial y familiarizar a
todos los pueblos con todo lo que implicaría la transferencia de la plena
soberanía de las naciones separadas a una organización mundial: "Specifically, in its educacional programme it can stress the ultimate need for world
política! unity and familiarise ali peoples with the implications of the transfer
of foil sovereignity from separate nations to a world organisation" (ib. p. 13) ·
Aunque este libro del primer Secretario General de la UNESCO, el Dr.
664

Julián Huxley, no aspira de ninguna manera a ser interpretado como la expresión oficial de la filosofía que nutre a esta organización mundial, no por ello
es menos importante para darse cuenta del clima espiritual que allí reina.
Ahora bien, nadie podrá negar que es la filosofía positivista la que, con exclusión de todas las metafísicas fundamentadas sobre verdades y valores de orden
objetivo, priva sobre las demás interpretaciones filosóficas del mundo y del
hombre. Además, la terminología que pone de relieve al humanismo fue de lo
más proteico que se puede imaginar.
Es estrictamente necesario tomar conciencia de los numerosos "fideísmos
científicos" de muchos filósofos contemporáneos que se colaron en ese "adogmatismo dogmático". El problema del hombre como tal en los últimos años de
nuestra época ha vuelto a ser el problema central de la filosofía. La antropología
filosófica es una de las denominaciones modernas de un giro de espíritu tan
viejo como la filosofía misma. Lo que es nuevo es la tendencia marcada a escamotear la trascendencia que le fue propia durante tantos siglos; lo que es
nuevo es la tendencia a dejarse absorber por el juego de una nueva interpretación que se llama "humanismo" y que no es menos dogmática que aquella interpretación a la que se pretende reemplazar. En efecto, no se trata de sustituir la fe por una ciencia, sino más bien una fe "positivista" a la fe "trascendente". La problemática milenaria de interpretación de lo que se comenzó a
llamar humanismo puede ser reducida a un doble antagonismo de dos posieiones fundamentales, según que se trate del hombre autónomo o del hombre
teótropo. Según el concepto del hombre autónomo el humanismo se identifica
con el existencialismo ateo. Es así como el ateísmo militante pretende ser una
de las filosofías más humanas después que ya Carlos Marx había identificado
en sus primeras publicaciones al comunismo con el naturalismo acabado y
este último con el humanismo también acabado. 13
Ahora bien un humanismo enraizado en la filosofía positivista como el del
primer Secretario General de la UNESCO (Julián Huxley) no está a medida
de ofrecer la base sólida para una organización mundial porque, por su intolerancia frente a las verdades y valores objetivos de otras filosofías, adopta
la misma intolerancia que había descartado precisamente por ser intole10

Cf. HANNS Ln.JE, Atheismus, Humanismus, Cristentum, Hambourg, 1962, p. 37 ss.
Cf. Ivo HOLLHUBER, Philosopher c'est apprendre a ·etre homme, Actes du Xleme
Congres International de Philosophie, Bruxelles 1953, vol. XIV, p. 9 y ss.
Ivo H&lt;iLLHUBER, La Cita del hombre Moderno consigo mismo, Memorias del XIII
Congreso Internacional de Filosofía, México 1963, vol. II, p. 179 ss.
KARL MARX, Frühschriften (ed. A Kroner), Stuttgart, 1953, p. 235.
] EAN PAUL SARTRE, L'existentialisme est un Humanisme, París 1946.
]ACQUES MARITAIN, Principes d'une Politique Humaniste, París 1945.
LEOPOLDO PALACIOS El mito de la Nueva Cristianidad Madrid 1952.

665

�rancia. Con mucha razón, pues, Heinrich Kipp en su volumen "UNESCO",
Munich 1957, plantea la cuestión de que si se podrá alguna vez tener éxito
en el intento de salvaguardar suficientemente la fe en los derechos fundamentales del hombre y en la dignidad y el valor de la persona humana, rechazando el reconocimiento de su fundamento último en la trascendencia
divina.14
Cualquiera que juzgue nuestras aprensiones demasiado lúgubres y sin la suficiente fundamentación en el texto de 1946 o 1947 publicado por el primer
Secretario General de la UNESCO, es remitido a un volumen de fecha mucho más reciente del mismo autor que nos muestra los frutos maduros de los
brotes de entonces: El agnosticismo de antaño ha dado en un ateísmo profesado francamente en los "Essays of a Humanist'' del mismo autor. Aquí Dios
ya es transformado por Julián Huxley en "una hipótesis construida por el
hombre para _ayudarlo a comprender el sentido del ser", y la afirmación de
que Dios es la realidad fundamental y última es "un engaño semántico de
una constatación tan vaga que va a perder toda clase de sentido" .15
Pero hay más. En demérito de la UNESCO no faltaban voces que expresaron dudas y aprensiones siniestras que no queremos dejar en silencio, aun
cuando, en algunos puntos por lo menos, nos encontremos distantes de su
significado.
En un artículo muy sucinto -"¿Debería morir la UNESCO?" 16- el conocido filósofo y pedagogo italiano de envergadura mundial Benedetto Croce, hacía suya la opinión de que la falta de fuerzas eficazmente aptas para
formar una verdadera comunidad era sin duda la causa de que la obra concebida por un tal humanismo y realizada con un despliegue de tales fuerzas
como lo había sido la UNESCO, debía ya rápidamente resbalar hacia una
crisis tan grave que hacía surgir la cuestión de si debiera o no continuar
" Cf. HEINRICH KlPP, Unesco, Munich (Isar Verlag), 1957, p. 132-159.
15
JuLIAN HuXLEY, Essays o/ a Humanist (ed. Chatto 5 Windus, Ltd, Londres); Cf.
también la traducción alemana bajo el título de !ch sehe den künftigen Me:ischen,
Munich (List-Verl. ) 1965, p. 222: "Gott ist in Wirklichkeit eine von Menschen konstruierte Hypothese, die ihm helfen soll, in Sinn des Daseins zu verstehen"; p. 223: "zu
behaupten, Gott sei die letzte Realitat, ist, genau genommen, ein semantischer Betrug,
eine so vage Feststel Jung, dass sie jeden Sinn verliert".
J ulian Huxley se muestra además ignorante con respecto al dogma católico al hablar
de una "verdadera deificación de María" en el catolicismo (p. 222: "der eigentlichen
Vergottlichung Mariae im Katholizismus").
1
• Cf. BENEDETTO CRoCE Should Unesco Die?, en "The Manchester Guardian" del
18 y 19 de julio de 1950; también.
W. G. CARR, He Conditions Necessary for the Success of Unesco en " Reflections on
Our Age" ed. by D. Hardman, 1948 p. 299 ss.

666

subsistiendo. Fue Benedetto Croce quien -según la oprmon del sociólogo
austríaco Johannes Messner (Wien y Birmingham)- puso en fin el dato
en la verdadera razón del porqué la UNESCO estaba atorada.11 Aunque
Croce recibió cuatro veces Ja invitación de adherirse a ella, rehusó su colaboración a la UNESCO por juzgarla privada del indispensable lazo espiritual que hubiera sido el único capaz de fundamentar una comunidad y sin
el cual ni siquiera un justo término jurídico podía ofrecerse para designar
adecuadamente la estima que todos los miembros de la UNESCO deben cultivar para el hombre y sus derechos natural~s universalmente obligatorios.
Aún desde el punto de vista político surgieron sospechas graves frente al
papel que la UNESCO desempeña en el transfondo del escenario de la historia mundial. El general Sumpter L. Lowry había sometido a un comité del
senádo americano las siguientes aprensiones: La UNESCO le apareció como
un medio inventado por las Naciones Unidas para alcanzar su objetivo, a
saber la conquista del gobierno americano convertido en un gobierno mundial. Su tarea consistía en cultivar en los ciudadanos americanos el orgullo
vanidoso de ser ciudadanos de un Estado Mundial para que acepten un gobierno mundial como Ja cosa más natural del mundo. Con el fin de propagar
la idea falsa de una UNESCO como medio de alcanzar la paz mundial, el
"State Department", según él, debería ser constreñido a estigmatizar a la
UNESCO y a llamarla lo que ya le parecía ser de hecho: U na conspiración
para la creación de un Gobierno Mundial y para la conquista del gobierno
de los Estados Unidos.18
Sospechas aún más lúgubres atormentaban a Cristof Norborg, antiguo colaborador de la UNRRA, y a quien parecía que había llegado el momento de mirar la verdad de frente (por más penoso que ello sea): "Las Naciones Unidas
sirven únicamente al Kremlin y a su esfera de influencia".19
Ahora bien, la historia ha progresado desde el año de 1947, fecha de este
enunciado, y uno se puede convencer, una vez más, de que el peso de la
historia se carga sobre el de las doctrinas.
Douglas Reed, el antiguo colaborador bien conocido de T imes, estimó que
ya no estaba muy alejado el tiempo en el que, por los esfuerzos de la
"WARWG" (Organización Mundial de Parlamentos de un Gobierno Mun" Cf. JoHANNEs MESSNER, Widersprüche in der Menschlichen Existenz Vienne-Innsbruck-Munich (Tyrolia) 1952, p. 289.
18

Cf. SuMPTER L. LoWRY en The Tablet del 24 de julio de I 954, citado por Emmanuel Reichenberger, Wider Willkür und Machtrausch, Graz y Goettingen, 1955, p. 501.
18

Cf. CRISTOF NoRBORG en The Catholic World, septiembre de 1947, citado ibid.
p. 502.

667

�dial) se prepara un cambio de la Carta de la ONU de suerte que esto poco a
20
poco llegaría a transformarse en un gobierno mundial de orden dictatorial.
Recuérdese en fin el tono llano de las opiniones ilusionistas que W ende[
Wilkie ofrecía al gran público americano en su libro One World imitando la
táctica de Roosevelt.
Ahora bien, según Emmanuel Reichenbergen, viejo ciudadano americano,
ya no es un secreto que en los Estados Unidos círculos de gran influencia
( existen más de 200 organizaciones sin contar a los grupos lecales) colaboran
en la creación de un Gobierno Mundial, que se han propuesto alcanzarlo como
objetivo último. Reichenbergen hace recordar la relación ideo-histórica entre
los designios de las sociedades secretas en tiempos de la Revolución Francesa,
la entrada de los "Iluminados" en América, la ideología de Louis Blanc concerniente a un super-estado y la "Revolución Mundial", así como las construcciones
de Edward Mandell House, originario de Texas, quien gozaba de una influencia enorme durante los dos períodos electorales del Presidente Wilson,
sobre el cual en particular su influjo era eficaz así como sobre el Ministro
Inglés de Relaciones Extranjeras Sir Edwrd Grey. Siempre privaba la idea
principal de una autoridad superior a las naciones, sostenida por la fuerza.
Se hablaba de una unión de todos los pueblos formando una liga para obtener la paz por la fuerza. Creando una "General Association of Nations" sólo
se hubiera intentado fundar una liga de las naciones para mantener una especie de tiranía. Reichenberger no veía en todo esto sin una sola línea que
iba desde los iluminados hasta Louis Blanc; Philippe Dru y, más lejos, hasta
la WAPWG del año de 1953. Era por consiguiente de temerse el que un buen
día el regimiento de los ciudadanos unimundiales, tal vez aprovechando la
ocasión de una nueva guerra mundial, llegase a erigir una tiranía aún más
21
nefasta que lo que sería la tiranía ejercida por los comunistas. Al querer
descubrir las fuerzas más secretas de que se nutre el pensamiento íntimo de
la UNESCO, uno se enfrenta a una gran dificultad que surge tan luego como
se toma en cuenta la ambigüedad de los tres conceptos bases de la UNESCO
cuyas letras iniciales constituyen parte de su denominación: Educación, Ciencia y Cultura, las cuales pueden interpretarse de manera muy diversa:

Ciencia

Aunque la filosofía del primer Director General de la UNESCO Julián
Huxley no sea obligatoria sigue siendo verdadero que la UNESCO toma sus
Cf. DouGLAS REED en When World Government Moves In, escrito para el "Economic Council Letter", No. 312 del lo. de junio de 1935, citado ibid., p. 503.
"' Cf. EMMANUEL REICHENBERGER, Wider Willkür und Machtrausch, p. 504-506.
20

/

668

dis_rai:1cias _( como ya lo vimos) ante toda especie de metafísica y de verdades
ob3et1vas sm que sea un óbice para ello el compromiso de "la libre bús d
de la, verdad objetiva" concertado en el preámbulo de la Convenc1on,
. , que
a
conte~tandose con un hum~nismo :•~ui generis" de carácter científico y espiritual.
Mientras que el humamsmo clas1co, según la opinión de la UNESCO, había
quedado_ encerrado en la región , del Mediterráneo, el humanismo moderno
en cambio no conoce ni limites ni fronteras. La sublime tarea de la UNESCO
es ayudar al n~cirniento de ese nuevo tipo de humanismo.22 Se sobreentiende
~ue ~l h~amsmo es más propicio a la filosofía positivista y se deleita en
descnstahzar nuestros dogmas de toda especie". 23 Por consiguiente es congruente _que, en el programa de la UNESCO, la filosofía como tal no figure
·
. , ba30 . el título de "ciencia"
.
, sino baJ·o el título de "cultura " , en opos1cion por e3emplo al uso mveterado de la mayor parte de los países occidentales
los cuales no desconocen a la filosofía su carácter científico. No es de extra~
ñarse. por consiguiente el que la metafísica sea juzgada adecuadamente por
los rmembros de la UNESCO que han reconocido al materialismo dialéctico
como la filosofía oficial de su país. Desde un punto de vista positivista el
caráct~r de "ciencia'' es negado, como se sabe, a ·todas aquellas disciplinas
que no proceden según un método matematicoide y que no tratan de algo
mensurable o calculable. El problema de la ciencia como tal sigue siendo
uno. de_ los prob!emas m~ delicados e importantes al mismo tiempo y, por
consiguiente, tsta muy le3os de ser definido de una manera unánime.u
Cultura

tal como es visto por la UNESCO, se encuentra
b Eldconcepto de
D la cultura,
h
asa o en 1os erec os del hombre sin que exista una op1ruon
· ·' unarume
acerca de los_ supuestos espirituales y morales de tal base, lo cual ha sido
puesto de relieve entre otros por H. Kipp en su profundo estudio sobre 1
UNESC0.25
ª
~~s-~ún, !ª dificultad para encontrar un denominador común para una
def1mcion mas o menos adecuada del concepto de la " cult ura" crece por el

_= Cf. JAJME ToRRES BoDET, l. c. p. 16: "Classical humanism was at one time restn~ted to th? Mcditerranean region. Modem humanism must know no limit or frontiers.
Unesco s supreme task to help to bring this new type of humanism to birth".

It::

. Cf. JuLIAN HuXLEY, "Unesco, Its purpose and philosophy", p. 61: If we are to
ach1eve progress, we must leam to uncrystallise our dogmas":
:• Cf. p. e. un estudio muy profundo del conocido filósofo italjano Michele Federico
Sc1acca, "La Filosofia Oggi", Milán 1958, Vol. II, p. 173-277.
"' Cf. HEINRICH K!PP, Unesco, Munich (lsar-Verl.) 1957, p. 138 ss.

669

�hecho de que las terminologías empleadas para tratar sobre la cultura o
sobre la civilización difieren mucho en las lenguas, por ejemplo, francesa,
inglesa y alemana. Tomado rigurosamente, la traducción exacta que corresponde a la noción francesa de la "cultura", no podría ser en alemán "kultur",
sino más bien "bildung", mientras que al término alemán "kultur" correspondería en las lenguas romances y anglosajonas más bien la noción "civilización" .26
La cultura, lejos de ser unánimemente reconocida como la realización de
los valores objetivos y universales y como la esfera en la cual el hombre
puede desarrollar plenamente lo que hay en el más humano, corre el riesgo
de verse degradada al nivel de los usos y de las costumbres.27 Para nosotros
la cultura se identifica con la objetivación de una conducta espiritual frente
al sentido más íntimo del ser.28 (Para Gerbet).
"la ambición de los primeros años de la UNESCO era a poner fin al
amurallamiento intelectual del mundo y buscaba un denominador común a las diferentes culturas. La Organización hizo suya la Declaración
Universal de los Derechos del H ombre, pero experimentó algunas dificultades en definir lo más indisp~nsable de una doctrina intelectual
que fuera más que un acto de fe en los beneficios de la instrucción. Después de haber aspirado a convertirse en el 'Vaticano del pensamiento
racionalista', la UNESCO se volvió hacia tareas más concretas y más
fecundas: El desarrollo de la instrucción elemental en los países desprovistos de escuelas, las facilidades al intercambio de libros y de informaciones, las becas de estudios, los trabajos bibliográficos, la organización
29
de investigaciones colectivas sobre ciertos problemas importantes".

Ahora bien, este análisis sagaz nos prueba nuevamente que la UNESCO
ha fracasado en los esfuerzos que se impuso para echar las bases ontológicas
de su propio sistema en tanto que un nuevo humanismo, contentándose con
abarcar la declaración de los derechos del hombre a la manera de una última
•• Cf. ANTON HrLCKMAN, Wesen und Bedeutung der Wissenschaft von den Kulturen
en la "Zeitschrift für Ganzheits-Forschung", Viena 1961, p. 11/ 12 y en
Ivo HoLLHUBER, Sprache-Gesellschaft-Mystik, Munich 1963, p. 119/120.
Cf. JoHANNES MESSNER, Kulturethik, Innsbruck-Vienne-Munich (Tyrolia), 1954,
p. 336: "Was ist Kultur? Zunachst: Offenbar das, worin der Mensch die Vollentfaltung
des wahrhaft Menschlichen findet".
&gt;s Cf. Ivo HOLLHUBER, Sprache-Gesellschaft-Mystik, 1963, p. 118: Für uns ist Kultur
der objektivierte Niederschlag seelischer Haltung letzten Sinnzusammenhangen gegenüber".
,. Cf. PIERRE GERBET, Les Organisations lnternationales, p. 95.
21

670

medida ~ara el _comportamiento obligatorio de sus miembros, pero ha acertado
en ~~10 al eJecutar un gran número de las tareas de orden práctico y ha
contn?wdo ~on. ello, en una medida digna de la más alta aprobación, a
redu_c1r la rmsena humana y a animar a los hombres para el proareso
del
0
medio material e instructivo para todos.
Educación

Nadie podrá negar que la UNESCO ha conquistado grandes méritos por
su labor en los gigantescos progresos escolares del mundo entero sea tratándose del mejoramiento del medio material, sea tratándose de Ía conservación y utilización de los recursos naturales de los pueblos O bien de la inform~ción mundial por medio de encuestas y de documentaciones sobre el estímulo
de u~ espíritu internacional y sobre la coordinación de investigaciones y de
tr~b~JOS en favor de un patrimonio universal de la humanidad entera. Las
multiples y sobreabundantes contribuciones en todos estos dominios que ha
hecho la UNESCO en favor de las naciones grandes y pequeñas le rendirán
honor para siempre. Sin embargo algo falta. ¿ Qué cosa? Desdichadamente
lo más importante desde el punto de vista espiritual del hombre. El hombre
por su naturale~a no
saciará jamás por medio de una vida fácil, por más
~ductora_ Y satisfactoria que pueda parecerle en un cierto momento de su
VId~ pa~cular o de su vida nacional. El hombre, por su naturaleza misma,
es msaciable y está hambriento de infinito. En vano puede quererse satisfacerlo po~ m~dio del bienestar material y cultural y por el perfeccionamiento
de las ciencias naturales y morales. No basta inculcarle el respeto a los Derechos del Hombre de los cuales ni siquiera puede hacerle ver de manera
no equívoca, las últimas bases fundamentales. En efecto los ~onceptos-columnas que ,!und~me~tan cualquier manera de ver el mundo, sea que se
trate ~e. la_ conc1enc1a", de la "justicia", del "derecho", sea que se trate
de la digrudad del hombre", se encuentran muy lejos de poseer en nuestros
días una sola signi~icac_ión; más bien se han hecho proteiformes hasta llegarse
a prestar a cualqmer tipo de molde o cuño, mismo que llegan a sufrir a menudo en sentido contrario al sentido primario que se les ha hecho perder
poco a poco.
De esta manera, unos reconocen la justicia como fundamentada en verdades objetiv~ e invariables que derivan de una ley natural y que se encuentran :11ra1Zadas en último término en la voluntad divina mientras que
otros, habiendo resbalado hasta un colectivismo absoluto identifican la misma
. ..
'
Just1c1a con la utilidad colectiva.30

s:

30

Cf. HEINRICH KlPP, Unesco, p. 131-159

671

�De esta manera se puede limitar la educación a ser el arte pedagógico
de trasmitir a las generaciones futuras un saber estandardizado de orden
más o menos técnico así como un saber de las disciplinas intelectualizadas sin
cultura de espíritu y de corazón, mientras que la virtud pedagógica estará
siempre dispuesta a asumir la gran responsabilidad de hacer crecer en las almas de la generación futura, en conformidad con un proceso orgánico, lo
que ella ha enseñado intelectualmente y lo que constituiría su verdadera
cultura.
Permítasenos invocar la memoria de un enunciado del pedagogo internacional Eduard S pranger quien tenía costumbre de definir la cultura como
"Bildung" en un sentido análogo.31
En lo que concierne al programa especializado semblanteado por la
UNESCO, habrá que mantenerse en guardia ante todo, desde el momento
en que se trate de revisar y de preparar manuales de historia contemporánea.
Por más justificada que pueda ser la tarea de evitar en la enseñanza, primaria y secundaria sobre todo, lo que, sea directamente, sea indirectamente,
podría inculcar a los estudiantes un odio nacional, sin embargo es peligroso
presentarles como un dogma indiscutible lo que no podría ser sino el resultado de las encuestas objetivas que están muy lejos de verse terminadas. En
otros términos, se corre el riesgo de pecar contra este precepto cada vez
que por ejemplo se presenta a Alemania como la única responsable de la
segunda guerra mundial, o bien a Roosevelt, sepulturero de Europa, como el
"genio político" por excelencia.
¿ Qué resulta de todo esto?
La gran interrogante que entraña todo el futuro es la de saber si la página que la historia ha vuelto después de un tan largo y tan ensangrentado
período de luchas y de combates, abriría al mismo tiempo la puerta a una
aspiración común a los valores obligatorios y unificadores de las normas de
orden objetivo que sirven de base a la comunidad mundial.
Constatamos, desgraciadamente, la desaparición casi total de la fe religiosa
y el abandono de toda responsabilidad moral. Es el fruto tardío de una ciencia
"positiva" e intrínsecamente atea que sembró su grano en el siglo de la
luz. La paz sobre la tierra puede ser instaurada y consolidada sólo a condición de que el orden moral establecido por Dios sea respetado (Cfr. el
preámbulo de la encíclica "Pacem in terris" de Juan XXIII). Sería necesario volver a transformar el espíritu mundial tan ampliamente "desteolo-

gizado"
desde
lim
· • el "siglo de las luces" que ha llegado a establecerse como
c , a espmt_ual de _las organizaciones internacionales de nuestra época, y
sena necesano orgamzar de una manera o de otra una especie de "Cruzad
Teísta"
al servicio de un "apostolado de la verdad" para Poder estar a me-a
d"d
1 a de volver a dar al mundo entero la única base que puede ser capaz de
soportar bamboleos gigantescos que lo amenazan todavía.

n Cf. EDUARD SPRANGER, Psychologie des Jugendalters, 17me ed., Leipzick, p. 269:
"Bildung ist das Organischwerden dessen, was man intellektuell aufgenommen hat" (la
formación cultural se efectúa por el proceso orgánico de lo que se ha aprendido intelectualmente) .

672

673
• H-43

�</text>
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                  <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>PSICOLOGÍA DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA

Meumann expone las siguientes ideas: la creación del artista es por esencia
actividad creadora; sólo la puede comprender en su totalidad quien por sí
mismo sea capaz de crear; es una clase especial de actividad creadora: el artista no trabaja como el investigador científico, con conceptos abstractos, accesibles a fórmulas y a medios de comunicación comprensibles en general, sino
que produce sus creaciones con medios intuibles al material de un arte determinado.
Como en todo lo estético interviene siempre en ]a creación artística un momento puramente individual; el artista usa en su creación los medios generales de la memoria sensitiva, de la fantasía, de la reflexión, los procesos de
los movimientos para dar forma con la mano o con el lengua je, y todo esto
es objeto de investigación psicológica.
Wundt ha señalado la importancia de la inspiración artística, que ilumina
de repente al creador, cuando éste encuentra de repente la idea de su obra.
Dessoir ha examinado especialmente el aumento, lindante con la enfermedad,
de la actividad nerviosa del hombre genial. Guillermo Dilthey ha tratado de
encontrar semejanza entre la imaginación poética y la locura, aportando un
análisis especial de la fantasía poética. P. J. M6bius ha explicado que Schopenhauer, Nietzsche, Goethe y otros de dotes geniales, tienen disposiciones neurasténicas, defectos hereditarios y numerosos rasgos de enfermdad.
La actividad artística ha sido entendida: a) como imitación de la naturaleza; b) como actuación del instinto de juego; c) como expresión de afectos; d) como clase particular de presentar y formar.
El impulso artístico del hombre se considera pues como instinto de imitación, de juego, de expresión y de presentación.
La teoría de Freud ve en la actividad artística una descarga y una reacción
de los sentimientos.
La nueva Estética, corno la de Meumann, se inclina más bien por admitir que la actividad artística por sí misma consiste en presentar y formar,
no en imitación, ni en juego, ni en expresión de sentimientos.

142

Sección Segunda

LETRAS

�OCTAVIO PAZ: POETA DE LA SOLEDAD VIOLENTA
(Hacia un análisis e interpretación del poema Repaso Nocturno)

Lm.

EouARDO GUERRA CASTELLANOS

Universidad de Nuevo León

Sumario: l. Concepción teórica de la poesía.-II. Hacia un análisis del poema Repaso Nocturno.-!. La forma del vcrso.-2. Las formas lingüísticas y la interpretación.

J.

CONCEPCIÓN TEÓRICA DE LA POESÍA:

concepción teórica de la poesía de Octavio Paz, es necesario analizar un libro sumamente revelador: El Arco y la Lira. En este libro parte Octavio Paz de la afirmación de que lo poético es imposible de definir. Nos dice que, a pesar de todo, parece que el adjetivo poético ha perdido su
contenido. Sin embargo nos dice que esta vacuidad se debe a la pasividad con
que actúa junto al sustantivo que califica. Mas esta pasividad con que actúa junto al sustantivo así calificado entra dentro de una categoría especial.
Es decir "el adjetivo lo arranca de sus referencias habituales y lo enfrenta
1
consigo, con su propio ser, para que sea más plenamente".
Con esto intenta probar Paz que lo poético desdobla o desarraiga -para
decirlo junto con él- las palabras. Estas así, fuera de todo contexto, unificándose en su ser mismo, a:dquieren conocimiento de sí mismas. Es decir,
cuando lo poético actúa sobre las palabras, éstas se reducen a sí mismas y
adquieren la significación que el poeta intenta darles fuera de lo cotidiano.
Lo poético será) pues, esa corriente desdobladora, desarraigadora de las palabras que las convierte en sí mismas, como sacándolas del habla cotidiana.
¿ Pero cómo -nos preguntamos- lo poético puede desarraigar las palabras,

PARA PENETRAR EN LA

1 PAZ, pcTAVIO, El Arco y la Lira. la. edic. Edit. Fondo de Cultura Económica (Col.
Lengua y estudios Literarios), México, 1959, p. 11.

145
HIO

"-------

�para que éstas dejen de significar lo cotidiano? La respuesta parece ser sen•
cilla y sin embargo no lo es. Podríamos decir que lo poético desdobla las
palabras y las saca de su existir diario gracias a su calificación, tal como lo
afirma Octavio Paz. Pero no. Lo poético --ese halo impenetrable- tiene otras
corrientes para actuar como tal. No es que lo poético vuelva a las palabras su
primigenia significación, sino que el poeta, con su intuición, logra que éstas
se acomoden en el contexto de su creación que está más allá de toda lógica.
El poeta, en su creación, Hestá oprimido por una carga que debe dar a luz
para sentirse aliviado. O, para decirlo en otra forma, está obsesionado por
un demonio contra el cual se siente impotente, porque en sus primeras manifestaciones no tiene cara, ni nombre, ni nada; y las palabras, el poema que
2
compone, son una especie de exorcismo contra ese demonio".
Octavio Paz no entra más profundo dentro de la problemática que plantea.
Sólo nos dice que esa misma indeterminación que tiene lo poético, lo tiene -o
hereda, diría yo-- la poesía. Porque poesía significa cuanto el hombre quiera

darle de significado.
Nuestro autor afirma que esa pasividad de lo poético y de la poesía podría ser una muestra de la insuficiencia del lenguaje "si no fuera porque la
3
existencia misma de la poesía, y de su fruto: el poema, lo son de su riqueza".
Octavio Paz piensa que la poesía es unidad. Pero ésta es al mismo tiempo
multiplicidad. Y esto sin confundirlo con lo que él denomina poema.
Lo que crea un poeta es el poema. Porque "un poema es una obra":" Ahora bien, un poema no es una construcción métrica, en el sentido más amplio.
Puede haber poemas sin metro, pero también puede haber métrica sin poema. "Lo poético es poesía en estado amorfo; el poema es creación, poesía
erguida". 5 El poema es el instrumento aislador del fenómeno poético. "Sólo
en el poema la poesía se aísla y revela plenamente" .6 El poema es un yo que
recibe en su contexto lingüístico lo poético, y lo transforma, por la calidad
vivificadora de la lengua, en poesía. "Poema es un organismo verbal que contiene, suscita o segrega poesía". 7
Así pues, nos dice Paz, es posible preguntarle al poema por el Ser de la
poesía. ¿Pero cómo hacerlo? Cada poema es una obra. Cada obra es creación del hombre. Cada creación del hombre es distinta. Así pues, ~s infinito
el número de unidades que dentro de sí comportan y segregan poesía. Se po: EuoT, T. S. Sobre la Poesía y los Poetas. Edit. Sur, Argentina, 1957, pp. 98-99.
3 PAZ, ÜCTAVIO. Op. cit., p. 12.
~ Ibid., p. 14.
' Ibid., pp. 14-15.
G [bid.
' !bid.

146

dría intentar hacer una clasificación, pero ésta sería así mismo infinita. "Cla~
sificar no es entender".ª
Siguiendo el contexto de El Arco y la Lira encontramos una crítica a las
disciplinas literarias. Cuando habla Paz de la estilística bien se ve que no ha
e_ntendido el método. Cierto es que se puede aplicar la metodología estilística a un poema verdadero como a un acto del habla cotidiana -tal como
lo dice Octavio Paz-; pero lo que diferencia un análisis de otro es que para
el poema se necesita tener, a través de la forma lingüística, una intuición igual
a la que el poeta intuyó.
Inmediatamente después pasa a analizar la técnica. "Cada poema es un
objeto único, creado por una técnica que muere en el momento mismo de la
creación". Octavio Paz no dice nada nuevo. Ya Eliot decía que el poeta de
pronto se siente con algo que germina dentro de él. No sabe qué es, pero tra•
ta de encontrarlo por medio de las palabras adecuadas en un preciso orden.
Ahora bien, cuando se tienen las palabras, la cosa para lo cual eran busca•
das ya se ha perdido porque es reemplazada por un poema.• Así pues, la técnica poética no ha sido escrita, ni se escribirá nunca. Porque la técnica es
la intuición creadora. La técnica poética no es artesanía sino arte, en el sen.
tido que le da a éste Benedetto Croce.
Enseguida pasa Octavio Paz a la definición del estilo.
"El estilo, nos dice, es el punto de partida de todo intento creador" ,1 º Si el
estil~ es el punto de partida, la realización de ese estilo estará en la lengua. Ahora bien, la lengua no puede expresar del todo lo que dentro de nosotros existe ·
.
'
~or tanto: ne;e~1ta algo más. Ese algo es también lingüístico, pero al mismo
tiempo ps1colog1co: la imagen.
La imagen es evocación de una realidad -real o ficticia- que hemos vivido.
,_Cómo s_e logra la imagen? Muy simple: A través de la intuición. Eso es lo poético. Y si la imagen se logra a través de la intuición, todas las artes serán poesía. "El artista es creador d~ imágenes: Poeta" .11

b

. Con imag,en el tiempo se detiene. Porque la palabra ha trascendido su propia s1gmf1cac10n para colocarse en el ámbito ideal: La poesía.
De tal manera que el poema se nos presenta como realidad posibk para todos los hombres. En unos casos creando y en otros recreando. Porque poesía es
comunicación y sobre todo participación de la Primera Intuición.

ª Ibid.
11
Cfr. EuoT, T. S. Op. cit., pp. 98-99.
10
PAZ, ÜCTAVIO. Op. cit., p. 17.
11
lbid., p. 24.

147

�11.

HACIA UN ANÁLISIS DEL POEMA "REPASO NOCTURNO"

Antes de iniciar el análisis del poema es necesario penetrar en la problemática que nos plantea su autor. Su poesía no es para todos. Es intelectual. Lejana.
Cerrada. Pero sin embargo deja entrever un gran sentido que corre ante nuestros ojos como un grito amargo, desesperado y solo. Ante todo solo. Sí, solo, porque Octavio Paz es el poeta de la soledad y el tiempo. Es el poeta de la reflexión violenta.
Y ¿ qué es la soledad y el tiempo para Octavio Paz? "Vivir -nos dice- es
separamos del que fuimos para internarnos en el que vamos a ser, futuro extraño siempre. La soledad es el fondo último de la condición humana. EV hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro. Su naturaleza -si es que se puede hablar de naturaleza al referirse al hombre, el ser
que, precisamente, se ha inventado a sí mismo al decirle 'no' a la naturalezaconsiste en un aspirar a realizarse en lo otro. El hombre es nostalgia y búsqueda de comunión. Por eso cada vez que se siente a sí mismo se siente con carencia
de otro, como soledad". 12 Así la soledad es lo que se siente cuando el hombre
reflexiona sobre sí. El tiempo entre tanto es el vivir o el separarnos del que fuimos para confundirnos en el que vamos a ser.
Así se piensa y nos piensa Octavio Paz. Para él, to::io es una lucha interior que
desarrollamos contra nosotros mismos.
El poema Repaso Nocturno que intentamos analizar no es sino una muestra
pequeña de ese mundo intuitivo que nos abre nuestro poeta.
"Toda la noche batalló con la noche,
ni vivo ni muerto,
a tientas penetrando en su substancia,
llenándose hasta el borde de sí mismo.
Primero fue el extenderse en lo oscuro,
hacerse inmenso en lo inmenso,
reposar en el centro insondable del reposo,
Fluia el tiempo, fluía el ser,
fluían en una sola corriente indivisible.
A zarpazos somnolientos _el agua caía y se levantaba,
se despeñaban alma y cuerpo, pensamiento y
huesos:
u PAZ, ÜCTAVIO. El Lab-erinto de la Soledad. 2a. edic. Edit. Fondo de Cultura Económica. (Col. Vida y Pensamiento de México), México, 1959, p. 175.

148

¿Pedía redención el tiempo,
pedía el agua erguirse, pedía verse,
vuelta transparente monumento de su caída?
Río arriba, donde lo no formado empieza,
al agua se desplomaba con los ojos cerrados.
Volvía el tiempo a su origen, manándose.
Allá, del otro lado, un fulgor le hizo señas.
Abrió los ojos, se encontró en la orilla:
ni vivo ni muerto,
al lado de su cuerpo abandonado.
Empezó el asedio de los signos,
la escritura de sangre de la estrella en el cielo,
las ondas concéntricas que levanta una frase
al caer y caer en la conciencia.
Ardió su frente cubierta de inscripciones,
santo y señas súbditos abrieron laberintos y espesuras,
cambiaron reflejos tácitos los cuatro .f1untos cardinales.
Su pensamiento mismo, entre los obeliscos derribado ,
fue piedra negra tatuada por el rayo.
Pero el sueño no vino.
¡ Ciega batalla de alusiones,
oscuro cuerpo a cuerpo con el tiempo sin cuerpo!
Cayó de rosto en rostro,
de año en año,
hasta el primer vagido:

humus de vida,
tierra que se destierra,
cuerpo que se desnace,
vivo para la muerte,
muerto para la vida.
(A ESTA HORA HAY MEDIADORES EN TODAS PARTES
HAY PUENTES INVISIBLES ENTRE EL DORMIR Y EL VELAR.
LOS DORMIDOS MUERDEN EL RACIMO DE" SU PROPIA FATIGA
EL RACIMO SOLAR DE LA RESURRECCION COTIDIANA·
'
LOS DESVELADOS TALLAN EL DIAMANTE QUE HA DE VENCER
A LA NOCHE;
AUN LOS QUE ESTAN SOLOS LLEVAN EN SI SU PAREJA
ENCARNIZADA,
EN CADA ESPEJO YACE UN DOBLE,

149

�UN ADVERSARIO QUE NOS REFLEJA Y NOS ABISMA;
EL FUEGO PRECIOSO OCULTO BAJO LA CAPA DE SEDA NEGRA,
EL VAMPIRO LADRON DOBLA LA ESQUINA Y DESAPARECE,
LIGERO,
ROBADO POR SU PROPIA LIGEREZA;
CON EL PESO DE SU ACTO A CUESTAS
SE PRECIPITA EN SU DORMIR SIN SUEÑO EL ASESINO ,
YA PARA SIEMPRE A SOLAS, SIN EL OTRO;
ABANDONADOS A LA CORRIENTE TODOPODEROSA,
FLOR DOBLE QUE BROTA DE UN TALLO UNICO,
LOS ENAMORADOS CIERRAN LOS OJOS EN LO ALTO DEL BESO:
LA NOCHE SE ABRE PARA ELLOS Y LES DEVUELVE LO PERDIDO,
LAS PALABRAS DORMIDAS EN LOS LABIOS DEL AGUA, EN
LA FRENTE DEL ARBOL, EN EL PECHO DEL MONTE,
EL VJNO NEGRO EN LA COPA HECHA DE UNA SOLA GOTA DE SOL,
LA VISION DOBLE, LA MARIPOSA FfJA POR UN INSTANTE
EN EL CENTRO DEL CIELO,
EN EL ALA DERECHA UN GRANO DE LUZ Y EN LA IZQUIERDA
UNO DE SOMBRA.
REPOSA LA CIUDAD EN LOS HOMBROS DEL OBRERO DORMIDO,
LA SEMILLA DEL CANTO SE ABRE EN LA FRENTE DEL POETA).

El escorpión ermitaño en la sombra se aguza.
j Noche en entredicho,
instante que balbucea y no acaba de decir lo que quie1e!
lSaldrá mañana el sol,
se anega el astro en su luz,
se ahoga en su cólera fija?
No preguntes más,
no hay nada que decir, nada tampoco que callar.
El pensamiento brilla, se apaga, vuelve,
idéntico a sí mismo se devora y engendra, se repite,
ni vivo ni muerto,
en torno siempre al ojo frío que lo piensa.
Volvió a su cuerpo, se metió en sí mismo.
Y el sol toc6 la frente del insomne,
brusca victoria de un espejo que no refleja ya
ninguna imagen" .13

l. La Forma del Verso:

El verso de este poema, como todos los de Octavio Paz, es plenamente irregular. Utiliza la nueva tendencia dentro de la poesía: el versolibrismo. Exu PAZ, ÜCTAVIO. La Estaci6n Violenta. la. edic. Edit. Fondo de Cultura EconÓ•
mica. (Col Letras Mexicanas) México, 1958, pp. 23•27. (Poema: Repaso Nocturno).

150

ternamente el poema presenta las siguientes características: siete estrofas, todas irregulares. La primera, tiene cuatro versos. La segunda, catorce. La tercera, trece. La cuarta tiene diez versos. La quinta, que aparece caracterizada
con una distinta tipografía, tiene veintisiete versos. La sexta, trece. La última, cuatro versos.
El verso libre de Octavio Paz es plenamente individual por su musicalidad.
Tiene un ritmo fuerte y bien marcado. Aunque aparentemente, en algunos
momentos, nos dé la impresión de quebrarse. Pero esto es explicable si nos
damos cuenta de la temática tan estrujante que nos presenta. No es, en realidad, el ritmo el que se quiebra sino la voz del alma de quien lee. Es el momento íntimo, violentado al máximo, el que nos hace romper la música interior del poema.

2. Las Formas Lingüisticas y la Jnterpretaci6n:
Lo que predomina en el poema Repaso Nocturno son los verbos. Los. instn1mentos indicadores del tiempo. Y predomina este elemento lingüístico porque Octavio Paz es el poeta del tiempo. De este tiempo presente que se nos;
escurre por las manos y nos lleva siempre hacia el futuro.
Inicia Octavio Paz su poema con el verbo introductorio que servirá de pauta: "T'oda la noche batal/6 con la noche". Ya nos habla de un tiempo pasado. Batall6. El verbo indicador de lucha está presente.
Luego continúa con penetrando y más allá: llenándose. Verbos, todos ellos,
de acción. El ser no mencionado aún lucha consigo mismo. Por eso penetra
en su substancia y se llena de sí mismo. Sin embargo, más importantes son
los verbos de la segunda estrofa. Sobre todo los que pertenecen al verso ocho
y nueve. Es este un verbo de movimiento en pretérito: fluía. Está repetido
por tres veces en dos versos. Y lo que fluía era el tiempo y el ser.
Todos los verbos de las primeras cuatro estrofas son pretéritos, pero al llegar a la quinta se nos convierten en presentes inmediatos.
La sexta y séptima estrofas vuelven a presentarnos un cambio: ahora los
verbos son futuros, pero por un momento, para luego convertirse en presentes y terminar en pretéritos.
Ese jugar con los tiempos verbales hace que el poema se nos convierta en
tiempo en sí. La actitud de nuestro poeta está plenamente de acuerdo con su
realización poética.
La primera estrofa nos presenta la problemática de Octavio Paz. Es un ser
-cualquiera que sea- que no está vivo, pero tampoco muerto. Es un ser en
búsqueda de sí. Por eso aquello de: "Penetrando en su substancia" y "Lle.
nándose hasta el borde de sí mismo". El ser se pregunta y al interrogarse se

151

�introduce dentro de su caparazón -substancia- y se llena como un cubo d~
sí mismo.
La lucha empieza. El adversario: él mismo. La segunda, tercera y cuarta estrofas nos narran ese combate.
Lo primero, nos dice Octavio Paz, fue ' 1el extenderse en lo oscuro, hacerse
inmenso en lo inmenso, reposar en el centro insondable del reposo". El ser se
refugia en su interior y para pensarse tiene que dormir. Pero este sueño no es
común, sino un sueño en donde se sueña despierto. Un sueño en donde tiempo y espacio no son las categorías dominantes. Un sueño donde el tiempo
vuelve a su origen. "Volvía el tiempo a su origen manándose".
De pronto el sueño-despierto se interrumpe por un fulgor que le habla, que
le hace señas. El ser, nos dice nuestro poeta, "abrió los ojos, se encontró en
la orilla: / ni vivo ni muerto, / al lado de su cuerpo abandonado". No es que
el ser se desprenda de su yo corporal para ensimismarse. Mas que se olvide
de él para convertirse en él mismo.
En esta separación irreal --o ¿ real, acaso?- surge el combate por volver
a sí, pero "el sueño no vino".
En la angustia violentada "cayó de rostro en rostro, / de año en año, hasta
el primer vagido": Es decir, en el sueño irreal el ser recordó su vida en
el mundo. Como en una especie de pantalla interior.
Pero de pronto todo se detiene. El mismo poema, al indicar un cambio tipográfico. Ya no es el ser narrado, sino el mismo poeta que se personifica en
el presente verbal y nos habla. Es un corte preciso. La quinta estrofa es la
más reveladora de la angustia por el tiempo presente. Aquí, Octavio Paz
nos muestra la lucha interior que realiza él mismo. ¿ Qué será el mañana?
Interrogante de todo ser en el mundo. Los dormidos muerden el racimo de su
propia fatiga, / el racimo solar de la resurrección cotidiana". Cada noche es
un morir. Entonces el morir es frecuente. El hombre teme a la muerte. Por
eso se interroga -mordiendo-- en la mañana de su propia conciencia. Ese
hombre que está solo, ese hombre núser, preguntándose por el futuro irreal,
lleva "en sí su pareja encarnizada". Esa pareja que está en la conciencia. O
en el espejo, porque "en cada espejo yace un doble, / un adversario que nos
refleja y nos abisma". Y vuelve al ser. La sexta estrofa es desgarran te. "El
escorpión ermitaño en la sombra se aguza". Es el prurito. Es el golpeteo
sordo dentro del miedo del hombre.
Y surge otra problemática. "¡ Noche en entredicho, / instante que balbucea
y no acaba de decir lo que quiere!" Sí. Todo el problema está patente. Durante todos los tiempos el poeta ha sufrido por no poder expresar su sentir
interno. Así Octavio Paz. El sabe a ciencia cierta que el habla poética podrá
aproximarse, más que cualquiera otra, a la expresión de la realidad interior
11

152

por medio de la intuición, pero, sin embargo, ni el habla poética llega a decir lo que el interior siente.
Por eso vuelve a la carga. "¿ Saldrá mañana el sol, ... " Mas "no preguntes más, / no hay nada que decir, nada tampoco que callar". Porque "el pensamiento brilla, se apaga, vuelve, / idéntico a sí mismo se devora y engendra,
se repite,/ ni vivo ni muerto, en torno siempre al ojo frío que lo piensa". Sí;
el pensamiento, el atributo de nuestro ser se repite en círculos concéntricos.
De pronto nos parece que se ha borrado. Pero la imagen vuelve a aparecer.
Causando siempre un mismo dolor. Un dolor de una herida que se vuelve a
abrir cada momento. El ser, el hombre, el dueño de ese pensamiento, es el
único culpable.
Pero ... El ser "volvió a su cuerpo, se metió en sí mismo". El viaje que no
había empezado aún estaba ya en su fin. Se ha realizado el mítico viaje del
héroe. Del hombre que ha roto el espejo -su propio espejo- tras ese insomnio y que de pronto pierde el deseo de lo Otro.
El ser ha regresado a sí mismo. Ha visto que no vale la pena vivir por buscar lo Otro desconocido. Por eso vuelve. Y no está "ni vivo ni muerto".
Para concluir basta decir que nuestro poeta se nos muestra tal como es. Como un poeta de la soledad violenta. Violenta en el sentido de que le gusta y
la siente, pero también en el sentido que le imprime al ser. Es decir, en el
sentido de que el ser está condenado a ese encerramiento o ensimismamiento
consigo mismo. A esa lucha que termina cuando aún no empieza y por último,
a ese romper el espejo de la conciencia -culpable o no-- para olvidarse, borrando por completo a eso Otro que camina con nosotros y se nos aparece
-acaso-- en los espejos. Para diluir a ese Yo que nos impide mirar sólo al presente inmediato, que nos arrastra hacia el futuro irreal y -¿por qué no?- in.alcanzable.

153

�ENSAYO SOBRE HORACIO, DE CORNEILLE
Lic.

MA. GuADALUPE MARTÍNEZ

B.

Facultad de Filosofía y Letras. U. N. L.

Sumario: l. La Doctrina Clásica.-2. Finalidad principal del Clasicismo.-3. La tragedia: una pieza clásica.-4. La acción.-5. La composición.-6. La Intriga.-7.
El personaje trágico.-8. Los caracteres: (Las costumbres).-9. La presentación.10. El estilo.-11. El héroe corneliano.-12. Corneille, escritor clásico: Apuntes biográficos y bibliográficos.-13. Horacio: su obra principal.-14. Argumento.-15. Acto primero: Las últimas oportunidades de la paz. (3 escenas).-16. Acto segundo:
La designación de los combatientes. (8 escenas).-17. Acto tercero: El Combate.
(6 escenas).-18. Acto cuarto: El crimen de un vencedor. (3 escenas).-19. Acto
cinco: El desenlace. (3 escenas).-20. Apreciación de personajes.-21. Conclusión.

1. LA

DOCTRINA CLÁSICA

SE DICE QUE LA ERA CLÁSICA no es ni el siglo XVII ni el siglo de Luis XIV
sino que abarca solamente veinte años ( 1660-1680), en lo, cuales se dan los
más famosos escritores, tales como Moliere, Racine, Corneille, etc.
En esta época encontramos las principales obras de teatro. Sin embargo
para entonces había ya preceptos teóricos elaborados y el sistema de los
géneros. Los dramaturgos anteponían la inteligencia y el corazón a los nervios. No hay frialdad en sus obras clásicas sino que el sentimiento, el amor y
el ardor completan la razón. Tienen una disciplina muy bien s~guida.
Una de las finalidades del Clasicismo era el deseo de hacer obras eternas y
universales. Era necesario encontrar en ellas un bien, una verdad y una belleza eternas. Existen en las mismas, sentencias morales, una nueva pintura de los
vicios y las virtudes, la pena a las malas acciones y la recompensa a las virtudes, la purgación de las pasiones a través de la piedad, etc.
Asimismo, la pieza clásica estaba dividida en dos tipos de partes: las de
extensión o cantidad: prólogo, episodio, éxodo y coro; y las integrantes: el su-

155

�jeto, las costumbres, los sentimientos, la dicción, la música y las d~coraciones
teatrales. De todas estas partes sólo el sujeto depende propiamente del Arte
Poético de Aristóteles, las demás de otro tipo de arte: las costumbres de la
~foral, los sentimientos de la Retórica, la dicción de la Gramática, etc. Sin
embargo, tanto la tragedia como la. comedia exigían de la acción que fuese de
una justa extensión: Ni tan pequeña que escapase a lo común ni tan grande
que confundiera la memoria del auditor o hiciera perderlo en la imaginación.

2.

FINALIDAD PRINCIPAL DEL CLASICISMO

Podemos decir que la finalidad principal del Clasicismo no era ni el agradar
ni el predicar. Era sobre todo moralizar al pueblo. El Clasicismo quería instruir divirtiendo, a través; de las piezas teatrales. Así, era necesario presentar la
lección con encanto y adorno literario.
El Clasicismo seguía el principio de la concepción del hombre doble: No
es solamente cuerpo sino también espíritu. Luego todo el drama viene de esta unión de naturalezas: "grande con Dios, impotente sin El", decía Pascal.
Hay siempre la lucha entre el Bien y el Mal.
Había en la técnica clásica la teoría de la economía y de la política.
Para encontrar la economía se requería la claridad que permite un análisis del pensamiento y la finura artística de la frase.
De esta manera una regla de estilo era aquella de decir la mayor de las cosas
posibles en pocas palabras. Era necesario no decir nada inútil. Es una literatura de discreción donde hay un poder de sugestión. En resumen: claridad,
precisión, discreción y economía son las fórmulas mejores que definen el

El acontecimiento histórico debía efectuarse en un día, en un máximo
de treinta horas y en un lugar que no debía sobrepasar tres sitios diferentes
de una misma ciudad.
La acción debía ser patética. Es decir, era necesario crear la piedad y la
admiración del espectador hacia los actores, evitando mostrar los vicios felices. El héroe debía ser la imagen del hombre ni muy bueno ni muy malo.
Se dice que la Estética tiene una belleza eterna y esta belleza se debía encontrar en la pieza clásica, conforme al postulado de la admiración general.
Una obra clásica, "chef-d'oeuvre", resiste al tiempo, como la Eneida, El Cid,
Horacio mismo, etc. Pero es necesario también respetar la distinción absoluta de los géneros y de las conveniencias al asunto, al público y a las costumbres.
Entonces, según el caso, estas exigencias refuerzan las reglas técnicas.

4.

LA ACCIÓN

La acción en la pieza clásica debe ser una sola. Lo que se llama unidad de
obstáculo en la comedia y la unidad de peligro en la tragedia. Se requería
una sola crisis que comenzara lo más tarde posible y terminara lo más rápido
alrededor del acontecimiento principal. El desarrollo de la acc10n como de,
'
ciamos, debe efectuarse en un límite de algunas horas. De aquí que el héroe
debía permanecer en una dete1minada edad más o menos la misma.
Mas la acción debía respetar dos principios: la verosimilitud y lo necesario.

Clasicismo.

5.

3.

LA TRAGEDIA: UNA PIEZA CL~SICA

¿ Qué es la tragedia?
La tragedia es una pieza en versos alejandrinos en cmco actos, con pocos

personajes.
4.

LA COMPOSICIÓN

LA REGLA DE LAS TRES UNIDADES

_En el primer acto, es decir, el de la exposición, se nos debe poner al corriente de los acontecimientos necesarios para conocer bien todo lo que va
a acontecer. En los actos siguientes -II, III y IV- se deben desarrollar las
posibilidades anunciadas en la exposición, seguir el conflicto central y acelerar poco a poco el curso de la acción para preparar el desenlace.
Y el acto cinco debe terminar después de la catástrofe y exponer &lt;tl espectador la suerte de todos los personajes.

Esta "regla de las tres unidades" -unidad de tiempo, de lugar y de acción- era la fundamentación de la dramaturgia clásica.

156

157

�6.

La intriga la constituyen algunos acontecimientos destinados a probar las vir-

tudes de decisión del héroe.

7.

10. EL

LA INTRIGA

El estilo de la obra clásica debe ser siempre claro, ya que el espectador debe
comprender bien los diversos acontecimientos expuestos.

11. EL

EL PERSONAJE TRÁGICO

¿Quién es el personaje trágico?
El personaje trágico debe ser ilustre -un rey, un príncipe-, lo que autoriza la dignidad trágica.
En la tragedia clásica el tema del amor es insuficiente. Es necesaria una gran

ESTILO

HÉROE CORNELIANO

El héroe comeliano sabe escoger su deber gracias a la claridad de conciencia

que él se impone y a la voluntad de hacer lo que él quiere, según nosotros lo
podremos constatar en Horacio, la pieza estudiada.

La voluntad del héroe es guiada por su razón, imponiendo el control de

pasión -la ambición, el apetito de venganza, etc.- para hacer de la misma
pieza la sublimidad del héroe.

!as pasiones.
Este heroísmo comeliano es un método de trabajo que el autor se impone
a sí mismo.

Asimismo, la historia autoriza, muchas veces, poner en escena las acciones de
algunos personajes históricos a pesar de las diversas interpretaciones de los es-

El siglo clásico gustaba de las disertaciones políticas, del espíritu romano y
de la psicología de los personajes de la más alta categoría.

pectadores.
Lo que debe permanecer bien observado en el "efecto" del tema tomado y

12.

puesto en escena.

En fin, el sujeto-héroe debe llenar una acción. Se requiere para ello una

CORNEILLE, ESCRITOR CLÁSICO:

APUNTES BIOGRÁFICOS Y BIBLIOGRÁFICOS

cierta amplitud y una compresión de intensidad del acontecimiento.

Pierre Corneille nació en Rouen el 6 de junio de 1606. Fue descendiente
8.

de una familia de magistrados normandos: "famille de robe". Hizo sus esLos CARACTERES:

(LAS COSTUMBRES)

tudios clásicos con éxito -de latín y de español- en un colegio de jesuitas
en su ciudad natal. Posteriormente siguió la carrera de Licenciado en Derecho

Las costumbres deben ser buenas, convenientes, según la edad, la dignidad,
el nacimiento y el país del personaje, conformes a la época histórica de la
acción que se desarrolla durante toda la pieza.

9.

LA PRESENTACIÓN

La presentación de la pieza teatral no debe tener muchos accesorios materiales. Nada de decoración suntuosa.
Los espectáculos sangrantes o espantosos no se deben situar sobre la escena

sino detrás del telón. Ellos sólo deben ser evocados.

y en 1624 ocupó un cargo de abogado en la Mesa de Mármol de Rouen
b .
,

tra aJo que conservó hasta 1650, aunque no litigaba mucho. Fue, asimismo,

poeta y dramaturgo.
Hacia 1624 trabó amistad con una provinciana guapa, Mlle. Milet, quien
le inspiró la idea de su primer comedia: Mélite, que se presentó con todo
éxito en París en 1629, a pesar de la crítica sobre la simplicidad del plan y la
naturalidad del estilo. Este éxito sirvió a Corneille para que continuase con
sus obras: Clitandre -tragi-comedia- 1632, La Viuda -1633-, La Galería del Palacio -1633-, La Plaza Real -1634--, etc., etc., que tuvieron
un gran éxito.
Todas estas comedias y trági-comedias tenían una característica específica:

abandonaban el estilo artificial y el lenguaje grosero de las farsas para poner
en escena la conversación de una clase social distinguida. Esto le sirvió a
159

158

�Comeille para ser presentado a Richelieu, a quien le gustaba la literatura y
que se rodeaba de escritores, a los que les daba un plan de trabajo para
sus obras. Así pues, Comeille fue elegido para formar parte de esa Sociedad
de Escritores entre los que se contaba a Rotrou, Boisrobert, Colletet, etc.,
pero duró poco tiempo con este tipo de disciplina, por su espíritu independiente. Entonces Corneille regresó a Rouen hacia 1635, y allí puso en
escena su primer tragedia Medea; luego, La Ilusión Cómica -1635-, tragicomedia. Poco después -1636--, El Cid, obra con la que llegó al cenit de
su carrera literaria. Fue uno de los primeros y mejores dramaturgos de su
época. Con esta obra conquistó París y las provincias. Él dominó, con su
genio, la literatura de la primera mitad del siglo XVII -el siglo clásico
francés-. También se le considera como el creador de un universo heroico
desconocido hasta entonces, dentro de la dramaturgia.
La tragedia fue un tipo de las obras teatrales que más cultivó Comeille,
dándole una manera personal en su presentación: concibió una acción heroica
rodeada de personajes cuya finalidad principal e ideal era el triunfo de la
voluntad sobre el instinto.
Desde 1636 a 1652, Corneille continuó con una serie de nuevas obras teatrales, tales como Horacio y Cinna -1640---, Polyeucte -1643-, Pompée
-1644--: tragedias; El Mentiroso -comedia-, también en 1644; Rodogune
-1646-, que obtuvo un éxito enorme; Heraclius -1647-: tragedias, etc.
En este año entró a la Academia Francesa.
Todo el éxito de estas obras, sin embargo, se vio opacado con el fracaso de
Pertharite. Entonces Pierre Corneille renunció al teatro y por siete años se
retiró a Rouen, en donde se dedicó a su familia. Hacia 1640 había casado y
tuvo seis hijos. En esa época tradujo al francés La Jmitaci6n de Cristo de
Kempis. Se dice que la noche de sus bodas estuvo enfermo de neumonía y
se divulgó la noticia de su muerte, dando ocasión a que un poeta, Ménage,
hiciera una elegíai en honor del difunto -el supuesto Corneille-.
Sin embargo, hacia 1658, a instancias del señor Fouquet, Corneille volvió
al teatro. Hay que anotar que según La Bruyere, Corneille no era amable ni
seductor. Su carácter tímido, conversación poco alegre, un tanto negligente
para consigo mismo. Se cuenta que sus familiares cuando le hacían notar sus
defectos, él les contestaba que él, por eso, no era menos que Pierre Corneille.
Escribió en 1659 Edipo, pieza que tuvo un gran éxito. Después, en 1662,
Sertorius, que también fue bien acogida por el público, mas hacia 1663 comenzó su decadencia. Es la época dolorosa de su vida. Entonces surgió Racine
con su obra Andr6maca -1667-, y Moliere con Las Preciosas Ridículas
-1659-, Tartufo -1664-69-, obras que irremediablemente apuntaron el
declive de Corneille, quien sufrió la indiferencia del público.

Los ú!timos diez años de su vida fueron aún más tristes con penas familiares.
muerte
de . ,d os d e sus h"IJOS y problemas pecuniarios. El 10 de noviembre de·
1
683 vend10 su casa en Rouen y se fue a vivir a París, en donde murió el lo
!::~tu:;e d~ 1~~4 a los 78 años de edad; Fue enterrado en la Iglesia de Sain;
. . dec1a ,q_ue sus fuerzas d1smmman poco a poco que el último año
de su vida su esp1ntu se resentía de haber producido tanto~ por tanto tiempo".

13.

HoRACIO:

SU OBRA PRINCIPAL

Una de_Ias mejores obras de Comeille, Horacio, puede ser la mejor la hemos escogido para el p resen t e ensayo. H orac10
. es un simple
.
re! t h'' , .
Es
b d' 'd'd
a o IStonco.
una o ra _1v1 I a en cinco actos en los cuales el espectador está ansioso
d eI resultado fmal.

14.

ARGUMENTO

Según Tito Livio, en tiempo de Tulio Hostilio, Alba y Roma combatían
~or la pr~mme~cia del_ ~oder, pero, al fin, tuvieron un acuerdo para poner
fm a las d1scord1as. Dec1d1eron confiar su suerte a la lucha de tres campeones
guer~eros de cada bando: tres Horacios y tres Curiacios. Mas la tragedia estaba
P1:~1sament~ en ~sta lucha puesto que había un matrimonio entr~ las fam1has en d1scord1a: Horacio, ~aballero romano, había casado con Sabina,
d_a~a alba~a, hermana de Cunacio. Asimismo, había allí un noviazgo. Cu
naCio, gen!Il-hombre de Alba, era novio de Camil!e herman d H . . H
·
e · ·
,
a e orac10
orac1~ y ur1ac10 aceptaban sin discutir el deber que les impone la patr· .
p_er~ mientras q~e H~racio tiende a obtener un heroísmo extraordinario,
nac~~' en ca~bto, estima la situación cruel. Para Horacio, la piedad es una
~eb1h~a_d_, mientras que para Curiacio, la ausencia de piedad
msens1b1hdad.
es una clase de

e:'.

Curiacio dice :
J'ai pitié de moi mfme, et jette un oeil d'envie
Sur ceux dont notre guerre a consumé la vie . . -~

;::~~L:~

1
tengoCo

H ;ra~e. Clásic?s Ilustrad~s . Vaubourdolle. Librairie Hachette. ("Yo

'd ,, )

nu mismo Y miro con env1d1a a quienes nuestra guerra ha quitado la

Vl

a

, p. 36.

161
160
Hll

�Mientras que Horacio dice a su vez:

Rome a choisi mon bras&gt; je n'examine rien ...
2
Albe vous a nommé, je ne vous connais plus.
En la obra, el combate de los guerreros se lleva a cabo, a pesar de la angustia de las damas. En principio, dos Horacios son muertos y tres Curiacios
son heridos. Entonces, el último Horacio --esposo de Sabina-, viendo a sus
dos hermanos muertos, emprende la huída, mas, de pronto, regresa a la lucha
contra los hermanos heridos, a los que mata uno por uno. De esta manera, el
triunfo es de él y de Roma. Luego, se dirige a su casa en donde le cuenta lo
sucedido a su hermana Camille, quien desesperada al saber la muerte de su
amado por manos de su hermano, le maldice, y Horacio indignado, la mata.
Entonces, Horacio es condenado a muerte por los jueces de Tulio Hostilio.
Está a punto de morir, pero el viejo Horacio, su padre, pronuncia un discurso
en favor de su hijo, por el cual es absuelto.
De este relato, Comeille hace el drama. Inventa el personaje de Sabina,
hermana de los Curiacios y esposa de Horacio, reforzando, de esta manera,
la unión de las familias en lucha y creando una de las más espantosas situaciones.
Los cuatro primeros actos son de una ansiedad para el público, llevados
hábilmente, relatando las peripecias del combate fratricida, dándonos un
final de la obra, magnifico.
El viejo Horacio creía, en un momento, que su hijo había abandonado la
lucha con la huída, lo que le había decepcionado; sin embargo, cuando Julia
le cuenta que su hijo había vuelto de nuevo al campo de combate y matado
a los Curiacios uno por uno, cambia por completo la situación y es entonces
cuando el héroe comeliano, Horacio, toma su verdadero valor.
De esta manera la rivalidad de dos pueblos, Alba y Roma, se concretiza en
la lucha de dos pasiones: el amor y el patriotismo, triunfando, esta vez, este
último.
El quinto acto es el dedicado a los jueces y al juicio, acto un tanto frío y
monótono, mas indispensable: el héroe Horacio que ha matado a su hermana
es absuelto por el jurado, consagrando así el amor de la patria sobre el de la
familia, solución ésta que dio lugar a controversias.
La primera representación de Horacio fue en Roma en 1640, y fue acogida favorablemente por el público de su tiempo. Conserva la regla de las
tres unidades: La acción es en Roma en una sala de la casa de Horacio, se

en un tiemp 0 d e vem
· ficuatro h oras, en la pieza teatral, unidad esta
údesarrolla
.
hlt,ma ~u: no se apega completamente a la verdadera historia, pero Comeille
a Lo
camh,ia o un poco la. reahdad
. para conservar la un,·dad d rama't'1ca.
s
eroes
de
Corne,lle
se
dIStinguen
por su voluntad ,·nflex,'ble puesta a 1
.. d ¡
·
serv1c1~ . e as pasiones más altas, tales como el honor y el deber 'C b t
las deb,hdades del sentimiento para obedecer las órdenes d l l . .
a en
estoicos, permanecen humanos por el entusias
I e a ~ ona. unque
f · •
mo que es amma o por el
su nm1ento que les causa el cumplimiento del deber.

o:

to!~;st~o de, ~ornei:le es ~ra~ori~, desprovisto de lo pintoresco. Los versos
s n max1mas, as anhtes1s tienen una fuerza que se i'mpo ne a l esp1ntu.
, . '

15. Acrn

PRIMERO:

LAS ÚLTIMAS OPORTUNIDADES DE LA PAZ.

(3

ESCENAS)

En este acto Sabina h
d C . .
un caballero r~man
' en:1ana e . una~~º y esposa de Horacio, hijo de
tonces Alba R o, se qbueia de su Situac10n con Julia, su confidente. En· no quena
, la lucha entre
las do' · d Y
d orna esta an en guerra y Sab ma
, s_ cm .ª es, ya que ella se sentía tanto albana como romana Ella
sent1a mdec1sa de sus sentimientos: "Le trouble d
.
se
sur mes Iarmes". 3
e mon coeur ne peut ríen
Confiesa que de todas maneras, si la gloria era para una u otra
ella daría sus lágrimas a los vencidos y su od,·o a los vencedores. ciudad,
Ret
Rorna que debe respetar a Alba, su madre.
a a
Camille
· es novia
. de Curiacio. Ella también confía
. ' hermana
. ., d e H orac10,
a Juha su s~tuac1on amorosa. Tampoco quiere la guerra sino a su novio.
Entonces Julia le aconseja que ame a Valerio, caballero romano a
,
la amaba, y, de esta manera, ella no tendría ningún problema.
leq~~cee:l

Asf

. . .Oubliez Curiace, et recevez ValCre
Vous ne temblez plus pour le parti ,;ntraire.4
Mas ~amille no le hace caso. Le replica que ella tiene un amor
puro hacia Curiacio, quien le ha ofrecido desposarse con ella
bastante
Así pues, las dos damas, Sabina y Camille, están angustiad~.
Al fm del acto, Curiacio llega anunciándoles una nueva·. que las dificultades
a Opus cit. ("La confusión de mi corazón no
d
d
.
Opus cit (" 01 .d
C . .
. pue e na a sobre mis lágrimas") p. 19.
.
.
. . . v1 a a ur1ac10, y recibe a Valerio Tú
,
eI partido contrario"), p. 23.
·
no temblarás más por
4

~ Opus cit. ("Roma ha escogido mi brazo, yo no examino nada ..." "Alba os ha
nombrado, yo no os conozco más", p. 36.

162

163

�· d a d es se 1"ban a arreglar por un combate entre tres campeones
entre las d os cm
guerreros escogidos de cada bando.

16.

ACTO SEGUNDO:

LA

DESIGNACIÓN DE LOS COMBATIENTES.

(8

ESCENAS)

En este acto, Horacio y sus dos hermanos son escogidos por _los romanos para
el combate. Asimismo, Curiacio y sus dos hermanos son designados para de~
fender la causa de Alba.
Horacio piensa que la elección para batirse ha sido mala, que Roma espera
mucho más de él y Curiacio también teme por haber sido elegido para lu~~ar
por Alba. Opina que hay algo de inhumano en la batalla entre las fa1_1uhas
puesto que un Horacio era el marido de su hermana y él era el nov10 de

Camille escucha pero no queda conforme.
Sabina, a su vez, quiere morir. Ella desea que uno de los guerreros la mate
y que el otro la vengue, y, así, el combate no tendría nada de extraño, ya
que, según ella, habría una razón.
Horacio, luego, hablando con su esposa, le suplica que le permita terminar
sus últimos días con gloria y honor. Que él quiere poder conducirse como un
verdadero guerrero romano. Él realmente la ama.
Sabina, entretanto, desesperada, impreca a su marido y a su hermano porque van al combate y les llama tigres:
Tigres, allez combattre, et nous, allons mourir. 8
Mas, al fin del acto, el viejo Horacio invita a las damas Sabina y Camille a
cumplir con su deber.

una hermana de Horacio.
Horacio, sin embargo, está contento de luchar por Roma. Es u~ verda.
·
·
teme no conocer bien a los
clero guerrero que qmere
monr
por su pat na
Y
Curiacios para hacer mejor la batalla.
.
Los caracteres de los soldados están muy bien delineados en este pasaje.

Horacio, antes de irse a la lucha, aconseja a su hermana, Camille, que reciba
bien a Curiacio, si es vencedor:
Ne le recevez point en meurtrieur d'un frefe,
5
Mais un homme d'honneur qui fait ce qu'l doit faire.

y le recomienda, también, que no le reproche nada a él, si él obtiene la
victoria:
Faites

a ma victoire un pareil traitement.

Allez, ne m'aimez plus, ne versez plus de larmes.

ACTO TERCERO:

EL

COMBATE.

(6

ESCENAS)

Después de algunos rumores se sabe que los dos bandos emprenderían la
lucha.
Sabina piensa que es necesario cesar de compartir inútiles preocupaciones.
Cambia un tanto sus sentimientos, cuando se da cuenta de que los Curiacios y
los Horacios se encuentran ya en el combate. Entonces ya no teme ni la lucha
ni la muerte sino solamente la pérdida posible de Horacio, su esposo. Mas
Camille está completamente indiferente.
En esto, el viejo Horacio llega con las damas y les da una triste noticia:
que el combate ha comenzado:

6

Vos fr6res sont aux mains, les dieux ainsi l'ordonnent. 9

.
d e Cam1"lle • Le dice que es necesario ir
Después, Curiacio va a d esped irse
al combate y que ella no le debe amar más:

0

17.

1

Les dice que teme por Alba, que será reducida a la nada.
Mas, luego, se da cuenta de que dos Horacios han sido muertos y que los tres
Curiacios están heridos y que el último Horacio se ha alejado del combate.
Esto le hace ponerse colérico, al pensar que su hijo ha traicionado al Estado.

de un hermano
Op1ts cit. ("No 1e rec1"bas en eJ roomento preciso como asesino

¡ sino como un hombre de honor/ que hace lo que debe hacer"), P· 37.
Opus cit. ("Haz a mi victoria un tratamiento semejante"), P· 37.

8

1
Opus cit. ("Ve, no me ames más, no derrames más lágrimas ' ) , p. 39.

ª

1

164

Opus cit. ("Tigres, id a combatir, y nosotros vamos a morir"), p. 43.
Opus cit. ("Vuestros hermanos han ido a las manos, los dioses así lo ord enan"), p. 51.

165

�18.

ACTO CUARTO: EL CRIMEN DE UN VENCEDOR,

El romano Valerio había hecho saber al
h" Horacio y que por lo mismo debía ser
~~~ar a los tres Curiacios heridos, quienes
el combate había terminado y que habían

(7

ESCENAS)

vieJO Horacio de!ª huí,da d~-~u
castigado, ya que el hab1a po , o
se habían separado c~eye~d~ q~e
querido seguir la luc a Slgmen o

a Horacio.
. .
·
b'
Poco después, Valerio se da cuenta de que el v1eJ_~ Horac10 no sa ta
todavía la otra mitad de la historia: el triunfo de su h1¡0 y de Roma sob~e
Alba. Entonces, le explica que Horacio había vuelto a la lucha y que habia
matado a }os tres Curiacios.
..
Al saber esto, el viejo Horacio se siente orgulloso de su h1Jo:
O mon fils! o ma joie! o l'honneur de nos jours! io
Poco después, el viejo Horacio habla con Camille y _con Sabina parn darles
la noticia: la muerte de dos Horacios, y la de los Cunac10s por Horac10.
Horado, una vez terminado el combate, va a su casa. Se ~ncuentra ,con su
hermana Camille, a la que le cuenta lo sucedido, y del :rmnfo de el y de
Roma, pero Camille, desesperada por la muerte d_e su no~10, ~e 1mpreca, lla~
mándole bárbaro, y le pide le devuelva a su Curiac10, a qmen solo ella amaba.

Después, Horacio va con Sabina, su esposa, a quien amaba, mas el deber
era más fuerte que su amor. Le suplica que eleve sus sentimientos, que él conocía el dolor que la embargaba; pero que era necesario participar de su gloria
y le dice adiós.
De esta manera la victoria fue de Horacio y de Roma, quedando sujeta a
ésta, Alba.

19.

ACTO CINCO. EL DESENLACE (TRES ESCENAS)

Después de la victoria, Horacio va a ser juzgado por la muerte &lt;le su hermana. Valerio demanda su cabeza.
El viejo Horacio no puede estar en contra de su hijo: le dice que él mismo podía evitar su vergüenza.
Entonces, el Rey Tulio se presenta al juicio. Le dice al viejo Horacio que
ha tenido noticias de la muerte de su hija única, Camille, y le ofrece justicia.
Entretanto, Valerio, aún enamorado de Camille, pide de nuevo la cabeza
de Horacio, pero el viejo Horacio le defiende ante el pueblo romano.
Un poco más tarde, Sabina llega. Le pide al Rey que perdone a Horacio,
y, a cambio, que ella muera. Mas el acusado justifica su acto dando razones
patrióticas y el Rey le absuelve. Luego ordena una ceremonia expiatoria que
lavará el crimen del héroe: Manda que los dos cadáveres sean exhumados
en una tumba:

Je l'adorais vivant, et je le pleure mort.n
Luego Camille reniega de su hermano y de Roma y quiere que Roma sea
destruid~ como ha muerto su amado. Ella pone por encima el amor humano
al de la patria. Así dice:

Que cent peuples unis des bouts de l'univers
Passent pour la détruire et les monts et les mers!12

Je veux qu'un meme jour, témoin de leurs deux morts,
En un meme tombeau voie enfermer leurs corps. 1s
En esta forma termina el acto cinco y el desenlace de la obra teatral.

20.

APRECIACIÓN DE PERSONAJES

Entonces, Horacio indignado por las imprecaciones de su hermana cont::
l mata El dice que su hermana era un monstruo q
él y contra R orna, a
·
·
d
era necesario ahogar naciendo, ya que había renegado de su patna y e su

Horacio, el héroe, está nutrido de ideas nuevas. Está dispuesto, completamente, a hacer todo por el Estado, cerrado a cualquier otro sentimiento humano, llegando hasta el crimen su amor por la patria.

familia.

Camille, el personaje femenino más bien dibujado, es una mujer amorosa.
Antepone el amor humano al del Estado. En el fondo se parece a su herma-

ui
ll

1'

Opus cit. ("¡ Oh mi hijo! ¡ Oh mi alegría! ¡ Oh el honor de nuestros días!") p. 60.
Opus cit. ("Yo lo adoraba vivo, y yo le lloro muerto") p. 64.
Opus cit. {"¡ Que cien pueblos unidos de los cabos del universo / Pasen para des-

u Opus cit. ("Yo quiero que un mismo día, testigo de sus dos muertes, / En una
misma tumba vea encerrar sus cuerpos") p. 79.

truirla y los montes y los maresP') P· 65.

167
166

�no: es tan apasionada como él. Mas en ella predomina el amor por Curiacio
mientras que en Horacio, el amor a la patria, a Roma. Sin embargo, ella se
ama más a sí misma, ante todo. Tiene conciencia de su valor como mujer,
como amada y como hermana. Ella quiere su propio honor y su propia felicidad. Llega a odiar, sin limite, a Roma, que le ha robado a su amado.
Curiacio, valeroso guerrero, se muestra decidido a cumplir con su deber
aunque reconoce que es una situación cruel. Es incapaz de olvidar d amor de

Camille.
Sabina es una mujer de poca firmeza. Como esposa de Horacio tiene un
papel importante en esta obra teatral. Sirve para reforzar más la situación difícil entre las familias en discordia. Su carácter es indeciso, versátil. Ella luchaba entre su deber de esposa y el de hermana, triunfando el de esposa. Al
final de la pieza, ofrece su vida por Horacio.
Julia, la confidente, representa el tipo de personaje secundario que sirve
para hacer resaltar a los personajes principales. A través de ella nos damos
cuenta de las dificultades y preocupaciones por las que atraviesan las damas
Sabina y Camille.
Los demás personajes secundarios: el Rey T'ulio, el viejo Horacio, Valerio,
los soldados Flavián y Próculo, en sus papeles respectivos, sirven de complemento a la acción principal.

PERSONAJES:
Tuuo, rey de Roma.
.El viejo HoRAcrn, caballero romano.
HoRACio, su hijo.
CuRIACio, gentil-hombre de Alba, novio de Camille.
V ALERio, caballero romano, enamorado de Camille.
SABINA, esposa de Horacio y hermana de Curiacio
CAMILLE, novia de Curiacio y hermana de Horaci~.
JULIA,, dama romana, confidente de Sabina y de Camille.
FLAVIAN, soldado del ejército de Alba
PRÓCULO, soldado del ejército de RoO:a.
El lugar: Roma, en una sala de la casa de Horacio.

BIBLIOGRAFIA
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1948ANTOINE.

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CASTEX et P. SURER. Manuel d
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IER, · R., AuDIAT, P. et AuMEUNIER E L
rie Hachette.
Paris.
. es nouveaux textes franrais. Librai-

'SAuLNIEa 1

21. CONCLUSIÓN:

Histoire de la Litté ra t ure Franfatse
. au XVII e. siúle. Tome l. DOMAT

ª

M A D Les e d E . .
Hachette .. Bo~lev~rd Sai r:nGs cr.wamps ~e la France. Nouvelles Editions. Librairie
n
ermam, ans, 1862.
~ILLE. Horace. Classiqucs Illustrés Vaubourdolle · Librairic Hachett~. No. 15.
Pans.

REGNIER,

Comeille escribió Horacio dedicada a Richelieu. Como sabemos, en esta
época la historia venía a ser la principal fuente de la literatura dramática. El
héroe trágico inspira la piedad. Los demás personajes de esta obra responden
a las exigencias de la Poética de Aristóteles. La regla de las tres unidades está bien llevada. La sobriedad y la unidad de la pieza dan efectos patéticos. El
autor tiene una habilidad para hacer nacer, en los espectadores, las emociones

•CORN

Loms · eorne1·11 e, par lu1-meme.
.
&amp; · ·
d T
Seu1l. Col!ections Microcosme. No. 18.
nvams e oujours. Aux éditions du

BERLAND
. '

más fuertes, bajo una forma superior.
Es H oracio una tragedia clásica francesa. Y a pesar de que la pieza evoca
una situación histórica, Corneille piensa en su patria. H oracio es un cuadro
de costumbres de una familia en guerra con los sentimientos del honor y del

deber individuales y sociales.
Monterrey, N. L., abril de 1965

168

169

�LO INTELECTUAL Y LO EMOTIVO EN LA OBRA DE
DOS POETAS DEL SIGLO DE ORO'
TERESA AVELEYRA ARROYO DE ANDA

Instituto Tecnol6gico

FRANCISCO DE Rio¡A y JUAN DE ARcm¡o: dos poetas casi opuestos, dentro
del espíritu general del Siglo de Oro español. Y sin embargo, es no sólo posible, sino necesario -una vez que se ha penetrado en el sentido de su obraestablecer entre ellos un paralelo: ambos son poetas de equilibrio; ninguno,
en su poesía, alcanza lo emotivo directamente; los dos llegan a ello a través
de lo intelectual. Pero el paralelo se reduce estrictamente a esto. La maneia
como uno y otro llegan a la emoción a través de la inteligencia es totalmente

diversa, y esa diversidad de procesos tiene como resultado dos productos
poéticos que no pueden ser más diferentes.
A lo largo de las páginas que siguen, trataré de explicar y analizar las anteriores afirmaciones.

FRANCISCO DE R10¡ A

Rioja parece ser un poeta de la naturaleza. De hecho, la naturaleza se hace
presente, ordinariamente en forma explícita y sostenida, y las menos veces en
alusión, en la casi totalidad de sus poemas. Pero esta primera y simple observación tiene que modificarse y desdoblarse, a poco que se lea con cuidado
1
El presente estudio se basa en el conjunto de composiciones de ambos poetas contenido en la Biblioteca de Autores Españoles de M. Rivadeneyra, el más completo que
pude tener a mi alcance. Ese conjunto comprende, de Francisco de Rioja, 5 7 sonetos,
13 silvas, una sextina y una breve traducción de versos latinos; de Juan d~ Arguijo,
61 sonetos, 2 canciones, una epístola y una silva. En total, 61 composiciones de Rioja,
frente a 65 de Arguijo.

171

�El regalo ¿a cuál ánimo defiende?
Antes lo tiene débil y oprimido
Sólo constante te hará y sufrid;
A padecer el fuego que te enciende.
Como _el ba~ro, que diestra mano informa
De la impelida rueda al movimiento
Apena estable en su primer figura '
Que mientra al agua y viento s: conforma
yace frágil, Y firme sufrimiento
Le da !a llama con que eterno dura.

la obra del clérigo sevillano. Porque el tratamiento que Rioja da a la naturaleza -para mí el rasgo más característico de su poesía- es complejo, tanto
desde el punto de vista del proceso psicol6gico, como en atenci6n a la técnica poética propiamente dicha. Con todo, esa complejidad puede obviarse
diciendo que en ese tratamiento hay dos operaciones principales: la primera
intelectual, la segunda emotiva.
Primera operación

En esa primera operación, la naturaleza no está jamás tomada por sí misma, sino considerada como una imagen material capaz de simbolizar los entes espirituales que pueblan la poesía de Rioja, y que pueden fundamentalmente, clasificarse en dos grupos: afectos amorosos y afectos -mucho más

que ideas- morales.
Ciertamente, toda poesía suele, y aún requiere, cristalizar lo espiritual en
lo físico, a través de ese recurso estilístico esencial que es la metáfora; pero
en el caso de Rioja, el complejo espiritual no se vuelca en una imagen hallada espontánea, intuitiva y emocionalmente; sino que se ajusta con premeditación a una imagen "prefabricada" de manera intelectual.
La "prefabricación" de las imágenes, en Rioja, puede estar dada por los
tópicos y convenciones renacentistas, procedentes de la poesía de la antigüedad clásica; por una convención establecida en forma personal en la mente
del poeta, o en forma mixta. El hecho es que los elementos de la naturaleza,
r.l paso de las estaciones, el alba y el ocaso, los astros y sus movimientos, los
mares y los ríos, las selvas y los árboles que las pueblan, los álamos, las algas, las
vides, los frutos y las flores ... todo ello tiene en la poesía de Rioja un sentido
primario preestablecido de símbolo intelectual.
Me parece ejemplo característico de lo anterior un soneto en el que, por-excepción, la naturaleza no aparece en forma de paisaje ni imagen externa alguna, sino que está oscuramente representada por sus cuatro elementos funda1nentales, según la concepción de los antiguos: el fuego, el aire, la tierra y el
agua. En los cuartetos, el poeta hace una consideración moral: la adversidad
tiempla las almas y les da verdadera fortaleza; en los tercetos desarrolla un
símil tomado de la alfarería: el barro adquiere resistencia al pasar por el fuego. El soneto es el siguiente:
Temes en vano el rayo que te ofende
Ser en polvo y en humo convertido,
Aunque del pecho tu)'º en lo escondido
Tanto con ambicioso ardor se extiende.

b TEn los tercetos se advierte ¡a premed'itad a construcción intelectual v sim. f orma;, - el
ª"o ica. Estan
¡ presentes la tierra -"el barro' qup~ diestra mano m
que a amasa y el aire que 1a acanc1a
· · mientras
•
. ::.ua l'd
gira en el torno "d 1
impe l a rueda al movimiento".' y fma 1mente el fuego que le da dureza. e"la
queyeterno
·
11 ama con
mano
blando
a rf dura"
". Obv1arnente,
ese barro simboliza el espíritu· hu-a
mo O - apena estable en su primer figura"
u
•
1
agua y · t ( ' b ¡
..
mientra a
v1en o srm o os de mohc1e) se conforma" .
f
cuando ha
d 1
, pero irme y constante
versidad.
pasa o a prueba del fuego, símbolo éste de sufrimiento y adI

•

i

sol~;!d~~:~~:tt:Je:t::t todas las poesías de Rioja tienen los símbolos tan ab' pero aun en poemas mucho más líri
l .
de
la
naturaleza
tiene
-por
su
preestable
.
.
?ºs,
del
c1m1ento y permanencia en alaimagen
mente
d ~o~al y por su modo de formaci6n desligado de lo emotivo- mucho ,
e Siml o o que de metáfora. Algunas veces adopta la forma del símil
mt as
se pro onga en alegoría . D oy, a contmuac1on,
.
. , unos pocos ejemplos d lY o ras
ch os que podrían aducirse.
e os muUno de los símbolos fijos en el espíritu de Rio'a
na mdudable.
.
J ' como herencia horacia.
' pero con una m terpretación personal es la d I
ruma, identificado con la ambición la crueld d
'l ,
e mar causa
de
0
:

0

;~~si!\t:º;:ª/!:/se tema con 'el_ de 1~ _c:du~idaa~:;

¡:;~

!:r

::::

:~ps~!:e~~ed~;s,pp::etroe\li:;p:ªn::~~;n'.::g:a~;s;;n;;os~ e;a~~;a(~;c:~i:~:
mas caractensttco:
(.°No ~iste siempre en firme lazo atadas
La piedad Y la fe a la mansedumbre?
y a en líquida y sonante pesadumbre
Son con frecuente ejemplo desatadas
Mira cuántas ciudades fabricadas
·

173
172

�Que al cielo amenazaran con su cumbre,
Y arriba fueron por su excelsa lumbre,
Callan entre las aguas sepultadas.
Este pues tan cruel, tan ambicio:o
Humor, que lame fiero altas ruinas,
Es fiel y pío a la tierra un tronco helado.
¡Oh afectos, oh piedad, que al proceloso
Ponto ilustren tus obras peregrinas
y a mí ni aún sombra fría no haya tocado!

, . d I
n el soneto siguiente, que forTambién hay utilización alegonca e mar e .
.
.
ma parte de una serie, en la que el símbolo es siempre el mismo.
Levanto _
el cuerpo, que sustento apena, ,.,
De esta playa, que el ponto hiere y bana,
Libre ya de los ímpetus y saña
Que tene y tiembla la azota~a arena;
y miro la agua, de piedad a¡ena,
_
Que entre montes de espuma con ex:rana
Crueza me volvió, cómo ahora engana,
Que mansamente por la playa suena;
Pero yo, que me vi en el trance extremo
Tantas veces~ '.Y sé cuánta distancia
Hay de su alegre a su turbada frente'
Huyo su imagen, aunque vanamente;
Que si conozco su mudanza, temo
Como igual a sus olas mi constancia.
Es posible multiplicar los ejemplos de esta clase y afirmar qu~ :~d llega;
a diez o doce las composiciones en que falta -sea sostenido o a u l ~
, l ·1
"A la rosa" efímera habla alegoncasímbolo de la naturaleza. As1, a si va
,
mente del amor perecedero; la silva "A la arrebolera"' ~lo~, de un d1a, alu~
d d de la vida. la silva "A la rosa amarilla expresa, en un
de a 1a b reve ª
'
, ·
del amor desdesimbolismo en que intervienen aún los co1ores, e1 termino
,
"A 1 ºd" y "A un río" manifiestan, en pura alegana
ñado ... Los sonetos
a vi
.
.
ue no llega a expresar su contenido espiritual, la exigencia am~~osa de re~i rocidad; y los varios sonetos de escarmiento, amoros~ o no, ~tihzan la tan
p 'd ·magen del mar causa simbólica de un naufrag10 afectivo o moral. ..
repetta1
,
.,
Toda esta poesía de Rioja es intelectual en su pr~era operac10n; ~er~
.
.
l d'
-que ha sido previo con gran antenonno d1scurs1va, porque e iscurso

174

dad en la mente del poeta- se expresa de una vez y sintéticamente en el símbolo. No cabe, sin embargo, en la anterior observación un grupo mínimo de
composiciones netamente discursivas, entre ellas, las silvas "A la riqueza",
"A la pobreza" y "A la tranquilidad", y varios sonetos de asunto moral.
Segunda operación
Si Rioja se quedara en esta primera operación en su poesía, sería muy e~-casamente poeta; pero en forma secundaria, su emotividad, hasta aquí conte11ida, fluye y se dilata sin desbordarse. Una vez logrado, por camino intelectual, el resultado primario de encerrar un afecto moral o amoroso en un símbolo que ha sido pensado y repensado por el autor, parece que éste se halla
en libertad para sentir más espontáneamente. Entonces ocurren varias cosas:
la naturaleza recupera su puesto como tal y es poetizada por sí misma; el
"Símbolo, sin perder su oficio representativo, deja de ser compacto y se desdobla en múltiples facetas líricas: ora es metáfora propiamente dicha, ora
imagen surgida al paso, con frescura y espontaneidad, ora detalle expresivo y
-una que otra vez impresionista ... A su vez, los objetos simbolizados, los afectos y las ideas ---con predominio de los primeros sobre las segundas -en este
clima de mayor emotividad, se liberan también y sin extralimitarse ni desordenarse, se expresan con mayor albedrío.
Así, por ejemplo, en las silvas "Al Fuego" y "Al Verano", que analizo parcialmente a continuación.
En la primera, el poeta habla alegóricamente de su amor a Clori, y lo compara con el que ella tuvo por él: el primero es como fuego que va por la selva "a paso lento" y que no se extingue; el segundo fue llama violenta y fugaz que se apagó. Casi toda la composición, que consta de unos cuarenta
versos, desarrolla la doble imagen contrapuesta: el fuego breve y vano; el
fuego duradero. Sólo al final, en cinco versos, se resuelve el símbolo y se expresa su significado. Copio el fragmento que me parece más representativo
de esa vuelta sobre sí de orden afectivo que se da en la poesía de Rioja. Quiere hablar el poeta de su propio amor y dice:
No así vagante llama
Tiende el cabello sobre antigua selva)
Y rompe y se derrama
Por los hojosos senos, ambiciosa
D.e conservar su luz maravillosa,
Y esforzada del viento,
Discurre por el bosque a paso lento.

175

�Esplende y arde en el silencio obscuro,
Emula de los astros;
Arde y esplende al rutilante y puro
Cándido aparecer de la mañana,

Y sobra y vence al sol siempre segura.
Abrasadora del verdor del pino,
Levanta entre sus ramas

Globos de fuego y máquinas de llamas,
Y en el s61ido tronco y más secreto
Del laure4 y el abeto
Estalla y gime y luce,
Nunca del Euro o Noto escure cid a
Ni de la inmensa pluvia destruida;
Tal en mi pecho inapagable incendio

rre por el bosque a paso lento"
ue tan

.

.
La silva "Al v

ama es el amor, jamás estable

iza a, se
,,

an unimismado.

d d l' .
erano presenta, en menos grado y quizá con menor calia mea un fenómeno simila El
•
tetizar ast la mutabilidad de ;~ vid:s1uema mtel~ctua] previo se puede sinlas estaciones Pero el
.
umana es ,gua] al paso inevitable de
blar de él se. olvida d:~:1:o:p1eza}abladndo del verano que llega, y al ha' . .
parac1 n y e su moraleja -que la tienese goza descnb,endo la naturaleza veraniega:
y
Y a el verano risueño
nos descubre su frente,

De rosas Y de púrpura ceñido.
Remite al aire el desabrido ceño

Y el sol libra sus rayos

'

De las nubes oscuras

Y tal como violenta
Y vana y leve exhalación huyeron

'

Y con luces más vivas y más puras

Regalando la nieve
Al blando pie de los parados ríos
Las prisi~nes de hielo alegre quit:,
y su antizuo correr les solicita.
Viste de yerba el suelo

Las llamas, Clori, que en tu pecho ardieron.

En los versos anteriores, el fuego hermoso que se propaga por la selva, la
naturaleza en llamas, parecen pe,-der su importancia como símbolo. El poeta se olvida de la relación intelectual preestablecida y se deja ganar por la

Y de verdor lozano

emoción del espectáculo natural, al que toma por sí mismo, para hacer su
descripción lírica. Que lo mira con los ojos de la imaginación se advierte
luego en la viveza descriptiva, lograda mediante la intuitiva selección de los

'

Frentes que desnudara el cierzo cano.

'

La pesadumbre líquida no crece

detalles expresivos; en el rasgo metafórico visual: "Tiende el cabello sobre an-

Con el sudor de los oscuros vientos

tigua selva"; en la sentida profundidad de los "hojosos senos" silvestres; en la

Qué ásperos la levantan y remueven

expresividad de ese verso de contraste y sinestesia: "Esplende y arde en el

De sus hondos asientos·
Mas antes ya serena y ;lara gime

silencio oscuro" . .. Y no sólo se advierte que mira el espectáculo natural, sino

también que lo admira. En un clima ya cordial, extiende su admiración al

Con el peso de máquinas aladas
Que su tranquila y li.ra frente oprime.

"rutilante y puro / Cándido aparecer de la mañana" y a los incandescentes

"Globos de fuego y máquinas de llamas".

176

11

~ola y 1ap:::osi~~:1.'mdpetuosoh como_se_ remansa. Por la virtud lírica, el sím~

Eterno se sustenta,

Dentro de este clima cordial, la cosa simbolizada, esto es, el -;entimiento
amoroso} se 11 dice" sin necesidad de expresarse directa y claramente, porque
relegado ya el vínculo intelectual, ese sentimiento se liga efectivamente a su
símbolo y cristaliza en él plenamente. La metáfora, en su desenvolvimiento,
en su fluctuación, en sus matices y en sus imágenes, es el mismo sentimiento
amoroso que ahí se hace concreto, para comunicar eficazmente su impresión.
Así, por ejemplo, esa llama que "rompe y se derrama / Por los hojosos senos,
ambiciosa / De conservar su luz maravillosa", un instante después "Discu-

' porque esa

Como se pu_ede observar, el tema del agua -hielo que se deshace corr·
tes. que van hbres de nuevo, nos
, o bedientes que mueven los az d'
,enu
,
qumas aladas"- tiene un I
•
u es, mati
•
ugar unportante en la composición y está afee! ~~mente tradtado. M~s adelante, el poeta vuelve a tomarlo en sólo dos dea es -uno

de bodeg,

e ellos intensamente expresiv

l' .

.

o- con que remata una especie

.
on inco, pmtura verbal de una mesa aderezada con flores fruto
5
estivales, donde la naturaleza -ahora como "nat 1
,, y
nuevo t ad
, .
ura eza muerta - está de
om a por s1 misma y descrita con morosa delectación:

177
Hl2

�De la imagen de Amor, ardiente rosa,2
Las encendidas alas,
Que fueron ya de sus espinas galas,
Con el color, con el olor divino
Son lustre y ornamento al blanco lino,
Do al gusto se ministra coronando
La mesa regalada
Y fruta sazonada

Con el puro rocío blanqueando.
Pues ¡ cuál parece el búcaro sangriento
De flores esparcido,
Y el cristal veneciano,

A quien la agua, de helada,
La tersa frente le dejó empañada!
Esta silva, en cambio, se queda muy por debajo de la anteriormente analizada en la expresión de lo que el poeta quiso simbolizar: el dolor de que la
humana felicidad sea mudable y caduca. Esta expresión no cristaliza eficaz.
mente en la imagen, sino que tiene que hacerla, independientemente, en forma reflexiva. Dice al verano:
Veloz pasas volando
Al humano linaje amonestando,
Viendo las rosas que tu aliento cría
Como nacen y mueren en un día;
Que las humanas cosas,
Cuanto con más belleza resplandecen,
Más presto desvanecen.

Múltiples sonetos de Rioja, particularmente entre los de tema amoroso, son
buena muestra de esta emotividad secundaria que me parece característica
de su poesía. Menciono, en primer término, el soneto otoñal dedicado "A Don
Juan de Arguijo", cuyo obvio símil es el siguiente: al verdor de la selva da
fin la llegada del otoño; así, el mal de amor se acaba con el tiempo. En los
cuartetos se desarrolla la imagen de la naturaleza; en los tercetos se expresa
el otro término de la comparación. El equilibrio entre los primeros y los segundos es muy inestable, por lo que hace a su emotividad, y se resuelve decididamente a favor de los cuartetos, en los que Rioja, nuevamente, se deja ga2 Nótese, de paso, uno de los muchos simbolismos menores, dentro del simbolismo
general de un poema, que se dan en la obra de Rioja. La rosa es "imagen de Amor".

178

nar por la visión de la naturaleza, si bien tero ladame
.
la mesura de su temperamento lírico • El sonet! es el s1gmente:
_nte; como es propio de
Ya la hoja que verde orn6 la frente
D~sta selva, Don Juan, en el verano,
Tunde amarilla por el suelo cano
Fuerza de helado espíritu inclemente.
y la ova que en agua vi pendiente ,
De un hueco risco con verdor lozano
Mu~tio ya y sin color, despojo vano,'
Betts esplaya con mayor corriente.
Y yo así bien no desigual muda:za
Siento_ en mi mal; que ya mi ardor intenso
Cam~ia el hielo en ceniza vana y fría.
¿Quién esper6 igual bien? ¡Oh grata usanza
Del tiempo, pues fallece a par del día
Si un hermoso verdor, un fuego inme:so!

Un excelente soneto de comparación es a 1
. •
siguiente: como se mustia l
~ue en que Rioia establece la
a rosa cuyas hoias y esp·
l . .d
luz del sol asi langu"d
'
mas e 1mp1 en ver la
1 ece e1 poeta enamorado
'
· d d
presencia de la amada Este son t
. ' pnva o e su luz, que es la
.
e o no reqmere comentar· B
1 l
apreciar cómo el sentimiento s
b
io. asta eer o para
telectual y cómo ese se t" . te sol repone a _la rebuscada construcción in~
.
'
nmuenoacanzapor1
I
f
...
la imagen simbólica y al afecto simbolizad
gua ' en per ecto eqmhbno, a
la expresión metafórica:
o, que se funden por completo en
Lánguida flor de Venus, que escondida
yaces y en triste sombra y tenebrosa
Verte impiden la faz del sol hermo;a
Ho¡as Y espinas, de que et'
-·da·
s as cent
y ellas el puro lustre y la vistosa '
Púrpura en que apuntar te vi teñida
Te arrebatan, y a par la dulce vida
Del verdor que descubre ardiente rosa.
Igual es, mustia flor, tu mal al mio.
Que si la nieve tu frente descolora'
, Por 1;º sentir el vivo rayo ardiente,
A .m,, en profunda oscuridad y frfo
Hielo también de muerte me color:
La ausencia de mi luz resplandeciente.

179

�. rr de manera excelente, el mismo punTranscribo otro soneto que e1emp i ica
-t
ados varias veces por Rioja
,
, b 1
la arena y el mar
om
.d
to Aqm los s1m o os son
.
. T do-- y su contem o
.
'
. .
igual o semepnte stgm ica
en otras compos1c10nes, con
.
t" t d amorosa del poeta.
. ·1ua1 se refiere , con lírica semioscur1dad, a una ac 1 u
esp1n

En torno al pie molestamente suena.
No vine a este rigor por culpa ajena,
Y o dejé el ocio y paz en que vivía,
Y corrí al mal, corrí a la llama mía,
Y muero ardiendo en áspera cadena.
Así del manso mar en la llanura,
Levantando la frente onda lozana,
La tierra al agua en que nació prefiere;
Mueve su pompa a la ribera ufana,
Y cuanto más sus cercos a.bresura,
Rota más presto en las arenas muere.

Hiere con saña el mar y con porfía
La seca arena a su crueldad desnuda,
y el agua, siempre en el herir más cr~da,
Temblor envuelto en su furor le .envia;
Pero nunca a sus ímpetus desvía
La frente el polvo numeroso, o duda
Permanecer en su constancia mud~,
Por más que oculto se repare el d,a . .
S6lo ofendiendo el ponto entre sus iras,

Suspira en el silencio del arena .
Como si alguna vez fuera ofendido;

Tal, Lisi, entre las lágrim~ suspiras,

y el repetido aliento en mi m~l suena,
Mudo yo a tu furor y endurecido.

.
. . . ~ n con un soneto en que el fluir de esta emotiConcluyo esta e¡emphhcac10
t'bl q e en los anteriores; pero que
.
izá menos percep 1 e u
,1
vidad secund ana es qu
.
ticularidades notables. En e ,
•
c
·
tar
Ofrece
vanas
par
1
me parece mteresan1e
•
•
lpa el mal de amor. 3
.
, •
te que padece por propia cu '
,
el poeta dice, umcamen '
.,
o contiene algun ele, ·1
1 rimero que por excepc10n n
Utiliza dos sumes: e p
'
1 .
rteto· el segundo -otra vez
1
se halla en e pnmer cua
'
mento de la natura eza,
El gundo cuarteto intercala,
.
aparece en los tercetos.
se
.
b
una imagen manna- .. ,
velada ex licación de ambos. Es cunoso o en el centro de compos1e1on, la¡
. t -~ es inversa a la que Rioja sigue
'mºl marino a onen ac10n
d
servar que en e1 s1 ,
1 d ta E éstos el mar simboliza to a
,
mas
en
que
o
a
op
•
n
'
en todos los d emas poe
1 .
1·nne es el bien estable v dura.
Td d
a tierra 1
·
suerte de males e mtranqm ' a es y .
.,
1 ar es el bien y la tierra
dero. En el soneto que copio a contmuac10n, e m
'
significa un riesgo mortal.
En mi prisi6n y en mi pro/un!,ª peña
Sólo el llanto me hace compania, ,
y el horrendo metal que noche y dta
ice ue al unas poesías de Rioja aluden a la pri•
, Sedano, en su Parnaso Espanol, d . , q
g
.
ndo hablar de prisiones amo•
.6 material que en algún tiempo sufno el poeta, s1mu1a
si n
Q ,·zá este soneto podría incluirse entre ellas.
rosas. u

180

Espero, con el conjunto de los ejemplos dados, unos más demostrativos que
otros, haber puesto de manifiesto esa cualidad peculiar de la poesía de Rioja
que, intelectual en su nacimiento, se resuelve después en forma lírica. Puede decirse que esta poesía es primariamente intelectual y secundariamente
emotiva, en el orden del proceso creador; no en el orden de la importancia
que ambos factores tienen en ella, como obra concluida. En este orden de
cosas, lo intelectual y lo emotivo pesan igualmente en los platillos de la balanza.
Poesía equilibrada

Antes de pasar adelante, he de hacer una aclaración indispensable. Muchas
de las observaciones expuestas en este trabajo se refieren a sólo un sector de
la poesía de Rioja: aquel que, dentro del conjunto de sus obras que pude te.
ner a mi alcance, me ha parecido el mejor y más representativo. Conforme a
este criterio selectivo, me parece posible afirmar que en su obra, lo intelectual y lo emotivo se equilibran.
Tal vez este equilibrio ya se ha hecho patente en la mayoría de los poemas
citados, particularmente en los sonetos "Lánguida flor de Venus que escondida... " y "Hiere con saña el mar y con porfía Sin embargo, aduciré algunos otros ejemplos. Sea el primero el soneto titulado "El dolor de la ausencia", en el que no faltan los símiles de la naturaleza; pero constituyen sólo
dos pinceladas, apenas perceptibles en el conjunto: fuego igual a amor, hielo
igual a tristeza.
11

•

Cuando entre luz y púrpura aparece
La alba, y despierto ¡ ay triste! y miro el día,
Y no hallo la dulce Laida mía,
Alba y púrpura y luz se me oscurece.

181

�Uoro, y crece mi llanto cuanto crece
Más la lumbre, y la sombra se1 desvía,
Y un torpe hielo así me ata y resfría,
Que aun la voz para alivio me fallece.
Y a un tiempo apura amor con alto fuego
En este ancho desierto el pecho mío,
Donde el pesar lo aviva más y enciende.
Uoro pues y ardo; así mi amor se extiende
Tanto, que a luz y a sombra y a rocío
Muero en llamas, y en lágrimas me anego.

Si a quien alta belleza floreciente
La edad le da de la .burpúrea rosa.
Aú~ otro soneto, que cito en dos

Este soneto, efusivo en apariencia más que otros de Rioja, revela su raíz
es lícito pensar que, como ocurre en muchos sonetos, fue lo primero que apa•

reció a la mente del poeta. Ese juego intelectual, sin embargo, no destruye,
sino tan s6lo equilibra, el sentimiento de los versos anteriores, particularmente

Cuando entre luz y púrpura aparece
La alba, y despierto ¡ ay triste! y miro el día,
Y no hallo la dulce Laida mía,
Alba y púrpura y luz se me oscurece . ..

.

Corre con albos pie.r al espacioso
Oclano, veloz tarteso río
Así no ciña el abrasado ;stío
Tu dilatado curso glorioso
y d'
.
,
' a mt amor que crece tu
Seno a las muchas l' .
espumoso
o
agnmas que envío
esparza la dudosa luz rocío
,
O muestre Cintia lustre generoso . .

intelectual en el convencional juego de antítesis con que tennina, del cual

del primer cuarteto, en el que Rioja se expresa con sencillez en él desusada,
que se sobrepone a la artificiosa recapitulación del último verso:

art

tada imagen del verso inicial no h p : En la pnmera, a pesar de la acer~~ tópico que se queda en id:a gene:..! m q~e manera discursiva de decir y
bnca y personal: el llanto del e
pdreexistente, que no se eleva en forma
primera parte es la s1gmente:
. .
namora o aumenta el caudal del no.
, E sta

de ¡os tercetos se matiza de af . .
, Pero el clima
.
no, con su impresión sonora y din, .
ecttv1dad, así por la jmagen del
amoroso, que se condensa en el úlamt_ica, como por Ia efusión del sentimiento
1mo verso:
Quet ·viendo en mustio con mt. af,an ardiente
.
D
e ' con crespa lengua resonado
En ~erde prado o en sedienta arena
Sera
que blandas luces al h ervzente
.
,
H
M"umor muestre, ya en vano derramado

Otro ejemplo, en que la "compostura" intelectual no sofoca, antes realza
un auténtico sentimiento de ternura -quiero decir, literariamente auténtico--

se da en el soneto "Consuelo a una hermosura eclipsada por la edad":

' acerba y dulce y clara luz serena.
Sin razón contra el cielo, Aglaya mía,
Mueves airada el labio porque ha dado
Veloz fina ya a tu lustre y al dorado
Pelo que en tu alba frente relucía,
Si la flor que aparece al mediodía
El crespo seno, en púrpura bañado,
Con color se ve en tierra desmayado
Antes que él mismo al mar tuerza la vía;

Porque d fuego y la nieve dulcemente
En tu rostro mezclados ¿ qué otra cosa
Son que una breve flor? Tiembla la saña;
Que la fatal disposición no engaña,
182

'

Poesía aristocrática

.~ioja es un poeta que se reserva

.

cr'.b,r par~ sí mismo y para unos pO:,o~u~:1ene

!ª deliberada intención de es-

~nstocrac1a querida, buscada
. :
poesia resulta así aristocrática con
versos. Entre ellos menciono Y, ~s1 siempre lograda, a base de recurso: d.

de s

,

,

umcamente dos. I

u poesia -no excesivos, ni en calidad

1·

. . os r:15gos formales barrocos

entra en los prop sitos
• de este trabajo-- m en cantidad ' y cuyo analisis
, . no
6
cosas contribuyen a crear
.
. y su entrañado simbolismo A b
tid d I
una sermoscundad
. m as
o e. poema, una cerrazón voluntaria

de sentido negativo o positivo.
..

que vela, muchas veces, el sen-

' cuyos efectos pueden ser, I'1T1camente,
.

183

�De hecho, algunas veces, el afán de singularidad sofoca el impulso lírico
y resulta mucho más hermosa la idea del poema que el poema cumplido. Incluso, viene la tentación de pensar en lo que ese poema hubiera podido ser,
de haberse desenvuelto con espontaneidad los elementos líricos que contiene.
Ilustro lo anterior con un soló ejemplo. En el soneto Si mides tu ambición con
tu fortuna, Rioja dice a Fabio, en los cuartetos, que no espere hallar el bien
en la ausencia de adversidades, antes bien, aguarde logros mayores de su porfía en vencerlas. En los tercetos, desarrolla el símil de la naturaleza corres-

pondiente: el sol luchando contra montañas de nubes, obtiene la encendida
belleza de los celajes. Pero la visión y el sentimiento se ahogan en la idea y
en la manera de decir, y resulta el soneto siguiente, del que sólo se salvan
algunos versos:

Si mides tu ambición con tu fortuna
Mientras la edad sin detenerse vuela,
lS'in causa, Fabio, tu razón desvela,
Que haya a tu suerte oposición alguna.
En lo interior del orbe de la luna
No esperes paz al bien que el alma anhela;
Antes, oh Fabio, al sufrimiento vela
Alegre al que contrario lo importuna.
Como la siempre floreciente llama
Por quien renace y por quien muere el día
Que igual rayal en el cielo y resplandece,
Y a montañas de nubes a porfía
En su mayor oposición parece
Que de hermosas luces las inflama.
Afortunadamente, en muchas otras composiciones, la aristocracia de Rioja
resulta de signo positivo, en un sentido o en otro. Esto ocurre, muy particular-

mente, en algunos poemas de asunto amoroso, en los que la elegancia, el claroscuro, el templado sentimiento, el juego intelectual, el rasgo ingenioso y
la complicación de la forma, al fundirse en equilibrio, producen un tipo de
poesía, de la más característica de este poeta. Daré de ella algunos ejemplos.
Empiezo por un soneto de circunstancia: Filis, airada, mastica -como tan-

tas otras damas de su siglo- un trozo de búcaro, hecho de arcilla roja. El
barro pende "de los rosados cercos" de los labios de la hermosa; pero recibe
el favor sin sentirlo. Por eso el poeta no Jo envidia. También su amor, no correspondido, es llama que arde sin dicha alguna:
184

De los rosados cercos donde suena
Dulcementt ofendido el puro aliento
Pendes ufano ¡oh búcaro sangriento!
Dando a envidioso amante acerba pena.
Más que a la mano de artificio llena,
Tanto bien debes al ardor violento
Y más que a tu primero nacimiento,
Aunque de rara fue y purpúrea arena.
No así de amor sucede al rayo airado,
Que alto, encendido en mi alma se eterniza
Ardo sin dicha entre la llama ciego;
Mas ¡ ay! que sientes tanta gloria helado,
Y si el favor no se comprehende al fuego,
Filis, yo no lo envidio en la ceniza_
Las mismas cualidades de elegancia y distinción, sin la excesiva complejidad,
se dan en un excelente soneto descriptivo del tocado de la amada. Es una
miniatura detallista que describe al par las vueltas de la seda, del lazo, del
velo; y las partes del rostro hermoso que esos adornos van tocando. Pero Jo
más importante parece ser un elemento invisible, que se anuncia ya en el primer verso: el alfiler que su jeta el tocado, el usutil metal" que sugiere el dardo
amoroso:

Prende sutil metal entre la seda
Que el pelo .envuelve y ciñe ilustremente,
El rico lazo que de excelsa frente
Sobre el puro alabastro en punta queda;
O prende la vistosa pompa y rueda
Del traslúcido velo refulgente
Debajo el cuello tierno y floreciente,
En quien o ni el pesar ni el tiempo pueda;
Que en mí será tu ayuda punta ociosa,
Y de nuevo herir o dar favores
No puede otra virtud en ti escondida,
Mientras hay viva nieve o blanda rosa
Y en desmayados ojos resplandores
Arbitras de la muerte y de la vida.

Otro ejemplo, en el que el sentimiento ya no se supedita al juego elegante,
antes se sobrepone a él y sólo coexiste con una mesura llena de distinción, se
&lt;la en el soneto titulado A unos labios:

185

�Marchite ¡oh! nunca frío y cano hielo
De tus labios la dulce y blanda rosa,
Do la gracia de amor siempre reposa,
Ni otro sitio envidiando ni otro cielo.
De ellos nunca a hervir levanta el vuelo
Ni hacha cruda o flecha rigurosa,
Que una blanda palabra generosa
Arma y enciende en el purpúreo velo.
De estos pues blandos, rojos y suaves
Labios, do se arma Amor, y que encendieron
Mi pecho en llama y rosa dulcemente,
Nunca ¡oh tiempo! permitas que los graves
Hielos de edad la púrpura ardiente
Amortigüen, y llama en que me ardieron.

Quiero concluir con una de las poesías de Rioja que me parecen más
notables en este aspecto: la silva A la rosa amarilla. Este poema conjuga,
dentro de la mejor manera del poeta, varios de los elementos que he señalado
aisladamente en otras de sus composiciones. Hay en ella el casi inevitable sim-

bolismo, el equilibrio entre el pensar y el sentir, la lírica semioscuridad y la
discreta elegancia. La suma de estos elementos le da una cualidad aristocrática

que aparece mucho menos buscada y mucho mejor conseguida:
¿Cuál suprema piedad, rosa divina,
De alta belleza transformó colores
En tu flor peregrina,
Teñida del color de los amores?
Cuando en ti floreció el aliento humano,
Sin duda fue soberbio, amante y necio

Cuidado tuyo y llama,
Y tú descuido suyo y su desprecio;
Diste voces al aire, fiel en vano.
¡Oh triste, y cuántas veces
Y cuántas, ay, tu lengua enmudecieron
Lágrimas que copiosas la ciñeron!

Mas tal hubo deidad que conmovida
(Fuese al rigor del amoroso fuego
O al pío afecto del humilde ruego),
Borró tus luces bellas
Y apagó de tu incendio las centellas,

186

Desvaneció la púrpura y la nieve
De tu belleza pura
En corteza y en hojas y astil breve.
El oro solamente
Que en crespos lazos coronó tu frente,
En igual copia dura
Sombra de la belleza,
Que pródiga te dio naturaleza
Para que seas, oh flor resplandeciente,
Ejemplo eterno y solo de amadores,
Sola eterna amarilla entre las flores.

JUAN DE ARGUIJO

La poesía de Arguijo, a diferencia de la de Rioja, entrega su sentido intelectual, sin reservas, a la primera lectura. En cambio, su sentido lírico es

mucho más difícil de alcanzar. Lo primero que se ocurre decir de ella es que
se caracteriza por el rigor lógico, la objetividad intelectual y una frialdad
inteligente, que se completa con la voluntad de comunicar la totalidad del
pensamiento expuesto; cualidades éstas, mucho más propias de la prosa que
de la poesía.
Rigor lógico
Se manifiesta, principalmente, en dos aspectos: la perfecta estructuraci6n
de los poemas -casi todos ellos, sonetos-- y una cualidad que se me ocurre
llamar de "línea recta", por la cual Arguijo sigue siempre el camino más corto

para lograr la expresión, ante tocio, de su pensamiento. Dos ejemplos lo pondrán en evidencia.
La estructuración precisa aparece muy claramente --entre otros muchos-

en el son_eto que se titula A Fabio contra Aníbal Africano:
Mientras que de Cartago las banderas
Triunfar intentan del valor romano

'
Y espera victorioso el africano
Pisar del vago Tibre las riberas,
Tú, grande dictador, entre las fieras
Trompas, con lento pie y segura mano,
187

�Adviértase el absoluto orden lógico de la exposición y un afán de claridad

Sin sangre alguna derribaste el vano
Orgullo de las armas extranjeras. .
No te venci6 de la opinión contrana

explicativa, que el autor lleva muchas veces a ]a exageración, y que aparece
aun en los títu]os de muchos de sus poemas, corno ]os siguientes: A Rómulo,

que mat6 a su hermano Remo; A Julia, hija de Julio César y mujer de Pom,.

Et opuesto rumor a tu alabanza,
Que fácilmente lo desprecia el sabi~.

peyo; A Polimnéster, que mató a Polidoro; a Damecles, que no quiso ser rey,
etc.

i Oh prudente esperar, oh voluntaria
Constancia, por quien Roma ver alcanza
A Aníbal roto, y vencedor a Fabio!

Objetividad intelectual

Nótese la correspondencia exacta entre la secuencia de ideas y las divisiones

formales del soneto:
cuarteto: Mientras Cartago espera triunfar. ..
Segundo cuarteto: Tú , sin derramar sangre, anulas su intento.
Primer

Primer

No te detiene la oposición.

terceto:

i Oh, tu prudencia y tu constancia, que dan a Roma la

Segundo terceto:

victoria!
Pareceria que este último terceto exclamativo saliera ya de la lógfca r~or0 en realidad la exclamación misma -como la mayona de as
na d ora; pe ,
'
f
t
ed·tada
exclamaciones en los poemas del caballero sevillano-- orrna par e prem I
del discurso.
Como ejemplo de esa "línea recta" que Argui jo sigue sin desviarse, doy

Parece que Arguijo no pone nada de sí mismo en sus poesías, que no interpreta en forma personal los asuntos que trata, que se limita a sahr y mirar,
con ojos claros pero indiferentes, una realidad. externa, que ni siguiera es
presente y está viva, sino que, lejana en el tiempo y el espacio, está muerta

en sí misma y en la expresión del poeta. En efecto, la casi totalidad de sus
composiciones encierran anécdotas recogidas de la historia, de la mitología,
o de la leyenda; y en la manera de tratar estos temas, de suyo apoéticos, se
aleja de la recreación lírica y se aproxima a la presentación intelectual, en
forma narrativa, descriptiva, expositiva y algunas veces reflexiva o exhortativa.
Tomo al azar un ejemplo: un soneto en que se refiere una anécdota de la vida

de Julio César:
Del gran Pompeyo el enemigo fuerte
Llega en oscura noche al pobre techo
Do Amielas con seguro y libre pecho
Ni teme daño ni recela muerte.
Ya que llamar segunda vez advierte,

el soneto A Pompeyo:
Del vencedor huyendo, a Lesbos deja
Pompeyo, roto en la farsalia guerra;
Con su esposa se embarca, y a la tierra
Que inunda el Nilo, por su mal se aleja;
Que el hado riguroso que le aqueja
Y al extranjero reino le destierra,
En la seguridad que busca encierra
El fin que dio a Camelia eterna queja.
Fiera tormenta en el buscado puerto
El gran Pompeyo halla en vez de abrigo.
¿Quién las mudanzas de la suerte ignora.
.

'

Rogado deja el mal compuesto lecho,
Y en frágil barca el peligroso estrecho
Corta, présago de siniestra suerte.

Brama furioso el mar, sintiendo el peso
Que sostiene, y al tímido piloto
César anima y dice: "Rema, amigo,
Y olvida el miedo de infeliz suceso;
Aunque más se contrasten Euro y Noto,
La fortuna de César va contigo".

Ausencia de cualidad lírica

•Quién no recelará el suceso incierto,

.
Si da la muerte el obligado amigo,
Si el enemigo vencedor le llora?
(

188

Es obvio que las características anteríores han de producir una poesia fria
y falta de lirismo, en la que muchas veces éste se ve sustituido por un innegable
189

�'f

.6

Relleno verbal me parece, por ejemplo,

Tú, sola el istmo destas ondas eras;
Mas acabó la fuerza del destino

virtuosismo verbal y de vers1 1cac1 n.
al ,
algunos versos acertados:
el soneto A Baco, a pesar de que cuente con gun o

Vida que tantas muertes excusaba.

A ti de alegres vides coronado,
Bac~, gran padre domador de Oriente,
He de cantar; a ti, que blandamente
Tiemplas la fuerza del mayor cuidado,
Ora castigues a Licurgo airado,
O a Penteo en tus aras insolente,

Ora te mire la festiva gente
En sus convites dulce y regalado,
O ya de tu Ariadna el alto asiento
Subas ufano la mortal corona,
Ven fácil, ven humano al canto_ mío;
Que si no desmerece el sacro aliento,

Mi voz penetrará la opuesta zona
y al Tibre envidiará el Hispalio río.
0
1
Varios ej_emplos _semejafntes. fºdl:ª s:;:e;:!º:;~:~ ~:r:~ :Íe:!s ~:e:g~~~
quis a Cupido esenio en uncwn
b", 1
•s
.
,
I ue los restantes parecen ociosos; y tam ien a epi y propiedad, pero en_ e qd l h d
ísero
de casi doscientos endecasílabos
tola Aquí donde el rigor e a o m
... '
t
T
. , . pero apenas notable en otro aspee o, y
esdrújulos, alarde de vers1 tac1ond bºdo al compronúso de las terminaciones
aún, por momentos, algo e usca, e l
esdrújulas.

d d
1
..
arece oseer muy escasamente la faculta
e p asmar
y es q~; Argu110 /genes yp metáforas. Un ejemplo vendrá a apoyar esta
su expreswn en un
.
,
· d p mpe}'º ·
. 'n·. es el soneto A Julia, hija de Julto Cesar y mu¡er e o
.
a f .1rmac10
Julia, si de la Parca el furor ciego
Permitiera en tu vida más tardanza,
No viera Roma en su mayor pujanza

De las guerras domésticas el fuego;
Que semejante en el piadoso ruego
A las sabinas, la furiosa lanza
Redujeras, depuesta la venganza,
A paz alegre y a común sosiego.
Al detenido daño y armas fieras
Tu acelerada muerte abrió camino,

Rota la fe, que violentada estaba.
190

El verso que subrayo es un conato de imag:en que hubiera podido -y estaba
pidiendo- desenvolverse hasta el fin, para constituirse en cifra lírica de la
situación expuesta; pero Arguijo la suelta bruscamente y concluye el soneto
con un descenso discursivo:

Mas acabó la fuerza del destino
Vida que tantas muertes excusaba.

Parece también que en este autor la capacidad de imaginación sensorial
está igualmente disminuida, como se ve en la ausencia casi total de notas visuales, auditivas, o de otros sentidos aun en composiciones que de suyo· parecen
requerirlas. Así, por ejemplo, el soneto A una estatua de Niobe que labró
Praxiteles se hubiera prestado admirablemente para dar la impresión lírica

de la hermosura de la forma estatuaria, de la dureza, la blancura o la frialdad
del mármol. En él, Arguijo habla directamente de dureza y de frialdad; pero
no llega a expresarlas.
El soneto A Apolo y Dafne, con el anodino terceto que menciona la transformación de la ninfa:
-Mas del piadoso padre socorrida,
Trocando en árbol su mortal belleza,
Burló sus brazos y avivó su fuegosugiere una comparación, sin duda injusta; pero casi inevitable. Es imposible no pensar en esa misma metamorfosis descrita por Garcilaso, también en
un soneto: lírica plástica y dinámica, reforzada con impresionismo sensorial y
afectivo, apta para describir el movimiento mismo de la transformación.

Cualidades positivas

Pero basta de decir lo que no es o no tiene la poesía de don Juan de Arguijo.
Empiezo por reconocer que en algunas de las composiciones suyas que he tenido a mi alcance, hay detalles sensoriales muy eficaces para realzar otras cualidades que analizaré más adelante; y en desagravio por lo anteriormente dicho,
quiero copiar una de ellas. Es el soneto a Horacio Cocles, narración fluída,
directa y exacta, que recibe vida, en parte, de un recurso sensorial, añadido al
191

�uso del presente histórico. El autor parece hallarse envuelto en

el hecho que

AR!ADNA

refiere: ve, oye y escucha.
Con prodigioso ejemplo de osadía

Un hombre miro en la romana puente
Resistir solo de la etrusca gente
El grueso campo que pasar P,orfla.
Ni la enemiga fuerza le desvia,
Ni de su vida el cierto fin presente;
Que su valor dejar no le c~nsie~te
La dificil empresa en que msistia.
Oigo del roto puente el son fragoso .
Cuando al Tibre el var6n se precip,t_a
Armado; y sale de él con nueva gloria;
y al mismo punto escucho del gozo'.º
Pueblo las voces, que aclamando grita: . 1
i Viva Horacio,· de Horacio es la victona.

. para empezar a hablar de las cualidades poéticas
da pie
t
Este sone o me
.. E f t
imposible negar que esa cons.
d I b de Argu&gt;JO n e ec o, es
.
positivas e a o ra
· .
. . á
· metáforas produce c1er.
te narrativa sm im genes n1
'
trucción exacta, meramen
'l
t humano del hecho heroico que
., estéu'ca • e. O es tan so o e ,mpac o
ta emoc10n
refiere?
, .
. analizarlos por el momento, dos sonetos mas.
L eamos, sm

i.

ÜRFEO

Desiertas selvas, monte yerto y frío,
R6dope que en el cielo tocar osas;
Vosotras, de Estrimón ondas hermo,sas,
A quien vencer presum_e el llan~o mio,
"Seréis testigos largo tiempo, fio,
De mi dolor y quejas lastimosas,
.
Que en vano esparzo al aire, y con piadosas
Voce, al rey del lago obscuro envio".
Así cdntando llora el tracio amante;

y a sus blandos acentos enmudece
El viento, y la agua su corriente enfrena;
y enternecidas tru.ecan el semblante
Las fieras i corto alivio! mientras crece
Del ya perdido bien la justa pena.

192

¿ A quién me quejaré del cruel engaño,
Arboles mudos, en mi triste duelo?
¡Sordo mar! ¡Tierra extraña.' ¡Nuevo cielo.'
¡Fingido amorl ¡Costoso desengaño!
Huy6 el pérfido autor de tanto daño,
Y quedé sola en peregrino suelo,
Do no espero a mis lágrimas consuelo;
Que no permite alivio mal tamaño.
"Dioses, si. entre vosotros hizo alguno
De un desamor ingrato amarga prueba,
Vengadme, os ruego, del traidor Teseo".
Tal se queja Ariadna en importuno
Lamento al cielo, y entre tanto lleva
El mar su llanto, el viento su deseo.

La 1ectura de estos sonetos produce una emoción simple, equilibrada y contenida. ¿ Podrá resultar acaso de nuestra sensibilidad despierta a los lejanos
y mitológicos infortunios amorosos de Orfeo y Ariadna? ¿ O quizá de los lamentos exclamativos que el autor sitúa, medidamente, en los cuartetos de
ambas composiciones? Si así es ¿ por qué ocurre que esa emoción surge casi
al final de la lectura, cuando cesan esos lamentos y ya no se habla de esos infortunios, cuando tan sólo se empieza a tener la impresión de un redondeamiento, de una integridad, a la vez sencilla y completa?
Lo que pasa es que Arguijo posee, en altísimo grado, el sentido de la mesura, del equilibrio, de la simplicidad rectilínea, de la belleza de una arquitectura dórica -podríamos decir- aplicada a esa construcción lírica exacta
que es el soneto. Y en este punto es donde lo mucho intelectual que hay en
su obra, se transfigura estéticamente y se hace capaz de producir la conmoción poética. En este punto es donde lo mismo que empecé analizando como
una suma de defectos, desde el punto de vista lírico, se convierte -en lo mejor de la poesía de Arguijo, no en toda ella- en una suma de buenas cualidades.
• Así, por ejemplo, esa estructuración rigurosa y perfecta, que se cumple
en finales rápidos e intensos; esa línea recta lógica, cuya realización literaria
tiene tan valiosas facetas: exactitud, concisión, fluidez, transparencia, economía de medios, síntesis perfecta.
Y como en la poesía sencilla y clara de Arguijo, este conjunto de cualida193
H13

�Cuando rompiendo el aire con liviano
Vuelo se muestra el vencedor Perseo
Que con el gran despojo meduseo
,
Orna glorioso la triunfante mano.
De
doncella el llanto y la hermosura
Enviaron a un tiempo al pecho fuerte
De lástima y amor agudas flechas .
Del mar la libra y de la bestia dura

des se me ha aparecido como el único y suficiente valor que la realza, en adelante no haré más que ponerlo de manifiesto con algunos ejemplos.
Veamos el saneto a Narciso, que podría definirse como narrativo-sintético de desenlace en antítesis:

'.ª

Crece insano amor, crece el engaño
Del que en las aguas vio su imagen bella;
Y él, sola causa en su mortal querella,
Busca el remedio y acrecienta el daño.
Vuelve a ver en la fuente j caso extraño!
Que della sale el fuego; mas en ella
Templarlo piensa, y la enemiga estrella
Sus ojos cierra al fácil desengaño.
Fallecieron las fuerzas y el sentido
Al ciego amante amado; que a su suerte
La belleza fatal cay6 rendida;
Y ahora, en flor purpúrea convertido,
La agua, que fue principio de su muerte,
Hace que crezca, y prueba a darle vida.

Trocando en vida la temida muerte'

Y en nupciales cantares las endecl:as.

El soneto A M ucio S cévola contiene la anécdota
,
ante el etrusco Porsena, después que ha fallado e
. en que este aparece
te. Con maestría narrativa el po t
n su mtento de darle muer'
e a expone el tan co
·¿
cuartetos; y en los tercetos vierte las palabras de p
noc1 o suceso en los
.
· ,.
orsena en las
l ·
pica,
smteticamente ' el desenlace de todo este ep .s d' h'' , ·
cua es im~
l
hecho de que el general etrusco perdone a su fallid 0 i o 1~ 1sto~1co, esto ~s, el
la guerra con Roma.
asesino Y de por termmada

Me parece imposible, dentro del molde de un soneto, referir con mayor
perfección, de manera más exacta ni más sencilla, la historia -esta vez de

Ofrece al fuego la engañada diestra
Ante el rey enemigo el esforzado
Scévola, y de aquel yerro no culpado

suyo poética- de Narciso.
Los cuartetos y el primer terceto desenvuelven la narración lírica -hasta

Con denuedo espantoso el pesar mues:ra.
Del fuerte corazón la insigne muestra

su desenlace resuelto en un solo verso mesurado- con fluidez y ligereza. El último terceto redondea, con un rasgo elegante de juego intelectual, que no ex-

El ofendido rey mir6 turbado .
y aquella mano respetó admi:ado

cluye cierta emoción, la impresión de facilidad y exactitud. Al acabar de

Que supo errando a tantas ser ma,estro.

leer, parece que nada falta y nada sobra.
El soneto Andrómeda y Perseo, con menor valor en otros aspectos, tiene
las mismas cualidades narrativas y la misma resumida arquitectura. El pri-

No castiguéis, le dijo, valeroso
Manc~bo, _el fuerte brazo, cuyo engaño
Me dio vida y a dártela me mueve.

mer cuarteto presenta a Andrómeda en su no merecido castigo y sus quejas;

Hoy Roma por tu intento generoso
Verá que, libre de tan cierto daño

el segundo es dinámico: llega Perseo por los aires con un despojo en la mano;
el primer terceto basta para que el héroe se enamore de la doncella; y es suficiente el segundo para resumir la liberación de ésta y las nupcias de los

•

amantes:

Expuesta en firme escollo al mar insano
La no culpada hija de Cefeo,
Mueve a piedad el reino de Nereo,
Remedio a su dolor pidiendo en vano,
194

Más a tu hierro que a sus fuerz~ debe.

·
1o d e esta categoría: el soneto Ulises, en el que n
casUn último
d
eJemp
l

na a nuevo que observar, sino que en los

levemente el orden lógico sint, 1·

,d

h
o

ay

'.ercetos, el poeta altera muy
os ocasiones
. l .
.
' una casi a final, con

ac ico en
lo que prepara y realza el último
así en lo formal como en lo 'd 1~ ~erso, que ~1erra con perfección el soneto,
1 eo og1co y emotivo :

195

�El griego vencedor de tantos años
Vio contra sí constante la fortuna;
El que pudo sagaz de la importuna

Circe vencer los mágicos engaños;
El que en nuevas regiones y en extraños
Mares temer no supo vez alguna;
El que, bajando a la infernal laguna,
Libre volvió de los eternos daños,

Los ojos cubre y cierra los oídos
De las sirenas a la vista y canto,
Y se manda ligar a un mástil duro;
Y negando al objeto los sentidos,
La engañosa belleza y fuerte encanto
Huyendo vence, y corta el mar seguro.

Hasta aqui he ejemplificado la cualidad poética propia de Arguijo -muy
personal y muy suya- mediante sonetos más bien narrativos, en los que se
manifiesta sola esa característica de arquitectura en líneas casi e.xclusivamente rec~as, d~ que he hablado. Pero hay ocasiones en que, aún si~ d_eja~ la
dirección narrativa, 0 apartándose apenas de ella, el poeta sabe anadir ciertos mesurados elementos de emoción. Veamos, por ejemplo, el soneto Del
Tiempo, dedicado a Femando de Saavedra:

Mira con cuánta priesa se desvía
De nosotros el .wl, al mar vecino,
Y aprovecha, Fernando, en tu camino
La luz pequeña de este breve día.
Antes que en tenebrosa noche fria
Pierdas la senda, y de buscarla el tino,
Y aventurado en manos del destino,
Vagues errando por incierta vía.
Hágante ajenos casos enseñado,
Y e! miserable fin de tantos pueda
Con fuerte ejemplo apercibir tu olvido.
Larga carrera, plazo limitado
Tienes, veloz el tiempo corre, y queda
S6lo el dolor de haberlo mal perdido.
Es una e:xhortaci6n a escarmentar en casos ajenos y a aprovechar el tiem-

po fugitivo. Pero Arguijo no exhorta con frialdad. Empi~a con un~ sintéti-

Mira con cuánta priesa se desvía
De nosotros el sol al maT' vecino . . . ;
ref~e~a ~sa impresión con el cuarto verso que, sencillo en línea, en idea en
adJet1vac16n, en esa sencillez logra un matiz afectivo:
y
La luz pequeña de este breve día.

'

y en ~l último terceto, a falta de metáforas, símiles o imágenes, simboliza la
fuga~1dad temporal en el ritmCl de sus versos, tan rápido, que se le im onen
el asmdeton y los encabalgamientos, por los que esos versos se peJguen
unos a otros:
Larga carrera, plazo limitado
Tienes, veloz el tiempo corre, y queda
S6lo el dolor de haberlo mal perdido.
Transcribo sin comentarios otro soneto que pertenece al mismo grupo.
También aquí el poeta toca, dentro de un clun'a re fl exivo-emotivo y con
igual delicada mesura, el tema de la naturaleza:

'

LA TEMPESTAD Y LA CALMA

Yo vi del rojo sol la luz serena
Turbarse, y que en un punto desaparece
Su al.egre faz, y en torno se oscurece
El cielo con tiniebla de horror !lena.
!Jl austro proceloso airado suena
Crece su furia y la tormenta crece
Y en los hombros de Atlante se ;stremece
El alto olimpo y con espanto truena;
Mas luego vi romperse el negro velo
Deshecho .en agua, y a su luz primera
Restituirse alegre e! claro día,
Y de nuevo esplendor ornado el cielo
Miré y dije: ¿Quién sabe si le espera
igual mudanza a la fortuna mía?

El soneto Júpiter a Ganimedes se aparta del usual esquema narrativo
Hab.la el rey del Olimpo al mancebo de Troya y, con un dejo de ternura ¡~
explica que el amor es la causa de su rapto:

'

ca alusi6n a la naturaleza que rápidamente pone en ambiente emotivo:

197
196

�No temas ¡oh bellísimo troyano!

Viendo que, arrebatado en nue~o vuelo,
Con corvas uñas te levanta al cielo
La feroz ave pot el aire vano.
Nunca has o/do el nombre soberano
alto olimpo, la piedad y el celo
De Júpiter, que da la pluvia al suelo

be1

y arma con rayos la tonante mano,

El relato que contiene, emparentado con el tema del Beatus ille de Horacio, puede muy bien no ser originalmente del poeta sevillano; pero lo es,
en forma típica, la manera de desarrollarlo: Aquí, las cualidades de transparencia, línea recta, economía y ajuste perfecto, tienen su mejor uso literario,
al convertirse en cifra de Jo que el poeta quiere comunicar: la noble senciJlez de su personaje -porque este soneto presenta un personaje muy peculiar,
que en tan corto espacio el poeta alcanza a semi-caracterizar-, su sencillez,
digo, en la vida y en la muerte. El soneto dice así:

A cuyas sacras aras humillado,
Gruesos toros ofrece el teucro en Ida,
Implorando remedio a sus querellas?
El mismo soy; no al águila eres dado
En despojo; mi amor te trae, olvida
Tu amada Troya y sube a las estrellas.

En segura pobreza vive Eumelo
Con dulce libertad, y le mantienen
Las simples aves, que engañadas vienen
A los lazos y liga sin recelo.
Por mejor suerte no importuna al cielo,
Ni se muestra envidioso a la que tienen
Los que con ansia de subir sostienen
En flacas alas el incierto vuelo.
Muerte tras luengos años no le espanta,
Ni la recibe con indigna queja,
Mas con sosiego grato y faz amiga.
Al fin, muriendo con pobreza tanta,
Ricos juzga sus hijos, pues les deja
La libertad, las aves y la liga.•

soneto A la muerte de Cicerón, el poeta se dirige al asesino, quien
En el
1 .d del orador La estructura es, como en
debiera, por gratitud, proteg_~ ª. vi a
· El poema es sucesivarnend Argu1Jo ngurosa en exceso.
tantos otros sone tos e
'
. .
d' • •
formales· dos cuar'd .
cuatro pnncipa1es 1v1s1ones
·
te -en coinc1 encia con sus
.
1
t'
por fin paté.
•
· t ogauvo exc ama 1vo y,
,
tetas y dos tercetos- imperativo, m :rr
'radación afectiva un fluctuar
tico. Pero en esa misma _estructura ::z u;:ngemoción contenid~, en el últique se resuelve con exactitud y, a la
'
l
t
mo terceto. A un tiempo, se consuma el crimen y concluye e sone o:
Detén un poco la cobarde espad~,
Cruel Pompilio, ingrato, y considera
La injusta empresa que a tu brazo espera,
y largos siglos ha de ser llorada.
¿ Posible es que se ve tu m~no ~rmada .
Contra el gran Tulio, a quien librar debiera,
En igual recompensa, de la fiera
Muerte, a tu ingratitud recomendada~
· Oh cuán poco aprovecha la memoria
~el ~ecibido bien, que al obstinado
Ninguna cosa de su error le muda! .
Desciende el golpe sobre la alta glona
De la latina lengua; derribado
Deja el valor, y la elocuencia muda.

. a1· la serie con un soneto sin título que me parece especialmente reFm
lZO
•.
velador de la peculiar cualidad de ArgmJo,
198

Esta es la poesía de Arguijo, muy próxima a lo intelectual; pero en la que
este mismo elemento se transmuta, en los mejores momentos, en mesurada
emoción.
Traduce con exactitud un conjunto de percepciones del poeta -en su mayor parte centradas en los temas de la mitología clásica- en las que predomina lo intelectual. Sin embargo, tiene calidad literaria, propiamente estética, en cuanto que apela a la inteligencia, y secundariamente a la emotividad, con absoluta economía de medios y con gran maestría de versificación,
principalmente en el soneto. A falta de metáfora, esa economía, esa preci4

De paso, quiero hacer notar la simpática intenci6n humorística de este último
verso. Eumelo, libre en su vida sencilla, libre también en su apacible muerte, lega a sus
hijos tan noble libertad. Pero les deja también las aves que se han de comer y la liga
con que han de cazarlas. Es el único rasgo que he podido hallar en su poesía del humor
que parece haber caracterizado a Arguijo durante su vida; humor que también se manifiesta en el hecho de haber recopilado y redactado este autor una colección de anécdotas,
no meramente chuscas o divertidas, sino propiamente humorísticas, por su sentido humano.

199

�viene a constituir una
itectura ese conjunto de medios aptos
del mundo clásico
s10n, esa ar~u
, 'b l de las equilibradas intuiciones
especie de cifra o s1m o o .

que Arguijo quiere comunicar.
.
t comparativo sino paralelo, de
, t
tudio no prec1srunen e
'
d .,
Concluye aqm es e es
'
A
. . Para finalizar esv1an•
.
d Rº ·a Juan de rgm¡o.
'
la poesía de Francisco e IOJ y
.
.
.ero hacer notar que en
·,
strictamente hterana, qw
dome ya de la observac10n e
rre algo no frecuente, e.si enos en algún aspecto- ocu
estos dos poetas -a m
. "d
Rio¡·a el altivo , cuidadoso de conla obra comc1 en.
,
'
¡
to es, que a persona y .
.
d e una poesía que, en gran parte,
•
, f co ru.slarmen to pro uc
servar su anstocra 1
,
.
' A
..
caballero manirroto que, por
.
bre s1 rmsma rgu110, e1
.
se reserva y cierra so
.
'be na poesía abierta que quiere,
su fortuna, escn
u
d
generosidad, aca b a con
,
.
sa gran voluntad e comu·
Tengo para m1 que, s1 a e
..
ante todo, entregarse.
.. h bº
·do la capacidad ,ens1t1va,
.
. del artista- Argu1 JO u iera um
mear -propia
. d Rº . hubiera sido un gran poeta.
imaginativa y sensonal e 101a,

BIBLIOGRAFIA
í E t 32 de la Biblioteca de Autores Esp añole, . M. Rioes as.
389
.
vadeneyra. Madrid, 1854, pp.
; de. la Biblioteca de Autores füpañoles. M. R1vaARGVIJO, JuAN DE . Poesías. En t. 3
4

p

RtOJ A, FRANCISCO DE.

;74

den....,ra. Madrid, 1854. pp. 391-40 ·_ 1 Coi ··n de poesías escogidas de los más
-,
J
p naso Espano .
ecc10
- d
UAN. ar
d .d p
Don Antonio de Sancha. Ano e .. . .. .
célebres poetas castellanos. Ma n . or
.

LÓPEZ DE SEDANO,

. .
la literatura española. Tercera edición. Ed1Historia de
II, pp. 258-262 y 265-266.
torial Gustavo Gili. Barcelona, 1950., t.

MDCCCLXXVIII.

VALBUENA PRATT, ANGEL.

d q ue a Rioja le costaba trabajo "apcarParece ser expres1º6 n d e Lope de Vega 1a e
se de su divinidad".
1

200

HEINRICH VON KLEIST Y SU '·NOVELLE"
HANs-VVILHELM

Sr:rrAFER

Escuela de Letras I. T.E.S.M.

EL DRAMA DE KLEIST OCUPA el lugar que le pertenece en la historia de la
literatura mundial. Contempladas no pocas veces, las "Novellen" del poeta
han hecho patente su extraordinario ingenio épico. Sin embargo, creemos que
aún no han sido interpretadas plenamente y que es oportuno, a propósito de
La Marques a de O . . . , fijamos ahora una doble meta: Primero, la de contribuir a la interpretación de la 11 Novelle" de Kleist. Segundo, la de entrever
las posibilidades de su análisis puramente estructural.
El término "Novelle" se refiere, en nuestro contexto, únicamente a la forma de la novela corta alemana cuyo desarrollo ha dibujado el conocido y
riguroso perlil que le es propio. En la literatura alemana se le considera como la forma épica más estricta que ha dado la composición en prosa. En sus
elementos formales, los acentos señalan por sí mismos hacia un adecuado
análisis estructural.
Es esencial, para la interpretación exacta de la obra poética, un correcto
enfoque mediante el método científico. Así se evitará, por ejemplo, explicar
el contenido de un drama únicamente por la sintaxis, o lo esen~ial de una
poesía larga sólo por la secuencia de vocales. El investigador debe tener a su
disposición todos los métodos. Cuál de los métodos deberá ser necesario en
primer término, esto quedará determinado por la obra en cuestión.
Los métodos que pretenden llegar al éxito en todos los casos son tan sospe·chosos como las panaceas de los charlatanes. En la actualidad ya no es posible, tal como se hizo en décadas pasadas, sobreestimar aquel tipo de exploración que de modo invariable ponía el énfasis en las circunstancias sociales y biográficas del poeta. A semejante tipo de investigación biográfica se le
había escapado precisamente aquella característica de la obra poética que
,constituye la base para el análisis estructural como método de investigación:
Ja verdadera poesía sobresale como una totalidad capaz de vivir por si mis-

201

�ma, y es por esto que puede ser completamente separada de la persona del
poeta.
En esta tendencia moderna, que naturalmente no desprecia los métodos
antiguos pero que sin embargo tiene una firme inclinaci6n hacia la exactitud, se ofrecen una vez más diversas posibilidades: Análisis por la observación de la metáfora-simbolo-emblema ( lo cual sería el camino más corto hacia las ideas) ; contemplación sistemática de la estructura del espacio; perspectiva narradora, es decir, la relación exacta entre narrador y materia; y
aislamiento de la intención poética por comparación detallada de las fuentes
( aquí se acerca otra vez a lo biográfico) o hacia un análisis de la estructura
del tiempo, etc.
En el presente estudio será utilizado el último de los métodos a sabiendas
de que no será posible aislarlo enteramente, dado que hay una gran variedad de puntos en los que se interfieren las otras posibilidades. De hecho, ningún método logra en sí solo una interpretación completa.
Se han evitado intencionalmente las conexiones diagonales y posibles comparaciones (con Penthesilea, Akmene [Anfitrión], Nathalie [Príncipe de Homburgo], por ejemplo). Aunque el análisis de la estructura épica no puede
prescindir de la cabal estructura del tiempo, quisiera insistir en la exigencia

de fijamos dentro de los límites del método que reclama la obra en cuestión, sin la ayuda de la producción total del poeta. Se ha adoptado la estructura del tiempo como perspectiva principal para la comprobación, al fi-

Menciona en este contexto la conexión de

fluencia perceptible de R

.
ousseau la cual co
mi en la vida de Kleist Ot
'
nocemos como fenómeno juve-

fianza, que ocupa un lu¡ar c:~tr:~m;nto fuerte es el problema de la concomo en la mencionada novel A
o en las cartas del viaje de Würzburg
el impulso más importante a. qm no se puede decidir quién dio a Kleis;
las posibilidades.
con respecto a la materia. Me limito a presentar

-;n

Friedrich Braig
· qmere
·
ver el ensayo del M
.
como fuente principal ("U
. d .
onta1gne sobre el alcoholismo

. .
na vm a Joven ha llegad
'
su conoc1m1ento y voluntad ah
o a ser embarazada sin

súplica pública").' En la té[. orda dlebe buscar al padre del niño por una
mea e a novela Brai
muy de cerca con Cervant , H
'
g ve a Kleist conectado
1
es.
ans M. Wolff com ta· "El
.
P etamente extraordinario de la . 1 • ,
en ·
motivo comd'
VIO ac1on de una
· d
irectamente del 'Urfindling'
,,
.
muJer esmayada, viene
inclinado a considerar má . . . . ' mientras que Hermann Schneider p·arece

s importante el co · •
noc1m1ento que Kleist tiene de
a conocer las obras del E - 1
on e se había publicado en 1800-1801
.
, spano en Konigsberg,
ducc10n
·, d e las novelas y tamb., d
en la. .hbrena de Nºico 1ov1us
•
una traervantes:
de d

trata sin embargo de hacerla visible más acá de la mera intencionalidad, me-

diante la delineación de la forma que es también esclarecedora.
En el estudio de la estructura de la obra poética me siento en deuda con
las investigaciones de Emil Staiger, Hermann Pongs, Günter Müller y Eberhart Lemmert. Vaya también un especial agradecimiento para mi estimado
profesor en la Universidad de Marburgo, el profesor doctor Josef Kunz, quien
me animó a investigar los problemas presentes.
La novela de Kleist del año 1806, La Marquesa de O ... , fue terminada
en aquel período creativo que el poeta tuvo después de su sumamente des-

agradable estancia en Konigsberg y la salida del servicio gubernamental. La
novela fue publicada en 1808 en el segundo cuaderno del "Phoebus".
Hans M . Wolff' hizo probable en su interpretación que la novela se basara
en un bosquejo de la primera fase poética de Kleist.
1

HANS

M.

WoLFF, HEJNRICH VON KLEIST,

Die Geschichte seines Schaffens,

Bem

"Tal vez llegó

es evidente de la intención de i~eis:

D::

Qui¡~te _traducido por Soltau".' Ya
quena titular a su colección de no,
e ervantes Mora/is h N 11
tes hab1a llamado la ate . ,
e e ove en, que Cervan.
ncion a nuestro poeta a E
t 1
.
sm embargo, que Kleist tiene
d . n o ro ugar dice Schneider
muy poco e los mof
fº
'
ve 1as de Cervantes.1
ivos Y 1guras en las novelas en referencia a aquella d C ' q

nal, de futuros pasos. Para una mejor ilustración, se ha consultado una no-

vela de Cervantes. La diferencia esencial entre los dos poetas es evidente. Se

u

la Nouvelle Héloise" • y la in-

Dejo descansar el problema porque el

mer lugar a la configuración épica
an_álisis siguiente se refiere en prilas novelas de los dos poet
' a semeJanza y diferencia estructural en

as.

A primera vista aparecen semeJanzas
.
muy f t
Aqu'1 una con frontac1on
•, de las int d .
uer es en los mod os d e narrar.
ro ucc1ones:

·
.In M . .. ' emer
bedeutenden Stadt .

.

.

wztwete Marquise uon O
.
tm oberen ltalten, lieB die ver· · • , eme Dame v
1 // •
utter
uon
mehreren
hl
. on uor re lzchem Ruf und
M
wc, erzogenen Kmdem d
I
.
' urc i
bek anntmachen.. . . .Die D ame, d.ie emen
so sonde b
..
r aren,
Wet
1 reizenden Schritt beim D

----2

1

,

d.
.
ze Zeitungen
d
en Spott der

rang unabanderlicher Umstii.nde, mit

La ruptura con e I pad re Y la escena amor
FRIEDRICH BRAIO H ein . h
.
osa en la reconciliación.
.
,
ric von Kle1st, Münchcn 1925
449
1 nusmo, p. 452.
1 p.
.

• AH'

HERMANN SCHN EIDER, s ludien
.
•e
ompare Schn ·d
(
1

t

zu H einrich vo Kl .
n
eut, Bcrlin 1915,
98
All'
.
e1 er como citado arriba) p 99
p.
.
1 m1smo1 p. 115.
' ·
·

1954, p. 118.

202

203

�solcher Sicherheit tat, war die Tochter d es H errn von G . .. , Kommandanten der Zitadelle b" .M· · ·"'

&lt;ladera del espacio de tiempo. 12 Vista en conexión la construcción temporal
es la siguiente:

as del verano volvían de recrearse del ~~o
Una noche de las caluros
.
iño pequeño una h,¡a

La novela empieza con el clímax de emoción dando al mismo tiempo la exposición y una adivinanza. Por retrospectiva sigue entonces en pocas oraciones la conducción hacia la escena en la citadela, con la cual, siempre en
la retrospectiva, empiezan los eventos antes de siete a ocho meses. Parece
que sólo pocos días después de la conquista de la fortaleza por los rusos se reporta la muerte supuesta del Conde F ... ; el párrafo corto concluye con las
palabras: "und mehrere Monden vergingen, ehe sie selbst ihn vergessen konnte" (p. 93). Esta declaración sin embargo se adelanta porque la primera
frase del párrafo siguiente "Die Familie muBte nun das Kommandantenhaus
rliumen", se refiere sin duda a los días directamente después de la ocupación de la fortaleza.

·
h ·dalgo con su mu¡er, un n
'
en Toledo un anctan~ t...
. d
La noche era clara, la hora
de edad de diez y sets anos, y una cna a. ,, e
· so lo, y el paso tardo. • ·
las once, el camino

la rimera orac1on, lugar, tiempo y
Los dos poetas mencionan luego en
p d
cterística de estilo
.
,
demostran
o una cara
personas principales de 1a acc1on,
parece no participante en
, En un modo escaso y como
1
que tienen en comun.
ref
. narrativas en una so a
,
.
lan hechos y
erenc1as
la accion misma, se acumu
d s a la fuerza. Por otra parte
.
1 .
ión de estar amontona a
frase. Casi dan a llllpres
1
.
manera descripciones de afectos
,
allá en a misma
'
'd
encontramos aqm como
'
d al poeta español. Schne1 er
, 1.
Kleist a veces exce e
fuertes; en el u trmo caso
1· en en común la precisión con
Kl · 1 y Cervantes ,en
hace notar además que
e,s
d . 'º Los dos desde la primera
l figuras secun anas.
'
la cual dan nom bres a as
1 emolino de los sucesos .11
. .,
. avientan al lector en e r
.
frase de la exposic10n, casi
1 . t aducción se pérciben d1.
·,
ás cercana ya en a m r
Pero con una mspecc10n ro
.
doras Cervantes todavía alulas concepciones narra
.
ferencias importantes en
d d la acci6n dramática que se
·1·d d
te de la tempesta
e
de a la tranqu1 ' a an s
, .
Kl . t 1 contrario lanza la fase
ed cronologicamen te. e1s a
acerca y con eso proc e
d" .
inextricable frente al lector.
central, el nudo enredado como una a ivmanza

LA ESTRUCTURA TEMPORAL

A) La Marques a de O . . . .
d 1
. , n incluye s6lo pocos días, quie. d !tiempo e aacc10
dl
Tomado con exact,tu e
.
1
. , dico hasta la boda e
r
.
,
del
anunc10
en
e
peno
re decir, desde la pub 1cac10n
d
h c·a la escena en la fortaleza
. es que con ucen a l
Conde F .. . Las pocas orac10n . . 1
re resentan una amplificaci6n very aqueil as qu e bosquejan el feliz fma ' no p
, Se cita de la ed.1c1"6n:
p. 89.
, Se cita de la edición:

HEINRICH VON KLEIST,

MtGUEL DE CERVANTES•

p . 115.
tt

ScHNEIDEll

(como cit.), p. 105.

" Allí mismo, pp. 102-103.

204

Sámtliche Novellen, München 1959,

En un párrafo otra vez muy breve se cuentan en forma de resumen el cambio de habitaci6n que necesita cierto tiempo como también el regreso a la
vida ordenada y tranquila. La transición a la escena corta en la cual la Marquesa descubre las primeras señales de su embarazo, es extremadamente rápida y plana:

Die Marquise knüpfte den langen unterbrochenen Unterricht ihrer
Kinder wieder an und suchte für die Feierstunden ihre Staffelei und
Bücher hervor, als sie rich, sonst die Gi5ttin der Gesundheit selbst, von

wiederholten UnpiiBlichkeiten befallen fühlte, die sie ganze Wochen
lang für die Gesellschaft untauglich machten ... Eines Morgens . .. (p. 93) .
Concluye la escena mencionada en el tiempo de "algunos días". "Pronto
despuésu -es difícil decir si se trata de unos días o unas semanas- ocurre
1a primera presentación del Conde F . .. "Varias semanas" más tarde hay la
disputa y finalmente la ruptura con los padres. La parte que contiene la salida de la marquesa y la preparación del anuncio usa otra vez resúmenes que
son tan poco llamativos como los anteriores:

Sie sah die Unmoglichkeit ein, ihre Familie van ihrer Unschuld zu
überzeugen, begriff, daB sie sich darüber trosten müsse, falls sie nicht
untergehen wolle, und wenige Tage nur waren nach ihrer Ankunft in

Novelas Ejemplares, Madrid 1957,
u HA.Ns M. WOLFF (como cit., p. 187) toma en consideración, que Kleist agregó
el párrafo final "que es más bosquejado que elaborado", en un tiempo más tarde, "para llevar Ja novela a un final exterior . . . en las otras partes ya fue terminada en
KOnigsberg".

205

�V. .. verflossen, als der Schmerz ganz un d gar dem heldenmüttgen Vor108
satz Platz machte. · · (p. _ ) · . W hen sobald sie ihre Niederkunft
Sie machte AnstaU~n, mhwemg La:~sit; wiederherzustellen. (p. 108).
überstanden haben wurde, t ren . ..
. . . del cuento uno se pregunta
Llegando ahora nuevamente al pr'.n~1p10 dónde se ha quedado el tiemanto más que el dar a luz está proxuno---: .
.
--cu
.
.
d
n
resumen
breve
resulta
el
s1gmente
aspecto.
po necesano, e u
Distancia de tiempo a
lo anterior

1. Exposición, retrospectiva ~ lad v ida de la Marquesa, principio e.1a
acción recuperante con la conquis-

1 pág.
ta de la ciudadela ... • • · · ·. · · · · · aprox.
2-2 /3 ,,
2. Los eventos en la fortaleza .....

"

3. La noticia de la muerte del Conde F ... ...... . .. . . . . ........
4. Aparición del Conde F. · ·

.... '

"
"

5. Descubrimiento de las circunstancías, ruptura con los padres .....

"

6. La marquesa recupera completaroen te la compostura ..........

"

1/2

"

8-1/2

"

5-1/2

1/2

"
"

conexión
directa

máximo 3
días
máximo 5
meses

días" después del cambio de habitación; aquí dice que en "pocas semanas"
habrá pasado el alumbramiento.

El poeta determina el tiempo de ocho meses que es contado en aproxi.
madamente veinte páginas ( conquista de la fortaleza hasta la publicación
del anuncio) con las siguientes palabras: " ... ahora entonces" (p. 92) {máximo tres días); "pasaron varios meses,, (p. 93) (máximo cinco meses); "varias semanas" {p. 102), "pocos días" (p. 107).
Aun cuando un calcular meticuloso del tiempo no tiene mucho sentido,
muestra claramente la comparación efectuada del tiempo y una aceleración
hacia el clímax. Abarcando todo, las !'Cferencias "varios meses", "varias semanas", "y pocos días" 13 apenas son capaces de cubrir el tiempo de ocho
meses. Se hará referencia a este punto nuevamente más abajo.
Frente a las veinte páginas de la primera parte recuperante, cuyo tiempo
resulta en aproximadamente ocho meses, están las catorce páginas que traen
la segunda parte del cuento con la solución. Con ésa ya se nota que el centro de gravedad yace decisivamente en el último tercio de la acción. Pero
primero la repartición temporal en los detalles: La primera parte cierra mencionando el principio del cuento (p. 108), y es típico que después en la segunda línea de la segunda parte se encuentra la palabra significante para
la estructura temporal "mientras". Ahora se ha llegado a la rapidez más alta
de la acción y con esto al nivel más alto de emoción; los eventos se precipitan, progresan hasta la relación de simultaneidad.
Después de pocas referencias transmitentes y no muy exactas con respecto
al espacio del tiempo, se llega a la última fase del recurso de la acción:

"varias

semanas"
"solamente pocos
d',as,,

, af (p. 108) son relativamen.
Las referencias de uempo
en el último parr o

sobald es seine übrigen V erhiiltnisse gestatteten, ging e, augenblicklich
van Neapel ab und kam auch richtig, nur wenige Tage nach der van
ihm bestimmten Frist, ia M . . .an {p. 109).
También el "augenblicklich" ya caracteriza la rapidez tremenda que domina lo siguiente:

te difusas:
.
d G f F
van Neapel wiederkehUnd so war der Zeitpunkt, da er ra
. . . ·¡¡·
·1 dem Schicksollte noch nicht abgelaufen, a1s "' schon vo ,g rru
ren .
,
k .
1b
vertraut war .
sa,
1 in ewi·g klósterlicher Einsam ett zu e en,
' "D re h ganze N a"chte , m' unruhiger Schlaflosigkeit
y brevemente d espues:
u
d t " A pesar de esto se deja sard
dreht und gewen e · · ·
'
durchwachlt, .-:"nª cla:: ~: la reflexión de la Marquesa que tomó lugar: "pocos
car una a us10

206

Der Graf erwiderte, . .. daB er noch heute nach V .. . gehen und
seinen Antrag bei ihr wiederholen würde. Er ergriff auch sogleich seinen Hut, empfahl sich ... und ging ab. Er bestieg ein Pferd und sprengte
nach V . . . hinaus. (p. 109).

is Es además significante la disminuci6n de espacios de tiempo reportados durante
el progreso hacia el clímax.

207

�Después de que el Conde falló de explicarse, él mismo encuentra rn la noche del mismo día al Forstmeister, que le infonna el anuncio del periódico.
El siguiente y primero de los breves párrafos que reúnen nuevamente el
tiempo disminuyéndolo después del clímax en la escena de rehabilitación, co-·
mi enza otra vez con "Inzwischen" (p. 111), (mientras). Lo siguiente se refiere al "nachsten Zeitungstag" (próximo día de periódico) (p. 112). La

6. a) Preparaciones de la fam·1·
1
11aparaa
fecha fijada .
b) Llegada del Conde.
c) El rechazo de la Marque
d) La boda.
sa.

Para la segunda parte recibimos entonces, el siguiente esquema:

l. El anuncio de la Marquesa; la ida del

conde.

2. El Conde F. se presenta en la casa del
comandante, luego con la Marquesa. El
se da cuenta del anuncio.

Distancia de Tiempo a lo anterior
Aprox. 1/, pág.
¼ ,, simultáneo.
,,

21/2 ,, conexión directa.

,,

3. La señora empieza a dudar y presenta
a su esposo el anuncio.

4. La Condesa en el próximo día de periódico. La disputa de los padres.

"
,,

1 ,, simultáneo.

5. a) El comandante reciba la carta de
su hija.

208

3½ ,, un día.

algunas semanas.

"

½ ,,

más de un año.

Para hacer todavía más transparente la est

la formación temporal de las dos part
PARTE

I

l.

e a novela d1rectamente:

II

No. de
páginas Distancia de tiempo

Distancia de tiempo

1

¾

2. 2-½ Conexión directa.
3.

d I ructura '.emporal, comparamos

PARTE

No.de
páginas

es

Simultáneo.

2-½ Conexión directa.

1/, Máximo tres días.

1
Simultáneo.
1
De 2 a 3 días ( ?).
5-½ Pocos días.
3-½ Una noche - enseguida.

4. 8-½ De 4 a 5 meses.
5. 5-½ Varias semanas.
6.
½ Pocos días.
7.
Tiempo contado·· Ap roxlllla
. damente
8 meses ( en veinte páginas) .

½

Más de 1 año.H

Tiempo, contado: Aproximadamente
8 d1as ( en catorce páginas).

La relación últimamente dad d
que buscar el punto de graved d a edmuestra con toda claridad dónde hay
dad
• que se reconoce en
ª lanarra
' interesante
·
. re1ativa
estruor. Todavía mas
es la igualmitad de cada parte ( vea No 2)
ctura de las dos partes. En la primera
conec ta d"trectamente a los d .
encontramos. un pá rrafo prominente que se
os eventos anteriores . 1

contem a en la segunda mitad . d
. ' a gravedad superior está
, d 1
' sien o los espacios ,
d
mas gran es antes y desPues e punto 4. Si se conectan las d
unidad, resultan tres puntos prm· . 1 os partes como lo pide la novela como
· 1
~ ~ ~ s enan
~ 'imagmar
··
igua mente puestos. Los dos arcos t
por dos arcos
coincidiendo así en el punt

b) La siguiente mañana la señora va

a la casa de la Marquesa. Reconciliación general.

"

a) El bautizo.
b) Diálogo del matrimonio.

.d

,, de 2 a 3 días.

cone•

xión directa) .

7. El fin.

distancia de la escena de reconciliación que sigue a exactamente este día de

periódico se representa por las palabras "wehige Tage nachher ... " ( pocos días
después) (p. 113). Entre la reconciliación con la madre y con el padre se
halla un resumen (Raffung) de importancia menor (" .. .doch der Abend kam
heran und Mittemacht schlug, ehe es ihr gelang. Am folgenden Tage ..."
p. 116). La insignificancia se expresa además por falta de separación en el
texto. Entre la reconciliación de la familia y la aparición del malhechor, hay
otra vez un día ("Nun galt es, beim Anbruch des nachsten Tages, die Frage:
wer nur, in aller Welt, morgen uro elf Uhr sich zeigen würde", p. 119), que
prepara la solución final retardando e intensificando la emoción. El día después del tercer día del mes se efectúa la unión matrimonial, el bautizo que
se menciona después evidentemente toma lugar unas semanas después y eI
diálogo entre los esposos ahora reconciliados, el cual bosqueja el fin, se refiere al tiempo que fue por lo menos dos años después de la primera boda.

U na noche ( prácticamente

,,

51/2 ,, "wenige Tage"
( pocos días) .

alocan con sus extremidades en un punto
o centr de la novela
,
La exposición con su adivinanza lleva la acc.,
.
.
.
ion a un movmuen to in tranquilo

Heons1·d ero

dispensable el final solamente csboza do.

209
HI4

�. , con aquella situaci6n draf
empieza la accmn
emocional: en la retrospec iva
. ·nal Los intermedios temporay
al C de F
en un crum .
. .6
y
mática que convierte
o~
... ,
más causan una nonnahzac1 n . mu
les que en esta fase se ext1end~n rodas yo co:traídos en una manera rápida y
pequeña; eso es porque son
se acelera la secuencia de _su~esos y

brm; ;

elegante. Con la llegada de~ Con e t ... las diferentes escenas se disminuyen
también las distancias de uempo en re 1 . temporal en su relaci6n a la
constantemente. Se transpone este comp ei:omparable con la vista desde un
acción narrada, al espacio, entonl~e~e~:;~:eparecen pasar sólo extrema,d~mente
tren en marcha: los bosques, en
I J b ues ya se mueven más rapidos, y

osq '
·
al trendespacio, los campos en frente
. de os
1 unto del cual sale la vista mientras más se acerca la mirada a p
as ueda perceptible lo que pasa.
más aumenta la velocidad hasta . qude adpe]nl ct¿r del anuncio de la Marquesa
· t Je la, mira a cae lae acción a este punto, mas
, rápido
En la novela de Kl e1s sa
.
,
d'
co
Mientras
mas
se
acer
en e1 peno i .
.
e llega al clímax.
ara
su
corriente
y
finalmente
s
. .
1 eventos la distancia temporal
P
r d precipitan os
,
l ·

Con el anuncio pub ica o se.
, odavía las escenas llegan a a s1~,..enas ha desaparec1do, mas t
'
entre 1as e;,\,,

rostros, y, desenvainadas las espadas, volvieron, y a pocos pasos alcane
zaron .. ." (p. 116).

Solamente la discusi6n entre Leocadia y Rodolfo, siendo verdad, que consiste sobre todo de largas oraciones por Leocadia, causa una concentración más
estricta en la situación singular. Con esto se nota una disminución palpable en

el recurso de la acción. Narrando la investigaci6n del cuarto por la muchacha
y su regreso a la casa, el cuento sigue más rápido, pero en la escena con los
padres, este Ímpetu es parado de nuevo.

Si hasta este punto todas las fases de la acci6n fueran directamente conectadas en su perspectiva temporal (todo sucede en una sola noche como se
sabe) , ahora se observa un relajo. Con la oración " .. .se redujo a cubrir la
cabeza, como dicen, y a vivir recogidamente debajo del amparo de sus padres,

con vestido tan honesto como pobre..." {p. 124), se alcanza una terminaci6n
provisional de la aventura de Leocadia y el poeta puede dirigirse ahora a la
vida de Rodolfo. Por el aumento de los espacios de tiempo prepara una transici6n sobre el abismo de tiempo entre las dos partes. A un abreviar casual
ce_ ••

ni sus padres se lo pidieron, cuando de aUí a tres días, que él partió para

multaneidad.
esto alejándose otra vez de eS te
Dirigiendo la mirada h~cia ª!el;:~eaá ~~~a secuencia de los he_chos. Aquel
punto de vista, cesa tarob1en la_ e
arte tenía que contraer el tiempo largo

Italia..." (p. 124), sigue una retrospectiva "muchos días había que tenía
a Rodolfo determinado de pasar a Italia ... ", a la cual se anudan las ideas y
deseos de Rodolfo sobre Italia. Así el poeta conduce al lector diestramente a

arco sin embargo que en la primera p , nicamente en el mismo número de

una lejanía de espacio combinado con esto el relajamiento en la estructura

de ocho meses, ahora tiene su efe~~o u hora ya no puede efectuar, lo logra
días Lo que un aumento de la rapi ezla , ]tima oraci6n se quitan todas las
.
., p rque sólo con a u
d.
·smo
entonces la emoc10n. o
A , la novela tiene un mam1
'd d al lector Sl
'] ·
adivinanzas y las obscun a es
.
~ descomponerse solo en las u urnas

temporal. La última oraci6n de este párrafo corto terminado con las palabras
"como si nunca hubiera pasado" ( p. 124), trata de hacer dos cosas: Alude a
una distancia temporal entre Rodolfo y lo sucedido y maneja fácilmente los
pensamientos del lector dirigiéndoles hacia Leocadia cuya vida después de esta
noche --el embarazo y el nacimiento del niño, tanto como su educación, en
los primeros siete años- ahora se puede relatar en pocas frases hasta el
punto de tiempo que marca el principio de la segunda parte. Donde Kleist,

constantemente creciente, que empieza
páginas.

B) La Fu erza de la Sangre

, . 1
estructura temporal que
ucho mas s1mp e en su

La novela de Cervantes es m .. ,
d
. ada por el deber de comL composie1on es etenmn
.
)
a
. t (la escena queda la misma '
.6
e pertenecen Jun os
. h El desarrollo de las escenas
b.nar dos espacios de acci n qu
1
.
b o orcas1ocoanos.
d
siendo separado, sin em arg ' p
.. ,
l b de Leocadia y la falla e
. .
. La exposicion, e ro o
d h ho
diferentes es el siguiente .
. , . da El rápido encadenar e ec s

La Marquesa de O. . .

Rodolfo, se rep

resentan en secuencia rap1

.

recuerda a veces el estilo de

.

Kl . t diciendo por ejemplo:
e1s '

. '

dre lloró su hermam·co , rirañóse la

"Dio voces su padre, grito su ~ª- "J&gt;usiéronse los pañizuelos en los

. da ...,, O en la parte anterior .
cna
210

sin embargo, deja abalanzarse los hechos por la emoción, mencionando los

espacios de tiempo que queda entre las escenas en pocas palabras, Cervantes
se refiere al tiempo mismo que Kleist había eliminado. Donde Kleist dice
" ... nach der nunmehr erfolgten Entbindung der Grafin . . . " {p. 122), ahí
Cervantes no deja salir la oportunidad de hacer la observación: "Vol6 el
tiempo, lleg6se el punto del parto ... " (p. 125) .
En una transición, igualmente elegante como en los pensamientos generales

de Rodolfo sobre Italia, otra vez se efectúa el cambio de resumen rígido y de
narraci6n continuada y detallada: El poeta relata las virtudes y la belleza del
muchacho de siete años. Luego procede la acción más o menos constantemente hasta aquel lugar donde en medio de la oración se mencionan treinta

211

�cía no debe sostener más que la buena
días como tiempo de reconval~cen d' h
so finalmente con sus visitas
1
al L ocad1a pue e acer u
l
oportunidad de a cu
e
d
.
días estuvo fuera de peligro, y a os
" • · ·el cual ' dentro e quince
'
f recuen t =
~
treinta se levantó" (p. 128).
·¡¡
a grandes pasos se cubre el
1 ·
modo senc1 o Y
Menos casual, pero a nus~0. . ,
1
lt de Rodolfo. y otra vez
•
la notihcac10n Y a vue ª
,.
tiempo necesario para
d
or el resumen ng1do por una
en un ara o men ,
balancea el poeta, aunque
º .. '
na rapidez normal de contar:
za la trans1c1on a u
.
breve descnpc1~n y as: rea i
de allí por la posta, en otros siete se
" ... en doce d1as llego ,ª Barcelona, : adre tan galán y tan bizarro, que los
puso en Toledo, y entr~ en ,casa ~a: e~ él todos juntos" (p. 131). Desde _esta
extremos de gala y de b1zarna esta
11
na dimensión de confonmdad
ral
la
acción
se
desarro
a
en
u
t
cortad a empo ,
• · d 1
nto
temporal, tal como fue en el princ1p10 e cue .

. .,

,

r

Dejo seguir la tabla:
No. de

.

páginas Distancia de tiempo a lo anterior

1/,

t. Exposición.
2. Encuentro, secuest rO , crimen
3. a) Disputa de Leocadia con Rodolfo.
b) Leocadia investiga el lugar.
c) Regreso a la casa.
d) Conversación con los padres.
4. Rodolfo viaja a Italia (sig)ue retrospectiva y contemplación .

5. a ) Leocadia se sien te embarazada.
b) El nacimiento.
c) Educación del muchacho en el
pueblo, regreso hacia la fami., h as t a ]os siete
lía, educac1on
años.
6. a) La herida del nmo atendida
por los padres de Rodolfo.

2

Conexión directa.

3

Conexión directa.
directa.

¾ Conexión
1

Conexión directa.
Conexión directa.

'½

Tres dias.

y3

"Pocos meses" .

½ Algunos meses.

¼ En seguida resumen de siete años.
1-1/,

b) Leocadia descubre las relaciones.
c) Reconvalecencia del niño.

1

½

En seguida.
En seguid a resumen de 30 días.

d) Leocadia convence a los padres de Rodolfo.

z

7. a) Noticias de Rodolfo, su salida
de Italia y llegada a España.

Durante estos 30 días.

1/, En seguida resumen de aproxima&lt;lamente 30 días ( tiempo del correo más 12 más 7).

b) Ultimas informaciones de doña Estefanía, plática con Rodolfo.
c) La cena, reconciliación y final.

2
5

Conexión directa.

Mientras que en la novela de Kleist observamos una comprensión hacia el
centro, encontramos aquí en la Fuerza de la Sangre, un espacio de tiempo en
posición central que pide un resumen contractivo.
Acción compleja y de' tensión -el enredar el nudo del destino y su solución
correspondiente-- se encuentra en las primeras y en las últimas dos quintas
partes del cuento; la parte central debe producir los hilos de conexión y llevarlos a través de aquel largo tiempo.
Si aquella vista general a la estructura básica revela diferencias fundamentales a la novela de Kleist, el propio manejo del tiempo nos muestra todavía
diferencias más grandes. Contemplando las tablas que representan las estructuras. temporales, es evidente que la sección con el título Distancia del tiempo
a lo anterior demuestra bien la estructura en la novela de Kleist, mientras que
con la novela española parece confusa o de todos modos menos capaz de dar
una separación exacta de los párrafos. Esto sucede aunque traté de llegar a
párrafos de tiempo más exactos introduciendo más puntos de la acción.
La causa principalmente es ésta: Cervantes contrae, pero Kleist elimina
ciertos espacios de tiempo, es decir, se refiere al tiempo sin incluirlo en la
formación épica narradora. Como el español sabe desplegar su acción en una
corriente amplia que transcurre por el espacio en momentos importantes para
la conciencia humana más despacio, en trechos de significancia menor, sin
embargo con más rapidez, uno se fusiona con el otro. Por eso debe fallar el
experimento que trata de separar secciones de tiempo o de deslindar espacios
de tiempo exactos entre las fases de la acción. Este método tiene éxito con
el poeta Alemás porque él en la mayoría de las veces, pone escena al lado
de escena. Con él la secuencia temporal de las escenas, como su relación de
espacio de una a otra, representan un medio esencial de su creación.
Con esto empieza a emerger con Kleist una tendencia al estilo dramático,
con Cervantes una inclinación hacia la configuración épica. Estas observaciones deben ser comprobadas en los siguientes párrafos.

213
212

�ESTILO DIRECTO E INDIRECTO

de la cumbre y fuerza el regreso de la tens,
, . corriente recta del
cuento.
10n a la rapida
Unos ejemplos más:

Ya Hermann Schneider observ6 en su libro sobre Kleist, que es muy extraño
con nuestro poeta el cambio de estilo directo e indirecto. Schneider quiso reco-

In der Tat, wir werden glauben d fi . .
werden eroffnet haben w. s· , a Sie em Gei.st sind, bi, :Sie uns
p
, te te aus dem Grabe i
l h
zu ... gelegt hatte, erstanden sind, De G
, _n we e es man Sie
dap er, todlich durch d" B
.
r raf setzte stch . .. und sagte
..
ie rust geschossen
h p
· · ·,
ware . .. (p. 94).
, nac
• - . gebracht worden

nocer analogías a este fenómeno también en Cervantes :
Die Ahnlichkeit besteht nun aber darin, dafi die direkt Rede in ,olchen
Fiillen zwar immer vorwiegt, da{i aber auch indirekte Einkleidung vorkommt, und zwar oft gerade den wichtigsten und beweglichsten Áufierungen gegenüber zur Anwendung gelangt. Dieser Wecluel i.st oft
sehr eigentümlich und mag unorganisch anmuten . . . In der Marquise
van O .. . findet sich namentlich so mane her iiufierst lebendige dialogisierte Auftritt; ,elt,am, da/i dann gerade auf den Hohepunkten die
indirekte Rede einsetzt' ".

1

Die Obrütin saote · 'Gehn s·
h
.
Neapel; schenken /;&gt;Si~ un
teJ Sg~ n ~te, Herr Graf; reisen Sie nach
··
s, wenn ie wzederkehren
f ·•
.d .
, au emige Zeit das
Gl· uck Ihrer Gegenwart.' s0 wir
sic1z da, Obrig ¡· d ,
emen A ugenblick und h .
e m en. Der Graf ,ap
.
se ten zu suchen w
dze Hoffnungen, mit denen er ins H
, as er ~u tun habe . . . da er
müsse . . • (pp. 96-97).
au, getreten Jet, al, übereilt erkennen

~

Schneider dice que se puede encontrar repetidamente con ambos poetas
la inclusa de reportes relativamente grandes en forma de citación directa y
presume que este medio de estilo sirve para la interrupción de la corriente

narradora que podría estar en, peligro de monotonía.
Schneider no expresa más que esta presunción. Por eso quisiera juntar algunas pruebas de texto que permitan una interpretación constructiva de este
medio de estilo que se podría definir más exactamente como el cambio de
estilo directo e indirecto.

Como primer ejemplo se ofrece el párrafo en la llegada inesperada del

Conde F ... , que se había creído muerto :
Der Graf G . . _, sagten der Vater und die Tochter zugleich; und da,
Erstaunen machte alle sprachlos. Der Kammerdiener versicherte, da/3 er
recht gesehen und gehort habe. . . (p. 94).
Una fase muy emocionante se prepara; con algunas palabras en citación
directa se produce, casi como con golpes de una fusta, una tensión fuerte y

Después de la discusi6n sobre la d.
.
que viene en estilo directo I d d iagnos,s supuestamente falsa del médico
falta nada más que la afi~aas·, u das ly las esperanzas están en alta tensión
p
ClOn e a comadrona c
'I •
'
ero otra vez el poeta renuncia al uso ef .
º1:r1º u timo superlativo~
cambio al estilo indirecto ev·t
ectivo de esta situación dramática. Ef
d,
1 a una extrema ag
., d
ten _na que seguir consecuentemente un afl . ravac1on .:amática a la cual
plos1va dramática de las escena
.
OJar de tenSion. La fuerza ex. . .
s se convierte en rap·d s·
o d 1smmuc1ón de tensión el c
t .
I ez.
m mucha retardación
'
uen ° sigue corriendo E
·
se nota esta técnica en las pa' .
.
. spec1almente expresivo
gmas que siguen al '¡ ·
•
en cuando sale una interjección o el bos u .
u tun~, e¡emplo: Solo de vez
zosamente requerida aumenta la velocidad ::s de,::n dialogo: La tensi6n forla Marquesa y sus padres y la salida de la y. ás -hasta la ruptura entre
correspondencia exacta a las b
.
pnmera. Con esto resulta una
d
o servac10nes qu hi •
e Ia novela a través de la estruct
d 1 . e c1eron en la primera parte
en d.1recc1on
. , h acia el clímax p
ura e tiempo·. Un mov1m1ento
. .
creciente
1
· ara completar s
· d
os cuales atrajeron la atención de Schne1"d er.1&amp; ean cita os dos párrafos más '

luego sigue de repente un cambio drástico al eS'lilo indirecto, mediante el
cual la escena pasa volando. También en la pequeña escena directamente anterior, donde la Marquesa habla por primera vez a su mamá de su embarazo,
se detecta el mismo principio de formaci6n: el estilo directo desarrolla la
situación hasta poco antes del clímax (aquí: la reacción de la madre a una
idea tan extraña); el cambio al estilo indirecto, sin embargo quita la punta

Der Graf ,chlug ,ich mit der Hand vor d"
.
'
mir so viele Hindernisse in den W ,.x . f
. ie St,rn. Warum legte man
e5 ne er m der Ver
h • .
gessen eit seuner ...
D er.F orstmeister fragte . . . (p. 120)
Dze~em Mann, Vater, sprach sie, als jene noch
kann ich mich nicht vermiihlen' ' ·¡¡ . .
unter dem Eingano
. gn m em Gefiifi ... (p. 120).
º'
H

Ali', mismo, pp. 107.JOS.

" ScHNEIDER (como cit.), p. 107 .

214

215

�En ambos casos se presenta el cambio al estilo indirecto. Es verdad que
aquella característica de estilo aquí no parece tan fuerte como en la primera
parte de la novela. 'En la segunda parte la citaci6n directa ocupa un lugar
más amplio, un hecho que ya se hace probable por la estructura de tiempo.
La velocidad interior se disminuye a favor de las escenas dramáticas.
Schneider proclama el mismo medio de estilo en Cervantes y cita como
prueba el párrafo donde el abuelo agradece al noble por la ayuda practicada
en su nieto y donde entra en acción por primera vez. "la fuerza de la sangre".
Hízose ansí, y su abuelo comenz6 a agradecer al señor de la casa la
gran caridad que con su sobrino había usado. A lo cual respondió el
caballero que no tenía qué agradecerle; porque le hacia saber que,
cuando vio al niño caído y atropellado, le pareció que había visto el
rostro de un hijo suyo . . . (p. 127).

También aqul se reproducen partes importantes de la acción mediante un
narrar rápido y planifican te; falta, sin embargo, aquel cambio repentino de la
citación indirecta antes de un clímax, el cual había conducido la tensión a
través de la citación directa.

Dando una ojeada a la concepción total de la novela de Cervantes, casi
recuerdan a las novelas de Boccaccio, en las cuales los puntos de vuelta
( "Wendepunkt", siendo la fase, donde la linea de acción cambia de dirección"), son marcados y efectuados por medio de monólogos.
Así es en Cervantes un estilo novelesco más antiguo que encontramos y
que es muy diferente del estilo de Kleist. En la primera parte de la novela
española no existe ningún diálogo: los largos discursos de Leocadia y de su
padre, tienen solamente escuchadores mudos y también en la segunda parte,
prevalece un estilo de monólogo. Solo después del anuncio de las circunstancias
por Leocadia, se encuentra algo como un diálogo entre los padres de Rodolfo.
La plática siguiente entre doña Estefanla y Rodolfo apenas da la impresión de
un diálogo; las mismas palabras de doña Estefanla y de Loocadia hacia el
final de la novela parecen indicaciones, las cuales subrayan y comentan, pero
no dan la impresión de un intercambio vivo entre personas emocionadas. No
se puede fallar en darse cuenta, que Cervantes estaba usando el estilo directo
con fines fundamentalmente diferentes a los del poeta alemán. Mientras Kleist
realiza por el cambio de citación directa e indirecta en los puntos importantes
un aplanar de }as cumbres, y con la tensión interior creciendo, efectúa un
progreso dinámico en la narración, el estilo directo es un medio para Cervantes, que le permite detenerse en el colmo, dejar pasar la mirada y expresar
con palabras lo significante de la situación.

El uso de la citación indirecta en K .
.
refundición de la escena es d . 1 le1s_t: llene por objeto sobre todo la
·
'
ecrr, a fus1on del
, ·
corriente épica de narrar
. d
escemco-dramático en la
., en la acción ind'v1"d ual, que todo se dese 'evitan o a pesar de t od a tens1on
.
omponga en escenas a·151 d
,
i
acentuados 11 L
a as o a parrafos de tiempo
d emastado
d
·
os opuestos en el estilo d l
'
pon en completamente a las b
.
e as dos novelas corres.
o
servac1ones
q
h"
•
tiempo.
ue icunos en la estructura del

POSICIÓN NARRADORA

Con lo que fue constado hasta a u'
Cervantes el narrador mismo emer!! q ~' ya no sorprende el hecho, que con
las oraciones introductoras se
ºe c ararnente a la vista del lector. Ya en
.
eneuen Ira una predice. , d
.
gew1sse Vorausdeutung)' que no dea d d
wn eterm1_nada (zukunftsJ
u as sobre la presencia del narrador.
Pero como las más de las d esdichas
.
que viene
.
to d o su pensamiento les
d.,
n no se piensan, contra

suce '° una que les turb , l h l
que 11orar muchos años (p. 114).
o a o gura y les dio

Un as l'meas más abajo el autor aún se dirige hacia el lector:
Este caballero, pues -que por ahora
, por buenos respetos encrt.
,
amaremos con el de Rod0 lf
,

brzendo su nombre le ll
amigos . .. bajaba. . .

o--, con otros cuatro

Cuando la narración empieza a fluir el
.
donde menciona que Rodolf
,
,
poeta por cierto se retira pero
0 pose1a una lla e
•
·
'
mstruye al lector --como en
, t .
v propia, no puede detenerse e
b
u
paren es1s y con un ge t . T
eza-: ... prevención de padr
.
s o s1gm icativo de la ca(p. 117).
es que qmeren tener sus hijos recogidos",
.Cuando finalmente se ha llegado a 1 .
.
cima hacia el final el narrad
a cima de la dicha y la historia se in,
or
otra
vez
alud
d
persona :
e ecentemente a su propia
. .. el cual hecho, déjese a otra pluma a ot .
.
que el mío el contar la alegría univer l d y
ro ingenio más delicado
(pp. 136-137).
sa e todos los que en él se hallaron
paralela llamatÍ\•a a este modO de compone
"onunaconectadora
a eci'
de los uE '"hl
r se encuentra con Goethe en la
rza ungen deutscher Ausgewanderten".

217
216

�Así, La Fuerza de la Sangre incorpora el tipo auctorial de la novela. El centro de orientación es un narrador más o menos omnisciente. Este rasgo ya es
conocido por el elemento didáctico en estas obras del español.
El autor de la Marquesa de O. . . como se podía esperar, no es visible de
ninguna manera. El centro de orientación se encuentra durante la primera
parte, si no en la Marquesa misma, entonces por lo menos en su ámbito más
cercano. Del Conde F . . . el lector ve poco más que la Marquesa misma, únicamente el abandonar a la Marquesa y las hazañas siguientes del Conde, son
los eventos que ella no puede observar directamente. En todos los demás
aspectos -recuérdese la noticia anunciando la muerte del Conde o de su
sorprendente reaparición- el Conde es visto completamente desde la Marquesa o desde la familia de ella.
Sobre todo vistoso -aquel pedido por la mistificación en la composiciónes que nunca encontramos referencia a los sentimientos o a las reflexiones del
Conde. Si el Conde no expresa emociones en sus propias palabras, son únicamente señales exteriores de las cuales podemos deducir sus sentimientos.
Por ejemplo:
Der Kommandant .. . zog sich . .. zurüch, als der russische 0//izier,
sehr erhitzt im Gesicht, aus demselben heruortrat und ihm zurief, sich
zu ergeben, (p. 90) .
Nachdem er ihm zuvorderst . .. eine kurze Lobrede gehalten hatte,
wobei der Gra/ über das ganzif Gesicht rot ward, schloP er . .. (p. 92).
Der Kommandant sprang sogleich selbst auf, ihm zu offnen, worauf
er ... , ein wenig bleich im Gesicht eintrat. Nachdem ... der Graf, auf
die Anschuldigung der Eltem, daP er ja tot sei, versichert hattz, daP er
lebe, wandte er sich mit vieler Rührung im Gesicht, zur Tochter ... (p.

94) .
En el último párrafo citado, se podrá notar casi una intensión fija del poeta,
negando un examen directo de las emociones interiores del Conde: Las palabras "im Gesicht" son dispensables si no deberían servir a relaúvar el enternecimiento a una observación exterior.
Por otra parte registramos fácilmente algunas afirmaciones que se refieren
a los humores y sentimientos de la Marquesa:
Man überlegte an/angs, ob man, sich nicht auf die Güter des Kommandanten begeben sollte, wozu die Mar quise einen gro{Jen Han~ hatte . ..
(p. 94) .
Sie beschloP, sich ganz in ihr Jnnerstes zurückzuziehen . .. ( p. 108).

218

, Pero t~bién sobre las afecciones de
,
.
o1mos mas a veces que sobre a
JI d los &lt;lemas rruembros de la familia
que as el Conde F ... '.
. Der Kommandant blickte mipveru ..
.
thm nicht. (p. 96) .
,nugt vor sich nieder und antwortete
. Als er das z·immer verlassen hatte wuPt d' F . . .
teser
Erscheinung machen ollt ('
e ze amzlie mcht, was sie aus
d
s e. p. 97).

Verdad que se p 0 d na
, explicar est
d
lector entiende con la Marq
, e mo o de narrar también así que 1
uesa, como ella se h ll
'
e
con su familia, los estados y h
d
a a en conexión muy íntima
D t d
umores e ellos
e o os modos queda evidente ue
. .
centro de ori~ntación permanece r:st;in i~n la pnmera parte de la novela, el
Esto cambia en la segunda
t
g o a la Marquesa y su familia
la M
par e, que es natural
·
arquesa de su familia. El centro de .
. , ya por el alejamiento de
ne, cambian las escenas sin respecto a l or~entac1on supuesto se descompoaparece la perspectiva exterior que ha tas d1f,erentes personas. También destemente con la persona del Conde. s a aqm se había empleado consecuenUnschlüssli, einen Augenbl' k
tun sei, stand er und .. b I
tgc ' was unter solchen Umstiinden
F
.
u er egte, ob er dur h .
.
zu
enster emsteigen und seine z
k . e _em zur Seite olfenstehendes
do eh so se¡zwer es ihm auchn . wec
· h t, verfolgen salle.
. d' bts .er ,hn errezc
h·
m Je em Si
,
se ten es die Notwendigkeit zu f d
nne war, umzukehren, diesmal
Abends, da er sich in de ..ebr
ern. . . (p. 110).
"ff ¡·
r u e sten Laun
d
o ent tchen Ta/el eingefunden hatte,
e von er Welt, bei einer
(p. 111).
traf er den Forstmeister an .. .

1º'

Los varios eseenanos,
·
en los cuales la
.,
te, no necesitan una explicac·,
,
acc1on se desarrolla sirnultáneame
M
wn mas exten
S
.
narquesa, la casa del Comand t
sa. on: el Jardín, la casa de la
enumerando sólo las m' .
an e y una mesa pública ("offentliche T f l")
. .
as rmportantes Todo e
,
ae
defm1r la posición narradora com
.
sto es mas que suficiente para
en
"B f
o personal (segú
I t, .
su
au ormen des Erzi:i.hlens")
d .
n e errmno de Lemmert
·
, es ec1r encont
ramos un estilo narrador
q ue sostiene la más grande distancia osibl '
tre el autor y sus personas conf'1guradas
p
e entre el autor y Jo contado, en-

J

El resultado del análisis tem oral
.
la novela de Kleist muestra
es comprobado otra vez: la formación de
presan _en todos los aspectos im;:::: ~asrs dramáticos, los cuales se extre el tiempo que requiere el autor para e a estrul ctura: en la relación ennarrar a go O sea e1 ttempo
.
narrado

219

�.
.
ue cubre la acción) y el tiempo contado, en la relal
1 . , entre el autor v, su crea•
{ Erziihlze1t, el tiempo q • d' t
en a re ac1on
ción entre estilo directo e m uec o y .
1 entido de Emil Staiger.
eión. Al ténnino "dramático"' me refiero en e s

la pérdida de color en las caras, cuyo sonrojar o palidecer se menciona en todas las situaciones importantes. Simplificando, se podría constatar que el
motivo de sonrojarse acompaña a la inclinación erótica y el palidecer al contrario a la lucha por la pureza moral, por los valores más altos. Las palabras
siguientes soportan nuestra conjetura:

"

LAS METÁFORAS y LOS "LEITMOTIVE

,
s anteriores, casi una diferencia total en
Después de observar en los parrafo l
cr n ahora algunas semejanzas
r las dos nove as, emerºe
.
las maneras de compone
.
d ¡· . d o-randes grupos de motivos, a
't'
se deian e mir os º
,.
.
~n ambas obras poe icas,
1 t· l divino y lo apatico e msd 1
táforas : lo ce es 1a o
1os cuales correspon_ en as ~l .
n un tiente diabólico.
tintivo El último tiene en
e1St au
d
e's de la conquista de la for·
·
·
d' tamente espu
En las horas nocturnas inme ia
1 C de F. . . casi como en un
taleza y la salvación de la Marquesa, vemos a on
'
marco de fuego y peligro:
· Befehle nicht
W d d Anstrengung als man seme
.
Er "leistete.. . un . er er
B ld kletterte er, den Schlauch in
mit dem gehorigen Ezfer befolgted.
b l umher und regierte den
.
te brennen en ze e n
der Hand, mitten un r
. N
d Asiaten mit Schaudern
kt
die aturen er
W asserstrahl; bald stec e er, d walzte Pulverfasser und ge/iillte Bomben
erfüllend, m den Arsenalen un

ªe·

heraus" (p. 91) ·

. te un arrepentimiento muy fuerte, expresa
El Conde, que en esta fase ya Sien
. fame por la lucha contra
.
1 ·nstmtos de su acto m
-su cambio interior contra os t
. 'bl
llos motivos que representan
. C
gan a ser v1s1 es aque
'
. .
el incend10. on eso 11e
. , . l f ego los tiros ( no es un mc1l
d
ollo
de
la
acc1on.
e
u
'
d'
lo malo en tod o e esarr
. l
cos) y lo rojo del incen 10,
los soldados tratando de VIO ar son pa
.
dente, que
.,
lícita entre los pacos y lo bestial.
acentuado por la conex10n exp
,,
do le alaba el general; los
.
d "
e roi· o en toda la cara ' cuan
1
Así el Con e se pon
.
. , la muerte por la ba a, no
f silados Esta eiecuc10n,
E
,
cinco malhechores son u
.
xpresión de justicia. s mas
·
na
manera
como
e
debe interpretarse de mngu
, .
. 'f os por medios igualmente
h robres apat1cos y pnmi iv
.,
bien una venganza en o
l
bl a no encuentra su soluc1on,
.
to Lo que es e pro em '
b l
.
rt el Conde por aquella a a, que
P rimitivos e mcorrec s. que hubiera
mue o
.
, D'
tampoco como en caso
"
.
' . E ta bala te venga! (Juhetta. tese
F recibió con las palabras: i Juhetta. , s
Xugel riicht dich ... !" p. 92).
.
d 'na la acci6n sino que cul. ple dualismo que om1
'
Naturalmente no es un s1m
d
lt an en las personas en una roa.
ntimiento y eseos a em
b'
pa e inocencia, arrepe
.
,1L ·t ot'v" se manifiesta el ram 10 en
nera propia y humana. Casi como
e1 m 1

:220

.. .worauf er, schiin wíe ein junger Gott, ezn wenzg bleich im Gesícht,
eíntrat.

Después de la petición de la mano por el Conde:
Sie sah, über und über rot, ihre Mutter ... an; (p. 94
Der Graf auperte, indem ihm eine Rote ins Gesicht stieg, dafi er seinen
ungeduldigen Wünschen wllhrend seiner ganzen Reise dies Schicksal vorausgesagt habe; (p. 95).

El término de "Hitze" en la cara refleja supuestamente nada más que una
emoción fuerte; la encontramos por ejemplo: con el Conde cuando él sale
por la entrada principal del castillo y durante su enfermedad, con la madre
de la Marquesa en la reconciliación con la. hija; y cuando convenció la señora finalmente a su esposo incrédulo. En forma especialmente clara se presentan estos motivos en el importante párrafo prediciente (vorausdeutend):
Híerauf erzQhlte er . .. wie er die Vorstellung von ihr, in der Hitze des
Wundfiebers, immer mit der Vorstellung eines Schwans verwechselt hii,tte,
den er als Knabe auf seines Onkels Gütern gesehen; dap ihm besonders
eine Erinnerung rührend gewesen wllre, da er diesen Schwan einst mit
Kot beworfen, worauf dieser still untergetaucht und rein aus der Flut
wieder emporgekommen sei; da/3 sie immer auf feurigen Fluten umhergeschwommen sei; und er Thinka gerufen hlltte, welches der Name jenes
Schwans gewesen, da/3 er aber nicht imstande gewesen wii.re, sie an
sich zu locken, indem sie ihre Freude gehabt hatte blof/ arn Rudern und
In-die-Brust-sich-Werfen; versicherte plotzlich, blutrot im Gesicht, dap
er sie aufierordentlich liebe; .. ." (p. 99).

El sonrojar traicionando una inclinación erótica se halla en conex.ion
gradual con el rojo de lo malo y lo pernicioso, hasta lo diabólico de tal modo, que el fenómeno siempre ocurre con intensidad, cuando lo malo, lo amenazante, choca con lo puro e inocente. Para ilustrar se citan unos párrafos más:
221

�fa! uersetzte die Marquise._ .. indem sie ihr, mit dem Ausdruck der
gekriinkten Würde, hochrot ,m Gesicht glühend, die Hand kü{Jte: · · ·

(p 104).
·
· G · ht ¡--ht 1
.
.
t d u, da{J dir der Arzt gesagt hat? Wze dezn eszc g u .
Was
memtes
(p~i:O~~chte wohl schon eznzge Minute: hier_ g;::~:e:;;:n, ;::ic!::
Forstmei.ster daraus hervortrat, und zu i r mr 1
sagte: . . • (p. 107 ) ·
{J · S h ºft
. f, tn
. d em ihm das Blut ins Gesicht scho ' die e n '
Der Graf d urc hlze
(p. 111).

.
. , .
110 115, 116, 119, 120, 121.
Otras referencias a este punto. paginas . ' , .
. .
relevantes las
.
. , de los contrarios d1abobco-d1vmo son
Para la con f1gurac1on
lineas:
Die Hebamme versetzte, da{J dies, au~er der Heiligen Jungfrau, noch
keinem Weibe auf Erden zugesto{Jen ware. (p. 106).

.,
onectarla con el párrafo ya citado, donde a la MarEsta alusion hay que c
dº
ángeles· se preparan las requesa el Conde parece comparable '.'°n ,oses o
'
flexiones siguientes de la Marquesa.
ºhr unertriiglich, da{J dem jungen Wesen, das
. Nur der ~edanke w:~:ld und Reinheit empfangen hatte, ?lnd desse_11
sie m der gro{Jten Uns
h . . ll
war auch gottlicher zu sem
b
'l er ge eimmsvo er
,
Ursprung, e en wez
. S h ndfleck in der bürgerlichen
schien als der anderer Menschen, em e a
Gesellschaft ankleben sollte. (p. l08) ·
1
. e amargas e irónicas del padre, los
Así tenemos también en las exc amac10n s "
1 d ( p 112) . Des-" erra" "zorro" en un y ''querube en otro a o
.
opuestos de P
,
"dº1 bl0 ,, contra el Conde el cual
¡
za
la
palabra
ª
'
M
pués de que la arquesa an
d t grita con los labios blancos como
,
ºd
, la cita el coman an e
"
121)
hab,a vem o segun
' .
1
diesen Scheiteln weichen! (p.
.
gis: "Moge der Fluch des Hdtmme s uon"todos los ángeles y santos" de testigos
Al rato la Marquesa mvoca e nuevo a
y termina la nove1a con 1as Palabras al Conde:

er

..
ºh d
l
·cht wie ein Teufel erschienen sein,
wurde
t r ama s m
k wenn
bei seiner ersten Erscheinung wie ein Engel vorge ommen

i,;,;'nicht

wiire. (p. 122) •
222

Las cumbres en la lucha entre las fuerzas contrarias son acentuadas por el
motivo del tiro, ya mencionado más arriba. El disparo que de la pistola del comandante golpea roncando en el techo (p. 107), marca una dura línea de
separación entre la Marquesa y su familia. 18 La señora, que cayó en un des•
mayo, es confrontada otra vez con la pistola disparada para señalar la separación odiosa ( unas páginas más tarde en un párrafo recuperante: p. 111).
Recurre el motivo poco tiempo antes del cambio causado por la prueba secreta de la coronela. El comandante en su ofuscación exclama: "Aber die
Kugel dem, der am 3ten morgens über meine Schwelle tritt!" (p. 113). ("Pero la bala para aquel que en la mañana del día 3 pise sobre mi umbral").
Aún en el principio de la escena de reconciliación se toca de nuevo este mo•
tivo, el cual -perteneciendo a la esfera diabólica- caracteriza sobre todo la
separación culpable:
"Sin perdón"; interrumpió la coronela a ella. "¡ Porque agarró la pistola!"
(p. 117).
Una modificación y debilitación de este motivo se presenta en el cazador,
cuya ocupación típica es el matar el venado por el disparo. Así el Conde lucha
como "Obristleutnant vom t ...n Jiigerkorps" (p. 91) y el malhechor falsamente acusado por la señora es Leopardo, el cazador tirolés.
Con estas observaciones ya se nota, que tanto reflejan también las metáforas a las fuerzas opuestas y a la tensión resultante. Los diferentes motivos y
los Leitmotive llenan con sentido las líneas de acción entre los polos libertad y
violación, ángel y diablo, virtud noble e instintividad. El conjunto de símbolos
y metáforas garantiza además aspectos vivaces en el espacio humano, lleva
a las personas de la fábula a caracteres completos. Un buen ejemplo es el
obrar de las dos fuerzas en la persona del Conde F . . .
También en la novela de Cervantes se encuentran los contrarios de lo bestial -elemental y de lo angélico-- divino, aunque en una relación básicamente diferente de aquella de Kleist.
Luego en el principio de la novela es inequivocablemente indicado por la
metáfora:
Encontráronse los dos escuadrones, el de las ovejas con el de los lobos; (p. 113).

Llama la atención, que los dos poetas comparan los inocentes con animales, los cuales tienen una afinidad a lo divino. En este caso son las ovejas en
su conexión al Cordero Divino de los cristianos. Con Kleist fue el cisne, cuya
apariencia intachable fue adoptada por Zeus.
11

Compare con esto Wollf (como cit.), p. 183.

223

�. d ,,
Kl . t. u
o du Reinere als Engel sm ...
La metáfora del ángel ( compara e,sh. · · · . e de la piedad y de la
de las mue as expres,on s
p. 115) es solamente una
b
Leocadia y su familia.
•,
Dios que o servamos en
,,
profunda conexion con
'
d"
·t . "·Jesús' ¿Quién me toca.1
.
ominioso
Leoca
ia
gn
a.
'
.
.
.
En su d espertar ,gn
,
1 .elo pasarán mis que¡as, sm
sigue diciendo después: " ... Entre tu y e c1
Y
.
d
" ( 119).
q uerer que las mga
el mun o. . . P·_
rd d por Dios la cual es com.
. .,
l destino o ena o
'
En Cervantes eX1ste sum1s10n a
¡·
d Kleist y su concepción de la
·
sble para las ,guras e
pletamente mcompren ,
ebas de las referencias abundantes
libertad humana. Escogemos algunas pru
en el poeta español.
acordaron de esperar

lO

qu

e Dios hacia del herido. • •
.
d
l · l y caído todo

como medio de expresión las caras de las figuras principales. Cuando Rodolfo se precipita hacia la heroína desmayada, tropieza dos veces, que se podría
interpretar como indicación retrospectiva de su doble falla (el robo y luego
el abandono de Leocadia) . La intensidad del desmayo de Leocadia es evidente por la insensibilidad de su cara contra el agua, y después de la reunión
simbólica de los amantes (la cara del igualmente desmayado Rodolfo se baja
en el pecho de Leocadia, p. 135) se llama la atención de nuevo en el rostro
del niño (p. 137).
Con el desmayo ya se mencionó el motivo que -junto con el crucifijo-se debe definir como motivo principal. Estos dos "Leitmotive" contienen cada uno, el sentido extremo de la palabra "sangre", es decir "sangre" como
símbolo de instinto bestial y "sangre" como la sangre salvadora de Cristo,

. . .creyeron y pensaron que se les habia cerra o e cic o

que nos asegura la gracia y justicia de Dios.

···el mundo a cuestas.·· (. 128 ) · . .
.
él lo crey6, por divina permm6n del cielo . .. (p. 130).
·..· ·.Ylas gracias que dieron al cie
· 1o. . . (p. 137) etc .

tos, donde la fuerza de la sangre deja obrar en el espacio de la criatura sus

"6 de máximo espanto por la supuesta. muer-

Consecuentemente es la expres1 nd_ . " 1 s gritos de su hijo penetraban
te de Leocadia, cuando el poeta ,ce . . .. o
los cielos..." (p. 136).

Tanto en Kleist como en Cervantes,

los rostros de las personas tienen un

papel importante.
1
- ol no describe la moción y los
. ·¡·
t
.n embargo que e espan
. d 1
Es s1gm ican e, s1
. '
Kl . t
espe¡· o tan e.."Xpres1vo e a
presenta con
e1s un
.
cambios de las caras que re
.
1 tado de los rostros en las siantinomia luchando con las almas, smo es e es
.
t' en valor para Cervantes.
tuaciones diferentes, que ien
..
odo de manejar a los homCon Cervantes el destino se manifiesta por su m 'd d
1 . t .or de las personal, a es.
bres, no por la lu ch a en e m en b" t
Rodolfo venda los ojos de Leocad 1 "lobos" son cu ier os,
Los rostros e os
.
'd d de lo bestial, y también en el cuarto
dia cuando la lleva hacia la obscun a
ente en lo obscuro. La
'
d 1 ,1.
ermanece en teram
de Rodolfo, el rostro e u timo p.
1 bo
a través de la cual la
. ...
su hermosura bnllante es a
ca,
.
cara del runo con
d R d lf . 1 cariñosa y comprensiva
h bl al padre e o o o, a
fuerza de la sangre a a
d L cadia (p 129). El rostro hermoI
f'"tasucaraconaeeo
.
hl
Dona Este ama JUil
d todos estos eventos; este hec o o reso de Leocadia es sobre todo la causa e
ad
. .
1
alabras de Rodolfo a su m re.
cuerdan indirectamente as_ p

La unión final de los fehces llega a una pro

fundización simbólica, que usa

d sarrollo de carácter en el Conde, porque no es
e
b . Compare sin embargo: Wolff (codirectamente conectado con la meta de este tra ªJº·
mo cit.)' p. 185.

i, No quiero entrar a detalles del

224

En forma de "Leitmotive", el desmayo siempre sucede en aqudlos punpotencias destructivas, pero también irrevocablemente obligadoras y constructivas ( robo y violación, reconocer con Doña Estefanía y reunión). En
forma ligeramente variada encontramos este motivo en la ausencia de sentido
de Luisico cuando es herido por el caballo; no es incidente, que es un animal,

el cual da el impulso para la segunda parte de nuestra novela. En esta situación chocan las potencias destructivas y constructivas de aquella fuerza obscura de la sangre, simbolizado en la sangre del muchacho lesionado. La herida por la bestia que en este momento el jinete no sabe manejar, tan poco
como Rodo]fo sabía dominar su concupiscencia viendo a Leocadia, es al
mismo tiempo peligro para la vida y causa para reunión y reconciliación.

Pero el centro de la existencia y la última fuerza arriba del destino es el
Salvador, el Dios Cristiano, Sólo el crucifijo es la prueba definitiva que Leocadia y Rodolfo pertenecen uno a otro.
Cuando yo recordé y volvía en mí de otro desmayo, me hallé, señor, en vuestros brazos sin honra; pero yo lo doy por bien empleado,

pues al volver del que ahora he tenido, ansimismo me hallé en los brazos del de entonces, pero honrada. Y si esta señal no basta, baste la de

una imagen de un crucifijo ... (p. 137).

Siempre de nuevo indican reminiscencias por cadenas de palabras ("Wort20

La traducción al alemán por Soltau (Fischerbücherei 1961. Exemplarische Novellen), que da "Stimme der Natur", para La Fuerza de la Sangre, me parece dudable porque rompe la relaci6n doble en el título español.

225
Hl5

�brücken") la unidad compleja de desmayo, fuerza del destino y crucifijo.
Leocadia se dirige al crucifijo:

Tú, Señor, que fuiste testigo de la fuerza que se me hizo . .. (p. 129).
A la reconciliación final antecede el desmayo que se describe como sigue:

.. .comenzó . .. a perderse de color en un punto, sobreviniéndole un
desmayo, que la forzó a reclinar la cabeza en los brazos de Doña Estefanía . .. (p. 135).
Especialmente con el desmayo, que acompaña al encuentro decisivo con los

padres de Rodolfo, está en el centro de la escena el crucifijo, antes testigo de
la desdicha de Leocadia, al cual había quejado su miseria pidiendo ayuda.
La fuerza de los instintos es convertida en una bendición, por la fuerza de
la sangre salvadora. Pero sean fuerzas buenas o malas, el hombre puede
hacer nada más, que pedir y tratar de ser digno de la gracia divina. Como
hombre está enteramente sujeto a estas fuerzas superiores. "¿ Estoy en el limbo de mi inocencia, o en el infierno de mis culpas?" (p. 117), pregunta Leocadia despertando de su desmayo. Y probablemente no hay otra oración que
enseñe más impresionante la diferencia fundamental a La Marquesa de O ...
Mientras la Marquesa moviliza gigantescas energías por su conciencia de
ser inocente, Leocadia está lejos de creerse capaz de una decisión, si ella tiene -consciente o inconscientemente-- una culpa o no. Su conciencia sola no
le puede enseñar el camino correcto, esto puede solamente hacerlo su confesor como representante terrestre de la fuerza omnipotente. Entonces es imposible una verdadera confrontación de hombre y destino, es imposible lo
verdaderamente trágico, porque falta la libertad. En consecuencia. no son
concebidos las esferas de lo elemental e instintivo y de lo sublime y divit10
como opuestos, sino representan nada más que apariencias extremadamente
diferentes de aquella fuerza única, que se constituye en Dios y su creación.
As! se completa la imagen que se proyectó en la primera parte del análisis. La novela de Kleist configura la lucha de fuerzas contrarias, el proceso
de pelea existencial entre el hombre y su destino. Eso es la causa, de lo esencialmente dramático, que ocupa. una posición central en la forma y en el contenido de su obra. Este carácter de las creaciones de Kleist forma un co~traste

en la escala del estilo épico no uede
sión exacta de la teoría de
pI
ser ~n resultado final. Falta una discubién el lugar de Kleist en ~a n~~:o::nJª te.~atura ª~~mana para definir taroPor otro lado JI
e a Novelle .
, evamos a cabo --en n
de la estructura temporal Ot
uestro terna limitado-- el análisis
.
ros puntos de la est tu é .
para comprobar y completa I .
ruc ra pica fueron usados
vo a constatar, que la tensi~ne t!';;er l resultado. Con Wemer Krauss vuelen la forma épica de la "No 11 " ora seguramente es un elemento básico
·
•
ve e Y que debe
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ser cons1 erado como un criDando una OJ·eada f I IS e a forma novelística.
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cuenta de un rasgo principal que las 'd ·r·ove en de Kleist, nos damos
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, .
'
1 enti 1ca -a p
de toda variedad
poeI ca- categoncamente com o obras suyas. es I esar
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en a concepción dramática Sea "D" V
.
e ra tea smo demoníaco
ling"' "Das Erdbeben in chili" o etf erlob~~g. in St. Domingo", el "Findel autor y sus caracteres ponen I
amoso . M1chael Kohlhaas" -siempre
del hombre, mediante la situa . , a prefgunta ngurosa e inquisitiva al destino
;
c1on pro undament t , .
y aqu1 podemos también incluir s
d
e ragica. La obra de Kleist
1803, Amphitryon 1807, Penthesile~s
;s. dramas (Familie Schroffenstei~
chen von Heilbronn 1810) .
1 d ' nnz von Homburg 1809-10 Kat' gira a re edor el p bl
'
na; ¿somos juguetes de un destm' o .
ro ema de la libertad humainsensato, •So
b.
mente p !aneados en el sentido de
, . . e mos o Jetos premeditadaun espmtu sup ·
.
en ord en y razón? ¿ Somos capaces d b 11
enor que sostiene el cosmos
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. aceptar nin ;
. , Heinrich von KI e1s
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. .
gun compromiso. Tampoco se del!
movumento litera ·0
aqu~, as que fundaron las épocas del clasi . n ' sean tan poderosas como
sigma su propio camin S
CISmo o del romanticismo KI . t
K'
o. u obra abarca • d' .
,
.
e1s
athchen von Heilbronn co
d
m lCIOS romanticos (compárese
1 f
' mo uno e mucho .
l )
po a uerza y claridad espiritual del el . . s eJemp os y al mismo tiemen, ninguno de los dos estilos. Como Frie~~1~m~ .. Pero_ su ingenio no queda
mas grande de su siglo.
c
olderhn, Kleist fue el poeta

eminente a las tendencias épicas de Cervantes.
Se entiende que nuestro resultado aunque determina la posición de Kleist
n

226

WERNER

KRAuss, Studitn und Aufsitze, Berlin 1959, p. 95.

227

�LA POESIA EN DIALECTO ROMANO DE
GARLO ALBERTO SALUST'RI (TRILUSSA)
GIANCARLO VON

NACHER MALVAIOLI

Escuela de Letras, l. T. E. S. M.

TRILUSSA FUE UN CONTINUADOR de la tradición poética dialectal romana,
que conoció sus máximos exponentes en el siglo pasado con Gioacchino Bel¡¡ y Cesare Pascarella. Se aparta de ellos por el carácter de los temas tratados y por la estructura métrica que emplea. En efecto, parte del soneto clásico para llegar a una composición típica en heptasílabos y endecasílabos,
irregularmente colocados. Como poeta de los animales, se diferencia del autor de las fábulas esópicas por su moral menos cruda, de sentido irónico y
burlón, y de Fedro y La Fontaine porque los animales de Trilussa son símbolos de hombres y la moral aparece entre las líneas del cuento mismo, salvo
raras excepciones.
Su dialecto es el de la alta burguesía romana, pero la elaboración del poeta lo vuelve más dulce, lo hace perder la dureza y la aspereza originales, hasta colocarlo a la altura del idioma oficial. Las palabras dialectales adquieren
un significado nuevo, inesperado, poético, musical. Una de las fuentes del
continuo enriquecimiento del italiano son esas palabras tomadas de los dialectos, y las palabras de Trilussa forman parte precisamente de este patrimonio, sea porque son vivaces y porque son habladas y entendidas por la mayoría de los italianos, sea porque dan el sentido y el significado de la cosa
que deben expresar con mayor precisión que la correspondiente . palabra
habitual de la lengua italiana.
La sátira destaca como contenido y finalidad de esta poesía. Sátira que cae
implacable sobre una comunidad en crisis, sobre una época de cambios violentos, sobre una sociedad en agonía. La moral, la religión, el rey, el dictador, los partidos políticos, la nobleza, la burguesía, el clero, el pueblo, todo y
todos son alcanzados por las flechas sonrientes y benévolas del poeta, que pone al desnudo los defectos, los vicios, la estulticia humana, y que enseña a

229

�reír de ellos, del lector, del poeta mismo y que, a su vez, ríe con todos. Quizá

I

por esto fascina su obra, porque el hombre se encuentra en ella, se reconoce
en ella, descubre sus carencias y sus debilidades y las confiesa frente al mun-

TRANSFORMACIÓN DE FA,BULAS ANTIGUAS

do, cumpliendo el primero y más difícil paso por un camino mejor.
Sencillo y sobrio, su verso tiene el encanto de la simplicidad y el vigor de
lo espontáneo. Sus rimas, su sonoridad métrica, que a veces llega a la cantilena, son esenciales a su poesía, que adquiere sentido sólo si es declamada en
su forma original, en dialecto romano.

•
En la traducción se ha perdido necesariamente gran parte de la poesía,
pero quizás haya sido posible conservar en español la sonrisa maliciosa, el
gusto de vivir, la belleza de la naturaleza, de las cosas sencillas, de la sinceridad de un mundo ideal, creado por el poeta que creía firmemente en que un
alba esplendorosa aparecería con sólo destruir la hipocresía, la mentira, la
maldad y el fanatismo de los hombres. Las poesías que se traducen han sido
escogidas siguiendo una simple preferencia personal, combinada con la creencia de que serán también las que más puedan interesar, por su contenido general, a cualquier lector. Se han dividido tomando en cuenta, en los límites
de lo posible, tanto el orden cronológico como la finalidad y el objeto de la
sátira. Así, se tendrá una imagen de la Italia monárquica de principios de
siglo, del conflicto de 1914 a 1918, dei la primera postguerra, época en la cual
Trilussa alcanzó su apogeo, del nacimiento del fascismo y de la consiguiente
dictadura mussoliniana, durante la cual el poeta pudo publicar sólo unos
cuantos poemas que con dificultad pasaron las barreras de la censura, así
como de la guerra de 1939 a !945, de la derrota y del nacimiento de la nueva Italia republicana.
Por otra parte, el contenido de cada verso español se ha hecho coincidir
exactamente con el contenido de cada verso original. La traducción es literal casi siempre y, en consecuencia, sólo en raros casos se conservan, en determinados versos, la rima y la métrica. Se ha buscado, en cambio, producir
cierto ritmo interno, casi de poema en prosa.
Las poesías traducidas pertenecen a los cuatro libros siguientes:
Acqua e vino • Ommini e bestie - Libro muto, (Milán 1950 ) , Lupi e agnelli - Le favole - Nove poesie, (Milán 1952 ) , Libro n. 9 · Le cose • La gente, (Milán 1959), I sonetti - Le storie - Giove e le bestie, (Milán 1959 ) , to-

dos de las ediciones Amoldo Mondadori editor.

230

l. El león reconocido
En el desierto de Africa, un León
al que se le ~abía clavado una espina en un ie
llamó al Teniente para que lo operara.
p '
-¡ ~ravo!- le dijo después -Te lo agradezco:
veras que te quedo reconocido
por haberme
liberado de este mal.&gt;
,
¿.Que te gustaría más? ¿Ser promovido?
S1 puedo te daré una mano ...
Y en la noche misma
mantuvo la promesa
mejor , que un cristiano·,

regreso con el Teniente y le dijo: -Amigo
la promoción es cierta, y te lo digo
'
porque acabo de comerme al Capitán.
2. La rana ambiciosa

Una Rana al ver a un buey.
-:-¡ Oh!- dijo -¡ cómo es grande! i Cómo es bello!

S1 pudiese inflarme como él
tendría mucho peso en sociedad ...
¿Lo podré hacer? ¿Quién sabe?
Basta. . . Lo ensayaré.
Salió del pantano Y, con mucho esfuerzo
se llenó de viento como una vejioa
0
hasta que se infló lo suficiente·&gt;
'

'

pero se_ acordó al instante de aquella Rana antigua
y reventó.
Diio: -no es posible que yo pueda
volverme como él: ¿pero, y qué?
A mí me basta con ser la más grande
entre todas las ranas de la Liga ...
q~~ qwso hacer lo mismo

231

�II
LA SOBERBIA y DEL SENTIMIENTO DE
RIDICULIZACIÓN DE LA MORAL, DE
LOS HOMBRES

hubo el encuentro, que salió muy bien.
Uno, a tenor del acta,
tuvo un rasguño en el cuero cabelludo,
el otro, en el espacio intercostal.
Después se estrecharon la mano :
así el Doctor no es ya cornudo ni alcahuete el Abogado.

3. La salida del león

Una vez el guardia de un zoológico
dejó, por equivocación, la puerta

de una jaula abierta.
,,
-Dado que se presenta la ocas1on,
di' o el Rey del Desierto, -yo me largo ...
J
.. ,
y callado salió de la pns1on.
-¿Adónde vas? -le preguntó una Hiena.
El León contestó: -Al Cohseo,
a comer los cristianos en la Arena., .
.
d1·¡·0·· -Cómo me das !asuma,
La H 1ena
- pobre tonto!
·
,. Qué te crees, que pueiles volver a hacer la pantomsma
~e las bestias que salían en el Circo,
con la comida lista como entonces
y los mártires listos como an~es?
. No sabes que desde hace tiempo
&lt;
está prohibido matar a la gente
. el permiso de la Autoridad?
sin
b .
. as a quedarte sin tra aJO ;
T e arnesg
escucha, colega mío, quédate:
deja que los pobres cristianos
se coman entre sí.
4. El duelo de ayer

C u ando el Doctor esgrimió f el , paraguas
.
. do le d1'0 un bo eton.
el L1cenc1a
1
-i Infame -le dijo- eres cornudo.
-¡ Viejo alcahuete! -contestó el otro.
Como, en conclusión, tenían los dos razón

se decidió el duelo al instante;
y ayer, en el parque de un castillo,

232

5. La Fe
Una vez un banquero, amigo mío,
viendo la caja fuerte tan repleta
dijo a sus accionistas: -Nos ha ido bien:
demos gracias a Dios.
Tanto más que la Fe es necesaria
en la sociedad bancaria.
A propósito, tengo una idea:
destinamos un fondo
para restaurar la fachada de una iglesia
y limpiar el interior de una mezquita.
Frente al interés y a las ganancias
el Evangelio y el Corán son compañeros:
mientras que nos crezca el capital
haya Cristo o Mahoma, da lo mismo:
creo en Dios-Padre-Omnipresente, pero .. .
un poquito también creo en Alá.
Y satisfecho dijo una plegaria,
a medias, de rodillas, a medias, agachado.

6. Caridad
Un Acólito de la Sacristía
rompió el paraguas sobre un pobre gato
para castigarlo de una porquería.
-¿ Qué estás haciendo? -le gritó el Cura-.
Hace falta ser muy cobarde como tú,
para pegarle de tal modo. . . i Pobrecito!
-¿Y qué? -le contestó el acólito- ¿El gato es suyo?
El Cura contestó: -i No ... pero el paraguas es mío!

233

�7. El Antepasado
-El Hombre desciende del Mono:
refunfuñaba un Profesor.
-No me parece que esta bestia
nos haya hecho demasi~do honor ...
-Es cuestión de modestia:
le contestó el Orangután.
-Lo importante es que el Mono

'

no descienda del cristiano.

¿ por treinta y cinco francos? ¡ Ah, no puedo!
¡ Ni siquiera si fuese cafetera de plata!
Si usted tomara también el biombo,
le podría rebajar algo del yelmo.
Así, lo que gano en el Imperio,
lo pierdo en el Renacimiento.
Y este sofá barroco, ¿no le gusta?
Mire usted qué dorados, qué brocados...
¿Hay unas manchas? ¡ Y bien, se limpian!
Pero son manchas antiguas. ¡ Tiene más valor!
Son manchas de la época, ¿me entiende?
¡ Porquerías del siglo pasado!

B. El Cocodrilo
Mientras que un señor y una señora,

esposo y esposa, estaban tendidos
en la orilla del mar, salió fuera
un Cocodrilo con la boca abierta
y los ojos espantados.
La esposa, que era lista,
se arregló el pelo y se fue,

mientras que el Cocodrilo enojado,
se masticaba al pobre marido
como si se comiese un pollo asado.

C orno el Cocodrilo por naturaleza, b"' ,
se come al hombre y Juego llora, taro ,en e1
a llorar como criatura.
se puso
.
1,
ar como los cornudos,
Cada cinco mmutos va v1a a pens '

vía a estallar en otro llanto amargo.
yv
.
h
Tanto que el día siguiente, a la nusma ora,
volviendo a ver a la pobre señora
regresó a llorar y a quejarse,

º'

con la intención de conmoverla.
-

Pero Ja viuda Jo calló:
, ·, qué tonto eres.1 ¿LI oras todavía?
D .10S IDlO,

g_ Con el Anticuario
o .
-e·C'orno, Madame? Un puro "Quat t rocen t"
Un hennoso trabajo, un casco de guerrero,

234

10. Una lglesita de campo

A pesar de que el Párroco tenga la pretensión
de llamarla "Rotonda",
es una iglesia pequeña, una iglesita
sin siquiera un mármol o una columna;
nO hay más que un Cristo y una Madonna,
con la lámpara roja siempre encendida.

Cuando el sol golpea en el cristal
de la ventana, llega derecho al banco
con un gran rayo polvoriento y amarillo
sobre un Santo Domingo de madera,

esculpido de un modo tan indigno
que quita las ganas de rezarle.
Pero este Santo Domingo, como
de cuando en cuando desenvaina una gracia,

en el pueblo se hizo de cierto renombre:
y la gente devota le agradece,
colgándole en las paredes su desgracia
en un cuadro pintado . .. ¡ Dios sabe cómo!
He visto, entre un in~endio y un herimiento,
una mujer que se desliza dentro de un marco.

Hay escrito abajo: El ocho de abril mil novecientos
a Francisca Pomponi, planchadora,

235

�le pasó por encima todo un regimiento ...
Pero cómo terminó no dice.
-No puedes imaginarte los votos que manejo-me decía el Párroco. -No puedes imaginar
cómo toda esta gente tiene más fe
en él, que en el diputado del Partido...
Dado que este Santo Domingo tiene la virtud
de hacer cualquier gracia que se le pida.
Mira cuántos milagros, ¡ caramba!
¡ Mira cuántos hechos malos! ¡ Es sorprendente!
La pared está llena, ya no caben más ...
Si hace otro, ¿ dónde se lo cuelgo?
Y buscando el lugar con la mente
agarraba un pellizco de rapé.
Entonces yo también, indignamente, pedí
una gracia y le dije: -Si soy digno,
¡ haced que la Nina mía sea siempre honesta!
Pero vi que el Santo Domingo de madera
me hacía un movimiento de cabeza
como para decirme: - Sí, pero sin compromiso...

Me explico: de las cuentas que se hacen
según las estadísticas de hoy,
'
resulta que te toca un pollo al año:
y' si él no entra en los gastos tuyos
te toca igualmente en la estadístic~
dado que hay otro que se come do/
12. El seguro de vida

Dicen que en Roma hay una compañía
que asegura la vida de la gente.
Yo esta zoncera no la entiendo
y digo que es una gran tontería.
Más bien me parece una herejía,
porque cuando llega la hora establecida
en que el Padre-Eterno quiere terminar contigo
¿qué es lo que te aseguras? ¿El alma de tu tía?
Es una especulación bien planeada
para enriquecerse a costa de la gente
que cree y se queda engañada.
Don Chucho, mi pariente, lo ha probado:
a pesar de que se la habían asegurado,
ha muerto lo mismo, atropellado.

III
IV
INTERPRETACIÓN DE LA "MODERNIDAD" DE PRINCIPIOS DE SIGLO:
LA ESTADÍSTICA Y EL SEGURO DE VIDA COMO SÍMBOLOS

11. Estadística

¿ Sabes lo que es una estadística? Es una cosa
que sirve para hacer una cuenta en general
de la gente que nace, que está enferma,
que se muere, que va a prisión y que se casa.
Pero para mí la estadística curiosa
es aquella donde cabe el porcentaje,
dado que el promedio es siempre igual
también para la persona desvalida.

236

LA VISIÓN DEL COLONIALISMO EUROPEOº EN 1911 J
LA
·
TALIA DECLARA
GUERRA AL IMPERIO ÜTOMANO y CONQUISTA LIBIA

13. Las Hormigas y la Araña

Un grupo de hormigas,
después de tanto trabajo,
después de tanta fatiga,
se había hecho una casita propia
a la sombra de la alfalfa y d~ la ortiga:
una casita cómoda y segura,
clavada dentro de una hendidura.

237

�Para mí cualqu·ter d'1a es bueno

Pero un dia de repente

estoy lis~o ~ara ir de parranda
pueden Ir libremente

una Araña de la cercanía,
que vivía en un agujero demasiado estrecho,
vio la casa y tomó posesión
sin ni siquiera pedir permiso.

~ cualquier hora.
·

-Pero, ¿de qué te ;c~~as tú? -De d
per
.
na a,
o orgamzo a la gente que trabaja.

-Hormigas mías -les dijo por la buena-:
15. Mosquito

todo lo que aquí está es mío:
¡ Lárguense rápidas! La dueña
de ahora en adelante seré yo;
pero concordaré con vuestro Dios

Mientras leía el último volumen
de la Historia de Italia, un mosquito

tocaba la trompeta en torno de la 1
y
l .
uz.

y os respetaré la religión.
Pero entonces una Hormiga de valor
empezó a gritar: -¡ Qué arbitrariedad!
¡ Es un verdadero atropello! ¡ Un bandidaje!

o, a prmcipio, no le hice caso:

pero, cuando voló debaJ·o de m1· cara
tome el libro y paff, lo cerré.
Lo reabrí
. .
. , ensºguida
~
, Y en conc1enc1a
me doho mucho viéndolo aplastado

Dado que no es ni justo ni legal. ..
La Araña dijo: -Tal vez, en apariencia:
pero, en resumen, es una conquista colonial.

en la página noventa

entre la,' campañas de' la Independencia.
Lo senh tanto que al marcren

V
ÜBSERVACIONES SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA ITALIANA:

de l_a ,hoja donde quedó a;lastado
LOS PARTIDOS

POLÍTICOS, EL ARRIBISMO, LOS DEMAGOGOS Y EL REY VÍCTOR MANUEL

14. La Abeja, el Gusano de seda y el Alacrán
Una Abeja, al salir de la cantina
con un Gusano de seda y un Alacrán,

IJI

escnb1 este epitafio de recuerdo.
"Aquí yace un mosquito
.
que murió sin gloria,
pero tocó la fanfarria
para quedarse en la Historia"

En Italia también
hay mucha gente

·

que se vuelve célebre igualmente.

les dijo: -Gracias por la compañía:

.'

espero volveros a ver en casa mía
en otra ocasión.
Pero, yo recibo sólo de noche,

dado que trabajo y todo el dia
fabrico miel y fabrico cera.

-Yo también me atareo e hilo sólo Dios sabe cuánto,
le dijo el Gusano de seda- y no me queda
libre más que el domingo ...
-En el letrero del portón míodijo el Alacrán- se halla escrito:
"Cámara del Trabajo". Allí estoy yo.

238

16. El Agua

La olla hierve y el Agua cae al Fuego
qu~, poco ~ poco, chisporrotea y se apaga.

-:-&lt; Por ~ue:- pregunta el Agua -te quejas,
s1 eres tu mismo el que me das la fu erza.&gt;

El que calienta la cabeza de la gente
observe la olla cuando hierve

239

�17. Las recepciones

Un rey, hoy día, no es ya un tirano,
como se usaba en tiempo medieval:
sino hombre bueno, simple y bonachón,
que trata de reinar sin hacer daño.

Mira, por ejemplo, al nuestro: el primero del año
recibe a las personas en Palacio
y al día siguiente lees en los periódicos
lo que dijo en la recepción.
La última vez preguntó a un diputado:
-¿ Cómo va la salud?- -~h, verdaderamente,
le diJ. o aquél- tengo reumatismo ... ., 1
El soberano contestó: -¡ Es la estac10n.Esta cosa, en la Cámara especialmente,
ha causado una excelente impresión ...

VI
LA FARSA DE LA PRI MERA GUERRA MUNDIAL

18. Un Rey humanitario

Un día que el Rey Clavo fue obligado
a declarar la guerra a un Rey cercano,
le dijo: -Queridísimo primo,
este que lees es el último mensaje,
somos enemigos: desde mañana en adelante
hay que destripamos mutuamente.
La guerra, sabes bien, es necesaria:
pero, dadas las exigencias del progreso,
hace falta unir al mismo tiempo
la civilización moderna a la barbarie,
de modo que el conjunto del estrago
me resulte más noble y más hermoso.

240

De acuerdo con el doctor pensé
mandar esterilizar las bayonetas
para que el soldado sea rebanado
a norma de las reglas de la higiene,
y, en el caso, se le haga lavativa
llena de sublimado corrosivo.
A fin de que cada balazo
traiga consigo la desinfección,
he mandado poner en los cartuchos
un pedazo de algodón fenicado:
así, con lo necesario de la cura,
la bala agujera y el algodón obtura.
Entre las muchas e innumerables ventajas,
como sistema de calefacción
he establecido que cada regimiento
queme las aldeas y las ciudades.
Empieza el frío, y entenderás
que un poco de humanidad no hace daño.
La policía científica ha tomado ya
las huellas digitales a todo el mundo,
para distinguir a los héroes de los bandidos
que realizan la agresión a tu país;
sería una injusticia, tanto más
cuanto que no se reconocería al saqueador.
He pensado en la Fe. Cada mañana
un viejo capellán, amigo mío,
oficiará una misa y rezará al buen Dios
para que proteja la carnicería.
Así, si pierdo, en lugar del Gobierno
queda comprometido el Padre-Eterno.
Ah, no puedes creer cuánto siento
arrastrar a este pueblo a la guerra,
al que por años trabajó la tierra
con la esperanza de gozar la paz;
hoy, por un capricho que me asalta,
adiós campos, adiós casa, adiós familia.

241
HJ6

�Un día, apenas regrese el trabajo,
en aquellos mismos campos de batalla,
donde hizo estrago la metralla,
volveremos a ver ondear las espigas de oro:
mas el trigo estará rojo y dará un pan
ensangrentado de vidas humanas.
Pero ya es tiempo, y lo hecho, hecho:
veremos, en fin, quién perderá.
Adiós, querido primo; por ahora,
con la esperanza de que seas derrotado
tú , con todo tu ejército, prosigo
tu atentísimo enemigo.

de seis ceros, parecidos tuyos,
¿sabes qué represento? Un millón.
Es cuestión de números. Más o menos
es lo que sucede al dictador
que aumenta de potencia y de valor
cuanto más son los ceros que lo siguen.

21. El Caracol
El Caracolito de la vanagloria
que se había arrastrado hasta la cima de un obelisco,
miró la baba y dijo: -Ya entiendo
que dejaré una huella en la Historia.

VII
VIII
EL ATAQUE A LA DICTADURA FASCISTA
LA REACCIÓN FRENTE AL PRELUDIO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL:
LA CONQUISTA DE ETIOPÍA, LA GUERRA CIVIL EN ESPAÑA, LAS SANCIONES

19. La fiesta del Burro
Las Cabras compadecían al Burro:
-¡ Cuánto debes sufrir con este yugo!
-¡ Bah! -dijo él- cuando uno se acostumbra
termina sirviéndole de amparo.
Luego el Dueño, todos los domingos,
me lleva a dar la vuelta
allá donde hay una fiesta
con los penachos y con el cencerro.
Entonces, me olvid o d e tod º· i Que' satisfacción!

ECONÓMICAS

EN

CONTRA DE

ITALIA DECRETADAS

POR INGLATERRA, LA

TRISTE AMISTAD CON LA ALEMANIA NAZISTA ••. MussoLJNI LANZA LA
AUTARQUÍA (HAY QUE CONSUMIR SÓLO EL PRODUCTO NACIONAL)

Y EL

RACISMO, SEGÚN EL EJEMPLO ALEMÁN

22. Estatura
El viejo Enano de la pantomina,
para aparecer más grande y más importante,
se dejó cargar por un Gigante:
pero se volvió más pequeño que antes.

20. Números
23. Autarquía
-Contaré poco, es cierto:
decía el Uno al Cero;
Pero &lt;·y tú qué vales? Nada:
.
sea en la acción, sea en el pensarmento,
sigues siendo algo vacío e inconcluyente.
Yo, al contrario, si me pongo en frente

242

Apenas el Tendero puso en exhibición
"El puro Insecticida Nacional",
la Mosca dijo: -Me causará más daño,
pero, por lo menos, ¡ es producción nuestra!

243

�24. El asunto de la Raza
Tenía un gato y lo llamaba Coén,
pero, dado que era un nombre algo judío,
fui con un Prefecto, amigo mío,
para preguntarle si podía tenerlo o no.
Quería estar tranquilo, tanto más
cuanto que estaba dispuesto a llamarlo Caén.
-Habrá que estudiar -dijo el Prefecto-la verdadera provenienza de la madre ...
Le digo: -La madre es una angora, pero el padre
era siamés y frecuentaba el ghetto;
pero el gato mío habría nacido
tres meses después en la casa del cura.

¡ Cómo es amargo el "espresso"
en el Café del Progreso!

IX
CUATRO POESÍAS SOBRE EL SENTIDO DE LA \'IDA y LA MUERTE

26. La Fe
Creo en Dios-Padre-Omnipresente. Pero...
-¿ Tienes alguna duda? Guárdala para ti.
~a Fe es bella sin los "quizás",
"y.
SI
m os "
comos
sm los "porqués".

27. La Juventud
-Si verdaderamente tienes estas pruebas en la mano,
me contestó el amigo, se hace rápido.
Su posición es clara. Y dicho esto
firmó una carta y me lo hizo ario.
-Pero -me dijo-, por tranquilidad,
tal vez sea mejor que lo llames Cuén.

La fábula más corta que conozco
es aquella que se llama Juventud;
porque existió una vez, y ahora escapó.
¿ Y la más larga? Es aquella de la vida.
La oigo contar desde que estoy en el mundo
Y un día, tal vez, me caeré del sueño
antes de que termine.

25. El Ca/ é del Progreso
El Café del Progreso
es un local bajo, tan oscuro
que cada cliente es la sombra d!' sí mismo.
Nadie habla. Todos tienen miedo
de expresar un pensamiento prohibido.
Hasta el espejo,
todo empañado por la humedad,
se ha vuelto negro
y no refleja más la verdad.

28. La Felicidad
Hay una Abeja que se posa
sobre un botón de rosa :
lo chupa y se va. . .
En conclusión, la felicidad
es bien poca cosa.

29. La Pompa de Jabón
¿ Sabes lo que es una pompa de jabón?

Yo mismo, cuando trato
de mirarme en el vidrio,
me busco y no me encuentro...
244

El estuche transparente de un suspiro,
que salido de la caña, vuela en tomo

�revoloteando sin dirección,

dejándose mecer de cualquier modo
por el aire mismo que la lleva !e¡os.
Una mariposa blanca, cierto d1a,

viendo aquella bola cristalina
que reflejaba como una vitrina
todas las cosas que tenía en torno,

se fue a su encuentro y la llamó: -Hermana,
¡ déjate mirar! ¡ Cómo eres bella!
El cielo, el mar, los árboles, las flores,
parece que te acompañan en el vuel~:
y mientras robas, en un momento solo,
todas las luces, todos los colores,
gozas el mundo y vuelas tranquila
en el sol que resplandece y que chispea.
La pompa de jabón le contestó:
.
-Soy hermosa, sí, mas duro demasiado poco.
Mi vida, que nace por un juego
como la mayoría de las cosas,
está encerrada en una gota. · · Todo
termina en una lágrima de llanto.

.
de Trilussa , anaaramando
su
Cario Alberto Salustri, que uso, el seu d,ommo
º
1 d Al
!lid
ació en Roma el 26 de octubre de 1873, de padre natur,a e ::o od: madre originaria de Bolonia. A los diecisiete años mando. u~ poema a/ periódico romano Jl Rugantino, publicó luego en el Don ChiscioUe y
en el Messaggero. Pasó toda su vida en la capital, y sus poemas apar"."ieron
en libros, periódicos, revistas y manifiestos electorales. F~~on tr~u_c1dos aª
. idiomas.
. .
En 1947 Y 1948 se firmaron en Roma peticionesb publicas dp vanos
.
.
oficialmente al poeta y lo nom rar3.
ra que el Gobierno reconociera
ºd sena
1 21 or,
de
nombramiento que tuvo efecto poco antes de su muerte, acontec1 a e

diciembre de 1950.
.
( 1899) 4{) S
Obras destacan: Le Stelle d1 Roma,
as
Entre sus numero,
,
c ¡¡, C, ertoo-'
. R
h.1 ( 1895) Favole Romanesche, ( 1900), a e onc
nett, omanesc ,
'
.
(
08) N
Poesie ( 1910)
E S
· (1903) Ommini e bestze, 19
, ove
'
'
(1901), r erra/O,
. 'A
ll" (l 9 l 9 ) Giove e le Bestie, La Porchetta
~~a:::~;,

S~~::~i:

'A~;~: :

n. 9. (1929), Libro Muto.

vf::,

~e Cose,' (1922), La Gente, ( 1927), Libro

INTERÉS ESTÉTICO EN LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE Y
EN EL TÚNEL
MYRON

I.

LICHTDLAU

Syracuse University

EL DESEO DE REVELAR AL

hombre como asediado por conflictos interiores en

un mundo caótico e incomprensible ha llevado a muchos novelistas de hoy
a tratar casos descomunales de psicología extraña, de actitudes desviadas
hacia la vida. El elemento existencialista muchas veces se halla implícito en
esta tendencia, en que el hombre se ve libre para obrar como quiera y asume completa responsabilidad de sus actos. El tema de la angustia, aunque
impreciso y sumamente complejo en los problemas psicológicos que abarca,
se encuentra explotado hasta constituir una nota saliente de la ficci6n con-

temporánea. Desde el punto de vista literario, el estudio de casos psicológicos
nos interesa como creación artística y no como informes clínicos. Vale decir

que tales casos pueden servir de fondo literario con tal que la verdad desnuda o la obvia realidad se transforme en interpretaci6n imaginativa, sin per-

der su verosimilitud. En La Familia de Pascual Duarte,' Camilo José Cela'
hace del relato de un asesino una gran obra de arte precisamente porque logra convertir un puro caso clínico en una recreaci6n artística que nos conven-

ce no sólo del protagonista como ente de ficción, sino también de !a posibilidad de su existencia real. En El túnel,' célebre novela del argentino Er1

La primera edición de La familia de Pascual Duarte es la de Editorial Aldecoa,
Madrid-Burgos, 1943. La edición que utilizo en este trabajo es la de Espasa-Calpe Argentina, Buenos Aires, 1955. Las citas se refieren a esta edición.
2

dAM:JLO JosÉ CELA (1916), tal vez el novelista contemporáneo más distinguido de
España, publicó La familia de Pascual Duarte, su primera novela, cuando tenía sólo veintisiete años, pero el gran acierto de estilo y la profundidad de tema revelaron un talento mucho más maduro que su edad.
1

La primera edición de El túnel es de 1948. Para el presente ensayo he consultado
la de Libros de Mirasol, Buenos Aires, 1961; las citas se refieren a esta edición.

246

247

�d
, 1 ª la palabras de confesión de un
nesto Sábato,4 se re~rean d~ ~o o ana ººº. sde una realidad y no la exac.
, ta b1én la ns1on o perspectiva
asesmo, y aqm m
I
t, t'co Estas dos novelas muestran
ta reproducción es la que le da va or es de i .. ,
a's recónditos de hom.,
d
b · los móviles e acc10n m
bien la propens1on a escu nr
. ..
frustración No faltan
bres afligidos de un sentido de soledad, mutih~ad'.f.º . , de 1~ obras y de
los juicios críticos que se h ayan cupado de la s1gm 1cac1on hayan analizado
.
. f ltan tampoco comentarios que
l.
su importancia iterana; m a ,
. 1 de los dos protaaonistas a fin
social y psicológicamente el :aracter esencia etieron. Mas lo q~e se propone
de comprender las monstruosidades que coro
estas novelas que
.
1 ·o sitado interés que acarrean
en este artículo es explicar e i u
1 E fin el obJ. eto es fijar
.
d
epugnantes o anorma es. n
'
parecen
. , No por azar se han es. .nutrirse
, . e cosas. r en estas obras d e f'icc10n.
el cnteno estetico que nge
.
'f
Además de figurar entre las
•d ,
articular para examen en ico.
, •
cog1 o estas en p
. d E de la Argentina en los ultimos
.
·elas que han salido e spana y
f
me1orcs ºº"'
.
1r
de desirnio novelesco y de e ecto
veinte años, muestran cierto para e ismo
.
"' t
, .
11 ·a a tratarlas comparat1vamen e.
art1stico que nos e'&gt;
h
de un rico hacendado
d e del amante de su ermana,
d
Asesino e su ma r , . .
d
b llo y su perro Pascual Duarte end la Guerra C1v1l y e su ca a
'
.
1 ,
en a epoca e
'
. b ·o el dominio de sus emociones pncama los rasgos del hombre qu~ v1v: ªJ amante por razones de celos y remitivas. Juan Pablo Castel, ases1~~ ; su yos actos son frías consecuencias
sentimiento, es hombre culto, re ma o, cu
.,
1 lec
,
a uí las dos fiauras que piden comprenS1on a
medidas de su razon. He ~
º
. .t
y loaran nuestra atención Y
1
, 1 dos novelistas que so ic1 an
"'
h
tor; e .aqu1 , osostenido La esencia
. narrativa de las dos novelas es la ad
conr,uestro mteres s
.
rte ara expiar sus pee os.
fesión directa en primera persfo~~' hechla eenco!:rucJón o mejor dicho la ret en la con es10n es a r
Envue1ta sut11men e
.
•
d
· en ·untamente con
.,
1 d los actos de v10lenc1a y e cnm ' 1
interpretac1on persona e
d
t d fund1'do en tiempo pretérito
, ·1 de con ucta - o o
los antecedentes y mo~1 es
, d E bvio el interés creado mediante
por la técnica de la 1:mrada retrogra a. : ~esenta lo que va ocurrió en las
la yuxtaposición de tiempo pasado quet r 1Pa nueva contemplación de lo ocupresente que represen a
1 •
obras y e tiempo
t aídos a la historia de Pascua1 y
rrido. Desde el principio nos enc~ntra~os a ~
u postura emocional ante la
de Juan Pablo al ambiente que os ro ea, y a s
.
., or las
'
11 El ·nterés se despierta y se sostiene en part~ p .
vida y en pugna ~on e a.
i
t os y en parte por la viveza y acierto
varias manifestaciones de estos tras orn '

°

.

ella en la literatura argentina contemporánea como
(1911) descu
.
d , d El túnel Uno y el Universo
.
E t e sus obras figuran, a emas e
,
b d
novelista y ensayista. n r .
.
b
l dinero la razón, y el derrum e e
aJeS • reflextones so re e
,
) S
(1945), Hombres y engran
. d . (1953) El escritor y sus fantasmas (1963 ' onuestro tiempo ( 1951)' He tero oxra
'
bre héroes y tumbas ( 1965).
• ERNESTO SÁBATO

248

del estilo, expresado en la narrac10n de los sucesos, en el diálogo, y en el
auto-análisis de estados de alma. Aunque Cela posee mayor poder verbal que
Sábato y sabe manejar su prosa con más sutileza y matiz, las dos novelas se
valen provechosamente de cierto tono irónico y cínico, de cierta malicia, para hacernos captar mejor los rasgos de carácter de Pascual y de Juan Pablo.
Dado el carácter descomunal de los protagonistas, la actitud o predisposición mental con la cual el lector se enfrenta con el narrador asume gran importancia, pues determina el placer artístico y entretenimiento que se sacan
de las obras. Por bien logradas que sean la prosa y la maestría técnica, La
familia de Pascual Duarte y El Túnel no pueden ser superiores a la acogida estética que se da a los protagonistas y a sus actos. Vale decir que los rasgos de carácter que se crean pueden afectarnos de un modo absolutamente
negativo, provocando nuestro odio, antipatía, aun horror. Pero desde el punto de vista artístico no importa que nuestra reacción sea negativa; lo esencial es que el relato no nos deje indiferente a la historia narrada. Este elemento estético nos obliga a preguntarnos: ¿Por qué nos afecta la vida y la
suerte de estos asesinos? ¿ Por qué nos dejamos llevar por la relación de sus
vicios y sus maldades? La narración resulta artísticamente aceptable porque
trasciende el puro hecho de los crímenes para alumbrarnos un rincón de la
vida que tal vez ignoremos. Y lo que se lee aquí no es literatura de aventuras
ni de protesta social, ni aun de los bajos fondos sociales que adrede selecciona la materia fea y sucia de una sociedad para corroborar una doctrina determinista. Si nuestras novelas correspondieran a una de estas categorías, no
serían más que realismo crudo, o naturalismo zolaesco, o melodrama folletinesco. El arte de Cela y de Sábato, aunque no está libre por entero de estas
tendencias, va más allá de la superficie para sondear el mecanismo psicológico de los personajes.
Lo que hay en estas novelas son casos individuales de maldad que buscan
explicación individual, personal. Veremos al hombre solo en el mundo con
su propia existencia. De ahí las narraciones en primera persona en una forma mezclada de confesión, expiación, súplica de comprensión; de ahí el
muy obvio deseo de intimar con el lector, de establecer la identificación más
estrecha posible. La meta artística de este recurso narrativo para captar nuestra atención es crear la impresión de que el lenguaje sea completamente natural y propio del protagonista. El lenguaje de Pascual, rico, ágil, sumamente expresivo en su bella concisión, no puede ser de un hombre de las características mentales que él exhibe. Este artificio literario no desconcierta al lector, quien lo entiende, lo acepta, y en efecto saca su mayor placer de la
admirable expresividad y desem·oltura traviesa de Pascual. Es como si éste, rebosante de cosas significativas que relatar pero con poca habilidad para ex-

249

�presarlas verbalmente, encargara que otro nos las refiriera. Pero emocional•
mente ignoramos la existencia del autor y reconocemos y reaccionamos sólo
a la figura detrás de las palabras. Absoluta es la comunicación emocional
entre el protagonista y el lector. Básicamente es igual el recurso empleado
en El túnel para atraer nuestro interés: inicialmente la revelación de un ac•
to horrendo como punto de arranque para descubrir la vida del protagonista.
Pero el vehículo lingüístico corre sobre distintas vías en las dos obras. En el
caso de El túnel no es preciso que la prosa se adapte artificialmente a las
exigencias literarias como en la obra de Cela, pues resulta perfectamente creí.
ble que el lenguaje empleado emane de un personaje culto como Juan Pablo
Castel. Tanto más cuanto que este lenguaje tenso y casi nervioso se cuadra
bien con su carácter duro y patológicamente desconfiado.
El interés en la figura de Pascual Duarte se despierta aun antes de que él
mismo empiece a narrar su propia confesión y continúa después de termina•
das sus palabras en la forma de varios epílogos. Recurso éste muy eficaz, ya
que el relato de los cinco crímenes se halla encasillado en un marco de explicaciones, contra.explicaciones, notas del transcriptor, cartas, cláusulas de tes•
lamento -todos elaborados a fin de apoyar y completar el impacto de inexorable realismo. El túnel carece de toda esa indumentaria accesoria, pero la
suplen los detalles psicológicos y otras observaciones introspectivas de toda índole que hacen resaltar cada aspecto de su compleja y perturbad~ personalidad. En El túnel la confesión proporciona toda la esencia temática y argumental y por sí sola logra el efecto artístico de la novela. En La familia de
Pascual Duarte no conseguimos la totalidad de la impresión estética hasta
contrapesar lo expresado en la materia suplementaria con las palabras de
confesión de Pascual.
En su valioso libro sobre Cela, Paul Illie • señala con mucha perspicacia
Jo primitivo de las emociones de Pascual y de sus modos de reaccionar ante
conflictos o crisis. En efecto, se perciben estos rasgos primitivos paulatinamen•
te, casi por etapas. De los cinco crímenes cometidos, el lector tiene idea previa sólo del último, sobre la persona del rico propietario, ya que las palabras
de confesión de Pascual van precedidas de una dedicatoria a esta víctima.
Aunque es por este crimen político por el que Pascual va a sufrir la pena de
muerte, los otros delitos realmente son mucho más significativos para compren.
der su carácter. Este último crimen, con marcada intención irónica, se nos presenta en forma imprecisa, casi ambigua, lo cual deja una impresión nebu•
losa cuando leemos: "A la memoria del insigne patricio don Jesús González
de la Riva, Conde de Torremejía, quien al irlo a rematar el autor de este escri' PAUL ILLIE,

pp. 40-43.

250

La novelística de Camilo José Cela (Madrid: Editorial Gredos, 1963),

to, le llamó Pascualillo y sonreía" ( 40
.
una yegua, que está canden d
P·. ) . La primera víctima de Pascual es
a a a monr a manos d
t
. ..
te porque descabalgó a su amant L I h .
e es e prun1t1vo precisamend
.
e o a, ac1éndola ab t
El
e emocionalmente por lo i , t'l bárb
or ar.
acto nos sacu•
.
nu t y
aro que
tificada ira de Pascual Per0 C I d
es, aunque admitimos la jus.
e a esbarata el O d
, .
cesos, pues la narración d l
r en cronolog1co de los su.
e a muerte de ]a yeg
.
nato de su perro. Esta desat ., 1
ua es posterior a la del asesi.
enc10n a element d 1 .
c1onadamente en ésta y en otr
.
o e tiempo, que se hace inten•
.
as ocasiones para s
.
rnatena narrativa añade . t ,
acar meJor provecho de ]a
'
m eres y estímulo
I d
pensamientos de Pascual tale
l
menta' a emás de deshilar los
s como e ocurran El I t 0 d 1
e1 de la muerte de su madre
d
.
·
re ª
e os delitos, incluso
h
, se a a intervalos co
•
a ogos emocionales que Pascual e
.
1:1º
una sene de grandes¡ des•
.
xpenmen ta a raIZ de
•d
de con fhcto dentro de sí o c
b'
angustia os momentos
on su am tente El
bl
1
.
execra e acto de matricidio
debe obligarnos a rechazar a p
ascua por complet
1
,
o, negar e el mmimo valor
de hombre. Pero no lo hac
emos, pues al 11egar a t
.
sombra de justificación nos encont
es e cnmen que no tiene ni
·1 .
ramos tan acostu b d
, .
vio enc1a que no le cerramos l
.
, .
m ra os estettcamente a la
os OJOS categoncament
p
e1 caso más extremado de las
'b'J•d d
.
e_ a ascua!. Este delito es
poSi 1 1 a es de violencia
h
te, pero casi cabe dentro del m Id d
.,
' nos c oca hondamenEn
.
o e e acc1on que Cela nos ha creado
manos de artistas de menos habTd d
.
nes y fechorías, es decir la así JI
d I i a , to~a Ia acumulación de críme•
ama a tendencia t e
d'
.
r men ista, nos resultaría
bastante desagradable incapa d
'
z e proporcionarnos d l ·t
, •
que se evita en estas obras de 1 .
.,
.
e e1 e artístico alguno. Lo
.
a impres1on anti-estétic 1 .
.,
.
a, a 1mprcs1on de entero
dISgusto frente a una seri d .
.
e e c1rcunstanaas que pu d
interesarnos menos. Posibleme t
d
e a preocuparnos poco e
d
.
n e nos esarma el hech d
e el principio que Pascual y J
Pabl
.
o e que sabemos desuan
o son asesm E 1 ·
y Sábato revelámoslo como
d'd
.
os. s a intención de Cela
una sacu 1 a ernocw 1
max adelantado, puesto fuera d
1
. n~' como una especie de clíe su ugar ordmano N
.
sa dos a saber el por qué d• 1
,
· os encontramos unpul.
. . . os cnmenes, las razones 1
qmcos de los autores de tal d li
R
' os. rasgos mentales y psíes e tos. econocemo
d
verso a Pascual y a Juan p bl
. .
s en or en cronológico ina o como crmunales en el
.d
1rrarnos de sus actos y de su culpabTd d
' . . senlt o de que nos enfijarnos en el medio que les en· . I I ~N con antenondad a conocerles bien y
aerra.
0 soy mal
motivos para serlo ,, son l
.
o, aunque no me faltarían
' '
as pruneras palabras de ¡
nf . ,
con ellas este ser primitivo
'l
a co es1on de Pascual. l'
no soo procura e ·t l d .
.
das las circunstancias de su "d
.
v1 ar a es1gnaaón "malo" da.
.
v1 a, smo que además 11
1
'
te hacia una predeterminada d'
.. ,
eva a lector suavemen•
ispos1c1on para com re d I
pues Pascual espera que su h' 1 .
d
.
P n er o. Y más todavía
IS ona pue a serv1 d
.
,
carriada .. Pascual llega a co
.
r e eiemplo de una vida desngrac1arse con el lector con su ingeniosidad verbal
J

'
251

�. .., .
. ta. ironía
picaresca. Como muesun no sé qué de desfachatez lmgu1shca,
y c1er_
.
tra veamos en parte cómo recuerda a su familia.
.
te buenos recuer d os l os q ue "'nuardo.
• ·son precisamen
De mi nmez no
v· .
era portunués cuarenMi padre se llama b a Est eb an Duarte imz, Y t Tenía" la 'color tos·lto y nordo como un mo11 e.
,
tón cuando yo nmo, Y
¡ ba para abajo. Segnn
d b· t
egro que se ec za
tada y un estupe_n o igo _e n las uías para arriba, pero, desde quf1
cuentan, cuando ¡oven le tirab~~ l pgrcstancia se le ablandó la fuerza
, l e le arrumo a
'
l
estuvo en la caree , s
d ll
lo hasta el sepulcro. y o e teb . hubo e evar
,
del bigote y )'ª para a aJo
. d
·empre que podía cscurna el
t y no poco mie o, y si
l b
nía un gran resPe o
,P
y brusco " no to era a
t pezármelo . era as ero
J
bulto y procurab~- no ronada
C~ando se enfurecía, co.1a que le ocuq ue se le contradi1ese en
...
·t b
os penaba a mi madre
· de lo que se neccsi a a, n
"
rría con mayor frecuencia
l .
cosa pali7as que mi madre
por
cua
quiera
,
,
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y a mí las gran es pa zzas
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La frase, tan desp1a a a,
..
d t da la novela y establece la. fria . · t f Jª el tono e o
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d
l pintor -su carácter psi.
Llegamos a enten er a
dad artera del protagonista.
l
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,
nos mantiene en vilo. La narradida que el hilo argumental recoge interes y 1 sesinato de su amante hasta
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· s que provocaron e a
ción relata las circunstancia
.
J' . d l delito Al final del re1ato,
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,
culminar en una exp 1cac1on 1
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roo si estuviera en un tunel os.
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Castel se halla asedia o por su
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t1ºene el desarrollo lento pero me.
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11
curo y sin salida. E mteres ~
. , f ustrada que le abruma y le e.,
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.
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1 Si la búsqueda por esta mujer, a quien
va a bordo del desequ1hbno menta.
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¡ , de arte es surn
'
.
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11'
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ontramos 1· ustificación de ellos,
b .
. siqmera que ene
cual sus actos de bar ane, m
.
dar el último paso de conde-s1, h acemos toda clase de tergiversaciones para no

252

narlo. Pero el propósito de Cela no es indultarle, sino damos materia para pensar hondamente. La duda y la perplejidad que rodean nuestro juicio moral sobre Pascual es del todo emocional, no racional. Más que nada, la incertidumbre es un recurso artístico de gran acierto para realzar la substancia social y psicológica de la novela. Es algo semejante a saber que un caro amigo ha cometido un delito; nos desvivimos por no condenarle su acción, buscamos toda
clase de pretextos para esquivar el criterio negativo. Desde el punto de vista
estético, la creación del carácter de Pascual es un magnífico acierto, ya que
un ente de ficción nos resulta tan vivo que estamos dispuestos a poner en juego nuestros propios sentimientos y emociones para enjuiciarle. Es más; la confusión y la ambigüedad tocante a la muerte de su madre, de don Jesús Gonzá6
lez, y del perro contribuyen a avivar nuestra imaginación y hacemos discurrir sobre el destino de Pascual. Aun el epílogo, con las dos interpretaciones
opuestas de cómo reaccionó Pascual en el momento de su ejecución, da estampa final a nuestra incertidumbre. Claro está que los móviles y actos ni Pascual mismo puede precisarlos, y eso no sólo porque éste representa el tipo de
hombre que actúa más con sus emociones que con su cerebro, sino tambi,~n
porque en todo hombre se arremolinan tantos elementos sutiles y enigmáticos
de su carácter. Cela sabe utilizar este fenómeno psicológico para fines artísticos y temáticos en su novela.
Con Castel el interés que se engendra alrededor de su persona toma otro
rumbo. El pintor nos resulta francamente antipático, ni siquiera digno de
compasión, y a veces dudamos que valga la pena todo el bagaje explicativo
para entenderlo. No es que deje de llamar nuestra atención a cada momento,
sino que la capta en una forma casi negativa. Si el primitivismo de Pascual
es lo que más se destaca de su carácter y explica en gran parte sus actos de
violencia, en Juan Pablo es su fría y razonada lógica la que constituye el
elemento esencial de su persona y la que gobierna cada instante de su vida.
En este sentido los dos personajes representan dos polos opuestos, dos fuerzas contrarias que rigen la conducta del hombre y determinan el camino que
va a llevar. Pero estas dos actitudes opuestas que tiene el lector hacia las dos
figuras sirven la misma función novelesca de animar nuestro interés obligándonos a juzgar moralmente el contenido de lo que leemos. Castel es demasiado razonador y puntilloso en sus actos para atraer nuestra simpatía. Su manera austera y científica de arrostrar asuntos emocionales nos hace reaccionar con indignación y resentimiento. Su inteligencia y sus grandes facultades
mentales nos molestan porque el pintor se vale inoportunamente y en exceso
• Para una discusi6n interesante de los actos de violencia y los móviles véanse el
artículo de David M. Feldman, Camilo José Cela y La familia de Pascual Duarte, en
Hispania, diciembre de 1961, pp. 656-659.

253

�pero de allí a ganar nuestra compasión falta m ch
es un monstruo de la lógica que lle
, . u o. Lo que ha creado Sábato
a sangre fría a la mujer que sab' gada ser_v1ct1ma de sus propios excesos. Mató
1a estruir esa lógica q d shiz
.
y a qmen acusó de inconstancia p
C
1
. ' ue e
o sus planes,
· ero aste también e ., 1a en 1oquecerse no por el .
.
.
s v1c ima porque llega
crimen corneado smo p 1
1
or os trastornos arraigados
dentro de su carácter q 1 .

de estas cualidades para solucionar conflictos que buscan entendimiento humano y sincero. De modo que su búsqueda por María, a quien cree capaz de
entenderle perfectamente a través de su arte, tiene trazas de los movimientos
rígidos de un aut6mata que imita mecánicamente todos los pasos humanos,

pero sin emoción. Su método sistematizado de calcular la mejor manera de encontrar a María en la gran capital nos hace maravillar de su ingeniosidad men-

tal, pero al mismo tiempo nos confirma la tirantez emocional de que sufre. El siguiente trozo describe en parte esta búsqueda frenética:

Esta lógica me pareció de hierro y me tranquilizó bastante para decidirme a esperar con serenidad en el café de la esquina, desde cu}'ª ve reda podía vigilar la salida de la gente. Pedí cerveza y miré el reloj:
eran las tres y cuarto.
A medida que fue pasando el tiempo me fui afirmando en la última
hipótesis: trabajaba allí. A las seis me levanté, pues me parecía mejor
esperar en la puerta del edificio: seguramente saldría mucha gente de
golpe y era posible que no la viera desde el café.
A las sies y minutos empezó a salir el personal.
A las seis y media habían salido casi todos, como se infería del hecho de que cada vez raleaban más. A las siete menos cuarto no salía casi nadie: solamente, de vez en cuando, algún empleado; a menos que
ella fuera un alto empleado ("Absurdo", pensé) o secretaria de un alto empleado ("Eso sí", pensé con una débil esperanza).

ue e rmpu saron a hacerlo

Juan Pablo Castel en un sanatorio· p
.
terminar los relatos el lecto
d' ascua! Duarte ante el verdugo. Al
'
r compren e más los mó ·¡ d 1 .
por. e1lo echa más en cara su cu! abilid
v1 es e pintor y tal vez
sentido psicológico no co
1 •~
ad. Su rareza nos afecta sólo en el
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1
'
n re ac1on a nuestras emoc.
A
ay e aros indicios por toda la o I d
10nes.
pesar de que
mental, no lo consideramos d n ve a e que Castel padece de algún desvío

.
emente· es decir obse
senos problemas interiores pe
' .
'
rvamos a un hombre con
cisiones, de parar rru·ent
ro que retiene perfecta capacidad de hacer dees en sus actos E t'f
otro modo si creyéramos le 1
. s e icarncnte le aceptaríamos de
.
.
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p
1
llllagmamos ni 1a Iocura rnome t'
.
.
on ascua Duarte no
n anea sino el arrebat
,
que puede surgir repetidas veces en virtud d .
o momentaneo de pasión
Nuestra manera de estima L f
·¡ · e ciertos rasgos innatos de carácter.
r a ami za de Pascual D
,
que acomodarse a nuestra inicº1 1
1
uarte y El tune! tiene
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Y ta vez somera
•
farmarse con la lectura deten'd
de las obras
1 a, Y por r·m plasmars perspectiva· ·,
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,
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e m1 a de los protagonistas y
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e en una v1s10n integra y
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e, nos molestan nos eno ·
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m eresan y nos diviprten art' t '
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Jan, pero siempre nos
1s 1camente En est0 e5t 'b
c1ones literarias.
·
n a su valor como crea•

w

A las siete todo había terminado (pp. 37-38).

Su enfoque casi exclusivamente cerebral hacia todo lo que le toca destruye
la conmiseración que podamos sentir por él. Asimismo la tremenda duda
que Castel abriga sobre su relación amorosa con María le conduce a un
complicado y a veces absurdo procedimiento mental para sacar la verdad, o
Jo que él quiere aceptar como la verdad. De manera que avanza una hipótesis, rechaza otra, para explicar la conducta enigmática de su amante. Con

precisión matemática Juan Pablo calcula, pesa, mide todas las posibilidades
a fin de llegar a una conclusión. La impresión que de él adquiere el lector es
la de un hombre que se ha quedado paralizado emocionalmente a fuerza de
su propia obsesión psicopática de ver todo dentro de una matriz particular
elaborada de sus propias necesidades extrañas. El relato de Castel respecto a
su frustrada pasi6n no nos despierta simpatía alguna, aun cuando vemos con

claridad la frialdad e indiferencia de María. Cosa irónica: lo que más le perturba a Castel, a este hombre rígido, es el hecho de que María se entregó a él
físicamente pero sin emoción alguna. Castel nos convence de su gran pena,

254

255

�LA POESfA EN LA NUEVA CASTILLA O VIRREINATO
DEL PERÚ*
{Antes del Barroquismo)
ALFREDO RocmANo
University of Pittsburgh

SE ASEGURA QUE EN 1519, año en que Cortés inicia la conquista de México,
los españoles ya tenían noticias de ciertas tierras por las cuales pasaba un río
llamado Birú. En 1522 Pascual de Andagoya, al regresar de una expedición
al Sur, dio referencias más concretas acerca de la existencia de un poderoso
imperio. Francisco Pizarra, a Ia sazón en Panamá, decide emprender la conquista de tan mentada región. El clérigo Hernando de Luque resolvió financiar la empresa, en la cual participaría también el capitán Diego de Almagro.
Obtenida la autorización de Pedrarias, Gobernador de Panamás, y sin má flota que un barco, con escasa tripulación y víveres, Pizarro inicia su primera
expedición en 1524. Almagro le seguiría tan pronto como su barco estuviera
listo. Pero no se encontraron en el camino, signo augural de nefastos desencuentros posteriores que convirtieron la conquista del Perú en una lamentable
serie de intrigas, engaños, traiciones, venganzas y crímenes. Pízarro llegó a
Quito e,e año de 1524, pero una tormenta le obligó a volver a Panamá. Luque
convenció a Pedrarias de la posibilidad de un nuevo viaje, pero ahora con la
condición de que Almagro actuara como asesor y freno de Pizarro, mediante
un contrato, firmado el 10 de noviembre de 1526, por el cual se estipulaban
obligaciones, derechos y ganancias de los tres socios. Al mismo tiempo se sellaba también la terrible enemistad de los dos jefes militares. Ambos, cada
uno en su barco, salieron rumbo al Sur y llegaron al río Esmeraldas. Los
escasos medios de que disponían aconsejaron prudencia, y en vez de desem~
barcar, regresaron a la isla del Gallo, donde quedó Pizarro, en tanto que

*

Capítu]o de una Historia de la Poesla Hispanoamericana en preparaci6n.

257
H17

�Almagro volvía a Panamá en busca de refuerzos. Pedro de los Ríos, sucesor
de Pedrarias en la Gobernación de Panamá, no quiso apoyar a los c:xpedicionarios. Pizarro recibió la orden de regresar en la isla Gorgona, un poco más
al Norte, junto con mensajes de Almagro y Luque, que le aconsejaban continuar. Se dice que Pizarra trazó una raya en el suelo e instó a sus compañeros a que le siguieran. Sólo trece cruzaron la raya y esperaron en la isla,
hasta siete meses, la llegada de Almagro. Pizarro siguió la ruta hacia el Sur,
llegó al golfo de Guayaquil, visitó la ciudad de Túmbez, dende residía el
inca Túpac Yupanqui, y alcanzó Santa, a 9° de latitud Sur. Aquí tomó
contacto con el Imperio Incaico. Convencido de su grandeza y poderío, regresó a Panamá, en 1527.
Los tres socios decidieron oficializar la conquista, o, mejor dicho requerir
directamente de Carlos V las habituales concesiones. Con ese propósito Pizarro
marchó a España, donde obtuvo, el 26 de julio de 1529, las capitulaciones que
le concedieron el derecho a conquistar el Perú en nombre de la Corona, con
el título de Capitán General. Almagro fue nombrado teniente de la fortaleza
de Túmbez, y Luque, protector de los indios hasta que el Papa crease un
Obispado en dichas tierras. Pizarra volvió a Panamá en compañía de sus
mediohermanos Remando, Gonzalo, Juan y Martín de Alcántara. En enero
de 1531 salió de Panamá con tres buques y unos doscientos hombres. Ese
mismo año se apoderó de Túmbez, donde pudo dejar una guarnición gracias
a la llegada de Remando de Soto, con otros dos barcos, desde Nicaragua.
Luego fundó San Miguel, en las orillas del río Chira, como punto de ciertos
hechos capitales que sirvieron para consumar la conquista y dieron origen a
]as primeras manifestaciones de rudimentaria poesía. Así, la prisión de Atahualpa, mediante un ardid, por Pizarro, y la ejecución del Inca, el 29 de
agosto de 1533; la muerte de Almagro, en 1538, y la de Pizarro, en 1541, hasta
la creación del Virreinato, en 1544, el Obispado de Lima, en 1545, y la fundación de la Universidad de San Marcos, en 1551.
De acuerdo con este orden histórico, la poesía peruana del primer siglo
hispánico (1532-1630) se desarrolla en dos períodos: el de la conquista (15321551) y el de los comienzos de la colonización ( 1551-1630). Al primero corresponde un predominio de la poesía popular y las crónicas rimadas, y al
segundo, un mayor florecimiento de las corrientes cultas, en especial el petrarquismo y el humanismo clásico-renacentista. Dicho sea esto sin hacer distinciones muy precisas y sólo para referimos a los módulos más evidentes, con
anterioridad al barroquismo.
No es necesario insistir en lo que ya hemos establecido para los capítulos
1

258

Véase Humanitas (Monterrey), No. 5 y Universidad (Santa Fe, Argentina), No. 60.

anteriores o sea que el c
• d
popular ~ónun'a
enquista or trajo consigo el rico venero de la musa
'
o no, en su mente cargada d
1
décimas etc Horac,·o R U t 0 R ,
e cop as, romances, cantares
'
·
• r ea a
aul p
B
h
'
mann Villena, Emilia Romero º '
or_ras . arrenec ea, Guillermo Lohestudiado y coleccionado c ; e~sacerdote Jesuita Rubén Vargas Ugarte han
dicional del Perú Lo que ~an o . oy ~onocemos de la poesía popular y trallena- es que
fe
d s1 conviene estacar -como lo hace Lohmann Vicun a musa popular no p d'
.
tática, recreándose morosa
t 'l
o ia permanecer merte y esmen e so o en el recuerdo d 1
natal. Al lado de ¡
.
e a remota comarca
una floración de cop~:s r;::;;si~ioc::t~r:smi::~:!:s. desde España, brotó
de origen vernáculo hab"d
d
y
s16n, cuyos temas eran
'
I a cuenta e que menudeare
l
revestidos de las propiedades ad
d
.
n os sucesos y motivos
las poesías p
1 " R
, ecua as para urdir sobre ellos el bordado de
opu ares . abra que admit"
t
tices literarios como Luis Alberto S, ch1r, en Aonces, con historiadores y crían ez Y urusto Ta
y
desde un comienzo la poesía española se transfo~6
mayo argas~ que
que el carácter mestizo e
en la Nueva Casulla y
peruana.
s uno de los rasgos más distintivos de la literatura

"ia

t

El primer hecho histórico ue · · , 1
.
del Nuevo Mundo fue el epi:dioor~!'~: i:iam::1 ~:;roa co~la
esta ,parte
que ~o se ha establecido si la copla en cuestión es
1~2;m:u ado a el, ya
referimos a los cuatro octosílabos atribuido
..
de 1532. Nos
a Juan de la Torre o a Antón Cuad d
s al truJ1llano Juan de Saravia, o

d:

má, D .. ~edro de los Ríos, en 15277 y°; ::a:;~~: :: ~i:b~::~orli~:1:an:~
amanec,o clavado a la puerta de 1 . 1 . d S
.
q
ñan d
.
a ig eSia e an Miguel de Piura una mal ª. e 1532. Las variantes de los dos versos finales pueden hacer pensar q e
a mISma ~opla debió de haberse utilizado en ambas oportunidades
aca~o
en otras mas, como adaptaciones adecuadas a cada caso:
' y

i Ah! Señor Gobernador
miradlo bien por entero:'
Allá va el recogedor,
aquí vino el carnicero.
Allá está el recogedor
Y acá está el carnicero.

Alejandro Romualdo y Sebastián Salazar Bond t
neral de la poesía peruana (Lima 1957 pp 144-y145r)aentren s~ Antología gel d
h
'
'
·
o as cinco coplas q
a u en a echos y personajes de los tiempos de Almagro y Pizarro. Dos apaue
259

�recen fechadas en 1537, dos en 1546 y una en 1547. En varias de ellas se
insinúa la vena satírica que desarrollarán más tarde Rosas de Oquendo y
Valle y Caviedes.
Más abundantes y de mayor significación histórica y literaria son los romances. Aparte las repeticiones de los romances tradicionales de Esplña, unas
veces siguiendo sus moldes y otras no, los asuntos locales fueron a menudo
narrados en la forma romanceada. Tal es la cantidad producida a lo largo
de toda la historia literaria del Perú, que Vargas Ugarte los agrupa en ciclos,
siendo el primero el de la conquista y de las guerras civiles, que sobrepasa el
período que estudiamos. T amayo Vargas señala tres momentos para la rea-

lización de la literatura de coplas y romances durante la época de la conquista
y de las guerras civiles: a) el que corresponde a la muerte de Almagro, sentenciado por Remando Pizarro en ilegal proceso. Este hecho dio origen a una
serie de piezas rimadas que han sido atribuidas al a!magrista Alonso Enríquez
de Guzmán. El romance se mezcla con versos de arte mayor. Así, las 39 es-

trofas de arte mayor ("Católica, Sacra, Real Majestal,/César Augusto, muy
alto Monarca") de "Nueva obra y breve en prosa y en verso sobre la muerte
del Ilustre Señor el Adelantado D. Diego de Almagro", seguidas de 362 versos
romanceados o "Romance hecho por otro arte sobre el mismo caso, el cual se
ha de cantar al tono de El Buen Conde Hernán González . . ." Clemente Palma publicó en 1935 otra composición sobre el mismo tema, compuesta de un
romance de 160 versos "Donde procede la muerte de un caballero", al que
acompaña una "Sentencia" (164 versos), en la que se pide al rey que el
hecho no quede sin castigo. Los partidarios de Pizarro dejaron también su
"historia rimada": coplas, romances, décimas, octavas. La relación más antigua parece ser la que se refiere a la "Conquista y Descubrimiento que hizo
el Marqués D. Francisco Pizarro en demanda de las provincias y reinos que

agora llamarnos Nueva Castilla", atribuido por Porras Barrenechea al cronista
Jerez y ahora publicada por F. Rand Morton, con erudita introducción y
cuidado texto, bajo el título de La Conquista de Nueva Castilla (México. Colección Studium-38, 1963). Este poema, sin embargo, no es popular, sino que
pertenece al género épico y al estilo de las crónicas rimadas, y poemas prerenacentistas, con el interés histórico de ser anterior a La Araucana y posiblemente el primero escrito en América. Sí es de tipo popular (aunque escrito
en décimas) el dirigido "Al Emperador Nuestro Señor" ("Oh Cesárea Majestad,/Emperador, Rey de España"), que el secretario de Pizarro, Francisco
de Jerez, insertó al final de su Verdadera relaci6n .. . (1534). Carlos A. Romero publicó en 1906 un poema en dos partes, una en octavas reales y otra
en décimas, que Luis Alberto Sánchez considera de dos autores diferentes.
Vargas Ugarte separó y publicó las décimas ( que él llama romances) con el
260

título de "Romance. de la guerra de Chupas" · b) El segun do mamen to cor~sponde al alzamiento de Gonzalo Pizarro. Francisco de Carvajal homb
cu .t~ y con mucho del humanismo renacentista, canta a su jefe ;n co

1:

esl!hzadas y va al. cadalso recitand 0 Ie tn·uas d e rancio
. sabor castellanop
popular. Sus enerm?os contestan a Cazvajal con coplas y composiciones di~
versas, que dan ongen a una verdadera "guerra rimada" entre

p::::.o~

culta, hasta la llegada del pacificador La Gasea. La comp~sición
representa este momento es el romance "Sobre I al
.
dq
J
p·
" h I
e
zam1ento e Gonzalo
izarro ' a lado en Chuquizaca, y que dice:
No creyades, Rey Felipe,
lo que acaso os contarán
que el hermano de Pizarra
rey se quiso coronar.

e) El tercer momento, paso definitivo de la eta a
.
está dado por la iniciación del gobierno organizado/de ip~ar a !al cultista,
cultural que sobreviene al alzamiento en Cuzco d F
a asHca y a oleada
rón "S
.
e rancrsco ernández Gi. e termina la copla y se perfecciona el romance" dice T
V
El mismo Girón recita "versos de romería"
'.
d - amayo , argas.
d
' y su rnuJer, ona Menc1a "es
canta a en romances soldadescos como la reina del Perú" E I A Í '
General. . . de Romualdo-Salazar Bondy se recogen fra~ent:s ~e ::s og:a
manees sobre el alzamiento de Hernánde G' ,
r titulado "La rota de Pucará" (V
U z iron, que ya son de 1554. El
3
argas garte, Nuestro romancero 1951 p
3) es el más digno de recordarse. De mayor calidad son las "C 1 ' ( ' •
fd d d' ·
opas en rea1 a ' ecunas) con que los vecinos de Lima celebraron la entrada d d
~edroBde La Gasea, pacificador del Perú". En el Romanceri//o del Pla~a ::
iro ayo, leemos un romance, muy bien logrado sobre "El re t d A,
hualp "
b
,
sea e e ta•
· 1a ' pero no sa emos a qué época corresponde · Entre 1os romances penmsu ar~s se recuerdan el de Gerineldo, el de Gaiferos, el del mar ués de
Mantua, entre los peruanos, como estima Lohmann Villena "los , ~ 1
d
1 · •
,
mas v10 entos
y¡ ,uros son os mspirados en la tradición del tirano Lope d e Agwrre
.
que se
azo en armas contra el monarca Felipe II".

'

. _Para el estudio de la poesía culta contamos con ilustres fuentes de informa
c1on: _Cerva~tes_ (La Ga/atea, 1585) y Lope de Vega (Laurel de A polo, 1630):n pnmer, termmo. '~l. conocimiento que estos dos grandes de España teníru:

e la
de los remos de Ultramar" y los elogios que d ed'1can a nuestros
t poesia
d
poe as,. emuestran que entre
la Metrópoli y la Coloma
. hab'1a ago
1 mas
, que
.
un cunoso contacto : un mterés vivo y un reconocimiento, s1·n d uda generoso,
261

�de la producción lírica novohispana. Sin embargo, pesa sobre la poesía colonial peruana el lapidario juicio de Menéndez y Pelayo, según el cual el Virreinato del Perú "no produjo ningún poeta". No obstante, el mismo crítico reconocerá más tarde que "la poesía castellana en el Perú es casi tan antigua
como la conquista misma". Luis Alberto Sánchez ( Los petas de la colonia y
de la revoluci6n; 2a. ed., Lima, 1947) se opone a la negación del polígrafo
español, esgrimiendo los ya mencionados testimonios de Cervantes y Lope de
Vega, además de las listas de poetas que se registran en una serie de centones,
parnasos y misceláneas, como los siguientes: El Marañón, del cordobés Diego
Aguilar y Córdoba {manuscrito inédito de 1578), la Miscelánea Antártica,
del guipuzcoano o malagueño Miguel Cabello y Balboa (escrita hacia 1580), el
Parnaso Antártico, del sevillano Diego Mexía de Fernangil (escrito posiblemente entre 1581 y 1594, cuya primera parte, una traducción-paráfrasis de
Las Heroídas de Ovidio, que contiene el anónimo "Discurso en loor de la
poesía", fue publicada en Sevilla en 1608, mientras que la segunda, con versos
propios del autor, permanece inédita en la Biblioteca Nacional de París), la
Miscelánea Austral (Lima, 1602), del escijano Diego Dávalos y Figueroa, los
poetas españoles que escribieron en la región (Garcés, Ojeda, etc.) y los
propios nativos.
La abundancia de poetas no fue menor que la que vimos en la Nueva España. La calidad, muy desigual. A fines del siglo XVI, Rosas de Oquendo,
en el "Soneto a Lima", satiriza a los "poetas mil de escaso entendimiento'', a
despecho de reiterados elogios, como los de Cervantes, quien ve en algunos de
estos ingenios "muestra. . . de cuanto puede dar Naturaleza". Lo evidente es
que hay de todo en esta producción, tanto en formas y tendencias como en
valores poéticos. El tono general lo da un tipo de poesía erudita, latinizante o
italianizada, que revela el conocimiento de modelos mayores de la literatura
europea y que, por seguir sus huellas, se la ha denominado clasicista. Inclu1
sive hay críticos, como Lohmann Villena, que al analizar esas ' misceláneas
poéticas", señalan ciclos: el amazónico, el araucano y el antártico. Otros -los
más- agrupan a los versificadores de esta época según el documento o autor
que los menciona: grupQ de El Marañón, grupo de Cervantes, grupo de Lope
de Vega, grupo de la Miscelánea Austral, o de acuerdo con el cenáculo en
que actuaron: grupo de la "Academia Antártica", que parece corresponder a
El Parnaso Antártico, representante del círculo limeño de la mayoría de los
poetas del "Discurso en loor de la poesía". Luis Alberto Sánchez, Augusto
Tamayo Vargas, Rafael de la Fuente y Benavídez ("Martín Adán"), Alberto
Tauro y Manuel Suárez Miraval, entre los más notables, han estudiado, con
erudición y buen juicio, todo el material lírico y documental que marca el

262

c_omi~nzo de la poesía peruana. En nuestra exposición corresponde hacer una
smtesis Y destacar lo que nos parece más representativo. 2
En la filiación cultural de este período (digamos : de 1550 a 1630 y hasta
bas;ante después)' no se puede negar -y no podía ser de otro modo dado el
caracter of1c1al ~e la c~lonización- el ''reflejo del siglo de oro castellano" (sic)
de que habla Riva Aguero. La escuela sevillana, Garcilaso, fray Luis de León,
en:re otros, r~p:rcuten provechosamente en españoles, criollos y nativos. El
1atm, de 1,0 ~ clengos, como en otras partes de América, abrirá el camino a Ja
poesta clasica. Los letrados de Corte introducirán la corriente italianizante
P=rd~rará el r~mance Y otras_ forrn~ populares y cultas, en la sátira, la poesí~
d.., circu;stanc1~s .y l_as mamfestac1ones religiosas. Todo, sin que se puedan
marcar !meas d1v1sonas muy precisas, tanto en las especies cultivadas como
en el ord:~ cronológico. Por lo que resulta conveniente estudiar individualid~des poeticas, autores más que grupos, si bien situando las obras en la comente o la modalid~d que le corresponden dentro del cuadro total. Se verá
por un lado, que pe~1~sulares y americanos se interpenetran y fecundan hasta
alc~nz~ el tono ge~enco en la temática que desarrollan O la tendencia en que
se mscnben: por eJemplo, en observación de Tamayo Varo-as que compartimos·_- "G ran _par t e d e Ios poemas del período que va entre 1::i1550
'
y 1590 están
dedica~os ( szc) ~ ensalzar a funcionarios o a otros poetas, estudiando formas,
~lg~' as1 _como ªJustando las cuerdas para una buena instrumentación postenor ( ~iterat~ra peruana, I, p. 224). Asimismo, el mayor número de poetas
- ' por eJemp
·
1o, 0
dY la meJor .calidad de los poemas que se leen en El M aranon_,
1
1
. ~ . os e og1ados por ~eniantes, responden al módulo itálico, "y dentro de lo
itah~o: Petr~rca" (lbzd}, tradu~i~~ por el portugués Enrique Garcés, quien
llego al Peru antes de 1550 y v1v10 en América hasta 1589 vinculado
¡
. fl uenc1a
· en los círculos cortesanos. (Véase Luis
' M
Parecer, con m
·, ½s ª
b
·
l .d
ongu10, ore un escritor e og,a o por Cervantes... University of California Press 1960).
Pe~o, ~?r otro. l~do, n~ es posible dejar de reconocer que, dentro de la genera_hzac1on a~m1tid~, q_~1enes dan muestra de un talento creador logran matices
cno1los de d1ferenc1~c1~n que constituyen el acento criollo de la auténtica poesía
peruana. Nuestro prmc1pal interés radica pues en aquellos autores q
·
·
¡
•
, .
'
'
ue supieron
mteg:ar e sentido arhshco de la época (valores universales) con el interés
americano de sus composiciones, en temas de ambiente O en el afl
· t
· d. •
orarruen o
d e Ia personal1.d a d m
1v1dual. Veamos.
De los ~~et~s que figuran en El Marañón (crónica en prosa existente en el
~~seo Bntamco, y no poema, como dice Menéndez y Pelayo, ¿ 0 existió tamb1en el poema?), apenas si se puede mencionar algún soneto, como el &lt;le
2

Un estudio exhaustivo sobre la "Academia Antártica" es ¡ d Alb
T
· ·d d G •
e e
erto auro Esquwi a Y lona de la Academia Antártica. (Edit. Huascanán, s. A., 1948).
'

263

�Pedro Paniagua Loayza ("Celebre el mundo, ¡ oh Marañón famoso!"), más
virgiliano y límpido, aunque menos colorista y artístico que el de ''La casta
abeja en la florida vega", atribuido a Miguel Cabello, Balboa por Diego de
Aguilar. De los que ensalza Cervantes muy poco sabemos, como no sea de
segunda o tercera mano, salvo el ya mencionado Enrique Garcés, loable traductor de Petrarca y Camoens, de quien leemos una valiosa "Canción al Perú"
en la Antologia general . .. de Romualdo-Salazar Bondy. Dentro de la misma
línea clasicista, donde se amasan Virgilio y Catulo, con Dante, Petrarca, Bembo, Camoens y Garcilaso, se halla Diego Dávalos de Figueroa, escijano que
llegó a Lima en 1574. Su obra está contenida en una Miscelánea Austral (Lima, 1602) y una Defensa de damas, publicada al año siguiente y como parte,
según la tesis de Luis Jaime Cisneros, de la anterior. La Miscelánea, serie
de divagaciones eruditas y de todo género, en prosa, en diálogos y en verso,
consta de 44 coloquios, al final de cada uno de ellos con un soneto, en los
cuales se puede seguir el itinerario interior del poeta. La Defensa es un poema en seis cantos en octavas reales, sin intercalaciones eruditas o en prosa
como ocurre con la Miscelánea. Pero es aquí, en los sonetos sobre todo, donde
hay que hallar los altos valores de Dávalos de Figueroa, diestro versificador,
lírico auténtico, primero y sin comparación entre los de su lugar y tiempo, en
cantar las "cosas concernientes al amor", como dice en el coloquio VI, y en
poner su alma en la intensa y meditada confesión:
Buena es mi muerte, pues con ella vivo,
y he de permanecer siglos sin cuento,
y bueno es el furor de mi tormento,
porque de su fiereza el ser recibo.
( Del coloquio V)

11

Además de la obra propia, hay en la Miscelánea un rico muestrario de los
poeta,; de su tiempo, algo así como una "Silva de varia lección", lo mismo
que una primera antología americana del soneto. De entre éstos merece destacarse uno que firma "Cilena" y que se incluye en la Antología de poetisas
líricas de la Real Academia Española (Madrid, 1915, t. I, p. 82).
¿Cuál fuera inexpugnable o duro freno
en potestad del brazo poderoso,
podrá oponerse al curso poderoso
del tiempo esquivo, de mis danzas lleno?

Su vuelo muestra al parecer sereno,
manso, agradable, dulce y deleitoso,

264

un móvil siendo rapto y riguroso
de todas vidas el mayor veneno.
Es un fuerte ministro de la muerte,
de ilustres obras tenebroso nido
'
de alegre vista y manifiesto engaño.
Mas triunfa dél con alta y rara suerte
Delio en SU¡ canto, y del voraz olvido,
y yo en su nombre, sin contraste o daño.

Suma Y compen,dio de la poesía peruana de la segunda mitad del siglo XVI
es el P_arnaso ~ntartzco, que firma el sevillano Diego Mejía de Femangil y del
cual dice Menendez y Pelayo: "aunque por la patria de su autor no sea americano, 1~ es por la tierra en que se emprendió y terminó ... " Mejía era hombre ,de fino temperamento y depurada cultura, además de poeta. Sólo se publico la prunera parte de dicho Parnaso (Sevilla, 1608), donde, además de la
notable traducción de Las H eroídas de Ovidio, se incluye el famoso "Discurso
en loor de la poesía", de una poetisa anónima, según se conjetura. El "Discurso"_ es como un ensayo de doctrina e historia poética, de sobria inspiración
y aqmlatada forma, dentro de un plano de universalidad que inte&lt;rra con
pareJO ~1vel, la teoría con la práctica, al par que, en lo local y ameri~an~, ha
convertido en documento imprescindible de información y juicios de valor.
Ad_em~s, si el "Discurso" fuera realmente de "una señora principal de este
R~mo , como la presenta el mismo Mejía, la autora tendría el mérito de ser el
pnmer ~aeta de categoría respetable nacido en el Perú, así como la primera
de la sene de grandes poetisas de América.
. No podemos abandonar el siglo XVI sin dedicar unas líneas complementanas a Mateo Rosas de Oquendo, de quien ya hemos hablado al estudiar la
sátira en la Nueva España. 3 Interesan ahora tres composiciones suyas: un
c'Soneto a Lima", una "Sátira a las cosas que pasan en el Perú" y un extenso
poema en endecasílabos blancos titulado ciLa victoria naval perutina", publicado por Vargas Ugarte en Rosas de Oquendo y otros (Lima, 1955). En las
tres, la vena satírica de Oquendo mezcla lo personal, lo social, lo histórico, lo
pop_ular y lo culto. E~ la "Sátir~" denuncia los falsos títulos de nobleza que
exhiben algunas fam1has de apellidos que denotan alcurnia:

1

Véase mi estudio La poesía en la Nueva España durante el siglo XVI (en Universidad, No. 60, pp. 205-209).

265

�y en las paias del Perú
¡ qué de bastardos que pare!
¡ qué de Pero ISánchez dones!
j qué de dones Pero Sánchez!
¡ qué de Hurtados y Pachecos!
¡ qué de Enríquez y Guzmanes!
¡ qué de M endozas y Leivas!
¡ qué de V e/ascos y Arda/es!

entre los que de oírla ya lo estaban;
turbóse el orbe, esdrujulante y fiero,
los acéntricos polos se resuelven,
complícanse las furias infernales,
rugen los hipocondrios estantíos,
del valumado y tierno Marte airado.

De las mujeres da cuenta de sus habilidades en trabaj~s domésticos:
Unas hilan plata y oro,
otras hay que adoban guantes,
otras viven de costuras,
otras de puntas y encajes,
otras de pegar botones
y otras de hacer ojales.

H ay bu rla, l·ronía, sarcasmo, resentimiento y hasta exageración
. en ,esta sátira,
pero es rica en detalles de época y en observaciones de la ps1cologia humana
y la conducta social. Abunda en enumeraciones de dive~sos géneros, a las_ ~ue
sirve con nutrido vocabulario, que resulta del nombramiento de cosas, ofi~10s,
hechos etc. con la mordacidad propia de quien hace "descargos de conc1en. " c~mo 'dice en el tercer verso. Actitud similar, si bien con nota más burcia,
'"dd
lona y meditativa, se observa en "La victoria naval peruntma , ,~n e, parafraseando uno de sus versos, "ríe y burla y trisca como humano , so~re _un
que envuelve sus acusaciones al Virrey, la V1rrema
fo ndo de dolor y deseno-año
b
•
•
l'
l
lt ' de Castro actor principal de la batalla contra el pirata mg es en e
y Beran
,
U
".
1
golfo de la Gorgona. El poema en sí -opina Vargas_ garle_por a ver·¡·
.,
ni'
por
su
estructura
ofrece
nada
notable
s1
no
es
la
fac1hd;1d
en ms1 1cac1on
.
,
ventar vocablos y expresiones que, en general, no disuenan a los 01dos ~aste¡¡
" El uso del neologismo y la fidelidad histórica, salpicada de reflex10nes
anos .
.
•
d
personales, son aq uí las notas más visibles. Pero no escasea en mventivas e
·
· resueltas en imágenes y adjetivaciones como "verso burladero . .. Y
mgemo,
h
· 1 " "
·
, retrompican
1e,, , "mundo orbicular" , "fulgúrea madre", "pee os mus1ca.es
.
., sof'1s11•ea,, , ''musa machorra" , y muchas más, donde conviven
. . . lo popuf acc1on

m

lar y lo cultista, la ironía y la gravedad, el sarcasmo y la malicia Jocosa:
Faltó el aliento a la purpúrea fama
y cayóse en el suelo amortecida,

266

Rosas de Oquendo es digno precursor de la vena satírica que dio a Perú
figuras como Juan del Valle Caviedes, Terralla, Larriva, Segura y otras no
menos dignas de mención.
La poesía lírica re li giosa del Virreinato del Perú no ofrece composiciones o figuras de alta calidad hasta llegar a Toribio Bravo Laguna, a mediados del siglo XVIII, si se considera a La Cristíada (1611), de Diego de
Ojeda, dentro de las variedades de la epopeya. Algunas primicias de la tradición popular del villancico, la copla o el cantar perduran en las poesías de
Sor Juana de Hazaña que publica Vargas Ugarte en Rosas de Oquendo y otros,
donde hay también ingenuas y límpidas endechas, aunque sin vuelo lírico, y
unos ''Coloquios con Dios", de Sor Paula de Jesús Nazareno, llenos de lugares
comunes. De entre los "místicos" que publica Ventura García Calderón,
merece destacarse el ya mencionado Diego Mejía de Fernangil, quien en la
segunda parte de su Parnaso Antártico (aún inédito; Ms. en la Biblioteca de
París) da, de su propia cosecha, una serie de 200 sonetos, de los cuales 153
comentan las estampas con que el padre jesuita Jerónimo Natal había ilus•
tracio la Vida, Pasión y Muerte de Jesucristo, y otros 47 son de asunto más
íntimo y hasta ascético, como los califica Tamayo Vargas, y no místico, "pues
se detiene en la descripción religiosa y no llega a la confusión del alma con
Dios". Los sonetos que llevan los números 10 ("Angel custodio mío, vos,
sin duda") y 176 ("Todas las veces que por mí, deshecho") suelen ser los
más apreciados por los críticos.
La producción poética del siglo XVII peruano se reparte en varias tendencias, de las cuales las más importantes son: a) prolongación de la escuela clasicista; b) barroquismo; e) poesía religiosa, en diversas formas de estilo; d)
sátira. No hablarnos de una sucesión de escuelas, porque no la hubo, ni de
límites cronológicos precisos, puesto que es común la alternancia y la interpenetración de formas. Autores hay, como Juan del Valle y Caviedes, la figura
máxima del siglo, en quien se dan todas estas manifestaciones juntas. Aquí
no estudiaremos a los poetas barrocos, seguidores de Góngora, porque serán
tratados en el capítulo pertinente. Tampoco hablaremos de los religiosos, porque carecen de valor artístico, y, cuando los tienen, es porque la forma,
clasicista o barroca, supera al contenido. De modo que no los estimamos por
267

�el tema religioso, sino por la expres10n en que ese tema se vierte. Quedan,
por tanto, los poetas clasicistas y la sátira. O, mejor dicho, un poeta representativo para cada una de estas tendencias : Amarilis y Juan del Valle y Caviedes. Lo demás es, con justas palabras de Luis Alberto Sánchez, m'3ra "turba
de rimadores", los más productos de un ámbito cortesano y académico, de
celebraciones y certámenes de significado ocasional. Conocida es la Academia
del Príncipe de Esquilache, llamado el virrey-poeta,' que gobernó el Perú
desde 1615 a 1621, continuador de la Academia Antártica del siglo XVI (se
dice que presidida entonces por un tal Falcón) y precedente de la del virrey
Castell-dos-Rius, en el siglo XVIII. Pero el Príncipe de Esquilache pertenece
por entero a la literatura española (de influencia italiana) . No se interesó
por las cosas del Perú, por lo menos literariamente, aunque bien puede marcar
el paso o transición de la influencia renacentista y europeizante al barroquismo
gongorino, conceptista y criollo.
Entre los poetas elogiados por Lope de Vega se destaca, con rasgos nítidos
y valores de categoría universal, la figura anónima -se supone que es una
mujer- que la historia literaria conoce con el seudónimo de Amarilis, de la
cual se sabe que es peruana y no mucho más. Es autora de una "Epístola a
Belardo", composición en silvas, que Lepe de Vega publicó en su edición de
La Filomena en 1621. El enigma del nombre, no identificado aún, si bien se
han propuesto varios, ha hecho correr mucha tinta de erudición. Y este interés en saber algo sobre la misteriosa autora absorbió a la crítica en el detalle
anecdótico, con menoscabio de la atención artística del poema. Una exposición completísima sobre esta cuestión puede hallarse en Alberto Tauro, Amarilis indiana (Lima: Ediciones Palabra, 1945). El contenido de la "Epístola"
consiste en una declaración amorosa -pura, platónica, a distancia, "amor sin
esperanza", dice la autora a Lope de Vega, a quien conocía de oídas y no de
vista, venida de 11 otro mundo y otro clima" hasta ese rincón americano, "donde el Sur me esconde", según el logrado verso de la tercera estrofa. Amor
abierto, sincero, dentro de la pureza de su estado virginal, amparado en el
valer del destinatario, escudo defensor de ese "descubrimiento a ti, y a mi
dañarme", si, como cándidamente se expresa, "el amarte sin verte fuera culpa". Completa ese motivo primero y fundamental, algún dato velado sobre
la patria, estado y familia de la poetisa, "porque sepas quién te ama y quién
te escribe", con referencias a la obra de Lope y un despliegue de alusiones,
típico de la erudición humanística y renacentista. La metáfora, la imagen, la
comparación y el adjetivo necesario y justo, dan al poema un todo mesurado,
de gravedad respetuosa y natural aliento, claro, directo, limpio y sincerol como
' S.

268

AURELIO V1RÓ

de una co~versación presente en el ámbito de una respetable casona señorial.
Hay segundad Y madurez en el manejo del verso sencillamente clásico donde
la efu_sión lírica se integra muy bien con el juici~ conceptuoso, el sentimiento
reflexivo Y el apropia~o uso mitológico. Luis Alberto Sánchez, después de
d~s~a~ar que. Amanhs resalta como la más dulce y pura voz lírica del coloma¡e (La literatura peruana, III, p. 55), que es "una de las más altas expresiones líricas de nuestra literatura no sólo colonial sino de todos los tiempos" (!bid, P· 58), concluye: "La fineza del verso,' la dulzura del tono lo
desesperado del sentimiento (sic), la maestría de la composición, la riq~eza
d~l . saber, hace~ de Arnarilis exquisita maestra de lirismo, al margen de lo
tnvial del colomaje. Bastaría, en su abono, apuntar que ella es la única rimadora, qu~ h_abl~' del _amor sin ambages; del amor al parecer proscrito de la
poesia vmemal (!bid, p. 61) • También Menéndez y Pelayo levanta el mérito
de esta "elegante epístola", donde no ve "el menor vestigio de mal g-usto ni
de amaneramiento", a "la mejor pieza poética del Perú en sus prime;os ti;m_
pos"• El ilustr_e polígraf~ encuentra que en e11a "todo es natural, llano y de"coroso, con cierta senci11a gravedad y no afectado señorío ... " , con versos
notables unos por la gala, bizarría y aun despilfarro de la dicción semejante
~ l! del mi~mo Lope y a la de Valbuena, otros por la suave y afect:osa modestia . P~r fm. la ~~mpara a la epístola con que "El Fénix de los Ingenios" Je
contesto Y dice: Por esta vez perdone Lope: la humilde poetisa ultramarina
lleva la palma" (Historia de la poesía hispanoamericana, cap. IX; ed. Nacional
de 1948 : vol. II, pp. 81 -90) .

(Quesada, El primer virrey-poeta en América, Madrid, 1962).

269

�CULTURA Y LETRAS DE LA GENERACIÓN COLONIAL CRIOLLA
(1564-1594)
SAÚI. SmIRSKY

U niversity of Pittsburgh

1. La Cultura
AÑos DE LA generación de 1564 1 se afirma la primacía cultural
de los dos primeros virreinatos, el de México y el del Perú. Los dominios antillanos continúan decayendo en importancia, y las restantes regiones de Hispanoamérica se van conquistando y colonizando gradualmente. El trasplante
cultural se continúa en forma intensificada. Las manifestaciones propias de la
nueva cultura se hacen más evidentes.
Un acontecimiento de importancia decisiva para los destinos de Hispanoamérica lo constituye la cédula de Felipe II que ordena que las encomiendas
dejen de ser hereditarias. Este hecho concluye por eliminar del poder a los
primeros conquistadores y a sus descendientes, al par que da oportunidad a
la aparición en la escena activa al nuevo tipo humano llamado "criollo". El

DURANTE LOS

1 Hemos aplicado, en nuestra investigación de la cultura y letras coloniales, el esquema generacional inaugurado por Pedro Henríquez Ureña en Las corrientes literarias
en la América hispánica (México, 1949), que divide el quehacer histórico hispanoamericano en generaciones de 30 años cada una. Nos hemos atenido también a la rectificación de José Juan Arrom acerca de la fecha con que se deben iniciar los años
de predominio de la primera generación: "Nótese, empero, que en todos los casos
se toma el año 1492 como punto de partida. Y ahí está, a mi parecer, el error. Las
generaciónes no parten de 1492: la historia sí pero las generaciones no. Sería puro
dislate perder de vista que con el viaje de Colón América entra en la historia de
Occidente. Pero ese evento, a pesar de la capital importancia que tiene en nuestra
cultura, ni comienza ni termina una generación ( ... ) Los años de predominio de esa
generación comienzan realmente en 1474". (JosÉ JUAN ARR.oM, Esquema generacional
de las letras hispanoamericanas, Bogotá, 1963). El presente artículo investiga los años
de predominio de la cuarta generación literaria hispanoamericana, la primera generación lite:raria criolla, 1564-1594.

271

�rasgo más importante de esta generación es, por tanto, la pri~era actuación
efectiva de esos hombres nacidos en América, esto es, de los cmdadanos nativos de la cultura conquistadora, quienes, por lo demás, surgen en un momento crítico de ésta. Se están consolidando y definiendo los rasgos de la
nueva cultura, en la conjunción de las variantes indígenas y peninsular, en
su lucha y armonía entre sí y en sus soluciones frente a la variante naturaleza.
Moldeados por tal ambiente, los nuevos pobladores formarán parte del proceso
y procurarán plasmarlo según sus deseos.
Frutos de choques y acomodaciones, en socioculturas heterogén~as, en su
sicología y pensamiento los criollos deberán vivir el complejo mundo cultural
que les rodea.
Arrom define así al criollo:
Volviendo, pues, a la metáfora, los criollos somos las cepas que en
cultura americana fue dejando la cepa cultural española en fecundo
cruce cultural con cepas de acá. 2
Y así volvemos a donde comenzamos: criollo, en lengua española, es
un término que designa distinciones de carácter cultural. Los criollos
somos los que, sea cual sea el color de nuestra pi,el, nos hemos criado
de este lado del charco y hablamos y pensamos en español con sutiles
matices americanos~ª
Aceptamos la definición del profesor cubano, pero nos parece que conviene
matizarla. El criollo de las regiones con densas masas indígenas acusará, con
mayor evidencia que en los dominios de escasa población india, el aporte cultural de las culturas aut6ctonas. Además, el trasplante de la cultura española
permitió la entrada de elementos de otras culturas de Occidente, si bien ya
traspasados con las modalidades peninsulares. El poeta español Eugenio de
Salazar destacó varias de esas contribuciones europeas:
Y a nos envía nuestra madre España de su copiosa lengua mil riquezas
que hacen rica aquesta tierra extraña; también Toscana envía las lindezas de su lenguaje dulce a aqueste puesto que en breve estará lleno de
proezas, y ya acudiendo la Proencia a aquesto su gracioso parlar le
comunica y presta de su haber un grande resto; también lleg6 la Griega
lengua rica.'
2

ARRoM, p. 39.
3 JosÉ JUAN AR.ROM, "Criollo: definición y matices de un concepto", Certidumbre
de América (La Habana, 1959), p. 26.
,
" EuGENIO DE SALAZAR, "Epístola al insigne Fernando de Herrera", en ALFONSO MEN•

272

Amén de las lenguas europeas, se introducen los conflictos religiosos y los
filosóficos que eran de actualidad en el mundo occidental de entonces. El ens~yo utópico del obispo Quiroga, basado en la Utopía de More, es un primer
eJemplo de influencia inglesa, y el erasmismo de Zumárraga y Bejarano revela
la identificación de algunas de las personalidades más singulares de las primeras
generaciones de Hispanoamérica con figuras e idearios europeos.
Los criollos pertenecieron a todos los gnipos sociales. La primera acepción
del vocablo de evidencias de este hecho:
Tenemos, pues, que antes de terminar el siglo XVI, era común y corriente el uso de la palabra criollo por todo el Nuevo Mundo. También
que, en todos los casos citados, la calidad de criollo la confería el haber
nacido en el Nuevo Mundo, de ascendientes venidos del Viejo, sin importar el color de la piel, el estado político o la condición social.5
El mestizo, personalidad nueva y original, matizará fuertemente a Hispanoamfrica. Aunque por lo general no halló cabida dentro de la clase poseedora,
arraigaron en él los rasgos de las culturas indígenas y española. El indio, excluyendo al que se recluyó en las montañas y selvas, adquirió también una
nue;a pe:sonalidad. Su religión y las prácticas de ésta se caracterizarán por
el smcretismo; su comportamiento social seguirá los patrones de una raza
supeditada a los intereses de blancos y mestizos; se europeizarán parcialmente
sus costumbres y atuendo. Tenuamente, cristalizan rasgos que serán típicos de
todos los crioIIos; por ejemplo, muchos son los bilingües:
Luego, hablan la lengua Castellana tan bien como nosotros la hablamos, y ellos la suya propia Mexicana. Esto, porque es notable, lo notamos
los que de España a México venimos, que allá ni lo sabemos nii alcanzamos.6
El español hablado en América: ya ha adquirido matices propios:
Para evitar suspicacias será mejor comenzar con un testimonio que no
puede ser tachado de parcial, el de Amado Alonso, quien dice: "Fernán
DEZ PLANCARTE, Poetas novohispanos. Primer siglo (1512-1621) (México, 1942) pp.
54-55.
'
8

ARROM, "Criollo: definición y matices de un concepto", Certidumbre de América,
p. 12.
8

JUAN DE LA CuEvA, ¡¡Epístola al Lic. Sánchez de Obregón, primer corregidor de
México", en MÉNDEZ PLANCARTE, Poetas novohispanos. Primer siglo (1521-1621 ), p . 16.

273
HIB

�González escribe como el legítimo mexicano; y como la h se aspiraba
en México .en el siglo XVI con regularidad, me inclino a aceptar que la
aspiración de la h en sus versos es un rasgo mexicano practicado por
él (. . .) el seseo de las rimas de González de Eslava era ameri::ano" . . .1

Conjuntamente con los criollos, claro está, componían la población de cada
dominio los venidos de España. Dentro de la clase poseedora, formaban el
componente de más poderío tanto en la superestructura administrativa como
en los altos cargos de la jerarquía eclesiástica. Sin embargo, no todos ellos
fueron funcionarios burocráticos o seglares. Fue constante la inmigración de
españoles en todas las generaciones de la época colonial. Su cosmovisión y
patrones fueron determinados por el aprendizaje cultural en España, y con
harta frecuencia su anhelo fue regresar a la tierra nativa. Este último es el indiano, tan popularizado hasta en obras literarias. Desde una perspectiva americana, pertenecieron también al mundo cultural de Hispanoamérica cuando
se debatieron entre el amor a la primera patria y el apego al hogar nuevo.
Como indica Germán Arciniegas, ' 1Los soldados, los artesanos, los labradores,
venían para hacerse americanos. El gobernador y la gobernadora, para regir
españolesn. 8
La singularidad cultural de Hispanoamérica fue a menudo poco apreciada
o incomprendida por el peninsular. El español que se comportó de tal forma,
y que, por tanto, no se dejó influir por el ambiente, no puede ser considerado
americano. La crisis cultural producida por la tensión entre los primeros conquistadores y los funcionarios reales, en las generaciones de 1504 y de 1534, se
convierte ahora en el conflicto criollo-gachupín. Esta constante se intensificará
en todos los órdenes de la cultura, y la crisis cultural se resolverá con la gesta
de la Emancipación.
Con la aparición de la primera generación criolla y la cristalización de la
cultura conquistadora, se afirma un proceso paralelo : el de la intensificación
del interés local y regional. El aislamiento había caracterizado desde un principio a todos los dominios españoles. Al desarrollarse las nuevas socioculturas,
se comenzaron a sentir fuertemente los conflictos económicos y políticos entre
cada dominio y la Metrópoli, y entre los dominios. Por lo demás, dentro de
cada sociocultura, la inestabilidad de la estructura socioeconómica escindió de
inmediato a los habitantes. A la vez, los criollos se sentían unidos frente a la
superestructura española, por participar de una tradición que ya se empieza a
considerar arraigada y de la que no participa el gachupín. El pasado indígena
7 JosÉ ROJAS GARCIDUEÑAs, en FERNÁN GoNzÁLEZ DE EsLAVA,

Coloquios espirituales y sacramentales, Colección de Autores mexicanos1 LXXIV (México, 1958), p. 13.
8
GERMÁN ARCINIEGAs, Este pueblo de América (México, 1945), p . 53.

274

pre-colombiano; las peripecias de la Conquista, y sus héroes; y la gesta colonizadora, conformaron rasgos que singularizaron al criollo y que afianzaron el
sentimiento natural de vinculación especial con el ambiente local en que había
nacido.
Los criollos pertenecieron a dominios que eran ramas del tronco imperial
español. El destino de sus "patrias chicas" dependía de las directivas, peninsulares. España, luego de encauzar una labor extraordinaria de rápido trasplante de sus instituciones básicas, exitosamente logrado en el espacio de dos generaciones en los dos virreinatos más importantes, frenó, al finalizar el siglo
XVI, la dinámica de su actuación. Fue imposible, tanto por razones internas
como internacionales, que España, amén de dotar a sus nuevos dominios de
las instituciones hispánicas, las enriqueciera con el número y calidad que gozaban en la Península. Por lo demás, las variantes americanas imposibilitaron
también ese logro. No se podía enviar una cantidad suficiente de inmigrantes colonizadores, y las barreras geográficas presentaban límites insalvables. 9
El esfuerzo español cristaliza, por ello, en México y Perú, y aun allí, sólo en
los conglomerados urbanos más importantes.
El carácter de cultura conquistadora motivó la descontinuación pertinaz de
la dinámica del trasplante. La Corona no podría crear dominios de alta cultura que desvirtuaran su función de proveedores de la economía peninsular.
La explotación del indio y del esclavo negro sólo permitía una relación de
tipo mecánico, de conveniencia, entre poseedor y poseído. La paralización del
desarrollo de las instituciones coloniales, y sus rasgos ,e imperialistas", determinaron una nueva variación en el proceso cultural de Hispanoamérica. La Corona procuró, en los últimos años de la generación de 1564, el mantenimiento estático de las formas culturales en el continente americano. El cambio
cultural es una constante, no cabe duda. Sin embargo la acción oficial de la
Metrópoli consiguió evitar considerablemente que se continuaran modificando las socioculturas de Hispanoamérica; y ésta cruza, con la generación de
1594, un nuevo gran codo histórico :
La fresca libertad de espíritu, el anhelo de creación 11 aventura, de invención de temas, de comprensión de lo indígena, que cmacteriza el siglo XVI se estanca ya en el siglo XVII. A una época dinámica la sucederá otra perezosa y estática.10

9
CHARLES GRIFFIN, "Tbe Significance of Native Indian Culture in Hispanic America", Concerning Latin American Culture (New York, 1940), p. 121.
10
'MARIANO PICÓN-SALAS, De la Conquista a la Independencia (México, 1944), pp.
86-87.

275

�2. Las Letras

vasallos que lo que entonces fuimos dominando a otros: porque aquella
libertad y señorío era sin la luz de la doctrina evangélica, y esta servitud
y vasallaje es con ella."

a. La Crónica
Recientes aún las luchas de la Conquista y las guerras civiles, se siguen escribiendo crónicas. Continúa en esta generación la constante que habían iniciado Colón, Cortés y Bernal Díaz: escribir crónicas ( o cartas y relacioni;;s)
para defender un propósito, a menudo de interés personal, o promulgarlo. La
diferencia que se advierte entre las crónicas de esta generación y las anteriores es que presentan nuevos puntos de vista. La generación de 1564 dejó un
asombroso legado literario mestizo. Ellos, conjuntamente con los indígenas,
sintieron más cabalmente el proceso de creación de la heterogénea cultura
conquistadora. Ellos precisan registrar la historia de América; los criollos
blancos no sufrieron tanto, en ésta, la primera generación de las letras criollas, la gestación de una nueva realidad cultural.
1) La Crónica del Criollo Mestizo

a) Perú: i) El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616)
Se hace hincapié, por lo general, en el hecho de que el Inca Garcilaso haya sido mestizo, sin especificar claramente el peso que tenían en él sus dos
cu'lturas heredadas: la incaica y la española. No basta señalar que haya sido mestizo para comprender la personalidad de una figura tan compleja. Ni
tampoco su actitud frente a las diversas socioculturas indígenas del Perú. A
nuestro entender, el rasgo fundamental en el Inca Garcilaso es su cosmovisión criolla. Para él resulta sumamente palmario que la Conquista es un hecho irremediable y que no se puede volver al pasado. Pero como no se puede
prescindir de él, uno de los propósitos que guían su voluntad es el de retraer
o actualizar ese glorioso pasado incaico; es decir, hacerlo presente otra vez,
lograr que se pondere su valor, hacerlo presencia viva y constituirlo en tradición del Perú y aun de España. Todo, claro está, con los ingredientes superiores de la Conquista espiritual, como puede verse en la dedicatoria al rey
de España de su traducción de los Diálogos de Amor ( 1590) de León Hebreo. Declara allí que los incas están subyugados por las fuerzas peninsulares, pero que esa condición es preferible a la que prevalecía con _anterioridad a la Conquista, porque ésta trajo "la luz de la doctrina evangélica":
La cuarta y última causa sea el haberme cabido en suerte ser de la
familia y sangre de los Incas, (. . .) tenemos en más ser ahora vuestros

La fe católica del Inca parece auténtica; se hace clérigo y llega a indicar
que la conversión de su madre la hacía más ilustre que su "sangre real de tantos incas y reyes peruanos" .12 Fue capitán en guerras que tuvieron lugar en
Europa, no en América. Su obra intelectual y su preparación humanística indican su solidaridad con la cultura española y europea. Además, su carácter
de criollo resalta en su actitud a favor de los Pizarras y de los conquistadores,
en contra de los virreyes, en especial el virrey Toledo. 13
El Inca Garcilaso se quejó con frecuencia de estar sumergido en un estado de pobreza. Al parecer, su penuria no era tanto material como anímica. Se
consideraba merecedor de una situación privilegiada porque era descendiente
de Incas. No regresó al Perú porque no se le otorgó una encomienda o corregimiento que pudiera dotarle de los privilegios que creía merecer. Hijo de
conquistador y de princesa india, Garcilaso fue en Hispanoamérica un primer
gran ejemplo del criollo resentido. La singularidad de su actitud radica en
que también él deseaba una cultura conquistadora, en la que se reconociera
su genealogía. Una mitad de la personalidad de este criollo mestizo sueña con
las grandezas incaicas, de las que provenía el título que la nueva cultura no
reconocía adecuadamente. Vive así los conflictos de una cultura heterogénea,
anclado en una etapa histórica en la que tiene que aprovecharse de las instituciones dominadas, y se siente vinculado a ellas, pero se transporta imaginativamente a la cultura de su madre, una de las tradiciones autóctonas de la
nueva cultura. Adopta el seudónimo literario con que es conocido hoy para
sobresalir en España por su singularidad, pero también para resaltar su nobleza: la inca. De ahí que cuando declara que los españoles ganaron su tierra,14 nos está entregando sólo una mitad de su ser. Se le olvida mencionar que
su padre había sido español. Espíritu selecto y aristocrático, posiblemente deba explicarse por ese sentimiento aristocrático el hecho de que no haya muerto entre sus indios, o por lo menos en el Cuzco.
En los últimos años de su vida creció en él la añoranza por su tierra nativa.
Hombre retraído, arraigado en España, autor de la traducción de una obra
perfectamente renacentista, los Diálogos de amor de León Hebreo, y de una
11 INCA GARCILASO DE LA VEGA,

CXXXII
11
!bid.
13
!bid.
:w Ibid.

Diálogos de amor, Biblioteca de Autores Españoles,
(Madrid, 1960), p. 7.
Los comentario.s reales de los Inca.s, CXXXIV, p. 7.
Diálogo.s de amor, CXXXII, pp. lvii-lix y pp. 400-402.
La Florida del Inca, CXXXI, p. 31.

277

276

�historia artística, en gran parte figurada, La Florida del Inca ( 1605), se dejó llevar por los recuerdos infantiles y recreó, en letras imperecederas, sui
generis, los rasgos culturales de los incas. Logró revelar así la riqueza cultural de un mestizo de sangre real, cuya procedencia materna y paterna le hacía poseedor de los tesoros occidentales y de los autóctonos de América. En
este sentido, fue un testimonio vivo de la tragedia histórica que había ocasionado la Conquista. Se tenía que escribir la historia incaica para salvarla del
olvido, y este mestizo, representante de las dos culturas, no había sido dotado de los poderes para controlar, en Hispanoamérica, el destino de las socioculturas que reunían, en desarmonía, esos dos patrimonios culturales. Al mencionar, en su dedicatoria a los Diálogos de amor, los "males" que acompañan a los "bienes", el Inca consignó, a mi parecer irónicamente, su visión
atormentada por la dicotomía que separaba a las dos culturas que vivían en
su propia intimidad sicocultural:

universo nuestra patria, gente y nac1on, ( ... )".18 Se dirige a los habitantes
del Perú, llamándose "su hermano, compatriota y paisano". 19 Más aún, expresa su fe en la futura creación cultural de sus compatriotas :
Para los cuales no falta habilidad a los mestizos hijos de indias y es-

pañoles o de españoles e indios. Y a los criollos oriundos de aclÍ, nacidos
y connaturalizados allá.20
El Inca Garcilaso sabe que con Hispanoamérica los habitantes del Perú
han entrado en una cultura nueva. Llega a reconocer que, por su contextura,
ésta es superior:
Y de camino es bien que entienda el mundo viejo y político que el

nuevo a su parecer bárbaro, no lo es ni ha sido sino por falta de cultura (. . .) la nuestra, antes inculta, hoy por tu medio cultivada (. .. ) 21

Y el favor que pretendo y espero es para que todos los de aquel Imperio, así indios como españoles en general y en particular, lo gocen juntamente conmigo, que cada uno de ellos lo ha de tomar por suyo propio, porque de ambas naciones tengo prendas que les obligan a participar de mis bienes y males, las cuales son haber sido mi padre conquistador y poblador de aquella tierra, y mi madre natural de ella, y yo haber nacido y criádome entre ellos. 15

Aún así, su propósito es siempre criollo. Busca la integración de las dos culturas y de los tres elementos raciales. En Los Comentarios reales de los
Incas (primera parte, 1609) '" incluye un prólogo dirigido no sólo a sus incas sino también a los mestizos y criollos (blancos) del Perú. Lo titula "Prólogo a los indios, mestizos y criollos de los reinos y provincias del grande y
riquísimo imperio del Perú". Da como primera razón para escribir su obra la
le de enterar "al universo" de la belleza y riqueza de la naturaleza peruana,
de la religiosidad de sus habitantes y de la grandeza de su tradición incaica."
Criollo hasta los tuétanos, orgulloso de la tradición de su "patria chica", quiere que llegue a formar parte del repertorio de Occidente. No cabe duda
que estamos frente a un auténtico hombre de Hispanoamérica, cuya vinculación esencial es su tierra nativa, su Perú: "La primera, por dar a conocer al

Prevé que su obra es la de "principiante"; su misión personal es la de
mostrar el camino cultural a sus compatriotas. El Inca es quizá quien da comienzo a la constante del americano en busca de la expresión propia. Tiene fe en la capacidad de sus peruanos y les pide que se ejerciten en la tarea
de esa expresión propia. El lector no puede menos que pensar en lo que después propugnaron, entre otros, Andrés Bello, Echeverría, Alfonso Reyes y Pedro Henríquez U reña :
A los cuales todos como a hermanos y amigos, parientes y señores míos
ruego y suplico se animen y adelanten en el ejercicio de virtud, estudio
y milicia, volviendo por sí y por su buen nombre con que lo harán famosa en el suelo y eterno en el cielo.u ( . . .) a todos los indios, mestizos y
criollos del Perú, para que, viendo ellos el favor y merced que los dis-

cretos y sabios hacían a su principiante, se animasen a pasar adelante en
cosas semejantes, sacadas de sus no cultivados ingenios. 23
El Inca Garcilaso también se destaca en las letras de Hispanoamérica por
otros motivos que le dan una importancia capital. Ante todo, los valores de su
18

lbid.
lbid.
2
º Ibid., pp. 11-12.
21
Ibid., p. 12.
n !bid.
23
Ibid. Diálogos de amor, CXXXII, p. 250.
11

ª Ibid.

Diálogos .. . , CXXXII, p. 13.

u La segunda se publicó después de su muerte con el título de Historia general
del Perú (1617).
11

278

INCA GARCILASO, Los Comentarios . .. , CXXXIV, p. 11.

279

�estilo: todos los críticos reconocen la maestría con que se expresa. Con Francisco de Terrazas, también de esta generación, es el criollo que por primera
vez aúna el sello de la originalidad americana con el conocimiento profundo
de la cultura occidental. Su humanismo renacentista y el conocimiento de la
cultura clásica son evidentes. La Florida aporta la creación de una crónica en
función artística; es casi novela, parte de una constante que comenzó en la
generación de 1534 y que se prolongará a lo largo del periodo colonial. Garcilaso, el Inca, fue a la vez ciudadano del mundo y patriota peruano: logro
no muy repetido, por desgracia, en Hispanoamérica.
De acuerdo con nuestro concepto de la cultura, hemos insistido en aspectos que nos han permitido hacer resaltar la personalidad y la obra del Inca
Garcilaso en cuanto a su cosmovisión y conformación sicocultural. Sostenemos que, a pesar del alto valor y significado de su historia de la cultura incaica, debe merecer más estimación de la crítica literaria la expresión de su
peculiar y criolla personalidad. Además, es preciso comprender ésta para enjuiciar su visión de la cultura incaica. En realidad, urdida su histo~ia por los
recuerdos de la infancia y la lectura de otros autores, pero en especial llevado
de su amor por la cultura materna, Garcilaso forja una utopía incaica, una
sociedad imaginada por el escritor desde sus pupilas metizas y humanistas.
La grandeza indígena que nos pinta es la exclusiva_de sus familiare~; l~~ otras
socio-culturas indias se caracterizan por la barbarie y la desorgamzac1on. El
"mitimae" es descrito como hecho afortunado para las tribus sometidas, y
Garcilaso hasta pretende que se aplicó con prudencia y circunspección. Los
incas hablan establecido una cultura conquistadora y Garcilaso de la Vega
trata de integrar la historia del Perú, señalando la continuidad que representa la sumisión de tribus bárbaras por la gran cultura inca, preparación para
la eventual conquista española:
Viviendo o muriendo aquellas gentes de la manera que hemos visto,
permitió Dios Nuestro Señor que de ellos mismos saliese un !~~ero del
alba que en aquellas oscurísimas tinieblas les diese alguna noticia de la
ley ~atura/, y de la urbanidad y respetos que los hombres debían tenerse
unos a otros, y que los descendientes de aquél, procediendo de bien en
mejor, cultivasen a aquellas fieras y las convirtiesen en hombres haciéndoles capaces de razón y de cualquiera buena doctrina; para que cuando ese mismo Dios, sol de justicia, tuviese por bien de .enviar la luz de
sus divinos rayos a aquellos idólatras, los hallase no tan salvajes, sino
más dóciles para recibir la fe católica, (. . .) "
24

280

]bid . Los Comentarios .. . , CXXXlII, p. 25.

Para concluir, en Garcilaso tienen el Perú e Hispanoamérica el primer criollo que vive en su angustiada personalidad la marca del habitante de una cultura heterogénea, fruto de una conquista, poseído por la nueva cultura pero
atraído entrañablemente por la tradición de un pueblo cuya sangre lleva, subyugado y destinado a desaparecer en la conjunción con la cultura del trasplante, para que se cree algo nuevo.
ii) Felipe Guamán Poma de Aya/a (1526-m . después de 1613)

En El primer nueva crónica y buen gobierno hallamos la pupila del mestizo
que a la descripción de las grandezas del imperio incaico añade la marcada
hostilidad por el conquistador español. Pinta los sufrimientos del indio subyugado por la cultura conquistadora y no encubre su resentimiento con la
Iglesia. A la vez, imprime poesías quechuas de su tipo y procura conservar los
últimos alientos de la cultura conquistada. Sin que se vea en él la prestancia
genial del Inca Garcilaso, tiene sin embargo gran valor porque agrega al dato de Garcilaso, puente entre las dos culturas, la nota del mestizo cuya vinculación esencial es con el pasado vencido.
b) México: i) Fray Diego Durán (1538?-1588)

La constante de la Conquista espiritual, misionera, y de compenetración
íntima con la cultura indígena, continúa en la obra de Fray Diego Durán,
Historia de los Indios de Nueva España. A tanto ha llegado la comprensión
del indio que el estilo de la crónica de Durán se indianiza, tratando de reflejar, en lo posible, la lengua y la cosmovisión indigena en la lengua española:
Y pocas obras, por ejemplo, de tan auténtico sello indio en que hasta
la prosa española parece haber involucionado hacia las formas más estáticas o difusas del estilo azteca, ( . . . ) Es un estilo, ya tan ajeno de lo
puramente occidental, el de este buen mestizo metido a fraile, que su
primer editor, Ramírez (1867), definía la obra diciendo que es "historia
radicalmente mexicana con fisonomía española" ( . . .) 25

Obra criolla, tiene el valor, además, de servir de lazo entre 1a cultura trasplantada y la autóctona. Obras como la de Durán prestaban la colaboración
de las letras a la tarea de edificar una nueva cultura que alcanzase a todos
sus habitantes.
1

g

PrcóN-SALAs. p.

75.

281

�ii) Hernando de A/varado Tezozómoc (c. 1520-c. 1600)
Aunque nació en un año que cae dentro del quehacer de la generación de
1534, lo incluimos en ésta por la fecha de publicación de su Crónica Mexica-

na, 1598. Hijo de Cuitláhuac, penúltimo emperador de los aztecas, su es~aso
conocimiento del castellano impidió que creara una obra que sobresaliera
por su estilo. Sin embargo, consideramos que su historia debe inclu~r~e en un
estudio de las letras de Hispanoamérica porque nos revela magníI1camente
la tradición que los indios aportaron a la nueva cultura, desde su propio punto de vista. Se destaca así, por lo demás, la cualidad artística natural a las le~
yendas y mitos de todo pueblo:
La crónica de Tezozomoc presenta la leyenda en su prístina sencillez;
tiene el sabor de esas relaciones conservadoras desde tiempos remotos
por los pueblos salvajes, trasmitidas de generación en generación con
ciertos visos de lo prodigioso y lo fantástico; pinta las hazañas y las costumbres de los héroeti con cierta elevación unida a la rusticidad que tanto
encanta en los personajes de la Ilíada; ( .. .) en suma, es la tradición
verdadera que los mexicas conservaban en sus seminarios y hacían aprender de coro a los jóvenes educandos. 26

c) Río de la Plata: i) Ruy Díaz de Guzmán (1554?-1629)
Paraguayo y mestizo, escribe Ruy Díaz de Guzmá? L~ Argentina ":ª~uscrita (1612) desde un punto de vista europeo. Al h1Stonar el descubmruento y conquista de las regiones rioplatenses, lo hace dentro de la constante de
la América maravillosa, mundo de leyendas y milagros, seres fabulosos y culturas fabulosas. El episodio de la cautiva Lucía Miranda inicia una constante de las letras rioplatenses, que aparecerá en autores que van de Lavardé~ a
Zorrilla de San Martín, entre los más conocidos. A. Pagés Larraya ~pma,
además, que en La Argentina: "El gusto por las memorias o la au~o?1ografía, ( ... ) procede también de entonces, según lo comprueba la cromca del
' ( ... )" 21
mestizo Ruy D ,iaz d e G uzman

2) La Crónica del Criollo Blanco
a) México: i) juan Suárez de Peralta (n. entre 1537 y 1546-m. después
de 1590)
No son muchas las crónicas de los criollos blancos de esta generación. Su
aporte a las letras de 1564-1594 habrá que buscarlos, ante todo, en la poesía. Peralta, en su Tratado del descubrimiento de las Indias . . . y del suceso
del Marqués del Valle (1589), escrito para recibir mercedes del rey, revela la
cosmovisión del hijo del conquistador, cuya tierra nativa es Hispanoamérica.
Por un lado, muestra el cambio operado en los herederos de la Conquista. Logrado el dominio sobre los indios, el conquistador y sus descendientes aflojaron su ruda voluntad para gozar del botín, y en Suárez de Peralta se advierte "la molicie del señorito que disfruta de ventajas heredadas" 28 El resentimiento ante el gachupín y el gobierno peninsular, que privan de libertad política al criollo, y el amor por el terruño, ya aparecen claramente en
29
su crónica. Su propósito había sido el de alcanzar la obra española, pero
no puede evitar que en estilo y conceptos se refleje su simpatía por los hijos
de conquistadores que se habían rebelado por las leyes de Felipe II que ordenaban el nuevo repartimiento de las encomiendas.
El trasplante de los patrones señoriles aparece también en Peralta, con mayor énfasis, en otras obras. Los títulos de por sí lo indican: Tratado de la caballería de la jineta y brida (1580) y el Tratado de alveitería (inédita). Se
conjugan ya en este criollo, hijo de uno de los compañeros de Cortés, muchos
de los rasgos que caracterizarán a las generaciones criollas de la Colonia: la
expresión literaria típica de una clase señoril, vida parasitaria, resentimiento
frente al peninsular, las formas contemporáneas de España, y el amor por el
terruño. Todo el libro es "uno de los mejores cuadros de la vida criolla en
la Nueva España del siglo XVI". 30
3) La Crónica del Español
a) Hispanoamérica: i) Padre José de Acosta (1539-1616)

La Historia natural y moral de las Indias (1590) del padre Acosta sigue
la constante iniciada por Oviedo y Sahagún. Estudia las culturas y la natu28
u O&amp;ozco y BERRA, cfr. ARMANDO D. PIROTTO, La literatura en Améric1J. El coloniaje (Montevideo, 1936), p. 73.
27 A. PAoÉs LARRAYA, "Peculiaridad de las letras argentinas", Miscellanea di Studi
ispanici, No. 11 1962, 148.

282:

ENRIQUE ANDERSON IMBERT, Historia de la literatura hispanoamericana, l (Mé•

xico, 1961 ) , p. 56.
~
1111

!bid., p. 57.
lbid., p. 56.

283

�raleza americana. Su aporte fundamental es su visión de Hispanoamérica como parte integral del orbe. Viaja por América y se aprovecha de la observación directa para corroborar o rechazar las teorías filosóficas y científicas
de su Europa. Hispanoamérica se incorpora así al repertorio intelectual de
Occidente, como una región más del orbe cuyas singularidades son tan naturales como las de cualquier otro continente. Por eso, la actitud de Acosta
no es nueva (se halla en la generación anterior, en Sahagún), y no podemos
compartir la sorpresa del profesor Arrom, cuando dice:
Lo que ha sucedido al Padre Acosta es que, en su larga residencia entre criollos, su pupila se ha acomodado a mirar con la misma visión con
que veían los criollos. A estas alturas no debe sorprendernos que nos dé
una imagen de América observada desde América. 31

El español que venía a América educado en los "mentifacts" de la filosofía, teología y ciencia europeas y que podía, por su interés misionero o intelectual -no político--- penetrar en el mundo cultural indio y estudiar la naturaleza americana con paciencia y amor, se hallaba con que el hombre autóctono y la naturaleza eran naturales como _las de las otras regiones del mundo. Se adentraba entonces en las características que singularizaban y matizaban la realidad americana, con respeto y admiración por esos rasgos propios de este continente: "( .. . ) tratar las causas y razones de las novedades". 32
La pupila de Acosta no es la del criollo. Su obra abarca la naturaleza y
culturas de Hispanoamérica, no de una región determinada, como en Garcilaso o los otros autores criollos. El español puede sentir Hispanoamérica como una entidad, pero no hallamos pruebas de que así sea, en lo íntimo, en el
caso de los hombres nacidos aqui.

contradecir a Las Casas, y a la vez contradice también los asertos ulteriores
del Irica Garcilaso. Sarmiento de Gamboa subraya la tiranía de los reyes incas, en cuadros de terror, infamias, etc., para crear una especie de "leyenda
negra" que justifique la conquista material de su imperio. Garcilaso de la
Vega nos pintará una utopía incaica. Los historiadores contemporáneos a
nosotros resaltan el hecho de que, en lo esencial, no se contradicen en cuanto a los datos que aportan acerca de la historia indígena. Lo fundamental,
por tanto, es su actitud frente a esos datos.
c) Nueva Granada (Colombia y Venezuela): i) Fray Pedro de Aguado ..
(1538-1589)

Cronista de la conquista de lo que es hoy Colombia y Venezuela, siguiendo la constante iniciada por Gonzalo Giménez de Quesada, relata los acontecimientos históricos para enterar a los peninsulares de lo que sus representantes habían logrado en Hispanoamérica. Si en su labor de misionero se dedicó a la Conquista espiritual de los indios, en Historia de Santa Marta y
Nuevo Reino de Granada historió y justificó la Conquista material. A pesar de alabar la lucha del indio en defensa de su "patria mereciendo por ello
antes premio que pena", 33 pertenece Aguado a la constante del español que
no se adentró en la peculiaridad y valor cultural de las sociedades indias,
quizá por carecer éstas de la riqueza cultural de las de México y Perú:
(. .. ) requerimientos y otros preámbulos de poco momento para aquellos bárbaros, que en ninguna cosa se gobiernan por razón ni justicia ( . . .)
no entiendo que haya otra justificación más que la que con el rigor de
las armas se puede saber.34

b) Perú: i) Pedro Sarmiento de Gamboa (1530-1592)

d) Río de la Plata y Chile: i) Reginaldo de Lizárraga ( c. 1539-1569)
Una de las constantes de las letras de Hispanoamérica está representada
por las diferentes interpretaciones que se dan a la Conquista. Se encuentra
la primera manifestación en Las Casas y Oviedo. La Historia del reino de los
Incas pertenece a la historia de esa polémica, y también a una segunda polémica. Escribe su obra por encargo del virrey Toledo, para tranquilizar la
conciencia de éste y justificar ante el rey la conquista del imperio incaico. Su
interpretación de la cultura conquistadora inca se levanta expresamente para
in

ARROM,

Esquema . .. , p. 45.

32 JosÉ DE AcosTA, cfr. P1cÓN-SALAS, p.

284

137.

Aunque no apreciable por su valor artístico, la Descripción y población
de las Indias, especie de guía para viajeros, que presenta la experiencia de
Lizárraga a raíz de sus viajes por Perú, Chile, Tucumán y el Río de la Plata, ilustra la complejidad de los rasgos culturales en la generación de 1564.
Nacido en España de hijo de conquistador, desprecia a los españoles colonizadores "por advenedizos que no saben 'ni limpiar las narices ni en su vi:is

FRAY PEDRO DE AGUADO,,

M

!bid., pp. 61-62.

cfr.

Pi:ROTTO,

p . 61.

285

�da echado mano a la espada'" ,35 y también al indio, mestizo y criollo blanco. Su cosmovisión, por tanto, es la del conquistador español, pero la obra nos
da datos inapreciables sobre los grupos criollos y colonizadores, amén del proceso por el cual desapareció el grupo conquistador.

b. La Poesía
El género poético, en sus diferentes formas, inicia en esta generación una
constante artística que persiste aún hoy. Afirmada la colonización en México
y Perú, los habitantes de estos dominios pueden dedicarse a las faenas pacíficas. Además, ya se había creado un ambiente propicio para iniciar el quehacer poético. Los patrones e instituciones del trasplante (universidad y colegios, libros y maestros, fiestas y celebraciones, imprenta y artistas emigrados
o viajeros) y la cultura conquistadora, dirigida y teocrática, desarrollan las
condiciones necesarias para la creación artística y conforman sus características. Las más variadas formas poéticas son trasplantadas a Hispanoamérica:
medievales, clásicas latinas y renacentistas italianas. El resultado inmediato es
un caudal sorprendente que inicia otra constante, que se mantiene a través de
la Colonia: la superproducción de poesía. La calidad general de estas obras,
primerizas, es deficiente, pero algunas de ellas ya demuestran originalidad, libertad creadora y rasgos universales.
Aparecen, además, los primeros recopiladores de poesía. La antología Flores de varia poesía, de 1577, compilada en México, publica poemas de mexicanos y españoles, entre ellos los renombrados poetas Juan de la Cueva y
Eugenio de Salazar. Diego de Aguilar y Córdoba ofrece, en 1578, en El Marañón, una lista incompleta de poetas peruanos, y el anónimo Discurso en loor
de la poesía también da una lista parcial de escritores peruanos.

1) La Poesía Criolla
a) México : i) Francisco de Terrazas (1525?-1600?)
Reconocido por los críticos como el mejor poeta mexicano del :iiglo XVI,
es Terrazas el primer poeta de Hispanoamérica que levanta su voz artística
hacia los temas eternos del Arte. El amor y el desengaño, la tristeza y la muerte, motivos personales y universales a la vez, logran expresión auténticamente artística en sus poemas líricos. La corriente petrarquesca e ítalo-renacenu ANDERSON IMBERT,

286

I. p. 58.

lista, que caracteriza a gran parte de la producción literaria de la Europa del
siglo XVI, es continuada en México por el criollo Terrazas, como caudal intelectual aprendido y digerido, y hecho materia personal, original. El préstamo cultural, tan obvio en las letras de Hispanoamérica, y que ha llevado a
muchos críticos a enjuiciar su literatura como obra desarraigada de su medio
ambiente, se expresa en las poesías de Terrazas como dinámica, íntima, propia. Es precisamente el acierto con que crea literatura con motivos universales, y siguiendo patrones extranjeros, que justifica el aprendizaje de las
formas europeas. Encontraremos en las letras de Hispanoamérica el préstamo
que quita sentido local o nacional a una obra; también, el patrón nativo
que no precisa la incorporación de los temas o formas foráneos : en Terrazas,
el Mexicanismo sobresale donde menos se espera. Radica en la capacidad del
autor de crear poemas que trascienden toda limitación geográfica. La Nueva
España le ha permitido expresar su interioridad lírica, humana, y así aportar
a Hispanoamérica un primer ejemplo de originalidad personal por parte de
uno de sus habitantes.
En Terrazas no hallamos la nota resentida o la crítica al gachupín. No desmerece por ello, en absoluto, su criollismo. Este aparece en el poeta por otra
vía, la poético-intelectual renacentista, íntima. Su amistad con Juan de la
Cueva y Eugenio de Salazar influyó decisivamente en la conformación de su
poesía, y su pupila, mexicana, se interesó principalmente en los temas y formas de las escuelas españolas, concretamente la sevillana, llevada a México
por Gutierre de Cetina. Los trozos que se conservan de su poema épico Nuevo Mundo y Conquista, destacan a las claras la preponderancia del interés estético de Terrazas por encima de lo político. Describe al cacique Canetabo como monstruo de la naturaleza 36 y a otros indios como Htratable gente y algo
más humano", 37 pero en el episodio de Quetzal y Huitzel contrasta el idilio
de los dos indios enamorados con la violencia de los conquistadores. Indios y
españoles no aparecen para que el autor tome una posición en favor de ellos
o contraria. La Conquista y el indígena, y su cultura, son tratados en función
de la obra de arte. Hispanoamérica sirve al autor para su creación poética; la
épica de Terrazas, a pesar del obvio influjo de Camoens y Ercilla, no es histórica en su propósito; es una creación imaginativa en la que el pasado cultural de Hispanoamérica aporta motivos que son transfigurados en materia artística y a-histórica. De ahí que el episodio de Quetzal y Huitzel y el del cacique Canetabo sean unos de los primeros ejemplos poéticos en que América aparece como tierra exótica, poblada de seres maravillosos y sobrenaturales. Esta
38 FRANCISCO TERRAZAS,

"Nuevo Mundo y Conquista",
tas novohispanos. Primer siglo (] 521-1621), pp. 25-26.
~ !bid., p. 29.

MÉNDEZ PLANCARTE,

Poe~

287

�constante de las letras hispanoamericanas, que en las crónicas fue inaugurada
por españoles, parece haberse iniciado en la poesía con la obra del criollo
Terrazas por la manera de tratar a sus personajes. El poeta no destaca los
hechos de por sí, sino su efecto en el hombre. No se nos dice que los navíos
españoles sorprendían al indio, sino que prefiere llamarlos "casas de madera
que nadaban".38 La reacción ante el cacique monstruoso es personal; las notas que se destacan son los rasgos que le hacen inhuraano a los ojos del español y el temor que se produce en éste. El acercamiento sicológico, e íntimo,
revela las cualidades líricas del poeta Terrazas y le sitúa, como también sus
sonetos, en la línea imaginativa, cercana a la poesía pura de la poesía universal y mexicana. 89

y Bocanegra, el más importante de la corriente relioiosa
mexicana del siO'lo
o
o
XVI. Criollo, y poseído de una religiosidad intensa, sus canciones revelan el
arraigo de las formas trasplantadas. Como Terrazas y Trejo, poseía una buena educación clásica y renacentista, y ésta logró cabal expresión en sus poemas, pero la poesía de Córdoba y Bocanegra se singulariza por los acentos espirituales, en los cuales penetra por primera vez en Hispanoamérica Ia influencia de fray Luis de León.
El lirismo religioso de Córdoba y Bocanegra, en su "Canción al amor divino", llega a un nivel de expresión que difícilmente se encuentra en la místi•
ca española, condimentado a 1a vez con cierta expresividad sencilla, elemental, que recuerda a Berceo, y que dota a la canción de una originalidad
ejemplar :

ii) Pedro de Trejo (1534-?)
Nacido en España, llegó muy joven a la Nueva España; de modo que su
cosmovisión fue criolla. Su obra revela la riqueza de formas y temas del trasplante de la literatura, española y europea en general. La corriente popular
y la culta reciben entrada en su poesía, como también las formas medievales
y las renacentistas. Además, tiene rasgos originales. Los críticos más destacados han corroborado que ensaya innovaciones preceptísticas, primer ejemplo
en Hispanoamérica de innovación en el campo de la poesía. A pesar de haberse aprovechado de temas y formas del siglo XVI, su actitud y motivos son
por lo general medievales. La influencia de Jorge Manrique fue quizá la decisiva, añadiendo así al aporte literario de su generación, amén de sus experimentos poéticos, una cosmovisión que se enlaza con la tradición peninsular
de los días de la Conquista, y anteriores a ella.

:Si un pequeñito rayo de aquesa luz inmensa alguna vez al alma lle•
ga y toca, con su fuerza desmaya y ella queda suspensa, como fuera de
sí y de gozo loca; 41
La nota mística vista en las lineas que acabamos de citar, no caracteriza
a los poemas de Córdoba y Bocanegra. Se destaca en especial la alabanza
lírica e intensa a Jesucristo, y el anhelo de gozar de la vida eterna. Por su
vinculación con el tema universal religioso este poeta representa, como Terrazas y T rejo, una expresión feliz de una nueva cultura que, en estos tres
autores, evidencia que los patrones trasplantados han llegado a ser también
propios, tanto mexicanos como hispanoeuropeos.

2) La Poesía del Español
iii) Fernando de Córdoba y Bocanegra (1565-1589)
Córdoba y Bocanegra cierra la tríada de tres poetas mexicanos que en la
generación de 1564 inician las diversas corrientes mexicanas de este género
con singular prestancia artística."º Sólo se conocen dos canciones de Córdoba
!bid., p. 33.
Para un estudio detallado sobre la integración de la forma europea y el contenido
americano de Terrazas, véase ALFREDO A. RoGGIANo, "Los comienzos de la poesía en
la Nueva España", Universidad, Universidad del Litoral, Argentina, No. 59, junio, 1964.
"° La extensión del tema de este trabajo impide hasta una enumeración de las obras
literarias de toda Hispanoamérica. La constante de la poesía también aparece, naturalmente, en Perú y eQ otros dominios, pero el valor literario de los tres poetas mexicanos
obliga a interpretar su obra aquí.
n

39

288

.:.) Hispanoamérica: i) Mateo Rosas de Oquendo (1559? -m. después de 1621)

Rosas de Oquendo es un ejemplo del español trasplantado que se adapta a
Hispanoamérica a regañadientes. Viaja y vive en casi todos los dominios españoles, y en casi todos ellos deja un legado satírico en el que expresa sil desapego por lo americano, su crítica al criollo indio, mestizo y blanco, y su añoranza por la madre patria. Aunque en México parece haberse calmado un
poco su animosidad (Indiano Volcán Famoso, Romance a México), su apor•
te principal a las letras hispanoamericanas es su descripción de Ia vida crio1
• FERNANDO DE CÓRDOBA Y BOCANEGRA, "Canci6n al
CARTE,

amor
Poetas novo hispanos. Primer siglo (1521-1621), p. 63.

divino", MÉNDEZ PLAN-

289
H19

�lla en el siglo XVI, donde se le permite ver al lector moderno, desde la pupila de un español desarraigado, la conformación de la cultura conquistadora y
colonial. Además, la forma satírica de Rosas de Oquendo es un ejemplo sobresaliente de una constante de las letras de Hispanoamérica, iniciada quizá por
los conquistadores anónimos que en las paredes de la casa de Cortés expresaron su resentimiento por medio de la sátira crítica.

b) México: i) Juan de la Cueva (1543-1610)
A pesar de haber pasado solamente tres años en la Nueva España (15741577), Juan de la Cueva jugó un papel muy importante en el desarrollo de
la poesía de México y de Hispanoamérica. Con Eugenio de Salazar, representa al español ocasional, al que vivió por corto tiempo en América para
regresar luego a España. Sin embargo, pudo trasplantar las formas poéticas
directamente, de poeta a poeta. Además, representa para la cultura hispanoamericana el testimonio de un peninsular acerca de la belleza y singularidad
de la nueva cultura ("Epístola al Lic. Sánchez de Obregón, primer corregidor
de México").
La poesía de Juan de la Cueva mantuvo su influjo después de la generación de 1564. Alfredo A. Roggiano resalta las características más importantes de su aporte a la poesía americana:

Dice Maria del Carmen Millán: "de los elementos que en la poesía
de Juan de la Cueva empiezan a esbozar el paisaje mexicano, se destacan dos principalmente: la presencia de colores fuertes y variad_os y una
especie de aliento melancólico que parece salir de la tierra misma, y que
también está tras esa vida apacible y tranquila que gustó con fruición
el poeta español". ¿Iremos demasiado lejos si nos atrevemos a insinuar
que esa "gracia desenfrenada y amenos colores", encomiados por Menéndez y Pelayo como virtudes 'que fácilmente hacen perdonar la dureza y desaliño de algunos versos' del poeta, son el preludio que abre
rutas a la sensación plástica y la expresWn visible, transferidas al sentimiento, ya con los ingredientes del matiz y la melancolía como anuncio de constantes que serán propias de la literatura mexicana? 42

ii) Eugenio de Solazar (1503?-1602)
Las notas que se han destacado en la poesía de Terrazas y de Juan de la
Cueva se repiten en Eugenio de Salazar. Sus descripciones de la naturaleza
mexicana, al integrar el paisaje de la Nueva España con las formas bucólicas
renacentista y con el tono emotivo de la ausencia ( sobre todo de España),
no sólo representan un alto nivel artístico, sino que también son un aporte a
las letras hispanoamericanas. Los principales elementos que forman parte de
las constantes de 1a poesía mexicana, halladas también en Terrazas, son la integración de motivos y formas europeas con la experiencia directa del paisaje americano; una interioridad lírica caracterizada por la discreción, delicadeza y melancolía y el acercamiento a lo que hoy llamamos "poesía pura" .4 ª

c) Chile: i) Alonso de Ercilla y Zúñiga (1534-1594)
Se escribieron numerosos poemas épicos desde los primeros días de la Conquista. La gesta del encuentro violento entre españoles e indios, y el ejemplo
literario del Tasso, Ariosto y Camoens, entre otros, estimulaban la permanencia de esa forma artística. La heroicidad y bravura de los autóctonos, y de los
peninsulares de por sí, como realidad histórica, ofrecía una rica materia
épica. En las crónicas en prosa, ésta salva del olvido a la mayoría de las obras,
El valor literario de las crónicas en verso también es escaso por lo general.
La Araucana es una de las excepciones.
Ercilla no pasó mucho tiempo en América, pero su obra principal pertenece a las letras de aquí tanto como a las españolas. La Araucana inicia una
constante que, continuada por americanos de diversos dominios, señala que
si, por ejemplo, el Inca Garcilaso apenas menciona otros dominios, acusando
ya cierto regionalismo, se desarrollan a la vez patrones literarios que cn1zan
las fronteras de los dominios y establecen líneas literarias internas. En la generación de 1564, será un habitante del Nuevo Reino de Granada, y otro de
la región del Río de la Plata quienes imiten a Ercilla.
Sea cual fuere el motivo que determinó el viaje de Ercilla a América, lo cierto
es que por encima del interés material se proyectaba ante sus ojos el continente nuevo y maravilloso. 44 Según el propio Ercilla, promueve su actitud el
castigo de los indios de Arauco, quienes se habían sublevado. 45 Luego de una
breve estada en Perú, viene con los militares encargados de doblegar la resis-l3

A. RoaGIANO, "Los comienzos de la poesía en la Nueva España'\ Universidad, Universidad del Litoral, Argentina, No. 59, junio, 1964.
0

290

ALFREDO

lbid.

'"'JosÉ TORIBIO

~

MEDINA,

Vida de Ercilla (México, 1948), p. 31.
La Araucana. I (Santiago, 1933), p. 262.

ALONSO DE ERCILLA Y ZÚÑIGA,

291

�tencia indígena en Chile. Allí, en medio de los fragores de la guerra, en la
que se destacó como combatiente, comienza a ~scri~i~ :u obra. _Por lo tanto,
es testigo presencial de gran parte de la matena h1ston~a que m~luye en su
poema, y así lo declara él mismo. 46 Vuelto a Esp~a, da fm a la primera parte
de La Araucana y, al ser ésta recibida de inmediato como obra de gran valor
literario, le agrega dos partes más. En éstas, Hispanoamérica ya no aparece
en el plano destacado que tuvo en la primera. Inicia, así, quizá, una constante
de las letras hispanoamericanas: el autor se cansa de su tema, agota pronto
los motivos americanos O éstos parecen no bastarle para la creación de una
obra duradera. La Araucana no termina, no se cierra con el triunfo de las
armas españolas en Chile; Ercilla quiere ser también el cantor de las victo_rias
españolas en Europa, y acaba su obra, por ejemplo, relatando sucesos acaecidos
en Portugal. Además, los versos finales aluden exclusivamente a su pobr:za Y
a sus merecimientos.47 La miseria a que alude en el poema, por lo &lt;lemas, es
desmentida por los datos que han descubierto los investigadores: Ercilla fue
prestamista luego de su regreso a España y estaba muy leios de senllr la pobreza.
Hemos presentado algunos datos sobre la actuaci6n de Erólla porqu': permiten una interpretación de su obra más ajustada a la reah~ad. Los . mdios
chilenos no estaban a la altura cultural de los peruanos o mexicanos. Sm embargo la gran épica americana versa precisamente sobre esos indígenas valiente; y primitivos. ¿ Por qué? Según Arrom, la defensa que hace Ercilla d_el
indio se debe al hecho de que para los miembros de una misma generac10n
existe "un determinado horizonte intelectual que influye, de mil maneras sutiles pero decisivas, en sus procesos de creación" -48 Concluye ~~r ello que
Garcilaso y Ercilla, las dos figuras más importantes de la generac10n de 1564,
"se fundan en una misma cosmovisión generacional. Aunque apuntan con
armas distintas, Ercilla y Garcilaso dan en el mismo blanco: la dignid_ad del
indio" _49 Aunque apoyarnos la conclusión de Arrom acer~a. ~de Garcil~o y
Ercilla, no podemos estar de acuerdo con él sobre su cosmov1s10n generac_1o~al.
Garcilaso no tiene gran opinión de tribus bárbaras a un nivel :ult~ral s~1~ar
al de los indígenas de Arauco. En Garcilaso la dignidad del md1~ se hrmta
al indio inca. Ercilla, quien no es americano, ni es tampoco conqmstador común, sino que viene conducido por el brío y la ~aginativa de un caballero
español, joven e imbuido del humanismo renacenllsta, halla, como el padre
Acosta, que el hombre americano autóctono es una rama de la raza ~u~:111ª
universal. La dignidad del indio en Ercilla, aplicada a un ser rudo y pnm1t1vo,
~ Ibid., p. 246.
" Ibid., II, pp. 409-411.
&lt;{8 ARRoM, Esquema .. . , p. 44.

to /bid.

292

logra una emotividad extraordinaria porque destaca los rasgos más elementales,
la defensa de la libertad y la bravura heroica que de por sí, sin la educaci6n y
sabiduría cultural, prestan valor al ser. Pedro Sarmiento de Gamboa y Pedro
de Aguado pertenecen a la misma generación, pero su interpretación de la
conquista, como ya hemos visto, es harto diferente de la de Ercilla y de la
del Inca Garcilaso. Erci!la es el español humanista que, al contacto directo con
la realidad americana, llega a comprenderla. Defiende al indio, lo respeta y
lo admira.
El humanismo de Ercilla no desfigura la realidad hist6rica. Los valores que
él respeta y admira están en el indio. Las instituciones y patrones culturales
que presenta, y que caben perfectamente en el marco épico, tales como los
concilios indios y las arengas, no son inventados por Ercilla. Ercilla se ciñe
a una veracidad histórica que a su vez hace verídica y asegura la verdad de la
existencia real de Hispanoamérica. Esta ya es sentida plenamente como entidad cultural cuyos patrones son diferenciaciones de patrones universales. Las
cualidades de los indios, las prácticas de su sociocultura, como el ejercicio del
amor, el cumplimiento de principios que demuestran todo un cuerpo estable
de "mentifacts", su estrategia militar y su heroísmo indómito, son admirados
por el autor y vertidos al Arte con formas europeas, sin que por ello se desmienta la realidad histórica en que se basa el poema. Los indios serán siempre
bárbaros para la mentalidad refinada de Ercilla, pero esa antítesis es quizá la
parte más significativa que da vida propia a la razón de ser de Hispanoamérica.
Se cumple en La Araucana la integración de una forma europea que cuadra
al tema americano, y a su vez la entrada de Hispanoamérica al repertorio intelectual y artístico de Occidente. Ercilla aporta a la cultura americana una
disciplina artística y una lección sobre el propio valor del americano. La
Araucana forma parte, por tanto, de la obra española del trasplante de las
formas de la cultura europea. Pero también nace con ella, desde Hispanoamérica: la primera epopeya moderna, desde el fondo acaso más primitivo y
salvaje del Nuevo Mundo, levantado por el mejor poema épico del siglo XVI
de España, y del mundo hispánico por ella inaugurado.
Ercilla, por los patrones de la sociedad española, no escribió una obra. desinteresada. El carácter de iniciativa privada de la Conquista, continúa en las
guerras chilenas. Cada militar tenía que valerse por sí mismo, además de
luchar con su grupo. Los merecimientos que se deseaba conseguir del monarca
requerían la participación personal tanto como la colectiva. Al escribir un
poema épico sobre un hecho reciente, Ercilla sabía que se juzgaría en su obra
su propia actuación militar y también la de sus compañeros de armas. Dedica La Araucana al monarca, como símbolo del merecimiento colectivo de
los guerreros, quienes habían logrado las victorias para su rey, dueño personal

293

�de las tierras conquistadas. La narracwn interna de los acontecrm1entos históricos era un asunto delicado. Cada acción militar era comentada y sopesada para determinar el comportamiento de cada soldado. De ahí que Ercilla
se hubiera expuesto al ridículo si hubiese aprovechado recursos épicos para
pintar exageradamente la acción de sus compatriotas españoles. Dado que la
singularidad de los indios del Arauco se debía en especial a su bravura, destreza y energía, y al hecho de que eran seres primitivos, que vivían tan alejados
de España, pudo aplicar a ellos, con más razón que a los españoles, los recursos
de la épica. Una región de Hispanoamérica se revistió así de "extrañeza";
apareció ante Europa un conglomerado humano cuya resistencia podía ser
vencida sólo por héroes españoles. El rasgo épico del español es recibido, por
ello, indirectamente. Ercilla no destaca los números de los indios que luchaban
a favor del español; es así como un puñado de peninsulares puede vencer a
miles de enemigos y rellenar de este modo la contextura épica del poema.
No hay un héroe en la obra que se destaque sobre los demás. Todos los
personajes cumplen esa función, y por encima del individuo se levanta siempre
el carácter colectivo de la guerra. Los dos grandes héroes son la colectividad
india y la española. Ercilla logra grabar la constancia del indio del Arauco
en defender su tierra, sumándose a la constante que va de Las Casas (siglo
XVI) a Alberdi (siglo XIX), de alabar al vencido, y a la vez historiar las
hazañas propias y de los otros soldados del rey español, dejando el testimonio
que justificara la fama de su país y el pago que esperaban Ercilla y sus compañeros por su victoria. Obra compleja, La Araucana es epopeya e historia a
la vez. Es la primera épica en la que el autor aparece como participante en
ella, sirviendo de lazo integrador de los múltiples motivos del indígena de
Chile frente a las hazañas de los militares peninsulares, y así la obra se convierte en símbolo de los orígenes de la actual nación chilena. La Araucana,
escrita por un español que llegó a sentir y a respetar lo americano, pasa a
cumplir una nueva función cultural; se constituye en la obra sine qua non de
la tradición nacional de Chile, país en el que el elemento araucano no es sólo
componente del pasado precolombino, eliminado por la cultura conquistadora,
sino uno de los elementos étnicos del mestizaje a lo largo de toda c;u historia.
A nuestro parecer, cuando la esposa del jefe Caupolicán, Fresa, al cumplir con
el patrón matriarcal de- su nación, echando a los pies de su marido el hijo que
ha perdido virtualidad por la entrega vergonzosa del padre, llega a simbolizar
el aporte imperecedero del araucano, el espíritu de libertad que no podía ser
vencido sino con la muerte. Al contamos el autor que ese hijo encontró nueva
madre, nos simboliza al Chile del futuro, fruto que absorbe el trasplante y
alimenta el mestizaje.

294

d) Nueva Granada (Colombia y Venezuela): i) Juan de Castellanos
(1522-1607).
A pesar de haber nacido en fechas que caen dentro de la generación de
1534, nos parece mejor incluirlo en las letras de la de 1564, porque su Elegía
de varones ilustres de Indias, de 1589, comenzada en prosa, fue vertida a octavas reales por el ejemplo de Ercilla. Castellanos se propuso escribir la
c:ónica ~im~da de las regiones de la Nueva Granada, y de otras cosas y regwnes, s1gmendo, por cierto muy de lejos, el ejemplo de Ercilla. La extensa
crónica de Castellanos, por los defectos de su estilo, representa un fracaso
en el orden artístico. Sin embargo, es una obra valiosa por su contenido cultural. No sólo da indicios de un temprano interés por el orden intelectual en
ciudades pequeñas, como Tunja, por ejemplo, donde vivió Castellanos. Ejem.:.
plifica la constante literaria de la épica ercillana como influjo en otros escritores. Crea un vasto mural en el que aparece la americanización del conquistador que se convierte en colonizador, la rapacidad 50 y sensualidad del español, 51 la conciencia de las proezas de la conquista del indio y de la naturaleza de América. Castellanos es asimismo fuente de datos para la historia
de la primitiva poesía en Hispanoamérica, como es en Perú el anónimo Discurso en loor de la poesía.

e) Río de la Plata: i) Martín· del Barco Centenera (1544?-1605).
La Argentina (1602), de Barco Centenera, es un poema épico semi-histórico en el que el relato del acaecer histórico es tergiversado por los motivos
mitológicos y fantásticos de las épicas europeas:
Y a en la Colonia se siente en nuestras letras la desmesura de la natural.eza, el pasmo ontológico frente a una tierra áspera y sin límites)· aflora
entonces el conflicto de las tradiciones europeas con el ímpetu americano.
La Argentina (1602) de Martin del Barco Centenera es ya expresión de
un espíritu desacomodado entre dos mundos. 52

No contiene primicias poéticas, pero sí aporta un elemento de gran importancia:
OG JUAN DE CASTELLANOS, Elegía de varones ilustres de Indias, Biblioteca de Autores Castellanos, IV (Madrid, 1914), p. 103.
1
~ lbid., p. 114.
"

PAGÉS LARRAYA,

p. 148.

295

�De su mediocre poema lo que quedó vivo fue el nombre, Argentina,
imitación de los nombres Araucana, Eneida, Ilíada. No lo había creado;
pero su insistencia en el adjetivo poético "argentino" y en su sustantivación "el argentino" como nombre del río y el país fue origen del gentilicio y el nombre moderno de nuestra república. 53

c. El Teatro
El teatro misionero fue decayendo en la generación de 1564, dando indicio
de la paralización de la dinámica del trasplante. Con la entrada de la Compañía de Jesús al Perú en 1568 y México en 1572, aparece en los colegios
americanos el teatro escolar, de intención didáctica, de carácter completamente religioso y de tradición latina. Tuvo escasa difusión y no se percibe su
influjo en el teatro colonial.
En cambio, el teatro religioso y profano, de carácter civil, arraigó en la
generación de 1564, en México y Perú. Aparecen los cómicos profesionales 54
y se establece la competencia entre autores y compañías criollas y peninsulares. 55 Como para la poesía, el estímulo para la obra dramática provenía de
las festividades religiosas, procesiones, recepciones de funcionarios peninsulares,
etc. Así se evidencian en el teatro los rasgos culturales de la generación de
1564: las variantes criollas y peninsulares, la gesta del trasplante, y la creación
de una cultura conquistadora. En este teatro profano, Hispanoamérica se incorpora definitivamente al quehacer dramático de la cultura conquistadora.

I) Santo Domingo: a) Cristóbal de Llerena (154{}-m . ya en 1626)
Los entremeses de Llerena son criollos. Su cosmovisión acusa el resentimiento y la crítica de los funcionarios peninsulares. Su sátira le valió el destierro,
marcando a Llerena como a uno de los primeros representantes de las letras
hispanoamericanas que usaron la pluma para la conquista de la libertad.

pastor Pedro y la Iglesia mexicana. El autor tiene el mérito de ser el primer

dramaturgo nacido en México. La comedia celebra la llegada del arzobispo
don Pedro Moya de Contreras a la Nueva España y, típica de su generación,
alegoriza, en este caso, la entrada de México al reino espiritual del Cristianismo.
Sobre todo, este cristianismo es ya mexicano, y así como en la tercera generación Tonantzin empieza a aparecer como la Virgen de Guadalupe, ahora la
Iglesia será, como reza el título, una "Iglesia Mexicana" .
b) Fernán González de Eslava (1534-1601)
Fernán González de Eslava, el mejor dramaturgo americano del siglo XVI,
a pesar de haber nacido en España, representa al español acriollado. La generación de 1564 se halla reflejada en las loas, entremeses, coloquios y autos
de González de Eslava. Prelopista, y guiado por los patrones teocéntricos de
México, sus personajes, con excepción de los cómicosJ son simbólicos. Virtudes,
conceptos teológicos, etc., son los protagonistas típicos del teatro de Eslava.
Abundan las alusiones y mitología clásicas y los personajes bíblicos. Estas
formas y rasgos trasplantados aparecen en función de México. La nota esencial
de su teatro es su carácter urbano y civil.
González de Eslava siempre está identificado con México. Elogia a los
virreyes, alaba la construcción de fuertes en el camino que va hacia las minas
para defenderse de los embates de indios indómitos. La pestilencia que en
15 76 mató a millares de indígenas motivó un coloquio en el que se destaca el
matiz regional. Se siente el cariño por la Nueva España : "México, reino escogido ... " 56 El coloquio describe el pesar que sienten los mexicanos por los
sufrimientos del indio, y también el hecho de que la pestilencia que diezmaba
a los indios trastornaba la institución económica:
Unos quedan sin servicio,
otros, señores sin renta,
la tierra pobre y hambrienta,
otros no hay usar oficio,
que es daño de mucha cuenta.51

2) México: a) Juan Pérez Ramirez (1545-? -)
Hijo de conquistador y versado en las lenguas náhuatl y latina, Pérez Ramírez escribió una égloga pastoril a lo divino, Esposorio espiritual entre el
63 ANDERSON IMBERT, I, p. 68.
64 ARROM, El teatro de Hispanoamérica

296

ANDERSON IMBERT, I,

en la época colonial (La Habana, 1956),
~ FERNÁN GoNzÁLEZ DE ESLAVA, Coloquios . .. ,

pp. 72-73.
CilS

El lenguaje indígena aporta vocablos y dichos. Un uso interesante de un
término indio es el de "Tiaxcala", "pan de maíz". González de Eslava le da
un significado cristiano-simbólico y es de suponer que el público conocería el

p. 73.

LXXV, p . 151.

" Ibid., p. 159.

297

�sentido indio de la palabra. Los nahuatlismos son muy frecuentes. En un pasaje hallamos un vocablo indio integrado con el habla y la personalidad de
un hijo de conquistador:
Orno. No tanta burla, señor,·

que ya probé que soy fino
hijo de conquistador.
Mi padre dice que busque,
pues él es, viejo y trabaja:
no hay para vestir de raja
en doscientos de tepuzque
que me dieron de la caja. 58

La identificación y amor por México son totales. Se atreve a decir que
con la llegada del virrey Velasco, que, de paso, era criollo, se vería realizada
ailí la edad de oro. 58 Además, incluye el paisaje mexicano en un sentimiento
vivo de lo propio:

•

TIEMPO:

!bid., p. 44.
!bid., pp. 177-181.
" !bid., pp. 176-177.
M

~

298

Contempla los resplandores
de las selvas mexicanas,
mira cumbres y sabanas,
con tal esmalte de flores
que te quitarán mil canas.ºº

Sección Tercera

HISTORIA

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>sentido indio de la palabra. Los nahuatlismos son muy frecuentes. En un pasaje hallamos un vocablo indio integrado con el habla y la personalidad de
un hijo de conquistador:
Orno. No tanta burla, señor,·

que ya probé que soy fino
hijo de conquistador.
Mi padre dice que busque,
pues él es, viejo y trabaja:
no hay para vestir de raja
en doscientos de tepuzque
que me dieron de la caja. 58

La identificación y amor por México son totales. Se atreve a decir que
con la llegada del virrey Velasco, que, de paso, era criollo, se vería realizada
ailí la edad de oro. 58 Además, incluye el paisaje mexicano en un sentimiento
vivo de lo propio:

•

TIEMPO:

!bid., p. 44.
!bid., pp. 177-181.
" !bid., pp. 176-177.
M

~

298

Contempla los resplandores
de las selvas mexicanas,
mira cumbres y sabanas,
con tal esmalte de flores
que te quitarán mil canas.ºº

Sección Tercera

HISTORIA

�EL MUNICIPIO DE SANTA CATARINA, EN LA HISTORIA
ISRAEL CAVAZOS GARZA

Universidad de Nuevo León

DE Los PUEBLOS DE NuEvo LEÓN, uno de los más vinculados a la historia de
Monterrey, es, indudablemente, el de Santa Catarina. Establecida la ciudad en
1596, su fundador don Diego de Montemayor, le señala como jurisdicción quince leguas por cada viento, y debido a ello, sus límites por el poniente llegan
hasta la cuesta de los Muertos.

En los primeros años, han sido fundadas por este rumbo la estancia de la

Rinconada, de Alonso Diez de Camuña; la de la Pesquería Grande, de los Fernández de Castro; el puesto de Camacho; la hacienda de Santa Catalina y la
de San Pedro de los Nogales.
Asalto del Huajuco.

La hacienda o estancia de Santa Catalina, es fundada por uno de los conquistadores más antiguos e importantes del Nuevo Reino de León: el capitán
Lucas García. Enclavada en un sitio que es acceso obligado a la ciudad, vive
las mismas penurias y las mismas zozobras que ésta. De allí que, cuando el 8
de febrero de 1624 sufre Monterrey el albazo de los temibles Huajuco y Colmillo, días después el mismo Huajuco da sobre Santa Catalina, en ausencia de
sus dueños, y, sorprendiendo al mayordomo Diego Pérez de Orellana, finge
dejarle libre, pero los suyos le dan muerte a flechazos en un montecillo cercano. 1
La casa fuerte es incendiada totahnente y en el botín se llevan doscientas fa-

negas de maíz que había en la galera, todo el ganado mayor y menor, la herramienta, ropa, etc., y además, se han perdido en el incendio las mercedes y
títulos de las tierras y las certificaciones de los servicios hechos al rey por Lucas
García.
1

ALoNso DE LEÓN y otros, Historia de Nuevo León ... , Monterrey, 1961, p. 67.

301

�El fundador.

A fin de resarcirse de por lo menos sus títulos, promueve el fundador de
Santa Catalina una información testimonial, comprobando la posesión de éstas
y otras tierras, y en especial, los servicios hechos a la corona durante más de
treinta años.

Conocedor de la lengua huachichila, en compañía del Cap. Diego Rodríguez, su hermano, p·acifica a los indios cercanos a Saltillo, y los hace mantenerse en población. Asiste, por orden de Francisco de Urdiñola, al castigo de
los indios que han dado muerte al misionero fray Martín de Altamira. Acompaña a Diego de Montemayor a la fundación de Monterrey, y es uno de los
primeros vecinos, que entra con su mujer Juliana de Quintanilla. Funda la
estancia de Santa Catalina, indudablemente en 1596; descubre minas importantes e impulsa la entrada de mercaderes de metales y de trigo.
El justicia mayor Diego Rodríguez, revalida las mercedes, que años más tar-

Jerónimo; de cuatro caballerías hacia el norte y otras tantas en la Pesquería
Chica, hacia las Tapiezuelas; de cuatro caballerías más en el Alamo de los
Cuataes, y de otras cuatro detrás de las Salinas. Y, además, la propiedad de los
caciques Oyoluque, Ayulama, Abinima, Cacanaoa, Caminicubama y Canaboyauma.

Aunque la hacienda sufre, hacia 1626, un nuevo albazo de los indios de Guapale, en el que mueren varios indios fieles y queman a una india encerrada
en el rancho, los daños materiales no son tan graves y logra la hacienda re-

cuperarse.

Muerto el capitán Lucas García por esos años, su viuda, Ju liana de Quintanilla, queda, como labradora y encomendera, al cuidado de la hacienda. Sus
hijos, Bernardo, Diego, casado con doña Mariana de Sosa; Tomás, Lucas y
Nicolás, casado con Nicolasa de Bracamonte, son soldados brillantes y llegan
a ocupar puestos honoríficos. La hija, Juana de Farías, está casada con Nicolás

Flores de Abrego.

de ha de confirmar el gobernador Martín de Zavala.
En la información recibida (31 de mayo de 1624) el Cap. Bernabé de las
Casas afirma haber conocido a Baltazar de Sosa e Inés Rodríguez, padres de
Lucas García, vecinos de Saltillo y muertos allí en servicio de Su Majestad: y
a los de Juliana Quintanilla, que entraron al Nuevo Reino de León.
Gonzalo Fcrnández de Castro, declara que la hacienda de Santa Catalina, es

Tomás es soldado desde 1635 en las compañías del Cap. Gregorio Fernández
y del Sargento Mayor Jacinto García de Sepúlveda. "Es práctico y entendido
en las cosas de la guerra", y el 22 de febrero de 1650 es ascendido por el gobernador Zavala a capitán de infantería española, arcabuceros de a caballo.'

"la mejor de toda la tierra, desde Zacatecas a estas partes". Diego de Montemayor, nieto, dice que le consta que estuvo en Saltillo, en compañía del Cap.

Visitas de gobernadores.

Alberto del Canto y de Estefanía de Montemayor, sus padres, y que pacificó
11

a los indios con suavidad y buen medio". Francisco de Avila, da fe del incen-

dio de la estancia, porque "lo vido todo, y trajo el cuerpo muerto de Diego
Pérez a la ciudad".

El mismo Bernabé de las Casas, testifica que Lucas García es "hombre honrado y de mucha reputación y crédito, y por tal ha sido estimado y querido;
y que ha dado entera y cumplida cuenta de todo lo que se le ha encargado . . .
y es digno de que Su Majestad le honre ... " Miguel de Montemayor añade
que, por ser "una de las mejores lenguas", don Diego, su abuelo llamó siem-

pre a Lucas García como intérprete de los huachichiles, y que sabe que por
ello le llamaban "el Capitán de la Paz".'
Los herederos.

Con esta información, comprueba la propiedad de la hacienda, compuesta
de doce caballerías de tierra; del herido de molino e ingenio de fundir, en San
2

302

Ms. Archivo Municipal de Santa Catarina. Legajo l. (Papeles sin clasificación).

De las visitas periódicas realizadas a la hacienda por el gobernador del reino

o por jueces comisionados, es importante la de don Martín de Zavala, de 7
de octubre de 1626. Le fueron manifestados por doña Juliana de Quintanilla,
el capitán Diego, cuatae, con cuatro indias y cinco muchachos; más una india
y dos indios chichimecas, en el servicio de la casa. Todos dijeron "que están

con gusto, que no han recibido agravio y (que) los tenían con amor y les enseñaban la doctrina. "Tenía entonces la hacienda siete bueyes, doce novillos,
trescientas cabezas de ganado menor, cincuenta yeguas y cinco arados en~
rejados".

Durante la visita del general Juan de Za,·ala -7 de marzo de 1653- vivía
todavía doña Juliana y presentó a los mismos indios cuatae, llamados también
ayuguamas, de los cuales sólo quedaban cinco, por haber muerto los demás.
Manifestó asimismo otra encomienda de borrados, "de hacia el pilón", llama~

dos cauyguama, más otra de traspaso del capitán Pablo Sánchez; todos ladinos en lengua castellana, y contentos porque ules daba de comer y vestir y que
no les quitaba sus hijos y mujeres . .. , y que todos los días les enseñaba la doc* l. CAVAZOS GARZA, Cedulario Autobiográfico ... , Monterrey, 1964.

303

�trina al pie de una cruz1' . La encomendera declaró que en tiempo de tunas y
mezquites, los indios bozales se le iban, y que volvían durante la cosecha del
trigo y el maíz.
El capitán Bemabé González Hidalgo, en su visita de 22 de diciembre de
1660, encuentra a los indios vestidos "con calzones de paño y sayal, y a las indias del servicio, con naguas y guipiles".
El Cap. Nicolás López Prieto (27 Dic., 1661) ; y el Cap. Alonso de León
(23 Mayo, 1669), encuentran que los indios reciben buen tratamiento.
El gobernador, marqués de San Miguel de Aguayo, advierte el 15 de febrero
de 1665, que sólo las indias saben rezar y no los indios, "por ser bozales". Durante su visita, Lucas presenta su encomienda de indios aguimaniguaras, que
significa "campo falto de leña y montes", y los cuales se hallan en Monterrey,
trabajando en la obra del convento. Tomás presenta más de 34 indios caguiamiguaras, o esa "gente que anda a la orilla del río". Doña Mariana de
Sosa demuestra los suyos garastiguara puanipuatama, que el intérprete traduce
como: "agua clara de los cerros". Pablo, su capitán, dice que los trata bien
"en la comi&lt;la y en todo lo que alcanza a darles". Todos los indios están "remotos", esto es, ignorantes u olvidados de la doctrina, por lo cual el gobernador dispone que pongan persona que los enseñe o lo hagan ellos personalmente.
El gobernador Francisco Cuervo de Valdés, en su visita de 22 de noviembre
de 1687, encuentra otra encomienda de Nicolás, de indios ariscapana canapanama archimamoica, cuyo significado es: "comedores de gavilanes". Todos están ausentes, porque es el tiempo en que suelen irse a su tierra, a comer tunas
y mezquites. 4

•

En 1692 (14 de marzo), al gobernador don Pedro Fernández de la Ventoza
se le da cuenta de dos minas, existentes en la boca de Vivanco. Para ese tiempo, figura un nuevo dueño de la hacienda: Baltazar de Treviño, quien ha
adquirido por compra; y dos años más tarde aparece también como propietario Francisco de Arredondo.
El 6 de abril de 1695, los herederos de Diego García: Nicolás, Margarita,
Gertrudis, Agustina, María, Josefa, Vicente y Lucía, venden su parte a don
Blas de Arrechederra y a doña María González Hidalgo, su esposa. Deciden
vender por ser muchos y tener casi todos su vecindad en otras partes. Del producto de la venta: doscientos diez pesos, tocan dieciocho pesos cuatro reales
a cada uno.

En el siglo XV 111.
A raíz de la muerte del capitán Lucas García, el viejo, y al hacerse la partición de la hacienda, de la acequia madre, que sale del Potrero, se abren
tres nuevas acequias para regar cada una de las partes: la de Arriba, o de los
Garcías; la de Enmedio, o de la Capellanía; y la de Abajo.

Observamos, así en el Archivo Municipal de Santa Catarina como en el
Municipal de Monterrey, numerosos litigios por el uso del agua, particularmente con los Flores o con los vecinos de San Pedro; y, sobre todo ya en años
posteriores, cuando se forman las haciendas de Capellanía, Buentellos, Arredondo, Molino, Abregos y Salinas.
F:l Valle.

Poco antes de 1735, observamos que Santa Catalina deja de ser hacienda
para titularse valle, jerarquía política establecida en las Leyes de Indias y que
concedía a este tipo de lugares un juez subdelegado, dependiente de la villa
española inmediata o del gobierno de la provincia.
El gobernador Bahamonde, en su visita de 1788, dice que el valle fue establecido '1Jor excusarles trabajos y gastos" de venir a Monterrey a ventilar sus
causas; y que les fue asignado un af~de mayor, "elegido de los pocos que
saben leer". 5
\
Advertimos también que no es ya Santa Catalina, sino Santa Catarina, americanismo generalizad~cipios del siglo XVIII.
No podemos dejar de mencionar a uno de los alcaldes mayores más importantes, el Cap. Juan García de Quintanilla, qlen a los quince años es ya soldado, y a los 20 ha sido ascendido a capitán. En 1717, el virrey marqués de
Valero le da título de reformado; y en 1722 1 vemos acudir a Coahuila, al
llamado del marqués de San Miguel de Aguayo, y hacerse cargo, con cuarenta
hombres, de una campaña que dura cinco meses, contra los indios que dieron
muerte al teniente de gobernador Juan de Valdés y a numerosos soldados. Ocho
años más tarde va a Texas, en auxilio del gobernador de aquella provincia,
Juan Antonio Bustillo, y comanda la campaña co~tra los apaches hasta pacificarlos y librar de sus ataques al presidio de San Antonio de Béjar. 6

5

1

Todos los Autos de Visita se hallan en el Archivo Municipal de Monterrey, Ramo
Civil.

304

J.

ELEUTERIO GoNzÁLEZ,

Colecci6n de Noticias y Documentos ...• Monterrey, 1867,

p. 112.
0

Ms. Archivo Municipal de Santa Catarina.

305
H20

�Límites del Valle.

El obispo Verger.

El extravío de los títulos antiguos da motivo a serios conflictos. El gobernador Juan Manuel Muñoz y Villavicencio dispone la composición de las tierras
y comisiona a Marcos Nicolás de Escamilla para este efecto. Este realiza la
vista de ojos y la medida de las tierras y señala los límites del valle.

El agua es abundante y sobra hasta para el servicio de Monterrey. El Ilmo.
Fr. Rafael José Verger, 2o. obispo de la diócesis, viendo que la ciudad carece
de agua para los usos domésticos, compra en 1786 al bachiller Alejandro de la
Garza, tres cuartas partes del agua de la Capellanía. Conducida a Monterrey,
es llevada a los hogares reineros por sendos canales especiales, y constituye,

Hacia el sureste, hasta el río, dividiendo a San Pedro al estrecharse en las
Mitras. De aquí al noroeste, "hasta el camino real de los saltilleros" y puesto

indudablemente, el primer servicio de esta naturaleza.

del Durazno. De aquí al suroeste, pasando por la falda de la loma y la cima
del cerro de la Escondida, Hmirando a un peñón colorado". Luego al poniente,
hasta la boca o potrero de Vivanco, para volver al oriente, por la falda de la
Sierra Madre, hasta el mismo peñasco colorado, y seguir por la ladera de la

Hay el propósito de llevar el agua por acequia especial; pero, hasta 1789, es
conducida por la acequia de Abajo. Ello provoca algunas diferencias interesantes contra don José Mariño Sotelo, mayordomo del obispo, porque el agua

Sierra Madre, al sureste, hasta el río de Santa Catarina al oriente, hasta el

de que no hay agua para los anímales domésticos y que se han perdido las sandías, los melones, las cebollas y el chile. Además, los vecinos pobres sólo tienen
una vasija y apenas la llevan y ya se agotó.'

primer punto de las Mitras.
Concluída la medida el 2 de agosto de 1760, resultó la impresionante cantidad de quince y un octavo caballerías de tierra y ocho cordeladas; ·más diez y
medio sitios de ganado mayor y tres cordaladas, valuadas, las primeras, en 200
pesos, y los segundos en 50 pesos, cada uno.'
Alcanzan a pregonarse en la plaza de Monterrey, para su remate, pero, encontrados los títulos, recuperan su derecho.

Estadistica.
Conviene mencionar algunas cifras estadísticas dadas por el gobernador don

Melchor Vida! de Lorca, en su visita de 10 de febrero de 1775. Tenían los valles de San Pedro y Santa Catarina una compañía de caballería española, montada, de 62 hombres. Había, en los dos valles, 63 vecinos españoles y 21 personas "de color quebrado"; en total 60 casados y 23 solteros. Santa Catarina contaba con las haciendas de Capellanía, la de los Ayalas y la de don Joaquín de
Mier (padre del ilustre fray Servando) .
Los vecinos cultivaban maíz, frijol, y caña dulce, y algunos criaban ganados

mayores y menores. La cosecha llega a ser hasta de 3,000 fanegas de maíz,
"bastante frijol y no menos piloncillo".
Hay en ese año en Santa Catarina 29 casas de adobe y 31 jacales de zacate
y caña. No existe la capilla y los vecinos van a Monterrey a los servicios religiosos.8

306

J.

ELEUTERIO GoNZÁLEZ,

El primer Ayuntamiento.

En esta vida patriarcal y bucólica asoma Santa Catarina al Siglo XIX; y
sólo interrumpe su quietud con el paso de don Mariano Jiménez, enviado de

Hidalgo en 1811; o con las guerrillas insurgentes de José Herrera, que se encuentra en el Durazno, después de su asalto a Monterrey en julio de 1813.
El número de vecinos ha crecido; pasa de mil doscientas almas, y el gobierno del reino, de acuerdo con la Constitución de 1812 y con el parecer del Lic.
Rafael de Lano, asesor letrado, y de la Exma. Diputación Provincial, dispone
que el valle de Santa Catarina deje de tener alcalde mayor para nombrar su
ayuntamiento. El lo. de octubre de 1820, los vecinos eligen su primer cabildo.
Y toca a Santa Catarina tener como primer alcalde a don Joaquín García, mis-

mo quien después ha de gobernar el Estado y distinguirse como patriota.
José de Gracia Rangel resulta electo procurador; y Antonio Rodríguez y Juan
de Luna y Góngora, regidores.

Trabaja este primer ayuntamiento con entusiasmo. Jura el 25 de octubre la
Constitución y el 8 de noviembre nombra a don José Manuel de Cuevas, primer maestro de primeras letras, con la dotación de doce pesos mensuales. El
4 de julio del año siguiente, un día después que en Monterrey, jura solemnemente la Independencia, de acuerdo con el Plan de las Tres Garantías.
• Ms. Archivo Municipal de Monterrey, Civil, 1789, Exp. 47.
Ms. "Creación del Ayuntamiento del Valle ... ". Archivo Municipal de Santa Catarina, Exp. 400.
10

' Ms. lbidem.
s

se confunde. En Santa Catarina se produce escasez y el vecindario se queja

obra citada.

307

�Traza del pueblo.

Desde ese mismo año de 1821, inicia la traza del pueblo. Para el asiento
urbano es señalado ''desde la acequia del Molino para arriba, hasta la loma
Pelona. . . de sur a norte".
Hay objeciones de parte de los accionistas antiguos, y, aunque se delinean
las calles no se llega a un acuerdo definitivo.

Ha de ser hasta el 8 de mayo de 1844 cuando una comisión compuesta por
Juan Luna, Norberto Ordóñez y Julio Morales, formula un dictamen aceptado por todos. Hecho el avalúo de solares; establecidas las condiciones de vecindad y de pago, y prohibida la extracción de maderas que ha de ser exclusiva para la edificación del pueblo, se procede al reparto de solares.
Comprendidas en cuatro calles y diecisiete callejones han sido trazadas setenta y dos manzanas, tres de las cuales son reservadas para el templo, la
plaza Y el Ayuntamiento. El precio de los solares es fijado de acuerdo con la
situación de éstos, fluctuando entre 3 pesos 4 reales los más baratos, y 8 pesos
]os más caros. 11

Realizado el reparto en absoluta conformidad, observamos que figuran como
apellidos fundadores los García, Góngora Guerra Arizpe Luna Rodriauez
'
'
'
'
o
'
Flores, Ayala, Gracia, Rangel, Arredondo y Páez, como más predominantes;
y Padilla, Almaraz, Breceda, Jiménez, Buentello, Sepúlveda, Ordóñez, Hemández y otros, menos frecuentes.
El templo.

Hemos visto ya que el lugar estuvo desde sus orígenes bajo el patronato de
Santa Catalina Mártir. El 25 de noviembre, fiesta de la santa, y el 25 de julio,
del apóstol Santiago, eran las dos fechas en que, durante toda la época colonial, se pasó revista de armas a los vecinos del reino.

Hay constancias de que hubo capilla en el siglo XVII. El Marqués de San
Miguel de Aguayo ordena el 15 de febrero de 1685 que, por ser mucha la
gente y grande la distancia a Monterrey, "dentro de seis meses reedifiquen la
capilla que solia haber en esta hacienda, y la pongan decente, de suerte que
pueda el ministro celebrar Misa".

Ya para 1810 existe el templo actual, sujeto a la Parroquia de Monterrey y
al cuidado de un vicario. El 26 de octubre de 1848, el Ayuntamiento del valle

soli:ita del provisor y vicario general un ministro. Señala la urgencia que hay
de este, así para la administración de los sacramentos cuanto por el peligro
en que se hallan los habitantes "de ser envueltos en la anarquía de las ideas
antir~eligiosas ~ue con tanta profusión y desvergüenza hay por todo Méjico".
El mismo Cabildo propone al Pbro. Jesús. Ma. Navarro y se compromete a
dota:lo con 300 pesos anuales, "contribución --dicen- que no tiene ejemplo
en nmguna parte de la diócesis" .12

La fama .

Sufre el pueblo en los días de la invasión americana. Partidas de soldados
invasores atropellan a hogares humildes y a vecinos pacíficos. Las casas de
Nazario Páez y Patricio de Luna son robadas e incendiadas. Cierto que no hay
día e~ que no aparezca un extranjero muerto o que del propio campamento
enemigo se rescaten los bienes perdidos.
Vienen dias de tranquilidad y el pueblo como que florece con el establecimiento de la fábrica de hilados "La Fama", en 1854. Esta planta ha de dar
origen a un importante núcleo urbano, que en nuestros días ha llegado a ser
uno de los más progresistas y ejemplares del Estado.
La villa.
Con la categoría de valle, pero con ayuntamiento propio e incluída como
municipalidad en la Constitución local de 1825, Santa Catarina vive toda la
primera mitad del siglo. Los historiadores Hermenegildo Dávila, Amado Fernández y David Alberto Cossio, la señalan como municipalidad desde 1812.
Santiago Roel y Timoteo L. Hernández consignan la versión generalizada de
que fue el presidente Juárez quien la elevó a villa, durante su estancia aquí
en 1864.
Sin embargo, una revisión de los manuscritos oficiales existentes en el riquísimo Archivo Municipal de esta villa, y en el General del Estado, nos han demostrado que Santa Catarina ostenta ese título antes de dicho año. Y encontramos que no sólo en 1864, sino en el 63 y el 62, usa este título invariablemente. Advertimos luego, tras de una paciente búsqueda y con el auxilio de
los señores A. Núñez de León y Agapito Renovato, que el 7 de diciembre de
1860 y en libro de Demandas Verbales del juzgado 2o., por primera vez es
titulada asi, llamándose después valle hasta el 27 de mayo de 1861 en que, así

11

Ms. "Expediente incluído sobre el reciento, formación y ornato de este valle, desde
el año de 1821, hasta la fecha, 2 de abril de 1837". Archivo Municipal de Santa Catarina, Exp. 1048. (Aunque dice concluir en 1837, comprende documentos hasta 1844).

308

iz

Ms. "Libro de Contestaciones". Archivo Municipal de Santa Catarina, 1848.

309

�en el libro citado, como en los del Registro Civil y la correspondencia oficial
despachada y recibida, se llama villa definitivamente.
La Constitución local de 4 de octubre de 1857, incluye a Santa Catarina

plaza de Santa Catarina se libran encuentros con el comandante vidaurrista
Cisneros.
El secretario en funciones de alcalde vive días angustiosos. El pueblo ha que-

como municip·aiidad. De derecho podría tomarse como documento que la elevó

dado vacío; las familias han salido al Potrero y a otros sitios; sólo hay dos policías y ni un solo vecino. Los soldados exigen bueyes para los carros militares,
y cuando el alcalde no puede dárselos intentan uncirlo a él. Sólo se escapa porque en eso pasa el presidente Juárez, por cuarta vez, rumbo a Saltillo, y le saca
del apuro.
Se advierte un fervor extraordinario del pueblo de Santa Catarina por la
causa de la República, y no deja de causar estupor el hecho de que Quiroga
ordene el 24 de agosto que se prepare el mejor recibimiento posible a las fuerzas francesas de Castagny, que ya vienen de Saltillo.

a esta dignidad; sin embargo, el uso definitivo del título, insistimos, data de
27 de mayo de 1861.
Juárez en Santa Catarina.

La historia está constantemente renovándose. El hecho de que no haya sido

el presidente Juárez quien declarara villa a Santa Catarina, para nada mengua el lustre del lugar.
Hemos visto que cuenta con ayuntamiento desde 1820, y que se la reconoce
como villa mucho antes de 1864.

Puerta de Monterrey.

Asoman nuevos días fatales para la Patria. Francia interviene en la vida de

México y el gobierno de la República se ve precisado a refugiarse en el norte.
Son de sobra conocidos los antecedentes de la actitud de don Santiago Vidaurri. Juárez ha llegado a Saltillo y decide establecer el gobierno nacional en
Monterrey. El ministro de Relaciones, Sebastián Lerdo de Tejada, participa
antes que el gobierno de Nuevo León al ayuntamiento de Santa Catarina este
propósito, en oficio de 5 de febrero de 1864. Vidaurri dispone que el pueblo
de Santa Catarina "aloje lo mejor posible al Presidente y sus ministros. 13
Ha llegado aquí el día 8 la División de Guanajuato, al mando del Gral.
Antillón. Dos días después arriba el presidente y se aloja en la casa cural, para
preparar su entrada a Monterrey.

No es posible un entendimiento con Vidaurri y de Monterrey vuelve J uárez
a Saltillo. El gobernador de Nuevo León ha mudado su actitud y ahora ordena al alcalde de Santa Catarina la interceptación de los correos del gobierno
federal. Juárez vuelve a Monterrey en abril. Vidaurri sale del Estado y el go-

Sería imposible reducir al marco de este ensayo histórico la vida de este

pueblo prócer. Santa Catarina ha sido, en el decurso de los siglos, la puerta
occidental de Monterrey. Ha visto entrar a todos los gobernadores coloniales

y a todos los prelados que gobernaron la diócesis, y ha presenciado el paso
venerable de Fr. Margil de Jesús. Vio entrar a Mariano Jiménez y salir abatido
el ejército mexicano a la caída de Monterrey en el 46. Las huestes de Ayutla y
de Reforma pasaron por su suelo y también las del Ejército del Norte marchar
arrolladoras rumbo a Querétaro. Santa Catarina sufre el azote constante del
salvaje y vive sucesos de trascendencia nacional en los días de la Revolución

de 1910.
La belleza imponente de los riscos de la Huasteca y de las Mitras, ha servido de regazo de este jirón de tierra nuevoleonesa, cuyos hijos son ejemplo de

tesón y de traba jo.

bierno nacional permanece en Monterrey durante cuatro meses.
En Santa Catarina estos acontecimientos hacen que la situación sea desespe-

rante. El alcalde Pablo Ayala ha preferido renunciar a su cargo, que acceder
a las órdenes de Vidaurri. Andrés Garza es designado para sustituirlo, pero
enferma (?) de gravedad. Es llamado el suplente, Juan Saldívar, pero, apenas
toma posesión, sale de noche a Saltillo y no vuelve. Queda entonces como primera autoridad el secretario, Juan Chrisman.

Don Benito Juárez se ha visto obligado a dejar Monterrey y la ciudad es
ocupada por J ulián Quiroga, cuyas fuerzas persiguen a las federales. En plena
13

310

Ms. Archivo General del Estado, Monterrey, 1874, Leg. 35.

311

�LA DECENA TRAGICA
JosÉ P.

SALDAÑA

Presidente de la Sociedad Nuevoleonesa
de Historia, Geografía y Estadística

LA voz PÚBLICA CALIFICÓ CERTERAMENTE, con el título de Decena Trágica, los
acontecimientos que precedieron a la caída del Gobierno Constitucional de
don Francisco I. Madero.
Diez días de incertidumbre, de cruel lucha entre el bien y el mal; diez días
en que se puso a prueba la maldad de unos y la bondad de otros; días negros
de nuestra historia, trágicos, sangrientos; pero al mismo tiempo engendradores
de grandes sucesos que habrían de cambiar radicalmente la vida institucional
del país.
Se impuso la fuerza de las armas sobre la fuerza de la razón, del esp'Íritu y
de la Ley. Imposición negativa como todo lo que carece de principios generosos
y por su propia esencia condenada al fracaso.
Habíase formado un clima contrario a Madero. Los mismos que habían sido
derrotados en la revolución, los que aparentemente se sometieron al nuevo régimen, fueron quienes sembraron el descontento y lo cultivaron con apasionado encono.
Por un lado, el ejército técnicamente derrotado; pero en quien descansaba
la seguridad del nuevo Gobierno. Por otro lado, los políticos despechados, que
habiendo ocupado en el régimen porfirista puestos de alta categoría, no se resignaban a lo que suponían una suplantación. Había que agregar todavía a los
maderistas que de buena fe criticaban a Madero, y a quienes, con carácter independiente, juzgaban necesario oponerse a lo que consideraban un Gobierno

débil e inepto.
Tendencias todas ellas distintas en su origen e intención pero coincidentes
en la finalidad que significaba el desprestigio de un equipo gubernamental lleno de deficiencias, pero imbuído de las mejores intenciones democráticas y de
los más sanos principios de honradez.
313

�EL CUADRILÁTERO

El Congreso de la Unión, integrado por la voluntad del pueblo mediante
elecciones de las más limpias que han tenido lugar en México, estaba formado
lógicamente por personas de diversas tendencias siendo en su mayoría simpatizadores fervientes de Madero. La Oposición se creó por obra de las circunstancias más que por acción premeditada de los enemigos.
Cuatro Diputados asumieron el papel representativo de la oposición. Inteligentes, jóvenes, dotados de brillantez en la exposición de sus ideas, honestos,
reuniendo en sí mismos condiciones de prestigio, lograron obtener la categoría
suficiente para asumir el difícil papel de oposicionistas, pero que resultaba airoso cuando tenían enfrente numerosos personajes de cultura envidiable.
Los cuatro parlamentarios de la oposición eran los señores Licenciados Francisco M. de Olaguíbel, José María Lozano, Querido Moheno y Nemesio García Naranjo. Ganaron el título de Cuadrilátero con el que se les distingue
históricamente.
Contendieron con tribunos de categoría por su ilustración, su honradez, espíritu combativo, dignidad y amor a la democracia, como los Licenciados Jesús Urueta, Luis Cabrera, Roque Estrada, José I. Novelo y Enrique Bordes
Mangel e Ing. Félix F. Palavicini.
Sin embargo, porque había en el cuadrilátero sinceridad, porque en su oposición existían convicciones, porque ninguno de ellos ofrecía antecedentes criticables, por eso precisamente los ataques resultaban demoledores para el régimen, máxime cuando había en muchas ocasiones razón para ello.
Los defensores del régimen, tanto o más preparados que los impugnadores,
se batían con denuedo, con inteligencia y con la fuerza que les daba el cumplimiento de los principios revolucionarios, que significaban la libertad de que
se gozaba para la expresión de las ideas, y el respeto al derecho del voto, que
ha significado para México la preocupación de más de un siglo.
Pero la opinión pública inclinada al lado de Madero, paulatinamente iba
perdiendo fuerza y en esa pendiente peligrosa buena parte tuvo el cuadrilátero;
pues siempre el que combate a un Gobierno, por recto y progresista que éste
sea, crea un ambiente de simpatías aun cuando sea por breve tiempo.

EL

EJÉRCITO

Al triunfar la Revolución Maderista quedaron las Instituciones bajo el sostén del ejército que había sido derrotado. Absurdamente se procedió en esta
314

forma porque Madero consideró que el ejército debería estar al margen de la
política ya que, tratándose de profesionales imbuídos de disciplina y de honor,
deberían continuar en servicio. Tanta era su confianza que ni siquiera conservó
a los contingentes armados que lo siguieron en ]a gran aventura.
No valieron consejos de los amigos porque para Madero, como hombre de
honor creía ciegamente que todos sus colaboradores obrarían en este plan. Grave error que vino a reconocer cuando ya era demasiado tarde.

EL HOMBRE

Bondad impresionante, credulidad extrema, valor excepcional, idealismo limpio, fueron características congénitas de Madero. Cualidades preciosas para un
hombre público de un país ideal que posiblemente todavía no existe.
La malicia no existía en Madero; pero podía comprender que a su alrededor
se movieran fuerzas traidoras. Cuando se le hablaba de intrigas, cuando se le
comunicaban noticias adversas apenas si ponía atención, pues siempre tenía
a flor de labio la más amplia excusa. No conocía la maldad ni creía que existiese. Ingenuo, con sana ingenuidad, disculpaba fácilmente los errores de los
demás, sin que alcanzara a comprender que muchas veces encerraban dolo y
mala fe.
Estimaba grandemente a los amigos pero no participaba de sus temores. Tenía tal confianza en sí mismo, que le parecía imposible la traición ni mucho
menos que se le derrocase. Sentía en lo más profundo de sus convicciones estar
cumpliendo con los ideales que había exaltado en la contienda armada. Los
ataques a su Gobierno los consideraba simplemente como producto de la libertad y eran en consecuencia la mejor demostración de su triunfo. No había por
qué ni para qué preocuparse. Si había luchado por la libertad, se disfrutaba
de ella y lo correcto era mantenerla incólume a toda costa.

ANTECEDENTES DE LA TRAGEDIA

Tres personajes cuentan como antecedentes de la decena trágica: el Gral.
Bernardo Reyes, el Gral. Félix Díaz y el Gral. Victoriano Huerta.
El Gral. Reyes, señalado en primer término por la opinión pública como el
indicado para suceder al Gral. Porfirio Díaz, en el momento decisivo optó por
retirarse de la contienda aceptando un puesto diplomático en Europa, a donde
marchó eliminándose automáticamente de la política, puesto que siguió al servicio del Gobierno Porfirista.
315

�Cuando ya habían pasado los acontecimientos revolucionarios maderistas intentó una contrarrevolución internándose al país por la frontera con los Estados U nidos y después de algunas correrías sin importancia se entregó preso en
Linares, N. L.
El Presidente Madero ordenó se le tuviesen toda clase de atenciones, y lo
que pudo ser un consejo de guerra sumario, se convirtió en cautiverio en la prisión militar de Santiago Tlaltelolco, de la ciudad de México.
Por cuanto al Gral. Félix Díaz, habiendo encabezado un cuartelazo en el
Puerto de Veracruz, fue sometido al orden quedando prisionero en San Juan
de Ulúa, Veracruz, y trasladado posteriormente a la Penitenciaría de la Ciudad de México.
Del Gral. Huerta existían antecedentes prestigiosos. Había combatido la
sublevación del Gral. Pascual Orozco hijo, caudillo de la revolución maderista, levantado en armas en contra de su antiguo jefe por no caminar de acuerdo con él.
Con una poderosa columna el Gral. Huerta, como General en Jefe, se enfrentó a los valientes orozquistas derrotándolos completamente en las batallas
de Rellano y Bachimba, del Estado de Chihuahua, regresando a la ciudad de
México con la aureda de la victoria. Esto le valió las simpatías de Madero, que
conseivó a pesar de algunas situaciones enojosas que significaron el retiro de
Huerta del servicio activo.

SE ACERCA LA CRISIS

Al principiar el año de 1913 todo era confusión y pesimismo. La actuación
del cuadrilátero en la tribuna de la Cámara de Diputados cumplía la más amplia y demoledora tarea. La siembra de ideas contrarias a la solvencia moral
del régimen maderista y a su capacidad administrativa, estaba minando día
a día la fuerza del Gobierno.
Abonaba la tierra removida la prensa de oposición. Los periódicos doctrinarios lanzaban cargos tremendos en contra del Gobierno dejando resabios y
sembrando dudas en todas partes.
Las versiones más desatinadas se transmitían de boca en boca y formaban
una malla espesa que ahogaba la realidad, presentando un panorama de tal
manera desastroso y desesperante, que obligaba a pensar en la necesidad de
un cambio.
El hombre de la calle no sabía a qué atenerse. Había recibido a Madero
como héroe, y apenas transcurrido algo más de un año, se le veían serios defectos, que opacaban las cualidades y los méritos que antes se le concedían.
316

¿ Qué había en todo ello? No era cosa fácil de explicar, no existía forma
alguna de comprender lo que bullía en el fondo de las pasiones exaltadas, y la
opinión pública, incapaz de formarse por el criterio de los más, se imbuía de
la prédica constante de los menos, que con su dialéctica transformaban la realidad en la forma que a sus intereses convenía.
Cierto que los hombres como los pueblos tienden siempre a caminar hacia
adelante; pero cierto, también, que en ese esfuerzo de superación los obstáculos
hacen muchas veces que se retroceda; pero es signo que acompaña al progreso
superar los obstáculos para avanzar cada vez más.
De esta manera, puede exp'licarse que la presión ejercida en contra del régimen maderista, deslumbrara a muchos, convenciéndolos de que había sido un
error considerar a Madero con la capacidad suficiente para dirigir los destinos
de México.
Al iniciarse el mes de febrero, la atmósfera estaba cargada de negros presagios. Algo grave estaba por suceder sin que pudiera definirse lo que sería.
Quince días antes el Bloque Liberal Renovador, integrado por la mayoría
de Diputados del Congreso de la Unión, de filiación maderista, había entregado
al Presidente don Francisco l. Madero un extenso memorial, redactado con la
vehemencia de quienes, conocedores perfectos del momento que vivían, formulaban sugestiones de altísima importancia, que al transcurso de los días, resultaron verdaderos vaticinios.
Sin reservas, llamando a las cosas por sus nombres, expresaban los renovadores: "La Revolución va a su ruina arrastrando al Gobierno emanado de ella
sencillamente porque no ha gobernado con los revolucionarios. Sólo los revolucionarios en el poder pueden sacar avante la causa de la Revolución". Porque
Madero, ingenuamente, creía que gobernaría con libertad, sosteniendo los postulados de la Revolución, con la colaboración de los mismos personajes que
habían sido clave del Gobierno Porfirista.
Si aquellas personas no habían actuado en la Revolución ni sentían sus ideales, su gestión no podía identificarse con tendencias que les eran contrarias a
sus principios.
Así veían la situación los Diputados renovadores diciendo: ''De ahí esa guerra civil que se desenlazará tal vez con el derrumbamiento del Gobierno más
fuerte que ha tenido la República".
La insistencia de aquellos amigos de Madero en ver próxima la caída del
Gobierno era producto de sus sentimientos revolucionarios y del conocimiento
real de la situación prevaleciente. Por lo demás muy cerca estaba la realización
de esos presagios.
Madero encontraba un pesimismo agudo en lo que le exponían los Diputados, confiando siempre en sí mismo, porque tenía la convicción de estar go-

317

�bemando con toda honradez, tratando de cumplir lo que había prometido al
pueblo.
Pensando en su forma de ser apegada a la más estricta ética, creía que sus
colaboradores harían honor a los compromisos contraídos, de manera que, siempre optimista, no hizo caso a las advertencias que de la mejor voluntad se le
hacían, y con ello marcó fatalmente el signo de su martirio.

DESPUÉS DE LAS PALABRAS LA METRALLA

Preparado el ambiente por los civiles, el siguiente paso correspondía darlo
a los militares. Para la explosión no faltaba sino la chispa que diera principio al fuego.
El día 8 de febrero fue de incertidumbre, de nerviosismo. Las más variadas y
extrañas versiones circulaban por la ciudad. Algo grave estaba por suceder. En
el ambiente se respiraba la proximidad de la tragedia.
Quienes preparaban la asonada, sí sabían cuáles eran sus propósitos, y hasta
dónde estaban resueltos a llegar. En cambio, para Madero y sus cercanos colaboradores existía incertidumbre, presagios más o menos graves, pero ningún
dato concreto que pudiera descubrir la conspiración.
Pasó el día entre zozobras precursoras de lo que en la noche ya sería signo
de activísima acción engendradora de uno de los más desventurados episodios de nuestra historia.

AMANECER TRÁGICO

Con el nuevo día nacía la deslealtad del brazo de la tragedia. No se trataba
ya de la versión callejera, ni de la amenaza tribunicia, sino del hecho tangible
que hablaría por boca de los cañones y de los fusiles.
El Gral. Manuel Mondragón, Jefe de la Artillería, con asiento en Tacubaya,
estaba en pie de guerra, dispuesto a usar las armas en contra del mismo Gobierno que se las había confiado para la defensa de las instituciones legales.
Disponía de 300 Dragones del Primer Regimiento y de 400 hombres del Segundo y Quinto de Artillería.
Habían sonado p·ausadamente las cuatro de la mañana. Principiaba el día
9 con fatídicos designios. A esa hora el Licenciado José Ma. Pino Suárez, VicePresidente de la República, llegaba a la casa del Licenciado Federico González Garza, Gobernador del Distrito, para comunicarle la fatal noticia.

318

Por teléfono fue plenamente confirmada: primero por conducto del Inspector General de Policía, Mayor Emiliano López Figueroa; después por testimonio del Prefecto de Tacubaya. Pasados unos cuantos minutos se tuvo conocimiento de que los alumnos de la Escuela de Aspirantes de Tlalpan secundaban
el movimiento. Se trataba de 400 muchachos entre los 17 y 18 años de edad,
a quienes mañosamente se les sorprendió manchando a tan temprana edad su
vida de soldados.
A las cinco horas se desprendieron las dos columnas en dirección de la ciudad de México. La comandada por el Gral. Mondragón fue directamente hacia el Cuartel de la Libertad y sin disparar aumentó sus contingentes con 100
hombres del primer Regimiento. En seguida avanzaron sobre la penitenciaría,
emplazaron varios cañones frente al edificio, y sin resistencia alguna libertaron
al Gral. Félix Díaz.
Pasaron rápidamente a tomar posiciones frente a la ciudadela, fortaleza de
gran importancia estratégica por sus resistentes muros, ubicación cercana al
centro de la ciudad y por contener enormes almacenes de armas y de parque,
capaces de proporcionar elementos para tres meses consecutivos de combates. .
Durante tres horas se mantuvo el fuego hasta la capitulación de los defensores
ocupando la fortaleza Félix Díaz y Mondragón.
La traición hizo posible el rápido tránsito. Defendía la ciudadela el Gral.
Manuel P. Villarreal, valiente y leal. Distribuyó a su gente en los lugares más
adecuados, emplazando dos ametralladoras en la azotea a cargo de dos expertos oficiales. El se mantuvo en ese lugar la mayor parte del tiempo, vigilando
con sus gemelos el movimiento de las tropas enemigas y dando órdenes para
dirigir el fuego en la forma que convenía.
No era fácil para los atacantes el triunfo. Así confiadamente lo consideraba
el Gral. Villarreal; pero ignoraba que entre los oficiales a sus órdenes había
quienes estaban comprometidos con el enemigo.
Durante tres horas se estuvo combatiendo sin que lograran los atacantes
avanzar. De pronto, los oficiales que manejaban las ametralladoras, en un movimiento previamente acordado, volvieron sus armas en dirección a donde se
encontraba el Gral. Villarreal, dejándolo muerto con una ráfaga de balas. Siguieron vomitando fuego las ametralladoras hasta terminar con todos los soldados que se encontraban en aquel lugar.
Lo demás fue cosa fácil. Los oficiales comp·rometidos maniobraron rápidamente imponiendo su criterio. Se izó bandera blanca y el enemigo, sin riesgo
alguno, a tambor batiente, entró al enorme edificio.

319

�LA SEGUNDA COLUMNA EN ACCIÓN

Los aspirantes, mandados por oficiales del ejército, al llegar a la ciudad ~e
dividieron en dos fracciones: una se dirigió al Palacio Nacional y la otra a la
prisión de Santiago.
La guardia del Palacio, de acuerdo con el movimiento, fraternizó con los
aspirantes, procediéndose de inmediato, a redoblar la vigilancia. Sorprendido
el Gral. Angel García Peña, Secretario de Guerra, fue apresado junto con don
Gustavo A. Madero, hermano del Presidente. Como tratara el General de defenderse fue herido levemente.
Minutos después de estos acontecimientos llegó el Gral. Lauro Villar, Jefe
de Armas de la Plaza, en conocimiento de lo que había sucedido, violentamente
acudió al Palacio, y con unos cuantos soldados, haciendo alarde de audacia y
de valor, dio órdenes imperativas que sorprendieron a los guardias y a los aspirantes, haciéndose dueño de la situación.
En la confusión que se provocó logró el Gral. García Peña salir del lugar de
su reclusión, así como don Gustavo Madero, quienes se dirigieron inmediatamente a informar al señor Presidente de lo que sucedía.
La otra fracción de aspirantes atacó la prisión de Santiago sin encontrar gran
resistencia, más parecía un simulacro que un formal combate. La confusión
provocada por el tiroteo la aprovecharon algunos reclusos para evadirse. No
estaba ese acto en el programa y fueron ametrallados sin compasión, muriendo
más de 200.
Puesto en libertad el Gral. Bernardo Reyes, motivo principal de la acción,
se le dio el mando de los contingentes armados, fortalecido por más de 100
soldados que allí se agregaron. Jinete en magnífico caballo el Gral. Reyes ordenó la marcha hacia el Palacio Nacional, que creía en poder de sus amigos,
según noticias que se le habían comunicado.
Confiadamente llegó a la puerta principal del histórico edificio, dando voces
para que se le dejara franco el paso. La contestación partió de los fusiles y de
las ametralladoras, entablándose un nutrido tiroteo, siendo el Gral. Reyes uno
de los primeros en caer sin vida. Su estrella eclipsada de tiempo atrás, había
llegado al cenit.
El combate fue terrible, y solamente por las ventajosas posiciones de los defensores del Palacio, pudieron repeler el ataque infligiendo muy serio descalabro a los insurrectos, que dejaron entre muertos y heridos más de quinientas
personas, algunas de ellas civiles, que se habían agregado a la columna, creyendo que se trataba simplemente de un brillante desfile.
Los sobrevivientes huyeron en distintas direcciones tratando de unirse a los
sublevados que asediaban la Ciudadela. A pie y a caballo pasaban por las ca-

320

lles -~ toda velocidad espoleados por el miedo, al igual que numerosos caballos
sm Jmete que corrían alocadamente.
Entre los prisioneros hechos por las fuerzas del Gral. Villar se encontraba el
Gral. Gregario Ruiz, a quien se le formó consejo sumarísimo de guerra siendo
fusilado inmediatamente.
Se ~puso: a~emás, un doloroso escarmiento, fusilándose a 15 aspirantes, que
el destmo senalo. Ordenó el Gral. Villar que se formaran en línea desplegada
para ser pasado por las armas uno de cada cinco.
Este primer episodio había sido del todo favorable a las armas leoítimas •
pero quedaban reservadas muchas sorpresas.
b
'

Vivía en el castillo de Chapultepec. Informado de los sucesos llamó a su
lado a los amigos y a los funcionarios de mayor confianza. Acudieron los Ministr_os Ernes~o Madero, Lic. Rafael Hemández, don Manuel Bonilla; el VicePreS1d_ente, Lic., José Ma. Pino Suárez; el Gobernador del Distrito Federal, Lic.
F:denco_ Gonzalez Garza; el Inspector General de Policía, Mayor Emiliano
Lopez F1gueroa; los Ayudantes del Presidente, Capitanes Federico Montes y
Vázquez Chaffino, y algunas otras personas. Después de una agitada deliberación Madero decidió trasladarse al Palacio Nacional.
Encabezó Madero la comitiva montando un caballo blanco de buena estampa, llevando en la diestra una bandera nacional. Lo escoltaba un pelotón de
alumnos del Colegio Militar, y en seguida caminaban las demás personas.
Al llegar al monumento de Colón se incorporó el Gral. García Peña dándole
cuenta pormenorizada de lo que había pasado en el Palacio. Poco más adelante
se agregó el Gral. Victoriano Huerta, que no tenía comisión alguna, situándose
c.erca de Madero. A medida que se avanzaba se incorporaban amigos y simpatizadores del Presidente.
Cerca del cruzamiento de Juárez y San Juan de Letrán fue recibida la columna con nutrido tiroteo, obligando a Madero y a su comitiva a buscar refugio en un edificio ocupado por la fotografía Daguerre, en tanto los alumnos
del Colegio Militar rodilla en tierra contestaban la agresión.
Este inesperado percance obligó al Presidente a considerar de nueva cuenta
la conveniencia de seguir hacia el Palacio. Las opiniones estaban divididas•
pero se impuso el criterio de seguir adelante.
'
Aprovechando Huerta aquel momento de indecisión ofreció a Madero sus
servicios alegando que el General Villar, Jefe de Armas de la Plaza, se encontraba herido. Con patética emoción dijo que ofrecía su vida para salvar las
321
H21

�Instituciones amenazadas por ambiciosos vulgares; que él se comprometía a
restablecer la paz si le daba la oportunidad de hacerse cargo del Ejército leal.
Presente estaba el General García Peña a quien consultaba con la vista Madero, y como no viera gesto alguno que indicara la inconveniencia de un nombramiento provisional y a la vez urgente, desde luego designó a Huerta Jefe
de la Plaza.
Acallado el fuego enemigo por los alumnos del Colegio Militar, continuó la
marcha. Para cuando llegó Madero a Palacio era aclamado por millares de
personas, que pedían armas para combatir a los rebeldes.
Instalado Madero en Palacio, procedió a discutir la situación con los Ministros y amigos de confianza, en presencia del General Huerta, quien se retiró
para organizar las tropas haciendo protestas de lealtad y de seguridad en aplas•
tar a sangre y fuego la insurrección.
Se dispuso llamar a las fuerzas rurales del 80. y 300. Regimiento que guarnecían Celaya, Gto. y San Juan Teotihuacán. Como el General Felipe Angeles,
de absoluta confianza, se encontraba en Cuemavaca con 2,000 hombres, el
mismo Madero decidió personalmente ir a conferenciar con él. Salió inmediatamente en automóvil acompañado de varias personas. Al día siguiente, 10 de
febrero, regresó en compañía del General Angeles al frente de sus hombres.
Para Madero la situación se aclaraba. No era posible que 1,500 hombres,
encerrados en la Ciudadela, con todos los elementos con que pudieran contar,
por valiosos que fueran, significaran más que el resto del ejército, y sobre todo,
frente a un Gobierno Constitucional, electo por el pueblo.

SIGNOS ADVERSOS

Frente al optimismo de Madero, subsistente a pesar de cuanto le habían dicho sus más íntimos amigos y sus más adictos correligionarios, que los hechos
confirmaban, se urdía la obscura trama de la traición.
Concentrada la fuerza infidente en la Ciudadela, con limitado número de
combatientes, solamente la traición podía convertir una clara victoria en una
derrota. Ninguna posibilidad tenía Félix Díaz de recibir ayuda fuera del limitado radio de acción que dominaba, que aun cuando ofrecía magníficas posiciones defensivas, poco significaban ante la fuerza del Gobierno.
Cierto que el ambiente público había sido envenenado y cierto que la reacción cobraba bríos; pero el problema de la Ciudadela no era de carácter político sino militar, y en ese campo no había por qué dudar sobre el triunfo de
las Instituciones legales.

322

Sorprende que una traición premeditada, cuya ejecución se llevó diez días,
no hubiese sido frustrada. Cabe pensar en los designios inexcrutables del
destino.

PREPARACIÓN DEL GOLPE

Recibe el General Huerta plenos poderes militares del Presidente Madero.
Asegura, teatralmente, que muy pronto someterá al orden a los infidentes.
Confía Madero en el militar ostentoso y audaz, a pesar de cuanto se le ha
dicho en su contra. No tiene duda alguna de que en el término de 48 horas
las cosas volverán a su curso normal.
Sin prisas Huerta actúa en relación a sus objetivos personales. Prolongar la
tensión nerviosa de la populosa ciudad, era uno de sus propósitos. Necesitaba
impresionar en el sentido de que era punto menos que imposible tomar la fortaleza a sangre y fuego.
Pasa el día 9 sin gran aparato. Al caer de la tarde, como si se tratara de re~
cardar lo que pasaba, son disparados algunos cañonazos desde la Ciudadela,
que causan serios daños a edificios cercanos, especialmente a la prisión de
Belén. En la noche vuelve el silencio, que se rompe al aclarar el nuevo día.
Aprovecha Huerta la llegada de refuerzos para retardar el ataque. Debe llegar Angeles con 2,000 hombres ese mismo día 1O, anunciando en consecuencia
el ataque a fondo para el día siguiente.
Para ese día se disponen los efectivos del Gobierno en plan de combate. Por
delante van los rurales y en seguida la gente del General Angeles, dejando en
reserva a las tropas regulares. A las diez horas principia el tiroteo, que gradualmente aumenta en intensidad, participando a poco la artillería de una y
otra parte.
Durante ocho horas se combate sin cesar. Pierden los rurales importantes
contingentes al intentar repetidos asaltos. Las ametralladoras de los insurrectos
funcionan sin cesar ocasionando tremendos estragos. Los leales hacen infructuosos esfuerzos para acercarse a los muros de la fortaleza. El General Huerta
insiste en el asalto como si tuviera la diabólica intención de sacrificar a los más
adictos defensores de Madero. Ante el espectáculo de una inmolación criminal,
el General Angeles interviene evitando que continúe la absurda matanza. Para
entonces las cruces roja, blanca y verde, atienden a más de 1,500 heridos, y
recogen como 200 muertos.
El espectáculo es espantoso. Los cañones ensordecen con su continuo estruendo. Más edificios son dañados por la metralla, en tanto que Huerta no decide
un ataque en forma, maniobrando en detalle con la finalidad de ganar tiempo.

323

�SE

PROLONGA LA CONFUSA SITUACIÓN

Contempla con infinito dolor el sacrificio de sus más fieles elementos integrantes de los regimientos de rurales, se da cuenta de la impotencia a que ha
Con pequeños intervalos continúan los combates hasta el día 18. Parece como
que Huerta se complace en ello, no obstante las renovadas protestas de adhesión
a Madero.
En tanto los cañones no cesan de vomitar fuego, la ciudad principia a sufrir
seriamente los rigores de la escasez de alimentos, de luz, de agua, y de los más
elementales servicios, a la par que circulan toda clase de versiones contrarias al
régimen, versiones que tienen su origen interesado de los grupos de civiles par-

tidarios de Félix Díaz.
Cuanto más se prolongaba la contienda, mayor es la confusión entre el pú-

blico, y las dudas se extienden sobre la capacidad del Gobierno para sofocar
la rebelión.
'

sido sometido el General Angeles, en quien, justamente, tiene completa con-

fianza. La prolongación de la lucha es signo inequívoco de que algo existe que
él, por su congénita bondad y buena fe, no había advertido. Se niega, aún así,
a dar por hecho que la traición lo amenaza.

En tanto pelean denodadamente los soldados leales, que mueren porque a
esto se les envía a la línea de fuego, una serie de incidentes graves colocan a
Madero en situación desesperada.
El Senador Licenciado Francisco León de la Barra ofrece sus servicios a

Madero y recibe la encomienda de hablar con Díaz y Mondragón con el fin de
concertar un armisticio, en tanto dos representantes de cada parte proponen la

forma de solucionar el conflicto.

Los amotinados, a medida que pasan los días, se afianzan en la idea de que

En cumplimiento de la misión el Licenciado León de la Barra efectúa una

existe un interés preponderante en que la lucha continúe. No pueden localizar
con precisión dónde radica; pero sienten esa colaboraci6n, que los alienta a
continuar en la brega, y no tardan mucho en darse cuenta de que es el General

entrevista con Díaz y Mondragón, quienes aceptan al armisticio con la condición irrevocable de la previa renuncia de Madero y Pino Suárez. Informado

Huerta quien maniobra en tal sentido.
El secreto lo guardaba Félix Díaz. Había conferenciado con Huerta; pero
conociendo sus turbios procedimientos, no tenía confianza en el cumplimiento

de lo pactado. Sin embargo, era signo inequívoco de que Huerta se aliaría a
la rebelión, la forma en que llevaba las acciones militares.
No era necesario conocer de estrategia para darse cuenta de que cuanto hacía Huerta significaba una victoria moral para los sublevados. Pero ¿ cumpliría
Huerta su compromiso de reconocer a Félix Díaz como Jefe del movimiento?
Por Jo pronto, para los sublevados, lo importante era derrocar al Gobierno;
después cada quien pensaba en lo mejor para sus intereses, y en este punto,

muerto el General Reyes, lo indicado lógicamente, era que Félix Díaz se destacara en primer lugar, de manera que, aun cuando Huerta ambicionara cobrar cara su infidencia, tendría que aceptar esta situación.

Madero de tal pretensión, la rechaza indignado.
Por su parte los Ministros de España y de Inglaterra y el Embajador de los
Estados Unidos, hacen una primera visita a Madero, solicitando que se demarque una zona de fuego, haciendo la consideración de que es inaceptable que
a una ciudad de la importancia de la de México se le someta a la acción de los
combates. Madero contesta cortésmente que tiene la seguridad de dominar la
situación en breve plazo.

Al mismo tiempo, día 14, en la casa particular del Senador Sebastián Camacho se reunieron los Senadores Juan C. Hemández, Ricardo Guzmán, Jesús

Flores Magón, Guillermo Obregón, Víctor Manuel Castillo, Luis C. Curie!,
Carlos Aguirre, Francisco León de la Barra, Emilio Rabasa, Rafael Pimentel
y Tomás Macmanus. Asistió también el Ministro de Gobernación don Pedro
Lascuráin. Hubo un intercambio de opiniones prevaleciendo la idea de pedir
a Madero su renuncia, evitando así mayores males al país, y el riesgo de la
intervención armada de los Estados Unidos. Se convino en efectuar una junta

LA DIPLOMACIA Y LOS INTERESES CREADOS

más amplia en la Cámara de Diputados, coincidiendo la idea con el propósito
del señor Madero de informar al Senado sobre la situación prevaleciente.

Estoicamente resiste Madero la terrible situación. Se agrieta su autoridad,
pierde la adhesión de quienes antes lo adulaban; recibe frente a frente la demanda de su dimisión, por conducto del Cuerpo Diplomático, de Senadores,
Diputados, y aun de algunos de sus Ministros; p'ero él, imperturbable, firme en

La Asamblea tuvo lugar al día siguiente en la Cámara de Diputados sin que
se reuniera quorum, no obstante haberse hecho la cita con la urgencia que
demandaban los acontecimientos. Veinticinco Senadores pasaron lista de presente, y ante el Licenciado Lascuráin se llevó a cabo la sesión extralegal, tornándose los siguientes acuerdos:

sus convicciones, rechaza con indignación toda insinuación indecorosa.

324

"Primero: Consúltese al Presidente de la República en nombre de la supre-

325

�ma necesidad de salvar la Soberanía Nacional, que haga dimisión de su alto
cargo".
"Segundo: Hágase igual consulta al C. Vicepresidente de la República".

HUERTA EN ACCIÓN

Aprovecha Huerta la desorientación general, tanto en lo que respecta al Go-

bierno como a los rebeldes encerrados en la Ciudadela, a quienes les faltan ali-

"Tercero: Nómbrese una comisión que haga saber al señor Presidente Madero y al señor Vicepresidente Pino Suárez, los acuerdos adoptados".

mentos y no ven la forma de salir de la ratonera y en cambio esperan de un

Fueron comisionados para el desempeño de la delicada misión los Senadores
Gumersindo Enríquez y Diego Fernández.

son sino cortinas de humo para ocultar su verdadera situación.

Acompañados del Licenciado Lascuráin los 25 Senadores se trasladaron al
Palacio.
Advertidos oportundamente Madero de la visita de los Senadores y de sus
propósitos, comisionó a los Ministros Ernesto Madero, Manuel Bonilla y Jaime
Gurza, para que lo excusaran expresando que había tenido necesidad de ausentarse por cuestiones urgentes.
Ante los Senadores, reunidos en la antesala de la Presidencia, los mencio-

nados Ministros, después de los saludos protocolarios, don Ernesto Madero
expuso la razón por la cual el Presidente no podía recibirlos y que, aunque sin
la encomienda oficial, se permitía expresar que, atento a las condiciones especiales del Gobierno, había decidido el señor Presidente no renunciar a su pues-

to, pues tenía la seguridad de obtener el triunfo.
Replicó el Senador Enríquez expresando su pena por no transmitir personalmente al señor Presidente el acuerdo tomado por los 25 Senadores presentes,
que aun cuando no constituían la mayoría de todas maneras su número era

respetable, considerando interpretar el sentir de la mayoría, que dada la gravedad del momento de todas maneras expresaría la opinión de que era porta-

dor, expuesta en la sesión que habían celebrado. Que le suplicaba al señor Ministro hiciera del conocimiento del señor Presidente que los Senadores presentes habían acordado "suplicar al señor Presidente, al señor Vicepresidente y al
Gabinete, que renunciaran a su alta investidura en aras de la patria, a impulsos del más sublime patriotismo" ...

Agregó que la independencia de México estaba amenazada a pesar de cuanto oficialmente se decía, y en consecuencia, la actitud de los Senadores no
cambiaría.

En un ambiente de aparente cordialidad se dio por terminada la embarazosa entrevista.

momento a otro la ofensiva formal de las tropas leales. Sus baladronadas no
Al amanecer del día 18 cita urgentemente a los Senadores que habían pedido
la renuncia de Madero. Acuden a su llamado los Senadores Sebastián Camacho, Gumersindo Enríquez, Juan C. Fernández, Emilio Rabasa, José Castellot,
Ricardo Guzmán, Guillermo Obregón, Carlos Aguirre y Rafael Pimentel.
Insinúa Huerta la necesidad de actuar con rapidez para resolver la situación
y para el caso dice necesitar del consejo de los Senadores, versados en cuestiones de leyes, ya que en lo militar las cosas no se presentaban como era de
desearse.
Informan en seguida los Senadores a Huerta de la frustrada entrevista con

el Presidente, y de lo expuesto al Ministro Ernesto Madero, sobre la necesidad
de la renuncia del Presidente, del Vicepresidente y del Gabinete.
Con muestras de satisfacción Huerta encomió la actitud patriótica de los Se•
nadores, empeñada decididamente a procurar para el país el bienestar que solamente puede conseguirse mediante la paz.

Con base en la amable atención de los Senadores, Huerta, dando a sus palabras el tono más solemne posible, expresó su sentimiento por los males causados con motivo de la lucha entre hermanos, lamentando el sacrificio de los
que habían caído en cumplimiento de su deber; pero desgraciadamente sin resultados satisfactorios en atención a las circunstancias que rodeaban la empresa.
Después de una breve pausa, simulando hacer un gran esfuerzo al revelar
la noticia que iba a dar a conocer, recargando el tono apesadumbrado de sus

palabras, leyó un documento que había sido firmado el día anterior por los
Generales Angel García Peña, Ministro de la Guerra, y Aureliano Blanquet,
Jefe del 9o. Batallón, que no participaba todavía en la contienda, por motivos
ignorados, aun cuando altamente sospechosos. En el documento se hacía cons-

tar el informe técnico del Coronel Rubio Navarrete, Jefe de la Artillería Legal,
consistente en la imposibilidad de tomar por asalto la Ciudadela.
Honda impresión causó a los Senadores cuanto habían escuchado, afirmán.
dose con mayor decisión en su empeño de pedir la renuncia de Madero. Apro•
vechó Huerta la coyuntura para ofrecer su intervención a efecto de lograr una
entrevista con el señor Presidente, proposición que fue aceptada.

Para el efecto Huerta solicitó la cooperación del General García Peña, y de
inmediato se trasladaron a Palacio, logrando ser desde luego recibidos.

326

327

�Con extraordinaria serenidad escuchó Madero a los Senadores contestando,
en tono comedido pero enérgico, que no había motivos graves que no pudiesen ser superados, para su dimisión, máxime cuando el pueblo libremente lo

había elegido; que en consecuencia no le era posible complacerlos.

CONSUMACIÓN DEL CUARTELAZO

Había logrado Huerta sus propósitos. Contrariados los Senadores y alarmados por la situación le servirían incondicionalmente, como le serviría también

el Embajador Norteamericano, partidario acérrimo de Félix Díaz. El mismo
General Díaz, encerrado en la Ciudadela, suponiendo a su alcance los más
poderosos elementos de guerra, no podría sostenerse indefinidamente y al intentar una salida fácilmente sería aniquilado. Quedaba indudablemente también a merced de Huerta.
En cuanto al Ejército Federal, con excepción del General Felipe Angeles v
las debilitadas fuerzas rurales, estaba plenamente seguro de que todos los demás
jefes le serían adictos, especialmente el General Aureliano Blanquet, que le
había manifestado absoluta adhesión y quien se encontraba al tanto de los
proyectos que pronto pondría en ejecución. Toda la mañana del día 18 que
tantas alternativas había tenido, la pasó Madero en compañía de Pino Suárez,
Lascuráin, Bonilla, Rafael Hernández, Vázquez Tagle, Ernesto Madero, González Garza y Marcos Hernández. El tema a discusión no podía ser otro que
el de la revuelta, al que se le daban vueltas por todos los ángulos y se concluía
por caer en el mismo punto crucial: la renuncia del Presidente y Vicepresidente de la República, que en ninguna forma debla aceptarse, ni siquiera como
una lejana posibilidad. Se tomaba en cuenta que al renunciar ante la acción
de unos cuantos militares ambiciosos, resultarían inútiles los sacrificios que se

hicieron para el triunfo de la revolución.
Al mismo tiempo que en el Palacio Nacional se debatlan los altos intereses

contraba Madero y sus amigos, con paso vacilante y semblante sombrío. Su
aparición causó sorpresa máxima cuando, dirigiéndose al señor Madero le ma-

nifestó que por órdenes del General Aureliano Blanquet le comunicab~ que el
·General Manuel Rivera, procedente del Estado de Oaxaca, venía con sus soldados en actitud de rebeldía. Que en consecuencia lo invitaba a ocultarse en
un lugar previamente escogido en donde estaría completamente seguro. El
·señor Madero, sin perder la serenidad, con voz clara y terminante replicó que

·él no ten_ía _por qué abandonar el Palacio y consecuentemente que si Blanquet
deseaba ms1st1r en ello, que acudiera personalmente a notificárselo. Como in1entara Jiménez Riverol llevarse a Madero consigo sujetándolo de un brazo
protestó el Presidente en alta voz, haciendo acto de presencia el Mayor Iz~
quierdo y tras él se apostó un pelotón de soldados cubriendo la puerta.
La traición tomaba cuerpo y los acontecimientos no dejaban lugar a dudas
robre que se estaban viviendo momentos decisivos. El Mayor Gustavo Garmen-

dia. Ayudante del Presidente, se encaró a Jiménez Riverol y después de breve
eambio de palabras Garmendia le disparó certero balazo dejándolo muerto.
A l_a detonación irrumpieron en el salón los soldados con las armas preparadas
a tiempo que el mayor Izquierdo les ordenaba que hicieran fuego. En ese instante el también ayudante del Presidente, Mayor Federico Montes, disparó
-sobre Izquierdo matándolo.
Las descargas resonaron con estruendo produciendo espesas nubes de humo.
Se produjo tremenda confusión, que aprovecharon audazmente Garmendia y

Montes dando órdenes a los soldados para que retrocedieran, lo que hicieron
-desalojando el salón.
En las alfombras había tres cadáveres: los de Jiménez Riverol, de Izquierdo
y el de don Marcos Hernández, Introductor de Embajadores, y hermano del
Ministro de Justicia Rafael Hemández, quien viendo en inminente peligro
al Presidente Madero, lo cubrió con su cuerpo, salvándolo de una muerte segura.

El tiempo apremiaba; no podía perderse un instante ya que importaba antes que nada salvar a los primeros funcionarios del país, Madero y Pino Suárez. Las opiniones se cruzaban, pero en términos generales convergían en el

de la Patria, representados por sus más significados funcionarios, Victoriano
Huerta se dedicaba a consumar el cuartelazo. Para la ejecución de cuanto se

sentido de que se procurara salir a la calle en donde a pocos pasos se encon-

habla planeado quedaba Blanquet autorizado, de manera que el golpe fuese
decisivo. Para tal objeto Blanquet cambió las guardias del Palacio, colocando
soldados del 290. Batallón que le eran incondicionales. Asegurados sus movimientos de esta manera, comisionó al Coronel Jiménez Rivcrol y al Mayor Izquierdo para que, al frente de un pelotón de soldados, aprehendieran al señor
Madero, al Licenciado Pino Suárez y a las demás personas que se encontraban

Madero siendo aplaudido y vitoreado. Ellos serían los primeros defensores para

en el despacho presidencial.
A eso de las dos de la tarde entró Jiménez Riverol al salón en que se en-

traba un destacamento de rurales, a quienes momentos antes había arengado
continuar la lucha contra los traidores.
Poniendo en acción lo proyectado, Madero tomó uno de los elevadores que

dan al patio del Palacio y apenas había pisado tierra, le salió al encuentro el
General Blanquet conminándolo a rendirse. No había ya duda alguna; en la
propia casa se tenía al brazo ejecutor de la traición. Madero, a pesar de la situación, contestó a Blanquet con entereza: "es usted un traidor", a lo que éste,

329
328

�elevando la voz, replicó: "es usted mi prisionero"; pero de nueva cuenta Madero con más energía le dijo: "usted es un traidor" .

Nada había ya que hacer. A estos actos de fuerza bruta, de cobardía frente
a la dignidad, siguió un simulacro de cuartel: pelotones de soldados marchaban en todas direcciones; se daban órdenes en alta voz que retumbaban en el
ambiente · las ametralladoras se colocaban en dispositivos de combate; Y entre
el estrépi;o de armas, órdenes de trogloditas qu~ destroz~n las Leyes y pisotean
la majestad de la Patria personificada en sus mas altos d,gnatanos, pasaban los
prisioneros de unos a otros corredores entre filas de rud~s soldado~: don _Francisco I. Madero, Licenciado José Ma. Pino Suárez, PreSidente y V1cepreS1dente
de la República, y las demás personas, a excepción del Ministro Bonilla, que
aprovechando el desorden, logró escapar.

•

y don Adolfo Bassó, Intendente del Palacio, que también estaba en el banquete,

fueran detenidos conduciéndoseles a Palacio.
Cuando Huerta consideró propicio el momento hizo su entrada a Palacio

recibiendo del General Blanquet los más ostentosos honores. Informado de
todo cuanto había sucedido, ordenó la libertad de los Ministros y demás funcionarios, con excepción de los Generales Felipe Angeles y José Delgado. En
cuanto a don Gustavo y a don Adolfo Bassó dispuso que se complaciera el
pedimento de los rebeldes de la Ciudadela y ordenó se les enviaran. La crueldad de Huerta adquiría relieves infernales; pues sabía que serían bárbaramente sacrificados, como en efecto sucedió.

Llegaron los presos a la Ciudadela en donde los esperaban Félix Díaz y
Mondragón, además de un grupo de civiles capitaneados por el Licenciado
Cecilia Ocón, individuo de pocos escrúpulos, que a toda costa trataba de congraciarse con el General Díaz .
Siguió un simulacro de proceso organizado por Ocón, dando lugar a que los
civiles, serviles y cobardes, descargaran sobre los indefensos presos los más soe-

En esos precisos momentos Huerta se encontraba en el restaurant Gambri-

ces insultos, acompañados de golpes. Cuando la comedia había llegado a des-

nus. Se efectuaba un banquete que él mismo había preparado en hon~r de
don Gustavo A. Madero, hermano del Presidente, a quien Huerta d1Straia de

pertar los instintos bestiales de los circunstantes ordenó Félix Díaz que los reos
fuesen trasladados a otro cuarto.
Salieron a un patio seguidos de Ocón y del grupo de civiles, que hacían la
comparsa a la escolta que conducía a los reos. Continuaban en voz alta los insultos, arreciaban los golpes y un soldado con una bayoneta pinchó el ojo bueno
de don Gustavo, produciéndose el más espantoso espectáculo, impropio aun de
los hombres de las cavernas. Siguieron después de los golpes para rematar a la

esta manera, para maniobrar a su gusto.

Era del dominio público que a don Gustavo Madero, no tan sólo no le inspiraba confianza Huerta sino que había tenido con él diversos altercados y en

n momento de ira le había echado en cara su falta de hombría y de honradez,
;uesto que con sobrados elementos no había recuperado la Ciudadela.
Con el pretexto de aclarar situaciones y demostrar su lealtad, Huerta org~nizó el banquete invitando a varios amigos de don Gustav? y a o_tros de la mb'd d de él para teatralmente significar que no hab1a motivo alguno de

m1 a
,
,
'
·,
h·
distanciamiento entre quienes buscaban el mismo fin . La conversacion. se _1~0
general y en el momento oportuno Huerta man~estó sus s~~atías, estunac10n
y admiración por don Gustavo exaltando su caracter y patn~tismo. . . ,
Cuando el ambiente parecía acercar a todos en una misma asp1rac1?n, el

General Huerta se alejó para hablar por teléfono, regresando pocos mmutos
después excusándose por tener que retirarse.

Esta actitud de Huerta dejó a don Gustavo profundamente preocupado,
presintiendo que ese llamado telefónico _algo grav~ significaba y dentro de s_u
preocupación pensó inmediatamente en 1r a Palacio. Las cosas cammaron mas
aprisa de lo que pudiera pensarse y los temores de don Gustavo estaban plas-

mándose en hechos, de manera que nada quedaba por hacer.
Entre tanto Huerta, antes de ir a Palacio, dictó varias órdenes de carácter
militar con el objeto de afianzar el golpe de Estado. Dispuso que don Gustavo

víctima con una descarga de fusiles.

Quedó tendido el cuerpo de don Gustavo empapado con su propia sangre.
No había cometido más delito que el ser fiel al gobierno de su hermano. Jamás
se le ha formulado cargo alguno que mereciera castigo semejante.
Minutos después, con menos demostraciones de salvajismo fue muerto Bassó.

LA EMBAJADA DE LOS ESTADOS UNIDOS

El Embajador de los Estados Unidos, Mr. Henry Lane Wilson, decano del
Cuerpo Diplomático, hombre versado en los asuntos diplomáticos, pero engreído de su propio valer, por las distinciones que recibía tanto de las esferas oficiales como de los demás representantes de los países amigos, daba a sus actuaciones una importancia que sobrepasaba los límites de su gestión diplomática.
En el caso de la decena trágica, en esa tragicomedia que costó centenares
de vidas y transformó la organización política y social del País, la participación

331
330

�de Lane Wilson fue de tal manera notoria y de tal forma absurda que llegó
a límites increíbles.
Desde el momento mismo en que se iniciaron las operaciones militares en la

ciudadela, Lane Wilson manifestó un desbordado interés por intervenir y tratando de encubrir sus actividades con frecuencia citaba al Cuerpo Diplomático
para cambiar impresiones y decidir lo que debía hacerse en defensa, según él,
de las familias extranjeras así como de los ciudadanos mexicanos ajenos a la

contienda. De esta actitud se originaron algunos actos fuera de todo principio
legal y de toda consideración de respeto a la soberanía de México.
Se puso en comunicación con el General Díaz, encerrado en la ciudadela, por

medio del señor Enrique Zepeda. Al mismo tiempo estrechó relaciones amistosas con Victoriano Huerta influyendo en su ánimo para que, de acuerdo con

Félix Díaz, se diera término a la angustiosa situación que privaba en la ciudad
de México.
Por supuesto que para Huerta aquella intervención del Embajador americano le abría de par en par las puertas de sus ambiciones y convirtió al señor Lane
Wilson en su confidente y en su director espiritual en todo aquello que a sus
planes convenía.

En la Embajada se establecieron las comunicaciones entre Huerta y Félix
Díaz, conviniendo ambos en que Huerta daría los pasos necesarios para que la
contienda armada terminara, en la inteligencia de que, en su debida oportunidad, formularían los términos para garantizar a cada parte lo que correspon-

diera en el reparto final.
Tan descaradas eran estas maniobras, que pronto trascendieron al público y
no podían quedar fuera del conocimiento de los amigos de Madero, diputados
y senadores, así como del grupo político afín a Madero y, consecuentemente,
se trató de influir por todos los cauces posibles ante la mente de don Francisco
I. Madero para que destituyera a Huerta del puesto que le había confiado,
considerándolo un elemento peligroso.
Sabemos que Madero no dio crédito a cuanto se decía de Huerta, ni aun en

el caso evidente tratado por su hermano Gustavo, quien había desarmado a
Huerta durante una acalorada discusión, poniéndolo virtualmente preso, y don
Francisco se opuso ordenando su libertad. Conferenció con él, recibiendo las
demostraciones más serviles que pueda hacer un hombre carente de dignidad
y a pesar de todo lo conservó en su puesto.
Para el Embajador Lane Wilson, Madero era simplemente un loco pernicioso al País y digno de ser eliminado como Presidente de la República. No le
concedía capacidad alguna para gobernar y, consecuentemente, debía hacerse
el esfuerzo máximo para eliminarlo de sus altas funciones.

actuara como si estuviese en su propio país. Su intervención en la política
mexicana fue clara y abierta y puede decirse que definitiva por cuanto a que

facilitó los designios perversos de Huerta.
Cuando el General Huerta en su carácter de Jefe de las Fuerzas del Gobierno, con la renuncia del Presidente y Vicepresidente de la República, Madero
y Pino Suárez, el Embajador Wilson le hizo presente sus cordiales felicitaciones
y sus deseos porque se realizaran los propósitos de que llegase a la Presidencia
de la República y estableciera el orden y la paz en el País.
Para darle forma a las impresiones que se habían cambiado entre Huerta y
Díaz, citó a ambos en la Embajada a la que acudieron, acompañados del General Manuel Mondragón y del Lic. Rodolfo Reyes. Después de los saludos de
rigor y de los abrazos efusivos, se entró en largas y embarazosas discusiones, surgiendo lo que se dio en llamar el Pacto de la Ciudadela.
En ese plan se establecía que Huerta sería el Presidente Provisional de la
República, comprometiéndose a convocar a elecciones a la brevedad posible a

efecto de que Félix Díaz pudiese llegar a la Presidencia mediante el voto
popular.
En el mismo pacto se señalaba a las personas que formarían el Gabinete, en
el cual figurarían, en su mayor parte, elementos que el propio Félix Díaz

designaría.
Toda esta trama y estos formulismos denigrantes se firmaron por las partes

interesadas, pero allá en el interior del espíritu de Huerta había el propósito
definido de no cumplir, como vino a confirmarlo el tiempo.

LA FARSA EN PLAN DE ALTURA

Dueño Huerta de la situación militar, procedió a informar de la prisión de

Madero y Pino Suárez, en primer lugar al Embajador de los Estados Unidos,
rogándole que hiciera conocer la situación al Cuerpo Diplomático, al Presidente de los Estados Unidos Mr. William H. Taft, y a los Generales Díaz y
Mondragón .
Esta actitud convertía en certeza la versión que circulaba en los centros po-

líticos y sociales, sobre el entendimiento de Huerta y el Embajador de los
Estados Unidos. De otra manera no se explica que comisionase a Mr. Lane
Wilson para que le sirviera de intermediario con los Generales Díaz y Mon-

dragón. Había en esta actitud de Huerta una lógica secuencia de hechos, que
se proponía aprovechar en toda su extensión.

Colocado Mr. Lane Wilson en este plano inclinado, se veía comprometido a
continuar en la pendiente. Si formaba parte de un complot, que según las pre-

Bien que el señor Lane Wilson tuviese esa opinión de Madero, pero mal que
333
332

�sunciones lo hacía por conviccrnn, sentía el deseo de actuar hasta conseguir
que el desastre (según él) de la administración maderista fuese corregido, por
un hombre fuerte, militar y políticamente, para bien de México.
En esta forma pensaba y actuaba en consecuencia. Ayudó eficazmente a la
caída de Madero y continuaba saboteando toda acción encaminada a proteger su vida.
Había perdido la noción del papel que le correspondía como Embajador, y
en forma cada vez más descarada inteivenía en los problemas que correspondía
resolver exclusivamente a los mexicanos.
El día siguiente de la caída de Madero Mr. Lane Wilson envió al Departamento de Estado de su país el siguiente mensaje: "El Presidente de la República y el Vicepresidente han renunciado, y sus renuncias se presentaron ante
el Congreso, el cual naturalmente las aceptará. Por ministerio de la ley el
Poder Ejecutivo recaerá en el señor Lascuráin, quien no ha tenido oportunidad
de renunciar. Este asumirá el cargo durante pocos momentos y desp'ués el
General Huerta será proclamado Presidente Provisional y anunciará inmediatamente el siguiente Gabinete: Relaciones Exteriores, De la Barra, Hacienda,
Toribio Obregón. Guerra, General Mondragón. Fomento, Robles Gil. Gobernación, García Granados. Justicia, Rodolfo Reyes. Instrucción, Vera Estaño l.
Comunicaciones, De la Fuente".
En efecto ese mismo día Huerta designó como Secretarios del Gabinete a
las personas mencionadas, cumpliendo en parte con el llamado Pacto de la
Ciudadela.

•
Con engaños Madero y Pino Suárez habían firmado sus renuncias de Presidente y Vicepresidente Constitucionales de la República. Se les había ofrecido
respetar sus vidas, enviándolos al Puerto de Veracruz para que se trasladaran
al extranjero, aprovechando la oferta hecha espontáneamente por el Ministro
de Cuba, poniendo a su disposición el crucero Cuba anclado en el Puerto.
Las renuncias fueron entregadas al Licenciado Pedro Lascuráin, Ministro
de Relaciones Exteriores en el Ministerio de Madero, con instrucciones de que
no fuesen presentadas hasta que ambos estuviesen en el Puerto de Veracruz.
A pesar de estas instrucciones, Lascuráin procedió en forma distinta, ya por
impulso propio o por amenazas o temores, que en ninguna forma podían ser
justificables, pero lo cierto del caso es que una vez en manos de Huerta las
renuncias, procedió de inmediato a citar a los Diputados para que en sesión
plena las aprobasen y se continuara el proceso constitucional correspondiente.
Reunido el Congreso, aun cuando en forma irregular por falta de quórum, se
334

dio cuenta con las renuncias que fueron aprobadas designándose al mismo señor Licenciado Pedro Lascuráin, como Presidente, de acuerdo con la Constitución. Pasados 20 minutos, Lascuráin designó al General Victoriano Huerta,
Ministro de Relaciones Exteriores, y minutos después presentó su renuncia
como Presidente de la República y el Congreso designó como tal a Victoriano Huerta.

•
Amaneció el día 19 después del cambio brusco de gobierno. Grupos azuzados por los felicistas recorrieron las calles tumultuosamente provocando incendios y saqueos. No hubo la presencia de personas de solvencia moral. La brutalidad se hacía presente en apoyo de un cuartelazo carente de todo sentido
patriótico.
Entre tanto los familiares y amigos de Madero y Pino Suárez hacían activísimas gestiones cerca del Embajador de los Estados Unidos, de Cuba, Chile,
España y Japón solicitando sus buenos servicios para garantizar la vida de
Madero y Pino Suárez. Se enviaron mensajes al Presidente de los Estados Unidos solicitando que influyera con Huerta para que respetara la vida de los
pns1oneros.
En cumplimiento de estas peticiones, y en el caso del Ministro de Cuba, don
Manuel Márquez Sterling, también motu proprio, para mantener al respecto una línea de conducta seria, envió al de los Estados Unidos una comunicación fechada ese mismo día 19 en la que, en la parte fundamental, decía:
"Me permito rogar a Vuestra Excelencia que disponga del Crucero Cuba
anclado en el Puerto de Veracruz por si la mejor medida fuese sacar del País
al señor Madero y, asimismo, que cuente con mis humildes seivicios para todo
lo relativo a dar asilo en dicho crucero al infortunado Presidente preso".
El Embajador de los Estados Unidos no dio crédito alguno a esta oficial
solicitud porque allá, en su fuero interno, él coincidía con la idea de Huerta
de que Madero y Pino Suárez, vivos, serían un gravísimo problema para el
nuevo gobierno.
En atención a la frialdad del Embajador de los Estados Unidos, los Ministros de Cuba y de España acudieron personalmente a Palacio con el propósito
de entrevistarse con Huerta. Encontraron ahí al Ministro de Chile señor Hevia
Riquelme que conversaba con el General Blanquet, haciendo gestiones en el
mismo sentido.
Solicitaron de inmediato una entrevista con el General Huerta, que al General Blanquet le pareció muy oportuna, y sonriendo, dijo que lo esperaran unos
335

�momentos. Desapareció por una puerta para aparecer de nueva cuenta instan-

tes después, expresando su pena porque el General Huerta estaba dormido.
Al despedirse de Blanquet, éste manifestó que podían irse completamente
tranquilos pues las vidas de Madero y Pino Suárez estaban a salvo desde el
momento en que, habiendo firmado sus renuncias, no había obstáculo alguno,
para ser trasladados de inmediato a Veracruz, como se había convenido.
Pero el tiempo transcurría y no se veía ningún acto encaminado seriamente
a proteger a Madero y Pino Suárez. Un pretexto, otro, y otro más, se enreda-

ban en las horas que iban transcurriendo para diferir la salida del tren quedebía llevar a los prisioneros al Puerto de Veracruz, y esto significaba que había algo oculto que se alejaba radicalmente de tales propósitos.
El Embajador de Cuba, testigo presencial de los hechos, considerando que a.
medida que el tiempo pasaba se hacía más grave la situación, al salir del despacho Presidencial, después de la infructuosa visita, fue directamente a la Intendencia encontrando a Madero, Pino Suárez y al General Angeles.
Nada alentador era el cuadro. Fue recibido con efusión, como si su llegada
tuviese el significado de una garantía de salvación. Madero, tan presto se sen-

taba como se paraba para dar vueltas de uno a otro extremo del cuarto. Comentaba lo sucedido como algo que no ha terminado, cuyo fin for,osamente ha
de ser satisfactorio. Pino Suárez y Angeles no compartían las conjeturas optimistas de Madero, a juzgar por sus semblantes, aun cuando no se atrevían a
contrariarlo.

Luego, como hablando consigo mismo, expresaba sombríamente: nada ganarán con matarnos, al contrario, provocarían una nueva revolución. Y diri-

giéndose a Márquez Sterling le preguntó por Gustavo, su hermano. Piadosamente le ocultó el Embajador su terrible muerte. Madero insistía: es que Gustavo es impulsivo; pero en esta ocasión fue vidente, causó a Huerta una de sus
más dolorosas vejaciones, y temo por su venganza.

Márquez Sterling, tratando de llevar la conversación a un plano de optimismo, les informó sobre la plática que había sostenido con el General Blanquet
en compañía de los Embajadores de España y de Chile, insistiendo en las seguridades que les había dado Blanquet de que ese mismo día 19 saldrían los
prisioneros hacia Veracruz en el tren que ya estaba listo en la estación.

Pero los hechos hablaban con mayor elocuencia. La tarde se había esfumado
en la obscuridad de una noche llena de negros presagios. El Embajador, tan
preocupado como los presos, ofreció pasar la noche con ellos, en espera, según

MOMENTOS DE ANGUSTIA

?orno el General Huerta no cumpliera su ofrecimiento de que el día 19
senan llevados Madero Y Pino Suárez a Veracruz, la intranquilidad se acentuó
entre qmenes tenían interés, llegando a crearse situaciones de profunda angustia
El ~ía 20 el Embajador de los Estados Unidos recibió un mensaje del Se:

cretano de Estado de su país concebido en los siguientes términos: "Aun cuando ~s un deber general de_ este Gobierno conservar la influencia que posee, para
usai _la en favor de sus cmdadanos y sus intereses nacionales, la consulta que

le hizo _el General Huerta respecto al tratamiento que había de dársele a Madero,
' es obvio
·
d · llende a dar a usted cierta responsabilidad en el caso . Ad emas,
ec1r que un tra~ento cruel_ fªra el ex Presidente dañaría ante los ojos del
mun?o l_a 1:putacwn _de la nac1on mexicana1 y este Gobierno seriamente espera
no oir nmgun tratamiento de esa naturaleza y espera saber que ha sido tratado

en una fo"."a compatible con la paz y con la humanidad. Sin asumir ninguna
r~~ponsab1hdad, puede usted usar, a su discreción, estas ideas en su conversa.
c1on con el general Huerta. Knox".
Este ~ensaje con~iene una evidencia condenatoria en contra del Embajador

L:"'e Wilson, pues SI el general Huerta consultó con él el tratamiento que debía
darsele a Mad~ro ello significa que obraban de común acuerdo. Así lo entendió
Mr. Kno~ _Y discretamente le advierte: "que esa consulta tiende a darle cierta
responsab~~1dad e~ el caso" y observa sobre el daño que causaría a la reputación
de la nac10n mexicana el hecho de que no se tratara en forma humanitaria al

Presidente caído.
Pero el. refinamiento de crueldad del General Huerta no se detenía ante
cons1der~c1ones que pudieran menoscabar el poder tiránico que pensaba ejercitar: Tema a su alcance demostrar que él lo podía todo inclusive eliminar a

qmenes le hicieron sombra, y no iba a perder esa oportunidad.
A los requerimientos que le llegab~n por diferentes conductos, explicaba que
habiendo rec1b1do un telegrama del ¡efe de las operaciones militares en Verac~z,_ Gene~a! José Refugio Velazco, no muy satisfactorio, había determinado
diferir el v1aJe por un día más.
,~itó ~l General Huerta con carácter urgente a sus Ministros y a los Generales
Fehx D1~ Y, Mondrag6n. Inició la sesión Huerta y en tono solemne, manifestó
qu~ const1tman _Pª~ª. él un mo~vo de inquietud los señores Madero y Pino Suárez, _que sus pnnc1p1os humanitarios le indicaban la conveniencia de ponerlos

expresó, de acompañarlos a la estación llegado el momento de la partida.

~n libertad; pero que, por otra parte la tranquilidad del País demandaba

A media noche un enviado de Huerta fue a comunicar a los presos que la
salida a Veracruz sería hasta el día siguiente. Con esta noticia abandonó la es-

unpenosamente que se mantuviera a toda costa la paz. Que encontránd
·· d
ose
en esa encruc1Ja a deseaba conocer la opinión de sus consejeros.

tancia Márquez Sterling, ofreciendo regresar oportunamente.

336

No hubo resultado positivo alguno por cuanto a que hubiese una decisión

337
H22

�definida, pues las opm10nes se emrtieron sin coordinación alguna y nadie se
atrevió a expresar concretamente lo que debía hacerse. La disyuntiva era
tremenda: libertad o muerte.
Para Huerta no había necesidad de un acuerdo categórico, siendo su Gabinete, y de Félix Díaz y Mondragón llegara a la tensión necesaria de manera
de colocar el problema en un plano de incertidumbre y de inquietud. Por
lo demás, como no había una sola voz que abogara por que se respetaran las
vidas de los prisioneros, virtualmente se colocaban en el otro extremo.
¿ Qué sucedería? La incertidumbre en que quedaron los Ministros se prestaba a toda clase de conjeturas; pero en la conciencia de todos se había
grabado la idea de la tragedia. Por algo, después de este incidente, uno de
los Ministros, el Lic. Jorge Vera Estaño!, al escribir años después su libro
La Revolución Mexicana pinta a Huerta con estos negros perfiles: De sesenta y un años de edad, físicamente recio e inmune al trabajo, excesos y
vigilia; despejado de inteligencia en los períodos normales, malicioso y suspicaz; militar por meollo y educación; sostenido y tenaz en sus determinaciones
también durante los períodos normales, y hombre de acción; pero egoísta,
inmensurablemente ambicioso, renuente a la noción del deber, ignorante o desdeñoso de toda energía individual o social, libre, maquiavélico, falaz hasta
la decepción de sí mismo, brutal, arbitrario, disoluto y por remate alcohólico
empedernido con las consiguientes intermitencias de abulia y ofuscación, Huerta,
bajo la acción aumentativa del poder, es dentro del Gobierno el elemento
11

~uan~~ llegaron frente a la Penitenciaría, por el lado de atrás se indicó
a os rISioneros que b_ajaran. En ese momento sonaron los primer~s disparos
cayen o muerto el senor Madero
rf d I
b
e instantes después el señor Pino'
h:ri;o c:ai:~e'~oer dios prboyectiles,
tres bal
,
'
n a ca eza por
as, caia para no levantarse más.
Los ~ism;s esbirros tirotearon los automóviles tratando de hacer creer en
un asa to , _ectuado por los Maderistas. La burda maniobra nadie
d'
creerla, max1me cuando no hubo heridos ni de las f
po ta
riales d l
d
uerzas causantes mate} t e ª .¡:iuert~ . ; los prisioneros, ni de las personas que se dice efectuaron
e a aque. a º,pm10n pública condenó el ignominioso crimen principiand0
a gestarse la mas tremenda revolución.
'
En esta forma sucumbieron dos hombres buenos, paladines de la libertad
y enamorados de los principios democráticos.
,
Es ley eterna que los pueblos, para su grandeza, necesitan
.
de los mártires.

s~:r::a

disolvente por excelencia".

•
Madero y Pino Suárez veían acercarse el fin de su existencia. Habían
perdido toda esperanza y la inquietud y empeño de sus amigos en salvarlos,
para ellos era el síntoma más firme de lo que les esperaba.
El día 21 recibió Madero la visita de su señora madre y ante ella don
Francisco se arrodilló besándole la mano, y pidiéndole perdón por la muerte
de Gustavo, pues para esos momentos ya don Francisco estaba enterado de
su martirio.
Mientras la Embajada de los Estados Unidos, la noche del 22 se engalanaba con fastuoso homenaje en honor del libertador Washington y se hacían
votos por la paz de México, brindando con champagne Lane Wilson y Huerta,
don Francisco I. Madero y don José Ma. Pino Suárez, eran sacados del Palacio Nacional para ser llevados a la Penitenciaría, obedeciendo órdenes directas de Huerta. Se trataba, según lo ofrecido, de llevarlos a lugar más seguro
en tanto se les enviaba a Veracruz para que se embarcaran.

339
338

�BREVE RESEfil'A DEL ARCHIVO PARROQUIAL DE LA
CATEDRAL DE MONTERREY
TOMÁS MENDIRICHAGA CUEVA

Sociedad N uevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística

IV
Los LIBROS 9 y 10 de bautismos, que abarcan de febrero de 1751 a agosto
de 1768, se encuentran empastados en un solo volumen.

Libro 9 de Bautismos: Febrero de 1751 - Abril de 1759.
Consta de 174 folios numerados. Contiene casi 1300 partidas de bautismo
sin numerar.

Los folios, en general, conservan la numeración. Varios de ellos se encuentran destrozados por el efecto corrosivo de la tinta, en cuya elaboración se
usaban substancias como vinagre y caparrosa. En otros folios la tinta se ex-

tendió y traspasó el papel, siendo muy dificil la consulta de las partidas. Las
manchas de tinta son muy frecuentes, notándose cierto descuido de los amanuenses en la escritura.

En el folio 36 se asentó la fe de un bautismo que se hizo el 24 de junio de
1753 en "esta Santa Iglesia Parroquial de San Andrés de Monterrey", o sea
en el convento franciscano.

En el margen del folio 67 se inscribió una fe de bautismo con esta curiosa
aclaración: "Va al margen esta partida porque no se pudo más. Bachiller
Acosta".
Se encuentra una partida interesante en el folio 68 vuelta: el bautizo (14
de agosto de 1754) de José Ignacio, "de quince días", hijo legitimo de don
Francisco de Elizondo y doña Ana Josefa Lozano, "vecinos de Huinalá (ha-

341

�cienda en el actual municipio de Apodaca) de esta feligresía ... " ¿ Será el
mismo Teniente Coronel don Ignacio Elizondo, que aprehendió a los primeros caudillos insurgentes en las Norias de Baján?
A partir del folio 98 se empezó a anotar al margen de cada partida el
nombre o los nombres del bautizado y su raza o casta. Desde el principio
del libro hasta el folio 98, sólo tienen estos datos una que otra fe de bautismo,
lo que dificulta bastante la investigación.

CURAS y FRAILES

Desde el folio 1 hasta el 98 casi todas las partidas aparecen firmadas por
el bachiller Agustín de Acosta, cura de la iglesia parroquial regiomontana,
pero algunas también fueron rubricadas, "curo licentia parochi", por los
bachilleres Juan y Pedro Regalado Báez Treviño,1 Fray Antonio Tenorio, Fray
Francisco Rangel y Amézaga, Fray Miguel de la Portilla, el teniente de cura
bachiller Francisco Xavier Landeros Rodríguez, una por Fray José García
y otra por el bachiller José Lorenzo Báez de Treviño. (Desde el folio 74
vuelta hasta el 83 vuelta y del 89 al 91 las firmó el bachiller Pedro Regalado
Báez Treviño). La última fe de bautismo que rubricó el bachiller Acosta se
encuentra en el folio 98 y está fechada el 22 de septiembre de 1755. Enseguida
dice: "Monterrey y octubre 1 de 1755 años. Hoy recibí este libro de bautismos a mi cargo, por haber tomado posesión de este beneficio, y para que
conste lo firmé en dicho día. Bachiller Bartolomé Molano". De ahí en adelante hasta la última partida del libro, fechada el 18 de abril de 1759, todas
las f{rmó el mencionado bachiller Molano, siendo rubricadas varias también
por el bachiller Francisco Antonio Larralde, Fray Blas Quintanilla, Fray Miguel Pérez, los bachilleres Cipriano García Dávila y Juan José Amalo de
Arizpe y algunos de los ya mencionados anteriormente.

1 Los bachilleres Juan Bautista y Pedro Regalado B.áez _Treviño, ~lérigos presbíteros,
recibieron sepultura eclesiástica en el presbiterio de la 1gles1a parroqmal {hoy ~~tedral}
el 11 de abril de 1764 y el 11 de febrero de 1767, respectivamente. Fueron h1JOS 1~~1timos del General Francisco Bácz de Treviño y doña Catal~na de ~aya Y Trev100.
(Libro 6-7 de entierros, octubre de 1752 - enero de 1773. Mismo archivo).

APELLIDOS

En este libro aparecen los primeros nuevoleoneses que llevaron los apellidos
Delgado (folio 9) y Quirós (folios 73 y 125 vuelta).
En el folio 40 vuelta se halla la primera fe de bautismo de un vástago del
apellido Gracia, sin embargo esta familia residía desde treinta años antes en
la villa de San Juan Bautista de Cadereyta.
Por primera vez fueron registrados, en los folios 11, 77 y 115 vuelta, los
bautizos de algunos vástagos de la familia Escobedo, que es más antigua. Su
origen nuevoleonés se remonta a la primera mitad del siglo XVII, cuando
se avecindó al sur del Nuevo Reino de Le6n, en los valles de Pablillo y Labradores (actual municipio de Galeana).

EDICTOS y AUTO DE VISITA

Edicto General y Carta Pastoral del Obispo de Guadalajara Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada y Diez de Velasco, O.F.M.,
fechados en el Palacio Episcopal de aquella ciudad el 13 de abril de 1753,
(" ... he determinado salir con el favor del Señor el día 13 ó 14 de mayo
próximo venidero ... " a la visita pastoral). (Folios 30 a 35).
Edicto del mismo ilustre prelado, expedido el 19 de mayo de 1753, en los
folios 38 a 40.
Carta Pastoral fechada el 11 de mayo de 1753, que incluye en testimonio
una Real Cédula firmada en el Buen Retiro el 6 de Agosto de 1747, sobre la
prohibición de hacer aguardientes de caña y otras bebidas. (Folios 40 vuelta
a 45 vuelta) .
Auto de visita del Obispo Martínez de Tejada, fechado en Monterrey el
16 de septiembre de 1753 (folios 46 vuelta a 50). Su Señoría Ilustrísima llegó
a esta ciudad el día 13 del mismo mes y año, consultó este libro 9 de bautismos
y mandó que "expresen en lo de adelante en las partidas el día que nació
el bautizado ... y que cuando otro eclesiástico celebre el bautismo de licentia
parochi, se exprese así en la partida y la firmen ambos, para que en todo
tiempo conste ... " El día 16, "como a las nueve de la mañana", el ilustre
prelado inició su visita a la iglesia parroquial de esta ciudad, hoy Catedral,
con una misa solemne a la que asistieron el Gobernador y Capitán General
del Nuevo Reino de León don Pedro del Barrio Junco y Espriella y los miembros del Ayuntamiento regiomontano. Después se asentó que "todo se halló
en conveniente forma. . . visitó el altar mayor con su colateral nuevo y de343

342

�más de dicha iglesia, que se hallaron muy decentes y con la debida limpieza ... "
(Folio 47 vuelta). El cura bachiller Acosta le presentó el padrón de la feligresía, "que se compone de tres mil trescientos treinta y cuatro personas . .. "

(Folio 48 vuelta). Luego aparece una extensa e interesante noticia: "Y atendiendo Su Señoría Ilustrísima a que el Ilustrísimo señor doctor don Juan Gómez de Parada, de gloriosa memoria, Obispo que fue de este Obispado, estando en esta ciudad en su general visita nombró maestro de escuela para
Ja buena educación y enseñanza de los niños que ocurriesen a ella,2 encargándole al Vicario Juez Eclesiástico el cuidado de dicha escuela, y habérsele
ahora informado el que sobre las casas de la morada del Bachiller don Bartolomé Molano, vecino de esta ciudad, están impuestos quinientos pesos de
principal, que para la manutención de dicho maestro de escuela dejó el General don Francisco Báez de Treviño, y que asimismo están depositados en
poder del Alférez Real don Domingo Guajardo seiscientos cincuenta y cinco
pesos y un real de los réditos que ha producido dicho principal, mandaba y
Su Señoría Ilustrísima mandó que dicho Cura y Vicario Juez Eclesiástico luego
incontinenti solicite persona capaz y temerosa de Dios que ejercite el ministerio de maestro de escuela en esta ciudad y que, para su manutención, se le
den anualmente cincuenta pesos, los veinticinco que producen de réditos los
referidos quinientos que reconoce dicho Bachiller (Molano) y los otros veinticinco restantes se le vayan reemplazando con ciento cincuenta y cinco pesos
y un real de la cantidad que está depositada en poder de dicho don ~mingo,
ínterin que tiene dicho maestro suficientes emolu1:°e~tos con que _p~erse
mantener, y los quinientos pesos restantes al cumplimiento de los se1sc1en:os
cincuenta y cinco pesos y un real, para que se inv~ert~n en 1~ _obra mater:ial
de la iglesia parroquial de esta ciudad, a que Su Senona Ilustns1ma los aphc_a
como causa pía tan precisa y necesaria, teniendo cuidado dicho Cura Y Vicario de visitar dicha escuela, celando el que los niños sepan y entiendan la
doctrina cristiana y que sean educados en buenas costumbres y santo te~or
de Dios, sobre que se le encarga gravemente, como asim_ismo en q;~ se cu:de
y cele la observancia de lo prevenido y mandado por dicho IlustnS1mo senor
Parada en su auto general de visita y que se cumpla punto por punto_ al
pie de la letra en la forma que en él se previene, sin permitir su con~ravenc1~n
en manera alguna" (Folio 49 y vuelta). Inmediatamente, en el mismo foho,
se asentó que doña Josefa Francisca Cantú del Río y la Cerda "ha ofrecido
libremente hacer a su costa uno de los cruceros de dicha iglesia (parroquial,
hoy Catedral) y poner en él un altar dedicado a la Santísima Trinidad, adorJ El Obispo Gómez de Parada nombró maestro de la escuela de esta ci~dad a don
Martín de Arrambidc, a mediados de enero de 1742, como asenté en el numero 5 de

"Humánitas".

344

nándolo de todo lo necesario, y (ha) pedido a Su Señoría Ilustrísima le conceda licencia para fabricar un sepulcro o bóveda en dicho crucero o capilla
para que se sepulte su cuerpo y los de sus hijos y demás descendientes . ..
atendiendo a lo mucho que benefició a esta iglesia el general don Francisco

Ignacio de Larralde, marido que fue de la dicha doña Josefa y a los crecidos
suplementos que hizo para su fábrica material, a más de lo que gastó en ella.
de su propio caudal de que jamás le hizo cargo, en recompensa de su celo
y aplicación con que se dedicó al aumento y servicio del culto divino, le con-

cedía y Su Señoría Ilustrísima concedió a la susodicha el que pueda hacer
el dicho crucero o capilla con su altar y colateral dedicado a la Santísima
Trinidad ... " (Folios 49 vuelta y 50) Por último, el citado Obispo confirmó
"a un mil ciento setenta y tres personas ... " (Folio 50).
Enseguida, en los folios 50 y vuelta, aparece un edicto del Obispo Martínez
de Tejada, expedido en Monterrey el mismo día 16 de septiembre de 1753,
"estando en nuestra actual y general visita", en el que conmina a los curas
beneficiados, vicarios jueces eclesiásticos y padres ministros de doctrina para
que hagan cumplir un edicto general del mismo ilustre prelado, expedido un
año antes, sobre la prohibición de los juegos de apuesta, que aún no había
sido publicado en muchos lugares de su Obispado a pesar del tiempo transcurrido.
En el folio 63 vuelta se encuentra un despacho del citado Obispo, fechado
el día primero de diciembre de 1753, dirigido a los vicarios y sus tenientes,
ordenando que remitan todos los negocios eclesiásticos a su Secretario de Cámara y Gobierno y "de ningún modo" a la Notaría Mayor del Obispado,
"como se ha introducido de poco tiempo a esta parte.• . . "
Edicto del mismo Obisp"O, dado en el palacio episcopal de la ciudad de
Guadalajara el 24 de abril de 1754 (Folios 71 a 73).
En los folios 85 y vuelta se encuentra en testimonio una carta de don Miguel Francisco de Vargas, Secretario del señor Obispo, fechada en Guadalajara el 28 de marzo de 1755 y dirigida a los vicarios y curas del Nuevo Reino
de León.
Despacho del mismo Obispo, fechado el 28 de mayo de 1755, en el que
manda a todos los vecinos y moradores de ambos sexos del Nuevo Reino de
León, que vayan a contraer matrimonio y tuvieren impedimentos dirimentes
por consanguinidad u "otra cualesquiera forma", soliciten el beneficio de la
dispensa (Folios 89 vuelta a 90 vuelta).
En los folios 91 vuelta a 94 aparece otro edicto del Obispo Martínez de
Tejada, fechado el 4 de abril de 1755 (" ... mandamos que ninguna persona
de cualquier calidad o estado que sea, sea osado entrar en las iglesias con
gorro o birrete, escofia, pelo atado o paño . .. ") .

345

�Por último, en los folios 95 a 97 se halla un edicto del mismo Obispo,
fechado el 17 de mayo de 1755, dirigido al clero secular y regular de su diócesis.

•
Libro 10 de Bautismos: Abril de 1759 - Agosto de 1768.
Este libro consta de 210 folios numerados.' Contiene cerca de 1340 partidas sin numerar. Al margen de casi todas aparece el nombre del bautizado
y su calidad.
Ostenta una carátula manuscrita: "Libro en que se asientan las partidas
de bautismos que se hacen en esta Parroquial de Monterrey, perteneciente a
esta administración del cargo del señor Bachiller don Bartolomé Molano, Cura

por Su Majestad de esta Ciudad y su feligresía. Y comienza hoy veinte de
abril del año de 1759".
Todas las partidas de bautismo, desde el folio 1 hasta el 132, se encuentran
firmadas por el bachiller Molano. Lo último que aparece con su nombre es
la siguiente nota: "Desde hoy, 19 de abril de 1765 años, por hallarme sumamente fallo de la vista y no serme posible firmar con perfección, seguirán
firmando las partidas de este libro, respectivamente, los padres tenientes de
este beneficio. Y para que conste puse esta razón que firmé en dicho día,
mes y año. Bachiller Molano". En adelante, hasta el folio 191, rubricó las
partidas el bachiller Pedro José de Esparza, quien también firmaba así: Pedro
de Esparza o Pedro José García de Esparza.' (Tres partidas aparecen rubricadas por el bachiller Ildefonso Ramos y Gómez, teniente de cura, en los folios
156 y vuelta). En el mismo folio 191 y vuelta hay tres partidas sin firma.
Enseguida se hizo cargo de la administración de sacramentos el bachiller Francisco Manuel Polanco, "como teniente de cura", quien suscribió las partidas
hasta el folio 20 l. Desde ahí hasta el fin del libro ya no fueron firmadas.

Algunos folios están manchados por la humedad, pero esto no impide su
consulta. En general se encuentran muy bien conservados.
El libro concluye con una nota que dice: "Finalizado en el día de la
fecha y siguen".
En los folios 197 y 198 probablemente se cometió algún error, pues fueron suprimidos.
En el folio 151 se encuentra la siguiente anotación: "En veinte y dos de diciembre
de mil setecientos sesenta y cinco años, por dignación del Ilustrísimo Señor Doctor
Diego Rodríguez de Rivas y Velasco, dignísimo Obispo de esta Diócesis, mi Señor, me
llegó título de Cura Interino de esta ciudad y su feligresía, y en esta virtud me he
hecho cargo de todas las alhajas y ornatos de esta Santa Iglesia Parroquial y de este
libro de asientos. Y para que conste pongo esta razón en dicho día que firmé de mi.
puño. Bachiller Pedro de Esparza".
3
4

346

ALGUNAS PARTIDAS NOTABLES

La primera partida de este libro está fechada el 20 de abril de 1759. Es el
bautismo de Francisco Xa~ier Teodoro, "de ocho días nacido", hijo legítimo
del Sargento Mayor Antomo de Urresti y doña María Francisca de Larralde.
Don Francisco Xavier de Urresti fue Capitán de la Primera Compañía de
Milicias Urbanas y tuvo el cargo de Protector del Pueblo de Nueva Tlaxcala
de Nuestr~ Señora de G_uadalupe de Horcasitas (hoy Villa de Guadalupe,
Nuevo _Leon). Fue tambien Alcalde Ordinario de Monterrey en 1795, 1801 y
1802 siendo además Regidor Alguacil Mayor vitalicio en el Ayuntamiento
reg10':1ontano de 1787 .ª 1807. A fines del siglo XVIII y principios del XIX
ocupo en vanas ocasiones, interinamente, el Gobierno del Nuevo Reino
de León.
En el folio 39 vuelta (octubre 21 de 1760) se encuentra el bautizo de
Jo:é Froilá~, "de _doce días nacido", séptimo hijo legítimo de don José Joaqum de M1er Nonega y de su segunda esposa doña Antonia Francisca Guerra.
Don Froilán de Mier fue Alcalde Ordinario de esta ciudad en 1784 1800
1813 y 1815; Procurador General en 1796; Regidor Honorario del Ayunta'.
miento de Monterrey en 1798 y 1799 y, por último, siendo Alcalde en el
año 1815, tuvo además el cargo de Gobernador Político Interino del Nuevo
Reino de León. Este caballero fue hermano camal del célebre Fray Servando.
El 26 de fobrero de 1761 se asentó (folio 45 vuelta) el bautizo de José
Agabo, ongmano del valle de San Pedro (Garza García), uno de los diez
hijos legítimos del Capitán Pedro de Ayala y doña Clara María Guerra vecinos de dicho valle. Nieto, en línea paterna, del Capitán José Cayetan~ de
Ayala y doña Josefa Francisca de Treviño y, en línea materna, del Capitán
Juan Guerra Cañamar y doña Juana Flores de Abrego, antiguos pobladores
del Nuevo Reino de León. Don José Agabo de Ayala figuró prominentemente, a fines del siglo XVIII y principios del XIX, en el Ayuntamiento
de Monterrey.
~n el folio 105 vuelta se inscribió el bautizo (28 de octubre de 1763) de
Jase Servando de Santa Teresa, "de nueve días nacido", octavo hijo legítimo
de don Joaquín de Mier y de su segunda esposa doña Antonia Guerra. Es
el futuro dominico Fray Servando Teresa de Mier.
En el folio 160 aparece el bautizo (28 de mayo de 1766) de Bernardo
Pedro Regalado, hijo único de don Ignacio Ussel y Guimbarda, Gobernador
del Nuevo Reino de León, y de su esposa doña María Josefa de Larralde.
Don Bernardo U ssel y Guimbarda fue Alcalde Ordinario de Monterrey en
1804 y Regidor Fiel Ejecutor del Ayuntamiento regiomontano de 1806 a
1810. A partir de 1809 figura como Regidor Perpetuo. En 1811 ocupó el cargo
347

�de Vice-Presidente de la Junta Gobernadora del Nuevo Reino de León. Era
en ese año, además, Regidor Fiel Ejecutor del Ayuntamiento reinero y Alcalde Ordinario de esta ciudad; en 1812 tuvo sólo el primer cargo y en
1813 ejerció los dos. Desde el año 1813 aparece como "decano del Ayuntamiento". A fines del siglo XVIII y principios del XIX fue Teniente de los
Gobernadores don Manuel de Bahamonde y don Santiago de Villarreal.
El 14 de septiembre de 1766 recibió el santo sacramento del bautismo
María Adriana, "de siete días nacida", hija legítima de don Joaquín de Mier
y doña Antonia Guerra (Folio 165 vuelta). Doña Adriana de Mier fue esposa de don José Joaquín de Ugartechea, genearca o fundador de su apellido
en Nuevo León.

lo menos las cinco reglas de contar, para la enseñanza de los mnos de la
escuela, a quien se le darán anualmente para ayuda de su manutención veinte
y cinco pesos en reales, los cuales se ha de ir sacando de los ochenta pesos

que sobran de los un mil depositados y que dichos un mil pesos procure
dicho Vicario Eclesiástico imponerlos a réditos en finca segura y de su satisfacción y los que así produjeran se vayan depositando hasta que haya competente cantidad para que también se imponga y se vaya juntando una mediana congrua para un sacerdote que se ejercite en enseñar la Gramática a
los niños de esta ciudad, y en acabándose los dichos ochenta pesos se tomará

el salario de la importancia de dichos réditos reservando lo demás que sobrare
para el referido fin". Por último se asentó que el ilustre prelado confirmó a

878 personas. Este auto de visita se encuentra en los folios 18 a 23.

•

AUTO DE VISITA

El 14 de enero de 1760, Su Ilustrísima el señor don Fray Francisco de San
Buenaventura Martínez de Tejada, Obispo de Guadalajara, llegó a la Ciudad
de Monterrey en su visita pastoral. Consultó los libros 9 y 10 de bautismos
y "declaró estar dichos libros y sus partidas con la debida expresión y formalidad . .. " Se asienta, entre otras cosas, que el padrón de la ciudad y su
jurisdicción "se compone de tres mil setecientas sesenta y siete personas ... "
(Folio 20) El día 17 Su Señoría Ilustrísima se trasladó al Pueblo de Nuestra
Señora de Guadalupe (hoy Guadalupe, Nuevo León), "que dista una legua
de esta ciudad", y visitó la iglesia y su altar mayor "que halló en conveniente
forma", ordenando al cura beneficiado que ~'procure ir ornamentando la dicha

iglesia como cómodamente pueda y que la fábrica material de ella la prosiga
de cal y piedra, como lo deja ordenado para su mayor duración y perpetuidad". (Folio 21) El Padrón de los indios de dicho pueblo ascendía a 69
familias, compuestas por 255 personas, incluyendo 72 párvulos. (Folio 22)

Libro JI de Bautismos: Septiembre de 1768 - Abril de 1779.

Consta este libro de 163 folios. En los cinco primews aparece destruída la
esquina superior derecha, donde se acostumbraba anotar el número del folio.

Otros ya no tienen la numeración debido al uso y los efectos de la humedad.
En algunos más casi no se distingue a causa de una mancha· de tinta.

El folio 145 es en realidad el 144 porque éste, por equivocación, no fue
anotado. Es decir que lo saltaron, pero no es que falte.
El folio 149 se encuentra muy deteriorado. En él están inscritas la última
fe de bautismo del mes de octubre de 1778 y ocho partidas de noviembre del
mismo año.

PÁRROCOS

Enseguida aparece otra noticia inédita relacionada con la enseñanza en Mon-

terrey: "Y porque en poder de doña Josefa Francisca Cantú del Río y la
Cerda se hallan depositados un mil ochenta pesos y un real, de principal,
los quinientos que dejó el General don Francisco Báez Treviño para la manutención de una escuela en esta ciudad, en que se cuidará de la buena crianza,
educación y aprovechamiento de los niños, y estaban impuestos sobre la casa

de la morada del actual cura beneficiado de donde se redimieron, y los quinientos ochenta pesos y un real, que produjeron de réditos en el tiempo que
duró la dicha imposición, debía mandar y Su Señoría Ilustrísima mandó que
dicho Vicario Juez Eclesiástico promueva el establecimiento de dicha escuela
y solicite ,un maestro de buena vida y costumbres que sepa leer, escribir y a
348

Desde la primera fe de bautismo inscrita en el folio 1 hasta el folio 9, las
partidas -sesenta en total- fueron firmadas por el bachiller Pedro José de
Esparza, excepto una que también aparece rubricada por el bachiller Francisco Antonio de Larralde. Hasta el folio 99 todas están firmadas por el doctor José Antonio Martínez. En seguida aparece la siguiente nota: "Desde hoy,
cuatro de marzo del corriente año de setecientos setenta y seis, por viaje que

hago a la ciudad de Guadalajara, seguirá firmado las partidas de este libro
y los demás de esta administración el Bachiller Don Alejandro de la Garza,
por dejarlo substituido en mi lugar de este beneficio curado (sic). Y para
que conste lo firmé". En efecto, el bachiller De la Garza las firmó todas,
349

�excepto una, hasta el folio 136.' Después, hasta el folio 158 vuelta, lo hizo el
doctor José Antonio Martínez. Inmediatamente hay otra anotación: "Hoy
doce de febrero del corriente año de setenta y nueve, por ascenso del señor

doctor don José Antonio Martínez, cura propio de esta ciudad, a la canongía
penitenciaria de la Santa Iglesia Catedral de Guadalajara, qued6 a mi cargo
este curato y administración de su feligresía, en cuya virtud sigo como cura
interino de él firmando estas partidas. Y para que conste lo puse por diligencia y lo firmé. Bachiller Alejandro de la Garza". Por lo tanto, de ahí en
adelante, hasta el final del libro, sigui6 el mencionado bachiller.

LAS PARTIDAS

En la primera partida, fechada el lo. de septiembre de 1768, se aclara que
el bautizo fue "en esta Parrochial de Monterrey". Este dato aparece asentado
en casi todas con otras variantes, por ejemplo: "en esta Ig.ª Parroq. 1 de Ntra.

S.• de Monterrey". Pero en el folio 150 vuelta dice: "Nota. Hoy veínte y
tres de noviembre de setenta y ocho ( 1778), remiti6 el sacristán de Pesquería
Grande (Villa de García) las partidas de bautismo que se han hecho en
aquella Ayuda de Parroquia, desde primero de noviembre del año pasado
hasta veinte y seis de octubre del corriente. Y para que conste los días propios en que se hicieron, mandó se asentaran en sus fechas como siguen y lo
firmé. Doctor José Antonio Martínez". En efecto, en los folios 150 vuelta a
153 vuelta se asentaron 32 partidas de bautismo pertenecientes a la actual
Villa de García, que se hicieron desde el primero de noviembre de 1777 hasta
el 26 de octubre de 1778. Debo aclarar que, en las cuatro partidas de noviembre y en una de diciembre de 1777, se rectific6 el año y se puso err6neamente 1778. También los dos encabezados del folio 151 que dicen "Dbre de
1778" y "Henero de 1779" están equivocados, siendo verdaderas trampas en
las que puede caer el investigador; lo correcto es "Diciembre de 1777" y
"Enero de 1778".

Al iniciarse el año 1777, a partir del folio 111 vuelta, por primera vez se
numeran las partidas de bautismo. Al empezar los años de 1778 y 1779 se
inicia otra vez, al margen, la numeración. Se registraron 170 partidas en el

año 1777, pero repitieron los números 131 y 151, por lo tanto son 172. En

1778 anotaron 176 Y hasta el fínal del libro, en abril de 1779, asentaron 81.
Son 429 partidas, incluyendo las 32 de Pesquería Grande, pero hay que añadir
las que se encuentran sin numerar desde el primer folio hasta el 111 vuelta

que son casi 1100.

'

ÜTRAS ANOTACIONES

En el folio 16, al margen, hay una aclaración acerca de una fe de bautismo
que se dice fue asentada más adelante, en el folio 15 7 vuelta. La misma aclaración se repite en el folio 22, sin embargo la partida aparece inscrita en el
folio 158 vuelta.

En cada uno de los folios 30, 59 y 81 vuelta, al margen, se anot6 con letra
muy pequeña una fe de bautismo. La partida asentada en el margen del
folio 81 vuelta lleva la siguiente anotaci6n: "esta partida se hallará por duplicado a folio 157", pero fue inscrita en el folio 158 vuelta.
Otra aclaraci6n aparece en los folios 159 y vuelta: "Esta partida no vale por
estar duplicada a la vuelta".

AUTO DE VISITA

En los folios 119 a 123 ap·arece un interesante "Auto General de Visita",
fechado el 10 de julio de 1777. El doctor don José Antonio Martínez, Juez
Visitador y Vicario General, ordenó después de su visita, entre otras cosas,
"que se retoque la antigua Patrona" y "se demarque el cementerio, aunque
sea con pared sencilla, para que se le guarde su inmunidad ... " (Folio 120
vuelta) El padrón de la feligresía "asciende al número de cinco mil doscientas
treinta y cinco personas, con la inclusión de los pátvulos . .. " Se menciona al

bachiller Juan José Paulíno de Rumayor, presbítero del Obispado, "preceptor
de la clase de Gramática de esta ciudad" (Folio 121). Por último, hay algunas noticias interesantes sobre el Pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe

(hoy Guadalupe, N. L.) y su iglesia, "que están fabricando a piedra y cal ... "
(Folio 122 vuelta).

6 En el folio 107, al margen, se anot6: "Aunque el día 13 de este mes vino de Guadalajara · el señor cura propietario, por traer las comisiones de Juez Visitador y Vicario
General de este Reino, me manda siga firmando las partidas como cura sustituto.
Y para que conste lo rubriqué de mi apellido", pero no lo rubricó el bachiller Alejandro

de la Garza.

350

351

�DON MART!N DE ZAVALA, PROMOTOR DE LA AGRICULTURA
Y LA GANADERIA EN EL NUEVO REINO DE LEÓN
EUGENIO DEL HOYO

Instituto Tecnol6gico de Monterrey

LA

AGRICULTURA

EN EL PERÍODO que va de la fundación definitiva de la ciudad de Monterrey
por Diego de Montemayor en 1596 a la llegada de don Martín de Zavala
al Nuevo Reino de León en 1626, todo habían sido intentos fracasados o ensayos infructuosos; sólo bajo el gobierno de don Martín de Zavala, el Nuevo
Reino va tomando forma, consolidándose, poblándose, y los fracasos y los
ensayos, convirtiéndose en logros y realizaciones. Es cierto que la colonización
agrícola se había iniciado en el período anterior; pero, el estado constante
de "guerra viva", así como la falta de un gobierno fuerte y eficaz, no menos
que la incuria de los vecinos, hicieron que los resultados fuesen tan precarios,
que la producción agrícola no bastaba para alimentar a la escasa p·oblación.
Los diez primeros años del Gobierno de don Martín se nos presentan como
años de inercia en que se prolongan, en lenta transición, todos los graves pro~
blemas de la época inmediatamente anterior. El cambio se opera, ya en forma
vigorosa, hasta el año de 1637, que corresponde a la fundación de la Villa
de Cadereita y que se explica por la entrada al Reino de un importante y
valioso contingente de nuevos pobladores, a partir de 1635, provenientes, los
más de ellos, de zonas en que la explotación agrícola y la cría de ganados
constituía una temprana y vigorosa tradición: Huichapan, Tepatitlán, San
Luis de la Paz, Puebla de los Angeles, Querétaro, Guadalcázar, son algunos
de los lugares de origen de aquellos colonos. El foco principal de esta nueva
corriente migratoria se localizaba en Huichapan en la Provincia de Jilotepec, 1
1
Véase la lista de los fundadores de la Villa de San Juan Bautista de Cadereita
en JosÉ ELEUTERIO GoNzÁLEZ, Lecciones Orales, etc., p. 68.

353
H23

�tan famosa ya al mediar el siglo XVI, tanto por su fuerza de expansión colonizadora hacia el norte de la Nueva España, representada por aquellos indios
caciques conquistadores, de raza otomí, como don Juan de Tapia o don Nicolás de San Luis Montañez, como por su fabulosa riqueza ganadera. Era
esta además una de las zonas de más intenso mestizaje y de más temprana

un nuevo tipo humano, más dúctil y complejo y, por lo mismo, menos conservador que el de los antiguos pobladores; las costumbres, las tradiciones y
el folklore iban a recibir también tan decisivo y favorable impacto.

tenemos la impresión de que la mayor parte de los u españoles"
que entran al Reino desde esa región, eran en realidad mestizos o castizos y
vienen con ellos gran cantidad de "indios laborios", mulatos, zambos, coyotes,

Zavala, sino también a las actividades de los nuevos colonos y al espíritu innovador que representaban.

'
'
aculturación;

etc. Don Luis de Zúñiga Almaraz declara en una relación de méritos el 16
de abril de 1635 haber venido del Pueblo de Huichapan "con mucha cantidad de ganados menores, con seis españoles que a su cargo los traían y más
de cien personas, indios e indias, chicos y grandes, y negros, para la guarda
del dicho ganado",' y en 1642 su hermano don Juan de Zúñiga Almaraz al
pedir licencia para el traslado de un obraje, dice: "Habrá tiempo de cuatro
años . .. que yo entré a poblar la Villa de Cadereita ... con más de cuarenta
indios naboríos con sus hijos y mujeres";' Juan Alvarez de Godoy, también
originario de Huichapan, en su relación de méritos de 16 de abril de 1635,
dice: "había entrado a dicho Reino ... con cinco españoles y más de setenta
indios e indias, chicos y grandes, y negros esclavos"/ y el 26 del mismo mes

y año, Mateo de Arce declara: "que ha entrado. . . con mucha gent~ española indios laborios y esclavos". 5 A estos numerosos indios mesoamericanos,
cristianos y "políticos", hábiles en los trabajos mineros y agropecuarios, _así

como en las artesanías, se debe la intensa nahuatlización del Nuevo Remo
que lo mismo se manifiesta en la toponimia que en el habla popular,º ~n el
folklore· a ellos se debe también, en gran parte, el incremento econom1co Y

'

,

.

la elevación del estandard de vida, ya que, en su gran mayona, eran romeros
u hortelanos, albañiles, carpinteros, tejedores o alfareros, pintores, canteros,
entalladores e imagineros; por último, frente a la ignominiosa esclavitud sufrida por los indios "naturales", estos indios "laborios" que se sabe~ ?ro~e-

gidos por las Leyes de Indias, defienden celosos sus_ derech~s. y pnv1leg1os
como lo demuestran multitud de documentos del Archivo Mumc1pal de Monterrey. No es pues extraño que esta nueva corriente de po?lación no, sólo viniese a fomentar vigorosamente la hasta entonces precaria econom1a agropecuaria del Nuevo Reino, sino a influir decisivamente en la integración de
Cedulario Autobiográfico de Poblaciones Y Conquistadores
de Nuevo Le6n. Monterrey, 1964, cédula 425 .
• "Licencia para el traslado de un obraje de Juan de Zúñiga Y AlmaTtzr''. Cecralvo,
17 de octubre de 1642. A.M.M., Civil, vol. IIIi exp. 11.
.
4
ISRAEL CAvAzos GARZA, Cedulario Autobiográfico de Pobladores y Conquistadores
de Nuevo Le6n. Cédula 5.
' ISRAEL CAVAZOS GARZA,

' !bid. Cédula 8.

3j4

Debemos señalar aquí la resistencia sorda y encelada que oponían los an-

tiguos pobladores o sus descendientes, no sólo al Gobierno de don Martín de

El régimen de propiedad de la tierra sufrió un notable cambio en este período al surgir una tendencia muy marcada a la formación de grandes propiedades; el término "caballería" va siendo sustituido por la palabra "estan•
cia" que "debían ser cuadrados orientados de Este a Oeste, y medir una legua
por lado ( las de ganado mayor) o sean tres mil pasos, que son cinco mil
varas; y dos mil pasos o tres mil trescientas treinta y tres varas las de ganado
menor; lo cual representaba más o menos mil setecientas hectáreas las primeras y setecientas ochenta hectáreas las segundas". 8 En otras palabras, la

unidad de medida era ya notablemente mayor que en el período anterior.
A partir de 1635, se forman verdaderos iatifundios que estudiaremos al hablar
de la ganadería. El proceso de este fenómeno económico es muy simple: en
primer lugar, don Martín de Zavala concedió mercedes de tierras con mano
pródiga extralimitándose de sus facultades 7 y, en segundo, unos pocos terratenientes fueron adquiriendo, por compra o por otros medios, las antiguas

mercedes; sin embargo, en el Nuevo Reino de León no llegó a desaparecer
la pequeña propiedad agrícola, que generalmente estaba localizada en las
cercanías de las ])'oblaciones; las grandes propiedades eran ganaderas y se
extendían por el inmenso "despoblado". A través de los documentos estudiados hemos podido observar un interesante fenómeno que explica, en parte,

la constante importancia de la pequeña propiedad dentro de la tenencia
de la tierra en Nuevo León. Siendo las familias muy prolíficas y estando reducidos los bienes de fortuna a la tenencia de la tierra y no existiendo otros
caminos vitales que seguir, al partir la herencia entre los muchos hijos, las

grandes propiedades volvían a fragmentarse en parvifundios.
En 1626, en que el único lugar habitado por "españoles" en el Nuevo Reino
seguía siendo la Ciudad de Monterrey, en un radio no mayor de ocho leguas
a partir de dicha ciudad, estaban establecidas siete "estancias": la de San

Francisco de Bias de la Garza y Alonso de Treviño, la de Gonzalo Femández
• FRAN~o1s CHEVALIER,

La formaci6n de los grandes latifundios en México. Mé•

xico, 1956, p. 84.
' "Real cédula sobre las mercedes de tierras hechas por don Martín de Zavala en
el Nuevo Reino de León". Madrid, 9 de mayo de 1672. A.G.N. Reales Cédulas, dupli•
cados, vol. XXX, exp. 86. Documento inédito, copia mecanográfica en la Biblioteca
del Instituto Tecnológico de Monterrey.

355

�de Castro, yerno de Diego Rodríguez, la de Bias Pérez, la de Bemabé de las
Casas en el Valle de las Salinas, la de Alonso Díaz de Camuño en el puesto
de los Muertos, la de Miguel Sánchez Sáenz, yerno de José de Treviño
y la de Diego de Montemayor, nieto del fundador de la ciudad; algunas otras
que se habían fundado en años anteriores, en ese de 1626 estaban despobladas
por causa de la guerra, como la de la Pastora, fundada en 1598 por Juan
López, la de Juan Pérez de los Ríos en Pesquería Chica, la que fuera de
Diego Díaz de Berlanga y que al pasar por compra a Pedro de la Garza en
1605, se llamó San Nicolás de los Garza. Pero, a partir de 1637, con la fundación de las Villas de Cadereita y Cerralvo, del Valle de las Salinas, y el
Alarno, así como con el incremento de la población, las "labores", "estancias" y ' 1haciendas" se fueron multiplicando, como lo demuestran las muchas
solicitudes de mercedes de tierras presentadas ante don Martín de Zavala.
Además, los documentos consultados nos permiten afirmar que ya en este
período los trabajos agrícolas se hacen en mayor escala y con técnicas más
eficaces que en el período anterior: En 1634 Bias de la Garza y Alonso de
Treviño declaran que su hacienda de San Francisco había proveído a "la dicha
ciudad (Monterrey) y esta Villa (Cerralvo) en muchos bastimentos y ganados ... y que habían venido a multiplicarla de tal suerte, que estaba a punto
de ser muy poderosa, así de panes que se cogían en ella como de ganados
mayores y menores, y gran cantidad de caballada que tenían ... "; 8 en 1642
Don Juan de Zúñiga Almaraz dice, haciéndo relación de sus méritos: " ... abrá
tiempo de cuatro años ... . que yo entré a poblar la Villa de Cadereita ...
con ... más de cuarenta indios naborios con sus hijos y mujeres y muchos
bueyes mansos, rejas y aperos para fundar haciendas de labor. . . y he estado
sacando una acequia de agua para labor, más tiempo de un año, que me ha
costado más de dos mil pesos de maestro y españoles que están sobrestantes
con salario en la dicha acequia . .. " 9 Sabemos por Díaz de la Calle, que
don Martín de Zavala en Cadereita ''porque el río está a gran distancia, hizo
hacer encañado y acequia para llevarle a ella, obra que dura más ha de
10
cuatro años, con grande gasto, y se quedaba prosiguiendo" .
Nos dice Alonso de León que antes de la entrada de las ovejas al Reino
en 1635 "no había sementeras, más que de trigo, y eso, sólo el necesario
para comer; no había saca, antes de Zacatecas traía el Gobernador lo que
se gastaba en Cerralvo; maíces no se sembraban, sino muy poco y mal, y en
berzas; se iba con el gasto de las haciendas de ovejas, que estaban habituadas
más al maíz que al trigo. Se empezaron a hacer labores, y una semilla de
8 lsRAEL CAvAzos GARZA,

maíz que envió don Juan de Zúñiga de Guadalcázar, privó y se da muy
bien; el que antes se sembraba, no acudía: hoy se coge cantidad en cada
labor, y doblado trigo que antes, tanto que con haberse acrecentado los gastos ( con el aumento de población), se suele hacer saca de ello habiendo
falta allá fuera. Arroz se da en cantidad tan gruesa y mejor que el de Castilla" .ª Hay que advertir aquí que el trigo que salía del Reino salía ya elaborado, convertido en harina; en casi todas las solicitudes de mercedes de
tierras y aguas, se solicitan "saca de agua para acequia" y "herido de molino".
Estos molinos eran grandes muelas de piedra movidas por agua. Uno de los
fines principales que se pretendían al intentar restablecer la comunicación
con la Huasteca, era abrir mercado a las harinas que salían de esos molinos;
ya en 1609 "salió el capitán Joseph de Treviño a hacer una jornada a la
Huasteca, con una recua de harina" 12 y esa "harina" fue lo que lo salvó de
una muerte segura: "llegó al Estero, catorce leguas de Tamaulipas; saliéronle
muchos indios; el paso era estrecho; tuvo por mejor acuerdo de derramarles
allí la harina y volver para, con carretas y más fuerza, hacer el viaje". 13 y
el año de 1645, nuestro cronista Alonso de León, salió de Cadereita "para
efectuar lo que tanto se deseaba, que era la comunicación de este Reino con
la Provincia de la Huaxteca y Puerto de Tampico ... llevamos treinta mulas
cargadas de harina para muestra de la que en este Reino se daba . . . " 14 Como
se ve, la industria harinera es de rancio abolengo en Nuevo León y el gusto
por la tortilla de harina muy antiguo.
No sólo se cultivaban trigo y maíz, sabemos por el cronista que el arroz
se daba en gran cantidad y "tan grueso y mejor que el de Castilla" . La caña
de azúcar, que empezara a cultivarse desde fecha tan temprana, llegó, con
el tiempo, a constituir uno de los cultivos más importantes, como lo demuestra la gran cantidad de trapiches o molinos de caña mencionados en los documentos y, la caña de azúcar, al igual que el trigo, fue industrializada y el
piloncillo" o "panocha" del Nuevo Reino, tenía amplio mercado en la zona
minera zacatecana y otros lugares del Norte de la Nueva España. Aunque
sólo tenemos un dato sobre el cultivo del algodón, conjeturamos que no se
trata de un hecho singular: en 1648 doña Juliana de las Casas, hija de Bernabé de las Casas, dice en un pleito sobre una ranchería de indios de encomienda: " ... y por ser p'obre y enferma, que al presente estoy en la cama;
11 ALONSO DE LEÓN,

u

lbid., p. 133.

18

lbid., p. 133.
]bid., p. 160.

Cedulario. Cédula 141.
u

' Ver nota 3.
10 JUAN DIEZ DE LA CALLE,

Relaci6n y Discursos, p. 143.

Memorial y Noticias Sacras, p. 232.

357
356

�y que con los dichos indios me sustento sembrando un poco de algodón y
otras cosas ... " 15
Todos los antiguos historiadores y v1a1eros nos hablan de la fertilidad de
las tierras y la abundancia de las aguas; de los pastos siempre verdes y las
hermosas arboledas. Juan Díaz de la Calle, hablando de Cerralvo, dice : "Esta
Villa y su distrito abunda de muchas aguas, y por medio ella pasan los arroyos,
son sus campos muy apacibles y deleitosos", 16 y dice de Cadereita: "Su distrito es de alegre sitio y fertilísimas tierras. . . En sus distritos ( de las dos
Villas) se coge mucho trigo, maíz, frijoles y otros frutos y legumbres con
abundancia .. . (hay) grandes montes para carbón y muchas aguas para la
labor de las mismas" .11 Alonso de León hace su elogio diciendo : "Es tierra
fértil, de muchos pastos y casi siempre verdes. Dan se los panes muy bien;
todas semillas y géneros de árboles frutales, de muy gran sabor y gusto; muchos melones, sandías y todos géneros de semillas. Sólo falta, lo que no puedo
decir sin gran lástima, hombres curiosos y trabajadores, con cuya causa no
hay sino muy poco de cada cosa, pudiendo haber en tanta abundancia, que
se pudiera pasar con mucho gusto la vida" ,1 8 y, añade: "Tres géneros de
frutas lleva este Reino, como las puede haber en España: higos, melones y
sandías; uvas me han dicho las hubo en las Salinas, que hacían ventaja a
las de Castilla, que se tienen p·o r buenas" .19

LA GANADERÍA

Mucho más importante que la agricultura, lo fue la ganadería en la vida
económica del Nuevo Reino de León. A pesar de la "guerra viva" y del
especial atractivo que los animales domésticos ejercían sobre los "naturales",
que consumían de ellos grandes cantidades, los ganados se multiplicaban en
forma prodigiosa y los hatos, manadas y rebaños iban, poco a poco, en forma
progresiva, aprovechando los "pastos casi siempre verdes" de aquel inmenso
"despoblado"; los "cimarrones", "mesteños" u "orejanos", cruzaban los desiertos, habitat de los nómadas, provocando notables cambios, tanto en su
alimentación, como en sus costumbres.
Mientras que la explotación agrícola, casi toda de pequeña irrigación, que13
«Pleito sobre indios entre doña Juliana de las Casas y Diego de Villarreal". Monterrey, 1648. A.M.M., Civil, vol. V, exp. 2.
1
ª JUAN DIEZ DE LA CALLE, Memorial y Noticias Sacras, p. 230.
" !bid., p. 231.
1
ª ALONSO DE LEÓN, Relaci6n y Discursos, p. 82.
19
/bid., p. 83.

358

daba localizada en los aledaños de los escasos y pequeños centros de población, las "estancias de ganado" se iban alejando como avance temerario de
la acción colonizadora y como única base de la ocupación extensiva de las
tierras. Fue la ganadería y no la agricultura la que condicionó la formación
de los latifundios en el Norte de México, y muy especialmente en el caso
particular de Nuevo León. La "estancia de ganado", que al decir de Charles
Julián Bishko, " . .. implica el criadero de ganado en número considerable sobre extensas tierras de pastos con el propósito primario de la gran producción
de carne y cueros . . . " 20 y que tiene sus más hondas raíces en los "ranchos
ganaderos" de la España medieval, floreció con extraordinario vigor en los
amplios "despoblados" de Aridamérica. El "rancho ganadero", antecedente
de la "estancia de ganado", siendo ésta a su vez el antecedente de la "hacienda" mexicana, tiene su origen en las tierras semidesérticas de la Meseta
Central de la Península Ibérica y, muy especialmente, en regiones como Zamora y Salamanca, en León o Segovia y Avila al Sur de Castilla la Vieja.
Desde esta área original, mediante la Reconquista, el "rancho ganadero" se
extendió hacia el sur por los extensos pastizales de Castilla la Nueva, Extremadura y el Alentejo, en Portugal y, a partir de 1250, con la reconquista
de Andalucía por Femando III, el "rancho ganadero" surge, renovado y
vigoroso, en el Valle del Guadalquivir. Y fue así como el urancho ganadero',
que había sido, desde una remota antigüedad, institución peculiar a la Pe•
nínsula Ibérica, "cosa de España", en tierras de Extremadura y Andalucía,
iba a adquirir las características definitivas con que llegaría a tierras de América. Dice Bishko: " ... la llanura de Andalucía vino a ser, en la edad media
cercana, la única región de la Península, y posiblemente de toda Europa,
donde la vida pastoril, y la verdadera vida campesina en general, fue dominada por una floreciente y altamente (sic) organizada economía de ranchos
ganaderos. El hecho de que muchos de los más antiguos colonizadores de las
Canarias y de las Indias proviniesen de esta andaluza región ganadera, la cual
estaba en su apogeo en el siglo XV y principios del XVI, o del no muy diferente ambiente ganadero de Extremadura, summ1stra una pista muy significativa sobre los adelantos ganaderos, muy especialmente en los ranchos de
ovejas en las colonias americanas". 21
Hemos querido insistir sobre este origen andaluz o extremeño de la Hestancia
de ganado", que tan bien se refleja en nuestro folklore campesino, para poder
explicar la presencia en el Nuevo Reino de León de importantes instituciones
~ CHARLES JuLIÁN BISHKO: "The peninsular background of Latin American Cattle
Ranching" en The Hispanic American Historical Review, vol. XXXII (noviembre
1952), número 4, pp. 491~515, La cita se encuentra en la p. 494.
11
/bid., p. 495.

359

�que le son peculiares dentro del marco novohispánico, como la Mesta y la
trashumancia de los ganados menores.
No fue ciertamente sólo un capricho el haber llamado, en su descubrimiento,
"Valle de Extremadura" al lugar en que habría de erigirse la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey; sus descubridores, tal vez uno de
ellos extremeño, han de haber encontrado evocadoras semejanzas: una y
otra fueron, a sus tiempos, tierras de "frontera", de "guerra viva", planteles
de hombres de armas; cuando Bishko describe el clima en la cuenca de Guadiana, nos parece que está hablando del clima del Noreste de Nuevo León:
1
' tierra de prolongados y abrasadores veranos y de frígidos inviernos sin nieve,
-de régimen pluvial inadecuado cuyos efectos se agravan con un alto grado de
-evaporización y con la extremada permeabilidad del suelo ... ríos que se convierten en el estío en arroyos secos o minúsculos regatos.· . . La vegetación
predominante es el matorral, que comprende varios tipos de arbustos leñosos,
aromáticos, de raíces profundas, hojas coriáceas, siempre verdes y resistentes
a la sequía .. . " 22 Y lo que nos dice acerca de las tierras de la Mancha o de
Extremadura, parece escrito sobre el cambio sufrido en el paisaje en la región de nuestro estudio: uParece sin embargo muy probable que durante la
Edad Media las tierras con hierba ocuparan una mayor extensión que la que
ocupan hoy ( invadidas por el matorral), después de siglos de excesivo pasto
e incendios de primavera . .. " 23 La investigación que hasta ahora hemos podido realizar nos lleva a la conclusión de que aquí se dio el mismo fenómeno: desde la entrada de las ovejas al Reino en 1635, el excesivo pastoreo
fue convirtiendo en matorrales las tierras que antes habían sido de pastizal;
huizaches, retamas, mezquites, chaparros y nopales dieron al paisaje nuevo
carácter que es el que ahora conocemos. Así como los antiguos viajeros y
cronistas hablan de los "pastos siempre verdes" del Nuevo Reino de León,
dice Bishko: "Notemos como característica de la hierba del Valle del Guadiana que crece no sólo durante la primavera, cuando la hierba abunda en la
mayor parte de la península, sino también y muy ferazmente durante el lluvioso otoño. Esto explica los grandes traslados, desde el Norte, de ovejas y
o-anado vacuno trashumantes que tuvieron un papel central en la historia
b
de las regiones manchega y extremeña durante su período de tierras fron~
terizas" 24 y fueron el carácter de frontera con tierras virtualmente despobladas y los "pastos siempre verdes" los que hicieron aparecer la trashumancia
:i,,. CHARLES JuuÁN
BisHKO, El Castellano hombre de llanura. Trabajo inédito ~resentado en el Segundo Congreso Internacional de Historiadores de los Estados Umdos
y México1 celebrado en la ciudad de Austin, Tex. en noviembre de 1958, pp. 2 Y 3.

u Ibid., p. 3.
" Ibid., p. 3.

360

en tierras del Nuevo Reino de León : HEI año de treinta y cinco habiendo
' siempre'
algunos antes, estado en este Reino Antonio Leal, cuyo oficio era
pastor, como vio la tierra tan poblada de pastos, y tan diferentes, verdes todo
el año, tantos ríos y salitres, todo útil y provechoso para la cría de ganados
menores, salió a la Nueva España y dispuso el volver a guardar ovejas; y
conseguido, sin dar parte a su amo del intento, metió la hacienda y otras
dos que sus hermanos traían, con muy grande dificultad del camino, a causa
de los pocos aguajes y largos matorrales y nopaleras, que les causaban mucho
impedimento y pérdida de ganado; mas la esperanza de llegar a gozar la
fertilidad del Reino, les facilitaba todos los embarazos. Llegaron finalmente
y avisaron a sus amos la resolución que tuvieron ellos; vinieron al principio
muy pesarosos por ver el camino; después que vieron tanta amenidad, trataron de pedir tierras en propiedad, que les dio el Gobernador ( don Martín
de Zavala) conforme la cantidad de ganados que tenía cada uno. Salieron
las haciendas medradas, a cuyo ejemplo fueron entrando otras, y cada año
otras nuevas, de tal suerte, que cuando esto se escribe (1648), entran trece
haciendas de ovejas de más de a treinta mil cabezas, cual más, cual menos". 25
Y esta entrada de ganados trashumantes siguió en aumento como se desprende de una nota puesta por Juan Bautista Chapa en 1690, a continuación
del párrafo de Alonso de León arriba transcrito: "Ahora cinco años, que
fue el de mil seiscientos y ochenta y cinco que se hizo cómputo del ganado que
entró en este Reino, se hallaron quinientas y cincuenta y cinco mil cabezas en
solas diez y ocho pastorías, y se han aumentado, que ya entran veinte y una
y veinte y dos haciendas, sin otras muchas de cameros, todo lo cual saca muy
gran multiplico" .26
La trashumancia de ganados en el Nuevo Reino de León en los siglos XVII
y XVIII es un hecho de la mayor importancia histórica ya que obliga a rectificar lo que hasta ahora se había escrito sobre el tema: Julius Klein en su
fundamental obra The Mesta, dice, refiriéndose a la trashumancia en la Nueva España : "(un rotundo fracaso) acompañó a la introducción de la Mesta
en la Nueva España por Cortés y sus continuadores, muchos de los cuales estaban particularmente familiarizados con la ganadería trashumante ... En México, como en Santo Domingo, todos los esfuerzos encaminados a introducir la
trashumancia del ganado lanar resultaron frustrados, por la falta de condicio·nes geográficas favorables y por la mayor atracción ejercida por otras industrias,
'Singularmente la minería. La única parte del Código de la Mesta que sobrevivió
:fue la antigua disposición relativa a los consejos semestrales para disponer de
2~ ALONSO DE LEÓN,

Relaci6n y Discursos, pp. 142 y 143.
!bid., p. 143. Nota puesta por Juan Bautista Chapa en 1690.
.2r Suprimida.
26

361

�los animales descarriados". 28 Ya José Miranda en su trabajo: Notas sobre la
introducción de la Mesta en la Nueva España,2 9 objeta esta opinión de Klein;
pero, por los datos que aporta, más bien se refiere a un pastoreo a base de rotación de los pastos de acuerdo con las estaciones y dentro de una región limitada que a la trashumancia propiamente dicha; además los datos corresponden
todos al siglo XVI y para Mesoamérica; esto explica su última conclusión: "De
lo expuesto, debe concluirse que la migración periódica de los ganados, aunque
no alcanzara en la Nueva España el grado de importancia a que se remontó
en la Península, sí adquirió suficiente entidad para que se la considere como
elemento integrante del todo orgánico que fue la Mesta mexicana".'° El deficiente y superficial estudio que hemos podido hacer sobre tema tan importante,
nos permite afirmar que la Mesta en el Nuevo Reino de León presenta todas las
características de la Mesta española medieval y que la trashumancia sí alcanzó
un grado de importancia comparable al que tuvo en la Península Ibérica. A
fines del siglo XVII más de medio millón de cabezas de ganado lanar entraban
a pastar al Reino 31 y, pocos años más tarde, en 1715, un nuevo cómputo arrojó
más de un millón. 32 Los rebaños venían de regiones tan distantes, como son los
actuales Estados de Hidalgo, Querétaro y Guanajuato, 33 principalmente; es decir que los ganados trashumantes recorrían distancias mayores a ochocientos kilómetros. Los ganados llegaban al Nuevo Reino por el mes de noviembre y no
salían sino hasta el mes de mayo,3 4 es decir, los ganados pasaban el invierno y
parte de la primavera en el Norte, donde tenía lugar la "nacencia", mientras
que la trasquila se realizaba en el Sur, en sus lugares de origen. Las fechas de
entrada y salida resultan perfectamente lógicas si se piensa en el camino que
tenían que recorrer y que, tentativamente y a grandes jalones, vendría a ser por
San Luis de la Paz, Guadalcázar, Matehuala, Misiones del Río Blanco, Pablillo,
28
Juuus KLEIN, The Mesta, p. 9. En una obra de fecha más reciente; The Mexican Mesta, por WILLIAM H. DusENBERRY. Urbana, 1963, tampoco hay la menor

referencia a la trashumancia de ganados en el Norte de México.
:~ Publicado en Revista de Historia de América, núm. 17 (junio 1944), pp. 1-26. La
cita se encuentra en las pp. 1 y 2.
~

lbid., pp. 5 y 6.

n Ver nota

412.

IsRAEL CAvAzos GARZA: "Algunas características de los pobladores de Nuevo
Le6n en el siglo XVII", en Humanitas, número 1 (Monterrey, 1960), pp. 467-480.
32

Galeana Y Montemorelos." Juan Bautista Chapa en su Historia del Nuevo Reino de León nos dice: "Hay tres caminos para ir a él ( al Real de Minas del
Río Blanco) : el un_o es el que llaman del Pilón Chico, que se pasa el río treinta
Y siete veces, que viene por entre dos sierras altas, inaccesibles, y en donde está
una puente que la llaman de Dios, por ser de naturaleza fabricada, y debajo de
ella pa.sa el ~icho río, cuya caja está del hondor de veinte estados, a lo que paree; Y_ de alh se va a dar a un puesto que llaman Labradores (Galeana), que
esta cmco leguas de un valle que llaman Pablillo, y de allí al Río Blanco. El
otro camino se llama DE Los PASTORES, que no hay ningún río que pasar; es
una abra pequeña y angosta, que tiene cinco leguas de largo; muy arriesgada al
pasar las ovejas, en caso que hubiese accidente de algún aguacero, p·orque va
tan encañada, que fuera imposible escaparse ninguna. El otro camino es por la
misión de San Antonio, y para llegar a la población del dicho Río Blanco se
pasa éste cuarenta y cuatro veces, y no obstante estos inconvenientes, se trajinan
estos caminos de ordinario por los dichos pastores y por ellos salen a la Nueva
España".ªª Aquí surge otra de las más importantes características de la Mesta
medieval española: la existencia de "cañadas" bien determinadas y su jetas a las
Ordenanzas de Mesta. El Diccionario de Autoridades la define: "Cañada, s. f.
El camino que tienen los ganados merinos para pasar a extremo, que a lo men~s ha de ser de treinta varas de ancho, el cual no se puede romper para labrar,
m embarazar en modo alguno, pues lo contrario tiene penas establecidas en las
Leyes de la Mesta. Viene del nombre Cañal, p·orque en los campos lo parece
este camino, que en algunas partes es en barrancos, que semejan mejor a la canal". En la Nueva España las "cañadas" aparecen en fecha muy temprana, en
las Ordenanzas de la Mesta de 1574," se dice: "Que los Alcaldes de Mesta
abran cañadas por las partes y lugares que les pareciere ser necesarias, así para
que salgan los ganados a los agostaderos y para que tornen a volver a ellos ... " ss
Es indudable, aunque no podamos documentarlo, que el paso de ganados tan
numerosos, año tras año, por tan largo camino, tuvo que provocar numerosos
conflictos entre los pastores y los propietarios de las tierras que cruzaban, lo que
tuvo que conducir a las autoridades a señalar "cañadas" sujetas en todo a las
Ordenanzas de la Mesta)· pero, tomemos de nuevo el hilo del discurso: decíamos.
atrás que las fechas de entrada y de salida de los ganados resultan perfectamente lógicas si se piensa en el largo y difícil camino que tenían que recorrer: dejaban las majadas de verano por el mes de septiembre, al presentarse allá las

La cita en la p. 471.

"Acta de fundaci6n de la Villa de Cadereita" en DAVID ALBERTO Cossío, Historia de Nuevo Le6ii, vol. I, pp. 246-248. O Testimonios de las constancias relativas a
la fundaci6n de Cadereita ]iménez, publicadas por SANTIAGO VmAURRI. Monterrey, 1863.
M PEDRO DE RIVERA, Reglamento para todos los Presidios de las Provincias Internas.
Ordenanza 176.
13

362

3/i
36

1
~

"Descubrimiento del camino del Pilón". A.M.M., Civil, vol. VI, exp. 28.
JUAN BAUTISTA CHAPA, Historia, p. 347.
Ordenanzas de la Mesta en Pacheco y Cárdenas: Documentos, segunda serie,.

vol. XXII.

• lbid., p. 213.

363

�primeras heladas, para cruzar las zonas semidesérticas antes que se agotasen
los aguajes y abrevaderos y que el hielo quemase los pastos; llegaban al Nuevo
Reino ya entrado Noviembre para salir a principios de Mayo, ya cuando el
calor de las llanuras norteñas hacía peligrar a las ovejas y cameros cargados
de fina lana, y si no salían antes era para poder cruzar las zonas semid:sérticas con las lluvias tempraneras. Otra característica de la trashumancia
medieval española aparece también, como notable reminiscencia, en la trashumancia neolonesa; el complejo "esculca-rafala" tan bien estudiado por
Bishko :19 tiene tardíos renuevos acá. En la cercana edad media española eran
las esculcas "escoltas de jinetes armados y soldados a pie, que acompañan a
los rebaños durante su estadía en lejanos campos de pasto, al objeto de guardar
el ganado y a sus pastores" 40 y añade más adelante : '~las ovejas y el ganado
vacuno. . . se colocaba bajo la guarda oficial de lo que se llamaba la esculc~,
que era claramente una compañía de gente armada, jinetes que eran fac1htados por los dueños del ganado a base de un caballero por rebaño de ganado
vacuno O tres de ganado lanar" .41 La rafala, también "escolta armada ~ara
la seguridad del pastoreo", 42 puede diferenciarse de la esculca en que mientras ésta acompañaba a los ganados desde el lugar de origen a lo largo del
camino, la rafala se organizaba en el lugar de destino para _c uidar la seguridad de ganados y pastores en su invernada. Aunque los pmtorescos y arcaicos términos de rafala y esculca no aparecen en nuestros documentos -en
ellos se habla de soldados escolteros-, creemos haber podido identificar la
institución. no hay que olvidar que el Nuevo Reino de León era tierra de
"guerra vi~a" y que los ganados eran tentación irresistible para los bárbaros y
hambrientos chichimecas. Un alto porcentaje de los procesos penales que
guarda el Archivo Municipal de Monterrey, se refiere a muertes de pa~tor_es
a manos de los indios. 4s De aquí que la escolta de los ganados fuese md1spensable. Aquellas enormes "haciendas de ovejas", de treinta_ mil o ~ás c_abezas 44 venían bajo la responsabilidad de un mayordomo y cmco o sets asistentes todos españoles y jinetes en caballos "encubertados", armados de ar•
cabu/ lanza y espada y protegidos por ''chimales" y "escaupiles"; generalment~ a estos mayordomos y asistentes se añadían los "soldados escolteros~'
cuyo número variaba según las circunstancias; condu~ían_ los ganados multitud de pastores, de sesenta a cien, a pie y a caballo, md1os, negros, mulatos,
39 BisHKO,

!bid., p.
(l !bid., p.
d
!bid., p.
~ A.M.M.,

~

0

-14

364

ALONSO

El Castellano hombre de llanura, pp. 11-14.
11.
11.

12.

!'
Causas Criminales, especialmente los tres primeros vo umenes.
DE LEÓN, Relación y Discursos, p. 143.

coyotes, zambos, que venían, muchos de ellos, acompañados de sus mujeres
y de sus hijos; no era caso insólito que mercaderes, frailes, estudiantes o simples viajeros, acompañasen también a los rebaños en busca de seguridad,
aumentando así la escolta armada. 45 Como se ve, tenemos aquí un tardío retoño de la vieja esculca. Pero hemos podido encontrar también notables supervivencias de la rafala en el Reglamento para todos los presidios de las Provincias Internas, formulado por el Brigadier Don Pedro de Rivera como resultado de su viaje de inspección y publicado por orden del Marqués de Casa
Fuerte en 1729.46 Lo que aquí nos interesa está contenido en las ordenanzas
175, 176 y 177: "número 175. El Gobernador del Nuevo Reino de León, hará
cumplir cuanto la siguiente ordenanza previene sobre el ganado menor, que
todos los años entra a pasar el invierno en sus tierras, se mantenga con la
seguridad de no ser insultado y los pastores muertos por los enemigos".
"Número I 76. Cada año, por el mes de noviembre, saldrá el capitán de
la Villa de Cerralvo con doce soldados de su comando y marchará al Vallecillo, situado entre la Villa de Linares y Valle de San Antonio, donde luego
que lleguen dichas haciendas de ganado, contribuirá cada una con dos hombres equipados de todas armas que se agregarán a dicho cuerpo, a los que
como soldados, mandará dicho capitán, y con ellos correrá toda la tierra que
los enemigos habitan y hace frontera con el Valle del Pilón, por el río de
las Conchas, para que con esto se resguarden la Villa de Linares y las haciendas que pastan en las inmediaciones del cerro de Tamaulipas y Valle de
San Antonio, y se libren los pastores y pueblos de ser insultados, siendo dicho
capitán responsable a cualquier defecto que provenga de su descuido, y por lo
que mira al mantenimiento de cada dos hombres que ha de contribuir cada
hacienda de las que entraren a pastar, habrá de ser a costa de sus dueños, lo
que se les advertirá, para que cuando llegue el caso, estén prevenidos y este
gasto se repartirá entre los interesados igualmente, conforme a la ley".
"Número I 77. Luego que por el mes de mayo, salgan de dichas tierras las
referidas haciendas de ganado y no antes, se retirará el dicho capitán de Cerralvo a su presidio, donde se mantendrá hasta el tiempo prefinido que repetirá la misma campaña y el tiempo que se gastase en ella, estará al cargo de
los vecinos de Cerralvo, el defender la frontera que aquella Villa hace al
Río Grande del Norte" .47
Creemos haber presentado un cuadro completo de la trashumancia de ganado menor entre el Reino de la Nueva España y el Nuevo Reino de León
y demostrado su profunda analogía con la institución medieval española al
..:. FRANQOIS CHEVALIER,

La joTmaci6n de los grnndes latifundios en México, p. 142.

Ver nota 420.
n lbid.

-i(I

365

�señalar la presencia aquí de características tan privativas como las ,rcañadas"
o el complejo uesculca-rafala". La trashumancia en Nuevo León ha de haber
alcanzado su apogeo en la primera mitad del siglo XVIII en que se nos
muestra con toda su madurez jurídica. Israel Cavazos Garza en su magnífico
trabajo ªEl muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey'' recoge los nombres
de los alcaldes de la Mesta en la Ciudad de Monterrey en los primeros años de
dicho siglo.
1707. Alférez Bias de la Garza.
1708. Capitán Cristóbal González.
1709. Capitán Eugenio de la Garza.
1710. Caudillo Diego de Ayala.
1711. ¿ ... ?
1712. Capitán Cristóbal González.
1713. Capitán José Eugenio de la Garza.
1714. Capitán Juan Esteban de Ballesteros."
La existencia de la Mesta local desde los orígenes de Monterrey no la hemos podido documentar por las premuras con que se ha hecho este trabajo;
pero es indudable que existió ya que las Ordenanzas de la Mesta de 1574 extendieron la institución a toda la Nueva España 49 y, además, se comprueba la
existencia de un registro de marcas y hierros a través de los documentos, así
en el testamento de Diego de Montemayor el mozo otorgado en la Ciudad
de Monterrey el 29 de Abril de 1611, se lee : "Y asimismo me pertenecen y
tengo la mitad del ganado mayor que está en la dicha boca en el Río de San
Gabriel, así de grandes como de chicas, machos y hembras y el hierro mío
que es el del margen y se han de herrar la dicha mitad del dicho ganado
con el dicho mi hierro". 50
La especial atención que pusimos en el tema de la trashumancia se justifica por las múltiples e importantes consecuencias, tanto sociales, como económicas, que de ella se derivan.
Pero, hay que aclarar que no sólo la ganadería trashumante tuvo importancia en el cuadro económico de este período; la crianza de ganados menores
y mayores recibió también notable impulso 51 y don Martín de Zavala, por
razones de índole militar fomentó personalmente la cría de ganado caballar, tan
sólo en sus estancias de ganado de la jurisdicción de Cerralvo los inventarios
de los bienes que quedaron a la muerte del Gobernador registran en diferentes
-13

lsRAEL CAvAzos GARZA, El Muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey, pp. 60-62.

* Ver nota 37.
"Testamento de Diego de Montemayor el mozo". Monterrey, 29 de abril de 1611.
A.M.M., Civil, legajo 3, exp. 24.
61
ALONSO DE LEÓN, Relación y Discursos, p. 126.
:111

366

partidas 770 cabe~s, grandes y chicas, machos y hembras, sin contar las numerosas_ yeguas reJegas que no se pudieron juntar. Copiaremos algunas de
las partidas de tan curiosos inventarios:
"La mulada del molino: cincuenta mulas y machos de tiro, carga, silla y
carroza, viejas y nuevas.
"Dos garañones: el Columpio y el Güero.
"Cuarenta y cinco caballos mansos, enteros y capones, v1eJOS, mansos y
buenos.
"Sesenta y nueve caballos mansos de todas edades.
"Manada del Blanco: treinta y nueve yeguas de vientre, dos machos y una
mula de a dos años, dos potros y dos potrancas de a dos años, ocho crías y
once muletos por herrar, un burro maestro". 52
Desgraciadamente los beneficios de estas prosperidad aanadera se vieron
limitados por la notable decadencia que presentan los ;eales de minas en
el transcurso del siglo XVIII, ya que estos reales eran el mercado natural de
los productos agropecuarios y mineros del Nuevo Reino.
Pero, pasemos a hablar de las funestas consecuencias de la trashumancia :

Los

SEÑORES DE GANADOS

Para poder atraer al Nuevo Reino de León las grandes "haciendas de ovejas"
de Hidalgo, Guanajuato y Querétaro, don Martín de Zavala tuvo que conceder mercedes de tierras y aguas con mano pródiga, demasiado pródiga, a
los ricos ganaderos del Sur. Es muy interesante comparar las antiguas mercedes con las de este período, a partir de 1635: en aquéllas, lo normal eran
cuatro caballerías de tierra y un sitio de ganado; en éstas, son cincuenta y
más estancias de ganado. Tomemos algunos ejemplos: el día 16 de abril de
1635, en la Villa de Cerralvo, el Gobernador Don Martín de Zavala hizo
merced de 76 estancias de ganado mayor (?) y 8 caballerías de tierra a Juan
Alvarez de Godoy, vecino del pueblo de Huichapan y que había entrado al
Reino con más de 30 mil cabezas de ganado menor, 130 bestias entre caballos,
yeguas de cría y mulas de recua; y, para la guarda de dicho ganado, 5 españoles montados y armados y más de 70 indios e indias, chicos y grandes y
negros esclavos. 63 El mismo día, otro vecino de Huichapan, don Luis de
Zúñiga Almaraz, "hizo relación diciendo que, ... por la noticia que de su
bondad (de las tierras del Nuevo Reino) se le dio, se dispuso a entrar en él
62
"Inventarios de los bienes de don Martín de Zavala en la jurisdicción de Cerralvo",
1664. A.M.M., Civil, leg. 5, exp. 26.
111
ISRAEL CAVAzos GARZA, Cedulario . Cédula 5.

367

�con mucha cantidad de ganados menores, con seis españoles que a su cargo
los traían y más de cien personas, indios e indias, chicos y grandes y negros
para la guarda del dicho ganado; y más de cien bestias, caballos y yeguas
y mulas de recua, entrando en el mayor y más apretado tiempo del año, con
notable riesgo de perder hacienda tan considerable . . . " 54 y, por ello, recibió
en merced, 75 estancias de ganado mayor y menor; asimismo Francisco Leal,
en representación de don Juan Méndez Tovar, otro rico ganadero de Huichapan, recibió otros 75 sitios de ganado menor;" el 4 de Mayo de 1638,
Don Juan de Zúñiga Almaraz, hermano de don Luis, recibió 50 sitios de
ganado menor en el "agostadero de San Juan" ;56 el capitán Remando de
Mendiola, que entró en 1636 "como vecino y poblador del Reino, con su casa,
familia y hacienda de treinta mil ovejas y otros ganados", recibió 30 sitios,.
15 de ganado menor y 15 de mayor y 16 caballerías de tierra," y, por último,
nuestro cronista don Alonso de León que, como uno de los fundadores de
la Villa de Cadereita, recibió 30 sitios de ganado mayor y menor y 6 caballerías de tierra "en los cerros de las garrapatas". 58 No hay que olvidar que
la estancia de ganado mayor representaba más o menos 1,750 hectáreas y 780
hectáreas la de ouanado menor. Y de estos grandes propietarios sólo
Remando
.
,
de Mendiola y Alonso de León se avecindaron en el Nuevo Remo, los &lt;lemas.
mantuvieron su vecindad en Huichapan. Y esta política de liberalidad, tan
desusada en las mercedes de tierras y a no pobladores del Reino, la llevó don
Martín a verdaderos extremos. Fran~ois Chevalier en La Formación de los
Grandes Dominios, etc. nos da una interesante lista de beneficiarios de dichas.
mercedes: "Se encuentran en ella (la lista), el capitán Juan de Espindola,
en 1644 tesorero de la Santa Cruzada en México; el contador mayor Juan
de Alcacer, tesorero, asimismo, de la Santa Cruzada en 1643 y ya propietario
de vastos territorios en la Nueva España y en las provincias del Norte, compró al capitán Juan de Zavala las 25 estancias que éste había recibido . ~1gunos meses antes de manos del Gobernador don Martín de Zavala; el cap1tan
Antonio de Godínez, que estableció un mayorazgo, y sobr~ todo, su h~rmano,
el poderoso Luis Tovar Godínez, que compró por 126 "..111,,pesos el_ titulo -~e
"Secretario de la Gobernación y Guerra de Nueva Espana y fundo tambien
un rico mayorazgo en 1643-1644. En la lista aparecen, además, don Juan
Francisco de Vértiz regidor y alférez real de México; 4 Zúñigas: don Lms,.
don Juan, don Fra~cisco y don Lucas, y el capitán don Diego de Horduña,
" /bid., cédula 425.
611 A.M.M., Protocolos, vol. I, doc. 25, f. 34.
1141 A.M.M., Civil leg. 3, exp. 42.
1
G1 lsRAEL CAVAZOS GARZA, Cedulario, cédula, 263.
GS "Mercedes de tierras y encomienda de indios a Alonso de León". Cadereita, 1637.

A.M.M., Civil, leg. 2, exp. 13.

368

que poseía inmensas y ricas haciendas dispersas en todo el virreinato: por
mercedes o por compras, había reunido, sólo en Nuevo León, más de 150
. d e oveJas
" ".59 Td
es t
ancias
o os ellos hombres ricos y poderosos que, en su mayoría, vivían en la ciudad de México y que sin duda nunca conocieron sus
alejadas posesiones en el Nuevo Reino de León. Israel Cavazos Garza, en
Algunas características de los pobladores de Nuevo León en el siglo XVII,
dice: "Casi toda la nobleza criolla tiene aquí sus latifundios, en los siglos XVII
y XVIII. Los marqueses del Castillo de Aysa, de San Francisco y de Buena
Vista; los condes del Alama, de Penalva y de la Canal, etc., poseen dilatadas
1
posesiones '.ºº Este hecho económico-social es de la mayor trascendencia en
la historia de Nuevo León: El carácter de la propiedad rústica fue muy peculiar, pues si bien las tierras del Nuevo Reino estaban ocupadas, casi en su
totalidad, desde fines del Siglo XVII, esa ocupación era muy relativa, ya que
los propietarios de los enormes latifundios eran verdaderos "absentistas" que
residían a más de 800 kilómetros de sus propiedades y que no tenían más
lazos con el Reino que el aprovechamiento de los pastos por sus ganados trashumantes que, como decíamos, ni siquiera eran esquilados aquí; todos los
impuestos sobre ventas de lanas, cueros o crías, eran pagados fuera del Nuevo
Reino y, como dice Chevalier: "Entre estas vastas posesiones, algunas permanecían inutilizadas, o porque sus dueños no tenían mucha prisa en explo•
tarlas, más preocupados como estaban por acaparar tierras que por realizar
utilidades, o bien porque se trataba de zonas particularmente expuestas a
los ataques de los nómadas. Así las 150 estancias que había adquirido el
capitán Diego de Horduña eran declaradas 'Ynabitables' en 1677; sus herederos ya no las explotaban, y se les atribuía apenas un valor de un mil
pesos en una fortuna, casi únicamente territorial, de 400 mil pesos". 61 El
"absentismd' de los propietarios determinó que el fomento económico así
como la colonización del Nuevo Reino fuese, a pesar de los esfuerzos de don
Martín de Zavala, limitados y raquíticos y que no surgiesen aquí las grandes
haciendas de economía casi autosuficiente: de hermosas '~casas grandes" y
suntuosas capillas; haciendas que eran orgullo y deleite de sus dueños y que
tanto contribuyeron a la consolidación social y económica de otras regiones
del país; este "absentismd' impidió, asimismo, la integración de la "civitas"
en los pueblos y villas del Nuevo Reino de León y, en el campo del Arte,
la ausencia de grandes obras arquitectónicas: templos, conventos, palacios o
casonas, enriquecidas con esculturas, pinturas y todas las ricas y variadas
manifestaciones de las artes menores. En otras palabras, este peculiar régimen
9

FRANi;o1s CHEVALIER, La formaci6n de los grandes latifundios en México, p. 143.
ISRAEL CAvAzos GARZA, Algunas características, etc., p. 471.
41 FRAN¡;o1s CHEVALIER, La formaci6n de los grandes latifundios en México, p. 143.
~

369
H24

�de la tenencia de la tierra, en distritos en que no llegó a desarrollarse la minería, impidió la formación de una clase de "hombres ric~s ' !' poderos~s, _?u.eso
y nervio de la república", verdaderos creadores del Mex1co novoh1spamco.

Los vecinos del Nuevo Reino de León eran pobres, muy pobres: a unos pocos
podríamos llamar "acomodados", como lo revelan todos los inventarios de
bienes que hemos podido estudiar. Si los "señores de minas", íntima Y emotivamente vinculados con su ciudad, las fomentaron y embellecieron: Guanajuato, Taxco, Zacatecas, Sombrerete, San Luis Potosí, estos "seño~es de ~anados", para quienes las tierras del Nuevo Reino de Leó~ no eran smo aneJOS
a sus grandes y prósperas haciendas del Sur, lugar de invernada de sus rebaños un nombre más en la extensa lista de sus propiedades, nada, absolutamente' nada hicieron en su beneficio.
'
Tuvimos la fortuna de dar con un importante documento hasta ahora desconocido: se trata de una Real Cédula de la Reina Gobernadora, fechada
en Madrid a g de mayo de 1672 años "sobre las mercedes de tierras hech~s
por don Martín de Zavala en el Nuevo Reino de León". Por su importancia
dentro del tema que nos ocupa, lo vamos a insertar aquí:
"La Reina Gobernadora.
"Virrey, Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Ciudad de México de la Nueva España, don Nicolás de Azcárraga, gobernador de la Pr~vincia del Nuevo Reino de León, en cartas del 29 de Septiembre del ano
pasado de 1667 y 5 de abril de 1669, me dio cuenta de difere_nt~s cosas que
tuvo por convenientes, tocantes al gobierno de aquella Provmcia y ~ayor
aumento y beneficio de la hacienda real
entre otras c~sas, represento que
aquel Reino por su fertilidad y abundancia de pastos Y_ hierbas, es e~ agost~dero de todos los ganados ovejunos de la Nueva Espana y que están en el
cada año más de 300 mil ovejas, de que se sigue a los dueños grandes conveniencias por lo que se multiplican los esquilmos, así de lanas, como de
borregos ',in parrar a la Real Hacienda ningún derecho por razón de los
· · por
' e1 d esor
bden que tuvo don Martín de Zavala en dar títulos. supuestos
s1tJ.os,
de sitios de tierras, adjudicando a uno sólo ciento y a otros doscientos y al
que menos cincuenta, sin tener facultad ni cédula real para poderlo hacer,
pues aunque la tuvo para dar a los pobladores que _le ayu~asen algun~s de
las dichas tierras, había sido limitadamente, en cantidad senalada, se~un la
. ·, d e1 poblador, y que hoy están apoderados de los dichos sillas
los
con d1c1on
.

y,

dueños pastores, sin constar ser pobladores, y excediendo en la cantidad de
lo dispuesto en las ordenanzas reales, de que suponen _tener derecho por la
·' sien
· do el principio ninguno por no
poses10n,
. haber habido facultad para poi

i

derlas dar, y ser del patrimonio real a qmen pertenece y q~e con solo este
que se cobrara de los dueños pastores, limitadamente a med10 real por cada

cabeza del hierbaje que comen sus ovejas, era bastante para la paga de dos
presidios de veinte soldados que conservan y defienden aquel Reino de los
daños que causan los indios bárbaros y, demás de esto, hacerse pago al gobernador de dos mil pesos ensayados de oro de minas, que tiene de sueldo,
sin que fuese de gravamen al que pagare el dicho derecho, porque en seis
meses de asistencia que están las ovejas en aquel Reino, sale ganancioso el
dueño de siete reales, por lo menos, en cada una, y que fuera razón pagasen
derecho de este aprovechamiento, así por ser las tierras del real patrimonio,
como por conservar en paz y quietud, defendiéndolos de los indios enemigos,
pues los soldados asisten con todo desvelo y cuidado, escoltando los ganados
para que no tengan pérdida, y que en caso que no fuese conveniente este
derecho por situación de años, se podría enviar orden para que se vendiesen
dichas tierras, de que se podía sacar cantidad considerable. Y que don Nicolás de Azcárraga a los dueños pastores, que están a derecho, de lo que
deben de arrendamiento de dichas tierras; y para situar el de medio real
por cada cabeza de ganado, ofrece su persona, prorrogándole aquel gobierno
por más tiempo y mantener los dichos dos presidios y poner otro de diez
soldados, para conservar aquel Reino con toda quietud, en que se logrará
el interés de diez mil y cuatrocientos pesos que se pagan a los dichos veinte
soldados que están situados guarneciendo las fronteras de Cadereita y Cerralvo
y los dos mil pesos ensayados del sueldo del Gobernador y el aumento de
diez soldados más para otra frontera que ha de estar en un para je que llaman
Anhelo, puesto arriesgado de los indios de la Nueva Vizcaya, con que resultará de beneficio a la Real Hacienda diez y nueve mil pesos cada año. Y habiendo informado sobre ello esa Audiencia en carta de trece de Julio de
mil seiscientos y setenta y uno. Y vístase todo en el Consejo de las Indias
con lo que acerca de esto pidió el fiscal de él, como quiera que por cédulas
de la fecha de esta, envío a mandar a vos el Virrey, dispongáis se introduzcan
los derechos de la Alcabala y media Annata en el dicho Nuevo Reino de
León, y que se vendan los oficios de república en la ciudad de Monterrey, que
es cabecera de aquella Provincia, ha parecido ordenaros y mandaros, como
lo hago, que habiendo precedido la introducción del derecho de Alcabala y
media Annata y la venta de los oficios y reconociendo lo que esto produce
y qué personas poseen las tierras que dio don Martín de Zavala, sin tener
facultad para ello, y si los poseedores son españoles o naturales y si los ganados que pastan en ellas son suyos o de otros particulares que los lleven,
pagando el pasto, y lo que contribuyen por esto, con particular noticia de
todo lo referido, me informaréis lo que convendrá ejecutar sobre el p'unto,
sin hacer novedad en ello, hasta tener otra orden mía. Y vos el Virrey, con
acuerdo de esa Audiencia, haréis poner el Tercer presidio que propone don
.371

370

�Nicolás de Azcárraga en el dicho paraje que llaman Anhelo y que éste y los
otros dos que están puestos, se paguen de lo que rindieren las alcabalas y
demás derechos y también lo que faltare para el salario del gobernador de
aquella Provincia y en esta conformidad lo ejecutaréis, dándome cuenta de
lo que se hiciere. Fecha en Madrid a 9 de mayo de 1672.
"Yo la Reina (rúbrica) .
"Por mandato de su Majestad, Francisco Fernández de Madrigal (rúbrica)". 62
Detrás de esta peregrina resolución se adivinan las manos poderosas de los
"señores de ganados", nobles o burócratas demasiado influyentes.
Esta peculiar y desusada situación de las tierras del Nuevo Reino y el auge
alcanzado por la trashumancia a principios del siglo XVIII, inquietó también a las autoridades eclesiásticas; así "El Oidor Francisco Picado Pacheco
propone al Rey, en 1717, la erección de un obispado. El millón de ovejas
(según cómputo del gobernador Barbadillo en 1715) procrea 300 mil cabezas al año. De éstas, 30 mil corresponden al diezmo y su valor asciende
a 15 mil pesos. Igual suma producen la lana y las pieles. Con 30 mil pesos
anuales, de sólo este ramo de ingresos, bien puede sostenerse una institución
piadosa tan necesaria, por lo apartado de los obispados de Guadalajara y
Michoacán. El obispado de Monterrey no se pudo crear, sin embargo, hasta
sesenta años más tarde. Los productos del Nuevo Reino de León siguen
siendo centralizados por el virreinato, sin provecho alguno para Monterrey,
cuyos templos y edificios públicos son, por ello, los del más pobre villorrio"."
Los "señores de ganados" detuvieron, en buena parte, el desarrollo económico y demográfico de esta región por dos siglos.

ª

Ver nota 7.

&amp;3

ISRAEL CAvAzos GARZA,

372

Algunas características, etc., p. 471.

LA LUCHA POR EL PODER EN 1871
Lrc. JosÉ

FUENTES

MAREs

Universidad de Chihuahua

EN 1871 SE AGITABA MÉXICO en una lucha electoral sin precedentes, al coincidir
factores que no se reunieron antes ni después, dos sobre todo: la talla nada
ordinaria de los candidatos, y una combativa madurez democrática en amplios estratos de la población. El periodismo de Zarco y Ramírez, de Altamirano, de Vigil, de Zárate y Velasco terminó por formar una conciencia
política entre grupos selectos y emprendedores; Juárez, Lerdo y Díaz no surgían candidatos de improviso, casualmente, sino reclamados por una circunstancia madura. Y era tan decisiva su aparición en ese instante, que de la
lucha electoral tendría que resultar el tirón definitivo hacia la democracia, o
la regresión a las viejas fórmulas del fraude político y la dictadura.
Mr. Nelson, ministro de los Estados Unidos, recibía informes de la contienda en los diversos Estados: incidentes violentos en Zacatecas; buen trabajo de los porfiristas en Sinaloa; Acapulco se declaraba por Juárez, y en
Piedras Negras, donde el Cónsul americano "nunca había vistou tan grande
interés por los negocios públicos, los porfiristas andaban activos, mientras
Juárez contaba, sobre todo, con el voto de los empleados públicos. Constantemente llegaban noticias a la Legación: que si en Tamaulipas era J uárez el
más fuerte; que si en Chihuahua, "aunque el pueblo en general está en
favor de Díaz", el resultado final tendría que favorecer a J uárez porque el
gobernador Terrazas y los empleados públicos, según el cónsul Moye, inclinarían Ia balanza en ese sentido. En Monterrey, en cambio, la importancia
de la contienda cedía ante los intereses locales: el general Treviño, gobernador
en funciones, y el señor Melo, "todo lo inteligente y progresista que un mexicano pueda ser", se disputaban el gobierno del Estado. Del resultado de esas
elecciones dependería la federal, ya que, de ganar Treviño, el cónsul americano daba por cierto que la balanza se inclinaría en favor de Díaz.1
1

Thomas H. Nelson a Hamilton Fish, desp. 402; México, 28 de mayo de 1871; en:

373

�una opinión pública vigilante, la única garantía posible de un gobierno

Gravísimos acontec1m1entos se registraban, mientras tanto, en el Distrito

Federal. El 9 de junio, el gobernador del Distrito acusó al Ayuntamiento de
"pretender falsear el voto público en las próximas elecciones", y lo suspendió
en sus funciones. El úkase cayó como carga inflamable en las columnas de
la prensa oposicionista, mayormente cuando el Ayuntamiento depuesto, lejos
de someterse, se instaló en el Hotel lturbide y dirigió un Manifiesto a los
habitantes de la capital, rechazando "la hipócrita imputación" que le hacía
el Gobernador, nada más que "un subalterno del C. Juárez". Acusarlo de
que pretendía "falsear el voto público en las próximas elecciones", era un
grueso expediente para "resguardar a un poder cobarde que se parapeta en
un funcionario irresponsable". No, no entraba en los planes del Ayuntamiento
falsear el voto del pueblo -protestaban los ediles-, pero tampoco estaban
dispuestos a "degradarse" hasta el extremo de entregar los colegios electorales
"a la corrupción ministerial". 2
De considerar la trascendencia política de la medida que adoptó el gobernador del Distrito, resulta difícil admitir que lo hiciera sin el consentimiento
de Juárez, a pesar de que éste sólo escribió ese día en su cuaderno de notas:
"El Gobernador don Gabino Bustamante suspendió al Ayuntamiento. La
Diputación permanente pidió informes al Gobierno, que le contestó que ya
las había pedido al Gobernador para determinar lo que fuera justo y conveniente" .3
Para desgracia del Ejecutivo, la Diputación permanente se hallaba entonces
en manos de la oposición, y ésta aprovechó el incidente no sólo para reclamar que el Ministro de Gobernación informara de los hechos sino, además,
para que reinstalara al Ayuntamiento depuesto, y mandara enjuiciar al Gobernador. Era una agitación que El Mensajero describía como "precursora
de las tempestades", aunque la gente se expresara sólo "a media voz", temerosa de que la policía secreta la llevara "al cuerpo de guardia". Los defensores
del gobierno contaban poco a esas alturas. Refugiados en el Diario Oficial,
ensayaban argumentos en defensa del Presidente, pero aun aquí tuvieron
que moderar su tono cuando una nota del Congreso advirtió a Balandrano,
director del Diario, que el periódico era órgano del Gobierno -o sea de los
tres poderes del Estado--, y no sólo del Ejecutivo. Funcionaba en el país
una democracia imperfecta, pero democracia al fin. Y sobre todo se formaba
General Records of State Departament, vol. 43, acompaña los informes consulares que
se reproducen.
2 El Ayuntamiento Constitucional de 1871, a los habitantes de la Capital; en: Dia~
rio Oficial del 15 de junio de 1871, t. V, No. 166.
• BENITO JvÁREZ, Documentos, Discursos y Correspondencia; t. I, p. 368. Selección y
notas de Jorge L. Tamayo, México, 1964.

374

popular y representativo.
El 26 de junio, sin incidentes violentos, tuvieron lugar las elecciones, y al
comenzar julio, a la vez que se perfilaba Juárez como el vencedor, se sospechaba también que no obtendría el número suficiente de sufragios para
asegurar la mayoría absoluta, y que, en consecuencia, el Congreso tendría
que resolver entre los dos candidatos con más altas mayorías relativas. Se
avizoraba, pues, el único riesgo que Juárez temía realmente, o sea el de una

fusión lerdo-porfirista que hiciera peligrar su reelección, al plantearse el caso
en el Congreso, y se puso en guardia. Era preciso vigilar el movimiento de
sus enemigos en el nuevo frente.

r'

El 2 de julio, por fin, se reunieron diputados lerdistas y porfiristas "para
dar forma Y autoridad a un pensamiento que ya está aceptado de uno y
otro lado", según Isidro Montiel, un entusiasta de la idea, que consistía en
hacer concurrir los esfuerzos de ambas partes "para que sea una verdad práctica la estricta observancia y perfecta consolidación del régimen constitucional;
para que sea una verdad práctica las Leyes de Reforma, y para que partiendo
de esos principios se trabaje mancomunadamente por el progreso del país"."
Si, como decía Vigil, la reelección significaba el "abuso de la fuerza armada
la disolución de Ayuntamientos y la lucha abierta con el poder Legislativo"'
era preciso afrontar el riesgo, y salvar a la democracia de la dictadura. EÍ
camino adecuado, el único realmente al alcance de las fuerzas antirreeleccionistas, era el de una coalición parlamentaria, a cuyo solo anuncio, según
José María Lozano, "han temblado de temor los palaciegos y los parásitos
del señor Juárez". Con la fusión, pensaba Lozano, los partidos desaparecerían,
y el pueblo entero haría acto de presencia "frente al poder perpetuado en el
señor Juárez". fi
Zamacona, uno de los entusiastas del proyecto, ideaba de tiempo atrás "hacer de los juaristas y lerdistas enemigos irreconciliables", aun cuando, abiertas

apenas las sesiones extraordinarias, halló que los agentes del Ejecutivo oponían
a su plan cuantos obstáculos tuvieron a su alcance. El Gobierno procuraba
naturalme.i:te, desintegrar la mayoría adversa que se formaba en el Congreso:
y que hacia prever desagradables consecuencias a la hora en que la Representación nacional afrontara el problema que las urnas dejaron pendiente. La
corrupción, al decir de Zamacona, abría brechas tanto en las filas lerdistas
• Isidro Montiel a Mariano Riva Palacio; México, 2 de julio de 1871; en: Archivo
Mariano Riva Palacio de la Universidad de Texas leg. 26 · fondo Genaro Ga '
No. 171.
'
'
rc1a,
11

J. M. LozANO, La Hora del Peligro11 , editorial en El Siglo XIX del 5 de julio de
1871, t. 52, No. 9675.
G

375

�"como entre la opos1c1on veterana", más todavía en aquéllas puesto que el
partido que sostenía a don Sebastián, "recién destetado de la ubre ministerial", se formaba con gente Hmuy accesible a las seducciones del poder''. 6
En maniobras de una y otra parte se consumieron los meses de junio, julio
y parte de agosto. Para entonces, el cómputo de votos confirmaba la predicción que se hizo poco después de las elecciones, en el sentido de que J uárez,
por no haber logrado mayoría absoluta en las urnas, quedaría forzosamente
sujeto al riesgo de la decisión final del Congreso. Pero aquí, mientras tanto,
la coalición oposicionista tropezaba con nuevas y graves dificultades. Los diputados juaristas cortejaban a los porfiristas, induciéndolos a romper todo
contacto con el lerdismo,7 y no es precisa una gran imaginación para suponer
que harían otro tanto cerca de los afectos a don Sebastian. Pero un riesgo
mayor todavía se hacía patente dentro del porfirismo mismo, y era el de la
escisión del grupo en dos facciones, una inclinada al triunfo de su candidato
por el camino de la ley, encabezada por hombres como Montes y Zamacona,
y otra resuelta a lograr eso mismo por medio de las armas. Hacia el 20 de
agosto era ya tan precario el entendimiento lerdo-porfírico, que Ezequiel
Montes se resolvió a reclamar la intervención personal de don Porfirio.
La carta de Montes es un magnífico documento para comprender la situación del antirreeleccionismo, y los medios que todavía tenía a su alcance para
asegurar el triunfo. De las cifras electorales conocidas, según Montes, resultaba
"la verdad indeclinable" de que el Congreso tendría que elegir Presidente entre
Juárez y Díaz. Mas como Juárez contaría al llegar la elección con 98 diputados, Lerdo con 62 y Díaz con 52, "saltaba a la vista" no ya la conveniencia
"sino la necesidad, absoluta, de que el partido porfirista celebre una alianza
parlamentaria con el partido lerdista". Esto, por supuesto, sobre la base de
que Montes interpretara correctamente la conducta del candidato, en el sentido de que el "verdadero y legítimo intérprete" de sus intenciones fuera el
grupo que perseguía el triunfo electoral por medios constitucionales. Si el caudillo no intervenía directamente y sin pérdida de tiempo, ordenando a Benítez y demás belicistas que apoyaran la fusión, el resultado no podía ser otro
que la revolución, "que traerá a nuestro desgraciado país todo género de males".
"He expuesto a usted toda la situación que aquí guardamos --concluía Montes--, a usted toca apreciarla y pronunciar su última palabra:
• Manuel María de Zamacona a Porfirio Díaz1 sin fecha; en : Archivo del General
Porfirio Díaz, t. IX, pp. 143-156; México1 1947. En lo sucesivo se mencionará este archivo bajo la sigla A.G.P.D.
7
Manuel María de Zamacona a Porfirio Díaz: op. cit . supra; loe. cit.

376

la mía está resumida en este pensamiento de Tácito: 'Quieta turbidis
ante habeo'." 8

Ezequiel Montes tenía razón en todo, salvo en suponer que, a esas alturas,
fuera Porfirio Díaz un partidario de la paz. En los últimos meses, la actitud
pacifista del caudillo había sufrido un cambio radical. Dos años y medio
antes temió Montes también, como hoy, que Porfirio pudiera caer "en las
redes de los malos demócratas, que pretenden subir a los puestos públicos
por una vía diversa del voto popular, emitido en los términos prescritos por
la Constitución", y con esa inquietud escribió a José Antonio Gamboa -amigo
personal de Díaz-, para que interviniera cerca del caudillo, y evitara que
"una de las figuras más limpias y elevadas" pudiera caer ''de su pedestal glorioso, al fango de las revueltas" .9 Gamboa intervino como se lo pidió Montes,
y dio oportunidad a que Porfirio redactara una de sus elegías pacifistas más
conmovedoras:
"Dime, José, con la mano sobre tu corazón; tú, que conoces mis sentimientos como los tuyos propios; tú, que has vivido en íntima unión
conmigo . . . tú, mi único confidente . .. tú, que sabes cuánto me gusta
el trabajo material, y la aptitud que la naturaleza me ha dado para
soportarlo, y que conoces la pequeñez de mis necesidades ¿has podido
creer, o siquiera dudar, que sea conspirador? ... {Has podido creer,
repito, que de un día para otro se cambiara la naturaleza e índole de
un hombre de conducta constante hasta la fecha? 10

Pacifismo antiguo, patético por añadidura, sobre el cual habían corrido los
resentimientos. Hoy, dos años después, Porfirio se hallaba resuelto por la
violencia, y este era el error fundamental de Montes. La labor de Benítez
y demás partidarios de la revolución dentro del porfirismo culminaba al mismo
tiempo, ya que sólo cinco días después de la fecha de la carta tuvo lugar
el rompimiento que temía don Ezequiel, y los partidarios de Lerdo abandonaron la coalición oposicionista, para respaldar la reelección de Juárez. 11
Volvían de ese modo a su tronco primitivo, ya que si en los orígenes de la
• Ezequiel Montes a Porfirio Díaz; México1 20 de agosto de 1871; en: op. cit. supra1
t. IX, pp. 251 -255, edic. cit.
11
Ezequiel Montes a José Antonio Gamboa; México1 11 de enero de 1869, en: op. cit.
supra, t. VII, p. 1801 edic. cit.
10
Porfirio Díaz a José Antonio Gamboa; Oaxaca, 27 de enero de 1869; en: op. cit.
supra 1 t. VII, p. 203, edic. cit.
11
Thomas H. Nelson a Hamilton Fish; desp. 440, México 1 30 de agosto de 1871; en:
General Records of State Departament, vol. 43.

377

�campaña fue el lerdismo sólo un juarisrno sin Juárez, ahora, derrotado, y sin
posibilidad de entendimiento con la oposición porfírica, el lerdismo volvía a
ser lo que siempre fue: nada más que un juarisrno con Juárez.
En el campo porfirista quedaban fuera de cortadura los creyentes en la
victoria electoral por los caminos de la ley. Se salían en cambio con la suya
hombres corno Benítez, Mena y González, los saboteadores de la coalición
parlamentaria, llenos de fe en las excelencias de un movimiento armado. Sin
esperar la declaratoria del Congreso, para saber quién habría de ser el próxico Presidente, pretendían que se proclamara la nulidad de las elecciones;
que el general Méndez se levantara en la Sierra de Puebla; que Negrete
hiciera eso mismo en el Valle de México; y que los demás lo siguieran en Veracruz, en Tamaulipas, donde quiera que hubiera un porfirista con mando de
fuerzas. Faltaba una semana para que se produjera el levantamiento de la
Ciudadela. Faltaba un mes para que Gerónimo Treviño comenzara la revolución en el Norte. En relidad todo era cuestión de horas, de días cuando
más. Al acabar de mal modo la fusión lerdo-porfírica, se rompía el último
eslabón entre la paz y la guerra.
El 16 de septiembre, en la apertura de sesiones del Congreso, Juárez se refirió a "los mexicanos pervertidos", que promovían desórdenes y revueltas
"para satisfacer sus criminales intentos". Pero estaba seguro de que sus esfuerzos se verían rechazados por el buen juicio de las mayorías. Todo el discurso del Presidente era una invocación a la paz:
"La paz es hoy el medio de alcanzar la apetecida y necesaria reconciliación de los mexicanos . .. Cuando ella esté consolidada se olvidarán
todos los errores, todas las diferencias de partidos. Habrá siempre diferencias, pero sin el veneno del rencor, y bajo los pliegues de la bandera
nacional cabrán todos los hijos de México, sea cuales fueran sus creencias
y sus pasados yerros políticos"."

Mas no esperó, confiadamente, el fracaso de la coalición oposicionista. Sabía
muy bien que, en Oaxaca, los hermanos Díaz se entregaban a febriles aprestos
revolucionarios, y también en agosto, mientras las maniobras lerdo-porfíricas
en el Congreso entraban en su etapa crítica, acudió a los servicios de Matías
Romero para prevenir a Porfirio, por su conducto, contra quienes le inducían
a encabezar un movimiento armado en el caso de perder las elecciones. Para
cumplir la misión que le confió el Presidente, Romero escribió a Díaz en la
esperanza de que ni aun en el caso de padecer un fracaso electoral, se aven-

dría a tomar parte en movimientos "que empañarían su nombre sin mancha".
Esgrimía, para terminar, el mismo viejo y tentador argumento:
"Y o soy de los que creen que no se pertenece usted a sí mismo sino
que tiene un gran destino que llenar en este país, y que lamentaré por
lo mismo no solamente como la desgracia de un amigo, sino como una
verdadera calamidad pública, el que por cualquier combinación de circunstancias llegase a tomar parte en cualquier revolución". 13

Un mes después insistía Romero en la necesidad de que ambos oaxaqueños
llegaran a un entendimiento:
El señor Juárez no ha tenido ni tiene mala voluntad respecto
usted. Lejos de esto, ha sido el mejor apreciador de su mérito, y le
tenido verdadero cariño. Creo que si usted une sus esfuerzos a los
él, en beneficio de la nación, se podrá conseguir mucho en favor
nuestra patria en el próximo período presidencial. 14

de
ha
de
de

Y al siguiente día volvió a la carga:
Repito a usted. . . que el señor ]uárez no tiene prevención alguna
contra usted, y que, lejos de eso, reconoce el mérito de usted, y le ha
tenido verdadero cariño. 15

Pero ninguna negociación pacífica torcería ya el curso de los acontecimientos.
La revolución estaba en el aire desde mayo de 1871, cuando se produjo la
chispa de Tampico. Ahora, en septiembre, no se apagaba todavía el eco de
las palabras que Juárez dirigió al Congreso, el 16, cuando el 20 se pronunció
en Sinaloa el general Parra, y siete días despué3 hizo lo mismo, en Monterrey,
el general Gerónirno Treviño. Pero faltaba algo más: cerca del mediodía
del lo. de octubre, un batallón de gendarmes se apoderó de la Ciudadela al
grito de "Viva Porfirio Díaz", y esa misma tarde atacó Aureliano Rivera por
el rumbo de San Cosme. Los pronunciados coordinaron mal su acción, y
Aureliano tuvo que volver a sus madrigueras en el Ajusco, mientras Sóstenes
u Matías Romero a Porfirio Díaz; México, 8 de agosto de 1871; en: A.G.P.D., t.
IX, p. 234, edic. cit.
u Matías Romero a Porfirio Díaz; México, 10 de septiembre de 1871; en: A.G.P.D.,
t. IX, p. 287, edic. cit.

21

El discurso de Juárez en El Siglo XIX del 17 de septiembre de 1871, t. 52,
No. 9748.

378

15

Matías Romero a Porfirio Díaz; México, 11 de septiembre de 1871; en: op. cit.
supra; loe. cit.; edic. cit.

379

�Rocha debelaba la resistencia de la Ciudadela,16 mas Juárez no podría ya
continuar su jeto a los efectos de su propia propaganda. Aunque el Diario
Oficial asegurara haber pasado ya el tiempo "en que los cañones de la Ciudadela dominaban la voluntad nacional", lo cierto era que tres brotes revolucionarios en el lapso de diez días anunciaban la vuelta de los malos tiempos,

que en forma tan simplista se daban por desaparecidos. Más cerca de la verdad estaba Bablot, quien se hizo cargo de la dirección de El Federalista ese
primero de octubre: para él, el primer cañonazo de la Ciudadela anunciaba
"la impía y nefanda tentativa revolucionaria, que iba a inaugurar una nueva
era de discordias civiles y de incalculables desgracias".
La nueva era de discordias, efectivamente, quedaba inaugurada. Juárez, con
su laconismo de obsidiana, se limitó a escribir en su cuaderno de notas: "Octu-

EL GENERAL DON LUIS CABALLERO, GOBERNADOR DE
TAMAULIPAS, Y EL FUSILAMIENTO DEL GENERAL
EUGENIO AGUIRRE BENAVIDES

bre lo. Comenzó la sublevación, ocupando los revoltosos la Ciudadela a las

Lic. Cmo R. DE LA GARZA

tres de la tarde" .17

Cd. Victoria, Tamaulipas

Nadie podía suponer que el motín del lo. de octubre de 1871 fuera un hecho aislado, pues no era lógico que un grupo en armas se encerrara sin víveres
en un recinto vulnerable, como la Ciudadela, sin contar con algún plan cuya
combinación falló en el último momento. La circunstancia adicional de que los
hechos ocurrieran en la capital, donde el gobierno contaba con mayores elementos, apoyaba más todavía la convicción de que los pronunciados contaban
con auxilios que no se les prestaron. Todo era demasiado claro, y Juárez, al
siguiente día, se presentó en el Congreso a reclamar facultades extraordinarias.
Era preciso, nuevamente, dominar la situación. Seguro ya de que su reelección

no era la paz, el hombre tomaba medidas para la guerra.
El 12 de octubre, el Congreso proporcionó las cifras electorales definitivas:
de los 12,266 votos emitidos, 5,837 fueron para Juárez; 3,555 para Porfirio
Díaz, y 2,874 para Lerdo de Tejada. Tal y como se previó desde julio, Juárez
ganaba sin mayoría absoluta, pues para lograrla necesitó 297 votos más. 18 Ganar sin mayoría absoluta significaba una victoria a medias, ya que el Congreso
tendría que decidir finalmente entre los dos candidatos con mayorías relativas,
o sea entre Juárez y Díaz. El triunfo del Presidente parecía seguro aquí, gracias
a la fusión lerdo-juarista de última hora. Pero algo más era cierto también, y

estaba en la mente de todos: que si la coalición lerdo-porfirista habría pospuesto la guerra, la fusión lerdo-juarista significaba la revolución.

PROEMIO

EN 1910 LA DICTADURA PATRIARCAL del señor General don Porfirio Díaz, por
sus métodos, achaques y senectud, resultaba anacrónica por todo extremo, señaladamente la prestigiosa devoción con que la y lo veía el pueblo mexicano,

había declinado, después de la Conferencia Díaz-Creelman, en la que declaró:
"que el pueblo de México estaba ya apto para el ejercicio de la democracia",

y el libro de don Francisco I. Madero, bondadoso soñador, sobre la "Sucesión
Presidencial".

Y Madero se opuso al tirano. Después de una campaña electoral llena de
incidentes hostiles, y que culminó con el in justo proceso y prisión en San Luis

Potosí, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, en función electoral, declaró reelecto ¡ por sexta vez! al General Díaz para el período 19101916, y el volcán que tanto temía el anciano dictador, hizo erupción.
Sirviendo de fundamento el "Plan de San Luis Potosí" del 20 de noviembre
del año en cita, y de bandera el "Sufragio Efectivo-No Reelección", se iniciaron los prolegómenos de la Revolución Mexicana, y de allí a seis meses, después

de la toma de Ciudad Juárez, y de una imprudente y poco meditada transacción ( revolución que transa, revolución perdida), renunció el General Díaz a

El parte militar de Rocha sobre la toma de la Ciudadela, en El Siglo XIX del 2
de octubre de 1871, t. 53, No. 9764.
lT BENITO JuÁREZ, op. cit. supra, p. 369, t. I, edic. cit.
u Las cifras del escrutinio electoral, en el Diario Oficial del 28 de octubre de 1871, t.
V, No. 271.
1

•

380

la Presidencia (el 25 de mayo de 1911) y se expatrió a Europa.
Y el Pueblo Mexicano en "luna de miel con la democracia" (la frase es de
Francisco Bulnes), eligió como Jefe de Estado al señor Madero, iniciándose
un telurismo político (lucha por el poder) que tanto angustiaba al General
Díaz, y quien al declinar como persona física y como gobernante, decía no

381

�querer que se despertasen de nueva cuenta, en el Pueblo Mexicano, instintos
atávicos que adormecidos consideraba olvidados, por el largo período de "su
paz octaviana.
Madero el apóstol, fue un incomprendido por "tirios" y "troyanos" ( abstrac-

Y apenas vencido el "huertismo" y cuando aún no se disipaba el humo del
combate por Zacatecas, y con pretexto de él, la Revolución se extraviaba por
el laberinto de las incomprensiones, de las desmesuradas ambiciones, bajo la
errónea creencia de que la fuerza aventaja al derecho, perdiendo algunos de

ción hecha de su inquebrantable falta de carácter), lento en la iniciación de

los caudillos total y lamentablemente toda autocrítica.

las reformas sociales, estorbado por el "cientificismo", atado por engorroso
legalismo y pesando como grillete sobre él una maquinaria administrativa, que
no se resolvió a renovar con celeridad, fue asesinado la noche del 22 de febrero

Con efecto, tratábase de un problema castrense, el doce de junio de 1914
el señor Carranza ordenó al General Villa, auxiliase al General Pánfilo Natera,
con tres mil hombres (de la División del Norte) que comandaría el General
José Isabel Robles, de la propia División para tomar Zacatecas, cuyo ataque
había sido iniciado por aquél. Villa, con cualquier pretexto, desobedeció ne-

1

'

de 1913 por un pretoriano ebrio de sangre y de Poder, que soñaba, controlando
la Capital, que controlaría y sería obedecido por todo el país.
Huerta, el centurión descalificado de la decadencia, pretendió gobernar la

gando su concurso. Reiteradas las órdenes por el señor Carranza, el General

República como si fuera un gran cuartel, yendo de violencia en violencia ( asesinatos de los señores Madero y Pino Suárez, con los que se estrenó, el de don

Villa renunció a la Jefatura de la División del Norte, renuncia que fue aceptada de inmediato por el Primer Jefe, y quien llamó telegráficamente a To-

Adolfo Bassó, el de don Gustavo Madero, el de don Abraham González, el del
Doctor Belisario Domínguez, el de los Diputados Licenciado Serapio Rendón,
Adolfo Gurrión y Pastelín, el del General Gabriel M. Hernández, éstos sólo,
de las personas más significadas) culminando con el golpe de Estado, de la
disolución del Congreso en octubre de 1913.

rreón, a seis de los Generales de la tan citada División, entre quienes se encon-

traba Eugenio Aguirre Benavides, para conferirle al que ellos eligieran el mando de la misma, negándose todos a aceptarla enviando al señor Carranza altanero mensaje, que a petición de éste, ratificaron por escrito. Villa asumió
de inmediato una actitud hostil y poco comedida hacia la Primera Jefatura,

Y ante la conculcación de tantos y tan escarnecidos derechos, surgió un hom-

quien separó al General Felipe Angeles de la Sub-secretaría de Guerra, sur-

bre: Venustiano Carranza, varón probo y completo, Gobernador del Estado
de Coahuila, quien llamó al pueblo a las armas estallando una guerra civil,

giendo así la división entre "villismo" y "carrancismo", que habría de disputarse

que en poco tiempo y como inmensa hoguera, abrasaba todo el país, despertán-

dose en el pueblo los instintos atávicos adormecidos que como pesadilla temía
e inquietaban al señor General Díaz.

ANTECEDENTES REMOTOS

El General Francisco Villa, cuyo verdadero nombre era Doroteo Arango,
"maderista irregular" que había estado a punto de ser fusilado por Victoriano

Huerta, durante la campaña contra Orozco (incidente por la substracción de
una yegua de la propiedad del General Terrazas) y quien acudió al llamado
de Carranza, llegó a disponer, en poco tiempo, de una fuerza bélica incontrasta-

ble. Entre las personas que se le unieron desde el principio de su aventura, se
contaban los hermanos Aguirre Benavides: Luis, que ocupó el cargo de Secretario Particular del General Villa; Don Eugenio, que llegó a ser uno de los
Generales más destacados de la División del Norte, y el señor Licenciado don

Adrián (claudica de una pierna) y quien hasta hace unos veinte años, era un
consumado litigante, en los Tribunales del Fuero Común del Distrito Federal
(en Donceles 100) .
382

palmo a palmo el ya dolorido y sangrante territorio nacional. De todos modos, Villa marchó sobre Zacatecas, cuando quiso hacerlo, y dueño de la Ciudad, lo comunicó al señor Carranza, protestándole su subordinación y respeto,
por lo que algunos altos Jefes militares que le eran adictos presionaron, para
buscar una reconciliación, reuniéndose para tal efecto, en Torreón, del tres al

ocho de Julio los Generales Antonio I. Villarreal, Cesáreo Castro, don Luis
Caballero, Teniente Coronel Arturo Lazo de la Vega y Ernesto Meade Fierro
como Secretario, por parte del señor Carranza, y el Ingeniero Manuel Bonilla,
el Doctor Miguel Silva, el General José Isabel Robles y el Licenciado Roque
González Garza, como Secretario por parte de Villa, llegando a un acuerdo
que fue más aparente que real, como lo justificaron los hechos posteriores;
pero que el señor Carranza utilizó como expediente, para que llegasen primero

a la Capital de la República, los Generales Alvaro Obregón y don Pablo González. Entre los puntos de acuerdo, se pactó que se convocaría a una Conven-

ción ( imitación extralógica de la francesa de 1789).
El primero de octubre, y en los términos de la convocatoria respectiva, e&gt;..-pedida por el señor Carranza, se reunieron en el local de la Cámara de Diputados
en la Ciudad de México, militares y civiles "Constitucionalistas" (Villa lo era
hasta entonces) estando integrada la Comisión revisora de credenciales por los

Generales Ramón F. !turbe, Juan Dosal y los tamaulipecos General don Luis
383

�Caballero y Coronel Gregorio Osuna, quien fue electo y fungió como Secretario. Poco después, se trasladó a Aguascalientes, instalándose el día diez de octu-

órdenes de su Presidente, General Gutiérrez, había salido hacia México, buscando liberarse de influencias que la asfixiaban.

bre. El General Caballero, Gobernador del Estado, desconfiando de la actitud

Precisamente entre las fuerzas "convencionístas" que salieron a México quedaron como parciales de ésta: "carrancistas" como los Generales Eulalia Gutiérrez y Lucio Blanco, "villistas" como los Generales Mateo Almanza, José Isabel
Robles y Eugenio Aguirre Benavides, designados estos dos últimos Secretario y Subsecretario de la Guerra de la Convención y aún algún otro de extracción "zapatista". Ante el empuje "villa-zapatista" comenzó la disolución de las

que el General Villa pudiera asumir, designó su representante al Coronel Bi-

biano Saldívar, volviendo él a Tamaulipas. Comenzada la desbandada, la
mayor parte de los Delegados que iban por el Estado (Generales Emiliano P.
Nafarrate, Alberto y Francisco Carrera Torres, Antonio Medina -"El Mechudo"-, Coroneles: Rafael Cárdenas, Gregario Osuna, Bibiano Saldívar, y Mayores: Pedro Morales y Clemente Osuna), la abandonaron el día siete de
noviembre habida cuenta de que no se podía deliberar con libertad, ya que
declarada Aguascalientes Ciudad neutral, poco después fue ocupada por fuerzas de la División del Norte, siendo desconocida la citada Convención por el
señor General Caballero el día nueve de noviembre siguiente, desp·achando su
adhesión el señor Carranza, desde Monterrey, el trece del mismo mes, y lan -

zando el 29 un manifiesto al Pueblo del Estado, en el que entre otros conceptos
afirmaba: ''Llamo otra vez a la guerra de las armas a los hombres honrados,
que me siguieron en mi lucha contra el Dictador Porfirio Díaz y contra el
usurpador Victoriano Huerta. Ahora tengo que combatir la nueva tiranía que.
se cobija detrás de la División del Norte. Hombres revolucionarios de Tarnau-

lipas: se posa en el corazón de nuestra República el germen maldito de una
inicua trinidad, encabezada por el bandolero Francisco Villa; el deber nos
manda salir a aniquilarla".
De momento tal parecía que la Revolución se había dividido en "carrancismo" y la Convención; pero cuando poco después Villa se dio cuenta de que la

Convención, de la que había sido designado Presidente el General Eulalio
Gutiérrez, no sería como supuso, un instrumento en sus manos, se echó encima
de ésta, y al parecer se unió a Zapata, y es oportuna la cita, de que Villa y
Zapata sellaron su acuerdo con recíproca infamia que venía a justificar la falta

de libertad de la Convención para deliberar. El periodista Paulino Martínez de
la Delegación "Zapatista", fogueado en su lucha contra la Dictadura, talentoso

periodista, hiw un bellísimo discurso refiriéndose a la debilidad de carácter del
señor Madero. Ello disgustó al General Villa. El General Zapata tenía algún
motivo de resentimiento contra el General ex-zapatista García Aragón, de
las fuerzas de Villa, personas éstas que fueron intercambiadas entre ellos, y que
recíprocamente mandaron fusilar.
Tres, pues, eran las facciones que se disputaban sobre montones de cadáveres el ejercicio del Poder Público, la de Carranza, que era ciertamente la

más equilibrada y que sólo contaba con Veracruz y algunas otras Ciudades,
entre ellas todas las más importantes de Tarnaulipas; la facción "villista", su-

puestamente ligada a Zapata y la más poderosa, y la Convención, que por
384

fuerzas de la Convención (a la que por otro lado nadie obedecía), saliendo
ésta de México a Toluca donde se inició el principio del fin.

ANTECEDENTES PRÓXIMOS

El día 31 de enero de 1915, el General "villista" Agustín Estrada contando
con el concurso de las fuerzas de los Generales tamaulipecos Alberto y Francisco Carrera Torres, derrotan sucesivamente en "La Quemada" y "San Felipe
Torres Mochas", Guanajuato (hoy Ciudad Hernández Alvarez) las fuerzas
"convencionistas" fuertes en nueve mil hombres bajo las órdenes de los Gene-

rales Lucio Blanco, Miguel M. Acosta, Gonzalo Novoa, José Isabel Robles,
Eugenio Aguirre Benavides y otros de menor significación. De ellos, llegan 500
dispersos a Chijol a las órdenes del General Juan Pablo Marrero, los que fueron reincorporados a las del General Don Pablo González, y 1500 a "Micos" el
trece de febrero, cuyo Jefe lo era el General Fortunato Zuazua y quien también
se reincorporó al "carrancismo".

El desastre anterior, y la derrota que infligió el General Alberto Carrera
Torres, al General Eulalio Gutiérrez el 24 de marro en "Palmas Gordas" y en

Venegas, San Luis Potosí, donde aquél tomó preso y colgó todo el Estado Mayor del General Mateo Almanza, fue el fin de la Convención, pues en abril
siguiente el General Alberto Carrera Torres, que del "carrancismo" se había
pasado a la Convención y de ésta había derivado hacia el "villismo", le tendió

una trampa en Tula de Tamaulipas, tomando presos a los Generales Lucio
Blanco y Alejandro Mackiney, logrando escapar aunque herido, el General
Eulalia Gutiérrez y finalmente en junio dos, éste lanzó un manifiesto, en "Ciénega del Toro", Nuevo León, renunciando a la Presidencia Provisional que le
había sido otorgada por la tan citada e infortunada "Convención", dando por
terminadas las funciones administrativas, civiles y militares de su referido ca~
rácter, diciendo entre otras cosas: "Por las circunstancias en que me encuentro,
todavía convaleciente de mi herida, ocasionada por la traición de Carrera Torres, nada puedo hacer".

385
H25

�Habré de hacer una digresión, antes de seguir a los Generales José Isabel
Robles y Eugenio Aguirre Benavides, después de "Palmas Gordas" y "Venegas"
para afirmar aunque se me considere parcial y jactancioso, que en tan trágicos
y solemnes momentos, para la salud de la Patria y el triunfo de la Revolución,
Tamaulipas, sí, mi amado Tamaulipas, salvó la Revolución en el norte del
país. Es un hecho evidente, consagrado por la historia, que en la primavera de
1915 todo el norte de la República (con alguna excepción en Sonora), quedó
sujeto al imperio del ' 1villismo", no así Tamaulipas, y que precisamente en la
antigua Nueva Santander, comenzó el principio del fin de dicha facción concomitante con las derrotas que le infligió el señor General Obregón en el Bajío. Con efecto, después del desastre de Ramos Arizpe (enero d_e 1915! donde
el General Felipe Angeles derrotó totalmente al General Antomo I. V1llarreal,
quien hubo de abandonarle Monterrey, la Revolución en el Norte f~e sal~ada
en "El Ebano" sucesivamente por los Generales (por su orden) Cesar Lopez
de Lara, cuya ala izquierda siempre estuvo a las órdenes d~l bravo Gen~~al
tamaulipeco don Carlos Osuna, Pablo A. de la Garza y Jacmto B. Trevmo,
que detuvieron y derrotaron a los Generales "villistas" Chao y Urbina, quie~~s
pretendían apoderarse de Tampico, para disp·oner de chapopote para mov1hzar sus trenes; en H. Matamoros (el 28 de marzo de 1915) donde los Generales Emiliano P. Naffarrate (sinaloense) e Ildefonso V. Vázquez, humillaron
la soberbia de los Generales "villistas" Absaul Navarro, que murió, y José María
Rodrícruez· en Nuevo Laredo (el 13 de abril de 1915) donde el "bayardo" de
la Re:olu~ión ( la denominación es del señor Carranza), General Maclovio
Herrera con la cooperación de los Generales Vicente Dávila, José E. Santos,
Alfredo' Ricaut, Benjamín y Reynaldo Garza, derrotó en el "Huizachito" las
falanges "villistas" a las órdenes de los Generales Orestes Pereyra y Pedro
Bracamontes quienes huyeron a Monterrey, y, finalmente los Generales don
Luis Caballero y César López de Lara, auxiliados por Eugenio López, Francisco González Villarreal, Ricardo Cortina, Pedro Morales, José Villanueva
Garza, Agapito Lastra, Rodrigo Flores Villarreal y o:ros, derr~taron e~ "villismo" representado por los Generales Máximo Garc1a, Sevenno Cemceros y
Alberto y Francisco Carrera Torres, castigándolos sucesivamente en Padilla
(el 23 de abril), en Linares Nuevo León (el 17 de mayo), y en Ciudad Victoria (el 28 de dicho mes) .
Después del desastre de "San Felipe Torres Mochas" (hoy Ciudad Hemández Alvarez), el 31 de enero de 1915, se pierde la pista de los Generales José
Isabel Robles y Eugenio Aguirre Benavides, y no se vuelve a tener noticias de
ellos sino hasta el tres de marzo de 1915, fecha en la que una Comisión de su
part:, se presentó en Linares, N. León, al General don Luis Caballero, solicitándole garantías para dichos Generales, pues que don Eugenio deseaba se le
386

permitiera ir a Veracruz (vía Tampico) para hablar y sincerarse con el señor
Carranza, en Faros. El señor General Caballero, accedió concediendo la autorización y aún esperó algunos días; pero habiendo sido movilizada la 5a. División de Linares, sin que el General Aguirre Benavides se hubiera presentado,
instruyó al General Eduardo Vera, de sus fuerzas, quien quedó de guarnición
en Linares, en el sentido de que al presentarse, lo condujese personalmente a
Tampico, con toda clase de consideraciones.

LA TRAGEDIA

El General Eugenio Aguirre Benavides, después de que despachó la referida
comisión a Linares, N. León, cambió de idea, y en lugar de marchar a Veracruz,
a hablar con el señor Carranza, quien le profesaba especial afecto, pues que
había actuado como "poder moderador" ante el incontrolable Jefe de la División del Norte, se puso en contacto con el Doctor y General Rafael Cepeda
(ex-Gobernador ''maderista" de San Luis Potosí y quien otorgó la fianza, para
que el señor Madero obtuviera su libertad cuando por junio de 1910 estuvo
procesado y detenido en la Penitenciaría del Estado, fugándose, para lanzar el
"Plan de San Luis"), gestionando su paso y exp·atriación hacia los Estados
Unidos, mediante un salvoconducto.
Con efecto, los dos Generales "ex-villistas", Secretario y sub-Secretario de
la Guerra de la Convención, José Isabel Robles y Eugenio Aguirre Benavides,
se concordaron con el citado señor Doctor y General don Rafael Cepeda, Jefe
de las Operaciones Militares en el Sur de Nuevo León y Norte de San Luis
Potosí (ruta de los "convencionistas"), entregando los restos de sus fuerzas al
"constitucionalismo", solicitando se les permitiera emigrar a los Estados Unidos,
concediéndoles las garantías necesarias, para cuyo efecto, el señor Doctor Cepeda, obrando por instrucciones del General don Pablo González, les expidió un
salvoconducto con la conformidad y refrendo del señor General Caballero,
Jefe como ya se sabe de la 5a. División, y cuyas fuerzas y subordinados guarnecían la frontera norte del país, en el Estado de Tamaulipas. Hecho el arreglo
y de paso hacia el Norte, pernoctaron en doliente caravana de noche entre el
treinta y uno de mayo y primero de Junio de 1915, en la Hacienda de Guadalupe, del Municipio de Los Aldamas, N. León, y un vecino de dicha hacienda, avisó al Coronel don Teódulo Ramírez de la Brigada Nafarrate, de
la 5a. División, cuyo Jefe lo era el señor General don Luis Caballero, que un
grupo de gente armada estaba pernoctando allí. El Coronel Ramírez, para
investigar la procedencia de dicho grupo, verificar si no se trataba del enemigo,
pues pululaban por el rumbo ''partidas villistas", y resolver si su presencia podía
387

�no justificarse, en territorio bajo el imperio del "constitucionalismo" y sujeto
a su mando, despach6 comisionado al Capitán Rodolfo Rodríguez Berna!,
para que, con quince soldados de sus fuerzas, se tras!adase
lugar citado y los
aprehendiera. Al llegar Rodríguez Berna] a la referida Hacienda ( el g:upo se
encontraba comiendo) y sitiar la casa que ocupaban, fue rec1b1do hostilmen~e
y un hombre pudo pasar, y escapar a matacaballo por entre los soldados sitiadores, aunque herido de una pierna, sabiéndose después que se trat~ba del
General José Isabel Robles y quien logró internarse en los Estados :1mdos. Al
rendirse y entregarse los atacados, cuyo Jefe era el General Ag~rre Ben~vides, se encontr6 muerto al general Julián Delgado. El Cap1tan Rodnguez Bemal recibió las armas, caballos y catorce velices, algunos de los cuales contenían en total, según se afirma, quince mil pesos en oro amonedado, pues el Doctor y General Rafael Cepeda habia regalado a los Generales Aguirre Benavides, Robles y Delgado, cinco IDil .~esos ~~o a cada
uno, velices que fueron enviados en una carreta a la Estac1on de Los Al~amas" avisando Rarnírez de todo ello, a su superior General Nafarrate, qmen
dispu,so se remitiera el numerario a Monterrey y le previ~o esperar~ órdenes.
El General Nafarrate (después Constituyente por Tamauhpas) curso un mensaje desde Monterrey, donde se encontraba, a su subordinado Co:on~l Teódulo
Ramírez en el que le decía: "Monterrey, Nuevo León, a lo. de Jumo de 1915.
Señor C~ronel Teódulo Ramírez, Los Aldamas, Nuevo León. Enterado sumensaje relativo, aprehensión enemigos. Recójales documentos y valores. Mándelos
en seguida pasar por las armas. General Emiliano P. Nafar:ate": ~ste fue el
único mensaje que fue recibido por el destinatario, cuando aun_ v1v1a el 1lust~e
preso y sus compañeros. El señor General Caballero, _pued~ af1~arse categoricamente, fue totalmente ajeno a la tragedia, y aun mtento evitarla cursando
órdenes para que se permitiera el paso ( a los ya victimas) hacia los Estados
Unidos.
El dia dos de junio del año en cita ( 1915 )' a las cinco de la mañana, en la
primera curva del Ferrocarril (Monterrey-Matamor~s) al Norte de '.'Los Aldamas", Nuevo León, fue fusilado el General Eugenio Agmrre Benav1des ( exSubsecretario de la Guerra de la Convención), juntamente con todos sus compañeros ( trece en total) que fueron tomados presos, tanto_ civil:s como ~-ilitares, a saber: señores Coronel Magdalena Robles, Abdon Tellez (Oficial,
Secretario Particular del General Aguirre Benavides), y los Abogados Alfonso
Bolaños Cacho (pariente del señor Licenciado Gustavo Diaz Ordaz) y Guillermo Morán, Capitán Ramírez, Oficiales Ricardo Corral Terrazas, Aurehano
Ruiz, y Remigio Zertuche, Subteniente Manuel M. Macias, Sargento 2o. Manuel Alcalá, y soldado Diego Guajardo. De los presos sólo escap6 de aquella
trágica hecatombe el soldado F. Díaz, quien actuaba como guia, Al comentar
0

ª!

388

este hecho, en uno de sus libros, el señor Licenciado don José Vasconcelos, que
ya estaba en el destierro dice: "La pantera del norte (se refiere a Nafarrate)
había saciado su sed de sangre". Mandó el cuadro el Mayor Arcadio Reséndez,
originario de Méndez, Tamaulipas, subordinado del Coronel Teódulo Ramirez, éste de la Brigada Nafarrate, y quien en el caso recibió órdenes expresas
de su Jefe, bajo cuyas instrucciones actuó. El señor General Aguirre Benavides,
momentos antes de ser fusilado, obsequió al Mayor Reséndez, su reloj de oro,
muriendo con toda serenidad, mandando su propia ejecución. Las víctimas
fueron inhumadas en el lugar en el que fueron ejecutados, casi a flor de tierra.
Su hermano el señor Licenciado Adrián Aguirre Benavides, llegó el día 10
de junio al lugar de los hechos provisto de trece ataúdes, incluyendo el del
General Delgado, los exhumó y colocándolos en sus respectivas cajas los inhumó
de nueva cuenta. Momentos antes de morir la innecesaria e ilustre víctima
escribió un recado a sus hermanos cuya grafía es la de un hombre absolutamente tranquilo en tan difícil trance, pues sus rasgos son firmes, entregándolo al
señor Cipriano Soto, ferrocarrilero militar, quien lo hizo llegar a don Rafael
(padre del General) con otro de él cuyos recados se reproducen en fotostáticas,
debido a la gentileza del señor Licenciado don Adrián Aguirre Benavides.
Y pasma la hoja de servicios castrenses del impoluto Jefe revolucionario
sacrificado, desde noviembre de 1910 en que organizó en Torreón un batallón
integrado por ferrocarrileros, hasta junio de 1915. Concurrió a 36 acciones de
armas, contando entre sus subordinados (entre otros) a los Generales Raúl
Madero, Manuel Medinaveytia, Lorenzo 11uñoz Merino, Fortunato Zuazua,
Arturo López Sánchez, Dizán Gaitán, Elpidio Velázquez, Neftali González, Manuel Reyes Iduñate y otros.
Un mensaje fechado el día dos de Junio, procedente de Monterrey, cursado
por el General Caballero al Coronel Teódulo Ramírez, y en el que ordenaba
que se les permitiera el paso y seguir su camino ( a quienes suponía detenidos
hasta aquellos momentos) hacia los Estados Unidos, por estar amparados por
el salvoconducto expedido por el General Rafael Cepeda, con refrendo del
Gobernador de Tamaulipas, superior a su vez del General Nafarrate; otro
enviado por el mismo, al General Aguirre Benavides confirmando el anterior,
y un tercero despachado por el tan citado General Cepeda, en el que inquiría
del Coronel Teódulo Ramírez le informara si el General Aguirre Benavides
y demás compañeros, habían sido puestos en libertad, fueron recibidos por
aquél, ocho horas después (a la una P.M.) de que éste y sus acompañantes,
habían sido ejecutados.
El Primer Jefe, señor Carranza, no tuvo aviso oportuno de los hechos y
consecuentemente no pudo evitar el drama, y cuando el señor Licenciado
don Adrián le telegrafió a Veracruz informándolo, se mostró muy dolido,

389

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Monterrey, 6/15/15.
Sr.
Rafael Aguirre Benavides. El Paso.
Muy Sr. mio:
Mucho hagradeceré el que me aga el fabor de dispensarme lo tarde que
remito a usted la carta adjunta, esto por estar yo en trenes militares y no poder
ir a una población de importancia pero hoy tan pronto como yegue a esta
lo hago.
De Ud. Atto. S. S.
Cipriano Soto

390

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--.. .' .··.' :-+:~-.:-:-:-::-:-:
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:, ·

En camino de los Aldamas a los Herreras el dia dos de Junio a las 4 de la
mañana. A mis queridos hermanos: Voy a morir en estos momentos, de or-

den de Monterrey, después de habemos detenido en la Hda. de Guadalupe
por fuerzas carrancistas mis últimos recuerdos son para mi madre y todos Uds.
Muero tranquilo después de una larga lucha libertaria, soy una de sus víctimas

necesarias para llevar adelante las buenas ideas que entraña la revolución.
Adiós a todos y resignen a mi madre a quien no le escribo porque considero el
pesar tan terrible que le causaría, no la apenen con estas lineas.

Adiós.
Eugenio

391

�contestándole deplorando los hechos, y enviando sentidísimas condolencias.
Algún tiempo después don Luis Aguirre Benavides entrevistó en "Faros" al
señor Carranza, quien emocionado le pidió que se le incorporara; pero éste
declinó para dedicarse a la atención del mermado patrimonio familiar. Se
ha afirmado que el oro que llevaban las víctimas, y la codicia del General
Nafarrate para apoderarse de él, y no devolverlo, fue el móvil del innecesario extremismo, dinero que según se dice se erogó en la campaña contra
el "villismo"; pero del que no hay pruebas que su erogación haya sido fiscalizada. En un mítin celebrado unos cuantos días después del asesinato en
Monterrey, el señor General don Marciano González ( "Pico de Oro") cuyo
regimiento revolucionario se llamaba "Girondinos de Nuevo León'' fustigó
con irritado y candente verbo, al General Nafarrate, hecho que los colocó
muy cerca de un lance personal.

mitología), sigue siendo también válida, en nuestros días, la premisa de que:
la Revolución, como su implacable dios Kronos, devora sus propios hijos.
Carranza, Obregón, Villa, Zapata, Lucio Blanco, Carrera Torres, José Isabel
Robles, Aguirre Benavides, Nafarrate, todos muertos violenta y tráo-icamente
b
&gt;
¡Sic Transit Gloria Mundi!

COMPLEMENTARIAS

Ya consolidado el Gobierno del señor Carranza, y con su carácter de Presidente Constitucional, recibió una solicitud de indulto primero del General
José Isabel Robles, y concedido y ya en México, gestionó su reingreso al
Ejército, el cual fue aprobado. Se le proveyó de elementos de guerra, al rebelde General Guillermo Meixueiro, y una vez allí, se alzó en armas contra
el señor Carranza. En alguna escaramuza en la que la suerte le fue adversa,
cayó prisionero de las fuerzas del General Jesús Agustín Castro, Gobernador
y Comandante Militar de Oaxaca, y fusilado.
El General Nafarrate, el otro actor en el drama, fue uno de los Constituyentes de Tamaulipas y asesinado por la espalda al través de una ventana,
en una casa frente al Cementerio de Tampico en 1918, por un sujeto llamado
Trinidad Guajardo alias "El Minuto" (por su corta estatura) y quien a su
vez fue asesinado en Matamoros algunos años más tarde.

EPít'.OGO

En 1915, la Revolución Mexicana (etapa que ya hemos felizmente superado) se dividió en "carrancismo", "villismo", "zapatismo" y "convencionistas", tanto como en 1789 se había dividido la Revolución francesa, en "jacobinos", "girondinos", "realistas" y "estado llano" y así como en los tiempos
clásicos de la Grecia heroica (según la elaborada e inagotable fuente de su

392
393

�DON FRANCISCO DE PAULA VEREA, OBISPO
DE LINARES Y DE PUEBLA
RICARDO

LANCASTER-JONES

Guadalajara, Jalisco

1
ANTECEDENTES DE FAMILIA

SEGÚN EL Nobiliario de Atienza, el origen de la familia Verea es la población
gallega de Lugo, pero en las pruebas de ingreso del año de 1839 en la Orden
de Carlos III de don Joaquín Verea y Aguiar, se muestra a la ciudad de
Santiago de Compostela y a la feligresía de Santiago de Andrade, como el
lugar de nacimiento de sus antepasados. Se menciona como posible primer
asiento de la familia a la Parroquia de Santiago de Verea en Galicia, pero
un examen de los libros que hizo el Párroco dio resultado negativo. El Padre
Fray José Santiago Crespo y Pozo de la Orden de la Merced, ha publicado
dos tomos de su obra Blasones y Linajes de Galicia, y desgraciadamente el

tomo con letra V no ha ap'arecido, ya que incluirá seguramente interesantes
noticias sobre este linaje. En el tomo I da a conocer el escudo de armas de

Verea: En campo de plata una espada guarnecida de oro, punta arriba y
brochante sobre el todo un león de sable, bordura de gules dentellada. Mismo
que incluye Atienza en su Nobiliario. Algo sobresalieron los de este apellido
en asuntos culturales, ya que en la Historia de la Universidad de Santiago
de Compostela, de Cabeza de León, se mencionan dos doctores, un maestro,
un bachiller y dos estudiantes de esta familia; aparte del autor de la Historia
de Galicia don José Verea y Aguiar, de quien se tratará más adelante. Pero

en la milicia sí hubo muchos de esta estirpe, como lo prueba el tomo IX del
Indice de Expedientes Personales del Archivo Militar de Segouia, publicado
por el Instituto Salazar y Castro, en donde aparecen catorce miembros de
395

�que suponemos una rama de la de Abello, que tenía su solar en Orano, lla-

la familia Verea en diversos puestos militares, incluyendo el Caballero de
Carlos III ya mencionado.
Existen también varias familias que escriben su apellido Berea Y de quien
respetables autores aseguran provienen de Cataluñ~ y B~le~rcs, pero posiblemente de remoto origen gallego. U na de esas familias radico en el puerto mexicano de Veracruz y a ella pertenecen distinguidas personas q_ue vive~ a~tualmente en la ciudad de México y otras partes de la República. El lmaJe
aragonés de Vera, de estirpe real, se enlazó con nobles casas e~~añolas Y
una rama se estableció en Pontevedra, Galicia, pero no tiene relac10n con el
de Verea. También aragonés, es muy conocido el li~aje de Be_re:~ pero no
encontramos conección con el de Verea que estudiamos. Benstam, _en su
bibliografía, menciona a Fray Francisco Vereo, autor de una obra ~1adosa

mado después Torre de Brieves, en el consejo de Valdés, de donde pasaría
a Betanzos y a la Parroquia de San Nicolás de Cinis, donde adquirieron
tierras por su enlace con la familia Verea. Por la pronunciación gallega alte-

raron su apellido en Abellón.
En la Historia de un Linaje de Luis León de la Barrera, se mencionan

varias variantes del escudo de Abello y Abella. Y menciona el apellido Abelló
de Valencia, como aumentativo de Abello, lo que es también Abellón. Aclara
que el truébano es la colmena, por lo que describe así las armas de esta familia: En campo de sinople, a la diestra una colmena de oro, con abejas
de los mismos volando en torno de ella y a la siniestra un castaño al natural,
aterrizado de oro.

Rafaela Sánchez Viscayno, mexicana, que fueron los padres del notable prelado y gran patriota, don Francisco Pablo Vázquez, Obispo de Puebla, que
nació en Atlixco, Estado de Puebla, el 21 de marzo de 1769 y fue el fundador del episcopado de México independiente. No hemos encontrado el _lugar de origen de don Miguel, por lo que sólo podemos suponer que haya sido

La familia Abella destacó culturalmente, puesto que aparecen doce escritores de ese nombre en el Manual de Librero de don Antonio Palau sólo
dos para Abellán, uno por Abellás, otro por Abelló, y dos de Abello. ' A la
milicia dio más hijos esta familia, como lo demuestra el Indice de Expedientes
del Archivo de Segovia, en el que se notan cuarenta y siete del apellido Abella,
veintiuno de Abellán, veinticinco de Abelló y dos de Abellón, de los cuales
uno pertenece posiblemente a la familia que se avecinó en Quintela. En Asturias eran inscritos como hidalgos los Abella y Abello, como indica el índice
del Archivo Nobiliario de la Audiencia de Oviedo, que dio a conocer el
Marqués de Ciadoncha.

gallego.
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En la parroquia de San Nicolás de Cinis, Ayunta:'11ento de Osa_ de los Rios,
Arquidiócesis de Santiago de Compostela, Provmc1a d_e_ la Coruna, del antI~

sonas de apellido Abellón, como lo demuestra el Indice de Pleitos de la familia
Abellón, de Betanzos, existentes en el Archivo Histórico Regional de Galicia, la

que publicó Hogal en 1727 y 1730, pero no se s~b_e si es error la termmal en
o, y pudo ser realmente V crea; el pnmero en Mex1co.
En nuestra patria, el antecedente más antiguo y seguro del apell~do Ver:a
es el señor don Miguel Vázquez Verea, peninsular, esposo de la senora dona

En la región de Betanws existieron desde hace más de cuatrocientos años per-

gua Reino de Galicia, se estableció una rama de la fam1ba Verea que e~tron~o

Coruña, que amablemente envió al que esto escribe, don Antonio Gil Merino,

con la de Abellón. El 19 de mayo de 1687, fueron padrinos de un matnmomo
los señores don Antonio de Abellón y doña Inés de Verea, que son al parecer los fundadores del linaje Abellón Verea que después se cambió_ en
Verea Abellón. La familia Abellón se supone sea una rama de la asturiana
de Abello, de la cual escribió Tirso de Avilés en el siglo XVI esta descnp-

Director del Archivo. En el siglo XVI Juan Abellón tuvo ocho pleitos con diversas personas, y Pedro Abellón, tres. En el siglo XVII, Juan Abellón, escribano,
diez juicios, y otro Juan Abellón doce, un tercer Juan Abellón, clérigo, uno,

ción de su escudo de armas:

/

Antonio Abellón, tonelero de Fariña, Betanzos, uno, y otro Antonio Abellón,

de Figueroa, Coruña, uno. En el siglo XVIII sólo tres Abellón tuvieron pleitos
judiciales, Victorio y Antonio Abellón Gómez, de Santiago de Compostela,
y Francisco Abellón, del mismo lugar, en 1759.

El truébano y sus abejas
Y el castaño y ramos bellos
Traen por armas los Abe/los.

Vázquez nos hizo el favor de revisar el Archivo, encontrando las siguientes

Según dicho autor tenía su solar en el consejo de Valdés, en Asturias.

Enero 30 de 1749, matrimonio de Benito Abellón con Isabel del Rilo. No
menciona nombres de los padres, y sólo los testigos, Santiago Rilo, Jacinto
Bales y Pedro Fandiño.

Atienza, en su obra ya citada, indica ser la misma familia Abello y Abella,
y aun manifiesta que la de Abellán, aragonesa, provenía dd solar de Abella'. y
que pasó a Cataluña, Valencia y Murcia. Pero no menc10na la de Abellon,

En la parroquia de San Nicolás de Cinis, el Párroco don José Codesido
partidas:

Enero 29 de 1759, bautizo de Simón Francisco, hijo de Benito Abellón e

397
396

�Isabel del Rilo, vecmos del lugar de Quin tela. Otros hermanos: Escolástica
y Jacobo, de quien no se encontró acta, los mencionan varios documentos, Simón fue Sacerdote y educó a su sobrino Benito V erea Abellón.
Mayo 22 de 1784, matrimonio de Jacobo Abellón, hijo legítimo de Benito
Abellón y de Isabel de Rilo, con Josefa Do Pazo, hija legítima de Silvestre de
Outeiro y de María Do Pazo, vecinos de Cinis.
Mayo 2 de 1785, bautismo de Benito, hijo legítimo de Jacobo Abellón de
Josefa Do Pazo, del lugar del Quintela, nieto por parte paterna de Benito
de Abellón y de Isabel de Rilo, y por parte materna de Silvestre de Outeiro
y de María Do Pazo. Es Benito Verea Abellón.
Noviembre 7 de 1796, se dio sepultura al cadáver de Josefa Do Pazo, mujer
que fue de Jacobo Abellón, vecinos de Quintela. Murió repentinamente. Su
nombre verdadero era Josefa de Otero, por ser hija de Silvestre Otero (Outeiro
en gallego) y de María Do Pazo.
Enero 11 de 1789, entierro de Benito Abellón, marido que fue de Isabel de
Rilo, vecino de Quintela, feligresía de Cinis. Fue sepultado en la Iglesia Parroquial. Hizo testamento. Otros datos: Juan, hijo de Jacobo Abellón y
Josefa Do Pazo, falleció en Cinis en 1795. Isabel, de los mismos nace en 1786,
se casó en Cinis con Lorenzo Lago en 1827. José, nace en 1789, falleció en
1808 peleando contra los franceses. Dominga nació en 1788. María casó don
Manuel Do Pazo en 1811. Nicolás, nació en 1797, y contrajo matrimonio en
Cinis en 1827 con María Do Pazo Gómez, siendo sus hijos: Simón, nacido
en 1820, Domingo en 1823, y Pedro.
Abril 2 de 1791, se dio sepultura en San Nicolás de Cinis al cadáver de Silvestre de Outeiro, marido que fue de María Do Pazo, vecinos de Cinis.
Mayo de 1837, se dio sepultura en el Cementerio Parroquial de Cinis, al
cadáver de Jacobo Abellón, viudo de Josefa de Outeiro. Conocida también
por Josefa Do Pazo.
Enero 28 de 1867. Testamento de Nicolás Abellón Verea Otero, viudo de
80 años de edad, vecino y residente de la Parroquia de San Nicolás de Cinis,
Ayuntamiento de Oza de los Ríos, declara ser hijo legítimo de Jacobo Abellón
y Josefa Outeiro, difuntos, vecinos de Cinis. Casado con María Do Pazo
Gómez, el 13 de febrero de 1819. Siendo sus hijos: Simón, de 53 años de
edad, Domingo de 50, Pedro de 38. Simón, casado con Josefina Lago, ya difunta, dejó un hijo llamado Nicolás, que tiene 20 años. Domingo es viudo
de María Carro, y Pedro Abellón es casado con Andrea Regueiro Linares.
El documento anterior y otras cartas de familia muestran que la familia
Abellón de Cinis, usaba el apellido Abe/Ión Verea, y actualmente los que residen de la familia, en Sionlla, La Coruña, España, usan solamente el apellido
Verea, como la rama de México.
398

En el año de 1808 se formaron en Galicia varias juntas fernandinas, para
oponerse, como toda España, a la dominación francesa del rechazado José

Bonaparte. En Betanzos, organizó la Junta el historiador gallego don José
Verea y Aguiar, de quien se ha tratado antes, y quien tenía parentesco lejano con los Abellón V erea de Cinis. A esas juntas concurrieron los hermanos
Benito y José Abellón Verea; éste se dio de alta como soldado y pasó al ejército
que formó la Junta de Galicia, el cual, mandado por el Gral. Blake entró
en Castilla, en donde desgraciadamente tomó el mando el Gral. Cuesta, quien
sufrió la derrota de Rioseco, en cuya batalla, aparentemente murió José Abellón Verea con grado de oficial de infantería. En Galicia siguió su hermano
mayor Benito Abellón Verea, quien fue perseguido por los bonapartistas por
la fama de su hermano, considerado héroe de la patria en su región. Para
salvar a Benito, don José Verea y Aguiar le proporcionó un pasaporte con el
nombre de Benito Verea, y logró pasar a la Nueva España con los Oidores
de la Nueva Galicia, don Juan José Recacho y don Juan Nepomuceno Hernández de Alva. Al llegar a Guadalajara, México, presentó cartas de recomendación a don Antonio Mijarez Díaz y a su esposa, doña Ana Joaquina
Ferreira, gallega originaria de El Ferro!. Las cartas lo nombraban Benito Verea,
pero nunca dejó de usar su apellido paterno, siendo conocido como Benito
Verea Abellón, como lo demuestra el acta de su primer matrimonio: "En
Guadalajara e Iglesia del Convento de San Juan de Dios, a seis de junio de
mil ochocientos diez años, el Doctor don Mariano Iriarte en mi licencia y
ante los testigos: el Prebendado don José María Sanmartín, don José Tamayo
y don Benito Verea y Abellón natural del lugar de Cinis en el Arzobispado
de Santiago de Galicia, hijo legítimo de don Jacobo Abellón Verea y doña
Josefa Dopazo, y a doña Ignacia González, natural del pueblo de Hostotipaquillo y vecina de esta ciudad, hija legítima de don Andrés González y de
Ana María Jiménez, a quien su Sría. Ilma. se dignó dispensar las tres moniciones dispuestas por el Santo Concilio de Trento. Para que conste lo firmé
como el dicho Sr. Cura Rector, Manuel Covarrubias". Cuyo original existe
en el Archivo de la Parroquia del Sagrario de Guadalajara, localizado por
el Sr. don Francisco Javier de Castaños y Cañedo.
El acta anterior indica que don Benito Verea Abellón se estableció en
Guadalajara en una casa situada cerca del Convento de San Juan de Dios,
que en esa época era barrio de buenas residencias, como el Palacio de Medrana, que sirvió en un tiempo de sede a la Audiencia de la Nueva Galicia
y al parecer entonces estaba habitado por la distinguida familia Sánchez Pareja, descendientes del Oidor de esos apellidos. Posteriormente se cambiaron
a casa cercana a la Iglesia de San Sebastián de Analco, de la Orden Franciscana. Eso se desprende del acta de bautismo de los dos hijos de su primer
399

�matrimonio y el primero del segundo. Su primer hijo fue nuestro biografiado
el Excmo. e Ilmo. Sr. Dr. don Francisco de Paula Verea y González de Hermosillo, de acuerdo con el acta que conocemos por copia del Sr. Castaños y
Cañedo, ya mencionado, como sigue:

D. Jacobo Verea Abellón y Da. Josefa Dopaso y Otero. Maternos D. José
González de Hermosillo y Da. Dolores Jiménez de Castro, como apoderada
de dicha señora lo sacó de pila Da. Plutarca Verea Abellón, quienes están
entendidos de su obligación y lo firmé. Domingo Chávez".

"En la Iglesia de San Sebastián de Analco a los quince de Diciembre de
mil ochocientos trece: Yo el Br. Dn. Vicente Díaz de la Fuente, Teniente
de Cura de San José de Analco, bauticé solemnemente a Juan Maria Francisco
Espiridi6n Antonio Miguel, español, nacido el 14, hijo legítimo de D. Benito
Verea Abellón y de Da. Ignacia González de Hermosillo. Abuelos paternos
D. Jacobo Verea Abellón y Da. Josefa Dopazo. Matemos, D. Andrés González de Hermosillo y Da. Ana María Jiménez, fueron padrinos el Presidente
Prior de San Juan de Dios Fray Antonio Gómez y Da. Micaela Guerra, quienes están entendidos de su obligación y lo firmamos. Vicente Díaz de la
Fuente. Agustín Virgala". De todos esos nombres sólo usó el de Francisco de
Paula, el de Espiridión se explica por ser el que se celebra el 14 de diciembre.
Aquí se nota que ya se había invertido el apellido de los abuelos, de Abellón
Verea, a Verea Abellón, para estar conforme al que usaba don Benito en su
pasaporte y como era conocido en Guadalajara, México. La única hermana
del Excmo. Sr. Obispo Verea fue doña Plutarca Verea, que casó con don
Antonio Romaneo, sin dejar sucesión. Su acta, como la anterior y la siguiente
provienen de copias del Sr. Castaños y Cañedo, como sigue:
"En la Yglesia de San Sebastián de Analco a treinta de junio de mil ochocientos diez y ocho. Yo el Presbítero D. Agustín Santos Coy, Teniente de
Cura de San José de Analco, bauticé solemnemente a Ana Josefa Plutarca de
los Dolores, española, nacida el 28, hija legítima de D. Benito Verea Abellón
y de Da. Ignacia González Jiménez. Abuelos paternos D. Jacobo de Verea
Abellón y Da. Josefa Dopazo. Matemos, D. Andrés González de Hermosillo
y Da. Ana María Jiménez. Fueron sus padrinos D. Pedro González y Da.
Agustina Jiménez, quienes están entendidos de su obligación y parentesco, y
para que conste lo firmé con el señor Cura. Domingo Chávez".
Poco después del nacimiento de Plutarca, murió su madre doña Ana María
González Hermosillo y Jiménez de Castro, y don Benito Verea Abellón pasó
a segundas nupcias con doña Dolores González de Hermosillo y Jiménez de
Castro, prima-hermana doble de la primera esposa. Aún vivían en Analco
(barrio de Guadalajara) en 1826, como prueba el acta siguiente:
"En la Yglesia de San Sebastián de Analco, a los veinte y cuatro de marzo
de mil ochocientos veinte y seis. Yo el Dr. D. Domingo Chávez, Cura Interino de dicha parroquia, bauticé solemnemente a José María de Jesús, nacido
el 19 a las once y media de la mañana, hijo de D. Benito Verea Abellón y de
Da. Vicenta González de Hermosillo y Jiménez de Castro. Abuelos paternos

Posteriormente D. Benito Verea adquirió una casa en la esquina de la
calle de la Merced (hoy Hidalgo) y la Cruz (Cruz Ahedo actualmente). Dicha
casa es de la familia; está frontera al antiguo convento y templo de Santa
María de Gracia, en donde habitaban dos monjas de la famiEa González de
Hermosillo. Tenía frente a la plazuela de San Agustín, en que después se construyó el Teatro Degollado, y muy cercana al Templo de San Agustín y Colegio
Agustiniano de Señor San José, en el cual cursó sus primeros estudios don
Francisco de Paula Verea, en compañía del joven don Carlos María Colina,
que sería su amigo inseparable y compañero de carrera eclesiástica; quien siendo
originario de Colima, vivió en Guadalajara en la casa de la familia Verea
y González de Hermosillo, hasta que fue consagrado Obispo de Chiapas.

400

II
ESTUDIOS Y LABOR SACERDOTAL

El joven Francisco de Paula Verea ingresó al Seminario Conciliar de Señor
San José de Guadalajara, al terminar sus estudios primarios en el Colegio
Agustiniano, y muy joven salió del Seminario en el año de 1827, según indica
Dn. Agustín Rivera en su obra Los Hijos de Jalisco. En el Seminario fue Colegial de Honor y Becario en Derecho Canónico. El rector era entonces el Dr.
don Miguel Gordoa, Canónigo Lectora] de Guadalajara, y el Profesor de
Derecho Canónigo don Arcadio Cairo, que después fue Cura de Jala, Nayarit.
Fueron sus condiscípulos el Lic. don Octaviano Muñoz Ledo, después Gobernador de Guanajuato, y Ministro en el Gabinete del Presidente Gral. Miramón; el Lic. don Juan Gutiérrez Mallén, notable abogado del foro jalisciense; don Dionisio Rodríguez, abogado y filántropo, declarado Benemérito
de Jalisco por el Congreso del Estado. Pasó a la Universidad de Guadalajara
don Francisco de Paula y allí se doctoró en Derecho Civil el 24 de agosto
de 1835 habiéndose recibido de Abogado del Supremo Tribunal de Justicia
de Jalisco, y aceptado como miembro del Colegio de Abogados de la ciudad de
México. Fue catedrático de cánones en el Seminario de Guadalajara y director
del Colegio Clerical de esa ciudad.

Recibió el orden sacerdotal el Jo. de marzo de 1837, de manos del Ilmo.
Sr. Aranda, quien lo nombró su familiar, y su primera misa la dijo el 2 de
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predicaba con frecuencia en sus fiestas, por ser su familia materna de _la re-

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gión de Los Altos de Jalisco y haber heredado de su abuelo materno, Junta-

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abril del propio año. Su labor como Sacerdote fue muy completa, ya que
actu6 como Cura Interino de la Parroquia de San José de Analco en Guadalajara, sirviendo también en la Curia del Obispo en donde ocupó la Prnsecretaría y luego la Secretaría del Gobierno Eclesiástico; fue Juez Provisor,
Gobernador, y Vicario General de la Mitra, durante el gobierno del Ilmo. Sr.
Aran da y Carpinteiro. En la Catedral de Guadala jara ocupó una Prebenda
y obtuvo por oposici6n la Canongía Doctoral. Fue Director del Hospital de
San Juan de Dios, cuando construyó la arquería que aún existe y se conoce
como Portal de San Juan de Dios. Ayud6 a su Prelado a establecer a las Hermanas de la Caridad en el Hospicio que fund6 el Ilmo. Sr. Cabañas. Era
muy devoto de la Imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos Y

mente con su hermana Plutarca, unas propiedades rústicas cercanas a Tepatitlán a cuyo Santo Cristo de la Misericordia que se venera en su Santuario
de es~ lugar, también profesaba ardiente devoción. Su amistad con el Prior del

Carmen Fray Manuel de S. Juan Cris6stomo Nájera, se demuestra con el
Asiento de Cofrade de Ntra. Sra. del Carmen que le extendió el 20 de julio
de 1847; y se sabe frecuentaba el trato de ese ilustre orador sagrado que tanto
hizo por la cultura tapatía.
Es curioso observar cuán semejante fue su carrera eclesiástica con la de

su compañero don Carlos María Colina y Rubio, que na~i6, como él_ en lfü3,
se ordenó en 1839, estudi6 en el Seminario de Guadalapra en caSI los mismos años aunque en diferente facultad, ya que éste se doctor6 de Teología
por 1839, cuatro años después que el Sr. Verea, pero igual que él fue maestro
del Seminario, Prosecretario y luego Secretario de la Curia, Prebendado Y
Canónigo de la Catedral de Guadalajara.

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ÜBISPO DE LINARES

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Siendo Canónigo Doctoral de Guadalajara y Vicario General del Obispado,
recibi6 la noticia de haber sido preconizado Obispo de Linares por Su Santidad Pío IX el 26 de junio de 1853, por carta de ese gran Pontífice, escrita
en latín en la fecha indicada y en la que se refiere a una misiva del Sr. Verea
del 31 de Marzo pidiendo autorización para que lo consagrara el Ilmo. Sr.
Arzobispo de México, lo que se le concede. Se publica copia de esta carta

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por su importancia histórica, ya que hace suponer una fecha anterior al 26 de

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junio y aún antes del 31 de marzo de 1853, para su preconización como Obispo
de la Diócesis de Linares, con sede en la ciudad de Monterrey. El Sr. Iguíniz

indica el 27 de junio de 1863 como la fecha en que fue preconizado, pero el
Sr. don Carlos Pérez Maldonado en su magnífica obra El Obispado, sólo proporciona la fecha de la consagración episcopal.
El Sr. Verea estaba muy bien relacionado socialmente y con las autoridades
de la nación, al momento de su consagración, por lo que fue un acontecimiento

nacional, ya que el oficiante fue el Ilmo. Sr. don Lázaro de la Garza, Arzobispo
de México, y tuvo como padrino al General Santa Anna, Presidente de la Re-

pública, quien le extendió nombramiento de Consejero de Estado y lo agració
con la Orden de Guadalupe en grado de Comendador. La consagración se
efectuó en la Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe el 13 de noviembre
de 1853, y habiendo tomado luego p·osesi6n de la Diócesis por medio de apoderado, salió para Monterrey, llegando el 25 de diciembre del mismo año, en
que se le recibió con las formalidades de costumbre.
En Monterrey encontró el nuevo Obispo una situación lamentable en cuanto
a la organización religiosa, ya que la diócesis se hallaba prácticamente carente

de Pastor desde 1838 en que renunci6 el Sr. Belaunzarán, o sea diez años, y
puesto que el Sr. Apodaca s6lo gobernó cuatro meses y el Sr. Sánchez Navarro
no llegó a ser consagrado. Por tal motivo el Sr. Verea puso especial empeño en
reorganizar la Curia y luego emprendió la visita del vasto territorio que abarcaba entonces su diócesis, o sea los Estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, casi todo el Noreste mexicano.
Para poder conocer siquiera el enorme territorio de su diócesis, puede decirse
que los primeros cuatro años de su gobierno fueron de casi constantes visitas

pastorales, interrumpidas s6lo por la necesidad de permanecer algún tiempo en
su sede para atender los asuntos generales de la Iglesia. Por lo tanto nadie puede extrañarse de que la promulgación de la Constitución de 1857 lo haya encontrado en Santa Rosa de Múzquiz, Coahuila, lugar en esa época muy peligroso,
por ser paso de las tribus salvajes de Pieles Rojas que invadían territorio nacional desde Texas, cometiendo incontables depredaciones. En esa poblaci6n
recibió el Sr. Verea una circular del Ministerio de Justicia y Negocios Eclesiásticos y un ejemplar de la ley sobre derechos y obvenciones parroquiales, que
encontr6 contrarias a la libertad de la Iglesia, por lo que envi6 un instructivo
al Cabildo, párrocos y clero secular, prohibiendo la aplicaci6n de esa ley y del
contenido de la Constitución contrario a la independencia de la Iglesia, como

lo hizo saber al Ministerio de Negocios Eclesiásticos.
La crisis con las autoridades del Estado de Nuevo Le6n culnúnó el 7 de septiembre de 1857, cuando el Sr. Obispo envió una nota al Gobernador del Estado D. Santiago Vidaurri, indicando que no podrían ser recibidas con honores

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�las autoridades municipales debido al cambio de actitud del Gobierno Federal
hacia la Iglesia, ya que las distinciones que se extendían a !ºs gobernante~ eran

en agradecimiento al patronato que otorgaban a la Iglesia, lo que, habia cesado. Un escrito similar envió también al Congreso de Nuevo Leon, lo ~ue
motivó los acontecimientos del día 8 de septiembre, en que se celebraba la fiesta de la Natividad de María, patrona de Monterrey.
El Sr. Pérez-Maldonado, en su obra El Obispado, narra cómo fueron aprehendidos los miembros del Cabildo de la Catedral de Monterrey, por las autoridades municipales de esa ciudad al finalizar la celebrac!ón r_eligiosa, _Y que

poco después fue arrestado el Sr. Obispo Verea en su palacio ep1Scopal, situado
entonces en la esquina noreste de las calles de Morelos y Zaragoza. El Prelado
no opuso la menor resistencia y fue conducido a la c~rcel municipal entre una
escolta de las autoridades de la ciudad. El pueblo hizo valla respetuosa Y recibió la bendición pastoral de hinojos, ante la actitud desafiant~ del gobierno
civil. Asumió el Obispo toda responsabilidad del asunto y en casllgo fue expulsado del Estado y de toda la región nordeste de la República que gobernaba
Vidaurri como verdadero cacique.
Salió el Sr. Verea hacia Zacatecas, en donde fue recibido en el Colegio

Apostólico de Guadalupe, por su coterráneo el Padre ~alomar,_ que era Guardián a la sazón. En ese refugio conventual pennanec10 el Obispo de L°:ares
algún tiempo, siendo muy bien atendido por los miembros ~e la comumdad
franciscana; pero habiendo sido invitado, ~or los ~~dres. Fehpe~ses a su residencia de La Profesa de la ciudad de Mex1co, parllo hacia :sa cmd~d, en q~:
intentó gestionar su regreso a Monterrey con el Presidente Jua~ez, q~1en aprect~

el valor y simpatía personal del Sr. Verea, y como estaba distanc1a_do de V1daurri, lo exceptuó de la expulsión general de todos los prelados mexicanos que
dictó a principios del año de 1861. No quiso li~rarse de la suerte de sus hermanos mitrados el Sr. Obispo de Linares y saho hacia Veracruz, en donde es-

tuvo prisionero del Castillo de San Juan de Ulúa con los demás obispos, hasta
que pudieron salir del país embarcándose por febrero de 1861.
"

a la ceremonia, casi todos de fuera de Italia, muchos que viajaron desde remotas regiones para tomar parte en los grandiosos festejos. El Santo Padre honró
a los prelados mexicanos asistentes con grandes distinciones, y el Sr. Verea re-

cibió los títulos de Prelado Doméstico de Su Santidad, Asistente al Solio Pontificio y Conde Romano. El 7 de junio de 1862 había sido nombrado Académico Ilustre de la Academia de Quiriti en Roma, como lo demuestra un

diploma firmado por el Príncipe Anual Vicenzo Basilio Diotaltevi, en poder del
que es:o ~scribe. Antes, cuando estaba recién consagrado Obispo de Linares, el
14 de Jumo de 1854, le extendió en París, Francia, el Príncipe Duque de RohanRohan, como Presidente de la Sección del Instituto de Africa, diploma comprobando su nombramiento el 10 de junio anterior, de Presidente de Honor
de dicho Instituto. Firma también el documento como Presidente General el
Duque de Valentinois, y se conserva en el archivo del autor.

En calidad de familiar acompañó en su viaje a Roma al Sr. Obispo Verea,
Fray Francisco de la Concepción Ramírez, religioso del Convento de Guadalupe
Zacatecas, originario de León, Guanajuato, que había sido activo colaborador
suyo en las visitas pastorales y misiones que dieron en la diócesis de Linares
.
'
particularmente en lugares lejanos que no recibían visita de sacerdote alcruno
desde hacía muchos años. Como el Sr. Verea se había dado cuenta de
imposibilidad de atender bien las necesidades religiosas del enorme territorio de

1:

Línares, logró del Santo Padre Pío IX, la erección de Vicariato Apostólico de
Tam~ulipas y que fuese nombrado primer Vicario su familiar Fray Francisco,

a qmen su Santidad extendió Breve nombrándolo Obispo-in-Partibus de Caradro y lo consagró el Cardenal Constantino Patrizi en el oratorio privado de
su palacio el 21 de julio de 1861. Así fue segregada Tamaulipas de la diócesis

de Linares.
Como resultado de la intervención francesa y el imperio de Maximiliano,

pudo reg:esar al país Monseñor Verea, llegando a Monterrey en enero de 1863,
para dedicarse de nuevo con ahinco a su ministerio pastoral.
Siempre siguiendo la santa visita, se encontraba Monseñor Verea en Parral

Casi todo el tiemp·o del destierro vivió en Roma el Sr. V_erea, con e~cepc1on

Coahuila, el mes de marzo de 1864, cuando el General Antonio Carbajal, del

del viaje que hizo a Tierra Santa acompañando al Sr. Ob!Spo Labastida Y de

partido liberal, trató de fusilarlo, protestando que ayudaba a los conservadores,
lo que no se pudo demostrar. Pero para evitar esa amenaza tuvo que salir de
su diócesis nuevamente el tan perseguido Obispo, y esta vez se refugió primero

una corta visita a Bohemia para rezar ante el cuerpo de San Juan Nepomuceno,
de quien era gran devoto. Tuvo la dicha de presenciar la canonización
los
veintiséis mártires del Japón, entre los que se cuenta San Felipe de Jesus ~l
santo mexicano, lo que ocurrió el 8 de junio de 1862, en espléndida_ ceremoma
a la que asistieron 21 cardenales, 5 patriarcas, 54 arzobispos y 186 ob1spos,_entre

d7

en Guadalajara, luego en la ciudad de México y por último en Puebla, en
donde residía su antiguo compañero Monseñor Colina, que había sido tras-

éstos seis mexicanos, pero con la ausencia de la mayor~a _de los p;el_ados 1tal_1a:
nos, que por la guerra intestina de ese país no pudo asistir. Esto ult~mo motivo

ladado a esa importante diócesis, y vivía allí desde 1863. A fines de 1866 asistió
en México, por orden del Sumo Pontífice, a la reunión de Obispos que debían
preparar el Concordato con el Imperio de Maximiliano, el cual no se llevó a

que S.S. Pío IX se mostrara muy agradecido con los pastores que dieron realce

cabo. A la caída del Imperio, estando con el Sr. Colina en Puebla, fueron

404

405

�ambos arrestados por orden del Gral. Porfirio Díaz, cuando tomó la plaza, en
1867. Siguieron días de persecución para la Iglesia y sus Prelados, y Monseñor
Verea tuvo la pena de perder a su padre don Benito Verea Abel!ón, el 4 de

abril de 1868.
Emprendió nuevo viaje a Roma en el año de 1869, para participar en el
Primer Concilio Vaticano, y regresó luego a Monterrey, en donde todo estaba

es considerado Monseñor
Verea como uno de los tres notabl es Jª
· 11sc1enses
· ·
.
que
prepararon el cammo hacia la actual grandeza regiomontana. El Prelado en
la parte c~ltural Y moral, el Dr. don José Eleuterio González, en salubridad y
b~nefic:ncia,_ y el General don Bernardo Reyes, en la parte industrial comercial Y fmanc1era, que propició con su política de paz social.
'

trastornado, pero con el valor de siempre se dio a reconstruir y reorganizar su

Diócesis. Principió por el Seminario de Monterrey, cuyo edificio había sido
ocupado por el Gobierno, y venciendo mil dificultades logró comprar otra
finca, que adaptó lo mejor posible, abriendo de nuevo el establecimiento a fi.
nes de 1869, bajo la dirección y magisterio de los Padres Paúles, que había
traído de Europa con ese objeto. La Compañía de Jesús le ayudó proporcionándole sacerdotes que sirvieran curatos en lugares fronterizos con los Estados

Unidos, y además pudo lograr la fundación del Colegio de San Juan Nepomuceno de Saltillo, para el cual proporcionó una vieja finca ( antiguo hospital), como indica el Padre Gerardo Decorme en el segundo tomo de su
Historia de la Compañía de Jesús en México. En esa época Mons. Verea
logró muy buen entendimiento con el Gral. Charles, Gobernador de Coahuila, antiguo alumno de los jesuitas, quien facilitó los trámites, por lo que

IV
Seguramente ~onseñor Ver~a era bien conocido en Puebla y eso influyó para

q,ue el Ven. Cabildo Metropolitano lo eligiera por mayoría de votos en primer
te~mo para la tema que debería enviarse a Roma, para que ocup~ra la Sede
Episcopal.
· ocaSiones
·
. Por su amistad con su antecesor había estado en vanas
en esa, cm dad; como se ha dicho, en una de ellas fue preso por el Gral. Díaz.

A~cmas se puede saber que había ayudado muy importantemente a la fundacion del Coleg10 Apostólico de la Inmaculada Concepción de Cholula
carta de fecha 31 de octubre de 1860, en que el Padre Guardián Fray Fr;n~::
co ?~rdona, 1; informa ~e la erección canónica de ese semillero de misioneros
serahcos'. el dia 18 de dicho mes y año, dándole las gracias "por todo lo que
V.E.I. hizo en favor de esta fundación".

se abrió el plantel educativo de Saltillo el 3 de noviembre de 1878. Asistió
el Prelado a la primera distribución de premios en julio de 1879, mostrándose
muy satisfecho de haber podido proporcionar ese centro educativo al noreste

. El 13 de oct~bre de 1879, segundo año de su pontificado, expidió el SantíSimo Padre Lean XIII, las bulas que confirman el nombramiento de M

mexicano, que aún es recordado con cariño por unos cuantos ex-alumnos su-

Ve~ea en la diócesis Angelopolitana y de Tlaxcala; siendo en poder del a:~:

pervivientes.

En Monterrey también estableció un buen externado que fue la semilla de
la cultura católica neoleonesa. En su Diócesis abrió dos casas de las beneméritas
Hermanas de la Caridad, un colegio de niñas, otra casa de religiosas, construyó

dos templos y puso la primera piedra al santuario de Nuestra Sra. del Roble
(en septiembre de 1854), logró operaran varias escuelas parroquiales, las Conferencias de San Vicente de Paul, y algunas hermandades y cofradías que estimularan el celo religioso, que en esa época había decaído tanto. El 10 de
marzo de 1879 falleció el Ilmo. Sr. Colina, Obispo de Puebla, su amigo más
adicto, y el Santo Padre León XIII lo trasladó a esa diócesis el 16 de septiembre de ese año ya que había sido propuesto por el Cabildo de Puebla el 28
de marzo anterior. Su sucesor en Monterrey fue el famoso escritor y orador
Excmo. y Rvmo. Sr. Dr. y Mtro. don Ignacio Montes de Oca y Obregón, quien
hizo grandes elogios de la obra de Monseñor Verea como titular de Linares,
diciendo textualmente: "al suceder en este Obispado al Ilmo. Sr. Verea ....
nuestro papel se redujo a conservar y dejar que marchara la máquina, sin
tener el trabajo de fundar o la terrible tarea de reorganizar". Por ese motivo

406

el Juego completo de trece pergaminos, doce cordón blanco del que pende un
sello de plo~o, en cuyo reverso está:

"LEO PAPA

xm" y en su verso una cruz lati-

na que despide rayos de luz sobre las testas aureoladas de San Pedro y San Pablo, con :uatro SSSS en la parte superior. El documento de mayor tamaño mide
45.5 cent1metros de largo p~r 61 centímetros de ancho principiando: "LEO Epis:us Servus Servoru'.11 Dei ~enerabili Fratri Joanni Francisco de Paula Verea
!Ilhh-nuper de. Lmares m Episcopus T!ascalensen Angelopolitan Electo
Salutem et Apostohcam Benedictionem Romani Pontificis quem Pastor Cae! t'
tE",,
es1s
e_ _p1scop~s .' termina: "Datum Rome apud Sanctum Petrum Anno Incamatioms Dom1mce Millesirne Octagentesimo Septuagesime nono, Tertio decimo

Kalendas Octobris, Pontificatus Nostri Anno Secundo S S" Al
ab · • . "
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dice.
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resiti a:darms, J. P1en Computador". Siguen otras anotaciones poco Iegibl
f
d"
es
Y
_ una irrna ~ran
L. _Belloti Cap. Coad." Hay otro pergamino más peque-

_e: .

n~ con cordon roJo d1ng1do también a Monseñor Verea; el sicruiente
al Arzo0

bISpado de México, al Cabildo de la Catedral Angelopolitana, al Clero de esa

407

�Diócesis, al pueblo cristiano de la misma, otro es la forma de profesión de fe,
otro la de juramento, etc.
Aunque su edad no era muy avanzada, ya que tenía 66 años cuando fue
trasladado a Puebla, las muchas persecuciones que sufrió y la lucha constante
que tenía que desarrollar para llevar adelante sus obras, seguramente habían
minado su salud, pero no quiso cuidarla y siguió en Puebla el mismo plan de
trabajo que en Monterrey, aunque le había sido fácil dejar marchar las cosas
como las tenía organizadas su antecesor Monseñor Colina. Por eso admira que
en escasos cuatro años que duró al frente de la diócesis Angelopolitana, haya
dejado tan buen recuerdo y que se sepa aún de varias mejoras que ejecutó en
tan corto plazo.

Por especial deferencia del Excmo. Sr. Dr. don Octaviano Márquez y Toriz,
actual dignísimo Arzobispo de Puebla, hemos podido contar con un estracto
de la obra del Sr. Pbro. J. Manuel Martínez, intitulada Episcolopio Angelopolitano, muy bien documentada, especialmente en los libros de actas del Ven.
Cabildo de la Catedral de Puebla, y en otras obras como la del propio Excmo.
Sr. Arzobispo mencionado, intitulada Serie de Obispos Angelopolitanos que
apareció en la Revista Eclesiástica de Puebla; al final se incluye la bibliografía
del Sr. Pbro. Martínez, que complementa la del autor.
Por el trabajo mencionado anteriormente, sabemos que el domingo 26 de
octubre de 1879 se cantó en la Catedral de Puebla un Te Deum, por acuerdo
del Cabildo, con motivo de la designación papal de Monseñor Verea a la
diócesis de Puebla; y que el 11 de noviembre del mismo año acordó también
el Cabildo hacer reparaciones al Palacio Episcopal para recibir a su nuevo
Prelado. Monseñor Verea prestó juramento de fidelidad y obediencia a la
Santa Sede en diciembre de 1879, ante el Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo de
México Dr. don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, en la ciudad de
México, y tomó posesión de la diócesis por poder suyo el M. I. Canónigo Doctoral y Vicario Capitular Lic. don Atenógenes Castillero, el 23 de enero de
1880, en la forma acostumbrada. El día 26 del mismo mes hizo su entrada a
su sede episcopal, verificándose la recepción oficial en la tarde de ese día, en
el Colegio Clerical Josefino, según acuerdo del Cabildo y varios Sacerdotes, en
carruajes, seguido de larga y entusiasta comitiva, hasta la Catedral en donde
se verificó la ceremonia de rigor, y al siguiente día 2 7, se celebró una· misa de
acción de gracias a la que asistió el Obispo.

En sesión capitular de 21 de enero de 1881 se aprobó con el acuerdo del
Obispo la ampliación del templo parroquial del Sagrario, anexo a la Catedral,
a iniciativa del M. I. Sr. Deán Dr. D. Ramón Vargas, quien poco después entregó una importante suma para costear la obra. En 24 de mayo de ese año
el Cabildo acordó apoyar la solicitud de la Sociedad Católica de Puebla para
408

Dr. Don Francisco de Paula Verea

��~/,G',¿1/
/)

•
Carta de Pío IX a Monseñor Verea

��pedir a Su Santidad la declaración de la Asunción corpórea de María Santísima como dogma de fe, adelantándose muchos años al logro de ese anhelo
católico, que fue proclamado el primero de noviembre de 1950 por S. S. Pío
XII. En el mismo año se reimprimió el Manual Diocesano por acuerdo de
Mons. Verea.

Habiendo enviado el Prelado solicitud al Cabildo de que fuese trasladado al
Coro de la Catedral el altar de Nuestra Señora de la Defensa, patrona de ese
templo, no encontró eco entre los señores capitulares esa sugerencia, por lo que
Mons. Verea se abstuvo de insistir sobre el asunto, con el respeto que caracterizó su actuación para los acuerdos del Ven. Cabildo; como fue también el

caso de la solicitud que hizo en octubre de 1882, para establecer de un modo
permanente en la Catedral la devoción de la Hora Santa, para aprovechar las

importantes indulgencias concedidas por la Santa Sede a los que participasen
en ese piadoso ejercicio, lo que fue resuelto en forma negativa.

Mons. Verea trató de fundar un Instituto de Caridad a favor de los eclesiásticos pobres, pero desgraciadamente no tuvo tiempo de realizar tan generoso

deseo. Pero sí logró bendecir solemnemente la capilla de su Patrono San Juan
Nepomuceno (hoy conocida con el nombre de Templo de la Mansión) el día
16 de noviembre de 1882, depositando en el altar una reliquia de ese mártir del
sigilo sacramental. En la Catedral Angelopolitana inauguró varias mejoras, ben-

diciendo el día 26 de enero de 1883, un altar en honor de San Nicolás de Bari,
el 6 de febrero del mismo año un nuevo nicho en la restaurada capilla del Sa-

grado Corazón, y el 16 de julio el altar dedicado a Nuestra Señora del Carmen.
En ese mismo magno templo ocurrió el 10 de marzo de 1883 un acontecimiento
que impresionó fuertemente al Prelado, al ocurrir durante la misa conventual
el repentino fallecimiento del M. l. Sr. Prebendado don José María Peláez del

Llano, que había ingresado al Cabildo desde 1873.
Como se recordará, en Monterrey había entregado Mons. Verea el Seminario a los Padres Paúles, y como allí hacían falta maestros preparados, los
resultados fueron magníficos. En Puebla los religiosos de la misma Orden tenían a su cuidado el Colegio Clerical Josefino, y a pesar de su gran cariño por

los hijos de San Vicente de Paul, se dio cuenta de que su labor en Puebla era
perjudicial a la disciplina, puesto que invadían funciones del Seminario Conciliar Palafoxiano, notable institución que justamente admiraba el Prelado, por
lo que, agotados todos los medios de conciliación, le fue necesario decretar la
supresión de dicho colegio, pasando los alumnos al Palafoxiano, para el cual
tuvo todavía más amorosos cuidados, al gestionar y obtener de la Santa Sede
en 1883, que mediante ciertos requisitos ese Seminario Conciliar pudiera otor-

gar grados académicos de bachiller, licenciado y doctor en Teología. Debido
a eso el 7 de julio de ese año la Sagrada Congregación de Estudios en Roma,

409

�llegó a autorizar doscientos títulos de bachiller, otros tantos de licenciado, e
i(Tual número de borlas de doctor en teología. Por petición de Mons. Verea,
s: logró ( cuando éste ya no existía) el 20 de mayo de 1884, ~ue el mi'.mo
Seminario pudiera expedir grados académicos en derecho c~~omco Y civil.
Cuando llegó la autorización a Puebla, ya Mons. Verea no v1via, por lo que
su labor en pro del Seminario Palafoxiano dio frutos aún después de su muer•
te, lo que hace suponer que su memoria será recordada en ese notable centro
de estudios eclesiásticos.
El Amigo de la Verdad fue un pequeño periódico, al parecer publicado por
la Compañía de Jesús en Puebla, que tenía residencia en esa ciudad y operaba
el Colegio de Artes y Oficios, contando sin d"..da con la b~ena voluntad de
Mons. Verea, que tantas pruebas dio de su carmo hacia los.~IJOS de San -~gna. El 10 de mayo de 1884, enmarcado en negro, aparec10 en ese
CIO.
, penod1co
,
un editorial con el título: "Muerte de un Santo", en que proporciona 1mpor•
tantes detalles sobre el fallecimiento del Ilmo. Sr. Obispo de Puebla don Francisco de Paula Verea ocurrido en Cuyoaco, el 4 de mayo de 1884. Por ese
escrito nos damos cu:nta de que a fines del mes de abril de dicho año salió
de su Sede Episcopal con el objeto de dirigirse a Zacapoaxtla, en el Estado
de Puebla para bendecir un templo, y continuar la visita pastoral que constantement~ emprendía desde su llegada a su nueva diócesis, como lo hizo antes
en la de Linares. Pasó algunos días en San Juan de los Llanos y el lunes 28 de
abril se dirigió al pueblo de Cuyoaco, situado en el mismo Estado de :uebla,
siendo cabecera del municipio de su nombre y en esa época contando solo con
poco más de setecientos habitantes. Llegó en un carruaje que le había enviado
el Párroco de Cuyoaco hasta San Juan de los Llanos, alojándose_ en la casa del
C ura Y hab iendo comido ' a las tres de la tarde se puso a adm1mstrarh elb'Sacra'd
mento de la Confirmación en el templo Parroquial, el cual parece a 1a s1 o
regado poco antes para asearse, por lo que estaba frío comparado con ~ª- ~emratura del exterior que a esa hora era alta. Ese cambio brusco h1no los
pe
'l
terminó una fuerte pulmoma
confa '
ta b
1e re, pero
pu lmenes d e su lima . Y de
.
.
. .
el Prelado se esforzó en terminar las conhrmac1ones y luego e_l rezo del oficio
. ·
·
nerse en cama inmediatamente, como le aconse3aban sus acomd1vmo,
sm po
, .
l d' ·
pañantes. Se llamó luego de Zacapoaxtla _ª un med1~0, pero hasta e 1a siguiente pudo llegar el Dr. Francisco ArauJo, y despues se reumeron
Dres.
Esteban Lamadrid y Agustín Pérez Salazar, de Puebla, los que umeron sus

:ºs

esfuerzos para tratar de obtener el alivio del Prelado.
También llegaron de Puebla a Cuyoaco el Sr. Deán don Ramón Vargas,
Monseñor Leandro G . Trcviño, el Sr. Canónigo don Miguel Mariano Luque,
y otras personas, siendo todos atendidos de la mejor mane_ra por el Sr. Cura
del lugar, don 11iguel Gerónimo Díaz, quien hizo lo imposible para encontrar

410

hospeda je para tan distinguidos huéspedes en pueblo pequeño y escaso de
víveres. Se administraron los últimos Sacramentos a Mons. Verea por el M.
I. Sr. Deán, y en todo momento admiró a los circunstantes su piedad y fervor,
~parte de su. humildad. Como gran devoto del Castísimo Patriare.:. le imploró
siempre monr en alguna de sus festividades, lo que Dios le concedió, el día
del Patrocinio de Señor San José, a las cuatro y tres cuartos de la tarde, a los
70 años de edad. Como buen Obispo, murió desempeñando su Santa Visita,
y como ejemplar sacerdote no descuidó jamás el oficio divino.
El Gobernador de Puebla negó autorización para que se llevara el cadáver
a la Catedral de esa ciudad para su inhumación y con el objeto de que se
efectuaran solemnes honras de cuerpo presente, como deseaba el Cabildo, y
sólo con gran dificultad se logró poder enterrar sus restos en el Camarín del
Santuario de Nuestra Señora de Ocotlán en Tlaxcala, con los honores debidos
a su dignidad episcopal.
Aún después de muerto sufrieron sus restos persecuciones, ya que durante la
revolución de 1910 fueron violadas las tumbas de prelados del Camarín de la
actual Basílica Menor de Ntra. Sra. de Ocotlán, en Tlaxcala, siendo confundidos los restos del Ilmo. Sr. Verea con los del Ilmo. Sr. Dr. don Francisco
Melitón Vargas y Gutiérrez, Obispo Angelopolitano que fue enterrado en ese
lugar el año de 1896. Entre los festejos del III Centenario de la Consagración
Y__Dedicación del templo mayor poblano, el cabildo angelopolitano, por suges11on del Excmo. Sr. don Ignacio Márquez y Toriz, dignísimo Arzobispo de Pueblo y Tlaxcala, acordó se exhumaran los restos mixtos de los dos Prelados y se
procedió a llevarlos a Puebla, en donde encontraron nuevo descanso e~ las
gavetas preparadas al efecto en la cripta catedralicia, en la cual dos placas
señalan el sitio en que se encuentran esas venerables reliquias.
En Guadalajara causó consternación la noticia del fallecimiento de Monseñor Verea, ya que era muy estimado en todos los círculos sociales, aun en los
gubernamentales. Su hermano el Lic. José María Verea salió inmediatamente
para Puebla; pero no pudo alcanzar el entierro, que se verificó con la rapidez
que exigían las circunstancias; era nombrado albacea en el testamento siendo
usufructuaria de sus bienes matemos y paternos por vida, su hermana' entera
Plutarca Verea Viuda de Romaneo, y herederos sus medios-hermanos Lics.
José María, Trinidad y Miguel Verea, lo mismo que Marina Verea, esposa del
Dr. Nicolás Puga. No dejó muchas propiedades, ya que los pobres de las dos
diócesis que rigió recibieron la mayoría de sus fondos. Siendo amante de las
bellas artes, poseía una pequeña galería de pinturas que se repartió entre sus
hermanos, y aún conservan personas de la familia en Guadalajara y en la Ciudad de México, óleos que formaron parte de esa colección, la que es posible
haya heredado de su buen amigo y antecesor en Puebla Monseñor Colina

'

411

�quien tal vez pudo haber adquirido obras de la gran pinacoteca del Ilmo. Sr.
don Francisco Pablo Vázquez, que enriqueció, al ser vendidas, varias coleccio-

nes poblanas que han llegado a nuestros días y la de la Academia de San
Carlos de México. Por otra parte el mismo Monseñor Verea pudo adquirir en

Europa algunos cuadros, pero figuran entre los que tiene aún la familia algunos que sin duda proceden de Puebla, por lo que se aventura la idea de la
herencia de Monseñor Colina, ya que en cuatro años poco pudo haber reunido
directamente.

La madre del que esto escribe, hija mayor del Lic. José María Vcrea, visitó
a su tío en Puebla el año de 1883, cuando ella tenía once años. Recordaba
claramente su costumbre de leer todas las noches la Sagrada Biblia hincado
de rodillas y entre dos velas, en la misma postura. Por la mañana¡ después de
la misa que decía en su oratorio, tomaba sólo un espumante chocolate servido

en pocillo de porcelana sobre mancerina de plata. Recordaba en el palacio

plenitud episcopal, firmado también T C
posee también en su colección un óleo. deº';::;'' 18_53. La Catedral de Puebla
visto en el Cole io de Guadal
onsenor . Verea, y otro lo hemos
dice así. "El E~

I

upe, Zacatecas, el cual tiene una inscripción que

.
xcmo. e lmo. Sr. D Francisco de p V
d. , .
de Monterrey, Colegial de honor y beca d
.. , . erea, ,gmSimo Obispo
Seminario Conciliar de Guad I .
e opoS1~10n en derecho canónico del
del mism S . .
a ªJara, pasante Jurista y catedrático de cánones

bido del ;upee::rª;:b~:c;~rd:ndey:s ~~ aqu~I_a Universidad y abogado reciaquella ciudad. Cura interino de u~~ aiara .. i;ctoAnr del Colegio Clerical de
bendad
d
, .
arroqma e
aleo de la misma Prebiemo ;:iesi~~:és ;anomgo GDoctoral de aquella Catedral. Secretario d~l Goo, rov,sor, obemador y Vicario General d I M"
ballero Comendador de la Nacional y D" 1·
"d O d
e a ,tra. Cae
.
IS mgu, a
r en de Guadalu
0 n5&lt;:1ero de Estado Honorario. Retratado a los 40 año d
d d
pe y
Sevenano Hemández pintó en México en 1854" A ~ e ~u e a en 1854.
retrato por ser el menos conocido.

.

qm se

a a conocer ese

episcopal, un pasillo que tenía al fondo pintado un curioso "trompe-l'oeil",

que consistía en la figura de un joven estudiante marchando hacia la persona
que avanzaba por el pasillo, cuyos mismos pasos repetía un raro eco, dando la
impresión de que el joven andaba en sentido contrario.

BIBLIOGRAFIA

No deseamos terminar sin incluir aquí la cita que hace don Carlos Pérez

Maldonado, del sabio historiador Dr. don José Eleuterio González, sobre la

IMPRESOS

actuaci6n en Monterrey, de Monseñor Verea, que fue su íntimo amigo: "Gobernó esta Diócesis por el dilatado espacio de veintiséis rulos, con singularísirno
tino y gran prudencia, haciéndose amar por la bondad de su carácter, admirar

AGRAZ GARCÍA DE ALBA, GABRIEL, Jalisco
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ABEZA DE LEÓN SALVADOR H' t . d l
,
.
Santiago, 1947.'
' u ona e a Universidad de Santiago de Compostela,

por su mucha sabiduría, y respetar por la santidad de su vida".
Son poco conocidas en Guadalajara las obras impresas de Monseñor Verea
y solamente se ha encontrado un devocionario de San Juan Nepomuceno, que
confirma, lo mismo que una estatua del Santo aún en poder de su familia, el
gran amor que tuvo por el Patrono del Secreto Confesional. Monseñor Valverde en su Bio-bibliografía, incluye solamente trece obras de don Francisco de
Paula Verea, y don Juan B. Iguíniz enumera veintiuna, entre éstas el devocionario indicado, que apareció anónimo y hay fundadas razones para atribuirle.
Con respecto a la iconografía de Monseñor Verea, existen en Guadalajara,
aparte de numerosas fotografías de la época, varios retratos al óleo suyos, todos

copias de la tela original en poder del autor de estas líneas, en la cual aparece
como Obispo Electo de Linares, sin pectoral, y firma el pintor T. Corral, 1853.
Las copias son de J. Mariano Mares, una existe en la Catedral, otra en San
Agustín, y la tercera en poder del que esto escribe; siendo en 1854, lo mismo
que otra de Monseñor Colina, también sin pectoral, del mismo pintor y año.
En el Seminario de Guadalajara existía un óleo del que hay copias fotográficas. La Catedral de Monterrey tiene una bella tela en que aparece con la
412

CRESPO
1962.

Y

Pozo FRAY
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Jo SE,

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l Retrato al óleo del Excmo. e Ilmo. Sr. Dr. Don Francisco de Paula Verea, Obispo de
Linares y después de Puebla, que existe en el Museo de Guadalupe, Zacatecas, pintado
en 1854 por Severiano Hemández.
2 Carta: de S. S. Pío IX a Monseñor Verea sobre su elección a la Diócesis de Linares,
en que se refiere a carta suya de aceptación de fecha 31 de marzo de 1854, siendo ésta
del 26 de junio del mismo año.
3 Bula de S. S. León XIII con relación a traslado de Mons. Verea a la Diócesis de
Puebla de los Angeles y Tlaxcala, de fecha 13 de octubre de 1879.

MARTÍNEZ, J. MANUEL, Breves Datos Biográficos del Ilmo. Dr. D. Francisco de Paula
Verea. Puebla, Pue., julio 15, 1965.
MuÑoz ALTEA, FERNANDO, Copia de las Pruebas de Dn. Joaquín Verea y Aguiar en la
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414

415

�LA CIENCIA HISTÓRICA Y EL ESTRUCTURALISMO
DR. FRÉDÉRIC MAURO

Universidad de Tolosa

LAs NOTAS QUE SIGUEN no son de un filósofo, sino de un historiador que se

enfrenta todos los días a los problemas de la investigación; de un historiador
que ha visto transformarse su disciplina, profundamente, en algunos años. Son
pues un llamado a la discusión con todos aquellos que como él, se apasionan
por su trabajo, un trabajo que parece renovarse perpetuamente.

Las ciencias humanas y la noción de la estructura.
Las ciencias humanas llegaron a la noción de estructura por dos vías opuestas, por así decirlo, pero complementarias. Las llamaremos, para simplificar, 1a
historia y la anti-historia.
1. La Historia. Tomemos el caso de la ciencia económica, que se llamaba
tradicionalmente economía política en nuestras viejas Facultades de Derecho.
Fue sobre todo, en el siglo XIX, la economía de los clásicos, Ricardo, JeanBaptiste Say, John Stuart Mil!. Pretendía ser una ciencia universal, válida y
aplicable en todo tiempo y en todo lugar. Trataba de descubrir leyes generales.
Ahora bien, esta disciplina ha sufrido, desde mediados del siglo XIX, numerosas transformaciones. Se ha ampliado y desarrollado considerablemente, purificándose cada vez más en sus aspectos doctrinales y terminando por formar un
cuerpo impresionante de teoría positiva al servicio de la acción humana, la
ciencia de la rareza. Uno de los enriquecimientos más notables de esta ciencia
ha sido la noción misma de estructura. Ha sido posible por la obra de Marx,
de la Escuela Histórica alemana, de la Escuela Institucionalista norteamericana.
Después de la guerra esta noción se impuso con una fuerza apremiante a la
economía, con los estudios sobre el crecimiento y el desarrollo económicos. Estas influencias explotaron una cierta relatividad de las leyes económicas. Cada
417
H27

�época, cada civilización, cada sistema tienen leyes que les son propias y cuyo
conjunto es precisamente el sistema mismo, y forma las estructuras de este
sistema. Los diferentes factores de la economía se combinan según ciertos mecanismos y en proporciones que representan una cierta constancia. Pero esta
constancia es precaria. Intervenciones exteriores o una transformación interna
más o menos rápida alteran el equilibrio así realizado. Y por una crisis de las
estructuras el sistema se destruye y da lugar a otro sistema, y las estructurag a
otras estructuras cuyas leyes son diferentes.
La noción de estructura ha tomado un lugar importante en la ciencia
económica. Y esto, gracias a la historia. Pues la economía de Marx es una
economía histórica; la de la Escuela Histórica alemana lo es por definición;
la de la Escuela Institucionalista lo es en la medida en que explica la economía no por ella misma sino por su contexto, contexto que bien puede calificarse de histórico. En cuanto a los estudios sobre el desarrollo económico Y
sobre el subdesarrollo, están penetrados de historia, de dos maneras. Por una
parte, apelando a la noción de desarrollo, apelan también a la noción de
tiempo, o sea de evolución, tomando la teoría de las fluctuaciones económicas
-fluctuaciones temporales- y completándola por el estudio de los mecanismos del crecimiento para hacer de ella una "dinámica". Por otra parte,
estudiando distintos aspectos de la civilización industrial surgida de las transformaciones de los siglos XIX y XX en Europa y en América del Norte,
descubre la variedad histórica y geográfica de los sistemas económicos.
Introducida en la economía por la historia, la noción de estructura en
economía aparece entonces como un exceso de la noción de ley universal por
la historia, y en consecuencia directa o indirectamente como un producto de
la ciencia histórica.
II. La Antihistoria. Tomemos ahora el caso de las ciencias antropológicas:
la lingüística, la etnología y aun la psicología o la sociología. Aquí parece
que dos tipos de explicación son posibles. O bien el sabio explica un fenómeno por sus antecedentes y nos da entonces una explicación histórica, un
historicismo. O bien lo explica por el conjunto del que forma parte en un
momento dado y por el papel que en él juega. Y la explicación es entonces
no-histórica o antihistérica, es estructuralista. El término está tomado de la
psicología y la biología. La estructura en psicol~gía, es el co~junto cuy~s part~s
son modificadas por el hecho de su pertenencia al todo, dice la Enciclopedia
Larousse, que da para el estructuralismo en biología la siguiente definición:
teoría según la cual los órganos no tienen ninguna existencia separada y se de-

Ahora bien, en algunas ciencias el estructuralismo ha sido tomado del historicismo. "(El) procede, escribe Paul Ricoeur,2 de la aplicación en la antropología y las ciencias humanas en general de un modelo lingüístico. En el
origen del estructuralismo encontramos primero a Ferdinand de Saussure y
su Cours de linguistique générale, y sobre todo la orientación propiamente
fonológica de la lingüística con Troubetskoy, Jakobson, Martinet. Con ellos
asistimos a una modificación de las relaciones entre sistema e historia. Para
el historicismo, comprender es encontrar el origen, la forma anterior, las fuen tes, el sentido de la evolución. Con el estructuralismo aparecen los arrealos
" '
las organizaciones sistemáticas en un estado dado que son en principio inteligibles". Y Ricoeur agrega:
"Así nace una lingüística sincromca, como ciencia de los estados en sus
aspectos sistemáticos, distinta de una lingüística diacrónica, o ciencia de las
evoluciones, aplicada al sistema. Como se ve la historia está en segundo plano
y figura como alteración del sistema. Además, en lingüística, estas alteraciones
son menos inteligibles que los estados del sistema ... "
El mundo lingüístico ha sido traspuesto por Levi-Strauss en antropología. 3
Los sistemas de parentesco han proporcionado a ésta "la primer analogía
rigurosa de los sistemas fonológicos", para decirlo con palabras de Paul Ricoeur. Pues el parentesco es un sistema de comunicación. Del parentesco se
puede pasar en seguida a otros sistemas de comunicación: el arte, la religión, etc ...
La historia y las estructuras.

Si oponemos así historicismo y estructuralismo, historia y estructuras, ¿ es entonces posible para la historia encontrar estas estructuras? Ahora bien, hay
este hecho: esta ciencia social que es la historia, se ha enriquecido considerable•
mente en los últimos treinta años, gracias a la noción de estructura. Basta
observar el papel que ha jugado para la escuela histórica francesa, en particular para el grupo de los Annales. ¿ Se nos permitiría una anécdota personal?
Cuando -pronto hará 20 años- prep·arábamos la agregación de historia,
fuimos llamados "los estructuralistas:" este neologismo debido al entusiasmo
de la juventud mostraba muy bien cómo acogía la nueva generación a los
nuevos métodos de la historia. Fernand Braudel, en su Seminario de la École
Pratique de Hautes Études no cesaba de oponer a la historia de los aconte-

finen por su función global.
RrcoEUR, Structure et Heméneutique, Esprit, noviembre 1963, p. 598.
En particular en su libro Les structures élementaires de la parenté.

: PAUL
1

418

Algunos especialistas, con Levi Strauss, dicen "diacronía" Y "sincronía"•

1

419

�cimientos* -la expresión provenía de Franf:tois Simiand- una historia de
la ocasión (coyuntura) y las estructuras.
Son necesarias algunas observaciones sobre la significación de las estructuras
en historia y sobre su situación en relación a los otros conceptos de la epistemología histórica.
a) Se ha confundido a menudo y durante mucho tiempo, estructuras con
economía, acontecimientos con política. O se habla demasiado fácilmente de
la coyuntura económica, de las estructuras sociales, de las instituciones políticas. En esto hay simplificación de la realidad y aproximaciones que no son
verdaderas sino muy superficialmente. En realidad, las estructuras pueden
ser políticas, económicas, sociales, religiosas, culturales. Pueden ser materiales
o mentales.
b) A menudo se han producido confusiones entre estructuras, instituciones
y derecho. Por un lado los pueblos de lengua inglesa tienen tendencia a llamar
instituciones lo que nosotros llamamos estructura. De aquí la expresión conocida de escuela institucionalista para designar a los discípulos de Commons.
Por otra parte, para muchos juristas, las instituciones no pueden ser sino jurídicas, aun cuando existen instituciones de hecho, independientes del derecho.
El derecho puede reconocer su existencia pero está obligado, salvo excepciones,
a inclinarse ante ellas. Sin duda una ley o un contrato pueden ser una institución, y una institución puede ser jurídica. Pero la coincidencia está lejos de
ser perfecta entre las dos disciplinas. De la misma manera una institución
puede hacer estructura pero esto no es una necesidad de la noción misma
de institución.
c) Generalmente se oponen estructuras y coyuntura pero mirando esto detenidamente, estas dos nociones se penetran íntimamente. Pues los efectos repetidos de la coyuntura pesando más o menos en tal o cual sentido, traen un
movimiento de larga duración o secular, o una tendencia mayor con cierta
orientación. Ahora bien, esta coyuntura de período largo tiene un carácter
estructural: sus crisis manifiestan cambios de estructuras. Se habla de "crisis
de estructuras". Por otra parte, un buen conocimiento de la coyuntura reposa
sobre el conocimiento de todos los elementos de la estructura y de su evolución.

d) No hay, como lo prueban las líneas precedentes, o lo hay raramente,
un paso brutal de una estructura a otra. En el debate entre lo continuo y lo
discontinuo en las ciencias sociales, es más bien lo continuo lo que tiene razón.
Se pasa insensiblemente de una estructura a otra, de un tipo de estructura a
otro tipo. De la misma manera se pasa de una civilización a otra, de un sis-

*
420

El autor utiliza aquí la expresión histoire événementielle (N. del T.).

tema a otroi de pasado al present N .
ideal entre el asado
l
. e. º. Slendo el presente más que una línea
vida cotidian: Las y e lpo~emri la historia llega hasta las orillas de nuestra
.
revo uc10nes por brutales
mucho tiempo antes y una de
t
d
. qu~ sean, se preparan desde
'
as areas el historiador
,
.
chas revoluciones son la culmina . , d
d
es mostrar como d1c10n e to o un proceso d t
f
a veces demasiado largas.
e rans ormaciones,

i'

e) ¿ Estos caracteres nos llevan a
· , ,1
. .
toria? Es deci .
. , una concepc10n evoluc1omsta" de la his. '.
r, e a una concepc10n seaún la cual no h b , . ,
.
Jamas movimiento dialéctico? . E
o
.
. . a na Jamas mutac10nes,
toria, considerar que el mu~d e ~ necesano ser vitalista u organicista en hismanera de un oraanismo vivo~ ~:ano y 1~ soci~dad se desenvuelven a la
0
.
•
ª a perrmte afirmar esto A , t d 1
exp licaciones son posibles · Sol amen t e se recordará que e l · qm
d. d o as as
se adopta un principio eneral de
. .,
n a me I a en que
tesis de trabai·o co'modga
. explhcac10?, debe aparecer como una hipó'
para estlmu ar la m tºa ·,
l
pero que deberá abandonarse cuand
ves i?acio~ _Y e descubrimiento
donaría el dominio
.
. ~ se _vea q~~ es msuf1c1ente. Si no, se abanh. t . 1
de la h1stona c1enc1a pos1t1va por el de la filosofía d 1

1t;:;~h: c~~::íf~:/nteramente legítima, pero no debe ser confundida :o;
f) Est~diando las estructuras en los diferentes dominios del pasado la histor~a. rev1s:e una competencia universal. Es a la vez ciencia
, . ' . .
poht1ca, ciencia social, ciencia geográfica del pasado E eci°nom1ca, ~1enc!a
6r~emogr~ía, etnología y. ?sicología. ¿ Tiene desde. ensto:c:s ::a so:~:~;~~
ve pro ema cuya soluc1on no está en la hi
.
.
.
.
c~as sociales de las que es proyección en el pa:~:ia .;:ma, smo ~n las ciendiferentes ciencias sociales en el presente? . O b. . le y una ~~1dad de las
.
· e
ien as problematlcas que nos
~roponen s~n Irreductibles unas a las otras, sin denominador común? . E
s1ble una ciencia del hombre.&gt; Son problemas que los sociólogos, antropólogos
. ' s polú t . d
. s on.a _or;s s~ plantean cada día. Por esto ellos se orientan hacia el traba.~
mterd1sci~lmano, ~acia los grupos de áreas culturales, hacia los e ui os
area st udzes, en la mvestigación de esta unidad.4
q p
e

l

Más allá de las estructuras.
el aue
llevó a la economía 1a noc10n
•, de estructura
El Es pues
tih · el · historicismo
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1stonc1smo
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la
etnología
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.,
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f
. .,
sma noc10n.
pro und1zac10n de la noción misma de dato histórico que la historia trajo a
' Para los estudios franceses sobre América LatJ·n a cfr. los del Institut des Hautes

É tu d es de Paris y el de la Universidad de Toulousse. '

421

�la estructura. Desde este punto de vista puede decirse que es un rechazo del
antihistoricismo lo que ha hecho descubrir a la historia la noción de estructura si al menos se llama antihistoricismo a una exageración y una perversión
de la explicación histórica del fenómeno social, explicándose éste a toda costa
y superficialmente por un antecedente o por antecedentes cuando es sobre
todo el resultado de una interdependencia funcional.
Desde entonces la historia aparece como una ciencia estructural del pasado.
Lo que la distingue de la lingüística, que sería una ciencia pura y absolutamente estructural.
Pero entonces se plantea al historiador un grave dilema. O bien él construye la teoría del pasado en términos de presente y corre el riesgo de dejar
escapar lo que hace precisamente la originalidad de ese pasado. O bien la
construye en términos del pasado, pero entonces arriesga que sea incomprensible a los hombres del presente. Este dilema ha sido especialmente grave en
historia económica, donde tuvimos ocasión de estudiarlo. 5 Su solución puede
llevamos a nuevas vías sobre el papel de la estructura en historia económica,
y en general sobre el con junto de la ciencia histórica.
En efecto, los historiadores y los economistas han reaccionado de cuatro
maneras diferentes al problema que aquí planteamos. Indiquemos brevemente
estas cuatro actitudes.
1) La actitud llamada de Hamilton. Se trata de Earl Jefferson Hamilton,
el gran historiador de la moneda y de los precios españoles. A él se atribuye
a menudo una actitud que no es la suya. Por esto nosotros hablamos de la
actitud llamada de Hamilton. Según los críticos, Hamilton aplicaría brutalmente a la realidad del siglo XVI o del siglo XVII la teoría económica contemporánea. Esta teoría, construída a partir del capitalismo industrial, no
puede rendir cuentas de fenómenos anteriores a él.

2) La actitud de Ernest Labrousse. Aplicando el princ1p10 marxista de la
relatividad de las leyes económicas, Ernest Labrousse se ha esforzado en construir una teoría de las crisis del Antiguo Régimen Económico, distinta de las
crisis del capitalismo industrial. Esta actitud ha sido generalmente aprobada
por los historiadores economistas franceses, aun los no marxistas.
3) La actitud de R. Romano y A. Chabert. Estos autores han tratado, cada
uno por su lado, de relacionar la estructura económica de una época pasada
con el pasado económico de la misma época, explicando aquélla por ésta, y
a la inversa.

4) La actitud de Mi/ton Friedman y Oskar Lange. Hemos ligado intencionalmente estos dos nombres de economistas tan opuestos, ya que el primero
pertenece a la Escuela de Chicago, considerada como la más liberal en los
Estados Unidos, y el otro es presidente del Consejo del Plan en Polonia comunista. Friedman muestra que las estructuras son mecanismos complejos,
combinaciones de mecanismos simples. Los primeros son variables con el tiempo y los sistemas. Los segundos son universales, y a menudo los más importantes. El de la ciencia física una comparación: la ley de la caída de los
cuerpos (V
½ g t 2 ) no se realiza prácticamente jamás en la naturaleza
en estado puro: en general se combina con otros mecanismos: frotamientos,
resistencia del aire, etc. . . Pero en la práctica estos otros mecanismos son
despreciables y sólo cuenta el mecanismo de la gravedad. De la misma manera se puede, en economía, despreciar los diferentes mecanismos de una estructura y tomar de ella solamente uno, el esencial, que se encontrará en
todas partes, tanto en economía socialista como en economía liberal.

=

De la misma manera Oskar Lange distingue leyes económicas generales y
leyes económicas propias de una estructura o de un sistema determinado. Sin
entrar aquí en el detalle de su pensamiento, ni en el de Milton Friedman,
puede decirse que ambos llegan a la idea de una economía generalizada, según
la exp'resión del economista francés Perroux, es decir una teoría aplicable a
todos los sistemas económicos actuales, liberales o socialistas.
Pero según lo anterior, puede fácilmente verse que de una economía generalizada podemos pasar a una economía histórica generalizada y distinguir en
los diferentes sistemas económicos pasados y presentes mecanismos universales, leyes generales por una parte, y por otras combinaciones variables -y en
proporciones variables- de estos mecanismos universales; es decir estructuras
propias para cada sistema económico. Podemos pues distinguir una naturaleza económica y estructuras económicas. El esfuerzo del historiador será entonces doble: por una parte explotará lo que es estructural, y por ello afectado
de una permanencia pasajera, si así puede decirse, y por otra parte desprenderá lo que es fundamental, universal. En este sentido unirá el esfuerzo de
grandes pensadores de la economía que ha siempre alcanzado una verdad
más general: J. M. Keynes escribió una teoría "general" de la moneda, considerando que la de los clásicos era particular a la situación de empleo. Y
Marx, mostrando que las leyes económicas eran relativas, ha emitido precisamente esta ley más general de la relatividad de las leyes y de la sucesión de
las estructuras.

~ Cfr. nuestra comunicación a la Sociedad Marc Bloch de Toulousse, de próxima
aparición en el Boletín de la Asociación, sobre "L'histoire science de l'abstrait".

422

423

�Conclusión.

Este esfuerzo por ir más allá de las estructuras, la "sociología" de los fenómenos, se encontraba en otros dominios de la historia, como el de la historia
política o la historia literaria. Para este último remitimos al hermoso libro de
Robert Ellrot sobre Los Poetas Metafísicos Ingleses, publicado en París hace
tres o cuatro años.
Lo importante era mostrar que después de haber pasado por el romanticismo absoluto de las filosofías del devenir -todo pasa, nada permaneceel pensamiento occidental en ciencias humanas ha vuelto a encontrar la idea
clásica de la Universal naturaleza. Mientras que estas dos posiciones se tomaron en el pasado, parecían deber coexistir en la explicación, para la nueva
generación de nuestros sabios, formando como los dos pilares de esta explicación. Ser a la vez clásico y romántico, sabio de lo uno y de lo múltiple, es
el medio de hacer progresar más las ciencias humanas hacia un paso decisivo.

Enero, 1965.
Traducción de ALFONSO RANGEL GUERRA

424

LOS HISTORIADORES GRIEGOS COMO DRAMATURGOS
PROF. DR. PEDRO Lms HELLER
Instituto Panamericano de
Geografía e Historia

I
l. No sin razón habrá dicho Aristóteles, en su Arte Poética (Cap. 9): "Evidentemente no es tarea de poeta decir lo sucedido, sino lo que podría suceder
según verosimilitud o necesidad ... ; y del poeta se distingue el historiador ...
por decir éste lo sucedido, pero aquél lo susceptible de suceder. Por eso también
la poesía es cosa más filosófica y seria que la historia; pues la poesía enuncia
más bien lo universal, y la historia lo particular. Es universal, o sea a quién
sienta hablar u obrar de tal modo según verosimilitud o necesidad, lo que
persigue la poesía, inventando los nombres, y es particular lo que hizo o sufrió Alcibíades". uPero luego añade el mismo Aristóteles: "aún si dramatizare
sucesos reales, el poeta no dejará de ser tal; pues nada impide que algunos
de esos sucesos sean tales como puedan producirse según verosimilitud, captando la cual un autor se vuelve poeta de los mismos". (Veremos más adelante que esta salvedad alcanza a justificar la tesis sostenida por nosotros).
En capítulo posterior (23) Aristóteles precisa la diferencia entre ambos géneros literarios con claridad aún mayor: "respecto de la exposición e imitación métrica es manifiesto que las fábulas deben componerse dramáticamente
como en las tragedias, a saber en torno a una sola acción completa y acabada
que tenga principio, medio, fin. . . y no asemejarse a las composiciones históricas, donde es necesario desarrollar no una sola acción sino un solo (período
de) tiempo, es decir todo lo que sucedió durante el mismo entorno a uno
o varios personajes, mediando entre cada suceso y los demás el simple azar.
Y tal como por los mismos tiemp·os se produjeron la batalla naval de Salamina y la lucha siciliana contra los cartagineses sin que las dos convergieran

425

�hacia un rmsmo fin, así tamb1ºe'n se producen
t
·
a veces en e apas sucesivas,
sucesivos sucesos sin constituir unidad alguna".

1
1

2. No obstante dicha definición aristotélica, cabe demosttar que los máximos historiadores griegos no sólo intercalaron episodios dramáticos en sus
obras monumentales (y no sólo recurrieron a la técnica dramática en importantes partes de su exposición), sino fueron impulsados a componerlas por
concepciones netamente dramático-trágicas. La historia que ellos escribieron
lejos de ser concebida como sucesión casual de hechos incoherentes, lo er~
muy al contrario como unidad orgánica, con principio, medio, fin, con enlace, vuelco, desenlace; historia cuyo interés radicaba en el despliecrue de un
conflicto trascendente, originado por un choque necesario y llevado ba su apogeo por los protagonistas de acuerdo con el juego verosímil de la psicología humana. Para los griegos, la humanidad no era ni juguete pasivo de poderes sobrenaturales e inescrutables, ni forjadora omnipotente de un progreso infinito;
la historia ni era un vaivén de mareas altas y bajas, un sucederse perpetuo de
acontecimientos siempre similares, ni tampoco el lógico resultado de proyectos
bien calculados. Demasiado les valía la libertad del hombre para admitir su
d~gradación a simpl~ eslabón de cadena; pero demasiada les parecía, asimismo, Ia dependencia del hombre para creerlo capaz de transformar el universo a su antojo. La originalidad de los helenos consistió en reconocer que
cada ser humano, cada fenómeno humano y, sobre todo, cada pleito interhumano son a la vez únicos y universalmente válidos. Tal como la naturaleza
(physis) de las distintas regiones climáticas-geográficas-antropológicas resultaba ser investigable (historeté), así también la naturaleza de las diferentes
constituciones estatales (politeiai) y de las mutuas relaciones conflictuales entre las póleis; y siendo lo "político" la preocupación esencial de los griegos,
este estudio debió convertirse entre ellos, forzosamente, en su "investigación"
(historia) por excelencia.
3. Intuida la existencia de leyes, surgió la pasión por "reconocerlas" (anagnórisis) en los sucesos reales. Para ello no bastaban los escuetos anales (horoi)
ni los relatos de fundaciones locales (Ktíseis), sino que debía enfocarse un
momento de "detenimiento" significativo (epoche). Vale la pena oponer el
concepto de "epoca!", coincidente en este sentido con "eónico", al de "efímero". Bien sabía Píndaro (Pítica VIII, última époda) que los hombres somos
"epámeroi" y "sueños de sombra"; a pesar de lo cual opinaba que, bañados
por resplandor divino ( aigla diósdotos), nos envuelve una ndulce eternidad"
(méilichos aión). Semejantes instantes de esplendor, constituyendo ' 1detenimiento" (época), interrumpen la sombría fugacidad del tiempo. Los tres momentos, o sea las tres épocas decisivas en la evolución de la antigüedad clásica

encontraron cada una a su historiador congenia} que supo "reconocer" ( anagnorízein) su significación "epoca!" (aionikón): el choque entre el Asia despótica y la Europa "demótica", a H erodoto de Halicarnaso; el choque entre
Esparta reaccionaria-rural-continental y Atenas progresista-mercantil-marítima,
a Tucídides; el triunfo final de Roma sobre las potencias rivales, a Polibio
de Megalópolis. En opinión impregnada de emotividad intelectual de los
tres escritores nombrados, cada uno de aquellos tres sucesos marcaba el desenlace de un drama que llenara el escenario ecuménico (internacional) durante
una "época" de 50 años aproximadamente; por tanto, el término pentekontaétis, referido por Tucídides al período intermedio entre la expulsión de los
persas y la guerra del Peloponeso (480-430 a.C.), es aplicable en forma análoga a las ép·ocas dramáticas ilustradas, respectivamente, por su predecesor
H erodoto ( desde el sometimiento del Asia Menor hasta después de Maratón:
( 535-485) y por su lejano epígono Polibio (desde la caída de Sagunto hasta
la batalla de Pidna: 218-168). Y en cada una de dichas épocas no hubo
solamente, hablando a lo Aristóteles, una mera unidad de tiempo ni tampoco
un sucederse de sucesos accidentales, sino --como en las tragedias- unidad
de acción acabada.
4. No cabe duda que esos tres historiadores prominentes, dadas las circunstancias dispares de su origen, formación e idiosincrasia y, de los respectivos
argumentos de su investigación, representaban -o mejor dicho creaban
(epoiounto ) - modalidades bien diversas de escribir historia. No pueden imaginarse antípodas más pronunciados que H erodoto el fabulista ameno ( tildado
de "mythodes" por Tucídides), amante de anécdotas y digresiones extra-históricas, imbuido de creencias religiosas, hijo directo de la epopeya heroica,
no ya desprovisto sino desconocedor de experiencias estratégicas políticas económicas, y, p·or su parte, Polibio el npragmático", estadista de alcurnia, diplomático, militar y jinete, reacio a lo fantasioso y verboso pero ponderador
sagaz, de necesidades materiales. Sin embargo, ni deja el primero de razonar
en todos los asuntos, ni de ser intuitivo el segundo con respecto a las causas
latentes: ambos arrancan de una visión integral (Kathólou) del "mundo
habitado" (oikouméne, es decir de la civilización) explorando el griego del
siglo quinto la debilidad del ya declinante imperio persa, y el griego del siglo
segundo la fuerza del aún incipiente imperio romano. Recoge el microasiático,
colocado por nacimiento entre Asia y Grecia, la asombrosa herencia de las culturas milenarias del Nilo y de Mesopotamia; vislumbra el peloponesio, colocado por el destino entre Grecia y Roma, la estructuración interna de la cultura
occidental de los milenios venideros. Entre ambos, equidistando de ambas
mentalidades, el ingenio agudo del ateniense comprende con introspección infalible la trascendencia del conflicto interhelénico que le tocara vivir y sufrir,

426
427

�el cual -como hoy lo sabemos-- nada menos significaba que la quiebra irremediable de la civilización helénica. Los tres, por manejar la palanca de
aquel espíritu desprejuiciado, obser\'ador objetivo, distanciado, de realidades
aparentes, accesible a relaciones auténticas, que ha hecho de los griegos antiguos los revolucionarios permanentes contra intentonas siempre redivivas de
violar la Naturaleza, lograron pues elevarse por encima de su propio tiempo
y ambiente, persuadidos de la gra\'itación educati,·a de sus "investigaciones"
absolutamente originales.
5. Herodoto (Tal vez 485-425), tras de un prólogo breve pero sabroso, donde
en manera picaresca atribuye los primordios del conflicto entre Europa y Asia
a recíprocos raptos de mujeres, hace comenzar la u acción" (praxis) casi como
la Ilíada y la Odisea --en vísperas de la "peripecia"-, o sea con la incorporación a Persia de la semi-helenizada Lidia reaida oor Creso y posterior.
'
mente, de los griegos litoreños del Asia Menor,º trampolín
del asalto
a la
Hélade peninsular. Después de haber presentado la biografía trágica de Creso,
se remonta atrás como lo hace el relato (apólogos) de Ulises en la corte de
los feacios a los comienzos de la dominación medo-persa, narra la fundación
del imperio por Ciro el Grande, asegurada a raíz de su entrada en Babilonia,
pasa luego a la conquista de Egipto bajo el mentecato Cambises, extendiéndose
sobre geografía, etnografía e historia propiamente dicha de ese misterioso país
e intercalando paralelamente, con la tragedia de Polícrates tirano de Samos,
un nuevo barrunto del destino que amenazaba a la Hélade entera. Con el advenimiento de Darío, su avance hasta la Libia en Africa y hasta Macedonia en
Europa parece, desde el sur y desde el norte, cerrarse una tenaza inexorable
sobre la pequeña península; pero aquí -como en aquella arremetida de Héctor
contra las naves aqueas-- queda retardado el desenlace gracias a la rebelión
de los jonios instigada por Aristágoras e Histico, retardado más tarde también por el revés importante pero no terminante que experimenta el ejército
de Darío en la batalla de Maratón ( 490). Y ahora por fin el cuarto Rey de
los Reyes, Jerjes, prepara por tierra y mar lo que considera, no sin razones,
el golpe de gracia; pero entonces en el penúltimo libro {el octavo) sobreviene la gran peripecia, el vuelco total de la fortuna en el combate naval de
Salamina y luego en el campal de Platea ( 480 y 4 79) : en el penúltimo libro;
pues en el último, al igual que en los últimos cantos de las epopeyas homéricas y en los últimos actos de la dramaturgia ática, se aquieta la intensa acción con el reflujo de las fuerzas bárbaras hacia sus tierras nativas.
6. Tal es la trama general del drama herodoteo, al cual por cierto no faltan
ni principio (arché) ni medio (mésa) ni fin (télos), como tampoco ni enlace
(désis) ni peripecia {peripétia) ni desenlace (lysis); y ni siquiera por parte

del invasor, la anagnóristis del fatal error cometido, atribuible a su propia
soberbia (hybris). Lo demás son episodios, cuentos, anécdotas, comentarios
marginales; algunos de los cuales bien pueden -como las distintas partes
de la Ilíada- haber sido compuestos de antemano, procedentes de fuentes
diversas, pero, nuevamente como en el drama de Troya, el hecho de poder
comprobarse su composición de piezas originariamente independientes, no disminuye sino incluso acrecienta el mérito dramatúrgico del arquitecto de la
obra completa. Creemos que no sin justicia se le ha dado al genial narrador
de Halicarnaso el título de "padre de la Historia"; en efecto, al reconocer
en la magna gesta cumplida por la generación de sus padres, la culminación
de un destino desde tiempo incubado en la "naturaleza" de poderes y caracteres antagónicos, H erodoto fue el primero en "descubrir" la historia como
tensión constante, como actualización de conflictos inevitables, en otras palabras: como drama ya sea en potencia, ya sea en acto. Recién a partir de
Herodoto existe una conciencia histórica, por haber él conferido un sentido
inmanente a lo actuado por los hombres sobre la tierra; pues no hay verdadera
historicidad para quienes esta vida terrenal no es más que un tránsito breve
entre dos regiones ignotas, y al hombre, en el mejor de los casos, le incumbe
el precepto moral de purificar su alma. Para quienes así realmente seamos
"sueños de una sombra" no podrá haber historia ni tener interés alguno. Si
Aristóteles dice, en el lugar citado, que "Herodoto podría ser puesto en metros,
pero con o sin versos la suya jamás dejaría de ser historia", nos es lícito objetarle que un historiador inspirado por tamaña concepción dramática no ha
de ser aquilatado, con toda su prosa deliciosa, como menos poeta que Homero.
7. Diríamos que dicha observación aristotélica alcanza, en cambio, sí al
cuarto clásico griego cuya obra se conserva hasta hoy y quien, a pesar de su
estilo ágil en vida y verba no merece ser calificado de dramaturgo de la historia; diríamos que Jenofonte (435-354) no pasa de relatar, en su llamada
Anábasis, una aventura interesante e instructiva, ni demuestra haber captado,
en sus "historias helénicas", el quid del trágico decaimiento de la Grecia del
siglo cuarto. Bajo este aspecto, dramaturgo del ocaso recién aludido sería más
bien Demóstenes, con su afán apasionado e inútil de restaurar la hegemonía
ateniense. En la lucha oratoria de Demóstenes contra la supremacía de Macedonia, se yergue por última vez un anhelo elemental por no dejarse arrebatar
las riendas del propio destino; y la conciencia hosca de su probable frustración capacit6 al ingente retórico para iluminar hasta el fondo las causas del
descalabro nacional. No nos parece una mera coincidencia que la figura del
Magno Alejandro haya carecido de un historiador condigno; pues fue un
Aquiles a quien no se enfrentaba, entre los suyos, un Agarnenón ni, entre los
enemigos, un Héctor. Su muerte un siglo más tarde, cuando Cartago y Roma

428
429

�se asomaban al plano mundial, habría tenido acaso las características de la
tragicidad; pero en sí la muerte, incluso la prematura, no configura un hecho
trágico.
8. Mas aun sin tener un Alejandro entre sus protagonistas, aquella contienda suprema -en tomo al año 200 a.C.- por el dominio de la "oikouméne"

(del mundo civilizado) encontró a su cabal intérprete, calificable sin duda
como el postrer heleno auténtico, pues de los historiadores que escribieron
después de él, ninguno ha sido más que un literato con mayor o menor espíritu. Polibio el aqueo, en efecto (204-122), y no un escritor latino, tuvo preclara visión de la conjunción de causas remotas, motivos contingenciales y
pretextos momentáneos que condujo y debía conducir según verosimilitud o
necesidad a que la república romana prevaleciera en definitiva entre las
potencias rivales alrededor del Mar Mediterráneo; y es lástima grande que,
de los 40 libros de su obra colosal, no nos queden más que los 5 primeros
amén de algunos fragmentos. El autor, tras de haber insistido en que, por
primera vez en la historia, se hallaban entrelazados los sucesos políticos de
todos los teatros del mundo a partir de la Olimpíada 140 (219-216), culminando en evolución paralela -al cabo de 50 años- con la victoria romana
sobre Perseo de Macedonia en la batalla de Pidna (168), eligió esta "época"
repleta de hondo interés dramático como centro de sus indagaciones. Con
respecto a ella, lo demás constituye ya sea su prólogo ( los libros 1 y 2: desde
la ocupación de Roma por los galos en 387) o su epílogo (los libros 31 a 40:
hasta la destrucción de Corinto en 146). Dice Po/ibio, textualmente {libro
1, 3), que a partir de la Olimpíada señalada la historia se ha vuelto "orgánica, por enlazarse los sucesos itálicos y africanos con los del Asia y de Grecia,
pudiendo todos los hechos ser referidos a un único punto"; y atribuye la
razón última del triunfo de Roma a su constitución superior, analizándola al
por menor en la parte conservada del libro VI. Al historiador, por ende, no
atrajo la multiplicidad sino la organicidad de los acontecimientos; cuyo desenlace no explica con rawnes externas y fortuitas, sino internas y psicológicas:
pues la constitución {politéia) significaba para los helenos -y ciertamente
no sólo para Platón- el alma de los Estados.
9. La situación sustancial se le planteaba del modo siguiente: Convertida
Roma en dueña de Italia y parte de Hispania, fatalmente debía producirse
su choque con el imperio marítimo de Cartago. Atribulada Roma, en la segunda guerra púnica, por el ejército victorioso de Aníbal, pudo el diadoco
macedónico -Filipo V-, aliado de la Liga Aquea, neutralizar -en la llamada "guerra social"- el poder de la revoltosa Liga Etólica {paz de Naupacto) y proyectar una invasión de Italia. Distraídas de esta suerte las grandes

potencias de Europa, quedaban libres Rodas para lanzarse contra Bizancio y,
sobre todo, el diadoco egipcio -Ptolomeo IV- para atacar, venciéndolo en
la batalla de Rafia, a su congénere sirio Antíoco III, el cual a su vez más
tarde logró extender su reino hacia el norte, asaltando la ciudad de Sardes.
Pero eliminado el dominio cartaginés, los romanos, tras de arrollar la Hélade
bajo Quincio Flaminia, llegaron ellos hasta el Asia Menor, triunfando sobre
Antíoco en la batalla de Magnesia. Y aunque luego, con desesperada rebeldía,
levantóse en annas el Peloponeso unido, incrementóse de nuevo la fuerza de
Rodas y dirigióse Antíoco IV contra Egipto presa del caos, quedó con la derrota de Perseo, rey de Macedonia, a manos de Emilio Pablo en la batalla
de Pidna ( 168), instaurado definitivamente el predominio de Roma entre todas
esas potencias contrincantes. Frente a hecho tamaño, no eran más que "operaciones de limpieza" tanto la lucha romana contra los pueblos celtíberos en
el Oeste, como en el Sur la destrucción total de la ciudad de Cartago, como
en el Este la destrucción vandálica de Corinto ( 146). Tal, pues -en líneas
muy someras-- el drama concebido por Polibio.
10. Ahora bien, nuestro concepto del historiador como dramaturgo aparece
desmentido, a más de por Aristóteles, por el propio Polibio cuando (en el
libro 2,56) aconseja que "el historiador no deslumbre al lector contando portentos, ni vaya en busca de discursos que puedan haberse pronunciado, ni pase
revista a las circunstancias concomitantes, como lo hacen los poetas trágicos,
sino que mencione a la luz de la rígida verdad los hechos y las palabras aun
cuando resulten completamente banales; ya que la finalidad de Historia y
• de Tragedia no es idéntica, sino opuesta. En efecto, el poeta trágico debe,
con discursos bien persuasivos, consternar y seducir momentáneamente a los
auditores; en cambio, el historiador debe, con las acciones y palabras correspondientes a la verdad, enseñar y convencer para siempre a los estudiosos. Pues
en la tragedia prevalece lo verosímil aun cuando sea falso, siendo su finalidad crear una ilusión en los espectadores; al paso que en la historia se impone la verdad para utilidad de los estudiosos". Esta disquisición polibiana,
de fuerte sabor isocrático (por el equilibrio estudiado entre las partes antitéticas de cada oración), demuestra únicamente que el autor del segundo
siglo, hombre de acción, escritor apegado a los hechos -"pragmatikósu, como
él mismo gusta de estilarse- poco entendía de la tragedia ática del siglo
quinto, la cual no había pretendido suscitar ilusiones "falsas" para entretener
a sus espectadores con cuentos de susto; sino al contrario introspecciones certeras para enseñarles, por detrás de realidades aparentes, la verdad genuina.
Pero la obra polibiana misma nos demuestra cuánto había aprendido su autor
en la escuela de la dramaturgia y aun de la epopeya helénicas sin darse cuenta
de ello, puesto que dice (en el pasaje ya citado antes, libro !, 3), que con

430
431

�anterioridad a aquella Olimpíada "los acontec1m1entos
carecían de cualquier unidad de concepción, de actuación y de lugar". De tales términos se
serviría un régisseur para rl!chazar el manuscrito de un dramaturgo bisoño.
Unidad de concepción se le exige a una mente creadora, o sea a un poetés;
unidad de actuación se le exige a un elenco de actores o músicos; y la exigencia de una unidad de lugar recuerda el aristotélico "tollto dé eusynopton
einai" (eso ha de ser bien abarcable para la vista) del cap. 7 de la "Poética".
A Polibio le interesaba la "época" referida por ostentar justamente los rasgos
negados a la historiografía por el fundador del Liceo: a saber, por "mediar
(en ella) entre cada suceso y los demás otra cosa que el simple azar, convergiendo todos ellos hacia un mismo fin".
Más difícilmente que las de Herodoto podrían verterse en metros las Historias del megalopolitano; pero aun éste, con su estilo casi castrense, se revela
como poeta cuando canta (en VI, 51) el tríplice ritmo inherente a todas las
repúblicas y empresas "como a seres vivientes'': crecimiento -florecimiento-decaimiento, vaticinando sin otro fundamento que esa prístina especulación,
archihelénica antes que spengleriana, el inevitable ocaso del por nadie tanto
como por él admirado Imperio Romano.

II
TucÍDIDES COMO HISTORIADOR DRAMATURGO "KAT'EXOCHÉN"

l. Basados en lo que hemos expuesto -y tratado de ilustrar- durante
nuestra conferencia anterior, nos urge hoy aclarar con la mayor nitidez posible
en qué consistió ese trascendental enfoque dramático trágico que del hombre
como ente social y político (zo0n politokón ) tenían los griegos antiguos; cuya
orioinalidad reside en haber sabido hacer abstracción de las circunstancias inº
mediatas y los intereses subjetivos que suelen motivar y activar nuestro pensamiento en cada instante. Los griegos encontraron, así, el punto arquimédico
o sea la plataforma desde donde podemos asistir a todos los acontecimientos
-inclusive a los que nos involucran- como a un espectáculo que se desarrolla
ante nuestra vista en escenario distanciado de nosotros mismos sin dejar, empero, de afectamos incluso cuando no nos involucre personalmente. En este
sentido deberemos interpretar el ya mentado párrafo aristotélico donde el filósofo afirma ( Poética 9) que "nada impide que algunos sucesos reales sean tales
como puedan producirse según verosimilitud, captando la cual un autor se
vuelve poeta d~ los mismos", siendo --como dice poco antes- "la poesía una
cosa más filosófica y más seria que la historia Si no nos llamamos a engaño,
11

•

expresa, en el fondo, Aristóteles que el historiador, para verdaderamente captar la esencia de sucesos reales, deberá poseer las cualidades de un dramaturgo
(poietés) , pues sin ellas no pasará de ser un simple analista o cronista de
sucesos aleatorios, aunque simultáneos o sucesivos, escapándole por completo
su oculta relación recíproca, la dramática tensión del con junto, vale decir:
su necesidad y su entrañable verosimilitud. Historiador de vocación hist0riador-poeta será aquel que reconozca, en sucesos vividos ya sea por é1 y en
su tiempo o por otros y en otros tiempos, un drama objetivo, susceptible de
reproducirse con características análogas en análogo clima psicológico; un
drama cuya objetividad, sin embargo, no obste para afectar a los lectores
de cualquier época, justamente por esa su validez universal. El historiador
consumado no habrá, por ende, de ser menos afectivo que objetivo; dos rasgos
que tienden a excluirse mutuamente, y de hecho se excluyen casi siempre cuando el relator de los sucesos los ha vivido como actor y testigo.
2. Pues bien; se cumplió ta! milagro, a la par que aquel postulado sugerido
-según nos parece- por la definición aristotélica, en la figura cumbre de la
historiografía griega y aun la de todas las edades, hijo de la república que, de
acuerdo a sentencia puesta por él en boca de Pericles ( 2, 41, 1), era "institutriz de la Hé!ade" ( tes Helládos páideusis), coetáneo de la trágica peripecia
de la civilización helénica: Tucídides, quien quizá naciera antes del año 470
a. C. y muriera por el 399, año de la muerte de Sócrates. Ciertamente, el interés
perenne de su obra emana de la dramaticidad del propio argumento: la guerra
del Peloponeso; mas, con todo, cabe dudar que su importancia hubiese llenado
la conciencia histórica de los siglos y milenios posteriores, si no hubiera sido a
su vez "descubierta" --en su estructura compleja- por un dramaturgo de semejante talla, quien (valga de nuevo Aristóteles) convirtióse en poietés de los
sucesos reales. Acude a nuestra memoria aquel dicho de Fausto de que "aun
cuando los necios tuvieran la piedra filosofal, le faltaría a la piedra el filósofo".
Heleno hasta las raíces, sabía y experimentó Tucídides el axioma heracliteo de
que "la naturaleza ama ocultarse" (physis philei kryptesthai); pues con haber
sido inmenso su esfuerzo por reunir los hechos patentes, son empero los hechos
latentes cuyo reconocimiento exacto ha llevado, en el proceso místico-epóptico
de sus investigaciones, a la epifanía de verdades sobrecogedoras. El juego antitético de los adjetivos "latente" y "patente,, (correspondientes a los griegos
"aphanés" y "phanerón") figura notoriamente en el pasaje siguiente (1, 23,
6) : " ... pues como causa la más verdadera, pero confesadamente la más latente, considero que los atenienses, deviniendo grandes e infundiendo miedo a
los lacedemonios, los obligaron a hacer una guerra; mientras que los motivos
patentemente declarados por ambos bandos, quienes con ellos rompieron el
pacto e iniciaron la guerra, eran los siguientes: .. . " A lo cual sigue la exposi-

432
433
H28

�cion de los dos sonados "affaires" de Corcira (24-56) y de Potidea (56-66) .
Pero luego, en el transcurso de la obra, se patentiza como. causa aún más verdadera la inconciliable duplicidad de la idiosincrasia latente en todos los griegos, si bien simbolizada por los dos centros antagónicos: Esparta y Atenas;
pues las eternas "dos almas" convivían también en el pecho de cada griego,
en el seno de cada ciudad: la progresista, democrática, mercantil, expansionista y la conservadora, oligárquica, ruralista, reconcentrada. Y esta doble tendencia hizo que, por ejemplo, en Atenas existiera una influyente capa "laconizante", la cual en definitiva originó su ruina. Así, la conflagración fratricida se
debía menos al choque material de dos potencias que al conflicto espiritual de
dos mentalidades, las cuales tenían ambas su p·rofunda razón de ser : conflicto
íntimo, inevitable y, por lo tanto, trágico.
3. Había surgido de nuestro análisis ( efectuado el año pasado) de la tragedia
ática que la grandeza del pensamiento griego se debió -fundamentalmentesu índole dialéctica, transluciendo la plena verdad, dentro del mundo aparente, siempre a través de fenómenos antitéticos; y que, como este juego antagónico de la naturaleza celosa por ocultarse en nada nos intriga tanto como en
el prisma falaz de las relaciones interhumanas, había lógicamente la Tragedia
de llegar a ser la flor suprema del espíritu creador de los helenos. Ahora bien:
ningún S6focles habría podido idear un pleito más cargado de tragicidad que
la contienda entre Atenas y Esparta, por su origen, desarrollo, desenlace, por
su tejido entreverado, p·or sus situaciones paradojales, por sus personajes contradictorios, por su hybris y némesis, por su acción tan eficazmente retardada,
por su a ratos ofuscada pero a la postre cristalina unidad orgánica. Después de
la victoria común sobre los invasores persas (480/479), los espartanos, aunque
recelando del novel poder de Atenas con su propensión "innovadora" {neoteropoia), dejaron que ésta asumiera la dirección de las precauciones helénicas
frente al imperio derrotado, entre otras razones por "temer que los que salieren
(de Esparta) sean echados a perder" -como se expresa el gran etopéyico (diseñador de caracteres) Tucídides (1, 95, 7); gente cerril, maniatada desde
hacía dos siglos por la servidumbre perpetuamente precaria de sus vecinos los
1nesenios. Esta preocupación doméstica, esta desconfianza huraña para con empresas y caras nuevas, esta falta de mundo lacedemónicas continuaron siendo la
tónica inalterable durante toda la guerra; en la cual los espartanos, paradójicamente, fueron obligados a entrar (año 431) bajo la presión constante de las
repúblicas marítimas deseosas de sacudir el yugo cada vez más duro de la Liga
Atica, ganándola -como quien dice- contra su voluntad al cabo de 27 años,
en cuyo decurso reiteraron con insistencia, hasta p·oco antes de su triunfo final,
-sus proposiciones de paz. Con atiquísima ironía, el historiador comenta -a
propósito de no haber aprovechado los espartanos su victoria rotunda en la

ª

434

1

vecina Eubea ( año 411) ---que ' no sólo en esa ocas1on los lacedemonios fueron los adversarios más convenientes para los atenienses; pues difiriendo extremadamen_te por su carácter -los unos rápidos, los otros lentos, emprendedores
los unos, inoperantes los otros- aquéllos favorecían muy esp·ecialmente a una
potencia naval" (8, 96, 5). Una vez terminada la guerra con la "rendición incondicional'1 de Atenas ( año 404), los espartanos por cierto no desaprovecharon la oportunidad para demostrar su falta absoluta de vocación para asumir la
hegemonía de Grecia.

4. Entre tanto los mejores aliados de Esparta eran los oligarcas atenienses,
terratenientes del Atica expuesta a devastaciones, industriales armadores o mercaderes opulentos, quienes detestaban la guerra al igual que los lacedemonios;
si estos últimos nada esperaban ganar, ellos mucho temían perder. Pues el triunfo de Atenas, de cuya enorme probabilidad ni unos ni otros dudaban al estallar
las hostilidades, habría acarreado una democratización general, vale decir, para los espartanos, el fin de su régimen y dominio artificiales, y para los atenienses, el fin del resto de Ia influencia retenida por los círculos adinerados y seguramente algún reparto de sus riquezas entre el pueblo común. Así, por el
efecto contrastante de factores externos e internos, Atenas, destinada a triunfar
gracias a la superioridad de sus recursos materiales e intelectuales, era alentada
a luchar por la indecisión e inercia lacedemónicas, pero al mismo tiempo menguada en su eficacia y retardada en su acción por el acogimiento simpático que
halló en su seno libérrimo la antipatía de los propios aliados. El rutilante edificio de Pericles cayó víctima, no de Esparta, sino de la híbrida pretensión de
cimentar sus libertades democráticas mediante el esclavizamiento progresivo de
las demás repúblicas griegas. La "hybris" de tal pretensión, acrecentada por el
estadista nombrado en su intento de embellecerla con palabras idealizadoras,
clamaba -y esto se percibe de entrada en la obra tucididea- por una "némesis1' correspondiente, insinuada (como al comienzo de la Ilíada) por pestilencia
siniestra que fulminó al mismo orador, acentuada luego por la ceguera (áte)
de cometer crueldades innecesarias ( los episodios de Lesbos y de Melos) y de
entregarse a malevolencia suicida ( el doble proceso contra Alcibíades; la condena a muerte de los jefes vencedores en las Arginusas) y, finalmente, remachada
por los múltiples gestos soberbios de desconsiderar ofrecimientos ventajosos
de paz.
5. Con la paradoja de las situaciones, corre pareja la contradictoriedad de
los personajes. Ya en el prólogo (libro 1, la "Pentecontaecia"), los dos libertadores de la Hélade, Pausanias el espartano y Temístocles el ateniense, perecen
execrados como traidores de sus respectivas patrias y como amigos de Jerjes;
en la asamblea de la Liga Dórica, propiciada por los corintios, Arquidamo rey
435

�de Esparta se opone a la iniciación de la guerra contra Atenas, pero precisamente a él le toca luego dirigirla con violencia extrema, conociéndose incluso
por su nombre el primer período de la misma ("guerra arquidámica": 431421); cuyo fin es marcado, en la batalla de Anfípolis, por la simultánea muerte
del noble general Brasidas, convertido en propagandista liberal de la oligárquica Esparta, honrado por los propios enemigos, y del rabioso demagogo
Cleón, metido a general de la democracia ateniense, flagelo de los propios
aliados. Y, para no continuar hablando de figuras menores, recordemos ahora
la pareja impresionante de los antagonistas centrales de este trágico drama:
Nicias y Alcibíades. Nicias, patriota intachable, pero prudente, contemporizador,
pesado, permanente abogado de la paz, conociéndose incluso por su nombre
el segundo período de la guerra (la "paz -caliente- de Nicias": 421-413);
Alcibíades, niño bien, ególatra, fanfarrón, pero de brillante talento tanto político como militar, incesante instigador de aventuras bélicas. Quiso la suerte que
al primero le incumbiera conducir hasta su término desastroso la por él desaconsejada expedición ateniense contra Siracusa; y que el segundo, en cambio, ardiente sostenedor de la misma, antes de llegar a Sicilia, hubiera de refugiarse
en la ciudad de Esparta, promoviendo desde allí, con su doble consejo de mandar refuerzos a los siracusanos y de re-ocupar el fuerte de Decelea frente a Atenas -hecho que debía dar su nombre al tercer período de la guerra ("guerra
deceleica": 413-404 )-, el vuelco de la fortuna dentro de esa expedición siciliana (415-413), pues hasta la llegada del espartano Gilipo al mando de una
flota corintia Siracusa se veía perdida e incluso, en fin de cuentas, la peripecia
de la guerra entera. Aunque también es verdad que durante la guerra deceleica
levantóse una vez más el poder naval ateniense, merced a la habilidad del mismo Alcibíades restaurado en su antiguo rango; pero este último retardo y vuelco semifinal de la fortuna (para bien) -nos referimos a la victoria ateniense
de las Arginusas no aprovechada por los vencedores sino, muy al contrario,
conducente a la ejecución de los almirantes victoriosos- ya no se hallan incluidos en la historia tucididea, trunca -según se afirma, por accidente de su
autor- a partir del año 41 l.
6. Mas no nos compete aquí relatar hechos por demás conocidos, sino señalar, al lado de la concepción dialéctico-dramática fundada en la dialéctica inmanente a aquellos hechos mismos, la técnica dialécticodramatúrgica de que
Tucídides se valía, y que era la erístico-sofística de reciente importación y elaboración en Atenas. De acuerdo a la tradición filosófica procedente de los
Heráclito y Parménides ( dialécticas respectivamente "objetiva" y "subjetiva"),
los dissói lógoi (argumentaciones dúplices) permitían enfocar cada cuestión
desde dos ángulos de vista opuestos. Dicha técnica, adoptada en medida creciente por los poetas trágicos -y, naturalmente, los cómicos-- se hallaba pre436

conizada, por supuesto, en la epopeya homérica donde ya encontramos despuntes de un sistema "triádicd' consistente en tesis-antítesis-síntesis (por ejemplo, el
debate triangular Aquiles-Agamenón-Néstor en el primer canto de la Ilíada).
A nuestro modo de ver, no puede explicarse el descubrimiento genial por Tucídides del método discursivo como expediente para esclarecer la realidad psicológica subyacente a la de primer plano, sin relacionarla con su concepción
dramática de la historia. Para Tucídides, la realidad aparente es constituida
por los érga ( obras, hechos), cuya averiguación y recolección meticulosas brindan la premisa indispensable para penetrar, por medio de una investigación
introspectiva, al lógos que -no necesitamos reiterarlo-- significa en griego a
la vez "razón" "palabra" y "discurso". El lógos le ofrecía al historiador la
posibilidad de poner en su sitio verdadero ( a-lethés
no oculto) a los acontecimientos aparentes; sobre la técnica respectiva se expresa del modo siguiente
(1, 22, 1-2): "Cuanto, por un lado, en discurso (lógos) dijo cada orador, sea
para entablar una guerra o ya estando en ella, era difícil recordar la exactitud
misma de lo hablado tanto para mí que lo había escuchado personalmente como
para aquellos que me lo referían de alguna otra fuente; sino tal como me parecía
haber dicho a grandes rasgos cada orador lo necesario acerca de cada respectiva
actualidad, y ateniéndome lo más fielmente posible al sentido total de lo verdaderamente hablado, así está consignado. En cambio, los actos {érga) realizados en la guerra no consideré bien escribirlos en base a informaciones fortuitas, ni tampoco como a mí se me antojaban, sino indagando en detalle con la
mayor precisión posible lo que yo mismo presencié y de los otros supe". Sin
precedentes, pero también sin consecuentes son los discursos atribuidos ( o, mejor dicho, adjudicados) por el dramaturgo Tucídides a los distintos personajes
en las ocasiones distintas; las partes concluidas de su obra no contienen menos
que 45 discursos directos, debiéndose presumir que, en las inconclusas, todos los
indirectos y tal vez ciertos documentos constituyan oraciones "en bruto" ( semifabricadas). Lamentamos no disponer del tiempo necesario para hacer resaltar
la esencia de los principales discursos antagónicos; no debe de haber quien
niegue que el historiador ha derrochado en ellos su admirable ingenio artísticoetop·éyico como escultor de caracteres individuales y colectivos, proyectados sobre el contrafondo de problemática privada y pública. Ahí se materializa de
veras el citado precepto aristotélico del "decir ... lo que podría haberse dicho
según verosimilitud o necesidad" pero no menos aquel otro e importantísimo de
que "los asuntos (prágmata) y el argumento (mythos) son la finalidad (télos)
de la tragedia", de manera que en ella los personajes "no actúan para imitar
los caracteres, sino obtienen sus caracteres a través de la acción ( diá tes
práxeos)" ( Poética 6). Precepto importantísimo: porque ni a un dramaturgo
ni a un historiador serios le interesa un personaje primariamente por sus par-

=

437

�ticularidades biográficas o -peor aún- psicosomáticas; tal curiosidad morbosa
pertenece de lleno al ámbito de los anecdotarios frívolos. Al igual que en el
teatro sofocleo, actúan los personajes en el teatro histórico creado por Tucídides en función de los intereses y los conflictos que ellos encarnan, representan,
simbolizan; y sólo por medio de la acción no ya muestran, sino recién obtienen
cada uno su carácter. Hablando por una vez a lo Toynbee, las historiae personae
tanto como las dramatis personae interesan propiamente, en calidad de paradéigmata, en su modo de "replicar" a los "desafíos" de la situación que en
cada caso se les va planteando.
7. Esto, lo "paradigmático", nos lleva al trillado problema de la historia magistra, la historia como maestra. La edad helenístico-romana y, pisando en sus
huellas, la cristiana hasta el siglo XVIII pensaban grosso modo lo que enuncia
Polibio (1, 1): " ... porque ninguna manera de corregirse es para los hombres
más procedente que el conocimiento de los sucesos históricos del pasado. Por
eso no sólo algunos, ni incidentalmente, sino casi todos los historiadores, se
podría decir, del principio al fin de sus obras han afirmado que la enseñanza
extraída de la historia es la más eficaz instrucción y la preparación más infalible para la vida política, mientras que el recuerdo de los reveses ajenos es el
maestro más adecuado, y hasta el único, para enseñar a soportar noblemente
los cambios de la fortuna". Es decir que la historia nos proporciona ejemplos
(paradéigrnata) útiles para ajustar nuestra conducta a la más conveniente vida
de relación (social: politiké) e individual (estoicismo). Deja en obscuro Polibio por cuál razón espontánea y por cuál proceso psicológico nos obliga la
historia a aprender. Pasemos a la introducción de las Historias de Herodoto
(1, 1): "Esta es la presentación de la investigación de Herodoto de Turios, para
que ni lo producido por los hombres se borre con el tiempo, ni queden sin resonancia grandes y admirables obras, exhibidas unas por helenos, otras por bárbaros, y en especial por cuál causa se pusieron a guerrear los unos contra los
otros". El padre de la historiografía ostensiblemente no pretende que la historia
enseñe, sino quiere -a guisa de cronista- conservar los sucesos comunes y
-a guisa de poeta- glorificar los hechos maravillosos de los hombres inves~
tigando empero la causa de la guerra entre Asia y Europa. El suyo se diría
comparable al triple proceso de los iniciados en los Misterios: myesis ( cierre
de los ojos} para reconcentrarse sobre los sucesos pretéritos; epoptéia (mirada
hacia los objetos sagrados) para admirar con emoción lo milagroso; y epiphanía: aparición triunfal de la hasta tanto oculta verdad. El ejemplo nos lo da,
en este caso, no tantd la Historia como el propio historiador; ejemplo seguido
desde entonces por innumerables investigadores, quienes primero han reunido
su material de estudio, luego han admirado los fenómenos aparentes y, al final,
corrido el velo de su naturaleza escondida. Contra Herodoto, ahora, parece

438

estar dirigido el siguiente párrafo célebre de Tucídides ( 1, 22, 4) : ''Y para el
auditorio quizá lo no fabuloso de los hechos expuestos parecerá algo falto de
gracia; sin embargo, para cuantos quieran examinar con precisión tanto lo ya
sucedido como lo que podría a su vez suceder en el futuro, según la naturaleza
humana, de manera similar y aproximada, ellos resultarán suficientes para ser
juzgados provechosos: pues una adquisición para siempre (ktema es aiéi),
antes que una pieza de competencia a ser escuchada en el instante, se halla aquí
compuesta". El autor ateniense, es cierto, rechaza la idea de entretener con
cuentos fantásticos a un público ingenuo, atribuyéndola tácticamente a sus
antecesores; pero si, por el otro lado, parece coincidir con Polibio en reivindicar
la utilidad de los hechos históricos, deberá repararse bien en el matiz de la
analogía humana. A diferencia de Polibio, Tucídides no afirma que esos hechos
en sí sean instructivos para regular nuestro comportamiento público y privado,
sino que gracias a su método propio de examinarlos ( skopéin} resultarán educativos como concepción de un conjunto verosímil de sucesos humanos. ínter-•
pretados sub specie aeternitatis, y como tales -al igual que los dramas del
culto dionisíaco, con su efecto purificador (catártico)- un acervo adquirido,
para siempre por el espíritu avizor y plasmador del intérprete, de clásica ac-.
tualidad.
Más que a los griegos del siglo de su apogeo, nos acosan a nosotros hordas·
bárbaras propensas a burlarse de aquéllos, de su número tan reducido, de la•
insimificancia territorial de su país. ¡ Cuánto ruido -nos dicen- metéis los
hu;anistas con los 300 pobres lacedemonios que murieron en las Termópilas,,
hace dos milenios y medio, cuando hoy en guerra y paz son segados millones
de vidas! ¡ Qué importancia exagerada asignáis a los poquitos kilómetros que
mediaban entre Esparta y Atenas! No obstante: de los pleitos de esos pocos
que con poco se alimentaban en tan poco territorio, extrajeron unos pocos
intelectos tantas y tamañas conclusiones que los sucesos dramatizados por ellos
han quedado hasta la fecha como una adquisición, más que perenne, imprescindible, si deseamos triunfar sobre la barbarie en el Maratón y la Salamina que
se acercan.

43g

�SAMUEL BANGS, IMPRESOR PIONERO
EN MEXICO Y TEXAS
LOTA

M.

SPELL

Universidad de Texas

que participaron en la introducción de la imprenta
en el suroeste, han sido objeto de investigaciones y tema de especulaciones por
muchos años, y, como la región fue en otro tiempo parte de México, la búsqueda de datos que arrojaran luz sobre el problema no se ha limitado a los
Estados Unidos ni a historiadores de habla inglesa. J. Eleuterio González, al
escribir sobre Nuevo León,1 dedica considerable esp·acio a su creencia de que
los angloamericanos que vinieron a Texas en 1813 trajeron con ellos una prensa, que fue capturada en San Antonio por los mexicanos y llevada a Monterrey; pero ni en el parte oficial de la batalla, ni en la lista de objetos capturados se hace mención alguna de una prensa o partes de ella. 2 En unas breves
notas inéditas, H. R. Wagner asienta que el primer documento impreso en el
suroeste de que él tenga conocimiento, es una proclama de Arredondo, que
fue expedida en Monterrey el 21 de julio de 1820. 3 Otros escritores se han
referido a la prensa traída a Texas por la expedición de Long, en 1819,' en la
LA FECHA Y PERSONAJES

1
Colección de Noticias y Documentos para la Historia del Estado de Nuevo León
(Monterrey, 1867).
2

México, Provincias Internas de Oriente, Comandante General José Joaquín Arredondo, Parte de la Batalla de Medina, 18 de septiembre de 1813. Historia XXIII,
Arredondo IV, fols. 179-193. Archivo General de la Nación, Ciudad de México (en
lo sucesivo se citará: AGN).
3
MS. Notas sobre el primer impreso. Fotocopia. Biblioteca de la Universidad de
Texas (en lo sucesivo se citará: TxU).
4
Archivo Lamar. Calendario No. 703. Lamar's Life of Long. Original en la Biblioteca del Estado. Impreso en Lamar Papers II, 59. Calendario No. 1966. Eli Harris,
Providence, Lousiana, 18 de enero de 1841, a M.B. Lamar, en III, 483.

441

�cual se imprimía el periódico Texas Re publican. De este periódico tres ejemplares, según otros periódicos, fueron recibidos.5
Basado en los datos de que había una imprenta en Texas en 1819, y también
una en Monterrey, en 1820, Wagner llega a la conclusión de que la de Monterrey fue la prensa de la expedición Long, diciendo:
"No hay duda de que la segunda expedici6n de Long tenía una prensa
que fue capturada y probablemente también el impresor, puesto que
Bangs formaba parte de la expedici6n y fue capturado; y poco después
se hacía pasar por impresor".6

Pero ¿quién era Bangs y cómo llegó a Texas o a Monterrey? ¿Estaba Wagner
en lo correcto al decir que Bangs estaba en la expedición de Long? Ambas
preguntas permanecieron sin respuesto hasta que una carta firmada por Samuel
Bangs y escrita en Saltillo en 1822' reveló la verdad acerca de su viaje a
Texas y a México. De dónde vino él fue un misterio, hasta que una referencia
de Benjamín Lundy proporcionó un norte. 8 Después, su nombre apareció como
el publicista del primer periódico dedicado a la guerra con México. Cada vez
se hacía más claro que el conocimiento de los detalles de sólo unos veinte
años de la vida de Bangs, arrojaría alguna luz sobre la historia de la primera
imprenta en Texas y en el norte de México. Con este fin en mente, la tarea
de escudriñar la vida y andanzas de Bangs fue iniciada. La búsqueda nos ha
llevado desde Boston hasta la ciudad de México, y desde Londres hasta Madrid, con muchas paradas en el camino.
De este norte obtenido de la carta de Lundy, que establecía el hecho de que
Bangs era nativo de Bastan, se dedujeron algunos hechos de interés relacionados con su vida. Era hijo de Samuel Bangs, Jr., nacido en 1769, y de Hannah.
Grice, también de Boston. Su padre murió antes de 1800, y en ese añQl el testamento de su abuelo Samuel Bangs, padre, asignaba su propiedad a los menores Samuel y Harriet Bangs, que no llegaban a los catorce años e h.ijQs del
9
finado Samuel Bangs, vidriero; y nombraba como su tutor a Williarn Hawes. ·
El 10 de noviembre de 1801 fue nombrado un nuevo tutor para los dos niños,
~ E. W. WiNKLER, "The Texas Republican", Southwestern Historical Quaterly. VI,
162•165· VII 242-243; VI, 329-331. C. S. BRIGHAM, "Bibliography of American News•
papers" 'en P;oceedings of American Antiquarian Society, New Series, XXXV, 98.
6 MS. Notas sobre el primer impreso. Fotocopia, TxU.
7 Samuel Bangs, Saltillo, a José Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, 13 de ·
julio de 1822. Archivo Mier, TxU.
.
8 Life, Travels, and Opinions of Benjamin Lundy (Philadelphta, 1847), p. 154.
9 DEAN DunLEY, History and Genealogy of the Bags Family (Boston, 1896); Probate-:
Records of Suffolk County, XCVIII, 696.

442

de edad aún inferior_ a catorce años; y el 18 de agosto de 1806 fue designado
otro tutor _para H_arnet, pero no se mencionaba a Samuel. Por lo tanto él debe
haber nacido hacia 1798, de una familia prominente en la localidad.
Sus ~rimeros añ~s los habría pasado con su madre y hermana, pero antes de
su partida de Baltim~re, poco había visto de su familia inmediata. Después
que su m~dre contrajo segundas nupcias, se le dio comida y habitación durante los cmco años que sirvió como aprendiz de impresor en el taller de Thoma~ G. B~ngs. Cuando leyó que en Baltimore era solicitado un impresor, salió
ª. ~icha c1~dad, y fue allí donde en calidad de impresor se unió a la expedici_on de Mma, con destmo ª. México. 10 A partir de aquí es posible seguir el
hilo de s_us andanzas, estableciendo los mis prominentes individuos con quienes
t~vo amistad. Uno de ellos fue el Dr. Servando de Mier, fraile mexicano cuya
vi~a . Y andanzas. ~e~en _mucho de novelesco. 11 Después de ser expatriado de
M:x1co por ecles1ast1cos ignorantes y supersticiosos, perseguido en España, seculanzado por el Pap·a, y. casi muerto de hambre en Francia, buscó refugio en
Inglaterra, dond~ conoció a Francisco Xavier Mina, quien trabajaba entusiastame~te por la_h~ertad de México. Mier se unió a este proyecto con todo su
corazon y cons1gmeron una embarcación y material con que llevar a cabo su
empresa. Con. ello trajeron de Inglaterra una prensa portátil.12 Su primera
e_scala fue Baltimore, donde esperaban conseguir ayuda pecuniaria para adqui~Ir más material. Allí hicieron arreglos con Bangs, para que les sirviese como
1~preso~. En septiembre de 1816, la expedición se dio a la vela, con los jefes
bien satisfechos ~el apoyo y est~ulo recibidos. Después de varias experiencias,
puesto .que no siempre prevalec1a una armonía comp'leta entre estos apóstoles
de la hb~rtad, el grupo se detuvo en la isla de Galveston. Bangs imprimió allí /
un Manifiesto de mina, fechado en Galveston el 22 de febrero de 1817. Este
documento ha sido reproducido por Bustamante,1 3 quien dice que al reverso
aparece esta nota: "Impreso por Juan J. M. Laran y S. Bancs".
Hay otro_s testimonios documentales : sus propios impresos, por los cuales se
puede segmr desde este punto a Bangs por algún tiempo. El se hallaba en Ja
desembocadura del Río Grande el 12 de abril de 1817;" desembarcó en Soto
16

_Samuel Bangs. Solicitud de tierra, 1830. Original en Oficina General de Tierras.
Austm, Texas. Spanish grants, XXX, 200-230.
n J. E. GONZÁLEZ, Biografía del benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier
Noriega y Guerra (Monterrey, 1876) .
12
HERNÁNDEZ Y DÁVALOS, Documentos para la Historia de México (México, 18771882), VI, 847.
111
~ARLOS MARÍA DE BusTAMANTE, Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana.
(México, 1823-1832, 6 vals.), IV (1826), Farte segunda de la tercera época, carta 16,
pp. 7-12.
H Reimpreso en Boletín l.

443

�j

la Marina en mayo de 1817, y celebró este acontec1m1ento imprimiendo un
canto patriótico en cinco estrofas, compuesto por Joaquín lnfante. 15 El colofón
de este efusivo y poético canto, dice: "Soto la Marina, 1817. Samuel Bangs,
impresor de la división auxiliar de la república mexicana". Imprimió asimismo
varios números de un Boletín, del que aún existen ejemplares. 16
Pero la poesía y el periodismo pronto serían desterrados de la mente de
Bangs, por consideraciones prácticas más apremiantes. Cuando Mina decidió
avanzar al interior de México con una parte de sus fuerzas, dejó a Bangs y a
Mier en Soto la Marina, donde pronto fueron capturados por Arredondo, jefe
realista de ese sector de México. Esta vez Bangs habría compartido la misma
suerte adjudicada a la mayor parte del grupo: inmediata ejecución, si Arredondo no se hubiera percatado de la utilidad de la prensa y de alguien que
supiera manejarla. A Mier le perdonó la vida porque Arredondo sabía el gran
respeto y alto concepto que se tenía de él, no sólo en México sino también en el
extranjero; no obstante, fue encadenado, montado sobre una mula y conducido
por tierra a la capital. Hasta 1822 supo Bangs que Mier, después de ordenarse
que fuera conducido a España, se había fugado en La Habana y estaba otra
vez en México. En una carta que Bangs le escribiera, le relataba sus propias
experiencias en estas palabras:
Sor. Dr. Dn. Servando Mier.
Saltillo Julio 13. 1822.
Yo me hayo bueno en esta Villa desde hace tres meses Que vine Con
el Comandte. Gral Ynterino Dn. Gaspar Lopez; pues ya sabrá VS. como
Arredondo se hizo de la imprenta cuando nos agarraron prisioneros y qe.
yo tube la dicha pr voluntad de Dios, por ser impresor, el libertar la vida,
exerciendo mi oficio en el Govierno con un sueldo tan mísero qe apenas
tenia qe subsistir; hasta a hora tengo el sueldo de 18 p. al mes; pero con
un tratamiento muy iniquo como si fuera prisionero sin acordarse estos
señores que espuse tambien mi vida por la libertad del Septentrion; aun
que en nuestro tiempo no se verifico.U
11

Canción patriótica. Original at Yale. Reimpreso por Bustamante, Cuadro Histórico,

IV, Carta 17, pp. 5-6.
18 Boletín I de la División Auxiliar de la República Mexicana. Soto la Marina, a 26
de abril de 1817. 3 pp. Yale. Museo Nacional de México. Reproducido en facsímil en
GENARO GARCÍA (editor), Documentos históricos mexicanos. .. (México, 1910-1912,
7 vals.), IV, García agrega la información de que fue impreso en una prensa portáta
de Samuel Bangs. Véase Introducción, p. XV.
11 Samuel Bangs, Saltillo, a Servando de Mier, 13 de julio de 1822. ALS. Archivo de
Mier. TxU.

444

Co~ la p_o~sión de más de cien documentos impresos por Bangs con fecha
antenor a Jubo de 1822, así como con carta mencionada, se echa por tierra
la teoría de Wagner en relación a que la prensa y el impresor fueron llevados
a Monterrey con la expedición Long. La prensa de Long fue inmediatamente
destruída por los realistas. 18 La prensa en que fue impreso el documento de
Galveston, fue una prensa inglesa que Mier y Mina llevaron a México 10
que Bangs había usado desde 1816 hasta 1822, año en que la usó en Saltill;
lugar a donde había sido cambiada la sede del gobierno de las Provincia;
Internas de Oriente. Bangs fue el impresor del documento de Monterrey de
1820, a que alude Wagner como el primer documento impreso en el suroeste.
Existen otras pruebas mediante las cuales Bangs puede ser seguido durante la década siguiente. En 1823 fue publicada en el órgano oficial en la
capital, una lista de contribuyentes voluntarios ( ?) para un fondo c~n que
se ayudaría al gobierno. Nada encontramos ahí, fuera de una nota de Saltillo
e~ que consta que "el impresor Samuel Bangs" donaría dos pesos de su salano mensual para la causa. 20 Evidentemente Samuel estaba todavía en Saltillo
Y seguía en su oficio. De este puntOI en adelante, por algún tiempo, la carrera
de Bangs aparece cubierta por una bruma de misterio. Pero algunas partidas
en la Memoria del Congreso de Coahuila y Texas, de 1830," nos dan nuevamente el derrotero de Bangs. En primero de enero de ese año hizo solicitud
ante el gobernador para ser admitido como ciudadano mexicano; su solicitud
fue aprobada el día 14; y, por decreto número 112, José Manuel Bangs fue
declarado ciudadano del estado de Coahuila y Texas." La aparente discrepancia en los nombres es aclarada por la posdata de la carta de Bano-s
a Mier'
o
en la cual él explica que cuando los mexicanos lo bautizaron en la Iglesia
Católica, le cambiaron el nombre a José Manuel, pero él siguió firmándose
Samuel para que Mier pudiera reconocerlo.
La explicación del repentino deseo de Bangs de adquirir ciudadanía mexicana Y algunos otros detalles de su vida, vino de un origen inesperado. En el
archivo de la Oficina General de Tierras, en Austin, Texas, aparece una
solicitud por concesión de seis leguas de tierra en el Colorado, firmada por
José Manuel Bangs en Saltillo, el 27 de enero de 1830." En este documento
Bangs relata que el 26 de septiembre de 1816 salió de Baltimore con Mina
y desembarcó en Soto la Marina en mayo de 1817. De esa fecha hasta 1821
18

Eli Harris a M. B. Lamar, 18 de enero de 1841, en Archivo de Lamar.
Afirmación de Mier ante la Inquisición: "Desembarcó Mina su imprenta portátil
que traía de Londres" (Hernández y Dávalos, VI, 807.
:1G La Gaceta de México, 20 de febrero de 1823.
21
Copia en TxU.
23
GAMMEL's, Laws of Coahuila and Texas.
u Spanish Grants, XXX, 200-230.
19

445

�perman~ció prisionero de Arredondo y era forzado a trabajar en la imprenta
del gobierno. En 1823, volvió a su tierra natal, pero regresó a México en
18
27, llevando una unprenta que instaló en Victoria y que después vendió al
gobierno d~ Tamauhpas; entonces se estableció en Saltillo con otra imprenta
que ~~stenorm~nte vendió al estado de Coahuila y Texas. Con esa prens~
trabajo de contmuo hasta 1830, pero como deseaba radicarse en Texas y dedicarse a la Agncultura, es por ello que solicitara la concesión de las mencionadas seis leguas de tierra en el Colorado.
Parte de esta aseveración es confirmada por otro escrito encontrado en
Boston. El 12 de mayo de 1824, Samuel Bangs, impresor vecino de Boston
solicita la partición o de~linde de un terreno al lado este de F'ort HiII, a la mitacÍ
d:l cual le fue reconocido el derecho de posesión. 24 En su carta a Mier dos
anos antes, había afirmado que tenía recursos de que echar mano.
'
~i se requirieran más datos para comprobar que Bangs era indudablemente
el impresor del gobierno, fácilmente se podrían obtener de los numerosos docu~entos que aún existen y que llevan su nombre como impresor. Muchos
de estos s~ e~cuentran en los archivos de Béjar; muchos otros, con sus hermosos Y limp10s legajos, se encuentran en el Archivo General de Méxic0 .2s
Bangs residió en Saltillo hasta fines de 1832, pues mediante el decreto 195
se le exceptuaba ~e ser comprendido en lo dispuesto por el decreto 183, por
ten:r familia ~a:1da en México. Este decreto 183, prohibía a personas no
nacidas en Mex1co, vender cualesquiera mercancías, excepto "por la mitad
o el total de una carga de mula". 2s

Par~ 1834, ya Bangs estaba de regreso en Tamaulipas, donde fue empleado
co".'? impresor del_gobierno en 1835, cuando Lundy hizo su viaje por esa
r~g.1on. Le acompan~ban su esposa, nativa de Virginia del Sur y dos hijos,
viviendo con comodidad, aunque no con abundancia, y disfrutando en alto
grado del aprecio y la confianza que les dispensaban los mexicanos. Cuando
Lundy trajo_~ Bangs una carta de presentación de un amigo de ambos, el
rab10so abolic1on~st_a fue cordialmente recibido por el bostoniano, y pronto
Lundy andaba p1d1endo ayuda para solicitar una concesión de tierras a fin
de establecer una colonia de negros libres y de esclavos fugitivos. Bangs'. desde
luego, se interesó, y debido a su influencia, la concesión fue hecha a nombre
de _Bangs, pero se dejó transcurrir algún tiempo antes de permitir a los empresanos traer a sus colonizadores.27
Pero antes de transcurrir un año las condiciones eran tales que Lundy juzgó
2
•

Land Records, Suffolk County, Massachusetts CCCXL 226.
.
'
'
En TxU; Archivo General de la Nación, Ciudad de México.
u Leyes de Coahuila y Texas, Decretos nos. 195 y 183.
21
BENJAMÍN LUNDY, Life, Travels an Opinions, pp. 154, 161 y 164.
u

446

inconveniente el mandar colonizadores, y Bangs optó por ausentarse de México. La revolución en Texas estorbaba sus planes y la muerte de la esposa
de Bangs le indujeron a retirar a sus hijos del peligro. Cuando estaba en Matamoros en camino a Nueva Orleans, en marzo de 1836, conoció a James Ogilvy,
un escocés que había estado activo por varios años en asuntos de tierras en
la región. Bangs le dio poder amplio y suficiente para llevar a cabo, como
;Su representante, las estipulaciones de la concesión original. 28
Puso Bangs a sus hijos en la escuela, en Kentucky, se casó con Carolina
.French y regresó a Texas. A fines de la primavera de 1838, se encontraba
,en Galveston, tratando de hacer valer sus derechos a las tierras que cubría
la concesión. Tenía títulos en regla para la legua adjunta al Colorado, p·ero
las notas de campo de las dos leguas concedidas junto al río Brazos carecían
,de la firma del agrimensor y el título no había sido registrado. La tierra cu.bierta por la concesión de Tamaulipas, ya no estaba en Tamaulipas, sino en
Texas, y el título no había sido revalidado por el gobierno de esa república
independiente. Como medida para asegurar dicho título, presentó demanda
-contra Sam Houston, presidente de Texas. 29
Se ocupaba también en la publicación de un prospecto del primer perió,dico de la ciudad, el Comercial lntelligencer, cuya segunda edición apareció
,el 27 de julio, anunciando que sería "publicado sernanariamente por Bangs,
-en nombre de los propietarios", y que John Evans era el editor. Uno de los
propietarios resultó ser un hombre sin escrúpulos y logró venderle a Bangs un
lote cuyo título era de dudosa autenticidad. Con el periódico en condiciones
precarias, Bangs recibió aviso de que su esposa venía en camino y ~ue esperaba que la fuera a encontrar en Nueva Orleans. Durante su estancia en esa
ciudad, el Jntelligencer expiró, y la demanda de Bangs contra Sam Houston
foe sobreseída.'° Ogilvy trataba de establecer la validez de esa concesión de
tierras, como lo testifica en detalle en su Diario.si
En enero de 1839, Ogilvy asienta que Bangs aún estaba en Nueva Orleans
esperando a su esposa, cuyo barco había zozobrado dos veces ~n el tray~cto.
En febrero, él asienta sus intentos infructuosos para consegmrle trabaJO a
Bangs en el Telegraph, de Houston. En marzo, dice que Bangs· estaba en Gal::s "Diary of Adolphus Sterne" in Soutwestern HiJtorical Quaterly, XXX. Este, en
realidad, era el diario de James Ogilvy, pero el editor no lo supo hasta después de
impresa la primera parte del manuscrito.
211 Harris County, 11th. Judicial District Court, Libro B, 28 de diciembre de 1838 .
.Bangs cont.:-a Houston.
~ [bid., libro B (8 y 12 de mayo de 1840), pp. 218, 284.
:n. El Diario de Ogilvy, en las fechas 12, 13, 20, 25, 28 y 29 de 1838; 8, 14, 18, 19,
21, 22 y 26 de enero; 8, 11, 22, 26, 27 de febrero; 5, 7, 14, I?, 19 Y 29 de marzo; Y
2, 6 y 7 de abril, indica los lugares donde andaba y las relaciones entre uno y otro.

447

�veston, donde ya había adquirido título de propiedad a un lote en dicho lugar
y otro en Houston.

Con Bangs vinieron a Texas sus dos cuñados, G.H. y H.R. French, ambos
periodistas, con quienes sus intereses estuvieron íntimamente ligados durante
varios años subsiguientes. En el curso del tiempo transcurrido entre la fecha
de su llegada y el 15 de abril, comenzó a publicarse "de la oficina del Sr.
Bangs", un diario. Inicialmente el editor era "Simple" John Gladwin, pero
después de su muerte, en octubre, el editor fue H.R. French, bajo cuya dirección siguió cuando menos hasta mayo de 1840. 33 En septiembre de ese mismo
año, apareció el San Luis Advocate, en el pequeño poblado de ese nombre,
en la isla de Galveston, con la inclusión de un artículo intitulado: uMina
and the three Hundred", y que apareció desde el 11 de noviembre de 1840
hasta el 5 de febrero de 1841; lo cual hace pensar que Bangs estaba de alguna manera asociado con ese periódico también. 34 Después de que el número
41 había sido impreso, el periódico fue cambiado a Galveston, '~a fin de
aumentar las facilidades de comunicación con cada sección de la república,
así como con naciones extranjeras"; y el nombre fue cambiado a Texas Times.
El 11 de marzo de 1843 G. H. French y G. L. Hamlin se hicieron cargo de su
publicación. 35
Probablemente Bangs no tenía gran interés en ese periódico, pues precisamente al morir el Advocate, aparece como publicista del Commercial Chronicle, del cual el cuarto número ya circulaba el 8 de septiembre de 1842."
De este periódico, que cambió su nombre al de lndependent Chronicle, Bangs
era el editor, impresor, publicista y propietario. En cuanto a táctica o plan de
acción, el periódico era enemigo de Houston, y por más de un año su editor
no cesaba de molestarlo, lo cual le caía muy mal a la prensa del gobierno.
Se lamentaba ésta de que el entusiasmo de Bangs no iba acompañado de la
discreción y sentido de propiedad, en consonancia con la posición que él había asumido. Sin embargo, todos mantenían una actitud benevolente en lo personal, porque, como dijo uno de ellos, no creían que llegara a causar ningún daño. 37
Es muy probable que el Chronicle no llegara a ser un gran éxito económico; de todas maneras, para noviembre de 1845, Bangs estaba publicando
otro periódico, el Doily Globe, del cual B. F. Neal, antiguo editor del Gal"Printing in Galveston", en Galveston City Directory, 1859, p. 89.
Austin C!'ty Gazette, 6 de mayo de 1840.
3-l En un manuscrito no firmado existente en la Dyer Collection, Rosemberg Library,
se afirma que Samuel Bangs trabajó "para Mr. Pincus, en el San Louis Times".
"The Texas Times, 23 de noviembre de 1842 y 11 de marzo de 1843.
36
The Redlander (San Augustine, Texas), 8 de septiembre de 1842.
31 Redlander, 7 de octubre de 1843; 13 de enero de I 844.
32

33

448

veston News, era el editor. Aparecía en una hoja pequeña, pero sus editoriales
merecieron comentarios favorables del editor del Telegraph. 38 Este periódico
no puede haber sobrevivido por mucho tiempo bajo la supervisión personal
de Bangs, pues el lo. de enero de 1846, vino a ser el publicista del primer
periódico de combate.
La llegada del Gral. Taylor con tropas de los Estados Unidos a Corpus
Christi, hizo que los ojos de Texas se dirigieran a esa región. Bangs pensó que
ahí se le presentaba una magnífica oportunidad para un periódico. Consiguió
la ayuda del Dr. George W. Fletcher como socio, y como editor la de José
de Alba, uno de los más importantes miembros de la colonia de habla española. El primer número apareció el lo. de enero de 1846, bajo el título de
Corpus Christi Ga.zette. No era un simple papelucho sino que constaba de
cuatro páginas de tamaño reglamentario. 30 El tipo era nuevo y de buena calidad. Grabados en madera adornaban los anuncios, y el conjunto revelaba
la mano de un impresor de experiencia, como indudablemente lo era Bangs.
Nada mejor para conocer el tipo de vida en Corpus a principios de 1846,
que el periódico la Ga.zette, de la época. En política, la actitud de este periódico era neutral.
Pero los días de prosperidad para Bangs en Corpus estaban contados. Por
dos meses la Gazette se vendió bien, pero pronto las tropas fueron trasladadas
al Río Grande. El 11 de marzo, los últimos contingentes iniciaban la marcha;
y pocos días después, el número 12 -y último- de la Gazette vio la luz.
Pero para entonces Bangs tenía ya otro proyecto en mente. Después de encontrar un nuevo socio, se cambió a Matamoros.
A principios de junio, se anunció que un nuevo periódico: el Río Grande
Herald, sería publicado en Matamoros, editado por Bangs, de la difunta Gazette y Gideon Lewis, editor del Galveston News. Nunca materializó el Herald,
pero en su lugar, el 24 de junio, apareció el Matamoros Reveille "º Este periódico era frecuentemente confundido con el St. Louis Rweille, del cual probablemente tomó su nombre; y apareció, al principio, como semisemanal, en
español y en inglés. La sección de español, sin embargo, fue pronto suspendida,
38

19 de noviembre de 1845.
Volumen I, No. 7 (12 de febrero de 1846), en la biblioteca de la Wisconsin Historical Society, Madison. Fotocopias, TxU; LMS. Un Extra del 8 de marzo, está en
TxU; No. 12 ( 19 de marzo) se halla en el Archivo de la Secretaría de la Defensa
Nacional, México, D. F.; fotostática del No. 14, LMS; y No. 14 (2 de abril de 1846)
en AA W, Worcester, Massachusetts. Otros ejemplares en la correspondencia del General Taylor. NA. Referencias del peri6dico pueden verse en el Texas Democrat, 6 de
mayo de 1846, y en el Daily Picayune, 6 de enero de 1846.
"° Daily Picayune, 14 de junio y 7 de julio de 1846, Volumen I, número 1, en la
biblioteca de la State Historical Society of Wisconsin. Fotocopias, TxU j LMS.
39

449
H29

�y en su lugar apareció otro periódico, todo en español, hecho en la misma
prensa y por publicistas mexicanos. Como resultado de un artículo inconveniente que apareció en el periódico extranjero, sus oficinas fueron clausuradas
en agosto, por orden del Gral. Taylor, y Bangs fue encarcelado." Luego que
salió libre, los editores del American Flag, ofrecieron comprarle la prensa,
dándole trabajo y permitiéndole hacer trabajos suyos en ella. La compraventa no se llevó a cabo sino hasta febrero de 1847," cuando la falta de papel
le obligó a cerrar sus oficinas por algún tiempo.
Atraído por la oferta de un terreno suficiente para una imprenta y un hogar
en Punta Isabel, que le hicieron creer que llegaría a ser un gran puerto, Bangs
vendió su propiedad en Galveston 43 y embarcó su prensa y sus muebles, el
barco que los llevaba zozobró y todo se perdió.
Mientras esperaba, logró construirse una casa, que luego tuvo que convertir en posada. Por algún tiempo este negocio le fue costeable, pero hubo de
clausurarlo cuando las últimas tropas estadounidenses fueron retiradas de México. Imposibilitado para ganarse la vida allí, después de extender las escrituras a nombre de su esposa, Bangs regresó a Kentucky, donde trabajó emp·eñosamente para ahorrar lo suficiente para trasladar a su esposa a su lado. Pero
no logró verla, porque el 31 de mayo de 1854 le sorprendió la muerte en
Georgetown. 44
No sólo fue Bangs un impresor capaz, sino que adiestró a muchos jóvenes
en el oficio. Introdujo el sistema de aprendizaje y mejoró el trabajo de los
obreros antiguos mediante su rígida dirección y mejoría de salarios. Durante
diez años fue el único importador y distribuidor de prensas en el norte de
México. Fue, por lo tanto, el creador de oportunidades para jóvenes impresores en lugares donde las posibilidades de una imprenta eran completamente
desconocidas.
Como impresor, Samuel Bangs merece, indudablemente, el calificativo de
pionero, además de haber sido el primer impresor en Texas, cuando era ésta
todavía una provincia española; fue, además, durante los siguientes cinco
años: el primer impresor de Tarnaulipas; primero en Nuevo León; y primero
en Coahuila, los tres estados colindantes con Texas. Durante la existencia del
estado mexicano llamado Coahuiltejas, él era el impresor oficial en la capital, Leona Vicario, y el editor del primer órgano oficial, la Gazeta Consti-

tucional de Coahuiltejas. Después sirvió al estado de Tamaulipas con el mismo
carácter, en Victoria, donde publicó su órgano oficial Atalaya, y una hoja
de noticias por su propia cuenta, El Telescopio. Durante los días de la República de Texas, publicó el primer periódico de Galveston, y, exceptuando un
corto lapso en que estuvo en Houston, donde publicó The Musquito, poseyó,
imprimió y publicó una serie casi continua de periódicos en Galveston. Al anexarse Texas a los Estados Unidos, estableció la Corpus Christi Gazette, el
periódico en inglés más al oeste del continente americano. Al estallar la guerra,
fue él uno de los primeros en establecer un periódico en inglés y español al
oeste del Río Grande.
Además de su gran categoría como impresor, Samuel Bangs fue un estadounidense de quien su patria debe sentirse orgullosa. Su espíritu emprendedor,
su valor, su habilidad para erguirse sobre el infortunio, el orgullo que cifraba
en la producción de su prensa, y la determinación de triunfar; todas estas
cualidades lo hacen una figura que merece reconocimiento. Cuando a esto
se agrega su contribución al progreso de la imprenta, sorprende el hecho de
que el nombre de Bangs haya permanecido en silencio en los anales de la historia de la imprenta por cerca de un siglo después de su muerte. En nuestros
días, para ninguna historia autorizada de la imprenta en Texas o en los estados vecinos al sur o al oeste, puede pasar inadvertido el nombre de Bangs
o su obra. Algún día deberá erigirse un monumento en honor de Samuel
Bangs, no sólo como el primer impresor de Texas, sino también como el pionero del suroeste.
Traducido por el
!Ne. SANTIAGO CERNA

Monterrey.

41
Daily Picayune, 6 de julio de 1846; Northern Standar {Clarksville, Texas), 5 de
septiembre de 1846.
ª New Orleans Weekly Delta, 22 de marzo de 1847, citando del Galveston News,
carta fechada en Corpus Christi el 2 de marzo de 184 7.
ª Galveston County. Index to Deed Records.
44
Georgetown {Kentuky) Herald, X, No. 13 (8 de junio de 1854), 3. Legajo de
la Kansas State Historical Society, en Topeka, Hansas.

450

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ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:

DR. AGUSTÍN BASAVE fERNÁNDEZ DEL VALLE
Jefe de la Sección de Letras:

Lrc. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS
Jefe de la Sección de Historia:

,

PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA
Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:

Lrc. ALBERTO GARCÍA GóMEZ
Jefe de la Sección Editorial:

DR. FRANcrsco Bucro PALOMINO

7

1966

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo León, Ciudad Universitaria Monterrey, N. L. - México.

INDICE
SECCIÓN

PRIMERA

FILOSOFIA

(A)
Dr.

PRIMERA EDICION
Marzo de 1966.-1,000 ejemplares

Lic.

Fundamento y Esencia
de la Belleza ............................................. .
CoNSUELO BoTELLO DE FLORES: En Torno al Valor ........... .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

( B)
Dr.

Dr.

Dr.

Dr.

COLABORADORES FORÁNEOS

FRITZ J. voN R1NTELEN:

Lo Trágico en la Actitud Espiritual

..................................................
REms JoLIVET: Solitude et Amour . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ALBERTO CATURELLI: La Metafísica lntramundana de Xavier
Zubiri . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
lsMAEL QuILES: La Doctrina de la Interioridad según Lnuis Lavelle
y la ln-sistencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
lsMAEL DIEGO PÉREz: Introducción a la Filosofía de la Belleza . .
Griega

Prof.

INVESTIGADORES LOCALES

43
59
73

99
111

Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores.

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fil,ll1 ..__,, ,,_.. _,,.,,,,• • " " " ' " , _ , . , , . . --~- , par

�ALBERTO GARCÍA GóMEZ, 523.-JESÚS GUISA y

AzEVEDO:

Me lo dijo
525.-ERICH

Vasconcelos, por AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE,
lntroduzione a/la Filología Romanza, por EDUARDO

AuERBACH:

GUERRA

CASTELLANOS, 529.-DR. AausriN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

Me-

tafísica de la Muerte, por FRANCISCO BuCio PALOMINO, 529.-JEAN
L'Expérience Metaphysique, por FRANCISCO Bumo PALOMINO,
530.-MARIANO BAUERO GoYANES: Proceso de la Novela Actual, por M.
DEL VALLE DE MoNTEJANO, 531.-JAVIER MENDIRICHAGA CUEVA: Tres
Monumentos Virreinales de la Ciudad de Monterrey, por ISRAEL CAvAzos
GARZA, 532.-CARLOS FUENTES: Cantar de Ciegos, por EvA MARLA ALVAREZ, 533.-Noticia Bibliográfica, por ADRIÁN QmROZ, 536.
WAHL:

Sección Primera

FILOSOFIA

�FUNDAMENTO Y ESENCIA DE LA BELLEZA
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Universidad de Nuevo León
Sumario: 1. La vivencia de lo bello.~2. ¿Qué es lo bello?-3. Lo bello real y lo bello ideal.-4. Lo bello y lo feo.-5. Lo bello y lo interesante.-6. Las bellas artes.
7. Fundamento de la belleza.

l.

L.

LA VIVENCIA DE LO BELLO

¿ CÓMO DESLINDAR EL TERRENO propio de la belleza frente a los de los otros
valores? Partamos de la vivencia estética. El objeto bello no es una mera
apariencia ilusoria. Lo ilusorio atribuye al fenómeno una realidad que no tiene. Por el contrario, en la percepción de un objeto bello podemos constatar
la consistencia (real-ideal) de lo representado. En la representación de un
paisaje, por ejemplo, advertimos la distribución de masas, la tonalidad, el
colorido ... El efecto psíquico sobreviene por la contemplación de algo que
está en el objeto bello. Algo que aprehendemos inmediatamente y lo acogemos emotivarnente en la intimidad. La proyección sentimental presupone ciertas cualidades en el objeto. Antes de introducir nuestra vida íntima en el objeto contemplado, hemos advertido la valiosidad objetiva de la belleza que
penetra en nuestro espíritu a la manera de un rayo luminoso. No basta decir, como dice Kant, que el acto estético es un "placer desinteresado" y que
es bello todo lo que "agrada en general sin concepto". El aspecto formal del
"placer desinteresado" no permite delimitar el contenido del objeto estético.
Las creaciones estéticas no pueden disolverse en un sentimiento, puramente
subjetivo, de agrado sin concepto.

La vivencia de lo bello nos cautiva íntimamente y nos colma por el momento. Al captar la belleza gótica de la Catedral de Colonia, por ejemplo,
se despierta en nosotros la conmoción de algo grandioso, elevado, que apun13

�ta hacia algo que nos trasciende y que participa de lo sublime, vale decir, de
lo que desborda toda medida. Esta vivencia estética tiene, en su magnitud y
potencia, algo más que placer. Yo diría que la vivencia trasciende la esfera
puramente mundana y se avizora la región de lo eterno con un sentimiento
de liberaci6n.
Los aspectos más importantes, puestos de relieve en la vivencia de la belleza g6tica de la Catedral de Colonia, nos ayudan a aclarar la esencia de la
belleza en general. La vivencia de lo bello posee un carácter axiol6gico. Expresa un valor espiritual, universal, propio, objetivo. No se trata de un mero estado de ánimo que me es privativo; cualquier otro sujeto puede recibir,
con las condiciones adecuadas, una vivencia estética semejante. Diríase que
la Catedral de Colonia está exigiendo ser reconocida en su valiosidad. Una
sensación de aérea ligereza, sin mengua de la grandiosidad de la Catedral,
nos invade en los umbrales de este magnífico templo. La imponente altura
de las torres gemelas -las más altas en el estilo gótico- parece un triunfo
sobre la ley de la gravedad. Al contemplar sus altísimas bóvedas experimentamos una mezcla indescriptible de pavor y recogimiento. La sombra nos envuelve en el interior gigantesco de la Catedral y sólo brillan, con tenue luz, los
bellos vitrales. La altura vertiginosa de líneas, flechas, pináculos y columnas
que se lanzan hacia arriba con ímpetu incontenible, nos levanta el espíritu en
una especie de vértigo religioso. Desprendamos, de la contemplación de este
singular objeto estético, algunos rasgos esenciales. La belleza la porta un objeto inanimado. A diferencia de la bondad, la belleza no requiere, necesariamente, un portador personal. El acto sensible de visión tiene un carácter
intuitivo. La intuición sensible primigenia es correlacionada, de algún modo,
con un sistema de conceptos : ligereza, grandiosidad, vértigo religioso .. . Surge entonces la comprensión de la obra de arte -obra de vida humana objetivada- y la explicación. En el proscenio real de las torres gemelas, de las
gigantescas bóvedas, de las flechas, pináculos, columnas, capillas radiales,
coro, etc., aparece algo diferente de los puros trozos de materia. Aparece la
idea de aérea ligereza y de grandiosidad. A través de las piedras, advertimos
la armonía de las líneas. Y con sus campanas evocamos voces henchidas de
esperanza. Una Catedral como la de Colonia no se construye sólo con piedras, sino con los anhelos y arrobos místicos de los fieles. Todo esto es también real; pero no tiene una realidad sensible. La materia expresa, manifiesta, esplendorosamente, una constelación unitaria de ideas. ¿No es eso, acaso,
la belleza? Poco importa, para el caso, que se trate de algo sublime: grandeza ilimitada de lo bello. Lo que buscábamos era llegar, por la descripción
y el análisis de una vivencia estética particular, a la esencia de lo bello en
general.
14

La cosa corpórea y perceptible de nuestro ejemplo, es sólo escenario y campo de expresión, perfectamente adecuado, de la idea del maestro Gerhard van
Ryle y de sus colaboradores en la realización .de la Catedral. En este sentido,
podemos decir que lo bello no está en la idea misma del arquitecto y de los
artistas -sus colaboradores- sino en el "resplandor sensible" de la idea. La
Catedral de Colonia es una obra de arte, no por los materiales de que está
hecha, sino en virtud de la relación en la que se encuentra con la vivencia estética original del artista principal y de sus colaboradores. Vivencia que ha
quedado plasmada, por así decirlo, en la materia y que nosotros podemos revivir "mutatis mutandi".
Hasta aquí hemos analizado wrn vivencia de lo bello artístico. Pero se da
también otra clase de vivencias de lo bello natural. La belleza de] cielo estrellado -grandeza de multitud- y la belleza del mar -grandeza de magnitud- nos conmueven y agradan lo mismo que la belleza de los seres vivientes. Una mujer o una gacela presentan, dentro de su variada unidad, una feliz armonía de elementos. Y hasta se habla también de almas bellas, refirién•
dose a la belleza de la vida mental. En todo caso, ya se trate de una obra
de la naturaleza o del hombre, descubrimos en lo bello un concierto de cualidades y calidades que nos satisfacen o estimulan espiritualmente. Es el valor
intrínseco de estas obras, y no su valor técnico como medios, el que nos proporciona el gozo.
La belleza es el concepto central y fundamental de la estética. El género
belleza contiene diferentes especies entre las cuales se encuentra lo "bello"
en sentido estricto. Pero es el género belleza el que presta unidad analógica a
sus diversas especies. Antes de cualquier actividad artística existe la belleza
natural e ideal que irradia armonía y paz. Armonía y paz que se dan en el
mundo, pero "que el mundo no puede dar". La vivencia estética nos lleva
al reino de los valores espirituales. Y este reino amplía y enriquece el horizonte de la vida humana. Algo más importante aún: la vivencia estética
-Hsensibilidad espiritualizada"- eleva y purifica el espíritu por encima del
prosaísmo cotidiano, dotando al compuesto humano -alma y cuerpo- de
una armonía plenaria y aproximándole al vislumbre y al presentimiento de
lo divino. Una vez analizada la vivencia de lo bello, es menester realizar mayores precisiones sobre la esencia de lo bello.

2. ¿ QuÉ

ES LO BELLO?

Porque lo bello, para ser apreciado, requiere previamente ser sentido, se denomina Estética {de la voz griega "aistesis", sentimiento) a la ciencia de lo
15

�bello. Dos problemas fundamentales abarca la estética: el problema de lo
bello y el problema del arte. Mientras la teoría del arte se aplica a considerar
la realización de lo bello producido por la actividad humana, la teoría de
lo bello estudia lo bello en sí mismo, según se encuentra en la naturaleza v
según sus efectos en el espíritu del que lo percibe. En este sentido cabe con'templar lo bello bajo dos puntos de vista: subjetivo --en el hombre- y objetivo --en las cosas bellas.
Una resonancia emotiva -emoción estética- y un efecto intelectual -juicio estético- acompañan siempre a la visión de lo bello. Al admirar lo bello
experimentamos, ineludiblemente, un puro y peculiar sentimiento de agradabilidad que constituye la emoción estética. "Pulchrum est quod cognitum
placet'' (bello es lo que conocido agrada), dijo Santo Tomás. Pero además, emitimos, al contemplar una cosa bella, un juicio sobre objetividad.
En la Critica del juicio (lib. I, 5-10) Kant sintetiza el aspecto subjetivo
de lo bello en cuatro reglas:
I. Lo bello es esencialmente desinteresado. El placer de lo bello es superior y distinto de las sensaciones agradables que experimentan los sentidos. "El

gusto, afirma Kant, es la facultad de juzgar un objeto por una satisfacción
libre de todo interés; el objeto de esta satisfacción se llama bello".
II. "Lo bello es lo que agrada universalmente y sin concepto". Las cosas
bellas lo son para todos; los desacuerdos sobre la valoración provienen de
los críticos, no de lo bello en sí.

III. "Lo bello es una finalidad sin fin". Con ello quiere indicarse que encierra una finalidad en sí mismo -lo que no quiere decir que sea la finalidad absoluta- y sin fin alguno ulterior utilizable como medio.
V. Lo bello es objeto de una satisfacción necesaria. Una cosa bella se impone necesariamente a la admiración del contemplador. Sólo quien carezca
de gusto estético o no sepa contemplar puede no gozar ante una obra bella.
Los clásicos han pensado que en el orden ("unitas in varietate"), estriba
el primer elemento que exigimos a las cosas, para tenerlas por bellas. Sin desconocer la importancia de este elemento, pensamos que no alcanza a resumir toda la belleza objeúva de todas las cosas bellas. En efecto, existen cosas bellas -un quieto lago, un azul celeste o un sonido deleitoso- en las que
el elemento orden no desempeña papel principal o destacado. Pero hay algo
más: a nadie se le ocurriría llamar bellos, aunque les reconozcamos la cualidad de ser ordenados en extremo, a un libro de química o de geometría, a un
edificio, o a una cara inexpresiva.
¿Estará tal vez caracterizado lo bello por la grandeza de la cosa y el poder

16

de la misma? Ante todo se ocurre pensar que existen objetos que no son grandes ni poderosos -una niña, un gatito, un rosal- y cuya carencia de dichas
notas no obsta para que sean bellos.
Seleccionemos, para analizar, algunos objetos bellos: El "Entierro del conde de Orgaz" del Greco, la Basílica de Santa Sofía, una fuga de Bach y el
paisaje de la bahía napolitana. Todos estos objetos son esencialmente expresivos, significantes; nos hablan a la sensibilidad y a la imaginación, advertimos una íntima vinculación entre lo bello y el pensamiento, un sentido interno y un vigor propicios para sugerir, al espíritu contemplador, un puñado
de sentimientos e ideas: majestad, dulzura, dignidad, gracia, alegría, dolor,
generosidad, fuerza, armonía, delicadeza . .. De ahí el genial pensamiento platónico: "la gracia de las formas consiste en que ellas expresan en el seno de
la materia las cualidades del alma". Y no anda lejos de Platón, Hegel, cuando afirma, en su Estética, que lo bello es "la manifestación sensible de la
idea".
Para que una cosa sea bella, no basta que sea expresiva. Exprésese la idiotez, el horror, la repugnancia y la fealdad y no se conseguirá la belleza. Es
que algo más se requiere: unidad, orden y armonía de la vida noble, plena,
libre, rica de ideal. Bien sabía Kant lo que decía cuando afirmó: "bello es
lo que satisface el libre juego de la imaginación sin estar en desacuerdo con
las leyes del entendimiento".
Belleza es plenitud .de vida plasmada en forma, manifestación sensible de
lo ideal, forma pletórica de expresión, ser sin mácula. . . Podríamos decir
con Friedrich Kainz, profesor de estética en la Universidad de Viena, que
"La Belleza de un objeto reside en su fuerza de expresión, en la plétora de
espíritu y de vida que en él se manifiesta, pero, además, en el hecho de que
se ajuste a determinadas leyes formales ( unidad en la verdad, arn1onía, simetría, ritmo, proporción, equilibrio de todas sus partes), de que fluya en
líneas claras y límpidas, de que presente una clara ordenación armónica en el
tiempo y en el espacio, armoniosos sonidos y combinaciones sonoras, limpios
colores, etc." 1
Atrayéndonos irresistiblemente, resplandeciendo por doquier, la belleza -esta belleza terrena que no es más que pálido reflejo de la belleza increadanos conmueve y nos eleva hasta Dios.

1

FRIEDRICH

KA1Nz. Estética, Fondo de Cultura Económica,

p. 112.

17
H2

�3. Lo

BELLO REAL Y LO BELLO IDEAL

Superando su afán por lo útil y práctico, el espíritu humano busca y ama
lo bello, porque su contemplación le produce el puro e inefable placer que lo
transfigura y arroba. Posesionados y transformados por las cosas bellas que
admiramos, reproducido lo bello en todo nuestro ser, despiértase en el espíritu el anhelo de engendrar la belleza, cuya virtud lo embelesó y pone en acción esa fuerza irresistible que es la inspiración. Es así como nace el arte: ese
mundo maravilloso e ideal que posee una realidad más duradera que este
mundo en el que nos debatirnos en medio de la angustia y la desesperanza.
Por medio del arte, libremente regido por su voluntad, el hombre logra satisfacer su natural deseo y necesidad de vivir en un mundo ilimitado.
El realismo artístico se contenta con copiar lo natural sin aditamentos ni
restas ni modificaciones de ninguna especie. A mayor reproducción, mayor
progreso. Intuir los máximos matices y detalles de la realidad y trasvasarlos
escrupulosamente a la obra artística, es lo único que cabe.
Se ha observado -y con razón- que el realismo artístico es insuficiente.
El arte no puede limitarse a copiar la realidad. Lo bello natural es imperfecto, incompleto, limitado. En la naturaleza, lo bello está mezclado con lo
feo, con lo insignificante o con lo prosaico; velado y oscurecido por manchas
que lo enturbian.
Precisamente porque el artista advierte estas imperfecciones de lo bello real,
se aleja de la imitación servil y concibe lo bello ideal. Si la reproducción totalmente fiel fuese el objeto del arte, la fotografía sería superior a la pintura,
el modelado a la estatuaria, y la versión taquigráfica de un proceso judicial
superaría en fidelidad a la más artística novela o al más acabado drama.
La arquitectura y la música son las más alejadas de la imitación. Pero aun
la pintura, la escultura, la poesía y la elocuencia, que parecen artes de reproducción, no se atan a objetos reales. Tras la elección de la cosa bella, real
o ideal, se procede a eliminar lo prosaico y vulgar. Atenuando unos rasgos,
reforzando otros, interpretando y sintiendo el objeto bello, el artista imprime su alma y crea la obra de arte.
¿ Podrá creerse sensatamente que la realidad logre satisfacer el ansia de belleza que se agita en el espíritu del hombre? Todo auténtico artista depura
lo real, lo transfigura. Sirve a una intuición primigenia, eliminando lo incompleto, lo imperfecto. Habrá ocasiones en que el artista exprese la belleza
ideal, abstrayendo lo feo, lo prosaico, lo vulgar que encuentra en la realidad,
y aumentando los rasgos bellos de las cosas sensibles. Otras veces, cuando la
naturaleza no ofrezca modelos, creará directamente la belleza ideal, respe-

18

tanda el ser unitario y verdadero de las cosas, pero expresándolo en bellos y
perfectos sonidos, colores y formas.
Es menester, sin embargo, que el artista no huya de lo natural, porque si
no asumiera como base de su producción la realidad, la obra de arte carecería
de verdad y de naturalidad. Las consecuencias son fáciles de advertir: caída
en lo falso, en lo ficticio, y en lo fantástico. Ni realismo exagerado ni idealismo a ultranza.
Para sentir y discernir la belleza, requiérese la facultad estética del gusto.
Para comprender lo bello en las cosas naturales o en las producidas por el
arte necesitamos el gusto estético: cuyos elementos son la razón, la imaginació~, y la finura de la sensibilidad. El talento estético supone, a más de los
elementos anteriores, la técnica y práctica artísticas. El genio se eleva sobre
el talento. "El genio es ante todo inventor y creador. El hombre de genio
-dice Víctor Cousin- no puede dominar la fuerza que en él reside y es hombre de genio por la necesidad ardiente e irresistible de expresar lo que experimenta. Se ha dicho que no hay hombre de genio sin puntas de locura; pero
esta locura, como la de la cruz, es la parte divina de la razón" .2 Enciéndese
en el artista genial la incitación a crear, el aguijón de una lucha espiritual
constante, al producir la obra magistral. Un algo divino, una. fuerza supe•
rior e irresistible, se apodera del genio, lo guía, lo seduce, lo gobierna y lo
mantiene siempre en febril actividad. Sus creaciones, siempre elevadas, son
inimitables.
Hay quienes reprochan al genio el hecho de que no forma escuela. A esto
se le llama en buen romance, "pedirle peras al olmo". Si el genio traspasa
los cánones comunes de escuela y crea obras maestras de acuerdo con medidas que sólo él es capaz de utilizar, ¿ cómo esperar que tenga discípulos?

4. Lo

BELLO Y LO FEO

Modernamente se dice que la belleza artística es el esplendor del ser puesto en obra. Este pensamiento equivale a aquella vieja y genial sentencia platónica: la belleza es el resplandor de la verdad. Por eso en la historia del ser
en el pensamiento occidental, los cambios esenciales de la verdad corresponden -como observa agudamente Heidegger- a los cambios de interpretación de la belleza.
Se podrían formar bibliotecas enteras con las definiciones que se han dado de la belleza. Por el momento nos interesa tan sólo la concepción greco2 VÍCTOR CousIN. Le Vrai, le Beau et le Bien, Ba. lección.

19

�cristiana de la belleza como un trascendental del ser, como una cualidad del
cosmos o atributo de Dios. Ciertos objetos poseen la cualidad de producir
una emoción estética. De ahí que Santo Tomas haya dicho que bello es lo
que agrada al ser contemplado : "quae visa placent". Pero cabe preguntar:
¿ qué es la emoción estética? ¿ Cuál es la cualidad de los objetos capaz de
agradar al ser contemplados?
Siempre que experimentemos un sentimiento desinteresado, puro, agradable, que afecta armónicamente a todas las facultades humanas -sensitivas,
intelectuales y morales- estaremos gozando una genuina emoción estética.
Mientras el placer de los sentidos está localizado en el órgano sensorial im-

presionado por el objeto, el placer estético no está localizado en ningún órgano, nace de la mera contemplación del objeto que nos agrada, aunque no encontremos ninguna utilidad en él. El sentimiento armónico generado por la
belleza se extiende a todas las facultades humanas. De no ser así ---excitación
excesiva de una facultad a expensas de otra- la belleza será .defectuosa.
Pero la emoción estética es, en última instancia, inefable. Algo hay en ella
de amor, de entusiasmo, de aprobación, pero no cabe confundirla con ninguno de estos sentimientos.
¿Por qué decimos tan sólo de determinados objetos que son bellos? La
Teoría clásica sostiene que existe en ellos algo fundamental, nece3aria para
la belleza; pero que no es todavía la belleza. Eso fundamental es: el orden,
la verdad, la bondad. Aunque fundamental, este elemento no basta. Se precisa algo más: el esplendor, el brillo -elemento formal- que origine la belleza. Por eso se dice que la belleza es el esplendor del orden, el esplendor de
la verdad, el esplendor de la bondad.
Menester es no confundir la belleza con conceptos afines a lo bello. He aquí
las principales categorías estéticas: a) Lindo (belleza en pequeñas proporciones); b) Bonito (si el objeto reúne la armonía completa, con todos sus
elementos, que supone la belleza) ; c) Gracioso (viveza y suavidad de movimientos); d) Elegante (formas selectas, distinguidas); e) Sublime (grandeza ilimitada de lo bello) .
A lo bello se opone lo feo, lo ridículo, lo grotesco. Lo feo, a diferencia de
lo bello, produce repugnancia. La falta de armonía, de orden, de proporción
en la forma de los objetos, nos desagrada.
Una moda estúpida ha hecho escoger, a determinados artistas "snob", la
fealdad y los valores negativos. Los degenerados morales -que nada quieren saber del amor, de la verdad, de la belleza y de la santidad- representan lo malo en colores atrayentes, por treinta monedas de plata. Y naturalmente que sus mercaderías -revestidas de un ameno aspecto de bellezaatraen a muchos incautos. Con un poco de propaganda y considerables esfuer-

20

zos de sugestión, se logra "embobar" a muchos hombres de este siglo de modorra que padece una aguda ausencia de sentido crítico. ¡ Y cuidado con que
alguien se atreva a llamar a una obra fea o fútil -su nombre verdadero-porque los artistas le desacreditarán, pontificalmente, como un ignorante del
arte! Hace falta un poco de coraje para no sucumbir a esa sugestión del
momento.
Es antihumano buscar la fealdad por la fealdad. El hombre es un animal
sediento de belleza. Cuando falta la belleza, en todo hombre noble., se produce
"una angustia tan dolorosa -ha dicho monseñor Gustavo J. Franceschi- como el espectáculo de la perversidad o el contacto con la mentira".
Hoy en día se pretende pasar de contrabando, bajo el pabellón del arte, la
música más exótica y estrafalaria, la pintura más absurda y antiestética. Es
muy fácil llamar retrógrados e ignorantes a los que se atreven a hacer una
crítica desfavorable de los esperpentos pseudo-artísticos, pero es muy difícil
hacer tragar al hombre natural que la belleza reside, precisamente, en la fealdad. Cuando Dostoiewsky -un verdadero artista- representa lo malo, tan
abundante en la vida, lo hace como una sombra de lo bueno, como una cosa
que debemos evitar; y justamente esa representación se hará en forma tal,
que lo bueno se vislumbrará claramente a través de ese mal. Porque el fin
propio de todos nuestros anhelos, el verdadero alimento de nuestro espíritu
no puede ser la maldad, el error y la fealdad, sino el bien, la verdad y la
belleza.

5. Lo

BELLO Y LO INTERESANTE

Las cualidades objetivas de la obra de arte sólo cobran vigencia cuando se
actualizan en el espíritu de un gustador o -para decirlo en té1minos más académicos- contemplador entendido. Las imágenes concretas y sensibles operan una trasposición de sentido. "En la tela -advierte Nicolai Harbnann'aparece' otra cosa distinta de lo que está sobre ella. Aparece el paisaje con
su profundidad especial, la escena con su vida, la cabeza con sus rasgos característicos. Todo esto no es real, no se debe tomar por real; real a primera
vista es solamente la distribución del color en la superficie de la tela. Todo
eso 'aparece' sobre ella o por medio de ella. Lo mismo sucede en la escultura. Una figura representa movimiento ( el Discóbolo, el caballo de Coleone), pero el producto material en piedra o bronce no se mueve, no debe ser
tomado por algo que se mueve. El movimiento, la vida aparecen como otra
cosa en lo que es inmóvil e inanimado". (Sistematische Selbstdarstellug) .
21

�Bien puede afirmarse entonces, con los estetas contemporáneos, que todo arte tiene un sentido metafórico.
En la antigüedad clásica y en el Medioevo, lo que hoy llamamos Estética
era una auténtica filosofía de la obra bella. El pensamiento moderno ha dejado de ser, en muchos- casos, reflexión filosófica de la belleza para convertirse en una técnica de hacer obras interesantes. El hombre de nuestros días busca en el arte un remedio para atenuar o curar su angustia metafísica ante la
nada. Los artistas contemporáneos -muchos de ellos, por lo menos- buscan
la belleza en el no-bien; hacen de lo demoníaco y de lo caótico la suprema categoría estética. Pero un arte nihilista no puede perdurar. Vivimos en una
época de transición. El arte superrealista -expresión de la actividad automática e inconsciente del espíritu- nos ha producido un desencanto. No se trata de escandalizarse ante el levantamiento de un sistema de represión del
subconsciente, sino de percatarse que en el fondo de esa manifestación artística no encontramos ningún mensaje apetecido. Querer destruir la objetividad y dinamitar la realidad, es vana pretensión. En vano intentarán los pintores distraernos con colores "agrestes, hirientes, como queriéndose imponer
por si mismos y adquirir una calidad sustancial". Hoy se habla de una plás..
cica del absurdo. Buscando algo nuevo se ha llegado a pintar vaciamente el
vacio. Dejémosle la palabra a un ilustre psiquiatra: "¿ De dónde procede el
valor estético de lo interesante? Lo interesante es lo que atrae y sacude. Sólo
el hastiado necesita ser atraído y sacudido. Lo interesante es h categoría estética creada por el aburrimiento. Cuando el aburrimiento subsiste, aumenta
las exigencias de interés que deberán ofrecer las creaciones artísticas. Este incremento impone una línea evolutiva al arte, que cada vez se ha de volver
más sorprendente, más chocante. Tal sentido evolutivo conduce, necesariamente, a una disolución de las verdaderas categorías artísticas. Al final de 1a
serie el interés ha de venir de mundos desconocidos: fuertes llamadas del in~
consciente'' .3
Hace ya tiempo -y el mismo López Ibor lo recuerda- que Friedrich
Schlegel &lt;leda que el predominio de lo interesante significa una crisis pasajera del gusto, puesto que al fin del camino sólo existia este dilema: o la es·
tética volvía a regirse por normas superiores -Jo bello como trasunto de lo
bueno, como en la estética clásica, con la consiguiente desaparición de lo interesante- o persistiría en ese mismo nivel, en cuyo caso lo interesante, para mantener su valor estético, debería ser cada vez más excitante y acabaría
por degenerar en lo chocante. Lo chocante es la última convulsión del gusto moribundo.
3

JuAN JosÉ LÓPEZ IBoR.

85-86. Ediciones Aguilar.

22

El descubrimiento de la Intimidad y Otros Ensayos, pp.

Todos los esnobismos han resultado, a la postre, inútiles .::orno medios de
evasión al imperio de la genial sentencia platónica: la belleza es el resplandor
de la verdad. Traducida a términos modernos por el Dr. Luis Juan Guerrero, profesor de Estética en la Facultad de Filosofia y Letras de Buenos
Aires la sentencia de Platón se convertirá en esta otra: la belleza artística
es el ' esplendor del Ser puesto en obra. Integridad, proporción y esplendor
han sido, clásicamente, los tres requisitos de la belleza. Cuando las partes de
un objeto resplandecen a la luz de una forma sustancial, nos enfrentamos a
la belleza. Lo demás es alegria inefable, presentimiento de la originaria Be•
lleza divina, de la cual toda belleza terrenal no es sino reflejo.

6.

LAS BELLAS ARTES

Etimológicamente la palabra arte deriva del verbo griego "aro", yo dispongo. Comúnmente se define el arte como "el conjunto de reglas y preceptos para hacer bien alguna cosa". En este sentido las artes pueden ser mecánicas y liberales. Las primeras tienen por objeto la confección de cosas útiles (oficios). Las segundas se refieren a la imaginación y al intelecto. Ere
aquéllas trabaja más la mano que el espiritu, en éstas más el espiritu que la
mano. Dentro de las artes liberales están comprendidas las Bellas Artes.
Aunque existen numerosas clasificaciones de las Bellas Artes, nos inclina:mos por ofrecer la más clara y sencilla: artes plásticas y artes fonéticas. Esta
clasificación tiene su base en el hecho de que el placer estético nos es proporcionado por la vista (forma, colores) o por el oido (sonidos). A las artes
plásticas y a las artes fonéticas, habría que agregar las artes de movimiento
( danza, cinematógrafo, representaciones teatrales), cuyo efecto es un conjunto de impresiones visuales y acústicas.
Pintura, escultura y arquitectura constituyen las tres artes plásticas que se
desarrollan en el espacio. La primera bajo dos dimensiones y las dos últimas
bajo tres. Son características esenciales de las artes plásticas, la objetividad
y la extensión.
La danza suaviza ese tránsito de las artes plásticas a las fonéticas. Las expresiones de belleza en el espacio son unidas, en su rítmico movimiento, a
las expresiones de belleza en el tiempo (música).
Las artes fonéticas emplean, como medio de expresión, el sonido musical
y articulado. Música, elocuencia y poesía hablan al oído y se desenvuelven
en el tiempo sin ocupar espacio. Mientras las artes plásticas tienen partes
coexistentes en sus obras, las artes fonéticas son sucesivas.
Es nota común de las Bellas Artes el que se vuelvan -&lt;lespreocupadas de

23

�otros valores captables- hacia el valor expresivo de los seres y de las formas como tales. Dejando lo perturbador y enmarañado, búscase la configuración pura, la forma evocadora que suscite sentimientos armónicos. Hay una
verdad llamada estética que se da cuando se logra el ajuste perfecto entre
:sentimiento y expresión. Un resultado así es de valor estético universal.
Evidentemente hay un trato pre-artístico con las cosas, pero el arte modifica las formas de la naturaleza, estéticamente impuras, valiéndose de la transformación, :de la yuxtaposición y de la selección. De este modo elévase el valor expresivo, pero siempre en una dirección determinada. Cabalmente por
eso se puede hablar de estilo, que no es otra cosa que la modificación, más o
:menos intensa, del material dado en servicio de la pureza de expresión.
Para el efecto estético es decisivo el equilibrio de los contrastes, la recta
proporción, la distribución de los colores y tonos, de las luces y sombras, la
medida de la materia y del sonido.
En ocasiones basta la alteración de un solo punto en la obra de arte, para
acabar con la recta proporción y producir efectos totalmente diversos.
Se ha dicho, y con razón, que la obra de arte es un ser tierno, frágil; y
una pequeña modificación, como el matiz sonoro de una vocal en un verso,
puede dar al traste con su belleza.
Hay muchas expresiones posibles para sentimientos idénticos. De ahí la
variedad de estilos bellos en los diversos países y los diversos siglos. El arte
se vincula fuertemente a grupos y comunidades. Para hombres de otra experiencia y de otra nacionalidad, las mismas obras artísticas tiener. diverso
contenido sentimental. Y es que la expresión artística está íntimamente vinculada a la eventual totalidad de la situación existencial. La poesía lírica, por
ejemplo, resulta casi intraducible, a menos de acabar con la armonía vocal,
adaptada al sentimiento, y de destrozar la configuración poética. Hay que tener presente que el arte, en cuanto arte, expresa; no comunica. No se trata
de revelarnos el ser en sí de las cosas, sino de orientarnos a configuraciones
que alegran el corazón.
El arte como liberación nos proporciona descanso en la lucha de la vida. Le
experimentamos como "catarsis" y como liberación, no como salvación. Nos
quitará, y ya es bastante, la carga de la existencia por unos momentos, para
que, fortalecidos, podamos recomenzar el asalto de altura.
El ilustre filósofo alemán Prof. Dr. August Brunner, escribe estos luminosos conceptos: "Lo bello es algo sensitivamente perceptible que agrsda a
todos ----&lt;listinguiéndose aquí el agradar del apetecer y querer. Cuanto este
agrado sea más universal en el espacio y el tiempo, tanto más pura es ia expresión encontrada por el sentimiento, y tanto más universalmente ,humano
será éste. El lugar metafísico de lo bello es, pues, el de la intersección de la

24

vida y el espíritu, pero\ cayendo más del lado de la vida" .4 El arte -elemEnto
indispensable para nuestra felicidad- hace que nuestra vida humana se tor~
ne alegre, colorida, noble. . . ¿ Cuál es, en última instancia, el fundamento
metafísico de la belleza?

7.

FUNDAMENTO DE LA BELLEZA

La belleza es un aspecto de la realidad. Aspecto que se relaciona con la
finalidad o con la razón suficiente del ser total. Nuestra inteligencia percibe
la armonía de los seres considerados en sí mismos, con relación a otros y con
relación a nosotros mismos. Esta visión intuitiva nos pro.duce gozo, exalta~
ción, alegría. La inteligencia humana, abierta a la infinidad del ser: se deleita con las cosas que presentan integridad, proporción, claridad; porque
ama el ser, el orden y la inteligibilidad. Toda forma es un vestigio impreso
por el Creador en las entrañas del ser creado. Por eso toda belleza es
amada. Sólo que el ser creado es bello en determinados aspectos, que unos
descubren y otros no. De ahí la divergencia de gustos.
¿Es lo bello una propiedad trascendental del ser? Así lo cree Jacques Maritain cuando afirma: "S'il en est ainsi, c'est que le beau appartient á l'ordre
des trascendentaux. C'est-á-dire des objets de pensée qui depassent toute li•
mite de genre ou de catégorie, et qui ne se Iaissent enfermer dan5 aucune
classe, parce qu'ils imbibent tout et se retrouvent partout. Comme l'un, le
vrai et le bien, il est I'etre meme pris sous un certain aspect, il est une
propriété de l'f:tre; il n'est pas un accident sura!outé a retre, il n'ajoute a
retre qu'une relation de raison, il est 1'€:tre pris comme délectant par sa seule
intuition une nature intellectuelle" .5 Contra lo que piensa Jacques Maritain,
a mí me parece que la belleza no es propiedad trascendental del ser. ¿Razo-nes? Lo bello no va unido inmediatamente al ser, puesto que es una especie
de bien para las facultades cognoscitivas. Si está en el ser es por intermedio de
lo verdadero y del bien. Por estar unida a estas nociones, la belleza posee
-cierta trascen_dencia. En el plano metafísico, la belleza se identifica con la
amabilidad del ser. En rigor, sólo hay dos términos en presencia: ser inteli,gible y apetito intelectual. Todas las restantes distinciones se desvanecen en
-el plano metafísico.
La complacencia que provoca lo bello produce, a la facultad cognoscitiva,
Prof. Dr.
p. 186.
4

AuGUST BRUNNER.

6 JACQUES MARITAIN.

Ideario Filos6fico. Editorial Razón y Fe, 3a. edición,

Art et scolastique, pp. 45-46. Librairie de l'Art Catholique.

25

•

�•

un descanso "de llegada", si se me permite la expresión. No se trata del conocimiento simplemente, sino del conocimiento como fuente de fruición. La
relación del ser a la inteligencia provoca complacencia cuando se advierte la
integridad, la proporción y la claridad de los objetos. Los mismos sentidos
que perciben la belleza están penetrados de razón. Percepción que es, a la
par, sensible e intelectual, intuitiva y sintética. La integridad no se refiere
tan sólo al aspecto material sino también -y acaso más- a la manifestación
de la idea. La unidad del objeto bello admite la variedad y se revela por
ella, concilian.do elementos, que parecían inconciliables, en un todo armonioso.
La claridad surge de la perfección del orden y se ofrece como resplandor.
Hablar de la belleza en sí, como idea que mora en un mundo ideal, es un
puro mito. No intuimos directamente del mundo inteligible. Captamos realidades sensibles y en ellas la perfección de la forma. El artista aprehende los
reflejos de la Belleza infinita, pero no la Belleza infinita misma. Hay que
decir, no obstante, que el espíritu concibe una belleza ideal, ejemplar, que le
sirve de pauta en la produccíón artística. En todo caso, "la amabilidad del
ser en cuanto ser es el fundamento último de todos los valores humanos, especialmente del bien (moral) y de la belleza", como apunta Fernand van
Steenberghen. 6
Del hecho de que la belleza no tenga un fin útil, se ha querido derivar
la consecuencia de que es un efecto de la pura actividad del juego. No se
advierte que en el juego no se busca producir una obra bella, ni se manifiesta
como una cosa grave, ni trasciende el libre ejercicio de la actividad. El sentimiento estético -alegría y goce espiritual-, la admiración -estupor y
respeto ante la perfección inesperada- y la simpatía -unidad espiritual por
vibración de almas al unísono--- son elementos exclusivos de la complacencia
ante la belleza, que no pueden aplicarse al juego.
Desde el momento que la belleza finita se da en seres contingentes, podemos decir que no es bella por sí misma, aunque lo sea en sí misma, y que
no es bella absolutamente. Esta belleza finita se predica de los objetos a
título diverso {"sub diversa ratione"). Por tanto es esencialmente análoga. La
perfección que entrañan los objetos bellos se encuentran, de un modo formaleminente, en Dios como "soberano analogado", sin alteración IH vicisitudes.
La causa fontal de toda belleza es la Belleza misma. Baudelaire, inspirándose
en Edgar Allan Poe -y casi traduciéndolo-- nos habla de un instinto de
lo bello que nos revela los esplendores situados más allá de la tumba: "C'est
cet immortel instinct du beau qui nous fait considérer la terre et ses spectacles
comme un apen;u, comme une correspondance du ciel. La soif insatiable de
6

26

STEENBEROHEN, FERNAND VAN,

tout ce qui est au delá, et que révele la vie, est la preuve la plus vivante de
notre immortalité. C'est a la fois par la poésie et a travers la poésie, par et
a travers la musique, que l'ame entrevoit les splendeurs situées derrif:re le
tombeau; et quand un poeme exquis amene les !armes au bord des yeux,,
ces larmes ne sont pas la preuve d'un exces de jouissance,. elles sont bien
plutot le témoignage d'une melancolie irritée, d'une postulation des nerfs,
d'une nature exilée dans l'imparfait et qui voudrait s'emparer immediatement,
sur cette terre meme, d'un paradis révéle" (L'Art romantique, Charles
Baudelaire) . El instinto de lo bello nos eleva de la pluralidad a la unidad
superior. Al contemplar la experiencia sensible y pasajera no podemos dejar
de pensar en el fundamento invisible, en la esencia eterna. Es la f;articipación
de la misma Belleza lo que hace, en última instancia, la belleza de las creaturas. Y esta participación es suficiente para que los seres finitos resplandezcan
en su orden sin ofuscamos. Si "el hombre --como ha dicho un filósofo contemporáneo-- tiene una misión de clari.dad sobre la tierra", no es menos
cierto que padece un axiotropismo estético que le hace remontarse, desde las
armonías vivientes, hasta la región donde lo bello, lo bueno y lo santo se han
fundido, hasta confundirse, en la región de lo eternamente perfecto.

.¡

Ontología, p. 84. Editorial Gredos.

27

�EN TORNO AL VALOR
SRA. Lic.

CONSUELO BoTELLO DE FLORES

Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Nuevo León.

nutre un cierto sector de lo que el hombre ha
hecho, desde hace una treintena de siglos. Se necesitó un milenio para que
San Agustín de Hipona destacara el primer territorio filosófico con un
objetivo ya más constreñido.
Si con San Agustín en la posición del cero de las coordenadas se retrocede
hacia el clacisismo e incluso al presocratismo y a los renglones germinales de
las meditaciones filosóficas, o bien, si se avanza por el desarrollo posterior para
alcanzar la actualidad en nuestros días, me parece que el quehacer filosófico,
aparte cuanto ha dicho y concluído, enmendado o completad0, etc., equivale
a un trato continuo con la realidad. Esto quizá haya nutrido mi intuición
originaria durante mis proximidades con la filosofía; el filósofo filosofa acerca
de lo que le parece algo, de lo real o de lo ideal, de la materia o del espiritu;
del tiempo o de la eternidad. Lo que he vivido, aquello que me sacudió con
su evidencia, o que me ha impulsado a la perplejidad o incertidumbre, lo más
inmediato a cuyo impacto certeramente surgen la inquietud y la actitud filosóficas, es lo que aquí y según la documentación de quienes la han enfocado,
considero "lo real". Dicho así, resultaba en comprimida precisión "la realidad", lógicamente tan extensa como metodológicamente ardua. No por temor
al trabajo, pero si a la falta de capacidad para trasladar las formas más
rigurosas a la forma académica válida, se impuso la disciplina de perfilar lo
encontrado en una forma moderada y reduciendo estas perspectivas como lo
llamaría Ortega, sólo a los aspectos actuales de esa "realidad". Es decir que
hay que examinar qué modo sustenta esa realidad para los actuales existentes.
Y éste se nos .dá cuando observamos que el pensamiento humano se nos determina de pronto como buscador de algo valioso.
LA PREOCUPACIÓN FILOSÓFICA

Tantos empeños como se llevan ya anotados sobre esa avidez humana de

29

�saber y de saberse carecerían casi por completo de sentido, de significación
última, si no se procura verlos en dirección de algo más. Siempre el pensamiento quiso, a las solicitaciones de lo que enfocaba como real, como algo,
la obtención de un valor. Habrá sido la justicia, el bien, la verdad: cualquiera
que se prefiera establece que el hombre y su tarea de ubicarse en sí y conforme a los demás presupone la obtención de valías. Para explicar esto el
argumento se estructura en los siguientes pasos:
Primero: Algo hay;
Segundo: Ese algo implica algo más; pues que dado algo es dado según
-otro algo y no se interconfunden (de haber algo parmenídeo, único, inmóvil,
etc., resultaría puramente inteligible, tal como Parménides encuentra la última verdad necesaria) ;
Tercero: Entre cuantos algos registra el existente que los estudia, unos se
le dan como ajenos y extraños: tal es lo sorpresivo platónico, los utensilios
para Zubiri (familiares, serviles), los distantes para Heidegger;
Cuarto: Ese ciclorama de lo dado, necesario y apodícticamente múltiple,
puesto que es distinguible -distinto- se da ante un alguien que lo recibe
como aspecto de lo dado;
Quinto: No se sostiene por el anterior argumento que lo dado no se dé,
sino que se recibe su realidad en un cierto y determinado aspecto;
Sexto: Entre esa diversificación ( no en un aspecto físico sino en un ámbito
dialéctico) se recogen existentalmente los valores como dados;
Séptimo : No tan sólo la forma de darse y de acceder al valor y a los seres
difiere, sino incluso su tipo de realidad suscita diferentes maneras de captación;
Octavo: Entre el ser que es y el valor que precisa el deber ser de cada
ser se obtiene fenomenológicamente el proceso de la valía.

,,

Así, el ser-axiotrópico no es nada, se decía ya, equiparable a una categoría
predicación respecto al ser del hombre. La fórmula: el hombre es un ser
axiotrópico funciona como compendio para que estalle su significación plena;
es éste el resultado de una marcha dialéctica, que se ha seguido; corolario
de enfrentar la realidad, a partir de otra, la de quien la enfoca, y por considerarla en tanto que real e indicadora de sentido (Heidegger) es por lo que
el hombre estudioso, el filósofo y el científico, pero sobre todo cualquier hombre emplaza la realidad lo mismo que Kant a la razón, que Ortega a la
vida o que Santo Tomás a Dios, en la inteligencia de que su conocimiento, la
comprobación de su ser o la admisión de su realidad, etc., valen. Esto es ser
axiotrópico, esto quiere decir optar valores; a esto se ha referido sin excepción
oponible, todo aspecto de lo real consignado en los instrumentos de jnformación.
-0

l..

De semejante modo se ha excogitado la presentación de la realidad en sus
muy varios aspectos por un ser-real que lo expresa en sus filosofemas con

30

pretensión de validez. El mismo caso de falacias tan detonantes como las de
Gorgias o las de Sartre, no han sido expuestas sin dirección o sentido hacia
un valor. El escéptico niega la verdad y al negarla la establece latente en su
negación; fenomenología nos repite Heidegger, es la penetración misma de
lo que hay ahí", lo dado, real o no, ideal o supra ente. No ha sido factible
recibir una noticia relativa a algo, que no pretenda valer; lo mismo en el
ámbito filosófico que en el científico, político o histórico, etc. La existencia
misma como "peripecia axiotrópica" es comprobación o cuando menos testimonio del ámbito donde el existente se encuentra siendo.
Además de la entitación de los seres, ejemplo : materia agente, forma y
finalidad, son como deben, máxima o mínimamente. Deben ser válidamente
en obediencia a una valía procesual que los coordina a un valor. Y al hablar
de valores y su manera de acceder a ellos, cabe recordar lo citado por AllOys
Müller en su Introducción: La Metafísica de los Valores: "Hasta llegar al
fastidio hay que resignarse a oír la cantilena de que la institución de la esfera
de los valores es una hipostatación metafísica, o que la esfera de los valores
necesita de una fundamentación metafísica. Ambas cosas son falsas. Los
valores no son realidades metafísicas, que causen efecto, den forma o impriman
sello; y por ende, no estamos ante ninguna hipostatación metafísica. Por otra
parte, a consecuencia de su eternidad, los valores son completamente autónomos: no tienen necesidad de sostén metafísico alguno. Lo que es eterno lleva
en sí mismo el fundamento de su ser-real (pág. 36, Ob. cit.). Por otra parte,
¿ es acaso factible, en nuestra actualidad filosófica y circunstancial, el tratamiento dialéctico de esta realidad de lo que vale con tan sólo las armas del
razonamiento lógico aplicables a la realidad del ser? Aquí se opina que quienes han descubierto el territorio objetal (no óntico, ni ontológico) de los
valores, se demuestra histórico-filológicamente, que lo fueron Sócrates o Platón, la última Academia o San Agustín, Santo Tomás en alguno de sus pasajes y ya tardíamente el rejuvenecimiento neo-escolástico de Lotze y Brentano, Husserl, Scheler o gran parte de nuestros días, etc., sin apenas advertirlo
han emprendido la estructura de una lógica ad hoc mediante cuya estructura
.axiomática mostrar, no demostrar la peculiar realidad e inserción de lo
valioso en el ser. Ya cuando Radbruch condensa la problemática en el deber-ser,
utiliza un complejo de significaciones que innegablemente preenunciado en
Husserl principia a reclamar sitio autónomo en la circulación filosófica. Aparece esa nueva lógica relativa a lo que vale ante nuestros ojos en la mitad de
nuestro siglo como una porción entre tantas otras de la realidad no cultivada
por el hombre. Ahí ha estado y estaba; nada o muy poco se había pensado a
su respecto; pero tampoco el tratamiento físico-matemático del observatorio
quieto a una velocidad, había sido estudiado antes de Fitzgerald, Laurenz y
11

31

�Einstein; sin embargo ya están ahí en pleno tráfico y exámenes esas realidades.
Igual nos parece el caso de los valores y de las valías; se entrevieron, de vez
en vez se alude a ellos y no es sino a la estentórea agitación de Nietzsche, cuando su problemática empieza a ser considerada.
Ahora la filosofía cosecha de un antiquísimo sembradío que ya en las Leyes
socráticas se hace presente o mejor dicho patente para e~ hombre como deberser. Toda nonnación, ha establecido Husserl, en la segunda de sus Investigaciones Lógicas, aunque se desobedezca o desatienda, alude a una validez que
la sustenta. "Quien estudia ha de . .. o bien el castizo chascarrillo español:
"a nadie se le exige tocar la guitarra, pero si lo hace. . . debe. . . etc." Se
está palpando tras cualquier forma de darse la realidad que "debe de ... esto
o lo otro ..." Imper.ativa y apodícticamente la creatura humana como a.x.iotrópica se orienta rumbo a lo que vale o parece valer. No !e basta, porque
no es suficiente, cualquier solución o decisión. Ortega nos dice que somos programas que no venimos a nuestro ser desde antes sino a partir del futuro que
nos señalamos: el anteproyecto "nuestra vida" es ya trance y existencia. No
es que seamos libres, Ortega extrema y piensa que lo somos fatalmente; no
es posible humanamente dejar de ser libres; pues ya lo veíamos antes aquí
mismo, lo que nos dejó el asiento de la enseñanza en San Agustín: nuestro
desvío de lo efectivo y actualmente válido, la dirección y orientación a valores
subordinados y no supremos nos mutila la libertad; dicho en el excelso lenguaje agustiniano, el pecado nos esclaviza. Para Ortega en el orden del ser y
en la categoría del cuantum, lo menos se requiere para lo más. Ante lo que
vale, lo subordinado no se estima sin la perspectiva de lo supremo.
11

;

I'

1

1

Resulta evidente que si prefiero lo que no vale absolutamente y sin comparación, al renunciarlo o renegarlo, me ato, me coarto en la minusvalía que
he preferido. La premura de acertar y la gravedad de acertar para siempre
nos detiene y sobrecoge en el acto existental mismo de obedecer las exigencias
supremas de las últimas valías. El pensamiento y el hombre mismo que lo
emprende, peligran de continuo.
Por todo ello no somos fatalmente libres; la misma necesidad lógica doblega
el pensamiento, porque su urgencia de reconocer y comprobar lo conocido o
supuesto, el existente mismo atónito frente a lo que vale y le exige cumplirlo,
muestra la radical libertad de existir y de pensar, pero nunca la fatalidad.
Tal opción a lo que se juzga digno de seguirlo e implantarlo en el ámbito de
la existencia constituye la destinación libre de todo ser humano, filósofo o no;
lo haga a sabiendas o lo practique y lo ignore; "por el hecbo simple de haber
hombres, se suscita la filosofía", di jo serenamente Platón. Podría aquí intentar
parodiar al ateniense de la Academia con "en el dato mismo del existente

32

está la integro-vivencia del valor como una de las formas de la realidad y la
premura para seleccionar el más alto entre todos".
Los diferentes tratadistas del valor lo han enfocado desde muy diferentes
puntos de vista; hay quien se pregunta ¿qué se entiende por valor?, pero
según lo afirma;do aquí anteriormente, la realidad de los valores no se entiende,
de ahí que habláramos de la inadecuación de una lógica puramente noética
para tratar con sus preceptuaciones o fundamentos teoréticos la forma de
realidad de los valores, de otra manera, que al decir que los valores se entienden, quiere indicarse que no es esa la manera existental ni la dialéctica para
dar cuenta de lo que vale.
Por otra parte tenemos a Riehl, que nos dice: "lo real al ejercer su influencia
sobre nosotros, no solamente es percibido por la inteligencia, sino también
vivido con todo nuestro ánimo, estimado por el sentimiento, apetecido con
la voluntad. A tal estructura corresponden ideas o valores"; en fin lo que se
quiere evidenciar aquí, es que ya consta la diversidad entre ser y valor. En
unos párrafos, por ejemplo, de la monografía que sobre los valores produjo
Linares Herrera nos dice: ''Los valores se nos ofrecen como una especie peculiar de propiedades ( útil, noble, bello, santo . . . ) "; conceptuación que permitiría una respuesta para quienes andan investigando ¿ cómo a:dyace el valor
al ser? La respuesta caería de esta cita: los valores se insertan como "propiedades" .
Sólo que cabría objetar semejante opinión, pues ya vemos que constan diversas maneras de darse la realidad. A una de ellas a la que céntricamente
oriente y predisponga al hombre para la peripecia de su destino porque vale
o le parece valer, se la vé válida. No es, sino que vale. Linares Herrera organiza un ensayo con los valores en el ser, nada extraño tiene que juzgue de
ellos como de entidades.
El hombre busca comodidad, por ejemplo, para eliminar alg" que niega un
valor. Tampoco esta posición extrema resuelve el problema, que entonces
se enunciaría así: ¿ vale aquello que se anhela? La belleza de un panorama
o la abnegación de un acto pueden evidenciar la falta de belleza y de abnegación en quien los estima, y como no se trate de un resentido morboso del
dibujo existental de quienes para elevarse, pisotean lo digno, quien accede a
la presencia del valor lo estima, aunque no lo obedezca en sí como persona.
Por eso es axiotrópico.
Cuando Sócrates explica que se ama aquello que no se tiene, ilumina rneridianamente la naturaleza de esta aparente aporía. No nos parece amable
algo por estarlo anhelando, sino que lo ansiamos porque vale como amable.
No parece que haya más que discutir en relación a este pretendido subjetivismo ante las realidades valiosas. Ser axiotrópico no quiere decir ejercer la apó-

33
H3

�fansis de lo valioso, predicación de dignidades; se dijo ya que es la contextura
misma del existente que se percata que ha de salvarse o de perderse: tertium
non datur. No se puede decir como de una piedra o de un vegetal, que
presenta tal tamaño, es útil, abundante, etc., predicar del hombre adjetivarnente, que es axiotrópico, porque a éste le es estructuralmente consustancial
orientarse en la perspectiva de lo que vale o vive como valioso.
Aparece como el iniciador de las actuales investigaciones sobre el valor, H.
Lotze, que cree encontrar la esencia del valor en un valer, practicando así una
escisión estricta entre el mundo del ser y el mundo del valer, entre lo que es
y lo que vale; aunque habría que estudiar detenidamente si verdaderamente

se da en Lotze esta pretendida separación de ser y valer. Sólo que en ese tipo
de discusión habría que tomar en cuenta las significaciones de los vocablos.
Met~rse en esas prioridades terminológicas equivale a una logomaquia. Es

claro que el término valor se levante hacia el campo de la filosofía desde "el
mismo lenguaje vulgar que se compone tanto de juicios de valor como. de
existencia" (J. Ferrater Mora, Dic. de Filosofía, 3a. edición, Buenos Aires

1951, p. 961-c) artículo en el cual ya se entrevé "la clásica identificación del
valor supremo con la suprema realidad". Sigue diciendo Ferrater: ºSi la
filosofía antigua y la medieval en opinión de muchos pensadores, es una

filosofía que se ocupa predominantemente del ser, ello no equivale a decir
que el valor no ocupa lugar dentro de ella, sino más bien que se haya subordinado al ser, el cual es comprendido siempre inequivocadamente en fun~ión

de realidad". Recordemos que es Platón el máximo representante de esa hipótesis· el cosmos inteligible y el sensible constituyen, que lo es completamente
en l~ supremo de la idea primera, es decir se advierte la perduración de un
primer principio o arjé y el estudio subsecuente del cambio y la permanencia.
El ser es o vale más en tanto más perdura y menos pasa sensiblemente, mien-

tras más inteligible.
Aquí ya no puede pronunciarse una predicación en la que la realidad au-

ser) y otra presentación totalmente diversa la del deber-ser. La realidad del
valor a la que tanto ha pretendido constreñirse autonómicamente la meditación desde muy temprano en nuestro siglo, se interfiere tajantemente con la
consideración ontológica de la existencia.
Mirar hacia la realidad en demanda de su conocimiento supone un deber-ser

que la interrogación, humana busca. Urge adecuar la noción a la realidad que
la suscita, el hombre no se satisface ni con su propio ser, sino que barrunta

que debe ser algo más. El ser axiotrópico al dirigirse a lo que predica en el
deber-ser que lo inquieta, norma no tan sólo su afirmación, su aporética como
lógica de la interrogación, sino su propio ser que es en concordancia mayor o
menor, según algo que se le da digno o valioso para servirse de ella como
referencia y aspirar a su consecución. Este proceso existental se da como

valía en lo hecho o intentado por el hombre y como realidad en él mismo,
pues su realidad es scr-axiotrópico.
En cuanto toca a las negaciones adiaforéticas (inercia ante el valor) el tratamiento psicológico no solventa el problema, ya que filosóficamente la rea-

lidad del valor se da indiscutiblemente en sí y por sí, aparte de que alguien lo
obtenga como dato, lo viva, obedezca o no. Si en rigor puede predicarse del
hombre que se pregunta por lo que vale, que según ello se orienta hacia su
deber-ser, no puede tomarse como ceguera, en una forma inerte o negativa
sino según el proceso activo de su valía. Se muestra esto con los pasos procesales
de "elección, dilección, predilección". La raigambre brentaniana y schelerina
de esta síntesis salta a la vista.

Cuando Linares Herrera en su Problemática Actual del Valor (Rev. de la
Universidad de Buenos Aires XLVII - 364, Núm. 20) emprende el examen
de la "actualidad filosófica", trata la "relación entre valor y realidad" y dice:
el valor ¿es algo real o ideal?, planteo que en conformidad con lo ya dicho en
estas páginas no puede aceptarse; se vuelve a retroceder a lo valioso en contra

de lo real o esto frente a lo ideal. Nada se ha anticipado ni tratádose puntual-

mente o disminuya según sea o valga; son o valen las realidades, se dan como
tales realidades. La identificación agustiniana mediante el Splendor ordinis se
filtra del platonic;;mo más clásico, valor o no valor en el ser o en el no-ser

mente sobre ninguno de los tres extremos: valor, realidad, idealidad. Parece
verdaderamente extraño el reporte: "en esto concuerdan fenomenólogos y neo.

equivale a la reunión de la realidad.
Lo que Ferrater consigna en su Diccionario en relación a "la ausencia de

insistir en que la fenomenología signifique un idealismo de principio, en este
trabajo fenomenología es aceptado según en un principio, se estableció como
método y Linares no cuenta con ningún antecedente en su obra, para poder
tomar la fenomenología como posición y así hacerla confluir con la neokantiana que en verdad tiene que aceptarse como un idealismo.

una reflexión autónoma sobre el valor no es, pues, debida más que a esta
inmersión de lo valioso en lo verdadero o existente, o si se quiere del valer
en el ser". Vistos los argumentos anteriores manejados en este trabajo no
parece necesario volver a insistir en esa indiferen~i~;ión de lo que aquí !e
denomina Formas de la Realidad; pues la expos1c10n de Ferrater bastana

para recordar que una cosa es el ser-verdadero-uno-bueno ( trascendentales del
34

kantianos: ¿ es reductible el concepto de valor al concepto de ser? Hay que

Tampoco el retorno a explicaciones psicologistas esclarece los manejos valorativos, ni puede tomarse con una aceptación indiscutible el que las nociones
ónticas y ontológicas se representen al examen epistemológico en condiciones

35

�equivalentes al dato valor. Aparte de la condición fenomenológica de la obtención del valor lo correspondiente a la realidad del ser seüala un campo
totalmente aparte: lo conocemos, se le ignora y cuando menos se sabe que
se Je ignora. Ante el valor no tomamos una actitud de cognoscentes, activa y
en deliberación. Cualquier valor insta a su aceptación o determina su preferibilidad.
Nadie adopta una postura ante el ser; intelectivamente se apetece su realidad y por ende conoc~rlo, resulta el valor verdad de su noción y al insistir
en que en serie al valor se alcanzan realidades de diferente tipo, la diversidad
de temática está urgiendo la de método.
El fenomenológico es tangente de la Simplex Aprehensio escolástica. Santo
Tomás retrocede en cualquier problema a lo evidente, según los primeros
principios; no se dan ni se sospechan primeros principios del valor, luego el
tratamiento filosófico de s~r y de valor cuenta para posibilitarse con cimientos
y postulaciones en todo diferentes. Otras realidades no entes también se
localizan en esos primeros principios o Simplex Aprehensio.
Ahora se interpone la necesidad de enfocar la realidad y en ella, esta
neoplanicie apenas principiada a explorar, la realidad de los valores. Ortega
al avizorarla habla de la innúmera fauna y flora valorativa, pues como siempre y ya lo he anotado, al alcanzar el pensamiento un territorio de la realidad
no advertido antes o no estudiado suficientemente, hay que repasar dialécticamente lo visto y dicho al respecto para intentar una posición propia ya que
en ello consiste parte de la intrinseca dialéctica del filosofar.
Fenomenológicamente, es decir, con entero apego a "lo dado, tan sólo y
únicamente lo dado y todo lo dado" la realidad del valor no se ofrece ante
la existencia ni ante el existente, como la realidad del ser que se sabe, se
presenta en la conexión del ser conocido. Al trasluz de todo ser se palpa su
deber-ser. Confluyen ser y valor: éste se delata o refleja en aquél, no ad yace
como pretende Linares Herrera, como se objeta en los tratamientos "nudamente metafísicos". La metódica para el manejo de las dignidades valiosas
¿consiste en una sumisión del valor?, evidentemente no, puesto que al ~er se
somete la indagación y al valor se le avizora, se obedece a su exigencia de
cumplimiento o se prefiere a otro.
De un ser no puede predicarse la preferibilidad o la exigencia, por cierto
que en los análisis sartrianos el ente opaco, empastado que disloca el pensamiento y lo vuelca en la náusea, hay una activación al contacto con el ser:
compromete o rechaza. Sólo que esta ágil fenomenología del ser de Jean Paul
Sartre no lo es aunque el célebre escritor la proponga como tal; es una fenomenología de la vivencia en que el ser penetra la existencia o rehuye el
acceso del existente.

En cambio enfrentarse como lo que vale, inclina hacia o desvía de, éste es
el contacto metódico con las realidades que valen. Ni remotam~nte se sostiene
que sea el único acceso al valor, pero sí que es el encontrado con rigor metódico. La actitud para un tratamiento exhaustivo de la realidad sobre admitirla
completa e integrada orientada a sus aplicaciones de estudio, según el sector
de la realidad que enfoca si se emprende el examen filosófico de una teoría de
ecuaciones en el campo abstracto de la idealidad de los entes matemáticos, no
convendría quizá la estricta fenomenología categorial, sino el artificio inductivo o la secuela deductiva o el procedimiento intuicional de Poincaré. La
consolidación filosófica sí pide reducir fenomenológicamente los pasos o matrices que se investigan en lo dado. La realidad supra-real tal vez no sea
obtenible en la plena vivencia en que se manifiesta justicia, verdad, belleza y
sus constelaciones.
La réplica más seria que yo he encontrado consiste en que la metódica
adecuada requeriría ya un preconocimiento, una prenoción, pero conocimiento
y noción al fin; ¿ cómo adecuar un método para conocer si ha di! í{Uardar
congruencia con lo estudiado que se supone desconocido?
La fria respuesta es de las del tipo de las de Heidegger: él le da en su
Ser y Tiempo . Nada se supone sabido de la interrogación por el ser: hay tan
sólo una trémula dirección rumbo a quien tiene sentido plantear su problema.
Declarar que se desconoce algo equivale a fundamentar su conocimiento; se le
conoce en la medida en que "nada se sabe" (Heidegger). Reconocer que no
se sabe es el humilde principio socrático de toda noción valedera. Santo Tomás
nos dice: ¿Hay Dios? Al postular que no acepta el conocimiento de lo que ignora se orienta a la sapiencia.
De los valores no se sabe; esto es funda·.11ental en estos análisis. Pues los
valores orientan al ser-humano que como existente se confiesa sin comprometerse (Sartre) al cumplimiento de ellos. No los desconoce como tampoco
al sol lo saborea, ni al pensamiento lo somete a manejos físico-químicos. Juan
D. García Bacca reduce lógicamente a sin sentidos y contrasentidos esas falsas
conexiones entre campos de la realidad. Tomemos un ejemplo; "la raíz cuadrada de dos es muy alegre", pues algo similar se advierte al decir "el valor
justicia es . . .", cualquier cosa, alguno de los predicados categoriales del ser.
Esta digresión metodológica dice que el trasiego de las realidades valiosas
queda aparte de las posibilidades apofánticas de lo ente. Lo valente quizá se
conozca que se da, pero Ir conocido es el dato, no el valor, de acuerdo con los
análisis anteriores.
Después de estas ideas generales con respecto al valor y al ser como aspectos
simultáneos de una realidad que así se nos 'da, me gustaría llegar a la actualidad y vigencia de las nociones axiológicas haciendo antes un breve repaso por

37

36

�el pensamiento que a este respecto se ha esgrimido previamente a nosotros.
El pensamiento en torno a los valores, aunque seguramente no como ahora
se les puede considerar, es retrollevable a dos milenios y medio antes de nuestros días: ya la sofística griega había distinguido "valores objetivos" ... y ' 1valores subjetivos". El descubridor e instaurador de la dignidad céntrica del
hombre en la realidad, Sócrates, de quien proceden todavía las líneas principales de la filosofía, inaugura una preeducación valorativa de consistencia
humanística.

1

1

I
1

Juan Luis Angelis en el Diccionario Filosófico dirigido por el señor Julio
Rey Pastor y el Padre Ismael Quiles, S. l., juzga de las enseñanzas a.'&lt;iológicas
de Sócrates como de una doctrina "todavía primitiva y empírica"; no convendría enjuiciar a nuestra vez el dictamen del colaborador de este Diccionario; baste con decir que el bienestar o la felicidad señalados por Sócrates se
apoyan en sapiencia o conocimiento de lo valiosa. Cierto que la dedicación
a lo bueno, a lo justo, a lo verdadero, a lo bello, etc., era para el maestro de
Platón función del conocimiento de esas realidades; por eso el diálogo Fedón
concluye tan majestuosamente con el conocido epitafio a Sócrates: "el más
justo y el más sabio de los hombres". Que la satisfacción de las dignidades
valiosas en el antecesor de la Academia reconozca como posteriormente Platón
una jerarquía de aspiración suprema, no autoriza del todo la emisión de que
se trate de una perspectiva "todavía primitiva y empírica".

.,

La derivación palmaria de la estimativa socrático-platónica en Aristóteles un siglo después de Sócrates, aunque con un sentido opuesto recoge las
meditaciones del mayeuta y del ideísta. En el peripatos, Aristóteles se atrevió
en su polémica frente a Platón a organizar sus Eticas con el apoyo previo de
su Política. La teoría del "buen ciudadano" para el estagirita reconoce como
criterio el estatal. En la Academia la felicidad como cumplimiento y realización humana se sustentaban en la personalidad de cada quien. En ambos
ilustres sistemas fluye larvada la presencia de los valores. La totalidad de la
subsecuente consideración patrística, bizantina, alejandrina y medieval, persiste en avizorar lo justo, lo bueno, etc., es el legado aristotélico-platónico; sus
máximos representantes en el intervalo de casi un milenio lo son Filón, Plutarco y San Agustín de Hipona. Hasta la culminación escolástica en el siglo
XVIII, los órdenes valiosas en el mismo Santo Tomás de Aquino siguen orientándose según el ser, su razón y su deber-ser. El bien como causa eficiente y
germinal cuanto última y final en la Quaestio XVI de la Theología de Santo
Tomás de Aquino atraviesa como una constante evocación de los maestros
griegos, 1700 años de reflexiones.
Las antevísperas y los decenios, anteriores e inmediatas unas y subsecuentes
las otras al renacimiento testimonian la vacilación de las creencias, las dubi-

38

taciones de Descartes a propósito del deber-ser. Los valores les eran presentes
a los epígonos de la Edad Media y lo fueron también para los ejemplares del
amanecer renacentista, pero el hombre no se fincaba en su orientación como
para postular ninguna jerarquía estable, cuando un siglo más tarde durante
la agonía de la efervescencia dorada que suscitó el haber recuperado la biblia•
grafía clásica de la antigüedad y la expansión geográfica de los ecúmenes, en
la arista secular ya final para el iluminismo con la importancia de "haber plan•
teado la problemática de lo valioso".
Tanto como para F . Larroyo en México, como para De Angelis en la Argentina, cuando menos, la palabra valor procede de la Economía Política de
Adarn Smith; pero ya el Diccionario que aquí se sigue distingue en la acepción económica la bifurcación entre utilidad y eficiencia adquisitiva.
Sobra aquí en unas páginas de reflexión filosófica detenerse a demostrar que
lo que en otros campos del conocimiento significa diferenciar equívocos, en
el de la filosofía siempre encamina de modo fatal, en una distorsión dialéctica:
lo que el sentido de lo valioso desempeña en la Economía donde solventa.
exigencias e insatisfacciones, nada o muy poco tiene que ver con las indicaciones que cumple en el ámbito filosófico.
Filosóficamente tomado, el valor solicita y obliga aunque no se le atienda;
en tanto que económicamente satisface como acaba de verse. Por lo cual el
tránsito que se quiere ver a través de la psicología y de las ciencias exactas,
de la conceptuación axiológica al campo de la filosofía, insistimos en que debe
tomarse con muy serias reservas.
En el positivismo de fines del siglo de Hippolite Taine hay ya una clara
conceptuación del valor, entre sus meditaciones estéticas en las célebres lecciones que dictó sobre Filosofía del Arte. Y todo el mundo sabe que contemporáneamente al positivismo y a la restauración del criticismo, Hermann Lotze
en su Microcosmos es quien demuestra y establece decidida y modernamente
que la realidad del valor difiere de todos los entes. Habla de una "sensibilidad
para el valor". Se vio ya reaparecer en las ondas de la elegante dialéctica
fenomenológica de Max Scheler, esa visión de lo que vale aparte de lo que
se sabe conceptualmente. De modo que si yo digo que al ser del ser corresponde
clásicamente la razón del ser, su noticia y tentativa de conocimiento; parece
que al valor del valor no se le compagina una razón del valor. Es otra la
forma de su realidad, otro también el acceso humano a su contacto y elucidación; tanto la citada sensibilidad de Lotze cuanto la intuición emocional de
Scheler, resultan consecuentes con esa diversidad de la realidad que los valores
representan. Se ha descartado también aquí la factibilidad de alcanzar valores
por vía puramente sentimental o emotiva. El ser axiológico incitado a lo que
vale no es pura razón ni menos afectos o voluntad o voliciones. Es todo eso,

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�1 1
1
1
1

aspectos y estructuras de eso y acaso algo más. No es el ejerc1c10 aislado y
parcial de ninguna de esas funciones generales de la conciencia como ahora
se las designa. Tales son los argumentos por los que ni a Lotze, genuino instaurador de la primera visión axiológica congruente, ni a Scheler, tan adelantado e ilustre, puede aceptárseles en ese sentido.
Precisiones tan exquisitas como el distinguir V erdad y Valor en una noción,
-están esperando desde hace más de medio siglo una exploración más minuciosa,
seria y filosófica de los trabajos de Lotze. Su proximidad, por ejemplo, a
Franz Brentano en los análisis psicogenéticos requiere un esclarecimiento en
•orden a la fundamentación fenomenológica de todo cuanto posteriormente se
•organizara Husserl o Heidegger y Scheler cuando menos.

Ya la escuela badeniense y su contraste frente a Nietszche han de ser con·siderados, como meditaciones propiamente axiológicas. Lástima que la pré·dica de Nietszche o quede en los linderos filosóficos sin delimitarse o los
,derrame. El super-hombre no cabe circunspectamente en ninguna concepción
filosófica, pues su transmutación de los valores los supone en repertorios de
factura óntica, vistos con sentido de preferibilidad humana; y el valor si algo
entrega a su captación existental, consiste en una distancia impenetrable a
la lesión o confusión del ser: por no ser, los valores se entrañan en el deber-ser.
Tampoco esto quiere decir lo que Oswald Spengler postula: "debe-ser, luego
es"; pero ni eso, ni el reflejo del puro ser de las ideas platónicas en los probables concretos, ni forma alguna de ser en general.
Se ha llegado así a las antevísperas del pensamiento axiológico. Conviene
desde luego esclarecer terminantemente que no puede admitirse en la misma
significación filosofia de los valores y filosofía del valor. Esta última se ha de
entender como un episodio teórico en el que en cualquier posición filosófica
se trate o estudie el problema del valor en general; y como filosofía de los
valores, se presenta como aquella que establece su tarea a partir de los axiomas
valorativos, su base de partida la constituyen los valores; no los disputa, los
toma para hacerse con ellos como presupuesto. Éstas páginas pretenderían, de
haber sido pensadas y trazadas en dirección a los valores y no a la "realidad
toda, en su total orden y a fin de su total conocimiento", elucidarlos en su
real conexión con lo demás, no aislarlos ni ignorar sus peculiaridades, sus
problemas, ni formas accesibles a la meditación.
La figura de Guyau es vista por el mismo De Angelis como similar si no es
que como derivada de Nietszche. A Brentano a quien ya hicimos mérito sería
imperdonable desconocerlo: su establecimiento del "sentimiento de existencia"
equivale muy próximamente a la Erlebnis de Husserl. Lo mismo hay que decir
del esquema tridimensional que encuentra Brentano para la esfera psíquica,
de ahí proceden las intuiciones más tardías de Scheler. Coetáneo de este último

40

lo fue Meinong; se le reprochan sus tendencias psicologistas. El orto de sus
significaciones se comparte entre Husserl y Urban; igualrnen~e se conecta a
Ehrenfels con el psicologismo dicho; para él los valores careceríari de "realidad
objetiva" y acaso los reduce a relaciones; no es fácilmente inteligible como
puede aludirse a algo sin admitirlo como objeto, como término de referencia.
Las conexiones entre deseo, sentimiento, tendencias y volición en Ehrenfels,
como facultativos o representativos, ya proporciona un criterio estimativo.
Eisler avanza el siguiente paso al dictaminar que la "inteligencia no crearía
en absoluto los valores sino que los descubriría". Es de considerarse poco aprovechable este último autor por su extremada cautela ante normaciones que lo
hicieron temer un dogmatismo, pues al rechazarlas cae en una desviación
naturalista.
Aunque Eucken filosofa en el campo de la religión, ve con bastante justeza
el espíritu ya corno integración elevarse sobre el reino de los valores. La bifurcación entre lo natural y lo cultural para Rickert y para Windelband ya contiene luz actual para la contemplación de los valores y el mismo De Angelis al
reportar esta proximidad a nuestros días se disculpa casi con decirnos que la
obra de Rickert es de sobra conocida para dar noticia de ella.
El abolengo en la posición que aquí se tomaría se encuentra en Husserl,
Hartmann y Scheler; todavía el ex-rector de Friburgo luce la herencia de las
significaciones y por su limpieza lógica padece el espejismo de las esencias (ser
del ser). Los valores en Husserl significan esencialidad, pero he aquí lo fundamental: "no son intelectualizadas sino meramente aprehendidas" . Ya esto es
hablar responsablemente a propósito de una realidad, de una nueva región
de la realidad. El mismo apriorismo scheleriano, tan merecidamente prestigiado, se apoya completamente en esa espléndida conclusión fenomenológica de
Husserl. Si Scheler se impone como programa de superación de todo psicologismo relativista, del formalismo kantiano, se debe en principios que su maestro
haya delimitado con todo rigor las diversas ontologías racionales y los estratos
fenomenológicos de su posible acceso.
La entitación espiritual en Hartmann, al producir una resonancia tan hermosa del pensamiento de Eucken idealiza al valor. Se descubre también en
Hartmann a Hegel equilibradamente compaginado con Dilthey. Por eso se ha
discutido tanto y se continúa la polémica en torno a esa idealidad de lo
valioso.
A partir de esos movimientos reseñados, la cultura articulada en valoraciones
y valías, pasa por los tratamientos de Gustav Radbruch, del Münch, de
Orestano, etc. Ya los valores en boca de A. Müller no dejaban dubitaciones
.a propósito de si son o no son.
Fundamentar el valor ha significado para los diferentes pensadores que lo
41

�intentaron, precisar funcionalismos psíquicos como en Brentano. La medida
existental en Ehrenfels se reduce a un cimiento psicológico. Las interconexiones
entre datos del psiquismo muestran, según páginas antes se dijo de los análisis
de Sartre, vivencias de ... , no la realidad de lo dado en las vivencias.
Uno de los aspectos más importantes con respecto a la consideración del
valor sería aquel que se refiere a la preferencia y menosprecio de los diversos
valores que para algunos pensadores resulta arbitraria. Ese o aquel valor ante
el ser que lo vive y a cuyas solicitaciones se dirige, constituye una valía aunque no se realicen, no obstante que tan sólo parcialmente se cumpla su llamado, en tanto en cuanto queda el valor como valor. Habría arbitrariedad
sólo en el caso en que se deje de lado la consideración del valor v. se haua
o
referencia únicamente a la discriminación personal, pues en cuanto al valor
propiamente dicho posee como se ha podido entrever a través de todas estas
líneas por ser más que todo un tratamiento del deber-ser, una absoluta objetividad que lo hace aún más apetecible.
En fin no se pretende en estas páginas agotar todo lo referente al valor,
investigación, profundización y completo esclarecimiento de todo lo que a él
se refiere, sino mostrar únicamente un aspecto interesante y relativamente
actual de esta realidad que al existente se presenta, le llama, le solicita y le
urge su interés y su aquiescencia.
1

LO TRAGICO EN LA ACTITUD ESPIRITUAL GRIEGA
FRITZ JoACHIM VON RINTELEN

Universidad de Maguncia

I
EN TANTO Los HOMBRES sean capaces de un saber acerca de su propio destino,
el sufrimiento trágico, comparado con la posible felicidad, pondrá al espíritu
viviente frente a cuestiones decisivas. Una pregunta, empero, sólo halla su
respuesta cuando es posible expresar algo del sentido subyacente sobre el que
ella yace. Debemos arriesgamos a ser hombres esforzados y probos para afirmar
así, al igual que los griegos, a partir de la profundidad del espíritu, la noble
combinación de sufrimientos y alegrías de la existencia. Este espíritu, por
cierto, no es el espíritu aritmético o el mero intelecto, sino el espíritu que se
hermana con la profundidad esencial de las cosas. En este sentido, el espíritu
no tiende sólo a lo verdadero, sino también a lo valioso y a lo bello. Y han
sido nuevamente los griegos -esos favoritos de los dioses- quienes en primer
término reconocieron ese espíritu; accedieron a él porque experimentaron en
toda su profundidad el sufrimiento. "¡ Cuánto tiene que haber sufrido ese
pueblo para poder llegar a ser tan bello!" (Nietzsche).
Tres cosas queremos preguntar a los griegos: ¿ cómo vieron el mundo?;
¿ qué respuesta le dieron a él?; ¿ cómo se manifiesta esta respuesta en la tragedia?
¿Cómo vio el griego el mundo? No solamente divisó su belleza, sino que
también, en el sufrir del héroe, del .f/eWt;- vio su inconsistencia y 5U actitud.
La miseria de la inestabilidad, de lo incalculable, de lo enigmático e imponderable lo conmovieron profundamente. Por ello su mundo no consiste tan
sólo en la alegría serena del clasicismo. Este claro y temprano saber acerca
del sufrimiento es íntima necesidad para el griego, pero también pesada y
dolorosa carga.
l. ¿Cómo vio el griego el mundo? Para apreciar esta cuestión en toda su

42

43

�importancia es menester que tengamos presente el hecho de que los griegos,
como casi ningún otro pueblo del mundo, respondieron a ella bajo el aspecto
del espíritu. Sólo a partir de esta perspectiva es posible plantear en su precisa
dimensión las cuestiones del sentido, de la justicia y la injusticia, del sufrimiento merecido e inmerecido, especialmente dentro del ámbito de Jo trágico.
Conjuntamente con el espíritu está dado también el privilegio de lo valioso
frente a lo de bajo valor, del sentido frente a lo absurdo, porque éste nos
haría perecer en el orden del espíritu . El apasionado rechazo de lo carente de
sentido no tiene, sin embargo, nada que ver con una cobardía frente a la
falta de horizontes. El orden y la disciplina donantes de sentido se contraponen
más bien al caos entendido como la perdición.
2. Bien pronto se puede notar, sin embargo, que este pueblo tan amante
del sentido y del espíritu no ha dejado de ver, en el momento de la reflexión,
la inconsistencia y la falibilidad de toda humana existencia. Nuestra pesada
tarea es luchar contra ellas. Una suerte de resquebrajamiento se extiende a
través de lo más íntimo del mundo y llega hasta la cercanía del ser divino.
También el destino humano está especialmente afectado por esta hendedura.
Y es precisamente el hombre heroico el que está siempre amenazado, hasta
lo irreparable, a partir de algo inconcebible. Nunca hay seguridad para lo
que amamos y veneramos, ni estabilidad para nuestras esperanzas e intenciones
espirituales, si bien ellas resplandecen más claramente en algunos momentos.
Firmeza de la existencia, seguridad: hacia ello tienden por cierto las épocas
reflexivas de todos los pueblos. Una total incertidumbre, por el contrario, no
permite el nacimiento y la floración de una formación superior. Debe darse,
pues, una dinámica fluctuación de las posibilidades del espíritu y su cuestionamiento para que la vida pueda ser cumplida como tarea.

•

No se trata de que lo ansiosamente deseado, lo elevado al espíritu, se cubra
temporariamente de nubes. La escisión del mundo es aún más seria. Y justamente quien se sustrae a lo bajo, el hombre elevado al grado de una voluntad
espiritual, es decir, el héroe, está más amenazado que el hombre mediocre,
insensible e inerte. Malignos poderes acechan incesantemente para deshonrarlo, para poner en cuestión su distanciamiento. Ante todo en su propio interior,
a veces inevitablemente, preparan los demonios el poderoso contragolpe que
tiene por fin hacerle sucumbir negándose a sí mismo.
3. Ante esta realidad siempre desilusionante quisiera el griego llorar su
miseria. Por cuanto no puede explicarse la vida, quisiera formular sus quejas,
dolorosamente herido como un joven que antes fue creyente. Su queja sobre
el sufrimiento no se limita empero al destino personal ligado a lo corpóreo:
a través de todo, en lo más profundo de este mundo, surge una insuficiencia

44

y amargura, un escarnio de todo aquello que es valioso. Lo que allí nos enfrenta es un sufrimiento metafísico. El miedo y el espanto están en las cosas
existentes. Como comparación recordemos el "caballero, muerte y demonio"
del alemán Durero. Por todas partes chocamos inmediatamente tanto con los
límites más elevados de nuestro ser-hombre y del ser-mundo, como con un
límite inferior, de cuya transgresión nos previene una profunda voz anunciadora de un orden espiritual. Por esto tenemos que esforzarnos incansablemente para salir airosos en la prueba de la vida.
&lt;· De dónde viene esta maldición en todas las cosas? Virgilio dirá más
. tar~
de que sunt lacrimae rerum, que todas las cosas tienen su llanto, sus tristezas.
Esta tristeza se le revela especialmente al griego en el saber del j1ermanente
cambio y de lo que jamás permanece, del constante aniquilarse, aunque más
no sea del mundo exterior. Platón designó este mundo, precisamente, como
el mundo del ¡ny'VÓµtvov, como el mundo del devenir, de lo que carece de
valor, de lo inesencial, oVx 'óv. De un modo semejante dice Novalis que
nosotros buscamos por todas partes lo incondicionado y siempre encontramos solamente cosas. Y justamente porque el transcurrir de las cosas le era
tan doloroso, permaneció Platón saturado del eterno anhelo de la forma
esencial bella y permanente."¡ Permanece pues!,¡ tú eres tan bella!" (Goethe),
podría decir el griego. Aun a las estatuas griegas, tan encantadoras para los
sentidos y tan noblemente bellas, les es propia una velada "tristeza" causada
por aquel transcurrir. Tal vez ella pertenezca a la esencia de la belleza.

La vivencia de la belleza anímico-corporal y el ascenso a la belleza eterna
en Platón es tan elemental porque está hermanada con el conocimiento de la
destrucción y caída de todas las cosas, como así también con el saber de la
muerte, cuyo incondicional llegar es lo más ineludible que pueda afectar a
todo consistir. Detrás de las palabras de los trágicos griegos escuchamos a menudo una suave voz que habla de una íntima y profunda melancolía y aflicción --causada por las cosas .
4. El clasicismo fue en gran parte una interpretación falsa, aun en Burckhardt, por cuanto propuso la leyenda de una antigüedad siempre serena e imperturbada. También Stefan George se instaló afectuosamente dentro del
mundo de esta representación. Pero el mundo griego no debe ser contemplado unilateralmente desde un punto de vista estético; no es únicamente una
perfecta armonía, si bien ésta es siempre anhelada. En efecto, la lúgubre sombra de la que acabamos de hablar empaña el resplandeciente cielo griego.
Aquí, empero, no se trataba de un encarnizamiento o un deleite en el sufrir
-como en parte hemos experimentado nosotros- sino que el griego conocía
también la alegría que es capaz de conducir más alto.

45

�Una alegría espiritual, por cierto; entendida como la consecución de la
felicidad y no como trivial placer superficial y diversión. La serena alegría
griega conoce también el júbilo, aun cuando un júbilo en medio de la aflicción. A los duros factores de la existencia se une un optimismo práctico de la
vida Y de la actitud humana, que es tan fuerte como para posibilitar luego la
perspectiva conducente a un optimismo filosófico.
5. Este pueblo griego, tan subordinado al espíritu, intentó necesariamente
la aclaración de la existencia. Pero el espíritu es siempre una espada de doble
filo. El cumple el gran anhelo de captar la verdad, lo desoculto. Sin embargo, no es siempre y solamente elevación, sino también, y quizás más aún,
carga, cuando deben ser abiertas profundas posibilidades; pues el saber -el
saber de uno mismo y del ser del mundo en general- eleva el dolor (Antiguo
Testamento). Entonces se hace patente lo pesado de la vida y de lo vivido
y ya no es fácil trasmutar ello en esperanzas. Es aquí donde surgen los problemas, las cuestiones acerca del sentido, del sufrimiento, de la culpa. Esta
problemática pasa de lo inconsciente a la plena conciencia, y la conciencia
puede convertirse en fatalidad . Los griegos reconocieron ya en la temprana
juventud esta difícil y pesada existencia; también tempranamente 5e extendió su saber del mundo. Por ello fueron más conscientes que otros pueblos en
el conocimiento de su propia naturaleza. Pero también por ello fueron muy
pronto sensibles a la fluctuante transición de todos los valores: verdad que
no es fácilmente soportada y que sólo mediante fuertes luchas espirituales
puede ser superada y ordenada. Pues, efectivamente, a menudo se enfrenta
un valor contra otro, y estos movimientos pueden hacer naufragar trágicamente algo tan grande como una fe, una fuerza, una esperanza, un amor, una
elevada voluntad, y, junto con ellos, a su propio portador. Así pues, el irrumpir hacia un conocimiento tan fundamental de la vida exige ahora su respuesta.

II
La respuesta de Grecia a estas candentes preguntas está dada en la reconocida adhesión al espíritu, al Dios Apolo, a la forma y lo configurado, frente a lo cual la realidad es únicamente una parodia. Esta parodia, en cuanto
es la insuficiencia aciaga e inquietante del ser terrenal, es el fundamento de
todo lo trágico. En Dionisia, el Dios proveniente de Tracia, el griego reafirmó
la vida, plena al mismo tiempo de alegría y sufrimiento, de un salvajismo apasionado y audaz. Pero esto solamente como punto de transición. El portador
y modelo de esta vida es el hombre extraordinario en cuanto héroe, que por

46

ello mismo, tiene que apurar también el sufrimiento, pues una rebelión contra él significaría tan sólo un incalculable agravante.
l. La fe en el espíritu -y esto significa al mismo tiempo fe en el sentido,
en la forma eterna, en el orden con sus contenidos de valor- se ha encamado profundamente en los griegos; es su gran regalo a la humanidad. Con esto
ascendemos por encima de 1a estrechez de la pura naturaleza hacia el saber
del mundo ordenado con sentido. Al mismo tiempo, se reconoce así la insuficiencia de la mera naturaleza entendida como physis: a priori originario de
toda filosofía. Con la fe en el orden ya no tenemos ante nosotros el caos, la
falta de forma, la ceguera de lo innominado, es decir, el vacío de la nada; sino que e] ser es, en cuanto configuración de una forma plena de sentido,
siempre más que el no-ser {Jihio11 TO El11a1 'i¡ TO µi¡ El11a1 (Aristóteles :
De gen. et corr. II, 10, 336b), axioma elemental de la actitud griega, como
así también de toda filosofía y orientación en el mundo positivamente afirmativa. Así se suprime la innominabilidad de lo no-ente, el desierto de lo caótico. Podría decirse : nombramos las cosas con nombres; esto es: existe un
enseñorearse de las cosas terrenales por medio de la palabra, de la palabra
eencial. Las cosas están ordenadas claramente y por ello reconocidas como
determinadas por un sentido. De otra manera nos encontraríamos, tanto exterior como interiormente, en una confusión sin plan.
Los griegos convierten en ley de la existencia lo que Goethe llamó el milagro de "la forma acuñada que se despliega viviendo". "Yo no puedo imaginarme ninguna otra" (ley), dice aún Goethe. Con esta creencia en el sentido y en el orden el griego se defiende a sí mismo, defiende su más íntima
naturaleza esencial, entendida como última verdad, y no como un sueño, como creía Nietzsche. En esta dirección el griego progresa hasta un nivel en el
que participan hombres y dioses. Así sucedió que el griego, y luego el mundo de la cultura occidental de la edad media y gran parte de la edad moderna, sólo se haya podido representar a Dios como cumplimiento absoluto de
las últimas ordenaciones y formas espirituales, como actualitas espiritual determinante del sentido, pero no como una pura dinámica. Esta inquebrantable confianza en el orden y justicias divinas en el Cosmos, basado en el hecho de que lo divino es espíritu donante de sentido, se expresa en todas las
cosas. Acuñación mítica de esa profunda creencia es la figura del Dios
A.bolo.
Recién entonces todo deviene pleno de sentido, traspasado por el Lagos y,
por cierto, de tal modo que áyafJ011 xal xaAó11 sentido (ser), lo bello y lo
bueno son uno en lo más profundo de su esencia. Aún má3: Lagos y Bios
son uno. En efecto, la vida misma no es energía en sí, sino la t,,ieyt1,a del
espíritu. Y con esto se ha hallado también un incondicionado fundamento.

47

�Los enigmas de la vida y del sufrimiento no están empero solucionados. Frente a aquellas exigencias aparecen, por el contrario, más fuertes sus contraargumentos -la tribulación y lo ajeno al espíritu.
2. La realidad es siempre una parodia en estas forma1_;, este orden, estas
ideas, para decirlo con palabras de Goethe. Hemos visto el abismo que atraviesa todo el mundo y que los griegos con tanta profundidad reconocieron.
En el mundo del devenir, del yty11Óµevo11, no sucede siempre el triunfo de
la justicia ni la victoria de lo noble. Tampoco es justamente el hombre virtuoso y apto, a quien le es propia la areté, el que se convierte en modelo.
Tampoco se imponen siempre el sentido y lo bueno. Esto sería demasiado hermoso para ser verdadero. Pero más grave aún es el hecho de que precisamente el hombre más valioso es a menudo aniquilado, quebrantado por el sufrimiento, despreciado. "El mundo ama ennegrecer lo radiante y arrastrar
por el polvo lo sublime" (Schil!er). La teología y filosofía griegas eluden a
veces estos espacios intermedios; ellas parecen perseguir más la claridad que
la incomprensible opresión que se adhiere tan cruelmente a la vida y a la
muerte y al destino personal.
3. En este aspecto son quizás la poesía y la tragedia más esclarecedoras:
ellas ponen al hombre de un modo más inmediato frente a lo recién mencionado. También en ellas se trata de las más fundamentales, íntimas y últimas
tensiones. ¿ Dónde podría hallarse mayor conflicto que el que se nos presenta cuando el mundo del espíritu y de los valores, fervorosamente contemplado e indubitable, se contrapone a la vida que se realiza y al acontecer,
cuando el mundo del ser propio de las ideas se contrapone al ser de nuestra
vida, del cambiante acontecer en el que la vida transcurre? Este conflicto
trasciende nuestra existencia y se convierte entonces en el decisivo conflicto
inmanente a nuestra mismidad, contra el cual parece quebrarse precisamente el hombre más elevado. A partir de la pasión por lo ideal se origina en
él el sufrimiento, sufrimiento que no puede ocultarse si no se quiere caer en la
apatía y el aburrimiento estéril.
Así pues, en lo trágico se trata siempre de un honroso querer reflexivo
que casi forzosamente conduce a la desilusión, cuando no se convierte en fatalidad sin esperanza. Porque, en efecto, todo hecho, y en mayor medida el
hecho extraordinario, participa de aquella insuficiencia de lo finito y por ello
nos hace culpables en una oculta e inadvertida forma, ya que aun huyendo
de esa calamidad la provocamos. Sin embargo, podemos hablar de lo trágico
no solamente cuando el sufrimiento se produce a partir de la propia personalidad, sino también allí donde la desgracia, como a partir de sí misma,
nos sobrecoge.

48

4. Dionisia nos hace olvidar esto durante un breve tiempo. Aflojemos una
vez las riendas del orden, para poder así sumergimos en los excesos dionisíacos. Dos cosas pueden resultar de las pasiones que así irrumpen. Por una par.
te que, fecundados nuevamente por el impulso dionisíaco, renazcamos al servicio de Apelo. Pues en Dionisio se expresa más inmediatamente lo cósmico,
aunque en última instancia no en la forma de un impulso caótico y sin sentido: el griego no conoce ni mucho menos admira cosa semejante. El se
ha preservado de este peligro de Dionisia, pues Grecia es afirmación de la
pasión dentro de la disciplina del espíritu. La otra posibilidad consiste en que,
por medio de la "enajenación'' dionisíaca ( µa'VÍa), se opere la irrupción hacia
el mundo de la libertad redimida, como primer grado purificador que conduce
hacia la esfera de los dioses: Dionisia es sólo un tránsito.
5. Este proceso se consuma primordialmente y del modo más ejemplar en el
héroe sufriente de la tragedia, tanto más cuanto más insondable es su dolor.
Pues precisamente lo grande, lo que está por encima de lo cotidiano, lo elegido, parece conjurar sobre sí los más peligrosos poderes y arriesga sucumbir
a ellos. Así como el pararrayos atrae el rayo, así atrae el hombre elevado el
peligro del fracaso, el peligro de la calamidad, del extravío y de la interna
destrucción, porque la tensión parece ser demasiado potente. Al hombre in•
auténtico no le incumbe criticar al héroe, porque él no ha alcanzado la altura desde la cual sería vidente y podría 'despeñarse. La vida de los hombres
demasiado apegados a lo inesencial permanece indiferente, porque elude aquel
gran destino y se resiste a salir de lo habitual.
El héroe de la tragedia se destaca como imagen de los dioses frente a la
mayoría de los hombres. En su actitud, en sus movimientos y palabras se
puede reconocer al héroe. Lo que en él es culpa e inconcebible fracaso se
convierte en un vulgar desacierto para el hombre sin vida interior. Lo que
en el héroe es valentía y decisión deviene en éste insolencia y torpeza. La
entrega de aquél es desesperación en éste, su pobreza miseria_, su felicidad
y delicia deviene en el hombre medio sólo placer y goce. ¿ Por qué es así?
Porque en lo más profundo el héroe quiere más que los otros. El se reconoce llamado a un radio más amplio y peligroso de obligaciones wciales, sobrepasa el nivel de término medio, se equivoca, por cierto, fácilmente en la
necesaria limitación y se interna así en el riesgo. Pero, tomando sobre sí las
consecuencias, realiza este riesgo irremediable tanto como es posible. Puede
ser que él caiga en el aislamiento, pero habla sin embargo a partir de una
profun'da comunidad, a partir de un centro. Aun cuando la carga resulte alguna vez demasiado grave, el héroe asciende siempre y sabe, y tiene un presentimiento de las verdades supraempíricas, de los eternos invisibles poderes a los
cuales él, aun en medio del sufrimiento, les manifiesta su humana valentía.

49
H4

�6. El sufrimiento, empero, se produce necesariamente, porque él quiere más
que los demás, porque él ve más que los ciegos, y porque él, por elJo mismo,
soporta más que los cansados y por este exceso tiene que convertirse, de alguna manera, en culpable. El destino que lo ha escogido para ello le enseña a
paladear el sufrimiento, puesto que él ha intentado alcanzar lo divino con
medios humanos.

III
La tragedia es pues este espectáculo en que se nos representa la vida; es
primeramente una lucha en tomo a la cuestión de la vida, con el propósito
de defenderla de la interna disolución. En Esquilo y Sófocles es todavía un
intento metafísico-religioso. En Eurípides solamente intramundanal. No se
encuentra empero una solución que no deje tras de sí algo de insuficiente,
que satisfaga totalmente. Resta por lo tanto la búsqueda de una redención o
la sumisión al destino . Así la tragedia porta un decisivo valor estético, religioso y pedagógico.
l. La representación trágica, como representación de la vida humana, es
el siempre renovado intento de dar una respuesta definitiva a la pregunta por
el sentido de la vida. Una respuesta desde la cual la vida pueda ser sostenida,
aun frente al sufrimiento y las injusticias que continuamente se acumulan, y
no teniendo en cuenta solamente la alegría, Era difícil soportar y conciliar
la cuestión del sufrimiento y la injusticia con la creencia en los dioses. ¿No
llevan los hombres en sí mismos una culpa originaria, de la que tan sólo un
oscuro presentimiento existe? ¿No es la situación precisamente más agobiante por cuanto los dioses quieren y provocan traviesamente tanta miseria?
Esta es, finalmente, la antigua y eternamente nueva pregunta de toda teodicea, la pregunta acerca de lo Divino, acerca de Dios.
Cuando aún subsistía la creencia en la eficacia de los misterios -como
los de Dionisio y Apolo-- todo era más fácil de soportar con miras a la redención. Pero cuando esta confianza juvenil en los dioses hasta entonces venerados comenzó a decaer creció la conciencia de lo trágico en sentido estricto, y con ella la conciencia de la situación sin salida. La creencia originaria
ha desaparecido, si bien subsiste una creencia en una indeterminada divinidad que no puede llegar a ser viviente. Ya en Esquilo está el comienzo del
ocaso de los dioses, la ruptura de la antigua imagen del mundo, y ya se presienten los grandes peligros. Luego tendría que confundirse también la justificación de los conceptos morales y del valor y del disvalor. Tal vez tampoco

50

pare la cosa en esto y se llegue a un proceso de general descomposición y escepticismo. Pensemos en Euripides y en la época de los sofistas. Recién Sócrates se preocupará por captar nuevamente los valores morales a partir del
espíritu.
En la tragedia se consuma una única y grandiosa rebelión, un heroico defenderse del alma contra el proceso de descomposición y así, contra su propia
caída y aniquilación. Ella debe conservar lo que tiene, lo que puede cumplir. El alma no consiente tan rápidamente en la resignación pasiva que, tomada a la ligera, conduce a la más perfecta trivialidad. El alma quiere que
aún sucedan grandes cosas en ella; no quiere perder su acento supramundanal. Sin embargo, rechaza espantada una renuncia de su mismidad, pero toma a menudo sobre sí, mi entrega, lo inevitable.
2. El intento originariamente religioso y metafísico de los primeros tiempos ya no resiste más, no resulta más. El esfuerzo encuentra luego una triple respuesta o interrogante : ¿Son los dioses culpables?; ¿sucumben hombres y dioses a la violencia del destino?; o ¿ha pecado el hombre?
Establecemos prometeicamente un tribunal ante el cual comparecen los
dioses supraterrenales. "Vosotros hacéis que los pobres devengan culpables
y luego les dejáis la pena" (Goethe) . ¡ Los dioses descuidan frívolamente el
destino humano! Pero esto no puede ser: los dioses no hacen nada malo. Lo
que Zeus quiere es siempre bueno, dicen Esquilo y Sófocles. Bruscamente se
enfrentan la acusación y la defensa o confianza. Siguiendo esta dirección ne
se halla respuesta alguna. Más bien nos preguntamos si los dioses mismos
no están amenazados, si su vida no es solamente paz. Conjuntamente con
ellos tendríamos que acusar al Destino. En el corazón del que acusa, sin
embargo, surge siempre el temor de una culpa en la que hayamos caído, una
culpa originaria que exceda a los hombres y -si fuera posible- a los dioses
mismos. El nacimiento de las cosas es su pérdida, dice aproximadamente Anaximandro. Ellas deben "expiar y hacer penitencia por su in justicia", su culpa original. Por ello sería mejor no haber nacido, pues ningún mortal pasa
sin culpa por la vida (Esquilo). Pero también encontramos la representación de un Dios sufriente, Dionisio-Zagreus, cuyos dolores repercuten nuevamente en los nuestros. Todo esto no C'S, sin embargo, una respuesta positiva
y comprensible. ¿No haríamos mejor si nos colocamos a nosotros mismos
en uno de los platillos de la balanza?
3. Entonces, en efecto, parece ser que el culpable no es un de~tino ciego,
sino que nosotros mismos -con Sófocles- nos reconocemos culpables. U na
voluntad inconsciente obra en nosotros y hace insensiblemente surgir la culpa. Así sucede en Edipo y Prometeo. La culpa estriba ante todo en la volun-

51

�tad de desmesura, en la hybris, en el hecho de que el hombre sucumbe a la
ofuscación de la razón, sobreestima sus fuerzas, es vencido por el Eros o

tiende desmedidamente a la felicidad y comienza lo que no le incumbe (fa]_
ta a la cual gustosos nos entregarnos). Al auténtico griego, que sentía el misterio de la medida y de la forma como principio de solución para el enigma
del mundo, esto se le aparecía corno un evidente sacrilegio. El se horroriza

de la "envidia de los dioses. La pura alegría de la vida no le correspondió
a ningún mortal" (Schiller). La culpa consiste también en el hecho de que
el hombre se vuelve unilateralmente solamente hacia uno de los dones divinos y desprecia los otros. ¿ Cómo habría que interpretar esto? También aquí
el hombre no apunta hacia la armonía y la medida; unilateralmente se di-

Tan sólo resta el frío soplo de la autoafirmación. La irrupción de la pura interioridad humana apenas parece entonces una ganancia. Esto lo v~mos en
Eurípides. En esta época tardía --&lt;epoca de los sofist~s- la t_raged,a gana
una significación mucho más psicológica y, en ese sentido, prov~s1~nal, m~r:mente estética. De esta forma elude lo decisivo. El mismo Ans_toteles ~Ir~,

en el siglo siguiente, en su Poética (6, 1449b, 24s.), que la tragedia es la 1m1-

por los distintos dioses. Dentro de esta conexión es posible ver hasta qué

tación de una acción con un contenido serio, importante y pleno, representado en forma conmovedora, con el objeto de anular los afectos mcdiant~ la
excitación de compasión y temor. Teayruo,a
•• . . . u,
• ' E'}.'eov xa,' 'P o{Jv
neeaí-.,ovaa -r:r/'&gt;' -r:00-., -r:o,o1J-r:ru1' na011µár:ru"II x~Oagc,,-.,.
, .
,
En términos de una filosofía más moderna: en tiempos de Eunp1des ~un
no se vio, 0 no se vio ya más, por encima de ]a situación concreta el re1_no
de Ja libertad trascendente, en el sentido de un Kant, por ejemplo,_ es decir:
de una libertad que eleve el núcleo esencial de nuestro ser por en_c1ma de la
necesidad del acontecer externo e interno y de toda fuerza extenor amenazante. Así pues, no se puede considerar aquel intento tar~í~ solamente com,o
una pura unión a las cosas terrenales, co~seguida auto~~t1camente, _pues el
no nos conduce en espíritu a sentimos obhgados en relac1on a una mas esen-

profundidad arraiga en la imagen griega del mundo el ideal de] medio, del

cial patria.

µtaó-r:r¡c; y, con esto, de la medida, de la forma. Ideal que nosotros deberíamos reaprender. Pero el hombre recaerá siempre en el error y no guardará la medida, las proporciones y mediante decisiones exclusivistas devendrá

Por cuanto no se locrró mostrar en ámbitos más profundos, el plano del
ser propio, de sí mismo;,~ con esto, el de la libertad, esta ?onsideración 'demasiado estrecha y "realista" tuvo forzosamente que conduar_ a una de~_omposición racionalista y, por ello, al fin de la tragedia convertida en apattc~ resignación. Por cierto, se da aún ]a gran actitud serena frente a las cuest1on~s
decisivas como un encubierto nihilismo. Pero más fácilmente se hace sentir
la pura huída y entrega a la felicidad fugaz, que el mismo Eurípides alaba
aun como último bien salvado.

rige hacia este o aquel poder divino que poseemos como dones. Así provoca

el desprecio de los derechos de los otros dioses y los derechos de las otras necesidades vitales, que luego se atrofian y cobran su venganza. Si sólo reconocemos a Apelo, al espíritu, protesta en nosotros y en los demás Dionisia, la

vida. El exceso unilateral, el del Logos, por ejemplo, parece provenir de la
vanidad, de] egoísmo y del celo exagerado. Ello hiere el respeto debido a
todo lo demás que nos ha sido dado por la naturaleza, o, podríamos decir:

culpable. El hombre sucumbe también a las faltas de sus virtudes, como diría Mme. de Stael; su propio hacer con jura la mayoría de las veces la catástrofe, pero no en la forma de un despliegue mecánico y necesario. Aun siendo consciente de su libertad ve el hombre penetrar lo fatal. Algo falta a su
hacer, evidentemente, pero él era inevitable desde una más alta conexión.
4. Cuando, más tarde, los dioses son comprendidos en un sentido mucho

más figurado y no puede existir una culpa ante ellos, este problema se retrae de manera casi inevitable hacia lo inmanente, hacia el interior del hombre. A medida que las perspectivas últimas más se oscurecen mediante tales
interpretaciones, tanto más fuertemente la tragedia deviene crisis del hombre
interior, como sucede en nuestros días. Esta etapa es el último impulso de
la tragedia decadente. Pero es sólo un estadio de transición entre la fe y la

incredulidad, estadio que, como la tragedia griega en general, sólo puede ser
de corta duración.
Establezcamos, pues, que los dioses permanecen mudos y no nos dan respuesta alguna: entonces el hombre está más estrechamente aún encerrado
en un círculo; la irremediable insatisfacción se hace tanto más apremiante.

5. Con todo esto no había sido dada aún una respuesta satisfactoria -ante
todo: ninguna respuesta de las buscadas por el hombre elevado- sino u~a
renuncia: alegría diaria o resignación. Por cierto, aquí no puede yacer un ul-

timo sentido, para no hablar del hecho de que así no habríamos logrado _una
ordenación con sentido del mundo. La demanda capital que tan terriblemente subsistía aun en la pregunta acerca del sufrimiento permaneció sin
explicación. Pero hacían falta aún algunas fuerzas para tomarse a sí mi~mo
en serio de modo que se continuara, sintiendo en lo más íntimo esta tragedia.

Al griego de esta época tardía le estaba pues rehusado el interpret~r co,n
sentido el sufrimiento. Entregado a su infelicidad el hombre permanec1a trafilcamente sin salida, percibía cada vez menos el aliento de los dioses )' no
:lcanzó la verdadera victoria de la libertad redentora del espíritu, mundos
que en última instancia, por cierto, se tocan. Por amor al Logos abandonó las

52
53

�imágenes de _I~s dios_es que se habían convertido en indignas de creencia y, con
esto, desprec1.o el digno lenguaje plástico de los mitos. Empero, a causa del
L~gos ~emas1ado unilateral se tuvo que quedar atascado en Ja crítica; y la
existe~c1~ Y el sufrimiento humanos no ha11aron respuesta. Sólo, cada uno
por s1 mismo pudo asegurársela siempre.

,6 .. Si~ em?argo, esto era solamente el final del desarrollo de la tragedia,
trag1co el mismo, por cierto: la tragedia de la tragedia. Pero aún existía el
an~el~ de, u~a real solución. Sin embargo el griego queria ser purificado y
redu~ndo ml!ma~ente de la culpa sentida y no naufragar en el espejo que
refle¡aba.~u propia una~en. Junto a todos los insatisfactorios intentos de interpretac10n resta todav1a un presentimiento de esta posibilidad l'b d
rif
1 era ora
Y pu icadora, aun c~ando no de modo comprensible. Al héroe mismo, empero, le concedemos siempre una catharsis como purificación.
Tend~íamos ~ue. ?ecir sobre el héroe -tomando lo que Rhode dijo de las
celebrac1ones_d10ms1acas- que la crueldad de su muerte parece sin embargo ser transfigurada, El que se desploma trágicamente gana su libertad y su
calma frente a las fuerzas purificantes cercanas a los dioses, liberado de la
vida e~cerrada en lo corpór~o. La impotencia de la ruina es para el héroe, la
mayo_na de. las v~~es, el pnmer paso hacia su acercamiento a las manos de
los d10ses, hberac1on y nueva elevación, Todo el terror del ser hombre tod
1 d
.,
d I
'
a
a ~ses~erac1on, to
e rigor y toda la miseria, no permanecen encerrados
en s~ mismos., ~or cierto, 1a vida del hombre grande y solitario tiene que
se: siempre ~r~g,.ca; pero también puede serlo la de cada uno en las más hu~1ldes cond1c10nes. La grandeza, empero, sólo Ia consigue aquel cuyo corazon. está lleno en abundancia de algo, que sabe de algo decisivo, no el demas~~do apegado al término medio, cuya vida provoca una lamentable impres10~, El fracaso de! _héroe es, empero, el primer grado del ascenso hacia /as
cosas ultimas, que estan oscuramente contorneadas. Por esto su tragedia no
debe .~levarse. a un grado absoluto como si fuera la última grandeza. Su superac1on mediante el atrevimiento y la digna resistencia del héroe y con II
l .,
. ·r
'
e o,.
su ~o _uaon, se Jusu 1ca ante un plano más elevado y posee -excluyendo a
Eunp1des- su repercusión en lo eterno.

?

¡,
1

7. Con esto lle.gamos al final: la significación religiosa, ética y pedagógica
de la tragedia gnega. La tragedia es una íntima unión del impulso estéticoartístico con el filosófico-espiritual de los griegos, pero con preponderancia
del espíritu donador de sentido, que nos dice algo detemiinado y no solamente un mero goce estético. Pues el abismarse estético es un fenómeno se-cun~ario. La tragedia griega se muestra históricamente como un singular
medium entre creencia y descreimiento, fe en los dioses y duda sobre su dig-

54

ni dad y existencia, absoluta confianza en el valor y desconfianza en él; en
definitiva: un medium entre afirmación y negación de la vida, risa y llanto, gracia y seriedad.
Por cierto el afecto profun'do es esencialmente elevado por medio de la forma estética. Es verdad, verdad de la vida presentada en forma bella. Y la
verdad revestida estéticamente obra más hondamente. como sucede en toda
poesía. La verdad que anuncia la tragedia es la siguiente: la vida del hombre no es solamente alegría, sino también sufrimiento enviado por los dioses o provocado por la propia culpabilidad.
¡ Sal airoso de esta prueba! La trageclia es la propia reflexión de la vida.
El mito del héroe muestra así al hombre, en el pugnar de la vida, su verdadera vida, El hombre decidido (hoy diríamos, el hombre existencial) debe
ser tu modelo, de tal modo que tú puedas salir airoso de todo. Confía en los
poderes suprahumanos y no te edifiques airadamente. De alguna manera habrá todavía un camino, un sentido, un -riAoq, pero tú solo no te !o puedes
dar. Por cierto, puedo permanecer porfiadamente y no retroceder, como·
aquel soldado romano ante los torrentes de lava de Pompeya que permaneció, porque equivocadamente no fue relevado. También a él le reconocemos;
trágica grandeza.
No es del todo correcto decir que el espectáculo trágico debe brindar consuelo. El griego sabía que todo consuelo sólo nos conduce hasta las gradas de
la desgracia sufrida y es triste y sombrío, como dice Rilke. Pero el espectáculo,.
trágico denuncia una extraordinaria verdad. Lo que interesa es la coloración
del "cómo", pues nosotros queremos ganar una nueva actitud, una actitud
valiente y abierta frente a lo más alto para que éste pueda entrar a raudales
en la vida humana tal como ella es.
A todos nosotros nos va igual, por eso debemos inclinamos con juntamente
ante lo amenazante y estrecharnos las manos como amigos. La tragedia nos
enseña la ayuda recíproca y el no hacemos recíprocamente Ia vida más pesada, ni destruirla, pues, como dice Sófocles: "No estoy aquí para co-odiar,
sino para ca-amar". Oir~ot av'IIÉXOEw, dllll avµcptlEi-v lq;v-v (Antígena

III, !, 523) .
La actitud del héroe concilia al mismo tiempo a los rivales: "Yo era un
enemigo para ti, pero ahora que tú te has acreditado como un héroe en la
vida y en el sufrimiento que a todos nos circunda, ya no lo soy más". Si nosotros, a través de la consideración del héroe, dejando obrar sobre nosotros
de esa forma el destino humano, llegamos a esta abierta actitud, entonces
algo se transforma en nosotros. Llegamos a ser otros, y esto en un doble aspecto, que de manera negativa podríamos formularlo de la siguiente forma:

55

�no podemos ir sólo a la caza de goces exteriores, pues "aún no he visto acabar feliz a nadie a quien los dioses esparcieran a manos llenas sus dones"
(Schiller). No podemos mostramos lastimosamente frente a la desgracia que
irrumpe, para luego carecer de forma interior y perder toda digna actitud.
¡ Mostraos como héroes!, dice pedagógicamente la tragedia, vuestro destino
sois vosotros mismos. Soportadlo, pues, dignamente.
Formulado positivamente, la tragedia provoca una transformación interior de nuestro ser. Esta catharsis se traduce en un proceso anímico interior.
La tragedia conmueve, estimula, arroja fuera de lo cotidiano, sacude en nosotros la ley de gravedad; así como hoy decimos: "esto le ha tocado, le ha
herido" ( es hat ihn getroffen). La palabra "impresionado" (beeindruckt)
es en este sentido aun demasiado trivial. Con esta catharsis el hombre se
transforma, se ponen en movimiento sus últimas posibilidades. Han sido ,:heridos" los estratos profundos y yacen abiertos, como si hubieran ~ido siempre nuestra propia naturaleza. Esto opera la catharsis; y aun un cierto deleite en el acontecer doloroso (Nietzsche) si bien no en un sentido propio, pues
es también la alegría del triunfo.

posición interior más elevada. Entonces el Logos buscará con su mirada al
Mito, como también lo exigiría Nietzsche.
Precisamente en esta confrontación pudimos ver cuántas cosas actuales,
cosas que hoy nos preocupan, nos salen al encuentro en la pugna por lo trágico, por lo existencial, como diríamos en nuestra época.
Traducido por MAAro A.

PRESAS

Es singular el que los hombres, en su mayoría, transitan solamente por las
antesalas del alma, o por los subsuelos, aun cuando estén a su disposición
los grandes espacios de los pisos superiores. Todo lo esencial que la tragedia
puede provocar resbala así por encima de ellos. ¿ Por qué somos tan pródigos
y abandonamos desconsideradamente este tesoro que descansa en lo profundo de nuestras almas? En todo caso, así procede, al parecer, la mayoría de
los hombres.
Mediante el ennoblecimiento del ánimo operado por la trage'd ia nos inmunizamos contra toda pequeñez y mezquindad. Mucho nos es revelado de una
sola vez. Nos convertimos en visionarios de nuestra vida y de otras vidas. Sin
embargo, tenemos que cuidarnos siempre y temer de nuestro propio interior, de
modo que no irrumpan nuevamente mezquindades, para que, ante todo, no
renazca la hybris. Así pues, dice la tragedia: ¡ Tú debes re-comenzar tu vida!
Esta enseñanza debe ser fielmente observada. La purificación no es lo {1ltimo
en la mayoría de los trágicos, sino la preparación para un nuevo ascenso,
ascenso por encima de nosotros mismos tomados como hombres singulares.
En este sentido, es también ordenación dentro de una comunidad más amplia, en un plan, finalmente, que nos supera. Solamente entonces es dada
la reconciliación con los dioses y con sus ideales exigencias. La catharsis, pues,
conduce al griego hasta las últimas zonas de su imagen del mundo, la cual,
pese a la añoranza de ella, no puede ya tomar plena forma. Lo último es,
pues, el esfuerzo espiritual tendiente a lograr una visión creciente y una dis-

56

57

�SOLITUDE ET AMOUR
PROF.

REms

JoLIVET

Université Catbolique de Lyoa

LE TITRE MEME DE CET ARTICLE semble imposer a la réflexion une insoluble
contradiction. Car l'amour est essentiellement désir et volonté d'union, et
d'une union aussi étroite que possible ( on pourrait meme dire de fusion), alors
que la solitude parait etre, physiquement, moralement et metaphysiquement,,
notre inéluctable condition.
Le probleme qui se pose est done de savoir si la solitude peut de quelque
f~on etre surmontée et abolie, si l'union a laquelle aspire l'amour et qui le
définit dans son essence, peut, -et jusqu'A quel point-, Ctre réalisée.
A priori, on peut et l'on doit meme admettre que la contradiction n'est
pas absolument irrémédiable. Car l' amour ( dans Jeque] je comprend ici toute~
les formes et tous les degrés de l'union: l'amour proprement dit, qui est l'union
physique et morale de deux personnes de sexe différent -l'amitié, qui est
union morale et spirituelle, la sympathie, qui est union affective et expression
de bienveillance-, et, tres généralement, la "proximité" ou sentiment vécu
du prochain comme tel. L'amour, dis-je, est plus que le vceu de la nature,
la condition m€me de la vie humaine, qui ne peut se développer et qui ne·
s'épanouit que dans un climat d'amour.
La nature ne peut Ctre frustrée dans l'une de ses exigences aussi fonciercs:
si l'amour, c'est-3.-dire l'union entre personnes humaines, est fondamentalement nécessaire, il faut qu'il soit possible. Sinon, nous serions installés dans
l'absurde et la vie humaine, sous toutes ses formes, ne serait plus, selon la
formule célebre de Shakespeare, qu'une histoire, "racontée par un fou, pleine
de bruit vain et de tumulte dépourvu de sens".
Sartre, on le sait, non seulement consent a cette absurdité fondamentale de
la vie humaine, mais encere en fait un principe de sa philosophie, en vertu
de laquelle tout effort pour communiquer et pour communier a la subjecti-vité d'autrui serait nécessairement voué a l'échec (Cf. L'ltre et le Néant, pp.

�275-503). Mais, -sans entrer ici dans une discussion qui serait trop technique-, il est clair que la conscience proteste centre cette conception sartrienne (dont le fameux "L'enfer, c'est les autres" de Huis-Clos parait f:tre la formule adéquate) et affirme, en droit et en fait, la possibilité et la réalité de
l'amour, c'est-a-dire d'une victoire sur la solitude.
Par contre, l'antinomie tres réelle entre la solitude, qui est notre condition
inéluctable d'individus, a savoir de réalités humaines séparées et distinctes
(indivisum in se et divisum a quolibet alio), - et l'amour comme union et
rnf:me comme unité des personnes, nous impose des l'abord le sentiment que
si la solitude doit etre surmontée, l'union sera toujours une conquf:te difficile
et jamais pleinement et définitivement acquise.
Ainsi done, le problCme que nous avons a résoudre est celui des conditions
d'un amour authentique~ capable d'abolir entre les personnes la distance qui
nait des limites de l'individualité, des partialités de l'egoisme et des réticences
ou des conflits de l'intéret.

par chacun, au mayen de sa liberté, qui est l'expression et la forme de la personnalité rneme, et sous sa propre et inaliénable responsabilité.
Par dessus tout, l'exigence morale nous installe dans le sentiment de notre
solitude, en tant qu'elle nous impose d'etre un soi, autonome, ne reposant
finalement que sur soi. Je puis, assurément, dans- ma vie morale, f:tre aidé,
soutenu, conforté, instruit meme par autrui, et, de fait, il n'y a pas de vie
morale authentique qui ne comporte appui, concours et secours de la part
d'autrui. Mais ma vie n'est morale que dans la mesure oll elle est mienne
exclusivement mienne, sans que rien jamais me permette de me décharge;
sur autrui de ma liberté et de rna responsabilité. De ce point de vue, non
seulement, comme le disait Pascal, on rneurt seul, mais aussi on vit seul. Cette
"solitude" est d'ailleurs la forme meme de notre grandeur humaine. Inversement, comme l'ont souligné en des sens divers, mais convergents, a la fois
Jaspers et Heidegger, toute existence vécue sur le patron du "On" perd du
méme coup son caracthe d'humanité et retombe fatalement dans l'inertie de
la chose.

•

Enfin, métaphysiquement aussi, nous sommes de quelque fa¡_;on des solitaircs. Sans doute, communiquons nous par la parole, par le geste, par les
multiples échanges de la vie en commun. Mais, -sans parlcr des tromperies
des équivoques, des falsifications du langage interindividuel et du néant d~
bavardage de la quotidienneté, nous savons que la conscience de chacun est
un domaine inviolable. En admettant que chacun fasse l'effort nécessaire
pour "s'ouvrir" (comme on dit} au prochain, chacun ne peut recevoir que
selon son propre mode ( receptum recipi,tur ad modum recipientis), si bien
que, en un certain sens, toute communication, si intime qu'elle se veuille
et qu'elle soit, implique fatalement un degré de malentendu.

Commen,;ons par bien définir la forme du probleme.
Nous avons dit que la solitude est irrémédiable de quelque fa,on. Elle
l'est meme, devons-nous ajouter, au point de subsister jusque dans l'amour
humain le plus parfait. (Ce n'est qu'en Dieu que la "solitude", c'est-il-dire
la distinction et la subsistance des Trois Personnes est surmontée dans l'unité
de l'Essence).

"

Physiquement, nous sommes des individus, des substances distinctes et incommunicables. Si la société des hommes ne se ramene pas purement et simplement a une collection d'individus, selon le schf:ma leibnizien des monades,
c'est évidemment par autre chose que les corps. L'unité du Tout, ---d'ailleurs
mobile, changeante et constarmnent menacée-, est une unité morale, c'esta-dire qu'elle suppose elle-meme l'amour ou l'amitié. C'est par la meme
qu'elle se distingue de l'unité accidentelle que produit, chez les animaux et
dans les foules, la contagian émotionnelle, "unité" qui est proprement de type
mécanique et infra-humaine.
M oralement aussi, nous sommes des solitaires ou, pour employer le terme
kierkegaardien, des Uniques. Kierkegaard, en effet, a insisté la-dessus avec
une puissance inégalée, ---et non sans quelque risque, et plus qu'un risque
.en vérité, d'opérer le passage a la limite! L3.-dessus, disons que si le devoir
humain, sous toutes ses formes, s'impose a taus- et crée déja, par ses seules
exigences, une unité ou un concert des hommes entre eux, il doit etre assumé

Le plus souvent, dans nos rapports, la sincérité, surtout quand elle est
affirmée et recherchée, -car elle n'est vraiment authentique que vécue et
exercée au-de 13. de tout discours-, n'est qu'une forme subtile de la duplicité
-il arrive plus communément qu'on ne croit que l'amour ne repose que sur
le contre-sens. De toute fagon, le secret de la consciencc résiste ?t taus les
essais de la livrer ou de le saisir. La distance entre les consciences peut C:tre,
si l'on veut, diminuée, mais jamais annulée. D'ailleurs faut-il admettre que la
distance, df:s qu'elle existe, est infinie. Et c'est 13. un des tourments de l'amour.
Ainsi voyons-nous que, dans l'ordre métaphysique, si la communication est
possible, c'est avant tout dans le monde abstrait et idéal des idées. II y a évidemment un concert des esprits et la vie de l'humanité est un dialogue permanent entre les contemporains et avec les grands esprits du passé. Mais justeme~t, les idées sont impersonnelles, elles composent un monde qui est a
la fo1s en nous et au-dessus de nous. Si nous n'etions qu'esprit, nous pour-

61

60

�rions réaliser l'union dans une participation commune au monde jdéalJ -et
Saint Thomas veut que ce soit Ia le mode d'union des anges entre eux, dont
,chacun cependant constitue, selon lui, une espece a lui seul. Mais notre humanité, corps et ame, ne se satisfait pas pleinement de cette communication
impersonnelle, qui est pour elle comme une lumiere sans chaleur.
Sous ces trois aspects, physique, moral et métaphysique, la solitude est done
plus qu'un fait: elle définit notre condition hwnaine. Cependant, on l'a vu,
elle peut et elle doit etre surmontée. L'amour peut et doit etre le remede a
cette solitude. Corrunent et jusqu'a quel point, c'est ce que nous avons a
ehercher.

•
Si l'amour est union, comment peut se réaliser et se maintenir cette union?
Précisons d'abord le sens exact du probleme. 11 s'agit de communiquer
avec la vérite d'autrui, avec ce qu'il a de plus personnel, -au point, s'il est
possible, de ne faire plus qu'un avec lui.
II est évident qu'il ne peut s'agir d'union des corps: la communion charnelle, dans l'amour, n'est pas l'amour, rnais l'un des moyens de l'am~ur_- Lais-sée a elle meme, I'union charnelle n'est que contact d'épidermes et 1ou1ssance
solitaire. L'amour authentique, lui, vise á l'union la plus intime qui soit, celle
des ames et des coeurs. Aussi, comme on retrouve la mélodie dans chacune
de ses notes, dais-je, pour communiquer avec !'ame d'autrui, c'est-a-dire avec
,a vérité la plus profonde, redoubler, par un échange inexprimable, le mouvement intérieur qui anime ses gestes et ses actes, ses paroles et ses reuvres
et qui est leur véritable sens.
Cela revienta dire, en d'autres termes, qu'il faut rejoindre la subjectivité d'autrui -et non seulement la rejoindre, mais coincider d'une certaine fat;on
'
.
avec elle et avec l'élan qui la caractérise. Je connais autrui comme Je me connaisJ par conséquent sans le voir ( car je ne me vais jamais moi-meme) o~
du moins, je ne le vais que pour saisir de lui ce qui précisément ne se voit
pas, mais qui seulement s'eprouve et se vit.
.
.
C'est 1a la réplique du mouvement par lequel je coincide avec mm, p_u~s
m'écarte de moi pour revenir a moi. Car l'unité doit laisser paraítre la duahte,
sinon l'experience que fai d'autrui ne serait plus éprouvée et vécue comme
étant celle d' autrui. Mais la dualité doit envelopper l'unité, sinon la communication ne serait plus expérience, mais discours et interprétation.
Tel est, ramené a ses éléments essentiels, le probleme de l'arnour. Comment
résoudre toutes les antinomies qu'il paraít envelopper? Comment la solitude,

62

qui est, en un sens, comme nous l'avons montré plus haut, irrémédiable, peutelle se concilier avec l'union la plus intime et la plus profonde?
Le besoin, le souhait et le désir de surmonter la solitude son absolument
universels. lis répondent en effet a un instinct, l'instinct de communauté ou
de socialité, car l'homme, disait Aristote, est un "animal politique" ( c'est-3.dire social), -et cela par essence. Par quelles voies et par quels moyens cet
instinct peut-il aUer a ses fins?
Notons d'abord qu'il y a des moyens qui, non seulement sont inefficaces,
mais qui ne peuvent qu'aggraver la solitude, au point de la rendre douloureuse
et misérable.
Le premier et le plus commun, de ces pseudo-moyens, consiste a demander
au corps seul d'etre le remede a la solitude. Par le tenne de "corps", nous
entendons ici tout ce qui est de l'ordre extérieur, a savoir, d'une part, le corps
comme chose, comme proximité ou, plus exactement, comme contiguité physique ou matérielle, --et d'autre part, tout ce qu'on peut comprendre comme
"intéfet" .
Sous le premier aspect, a savoir celui du corps, ou de la sexualité pure,
d'innombrables études, a notre époque, ont établi ( conformément, d'ailleurs,
a ce que le sens commun a toujours su), que les relations sexuelles, par elles
mCmes et par elles seules, 1oin de lever l'obstacle de la solitude, n'ont d'autre
effet psychologique que de la faire ressentir plus fortement et plus douloureusement. "Faire l'amour", comme on dit, n'est pas aimer: c'en est mCme sans
-doute le contraire, en imposant aux deux partenaires le sentiment que chacun,
quoi qu'il fasse, ne jouit que pour soi et ne se sert de l'autrc que comme d'un
moyen. On a remarqué souvent qu'ici l'intimité physique est a base d 1hostilité, parce qu'elle abolit sans ressource et sans recours le respect mutuel, qui
est le vrai ciment de l'amour, c'est-a-dire de l'union et de la communion. Les
amants, dans ce cas, ne sont plus l'un pour l'autre que des choses.
II ne s'agit pas, bien entendu et nous devons le dire netement et fermement, de déprécier les rapports sexuels, en cédant a un jansénisme qui, il
faut bien le dire aussi, est !'une des constantes, non pas certes de la moralité,
mais de la "morale" commune, indulgente et sévCre a la fois: mais c'est au
théologien qu'il revient d'expliquer cet illogisme et de résoudre cette aporie.
Tout ce que nous voulons marquer, c'est que les rapports sexuels n'ont et
ne peuvent avoir leur valeur de communion que dans la mesure meme oll ils
procedent de l'arnour, c'est-a-dire qu'a la fois ils le supposent d'abord dans
sa plénitude, comme union des ames et des creurs, et qu'ils se subordonnent
entii:rement a l'amour. Faute de quoi, ils nourrissent une haine secrete, -qui
est la forme la plus grave de la solitude.
Quant 3. l'intéret, auquel beaucoup d'hommes confient le soin de produire

63

�.,

et de cimenter leur union, il est clair qu'il ne peut jamais que réaliser l'union
par le dehors, d'une maniere en quelque sorte mécanique, laissant subsistcr
toujours et irrémédiablement la distance entre les individus. Car la liaison
mécanique de proche en proche, ou, come s'exprime J. P. Sartre,1 la "liaison sérielle", qui parait si solide, est si peu l'union que c'en est le contraire le
plus net: les anneaux d'une chaine ont beau etre solidement lies l'un a l'autre, ils sont séparés et isolés par cette liaison meme. Inversement, si le lien qui
rasscmble et maintient dans l'unité les membres d'une société est si fort et si
durable, c'est parce que l'union qu'il produit ou consacre est une union morn.le,
c'est-a-dire une participation commune, consentie et rcnouvelée, aux memes.
sentiments et a un meme idéal de vie.
Ainsi, livrée a l'intéret et censément garantie par lui, l"'union" des individus
est la plus précaire et la plus illusoire qui soit, car elle est toujours a la mcrci
de la "polémique" :' conflits et réclamations de toute espece juqu'a la gucrre
declarée), qui fait corps fatalement avec le jeu des intérets.
On sait trop que les "amitiés" fondées sur l'intérct n'ont que le faux visage
de l'amitié authcntique et qu'elles sanctionnent, loin dq )'abolir, la dualité laissant chacun des pseudo-amis asa propre solitude, c'est-a-dire a son égoisme. Le
bon sens populaire ne s'y trompe pas et sait fort bien que, dans les affaires, dans
la politique ou meme dans le jeu, "cher ami" ne déclarc pas plus certainem&lt;'nt
l'amitié ou l'union des creurs et des sentiments, que "cher Maitre" ne proclame
le talent et n'exprime l'admiration.
Du point de vue moral, il y a aussi une maniere fort commune de chercher
a surmonter la solitude, qui ne peut conduire qu'a des déceptions. Elle consiste
a confier le soin de l'union a l'abandon passif aux formes les plus basses et les
plus vulgaires de la socialité, qui nous conduisent a devenir de plus en plus un
neutre anonyme et impersonnel, un "On". 2 C'est le danger permanent, -et
auquel on n'échappe jamais que partiellement-, de l'existence "en commun":
il va a dissoudre plus ou moins gravement, parfois completement, le Moi propre dans le mode d'etre des "autres", au point que les autres eux-memes, par
une sorte de choc en retour, perdent leurs caracteres distinctifs propres.
Le "On" exerce une véritable dictature: il exige le nivellement, l'installation
dans la moyenne, la "vie publique et ouverte". Le "On" est une cspece de
carrefour, ouvert a tout venant. Chacun est l'autre et personne n'est soi. Le résultat est qu'il y a bien une sorte d'unité ou de totalité confuse, qui abolit, en
effet, une maniere de solitude, puisque nous cessons d'etre le "soi" que nous
sommes, comme personnes. Mais justement, il n'y a plus d'union ou de com' Cf. J. P. SARTRE, Critique de la raison dialectique, p. 165 sv., Paris, Gallimard, 1960.
• Cf. M. HEIDEGGER, Sein und Zeit,, 6e éd. (1949), pp. 114-130 (spécialement § 27.
Das alltagliche Selbstsein und das Man).

64

munion, au sens propre de ces termes, s'il est vrai que l'union suppose la dualité
qu'elle doit surmonter sans !'abolir.
'
On ne se sent jamais aussi seul que lorsqu'on est "tout le monde", interchangeable a volonté avec n'importe qui. S'il y a une expérience morale qui
s'impose, c'est bien celle qui nous révele que les unions les plus profondes,
les pl~s fortes, les plus durables, se réalisent entre des personnes parfaitement
consoen_tes de. ce qu'elles ont chacune de propre et d'inaliénable, ~t qui ont
le dessem, clairement con&lt;;u ou, en tout cas, puissamment vécu, de mettre
en commun ce par quoi elles sont, chacune et le plus profondément qu'il soit
ce qu'elles sont. Finalement, la solitude de l'etre-en-commun (comme forro~
d u "On ") &lt;'St encore e11e-meme une sohtude de "choses".
Reste la communication des consciences. Elle est vraiment notons-le d'abord
1 f
l
a orme meme de la communion, puisqu'elle est seule a pouvoir nous faire
participer a la subjectivité d'autrui et qu'elle conditionne l'amour sous sa forme
la ~lus ~aute. ~~is, i~i encore, il Y_,ª une maniere commune de la poursuivre
qui est a la fms mefficace et foncierement trompeuse. Disons d'un mot que
c'est celle du langage, ou plutot, pour employer un terme plus précis ccl!e
de la confidence.
'
La confidence est ou veut etre un dévoilement a autrui de ma subjectivité
propre.
. . Or,
. si sincere et si profonde qu'elle se veuille, la confidence ne réussira Jamais, par elle-meme, a donner acces a l'immédiat que poursuit une
authentique communication.
Elle exige, en ef~et, que je me raconte, et que j'exprime, en termes valant
pour_, ~ous, mo~ exister personnel. Or je rencontre ici la meme impuissance
qu~ J ~proll'~'e a me raconter a moi-meme au moyen de termes et de concepts
qui, nec:ssa1rement étant généraux, banalisent mon expérience vécue.
, Combien plus cet obstacle vaudra-t-il de la communication avec autrui
QU l' e
•
• me refere,
, '
xpenence
a' 1aque)1e Je
pour donner un sens a ma confidencel
ne peut jamais etre que la sienne, en tant qu'autre, et par conséquent celle d~
tout le monde. Des que je parle pour autrui, je parle pour tous.
Dira-t-on que ce que je lui confie de moi, je ne voudrais le conficr a nul
autr:? Rien de pl~s certain. Mais cela ne saurait faire que je ne doive, pour
m~ livrer, comme J1y tends et prétends, emprunter un langage et des concepts
qui sont communs et qui conduisent, par leur nature meme. a transformer
ma subjectivité en simple objectivité.
,
A

A

•

)

Le c_onfidcnce, sous toutes ses formes, ne peut done valoir qus! comme
suggestion et les mots qui l'expriment ne peuvent intervenir qu'a. titre de
symboles: leur valeur est, si l'on peut dire, musicale: ils créent une atmos-

phere et agissent par les voies mytérieuses de la sympathie.
Voila ce qui peut expliquer le désespoir de ceux qui, voulant livrer leur cons-

65
H5

�cience ou leur intimité, ne savent que la parler et n'arrivant jamais a trouver
assez de mots et d'expressions pour achever leur dessein, retombent lourdement dans le sentirnent de leur invincible solitude. L'union d'amour qu'ils
poursuivent, avec une ténacité passionnée, trouve son échec douloureux dans
les moyens mCmes qu'elle veut mettre a son service.

•
Ces analyses, il faut en convenir, ont quelque chose de décevant et semblent
nous fonner toutes les voies a l'union cependant voulue par l'amour. Mais il
se pourrait que ce ne soit qu'une apparence. Car elles ne font que souligner les
obstacles qu'il faut franchir pour réaliser dans sa perfection, autant du moins
qu'elle est possible, la communion de l'amour.
Quelles sont done les conditions, et quels les moyens de cette authentique
communion qui s'identifie avec l'amour? C'est-a-dire: si la dualité, comme
on l'a vu, ne peut jamais etre abolie, comment pourra-t-elle se concilier avec
l'unité, et mtme, plus encore, si paradoxal que cela paraisse, fortifier et cimenter cette unité?
Nous résumerons tout la-dessus, en disant qu'il faut réaliser la présence
réciproque . Dans toutes les situations que nous avons envisagées jusqu:ici,
c'était justement cette présence réciproque qui faisait défaut, parce que nous
cherchions moins la présence que la co-existence, c'est-a-dire la continuité
physique ou le langage en troisiCme personne, -alors que la présence est
chose spirituelle. Mais essayons de préciser tout cela.
Autrui, comme tel, n'est pas un objet ou un spectacle, ma1s une présence
et, comme s'exprime Gabriel Marce!, un Toi devant Moi. Kierkegaard avait
déja noté, admirablement, a propos de "l'exister-chrétien", qu'il n'y a d'existence chrétienne digne de ce nom que celle pour laquelle Dieu est Présence
3
et qui, elle-meme, est "devant Dieu", a savoir présence a Dieu. Par voie de
concept, on ne communique pas plus avec Dieu qu'avec autrui, pas plus avec
autrui qu'avec Dieu. C'est pourquoi aussi on ne peut s'emparer de la subjectivité d'autrui: on ne s'empare que des choses (Ia-dessus, J. P. Sartre, a écrit
des pages remarquables) ,4 -ni la posséder, ni meme la "connaitre", car seule
une chose peut etre possédée et seul un fait ou une notion peuvent Ctre
"connusi'.
S'emparer pour posséder témoigne a la fois de ma solitude devant les choses
3

4

Cf. R. JouvET, Kierkegaard, Paris, Fayard, 1958, pp. 136 sv.
Cf. J. P. SARTRE, L'Etre et le Néant, pp. 431-503. Cf. notre J. P. Sartre, Paris,

et de leur irrémédiable éloignement, puisqu'on ne les "possede" jamais que
par force ou violence. La présence, au contraire, nous rend douloureuse notre
solit,ude_ ~: nous pousse a l.a rencontre de l'autre. Quand elle est présence
de 1am1tie et de la sympath1e, elle détermine ce processus de communion qui
la suppose déja et la parfait, -et qui, étant par lui-meme découverte et ;évélatio~ d'autrui dans ce qu'il a de plus personnel, nous remplit d'une si pure
emotion, comme si tout un monde spirituel, auquel jusque Ia nous n'avions pas
acces, surgissait pour nous, ici et maintenant, dans sa radieuse nouveauté.
Ce qui est réel alors, ce ne sont plus deux individus isolés et séparés, mais
la relation meme qui les unit. La rencontre est ce qui actualise cette coprésence essentielle et fait aborder autrui sur un plan qui exclut les rapports neutres et indifférents de la quotidienneté et fait apparaitre la relation du Je et
du Toi, oll l'autre devient l'Unique.
Dialectique merveilleuse de la distance et du rapprochement, de la dualité
et
. . de l'unité, oll l'on éprouve en commun les memes sentiments, les m6mes
JOies et les mimes souffrances. Dialectique de l'amour, qui est échange et don,
-et z:nystCre de l'unité de ce qui est deux: je me retrouve en autrui, comme
autrm se retrouve en moi, l'un et l'autre pour chacun de nous médiateurs
de notre personnalité et de notre subjectivité.
De 13. vient que jamais je ne sens mieux le rythme profond de ma vie que
par I'effet de la présence d'autrui, dont I'amitié me révCle a moi-meme et
amplifie, en quelque sorte, les battements de mon cceur et le chant de mon
ame. Dans son article sur L'origine de l'reuvre d'art,6 Heidegger propose une
image oll l'on peut découvrir un magnifique symbole de ce miracle de la coprésence. II évoque le temple grec et le site escarpé oll il est construit: le
soleil dore la pierre et lui donne son éclat; mais, en retour, le temple fait le
soleil plus brillan!, !'azur du ciel plus intense et le lieu plus solennel, -et plus
sonare le bruit des vagues qui viennent buter sur son silence.
Car il est vrai que tout s'accomplit dans le silence, et que c'est 1c1 mCme
que nous pouvons résoudre les apories de la solitude, c'est-a-dire, comme nous
l'avons dit plus haut, celles du corps, de la généralité et de la conscience clase
qu'aucun discours n'arrive jamais a livrer et a transmettre.
'
. En eff.et, t~ute communication vient s'achevcr et se parfaire dans une plémtude s1lenc1euse, la plus mouvante qui soit. Il ne s'agit pas simplement
du silence qu'évoque le Teste de Paul Valéry, pour qui toute communication
est impure, parce que ses expressions nous rejettent au plan de l'abstrait et
du général. Le silence est ici plus profond et plus solennel, requis non seule•
ment par le fait que les notions communes doivent se remplir d'un contenu et
5

Cf. M. HEIDEGGER, Holzwege, Klostermann, Frankfurt am Main, 1950. Der Ursprung des Kunstwerkes, p. 30 vv.

Fayard, 1965.

67
66

�d'un sens qui ne peuvent s'exprimer, parce qu'ils sont marqués d'une singularité irréductible (comme nou~ l'avons vu quand nous analysions la solitudc ) ,
mais aussi et surtout par l'approche du secret que rien ne pennet d'épuiser
ou mCme de dire et qui est le mystere ultime du "Je".
Ce secret, le silence oll s'achtve la communication est la voie d'accCs vers
lui, puisqu'il temoigne de l'unité de mon Ctre et que l'unité, étant ineffable, ne
se livre que par le silence.
Ainsi est-il vrai, comme le disait magnifiquement Saint-Exupéry, que "le
silence est l'espace de l'esprit",6 ou, si l'on veut, l'atmosphhe oll l'existence
se manifeste dans son indivise totalité.

•
La communication cependant ne serait pas encore parfaite, si elle en restait
a ce qu'on pourrait appeler le plan physique de la participation a la subjcctivité
d'autrui. Car, comme on l'a vu, les consciences ne communiqucnt pas entre
elles directement, --ou, du moins, cette communication ne se réalise que par
la méditation du príncipe identique qui fonde leur réalité. Si elles peuvent
s'entendre, se comprendre et de quelque fa(j,on s'identifier "par cette union si
étroite que l'amour réalise entre elles et qui les intériorise l'une a l'autre",
dit L. Lavelle,1 c'est toujours par la vertu de la source commune de leur
@tre, en laquelle elles se rejoignent et, du mCme mouvement. se reconnaissent.
Pour le mieux comprendre, nous pouvons partir du fait que la connaissance
de soi est avant tout saisie de la valeur qui m'anime et que je suis réellement,
en tant que telle personne humaine, incarnée ici et maintenant dans mon
univers familier et engagée profondément dans l'a:uvre continue de ma propre création, par le jeu d'une liberté qui me rend responsable de moi-m@me
et, plus encore, responsable du monde ou j'existe. Seule, la valeur et le dynamisme qu'elle engendre, peut me révéler a moi-mCme, parce que je suis historique et ne puis jamais m'abstraire de ma continuité temporelle. Je ne me re·
trouve vraiment que dans mes projets et mes fins.
Je ne puis communiquer avec autrui et m'unir d'amour ou d'amitié avec
lui que par les mCmes voies et les mCmes moyens. Eadem vell&lt;'-, eadem
nolle, disaient fortement les Anciens. Car autrui ne m'est connu vraiment
que par la médiation de la valeur qui l'anime. Sa présence a moi et ma présence a lui, cette coprésence dont nous parlions plus haut, s'achtvent, en leur

vérité et leur plénitude, par la communication des valeurs qui donnent ¡
d
.
e
sens e notre ex1stence et expriment notre Ctre le plus intime.
C'est, e~ effect, la ~aleur qui nous fait émerger du monde des objets pour
nous constituer en suJets et en personnes. Et s'il est vrai, comme le disait L.
Lavelle, que "la dualité est la consolation et le remede tempere] de ]a fini~ude,,, c'est pare~ qu'elle se fond, sans l'abolir, dans la participation com.mune
ª, des valeurs qm nous orientent vers l'infini. Car l'espoir constamment cares.
se de l'amour et de l'amitié de parfaire une unité qui ne cesse de i;e dénouer
et de s'effriter, a peine réalisée, ne peut s'actualiser, dans le domaine oll
l'u,..nité est possible, et qui est celui des ames, que si les 3.mes, toujours deux,
meme dans le plus ardent effort de communion, fusionnet daos l'amour
commun d'une meme valeur.
Cela, Nietzsche l'avait bien vu, qui écrivait: "11 y a bien la et la sur terre, une sorte de prolongement de l'amour" (mais on dirait mieux sans
doute: une manifestation d'amour), "dans lequel le désir cupide que deux Ctres
ép~~uve,nt l'un ~our l'autre fait place a un nouveau désir, a une nouvelle con•
v01t1se, a une s01f supérieure commune ( c'est Nietzsche qui avec raison souligne
1•
m ~eme le mot "comune"), celle d'un idéal qui les dépasse tous deux''. 8
Ma1s, ajoute-t.il aussitOt, "qui connait cet amour•l3.? Qui l'a vécu? Son véritable
nom est amitié".
Oui, il est bien vrai que l'amitié est la forme parfaite de l'amour en tant
~u'elle. réalise cet idéal de présence réciproque, de coprésence, ~ue nous
mvoqmons précédemment. Car il n'y a finalement de présence á autrui et
d'autrui ~ moi•m@me, c'est.3.~dire, en d'autres termes, qu'il n'y a de victoire
sur la s~htude~ que_ morale et spirituelle, -et nous ne nous comprenons et ne
nous umssons Jama1s que par la participation au mouvement par lequel chacun
~e nous est constamment en acte de se faire Ctre selon l'ordre des valeurs otl
11 engage toute la vérité de son existence.
Sain~-~xupéry ~arle de "cette altitude oU je me condamne a Ctre seul". 9 (Mais
~ous d1nons plutot q~e c'est dan~ l'altitude que l'on cesse d'ttre seul et que
1on tro,u~e: de s_urcro1t, cette paix et cette sérénité qui, selon Goethe et en
toute vente, habite les hautes cimcs: Vber a/len Gipfeln, ist Ruhe. Nous ne
nous-rencontrons qu'au-dessus de nous•memes, dans ce domaine infini "espace
de respnt
.,,, ou' nous retrouvons le seul lien des 3.mes qui est Dieu '
C'cst qu'en effet, toute valeur authentique contient 'nieu, et de 13..vient qu'il
n'y a pas de pont de moi 3. l'autre et de l'autre a moi "sans le chemin de
n·1eu,, .10 e ar n·1eu "est 1e na:ud divin qui noue les ames'' .11
A

1

)

)

L, gai savoir, n. 14.
Citad,lle, p. 163.
Id., ibid., p. 202.
Id., ibid., p . 301.

NtETZSCHE,

• SAINT ExuPERY,

Citad1ll1, p. 100.
D, l'itre, (1947), p. 20.

• SAJNT-ExuPERY,
1

L.

LAvELLE,

1
'

n

69
68

�Ainsi done, la possibilité de la communication, la réalité de la communion
et la vérité de l'amour, résident dans Je fait que les etres communiquent entre
eux par quelque chose de plus profond que la conscience. Je ne communique
avec autrui, je ne l'aime vraiment, ne faisant qu'un avec lui, que par le
mouvement qui nous éleve J'un et l'autre au-dessus de nous-memes. Je découvre
en lui et il découvre en moi ce qui nous fait !'un et l'autre pleinement ce que
nous somrnes.
Nous ne sommes un, en effet, et nous n'existons comme un, que par cet
élan commun, et c'est Dieu, en qui nous retrouvons, qui est, déja au plan
naturel, mais plus parfaitement encore, et par le mystere de la grace, au plan
sumaturel, ce vinculum caritatis, ce lien d'amour que nous cherchons vainement
a réaliser en perfection par la voie du dialogue et de la confidence.
On comprend mieux maintenant la vertu du silence dans lequel, disions-nous,
s'acheve toute communication authentique. Non seulement il laisse entendre
le.Is mots que, meme si nous parlions, nous ne saurions dire -mais encore
il traduit l'atmosphere religieuse et sacrée de la véritable union des ames et
des creurs. Le silence de la communication exprime le sentiment indicible
que Dieu est la et que c'est Jui, et luí seul, qui fait et scelle notre vérité et
notre unité.

•
Pour condure ces vues, nous proposerons deux observations.
La premiere est que nous n'avons voulu ici que décrire les conditions les
plus générales d'une victoire de l'amour sur la solitude et par conséquent que
l'amour n'etait pour nous, dans cette étude, que le nom commun de toutes les
formes de la communication ou de la communion avec autrui.
Mais il est bien évident que, s'il y a maintes formes d'amour, a savoir,
l'amour proprement dit, qui est l'union entre personnes de sexe différent ou
amour conjuga), l'amour filial, répondant a l'amour matemel ou patemel,
J'amitié, union plus exclusivement spirituelle -la sympathie, qui est union
affective-, chaque forme d'amour a son caractere propre, son :i.tmosphere
particuliere, ses conditions et ses expressions spéciales incomparables.
Mais, en toutes ces formes, si diverses soient-elles, la solitude des deux n'est
jamais surmontée que par la participation commune a un bien ou un idéal qui
transcende les individualités de ceux qui aspirent a s'aimer vraiment. Faute
de quoi, l'amour est un tourment, --et précisément le tourment de la solitude
(car, comme Dieu le déclare, "il n'est pas bon que l'homme soit seul") ,u
,. Genese, II, 18.

70

c'est-a-dire d'une situation ou chacun se sent autre, ou, plus précisément,
s'éprouve l'autre, irrémédiablement étranger a l'autre.
Quane la haine, déclarée ou sourde, ne s'installe pas dans les rapports devenus
rapports de chose a. chose, la vie a deux n'est plus que la banale juxtaposition
de deux solitudes et le seul remede qui s'offre, -et qui n'est, en fait, qu'un
pseudo-remede--, consiste pour chacun a étourdir, s'il se peut, le désespoir
profond de l'échec, dans le bruit et le bavardage de l'inauthenticité, ou chacun,
ccssant d'etre soi et d'etre présent a un autre soi, s'evanouit dans son néant.
Car on peut parler d'amour pendant une longue vie a deux, sans avoir jamais
su ce que c'est que l'amour.
Notre deuxieme observation est que, dans le cas le plus favorable, l:i. solitude
peut etre surmontée, mais non pas abolie. Jusque dans l'extase de l'amour
le plus haut et le plus conforme a son essence, le deux de la solitudc subsiste.
C'est ce qui fait a la fois l'inquiétude et la grandeur de l'amour. Son inquiétude,
parce que le vreu de l'amour est de réaliser l'union complete et indestructible,
alors qu'elle ne peut le'etre absolument. Sa grandeur, parce que l'amour ne
peut vivre et grandir que s'il est l'reuvre toujours reprise des amants eux-memes.
-et non cette pure passion (au sens de passivité subie ou de fatalité affective) ~
qu'une littérature romanesque et un cinéma dégradant exaltent ~ans répit,
faussant et ruinant a fond dans les imaginations le sens meme de l'amour.
Redisons que l'inquiétude, mais une noble inquiétude, habite nécessairement
l'amour, parce que, si profonde que soit l'union, il y a toujours, entre les amants,
ce mystere et cette obscurité qui est, pour !'un et pour l'autre, mais aussi et
d'abord de chacun pour soi, quand i1 veut se saisir dans sa vérite demiere
et radicale, le fond indépassable et inexprimable de tout ce qu'il est -et surtout
parce que l'union n'est jamais une acquisition définitive, mais une réalité a
reconquérir sans cesse sur les réticences de l'égoisme, sur les partialités de
l'"intéret", sur le banalité de la routine, sur les défaillances et la mobilité
continue du sentiment ou de l'affectivité.
Tout bien considéré, et si paradoxal que cela paraisse au premier abord
l'amour, a tous ses niveaux sous toutes ses formes, est moins affaire de sentimen;
que de volonté, si bien qu'aimer est sans doute la chose la plus difficile du
monde. Il ne saurait s'agir, bien entendu, d'exclure le sentiment, qui donnc a
l'amour comme a l'amitié un charme si puissant. Mais il faut dire que l'amour
n'est vrai qu'a partir du moment ou, non seulement on reconnatt qu'on aime
mais ou l'on décide d'aimer. C'est la décision d'amour qui seule fait dure;
et vivre l'amour. Sans elle, tout est laissé aux vicissitudes de la sensibilité aux
. de l'heure et, finalement, au hasard. L'amour n'est plus vérité, 'mais
capnces
chance. 11 ne vit plus, mais, tout au plus, se survit. Et l'on ne sait meme plus
si l'on aime, puisque l'on ne commande plus a son creur.

71

�Mais, s'il est vrai que tout amour est inquiet, cette inquiétude est salutairer
Elle nous rappelle notre condition de personnes distinctes, responsables chacune
de son destin, rnais responsables aussi du destin de l'autre. Et cette inquiétude
meme devient un principe de grandeur, quand elle est celle d'une participation
commune et de plus en plus parfaite au Bien en lequel se réalise et s'acheve
l'accord profond des volontés et des creurs.

R.

JoLI\'ET

LA METAF1SICA INTRAMUNDANA DE XAVIER ZUBIRI

Université Catholique de Lyon.

DR. ALBERTO CATURELLI

Universidad de Córdoba (Argentina)

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J.

DE BouRBON·BUsSET, Les aveux infidtles, París, Gallimard.

Zubiri ~ España y en Hispanoamérica es, sim.
plemente, un hecho, quizá, desde 1931 y, sobre todo, desde aquel primer testimonio de su saber filosófico en el volumen Naturaleza) Historia, Dios ( 1944).
Después de casi veinte años parece haber comenzado a publicar su esperada
obra madura con el volumen Sobre la esencia ( 1962), algunos ensayos que
utilizo en este escrito y las Cinco lecciones de filosofía ( 1963), de tono menor comparadas con el libro fundamental, a mi parecer, sobre la esencia. 1
Todo hace sospechar que estamos ante el comienzo de la publjcación de la
obra madura, es decir: simplemente, de la filosofía de Zubiri.
Ante todo, no debe pensarse, debido al título del libro fundamental, que
"Se trata de un pensamiento Hesencialista" en el sentido que comúnmente asignamos a ese término ( como opuesto a "existencial" o concreto) pues la verdad, quizá, sea la inversa, puesj para Zubiri, la realidad misma es esencia, pero es esencia como algo anterior y envolvente respecto de la clásica di visión
de esencia y existencia. Desde ese punto de vista, ya veremos que 'Se trata de
una verdadera filosofía de lo concreto si entendemos por "concreto" la estructura misma de lo real. En efecto, aquello que preocupa a Zubiri no es otra
cosa que "el problema de la estructura radical de la realidad y de au mamenLA PRESENCIA FILOSÓFICA DE

Naturaleza, Historia, Dios, 437 pp., Madrid, 1951 2 (primera edición, de 1944).
Sobre la esencia, 521 pp., Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid, 1962;
1

además, 19632 y1964 3 • Cito esta obra con la sigla SE.
"El hombre, realidad personal", en Revista de Occidente (2a. época), I, 1, p. 5·29,
Madrid, 1963.
Cinco lecciones de filosofía, 284 pp., Sociedad de Estudios y Publicaciones, Ma•
drid 1963. (Se estudian aquí las ideas de la filosofía, caracterizadas por su objeto,
,en Aristóteles, Kant, Comte, Bergson, Husserl, Dilthey y Heidegger}.
"El origen del hombre", en Revista de Occidente (ibídem), 11, 17, pp. 146•173,
_Madrid, 1964.

73

72

�to esencial". 2 Pero esto debe ser bien entendido, pues, por .ahora, lo que interesa es la esencia intramundana ( que no niega una realidad supramundana). s y en ese sentido como confiesa Zubiri, "el hilo conductor de toda esta i~ves~igación ha sido la idea de que la esencia es un momento íísico de la
sustantividad'';• en tal caso, provisoriamente y hasta dond_e ha Il~gado la
reflexión zubiriana, solamente se trata (en este nivel) de mtroduc1rnos en
el desarrollo esencial de una metafísica intramundana.
Entonces, si aquello de que se trata es la estructura radical de lo ~~al y de
su momento esencial como lo intrínseco de la cosa, es claro para Zub1n que se
trata de la esencia no como nuestro modo de interrogarnos, ~or las cosas
reales, "sino como momento de ellas"; o sea, como mome~to /meo de ,1~ cosa no como algo conceptual ni algo objetivo (como decimos en la log1ca) h
y~ se ve que en la esencia aparecerá como "lo verdaderamente real de la
6
cosa" s O como "la unidad principal de la cosa real" misma. Por tan_to, la
esencia no es ni "sentido" (Husserl), ni es concepto formal _(Hegel), m concepto objetivo como en el racionalismo (Leiniz y Ka~t) ! m es }ª~poco correlato de la definición (Aristóteles)' sino momento intnnseco de la cosa.
Es pues necesario entrar directamente en la real~dad y preguntamos por la.
esencia. Este retrotraerse a la realidad para averiguar el, mo~ento est~,uctural más suyo nos descubre que la realidad misma es el amb1to de lo _esen. ble". per~ este ámbito corresponde sólo a las "cosas-reales" que tienen
cia
'
fd " de las que so
tales notas mientras que no corresponde a las cosas-sen ~ o
,
lamente t:nemos concepto ( como, por ejemplo, un cuchillo). Entonces, para Zubiri, las "notas" de la cosa real son, simplemente, todos los momentosque posee; lo esenciado, por tanto, es la realidad verdad~ra; ,~n _la sola enunciac10n se transparenta que la verdad no es la "conformidad, :mo ;;u funda. ás aún no es ni la verdad lógica ni la verdad ontolog1ca, pero es_ su
\ m
roen°,
'
·
t
ons1stefundamento; se trata aqu '1 de la verdad real cuyo pnmer mamen o c ,
en ser ''actualización de la cosa en la inteligencia" _1 Como se ve, aqm ~eafirman dos cosas: Por un lado, el acto formal de la inteligencia es "actuah11

.,
z b" .
t•
de siempre puede notarse
6 Esta preocupac1on de u m es an igua,
'
.
., . .
b
. la filosofía y el ser del hombre van a nutrirse,
t to. "Necesitarnos sa er s1
h b
ex . .
. d 1
'pasa en el mundo' o de lo que las cosas y el om re
ma mstanc1a, e O que
.
- D·
99 • en este
. , •e·1enc1a
• y Realidad'"
Naturaleza, Hutoria, ws, P·
,
realidad en
,
f
84
d l te
la preocupación fundamental era "la cosa real" ; c . p.
en a e an .
z

SE

' SE., 370, 340.
4
SE., 343.
ª SE., 33.
e

SE., 18.

en este·
'l .
en u u-,
son, ui:
trabajo,.

zar" 8 en el sentido de mera actualización de la cosa en la inteligencia; lo inteligido resulta pues lo actualizado: 9 por otro, la cosa misma en cuanto inteligida es la "verdad real" anterior a toda "conformidad"; por tanto, en la intelección, la cosa real "remite" formalmente desde la actualidad intelectiva
a su propia realidad; es "reduplicativamente rear'. 1 º Es pues un acto que
si bien se da "en" la inteligencia no es "de" la inteligencia, sino de la cosa)· es
decir, un "acto en que ésta (la cosa) no sólo es real sino que está realizándose como real". 11 Así pues, si la verdad consiste, fundamentalmente, en esta
realidad verdadera ( en la actualización que reduplica y nos "mete" en la cosa
haciéndonos "quedar" en ella), la inteligencia es "la capacidad que el hombre
tiene de aprehender las cosas y de enfrentarse con ellas como realidades" n o,
lo que es igual, "la capacidad de habérselas con las cosas como realidades"; 13
por eso, la inteligencia aprehende las cosas como realidad actualizándolas y
su acto formal consiste, precisamente, en "actualizar".14 El lector debe retener estas ideas, pues sin ellas no podrá comprender la doctrina zubiriana sobre el hombre, como veremos más adelante. Supuesto lo dicho, si la intelección es ese 11 quedar" la cosa en su realidad, se trata, primero, de una actua' SE., 113, 119.
' Cf., SE., 113, 371, 380-2, 405.
w SE., 117 .
u SE., 118.
"' El origen del hombre, p . 148.
13
El hombre, realidad personal, p. 18.
14
SE., 119. La realidad como la formalidad absoluta, parece insinuarse claramente en sus ensayos primeros: "El saber principal de las cosas, decía, contiene una justificada exigencia que le confiere su fuerza especial, frente a todo saber raciocinante:
saber que no es sólo saber la esencia, sino la cosa misma. La cosa misma: ésta es la
cuestión. ¿ Hasta qué punto queda resuelta con la especulación? Cuando quiero saber
lo que de veras es esto que parece vino, la cosa misma, el vino mismo, el "de veras",
no es un huero "ser verdad", relleno de predicados o notas. En la expresión del vino
"mismo" el "mismo", significa esta cosa real. La cosa "misma" e!I la cosa en su realidad. Realidad no significa exclusivamente "ser material". Los números, el espacio, las
ficciones, tienen también, en cierto modo, su realidad. No es lo mismo la idea de un
personaje de una novela que el personaje novelesco mismo; al igual que no es lo
mismo la verdadera idea del vino que el vino "real y verdadero", como decimos en
español. El saber especulativo ha desarrollado todo el problema por el lado de la verdad, dejando en suspenso, tan sólo como propósito firme, la realidad de lo que es. No
ha logrado salir de la idea para llegar a las cosas. Por esto, eso que pudiéramos llamar
ideísmo ha sido, en última instancia, idealismo. Saber, no es sólo entender lo que de
veras es la cosa desde sus principios, sino conquistar realmente la posesión esciente de
la realidad; no s6lo la "verdad de la realidad", sino también la "realidad de la verdad".
"En realidad de verdad es como las cosas tienen que ser entendidas" ("¿Qué es saber?",
en Naturaleza, Historia, Dios, p . 55-56).

' SE., 114.

74

75

�lización pluridimensional 15 según diversas dimensiones (estructura de toda
verdad real) ; pero hay también una actualización "simple" cuando sus notas (de la cosa) no se aprehenden "cada una por sí misma"; y es "compleja"
cuando se actualiza la cosa como aquello que tiene notas como momentos
reales suyos. Pero lo que interesa es la realidad absolutamente que es la cosa
que es físicamente actual o, como dice Zubiri "la última y radical realidad
fundante de todo lo que es real 'en' 'algo'." 16 Entonces, lo actualizado es la
cosa en la totalidad de sus notas, las cuales no significan una inhesión ( Aristóteles) sino "una estructura de actualización o proyección" en diversos ''respectos"; a cada uno de los "modos" de la actualización, es decir, a cada uno
de sus respectos formales, Zubiri llama dimensión por la sencilla razón de que
17
"en cada uno de ellos se mide o mesura la cosa real entera" ; a su vez, la
"dimensión" implica las tres dimensiones de la verdad real: la patentización
que es la "ratificación de la realidad propia como meramente descubierta en
y por las notas" ( actualidad de la cosa entera) ; la seguridad en cuanto la realidad aparece como lo actualizado en notas "que la hacen de fiar"; la constatación como lo actualizado en notas que lo denuncian como real. A la patentización corresponde el respecto de la manifestación que es "el carácter
descubridor de las notas", la misma proyección de toda la realidad de la cosa (manifestación intelectiva); a la seguridad corresponde el respecto de la
firmeza porque, dice Zubiri, "la verdad real tiene una dimensión de 'seguridad' en la que se ratifica la realidad propia de la cosa en la dimensión de su
interna 'solidez'." La actualidad de la cosa entera en sus notas, en esta dimen18
sión formal de solidez, es lo que llamamos "firmeza"; por fin, a la ''constatación" responde el respecto del simple estar siendo, subrayando el estar que
es lo circunstancial de la cosa en su momento físico; más aún, Zubiri afina
un poco más su análisis pues, en resumen, "la actualidad de la cosa entera en
sus notas, en esta dimensión física y formal del estar siendo" es lo que él
llama efectividad.19 Como se ve, de todo este finísimo análisis se desprende
que toda la realidad es dimensional.
SE., 120.
,. SE., 123.
" SE., 126.
11
SE., 129.
11 SE., 131. Además, SE., p. 132-2: "Estas tres dimensiones de la verdad real (paten-

11

tización, seguridad, constatación) son tres dimensiones según las cuales la cosa se ratifica en su realidad propia, y responden, por manifestación, la firmeza, la efectividad. Y
cada uno de estos tres momentos es la proyección o actualización de lo que la cosa
"realmente" es: en la manifestación se actualiza la realidad en su riqueza, en la firmeza se actualiza la realidad en su solidez, en la efectividad se actualiza la cosa en su
estar siendo".

76

Pero, ~ la _realidad. es dimensional porque la cosa aparece como estructura
de actualización en diversos respectos, aquí se implica la cuestión del tipo de
~otas correspondientes a la realidad: No se trata de las notas de tipo "causal"
smo de las de tipo "formal" que corresponden a la cosa en sí misma. A s~
vez, las notas de tipo formal son de tipo constitucional o adventicio· en efect 0 , 1a " const1tuci
. "6n" , para Zubiri, es individual; es, precisamente, el 'momento
por el cual "la cosa es esa unidad física irreductible" ( esto es formalmente
"~sto") en lo cual consiste la individuación. A tales notas de tipo constitución ~ refiere Zubiri en cuanto forman parte de la índole de la cosa 20 como
notas infundadas; tal es también la explicación de la unidad meramente numeral q~e es la individualidad singular por contraposición a la individualidad estncta que significa, precisamente, la "constitución real intrínseca de
1~
.~on t~as sus notas". De modo que esta unidad estructural es "constituc1~n ,:• s1 lo_es, la unidad de lo real no puede ser aditiva sino primaria,
anteno~, u~ P~•~s respecto de la posesión de cada nota aisladamente consi· · 1mente
·derada
rd ; el • md1v1duo se muestra como un sistema de notas pos1c1ona
mte ependi_entes. _Aquí, s~ debe poner toda la atención en hacemos cargo de
qu~ esta unidad s1stem_a~1ca es anterior a la idea de substancia pues aquella
umd~ ~s lo que Zubm llama la sustantividad en cuanto tiene suficiencia
c?~st1tuc1onal. La sustantividad no es, por cierto, la "subjetualidad" aristotehca (1~ sustancia _c~mo sujeto del logos predicativo) ni es tampoco la mer:1 capaci~a~ de existir; la sustantividad es, formalmente, la unidad sistemática Y P~s1c1onal de estas notas.21 La sustancialidad aristotélica puede ser (
e~ un tipo de _sustantividad~ nada más; en cambio, hay sustancias (los mili~
n~s de sustancias que constituyen un organismo) que carecen de sustantividad; sólo el organismo como tal posee sustantividad · entonces "sustantividad ~ _la ~uficiencia de un grupo de notas para co~tituir algo propio; es
· ·
dla suf1c1enc1a en el orden constitucional" ·22 Lo cual exp1·1ca que la sustanhv123
ad aparezca _"como estructura" según veremos mejor más adelante: por
t:uito,
pro~io de la sustantividad es "la interdependencia posicional ~ el
sistema . , o bien, "la um·dad s1stemat1ca
·
, • y poSicional
.
de estas notas" lo c al
en senud
· h ace evidente
·
. . 0 c•on trano,
que las notas son "actualización •físicaude,
1a suf1C1enc1a constitucional, de la sustantividad" . A su vez, Ias dimens10· ·

~:1

~?

,. SE., 137. En_ otro lugar, p. 478: "tanto en el primer grupo de notas como en el
s~gundo, trát~ ~1empre, según vimos, de notas fundadas. Frente a ellas las notas esencaal~s o co?stltutavas son infundadas". Por eso Zubiri dice que "la unidad de las no~6_1;,~::.~~es51~on la esencia es una unidad de 'ad-herencia'" (loe. cit.) Cf. pp.
: SE., 157. Véase todo el &amp; 3 (pp. 143-174).
., El h~bre, realidad personal, p. 22.
Op. cit., p. 13.

77

�nes ( de que hablamos antes) aparecen como los "distintos respectos formales de esta suficiencia". 34 A la sustancia (aristotélicamente entendida) corresponden las categorías, mientras que a la sustantividad corresponden las dimensiones.

Es evidente que estos principios fundamentales están en la base misma de
lo que se podría llamar la Antropología filosófica de Zubiri pues la sustantividad inteligente será, precisamente, el hombre. Pero vayamos más lentamente:
La sustantividad es anterior, más profunda, que la sustancia o, como dice Zubiri, que la "subjetualidad". Si retrocedemos en la consideración de la sustantividad, la sustantividad biológica se constituiría en la confluencia de la independencia del viviente respecto del medio y cierto control sobre el mismo; el
viviente aparece en estado de equilibrio "entre" cosas, dinámi~ament~. Por eso,
Zubiri sostiene que su "tono vital" se muestra en la colocación (locus) y en
la situación (situs) que no pueden identificarse aunque el situs se funde en el
locus." A su vez, las cosas modifican el todo vital (suscitación) transfom1ándolo en tensión- "hacia", lo cual provoca la respuesta. Y ésta es el estrato primero de la sustantividad del viviente como "unidad de la independencia Y
",. M' b .
del control en la tensión que lleva una respuesta adecuada .
as a a.10
aún de esta tensión hay aquel "modo primario de habérselas con las cosas"
que es la habitud fundamento de la suscitación-respuesta; en la. hab'.tud las
cosas simplemente "quedan" en cierto respecto que es la actualizaczon cuyo
carácter es la "formalidad". Entonces, la habitud última, radical, depende
del tipo de viviente y son tres: nutrición, cuya formalidad es el alimento_:
sentir, cuya formaHdad es el estímulo y el, inteligir cuya formalidad es la realidad. Como se ve, tal es el medio del viviente que tiene su "entorno" como
dimensión sobre la cual se funda su "respecto"; y así el segundo estrato de la
27
sustantividad del viviente es esta habitud-respecto formal. El animal, pues,
recibe cierta estimulación ( o susceptibilidad) y, a su vez, "la liberación biolócrica del estímulo" constituye el sentir que reconoce los grados de la "susce~tibilidad", la sentiscencia" ( sensibilidad difusa) y la "sensibilidad". La
unidad en que consiste la sustantividad animal posee cierta clausura y las estimulaciones forman "recortes" autónomos que explican el comportamiento
unitario del animal. Y aquí aparece la diferencia radical con el hombre que
es una sustantividad hiper-animal pues la habitud radical del hombre consiste en "aprehender las cosas no como puros estímulos, sino como realida11

1t

SE., 157.

u;

El hombTe, realidad personal, p. 8.

• op. cit., p. 9.
~r

des"." Recuerde el lector que hace poco dije (con Zubiri) que la formalidad
del inteligir era la realidad y que la inteligencia era, precisamente, la capacidad de aprehender realidades; entonces, así como al sentir corresponde el
estímulo, al inteligir corresponde la realidad. Las cosas remiten a lo que
son "de suyo" 29 y entonces se ve que la habitud del hombre es inteligencia y
que el "conjunto de las cosas reales en tanto que reales... es el mundo, 3 º sobre cuyo carácter trascendental hablaremos luego. 3:t La sustantividad del
hombre es, pues, libre y abierta ( a sí y a las cosas) y no es "animal racional"
sino "animal de realidades 1'. 32 Pero, básicamente, la sustantividad del hombre,
en cuanto mera combinación funcional de sustancias mutuamente codeterminadas, es una estructura (unidad coherencia! primaria) que no se puede explicar por la doctrina aristotélica del acto y la potencia pues no l'!S el alma
( psyché) la que organiza el plasma germinal sino que es el plasma el que
modula el alma desde la concepción; luego, no hay unidad sustancial sino
unidad de estructura en la que "alma" y "cuerpo" son coextensivos; y esto
porque el alma es "versión- a" "un cuerpo" 33 ( corporeidad estructural del alma); y el cuerpo es "organismo-de" un alma; luego, el alma es "corpórea"
y el cuerpo "anímico". En pocas palabras de Zubiri: "considerado desde el
alma, el 'de' consiste en 'corporeidad'. Considerado desde el cuerpo, el 'de'
consiste en animidad. Tomadas a una ambas determinaciones, dirí3.mos que
la unidad del 'de' es 'corporeidad anímica'. 34 Y así como dijo Zubiri que, en
cuanto a sus actos, el hombre era anima!1 de realidades, en cuanto a su sustantividad es realidad personal. 35
Así se comprende a fondo por qué, en Sobre la esencia, la sustantividad del
hombre aparece como "apropiación de posibilidades 1' ; de modo que no es sujeto de, sino determinante de posibilidades (supra-stante) 36 hasta el punto
que solamente es sujeto-de cuando se ha apropiado de sus posibilidades. Y también se ve la superioridad y anterioridad de la sustantividad respecto a la sustancialidad ( aunque existan sustancias insustantivas como las que componen
un organismo). La sustantividad entonces, implica la individualidad estricta
(yo diría que es la individualidad estricta); de lo cual se sigue que no hay in28

Op. cit., 18.
Op. út., 19; SE., 416.
ª~ El homhre, realidad personal, p. 20.
31
SE., 42Q y SS.
" El hombre, realidad personal, pp. 21, 29; El origen del hombre, pp. 155, 159.
SE., 391-2; también 113 y ss.
33
El hombre, realidad personal, p. 26.
31
Op. cit., p. 28.
~ Op. cit., p. 29.
;IG SE., 159; El hombre, realidad personal, p. 22.
n

Op. C!t., 11.

79
78

�dividuación de la especie ( tal especie que, en el árbol de Porfirio, se individua
de tal manera) sino especiación del individuo; " desde este punto de vista, es,
.
table la clásica "contracci6n" de la especie al individuo. Lo que hay es
macep
.
1 · di 'd r d d es
la expansión del individuo. Resumiendo, lo sustanhvo_es a m . v1 ua1 ~
.tricta como suficiencia en el orden constitucional y lo msustant1vo es la msuh~·
ciencia en orden a la constitución.
. . _
Entonces, desde lo meramente singular a lo estrictamente md1v1dual, hay
una evolución progresiva. Zubiri explicitará este aspecto de s~, pensamiento
más adelante; por ahora, siguiendo el ritmo inte~or de su. refle~1on, basta con,
- 1
on e'l que el mundo material es sustantivo en su integridad; todos sus
senaar,c
,
.
• ·¿ d
·
l s
"fragmentosi' (partículas, átomos, moléculas) son sustant1v1 a es sm~~ arde
. . ll
t
nidad por aaregac10n e
(multiplicidad numérica) y Zubm ama, a es a u
, o
.
"
b'l' ,, de la materia"· ss luego (como se vio antes) apasmgulares esta 1 1zac10n
'
.
d
,
'
. , dº ºd alidades o combinaciones con mdepen enc1a y, a
recen estas cuas1-m 1v1 u
" . ¡· . , d
.
1 b
1 dº o y es lo que Zubiri llama v,ta ,zacwn. e
la vez cierto con tro so re e me 1
' .
t bl " (loe cit ) . por último nos encontramos con la estricta
la materia es a e
·
· '
.
• · ·, d ¡
·
•
• • •
•
• a0
a la "inteligzzacion e a aminstantivtdad md1v1dual, que ya vimos' o se '
. .,
.
.
t hablando la sustantivac1on de la realidad o
malidad". 40 Esta es, prop1amen e
,
realidad esenciada,

II
,
h
, dentro Metemos ( si puedo hablar así) el entro de
Debemos 1r, a ora, mas a
•
..
la misma realidad esenciada, cada vez más._Ya aclaró_ z~~m odportunla)mente
f' • (fíS1co como smonimo e rea Y no
f' . . d' 'd 1
que la esencia aparece como . a1go lSlCO
¿ l "momento lSlCO 1n 1v1 ua
solamente como algo conceptivo; se trata pues e
" d 1 "momento nuclear" no definible de la cosa; lo opuesto a la
en cuan t o t al , e
.
"
. . .
. d tal cosa La esencia entonces es moespecie abstracta y pnnc1p10 activo e
.
"f
ento entitativo" y el "conjunto de notas de algo en cuanto_ posee una l un-

{º~:~ ~:

:ón propia" individual, de orden cons:i~uci~nal, y ~ue _con~1~e
. 'dad esto es a la sufic1enc1a constituc1ona e a g .
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,
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t "de la realidad sustantiva en cuan o a '
a:den::,e:::r:~li~:: ese:s:e::::nn:tas1 hay q~e d~stinguir entr_e notas _"cons~
Y_ co.
1 " 1
no lo son. las notas const1tuc1onales son siempre m-fun
tttuc10na es y as que
'

dadas o propiamente constitutivas. Ellas con momentos de la sustantividad pues,
a la vez, forman lo que Zubiri llama un subsistema que es como el corazón, el
momento formal del sistema mismo. En cuanto es uno en sí mismo, el subsistema
es el mismo núcleo formal de la sustantividad o, como dice Zubiri, es, precisamente, "el" sistema.42
Determinada así la esencia desde el punto de vista de sus notas constitutivas,
éstas, en sí mismas, son la ultimidad constitucional la cual es triple: factual,
individual e inalterable. En el primer sentido, la cosa tiene condiciones metafísicas intrínsecas que son la necesidad {notas fundadas en las constitutivas);
luego la contingencia (notas causales o adventicias) y la libertad.13 En este
orden, la esencia es absoluta y las notas esenciales son, por eso, absolutas ( absoluta) como suficientes para constituir un sistema sustantivo (autosuficiente).
A esto llama Zubiri lo factual como lo no fundado (in-fundado) en nada
intramundano "ni necesaria ni contingentemente. Lo absoluto es lo que es y
nada más; es simpliciter realidad y nada más"; el mundo está fundado en lo
factual, es un puro factum.. 44 Como ya se insinuó antes, la esencia es absolutamente individual en sentido estricto y, al mismo tiempo, los individuos se
diferencian entre sí, pero no se diferencian sino en la esencia.
Para Zubiri, la esencia física (real) es constitutividad intraindividual -1 5 y
tiene los caracteres de la "minimidad" ( que es un "mínimo de constitución"
como momento de las notas constitutivas intraindividuales); de la "ultimidad" ( que es la autosuficiencia de lo constitutivo) y de la "diferencia esencial" (que no es diferencia "de", recuérdese, sino en la esencia). Por tanto,
la esencia es ante-predicativa; es decir, es ante-predicativa la misma esencia
constitutiva y, por eso, es posible toda predicación. Luego, una cosa es la
esencia constitutiva (anterior) y otra posterior la tradicional esencia quidditativa que, a su vez, aparece sólo como momento suyo. O sea que la esencia
quidditativa debe expresar la esencia constitutiva, pero le es posterior; cuando se trata del qué de una cosa, podemos distinguir el conjunto de todas las
notas, el sentido de las notas que caracterizan la mismidad y el mínimo de
notas que tal cosa debe poseer; en este último respecto, la esencia constitutiva
es el conjunto de notas constitutivas (suficiencia en el orden constitucionalsustantividad); la esencia quidditativa (especie) es el conjunto de notas articuladas. Por lo tanto ( y esto parece fundamental) no hay diferencias "de"
esencias quidditativas sino diferencias en la esencia quidditativa pero dentro
de lo constitutivo individual. En otras palabras: El quid o esencia estricta
2
'

SI

SE., 166.

~

SE., 172.

:su

El hombre, realidad personal, p . 18.

.o

SE., 73.

u

SE., 186.

80

'

3

SE., 191-4.
SE., 204.

« SE., 209.
• SE,, 219.

81
HG

�implica el conjunto de notas, el sentido de las notas que caracterizan la mismidad, el núnimo de notas que una cosa debe poseer para ser real; en este
último sentido, la esencia es constitutiva o quidditativa (especie) .
Pero se puede entrar más. En efecto, cuando la esencia constitutiva se encuentra simplemente "replicada" en multitud de individuos, aparece la idea
de clase natural que se funda en la multiplicidad de individuos de la misma
esencia constitutiva, mientras que la especie (quiddidad) se funda en la multiplicación física de sus esencias constitutivas. 46 Por eso, los individuos son
"especiables" cuando sus esencias constitutivas son susceptibles de multiplicación y no sólo de "repetición". En el fondo, para Zubiri es esencial dejar
en claro que es la especie constitutiva la que se quiddifica, pues existen orga·
nismos que no son ni clase ni especie pero tienen esencia constitutiva: por
tanto, el primer individuo es "modelo" de los producidos y hace surgir la
constitución de una línea homónima que Zubiri llama ph,•lum, idea fundamental en el pensamiento zubiriano.
En efecto, la especie constitutiva es filetizable (especificidad ) ; entonces,
"la razón formal de la especie es la capacidad de pertenencia actual o virtual a un phylum". 61 Esto no excluye, sino que explica, la inespeciabilidad debida a la pobreza de notas constitutivas; se da también en los intentos frustrados de la naturaleza por constituir especie cuando la esencia constitutiva
existe pero no hay especie (esto sería la inespeciabilidad defectiva ) . Existe
también la inespeciabilidad perfectiva que solamente se daría en una esencia super-mundana. Pues bien: estas esencias inespeciables (inespeciabilidad
defectiva) existen: a) en la zona de la naturaleza inanimada en la que sólo
la materia tiene sustantividad, cuyas partículas tienen notas constitutivas
que, siendo meros singulares, se producen pero no filéticamente; b) en la
zona de la naturaleza animada cuyos seres vivos se multiplican de modo generante, constituyendo un phylum; o de modo sólo originante, cuando no hay
transmisión de caracteres quiddificables, así como las aves se "originan de los
peces" . Como se ve, los seres vivos tienen apenas una cuasi-individualidad
que progresa en la escala zoológica." Siempre se produce un proceso, una
evolución y, en ese sentido, las esencias constitutivas pueden ser ''especiables",
"meta-especiables" o "inespeciables". e) En la zona de la naturaleza humana
donde se da la estricta sustantividad individual y la unidad filética y especí- SE., 233.

SE., 23 7. Esta idea del phylum es esencial para la comprensi6n de la evoluci6n
41
gen~tica en el pensamiento de Zubiri: Cf. todo El origen del hombre (ed. citada) y
SE, 256 y ss.
d
SE., 239 y ss.

fica·"p t
'! ¡
dos 'moa:' 1:n:~:n:~ao ae thraº";brde els estricta especie, la única definible. De to'
,
ves e as tres zonas
" 1
d
cam~_nte transmisibles y perdurables por interf;c~snd~da~';'.1~; e notas genétiD1Je con Zubiri anteriormente que la esencia desd 1
.
sus notas constitutivas son la lf .d d
. '.
e e punto de VJ.sta de
dual e inalterable· en' cuant ~ ,mlt' abl colnst1tuc1onal que es factual, indivi'
o ma era e as not
( • ) .
constitutivamente en la . 'dad
' .
_as son repito malterables
'
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pues s1 deJa d
u1 " •
re~/ sigue siendo "el" mismo. La i;alterabilidad n .e '.er
o . m1Smo, lo
mismo, la "oriuinación" d
.
conshtubva explica, por eso
o·
e nuevas esencias porque
d
tas constitutivas , ya no se es "el" mismo
.
. ' "cuan
° se l"da1teran
las noy se nene
tr ,,
d
todo reconoce una génesis constituyent
o a rea i .ª ; luego, el
miento de las esencias por eta. e,_ ~n p~ceso, que explica el "naci.
m
espec1ac10n o, sunplemente di h
z b' .
c o, por evo1uci6n metafísicamente concebida" p
lución esencial en la línea de l . oríf~So,, u in p~ede hablar de una Hevoo espec ico y el mismo mund
:~t~n(: ::::af;nt::to~:;sci~~::nEsta ~énesis es consti_tuyen~ ª:ª~:~:;~:
0
espíritu humano por transmut~ción
e. p~oceso ~enébc~ no produzca el
tinúa siendo verdad que la
. h ps1qu1smo animal, sm embargo, conesencia umana es 1 t, . d
zoológica" 112 En el f d d
e ermmo e una evolución
fundadas ~n precisa':e:te e este proceso, Zubiri muestra que las notas in'f' . '
,
por eso, {undantes de la sustantividad v
"!
1s1co
. , smo
. que es lo metafísico por excelencia".&amp;'
~ que o
En no se opone .a lo 'metafis1co'

¿~e

~:e:~

te se :~;;;::::::, ;
~ci\que la filosofía (y la teología) solamen0
desde el momento ue
e "om re actual; pero como se acaba de ver,
pedfico" es ciar q ~ ª?e_pta una evolución esencial en la línea de lo escomo ev~lución :~~:Ióg~~~n Eascteptca lat.etvolución desde el animal al hombre
·
o ons 1 uye el aporte d ¡ • .
..
y afecta a la filosofía.
.
e a c1enc11 positiva
1
tand
. ..
' o que parece mnegable es que el phylum h
o const.J.tu1do por la inteli encia (
umano, esanimales sino a realidades) h g
,(u,: responde no a estímulos como los
genética, debida sobre todo aª~~ :: ~ ' . ,una verdadera y estricta evolución
también al tipo de inteligencia; 11• d: : : : de las est~cturas. ~máticas", y
evolución genética intrahumana A , 1
que_ tamb1en Zub1n acepta una
• s1 os cuatro tipos d h b
mos como datos de la ciencia ( r· '
. .
e om res que conoce·¡· 1
p ,meros homm1zados -australopitecos u h
habi ts os arcentropos, 1os pa1eantropos y los neantropos) "se superponen"omo
pe• SE., 242; El origen del hombre p 155
• SE., 243.
' .
.
lit SE., 257 y SS.
a SE., 262¡ El origen del hombre p 147
ª SE., 273.
' .
.
._ El origen del hombre, p. 154.

83

82

�ro no estratificados sino que su sucesión "no es sólo sucesion sino verdade;a
·, g ne'ti"ca" 1&gt;s Aunque sea imposible saber el momento exacto de a
evo luc10n e
·
· ·
mi
"horninización" en los diversos tipos existe "un esquema constitutivo ~ra5 tido por generación" (phylum genético) y, en cuanto animales ~e reafrdades,
res 56 Al mismo tiempo hay diferencias peestos topos ya son verd a d eros· h omb •
,
ro estrictamente estructurales dentro de la unidad filética, de mo~o que, al
.
.
. .
d t d cada "tmo". Pero
no ser específicas tales diferencias cualitativas en ro e
. ~
r
a uí se ve claro ~uei si es así, las estructuras somáticas ~eterrnman la cua
d~d de la psique, cuya unidad es esencial y n~ substancial ( como de po_ten,
.
to) . por tanto hay evolución de los tipos humanos; o, s1 se quier~'
~;: :v:~uci6n humana ~s ... una evolución de las cualidades típicas d~( la_ un~.
a'ti·ca" s1 De donde se infiere que no es el hombre el amma •
,
,
d ad ps1co-som
.
l" si"no (como vimos antes) animal de realidades)· la razon aun no enrac10na
.,
b
,
to capacidad de argumentac10n abstracta, pero asta, para
tra aqm en cuan
. d ,, (" 1· en
"la capacidad de aprehender cosas como reahda es
inte ig ser h omb re,
·
0
. ) El hombre como "animal racional" es, apenas, el horno sapiens; co~
d~J· éramos el hombre actual. Pero, además de esta evolución deh rac10,
.
, )
¡
e el phylum umano
. . 'n (de la inteligencia a la razon es caro qu
.
nal1zac10
.
h
¡
de los pnmates
1
"está inserto en un phylum animal no humano, en e p y um
.
.
,, ss Es decir si la forma de los antepasados ''deterrmnan inantropomo rfos .
,
¡
. , de algunos momentos estructura es suyos,
trínsecamente, por trans f ormac10n
f
d
. d
t
'sta consei:va trans orma ala estructura de la nueva especie, e suer e que e
.
l . , 59
mente esas mismas estructuras básicas"' entonces hay estricta evo uc1on.

1:

~;3

M

Op. cit., 153.

" Op. cit., 156-7.
51

Op. cit., 159.

" Op. cit., 162.

d
etafísica
•
Esta idea si la contemplamos en el contexto e una ro
Op. cit., p. 163 .
'
l"d d
d' l escuentra en ella su fundamento
.
d
d la esencia como rea t a ra ica '
.,
mtramun ana e
.
d
tafísica intramundana, la evoluc1on es
'l .
"d de el punto de vista e una me
.,
, .
u timo:
es
.
.dditativas tienen una constituc1on genetlca
aquel carácter según el cual las esenci~s qm
n su contenido constitutivo son
.
la tienen precisamente porque e
a lo largo d el tiempo, Y
.
,.
es
sólo táxis orden, sino que es
á b't de las esencias espec1 1icas n 0
'
.
inalterables. El m 1 0
.
mero
hecho de que unas especies
.
.
r
Esta génesis no consiste en e1
,
,
'génesis esencia •
d ,
sino una 'generación equivoca, que
"d
r otras Esto po na no ser
. .
.,
estén pro duc1 as po
·
.
d todo lo contrario. La ortgmac1on,
. ,
.
p O no se trata de esto, smo e
, .
dirtan los antiguos. er
,
,.
át' ca' Cada esencia especifica surge
.
te todo un caracter sis 1em 1 ·
en e1ecto, tiene, an
,
.
c·es perfectamente determinadas y en
•
·
d una O vanas espe 1
no de otra cualquiera smo e
C d
.
specífica tiene una intrínseca 'poten.
t del tiempo
a a esencia e
h"
.
un preciso mamen o
.
·
,
.es se , n los momentos de su istor1a
cialidad evolutiva'' muy variable segu~, l~s espec1 m!ra;.nte biológicd' ( SE., 256).
natural. Es para mí un concepto met lSICO y no
,
5

11

El hombre, su momento mismo de hominización "es evolución de los homínidos prehumanos al homínido hominizado".
El hombre, como unidad psico-somática, emerge evolutivamente de un homínido pre-humano; lo cual no sólo se opone a la creación sino que la exige
pues la creación no es una intervención exterior de Dios, sino intrínseca, determinada por y desde la misma transformación de las estructuras germinales; luego, ªla creación no es una interrupción de la evolución sino todo lo
contrario) es un momento, un rmecanismoJ causal intrínseco a ella" (subrayado mío) .60 Las estructuras bioquímicas del plasma germinal son, virtualmente,
"una causa exigitiva de la psique humana"; la psique es exigitiva de un cuerpo ( de este cuerpo) y el cuerpo exige a su vez una psique intelectiva y este
momento exigencia}, que es unidad, es la "unidad esencial de la sustantividad
humana" . Así pues, es en este momento cuando el equinodermo, en cuanto a
su potencia evolutiva, se hace exigitivo de la hominización, es decir, de la psique intelectiva. Si la hominización es "exigencia biológica", es claro que "su
psiquismo sensitivo es producto de una evolución que arranca, por lo menos,
del psiquismo del equinodermo, pero que sólo en el homínido transformado
se hace actualmente exigitiva de un psiquismo intelectivo". 61 Aquí aparece el
homínido sentiente de la realidad (hombre) que aparece por creación y es
por ella que existe evolución; la creación es exigencial-intríns'eca como "acción que actúa intrínsecamente ( ab intrinseco) desde la entidad misma de
las estructuras somáticas". 62 Es verdad que la psique no es transmitida por
los padres "pero" florece vitalmente en el acto generacional desde dentro de
la transmisión y constitución exigitiva de las estructuras somáticas"; de tal
modo que "esta eflorescencia procede en su última raíz de una acción creadora, pero intrínseca a la acción genética de los progenitores". 63 A esta gran00

El origen del hombre, pp. 166-7.
Op. cit., p. 169.
s Op. cit., p. 170.
ª Op. cit., 171. Léase este perfecto resumen de su pensamiento: "La evolución es
un hecho establecido razonablemente por la ciencia. Y admitir la evolución no significa conceder, por un lado, el hecho de la transformación de las estructuras somáticas y
mantener, por otro, a la psique como algo que quedara inafectado por la evolución. No;
la evolución afecta a la psique. Le afecta, ante todo, en su "tipificación"; la humanidad se va constituyendo evolutivamente a través de diversos estadios cualitativamente
diferentes no sólo en su morfología sino también en su psiquismo. Y la evolución afecta también a la psique en la primera "hominización". La psique humana sólo puede
florecer de muy precisas estructuras morfológicas, las logradas por transformación del
plasma germinal del homínido no hominizado. Más aún, la psique humana no puede ser humana más que incluyendo como momento esencial suyo el psiquismo animal,
pero no un psiquismo animal cualquiera, sino precisa y constitutivameste d psiquismo
transformado del homínido inmediato antecesor suyo. Y esta unidad psico-somática se
m

85

84

�diosa concepción de la evolución armónicamente pensada con el acto de creación le llama Zubiri "creación envolvente" pues, desde Dios, hay ºvoluntad
de evolución genética'' .641

III
Este riguroso desarrollo lleva a Zubiri a la necesidad de resolver el problema de la unidad misma de las notas pues todas ellas producen la actualización de la unidad esencial; cada nota está de antemano "vertida" a las demás porque, primariamente, anteriormente, hay unidad primaria del sistema;
por tanto, la unidad esencial (importante para fundamentar a fondo incluso
el tema de la evolución genética que acabamos de ver) es intrínseca y primaria. Cada nota es "versión" hacia las demás y, cuando se dice ''nota-de",
el de es la versión intrínseca y el carácter constitutivo de la "versión" es la
respectividad como momento pre-relacional, ya sea la respectividad externa
(el mundo) o la respectividad interna (la misma versión)." Así, estas notas
no lo son de un sujeto sino de un sistema que forman por sí y directamente;
por lo tanto, solamente las notas constitutivas son "notas-de"; son coherentes o eo-hieren con las demás; luego, la unidad es unidad coherencial que es,
precisamente, la razón formal de la unidad esencial.'" Esta unidad coherencia! es la unidad constitutiva que no excluye la unidad quidditativa, la cual
es ( según vimos) un momento suyo. Y aqui reaparece el gran tema del proceso genético ( o evolutivo) pues esta unidad constitutiva (coherencia!) es
el esquema constitutivo que es el phylum trasmisible, precisamente, en el proceso genético. Las notas generan.tes forman el subsistema generante dentro
de la esencia constitutiva; este subsistema (cuya noción vimos antes) es el
generador de los individuos (es, dijimos, "replicable"). De modo que la unihalla determinada intrínsecamente por y desde la transformación .de las estructuras.
Correlativamente, la evoluci6n necesita integrar a ella la aparici6n de una psique intelectiva que es esencialmente irreductible a la pura sensibilidad" ( Op. cit., p. 172).
" Op. cit., p. 173. Zubiri aclara -aunque su aclaración no era casi necesaria pues
se sigue de los mismos supuestos de su pensamiento-- que el hombre del cual se ocupa la Teología no es, forzosamente, el de la paleontología j en verdad, solamente se
ocupa del homo sapiens elevado al orden sobrenatural "elevación no exigida pero sí
intrínseca". Y ese momento no tiene que coincidir necesariamente con la aparición dd
primer animal racional: "en su hora, el animal racional, el horno sapiens, ha sido elevado a ese estado teologal, constituyendo así el hombre de que nos habla el Génesis y
del que desciende toda la humanidad actual" (Op. cit. 1 p. 173 in fine).

• SE., 288-9; 297.
"SE., 298.

t!ad filética es la unidad propia de la esencia quidditativa dentro de la esencia constitutiva como momentos, cada una, solamente diversos con distinción
de razón .. Así pues, la unidad esencial es la unidad coherencia! primaria de
lo real m1~0. Pero, como ya se dijo, esta unidad es anterior a las notas y
las funda; ninguna de ellas tiene sustantividad porque son precisamente "not as-d"
, . absoluto que es presente al, término "construc'
e • H ay pues un termmo
to", pero le es presente como previo a él. A su vez, la esencia como sif)tema
de notas es solamente realidad sida ( como un pasivo presente). Eso como sistema de notas pues, como unidad de notas constitutivas es realidad como ser•
pero "~r" Y "sido" son momentos de la actualidad, nunca del devenir. La;
notas tienen pues, una exigencialidad hacia la unidad previa y la esencia es
por ello, "la actualización entitativa de su unidad coherencial'',GT
"

Co'.°o se ve, 1~ _e5:ncia quidditativa_ ,º realidad verdadera exige un lagos
antenor a la defm1c1on o a la ahrmac,on predicativa que Zubiri llama f .
•• ,
.
68
• •
.
•
'
~ro
posici.on _esenct~l;
la propos1c16n esencial, simplemente, enuncia la esencia
constitutiva dejando abierta la posibilidad de predicados posteriores y, precisamente po~ ello, es .proposición "abierta". Entonces, no es verdad que sólo
sea cognoscible lo universal porque las proposiciones esenciales lo son de una
realidad individual (la esencia constitutiva) y este lagos ante-predicativo sellama logos nominal que es denominación afirmativa de lo real." O sea que·
la esencia se conceptúa "en función de la 'constructividad' intrínseca" en
cuanto la esencia es usistema de notas intrínsecamente constructo" y por eso taT
1~gos es "!ogos nomma
· ¡ constructo,, .10 La esencia pues, yendo más adentro
'
'
todav1a, es lo que hace que lo real sea "tal", tal como es; y esto, en el orden de·
lo constitutivo, es lo que Zubiri denomina talidad que es el "contenido-de" de
las "notas-de"; pues tal contenido hace a la esencia "tal" esencia. La esencia,
por e_so, en este orden, es "auto-suficiencia talificante".7 1 Las notas talifican
la umdad esencial y la unidad es la razón de la misma talidad · en este orden
e_l t~o es limitado y esta co-limitaci6n mutua de las notas es Ía clausura ( ta:
htat1va) de la esencia. Más todavía, el todo coherencial que vimos es clausura dclica porque cada nota es de todas las demás, exigencialmente. En este
sentido, la esencia es el modo de estar "construida" la cosa real como "tal".

SE., 342.
• SE., 348 y ss.
• SE., 353.
" SE., 355.
" SE., 360.
u

87
86

�IV
Así pues, este orden de la realidad en cuanto realidad simplemente (por
encima de cualquier talidad) es el orden trascendental. En este orden, las co'Sas reales son como algo "de suyo", en y por sí mismas antes de semo_s prese~tes.
Naturalmente no se trata aquí de lo trascendental según el idealismo ni según la escolá;tica; pues, para el primero, lo trasce~dental es ,ila posición del
yo puro"; al poner la idealidad en la trascendentahdad, l~ trascendental aparece romo la realidad en cuarto objeto (objetualidad); mientras que, para la
,escolástica, lo trascendental es el ser pues inscribe el ser dentro de la tras&lt;eendentalidad. Para Zubiri, tanto en uno como en la otra aparecen mezcla,dos los conceptos de "ser", "realidad" y "existencia" que es menester es_claiI'CCer {como ya veremos). Lo trascendental es "aquello en que to~o conv1~ne
independientemente de su talidad" 72 y aquello en ~ue _todo. co~,v1ene es: JUS•
tamente, la realidad; la cosa actualizada en la ~ntehgenc1a como siendo
"de suyd antes de estarnos presente"; 73 tal es la ~eal1~ad de q~ e se trat~, es de1
. 1 cosa como siendo "de suyo" 74 es la apar1enc1a y este de suyo es ancir, ª
.
.
•u
"
· "
"
· no ex se
•
te rior a la esencia y la existencia no siendo m per se .dmd" a75 se si ,
e
Luego, la existencia y la esencia "presupone~ la ~e al 1 a
. por mas qu
yo pueda posteriormente considerar lo real ex1stenc1al o esenc1alm~te. Sen'' de sztyo"; m es extraa ·11am"'"'te
- , en el orden trascendental, la realidad es lo.
. . M.
· ·s-d ni es el esse escolástico "flotando" entre ex1stenc1a y esencia. 1enanuruua ,
. .
rd d
l
tras en la escolástica la realidad es un tipo de ser, en Zub1n la r~a 1 a e~ ,ª
forma primaria de ser. Por lo tanto, llegarnos así a lo qu~_ constituye, ~mza,
la afirmación capital de la filosofía de Zubiri: que la realldarl es anterior al
ser,1ª pues es precisamente, el prius, lo "de ~uyo". En~onces el ser Y.ª n~ es
e l " ens commune" y anter,·or sino la actualidad ulterior de la realidad, o,
. zub"1n,· "la actualidad de lo real en el mundo es lo que .formalcomo d ice
" er" n s·, la cosa no fuera el "de suyo", semejante actualidad no
roen t e es e I s •
·
¡
sería (el inteligir Ja cosa). Por tanto lo trascendental no es el ser, smo o
real. Si la rea/,idad es la cosa como un "de suyo", el ser es el acto ultenor de
"
l
, , " 1s
lo ya real y el ente es lo ya rea en cuanto es .
11

SE., 388. Sobre la crítica zubiriana al

"d 1·
a la escolástica, ciertamenteea 1smo Y

1

importante, cf. SE., 373-388.
" SE., 395.
" SE., 399.
" SE., 400; 409.
" SE., 410.
u SE., 433.
SE., 435: "ente es sólo la cosa real qua actual en respectivi18 SE., 413 Además:

Ahora se ven los fundamentos por los cuales el inteligir no es intelección
ni de la objetualidad (idealismo) ni del ser, sino de la realidad. Por eso,
dije antes con Zubiri que el hombre es animal de realidade,. El hombre está
abierto a las cosas por la sensibilidad ( a las cosas estímulo) y por la inteligencia es abierto a las cosas como "realidades"; 79 lo formal de lo inteligido
es la realidad, pero tal realidad es primariamente también sentida. Por eso
'Zubiri habla de una "inteligencia sentiente" que significa que sensibilidad
e int';!ligencia son una estructura metafísica aprehensiva única, que es la
'"aprehensión sen tiente de lo real,, .80 O sea que la realidad es dada, primaTiamente, bajo forma de "impresión" (impresión de realidad) y esta impresión de realidad "es constitutivamente trascendental" más allá de toda especi-ficidad. El primum cognitum zubiriano es "lo real sentido" ( primer inteligi•
ble); luego, "Aquello, dice Zubiri, que primera y formalmente es inteligido
:sentientemente, y aquello en que se resuelven todos los conceptos de la inteligencia, no es ente sino realidad,,_ 81
Así pues, si miramos a las cosas como tal cosa determinada, miramos el
-0rden de la talidad; pero si las miramos en cuanto reales, nos instalamos en
el orden trascendental. Lo trascendental mismo es lo real (res) que implica
dad, en mundo. En definitiva, mundo es el primer trascendental complejo, y la propiedad de la cosa real según este trascendental completo es el 'ser' " .
19
SE., 413-14; "El hombre, realidad personal, p. 11: "las tres habitudes más radicales, las tres maneras más radicales de habérselas con las cosas : nutrirse, sentir, inieligir, En ellas quedan actualizadas las cosas según tres formalidades: alimento, estímulo, realidad". Op. cit., p. 18: "la capacidad de habérselas con las cosas como realidades es, a mi modo de ser lo que formalmente constituye la inteligencia. Es la habitud radical y específica del hombre. La inteligencia no está constituída, como viene diciéndose desde Platón y Aristóteles, por la capacidad de ver o de formar 'ideas',
sino por esta función mucho más modesta y elemental: aprehender las cosas no como
·meros estímulos, sino como realidad''. Op. cit., p. 21: "el hombre es ciertamente un
animal, pero un animal de realidades". Además, El origen del hombre, p. 155; también, p. 159: "la inteligencia no consiste formalmente en la capacidad del pensamiento
;abstracto y de la plena reflexión consciente, sino simplemente en la capacidad de apre_hender las cosas como realidades. Animal inteligente y animal racional son, pues, cosas
distintas; éste es sólo un tipo de aquél" . Op . cit., p. 169: "la inteligencia es capacidad de
aprehender las cosas como realidades, como cosas que son algo 'de suyo'; y esta realidad
la aprehende el hombre intelectivamente sintiéndola; la inteligencia humana es cons·titutivamente sentiente, siente la realidad, y la siente al modo como el homínido siente sus estímulos: por impresión". También SE., p. 416: "Aquello que primera y formalmente es inteligido sentientemente, y aquello en que se resuelven todos los conceptos de la inteligencia, no es ente sino realidad. Contra lo que la Escolástica postclásica
viene diciendo desde hace más de medio siglo, la inteligencia no es 'facultad de ser',
:sino 'facultad de realidad'" .
M SE., 414 y 452.
81
SE., 416.

89
88

�una "estructura trascendental de la realidad" que consiste ya en "'propiedades trascendentales", ya en "funciones trascendentales" pues función sería
aquello "por lo que una talidad constituye las propiedades trascendentales de
la realidad".82 Las cosas reales "de suyo", en y por sí mismas, son los trascendentales simples ( res y unum) ; pero las cosas reales "de suyo" también son
respectivas y tales son los trascendentales complejos, ya sea disyuntos ( mundo), o conjuntos ( aliquid, verum, bonum). Pero vayamos por parte para explicar esta división: La realidad es pues una estructura trascendental determinada por la talidad en función trascendental; mas previamente es preciso
decir que esta estructura se determina por "vinculación de cada cosa con ]él$
demás" formando una totalidad intrínseca ( no por adisión) . A esta totalidad
por la cual todas las cosas reales en cuanto reales están vinculadas entre
sí, llama Zubiri respectividad, idea fundamental de toda su filosofía; la res-•
pectividad funda toda relación pero nv es una relación; es una anterior e intrínseca vinculación de todas las cosas ( totalidad intrínseca); es decir que la
realidad, como formalidad absoluta, consiste en este estar en respectividad cada cosa real con todas las otras cosas reales en cuanto reales. Esta idea atraviesa toda la obra de Zubiri 83 y le da un carácter muy propio. En efecto, la.
respectividad, en el orden de la talidad o respectividad talitativa, es el cosmos; en cambio, la respectividad en el orden de la realidad en cuanto tal
es el mundo.84 Como se ve, puede cambiar el cosmos, pero siempre sería el
mismo mundo ( desde que es real). El mundo entonces es "un carácter trascendental de la realidad en cuanto tal"; más aún, es el primer trascendental
complejo (según vimos antes) que no sería sino la "respectividad de lo real
qua real". 85 De modo que toda la estructura trascendental tiene su fundamento en los dos trascendentales primeros que son realidad y mundo; reaparece
aun con mayor claridad que el ser el estar en respectividad con las demás
cosas reales como reales; 86 de donde se sigue, nuevamente, que mientras la
'"SE., 425; también, la aguda crítica a los trascendentales: p. 417-23.
" SE., 426, 432, 434, 338. Ademú, mis adelante, considero otros textos sobre Jo .
mismo: 203, 205, 287-8, 181, 198-9, 291, 316, 318, 335, 386-7, 422 y ss., 492.

SE., 427.
.. SE., 429.

14

'" SE., 433. Léase este perfecto resumen de la doctrina zubiriana: SE., p. 432: "el
orden trascendental es el orden de las cosas reales en cuanto reales, esto es. como algo 'de suyo'. Estas cosas son 'de suyo' en y por sí mismas; son los trascendentales simples (res y unum). Y son también 'de suyo' respectivas; son los trascendentales complejos, bien disyuntos (mundo), bien conjuntos ( aliquid, verum, bonum), de los cuales
éstos se fundan en los disyuntos. Esta es la estructura trascendental de h realidad,
una estructura determinada por la talidad en 'función' trascendental. Esta estructura
trascendental reposa, pues, sobre dos trascendentales primeros: realidad y mundo•
trascendental simple aquél, trascendental complejo éste". Cf. también p. 449 donde..

90

realidad es "formalidad absoluta" 1
"
rior a la realidad
" ' e. ser es un carácter respectivo",ª7 ultemino Zubiri esclar;~ei:;rc:~ep:tduah,~ad mundana de lo real". Por este cae iempo que sería sólo "mod0 ,, d
d
manera que el "es" "fue" " , ,.
e ser, e
'
' sera ' expresan modos segun' l
al
respectiva. Con ¡0 cual puede
.
os cu es la cosa es
'
conc1wrse con Zubiri
al"d d
y ser, constituyen "la estructura d 1
'
d
,88que re i a , mundo
e o trascen ental"
C
¡
que Zubiri intenta ir mucho más allá
H "d
.
on o cual parece
dría de la nada. no se ,
que e1 egger pues el ser no provenel contrario, ex ~ealitat;;it::~~r~aq~:I e~:;;i ex..nihilo fit sino que, "por
pectos de la cosa" .89 po
al ad .
n, un respecto entre N res'
r IO cu n a tiene que ver 1
¡D ·
hombre sería el "pastor" d 1
e ser con e asein ni el
prensión del ser sino el m:i:~;rque no. ~aracterizaría al hombre la comrealidad) .
aprehens1on de las cosas ( aprehensión de
Por un lado entonces el
l
•
.
pliciter "de suyo" allende t r no ~s o rnm~ro Sl~O la realidad: 90 Es lo simro que el comie~ absol ta ese/nc1aaly a ex1stenc1a en sentido clásico; es clau o es o re como tal y esta est t
tal primaria implica la "limitación
"
_ruc ura trascendenmo (lo "de suyo"). como . d""é trascendental o caducidad de lo real mis'
si 1J ramos con Zubiri
¡ uf" • .
plenaria de lo real La realidad
•' ,
• que es a s 1c1enc1a no.
p 1enana sena Dios que
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1
no es ser ya que el ser es . t
d
.
' por ser o, por ser Dios,
m ramun ano Por cierto
b ¡
blando, solamente Dios es la , . R !:dad
que a so utamente ha.
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1 R .
~tada; entonces aquí se habla, cuando se habl do 1comod a calidad no-limtramundano que deJ·a abiert 1
.
a e ser, e un trascendental
0 e camino a Dios obJ"et0 d
, •
transmundana s· ¡
.
,
e una metaf1S1ca
dentalmente ~n ~l :t:.~:c1a, e:tonc~s, es, un constructo estructurado trasceny el "suyo" , 1 '.
suyo e~ e caracter de realidad de lo real como tal
es a misma pertenencia de lo re 1 , •
incomunicabilidad de lo real y esto . a a s1 ~1smo; en esto consiste la
mismo lo es a su m d
.d
nusmo, es decir, este pertenecerse a sí
. .,
o o en ca a caso ( el modo propio de ser "su o")
es 1a. const1tuc1on trascendental m
. d"iv1"dua1. Corno vimos e5t
y . .y esto
. .
d
,
a esencia md1vid uahza todas las nota lte .
dad). A s
la
s u . no~s,. to o cuanto de ella dimana (individualiu vez,
cosa es mtenondad ( es "de suyo" desd , .
----,
e s1 misma, lo que
~specto de Heidegger, dice: "realidad no es sólo el 'de
'
lidad en respectividad trascendental y esta r s t" 'd d suy? de cada cosa, sino reatra.cendental. El mundo es el brill~ en func:pe~ 1v1 a es JUSt~ el mundo en sentido
luz. y la actualidad de la cosa real en 1 ; n_ e entorno luminoso, de -:laridad, de
como 'de suyo' (brillo) es el f da
a candad ~e la luz: es el ser. La realidad
la actualidad de la cosa real enun tam;nto de la realidad como iluminadora (luz); y
n SE., 434, 410.
es
uz, en el mundo, es el ser".

"'SE., 437.

• SE., 450.
• SE., 458.

91

�es) y la interioridad autoplasmada es la exterioridad, lo cual constituye aquello que Zubiri llama dimensión . Pero entonces, la diversidad talitativa respecto de la diversa función trascendental es lo que el filósofo denomina la
tipicidad de la esencia. Esta esencia es cerrada en su mismo carácter de realidad, menos la esencia intelectiva ( como ya vimos antes) que es "abierta" a
-su mismo carácter de realidad. Por eso, aunque trascendentalmente cerrado,
es abierto a los estímulos ( no a su carácter de realidad) ; en cambio, el hombre
91
,es "suyo" reduplicativarnente. Y este acto segundo de poseerse es vida. Es
el modo de ser suyo por el cual es persona y, por tanto, "intramundanamente
92
es la única esencia ( el hombre) que es persona" . En este sentido es ani-mal de realidades o "animal personal"; más exactamente, "desde el punto de
vista de sus actos ... es animal de realidades; intelige, decide libremente, es
sui juris; y por esto tiene carácter personal. Pero desde el punto de vista de
,su sustantividad, el hombre es una corporeidad anímica, y es por esto una
realidad personal". 93 Por último, Zubiri medita el carácter principal de la
94
•esencia y si "principio" es el "de donde" de algo en el sentido de "de suyo" ,
la esencia es principio de la sustantividad, pero principio "estructural"; de
· "d ad" .95 As1' conc1u,donde, la esencia "es principio estructural de 1a sustantiv1
ye Zubiri este primer momento ( a mi parecer) de su investigación que pone,
-¡,rimero, "el problema de la estructura radical de la realidad y de su momento esencial" ,96 Pero también Zubiri ha puesto las bases, diría los cimientos, de
una filosofía completa cuyas lineas fundamentales podemos perseguir.

sobre la metafísica de la esencia como principio estructural de la sustantividad
~s dec~r, d_e, lo propiamente mundano. Por ta~to, para Zubiri "queda en pie un¡
mvestigac10n transmundana; pero esta última caería en el vacío si no se apoyara
en una filosofía primera intramundana". 97 Por eso, en determinado momento
dice Zubi~i: "estamos intentando una metafísica intra-mundana y, por.tanto, 1~
que necesitamos saber es si existen y en qué forma existen esencias inespeciables en el mundo".98 Y bien, Sobre la esencia podría haberse titulado "metafísica intr~mundana" desde que es metafísica de la realidad respectiva) que
debe explicar, como tarea previa, la actualidad intramundana de lo real que
es el ser y el mundo como trascendental primero de la realidad. Para esto,
para que semejante metafísica intramundana fuera posible, Zubiri ha debido
penetrar dentro de la estructura interna misma de lo real anterior a toda
predicación (Iogos nominal ante,predicativo) ; y semejante anterioridad lo
instala en la esencia constitutiva cuyo moroso análisis he intentado mostrar.
Pero u~a metafísica intramundana planteada así, implica nada menos que
la necesidad de asumir la contribución de la ciencia positiva en su totalidad
y Zubiri es uno de los pocos hombres actuales capaz de llevarla a cabo.
. ~or debajo de toda esta investigación laten ciertas ideas madres (sustant1v1dad, esencia como constructividad, etc.) las que suponen, a la vez la ant~riori~ad ab-soluta de la realidad (lo trascendental primario) y la respectivz~ad mtra-m~ndana del ser como acto ulterior de lo real. Esto permite explicar la esencia, en su carácter constitutivo, con la interna explicitación de
M

V
Estos fundamentos a los que hago alusión, constituyen, en sí mismos, una previa investigación intra-mundana. Semejante investigación es e$encialmente metafísica, desde que lo "físico", para Zubiri, es lo metafísico; y por el hecho que
esta investigación sea previa, en modo alguno significa que sea meramente provisoria. Porque se dice provisorio a aquello que luego de servir a detern:iin~do
fin, debe desecharse o superarse; por el contrario, es previa ( y ~o prov1sona)
porque una metafísica transmundana será necesariamente ultenor y asentada
" SE., 504.
uz
m

SE., 505.
El hombre, realidad personal, p. 29.

H SE., 511.
"SE., 517.
" SE., 6.

92

SE., 210.

n SE., 237-8; ibidem, p. 208: " .. .lo factual no está fundado en nada intramundan~ ni neces~ria ni contingentemente"; 210: "Todos estos caracteres, y ante todo la fac~.uahdad, ~on mtrarnundanos. Queda en pie una investigación transmundana"; p . 237-8 :
estamos mtentando una metafísica intra-mundana y, por tanto, lo que necesitamos sa~er es si exist_en y en qué forma existen esencias inespeciables en el mundo; esto es, qué
tipo de esencia poseen las realidades del mundo"; p. 256: "desde el punto de vista de
u~a metafísica intramundana, la evolución es aquel carácter según el cual las esenc~as quidditativas tienen una constitución genética a lo largo del tiempo"; 303: "tratandose de una metafísica intramundana nos encontramos con que las realidades más importantes del mundo, en cuanto realidades ... poseen rasa'', (se refiere Zubiri al concepto de la esencia como simple "constituir", de la metafísica de la India); p. 340: "el
~rigen de las cosas intramundanas es siempre procesual"; p. 370: "todas las esencias
mtra~undanas poseen este carácter de clausura cíclica en su unidad de talidad"; p .
430, s1 nos referimos a Dios, "es formalmente extramundanal"; p. 436: lo fuera del
mundo no ser~a "ser" ni tiempo: "Una realidad extramundana es un extra.ser, y es
por esto esencialmente extratemporal : Es "eterna"; p. 463: "de hecho todas las reali•
dades int~am~ndanas son, en una u otra medida, caducas"; p. 467: Zubiri hace notar que
las esenaas mtramundanas son "limitadas" y, por ahora, debemos referirnos sólo a
ellasj_ p. 505: dentro de lo intramundano, el hombre, "intramundanamente es la única
esencia que es persona". Cf. también, SE., 472, 494, 474, 493, 513·14.

93

�sus notas como "versión-de" ( por ejemplo) que es, justamente, "respectividad". Y así sucesivamente toda la realidad respectiva.
Entonces, la respectividad no es, como advierte el propio Zubiri, una relación, sino "el momento pre-relacional y constitutivo de aquello que es respectivo. La cosa no "está" en respectividad con otras sino que "es" constitutivamente "respectiva". 99 Y si la cosa es respectiva en su esencia constitutiva, la
esencia constitutiva ( aunque parezca redundante) es respectividad pre-relacional; y si la cosa es la realidad radical (lo entitativo y constitucional mismo) entonces "toda realidad es . .. 'respectiva'." 100 Por eso dije más arriba
que esta idea está en la base del sistema pues, si vamos más adentro todavía y
valiéndonos siempre de los- mismos textos de Zubiri,101 es claro que la respectividad no sólo es intrínseca a la cosa, sino que es 'condición intrínseca para que
ella pueda tener realidad" .102 De donde se sigue claramente que la respectividad interna es respectividad de las notas mismas siempre que estas sean entendidas como "versión-hacia" lo previo de la cosa. Y entonces, la respectividad tiene vigencia en toda la realidad intramundana que es como decir la
realidad respectiva; en otras palabras, el ámbito del ser como actualización de
la realidad. A su vez, si abandonamos el orden trascendental para dirigir nuestra atención al orden talitativo, entonces la respectividad es "respectividad del
'en' de la unidad respecto 'de' las 'notas'." 103 Por fin, la respectividad abarca (si se me permite la expresión algo impropia) a la esencia como constructividad y a la sustantividad como la autosuficiencia constitucional. Por tanto,
solamente se evade de ella (y debe ser así en los supuestos zubirianos) una
Realidad irrespectiva que es como decir supermundana.
Fíjese el lector que, supuesta la anterioridad abs-soluta de la realidad sobre el ser y la respectividad pre-relacional (y pre-predicativa), se comprende a fondo por qué hay un 11 respecto coherencia!" entre los individuos que
constituye su "unidad filética" puesta en la base misma de la genial idea de
la evolución genética coincidente con lo que el propio Zubiri llama "creación envolvente" y que he expuesto más arriba. 104 De modo que el esquema
1

SE., 287-8.
l09 SE., 181.
JOl SE., 199.
l(R SE., 335.

N

•~ $E., 492.
~ Es naturalmente explicable que, espontáneamente, el lector relacione el pensa•
miento de Zubiri acerca de la evolución con la idea de evolución en Teilhard de Char•
din, para quien hay una "evolución continuada", como se sabe; quizá se puedan en•
contrar analogías de importancia, por ejemplo, en la tercera parte de El fenómeno hu•
mano sobre lá "hominización del individuo" y el "paso filético" de la hominización
de la especie. No me atrevo, por ahora (pues espero más adelante intentar un estu•

94

constitutivo, el phylum evolutivo es, también, respectividad. Considérese también el. val~r que_ ~sto tiene como asimilación coherente de las investigaciones
de la ciencia positiva Y que Zubiri hace ingresar a su sistema con meticulosa
preci:ión ; ~erfe~ta congruencia. Es verdad que todo esto puede discutirse
(la filosofia 1mphca esto en su misma naturaleza) pero deseo más bien ha..
'
'
cer una positiva valoración desde lo interno. Y recordar que el propio Zubi~, hace muchos años, ya había afirmado enérgicamente, refiriéndose a la física contemporánea, que "la ciencia positiva no es más que el reverso de
la
t l , ,, ios S
d. . ,
on o ogia •
u me itacion sobre la esencia parece ser la resouesta a
aquella cuestión pues se trata de una metafísica (el enverso) que po;e al descubierto las est;1~tur~ donde ha buceado la ciencia positiva. Desde aquí,
~e:de esta_ metaf1S1ca mtra-mundana ( que por sí sola es cierto todo) se justifica segmr el camino hasta completar una metafísica total.
También el lector se habrá preguntado, tratándose del filósofo de la "religació~" y la fundamentalidad,1° 6 si el Zubiri actual hace un "lugar" al tema
de Dios. Pues todo ello está más o menos implícito en su meditación sobre la
esencia; pues si toda esencia es ex se (según vimos) únicamente una Realidad _plenaria p~ede ~era se; por tanto, la aseidad es el carácter de Dios cuya
plemtud no es identidad de esencia y existencia, sino "la suficiencia plenaria
en or~en a la realidad". 107 • Por eso, Dios es "la" Realidad que, respecto de la
e.senc1a Y la existencia, "como realidad está 'allende' esta dualidad y esta iden:1dad: es el 'de suyo' plenario".108 Entonces, si es el "de suyo" plenario y lo
mtramundano es formalmente limitado "en y por sí", se sigue que "la limitación intrínseca y fonnal es la razón adecuada de la necesidad de una causa primera" ,1° 9 como dice ocasionalmente el propio Zubiri; a lo que habría
que agregar, con sus mismas palabras, que la constructividad intrínseca de la
esencia "conduce a la posibilidad de una esencia extramundana esencialmente simple". 11 º Y, como se recordará, cuando expuse el tema de la especie constitutiva como filetizable (especiable) dije que la inespeciabilidad dedio comparativo) a ir más lejos, salvo señalar el hecho. Unicamente podría adelan.
tar que, como era 16gico pues Teilhard no es estrictamente filósofo, el penumiento de
Zubiri es más filosóficamente coherente. Habría que hacer otro tipo de confrontacio•
nes además de la filosófica. Por otra parte, no existen concomitancias intrínsecas con
el pensamiento de Bcrgson sobre la "evolución creadora"; el propio Zubiri se encar•
ga de hacer la distinción cuando dice que su concepto de evolución implica más bien
la idea de una, "creación envolvente" (El origen del hombre, p. 173).
,
'
105
"La I'd ea d e naturaIeza: Ia nueva f'.
'
1SJca" , en N aturaleza, Historia,
Dios, p. 293.
1
"
Cf. "En torno al problema de Dios", en Naturaleza, Historia, Dios, pp. 329•361.
101
SE., 466.
1
°' SE., 468.
•• SE., 473.
llO SE., 474.

95

�lectiva ( cuando no hay especie) no excluía una inespeciabilidad perfectiva,
pero que tal inespeciabilidad sería propia de una esencia super-mundana que
es, precisamente, Dios. Habrá que ver, en los futuros escritos de Zubiri sobre

este tema, hasta qué punto mantiene la tesis de la fundamentalidad de Dios
que implica mi estar re-ligado; más aún implica que "el hombre es radicalmente religado". 111 Pero la solución o el desarrollo de estas posibilidades requieren una metafísica de lo supramundano que completaría ( si puede decirse así) una metafísica total. Yo creo que Zubiri ya lo tiene todo pensado. Solamente nos queda esperar.

Por último, si se reflexiona sobre el modus philosophandi del filósofo, viene a
las mientes su propio concepto de "mentalidad" que me hace pensar sobre

la "mentalidad" propia, personal, intransferible, del propio Zubiri. En efecto, él mismo a descalificado, sólo para aprehender metafísicamente la esencia, tanto la idea de sustancia como la idea de definición ya que hay, más
abajo y previamente, el logos nominal antepredicativo; para ello se apela al
lenguaje que significa "expresando"; precisamente, "entre toda expresión,
sea o no lingüística, y la mente misma hay una intrínseca unidad, honda y
radical: la forma mentis. Por esto es por lo que el decir, el légein, no es sólo
un decir "algo", sino que es decirlo de "alguna manera, esto es, con ciertos
112
módulos propios de una determinada mentalidad".
Precisamente si en Zu-

biri, además de una filosofía profundamente original, hay algo que le es muy
propio de su intransferible légein, su decir de alguna manera que es manifestación de la síntesis entre la expresión y su mente, es dcir, su "mentalidad".
Y la "mentalidad" de Zubiri (si hacemos una analogía) no se asemeja (como la de un Lavelle por ejemplo) a una melodía a través de la cual pode-

par~cida. Toda la historia de la filosofía, realmente sabida pasa por su en
sam'.ento'. a la vez libre de la carga del saber histórico. Ésta independ!ci~
en
sm tesis
· , conced e una tregua, es típico de la menta.dad
b' con
. un rigor que ¡amas
11
zu 1nana.
De
acuerdo
f'l, f
.a .lo dicho
. Y tam b"
,en de acuerdo con la formación personal del
I

o~o o, es c,as1. imposible leer a Zubiri sin el conocimiento, por ejem lo, de

la ngur~sa tecmca de la filosofía escolástica y de la filosofía actual tola e t ra asumida
por e'I • Las am b"1c10nes
·
ne
.
de Zubiri son, en este sentido , 0·rrandiosas

porque pmtenta una síntesis integradora y filosófica de todo e1 saber' contempo•'
ráneo
fía . or eso, resu 1_t~ verdaderamente insólito que se piense que esta filosono es actual; qmza lo que ocurre es que el filósofo no ha hech

sola conc ·,
·
od
es1on a nmguna m a, a ninguna superficialidad brillante

.

o ni una

Demás está_ decir el valor que su obra tiene para el pensarnient~ que se expresa en espanol; cuando se lee (en una revista española)' que Zub' ·

sa en

"l
• b
1n se expreun . ~nguaJ~ a struso, Y en cierto modo indescifrable", uno está ante
una confes1on de 1mpreparación filosófica que rebela a un aficionado q

verdaderament:, no puede leer a Zubiri. Porque, de veras, es muy dificil; ;:'.
ro extraord1~anamente claro. El español se enriquece con sus términos técnicos
h Y ha
á vemdo a demostrar que nuestra lengua es tan d'uc t'lI (y a veces mue O . m s) que otras para la expresión filosófica. Esta tarea de la que han
part1c1pado Un,amu~o y Ortega ha encontrado en Zubiri un consumado maestro. Con:º. dec1a n_1as arriba, creo que el "sistema" está completo, todo vivo

en el espmtu del f1l6sofo. Sólo debe terminar de escribirlo.
ALBERTO CATURELU

mos captar siempre el mismo tema se asemeja, más bien, a una obra arquitectónica en la cual, su autor, no solamente tiene visto el todo, sino cada par-

te, cada ladrillo y, en cada uno de éstos, ha hecho un microscópico análisis de
sus moléculas en orden a la obra total. Su mentalidad es pues "sistemática"
sin ser circularmente cerrada en un sistema. Más aún, a pesar del equívoco que
algún lector pudiera imaginar, su mentalidad a la vez que sistemática, tiene

la pasión del singular ( esta cosa real) casi llevada hasta límites últimos insospechados. Y en esta actitud, su capacidad casi ilímitada de análisis nos
hace recordar a Duns Escoto, no tanto en sus tesis cuanto en su "mentalidad"
m "En tomo al problema de Dios11 , p. 358. Cf. mi exposici6n en Breve ensayo so•
bre el ser, p. 171, en Hu.manitas, 11, Monterrey, (México), 1960; y tuve en cuenta
la idea esencial en mi comunicaci6n "El ateísmo desde el punto de vista metafísico",
en el vol. 1l problema dell'ateismo, Atti del XVI Convegno de Gallara.te ( 1961),
Brescia, Morcelliana, 1962.

"' SE., 345.

96

97
H7

�LA DOCTRINA DE LA INTERIORIDAD
SEGúN LOUIS LAVELLE Y LA IN-SISTENCIA
DR. ISMAEL QUILES

Universidad del Salvador

de la "esencia originaria" del hombre es el fundamental en la historia de la filosofía y en la filosofía misma. Toda investigación filosófica, toda inquietud sobre la esencia de las cosas y la explicación última del universo o tiene como último fin el esclarecimiento de la posición del hombre en el cosmos o, aunque no se intente explícitamente, de hecho, rebota siempre hacia la aclaración de lo que es y de lo que significa el
hombre en el mundo.
En nuestra investigación sobre la esencia originaria del hombre hemos señalado la "in-sistencia", el ser-en-sí, no en el sentido hegeliano, sino en el
preciso sentido metafísico del sujeto que está presente a sí mismo porque ónticamente está replegado sobre sí mismo, como el núcleo metafísico más simple, más profundo, más originario de la realidad del hombre.' La proyección
luminosa que este punto central de la realidad del hombre ejerce sobre toda la problemática filosófica en torno al hombre mismo y a sus relaciones con
el universo, nos confirmaba en el carácter de prioridad óntica que la "in-sistencia" posee respecto de todas las demás características que puedan señalarse como exclusivas y esenciales del hombre.
Por supuesto, el haber señalado como centro del hombre y de la filosofía
la interioridad, no es nada nuevo. Desde los presocráticos, desde Heráclito o
Gorgias y, sobre todo, desde Platón, la intuición de que todos los problemas
del hombre se refugian en último término para encontrar su solución en lo
más recóndito del hombre mismo, era tan normal y tan obvia, que clararnen•
te aparece como una expresión de la vivencia existencial del hombre. El filóSIN DUDA QUE EL PROBLEMA

1

Ver nuestra obra Más allá del existencialismo (Filosofía In-sistencial). Ed. Miracle,
Barcelona, 1958 y Tres lecciones de Metafísica ln-sistencial, Ed. Balmes, Barcelona, 1961.

99

�sofo debía naturalmente expresarla. Platón lo hizo en términos explícitos. Le
siguió también la tradición post-aristotélica, pero sobre todo el neo-platonismo. De éste recibió Agustín no la inspiración personal, sino las fórmulas
en qué traducirla. El mismo Santo Tomás de Aquino, aunque en su horizonte aristotélico parecía alejarse de la interioridad sujetiva, le rinde tributo en
2
los textos, por cierto numerosos también, de inspiración neo-platónica.
La historia moderna desde el Renacimiento hasta el idealismo, acentúa la
sujetividad, con mayor o menor suceso, cayendo a veces como extremo sujetivismo, pero apuntando con frecuencia la trascendencia como esencial a la
interioridad humana. Lo mismo digamos de la filosofía contemporánea.
Naturalmente teníamos interés especial en confrontar el resultado de nuestra investigación sobre la esencia originaria del hombre con las experiencias
traducidas a través de la historia de la filosofía. Esta comprobación nos ha
parecido mostrar que, si es cierto que la realidad de la interioridad en el hombre aparece subrayada, y aún con cierto privilegio, a través de toda la historia filosófica de la humanidad, sin embargo, no parece que se haya precisado debidamente ni su estructura ontológica, ni su carácter privilegiado absoluto de manera que sea el centro efectivo, desde el cual se orquesten y se
expliquen los problemas fundamentales del hombre y del universo, es decir,
el conjunto de la filosofía misma.
Este es tal vez el trabajo que faltaba realizar y que hemos tratado de cumplir desde que comprobamos el carácter de la in-sistencia como esencia originaria del hombre.
Entre las confrontaciones de nuestro pensamiento con el de otros filósofos,
nos ha parecido que merece particular atención la labor delicada, sutil y llena de sinceridad y de rigor metafísico de Louis Laveile. Pues, entre los autores contemporáneos es él quien ha desarrollado un pensamiento más afín
con el nuestro. Creemos pues que será de particular interés un estudio comparativo.
Toda la obra de Lavelle gira en tomo a la descripción de la experiencia
esencial del hombre, que incluye la conciencia de sí mismo como inserción
del hombre en el ser. Especialmente ha estado utilizando Lavelle, como expresión de la realidad del hombre y de la realidad del ser, los términos de
"interioridad" e "intimidad" que tanto se aproximan al de "in-sistencia"
utilizado por nosotros, como expresión de la esencia originaria del hombre.
Hemos de confesar que los análisis y las conclusiones a que hemos llegado en
nuestro libro Más allá del Existencialismo y en nuestros primeros trabajos de
exposición de la esperiencia in-sistencial, fueron escritos antes de ponemos en
• Ver especialmente el comentario al De Causis, c. XV y textos paralelos sobre la

contacto
con el pensamiento de Louis Lavelle· Pero, al realizaresoneo
1
d h"15ó"
t. neo_ sobre los antecedentes y vestigios de la experiencia insistencia! en la
hi5tona _de la filosofía, Y, especialmente, al recorrer los autores modernos con
est~ 0~J~to, tuvimos necesariamente que estudiar el pensamiento de este
sabio filosofo, cuya misma consigna de iºn+:-:dad
· t enon
· "dad nos estaba
uuu
e m
0st
~ rando un acuerdo esencial con nuestra dirección. Es fácil comprobar el
dive~ enfoque en que se mueve Lavelle, respecto del que nosotros hemos
seguido desde un principio. Sin embargo, es muy fácil señalar la coincidencia
de muchos de los aná_Iisis y conclusiones de la filosofía de Louis Lavelle (la
cual. se mueve en el m1SID0 fondo originario del hombre que nosotros deseamos
anahzar) con nuestros propios análisis y conclusiones.
No tr~tamos de realizar un análisis completo del pensamiento de Lavelle.
Nuestro mtento es, simplemente, señalar algunos rasgos esenciales coincidentes
así como _cierta diversidad de enfoque y aún del punto mismo de partida, qu;
ya es posible advertir a primera vista.
Ante todo, observemos que, para Lavelle, el hombre posee una experiencia
" esencia
. I",3 con 1o. cual. nos esta' expresando, al parecer, que esta experiencia
nos revela la esencia misma del hombre. Esta "experiencia esencial" es justamente la que el pensamiento filosófico debe tratar de descubrir y dilucidar
apo~ándose en ella.y "de la cual tiene necesidad, como piedra de toque, pan:
anahzar su contenido y mostrar que todas nuestras operaciones dependen,
encuentran_ en ella su fuente, su razón de ser y el principio de su poder".'
Esta expenencia es esencial al hombre, porque todos los hombres la poseen
aunque no todos la actualizan debidamente. "Saber que ella existe no ~
todavía realizar su plenitud concreta, no es todavía actualizarla y poseerla".6
La causa de este olvido de la experiencia esencial del hombre es el estar absorbidos e impedidos por los acontecimientos exteriores.6
. Por lo mismo, (ella) "no es jamás, para los hombres, el objeto de una mirada
d1recta ni de una conciencia clara; y si a veces su pensamiento llega a aflorar
no se trata más que de un contacto pasajero, cuyo recuerdo pronto se esfuma"J
' La Presence To tale, p. 26.
' " • ..et Que l'on a besom
. d' une bome et d'une pierre de touche, d'analyser son
contenu et de montrer que toutes nos opérations en dépendent trouvent en el) 1
·
d'.
,
e eur
source, 1eur raJson etre et le príncipe de leur puissance". Jbid.
' "Savoir qu'elle existe, ce n'est pas encore en réaliser la plénitude concrete ce , t
,
al'
.
,
n es
pas 1actu 1ser et la posséder". lbid.
1
"La plupart des hommes sont cntrainés et absorbés par les événements" Jb1·¿
••
1 •· ". • .elle• n'est • jamais pour eux l'objct d'un regard direct, ni d'une · consc1ence
c aire; et s1 p~rfo1s leur ~ensée ~ent a l'effleurer, ce n'est qu'un contact passager et
dont le souvemr s'efface vite". lb1d., p. 27.

reditio completa.

101
100

�Podíamos esperar que Lavelle nos indicase que esta experiencia esencial nos
revela, ante todo, al hombre, pues en realidad ella es la esencia y la presencia
del hombre a sí mismo. Sin embargo, Lavelle afirma de inmediato (será éste
un tema dominante en todas sus obras), que en esta experiencia lo que in-8
mediatamente se afirma, es justamente "la solidaridad del ser y del yo".
Esta solidaridad es para Louis Lavelle "el acto mismo de la vida" con lo
cual nuevamente nos está apuntando, sin nombrarla explícitamente, que en ella
reside la esencia misma originaria del hombre. La "inmediata conexión del
ser y del yo, como fundamento de cada uno de mis actos y como valor de
los mismos" es lo que aparece en esta experiencia esencial.º Lavelle nos lo
recordará casi en cada una de las páginas que él ha escrito.
Un análisis del contenido de esta experiencia nos es útil, así para comprender mejor cuál es, según Lavelle, la esencia originaria del yo, como para
descubrir hasta, qué punto está él instalado en la experiencia y, sobre todo, en
la realidad misma del hombre que hemos denominado in-sistencia. La afinidad
de un pensamiento y de otro aparece en no pocos aspectos, totalmente coincidentes.
Es interesante observar que para Lavelle el comienzo no es la presencia
del yo a sí mismo sino la presencia del ser al yo. De esta manera Lavelle parece comenzar no tanto por el yo, como por el ser en sí mismo. El origen de
nuestra intimidad, o por mejor decir, el primer elemento que aparece en
nuestra experiencia esencial, no es la intimidad del yo a sí mismo, sino la
presencia del ser, y esta presencia del ser es la que "crea nuestra propia intimidad del ser" .10 Efectivamente, Lavelle distingue tres como estadios o planos de esta experiencia esencial, aun cuando, como es natural, reconoce que
los tres planos están ónticamente implicados entre sí. En primer lugar, esta
experiencia esencial "nos da la presencia del ser" .11 A la dificultad que aparece de inmediato de cómo es posible que aparezca la presencia dd ser sin
que se suponga ya el yo, que es, por así decirlo, sustentáculo de esa presencia,
responde que el yo, precisamente, no se descubre "sino por un análisis del
12
ser al cual no se puede oponer el yo, sino formando parte del ser mismo".
Porque, continúa Lavelle, "la originalidad del sujeto individual consiste no
• "Mais celui qui par contre a saisi une fois dans un pur recucillement et comme l'acte
meme de la vie la solidarité de l'etre et du moi ne peut plus détacher d'elle sa pénsée".

!bid.
• " ...liaison immédiate de l'etre et du moi qui fonde chacun de nos acles et lui donne
sa valeur". La Présence Totale. [bid.
10 " ••• crée notre propre intimité a l'etre. !bid., p. 42.
11 "En premier lieu, elle nous donne la présence de l'etre... " !bid.
12 "Mais ce moi ne se découvre précisément que par une analyse de l'etre, auquel on
ne peut l'opposer qu'a condition qu'il en fasse partic ... " !bid., p. 43.

ª!

en volver se~ ~n cuanto sujeto, sino a condición de estar envuelto por el ser
en cuan to individuo". 13
A~í, sólo en un _segundo estadio aparece en nuestra experiencia "que la presencia· del
d ser deviene nuestra presencia al ser" ·14 De esta manera so'¡o en una
es~ecie e se~nda etapa se carga el acento sobre el yo como presente él
mismo al ser. Con nuestra presencia al ser, la noción del yo aparece pero
nosotros
no sabemos todavía lo que él es" .15 p ara L ave11e e1 yo aoarece
' en
.
pr:mer lu~ar, como pura posibilidad sin contenido alguno. "Se ~ompn:nde
ª~ 1 por que el descubrimiento del yo precede lógicamente al de su contenido".16
~m embargo, ~are~e que_ el descubrimiento del yo lleva necesariamente aparcpdo un ~ont~n'.do i_nmediato de sí mismo, que justamente es, a nuestro parecer,
su
y consiste en afirmarse él en sí mismo, en reconocerse
'l esencia
, ongmana,
.
e _en s1 mismo plenamente, como su esencia y realidad fundamental. Pero
deJemos estas observaciones para el balance crítico.
Un t~rcer. estadio en esta experiencia con.siste en el reconocim!ento "de
nuestra mtenoridad" con relac'o'
· que nosotros comprobamos,.
i n al ser, es decir,
frente al ser, que nos hallamos dentro del' ser y que, por ¡0 tanto, esa presencia
de! ser a nosotros y nuestro ser no es sino "un solo y mismo ser, considerado
baJo dos aspectos diferentes".17
He aquí cómo sintetiza Lavelle la "experiencia esencial" en tres etapas
que so~, entre sí s?lid~as: "el ser se descubre de inmediato al yo, el cual,
descubr~cndose a si mismo, debe necesariamente inscribirse en el ser·•.1s
. RecoJamos, ahora, el concepto que Lavelle tiene de intimidad O interiondad. Ante. todo, la intimidad es propia del ser como tal. Lavelle nos habla
en este sentido de una "intimidad universal del ser" .19 y , por 1o mismo,
·
nos
,.. ".: .l'ori~inalité. ~u su!~t individue!, c'est en effet de n'cnvclopper l'etrc en tant
que suJet qua cond11Ion d etre enveloppé par luí en tant qu'individu'' Jbi'd
u "D
.
.
ans une seconde démarche, la présence de l'etre devient notre présence a l'etre.
Et s;uis doute. cette secondc phase de l'expérience initiale était impliquée dans Ja
précedente, ~a1s elle n'en était pas encorc distinguée. ttre présent a l'etre, c'est seulemcnt
poser
un repere, sans lcqucl la présence de J'etre ne serait pas reconnue" . [bid.,p. 44.
,. "A
vec n~tre présencc a l'etre, la notion du moi apparah, mais ne savons pas
cncore ce qu'1l est". !bid.
,. "On comprend aussi pourquoi la découverte du moi préccde Jogiquement cclle
de son contenu". !bid.
11
" •• .il no~s faut encore reconnaitre notre intériorité par rapport a l'ctre, et pour
cela apercevoir que les deux observations précédcntes n'en font qu'une ou encore
que l'etre_bdont tous avio~ns découvert la présence totale et l'etre que nou: venons de
n?us attn uer
nous meme sont un seul et memc etre, considért sous deux aspects
différents..." Ibid., p. 45.
lll " • . . J'etre se dé couvre d' a bor d au mo1. qui,
. se découvrant lui-meme doit nécessaircment s'inscrire dans l'etre". 1bid., p. 46.
'
11
" • • • l'intimité universclle de l'etre ..." !bid., p. 49.

103

102

�habla como fenómeno primario, de la interioridad e intimidad del Ser y del
Todo a sí mismo. "El carácter esencial del ser, es el de ser solamente en sí, de
ser el término exclusivo, fuera del cual ya no hay nada, que es enteramente
20
interior a sí mismo y debe ser definido corno siendo la intimidad. pura".
Por lo mismo, afirma Lavelle que "si el todo es necesariamente interior a
-sí mismo y si él no puede ser interior a sí mismo sino por la iniciativa misma
•que le permite crearse, entonces es el ser el único que puede decir yo, el único
que posee esta ipseidad absoluta, en la cual todos los seres particulares alcanzan la posibilidad incierta y a los cuales se les ha dado también la oportunidad
de decir a su vez yo" .2 h
Es notable el empeño de Lavelle por recalcar la intimidad o interioridad del
:ser y del todo a sí mismo. A veces esta intimidad universal, esta interioridad
del todo a sí mismo, parece atar demasiado al individuo al todo y señalar
que la interioridad en el hombre, como experiencia individual, es posterior a
la experiencia de una intimidad universal. La experiencia originaria "del hombre" como punto de partida, como "arché", de todo su ser y de todo su
pensamiento, desde el punto de vista del hombre, queda así en cierto punto
disminuida.
Mitiga esta impresión la afirmación, casi siempre subsiguiente a la anterior,
según la cual la interioridad del yo al ser, ya que el yo forma parte del todo,
no se obtiene sino por la interioridad del yo a sí mismo. Aquf encontramos una
mayor conexión de Lavelle con la experiencia in-sistencial y con el valor que
nosotros le atribuimos. Si la interioridad del yo al ser se ha de obtener por la
interioridad del yo a sí mismo, en tal caso, esta interioridad es lo primario
para el yo. Sería su verdadero punto de partida y su primera experiencia.
Recojamos algunos textos de Lavelle al respecto, los cuales, a nuestr~ pa~ecer,
moderan la primera afirmación del principio originario de la expenenc1a de
la interioridad O intimidad del ser al yo. Por de pronto, afirma claramente que
22
"'el descubrimiento del yo contiene el descubrimiento del ser" . Pero el descubrimiento del yo se hace justamente por el camino de la interioridad: "sólo
mi interioridad a mi ser propio, es decir, mi pensamiento podía asegurarme de
mi interioridad al ser puro". 23 Más aún, esta interioridad del yo al ser debe

logra~se _"tomándose el yo cada vez más interior a sí mismo" .H Esta expresión
~s ~omci~ente con la supremacía que nosotros atribuimos a la experiencia
m-sistencial en cuanto tal, para descubrir la esencia del hombre. Lavelie re~
pi~e en diversos pasajes esta misma idea. "La función del yo numenal es de
afirmar el yo en el interior del ser total". 25 Y asimismo "descubrir la existencia
del yo es descubrir la presencia del yo al interior del ser" .26 Finalmente
repite Lavelle que la "adquisición de la intimidad (es decir de la propia intimi~ad) . o el descubrimiento del yo, consiste precisamente en su penetración
al mtenor del ser mismo". 27 De esta manera nos parece que Lavelle, aun
cuando por una parte afirma la primacía, por así decirlo, de la presencia
del ser Y de la intimidad del ser a sí mismo, por otra parte va reconociendo
lo que nosotros creemos que es la esencia más originaria del hombre su
'" arché" primario y su punto de partida, esto es, la autoconstitución O adqui-sición de la propia intimidad y el descubrimiento del yo en cuanto tal, que se
realiza, justamente, en la vía de la intimidad o de la interioridad. Más aún,
el descubrimiento de esa propia intimidad será también el punto de partida
para descubrir su inserción dentro del ser total y, por tanto, para explicamos
todo el conjunto de relaciones del individuo con la totalidad. De esta manera
la experiencia in-sistencial es el centro de la filosofía y de toda la problemática
filosófica: "pero si el yo es, desde el origen, interior al ser, tomándose cada
vez más interior a sí mismo podrá esperar descubrir el misterio de su propio
:advenimiento, la ley según la cual él debe colaborar al orden universal y devenir el obrero de su destino individual". 28
Recojamos ahora algunas expresiones de Lavelle que son más coincidentes
-con el concepto de in-sistencia que nosotros hemos estado desarrollando. La
intimidad y la interioridad la describe Lavelle como "presencia del yo a sí
·mismo"; 29 como "conversión interior".ªº Pero esta presencia de sí a sí mismo
.
'
esta conversión interior, no es un sujetivismo puro, sino presencia al ser, y
por tanto presencia y apertura : "la presencia total del ser está ya implicada
~• " ... en devenant de plus en plus intérieur a lui-meme ... " La PrJsence Totale, p. 37.
"La fonction du moi nouménal est d'affermir le moi a l'intérieur de l'Ctre total".
_De Ntre , p. 147.
2
~

1

~ "

le aractf!re essentiel de l'Ctre, c'est d'Ctre seulement en soi, d'Ctre le seul
.h.. de
\' ·1 n'y ait rien qui soit tout entier intérieur a lui-mCme et doive etrc
terme ors uque 1
•
défini comme étant l'intimité pure". De l'acte, p. 127.
1

Jbid., p. 131.
u "La découverte du moi contient déji la découverte de l'Ctre". La Présence Totale,

21

~35.

u "Seule mon intériorité

de mon intériorité

104

a mon Ctre propre,

a l'Ctre pur.. ."

.

,

c'est-i-dice ma pensée, pouva1t m assurer

@ " • • • découvrir l'existence du moi,
c'est non pas découvrir la présence de l'étre
l'intérieur du moi, mais la présencé du moi a l'intérieur det l'étre". [bid., p. 153 .

11

"Car l'acquisition de l'intim.ité, ou la découverte du moi, consiste précisément dans
:sa pénétration a fintérieur de l'étre méme". La Présence Totalej p. 47.
:s " .. .il pourra espérer découvrir le mysthe de son propre avCnement, la loi selon
laquelle il doit collaborer l'ordre universel et devenir l'ouvrier de sa destinée indivicduelle". !bid., p. 37.

a

:!11

"La préscnce du moi

30

De J'itre, p . 140.

a

" •••

a lui-méme,

ou l'intimité .. ." [bid.~ p, 4 7.

commune et en approfondissant, par une conversion intérieure ... " [bid., p. 49.

JQj

�· t en e·1a" .31 El couito
en la simple experiencia que el yo h ace de su ex1s
_:::,
"de
Descartes lo interpreta en el mismo sentido, es d~cir, qu~ en él se tiene el
contacto o la posesión del ser mismo".s2 Por lo rrusmo, leJOS de preocuparnos
( como si éste fuera el camino para encontrarnos y perfecc_ionamos a nosotro~
mismos) de dominar el mundo exterior, el cual en 1~ ~~d1da en qu~ nos esta
excitando nos aparta de nosotros mismos, es necesano tratar de penetrar en
un mundo cada vez más y más interior a nosotros mismos y donde nosotros
·
· ·
de to do 1o que es1' •33 Y continúa más adelante:
encontraremos la mtenondad
la ipseidad "es la relación inevitable de mí mismo con:11ig~ mismo, que ~:ce
que yo no me posea y a'n
u que yo no sea sino por el c1rcutto de la reflex10n,
.
.,
que yo pueda separarme de todo objeto en el mundo, pero no de est_a m~erc1on
en la interioridad del ser, que es el acto mismo por el cual yo me inscnbo en
él diciendo yo" .34
.
·
de
hacer
otra
referencia.
Lavelle
nos
describe
acerPero no queremos d eJar
"
.
d.
tadarnente el yo como captado en el sujeto, que experimenta las 1versas
potenciasu ( de pensar, de imaginar, de estar afectado, de desear, de querer, de
sufrir, de alegrarse, etc.) y que las actualiza; "que no puede. separar una~ de
tras ni separarlas de sí mismo, que las reconoce como propias, porque el es
:l ce~tro y el germen que las contiene todas y que a condición de q.ue l~s
dé él su consentimiento, le permite expandirse".35 Este texto es de_ sumo mteres
porque señala y reconoce toda la profu_ndidad óntica del yo al afum~rlo com~
"sujeto" o "centro" de las potencias. Sm embargo, como veremos mas adelanl
te hay ciertos textos que atenúan esta afirmación de Louis Lavelle con a
d~scripción de la intimidad, como propiedad esencial del yo, que en este
pasaje nos ofrece Lavelle:
.
.,
Después de señalar que los caracteres del yo son la indetermmacton, la totalidad y la intimidad, la cual describe como aquello "que nos revela su oría1

"De plus, la présence totale de l'Ctre est déj3. impliquée dans la simple expérience

que le moi fait de sa propre existence" . /bid., p. 51.
,
,
~ .
= " Descartes a senti qu'il falla1t· partlf· d e sa propre pensee 1 e• est-a-dire du seul
tenne. d~nt on ait une expérience directe, et qu'on obtenait en elle le contact ou 1a
possession de l'Ctre lui-mCme". De l'etre, p. 140.
83

De l'acte, p. 151.

/bid., p. 131.
· l''
t t
"Seulement aucune de ces puissances séparées ne constitue _encare, le m01; 1mpo~ an ,
'
, ·é
d
1
· t qui les eprouve et qu1 1es
c'est que nous les saisissions prec1s ment ansd e suJe
. 1 d'tacher de lui-mCme
.
ut as les détacher les unes es autres, m es e
.
.
actuahse, que ne pe P .
,. 1 t le noyau et le germe qui les contient
ui les reconnait comme s1ennes, parce qu l es
q
. ,
d't'
qu'il leur donne lui-meme son consentement, leur pennet.
toutes et qui, ;1 con 1 10n
de s'épanouir". De l'intimité spirituelle, P· 72 .
s,

3li

106

ginalidad radical y su esencia la más secreta", 36 analiza la relación rle los térnúnos "yo" e "intimidad" .
"Todo lo que pertenece al yo, pertenece también a la intimidad". 37 Los
términos interioridad y exterioridad, están tomados del lenguaje espacial y por
ello al aplicar el término "interioridad" al yo, dice Lavelle, parece encerrarlo
en un círculo sin salida que lo separa del exterior y que de ninguna manera es
posible atravesar. "Pero el término intimidad tiene más profundidad" .38 He
aquí las características que Lavelle asigna al término intimidad, tal como él
lo entiende: ante todo la intimidad es como el fondo último fuera del cual
ya no es posible pasar, es como un absoluto; la intimidad es el origen de todo
lo que podemos pensar y hacer; es el reducto último y origPn de las marchas
más secretas del espíritu; la intimidad finalmente es la captación del ser y
del devenir. 39 Esta magnífica descripción de la intimidad está coincidiendo
con la idea central de la in-sistencia que nosotros hemos estado desarrollando,
en cuanto ésta es la esencia originaria, última y absoluta o primaria del hombre y en cuanto ella nos explica todo lo que el hombre es y hace. Ella nos
explica el modo propio de inserción del hombre en el Cosmos y, por tanto,
en el ser y en el devenir. Este es el texto de espíritu más afín con nuestro
pensamiento que hemos podido hallar en los escritos de Louis Lavelle.
Como se puede apreciar, hay una coincidencia en la dirección del pensamiento filosófico de Lavelle, con la insistencia. Está moviéndose en el mismo
3G "Ce caractCre
d'intimité enfin, qui nous révCle son originalité radie.de et son
essence la plus secrete". !bid.
3
: "Tout ce qui appartient au moi appartient aussi a l'intimité". !bid.
38
"Mais le mot intimité a plus de profondeur". !bid., p. 73.
3'i "Car il dési.~ne une sorte dr: fond ultime au dela duquel il
est impossible de
passer. L'intimité est elle-meme un absolu. Elle n'est l'apparence de rien. Elle est
ce domaine tout entier livré au moi, oll toutes les apparences s'abolissent, ou chaque
etre se réduit, par une sorte de dépouillement continu a l'égard de tout ce qu'il rec;oit
et de tout ce qu'il montre, a un pur pouvoir de dire moi. L'intimité est en nous
!'origine mCme de tout ce que nous pouvons penser ou faire. On descend toujours
en elle plus avant, mais on ne descend pas plus loin qu'elle. C'est en elle que se
meut la pointe extreme de la sincérité. C'est a elle que chacune de nos paroles, que
chacun de nos actes emprunte son sens et sa valeur. Elle exprime cette fécondité subjetive par laquelle chaque Ctre tire de lui-meme tout ce qu'il est et tout ce qu'il veut
C.tre. Elle est une réalité invisible et cachée, astreinte a demeurer toujours telle, sous
peine de se dissiper dans des manifestations qui non seulement la trahissent, mais
l'abolissent. L'intimité est en chacun de nous le réduit le plus reculé, la source de
ses démarches les plus authentiques, le secret inaccessible qu'il est incapable de li.vrer.
C'est en elle seulement que nous pouvons saisir non seulement retre, par opposition
a l'apparence, mais l'etre en train de se faire, par opposition aux choses déj.\ faites".

Ibid.

107

�círculo y tratando de encontrar, a través de él, el fondo de la realidad del
hombre y del ser, así como del pensar todo de la filosofía. Existe, pues, ,"nte
todo, una convergencia de fondo en cuanto a lo que podemos llam~r _el metodo
y la fecundidad de la interioridad, de inspiración netamente agustm1ana, aun•
que con un intento o preocupación más metafísica.
Nuestra impresión es que textos como el que a~bamos de an~liza:, con :1
cual hallamos una casi plena afinidad de pensamiento, no han mflmdo suficientemente en el desarrollo total del pensamiento de Lavelle. En vez de
afincarse en la interioridad propia y estricta del yo y realizar primero los análisis de todo su campo, horizontal y verticalmente, a fin de tener una base _de
las experiencias más inmediatas del yo en cuanto tal, L~ve~le sal_ta ensegmda
a la experiencia del ser en cuanto ser y con ello queda la m-s1stencia, en cuanto
tal, o la interioridad misma en cuanto t_al, en cu~nto perso~al~
cuanto
'
n
segundo
plano.
La
in-sistenc1a
es
estrictamente
md1v1dual,
mza, en u
.
, Y. a
mí se me da primariamente mi in-sistencia individual, como primero y umco
medio de acceso al ser y a los demás entes.
En segundo lugar la intimidad misma en cuanto tal, a juzgar por las descripciones y análisis que hemos estado sintetizando, y ~ue nos parece resumen
sustancialmente el panorama antropológico y ontológico de Lave~l:, no nos
da, tal vez, con precisión, la raíz última del ser del hombre. Adf~u_timos, con
gusto, con Louis Lavelle que "interioridad" no es una palabra su 1~1entemente
adecuada y que expresa más profundamente la realidad de la ese~c,~· del homeste tenmno queda
b re e1 t e'rmino "intimidad". Sin embargo, nos parece que
. •, d 1
l'd d
todavía impreciso y que no llega a damos la última exphcac10n e a rea 1 ~
misma que descubrimos. Porque "intimidad" no ~s otra cosa que la p~esenc1a
del ser a sí mismo, como el mismo Lavelle la defme. Pero esta presencia es, a
nuestro parecer, ya un grado secundario O derivado de~ ser del hombre., Para
que la presencia de sí a sí pueda realizarse, es neces~no. que el ser este _previamente todo en sí mismo, vuelto ónticamente sobre si rrusmo, en esa realidad
que nosotros hemos descrito y denomin~d~ ~-sistencia:
_esta manera no_sotros diríamos que la in-sistencia es la ra1z ontica de la mttm1dad. Es necesario
descender todavía un grado más para explicar la razón, el fundamento y el
ser de la intimidad misma, y éste lo hallaríamos en la que hem~s ap~ntado
nosotros como in-sistencia. Tal vez el descenso a este pla:1o todav1a mas pr~fundo hubiera facilitado los análisis de Lavelle y lo habnan llevado, con mas
seguridad, en algunos puntos dudosos de su filosofía.
.
, por e¡· emplo, entre otros aspectos que chocan con frecuencia ~ la
As1,
aliorar a ,u m1sm o
terminoloaía por lo menos, d e L ave 11e, Y que parecen
.
pensamie~to' debemos citar el marcado "actualismo" de que se resienten
algunas de 'sus descripciones de la realidad del hombre. No creemos que

:n

J?e

108

pueda simplemente clasificarse a Lavelle en un simple actualismo metafísico.
Sin embargo, su descripción resulta con frecuencia ambigua y parece navegar
entre dos aguas. Esta falta de precisión tal vez se debe a que no nos da en
el hombre un punto de arraigo seguro, óntico, como el que ofrece la insistencia. Con demasiada frecuencia aparece en Lavelle el yo reducido a sus
"actos". Estos actos parecen insertos en una presencia eterna o en una intimidad eternal y universal, que les da la posibilidad y, por así decirlo, el
hogar en que pueden producirse. El yo es con demasiada frecuencia identificado con sus actos y a veces con cada uno de sus estados. "El yo se identifica paso a paso con cada uno de sus estados". 40 Esto parecería negar un yo
"óntico", un yo que él es el que está en sí mismo y que es el "sujeto" de sus
propias actividades y potencias. Lo mismo sucedería en las expresiones ambiguas, utilizadas cuando repite, acertadamente por otra parte, que la esencia
del hombre se manifiesta no sólo en el pensar puro, sino más todavía en el
sentir y más todavía en el obrar: el yo se descubre a sí mismo en último
término "cuando él tiene conciencia de obrar". 41 Pero parece confundir Lavelle el obrar con lo que se manifiesta en el obrar como fundamento y origen
del mismo, es decir, en el obrar se manifiesta el principio mismo del obrar
como idéntico a sí mismo y como permanente en su actuar. Por igual motivo
y tal vez olvidando el núcleo mismo de la realidad interior del hombre, es
decir, su in-sistencia óntica plena y última, dice Lavelle que "no puede decirse que el yo es, sino que el yo se hace". 42 No es de extrañar pues que
Lavelle nos haya legado expresiones como éstas: "Es por lo tanto en el punto
en que esta experiencia tiene lugar ( experiencia del absoluto) donde alcanzamos nosotros la esencia del yo, del cual puede decirse, a la vez, que ella
es relativa, puesto que ella está subordinada a condiciones sin las cuales ella
no podría realizarse y también que es absoluta, puesto que ella se realiza en
virtud de una marcha de la conciencia por la cual yo me doy a rrú mismo la
existencia y que ningún otro ser en el mundo podría jamás cumplir en mi
lugar" .43 Esta "marcha de la conciencia'' por la cual yo me doy a mí mismo
la existencia es una auto-creación, un impulso de un acto a otro acto, que
40

a

" • • .le moi s'identifie tour
tour avec chacun de ses états". La Présence Totale,
p. 198.
41
"Aussi faut-il dire que le moi se découvre lui-mCme non pas, comme il le semblait
d'abord, quand il est affecté, mais quand il a conscience d'agir" . De l' lntimité S pirituelle~ p. 78.
-u "On ne dira done pas du moi qu'il est, mais qu'il se fait". lbid., p. 94.
.s "Et c'est au point otl cette expérience a lieu que nous atteignons l'essence du
rnoi, dont on peut dire a la fois qu'elle est relative, puisqu'elle est subordonnée a
des conditions sans lesquelles elle ne pourrait pas se réaliser, et qu'elle est absolue,
puisqu'elle se réalise en vertu d'une démarche de la conscience par laquclle je me

109

�parece desconocer el fondo mismo del yo, su realidad 6ntica originaria Y primera, su arché, que hemos denominado in-sistencia.

En sintesis, podriamos decir que Louis Lavelle ha señalado aspectos esenciales de la interioridad e incluso su carácter privilegiado, pero no ha de_scendido a su raíz metafísica misma. Por eso, tal vez, nos parece encontrar ciertas
fallas en sus descripciones y en sus interpretaciones. Un mayor análisis meta-

fisico de la estructura de la interioridad, lo hubiera llevado a mostrar su
raíz óntica, es decir, el ser-en-sí óntico que hemos llam...ado "in-~istencia".

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFIA DE LA BELLEZA

Por no haber descendido a esta raíz óntica no es ext~ano que, s1_ no su pensamiento, por lo menos las fórmulas de Lavelle se ~sientan de cierto actua-

lismo, lo cual es nuevamente desconocer el fondo úh:imo_ del yo. N~t~ra!mente
Lavelle está preocupado por señalar el carácter esencialmente dmam1co de
la interioridad humana, pero lo prolonga a costa de su ser.
.
.,
Tal vez puede señalarse también que falta_en Lavelle la, ~fecti:,-a \'~oyecc10n
integral de su doctrina de la interioridad hacia la problematica f¡losof1ca total.
Pero ello no es por cierto una falta positiva. Debemos_agradec~rl~ lo, sutiles y
acertados análisis de no pocos aspectos de la interiondad, casi s1emp~ en_ el
plano de la auténtica experiencia metafísica. y siempre con la resonancia vital
que ha sabido traducir en sus magníficas expresiones. Con ello _Lave;le nos

ha dejado sin duda una de las contribuciones más valiosas de la f1losofia contemporánea para elucidar la esencia originaria del hombre.

DR.

ISMAEL

Dmoo

PÉREZ

Universidad Nacional Autónoma de México.

HEGEL Y SUS CARACTERES GENERALES DE LA PINTURA

HEGEL EN su "Sistema de las Artes" hace un estudio de los caracteres
más distintivos de todas las artes. A las artes de la Pintura, de la Poesía y de
la Música las llama románticas y en estas tres se puede expresar apropiadamen-

C. F.

te el espíritu del hombre, que es un reflejo del espíritu absoluto, especialmente
en la pintura.
De las imágenes pictóricas contemplamos todo cuanto se mueve y agita dentro del espíritu humano y así el principio divino aparece como un ser vivo y
espiritual.
Los objetos exteriores, mediante el sentimiento y el alma de la concepción,

dan también un reflejo del espíritu.
El arte manifiesta una evolución dimensional de estilos: a) el estilo severo
o las primeras esculturas de los pueblos orientales, que son trozos de piedras
más o menos toscamente talladas. Veamos la diferencia entr1:; el Escriba sen-

tado o las Esfinges con la gracia y la racionalidad del arte griego; b) el estilo
ideal, con las esculturas de Fidias, donde la vida ha logrado todas sus formas,
movimientos y expresión corpórea; c) el estilo gracioso, donde se adquiere
un movimiento de las formas y de la pasión humana, como la Victoria de
Samotracia, el Laocoonte o Niobe; d) el estilo efectista, donde se busca la
expresi6n por los contrastes, como las esculturas de Miguel Angel.
La humanidad ha pasado por tres dimensiones artísticas, lo que se llama
Edades en la Historia del Arte: a) edad antigua o ingenua, donde se cultiva
la arquitectura y la escultura, que son más artes simbólicas que espirituales.
donne a moi•mCme l'existence et que
accomplir ama place". lbid., p. 79.

110

nul autre Ctre au monde ne pourrait jamais

Aumentan el sentido espiritual los ornamentos o las artes murales o escultóricas
al servicio de las obras centrales de arquitectos y escultores, como las cerámicas

111

�y los vasos de Creta, las pinturas murales de las casas de Pompeya, con su
buen gusto y delicadeza. Señalamos especialmente las pinturas murales de la
Casa del Poeta Trágico de Pompeya; b) el arte ideal de los griegos, que siendo
antiguo por la cronología, es nuevo por sus ideales. Allí se buscaba la medida,
el orden y la proporción y es un arte de una belleza armoniosa, insuperablemente bella; c) el arte cristiano, que tuvo su mayor grandeza expresiva en
los siglos XVI y XVII, surgió de sentimientos íntimos, como la felicidad o el
sufrimiento del alma.
Si comparamos la !sis Egipcia con la Virgen Cristiana, la temática es la
misma: Una madre y un hijo.
!sis representa la fecundidad de la naturaleza, pero no expresa un sentimiento maternal; en cambio, la Virgen Cristiana adquiere tonos de una ternura y de una belleza espiritual, con hondura humana y divina. Recordemos
las Madonas dd Rafael, las Vírgenes del Greco o de Murillo o la de cualquier
maestro europeo del Renacimiento.
Fondo de la pintura. Se hace sobre superficies y es una simple apariencia
del espíritu interior, afirma Hegel, que quiere ser contemplado en sí mismo y
para sí mismo como espíritu. Wolflin decía que las Vírgenes de Fra Angélico

creaban un ilusionismo de las formas.
La pintura admite en su representación los estados más diversos de la pasión
o del espíritu humanos y que a la escultura o a la arquitectura le son inaccesibles: el mundo religioso, las imágenes del cielo y del infierno, la historia de
Cristo y sus discípulos, los santos, las escenas de la naturaleza y de la vida
humana y hasta los accidentes más fugitivos, en que los objetos se transforman

a la luz de las antorchas; la magia del colorido, que pertenece al talento
del artista.
A~monías de ~os colores. Con la perspectiva aérea se da la encamación y la
m~gia del/ol~ndo; el color de la carne reúne los distintos colores. Ya dijo
~iderot: Quien ha llegado a sentir la carne, ha llegado muy lejos. Mil
pintores han muerto y mil morirán sin llegar al sentimiento de la carne".
0 nstitu_ir un cambio de colores, de apariencias, de reflejos, de manera fugitiva Y animada, que la pintura parezca que entra en el dominio de la música.

.?

Dos form_as de creación. En las "Vidas paralelas" de Plutarco, se presenta
un personaJe romano al lado de un personaje griego, buscando siempre el
contraste.
~) Arte de exaltación, o de embriaguez espiritual, de creación febril, de
org1a : bo:rachera, de frenesí sagrado, que los griegos llamaron Manía y que

Dosto1evsk1 llamaba "corazón elevado que se atormenta". Así es la pintura
de Van Gogh, del Greco, la Filosofía de Federico Nietzsche o la música de
van Beethoven. Es el arte llamado barroco o romántico.
B) Arte clásico, de creación serena, de medidas y proporciones, que evita
toda vaguedad, o lo que llamaba Nietzsche el arte apolíneo. Así la poesía en
la obra de Goethe o la pintura en Velázquez.
La obra pictórica habrá logrado la gracia creadora conjugando todos esos
elementos d: _la creación, con un estilo o con otro, expresando lo que llama
~egel el, ~spmtu absoluto, en las formas plásticas de la pintura y logrando en
cifra poet1ca lo que llamaba Shelley:

en un espejo del espíritu.
Elementos de la pintura. El elemento físico es la luz. La luz que penetra en

la obscuridad y la ilumina, y junto a la luz, el color; y los contornos de los
objetos por medio del dibujo. La forma y dimensiones constituyen la parte
plástica. Con el empleo del color, la pintura adquiere un grado extraordinariamente vivo, como iluminado por la naturaleza y por la luz mágica del arte y
es una expresión del hombre y de las cosas. Los maestros venecianos y holandeses han sido los maestros del color; tal vez han sido influídos por la cercanía
del mar; los dos países son bajos, cercados por el agua, cortados por canales
y marismas.
Hay diferentes maneras de iluminar los objetos, buscando la mayor oposición entre la luz más deslumbradora y las sombras más obscuras. El artista no
puede ser sólo dibujante. Necesita de los elementos pictóricos: la luz, el color,
los contornos y los dintornos de las figuras, las dimensiones y las formas; la
luz del sol, de la luna, las luces crepusculares, en un cielo claro y encubierto;

Some world
W here the music, the moonlight and the feeling
are one.

PERCEPCIÓN DEL FENÓMENO PICTÓRICO

La percepción del fenómeno pictórico es un acto de intuición. Otto Gründler
establece varias clases de intuiciones:
A) Percepción sensible o captación de lo objetivo.
B) Intuición categorial. Así de un árbol intuye un ser verde, en su plástica plenitud.
113

112

H8

�e) Intuición esencial, en que aprehendemos la esencia verde o color en
general.
D) Intuiciones sensibles mediatas: el_ re~e~o de un~ cosa, cuy? anverso
percibe, me es dado intuitivamente, en mtmc10n encubierta o mediata.
E) Intuiciones anímicas mediatas. Por la cabeza de una persona veo su inteligencia, por su rostro expresivo su entusiasmo, la lealtad, su comportamiento, etc.
f ,
t l
De estas intuiciones se vale el artista hasta llegar a ver los. enomenos, a
como se ofrecen a su contemplación en una depuración expresiva. Son as1 en
su esencia o en su realidad categorial.
Falta por establecer una fenomenología del proceso artístico y el logro de
la expresión a la luz de una filosofía del arte.

DESHUMANIZACIÓN DEL ARTE

Es el arte que se cansa de las formas clásicas y trata de reno:ª":º· Wolflin
aseguraba que la repetición de un estilo embota y can'.ª la sens1b1hdad Y que
esta fatiga tiene la virtud de movilizar el arte, obhgandolo a una transformación.
Ortega y Gasset dice en su libro La deshumani~ación del arte que a un
joven de hoy no puede interesarle un verso, una pm celada o un 50nido que
no lleve dentro de sí un reflejo de ironía.
,
Un grupo de románticos alemanes, encabezados por Schelegel, proclamo
la ironía como la máxima categoría estética.
.
.
Huizinaga en su Hamo ludens propugna por la vuelta a la mfancia, a la
pirueta y al juego.
d z b '
Estilizar en la opinión de Ortega es deshumanizar. El art~ e .,ur
verbigracia, tiene carácter, pero no tiene estilo. El llanto y la n~a so~1 esteticamente fraudes. El gesto de la belleza no pasa nunca de la melancoha o de la
sonnsa. El poeta O el pintor empiezan donde acaba ~l- hombre.
,
Artistas con estilo son, verbigracia, Debussy en mus1ca, Mallarme en poe-

~:an,

sía, Dalí o Picasso en pintura.

HIPÓLITO TAINE Y SU FILOSOFÍA DEL ARTE

Hi ólito Taine no hizo una Estética con sentido dogmático,, dando_ d~f~nicion! de lo bello, sino un estudio de las obras de arte con caracter h1stonco,
114

mostrando sus cualidades esenciales; es una comprobación y explicación de
la realidad artística, tal y como se presentan a la especulación y a la observación del contemplador.
De las cinco bellas artes, especialmente se ocupó de la poesía, la pintura y
la escultura, y dentro de la poesía, las obras literarias. Estas tres artes dice
que son en general artes de imitación: ese es su carácter esencial.
Hay dos períodos importantes en la producción esencial de las obras de
arte: cuando nacen del temperamento y de la propia naturaleza de los orígenes, expresando un sentimiento verdadero. Y cuando se llega a fórmulas
intelectuales, académicas, que es la ausencia de la verdadera obra de arte.
Coincide con mis propias ideas sobre la poesía, expuestas en otro capítulo,
cuando hablo de la poesía lírica y de la poesía pura.
El artista produce influido por su estirpe y por su tradición cultural. Por eso
al hablar de un gran artista hay que estudiarlo dentro de su escuela nacional
o del país donde se han desarrollado sus circunstancias personales. El artista
imita la naturaleza y se inserta dentro de la historia de una escuela de arte.
Pero la imitación en la pintura, en la escultura o en la poesía no es exacta,
sino que gozan de la inexactitud que les confiere el talento del artista; siempre existe una transformación de la naturaleza. Y quedan aureoladas por la
intención espiritual que se buscó expresar en la obra por el artista.
En definitiva, el genio del creador es lo que cuenta fundamentalmente, como en Miguel Angel, que como asegura Taine "es en su propio genio y en su
propio corazón donde el gran hombre encontró sus tipos".
En toda obra de arte se ha de manifestar una cualidad esencial del objeto;
o hallar la esencia de los objetos es la finalidad del arte, o algo que destaca
sobre otras cualidades no esenciales. La pintura de los Países Bajos, de Italia o de España habrá de reflejar la esencia nacional de esos países.
Si el artista no sabe crear expresando el espíritu esencial de su arte, enton•
ces la imitación de la naturaleza será la de un copista o la d~ un obrero de las
formas naturales.
La arquitectura y la música se fundan en relaciones matemáticas, que el
artista puede combinar o modificar. El arquitecto busca las relaciones, las proporciones y las dependencias, calculando las resistencias de materiales. Y el
músico busca el enlace entre la melodía y la armonía, constituyendo las dos
partes esenciales de la música.
El arte como la ciencia buscan la expresión de causas superiores, con esta
diferencia: la ciencia busca causas y leyes fundamentales y las expresa en
fórmulas exactas y abstractas. Y el arte manifiesta -estas mismas causas y leyes de
la naturaleza, no solamente con la razón, sino con los sentidos y el corazón.
Taine define así la producción de la obra de arte: "está determinada por
115

�FILOSOFÍA ESTÉTICA DE

JosÉ

VASCONCELOS

un conjunto, formado por el estado general del espíritu y por las costumbres que le rodean".
Taine realiza un estudio psicológico e histórico de varios países de Europa
occidental para justificar la expresión de su arte. La agudeza y el talento de
observación nos hace justificar y hallar las excelencias de grandes artistas como Rembrandt, Rubens, Miguel Angel, Velázquez o Gaya; de grandes escritores que nos legaron la expresión de un carácter nacional, como la esencia
del arte, tales Cervantes, Moliere o Maquiavelo. Igual estudio realiza con
Grecia y Roma para justificar su arte magistral, de donde nos hemos alimentado toda la cultura de Europa y América. Y también para reconstruir el arte de los grandes artistas helenos nos hemos de apoyar en la historia cultural

de este pueblo.
El carácter esencial de los helenos sirve para explicar su arte, lo mismo que
el carácter esencial de los ingleses, de los españoles o de los alemanes justifica sus diferencias respectivas y la esencia de sus creaciones en la historia
del arte.
El ideal en el arte es formarse por el artista una idea del carácter esencial
que quiere expresar, y con la idea formada, transforma la realidad, aunque
la realidad objetiva sea la misma para todos, pero el arte opera el milagro de
transformarla. Igual es el hombre en su concepto natural en todos los países
del mismo origen, pero ese hombre es diferente señalando el carácter esencial
que el artista le imprimió.
Los ideales son diferentes para un italiano, para un español o un francés,
y esa diferencia quedará expresada en las artes.
Taine concluye diciendo que "las obras de artes son más bellas a medida
que el carácter se imprime y se exterioriza en ellas con más intensidad, dominando en la obra entera". Y que la obra llamada maestra "es aquella que
tiene la máxima potencia en su pleno desarrollo".
En la producción de la obra de arte hay un principio de excelencia en
que se logra expresar un carácter esencial y un principio de subordinación,
donde los caracteres no esenciales están subordinados a la idea más importante, donde se centra como en un núcleo de interés toda la explicación o
justificación de la obra realizada. O la presencia de efectos convergentes y di-

vergentes, dentro de la unidad general.
El estilo pertenece al talento del artista, aunque con el carácter formen un
todo indivisible, que sirven como referencia fundamental de una escuela de
arte.

La Estética
para José Vas canee¡os es una teona
, del conocimiento o una
,
onto:ogia. No __conocemos _al ser por medio de la abstracción aristotélica, ni
:º;di: ~aptacwn, de ~sencias husserlianas, ni por la razón cartesiana, ni por
.,
e la razo~ v_1tal;, el conocimiento se construye con lo heteroaéneo
0
val_iendose del_ a ~non estetico en unidades homogéneas, que se fundan en sín~
tesh1s de ~xpenencia sensible, de razón y de amor. y la verdad estética es una
co erencia de pensamiento , obtem·d a por coor d"macion
·' de conjuntos de hechos y de zonas del saber.
La. filosofía
, . to do cuanto existe
.
. . , se funda en
. ¡a armoma,
es un canto de amor
Y la mtu_ic1on sobre el ntmo pitagórico nos lleva al descubrimiento de las leyesy del
·
1 ntmo,
· como fundamento de la cualidad que en todas ¡as cosas existe
.. , a reahdad responde cuando se expresa según cualidad; tenemos la i~tmc1on de su presencia y el goce de su conocimiento
. José Vasconcelos
. escribió una Estética y una Sinfo nz'a com o ¡orma ¡·z1eraria antes de s~ f1losofí~ estética, incidiendo en que el conocimiento es la busca de_ una umdad de tipo armónico. Existe en nuestra conciencia un a priori
esp:cial: que llama el apriori estético y que actúa según cualquier realidad
segun ntmo, melodía y armonía.
'
· ¡a poe' Cita· al"dpoeta Elliot en
. su obra Los cuatro cuartetos, quien al def"mir
sia
comc1
e
con
la
tesis
estética
de
Vasconcelos
"un
esf
e
d
O
·' d
,
u rzo e um·¡·1cac10n e los elementos heterogéneos de la intuición".
La verd~~ es armonía y las distintas disciplinas del saber concurren a form,ar la estetica. Y que se logra en la unidad armónica de elementos heterogeneos por el método de la coordinación.
Cit,a .ª Eugenio D'Ors con el Secreto de la Filosofía, quien al dialoaar sobre
la mus1ca, nos dice: "cuya solución suprema no sea la anulacz"o'n d ¡
.·
¡ "d "d d •
e o vano
en a 1 enti a , smo su conciliación en la armonía".
En alg~na ocasi~n he escrito que la Filosofía racionalista en sus últimas
espe~ulac10nes tropieza con un muro infranqueable y vuelve a empezar su rcrazones que sobrepasen su limitación., Y en su esfrorndo,d buscando nuevas
,
u'2' rzo enodado, solo encuentra copias o réplicas de la misma reard d
entonces
la filosofía halla solamente dos caminos·. 0 se hace teol ogza
, o' se
a h, a-y
.
ce
lzteratura.
Por
eso
una
gran
parte
de
filósofos
escriben
co
¡
·
.
.
n un enguaJe
l1terano.
Aristóteles lla~aba a la fi~osofi~ "te~l~gike episteme". Vasconcelos adoptó
la postura del teologo y su filosofia estetica termina en teología.
, El filósofo racionalista que construye categorías de pensamiento, como Aristoteles, Kant, Hegel o Heidegger, levanta una entelequia de puros conceptos,
0

0

117
116

�se hace "aséptica" a los problemas del hombre vivo y tropieza en su evolución de pensamiento con el propio muro que ha creado con su~ redes conceptuales, sin dar solución al hombre integral, que es razón, sentimiento y sociología.
La filosofía idealista de Hegel encontró una reversión en categorías reales
de economía y política en su discípulo Carlos Marx.
O bien ante la imposibilidad de salvar el muro de la razón, nos refugiamos con Heidegger en la nada y en la angustia. O derivamos en teatro pornográfico como Sartre.
El filósofo racionalista necesita del arie fresco y húmedo de las ciencias sociales y de la naturaleza, y el hombre de ciencia necesita complementar lo
que sabe con justificaciones filosóficas.
Vasconcelos adoptó una actitud de aventura del pensamiento; trató de escapar de la filosofía abstracta, dando una explicación irracional del conocimiento.
En un principio, hablamos del ser de realidad y del ser de fabulación para
explicar la proyección estética del hombre. V asconcelos fue un creador de
filosofía poética. Por el método de coordinación de con juntos imaginamos una
síntesis y nuestra intuición con el a priori estético nos la ofrece.
Vasconcelos no se resignaba con el conocimiento abstracto y quiso salvar el
muro con el que nos encontramos al final de toda especulación. Quería encontrar una nueva dimensión de realidad y de pensamiento para crear una
nueva filosofía o una nueva ciencia.
Ante la ausencia de una solución, nos propuso una intuición poética. Y es
que el misterio o la limitación nos ronda y nos constituye. ¿Cuál es el origen del
hombre? ¿ Cómo es su constitución espiritual? ¿ Cuál es su destino después de
la muerte? ¿ Cómo llegar a la evidencia del conocimiento? Las contestaciones de la filosofía racionalista son conjeturas intelectuales, pero nada prueban en un orden científico suficiente. Entonces la filosofía racional se hace
irracional, formando la teodicea o pruebas racionales de lo que por naturaleza no es racional. Y se constituye con la teología negativa en una pura argumentación en el misterio. La palabra "mistor" en hebreo y "misterium"
en latín, significan lo que se esconde u oculta.
Nos movemos y somos seres de tres dimensiones de tiempo y espacio y como
nuestra razón es de tres dimensiones, todo lo que imaginamos más allá serán
conjeturas de la mente; nuestra constitución racional tiene los mismos límites
de su propia naturaleza. Unicamente las creaciones de la estética en el sistema de las artes podrían damos otra dimensión espiritual que fuese superior
a las tres dimensiones conocidas. Tal vez podríamos llamarla como Leonardo
de Vinci "el éxtasis tetradimensional de las figuras".
118

Lo que llamamos revelación superior del arte tal vez sea como un fulgor
un destello de una cuarta dimensión de espíritu expresable con los medios
de los que disponemos. Y que correspondería co~ la misma idea expresada
por _San Pablo el apóstol, en su Epístola a los Efesios, 111, 17-18: "Para que
an:aigados Y fundados en el amor, podáis comprender con todos los santos,
cual sea la anchura, y longura, y altura, y profundidad".
¿Q~é sería la cuarta dimensión en lenguaje inteligible para los humanos?
El umverso y el conocimiento humanos son de tres dimensiones. La geomet~ía de_ ~uclides_ Y 1~ física de la energía son de tres dimensiones. La cuarta
di_mension de Emstem se llama tiempo. O la coordenada de la duración. El
numero Y la medida del movimiento, según el concepto de antes y después
como definía Aristóteles el tiempo.
'
La c~arta dimensión sería esta fijación de límites entre antes y después, en
un~ ~mdad, que no conocería el primero y el último. Sería tal vez el a priori
estehco de Vasconcelos, coordinando conjuntos en ritmo, melodía, armonía
contrapunto.
y
La prim:;a condició~ ~el movimiento creador es el ritmo, y éste es un modo_ de ~c1on y conoc1m1ento. El ritmo y la armonía se manifiestan en la
ex1stenc1a como color y sonido. El desarrollo general de todos los fenómenos
obedece a combinaciones rítmicas y melódicas.
Bergson lo señaló también en su estudio sobre la duración : "La sucesión de
nuestros estados de conciencia se unifican, cuando no establecemos una separación entre el estado presente y los estados anteriores, lo mismo que cuando recordamos juntas las notas de una melodía".
La organización rítmica del conjunto es la que nos advierte de la presencia de la calidad, que es el conocer por excelencia.
Amar al mundo es acomodarse a su armonía; no se trata de comumar reglas universales, como Kant, sino realizar arquetipos vivientes, como el amante, el héroe o el santo. Y la Estética se logra por composición de los artistas
en las diferentes artes.
La obra estética se logra con el poema del poeta, la tela pintada de un
pintor o con el secreto de armonía de la naturaleza que logra expresar un
compos'.tº~· Es, ~na unidad. operante que coordina las ~artes heterogéneas por
el a pnon estetico. Coordmar es en el fondo armomzar y los instrumentos
del conocer son el ritmo, la melodía y la armonía y los frutos son el poema
la pintura y la sinfonía.
'
La verdad no es lógica de premisas y conclusiones, sino un proceso de
coordinación funcional vivo e inteligente; la conciencia establece la coherencia y no el pensamiento.
El silencio es al sonido lo que la luz blanca es al color; el silencio es armo0

119

�nía y coherencia de todos los sonidos; todos los elementos de la naturaleza se
pueden manejar ordenadamente por el ritmo, melodía, armonía. y contrapunto. El a priori estético nos lleva a un modo de pensar por concierto o :onc_urrencia de intenciones y significaciones, que se organizan en la conc1encia.
Pensar es coordinar conjuntos.
El cosmos es un contrapunto de contenido universal; el todo no es el conjunto de las partes, sino el resultado de la interacción de partes o elementos
internos activos.
El Todo es un orden existencial de armonía y proporción, como el de los
colores y los sonidos, pero más variado. En la filosofí~ de _la coordinaci?n lo
que intentamos es captar la calidad de las cosas, una smtes1s d~ heterogeneos,
en la que tengan cabida la verdad dialéctica, la verdad expenmental Y una
nueva síntesis, propia de la conciencia, y la operación coordmadora es lo que

llamamos orden estético.
. .,
Vasconcelos partió de Empédocles, cuando afirmab~ que la combmac10n
de elementos es el secreto del ser, no intentando reducir la calidad . . , .
El filósofo ha de interpretar todas las expresiones: conceptual,_ p1ctonca,
musical, expresión sentimental o relaciones del ser con 1:uest:a vida. Y. ha
de lograr una síntesis superior que no puede .dársela la ~az~n.., .smo la conc1~~. con tres categorías: a priori mental racional; a pnon etico, por los JU1c1a,
., .
Teas·
cios de valor; a priori estético, que respande a las formas esteticas espec1 1 .
ritmo, melodía y contrapunto.
.
La coordinación nos permite concebir pasado, presente y ~uturo en s1mul•
taneidad de tiempo y conciencia. Esta definición nos perm1t~ pensar en la
cuarta dimensión que hemos señalado en razonamiento antenor.
El ser en sí es el alma en el gozo de sentirse llena y se sirve de distintos aparatos para el conocimiento: sensitivo, intelectual, ético, estético; todos operan
por medio de a prioris estéticos específicos.

idea panteísta, sino el princ1p10 que existe por sí mismo y que opera según
elemento trino, por el cual se comunica con todo lo creado, pero guardando
su aislamiento y su poder, del que dependen los demás seres.
Los entes pueden ser pensados, pero no son realidad existencial; sólo hay
entes encamados en un ser concreto y particular. El ente supremo es innece•
sario; es una idea ejemplar para sus creaciones.
Vasconcelos cita a Filolao en la justificación de la armonía : "La única ma.
nera de establecer unidad entre los disímiles, los heterogéneos, se encuentra
en el orden que nos ofrece la armonía".

LA

FILOSOFÍA COMO ARMONÍA Y COORDINACIÓN

La realidad es unificación o la unidad de los heterogéneos, o una coordina•
ción mental que une factores heterogéneos y conjuntos de relativa homoge.
neidad, como fruto de las ciencias particulares.
Pensamos en un objeto y separamos mentalmente lo que nos dice la física,
la química, la literatura. El filósofo relaciona y coordina todas estas esferas
distintas del conocimiento para lograr una síntesis, que no logra el lagos, sino
la armonía propia de la existencia. La verdad es una coordinación de con•
juntos.
En el paso del lagos a la armonía, la estética da una síntesis más completa
&lt;jue toda síntesis lógica. La verdad no es la reducción de lo particular a lo
general, sino el sistema de coordinación de valores, que sin reducirse unos a
otros, se ligan por la vida y la acción, dando una existencia como armonía.
En la esencia misma del ser encontramos el acierto de la existencia, engen.
&lt;lrando júbilo y sentimiento de vida, que el hombre descubre en la totalidad de sus facultades. Y estas facultades son tres: el himno de la juventud,
la sinfonía de la madurez y las letanías de la vejez.

Existen cuatro categoría del ser:
a) una estructura, dentro de la cual opera u~.. i~pu~~' un.a e~ergía ani•
macla de propósito, tendente a mantener una acc1on md1viduahsta . el átomo.
b) una célula orgánica que posee estructura y fuer-ta anima~ora, qu~, tien•
de a realizar propósitos, no dispersos, sino encaminados a la mtegrac1on de
un organismo.
· ·a hecha de diversas estructuras mentales, emocionales, co·
c) una conc1enc1
.
.,
· d de un modo coherente a la mtegrac10n
ordinativas O estéticas, encamina a
de una persona.
d) la Persona divina, que no es la suma de las partes del Todo, según la

TESIS ORIGINALES EN OPINIÓN DE

V ASCONCELOS

A) La teoría del a priori estético. El fenómeno de la belleza obedece a las
formas específicas de ritmo, melodía, armonía y contrapunto. Son formas in•
dependientes de las formas lógicas aristotélicas. Aquí queda cifrado el problema de conocer y ser, que se resuelve por la Estética y por el a priori lla~
mado estético.
B) La teoría de la coordinación, que tiene su antecedente en Empédo-

121
120

•

�eles. La verdad no es reducir los conceptos o términos, cada vez más generales, dando sólo abstracciones. La verdad es coordinar los factores heterogéneos del espíritu. Al estudiar los colores del espectro no nos interesa reducir
todos los colores a uno, o color blanco, sino conservar la variedad de los matices para pensarlos en conjunto, tal y como los da la naturalezaj es como una
sinfonía orquestal, en que cada instrumento tenga su intervención peculiar,
sin anularse ninguno y dando en el conjunto una unidad musical.
C) La filosofía es el paso del logos a la armonía, o tendencia hacia la estética y queda explicado en el a priori estético.
D) La esencia del ser es la alegría de existir, o júbilo y sentimiento de la
vida de la existencia humana, en las tres etapas señaladas de juventud, madurez y vejez.
E) Culminación en San Pablo. Conocemos por todos los medios ordinarios de los sentidos, los instintos y la inteligencia. La inteligencia Investiga y
sólo encuentra su igual, su copia o su reflejo de cuanto la rodea. Además de
la inteligencia obra el ser. La inteligencia mide al ser, pero esta medida no
explica las intenciones del existir. La imaginación se hace aliada de la inteligencia; investiga y a veces yerra, aliándose con sus propias sombras. La imaginación descubre al ser en sus diversas zonas, las halla y las organiza en
amor, por melodía y simpatía La ciencia cristiana es orden estético y conduce al amor.

ESTÉTICA DE LA NOVELA

La estética de la novela consistirá en la creaci6n de personajes con un carácter O con una acción bellos, en contraste con personajes opuestos donde
se dé la fealdad de su carácter o de su acción. Por eso en el lenguaje habitual se dice es "una bella persona" o es "un hombre malo". Se emplea además el término "bonito" o "lindo" para designar un carácter bello, o un
modo de ser o comportarse.
La estética de Dulcinea del Toboso consiste en que su hermosura está idealizada por Don Quijote y el lector se la imagina tan bella como Ceivantes,
aunque nunca se dio en la realidad. Otras veces se da el objeto bello en una
criatura real O imaginada como real: tal el caso de Ofelia, el amor de Hamlet.
El objeto bello se encuentra en el argumento de la novela o de un libro. Los
actos morales son bellos, aunque la belleza sea invisible a nuestros ojos, perovisibles en la persona que los ejecutó, en quien se da la belleza moral.

122

La novela ejerce una gran influencia social. El elogio de un ethos bello es
ejemplar, inclinando a los lectores a tomarlo como paradigma de conducta. Y
lo mismo en el cine, que son novelas con los recursos de la fotoarafía, del valor
de las imágenes en movimiento, de la mímica, de la gesticula;ión o de la expresión de los personajes.
~~contram~s objetos .bellos en las novelas de Bruno Traven, el escritor enigmatlco. Su acierto consiste en hallar categorías estéticas y morales en personajes ~nónimos_ del puebl~ mexicano, adquiriendo validez argumentativa por su
caracter nac10nal; los tipos creados pueden encontrarse en todos O en cada
uno de los actores de la vida mexicanaj tipos humanos en la revolución de
~é~i~o, mostrando sus anhelos de justicia social, en contraste con la injusticia
md1v1dual o colectiva, encarnados en los ejemplos novelados.
O l~s humanidades indí.genas de carácter poético, idealista: como aquellos
marav1llosos relatos contemdos en su Canasta de Cuentos Mexicanos.
Hay objeto bello novelable en Carlota-Amalia, la mujer de Ma'&lt;imiliano,
hermosa en la realidad, pero más hermosa por estar idealizada sentimentalmente ante su viudez trágica. Y hay belleza en la actitud de Juárez, llamado
el impasible, al tomar decisiones históricas para salvar a México de la invasión francesa. Y hay belleza en todos los ejemplos novelados de los grandes
personajes de ficción, encamados a veces en la realidad histórica O en la realidad anónima, al presentar actitudes bellas. La Comedia Humana de Balzac, las almas endemoniadas de Dostoievski o de Gogol, las novelas o los
episodios nacionales de Galdós, las novelas ejemplares de Ceivantes, las biografías de Coriolano o de Julio César, la literatura de imaginación como los
viajes de Gulliver o los cuentos de Andersen; en todos podemos encontrar
objetos bellos, enriqueciendo la constelación de valores estéticos.

MANUEL KANT Y LA ESTÉTICA KANTIANA

Alemania ha logrado desde los últimos años del siglo XVIII un mayor y
sistemático desarrollo de la filosofía del arte. En otros países se han creado
ideas aisladas, pero hay que reconocer que la ciencia estética tiene en lengua
alemana su mayor expresión. Adoptamos en gran parte la exégesis critica de
M. Menéndez Pelayo.
Así como en la antigüedad toda poesía procede de Homero, en el mundo
moderno toda filosofía procede de Kant: el idealismo y el materialismo encuentran recursos para sus respectivas posiciones en la Crítica de la razón
pura, publicada por vez primera en el año 1787 y reimpresa con muchas alteraciones.

123

�Lo que llama Kant Estética trascendental no es otra cosa que 103 elementos a priori que contienen la sensibilidad, o las formas en que necesaria y fatalmente se van encerrando las sensaciones. Estas dos formas son el espacio
y el tiempo. No son sustancias ni modos de la sustancia, sino condiciones subjetivas, que poseen lo que llama Kant una realidad empírica o una idealidad
trascendental. La una y la otra son la base de los conocimientos sintéticos a
priori. Así la geometría parte de la idea del espacio y la mecánica de la idea
del tiempo.
La sensibilidad contiene formas subjetivas, en las cuales se amoldan las sensaciones, y el entendimiento tiene elementos puros a priori, que estudia Kant
en su Analítica trascendental, tomando como base la clasificación Je los juicios. A las formas del juicio y del entendimiento llama Kant categorías y
que reduce a cuatro: cantidad, cualidad, relación y modalidad.
Las categorías son conceptos a priori o formas puras del entendimiento. El
tiempo une estas categorías a los fenómenos y hace posible su aplicación en
forma de esquemas o representaciones sintéticas de carácter general. Hay
tantos esquemas como categorías. Las categorías y las formas de la intuición
sensible no tienen para Kant valor objetivo. La crítica kantiana no responde de la cosa en sí o del noumeno, siempre incognoscible. Parte por eso simplemente del fenómeno. No responde de la unidad de la conciencia, o de lo
que llama unidad primitiva sintética de la apercepción.
La Estética trascendental sólo puede decimos: de esta forma nos representamos los objetos.
Y lo que la Analítica trascendental nos enseña es la manera como pensamos los objetos de la intuición.
Las categorías son por sí puras formas lógicas y el noúmeno no puede salir
nunca de la posibilidad, no siendo objeto de intuición, sino una hipótesis del
entendimiento. La intuición no da de sí más que fenómenos, y cuando de estos fenómenos se quiere pasar a los noúmenos, es un verdadero vicio de tránsito, que Kant llama anfibolis, confundiendo lo empírico con lo trascendental.
Kant hace el estudio de la razón como facultad superior y es lo que llama
la dialéctica trascendental. La razón reduce a unidad los conceptos intelectuales, y el entendimiento reduce a unidad las representaciones sensibles.
Lo que hace la sensibilidad por medio de la intuición y lo que hace el entendimiento por medio de las categorías, lo completa y perfecciona la razón
como facultad superior por medio de los elementos a priori que tiene en su
constitución. Y estos elementos a priori son las ideas.
El entendimiento tiene la facultad de juzgar y la razón la facultad de razonar, o deducciones de lo particular a Jo general y de Jo general a lo absoluto y a lo incondicionado.

124

de. la razón
p ura son t res, que K ant saca d e Jo~ Ju1c1os
· · · categórico,
·
. Las, ideas
.
.
hipotetico Y disyuntivo: el yo o sujeto que piensa; el mundo, o la unidad absoluta de la serie de condiciones de los fenómenos. Dios es la unidad absoluta de
_condiciones de todos los objetos del pensar, la condición suprema de
la pos1b1hdad de todo lo que puede ser pensado.
EStas tres ideas forman la base de una ciencia diferente: Psicoloaía Cosmología, Teo!ogía, Ciencias trascendentales del alma, del mundo y
Dios.
Pero estas ideas ~o tienen para Kant ningún valor objetivo, como no Jo tienen l~s representaciones sensibles ni los conceptos intelectuales. A los ojos de
la r~on pura, la Cosmología, la Psicología y la Teología son una serie de paralog1smos y antinomias insolubles.
La_ ra,zó? no puede afirmar ni negar nada del yo, del mundo, ni de Dios.
La d1alect1ca trascendental es un remedio contra las ilusiones naturales O fatales_ ~e la raz~n pura., P~ra Kant tiene el mismo valor el dogmatismo y el
empmsmo y Dios estana siempre en la región de lo ideal, si no fuese por la
prueba moral en la que. Kant f~ndamenta la "Crítica de la razón práctica",
como un postulado del imperativo categórico para regir los actos humanos.
En la "Crítica del juicio", se halla desarrollada su doctrina estética.
Kan_t _quería l!~rar su juicio de todo empirismo, aunque empezando por ser
un ~stetico empmco. A~tes de haber publicado su Crítica del juicio, se Je conoc1an ~lgunas observaciones sobre el sentimiento de lo bello y de lo sublime.
Menendez Pelayo, al que seguimos en sus comentarios sobre el kantismo
asegura ~u~ . esas observ~ciones están llenas de subjetivismo y relativismo'.
Y un subJetiv1smo sensualista, que no es el idealismo kantiano que conocemos
~as varias sensaciones de placer y dolor no dependen de cualidades de lo~
objetos externos, sino del propio sentido de cada hombre; que sohre gusto
no hay discusión, porque a unos agrada lo que a otros fastidia.
s
Este senti~o que llama animal, es. el que Kant estudia, rechazando el placer
que se expenmenta en la alta contemplación de las verdades científicas.
_N~ investiga la esencia de lo bello y de lo sublime sino que se limita a descnpc1ones por sus _efectos.. Divide lo sublime en terrible, generoso y magnífico,
y cree que lo subirme es inseparable de la grandeza; en cambio Jo bello puede darse en objetos de reducidas dimensiones. La nota de lo bello es Ja simplicidad. En arte, la tragedia es el campo de lo sublime y la comedia de Jo
bello.
Hay una especie de sublimidad a los ojos del gusto animal, no de! Ja razón
incluso en pasiones viciosas, como la iracundia y la venganza, y hay ciert~
especie de belleza en la astucia criminal.
Expone la doctrina de los temperamentos, dando al melancólico el sentido
de la sublimidad y al sanguíneo el sentido de la belleza.

!~

d;

125

�Kant atribuye a los españoles y a los ingleses el sentido de lo sublime, y el
sentido de lo bello, a los italianos y franceses.
La Crítica del juicio, publicada en 1790, supera estas observaciones ligeras
sobre lo sublime y lo bello.
En la Crítica del juicio pretende resolver la antinomia entre el concepto
de la naturaleza y el concepto de la libertad, que da lugar a la Filosofía teorética y a la práctica.
La Crítica del juicio se divide en dos partes: Crítica del juicio estético y
Crítica del juicio teleológico.
La "Crítica del juicio estético" está dividida en dos partes: una analítica
y otra dialéctica. La analítica comprende el análisis de lo bello y el análisis
de lo sublime.
El juicio del gusto, como todo juicio puede ser considerado en las cuatro
categorías de cantidad, cualidad, relación y modalidad. Son momentos del
juicio la aplicación sucesiva de estas categorías.
En la categoría de la cualidad, se conoce el juicio del gusto por su carácter desinteresado, no solamente porque no despierta en nosotros idea alguna
de poseer el objeto, sino porque no nos preocupamos de su existí!ncia real,
preocupándonos tan sólo por el puro placer de la representación. Se distingue el placer de lo bello de lo agradable, que no es placer contemplativo,
sino sensual, y del placer de lo bueno que es siempre un concepto racional,
bien sea útil, o bueno en relación de algo, o bueno intrínsecamente y per se.
Para tener una idea de lo bueno, es necesario tener algún concepto del mismo,
Jo que no sucede para considerar lo bello. Las flores, la jardinería, las artes
ornamentales, no tienen sentido racional ni dependen de ningún concepto, y
nos producen agrado. Nuestro juicio del gusto no es de conocimiento, ni teórico ni práctico. Lo que es agradable es común a todos los animales y lo bello es exclusivo del hombre; lo que es bueno tiene referencia a toda naturaleza y a toda razón posible, y en cambio, el placer de lo bello puede llamarse libre, puesto que no hay en él ningún interés, ni sensual ni racional.
En la categoría de la cantidad, dice Kant que lo bello es lo que agrada
universalmente y sin concepto. El concepto depende del agrado universal, o
de su carácter desinteresado, puesto que no existiendo un interés particular
del sujeto, no podrá el contemplador suponer otra cosa que el objeto bello
producirá en otros los mismos efectos que en él ha producido.
Este juicio, aunque sea estético, tomará apariencia de lógico, y tendrá universalidad, aunque sea subjetiva, sin un consentimiento racional, pero con
un asentimiento instintivo.
Lo agradable es particular y relativo, y es al gusto al que se refiere el proverbio "sobre gustos no hay nada escrito". Lo bello eleva siempre el signo

d_e univ,ersalidad, aunque los Jºuicios estéticos no tengan como cantidad lógica m~s _va~~r que el de juicios singulares.
~a :1st1~c1on e~t_re el valor lógico y el estético hay que tomarla en cuenta
en a octrma estehca de Kant. En el orden lógico, en la relación de los conceplltos,Lnodpu_ede haber razón ni regla alguna que obligue a declarar una cosa
b e a. o. ec1mos por una acePt ac1on
· , universal,
·
en que no interviene la razón
1
bl:ntervi~n: : juicio, po~que de lo contrario lo bello sería más bien agrada~
· ESt e Juicio es espontaneo Y no puede separarse de la impresión efectiva·
:l pl_acer que experimentamos en la contemplación de la belleza nace del ti~
. , cono.re .Juego de .nuestras. facultades cognoscitivas, no reduc1"das a nmgun
c_imiento
particular, smo a representaciones del conoc1·m1·ento genera1 y exisd
t1en
armó~ica independencia entre la fantasía y el entendimiento; este
placer es universalmente comunicable.

°

~n la_categoría de relación, lo bello nos parece como la forma final de un
obJeto sm representación de fin, o como una finalidad sin fin.
En la doctrina kantiana se entiende por fin el objeto de un concepto en
tanb_tot que este concepto es considerado como razón real de la posibilidad' del
O Je O.

La causalidad de cualquier concepto con relación a su objeto es Jo que
llamamos forma final.
'
. ,El j~icio del gu~to, que no tiene ~~r fundamento un particular fin subjeti, o, ni tampoco nm~una representac10n determinada de un fin objetivo, como,:¡ con~epto del bien, porque no es un juicio de conocimiento, ~ino juicio
:stet1co, ni envuelve conc~pto alguno de la cualidad, ni de las posibilidades
1~ternas _Y externas del obJeto, dependiendo únicamente de la relación armómea y hbre de nue,stras facultades representativas entre sí, no puede tener
por fundamento mas que una forma final subjetiva sin fin particular ·
. .
. b" .
'
' n1
subJet1vo m o Jetlvo; una pura forma que tiene su fin en la misma representación.
. ~a concienci~ d~ esta finalidad sin fin en la acción de las fuerzas cognosc1tlvas, 1~ conc1enc1a de esta causalidad interna es lo que constituye el placer estético, que puede ir unido y mezclado a otros placeres más O menos
puros, pero que en su esencia excluye todo movimiento interesado.
Los juicios estéticos, igual que los lógicos, pueden dividirse en empíricos y
puros.
Los empíricos son los que añaden al objeto la calificación de agradable 0
desagradable; y son puros los que sólo dicen del objeto su belleza.
Los empíricos son los juicios de los sentidos o juicios materiales estéticos•
los juicios puros son los juicios formales o los juicios propios del gusto. El

127
126

�del gusto es gusto cuando no se le mezcla ningún elemento de complacencia empírica.
El puritanismo idealista de Kant le lleva a considerar como elementos verdaderamente estéticos a la línea, al trazado, al dibujo, a la figura, negando
que la sensación del color ni la del sonido puedan ser _estéticas por s~ solas.
Los colores y los sonidos son bellos en cuanto se les considera puros Y simples.
La pureza y simplicidad es lo único que los saca de la pura sen~a:ión Y les.
da un valor formal. Los colores mixtos los excluye Kant de la Estetica.
El juicio estético puro está también totalmente libre y vacío de la repre-·
sentación del bien y del concepto de la perfección. El bien supone una forma
final objetiva, 0 una relación del objeto a un fin determinado. Esta forma
final puede ser de utilidad o externa y de perfe;ción o intc'.7'ª· La perfeccwn se acerca más al predicado de la belleza. As1 algunos filosofo, han definido la belleza como una perfección confusa.
Kant distingue1los dos conceptos, fundándose en que es imposible pensar en
una forma de la perfección, sin materia ni concepto alguno.
Para juzuar una forma final objetiva, se requiere el concepto del bien; y
si se trata bde la perfección, que es forma final interna, el concepto de un

JU1C10

fin interno.
La razón determinante del juicio estético no puede ser un concepto Y menos el concepto de un fin determinado. El juicio estético es_ irreductible y no
nos da el menor conocimiento ni confuso ni distinto del obJeto, el que se conoce solamente por el juicio lógico.
.
.
.
La facultad de los conceptos confusos o distintos es la mtehgencia, no como facultad de conocer, sino como sentido íntimo de la armonía de las potencias del alma.
Kant distingue dos géneros de belleza. Lo que llama belleza libre y lo que
se llama belleza adherente; esta belleza última es la que va mezclada con el
concepto de perfección o de fin particular.
La belleza libre pertenece al juicio estético puro.
Si se mezclan estos dos conceptos de belleza, la libre y la adherente, da lugar a muchas contradicciones sobre el gusto.
Ahora bien, no puede haber para el gusto una regla obje'.iva y_ derivada
de conceptos intelectuales. Por eso es inútil buscar un cnteno umversal de
lo bello.
Existe un ejemplar O un prototipo ejemplar de belleza. Pero este ideal de
belleza no depende de la razón, sino de la fantasía, ~i puede aplicarse a. la
belleza libre, sino a la belleza adherente, que cae baJo el donumo de la inteligencia.
Nadie habla del ideal de las flores. El hombre es el único que contiene en

sí mismo el fin de su existencia, y puede proponerse por la razón sus propios
fines. Si los toma de la percepción externa, ha de compararlos con los fines
esenciales y universales, juzgando estéticamente de su armonía y puede ser
así ideal de perlección, porque de todas las cosas existentes en el mundo, sólo
hay una capaz de perfección ideal y es la inteligencia humana.
Manuel Kant se olvida aquí de todo el sentido de la crítica del juicio, en
opinión de Menéndez Pelayo, al que seguimos glosando casi literalmente en
sus conceptos. Y dice que Kant está dominado por su propensión ética, haciendo consistir el ideal humano, o el único ideal que reconoce, en la fuerza
expresiva de las ideas morales, que internamente dominan al hombre.
De esta forma su teoría de lal finalidad sin fin y la Crítica de la razón práctica se internan en el domino de la Crítica del juicio.
En la categoría de la modalidad para considerar el juicio del gusto, dice
que el juicio del gusto es necesario, pero con cierto género de necesidad peculiar, no con necesidad teórica objetiva, ni con necesidad práctica, sino con
necesidad hipotética y subjetiva, fundada en cierto sentido común a todos los
hombres, obligándoles a suponer que la satisfacción que ellos expi;:rimentan
al contemplar el objeto bello, deben sentirla por igual todos sus semejantes.
Este sentido común no es para Kant ninguno de los sentidos exte1nos, sino
un efecto de la libre acción de nuestras facultades de conocer.
Al análi,sis de lo bello sigue el análisis de lo sublime. Coinciden lo bello y
lo sublime en agradar por sí mismos; convienen en no ser objeto de un juicio
empírico ni de un juicio lógico, sino ·de un juicio de reflexión. Coinciden en
originarse el placer que producen del acuerdo entre la facultad de exhibición,
o de la fantasía, y el entendimiento; también coinciden en que siendo singulares sus juicios, adoptan un valor universal. Y finalmente en que no traen
ningún conocimiento del objeto contemplado.
Hemos señalado las semejanzas de todo juicio estético, y ahora señalamos
las diferencias.
Lo bello tiene relación con la forma final del objeto. Lo sublime reclama
un objeto destituido de toda forma, en el cual pueda representarse lo infinito.
Si lo bello puede considerarse como la exhibición de un concepto intelectual indeterminado, lo sublime es la exhibición de un concepto racional jndeterminado.
Lo bello y lo sublime son diferentes entre sí como el entendimiento y la
razón. La representación de lo bello es representación de cualidad, y la de
lo sublime es representación de cantidad.
El placer de lo bello lleva consigo una excitación suave y directa de las
fuerzas vitales, una manera de expansión.
Lo sublime por el contrario empieza con una suspensión momentánea de

129
128
H9

�estas fuerzas, a las que siguen una efusión mucho más intensa que la de lo
bello, por razón de tratarse de una cosa seria y no de un juego como en el
objeto bello.
El objeto bello atrae siempre. El objeto sublime nos repele a veces. Lo sublime es más que un placer positivo, una generación de admiración y respeto, o un placer negativo.
Ninguna cosa de la naturaleza puede ser sublime, aunque sí puede ser bella.
Y no puede ser sublime, porque lo sublime excluye la finalidad formal y no
puede estar contenido en ninguna apariencia subjetiva; tiene su origen en las
ideas de la razón, y especialmente en la idea de lo infinito.
Lo sublime es puramente subjetivo y no se le puede explicar por un principio de conveniencia natural; trasciende de toda finalidad y nos da una visión
anticipada de lo infinito.
La razón de la belleza natural debe buscarse fuera de nosotros y lo sublime
está en nuestro mundo interior. No es sublime el mar agitado por el temporal, pero lo son las ideas que despierta en nosotros. La idea de lo infinito
es la clave y la razón de lo sublime.
El juicio de lo sublime, como el juicio de lo bello, están sujetos a las cuatro categorías, y es universal, desinteresado, subjetivo y necesario.
Kant establece una distinción entre lo sublime matemático o de extensión,
y lo sublime dinámico o de fuerza y poder.
Define Kant lo sublime matemático como aquello que es absolutamente
grande, o aquello en comparación de lo cual todas las cosas parecen pequeñas. Y finalmente, aquello cuya sola concepción atestigua en el alma la presencia de una facultad que sobrepuja toda medida de los sentidos. Tal magnitud no se halla en la naturaleza, donde toda cantidad es relativa, sino en el
mundo de las ideas.
El efecto mayor de la idea de lo sublime depende del contraste y discordancia entre la magnitud, relativa y limitada, de todas las cosas del mundo
visible, y la facultad que nuestro espíritu posee de concebir la totalidad absoluta y suprasensible.
Así se explica la mezcla de dolor y placer, que es el signo del fenómeno de
lo sublime; es un dolor que nace de la impotencia de nuestra imaginación al
no poder alcanzar otra cosa que la cantidad limitada; o el placer que nos infunde la posesión de la idea de la cantidad sin límites, o tesoro inestimable
de nuestra razón.
Este género de sublimidad no es en rigor sublimidad matemática, dice Menéndez Pelayo. ¿Qué son las matemáticas, sino la ciencia del número o de la
cantidad relativa?
El alma oye dentro de sí la voz de la razón que reclama la cantidad uni-

versal, como fundamento de todas las cantidades que se pueden alcanzar y
de las que nunca serán alcanzadas. La exhibición de todos )os miembros de
una serie progresiva que crece hasta lo infinito; el infinito mismo, levantado
sobre t°?o sentido; la idea del noúmeno, a la cual ninguna visión alcanza, pero que sirve de sustrato a la visión de todo fenómeno o a la visión del mundo.
La razón que alcanza este infinito suprasensible, superando la medida de
toda facultad sensitiva, logra lo que llama Kant una amplificación del alma.
Ahí está verdaderamente lo sublime y no en los objetos de la naturaleza.
Por grande que sea la cantidad imaginada, siempre podemos llegar a cantidades mayores. Y siempre serán pequeñas en relación con las idc:as de la
razón.
En cuanto a lo sublime dinámico dice que es el sentimiento de una gran
fuerza natural que no tiene imperio sobre nosotros. Del contraste entre nuestra impotencia física y la conciencia de nuestra personalidad libre, o la conciencia de nuestro destino y de nuestra superioridad moral, que está fuera de
la naturaleza y sobre la naturaleza, nace esta especie de sublime, caracterizado por la contradicción y la lucha.
La naturaleza se considera como sublime en cuanto excita y despierta nuestras energías morales y levanta el ánimo a la consideración de nuestro sublime destino.
De estas condiciones de lo sublime depende el que sea de difícil ;1.cceso; el
que pocos hombres sean capaces de sentirlo y el que demande una cultura
mucho mayor, no sólo del juicio estético, sino de la facultad general de conocer.
Este análisis de lo bello y de lo sublime constituye la parte más sólida y
más original de la Crítica del juicio estético.
Kant deduce los juicios estéticos puros, refiriéndose solamente a lo bello
'
que es donde se descubre la finalidad, y no a lo sublime que carece de forma final.
El juicio del gusto es un juicio sintético a priori, ya que no se deriva de la
experiencia, ni es explicativo, sino extensivo. El elemento a priori que contiene es la universalidad del placer. Sería un juicio empírico, si nos limitamos a
decir que una cosa nos agrada; pasa a ser un juicio de anticipación, en cuanto
afirmamos que la cosa es bella y que necesariamente debe agradar a todos.
El placer es el elemento empírico; la necesidad postulada el elemento a priori. No implica esto nada sobre la realidad objetiva del concepto de belleza,
pero podemos pensar en todo hombre las mismas condiciones subjetivas que
en nosotros. La belleza sin intervención de concepto alguno, es esencialmente comunicable y un gran elemento de sociabilidad.
La Crítica del juicio no es una estética completa. Kant negó siempre la
posibilidad de una ciencia estética. No hay ni puede haber ciencia de lo be-

131
130

�llo, sino Crítica de lo bello. Si el juicio de lo bello fuese una ciencia, ¿ qué
valor tendría el juicio del gusto? En las Bellas artes cabe modalidad, pero no
es posible el método.
Kant habla de las Bellas Artes y de sus cultivadores con desdén, y los declara frívolos y poco apreciables bajo el aspecto moral; considera en cambio como indicio de un espíritu recto y sano el amor a las bellezas naturales, muy
superiores en su opinión a las bellezas artísticas, incluso por la fruición pura
que proporcionan y preparan para el sentido moral, al conducimos a un juicio teológico sobre la naturaleza. La contemplación de la naturaleza no se
considera desde un punto de vista estético, sino más bien como un estímulo
intelectual.
El desdén de Kant para los deleites estéticos, se ha reflejado en sus opiniones
sobre el arte. Distingue la ciencia como la facultad práctica de la teoría, y
la distingue del oficio, considerando a éste como el arte libre del arte mercenario.
Las artes se dividen en mecánicas y estéticas, y las estéticas en agradables y
bellas. El arte solo no podrá llamarse bello cuando tengamos conciencia de
que es arte y cuando no conserve ningún aparente vestigio de forma académica,
y no podamos pensar que las reglas han encadenado la fantasía del artista.
La forma artística debe ser final sin parecerlo.
La producción del arte es obra del ingenio, y el ingenio es una gracia de
la naturaleza, que no puede sustituirse con ningún talento de ejecución. El
ingenio es la verdadera fuente de los preceptos artísticos, y en esto se diferencian el arte y la ciencia.
El gusto es la facultad de juzgar, y el ingenio es la facultad de producir.
Pero la fantasía y la inteligencia forman el ingenio.
Para Kant es la poesía el arte de las artes, en la que cabe toda la inmensa
variedad y riqueza de las formas posibles.
La dialéctica del juicio estético se encierra en la solución de la antinomia
del gusto y que Kant formula así:
Tesis. El juicio del gusto no está fundado en conceptos, porque si estuviese,
se podría disputar o argumentar.
Antítesis. El juicio del gusto está fundado en conceptos, porque si no lo
estuviera, no se podría exigir la aceptación general de los demás hombres.
Kant resuelve esta antinomia con el mismo procedimiento que las antinomias de la razón pura teórica y de la razón práctica, recurriendo hipotéticamente a un sustrato suprasensible de los fenómenos, o a un noúmeno.
La palabra concepto se toma con un sentido en la tesis y con otro sentido
en la antítesis. La tesis y la antítesis son igualmente verdaderas, porque en la
tesis darnos a entender que el gusto no se apoya en conceptos determinados,

132

lo que es verdad; y en la antítesis afirmamos que depende de un concepto
indeterminado, de un elemento a priori, sin el que no podría tener valor
necesario. En la tesis se habla de un concepto intelectual, y en la antítesis
de un concepto trascendental y puro.
Con la presencia de este concepto, el juicio del gusto, que es singular, puede
pretender un valor universal.
No hay principio objetivo determinado del gusto, pero hay un principio subjetivo. O la idea indeterminada de lo suprasensible que existe en nosotros.
Si en lugar de basamos en este principio, explicásemos lo bello por lo
agradable, o por el principio de perfección, la antinomia sería insoluble, por
ser la tesis y la antítesis contradictorias. La idea estética es una idea no exponible, porque su fundamento excede a todo concepto intelectual.
Falta considerar cómo lo bello es símbolo de la moralidad. La belleza no
es símbolo del bien como una representación imaginativa del mismo contenido
que la idea del bien, sino como una intuición, que no por su contenido sino
por el procedimiento y la regla del juicio tiene alguna analogía con el concepto del bien.
En la doctrina de lo bello se ofrece un análisis del gusto o una psicología
estética. Pero no puede existir física estética cuando no hay fin estético, ni
filosofía del arte, cuando el arte no tiene conceptos determinados en qué
fundarse; ni metafísica de lo bello cuando en realidad toda metafísica es
una hipótesis gratuita y laboriosa de un noúmeno.
Menéndez Pelayo asegura que Kant anula la ciencia estética y al mismo
tiempo la levanta, estableciendo las futuras teorías de lo bello con una base
crítica y analítica, que establece la independencia de la crítica de su objeto,
poniendo a salvo los derechos del genio artístico, enfrente del criterio de
utilidad, del empirismo sensualista y de las intromisiones del criterio ético mal
entendido.

LA FILOSOFÍA ESTÉTICA DE HEGEL

Seguimos en el estudio de la estética de Hegel con las emeñanzas críticas y
expositivas de Menéndez Pelayo en su Historia de las ideas estéticas.
Podría caber una nueva actitud crítica frente a la obra de Hegel, pero esto
sería una salida impropia del fin propuesto en este trabajo.
Hegel representa uno de los grandes filósofos de la humanidad que surgió
de la filosofía de Fichte y de Schelling, de la tradición aristotélic:i o de la
tradición kantiana. Sus lecciones de Estética son un legado inapreciable a la
Historia de la cultura. No agota con este libro toda la ciencia r.stética, pero

133

�,1

sus fundamentos tienen una aspiración universal como toda su obra filosófica.
Puede decirse que la Estética es su obra mejor y más duradera, con indepen~
dencia esencial de su obra filosófica en su conjunto. El filósofo alemán Max
Schasler dio su opinión crítica: "La Estética de Hegel no sólo ofrece el primer
sistema completo de una Filosofía del arte, que por la profunda vitalidad de
la concepción, por la riqueza y variedad de las ideas que contiene, sobrepuja
a cuanto habían intentado los predecesores y contemporáneos de Hegel, sino
que hasta la hora presente, a pesar de todo lo que se ha trabajado para completarla y distribuir mejor sus partes principales, noi ha sido todavía superada".
Menéndez Pelayo asegura que la Estética de Hegel tiene la perpetua juventud de las obras del genio. Debiera llamarse Filosofía del arte, ya que
para ser Estética general le hace falta todavía mucho. La idea de lo bello, la
realización de lo bello en la naturaleza y la doctrina del ideal artístico han
quedado incompletas. La Estética de Hegel es admirable por ser una Estética
práctica, una Estética para los artistas compuesta por un hombre que no
era artista por la forma, pero sí por el pensamiento creador; que tenía el
gusto más exquisito y el conocimiento más profundo de la Historia y de la
técnica del arte. Sentía la belleza realizada por los grandes artistas en mármoles, en cuadros o en poemas y de ahl que su, obra tenga el valor de todo lo
vivo, sustancial y creador. Su discípulo Rosenkranz opinaba así, hablando
de Hegel: "identificarse con la vida espiritual de los pueblos y con su literatura en toda su extensión y hasta en sus producciones más insignificantes".
La Estética es un capitulo de la Filosofía del Espíritu, y así se explica la
rapidez con que trata el tema de lo bello en la naturaleza, considerando la
belleza artística muy superior a la belleza natural, porque surge directamente
del espíritu, que es siempre más elevado que la naturaleza. La hermosura del
mundo físico no tiene valor, sino como reflejo de la belleza del espíritu. No
hay belleza verdaderamente bella, sino en cuanto participa del espíritu o es
generada por el mismo.
El arte que estudia es el arte independiente y libre en su fin y en sus
medios, no el arte que siive en vano pasatiempo para la verdad práctica y
moral. La verdad que el arte manifiesta es de especie más alta; es un modo
de revelar lo divino a la conciencia, de expresar los intereses más profundos
de la vida y las más ricas intuiciones del espíritu. El arte no es la religión ni
la filosofía, pero cumple el mismo fin con diversos medios. El arte no es
tampoco una ilusión o vana apariencia, pues lo que en el arte llamamos apariencia o forma sensible es tan esencial como el fondo, y la verdad no existiría
si no apareciese o se manifestase.
Si calificamos de ilusorias las formas artísticas, podemos decir lo mismo
de los fenómenos de la naturaleza y de los actos de la vida humana, puesto

que más allá de todos estos objetos que percibimos por los sentidos y la conciencia, hemos de buscar la substancia y esencia de todas las cosas. El arte
libera de la imperfección de las pasiones y voluntades individuales, por una
forma más elevada y más pura, que es creación del espíritu; el mundo del arte
es más verdadero que el de la naturaleza y de la historia, pues con sus representaciones más expresivas tienen una perpetuidad que no alcanzan los seres
de la naturaleza.
La ciencia del arte se impone al artista en nuestros tiempos, considerando
como ciencia del arte una verdadera teoría, un organismo o un sistema.
El arte es obra del espíritu y debe ser estudiado como el espíritu mismo.
¿ Es lo bello un sentimiento, un goce, algo meramente subjetivo, o hay realidad
exterior que le corresponda?
El objeto de la ciencia ha de ser demostrado como necesario, y para hacer
esta demostración hay que acudir a un principio anterior, que está fuera del
dominio de la Estética, si se la considera aisladamente. Hay que aceptar la
idea del arte como una especie de lema o corolario, porque sólo en la exposición de toda la Filosofía cabe demostrar su naturaleza esencial y necesaria.
La Estética de Hegel no contiene una metafísica de lo bello. Hegel da por
sentada y supuesta la idea de lo bello y se limita a los principales aspectos con
que el sentido común suele representarse esta idea en el arte.
El genio, para producir algo substancial y perfecto, debe ser educado por
la experiencia de la vida y la reflexión, pues el conocimiento de las reglas del
arte no es bastan te.
El arte pertenece a la actividad práctica y no a la teórica o científica, aunque
el arte no se dirige exclusivamente a la sensibilidad del hombre: las sensaciones son subjetivas e individuales y por eso decimos sentimiento moral, sentimiento religioso, sentimiento de lo sublime.
En relación con los objetos exteriores, el arte ocupa un término medio entre
la percepción sensible y la abstracción racional. Lo que el arte ve en el objeto
no es ni su realidad material, ni la idea pura y general sino una apariencia
o imagen de la verdad, algo de ideal que en el objeto aparece. Crea imágenes
o apariencias destinadas a representar las ideas, a mostrar la verdad bajo
formas sensibles.
Hegel rechaza el sistema de la perfección moral, aunque el arte produce
efectos morales y eleva el pensamiento a una región ideal, presentando la
verdad bajo el velo de símbolos o figuras. Pero una cosa son los efectos del
arte y otra su fin.
Aunque exista armonía entre el arte, la religión y la moral, tienen sin embargo formas diversas de la verdad. El arte tiene sus leyes y sus procedimientos

135
134

�y no debe ofender al sentido moral, ya que el arte se dirige al sentido de
lo bello.
El bien es la armonia buscada, la belleza es la armonía realizada.
Lo bello es la esencia realizada o la actividad conforme a su fin, libre en
su armónico desarrollo. Representar la armonía, manifestar lo bello, es el fin
del arte.
Consiste la idea de lo bello en la unión y armonía de dos términos que se
presentan al pensamiento separados y opuestos: lo ideal y lo real, la idea y
la forma, cuya oposición es en el fondo, el problema capital de la Filosofía.
La más alta verdad en el arte consistirá en que el espíritu haya llegado a la
manera de ser que mejor convenga a la idea del espíritu.
Aquí radica el fundamento de las divisiones de la ciencia del arte, porque
~1 espíritu, antes cle alcanzar la verdadera idea de su esencia absoluta, tiene
-que recorrer una serie gradual de desarrollos internos, y a estas modificaciones
,corresponde una sucesión de formas artísticas, encadenadas entre sí por las
mismas leyes, mediante las cuales, el espíritu como artista, adquiere la conciencia de sí mismo.
Este desarrollo se puede considerar de dos maneras: como desarrollo general
de las faces del pensamiento en el mundo del arte, y como desarrollo en formas
sensibles de distinta naturaleza, de donde nacen las diversas artes.
Tres son las divisiones de la Estética: a) idea de lo bello en el arte, o sea
lo ideal; b) desarrollo de lo ideal en la Historia general del arte; e) sistema
de las artes particulares.
El primer apartado lo subdivide en otros tres: a) noc10n o idea abstracta
de la belleza; b) lo bello en la naturaleza; c) lo bello realizado en las obras
de arte.
Lo bello es la manifestación sensible de la idea, o la idea confundida con
su apariencia exterior. Lo sublime es una tentativa para expresar lo infinito
en lo finito, sin encontrar ninguna forma sensible que sea capaz de representarlo.
La belleza es la forma total, en tanto que revela la fuerza que la anima;
es la fuerza manifestada por un conjunto de formas, de movimientos independientes y libres; es la armonía interior y viviente que se descubre al¡ exterior.
La belleza física es reflejo de la belleza moral y las dos son expresiones de
la verdad in tema.
En la belleza artística hay que considerar tres aspectos: a) el ideal en sí
mismo; b) la determinación del ideal como obra de arte; c) las cualidades
del artista.
El fin del arte es representar lo real como verdadero, en conformidad con
la idea que ha llegado a la perfección de la existencia reflexiva. El ideal es
136

una especie de purificación para salvar las limitaciones de lo accidental o
&lt;le lo externo.
Schiller había dicho: "Lo serio es propio de la vida; la serenidad pertenece
"Sólo al arte". Para Hegel, el llanto, como simple lamentación, no cabe en
el arte.
Lessing pone el fin de las artes plásticas en la expresión de la hermosura
corpórea. Hegel quiere que por esta hermosura se transparente la superior
belleza de la Idea.
El artista debe gozar de facultades productoras, como imaginación, genio,
inspiración, diferenciando el genio y el talento, como la manera, el estilo y la
originalidad.
Tres son los momentos esenciales de la idea, que en el reino de la belleza
se traducen por tres formas particulares de arte, y_estas tres formas son: el
arte simbólico, el arte clásico y el arte romántico.
Hegel se inclina con amor por el desarrollo del ideal clásico, o el valor
estético de la concepción antropomórfica, o la serenidad inalterable de los
dioses inmortales.
El arte romántico, que es para Hegel el arte cristiano, se caracteriza por
el principio de la subjetividad infinita.
El arte clásico había sido la representación perfecta del ideal, el reino de
la belleza; nada más bello se ha visto ni se verá.

Pero hay algo todavía más elevado que la manifestación bella del espíritu
bajo la forma sensible, y es la conciencia que el espíritu adquiere de su na-

turaleza absoluta e infinita, llevando a la absoluta negación de todo lo finito
y particular. "La llama de la subjetividad devora todos los dioses del panteón
,clásico".
El arte romántico que así lo expresa es la historia íntima del alma. Como
ya no es la belleza el principio esencial, como lo era en el arte clásico, en
-que la belleza se define por la idea, el arte nuevo adquiere proporciones con

la expresión de lo real en sus imperfecciones y defectos. La estética de lo feo
es importante en el arte romántico, ya que no aspira a reproducir la belleza
-ideal en el reposo infinito sino que tiende a la expresión de la espiritualidad
pura e invisible. Si la escultura es el arte clásico por excelencia, la música y
la poesía lírica son artes románticas por excelencia. Se manifiestan en la

•epopeya y en el drama y en las creaciones de las artes figurativas, infundién·doles un sentimiento profundo.
Hegel en el sistema de las artes las clasifica en cinco: arquitectura o arte
·simbólico; escultura o arte clásico por excelencia; pintura, música y poesía
,como artes románticas.

137

�DIRECCIONES PRINCIPALES DE LA EsTÉTICA ACTUAL

La Estética puede ser considerada como ciencia normativa, o que formula
preceptos, o como descriptiva, que describa y explique el fenómeno estético.
Por eso señalamos la disyuntiva entre la Estética subjetiva psicológica y la
Estética objetiva no psicológica. Tomarnos de la Estética de Meumann.
La Estética como ciencia normativa es la que menos se tiene en cuenta en
la actualidad, y puede hacerse la siguiente pregunta: ¿es cometido de la
Estética formular leyes que tengan carácter de normas o de preceptos de
valor absoluto, o bien ha de renunciar la Estética a semejantes leyes, juzgando que su cometido principal es sólo la descripción y explicación de los
hechos estéticos?
Aceptando el primer criterio del carácter normativo de la Estética, habremos de considerar en el desarrollo de esas reglas o leyes con carácter de preceptos o normas, y si mantenemos el segundo criterio de la descripción y explicación de los hechos estéticos, podriamos hablar de leyes del agrado y del
juicio estético, de la cultura estética, considerándolas como leyes causales
que indiquen las condiciones del agrado, del juicio o de la, creación en el
orden estético; o la indicación de dichas condiciones o reglas normativas para la actitud estética, si tratamos de realizar algún fin estético.
Los partidarios de la Estética descriptiva y explicativa aseguran que si conocemos las condiciones que de hecho corresponden a la creación artística o
al juicio estético, con todo ello podremos fijar los preceptos que han de observarse para la realización de fines estéticos determinados. En cambio, las normas o preceptos especulativos suelen llevar carácter arbitrario si no brotan de
la investigación empírica de los hechos. Meumann sigue el punto de vista de la
Estética descriptiva y explicativa.
Teodoro Lipps ha estudiado la relación de las dos actitudes estéticas, o las
condiciones de la actitud estética y las que son preceptos o normas para la
misma.
Entre la Estética de la investigación de los hechos de lo bello y del arte y
la Estética como expresión de mandatos o normas, no hay propiamente oposición: la oposición entre estos dos cometidos de la Estética, el investigar lo
bello y el arte y el sentar normas o preceptos para ellos, la crean los partidarios de la Estética normativa de un modo artificial, al renunciar al estudio
de los hechos, considerándolos equivocadamente como superfluos para la obtención de las normas estéticas.
Los partidarios de la Estética normativa se mantienen en las ideas de la
doctrina kantiana del juicio estético como juicio especial del gusto, que no
138

se puede explicar más y que radica en la constitución original de nuestro
espíritu.
Sigue este criterio entre otros Jonas Cohn en su Estética corno ci~ncia crítica del valor.
_ Todo juicio del valor lleva consigo tres cosas: a) tiene que darse algo estimado como valor sobre lo cual se juzga; b) el juicio expresa determinada
clase de va!or, y el valor estético ha de distinguirse de los otros valores por
notas especiales; c) a todo juicio compete una validez determinada y se impone el s_eñalar la especie de validez que a lo estético compete.
Lo e~tm~ado estéticamente como valor, lo señala Cohn por intuición, con
~o que md1c~ ~e modo especial lo inmediato del juicio estético; todo lo que
~uzg~os esteticamente, obras de arte y objetos naturales, posee carácter de
mt~ble y no de conceptual abstracto. El valor estético es intensivo, no consecutivo. Lo _bello es valioso por sí mismo, porque no sirve para otro valor, ni
para otro fm que no sea el estético.
~l juicio estético tiene carácter de postulado, con lo que se pretende que la
valrdez de un juicio estético, como esto es bello, esto es sublime esto es cómico, significa otro sentido que la afirmación esto es verdader;
_La v~:dad la ha de reconocer todo hombre que piense, y en cambio, Ja
af1r~ac1on -~sto es, ?ello o cómico, significa para los otros que juzgan como
una 1mpre-s1on estetica con pretención de validez para el que juzga sin que
otros la reconozcan igual.
'
Para_ Cohn toda la Estética se considera como una Lógica del juicio del
g~s.to, mcluyendo la ciencia normativa de valor y excluyendo todo lo psicologico.
. Meumann se pregunta si la Estética es una ciencia con unidad O si más
~1en se ::ata de investigaciones aisladas de clase diferente y com;letamente
sm rel_ac1on entre sí. Y se contesta que la Estética si ha de corresponder a su
cometido ha de extenderse a cuatro diferentes puntos: a) La Estética tiene
el ~eber de an~lizar p~icológicamente el agrado o placer estético y explicarlo
s:~un su~ co_n~1c10nes mtemas y externas, formando lo que se llamaría la Estetica ps1colog1ca; b) la Estética ha de ofrecer a la vez una teoría de la creacmn artística, analizada psicológicamente, estudiando sus condiciones individual:s y sociale~ y tratando de descubrir su origen en la especie humana 0
sus pnmeros comienzos y las relaciones primitivas del arte y de la cultura del
hombre; c) la Estética. como ciencia objetiva ha de estudiar el arte y el sistema de las artes particulares, con las diferentes obras artísticas sus cualidades, su~ medios artísticos específicos, sus leyes, su técnica, y den~ro de cada
arte, .particular, el sistema de sus formas fundamentales·, d) la mves
·
t"1gac:1on
·,
estetlca se ha de extender al campo cle 1a cultura estética. Nuestro instinto
139

�estético no se manifiesta sólo en crear obras de arte, sino haciendo penetrar
Jo estético en todo nuestro ser y trabajando para volver artística su forma exterior. Por eso dotamos a nuestro cuerpo, a nuestro traje, a nuestros instrumentos y objetos de uso, y al conjunto de nuestras condiciones externas de
vida, de vestidura estética o de bella forma.
Meumann se pregunta otra vez, si no es posible una Estética filosófica, en
el sentido de un sistema general de juicios y conceptos estéticos, o una metafísica de lo bello. Y se contesta: una Estética filosófica sólo será posible
sobre la base de una Estética empírica.

TEODORO LIPPS O UNA ESTÉTICA DE PROYECCIÓN SENTIMENTAL

El agrado estético no se refiere sólo a la proyección sentimental, sino que
establece también ciertos principios formales generales estéticos, tales como el
de la unidad en la variedad, que saca de la naturaleza del alma. Y esta naturaleza anímica no es otra cosa que la regularidad de los hechos psíquicos.
La proyección sentimental es un proceso general que no se presenta sólo
en el agrado estético. Por eso distingue entre la proyección sentimental práctica y la estética. La primera acompaña todas nuestras percepciones; no podemos contemplar gestos o movimientos de otro hombre, sin añadirles con el
pensamiento estados internos, cuya expresión nos semejan. Estos estados internos hacen que la proyección sentimental se vuelva proyección sentimental simpática, y ésta posee una significación general : en ella radica toda simpatía moral hacia otros hombres. Pero la proyección es siempre imperlectamente simpática, porque pueden limitarla demasiadas circunstancias turbadoras. Sólo la proyección sentimental estética es completa y perfecta; sólo el
arte puede proporcionarla y el hacerlo es su propio cometido.
Lipps ha mostrado por qué el arte hace posible la proyección sentimental
perfecta.
Si vemos representado en un cuadro a un hombre colérico, la impresión
de la cólera no se relaciona con un hombre, sino con un hombre representado. El arte tiene una clase peculiar de realidad, que experimentamos internamente y que convivimos una realidad estética. Así desaparece la impresión
de la realidad común, las circunstancias accesorias turbadoras, la amenaza
del colérico, y en general toda relación práctica con el hombre representado.
El artista efectúa una elección entre los ademanes con que ha de representar la cólera, reproduce los rasgos capitales, los especiales para la actitud y
para la mímica del colérico; deja de lado lo accesorio y con eso facilita la
proyección sentimental.

No se representa en la obra de arte una cólera cualquiera, sino una cólera
repleta de significación humana.
Por eso el contenido fundamental de toda proyección de sentimientos, es
siempre el obrar interno, la actividad interior de nuestra propia personalidad.
El hombre y las cosas naturales son considerados como objetos de proyección sentimental, lo mismo que las impresiones espaciales y temporales, color,
sonido y palabra. O las modificaciones de lo bello, lo sublime y sus especies,
lo trágico, lo cómico y lo feo. Lo cómico y el humor y la cuestión de la tragedia han sido examinados desde el punto de vista de la proyección sentimental. En la Estética del espacio ha creado Lipps una Mecánica estética,
señalando cómo y en qué sentido vemos las líneas como animadas de fuerzas
motrices y las interpretamos mecánicamente. La satisfacción estética que experimentamos a la vista de una línea ondulante que se desarrolla con regularidad y proviene de la contemplación inmediata, sin ninguna clase de meditación sobre el hecho de que alli se dé regularidad mecánica, o las fuerzas que
animan la línea ondulante, sin la menor especie de conocimiento intelectual.
Por medio de la interpretación mecánico-estética se explican numerosos
engaños ópticos, al ver figuras lineales o formas arquitectónicas.
Lipps señala la diferencia entre lo bello y lo sublime. En lo bello, o bien
descubro un querer y un obrar, o una potencia para ello, una fuerza, o bien
un cesar de esa fuerza y una satisfacción sin trabas, la que se contrapone al
querer y al obrar como logro, como algo conseguido, como algo ganado; expresa que se me da alguna cosa, que tengo, que poseo, que gozo algo.
Esta contraposición se alcanza en la significación de lo bello y lo sublime.
Lo sublime se coloca en abierta oposición a lo no sublime, pero que impresiona como bello. Y dice literalmente: "La esfera de lo sublime es la de la fuerza que se ofrece y que obra; la de lo bello no sublime como lo agraciado
'
'
lo atrayente, lo grato, acaso lo encantador, es el del logro y goce sin resistencia. La oposición se esclarece y semeja aumentar, si consideramos que la
fuerza de lograr y el sentimiento de fuerza, crecen con el estorbo que se interpone en su realización. La esfera de lo sublime es sob111 todo la de la lucha,
aún la de la lucha en vano; la de lo bello por el contrario, la del goce tranquilo de verse uno colmado".
Semejante explicación de lo sublime consiste en una determinación psicológica.

141
140

�PSICOLOGÍA DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA

Meumann expone las siguientes ideas: la creación del artista es por esencia
actividad creadora; sólo la puede comprender en su totalidad quien por sí
mismo sea capaz de crear; es una clase especial de actividad creadora: el artista no trabaja como el investigador científico, con conceptos abstractos, accesibles a fórmulas y a medios de comunicación comprensibles en general, sino
que produce sus creaciones con medios intuibles al material de un arte determinado.
Como en todo lo estético interviene siempre en ]a creación artística un momento puramente individual; el artista usa en su creación los medios generales de la memoria sensitiva, de la fantasía, de la reflexión, los procesos de
los movimientos para dar forma con la mano o con el lengua je, y todo esto
es objeto de investigación psicológica.
Wundt ha señalado la importancia de la inspiración artística, que ilumina
de repente al creador, cuando éste encuentra de repente la idea de su obra.
Dessoir ha examinado especialmente el aumento, lindante con la enfermedad,
de la actividad nerviosa del hombre genial. Guillermo Dilthey ha tratado de
encontrar semejanza entre la imaginación poética y la locura, aportando un
análisis especial de la fantasía poética. P. J. M6bius ha explicado que Schopenhauer, Nietzsche, Goethe y otros de dotes geniales, tienen disposiciones neurasténicas, defectos hereditarios y numerosos rasgos de enfermdad.
La actividad artística ha sido entendida: a) como imitación de la naturaleza; b) como actuación del instinto de juego; c) como expresión de afectos; d) como clase particular de presentar y formar.
El impulso artístico del hombre se considera pues como instinto de imitación, de juego, de expresión y de presentación.
La teoría de Freud ve en la actividad artística una descarga y una reacción
de los sentimientos.
La nueva Estética, corno la de Meumann, se inclina más bien por admitir que la actividad artística por sí misma consiste en presentar y formar,
no en imitación, ni en juego, ni en expresión de sentimientos.

142

Sección Segunda

LETRAS

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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Sección Quinta

~
COMENTARIOS Y RESENAS
BIBLIOGRAFICAS

�]EAN LACROlX: Marxismo, Existencialismo, Personalismo, Editorial Fontanella, Barce•
lona, 1962.
DENTRO DEL MOVIMIENTO PERSONALISTA -una actitud más que una doctrina- Jean
Lacroix, junto con Mounier y Nedoncelle, ocupa un lugar destacado. Acaso sea el
pensador más profundo y congruente del personalismo. Cofundador de la revista Espirit,
profesor de Filosofía del Politécnico de Lyon, colaborador de las Semanas Sociales de
Francia, autor de numerosos e importantes libros ... Sus reflexiones se centran en el
compromiso, la trascendencia, la historia y el progreso. Habla, con ejemplar honestidad
intelectual, para que le entiendan los cristianos y los no.cristianos.
La obra Marxismo, Existencialismo, Personalismo, pretende confrontar la inspiración
personalista con el marxismo y el existencialismo. "A fuerza de privilegiar el proyecto,
los ex.istencialistas, acaban por desconocer el valor de la ciencia y del conoc1m1ento
objetivo, casi a negar la previsión,· a fuerza de privilegiar la previsión, los marxistas
llegan fácihnente a rechazar toda interioridad, a olvidar el aspecto, a la vez reflexivo
y moral del Cogito, y a no ver que la misma obra colectiva, para poder llevarse a
término, exige que llegue a ser para todos un proyecto individual. Ambos no pueden
combatir al otro sin mutilarse a sí mismos" (Marxismo, Existencialismo, Personalismo
~Presencia de la Eternidad en el tiempo-, pág. 11, Editorial Fontanella, Barcelona,
1962). El personalismo prosigue las filosofías del sujeto, pero las sumerge en el mundo
físico y social. Es un proyecto que excede a todas las previsiones, sin cesar de apoyarse
en ellas. Filosofía de síntesis y de totalidad, profundamente personal y universal a la
vez¡ preocupada, medularmente, por el debate, la explicación y la condición humana.
Más que la construcción de un sistema filosófico, político y económico, el marxismo
se propone la edificación de un hombre nuevo. "Las tesis de Marx han sido refutadas
mil veces; se ha demostrado, en particular, que su noción de clases sólo se aplicaba
adecuadamente a la clase obrera y que había sido hecha extensiva, abusivamente, a
otros medios sociales¡ que su concepción del valor, tomada en gran parte de Ricardo,
no tenía en cuenta las teorías psicológicas que se elaboraban ya en su tiempo y que
han llegado a prevalecer; que, de un modo general, en fin, sus intuiciones más justas
y preciosas estaban constantemente viciadas por expresarse en el cuadro demasiado
estrecho de una filosofía racionalista y científica que fue, demasiado a menudo, la de
su época" ( op. cit., p. 15). Y sin embargo, el marxismo no ha dejado de vivir en el
corazón y en el espíritu de millones de hombres. En consecuencia, es preciso aproximarse y aprehender este importante movimiento social de nuestros días, con esa "sim.
patía mt:todológica que, en reciprocidad, quisiéramos que los intelectuales comunistas
aplicaran a la actitud cristiana". A Juan Lacroix no le interesa conocer y criticar tal
o cual tesis de Marx, sino el tipo de hombre que está laborando el movimiento comunista. El marxista quiere sobrepasar la actitud filosófica contemplativa. La existencia

517

�humana no se deja captar por el pensamiento desinteresado. El comunista se siente
comprometido en el tiempo y en la tierra. "Los filósofos, hasta el presente --decía
Feuerbach-, no han hecho más que interpretar el mundo. Ahora se trata de trans•
formarlo". Antes de que adquiramos cualquier compromiso, estamos ya comprometidos.
Contra la inteligencia contemplativa el marxismo postula la inteligencia transformadora.
"En lucha con esta situación social, escribe Marx1 la crítica no es una pasión del ce•
rebro, es el cerebro de la pasión. No es un instrumento de disección, es un arma. Su
objetivo es el enemigo, al que no quiere refutar sino aniquilar. No se da nunca como
un fin en sí, sino simplemente como un medio. Su pasión esencial es la indignación,
su misión esencial la denuncia". Entre la producción colectiva de nuestros días y la
propiedad privada - supervivencia de regímenes superados~ hay una contradicción
que se precisa resolver. ¿Cómo? Mediante la socialización de los instrumentos de pro•
ducción. La lucha de clases es un hecho que el marxismo no crea, sino que comprueba.
El régimen capitalista produce al proletariado, pero el proletariado sepultará el ré•
gimen capitalista. La historia se mueve dialécticamente. El comunismo se presenta en
Marx no como un ideal sino como un movimiento efectivo que suprimirá la situación
actual. El proletario en la "pérdida del hombre". Pérdida que subleva. El burgués
es un inconsciente alienado. La trascendencia hegeliana de la Idea es sustituída por
la dialéctica revolucionaria del proletariado. Para "desalienar al hombre", ninguna pa•
lanca mejor que el proletariado. Por la revolución se marchará de la necesidad a la
libertad. Pero es preciso que el hombre tome conciencia de lo que es y del movimiento
histórico al que pertenece.
Con la sociedad presente, el marxista se encuentra en estado de guerra total. La
lucha debe ser implacable. Nada importa la buena voluntad, sino los actos. La refe•
rencia a lo eterno es huída o traición. "No es la conciencia de los hombres la que
determina su ser -dice Marx-, es su ser social quien determina su conciencia". Obrar
moralmente es obrar en el sentido de la revolución. Esto es progreso. Las catástrofes
mismas son condición del progreso. El Estado proletario se destruirá a sí mismo y na•
cerá la ciudad sin clases. El partido es, para los comunistas, una iglesia. "Fuera del
partido no puede existir ni verdad ni historia". El hombre degradado del mundo bur•
gués sólo merece desprecio. El entusiasmo del marxista vuela hacia el hombre nuevo.
El comunismo se presenta a sí mismo como una reconciliación del hombre con la na•
turaleza y como una reconciliación de la humanidad consigo misma. El trabajo es el
acto por el cual el hombre se produce a sí mismo. Cabe, en consecuencia, hablar de
un proceso de autocreación. En el período de la dictadura del proletariado se aplicará
la fórmula: "a cada uno según su trabajo", en el período auténticamente comunista
prevalecerá la fórmula: "a cada uno según sus necesidades". Al concluir la distinción
de clases acabará el Estado: instrumento de opresión de las clases dominantes. Se su•
primirá la dualidad de lo social y lo político. El estado se absorberá en la Sociedad.
Nunca más se volverá a caer en el atomismo individualista.
"El ser humano, dice Marx, no es una abstracción inherente al individuo. En su
realidad, es el conjunto de las relaciones sociales". El hombre marxista cree conocer y
querer la historia. Participa en el grandioso acaecer histórico de los hombres y lo
hace libremente.
Juan Lacroix objeta: "el marxismo oscila, necesariamente, entre la afirmación de la
desaparición de las alienaciones, que llevaría el fin de la historia, y la afirmación de
la continuación indefinida de la historia, lo cual implicaría la subsistencia de las aliena•
ciones: propone como inmanente a la historia de un ideal declaradamente transhistórico i

518

un ideal tan superior al hombre, que no pide solamente una mediación continua sino
la brusca intervención de un Mediador" (opus cit., págs. 58 y 59). La dialéctica' mar•
xista no puede eludir una flagrante contradicción interna: "le es necesario dar como
fin de la historia el final de la historicidad, como finalidad temporal la detención de
la dialéctica; o en caso contrario, no le queda más que una dialéctica indefinida 1 sin
término Y sin significación 1 tan vacía como un proceso discursivo desprovisto de toda
intuición" (pág. 62). En el marxismo, el individuo queda vacío de su interioridad y
el mundo despojado de su misterio. "Sólo la resurrección de todo lo vivo puede dar
un sentido al proceso histórico del mundo, un sentido que tiene una medida común
con el destino de la persona". Jean Lacroix no trata tanto de refutar, sentimentalmente
al marxismo, como de pedirle que reconozca aquello sin lo cual su intención más pro~
funda no podría realizarse.
Una desconfianza hacia todo conocimiento que pretende escapar a la condición
~umana preside la marcha del existencialismo. Importa, sobre todo, estudiar al ser en
situación. _Es una filosofía del sujeto, de la libertad creadora e individual. Hay un
menosprecio, un tanto extraño, del conocimiento objetivo. El individuo realiza su des•
tino y escoge su esencia en cada instante. El proyecto temporal de cada persona dota
de sentido el mundo. El sistema es sólo un medio de acción del individuo existente
un suceso de su vida física, pero no hay posibilidad de escapar al tiempo y dominarl/
"Existe una perpetua protesta de lo existente contra lo sistematizado; pero, desde e[
momento en que lo existente quiere filosofar --comenta Lacroix-, ¿ qué hace sino sis•
tematizar aunque sea solamente la existencia?" (opus cit., pág. 68). Hay un diálogo,
entre sistema y existencia, entre tiempo y eternidad. "El sistema auténtico no consiste·
en una reducción de todas las verdades a algunas fórmulas abstractas susceptibles de:
ser clasificadas sino en la estructuración del conjunto de estas verdades, en un todo coherente" ( opus cit., pág. 70). Las verdades son sistemáticas por su interdependencia. Hay
un doble interés del sistema: intelectual y estético. Sistematizar es asignar a cada
término su lugar. Es así como unifica y comprende el espíritu del hombre.
Teoría Y práctica se implican mutuamente. Para observar los hechos es menester
una teoría. Para construir una teoría se requieren hechos. Para comprender los hechos
el pensamiento agresivo responde. Para transformar los hechos en ideas y ordenar su;
relaciones, surge la estructuración. En todo caso, los sistemas filosóficos tienen un valor
de verdad Y una estructura polifónica. Y aunque existe un sentido de la belleza filosófica, "el sistema aspira a la verdad, más que a la belleza".
Como advierte Hamlet, existirán siempre más cosas en el cielo y en la tierra que en
toda nuestra filosofía. No cabe confundir todo lo real de cielo y tierra con nuestros
deficientes sistemas. "El hábito de sistematizar es el que nos ha hecho creer que podríamos poseer la verdad", cuando nuestra misión no es poseer la verdad, sino ser
poseído por ella. Gabriel Marcel desconfía del sistema. "En efecto, ¿ cómo no recono•
ceré en la necesidad de sistematización, por una parte, la preocupación del perfeccionar
la red de comunicaciones que una nuestras ideas unas a otras, para transformarlas en
una sola heredad -se pregunta Gabriel Marcel- sobre la cual nuestro dominio se:
ejerza con creciente facilidad, y, por otra, el deseo de que nuestro pensamiento sea
cada vez más transmisible, de verlo encarnado en un todo que pudiéramos contemplar
como nuestro, de la misma manera que un objeto o una propiedad?" Se corre el riesgo
de ocultar la complejidad de lo real bajo la simplicidad de cuadros rígidos. Las filoso•
fías de la existencia aparecen como una protesta contra el espíritu de abstracción y
-de sistema. "La persona está comprometida, es decir, que forma parte de los datos:

519

�•

.rriismos del problema y el problema en el cual se está comprometido, más que un
problema es un meta•Problemático, lo que Marce} llama un misterio. La persona se
encuentra arrojada in media res entre un principio y un fin que ignora. Construir un
.-sistema de ideas es evadirse de la realidad en la cual la persona se encuentra y que
,es ella misma: todo se reduce a su ser personal concreto. Así Kierkegaard opone a la
,dialéctica hegeliana la realidad de la vida individual, sus estremecimientos y sus irreWuctibilidades en lugar de una filosofía del sistema y de la verdad, el existencialismo
:propone una filosofía del acontecimiento y del encuentro" ( opus cit., pág. 79). En
·conclusión: la existencia no se deja reducir a un momento dialéctico; no puede ser
parte integrante de ningún sistema. Al menos, así lo piensan los existencialistas. "Es
--sólo rompiendo el círculo cerrado del mundo --escribe Jaspers------ como, la exploración
filosófica del mundo, me permite, refluyendo hacia mí mismo, permanecer disponible
para la trascendencia".
Lo cierto es que, como apunta Jean Lacroix, "no podemos pasarnos sin los sistemas,
ni contentarnos con ellos". Menester es construir una noción de sistema que satisfaga,
.a la vez, la necesidad arquitectónica del espíritu y la realidad existencial, que ninguna
•doctrina podría agotar ni apresar. No vamos a negar el sistema en aras del métodG
:para caer en pragmatismo filosófico. El método, en última instancia, no es más que
1una ductiina en crecimiento. Resulta imprescindible el sistema. Pero un sistema que
-ponga su mira en la existencia. No podemos perdernos en la abstracción por el camino
de una visión no situada de las cosas. Está bien que no haya historia sin negatividad
y temporalidad; pero sin la eternidad, la historia misma carecería de sentido.

trascendencia, Jean Wahl ha objetado: "¿ Cómo conservar este sentimiento de algo
que rebosa, en un universo en el que, sin embargo, ensayamos explicarlo todo con rela.
ción a este mismo universo?"
Cada uno de nosotros tiene la obligación de rehacer su sistema indefinidamente. Cada
uno de nosotros tiene que ser un sistema actuante que se sobrepase a sí mismo.
Más que una filosofía técnica, el personalismo es un espíritu capaz de encarnarse
en posiciones distintas {existencialismo de Gabriel Marce!, idealismo de Lachiéze.Ray).
La persona --objeto y sujeto del filosofar personalismo-- "no es un conjunto de lazos
extrínsecos que se establecen entre un individuo desde ahora real y una comunidad
distinta; es la participación viviente del yo en un orden concreto que se compromete
a servir y que, a cambio le confiere la sola realidad a la que puede aspirar" (opus
cit., pág. 96).
El personalismo tiene su origen en el Cogito Cartesiano. Emplea la duda y la in•
quietud como patentización de que todo pensamiento y toda acción humanas tienen
su apoyo en la libertad espiritual. Soy libre porque no estoy obligado por el objeto .
Domino al mundo porque tengo la capacidad de negarlo, de reducirlo a la nada,
como diría Sartre. La duda cartesiana puede interpretarse como una heroica voluntad
de elevarse del mundo corporal al mundo espiritual. Descartes no duda por las razones
de los escépticos, sino porque quiere dudar, por un heroísmo del querer. Mientras no se
alcance la certeza, la duda de resucitar y subsistir. "La duda es el jercicio mismo del
libre albedrío y su prueba primera y fundamental, puesto que permite cortar nuestras
ataduras y tornar carrera" ( opus cit., pág. 104). Nos separa de todo dogmatismo, es decir,
de toda adhesión inmediata e ingenua al contenido de la representación. Acaso la reali•
dad sea una ilusión. En todo caso, quedará siempre lo inteligible, aunque dude de lo
sensible.

.¿ Qué género de conocimiento le conviene a la existencia? La existencia sólo puede
ser vivida. Para constituirse en filosofía, el existencialismo tiene que reconstruir, de una
manera o de otra, las vivencias. Lo demás es impresionismo filosófico. Lo que importa
es llevar a cabo, como apunta Vialatoux, una re/lexi6n progresivamente intuitiva. Todo
ello dentro de un sistema abierto.

1

1

El origen de toda filosofía puede encontrarse en la existencia auténtica. Al univer•
salizar una experiencia espiritual -traduciéndola en conceptos intelectuales válidos
para todos- filosofamos. Le Senne ha definido a la filosofía como la descripción de
la experiencia. Personalmente me parece muy pobre esta definición. En rigor, las des•
cripciones fenomenológicas son meros preámbulos de la filosofía. Pero aun partiendo
de esa definición, la filosofía como la experiencia, sería inagotable. Por lo demás, la
realidad, que nos resiste y nos rebasa, desborda nuestros sistemas una y otra vez.
De ahí la legítima e insoslayable variedad de los sistemas. "Mi sistema -asegura La·
croix- es mi forma de crecer, por el conocimiento, en el ser; si el sistema es la más
profunda expresión de mi persona, ¿ cómo podría ser impersonal? ¿ Cómo podría yux•
taponer-se, en mí mismo, a otros sistemas? El personalismo es lo único que puede con•
,ciliar tan integralmente la seriedad de cada sistema con el respeto a los demás sistemas,
es decir~ a las demás personas" (opus cit., pág. 89). Y habría que agregar -~cómo
olvidarlo?- la natural abertura de mi sistema a otros sistemas, esto es, de m1 per•
.sana a otras personas, por medio de una continua confrontación. La inquietud -marca
,del ser en nosotros- es irremontable y permanente. Tiende -advirtámoslo o no-a la posesión soberana. Excita la voluntad y sirve de aguijón. La inquietud Heva a la
trascendencia.
"Lo propio del existencialismo ateo es multiplicar las trascendencias, es decir, los
movimientos de rebasamiento, pero permaneciendo siempre en el mundo: su trascen•
dencia está en el interior de la inmanencia''. A esta trascendencia horizontal o pseudo·

520

En la interioridad misma del juicio, está metido el tiempo. Y el tiempo permite la
duda. La duda es un esfuerzo para separar el juicio de su contenido. El contenido
proviene de las cosas materiales. Al establecer una distancia entre nosotros y el
objeto de nuestra creencia, la duda pone de relieve la primacía del sujeto. Por la duda
descubro lo espiritual. Es un ejercicio, una ascesis para elevarse del mundo sensible al
mundo inteligible. Si el fin de la filosofía es alejar el espíritu de los sentidos, el único
medio para lograrlo es la duda: toma de conciencia de la persona. Al dudar me com.
prendo como espíritu finito vinculado al espíritu infinito. Bien lo dice Descartes: "Pues
sólo es posible conocer bien la certeza y la evidencia de las razones que prueban, a
mi juicio, la existencia de Dios, que recordando claramente aquellas que nos hacen
reparar en la incertidumbre de todos nuestros conocimientos de las cosas materiales
{Cartas, A. T., t. I, p. 560). Lo que olvida Descartes es que el mundo es la causa
necesaria de la duda. El mundo está frente al que duda, "al menos como ocasión de
duda o de suspender su juicio".

l

La creencia -personal y comunitaria- afirma la superioridad del sujeto en su
compromiso con el objeto. Este compromiso se da en comunión con los demás sujetos.
En este sentido cabe afirmar que la creencia es pensamiento comprometido. Compromiso total. Personalidad del juicio. Todo ello va involucrado en nuestras creencias. Si
filosofar es suponer que el mundo tiene un sentido, creer en un sentido que es preciso
descifrar, comprender, entonces la creencia importa a la vida y a la filosofía. Las mis•
mas pruebas de Dios, para Jean Lacroix, explicitan una fe natural e implícita, de una
especie de creencia, de fiducia elemental. "El hombre es exigencia de sentido: Dios
,e~ el sentido del mundo, el lenguaje de Dios. Si Dios ha creado el mundo, es que

521

�habla a alguien y probar su existencia no puede ser más que escuchar este lenguaje,.
comprender esta palabra. La filosofía no es conocimiento, sino comprensión. Y comprender es siempre comprender un sentido" (pág. 128). Más que de pruebas, cabe hablar, pascalianamente, de signos o marcas de Dios. Al buscar las huellas de Dios le
conocemos ya de alguna manera.
Desgraciadamente Lacroix no hace un análisis ontológico de la fe. Nada nos dice
sobre el objeto inevidente que se afirma a pesar de su inevidencia, debido a un elemento extrínseco: la "auctoritas". Tampoco analiza el concepto de autoridad y los motivos de credibilidad. Se limita a observar que la fe trae aparejado un compromiso
total, una adhesión integral a sí mismo, a los otros 1 al mundo y a Dios. El asentimiento
es absoluto o no es sentimiento. Aquí no se dan grados. Nos juzga nuestra creencia, más
que nuestro juicio. El criterio último de la creencia --d.e un orden superior a la lógicaes ético-religioso. Al personalismo -filosofía de la síntesis y de la totalidad- no le
puede ser indiferente la creencia. No le puede ser indiferente, porque es una filosofía
del comportamiento humano. Es preciso reintegrar el conocimiento al conjunto de la
actividad humana. Hay que partir del hombre como ser en situación, como ser dividido entre el tiempo y la eternidad.
¿ Qué es la creencia? "Ni puro saber objetivo pretendidamente universal, ni simple
suposición subjetiva al estilo de un proyecto temporal. Pues la creencia, en el fondo~
no es más que una progresiva captura de la eternidad a través del tiempo: no es visión, sino movimiento para ver". Es claro que las frases que anteceden no integran
una definición esencial. Pero acaso a Jean Lacroix le interese más sugerir que definir.
Por eso nos dice, líneas delante, que la creencia es unidad de nuestro ser que piensa,
actúa y siente. Por eso apunta que el creyente es, al mismo tiempo, ser en el mundo
y ser superior al mundo; sujeto que progresa en la verdad participando en ella. Por
eso reconoce, corno única creencia, la que nace de una duda siempre superada.

Lo que los marxistas llaman la reconciliación de la humanidad consigo misma, sólo
cobra sentido a la luz del personalismo como una conquista progresiva que conducirá,.
en el límite, a la reciprocidad de las conciencias. El personalismo concilia dos valores
esenciales: el concreto -de origen existencial- y la objetividad.
S6lo se cree con los demás y con todos los demás. Creencia es sistema abierto, consolidación del ser. "En la fe existe un elemento de conocimiento nocional, los enunciados dogmáticos, y un elemento de conocimiento concreto, una relación nueva y vivida
del alma con Dios". Por la creencia nos encontramos con la verdad y con los demás
hombres. Devenimos y somos. La persona y la humanidad están por hacer. "Creer
-nos dice en conclusión Jean Lacroix- es anticipar en una experiencia actual un
porvenir ya de alguna manera presente, o más bien, la única creencia que se dirige
hacia un futuro que tiene la posibilidad de no ser un espejismo: consiste en reconciliar
lo temporal y lo eterno en un crecimiento actual del ser, ya que el presente no es
más que la presencia de la eternidad en el tiempo" (Marxismo, existencialismo, personalismo, pág. 151, Ed. Fontanella).
El libro Marxismo, Existencialismo, Personalismo consta de una introducción y cuatro
capítulos: "El hombre marxista", "Sistema y existencia", "La significación de la duda
cartesiana'', "La creencia". Fue publicado, originalmente, por "Presses Universitaires
de France". La traducción castellana publicada por la Editorial Fontanella de Barcelona, con una introducción de Antonio Jutglar, enriquece nuestra bibliografía y abre
nuevas perspectivas a los lectores de habla española. Se trata de un estudio conciso,.

522

sincero y luminoso. Jean Lacro,·x, cas,· d esconoc1"d o por Jos Jectores de nuestro idioma,
merece mayor atención y más amplia estima de los hispanolocuentes. Hagamos votos
porque se traduzcan, a nuestra lengua, el resto de sus obras.

DR.

DR.

AGUSTÍN

BASAVE

fERNÁNDEZ

DEL

Samuel Ramos -trayectoria filosófica y antología de textos-, Centro
de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, México, 333 págs.
1965.
VALLE,

MOTIVO DE GRATA SATISFACCIÓN ha sido
en los medios culturales en general, la
publicación del libro Samuel Ramos
-trayectoria filosófica y antología de
textos-, que debido a la pluma del Dr.
Agustín Basave Fernández del Valle y
como publicación del Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, acaba de ver la luz pública.

Decíamos al principio, que es motivo
de satisfacción, porque en este momento
histórico actual, las "cosas" del espíritu
están siendo relegadas a un último término, y así resulta altamente reconfortante el ver y el leer una obra del espíritu para el espíritu.
Samuel Ramos, cuya sencilla enunciación envuelve a su vez a la sencilla personalidad de un filósofo auténtico en su
pensar y obrar, es la figura mexicana que
movió a ~asave a ocuparse de una tarea
que mucho lo dignifica, a través de su
laborar cotidiano y fecundo.
En México, como en otros países, son
escasos los filósofos, en el alto sentido
que la palabra filósofo encierra, porque
en Samuel Ramos no fue pose ni máscara, sino una realización humanamente
profunda de la filosofía y una proyección
amorosa de lo suyo, lo mexicano, hacia
la propia filosofía. Con modestia, tampoco fingida, la vida de Samuel Ramos
transcurre cristalina, no exenta tampoco

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

de los dolores que en ocasiones laceran
el corazón humano, pero pudo más en él
su genuina vocación y su innegable inteligencia para seguir fiel a ese camino
luminoso de la verdad, pero árido por
la incomprensión que exige el estudio
y la dedicación a las faenas del intelecto. Los que tuvimos el privilegio de
conocerlo -como alumnos-, en sus clases de la Escuela Nacional Preparatoria
de la ciudad de México, en aquel ilustre albergue colonial, no podemos menos de rendirle un tributo de homenaje
a través de nuestro agradecido recuerdo,
por sus orientaciones y por habernos
guiado en el camino que, por desgracia,
ha sido desconocido para muchos mexicanos: México, si bien, no tenía la oratoria de otro no menos ilustre maestro,
Antonio Caso, sin embargo, sus ideas claras, dichas con una modestia que se antojaba religiosa, produjo en varias generaciones el amor por la filosofía, y sobre
todo, por la filosofía en México. Y así
el mexicano trasciende de su corazón hacia su cerebro y produce estudios filosóficos que indudablemente son la pauta
para un futuro mejor de investigaciones
y producciones que vengan a darnos mayores luces acerca del complejo del ser
y del pensar mexicano.
Por eso resulta encomiable, desde todos puntos de vista, el esfuerzo realizado
por Agustín Basave al entregarnos esta
obra primera en su género acerca del
ilustre maestro desaparecido Samuel Ramos, dividida en las siguientes partes: l.
La Figura de Ramos; 2. La Polémica
entre Antonio Caso y Samuel Ramos; 3.
El Intelectualismo de Samuel Ramos;

523

�4. "El Caso Strawinsky"; 5. Perfil de
la Cultura Mexicana; 6. Psicoanálisis del
Mexicano; 7. Veinte Años de Educación
en México; 8. Hacia un Nuevo Humanismo; 9. Filosofía de la Vida Artística;
10. La Pintura de Diego Rivera; 11.
"Estudios de Estética"; 12. Samuel Ramos ante la muerte; la segunda parte,
comprende la antología de los textos del
maestro Samuel Ramos repartida de la
manera siguiente: l. HipóteJis: La campaña anti-positivista; Caso, abogado del
pragmatismo; La historia de la filosofía
teatralizada; El irracionalismo; La intuición no es una teoría gnoseológica; El
dogma de la acción; El conocimiento es
un valor; La vuelta de la razón; conclusiones; Mi experiencia pragmatista;
II. El Caso Strawinsky: La Impersonalidad de Strawinsky; El Período Ruso;
III. El Perfil del Hombre y la Cultura
en México: Vasconcelos y la revolución
educativa; El fantasma de la educación
socialista; IV. Hacia un Nuevo Humanismo: La crisis del Humanismo; Programa de una Antropología Filosófica;
Axiomas de la ontología humana; El
hombre como "deber ser" j Las teorías
del hombre y la curva del humanismo;
La nueva valoración de los instintos; Las
capas del ser humano; V. Historia de la
Filosofía en México: ¿Hubo filosofía entre los antiguos mexicanos?; La Filosofía en el siglo XX; La Filosofía en la
época con temporánea; José Vasconcelos;
VI. Filosofía de la Vida Artística: Introducción; psicología del artista y la
creación; El objeto estético; La esencia
del arte y su función en la vida humana;
VII. Diego Rivera: Diego Rivera; Los
temas; El estilo; La estética de Rivera;
Paralelismo de los estilos de arte y pensamiento en la cultura mexicana; VIII.
Estudios de Estética: La Estética de Martín Heidegger; Estética de la música en
los filósofos románticos; La música y el
scntimientoj estética de la pintura.
Como es de advertirse en el conteni-

524

do de esta obra. Basave divide en dos
partes a la misma y en la primera, vemos como hace una incisiva penetración
en el pensamiento del maestro Samuel
Ramos. Así, en el parágrafo número tres,
perfila la actitud intelectualista y realista de Samuel Ramos y establece -al hacer la crítica-, el no existir el pretendido
parentesco cultural avasallador que tiene
México con Francia, señalando también
las debidas proporciones y la distancia
entre ambas.
Las ideas políticas de la ilustración
francesa se presentaron en México cuando el mestizaje cultural hispano-indígena
estaba ya realizado. Además, menester es
recordarlo, hay órdenes anteriores y superiores al orden político, por ejemplo,
el orden religioso, el orden metafísico, el
orden moral. Y en estos órdenes, la Fecundación hispánica estaba ya verificada.
Nada tiene que ver con el neo-clacisismo
Francés, el barroquismo -patetismo vital trascendente, apoteosis de valores personales- de nuestra cultura hispánica.
Por último, la obra de Agustín Basave, creemos que constituye la primera en
su género por su valimiento de crítica
filosófica y, además, no deja de reconocer otra de las cualidades del maestro
Samuel Ramos, o sea la lealtad con que
expuso doctrinas y autores, cualidad que
revela, a no dudar, otra de las facetas
de la relevante personalidad del maestro.
No es menos valiosa la aportación de
Agustín Basave en relación a todas las
obras de Samuel Ramos, muchas de las
cuales, por desgracia, se encuentran ' agotadas. Siendo de desearse que en lo fu.
tura dichos libros fuesen reeditados, si
se considera que toda la obra de Samuel Ramos constituye el primer paso
al descubrimiento del pensamiento mexicano en el campo de la Filosofía y de la
Cultura en general. Siendo de desearse,
también, que el mensaje del maestro
Samuel Ramos que ahora en forma por
demás completa y atildada aparece en

el libro de Basave, llegue a la juventud
de México.

Lic. ALBERTO GARCÍA

GÓMEZ

JESÚS GUISA v AzEvEno, Me lo dijo
V asconcelos, Editorial Polis, México,

1965. '
CON VOLUNTAD JUSTICIERA, con ánimo
comprensivo, son propósito esclarecedor,
Jesús Guisa y Azevedo nos ha dado su
testimonio. Testimonio pulcro, viril, luminoso. El autor conoce a su personaje.
Lo trató íntimamente y lo quiso como a
un hermano mayor. No se trata de una
exposición y de una crítica de la filosofía
vasconceliana. Tampoco de una biografía.
Trátase de una semblanza espiritual, de
un ideario o "formentario" El libro está
escrito con pluma limpia y afilada. Muestra escuela y estilo. Mueve a la simpatía
y a la gratitud.

El índice de la obra es ya de por sí
bastante elocuente: Capítulo I. "Este es
Vasconcelos ... "; Capítulo II. "Este
era Vasconcelos ... ''; Capítulo III. ''Vasconcelos y su dolor de ser mexicano ... ";
Capítulo IV. "Vasconcelos, genuino humanista pese no haber sabido griego ni
latín"; Capítulo V. "Este par de malhechores: Marx y Freud"; Capítulo VI.
"¿ Decadente y claudicante Vasconcelos,
a causa de su catolicismo?"; Capítulo
VII. "Suma, sentencias y cuestiones".
Vasconcelos no cesaba de pensar en la
presencia ausente de la muerte. Liberación, complemento, revelación.. . "Vasconcelos hablaba de la muerte como de
una presencia que nos incita, que nos
previene, que nos corrige, que nos hace
reflexivos, que nos madura y que, por
todo esto, nos perfecciona y nos trasmuta
en buenos. La muerte viene a su término
y a su hora ( Opus. cit., pág. 13). Y sin
embargo, amaba la vida. Quería gozos
subidos y sobrados. Anhelaba una vida
digna para México, para el México de

su familia modesta. No fue ajeno a la
pasión, a la diatriba, a la cólera y al calificativo vivaz. Era una legión en un
solo hombre. Filósofo, esteta, educador,
político, poeta ... Todo lo veía bajo el
signo de lo bello. Su visión de poeta le
hizo concebir la política como "actividad
de colaboración, de unidad, de concierto
y armonía, de fraternidad y amistad"
(]bid., pág. 18). Nos dio a conocer un
nuevo tono de vida, anudando el hilo de
la vieja y por siglos pujante acción misionera de los frailes. Música, danza, teatro, recitación poética fueron convocados
para entretener al pueblo en menesteres
estéticos.
El enderezamiento de la política mexicana -inclinación del poder a la j usticia, racionalización, rectificación y humanización- data de la audacia y diligencia de Vasconcelos, en su campaña
presidencial de 1929, y de la generosa
respuesta -heroica en muchos casosde la juventud.

"Por mi Raza Hablará el Espíritu",
reza el lema que Vasconcelos donó a la
Universidad de México. Su inspiración
fue un don de la gracia. "El Espíritu que
tiene que hablar en los universitarios,
portavoces titulados de las grandezas de
México, y obreros diligentes de ellas, es,
y así lo declaró él mismo, el Espíritu
Santo, dador de consolación, difusor de
dones y motor de las bellas acciones, escudo y fortaleza, bien y dulzura, manjar
de vida, fuente de agua clara, constancia amorosa y seguridad de permanecer
en la vecindad divina" (Opus cit., pág.
13). En los momentos de mayor peligro
Ulises Criollo se amarró al mástil de su
nave, gritando a grito herido su verdad,
para no irse tras los encantos de las sirenas, seducido por sus cantos. Como el
Ulises griego cayó el Criollo en tentaciones. Y se solazó con las gracias de
Adrianas y Antonietas. Pero volvió a Itaca para vivir, para dar testimonio de la
verdad, para denunciar la nocividad de

525

�las fuerzas del mal, para volver a la fe
de sus primeros años. "Itaca para Vasconcelos es la Iglesia Católica, la Penélope que no teje ni desteje, que no teme
a nada y que no se cansa de esperar, que
tiene abiertos y largos sus brazos de misericordia y dulce, atractiva, fresca como
el rocío, y líquida como la luz del sol,
su palabra de perdón. Itaca son las virtudes del hogar, la modestia de las familias, la sencillez de las costumbres, el
temor de Dios y, para decirlo todo de
una vez, el México justiciero, pacífico,
sociedad de amigos, empresa de todos ... "
(Opus cit., pág. 23).
A Vasconcelos le causa tedio, cansancio, arrepentimiento el haber ocupado su
tiempo en el solaz de la carne: Pero a
nosotros nos interesa todo lo suyo: su
actividad amatoria y su tedio espiritual.
Sentía la insuficiencia del porfirismo:
arbitrariedades, manías legiferantes, imitaci6n de lo francés ( descastamiento).
No quiso seguir el camino fácil del profesional burgués: ahorro, comodidades,
seguridad. Sentía muy a lo vivo el dolor
de ser mexicano. "Vasconcelos de recién
recibido de abogado y patrocinador de
pingües negocios, no se dejó ahogar por
la codicia del dinero, ni fue seducido por
el miraje de una vida cómoda y tranquila, burguesa, diríamos ahora. Le dedicaba sus horas de soledad a su dolor, a
cultivar su inquietud, a alwnbrar su conciencia de ciudadano con la luz ardiente
de su amor a México, con su sostenido
propósito de ir derecho a la fuente que
es el pueblo, con su designio de interpretarlo con honradez, sinceridad, interés
por el bien común y constancia de patriota". (!bid., pág. 35). Los temas mexicanos, vistos y tratados por Vasconcelos, nos pueden dejar tristeza, nunca desánimo. Nos mueve a la acción y nos
transmite su cólera. Sus facultades creadoras eran extraordinarias. Su obra es
como "la novela de una Naturaleza y de
un Cosmos que él ha recreado, que ha

526

dotado de alma para que estén en contacto íntimo con nosotros, esto es, con
nuestra propia alma".
Sus confesiones se parecen a las de
San Agustín, no a las de Rousseau. Mide
la altura desde donde ha caído1 da testimonio de lo humano y nos hace asistir
al triunfo del espíritu. Era un inconfor•
me. Los mexicanos tenemos que agradecerle su desazón, su rebeldía, su desdén
o su cólera ante la injusticia. Nos punza, como para que México se haga más
nuestro.
Se le llamó maestro de la juventud.
Enseñó a los j6venes mexicanos -nunca
lo olvidemos- "la dignidad de vivir y,
como remate de esa dignidad 1 la grandeza de saber desprenderse de la vida".
Al final de sus días sólo quería escribir
una palabra: misericordia. Sabiéndose
anclado en lo eterno1 anhelaba llenar la
vida de grandeza. De la anécdota a la
categoría, de la fugacidad a la eternidad. Agobiado por el peso de sus culpas,
llevando en su corazón el arrepentimiento
y pidiendo, humilde, el perdón 1 seguro
de la misericordia: no se presenta, con
todo esto, con las manos vacías. Lleva en
ellas su dolor de ser mexicano, las batallas que libró por el enderezamiento intelectual, su amor cívico a la comunidad,
su afirmación, oportuna e inoportuna,
como conviene hacerla, según San Pablo, de católico, apostólico, romano1 sus
arrebatos de perseguido y, como suma
y razón de ser de todo, su ardorosa, su
cabal, su infantil y por consiguiente genuina y pura, amigable humanidad. La
calidad humana de Vasconcelos es única,
de dilatada anchura y en la que, con
amor de caridad, quiso abrazamos a todos los mexicanos'' (!bid., págs. 60-61 ).
Amaba la verdad de México, aunque esta
verdad fuese cruel. Sacrificio, víctimas y
sangre de nuestras revoluciones. Injusticias que se perpetúan y se multiplican.
Acaso por eso declaraba sentir dolor y
rabia de ser mexicano. Y sin embargo

su deseo de hacer un México bello era
patente. Su devoto interés por los mexicanos no quedó estampado, tan sólo, en
las frases del gran escritor sino en los
hechos del Ministro de Educación y del
político militante.
El verdadero humanista no se circunscribe en lo grecolatino. Las humanidades
son, antes que un sistema de doctrinas,
una búsqueda que replantea incesantemente los problemas, para sacar de ellos
el significado y la realidad de la vida
humana. No andamos en pos de un humanismo libresco y conceptual, "almendrado de citas griegas y latinas, pero sin
latido cordial para el hombre" (Caba).
Queremos llegar a un saber del hombre
para el hombre. Un saber del hombre
concreto, del hombre integral que es, a
la par, espíritu y carne, alma y hueso,
razón y sangre, instinto y pasión.
Vasconcelos "no sabía griego ni latín,
pero honró la tradición clásica advirtiendo en ella la fuente de donde mana n uestro sentido y nuestra conciencia de hombres cultos. San Agustín no sabía arameo
Y, con todo esto, entendió, con una amplitud que nos conmueve todavía ahora
las palabras de Nuestro Señor en la ver~
sión griega hecha por los mismos evangelistas. Santo Tomás no sabía griego y
penetró, pese a ello, con más rigor que
.infinidad de comentaristas y de filósofos,
al pensamiento de Aristóteles. Nunca
pretendió Vasconcelos, por otra parte, ser
traductor de los clásicos, ni discutir pormenores de la vida privada de griegos y
romanos, ni hacer interpretaciones de la
conducta de tal o cual personaje, de la
historia o de la literatura, comparando
los textos de éste o del otro autor" ( "Me
lo dijo Vasconcelos ... ", pág. 75, Ed. Polis), Vasconcelos fue un gran humanista
porque fue un hombre lleno, pletórico de
humanidad, por ser católico de corazón
y de espíritu, por ser heredero consciente
de Grecia y Roma. "Escribir libros sobre
la religión de los griegos y no ser sensi-

ble, ni siquiera por tentación, a la religión de los mexicanos, le parecía una
aberración, una pedantería y una ausencia de conciencia nacional, además de la
exhibición de un falso humanismo".
( Opus cit., pág. 76). Tampoco simulaba Vasconcelos conocer las lenguas sabias para ponerse dizque a traducirlas o
"trasladarlas" al castellano valiéndose de
las versiones inglesas, francesas e italianas.
"Malhechores, y en grado subido, con
malicia grande, diligencia incansable, malevolencia constante, insidia penetrante,
fiel aborrecimiento a la tradición cristiana, complicado aparato científico pretendidamente contundente, equívoco hábilmente aprovechado de verdades a medias,
fueron, para Vasconcelos, estos dos judíos, Marx y Freud, los cuales por ellos
mismos, y por su valía intelectual, la fuerza corrosiva de su razonamiento, la malversación de los valores j udeo-cristianos
de Occidente, la irrefragable voluntad de
dañar de una parte, y, de otra, por las
carencias de los cristianos, su infidelidad,
su dura cerviz, su afición a buscar el cebo
de la ganancia, su inhwnano trato para
los de abajo, su canalla práctica de usar
las cosas santas para el propio provecho,
su apego a los bienes temporales, mudaron los rasgos de la justicia y han precipitado al mundo a la aberración que, en
muchos aspectos, consiste en un retorno
a la animalidad, la cual es temida por
ellos, Marx y Freud, como el carácter
prístino y genuino del hombre" ( Opus
cit., pág. 100). El Dr. Guisa y Azevedo
emprende una aguda e implacable crítica a Marx y a Freud. Lástima que la
crítica esté hecha sobre comentarios a
las doctrinas de Marx y de Freud, sin
acudir, el 99% de las veces, a las fuentes
originales. Sólo una vez se cita la traducción francesa de las obras completas de
Marx.
¿Decadente Vasconcelos porque había

527

�vuelto a vivir lo sobrenatural y a tenerle
preparada en su mente y corazón una
casa al verbo de Dios?, se pregunta
Jesús Guisa y Azevedo. ¿ Claudicante porque había dejado las malas compañías y
porque cay6 en la cuenta de que servir
a México, y servirlo con todas las potencias del alma, no era sino trabajar por
la elevación de sus compatriotas basta lo
divino? Viéndose católico, José Vasconcelos sentía la consoladora seguridad de
ser hombre completo. Sabía que la Iglesia le hablaba su propio lenguaje y le
hacía eco a sus propias inquietudes de
hombre moderno. "Vasconcelos, no por
decadente y claudicante; no por débil
mental ni por cálculo y codicia; no por
ignorante, ni menos por inhibición de
su espontaneidad, sino por todo lo contrario: por lúcido, por desinteresado, por
reflexivo y contemplativo, por hombre
libre, por fiel a su tradición, por defensor de la familia, por patriota iluminado,
por hombre de historia que hizo historia
y que poseyó, clara y transparente, la
conciencia del mexicano; por humilde y
por noble, por alto y robusto, cuya altura
y robustez alcanzó él en la verdad, fue
católico" (Opus cit., págs. 157-158). Su
vida de escritor la concluyó con una plegaria: "Letanías del Atardecer", "libro
de dulce, de confiada, de sincera humildad".
La obra Me lo dijo V asconcelos . ..
se cierra con un capítulo intitulado "Suma, Sentencias y Cuestiones", en el cual
Jesús Guisa y Azevedo agrupa, alfabéticamente, algunas de las ideas-madres
en la producción escrita de José Vasconcelos. Aunque reconocemos el cuño vasconceliano de la mayor parte de las ideas
expuestas por Guisa y Azevedo, no dejamos de advertir, en algunas sentencias
y cuestiones, el sello personal -filias y
fobias- del Dr. Guisa.
Vasconcelos ha muerto, pero vive su
obra. Para los discípulos y amigos de
José Vasconcelos, la aparición del libro

528

de Jesús Guisa y Azevedo es una buena
nueva. Mientras le sigan recordando y
evocando los verdaderos y buenos mexicanos, nada importa que su nombre no
aparezca en las placas que escribe la adulación y en los homenajes que gestan las
caravanas del servilismo. Vasconcelos
-árbol azotado-- hunde muy hondo sus
raíces en suelo mexicano. Su voz la guardan los bosques, y los vientos, y las campanas... Su alma -que mucho tiene
que ver con el fuego, como observó recientemente mi cordial amigo, Enrique
Ruiz García- seguirá siendo evocada en
las emociones hondas y en los pensamientos vehementes. Amó entrañablemente,
desesperadamente, pero sin transigir, a
este México nuestro. Acaso lo haya amado así, con rabia, porque le dolía --como a Unamuno la Esoala de su tiempo-,
porque lo soñaba diferente, porque lo
quería con voluntad de perfección. Nunca gust6 de componendas ni de medias
tintas, síntoma inequívoco de su llamado al cumplimiento de una misión. Como
funcionario público supo realizar con
maravillosa naturalidad y sencillez una
síntesis bien difícil: servir con dignidad,
estar en su sitio sin humillación ni vergüenza y desempeñar su puesto con desenvoltura y gravedad. Un poder de acción y de creación -que nunca le abandonó- le hizo sentirse vivir con fuerza.
Prefirió la verdad antes que la paz. Padeció persecución por la justicia y sufrió
destierros. Esa pasión, ese color y esa vida
que supo poner en sus libros, subsistirán
mucho tiempo después que se hayan perdido en el olvido los nombres de sus
detractores.
Quiero evocarle corno le vi en Venecia, la última vez: sus ojos eran de rey
vencido que ve su reino desde el fondo
de una cárcel. Subía y bajaba de las góndolas con el aire trágico de un árbol azotado. Después se quedaba en pie, como
un niño asombrado, pero dispuesto siempre a marchar a todos los rumbos, del

brazo de la aurora. El lo sabía: su lábaro
no estaba hecho para el lucimiento de
los desfiles. Era un airón de combate.

DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNOEZ DEL
VALLE, Metafísica de la Muerte, Librería
Editorial Augustinus, Madrid, 1965.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

SE TRATA DE COMPROBAR y de comprender. De comprender o entender lo entendible del misterio de la muerte. Pero antes, Y quizá más importante que hacer el
misterio racional, se trata de tomar conciencia de la vital resonancia que para
la existencia tiene la idea de la muerte.
Las comprobaciones iniciales han de ser
lo más objetivas que sea posible: con ese
tipo de objetividad en el que la conciencia y el sentido común reconocen (a su
manera respectiva) su ideal común. Ha
de hablarse de la muerte que angustia a
quien la presiente y atemoriza a los que
con despecho iconoclasta, hacen de ell~
un tema de conversación ordinaria·1 ha
de mirarse su imagen corno la ven alucinadora, los que la rehuyen a pes~r de
sentir su naturaleza imantada por ella
o como los que se le acercan sin poder
contener el grito de su carne y de su espíritu rebeldes al destino inexorable ...
Debe hablane de ella, de la muerte, como un hecho dramático, ante el cual
todo fil6sofo 1 todo pensador1 ha de dar
su medida.

AUERBACH, EatcH, lntroduzione alla Filologia Romanza, Picola Biblioteca Einaudi, Torino, 1964. (PBE 29).
~P~RECE POR SEGUNDA VEZ, en lengua
1taliana, esta obra de Auerbach que sirve
de maravilloso auxiliar en la cátedra de
Filología Románica.
El Texto, en una presentación de 10
por 18 cm., está compuesto de 308 páginas y dividido en cuatro grandes partes.
La primera parte, que se titula "La
Filología en sus diversas formas" presenta una explicación general de la ciencia
&lt;le la Filología que va desde la edición
crítica de un texto hasta la explicación
&lt;:lel mismo.
La segunda parte "El origen de la lengua romance" se inicia con un brevísimo
resumen de la historia de Roma y sus
colonizaciones para luego, en forma detallada, pasar a hablar de la lengua latina vulgar, origen de las lenguas romances. Un siguiente capítulo se dedica a
explicar el desenvolvimiento del latín
vulgar hasta su natural desembocadura
-en las lenguas romances.

La tercera parte "Doctrina general de
las épocas literarias" abarca tres capítulos: La Edad Media, el Renacimiento,
,¡, los Tiempos Modernos. En cada uno
de estos capítulos hace especial referencia a las tres grandes 1iteraturas roman-ces: Francesa, Italiana y Española.
L_a cuarta parte, muy importante1 la
dedica el autor a dar una guía bibliográfica en los dos campos de la filología:
Linguútica y Literatura.
LIC. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS

Más aUá del sentido común más allá
de la ciencia, el filósofo ha d; ocuparse
de ese gran drama y tratar de arrancarle
su secreto arcano y de hacerle mostrar su
sentido más profundo. Pero ¿ tiene la
muerte un sentido profundo, o es ella un
sin-sentido? ¿ se topará, el que lo busca,
con el absurdo, o encontrará una explicación que arroje luz y comprensión sobre la misma vida? Estas son las primeras formulaciones filosóficas de ]a gran
interrogante1 y a ellas quiere dar respuesta en tono metafísico el Doctor Basave,
después de hacernos asimilar en la primera parte de su obra, la sabiduría de
los siglos que nos invita a ser "poetas de
la existencia que saben hallar a su vida
la rima exacta en una muerte inspirada".

529
H

�La insuficiencia radical, la indigencia
ontol6gica del hombre, es vivida por todos en un menudeo de insatisfacciones en
nuestros gozos y en nuestras tristezas,
en nuestras aspiraciones y en nuestros
desencantos, en nuestras realizaciones y
en nuestros padecimientos: siempre queda el hombre más acá o más allá de lo
esperado, y en esa distancia de lo adecuado, en ese desajuste entre su ser y su
deber ser, vive en la vida diaria su co~dición de ser contingente. Pero esa mlSma condici6n 1 vivida en su radicalidad
extrema, hace surgir en nosotros la muerte como aquello a que naturalmente estamos abocados, siendo tal vocaci6n un
elemento constitutivo de nuestra propia
existencia. La muerte, inherente a nuestra vida como el término que le da fin y
la acaba, no es por lo mismo sino más
dramática. Se traduce, en efecto, ese término en un límite desde donde empieza
la "allendidad" que encubre el misterio
de lo incierto: "El último día nos enfrenta con la eternidad o con la nada" y
desde luego, º¿acaso nos puede ser indiferente esa ultimidad?" El drama se agudiza haciéndose personal en la certeza
de que somos cada uno de nosotros, de
que soy yo el que tendré que interrogarme entonces: "¿ aniquilación o segundo
nacimiento?''
En este planteamiento de disyuntiva,
la cuestión de la 11allendidad" sólo puede tener respuesta a partir de la reflexión
sobre el alma y sobre su estructura ontológica. Y habrá de cuidarse que dicha
reflexi6n no contravenga la elemental
preceptiva de la lógica, pues realmente
"¡ trágico hado el tener que cimentar en
la movediza y deleznable piedra del deseo de inmortalidad la afirmaci6n de
ésta!", según la admonición de Unamuno. Pero el autor sabe que ha de probarse por otros caminos lo imperecedero del espíritu, el cual no puede correr
la misma suerte que el cuerpo al que
está unido por mostrar ya en esa unión

530

una cierta autonomía en sus operaciones.
o actividades propias.
Pero, no es ese todo el cometido de la
obra del Doctor Basave. A esta tarea han
entregado, cien otros, muy valiosos esfuerzos. No se quiere dar por satisfecho
integrando la muerte a la vida, como su
elemento constitutivo 1 ni probando a su
manera la perenidad del alma humana.
Desea llevar su pensamiento de filósofo
católico hasta convertir el ya clásico "ser
u
para la muerte" del hom bre, en un ser
para la vida real e inacabable". Quiere
probar que la raz6n asiste al "mu~ro
porque no muero" de Santa Tere~; quiere hacernos trocar la repugnancia ante
la "presencia ausente" de nuestra muerte
por la alegría que ha de sentir el que
ve en ella una "libre y cordial adhesión
a los designios del Señor".
FRANCISCO Buc10 PALOMINO
JEAN WAHL, L'Expérience Metaphysique,
Flamarion, Paris, 1965.
UNA COSA ES METAFÍSICA y otra cosa es
"experiencia metafísica". La primera _se
hace con juicios que por lo menos quieren ser plenamente predicativos. La s~gunda toca el terreno de lo "pre-predicativo" en sentido husserliana. Pero
-con la venia de Husserl-, si hay experiencia de lo pre-predicativo o de lo
antipredicativo ¿podría ser ésta una
experiencia metafísica?' ¿ no se contraponen por un lado "experiencia" Y "an'
.
tepredicativo"
Y, por el otro, " experiencia" y "metafísica"?
Es muy importante la cuestión para
todo pensador que quiera pisar un suelo
56lido. Jean Wahl está consciente de ello
al entregarse en esta obra a la tarea de
analizar a los "fil6sofos célebres" en sus
respectivas experiencias metafísicas i al
aplicar a cada uno de los grandes sist~mas filosóficos la pregunta sobre la posibilidad de la experiencia metafísica, para

invitarlos a responder afirmativamente
octu excercito, brindándoles a la vez la
ocasión de manifestarse en su genuino valor. Pero no es precisamente un desfile
de filósofos ante la prueba de fuego lo
que intenta el autor; este cometido histórico ha de ser propuesto en primera
intención a los historiadores de la Filosofía. Trátase más bien de cercar la experiencia metafísica, a la luz de la Historia de la Filosofía, para descubrir su
esencia. Y la esencia de la experiencia
metafísica va a revelarse, a través de todos los ejemplos históricos examinados,
en el sentido de "prueba" de la presencia
de "Algo" que sobrepasa nuestro conocimiento ordinario y que a la vez "nos
prueba", a la manera como el hombre
religioso "éprouve qu'il est éprouvé" por
Dios. En tanto que presencia obsedante,
el término de la experiencia metafísica
no conserva su categoría filos6fica sino
por ser presentida en él una explicaci6n
englobante de la realidad al trascender
el tipo de explicaciones dadas por la ciencia. También por esto ha de tipificarse
la experiencia metafísica más en forma
de interrogante que en forma de respuesta. Así, en la defensa que Jean Wahl hace de la metafísica ante los analistas lógicos, nos dice que aquella es por lo menos ese saber que el hombre consigue
acerca de las cuestiones que pueden ser
planteadas sobre las cosas que sobrepasan
nuestra experiencia ordinaria. Que el término internacional de tales cuestiones llegue a ser expresado en conceptos claros
u obscuros, según una secuencia racional
precisa o con errores J6gicos, ello dependería de Ia habilidad que se tenga
en el manejo de la argumentación y del
lenguaje. Pero aun cuando éste sea torpe, en nada afectará el que haya sido
posible la auténtica experiencia metafísica. Cierto es, por otra parte, que el
contenido intencional de toda experiencia metafísica permanece con una ambigüedad radical por el hecho mismo de

no poderse desvelar una vez por todas.
Quizás, por Jo mismo, no estamos siempre seguros de la autenticidad de las diferentes experiencias metafísicas de los
grandes filósofos. ¿ Será, o no será una
experiencia metafísica el Cogito Cartesiano? Jean Wahl no lo creía antes, ahora está convencido de que sí lo es. En
todo caso. no tenemos razón para negar
su posibilidad, como, por otra parte, no
tenemos razones para asegurar que es
prerrogativa exclusiva del filósofo. Ya sea
que hayan muchas, ya sea todas se reduzcan a la experiencia metafísica del
Ser ( como Jo cree firmemente Heidegger), nuestra actitud interrogante no
está lejos de ser hermana de la del poeta
que quiere abandonarse al inconmensurable todo que es él, que eres tú, que
soy yo.
FRANc1sco Buc10 PALOMINO
MARIANO BAUERO GoYANES, Proceso de
la novt:la actual, Biblioteca del pensamiento actual, Ed. Rialp, S. A., Madrid 1
1963.
TAL COMO EL AUTOR INDICA en la Introducción, el libro está integrado por un
conjunto de ensayos y artículos referentes a la novela. No trata de hacer una
apología del género, sino de caracterizarlo de acuerdo con una precisa conciencia hist6rica y a la luz de la problemática del pensamiento contemporáneo.
El tema se abre con comentarios a la
discusión entablada entre Ortega y Baraja en 1925. El camino que el autor se
ha trazado es el de una presentaci6n de
la problemática actual a partir del pun.
to de vista de quienes consideran el género como medio expresante del Humanismo (Jean Paul Sartre) y el de quienes lo reducen al exclusivo valor de lo,
literario (Paul Valery). Es por esto que
uno de los ensayos se titula "Deshumanizaci6n de la novela". Estudia las pecu-

53?
H

�liares "fisonomías" que la novela presenta en nuestro siglo, partiendo desde
Dickens para señalarlo como un punto
inicial con su obra Pickwick Papers; esto
no es sino un modo de hacer resaltar el
nuevo sentido de la novela sin argumento en la que "nuevas estructuras expresivas se apoyan sustancialmente en el símbolo, la situación, el contrapunto de monólogos" ; sobre este particular cita a
Proust, Joyce y Virginia Woolf.
El problema de las relaciones existentes entre el teatro y la novela lo enfoca
a propósito de la adaptación hecha por
Camus de Requiem para una mujer de
Faulkner. En el fondo replantea el problema apuntado por Ortega al considerar la novela como "categoría del diálogo".
En torno a las opiniones de Gabriel
Marcel y Sartre de si la novela estricta
es o no políticamente reaccionaria, se
pone de lado de este último: "En mi
opinión, no existen grandes novelas reaccionarias ( o no suelen existir), por la
misma razón que tampoco existen novelas de signo ideológico opuesto. . . incluso entre los grandes creadores novelescos suele ocurrir que sus creaciones
más tendenciosas (las más juveniles corrientemente) son, a la vez, las menos
artísticas e importantes.
Respecto al destinatario de la novela,
dedica todo un pasaje a "El público, lector de novelas", señalando la tesis de
Unamuno, para quien "todo es novela,
todas sus obras en cierto modo, y no pocas de las ajenas, desde la Jlíada hasta
la L6gica de Hegel". Se remonta a los
orígenes del género en un capítulo que
llamó "El ocio y las formas novelescas",
rastreando los antecedentes en la Edad
Media 1 el Renacimiento, y el Barroco i
hace hincapié en el esfuerzo de los novelistas del s. XIX en dar jerarquía artística al género. Su opinión primordial
es que "En la medida que la novela ha
ido emancipándose de su antigua candi•

532

ción de género enderezado a cubrir el
ocio femenino, ha ido, al mismo tiempo,
superando los prejuicios que, a su alre•
dedor, había permitido crecer el énfasis
clasicista, jerarquizador de géneros y es•
tilos".
En los últimos capítulos trata de hacer
ver que el enfoque intelectual de la no•
vela ha servido "para hacer ver lo que
de falso y convencional había en la imagen de este arte". Su problemática desemboca en las técnicas, que a su juicio
presentan una doble vertiente: la del
mero snobismo y la del necesario encuentro de nuevos procedimientos expresivos
para "conseguir formalmente una visión
adecuada del hombre de nuestro tiempo
y de sus problemas".
M. DEL VALLE DE MONTEJ ANO
JAVIER M1rnDIRICHAGA CuEvA, Tres Mo•
numentos Virreinales de la Ciudad de
Monterrey. Tesis para obtener el grado

de maestro en historia universal. Escuela
Normal Superior Labastida. Monterrey,
1965. 56 pp. Mimeógrafo, carátula im•
presa.
INVESTIOACIÓN DE CARÁCTER histórico ar·
tístico, que comprende sendos estudios
del desaparecido convento de San Francisco, de la Catedral y del Obispado.
Del primero ofrece interesantes descripciones de diversas épocas, y consigna,
al final su opinión sobre el estilo. Asienta
que este templo no se ceñía al barroco
imperante, y encuentra la explicación en
"la realidad geográfica y psicológica, es
decir, por la aridez del terreno en que
se levantó y por la angustia vital que
padecían los pobladores". Era un edificio de escasa altura "y apegado a la tie•
rra", en lo que el autor cree "descubrir
el dramático mensaje de aquella genera•
ción batalladora que buscó la satisfacción de tantas necesidades humanas";
aunque pudiera ser más bien la caracte-

'

rística establecida para las construcciones religiosas y civiles de los lugares de
clima cálido.
El mayor número de páginas está dedicado al estudio de la Catedral. Los
datos históricos son de primer orden y
las descripciones bien logradas. En su
opinión, la portada cae dentro del barroco moderado y lo atribuye al medio
en que se movió "una generación ruda,
bizarra, en constante lucha con la naturaleza y el indio hostil".
De igual manera procede para el
Obispado: antecedentes, descripción y
juicio crítico. La portada, que clasifica
en el barroco estípite, es descrita con
acierto y encuentra en ella elementos
que interpreta como "una anticipación
al grito de Independencia".
El autor rebate las opiniones adversas
de especialistas, de viajeros o de informes oficiales. Dignifica, además, el ma•
terial de la región: el sillar, y protesta
contra el empaste de cemento y contra la
"yesería y filigranas ridículas".
El libro logra su objetivo: reivindicar
el legado artístico j aportar datos nuevos
Y provocar la inquietud en los estudiosos. Está escrito con sencillez y claridad
admirables y, además de ser el único en
la bibliografía local en su género, es lo
más valioso que se haya escrito aquí sobre el tema.
PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA
CARLOS FUENTES, Cantar de ciegos, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1964.
ESTA OBRA SE INTEGRA con siete relatos,
independientes entre sí, pero tendiente
cada uno de ellos -al menos esa parece
ser la intención del autor- a reforzar
una sola idea, tema de la obra: la impo•
sibilidad del hombre de alcanzar la plena
realización de sus anhc1os.
De estos siete relatos únicamente Las
dos Elenas, El costo de la uida, La mu-

ñeca reina y A la uíbora de la mar cum-

plen aceptablemente su cometido. En
efecto, cada una de las cuatro historias
desemboca en un mismo desenlace: el
protagonista, al ver frustrados sus mayores deseos, cae abatido por el desengaño.
. En Las dos Elenas, Víctor, el protagonista, comparte su vida con la de su esposa Elena, mujer aristócrata, egoísta e
inclinada a todo género de actividades
frívolas y escandalosas. Cegado por el
amor, Víctor anula su personalidad para
entregarse débilmente a secundar los caprichos y extravagancias que la vida vacua que consume su mujer exige para
librarla del tedio. La incomprensiva Elena excluye de las metM que se ha propuesto perseguir la felicidad de su amante consorte. Impelido por el agobio que
este alejamiento le produce, el marido
conforma en su mente, con calidad de
consuelo ficticio, la imagen de otra Elena, más diáfana y consistente que la imagen que le ofrece la Elena real. La Elena idealizada es más dulce más tierna
más apegada al hogar. . . ;n una pala~
bra, es un verdadero complemento. Y un
complemento es lo que Víctor más ne•
cesita como antídoto para su soledad.
Pero al percatarse de lo irrealizable de
su ideal, ora por su sentido de responsabilidad, tan arraigado en él, ora por
su falta de energía para instar a Elena
a que recapacite sobre sus actos, tan
poco dignos de una esposa, Víctor queda impedido para evadir su situación;
irremisiblemente se condena a convivir
rutinariamente con la compañera equivocadamente elegida.
En El costo de la vida Fuentes hace
derroche de acción y dramatismo. Esta
narración justifica en mayor medida que
las restantes el propósito último del autor.
La joven pareja que interviene en el
relato lucha por vencer las penalidades
económicas originadas por los excesivos
gastos que requiere la vida en una gran
ciudad. Los miserables salarios de am•

533

�bos cónyuges -maestro él y oficinista
ella- no bastan para asegurarles una
tranquilidad material estable. Para colmo de desdichas, un mal día enferma
la esposa, y el marido, desesperado, se
moviliza sin descanso hasta conseguir un
empleo eventual de chofer de carro de
alquiler. Este empleo complementario le
permite equilibrar nuevamente el presupuesto habitual. Pero cierta noche en
que el infeliz se dispone a desempeñar
sus nuevas labores, sus esfuerzos por continuar viviendo reciben la más irónica
de las respuestas: un absurdo altercado
con un sujeto de mal vivir le acarrea la
muerte, al ser apuñaleado en el vientre
por su inesperado enemigo.
En La muñeca reina un bello recuerdo de adolescencia resurge en el corazón
de un joven abogado. A los catorce años
había conocido, en un parque de los
alrededores de la capital, a Amilamia,
preciosa chiquilla de siete años que le
había proporcionado inolvidables momentos de alegría con sus infantiles ocurrencias. Quince años más tarde, abrumado
por el hastío y el aburrimiento que le procura la monótona rutina, evoca la calma, la sencillez y los sueños que lo
acompañaron en su segunda infancia.
Asocia aquella felicidad pasada con los
grandes ojos grises de Amilamia; con su
cabello amarillo pajizo de tonos cambiantes; con su delantal a cuadros; con
sus dibujos grotescos y su mala ortografía; con su gravedad innata. . . Pero
lo que más añora es el afán que bullía
en la niña por infundirle entusiasmo,
poniendo al servicio de este afán su portentosa imaginación con la que urdía
una ilimitada gama de piruetas y travesuras.
Deslumbrado con la perspectiva de un
reencuentro con la actual Amilamia, acude presuroso a la antigua casona en la
que viviera hacía quince años. Los padres, al conocer ]a finalidad de su visita,
lo enteran de la repentina muerte de su

534

hija, ocurrida precisamente cuando contaba siete años de edad. Y para que
Carlos no abrigue ninguna duda al respecto, lo conducen a un sombrío sótano,
en cuyo centro descansa un pequeño
ataúd conteniendo una muñeca de pasta1 destinada a conservar el recuerdo de
la desaparecida.
Tras la penosa escena, los ancianos
suplican al visitante que se marche y que
no regrese más; su presencia 1 de repetirse, renovaría con intensidad cada vez
más creciente el dolor que hasta entonces
estuvo asentado en sus almas. Sin embargo, pocos días después, contra lo prometido1 Carlos sorprende a los padres de
su amiga con una segunda visita para
devolverles unos dibujos hechos por Amilamia. Pero el espectáculo que contempla
en la puerta de entrada lo estremece
violentamente: Amilamia, sentada en una
silla de ruedas lo recibe, sonriendo con
expresión estúpida j la abultada joroba
que deforma su pecho hasta hacerla aparecer monstruosa mata de golpe la hermosa ilusión que daba a la vida de Carlos un toque de ensueño. En este mismo
instante comprende la verdad: los ancianos prefirieron mantener intacto su
frágil ideal haciéndole creer la muerte
de su hija, antes que enfrentarlo con la
despiadada realidad.
Por último en A la víbora de la mar,
Isabel Valles, mujer bastante madura,
es víctima de su lastimosa credulidad, al
ser burlada y estafada por dos degenerados.
Isabel dedica los mejores años de su
juventud a trabajar duramente hasta reunir un capital considerable con el que
abre una tienda de artículos para regalo.
Cumplidos los cuarenta años, una tía suya
con quien a la sazón vivía y que había
sido testigo de la fatigosa existencia de
su sobrina, la persuade para que emprenda un largo viaje por Europa con
sus ahorros.
Una vez a bordo del Rhodesia Isabel

se siente torpe y ridícula; por ser la primera vez que sale del país ignora las
normas de comportamiento en tales circunstancias. Para evitar el ridículo decide imitar al resto de la tripulación.
Sin embargo, no obstante sus precauciones, Harry y Jack 1 dos vividores de oficio, con la malicia y vivacidad propias
de los hombres acostumbrados a toda
suerte de correrías, descubren al punto
la ingenuidad de la novel viajera. Inmediatamente recaban informes sobre la fortuna que porta la dama. Sabedores de
que lleva consigo ocho mil dólares en
cheques de viajero, ambos la asedian con
sus galanteos sin ningún escrúpulo. Uno
de ellos, J ack, incurre en el extremo de
casarse con ella.
Asombrada, a la par que halagada con
su nuevo estado1 Isabel rejuvenece visiblemente. Tiene conciencia de que, aunque tardía, la felicidad tanto tiempo esperada ha por fin llegado.
Cierta ocasión, convencida por las argucias de su "marido", pone en manos
de éste la cartera de cheques, facultándolo para que haga uso de ellos como
mejor le plazca.

l.

Logrado su objetivo, los dos homosexuales bien poco se cuidan de no despertar sospechas en Isabel y en los demás
viajeros con su vergonzoso proceder. Y
las murmuraciones no tardan en levantarse. La misma Isabel es objeto de la
cruel maledicencia. Los pasajeros del
Rhodesia no conciben que un hombre
de la apostura y elegancia de Jack se
enamore de una solterona vieja y desabridaj tampoco pasa inadvertida la extraña amistad que une a los dos ingleses,
a quienes se les ha sorprendido en actitudes demasiado sucias. Isabel, hasta entonces ignorante de la relación que mediaba entre Harry y Jack, adivina su
fracaso. Herida profundamente, pero sin
acobardarse, resuelve arrancarles la careta a los timadores. Temblando de indignación pide a uno de los camareros

que la conduzca hasta el dormitorio de
Jack. Su decepción se convierte en asco
al irrumpir en la habitación: Harry y
Jack, estrechamente abrazados, se hacían
el amor, y entre risotadas y majaderías
festejaban su último triunfo: ocho mil
dólares en cheques de viajero, obtenidos
con sólo despertar una ilusión engañosa
en una mexicana solterona e insulsa.
Los otros tres relatos: Fortuna lo que
ha querido, Vieja moralidad y Un alma
Pura distan mucho de sostener con su
peso la estructura total. Introducen la
nota discordante en el conjunto. Vieja
moralidad refiere la falsa virtud que engendra el fanatismo en tres viejas libidinosas. Sin tapujos ni rodeos saca a
relucir Fuentes la hipocresía revestida de
piedad que tornan como estandarte algunos miembros de asociaciones religiosas.

Fortuna lo que ha querido y Un alma
pura carecen de lo que propiamente se
denomina argumento; el estilo1 retorcido
y obscuro, resulta vacío por el uso excesivo de giros y expresiones pedantescos.
Es evidente que el tema elegido, considerado en sí mismo, es de extraordinario interés humano. Desafortunadamente
Fuentes lo trata desde la superficie. La
falta de unidad en la trama y la vulgaridad de los personajes, que en lugar de
mostrar una vigorosa individualidad actúan como indefensos ciegos, quedando
a merced de la disposición que de ellos
se sirva hacer su autor, son testimonio
de la inautenticidad del sentimiento creador de Fuentes. Su capacidad para desarrollar asuntos de innegable hondura
filosófica está en entredicho. Dentro del
campo realista, donde es más factible
plantear problemas políticos y sociales,
entresacando a contraluz inquietudes triviales de la cotidiana existencia, este escritor es más convincente. Los temas de
trascendencia universal, como pretende
serlo la presente obra, los ejecuta corno
trabajo de laboratorio. Abundan en ella

535

�mezclas de todo género pero no la sincera visión original del artista. Todas
estas deficiencias, no vislumbradas por
Fuentes o tal vez no vistas intencionalmente, actualizan en forma poco seria y
deslucida lo que bien pudo haber sido
un gran logro literario y artístico.
EvA

MARLA ALVAREZ

Q.

NOTICIA BIBLIOGRÁFICA

LA Biblioteca de Psicología y Psicoterapia

dirigida por el Prof. Dr. Juan José L6pez Ibor, acaba de aparecer en sus primeros 4 volúmenes a través de la prestigiosa Editorial Gredos de Madrid. Se
trata de una colección largamente esperada por el público de habla castellana.
Primero que nada porque hace años el
Prof. L6 pu I bor es reconocido en el
mundo entero dentro del campo específico de la Psiquiatría y también como
pensador y conferenciante.
La idea central es aportar en español
un amplio campo en el que remansan
las más activas corrientes del pensamiento
contemporáneo. No se trata de llegar al
gran público, sino al especialista preferentemente y además a aquellas personas
que se mueven en un ambiente cultural
para el que el conocimiento de estos temas, supone franquear una divisoria decisiva.
En el título de la Biblioteca, las palabras "Psicología y Psicoterapia" no suman sus contenidos, sino que cada una
limita y determina en cierto modo a la
otra. Tampoco en sus contenidos estarán
estas materias dogmáticamente adheridas
a una escuela, sino que alcanzarán la amplitud suficiente para que el lector tenga
conciencia de encontrarse en un campo
científico seguro.
Serán características destacadas de esta Colección la cuidadosa selección de
títulos y su modernidad 1 de manera que

536

el lector esté siempre en el umbral cambiante de un cautivador campo cultural.
A continuación ofrecemos algunos de
los títulos que aparecerán en la Biblioteca de P.ficología y Psicoterapia.

V. E.

FRANKL,

Teoría y terapia de las

neurosis.
P.ficoterapia desde el punto
de vista antropol6gico.
DIETER WYss, Las escuelas de p.ficología
profunda desde los comienzos hasta la
actualidad.
J. J. LÓPEz 1BoR1 La neuro.fis como enfermedad del ánimo.
lGoR A. CARUSO, Bios, p.fique y persona.
HENRY EY, La conciencia.
JuRG ZuTT, En el camino de una psiquiatría antropol6gica.
JASPERS, E.fcritos sobre psicopatología.
KLAUSER, Manual de análisis biográfico.

BRAUTIGAM,

En el Prólogo a la Colección, L6pez
lbor señala entre otras cosas:

"El hombre contemporáneo se siente
atraído por la psicología. Tiene, además,
necesidad de ella para entenderse a sí
mismo y la sociedad en la cual vive. Por
eso, de todas las direcciones psicológicas,
aquella que mayor fascinación ejerce sobre él es la que se ha dado en llamar
'psicología profunda'.
Resulta imprescindible subrayar, una
vez más, que la psicología profunda ha
sido obra de los médicos.
Este ser humano, tan simple en apariencia1 tan complejo en el fondo, responde siempre a lo que se le pregunta,
lo cual quiere decir que en la respuesta
no está nunca más que una parte de
él. Quiero decir con ello que la investigación en profundidad es una investigación abierta, con respuestas múltiples
y diversas, según la dirección de donde
vengan las preguntas. Si Freud preguntaba por la dinámica de los instintos, es
natural que no hallase más que dinámica
de los instintos en su respuesta. La psi-

cología profunda es, pues, un campo
abierto a la interrogación y no un terreno acotado para la manipulación.
Entre las muchas utopías del hombre
se halla ésta de la manipulación de sus
vísceras anímicas. La educación, la formación de la personalidad, la adscripción a una mentalidad colectiva y social,
mayoritaria o minoritaria, son formas de
manipulación de las vísceras anímicas.
El hombre es, en este sentido, el ser más
plástico que existe, pero también el más
rebelde 1 porque la manipulación encuentra siempre sus límites. Uno de los elementos utópicos de Ja sociedad futura
es el de lograr hombres conformados con
arreglo al esquema de la misma. Una
de las resistencias frente a esa utopía
es la insobornalidad de la persona humana. En cualquiera de los casos esa
ambigüedad incita a su estudio, El' descubrimiento de la textura de las opacas
entrañas del ser facilita su comprensi6n 1
aunque no haya que pensar que con
"comprender", la tarea esté terminada.
Cada vez crece el número de libros
que se publican sobre estos temas. Es
evidente que en el conocimiento de los
mismos nos hemos enriquecido, y que
este enriquecimiento ha sido una obra
compleja. El pensamiento filosófico contemporáneo ha sido fecundado de un
modo decisivo. Yo ya sé que para la
acción son más eficaces las ideas elementales que las complejas, y que, a medida
que se aumenta la complejidad de una
situación psicológica, nuestra capacidad
de actuar sobre ella es menor. Por eso
son temibles los hombres y los libros de
una sola idea. A la larga -y a veces a
la corta-, el monoideísmo lleva a la
frustración. Siempre se escapa sustancia
humana que resiste a ser envasada en
recipientes estrechos. En la hipnosis, el
campo mental del hipnotizado parece
reducirse a la monoidea del hipnotizador.
Los primeros resultados son brillantes,
deslumbradores. Al cabo de poco tiempo,

su insuficiencia y lo que de tosquedad
hay en su interpretación del contacto hu•
mano aparece claramente. De ahi el
flujo y reflujo que ha habido en ]a utilización de la hipnosis como técnica psicoterapéutica.
Lo más apasionante de Ja psicología
profunda es que enseña a actuar sobre
el hombre. El "contacto personal" deja
de ser una cutícula sin estructura para
convertirse en una red compleja, que ha
de ser manejada con arte de pescador.
El mayor problema de la medicina actual consiste en que no se pierdan esas
formas milenarias, transidas de una especial luz afectiva, que permitían que
el contacto humano entre el médico y el
enfermo fuese algo singular que contribuyese a la curación o ayudase al enfermo a soportar su cruz.
En la sociedad actual, a medida que
crecen las técnicas de comunicación, crece la distancia que existe entre los hombres, aun entre los que físicamente están
más próximos.
No diré yo que la psicología profunda
posea un secreto que permita en seguida
demoler estas dificultades¡ pero sí afirmaré que ese conocimiento de lo extraño
del ser que propugna es, al mismo tiempo, apertura de cada uno a los demás.
De ahí la influencia de sus puntos de
vista en el mundo contemporáneo.
Con esta colección pretendemos ayudar
a nuestros lectores a encontrar caminos
propios para entender los problemas de
la intimidad humana. El que en ella se
acojan direcciones distintas se debe, precisamente, a que, a pesar de todo, la
singularidad de cada uno debe ser salvada".
La presentación impecable de un pensamiento profundo, aparece a primera
vista sencillo. Cuando habla y escribe el
Prof. L6pez Ibor lo hace en forma sencilla. En su último libro La A ventura
Humana, dice que estarnos asistiendo his-

537

�tóricamente "a una hipertrofia del quehacer, como conducta. La historia no es
:algo que pasa, sino algo que se hace.
En el hombre actual se subraya su di,ncruión aventurera. Realmente, la aven"tura pertenece a la esencia humana, ex-presión de la libertad". No es de extrañar

que el Prof. López Ibor haya sido nombrado Presidente del Cuarto Congreso
Mundial de Psiquiatría, que deberá celebrarse en Madrid, durante los primeros
días de septiembre de 1966.
DR. ADRIÁN Qumoz

CANJE

Publicaciones recibidas

*

(1956)
ALEMANIA

Das Tier in Der Spanischen Bildsprache, Ibero-Amerikanisches Forschungsimtitut, Hamburgo, 1949.
Institut für Auslandsbeziehungen Stuttgart, Ausland-Institut, 1963, 1964, 1965.
Problems of the peoples of the USSR, edited by a Comttee or the Loague for the Liberation oí the peoples of the USSR, Munich, No. 23 (Autumn 1964), No. 24
(Winter 1965).
Uber den Indianismus, das ibero-indianische Lcbensgefühl und seine Gestaltung bei Ricardo Rojas, Ibero-Amerikanisches Forschungsinstitut, Hamburgo, 1951.
Universitas, Revista alemana de Letras, Ciencias y Arte, edici6n trimestral en Lengua
Española, Stuttgart, Vol. II, No. 3 (Diciembre 1964), Vol. II, No. 4 (Marzo 1965).

ARGENTINA
Bibliografla Argentina de Artes y Letras, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires
(Compilaciones Especiales) No. 19, No. 20 (Octubre-Diciembre 1963), Nos. 21/22
(1965).
Boletín Bibliográfico, Ministerio de Gobierno, Biblioteca Pública Gral. San Martín, Mendoza, No. 2 (Julio-Diciembre 1963).
Boletín Informativo, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 35 (Junio-Julio
1965).
Cuadernos de Historia de España, Instituto de Historia de España, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires ( 1963).
Estudios, Revista argentina de cultura, información y documentación, Buenos Aires
(Noviembre de 1964), (Diciembre 1964), (Marzo-Abril 1965), (Mayo 1965), (Junio
1965), (Julio 1965), (Agosto 1965).
Fichero Bibliográfico Hispanoamericano, catálogo mensual de toda clase de libros en
español publicados en las Américas, Buenos Aires, Vol. 4, No. 4 (Enero 1965).

* Se recogen por orden alfabético libros y publicaciones periódicas.

538

539

�PETIT, ULYSEs, El Miserable Amor, Buenos Aires, 1959.
Philosophia, Revista del Instituto de Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cuyo, Mendoza, No. 28 ( 1964).
Revista de Literaturas Modernas, Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía
y Letras, Mendoza, No. 3 (1964).
Sapientia, Organo de la Facultad de Filosofía, Uhiversidad Católica Argentina, Santa
María de los Buenos Aires, Año XIX, No. 73 (1964), Año XX, No. 75 (1965),
Año XX, No. 76 (1965).
Universidad, publicación de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 59
(Enero-Marzo 1964), No. 60 (Abril-Junio 1964), No. 61 (Julio-Septiembre 1964),
No. 62 ( Octubre-Diciembre 1964).
Versión, Revista de la Biblioteca Pública General San Martín, Mendoza, No. 4 ( 1965).

BRASIL
Caravelle, Institut D'etudes Hispaniques, Hispano-Americaines et luso-brésiliennes, Université de Toulouse, No. 3 (1964).
Revista da Facultade de Direito, Universidad de Sao Paulo, Vol. LVIII (1963), Vol.
LIX (1964).
Revista da Universidade de Minas Gerais, Belo Horizonte, Minas Gerais, No. 14 (Seternbro 1964).

GANADA
Annales de L'acfas, Association Canadienne-Francaise pour l'avancement des Sciences,
Montreal, Canadá, pour l'année 1961-1962, Vol. 29 (1963).

COLOMBIA
Colegio de Bibliotecarios Colombianos, Editorial Universidad de Antioquía, Medellín,
Vol. !, No. 1 (Diciembre 1963), Vol. II, No. 2 (Junio 1964).
COTE LAMUs, EDUARDO, Estoraques, Ediciones del Ministerio de Educación, Bogotá~
No. 2, 1963.
Estudios de Derecho, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de
Antioquía, Año XXV, Segunda Epoca, Vol. XXIII, No. 65 (Marzo 1964), Año
XXV, Segunda Epoca, Vol. XXIII, No. 66 (Septiembre 1964).
SÁNCHEZ, JORGE, Cristo (un poema meditado), Bogotá, 1964.
Thesaurus, Boletín del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, Tomo XIX, No. 2 (MayoAgosto 1964), Tomo XIX, No. 3 {Septiembre-Diciembre 1964 ).

COSTA RICA
Revista de Ciencias Jurídicas, Universidad de Costa Rica, Escuela de Derecho, No. 4
(Noviembre 1964).

540

CUBA
AuGIER, ANGEL, Nicolás Guillén, Dirección de publicaciones, Universidad Central de
las Villas, 1964.
Casa de las Américas, La Habana, Año IV, No. 25 (Julio-Agosto 1964), Año IV, No.
27 (Diciembre 1964), Año V, No. 30 (Mayo-Junio 1965), Año V, No. 31 (JulioAgosto 1965).
El Movimiento de los Romances Cubanos del siglo XIX, selección y prólogo de Samuel
Feijóo, Editora del Consejo Nacional de Universidades, Universidad Central de las
Villas, 1964.
FEIJÓo, SAMUEL, Cantos a la Naturaleza Cubana del Siglo XIX, Editora del Consejo
Nacional de Universidades, Universidad Central de las Villas, 1964. Ser Fiel, Editora
del Consejo Nacional de Universidades, Universidad Central de las Villas, 1964. Libreta de Pasajero, Editora del Consejo Nacional de Universidades, Universidad Central de las Villas, 1964. Tumbaga, Editora del Consejo Nacional de Universidades,
Universidad Central de las Villas, 1964. Mitos y Leyendas en las Villas. Universidad
Central de las Villas, 1965.
GARCÍA ROBLES, VÍCTOR, Oid Mortales, La Habana, 1965.
GUILLÉN, N1coLÁs, Tengo, Universidad Central de las Villas, 1964.
Islas. Revista de la Universidad Central de las Villas, Santa Clara 1 Vol. VII, No. 2
(Enero-Junio 1963), Vol. VI, No. 2 (Julio-Diciembre 1964), Vol. VII, No. 1 {EneroJunio 1965), Vol. VII, No. 2 (Julio-Septiembre 1965).
MARIANELLO, JuAN, Contemporáneos, Noticia y Memoria, Editora del Consejo Nacional
de Universidades, Universidad Central de las Villas, 1964.
ÜNETTI, JoRGE, Cualquiercosario, La Habana, 1965.
ÜRTiz, FERNANDO, Contrapunteo Cubano del tabaco y el azúcar, Dirección de Publicaciones, Universidad Central de las Villas, 1963.
PoRTUONoo, JosÉ ANTONI, Critica de la Epoca y otros ensayos, Editora del Consejo
Nacional de Universidades, Universidad Central de las Villas, 1965.
TRIANA, JosÉ, La noche de los asesinos, La Habana, 1965.
ZALAMEA, JORGE, La poesía ignorada y olvidada, La Habana, 1965.
CHILE
Anales, de la Facultad de Teología, Universidad Católica de Chile, Nos. 15-16, 19631964.
ECUADOR
Anales de la Universidad de Cuenca, Tomo XX, No. 2 (Abril-Junio 1964), Tomo XX,
No. 3 (Julio-Septiembre 1964), Tomo XX, No. 4 (Octubre-Diciembre 1964), Tomo
XXI, No. 2 (Abril-Junio 1965), Tomo XXI, No. 1 (Enero-Marzo 1965).
Anuario de Estadísticas Vitales, Junta Nacional de Planificación y Coordinación Econ6mica, División de Estadísticas y Censos, Quito, 1964.
Boletín de la Academia Nacional de Historia, Quito, Vol. XLVII, (Julio-Diciembre
1964), Vol. XLVIII, No. 105 (Enero-Junio 1965).
luris, Revista de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad
de Cuenca, No. 1 (Mayo 1965).

541

�Segundo Censo de Poblaci6n y Primer Censo de Vivienda, Junta Nacional de Pl~nificación y Coordinación Económica de Estadística y Censos, Quito, Tomo I (Noviembre
25 de 1962), Tomo 11, Tomo 111, Tomo IV (25 de Noviembre de 1962).
EL SALVADOR
Libertad y Cultura, en torno al debate universitario, Universidad de El Salvador, Consejo Superior Universitario.
ESPAli!A
Archivo Ibero-Americano, Revista trimestral de Estudios Históricos, publicada por los
pp. Franciscanos, Madrid, Año XXIV, No. 96 (Octubre-Diciembre 1964), Año XXV,
No. 97 (Enero-Marzo 1965), Año XXV, Nos. 98-99 (Abril-Septiembre 1965).
Avgvstinvs, Revista trimestral publicada por los Padres Agustinos Recolet~s~ Madnd, Vol.
IX, No. 35 (Julio-Septiembre 1964), Vol. IX, No. 36 (Octubre-D1c1embre 1964),
Vol. X, No. 37 (Enero-Marzo 1965).
Convivium, Filosofía, Psicología, Humanidades, Facultad de Filosofía y Letras, U~~versidad de Barcelona, Nos. 15-16 (Enero-Diciembre 1963), No. 17-18 (Enero-D1c1embre 1964).
Humanidades, Revista Cristiana de Humanismo actual de la Universidad Pontificia de
Comillas, Vol. XVII, No. 41 (Mayo-Agosto 1965).
.
. .
Revista de Indias, Instituto Femández de Oviedo, Consejo Superior de Investlgac1ones
Científicas, Madrid, Año XXIII, Nos. 93-94 (Julio-Diciembre 1963), Año XXVI,
Nos. 95-96 (Enero-Junio 1964).
ESTADOS UNIDOS
American lmpact, Judaism in the United States in the early ninteenth century, Syracuse
University, New York (April 1964).
.
Américas, Revista publicada por la Unión Panamericana, editada mensualmente. en mglés, español y portugués por la División de Relaciones Culturales, Washington,
D. C., Vol. 17, No. 7 (Julio 1965).
. ..
APPEL, ALFRED, James ]ayee, published upan the occasion of an Exh1b1t1on, The Stanford University Libraries (October 1964).
BPR American Book Publishing Record, Philadelphia, Vol. 6, No. 6 (Junio 30 de
1965), Vol. 6, No. 7 (Julio 31 de 1965), Vol. 6, No. 10 (Octubre 31 d~ 1965).
C. F. D. MouLE, An lndiom-Book of New Tcstament Greek, Cambridge Umvers1ty Press,
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DAVIs MosHE The Jewish People in Metamorphosis, Syracuse University.
H andbook of iatin American Studies, University of Florida Press, Gainesville, Florida,
No. 26 1964.
H. A. Bulletin, Reprint of part 1 of Historical Abstracts, American Bibliographical Center,
Santa Bárbara, California, Vol. 10, No. 4 (December 1964), Vol. 11, No. 1 (March
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Iiteratures, University of Pennsylvania, Philadelphia, Vol. XXXII, No. 2 (Apnl

542

1964), Vol. XXXII, No. 3 (July 1964), Vol. XXXIII, No. 1 (January 1965), Vol.
XXXIII, No. 2 (April 1965), Vol. XXXIII, No. 4 (October 1965).
Historical Abstracts, Santa Bárbara, California, Vol. 10, No. 1 (March 1964).
lnter-American Review o/ Bibliography, Pan American Union, Washington, D. C. Vol.
XIII, No, 3 (Julio-Septiembre 1963), Vol. XV, No. 1 (Enero-Marzo 1965), Vol. XV,
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J. WoRTH, GEORGE, James Hannay His Life and Works, University of Kansas Publications Humanistic Studies, Lawrcnce, Kansas, 1964.
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Outlook'65 new books on science and technology, London, No. 2 ( May-August 1965).
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Michigan Press, Ann Arbor, Vol. XLIX, 1964.
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Revista Iberoamericana, Organo del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, patrocinada por la Universidad de Pittsburgh, Vol. XXIX, No. 56 (JulioDiciembre 1963).
Search &amp; Research. Thc Collcctions and uses of The Ncw York Public Library, New
York, 1961.
Sociology, Anthropology and Geography, 1965, Collier-MacMillan lnternational, 1965.
Symposium, A quarterly Journal modern Literatures. Published by Syracuse University
Prcss. Syracuse, New York, Vol. XVIII, No. 3 (Fall 1964), Vol. XIX, No. 1 (Spring
1965), Vol. XIX, No. 2 (Summer 1965), Vol. XIX, No. 3 (Agosto 1965).
The Hispanic American Historical Review, published quarterly by The Duke University
Press, Durham, North Carolina, Vol. XLV, No. 1 (February 1965), Vol. XLV, No.
2 (Mayo 1965), Vol. XLV, No. 3 (Agosto 1965).
The Journal o/ Aesthetics and Art. Criticism. Published quarterly the American Society
for Aesthetics of the Cleveland Museum of Art and Western Reserve University,
Baltimore, Maryland, Vol. XXIII, No. 2 (Win.ter 1964), Vol. XXIII, No. 3 (Spring
1965), Vol. XXIII, No. 4 (Summer 1965).
The New Soviet Society, Final texto of the Program of the Comunist Party of the Soviet
Union. Fully annotated and with an introduction by Herbert Ritvo, Center for International Studies, Massachusetts Institute of Technology, 1962.
The Personalist, an international rcview of philosophy, religion, and literature, The
School of Fhilosophy University of Southern California, Los Angeles, Vol. XLV, No.
2 (April 1964), Vol. XLV, No. 3 (July 1964), Vol. XLVI, No. 1 (January 1965),
Vol. XLVI, No. 2 (April 1965), Vol. XLVI, No. 3 (July 1965), Vol. XLVI, No. 4
(October 1965).
The Philosophical Review, Cornell University, Vol. LXXIII, No. 3 (July 1964), Vol.
LXXIV, No. 1 (January 1965), Vol. LXXIV, No. 2 (April 1965), Vol. LXXIV,
No. 3 (Julio 1965).

543

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1 (January 1965), Vol. 15, No. 2 (Abril 1965), Vol. 15, No. 3 (Julio 1965), Vol.
15, No. 4 (October 1965).
The Southern Review, published quarterly at Louisiana State University, Vol. I, No,
2 (Abril 1965), Vol. I, New Series, No. 2 (Abril 1965), Vol. !, No. 3 (July 1965).
THoMPSON, PATRICIA, Sir Thomas Wyatt and his Background, Stanford University
Press, Stanford, California, 1964.
FRANCIA

Annales de L'Université de Paris, Revue Trimestrielle, Sorbone, Paris, 340. Année, No,
I (Janvier-Mars 1964), 350. Année, No. 1 (Janvier-Mars 1965), 350. Année, No. 2
(Avril-Juin 1965).
Les Cahiers du Nouvel Humanisme, Rivista del Nuovo Umanesimo, Revue littéraire
fondée en 1946 por Lucien Poyet sous le haut patronage de Saint-Georges de
Bouhéliter, Troisicme Série, Nos. 5-6-7 (Février 1962).
HOLANDA

Instituto de Estudios Hispánicos, Portugueses e Ibero-Americanos, establecida na Universidadc Nacional de Utrecht, correspondente ao ano de 1964, No. 14.

2 (September 1964), Vol. 15, No. 4 (March 1965), Vol. 16, No. ¡ (June 1965),
Vol. 16, No. 2 (September 1965).
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Abside, Revista de cultura mexicana, México, XXIX, No. 2 (Abril-Junio 1965), XXIX,
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Catálogo Abreviado de la Colección Cervantina "Carlos Prieto", del Instituto Tecnológico Y de Estudios Superiores de Monterrey, No. 1, 1965.
El Cuadernillo de la Lengua de los Indios Pajalates, Publicaciones del Instituto Tecnológico Y de Estudios Superiores de MonterreyJ Serie: Historia, No. 3, 1965.
GoNZÁLEZ

DE

LA CALLE, P. U., Quevedo y los dos Sénecas, México, 1965,

Historia Mexicana, El Colegio de México, México, Vol. XIV (Julio 1964 _ Junio 1965)
Vol. XIV, No. 2 (Octubre-Diciembre 1964 ), Vol. XIV, No. 3 (Enero-Marzo 1965)'
Vol XV, No. 1 (Julio-Septiembre 1965).
'
Homenaje de El Colegio Nacional a Alfonso Reyes, El Colegio Nacional, México (Febrero 8 de 1965).
La Palabra Y el Hombre, Revista de la Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz,
No. 29 (Enero-Marzo 1964), No. 30 (Abril-Junio 1964), No. 31 (Julio-Septiembre
1964), No. 32 (Octubre-Diciembre 1964), No. 33 (Enero-Marzo 1965), No. 34 (Abril
Junio 1965).
Memoria de El Colegio Nacionat Editorial del Colegio Nacional, México, Tomo V,
No. 2J 1963. Tomo V, No. 3, 1964.

INGLATERRA

Bulletin o/ Hispanic Studies, Liverpool University Press, Liverpool, Vol. XLII, No. 1
(January 1965).
The British Journal of Aesthetics, Published for the British Society of Aesthetics by
(January 1965),
Thames &amp; Hudson Ltd., Vol. 4, No. 3 (July 1964), Vol. 5, No.
Vol. 5, No. 2 (April 1965), Vol. 5, No. 3 (July 1965).
ITALIA
Giornale di Metafísica, Revista Bimestrale di filosofía, Genova Universitá, Genova.
Anno XIX, Nos. 4-5 (Luglio-Ottobre 1964), Anno XIX, No. 6 (15 NovembreDecembre 1964), Anno XX, Nos. 1-2 (15 Gennaio-Aprile 1965), Anno XX, No. 3
(15 Maggio-Giugno 1965).
Quaderni Ibero-Americani, Attualita Culturale nella Peninsola Ibérica e América Latina
Torino, No. 29.
Rivista di Estética, Instituto di Estética dell'Universitá di Torino, Torino, Anno VIII,
fascicolo III (Scttembre-Diciembre 1963).
JAPÓN
Bigaku, is published quarterly, in collaboration with Bijutsu Shuppan-sha by the Japanese Society for AestheticsJ Tokyo, Vol. 14, No. 2 (September 1963)¡ Vol. 15, No.

544

Revista de la Universidad de Yucatán, Publicación bimestral, Mérida, Yucatán, Año
VII, Vol. VII, No. 38 (Marzo-Abril 1965).
Síntesis Económica, Gobierno de Veracruz, Dirección de Industria, Comercio y Estadística, Veracruz, Tomo II, No. 8 (Junio 1965).
Universidades, Unión de Universidades de América Latina, México, Segunda Serie,
Año IV, Nos. 16-17-18 (Abril-Diciembre 1964).
PERÚ
Nueva Coronica, Organo del Dcpto. de Historia, Facultad de Letras, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, No. 1, 1963.
PUERTO RICO
Asomante, Revista trimestral de la Asociación de Graduadas de la Universidad de Puerto
Rico, San Juan, Año XIX, Vol. XIX, No. 4 (Octubre-Diciembre 1963), Año XX, Vol.
XX, No. 1 (Enero-Marzo 1964), Año XX, Vol. XX, No. 2 (Abril-Junio 1964),
Año XX, Vol. XX No. 3 (Julio-Septiembre 1964 ), Año XX, Vol XX, No. 4. Año
XXI, Vol. XXI, No. 1 (Enero-Marzo 1965), Año XXI, Vol. XXI, No. 2 (AbrilJunio 1965).
VIENTÓS GASTON, NILITA, Comentarios a un ensayo sobre Puerto Rico, San Juan
(Septiembre 5 de 1964).

545

�VENEZIA
ATTI, Instituto Veneto i Scienze, Lettere ed Arti, Venezia, Anno Academico CXXV,.
1962-63, Tomo CXXI, 1963. Anno Academico CXXVI, 1963-1964, Tomo CXXII,
1964.

VENEZUELA
Catálogo de Obras Ingresadas, Biblioteca Caracas, Universidad Central de Venezue1a
(Marzo-Abril 1964).
Cultura Universitaria, Revista trimestral, Organo de la Dirección de Cultura de la
Universidad Central de Venezuela, Caracas (Enero-Junio 1961), período de Marzo
de 1964 a Junio de 1965.
Revista Shell, Editada trimestralmente por la Compañía Shell de Venezuela, Año X,
No. 38 (Marzo 1961).

Acab6se de imprimir el día 22
de marzo de 1966 en los Talleres de la Editorial jus, S. A.
Plaza de Abasolo número 14,
Col. Guerrero, México 3, D. F.
El tiro fue de 1,000 ejemplares.

I'

EJEMPLAR

546

•

�</text>
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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>Humanitas</text>
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              <text>1966</text>
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              <text>Enero</text>
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                <text>Humanitas, Sección Comentarios y Reseñas Bibliográficas, 1966, No 7, Enero</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�HACIA UN NUEVO DERECHO INTERNACIONAL DE LA PAZ
LIC. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

Universidad Nacional Autónoma de México
Universidad de Nuevo León

NUNCA COMO AHORA NUEVAMENTE se ha planteado el problema tradicional de
la Fuerza y el Derecho, a nivel tal, que vemos cómo se encuentra mortalmente
comprometido el porvenir del Hombre. Resultaría prolijo enumerar todas las
causas que han producido esta situación, pero es indudable que entre los factores p'rincipales está el notorio progreso que se ha venido operando en el
campo de la moderna civilización técnica, lo que ha producido una revolución en todos los órdenes de la vida humana.
En tanto que el hombre avanza por la senda del progreso científico, paradójicamente, se encuentra ante una crisis de los valores y principios que han
sustentado su vida en lo moral, social y cultural. En esta etapa de transición
se destaca de manera preponderante el Derecho Internacional si se toma en
cuenta que en las circunstancias actuales de la Humanidad, ésta se encuentra
colocada en un plan eminentemente internacionalista, por no decir universalista y que, por tanto, corresponde a este Derecho el realizar no solamente
las tareas jurídicas de relación ordinaria entre los Estados, sino que en esta
ocasión tiene una misión por demás importante: lograr el aseguramiento de
la paz, pero de una paz dentro de las nuevas circunstancias y que, lejos de
ser sólo una fórmula más, constituya un conjunto de normas que puedan salvaguardar la vida misma del hombre.
Son advertibles los esfuerzos -los nobles esfuerzos- por convertir al Derecho Internacional en "esa alta técnica de la concordia" de que habla Ortega y Gasset, que no es otra cosa que la realización de la justicia social internacional; o sea "aquella que no se funda directamente en un conjunto de
relaciones pacticias de miembro a miembro, sino que se deriva de las exigencias de la vida social, de la comunidad y del bien común.'
i

JosÉ MA. DIEZ-ALEGRÍA, Presupuestos Etico-Sociol6gicos del Derecho Internacional

455

�La crisis señalada anteriormente se refleja en forma natural en el Derecho
Internacional, atribuíble también a múltiples causas; sin embargo, lo cierto
es que resulta imposible negar la existencia de un ordenamiento jurídico de
reconocimiento entre las naciones que a través del tiempo ha permitido una
vida de relación, la que si bien en determinados momentos de la historia ha
sido precaria y, en otros, por desgracia, la guerra ha servido para violar principios y normas jusintemacionalistas, no por ello ha dejado de tener indudables
muestras de vigencia., Así, en realidad, resultan inoperantes, tanto la incomprensión como las críticas acerca de la eficacia del Derecho Internacional ante
los complejos problemas que la fuerza suscitara en el pasado, así como los
definitivamente graves de lo porvenir, lo que resulta irrelevante ante la carencia de otros medios que hayan podido prevenir el empleo siemp're creciente
de la guerra. Amén de su naturaleza intrínseca, tan cercana al hombre, no
&lt;lebe olvidarse que el Derecho Internacional ha hecho permisible el que la
vida de relación entre los Estados se haya canalizado dentro de cauces más o
menos jurídicos -pero jurídicos, al menos, cuando no imperó la fuerzaenmedio de serias turbulencias y, por último, es necesario el reconocimiento
de su valor como posibilidad para la salvaguarda de la propia supervivencia
humana.
La crisis del Derecho Internacional -como así lo ha advertido algún
autor-, no es solamente privativa de tal Derecho, sino que es común a todas
las manifestaciones jurídicas, ya que en ninguno de los casos existe crisis en
el sentido de falta de normas, éstas siempre existen por ineludible necesidad.
ciPero es que al hablarse de crisis se hace referencia a un ordenamiento jurídico con existencia histórica y características determinadas; en lo nacido
en el estado moderno y que llega en la actualidad a la etapa de su evolución
dialéctica, la crisis actual que comienza a gestarse con la aventura napoleónica pues en tal se abandona una metafísica de la fuerza para ser dominada
por una física de la fuerza. La técnica política y mecánica escapa al hombre
haciendo imposible el control de la fuerza y determinando con el miedo la
sumisión a la física de la fuerza". 2
Existe, además, el hecho de que si el hombre no cree ya en el Derecho, esto
se debe a su desilusión nacida de los fracasos y de las experiencias amargas
del pasado. Todavía conserva el recuerdo de la Sociedad de Naciones y en
nuestros días, no deja de observar, con angustia, las dificultades, los intentos
fallidos y los graves problemas que encara la Organización de las Naciones
Unidas en su lucha por la paz.
Público. Actas del Primer Congreso Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional,
pág. 17, vol. II.
2
!bid. Antonio de Luna. págs. 430 a 468.

456

Cabría formularse la pregunta acerca del por qué debe atribuírsele exclusivamente al Derecho Internacional la grave responsabilidad de hacer de la
paz una institución salvadora de la misma ~atendiendo a que la paz está
seriamente amenazada-, cuando es indudable que podría haber otros medios
que tal hicieran, pero es que la Humanidad ha llegado, no ya a una situación
teórica del trágico binomio fuerza-derecho! o al sacrificio del Derecho Internacional por la política del poder, sino que este último puede sucumbir ante
la primera y considerando la trascendencia de lo que esto significa, si el hombre
desea sobrevivir, necesita del Derecho.
Recordemos las palabras del internacionalista Alfred Verdross, en relación
a este punto: "Más ello es olvidar que ninguna comunidad pacífica puede
existir sin el reconocimiento de un orden jurídico".3
No hay otra alternativa, ya que, en última instancia, en el caso de sobrevivir, cualquiera que fuese la fórmula jurídico-política que pudiera haber en
lo futuro, conjunto de organizaciones u organización mundial, la norma jurídica estará siempre protegiendo los valores que le han sido encomendados
al Derecho, colocada en un orden jurídico, ya que sin éste, no podría tener
realidad el Derecho.
No debe extrañamos el que el hombre de la calle no crea en la posibilidad
de un nuevo orden internacional y ponga su creencia en bombas atómicas,
pensando que las palabras del Derecho Internacional resultan impotentes para
evitar una tercera y más terrible conflagración universal. Algunos autores hablan de su inexistencia o bien de la ineficacia de toda una complicada red de
tratados bilaterales y colectivos en la solución pacífica de los conflictos internacionales y de que los valores contenidos en el Derecho Internacional, como
son, en primer término, Ia paz y la justicia -para no citar sino los principales-, no han tenido su plena realización, especialmente cuando se observa
que el más preciado de todos ellos, como es el de la paz, puede ser aniquilado en cualquier instante.
"Si bien es cierto --como dice Antonio de Luna- que ya desde Espinoza,
pasando por Gumplowicz, Lassol, Lundstedt y su discípulo Lunau, para terminar con Olivecrona no sólo el vulgo sino filósofos y juristas ilustres han
llegado a negar rotundamente que exista normatividad internacional alguna,
pues lo que llamarnos "Derecho Internacional" no es para ellos más que la
expresión ideal de la constelación de fuerzas que juegan en el campo de la
política internacional; y que otros, aun admitiendo la existencia de una normatividad internacional, niegan que sea derecho a consecuencia de que la
misma carece de uno o de varios de los elementos peculiares del derecho legal
moderno: a), comunidad jurídica; b), legislador; c), auténticos tribunales;
ª

ALFRED VERDROSs,

Derecho Internacional Público. Prólogo.

457

�,t
1

d), ejecuci6n coactiva, todo ello sazonado por la inseguridad y escasez de su
contenido, la carencia de unidad sistemática, la obscuridad y falta de principios de interpretación de sus normas, la gran cantidad de limitaciones y
excepciones, la imprecisión de sus nociones de "estado de necesidad" y de
la cláusula rebus sic stantibus, el derecho de represalia, el efecto anulatorio
de la guerra, su falta de elasticidad ante los cambios políticos, lo frecuente de
su violación y la escasez y heterogeneidad de sus su jetos p·o r lo que el derecho
internacional no es derecho, sino moral, para Hobbes, Austin, Puchta, Baumgarten; en parte moral y en parte usos sociales, para Binder; una normatividad "sui generis", para Somlo; un derecho imperfecto para Savigny, Wilson,
Zitelmann, Becker, Burckhardt, Elrnunds y Decensiere-Ferrandiere. Sin embargo, estos defectos y aun otros más, como consubstanciales con el Derecho
Internacional, inherentes a su propia esencia, incurables, por tanto, y que no
son debidos a que el Derecho Internacional se encuentre en un estadio primitivo de desarrollo del que pueda evolucionar y salir por un perfeccionamiento,
sino al concepto mismo de un derecho entre grupos sociales con poder de
autodeterminación, no son la principal causa del desprestigio en que ha caído
en la actualidad":'
Afortunadamente tales doctrinas y teorías han sido superadas en contra del
Derecho Internacional, pero frente a la realidad que el Derecho Internacional
sea más o menos observado y cumplido, como así lo expone el autor que
citamos, nada dice respecto a su existencia, ya que pertenece a la esencia
de toda norma moral o jurídica la posibilidad de su violaciónJ pues de otro
modo no se trataría de un deber ser, sino del ser probable de las leyes físicas,
y -agrega el autor- tan inútil su promulgación como el tratar de reglamentar la circulación de las estrellas o los latidos de un corazón enamorado. 5
En la actitud actual de escepticismo frente al Derecho Internacional no ha
influido grandemente ninguna de sus genuinas características (los defectos),
y no lo ha hecho porque, inherentes a la esencia del mismo, la Segunda
Guerra Mundial y la amenaza de una tercera, los habrá quizá puesto de relieve, pero no los ha creado de nuevo. Lo ocurrido es mucho más grave. No
ha sido sólo una violación del Derecho Internacional, sino una rebelión contra
el mismo". 6
Resultaría, pues, extenderse mucho, el hacer el señalamiento de los diversos
factores que han determinado la crisis del Derecho Internacional, porque no
es uno solo, sino que, como nos dice el ya citado internacionalista Antonio de
Luna, "las causas cuya conjunción se presenta por primera vez en la historia";,
' !bid., pág. 445.
' lbid., pág. 433.
' !bid., pág. 436.

458

que han engendrado la crisis actual, son las siguientes: a) el paso de la guerra
limitada a una guerra total, entendiendo a la guerra como una lucha armada
en la cual los contendientes se op'Onen en virtud de su pertenencia a grupos
sociales diferentes; por primera vez en la historia el objetivo de la guerra
es el dominio del mundo; disminución de las fuerzas políticas en una solidaridad internacional y ruptura de la unidad cultural del mundo". 7
Internacionalismo. Sin embargo, estas causas, a su vez, son convergentes y
reveladoras de otro fenómeno que se ha venido produciendo gradualmente
en el curso de la historia del hombre y el que es claramente distinguible de
los otros, nos referimos al lnternacionalismoJ que ha venido creciendo en
forma insospechable.
Este movimiento, el que no tiene manifestaciones doctrinarias ni políticas,
claramente objetivas, es, sin embargo, una corriente que de hecho pone de
manifiesto el acercamiento cada vez mayor del hombre con• el hombre. Desde
luego ese hecho es de la mayor importancia dentro de la panorámica futurible de integración de un nuevo Derecho de la Paz.
En trabajo previo,8 ya habíamos estudiado este fenómeno, ya que en la
actualidad, aun dentro del terreno mismo de la organización de las Naciones
Unidas se presentan otra clase de problemas que están relacionados entre el
"Regionalismo" y el Universalismo, compromiso que se encuentra incorporado significativamente en la propia Carta de las Naciones Unidas. Sin embargo, el Internacionalismo difiere del Universalismo, pese a que han sido
comúnmente empleados en forma indistinta por tratadistas y escritores dentro del campo del Derecho Internacional. Imp6nese, desde luego, el hacer
la distinción- clara entre el Internacionalismo, el que de acuerdo con nuestro
estudio citado, concebíamos, al hablar de sus principios, en que: "Los orígenes del Internacionalismo -en primer término-- es posible encontrarlos en
la naturaleza misma del hombre, el que a su vez alberga un anhelo de U niversalidad, Pero paradójicamente, el propio hombre se ha encargado de obstruir, de poner murallas y de sembrar odios fratricidas, con los resultados
que la Historia contempla". En otras palabras, el Internacionalismo obedece
a un proceso de integración vía jurídica. Sobre esta afirmación hay múltiples
ejemplos que así lo confirman, bastaría recordar los agrupamientos que tanto
en Europa como en América han venido operando con halagüeños resultados.
Además, el Universalismo, cae más bien dentro de la órbita de lo ideal en
la Filosofía, en uno de los aspectos de la antropología filosófica. Mencionamos
aquí ambas corrientes porque las dos tienen posibilidad en sus respectivos es' Ibid., pág. 435.
Lic. ALBERTO GARCÍA GÓMEz, "Internacionalismo y Universalismo", Humánitas.
Anuario del Centro de Estudios Humanísticos, vol. 5, página 534.
8

459

�tadios de convertirse en importantes vehículos integrativos de un nuevo orden jurídico que permita el establecimiento de la paz permanente.
El Derecho de la Guerra y el Derecho de la Paz. Los tratadistas y autores,
especialmente en Derecho Internacional, en el pasado, hicieron la división
de esta disciplina jurídica en Derecho Internacional de la Paz y Derecho
Internacional de la Guerra, observándose cómo complejos factores -predominantemente bélicos----, habrían de crear esa consecuente división. En otras
palabras, el anacrónico problema de todos los tiempos, fuerza y Derecho, ha
producido discusiones y doctrinas y posiciones dentro del campo históricojurídico y en ellas han intervenido, lógicamente, los jusinternacionalistas.
Adviértese, desde luego, que la guerra, a semejanza de un péndulo trágico, ha
venido oscilando crecientemente entre los extremos de la paz y de la guerra;
por desgracia, es posible observar cómo ese péndulo ahora ha llegado a la
trágica posibilidad de paralizar su movimiento, no precisamente en el lado
de la paz, sino en el de la guerra.

Pero en tanto que los tratadistas estudiaron en el pasado el problema de
la guerra y su adjunto el de la paz --como así sucede en Vitoria, Suárez y
otros destacados autores de la escuela Hispánica del Derecho Internacional
de los siglos XVI y XVII, nunca como ahora este problema ha llegado a su
máxima y última expresión. Podría decirse que ha quedado atrás la etapa
de las teorías, para enfocarse la atención en las graves urgencias del momento
histórico actual. Así las diferencias especulativas y teoréticas acerca de la
fuerza y el Derecho pertenecen a épocas históricas superadas, cuyas circunstancias permitieron su verificación en la medida que el poder y la fuerza
gradualmente fueron creciendo hasta llegar a la Era Atómica y hoy, ~orno
nunca, vuelve de nuevo a p'lantearse con exigencia vital y con cruda realidad,
el problema de si la fuerza predominará sobre el Derecho, sólo que las condiciones de los planteamientos anteriores han cambiado totalmente.
No es posible desconocer que las presiones ejercidas dentro de la esfera del
Derecho Interno han trascendido al campo de lo Internacional, y estas presiones son debidas al desconocimiento por parte de los Estados de los derechos
del hombre, produciéndose así que éstos se han revelado no solamente contra
el Derecho Internacional, sino contra todos los Derechos, el encontrar la so~
lución a este desequilibrio jurídico y político corresponde como misión fundamental al Der-echo Internacional. Lo que significa que es necesario volver
la vista al hombre. "La guerra no es un hecho cuya casualidad sea extraña al
hombre --dijimos en otro estudio---9 si el hombre está en conflicto con sus
semejantes es que ya de por sí el hombre es un viejo conflicto, que vive en

perpetua tensión dialéctica y de su insuficiencia radical, que al tratar de
colmar, ya de facto, origina las guerras, que tal es el estado actual del hombre".
Así vemos como las presiones que mencionabamos de lo nacional han repercutido en lo internacional, y ya se habla en este último aspecto de los
Derechos del Hombre, como así se desprende de la Declaración hecha p·or la
propia Organización de las Naciones Unidas y esto es significativo, ya que los
ordenamientos jurídicos nacionales no solamente no han sido capaces de encauzar plenamente dentro del Derecho la vida de sus súbditos y ciudadanos,
sino, lo que es peor, hay graves violaciones que lesionan la dignidad humana.
Interesante, desde todos puntos de vista, resulta el enfocar la atención acerca de la naturaleza de la norma jurídica internacional, atendiendo a su efectividad, la que de ninguna manera puede ser reveladora de la multicitada crisis del Derecho Internacional. Y así, tendremos que volver nuestros ojos hacia
el campo fecundo de los orígenes del Derecho Internacional, ya que en ellos,
se puede tomar un nuevo punto de partida y tratar de aprehender los elementos
que informan su contenido.
Verdross -distinguido internacionalista- rinde un tributo por demás significativo a la doctrina que crea la ciencia del Derecho Internacional, cuando
dice: "por cuanto los fundamentos filosóficos en que se apoya (mi obra) echa
sus raíces en la Doctrina Española del Derecho de Gentes de los siglos XVI y
XVII de irradiación universal", 10 o sea que esta escuela cuyos principales creadores lo son Francisco de Vitoria y Francisco Suárez, han establecido con claridad los verdaderos fundamentos del Derecho Internacional. Recordemos cómo
Suárez lo definía como el ªconjunto de normas jurídicas introducidas en el
curso de la Historia por el uso constante de las naciones como miembros de la
sociedad internacional".
Verdross -ya citado- establece que el Derecho Internacional no depende
sólo de la norma moral de la buena fe; se haya también determinado materialmente, en su contenido, por normas de moral social, que suelen recibir el
nombre de « Derecho Natural" .11 Es necesario buscar en la propia naturaleza
del hombre hasta qué punto es la relación que existe entre éste y el Derecho
Internacional, sólo que bajo un nuevo planteamiento, atendiendo a que si
Aristóteles dijo que el hombre vive en sociedad, tal sociedad presenta indudables cambios y estructuras. Ahora vivimos una intensa vida de relación y se
han perdido los elementos informativos del hombre colocado, digamos en pequeñas sociedades, para contemplar una gran sociedad, que sin tener las características de un monstruoso estado mundial, de hecho, se vive en una sociedad
internacionalista. Si la naturaleza humana está caracterizada por su racionali10 ALFRED VERDRoss,
11

• Ibid .. vol. 2, 1961, pág. 531.

460

ALFRED VERDROSS,

op. cit. Prólogo, p.
op. cit., p. 31.

VI.

461

�dad y su sociabilidad, es indudable que, antes que la fuerza pueda destruirla,
debe haber una nueva organización jurídica que lo lleve y mantenga en la paz
y al hablar de paz, no nos referirnos a la "ausencia más o menos prolongada
de la violencia, la pura tranquilidad", nos referimos a esa paz certeramente
establecida por el Dr. Adolfo López Mateos, o sea "la paz que anhelan los pueblos no es una tregua armada, tampoco una era de inmovilidad infecunda. Es
preciso concebir una paz dinámica, generosa y realista, en que se sobreponga
el principio de la convivencia mundial al de la destrucción; en donde prevalezca la negociación sobre la amenaza, y el diálogo persuasivo substituya a la
disputa violenta. La paz del mundo debe apoyarse en el principio de la seguridad de todos. Una paz sin justicia sería opresiva, y una paz sin progreso,
estéril inacción".
Verdross se refiere también a la norma fundamental del Derecho Internacional y dice: "que si el jusnaturalismo quiere aprehender la índole del Derecho
Natural, no puede hacerlo partiendo de los deseos y afanes de los respectivos
autores sino apoyándose en una antropología filosófica que indague la naturaleza del hombre en todas las direcciones. Y una indagación de esta clase nos
revela que algunos rasgos de la naturaleza humana permanecen constantes
junto a muchos factores variables. Ello excluye desde luego la elaboración de
un sistema de Derecho Natural inmutable y complejo; pero de los fines de la
naturaleza humana --existenciales- cabe deducir determinados principios
generales de validez universal" .12 El hombre -como decíamos con anterioridad-, de acuerdo con su naturaleza tiene que vivir en sociedad y "una sociedad sólo puede subsistir si los miembros están obligados entre sí a respetar sus
vidas y los bienes que les pertenecen. Más, para descartar toda lucha interna,
la sociedad tiene que establecer un orden que proteja a los consortes jurídicos
y sus bienes; y para que la comunidad esté en condiciones de cumplir este
deber, los consortes jurídicos habrán de contribuir a los cometidos de la comunidad tomando parte en ellos y poniendo a su disposición los medios nece.
/
sanos". 13

Las anteriores consideraciones nos permiten tener un mejor enfoque de la
norma fundamental del Derecho Internacional, sólo que los elementos fundamentales que permiten su vigencia no presentan la solidez necesaria: orden
jurídico internacional y fines. Diversos autores jusinternacionalistas consideran
que la norma jurídica internacional descansa en principios como el de "Pacta
sunt servanda" (Anzilotti). Para otros, la norma fundamental prescribe que
los Estados se comporten con arreglo al uso establecido (Kelsen y Guggenheim)
--citados por Verdross-, quien agrega que nos encontramos ante una norma
u lbid., p. 32.
13

462

Ibid., p. 32.

fundamental que puede ser rellenada con cualquier contenido, lo que no es aceptable. O sea que a esto ''hay que agregar que estas normas fundamentales presuponen ya la existencia de los Estados, puesto que sin ellos no puede haber
tratados ni usos interestatales. Ahora bien, admitida la existencia de los Estados
y demás su jetos originarios del Derecho Internacional como supuestos previamente dados a éste, se verá que el Derecho Internacional Positivo presupone
aquellos principios jurídicos en los que se asientan los ordenamientos de los
pueblos civilizados y han sido por éstos parcialmente positivizados.
La conjugación y concurrencia de los factores que actualmente determinan
una nueva situación internacional ante la fuerza (Era Atómica) empleada con
bélicos fines de destrucción mundial, exige la creación de un nuevo ordenamiento jurídico internacional, que determinando los vínculos jurídicos que ligan entre sí a los miembros de la comunidad internacional, tenga, no como
en el pasado, como único fin la eliminación de la guerra para la solución de
los conflictos internacionales, sino el objeto exclusivo de la paz.
Ya se observa cómo ia comunidad internacional paulatinamente se va agrupando y cómo muchas fronteras van cediendo y de cómo la distancia que antes
separaba a los hombres, tanto en lo espiritual como en lo material, ha sido
salvada. Nuevos tratados dan forma a estructuras internacionales que permiten
concebir -sin caer en utópicas esperanzas--- la posibilidad de que el hombre
puede salvar a su linaje de la destrucción total. El regionalismo y el universalismo no son oponibles, por el contrario, pueden integrarse, se están integrando.
No es posible desconocer que (\el fundamento del Derecho Internacional ha
estado a través de los siglos en relación con el progreso histórico contemporáneo
y con los requerimientos de la mentalidad humana correspondiente". 14
En otro aspecto, el término paz, siendo unívoco, se ha tomado en diversas
acepciones, de ahí que al hablar de un Derecho Internacional de la Paz, se
piense -y con razón- en que más parece una utopía que una posible realidad
fáctica, ya que a los múltiples obstáculos, habría que agregar el del nacionalismo
y el de la soberanía, que, hoy por hoy, y pese a que de hecho han sido superados, resultaría atrevido hablar de desconocerlos todavía.
Ciertamente, estamos a distancia lejana de San Agustín, cuando decía: "PAX
Est OrdinaJa Concordia", "Paz es la concordia en el orden". Con razón el
internacionalista Antonio de Luna ha dicho que "es inútil pretender resolver
la crisis del Derecho Internacional con meras reformas ni pretender resucitar el
cadáver de la justicia internacional asesinada a manos del nihilismo reinante
frotándolo con el viejo bálsamo positivista. Así, se encuentra este mundo en
un prolongado período de postguerra y en ese estado que padecemos, del que
11

Actas del Primer Congreso Hispano-Luso-Americano. Op. cit., p. 38.

463

�debe decirse que si la guerra abierta ha cesado, no es la paz". 15 Recordemos el
mensaje sublime del Pontífice Romano Paulo VI acerca de la paz.
Si bien el título de Derecho Internacional de la Paz no es ciertamente nuevo,,
no deberá obedecer a una simplista división metodológica, como en el pasado
así aconteció, con el trasfondo imperativo de la fuerza, porque ha llegado el
momento -grave momento-- de que el hombre haga un nuevo Derecho Internacional de la Paz, cuyo contenido determine el nacimiento de un nuevo
orden jurídico internacional. A este propósito cabría analizar -aunque esto
sea en forma somera- los antecedentes del propio Derecho Internacional
acerca de la paz. Esta ha sido buscada desde todo tiempo, pero es indudable
de que "las tareas de la comunidad internacional. . . no podrán r~alizarse. si
los Estados no se dejan guiar por determinados valores. En ese sentido -afirma Verdross-, ya hemos subrayado con anterioridad que el valor COMUN a
16
todo ordenamiento jurídico es el valor del orden o de la paz".
La Convención para el arreglo Pacífico de los Conflictos Internacionales, celebrada en la Segunda Conferencia de la Paz reunida en La Haya en 1907,
por la que se perfeccionó el instrumento análogo adoptado en 1899, _durante
la Primera Conferencia del mismo nombre, considerado como el primer mtento multilateral de importancia para dar permanencia a procedimien~os_ de
solución pacífica de las controversias internacionales mediante el establecumento de la Corte Permanente de Arbitraje, presenta interesantes aspectos. Así el
Título I se habla de "La conservación de la Paz General" y dice:

'

"Con el fin de evitar, hasta donde sea posible, que los Estados recurran
a la fuerza en sus relaciones recíprocas, las Potencias Contratantes convienen en hacer uso de todos sus esfuerzos para asegurar el arreglo pacífico de las desavenencias internacionales".
En el Pacto de la Sociedad de las Naciones, se agregan nuevos elementos,
cuando en él dice: "Las Altas Partes Contratantes: Considerando que para
fomentar la ~ooperación entre las naciones y para garantizarles la paz Y la
seguridad, importa: ... "
Tenemos el Protocolo para el Arreglo Pacífico de las Controversias lnt_ernacionales O "Protocolo de Ginebra", adoptado por la Asamblea de la Sociedad
de las Naciones del 2 de octubre de 1924, el cual dice: "Los Estados signata'
.
'
rios convienen en que en ningún caso deberán recurrir a la guerra, n~ en~re s1
ni contra cualquier Estado que llegado el caso, aceptare todas las obhgac10nes
especificadas a continuación, excepto en el caso de res1stenc1a a actos de agre!bid., p. 435. Vol., 1.
iu ALFRED VERDRoss 1 op. cit., p. 484.

15

464

sión o cuando obren de acuerdo con el Consejo o la Asamblea de la Sociedad
de Naciones, según las disposiciones del Pacto y del presente Protocolo" (Articulo 2).
Viene después, el Tratado sobre Renuncia de la Guerra, conocido bajo el
nombre de "Pacto de París" o "Pacto Briand-Kellog", suscrito en París el 27
de agosto de 1928, el que contiene en el capítulo de propósitos, una no menos
interesante confesión, cuando se dice: ªPersuadidos de que ha llegado la hora
de formular una franca renuncia a la guerra como instrumento de política nacional, con el fin de que las relaciones de amistad y paz que actualmente existen entre sus pueblos puedan perpetuarse ... "
No podíamos olvidar en esta breve panorámica, a los esfuerzos realizados
por la paz a la proposición de México en relación con el ¡'conmo DE LA PAZ"
presentado a la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz en'
'
Buenos Aires, del lo. al 23 de diciembre de 1936. En el capítulo I, Principios
Generales, Artículo I, se lee: '·'Las Altas Partes Contratantes declaran solemnemente que condenan las guerras de agresión en sus relaciones mutuas, y que
el arreglo de los conflictos o divergencias de cualquier clase que se susciten
entre ellas no deberá realizarse sino por los medios pacíficos que consagra el
derecho internacional''.
Tenemos, por últimos, las Declaraciones de la Carta de las Naciones Unidas,
en las que hay ya un nuevo enfoque hacia el problema de la paz -ampliamente conocida-, pero que dado nuestro estudio, resulta de interés, cuando en
ellas se dice: Nosotros los Pueblos de las Naciones Unidas resueltos ... a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor
de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de
las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan
mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados
y de otras fuentes del derecho internacional, a promover el progreso social y
a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad".
Conceptos que claramente denotan cómo gradualmente se ha venido creando
una conciencia cada vez mayor que puede acercar al hombre a crear un nuevo
Derecho Internacional de la Paz, bajo nuevas concepciones.
No podemos terminar nuestro breve estudio, sin antes consignar algunas palabras de admiración para aquel insigne creador y maestro, Francisco de Vitoria,
creador de la escuela hispánica del Derecho Internacional, quien anticipándose
a su época, su pensamiento ha logrado que sus doctrinas le sobrevivan y puedan ser reactualizadas para bien de la paz, de esa paz que el hombre necesita
para poder cumplir con sus designios y misión entre hermanos.

465
H30

�EL PERIODISMO DESDE ADENTRO
LIC. RODRIGO MENDIRICHAGA

HEMOS VISTO A UN HOMBRE que leía un libro por la calle. Ya era de noche
y cerca de él brillaban los escaparates de la zona comercial.
Parecía mal situada su figura. No porque sea malo leer un poco estando
próximo a las tiendas. La figura chocaba con algo más importante aún: con el
ambiente social.
En nuestro medio nacional -y sobre todo en nuestra ciudad- no se leen

libros. Hemos desterrado de entre los hábitos el de la lectura de libros.
Y un hombre sentado en su casa, leyendo La Caida de Camus, o El Viejo
y el Mar de Heminway, será para sus amigos un tipo raro. Qui7.á su propia
familia le califique bajo en su respeto.
Cuando un hombre sale a la calle de Morelos y se propone seguir leyendo su
libro, éste sí ya rebasa lo tolerable. Como a un apestado, el prójimo le dirá
tímidamente, sólo con la intención, "vete a tu casa".
Nuestras ciudades tienen un complejo de velocidad que quiere excluir la

pausa meditadora de la lectura de libros.
Recordamos aún con melancólico desprecio la observación de una mujer
adulta, esposa de un hombre de negocios, que al ver a un niño desplazarse
activamente en sus juegos e intereses, comentaba con orgullo que sería un hombre de negocios.
Su reducida visión de las labores humanas Je había hecho descartar de entre
las tareas activas, que requieren el espíritu pronto, la voluntad firmísima y el

trabajar continua y rápidamente, la labor intelectual.
La admiración por los oficios con resultados inmediatos en lo económico y
el rechazo de la tarea intelectual, conduce a la eliminación de los libros de

entre las cosas útiles.
Vertiginosa época en busca de dinero es la nuestra.
Pero la escuela sigue enseñando a leer y la gente continúa teniendo la necesidad de conocer lo interesante y lo nuevo.

467

�El hombre promedio que ya sabe leer ha de aplicar su conocimiento. Enfrentado un día entero a la deprimente rutina de un trabajo administrativo, seguirá
necesitando algo más. Aplicar su alfabetizada intelectualidad a papeles de diversos colores que' poseen datos monótonos, le dejaría permanentemente vacío.
Recepción y embarque de mercancías, clasificación de productos, numeración
de máquinas; y, cheques, letras, facturas ... Para la economía esto será importante. Para la urgencia humana de conocer y de estar enterado, los papeles
rosas, verdes y blancos, todas esas documentaciones que se parecen a las de
ayer y a las del año pasado, no dicen nada.
Tantos hombres que conocen que hoy será este su destino, con variantes maYores o menores, no pueden estar conformes.
Antes de marchar a enfrentarse con su rutina, o al volver de la misma, el
hombre buscará llenar su vacío.
Sólo que, por razones de época, es un ser vertiginoso.
No dispondrá de mucho tiempo, ni tendrá la madurez necesaria para permanecer quieto, anclado, en un solo sitio.
Quiere conocer, quiere estar informado, pero no sabrá mantenerse mucho
tiempo recibiendo y meditando.
Porque es un ser vertiginoso, ya lo hemos señalado, y porque su prodigiosa
época le ha mostrado muchas noticias en una forma ágil, fácil, que sólo le
pide mirar; porque cine y televisión le han dado gráficamente muchos mundos ignorados, el hombre rehuye la lectura de libros.
Ese hombre, fruto del tiempo y de su abandono, lee periódicos.
Rabia de leer algo más que aquellos papeles de colores que pasan diaria e
interminablemente por su oficina. Pero no conocía el reposo fecundo y, por
tanto, ni imaginó que debiera acercarse a Camús, a Goethe, a Cervantes, a
Dante.
Esa es la arcilla de la cual está hecho el consumidor de periódicos. Usamos
deliberadamente el término consumidor -tan de la economía, tan de nuestro
medio-, para situarnos en léxico comprensible. Y pensamos que será mejor
entender como consumidor al que lee, para no tener que aceptar al comprador
por kilos de periódicos viejos. Para no tener que recordar, con pena, que este
es el destino general del periódico: acabar reunido, sólo unos cuantos días
después de salir, alegre y violentamente de las rotativas, en las colonias de
"pepenadores" de cosas inútiles.
Por razones de época, por la mediocridad del consumidor, el p·eriódico no
tendrá siquiera ni la decorosa vivienda propia de los libros. No hay estantes
-que son estructura e indican permanencia- para los periódicos.

468

EL

CONTENIDO

En el examen del periodismo no es posible quedar en análisis de época y
de lectores.
Este problema recuerda mucho al que plantea el arte cinematográfico.
Que al espectador de cine le gusta ver pornografía, se dice. Que podemos
observar la enorme demanda de boletos cuando lo que se anuncia presenta insinuantes escenas.
Siempre hemos recordado, al pensar en este tipo de dramas sociológicos, en
el acertijo de la infancia: "¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?"
La gente no influyó, con una correspondencia abundante o con manifestaciones masivas, ante las casas productoras de películas.
El cine tuvo cierto decoro y también gran público en otra época.
Luego, algunas mentes y sensibilidades, proyectaron ir girando hacia el descaro en temas y escenas; se basaron, quizá, en el conocimiento de la fácil propensión humana hacia el mal. Y buscaron, ciertamente, una finalidad económica.
Hecho el cambio, habituado el espectador, hoy es difícil saber quién fue
pnmero ...
Y el periodismo presenta esta misma amalgama de culpabilidades.
La gente no sabe leer mucho porque ha descuidado su capacidad. Es culpable.
Pero los editores también han retirado cada vez más las palabras para enseñar gráficas "que hablen".
El consumidor dé periódicos no tiene cariño por lo que compra y lee cada
mañana; porque no aprecia nada que no le conduzca directamente a mejorar
sus ingresos en dinero. Posiblemente entre los pobres la única sección que se
conserva por unas horas sea la de avisos de ocasión.
Y el lector es culpable de esta actitud fenicia.
Pero, ¿ qué es lo que entrega el periódico?
¿ Valdrá la pena conservar anuncios comerciales, historietas gráficas, fotografías de gentes vanidosas, espacios pagados que no son noticia, informaciones
de dudosa procedencia y comentarios tibios o comprometidos?
Un descrédito se gana poco a poco. Pero en el periodismo se tiene la terrible
desventaja de poder mostrar las lacras cada día.

FINALIDAD PRIMARIA DEL PERIODISMO

Posiblemente el error base en la organización de muchos periódicosi sea una
creencia que va muy bien con el sentir propio del siglo.
469

�Los periódicos se piensan, primero, como negocios.
Imaginamos a los aspirantes a la creación de un nuevo diario o revista des•
'
' un
trozandose
el cerebro p·a ra encontrar los caminos por los que pueda ser
buen negocio. Un gran negocio.
Y si un periódico tiene ante sí como principal finalidad alcanzar grandes
beneficios económicos, el mismo se ha prostituido, poco importa si desde su
origen o posteriormente.
Porque el periódico tiene una responsabilidad y ésta es su primera meta.
El periódico, que maneja información y plantea criterios con sus comenta•
ristas, tiene como fin primario el de orientar la opinión, el de crearla con
su mensaje.
Pero hacer un periódico cuesta mucho dinero; por tanto, debe vérsele tam•
bién como negocio. Deberá ser negocio para poder realizar su fin principal.
Esto es diferente.
Cuando se ha creado y llevado adelante la empresa periodística con este criterio, entonces se cumple con la responsabilidad y se vive decorosamente.
Pero si se desvirtuó el orden que por naturaleza debe tener la vida del periódico, si se pensó en alcanzar fortuna, lo más que tendrá su creador es hartura
económica, habiéndose olvidado de todo lo demás, desde su fin principal hasta
muchos otros aspectos que tienen relación con la verdad, la justicia y la caridad.
El periodismo.negocio es una deformación muy generalizada.
El asunto se manifiesta ridículamente y con las proporciones más increíbles.
En el periodismo-negocio viven docenas de mediocres aspirantes al pan día•
río; y al tequila diario, por qué no. Son ciertos seres mezquinos de aspecto y
peores de intenciones. Inventan hojas, boletines, revistas, diarios, y van viviendo por temporadas del favor de minúsculos políticos ambiciosos o de gentes
que prefieren adelantar su dinero a ver impresas calumnias, insinuaciones y hasta verdades.
Ninguno de estos miserables llega lejos, ni en la consideración pública ni en
fortuna. Pero tampoco lo desearon.
Son los que quieren tener algo más de dinero del que merecen por su capa•
cidad. Y lo obtienen aprovechando unas embrionarias y atrofiadas cualidades
que recuerdan un poco a las que debe tener un periodista.
Casi siempre aprendieron algunas cosas fundamentales sobre la exterioridad
del periodismo vegetando un tiempo en algún diario grande. Porque ahí estuvieron, saben hacer una nota informativa, conocen el proceso técnico del taller
y pudieron llegar a ciertas fuentes.
Por eso deciden algún mal día independizarse para vivir mejor, para alcanzar más beneficios económicos.
470

Inventan desde la carta confidencial hasta algo parecido a un periódico por
,su formato.
Hacen vivir su grotesca creación sólo el tiempo justo que les da para comer,
vestir y tener desórdenes morales frecuentes.
Hoja, carta, boletín, revista, periódico, nacieron y subsistieron en función del
fruto que pudieron dar. Cansados los anunciantes, menos asustados los tramposos, removidos los políticos amigos, el periodismo-negocio termina.
No así el hábito de su creador. Estos parásitos continúan inventando el siguiente negocio-periódico.
Y si estos seres desagradan, por sus intenciones, por sus actos, por su indigni•
dad al arrastrarse en busca de ayuda, no son mejores quienes alcanzan riqueza,
poder y aceptación social p·or los mismos medios.
Este otro extremo del problema se muestra en condiciones externas distintas.
Aquí, casimires suaves como piel de mujer, oficinas suntuosas, orientales, olor
a perfumes extranjeros y licores elegantes. Siempre afeitados; con el aroma de
cigarrillos americanos.
Es la alta escuela del periodismo-negocio.
No tienen que arrastrarse tan abajo ni tan frecuentemente. Los suaves casimires van al piso de las Secretarías de Estado y de las grandes empresas industriales y bancarias.
Van de vez en cuando; sólo a recoger un cheque bien gordo.
Aquí, los titulares se cotizan en miles de pesos. Los silencios también. La adhesión vergonzante a un régimen lo mismo.
Pero el creador de esta parodia de periodismo vive lujosamente y puede
extender favores y pasar con facilidad cualquier contrabando moderado. Tendrá acceso al mundo social de moda. Este negociante del periodismo puede
estar en clubes y casinos exclusivos.
No es menos indecente que el desarrapado que publica un boletín y espera
audiencia de un alcalde provinciano para recibir el pago por su alabanza o su
silencio.
Debiéramos creer que es peor. Porque su acción maligna, o su abstención en
la responsabilidad periodística, va a mayor número de lectores.
Siendo peor, esta época graciosa, especialísima, le aplaude, le tiene respeto.
Epoca curiosa que en voz baja condena todo el día los males y crímenes,
pero que admira al hombre que alcanza el poder económico, aunque haya llegado a él por caminos tortuosos.
Y entre este potentado del periodismo-negocio y el otro aprendiz eterno de
este nefando oficio, una gama interminable de eslabones. Ahí, desde los que
creyeron que sería sólo un medio para hacer dinero pero, a su vez, deseaban
471

�decir la verdad, hasta los que bandean de una borda a la otra, pues equivocaron desde el origen su finalidad.
Esta forma de periodismo es un error desde su raíz.
Un trabajo que se inicia con mentalidad propia de otros oficios, no podría
ser un acierto.
La apostólica misión de informar y orientar con verdad -que supone despego de beneficios propios, visión puesta en el prójimo como receptor de nuestro servicio---, no es posible condimentarla con miras de instituciones de crédito.
Son dos cosas bien diferentes. Lo son por definición, por naturaleza, de
origen.
Si soy poseedor de una información valiosa, conocedor de un enfoque correcto de la realidad, si tengo, en definitiva, la verdad, no es legítimo especular
con ella. La verdad es algo tan digno en sí, que sólo puede transmitírsela, no
negociar con ella.
Por los medios de que dispone, el periodismo está capacitado para alcanzar
la verdad; deberá decirla, por tanto.
Y en este magnífico oficio, creado para los buenos, no para el desecho de la
sociedad, no habrá más que una condición que la impone la persona humana:
al ejercer el periodismo, poder vivir de él con decoro.
Obtener del trabajo periodístico lo necesario para vivir con holgura no supone transgredir finalidades.
Quien vaya más allá y confunda esta misión con el tráfico comercial, es un
pobre diablo que no entiende en lo que anda o un perverso que sabe demasiado bien lo que desea.

PRESIONES ECONÓMICAS

a ver peliculas y se sienta desganadamente a aburrirse ante la pantalla de televisión. No lee, no quiere leer.
Ahí está el fenómeno, vergüenza de nuestro tiempo.
Y paradoja también. Pues, a medida que disminuyen los índices de analfabetismo, se va leyendo menos. Y esto, aunque verdad sociológica que enseña
nuestra observación, parece ser un reto a la lógica ... y quizá a las matemáticas.
V amos a dejar esto por ahora como un mal acumulativo que, para corregirse, requerirá de mucho tiempo. Creamos por un momento, optimistamente,
que en algún buen siglo próximo la gente quiera volver a leer.
Y vayamos al p'roblema que esta ausencia de lectores causa al periodismo.
Si el periódico no puede vivir de la venta tendrá que vivir de otras dos so~
luciones: publicidad y subvenciones.
De momento podemos quedar perfectamente tranquilos de saber que existen
medios de acercar la ayuda necesaria cuando han fallado los lectores requeridos.
Pero, subvenciones y publicidad, suelen allegar el dinero y ciertas condiciones.
Lo cual no sucedería fácilmente con una enorme masa de lectores, que no
estarían asociados como compradores de un diario determinado.
La vida más libre para un periódico existe cuando su tiraje y venta es tan
alto que cubre todos los gastos y hasta puede reportar alguna utilidad.
Un periódico en tales condiciones de subsistencia tendría que equivocarse
demasiado para ser abandonado por sus lectores, esos hombres anónimos que
con unos centavos diarios le hacen posible vivir.
Es más difícil que un solo hombre, o un pequeño equipo de hombres, no
vaya a tratar de exigir algo más a cambio del apoyo económico que proporciona a un p·eriódico.
Conociendo las reacciones humanas, podría predecirse que la libertad de expresión estaría en riesgo al recibir subvenciones y publicidad.
Pero no hace falta tomar actitudes proféticas.

Haber pensado un momento en la desviada mentalidad que programa un
periódico como negocio solamente, nos coloca de lleno en otro asunto que se
presenta como una peligrosa constante en México, y que sabemos también es
propio de otros lugares.
Los periódicos no pueden vivir de la circulación.
La crisis alérgica hacia la lectura es tan grande en nuestro p•aís, que m se
leen libros, ni suficientes personas leen periódicos.
Y la venta del periódico es tan pequeña, comparativamente al costo de su
elaboración y tiraje, que no podrían vivir las editoras de esto solamente.
No queremos insistir sobre esa masa humana que crece en nuestras ciudades,
que trabaja, pulula por las aceras y cafés, asiste al futbol y los toros, se mete

472

El hecho está aquí, y es uno de los mayores problemas para poder desarrollar
un periodismo libre.
Necesitado de dinero para imprimir la verdad, sabedor de que la venta
por voceadores, estanquillos y suscripciones no sería suficiente, el director programa su publicidad.
Debiera de ser una simple relación comercial. Pero no queda en esto porque
una de las partes, desde el punto de vista económico, está en desventaja. El peTiódico necesita del anuncio. No así el anunciante, pues para él es sólo uno de
los medios de mostrar el producto a sus compradores.
El anunciante entonces empieza a pensar en el periódico, creyéndose con
·unos derechos que pudiéramos llamar laterales, para intervenir en sus destinos.

473

�Si se dijeran ciertas cosas, o se dejaran de decir otras, el anunciante amenaza
con retirar su colaboración.
El periodismo está atado.
No todos los anunciantes serán así, pero existen muchos con este criterio.
Lo que es vida para el periódico -esa fuente de ingresos que llamamos publicidad- es sin embargo, también, una amenaza permanente. Y, a sabiendas
o ya como un complejo grabado dolorosamente en el subconsciente, muchos periódicos tienen que ir informando y comentando cuidándose de no lastimar
a los poderes económicos que hacen posible ir diciendo verdades a medias,
cuando menos.
Las subvenciones son otros de los caminos para procurarse recursos para
subsistir y que p'resenta riesgos similares.
En este caso, además, quien aporta el dinero ni siquiera vera illlpreso un
producto y recibirá ese servicio; por tanto, estará más listo para esperar el favor del periódico o quedará seguro de no ser atacado jamás.
El periodismo de hoy, de aquí, de muchas otras latitudes, cuando tiene que
depender en lo económico, fundamentalmente, de poderes externos, suele ser
un oficio difícil, muy difícil.
Y esta terrible angustia de querer decir la verdad, toda la verdad, y sentirse
dependiente del apoyo económico de algunas personas o grupos -públicos o
privados- no puede terminar con una actitud del periódico.
No bastaría con decidirse a actuar haciendo a un lado ese temor a los poderes económicos. La aventura puede durar un tiemp·o pero, al fifl, el anunciante inconforme o el político ofendido retirarían su ayuda y el periódico moriría o, en el peor de los casos, llevaría una vida precaria.
Si el periódico tratara de decir sólo la verdad y, sin embargo, sintiera la
presión del anunciante o del subvencionista para que callara, entonces el problema que se ha creado no está en el periódico mismo.
El problema lo ha creado un ser extraño al oficio que quiere opinar y decidir
sin tener ni capacidad ni derecho de hacerlo.
Si volvemos sobre nuestras primeras ideas y recordamos que el periódico es
hoy el medio más aceptado de lectura, si es, por lo tanto, una necesidad social
la existencia de buenos periódicos y la vida social es responsabilidad de todos
los que particip•amos de ella, lo menos que debe sugerirse a los extraños a la
tarea periodística es que retiren las manos.
Esta grave amenaza que existe sobre los periódicos de países donde aún no,
es posible vivir de la circulación, no terminará más que con la educación de
anunciantes y subvencionistas. Cuando entendieran que gracias a ellos puede-decirse la verdad y estén satisfechos con sólo esto, el problema se habría.
subsanado.

474

No puede estar la solución en otro lugar.
Deseamos que algún día, mayor número de colaboradores económicos entiendan esta otra obligación maravillosa de abstenerse de opinar.
Pero sabemos que será muy difícil alcanzarlo.

EL PERIODISMO COMO CARRERA

Pero, ¿ de qué serviría una correcta intención del director y una útil abstención de anunciantes y subvencionistas, si no se tiene un personal que realice un
periódico digno?
En este aspecto encontramos cierta semejanza entre las actividades magisteriales y periodísticas, que parecen provocar una dificultad de origen.
Por nuestras escuelas secundarias y preparatorias pasan meteóricamente cientos de maestros improvisados e inestables.
Para sólo ejemplificar, de las Facultades de Derecho mexicanas un p·orcentaje considerable de alumnos intentan probar capacidad temporalmente como
profesores de enseñanzas inferiores a las que ellos van cursando.
Es un fenómeno conocidísimo; y, según el hábito que ha creado y la reincidencia, se presenta casi como inevitable.
Durante algunos años y generalmente antes de recibirse, los aspirantes a la
abogacía prestan servicios en escuelas secundarias y preparatorias. También se
da esta tendencia entre estudiantes de medicina, ingeniería, contabilidad, etc.;
pero la hemos observado más frecuente entre estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales.
Pues, estos meteoros de la enseñanza, son un caso que debe analizarse. Si a
cada uno le sirvió como entrenamiento para presentarse en público, le obligó
a prepararse mejor, le acostumbró a argumentar, puede ser interesante; p·ero
sólo para él.
Quienes tuvieron que sufrir como alumnos estos experimentos, no se habrán
beneficiado especialmente.
Por allá entre las intenciones, confesadas o no por los actores de este drama
educativo nacional, existe un deseo de hacer algo de dinero dando clases, para
pagar la ropa nueva, los cigarrillos, la gasolina del coche, los espectáculos.
Se miró, desde el principio, como oficio pasajero. Había tal demanda de profesores que podía estarse ahí -enseñando mal- durante unos años.
¿ Por qué no se continuaba en ello?
En primer lugar porque jamás se tuvo la vocación para hacerlo. Ni se sintió
el llamado, ni se tenía la capacidad p·a ra realizarlo.

475

�Pero también, y esto es muy importante, porque la perspectiva económica
que se ofrecía era lamentable.

El estudiante universitario que anda de aprendiz de profesor conoce los bajos sueldos de las escuelas. Y conoce los altos sueldos de otros oficios.
No está mal que mire este asunto con interés. Es chocante el joven que de:sea ser millonario; pero no lo es el que busca la dignidad económica.

Como en el magisterio llegaría a la estrechez, no lo pone frente a su elección
-como un camino posible. Lo rechaza desde el principio,
Los oficios profesionales, industriales, bancarios, comerciales, dejan abundantes frutos aun ejerciéndolos honestamente. Los sueldos del magisterio han que,dado rezagados.
El joven que ensayó la cátedra --con vocación tambaleante o sin ella-, ya
tiene decidido no continuar.
Por tanto, entre nosotros, pocos hacen del magisterio una carrera. Y, sin per-sonas suficientes que se especialicen, que dediquen una vida, esta actividad
siempre estará en crisis.

,

1,

Este mismo fenómeno hemos advertido en el periodismo.
Pocas vocaciones, es cierto. Pocas capacidades, también. Pero, habiéndolas,
un temor legítimo de pasar estrecheces económicas, pues los sueldos no valen la pena.
Y, si continúa esta situación, seguiremos viendo, como en las aulas, el paso
de jóvenes que sólo estuvieron una temporada en las redacciones y los talleres
,de los periódicos.
Pocos quieren hacer carrera.
En ciudades como las nuestras, en que otras labores se adelantaron ya en
mostrar decorosos resultados económicos, el joven que permanece un tiempo
de reportero tiene la mira definitiva puesta en otro sitio.
Casi nadie hace carrera.
Sin una generación de periodistas de carrera, no será nunca posible tener
tradiciones, experiencias, escuela.
Este grave problema puede tener solución en las empresas editoriales mismas.
Hace falta una meditación sobre los daños que acarrea, debe hacerse el esfuerzo de revisiones a la contabilidad y, pudiéndose, habrá que tener la actitud ge...nerosa de aumentar los sueldos.
Que, quienes posean vocación y capacidad, puedan estar tranquilos porque
alcanzarán holgura ejerciendo el p·eriodismo honestamente.

Los

MEJORES HOMBRES

Y, entonces sí, a exigir,. Los directores que entreguen sueldos suficientes,.
pueden hacer la limpia de indeseables.
Dado el paso de la nivelación de sueldos respecto de otras actividades se
podrá, como se procura hacer en la industria, la banca, el comercio, escoger
lo mejor.

Hemos estado tan pesimistas en la contemplación de las necesidades del periodismo, que queremos pregonar entusiastamente, con Daría y sólo para los;
efectos de nuestro tema, que andan por ahí "tantos vigores dispersos ... "
Hay calidad moral e intelectual que ha quedado dispersa porque no podía
o no se atrevía a agruparse en periodismos que negaran su finalidad, que estuvieran presionados por los p·oderes económicos y porque no se podía hacer
carrera.
Presentado un sugestivo sueldo, se haría la selección.
Entonces sí, casi violentamente.
El periodismo es la lectura más generalizada hoy, ya lo hemos recordado in-•
sistentemente. Para servir a la comunidad hacen falta en el periodismo los mejores hombres.
Exigir calidad moral, que también por ahí la habrá.
Aceptar sólo vocaciones probadas; aquellos que sientan urgencia de decir la
verdad, pero que sean capaces para decirla.
No sólo moralidad, no sólo buenos deseos, también cultura, una preparación
suficiente para ejercer el oficio.

Que no llegue por el teletipo una noticia de Indonesia y el entusiasta redactor la cabecee en Malaya.

SJNTETJZANDO

Recapitulemos lo dicho en esta visión panorámica e incompleta del periodismo.
Sería saludable el recuerdo, la revisión permanente, la autocrítica, para saber si se cumple con la primera finalidad: decir la verdad .
Es necesario que en una sociedad perfeccionada, los grupos económicamente poderosos que rodean la vida del periódico, tengan la madurez de comprender que, para bien de todos, deben dejar paso libre a la verdad.
Urge una reestructuración económica en los periódicos, para poder ofrecer
un mejor futuro en ganancias legítimas a los aspirantes que sí tienen vocación.

476

477

�Deberá exigirse, entonces, de quienes quieran continuar en el periodismo,
calidad moral y capacidad cultural.
_
.
Habrá otras muchas cosas interesantes que no hemos senalado; habran otras
formas de decir lo que hemos presentado. Pero el análisis, la ':'ed'.tación y la
redacción de estas ideas han sido efectuados con profunda conc1enc1a del puesto del periodismo en las responsabilidades de este siglo. . .
•
Hemos escrito además con el cariño que nace de percibir la fuerza aromatica de los ling~tes de :Uetal y de escuchar el melódico chasquido de los
lino tipos.

VENEZUELA EN LA EMANCIPACIÓN
DE AMtRICA
PROF. ANTONIO POMPA y POMPA

Instituto Nacional de Antropología e
Historia. México, D. F.

ESTE ENSAYO HISTÓRICO se propone llevar a un mejor intento de interpretación
integral, uno de los fenómenos de mayor trascendencia en la evolución de
América.

Las complejidades de este fenómeno histórico, el movimiento de emancipación americana, se van destruyendo en tanto la investigación va sugiriendo cauces que conducen a causas endógenas o exógenas que hacen la manifestación
externa del fenómeno y que plantean a la crítica en sus diversos aspectos, desde sus mismas fuentes, los orígenes de las manifestaciones externas, a veces
deformadas, azás frecuente, entrañando un imperativo de revaloración.
El gran movimiento de la emancipación americana es esencialmente uno e
indiviso aunque accidentalmente se manifieste múltiple, las causas u orígenes
remotos están concatenados y obedecen a postulados perfectamente definidos.
Peculiaridades las hay por el influjo del medio o del hombre, o de una circunstancia particular, sea ésta específicamente de tipo económico, político o ideológico.
Así, dentro de este concep'to general, lógico dentro de la evolución biológica
de América, hay objetivos que por propia naturaleza aparecen determinantes
y destacan por su propio destino como el muy particular, por sus proyecciones
continentales, que se operó en la capitanía general de Venezuela, cuya naturaleza le da preeminencia en el movimiento de la emancipación americana.
Antes de abordar el estudio de acontecimiento tan trascendente, nos parece
indispensable actualizar someramente la organización colonial, de la manera
como actuaba en los últimos años de la dominación española, y de esta manera conseguiremos a la vez, tener un juicio, aun cuando sea somero, de las
instituciones diversas que tuvo la capitanía general de Venezuela, ya sean és-

478

479

�tas de carácter político o administrativo, logrando también ubicar_ a 1_~ Real
Audiencia (de Caracas)' en la complicada estructura de. la ~rgam~ac10n col .al spañola institución la Real Audiencia que conslltuyo el tnbunal
;:~ar ecategorí~ judicial e~ esta parte de los domini~s español_es. ~o conoc10
más superior que al rey, quien por medio de su ConseJo de Indias ma en casos
especiales, apelaciones de sus sentencias.1
. . .
A esar de su importancia, que la tuvo como corte de Justicia, como cuerpo•
cons!itivo del Gobernador y Capitán General, y como _r,epresentant: en Vc~e-•
· person al.dad
de 1J monarca , su erecc10n, mstalac1on,
func10-•
zuela de la propia
1
•
•
• l
. t
xtinción e influencia que ejerció en el desenvolV1m1ento socia y
narruen o, e
, d 1 h' t . dores p·ara
olítico de Venezuela, no ha llamado la atencion e . os is ona
, .
~acer una exégesis que permita tener un concepto preciso acerca de la tornea
que imprimió a la sociedad de su tiempo. 2
•
•
•,
L Real Audiencia era el nexo de unión entre las provmc1as de la _reg1~~,.
,
·
las aque tenían gobernadores autono~os,
qmenes
reºcrían por la leg1slac1on
que España había dado para sus colonias.
.
,
La milicia tanto en los cuerpos fijos como en los de otro tipo, teman ~u
centro en C~racas que era la Capital de la provincia de ese nombre y don e
residía la autoridad de la Capitanía General de Venezuela.
. .
tanto los regulares como los seculares, reconocían como principal
El el
1 1os d.istmos
· t t n·bunales que
.d ero,
d I Ob,·spo de Caracas· y en lo judicia'
auton a a
'
.
.
c
S 'l
impartían justicia, reconocían la instancia supenor ~es1den~e. en aracas. ;. ~
conservaban autonomía bastante manifiesta los Cabildos c1v~les, donde se_
cutían prerrogativas y derechos, como en los Cuer~os ~oleg1ados, Y e:~n:::
tución de raíces tan antigua conservó sus preemmenc1as como los
g
Cabildos españoles.'

d:

i:

Un somero análisis de la evolución colonial de Venezuela Y_ de_ los_ ~nte~edentes del Cabildo español, nos hará ver, con efecto, que ~st~ mstltu:1~n hizo
germinar muchos de los valores _que_ ;ontribuyeron a const1tmr el esp1ntu que
animó al movimiento de emanapac1on.
, .
. .
Desde el siglo XI los monarcas de Castilla concedieron ª. sus subd1tos pnv1~
legios extraordinarios que constituyeron los fueros de las cmdades, siendo as1
b . n puede mirarse..al reino de Castilla como el lugar de Europa en_ que
que 1e
, ·
régunen
se implantó por vez primera y con particularidades caractensticas un
liberal de libertades municipales.'
· de Historia Colonial V enc;:olana. Caracas,
GARCÍA CHUECOS, HÉCTOR, Estu d lOS
1938, t. II, p. l.
: GARCÍA CHuEcos, H., ob. cit., t. II, P· l.
a LEVENE, RICARDO, Historia de América, t. VI, p. 309.
.
17 y 18.
. toria del Reinado de los Reyes Católicos, t. I, pp.
t PRESCOTT, WILLIAMS, H ts
l

Estos fueros daban al ciudadano la facultad de organizar ayuntamiento para
la dirección de los negocios del municipio, bien así como la de designar los
jueces que administraran justicia en lo civil y en lo criminal. Ningún hombre
podía según los fueros, ser molestado en su persona o en sus bienes sino por
determinación de los jueces municipales, cuya autoridad era tan precisa que
a los tribunales superiores no les era lícito avocarse el conocimiento de los
asuntos que estuviesen ventilándose por los jueces municipales; las libertades
públicas habían llegado a una madurez verdaderamente ejemplar.'
El doctor Angel César Rivas en su discurso de ingreso a la Academia Nacional de la Historia, de Venezuela, nos dice, refiriéndose a este tip·o de libertades públicas otorgadas a los ayuntamientos, que en Castilla habían llegado
al punto de que con frecuencia se establecía en las cartas, que a los nobles
no les era permitido adquirir propiedad raíz dentro de los límites del Municipio; que no era lícito a los mismos levantar en ellos fortaleza alguna y que
cuantos de su clase residieran en la jurisdicción mencionada quedaban sujetos
a la autoridad municipal, la cual podía rechazar legalmente por la fuerza
cualquier ataque de aquellos contra los ciudadanos. 6 "Así, mientras que los
habitantes de las primeras poblaciones de otras partes de Europa gemían bajo
el yugo de la servidumbre feudal, los de las villas y ciudades castellanas que
vivían bajo la protección de sus leyes y magistrados en tiempos de paz y eran
mandados por sus propios oficiales en la guerra, estaban en el pleno goce
de todos los derechos y prerrogativas de los hombres libres". 7 Por su parte
el doctor Rivas agrega que los ciudadanos de Castilla no se limitaron a entender en los asuntos exclusivos de su ciudad, se restringía el poder del soberano y se afirmaba el imperio de las libertades adquiridas. 8 Y por un natural
reflejo al proyectarse el Cabildo en Venezuela adquiriría todas las preeminencias del Cabildo castellano.
Consecuentemente con el clima que daba el Cabildo a la sociedad venezolana y teniendo en cuenta la evolución natural y lógica de este pueblo, se
llega a la conclusión de que fue madurando, fue fraguando ese espíritu de
independencia y libertad ante el aspecto despótico de muchas de las autoridades de la Corona.
Sólo un análisis preciso de los diversos factores que privaron en la evolución, no sólo del Cabildo, sino de otras instituciones coloniales de Venezuela,

~ Varios, La Colonia y la Independencia. Juicios de Historiadores Venezolanos. Caracas, 1949.
~ RtvAs, DR. ANGEL CÉSAR, Orígenes de la Independencia de Venezuela. Discurso
de ingreso como Individuo de la Academia Nacional de Historia. Caracas, 1909.
7
PRESCOTT, ob. cit., t. I, p. 19.
8
R1vAs, DR. ANGEL CÉSAR, ob. cit., p. 21.

480
481
H31

�puede llevar a una mayor claridad en la v1sion de los orígenes históricos de

q~eros de Ausb~rgo sólo fue un contrato con la corona de Castilla y que ade-

la emancipación de este país. El desenvolvimiento trisecular colonial venezolano nació, se crió y desarrolló en medio de un sistema de leyes y de instituciones sociales, políticas y culturales, que causó impacto e imprimió carácter
en la estructura colonial y dejó estratos manifiestos que aún superviven en
la estructura nacional republicana, a pesar de acciones negativas, que las ha

mas, los companeros de los Welser eran en su mayoría españoles: sin haber

habido en todos los tiempos; supervivencias como también las dejó el mundo
indígena prehispánico cuyo carácter provocó un Fuero Indígena Venezolano,9

por la lucha represiva del Estado y la ambición del conquistador, situación
jurídica que hizo nacer y desarrollar una amplia legislación desde las llamadas
Leyes Nuevas (1552), cuya aplicación provocó escaramuzas y motines civiles
en el Perú y protestas enérgicas por encomenderos de muchos lugares,1° y
después de la Recopilación de Indias, amplio monumento legislativo comparable a los mayores y más notables del derecho universal."
Dentro de esta circunstancia de tensión y aparato jurídico-administrativo
de la Audiencia, Consejo de Indias, Chancillería y demás organismos vivió

el venezolano desde el siglo XVI, desde que fue puesto el territorio en 1526

e_st ado segregada_ propiamente e:,ta _región del imperio de las leyes españolas,
smo, como lo afirma Humbert
de esas leyes". 16

mas de una vez sintieron sobre sí la sanción

C~n esta estructura inicial y el aparato jurídico-administrativo de la Colonia
r~afinnamos nuestro criterio de que sólo el Cabildo tuvo la constitución pro~
p1amen~e, venezolana, por las preeminencias específicas de esta institución que
le penm:1a por los fueros municipales, dar una estructura propia regional con
las esencias del hombre y del medio; pues mientras instituciones de otra Índole~ Y funciona:ios llegaban de la metrópoli con orientaciones y disposiciones

preCisas, los Cabildos eran la reflexión autóctona de lo que se iba constituyendo
con su propia idiosincrasia.17

'

La. confo~~ción social de la comunidad venezolana fue similar a la de
toda mdoamenca, con sus peculiaridades regionales que sólo fueron una pincelada en el mosaico continental.
La vida colonial en Venezuela fue más que todo una vida criolla en lo ur-

que p'romovió su colo-

bano, puesto que el peninsular se acriollaba en el medio y el hijo de éste era

nización por expediciones enviadas a la Costa de Cumaná y Coro. El rey hizo
del territorio dos circunscripciones, la de Venezuela y la de Nueva Andalucía
y el Dorado, y capituló en el año 1526 la población de la primera con Enrique
Ehinger y Jerónimo Sayler, siendo causahabiente de ellos desde 1531 Antonio
y Bartolomé Welser 13 y la de la segunda con Diego Femández de Serpa en
1568," ambas entidades quedaron sujetas a la Audiencia de Santo Domingo,
como ya lo habíamos referido.
La colonización de la región venezolana dio principio por 1528, ya que los

el ~~e por dere_cho vivía esa vida, en el funcionamiento de la vida social y
pohtica predo~maban lo~ blancos europeos, quienes tenían los cargos princi~ales que los cnollos les disputaban, tal y como aconteció en toda nuestra Aménea; estaban frente a frente dos orgullos en pugna, indiscutiblemente con mayores derechos los segundos; los primeros alegaban su "raza superior" y eran

bajo la inspección de la Audiencia de Santo Domingo,

12

intentos anteriores como el de Uvagua fueron sólo eso, intentos, siendo la
región occidental y un tanto del sur, de mayor ventaja por el tesón de los
alemanes Antonio y Bartolomé Welser, aunque esto representó una mayor cru-

deza por la energía de las bases de la colonización que la de los propios castellanos. Para 1556, época en que concluyó la capitulación de los alemanes
ya existían Coro (1528), el Tocuyo (1545), Borburata (1549) y Valencia
(1555). 15 Angel César Rivas nos hace ver que la capitulación con los ban11
GABALD6N MÁRQUEZ, DR. JOAQUÍN, Fuero Indígena Venezolano. Parte Primera
(1552-1783). Caracas, 1954.
10
DÁVILA, DR. VICENTE, Encomiendas. Caracas, 1927-49.
11
Recopilación de Indias. Lib. IV. Tit. I-XIX.
11
Ob. cit. Lib. II. Tit. XV. Ley II.
11 HuMBERT J., L'Ocupation Allemande du Venezuela au XVle. Sieclé. 1928.
1
• Apuntes Estadísticos del Estado Cumaná, 58.
u RlvAs, ANGEL CÉSAR, ob. cit., p. 32.

482

~ombres P?'. l? general llenos de prejuicios y supersticiones de sangre y de
ti tu los .n~b1hanos,. muchas veces discutidos, por su parte el criollo pretendía

el dormn10 de la llerra donde había nacido y consideraba que sólo a él correspondía. Los pardos, u hombres de color, eran el mayor número, como mestizos
de las razas blanca, broncínea y negra y como los nativos sin mezcla estaban
relegados a un plano inferior y sólo tenían permitido los oficios m~nuales y
las bellas arte.s; los esclavos negros y los sirvientes nativos formaban generalmente la servidumbre. Calcúlese que la capitanía general de Venezuela tenía

en. las proximidades del movimiento emancipador 800,000 habitantes, distrib,mdos en los 950,000 kilómetros cuadrados de superficie, constituían mayona los hombres de color y luego se contaban los criollos y peninsulares que
éstos eran en minoría, pues se calculaban unos 12,000.
Aun cuando hubo intentos y propósitos de mejorar intelectualmente a la co•
munidad venezolana, la masa estaba en una categoría ínfima, pues esto con~
ob. cit. Introducción.
Recuérdese al Ayuntamiento de la Ciudad de México y el caso particular, en el
Movimiento Emancipador, del Lic. Primo de Verdad y Ramos.
JG HUMDERT,

17

483

�venía indiscutiblemente a la política regional, y por lo general sólo los criollos
estudiaban en escuelas particulares o públicas y después seguían carrera en
la Universidad de Caracas, en el Colegio de Mérida o bien en Santo Dominao Santa Fe o la ciudad de México del reino de Nueva España, por ello
vem~/ que muchos de los venezolanos que figuran en la revolución emancipadora, carecían de la preparación necesaria, y buen número de ellos eran
autodidactas. 18
Adúcese como una de las razones o motivos principales para la guerra a
muerte durante la lucha de la independencia, la premeditada ignorancia con
que España mantuvo a Venezuela, con objeto de _retener mejor,el comercio,
la agricultura y ganadería y los diversos monopolios que se habian f~ndado,
ello hizo que fuera creándose un rencor latente co~tra los_ qu~ dommaban,
porque privado de toda noción de libertad e_n s~ vida o_rdmana, no encontraba modo de expresar sus sentimientos y aspiraciones y siempre pensando en
•
,
un porvemr
mas
venturoso.19
.
,
Sólo una minoría formada por criollos y algunos mestizos sab1an lo que
era_. aunque en forma inicial, el sentido de patria, los demás por el ai~lam~e~to
con Esp·aña y la ignorancia de las esencias que constitu~en a la _patria, v1v1an
sin el vínculo de las tradiciones, desligados de toda esencia aglutmante. . ,
La vida colonial fue en las ciudades, dentro de una paz y tranquilidad
manifiesta, sin mayores entretenimientos que la vida cotidiana de las transa~ciones propias de un mtmdo más medieval que renacentista, con entretenimientos a veces de tipo religioso o de fiestas reales, en ellas como e~ natural
participaba el pueblo en su segundo medio; vida galana de la sociedad de
la época, muy particularmente la de Caracas, donde -nos ~ice la obra de
Levene- las familias mantuanas, las que venían de los conqmstados Y gobernantes mantenían en vivo las pocas tradiciones de la patria.
En los campos -nos sigue diciendo-- el que más se esbozó c~n sus perfiles
propios fue el llanero, semejante al gaucho de las Pampas argentmas:, ocupa~o
en domar potros y carnear reses para su industria y diaria ahmentac10n, a1::_en
de improvisar coplas alegres al son de sus maracas ~ ?uitarras: Desde m~os
se ejercitan y ejercitaron en el manejo de sus fuerzas f1s1cas y adiestran su_ rustico ingenio en la astucia, disimulo y agilidad, para salvarse de los peligro;
de una naturaleza indómita y salvaje. En la guerra, desde luego, encontro
el llanero su vocación natural, de alli el papel preponderante que tuvo en las
campañas, tanto en las filas realistas como en las de la emancipación. Y p~ra
completar este magnífico cuadro de los llaneros, la ?bra de Levene nos_ dice
que sin más ley que su habilidad en el rodeo, la reciedumbre de sus punos y
18

19

484

LEVENE, RICARDO,

Ibidem.

oh. cit., t. VI, p. 310.

su afilado cuchillo, se advierte que cuando algún habitante de las montañas
cometía un homicidio o latrocinio, para evitar los inconvenientes de la intervención de la justicia, se refugiaba en los llanos, donde se convertía en cuatrero.
En esta forma tan clara y precisa la obra de Levene nos da los rasgos principales de quienes con su lanza en ristre y sobre indómito caballo serían los
bravos combatientes en las luchas cruentas por la emancipación venezolana. 20
Esto no quita que un grupo selecto de criollos y mestizos fuera el núcleo
que contribuyera a formar el espíritu de nación y conservar todas esas inquietudes y esencias que pudieron consolidar y ser la circunstancia principal y el
alma de un movimiento que un poco complejo por diversas influencias trajo
el rompimiento del vínculo con la Metrópoli.
Aun cuando la política de España en sus colonias, muy particularmente en
Venezuela, fue la de preservar la entrada de ideas distintas a las tradicionales,
las corrientes del pensamiento se manifestaron con espíritu de renovación desde
el siglo XVII, subrepticiamente hicieron presencia las ideas de la modernidad
como algo inevitable.
U na minoría selecta venezolana, con una conciencia de mayoría de edad, y
que había captado esa serie de inquietudes, estuvo apta para lanzarse por nuevos cauces con sentido autonomista, hacia una postura de soberanía, de libertad e independencia, no sólo dentro de un concepto económico, ni político,
sino ideológico, dentro de la corriente cuyo movimiento recibe tónica del
liberalismo europeo y cuyas raíces pueden encontrarse muy atrás, desde que
en Venezuela empezó a conformarse una conciencia mestiza. 21
Los descubrimientos geográficos; la ruina de la economía feudal; el establecimiento de nuevas iglesias que no reconocían ya la supremacía de Roma; la
revolución científica que trastornó las perspectivas mentales; el volumen creciente de los inventos técnicos que es causa de nuevas riquezas y aumentos
de la población; el invento y desarrollo de la imprenta tipográfica, con su
inevitable consecuencia sobre los ensanches de la cultura, de lo cual nace una
teoría política que, en Maquiavelo y en Bodin, funda la investigación del
problema social en la relación del hombre con el hombre y ya no en la relación del hombre con Dios.
Esta vida nueva de los ilustrados de los siglos XVII y XVIII fue infiltrándose a pesar de la vigilancia y de la acción de algunos tribunales como el de
la Inquisición, en las colonias españolas de ultramar y fue creando una crisis
de la conciencia venezolana así como transformando su fisonomía p'ropiciándola para el movimiento emancipador,
Roto por Renato Descartes el centro de la autoridad tradicional, y erigida
:ro LEVENE, RICARDO,
21

POMPA

y

ob. cit., t. VI, pp. 311-312.

POMPA, ANTONIO,

La Reforma Liberal en México, México, 1965.

485

�la afirmación de propia conciencia en base y fundamento de toda filosofía,
cambió de pronto bruscamente el punto de partida y con él cambiaron los procedimientos todavía más que las soluciones. He aquí la raíz y la razón de la
nueva doctrina reflejada en América, en Venezuela. 22

•

Es, pues, la doctrina de la Modernidad la que transforma y conforma la
crisis de la conciencia venezolana, dentro de una tónica que imprimen los
mismos ilustrados españoles, quienes la recibieron a su vez de la gran revolución filosófica preparada por los pensadores italianos y españoles del siglo
XVI; es el Cartesianismo y los principios de lo positivo que les llegan a los
ilustrados venezolanos por los ilustrados europeos, son las ideas muy particularmente de Benito Jerónimo Feyjóo y Montenegro y de Tomás Vicente Tosca;23 es la doctrina de esta gran transformación que los sujetos de la Compañía
de Jesús tratan de acriol!ar dentro de una postura ecléctica y después auspician cuando han sido expulsos por la política de Carlos III ;" es la doctrina de
las sociedades secretas, políticas y masónicas ; 25 esi en fin un nuevo concepto
del mundo y de la vida bajo la tónica de los imperativos ideológicos, políticos
y económicos lo que ha transformado y creado una nueva crisis en la crisis de
la conciencia venezolana, propiciándole idoneidad para la lucha p·or la emancipación.
Preparado el clima con el concurso de múltiples circunstancias internas, da
aliento el de otras circunstancias del mundo exterior, y por ello vemos que
potencias como Inglaterra y Francia participan, lo mismo que los Estados
Unidos, en acelerar ese movimiento que llevaría a Venezuela a la emancipación de la Corona española. Aquí resurgirá la lucha secular entre Inglaterra
y España y la lucha ideológica entre España y Francia y los intereses de una
21

POMPA y POMPA, ANTONIO, ob. cit., México, 1956.

u

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486

nación joven y pujante, los Estados Unidos; además de otras potencias; como
intereses de empresas holandesas.
La sociedad criolla y mestiza empieza a manifestar, no ya inconformidades
sociales discretamente expuestas, sino manifestaciones agresivas, y como un
reflejo aparece la actitud de nativos y negros y así tenemos que desde la segunda mitad del siglo XVIII, el espíritu de rebeldía de algunos grupos hace
preocupar a las autoridades españolas; es el malestar propio de una situación incómoda para las mayoríasi e intolerable para las minorías que aprovechan intereses externos ya económicos, ya políticos, ya ideológicos; los criollos
tratan y no tratan de romper con el régimen español puesto que piensan, como los criollos mexicanos, en Femando VII; los mestizos son más del lugar
y ellos proponen el rompimiento total con la metrópoli; la tensión esp'iritual
del venezolano siente y hace sentir más, como sus hermanos de Continente,.
el momento aventajado de esta crisis.
El expediente formado por las autoridades de la Capitanía General de Venezuela, con motivo de la insurrección acaudillada por Juan Francisco de
León en 1749, con el fin de lograr la expulsión de la Compañía Guipuzcoana,
contiene, en efecto, elementos preciosos para el estudio de la situación generar
de la Provincia en aquellos momentos; para medir el grado de su progreso
económico y la densidad de su población; para señalar las circunstancias políticas, particularmente en lo relativo a la ingerencia de los negocios locales
por parte de las autoridades peninsulares; y para apreciar el grado de la evolución del espíritu público frente a los problemas planteados por la colonización, especialmente los políticos ya que iba dando lugar el desarrollo ascendente de las fuerzas vivas autóctonas. 27 La manera como el patriciado caraqueño, lo mismo que "la plebe toda de estos valles", según reza el expediente,
hubieron de comportarse dentro del antagonismo político y económico surgido de la actuación de la Compañía Guipuzcoana, pone de manifiesto, en
forma muy clara y elocuente, el vigor con que los nativos sin distinción de
categorías, reaccionaban solidariamente ante las pretensiones absorbentes de
los elementos metropolitanos. 28
En el archivo del Consejo Municipal de Caracas existe documentación del
cabildo de la Ciudad que completa los expedientes de esta insurrecci¡Sn de
don Juan Francisco de León, uno de los p'recursores destacados del movimiento
de emancipación venezolano.
La población negra en Venezuela es capital para entender la composición
social de ese país y por consiguiente, la influencia que tuvo en muchas de
:, Documentos relativos a la insurrección de Juan Francisco de León. Prólogo de
Augusto Mijares, Caracas, 1949.
2t

lbidem.

487

�las actitudes del venezolano en la época colonial son de inexcusable presencia;
así lo acepta el doctor Pedro Manuel Arcaya en sus diversos trabajos de so-

decreto de 25 de julio de 1796, y así fueron destinados a reclusión perpetua

ciología venezolana.

en los castillos de Puerto Cabello, Portobelo y Panamá, 29 en tierras americanas.
Un equipo magnífico de revolucionarios intelectuales aposentaría en lugar

Al enfocar el doctor Arcaya los diversos complejos móviles que determinaron el principio y luego el desarrollo de la insurrección de los negros de
las serranías de la región de Coro en 1795, puntualiza con claridad el medio
social donde estalló la sublevación y el panorama esclavizante en Venezuela,

muy particularmente en la región de Coro. Lugares y haciendas en los cuales
estaban distribuidos los esclavos, la transformación de esa esclavitud en servidumbre de gleba, la organización social y económica de estos esclavos en

las haciendas agrícolas y de los que moraban en los fundos pecuarios así como de los destinados al servicio doméstico.
El valioso estudio del doctor Arcaya analiza la forma como los negros y los
pardos libres llegaron a formar una numerosa congregación de hombres de
población en el partido de Coro, y cómo el proceso de emancipación de los
esclavos fue iniciado desde la fundación de la Colonia, ora por ¡&gt;'ropio rescate, ora porque los amos, como era frecuente, les hacían gracia de la libertad,
manumitiéndoles por escrituras o testamentos.

t

Como era natural, los negros de la región de Coro en ese complejo devenir de intranquilidad y opresión, fueron activos agentes en esta conjuración
en que participaron José Leonardo Chlrinos muy particularmente y algunos
otros, como se asegura, de la talla de José Caridad González. Muchas circunstancias operaron en este movimiento de los negros, que consideran como
inicial en la lucha por la emancipación, muchos rumores hubo que se conjugaron para que estallara el movimiento que con enérgica y sangrienta repre-

sión sólo gestaba un esfuerzo de mayor altura.
El día 3 de febrero de 1796, día de San Bias, debía estallar en Madrid la
conspiración planeada para transformar la monarquía es¡&gt;'añola en RepúbHca
-nos dice Pedro Grases---- al estilo de lo acontecido poco antes en Francia.
La influencia de las ideas francesas tenía que sacudir forzosamente la península. Un grupo de hombres de letras dirigía la conspiración, capitaneados por
Juan Bautista Mariano Picornell y Gomila, mallorquín de Palma, maestro
reform'ador de la escuela tradicional en España, autor de vanos tratados pedagógicos, políticos. Acompañaban a Picornell, José Lax, Sebastián Andrés, Manuel Cortés Campomanes, Bernardo Garasa, Juan de Manzanares, Joaquín
Villalba, Juan Pons Izquierdo, todos profesionistas, abogados, médicos, profesores, quienes la víspera, es decir el 2 de febrero, fuer~n hechos prisione:~s,
excepto Garasa quien alcanzó a huir a Francia. Este mtento de revoluc1on
en España iba a terminar con la vida de los con jurados, mas por la interven-

ción del agente francés, Mr. Perignon, se logró una conmutación de pena por

propicio y donde había voluntades decididas como las de los hombres de
San Bias.
La piratería había hecho difícil el tránsito de la marina española y por
este motivo, los conspiradores fueron transladados separadamente y encerrados
en las mazmorras de La Guaira, entre tanto se les llevaba al destino final, así
llegó a La Guaira el bergantín correo "La Golondrina", con Juan Bautista

Picornell, dirigente principal del movimiento de San Bias, hombre dinámico,
de decisión, tiempo después, Sebastián Andrés, José Lax, Manuel Cortés Campomanes y Juan Pons Izquierdo, quienes continuaron sus propósitos revolucionarios.

Al contacto de los conjurados de San Bias con los americanos de La Guaira,
se inició una nueva conspiración, la de Manuel Gua! y José María España,

historiadores venezolados como Caraccio!o Parra Pérez lo han estudiado y
Pedro Grases lo trata ampliamente.'°
El día 13 de julio de 1797 fue denunciado el intento de sublevación al
capitán general de Venezuela, don Pedro Carbonell, siendo encarcelado buen
número de los comprometidos, mas don Manuel Gua! y don José María España lograron escapar y refugiarse por lo que parece en Curazao. 31
Tiempo después José María España regresó a La Guaira donde fue detenido, procesado y luego condenado al suplicio, ejecutándosele en Caracas el
8 de mayo de 1799. Gua! murió en Trinidad, en San José de Oruña, el 25 de
octubre de 1800.
El movimiento de la emancipación venezolana no había terminado, había
&lt;:oncluido tan solo un episodio.

Un importante hallazgo hecho por el historiador colombiano don Jorge Ri-cardo Vejarano, da una contribución de particular importancia en el estudio
de los orígenes de la emancipación venezolana y que se refiere a la con jura-

&lt;:ión de 1808 en Caracas, dirigida con el fin de formar una junta suprema
gubernativa que rigiera los destinos de Venezuela y según se desprende, como
lo conjeturó el doctor Vejarano, da oportunidad para estudiar dos aspectos
diferentes dentro de los movimientos de emancipación, el que se refiere a

julio de 1808 y el que hace a noviembre del mismo año, este segundo de
n

LAFUENTE, MODESTO,

•

GR.ASES, PEDRO,

Historia General de España. Madrid, 1869.
La conspiraci6n de Cual y España. Caracas, 1949.
n DAUXIÓN LA VAIS.E, jEAN FuNi;:ors, Vo, 1agt aux iles de Trinidad, et Tabago, dt la
Margarite, et dans diverses parties des Venezuela, dans L'Amerique meridionale. París,

1813, II, 116.

488
489

�extensísima documentación en 23 cuadernos que componen las declaraciones
de conjurados y testigos, a quienes se siguió un amplísimo proceso que obtuvo
sentencia el 4 de mayo de 1809; en este documento de una grande importancia y que publica el comité de Orígenes de la Emancipación, de la Comisión de Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, se tienen
multitud de testimonios, de confesiones, de informes y declaraciones que llevan no sólo a atisbar con conocimiento de causa, sino a palpar el estado de
ánimo, la crisis de la conciencia patria que operaba en Venezuela.
Desde antiguo, aparecen testimonios que hacen manifestación franca del
estado social, económico y político de Venezuela, muy particularmente al finar
del siglo XVIII; de los proyectos fallidos y de los vaticinios, algunos después
comprobados acerca del futuro de Venezuela, se conocen y se conservan en
repositorios documentales; uno de ellos el que dejó don Gabriel Femández
de Villalobos, tiempo después Marqués de Varinas, en que vaticina la pérdida
de las Indias para la monarquía española. El comité de Caracas para el movimiento emancipador, dependiente de la Comisión de Historia del Instituto
Panamericano de Geografía e Historia, publicó Vaticinios de la Pérdida de
las Indias y Mano de Relox con una introducción del Dr. Joaquín Gabaldón
Márquez. 32
Fernández de Villalobos natural de Cuenca, Castilla la Nueva, pasó a las
Indias en 1654, cuando tenía doce años, estuvo en Cuba y fue un observador
muy dedicado y aprovechó cuanto le fue dable observar; se dio cuenta de
los traficantes de negros, supo de la vida en las Costas del Brasil, fue prisionero y salvado por traficantes holandeses, visitó Curazao y escribió Vaticinios
de la Pérdida de las Indias, que tuvo por primer título Desagravio de los Indios y Reglas Precisamente Necesarias para Jueces y Ministros, así también
escribió Mano de Relox que muestra y pronostica la ruina de la América e
ldrografia y Cosmografía de la América de Sona a Sona. Femández de Villalobos como se ve en sus manuscritos era un conocedor del medio y del hombre,.
por ello con tanta certeza pronosticó las consecuencias del coloniaje cruel

hacen ver testir~on~o_s expresivos y valiosos como el de don José de Austria
o el de ~on_ Jose Fehx Blanco, libro de influencia definida que vino a recon
fartar y Justificar las opiniones sobre la emancipación. u
-

Como, referimo~, la corriente de la mo-dernidad imprimió una fisonomía a la
r~vo~uc1on e~~nc1padora y no sólo los hombres en lo particular sino ue instituciones se f1ha~on a esta corriente renovadora, ni que decir de las so1edade
s:~~~ta~, ~as polít'.c~s por táctica de lucha, el secreto conservaba mejor la se~
g n a
el eJerc1c10 de un plan, mas las sociedades masónicas lo tenían como
una no~a. y tomaron participación en forma definida puesto que encerraba
~st~ ~ov~~uento ~~stulados humanos de libertad, por ello vemos Ia acción de
a ogia Lautaro de Londres: donde se iniciaron muchos de los caudillos
ie _la !~cha por la emanc1pac10n, además muchos oficiales eran iniciados en
og1as¡¡ otantes, es .dec1r, en los barcos que traían cuerpo rm·1·t
1 ar o aun en
aque os que se dedicaban al comercio por ello ]a maso ' 1·
•
· ·,
d
'
nena 1ene una partic1pac1on muy estacada en el movimiento emancipador de América.
Otra
institución, la Compañía de Jesús' tamb"é
·
1 n es importante
• •
en este
mov1m1ento de la independencia, pues aun cuando estaban la
, d
los . t
1
11
mayoria e
suie os expu sos, a e os se debe el progreso de las ideas de la mo-d "d d
q
·
· · hl
erma,
uc vieron en mev1ta e c?rriente y que adaptaron a la concepci6n venezolan~ del m~ndo Y de la vida; entre las figuras notables de este movimiento
est~ _e_l Jesuita Juan Pablo Viscardo, quien merece en particular estudio y un
anahs1S Justo a su Carta Dirigida a los Españoles Americanos publicada en
L ondres 1801."
'

y tonnentoso. 33
Otro observador de la vida venezolana fue Tomás Paine (1737-1809) in-glés de origen, demócrata y luchador denodado por la libertad, de este importante escritor existe La Independencia de la Costa Firme, traducida del inglé~
al español por don Manuel García de Sena, este interesante estudio cuandofue publicado y al ser conocido en Venezuela fue libro de sensación, así lo

Así como encontramos instituciones como las referidas en el p
d ¡
·
•;
b''
,
roceso e a
"'.'1anc1pac1on tam 1en_ h_ubo países entre los que destacaban Inglaterra y Francia. •Inglaterra
es . defm1t1va en la emancipación de Ame'r"ca
.,
.
1
y 1a ptratena
auspiciada
desde
tiempos
remotos
por
ella
es
la
que
rompe
la
,·nte
·
.
rcomumcanón entre la metrópoli y las colonias; ejemplo destacado es la Escuadra chilena_ que organiza y mantiene Lord Thomas Cochrane. La acción inglesa muy
particularmente en los mares dio el tiro de gracia al coloniai·e arneri
F
•
cano.
rancia con su Revolución Francesa y con política interna en España desde
la, entrada, de los barbones, cooperó eficazmente a la independencia americana,
lo hacia ver a la Corona Española y al Virrey de Nueva España el minIStr_o don Lms de Onís, quien residía en los Estados Unidos como plenipotenciano. Napoleón Bonaparte fue uno de los muy interesados por la ernan-

= FERNÁNDEZ DE VILLALOBos, GABRIEL, Vaticinios de la Pérdida de la.s Indias y
Mano de Relox. Con una introducción del Dr. Joaquín Gabaldón Márquez. Caracas.,.

A:

1949.

" lbidem.

490

ª"

La Independencia de la Costa Firme justificada por· Thomas Paine T . t
nos Ha. Trad. de Manuel García de Sena Prólogo de Ped . G
' rcm a
•
·
ro rases.
BATLL~RI, S. J. MIGUEL, El .A.bate Viscardo. (Historia y Mito de la Intervención
de los Jesuitas en la Independencia de Hispanoamérica). Caracas, 1953.

491

�cipación americana y conocemos lo menos tres instrucciones dadas a los agentes

gobierno, a pesar de sus ofertas, porque está empeñado en arrancar a la co-

revolucionarios en América.36
A Francia más que todo le interesaba la independencia de Amfaica desde
el punto de vista ideológico y por ello luchó en diversos aspectos; s1 a Inglaterra interesaban los mercados y el progreso de la revolución industri_al, I_o que
acontecía también con Holanda, a Francia le interesaban las conciencias, el

la Soberana y le da amplia recomendación para sus Ministros en Europa, le
cubre con el uniforme de Coronel ruso y una orden por miles de libras ester-

rona española sus Colonias hispanas. La grandeza del propósito halaga a

linas. De este modo generoso salvó Catalina al futuro precursor de la inde-

pensamiento del americano.
.
.
La revolución de la emancipación amencana, coro~ hemos d1c~o, en su
esencia es una e indivisa, obedece a un común denommador que impone la
evolución y el progreso de la humanidad.
.,
.
.
.
La figura prominente, no sólo en la emancip~c1on a~encana, smo !igura
en la revolución universal, es don Francisco de Mtranda, ilustre caraqueno_ nacido en 1750 y ausente en forma definitiva en 1816, es por ello el pnmer
criollo de dimensión histórica mundial, el primero que en aquel turbulento
siglo XVIII figura y con categoria en el Viejo Mundo, su nombre está g:abado
de manera indeleble, en forma lapidaria, en el Arco del Triunfo en P~"-, .
El tema de Miranda -nos dice Picón Salas- es para un drama ps1colog1co
político drama de eterna vigencia porque inciden en él, co°:o ~n muchas
~ragedias ,colectivas, el irracionalismo y la lógica, la cultura Y_ el m~tmto ~ cons. ,
las Cortes europeas en los grandes círculos de estadistas financieros Y
pp:l~ti::, siempre pensando :en la libertad de Venezuela. Williams S. Robertson
' una amplia biografía lo m1Smo
·
le dedica
que R"1cardo .Bcrra"ynohay
_e e ,
_
historiador de la emancipación americana que pueda onuttr su nombre,_ hombre de contrastes, incomprendido a veces; para los con~1;adores ~tran~a
aparecía como un peligroso jacobino, para los liberales u~ ~~eJO revoluc1onano.
. el pensaE ra e I d rama del hombre de alta cultura y pulida sens1b1hdad,. era
miento maduro que ya ha tenido la manifestaci6n de la expenenc1a.
_
De este extraordinario personaje, Ricardo Levene en su Historia de Aménca
nos lo describe con amplitud y conocimiento en los interesantes párrafos que

pendencia hispano-americana. Regresa a Londres el 89, después de recorrer
varias naciones europeas. La relación de sus servicios y sus viajes se encuentra
publicada en tomos, titulados Archivo del General Miranda, que corresponden

a 26 volúmenes de infolios custodiados por la Academia Nacional de la Historia en Caracas.

Ya en Londres presenta al Ministro William Pitt en 1790 sus proyectos para
emancipar la América española. En constante labor hasta 1792 por medio de
informes que dirige a varios Ministros ingleses, con el fin de conseguir auxilios militares, a trueque de un comercio en los puertos de las colonias, sin

compromiso alguno de las soberanias de aquellos pueblos una vez emancipados.
Decepcionado de la politica inglesa ante la perspectiva de la Revolución francesa se dirige a París en marzo del 92. Entra en seivicio, como Mariscal de
Campo por sus grandes conocimientos militares, con las condiciones de cooperar a la independencia de América y de atender a sus asuntos económicos .
Su actuación en Francia como militar, escritor y hombre de estado, se encuentra publicada en otros siete tomos, que corresponden a 18 volúmenes de

su Archivo.
Expulsado de Francia por Napoleón, en marzo de 1801, se refugia de nuevo
en Londres donde continúa, ya más hombrado por los grandes acontecimientos

de aquella revolución, en la cual llegó a mandar en las batallas hasta 20,000
soldados, y tuvo bajo su dirección unos 60,000, con el firme propósito de
la Independencia hispano-americana. El conocimiento del fracaso de Gua!
en La Guayra el 99 se pone en inteligencia con éste, una vez refugiado en
Trinidad. En todas las Colonias hay revolucionarios que reciben sus inspira-

,

ciones. En las logias que fundó en España se inician americanos que serán

Francisco de Miranda pasó en 1785 a Inglaterra -nos dice- y continuo
sus viajes por pueblos y ciudades europeas, ilustrando su m~nte para enfrentarse a la Monarquia Española. En Rusia, Catalina II, _a quien se lo presenta
· ado Potemkin acoge con deferencia al suramencano que habla vanos
su pnv
,
I
· · .,
idiomas, tiene conocimientos generales y está per~guido por la n~u1S1c1on
politica de España, Tribunal que odia la Emperatriz. No acepta servir en su

futuros libertadores. Desde México hasta Buenos Aires y el Brasil se extien-

siguen:

• El Movimiento Hist6rico en México, No. l. México.' noviemb,re 1937.
Aº; .. Luis México y sus Revoluciones. Pans, 1836.
MORA, D R. Jos É M ~
•
.
11 RoBERTSON, WM. S., The Life o/ Miranda. Chapel H1ll, 192~.
.da de don Francisco de Miranda. Madrid.
BECERRA, RICARDO, VI

492

.

den sus actividades emancipadoras. Prepara, con políticos ingleses la expedición,

que en 1806 conduce Popham a la Argentina, la cual enseñó a los porteños
cómo se rechazan a los expedicionarios que pretenden ser conquistadores y
no saben ser libertadores. Parte a los Estados Unidos y allá, con la ayuda de
ingleses y americanos, sale de New York en febrero de 1806 con 200 hombres y algunos oficiales que logra embarcar para invadir a Venezuela. A bordo
del "Leandro" iza, por vez primera, su pabellón tricolor, que llama colombiano

en desagravio de la memoria de Colón. Recibe auxilios en Haití y en Barbadas, islas del Caribe, se entrevista con Lord Cochrane, Almirante inglés que

493

◄

�le ofrece su cooperación. En abril se acerca a Ocumare, costas de Venezuela,
pero su gobierno, en conocimiento de la invasión, le recibe en armas y des•

En el primer semestre de 1810 es cuando los emigrados políticos españoles
e hispanoamericanos agitan más en Londres, el problema de la rebelión penin-

truye la expedición. Apresa dos goletas con 58 prisioneros, fusila a diez en
Puerto Cabello y los otros van a las prisiones. La cabeza de Miranda, apellidado traidor, es puesta a precio. Intenta reparar el fracaso y desembarca en
Coro, pero encuentra la ciudad desierta y juzga por ello la carencia de espí-

sular se liga al movimiento que se prepara en las colonias; Venezuela como
Nueva España están en vísperas de algo extraordinario, los Cabildos son el
centro donde se respira con mayor libertad la decisión de la comunidad.
En el momento en que la crisis de la conciencia venezolana llega a una
marcada madurez, las circunstancias generales parece que se hacen más propi•
cias y parece que la hora de la emancipación se halla próxima.

ritu revolucionario. Regresa a Trinidad y desde allí continúa en sus empeños

que los renueva en 1808 al arribar una vez más a Londres.
A la invasión de Bonaparte el pueblo español contesta con el 2 de mayo de
1808 en Madrid, y esto tiene resonancia en Venezuela. Por eso los caraqueños
expulsaron a los comisionados franceses y pretextando los derechos de Fernando VII, se apercibieron a la lucha. El Ayuntamiento depone al Gobernador Emparan, cuando Francisco Salias le obliga a regresar al Cabildo, donde
le esperan Roscio, Félix Sosa y El Canónigo Chileno Cortés de Madariaga
que se nombran, a sí mismos, Diputados del pueblo y del clero. Estos sucesos
constituyen el 19 de abril de 1810 que proclaman la autonomía municipal.

El flujo y reflujo de las conspiraciones sigue. Inglaterra y Francia no descan-

bién al exterior. A Bogotá fue el Canónigo Madariaga, gran revolucionario y
pactó el primer tratado público. A Londres fueron Bolívar, López Méndez
y Andrés Bello. Hubo decretos favorables a la comunidad, en uno de ellos se

san y sus agentes recorren el macizo americano en todas direcciones. España
se aproxima al término de una de sus grandes crisis, lo que se agrava con la
presencia de los ejércitos napoleónicos. La autoridad del rey la ha usurpado
José Bonaparte, y las colonias de ultramar tienen su momento p·ropicio.
Hay ensayos, propósitos y proyectos. Los cabildos toman iniciativas; Venezuela se agita. Caracas crea un Consejo de Regencia, hasta que de la Junta Pa•
triótica, que preside Francisco de Miranda salió la idea de la Proclamación de
lndependencia. Junta patriótica donde con sagacidad y elocuencia destacaba el
joven Simón Bolívar.
El gran acontecimiento de la declaración de que las provincias de Venezue.
la formaban una confederación y se hacían libres e independientes se llevó al

prohibió el trato de esclavos. De las Provincias, siete se adhirieron a la revo•

cabo el día 5 de julio de 1811.

lución y tres permanecieron realistas. Ante los sucesos del 2 de agosto de
1810 en Quito se protestó en Caracas, y se pidió la expulsión de españoles y

En esta forma, Venezuela toma primacía y preponderancia en el movimiento
de la emancipación americana.

La Junta revolucionaria envió al punto comisionados a las Provincias y tam•

canarios, primer grito de exterminio de la raza blanca. El Marqués del Toro,
Coronel de Milicias, sometió en Coro a los realistas en armas. Bolívar regresó
BIBL!OGRAFIA GENERAL

de Londres, en diciembre del 10; con él vino Miranda después de 40 años
de ausencia. La amistad de éste con Bolívar fue de gran importancia, pues
sembró en su joven cerebro el caudal de sus muchos conocimientos.

El 2 de marzo de 1811 se reúnen en Caracas 45 Diputados de las Provincias
de Barcelona, Barinas, Caracas, Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo. El 5
de julio de 1811 se declara la Independencia absoluta de Venezuela; la "Sociedad Patriótica", convertida por Miranda en Club de Jacobinos, fue eficaz

colaboradora del Congreso, por medio del verbo cálido de Bolívar y otros oradores. Los realistas de las Provincias de Coro, Maracaibo, del Morro, de Valen.

cia en agosto de 1811. En este momento es cuando Bolívar se perfiló ya como
oficial facultativo.
La tormentosa guerra que comenzara en Venezuela se extenderá entre 1810

y 1825 por toda la América del Sur, tocó pues a Miranda dar una tónica, pero
no ser el caudillo central, de todas maneras su figura llena totalmente los ámbitos de la gran revolución.
494

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496

497
H32

�POR LA JUSTICIA EN EL ESTADO Y EN LAS
RELACIONES INTERNACIONALES
GIORGIO DEL VECCHIO

Universidad de Roma

EL MUNDO ESTÁ HOY GRAVEMENTE TURBADO:

una oscura amenaza pone en pe-

ligro la paz, reclamando a nuestra mente los horrores de las dos recientes guerras mundiales. Sería una inmensa desgracia para el género humano si tales
horrores debieran repetirse, tal vez de modo aún más catastrófico por la siempre mayor potencia de los medios de destrucción.
¿ Qué cosa puede salvarnos de éste sino el derecho, que debería inspirar la
política internacional y garantizar un justo orden de paz? Pero, si es fácil afirmar en general este concepto, no es fácil, por otra parte, determinar el preciso

significado, tántos son los problemas que ello suscita, y tántos los errores y los
prejuicios que se oponen a la solución de tales problemas.
Ya la palabra derecho encierra una ambigüedad, que es bueno aclarar de
inmediato. En un sentido meramente formal, derecho significa una coordinación
de relaciones intersubjetivas, por la cual a ciertas facultades corresponden ciertas obligaciones. En este sentido, un cualquier derecho existe necesariamente

en cualesquiera condiciones de vida humana, porque ésta no puede subsistir sin
un complejo de relaciones sociales. Así, no es posible un Estado que no tenga
un derecho propio (en sentido formal) es decir un ordenamiento jurídico, del
cual esto es precisamente el centro y el su jeto.
Pero la cosa cambia si se entiende el derecho como un valor esencial atribuido
a la persona humana, por quien ella puede pretender un absoluto respeto de la
propia naturaleza espiritual. Si sobre esta base se constituye el Estado, esto se
anuncia frecuentemente como Estado de Derecho. Pero sería más propia {para
evitar cualquier equívoco) la denominación Estado de justicia, que propuse
hace ya algunos años 1 y recientemente también como tema de una discusión
1

La Giustizia. (3a. ed., 1946, p. 132 ; y así en las sucesivas ediciones ) .

499

�•

( Estado de derecho y Estado de justicia)'. que se llevó ~ efecto ampliamente
en el último Congreso de la Sociedad Italiana de F1losoha del Derecho. _Pero
no conviene hacer debate de palabras, a condición de que quede bien defm1do
el concepto. Por otra parte, la expresión fütado de Der~cho ha entrado ahora
tan ampliamente en el uso, que sería vano intentar ehi:nmarla. Lo que tmpo:ta
es que se tenga clara conciencia de que con tal expresión no se _trata de designar cualquier Estado que tenga (como no puede no haber) un sistema de le_galidad positiva, sino tan sólo un Estado que se conforme con el ideal de la JUSticia, 0 sea que se reconozcan los derechos fundamentales de la persona hu~~ªNosotros reafirmamos con esto un concepto que, ya anunciado en la ant1guedad clásica, tuvo luego más amplia expresión en las sublime_s máximas d:I
mensa je cristiano, de ahí todavía nuevas razonadas demostracrones en 1~ Filosofía moderna : el concepto, en una palabra, del derecho natural. No ignoramos que a este concepto se oponen todavía diversas escuelas, que a menu~o
representan viejos errores, ya perentoriamente ~e~utados. Algunos a~tores afirman a priori admitir solamente al derecho positivo, y luego con ev1de~te _paralogismo, partiendo de este arbitrario postulad?, deduce~ que, ~or cons1g_u1en:
te no existe un derecho natural. Otros, aduciendo la mexactitud de ciertas
fó:mulas, usadas tal vez p·or simple comodidad de lenguaje _por algunos _jusnaturalistas de los siglos decimoséptimo y decimooctavo, consideran tales m_iperfecciones verbales como una prueba suficiente de la falsedad del pcnsam1en~o
fundamental de aquellos autores y de otros innumerables qu~, ante~ o despues
de ellos elaboraron la misma doctrina sin incurrir en aquella mexachtud. Otros
aún (~r ejemplo aquel gran erudito, pero mediocre filó~~fo que fue Benedetto
Croce) se fundan en la obvia observación de la mutab1hdad de las leyes humanas para rechazar el concepto de un derecho universal, racional o n~tural; 2
como si no hubiera ya estado demostrado c6mo se concilian la eternidad ~e
ciertas máximas de razón con la variedad de sus aplicaciones en el curso h_1st~rico. Tomás de Aquino, por ejemplo, ha claramente exp~ca~o que_ los pnnc1pios de la ley de la naturaleza, mientras permanecen_ en s1 m1sm_os mmutables,
no pueden aplicarse siempre de igual manera, y admiten determinados detalles
"et secundum personas, et secundum negotia, et secundum tempera". 3 Hay, ~n
a en las leyes humanas un elemento de relatividad, que no excluye, sm
sum '
. 1 1 d
embargo, un fundamento suyo absoluto.• Este fund_ame~to, es de,c1r a . ~y e
la naturaleza, vale como criterio para reconocer la Justicia, de ah1 tamb1en las
: B. CROCE Filosofia della pratica - Economia ed Etica. (6. ed., Bari, 1950), ~- _323.
a v. s. To,MAsso, Summa Theol. la. 2a. e, q. 95-97. Cfr. SuÁREZ, De Leg,bis ac
Deo legislatore, L. II, C. XIII, 3-5.
• Sobre esto puede verse mi ensayo Mutabilita ed eternita del diritto (en la revista
"Jus", 1954, y en Studi sul diritto, vol. II, 1958).

500

posibles desviaciones de ella, porque la mente humana es falible, y en la forma
de la juridicidad puede encerrarse una real in justicia.
El significado de aquella ley, que corresponde a una exigencia inabolible de
nuestra conciencia, es esencialmente deontológico, o sea que expresa un deber
ser, válido sobre la esfera del empíreo. De hecho, esta ley puede ser transgredida, pero las transgresiones no destruyen su valor. Sólo una falsa filosofía
desconoce que el ser humano, aun perteneciendo al orden fenoménico, es también partícipe de ideas y de normas universales y eternas. Por esto ello es y se
siente libre e imputable; por esto tiene un lumen rationis naturalis, que le impone el respeto de la Etica en sus ambas formas fundamentales, de la caridad
y de la justicia. Por esto ello puede legítimamente pretender, en el nombre
mismo de la Etica, el reconocimiento de su dignidad de persona.
Conviene advertir que el principio ético es único, y se distingue en sus dos
formas mencionadas sólo porque da norma, respectivamente, a cada sujeto para
sí, y a las relaciones entre más sujetos. La justicia no es otra cosa que el perfil
social de la Etica.
De estas elementales nociones consigue una recta concesión del Estado y de
la Política. Pero ¡ cuántas erróneas doctrinas fueron sostenidas en contra! Para
indicar sólo algunas de las más notables, recordemos que según Maquiavelo
el Estado debe entenderse como fuerza y poder de mando, sin ningún límite
ético; de ahí la justificación del poder absoluto de un príncipe, que tendría fa.
cultad para usar la violencia y la crueldad, y también la simulación y el engaño.' El fin último que Maquiavelo se proponía, es decir "libertar a Italia de
las manos de los bárbaros" con la fundación de un Estado unitario, era noble;
pero su fatal error fue creer que para alcanzar un fin deseado, cualquier medio, hasta el más inmoral, fuera lícito.
Si en la obra de Maquiavelo están, junto a los defectos, también innegables
méritos, bastante menos estimable, por su extremo inmoralismo, es la obra de
Nietzsche. Es bien sabido que, con su extravagante "inversión de todos los
,·alares", él combate ásperamente no sólo los principios fundamentales de Ja
Etica, sino la idea misma del Estado, al cual define simplemente como "un
monstruo". 6
Croce, al contrario, exalta al Estado, pero sostiene "la amoralidad de la Política, la anterioridad de la política a la moral" : 7 una doctrina que se acerca
en sustancia a la de Maquiavelo, sin aquella relativa justificación que se puede
conceder a Maquiavelo con relación a las circunstancias y a las costumbres de
1

V.

JI Pri11cipe, C. XVIII.
Also sprach Zarathustra (en la edición de Leipzig, 1904, p. 69).
' B. CROCE, Elementi di Politica (3a. cd., Bari, 1949), p. 27. V. también del mismo,
contra los derechos naturales, Filosofia della pratica, cit., p. 324.
MACHIAVELLI,

• NIETZSCHE,

501

�su tiempo. Pero tal justificación no puede concederse a quien hoy propugna
semejante doctrina, luego que con tanto trabajo de pensamiento y tanto sacrificio de sangre se ha constituido el Estado sobre las bases de aquel principio de
libertad y de fraternidad, que Croce desprecia y escarnece como "fórmulas
insulsas''. 8
Maguer de que estas falaces doctrinas han sido ampliamente propagadas
volviendo mundialmente famosos a sus autores (porque las paradojas y los
errores más que la verdad procuran fama ) , las máximas capitales de la Etica,
también por lo que concierne al derecho y al Estado, permanecieron siempre
vivas en la conciencia de los pueblos civiles, como aparece no sólo en las obras
de muchos autores, sino también en las leyes constitucionales y en los documentos internacionales: baste recordar, por ejemplo, que la vigente Constitución de la República italiana "reconoce y garantiza los derechos inviolables del
hombre" (Art. 2) , y que análogas afirmaciones están decretadas en la uUniversal Declaration of Human Rights" del 10 de diciembre de 1948.
El viejo sofisma según el cual la Política estaría exenta de la obligación de
respetar la verdad, y así el arte de la política consistiría principalmente en
saber fingir, fue expreso en varios proverbios, citados a menudo todavía; signo
indubitable del perdurable durar de deplorables equívocos en una materia tan
importante. Se ha confundido al silencio, que puede ser sugerido por la prudencia, virtud necesaria a todos y particularmente a los hombres de Estado,
con el vicio de la mentira, vicio tanto más criticable cuanto más elevada es la
condición de los que se hacen culpables de ella. Justamente observó Romagnosi
que los gobernantes deberían dar el ejemplo de la veracidad y de la lealtad.'
Y Mazzini inspiró todo su nobilísimo apostolado en el concepto del uculto a
la verdad", combatiendo enérgicamente contra ula diplomacia fundada sobre
la mentira", contra "las teorías de los delitos útiles y de la mentira oportuna,
y otras semejantes". "Es necesario, es urgente", declaró, "fundar la política sobre la moral". 10 Y dirigiéndose especialmente a los jóvenes de Italia, así los
amonestaba: ~'Alejad de vosotros a los predicadores de maquiavelismos, de
tácticas, de oportunidades. No es así como se crea una nación; se crea con la
verdad, con la audacia en la fe, con el sacrificio".
Máximas luminosas, a las cuales la Historia misma confirmó: porque la
unidad de Italia fue hecha por la virtud y el heroísmo de los que siguieron,
8

Elementi di Politica, cit., p. 23.
RoMAGN0s1, Instituzioni di civile Filosofia essia di Giurisprudenza teorica (en Op.,
ed. De Giorigi), vol. III, p. § 2974.
ro MAzzrnr, Scritti editi e inediti (ed. Daelli) , vol. VI, p. 232 y sig.; vol. XI,
p. 74; etc.

mientr~s los frau~es Y los engaños aconsejados por Maquiavelo no valieron
para librar a Italia de las discordias intestinas ni de las dominaciones extranjeras.
Una_~ª polític~ n_o puede prescindir de aquellos principios de moralidad y
de Justicia que estan impresos en el espíritu humano por su naturaleza racional. A tales_ principios deben conformarse las constituciones de los Estados que
qmeran calificarse como legítimos, según la acostumbrada fórmula, "de derecho". Corresponde ahora a la política promover la aplicación y el desarrollo
de los mismos principios, con relación a los medios existentes y a las condicio-•
nes de hecho. Esto pide un continuo trabajo, porque la vida del Estado no
ca.nace pausas, mientras mudan a menudo las circunstancias, y en el seno
".1'.smo del Estado son frecuentes las discrepancias y los contrastes, que la poht1ca debe tratar de resolver, teniendo siempre como mira las bases y los fines.
esenciales del Estado.
Por otra parte, a nadie escapa el hecho ( demasiado claramente demostrado
no sólo en la historia del pasado, sino también en la actual experiencia) de que
un Estado puede erigirse sobre bases diversas de las indicadas por la ley natur~l. o sea rac10n~l, qu_e la Teología concibe como un reflejo a la sapiencia
d1vma. Por la existencia de un Estado, en rigor, es suficiente el instaurarse de
un poder de hecho sobre un cierto pueblo en un territorio determinado, aunque·
t~l poder se funde solamente sobre la fuerza y no sobre el derecho, en el sentid~ ~ue habíamos arri~a exp'licado. Se tendrá, de un lado, una política oportun1stica, que secundara aquel poder; pero se tendrá en contra otra política
que trayendo inspiración de los más profundos motivos del ánimo human~
t~~derá a la co~stitución de un Estado diverso, esto es, de un Estado de justicia. Esto podra suceder por vía de reformas, pero en los casos más graves.
también con una sublevación y una revuelta. La celeste voz de la conciencia
no podrá ser callada definitivamente; y de esto la historia de todos los tiempos da innumerables ejemplos. Célebres son las palabras de Antígena en la
tragedia de Sófocles, que contra la cruel prohibición de un tirano invocó "1as
leyes indestructibles de los dioses", palabras que, según el P. Yves de la Briére,.
son "le témoignage de l'ame naturellement chretienne". 11 No menos célebre
es aquel llamado al Cielo ("appeal to Heaven" ) , que Locke indicó como
última instancia cuando no sea posible un llamado a una autoridad terrena. 12
Análogas son las expresiones de Guillermo Tell en el drama del poeta Schiller:
la potestad de los tiranos tiene un límite ("eine Grenze hat Tyrannenmacht"),

i

502

n YvEs DE LA BRIERE, La race et le droit (en el vol colectivo: Racisme et Christianisme, Paris, 1939), p. 112.
12 LocKE, Two treatises of government (1690), II, Ch. XIX, § 242.

503

�'

,,

1

'

1

y cuando el peso de la opresión es intolerable, el oprimido trae del Cielo sus
eternos derechos, inquebrantables como las estrellas. 13
•
Al Estado, en cuanto personifica un orden jurídico positivo, se atribuye formalmente la calidad de soberano. Pero la soberanía se puede entender en dos
modos bastante diferentes: como poder absolutamente arbitrario, o como poder vinculado a una ley, y por esto no ilimitado. Análogamente, la libertad dd
.individuo se puede concebir o como simple arbitrio, o como facultad s~bord1nada a una ley. Es fácil percibir que en el primer sentido, soberanía y libertad
no tienen éticamente valor alguno. Un Estado que se considere desligado de
la obligación de respetar los derechos fundamentales que sus ciudadanos así
como los de los otros Estados, y hasta de la obligación de tener fe en lo'. tratados concluídos por sí mismos ( aunque esto, como es notorio, ha sucedido a
veces y fue sostenido por algunos autores), no es un verdadero Estado, es un
ultraje a la razón humana y una permanente amenaza contra la paz del mundo. Asimismo, es una vana ilusión que el hombre esté libre cuando sucumbe
al impulso de las pasiones; lo cierto es que él es tan sólo cuando obedece a la
ley de la propia naturaleza espiritual.
No ocurre insistir aún sobre estos elementales conceptos para rech~zar los
gravísimos errores que hemos señalado. Conviene más bien notar cu~n inaceptable es también una tesis que se hace retroceder a la Paz de Westfaha ( 1648),
según la cual un Estado habría tenido que observar solamente aqu:llas normas
del derecho internacional al cual haya dado el concurso de la propia voluntad.
Pero en verdad no parece que con los tratados de Westfalia se haya quendo
negar la existencia de una ley de la razón, válida para todas las gentes; ~on ello
se intenta más bien poner en relieve que ningún Estado debe ser sometido a la
hegemonía de otros Estados o de otras parecidas potestades. Inex_act_ª, es pues,
a mi parecer, la interpretación de algunos autores respecto al s1gmf1cado de
esos tratados.
. ,
Cierto es que la idea de una sociedad natural_ d~l ~énero humano,_ ya mtmda
en la antigüedad clásica y convalidada por el Cnst1amsmo, tuvo p~rc1ales ac:uaciones, como ya antes de la Paz de Westfalia, así también en los siglos sucesivos
y especialmente en la edad más reciente, aunque no llegando a _aquella realización integral, que aparece todavía como una met~ un tant~ leJ~ª·
La organización unitaria, hacia la cual está encammad_a la h1st~n~ ~el mundo, para ser sana y vital debería fundarse sobre los. m1:mos prmc1p10s a los
cuales deben conformarse, como decimos, las const1tuc10ne~ de los Estados
. lares. La adhesión de éstos a la organización
internacional debe• repupart lCU
.
.'
tarse obligatoria, y facultativa como la considera actualmente la Orgamzac10n
de las Naciones Unidas. Ningún Estado tiene el derecho de rehusarse a entrar

en relaciones p'acíficas con los otros Estados del mundo. Justamente el gran
jurista español Francisco De Vitoria, afirmando que "totus orbis alique modo
14
est una respublica", sostiene el principio de libre comunicación de la gente
de intenciones pacíficas y consideró la violación de este principio como una de
las pocas justas causas de guerra. 15 El mismo concepto fue sostenido, no mucho después, de otros grandes juristas y filósofos, como Alberico Gentili y
Francisco Suárez.
La adhesión a la sociedad universal no significa que a todos los Estados
deban atribuirse en el organismo social iguales funciones y poderes. Por el contrario, debería aplicarse aquí la distinción entre los Estados legítimos o de
justicia y aquellos que desconocen los derechos esenciales de la persona humana. Solo a los primeros, en mi opinión, deberían atribuirse facultades deliberativas, al menos para las materias más importantes, mientras a los segundos
podrían concederse funciones menores, haciendo depender la atribución de
aquellas mayores de una reforma de sus defectuosas constituciones, lo que
-obviamente valdría como estímulo para una tal reforma.
Un falso igualitarismo, que no tenga relación con las diferencias de capacidad, de méritos y de actitudes, donde ellas son realmente de gran peso, es
un error gravísimo; y duele deber notar que de tal error no está exenta la
Organización de las Naciones Unidas, que especialmente en los últimos tiempos ha admitido en su seno un gran número de pueblos apenas salidos de la
barbarie, y privados del todo de válidas normas constitucionales, equiparándolos
a Estados entre los más civilizados del mundo. Con otra evidente anomalía, la
Carta de esa Organización ha concedido una posición de privilegio a cinco Estados (los llamados "original members"), ciertamente no todos respetuosos
&lt;le los derechos humanos, dando a cada uno de ellos la facultad de impedir
las deliberaciones de los otros para todas las más importantes materias. Ya in-convenientes no pequeños se han verificado, en consecuencia de estos defectos;
y hay el peligro de inconvenientes aún más graves, especialmente si, como no
está del todo excluído, alguno de los miembros privilegiados concuerde con
los numerosos Estados que ignoran la libertad y la justicia, para oponerse a
]os que representan y sostienen estos ideales.
No debemos todavía repudiar esa Organización, si bien debemos hacer votos
:para que corrija sus imperfecciones a fin de que pueda más eficazmente operar
en su noble fin. En caso contrario, ninguno puede garantizar que, como ella
-sustituye a la difunta Sociedad de las Naciones, así no debe a su vez ser sus1ituida por otra Organización que defienda mejor los derechos humanos.
F. DE VITORIA, De potestate ciuili, 21.
Id., De lndis recenter inuentis, Sect. III, De titulis legitimis, 2 y sig.; v. también
:ita otra Relectio, De Indis, sive de jure belli Hispanorum in Barbaros.
u

3

13 ScHILLER;

504

Wilhelm Tell, II Aufzug.

~

505

�1
'

Entretanto es de suma importancia la adhesión a aquellos organismos internacionales que, aunque coligando un menor número de Estados, son efectivamente más válidos defensores de la civilización y de la paz por ser más
homogéneos, o sea fundados sobre una real comunidad de ideas y de principios.
Poner en duda la fidelidad de estos organismos, constituidos con la participación del Estado italiano, sería de nuestra parte, más que un error, un delito.
Un estéril neutralismo es signo de escasa conciencia, y no ha servido nunca
para asegurar la paz, que, como la justicia, puede ser salvaguardada solamente
con una acción vigilante y resuelta. Recordemos que, según la máxima de Lactancio, "mili tia est in ipsa justitia" ,1 6 y que un pávido amor del quieto vivir
no sólo no ha impedido la guerra nunca, sino a veces la ha directamente provocado, como una reciente experiencia lo ha claramente demostrado.
Es falsa aquella política que aconseja mantener una equidistancia entre el
bien y el mal, entre la civilización y la barbarie. Por un falso igualitarismo se
ha consentido el abandono de las colonias, que habían encaminado pueblos
semi-bárbaros sobre vías del progreso, para crear otros tantos Estados, donde
han encontrado fácil terreno bajas pasiones, como el odio racista, y se han
insidiado a menudo la anarquía y la tiranía. Lo que no ha impedido, como
notarnos, la admisión de tales Estados con paridad de derechos en la Organización de las Naciones Unidas.
Los pasados errores políticos son casi siempre irreparables ( quod factum est,
infectum fieri nequit), pero es obligatorio reconocerlos y hacer todo esfuerzo
a fin de que, por lo menos, no sean repetidos y agravados. Ocurre tener presente y defender sin descanso los valores supremos del espíritu, y también
verdades lógicas elementales que, si bien bastante obvias, están a veces desatendidas u olvidadas; por ejemplo, que no se puede sostener la paz internacional
mientras se atenta contra la paz de la propia nación fomentando luchas de
clases.
Una coherencia es necesaria entre la política interna y la externa. Un Estado
legítimo, que cumple su misión, debe tutelar el propio orden jurídico, manteniendo sin culpables abdicaciones la integridad de su territorio y favoreciendo
el desarrollo intelectual de la nación. Tanto más culpable sería hoy de parte
nuestra cualquier debilidad y renuncia en este propósito, luego que un injusto
tratado ha infligido a Italia crueles mutilaciones.
Pero, al mismo tiempo, el Estado debe estar abierto y no cerrado hacia el
exterior. Debe promover y facilitar lo más posible las comunicaciones con los
otros pueblos, sobre todo en el campo del pensamiento. Debe cooperar para
el desarrollo de los acuerdos con los otros Estados, no sólo sobre objetos particulares, sino también a fin de organizar una estable unión, que comprenda al
1G

me~o~ u~a parte de los Estados europeos sobre la base del derecho de la
Justicia, s1 actualmente no es posible sobre esta base
.,
y
d , ,
una umon con todos Se
~roce e~7 as1, _aunque ~ea por grados, sobre la vía de la positiva constitu~ión
e aque a sociedad :1mversal, que por indefectible postulado de la razón humana vale ya como imperativo categórico.
Hagamos fézvidos votos para que, superada la crisis que hoy amenaza las
~ue~tes del mundo~ según la altísima invocación del Pontífice Paulo VI la az
md1solublemente ligada con la justicia, triunfe al fin p'or todos los si;Ios. p '
GIORGIO DEL VECCHIO

LATTANz10, Divinarum Instit., VI. 20.

506
507

�•

EL HUMORISMO: FILOSOF!A EN PEQUE¡;¡o
JosÉ

SALVADOR GuANDIQUE

al afirmar cuál nota distintiva del hu~
morismo en relación con los géneros afines su tendencia filos6fica. Quien
busca "hacer reír" sin propósitos ulteriores nunca será un auténtico humorista.
TAL VEZ SE ASUSTE ALGÚN RETÓRICO

1

1

Este protagoniza un filósofo en pequeño.
Luis Alberto Sánchez superó el concepto rígido al calibrarlo lirismo contrahecho. Esa ampliación constituye miraje, no rasgo característico. El escritor
festivo carece de sentido último. Atrae, alegra, divierte. Nunca profundiza, ni

ahonda, ni "filosofa".
El desorden intencionado del humorista constituye refulgente faceta. A primera vista suena paradoja que lo antimet6dico apoye un estilo, pero éste más
aparente que real, representa un recurso, brinda un camino.

Hay cierta inclinación a querer gozar por lo menos incidentalmente de la
rebeldía frente a los ordenamientos. Y el humorismo explota esa llama. Piruetea
con las palabras y vuelve juego la terminología. Utiliza -picaronamente- los
puntos suspensivos. Se burla de la preceptiva y viola reglas gramaticales. A ratos emerge trasmutante casi anárquico.

Ese desorden -tenso y prefabricado- entretiene o convence. Ilumina contornos en alucinante giro. Chisporrotea para persuadir o "corregir costumbres".
Disimula y aproxima, entre ingenuo o despreocupado. Y en la entraña palpita
algo -pensante, reflexiv~ pugnando por salir a la superficie.
El humorista tiene un campo suyo, sui géneris. Hay distancia del Lazarillo
de Tormes al Tartarín de Tarascan. Y no podrá forjarse dicha filosofía minúscula -a ratos extraordinariamente efectiva- en párrafos rotundos o largas tiradas.
Esto llevaría a la concatenación estilística o a los procedimientos técnicos,
más importa sobre todo advertir a estos "filósofos" influyendo en zonas específicas. A momentos su finura disminuye extensión y alcance. No se trata de
desatar tempestades sino de dirigir brisas. Por eso, caracteres y temperamentos

509

�'

'

.

reaccionan divertidísimamente ante Chesterton o Bennet, por referimos a los
ultramarinos. Y para cada uno abundan partidarios o detractores.
Por sobre la subjetividad atribuida estéticamente al arte moderno, lo humorístico afina, centra y preocupa. Cada autor en tal rango ostenta su propia semántica al aire de singular terminología. Van y vienen los rubros entre fluir
conceptual y expresión huidiza. Nervioso aparece Cami. Rítmicamente acelerado, más allá y más acá de semitonos, Soiza Reilly, en aquellos fantásticos
reportajes de la bonaerense revista Caras y Caretas. Ondulante y ágil, Vital
Aza. Y tantos otros en su eterno cambiar voces y acepciones. El humorista
desarrolla un lenguaje especial.
Lo típico del género, sin embargo, radica en el fondo y no en la forma. En
las diversas escuelas y tendencias juegan ambos conceptos bifrontalmente: el
fondo ejemplifica algo inclasificable.
Se habrá notado cómo, en muchos escritores llamados "serios", cierto tono
raro. Aunque no hagan humorismo de primera intención, inciden en ello de
manera tangencial, episódica, por la agudeza comparativa, la temática planteada o el proceder de un personaje. Eso -indeciso y real- es el fondo.
La vida conlleva mucho de humorístico. Doloroso, hondo, hasta sangrante.
Nunca hilaridad ingenua, chiste burdo o payasada vulgar, cuyos resortes encuentran teorías explicativas de Freud a Jung pasando por Woolf. Al contrario: intención, sutileza, contraste ...
El fondo impregna las obras universales, según esos calumniados clásicos,
leídos por muy pocos y citados a diestra y siniestra. Así la tragicomedia del
Quijote sentida en carne viva, también por Sancho; palpita en Nietzsche pese
a su arrebatado meditar; singulariza a Shakespeare, autor y actor; obsesiona a
Shaw y borda los claro-obscuros dostoyevskyanos. Por eso los raros -siempre
salta Rubén- albergan un burla burlando entrevisto, difuso, a veces negado.
Tenemos humoristas por vocación, incidencia o a su pesar. En tal tipología
surgen casos y contrastes en pugna inacabable. Y los límites varían mientras
crecen las obras y aumentan las citas bibliográficas. Veamos los detalles ...
Los primeros se sientan a la mesa de trabajo decididos a la tarea. Tienen
pose, oficio, rutina. Y lo demuestran con demasiada frecuencia. Son consagrados, técnicos, empeñosos. Los segundos pueden ocuparse de historia o filosofía,
aun de matemática. Fluye bajo la propia tarea esa vena punzante como de
incógnito. Canta el humorismo entre los resquicios del documento, la nota,
el sistema, el teorema. Ahí el juglar le hace competencia al concurso sinfónico.
En estos momentos el fondo parece perderse para regresar, a lampos, entre las
arideces cinstíficas, la sabia monotonía erudita o el acerbo biblioteconómico.
En los terceros, el fondo se venga de la forma, al viso de dos viejos y conocidos
rivales. Ni uno ni otro quieren dar su brazo a torcer. Cubre el manto de lo

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mesurado aquella inquietud brotada de muy dentro. En circunstancias extremas, la inspiración taladra el ropaje y, de repente, sentimos el humor arrasando
a la inquisición metafísica o al trabajo sociológico.
En el humorismo cunde una tragedia: se siente, lucha, clama y sufre con
igual o mayor intensidad pero nadie quiere ver lo adolorido bajo el sayo multicolor de la paradoja o el retruécano. Y tal filosofía minúscula pasa inadvertida, pues el lector común está a caza del ingenio superficial.
El humorista no es un señor dicharachero y ocurrente como muchos escritores más o menos festivos, meros recopiladores de anécdotas o chascarrillos.
Al revés, no faltan ansiosos y vociferantes, implorando tierras prometidas sin
tregua para el esparcimiento. Con tan visceral debatirse no reza la superficialidad ni la despreocupación, aunque sean éstas notorias. El humorismo arguyendo con método sería algo extraordinario cuando no ridículo. Debe hacerlo
con disimulo -al desgaire--- cubriéndolo todo bajo un matiz peculiar. Y hay
exponentes que filosofan agónica y férrearnente -ante la indiferencia de unos
y la risa de otros.
Sería sugerente trabajar una psicología del pseudónimo humorístico, esa
careta con la cual se atrae la mentalidad del lector, reviviendo en él cosas
sub o inconscientes, casi muertas. La eufonía del substituto adoptado explica
éxito y proyección. Si resulta bien escogido crea esa atmósfera propicia a una
filosofía sutil -a ratos lacerante e incisiva- cuyos rasgos escapan a los
desaprensivos.
El humorismo no es sólo prosa o poesía; aflora en pintura, teatro o cine.
Shaw en su Prefacio a Santa Juana -y él mismo calificó su obra de crónica
en forma dramática lanza dardos: "Siempre es difícil a los entendimientos
superiores comprender la cólera que suscitan al p·oner de manifiesto las majaderías que corresponden a cada tonto ... " Y esa vitriólica portada dice hasta
dónde el humorista levanta tempestades y dirige conciencias. Alguna vez -en
el N ew York Times- alegorizó Chaplin: "Hay algo saludable en la risa, en
el reír de las cosas más trágicas de la vida y aun en la misma muerte. . . La
risa es el tónico, el alivio, el fin de la pena. Es saludable, la cosa más saludable del mundo y da esperanza".
Desde luego rubricamos esa apología al lado de Bergson con su ensayo inimitable por apoderamos de un oasis, inexpugnable a los apetitos, al jadear de
las ambiciones. Porque el humorista sigue haciendo filosofía, a su modo, con
esperanza o fe.
Hace poco vimos por enésima vez la película "Candilejas" en un cine de
San Salvador, comprobando que el hombre del bigotito no hace de víctima
pasiva sino como denodado impulsor, si bien levanta los hombros en aquel
personalísimo gesto, aparentemente resignado. Los verdaderos humoristas --den-

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�tro y fuera del cine- no son seres distraídos y confusos, anhelosos de provocar la carcajada; en determinados trances se alzan en contra de las injusticias individuales o colectivas. Aquello del arte igual a juego implicó amabilidades siglo XIX.

de brindar un brillante comentario sobre la Electra de E , 'd
f'lm · El - •
unp1 es en vers10n
~ ica, Di~;zo de Hoy, 4 agosto 1963- tiene la palabra. Con nuestro artista creemos que el temblor del twist ni el rumiar del h' 1
1
gracia de la vida".
c rc e no son a

Una labor humorística desborda los fines meramente recreativos. Lo me-dular de toda filosofía consiste en definirse ante las cosas -no mediante la
conocida operación que reivindica Rickert después de años en descrédito-sino como actitud humana íntegra, definitiva. Y el auténtico humorista será.
un filósofo en pequeño y no decimos en grande por no suscitar mayores;
controversias.

Y -desde sus rumbos- T. P M hí
. ec n y el negro Lagos nos guiñan el o1·o,
esperando ...

Estarnos viviendo un minuto signado por el existencialismo, vuelto preocupación psicológica en Kierkegaard, angustia esencial en Heidegger, obs~sión
inapagable a lo Unamuno, vendaba! crítico en Sartre, más el de la Prostituta Respetuosa que el del Ser y la Nada ... Atrás quedan fenomenología
husserliana; formalismo a lo Marburgo o Baden; neotomistas de Maritain a
Jollivet; axiólogos, sea Scheler o Hartmann; historicismo, de Dilthey a Meinecke. Ahora el aluvión de los poseídos barre con académicos y rebeldes, contraprobando lo afirmado por Azorín en su lúcida "Postdata": "el mundo moderno tiene miedo a la soledad".
A la vera de cumbres y a la rosa de los vientos se entrecruzan huracanes o
fantasmas: estremecidos a lo Van Gogh, obsesos a lo Holderlin, suicidas a
lo Zweig. Aquéllos y éstos tiemblan ante lo desconocido como Sócrates se
autoaniquiló místicamente, no por las leyes atenienses sino en virtud del cosmos helénico.
En la misma trayectoria, Cendras epató a los burgueses y Malaraux -er
militante no el ministro-- desataba fronda a través de su condición humana,
mientras Faulkner y Hemingway, con o sin premio Nobel, aparecen profetas
desarmados como Maquiavelo calificó a Savanarola cuando desafió la ira
papal.
Y los humoristas no pueden quedarse fuera, al fin hombres de su época.
También ellos levaotan pabellón y dicen mensaje. Nuevo padre de la Iglesia
llamó Alfonso Reyes a Chesterton. Mark Twain también tuvo sus epítetos y
Kipling nos dice que alguno de sus porcentajes era de perversidad mercantilizada. Por norte y sur afloran testimonios agudos, penetrantes, a kilómetros
de la prosa regocijada o procaz.

Todavía algunos niegan al humorismo su noble jerarquía. Sin adentrarnos
en clasificaciones ni distingos lo localizan entre las ramas que el clasicismo
estético llama "impuras" al lado de la crítica y la caricatura. Para nosotros
merece figurar al nivel de las artes puras, pero Toña Salazar -y nos acaba
512
513
II'.13-

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LETRAS

�LA FUNDAMENTACIÓN PSICOLÓGICA DE LA
POtTICA EN DILTHEY
LIC. ALFONSO RANGEL GUERRA
Universidad de Nuevo León

ENTRE LOS MUCHOS ESTUDIOS que Dilthey consagró a los problemas literarios, uno, fechado en 1887, está íntegramente dedicado al de la teoría literaria. Propiamente, Dilthey no maneja ni utiliza esta denominación, sino la de
poética, pero en el fondo el estudio de referencia está orientado totalmente
a uno de los aspectos o problemas centrales de la teoría literaria: la explicación del fenómeno de la creación. La imaginación del poeta, título que dio
Dilthey a este trabajo (con el subtítulo "Materiales para una poética"), ofrece
una introducción de carácter histórico y se extiende después en consideraciones que desembocan en leyes generales y conclusiones sobre la técnica poética.
En estas páginas trataremos de comentar y estudiar las principales ideas de
Dilthey sobre estos problemas.1 ·
A un siglo de distancia de las inquietudes poéticas y filosóficas de la época
de la Ilustración, así como de las expresiones en las que vertieron esas inquietudes los grandes poetas y pensadores alemanes de la segunda mitad del siglo
XVIII, Dilthey encuentra que la anarquía reina en el campo de la poética, es
decir, no hay, al finalizar el siglo XIX, caminos o ideas que pretendan esclarecer, a través de la interpretación y la investigación, el fenómeno literario,
lo que se traduce en anarquía tanto desde el punto de vista del poeta como
del lector; aquél no cuenta con leyes (más adelante veremos el sentido que da
Dilthey a este problema en particular, pues no se trata de ningún modo de reglas según las impuso la preceptiva decimonónica), ni por su parte el lector
1

Para este trabajo se utilizó la tradución de Eugenio lmaz, en el vol. VI de las
obras de WJLHELM DILTHEY, Psicología y Teoria del Conocimiento, Fondo de Cultura
Económica, México, 2a. edición, 1951. Del mismo texto hay traducción también de
Elsa Taberning, con el título: Poética (Biblioteca Filosófica), Ed. Losada, Buenos
Aires, 1945; apareció una edición posterior.

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�cuenta con elementos que permitan orientar o dirigir sus relaciones con la literatura. Esto tiene singular importancia en las ideas de Dilthey, porque él
concibe que la poética debe tener un doble valor, proveniente de la estrecha
relación en que deben encontrarse teoría y práctica poéticas. No podría, pues,
pensarse en una teoría de la literatura que estuviera divorciada del hacer mismo literario.
La estética alemana del siglo XVIII dejó las bases para fundamentar una
poética ( Schiller, Herder, Goethe, Schelling, los Schlegel, etc.) y sobre las tres
principales proposiciones de esta estética inicia Dilthey su trabajo, no sin antes dejar bien claro que la poética aristotélica, como teoría de las formas y
como técnica, nada podía proponer. 2
La primera proposición que desprende Dilthey de la estética alemana tiene
que ver directamente con lo que la poesía es. Se llega a .esta concepción de la
poesía sólo a través de la reflexión directa sobre ella, es decir, sin pretender
explicarla por lo que no le es esencial, actitud verdaderamente nueva y que
implica una postura diferente frente al fenómeno, manejado hasta entonces
desde fuera mediante un lenguaje que por sí mismo no proponía ningún problema y por lo mismo ninguna solución: no se trata ahora de saber cuál es
la ubicación de la obra, según sus características, en un determinado lugar del
campo literario sometido a clasificaciones y subclasificaciones, sino de saber
cuál es la naturaleza de esa obra, aquello que la hace ser poesía, mediante el
conocimiento de lo que hace el poeta cuando la escribe. Dice Dilthey: '•y
cuando en el siglo XVIII la poesía se convierte en Alemania en potencia dominante y al reflexionar sobre la fuerza psíquica que actúa en ella se percata
de su capacidad genial para producir un mundo propio, cuando se pudo gozar en Goethe la encarnación de esta capacidad genial, surgió este conocimiento fundamental de la poesía: no es imitación de una realidad que ya estaría ahí; no consiste en el revestimiento de verdades, de un contenido espiritual existente de antemano; la facultad estética es una fuerza creadora que
engendra algo que sobrepasa a la realidad, un contenido que no se da en ningún pensamiento abstracto, en definitiva, un modo y manera de considerar el
' La segunda mitad del siglo XVIII inició la reacción contra la poética aristotélica.
René Welleck habla de una concepción de la literatura, igual en 1550 y en 1750, es
decir, que a partir de la segunda mitad del siglo comienzan a desplegarse ideas independientes de la autoridad aristotélica en los estudios literarios, si bien ya la literatura
seguía otro camino. Cfr. RENÉ WELLECK, Historia de la crítica literaria (1750-1950)
1, La segunda mitad del siglo XVIII, Ed. Gredos, Madrid, 1959, p. 16. Un estudio
magnífico sobre las limitaciones y estructura de la Poética de Aristóteles, en la introducción de Juan David García Bacca, incluída en su edición de la obra: ARISTÓTELES,
Poética (Biblioteca scriptorum graecorum et romanorum mexicana), versión, introducción
y notas de Juan David García Bacca, Universidad Nacional Autónoma de México,
México, 1945.

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mundo. De esta suerte se reconoció en la poesía una facultad autónoma para
contemplar la vida y el mundo; se convirtió en órgano de la comprensión del
mundo y se puso así al lado de la ciencia y de la religión".3 Todo esto proviene de Schiller, y Dilthey da el nombre de este poeta a la ley que se desprende
de sus ideas: "El proceso estético abarca en la forma la vida gozada en el sentimiento y así anima la intuición, o que representa en la intuición esta vida y
así traduce la vida en forma, teniendo, por lo tanto, lugar una reversión constante de la vivencia en la forma, de ésta en aquella ... " 4 En verdad, esta
idea es la principal para una nueva concepción de la tarea del poeta; se trata, en el fondo, el descubrimiento de la fuerza creadora, lo que desarrollará,
y ejercitará, en pleno romanticismo.
Las otras dos proposiciones de la estética alemana, se refieren, una al problema del gusto: la impresión estética, el efecto que la obra causa en el lector
u oyente, obedece a los mismos principios que la creación; la otra, se refiere a
la relación existente entre creación y realidad: "El arte resuelve constantemente una tarea para cuya solución las condiciones se hallan en la realidad
exterior. Entre la realidad exterior y el ojo que percibe la belleza en ella tiene
que darse una relación que haga posible descubrir la belleza en el mundo. La
creación del artista no hace sino potenciar propiedades que se hallan ya en
lo real".5
3

DILTHEY, p. 15.

• lbidem. El texto de Schiller dice: "El objeto del impulso sensible, expresado en
un concepto general, se llama vida en su significación más amplia, un concepto que
significa toda existencia material y todp lo presente inmediato a los sentidos. El objeto
del impulso formal, expresado en un concepto general, se llama / orma, tanto en su
significación propia como en la impropia, un concepto que comprende en sí todas las
cualidades formales de las cosas y todas las relaciones de las mismas con las facultades del pensamiento. El objeto del impulso de juego, pensando en un esquema universal, podrá llamarse, pues, / orma viva, concepto que sirve para la denominación de
todas las cualidades estéticas de los fenómenos y, en una palabra, para aquello que
en su significación más amplia, se llama belleza. Con esta explicación, si lo es, la
belleza no se extiende a toda la esfera de lo vivo ni se encierra simplemente en esa
esfera. Un bloque de mármol, aunque es y permanece inerte, no por eso deja de
poder tomar una forma viva en manos del arquitecto y del escultor; un hombre,
aunque viva y tenga forma, no es por eso ya forzosamente una forma viva. Para ello
se requiere que su forma sea vida y su vida sea forma. Mientras sólo pensemos en
su forma, ésta carece de vida, es simple abstracción; mientras solamente sintamos su
vida, ésta carece de forma, es pura impresión. Unicamente cuando vive su forma en
nuestra sensación y su vida adquiere forma en nuestro entendimiento es él forma viva,
Y este será siempre el caso cuando lo juzguemos bello". ScHILLER, Cartas sobre la
educaci6n estética del hombre (Biblioteca de iniciación al humanismo), Aguilar, Madrid, 1963, pp. 89-90.
' DILTHEY, pp. 17-18.

159

�A partir de estas tres ideas centrales, Dilthey se pregunta cómo hacer para
llegar a un conocimiento causal del fenómeno -lo que no se logra ni con la
retórica, ni con la gramática, la filología o la métrica-. Teniendo a la mano,
dice, no sólo los testimonios de los poetas, sino el proceso vivo de la creación,
ya que en los poetas vivos se cumple ese proceso desde su nacimiento hasta su
configuración, la observación de ese proceso a través de un método interno o
psicológico podrá resolver las "cuestiones centrales de la poética", todo· lo cual
implica a su vez tres problemas: el primero, relativo a que no puede determinarse el valor de la poesía mediante métodos empíricos exteriores; el segundo referente a la validez o cambio histórico del gusto, es decir, la variación
'
histórica
de los juicios estéticos, del concepto de belleza, de la técnica y de sus
reglas. Por último, que las diversas formas de la poesía no pueden explicarse
por meros métodos de observación externa, ya que la poesía misma es expresión de la propia interioridad. El fondo del problema está, como puede verse,
en saber si pueden encontrarse leyes universalmente válidas frente al cambio
histórico del gusto.
Al describir la organización del poeta, y manejando en cierta forma las ideas
de Schiller apuntadas en la primera proposición de la estética alemana, Dilthey
afirma una relación estrecha e íntima entre vida y poesía: ésta se alimenta
de aquélla. El mundo todo puede ser material para la poesía porque ésta se
sustenta en la vivencia. Sin embargo, los apuntes que deja Dilthey sobre la
vivencia son de diez años más tarde ( 1907-1908) , como fruto de una segunda
reelaboración que quiso hacer de su trabajo sobre la imaginación del poeta.
En estos apuntes afirma que: "La vivencia es una realidad, que se presenta
como tal de modo inmediato, de la que nos percatamos interiormente sin recorte alguno, no dada ni tampoco pensada. La muerte de un amigo va unida
estructuralmente, de un modo especial, con dolor. La vivencia• es esta unión
estructural de un dolor con una percepción o una representación, referida a
un objeto, que es por el que se siente dolor. Todo lo que esta conexión ~structural, que se presenta en mÍ como realidad, contiene como realidad, es la vivencia" .6 Otras referencias sobre la vivencia, no menos importantes, dejó Dilthey en El mundo histórico, en relación con sus estudios sobre la conexión estructural de la vida psíquica. Afirma aquí que la vivencia encierra un contenido, pero también una actitud, y ambos dan la unidad estructural de aquélla. La vivencia como tal unidad estructural es la base de la estructura de la
vida anímica. Todo esto está íntimamente relacionado con la concepción de
Dilthey de la vida psíquica como conexión estructural, que tanta importancia
tiene en su poética. "La estructura - dice Dilthey- es un orden con arreglo
al cual los hechos psíquicos se hallan enlazados entre sí mediante una relación

interna• cada uno de los hechos referidos así recíprocamente constituye una
parte d~ la conexión estructural".7 Esta estructura e~treteje el_ percibir, e~ sentir y el querer mediante conexiones. Todo esto reafirma lo dicho por Dilt~ey
en el sentido de que la poesía se alimenta de la vida, ya que el poeta, en quien
la vivencia se presenta con toda su fuerza -y esto implica la recepción de la
vida en sus múltiples manifestaciones, a través de la conexión estructural psíquica-, lo que hace es expresar ese mundo interior en lenguaje, y ponien~o
en juego, como veremos más adelante, los procesos formativos en los que tienen papel preponderante los sentimientos.8
Así pues la creación es posible a partir de la vivencia. Y siendo ésta la c~ptación del mundo ( con, claro está, todo lo que se incorpora como conterudo
0 actitud en la vida psíquica), afirma Dilthey que aquello de lo que se alimenta la poesía es una "factibidad histórica": "un modo determinado de ver
los hombres, tipos perfilados, un modo de complicar la acción y desenlazada
condicionado por los sentimientos morales de la época y del pueblo, contrastes
y relaciones de imágenes que la época siente con una fuerza especial. Toda
técnica poética no puede hacer sino transformar esto, que actúa naturalmente, en algo necesario, unitario, concentrado en su efecto. La técnica poética se
halla condicionada históricamente" .9
Ahora bien, no es que en el poeta se cumplan procesos psíquicos d_iferent:s
a los de los demás hombres. En esto Dilthey es muy claro: lo que diferencia
al poeta de los que no lo son, es la intensidad con que se presentan esos procesos que da luo-ar a la fantasía creadora. Son cinco las características pecu'
b
liares del poeta en lo que toca a su conexión psíquica: lo. Sus imágenes perceptivas se presentan con una especial intensidad, precisión y riqueza. Tal
energía proviene de su organización sensorial. 2o. La claridad, la fuerza y }a
energía con que proyecta sus imágenes recordadas. 3o. La fuerza con que puede reproducir estados anímicos, tanto los experimentados por él como los captados en los demás. 4o. La energía con que anima las imágenes y la satisfacción que esto produce. Esta energía de su sentimiento vital es la que permite
mantener y provocar imagen "de los estados de ánimo de muchas situaciones
7

DILTHEY,

El mundo histórico, Fondo de Cultura Económica, M éxico, 1944, p. 19.

• También dice DILTHEY en El mundo histórico: "¡Cuán pobre y. _escaso seria nuestro conocimiento psicológico de los sentimientos sin la ayuda de los grandes poetas,
que han expresado toda la riqueza del mundo de los sentimientos y que, a menud?,
han destacado en forma sorprendente las relaciones estructurales que se dan en el
cosmos del sentimiento! Y es completamente indiferente para semejante descripción
que yo enriquezca mi estudio con las poesías de Goethe o con su personalidad, pues
la descripción tiene que ver únicamente con la vivencia y no con la persona en la
cual tiene lugar", p. 2.3.
9
DILTHEY, p. 26.

• Estos apuntes se incluyen en el mismo volumen, p, 362 y ss.

160

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Hll

�de su vida". 5o. Por último, el poeta puede desplegar sus imágenes y sus combinaciones niás allá de lo real. Así pues, el poeta, frente al mundo y los hombres, capta, evoca, reproduce imágenes, percepciones, estados de ánimo. En
esto radica según Dilthey la fuerza del poeta y en ella se finca su condición
de creador. Si relacionamos todo esto directamente con lo afirmado sobre
la vivencia, tendremos entonces que el poeta vive sus vivencias con intensidad, recoge en ellas el mundo exterior y las actitudes con las que ese mundo
fue captado. Así, toda poesía es vivencia.10
Esto nos acerca más al problema, pero todavía no llegamos a la ubicación
exacta de la creación poética, que es lo que busca Dilthey dentro de la estructura psíquica. Establecido que en el poeta lo peculiar es la fuerza e intensidad con que recibe y reproduce el mundo, es necesario ahora penetrar en
esa estructura psíquica para llegar hasta la actividad creadora que en ella se
realiza. Detengámonos pues un momento en esa estructura de la conexión
psíquica. Según Dilthey todo proceso que se realiza en la psique (en la conexión
psíquica) es casi siempre un proceso de formación. Quiere esto decir que todo
proceso psíquico se cumple dentro de la conexión estructural, y en consecuencia, las percepciones, las representaciones, o sus parte~, se ven afectadas por
estos procesos ya que éstos no se realizan en forma separada de la conexión
de la vida psíquica, de la que son partes componentes esas percepciones y representaciones. Dilthey entiende por procesos formativos "todos los procesos
psíquicos más complicados en la medida en que están actuados por la conexión
de la vida psíquica y no se limitan a diferenciar, fundir, relacionar, acarrear
a la conciencia o desplazar de ella representaciones fijas, sino que tienen
por consecuencia cambios en estas percepciones o representaciones" .11 A partir
de estos procesos es que se producen cambios importantes en los contenidos
de la vida psíquica, o mejor dicho, que ésta actúa, porque no debe olvidarse
1
• Johannes Pfeiffer, en su libro sobre la poesía, y refiriéndose al temple de ánimo
que hace posible el surgimiento de la poesía, encuentra una relación directa entre
ésta, cuando es auténtica, y la vida: "Porque revela, ilumina y hace patente, el
temple de ánimo es 'verdadero'; y por serlo -sólo por serlo-- puede la poesía, poetizadora de los temples de ánimo humanos, poseer algo así como una "verdad interior'. Eso que en la trama de nuestra existencia no son sino chispazos sueltos ocurre
en la poesía con reconcentrada receptividad y concentrada expresividad: la atemperada revelación de nuestro ser más auténtico. Así pues, la poesía arraiga en el fondo
prístino del ser humano, que escapa a toda intervención planeada y a toda confección intelectual. El que un paisaje de luna se presente en tal o cual forma y coloración; el que una fuente o el otoño se nos ofrezcan así o de otro modo, todo eso
está decidido de antemano por el temple de ánimo que los alumbra en cada caso".
J. PFEIFFER, La poesía (Col. Breviarios, No. 41), 3a. edición, Fondo de Cultura Económica, México, 1959, pp. 51-52.
u DILTHEY, p. 39.

q~e. ~a estructura _de la conexión psíquica, como la concibe Dilthey, no permitm~ procesos aislados en los que actuaran sólo percepciones, 0 sólo representaciones, etc. R_ecordemos que en El mundo histórico dijo que en esa estructura se entreteJen el querer, el percibir y el sentir.
No es nece5:1rio insistir en la importancia de estos procesos formativos. En
ellos, y a traves de e!lo~, se hace la vida psíquica. Pero hay un punto import~te en todo esto. Si bien las percepciones y las representaciones sufren camb10s al efectuarse_ estos procesos formativos, ello no quiere decir que así se
produ~~an cont:mdos nue~os nunca antes experimentados. Así lo explica Dilthey: Y semeJante cambio no consiste en la creación nueva de contenidos
que nunca fueron experimentados, sino en la eliminación de contenidos singula~es o de enl~ces, en su reforzamiento o atenuación O en su completarlos
mediante. ;ontemdo~ o enlaces que se agregan a una percepción O a una representac1on a partir del material de la experiencia (las cursivas -on nuest ) " 12 s.
~ alteran
ras ·. 1 ap1·1ca~os esta peculiaridad de los procesos formativos, que
c~n::md~s Y ~centuan algunos de sus aspectos y hacen desaparecer otros, a la
f1cc10n hterana,
encontraremos
en el fondo que el hecho d e que en 1os pro.
.
c~sos _forma~vo~ ~e co~stituyan los contenidos a partir del material de la experiencia, no s1gnif1ca smo que esa ficción (Dilthey la llama fantasía creadora)
emerge de la realidad, parte de ella y con sus elementos se elabora.is En tal
forma _actúan es,tos procesos formativos, que la conexión psíquica toma como
contem_dos no solo las percepciones y representaciones, afectadas en los procesos, smo l_os enlaces entre las mismas, los que se viven y experimentan en un
grado seme1ante a _aquéllas. En el estudio de estos enlaces podría quizá encontr~rse -aunque Dilthey no lo hace en su ensayo-- una base para el conoci!
~iento -~e la ~~táfora, una de las expresiones en las que toma cuerpo la manifestac1on ~~et1ca. 14 _Entre los estímulos del mundo exterior y los impulsos y
procesos volitivos del individuo, su actuar, la estructura de la conexión psíquica
lo envuelve todo: "~el m~n~o exterior procede el juego de los estímulos que
se proye~ta en la ,vida ~s~qUJca c~mo sensación, percepción, representación;
l~s :amb1os q,ue as1 se ongman se viven y aprecian en la diversidad de los sentrm1entos segun su valor para la vida propia; luego, a partir de los sentimien" Ibídem.
1
•

ª Cfr. ALFONSO REYES, cap. VI, "La ficción literaria", en El deslinde t. XV de
su:, Obras _Completas, Fondo de Cultura Económica, México, 1963, pp. 192-20 7.
Estas ideas de DILTHEY sobre la presencia de los enlaces de contenidos en la conexión psíquica podrían estudiarse en relación con las de W. M. URBAN, Lenguaje
Y Realidad (Col. Lengua Y estudios literarios) Fondo de Cultura Económica México
1952., _p. 85 y SS•., p. 142 y SS.
'
'
'

162
163

�tos, se ponen en movimiento impulsos, deseos y procesos volitivos". 15 En un
esquema, estos elementos quedarían así distribuídos:
.
}
mundo ext enor:
estímulos

diversidad de sentimientos
}impulsos
sobre
deseos
sensación, percepción, representación procesos volitivos

Dirigida por la atención, la estructura de la vida psíquica actúa en nosotros:
así lo que se encuentra en la conciencia, la certeza de las proposiciones, los
conceptos, los sentimientos, la voluntad que tiene certeza de los fines y los
medios, todo esto se encuentra en la conexión psíquica. Veamos ahora los procesos formativos, que se presentan en tres formas diferentes.
La primera corresponde a los procesos formativos del pensamiento y del conocer. Entre ellos, en primer lugar, se encue'ritra la apercepción, que es, siguiendo las palabras de Dilthey: "la acogida de contenidos empíricos, sensaciones de los sentidos o estados internos, en la conexión de la conciencia a través de la dirección de la atención". También se encuentran los procesos iniciados por impulsos internos. Estos procesos, mediante la participación de la
voluntad, desembocan en las operaciones lógicas sencillas, de donde se desprenden luego los procesos lógicos, las formas y las leyes del pensamiento, todo a
través del lenguaje. Las ciencias son así la coronación de estos procesos formativos. Dentro del campo científico, las hipótesis aparecen sobrepasando la
realidad: es la imaginación científica.16
La segunda forma de procesos formativos podría decirse que opera a la
inversa que la primera. Si ésta va de lo exterior a lo interior, en cuanto el razonamiento lógico interpreta lo que le llega a través de las representaciones,
la segunda forma de procesos formativos repercute en el mundo exterior: son
los procesos volitivos provocados bajo determinadas condiciones por los sentimientos. Pero Dilthey distingue entre acciones volitivas externas e internas.
Las externas son las que logran adaptar el mundo exterior a nuestras necesidades, las que, dice Dilthey, dominan los fenómenos de la naturaleza y pretenden dirigir la sociedad; la vida económica, el orden jurídico, el dominio
de la naturaleza. Las acciones volitivas internas, por su parte, ordenan y guían
nuestras representaciones, sentimientos y pasiones: la formación moral, el proceso religioso, etc. Y así como en los primeros procesos volitivos se llamó imap. 39.

"

DILTHEY,

16

ALFONSO REYES

dice algo semejante al enfrentar la ciencia a la literatura: "Claro
es que la hipótesis científica no es literatura, no tiene intención literaria, pero es un
modo de lo literario espiritual, un modo de ficción, aunque no cumple su destino dentro del fin ficticio, sino como tanteo para buscar el ajuste con un suceder real que
aún se ignora". Op. cit., p. 102.

164

ginación científica a aquello que sobrepasaba la realidad, en éstos también hay
representaciones que exceden a la realidad, a lo que Dilthey le da el nombre
de fantasía práctica.
El tercer tipo de procesos formativos se encuentra entre los dos anteriores
'
por cuanto no provoca estímulos para que haya adaptaciones de la realidad
exterior a la voluntad o a la inversa: son los procesos en los que los contenidos representativos se configuran a partir de los sentimientos. Es en estos procesos donde nacen, entre otras, las formas del arte. Corno en los casos anteriores (imaginación científica, fantasía creadora) lo que en este campo excede a la realidad es la imaginación, pero se trata ahora de la imaginación artística. Ya hemos llegado al lugar que pretendía Dilthey desde que se propuso
buscar la fundamentación psicológica de la poética: dentro de la estructura
de la conexión psíquica, así corno hay territorios que operan lógicamente, o
que traducen su actividad en la imposición de sistema u órdenes, internos o
externos, así también hay un cierto campo en el que se opera a partir de los
sentimientos, en el que la voluntad se orienta hacia dichos sentimientos, es decir, las representaciones se forman a partir de una situación afectiva. La conclusión de Dilthey es que puesto que estos procesos formativos se actúan a partir
de los sentimientos, la explicación de dichos procesos radicará en un estudio o
análisis de los sentimientos, los cuales aparecen de manera semejante a como
ocurre con las sensaciones: hay, pues, ciertos procesos afectivos elementales que
se producen en forma semejante a las partes elementales de la percepción, que
son las sensaciones. Ligadas directamente con los sentimientos están las consideraciones de valor y significado, y para llegar a un conocimiento más o menos exacto de estas relaciones que hay entre el sentimiento, el valor y el sicrnificado (lo que en otras palabras quiere decir tratar de conocer las posibilidades de interpretación o valoración de los distintos aspectos de la vida y el
mundo por medio de los sentimientos únicamente), Dilthey divide estos procesos afectivos en seis círculos de sentimientos elementales, en los cuales podrá descubrirse cómo surgen las formas y las expresiones poéticas.
Estos sentimientos elementales que actúan entre sí dentro de la estructura
de la conexión psíquica, los divide Dilthey en círculos con el propósito antes
indicado, pero si bien cada uno de ellos es resultante de determinada causa
pertenecen a un todo en el que son partes componentes inseparables. Estos'
círculos se presentan aquí de la periferia al centro, por así decir, ya que se va
desde los sentimientos provocados por. los sentidos puramente, hasta los que
surgen por las actuaciones de la voluntad. El primer círculo está compuesto
por los sentimientos sensibles, en un plano puramente fisiológico al nivel del
cual se produce el agrado o el desagrado. Este agrado o desagrado serán resultado, en el segundo círculo, de un elemento nuevo: la intensidad a través
de la atención, es decir, los sentimientos surgen aquí como productos de un

165

�interés, y "el grado de intensidad de la sensación ~arda una. rel_a~ión 'lega:'
con el agrado y el desagrado". De aquí desprende Dilthey el pnnc1p10 de excitación sensible. En la poesía lírica, por ejemplo, el efecto que produce se debe
entre otras causas a cierta sonoridad en las palabras cuya suavidad provoca
el surgimiento de determinados sentimientos. El valor fonético del lenguaje,
sin atender aún a los contenidos de las palabras, proporcionaría en poesía numerosos ejemplos: es la musicalidad de la palabra.
El tercer círculo implica ya el enfrentar los contenidos sensoriales, es decir
que estos sentimientos surgen en el plano de las percepciones. La armo~,ía, el
contraste, la simetría, el ritmo, todo esto sería producto de la confrontac1on de
contenidos sensoriales. Es claro, los sentimientos de este tercer círculo no pueden estudiarse sin tomar en cuenta los del segundo, con los que hay íntima relación. Los estudios estilísticos atienden a estos efectos que se producen cuando se enfrentan esos contenidos. Un ejemplo típico de esto es el estudio de
Dámaso Alonso sobre unas estrofas de la "Fábula de Polifemo y Galatea", particularmente la que nos pinta la oscuridad de la gruta: Caliginoso lecho el
seno oscuro / ser de la negra noche nos lo enseña / infame turba de nocturnas aves ¡ gimiendo tristes y volando graves. Dice Dámaso Alonso: "Hay sobre todo, un verso en el que esa representación de lo oscuro parece que se
nos condensa:
infame turba de nocturnas aves
"Es una oscuridad con una nota añadida: la de malaugurio, o monstruosidad, que sugiere la idea del adjetivo inicial 'infame'. Esta sensación de horrible oscuridad la percibe -también oscuramente- todo lector del poema. Pero
el que se acerca a este endecasílabo con intención de arrancarle su secreto,
siente, literalmente, la sacudida del prodigio. Este verso tiene sus acentos en
la 4a. y en la 8a. sílaba. ¡ Los dos acentos han ido a caer, matemáticamente,
exactamente, sobre dos sílabas idénticas: dos sílabas tur!:

4

8

infame turba de nocturnas aves
"Y esta sílaba tur con su vocal profunda y su cerrazón por la r es la que
da contrabalanceadamente esa sensación oscura a todo el verso" .17 El princi" DÁMASO ALONSO, Poes!a española. Ensayo de métodos y límites estilisticos, Ed.
Gredos, Madrid, 1952, p. 328. V. también lo que dice del verso de GARCILASO, Un
susurro de abejas que sonaba, pp. 78-79. En estos, como en otros muchos estudios estilísticos, se aprecia el valor que se da estilísticamente a la sonoridad de la palabra
y a los contrastes sensoriales, tal y como corresponden a los círculos segundo y tercero de que habla DILTHEY.

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pio que desprende Dilthey de este tercer círculo es el de la relación agradable de las sensaciones.
El cuarto círculo de sentimientos elementales es el de aquellos que surgen
del enlace o trabazón mental de las representaciones. En este caso se trata también de confrontación, pero ahora de los procesos men~ales mismos, de las
representaciones; de ahí que Dilthey considere que de este círculo se desprenden las posibilidades de lo cómico, del -símil, la antítesis, etc. El agrado o el
desagrado que resulte de todo esto provendrá de los procesos representativos
o mentales. Si al anterior círculo correspondió el principio de la relación agradable de las sensaciones, ahora se trata del principio de la complacencia que
procede del enlace mental de las representaciones. Ligado estrechamente con
este círculo, el que le sigue es el que se produce por el contenido del poema:
"El quinto círculo de sentimientos procede de cada uno de los impulsos materiales, que atraviesan toda la vida y de cuyo contenido total nos percatamos
en los sentimientos. Se producen estos sentimientos cuando los impulsos elementales experimentan entorpecimiento o estímulo que proceden del medio
que los rodea o de los estados intemos".18 Es aquello de que se alimenta la
poesía, la vivencia con toda su potencia y carga de contenidos vitales que se
vuelca en la expresión poética, desprendiéndose de todo esto el principio de
veracidad. El sexto círculo, por último, es el de los sentimientos que se producen al percatamos de los movimientos de la voluntad y de sus propiedades
generales, es decir, de los rumbos y orientaciones que toma la conducta -la
propia o la de los demás-, es el espectáculo de la vida que actúa, lo que implica apreciación de valor. "Al actuar en el poeta las imágenes de estas grandes propiedades de la voluntad y de los sentimientos que proceden de ellas
-dice Dilthey-, se convierte en alma de su creación poética una idea d~
vida" .19 Aquí opera el principio de idealidad.
Como se ve, estos círculos operan entre sí, los sentimientos surgidos componen efectos estéticos, todo según esos principios o leyes que dejó Dilthey establecidos en cada círculo. Todo lo cual le hace concluir que sí hay leyes de validez universal que determinan tanto la creación como la impresión estética,
y si bien la técnica poética responde a las ondas y los movimientos de cada
época y lugar, condicionándose a éstos, "de la naturaleza humana surgen principios que rigen el gusto y la creación de un modo universalmente válido y
necesario como los principios lógicos rigen el pensamiento y la ciencia".2 º
Así llegamos a la exposición de las leyes superiores de la poética, que la
fundamentan y explican las transformaciones de las representaciones, en un
plano que desborda lo real:
18

DILTHEY, p. 49.
,. Ibid., pp. 49-50.
1
º Ibid., p. 52.

167

�lo. "Todas las fonnaciones de la vida psíquica se componen de percepciones como elementos suyos; también las creaciones poéticas". 21 Esto lo vimos
ya cuando nos ocupamos de los procesos fonnativos, en los que importan tanto los contenidos de la conexión psíquica como los enlaces entre ellos, pero
sin que de esto se desprenda el surgimiento de nuevos contenidos nunca experimentados. Los cambios producidos en estos procesos formativos anulan, atenúan o refuerzan los contenidos, pero siempre a partir del material de la experiencia. La ficción, como dice Alfonso Reyes, tiene siempre un mínimo de
realidad, y es de la propia experiencia de donde el poeta toma los elementos·
para su obra: sus vivencias son el material de su poesía.
2o. "La creación del poeta transforma libremente las imágenes de lo real
compuestas de estos elementos y las combinaciones de tales imágenes, contenidas en la realidad, sin estar limitado por las condiciones de la realidad; por
esto semejante creación es afín al sueño y a otros estados vecinos, lo mismo que
a la locura". El poeta, aunque toma todos sus elementos de la experiencia
(sus vivencias), no está sujeto por las limitaciones de la realidad. La contradicción es sólo aparente, porque de lo que se trata aquí es de afirmar que la
libertad creadora del poeta no tiene más límites que los que le impone su condición humana. Hay pues una "configuración libre de las imágenes", un juego
en el que las combinaciones de los elementos (que se tornan de la experiencia)
para nada dependen de lo que es propio de la realidad en cuanto a hechos
pasados o presentes, situaciones establecidas o relaciones de cualquier índole:
"La característica del genio poético reside, precisamente, no sólo en que es
capaz de reflejar en fonna convincente la experiencia, sino que puede producir, por una especie de poder espiritual constructivo, una forma que no pudo
darse en ninguna experiencia y a través de la cual se hacen comprensibles las
experiencias de la vida diaria y significantes para el corazón". Es lo que hace
el novelista, que toma de la realidad todo lo necesario para su obra, pero ésta
no depende para nada de la realidad en tanto que es obra literaria. Por cuanto a la afinidad que encuentra entre la creación del poeta y los estados como
el sueño y la locura, la precisa en el punto siguiente.
3o. "Esta afinidad se debe a la ausencia de condiciones que suelen gobernar a las representaciones; sin embargo, en el que sueña, en el loco, en el hipnotizado, es producida por causas muy diferentes de las que actúan en el artista o en el poeta; en el primer caso mengua la conexión adquirida de la
vida psíquica; en el segundo, toda su energía se aplica en la dirección de
la creación libre". Como quedó dicho antes, en la estructura psíquica hay una
21

Esta, y las citas que siguen sobre las leyes superiores de la poética, se encuentran
en las páginas 59-70 de la obra citada de DILTHEY.

168

conexión que establece relaciones estrechas entre los procesos que en ella actúan, operando en un todo que es dicha estructura. En la locura y estados afines esta conexión se mengua, y se producen orientaciones que rebasan la realidad. En el poeta, por el contrario, el sobrepasar la realidad se opera sin que
ésta desaparezca en su conexión y estructuras; frente a ella se instaura la apariencia, la ficción, "en virtud de la libertad de la capacidad creadora que es
dueña de sí misma". La fantasía del poeta permite, no obstante que excede
a la experiencia, conocerla y comprenderla mejor. En la ficción literaria encontramos la expresión de la vida, porque la capacidad creadora es "dueña
de sí misma". No así en los otros estados donde la disminución de la conexión
psíquica provoca el rompimiento con la realidad a través de la dispersión.
4o. "Las imágenes cambian porque partes de ella se desprenden o son eliminadas". Esto obedece al orden interno que el poeta impone a su creación,
en la que tales eliminaciones o desprendimientos darán los perfiles necesarios
a los elementos con los que se arma la ficción.
5o. "Las imágenes cambian al distenderse o contraerse, al aumentar o disrninuír la intensidad de las sensaciones de las cuales se componen". Como en
todo proceso formativo, aquí las imágenes sufren los cambios de las sensaciones. Se trata de los rumbos que se imponen por el poeta a ciertas representaciones, lo que trae como consecuencia alteraciones fundamentales en esos elementos de la conexión psíquica que son las imágenes. "Como en el poeta desaparece el propósito de una reproducción fiel que es el que regula las imágenes del recuerdo, mientras que se introduce la voluntad para conformar esas
imágenes en forma que satisfaga el sentimiento, las eliminaciones, exageracio;
nes, atenuaciones provocan una idealización progresiva de las imágenes. También en las aportaciones más altas de la imaginación estas eliminaciones procuran la armonía en los caracteres y en las acciones y las intensificaciones
acrecen el contenido efectivo". Todo esto se complementa con el punto siguiente y último:

60. "Las imágenes y sus combinaciones cambian cuando penetran en su
núcleo más íntimo nuevos elementos y combinaciones y las completan". En
esto radica, para Dilthey, lo más importante desde el punto de vista de la
creación misma. Este principio es el que viene a completar en cierta forma a
todos los anteriores, particularmente a partir del que nos dice que no surgen
contenidos nuevos diferentes a los que se manejan ya en la conexión psíquica.
Es precisamente este proceso de incorporación hacia las imágenes, lo que permitirá transformar éstas de tal manera que en ellas se inicie ya el camino de
la creación. No se trata solamente de modificarlas, como se enunció en el
punto cinco, sino de que la modificación implica necesariamente la presencia
169

•

�de otros nuevos elementos ( también existentes en la cone,aon psíquica) que
formarán con la imagen uno nuevo, diferente en cuanto a que lo constituye
todo lo que se ha combinado y agregado a la imagen, transformándola. Dilthey señala que este proceso es difícilmente comprensible, y su afirmación
deja ver que esta dificultad se presenta porque estamos en el centro mismo
de la creación. "Siempre que se da una verdadera obra de arte tiene lugar
un despliegue nuclear de las imágenes mediante un completar positivo".
Cuando expone Dilthey los procesos fonnativos, y previamente habla de los
procesos elementales (pp. 37-38), dice cómo percepciones y representaciones
iguales o parecidas entre sí, o bien sus partes componentes, se conjugan. Esta
ley de fusión la vemos aplicada en este punto para explicar el surgimiento
de la nueva imagen en la creación. Porque estos elementos se conjugan sólo
por sus semejanzas, sin que importe el lugar que ocupan en la conexión psíquica. En la misma forma se relaciona con esto la ley de asociación, por la
que las percepciones y representaciones que se encuentran unidas en un proceso consciente pueden producirse mutuamente si operan el interés y la atención. "En primer lugar -afirma Dilthey-, según las leyes de fusión y asociación, una percepción o una representación se transforma al penetrar en
ella o asociarse con ella a otra representación". En estos procesos es que se
presenta el que se señala en el punto seis. Además de la fusión y la asociación, que conjugan y unifican, se realiza este otro fenómeno que da el salto
sobre los contenidos mismos para, sobre ellos y en función de toda la conexión psíquica, producir los cambios indicados en el punto antes dicho : "Sólo
cuando actúa toda la conexión adquirida de la vida psíquica pueden transformarse, a partir de ella, las imágenes: tienen lugar en su núcleo mismo
cambios innumerables, inmensurables, imperceptibles y desde la plenitud de
la vida psíquica se completa de este modo singular. Así se logra, mediante
imágenes y sus combinaciones, lo 'esencial' de una realidad que le proporciona su significado dentro de la conexión real. Hasta el mismo estilo del
artista es influído de esta manera".
Recordemos la "ley de Schiller" que propuso Dilthey: "el proceso estético
abarca en la forma la vida gozada en el sentimiento y así anima la intuición", por la que la vida se traduce en forma y la forma toma vida; recordemos cómo se afirmó que la poesía se alimenta de la vida, que las vivencias
-contenido y actitud al mismo tiempo- son las que se expresan poéticamente; recordemos también la insistencia de Dilthey sobre la estructura de
la conexión psíquica, en la que percepciones, representaciones, sentimientos
se afectan y modifican entre sí; unamos a esto las características propias del
poeta que se traducen en una energía y una fuerza propias para evocar y
reproducir imágenes y estados de ánimo, y volvamos a los círculos afectivos,
para detenernos en particular en aquellos que responden a los sentimientoi1

170

que resultan del percatamos de las propiedades generales de los movimientos
de la voluntad, experimentando su valor, y en los que surgen de los impulsos
vitales; agreguemos por último estas ideas expresadas sobre la transformación
Y modificación de las imágenes, y encontramos un hilo conductor con el que
Dilthey ha seguido el camino que le lleva ahora a la ubicación del fenómeno creador. La vida, lo exterior, la conexión psíquica, lo interior, se complementan en cierta forma. Aunque es patente que no puede entenderse lo
uno sin lo otro, lo importante aquí es señalar que lo exterior toma forma por
lo interior y éste se patentiza por aquél. "La relación legal según la cual se
vincula a una realidad una impresión satisfactoria del sentimiento o una parte
de ella y, de modo correspondiente, la creación artística busca satisfacción
con el establecimiento de una realidad semejante, la denominamos principio

estético".
¿Por qué la obra poética posee validez universal y necesidad? Lo primero,
porque en todo hombre en que se produzcan semejantes procesos, se puede
reproducir la obra y gozarla. En cuanto a la necesidad, "significa que la conexión que se da a un poema es tan ineludible para el que lo capta como
lo fue para el artista creador". 22
Estas son las principales ideas de Dilthey sobre el fenómeno de la creación
literaria. El resto del estudio se dedica a la técnica poética, como resultado
de los cambios y modificaciones a través de épocas y lugares, y a la demostración de que la impresión estética, la repercusión de la obra en el lector
u oyente, obedece en principio a los mismos procesos aquí indicados.

n

Ibid., p. 79.

171

�EL PAISAJE EN LA POES1A DE ANTONIO MACHADO
Lrc. EDUARDO GUERRA CAsTELLANOS
Universidad de Nuevo León

No INDICAREMOS DATOS TEÓrucos acerca de la poesía. No. Más bien, recordaremos a un Hombre, con mayúscula si se quiere; a un espíritu amplio, fuerte
y enigmático: Antonio Machado y Ruiz, ese gran poeta de la Generación
del 98 en España.
La inclusión de Antonio Machado dentro de la Generación del 98 no
puede discutirse a estas alturas. Asimismo, no entraremos en disquisiciones
sobre la existencia o no existencia de dicha Generación, puesto que ha sido
probada y comprobada casi exhaustivamente por muchos autores. El hecho
~vidente, que nos conviene señalar, es que existe un grupo de escritores españoles de finales del Siglo XIX que están unidos por ideales comunes y por
una norma estética revolucionaria frente a las categorías establecidas; asimismo, que una de las figuras centrales de ese grupo, en la que se muestran ,
esos ideales con una fuerza extraordinaria, es Antonio Machado. Tanto las
fuentes de su inspiración poética como sus normas filosóficas responden a
los ideales del grupo: reacción frente al Positivismo dominante, redescubrimiento de una España esencial, manejo de un lenguaje poético renovador,
recurso a una filosofía existencial y predominantemente temporal y, finalmente,
valoración exacta de lo que constituye una España abierta frente al mundo,
que se descubre a sí misma interpretando y revalorando su pasado.
Antonio Machado y Ruiz no elaboró, en sentido estricto, una poética nueva
ni formuló, en su ideario estético, principios que pretendiesen tener una validez universal. No. Antonio Machado, hablando por medio de sus apócrifos
-personajes misteriosos en sus características individuales-- Juan de Mairena y Abel Martín, sienta los fundamentos generales de una nueva poesía,
que no es precisamente la Modernista, sino otra más esencial que busca contenidos fundamentales sin despreciar estrictamente lo formal. Esa poesía que
se incluye en la Metafísica o, como diría Machado, esa Metafísica que es

173

�poesía pura y verdadera. De aquí la importancia que tiene la relación de
poesía con filosofía, que en última instancia se viene a convertir en punto
central de la preocupación de Machado. En algún caso, como se anota en
su producción poética, Antonio Machado es fiel discípulo de Henri Bergson,
en otros se adelanta felizmente a los postulados de la filosofía existencial de
Martín Heidegger.
Por lo que vemos, la personalidad de Antonio Machado está llena de complejidades. Pero como ya hemos dicho, no hablaremos de tecnicismos teóricos.
No. Solamente recordaremos con sencillez de espíritu a un Hombre verdadero cuya obra nos ha dejado un sentimiento amplio, amargo y dulce a la
vez en nuestro corazón.
Empecemos, pues, tomados de la mano, a penetrar en lo interno y esencial
de Antonio Machado, en su verdadero espíritu.

aliño indumentario-,
mas recibí la flecha
que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan
tener de hospitalario.2

Continúa Machado exponiendo su retrato interior, su retrato del alma.
El no ha sido un seductor, a la manera de un Don Juan, o un Mañara, que
atrae a las mujeres por su desenfreno amoroso. No. Antonio Machado es
una persona acomodada psíquicamente. El ha amado como cualquier hombre que recibiera "La Flecha que le asignó Cupido". Y por eso nos dice que
amó en tal forma y de tal manera. No era pues, un misógino, un descentrado
y acomplejado por las circunstancias.
Hay en mis venas gotas
de sangre jacobina,
pero mi verso brota
de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso
que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido
de la palabra, bueno.3

Mi infancia son recuerdos
de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde
madura el limonero;
mi juventud, veinte años
en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos
que recordar no quiero.1

Antonio Machado había nacido en Sevilla el año de 1857. A los 8 años
de edad se traslada a Madrid donde estudiará en la Institución Libre de Enseñanza. Su infancia, pues, no es sino un recuerdo lejano, aunque presente,
claro está, de Sevilla. Luego, veinte años, su juventud, en tierras de Castilla.
¿ Y su historia? -casos que no quiere recordar-. No por olvido, no por
desinterés, sino por dolor, por angustia.
La historia de Antonio Machado está llena de dolorido penar. Primero la
muerte de su esposa; luego, el penetrar a una realidad nunca soñada: La
Filosofía de la existencia: ¡ Heidegger! ¡ Nietzsche! Para, por último, enfrentarse a una guerra entre hermanos.
Pero prosigamos:
Ni un seductor Mañara
ni un Bradomín he sido
-jiª conocéis mi torpe

La formación de Machado, hemos dicho, fue impartida por la Institución
Libre de Enseñanza. Institución que tenía una serie de grandes maestros que
sustentaban ideas un tanto liberales. Así pues, Antonio Machado confiesa •
tener en su sangre ese liberalismo que aprendiera en su juv(!ntud, pero no
por ello su verso está lleno de compromisos. Es "manantial sereno". Así pues,
él es bueno.
Adoro la hermosura,
y en la moderna estética
corté las viejas rosas
del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites
de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas
del nuevo gay-trinar. 4
1

!bid., p. 147.
!bid., p. 147-48.
• !bid., p. 148.
3

1
MACHADO, ANTONIO, Poeslas Escogidas. Tercera Edición. Edit. Aguilar, Col. Cri•
sol, núm. 221. Valencia, 1958, p. 147.

174

175

�Es aquí donde Antonio Machado empieza a exponer su teoría literaria,
por así decirlo. Machado, según lo confiesa, corta de su poesía lo malo y
deja aquello que es benéfico, como lo es la influencia consciente de Ronsard.
Asimismo Machado no soporta la poesía Modernista que en su tiempo ya
sonaba, por su tremendo adorno, y es por eso lo de "los afeites", llamando
a los seguidores de Rubén Darío y su Modernismo "aves del nuevo gaytrinar".
Desdeño las romanzas
de los tenores huecos
y el coro de los grillos
que cantan a la luna.
A distinguir me paro
las voces de los ecos,
y escucho solamente,
entre las voces, una.~

Converso con el hombre
que siempre va conmigo
-quien habla sólo espera
hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática
con este buen amigo
que me enseñó el secreto
de la filantropía. 1

Sí. Antonio Machado sólo conversa consigo mismo. Ese hombre solitario
que siempre va con él. Su propia sombra. Y si ,habla, sólo espera hablar a
Dios. A ese Dios que no existe en él, pero que él va a crear con su imaginación para tener fe.
El defiende su soledad, gusta de la soledad porque tiene que gustarla.
Y, al cabo, nada os debo;
debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo,
con mi dinero pago
el traje que me cubre
y la mansión que habito,
el pan que me alimenta
y el lecho donde yago.8

Ya hemos apuntado que Machado no soporta la corriente Modernista y
por ello desdeña a "los tenores huecos". Así pues, sólo escucha el eco y se
detiene para distinguir una voz que es la suya propia.
¿Soy clásico o romántico?
No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja
el capitán su espada:
famosa por la mano
viril que la blandiera,
no por el docto oficio
del forjador preciada.6

La pregunta surge. ¿Es Antonio Machado clásico o romántico? El mismo
nos contesta que no sabe. Lo único que puede decimos es que quisiera que su
verso -la poesía- brotase espontáneo, limpio. Porque lo único que importa
en su estética personal es esto y no el oficio de versificar.
Luego se pasa al plano espiritual. Imagen terrible de la poesía Machadina.
Antonio busca la fe. Pero ¿qué es la fe? ¿Será acaso creer lo que no vimos?
¡ Creer lo que no vimos, no! sino crear lo que no vemos. Crear lo que no vemos, sí, crearlo, y vivirlo y consumirlo de nuevo viviéndolo otra vez, para otra
vez crearlo . . . y así. Veamos a Machado :
• Ibid., p. 148-9.
• Ibid., p. 149.

176

Sí. Antonio Machado, nuestro poeta, no queda debiendo nada. El está solo.
Los deudores somos nosotros que leemos sus poemas y que encontramos en
ellos un complemento para nuestra soledad, un estímulo para nuestra conciencia estética. El, todo pagado, nada nos debe.
Y termina Machado con aquella cuarteta terrible para su vida. La anticipación de su muerte:
Y cuando llegue el día
del último viaje,
y esté al partir la nave
que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo,
ligero de equipaje,
1

Ibid.
• Ibid.

177
H12

�casi desnudo, como
los hijos de la mar.9

Aquí tenemos a Antonio Machado, listo para enfrentarse a la muerte, al
final de su existencia. Como en efecto, muere en 1939, en otra tierra, bajo
otros soles que no eran los suyos, sin un amigo. Así fue Antonio Machado.
Un hombre en el tiempo, buscando la solución a su problemática vital. Sus
82 años fueron vividos en plenitud de ideales. 82 años que no significan nada
en el tiempo físico, si no se toma en cuenta primeramente el "cómo" fueron
vividos.
De ese espíritu claro que es para nosotros Antonio Machado, tal como lo
hemos afirmado en un principio, hemos de estudiar aquello que más amó,
aquello que se convirtió en el centro de su preocupación estética, y en el de
toda la generación del 98: El paisaje, visto como trascendencia.
Ya hemos dicho anteriormente que para la generación del 98, de la cual
participa nuestro poeta, el paisaje vale en cuanto tiene un mensaje extraestético. El paisaje causa una emoción que no es estética completamente, más
bien es mística, histórica, moral.
Ese paisaje que canta la Generación del 98 es el Castellano. Un paisaje
triste que se deriva de razones muy distintas a la realidad objetiva. Ese paisaje les causa a los miembros de la generación, pesimismo, y, además, se refleja como desesperanza ante el porvenir. El paisaje, así visto, trasciende hacia lo suprasensóreo. Es decir, aquí ya no importa el paisaje como tal, sino
lo que dentro de esa experiencia sensible se puede contener de sentimiento
del alma. La vibración material no es sino un reflejo de lo que dentro de sí
comporta.
Veamos un poema de Machado:
Es una tarde mustia y desabrida
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
Por un camino en la árida llanura,
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos . .. 10

sentir la tarde etérea, amarga. Los árboles, aquí, no pueden dar fruto; la tierra está estéril; las hojas de los árboles marchitas. Pero
tras la tierra esquelética y sequiza,
rojo de herrumbre y pardo de ceniza
hay un sueño de lirio en lontananza.11

Aquí vemos cómo el sentimiento del poeta ha sido transferido al paisaje.
El loco, ese hombre que huye de la ciudad, nunca antes pudo haber sido descrito como ahora: a través del paisaje. Esas palabras utilizadas por Machado
no sólo nos dan la idea de sus sentimientos, sino que nos dan la vivencia personal. El ambiente propicio.
El paisaje en la poesía de Antonio Machado toma además otras características: es temporal. Bástenos recordar ahora que Machado es el poeta del tiempo. Y "Ese empeño que en Machado había de acentuar la temporalidad de
todos los elementos de su poesía le llevó, como era natural, a un planteamiento
también temporalista del espacio, o, para decirlo con más precisión, del paisaje. Porque, en efecto, el paisaje, según él, debía igualmente ser expresado por
el poeta de modo temporal. Y es que sucede, explicaba Mairena, que el campo obliga al poeta 'a sentir las distancias -no a medirlas-- y a buscarles una
expresión temporal, como, por ejemplo:
El día dormido
de cerro en cerro y sombra en sombra yace

que dice Góngora, el bueno, nada gongorino, el buen poeta que llevaba den- ,
tro el gran pedante cordobés'.
En la obra de Antonio Machado abundan los ejemplos de esa manera de
sentir las distancias, sólo que, a veces, la expresión temporal de las mismas es
todavía tenue, disimulada como en los casos siguientes:

Ya su perfil zancudo en el regato,
o en el azul el vuelo de ballesta,
o, sobre el ancho nido de ginesta,
en torre, torre y torre, el garabato
de la cigüeña . ..
El plomizo balón de la tormenta
de monte en monte rebotar se oía". 12

Antonio Machado para darnos esa ambientación especial tuvo antes que
' lbid.

'º MACHADO, ANTONIO, Poeslas Completas. Cuarta Edic. Edit. Lozada. Buenos Aires,
Argentina, 1958, pp. 99-100.
178

,,

u
12

lbid., p. 100.
ZUBIRÍA, RAMÓN DE,

La Poesía de Antonio Machado. 2a. Edición. Edit. Gredos

179

�•

Ahora bien, en la obra de Machado se pueden observar dos fenómenos que
analizaremos por separado: el paisaje objetivo y el paisaje subjetivo.
Entendemos por objetivo lo que realmente es así. Lo que la vista capta sin
que para ello penetre nuestro juicio axiológico. Es la cosa vista tal como es
en su realidad propia, en su ser mismo. Por lo tanto, el paisaje visto de tal
manera será el paisaje como es, sin que lo veamos con los ojos de nuestro yo
interno y valorativo.
En Antonio Machado, poeta observador de la Naturaleza que le rodeaba,
podemos encontrar pocos ejemplos de un paisaje objetivo.
Porque si Machado observó la naturaleza, fue en función de una idea más
allá de lo estético propiamente dicho. Sin embargo, veamos algunos ejemplos
del paisaje objetivo interpretado por Machado:
Húmedo está, bajo el laurel, el banco
de verdinosa piedra;
lavó la lluvia, sobre el muro blanco,
las empolvadas hojas de la hiedra.
Del viento del otoño el tibio aliento
los céspedes ondula, y la alameda
conversa con el viento . ..
¡ El viento de la tarde en la arboleda!
Mientras el sol en el ocaso esplende
que los racimos de la vid orea,
y el buen burgués, en su balcón, enciende
la estoica pipa en que el tabaco humea.

Veamos otro poema:
Los árboles conservan
verdes aún las copas,
pero del verde mustio
de las marchitas frondas.
El agua de la fuente,
sobre la piedra tosca
y de verdín cubierta,
resbala silenciosa.
Arrastra el viento algunas
amarillentas hojas.
¡ El viento de la tarde
sobre la tierra en sombra.14

Este poema es más objetivo. Se nos narra un estado de la naturaleza. Sólo
se está describiendo, sin entrar a rasgos propios del alma del poeta. Sin embargo, volvemos a ver que hay algo que es subjetivo: el poeta ha tomado un
momento determinante de la naturaleza que muy probablemente esté relacionado con su alma. Basta ver las expresiones que utiliza: "verde mustio",
"Tierra en sombra". Estas locuciones nos muestran más que el estado del paisaje, el estado del alma de Antonio Machado. Este poema que acabamos de
considerar es de tristeza, de melancolía.
Pero veamos este otro poema:

Voy recordando versos juveniles . ..
¿Qué fue de aquel mi corazón sonoro?
¿Será cierto que os vais, sombras gentiles,
huyendo entre los árboles de oro? 13

Desgarrada la nube; el arco ms
brillando ya en el cielo,
y en un fanal de lluvia
y sol el campo envuelto . .. 1 5

Aquí el paisaje se nos presenta casi fenomenológicamente. Es el objeto y
nada más que el objeto. Sin embargo, el terceto final de este poema ya no implica paisaje, sino un pensamiento del propio poeta con respecto a su pasado
inmediato. ¡ El tiempo ... ! En el poema se nos narra una tarde de otoño, después de una lluvia, en un jardín. Pero luego entra la meditación y el poema
de objetivo se nos ha convertido en subjetivo.

Aquí sólo entra el paisaje. La objetividad se va logrando, pero ¿cómo?
El poeta nunca puede liberarse de su propia sombra. De su yo cuotidiano.
De allí podemos colegir que es casi imposible que Antonio Machado escribiese poemas de paisaje plenamente objetivo. Sólo a través de la despersonalización, de la descensión al plano inferior es como se puede lograr la objetivación del paisaje.

.,

(Biblioteca Románica Hispánica, Col. Estudios y Ensayos No. 21). Madrid, 1959, pp.
174-175.
13
MACHADO, ANTONIO, Poes!as Completas, p. 81.

Si lo objetivo es lo que es, sin que para ello utilice el poeta su juicio valo" lbid., p. 80.
11

lbid., p. 66.

180
181

�•

rativo, lo subjetivo será todo lo contrario. El poeta ve la cosa y la juzga conforme a su plano axiológico. Lo ve a través de su propia individualidad y, sobre todo, lo interpreta conforme su estado se lo indique. El paisaje visto subjetivamente se nos presentará con matices siempre nuevos. Ya no será el árbol tal, sino un árbol particular y concreto que sea expresión de lo individual,
de lo axiológico. Es, por decirlo así, una imagen visionaria, es decir, una imagen irracional, subconsciente. Mas ésta, recordémoslo, debe ser -y en Antonio Machado lo es- universal. La imagen visionaria es la imagen contem-

al rec~,nocimiento intelectual del parecido objetivo que pueda ofrecer la comparac10n entre el plano real y el plano evocado. Aquí se nos invita en cierta
forma, a la meditación. Algo hay bajo ese cielo, bajo esa luna ... '
En otro poema encontramos con más claridad el estado anímico de Machado a través del paisaje:
Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños .. . 17

poránea.
Este tipo de visión nos llevará en Antonio Machado a considerar el paisaje
como interpretación del problema de España. Aquí el paisaje juega el papel
más importante, porque es a través de él que siente la problemática de España
Antonio Machado.
En primer término hay que mencionar que el paisaje de Castilla será el impulso vital de Machado. Es en Castilla donde encuentra un paisaje peculiar,
posiblemente doloroso, que lo llena de melancolía, pero que al mismo tiempo
lo lanza en un afán de lucha contra sí mismo y contra los demás. Es el paisaje árido de Castilla la inspiración más honda de Machado para conjugar la

Lo raído: lo triste, ya _no es _s,ólo del paisaje, sino del alma misma. Se puede
ver, a traves de la amb1entac1on, cómo nuestro poeta se siente solitario 1·unto al Duero.
Y luego:
¡Oh Duero, tu agua corre
y correrá mientras las nieves blancas
de enero el sol de mayo
haga fluir por hoces y barrancas,
mientras tengan las sierras su turbante
de nieve y de tormenta,
y brille el olifante
de sol, tras la nube cenicienta! . .. 1s

problemática española:
Veamos un poema:
¡Soria fría, Soria pura,
Cabeza de Extremadura,
con su castillo guerrero,
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
¡Soria fría! La campana
de la audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡ tan bella! bajo la luna.16

Aquí el sentimiento imperante está en la cadencia. El ritmo. Pero también
en el paisaje. Todo está tranquilo. La luna machadina, sobre Soria, nos da
ese impulso hacia lo trascendente. Todo es tranquilidad, pero también hay
desasosiego. Se puede notar esa pequeña angustia en el alma de nuestro poeta.
Algo que aunque no es visible se deja sentir, porque recordemos que nuestra
emoción en toda imagen visionaria, contemporánea, ·es independiente y previa

A~uí ya hay una ~ayor ~ro~orción hacia lo trascendente. Los primeros ver6?s cor~e Y corre_ra . nos md1can un destino preestablecido. Ahora bien, no
~~o sentimos el pa1sa1e y oímos el correr de las aguas del Duero, sino que tamb1e~ vemos y palpamos un camino muy otro al del paisaje: El camino de Espana. Hay en este poema un dejo de amargura, pero también hay esperanza.
Y luego:

¡ Alamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
Alamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
" lbid., p. 137.
" 1bid., p. 94.

•• lbid., pp. 108-9.

183
182

V

�álamos del amor cerca del agua
que corre, pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi coraz6n os lleva! 19
Los árboles significan no sólo lo que son, sino también hombres. Hombres,
nos dice Machado, cerca del agua ... cerca del tiempo ... «que corre, pasa
y sueña". Son árboles que llevan sobre sus hombros -¿por qué no?- el peso
de la historia de España. Esos árboles u hombres mañana serán los cantores

•

de la belleza o ruina de la tierra.
Aquí está una visión del paisaje subjetivo en Antonio Machado. Su situación de poeta lo coloca en una posición difícil: no puede cantar el paisaje
objetivo sin entrar en el juicio axiológico que lo convierte en subjetivo.
Como podemos ver por lo anteriormente dicho, Antonio Machado es un
poeta de lo interior, de lo subjetivo. Y esto no es nada raro: recordemos que
la generación del 98 tiende hacia esa subjetividad precisamente porque el
paisaje -como lo hemos dicho- es interpretado como trascendencia hacia
lo suprasensóreo. El paisaje siempre será en Machado una forma abierta para
incluir sus sentimientos y sus juicios sobre valores. El Paisaje de Machado
comporta en sí toda la carga de la historia de España.
Del contexto anterior surge un problema: ¿De qué manera -nos podríamos preguntar- se puede hacer una correlación entre el plano objetivo y el
plano subjetivo del paisaje?
Creo yo que esta correlación se puede encontrar en la siguiente fórmula:
Mientras más alejado está nuestro poeta de su propia personalidad, mientras
más en descenso esté hacia lo inferior al hombre, más objetivo se convierte
su canto al paisaje. Mientras más cerca de sí y de los problemas que lo afectan
íntimamente, más cerca estará de lo subjetivo su poema.
La producción poética de Antonio Machado presenta una unidad perfecta,
pero, sin embargo, se puede notar bien ese proceso de descensión hacia lo
inferior, hacia las cosas, y también el proceso contrario -el de ascensión-,
hacia lo trascendente. Esto, lejos de lo que podríamos pensar acerca de quitarle unidad a la obra Machadina, la unifica más. Casi podríamos decir que
es una especie de penduleo entre los dos polos: Lo objetivo y lo subjetivo.
Ahora podemos afirmar que un poema que tiene como característica su
acercamiento a las cosas, es un poema objetivo, pero, cuando el poema está
cargado de emotividad, de interioridad misma ya se ha trasladado hacia lo
trascendente. Ya no es éste una narración sucinta de un hecho o cosa deter,. lbid., p. 110.

minado, sino la interpretación axiológica que el poeta ha querido darle a
cada palabra, y más que a cada palabra al conjunto, es decir, al poema.
Junto a esos dos polos se me presentan otros dos aspectos que quisiera tratar
aquí mismo, porque ellos están de manera directa ligados al paisaje de Machado: Lo estático y lo dinámico.
Entiendo lo estático en el paisaje poético de Machado como lo que está
allí. Lo que no se mueve. Lo que no cambia. Lo que no se puede incluir
dentro del devenir. Lo dinámico, por el contrario, es el continuo movimiento,
el empuje, la fuerza, el devenir mismo. Pero entiéndase bien, aquí no hablo
del estatismo y dinamismo de. los objetos, sino de la mente, del pensamiento,
o para decirlo mejor, del sentimiento.
Cuando nosotros penetramos con ojos sensitivos a la poesía de Antonio
Machado, encontramos estos dos elementos presentes juntos y en contra-posición a la vez.
En la poesía de Antonio Machado un paisaje puede ser estático y al mismo
tierr_ipo dinámico. Es decir, el paisaje para nuestros ojos profanos está allí,
y, sm embargo, tiene un movimiento propio que me atrevería a calificar de
sentimental.
Veamos estos procesos:

Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano,
el caser6n ruinoso de ennegrecidas tejas
en donde los vencejos anidan en verano
y graznan en las noches de invierno las cornejas. 2º
En el primer verso encontramos el verbo "es". Este verbo juega un papel
importante. A través de él nos podemos dar cuenta de que Machado aquí
trata solamente de describir la vieja casa donde está enclavado el hospicio.
El verbo "ser" utilizado así nos da la idea de estatismo. Las cosas que se
van a describir están así y allí tal como las vio y captó la mente poética de
Antonio Machado.
No importa, ciertamente, que los vencejos aniden y graznen las cornejas.
El hecho cierto y único es que " es" el hospicio, y nada más.

Con su front6n al norte, entre los dos torreones
de antigua fortaleza, el sórdido edificio
de agrietados muros y sucios paredones,
es un rinc6n de sombra eterna. ¡ El viejo hospicio! 21

-- - - -

.. lbid., p. 90.
21
lbid.

185
184

�El verbo ser de nuevo está utilizado. El viejo hospicio -nos dice Machado-"es un rincón de sombra etema". Se puede decir que el edificio está cumpliendo su misión: ser. Pero dentro de ese edificio hay gente enferma de
soledad y angustia. Rostros que se asoman "A contemplar los montes azules
de la sierra".
Aquí la contraposición es clara: El edificio solo y viejo que sencillamente
es, y la gente, los rostros pálidos que sus paredes encierran, que se asoman, que
se mueven en busca de ese algo perdido tras el paisaje, que se mueven, son
dinámicos.

En otro poema:
Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas de rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor;
a la espalda la escopeta
entre sus galgos agudos, caminando un cazador. 22

I

ha sido utilizado unos cuantos versos arriba. Aun por su lejanía llega a influir en cierta forma al gerundio simple "caminando".
En conclusión, podríamos apuntar que cinco son los elementos que comporta el paisaje interpretado por Antonio Machado: El tiempo, que se me
aparece como función estética y lírica en la producción poética de Antonio
Machado.
La objetividad, que la veo como elemento de formación y enriquecimiento
poético.
La subjetividad, que se vislumbra como material íntimo del alma poética.
El estatismo, que aparece como base o cimiento del equilibrio histórico
planteado como problemática por la Generación del 98, de la cual participó
Antonio Machado.
Y por último el dinamismo, que se reduce a esa fuerza interior que está
en continua y estrecha relación con lo temporal.
Cinco elementos, todos ellos localizados y conformados en el alma poética
de Antonio Machado.
Aquí tenemos, pues, una visión imperfecta, si se quiere, del objeto amado
con pasión poética por Antonio Machado: El paisaje. No hemos descubierto
nada nuevo, pues sólo apuntamos aquello que apareció con más firmeza ante
los ojos de nuestro corazón.
Valga, pues, este esfuerzo animoso como un pequeño, un humilde homenaje, para ese nuestro poeta Antonio Machado. Que esto sea lo único que
nos justifique.

Lo interesante en este poema es el poco uso de verbos. Uno solamente es
de movimiento: Caminando. Los demás sólo nos dan idea de estatismo. Hay
que observar que por un momento la poesía nos da la idea de faltarle algo.
Sobre todo los cuatro últimos versos. Sin embargo, la poesía está completa.
La explicación que se puede dar a este fenómeno es sencilla: el poco uso
de verbos. El verbo caminar, indicador de movimiento en este poema, parece no haberle importado mucho a nuestro poeta.
Su idea era el paisaje. Así, la carretera rodeada de rocas y maleza y la
tierra que está mojada, y el color oro de los pastos tienen más preferencia.
Lo estático es lo que importa, pero también hay dinamismo. Así, un hombre,
un cazador, que va caminando. La idea de movimiento ya está dada.
Lo que nos hace falta cuando leemos este poema de prisa es un verbo que
auxilie a "caminando". Lo extraño es que cuando se lee por segunda o tercera vez, el auxiliar ya no falta. ¿ Por qué? Muy sencillo. El verbo estar ya
" Ibid ., p. 103.

186

187

�AZOR1N, RE-VALORIZADOR DE LO ESPA~OL
LIC.

MARÍA

GUADALUPE MARTÍNEZ

B.

Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.L.
Sumario: 1. Situación de España hacia 1898.-2. La generación del 98 y su interés en
el cauce literario e histórico.-3. Azorín, noventaiochista. Su obra.-4. Influencias
diversas en el pensamiento azoriniano.-5. Algunas novelas de carácter auto-biográfico: Las Confesiones de un pequeño filósofo, Don Juan y El Escritor.-6. Conclusión: Azorín, re-valorizador de lo español.

l.

SITUACIÓN DE ESPAÑA HACIA

1898

Al hacer un estudio de uno de los hombres de la época moderna, que
marca uno de los pilares fundamentales de la Literatura Española, José Martínez Ruiz, empezaremos con una pequeña exposición de los diversos acontecimientos que sucedieron a fines del siglo pasado y a principios del presente,
ya que Azorín nació en el año 1874 y és uno de los noventaiochistas.
Dentro de la historia de la Literatura Española, el año 1898 marca un
momento fundamental y decisivo para España, a un grado tal, que los hombres que nacieron alrededor de ese año y que luego se destacan como grandes
intelectuales, forman lo que se ha llamado "la generación del 98", año que
ofrece la aparición del Modernismo en Hispano-América.
Hacia fines del siglo XIX el pueblo español estaba en manos de agricultores, y "en el mercado mundial, España sólo podía pi:;esentar los productos
de su suelo y los de su subsuelo, a cambio de los productos manufacturados de
las industrias extranjeras"/ y este hecho hacía que España se desinteresase
por el extranjero y el extranjero de España, teniendo como consecuencia que
la mayoría de los españoles llevase una vida un tanto pobre y en ciertos casos
mísera.
1

PIERRE BROUÉ

y

EMILE TEMIME,

La Revoluci6n y la guerra de España, tomo l.

C.P. No. 33, p. 23.

189

�Por otra parte, el Socialismo creciente y la evolución socio-económica-política que se gestaba en el pueblo dio lugar al cambio de la Monarquía en
República. Surgió asimismo la pérdida de las últimas posesiones españolas
en Hispanoamérica, y estos hechos corroboraron la incertidumbre del porvenir
español que se refleja en el pensamiento angustioso de los filósofos de entonces y de los noventaiochistas, cuya preocupación fundamental fue España.

2. LA

GENERACIÓN DEL

98

Y SU INTERÉS

EN EL CAUCE LITERARIO E HISTÓRICO

La generación del 98 es la denominación dada a un grupo de escritores
de esa época, quienes dieron a conocer a través de su pluma sus inquietudes
acerca de su querida patria: España. "El tema fundamental de este sutil
movimiento es España. La generación del 98, diremos, se preocupa de lo
español, pero con una insistencia particular, y, sobre todo, con una visión
inconfundible".2
Los intelectuales del 98: Angel Ganivet, el precursor, Pío Baroja, Maeztu,
Benavente, Valle Inclán, Unamuno, los Machado, Joaquín Costa, José Martínez Ruiz -Azorín-, Francisco Villaespesa, el bejamín Juan Ramón Jiménez,
etc., etc., se preocupaban por la inestabilidad socio-política de entonces que dio
lugar a la tragedia civil, en la que predominó una lucha ideológico-religiosa
y sociológico-económica-nacional, con proyección internacional.
La historia nos dice que España ha sido cristiana, pues ya desde las primeras obras literarias como El Cid, de autor anónimo, o Los Milagros de
Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo, o Las Cantigas de Alfonso X, el Sabio,
etc. se nos muestran las diversas cualidades y característica¡¡ de lo español,
de lo que es castizo y puramente ibero. El Cid, símbolo de una raza y de
una nación, es un héroe cristiano, un perfecto guerrero, amante esposo y
padre; en fin, el reflejo del ideal caballeresco que predominó en la Literatura Española Medieval, y en la España misma. Además, observamos en el
poema El Cid, la lucha ideológica-social de entonces: los moros adoraban a
Alá; en cambio, el Cid y sus hombres a Dios y a la Virgen; y esa lucha
ideológica que, claro está, va ligada a un determinado momento histórico y
especial, se nos antoja que vuelve a repetirse en "la guerra civil española"
-1936-39-; pero los caudillos y los héroes nacionales de esta época, la historia y el tiempo los proclamarán.
Ahora bien, nos preguntamos, ¿ cuáles son las actitudes que tienen los noventaiochistas frente al problema de su yo y al de su patria, España?
' Historia de la Literatura Española. E.P.E.S.A., p. 98.

190

Cada uno de ellos tiene una especial actitud ante la vida y en relación
con sus semejantes, pero todos tienen un denominador común: el enfocar
directamente el problema de su yo relacionado con su pueblo: España. Esta
actitud concreta, directa, al enfocar dentro de los márgenes geográficos de
España su especulación literaria y filosófica primordial, les caracteriza. No
olvidemos que España en una época fue el centro de Europa y del pensamiento occidental, y de ello, todos los que pertenecemos a los países iberoamericanos, deberíamos estar plenamente orgullosos. Como lo señala la historia, ese poderío español que alcanzó su clímax hacia los siglos XVI y XVII,
y ese renombre histórico-literario-cultural que obtuvo bajo el reinado de Alfonso VII, es un orgullo y una honra de todo español e hispanoamericano.
En la época moderna, la actitud de los hombres del 98 al meditar en el
pasado de su historia confrontada con el presente y el futuro, da lugar a esa
renovación del espíritu que particulariza a la tan polemizada «generación noventaiochista".
A partir del 98, surgen dentro de la historia literaria, una gama de géneros y de nombres estilísticos, y de aquí la importancia de esta época. Así
tenemos el "esperpento" de Valle Inclán; "las doloras" y "humoradas" de
Ramón de Campoamor; los "paliques" de Clarín, el "disparate" y las "greguerías" de Ramón Gómez de la Serna; el "ensayo"; lo que se ha llamado
" nueva novela ", la"prenovela", la' "etopeya"de A
zonn,
' etc., etc.
Sin embargo, como decíamos, el común denominador de los noventaiochistas es la preocupación por España y sus hombres, como lo captamos en Azorín.

3.

AzoRÍN, NOVENTAIOCHISTA.

Su

OBRA

Azorín, que nació en Alicante, España, en 1873, aún vive a la fecha. Cuenta
con 91 años. Sus padres fueron Isidro Martínez Soriano, abogado, y Lucía
Ruiz, maestra.
De familia de clase media, hiro su instrucción primaria en su ciudad natal;
su bachillerato en el Colegio de los Padres Escolapios, en Yecla, pueblo de
Murcia, donde recibió una educación esmerada. Luego, siguió sus estudios
universitarios en la Facultad de Derecho en Valencia y en Granada -1888
a 1894.
Desde esta época colaboró en Las Provincias, y en El M ercantil, haciendo
crítica teatral.
El 25 de noviembre de 1896, se trasladó a Madrid, en donde colaboró con
la prensa capitalina, en el periódico El País.
Hacia 1897, el gran crítico Clarín -Leopoldo Alas-, le presagia buen
éxito y le introduce en el medio periodístico, en sus célebres paliques.
191

/

�Después, Azorín publicó en El Progreso, en la sección de Avisos, la fecha
clave de la generación que surgía -1898-.
En 1899, publica Alma Castellana.
En 1902, colaboró en El Globo, periódico republicano y anticlerical, y en
esa misma fecha dio a publicidad su novela Voluntad, que le dio renombre
en España.
Desde entonces siguió colaborando sin interrupción en diversos diarios y
revistas: Alma Española, Revista Nueva, Juventud, Arte Joven, el Imparcial,
el A.B.C., etc. A la vez tomó parte en la política, ya que fue cinco veces
Diputado al Congreso, de 1907 a 1919.
En 1924 fue elegido académico de la Real Academia Española de la Lengua con su publicación: Una hora de España, de la que comenta Walter Starkie que Azorín nos lleva por espacios y tiempo a través de tierras y siglos de
España.
En la guerra civil española -1936-1939-, José Martínez Ruiz salió de
España. Fue a vivir a Francia, de cuya estancia tenemos la prueba de sus
recuerdos en sus libros.
Utilizó diversos pseudónimos en las primeras obras para luego escoger definitivamente el de Azorín.
En La Crítica Literaria en España -1893-, se firma Cándido; en Buscapiés -1894-, Arhimán; en Las Confesiones de un pequeño filósofo -1904-,
Azorín, el que siguió utilizando posteriormente.
Martínez Ruiz, a través de sus obras, se nos muestra como un hombre apacible, sencillo, inteligente, con una visión muy amplia del mundo y de la
vida y con un interés predominante por su pueblo, el que ve desmoronarse
poco a poco al estallar la guerra civil y luego la segunda guerra mundial, en
donde predominó la fuerza bruta sobre la razón. Azorín tiene una conciencia
histórica profunda y un orgullo de raza, ya que se da cuenta perfecta de lo
que significó y ha significado España a través de la historia mundial, y a
pesar de que le tocó vivir en un momento de desquiciamiento de los ideales
fundamentales del español, medita con angustia en el porvenir de su patria,
mas siempre conservó la fe en el futuro, en el que ha supuesto que se reconquistará nuevamente la re-valorización de los valores intelectuales, religiosos,
morales, místicos, teológicos y sociales de su pueblo, del que no ha habido
paralelo en el mundo, en su época de florecimiento.
Azorín, en sus primeras obras como en La Voluntad, se nos muestra como
"un anárquico y un revolucionario"; "ni religión ni Estado". Entonces, Martínez Ruiz contaba apenas veinte años -1901-, mas ese desequilibrio nervioso y rebelde pasó pronto, y en su madurez tenemos al escritor meditabundo
y angustiado por los problemas del hombre y de su tiempo.

192

Azorín escribió novela, teatro, crítica y ensayo. Entre sus libros principales
tenemos: Antonio Azorín -1903-; Las Confesiones de un pequeño filósofo -1904-; Los Pueblos -1905-; El paisaje de España visto por los españoles -1917-; Los dos Luises y otros ensayos -1921-; Don Juan
-1922-; Una hora de España -1924-; Doña Inés -1925-; Blanco en
Azul -1929-; Salvadora de Olbena -1927-; El Escritor -1943-; Españoles en París, etc., etc.

4.

INFLUENCIAS DIVERSAS EN EL PENSAMIENTO AZORINIANO

Entre las influencias que sufre Azorín, podemos señalar la de Montaigne,
la de Descartes, la de los Goncourt -tendencia al análisis y a la despreocupación por la trama argumental-; las diversas corrientes francesas de fines
del siglo XIX y principios del XX: el Simbolismo, el Impresionismo, el Realismo, el Surrealismo, el Neo-romanticismo, etc., etc.
La influencia de Montaigne en Azorín la captamos de la obra del ilustre
francés: Los Ensayos, en la que el autor medita sobre el hombre en sus diversas edades y situaciones; en sus estados anímicos; en las relaciones con
sus semejantes, etc., etc. Según Montaigne, los elementos esenciales para la
elaboración de sus ensayos fueron: los dados en los libros, los de la vida y
los de él mismo, y opina que su obra no se puede comentar independientemente de su autor, puesto que él mismo va implícito. Anota: "Mon libre,
ce n'est que la peinture de moi-meme".3 Y, en efecto, nos da el resultado
de su experiencia personal en una forma aparentemente expuesta sin orden ni
sucesión ni relación alguna, ni plan estricto, con muchas evasiones fantásticas como siguiendo sus propios sueños, pero en esencia se impone el pensar
filosófico del hombre. Así dice que "filosofar es aprender a morir". Montaigne
a través de sus Ensayos nos da juiciosas observaciones, interesantes confidencias y un arte estilístico maravilloso: utiliza la antítesis, las metáforas, las comparaciones, las imágenes, la expresión sencilla y sin rebuscamientos, "escribe
como habla", no corrige demasiado lo que escribe; sin embargo, en ese desorden aparente tenemos la técnica artística del escritor, la que Azorín adopta
a través de la observación del detalle, puesto que tiene una sensibilidad exquisita, una percepción diminuta y una profundidad de pensamiento. Sin
embargo, Azorín logra destacar su personalidad propia.
La mayoría de los personajes azorinianos son de buenos sentimientos e incapaces de llevar a cabo una mala acción, diferencia ésta en relación con los
escritores naturalistas. Tal parece que Azorín no daba cabida a un tipo in• MoNTAIGNE, Essais, I (L'homme). Ciassiques Larousse, p. 9.

193
H13

�moral O amoral en sus obras. Sí se preocupa por la clase ínfima y la retrat_a
en algunos de sus libros, principalmente en aquellos en los que enfoca el paisaje de España, pero la maldad en sus héroes no la encontramos. Como decíamos, Azorín se interesa por todo lo que está a su alrededor, captando_}ª
realidad, unas veces con un tono más subjetivo como en su etap~ de adheston
al surrealismo, pero al final de su evolución artística de escntor vuelve a
su personalidad íntima de escritor realista. A~orín no enfoca al hombre en sus
estados anímicos pasionales o anormales, smo al hombre co~o. :ªl, en su
actitud normal, y primordialmente al español como entidad md1v1~u~: Y al
pueblo español corno realidad social. Corno apuntábamos, la descn~c~on . ~e
la realidad en sus más crudos detalles hasta llegar a la caricatura, estihzac1on
de los escritores naturalistas, como Zola, o Flaubert, o los Goncourt, no la
tenemos en Azorín, aunque se haya nutrido de la lectura de estos autores.
Azorín también se nutre de la lectura de los clásicos españoles y en general de la Literatura Española, influencia que tenemos reflejada en sus obras
como en Cabeza de Castilla, en la que pinta al Cid; o en Salvadora de Olbena, 0 en Tomás Rueda, o en Los dos Luises y otros ensayos, etc., etc.

5.

ALGUNAS NOVELAS DE CARÁCTER AUTO-BIOGRÁFICO: LAS CONFESIONES
bE UN PEQUEÑO FILÓSOFO, DON JUAN Y EL ESCRITOR

I

,f

De la obra tan extensa y variada de Azorín me limitaré, por ahora, a comentar solamente: Las Confesiones de un pequeño filósofo -1904--; Don
Juan -1922- y El Escritor -1943-, ~n. las cuales ~ptamos las div~rsas
etapas de la vida y del pensamiento azonmano, para situar la personalidad
propia de Martínez Ruiz, interesante, definitiva '. de transic~ón en u~ mundo
que marca una evolución decisiva en la Historia de EsJ:ana, no solo en el
aspecto literario sino en todos los aspectos, ya que Espana sufre ~n~. tra.~sformación aún no acabada para incorporarse en el mundo de la c1v1hzac10n
contemporánea.
España tuvo un triunfo literario, la Edad de Oro, pero en el s. XIX sus
hombres se estaban rezagando con las glorias anteriores. Entonces era necesario un empuje de algunos intelectuales valerosos, capaces d~, dar a la p~blicidad los problemas y las sugerencias posibles para la soluc10n de los mismos, como podemos catalogar al grupo de la generación del 98, y entre éstos
a Azorín.
José Martínez Ruiz, a quien consideramos como un pilar fundamental en
la historia de la Literatura Española, escritor individualista y de visión polifacética, nos ofrece un campo de investigación muy interesante, desde todos

los puntos de vista. En sus obras de aspecto autobiográfico, refleja una imaginación creadora unida a una observación detallista, adhiriéndose de esta
manera a la corriente impresionista y posteriormente a la supra-realista. A
la vez, observarnos ese dinamismo interno de acción a través del tiempo y
del espacio. En algunos pasajes de sus obras se capta la introspección de los
personajes con sus soliloquios y ensimismamientos; en otros, el romanticismo
(en algunas de sus obras) como en Salvadora de Olbena, y en otros, la manera de pensar y de sentir del hombre contemporáneo: rebelde, individualista,
idealista y revolucionario.
Las Confesiones de un pequeño filósofo -1904-, una de las primeras
novelas de Azorín, es una serie de recuerdos e impresiones de su infancia y
de su juventud pasada en Monóvar y en Yecla, pueblo murciano cerca de
Madrid, en donde hizo sus primeros estudios, en el Colegio de los Escolapios,
uno de los más severos y estrictos de la época, que, sin duda, influyó en su
personalidad posteriormente. Hay en Azorín una simplicidad y una sinceridad que atrae. La técnica literaria que utiliza es muy personal; el aspecto
subjetivo y la pintura del detalle es el que predomina en su obra. Es un gran
paisajista y un magnífico retratista. Pinta a sus profesores y a las personas
que le rodean con una psicología individual y muy propia. Hay mucho de
intimidad y de confesión en sus relatos: muchas inquietudes en su espíritu
y una fuerza interna para captar el porqué de las cosas y de los sucesos.
Así anota: "De Monóvar a Yecla hay seis u ocho horas: salíamos al romper
el alba; llegábamos a prima tarde. El carro iba dando tumbos por los hondos relejes; a veces parábamos para almorzar bajo un olivo. Y yo tengo
muy presente que, ya al promediar la caminata, se columbraban desde lo
alto de un puerto pedregoso, allá en los confines de la inmensa llanura negruzca, los puntitos blancos del poblado y la gigantesca cúpula de la iglesia
nueva, que refulgía". 4

Y en otro párrafo: "Yo he sentido muchas veces estas tristezas indefinibles;
era muchacho; en los veranos iba frecuentemente a la capital de la provincia
Y me sentaba largas horas en los balnearios, junto al mar. Y yo veía entonces, y he visto luego, algunas de estas mujeres misteriosas, sugestionadoras,
que, como el mar azul que se ensanchaba ante mi vista, me hacían pensar
5
en lo Infinito". ¿ Y quién es lo Infinito sino Dios? Azorín con sus diversas
inquierudes desde joven, siempre medita en Dios y en su misericordia.
Con la lectura de esta novela, notamos también el inquietante meditar
sobre el tiempo, una de las temáticas constantes que particularizan a Martínez
Rwz como escritor contemporáneo. Captarnos, asimismo, una cierta ironía
• AzoRÍN, Las Confesiones de un pequeño fil6sofo. Col. Austral No. 491, p. 30.
' AzoRÍN, lbidem, p. 125.

194

195

l

�acerca de la clase social alta española, quizás porque le dolía la pobreza que
observaba a su alrededor, pues ha llegado a ser uno de los mejores críticos
de la época moderna. Su actitud frente a la vida y frente a la muerte es
realista, decidida, inquieta, meditabunda y comprensiva, y su conocimiento
de las cosas es claro y preciso, no rebuscado como sucede con las elaboraciones mentales de muchos de nuestros literatos contemporáneos.
Martínez Ruiz en esta novela: Las Confesiones de un pequeño filósofo,
esboza a la mujer de una manera muy idealista, que se reafirma dada la
época de estudiante que expone. Posteriormente, en el Don Ju,an, prosigue
el ideal amoroso y la nostalgia de la plenitud de la vida.
El nombre de esta obra de Azorín, el Don Juan, nos trae a la mente el
Don Juan de Tirso de Molina, o el de Moliere, o el de Puschkin, o el de
Zorrilla, o al Marqués de Bradomín de Valle Inclán, pero de todos ellos, el
de Azorín difiere en esencia: ni es un bulador, ni un descreído, · ni un fantástico, ni un romántico; sino un hombre común del siglo XX, un hombre
español que contempla la vida, el pasar de los días y de las cosas con una
serenidad profunda, que acepta su destino y aunque angustiado por su patria, tiene una fe y una esperanza en sus semejantes. Así dice al final de
su novela: "Las maravillas que yo veo ahora son la fe de las almas ingenuas
y la esperanza que nunca acaba" ... "El amor que conozco ahora es el amor
más alto. Es la piedad por todo".6
Azorín concibe la novela como "una serie de notas vivaces e inconexas
como lo es la realidad" con un mínimum de argumento, y de esta manera
marca una evolución dentro de la Historia de la Literatura Española, ya que
reforma las normas clasicistas de ciertos géneros literarios o enfoca a su renovación. Como apuntábamos, nosotros consideramos a Martínez Ruiz como
un eje de transición entre la época anterior y las corrientes modernistas y
contemporáneas de la Historia literaria.
En el Don Juan se supone que el personaje principal sea el mismo Azorín,
pues se nota a cada momento la observación directa de las cosas, los recuerdos y las vivencias. Como sabemos, Azorín vivió en París y en esta novela nos
relata con una sencillez de estilo, esos momentos agradables y esas amistades
' en la capital francesa. Como escritor modernista, nos muestra esa
que tuvo
inquietud por salir de su propio ambiente -la España- y esa atracción por
las cosas extrañas a su patria, el exotismo.
El Don Juan, "viejo pecador arrepentido, ahora hombre sencillo y generoso", es un hombre común. Así lo describe Azorín: "Don Juan es un hombre
como todos los hombres. No es alto ni bajo, ni delgado ni grueso. Trae una
barbita, en punta, corta. Su pelo está cortado casi a rape. No dicen nada
• AzoRÍN, Don Juan. Col. Austral, No. 153, p. 152.

196

sus ojos claros y vivos: miran como todos los ojos. La ropa que viste es
pulcra, rica; pero sin apariencias fastuosas. No hay una mácula en su traje
ni una sombra en su camisa". . . "Acepta la flaqueza eterna humana y tiene
para los desvaríos una sonrisa de piedad".7
Luego, Azorín sigue describiendo las diversas cualidades de su personaje
que seguramente las tuvo él mismo. Así anota que su Don Juan gusta de la
soledad, de la meditación y del arte, ya que el arte es la esencia de la espiritualidad del hombre, sea éste árabe, inglés, alemán, judío, francés o español.
"En arte lo que importa no es la cantidad, sino la espiritualidad y delicadeza
del trabajo",8 apunta.
Se supone que la concepción de esta novela la tuvo Martínez Ruiz de la
lectura de Los Milagros de Nuestra Señora, de Berceo, obra del siglo XIII,
en la que se describe a un monje pecador que por la intercesión de la Santísima Virgen se reforma y se salva en el relato medieval. Ahora bien, el Don
Juan azoriniano, hombre sencillo y simple, no hace más que ofrecer al lector
sus vivencias y observaciones tanto de España como de Francia. Azorín recoge en esta obra no sólo la influencia española sino también la francesa.
Esos años vividos en la "Ville Lumiere" no pasaron en balde, puesto que se
reflejan, en su novela, las alusiones a los diversos escritores franceses que leyó seguramente: Racine, Bossuet, etc., etc. y, asimismo, se observan las diversas expresiones en boca de sus personajes como en el capítulo XXVII
que recuerda a París como la ciudad más hermosa del mundo, cuando Don
Gonzalo dice a Jeannete: "Ton village est le plus joli du monde". En esta
novela tenemos a Azorín, escritor español, de un estilo castizo, sencillo y ágil,
entremezclando el idioma francés dulce, encantador y apacible. No en vano
ambos idiomas provienen de un mismo tronco, y no en balde el francés y el
español tienen esa manera de ser y de pensar propias del hombre latino.
Asimismo Martínez Ruiz nos da en esta obra una visión profunda del futuro
de la humanidad que tiende sus lazos amorosos para poder lograr una convivencia humana y una paz estable en el orbe.
El tema de la mujer y del amor en el Don Juan azoriniano es muy sutil.
Apenas dibuja unas cuantas mujeres como la monja Sor Natividad, abadesa
del convento de San Jerónimo, quien logra inquietar al personaje central,
Don Gonzalo, cuando éste la observa al inclinarse ella a arreglar una maceta
en el jardín; y Jeannette, una jovencita francesa que también influye un
tanto en él. El tema del donjuanismo, tan hispánico, en esta novela carece
casi en absoluto del argumento fundamental. Sin embargo, Azorín en su
obra El Escritor, a la edad de sesenta y nueve años, continúa con el tema
1
AzoRÍN, op. cit., pp. 17-18.
• AzoRÍN, op. cit., p. 20.

197

�del "eterno femenino" y hace hincapié en la necesidad de una re-valorización de la Literatura Española y de su temática. Recordemos que en la Edad
Media, la mujer logra tener un sitial dentro de la nomenclatura sociológica
de la época, a pesar de que era llevada al matrimonio por convenio de sus
padres o por "intereses del Estado": se le valoraba como tal. En la época
barroca, la mujer deviene a ser un valor meramente estático, plástico, positi- •
vista, similitud ésta con la corriente naturalista; en cambio, Azorín vuelve a
idealizar a la mujer como en la época renacentista española, como la Dulcinea del Quijote, etapa en la que surge una gama de valores humanos: el
amor, la conciencia del honor, de la familia, de la sociedad y de Dios. Azorín,
a pesar de su recorrido por las diversas corrientes renacentistas tanto francesas como extranjeras, vuelve, en su madurez, a re-afirmarse como un español realista y castizo, orgulloso de serlo, y ofrece a sus lectores la re-incorporación del pasado de España al presente y la visión futura a través del
hombre y de su obra artística como acontece en El Escritor.
El Escritor -1941- es una novela dedicada a Dionisia Ridruejo, en la
que Azorín relata la vida de un escritor afamado, Antonio Quiroga, y su
relación con el escritor Luis Dávila, representación de la nueva genetación
literaria. La trama argumental es muy sutil y algunos capítulos son un manual
de técnica literaria. Martínez Ruiz va describiendo en esta obra sus impresiones de la vida cotidiana y la manera de concebir y elaborar un libro.
Apunta: "Como fúlgidas exhalaciones en la noche, pasan por la conciencia
viniendo de la hondura, sensaciones que lucen unos segundos y desaparecen
súbitas. Nos hacemos la ilusión -si es que nos la hacemos- de que poseemos
el óvulo fecundo de un poema o de un cuadro, y no tenemos, en definitiva,
nada en nuestras manos. Y hay que esperar de nuevo. Esperar contemplando
las nubes, el paisaje, el trajín afanoso de la ciudad. ¡ Y ay de nosotros, poetas
o pintores, si intentamos forzar el hado! El hado, para nosotros, es el azar
fecundo, o el instinto, o la fuerza creadora de que nosotros no podemos
disponer a nuestro talante y que se complace en jugar con nosotros, burlándonos unas veces, regalándonos otras. En el caballete el lienzo blanco espera.
Y en la mesa, las blancas cuartillas".9

Luego, el mismo autor se asombra de su propia creac1on. Sigue la exposición de sus personajes, un tanto imaginarios y un tanto reales, y poco a
poco va introduciéndonos en los problemas de la literatura. La realidad es
para Azorín como la tela para el pintor o la cuartilla para el escritor. Allí,
el artista vuelca sus impresiones, dando a su prosa la diversidad de matices.
Su estilo es ameno, sencillo y simple. Opina que el escritor debe poseer el
tono, la materia, el estilo, y tener conciencia de la dificultad de todos estos
• AzoRÍN, El Escritor. Col. Austral, No. 261, p. 13.

198

problemas. En esta novela tenemos, a cada momento, las indicaciones que
conducen a ser un verdadero artista y un buen escritor.
Azorín es un hombre que se ha preocupado por España; y esa queja y
esa angustia se reflejan en su obra, ya que ha enfocado sus especulaciones en
la historia española, en sus hombres y en el futuro de su patria. Así apunta:
"Y que si yo me precio de psicólogo -lo soy en poca escala- he de reconocer que en la mente de un hombre inmóvil, contenido entre ·cuatro paredes, pueden darse, respecto a su actitud ante el Infinito, ante Dios, en sus
esperanzas y desesperanzas, en sus fervores y en sus desfallecimientos, conflictos tan dramáticos como los que motiva la más intensa acción".1 º
Martínez Ruiz hace alusión a que no gusta de las abstracciones sino más
bien de la observación y de la narración de los hechos cotidianos, y así nos
ofrece a través de su pluma sencilla, clara y elegante, una visión de la vida y
de las cosas, de la cultura, del arte, de su actividad de escritor, etc., etc.

6.

CONCLUSIONES. AzoRÍN, RE-VALORIZADOR DE LO ESPAÑOL

Como conclusión opinamos que estas tres novelas comentadas: Las Confesiones de un pequeño filósofo, Don Juan y El Escritor, marcan momentos
fundamentales en la vida de Azorín como hombre y como escritor, ya que
en Las Confesiones de un pequeño filósofo nos describe su propia vida de
niño y de adolescente con los PP. Jesuitas de Yecla; en Don Juan, su vida
de juventud, dándonos un personaje simple y sencillo, opuesto al "tipo legendario", el Don Juan. Don Gonzalo, el personaje central en el Don Juan azoriniano, se siente atraído por la mujer, la idealiza y la ama como tal, y este
esbozo de idealismo amoroso no se concretiza sino posteriormente en otra
de sus novelas, Tomás Rueda; y en El Escritor tenemos al hombre y al escritor en su plenitud creadora, ofreciéndonos un manual de técnica literaria.
Así pues, consideramos que José Martínez Ruiz, ~orín, es un verdadero
literato y un re-valorizador de lo español.
Monterrey, N. L., mayo de 1964.

BIBLIOGRAFIA
l. PIERRE BROUE y EMILE TEMnIE, La Revolución y la guerra de España. F.C.E. (C.P.
No. 33). Tomos I y II.
10

AzoRÍN, op. cit., p. 54.

199

�2. Historia de la Literatura Española. E.P.E.S.A.
3. SALINAS PEDRO, Literatura Española. Siglo XX. Clásicos Modernos, No. l. Antigua
Librería Robredo. México, 1949.
4. MoNTAIGNE Essais. l. L'homme. Classiques Larousse.
5. AzoRÍN, La; Confesiones de un pequeño fil6sofo. Col. Austral. No. 491. 5a. Edición,
1962.
6. AzoRÍN, Don Juan. Colección Austral. No. 153. 5a. Edición, 1957.
7. AzoRÍN, El Escritor. Col. Austral. No. 261, 4a. Edición, 1957.
8. GRANJEL, Luis S., Retrato de Azorín. Colección Guadarrama de Crítica Y Ensayo.
No. 13. Madrid, 1958. Ediciones Guadarrama.
9. P. LAIN ENTRALGO, La generaci6n del 98. Col. Austral. No. 784. la. Edición, 1947.
10. Drnz EcHARRI E. y RocA FRANQUESA, J. M., Historia General de la Literatura Española e Hispanoamericana. Edición Aguilar, 1960.
11. VALBUENA, A., Historia de la Literatura Española. Tomo 111. Editorial Gili, S. A.
6a. Edición, 1960.
12. PATTEE, RrcARDo, Informe sobre España. Editorial Jus. México, 1948.
13. RrvorRE, Europa desde 1918 hasta hoy. Manuales U.T.E.H.A. México. No. 88. Colección Ciencias Sociales.
14. GoNzÁLEz, MANUEL PEDRO, Notas en torno al Modernismo. Facultad de Filosofía y
Letras. U.N.A.M. No. 27.
15. MARINELLO, JUAN, Sobre el Modernismo. Polémica y Definici6n. Facultad de Filosofía y Letras. U.N.A.M. No. 46.
16. DÍAZ PLAJA, GUILLERMO, Hacia un concepto de la Literatura Española. Ensayos elegidos 1931-1941. Col. Austral. No. 297. 4a. Edición, 1962.
17. SÁIN~ DE ROBLES, F. C., Los Movimientos Literarios. Historia. Interpretación. Crítica. Editorial Aguilar. Madrid, 195 7.
18. P. LAÍN ENTRALGO, España como problema. Ensayistas Hispánicos. Aguilar Editor.
19. GAETAN PrcoN, Panorama de la Nouvelle Littérature Franfaise. Librairie Gallimard,
1960.

200

BÉCQUER: SU REALIDAD POÉTICA
CÁNDIDO AYLLÓN

University of California, Riverside

DENTRO DE LA POESÍA ESPAÑOLA del siglo XIX representa GUSTAVO AooLFO
BÉCQUER algo muy singular: una "depuración" y una ''Poética".
En cuanto al momento histórico ocupa Bécquer una posición peculiar: vivió en el momento del paso del romanticismo al realismo ( 1836-1870). Entre
estas dos sensibilidades la del sevillano es muy original. Para el romántico de
la etapa inicial (un Espronceda, un Duque de Rivas), las grandes preocupaciones habían sido el culto al "Yo", la exaltación de la propia personalidad,
las ansias de libertad, las angustias metafísicas. Pero, digamos, este romántico
trató sus preocupaciones con bastante exhibicionismo: desde el perímetro hacia afuera. En la segunda mitad del siglo el realista se halló en busca de la
realidad exterior: abandonó el exhibicionismo y se fue en busca de mayor
objetividad. Al desaparecer el exhibicionismo, se dedicó a observar la realidad externa, desde el perímetro todavía más hacia afuera. Frente a estas dos
actitudes Bécquer está en completo desacuerdo: una vida sombría, aislada;
un hombre tímido, retraído, soñador: un artista sólo en busca de sus realidades poéticas. Rechaza la objetividad del realista y purifica los intentos del romántico: vive desde el perímetro hacia adentro.
Y en cuanto a la poesía de los dos momentos ocupa la becqueriana una posición peculiar: rechaza lo aparatoso de la romántica. Desaparecen los gestos
estridentes, la musiquilla fácil y el colorido chillón. Intenta una purificación
de sí misma. El contenido se caracteriza por lo hondo e intenso subjetivo; la
forma, por su sencillez y la levedad.
Si dentro de la poesía del siglo XIX representa Bécquer una "depuración",
representa a la vez una actitud del artista consciente. Crea una "Poética", algo
raro en España, más raro todavía en el siglo XIX. Nos deja ideas fijas sobre
¿ Qué es poesía? Su "Poética" resulta un nexo para el estudio de su obra, más
bien de sus Rimas, que nos interesan aquí.
Hay dos vidas de Bécquer: la que sufrió y la que creó en su imaginación
201

�escapando a la otra. Las dos están en desacuerdo con el exhibicionismo romántico o el materialismo realista. La vida desde el perímetro· hacia adentro
se exterioriza en la obra, es la obra misma. Es la realidad poética que nos interesa más, con la cual nos preocuparemos. De la otra vida basta apuntar
unos detalles breves, el esqueleto de la vida del perímetro hacia afuera.
Nació en Sevilla, en 1836 (los Bécquer, de estirpe flamenca, habían llegado al sur en el siglo XVII) . Quedó Bécquer huérfano en su niñez y vivió con
una madrina que le ofreció los primeros viajes en el reino de la literatura por
medio de una biblioteca, adonde se escapó el joven. Fue alumno del Colegio
Náutico de San Telmo, pero bastante indiferente: prefirió soñar con una vocación literaria; desde niño tenía ganas de hacerse artista -pintor o escritor.
Desde el principio se vio la dicotomía becqueriana: la vida que iba a sufrir
y la otra que iba a crear en un mundo de imaginación, de arte. Prefirió soñar
con una vida "independiente":
Y o soñaba entonces una vida independiente y dichosa, semejante a la
del pájaro, que nace para cantar, y Dios le procura de comer; soñaba
esa vida tranquila del poeta que irradia con suave luz de una en otra
generación; soñaba que la ciudad que me vio nacer se enorgulleciese con
mi nombre, añadiéndolo al brillante catálogo de sus ilustres hijos.1

Pero si soñaba con una vida independiente, pronto inició la otra, la dolorosa y prosaica. A los 18 años se marchó a Madrid, impulsado por el deseo de la
vocación literaria. Buscó trabajo en las redacciones y consiguió al fin un empleo del Estado. Se quedó cesante, enfermo. Se trasladó con su hermano, Valeriana, el pintor, al monasterio de Veruela; se casó con una joven, de la cual
· acabó separándose. Colaboró en varias revistas, viajó por España, pintó, escribió. Al momento en que estaba para lograr ciertos elogios por su obra y
cierto bienestar económico, sufrió ataques de hemoptisis y murió ( 1870) .2
Esto es nada más que el esqueleto de la vida del perímetro hacia afuera.
Hay que acercamos a la otra vida -la del perímetro adentro, la de la poesía, la verdadera realidad becqueriana. Unos rasgos del carácter del poeta.
Fue un hombre tímido, retraído, soñador. Azorín ha notado su "exasperada
sensibilidad",3 sin duda resultado de un temperamento demasiado enfermizo.
Tal temperamento le predispuso a huír de la realidad cotidiana y le hizo percibir la existencia de otro mundo de misterio y de poesía más allá de las realidades tangibles. La cualidad de "exasperada sensibilidad" le condujo a la
1

GUSTAVO ADOLFO BÉcQUER, Obras completas (Madrid, Lib. de Fernando Fe. 5a.
edición, 1904), III, 231.
2
Véase: BENJAMÍN JARNÉs, Doble agonía de Bécquer (Madrid, Espasa Calpe, 1936).
JosÉ PEDRO DIEZ, Gustavo Adolfo Bécquer, Vida y poesía (Madrid, Editorial Gredos).
3
AzoRÍN, Obras completas, "Bécquer" (Madrid, M. Aguilar, 1947), pág. 272.

202

fa'.ta de _adecuaci~n a la vida. cotidiana y al fracaso sentimental. Bécquer, tímido, sonador, huia de la realidad dolorosa. Nos pinta Jamés a Bécquer como
una fina alondra per?ida en un parque zoológico colmado de avestruces y
pavos reales; arpa olvidada en un estrepitoso concierto de trombones timbales
.
'
Y cometas. Nos pmta a Bécquer pálido, taciturno, ausente, mudo, mal alimentado, lamentablemente vestido, entre estos desmelenados folletinistas que escribían odas, entre unos pomposos dramaturgos que alternaban el escenario
de teatro con el político,4 un tímido soñador que huía del exhibicionismo romántico y de la sensiblería burguesa materialista.
: a vamos ~cercándonos a la otra vida becqueriana, la verdadera, la del
penmetro hacia adentro, la de la poesía: las Rimas.
Nos parece justo dedicamos al deslinde mismo de la poesía de Bécquer dig~mos, a
"Poética", si cabe decirlo así. Hemos indicado que lo peculia~ de
Becquer nene que ver con una "depuración" y una "Poética".
Nos deja el sevillano ideas específicas sobre varios problemas del artista.
¿ Qué es poesía? El poeta y la poesía, la emoción poética y la emoción viva
la imaginación del poeta, el problema de la expresión, la forma de la poesía'.
P~sa del simple "Poesía, eres tú'' de la rima a una definición de la forma
misma de su poesía. La "Poética" resulta el nexo del estudio de las Rimas.
Tal "Poética" no se halla completa en ningún ensayo, ni carta literaria. Se
halla, m~s bien, esparcida por muchas de las cartas literarias, por muchas
de, las Rimas, en 1~ '.',Introducción sinfónica", escrita por el poeta en 1858,
prol_ogo de una ed1c10n de su obra. Lo que sigue resulta una síntesis de
sus ideas sobre la poesía. 5

!ª

. Para Bécquer la poesía es la expresión de emoción. Existen potencias poéticas en tres mundos: a) el mundo de lo sensible (imágenes, luces, sonidos,
perfumes) ; b) el mu~d~ del misterio (origen de la vida, destino del hombre) ;
c) el mundo del sent1m1ento (desacuerdo del corazón y cabeza, esperanzas y
re;uerdos, anfor-I~). Es1:s potencias poéticas las debe sentir el poeta. Para
B:,cquer es el sentir el nucleo de toda poesía. Esencialmente, poesía es emoCion. ~Recuérdese la famosa definición romántica: "Poesía eres tú"). Bécquer
no est~ con~ento con una definición tan fácil. La depura más al escribir la
carta l:te~ana a una m~je~: "La poesía :res tú, he dicho, porque la poesía es
el sent~1mento, y el sent1m1ento es la mu1er". Tal definición quedaría también
muy difusa -todavía no está satisfecho el poeta; no cabe su definición en lo
peor del romanticismo. Bécquer no cree que la poesía es el súbito resultado
• ]ARNÉS, op, cit., pág. 105.
' Véase J. G UILLEN,
'
"La poet1ca
'·
de Bécquer", Revista Hispánica Moderna 1942
VIII~ 1-42. DÁMASO ALONSO y CARLOS BousoÑo, Seis calas en la expresi6n literari~
esp~nola (Madrid: Editorial Gredos, 1956), págs. 195-239. DÁMASO ALONSO, "Originalidad de Bécquer" en Poetas españoles contemporáneos (Madrid: Editorial Gredos
1958), págs. 11-52.
'

203

�de una corriente de alta tensión; no es puro sentimiento. El no se dejó arrastrar por tan sencilla investigación de los orígenes de la poesía. Para Bécquer
(e interesante es notar cómo al fin del siglo el crítico italiano Croce "depura" de la misma manera) hay una diferencia entre la emoción sentida y la
emoción poética. El poeta siente más vivamente las potencias poéticas; de la
experiencia frente a estos mundos nace la emoción en el poeta; guarda la emoción "viva" en la memoria: "por lo que a mí toca, puedo asegurarte que
cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro
misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras
y ardientes hijas de la sensación duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas_ tra?sparentes, que bullen con un zumbido extraño, y cruzan otra vez a mis OJOS
como en una visión luminosa y magnífica".6 Quitemos la ropa metafórica:
¿Qué dice? Nos parece lo dicho muy cerca de lo que opina Wordsworth, lo que
iba a depurar al fin del sigld el italiano Croce; hay una gran diferencia entre
"emoción viva" y "emoción poética": ésta es "emotion recol!ected in tranquility"; ésta no es "emotion in its immediacy". El sevillano ha planteado el mismo
problema: el poeta siente más hondamente que los otros; guarda lo sentido -la
emoción viva- en su mente, la imaginación. ¿ Cuándo escribe? "Cuando
siente, no escribe". Cuando Bécquer se dispone a escribir, el sentimiento ya
no subsiste en la mente con aquella intensa actualidad primaria; algo ha ocurrido dentro de la mente del artista: la emoción "viva" se ha convertido en
"poética"; las emociones vivas se han aumentado, han acumulado otras emociones hasta que es difícil distinguir entre lo no soñado y lo soñado: "Me
cuesta trabajo saber qué cosas he soñado y cuáles me han sucedido. Mis afectos se reparten entre fantasmas de la imaginación y personajes reales. Mi memoria clasifica, revueltos, nombres, y fechas de mujeres y días que han muerto
7
o han pasado, con los días, mujeres que no han existido sino eñ mi mente".
Las emociones sentidas, refinadas y combinadas con lo que añade la imaginación del poeta, van a exteriorizarse en su poesía.
Y he aquí una de las grandes preocupaciones becquerianas: una preocupación que es problema, problema que se manifiesta siempre en las Rimas,
preocupación problema que le duele constantemente. ¿ Cómo exteriorizar este
mundo de emoción poética? Bécquer cree, o, más bien, siente que el lenguaje
no es adecuado: "¿ Cómo la palabra, cómo un idioma grosero y mezquino,
insuficiente a veces para expresar las necesidades de la materia, podrá servir
de digno intérprete entre dos almas?" Como medio de expresar, de exteriori0

GUSTAVO AnoLFO BÉcQUER,

op. cit., pág. 560.

zar el contenido de la emoción poética, el lenguaje es mezquino. Hay un abismo entre la emoción y su imagen, entre el contenido y la forma: el lenguaje
como medio de expresión -puente entre emoción y forma- no es adecuado.
"Pero, ¡ ay!, que entre el mundo de la idea y de la forma existe un abismo que
sólo puede salvar la palabra; y la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar
sus esfuerzos". Cuántas veces en la busca de un medio de expresión adecuado
a Bécquer le atraen los medios de otras artes: los de la pintura y de la música: "¿ Cómo podrá llegar mi pluma, sin más medios que la palabra, tan pobre, tan insuficiente para dar idea de lo que es todo un efecto de líneas, de
claroscuro, de combinación de colores, de detalles que se ofrecen juntos a la
vista, de rumores y sonidos que se perciben a la vez, de grupos que se forman
y se deshacen, de movimiento que no cesa, de luz que hiere, de ruido que aturde, de vida, en fin, con sus múltiples manifestaciones, imposibles de sorprender
con sus infinitos accidentes?" Lucha con el problema de la expresión y en gran
parte resuelve la lucha huyendo a los medios de la pintura, y de la música, artes que tienen mucho qué ver con la poesía:
Yo quisiera escribirlo
con palabras que fueren a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Es decir, el lenguaje poético, el medio de expresión, no será exclusivamente
lógico, racional. Su lenguaje, adaptándose a los medios de la pintura y de la
música, adquiere valores inefables: de color y de música.
Como epílogo de esta "Poética" becqueriana pongamos su propia definición
de su poesía. Describe adecuadamente la poesía de las Rimas: es la suya "natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere
el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio, desembarazada
dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que
duermen en el océano sin fondo de la fantasía".
Ya se queda indicado que las Rimas de Bécquer ofrecen la verdadera vida
del poeta, si hay las dos vidas, la dicotomía becqueriana: la vida exterior que
dolía y la de la imaginación, del arte, la que iba expresándose en su obra. Para
nosotros las Rimas son Bécquer. 8 En ellas caben rasgos de todo: lo que vivió,
lo que soñó, lo que imaginó. Creemos que el crítico se equivoca cuando trata
de ver solamente la trayectoria de la vida emocional del poeta.9 Sería inútil,
una pérdida de tiempo, tratar de coordinar las dos vidas. La vida afectiva,
subjetiva que se exterioriza en las Rimas es la principal. Por eso, las Rimas
son de una sensibilidad peculiar.
• La ordenación es de la 5a. edición.
• ]ARNÉS, op. cit., pág. 135.

' !bid, pág. 563.

205
204

'

�Tratemos de delinear esta sensibilidad becqueriana. La ordenación tradicional ha establecido cierta sucesión de temas que se encadenan por las Rimas.
Los temas ofrecen las directrices que establecen la base de la ~sencia becqueriana:
19 El problema del arte: qué es poesía; qué es la inspiración; qué es genio
poético; el problema de expresión;
29 El tema amoroso: del conjunto de las Rimas es el tema del amor, el "leitmotiv" principal. Y aunque este amor becqueriano es muy inconcreto, vago,
nebuloso, se caracteriza por un fervor intenso. El momento del amor es breve; "es el amor que pasa"; el júbilo del enamorado dura poco tiempo. ¿ Quién
era ella? ¿ Cómo la conoció?
Vaguedades. Nada se sabe. "Ella" de las Rimas no es más que una emoción, pero una emoción intensa -un fervor, rasgo más característico de su
sensibilidad.
39 El dolor de los celos: al amor siguen el rompimiento, la desilusión, la
soledad.
4º La melancolía del vacío espiritual: las Rimas posteriores aluden a la
última fase del proceso sentimental: una melancolía, una monotonía que es
la vida sin amor.
59 El olvido y la muerte: si principia el poeta intentando definir la inspiración, la poesía, el genio, si pasa por los sentimientos del amor, del dolor, de
la melancolía, termina la trayectoria cantando la brevedad de la vida, la fugacidad de todo: "¡ Despertar es morir!" (LXIV). En la rima inicial se delinea el tema principal de toda la obra becqueriana:
Y o sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora.

Es un himno gigante y extraño --el fervor becqueriano- el mundo de emociones, de sueño~, de fantasía que va a exteriorizar el poeta. Es el contenido.
La obra será la expresión de este contenido:
Y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Se plantea al mismo tiempo el problema del artista, el de la expresión, de la
forma: ¿ Cómo expresar el contenido?
Y o quisiera escribirlo . ..
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

206

Se plantea el problema de la mezquindad del idioma. El lenguaje resulta casi
incapaz de expresar su himno gigante y extraño:
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas, ¡ oh hermosa!
si teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oírlo, cantártelo a solas.

Digamos que la esencia de la sensibilidad poética becqueriana es el fervor -el
himno gigante y extraño-. El poeta lucha para expresarlo; será algo íntimo,
delicado, leve pero intenso.
La dificultad de expresar el mundo interior es tanta como la de reducir la
inspiración a la razón ( III). Romántica -es su idea de la inspiración:
Locura que el espíritu
exalta y enardece;
embriaguez divina
del genio creador.·

Pero el problema, la dificultad, es reducir tal inspiración a la razón: Gigante
voz que el caos -Orden en el cerebro-. La razón presta orden a la imao-inación; ordena el caos dentro de la mente del artista antes de la exterio:ización:
Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel
Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata.

Nos encontramos en la IV con la trinidad becqueriana de potencias poéticas:
Son todo lo que el artista puede sentir: a) el mundo de lo sensible (ondas
de luz, perfume y armonías) ; b) el mundo del misterio:
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de las vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;

(el origen de la vida, el destino del hombre) ; c) el mundo del sentimiento:
lo afectivo:

207

�Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

Habrá poesía; son las potencias poéticas. Sigue el poeta contemplando "lo poético" en la V. Las potencias poéticas residen en todo lo que siente el poeta; son
ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
de que es vaso el poeta.

La poesía es la potencia poética expresada por el poeta. Como preludio a la
introducción del tema amoroso (el 2Q tema, directriz de la poesía) -el "leit
motiv" del conjunto-- Bécquer simboliza el amor con la imagen del beso,
beso que se ve en todo lo que le rodea: el aura besa las leves ondas, el sol besa
la nube, una llama besa otra, el sauce besa al río (IX) . El poeta no solamente siente las potencias poéticas en el mundo que le rodea, sino a la vez sus
propios símbolos. Se proyectan los símbolos sobre las potencias' poéticas. Después se introduce el tema del amor (X).
Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran. . . ¿ Qué sucede?
-¡ Es el amor que pasa!
¿ Qué es el amor en la poesía de Bécquer? Una emoción, un fervor que el
poeta exterioriza por medio de unas imágenes leves, sencillas: las miradas, los
labios, los besos, los suspiros, unos pechos que palpitan ... Nada se sabe definitivamente de lo que ocurrió en la vida "exterior" del poeta. ¿ Quién es
"ella"? ¿ Cuándo se enamoró él? Lo importante es la emoción misma. "El
amor becqueriano, quiero decir, naturalmente, el que aparece en la poesía
de Bécquer, no solamente ofrece la vaguedad objetiva que hemos copiado, sino
que en sus fragmentos descriptivos no se repite siquiera el tipo femenino" .10
La manera de exteriorizar este fervor es típicamente romántica: es el amor

'º G.

208

DÍAZ PLAJA,

La poesía lírica española (Madrid, Ed. Labor, 1948), pág. 335.

.. .un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, son intangible;
no puedo amarte. -¡Oh, ven; ven tú! (XI) .

El poeta se atrae por una fascinación indefinible, que se simboliza por los ojos
de la amada; pero ¿ adónde se atrae? No se sabe:
Y o me siento arrastrado por tus ojos,
Pero adónde me arrastrarán, no lo sé. (XIV)

El fervor becqueriano.
Examinemos brevemente (Rima XVIII) la actitud del poeta frente a la
realidad. Bien se entiende cómo la poetiza, depurándola, desmaterializándo!a
de todo lo anecdótico. El poeta no refleja la realidad exterior sino una realidad afectiva -~a real!dad como se siente por el mismo poeta. Hay en la
XVIII un~ mu!er fatigada del baile; una flor que levantaba el palpitante
seno; Y ¿como siente el poeta tal realidad? Siente la potencia poética: ¡ Ojalá
fuera él la flor que se halla sobre el seno!
Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento
¡Oh, si las flores duermen,
qué dulcísimo sueño!

s:

En todas las Ri"!as en qu: poetiza el amor (XI-XXVII) se siente el gran
fervor, fervor &lt;letras de las rruradas, de los ojos, de los besos: es un volcán:
¿Cómo uive esa rosa que has prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en la tierra
sobre el volcán la flor. (XXII)

Se siente un fervor que está al punto de romper la forma bien dominada:
Por una mirada, un mundo:
por una sonrisa, un cielo;
por un beso. . . ¡Yo no sé
qué te diera por un beso! (XXIII)

Brevemente el poeta rompe la contención (en este caso lograda por el uso

209
H14

�de la forma casi tradicional del adagio español) , la contención de la pauta;
grita frenéticamente "¡ Qué te diera por un beso!"
El fervor se siente más intensamente en la XXIV, cuyas metáforas son, sin
duda, símbolos eróticos. El intento, el simbolismo refleja el fervor becqueriano bien dominado:
Dos rojas lenguas de fuego
que, a un mismo tronco enlazadas,
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama;
dos
dos
dos
dos

notas que se abrazan;
olas que vienen juntas;
jirones de vapor que f arman una nube;
ideas, dos besos, dos ecos se confunden;

Ya bajo la aparente calma y tranquilidad de una de las rimas más tranquilas
del grupo de tema amoroso, se siente el gran fervor del poeta; en la XXV no
se halla la aspiración de las que preceden ni el rencor, los celos de las que
siguen; hay cierta calma:
Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño,
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano;
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto,
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto poseo:
la luz, el aire
y el pensamiento.

¿Posee lo deseado? Es dudoso. Bajo la aparente calma surge, hierve el fervor:
Por ver entre .sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos.

La tercera directriz, el tema que se exterioriza en varias de las Rimas principiando con la XXX, es el rompimiento, los celos, la desilusión. A nuestro
parecer muchas de éstas son bien inferiores. El poeta está cerca de la realidad
misma; siente demasiado fuertemente el rompimiento. No ha pasado bastante

210

tiempo para que se temple la emoción. Más bien que "poética" la emoción
es "viva". En muchas de las rimas desde la XXX el poeta nos dice prosaicamente lo sucedido. La emoción intensa parece haberse convertido en orgullo, y Bécquer nos lo dice en vez de comunicarlo poéticamente:
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Y o voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor
yo digo aún, ¿por qué callé aquel día?
y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?

El poeta está demasiado cerca del arrepentimiento. Lo siente demasiadamente. No puede poetizar, sentir. Piensa: "él" habla; "ella" dice; y cuando piensa Bécquer, mucho del encanto, mucho de la poesía se destruye. Se notará
tal tendencia en la XXXI. La actualidad del rompimiento, la intensidad de
los celos prohiben que él poetice la emoción. Al tratar de comunicar el desengaño, la desilusión, fa poesía sufre. "Nuestra pasión fue un trágico sainete".
¿Cómo se relacionan pasión y trágico sainete? A nuestro parecer, en conjunto,
la rima es muy inferior. Habla, piensa el poeta en vez de cantar, intuír.
Y sigue pensando en la XXXIII: ¿Por qué rompieron? En esta rima
llega muy cerca de la sensiblería burguesa de un Campoamor, es decir, hay
poca emoción y demasiada razón. La cabeza domina al corazón. El poeta
raciocina:
Es cuestión de palabras, y no obstante
ni tú ni yo jamás,
después de lo pasado, convendremos
en quién la culpa está.

La última estrofa resulta muy prosaica:
¡ Lástima que el amor un diccionario
no tenga dónde hallar
cuándo el orgullo es simplemente orgullo,
y cuándo es dignidad!
Para clarificar lo que queremos decir, examinemos la XXXVIII. Nos parece que en esta rima a Bécquer le ha vuelto la musa. He aquí todo lo bueno
~ecqueriano: lo frágil y fugitivo: lo espontáneo que da vida poética, vida emo~ a~ R~as:
.

211

�Los suspiros son aire, y van al aire,
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?

El orgullo (con el desengaño, la desilusión) se ha cambiado en algo muy simple, muy espontáneo. No hay nada de lo grotesco de la XXXI; no hay el
excesivo pensamiento, no hay el orgullo racional excesivo.
La XLI es buen ejemplo de cómo termina el poeta combinando los dos elementos, lo intelectual y lo afectivo (se plantea el problema en la III ); todavía parece que el poeta trata de explicar racionalmente el rompimiento; pero
la rima se halla a la vez dentro de lo emocional de su poesía. Dice, piensa:
"No pudo ser". Pero hay también las tres metáforas que poetiza la incompatibilidad de la pareja: tú: el huracán, el océano, hermosa; yo: alta torre, la
enhiesta roca, altivo. ¡ No pudo ser! El poeta ha vuelto a lo poético: Las Rimas si&lt;&gt;uen la trayectoria de la realidad subjetiva. Sentimos -por medio de
las imágenes-- lo sucedido. No sabemos los hechos ( la realidad objetiva) sino
sentimos la actitud subjetiva del poeta.
Al fin de esta trayectoria del rompimiento, de los celos, de la desilusión cuando el poeta se da cuenta de que "ella" le ha abandonado, siente; ya no piensa. Expresa lo sentido metafóricamente:
Cuando me lo contaron sentí el frío

de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba. (XLII)

Se desarrolla una intensa soledad; siente un abismo:

'

Mas, ¡ ay! de un corazón llegué al abismo,
y me incliné por verlo,
y mi alma y mis ojos se turbaron:
¡Tan hondo era y tan negro! (XLVII)

J

Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué,
aunque sentí, al hacerlo, que la vida
me arrancaba con él. (XLVIII)

Las Rimas posteriores aluden a una última fase del proceso sentimental
(LII: ¡ Tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas!). Esta última fase
se caracteriza por una dulce melancolía del vacío sentimental, por una monotonía de la vida sin amor. Quizá sea la LIII -la de las golondrinas-- la
mejor de las rimas de esta etapa. Bécquer ha regresado a la simpleza becque-

212

riana; ha vuelto a la expresión genuinamente personal de su emoción; el rompimiento, los celos se han suavizado, se han "poetizado". Ahora parece que
contempla la emoción viva tranquilamente: la emoción viva se convierte en
emoción poética. El dolor, la soledad, el grito de la LII se han combinado con
imágenes leves y se han hecho el "desengáñate". Comunica la melancolía por
medio de una construcción paralela: contrasta melancólicamente lo que era
con lo que es ( es la melancolía del "En los nidos de antaño no hay pájaro
hogaño"):
a)

b)
c)

Volverán las obscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán. .
a') pero: las que conocíamos no volverán.
Volverán las tu pidas madreselvas
b') pero: las que conocíamos no volverán.
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
c') pero: no habrá quien te ame como yo
.. .desengáñate,
¡ así no te querrán!

Las tres imágenes (golondrina colgando de los nidos; las madreselvas escalando las tapias; las palabras de amor sonando a los oídos) ; la pauta a, b, c;
el empleo de tres conjunciones (pero) ; el empleo de las tres aquellas; el empleo del futuro en contraste con el imperfecto, el desengáñate final -todos
estos elementos se combinan para evocar una profunda melancolía.
Le preocupan al poeta desde aquí en adelante una melancolía y una monotonía; LVI: todos los días, "todos ellos sin goce ni dolor"; LXI: ¿Quién lo~
cerrará? ¿ Quién murmurará? LXV; la soledad, el vacío, sin ser metaforizados:
Llegó la noche y no encontré un asilo;
¡ Y tuve sed! . .. Mis lágrimas bebí;
¡ Y tuve hambre! ¡ Los hinchados ojos
Cerré para morir!

Con la Rima LXVI llega a una conclusión del problema ya planteado en
la II (". . . cruzo el mundo, sin pensar de dónde vengo, ni adónde mis pasos me llevarán ..."). Es el Warum romántico. Las preguntas y tres metáforas
como respuesta vacía: el vacío, el aislamiento, la melancolía: A) ¿De dónde
vengo? a) el más horrible y áspero de los senderos; b) las huellas de unos
pies ensangrentados sobre la rbca dura; c) los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas. B) ¿ Adónde voy? a) el más sombrío y triste de

213

�los páramos; b) el valle de eternas nieves y eternas melancólicas brumas; c)
una piedra solitaria sin inscripción alguna.
Al fin de la trayectoria llega el poeta al olvido, a la muerte (el 5o. tema) .
Anhela y halla un reposo eterno en la nada. Las últimas rimas se caracterizan por la calma, la resignación:
Al brillar un relámpago nacemos,
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡ tan corto ts el vivir!
La gloria y el amor tras que corremos,
sombras de un sueño son que perseguimos:
¡ Despertar es morir! (LXIX)
Es un sueño la vida,
pero un sueño febril que dura un punto;
cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo ... (LXXVII)

Tal es el contenido de las Rimas. Nos restan unos comentarios más sobre
la forma misma, el estilo becqueriano. Bécquer define bastante bien (definición ya comentada) su propia lírica al oponer a "una poesía magnifica y sonora -hija de la meditación y del arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua", otra que es "natural, breve, seca, que brota del alma como
una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio-, es un acorde que se arranca de un arpa y se quedan las
cuerdas vibrando, con un zumbido armonioso". Es la poesía que Azorín declara "frágil, alada y fugitiva", cuya sencillez y levedad contrastan con el aparatoso efcctivismo de los románticos que viven y escriben desde el peómetro
hacia afuera. Y fue Luis Cernuda quien delineó la depuraci6n becqueriana
como una "liberación de la pompa, del ornato que como vano ramaje rodeaba con sus anchas hojas decorativas el cuerpo esbelto y ligero de la poesía".
Como rasgos característicos principales de esta poesía frágil, alada y fugitiva, esta poesía depurada: la contención (un sentido de la St&gt;ncillez popular
-popular asonancia, los populares octosílabos-; la musicalidad tembloro~a,
versos sencillos, espontáneos, rimas asonantes predominantes) ; lo plástico
(Bécquer, un artista quien dibujaba, pintaba al escribir -recuérdese el problema del medio de expresión) .
La expresión de lo íntimo (lo lírico ya delineado -el desencanto amoroso,
los celos, la soledad) se logra por la contención. Son breves, sencillos, concentrados los mejores versos. Y al sentido de contención se une el de lo popular; muchas de las rimas recuerdan al adagio popular español:
Los suspiros son aire, y van al aire,
las lágrimas son agua y van al mar.

214

Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
uabes tú adónde va?

Eabonla mayor parte de las Rimas se emplean la asonancia popular y los octosíl s populares.
· a h mr
, de
I El factor
d • musical es uno de los más notables· Hay una tend enc1a
a rot~n 1dad so~or_a hacia una tenue musicalidad temblorosa. A veces el
contenido se extenonza por medio de una forma casi perfecta. XV
c·ó
· · 1
d "
•
, cuya emo1 n pnnc1pa
·
Los
e
· es 1a e ansia perpetua de algo meJ·or", el fervor becquenano.
v rsos m1~mos captan un sentido de ansia, un gran sollozo. Se em lean
versos
de 10 silabas, con pie quebrado de 5 ,• alternac,·o·n q ue evoca unap an.
sia, en sollozo como eco: 10 10 5 5 10 5/ 10 10 10 10 5/ 10 10 5 5 10 5
La la. estrofa:
• ~
,.
,.
~ ~
·
0

Cendál /lotánte de léve brúma
rizáda cínta de blánca espúma, '
rumór sonóro
de árpa de 6ro
béso del áura, ónda de lúz:
eso eres tú.

Acentuación
4-4-2-2-4-2.' asonancia AA, BB, ce, Dd, con el eco final.
.
·
d
La téc1
nica es e emp eo frecuente: nótese la XVI; se alternan los versos de 10 4
captando los murmullos, rumores, lejanas voces por el leve eco mismo. y '
. A veces l_a_ músic~ no se expresa de esta manera mecánica sino
r una
1i:r1agen auditiva: m1resc la LXIII en la cual los recuerdos del poe:se asocian con el rumor de abejas irritadas:
Como enjambre de abejas irritadas,
de un oscuro rincón de la memoria
salm a perseguirme los recuerdos '
de las pasadas horas.

Tan importantes como los valores musicales son los plásticos. y lo pi' f
a. su vez se. caracteriza por Ios vagos y esf umados contornos las trémulas as
1· .1co

c1ones luminosas·. "las aJas d e tu ¡ del sueño" "niebla dorada"
-,
"C d I nsafl
tan te de leve b ruma" ' " tremu
, Io f ulgor de leve
' bruma" "ra . , d en
I a odif " L · á
,
,
yo e uz tenue
\s f~: .., as im genes mas comunes en la poesía de Bécquer son los "fuegl b os ' las azucenas tronchadas, los ojos, las ardientes chispas brilladora
uro re Y temerosa sombra.
'
~ a úl_tima mdetáfo~ nos trae a una de las más delicadas, más tenues más
quenanas e las nmas: la LXII -en la cual el conten"d
.
'
1
cia ín t'
t
1 •
o IDJSmo se aso1~.u:nen e con a 1magen principal: luz, alegría; sombras el pesar Hay
un movumento perfecto:
'
·

215

�A.
B.

"un albor trémulo y vago",
"raya de inquieta luz",
c. "en ardiente explosión de claridad",
D. "la brilladora luz",
E. "la temerosa sombra",
F. "obscura noche",
G. "¿ Cuándo amanecerá?"
Perfecto es el crescendo-diminuendo en el matiz de luz: AF; BE; CD como
clímax. El epílogo ( en el cual el poeta expresa su duda) se queda solo, más
triste frente a la luz de la imagen principal.
Que el comentario en esta rima nos lleva a una de la~ técnicas más becquerianas: las que hemos bautizado "metáfora-conclusión". Primero se ven en
la II : en la última estrofa se da la "conclusión" ( proposición a la vez) de
las cuatro imágenes que preceden:
A.
B.
C.
D.

"la saeta que voladora",
"la hoja que del árbol seca",
"Gigante ola que el viento ... ",
"luz que en cercos temblorosos";

las cuatro imágenes seguidas por la conclusión:

Eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo, sin pensar
de dónde vengo, ni adónde
mis pasos me llevarán.
La misma técnica se emplea en muchísimas -otro ejemplo se encuentra en
la VII· la imagen inicial del arpa del salón en el ángulo oscuro, y la idea
misma:' o sea el genio que "Así duerme en el fondo del alma". E~, un~ _t~enica poética de amplificar la intuición directa por una enumerac1on m1é1al
de analogías, de metáforas. Tal técnica ha sido criticada por muchos, pero
admirablemente defendida por Jamés: "Ha sido criticada como defecto. Tal
vez lo sea, pero nosotros sólo pedimos que las imágenes sean ~ellas. No es
Bécquer un talento discursivo, sino intuitivo. El _n~ podía explicamos nad~.
Sólo podía hacer esto: ver el mismo objeto por d1stmtas caras. Opera por subitas iluminaciones ... " 11
Claro está: "súbitas iluminaciones"; la técnica, el estilo (en cuanto a la
contención, la musicalidad, lo plástico} sirven para expresar lo más característico de la sensibilidad becqueriana: El fervor.
11

216

]ARNÉS,

op, cit., pág. 140.

REFLEXIONES SOBRE LA SEMANTICA LINGütSTICA
Y SU EVOLUCIÓN

DR. Ono DucnÁcEK
Praha, Checoslovaquia

I
LA SEMÁNTICA o SEMASIOLOGÍA es una de las disciplinas lingüísticas menos
exploradas. Los lingüistas se han interesado más en la forma que en el sentido de las palabras. Nada de extraño porque el estudio de la forma no presenta tantas trampas como la exploración del sentido. Este último es, en lamayoría de los casos, mucho menos estable que la forma y más complicado, puesto que comporta generalmente, además de la dominante, otros muchos componentes nacionales y, a veces, incluso otros : afectivos ( que expresan la emoción), expresivos (cuya afectividad se expresa incluso por medio de la forma
de la palabra), volitivos (que traducen la voluntad, el deseo, la intención, etc.,
del sujeto hablante) y funcionales (que juegan un papel más o menos importante según el empleo de la palabra en diferentes medios o en diversas situaciones). Su número, su importancia, sus relaciones mutuas, todo eso no es
generalmente constante. En una época dada se pueden verificar las diferencias dialectales, sociales (entre los miembros de diversas capas sociales o distintas profesiones), generativas (que se refieren a la edad de los sujetos hablantes) e incluso ocasionales (bajo la influencia de la situación en cuestión)
e individuales (según la cultura y la formación del hablante, según su carácter, religión, etc.).
Hay lingüistas que quisieran escamotear el sentido de la lingüística y que
creen que las palabras no tienen sentidos, sino únicamente usos (por ejemplo,
R. L. Wagner) . Olvidan que la lengua, al ser el medio principal de la comunicación, sirve para expresar nuestros pensamientos, nuestras opiniones, nuestras experiencias, nuestra voluntad, etc., en una palabra, todo lo que quere-

217

�mos hacer saber a nuestros interlocutores. El proceso del entendimiento se
hace posible por el hecho de que, entre todas las personas que hablan una
misma lengua, cierta percepción acústica, eventualmente visual (gráfica), evoca el mismo concepto, la misma idea, pero seguramente, no siempre una sola.
Ahora bien, la forma de la palabra no es más que el signo del concepto en
cuestión que, en la lengua, está representado por la acepción de la palabra.
El sentido y la forma son, por tanto, dos partes inseparables. que componen
la palabra.
La semántica examina las acepciones de las palabras y su evolución ( semántica diacrónica) o sus relaciones mutuas, su interdependencia o incluso su
interacción en un momento dado (semántica sincrónica).

II

I

'

Al estudiar la historia de la lingüística, se cae en la cuenta de que; a partir
del siglo V a. C., los filósofos griegos se esforzaron por resolver el problema
de si las palabras representan una expresión natural de las cosas y los seres
designados (Heráclito, Platón, Aristóteles, los epicúreos, los estoicos) o bien
únicamente signos convencionales (Demócrito, los escépticos).
No nos ocuparemos sobre las hipótesis, sobre el origen de la lengua y sobre la relación original entre la palabra y la cosa designada. Contentémonos
con comprobar que, en todas las lenguas indoeuropeas (y en otras), en su forma actual, lo mismo que en sus fases históricas, se encuentran palabras semánticamente transparentes (es decir, motivadas, por ejemplo, cancionero
"que hace o canta canciones"), también palabras semánticamente opacas (inmotivadas: padre, mesa). Dicho se está que la motivación primitiva puede
haberse olvidado y las palabras transparentes pueden llegar a convertirse en
opacas (bec d'ane) "bédane".
Al examinar la conexión entre los conceptos y las palabras que los designan, Demócrito ya señaló que un concepto puede expresarse mediante diferentes palabras y, por el contrario, que una palabra puede expresar muchos
conceptos. Ya Aristóteles distinguió entre palabras autónomas y palabras "instrumento".
Se hace necesario esperar diez siglos para poder contemplar progresos importantes en esta disciplina. Proclo (412-485), filósofo de la escuela neoplatónica de Alejandría, estudió diversos cambios del sentido, sobre todo la metáfora, el deslizamiento y la extensión del sentido.
Los gramáticos griegos y romanos examinaron después los cambios de sentido como recursos estilísticos y retóricos. Los gramáticos medievales acaba218

ron por distinguir catorce "tropos" : la metáfora la sinécdoque la m t . .
la ant
· l
,
.
'
,
e onuma
. , onom~s1a, a c~tac~es1s, la onomatopeya, la metalepsis, el epíteto, la ale~
go:1a, el emgma, la iroma, la perífrasis, el hipérbaton y la hipérbole. Todavía
mas tarde se_ encontraron otros. Apresurémonos a comprobar ue todos estos
tropos se refieren a los cambios del sentido.
q
d/ohn Locke hizo un ensayo más serio para clasificar los cambios de sentiS~n su obra An Essay &lt;:oncerning Human Understanding, publicado en 1660.
m em~ar~o, no f~e. smo hasta 1825 cuando acabó el período "precientífico"
e_n la ~emant1ca. Christian C. Reisig echó los primeros fundamentos de la semas10lo~1a en sus Vorlesungen über lateneische S prachwissenschaft t en dond
estudia, sobre todo, la sinécdoque, la metonimia y la metáfora '1a t
.•: _e
dad 1 · t
· · 'd d
,
rans1uv1. . y . a m rans~tiv~ a ' el _paso de la esfera espacial a la temporal las mod1f1cac1ones
. .
y
s 1 semanticas
. realizadas por el empleo de las preposmones.
us a ~mnos contmuaron su obra. El curso de semántica latina d F H
:~: pubhc~d~ después de su muerte por sus discípulos F. Eckste: ( Íer. a;;~
en, Le1pz1g, 1874) y H. Peter 2o. volumen Leipzig 1880) F H d
'b · ' U
'
• . eer egen
escn JO.. ntersuchungen zur lateinischen Semasiologie (Erlangen 1881)
Grundzuge der Bedeutungslehre (Berlín 1890) . H L hm
Üb' d
y
d t
d z ·
.. .
'
' · e ann,
er en Beeu ungswan
e
im
Franzosischen
(Gottingen
1883)
.
M"hl
f
Id
Ab
.
d
.. · h
'
, u ee ,
riss er
f ranzosisc en Rhetorik und Bedeutungslehre (Leipzig 1887). G F
Üb
den Bed t
d ll
.
,
' . ranz,
er
eu un~swan e atenemischer Worter im Franzosischen (Leip . 1890)
Las obras citadas -lo mismo que On the study of words por R.
Trend
~~ondon, 1856) y Incercare asupra semasiologiei limbei romane por L. Sainea(Bucarest, 1887)- pertenecen al primer período de la semánt'
. tíf'
ca en Ja
t d
b
1ca cien 11
.
que ~ a p~ ~ ra es estudiada separadamente y todos los cambios de
sentido
se
umcamente por las leyes de la l'og1ca.
.
E
,exphcan
d
ste peno ~ está coronado por las leyes de la lógica. Darmesteter (La vie
des mots, Pans, 1886) 2 distingue los cambios semánticos siguientes: la sinéc-

~f'.

Después de su m~erte, su alumno F. Haase las editó en 1839 en Berlín donde e
H_cerddegenB hd1zo reimprimir la parte referente a la semántica bajo el títul~ d:
asio ogze o er e eutungslehre
• Esta obra, precedida por la .de G. Mano Del/ f t
1883) · · ,
'
e or una del/e paro/e (Turino,
' ~~spiro a muchos otros lingüistas. Merecen citarse:
J. STOKLEIN, Bedeutungswandel der Wiirter 'München 1898
KR
·
'
'
·
. : NYROP, Ordenes L'w ( trad uc1do
por Vogt
al alemán:
D
L b
Le1pz1g, 1903).
as e en der W iirter,

!!:O, ~l1

E ...STERN, Das Leben der Wiirter, Prague, 1904.
~U~LER-FRLAUR~UTH, Aus der Welt der Wiirter, Halle, 1904.
· ARis, a vze des mots, Paris, 1909.
J. DvoRÁCEK, Ze zivota slov, Prague, 1920.
R. THOMASSON, Naissance et vicissitudes de 300 mots et locutions, Paris 1935.
A. DAu~AT, Voyage a travers des mots, Paris, 1947.
'
M. ScHONE, Vie et mort des mots, Paris, 1948.

219

�. f
1

I

cloque ( en la cual coloca la extensión, la restricción y la elipsis) , la_ metonimia,
la metáfora y los cambios complejos ( la irradiación, el encadenamiento).
Michel Bréal (Essai de sémantique, Paris, 1897) es el primero en buscar un
sistema en semántica. Intenta encontrar las leyes intelectuales del lenguaje: la
ley de la especialidad (el latín, lengua sintética, se_ t:~nsform~ en la_s !~?guas
romances, que son analíticas) y la ley de la repart1c10n (la dife:enc1ac1on semántica de los sinónimos). Se da cuenta de los cambios de sentido en la restricción, extensión, metáfora y "espesamiento". Trata de la polisemia, de la
elipsis, de la influencia del contexto, etc.
Una nueva fase de la semántica comienza hacia fines del siglo XIX. A. Rosenstein estudia la influencia de los fenómenos psíquicos sobre los cambios de
sentido en su obra Die psychologischen Bedingungen des Bedeutungswandels
der W orter ( 1884).
Su maestro W. Wundt, el principal representante de la concepción psicológica, publicó su obra maestra Volkerpsychologie en 1900 (Leipzig). Según él,
los cambios de sentido son parcialmente inconscientes y, consecuentemente,
generales, parcialmente intencionales ( tales son los cambios individuales)• ~os
cambios o-enerales pueden ser asimilativos ( pied d'une montagne), comphcativos ( sin6stesis, abstracción, etc.), afectivos o asociativos. Estos últimos están
causados por el contexto o por factores externos. Perteneciendo a los cambios
individuales la nominación en la base de las asociaciones individuales, el cambio de los nombres propios en nombres comunes y la metáfora. El progreso
de la concepción de Wundt consiste en el análisis de los fen~menos semá~ticos. Los semánticos del primer período únicamente se dedicaron a clas1ficarlos.
De acuerdo con Wundt, creemos también que la lengua y el pensamiento
son inseparables. El proceso para expresar nuestros pensamientos (la ~alabra),
resulta de nuestra forma de pensar, la cual, a su vez, depende en cierta medida del sistema de la lengua porque formula sus ideas con la ayuda de las
frases. Por tanto, la palabra, según nosotros, forma una unidad dialéctica con
la acción de pensar. Por consiguiente, las leyes psicológicas pueden influir
sobre la manera de hablar y sobre el sentido de las palabras.
Algunos semánticos, por ejemplo K. Nyrop y A. Camoy, combinan los puntos de vista lógico y semántico.
K. Nyrop ( Grammaire historique de la langue franfaise, IV: Sém_anti~ue,
Copenhague, 1913) nos presenta un conjunto de interesant~s estudios neamente documentados sobre los más diversos cambios de sentido y sobre sus
causas, sobre la influencia de la afectividad, etc. Sin embargo, no intenta clasificarlos sistemáticamente.
A. Camoy (La science du mot, Louvain, 1927) ha hecho un serio inte~to
por descubrir un sistema en semántica. Después de haber tratado de la lID220

portancia del símbolo, del substrato intelectual de las palabras, de los tres aspect~s ?el sentido de las palabras (perceptual, afectivo y conceptual), de las
aso~1~c1ones de la~ lenguas :speciales, de los argots y de las jergas, llega a
clas1f1car los cambios de sentido. Los divide en inconscientes y conscientes. Los
cambios inconscientes, que son graduales, pueden ser simples (el deslizamiento, la irradiación, la extensión y la restricción) o complejos: la antisemia
(_l~ antonimia ~ l~ diferenciación de los sinónimos), la homosemia (la atracc10n, 1~ h~monun;1a, la c_ontaminación, la etimología popular y los calcos)
y. la s1semia (la mfluencia del contexto, la elipsis, la braquisemia, la pérdida del valor semántico). Subdivide los cambios conscientes (que son súbitos) en evocativos (la metáfora), apreciativos (el eufemismo, el disfemismo, la degradación y el ennoblecimiento) y cuantitativos (la exao-eración Ja
a~enuación: _litote, ironía, juego de imágenes de palabras). Su sistema, ~or
bien pensado que esté, sin embargo, nos parece demasiado "atomizado" (no
hemos podido se~alar aquí todas las subdivisiones) . Lo que es más grave es
que el autor no tiene en cuenta los factores externos. A pesar de esto su libro
fue, en su tiempo, una contribución importante al conocimiento de 'los fenómenos semánticos.
E. Gamillscheg (Franzosische Bedeutungslehre, Tübingen, 1951) parte de
la concepción de Wundt al considerar los fenómenos lingüísticos, sobre todo
desde el punto de vista psicológico (la lengua es, según él, la expresión de
nuestros sentimientos y de nuestra manera de pensar). Sin embargo, aporta
algo nuevo. Examina la influencia de los factores externos y de las causas
puramente lingüísticas de los cambios de sentido. Combina el aspecto sincrónico con el diacrónico. Sin buscar un sistema, estudia, basándose en un material muy rico y original, las relaciones entre las cosas (los seres ... ) , los conceptos _de que se forman y las palabras que los designan; las relaciones entre
el sentido virtual de una palabra y su sentido actualizado que le da el sujeto
hablante en una situación determinada o que resulta del contexto; la influencia del sistema gramatical sobre el sentido de las palabras; la asociación de
ideas; la estructura de la acepción; las palabras: polisémicas, de valor pleno,
de valor debilitado, semánticamente vacías; diferentes tipos de cambios de
sentido; la influencia de los hechos históricos; las lenguas especiales; la interdependencia de palabras y de sus acepciones. Se puede comp¡obar que, estando al corriente de las teorías modernas ( de las cuales hablaremos más adelante) se sirve de ellas para modificar y completar la concepción psicológica
de la cual es el representante más destacado.
H. Kronasser (Handbuch der Semasiologie, Heidelberg, 1952) explica los
cambios de sentido también desde el punto de vista psicológico. Los examina
con mucha conciencia y seriedad al servirse de ejernnlos tomados de varias
221

'

�lenguas. Para apoyar sus hipótesis concernientes a la evolución semántica en
las fases de las más antiguas lenguas indoeuropeas, destaca ciertos hechos del
lenguaje infantil. De acuerdo con Gamillscheg cree que es imposible establecer en semántica un sistema satisfactorio. Pero prevé un sistema en que todo
cambio de sentido encuentre su lugar.
G. Stem (Meaning and changes of meaning, Goteborg, 1931) es el representante de la tercera concepción semiológica. Partiendo de la bipolaridad del
significante y del significado,3 considera los cambios de la lengua desde el punto de vista causal y funcional y distingue los cambios externos (las sustituciones objetiva, cognitiva y subjetiva) y lingüísticos: 19 los desplazamientos relativos a la forma, causados por la braquisemia, por la elipsis o por la analogía;
esta última puede ser combinativa (la composición, la derivación, la flexión),
correlativa (la sinonimia, los calcos semánticos) o fonética (la atracción, la
etimología popular) ; 29 los desplazamientos de la relación referencial: la composición, la derivación, el transporte intencional o no· intencional, sobre la
base de la similitud, de la función, del espacio: se trata aquí de la metáfora,
de la hipérbole, del litote y de la ironía; 39 los desplazamientos de la relación
subjetiva entre la palabra y los hablantes: la permutación (la metonimia y
la sinécdoque) y la adecuación (la metonimia combinada con el deslizamiento).

I

'

S. Ullmann (The principies of Semantics, Glasgow, 1951) nos presenta otra
clasificación semiológica. Según él, hay cambios de origen histórico y extralingüístico, debidos al conservatismo lingüístico, y cambios debidos a la innovación lingüística. Divide estos últimos en traspasos del nombre (causados por
la similitud o la contigüidad entre los sentidos) y traspasos del sentido (causados por la similitud o la contigüidad de los nombres). Forman un tercer
grupo de cambios compuestos, ocasionados por asociaciones complejas, por
ejemplo, por una doble elipsis: un beaujolais (un verre de vin de Beaujolais).
Ullmann pone en evidencia la bipolaridad de la palabra ( el significante -el
significado-) y la doble forma de la naturaleza psicoasociativa del proceso:
la similitud o la contigüidad de las imágenes mentales asociadas. La similitud
del sentido puede ser sustancial (similitud de forma, de función o de situación), sinestésica (douce voix) y afectiva (amitié chaleureuse). La similitud
de formas puede llevar a la atracción léxica o a la etimología popular. La contigüidad de sentidos puede ser espacial, temporal o causal. La contigüidad de
las palabras en un contexto puede manifestarse por una elipsis o por un contagio sintáctico.
• La distinción entre el significante y el significado aparece por vez primera en la
Glossology de G. GROTE ( 1871); fue precisada por F. DE SAUSSURE en su Cours de
Linguistique générale ( 1916).

La clasificación de Ullmann tiene la ventaja de ser simple y de poner en
evidencia el carácter psicoasociativo y funcional del proceso. Ullmann intenta desc~brir l~s leyes y las tendencias semánticas "pancrónicas" y llegar así a
descubrir el sistema en semántica. Busca también las relaciones entre esta
última Y ~as ~emás disciplinas lingüísticas (sobre todo la estilística) y aun
de otras c1enc1as (sobre todo la psicología). Al estudiar el acto de la comunicación examina el problema de los signos y de los símbolos lo mismo que
el de los reflejos condicionados, la conexión entre el concepto y el sentido
y la forma de la palabra.
En su Précis de sémantique franfaise (Berne, Francke, 1952) Ullmann aplica la concepción y los métodos formulados en su obra anterior. Partiendo de
los principios estructuralistas, distingue la lengua del habla, el sio-nificante
del
0
signif!cado, sub_raya la interdependencia de todos los elementos de la lengua
Y la IIDportancia de las diferentes funciones (funciones semánticas de los sonidos, de los sufijos, etc.) y valores (afectivo, etc.). Estudia la autonomía
de la palabra francesa desde puntos de vista fonético, morfológico semántico Y sintáctico. Examina las motivaciones de las palabras: fónica \1a onomat~p~ya, la . expresividad_) , morfológica ( la composición y la derivación),
semantica (diversos cambios de sentido). Son instructivas sus explicaciones
referentes a los campos asociativos y semánticos, el carácter abstracto del francés, la lexicalización de los cambios de sentido, la afectividad y la evolución
del léxico. Importante es la comprobación de las dominantes semánticas del
francés: las palabras francesas son esencialmente arbitrarias, abstractas, polisémicas, la autonomía semántica de las palabras francesas es débil por causa
de la polisemia, de la homonimia y del hecho de que la palabra francesa no
es ni una unidad fonética ni sintáctica.
. L~ ,sémantique de P. Guiraud (Paris, 1955) es un excelente libro de vulganzacion que, con la ayuda de comentarios a la vez exactos y muy claros y de
muchas tablas sinópticas, pennite incluso a los no especialistas comprender
los métodos modernos y los fines de las investigaciones semánticas contemporáneas, el lugar de la semántica entre las demás ciencias, etc. En ciertos detalles el autor aporta algunas novedades.

K. B_aldinger (Die Semasiologie. Versuch eines Oberblicks, Berlín, 1957)
aporta igualmente informaciones muy útiles y muy precisas sobre la evolución
Y el estad~ ~ctual de los estudios semánticos, de métodos nuevos y de los problemas mas rmportantes de la actualidad.
Para concluir este capítulo quisiéramos comprobar que, estimando en mucho las sólidas obras de Gamillscheg y de Kronasser, que demuestran vastos
conocimientos y grandes alcances, preferimos las obras de los autores que intentan descubrir el sistema en semántica. Juzgamos como la más moderna y
la más acertada la concepción de Ullmann aunque nos parece, lo mismo que

222
223

I

'

�las de Bréal y la de Stem, demasiado vasta. En cuanto a las obras ,de ~llmann,
no creemos indispensable el estudio de los fonemas (pues, por s1 _mismos, no
comportan ninguna acepción) y el del valor simbólico de los somd?s porque
los mismos sonidos no evocan siempre y entre todo el mundo los rmsmos sentimientos. En el libro de Bréal creemos que son superfluos los análisis de diversos problemas morfológicos, sintácticos y estilísticos. Inútil es tamb~~n en la
obra de Stem el examen de la formación de las palabras y de la flexion.

III
Hemos hecho un breve examen de obras cuyos autores se han esforzado
por presentamos una vista de conjunto de los cambios más diversos y de las
relaciones semánticas de las palabras. Estamos interesados, sobre todo, en la
semántica del francés y, en cierta medida, en la semántica lingüís~i:a general.
Hemos renunciado a mencionar las obras más o menos monograf1cas Y que
se refieren a problemas especiales, por ejemplo, los campos lingüísticos.4
Quisiéramos comprobar que, al estudiar la conexión de las palabras en toda
su extensión se cae en la cuenta de lo difícil que es encontrar lo que se podría llamar :'leyes semánticas". Se pueden descubrir cier~as tendenc}as que se
de·an sentir en el curso de la evolución de la lengua, ciertas dominantes semlnticas que se pueden verificar en una época dada, por ejem~lo'. en el francés actual, pero sería exagerado, creemos, hablar de leyes semant1cas. .
Sin embargo, estamos persuadidos de que se puede encontrar. un sistema
en semántica. Seguramente, este sistema será mucho más comple30 y m~cho
menos estable que los sistemas fonológico y morfológico. No hay que olvidar
que: 1Q en una lengua, no hay, por término medio, más que tres doce~as de
unidades fonológicas (fonemas), pero hay centenares de millares de u~1dades
semánticas (palabras); 2Q los fonemas son unid~des rela~ivamente. simples,
mientras que las palabras son unidades mucho mas comple3as, que tienen no
solamente una forma (menos estable que la de los fonemas), sino_ i~cluso una
0 varias acepciones, quizá muy inestables; 39 el número de opos1c10nes entre
los fonemas es muy limitado, pero la cantidad de relaciones entre las palabras es muy elevada.
• Para informarse sobre la historia y el estado actual de la teoría de l~s campos
¡¡ güísticos véase mi monografía Le champ conceptuel de la beauté en franfais moderne
(~eta Uni~ersitatis Brunensis 71, Praha, Státní peda~ogické nak!adatelství 1960, p.
5-25) 0 mi artículo Les champs linguistiques, Philolog1ca pragens1a III, 1?60, 2~-35
( traducido al español por Juan Antonio Ayala en Armas y Letras 4, Julio-Septiembre de 1961, p. 31-51).

224

Para encontrar diferentes conexiones entre las palabras, es muy instructivo
explorar diversos tipos de campos lingüísticos,5 lo que nos permite descubrir
la estructura actual de una parte del léxico que concierne, por ejemplo, a
cierta esfera intelectual, moral o estética (estudio sincrónico) o bien la estructura progresiva de una parte del léxico, si estudiamos cómo evoluciona
la expresión de ciertos conceptos o la nominación de ciertos hechos extralingüísticos (estudio diacrónico) .
Por el contrario, el estudio de un campo lingüístico no puede ofrecemos una
vista muy sistemática de todos los cambios de sentido, de sus relaciones mutuas, de sus interacciones, etc.
Según nosotros, es necesario distinguir claramente la semántica diacrónica
que estudia los cambios de las acepciones, sus diversos tipos, sus causas (lingüísticas, psíquicas, externas), sus condiciones necesarias, etc., de la semántica
sincrónica que examina las relaciones mutuas entre las palabras y sus acepciones, las relaciones que, sin embargo, en un momento dado (por ejemplo,
en nuestros días), no son absolutamente estables, pero que algunas veces lo son
en vista de un reagrupamiento y que, además, reflejan a menudo la evolución
semántica anterior, por ejemplo, una palabra puede tener muchas acepciones, algunas de las cuales son muy antiguas, otras más recientes y otras completamente recientes. En casos parecidos, que son muy numerosos, se pueden
confrontar, en el plano sincrónico, muchas fases anteriores sucesivas.
Desde el punto de vista sincrónico, es importante estudiar las relaciones entre una realidad (cosa ser... ) , su nominación (palabra simple o compuesta
o bien un grupo de dos o de varias palabras) y el concepto que nos hemos
formado de la realidad en cuestión.
El concepto resulta del total de nociones de que están hechos los individuos
o los objetos de una determinada especie. Las nociones, a su vez, proceden
de sensaciones. Por los sentidos se aprehenden los objetos exteriores. En nuestro cerebro las percepciones se transforman en sensaciones. Mediante estas últimas se forma la noción del objeto. En la base del conjunto de las nociones
que tienen los objetos de una especie determinada, se constituye el concepto
del objeto respectivo y es así que este concepto, y no solamente cierto objeto,
es el que se designa por medio de una palabra.
Es igualmente importante definir la palabra y precisar las relaciones entre
su forma (el significante) y su sentido (el significado). Proponemos la siguiente definición de palabra: "La palabra es la unidad más pequeña del plano
lexicológico, relativa a uno de los hechos de la realidad extralingüística y caracterizada por la unidad dialéctica del sentido y de la forma". En el len• Cfr. mi programa de una nueva concepción de los campos lingüísticos en las obras
citadas en la nota anterior o en la revista Vox romanica 18, 1960, 297-323.

225
Hl5

�guaje hablado, la forma de la palabra es una formación al mis~o tiempo articulatoria (desde el punto de vista del sujeto hablante) 1y acústica (desde el
punto de vista del oyente), formada por un grupo de sonidos .~ in~luso por
un solo sonido (fonema). En la grafía, se trata de una formac10n visual formada por un grupo de letras, excepcionalmente por una sola letra (gr~em~)
y separada de otras formaciones análogas. En la frase, se puede,. de ord1:1a_no,
intercalar una o varias unidades del mismo orden entre dos urudades lex1cas
vecinas.
Ampliemos aún nuestra definición del sentido de palabra: el sentido_ de la
palabra está constituído por la síntesis de todos sus elementos, es decir, del
dominante (ordinariamente nocional, raramente expresivo) y de los elementos complementarios nocionales, expresivos ( afectivos o volitivos), gramaticales ( tiene importancia que una palabra como bello, sea adjetivo o sustantivo)
y funcionales (hay palabras que no se pueden utilizar más q~e en cier:os contextos ciertas situaciones o ciertos medios) . El número, la unportancia y las
relaci~nes mutuas de estos elementos no son generalmente constantes. Se pueden verificar diferencias generativas, dialectales, sociales, individuales e incl~so ocasionales; por ejemplo, los elementos afectivos pueden resultar de una situación determinada o bien de la apreciación subjetiva de los hechos. Evidentemente, es posible que la apreciación de cierto hecho esté conforme, en ~n_a
época dada, con la mayor parte o con todos los individuos de una colectividad determinada (el proletariado, la nación, etc.). En este caso, el elemento
afectivo gana un valor social comunicativo.
El sentido puede estar matizado por la influencia de condiciones temporales
(empleo arcaico o neológico) , espaciales (matices dialectales) o sociales ( diferencias entre la lengua de las personas cultas, de la del pueblo, etc.) .
Es preciso, también, estudiar la elección de palabras según el contexto, la
situación y el medio en los cuales se utilizan, según la formación, las maneras
de ver, la edad, el carácter, el humor, etc. del sujeto hablante. Tampoco hay
que olvidar la influencia de las relaciones entre el sujeto hablante y su interlocutor.
Las unidades léxicas pueden estar repartidas o puestas en oposición según
diferentes criterios y según diversos aspectos:
l 9 conforme a sus relaciones mutuas: sinónimos-antónimos (acepciones idénticas-contrarias) , sinónimos-homónimos ( pluralidad de la forma-pluralidad del
sentido), homónimos-parónimos (identidad-similitud de la forma), palabras
coordinadas-palabras subordinadas, etc.;
29 según la extensión y el carácter de sus acepciones: palabras polisémicas,
bisérnicas, monosémicas; palabras de valor pleno, debilitadas (por ejemplo,
los verbos semiauxiliares) o casi nulo (las palabras-instrumento) ;

9

3 según sus caracteres especiales: palabras empleadas corrientemente Ii.
, .
'

teranas, poeticas, populares, vulgares, de argot; infantiles, especiales, dialectales; arcaicas, neológicas, de moda, etc.
Tod~ esto nos permitirá ilustrar las interdependencias múltiples y a veces
comple3as y, por lo menos comprender, las diferentes asociaciones.
Después de haber estudiado las relaciones entre las cosas (seres ... ) de una
p_arte y las sensaciones, las nociones y los conceptos, de otra parte, las relac_10nes entre estas últimas y las palabras, la conexión entre la forma y el sentido de la palabras, los lazos entre las diferentes categorías de palabras según
sus relaciones diversas, después de haber sopesado todo esto, se puede examinar cómo las palabras se influyen mutuamente y cuáles son los resultados:
l 9 los cambios de sentido o los de la forma o bien los de las dos partes de
la palabra, estando condicionado el cambio de sentido por el de la forma 0
viceversa;
9

2 la restricción del empleo de ciertas palabras; se convierten en puramente literarias, especiales, dialectales o arcaicas o bien no se utilizan más que en
locuciones ya hechas por completo; esto puede llevar a
39 la pérdida total de palabras;
9

4 ~a formación de palabras nuevas que pueden llegar a ser indispensables,
por e3emplo, como consecuencia de la pérdida de palabras que entran en co!isiones homonímicas o paronírnicas o bien de las que han sucumbido bajo la
mfluencia de la atracción semántica o morfemática, etc.6
Las reiaciones entre las palabras, sus interdependencias y su interacción
pertenecen a los problemas de la semántica sincrónica. Los casos en que estas relaciones causan un cambio pertenecen al mismo tiempo a la sincronía
Y a la diacronía; a ésta porque todo cambio forma parte de la evolución de
la lengua, a .aquélla en tanto que el sentido primitivo subsiste al lado del sentido nuevo. La sincronía no es estática, encierra, sobre todo, cambios en curso de realización. Ahora bien, muchas veces es bastante difícil determinar los
límites entre la semántica sincrónica y la semántica diacrónica.
Pertenece a la semántica diacrónica el estudio de los cambios de sentido
de sus causas, de sus condiciones y de sus consecuencias. Se pueden distino-uir los'
cambios de sentido cualitativos y cuantitativos, intencionales e inconscientes;
éstos se realizan, en general, lenta y progresivamente; aquéllos, súbitamente.
Hay ca~bios realizados en la lengua común y otros que no existen más que
en un dialecto o en una lengua especial.
' Cfr. O. DucHÁCEK, L'attraction lexicale, Philologica pragensia 7, 1964, 65-76.

226
227

/'

�'

La multiplicidad de cambios y la complejidad de problemas explican la
multitud de sistemas de los que se sirve para clasificar los cambios de sentido.
De acuerdo con Bréal, Camoy, Stem, Ullmann y otros, creemos que es
perfectamente posible formar un sistema semántico relativamente completo y
conveniente (lo que niegan Gamillscheg y Kronasser), pero para esto hay
que cumplir con ciertas condiciones: lo. hay que abordar la semántica como
una disciplina lingüística (Gamillscheg la llama ciencia auxiliar de la historia, sobre todo cultural, de la psicología y de la 'Volkskunde'), 2o. basar
su estudio sobre el análisis del material concreto y no sobre una teoría formada a priori, 3o. servirse de todos los métodos propios para explicar los
cambios de sentido lo mismo que las relaciones, a menudo complejas, entre
las palabras, 4o. no olvidar ninguno de los factores que influyen en la evolución de la significación (factores puramente lingüísticos, manera de pensar,
afectividad, condiciones históricas y sociales, etc.), 5o. precisar la conexión
de la semántica con otras disciplinas lingüísticas (fonología, morfología, sintaxis, estilística), pero no englobarlas en la semántica como hacen, parcialmente al menos, Bréal, Stem y Ullmann.
No es preciso mezclar las relaciones sincrónicas con hechos diacrónicos, pero
no hay que olvidar que a veces el conocimiento de la evolución es importante
para la comprensión del estado actual.
En cuanto a los cambios de sentido, creemos que lo más natural es clasificarlos de acuerdo con los hechos que los han provocado. En nuestra gramática francesa (Francouzská mluvnice, Praha, Státní pedagogické nakladatelství, 1957), los hemos repartido en tres grupos. En el primero, hemos puesto
los cambios ocasionados por los hechos lingüísticos (la influencia de la estructura del léxico), en el segundo, los que se explican por los fenómenos psíquicos (la influencia de nuestra manera de pensar, el de la conexión entre
las cosas y sus conceptos, la fuerza de nuestros sentimientos), en el tercero,
los que han sido causados por hechos externos (históricos, culturales, económicos, etc.) .
Para comprender la influencia de la estructura del léxico en una época
dada (por ejemplo, en la lengua actual), es preciso estudiar sobre todo la
polisemia, la homonimia y la paronimia,7 la antonimia y la sinonimia,8 las
asociaciones entre los nombres coordinados y los subordinados, la interacción
de la forma y del sentido de las palabras, la influencia de las categorías gramaticales, la del contexto; en una palabra, todas las relaciones semánticas
de las palabras y examinar cómo nacen todos estos fenómenos, de qué forma
' Hemos hablado de esto en L'homonymie et la polysémie, Vox romanica 21, 1,
1962, 49-56.
s Cfr. O. DucHÁCEK, Differents types de synonymes, Orbis XIII, 1964.

228

n_if!uyen en el reagrupamiento de las palabras (los camb. d 1
lex1ca) o causan d.
b.
ios e a estructura
sión homonímica ~veprsoas ~~ ioslde sus a~~pciones o de sus formas (la colironrrmca, a atracc10n lé ·
1
· 1 ,
1
~~e~o:=:::~ió;érd~~a~esdoblamiento de palabr::,ca~l ;ue~:m~eº~:lat:~~

ª¿

En lo que concierne a las odif. •
por los fenómenos
, .
m
1cac1ones y las transformaciones causadas
en
.
psiqwcos, es preciso examinar la interdependencia del
~ tam1ento y de la palabra. Son ocasionadas por la conexión de 1
e os conceptos en cuestión, así como por la manera de pensar. as cosas y
. 19. _muclhas esp~ci~s de de~plazamientos del sentido (comprendidas la irradiac1on, a metommia y la s1 , d
) 1
quet 'petit banc' f . l
nec oque a os que da lugar el contexto (ban- aire e repas sur le banqu t f . l b
'festín') la
t' ... d d
e - aire e anquet- banquet
(spatul: 'om:;~a~~ :pa::m)poerlalen(caladt. suc~urrere- fr. secourir) o espacial
,
enamiento causal ( p
) ¡
tesco ( nepos 'petit-fils'- neveu)' los lazos entre un ser
re;~e , ~ paren'ét~ndard' - 'cel~i qui porte la comette'), entre un obj:to~ :~e:~n-::::e~e
~bJetos de la misma especie (verge 'baquette' y 'poignée de baquetteJ) entr:
a parte y el todo (grosse-gorge- denominación de una clase de
1'
)
entre el prod t O
pa orno ,
d .,
uc por una parte Y el productor ( stradivariJ el Jugar de ro
ucc1on ( roque/ort), el material ( marbre 'estatua de má~ol')
1. p mento (fusain 'dibujo hecho con carbón')
o e mstruciales de desplazamientos de sentido son . 'efº~;::~ pa(rte- Casos más espe0
la ab t
·' ( ·
·
monter sur le troneJ
. s racc10~ re¡eter_ un libre- rejeter un offre), la concretización (be
-~
mu1e: q~e nene esta c~alidad)' la extensión (ferrer 'garnir dea:;:
r un metal . ferrer de cuwre) y la restricción (femme 'esposa').

~::!:~ª!~

29 los cambios de sentido que resultan. a) de la
.. , d
c
¡
¡
·
omISion e una palabra
~n a ~ua' la palabra en cuestión, expresa un solo conce to (la . . .
v1lle capitale- la capitale) o b) de la
., d
p
elipsis.
supres1on e una parte de la palabra
la cual puede ser. fácilmente sobreentendida (la b raqmsemia.
.
. . automov1l-auto)
, .
•
39 la transferencia de sentido (la metáfora) en la base de:

'

A) la semejanza material: a) de la forma (f eullie: de un árbol- de a el)
b) del color ( Cardinal: prelado- pájaro de plumaje rojo)' etc.;
p p '
d' B) la an~logía en_tre las percepciones transmitidas a nuestro cerebro
1versos sentidos ( voix douce, basse . .. ) ;
por
d

C) la analogía entre las cualidades puramente psíquicas y las
·r
que se pueen ven icar por nuestros sentidos ( accueil chaleureux, ardeur);
D) el hecho de que dos seres o dos cosas se parecen por una cualidad
229

�(Cic'éron- cicéron), por sus relaciones (frere en tanto que miembro de una
familia o el de una sociedad aparte: moine . .. ) , por sus funciones ( baudet
'ane' -'tréteau de scierur de bois', se les carga el uno y el otro), por su posición (pied de un hombre- de Üna montaña).
En lo que concierne a los cambios que se derivan de una emoción, sobre
todo del amor, del odio, del desprecio, de la cólera, se puede distinguir el
mejoramiento y la &lt;legración del sentido, la ironía, el sarcasmo, el disfemismo,
el eufemismo y el tabú, el debilitamiento y la hipérbole. Aquí es preciso mencionar las palabras de ternura (mou chou), las injurias ( chameau, andouille)
y las burlas ( caillou 'tete chauvé') .
Los cambios provocados por factores externos muestran la influencia de
la vida del pueblo sobre la evolución de la lengua. El léxico, la desaparición
de palabras, la formación de palabras nuevas, algunos cambios de sus acepciones, los préstamos, etc., reflejan los grandes sucesos históricos, el advenimiento de épocas nuevas (el cristianismo, el feudalismo, el capitalismo, el
comunismo), las guerras y las revoluciones, las relaciones entre pueblos vecinos, los cambios sobrevenidos en la forma de vivir y las instituciones económicas, políticas y sociales, el desarrollo de la agricultura, de los oficios, de la
industria, de la literatura, de las bellas artes, de las ciencias, etc. Estos cambios muchas veces están causados por el espíritu conservador de la lengua.
Estos son los casos de la sustitución que comporta a veces un mejoramiento
del sentido (que refleja, por ejemplo, el crecimiento de la importancia de
un empleo o dignatario: cancellarius- chancellier) o, por el contrario, un
empeoramiento que trae el odio ( soldatesque) o el desprecio de los miembros .de cierta clase social ( vilanus- vilain). El espíritu conservador de la lengua está incluso confirmado por el hecho de que, para designar a los objetos y a los productos nuevos, se sirve de los nombres de sus inventores, productores o propagadores, de nombres de ciudades en que se lo fabrica, etc.,10
las cuales palabras no son nuevas.
La influencia de factores externos se hace sentir también en el paso de
palabras de lenguas especiales a la lengua común y viceversa.• Este fenómeno
atestigua condiciones económicas y sociales, permite juzgar el número y la
importancia de los miembros de ciertos grupos sociales o bien la influencia
que ejercen sobre otros ciudadanos.11
La ideología propia de ciertas épocas ha dejado igualmente rasgos característicos en el desarrollo del léxico. Entre los cambios de sentido provocados

'º Cfr. mi artículo

por la influencia de factores externos se encuentra no sólo el
.
.
( f
me3oram1ento
. .,
-~n o c r. supra)' sino también la sustitución y la trans o~1c1~n, la ~xt~ns10~ y. ~a restricción, la abstracción y la concretización, el r:iaJamie~~o, a 1rrad1ac10n, la metonimia, el debilitamiento y diversos cambios
c_ompdeJods. Eln una palabra, se puede comprobar que ciertos cambios idént1cos es e e .punto
d e vis
· t a l'og1co
• pueden estar provocados por diferentes
.
causas Y en d1stmtas condiciones.
Como las p~l~bras son unidades complejas que, además, no están aisladas
:an~estrlol espmdtuf,. sino que fo~an parte de estructuras en las cuales cada
e e as se e me en cualqmer f
.,
de otras I b .
,
o~a por su re1ac1on a series virtuales
d
, dpaha bras, no s~ podra determinar el sistema en semántica más que
espues e a er estudiado a fondo:
y el empeorami t

. l 9 las relaciones entre la forma y el sentido de la palabra
t
1
tido y el c
t
, en re e senoncep o, entre 1a cosa nombrada la palabra y el
t
diferent
·
'
concep o entre
es acepciones de una sola palabra, entre diversas ;.midades Íéxicas
que expresan un solo concepto, entre diversas unidades lé .
'
nezcan a un 1
,
xicas que perte(identidad d so o rupo s'un c~~tigüidades: a) etimológica, b) morfológica
.
e pre lJOS o e suf11os, etc.)' c) semántica (sinonimia antoni: : · ·(~ad) t~ntextual ( sintáctica, sintagmática, fraseológica), e) de situa.
. ~a a ra puede evocar, por asociación, la idea de un hecho o d
una s1tuac10n
que' a su vez, pued e h acer surgir
. otras nociones y como cone
.
s:t:nc1a, tras palabras, por ejemplo la palabra malfaiteur pu;de recorda;
p . a ras ta_ es como gendarme, 7uge, tribunal, justice, détenu crime unition
prison, maison de correction, peine [capitale], etc.);
,
, p
,
29 los hechos
' ·
. que cond ic1onan
y 1os que causan los cambios de sentido
las consec~enc1as y las interdependencias de estos últimos.
'
Es preciso conocer las leyes que rigen la forma d
1
.
tema d I l
•
e pensar Y as leyes ms e a ~~gua a fm de comprender la estructura actual lo mismo u
la estructurac1on progresiva que continúa siempre por 1
. q e
parciales, pero no independientes.
os reagruparruentos
Así s~ concibe que el sistema en semántica es extremadamente complicado
y muy mestable Y, por consiguiente, muy d'f'
. embargo
1 1c1·1 de conocer. Sm
vale la pena tratar de establecerlo, por ardua que sea la ta rea.
'
Traducción de Juana Soriano de Ayala

Od pojmenování ke zmene vyznamu, Sbomik prací filosofické

fakulty brnénské university A3, 1955, 78-94.
11 Cfr. mi articulo referente a la generalización de los términos especiales en francés
K zovecnování odbornych slov ve francouzstine, Sborník prací filosofické fakulty brnenské university A 4, 1956, 66-76.

230

231

I

�EL SENTIDO DE LA REALIDAD EN UNAS NOVELAS ARGENTINAS
MYRON

I.

LICHTBLAU

Syracuse University
Syracuse, New York

•

Si EL SENTIDO DE LA REALIDAD es impreciso en su explicación filosófica, no
es menos fácil representarlo en el mundo literario, en particular en la novela.
Como la literatura se nutre fundamentalmente de la captación artística de
la vida, cada novelista busca una expresión individual de esta realidad.1 Pero la
realidad es muchas veces indefinida, enigmática, ambigua; y el afán de
representarla conduce al deseo de interpretarla según distintos criterios y puntos de referencia. Para manifestar la esencia de esta realidad, no caben reglas
fijas, pues su faz es demasiado variada y compleja. Para unos novelistas la
vida real es el antagonismo entre el hombre y su medio social, o entre el
hombre y la naturaleza; para otros es la lucha entre sus aspiraciones y lo
que es; para otros más es la red de conflictos interiores con su propia conciencia y emociones. En esta última categoría, con toda la gama de implicaciones psicológicas, tienen cabida muchos elementos que más distinguen
la novela hispanoamericana contemporánea, sobre todo la argentina. La indagación psíquica puede dar lugar a la novela existencialista y a la novela intelectual; abre las puertas al estudio del hombre no tanto en relación con su
ámbito social sino con lo más hondo de su ser. El hombre, pues, se estudia
en sus elementos más básicos y más universales en tomo a sí mismo. Mas
los recursos novelescos para revelar este fondo interior son tan diversos que
cada nueva generación de escritores pretende rechazar sistemas ya gastados
para adoptar otros conceptos narrativos más modernos e innovadores. En su
forma más tradicional se descubrió al hombre a través de una trama bien
definida y desarrollada, de una relación de sucesos cronológicamente exacta
' En cierta medida, hasta la llamada ficción de fantasía o de ciencia es una tentativa por comprender este mundo más allá de su aparente exterior, de conjeturar lo
que está fuera de nuestro conocimiento.

233

�y explícitamente motivada, y de una técnica narrativa bien disciplinada. Se
rompió este marco convencional cuando novelistas más atrevidos se pusieron
a dar otro enfoque a la realidad, otra dirección por sendas desconocidas o
desatendidas. De modo que para sondear la realidad más a fondo se ha desbaratado todo el aparato formal de la narración, incluso la cronología, la
presencia efectiva de los personajes, y el confín divisor entre los fenómenos
reales y los imaginados. De allí resultan ciertas desviaciones de los planos
rectilíneos normalmente expuestos en obras de ficción de tipo tradicional.
Es el objeto de este artículo examinar varias manifestaciones de esta visión
total de la realidad, reveladas en cuatro novelas argentinas contemporáneas
-dos del conocido escritor Manuel Gálvez y dos de Jorge Masciangioli, cuyo
valor literario ya se está despuntando. Por estas obras, las cuales no excluyen otras muchas, se puede apreciar una de las tendencias más marcadas de
la novela argentina de hoy -la de sesgar la realidad para hacerla resaltar
con más vigor.
Manuel Gálvez sorprendió gratamente a su público en 1954 cuando sacó
a luz Las dos vidas del pobre Napoleón,2 novelita que él apropiadamente
designó "un capricho literario". Por primera vez Gálvez abandona su base
firmemente realista para dar rienda suelta a su fecunda imaginación, aun
a su fantasía, creando una doble dimensión de la realidad y la irrealidad en
la mente trastornada del desgraciado protagonista. 3 En esta novela Gálvez
da un paso más al escudriñamiento psicológico que caracteriza muchas obras
suyas y cala lo recóndito y lo puramente conjeturado. La exploración de
la conciencia llega a ser la exploración de la subconciencia, en tanto que la
visión del mundo real queda supeditada a ese otro mundo imaginado que
anubla el entendimiento de Napoleón. La deformación de la realidad se deriva de una extraña transferencia de identidad, pues Napoleón Machuca
no sólo anhela imitar a un personaje de ficción, sino que acaba por confundir la personalidad novelesca con la suya. Poco satisfecho con su propia
• MANUEL GÁLVEZ,

Las dos vidas del pobre Napole6n (Buenos Aires: Editorial

Losada, 1954).
ª Una de las razones para explicar este cambio radical de tema en las obras de
GÁLVEZ era tal vez su sordera, que iba agravándose más y más en los últimos veinte
y cinco años de su vida. GÁLVEZ mismo sentía que este defecto le impedía mantenerse en contacto total con el pulso de la sociedad argentina. Por eso no pudo reflejar en sus novelas, con la gran fidelidad a que estaban acostumbrados sus lectores, la
realidad a su alrededor. Otra razón sería que GÁLVEZ buscaba un cambio de materia
para contrabalancear la pesada documentación social e histórica que caracteriza toda
la serie de la época de Rosas, que acababa de terminar en 1954 después de largos años
de trabajo. Las dos vidas del pobre N apole6n le ofreció justamente este alivio, sobre
todo por el tono muchas veces caprichoso y ligero que penetra la base filosófica de
la novela.

234

existencia
, se sumerge en la vida , . ,
'd
. monótona e insípida' Napo1eon
p1 a y disoluta de Alejandro Pacheco sacado d 1
, .
mas mtrede un · tal Pedro Roig L ¡· . ,
' .
e as pagmas de una novela
. a 1cc1on se convierte para N
1,
l
.
y paulatinamente pierde la facultad de di t'
. l apo eon en a realidad
·
l
s mgmr a una de la otra El
sonaJe nove esco representa una amb· . ,
.
perpuede ser, de vivir en una forma u1c10n no realizad~ de ser lo que no
bien conservador y seco Alejandr q e 1se opone a su mnato carácter, más
poleón, pero simboliza ~ucho má~ es e 1otro pla~o de la realidad para Naneras ya como su conc· .
y se e puede mterpretar de diversas ma'
Iencia, ya como su alter eao
• .
bajos. En efecto se funden las d
l'd :, , ya como sus mstmtos más
.d d
'
os persona I acles para formar una 1
tI a . Esta pesquisa ontológica se torna todavía má
.
so a enleón, bajo la influencia de Al . d
f
s ~ompleJa cuando NapoeJan ro, esta a unos nnles d
.
y luego se niega a admitir su culpabilidad atribuyéndo l e ?esos a su Jefe
ser -Alejandro- y después 1
.
'
.
se a pnmero a su otro
.
a propio novelista Roig
,
naJe ficticio.
, que creo este perso·Poco
• • a poco se nota la metamorfosis de la persona1·1dad de Napol , Al
prmc1p10 sus acciones y palabras son más º .
,.
, eon.
dias percibimos su desorden mental A ºr~t:sas que patetic~s y solo a meetapas de su enfermedad n t . . , me I a que presenciamos sucesivas
' ues ro mteres comprende cierta .
,
pasión. Pero el desequilibrio de Na l ,
s1mpatia y comcompleta disociación de aquella rea~i~=~n nun~al llega a ser absoluto; no hay
quívocamente. En verdad el mensaje de ¿~~ e ector reconoce y acepta inemedia entre la razón y la locura E l 'la.vez se a~oya en esta zona ínter.
· n as u timas págmas de la
conducido al sanatorio Napole,
.
nove1a, a 1 ser
'
on expresa sus pensamientos así:
"¿ A dónde me llevan, secuest rad ores, asesinos,
.
sicarios de la . . t. . ?
l
m7us zeta.
M e tratan como a
yo! ¿ Cómo puede un loco, perho estoy más cuerdo que ustedes. i Loco
ser oco un ombre que razona co l ' .
lento? Locos son los de la p l.. , l
.
n ogzca, con tao zeta, ocos son el Juez y el
t .
me creían autor ú . d
. . .,
secre ano, que
meo e una falstftcacion. y o les demostré
.,
el verdadero delincuente los hu 'l['
quien era
d
, y
,
mi e, y por eso ahora quieren ven
garse e mi. o estoy por encima de todos ellos or
. ,
o }e d;~cubierto el. orige~ de todos nuestros p;obl!:a;º~uU::a~i~;sot~
e escu ierto que existe Dzos. ¿ y tienen ustedes el l
,
.
dísimos trompetas? S' D'
.
va or de rezrse, granel mundo El h' . ~ dtosRex~te, y El es el autor de todo: El hizo
.'
, , izo ~ e ro ozg. El me hizo a mí y El hizo inclu .
a mz otro yo' a Ale¡andro Pacheco".4
szve

~

En el primer capítulo el empeño frenético de adquirir la novela de Roig
• Las dos vidas del pobre Napoleón, p. 142.

235

I

t'

�1 librería nos da algún indicio de presión emocional. Su vergonzosa des::rt:sía hacia los dependientes nos parece extremada: Aun~ue por el momento ignoramos si el incidente se debe tomar en seno y s1 t~les ~rran~ues
de hostilidad con poca provocación apuntan mal genio o co~fhctos mtenores
de más gravedad. Cuando se repite semejante comportamiento gro~ro en
otras ocasiones en la librería, es evidente que el problema de Napoleon penetra más hondamente que su desilusión al no poder co1:1p_rar la novela ~n
que va a verse retratado. Lo motiva un arraigado resentimiento ~e su baJa
estatura y su mediocn.dad física en general·' se vuelve hosco, renc1lloso,
· · para
E
contrapesar esta deficiencia y para ahuyentar la burla que se le ~mge. n
efecto se creó una segunda naturaleza de asperidad y adustez, disfrazando
su ve:dadera personalidad, mucho más agradable. El _caso es tal ~ez e~~gerado pero señala su inestabilidad y sirve como preludio a su rara identificación' con Alejandro. En su vida matrimonial ~us rasgos m~!humora~os se
expresan en un mutismo inexorable, que es smt~ma tamb1en de trran~ez
emocional, así como del deseo de esquivar una realidad poco grat~. Una vez
que Napoleón lee la novela en la que se cree u?o de los ~erson~Jes Y reac:
·
!la la realidad se transforma en fantas1a. Su ansia de verse rcpre
c1ona a e ,
· ·d d d
sentado en la obra responde a una necesidad ?e venc~r _l~ anommi a
e
su vida rutinaria y de ser reconocido, si bien solo en f1cc1on, a base de. sus
propias cualidades, cualesquiera que sean. El razonamiento, _aunque. torcido~
no alcanza lo absurdo. No se lo puede rechazar como un simple d1s~arate,
su pizca de verdad nos incomoda. La presencia imaginada de AleJandro
.
de
acaba por ased1ar
a Napoleón y dominarlo' a pesar de
, sus esfuerzos
bl
desechar la imagen. La enfermedad se empeora y Napol~on enta a conversaciones animadas con Alejandro y aun le solicita consejos. Atormentado Y
confuso, el pobre no sólo ajusta su vida casi exclusivamente en_ tom_o a ~u
relación con Alejandro, sino que duda de la realidad d~ su prop:a ex1st~nc1a
para hundirse en la del ente de ficción. Cuando Alep.1:dro mismo afirma
ue él también tiene vida propia, aparte de ser personaje novelesco, la de!encia de Napoleón se vuelve agonía. Alejandro dice ufanamente:
" · Por qué no ( tengo existencia)? Y eso que _llamas "realidad" ¿qué
e;? La prueba de mi existencia real es que Roi~, a poco ~e empezada
Vela quiso obligarme a seguir por determinado camino, que era
su no
,
,
h b' d d l
el de su plan. y no pudo, porque yo seguí el mw. _El_me a ta a o a
vida un determinado carácter, cualidades y sentimientos, pero Y~ no
' hacer lo que él quisiera sino ir por ~onde .de,,b'i: ir.
. L o mio
' t nunfó
podía
contra lo suyo. Roig nada pudo contra mi destino .
• !bid., p. 111.

236

Se manifiesta más su aberración cuando Napoleón le echa en cara al novelista Roig la creación de Alejandro, acusándole diabólicamente de mala fe
y de inmoralidad. Parece paradójico que Napoleón sea capaz de entrar en
largas discusiones filosóficas y en polémica medio sofística con Roig, pero
todo cuadra bien con la tesis implícita en esta novela -la negación de una
división clara y concreta entre la cordura y la locura. La investigación policial respecto al robo traslada la culpabilidad e identificación personal más
allá de los confines de las emociones y conflictos de Napoleón. Ahora la sociedad y las leyes intervienen en el asunto, como si de este modo la realidad
imperara sobre las ilusiones y sueños de un pobre hombre que se atreve a
torcerla. En verdad, el juguetear con la realidad constituye uno de los aciertos
más notables de Las dos vidas del pobre Napoleón; es más, es la fusión en
la mente de Napoleón entre la fantasía no del todo ilógica ni ridícula y una
realidad no tan precisa ni obvia.
·
Si en Las dos vidas del pobre Napoleón la enajenación mental del protagonista es una búsqueda vana de su identidad, en M e mataron entre todos 6
el desorden gira en tomo de una extraña facultad de adivinar los pensamientos ajenos. Impulsado por la buena acogida de Las dos vidas ... y por
su interés recién adquirido en temas metafísicos, Gálvez trata también la
realidad frente a la fantasía en M e mataron entre todos, pero varía el enfoque que da al tema. Esta obra, de mucho menos mérito artístico que la otra,
tiene como figura principal al profesor Segismundo Cuenca, cuyo don rarísimo de leer en las conciencias de otros, de penetrar sus más íntimos sentimientos, acarrea una serie de problemas que acaban por destruir su equilibrio
mental. De modo que vemos dos planos de la manifestación externa a resultas de esta aberración: uno es la realidad expuesta al mundo y el otro
es lo que Segismundo supone leer en la mente de otros. La intención de
Gálvez es patente: presentar otra dimensión de la realidad vista y conocida
para entrar en lo no expresado y miedosamente sentido. Los poderes intuitivos le insinúan a Cuenca la infidelidad de su esposa y la lascividad de su
• MANUEL GÁLVEZ, Me mataron entre todos (Buenos Aires: Emccé Editores, 1962 ) .
Esta es la última novela de Gálvez, que falleció en Buenos Aires el 14 de noviembre
de 1962, a la edad de ochenta años. Gálvez nota en el prólogo de Me mataron entre
todos, pp. 11-12, que el novelista Eduardo Barrios también concibió el mismo tema
para una novela suya. Parece que Gálvez le escribió al escritor chileno avisándole del
asunto de una novela que tenia ideada; y en contestación éste le informó de la coincidencia. Gálvez dice: " A fin de que yo no dudase, me señaló táles y cuáles líneas
de aquel libro suyo. Las leí con el interés que es de imaginar, y encontré que, en
efecto, en esas frases de Los hombres del hombre, estaba contenido, aunque de modo
no muy visible, el asunto de mi aún nonata novela". Los dos novelistas convinieron
en que cada uno escribiera la novela según su gusto. Aquí tenemos la novela de
Gálvez; Barrios murió hace poco sin escribir la suya.

237

�hermana, quienes temen que cada acto y pensamiento quede divulgado a
este entremetido. En parte esta dimensión imaginada de la experiencia humana que el profesor posee es más bien la prolongación de su propia personalidad y su reacción más genuina y abierta a los que se hallan en su medio
social. A través de lo que él imagina ver en los otros se ve a sí mismo y al
mismo tiempo capta la reacción que su carácter efectúa en otros. Dice Cuenca, y sus observaciones parecen abarcar uno de los temas de la novela:
"En la vida corriente no podemos saber con exactitud lo que piensan
de nosotros los demás, pues nadie deja ver su verdadero pensamiento.
Todos tratamos de mostrarnos amables. Vivimos en frases hechas. Toda
nuestra vida es una continua farsa, una comedia. Algo, naturalmente,
vislumbramos a veces de la verdad. Pero yo, ahora estoy viendo la verdad. Ahora nadie puede engañarme. Para mí ya no valen las amabilidades de memoria, las frases hechas, los convencionalismos". 7

Para Segismundo la realidad total es la unión de su observación y su conjetura, pero por ésta se encuentra gobernado desmesuradamente. Cuenca es
más consciente de su aberración que Napoleón, pero tampoco puede vencerla y a veces la utiliza en beneficio suyo. El se siente razonar perfectamente,
con la misma lógica que un hombre cuerdo, pero se le considera demente.
En su lucha con la enfermedad busca ayuda de un psiquiatra, pero tal vez
tarde porque termina por dudar, como Napoleón, de la realidad de sus acciones y por creer que toda su vida es un sueño. Desesperado, Cuenca dice
a un amigo : " ... cada uno es según lo ven los otros, de tal modo que si los
otros me ven de manera diferente yo no soy nada en concreto, no tengo
unidad, no existo. Antes yo creía saber lo que era yo mismo. Me sentía uno.
Vivía con mi unidad moral y la conciencia de mi ser. Ahora ya no me siento
uno. Me parece que todos me han disgregado, deshecho. Me parece que me
han matado".8 Como Napoleón Machuca fue víctima de su propia imaginación, Cuenca lo fue de la superposición exagerada de su personalidad sobre
los asuntos de otros.

•
J orge Masciangioli, joven escritor nacido en 1929,9 ha llevado su novelística
exclusivamente a un plano de orientación psicológica e introspectiva. En El
" Me mataron entre todos, p. 172.
• l bid., pp. 171-173.
• Masciangioli nació en Buenos Aires el 28 de agosto de 1929. Es hombre culto

238

pro/esor de inglés,10 el suicidio de un Joven llamado Gustavo sirve

afrontar la realidad desde varios puntos de enfoque El t ' . f'
para
· d ·
.
·
rag1co m provoca
~a sene e mterrogatonos psicológicos sobre la vida no sólo del
· "d
srno d
·
su1c1 a,
e :us parientes, sus amigos, y sobre todo de su profesor de inglés. Lo
que conuenza con una natural simpatía por la muerte de uno de sus alum~os acaba p~r tr~sformar al profesor en una persona atormentada y desequilibrada. Su mtere: por averiguar los móviles que condujeron a Gustavo a
a~orcarse :s, excesivo y extraño, máxime porque ni siquiera le tenía afecto
~~ent~~s viv1a. Otra vez, semejante al caso de Napoleón, tenemos la identif_icacion anormal de una persona con otra, como se ve cuando el profesor
afirma que "Para mí algo había comenzado. Yo sentí concretamente a Gustavo en mí. Era como si de pronto hubiera abierto una puerta enfrentándome con una persona en la habitación que creía despoblada" 11 L
1
·d d d
.
e urge
. a necesi ~ e sostener la imagen de Gustavo dentro de sí, de concederle la
~por~:ncia q~e no otorgó a la presencia viva del joven. En parte esta identificacion proviene del hecho de que el profesor se siente responsable de la
:nuerte de Gustavo por haberle dirigido fuertes reconvenciones cuando el
Joven se ~os:~aba torpe o poco interesado en sus estudios. y a pesar de que
~sta exphcaci?n es pura suposición, el profesor la acepta casi como la realidad Y se ~eJa _llevar por las implicaciones morales y sociales. y para aplacar la c~nciencia .de su culpa, él se pone a reconstruir la personalidad de
Gustavo u:idependiente de quienes lo conocían; es decir, sacar la verdad de
lo presuntiv~mente auténtico y aparentemente significativo de los antecedente: ~~l desdichado muchacho. Las visitas que el profesor hace al sitio del
sm~1di,o ~ a la casa de los padres de la víctima no pueden aclarar en nada
la mcognita que _rodea la ~ragedia. Nada se saca en limpio precisamente porq~e ca~a uno mira la realidad con criterio personal y conforme a sus propias
exigencias.
d
d
. · · d El profesor apoya una tesis parecida a la de Seer·
0 ismun o cuan 0
dmgien
o
sus
palabras
al
joven
muerto
afirma•
"Me
cuesta
h
.
, .
,
.
creer que aya'
una realidad autentica en tomo a tu muerte. Advierto que distintas
d d
t d
'lid
, .
ver a es,
o as va as por si mismas, son irreducibles a una sola verdad" 12 As'
N 1, M h
.
1 como
f apo eon ac uca en su delirio sostuvo diálogos con su alter eao
1::, ,
el proesor por su parte se pone en contacto verbal con el suicida para averiguar
que ha estudiado idiomas, pintur~ y música, además de dedicarse a la literatura. Era
u~o de los fundadores de la revista Existencia y es frecuente contribuidor a La N
c16n, El Hogar, y Ficci6n.
a10 !ORO~ MAsCIANGIOLI, El profesor de inglés
(Buenos Aires: Compañía General
Fabril Editora, 1960) . Esta novela ganó el premio en 1960 q
f .,
editora.
ue o recio esta casa

u lbid., p. 22.
,. lbid., p. 122.

239

i
i

�tod~
cuanto se relacione con Su decisión fatal de matarse. Claro
fl · está
d que propio
estas comunicaciones de Ultratumba no son más que un re eJo e su
ser, un espejismo.
,
a acio-uar su espíritu hasta comEl mal del profesor está en que no puede p t&gt;
edio de la vindileto hasta desahogarse por m
prender a Gustavo por comp , . , til .nasequible pues la realidad se le
•, d I
h ho Pero es tarea mu , 1
,
cac10n e mue ac . L dos personas G ust avo y el profesor, se mezc1an;
escapa a cada paso. ads t , d él hasta que éste resuelva el porqué del
Gustavo, muerto, no se esa ara e
acto de suicidio. Exclama el profesor:
. .d. d Gustavo ha trastornado mi
"Es increíble hasta qué punto el suici w eM' nducta no se ha altevida. Nadie lo ha advertido, por suputt:uer:/~e Gustavo no soy, no
rada. Pero desde el día en que sie:r; de todo cuanto hago hay una
puedo volver a ser el 1e .antes.
l fondo de cada uno de
.
.
l
distinto se mueve en e
nueva vivencia, a go
_
l .
e no soy yo pero que
.
ompanara a auien qu
,
mis actos. Es como si me ac
. :s
mo el habitual múltiples
Un yo que no tiene, co
'
sin embargo soy yo. .
.
'lo una y excluyente: pensar en
ocupaciones en qué dispersarse, sino so
esa muerte".13

f
de sí arita. "Gustavo, yo soy tu' ".14 En
Se enloquece y una vez, uera
'f t&gt; t, a. una asimilación cabal, o más
el desorden emocional del prof~sor se e ecl'du d n la de Gustavo. La doble
• , d u propia persona i a e
bien, la proyecc10n e s
b
d
n conflicto interior dentro de
.
d
esta novela rota e u
.
realidad presenta a en
d
"d
la realidad no descubierta
El elemento esconoci o o
.
f
la mente del pro esor.
1 1 t como el tremendo torbellmo
res ecto a Gustavo no interesa tanto a ec or
p .
. a suscita en el profesor.
emocional que este emgm
.
. r is 1 tiem )O pasado y el presente forEn El último piso de Masc1ang10 i e
elntran en conflicto constante
d 1
!'dad que se encu
man los dos planos e a rea_i
A , 1
blema no es la realidad obseren la conciencia del protagoms~a. _qmd e ~ro l pasar del tiempo con relardad dimaama
a smo e
d I
vada en contra e a rea i
t&gt;h ·1'd peón de albañil ya entrado en
,
t al Ama eo umi e
ción a la epoca ac u .
, .
n quilibrio los dos tiempos, pues
1 f 1 ro que mantiene e e
,
h
años, representa e u e
I
d ha cambiado mientras el se a
'mo todo e mun o
observa penosamente co
. .
haza la actualidad por no
b
la miseria Aunque rec
1
estancado en a po reza y
.
al pasado fanáticamente por.
1 tampoco se aaarra
0
poder arrostrarla m to1erar a,
d
· ta ambigüedad de
que éste nunca le ha sido grato. Mira el pasa o con cier
,s Ibid., pp. 73-74.

p. 188.
",. JIbid.,
OROE MAsCIANO!OLI,

240

.

El último piso

(Buenos Aires: Editorial Losada, 1960).

emoc10n, el presente con ira y resentimiento, el futuro con temor y timidez.
Su sensación de la realidad proviene de una concatenación de la época pasada que recuerda viva pero tristemente y la época presente que considera
impasible y frívola. Se ha vuelto indiferente no sólo a los sucesos cotidianos
a su alrededor, sino también a los acontecimientos de gran significación social- guerras, política, educación, huelgas, inundaciones. Nada le interesa;
nada le conmueve. Se da cuenta de su apatía y se pregunta si se han alterado
las cosas a que antes reaccionaba con tanta emoción, o si él mismo ha sufrido un cambio irrecuperable.
La trama de El último piso versa sobre las dificultades domésticas que importunan la familia de Amadeo cuando por razones económicas se ve obligada a vivir juntamente en el mismo apartamento con su amigo Juan y la
familia de él. Como último recurso Amadeo tomó esta medida, que le parecía tan incómoda como desconcertante para las dos familias. Es natural que
surjan conflictos insuperables y por fin no le queda más remedio a Amadeo
que salir de la casa de su anfitrión. Su trabajo actual de peón implica cierta
ironía: resulta que va a ayudar en el derrumbamiento de su propia casa, la
cual él abandonó por falta de fondos hace dos años para aceptar la generosidad de Juan. La angustia emocional que experimenta al ver la demolición es inaguantable. En la destrucción de la casa, en parte hecha con sus
propias manos, ve el aniquilamiento de una porción de su ser, pues alrededor de ella forjó su vida entera por tantos años. Comienza a revivir el
trajín rutinario con su esposa e hijos, reconociendo que ya se ha terminado
una etapa de su vida que no será captada de nuevo. El espera que esta realidad pretérita se conserve en alguna forma en su memoria. La ironía continúa más cuando unos meses más tarde Amadeo también consigue tra~ajo
como albañil en la nueva casa de apartamentos que se está construyendo
sobre los escombros de la vieja. Si para nuevas generaciones la nueva casa
encierra esperanzas de una vida mejor, para Amadeo representa algo anhelado pero fuera del alcance, ya que sus recursos económicos no le permiten
el lujo de adquirir ni siquiera un apartamento modesto en el edificio. El se
cree un fracasado, un inútil. Masciangioli exclama:
Ahora sólo siente en su pecho un infinito vacío. l Ha necesitado vzvir
esa grotesca pantomima para saber lo que ya sabía desde antes, desde
siempre? Ha trabajado en vano. Ha colaborado en la construcción de
todas aquellas casas, y ninguna es suya. Las ha hecho para los otros,
los que pueden pagarlas, los que no conocen el lento, trabajoso proceso de levantarlas milímetro a milímetro. " Es injusto", se dice. Lo

241
H16

�es haber construido veinte, ochenta casas, y no ser dueño siquiera de
una miserable habitación.16

Mas su deseo de desconocer esta pobreza, de ir más allá de la realidad de
su existencia, le impulsa a cometer una tontería, si no una temeridad casi
ridícula. Se le antoja ocupar ilegalmente uno de los nuevos apartamentos a
medio terminar, sin firmar ningún contrato, y en efecto, usurpando un domicilio ajeno, ya que está vendido. Aturdido y frustrado, Amadeo no puede
más y pierde la razón. Instalado absurdamente en su nuevo hogar, abre el
gas del calefón y las cinco hornallas con la intención de suicidarse y matar
a toda su familia. La irrealidad del apartamento queda diametralmente opuesta a la dura realidad de la cual quiere huír. Le salva la policía que acude
para desalojarle; y al hacerlo parece que le despierta de su estupor para
infundirle alguna esperanza de recuperación mental.

•
Para concluir: Es casi interminable la variedad de formas para revelar la
totalidad de la experiencia humana. El único límite es la capacidad creadora
del escritor, quien ensaya diversos modos de expresar su concepción del mundo
que lo rodea. Con Las dos vidas del pobre Napoleón y Me mataron entre
todos tenemos el ejemplo de un novelista que, después de cuarenta años de
trazar la línea recta de la realidad exactamente copiada, siente la atracción
de desviar el camino y comentarla oblicuamente. El profesor de inglés y El
último piso son dos novelas de la nueva promoción argentina que también
toman un rumbo tortuoso para sacar los rasgos esenciales de los protagonistas
y observarlos en su contacto con la realidad de su ambiente. La carrera literaria de Manuel Gálvez ya se terminó y estas dos novelas tratadas aquí,
aunque no representativas del autor en cuanto al tema, quedan como prueba
de su preocupación metafísica por la formación mental del hombre; la carrera de Masciangioli apenas empezó, pero en estas dos obras se advierte
un gran interés psicológico con enfoques poco comunes de la realidad.

Pasajes del "Quijote" mal interpretados

EL FINAL DE LA PRIMERA PARTE Y LOS EPITAFIOS DEL MISMO
GREGORIO B. PALACÍN
Universidad de Miami, U.S.A.

AL TERMINAR LA LECTURA del Quijote en 1605, el lector sabe, o puede suponer,
~u~ ?ervan_te_s se proponía _continuarlo en el de 1615 o segunda parte. Son
md1c1os suÍlc1en~es para suponerlo cuando menos cuatro pasajes del capítulo 52 de la pnmera parte y el verso con que se cierra ésta. Los pasajes son
los siguientes:
a) "Finalmente, ellas (el Ama y la Sobrina) quedaron confusas, y temerosas, de que se auia de ver sin su amo, y tio, en el mesmo punto que tuuiesse
alguna mejoría: y si fue, como ellas se lo imaginaron''.1 Indudablemente se
alude aquí a la tercera salida de Don Quijote; se anticipa.
b) " ... sólo la fama -se lee más adelante-- ha guardado, en las memorias de la Mancha, que Don Quijote la tercera vez que salió de su casa fue
a , Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas que en aquella ciudad
hicieron, y allí le pasaron cosas dignas de su valor y buen entendimiento ... ";
donde se habla aún más claro de la nueva salida del Ingenioso Hidalgo.
' Texto de la edición príncipe, de Juan de la Cuesta. La expresión "si fue como
ellas se lo imaginaron", podría tomarse como que el Ama y la Sobrina se ima¡inaron
que su señor y tío habría de volver a sus caballerías; pero debe entenderse como afirmación del autor de que• sucedió como ellas temían, lo cual está perfectamente claro
con la coma después del verbo fue, como aparece en la edición príncipe y con acento
en la i, que no tiene en esa edición. Francisco Rodríguez Marín, y con
muchos otros
comentadores del Quijote, pusieron: "y así fue como ellas se lo imaginaron". Enmen~aron arbitrariamente, dándonos otro caso más de modificaciones introducidas en el
bbr~ de Ceruantes con el pretexto de aclarar lo que está bien claro, para cambiar el
sentido o para dejarlo confuso en fin de cuentas.

é;

" Ibid., p. 93.

242

243

�c) " ... y se animará (el autor) -se dice luego- a sa~ar y ~~scar otras
(historias) ,2 si no tan verdaderas, a lo menos, de tanta ~nvenc1on y pasatiempo". y ¿ a qué otras hazañas podría referirse el autor s1 no a las de Don
Quijote en una nueva salida?
d) "Tiénese noticia -léese en el párrafo final de la primera parte, después
· · y sonetos-- que 1O ha hecho (que un académico, ha declarado
de los epitafios
por conjeturas el contenido de los versos que no pudieron ser_ le1d~s en ~-1 p~amino)' a costa de muchas vigilias y mucho trabajo, que t_1:ne,,mtenc1_on, e
;acallos a luz, con esperanza de la tercera salida de Don Q~1Jote . PasaJe este
en el que se alude clar~mente al relato d\ un! nueva salida del Caballero,
la que es objeto de la segunda parte de la o ra.
,
·
·'
·
d'
·
de
que
el
autor
habna
Suficiente expresivo es tamb1en, com?. m ic10
.
"
. devolver sobre las hazañas de su Don QwJote, el verso f~al: Forse altn can,
. 1·10r plettro" (quizá otro cantará con meJor. pluma)., }?¿Por
tera, con m1g
N que
otro cantará la tercera salida del Ingenioso Hidalgo meJor ~ue e . ¿ ~ sab' de sobra que él mismo habría de cantarla, y muy consc1e~te por cierto
las
d eial va1or d e su obra;&gt;• Abundan en el Quijote alusiones
, psemeJantes,
· , enhay
q ue el escritor maneja magistralmente la más fina iroma. orque iroma . '
. 1 verso d e1 canto XXX, estrofa 16' del Orlando
sin duda en aque
J'b Furioso,
tal como' lo puso Cervantes al fin de la primera parte de su gran i ro...
Sin embargo, interpretando mal ese final de la primera part~ d_el_ Qui1ote,
se h a pensad o que C ervantes al tenninar ésta no da .al lector "md1c10 alguno
1 re
de que vaya a continuarla en la segunda. Sólo dos eJemp1os: ... con _e 1de Don Quijote a su lug~r -escribió Romera Navarro--, termina a
greso
. m
. d.1c10
. a1guno que
esperar
novela ( la primera parte, por supuesto ) ' sm
. . haga
,
.
4
a los lectores una con t1.nuaci'o'n" · y los comentadores de la ed1c1on
. M. AgmC' d
lar del libro de Cervantes, llegando a la frase en que el ~utor dice que Q1 _e
Hamete no pudo alcanzar cosa alguna del "fin y acabamiento" de Don mjote, han escrito: "Esto de su fin y acabamiento parece dar a entender que
,
MARIN
' anot6.· "Este otras parece referirse a caballerías, que áestá
• RODRIGUEZ
¡ ·poco
t
no como sospechaba Clemencín, a historias, que queda mucho m s eJOS Y
an e~, y 1 ,; ( IV 327) Para mí sin embargo, es obvio que se refiere a hazañas. En
en smgu ar
,
·
'
'
h
de
· de plomo "se habían hallado unos pergaminos ... que,, conteman mue as
1a caJa
" El autor "se animará a sacar y buscar otras, ..
h sus azanas • , •
, 1 52 d la primera parte le
• s ho hablando con su mujer, en el mismo cap1tu
o
e
,
.
ce
"ancy
p'
or
agora
estad
contenta;
que
siendo
Dios
servido
de que otrad vez sal!amlos
di
· ·· · · buscar aventuras, vos me veréis presto cond e, o gobernador e una. msu a,
e\:1iee 1:s de por ahí, sino la mejor que puede hallarse"' lo cual parece presagiar tamy
Q ..
bién la tercera salida de Don 111Jote.
H h C
• M. ROMERA-NAVARRO, Historia de la Literatura Española, D. C. eat Y ompañía, Boston, 1928, p. 259.

244

al llegar aquí Cervantes no pensaba escribir la Segunda Parte del Quijote,
circunstancia que confirma el que incluyera al final de la primera parte los
epitafios de Don Quijote, Dulcinea, Rocinante y Sancho, que en caso contrario hubieran estado mejor en la segunda". 5
Tampoco se ha entendido la función de los epitafios y sonetos con que termina el Quijote de 1605. Rodríguez Marín, aceptando lo que nueve décadas
antes había dicho Clemencín, escribió: "Con razón repara Clemencín que
'los epitafios de Don Quijote, Sancho y Dulcinea que puso Cervant¡s al fin
de la primera parte, hubieran estado en todo caso mejor al fin de la segunda.
Aquí -añade-- parecen impertinentes, y sólo prueban el ningun plan que
tenía Cervantes al escribir el Quijote'." 6 ¡ Cómo escribían a vece~ sus juicios
sobre Cervantes y su obra los dos más famosos comentadores de ésta!
Pero los epitafios y sonetos sí son pertinentes en el lugar en que los puso
Cervantes, y éste sí tuvo plan al escribir su gran libro: un plan magnífico,
con el que reflejó la vida maravillosamente.
La técnica de volver sobre la vida de Don Quijote después de darnos el
epitafio en que declara la muerte del genial hidalgo, tiene semejante, aunque en escala menor, en el capítulo 27 de la segunda parte. En el capítulo
25, terminado el relato de la aventura del rebuzno, "entró por la puerta de
la venta un hombre todo vestido de camuza, medias, gregüescos y jubón, y
con voz levantada dijo: -Señor huésped, ¿hay posada? Que viene aquí el
mono adivino y el retablo de la libertad de Melisendra. -¡ Cuerpo de tal
-dijo el ventero--, que aquí está el señor maese Pedro! Buena noche se
nos apareja".7 Y Cervantes observa: "Olvidábaseme de decir como el tal
maese Pedro traía cubierto el ojo . izquierdo y casi medio carrillo con un
parche de tafetán verde ... " 8 El capítulo 26 lo dedica el autor a "la graciosa aventura del titerero, con otras cosas de verdad harto buenas", como reza el título de mismo. Al final deja la venta maese Pedro, y Don Quijote y
Sancho "dejaron la venta y se pusieron en camino, donde los dejaremos ir
-dice la narración-, que así conviene para dar lugar a contar otras cosas
pertenecientes a la declaración desta famosa historia".9 Y seguidamente, al
principio del capítulo 27, declara que maese Pedro era Ginés de Pasamonte,
recuerda el robo por éste del burro de Sancho, la determinación del pícaro
de pasar al reino de Aragón y cubrirse el ojo, para escapar mejor a la justicia, "que le buscaba para castigarle de sus infinitas bellaquerías y delitos", de
• El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Editorial Aguilar, Madrid, 1960,
p. 956.
•
•
•
•

El Ingenioso Hidalgo ... , Ed. Clásicos Castellanos, IV, 332, n.
!bid., VI, 141.
!bid.
!bid., p. 175.

245

�cómo compró su mono y de cómo le adiestró en sus habilidades, detalles todos
que habrían sido muy oportunos en el capítulo 25, cuando el autor observó:
"Olvidábaseme de decir cómo el tal maese Pedro traía cubierto el ojo izquierdo", etc. Pero Cervantes, que escribió la novela, no lo consideró así, y prefirió
reservarlos para el principio del capítulo 27, volviendo al tema de maese Pedro después de que este pícaro se había marchado de la venta. Es, pues, a
todas luces poco acertado tachar de impertinentes los epitafios y sonetos en
el lugai¡ en que los puso Cervantes, Y, mucho más lo es a~ii:mar qu:. esa,,colocación denota "el ningún plan que tema Cervantes al escnbir el Qwjüte , como
aseguró Rodríguez Marín.
· Qué sentido y qué función debemos dar a los epitafios y sonetos con que
e
Cervantes cerró el Quijote de 1605? Todo tiene en el gran libro su sent1'do Y
función. La tragedia de la vida aparece en él al lado de lo cómico, de lo humorístico, que la rodea y sostiene, en evidente contraste. Si no fuese por
ese sentido de sano humorismo, que nos compensa y eleva frente a las durezas
del existir, difícilmente podríamos soportar las miserias de la vida. Los héroes
de la épica cervantina, incluso Rocinante, desaparecen ante lo ine~~rable ~e
la muerte. Pero Cervantes nos da el fin de sus héroes, nos lo anticipa al final de la primera parte de su libro, con el donaire que nos hace olvidar de
momento la tragedia. No sería acertado pensar que los epitafios y sonetos d:l
final de esa primera parte son simplemente adorno, o que carecen de sentido y función. Nos da Cervantes una obra llena de tristeza, el libro más triste
que ha producido el hombre, como pensaba Dostoievski, aunque rebosante de
sano humorismo. Lo cómico es lo que más se ve en el gran libro. Pero si se
penetra en su sentido se advierten los problemas vitales del hombre: problemas morales y filosóficos, y con ellos un profundo sentido humanizante y rectificador de vicios y defectos. Podría Cervantes haber escrito en tono más serio, digamos así, los epitafios y sonetos del fin del Quijote de 1605, más fue
su voluntad y mérito hacerlo como lo hizo, en forma tan donosa y agradable.
Esos epitafios y sonetos, de apariencia burlona, son, pues, valioso elemento
neutralizador, por su efecto cómico o humorístico, de la tragedia de la vida,
tan admirablemente reflejada en la obra, y de la que es culminación la "desaparición", no muerte, de Don Quijote, símbolo de plenitud innaccesible por
lo general al humano mortal.
El tono humorístico con que escribió Cervantes los epitafios y sonetos no
sólo lo denuncian los nombres que da a los supuestos académicos, sino también el contenido de los poemitas. Así, en el primer epitafio llama a Don Quijote el calvatrueno que adornó a la Mancha de más despojos que Jasón de
Creta".1º Y de rostro amondongado dice refiriéndose a Dulcinea el primer so-

neto, en el que llama Sierra Negra a Sierra Morena. Pero, como es frecuente
en la obra de Cervantes, al lado de la frase humorística, la ironía O la sátira
aparece la exaltación de su propio arte y la reflexión filosófico-moral. Exal~
tación del propio arte literario, con pleno reconocimiento de su novedad y
alcance respecto del arte de los libros de caballerías y del Orlando, implican
estos versos del segundo cuarteto del soneto del Caprichoso en loor de Rocinante: "¡ Nuevas proezas! pero inventa el arte / Un nuevo estilo al nuevo
paladino", como elevada filosofía moral encierra el terceto final del soneto
del ,Burlador
a Sancho Panza: "¡ Oh, vanas esperanzas de la gente! / 1• Cómo
•
pasa1s con prometer descanso, / Y al fin paráis en sombra, en humo, en sueño!"
Quiso Cervantes atribuir los poemas a alguien, y ocurriósele adjudicárselos al
Monicongo, al Paniaguado, al Caprichoso, al Burlador, al Cachidiablo y al
Tiquitoc, a los que llama académicos de la Argamasilla. Pero ni en Argamasilla
de Alba ni en Argamasilla de Calatrava había academia o tertulia literaria.
. José María Asensio y Toledo aventuró que los académicos de la Argamas1lla a que aluden los epitafios y sonetos "lo eran de la tertulia que en tiempos
de Cervantes se reunía. . . en la trastienda de la botica de Argamasilla ... " 11
Para él, Asensio y Toledo, el Monicongo, el Paniaguado, el Caprichoso, el
Burlador, el Cachidiablo y el Tiquitoc eran, respectivamente, el boticario, el
médico, el sastre, el escribano, el cura y el sacristán de Argamasilla. Pero todo
eso no pasa de ser pura fantasía de Asensio, como resaltó Rodríguez Marín.12
Refiriéndose a la misma alusión de los epitafios y sonetos, Martín de Riquer
ha escrito: "Téngase en cuenta que todo lo que aquí viene (los epitafios y
sone~os_) es puro donaire. No hubo nunca tal academia en Argamasilla, y los
fantásticos nombres de los académicos no son, que se sepa, alusión a nadie
13
determinado". Pero luego observa: " ...son poesías humorísticas y en todo
ello hay una burla de las academias o reuniones literarias tan frecuentes entonces en Madrid y otras ciudades". 14 Y los comentadores del Quijote, en la
edición M. Aguilar, han opinado que Cervantes "desde luego debió de referirse en los epitafios y sonetos a los concurrentes a alguna de las academias
que por entonces se celebraban o reunían en Madrid, casi todas presididas por
Lope de Vega, que lleva el nombre de El Ardiente, y de las que solía ser se11

J
'M
' ASENSIO Y ToLEDo, "Los académicos de Argarnasilla" en Nuevos
OSE
ARIA
documentos para ilustrar la vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Sevilla'. 1864.
12
RODRÍGUEZ MARÍN, op. cit., IV, 327.
" MARTÍN DE RiQUER, El Ingenioso H~dalgo .. . , Editorial Juventud, Barcelona, 1958,
p. 519, n.
" MARTÍN DE RrQUER, Cervantes .Y el Quijote, Editorial Teide, Barcelona, 1960, p.

'º
246

Calvatrueno es persona de cabeza alocada.

161.

247

�cretario Castillo Solórzano (Cf. Los dos Don Quijotes, de García Soriano, pp.
253 y siguientes)" .15
Tengo para mí, no obstante, que los encabezamientos humorísticos de los
epitafios y sonetos implican sátira contra los envidiosos de Cervantes, que no
eran pocos: pero sin apuntar a ninguno en particular. La ironía del verso
"Forse altri canterá con miglior plettro" bien claramente dirige la mente del
lector a los envidiosos enemigos del autor del gran libro, del que tan orgulloso
se sentía él, como lo prueban declaraciones como éstas:
"No ha de haber lengua ni nación donde no se traduzca" (Bachiller Sansón Carrasco, en II, 3) .
"Es tan clara (la historia de Don Quijote) que no hay en ella nada que
dificultar: los niños la manosean, los jóvenes la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran" ( El Bachiller, en II, 3).
"Yo apostaré que antes de mucho tiempo no ha de haber bodegón, venta ni
mesón, o tienda de barbero, donde no ande pintada la historia de nuestras
hazañas" (Sancho a Don Quijote, II, 71).
"Pinta los pensamientos, descubre las imaginaciones, responde a las (preguntas) tácitas, aclara las dudas, resuelve los argumentos; finalmente, los átomos del más curioso deseo manifiesta" (Cicle Hamete Benengeli, en II, 40).
"Y pues se contiene y cierra en los estrechos límites de la narración, teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del universo todo,
pide no se desprecie su trabajo, y se le den alabanzas, no por lo que escribe,
sino por lo que ha dejado de escribir" (Cicle Hamete, en II, 44).
Cervantes, en uso de su libérrima voluntad y por su fecunda imaginación,
da a los supuestos académicos nombres burlescos (Monicongo, Cachidiablo,
Tiquitoc) ,1 6 y nombres expresivos de una condición o circunstancia (Caprichoso, Burlador, Paniaguado). Pero en ellos sólo podemos ver simples sátiras
burlescas dirigidas a cuantos para labrar su corto prestigio en el arte acudían
al descrédito de otros más valiosos, entre ellos el propio Cervantes.

Mis conclusiones son:

l. Cervantes da a entender al final de la .
..
continuará la misma en la seeu
pnmera parte del Quz¡ote que
ción de que un académico ti:n:d:t~::~:·nE~ elocuente al respecto la afirmapudieron ser leídos en el er
.
"
e sacar a luz los versos que no
Don Quijote".
p gammo, con esperanza de la tercera salida de
2. L.os epitafios del final de la primera parte están en ese ª
~:d~::ntQe, ?.º;que _vafn precedidos de una breve síntesis de l;e,t::c::y s=~~r;
u130 e e m orman de la muerte del hidal o
.
, ,
La segunda parte es detallado desarrollo d
g , en ~men encamo este.
a que el autor la dé lueao de habem d ~ aquella smtes1s y nada se opone
preparando así al lectore, en tono hi.::o ~ / por muelrto a Alonso Quijano,
héroes cervantinos.
'
ns ico, para a desaparición de los
·t f
.
epi a ios y sonetos tienen funmgi a a personas determinadas.

3. Los encabezamientos y el contenido de los

ción satírica, pero generalizada no d. . 'd
'

4. El tono_ y el sentido dado por Cervantes al verso final d l
.
parte de su libro son los mismos con que comenzó el r·
, e a pr~era
larmente al dar el calificativo de "estéril y mal c If p ;e: pro~ogo, particupropio ingenio, y llamar a su obra "leyend
u iva o mgemo mío" a su
de particular tiene toda vez
~ ,seca como un esparto ... " Nada
final de la novela' I
.
que esa prefac10n fue . escrita a continuación del
' a prunera parte, y con muy poco tiempo de diferencia.

"El Ingenioso Hidalgo ... , Edición Aguilar, Madrid, 1960, n. 958, n. Podría continuar las citas, pero mi propósito no es éste, sino interpretar, como yo lo veo, el sentido de los epitafios y sonetos.
10
El nombre M onicongo se usaba humorísticamente, y así se halla en la jornada tercera de La inocente sangre, de Lope de Vega, donde el gracioso Morata dice: "Calla,
que agora compongo / un libro, y serás en él / pastora: que yo, Isabel, / soy el pastor
Monicongo". Y en el Romancero General (edición de 1604, folio 109), se lee: "Pedro,
el que vivía / En más cautiverio / Que los Monicongos / De virote al cuello, / Por la
villa se anda / Horro, libre y suelto ... " Cachidiablo era 11ombre de un corsario argelino. Quevedo lo usó con sentido burlesco en este pasaje de La necedades y locuras de
Orlando: "Todo el infierno está clavicolando, / todo dominichucho y diabliposa / en
torno de su libro está volando: / hasta los cachidiablos llamó a gritos ... " (Bibl. de
Aut. Esp., t. LXIX, p. 291, a.).

248

249

�1NDICE DEL HUMANISMO EN SAN LUIS POTOSf
DR. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA
San Luis Potosí, S.L.P.

EL HUMANISMO HA smo PATRIMONIO de México a lo largo de cuatro siglos,
fuente de verdad y de belleza, honda y operante raíz de nuestra cultura nacional.
Claros varones de San Luis Potosí han contribuído, con un afluente nada
despreciable, sino en algunos aspectos considerable y valioso, a la anchurosa
y perenne inundación humanística de la cultura patria.
Con las inevitables fronteras que acota una síntesis, ofrecemos hoy un índice
del humanismo en San Luis Potosí.
Los misioneros que llegaron al alborada de la conquista sembraron en el
valle potosino el tesoro grecolatino, la cultura occidental cristiana, conforme
recogían los valores espirituales del indígena. Así es como empezaron a escribirse al mismo tiempo gramáticas y vocabularios de las lenguas nativas junto
a obras latinas de filosofía y teología.
Mucho más que escritores de oficio, aquellos evangelizadores eran forjadores de hombres. Por eso su humanismo vital los llevó a la conquista espiritual
del indio. Tal fue el signo que presidió a nuestros siglos XVI y XVII.
En el siguiente, que fue el siglo del humanismo novohispano, San Luis Potosí está presente en el movimiento humanístico de los jesuitas. Se abre el siglo XIX con el Colegio Guadalupano Josefino, de cuya fecunda semilla habrían de germinar casi todos los valores culturales de esa centuria.
El XIX ofrece una rica y variada teoría de hombres eminentes cuyo número y mérito se acrecienta en este propio siglo.
La obra de algunos humanistas potosinos ha logrado trascender el ámbito
provinciano para engrosar definitivamente el cauce del humanismo mexicano:
Andrés Diego de la Fuente, extraordinario poeta latino; Manuel María de
Gorriño y Arduengo; Modesto Santa Cruz, autor de un solo y delicioso poema latino; Ignacio Montes de Oca, intérprete de los clásicos griegos; Ambro-

251

�sio Ramírez traductor de toda la obra lírica de Horacio; Primo Feliciano Velázquez am'oroso catador de las humanidades y las "indianidades"; y el can' "Poemas Rústicos", Manuel José Othó!1, en cuya voz se umeron
.
"la
tor de los
miel de los helénicos panales" con "la sangrienta flor del cristianismo".
.
Al lado de ellos muchos otros han contribuído a la tarea común de ah'
.
~
mentar aquel fuego que ilumina y calienta por más de cuatrocientos anos.

l. Los siglos XVI y XVII
Padre del humanismo potosino es el humilde y heroico lego franci~c~o
Fray Diego de la Magdalena ( 1510-1605) que, lleva~do a cabo la pacificación de esta tierra, hizo por sí solo lo que en sesenta anos (1531-1591) no pudieron las armas.
.
.
Primer educador de San Luis Potosí, estableció una escuela para mstrmr
a los niños indígenas; una antigua tradición ~odavía señala ~l mezquite a cuya
sombra enseñaba a los nativos. Entre los primeros evangelizadores que llegaron a San Luis en pleno siglo XVI, hay que recordar el nombre venerable de
Fray Juan de Ayala, doctor parisiense e? Sagrados Cá~?nes que vivió..en el
convento franciscano de esta ciudad a raIZ de su fundac1on y compuso Opus
Canonicum Morale", donde es verosímil que trató las cuestiones a la sazón
debatidas sobre la conversión y gobierno de los indios.
Abre el siglo XVII, la figura entrañable de Fray Diego B~salenque, de_ la
Sagrada Orden de San Agustín de cuyo convento en esta ciudad fue pnor,
humanista más en acciones que en libros, aunque fue hombre de muchas letras humanas y divinas, fundador de la primera enseñanza d; Gr~ática "p~ra los niños del pueblo, que no había", de cuya escuela saldnan, an~s despues,
varones muy floridos en religión y letras, lectores de Arte y Te~logia, o cel:brados predicadores. En el convento potosino_ existió el_ manu~cnto d~ su Historia de la Provincia de San Nicolás Tolentmo de Michoacan, publicada en
1673, y, según Beristáin, en la librería de Valladolid se hallaba Philosophia ad
usum Scholae, Y.heologiae Scholasticae, Tractatus varii y otras obras más.
Emulo del gran jesuita español de igual nombre y sobrino suyo, autor de
varias obras teológicas y morales y predicador muy aplaudido en la Casa Profesa de México, el P. Luis de Molina fundó el Colegio potosino de la Compañía de Jesús, que durante 143 años daría frutos copiosos. _En Españ~ ~ue
maestro de Humanidades y Retórica en la ciudad de Plasenc1a y en MexICo
fue profesor de Artes. Beristáin vio en la Biblioteca de la Universida~ de ~éxico una obra de Molina, titulada Espejo de Prelados, a la que Juzga de
gran política y doctrina".
Fray Juan de Herrera, mercedario, tuvo la gloria de construir el primitivo

252

convento de su Orden en esta Ciudad. Mereció que sus contemporáneos lo
llamasen "Herrera el sabio", así por la profundidad de sus escritos como por
los aventajados discípulos que formó.
Estos cinco varones son los patriarcas del humanismo en tierras potosinas,
menos por su cultura que fue vasta, o por sus escritos, de que algunos no carecen, cuanto por su ejemplo y su acometedora actividad, por los espíritus que
engendraron a la cultura en ese humanismo vital que fue siempre el sello de
aquellos hombres egregios que en diversos lugares de la patria llegaron sembrando, con el bien, la verdad y la hermosura .
. Entre los jesuitas que enseñaron en su Colegio de San Luis Potosí, en el
siglo XVII, sobresalen por los escritos que dejaron: el P. Mateo Galindo,
maestro y rector del Colegio ( 1666-69), murió en San Luis, imprimió en
México una Gramática Latina; Juan Contreras, profesor de Retórica, murió
en San Luis, dejó un manuscrito sobre tema navideño; el ferv~roso misionero Juan Cerón, llamado "pico de oro" que, entre varios tratados compuso
uno "De virtutibus theologicis". Nació en Tegucigalpa, se educó en Tepozotlán y, ya jesuita, ejerció su ministerio en el Colegio Potosino, murió en San
Luis en 1705. Juan de Dios Rivera, vicerrector del Colegio, murió en San
Luis en 1718; dejó un manuscrito titulado "Certamen poético en celebridad
de!, nacimie_nto del Niño Jesús bajo la metáfora de fuego", de 1669.
Muy exigua debe parecer esta cosecha de un siglo, escribe Primo Feliciano Velázquez. Puede añadirse que de los 3,678 artículos que la Biblioteca de
Beristáin contiene, la cual como se sabe, abraza todo el período de la dominación española, no pasan de veinte los relativos a los potosinos de origen".
Muy escasos fueron los libros que por aquel entonces se publicaban, como
que los gastos de impresión corrían por cuenta de los fondos conventuales 0
de al_gú~ devoto del autor. Muchos más se quedaron para siempre inéditos en
las bibliotecas de_ los conventos. "La verdad es que en su gran mayoría aquellos hombres, temendo ocupadas las manos, dejaron ociosa la pluma".
Habría ~~~ añadir a. 1~ causas indicadas por Primo Feliciano Velázquez,
la desapanc10n de las bibliotecas conventuales en tiempos de la Reforma.
Tanto en la ciudad capital como en varios pueblos del estado, no había
convento sin biblioteca donde se guardaban libros y manuscritos valiosos. La
mejor de todas ellas fue la de los franciscanos que llegaron al valle potosino antes de los conquistadores por 1583, y fundaron en todo el estado 60 conventos; bibliot~cas tuv!eron también los agustinos que llegaron al poco tiempo
de establecida la ciudad, los Hermanos Juaninos venidos en 1611, los Jesuitas en 1623, los Mercedarios en 1628 y los Carmelitas en 1735. Nada O casi
nada queda de sus bibliotecas, como no sean algunos cuantos libros y un escaso número de manuscritos, descubiertos y catalogados por el Lic. Rafael
Montejano y Aguiñaga.

253

�"Es característica que entre los manuscritos que descubr~os'. ~o _hayamos
encontrado uno solo de historia, de literatura y de las ciernas d1sc1plmas fuera de la filosofía y teología. Es que éstos o por estar en latín o por el x_n~nosprecio de que los hizo objeto el positivismo. c~iollo: _no .~ueron tan cod1c1ados
por los inescrupulosos buscones de tesoros b1bliograficos .

2. El Siglo XVIII
El siglo XVIII fue más fecundo. El franciscano Fray José Victorino enriquece la filología indígena con un "art_e y vocab_~lario comp_leto de, la len~ua
Tarahumara"; otros franciscanos, potosmos tamb1en, Fray ~1guel D1az Y_ F ay
Antonio Ruiz hacen florecer los estudios teológicos con escntos que confirman
al primero el título de Escoto de la Nueva España.
. .
Díaz, qu~ fue colegial en San Buenaventura Tlaltel~l~o ~ l~ctor }_ub1lad? ~
definidor de la provincia de Zacatecas, escribió E_xp~siti~ libn ter~ii A~ag_zstri
Sententiarum, manuscrito que el cronista Arlegm vio listo para rmprlllllrse.
Fray José Arlegui fue nombrado cronista de su Orden francis~ana en ;l
Capítulo intermedio que se celebró en el Convent~ de Santa ~ana del R10
el 6 de noviembre de 1734, y con tal carácter examinó los arc,h1~os de la Pr~vincia zacatecana, recogió documentos y noticias para su Cromca q~e term1' de escribir en el convento de Tlaxcaltilla, ex-tramuros de esta Cmdad de
nSoan LUIS
· p o tOSI, el lo • de aaosto
de 1735' y que sería publicada
dos
º
.
. años
, des1
pués. Por su excepcional valor histórico, por la abundancia Y ~l ~:eres de ~s
noticias y aún por la vitalidad de su estilo "briosamente maneJado , esta Cro·ca de' Arlegui es "un monumento de inestimable valor y fundamental para
ni
. p
,,, (Al t
el estudio de gran parte de la historia colonial de. San Lms otos1
cor ~;
Pedraza), "la obra más fina y preciada de una literatura dos veces secular
(P. F. Velázquez).
Del también franciscano Francisco Calvo Durán, que fue "Moder~dor Y
profesor público" en su convento de esta ciudad, hacia finales del Setec1e~tos,
la Biblioteca de la Universidad Potosina conserva un volumen que contiene
obras suyas sobre filosofía, teología y derecho canónico, escrito naturalmente
en latín.
Entre los mercedarios, Fray Juan Salazar y el Ilmo. José Vital de_ Mocte:
Lms Potosi
zuma q ue fue Obispo de Chiapas después de ser párroco de San
.
.
-aunque no es potosino de cuna-, figuran como hombres emmentes en Ciencia y literatura.
. .
.
En cuanto a los jesuitas de este siglo, hay que recordar a. F~!1c1ano P1mentel Pimental (1661-1773), potosino de cuna que en 167? v1st10 la sot~?ª de
la Compañía en Tepozotlán. Enseñó filosofía en GuadalaJara, donde deJo mu-

254

chos monumentos de su piedad y celo, y murió en medio del duelo general.
Escribió dos obras: Elogio fúnebre del ilustre caballero y capitán don Ginés
Gómez Valdés (Impreso en México por Lupercio, 1724); y Aparato fúnebre
para las solemnes Exequias, Inscripciones y Poesías Latinas y Castellanas para
el Túmulo y Elogio Fúnebre del Sr. D. Juan José Veitia y Linage, de la Orden de Santiago" (Impreso en Puebla, 1723).
La expulsión de la Compañía de Jesús comprende a los potosinos, el P.
Francisco Xavier Molina y el P. Diego de la Fuente.
Francisco Xavier Molina, nació en San Luis Potosí en 1708 y en el de 1726
vistió la ropa de jesuita en la provincia de México. Enseñó en varios colegios la latinidad, retórica y filosófica, y en el de Guatemala la teología; fue
a11í prefecto de la congregación de la Anunciata. Murió expatriado en Europa después del año de 1767.
Escribió: El Rey de las luces y la luz de los Reyes: Elogios latinos y castellanos del animoso Rey de las Españas Felipe V, impreso en México por Hogal, 1748; y El llanto de los ojos de los jesuitas de Guatemala en la muerte
de su luz, el Ilmo. Sr. D. Francisco Gigueredo Victoria, Obispo de Popayan
y Arzobispo de Guatemala; Descripción de su funeral, honras, etc., impreso
en Puebla, en la imprenta del Colegio de San Ignacio, 1766.
El nombre de Andrés Diego de la Fuente ( 1695-1783) primer poeta potosino, ha de incorI?orarse al núcleo de los grandes humanistas de nuestro siglo XVIII. Se Je desconoce aún porque su obra no ha vuelto a imprimirse
ni a estudiarse desde su siglo, y por las tergiversaciones de varios historiadores que lo han confundido con otro jesuita contemporáneo, casi su homónimo,
el P. Andrés Fuente o Andrés Prudencio Fuente, nacido en la Ciudad de
Guanajuato.
Del humanista potosino, conocemos un soneto castellano, dos breves epigramas latinos en homenaje al bibliógrafo don Juan José Eguiara y Eguren
y su obra capital, que es un poema latino consagrado a narrar las Apariciones de la Virgen de Guadalupe, publicado en el destierro, en Plasencia, año
de 1773.
Se trata de un poema de más de mil versos, de fácil estilo y segura métrica,
que esperamos publicar muy pronto en edición bilingüe.
Otro de los grandes humanistas del XVIII, y perito en ciencias naturales,
que se relaciona con San Luis Potosí, es el también jesuita Rafael Campoy,
que vivió un tiempo entre nosotros. Aquí pronunció su "Oración Fúnebre por
Felipe V" en elegante latín, con motivo de los funerales que la Ciudad celebró en 1749. Tampoco podemos olvidar al Padre Juan José Arriola, celebrado poeta, que fue catedrático del Colegio de la Compañía y su prefecto de

1747 a 1754.
El clero diocesano se honra con dos escritores ilustres: don Andrés Maldo-

255

�nado Zapata, descendiente de los Condes de Lemus, y don Manuel María de
Gorriño y Arduengo.
El Pbro. Dr. don Manuel María de Gorriño y Arduengo ( 1767-1826), después de brillantes estudios iniciados en su tierra natal y continuados en el
Colegio de San Francisco de Sales de San Miguel el Grande, en el Colegio
de Todos Santos de México del que llegó a ser Rector por dos veces, en el
Colegio de San Ildefonso de México y en la Universidad de Guadalajara donde obtuvo la borla de doctor en Teología, regresó a San Luis Potosí para incorporarse activamente a la vida política y cultural.
Hombre de amplios conocimientos, de ingenio vivaz, apasionado de la cultura, hábil en lenguas extranjeras y habilísimo en la latina, familiarizado con
los buenos autores de su tiempo, orador elegante y ponderado, el Dr. Gorriño
cultivó en sus escritos principalmente la filosofía. Entre ellos El Hombre Tranquilo, inédito aún, que está pidiendo un estudio desde hace tiempo; sus desconocidas Vidas de Jesuitas Americanos, vertidas del latín; posiblemente se
trate de la versión de las egregias biográficas que Manuel Fabri dedicó a sus
hermanos Diego José Abad y Francisco Xavier Alegre, o quizá se refiera al
libro de Juan Luis Maneiro Vida de algunos mexicanos. Obras suyas son también el Ensayo de una constitución Política de la Luisiana Potosinense, Oración Eucarística, la Oración inaugural en la apertura del Colegio Guadalupano Josefino, Reflexiones sobre la incredulidad y Filosofía de la fe católica.

3. El Colegio y el Seminario Guadalupano Josefino
El Lic. José Ildefonso Díaz de León, primer gobernador del Estado al establecerse la República después del Imperio de Iturbide, gran protector de
la instrucción pública, fundó en 1825 el Colegio Guadalupano Josefino. Este
Colegio ilustre dio origen en 1855 al Seminario Conciliar y en 1860 al Instituto Científico y Literario, que hoy es la Universidad Autónoma.
El Colegio Guadalupano Josefino nació con claro sello humanístico. Así lo
garantizaban sus constituciones apegadas a las del Colegio de San Ildefonso
de México y la voluntad del Dr. Gorrigo que en el discurso inaugural así lo
anunciaba al proclamar la importancia del estudio del latín, cuyo primer catedrático fue el Pbro. Francisco de los Santos González.
Ya en 1842, la formación humanista del Colegio rendía sus frutos. Uno
de los más jóvenes alumnos, José María Guajardo -futuro Canónigo de la
Catedral, Rector del Seminario y por sus dotes oratorias llamado "el Bossuet,
potosino"- pronunció una oración latina que, a juicio del cronista, "mereció
el aplauso de los inteligentes, ya por su dirección, ya por su elocuencia, ya

en fin por los sublimes pensamientos que contiene, digno de todos los tiempos
romanos".
_ En 185:, existían d~s cursos de latín; el Pbro. Antonio Mascorro desempenaba la_ ~atedra del primero y don Mariano Villalobos la del segundo.
Al engirse la nue~a Diócesis ~e San Luis Potosí, su primer Obispo el Ilmo.
S~. Dr. ~edro Bar~Jas,_ estableció el Seminario Conciliar, cuyo plan de estudws nac10 del Semmano de Guadalajara y del que había elaborado don Clemente de Jesús Munguía para el Seminario de Michoacán.
El día de la inauguración, el 11 de agosto de 1855, el Pbro. Nemesio Cabañas, ~~tedrá_tico de Filosofía y Vicerrector del Nuevo Seminario, pronunció
1~ orac10n latma, llamada "Initium", "desempeñando este cargo satisfactoriamente".
E~ el pr~mer claustro de profesores del Seminario, aparece el Pbro. José
Mana Gua1ardo como catedrático de elocuencia y griego, y el Pbro. Modest~ ~anta ?ruz, de quien en seguida nos ocuparemos, como catedrático de retonca y literatura.
La enseñanza del latín se dividió en dos grupos, uno para los mínimos y
menores~. ?tros ~ara los medianos y mayores. Para todos los alumnos se adoptó
la gramatica latma de Araujo y para el segundo curso, el propio maestro Santa Cruz preparó los ejercicios de versión latina en su libro Tentamina Poética.
Au~ cuando el naciente Seminario tuvo que diseminarse por injusta pers~cucion y vulgares atropellos, el Padre Santa Cruz y el amable "Padre Lucito" -:-!ray José _de la Luz Rodríguez, franciscano exclaustrado, y consumad_~ latimsta de quien Ai:nbrosio Ramírez escribe que "sabía latín a la perfeccion_Y yo no tengo motivos para dudarlo" facilitaron su casa para continuar
ensenando Latín y retórica a sus alumnos.
. En 1860, se adopta la Gramática Latina de Nebrija sin suprimir la de ArauJO; y además del latín, el griego y el hebreo se imponen obligatoriamente "para
los cursantes de Teología". Durante el breve período que riaió a la Diócesis
~1 Ilmo. Lic. _do~ Man~el del Conde, de 1869 a 1872, los e:tudios humanísticos _del Semm~r~o contmuaron la misma línea trazada por su antecesor.
BaJo el pontificado del tercer Obispo potosino, el Lic. Nicanor Corona
(1873_-1883):, la lengua_ latina se estudió en dos cursos. En 1874, fue profesor
de_ pnmer, ano el ~acl:íll;r Pedro de María Segura y de segundo año el Bac~iller Jose ~: Jesus Jimenez. En 1876, aparecen como profesores, en primer
ano, e_l subd~~cono Pedro de María Segura y en segundo año el Bachiller
Antomo Gut1errez.
~esde 1877 hasta 1883, se reparten elegantes pliegos con solemnes dedicaton~s latinas para invitar a la sociedad potosina a los Certámenes Públicos
de fm de año.
En 1880, el señor Corona concibe un vasto plan para acrecentar el clero

256
257
H17

.

.

�indígena; para lo cual funda seminarios auxiliares en diversas poblaciones de
su Diócesis. En el Seminario de Tancanhuitz, "Noyola" inaugura las clases ~e
latín· en Santa María del Río, el minorista Anastasio Miranda; en Atotomlco, l~s hermanos Ireneo y Andrés Mata. Otro tanto sucedió en Tierranueva Y
Atotonilco Moctezuma y Ciudad del Maíz.
Los est~dios de humanidades en los nueve años en que regenteó su Diócesis continuaron al mismo ritmo y programa que venía desde el señor Barajas,
si 'bien se ampliaron en extensión geográfica gracias a los colegios auxiliares.
Desde entonces, esos pueblos no han vuelto a tener cátedras de latín, griego
y letras superiores.
~
Reconocidos maestros de latinidad surgen por estos anos, como Fray Juan
C. Rodríguez, el Pbro. Wenceslao Martínez, el Lic. José de Jesús Jiménez, el
Canónio-0 Anastasio Escalante, Rector del Seminario de 1878 a 1884, el Canónigo t&gt;Luis Arias y, un poco más atrás, los también Canónigos Guajardo Y
Saldaña.
El Ilmo. Dr. don Ignacio Montes de Oca y Obregón tomó posesión de su
obispado el 14 de febrero de 1885.
.
Su sola prestigiada presencia significaba un acrecentamie~to de la cultura
general de su Seminario y especialmente en la tarea humamsta.
Así lo prueba el hecho de haber traído a los jesuit~s p~ra que ~e encargaran de la dirección espiritual e intelectual de sus semmanstas, quienes adoptaron en seguida el antiguo plan de estudios del Seminario d: acuerd~ co~ la
célebre "Ratio Studiorum", centenaria norma de los colegios y universidades de la Compañía de Jesús, de honda y vigorosa raíz humanista.
Profesores distinguidos venidos de España e Italia para unirse ª. sus hermanos mexicanos, los jesuitas integraron un claustro de maestros dignos del
mejor Seminario.
. .
Se aumentó un año más de Humanidades, en lugar de los dos tradic10nales, con lo que se impulsó el estudio del latín y del. griego, c~nforme los m~todos pedagógicos ponían al alumno en contac:o di~ecto y vivo con
clasicos de la antigüedad. Se implantó como obligatorio el uso del latm para
maestros y discípulos en las clases del teologado.
, .
Muy pronto el señor Montes de Oca podía ufanarse del exit?, cuando_ elorriaba el "correcto latín" o la "fácil latinidad" con que los mas aventapdos
t,
•
alumnos hablaban y escribían.
Cuando los jesuitas dejaron el Seminario en 1894, vinieron los. Padres
Paúles quienes, en los nueve años que permanecier~n al !rente, c~n~uaro~
con el programa de humanidades tal como lo habian depdo los Jesuitas, si
bien no lograron los frutos brillantes de antaño.
En los años posteriores, en que el clero diocesano volvió a regen~ear su Seminario, habrá que recordar, entre otros, al Pbro. Juvenal de la Higuera, ca-

!ºs

tedrático de griego y hebreo hasta 1914, al Pbro. don Manuel Campos, profesor de Sintaxis y Poética, o al Pbro. José Bustamante, que durante largos
años enseñó Gramática Latina y Griega, Retórica y Poética.
Una crónica de El Estandarte (26 de julio, 1904) nos narra el banquete
con que el señor Obispo Montes de Oca agasajó al señor Domingo Serafini,
Delegado Apostólic9 en México que en su visita a San Luis Potosí bendijo
el refectorio próximo a terminarse, del Seminario Conciliar, el 24 de julio de
1904. "A la hora conveniente se presentaron en el Salón dos colegiales vesti~os_ ~e pastorcitos con elegancia y buen gusto, y declamaron una Egloga de
Virg1ho. Estos fueron los alumnos don Manuel Herrera y Lasso y don Sixto
Rocha.• Virgilio, el dulce Virgilio, nos deleitó con su temísima érrloo-a
que fue
t,
t,
muy bien declamada y nos hizo saborear un dejo de la clásica antigüedad.
Después el señor Diácono don José E. Bustamante, profesor de Sintaxis Latina y de Griego, recitó su "Carmen Graece'' con mucha elegancia; el señor
Pbro. don Baltasar Nieto, profesor de Primer año de Latín, su Epigramma
Latine; el teólogo don Santos Vázquez su Oda Italice; por último, para coronar el banquete, y a la usanza de los antiguos monasterios se presentó el
Pbro. José Guadalupe Castillo, prefecto del Seminario, expuso la solución de
un caso de Moral en Latín sencillo y correcto".
El menú estaba impreso en hermosas tarjetas de cuatro planas en elegante
latín, precedido de esta dedicatoria:
Viro spectatissimo / Dominico Seraphinio Spoletan. Praesuli / Sanctae Sedis in Nova Hispania Legato / peramplum hoc triclinium / fusis precibus
epulis sumptis, expletis gloriis / auspicanti / Antistes, Klerus, Ephebi gratu~
lantur.
"El Obispo, Clero y Alumnos honran al muy distinguido señor Domingo
Serafini, Obispo de Espoleto, Delegado de la Santa Sede en México, e inaugurador de este magnífico refectorio, una vez que se hayan elevado las preces rituales, terminado el banquete y concluída la alabanza".
El espléndido menú decía así:
"Elenchus Epularis. Pulmentum Iulianum, Pastilli Parthenopei, Pisciculi,
crusta, volatili incocti. Pullus gallinaceus fumo assus. Lactucae agrestes. Piso
viridis. Cinarae. Phaseli. Cucurbitulae. Brassica Pompeiana. Olivae Hispalenses. Tumaculum Bononiense. Cappares amygdalae.
Dulciaria: uva Boetica, Piri, Ficus, Mala Persica.
Vinum: Ex Capreis, Nostras, Burdigalense, Ex Trinacris Insula, Effervescens ex asta, Pompeia. E Falerno. Lachryma Christi. Programa de la comida
(menú) : a) Condimento. Pastillas de Nápoles, pececillos, pasteles, aves cocidas, pollo asado al horno, becerro cebado. b) (Legumbres) lechugas silvestre~, guisantes verdes, alcachofas, habichuelas, calabacitas, coles pompeyanas,
aceitunas españolas, tomatito boloñense, almendras de Capri. c) Repostería:

258
259

�• d) Vinos: Capri' Del país,
h·gos manzanas d e P ersia.
uvas sevillanas, oeras, i ' A
d p mpeña Falerno Lachryma
Bordeaux, Siciliano, Champana de sta e o
'
'
Christi. , 1
, la cromca
, . · d e una fiesta dentro de esta síntesis.
n demasia
.,
Parecera a argar e
,
mo es el caso. y la ocasion
,
' en latm tan raro co
'
Bien se lo merecia un menu . . ,
'
. t Montes de Oca, que así fue
de ver de cerca a aquel anfitno~, renacentis a,
de magnífico aun en la humillac10n.

4. Varones del Siglo XIX
, .
el Cole io y el Seminario Guadalupano
Durante este siglo, no umcamente 1
gt· e humanista También en el
· ú c·ones de cara es irp
·
Josefino surgen como ms i u i . .
d.
forman en las humanidades
.
1
tos los religiosos estu ian Y
.
silencio de os conven '
d 1 ..d d d su convento franciscano 1o
•
1
Profesores e atmi ª
e
a sus propios
a ~os.
, d e Arboleya' que fue provincial, y Fray Anse1mo
fueron
Fray Jose
Garcia
F
I acio María Nava.
M
d
Gotor
ray Rosa
gn Angel, C, ornend ad or del convento potosino de la erce '
FrayyFélix
fue fácil versificador en Iatm.
ables de este siglo: Mendizábal,
Detengámonos en cuatro varones memor

f

Santa Cruz, Estrada y Nájerb~· Id
. , en San Luis Potosí en 1785, aunLuis de Mendizábal y Zu ia e_a nac'.o d I . dad natal especialmente
d u vida leJOS e a cm
'
que pasó la mayor parte e s
,
d rez Eclesiástico culto y virtuoen Puebla de los Angeles, donde paso sullmdaf u de México y dos veces Rec. R t del Coleaio de San
e onso
_, d
so' fue ViceC ¡ · ecdorSan Pabloo· de Puebla. En 1816, ingresó a la Compamal e
tor delpero
o egio
e
Jesús,
la abandonó
en 18~1, :uand o Ia Orden fue nuevamente expu sada. Su hermano Francisco fue Jesmta.
C
.
de la Inde.
México lo prueba su atecismo
Defensor es de la libertad de
F :b las políticas y militares del mismo
pendencia, publica~o en 1821, y s~s L:d:vico Lato-Monte, además de otros
año, amparadas baJo el an~grama e
apólogos no recogidos en libro.
. e no carecen de ingenio
Aunque el valor literari~ de, las fábulas ehs m:!~~t:· 'pero de su afición por
.
N
d considerarsele como um
'
y donaire. 1, o• pue e deJ· ó dos orac10nes
.
f,unebres latinas.· una por la muerte
d
las letras c asicas nos
.
b.
d la Angelópolis edita a en
de don Manuel González y Campillo, o ispo e_ d en la Catedral de Puet de Pío VII pronuncia a
1
1814, y la otra a a muer e
' b''
la obrita Méritos y ejercicios
bla el 14 de diciembre de 1823. Suya tam ien es
. ' .
br d en Puebla en 1809.
literarios, pu ica
en el Seminario las cátedras
S ta Cruz que inaugura
M d
Del Padre o esto an
'
d
. ·ento Nació en 1787, mude Retórica y Latín, ignoramos el lugar e su nacrmi
.

ª

260

.

rió en Venado, S.L.P. en 1877, donde pasó los últimos años de su prolongada vejez. En 1857 publicó el Arte Poética de Horacio seguida de ocho odas
del mismo poeta, en su original latino y en la noble versión neo-clásica de
Leandro Fernández de Moratín. Santa Cruz encabeza el libro con un breve
prólogo de autodefensa y lo enriquece con algunas notas.
Se trata de una antología latina con fines didácticos, que expresa el fervor
de Santa Cruz por el Príncipe de los líricos del Lacio, su buen gusto en la
selección de las odas, su conocimiento de la métrica latina tal como lo demuestran las notas, su luminoso arte de enseñar a los clásicos mediante el trato personal y viviente, y aun su generoso corazón que brinda gratuitamente a
sus alumnos este instrumento de enseñanza.
La mayor gloria de Santa Cruz es un breve poema latino de ciento diez
versos escrito en 1850 y publicado veinticinco años después en 1875.
Bien puede considerarse como un juguete de la literatura latino-mexicana,
este poema que el propio autor llamó Breve descripci6n de una tarde de primavera en un pueblo de la República Mexicana.
Es una hermosa postal eglógica de extremada finura· en el dibujo y trémulo candor en el sentimiento, que refleja la hermosura y la paz de los campos.
Por su perfección formal y su gobierno de la métrica latina, por su acierto
descriptivo y su cuño mexicano, por el equilibrio y elegancia del estilo, este
poema deberá incluírse en la futura antología de la producción latina de
México.
Gloria extrínseca comunican a este poema, sus traductores: Manuel José
Othón lo vertió con el nombre de Tarde campestre, y Ambrosio Ramírez con
el nombre de Reinando primavera. Ambas traducciones son del mismo año
de 1893 y ambas se escancian en la misma ánfora de los tercetos italianos.
Francisco J. Estrada (1801-1885) ofrece diversas facetas; médico, impresor, bibliotecario, político. Fue padre del eminente físico del mismo nombre.
Estudió latín casi desde su infancia, primero con el franciscano Fray Cayetano Salazar, luego con el Pbro. Antonio Vázquez, con quien estudió de
1813 a 1816; de tal manera alcanzó un pleno dominio del latín, que se convirtió en ayudante del maestro.
Cuenta Muro que Estrada se presentó al examen de oposición a que convocó el Ayuntamiento para proveer la cátedra de latín que estaba vacante;
y aunque los votos de los tres sinodales fueron a su favor no concedieron la
cátedra porque "era muy joven".
En 1842 aparece como profesor de latín en el Colegio Guadalupano, cátedra que continuaría por largos años, hasta 1883, en el Instituto Científico
Literario.
Oriundo. de la Ciudad de México, el carmelita Fray Manuel de San Juan
261

�Crisóstomo Nájera ( 1803-1853), dejó sentir su influencia en San Luis Potosí,
de cuyo convento del Carmen fue prior, y donde residió de 1828 a 1831.
Contribuyó eficazmente en la fundación del Colegio Guadalupano Josefino.
Conocedor de varios idiomas, fácil orador sagrado, fue el primero en enseñar
taquigrafía en San Luis; maestro eficaz, aquí tradujo a varios autores latinos.
Desterrado en Filadelfia, ahí leyó en latín su disertación sobre la lengua
otomí, vertida al español más tarde por él mismo. Tema tan de su predilección, que habría de madurar en su "Gramática de la lengua tarasca".
Dentro de este siglo XIX, recordaremos otras más breves muestras de
trabajos latinos, como la oración fúnebre latina de Juan M. Camacho en
los funerales de don Miguel Barragán, el año de 1836; y la poesía latina
del padre Bemabé Saldaña en sus Cármenes dedicados a Ignacio Montes
de Oca en el aniversario de su consagración episcopal (El Estandarte, 19
de marzo de 1896).
Francisco de Asís Castro recuerda esta otra huella latina: "Una traducción del latín que en un pequeño volumen publicó el distinguido médico
don Buenaventura Paz, y que llevaba el título de la Sobriedad; libro muy
curioso, lleno de reglas higiénicas y doctrinas bien saludables". Se trata del
libro "Arte de vivir con salud perfecta hasta edad avanzada. Nueva traducción de los tratados de Lessius y de Cómaro sobre la vida sobria, por Buenaventura Paz. México, Tip. Literaria de Filomeno Mata, 1880". ( Cfr. Ramón Alcorta Guerrero, El Dr. D. Francisco de Asís Castro, precursor de la
Bibliografía Potosina. Cuadrante, San Luis Potosí, Año IV, núm. 1-4, 1956).
Por lo excepcional de la ocasión y la persona, mencionemos el "Discurso
pronunciado por la señorita Mónica Tena, el día 30 de noviembre de 1882
al presentarse a examen de Latinidad ante el Jurado del Instituto Científico
y Literario de esta capital" (San Luis Potosí, Tipografía El Eco de la Moda,
1882).

5. El Siglo XX
Tres son las fases de la personalidad literaria de aquel pastor de almas y
de la Arcadia que fue el Ilmo. Señor Ignacio Montes de Oca y, Obregón
( 1840-1921), Ipandro Acaico entre los Arcades Romanos: el orador fecundo de severa elegancia, el poeta original de fácil versificación y fría inspiración, y el noble y grande intérprete de los clásicos griegos.
Nació en Guanajuato, fue obispo de Tamaulipas y Linares; pero San Luis
Potosí fue su gloria y su corona, cuya sede episcopal rigió por espacio de
treinta y seis años.
Educado en Inglaterra e Italia, desde su adolescencia muestra su predi262

lección por las humanidades tal com
Preferencia que debe darse :l estud· o ru~de verse en su ensayo juvenil
México, 1855; y "Estilo" S L . pio c, aszc~ en la educación (La Cruz
"Hombre d
,.
' an uis otos1, Num. 10, 1948).
'
e solida y severa educación el, . "
.
layo, Montes de Oca traduJ·o
asica ' afmna Menéndez Pe,
muy poco a los poetas I +:
1os conocia y los amaba y h bl b
a ...nos, no obstante que
d
'
a a a un rotundo I t'
.
emuestra su tesón en aprender d d 1
. . . a m c1ceronia~o, como lo
habrían de rendir en la
l, d"des e o~ eJerc1c10s escolares de Oscott que
.
esp en I a Oración fúneb d I O .
noamencanos en el Concilio Pl
. d
, . re e os b1spos Hispa! f
enano e Amenca La(
.
a utura antología de la prosa laf
M, .
ma, pieza obligada en
lado por Montes de Oca en fa;na edn I ex1co, Y_en el Votum, áureo, formuA
S
or e a canomzac·, d S
reo, anta Margarita Marí Al
ion e anta Juana de
.
a
acoque y San Gabr· l d I D
presencia del Papa Benedicto XV d l C l .
ie e a olorosa, en
Abside, Méjico año IV N 8 1940y e
o egio Cardenalicio ( Publicado en
.
'
, o. ,
, p. 35) .
De la literatura latina, sólo vertió la ele í
. .
papagayo de Corina (Amorum rb III Ig a de Ov1d10 en la muerte de El
d el Jesuita
. . napolitano Carlos d ' Ai . . ' e eg. IV) ' y una corta anacreóntica
, .
.
e qumo a Santa Cat Ji d S
una deb1l Imitación de Horacio (Lib
a _na e ena. Anadamos
nantes "fácil y graciosamente construid~:,,oda 7~'. e~cnta en pentasílabos asoqueño poe~a, _A Estacio, al leer su Psittac:;~u1~1~ el Maestro--, y un peIogo de la msp1ración latina de M t d
ehons. Tal es el breve catáEn
b.
,
on es e Oca.
ca~ 10, su afan se vierte hacia los rie&lt;1
.
a traduc1r a los dieciséis años A ,
, g i,OS eternos, a quienes empieza
· qui estan en demost ·,
suyos: P aetas bucólicos griegos (M, . '1 77
rac1on, estos cinco libros
en México en 1882· 2a en M d ·¿ex1co, 8 ) ; Obras de Píndaro (la ed
' ·
a n en 1893) • El
·
·
l917); La Argonáutica (dos v0 l'
'
rapto de Elena (Madrid
umenes en 1919 192l
'
co~ anterioridad los Ocios poéticos ( 1
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respectivamente)' y
dnd en 1891) donde reún
.
a. ed. en_ Mexico en 1878 y 2a. en Ma'
e vers10nes grecolatma
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s con poes1as originales.
D e los bucólicos griegos M t d
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aun por cuarta vez algunos i"d•1· h
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1d1hos de Mosco el tercero de I
d i i ws atn mdos a Bión; los siete
'
os &lt;1ran es b T
·
netos, diecisiete de las odas aladas º f .
uco icos gnegos Y, en bellos so"C
y estivas de Anacreonte
on asombrosa facilidad y rica vena"
. ,
.
ladó Montes de Oca íntegros lo
' _continua Menéndez Pelayo, tras'
, s cantos tnunfales O " • • • ,,
que comprenden las catorce Oda 01' .
epmic1os de Píndaro
s 1mp1cas las d
P' ·
'
meas y las ocho Istmicas A
d
',
oce 1t1cas, las once Ne.
pesar e ser poes1a profunda y oscura, Ipandro
263

�Acaico pudo brindar la primera versión completa de Píndaro en castellano,
con la idea hoy dichosamente más aceptada, de ensayar en español la reproducción de los metros del original.
Después de un largo silencio de casi veinte años, toma el traductor juvenil y recio en El rapto" de Elena, poema griego de Coluto de Licópolis para
concluir con La Argonáutica de Apolonio de Rodas, sueño y afán de largos
años, centellante de versos admirables y "octavas enteras que parecen bloques de mármol".
En todas estas versiones hay variedad de ritmos, con predilección por las
formas más estrechas y difíciles de la métrica castellana --octavas, tercetos,
sonetos- y en alguna ocasión, en la Pítica IV, se introducen al gusto romántico, diversos metros en la misma pieza.
Menéndez Pelayo así resume certeramente el perfil de traductor de Inpandro: "Entre las pocas, poquísimas, buenas traducciones de poetas griegos
que posee nuestra lengua, nadie negará a las de Montes de Oca uno de los
primeros lugares".
Español por el nacimiento y la formación, potosino por el magisterio y el
apostolado, el dominico Fray Guillermo García (1872-1910) contribuyó eficazmente al movimiento precursor del neoescolasticismo en México así por
sus libros como por su cátedra de filosofía tomista en el Seminario Conciliar
de San Luis Potosí. En 1902, el señor Obispo Montes de Oca lo trajo de España precisamente para esto.
Aquí en San Luis Potosí escribió sus libros: tres de tema piadoso; y dos de
filosofía. Inspirado en los escritos del Ilmo. Sr. Portugal, otro ilustre propulsor del neoescolasticismo, publicó El Seráfico Doctor San Buena V entura
( 1906), donde ensaya una concordancia entre Santo Tomás de Aquino y el
Doctor Franciscano.
Su obra capital, cuya segunda edición aumentada forma un grueso volumen de 447 páginas, se llama Tomismo y Neotomismo (primera edición 1903,
segunda edición, 1905 ) . El libro, como el título, consta de dos partes. En la
primera, ofrece una síntesis histórica ordenada y clara del pensamient0 filosófico en que surgió Santo Tomás, y el propio pensamiento del Doctor Angélico. Son especialmente originales los capítulos consagrados a defender el
método y el estilo de la Escolástica.
La segunda parte, mucho más breve, pero más importante que la primera,
estudia el aspecto histórico y doctrinal del neotomismo. Junto a los nombres de Sollano y Abarca, Portugal y Valverde, precursores del actual retomo a la Escolástica y a Santo Tomás de Aquino, habrá que colocar la obra
de Fray Guillermo García, quienes "lograron ligamos, son palabras de Oswaldo Robles, a un pasado glorioso que tiene sus raíces cuatro veces centenarias
en las cátedras de San Esteban de Salamanca".
264

El licenciado José de Jesús Jiménez (1851 1919)
.
vivió en San Luis Potosí desde lo 16 - h ' nacido en Guadalajara,
Al
d
. .
s
anos asta su muerte.
' umno el Sernmano y del Instituto Científi
L"
.
duo de abogado, fue profesor de latín en am
_co ~ ~terano donde se gradesde 1869 y en el Instituto desde 1879 h bas mstit~c10~es, en el Seminario
F
. .
asta 1897 sm ninguna interrupción
ruto de su magisterio perseverante diutum .
. .' .
.
.
texto: Reglas para la construc . , d l y
. o, rmpnmio cmco libros de
mejores gramáticos que tuvo ~ion d~ . as oraczone: latinas, extractadas de los
os e ic10nes (la prrmera d 1881) L
.
d e gramática general de 1884 C t .
d
, .
e
, ecczones
.
, a eczsmo e retorica p 't" d 1
pendzo de Literatura Preceptiva de 1905
C
y. oe zca e 885, ComL
,
Y ompe ndzo de Lógica de 1906
.ª. poes1a de Manuel José Othón (1858-1906)
"
.
.
eqmhbrado paisaje de la poesía
d
d
' . aparece en el no siempre
, .
mo erna e Mexico" co
"l
,
c1asica de poesía pura" Un
,
,
.
mo a mas alta nota
.
a poesia, segun su propia confesión, labrada
"Con miel de los helénicos panales
y en la sangrienta flor del cristianismo".

Los seis años que pasó de estudia t
IS . .
le dejaron una herencia decisiva n ef en e . , ernmano Conciliar ( 1869-1876)
, ·
, su ormacion humanísti
c1asicos, especialmente por "m"
d
. ..
ca y su amor a los
i muy arna o Vmnlio" tal
'l 1
noce en su prosa "27 de abril".
"'
'
como e o reco"Fundamentalmente clásico es 0th, af"
no sólo por su amor a la bruñida b ~nd, d idrma Gabriel Méndez Plancarte,
.
so ne a
e los metros t d" · l
no1es, smo por las hondas
.
ra ic10na es esparesonancias que en su alm
de los viejos cantares del Lacio"
. , a e~~ontraron algunos
tica del arte.
' y por su concepcwn eqmlibrada y aristocrá"Sin ser el acabado latinista ue al
.
y profesábales a todos una admq. . ,gu~os ~m_eren, conocía sus clásicos latinos
irac10n sm lrmites · p
b
d
.
'
-palabras de AUonso R
' ero so re to o a Virailio"
0
eyes- cuyas obras "le'
testimonio de José López Portillo y Rojas.
ia constantemente", según el
De Virgilio, en verdad, bien lo expresó el
.
.
"la afición del campo el don d 1' .
propio Reyes, tiene nuestro poeta
resuella bajo el campa'.nilleo de 1:s :~::;~. y el profundo clamor humano que
De Virgilio es el bello epígrafo de Poemas R , .
de Títiro florida" (Eccl. I ) ba"o
d UStlcos (Eccl. IX); "el haya
tinal") . y la b T
fl
'
J 1a cua1 eseaba reposar el poeta ( "Ma'
uco ica auta que heredó de T , .
l
Dafnis" ("La musa") E
eocnto, e "griego cantor de
. n su cuento "El Pastor Co d "
de la Egloga II.
ry on , recuerda versos
En cuanto a las huellas de Horacio en 0th'
que las de Virgilio, ya fueron sab.
?n, mucho menos profundas
iamente precisadas por el doctor Gabriel
265

p

�Méndez Plancarte en su Horacio en México, si bien podríamos añadir- algún
detalle más.
"Simple mención ocasional, no influencia horaciana", encuéntrase en aquella quintanesca "Oda a la Juventud", en que el joven poeta recién salido
del Seminario, "sacaba a relucir toda su erudición clásica" :
Ved a Séneca, a Horacio y a Virgilio
ser más grandes que Lépido y que Bruto.

El "aere perennius" de la Oda XXX del Libro III brilla fugazmente en
su medianísimo soneto "Al Señor General Díaz". Por el título y el tema, no
por el estilo, pueden considerarse horacianos los sonetos de~ bello tríptico
campestre "Procul negotiis" que, "mucho más que a Horacio, recuerda a
Virgilio: al de las Geórgicas, por la amoro~a y sabia precisió~, con que describe las faenas agrícolas, y al de las Bucólicas por la evocac10n antes mencionada de la Egloga I".
"Más directamente horaciano, aunque tampoco lo es mucho, el soneto A
un traductor de Horacio, brillante, pero superficial".
En la carta que Othón dirigió a Juan B. Delgado comentando la aparición
de "Lascas", subraya certeramente la "influencia caliente y vibrante de Horacio" en Salvador Díaz Mirón, "para bien de nosotros y regocijo de las letras americanas" (Lerdo, 26 de octubre de 1901).
Recojamos algunas otras huellas menores del latín y sus clásicos tanto en
el Léxico latinizante y culto como en las alusiones mitológicas de su obra capital, Poemas Rústicos.
.
En cuanto a los títulos, once poesías --casi la mitad de las que mtegran
el libro -llevan un nombre latino: Surgito, Pulcherrima Dea, Meridies, Noctifer Angelus Dornini, Frons in mare, Intempesta Nox, Lumen, In terra pax,
Pro~ul negotiis, Rosa Mystica, a los que habrá que añadir el soneto "A un
traductor de Horacio". Othón es uno de los poetas mexicanos que, con más
alto porcentaje, tituló sus poemas en latín.
En cuanto a los epígrafos, enumeramos desde luego · 1os versos de Virgilio,
en su Egloga IX, que inauguran el poemario; y el epígrafo "O ubi campi"
del poema '°Nostálgica".
.
Respecto al léxico, Othón emplea viejas voces de colmado sabor lanno,
que un día sorprendieran por "cultas" e inauditas, y que hoy deambulan
pacíficamente populares: acre, cerúleo, rústica, ~dos?, hórrido, a~o, trémulo, avena, canicular, ígneo, fragor, etéreo, occ1duo, ileso, exultar, mgente,
cálido, parvo, gélido.
También se vale de palabras latinizantes mucho menos usadas, como ignífera,
criniforme, vernales, espelunca, ignipotentemente, túmido, nauta, húrnida,

furente, unísona, terrífico, tonante, alígera, caterva, melificada, flavo, bruno,
diurna!, etc.
El hipérbaton de Othón es generalmente el hipérbaton normal de la poesía
no buscado de propósito como sistema, ni con un fin estético ni tampoco
como sello de arcanidad. Pero como desenvuelve el poema en ~plias estructura~, es natural que incida el hipérbatpn a cada paso, a veces dilatado hasta
en siete versos como en la quinta parte de la portentosa Pastoral, así sea siempre accesible a la primera lectura.
Las alusiones mitológicas asoman en varias ocasiones como muestra de la
altu~a humanís~ca de Othón; "pero sólo para resumir alguna idea poética
en fo1:11ula precisa, no para adornarse con ella, sino para explicarse con ella".
Umc~ente convoca a los dioses, mayores o menores, cuando su símbolo
s~ relaciona con una idea de perfección y de hermosura; en su olimpo poétlco no hay lugar para lo innoble y defectuoso. Fuera de las divinidades no
alude ni ~a vez al mundo infernal grecolatino, ni a las creencias populares,
o a las vanas leyendas, o a los héroes famosos. El Olimpo "extático" de Othón
está presidido por la más bella diosa "Pulcherrima Dea", Venus, que conc~~tra el rec~e~do del paisaje_ del amor, arquetipo de toda perfección, estrella
rutila y nostalg1ca; Venus brilla en aquel soneto entero y en otras alusiones
más (en "Surgite", "Noctifer", "Invitación al poeta", "Intermezzo", ..Adiós
al poeta").
Pan es su dios predilecto, protector de los ganados, enamorado de la danza
músico y soñador, símbolo cósmico del gran todo. Lo recuerda en diez oca~
siones ("Pulcherrima dea", "A un traductor de Horacio", "La selva", "Los
fuegos fatuos", "Epitalamio", "Orillas del Papaloapan").
Ahí, también, el palacio de marfil de Apolo ("Pulcherrima dea"); la sangre y e_l alma _de Afrodita ("A un traductor de Horacio" y "Epitalamio");
"Favomo rendido a Flora ingrata'' ("El ruiseñor"); Ceres que vierte la lluvia
de sus dones ("In terra pax"); el almo trinar de Filomena ("La musa"); las
musas inspiradoras ( "Invocación" y "La musa"), entre quienes recuerda especialme~~e a Er~to, la musa del amor (en "Los poetas" y "Epitalamio") ;
la expres1on _sencilla de las Gracias ( "Pulcherrima Dea") ; el tropel de los
Faunos y Dnadas ("La selva") ; las rientes Náyades de "El Río" y los soplantes Cíclopes ("Angelus Domini"); o los bondadosos genios tutelares ("La
selva").
Habrá que añadir el recuerdo a la fuente Castalia y la mirada ardiente de
Gliceris, la doncella que Pausia pintó antes con su corazón que con sus manos
("A un traductor de Horacio").
Es:as. alusiones van fluyendo, con dosificada prudencia, pero se agolpan y
mult1phcan en los dos sonetos que quizá, por ello, el Poeta tituló "Sonetos
paganos".

266
267

�La figura del licenciado Ambrosio Ramírez ( 1856-1913) aparece ante el
escritor Rodolfo D. Ruiz como "un busto romano o estatua griega, propia
para tallarse en mármol negro veteado de obsidiana".
Es el príncipe de nuestros humanistas. Hijo del Seminario Conciliar y del
Instituto Científico y Literario, a estas dos instituciones dedicó gran parte
de sus afanes como maestro de latín 1 literatura.
Alternó su vida entre la cátedra, la judicatura y la burocracia. Fundó en
Matehuala el Colegio del Sagrado Corazón para varones y en la Capital del
Estado el "Ateneo Manuel José Othón", de donde surgieron a las letras varios nombres. Fue miembro correspondiente de la Academia de la Lengua y
amigo de los mejores escritores de su tiempo.
Pero su verdadera vocación apasionada fue el culto de las letras latinas.
Tradujo a verso castellano toda la obra de Horacio, aunque se desconocen
algunas de sus versiones. Sólo Pagaza aventaja a Ramírez en cuanto al número de composiciones traducidas de Horacio. Y es el único mexicano que
ha interpretado íntegramente la Carta a los Pisones.
La traducción es siempre cristalina. No por ceñirse a la palabra y a la
concisión de Horacio, oscurece y retuerce. Prefiere el giro ancho, la amplificación, el circunloquio clarificador con tal de evitar la oscuridad. A ser breve,
prefiere ser claro.
Emplea rica variedad de combinaciones métricas y estróficas, por lo que
en esto aventaja a · la versión de Pagaza. Pero indudablemente que nadie
arrebata a Clearco Moenio su cetro como rey de los traductores mexicanos de
Horacio.
No se limitó Ambrosio Ramírez a traducir al Venusino, sino que, por conocerlo y gustarlo hasta la médula, le consagró varios estudios históricos y críticos, inéditos aún, que fulgen así por lo minucioso como por lo profundo.
De esta manera estudió la Oda I del Libro I, las odas 9 y 12 del libro 111;
las odas 1 y 3 del Libro XV; el E podo 11; dos estudios sobre la Epístola a
los Pisones y el poema "Glicere" de Manuel M. Flores. No pudo ir más
adelante en su propósito; pues en estos estudios va examinando el original
horaciano y diversas traducciones de españoles y mexicanos casi verso a verso,
mediante el análisis del estilo, las referencias históricas y mitológicas y cuanto
pueda iluminar el texto.
Lo que nos indica el aliento de la obra comenzada y la honda y vital compenetración horaciana del potosino.
Dejó igualmente inéditos unos "Apuntes para la vida de Horacio", "Datos
sobre el Tibur" y una incompleta "Colección de Odas de Horacio traducidas
por ingenios españoles, mexicanos y sudamericanos" de 1911.
Adelantándose más de treinta años al trabajo del Dr. Gabriel Ménd~z Plan-

carte, con quien coincide en propósitos n b
un estudio sobre Horacio en México. y om re, proyectó, y realizó en parte,
De sus versiones de Virgilio nos han
d d
completa, y los 32 versos iniciales d 1 q':; ~do _manus~ritas la Egloga I, casi
traducir otras composiciones D V~ ~li ne1 a,_ pero mdudablemente debió
•
· e rrg1 o estudió a fond d ·
d
c1ones y estudio como lo hab'1 h h
.
o 1versas tra uc'
ª ec o con Horac10
Del latín tradujo el poema descriptivo de Mod~sto San
hemos aludido (El Estandarte 12 y 19 d f b
1
ta Cruz, al que ya
de J. M. Gutiérrez Rosas (El, E
d
e e rero. ~93)' tres dísticos latinos
d 1
stan arte, 12 de d1c1embre de 1893)
e as Breves nociones de Estética d 1 . .t D .
,
y parte
a editar. De entre sus ensayos consag;ad~:s: :em:~i::~~::1s, ~ue empezó
cordar su estudio sobre las versiones d H
.
. . . os ay que rePagaza (E E 1 d
d
e orac10 y Vrrg1Iio realizadas por
. . o. e enero e 1894) . el Ens
C ,.
de Pa&lt;Yaza
(E. E lo 3 5 6 7 d
:
ayo ntrco sobre el "Virgilio"
0
•
•
,
,
Y
e noviembre de 1907). y su t b • "S b
la pronunciación del latín" (E E 20 d . r d
'
s ra ªJos o re
y "Sobre el estudio del latín" (.E .E 9 de JU ro e 1904 y 10 de enero de 1905)
Al
· ·
e agosto de 1907)
margen de esta labor que compromete un 'd
.. ,
po don Amb ·
. . .
ª
vi a, todavia encontró tiemros10 para escnb1r diversos estudios c 't'
d'
siones del francés poesía o . . l
n reos, iscursos, prosas, verhabl,0 d
1 ' ,
ngma' numerosas y frecuentes cartas y aún se
e nove as y fabulas.
,
Maravilla de veras que aquel hombre en l
.
.
vincia, y en los "desdich d
.
'
.ª. ~wetud msular de su pro1
~ismo escribe, en ~u_e se :i~:b~:17o~ Je:df:s~:: :::d~ess~:::::•, como él
1
t~:t~:r:;:c~:a
~:;: especializ~da/e cuest~ones latinas, Ilen: ~:y~b~:~
romana.
'
consagra o e por vida al Príncipe de la lírica

;i~~

Abogado ilustre, catedrático por vocación periodista .

l

.

La Voz de San Luis y luego en El Et d '
eJemp ar pnmero en
gidos por él mismo h' t · d
san ª:te ( 1885-1915) fundados y diri. ' is ona or por excelencia de San Luis Potosí Acad, .
d e 1a 1engua y rruemb
d 1
. .
,
em1co

.
. . ro e as pnnc1pales asociaciones culturales d
.
po, do~ Pnmo Fehc1ano Velázquez (1860-1953) es uno d
e su tremhumamstas y lo es con tal plenitud ue su o h
e nuestros ~randes
con la prehispánica Se ocup' d H' q
p ermanar la cultura occidental
.
o e amero y de Cervante t d .
.
el latín y el nahuatl.
s, ra UJ0 por igual
Aprendió latín desde su infancia con el Pbro A t .
de su tierra natal Santa María del R' L . nas as10 Escalante, párroco
nario bajo la sabia dirección del Lic r;~sé ~eg~ lo, p;~fe~cionó en el Semitodos sus estudios hasta graduarse de .abogadoe /sus ~ene: donde realizó
de latín en el propio Seminario.
. or vanos anos fue profesor
"Algunos meses después de haber recibido la r
.
.descansar de las rudas fatigas del estudio
'b 1cenc1~tura, Y_ acaso para
-escn e su amigo el L1c. Ambrosio

268
269

f

�. ,
.
traducir en versos castellanos a Virgilio y a ~oRamírez- dedicose Pnmo a
d 1 libro primero de la Eneida,
'
¡ d,
ctavas reales to o e
. d
racio. Del primero tras a o a o
h
ede ahora no haber hbra o
, que mue o me pu
d
trabajo de primor que conoci, y
'ón diversa a que luego se e.
d'able por la ocupaci
de extravío, acaso irreme i
.
b . , de las odas del poeta
dicó su autor, como libré las traducciones que tra ªJº
de V enusa". h
.
d H
. que nos tocó en suerte publicar
t
Así es como ay es as versiones e . .oracio
. 1951) Las odas traduci·das, son
(E fl s L p abnl-3uruo
·
por primera vez
si o, . . .,
4 21 24 Libro
II Oda 14, Li'bro III'
. .
L'b I Oda 1 3 12 1 ,
Y ·
'
I
las sigmentes: i ro '
' ,' ¡~ rimera estrofa. y el Epodo I .
odas 4 y 30. Libro IV, oda 2, solo ? , Ambrosio Ramírez- lo mismo en
"Me consta que Velázquez -contmu~
la de las odas de Ho.
l'b de la Eneida, como en
11
la traducción del pnmer i ro
.
tadores . antes bien huía de e os
1, t
versiones m comen
'
1
racio no consu to o ras
.
d 11 &lt;Yar a poseer la hermosa engua
com; de cosa perjudicial a su mtento e eº
latina".
.
r Don Primo cuando frisaba en los veintiún año~,
Estas versiones, realizadas po . .
1
s demuestran así su conoci,
· les eJ·ercic1os esco ares, pue
son mucho mas que simp
f ·¡·dad de versificación. No se sa1va
h
·ana como su ac11
d H
miento del alma oraci
'
b t' lo en los traductores e o,
.
h sido frecuente o s acu
.,
de la parafrasis, que a
. . 1
han de menos en la vers10n.
.
fe s del ori&lt;Yma se ec
.
racio. y numerosos ma i e
º .
d 'do estas obras de Horacio, se'
p .
no hubiera tra uci
,
Aun cuando Don nmo
.
. t d hermosura encontro
.
fue espíritu en quien o a
&lt;YUiría siendo el humamsta que
'd. h' to'ri·cos puede hallarse un rico ma1 1
º
d sus estu 10s is
,
. 1m t
resonancias. A o argo e
d I humanismo re&lt;Yional, especia en e
terial para la historia de la cult~~a ;úb~ica de San Luisº Potosí, en s~ Jntro~
en su Discurso sobre la ln:~ru_ccwpn
.
n su Historia de San Luis Potosi
. , a la Historia Eclesiastica otosma y e
d uccwn
en cuatro volúmenes.
.
F 1· .
Velázquez Tomás Ortiz ( 1859. R ,
Pnmo e ic1ano
,
.
L'
Como Ambrosio
amirez
y
.
.
d
I Instituto Científico y iterah ., 1 no del Semmano y e
1930) fue tam ien a um
llos traductor de Horacio.
rio como ellos fue abogado, y como e d
·~ez ~ivió en la capital del Es'
d d l M , pero des e su mn
~
Nació en Ciuda
e suaiz~
. . . d e su profesión y por varios anos
,
casi
toda
vida
al
e3ercicio
tado. Consagro
fue juez.
. , .
nte tres odas: la oda 2 del Libro II, y las
Del Venusino, tradujo umcame
entos felices de fidelidad y
Odas 22 y 28 del libro III. Hay algunos miolmt . pero se le escapan maH
.
aun a a e ra,
apego al pensamiento de orac10 y J'b
ente con lo que se destruye el
.
del on'ginal o parafrasea
'
tices
, muy
• i rem
. t d de la poesia 1atma.
. .
rigor y la exacti u
.
( 1873 1926) profesor de H1stona
.
1 . M tínez A&lt;Ymlar
'
.
El Pbro. Lic. Apo omo ar
º .
.
d , de varios discursos,
c· tífco y Literano, a emas
y de Latín del Instituto ien I n·
d la Magdalena (S.L. Potosí, la.
imprimió las semblanzas de Fray iego e

edición de 1908, 2da. de 1914) y de Fray Diego Basalenque (S.L.P. 1914).
Su trabajo más original es su doble versión en prosa de la Egloga Cuarta de
Virgilio "al mexicano que actualmente se habla en la Huasteca Potosina"
(S.L.P. Im. de Fernando H. González, 1910) .
Al quinto obispo de San Luis Potosí, el Dr. Miguel de la Mora (1874-1930)
se le conoce más por su acendrada virtud que por su sólida formación en
letras humanas y divinas. Cuando tomó posesión de su diócesis en 1933 ya
había cosechado frutos copiosos en la cultura; profesor del Seminario de
Guadalajara, había publicado su Manual de Literatura General ( 1901) que
vería una segunda edición póstuma (1932) con el nombre de Manual de Literatura Castellana; fácil orador y conferencista, había pronunciado un buen
número de discursos sobre temas sagrados y sociales, muchos de ellos impresos, algunas alocuciones en latín y aun en griego; y había escrito varios poemas castellanos, un ensayo sobre La belleza y un interesante estudio filosófico
sobre El reino hominal; dirigió los periódicos Seminario Marino (que duró
del 8 de diciembre de 1903 a 31 de dic. de 1904), y Artes .Cristianas (abril
de 1908) ambos de Guadalajara. En San Luis Potosí, fundó la Gaceta Eclesiástica Potosina el 12 de julio de 1922 que, con breves interrupciones, continúa hasta el presente; en esta revista se encuentran versiones suyas en verso
español a varios himnos latinos del Breviario Romano.

Del Canónigo Pedro de María Segura ( 1855-1943), profesor de latín y
Retórica en el Seminario desde sus 19 años, es una "Colección de opúsculos"
que publicó en 1896 con el subtítulo Ensayos literarios castellanos y latinos,
donde encontramos una dedicatoria latina al señor Obispo Montes de Oca,
dos textos en prosa Dissertatio de Juris Canonici Praestantia y Oratio de
Linguae Latinae Praestantia, además de tres breves poemas latinos Himno al
Sagrado Corazón de Jesús, Oda a Jesucristo, Himno a la Santísima Virgen
de Guadalupe. Publicó otros poemas latinos en El Estandarte ( 15 de Sept.
de 1893) y una oración fúnebre latina a la muerte de Montes de Oca.
Otro Elogium fúnebre, pero a la muerte del Ilmo. Señor Obispo don Miguel de la Mora, es el del Canónigo José M. Díaz, de 1931.
Entre su vasta producción lírica, el Lic. José Antonio Niño escribió "Dos
imitaciones de metro horaciano'' (Estilo, San Luis Potosí, núm. 21, 1952).
No podríamos olvidar el paso fugaz pero fecundo de Concha Urquiza
( 1910-1945) por San Luis Potosí, donde residió de 1939 a 1944. En su cátedra de la Universidad Potosina renovó los métodos en el estudio de la
literatura según descubría a sus alumnos el mensaje vital y eterno de los
clásicos.
"Sin ser propiamente humanística su formación literaria, escribe Gabriel
Méndez Plancarte, Concha logró un conocimiento no vulgar del gran tesoro

270
271

�Peña, Francisco.
- ES t udios históricos sobre S
L · p
Estandarte, 1894.
an u1s otosí. San Luis Potosí. Imprenta Editorial El

grecolatino, y supo asimilar algunas de sus fértiles savias" que afloran en su
voz lírica inconfundible y grande.
"Mucho más que a los helenos, frecuentó a los romanos, cuya lengua estudió con fervor y llegó a leer con cierta facilidad, si no con plena maestría ...
No momias de museo, no cadáveres para la autopsia del erudito sino alimento vivo y sustancial de almas juveniles, fuente inexhausta de júbilo y
de belleza" fueron para Concha U rquiza y para los humanistas potosinos de
cuatro siglos las riquezas del humanismo.
Convencidos de los motivos que Menéndez y Pelayo aducía para no llevar
a los escritores contemporáneos al Valle de Josafat, ni convertir a los vivos
en juicio literario o en "historia", aquí concluímos este índice del humanismo de San Luis Potosí, en cuya secuencia histórica vive y alienta, con sus
inevitables altibajos, pero con perseverante continuidad, una de las raíces más
hondas y operantes de nuestra cultura mexicana.

Ruiz, Rodol/o D.
-

Del lírico vergel potosino. S bl
em anzas y pergenios. San Luis Potosí, 1919.
Velázquez, Primo Feliciano Lic.

-

Colección de Do~umentos Para la historia de S
~~prenta del Editor, 1897-99 ( 4 vol.).
an Luis Potosí. San Luis Potosí,
ras del Lic. Primo Feliciano Velázquez M' .
I
Historia d S
L · p
· exico, mprenta de V. Agüeros, 1901.
e an u1s otosí. México, 1946-48 (4 vol.).

-

II. ESTUDIOS SOBRE HUMANISTAS POTOS!NOS
Sobre Fray Diego de la Magdalena.
-

PRIMO FELICIANO VELÁZQUEZ Fray D"
d 1
Luis Potosí, en el folleto La f. d "6 diegos e a Magdalena, fundador de San
,
un aci n e an Luis Poto ' S
L ·
.
Si,
an ms Potosí, 1942.
JOAQUIN MEADE. Fray Diego de la Ma d 1
de 1954.
g ena. ES t1lo, San Luis Potosí, Enero-Junio

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del XVIII
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emanas e a Academia Mexicana. México, Editorial

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JOAQUÍN M~ADE. El P. Andrés Diego de la Fuente S I
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Bolonia, fue publicada recientemente con esta portada: Memorias para la historia
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Ambrosio Ramirez.

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Primo Feliciano Velázquez.

3) Inauguración del Colegio G.J. Letras Potosinas, S.L.P., julio-agosto de 1949.
4) Datos sobre el Colegio G. J. Eco Universitario, S.L.P., julio-agosto de 1949.
5) Informe de los Capitulares del H. Ayuntamiento de S.L.P. sobre el Colegio
G.J. Letras Potosinas, S.L.P., junio de 1949.

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JoAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA. Primo Feliciano Velázquez, traductor de Horac10,
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Memorias de
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Tomas

6) El primer gobernador de nuestro Estado y el Colegio G.J. hoy Universidad Autónoma de S.L.P. Centro, S.L.P. I, 2, enero de 1951.
7) Documentos inéditos sobre el Colegio G.J. Centro, S.L.P. I, 7, julio de 1952.
8) El Colegio G.J. hace cien años. Estilo, S.L.P., enero-marzo, 1953.
9 ) El Colegio G.J., actual Universidad Autónoma de S.L.P. Letras Potosinas, S.L.P.,
enero-marzo, 1962.
Sobre el Seminario Conciliar.

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Concha Urquiza.

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Acción, San Luis Potosí. Varios artículos a partir del 7 de agosto de 1923.
De varios autores. Primer Centenario de la Fundación del Colegio del Estado. San
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274
275

�ESTILIZACIONES DE UN TEMA METAF1SICO
EN ALFONSO REYES
JAMES WILLIS ROBB
The Georges Washington University, U.S.A.

LA OBRA ENSAYÍSTICA DE ALFONSO REYES es tan vasta en sus múltiples formas
y variadísima temática, que no intentaremos reseñarla toda en estos breves
momentos* sino limitamos a un pequeño grupo de ensayos dentro de otro
más grande -los de tema metafísico-, no para enjuiciar sus ideas filosóficas (de eso no somos capaces) , sino sobre todo para examinar algunos de
los medios artísticos que emplea Reyes para estilizarlas en forma literaria.
No pensamos en Reyes como un filósofo sistemático, sino como poeta que
dentro de su preocupación humanística muy amplia da expresión poética en
prosa a un quehacer metafísico.
La temática metafísica abunda en los ensayos de Alfonso Reyes, intensificándose especialmente en los volúmenes Ancorajes (1951), Marginalia (dos
series: 1952, 1954) y Las burlas veras (dos series: 1957, 1959). Aquí nos
concentraremos en un grupo de cinco ensayos de la serie Ancorajes, que tratan todos de variaciones de un tema metafísico central, y que fueron elaborados en diversas fechas: La caída - 1928-, La catástrofe -1937-, Palinodia del polvo -1940-, Meditación sobre Mallarmé -1942-, Metafísica
de la máscara -1945-. Debido a las limitaciones del tiempo-espacio, tendremos lamentablemente que saltar sobre muchos detalles interesantes y ricas
implicaciones adicionales.
El tema común de este grupo de ensayos -desarrollado con distintas variaciones-- es el de "La caída" o del derrumbe cósmico. Aquí nos parece que
desde muy temprano Reyes se asoma a las angustias metafísicas de nuestro

* El presente trabajo fue preparado para ser leído en las sesiones de la Modern
Language Association of Arnerica en Nueva York en diciembre de 1964, en la sección
de literatura hispanoamericana contemporánea, dedicada enteramente a diversos aspectos de la obra de Alfonso Reyes.
277

�tiempo, con raíces en el intuicionismo bergsoniano de su generación y luego
afinidades -avant la lettre- con el causi-existencialismo de un Albert Camus y con la preocupación por los enigmas del espacio tiempo de un Jorge
Luis Borges. Todo esto en un gran humanista conocido por su serenidad
clásica.
El ensayo titulado La caída - exégesis en marfil formula una teoría del universo en términos de derrumbe, de pereza cósmica, de caída de la materia
equivalente en lo teológico a la caída de Luzbel. 1 Literariamente, lo que nos
parece más interesante es la manera alfonsina de presentarla a través de un
estímulo artístico,2 el de un objeto de arte -escultura en marfil- visto en
el Museo Arqueológico de Madrid, con su carácter plástico-visual, que se
refuerza por el agente catalístico de la memoria que precipita la reacción.
Después de una meditación nutrida de nuevas contemplaciones del objeto
que producen nuevas imágenes -el demonio opuesto al santo y al aeróstato,
la masa celeste hecha aerolito, asimilación asociativa a una pintura del
Greco- volvemos al punto de partida para sacar una nueva implicación:
"(Visto el objeto a contraluz, entre las venas caladas del marfil, entre
la parrilla satánica, otro, otro labrado indefinible -el labrado del aireme daba la pauta del trasmundo, del trasmundo virgen aún para los
sentidos y -debo decirlo- prometedor.)"

Este enfocarse en el elemento del aire a través del marfil crea un nuevo
símbolo del "envés de la tela" o "reverso de la medalla" que invierte la
perspectiva de negativa en afirmativa, abriendo un horizonte de infinidad
para futuras meditaciones, como la titulada Meditación sobre Mal/armé.
Estructuralmente, este volver al punto de partida y luego apuntar hacia el
infinito anticipa la forma espiral que se verá en la Metafísica de la máscara.
La catástrofe, ensayo mínimo en su brevedad, enfoca el mismo concepto
del derrumbe cósmico mediante una sola imagen dinámica, de carácter primordialmente cinético, relacionado con las leyes de la física, la imagen de
la honda:
" Cuando la piedra de la honda viene en camino, algo que es mineral en nuestra came la presiente por imantación . ..
Hay un derrumbe cósmico en marcha constante hacia nosotros. Tar1 Luis Leal ha comentado en tal sentido este ensayo, en "La caída de Alfonso Reyes",
El rehilete, México, No. 4 (Febrero 1962), pp. 5-8.

' El propio Reyes comenta este tipo de estímulo en "Los estímulos literarios" ( tipo
visual), Tres puntos de exegética literaria, en Obras Completas, XIV, México. Fondo
de Cultura Económica, 1962, pp. 275-280.

278

dará
milenios en llegar' o tardara, so'lo unos segu d
·
p
siempre profético adivi·na
l .
n os. ero el corazón
,
que e tiempo el p ·
l
'
debles, y que. una amenaza ll
d
'. es aczo y a causa son enzumbando, sobre nuestras ,fr:::s"~ explosiones de astros, está suspendida,
Palinodia del polvo enfoca el conce to del
,
otro estímulo y otro símbolo. 1 , p1 . derrumbe cosmico a través de
.
. e estunu o visual y tácfl d 1 . .
y
.
,
1
e paisaje y el símboIo táctil y metereológico del I
, b I d
po vo. a vimos como en L
'd
.
sun o o e promesa. En la v· ., d
,
a caz a el aire fue
· •
mon e Anahuac de Alf
R
espmtual del valle mexicano se . t t·
onso eyes, el sentido
.,
,
sm e iza en el concepto t
f' . '
g1on mas transparente del aire"
1 .
a mos enco 'la red 1 .
' en que e aire tambié
, b 1
e c andad, inspiración y renovación d 1
,.
n es sun o o de promesa,
negación de ese símbolo metafísico:
e cspmtu. Este ensayo presenta la

"¿ Es
· ' mas
, transparente del . J •
. ésta l a regzon
,
,.
de mi alto valle metafísico' ·P
,
aire. 'Que habe1s hecho
· , or que se empaña p
é
.
. . ' or qu se amarillece?
C, orren sobre él como fueabos f at uos 1os remolm
[l d
·
el los mantos de sepia q
b
i os e tierra. Caen sobre
, ue ro an profundidad al P . .
. .
en un solo plano espectral l . ,
aisa¡e y precipitan
e¡amas y cercaní
d d
colores la irrealidad de un
l
,
as, an o a sus rasgos y
.. .
a ca comama grates
d
artifzczal, de una ho¡·a pre t
~a, e una estampa vieja
"
ma uramente marchita.
Mordemos con asco las arenillas y l
ganta, nos tapa la respiracio'n
l .
e polvo se agarra en la garcon as manos Q ·
¡· ·
estrangularnos".
· uzere as ixtarnos y quiere

, Así el
, valle de Anáhuac, ant'1guamente tan J' '
.
b d
unp10 y tan despejado, hoy
dia esta asediado de tolvaneras y
el mundo ha evolucionado en lased~u r~, e dpolvo. Con el paso del tiempo
,
1recc10n el de
b
'
vue1ve sunbolo del derrumb
d .
.,
rrum e, Y este polvo se
e Y esmtegrac10n de t0d 1
as as cosas, que acaban por volver al polvo, a la nada:
"Microscopio
de las cosas' camino
.
d e la nad
·
· ·1 ·
gl orza; desmoronamiento d .
.
,
a, anzqu1 amiento sin
e inercias, enstropí , .
del polvo, lo más bajo del mu d "
a, venganza y venganza

n o.

El ambiente de pesadilla futurista amenazadora cul ·
r·
apoteosis del polvo:
mma a 1 mal de esta
"¿Será que el p oluo pretende, además, ser espíritu? ; y
verdadero dios?"
• si fuera el

279

,

�En su Meditación sobre M allarmé Reyes ahonda en la angustia metafísica
a través de la creación literaria, sentida en las luchas del poeta Mallarmé
con "la tortura Técnica". Donde en su estudio inicial de Mallarmé s Reyes
encontraba el mundo de la caída, del derrumbe cósmico: "la desesperación
ante esta irremediable caída desde la cima de la realidad hasta el fondo de la
página escrita", ahora ha descubierto una nueva perspectiva en que la caída
al abismo podrá llevar a una nueva subida:
"Pensemos, ahora, que el derrumbe desde la cima de la realidad
hasta la página muda. . . no sea necesariamente una angustia, sino un
grávido y acelerado placer, por cuanto encierra en sí el propio dibujo
de una esperanza, el sentimiento de una ascensión ulterior, de un rebote hacia arriba y, lo que es mejor, hacia más arriba que antes. Así el
cirquero que se vale del trampolín para poder saltar más alto. O el
nadador, cuya zambullida respira ya la victoria de un delicioso retorno
a la superficie, donde el bien perdido del aire recobre un valor de creación reciente y anhelada. El ángulo de incidencia hacia abajo lleva ya,
en preñez geométrica, el ángulo de reflexión hacia arriba".

•

Reyes encuentra su propia salvación del abismo metafísico en la exuberancia de la creación poética que hace nuevas conquistas y descubre nuevos
mundos, saltando como resorte desde el fondo de la sima hasta las cimas --o
cumbres- a la vista de otros horizontes. El aire nuevamente es símbolo de
promesa, esperanza, exuberancia refrescante y renovación del espíritu. La
oposición de caída y subida que forma el eje de este ensayo se cristaliza en
una brillante cadena de imágenes: primero el núcleo de tres imágenes complementarias -el cirquero, el nadador, los ángulos de incidencia y reflexión:
dos imágenes deportivas, una imagen geométrica. Una nueva elaboración de
la imagen del nadador lleva a una constelación final de tres imágenes: el
escarabajo egipcio que "trabaja con los residuos de una catástrofe vital" y
produce nueva creación; y el doble símbolo de Mallarmé y los dados, y de
las boleadoras de gaucho: es decir, desafío al azar, y a la aventura de la cacería suprema.
Metafísica de la máscara: En este caso Reyes vuelve al tema de la caída
o del derrumbe metafísico en la dimensión enteramente negativa, a través
de otro estímulo artístico: el de una colección de antiguas máscaras mexicanas. La contemplación de las máscaras pone en marcha toda una serie de
divagaciones sobre diversos temas o subtemas, creando una estructura espiral

en que el pensamiento vuelve varias vece 1 ,
. .
n~ev:nnente a desarrollar otro tema marg:n:i es;'.mulmlo ongmal para partir
cosm1ca de la Caíd
.
Y ma ente trazar la visión
a que apunta hacia el infinito p
. 1
.
metedora que encontramos en L
'd
,
' _ero sm a sugerencia pro.,
a caz a mas promment
,
1
czon sobre Mallarmé Un ra g
1· , d
e aun en a Medita.
s o pecu iar e estas á
. d'
represente una cara dentro d t
f
m scaras m igenas --que
e o ra cara armando
. . f' .
a esta reflexión final:
'
una sene m mita- lleva
"Pero he aquí q ue est e universo
•
en series
d·
·,
caciones hacia adentro (la
,
d
, en imenswn de multiplimascara e la m '
l
.
nos produce una impresión d
, t.
aseara, os o¡os de los ojos)'
.
e ver zgo· tonel d l D
'd
sin palpable fondo. Por aquí lle am .
e as anai _es, pesadilla
de ser ( casi) un mero a
t g . os a sospechar que la existencia pue.
mon onamzento de la
d
czones se van espesando l
.
na a, cuyas leves coagulaencimarse y acaban p
d
de una sustancia verdadera
l
or arnos el engaño
, en a que nuestro
t 'd
•
que nuestra mente cree as;r
s sen z os se detienen y
• con esas sus aarr · · 'bl
A
cierta metafísica para la c l l
I:&gt;
as_ znvm es. nda por ahí
ua e ser es tambzé
ser, visto en perspectiva El ti P
l,d
n, un espesarse del no
, .
.
em o rea e Berason es p
mea,
algo
como
el
sabor
d
l
d
I:&gt;
,
ara esta metaf
e a na a, remansado
l
· ·
nuestra conciencia ·Hast d, d
l'
en os czmzentos de
· t
a on e ca o el m
· d'
vertiginosa caída rumbo al e t
d l
. ascarero zn zgena, en esta
llarmé temía precipitarse con ::srod e l undwerso? Detengámonos: Maos a as esplumada 'p
·d
caer durante toda la eternidad' ·N
s, or mze o de
• t o es esto lo que ac t · , S
,
on eczo a atanas,
S enor de la Caída?"

ª

Volviendo a Mallarmé -su rota on·
.
imagen teolóaica de Sata ,
p
g ista de la creación poética- y a la
º
nas -presentada en el ensa L
'd
través de esta imagen de las m,
.
yo a caz a- Reyes a
asearas viene a acentu 1
•
.
amontonamiento de la nada (
..
ar a existencia como
concepto antes visible en la p l' d' d l
y d eI ser como espesarse del no s
.. ,
a zno za e polvo)
er -v1S1on que nos par
1a d e Ios existencialistas y cuasi ex'st . 1·
d
de
.
- • i encia 1stas e Ja post ece ya cercana
d'
,1 .
-guerra mun ial No.
2' especialmente Albert Camus c
Chute") y cuya imagen mitológic~~eu : ~ n;ela. se titul~ _La caída ("La
a subir repetidamente una piedra d d I b ( mito de Szszfo), condenado
b
es e a ase de una
t re, no deja de tener alguna afinidad con I lf .
rnon ana a su cumdenadas a seguir llenando d
a .ª onsma de las Danaides, con,
e agua un tonel sm fondo.
Asi en este pequeño grupo de ensa os h
.
.
físicas desarrolladas en c1·nc
.
y
emos visto un ciclo de ideas metao variantes con send d' ·
yección artística -modelos ensayístico; d I
las istmtas maneras de proque es Alfonso Reyes.
e exce so pensador-poeta del ensayo

• "Sobre el procedimiento ideol6gico de Stéphane- Mallarmé", 1909, Cuestiones estéticas, en Obras completas, I, México, 1955, pp. 89-101.

280

281

r

�EL ESCENARIO DE SAN MANUEL BUENO, MARTIR
COMO "INCANTATIO POÉTICA"
DR. Huoo RooRÍouEz - ALCALÁ
University of California, Riverside
¿Qué es tu vida, alma mía? ¿ Cuál tu pago?
¡ Lluvia en el lago!
¿ Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?
¡ Viento en la cumbre! . ..
UNAMUNO

En lo tocante al estilo, sin perder reciedumbre, ni adustez, fluye a qui la prosa,
libre, en cambio, de las abruptas durezas
en que con tal frecuencia suele tropezar,
entorpecida, la pluma de Unamuno, y alcanza esa elegancia que s6lo la economía
confiere.
FRANCISCO AVALA

The tragic correlative most stikingly a part
of the l'lwareness of Western manwriter, reader, or indeed non-reader is the correlative
of Christ or, in a broader sense, the pattern of learning through suffering as endlessly and recurrently dramatized by Christ.

E. M. MOSELEY
(Pseudonymus of Christ in the Modern
Novel)
Estéticamente, intuímos con toda nuestra
psique, Puesta de modo automático en una
especie de via muerta, o de ensueño, o
de momentánea infancia, o de dia de domingo, es decir, en un estado hábil, no

283

�práctico, no comercial, puro,.libérrimo, iluminado. La intuición literaria, la del ensueño y la del juego infanti/, son fenóme~os
relacionados. Pero el lector sabe que suena,
sabe que sabe que juega . ..

DÁMASO ALONSO

MÁs DE UNA VEZ SE HA SUBRAYADO el hecho d e que San Manuel .Bueno,
.
.
d
l
ran
mayoría
de
las
ficciones
mártir, tiene escenario, cosa que no suce e en a g .
.
de Unamuno en que, podría decirse, el mundo exterior no existe. 1
.
El mismo autor de la novela, en el prólogo de ésta, indica ser Sanabria la
ubicación geográfica de Valverde de Luce1;1a_ y exp,lica por qué, al comion;r
la historia, imaginó una aldea de vida publica mas desarrollada ~ue a e
las que en la realidad se encuentran a orillas del lago de San Martm de Cas·' V a 1verd.e d e Lucerna
tañeda.'2 Sin embargo,' al transfigurarse en la fºicc10n,
se localiza en la jurisdicción de la diócesis de Renada. Esta c1Udad ~at:drai
licia. ya tiene nombre conocido en el mapa novelístico de Unamuno . es e ;
- d 1916 fecha de Nada menos que todo un hombre, muy anterior a a·
ano e
,
, • R
d
se recorde la redacción de San Manuel Bueno, martzr. ena a es, comO d 1916
dará, la ciudad nombrada, nada más que nombrada, ~n e~ _relato e.
.
En efecto de la Renada de los trágicos amores de Juba Yanez y AleJandro
Gómez ei autor no nos dice nada, salvo que en la ciu~ad había dos cosas
di as 'de verse: la catedral y la belleza de la pro_tagomst~.3 Esto_ n~ a~onte: con Valverde de Lucerna en los límites del mismo obispado fmg1do_- la
aldea de Don Manuel es el centro de un paisaje y el drama de sus ag?ms~as
se efectúa en un escenario constantemente sugerido en el relato, en un ambito
' Ver por ejemplo, dos análisis de la novela aparecidos con veinte .ªdñoEs de disCta~cia
'
, MARIAS,
, • en Mºiguel de Unamuno,
Madn - ' M
spasa
pe,
uno de otro:
el de JuLIAN
•
drid aEdis A 1943 pág 122. y el de FRANCISCO AVALA, en Realidad y ensueno, a ' ,
• . •, G d , 1963
·
'
p'g
102 Lo que no se h a estudºta do t odavía' que yo sepa' es como
tonal re os,
, ª ·
·
. .
• · 1 d San Manuel Bueno
Unamuno "pinta" el paisaje natural y el pa1saJe espmtua e d d
C lumbi~
, 1
xtraído de las notas de un curso a o en o
má~tir
. . El en
presiente
artlcdue º{ 9~3 , se propone estudiar la técnica empleada en la susciUmvers1ty
e verano
tación del paisaje en dicha obra.
.
.
.
, MIGUEL DE U NAMUNo, S an Manuel Bueno, mártir ,y tres historias más, Buenos A12a edición Espasa Calpe Argentina, S. A., 1945, pags. 11-12.
res, ·
'
· " d A Sá h
Barbudo
Consúltese el capítulo titulado "Impresiones ~e Sa~a_bna Ge d.
ne e;959 págs'
en Estudios sobre Unamuno y Machado, Madrid, Ediciones ua arrama,
,
.
144-147.
, ) E
• Tres novelas ejemplares y un prólogo, Buenos Aires ( quinta edicion ' spasa
pe Argentina, S. A., 1945, pág. 91.

284

e 1
a•

espacial poéticamente delimitado por accidentes geográficos cargados de sentido simbólico: una montaña y un lago.

He dicho escenario sugerido y no descrito. Esta distinción tiene importancia
esencial a los efectos de este estudio porque interesa aquí analizar precisamente la técnica del paisaje en San Manuel Bueno, mártir.
Antes de entrar, sin embargo, en el análisis de la notable virtualidad expresiva de nuestra historia, convendría anticipar dos conclusiones: la.) El
escenario de la novela se hace visible gracias a una suerte de incantatio que
consiste en la habilísima intervención de leitmotive: el lago y la montaña
de Valverde de Lucerna, ya unidos o separados en cada tema conductor; 2a. )
Al evitar lo descriptivo y adoptar lo sugestivo, Unamuno no sólo evade la
técnica del realismo, la cual le es, por más de una razón, inaceptable, sino
que lleva a cabo uno de los mayores logros poéticos de su narrativa. Y digo
esto último porque el escenario de su drama religioso cobra gradualmente
prestigios de paisajes bíblicos que, superponiéndose al que inspiró el de la
novela, transforman a éste, mágicamente, intermitentemente, en un trozo de
Tierra Santa. Se diría entonces que una luz de Oriente alumbrara el lago
de Sanabria; que éste se trocase en lago o mar de Genesaret y que la hispánica Valverde de Lucerna tuviese un no sé qué de Tiberíades o de Cafarnaúm. Por lo que nos parece ver al héroe de Unamuno, imitador de Cristo
aunque incrédulo y sin fe en las promesas del Maestro, abandonar las orillas
del lago español y avanzar entre endemoniados y tullidos a orillas del de
Galilea, acaso hacia una montaña que no es la de la Peña del Buitre sino la
del Sublime Sermón.
Y de este modo rehacemos hacia atrás la vía de una milenaria tradición,
hasta su mismo origen y, alejándonos de la España contemporánea, nos abismamos en la sima histórica rumbo a la Palestina del Nuevo, y también, como
se verá, del Viejo Testamento.
Y así, merced a esta que llamaría yo fantasmagoría poética, Unamuno infunde al escenario de su relato la máxima universalidad posible dentro del
orbe cristiano: apela a la conciencia histórica de toda la Cristiandad, despierta· en zonas acaso adormecidas de nuestra alma visiones, las más conmovedoras, de la Sagrada Escritura y superpone, de una parte, paisaje sobre paisaje y, de otra, figuras de un ayer remotísimo sobre figuras hechas como la
estofa de nuestro tiempo. En efecto, don Manuel es nuestro contemporáneo,
comparte nuestra realidad histórica de hombres del siglo XX, habla nuestro
lenguaje, usa sus tópicos, pero detrás de su angustiada figura y como doblando su perfil español, hay otra figura, menos dibujada aunque no menos presente, que como el halo a las cabezas de los santos, le acompaña. De aquí
que haya dicho arriba que el lago de San Martín de Castañeda se nos trans-

285

�.
figure
en 1ago o mar de Galilea
, y la montaña de la aldea de Sanabria se nos
convierta en Monte del Sermon.
Describir y sugerir

La Academia anota tres acepciones del verbo describir:
l. "Delinear, dibujar, figurar una cosa, representándola d~ ~º1~e~u:a~é
cabal idea de ella. 2. Representar a personas o cosas por _medio e_
3g DJ ~
. .
• e
O circunstancias.
refiriendo o explicando sus d1stmtas
partes, cualidades
.
. 1
. o dando
finir imperfectamente una cosa, no por sus predicados esencia es, sm
una idea general de sus partes o propiedades".
. ..
"
.
, n la misma autoridad, s1gnif1ca: Hacer entrar
enS:ig::~~:~eº:1~:::t:~;r:ea ó especie, insinuándos~la º,,haciéndole caer en
ella Su&lt;Terir
una buena idea; Sugerir un mal pensamiento .
d
0
•
s
trata
aquí
e tener
d f' . . , de términos tan comunes. e
Perdónese, e:a e i~~:: en rigor cuatro formas diversas de suscitar intuipresentes mas e una
'
'
J'd d
f' de que cuando
dones en el lector u oyente, de cualesquiera _rea i a e;bt:n~:-mayor claridad
se citen y comenten trozos de texto una~umano, se
sobre la índole de su técnica representativa.
.
.
1m
e
mira
al
mundo
exterior,
1
Me refiero a esta técnica especia ente en o ~u .
es decir al escenario de San Manuel Bueno, martir.
B' . 'mas como acontece que muchos lectores, completa~ente absortos en
ien .
l t
inar la pnmera lectura, que
el relato -lo cual es de esperarse- ~re~n, a erm
roli'as aclaremos ante
hay en la obra descripciones, descnpc1on~s _tal vez p / ;ea en el sentido
todo si la susodicha técnica es o no descnptiva'., aunqueltarºa, prematura antes
., d d
"bir Tal aclaracion resu
de la tercera acepcion e escn ·
•, d "cosas" en el texto
de un examen de ejemplos concretos de represent~~1on e
l )
mismo (o antes de una segunda lectura, ahora critica, de la nove a . . , de
Cabe sin embargo señalar que la diferencia entre _la tercera, ~cepcic;; . .
, .
la Academia ofrece de sugerir no es facil de eter
describir y la u~1:a que .
d 1 1
. 'n de U namuno nos mostrará que
·
U análisis detenido e a e ocucw
.
.
1;11mar. . n no describe como queda ya dicho, sino que sugiere, bien que este
el, en· ngor,
pueda menos de compart'1r algún rasgo o rasgos comunes con
sugerir suyo no
. ' define imperfectamente las reaaquel describir que, en la tercera acepc10n,
.

lidades.
t · ' alerta a
Planteado así el problema, tratemos de mantener nuest:a a encd1~nl .d y
. i.1ustren 1o ~ue nos, interesa
i ,uc1 ar.
medida que los pasajes citados abaJo
.
t bl
d d l unto de vista artístico, lo mas no a e
tengamos bien presente que, es e e p
.
·¡ . ' de plenitud reen la técnica de Unamuno consiste en que suscita una i usion
286

presentativa y que logra esto "haciendo entrar en nuestro ánimo" un escenario que en realidad nunca se define directa, detenida y ordenadamente.
Dicho de otro modo, cabe afirmar que los arbitrios estilísticos de Unamuno
fingen esa plenitud representativa gracias a una suerte de incantatio poética.
Esta incantatio poética, a medida que sus fórmulas mágicas actúan sucesivamente en nuestro ánimo, hace entrar en éste una vislumbre del escenario del
Valverde de Lucerna; luego otra, y otra y otra y, de esta manera, el escenario
se nos insinúa cada vez más rico en cualidades visuales ( y aun auditivas) hasta que caemos en él; mejor dicho, nos encontramos en él viviendo con los personajes y, por consiguiente, el paisaje tan fuertemente vivido, vive en nosotros,
es parte de nuestra vida, se incorpora definitivamente a la galería de paisajes
poéticos de nuestra memoria.
A primera vista podría parecer sencillo el procedimiento estilístico de Unamuno pero es de rigor bien complejo: la incantatio no consiste más que en
la reiteración de "fórmulas" en que las voces lago y montaña resuenan página tras página. La complejidad del procedimiento se revela en la asombrosa multiplicidad de efectos expresivos que esas palabras obtienen en sintagmas
de poderosas, cambiantes cargas conceptuales, imaginativas y afectivas cuyo
impacto en la mente del lector resulta en la intuición de un ámbito geográfico colmo y tremente de tensiones espirituales.4
Estadística de los "leitmotive"

En los 24 capítulos 5 de la historia de San Manuel Bueno, que ocupan sólo
40 páginas en la edición que tengo a la vista, la palabra lago aparece cuarenta y tres veces, dos de ellas en plural; la palabra montaña, veinte veces. Lago,
sola, está repetida diecinueve veces. Montaña, sola, aparece una única vez.
Un estudio exhaustivo de las significaciones de los leitmotive requeriría demasiada extensión: acaso más páginas, muchas más que las de que consta la
novela misma. Por eso me limitaré al examen no muy pormenorizado de los
casos más significativos.

• En cuanto al tipo de intuiciones referido en el texto, véase DÁMAso ALoNso, Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos, Madrid (segunda edición ), Editorial Gredos, 1952, págs. 38-39, 484-493. Lo que afirma Alonso es aplicable a nuestro caso, con los distingos claramente establecidos por él.
• San Manuel Bueno, mártir, no tiene, como se sabe, capítulos numerados como
acontece con otras narraciones de Unamuno. Pero, aunque no numerados, los capítulos
están señalados por espacios en blanco. Una edición reciente de la novela que el lector
podrá más fácilmente numerar en capítulos merced a sus cualidades gráficas es la de
las Américas Publishing Company, Nueva York, 1960.

287

�Retrato del protagonista.
La montaña y el lago

Leemos en la primera página: "Tendría él, nuestro santo, entonces, unos
treinta años. Era alto, delgado, erguido, llevaba la cabeza como nuestra Peña
del Buitre lleva su cresta, y había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago".
Esta es la primera mención del medio geográfico, del escenario natural de
la acción novelesca. Nótese que Unamuno retrata físicamente (y moralmente)
a su héroe comparándolo, en su complexión y postura, con la Peña del Buitre
de la montaña, montaña que aún no se dice estar ahí, pero que queda aludida. Y, en lo que mira al color y profundidad de la mirada de don Manuel,
con los del lago. El lector ignora todavía la ubicación de la montaña y el
lago. Sabe, sin embargo, cómo era don Manuel, el don Manuel de la narradora Angela Carballino y de su pueblo. Sabe también, y de manera más inferida que taxativamente revelada, que hay una relación aún no explicada
entre ~l párroco de Valverde de Lucerna, la montaña y el lago. Y esto lo sabe
gracias a la carga expresiva de los tres posesivos: "nuestro don Manuel", "nuestra Peña del Buitre", "nuestro lago". Estas tres entidades, asociadas por las
comparaciones caracterizadoras, suscitan una idea de pequeño mundo de aldea vertida sobre sí misma, de aldea ensimismada. Lo cual coadyuva ya a la
intuición, si puede decirse, embrionaria, del escenario.
De entrada, pues, se establece un vínculo sugestivo, una similitud de misterioso sentido entre protagonista, montaña y lago.
Así comienza muy pronto a movilizarse la psique del lector en rápida actividad intuitiva; la fantasía elabora la imagen de un hombre alto, erguido, de
cabeza enhiesta como la cima de una montaña, y se figura un lago -lejos,
cerca, no importa- cuyo azul y cuya hondura son como los ojos de aquel
hombre alto y erguido. La voluntad matiza afectivamente estas imágenes: aquel
hombre se presenta como poseedor de una grandeza moral sobrecogedora, capaz de fascinar a todo un pueblo, de hacer de él un pequeño mundo aparte,
de darle, si puede decirse, límites como se los puede dar una montaña y un
lago pues en él altura y hondura espirituales asumen la majestad de las creaciones inmutables de la naturaleza. El es suyo -de todo un pueblo-- como son
suyos -de todo un pueblo-- una montaña, un lago: en suma, el mundo constituídos por la aldea y su paisaje. La inteligencia se apodera de estas visiones
para darles orden, coherencia, claridad, perfil nítido.
Y tenemos ya la primera vislumbre del escenario de San Manuel Bueno,

288

mártir. Una intuición pa · 1
.
·
., d
. . . rc1a , es cierto,
aunque de gran capacidad
d
ti •
pac1on e otras mtmc1ones que, muy pronto, se suscitarán.6
e an c1Situación de V alverde de Lucerna

En el capítulo III el leitmotiv 1 lago-montaña suena dos
L
·
veces.
a primera,. para potenciar la noción del vínculo entre el santo y lo
.
.
s acc1dentes geográfico . "
y
d
,, s. · · · Y a 1os qumce años volví a mi Valverde de L
a to a ella -evoca Angela Carballino-- "er d
ucema.
con el lago y la montaña " p
l
a on Manuel; don Manuel
···
ero es en a segunda
· ·, d l •
donde la situación de la aldea d d M
l
. . apanc10n e eitmotiv
e on anue se md1ca dentro de un , f
en
I que un endecasílabo concentra' lleva en s'1, la mayorcarga d es· ifparra
., o
en (~:a ~:i~:~ª:;:é~:~rrió en la primera cita: recuérdese el ;~e~::~:i:;

toda la hondura azul de nuestro la;o.)

Pero regresemos al capítulo III
d
,
leitmotiv. "
p
'l
, Y, en~ro de el, a la segunda aparición del
. . . . orque e no quena ser sino de su Valverde d L
su aldea perdida como broche entre el lago y la mo t e ~cerna, de
Ah
n ana que se mira en él"
vació~r;é:!=~~:

!~;::

;;t;i~~:;li;:,spectivamente, aldea, lámina azul y ele~

como un broche entre el lago y la montaña.

Adgrega Unamuno_ a la indicación "situacional" de la aldea otra m·dº . , .
la e que la montana se m·Ira en e1 1ago Y esto no 'l
,
1cac10n.
ºb
vista más sobre el pa·s .
.
.
so o contri uye con una
mamiento del mundo ~t~atm~ q~e ~efuerza nuestra intuición del ensimisdura, se abisma en ella.
ver e e ucerna: la altura se refleja en la honSabemos, también desde un comienzo, aunque esto no sea mucho
lag,? y esa montaña ( cuyas formas nosotros debemos imaginárnoslas' que ese
panoles. Nada ha metamorfoseado , l . ,
) son es"d
aun as rmagenes que de ell
h
I o muy por nuestra cuenta forºando
dº
os nos emos
se ha ido desarrollando. El paisaje q:;~ ida que el relato, hasta este punto,
ay en nuestra mente es un paisaje
• Ver lo dicho respecto al citado libro de D,
Al
' L
1b l .
.
amaso onso en la nota 4
a pa a ra e1tmotw aparece en este traba.o
,
. .
ral. Esto se debe a que lago y m t - f
J ' se~un los casos, en smgular o en pluon ana orrnan un leitmotiv único
pa1ab ras se separan y constituyen ¡ •, t. . d
, pero, a veces, las dos
ºfº
mo we m ependientes tal
¡¡
n icario con el texto de la novela ¡
.
.
, . corno e ector puege vea a vista, en vanos pasaJes.

e,

289
H19

�•
peninsular. Lo hemos forjado con la exactitu~ y ri~ue~~ proAp:;~t:~:;o:u:;~
E ~
1 oder de nuestra 1IIlagmac1on.
tro saber de spana Y a P
.
d sde el principio de este estudio,
cómo el paisaje, conforme lo anunciamos e
se metamorfosea.
Primera "palestinización" del
escenario: capítulo IV

El capítulo IV comienza de este modo:

Maestro rodeado de la muchedumbre intimidada, hipnotizada por el magnetismo de su presencia. Pero donde la imitación no de Cristo por el protagonista sino del estilo del Nuevo Testamento por el escritor exhibe formas sintácticas inequívocas, es en la frase siguiente a la citada. Y esta frase, que no
accidentalmente encierra el leitmotiv del lago, dice literalmente:
"Con lo que creció su fama, que atraía a nuestro lago y a él todos los enfermos del contorno ... 8
Otra vez don Manuel, el lago y
la montaña. Y el espacio
·

del año, solían y suelen
En la noch e de San Juan ' la más breve
.
p
hombre-

acudir a nuestro lago todas las pobres mu7erucas, y no ocolso son sino
,d
d
· dos y parece que no
cillas, que se creen posei ~:' e_n emo~:n Manuel emprendió la tarea de
histéricos y a las veces epi epticos, y
. . l
.
po
hacer él de lagoi de piscina probática, y tratar de aliviar es y si era
•
sible de curarles.

.
d estos oseídos de estos endemoniados, ¿ no
La aparición a orillas del lago e. 1 ~ t .. 'n' de otro laao de otros per. · no nos suscita a m mc10
t&gt; '
insinúa ya otro pa1saJe,
b V l d de Lucerna. esta es la noche
sonajes? Han caído las so:11bras so re a vt v:rón acosad; por la turba dode San Juan, la noche milagrera. y el san ºarece e~guirse cabe el primer lago
liente, miserable y quejumbrosa, ya n?dnosdpl ·elo sino próximo al rumor de
.
. d
h
n vagas luces ca1 as e ci ,
imagma o, a ora co
h d, de la tierra y en otra parte
llena otro vasto on on
.
d
otra masa e agua que
l .
laao intuído en un comienzo,
.
vemos
sobreponerse
a
primer
t&gt;
T
de la 1erra: ya
•, b'blica se nos dice que
G n
y ara reforzar 1a i.1us10n
i
'
el lago o mar de a i_ea.
p d h
'l de lago de piscina probática ... "
don Manuel "empren~1ó 1~ tarea . ; acer :aor es i:na correlación) entre el
La extraña, sugestiva vmculac1~n (en t&gt;d las dos únicas realidades conshombre y el lago, entre el protagodmslta y una_ e potencia con la conversión
· t realidad e escenario, se
titutivas d e 1a ya vzs ª
,
h
h ce él lago y entonces una
, . d
'l n éste. el heroe a ora se a
.
.
metaforica e aque e . .
l
t fantasía palabras adelante, hacia
referencia bíblica más directa sop ªs nlues ,ra ·t· de '1a piscina de los prodigios.
,
lo de a omon s1 10
1T
la misma Jerusalen y el
·,n del esce~ario se refuerza aún más, rengloAhora bien, esta pa estm1zac10
nes abajo. Veámoslo:

:~P

. de sus mira
· d as, y tal sobre. todo
la
y era tal la acción de su presencia,
ué mi-

dulcísima autoridad de sus palabras ~ sobre todo :e :u voz - , q
'
que consiguió curaciones sorpren en es . ..
l agro de v Oz.-

He aquí al Imitador de Cristo d el pueblecito español asumir el perfil del

290

La cuarta vez que el consabido leitmotiv cumple su cometido de creador
de escenario merece especial atención. Esta vez se diría que la intención de
Unamuno fuese suscitar una intuición de espacio de gran amplitud. En efecto, ahora, lago y ·montaña, conceptos de muy compleja carga psíquica, se
asocian de nuevo al protagonista o, mejor, a la voz del protagonista. El resultado intuitivo de esta asociación será en la mente del lector un ancho, un
grave, un misterioso panorama. Veremos entonces la dormida superficie del
lago y la base inmoble de la montaña contener en el ámbito por ellas limitado,
como se contiene algo material y tangible, la voz de don Manuel hecha canto
sagrado. Dicho esto así y sin tener a la vista el respectivo pasaje resulta acaso
ininteligible. Pero el pasaje será pronto citado. Sigamos, pues, anticipándolo.
El canto de don Manuel, merced a la maestría estilística de Unamuno, se
va a "patentizar" ante el lector como una larga, inmóvil nube flotante dentro
del espacio abierto entre la montaña y el lago.
El pasaje dice:
Su maravilla era su voz, una voz divina, que hacía llorar. Cuando al
oficiar en misa mayor o solemne entonaba el prefacio, estremecíase la
iglesia y todos los que le oían sentíanse conmovidos en sus entrañas. Su
canto, saliendo del templo, iba a quedarse dormido sobre el lago y al
pie de la montaña. 9

Adviértase lo curioso de esta nueva v1s1on del mundo exterior que el escritor suscita. El canto religioso, algo intangible, incorpóreo, mero temblor en
el aire, sale de la iglesia, va a situarse tal como si se hubiese corporizado y,
por consiguiente, hecho visible, sobre el lago. Lo concebimos entonces provisto de color como un trazo largo de vapor acuoso y estremecido. Y así, ante
• Véase como posible modelo estilístico de Unamuno, San Mateo, 4, 2-6.
• Capítulo JV, página 30 de la edición mencionada en nota 2.

291

�•

nosotros y contra un cielo no nombrado pero presente, el canto visibilizado,
espacializado se constituye en nueva entidad (dos veces sensible) de paisaje:
la voz se hace parte del panorama, por decirlo así, espacio, adquiere perspectivas, es cosa. O, si se quiere, es espiritualidad cosificada, poéticamente cosificada.
No tratemos de desentrañar inequívocamente el sentido de bellísimo paisaje. Nos interesa más que nada el efecto visual que obtiene. Y subrayemos el
hecho de que logro tan sugestivo se verifica gracias a una nueva asociación
de los tres ingredientes, digamos, utilizados en éste y en otros pasajes, en la
suscitación del escenario: protagonista, lago y montaña.
El pueblo y el lago

Líneas después del pasaje arriba citado y al parecer otra vez el leitmotiv
del lago, nuestra atención de lectores no va a concentrarse en el protagonista
mismo. Ahora el pueblo y el lago serán términos de una comparación que nos
hará visible el efecto que la vehemente religiosidad del santo produce en sus
feligreses. Por esto digo que nuestra atención no se polarizará hacia don Manuel aunque el vínculo entre éste y el lago no quede, en rigor, suelto. El pueblo entero será como el lago. Mejor dicho, el pueblo, bajo la tormentosa pasión del sermón del santo, será como el lago bajo el azote del cierzo:

Y cuando en el sermón de Viernes Santo clamaba aquello de: "¡ Dios
mío, Dios mío!, l por qué me has abandonado?", pasaba por el pueblo
todo un temblor hondo como por sobre las aguas del lago en días de
cierzo de hostigo. Y era como si oyesen a Nuestro Señor Jesucristo
mismo ...

Henos, pues, aquí con una nueva intuición del ya "conocido" paisaje: la comparación, en su segundo término, nos la ofrece. Claro que este lago no es
ya el de azules aguas en paz que imaginamos antes, sino uno de frías, de encrespaqas, de violentas y oscuras olas. Radicalmente ha cambiado el escenario en !~ que mira a color y hasta en temperatura: el paisaje ahora es invernal. Hemos asistido por unos segundos a un cambio de estación, aunque, recordemos, el Viernes Santo se solemniza en primavera. La comparación, no
obstante, nos hace intuír lo ya dicho: el lago de Valverde de L~cerna en plena
invernada.

El pueblo (la voz del pueblo)
Y la montaña

En el capítulo V Unamuno congrega a todo el pueblo de Valverde de Lu
cerna. par~ emple~r con nuevo efecto -digamos- el sortilegio poético d~
los leitmotwe. Veamoslo:
En el pueblo todos acudían a misa, aunque sólo fuese para oírle
por verle e~ el altar, d~nd~ !arecía transfigurarse, encendiéndosele
rostro. H~bia un santo e¡ercicto que introdujo en el culto popular y es
que,
reuniendo
en el. templo a todo el pueblo, hombres y mu¡eres,
·
·
.
·vieJos Y nznos, unas mil personas, recitábase al unísono en una sola voz
el.Credo: "Creo en Dios Padre Todopoderoso, Cread:r del Cielo y de la,
Tierra
·
y no era un coro, sino una sola voz una voz
.
· · · " Y l O que sigue.
stmple Y unida, fundidas todas en una y haciendo como una :no t cuya cumbre, perdida a veces en las nubes, era don Manuel. . .
n ana,

;i

Vim~s antes que don Manuel "llevaba erguida la cabeza como nuestra Peña
del ~mtre llevas~ cresta", y que en los ojos del párroco había "toda la ondura
azul, del lago; v1m?s luego. 4,u~ don Manuel hacía él de lago para con los
pose1dos y endemomados, h1stencos o epilépticos; más tarde, que los Viernes
:~ntos, p~saba sobre
pueblo un temblor como sobre las aguas del lago en
{~ d~ c1:rzo, de hostigo. y ahora vemos que la voz del pueblo, al recitar
e re º', ac1a como una montaña cuya cumbre. . . era don Manuel y si
en el capitulo IV -agreguemos completando nuestra recapitulación- ia voz
d~ don Manuel _salía del templo e iba a quedarse dormida sobre el lago y al
P1~ de la montana,
en el capítulo V, es la montaña la que sale del paisaJe ~ue, Pº~ 1~ fe poetica, es movida e instalada en el templo (en instantánea
hazana faraomca) ; no sólo toda su mole se coloca y yergue podría decirse
sobre el corazón de la levítica aldea·• el lago va a seguir
· 1e en 'pos.
'

e!

ª~º:ª,

La voz del pueblo como lago

y al ;;egar a lo de "creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable , la voz de don Manuel se zambullía, como en un lago, en la
d~l pueblo todo, y era que él se callaba. y yo oía las campanadas de l
villa que se dice aquí que está sumergida en el lecho del lago -campa~
nadas que se
. dice también se oyen en la noche de S an Juan- y eran
las de la villa sumergidas en el lago espiritual de nuestro pueblo; oía

292

293

�la voz de nuestros muertos que en nosotros resucitaban en la comunión
de los santos.
¡ Qué utilización prodigiosamente expresiva de las dos únicas realidades
cuyo mágico barajar poético ya ha creado antes el paisaje y ahora sirve para
simbolizar, por un lado, las emociones religiosas y la secreta angustia del pastor y por otro la vida de todo su rebaño en los momentos de más entrañable
' '
'Obsérvese que ni aquí Unamuno desvincula a su héroe de la
espiritualidad!
montaña y el lago, aun cuando éste y aquélla han dejado de ser entidades
físicas para trocarse, por decirlo así, en puras imágenes.
A esta altura de nuestro comentario ya podemos caer claramente en la cuenta de que el mundo de Valverde de Lucerna ha adquirido densidad, realidad,
sustancia, en virtud de la intrincada red de relaciones establecidas de una
parte, entre don Manuel, el lago y la montaña y, de otra, entre el pueblo como
masa, como entidad colectiva, y don Manuel. Este podría decir, parafraseando
la famosa sentencia de Ortega: "'Yo soy yo y Valverde de Lucerna, el lago y
la montaña".
El Héroe de Unamuno y del
Viejo Testamento

Ahora el Viejo Testamento, por vía de comparac10n y de alusión, va a
ejercer sobre el relato su enorme poder sugestivo. Unamuno recurre al milenario texto del Deuteronomio y, dentro de él, al episodio más dramático, para
hacer más patética la figura del héroe cuya santidad escondía caritativamente el escepticismo y la desesperación.
Bien se recuerda que don Manuel, en esta vida, "no espera en Cristo". Morir para él ha de ser la extinción de su conciencia, el total, absoluto anona'
' hay allende esta vida otra perdurable, como asegura el Credo
damiento.
No
y como prometía el Cristo. He aquí el secreto que explica, por un lado, la
desesperación del protagonista y, por otro, su caridad activa. Su caridad, conforme a la teoría de Unamuno, es compasión por los que también van a morir y no verán jamás la Tierra Prometida. De aquí que el pueblo todo necesite, para seguir viviendo, el consuelo de una fe fingida, el espectáculo de un
viviente testimonio que es Don Manuel y su simulada creencia en la resurección de la carne y en la vida perdurable. Gracias a esta fe fingida, se mantiene y depura la fe ingenua de los feligreses. Para éstos es la religión un opio
consolador del trágico, inevitable destino.
Bien: la comparación de que será objeto don Manuel en medio de su pueblo con otro héroe del Viejo Testamento infundirá, como queda anunciado,
un mayor patetismo en el protagonista. Y este patetismo, a su vez, se proyec294

tará sobre el mundo que a don Manuel rodea, al escenario físico y espiritual
del relato.
Tal efecto -efecto reflejo, entiéndase bien- se ha de producir en la psique
del lector por inconscientes procesos de la fantasía. La montaña de Valverde de
Lucerna se perfilará entonces bajo una nueva luz o, mejor dicho, será en rigor
otra, y no ya como la del Sermón sino como la que se yergue "enfrente de
Jericó". Mas todo esto no ha de ocurrir, insisto, en una zona lúcidamente racional de nuestra alma sino en una de asociaciones oscuras de conexiones
.
.
'
1mprec1sas, borrosas como las de los sueños.
Leamos, pues, con estas aclaraciones previas, dos pasajes del relato. Uno y
otro se encuentran, respectivamente, en los capítulos V y XX:
Después, al llegar a conocer el secreto de nuestro santo -cuenta Angela Carballino- he comprendido que era como si una caravana en
marcha por el desierto, desfalleciendo el caudillo al acercarse al término de su carrera, le tomaran en hombros los suyos para meter su cuerpo sin vida en la tierra de promisión.

La alusión a Moisés es evidente: don Manuel, por no creer es privado,
como el caudillo de los primeros libros de la Biblia, de entrar en la tierra de
promisión. El pueblo de Valverde de Lucerna -sus feligreses- en cuya voz
colectiva se zambullía la suya como en un lago al llegar el momento de profesar en el templo la creencia supremamente consoladora, tenía que tomarlo
en hombros y "llevarlo", como sin vida, hasta el final de la plegaria.
Pero es en el capítulo XX donde la alusión se convierte en referencia taxativa al caudillo hebreo. El párrafo que voy a citar pertenece al episodio de la
confidencia que a los hermanos Carballino, Lázaro y Angela, hace don Manuel en su lecho de muerte:
Recordaréis que cuando rezábamos todos en uno, en unanimidad de
sentido, hechos pueblo, el Credo, al llegar al final yo me callaba. Cuando los israelitas iban llegando al fin de su peregrinación por el desierto,
el Señor les dijo a Aarón y a Moisés que por no haberle creído no meterían a su _pueblo en la tierra Prometida, y les hizo subir al monte de
Hor, donde Moisés hizo desnudar a Aarón, que allí murió, y luego subió
Moisés desde las llanuras de Moab al monte Nebo J a la cumbre del Fasaa
b J
enfrente de Jericó, y el Señor le mostró toda la tierra prometida a su pueblo; pero diciéndole a él: "No pasarás allá" y allí murió Moisés y nadie
supo su sepultura. 10

'º Ver Deuteronomio, 34, 1-16.
295

�. No se insinúa en nosotros lectores una conexión entre el monte Nebo Y su
~umbre del Fasta con la montaña de Valverde de Lucerna y su Peña del Buitre? Don Manuel tiene algo en común con Moisés; éste miró de_sde una cumbre la tierra prometida; aquél y su montaña y su cumbre han sido tantas veces relacionados . ..
Analícense por tanto la multiplicidad de intuiciones con que el autor enciende nuest:a psique ahora que a la luz de estos pasajes se puede vislumbrar
el secreto de la incantatio a que se nos ha sometido. ¡ Qué ~iqueza de s~g:s•
tión en este calidoscópico manejo de "elementos representativos" de ya1saJe,
de número éstos, en verdad tan reducido! Obsérvese c~mo la mon~~na _Y su
Peña del Buitre ya no están, en cierto modo, en Sanabna o en la d1oces1s de
Renada, cabe el lago, ni ya en la Galilea de hace casi dos mil años, sino en
un panorama muchísimo más antiguo: es aq~éll~ aho~a un monte que domina la llanura moabita y que se nos desd1buJa baJo resplandores transmundanos.11
Montaña, lago y cielo

Pasemos a examinar en el capítulo IX, el siguiente episodio: Angela Carballino pone a don M~uel, en lo que mira a las creencias de éste, entre la
espada y la pared. En efecto, la feligresa y discípula ~r~gunta al sacerdote
"mirándole derechamente a los ojos", si hay o no hay mf1emo.
y el santo escéptico, que no quiere decir ni sí ni no, se escapa por la tangente y, mirando al cielo, a la montaña y al lago, tras dos breves contrapreguntas, evade de este modo la respuesta:
-Cree en el cielo, en el cielo que vemos. Míralo -y me lo mostraba
sobre la montaña y abajo, reflejado en el lago.

hacemos indirectamente presente el escenario y dejamos a nosotros la tarea
de representárnoslo en su amplitud y colorido. Vemos así nuevamente cómo
Unamuno no desaprovecha ocasión de seguir sugiriendo, o, si se quiere, de
seguir sugestionando.
¿ Cómo no va a ir entonces estructurándose progresiva y "sólidamente" en
nuestra psique ese mundo exterior sobre el que los personajes vuelcan, de una
manera u otra su vida interior? La "solidez" a que me refiero no puede menos de suscitarse porque tanto la montaña como el lago -y ahora el cielo-son, además de símbolos de lo real, de lo estadizo, de lo permanente, la querencia obsesivamente expresada de los protagonistas. 12

El hermetismo del mundo de la ficción

En su estudio de San Manuel Bueno, mártir, afirma Julián Marías "que
es decisiva para Unamuno la existencia de un mundo de ciertas condiciones
de una determinada circunstancia espiritual y" -agrega "aun física, para la'
realidad de las vidas que aquí le importan1'.
Según el mismo crítico, "Unamuno, por primera y única vez en toda su
obra, supera la abstracción del yo y lo instala realmente en un mundo: y,
como era de esperar, no en un mundo de cosas sino en el mundo de la persona. La persona en su mundo, insistiendo en el su, podría ser la fórmula de
la estructura de esta novela". 18
Nada hay en mi juicio que rectificar en las aseveraciones de Marías, excepto el hecho de que no es San Manuel Bueno, mártir el único caso en que
Unamuno "supere la abstracción del yo". Recordemos El marqués de Lumbrías. Si analizáramos detenidamente esta narración advertiríamos que el marqués y su familia (tal como don Manuel y sus discípulos) viven también en
un mundo no por más pequeño menos mundo: el de la casona cuya blasonada
fachada da a la plaza de la Catedral, y a cuya espalda "gruñe en el congosto
de su cauce" un río. La técnica de esta "novela ejemplar" es afín a la de la
que nos ocupa en lo que atañe al empleo de leitmotive para suscitar y potenciar la representación del escenario.

Don Manuel incita a su discípula, con esta evasiva, a aceptar como verdad
la bella mentira de
... "ese cielo azul que todos vemos".
Esto, a mi juicio, resulta evidente por lo menos_ en un sentido: la r:spuesta
implica el consejo de no cuestionar ~a fe, la fe 1~genua, la que prescmd~ d~
teologías. Pero el pasaje mismo nos mteresa aqm desde otro punto de vista.
el hecho de que exhibe una vez más el arbitrio de que el autor se vale para

Ahora bien, de Marías nos interesa aquí la observación según la cual el
mundo de San Manuel "no es un mundo de cosas sino mundo de la persona".
Y, sobre todo, la acertada síntesis de sus asertos anteriores: "La persona en

11 Hay en San Manuel Bueno, además de otras alusiones bíblicas, unas "Bodas de
Caná", cuyo comentario paso por alto. En estas "Boda~" ~¡ I_ago ent~ro. es lo que el
párroco quisiera convertir en vino y no el agua de las seis tmaJas que md1ca San Juan,
2, 1-11.

,. Esta simbolización de lo permanente en lago y montaña se sugiere en el capítulo
VIII, pág. 37 y, sobre todo, al final del capítulo XV, págs. 48-49. Según vemos en la
página 49, ni el lago ni la montaña forman parte de la historia.
" Miguel de Unamuno, Madrid, Espasa Calpe, S. A., 1943, pág. 122.

•

296

297

�su mundo, insistiendo en el su podría ser la fórmula de la estructura de esta
novela" .14
El mágico manipuleo de los leitmotive confiere realidad plena de mu~do
al setting de la novela tocante a lo físico y también a lo espiritual. (Lo físico
que en ese ámbito existe, entre paréntesis, es d~ lo más físico, -:la piedra en
la montaña, por un lado y, por otro, una realidad aunque líquida Y evaporable no por eso pasajera en la vastedad de su volumen: el agua del lago)•
Lo intearador de mundo en estos dos únicos ingredientes físicos de la circunstancia ionsiste en la hiperespiritualización a que son sometidos en los múltiples
usos estilísticos ya comentados.
Para ilustrar mejor lo dicho, observemos en el siguiente pasaje cómo Unamuno vio-oriza
los vínculos existentes entre lo personal
y lo circunstanto
o,
o
.
.
dicho de otro modo, la correlación, la interdependencia de persona1es y contorno. En el pasaje de abajo es a Angela Carballino a quien vemos absorta en
el paisaje de su aldea en forma tal que sin este paisaje ella no puede ser, se
. Unamuno, " se ah oga" .
siente ella insuficiente, indigente 15 o, como dice
Fui unos días invitada por una compañera de colegio, a la ciudad, Y
tuve que volverme, pues en la ciudad me ahogaba, me fal!aba algo,
sentía sed de la vista de las aguas del lago, hambre de la vista de las
peñas de la montaña; sentía, sobre todo, la falta de mi don Manuel Y
como si su ausencia me llamara . . .

Este mundo físico tan repetidamente asociado, en especial, a don Manuel
¿ obedece a un propósito de caracterizar al héroe atribuyéndole calid~des ?ºr
encima de las comunes y corrientes? La respuesta la hemos dado, afirmativa,
antes al comentar el primer esbozo del retrato del párroco.
Cabe aquí subrayar ahora que la consistencia del mundo de don Manuel
y sus discípulos estriba en forma no desdeñable en estar aquel mun~o se~arado del resto del universo: de la ciudad, de las otras aldeas, de Espana, bien
que asimilado a otro que no pasa (porque_ya es pasado), y que, da_fijez~:
el de la Biblia. El de Valverde de Lucerna es un mundo hennetlco, sm mas
dimensión horizontal que la abarcada por la aldea, el lago y la montaña. En
efecto, se adivina que al menos para la mayoría de los feligreses ~e don Manuel, aparte de la susodicha dimensión, sólo existe otra: la vertical, pr?yectada hacia arriba; hacia el cielo; y hacia abajo, .hacia el seno de la tierra,
adonde regresa el polvo de que están hechos.

1:

" Sobre la idea de circunstancia, véase al libre de JuLIÁN MARÍAS, Ortega. Circunstancia y vocación, Madrid, Revista de Occidente, 1960, págs. 377-439.
.
,
,. Véase la teoría de "el ser indigente" en ÜRTEGA Y GAsSET, ¿ Qué es /1losof1a? Madrid, 1958, capítulo X, págs. 22 y siguientes.

298

Los personajes centrales -especialmente don Manuel, Angela Carballino y
su madre- viven inmersos en su mundo hermético. Es más, ese vivir inmersos en la aldea, su lago y su montaña, en obstinada reclusión, es un afán exclusivista que en la madre de Angela se expresa en un p¡urito de prolongar, de
algún modo, aun después de la muerte, la contemplación indefinida del lago
y la montaña. Veámoslo:
Por entonces enfermó de muerte y se nos murió nuestra madre, y en
sus últimos días todo su hipo era que don Manuel convirtiese a Lázaro,
a quien esperaba volver a ver un día en el cielo, en un rincón de las
estrellas donde se viese el lago y la montaña de V alverde de Lucerna.
Ella se iba ya, a ver a Dios.
A ver a Dios, pero no a dejar de ver su paisaje. Pero olvidemos ahora lo que
ven, van a ver o quieren ver los personajes y pensemos en el lector o, mejor,
en lo que Unamuno invita al lector a ver, y preguntémonos: ¿no está invitándonos el poeta a ver, desde otro ángulo, literalmente desde las estrellas,
ese paisaje, allá, muy abajo?
Y no sé por qué pensamos entonces en el trasabuelo del Dante, en Cacciaguida, que desde el Paraíso aún quisiera contemplar, inmutable la Florencia
de su tiempo:
Fiorenza, dentro dalla cerchia antica,
ond' ella toglie ancora o terza e nona,
si stava in pace, sobria e pudica. . .

(Paradiso, XV, 97-99).
Otra vez don Manuel y el lago

En el capítulo XII, Lázaro, el librepensador progresista, y don Manuel, el
sacerdote incrédulo, se han hecho muy amigos. Los dos van a menudo "de
paseo, orilla del lago, hacia las ruinas, vestidas de hiedra, de la abadía de los
cistercienses".
La personalidad de don Manuel ha impresionado profundamente a Lázaro,
hasta el punto de desvanecer sus prevenciones de progresista. En el pasaje
que voy a citar abajo hay un diálogo entre Lázaro y su hermana acerca del
párroco. El diálogo se verifica en la casa de los hermanos.
-Es un hombre maravilloso -me decía Lázaro- . Angela Carballino es quien habla. Y a sabes que dicen que en el f ando de este lago hay

299

�una villa sumergida y que en la noche de San Juan, a las doce, se oyen
las campanadas de su iglesia.
-Sí -le contestaba yo-, una villa feudal y medieval . ..
-Y creo -añadía él- que en el fondo del alma de nuestro don Manuel hay también sumergida, ahogada, una villa y que alguna vez se
oyen sus campanadas.
-Sí -le dije-, esa villa sumergida en el alma de don Manuel, ¿y
por qué no también en la tuya?, es el cementerio de las almas de nuestros abuelos, los de esta Valverde de Lucerna. . . ¡feudal y medieval!

Vamos a pasar por alto el comentario de la leyenda que Unamuno hace
inteivenir en su relato aunque su valor sugestivo represente importantísimo
papel.
Tampoco comentaremos los arbitrios de caracterización que de modo directo e indirecto actúan en este pasaje. Otra cosa nos interesa más que nada
aquí; es ésta: el paisaje sublacunar, digamos, que se nos sugiere. Se nos invita, en efecto, a imaginar el fondo del lago con la villa en él cubierta por
la masa líquida, visible la villa bajo el son cuando, en el cenit, hace refulgir
la transparencia de las aguas sosegadas.
Una morosa reverie multiplicaría las intuiciones de esa villa sumergida -casas, calles, la catedral sonora, etc.- ya propiciadas capítulos atrás, como al
caer una piedra sobre ese lago los círculos luminosamente concéntricos rizarían en dilatados avances, el cristal.
Anotemos, de pasada, una nueva asimilación del lago y de don Manuel,
es decir, del fondo de aquél y del fondo del alma de ésta. Y, la misma cosa,
en lo que atañe al otro personaje, a Lázaro Carballino.
Transformaciones del escenario: blancura
de invierno sobre el paisaje

La madrugada en que don Manuel, vuelto ya Lázaro al seno de la iglesia
( en apariencia, al menos), da a éste la comunión, montaña y lago, una vez
más, están presentes en comparaciones que ayudan a diseñar física y emocionalmente al protagonista:
Y llegó el día de su comunión, ante el pueblo todo con el pueblo todo.
Cuando llegó la vez de mi hermano pude ver que don Manuel, tan blanco como la nieve de enero en la montaña y temblando como tiembla
el lago cuando le hostiga el cierzo, se le acercó con la sagrada forma en
la mano, y de tal modo le temblaba ésta al arrimarla a la boca de Lá-

300

zaro, que se le cayó la forma a tiempo que le daba un vahído. Y fue mi
hermano mismo quien recogió la hostia y se la llevó a la boca. Y el
pueblo al ver a don Manuel, lloró diciéndose: "¡ Cómo le quiere!" y
entonces, pues era la madrugada, cantó el gallo. (Capt. XIII).

Considérese lo que con los aquí llamados leitmotive logra Unamuno: no
me refiero sólo a ese continuo poner ante la mirada del lector el medio circundante a la tragedia, medio que ahora aparece emblanquecido de nieve
gracias a la feliz comparación. (Esta transfiguración invernal del paisaje nos
interesa, dicho sea de paso, por ser un ejemplo más de la técnica representativa indirecta del escritor). Me refiero a lo que completa el cuadro de esta
madrugada de extraña unción en Valverde de Lucerna, entre el lago y la
montaña: el "retoque evangélico" que presta al cuadro su ambivalencia pictórica. Esto es: la mentada superposición de escenarios; un aquí, contemporáneo, el de Valverde de Lucerna; y un allá, milenario, de Jerusalén. 16
Resumen

Reducida a breve fórmula, la técnica del escenario de San Manuel Bueno,
mártir, consiste en una incantatio operada por leitmotive que son las palabras lago y montaña, ya juntas, ya separadas, según los casos.
Los leitmotive actúan trayendo consigo comparaciones, "imágenes" y alusiones. Las comparaciones vinculan al protagonista y otros personajes con aspectos del mundo físico circundante. O suscitan sugestiones bíblicas, las cuales, a su vez, metamorfosean ese mundo físico (y espiritual). Entonces, la
montaña de Valverde de Lucerna tiene un no sé qué de la del Sermón de
Cristo; el lago de la aldea, por otra parte, cobra también un no sé qué del
lago o mar de Galilea. Y algo parejo acontece con los personajes de la novela
cuya semejanza con figuras de la Biblia se sugiere y muestra más de una vez.
El resu1tado de esto es lo que he llamado la palestinizqción y la ambivalencia pictórica del escenario.

•
El leitmotive es un recurso frecuente en la obra de Unamuno. El escritor
se complacía en repetir, en insistir. Hay leitmotive -para citar una obra bien
conocida en varios idiomas--- en Niebla. Era Unamuno un repetidor de ideas,
1
•

Ver San Mateo, 26, 69-72; San Lucas, 22, 54-61; San Juan, 18, 17-27.

301

�de temas, de opiniones propias y ajenas. Y con expres1on no elogiosa, debe
añadirse que resultaba frecuentemente machacón.
En su San Manuel Bueno, mártir no acontece tal cosa. La tendencia a veces viciosa de su elocución se vuelve excelsa virtud estilística. Y lejos de incurrir en machaconería su estilo logra una prodigiosa incantatio poética.
University of California
Riverside, California

Sección Tercera

HISTORIA

302

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                    <text>de temas. de opiniones propias y ajenas. Y con exprcs1on no elogiosa, dt'be
añadirse que rcsultaha frrcuentemcntc marhacón.
En su So11 Mo11ud Buo,o, mártir no aronh.'{·c tal cosa. La tendencia a veces viciosa de su l'locurión se vuelve excelsa virtud estilística. Y lejos de incurrir cn ma1·haconcría su estilo logra una prodigios.a inrantot10 poética.
Univt•rsity oí Califomja
Rin·rside, California

Sección Tercera

HISTORIA

302

�LA VILLA DE SAN CARLOS DE MAR1N 1
ISRAEL CAVAZOS GARZA

Universidad de Nuevo León

Es EL DE MARÍN UNO DE LOS PUEBLOS más característicos de Nuevo León. En
füs construcciones, se observan múltiples ejemplos de la vivienda típica nuestra, y en sus habitantes la expresión franca de la gente del noreste de México.
Este lugar es uno de los más antiguos establecidos en el valle que forma la
cuenca del río de Salinas y que los antiguos llamaron: valle del Carrizal o
de los Aigualcs, por ser éstos los indios que lo habitaban.
El sitio en que actualmente se halla la cabecera municipal, fue poblado por
José Martínez, a quien le fue otorgada merced por el gobernador, general
Alonso de León, de cuatro caballerías de tierra, que pidió "con intención de
fundar una labor"; localizándose las tierras, " ... en la punta de la mesa que
llaman de Ramos, por la parte de arriba ... , que en cercanía de la dicha
Joma está un ojo de agua, que sale de lo alto de ella ... "
La merced fue otorgada el 20 de octubre de 1683, pero como el virrey marqués de la Laguna desconoció, por decreto de 10 de diciembre de ese año,
las mercedes dadas por los gobernadores interinos, fue necesario que el gobernador don Juan Francisco de Vergara y Mendoza la otorgara de nuevo, con
la misma antigüedad, el 2 de junio de 1699¡ reconociendo también la merced del ojo de agua, la licencia para una saca de agua del río y la merced de
las demasías de tierra, hasta por dos sitios de ganado mayor y menor. 2

El Fundador
Era José Martínez, al solicitar estas tierras, "vecino, labrador y criador de
ganados y caballada, en el real y minas de las Salinas". Expresa en su esTrabajo inédito, leído en Marín e.l 26 de septiembre de 196-1-.
MS. Merced de tierras. Archivo Municipal de Monterrey. Ramo Civil, volumen 48,
Exp. 1, fol. l.
1

1

305
820

�1

1

crito de 1673, tener más de doce años de vecindad, esto es que su llegada
al reino fue hacia 1670 ó 71.
La fundación de la labor o puesto de San Antonio de los Martínez, como
se llamó desde sus orígenes, tuvo lugar al año siguiente de la merced, esto
es en 1684; ya que en su testamento (1712) expresa claramente al referirse
a sus tierras: "en donde he vivido poseyéndolas veinte y ocho años".
Sabemos que fue hijo del capitán Ignacio Martíncz y de doña Isabel Flores, vecinos del Saltillo. En el archivo de la Parroquia del Sagrario, de la
Catedral de Monterrey, encontramos que contrajo matrimonio con doña Inés
de la Garza, hija del capitán Pedro de la Garza y de doña María de la Rocha.
La boda tuvo lugar el 13 de febrero de 1673, verific6.ndola el Lic. José Guajardo, con licencia del Lic. José de la Cruz, cura párroco. 3
Es un hombre importante, que ha servido al rey "a su costa, con sus armas
y caballos" y que, además, ha formado parte de las expediciones organizadas
por el general Alonso de León, a partir de 1686, a la bahía de Espíritu
Santo, en Texas. 4 Poco después, le vemos residiendo en el valle del Carrizal,
y adquirir, además de las tierras mercedadas, parte de sitios por compra a
los herederos del capitán Alonso de Treviño.
De este modo es como nace, en la eminencia de estas colinas, la hacienda
de San Antonio de los Martínez, o San Antonio de los Aiguales, como también se la conoce en aquellos años. La familia de José Marúnez está compuesta por sus hijos Rodrigo, Miguel, Ignacio ( que recibió las órdenes sacerdotales y el grado de bachiller) ; Darnián, Andrés, José, María Rosa, Luisa
y Catalina. Hubo, al correr del tiempo, enlaces matrimoniales con Montemayores, González, Chapas, etc., y el núcleo de la hacienda fue aumentándose y subdividiéndose al morir su fundador.
Sintiéndose gravemente enfermo, fue llamado el bachiller Miguel Cantú,
teniente de cura y vicario de Monterrey, para que le auxiliara espiritualmente. Y, no dando tiempo a llamar a la autoridad civil, fue ante el mismo
vicario que otorgó una memoria testamentaria, el 11 de abril de 1712.
Su muerte debe haber acaecido el día 15, toda vez que su partida de
entierro señala habérsele dado sepultura, confonne a su deseo, el 16 de abril,
en la Iglesia de San Francisco Javier, de los padres jesuitas, que existió en
la esquina N.O. de las actuales calles de Morelos y Escobedo, y que servía,
a la sazón, de parroquia. 5
Archivo del Sagrario. Catedral de Monterrey. Matrimonios, Libro 1, folio 58 v.
GARZA, Ct1dulario Autobiográfico de Pobladort1s y Conquistadores de Nuevo Le6n. Gobierno del Estado de Nuevo León y Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León. Monterrey, 1964, p. 154.
• Archivo del Sagrario. Catedral de Monterrey. Entierros, Libro l al 5 (en un
solo tomo) 1668-17 52; 1712, fol. 46 v.
1

' lsRAEL CAVAZOS

306

Sus Bienes
Una idea bien clara del estado que guardaba la hacienda en 1712, nos la
da el inventario hecho por disposición de Juan Bautista de Villarreal, alcalde mayor de las Salinas.
Tenía la casa de vivienda, "de dos naos, que se compone de una sala, aposento y cocina, con más tres jacales con sus cocinas y dos corrales grandes ... "
El ajuar de casa era sencillo: tres cajas mexicanas, una cama, una mesa
y tres bancos. La cocina: cazos y ollas de cobre; calderitos "de batir chocolate"; tres metates, tres jarros de cobre nuevos, un sartén, carnales "de la
tierra"; una tinaja de Guadalajara; el azador de hierro y cinco cucharas y
una tembladera de plata.
La herramienta de labranza y minería, consistía en balanzas, azadones, hierros de berrar, escoplos, costales metaleros, mantas, etc.
No faltaba el imprescindible ajuar de montar: la silla jineta, con su estribera, escopeta de patilla, con su funda de San Miguel, cojinillos, espuelas
chicas de filigrana, el freno hechizo, y dos arcabuces, uno de agujeta, con su
funda de Michoacán.
El ganado era abundante: tres manadas de yeguas, bayas coyotas, alazanas rejegas, anaranjadas y moras rejegas; 25 reses; 190 cabezas de lana; 500
cabras y 6 yuntas de bueyes, aperadas.
El inventario incluye las prendas de ropa suyas y de su esposa, así como
media caballería de tierra con tres días de agua, en San Nicolás de los Garzas,
arrendada a Antonio del Bosque por 25 fanegas de maíz anuales y correspondiente a la dote de Sll esposa, originaria de dicha hacienda.
Según los capitanes José Bermúdez y Juan Gómcz, peritos valuadores, el •
valor de los bienes era de 5,166 pesos, tres tomines; y, deducidos las deudas
y gastos de funeral, quedaron 3,973 pesos, un tomín. 8

La Parroquia
La hacienda de San Antonio de los Martínez, como todas las del valle del
Carrizal, estaba incorporada, en lo político y en lo espiritual, al valle de las
Salinas. Esta circunstancia fue, con el tiempo, acentuando numerosas inconveniencias; tenía la hacienda su capilla, empezada a construir en 1746
y de la cual se ven aún vestigios en lo que fuera el casco antiguo del lugar.
Carecía, sin embargo, de ministro.
Un prelado insigne, el Ilmo. Dr. don fray Francisco de San Buenaventura
MS. Testamento e inventarios. Archivo Municipal de Salinas Victoria,
gajo 1 ( 1689-1734) E.xp. 20, 32 fojas.
1

N. L. Le-

307

�Martínez de Tejada, obispo de Guadalajara, fue el primero en palpar esta
necesidad. En su visita pastoral a estas haciendas, nombró al padre Lic. José
Antonio de Almandos, como teniente de cura en Higueras y que sostuvo por
muchos años don Salvador Lozano. La capillita de Higueras se arniinó. El
mismo obispo dispuso se edificara otra en Ciénega de Flores, p'ero nunca se
consiguió erigirla, y por lo mismo, continuó auxiliando espiritualmente a estas
haciendas su vicario de Salinas.
Los vecinos vuelven a representar sus incomodidades, y un paisano suyo,
el Dr. José Antonio Martínez, quien a la sazón era visitador del Obispado,
proveyó, el 5 de julio de 1777, un ministro de pie; pero tampoco lo hubo,
por oposición del cura de Salinas.
Nuevamente acuden los vecinos al obispo don Rafael José Verger ( 178390), señalando sus penurias, particularmente las de los pobres que no tienen
caballo y que han de solicitarlo al pudiente para ir a la parroquia; y ha
sucedido que no alcanzan auxilio los moribundos, o que el niño llevado a
bautizar, muere en el camino.
Se pasa el tiempo sin lograr sus propósitos y es hasta los albores del siglo
XIX ( 1802) cuando se renuevan gestiones más efectivas. Verificado un censo
en el que resultan 1,152 personas de todas las haciendas, los vecinos, encabezados por don Rudecindo Martínez, se comprometen a sostener un ministro,
aportando 1,816 cabras y 166 pesos en reales. Don Rudecindo aporta_ otras
397 cabras suyas, lo que aumenta a 2,213 las cabezas de ganado de vientre.
El Venerable Cabildo Sede Vacante, por medio de su Vicario Capitular,
Dr. don Miguel Ignacio de Gárate, autoriza estos trámites, nombrando como
primer ministro al presbítero José Félix Yance, y por mayordomo de fábrica
al señor Martínez, a quien autoriza para comprar con el efectivo más ganado y darlo en arrendamiento a 8 cabezas por 100, "según estilo de estas
tierras". 7
La Villa
No contentos con haber logrado esta vicaría, que se formó con San Antonio, Santa Elena, Acequia, Ciénega, Higueras, Orégano, Anteojos, Aguanegra, Casita, Papagayos, CastiJJo y Guadalupe, el 7 de diciembre de 1803,
los vecinos piden sea erigida como curato en encomienda, agregando, de ser
posible, los poblados de Pesquería Chica y Aguafría. Adjuntan a su petición
un inventario de la flamante capilla, en que aparecen, entre otras cosas, casulla y palio de damasco, manteles, sobrepellices, una imagen de San Antonio, en lienzo, el sagrario, una campana de doce arrobas, una imagen de
' MS. Testimonio . .. Archivo Municipal de Marln. "Legajo de papeles importantes".

308

bulto de Nuestra Señora de la Soledad, y ornamentos de damasco blanco, con
galón de oro, uno de los cuales es de la capilla de Higueras. 8
Pero en esta misma petición formulada por "los principales vecinos republicanos del valle del Carrizal y hacienda de San Antonio", se pide no solamente la elevación a Clll'ato, sino su separación política del valle de las
Salinas.
Alegan, para ello: tener su "capilla decente", disponer de los recursos necesarios para sostener al ministro, y haber costeado, muchos años, el aceite
de la lámpara del Santísimo, de Salinas. Renuevan el argumento de la distancia, puesto que el eterno alcalde de Salinas, don José Santiago ele Villarreal -que ha de tener papel tan importan te, más tarde, en la insw·genciareside en la hacienda de Viudas (Abasolo) a 14 leguas de San Antonio. Piden,
por lo mismo, "separarse del yugo de la jurisdicción real ordinaria del partido de Salinas". Ofrecen, para ello, servir los cargos concejiles -entonces
honorarios y sin retribución alguna-. Aportarán también 1,000 cabras de
vientre, para la formación del fondo de propios, aplicados al mismo tiempo
a la construcción de la casa cural, casas reales --del ayuntamiento-, cárcel,
escuela de primeras letras, etc.; fondo que podrá aumentarse --dicen- vendiendo los chivos y cabras viejas. Ofrecen, asimismo, hacer una saca de agua
en Santa Elena (General Zuazua), para el culto divino y para los pobres.
Juran, además, como patronos, a San Antonio de Padua y a la Virgen de
Guadalupe, cuyos títulos ha de Uevar la villa y cuyas funciones anuales
celebrarán. Piden, en fin, como teniente de gobernador, a don José Joaquín
Martínez.
A este escrito, en el que se elogia, desde luego, al gobernador, don José ,
Simón de Herrera y Leiva, por su labor progresista al eliminar los jacales del
centro de Monterrey, por construir la presa y por combatir "la pérfida apachería", se adjunta la lista de 33 vecinos que se hao ofrecido a hacer casa
en la nueva población, y en ella observamos que figuran los apellidos Martínez, Femández, Garza, Montemayor, Tamez, González, Treviño, Lozano,
García y Aguirre. 0
La Real Cédula
Desde marzo de ese mismo año de 1803, había empezado a gobernar la
diócesis del Nuevo Reino de León, el Ilmo. Dr. don Primo Feliciano Marín
de Porras, prelado nacido en Burgos, en España, y a cuyos títulos se añadían
'MS. !bid.
• MS. ]bid.

309

�los de haber sido capellán de honor de Su Majestad y penitenciario de su
real capilla. 10
Así este obispo como el gobernador Herrera pusieron especial empeño en
la creación de la nueva villa, y juntos pasaron a visitar la hacienda, a fin
de señalar el terreno apropiado al asiento. de la nueva población, a 1,000
varas al norte, en un lugar "plano, elevado, con agua suficiente y provisto,
a poco trecho, de canteras y maderas para fabricar". 11
Las comunicaciones eran lentas. El 20 de febrero de 1804, turnó el gobernador el e.xpediente a México. El virrey José de Iturrigaray contestó dos años
después -30 de enero de 1806- aprobando formarse la nue,·a población;
pero hay constancias de que no se esperó tal orden para erigirla, como veremos en seguida.
Tanto don Juan José de la Garza 12 como el Profr. Alberto Sánchez,13 que
han escrito sobre la historia de este pueblo, sitúan la erección entre el 4 y el 8 de
febrero de 1804. En el Archivo General del Estado, hemos encontrado el oficio
del alcalde de Salinas, de 6 de febrero, contestando al gobernador Herrera
de enterado de que, "por decreto de 4 del presente", mandó el gobernador
la separación de Salinas de las haciendas que la formaron. Así pues, la villa
quedó constituída el 4 de febrero de 1804.ª
Otras comunicaciones de esos días, se refieren al nombramiento del síndico
José de Jesús Martínez -8 de febrero-; lo que prueba la creación inmediata del primer ayuntamiento; y aluden también a 1a queja de algunos
atropellos al alcalde don Joaquín, por vecinos de Salinas, que hasta !Jegan a
enviarle algunas décimas ridiculizándole.16
Observamos que la llaman, simplemente: villa M arín. El gobernador y el
obispo pidieron al virrey que sustituyera este nombre con el suyo, esto es,
que se llamara: villa de Iturrigaray, o con el de su esposa. (Ya existía el antecedente de haberse fundado aquí una villa en homenaje al virrey Azanza).
Iturrigaray no accedió a ello; dejándole el nombre del prelado y disponiendo
solamente anteponerle el del rey Carlos IV, eso es: villa de San C4rlos de
Marín.
11&gt;

CARLos

PÉ.R EZ•MALOON.WO.

Monterrey, 1947.
" JUAN JosÉ DE

El Obispado. Monumento histórico de Monterrey.

Memoria sobre el origen de la villa de MarÍ71. En: JosÉ
Lecciones órales de Historia de lvuevo-León. Ed. de "La India".
Imp. del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores. Monterrey, 1881; pp. 105
a 120.
" Vid nota 1 l.
u Monografla del Municipio de Marín. Publicación No. 2 de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística; Monterrey, 1943; 74 pp.
14 MS. Archivo General del Estado de Nuevo León. Legajo 10, carpeta 1, No. 22 •
" lbid. Nos, 33, 39 y 42.
LA GARZA.

ELEUTERIO GoNZÁLEZ.

310

Pero, si dos años tardó la respuesta del virrey, tuvieron que pasar tres
para que el rey expidiera en Madrid su real cédula de 16 de julio de 1807,
aprobando el establecimiento y el nombre: " ...por ser muy justo -diceque, al mismo tiempo que se conserva la memoria de mi augusto nombre,
se tenga también la de un prelado de méritos, para estimularle a que continúe fomentando a aquellos vecinos y demás de su obispado, y sirva de
estímulo a otros prelados a que sigan su útil y laudable ejemplo ... " Y otro
año más hubo de pasar -8 de febrero de 1808- para que la cédula llegara
a la ciudad de México. 16
Costumbres

Lucha constante para defenderse de los ataques de los indios; dedicación a
la agricultura y a la ganadería; sencillez en el vestir, usando pieles curtidas
y telas tejidas por ellos mismos; casas y muebles modestísimos; prácticas
piadosas del rezo del rosario y cánticos a la Virgen; sistema patriarcal en
la vida diaria; respeto profundo a los mayores y a la autoridad; enseñanza
rudime~taria; alegría en las fiestas, con improvi_sación de coplas y ejecución
de danzas como el fandango, jarabe, rigodón y zacamandul. Tales eran las
costumbres candorosas y tranquilas, que nos describe don Juan José de la
Gana en una Memoria escrita en 1877 y publicada por el Dr. González.
Pero este cuadro nos lo completa una revisión de los libros de actas del
Ayuntamiento, particularmente, en lo que se refiere a la primera mitad del
siglo XIX.
Es entonces la de Marín una vida de aldea. El cabildo se reúne para se- •
ñala:r el tribunal municipal que ha de oír cada ocho días las apelaciones;
para cuidar del aseo de las calles, cerco de solares, recomposición de caminos
y puco tes, etc.; para dar en arrendamiento los solares, a dos reales al año;
para controlar la venta de licores; vigilar los encierros de tahures y dar facultades a los vecinos para conducir a la cárcel a "borrachos, blasfemos o
peleoneros" .17

Se. reúne también para cuidar de la limpieza del ojo de agua y de que
las señoras laven a 25 varas abajo del manantial principal. También para
procurar que nadie ande en la calle después de las 9 de la noche; o para
controlar el arrendamiento de las aguas del Saladito, el Mulato, Potrerillo
y el Ebano. Para evitar que los vecinos pasten sus ganados en forma excesiva
en los ejidos del pueblo; o para dictar bandos especiales a fin de que los
"' Real Cédula. Publicada por Juan José de la Garza y Alberto Sánchez. Ver notas
12 y 13.
" Actas del Ayuntamiento. Archivo de Marín. 1833 y siguientes.

311

�vecinos cuiden de que sus puercos no anden sueltos en las calles, o hagan
daño en las cocinas, solares y sembrados, previniendo el pago del daño y
dos reales de multa. Y para disponer también la venta de las plazas para las
ferias, o para acordar el traslado de la imagen de la virgen de Guadalupe,
de su capilla de Higueras a esta parroquia, con motivo de las sequías constantes.

Fiestas populares
Reúnese también el ayuntamiento, para designar a los regidores que han
de salir a colectar las limosnas para las conmemoraciones de la Navidad y
Semana Santa. Otra fiesta muy tradicional en el pueblo es, en esos tiempos,
la de Corpus Cbristi, y cada año se reúnen los vecinos para cubrir con ramas de árboles frondosos la estación por donde ha de salir la procesión del
Santísimo.
"De tiempo inmemorial" -dice el acta de 22 de junio de 1845- se acostumbran los paseos públicos a caballo, en los días de San Juan, San Pedro,
Santiago, Santa Ana, y es atribución del cabildo cuidar que no haya galopes
en el centro, que no se cortan gallos, que los ebrios no escandalicen y que
el paseo concluya a las oraciones de la noche.
Pero la fiesta principal es, indudablemente, la de la Asunción de Nuestra
Señora, cada quince de agosto. La plaza es cercada para la instalación de
cocinas, vendimias y carcamanes, y para la corrida de toros, instalándose al
frente de la plaza un palco para el Ayuntamiento. 18
Claro que en esta época no existían las bancas o glorietas de la plaza,
iniciadas en 1876 y concluidas 10 años más tarde; ni las casas del Ayuntamiento tenían los portales, que fueron construidos en 1887. 19
En 1858 -17 de abril- se acuerda que las 8 manzanas circundantes de
la plaza sean de tapia, lo que viene a dar mejor aspecto al pueblo. En ese
mismo año es abierta una plazuela para mercado y para rastro; demás de
la que en 1834 se había mandado trazar, "para evitar que los atajos de mulas,
carretas y burros, que traen frutas y otros efectos a vender, paren en la plaza
principal y la ensucien". 2º

13

312

Durante largos años y hasta pasada la primera mitad del siglo, padecen
los pueblos del valle las constantes incursiones de los indios, que bajan de las
praderías del sur de los Estados Unidos. No hay seguridad en los caminos ni
en las labores, y el comercio y la ganadería son nulos. El ayuntamiento de
1874 informa que de 1848 a 1856, han causado estas incursiones 58 muertos,
38 heridos y 9 cautivos, amén de los cuantiosos daños materiales.
Para contener estos ataques, está formada la Milicia Cívica. En 1803, el
capitán Tomás de la Garza ofrece su compañía "para mariscadas en esta
frontera, cuando se sienta rumor de enemigos". Al año siguiente, existen
las escuadras de Santa Elena, Ciénega, Higueras y San Antonio, al mando
de don Juan José Ramón Martínez, don Juan Francisco Quiroga, don Andrés Montemayor y sargento Joaquín Martínez, respectivamente. En 1829
la compañía de Marín está compuesta por 65 soldados.
Esta misma Milicia Cívica se convierte, a partir de 1848, en la Guardia
Nacional, que participa en todas las luchas, nacionales y extranjeras.
Y Marín es de los pueblos que sufren más durante la invasión angloamericana. Sus casas y las de la hacienda de Ramos ( hoy Doctor González) son
incendiadas y dest1uidas en su casi totalidad, por el ejército invasor. Cuando
el ayuntamiento de Cadereyta propone declarar suspenso en el ejercicio de
sus funciones al gobernador Francisco de P. Morales, mientras dure la invasión, el ayuntamiento de Marín, por dictamen presentado en sólo tres horas
por sus munícipes Juan José de la Garza, José María Dávila y Manuel Molano, acuerda reconocer al gobernador, " ... cuyas órdenes y providencias ,
serán obedecidas corno en tiempo de paz". 21
'
En la revolución de Ayutla, desconoce el Ayuntamiento el movimiento iniciado por Juan Alvarez, pero muchos de los hijos del pueblo luchan por esta
causa. Lo mismo sucede durante la guerra de Reforma. Don Juan José de
la Garza, nombrado secretario del Ayuntamiento en 1853 y que sirve este
oficio hasta casi acabado el siglo, acompaña a Vidaurri, de quien es amigo
íntimo, a sus campañas al interior.
Es esta amistad, indudablemente, la que hace que no proceda el Ayuntamiento contra la actitud de Vidaurri, al acordar que el gobernador -con
motivo de su conflicto con el presidente Juárez- obre conforme a 'lo que
parezca más conveniente al honor y al bien de la patria ... " 22

!bid. Cabildos de lo. de mayo, 22 de junio y 2 de agosto de 1845.

" MS. Expedientes sobre construcci6n de los portales y glorietas. Archivo Municipal
de Marín. Legajos 33 y 48.
:t

Milicia

Actas del Ayuntamiento. Cabildos de 11 de enero de 1834 y 17 de abril de 1858.

" Ibid. Cabildo de 5 de octubre de 1847.
" !bid. Cabildo de 8 de marzo de 1864.

313

�Contrabando
Es fuerza referirnos también a una etapa verdaderamente interesante. Estas
épocas aciagas son causa de que surjan aquí y en otros pueblos el bandolerismo y el contrabando.
Ya desde 1835, vemos disposiciones del Ayuntamiento tendientes a combatir el comercio ilícito del tabaco extranjero. El gobierno local autoriza, en
ese año, el comercio libre de efectos extranjeros, "mientras dure la guerra
de Texas".
Una comisión del cabildo, al dictaminar en 1851, sobre cosas hacendarias,
opina que las alcabalas deben ser abolidas, para proteger al comercio, única
manera de evitar -dice- "la escandalosa desmoralización del contrabando".~ª
Esta práctica se acentúa mucho durante la guerra separatista de los Estados Unidos, pero tiene mayor auge durante la anarquía ocasionada por
las revoluciones de la Noria y TtLXtepec. ( 1872-1876); y viene a ser sofocada
en los inicios del gobierno del general Bernardo Reyes, que se vale para
ello de algunos de los principales jefes de los grupos contrabandistas.
Son éstos tan hábiles, que saben eludir, con argucias y arrojo, las partidas
de rurales de la Acordada o del Contrarresguardo, con las que sostienen
frecuentes bataUas campales, y que no pocas veces se ven escandalosamente
complicadas en los contrabandos más cuantiosos.
Algunas tiendas de Marín llegan a estar mejor provistas de efectos extranjeros que las de Monterrey o Linares. Y hasta ha llegado a asegurarse que
de allí proviene el popular y festivo mote adjudicado al pueblo de: "Marín,

Texas".
Educación
Pero ello es sólo un fenómeno que e:i.-plican las circunstancias en que vive
el país. Porque, por otra parte, tiene Marín, en esta época, un florecimiento
extraordinario, particularmente en lo que atañe a la educación.
En los libros de actas del cabildo, anteriores a 1850, se observa una preocupaci6n constante de las autoridades, por la educación. En 1833 se registran los nombres de los maestros Francisco Tamez y Manuel Molano, originario este último de Monclova. Al año siguiente, tiene la escuela del pueblo
90 alumnos, y se queja el director de que su sueldo sea de sólo 12 pesos
mensuales. Otros maestros, entre 1853 y 1861, son José María de la Garza,
Laureano de la Garza y Juan y Domingo Lozano. El 20 de abril de 1861,
el cabildo autoriza la apertura de la escuela de niñas que instala doña Merced
u !bid. Cabildos de 22 de agosto de 1835 y 31 de julio de l851.

314

Ledesma. Hay, en 1863, una escuela particular muy importante, atendida
por Julio Chávez. Los exámenes públicos son todo un acontecimiento y tienen
lugar en el palacio municipal, con asistencia de la autoridad. En el de ese
año, se lucen por su adelanto los jóvenes Jesús Lozano, Albino Martínez,
Rudecindo Montemayor, Antonio Mireles, Espiridión Martínez, Jacobo Marunez, Román y Mariano González, Jesús Dávila, Crescencio Víllarreal, Apolonio González y otros, en el Catecismo Histórico y el de Ripalda; gramática
castellana, geografía de Roa Bárccnas y principios de aritmética y álgebra. 2 ~
Por lo que a la educación superior se refiere, ya desde 1853, el presbítero
Jesús Montemayor -a quien los vecinos habían pedido como vicario del
anciano párroco Juan Nepomuceno Báez de Benavidcs- estableció una escuela, cuyos exámenes públicos se hadan también en la sala consistorial.
Estos exámenes duraban hasta tres o cuatro días, porque los alumnos pasaban
pruebas difíciles de dos o más horas. En el que se sustentó el 4 de septiembre
de 1853, los j6venes E1euterio Femández, Francisco Martínez, Agustín Vela,
Luciano González, José Juan Martínez, Gregario Martínez, Francisco Chapa,
Valentín González y Francisco Montemayor, presentaron, en oposición pública, mínimos y menores, con sus traducciones respectivas del Jatín.1! 5
Pero la época de más esplendor en Marín, es cuando se establece aquí
una sucursal del Colegio Civil del Estado, en 1873. Creemos que haya influido
mucho en este hecho, además de la importancia del lugar, la intervención
del Lic. Canuto García, gobernador que fue de Nuevo León, casado en
Marín, el 12 de noviembre de 1871, con doña Josefa González. Un hermano
de ésta, el maestro Francisco González, quien desde 1858 había venido trabajando de maestro en el pueblo, se hizo cargo de la dirección del Colegio ,
Civil de Mario. Al año siguiente, 1874, hubo una matrícula de 26 alumnos,
y de 29 al año sigt,Úente. La revolución de Tu.."&lt;tepec hace clausurar el Colegio, que es reabierto el 11 de diciembre de 1877. Al pasar Francisco González a la dirección del plantel en Monterrey -16 de diciembre de 1879-,
queda en su lugar el Dr. Jesús Garza Lozano, quien es sustituído, años más
tarde, por el Lic. Mariano Cárdenas. Esta importante escuela fue clausurada
en 1886.

M arinenses notables
Tal impulso a la educación es factor para que de aqu.í surjan muchos hombres importantes. Alberto Sánchez, en su Monografía ... de Marín, publica
" /bid. Cabildo de 11 de octubre de 1863.
" [bid. Oabildo de 4 de septiembre de 1853.

315

�una amplísima lista de los hijos distinguidos del pueblo. En la imposibilidad
de citados a todos, sólo señalaré algunos de los que ahí faltan.
El Dr. José Antonio Martínez, cura por muchos años en Salinas, en el
siglo XVIII, y que en sus escritos ostenta los títulos de colegial del Real de
San Francisco de Sales, de San Miguel el Grande, y del de San Ildefonso,
de México; examinador, sinodal de juristas; presidente de las academias de
cánones, leyes y teología moral; bachiller en filosofía y ambos derechos; licenciado en sagrados cánones por la Real y Pontificia Universidad de México; abogado de la Real Audiencia y visitador del Obíspado. 28
Debemos citar también al Lic. José Alejandro de Treviño y Gutiérrez, nacido aquí en 1769. Estudia en San Miguel el Grande y en México. Tiene
por compañero de estudios a Mariano Matamoros. Vuelve a Monterrey eu
1818. Ocupa importantes cargos en el Gobierno. Es director fundador de
la Escuela de Jurisprudencia, en 1824, y muere en la villa de Guadalupe,
en 1830. 27
Otros datos de interés para la villa san los referentes al ilustre maestro Pablo Livas, de personalidad tan conocida. Son ignoradas, sin embargo, las
noticias sobre el arraigo de su fanúlia en Marín. La revisión de los documentos oficiales y eclesiásticos para este trabajo, nos da a conocer nombres
antiguos. Los Livas anteriores a 1850, aparecen en los padrones registrados
como plateros de oficio, y figurando en todas las listas de la guardia nacional,
como soldados, clarines, sargentos y hasta tenientes, como don Pablo José
Livas.
Pero es José Eugenio Livas, platero también de oficio, el más antiguo que
encontraroo~. Originario de Satinas, se casa en Marín con María Cornélia
Aguirre, el 25 de septiembre de 1819. Seis hombres y cinco mujeres nacen
de este matrimonio. El mayor, Pablo José, nace aqui el 30 de mayo de 1820.
A los veinte años se casa, también aquí, con María de Jesús Dávila. De sus
hijos, tres hombres y dos mujeres, es José Antonio Casimiro, el mayor, nacido aquí, el 3 de marzo de 1841, y padre del maestro don Pablo Livas. 28
" Archivo Parroquial de Salinas Victoria, Libros de Bautizos. Y periódico La Luz,
Monterrey, lo. de mayo de 1874.
n Una biografía muy amplia véase c:n: Armas )' Letras. Monterrey.
"' Archivo Parroquial de Marin. Matrimonio de José Eugenio Leivas (sic) y María
Cornelia Aguirre; 1819, acta No. 8. Hijos: José Pablo Ciriaco, 1820, acta 16; María
Dolores, 1821, acta 77; María Antonia, 1826, acta 73; María Concepción, 1828, acta
52; María Arcadia, 1830, acta 6; José Maria Eugenio, 1831, acta 105; José Buenaventura, 1833, acta 99; Juan Nepomuceno, 1834, acta 135; José Santiago, 1836, acta
122; José Cayetano Donato, 1838, acta 106; y María Isabel, 1844, acta 129. Matrimonio de Jos6 Pablo Livas y María de Jesús Dávila; libro No. 2, 1840, acta 14. Hijos:

316

Decadencia
Pueblo floreciente y de pasado importante, Marín entra en lastimosa decadencia.
Comprendiendo en su antigua jurisdicción las haciendas de Santa Elena,
Ciénega de Flores, Higueras y Ramos, creadas como municipios con los nombres de General Zuazua, Ciénega de Flores, Higueras y Doctor González,
respectivamente; las tres primeras en 1863 y Ja última en 1883, el territorio
de Marín se reduce.
Pero, no obstante su mutilación física y su decadencia econ6mica, las comunicaciones y los recursos actuales prometen un nuevo resurgimiento, que
vendrá indudablemente, porque los hijos de Ma.rín mantienen el mismo entusiasmo y el mismo espíritu tesonero de los ancestros que dieron vida al terruño.

José Antonio Casi.miro, 1841, acta 46; José Manuel, 1845, acta 68; María Crisanta
Lorenza, 1848, acta 144; Maria Crisanta Donaciana, 1850, acta 163; y José Eugenio,
1852, acta 132.

317

�EVANGELIZACIÓN EN EL NUEVO REINO DE LEóN
EUGENIO DEL

Hovo

Instituto Tecnológico de Monterrey

EN LA ÉPOCA de Carvajal y.de la Cueva no se puede hablar de evangelización.
Se desprende de su proceso que entraron con él algunos clérigos, como Pedro
Infante, 1'Clérigo beneficiado de Tlalchitán", que vino de la Huasteca acompañando a Caivajal; o el vicario Ortiz; o el beneficiado de Mazapil, Diego
Ramírez Zamorano 1 que acompañó a Carvajal en la repuebla de las minas
de Nueva Almadén y que era uno de aquellos clérigos "señores de Minas",
como lo fueron Baldo Cortés, primer cura de Sal tillo; Cebrián de Acevedo
Ovalle, que entró al Nuevo Reino a fines de 1599 y que algo o mucho ha
de tener que ver con una de las más descabeJladas leyendas que corren sobre
la fundación del Nuevo Reino de León por un "Fray Cebrián de la Nada" ;2
o Martín Abad de Uría, primer cura de la ciudad de Monterrey y cuyo
nombramiento nos dio la clave en el problema de la Villa de Cerralvo. 8
Alonso de León dice que Ca1vajal "trujo un religioso de San Francisco, de
la Huasteca, cuyo nombre no se ha podido averiguar". 4 Y en otro pasaje,
hablando de la prisión de Caivajal, dice que "ayudó mucho el disgusto que

' ALFONSO ToRo, Los Judíos en lo Nueva España, pp. 332-333 y 342-343, sólo
como ejemplo, pues se les menciona en muchos lugares del Proceso de Luis de Carvajal
el Viejo.
• Hay dos obras editadas en España que tratan el tema: Anónimo, Vida del Venerable y Gran Siervo de Dios .. .Sacerdote de la Orden Hospitalaria de San Juan d11
Dios, Fundador de la ciu.dad de Monterrey, capital del Estado y Ob4-pado de Nuevo
León y de varios Establecimientos de México y Guadalajara, en donde descansan sus
venerados restos. Madrid, 1900. Y, JUAN GRANDE ANTÍA, El insigne Misionero de
Zacatecas y Fundador de Monterrey, V. P. Fray Cebrián de Llanos, denominado de
"La Nada", Religioso de la Orden de San Juari de Dios, Barcelona, 1929.
1 Euo&amp;NJO D'EL Hovo, "La Verdad sobre la Villa de Cerralvo" en Hu.manitas, núm.
3, pp. 361-375. Monterrey, 1962.
• ALONSO DE LEÓN, Relación y Discursos, p. 76.

319

•

�llevó el religioso que trujo de la Huasteca". 5 Creemos, aunque sin poderlo
demostrar documentalmente, que ese religioso de que habla el cronista, no
es otro que Fray Lorenzo de Gavira, fundador del Convento de San Esteban
de Saltillo en el año de 1582. Diremos aquí cuáles son los datos en que se
apoya nuestra conjetura: Fray Lorenzo era ''hijo de la Provincia del Santo
Evangelio", a la cual pertenecía la Custodia de San Salvador de Tampico,
lo que hace más posible que haya entrado por el camino de la Huasteca que
por el camino de Mazapil, ya que la Custodia de Zacatecas pertenecía a la
Provincia de Michoacán. La fundación del Convento de Saltillo coincide
perfectamente con la llegada de Carvajal a ese lugar, que fue en el año de
1582. Dice el Padre Fray Agustín de Morfi en su Viaje de Indios: "No pude
averiguar el origen y fundación de esta Villa (Saltillo), pero es constante
que en el año de 1582 ya era una población numerosa, pues en este mismo año,
erigió en ella un convento de Nuestro Padre San Francisco, el Padre Lorenzo de Gavira, hijo de la Provincia del Santo Evangelio y natural de
Extremadura. Subleváronse después los chichimecas, e infestaron con tanta
crueldad a los vecinos, que el Padre Gavira se retiró a Topia, y éstos protestaron al Virrey el despueble si no eran socorridos". 6 El Padre Arl~aui, en su
crónica, dice: "Diez (¿No querría decir veinte?) años antes que entraran
los tres referidos religiosos (los fundadores del Convento de Monterrey en
1602) en el Reino, consta por la referida certificación, haber entrado otros
religiosos nuestros a quienes1 por haber acompañado algunos españoles, aunque los principios fueron buenos, como vieron la codicia de los soldados, y
las extorsiones que ejecutaban, rehusaron convertirse {los indios) y se alzaron, precisando a los religiosos y españoles a que desampararan el Reino". 7
Es indudable que el cronista franciscano se refiere aquí a Fray Lorenzo de
Gavira y a las gentes de Carvajal. Por último, José María de la Fuente en
su estudio Etimología de Coahuila, dice: "Consta en documentos serios que
en 1583, ochenta y siete años antes de la entrada del Padre Larios, el caballero don Luis Carvajal y de la Cueva, primer Gobernador de Nuevo León,
fundó la Villa de Almadén (Monclova) en la Provincia de Qüauila (sic),
cuyo gobierno dejó encomendado al capitán don Gaspar Castaño y él regresó
a Santa Lucia (Monterrey) dejando con Castaño a Fray Lorenzo de Gavira,
primer misionero que entró a aquella tierra". 8 ¡ Lástima que De la Fuente
no diga cuáles son y dónde consultó esos "documentos serios".
Otro franciscano ligado a la historia del Nuevo Reino de León es Fray
Cristóbal de Espinosa, Guardián del Convento de San Esteban de la Nueva
• !bid., p. 90.
• FRAY AousTÍN DE MORFI, Viaje de Indios, pp.

153-154.

' FRAY JosÉ ARLEOUI, Cr6nica, p. 129.
' JosÉ M.\11.ÍA DE LA FUENTE, Etimología d, Coahuila, pp.

320

Tlaxcala, aledaño a la Villa de Santiago del Saltillo, quien, junto con don
Baldo Cortés, cura de dicha Villa, apoyaron a don Diego de Montemayor
con motivo de la fundación de Monterrey en 1596: "Hecha la dicha población, el año de 1600 (sic por 1596), hizo junta el Tesorero Diego de
Montemayor, de todos los vecinos, asistiendo el Padre Baldo Cortés, cura y
vicario de la Villa del Saltillo, y Fray Cristóbal de Espinosa, Guardián de
aquel convenlo; y en ella se decretó la forma que se tendría para dar noticia
al Virrey, salió de acuerdo fuese por cartas, haciendo pliego de cuatro: una
del Capitán, otra del Vicario, otra del Guardián y otra de los vecinos".º
Lo que no sabemos es si el Padre Espinosa llegó a misionar entre los indios
del Nuevo Reino; pero parece muy improbable.
De los tres misioneros que Arlegui y todos sus seguidores consideran como
descubridores y fundadores del Nuevo Reino de León y que son Fray Andrés
de León, Fray Diego de Arcaya y Fray Antonio de Zalduendo, tan sólo de
este último hemos podido encontrar datos documentales que demuestran que
fue un personaje histórico y no un ente fantástico, " ... El año de cinco
( 1605) que se volvi6 a su reedificación (de Almadén) el Capitán Pedro Velada ¿ quién se la contradijo? Antes consta que estando poblada con vecinos,
entraron religiosos de la orden del señor San Francisco de la Provincia de
Zacatecas ( se celebró la fundación de esta Provincia el día 2 de febrero de
1604), que fue el Padre Fray Antonio de Salduendo a quien, en 27 días del
mes de julio de 1605 dio posesión para fundar convento en la dícha villa
(Almadén) por de la dicha Provincia (de Zacatecas) dándosela como capitán y alcalde mayor por ante Alonso de Molina, escribano, habiéndosela
dado antes en el pasaje y ojos de Anaelo a los 21 ellas del dicho mes y año,
que consta del testimonio que de la dicha posesión se le dio al dicho Padre" .10 •
De Fray Diego de Arcaya nada sabemos ni nada diremos; pero del famosísimo Fray Andrés de Le6n, compañero de Urdiñola el Viejo, fundador de
Monterrey, primer cura de dicha ciudad, de quien tom6 su nombre el Nuevo
Reino de León, y en cuyo honor el convento de su ciudad metropolitana se
llamó de San Andrés, nos atrevemos a sostener que nunca existió fuera de
la fantasía de ciertos historiadores. Tengo la vaga impresión de que ese nombre, altamente simbólico, lo formó Arlegui al encontrarse algún documento
de muy difícil lectura en el que se hablaba del Convento de San Andrés del
Nuevo Reino de León, y que fue así como nació a la leyenda Fray Andrés
de León.
Lo que si está históricamente comprobado es que los primeros franciscanos
que tuvieron su residencia en Monterrey, y a la vez los fundadores de su con-

71 y 72.

1 ALONSO DE LE6N, Relación y Discursos, p. 100.
,. Documento del Parral, f. 18.

321
H21

�vento, fueron Fray Lorenzo González, el viejo, y Fray Martín de Altamira,
a quienes debemos considerar, fuera ya de toda fantasía o conjetura, como
los primeros evangelizadores del Nuevo Reino de Le6o. Así lo dice claramente Alonso de León: '"Año de seiscientos y tres, se libró mandamiento para
los oficiales reales de Zacatecas, que dieran la limoma de los religiosos, que
fueron Fray Lorenzo González, el viejo, y Fray Martín de Altamira; fueron
los primeros de esta conversión y religión . . . Estaban dos religiosos en el
convento de la ciudad, de buena v:ida y ejemplo, que eran los dichos Fray
Lorenzo y Fray Martín; éste fue lego, y por su sanüdad con que doctrinaba
los indios, le mandaron sus prelados ordenar. Salia la tierra adentro a predicar y catequizar a los indios, que era su mayor consuelo, en medio del
cual fue Dios servido pagarle su santo celo, llevándolo a la Provincia de
Coahuila, despoblada ya (por haberse retirado el Capitán Pedro Velada),
por volver con su predicación a regar aquellas plantas que alli habían quedado; y ellos, como vieron al Santo Religioso vestido de tanta humildad,
como si ganaran alguna prez y honra, le mataron no más de porque les
predicaba, hallando su alma en el cielo el precio de sus trabajos, y a tres
nahuatlatos que con él iban. e hlw después cruel materi en los indios, pagando con sus \'idas, mujeres e lújos la muerte cruel de un inocente ungido
de Dios".11 Tres importantes documentos corroboran lo dicho por Alonso de
León: una Información de Mér.tos de Francisco dt• Urdiñola, levantada en
la ViBa del Sal tillo en 1607; La In/ ormación de los Conventos, Doctrinás y
Conversiones que se han fundado en la Provincia de Zacatccas del año de
1622, y el Documento del Parral, ya mencionado. Los tres documentos constituyen fuentes de primera mano, fehacientes y de gran autoridad. Vito Alessio
Robles extracta así la lnformaci61t de Urdiñola en la parte que nos interesa:
"La muerte de Fray Altamira ocurrió a principios del año de 1607 y Jos
causantes de este asesinato fueron los indios quamoquanes de las márgenes
del Río adadores, que se habían levantado en rumas. Por encargo especial
del Virrey don Luis de Velasco, fue a combatir a estos indios el Capitán Urdiñola, Gobernador de la Nueva Vizcaya. Aparece en La información espe·cial levantada en Saltillo, a instancias de Urdiñola, que éste reclutó gente
en dicha Villa, que lo acompañaron en esta e.,--pedición el presbítero Waldo
Cortés y los capitanes Bernabé de las Casas y Alberto del Canto, y que los
e.'.--pedicionarios llegaron hasta las márgenes del Río Sabinas".u El mismo
documento habla de tres indios doctrineros que seguían a Fray Martín y que
también fueron muertos a flechazos. El Documento del Parral contiene dos
referencias especialmente importantes, pues vienen de las partes en pugna
n At.oNso DE LEÓN,

R11lación y Discursos, pp. 101 y 102.

"' Vrro ALESSIO ROBLES, Coahuila y Texas en la Epoca Colonial, p. 168.

322

por la jurisdicción de la Nueva Almadén, o sea, los gobernadores de la Nueva
Vizcaya y el Nuevo Reino de León: En la versión del Gobernador de la
Nueva Vizcaya se dice: " ... año de 1607 en 19 de octubre; el dicho señor Gobernador Francisco de Urdiñola ... que entró personalmente, como consta
de autos que están en este gobierno, y fue a castigar a los indios Couylas (sic)
que mataron al Padre Altamira y averiguó la muerte y ... castigó a los indios".l.3 Dice la versión del Gobernador del Nuevo Reino de León: " ... haber salido de este ciudad (Monterrey) el Padre Fray Martín de Altamira, religioso de la dicha orden de San Francisco, conventual del que en esta ciudad
está fundado, a predicar el Santo Evangelio y procurar la conversión de los
naturales, en cuya misión fue muerto por los indios de la dicha Provincja de
Coahuila, a cuyo castigo salió el Gobernador Diego de Montemayor y en esta
ocasi6n asimismo el dicho Señor Gobernador Francisco de U rdiñola, con orden de su Excelencia, y en cierto puesto, con todas cortesías, se conform:iron
a hacer el dicho castigo sin que hubiese impedimento de una a otra parte ... " 11 En La Información de los Conventos todos los testigos están contestes en su dicho. Tomemos el testimonio de Fray Francisco Santos: "Itero sabe
que mataron en Coahuila los indios chichimecos de aquella tierra al Padre
Fray Martín de Altamira, que les estaba administrando y doctrinan&lt;lo, al cual
conoció este dicho declarante y habrá que sucedió 14 años poco más o menos". Fray Pedro Juárcz añade un dato interesante: " ... le mataron dentro
de una hermita que estaba dedicada para que los dichos indios se juntasen
a la doctrina y allí lo flecharon estando de rodillas, recibiendo los golpes que
le dieron hasta que e.,-piró" .1 ~
Si hemos dedicado tanto espacio a este religioso es por dos poderosas razo-,
nes: que es el primero y el único mártir del noreste de México y que, también sobre él, corre, con gran fortuna, una falsa leyenda: en lugar de Altamira se le llama Altamirano y se señala como lugar de su martirio la estancia
de La Pastora, al pie del Cerro de la Silla, en los aledaños de la ciudad de
Monterrey y en ese lugar se ha erigido un monumento recordando su martirio.
El origen de esta leyenda, como de tantas, se encuentra en la Crónica de

Arlegui.1 ij
De la evangelización en el Nuevo Reino durante el siglo XVII, es muy poco
lo que tenemos que decir: ni las crónicas, ni los documentos consultados registran hechos verdaderamente importantes, ni personalidades dignas de especial mención: todo revela un estado de profunda decadencia en el espíritu
"Documento del Parral", f. 12 v.
" lbid., f. 18 v.
,. "Información de los Conventos" en Pa1uo FF.LTCJANO VEI.ÁZQUEZ, Colección d11
Documentos para la Historia de San Luis Potosi, vol. 1, pp. 125 y 135.
,. Alu.Eou1, Crónica, pp. 227-229.
0

323

�apostólico. No hay referencias de entradas de misioneros a tierras de infieles;
no encontramos ningún intento serio, de parte de los frailes, para sacar al
indio de la dura esclavitud de las encomiendas; no sabemos de ninguno de
ellos que se hubiese entregado al estudio de las lenguas que hablaban los nómadas. Remitimos al curioso lector al famoso parecer de Fray Francisco de
Ribera,1 7 tan contrario a los infelices indios; y Juan Bautista Chapa nos cuenta
de un religioso carmelita que entró al Reino a pedir limosna en el afio de
1668, y que viendo a 50 indios prisioneros "atados en una collera, dijo públicamente, que los más lo oyeron, que era lástima no ahorcarlos a todos ... " 19
En 1658, Fray Juan de Salas, Guardián del Convento de Monterrey, se quejaba ante el Gobernador don Martín de Zavala, de que habiendo " .. . ido a
algunas de las haciendas de los encomenderos a decir misa, a conocer la doctrina y señalarles temastianes a los indios. . . no he hallado ni aun disposición
para poder hacer una ramada a donde poderles decir misa y administrarles
decentemente y no me ha sido posible hacerlo ... ". 10 Y esta situación es constante, como lo revelan las sucesivas visitas de los gobernadores a las haciendas
y estancias de los encomenderos, donde nunca encuentran hecha la capilla a
que estaban obligados. Algunos muestran al gobernador algunos pocos materiales que han reunido para iniciar las obras y, años después, el mismo encomendero mostraba los mismos materiales a otro gobemador. 20
Alonso de León, en tono muy prudente y discreto, habla. del poco o ningún
éxito de los misioneros: " ... aunque es verdad que en tantos años como ha
que se empezó a promulgar el Evangelio, no hay un indio que se pueda decir
es cristiano en nombre y obras. . . No por eso se ha de decir es de parte de
los religiosos la falta, que si bien es, no ha habido en ellos la gracia de hacer
milagros1 ni el don de lenguas, como lo tuvieron los apóstoles, siendo un propio ministerio el de los unos y los otros, no dejarán de tener loables y probadas costumbres, para que con su vida y ejemplo, a ser gente menos inculta
la que habita esta región, estuvieran ya reducidas al gremio de la Iglesia, y
fueran dignos de llamarse hijos suyos; mas ¡ qué dolor! por justos ~ investigables juicios de Dios, no ha habido ningún español lengua en todo este Reino,
ni que siendo natural de él, haya recibido el hábito, quedando los indios en
su torpedad .. ". 21 Esto lo escribía Alonso de León en 1648. Los frailes, sin sa" JUAN BAUTJSTA CHAPA, "Historia del Nuevo Reino de León de 1650 a 1690"
en Historia de Nuevo Le6n, pp. 168-177, Monterrey, 1961 (Se trata de la segunda
edición del Alonso de Le6n preparada por Israel Cavazos Garza).
111 lbid., p. 163.
u "Queja de Fray Juan de Salas". Archivo Municipal de Monterrey, Ramo Civil,
vol. VII, Leg. 4, Exp. 16.
"' Archlvo Municipal de Monterrey: Visitas de gobernadores de diferentes fechas.
=• ALONSO DE LEÓN, Relaci6n y Discursos, pp. 68 y 69.

324

lir de su convento, se concretaban a bautizar, a casar o a enterrar a los indios
que los encomenderos les llevaban; pero sin ejercer la constante vigilancia de
los neófitos o de los catecúmenos, En 1635, Juanillo Mamalaohe, de nación
tepehuana, declaraba: "Siéndole preguntado si era cristiano: dijo que no se
acuerda Jo hayan bautizado, porque siendo chiquito estaba en servicio de (Pedro) Velada ... , y que los días pasados preguntó a su madre si era cristiano
(!, ella) le respondió qu~ no lo era, porque lo quería mucho (Había la superstic1on ,de que co~ el bautismo morí~) y por eso no le había dejado bautizar y
que él respondio que ya cuando vmo el Obispo se había confirma.do ... " 22 y
son numerosísimos los indios que, llevando nombres del Santoral, declaran no
ser cristianos y son también incontables los que los documentos llaman apóstatas por haber s_ido bautizados y vivir en su barbarie. Estos apóstatas y ladinos son los que siempre promueven las rebeliones.
En la primera mitad del siglo XVII 1a única empresa misional verdaderamente importante, tiene como escenario el Sur del Reino; entre los años de
1626 Y 1641 se desan·olla la interesante historia de las Misiones del Río Blanco, que exigiría capítulo aparte, pero que, por haber quedado fuera de la
influcnci~ de Mo~;crrey, no estudiaremos aquí. Su precursor fue Fray Lorenzo. Canru, Guardian del Convento de Santa María de las Charcas, y lo sigweron en la noble y difícil tarea, Fray Juan García, Fray Juan Caballero,
Fray Juan de San Gabriel, auxiliados eficazmente por el General don Femando Sánchez de Zamora, sobrino de Fray Juan Caballero y no de don Martín
de Zavala, como lo dije equivocadamente en otro trabajo. Estas misiones dieron origen a poblaciones como Aramberri y Zaragoza, en Nuevo León, e Hidalgo, en Tamaulipas.z 3
Después de la fundación del Convento de San Andrés en la ciudad de Monterrey, hecha antes del mes de mayo de 1604, se erigieron, en 1630, el de San
Gregario de Cerralvo, y en 1640, el de San José de Cadereita. 24 Además de
e~tos tres conventos, los franciscanos fundaron algunas misiones que, con excepción de la de Guadalupe de las Salinas (Salinas Victoria), establecida en 1636,
corresponden todas a la segunda mitad del siglo XVII. En 1646 se fundó la
Misión de San Cristóbal de Hualahuises, en 1675 la de San Nicolás de Gualeguas, en 1678 (Arlegui da 1654) la de San Pablo de Labradores. 23 A fines de
die~~ siglo, los ~ranciscanos de la Provincia de Jalisco iniciaron la conquista
espmtual de TeJas desde territorio de Coahuila y la región noroeste de Nuevo
» "Proceso contra Juanillo Mamalachc". Archivo Municipal de Monterrey Causas
Criminales, vol. I, Exp. 17.
'
"' FRRNANDO SÁNcnez D-E ZA111oaA, ''Descubrimiento del Río Blanco, etc." en
Juan Bautista Chapa, Historia, pp. 226-247.
,. ALONSO DE LEÓN, Relaci6n y Discursos.
" ARLEOUJ, Cr6nica, pp. 106-108.

325

�León. El más interesante de todos ellos, dejando a Fray Juan Larios el lugar
especialisimo que por derecho le corresponde, es el inquieto fraile mallorquín,
Damián de Massanet, que tan importante papel desempeñó en las entradas a
Tejas en busca de los franceses, acompañando en todas sus entradas al General don Alonso de León. 26 Sin embargo, desde el punto de vista de la evangelización, está muy lejos de la perfección que sería de desearse: Fray Francisco
Mariano de Torres, en su Crónica, después de contamos cómo Fray Damián,
por ciertas discordias habidas en el Colegio de la Santa Cruz de Querétaro, de
las cuales era el promotor, fue depositado, como castigo, por orden del Comisario General, Fray Juan Capistrano, en la Provincia de Jalisco, y de allí enviado a las Misiones de Coahuila, le hace esta grave acusación: " ... quiso tener misión por sí. . . y no teniendo espíritu de convertir gentiles, se arrastró
gran parte de las estrellas o indios cristianos que, con grande estabilidad tenían hecho wi cielo la Misión de la Caldera. Resistiéronse tanto los indios que,
para desnaturalizados, les quemó las casas, taló las huertas y les cortó las parras y otros árboles que habían criado, lo cual agrió tanto a los indios tlaxcaltecas que nuestros religiosos habían llevado a poblar en dicha misión. . . que
se vinieron a su Pueblo de San Esteban del Saltillo, dejando la Misión sin fiscales, cantores, ni sacristanes. Pero, teniendo el Padre Fray Damián al gobernador Alonso de León, todo en su favor, se salió con su intento y, a una legua
de distancia de la Caldera, pobló una Misión con las naciones Xacajes, milijaes
y alijaes, que se sacó, y puso por nombre el de Santiago". 2 • Fue la Misión de
Santiago de la Candela, fundada en 1688. Diez años más tarde, siendo Guardián del Convento de la Santa Cruz de Querétaro Fray Margil de Jesús, envió
a Fray Diego de Salazar y a Fray Francisco Hidalgo a misionar a tierras de
Coahuila y Nuevo Reino de León. Después de visitar Monterrey, pasaron a
Boca de Leones, en donde los indios les descubrieron las vetas minerales. De
allí pasaron al paraje llamado Ojo de Agua de los Lampazos, en donde el 12
de noviembre de ese año de 1698 fundaron una misión bajo la advocación de
Nuestra Señora de los Dolores.
La entrada de los padres del Colegio de Propaganda Fide de la Santa
Cruz de Querétaro, señala el principio de un notable florecimiento misionero
en el noreste. No olvidemos que no fue sino hasta fines del siglo XVII y
principios del siglo XVIII cuando empiezan las quejas y las representaciones
de los frailes misioneros contra el abuso de las congregas.
A principios de enero de 1714, Fray Antonio Margil de Jesús, acompañado
de Fray Matías Sáenz de San Antonio y de otro religioso, salió de su Cole'" Para el estudio de las expediciones del General Alonso de León hay una abundantísima bibliografía que no sería pertinente detallar aquí.
:n FRAY FRANCISCO MARIANO DB TOR.Rl!:s, Cr6nica, pp. 63 y 64.

326

gio de Guadalupe de Zacatecas, rumbo al Norte, con el designio de plantar
misiones en tierras de infieles. Con aquel sin igual gracejo escribía un poco
antes: "Ya que este pobre Colegio (Guadalupe de Zacatecas) hasta ahora
no ha podido tratar de infieles, será bueno que yo, como indigno negrito de
esta mi Ama de Guadalupe, pruebe la mano y Dios Nuestro Señor obre". 28•
Y a pie, como siempre viajaba, fue cruzando aquellos inmensos despoblados
hasta la Villa del Saltillo, situada a más de 90 leguas de su Colegio, y ya
para entonces Fray Margil se iba haciendo viejo: "Frisaba en los sesenta;
estaba calvo; solo un angosto cerco de cabellos blancos le adornaban como
aureola la cabeza, un poco caída. Estaba flaco de carnes, encorvado liaeramen te hacia adelante. Sus pies eran feos, costrudos y negros como los d; los
indios. Ya había perdido gallardía y celeridad. Caminaba despacio aunque
con cierta firmeza que dejaba adivinar sus bríos de andarín incomparable. El
Margil de 1689, el que en la Talamanca y en las montañas del Cho! dejaba
atrás a las mulas andadoras, era ya abuelo que se fatigaba en los caminos.
Algo no había perdido: su alegría. La llevaba íntegra cuando con su compañero (sic) Fray Matfas iba por los campos yermos del norte rumbo a las
tierras de infieles" 2 ª. Este magnífico retrato del Santo Misionero en la época
en que entró al Nuevo Reino, se debe a la pluma de Eduardo Enrique Ríos,
el mejor de sus biógrafos.
Llegaron los religiosos a la ciudad de Monterrey, donde misionaron aquella cuaresma. Terminada la misión, salieron rumbo al Río de Salinas por
Boca de Leones y Lampazos, y el 15 de Mayo de 1714, fundó Fray Margil la
Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, la primera que nacía del Colegio
de Zacatecas. Las tierras para establecer la misión fueron donadas por el •
Bachiller Don Francisco de la Calancha Valenzuela, en quien Fray Margil
encontró gran ayuda y un firme apoyo. Durante junio y julio de ese año
Fray ~largil salió en busca de indios gentiles y logró reunir muchos. Pero:
a mediados de agosto, la vecina Misión de San Miguel Arcángel, que era de
los padres de Querétaro, fue asaltada por los indios tobosos, que la destruyeron matando a una mujer y flechando a un pastorcito y desnudando a Fray
Pedro Muñoz, que vivía solo entre los indios; milagrosamente escapó con
vida y "cubierto sólo con la vergüenza y un pedazo de enjalma", fue a refugiarse a la Misión de Guadalupe con Fray Margil, quien lo recibió "con repique de campanas y cantando el Te Deum Laudarnus, y lo llevó desnudo a
su pobre iglesia a celebrar, con acción de gracias, su honroso triunfo". Al
día siguiente, a la madrugada, le prestó su hábito para, que dijera Misa.
La dijo después 'el siervo de Dios. Le formó y cosió por sus manos un nuevo

~ Carta citada por
21

EDUARDO ENRIQUE

Ríos, Fray Margil de Jesús, pp. 151-160.

Ibid., p. 156.

327

�hábito de una sabanilla de lana blanca que era el ajuar umco de su cama1
y dispuso se matase un cabrito para celebrar con su hermano aquel día
como festivo", Pero este fue eJ fin de aquella primera Misión que, lo mismo
que la de San Miguel, quedaron definitivamente abandonadas, y los religiosos tuvieron que refugiarse en la Misión de Nuestra Señora de los Dolores
de la Punta de Lampazos. Después de varios intentos de restablecer su Misión de Guadalupe, cosa imposible por las constantes hostilidades de los terribles y crueles tobosos, a fines de septiembre de 1714, salió Fray Margil
a predicar por los lugares que estaban poblados. Hizo misión en Boca de
Leones y en muchos ranchos y pastorías. Pasó a Cadereita, al Valle del Pilón,
a Hualahuises, Linares, Valle de Huajuco y, en febrero de 1715, misionando
sin descanso, llegó hasta el Valle de la Mota (General Terán, N. L.). El
incansable andariego no se daba reposo. Desde la Mota, por el mes de abril,
se fue con sus compañeros a Lampazos, de a\ú a Boca de Leones y Sabinas;
después, llevando una sola escolta, salieron a Boca de Leones rumbo a las
Misiones de San Juan Bautista del Río Grande y San Bernardo, donde el 6
de Marzo se habían sublevado los indios; viendo que era imposible fundar
misiones por aquellos parajes, se fueron a San Francisco de Coahuila (Monclova), y de allí volvieron a Lampazos. Tiempo después, ya sin escolta,
los tres religiosos, en ese mismo año de 1715, fundaron, a orillas del Río Salado, la segunda Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, que pronto tuvieron que desamparar por el constante peligro de los indios de guerra.
Pero el infatigable anciano, con nuevas energías, sacadas de su fracaso,
volvió a misionar en ranchos y past~rías hasta volver, por el mes de diciembre, a Boca de Leones. En este lugar fundó Fray Margil el Hospicio del Real
de Boca de Leones con el título de Nuestra Señora de Guadalupe, en una
casa que generosamente clonó Don Francisco de la Calancha y Valenzuela y
que fue la única fundaci6n, de las que intentara Fray Margil, que llegó a
consolidarse. La toma de posesión de este Hospicio, por los misioneros de
Guadalupe de Zacatecas, tuvo lugar el día 14 de agosto de 1716.
He aquí, a grandes rasgos, las empresas del "Peregrino Septentrional
Atlante" en tierras del Nuevo Reino de León. Si bien es cierto que fracasó
en su intento de fundar misiones entre los indios infieles, este fracaso, a mi
juicio, se tradujo en un mayor bien para el Nuevo Reino: no sólo los indios
paganos estaban necesitados de su encendida predicación y de su presencia
ejemplar; los vecinos españoles, los pastores y los indios cristianos, estaban
urgidos también de que se les anunciase, por boca de un Santo, la divina palabra. Es indudable que la predicación de Fray Margil logró mover muchos
endurecidos corazones y derramar abundantes las divinas gracias sobre aquellas almas.

Historiador do11 Pablo Herrera Carrillo.

328

�INDICE DE ARTJCULOS DEL HISTORIADOR LIC. D.
PABLO HERRERA CARRILLO ( 1895-1957)
ToMÁs MENDIRICHAOA CUEVA
Socied.id ~uevolcone_sa de Historia

del historiador don Pablo Herrera Carrillo,
autor de Fray ]unlpero Ser,a, civilizado, de las Californias (México, tres
ediciones: 1943, 1950 y 1960) y Las siete guerras por 1'exas (México, 1959),
he reunido en este "Indice" los títulos de 125 trabajos suyos que vieron la
luz en distintas publicaciones. Estos artículos dispersos no han aparecido coleccionados en libro.
EN HOMENAJP. A LA .MEMORIA

La mayor parte de la valiosa producción histórica del Lic. Herrera Carrillo

se encuentra en las colecciones de periódicos y revistas donde fue publicada.
Por tal motivo su labor e~, ciL·rtamcntc, desconocida.
El presente "índice,,, al agn1par algunas colC&lt;".ciones de sus artículos, pretende dar a conocer, si no la totalidad, por lo menos una parte de la interesante ohra hist6rica &lt;lcl mencionado autor, en conmemoración del septuagésimo nni,·ersario de su natalicio, Por lo tanto, no es éste un registro de todos
los trab;,jos del Lic. l lerrera Canillo. Es sólo un "índice" que comprende la
última etapa de su vida, casi dos d~cadas de actividad intelectual.
Creo, por último, que el material que he reunido en esta investigación,
por su calidad, mt'rcce editarse en libro. Varios de estos escritos no dudamos
en calificarlos de obras maestras.
La .recopilación de la obra dispersa &lt;1ue aquí se menciona &lt;"stá dispuesta
por on.lm crono16gico y organizada en la fonna siguiente:

1:.1 Movimiento His16rico u1 México: seis artículos.
La Vo:: Guadalupana: once artículos.
Lectura: seb artículos.
Orden: tres artículos.
Onda: doce artículos.

329

�Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística: un artículo.
Trivium: cuatro artículos.

6. Historia Natural y Moral de las Indias. 2 No. 5, lo. de septiembre de
1940, pp. 10 y 19.

Revista Minera y Petrolera: veintidós artículos.
Excélsior: veintiún artículos.

LA Voz

La Nación: treinta y nueve a1tículos.

Revista mexicana de cultura

D~n Pablo Herrera Carrillo nació "en la casa solariega de sus padres", en
Calvillo (Guanajuato), el 29 de junio de 1895 y murió en la Ciudad de México el 25 de agosto de 1957, a los 62 años de edad.

EL MovrMmNTO HISTÓRICO EN

GuADALUPANA

MÉx1co

Director: Lic. Pablo Herrera Carrillo. Secretario de Redacción: Antonio
Pompa y Pompa. Registrada como mensual, sólo aparecieron cinco números
(noviembre de 1937-septiembre de 1940): número 1 noviembre de 1937·
' número 4, lo. de'
número 2, abril de 1939; número 3, mayo-junio de 1940;
julio de 1940 y número 5, lo. de septiembre de 1940. Colección completa
consultada en la .Biblioteca Central del Instituto Nacional de Antropología
e Historia (Ciudad de México) .
Varias críticas de libros y otros trabajos breves de esta publicación aparecen con las iniciales PHC. Hay interesantes comentarios, noticias, artículos
cortos y secciones de la revista que son, indudablemente, del citado autor,
aunque no llevan firma. Sólo mencionamos los trabajos más importantes.

Organo de la Insigne y Nacional Basílica y de la Archlcofradía Universal
de Nuestra Señora de Guadalupe. Director: Don Joaquín Cardoso, S. J. Jefe
de Redacción: Don Antonio Pompa y Pompa.
Desde agosto de 1939 hasta mayo de 1940 apareció en esta revista una
serie de artículos del historiador Herrera Carrillo bajo el título de "Lo que
México debe al Clero". Aparte de dicha colección de trabajos, salió un artículo
que no se refiere al tema y, un año después, apareció otro en la misma publicación, que también registramos en el presente "índice". Biblioteca U niversitaria "Alfonso Reyes". Monterrey, N. L.

7. La cooperaci6n del Clero

en las grandes obras del desagüe del Valle
de México. Agosto de 1939, pp. 13 y 14.
8. El concurso del Clero en la soluci6n del problema de las comunicaciones entre Sonora y las Ca/.ifornas. Septiembre de 1939, pp. 15, 16 y 18.
9. El Clero y las grandes rutas de comunicaci6n de nuestro país. Octubre
de 1939, pp. 11, 12 y 16.
10. El Clero, la lucha por el Derecho y el triimfo de la Justicia Social. No-

viembre de 1939, pp. 15-17.

11. La labor educativa más grande que registra la Historia del Mundo.
l. Napoleón Bonaparte asume la dirección del Movimiento de Independencia en México. 1 No. 1, noviembre de 1937, pp. 1, 4, 8 y 12.
2. Apttntes para una Historia de la Pirateria en el Golfo de México,
durante la Guerra de Independencia. No. 1, noviembre de 1937, pp.
9, 10 y 14.

3. Toma de posesión de Alaska por la Nueva España. No. 2, abril de 1939,
pp. 1, 7, 8 y 16.
4. Papel de las Antillas en la desintegración del mundo hispanoamericano.
No. 3, mayo-junio de 1940, pp. 5, 6, 12 y 13.

5. Influencia de la Minería en nuestro desenvolvimiento histórico. No. 5,
lo. de septiembre de 1940, pp. 1, 2, 3, 15 y 16.
' Este trabajo va firmado con las iniciales PHC.

330

Diciembre de 1939, pp. 17, 18 y 20.
12. El Clero ha construido los mejores puentes sobre el Rlo Lerma. Enero
de 1940, pp. 15, 16 y 20.
13. El Rfo Lerma. La cuenca de los cereales, la zona fundamental de México. Enero de 1940, pp. 16 y 20.
14. El gran eje agustino: Morelia-Salamanca. Febrero de 1940, pp. 15,
16 y 20.
15. El sistema de riego más grande del Bajío, "el granero de la República".
Marzo de 1940, pp. 15-17.
16. El alma musical de México. 3 Mayo de 1940, pp. 11, 12, 13 y 18.
17. Frailes andariegos. Julio de 1941, pp. 15 y 16.
• Es una extensa nota bibliográfica sobre la obra del mismo título del P. Joseph de
Acosta, S. J.
' Este ensayo, ampliado por su autor, se publicó siete años después en la Revista

331

�LECTURA

ÜNDA

Revista crítica de ideas y libros
Director: Dr. Jesús Guisa y Azevedo. Jefe de Redacción: Juan Sánchez
Navarro; después lo fueron sucesivamente Edmundo S. Meouchi, Bernardo
Claraval, Pablo Antonio Cuadra, Carlos Navarrete y Salvador de la Cruz
García. Registrada como mensual, apareció el lo. de mayo de 1937, pero a
partir de julio de 1938 se convirtió en quincenal y hasta ahora sigue publicándose. Fueron consultados desde el número l hasta el último del año 1957,
en total 462 números. Biblioteca Universitaria "Alfonso Reyes" y Biblioteca
del Instituto Tecnológico. Monterrey; N. L.

18. Sobre Juárez. 4 Septiembre 15 de 1939, pp. 88-107.
19. La cuestión del petróleo y nuestra "segunda Independencia". Noviembre lo. de 1939, pp. 12-19.
20. La revancha de María Antonieta. Diciembre 15 de 1939, pp. 237-245.
21. La gran paradoja de México: con la Independencia perdió su independencia. Febrero lo. de 1940, pp. 135-143.
22. El enigma de Hitler. Febrero 15 de 1940, pp. 199-206.
23. Los grandes temas de la Guerra. Septiembre lo. de 1940, pp. 7-14.

ÜRDEN

Organo de la Unión Nacional Sinarquista. Director: Rubén Mendoza Heredia; después ocuparon el cargo el Lic. José Trueba Olivares, Antonio Ocampo
y Felipe Navarro. Apareció como revista gráfica mensual en septiembre de
1942, pero a partir de septiembre de 1944 se convirtió en quincenal. Consultados desde el número 1 hasta el 25, fechado el 5 de octubre de 1944-. Hemeroteca Nacional (México, D. F.).
24. El parásito. No. 3, noviembre de 1942, p. 27.
25. La hermana esclavizada. No. 5, enero de 1943, pp. 21-23.
26. Baja California canta como la sirena. 5 No. 9, junio de 1943, p. 26.
Onda con el titulo siguiente: "La conquista musical de América por España"; véase
la ficha 38.
• Artículo firmado por el Lic. Toribio Esquive) Obregón y el Lic. Herrera Carrillo.
1 Es un fragmento de su obra Fr. Junípero Serra, civilizador de las Californias". México, 1943.

332

Organ~ mensual ?el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterre~. Du·ector: 1:licardo Medrano C.B.I.; después lo fueron el Dr. Joaqtún
Rodnguez Y Rodnguez y el Ing. Arturo Ulloa. Consultada la colección completa: 32 números (octubre de 1944 - septiembre de 1947); segunda tercera
y cuarta épocas.º Biblioteca del I.T.E.S.M. Monterrey, N. L.
'

27. Esplendor y miseria de la minería en México. 1 Diciembre lo. de 1944,
pp. 20-23.
28. La mujer que forjó España. 8 Enero lo. de 1945, pp. 43-49.
Apuntes Biográficos del Lic. don Pablo Herrera Carrillo.º Febrero lo.
de 1945, pp. 72 y 73 (Está equivocada la numeración, por lo tanto
deben ser pp. 62 y 63) .
29. Kino, el hombre que añadi6 a México un Imperio. Marzo lo. de 1945
pp. 46-53.
'
30. Establecimiento del correo público entre Monterrey y San Luis Potosí.
Mayo lo. de 1945, pp. 57-59.
31. Cuando México era el país de la abundancia. Julio lo. de 1945 pp.
38-45.
'
32. Importancia del estudio de la Historia para los alumnos del Tecnológico.
Agosto lo. de 1945, pp. 38-40.
33. Nuevos aspectos históricos del Movimiento de Independencia. Diciembre lo. de 1945, pp. 52-56.
34. Nuevos aspectos históricos del Movimiento de Independencia (II).
Enero de 1946, pp. 52-56.

35. La España de Unamuno. Febrero de 1946, pp. 41-47.
36. Nuestro complejo de inferioridad y la Guerra con los Estados Unidos.
Noviembre de 1946, pp. 68-84.
• En su primera época la revista Onda fue la publicación estudiantil de los alumnos
del ITESM. Después pasó a ser el órgano oficial del mismo Instituto Tecnológico.
' Este ensayo se volvió a publicar en Lectura, marzo 15 de 1945, pp. 95-102.
• Este trabajo fue reproducido en Lectura, diciembre lo. de 1945, pp. 136-148.
. • Ottos ~to~ sobre el bistoriador Herrera Carrillo en la Gula de personas que cultiuan la Histona de AméricaJ Instituto Panamericano de Geografía e Historia México
1951, p. 203. También en la extensa noticia necrológica del Prof. José Axenas' Sánchez1
aparecida en el periódico El Sol de Guanajuato, del viernes 30 de agosto de 1957, p'.
l. Véase además Los tres amigos de Job, semblanza por el historiador don Antonio
Pompa Y Pompa, en el periódico El Nacional de la ciudad de México, agosto 30 de
1957, pp. 3 y 8.

333

�37. Nuevos temas sobre el Mediterránco. 1° Febrero de 1947. pp. 67 y 68.
38. La conquista musical de América por España. 11 Marzo de 1947, pp.
37-52.

BOLETÍN DE LA

41. El color en la poesía de González Martínez. 13 Núm. 6, abril de 1949,
pp. 2-8.
42. La Civilización Occidental no está en bancarrota. Núms. 9 y 10, julio
y agosto de 1949, pp. 3-9.
43. El Cid de Juan Crist6bal.1·' Año II, número 7, mayo de 1950, pp. 16-20.

SocmoAD MEXICANA DE GEOGRAFÍA v ESTADÍSTICA

EJ primer número de esta publicación centenaria aparec.io en marzo de
1839, siendo su Director don José Gómez de la Cortina. Conde de la Cortina.
Consultados los años 1930 a 1957, inclusive, en la Biblioteca Universitaria
"Alfonso Reyes" y 1a Biblioteca del Instituto Tecnológico. Monterrey, . L.
39. Integración y posterior dislocación geográfica del imperio Español. 12
Septiembre-octubre de 1946, pp. 263-275.

TRTVIUM

Organo del Departamento de Humanidades del Instituto Tecnológico y de
Estudios Superiores de Monterrey. Consejo Editorial: Lic. Alfonso Rubio y
Rubio, Lic. Fortino López Legazpi y ProL Porfirio • fartínez Peñaloza. A
partir del númem once, fechado en septiembre de 1949, aparece como Director el Lic. Rubio y Rubio. Fueron , ubdirectores1 sucesivamente, Martínez
Peñaloza, Jorge Eugenio Ortiz y Salvador Guandique y Jefes de Redacción
Guandique, Ortiz y el Prof. Eugenio del Horo. Esta revista mensual se publicó desde noviembre de 1948 hasta octubre de 1951. Colección completa
consultada: 36 números. Biblioteca del I.T.E.S.M. Monterrey, N. L.

REVISTA MINERA y PEn.OLERA

Editada por Publicaciones RoJJand, S. de R. L., Editor: Alberto J. Rolland.
Director: Ing. Modesto C. Rolland.
Bajo eJ título de La Historia de la. Mi11ería en México, apareció en esta
publicación mensual desde agosto de 1949 hasta julio de 1952. una serie de
trabajos del historiador Herrera Carrillo, que constituyen varios capítulos de
una obra en preparación. Algunos artículos no lle,·an título, por lo tanto
hemos puesto el primer subtítulo que aparece. La numeración de las páginas
de estos trabajos1 es aparte de la paginación de la re,ista. Hemeroteca acional (México, D. F.).

44. La minería de Zacatecas en los destinos de México. Exploración )' población de los desiertos del Norte. No. 191. agosto de 1949, pp. 1-6.
45. VII. Una empresa generosa; la reconquista del Nuevo Reino. (Continuación del anterior). ro. 192, septiembre de 191-9, pp. 7-8.
46. Los ingleses y los alemanes en fas minas de Mb:ico, a raíz de la Inde- ,
pendencia. :r-.o. rn2, septiembre de 1949, pp. 8-14.

47. LoJ ingleses y los alemanes en las minas de México ... (Continuación).
No. 193, octubre de 1949, pp. 15-18.

40. Estampa.s de Monterrey. Núm. 1. Sin fecha, pero seguramente es de
noviembre de 1948, pp. 14 y 15.
Son "palabras de presentación" a los trabajos de Historia Universal, que aparecen en seguida, escritos por cinco alumnas del Lic. Herrera Carrillo. En las páginas 87
y 88 hay unas "notas del profesor", acerca de Goethe, fiimadas por PHC.
11 Se reprodujo en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografla " Estadl.slica,
mayo-junio de 19+7, pp. 609-640; en El Sembrador, órgano de la Asociación de Clubes de SembradOTcS de Amistad, junio de 1947, pp. 15-28, y en Lectura, lo. de diciembre del mismo año, pp. 139-169.
" El lli. Herrera Carrillo ya había publicado en este Boletín dos breves notas bibliográficaB, que aparecieron en el año 1943: enero-abril, pp. 254-258 y mayo-diciembre, pp. 460-463. Después de este importante trabajo, se reprodupo su valioso ensayo
sobre la conquista musical de América, aparecido primeramente ea La Vo: Guadalupana y posteriormente en Onda, como quedó aclarado en las notas 3 y ll ; véanse las
fichas 16 y 38.
10

334

48. Introducción de las "bombas de fuego" en la minería dP nuestro país.
(Primera Parte) 15 ro. 194, noviembre de ]949. pp. 19-24.
49. lntroducci6n de las "bombas de fuego".. . (Segunda Parte). No. 195,
diciembre de 1949, pp. 25-28.

50. Los Obregones instalan la primera máquina de va/1or en "Real de Catorce". No. 196, enero de 1950, pp. 29-32.
51. El Visitador Gáluez, un gran personaje casi desconocido. No. 197, febrero-marzo de 1950, pp. 33-36.
u Se publicó después en el tomo 5 de la Colección Camelina (Monterrey, 1949) que
dirigió el Lic. Rubio y Rubio.
u Este artículo aparece firmado en Madrid el 23 de mar;;o de 1950.
Concluye el capítulo anterior y en seguida se inicia ~ste.

14

335

�52. Repentina aparición de "casas de moneda'' regionales. No. 198, abril
de 1950, pp. 37 y 38.
53. Repentina aparición de "casas de moneda" regionales. No. 199 (¿ Concluye?),1n mayo de 1950, pp. 39-42.
54. Creación del Real Tribunal de Minería de la Nueva España. No. 201,
agosto de 1950, pp. 47-50.
55. Creación del Real Tribunal de Minería de la Nueva España (Continuación). Nos. 202-203, septiembre-octubre de 1950, pp. 51-54.
56. Creación del Real Tribunal de Minería de la Nueva España. (Concluye). Se inicia otro capítulo: Fausto de Elhuyar (Primera Parte). Nos.
204-205, noviembre-diciembre de 1950, pp. 55-58.
57. Fausto de Elhtl')'aT (Continuación). Se inicia la Segunda Parte: El
Marqués de Rayas contra Ell,uyar.17 No. 206, enero de 1951, pp.
59-62.
58 .... (Continuación) .18 Se inicia otro capítulo: Completo fracaso del beneficio de platas del Ba,6n de Bom. Nos. 209-210, abril-mayo de 1951,
pp. 71-78.
59. Completo fracaso del beneficio de platas del Barón de Born (Continúa). Nos. 211-212, junio-julio de 1951, pp. 79-82.
60. Completo fracaso del beneficio de platas del Barón de Born (Concluye). Se inicia otro capítulo: Los últimos años de la minería colonial.
No. 213, agosto de 195 l, pp. 83-86.
61. Los últimos años de la mineria colonial (Continuación). No. 215, octubre-noviembre de 1951, pp. 87 y 88.
62. Los últimos años de la minerEa colonial (Concluye). Se inicia otro capítulo: Análisis de nuestro régimen minero de principios del siglo XIX
(Primera Parte). Nos. 216-217, diciembre de 1951-encro de 1952, pp.
89-92.
63. Análisis de nuestro régimen minero de principios del siglo XIX (Continuación). Se inicia la Segunda Parte. Nos. 218-219, febrero-marzo
de 1952, pp. 93-96.
64. Análisis de nuestro régimen minero de principios del siglo XIX (Concluye) Nos. 220-221, abril-mayo de 1952, pp. 97-99.
'" En el número 200, junio-julio de 1950, no aparece el artículo correspondiente, en
el ejemplar que pertenece a la Hemeroteca NacionaJ de México. En el 201 está duplicado el articulo correspondiente a este número.
11 En l.i colecci6n de la Revista Minera " Petrolera, que existe en la Hemeroteca
Nacional, falta el número 207-208, febrero-mano de 1951. El número 214, de septiembre del mismo año, no 1e publicó.
1ll Ignoramos el título debido a que falta el número anterior.

65. Un extraño movimiento de, huelga.u Nos. 222-223, junio-julio de 1952,
pp. 101-104.

ExcÉLSIOR

Esta colecci6n de artículos apareció en la sección dominical "Diorama de
la Cultura" del diario capitalino, desde principios de marzo de 1951 hasta
principios de agosto de 1953. Hemeroteca Nacional, Ciudad de México.

66. Aventura del hombre en América Española. La técnica minera mexicana.20 Marzo 4 de 1951, pp. 5 y 8.
67. La traición de Saiita Anna (I). Mayo 27 de 1951, pp. 5 y 12.
68. La traición de Santa Anna (II). Junio 24 de 1951, pp. 8 y 11.
69. La traición de Santa Anna . .. a los Estados U nidos ( III). Julio 8 de
1951, p. 14.
10. La traición de Santa Anna a los Estados Unidos (IV) .21 Agosto 19 de
1951, pp. 5 y 11.
71. Zavala, hombre de Poinsett. 22 Noviembre 25 de 1951, pp. 7 y 10.
72. Napoleón Zcrman contra Baja California. 28 Enero 13 de 1952, p. 8.
73. California, el paraíso perdido. 24 Marro 9 de 1952, p. 8.
7+. Historia de un nuevo aroma en Veracruz. 26 Marzo 23 de 1952, p. 8.
75. lnstantero de Semana Santa en Sevilla. Mayo 25 de 1952, pp. 7 y 12.
76. Matamoros: significación histórica. 26 Agosto 3 de 1952, pp. 7 y 12.
77. Galicia, donde nació la Salue. 21 Agosto 31 de 1952, pp. 10 y 11.
" Trata de la famosa huelga minera, iniciada en agosto de 1766 en los minerales de
Pachuca y Real del Monte, propiedad de don Pedro Romero de Terreros, Conde de
Regla. Tal parece que ~ste es el último artículo publicado, quedando el capitulo sin
concluir. La colecci6n de la revista, correspondiente al año de 1953, no existe en la
Hemeroteca Nacional; quizá se dej6 de publicar.
• Se publicó antes en Lectura, lo. y 15 de febrero de 1951, pp. 239-244.
21 Unos días antes apareci6 en Lectura, agosto 15 de 1951, pp. 20-l-209.
!: Se reprodujo, anónimo, en Lulura, lo. de enero de 1952, pp. 13-19.
lll Este trabajo apareció en Exci/siar, firmado erróneamente por Pedro Frank de
Andrea.
" Una semana antes se publicó en Lectura, lo. de marzo de 1952, pp. 14-18.
u Apareció posteriormente en Lectura, lo. de abril de 1952, pp. 75-78, bajo el titulo
de "La historia y el aroma".
.. Este articulo se reprodujo con el titulo de "El separatismo en Tamaulipas" en
Lectura, lo. de septiembre de 1952, pp. 26-30.
11 Se publicó tambibl en Ltctura, septiembre 15 de 1952, pp. 57-60, bajo el ütulo de
"El camino de Señor Santiago y México".

337

336
H22

�78. Galicia, la tierra donde naci6 la Salue (II). Octubre 5 de 1952, pp.
10 y 16.
79. La Independencia como problema. 28 Septiembre 21 de 1952, pp. 10 yl1.
80. El octavo día de la Creaci6n. 29 Noviembre 9 de 1952, pp. 6 y 7.
81. Las misiones, vencedoras del espacio y del tiempo. 80 Diciembre 14 de
1952, pp. 6 y 8.
82. Acento circunflejo sobre México. Enero 18 de 1953, pp. 10 y 11.
83. Humboldt, el viajero por antonomasia. 31 Marzo 15 de 1953, pp. 10 y 11.
84. Los orígenes remotos y secretos de la Independencia de Hispanoamérica.32 Abril 26 de 1953, pp. 7 y 11.
85. El dilema inglés: conquista o independencia de Hispanoamérica. 33 Mayo
17 de 1953, p. 10.
86. Alamán contra Poinsett. 3* Agosto 9 de 1953, pp. 7 y 11.

LA

NACIÓN

Organo del Partido Acción Nacional. Fundador: Carlos Septién García.
Director: Alejandro Avilés. Revista semanal; el primer número apareció con
fecha 18 de octubre de 1941 y aún se sigue publicando.
La siguiente colección de artículos apareció desde marzo de 1953 hasta
agosto de 1954. Algunos de estos trabajos ocupan dos páginas y en ambas
aparecen extensos encabezados, por lo tanto sólo citaremos como título el primero. Biblioteca Universitaria 'Alfonso Reyes". Monterrey, N. L.
87. En manos extrañas, el valle de Mexicali era cuña que separaba la península ... Núm. 597, marzo 22 de 195"3, pp. 8 y 9.
88. El Tratado de Aguas reprime el ímpetu agrícola de Baja California.
Núm. 598, marzo 29 de 1953, pp. ll, 12 y 13.
21 Apareció después en Lectura, lo. de octubre de 1952, pp. 85-89, con el siguiente
título: "La Independencia de 16 de septiembre no es la Independencia".
'" Se reprodujo en Lectura, lo. de diciembre de 1952, pp. 8i-90.
10 Después se publicó en Lectura, enero 15 de 1953, pp. 53-57, con el título de "Las
misiones españolas".
"' Se reprodujo en Lectura, lo. de abril de 1953, pp. 79-82.
"' Apareció en Lectura, junio 15 de 1953, pp. 112-115, con el siguiente titulo: "Las
sociedades secretas y la Independencia de Hispanoamérica".
ª Se reprodujo en Lectura, lo. de junio de 1953, pp. 84-87, bajo el titulo de "Los
Libertadores de América trabajaban para Inglaterra".
11 Una semana después apareció en Lectura, agosto 15 de 1953, pp. 116-119, con el
título de "Poinsett y Alamán frente a frente",

338

89. Los Estados Unidos están minados por células sovietistas incrustadas en
su vida .. . 3 ~ Núm. 600, abril 12 de 1953, pp. 6 y 7.
90. Los hombres que hicieron a México, pueblo de formaci6n pla11eada.
Núm. 601, abril 19 de 1953, pp. 8 y 9.
91. La Civilizaci6n es una. Núm. 602, abril 26 de 1953, p. 9.
92. México, puente de razas y culturas. Núm. 604, mayo 10 de 1953, p. 9.
93. El comunismo. Núm. 607, mayo 31 de 1953, p. 16.
94. Los muertos que vos matasteis, gozan de cabal salud. Ní1m. 608, junio
7 de 1953, p. 9.
95. El problema número 1 de México: la conservación del suelo. Núm. 609,
junio 14 de 1953, p. 9.
96. El nuevo experimento del Dr. Moreau. Núm. 610, junio 21 de 1953,
p. 10.
97. El caso Rosenberg y la traici6n de los Orandes. Núm. 611, junio 28
de 1953, p. 9.
98. C6mo fueron entregadas a Rusia varias naciones de Europa ~, Asia.
Núm. 614, julio 19 de 1953, p. 13.
99. Guanajuato, clave de caminos. Núm. 615, julio 26 de 1953, p . 13.
100. Estas son las causas del desastre de Corea. Núm. 616, agosto 2 de 1953,
p. 9.
101. Derrotismo norteamericano. Núm. 619, agosto 23 de 1953, p. 16.
102. El dinámico paisaje veracrnzano en la obra de Rafael Delgado. 30 Núm.
620, agosto 30 de 1953, p. 13.
103. El Sub-Comité de Seguridad norteamericano ratifica lo dicho por "La
Nación. Núm. 621, septiembre 6 de 1953, pp. 10 y 11.
104. El plebiscito de los pájaros en el antemu ral del desierto. Núm. 624,
septiemb1·e 27 de 1953, p. 8.
105. El loco de las presas. Núm. 626, octubre 11 de 1953, p. 9.
106. Rebelión contra el Emperador sin corona de América Central. Núm.
627, octubre 18 de 1953, p. 16.
107. Los Estados Unidos avanzan sobre nuestro territorio.3' Núm. 628, octubre 25 de 1953, p. 28.
11 Este artículo provocó 1.1-na réplica, publicada en La Naci6n (número 601, página
20). La contestación del Lic. Herrera Carrillo se publicó en el número 602. página 2.
En el número 604, página 16, aparece otra réplica de quien inició la polémica. El Lic.
Herrera Carrillo respondió, sin referirse a su contradictor, con el trabajo sobre "El
Comunismo'', que apareció en el número 607; véase la ficha 93.

• Se reprodujo en L11ct11ra, septiembre lo. de 1953, pp. 20-25, con el título de "Rafael Delgado y su paisaje veracruzano".
a; Se publicó en Lectura, noviembre lo. de 1953, pp. 12-17, bajo el título siguiente:
"Falcón, o el despojo manifiesto del Destino Manifiesto".

339

�108. Comunismo en la O.N.U. Núm. 629, noviembre lo. de 1953, p. 13.
109. Cómo ha enseñado la oreja el ex Presidente Truman. Núm. 632, noviembre 22 de 1953, p. 24.
110. Juan Donoso Cortés, profeta de la Revolución. Núm. 633, noviembre
29 de 1953, p. 12.
111. Cómo pasó a ser el hombre una pieza en la máquina del Estado. Núm.
635, diciembre 13 de 1953, p. 14.
112. Pasión y muerte de Puerto Rico. Núm. 647, marzo 7 de 1954, p. 14.
113. El "Carnaval" de Caracas. Núm. 651, abril 4 de 1954, p. 14.
114. Ironía~• ternura de San Felipe Torres Mochas. Núm. 652, abril 11 de
1954, p. 16.
115. Donde siempre es Semana Santa. Núm. 653, abril 18 de 1954, p. 19.
116. La "decadencia" europea. Núm. 655, mayo 2 de 1954, p. 12.
117. La significación mundial de McCarthy. Núm. 656, mayo 9 de 1954,
p. 12.
118. Estados Unidos no tiene prensa J,ropi,a. Núm. 657, mayo 16 de 1954,
p. 12.
119. Indochina y el Super-Estado Mundial. Núm. 658, mayo 23 de 1954,
p. 20.
120. La Provincia: inminente transformación de "El Bajío". Núm. 660, junio 6 de 1954, pp. 10 y 11.
121. Comunismo yanqui en Guatemala. Núm. 661, junio 13 de 1954, p. 20.
122. Leviathán, dueño del agua. Núm. 662, junio 20 de 1954, pp. 2 y 17.
123. ('Cuál imperialismo es peor? Núm. 663, junio 27 de 1954, pp. 12 y 18.
124. Guatemala: lucha cfvica contra el comunismo. Núm. 668, agosto lo. de
1954, pp. 8 y 16.
125. La Iglesia y la Universidad contra el comunismo. Núm. 671, agosto 22
de 1954, p. 20.

México, editadas por Miguel Dorantes Aguilar, Mfxico, 1943, 375 pp., 23 cms.
(La conferencia del historiador Herrera Carrillo se encuentra en las páginas 25-49).
3. El Lic. Herrera Carrillo pronunció numerosas conferencias que nunca fueron publicadas.
4. Hacia el año de 1946 aparecieron unos apuntes hist6ricos del Lic. Herrera Carrillo, editados en mimeógrafo por el Instituto Tecnológico de Monterrey, sobre la
intervención del Imperio Inglés en la Independencia de Hispanoamérica.
5. Son muy interesantes los "apuntes de clase" que este autor dictó a sus alumnos.
6. La Revista Mundo Hispánico, de Madrid, anunció (número 31, octubre de 1950,
página 42), que en un concurso organizado por el Instituto de CuJtura Hispánica
entre sus becarios, había obtenido uno de los tres premios el ensayo del Lic. Herrera Carrillo intitulado "El Real Tribunal de la Minería y la lucha por el Derecho
en la Nueva España".
7. Por los años 1951 y 1952 la Librería "El Gallo Pitagórico", de la ciudad de Guanajuato, editó los cuadernos de divulgación cultural "Difusiones". Entre otros trabajos "próximos a publicarse" en su colección se anunció el número 5 intitulado
' Este en"La Revoluci6n con R mayúscula" del Lic. don Pablo Herrera Carrillo.
sayo nunca se editó.

8. El mencionado historiador dejó a su muerte un valioso trabajo inédito sobre el
Juicio de Amparo.

BmL10GRAFÍA DEL IIIsTORIAooR ooN PABLO HERRERA CARRJLLo

1. "La Historia de Mexicali contada por sus viejos residentes". Mexicali, B. C., 1932.
2. "Fr. Junípero Serra, civilitador de las Californias". Ediciones Xóchiü. México,
1943. 233 pp., 19 cms. (Colección Vidas Mexicanas, t. 8).
Segunda edición, Ediciones Xóchitl. México, 1950 (Misma colección).
Tercera edición, Editorial Jus. México, 1960. 141 pp., 24 cms. (Figuras y Episodios de la Historia de México, No. 78) .

3. El color sn la poesla de Gonzále: Martínd'. Monterrey, 1949. Colecci6n Camelina, número 5).
NOTAS Bl:BLIOGRÁ.FICAS
ÜBRAS PÓSTUM.AS

1. El historiador don Pablo Herrera Carrillo, en su importante ensayo sobre "Nuestro complejo de inferioridad y la Guerra con los Estados Unidos" ( Onda, noviero•
bre de 1946, p. 78}, menciona una entrevista que concedió al historiador don

Eduardo Enrique Ríos, acerca de las sociedades secretas en México, aparecida en
la Revista Todo de la capital "por el año de 1937 ... "
2. Durante el Primer Congreso Terciario Franciscano, celebrado en la ciudad de México del 3 al 9 de mayo de 1943, el Lic. Herrera Carrillo sustentó una importante
conferencia en el Templo de San Fernando sobre "Fray Junlpero Serra". Dicha
conferencia está compuesta con algunos capítulos del libro del autor, pero sin la~
supresiones que se le hicieron al editarlo. Se publicó en la obra Conferencias Literarias, Congreso Terciario Franciscano de la Provincia de "El Santo Evangelio" de

4. "Coloni.zación del Valle de Mexicali, B. C.". Publicación de la Compañía Mexicana de Terrenos del Río Colorado, S. A., Unión Gráfica, S. A. México, 1958,
211 pp., 23 cms. (La segunda parte de esta obra es un estudio socioeconómico
del Ing. Alfonso Malina Villa.señor, pp. 215:279).
5. "Exposici6n al público sobre los asuntos de Texas", por Stephen Fuller Austin
(1793-1836) y "La.s siete guerras por Texas", estudio de Pablo Herrera Carrillo.
Editorial Academia Literaria. México, 1959. XIII, 32, 344 pp., 24 cms. (Colección de Documentos para la Historia de las Guerras entre México y los Estados
Unidos, 1 ).

340
341

�R epro d ucc1·6 n facSllil· llar de la "Esposición al público sobre los
. . asuntos de
. .Tejas", . por
el C. Estevan F. Awtin. Mégico, C. Sebring, 1835. 32 pp. Edic16n de sem:1entos eJemplares numerados.

NOTA FINAL

Un nuevo Indice de artículos del historiador don Pablo Herrera CarriJlo, más bre:e
y preparado posteriormente a este trabajo, publicaré en el transcurso del presente ano

en la Revista Absid~, que dirige don Alfonso Junco.

LA TRAGEDIA DE TI~XCALANTONGO
JosÉ

P.

SALDAÑA

Primera Parte
AL INICIARSE EL AÑo DE 1920, se precipitaron los acontecimientos políticos.
Los rumores alarmantes invadían hogares, empresas particulares, espectáculos,
cuarteles, oficinas públicas, sin dejar un rincón en calma. No podía distinguirse entre la noticia verídica y la falsa, formándose un clima de intranquilidad tan tenso, que fue paralizando actividades en espera de lo peor.
Se abrió proceso en contra del general Obregón por incitar a la rebelión.
Existían en poder del Gobierno pruebas plenas de sus actividades subversivas.
Había formalizado con los rebeldes más connotados compromisos para un ,
futuro próximo. En el plan estaban comprometidos los generales Manuel Peláez, Francisco Villa, Juan Andreu Almazán, Alberto Pineda O., Félix Díaz,
Genovevo de la O., Saturnino Cedilla y los más destacados jefes zapatistas,
formándose con todos ellos una amalgama en la que participan las más encontradas opiniones políticas: Felixistas, Zapatistas, Villistas, neutralistas de
Oaxaca, predominando los rebeldes que, como Félix Díaz, Manuel Pélaez y Juan Andreu Almazán, no aceptaban la Constitución de 1917. Eran pues
contrarios de Carranza, considerándolo como el Baluarte más fuerte de la
Constitución.

Sin embargo de esta contradicción de carácter político doctrinario, puesto
que el general Obregón había peleado con denuedo, valor y estrategia meritoria por la Revolución Constitucionalista, y consecuentemente por la Constitución, no tan sólo aceptaba la colaboración de individuos ideológicamente
contrarios a sus principios, sino que él los había invitado.
Descubierta su trama y considerando su situación peligrosa, logró fugarse
de la Ciudad de México llegando a la zona controlada por el general Fortunato Maycotte, cuyo radio de acción abarcaba el Estado de Guerrero. Como
342

343

�el gobierno reclamara a Maycotte la entrega del general Obregón, asumió una
actitud de rebeldía negándose a entregar a quien ya juzgaba no tan sólo su
amigo, sino su jefe, y consecuentemente, fue el índice de los próximos sucesos.
Entre tanto persistía la actitud intransigente del g~bierno de Sonora a cargo
de dori Adolfo de la Huerta, quien reclamaba respecto a la soberanía del
Estado que se decía amenazado, con motivo de la proximidad de las fuerzas
del general Manuel M. Diéguez.
De acuerdo De la Huerta con el general Plutarco Elías Calles, que había
renunciado como Secretario de Gobernación y se encontraba en Hermosillo,
lanzó el llamado Plan de Agua Prieta con fecha 23 de abril de 1920. A partir
de este momento, se sucedieron los acontecimientos en forma vertiginosa.
La situación del país había sido preparada hábilmente por los obregonistas.
Con inteligencia se hizo uso de tocia clase de recursos publicitarios para llevar
a la mente del pueblo la idea de que don Venustiano Carranza trataba de imponer como su sucesor al ingeniero Ignacio Bonillas, pisoteando los ideales
de la Revolución, que establecían como premisa inviolable el respeto absoluto
al voto ciudadano.
Por otra parte, emisarios perfectamente instruidos se distribuyeron en todo
el país visitando a los gobernadores y a los jefes de armas para tratar con
ellos Ja necesidad de un cambio radical en la situación política del país, a cuyo
efecto se les invitaba para que hicieran causa común con la Revolución que
se estaba preparando. Llegado el momento de los hechos, las deserciones de
los jefes militares fueron consumándose al grado de que en unos cuantos días
el 80% de las fuerzas militares estaban contra el Gobierno Federal.
El general don Pablo González tenía a sus órdenes en el Valle de México
y en Puebla alrededor de 22,000 hombres. Había esperado la posibilidad de
un entendimiento con don Venustiano, pues también, como el general Obregón, era candidato a la Presidencia de la República. Cuando se convenció de
que no había posibilidad de llegar a un acuerdo, los 22,000 hombres se rebelaron colocando al gobierno en situación sumamente crítica.
Sucedía eso precisamente en los primeros días de mayo. El día 6, reunido
don Venustiano con sus Secretarios de Estado, tomaron el acuerdo de evacuar
la Ciudad de México y establecer e1 gobierno provisionalmente en el Puerto
de Veracruz. Consecuentemente debía prepararse con la premura que el caso
demandaba todo lo necesario para emprender la marcha por la vía del Ferrocarril Mexicano.

•
344

Ese día 7 de mayo marcó una etapa en el reloj del tiempo, que significaba
históricamente el cambio radical de una situación poütica que llegaba a su
fin. Aun cuando don Venustiano sintió en propia carne cuanto estaba sucediendo, era de tal contextura su carácter que, a pesar de la gravedad de la
situación, actuaba serenamente abarcando todos los pormenores de una perentoria evacuación de los Poderes.
En su fuero interno alimentaba la convicción de que regresaría a la capital
triunfante. Seis años antes había pasado por trance semejante. Fue a instalarse
a Veracruz y volvió un año después con los honores del triunfo. Entonces
aceptó el desafío de la Convención Militar reunida en Aguascalientes, que
significaba la enorme fuerza de la División del Norte al mando del ya famoso
general revolucionario Francisco Villa, con quien hacían causa común ameritados revolucionarios como el general Eulalia Gutiérrez, más los contingentes
desafectos de tiempo atrás: zapatistas, cedillistas y grupos de variadas ideologías que operaban en diversos lugares del país.
Pensaba en el buen juicio del pueblo mexicano. Sabía que e] sacrificio de
su bienestar por la conquista de los principios democráticos lo haría reaccionar favorablemente al ser informado de los m6viles de aquel movimiento militar que trataba de arrebatarle el poder.
¿ Qué era lo que él pretendía? Acabar con el militarismo, razón de ser de
todas nuestras desventuras. No era posible aceptar el retroceso que significaóa
instalar en la Presidencia de la República a un militar, por muchos que
fuesen sus méritos revolucionarios. No negaba que tanto Alvaro Obregón como Pablo Gónzález habían servido con entusiasmo, sacrificio e indiscutible,
mérito a la causa ¿ pero sería correcto incurrir en el mismo error que se trató
de corregir? Él creía sinceramente que no, y abrigaba la seguridad de que el
pueblo acabaría por seguirlo para instaurar definitivamente el civilismo.
Decidido el rumbo a seguir, se dieron las órdenes del caso. Todo el día 6
se multiplicaron las actividades febrilmente. La salida de la estación del ferrocarril debería efectuarse a las 7 horas del día siguiente. Se alistaron 30 largos
trenes atiborrados de soldados, civiles, caballos, cañones, fusiles, parque, archivos, máquinas contables y cuanto es menester para combatir y para instalar
oficinas. Uno de los carros contenía el tesoro del gobierno: oro, plata, timbres
de correo y para documentos. Incitante cargamento que constituía un peligro

más.
A la hora precisa se instaló don Venustiano en el carro presidencial Lo
acompañaban varios de sus ministros, generales, y funcionarios de todo orden.
La confianza en llegar a Veracruz era firme, al grado de que algunos de los
funcionarios llegaron acompañados de sus esposas .
Cambió pronto el panorama. La confianza se transformó en incertidumbre
hasta llegar al temor. Los trenes no se movían. Las órdenes no eran debida-

345

�mente atendidas. Algo fallaba en la gran expedición. El personal ferrocarrilero no actuaba en debida forma, provocando confusión en Jos movimientos.
Cerca de las diez horas don Venustiano dió órdenes terminantes para que
salieran los trenes de cualquier manera. Tres, cuatro trenes principiaron a
moverse, y tras de ellos el que conducía a don Venu.stiano y a los personajes
más allegados. Hubo un respiro de alivio.
La situación, sin embargo, era más seria de lo que se suponía. Estaban listos en los trenes cerca de diez mil hombres armados. Apenas si lograron salir
la mitad. El resto con impedimenta, caballos, parque, y annas allí se quedaba.
Las vías estaban embotelladas. Sin duda alguna el sabotaje había surtido sus
efectos.
En esos precisos momentos entraban por las calles de México las tropas
comandadas por el general Jacinto B. Treviño. Fue para él cosa fácil detener
definitivamente los trenes. Algunos de los jefes militares dispuestos a la evacuación se inclinaron de inmediato a la revolución, otros se dejaron aprehender, y la situación quedó en manos de los rebeldes. Perdió a&lt;;Í el gobierno la
mitad de sus efectivos de hombres y de armas. Con ello se minó sensiblemente
la moral de quienes lograron salir de la estación.
Lentamente se alejaban los trenes convertidos en reductos de la legalidad.
Al enfrentarse a la Villa de Guadalupe se incorporó un escuadrón de alumnos
del Colegio Militar, al mando del coronel Rodolfo Casillas. Un centenar de
muchachos bien montados y armados, habían marchado del colegio hasta aquel
lugar. Rápidamente fueron colocados los caballos en carros adecuados, y los
cadetes ocuparon el lugar que se les designó en la retaguardia. ·
Enrnedio de toda clase de dificultades, por la tarde llegaron los trenes a
San Juan Teotihuacán. En ese lugar don Venustiano ordenó alto para hacer
un balance rápido de las pérdidas sufridas y acordar con los generales Urquizo
y Murguía la mejor forma de proteger la marcha. Momentos después continuaba el penoso éxodo llegando a la mañana siguiente a la estación de Apizaco.
Había designado Carranza al general Murguía como General en Jefe de las
Fuerzas, y de acuerdo con él se pasó revistru a los 5,000 hombres que le restaban, sumados algunos contingentes que procedentes de Puebla y Tlaxcala se
le unieron en ese mismo lugar. Al lado del general Murguía, Carranza, montado a caballo, pasó revista a la tropa. Escuchó sereno, impertérrito, la marcha
de honor. Los jefes y los soldados se cuadraban para saludarlo, y allá en la
retaguardia estaba el escuadrón de los Cadetes del Colegio Militar, serenos,
erguidos como si se tratara de una simple revista que efectuaran dentro de
los patios de su amado colegio.
Poco tiempo después se escuchó una tropelía procedente de Tlaxcala. Venían al ataque del tren, pero fueron rechazados con grandes pérdidas, disponiendo entonces Carranza que continuara la marcha.
346

Acercándose a San Marcos, es atacado el convoy y de nueva cuenta rechazado el asalto. Había la seguridad de que esa situación continuaría en el largo
trayecto que los separaba del Puerto de Veracruz. En efecto, ya en San Marcos se trabó nuevo combate, correspondiendo la principal operación a los
Cadetes del Colegio Militar, que con valor admirable lograron rechazar al
enemigo.
Pernoctaron en San Marcos para continuar adelante en la mañana siguiente
con multitud de dificultades, pues faltaba a.gua y combustible. El problema se
acrecentaba a medida que el tiempo transcurría, y la situación se transformaba.
de mala en grave.
Cundía el desaliento entre los civiles y la desmoralización en la tropa. Se
habían recibido noticias fidedignas de que una colwnna compuesta de 5,000
hombres, al mando del general Jacinto B. Treviño, avanzaba reparando los
puentes y las vías que de propósito eran destruídos por los leales, que a toda
costa trataban de alargar la distancia.
Había recibido don Venustiano un mensaje del general Obregón enviado
por conducto del general Luis T. Mireles, ofreciéndole garantías para que
llegase a Veracruz, con la condición de que se embarcaría al extranjero previa renuncia que hiciese como Presidente de la República.
Semejantes mensajes recibió también directamente del general Jacinto B.
Treviño por órdenes de los generales Obregón y González, agregando él por su
cuenta que en atención a la amistad que los había unido durante la Revolución
Constitucionalista, deseaba que se pusiera a salvo, pues era su propósito no
dañar su persona.
Aquellos mensajes parecían dirigidos a alguien distinto a don Venustiano. '
Bien lo conocían Obregón, González y Treviño, y sabían perfectamente que
jamás don Venustiano abandonaría a sus amigos y jamás renunciaría a la
Presidencia de la República, pues su fortaleza de carácter era de tal magnitud
que antes de llegar a esos extremos habría de sucumbir. A media noche del
10 de mayo continuó la procesión de trenes rumbo a Rinconada. Las dificultades se acentuaron en raz6n a que las máquinas ya no respondían a la urgencia del camino. Agua y combustible hacían falta.
Apenás entraban los trenes a Rinconada, cuando se inició el combate de
mayor categoría de los que habían tenido lugar hasta entonces. Mandaba las
fuerzas de ataque el general Luis T. Mireles, que había aumentado sus contingentes con los hombres del general Barbosa.
Procedió de inmediato Murguía a dictar las órdenes del caso para repeler
a los atacantes. Exploró con su escolta una loma vecina desde donde podía
abarcar el panorama: dándose cuenta de que la acción iba en serio. El enemigo
se desplegaba en forma simultánea tratando de envolver en una línea de fuego a los trenes.

347

�La caballerla, al mando del general Eliodoro Pérez, se lanzó con intrepidez
sobre el flanco izquierdo del enemigo, que trataba de romper la primera defensa. Pudo contenerlo haciéndole numerosas bajas. Por el frente y el flanco
derecho entraron en acción las infanterías al mando de los generales Urquizo,
Mariel, Millán, Olvera y otros más, maniobrando con unidad y eficacia.
Con alternativas propias de estas acciones de armas, tan pronto la situación
favorecía al gobierno como se tomaba grave.
El mayor ímpetu del enemigo, pasado mediodía, se dejaba sentir por el lado
de la loma. Habían emplazado cañones y ametralladoras, amenazando seriamente la estabilidad lograda al derrotar a los contingentes del frente y del
flanco derecho. Advirtió Murguía el peligro, procediendo, con la celeridad
que el caso demandaba, a encabezar un contraataque. Maniobró con ímpetu
y rapidez, logrando, después de media hora de terrible pelea, destrozar al
enemigo, apoderándose de los cañones y ametralladoras, y haciendo cuatrocientos prisioneros.
Enmedio de la hornaza de aquel combate, con su habitual aplomo don
Venustiano recorría a caballo la línea de fuego, inyectando a la tropa el optimismo que ya le estaba faltando. Su presencia en los lugares de mayores
rie~os daba ánimo y confianza a los soldados. En una de esas correrías una
metralla mató al caballo que montaba don Venustiano. Sin que su semblante
cambiara de expresión montó en otro, continuando la inspección.

'ª

Cuando ya caída
tarde el combate se había decidido a favor del gobierno, un desesperado intento de los rebeldes fue dirigido por la retaguardia.
Allí estaban los cadetes, serenos, con ]as armas preparadas, esperando estoicamente la acometida del enemigo, y cuando lo tuvieron a corta distancia, a
una orden de fuego respondieron con ráfagas de fusilería que materialmente
barrieron con las caballerías asaltantes. Los que no quedaron t~didos en el
suelo huyeron.
Don Venustiano regresó a su carro enmedio de aclamaciones entusiastas y
del bético resonar de las bandas de guerra. Pensaba que había madera entre
sus gentes, que por valor y decisión no se perdería la contienda. Otros elementos operaban decididamente en su contra: la muJticiplidad de los combatientes enemigos, y muy especialmente la imposibilidad física para continuar
la ruta trazada. Cada hora, cada minuto, acercaba la catástrofe. Las máquinas carecían casi por completo de agua y de combustible. De poco servían
las argucias para suplir lo que no tenía reemplazo.

•
34-8

El triunfo de Rinconada no había sido de aquellos que consolidan una
situación o que llevan a la mente a los triunfadores la idea de que han logrado cimentarse en forma tal que difícilmente puedan ser abatidos. Aquel
triunfo no significaba otra cosa que un período de respiro, ya que no se sabía
cuánto habría de durar, pero que se adivinaba no sería por ]argo tiempo.
Amaneció el día 12 en Rinconada la hilera de trenes, cuya incapacidad para
la marcha era manifiesta. Se echó mano de recursos inimaginables para llenar
los tanques, a base de maniobras en que se emplearon cientos de personas
acarreando agua en cubetas. No podía ser la situación más apremiante.
A lo lejos se veían los penachos de humo levantarse al cielo salidos de las
locomotoras que traían las fuerzas del general Treviño. Parecía que estaban
ansiosas de alcanzar al tren presidencial y en ello se empeñaban multitud de
hombres que reparaban puentes y rieles, ya que tenía el propósito el general
Treviño de caer sobre los trenes casi desmayados, muchos de ellos ya sin poder
caminar, para destrozar de un solo golpe los contingentes de la legalidad.
En este punto dejo la palabra al general Jacinto B. Treviño, que transcribo
de su libro Memorias. En la parte conducente dice así:
"Transcribo a continuaci6n el contenido del hist6rico documento, para
que la posteridad juzgue si hubo o no buena intenci6n de parte de sus
firmantes. Dice a.sí:

'Al C. General de Divisi6n Jacinto B. Treviño. Presente.-De común
acuerdo los abajo firmantes&gt; hemos dispuesto que salga usted acampa,.
ñado de un grupo no mayor de diez jefes y oficiales, que formarán m ,
Estado Mayor, y con el mayor número de fuerzas a sus órdenes, hacia
el lugar donde se encuentre el convoy del señor Carranza, y encaminará
usted sus mayores esftierzos para salvaguardar la vida del propio ciudadano. Al efecto, le hará usted saber por medio de un propio el motfr.o
de su comisión, tramcribiéndole el contenido de esta orden y sugiriéndole además que se coloque en lugar seguro, fuera del campo de la lrtcha.-México, D. F., mayo 10 de 1920. Firmado, General Alvaro Obreg6n.-Firmado, General Pablo Go,zzález'.
Como comj,lemento de lo anteriormente dicho, incluyo en estas páginas en c.opia f otostática, el boletín publicad o en "El Universal" el propio
lunes JO de mayo de 1920.
Me trasladé de inmediato a San Marcos, pues el convoy del señor
Carranza se encontraba detenido en Rinconada, donde habla sido hostilizado por algunas partidas rebeldes, sin poder avanzar gran cosa por
la falta de combustible y agua para sus máquinas. Y a en este punto y

349

�después de haber comenzado una rápida concentraci6n de tropas llevadas de México y Puebla (in/anterúz y cabalterla), pues la artillería
debía incorporarse más tarde para el caso de que se hiciera necesario el
empleo de esta arma; al mismo tiempo dicté a mi Secretario Particular,
señor Ruiz Cortine.r, un oficio dirigido al señor Carran;;a, con propio
especial, transcribiéndole el contrnido del documento preinserto, agregando yo al calce del mismo estas palabras: 'El hombre que aprnas hace
unos días se presentó ante usted para expresarle. su propio sentir sobre
la situación político-militar rn nuestro país, viene hoy a partici¡,arle, Í")r
l.l11a parte, los buenos deseos de los jefes del movimiento hacia usted
en lo personal, y por lo que a mí concierne, debo hacer de su couocimiento que tan sólo he acejitado esta comisión porque entraña la iínica
farma de poder hacer :}'O el mayor esfuerzo en favor de su ,bersona en
reconocimiento de nuestra antigua amistad y de niLestra común ideología revoluci'onaria sostenida a través de tan prolongadas fochas, que
usted supo e11cabezar desempeñando el importantísimo y difícil JJue.1lo
de ser nuestro Jefe. Firmado, Gral. Jacinta B. Treviño'.
En la tarde del día 11 de maya fue enviado el documento de ref erencia al señor Carra11za, desde San A/arcos, quedando yo en espera de
su con[(:staci6)1, aunque el conocimiento que ya Ir.nía del hombre me
hacía pensar que ¿¡ nunca podría aceptar separarse de los SU)'OS, abandonando a éstos en el peligro; así sucedió, pues el propio señor no dio
co11/estación alguna; por lo ta11to. suponiendo :ro que tal vez el remitido
no hubine llegado a su.1 manos el día 12 volví a enviarle una copia del
mismo, por rl mismo cond11cto, siendo el usultado el mismo, es decir,
sin contesfaci6n; procedi entonces a comunicar el resultado a México
a los jefes del movimiento, pero teniendo cuidado de enviar hor tercera
vez copia del documento, habiendo tan s6lo recibido en tsta ocasi6n la
nota breve que decía así: 'Pasa a m destino.-Capitán Rodrígurz. Ai•a11zada de R "taguardia'. TAMPOCO rruno CONTESTAClÓN.
Durante la noche del dfa 12, recibí un mensaje telegráfico de México, firmado por ambos jefes del movimiento, que decía: 'En vista actitud señor Carranza, asuma usted el mando de todas las f1,er:;as }' disponiendo lo necesario, ataque usted el convoy del propio señor, rindiendo
parte del resu/tado'.-Firmado. A. Obregón.-Firmado, P. González.
El día 13 me dediqué a proyectar un plan de ataque que dicté personalmente a mi Secretario Particular, C. Adolfo Ruiz Cortines, com prendimdo las órdenes de marcha y movimie11to de todas mis fuerzas
hacia A/gibes, Puebla, lugar hasta donde había podido avanzar el conVO)', más allá de Rinconada.
En este plan dispuse que se formaran tres cofamnas de infantería

350

con sus jefes respectivos, saliendo de San Marcos a las 4 de la mañana
en jornada lenta, para no fatigar a la tropa antes de que entrasen en
combate )' paralelamente marchando las columnas hacia el mismo ohje~ivo. Dispuesta y cumplida en tal forma la marcha, pugnábase por disminuir el fondo para poder disponer de todos los contingentes e,1 un
momento dado . La caballería debería situarse a los flo.neos de las columnas.
En el mismo Plan de ataque estuvo previsto el caso de que el enemino
se hubiere desplazado adelante de Rinco11ada, y por lo tanto, todas
columnas, una vez qije hubieren llegado a este punto, deberían hacer alto
y t'Sfterar nuevas 6rde11es. Por la vía tefrgráfica ordené al General Guadalupe Sá11chez que avanzara hasta tomar contacto por el frente del
Pnemigo.-Venía. éste, con sus huestes desde Veracruz.-Hacia las 10
horas del día 14".

lar

La noche impuso un silencio lleno de sobresaltos, se tomaron todas las
precauciones del caso para evitar una sorpresa: avanzadas retenes vigilancia
'
' momento.
mov ib le, Y cuanto constituyen recursos para estar alerta en cualquier

El triunfo, que en otras condiciones hubiera sido definitivo, en este caso
re,sultaba mu;: relativo. Ya _se tenía la r~rteza de que el general Guadalllpe
Sanchez. dommando con mas de doce mil hombres Veracruz_, había aceptado
el Plan de Agua Prieta y a marchas forzadas avanzaba rumbo a los trenes del
gobierno. Y a la espalda, sobre la misma vía férrea, el general Jacinto B.
Treviño trataba también de darle alcance con más de diez mil hombres, bien
pertrechados, y disponiendo de numerosas ametralladoras y cañones. Su fuerza '
la integraban varios regimientos de caballería, batallones de infantería, secciones de artillería, zapadores, y cuanto es menester para combates formales.
Para don Venustiano aquella situación incierta significaba la necesidad de
cambiar de planes; pero no dudaba en salir con bien de todo.
. Cerca de mil civiles, funcionarios, empleados de todas categorlas, y f amilias. pasaron la noche dormitando apenas. La prueba había sido terrible. Ya
sus energías decrecían de tal manera, que no tenían alientos ni para comer.
Se abandonaban a Jo que Dios quisiera.
No muy alta estaba la moral de la tropa. Con su sentido del peligro inminente esperaban resignadamente los acontecimientos.
Amaneció el día 12. Principió el ajetreo especialmente para abastecer a Jas
locomotoras de 3t,o-ua, S&lt;' formó una cadena de hombres que se pasaban de
uno a otro baldes de todas formas y tamaños, para surtidas de agua de un
depósito cercano.
Larga y tediosa la tarea, implicaba para todos una esperanza, pero no podia

351

�disponerse de tanto tiempo como para pasarse todo el día. Era indispensable
avanzar, aun cuando ello significara perder elementos.
Cambió impresiones don Venustiano con los principales jefes militares, y
resolvieron, a eso del mediodía., abandonar seis o siete trenes. Se bajaron caballos, equipos de fácil transporte, infanterías, y qued6 en aquel lugar lo que
no fue posible llevar. También quedaron allí, encerrados en un vagón, los
prisioneros.
A eso de la una de la tarde principiaron a resoplar estrepitosamente las
locomotoras. Nuevo intento de avance y nuevo respiro de alivio para todos.
Muy relativo era el descanso mental, cuando todo hacía presagiar que continuarían los combates. Sin combustible y sin agua no podrían Llegar muy
lejos.
Los militares apreciaban con más certe7.a la gravedad de la situación. Se
encontraban prácticamente a merced de dos columnas, que podían moverse
libremente, cada una de ellas disponiendo de mayor número de soldados, de
mejores armas, y de superior espíritu combativo, puesto que fonnaban parte
de los trh.1nfadores. No podían disimular su inquietud, y si no claudicaban era
en homenaje a don Venustiano, que no perdía su serenidad ni su fe en salir
de aquella situación.
Los cambios de impresiones entre don Venustiano y los generales que lo
acompañaban se habían transformado en permanentes, mientras los trenes con
lentitud desesperante avanzaban. Dentro de un ambiente de angustia llegaron
a Los Aljibes.
La lluvia caía torrencialmente y la noche dramatizaba aquel panorama.
La obscuridad se convirtió en cortina negra impenetrable a las miradas escudriñadoras de fos centinelas. Silencio, cansancio, agobio füico y espiritual, y
no muy lejos aullidos lastimosos de perros asustad.os.

•
Pasó la noche y amaneció el día 13, pero la angustia aumentó. Ya no era
tan sólo la desesperación de los civiles, sino también la intranquilidad de los
militares. Pelearían, ese era su deber ¿pero cómo lograrían deshacerse de los
innumerables enemigos que por todos lados los acosaban?
Se sentía en el ambiente la inminencia de la embestida. Guadalupe Sánchez,
seguramente ya muy cerca, Jacinto B. Treviño a unos cuantos kilómetros sobre
la misma vía férrea; Mireles, Barbosa, Higinio Aguilar, Lagunes, GabaJ y
algunos más. que acudirían para hacer méritos. Adelante la vía estaba levantada en largos tram.os; atrás Treviño, ansioso de llegar a la debacle. Estaban encerrados en una peligrosa ratonera.

352

Así_ veían la s~tuación_ l~s militares. Y así la apreciaba don Venustiano y sus
c~~se1eros. Hablan decidido abandonar los trenes librándose de cuanto significaba un lastre y una exposición innecesaria, como era el caso de los civiles.
R~uelto el problema, procedió don Venustiano con el asesoramiento de
Urqmzo Y Murguía a ordenar las condiciones de marcha. Formar el itinerario
,
1
)
qu~ no sena ya con e rumbo de Veracruz. Se habló de los lugares que ócupana la caballería, de la formación de la infantería, del traslado de ameuaUadoras, Y ~un_ de la posibilidad de llevar cañones de montaña. Se previó lo
urgente, lo mdispensable, lo que permitiera una marcha oie a tierra lo más
ligera y práctica.
No fue posible iniciar siquiera los preparativos. A es.o de las diez de la mañana principió la primera etapa de lo que habrá de ser una positiva hecatombe.
En formaci~n de combate apareció la caballería enemiga por el rumbo de
Veracrnz. Pos1ble11'.ente se trataba de las avanzadas de Guadalupe Sánchez.
A su encuentro sah6 con sus bravos jinetes Heliodoro Pérez. Se batieron ambos bandos con denuedo, tratando cada quien de ganar la contienda a toda
costa. Correspondió
el triunfo a las fuerzas del ~aobiemo, después de media
.
hora de sangnenta
batalla.
Entr~ ta~to, por el frente y el flanco derecho el empuje de las infanterías
se manifesto arrollador, encontrando una sólida resistencia de los defensores
que ayu_d~dos por un , centenar de ametralladoras estratégicamente empla~
zadas, hicieron centenares de bajas.
C~ando el encuentro era más enconado, el coronel Ruiseco, con un regular
contmg:nte de soldados, se pas6 al enemigo, produciendo su acción algún
desco,nc1erto, pu~s el sector que cubría quedó desamparado. Rápidamente llegaron otros contmgentes, siMendo aquella repugnante acción de acicate a los
leales, que con mayor coraje arreciaron la pelea.
Deshecha la caballería enemiga, siguieron las infanterías tenaces en la batalla a pcsal' de las enormes pérdidas sufridas, pensando tal vez que reoraanizadas regresaría, o que otros grupos les darían auxilio. Mediada la t:rde
de spues
' d e_ cmco
·
horas de combate, optaron por retirarse. Sin posibilidades'
de perseguulos fueron alejándose sin prisa hasta perderse a lo lejos.
Correspondía agregar otro triunfo, pero éste no había producido el efecto
de los anteriores. El espíritu de civiles y militares estaba anonadado sin
fuerzas ya para reaccionar con optimismo. Los civiles llenos de pánico h¡bían
buscado refugio en la.., pobres casas de la ranchería, y los militares aún los
de atta graduación, guardaban una actitud discreta, de reserva fo~da, que
a las claras hablaba de intranquilidad.
D~ regreso a su carro don Venustiano no encontró el ambiente amable de
ocasiones anteriores. Sus allegados, militares y civiles: Murguía, Urquizo, Ba-

353
H23

�rragán, Marciano Gonzále.z, Mariel, el licenciado Luis Cabrera, el licenciado
Manuel Aguirre Berlanga, don 1'.fanuel Amaya, todos reflejaban en sus semblantes profunda preocupación. El triunfo no era, según ellos, más que un
pequeño paréntesis confortante enlutado con la muerte del valiente y pundonoroso general Millán. Sereno don Venustiano escuchaba a unos y a otros
estándo de acuerdo en que se imponía abandonar los trenes. Ya había dado
instrucciones a U rquizo y a Murgúía para que a las primeras horas de la mañana se emprendiese la expedición pie a tierra. Se buscaría el rumbo de la
sierra de Puebla para encontrar el camino hacia el Norte, tal vez por Hidalgo.
Así tenninó aquel día 13 de mayo, que en otras circunstancias hubiera constituído la culminación p~echosa de una serie de triunfos.

•
Trabajosamente la lt12 del nuevo día iba dispersando la obscuridad. Muy
temprano reanudaron sus actividades Urquizo y Murguía, apro,·echando los
débiles re plandores de una perezosa alborada. Era necesario preparar caballos, mulas, carros de cualquier clase para acomodar armas, parque, archivos,
dinero, y cuanto fuese posible llevar.
Cuando por fin la luz se impuso, encontró a los generales responsables de
las maniobras en un ajetreo agotador, auxiliados por oficiales y soldados.
Se bajaron de los vagones cajas conteniendo toda clase de elementos, algunas
repletas de monedas de oro. Se habían preparado dos o tres carromatos, mulas
y caballos. Las operaciones caminaban en buena forma ¿ y las providencias de
defensa? Se habían olvidado. Cierto que por todos rumbos había sosiego. ro
se advertía signo alguno que indicara la proximidad del enemigo.
Tanto empeño se había puesto en las actividades para la e\'acuación de
aquel lugar pie a tierra, que se descuidaron las precauciones indispensables
para el caso de una sorpresa. Las loberas ocupadas el día anterior por los
infantes estaban casi abandonadas; los retenes de la derecha y del frente poco
numerosos; las caballerías de Heliodoro Pérez cubriendo la banda izquie1da,
sin la debida formación.
No se pensaba en combatir. Aquellos preparativo. indicaban claramente
que otra era la decisión tomada. ¿Hacia dónde irían? ¿ Cuál la suerte que
los esperaba en aquella incierta aventura? Quebrantado el espíritu de los soldados por una parte, y por la otra ocupados muchos de ellos en las labores de
aprovisionamiento, apenas si se dieron cuenta de que a galope se acercaban
las caballerías de Guadalupe Sánchez.
Cuando se dio la voz de alarma ya estaban los atacantes a tiro de f mil.
Se les recibió con débiJ resistencia, que no correspondía a la vigorosa del día

354

anterior. IIeliodoro Pérez cargó con su caballería logrando cont('nerlos; pero
nuevas formaciones, que pasaban de dos mil hombres más los contingentes ele
infantl·ría que iniciaban por la derecha su acometida presionaron en tal forma
que de&lt;:trozaron la líneas de defrnsa por completo. La confusión fue creciendo
hasta convertirse ('O pánico. El sál\'ese quien pueda invadía el ambiente.
De nada servía el empeño de Murguía por detener a la gente. Nadie obedecía órdenes. Lo demás gencrale : Urquizo, Olvera, Mariel. .. gritaban
tratando de contener la avalancha,
todo era inútil: la desbandada había
adquirido perfiles catastróficos. 'o quedaba nada qué hacer, la batalla estaba
irremediablemente perdida.
En tanto que Urquizo r fo~1ía convencían a don Vcnustiano para abandonar el lugar, los cadetes del Colegio Militar y los soldados de Pérez peleaban
empeiíosamente para detener el final lo más que fuese posible. Por fm una
pequeña columna se desprendió por el lado izquierdo. Era don Vcnustiano
en marcha hacia la sierra.
La resistencia débil, esporádica, no cesaba, en contraste con el asalto cada
,·ez más vigoroso del enemigo, que empleando a fondo sus efectivos usaba
fusiles, ame;ralladoras y cañones. El estruendo de la refriega era infernal, y
el repliegue de los defensores cada momento más y más desastroso hasta
llegar a 11tilizar los furgones como parapetos. Algunos de ellos, alcanzados
por las metrallas, ardían. Los gritos de los asaltantes se mezclaban con los
quejidos de los heridos, y la confusión llegó a tal grado, que los soldados,
abandonados a su propia iniciativa, fueron rindiéndose por centenare a la vez.
Aprovechando· 1a embriaguez del triunfo de los rebeldes y la conf usi6n del ,
momento, el coronel Casillas ordenó un movimiento de flanco para alcanzar
la desmedrada columna que eguía a don Venustiano. Coa semejante hizo e1
general He!iocloro Pérez con unos cuantos de sus soldados.
Entre los leales se destacaba la figura arrogante del general Lucio Blanco.
Sobre brioso caballo acudía a los lugares de mayor peligro animando a los
soldados con su ejemplo de valentía.
Había pasado el tiempo de sus memorables cargas de caballería, allá por
las planicies de Sinaloa y Jalisco, así como por las verdes campjñas de Guanajuato. Querétaro y Aguascalientes.
Con sus ,·eintidós mil hombres dio a Obregón, General en Jefe de la División del oroeste, los más brillantes triunfos; Eso fue durante la Revolución
Constitucionalista, en los años de 1913 y 1914.
Después vino la Convención de Aguascalientes, y con ella la división de los
revolucionarios. Lucio Blanco quedó con la mayor parte de las caballerias
que comandaba, al lado del general Eulalio Gutiérrez, designado por la
Convención Presidente de la República, desconociendo desde ese momento la
autoridad máxima de don Venustiano Carranza.

pero

355

�En la nueva contienda el general Obregón se afilió a las huestes de Carranza. Los antes compañeros de lucha se situaron en campos di\.'crso . Para
Obregón la actitud de Blanco merecía los más duro epítetos y jam:1s le
p rdon6 que lo hubiese abandonado en momentos tan difíciles privándolo de
contingentes valiosísimos.
Las vicisitudes terribles de aquella época de cruda violencia, que abarcó
1915 y 1916, dejó a Obregón en el pináculo de la victoria y a Blanco en el
dcstic~o, que don Venustiano suspendió en l9181 sin que ello significara su
completa r •habilitación.
Al romperse las hostilidadc entre Carranza y Obreaón, el camino para
Rlanco staba claro. S sumó a los contingentes leal s, con la nostalgia de
quien ha sido acto, de alta categoría y acepta un puesto cualquiera.
En el ardor del combate se olvida de todo porque stá cumpliendo eón un
deber de gratitud y de soldado.
Al consumarse ti desa tre ~ interna en la sierra. a en su caballo con el
pcn amiento t:n el 1 ·orl", allá en las ásperas montaña y desérticas planicies,
maestros de jinetes y aguerrido revolucionarios. Allá, en donde in inuara a
Carranza que debía marchar en lugar de hacerlo rumbo a Veracruz.
Bnrla a los perseguidores, va por rumbo distinto al seguido por don Venustiano, y semanas después. aparece de nueva cuenta en Laredo: Texas.
Esa hazaña significa solamente un compás de espera. Dos años después es
asesinado por esbirros al servicio del Gobierno y arrojado su cuerpo a las
turbia aguas del Río Bravo.

•
Al galope a ralos, sin orden alguno, los f u~itivos s alejaban del campo
de opcracion !S, en donde la situaci6n hacía cri is. Los soldados se avalam.aban sobre el carro &lt;.'xprcss repleto de dinero. Algunos lograron apoderarse de
~cos llenos de oro, otre&gt;&lt;; habÍ.an capturado un carro atascado en un lodazal
que contenía gran cantidad de las codiciadas monedas. Poco caso se hacía de los prisioneros ante la codicia de lo que se tenía a mano. El fe "tin
hubiera adquirido el tono de un cuento de hadas d no presrntar,e oportunameme f ucrzas del general Treviño, que advertido de lo que e:taba sucediendo, ordenó la inmediata cu todia del tesoro federal.
·
Para los que se alejaban, dejando lo que constituía la base segura de futuras actividades. no contaba aquello, lo urgente era caminar más y más ganando distancia, suponiendo lógicamente que serían perseguidos. Cuando
dejaron de escucharse )as detonaciones de armas la inquietud aumcntó1 pues
era de suponerse que lo rebeldes habían dominado la situación, y procede-

rían a la persecución al darse cuenta de que don Venu tiano v los principales jefes militares habían logrado escapar.
'
El_ triunfo engolo inó a los 1ebcldes }' dejaron pasar el tiempo in tomar
medid~ alguna en ~ontra de _l~s que seg-uían a don Venustiano. e ocuparon
dl' enhstar a los males de pn 1oncros militar :s y civiles, y de inventariar Jas
armas Y_toda.:lase ~e obj_ctos pertenecientes a los gobiemistas, encargando el
g&lt;'ncral frevmo al mgemero Pastor Rouaix el inventado minucioso de lo
caudales, _no obstante tratarse de uno de los prisioneros, en quien se reconoció
la honc ttdad necesaria para tan delicada misión.
En contraste al ambiente de alegría que respiraban los triunfadores, la
marcha forzada de los carranci. tas era un pregón apagado de ilusione!. Centenares de dispersos fueron prontamente captw·ado.. si •ndo concentrados en
el campamento. To quedaron fuera de control sino la colunma dt organizada a cuyo frmte se destacaba la figura respetable de don Venustiano.
Caminaron sin detenerse en lo rnis'rrimo· poblados que encontraban. Cualquier demora podía resultar de fatales consecuencias. La tensión nerviosa daba fuer?.as. Tadic senúa cansancio corporal como justa compensación al agotamiento espiritual, que solamente en el semblante de don Vcnustiano no
~e reflejaba.
• E_n ~~gún lugar, ya casi de. noche, se hizo alto para dar agua a los caballos.
\ s1gu10 la columna silencio a, como fantasma que se embarra en los arbusto:, rn las rocas, en el camino tortuoso, y se dHuye en la obscuridad cada vez
más espe a, que a todos parecía protectora.
Ll&lt;.'gan a Zacatepec a las primeras horas de la mañana. Ha transcurrido
una jornada larga, tediosa, cansada. de más de doce interminables horas. '
Ordena don Venustiano descansar. Toman algo de alimentos, dan de comer
a los caballos: y de nueva cuenta a caminar. Antes se despide de varias persona de huena \'oluntad que pie a tierra han formado parte del gr~po. No se
le puede pedir más. Se carece de caballos y lo que sigue nadie lo puede
predecir,
_En esa pa_usa estaban prc~entes los generales Urquizo, Mu~ía, Heliodoro
Perez, Marctano Gnzálcz, Juan Barrarrán 1 Francisco de P. M:aricl. Francisco
Gonúlez, León Osorio, Federico font , Bnmo cira, Pilar Sánchc-l, coronel _Pauli~o Fonte_s, Carlos Domíngucz y los capitanes del Estado Mayor
Pres1denc1al Octa,·10 Amador e Ignacio uárez, así como los civiles Luis Cabrera, licenciado Manuel Aguirrc Berl~mga, don :Manuel Amaya, licenciado Armando Z. O tos, don Gil Farias, aldaña Gah·án y alguno má..
Al reanudarse la marrha se dio a la columna una mejor organi:zaci6n. A )a
vanguardia se íonnó una fracción de soldados y a la ret3cauarclia, en perfecta formación. los cadet s, serios, animosos y marciales. En el centro el
resto de la columna.

357
356

�Con don Vcnustiano cambiaban impresiones los generales Urquiw, Mur-

guía y Marie) y el licenciado Luis Cabrera. Estaba la suerte echada, prevaleciendo las opiniones de Mariel y Cabrera, ambos conocedores de la regi6n.
El rumbo, la sierra a la que se acercaban ya. Había la seguridad de contar
con la ayuda del general Gabriel Barrios, del general Lindoro Hemández, del
general Rodolfo Herrero y del teniente coronel Aarón Valdcrrábano. El primero tenía su cuartel g ncral en Zacatlán, con dominio en Tetela de Ocampo, Coyutla y Papantla; el segundo en la región de Huauchinango, el tercero en La Uni6n, Jopola y Pahuatlán, y el último con su centro de operaciones en ViJJa de Juárei. La región estaba cubierta por amigos. Después seguiría el proyecto de internarse por Hidalgo, Querétaro, hasta llegar al norte,
en donde seguramente habría suficientes tropas leales para reconquistar el
terreno perdido.
El licenciado Cabrera con buenas razones acreditaba la conducta del general Barrios, con quien lo ligaban especiales lazos de amistad, que se habían
afianzado con motivo del asesinato de dos hermanos del licenciaqo Cabrera
-Ramón y Rafael-. En esa ocasión, Barrios había demostrado profunda
indignación procediendo a la persecución de los asesinos, demostrando a la
vez absoluta fidelidad al Gobierno.
Por su parte el general Mariel hablaba con fundada convicción de la lealtad de sus recomendados. Cuando ocupó la Oficialía • fayor de la Secretaría
de Guerra, dejó en la sierra de Puebla que estaba a su cuidado, al jefe de su
Estado Mayor, teniente coronel Aarón Valderrábano, de la más completa
confianza. Respecto a Lindoro Hemándcz, antes de salir de México había
confer ociado con él en el sector de Pachuca, Hgo., manifestando su adhesión
al régimen constituído, teniendo noticias de que había marchado con su
gente rumbo a Huauchinango. En cuanto al general Roclolfo Herrero, sometido al Gobierno por su conducto apenas hacía un mes, dados los antecedentes que de él tenía no abrigaba temor alguno sobre su conducta.
No había pues motivo alguno para cambiar de planes. Aquella humillante
situación tendría que transformarse; todo dependía, pensaba don Venustiano, de llegar a territorio dominado por Diéguez, el Dr. Silva, Castro, Santos,
López. de Lara, y quien sabe cuántos amigos más que con sus contingentes
armados serían la¡ base de una nueva contienda.
La mayor parte de los componentes de la columna eran personas experimentadas en las rudas tareas de la guerra, y no podía escapárseles el riesgo
que corrían. Por muy tranquilo que viesen a don Venustiano y por mucho
que confiaran en su pericia y buena estrella, en su fuero interno aquilataban en grado muy elevado el peligro. Pero el deber, no ya la convicción de
salir con bien, ni siquiera Ja esperanza en el cambio de fortuna, los hacía comerse el pesimismo y aparentar una tranquilidad que estaban muy lejos de

358

sen~fr, No tenían humor de platicar entre sí ni mucho menos de contar "tallas tan adecuadas en reuniones de otra naturaleza.
·

A rat?s a1 ~alope o al trote y en ocasiones al paso, según las condiciones
d:I. cami~o Y el cansancio de los caballos, continuaba la marcha hacia la codiciada sierra. Pasaron de largo por San Juan, atravesaron veloces la llanura
~'\.lv~ co~ la zozobra de
vistos por el enemigo. Salvaron la via férrea por
OnJa, sm encontrar vestigios de trenes, lo que scrcn6 las inquietudes. Más
a~elante toparon con el humilde pueblo de Coyotcpec, en donde se escondieron hasta los perros.

s:~

Si~ó el trotar incesante hasta Santa Lugarda, en donde comieron y die~n pienso &gt;: ª~. a los caballos y un poco de descanso, para continuar la dura
Jornada hacia la sierra, que parecía alejarse de ellos a medida que avanzaban.
Llegaron, al cae~ la tarde a Tcmaxtla, en donde consiguieron algunos alim~ntos. _Alh du:1111eron, y temprano, con las primeras luces de un día enfermizo, tnstón, d1a 16 de mayo, prosigui6 la gira pa~ando de frente por algunos pueblos scmiabandonados.
~abía necesidad de l!egar a Tetela, en donde d general Barrios les pres- .
t~a
ayuda Y protecCJón q~c _era menester. En eso no tenía duda alguna el
l~cenciado Cabrera, Y su optunísmo Jo compartía don Venustiano no así el
f~no olfato _de Murguía. Simulaba confianza en la acogida que se 'les brindan~ en l~ · 1erra ;_ pero, reflexionaba para sí, ¿ por qué no había enviado Barrio- algun propio como mensajero de su adhesión? ¿Porqué los serranos de
lo. pueblos que habían dejado atrás, algunos armados, no mostraban interés
alguno por la comitiva, concretándose secamente a contestar que Barrios se
encontraba en Te tela? o hay ambiente favorable para nosotros concluían
las rcllexiones de Murguía.
'

!ª

Acordes con ese sentir, rumiaban sus cavilaciones los demás miembros de
la c?lumna. Pero la esperanza es la última que mucre. Ver para ercer y a
cammar hasta llegar a la meta ambicionada.
'
Otra ~z la noche obligaba a detenerse. Ahora se trataba del pequeño pueblo de Z1tlalcuautla. El descanso se imponía para la gente
I
b u
d' "b
y os ca a os.
e . tSt~, uyero~ los servicios de \~gilancia a cargo de los cadetes. Algo se
cons1gmo de alimentos, y sin más a tratar de dormir.
:emprano se e cuchó el toque de botasilla. Llovía tenuemente; pero ya se
avistaba 1:etela. ~n e fuerzo más y estarían a salvo de cualquier sorpresa.
Al med1~r el. ~,a. cansados, aturdidos, molidos por el mucho caminar y
poco domur, hicieron su entrada a Tetela. e repondrían de tant
1
d
d
,
.
a mapasa a, ma uranan
bien
los
planes
a
seguir,
y
tal
vez
cambiaría
f
.
..
avora ble _
mente la S1tuac1on.
-~odo se vino. ab~jo, como un armazón mal ensamblado. Algunos de los
oficiales de Bamos informaron a don Venustiano que su General había sali-

359

�do rumbo a Cuaubtcmpan. No daban más datos; pero insistieron en que debían seguir adelante porque se tenían noticias ciertas de que el general Jesús
M. Guajardo con un regimiento venía por el mismo rumbo en su seguimiento.
Como se habían dispersado algunas personas, ordenó don Venusliano tocar
a reunión. Opinaron los experimentados acompañantes que convenía no detenerse allí. Montaron en sus cabalgaduras, se despidieron de los corteses
oficiales, y otra vez a la penosa caminata.
Cambiaba totalmente el panorama. La verde esperanza se había convertido en un golpe de obscura desesperanza. Tanto don Venustiano como sus
aenerales sintieron el rudo hachazo de la decepción. Barrios no los ayudaría,
o
,
los dejaría pasar sin molestarlos; pero nada mas.
Siguiendo las indicaciones del general Mariel, conocedor de la re~ión,
reanudaron la marcha bajo la luz cobriza de un sol avaro. En plena sierra
Jos caminos se estrechaban, los zarzales rompían vestiduras y los caballos resbalaban entre el lodo y los pedruscos. Cuadro vivo que acentuaba los obscuros pensamientos de la comitiva. Sólo don Venustiano parecía insensible a la
adversidad. Manejaba con destreza su caballo, y con serenidad iba al encuentro de su destino.
Después de varias horas de penosa cabalgata entraron al modesto pueblo
de Cuauhtempan. Tampoco encontraron allí al general Barrios, confirmándose el presupuesto de que no los ayudaría, y sin hacerles daño todo indi~ba su deseo de que salieran de su sector cuanto antes. Poco tardaron en rcc1bir el consabido aviso de que avanzaban las fuerzas del general Guajardo.
Se acomodaron como pudieron en las casuchas del pueblo para pasar la
noche, y de madrugada vuelta a la azarosa huída. Cierra como de costumbre
la columna la formación marcial de los cadetes.

•
Para don Venustiano constituía una seria preocupación el Escuadrón de
cadetes del Colegio Militar. Habían cumplido como buenos hasta el momento
de emprender la marcha hacia la sierra de Puebla, y su espiritu no tan sólo
se veía apocado, sino que alentaba ánimo vivo, como si se tratara de emprender una expedici6n de entrenamiento.
A la salida de México, don Venustiano, seguro de llegar a Veracruz, pensaba en tener a su ladO\ un símbolo viviente del heroico Colegio Militar. Allá
le daría vigor, y aquel puñado de muchachos constituirán la base de una corporaci6n que se formaría dentro de la doctrina más pura de la lealtad.
Ante la actitud gallarda, valiente, estoica de los cadetes, poJluelos de las

360

águilas de aquel Colegio que tantas paginas de gloria ha escrito en nuestra
historia, don Venustiano sentía una gran responsabilidad.
Se habían batido en los días anteriores como si se tratara de experimentados guerreros.. No tenía más divisa que la de cumplir sus deberes con dignidad. Ni titubeos. ni alardes de arrojo, simplemente en sus puestos, gallardos, alertas, dispuestos en todo momento a responder como las circunstancias lo demandaran. Iban conscientes de su misión, protegiendo, dentro de
sus posibilidades de capacidad y fuerza combativa, la legalidad Constitucional representada por el C. Presidente de la República. Eso pensaban ellos y
no necesitaban saber más.
En el corazón de don Venustiano se debatían los sentimientos, y en su
cerebro, acostumbrado a la línea recta y a las decisiones inquebrantables, bullía con hervor de pasiones lo que debía en conciencia hacer.
Sabía que al despedir a los cadetes lastimaría su amor propio, sabía también que su compañía significaba una especial protección; pero sobre todas
las consideraciones se imponía la de no exponer a aquellos valientes a las vicisitudes de una campaña tan llena de peligros. Eran todos jóvenes, rondando
los 18 años, cuando la vida ofrecei los colores llamativos de un halagüeño porvenir. No había razón alguna, por poderosa que fuese, para sacrificar vidas
que constituían positivas promesas de grandeza para la Patria.
Así pensaba don Venustiano, y la decisión se había afianzado en su ánimo.
No quedaba por resolver sino el momento más propicio para hacerla efectiva.
Tenía que adoptar la actitud que corresponde a los actos de alta importancia.
Ese momento llegó cuando hicieron alto en el poblado de Temoxtla, enclavado en las estribaciones de la sierra. El peligro acechaba por todos lados. •
Las noticias recibidas hablaban de persecuciones encarnizadas. Por un lado
Lindero Hcmández, en quien tanto confiaba Mariel, no daba señales de acción favorable. Por otra parte Gabay, Higinio Aguilar, los Márquez, y otros
muchos jefes que obedecían 6rdenes del general Barrios, a quienes él contenía para que no atacaran la columna; pero su actitud destruía los vaticinios
optimistas del licenciado Cabrera.
No quedaba más rumbo abrigador que el centro de la sierra, en donde había la posibilidad, según Maricl, de encontrar la ayuda del general Rodolfo
Herrero. Era necesario aligerar la marcha, prescindiendo de los civiles y militares carentes de caballos.
Todo indicaba la conveniencia de apresurar la despedida de los cadetes.
La ceremonia fue breve e imponente. Previamente había tratado el problema con el jefe del Escuadrón, coronel Rodolfo Casillas. A su insistencia para continuar cumpliendo con lo que titulaban era su deber, don Venustiano, en forma cortante, expuso que ordenaba se cumplieran sus disposiciones.
Todavía hubo un intento más. Los cadetes, resueltos a continuar con su

361

�honrosa, a la vez que peligrosa encomienda, designaron una com1S1on integrada por cinco compañeros para que directamente hablaran con don Venustiano. La entrevista, formal, severaJ se efectuó. Los cadetes, respetuosamente pero con vehemencia, expusieron al Presidente de la República el deseo unánime de los cadetes de continuar escoltándolo. Escuchó don Venustiano
conmovido aquel gesto heroico de los aguiluchos; pero, resuelto a dar por
conduída aquella situación, con palabra pausada replicó que sus propósitos
al haber ordenado en México que lo acompañaran había sido el de establecer en Veracruz e] Colegio Militar; que las circunstancias apremiantes del
momento habían cambiado fundamentalmente sus propósitos; que consecuentemente debían regresar a1 Colegio con la satisfacción del deber cumplido. Se
despidieron con hondo sentimiento. El honor y el deber habían triunfado sobre cualquier interés particular.
Los cadetes, en fonnación impecable, presentando armas, con la frente alta, la mirada al frente, conteniendo la respiración, escucharon las palabras
del señor Presidente de la República. Han cumplido con su deber, y sé que
seguirían adelante hasta el final. No se trata ya de actuar militarmente, y su
misión la doy por concluída. Regresen a su Colegio con la satisfacción de
haber actuado dentro de las normas de disciplina y lealtad que constituyen el
espíritu inalterable de su Institución.
Antes de que la emoción de los actores y circundantes estallara, el coronel
Casillas dio la orden de finnes. Después a montar para marchar en sentido
contrario. El silencio fue la respuesta más elocuente. Se alejaron los cadetes lenta.mente, sin prisa, con la mirada al frente, conteniendo las lágrimas
que se escapaban de sus ojos. Tal vez, pensaban, no volverían a ver más a
aquel hombre sencillo, de semblante majestuoso, que en desgracia mantenía
la dignidad de su alta investidura como si estuviese en plena posesión del
Poder.
Entre los que se quedaron fue aquello como un episodio vivido de una
tragedia de Esquilo. Se repetían las hazañas de los espartanos. Resonaban
las voces de las mujeres: Aquí está el escudo, vuelve con él o sobre él.
En unos cuantos minutos se perdieron a lo lejos. El ruido de las cabalgaduras se apagó, imponiéndose de nueva cuenta el susurro monótono y molesto de la llovizna. Un episodio más, y adelante, con cielo nublado y enemigos por todos lados.
Antes de seguir los pasos de la columna hagamos un paréntesis. Será como un remanso en el doloroso panorama o como un oasis en el desierto.
Las páginas obscuras, tristes, deprimentes, han sido hasta ahora las predominantes, con las luces momentáneas que, como en las tempestades, de cuando en cuando centellean acentuando más la obscuridad.
El desprendimiento de los cadetes de la columna deja latente una apre362

miante interrogación: ¿Qué fue de ellos? Vamos a descubrir esta incógnita,
y. a la
tomar:,mos nota de datos interesantes y de apreciaciones, que a la
distancia de 43 anos de los sucesos se antojan juicios serenos.
A:1tecedentes. El Gral. Ricardo Richkarday entrevistó al general Rodolfo
Cas.illas, sobre los sucesos de esta histórica jornada. Los artículos respectivos
~ public~?n en El Universal, en enero de l963. Por lo que se refiere a la
mterro~ac1~n formulada encontramos la respuesta, clara, precisa, elocuente,
en el siguiente reportazgo, que apareció en el mencionado diario el 22 de
enero:

:ez

Regreso de los Cadetes de la Escuela de Caballería a la Capi.tal
Por el general RoooLFo CAsn..us

Como lo ofrecimos en nuestro artículo anterior, hoy insertamos en su parte correspondiente lo que dice el señor coronel Gabriel Cuevas en su libro
Historia del Colegio Militar.
'
"El oficio girado por el Secretario de Guerra, señor general Francisco L.
Urquizo, al pundonoroso y valiente coronel don Rodolfo Casillas Director
de la ínclita Escuela de Caballería; documento hermoso que de;tro de su
rígido lenguaje e impecable forma oficial, es un canto a la honradez militar
timbre de honor y presea, causa de legítimo orgullo, no sólo para los com~
ponentes de la citada Escuela que tan bien supieron contestarla con su hermosa, limpia y brava conducta, sino para todo el Colegio Militar entero, dice:
'Un sello, Estados Unidos Mexicanos. El Escudo Nacional. Poder Ejecutivo,
Presidencia de la República. Al coronel Rodolfo Casillas, Director de la Escuela de Caballería del Colegio Militar. Por disposición del Presidente de la
República se servirá usted con la Escuela a su dirección, marchar a la ciudad
de México en vista de la imposibilidad que existe para su permanencia al lado del Poder Ejecutivo. El mismo mandatario dispuso que, al trasladarse los
Poderes de la Unión, lo hicieran también los planteles de Educación Militar
a fin
qu_e, continuaran sus estudios. Pero como la situación política impidi6
la verif1ca~10n de esos propósitos, es por esto que se le da a usted la presente
ord~ a fm de q~e ~adie, ni la historia, juzgue, o al menos se figure, que
se hizo mala aplicación de dicha Escuela. Reitero a usted las seguridades
de mi más atenta y distinguida consideración. Constitución y Reformas. Chautempan, Pue., Mayo 17 de 1920. El general de Brigada Encargado del Despacho, Francisco L. Urquizo' ."
Y ahora, continúa hablando ef general Richkarday: "Cuando mi heroico
amigo hubo terminado esta interesantísima narración, dos gruesas lágrimas
rodaron silenciosas por sus mejillas. Con cuánto respeto y admiración le
conte~?lé enjugárselas en aquella hora solemne en que los recuerdos volvían
a rev1v1r las horas angustiosas de su gloriosa jornada.

?:

363

�. T~~avía a SU5 setenta y seis años, cuando habla de las épicas cargas de sus
mtrep1dos dragones, de la bizarría con que se lam:aron con él a la cabeza
contra el enemigo hasta hacerlo pedazos, su cuerpo se rergue majestuoso su
voz toma extrañas sonoridades, y la mirada de sus ojos, que tantas hc~icidadcs conte~plaran,. s~ inflama alentada por el f ucgo del patriotismo y la
lealtad que siguen v1v1endo en su corazón de verdadero soldado como una
lámpara votiva encendida en el santuario de su fe para alumb~ar el altar
de la Patria.
i Qué grande y c¡ué sencillo es este general Casillas!
-¡ Pero dígam~: Rodolf?! -insistí-, cuando hubo terminado aquel instante de abstraccmn, emotivo y conmovedor, ¿ no tuvieron ningún incidente
durante su regreso al Colegio?
-¡ Sí, Richard, cómo no! -responde en el acto sobreponiéndose al peso de
sus emocion~, imagínese usted, en primer lugar, el estado de ánimo que
a todos por 1_gual nos embargaba. Tristes, silenciosos, cabizbajos, ahondando
en las rccon~1teces de nuestro propio dolor, cabalgábamos como sombras por
a~ueilas ac~1dentada.s s~rranías sobre los dejos y famélicos jamelgos que hab1amos podido consegwr en la región para dejar los nuestros a la comitiva
presidencial, dolorosamente fatigada ya por la penosa y larga caminata. Luego agregue usted el peligro constante de un regreso por zonas hostiles dominadas por el enemigo, cuyo encuentro eludíamos no por miedo al com,bate ni
a la muerte, sino por lo inútil que hubiera sido nuestro sacrificio. Sin embarg?. no por eso estábamos dispuestos a cruzarnos de brazos si alguien pretend1a estorbar nuestro regreso; precisamente en Zacatlán de las Manzanas
los hombres del general Gabriel Barrios, al notar nuestra presencia. en\'iaro~
un propio para advertirnos que, dada nuestra triste condición de rendidos
deberíamos entregar1es caballos, armamento y mWlicíones, constituyéndono;
en sus prisioneros mientras el mando obregonista disponía lo necesario.
-¿Qué contestó usted?

, - Que ~unca permitiría semejante humillación. Qu~ el Colegio Militar habia _c~mphdo con su deber y que, consecuentemente con sus principios y
trad1c1ones, regresaría a su glorioso plantel tal como había salido.
-¿Y Barrios qué hizo?
--: ada. Cuando se. !e dijo que estábamos dispuestos a defendemos para
contmuar nuestro cammo, comprendiendo qui:tás la razón que teníamos nos
dejó pasar sin molestarnos. Así reanudamos la marcha hasta llegar a J~ estación de Ahuazotepec, sobre la vía del ya desaparecido Ferrocarril de Hidalg~. Alli se encontraba el general Jesús Novoa, con quien me presenté
segwdo de mis heroicos alumnos. 1'Espere órdenes - me dijo-, mienuas
consulto su caso a México". Poco tiempo después llegaban éstas en el sentido

364

de que se pusieran a nuestra disposición las jaulas y carros para continuar
nuestra marcha hasta la Capital de la República.
-¿ Cómo llegaron al Colegio?
-Verá usted: al arribar a la Estación de San Lázaro, inmediatamente desembarcamos la caballada an-eglando nuestro maltrecho equipo lo mejor que
pudimos. En seguida, montados nuevamente, y en correcta formación, como
si acabáramos de regresar de unas simples maniobras, nos incorporamos a
San Jacinto, donde ya estaba entonces ubicado el Colegio :M..ílitar. Su nuevo
director, el general Marceüno Murrieta, pcnona de quien guardo gratísimos
recuerdos, nos recibió emocionado felicitándonos por haber regresado montados y armados, como ejemplos vi,iente.s del pundonor, el sacrificio y la lealtad, después de haber cumplido hasta el final nuestra histórica misión. Ya se
imaginará usted lo que sentiríamos en aquellos momentos, en que los abrazos, las felicitaciones, los comentarios y los "¡ hurras!" a la Escuela de Caballería se sucedían interminables, llenándonos de legítimo orgullo. Nunca olvidaré esos instantes tan emotivos como hermosos, que en forma destacada
figuran en las páginas del libro de mi Yida como uno de sus más brillantes •
capítulos. Créame, Richard, que fueron tan impresionantes y tan hondos,
que todavía cuando los recuerdo, siento que mi corazón se es.tremece de júbilo anhclando volverlos a vivir. ¡ Pero ha quedado eso tan lejos!
-Bien. ¿Y cuál fue la recompensa por tan brillante hazaña?
-Ninguna. Pero tampoco la esperábamos, porque nunca pensamos en ella.
Jamás ningún mezquino interés guió nuestros pasos en aquella odisea porque el solo pensarlo hubiera bastado para desvirtuar el altísimo ideal que
la animara.
-Perfectamente, pero recordará usted, mi querido Rodolfo, que si alguna vez se prodigaron las recompensas con largueza fue en esa ocasión. Cedilla, Genovevo de la O., Carrera Torres, Almazán y muchos otros más fueron incorporados al Ejército con los más altos grados, amén de muchísimos
jefes a quienes se ascendió por haber secundado el movimiento obregonista.
En cambio ustedes, por su lealtad indiscutible, fueron dejados al margen
ele la generosidad oficial.
-Qué quiere usted, así es la vida. Pero eso no impo1ia. El juicio de la
historia es el que me interesa, y 'se creo haberlo conseguido. Por e~o me
siento satisfecho. Con ello me basta.

El general Obregó,i rechaza la solicitud
de baja del general Casillas
-¿Qué hizo usted después de haberse incorporado al Colegio?
-Pedir mi baja del Ejército. Yo consideré que por elemental dignidad y

365

�por estimar que mi situación de ahí en adelante habría de ser difícil y molesta por razón misma de las circunstancias.
-¿ Y se la concedieron?
-No, señor. Cuando el general Murrieta la sometió a la consideración
del general Obregón, éste ordenó que continuara al frente de la Escuela de
Caballería y que se felicitara a todos sus alumnos por su conducta leal, airosa y valiente. Después, siendo ya Presidente, siempre tuvo numerosas atenciones y marcadas simpatías para la Escuela y para aquellos muchachos que
con tan ta hidalguía supieron conservar el inmaculado historial de su glorioso
plantel.
Hubo una larga pausa. El noble rostro de mi amigo se hundió pausadamente en la amplitud de sus manos abiertas que le servían de apoyo, comQ si
se tratara de retener en Ja pantalla de sus recuerdos, la lejana visión de sus
cadetes que sable en mano iban camino a la victoria, atravesando como rugientes huracanes las compactas filas que la deslealtad pusiera en su camino para probar su temple y su bravura. Al levantarlo de nuevo, vi asomar
una lágrima que, empañando la serena mirada de sus ojos, se deslizó furtiva
pm: la tostada piel de sus mejillas.
Y lleno de respetuosa veneración por este modesto y valeroso soldado que
erguido como una bayoneta aún permanece de pie junto al propio pedestal
de sus proezas, le abracé con fraternal afecto, orgulloso de estrechar junto
a mi corazón, el de aquel valiente paladín, símbolo de lealtad y de heroísmo".
Aquí termina la entrevista con el general Richkarday.
Cerramos este capítulo sin más comentarios, puesto que, por sí mismo, se
destaca con tonos luminosos, en el panorama sombrío de este episodio hist6rico.

•
Volvamos a tomar el hilo de nuestro relato a partir del momento en que
marcharon los cadetes rumbo a su escuela, y los fugitivos, más tristes y desolados, van en pos de ayuda.

se sabe exactamente dónde; pero todo lo vigila, y prefiere que suceda lo
que ha de suceder fuera del terreno de su influencia.
Más seguros de la situaci6n, convencidos de que no les queda otro recurso
que el de acercarse a Villa Juárez, guarnecida por Valderrábano, y la Unión,
cuartel general de Rodolfo Herrero, pernoctan esa noche en Tepango. Algo
consiguieron de vituallas y algo lograron de descanso.
Como el judío errante, la caravana siguió caminando al amanecer del día
19. Otra vez se repiti6 el panorama desalentador de los puebluchos indiferentes a su tránsito. Otra vez los ojos clavados de los campesinos-soldados
con un dejo de curiosidad y algo de sadismo primitivo.
Trotar cuando el camino lo permitía en tramos cortos, que hacía aumentar la impaciencia. Mas era el tiempo de ir al paso, y colgarse la columna.
Por fin el general Mariel dio la nota optimista: habían llegado a tierras
dominadas por Valderrábano y por Herrero. Cambiaría la situación, de ello
estaba completamente seguro. Insistió don Venustiano en no acercarse a Villa Juáre.z y mucho menos a Necaxa. P&lt;1Saba por ahí la vía férrea, y en ambos
lugares había teléfono. En ello estuvieron de acuerdo el licenciado Cabrera,
Murguía, Urquizo y Mariel. Sería suficiente enviar un propio para solicitar
de Valderrábano la ayuda necesaria.
La marcha se hizo más llevadera. Un rayo de luz se filtraba en las tinieblas. Se aceler6 cuanto se pudo la caminata hasta llegar a Cuamaxalco. Se
imponía el descanso.

•
El tiempo no se detiene, pasa inexorablemente elevando el espíritu o abatiéndolo, en un tejer y destejer, como la tela de Penélope. Acabó el día 19
dejando una amarga impresión, suavizada apenas por un remoto cambio. En
el despertar del 20 se afianzaba un tanto la posibilidad de encontrar manos
amigas.

Las nuevas noticias recibidas favorecían las conjeturas venturosas. Tanto

Atraviesan rancherías misérrimas, cuyos habitantes, que viven de milagro,
los ven pasar con algo de curiosidad. Algunos traen carabinas que acarician
con ambas manos; pero no demuestran intenciones de disparar. Es gente de
Barrios instruida para no estorbar y, maliciosamente, indicar que no se detengan.

el coronel César Lechuga, segundo de Herrero, como su jefe de Estado Mayor, teniente coronel Miguel B. Márquez, avisaron a don Venustiano que
contaran con ellos incondicionalmente. Ya habían recibido órdenes de Valderrábano para que atendieran en debida forma al señor Presidente de la
República y a sus acompañantes.

Y los fugitivos no se detienen, saben que deben abandonar los dominios de
un amigo de ayer, dispuesto ahora a no hacerles daño con tal de que se alejen. No desea verse en el compromiso de tener que atacar. Está por ahí, no

Antes de ausentarse de Patla, el general Herrero había dejado 6rdenes semejantes. Pronto llegó la oportunidad de cumplimentarlas. El paso del río
para llegar a Patla, que estaba harto crecido, ofrecía grandes dificultades.

366

367

�,
Entonces personalmente Lechuga y M arquez,
con un destacamento de soldados ayudaron a pasarlo.
.
En marcha hacia Patla los dos militares hicieron a don Ve~ustiano protesta firme de lealtad asegurando que el general Herrero procedía :~ la mis~
ma forma, y que su ausencia obedecía precisamente a la preparacion de sus
tropas, diseminadas desde Patla hasta el Plan de Zaragoza._
Por fin llegaron a Patla, en donde pudieron comer, banarse Y proveerse
de lo indispensable para cambiar de ropa interior.
,
_
Aprovechó don Venustiano la compañía de Lechuga Y Marquez P~ª ah,
Nanar los proyectos que veman
mad uran do en relac1'ón al rumbo a segurr.
.
.
·or q e estos señores conocedores de los vericuetos de la st.crt·a, para
d 1e
meJ
u
,
1.
• d' ,
l
fijar el itinerario. Lechuga, con la aprobación de Marquez, m 1co como e
lugar más apropiado para pernoctar el pequeño poblado de _Tiaxcalantongo,
la sien·a fácilmente defendible en caso de
ene1av ad o en un 1u gar alto de
,
un asalto.
. d
p•
M
Comentaron la idea Urquizo, Murguía, Cabrera, Helio oro erez,
arciano González, Juan Barragán, Fontes, Méndez y algun~ otras personas
que atentamente seguían el curso de la plática, y como nadie presentara una

solución más satisfactoria se aprobó el plan.
_,
A eso de la una de la tarde del mismo día 20, en el orden ~e fonnac1on
que cerraba el' general Heliodoro Pérez, con su escolta de diez soldados,
abandonaron Patla.
..
_
Cuesta arriba, por vereda serpenteante, llena de g~1.1Jarros, va_ la tnste cae caballo que le obsequiara el temente coronel
ravana. A la cabeza - SObr
.
Loreto Howell-, se destaca la figura adusta de don Venusti~no Carr~a.
Pocos son los que lo siguen, todos a caballo, formando una cmta q~e fi_gw·a
enorme serpiente. El silencio aplasta las voluntade~; diríase que nad1e piensa
en nada, a pesar de que los pensamientos se estruJan dentro de cada uno de
)os que van caminando sin saber a dónde van.
Hay que ganar la altura con el aliento de ~ vaga ~peranza. Es ahora
e.l general Rodolfo Herrero qufon g1úa a la comitiva, al m:orporarse en plena marcha. Lo recomienda el general Francisco de P. Mane!. Un mes antes
se sometió Herrero al Gobierno. Disuelto el Ejército Federal merced a los
Tratados de Teoloyucan, seguido por un centenar de hombres_ armados, ~uyo
número aumentaba O disminuía, según las circunstancias, qmso poner hn a
sus actividades revolucionarias.
.
,
Presentado a don Venustiano en, las condiciones depnmentes ~e una hmda
sin rumbo y sin fin, se muestra solícito en todo, acusando seriedad ~ sus
actos. y deseos vehementes de servir. Habla a ratos con don VenustJ.ano,
·
· s con los generales Urquizo y Murguía, contesta cort.és-.
camb·.ia l1Ilpres1one
mente las preguntas que le hacen algunas personas de; la caravana, y como s1

•

sintiera hondamente su responsabilidad, con el mayor celo revisa la columna
dejando pasar hasta el último hombre, y con la destreza de un magnífico jinete avanza de nueva cuenta hasta la cabeza, haciendo que su caballo, acostumbrado a las serranías, salve fácilmente los escollos del camino.
Se trata de un hombre de algo más de 30 años de edad, fornido, de semblante agradable, serio, sin llegar a la adustez, con bigote poblado, ojos
café obscuro. Causó su presencia buena impresión. Seguramente a ello contribuian las magníficas referencias que sobre él había hecho el general Mariel, agregado al ambiente favorable que sobre su persona se percibía. en las
pequeñas poblaciones que constituían su centro de operaciones.
En su abono debe asentarse el hecho de que no se Je atribuian latrocinios
ni asesinatos. Peleaba por la vigencia de la Constitución de l857; pero lo
más acertado seria considerarlo como un resentido a quien se le había cortado de un golpe su carrera militar, en la que había conquistado el grado de
Mayor.
La lluvia, 'fina, silenciosa, seguía empapando a los jinetes y molestando el
paso lento de los caballos. Resbalaban continuamente para colocarse en forma mediante especial esfuerzo, que daba la impresión a veces de que caballo
y jinete rodaúan entre piedras y todo.

A medida que la vereda se empinaba la columna se hacía¡ más y más larga.
En el trecho que ocupaba podían caber tres veces más caballos. Pero no pos
día ser de otra manera. Por un lado las rocas formando una muralla, por
el otro los abismos profundos, y a todo ello había que agregar el lodo, las
piedras, lo angosto de la vereda, y la fatiga.
En repetidas ocasiones fue neeesario caminar pie a tierra llevando de la
brida el caballo. En esos menesteres don Venustiano no encontraba dificultad
alguna; pero solícito Herrero le ayudaba a desmontar y a montar de nuevo.
Las atenciones de Herrero tan amistosas hacia don Venustiano, y sus repetidas protestas de lealtad no eran por todos bien recibidas. Despertaban
suspicacias, que pronto se desvanedan ante la franca aceptaci6n de don Venustiano, ajeno como era a los signos de adulación.
Pasadas cuatro horas de dura caminata, los primeros jinetes contemplaron
con desilusión el pequeño pueblo de Tlaxcalantongo. La atmósfera húmeda,
el abandono de las chozas, el silencio, la semioscuridad, todo daba la impresión de un lugar sin vida. Fueron llegando uno a uno los caminantes. Dirigían la vista a su alrededor y el c.orazón se les oprimía. Nada había allí que
indicara abrigo protector o siquiera para el descanso.
Estaban amontonados en una plazoleta lodosa, sin árboles. Dispersos se
veían algunos jacales de barrotes y palma. Herrero, cerca de don Venustiano, le señaló un jacal, tal vez el más grande diciéndole: esa pobre casa

369
368

H24

�será por esta noche el palacio nacional. Al resto de la comitiva indicó que
podían a discreción acomodarse en los demás jacales.
La noche se acercaba cuando don Venustiano entró en su "palacio". Por
todo mobiliario había una tosca mesa en el centro, y una silla desvencijada.
En este punto, epílogo de la tragedia, dejo la narración a quienes, con diversa autoridad, han escrito sobre los sucesos de la negra noche del 20 de
mayo de 1920 y de la madrugada estrujante que le siguió.
En primer término, transcribo la versión del general Francisco L. Urquizo,
testigo presencial, que aparece en su libro Carranza, editado en 1959, centenario del nacimiento del señor Carranza.

•
"Fuera de la actividad de la gente de la columna que desensillaba sus caballos y trataba de encontrar acomodo en las diseminadas casuchas de la
desolada ranchería, la vida parecía que había huído de aquel lugar.
Los escasos habitantes que sin duda estaban normalmente en aquel paraje
lo habían evacuado probablemente momentos antes de la llegada de la columna; aún se observaban huellas frescas de su estancia en el lugar. Secundino Reyes pudo pescar&gt; casualmente, al indígena que actuaba como autoridad en el poblado y lo llevó ante el señor Presidente.
-¿Dónde está la gente que vive aquí? -preguntó don Venustiano.
--Siñor, está por allá arriba, en las lomas, siñor.
-¿Qué hacen ahí? -nueva pregunta del señor Carranza.
-Están ctúdando sus milpas, siñor.
-Ordéneles usted que bajen y que nos traigan pastura para nuestros caballos; se les pagará lo que sea.
-Sí, sifior; voy a mandarlos.
Se fue el indígena y... no regresó.

•
-Capitán Suárez, no desensille su caballo; monte usted y vaya a avisar
a todos que no quiten las monturas de sus caballos y prevéngales que deberán
estar listos para continuar la marcha de un momento a otro.

A poco rato regresó Suárez de su comisión.
-Señor, todos han desensillado ya y se han diseminado por las casas distantes, tratando de encontrar forraje para lo&amp; animales.
-Está bien -contestó el Presidente, un tanto contrariado.
370

•
Más tarde lo vi yo, estaba sentado en el marco de la puerta del jacal
-Señor -le dije-, no hemos encontrado grano para los caballos. Es temprano todavía, y quizás convendría caminar un poco más hasta llegar a algún lugar en que encontráramos pastura para los animales.
-No me gusta esto; pero tenemos necesidad de esperar aquí noticias de
Mariel.
Conversó breves momentos después con varias personas de la comitiva que
lo fueron a ver; con el general Murguía, con Federico Montes, con Juan
Barragán, con Marciano González, con el licenciado Luis Cabrera y, seguramente también, con algunos otros de sus acompañantes. Hablaron de la
desastrosa situación del momento, del estado tormentoso del tiempo, de la
justicia de premiar a sus leales y, finalmente, al despedirlos en la puerta del
jacal, dijo el que fue siempre tan amante de la Historia Patria:
-Podemos decir lo que dijo el general Miramón en Querétaro: 'Dios esté
con nosotros en estas veinticuatro horas'.

•
Octavio Amador había conseguido algo de forraje para los caballos. León
Osorio, el inquieto propagandista convertido en soldado, llegó al jacal, e hizo
entreD'a de una gaUina que había logrado capturar y que Secundino Reyes
aderezó ele la mejor manera posible, ciadas las circunstancias, para que sirviera de cena al señor Carranza y a las cinco personas que estaban con él.
La noche se echó encima rápidamente.
Seguía lloviendo y soplaba un viento frío.
El Primer Jefe pidió una luz, y Secundino sacó de su morral un cabo de
vela que encendió y puso en el centro de la mesa.
En previsión de que la bujía se consumiera, dado su escaso tamaño, observó el señor Presidente que lo mejor era acostarse de una vez y apagar aquella vela cuya luz resultaría muy útil en la madrugada, al levantarse, para
continuar la marcha.
Hacia el fondo del jacal, en el rincón opuesto a la única pue1ia del mismo,
se acostó el Presidente; un poco distante, a su izquierda, el licenciado Aguirre Berlanga y a continuación Pedro Gil Farías.
Frente al sefior Carranza fue el sitio que eligió Mario Ménclez para reposar, y en la entrada de la puerta se acostaron los ayudantes Octavio Amador
e Ignacio Suárez.
Se hizo silencio en el interior del jacal y transcurrieron lentamente algu-

371

�nas horas. Afuera seguía lloviendo y las descargas eléctricas repercutían m-

contables veces en la serranía.
Suárez y Amador no dormían; cuchicheaban.
El tema de su conversación era¡ lo único que podía tratarse en aquellas circunstancias: la situación lamentable de aquellos momentos.
En medio de la obscuridad de la noche, vieron cómo una luz se acercaba
sigilosamente hacia la humilde casucha que servía de albergue presidencial.
Amador se levantó presuroso a inquirir quién o quiénes llegaban. Era un
ayudante del general Murguía, jefe de la columna, que por mandato de su
superior conducía ante el Presidente a un indio portador de un papel que
enviaba Mariel desde Xico.
El señor Carranza despertó y dispuso que se encendiera la luz y que pasara el enviado.
El Oficial de Murguía, cumplido su encargo, se retiró en seguida; el indio
hizo lo propio, no aceptando la invitación que le hicieron de quedarse a
dormir en el cobertizo en que estaban los asistentes con los caballos; prefirió
continuar su camino y llegar a su pueblo o a su rancho en medio de aquel
aguacero inclemente.
En voz alta el señoii Presidente leyó el recado que Je habíai sido entregado:
"El general Lindoro Hemández es leal. Muy de madmgada saldrá una
parte de sus fuerzas para encontrar a la columna expedicionaria y llevarla a
Villa Juárez". Firmaba el general Mariel.
- La verdad es que no había podido dormir pensando en esto -manifestó el señor Carranza- ; ahora sí vamos a poder descansar.
Se apagó nuevamente la vela, y esta vez sí se entregaron al sueño todos los
transitorios moradores del jacal.
Serían las tres de la madrugada cuando una descarga cerrada de fusilería
rompió el ruido monótono de la lluvia. Aquella descarga se hizo precisamente afuera del jacal, sobre el rincón en que dormía el señor Presidente.
Desde aquel momento se desarrollaron los acontecimientos con una rapidez vertiginosa.
Afuera, los asaltantes gritaban 'mueras" a· Carranza, insultos y 'vivas'. Adentro, en medio de la obscuridad absoluta, don Venustiano, herido, se quejaba.
El licenciado Aguirre Berlanga, que estaba cerca de él, al oírlo, le preguntó
solicito:
-¿Qué le pasa, señor?
-Tengo rota una pierna, no puedo levantarme -le contestó.
Una segunda descarga de fusilería repercutió imponente, perforando la
endeble pared del jacal.
Los ayudantes Suárez y Amador, pistola en mano, se levantaron inmediatamente.

372

Frente a la puerta del jacal no había ningún enemigo. El ataque estaba
concen~ado desde ~fuera, sobre el ángulo en que yacía el señor Presidente.
. Considerando Suarez que el camino estaba libre para sacar a su Jefe a
ttentas en la obscuridad, se dirigió hacia donde estaba él.
'
Se hallaba don Venustiano casi sentado en su improvisada cama. Suárez
lo rodeó por la espalda con su brazo derecho, diciéndole con respetuoso cariño:
-¡Señor... ! ¡Señor... !
. _De la ~arganta del Presidente Carranza se escapaba una fatigosa respirac10n, homblemente fatigosa.

-El Jefe está muriendo; oigan ustedes el estertor de su agonía.
Ya no había tiros sobre el jacal. Las descargas de las armas de fuego atronaban ahora sobre las demás casas de la ranchería.
En _la espantos_a obscuridad del cuarto acababa la vida del gran hombre,
sostemdo por su fiel ayudante Ignacio Suárez. Nadie se movió de la habitación.
Cuando Suárez observó que se había consumido la vida de su Jefe vio la esfera del reloj luminoso que llevaba en la muñeca.
'
-El Presidente acaba de morir; tomen en cuenta la hora que es: son exactamente las cuatro y veinte minutos".
Hasta aquí el relato, lleno de emotividad, del general Urquizo. Cita a personas cuya actuación fue directa en el momento mismo de la muerte del

señor Carranza, que todavía viven, y que, de no ser ciertos los hechos narrados, seguramente los hubieran rectificado.

•
Otra versión la encontramos en la obra Muertes Históricas de don Martín
Luis Guzmán. Veamos:
"No pasó mucho tiempo. Cerca de las tres o las tres y media, los fugitivos
desp~taron al clamor de grandes voces y a los disparos que se oían a la, puerta DllSIDa de las chozas. Parecía que los asaltaban. '¡ Viva Peláez!' '¡ Viva
Obregon.,
' P Y son~b a nutndo
·
fuego de fusilería. Se levantaron como pudieron, y como pudieron empezaron algunos a salir.
Af ~era, pese al estruendo, casi no vieron nada bajo la lluvia y entre la
oscundad, que era completa, aunque interrumpida por los relámpagos y los
fogonazos. Cerca de la choza de Cabrera y Murguía se entabló un tiroteo a
la ;ez que sonaban otros en torno de la choza de don Venustiano, y O:ás
alla, donde ~staban Bonilla y Amador, y hacia la parte ocupada por Fontes,
Carlos, Donuoguez, Ché G6mez y Landa Beniozábal, y del lado donde se
guarec1an Urqufao y sus ayudantes.

373

�-¡ Ríndete, Carranza: tienes garantías!
-¡ Ríndete, Murguia!
-¿Dónde estás, Bonilla?
-¿ Donde estás, Luis Cabrera?
Sueltos, espantados, empezaron a correr los caballos, algunos de los cuales ca.San heridos, o quebrados de las patas al tropezar con lo que encontraban en las tinieblas. Y seguían los gritos y las descargas; tan bien preparado todo, que al minuto de iniciarse el asalto ya era tremenda la confusión entre los que intentaban defenderse y los que pretendían huír. Peleaba
Murguía, peleaban sus oficiales y asistentes; pero casi no partían disparos
sino d~ las manchas claras de los asaltantes, apretados en grupos cerca de las
chozas y dueños de ellas por las armas y lo gritos. Ni un ¡ Viva Carranza!
Ningún grupo de defensores que opusiera verdadera resistencia.

En el interior de la choza de don Venustiano las descargas se habían
sentido cerradas desde el primer momento. Hendían las tablas por la parte
donde estaba acostado él; lanzaban pedazos de las tazas y platos que habían
quedado sobre la mesa. Afuera, junto a las tablas mismas, las voces gritaban:
'Sal, viejo an·astrado: aquí viene tu padre'. 'Sal&gt; viejo; ora sí vamos a cogerte por las barbas'. Y brillaba intermitente, por entre los resquicios, la
lumbre de los fogonazos, lo que parecia aumentar dentro de la choza la
oscuridad, en la cual, a tientas, todos trataban de levantarse y defenderse.
Alargó don Venustiano el brazo para coger sus anteojos y ponérselos; pero,
sintiéndose herido, se empezó a quejar. Le pregunt6 Aguirre Berlanga, que
también se había incorporado:

-¿ Le pasa a usted algo, señor?
-No puedo levantarme; tengo rota una pierna.
Suárez y Amador ya estaban en pie. Armados de sus pistolas intentaron
salir. Frente a la puerta no había nadie; el ataque parecía venir sólo de la
parte de atrás. Por un momento los disparos fueron tan próximos, que dos
de ellos parecieron produciue en la choza misma. Se volvió Suárez. A tientas
llegó hasta don Venustiano y le pasó un brazo por la espalda, para levantarlo
y ayudarlo a salir. Quiso hablarle, quiso animarlo, pero advirtió entonces que
del cuerpo que tenía sujeto no salía ya más que un estertor. Cerca y lejos seguían los disparos y los gritos.
Pasaron así diez minutos, quince, quizás veinte. Disminuía el tiroteo y aumentaban las voces. Suárez seguía sosteniendo a don Venustiano; sentía correr la sangre y vibrar en el cuerpo el estertor. Pero pronto rompió aquellas
sensaciones y la oscuridad de la choza la cercanía de un grupo de asaltantes
que llegaban a la puerta intimando rendición y ordenando que salieran todos
los que estaban dentro. Alguien les informó que el Presidente se hallaba he-

374

rido, que podían entrar, que nadie haría resistencia. Los asaltantes les mandaron entonces encender la luz, y, encendida ésta, pasaron.
Los capitaneaba un hombre de qujen después se supo que era pariente de
Rodolfo Herrero. Entraron apuntando las carabinas, profiriendo injurias
contra Carranza, cogiéndolo todo.
- ¡ A ver! ¡ Dejen alú al viejo! ¡ Todos aquí! Don Venustiano agonizaba.
Su estertor era un ronquido más y más grueso, que se iba yendo, que se iba
apagando. Entró otro grupo, al mando de un capitán y a los gritos de ¡ Viva
Pel.í.e,:! El capitán dijo que inmediatamente mandaría por un doctor. Todos
callaron y esperaron. El estertor se hizo opaco y lenue. Don Venustiano expiró.

Vino entonces Secundino Reyes a hincarse de rodillas junto al cadáver. Lo
acariciaba, Y él y Suárez estaban extendiéndolo en el suelo, y cubriéndolo con
la manta que tenía cerca de los pies, cuando se presentó, con más gente, Miguel B. Martíncz, el secretario de Herrero y Jefe de su Estado Mayor. Cogió
el chaquetín de don Venustiano, el sombrero, el reloj, y dispuso que los ocupantes de la choza salieran a ponerse en fila con otros prisioneros.
Amanecía. Sedan Las cinco de la mañana. La niebla y la lluvia, ya menos
copiosa, tamizaban la luz".
De este cuadro, muy bien dibujado, queda flotando una duda que se desprende de los dos tiros que "parecieron producirse en la choza misma". Es
una forma discreta para la historia, y literariamente elegante, de abonar la
posibilidad del suicidio de don Venustiano. La historia pide algo más. Sin
duda alguna el tiro que desgarró la pierna de don Venustiano lo recibió de
la primera descarga y fue de tal m3ocrnitud la hemorragia que pudo por sí
misma causarle la muerte.
Por lo demás, queda firme el hecho del asalto origen de la tragedia. Las
versiones sobre cuál tiro provocó la muerte de don Venustiano en manera
alg'lma disminuye la responsabilidad de quien o quienes dirigieron y autorizaron el albazo.

•
El coronel Miguel B. Márquez publicó en 1940 un libro titulado El Verdadero Tlaxcalantongo. Se trata de un documento público de inestimable valor,
puesto que el autor fue prominente actor en los preliminares y en el epílogo
del drama. Su relato tiene las características de testimonio fehaciente y de
confesión plena, lo que le da el carácter de prueba irrefutable, en los hechos
mencionados sobre el asalto, y sobre quienes !o efectuaron.

375

�Cuandq se desarrollaron los acontecimientos era Jefe del Estado Mayor del
general Rodolfo Herrero, además de fungir como su Secretario Particular.
Se infiere que estaba al corriente de cuanto sucedía, y dado su carácter
oficial y su íntima amistad con Herrero, se deduce que a sabiendas compartió
con su jcfe la responsabilidad.
Veamos lo que dice en su obra en la parte relativa:
"Al incorporarse Herrero a la Columna del señor Carranza, seguramente que debe haber sido presentado a este señor por el ge1ieral Mariel, '.Y en todo el camino hasta llegar a Tlaxcalantongo, según informes
de los testigos presenciales, colm6 de atenciones al Presidente, a quien
ayudaba a montar y desmontar del caballc, cuando era necesario hacerlo por lo accidentado y por las malas condiciones del camino, prodigándole tantas manifestaciones de afecto y respeto que impresionaron -quien
sabe si favorable o desfavorablemente- al señor Carranza, porque Herrero se excedió en sus manifestaciones de adhesión hacia el Presidente;
pero puede creerse, y yo lo aseguro, que s~ actitud era absolutamente
leal y sincera hasta esos momentos, pues que si antes había resuelto apoderarse de la Plaza de Zacatlán como obregonista, fue debido a los informes que le dio su pariente Ernesto, respecto de las intenciones que
atribuy6 al teniente coronel V alderrábano; pero una vez que la comitiva
llegó a su zona, el general Herrero se dio cuenta de que lo había engañado su pariente y por lo tanto tuvo el firme propósito de ser fiel al
señor Carranza, porque de lo contrario, no se habría incorporado a
dicha comitiva, ni menos la habria acompañado a Tlaxcalantongo, donde él personalmente anduvo alojando a todos, teniendo especial cuidado
para el Presidente; distribuy6 y colocó los puestos avanzados en los lugares más estratégicos y atendió los demás servicios militares en campaña.
En todos estos detalles están de acuerdo los testigos presenciales.
Como a las 8 de la noche, llegaron a la casa de don Leonel el general
Herrero y su pariente Ernesto, indicándome que habían acordado éste y
su hermano Hermilo, que esa madrugada se atacara a la comitiva del
señor Carranza en Tlaxcalantongo y me pidió mi opinión acerra del
particular. Me causó mucha extrañeza y profundo disgusto este cambio
tan inesperado e intempestivo del general Herrero; y al preguntarle por
qué había tomado esa determinación tan indigna de un hombre como
él, después de lo que acababa de hacer con eÍ señor Carranza y haberse
prestado a llevar a todos al lugar donde en esos momentos estarían descansando confiados en su lealtad, y traicionando con su determinaci6n
al general M ariel que había depositado en él ( en Herrero), toda su

376

confianza, me contestó que tanto su hermano como Ernesto lo habían
comprometido en tal forma, que se había visto obligado a consentir,
aduciendo como una razón poderosa la de que casi todos los soldados
que estaban a las órdenes del primero, andaban borrachos (lo que era
rigurosamente cierto), y exigían que se llevara a cabo este ataque, lo
cual no podía impedir por no contar con elementos suficientes para
hacerlo.
Como dije antes, el general Herrero fue a consultar mi opinión acerca del pretendido ataque a la comitiva, y :Yº le manifesté que me oponía
terminantemente a que se llevara a cabo, como ya nos habíamos opuesto
antes el coronel Lechuga y yo a que en Patla la atacaran Ermilo y
Ernesto; y seguí exponiéndole razones de tanto peso y convincentes a
fin de que no cometiera acción tan villana y tan irzdigna de un hombre
de su prestigio y valor, que su cuñado don Leonel se expresó más o menos en esta forma: 'hermano, lo que te dice don Miguel es la verdad
y no debes oír más que lo que; él te aconseje y no lo que te digan Ermilo
y Ernesto :Y por lo mismo debes desistir de emprender el ataque que
tienes dispuesto a Tlaxcalantongo'; pero ya estaba completamente sugestionado por sus parientes y no me valieron ningunas razones para
convencerlo de que obraba equivocadamente y en forma contraria a su
palabra empeñada; y sin hacer caso ya de lo que su cuñado y yo le decíamos, resolvió que se atacaría a Tla.xcalantongo esa misma madrugada,
manifestándome que, en vista de que yo me oponía terminantemente al
ataque, no fuera con ellos y que permaneciera ahí en La Uni6n, ert
espera del resultado; pero no acepté porque supuse que era exponerme
a ser víctima del general Mariel, quien tenía que regresar al día siguiente y es seguro que no habría creído que yo permanecía en La
Uni6n por haberme opuesto al ataque, y en el mejor de los casos, por
lo menos me habría aprehendido.
Volvamos a los preparativos del ataque a Tlaxcalantongo. Eran más
o menos las nueve de la noche del 20 de mayo, cuando después de la
discusi6n sostenida sobre el mismo asunto el general Herrero y yo, discusión que presenciaron los señores Leonel Lechuga y Ernesto Herrero,
como ya lo dije antes, dispuso el general que primeramente se escribieran dos cartas: una dirigida al general Obregón, a México, comunicándole que habiendo reconocido el Plan de Agua Prieta, esa madrugada,
es decir el 21 de mayo, atacaría la columna del señor Carranza que
había pernoctado en Tlaxcalantongo, y que oportunamente le daría cuenta del resultado de esta acci6n de armas; y otra, al general Mariel, a

377

•

�Villa ]uárez o donde se encontrara, dándole un aviso semejante '.Y haciéndole ofrecimientos hasta cierto punto denigrantes y por lo tanto
inadmisibles para un hombre de la lealtad del general Mariel.
Como a las once de la noche orden6 el general Herrero la marcha de
la columna atacante, compuesta cuando más de 120 hombres mal armados y municionados, porque no trajo el contingente que había en Progreso de Zaragoza; y enmcdio de una noche muy obscura ,, lluviosa nos pusimos en camino, la marcha fue penosa y dificil porque no se veía completamente nada y la lluvia era muy pertinaz. Hicimos alto como a la
una de la mañana en u11 rancho de la propiedad del señor don Antonio
Santos };forales, comerciante de Villa Juárez; descansamos unas dos o
tres horas y como a las cuatro de la mañana se reanudó la pesada marcha hasta llegar a unos jacales, inmediatos al ranclto indicado, donde
form6 su plan de ataque el general, organizando tres columnas para el
asalto, en la forma siguiente: una al mando del mayor Herminio Afárquez Escobedo (téngase en cuenta que los hermanos de Herminio fueron
asesinados en Otlatlán por fuerzas de Barrios, estando en tratos para rendirse al gobierno), llevando como segundo jefe al capitán Facundo Garrido '.Y Ernesto Herrero como agregado a la misma co/tlmna: la otra la
mandaba el capitán Perfecto Medina, y la tercera, el de igual grado
Alfredo Gutiérrez. Ordenó el general Herrero a cada jefe de columna
que el ataque se hiciera simultáneo y por distintos rumbos del poblado,
con la recomendación especia!, so pena de un castigo muy severo, de
que al señor Carranza no se le hiciera ningún daño ,, que en caso de caer
prisionero se respetara su vida a toda costa y se le guardaran las debidas
consideraciones.
Estas columnas avanzaron pie a tierra, pues la caballada se quedó en
el jacal al cuidado del oficial Francisco Vega. El general y )'o, con nuestros asistentes, nos quedamos como a un kilómetro de distancia del lugar
del combate sin tomar parte en él, iniciándose ef. fuego como a las cuatro
'.Y media de la mañana; al principio muy nutrido, pero fue disminuyendo
a medida que la resistencia era más débil, de tal modo, que como a las
seis casi cesó el fuego, oyéndose de cuando en cuando tiros aislados hasta
que r.ein6 un completo silencio como prueba de que el combate había
terminado. En e/ecto, a los pocos momentos se presentó al general el
capitán Facundo Garrido, enviado por Ernesto y le dijo: 'No tiene 1tsted
má.s novedad que se suicid6 el Presidente y que ya tomamos el p1teblo
haciendo bastantes prisioneros 1' no sabemos qué hacer con ellos'. E.ita
noticia caus6 muy mala impresi6n al general, expresando su pena por este
suceso fatal e irreJ1arable, ordenándome que inmediatamente fuera a

378

recibir los prisioneros, cuyas vidas debían ser respetadas y que los condujera después con toda clase de consideraciones y seguridades, hasta
el jacal donde estaba la caballada,· comisión que cumplf debidamente,
entregando sin novedad como 60 ó 70 prisioneros, sin poder precisar el
número de ellos, pues no fueron listados por la premura del tiempo.
Se recogieron muchas caballos, algunas pistolas y carabinas 'Maüsser',
parque y otros objetos; y del jacal donde estaba el cadáver del señor
Carranza, al que penetr6 Ernesto en compañía del mayor Herminio
Márquez Escobedo y del capitán Facundo Garrido, se recogió u11a máquina de escribir portátil, los lenteJ del extinto señor Carranza, su pistola
ensangrentada con tres cartuchos disparados y su maüsser con la efigie
del señor Garran.za labrada en la culata. Del jacal donde se alojó el
general Murguía, se recogió su reloj de oro, que como obsequio le hicieron sus subordinados en su día de su santo~ según la inscripción alusiva que tenía grabada. Se recogieron además sus polainas, su guerrera
)' su fuete".

En diversas ocasiones Herrero maniíestó que no había matado a Carranza.
Poco antes de morir insistió en su dicho.
Analizando los hechos sin prejuicios, con objetividad histórica que significa
plena justicia, existen datos suficientes para situarlo en la posición que le
corresponde.
Era Herrero el Jefe de la tropa que atacó Tlaxcalantongo. Él ordenó el
asalto sin participar personalmente. Delegó el mando en su hermano Ernesto y
en su pariente Hermilo Herrero.
Puede haber sucedido, sin que existan constancias, que ordenara respetar la
vida de Carranza.
Herrero era un militar con larga experiencia en el arte de la guerra, especialmente de guerrillas, donde la habilidad, el conocimiento del terreno y
la audacia juegan importante papel.
No podia ocultarse a Herrero el riesgo inminente que corría Carranza.
Los atacantes conocían el lugar, superaban en número y armas a los atacados, la obscuridad era intensa, llovía y en las casuchas dormían amontonados los legalistas.
El fu ego se concentró en el lugar preciso en que dormía Carranza. Las
balas traspasaron las débiles tablas del cuartucho hiriéndolo de muerte. No
hubo más heridos ni siquiera entre los que descansaban en el mismo cuarto.
El tiroteo se prolongó durante varios minutos, como si hubiese la consigna de
disparar al aire, con la intención de simular un combate.
379

�Quienes salieron de los jacales para repeler el ataque no distinguían enemigo alguno, La obscuridad era tan intensa, tan compacta que podía cortarse
con un cuchillo. En cambio podían ser alcanzados fácilmente por los disparos de los enemigos que previamente se habían posesionado de lugares dominantes, y cuando la confusión era mayor, irrumpieron estrepitosamente enmedio del caserío.
Avisado el general Herrero de los sucesos, PQCO después se presentó en el
lugar de los hechos asumiendo el mando personalmente.
Diez horas antes como soldado al servicio del gobierno, y como amigo, había
dejado a Carranza y a sus acompañantes en aquel lugar.

¿ A qué obedeció ese cambio tan radical? ¿ Fue la consecuencia de un plan
previamente meditado desde que se agregó a la columna de Carranza?
Los antecedentes del general Herrero lo acreditaban como hombre serio,
responsable y de honor. Sin embargo en el momento cumbre falló. ¿ Qué circunstancias motivaron esa situación?
Semanas antes del pronunciamiento de Agua Prieta lo visit6 el general
Alberto Basabe y Piña invitándolo a que se adhiriera a la revolución que encabezaría el general Alvaro Obregón, no aceptando. Días después le hizo
semejante propuesta el licenciado Manlio Favio Altamirano, Diputado al
Congreso de la Unión, negándose también. Cuando ya había estallado el movimiento, su hennano Ernesto y su pariente Hermilo le aconsejaron que se
adhiriera al plan de Agua Prieta, decidiendo en esta nueva ocasión seguir fiel
a sus deberes militares.
Tales antecedentes hacen presumir que en su lucha interna, hasta el momento de acompañar a Carranza a Tlaxcalantongo, había triunfado en su
conciencia la lealtad.
El cambio se operó posiblemente a contar del momento en que, llamado
con engaño por su jefe de Estado Mayor, dejó Tlaxcalantongo para ir a donde
se encontraba su hermano, de quien se decía estaba herido.
La presi6n de los parientes fue de tal magnitud, que olvidando las distinciones recibidas del general Mariel, la disciplina militar, y las palabras de
lealtad que horas antes había ratificado personalmente a don Venustiano,
siguió el camino fácil, en esos momentos, de la deserción.
Su Jefe de Estado Mayor, en su obra mencionada, con crudeza describe
la actitud de Herrero al decidir el ataque a la maltrecha columna del señor
Carranza, y le echa en cara "haberse prestado a llevar a todos al lugar donde
en esos momentos estarían descansando confiados en su lealtad, y traicionando
con su determinación al general Mariel, que había depositado en él toda su
confianza".

380

La tremenda requisitoria del coronel Márquez hunde al general Herrero,
y se hunde también su acusador, a pesar de los esfuerzos literarios que hace
para salvar su responsabilidad.

SEGUNDA PARTE

Con la inmolación del Presidente de Ja República, don Venustiano Carranza, concluía una etapa política y se iniciaba la consolidación del régimen
emanado del Plan de Agua Prieta.
Para mis propósitos me ocuparé en especial del desenlace de la tragedia
por cuanto hace a quienes, con el signo de la lealtad, siguieron a don Venustiano hasta la cumbre de la montaña, en donde un humilde pueblo sirvió de
sombóo escenario a un acontecimiento cuya magnitud describirá la historia.
Al despertar, las débiles luces de un día húmedo, el 21, mostraron los
efectos de un triunfo que no satisfacía a los vencedores, y de un dolor indefinible de los vencidos que borraba todo temor a las consecuencias futuras.
Setenta prisioneros, indiferentes a todos los peligros, rodeaban el cuerpo inerte del jefe. Emprendieron el camino a Villa Juárez, siguiendo a los indios que
lo cargaron en una improvisada parihuela.
La imponente procesión atravesaba rancherías cnrnedio de un silencio impresionante. Flores frescas eran depositadas por los indios sobre el cadáver.
Una desteñida bandera nacional fue colocada por alguien al lado de las flores.
Custodiados los prisioneros no atendían a más preocupación que al féretro.
Nadie hablaba. Los vencedores, cada vez más reservados, acabaron por respetar aquel silencio sumándose a lai tristeza reinante.
Cerca ya de Villa Juárez, ordenó el general Herrero la libertad de todos
los prisioneros. Antes procuró que firmaran una acta en la que se hacía
constar que don Venustiano se había suicidado. Recurso absurdo, significativo
del remordimiento que lo atocigaba y que lo martiri7.6 basta el fin de su vida.
Apenas si aquel acto signific6 para los prisioneros un poco de alivio físico.
La tensión nerviosa y el agovio moral eran de tal categoría, que el cansancio
físico, el ayuno y las molestias de la ropa mojada y los zapatos maltrechos, bien
poco les importaban.
Continuaron la marcha ya sin la compañía de personas que no les eran
gratas. A medida que se acercaban a Villa Juárez las demostraciones de condolencia aumentaban. De las casuchas salían gentes con flores que depositaban
en el féretro. De los árboles prendían listones o simples trapos negros. Hombres
y mujeres lloraban. Los indios solícitos se turnaban en el sostén de la parihuela.
Hicieron alto en el poblado de Xico, en donde esperaba a la columna el

381

�general Francisco de P. Mariel, con fuerzas del teniente coronel Valderrábano,
que guarnecía Villa Juárcz y había permanecido fiel al gobierno. Se improvi ó
la capilla ardiente en un modesto edificio destinado a escuela. Se cubrió el
cuerpo con la bandera nacional y se le rindieron los honores de ordenanza,
disparándose 21 cañonazos.
Continuó momentos después la triste caravana, llegando en la noche -21
de mayo- a Villa J uárez.
En tanto se hacen los preparativos necesarios para que se practique la
autopsia y embalsamamiento del cadáver, los amigos de Carranza envian el
siguiente mensaje al general Pablo González con copia al general Alvaro Obregón: "Hoy a la madrugada en el pueblo de Tla.-ccalantongo fue hecho prisionero y asesinado cobardemente, al grito de 'V.iva Obregón', el Ciudadano
Presidente de la República don Venustiano Carranza, por el general Rodolfo
Herrero y sus chusmas, violando la hospitalidad que se le había brindado. Los
firmantes de este mensaje protestamos con toda energía de nuestra honradez
y lealtad ante el mundo entero por esta nueva mancha arrojada sobre la
Patria.
"Cumplida la obligación que nuestra dignidad de soldados y amigos nos
impone, nos ponemos a la disposición de usted y sólo pedimos llevar el cadáver
de nuestro digno jefe hasta su última morada en esa capital, suplicándole ordenar se nos facilite un tren en Beristáin para tal objeto.-Atentamente.Firmados: Generales: Juan Barragán, Francisco L. Urquizo, F. de P. Mariel,
Federico Montes, Marciano González, Ignacio Bonillas; coroneles: M. Fcrnández, S. Lima, Arturo Garza, Librado Flores, Eustaquio Durán, Maclovio
Mendoza. Victoriano Farías; mayor Ignacio .Meza; capitanes primeros: Pedro
Rangel, Ismael García, Raúl Fabela, Juan R. Gallo, Fermín Valenzuela; capitanes segundos: Santiago Kell, Ignacio l'vf. Velita, Juan Sánchez, Mariano
Gómcz; tenientes: Pedro Montes, Juan G. Barrón, Manuel Robledo; subtenientes: Pascual Zamarrón, W enceslao Cáceres, Tirso González".
A este telegrama contestó el general Obregón con otro, concebido en los
siguientes términos:
"México, mayo 22 de 1920.-General Juan Barragán y demás firmantes del
telegrama de ayer.-Es muy extraño que un grupo de militares que, como
ustedes, invocan la lealtad y el honor y que acompañaban al C. Venustiano
Carranza, con la jndcclinable obligación de defenderle, hayan pennitido que
se le hubiera dado muerte, sin cumplir ustedes con el deber que tenían, ante
propios y extratios, de defenderle hasta correr la misma suerte, máxime cuando sabe toda la nación que son ustedes precisamente los más responsables en
los desgraciados acontecimientos que han conmo,·ido a la República durante
las últimas semanas y que ayer tuvieron el lamentable desenlace de la muerte

382

del C. Venustiano Carranza, muerte que encontró abandonado de sus amigos
Y compañeros, quienes no se resolvieron a cumplir con su deber en los momentos de prueba. Repetidas ocasiones se notificó al C. Carranza que se Je
darían toda clase de garantías a su persona, si estaba dispuesto a abandonar
la zona de peligro; y él se negó a aceptar esta prerrogativa, porque creyó
indudablemente que habría sido un acto indigno de un hombre de honor ponerse a salvo, dejando a sus compañeros en peligro. Este acto, que rebeló en
el señor Carranza un rasgo de dignidad y compañerismo, no fue comprendido
por ustedes. Solamente los firmantes del mensaje a que me refiero son treinta
y dos militares y un civil; número más que suficiente, si hubieran sabido cumplir con su deber, para haber salvado la vida del señor Carranza, si es, como
ustedes lo aseguran, que se trata de un asesinato; y tengo derecho a uponer
que ustedes huyeron sin usar siquiera sus armas, porque ninguno resultó herido. S.i ustedes hubieran sabido morir defendiendo ]a vida de su jefe y amigo,
que tuvo para ustedes tantas consideraciones, se habrían conc.iliado en parte
con la opinión pública y con su conciencia y se habrían ahorrado el bochorno
de recoger un baldón que pesará siempre sobre ustede .-A. Obregón".
La rudeza del lenguaje empleado por el general Obregón en este mensaje
acusa un estado de ánimo exaltado a la vez que una precipitada posición ante
la historia cuando dice que si "hubieran sabido morir defendiendo Ja vida
de su jefe y amigo. . . se habrían ahorrado el bochorno de recoger un baldón,
que pesará siempre sobre ustedes".
¿ Cabe hacer responsables a quienes, confiando en el honor y el deber de
un hombre, son asaltados cuando donnían en condiciones físicas y morales
desastrosas, precisamente por quien había ofrecido la más absoluta protección?
¿ Qué hicieron los cientos de amigos del general Obregón, que festejaban
su triunfo reeleccionista en el restaurante de la Bombilla, cuando fue arteramente asesinado ocho años después de estos acontecimientos?
¿ Se le ocurrió a alguien tildar de cobardes o de imprevisores a los amigos
de Obregón que lo acompañaban en la misma mesa en que fue asesinado?
Podemos juiciosamente calificar de injusto el anatema que Obregón lanzó
contra los amigos de Carranza. Y podemos también calliicar de víctimas del
propio Obreg6n a estos señores, puesto que él fue la figura de más relieve en
el pronunciamiento militar que originó la tragedia final.
Si el miedo a morir de lo.s amigos de Carranza fuese la causa de su asesinato no hubieran tenido la entereza de entregarse a los vencedores. El telegrama que contestó Obregón es un título de hombría patente.
Pero hay que agregar todavía, como inequívoca expresión de valor ciudadano
Y militar, la orden expedida por el general Francisco Murguía, al llegar a Ne~axa, cuya lectura escucharon todos en posición de firmes y fue cumplimentada
literalmente. Este documento dice:

383

�"Orden General Extraordinaria de la Columna Expedicionaria de la Legalidad eJ.."}Jedida este dia", Dice así:
"El General en Jefe de la Columna, teniendo en cuenta:
"Que en cumplimiento del deber marcado al Ejército Nacional, cuya
función fundamental consiste en velar por la pureza de las instituciones,
sali6 de México el día siete de los corrientes la Columna Expedicionaria
de la Legalidad en unión del C. Venustiano Carranza, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Que a través de la sierra de Puebla, el señor Presidente Carranza_ mcttmbió a consecuencia de una de las más infames·traici011.es que registra
la Historia Patria, de manera que el manto de la Legalidad ha sido
desgarrado, y, por ende, ahora inrnmbe a la citada Columna, como lo
está efectuando, llevar a México el cadáver del ilustre mandatario, que
no desmayó en el camino de la salvación de los principios.
Que en las conciencias de todos y cada uno de los miembros que in_teoran dicha Columna está la íntima convicción de que se ha cumplido
fielmente con los deberes del buen ciudadano, tanto por lo que respecta
a los que portan grados militares, cuanto por lo qtle hace a los meramente civiles, siendo de loarse en grado extremo la abnegación, lealtad
y valentía de todos ya que lo mismo que el señor Presidente no sufrieron ningún desaliento en la maTcha emprendida.
Que estando por terminar la misi6n de la expusada Columna, pues
solamente resta acompañar el cadáver del señor Presidente a su última
morada en la ciudad de México, es de absoluta justicia para los efectos
de la Hi.storia y para el precedente de la posteridad consignar en el presente documento un estímulo de honor a la par que de mérito para los
integrantes de la propi,a Columna.
.
Por todo lo anterior expuesto, esta Jefatura de la Columna ha tenido
a bien acordar:
Primero: Todos los miembros de la Columna Expedicionaria de la
Legalidad marcharán a la ciudad de México en compañ!a gloriosa del
cadáver del señor Presidente de la República, don Venustiano Carra11za,
a fin de depositarlo en su última morada.
Segundo: Efectuado el sepelio del señor Presidente, la Columna quedará disuelta, debiendo presentarse los militares a la Jefatura de la Gua~nición de la Plaza de México para lo que disponga el Presidente Provisional que fuere nombrado de acuerdo coii la Constituci6n de la República.
Tercero: Se hace una menci6n especial de todos los miembros de la
mencionada Columna J1or su abnegación y lealtad al haber acompañado

al C. Presidente de la República en la marcha emprendida para salvar la
Legalidad.-El General en Jefe, Francisco Murguía.
Lo que se hace saber a la Columna Expedicionaria de la Legalidad
de orden superior.-Comunícada: El Coronel, Jefe del Estado Mayor,
F. de Le6n".

En cuanto a quienes sin reservas, sin solicitar previamente garantías, obedecen una orden militar que los obliga a entregarse a los vencedores, tratando
de cumplir basta el último momento con sus deberes de soldados y de amigos
del Presidente, no puede en forma alguna ponerse en tela de juicio su pundonor y su lealtad.
La tragedia de Tla.-.ccalantongo tiene su epílogo espartano. Aquellos a quienes
se llam6 cobardes en un arranque de violencia, obedecen estrictamente la orden expedida por el general Francisco Murguía.
Marchan a la Ciudad de México "en compañia gloriosa del cadáver dcl
señor Presidente de la República, don Venustiano Carranza, a fin de depositarlo en su última morada".
En lento caminar del tren van los fatigados "amigos de don Venustiano"
rumbo a la capital. No discuten su destino ni les interesa su suerte. La traición los ha colocado en posición de víctimas a merced de las pasiones, que
allá afuera del tren, abaten principios, encrespan ambiciones, y transforman
las Instituciones a golpes de infidencias.
Llega el tren mortuorio a la ciudad de México el dia 24 de mayo. Previamente son detenidos por fuerzas militares los acompañantes del cadáver de don
Venustiano, e internados en la Penitenciaría.
En el domicilio de la familia Carranza, de las calles de Lerma, es velado
el cadáver y en la tarde, sin ceremonias oficiales, por disposición de las autoridades, parte el cortejo fúnebre rumbo al Panteón de Dolores.
Más de cincuenta mil personas forman la procesión, y al depositarse el ataúd
en una fosa de tercera clase, como lo había dispuesto don Venustiano, se
escuchó el Himno Nacional, cantado por millares de voces. Hablan en esos
solemnes momentos, e.."&lt;altando las virtudes del señor Carranza, y condenando
,a los traidores, el licenciado Antonio Islas Bravo y el ingeniero Baltasar Fcrnández Cué.
Queda cerrada así una etapa histórica, que es para unos de gloria, y para
otros de remordimiento y eterna pesadumbre, que no siempre la victoria va
acompañada del honor y la justicia.
En rápida mención de sucesos, como una referencia adicional de valor
histórico, anotaré las actividades sobresalientes del general Rodolfo Herrero,
hasta su muerte.
El día 21 de mayo, posiblemente aturdido por la hecatombe de que había

384

385
H25

�sido protagonista, logró que un grupo de prisioneros subscribiera, una -~ta en
la que se hacía constar que don Venustiano Carra~za _se hab1a. smc1dado.
Documento sin valor probatorio alguno, porque babia sido obte~1do por la
fuerza; pero elocuente por cuanto a que trataba Herrero de esquivar la responsabilidad tremenda de la tragedia.
En el camino que lleva a Villa Juárez, Herrero se desprende de la columna,
deja en libertad a los prisioneros, y temeroso de ser atacado por las fuerzas
del teniente coronel Valderrábano, que había permanecido leal a_l gobi:rno
constituído busca el refugio de sus antiguas correrías. Llega ese mismo dia a
Progreso d~ Zaragoza, Ver., donde recibe noticias alarmantes del coronel César
Lechuga. Le informa que el general Pablo González ha destacado fuerzas para
que lo ataquen.
,
Aprovecha el tiempo para enviar telegramas al general Pablo Gonz~l~z Y
al general Alvaro Obregón, haciendo relación_ ~ s,u gust~ de los ,aconte~ientos, insistiendo en que el señor Carranza se swc1do. Nemoso enV1a propios para que localicen al Jefe de Operaciones de Papantla. Se trata del _coronel
Lázaro Cárdenas, quien, en persecución de la columna d: don V~nustiano, se
ha detenido a orillas del río Entabladero, que está crecido, precisamente ese
día 21 de mayo, desconociendo los acontecimientos en que partici~ara Herrero. Le envía un propio invitándolo a adherirse al Plan de Agua Pne~a.
Encuentra Herrero la tabla de salvación. Emprende la marcha hacia Coyutla, lugar al que se dirige también el coronel Cárdenas. Se :~' se sal~~a~,
y Herrero le informa de los sucesos; Cárdenas recoge la vers1on del smc1d10
con reservas.
El día 5 de junio llega a México Herrero. Sostiene con insistencia que don
Venustiano se suicidó. La opinión pública está en su contra, a pesar de las
fanfarrias del triunfo de Agua Prieta. Ya, ante el Juez Tercero Supernumerario de Distrito, al hablar del suicidio dice que a él, en realidad, no le
consta, por no haber estado presente en el asalto.
.
. ..
Pasada la efervescencia del momento, se dejó a Herrero en dtspombilid~~
en la ciudad de México. A fines de julio fue nombrado jefe del Sector M1htar de Papantla, Ver., puesto que desempeñó hasta diciembre, _pasando a
México, por instrucciones del general Benjamín G. Hill, Secretano de Guerra, quien lo consignó a un Consejo de Guerra, co~~ ~resunto responsable
de los delitos de violencia contra las personas y hom1C1d10.
.
.. ,
Fue internado en la Prisión Militar de Santiago Tlaltelolco,, a d1spos1Cton
del Juzgado Segundo de Instrucción Militar. El proceso
llev? a cabo de~tro de los procedimientos rutinarios, y al final se decreto la libertad condi-

s;

cional de Herrero.
.
.
Días después, el primero de enero de 1921, el general ~nnque Estrada, ~ 1nistro de la Guerra, substituto del general Hill, que hab1a muerto, ordeno la
386

baja del general Herrero, por indigno de pertenecer al Ejército, en virtud de
haberse valido de medios contrarios al honor para atacar al señor Carranza
y a su comitiva en Tlaxcalantongo.
A fines de 1923 estalló la Revolución encabezada por don Adolfo de la
Huerta, alistándose Herrero en las filas del gobierno. Su actuación le valió
entrar de nuevo a formar parte de] ejército. Participó al lado del general Almazán contra la rebelión dirigida por el general José Gonzalo Escobar en
1929, continuando en servicio activo hasta el año de 1938 en que siendo
J
'
Presidente de la República el general Lázaro Cárdenas, se le dio de baja por
indigno de pertenecer al Ejército Nacional.
Retirado de toda actuación militar, se radicó definitivamente en Monterrey. Había, años antes, colaborado estrechamente con el general Almazán,
durante su gestión como jefe de esta Zona Militar, muy especialmente en la
construcción de la Ciudad Militar.
Nunca se hizo notar su presencia en Monterrey, ni en su carácter de mfütar en servicio activo, ni posteriormente cuando no tenía jerarquía alguna
militar.
Su retraimiento fue tan acentuado, que, cuando por alguna causa se le
mencionó públicamente como residente en Monterrey, causó sorpresa general. Así pasaron alrededor de treinta años.
En diversas ocasiones la prensa se ocupó profusamente de los acontecimientos de Tlaxcalantongo1 especialmente en los aniversarios de la tragedia, mencionándose en todas las ocasiones el nombre de Rodolfo Herrero, como el responsable. El guardó siempre un mutismo impenetrable, salvo en el caso de
una entrevista que le hizo la revista Impacto, que dio lugar a la intervención
de numerosas personas, por su conocimiento personal de los acontecimientos.
La importancia hist6rica de las diversas versiones emitidas entonces -julio Y agosto de 1958-, provenientes de personalidades de intachable rectitud, que por otra parte fueron protagonistas de los hechos, producen la impresi6n de que fue el general Rodolfo Herrero el responsable directo del
asesinato del Presidente don Venustiano Carranza, con los agravantes de premeditación, alevosía y ventaja, que configuran en el caso el delito incalificable de traición.
Insertaré algunos párrafos de los escritos en cuestión, que hablan con sobrada elocuencia de este acontecimiento.
Las declaraciones de Herrero se contienen en la relación dramatizada que
hace el Señor Carlos Lamayoa Lizárraga, jefe de redacción de Impacto en
la edición del 6 de agosto de 1958.
Nada existe de seriedad, nada que pueda calificarse siquiera como atenuante. Se concreta a repetir que no tenía por qué "matar al viejito", que antes

387

�bien se proponía salvarlo y por eso atacó Tlaxcalantongo. Argumento trivial
y absurdo.
Entre sollozos y ademanes forzados Herrero dice: "Sí, señor, aquello fue
horrible. Llovía mucho, Ja noche estaba cerrada, fría. Hubo muchos tiros.
Yo sabía cómo estaba dispuesto todo. Ordené a un primo mío que se encargara de sacar de su choza al viejito y que con su vida me respondía de la
suya. Yo estaba dispuesto a arrebatarlo a aquélJos al señor Carranza, para
salvarlo. Pero a los pocos minutos mi primo se me acercó entre el tiroteo
y me dijo que el viejito estaba "frío". No lo creí, señor. No podía creerlo. Me
metí en la choza y, efectivamente, el Presidente estaba muerto; en su mano
derecha tenía una pistola".
Difícilmente se pueden amontonar en una declaración tan breve tal cantidad de inexactitudes y contradicciones. Siempre hab.ía dicho Herrero que
él se quedó' a un kilómetro de distancia del poblado; y que uno de sus ayudantes le fue a avisar que don Venustiano se había suicidado. Ahora resulta
participando en el asalto. Y olvida que perpetrado el crimen rindió parte
telegráfico, que en lo principal dice: "Cerro Azul, Puebla, vía Huauchinango, el 22 de mayo de 1920. Of. 9.20 a.m. C. Gral. de Div. Pablo González.
México, D. F. Mé.xico, D. F.-Muy urgente.-Hónrome participar a usted
que por falta de noticias y comunicaciones, hasta estos últimos días reconocí Plan de Agua Prieta, adhiriéndome con doscientos hombres a mis órdenes, dependientes de la División General Manuel Peláez. En tal virtud y con
objeto de aprehender señor Carranza y principales acompañantes, a las tres y
media de la mañana de ayer ataqué con ochenta hombres y logré tomar el
pueblo de Tlaxcalantongo, del distrito de Huauchinango, donde hailábase de
paso para el norte de la República, donde pretendía establecer su gobierno
citado señor Carranza y su comitiva, escoltado por fuerzas general Francisco
Murguía. Viéndose perdido el C. Carranza y comprendiendo que era inevitable que caería prisionero, suicidóse, disparándose un balazo en el pecho
con su propia pistola, que conservo, la cual aún tiene sangre en el cañón".
Por fin, ¿con quién estaba Herrero? No puede darse, crédito a las palabras
pronunciadas después de 38 años de los acontecimientos, cuando los hechos
hablan con claridad absoluta. Lo cierto es que los remordimientos no dejaron
a Herrero un instante tranquilo.
Se enreda Herrero en la madeja de mentiras que cuenta. Luego dice:
"Ellos los que lo acompañaban, son los responsables. ¡ Los únicos responsables
de la muerte del viejito: No supieron cuidar y defender a su Jefe!"
¿ De quién debían defender al Jefe sus acompañantes? Al honor militar de
Herrero se había confiado todo. Y fue él precisamente el que efectuó el
ataque. Fue él quien distribuyó las guardias, y él quien destinó el lugar en
que debía dormir don Venustiano.

388

Pero veamos algo de las réplicas que le endilgaron algunos de los testigos,
personas de solvencia moral indiscutible.
El teniente coronel Aarón Valderrábano, jefe de la guarnición de Villa
Juárez, en los tiempos históricos de T'iaxcalantongo, uno de los pocos militares que permaneció fiel a Carranza dijo a Impacto -julio 30 de 1958:
"Al saber yo que la expedición del señor Carranza había abandonado los
trenes en Aljibes y se internaba en mi zona, Uamé a Herrero y lo conminé,
como hombre y como soldado, a que me dijera si realmente nos era leal Y
Herrero 1Jor6 ante mí, me abrazó y me juró su decisión de permanecer al
lado del Presidente Carranza. Como aconteció con el general Mariel, yo también creí en Herrero... Pero ese día -20 de mayo- Rodolfo fue localizado
por su primo Ernesto Herrero, quien seguramente le trnsmitió las 6rdenes de
asesinato. Lo que siguió bien se sabe, en la madrugada del 21 Rodolfo y sus
hombres cometieron el crimen ... Todos los integrantes de la expedición dieron pruebas de valor y lealtad al acompañar al Presidente hasta Tla.xcalantongo. ¿ Que en los momentos del atentado nada hicieron? Cierto, pero
¿ qué podían hacer? Todos estaban agotados, hambrientos, deshechos, eran
casi cadáveres... En mi concepto nada ni nadie podrá lavar la mancha de
traidor a Rodolfo Herrero, supuesto que al cometerla se encontraba sometido
al gobierno que presidía el extinto Presidente Carranza, y es imperdonable
que al encontrarse en estas condiciones trate de disculparse diciendo que como soldado recibió órdenes superiores, ya que, en realidad, el general Obregón era un rebelde".
El periodista e historiador, de tajante pluma y briosa acometida, don Roberto Blanco Moheno expresa -Impacto, julio 30 del 58-: "Herrero, antes
de presentarse a Carranza, está ya dispuesto a matarlo. En este sentido, en
el de atacar a la columna, no tiene más responsabilidad que es bien grande
por cierto -que la de todos los otros militares- que se levantaron a favor
de Obregón. Cárdenas mismo subió la sierra para atacar la columna presidencial; pero la hubiera atacado de frente, en plan de guerra, como soldado levantado en armas, sin más delito legal que el de rebelión. Lo malo, lo
repugnante en Herrero, es que antes de matar fingió lealtad, fue servil con el
Presidente. Herrero sirvió de palafrenero a don Venustiano, lo aposentó en
la choza de Tlaxcalantongo, dobló el espinazo, resum6 baba servil. Y se ausentó luego. Lo demás ya se sabe" ...
La versión inadmisible del suicidio, la opinión autorizada del Dr. José Sol
Casao, perito del Servicio Médico Legal de México, la destruye:
"Don Venustiano estaba acostado sobre el lado derecho de su cuerpo. La
mano izquierda reposaba cerca de su corazón, en tanto que su pierna izquierda se encontraba semicloblada sobre la derecha. Cuando sonaron los disparos
389

�él estaba profundamente dormido. No tuvo tiempo de levantarse, mucho menos defenderse. Dormido fue victimado. Los disparos partieron desde dos ángulos distintos, a una distancia que fluctúa entre los 5 y los 10 metros. Dos
disparos partieron desde el ángulo derecho del jacal, mientras otro vino del
ángulo izquierdo. De aceptar la falsa teoría del suicidio tendríamos que
aceptar, también, que don Venustiano Carranza, dormido cogió dos pistolas,
estiró y abrió sus dos brazos hacia cada uno de los rincones, así, hasta una
distancia de cinco o diez metros y siempre dormido se disparó para matarse.
Lo cual es enteramente imposible, sino burdamente fantástico".
El licenciado don Armando Z. Ostos, en larga y fundamentada exposición
-Impacto, agosto 6-58- formula once conclusiones, de las que, para el caso transcribo las 7a, 8a. y 9a.
"Séptima: Existe prueba plena, en cuanto a que Rodolfo Herrero, influenciado por su hermano Hermilo, ordenó en 'La Unión' en. la noche del veinte
de mayo de mil novecientos veinte, que sus secuaces dieran el 'albazo' de
Tlaxcalantongo, en la madrugada del veintiuno de mayo de mil novecientos
veinte, como lo efectuaron, al grito de 'Viva Obregón'."
"Octava: Existe prueba plena, en cuanto a que Facundo Garrido, Hermilo y Ernesto Herrero fueron los asesinos materiales del Presidente Carranza".
"Novena: Existe prueba plena en cuanto a que Rodolfo Herrero, por su
propia decisión, fue un abominable traidor, al ordenar y encabezar el mencionado 'albazo'."
Un testimonio de alto valor es el del teniente coronel Ignacio Suárez, ayudante del Presidente Carranza, quien estuvo de guardia en el jacal que el señor Carranza ocupaba. Con la sencillez de quien dice la verdad el señor Suárez explica:
"El señor Presidente preguntó a Herrero:
-¿Dónde está su gente? Herrero contestó: -Están allá arriba en la montaña; cuidando el paso de usted, señor Presidente, y el de la Columna. Dicho
esto se reanudó la marcha y tengo entendido que el señor Presidente siguió
conversando con Herrero acerca de la región. Adelante y en un lugar más
amplio tuvo necesidad el señor Presidente de desmontar, y su asistente el buen
Secundino Reyes se acercó para sostener el caballo y que bajara con comodidad; pero Herrero, con una atención extremada, estuvo sosteniendo el estribo de la silla del caballo y cuando el señor Presidente volvió a montar,
continuó Herrero con sus demostraciones de respetuosa atención, no permitiendo casi que Secundino Reyes interviniera.
Como entre cuatro y cinco de la tarde llegamos a Tlaxcalantongo, bajo la
lluvia y espesa neblina; pasamos frente a la iglesia del lugar, la que se encon-

390

traba en ruinas, pues estaba destechada y el piso cubierto de cascajo, etc. Herrero dirigió al señor Presidente hasta un jacal ubicado casi en el centro de
esa meseta, rodeada en su mayor parte por profunda barranca, y llegando
a dicho jacal --de paredes muy delgadas, poco más gruesas que un 'tejamanil'- le dijo al señor Presidente: 'Esta es la mejor casa del lugar y aquí podrá pasar, con seguridad, la noche'. El señor Presidente desmontó con las
atenciones extremadas de Herrero, y también apeó el señor general Murgufa;
iba yo también a desmontar cuando el señor general Murguía me ordenó:
'Acompañe usted al general (Herrero) y preséntelo Ud. con el coronel Fernando de León para que de acuerdo con Herrero que conoce muy bien el
lugar, sitúen las avanzadas'. Así lo hice y regresé al alojamiento del señor
Presidente y le di parte al señor general Murgwa de que había cumplido su
orden.
Todo el que conoció al señor Presidente Carranza, admiró su fortaleza
física, que le hacía superar en muchos aspectos a personas veinte años más
jóvenes que él. El señor Presidente Carranza, al morir, contaba sesenta y un
años de edad escasos. Hombre norteño de recia musculatura, acostumbrado
desde su juventud a lidiar con las desérticas tierras de Coahuila, a su edad
bien podía llaroársele pleno de juventud, y apelo al testimonio de los que
lo trataron ya en la campaña en contra de Huerta, después en contra de Villa,
y, en todo momento fue el Jefe erguido con el don de mando inpato y superior a todas las adversidades; es, pues, ridículo el Iodo que lanza Herrero
acerca de tal HOMBRE, llamándolo 'viejito' en la consabida entrevista de
la que es objeto la presente".

En la misma edición de Impacto, aparece un artículo del sefior Raúl Moraboto, que en lo conducente dice:

"Si se convocara a un plebiscito nacional para determinar quién fue el
autor de semejante crimen, puede tener la seguridad 'El Viejito RonoLFo
HERRERO, que sería señalado él como el principal representante de ese crimen, y además como un traidor más grande que VtcTORIANO HUERTA, ya
que pocas horas antes había jurado adhesión al Primer Jefe y ganádose la
confianza de los componentes de. la comitiva del señor Carranza. El propio
criminal declara que cuando él llegó a la choza en donde dormia el señor
Presidente, éste, irónicamente declara, ya estaba 'frío', pero yo considero que
solamente fue ahí para comprobar que ya había cumplido su cometido y esperar el gran premio que le otorgarían los vencedores a cuyo frente figuraba
el general Obregón, patrón de la Huelga de Generales".
La incisiva prosa del licenciado Luis Cabrera describe un panorama que
no deja lugar a dudas sobre la calidad moral de Herrero: -Impacto, agosto 13-58:

391

�"Estando en La Unión y, en vista de que ahí había algunas ca as de mampostería y una tienda bien surtida de comestibles, le pregunté a Herrero si no
convendría que esperáramos a Mariel en La Unión. Me contestó que era preferible que no nos quedáramos allí, porque estaríamos e&gt;..-puestos a un ataque que viniera del rumbo de Xico; pero que nos quedaríamos esa noche
en Tlaxcalantongo, 'lugar muy seguro y estratégico y donde hallaríamos bastante que comer y pastura para los caballos'. Esta fue la segunda vez que oí
el nombre de Tlaxcalantongo, y con este motivo procuré localizarlo en el
mapa que yo llevaba y donde había ido marcando las jomadas. -Desde La
Unión hasta Tlaxcalantongo, Herrero acompañó al Sr. Presidente cabalgando a su lado y conversando con él-. Ni durante el camino de Patla a La
Unión, ni en La Unión misma vimos foerzas organizadas ni soldados de los
de Herrero. Este se presentó solo al señor Carranza y siguió acompañándolo
solo, sin hacer aparecer fuerzas suyas. -Llegamos a TJaxcalantongo como
a las 5 p.m.- Al llegar, nos encontramos con que la mayor parte de las chozas estaban vacías y que casi todos los vecinos del pueblo se habían ausentado, de modo que no había tales víveres para la gente ni tales pasturas para
las cabalgaduras. Esto me chocó.

''Yo tenía razones personales para desconfiar de Rodolfo Herrero, pero estas razones no tenían nada qué ver con los hechos que estaban verificándose,
sino que derivaban de sus antecedentes. Herrero jamás había sido revolucionario sino que, por el contrario, fue siempre un enemigo del Constitucionalismo. Su carrera política y militar la había iniciado organizando el batallón 'Blanquet' de voluntarios de Zacatlán, en tiempo de Huerta, habiendo
permanecido alzado en armas contra la Revolución durante los años de 1914
a 1919, hasta su rendición, que ocurrió en los mismos días en que comenzaron a rendirse otros rebeldes, al estilo de Rodolfo Cejudo.
"A la mañana siguiente, serían las tres y media, nos despertó el tiroteo. No
se oyeron, primero, tiros aislados y lejanos como de avanzadas que vinieran
acercándose poco a poco hasta llegar a los principales jacales del poblado,
sino que el asalto fue simultáneo en todo el pueblo. Es indudable que los asaltantes habían penetrado en la oscuridad de la noche hasta la proximidad de
los jacales y comenzaron los disparos ya dentro del pueblo. Lo mismo debe
decirse de los gritos de guerra con que se acompañaba el tiroteo: 'Viva Pelácz', 'Viva Obregón', 'Muera Carranza'. De esto no me cabe ninguna duda".
Y llega el turno al general Marciano González, que sabe hablar con hondura, claridad, valor civil, y sin tapujos. Fue de los leales de verdad, de los
que llegaron hasta el final, de los que pregonaron su Carrancismo siempre,
y lo sigue pregonando. Perdió su carrera política, ¡ y qué!, antes que el vuelo
embriagador de las alturas ha sabido conservar el honor sin claudicaciones.
392

Ha sufrido largo calvario; pero sus legítimos timbres de lealtad, valen más,
mucho más, que los beneficios que pudo adquirir con algo de flexibilidad
para adular a los poderosos. Dice el general González -El Gráfico, agosto 22-58--:
"Al despertar en la nefasta madrugada, al ruido de Jas descargas de los
rifles asesinos, y al tratar de localizat el jacal en que quedaron el C. Presidente y sus acompañantes, varios de los que intentaron, cayeron prisioneros. Era
humanamente imposible, en aquella obscuridad, organizar grupo alguno de
defensa, Nadie sabía dónde estaban los nuestros y dónde el enemigo. Nuestras esporádicas descargas eran más bien al aire, temerosos siempre de disparar sobre los compañeros de la reducidísima caravana.
"Vive en nú un propósito, una convicción que tiene actividades y abarca
conexiones con recuerdos e im5.genes, que procuro encarnar en la más pura
de las verdades, aun contra mí. Y en este caso afirmo que ésta, mi verdad,
está limpia de pasión, vivida hace 38 años en el escenario doloroso de la
realidad, y la doy' como verdad auténtica y permanente para la Historia.
"El soldado sin lealtad, condición ideal que nunca debe caducar, es flama
sin calor, y la acción de Herrero, al matar al C. Presidente de la República,
unánimemente condenada, es desvinculación tácita de esa virtud, que constituye el linaje de todo ejército.
''No quiero terminar sin protestar enérgicamente por el concepto ligero y
necio de que hubo cobardía de nuestra parte. Me ufano de no ser un bravucón, ni un matasiete, pero no soy tampoco, ni lo he sido jamás, un cobarde. No tengo imaginación de héroe, pero sí armonía moral y una fuerte
reserva de altivez que me brindan facultades de dignidad y valor.
"Por esa dignidad, por conciencia de deber, gratitud. y valor, acompafiamos unos cuantos hombres, al señor Presidente Carranza, a sabiendas de los
mil riesgos y de que podíamos quedar muertos en cualquier recodo del camino. Como soldados nos era indigno alejamos de su lado cuando escuchábamos el tropel de las caballerías que lo perseguían furiosamente como si fueran bestias en celo.
"Y ahora, no importa la nue,·a faz y el sorprendente aspecto que Rodolfo
Herrero dé, como presente de aquellos acontecimientos, pues de cualquier
manera le resultan condenatorios. La culpa del asesinato del Presidente Constitucional de México, don Venustiano Carranza, es toda suya. Nadie le apljcó tormento, ni le arreó a latigazos, ni le hizo sentir el frío de las bayonetas
empujándolo al crimen. El creyó en la impunidad, en el premio, en la alegría de gozarlo, y suya fue la culpa de consumar su propio deshonor y cargar
para siempre con el estigma y la vergüenza de tamaña traición".
393

�El buen juicio del lector dictará su opinión, que la historia se encargará
de establecer la verdad desnuda de toda ficción .

•
~legó la hora suprema a Rodolfo Herrero; en Ja ciudad de Monterrey
exprró, a las 14 horas del 26 de enero de 1964. Día frfo, destem lado en~
vuelto en brumas, que lo hacían más triste.
p
'
~o que fue su hogar por largos años -San Jerónimo 1016- d
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.,
, e or mano
q weto
. , ~ es reme~~º ante I? fatal. Su abnegada esposa, doña María del Rosan_o Pen~ y sus h11os Beatnz y Aurelio, unieron su dolor para elevar una plegana a Dios por el descanso de su alma.
~uando, al día siguiente, fue colocado el féretro en la sepultura del Panteon de Dolores, no hubo ceremonia al!!Un S
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ª· e escuch aron algunos sollozos
Y_ os poc~s acompañantes desfilaron lentamente embaro-ados por un ·1 ~
c10 angustioso.
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st en

CóMO SE LLEGÓ AL "MODUS VIVENDI" DE 1929

JosÉ

BRAVO UGARTE,

S.

J.

México, D. F.

Nr PRONTA, NI FÁcn., ni satisfactoriamente pudo llegarse en 1929 al modus
vivendi en que remató la más aguda crisis que ha pasado la Iglesia Mexicana, esto es, el conflicto religioso que empezó en 1926. La situación era tempestuosa por lo exaltado de las pasiones en una y en otra de las partes contendientes; y caótica, entre los católicos, por las divisiones que surgieron entre
ellos acerca de lo que debía hacerse. Prevaleció, al fin, la solución práctica
de un "modus vivendi". Expondremos sólo, sumariamente, las negociaciones
que a él condujeron con sus antecedentes y circunstancias principales.
Como se sabe, las negociaciones fueron iniciadas y dirigidas hasta su término por el embajador Morrow de los Estados Unidos. De ahí, que casi todas
las fuentes documentales, en su original o en copias auténticas, aun las procedentes de México y de Roma, se hallen en ese país. Es preciso, sin embargo, completarlas con las de los dos últimos países.
Muy completa investigación en archivos estadunidenses hizo la religiosa
dominica M. Elizabeth Ann Rice para su tesis doctoral, impresa en 1959, intitulada Y.he Diplomatic Relations between the United States and Mexico,
as affected by the struggle far religious liberty in Mexico, 1925-1929, y presentada en la Universidad Católica de Washington, D. C. Comprendió principalmente: el Archivo del Departamento de Estado, el de Morrow en Amherst College, Mass., y el de Daniels en la Biblioteca del Congreso de Washington. En el de Morrow encontró fragmentos del Diario del P. Burke, que
intervino por parte de la Santa Sede en las primeras negociaciones; y en el
de Daniels la correspondencia Burke-Clark-Daniels. En el desarrollo de la tes.is, incurrió, sin embargo, su autora en algunas inexactitudes y confusiones,
que se indican en el artículo relativo a ella de Bravo Ugarte en Revista de
Historia de América (jun. 1960, p. 256).
En México es importante en la materia, el Archivo del Comité Episcopal

394
395

�y de Mons. Díaz, del cual publicó no pocos documentos don Alberto M. Carreño en su libro El Arz. de México .. . Pascual Díaz y el Conflicto Religioso

(México, 1943). Del arzobispo Ruiz, delegado apostólico ad referéndum para
el "modus vivendi" de 1929, quédannos, póstumos, así sus Recuerdos de mi
L'ida, escritos en 1936 y publicados en México en 1942~ como su artículo "Lo
que yo sé del Conflicto Religioso de 1926 y su terminación en 1929", dado a
luz en la revista Trento (Morelia, abr.-jun. 1959). Por último, el jesuita
Wilfrid Parsons consigna datos personales sobre su intervención en el asunto,
en Mexican Martyrdom (New York, 1936). Ninguna de estas obras --de
Carreño, Ru.iz y Parsons- ilustró la tesis de Rice.
Antecedentes de las negociaciones. El gobierno del presidente Calles ( 192428) tuvo dos principales conflictos: uno con la Iglesia Mexicana y otro con
los Estados Unidos. Nacidos ambos de la Constitución de 1917, llegaron a
su momento crítico: el de la Iglesia en 1926 y el de los Estados Unidos en
1927.
Origen inmediato del conflicto con la Iglesia, fue la "Ley Calles" ( 14 jun.
1926), que reformaba el Código Penal sancionando con gravísimas penas las
violaciones de los artículos constitucionales relativos a la educación, votos religiosos, bienes eclesiásticos, culto y disciplina externa. Dichas reformas en·
traron en vigor el 31 de julio siguiente. El Episcopado suspendió entonces,
con aprobación del Papa, todd culto público. Y el Gobierno se dedicó a aplicar la "Ley Calles" con todo rigor, persiguiendo aun a los que celebraban
los actos del culto privada y ocultamente en sus casas, lo que dio lugar a la
prisión de muchos sacerdotes y muerte de algunos de éstos. En vano presentaron los católicos a las Cámaras un memorial para que se derogase la ley
persecutoria, firmado por unos dos millones de personas; y en vano recurrieron también, primero a un boycot general que afectase económicamente al
Gobierno, y luego, no pocos de ellos, a la lucha armada, cuando se habían
agotado los medios pacíficos. Inútil fue asimismo, por de pronto, la entrevista del Arz. Ruiz y el Ob. Díaz con Calles: lo tratado en ella, sin embargo -como después se verá- sirvió de base para el "modus vivendi" de 1929.
Pero en 1926 no se le veía solución al conflicto.1

La controversia diplomática que desde 1917 sostenía el gobierno de México con el de los Estados Unidos acerca de las propiedades petroleras y agrarias de los estadounidenses, afectadas por el artículo 27 de la Constitución de
Querétaro, tuvo su mayor tirantez siendo presidente Calles y embajador del
vecino país, durante la presidencia de Coolidge, James R. Sheffield (1924-27) •
Este tenía la más baja opinión de Calles y su gabinete, y de la misma eran
Coolidge y sus secretarios. De ahí que, sin benevolencia alguna para el gobierno callista, trataron de doblegarlo con alardes de energía y legali~o, Y
aun con amena.7..as de retirarle su apoyo, prescindiendo de un arbitraJe, que
consideraban inútil en las circunstancias, porque los demás países tenían cuestiones análogas pendientes con México, y, además, era difícil ganarlo tratándose &lt;le confiscaciones legalizadas por la Constitución mexicana. Tal actitud exacerbó naturalmente la intransigencia de Calles, el cual contestó,
enérgicamente a su vez,, a las notas de Coolidge; se opuso a la política nicaragüense de éste, facilitándole armas a Sacasa; neutralizó su campaña de
prensa con la que él hizo, sin escatimar gastos, en los Estados Unidos; y logró, en fin, el fracaso total del embajador Sheffield con el asunto de unos
documentos "sustraídos" de la embajada estadounidense. Los documentos
trataban de una invasión a México, preparada -sin conocimiento del presidente CoolidO'e- por el secretario de Estado Kellog y el embajador Sbeffield
para apoder:rse de los campos petroleros y derrocar a Calles. Este los hizo
llegar a Coolidgc. En la investigación subsiguiente sólo se aclaró q~e los documentos eran, unos auténticos y otros falsificados; pero ellos motivaron, según el primer secretario de la embajada Arthur Bliss Lane, el ret~o de ~h:1field en julio de 1927., (Rice, 34 ss., Eduardo J. Correa: ¿Invadir a Mex1co
o derrocar a Calles?, Exce1sior, 5, 12 y 24 nov. 1953).
Así estaban en 1927, pendientes de solución, los dos conflictos, religioso Y
diplomático estadounidense. El religioso había despertado vivo interés en el
mundo católico sobre todo en Roma y en los Estados Unidos. En Roma lo
seguía con "pa:emal solicitud" el Papa Pío XI, quien lo atendía por medio
de los obispos mexicanos y, a falta de delegado apostólico en México, por el
de los Estados Unidos Pietro Fumasoni Biondi. En ese país eran muchos,

La entrevista de Calles con el arzobispo Ruiz y el obispo Dfaz en agosto de
1926, concluyó mal. Calles se rehusó a declarar en la prensa mexicana lo que días
antes había declarado para Ja de Estados Unidos: que el registro de sacerdotes era
medida puramente administrativa, y que el Gobierno no quería mezclarse en asuntos
de dogma y disciplina. Y terminó diciéndoles a los prelados: "pues ya saben Uds.:
no les queda más remedio que las Cámaras o las armas".
Hora, después, sin embargo, el Lic. Eduardo Mestre, que había arreglado la
entrevista, vino de parte del presidente con las declaraciones solicitadas, que el día
siguiente fueron publicadas en la prensa con la anotación de que los obispos a nada

se comprometían mientras la Santa Sede no dijera lo qu~ debía. ~acerse. Esto desagradó a Calles, el cual rectificó las anteriores declaraciones dic1endo que '.'1
nudarse el culto los sacerdotes se someterían a la Ley. El cardenal Gasparn env10
entonces (24 ag.) al anobispo Mora y del Río el siguiente telegrama: "Los periódicos anuncian que hay arreglos no conformes con las instrucciones de la Santa Se~e.
Esperamos informes. Entre tanto, no os apartéis de las determinaciones que el Episcopado desde el principio tomó con tanta firmeza, elogiado por el mw1do entero.
Responda al punto y sin dilación telegráficamente". ( Carreño, 147-148). Tal fue la
"prohibición" de Roma, a la que alude Calles.

1

396

re~:

397

�aunque con diversos planes y miras, los que pretendían colaborar para resolverlo. Entre los católicos, algunos, como varias personas de influencia, los Cab~ll~ros de Colón y un millonario, pensaron un tiempo en proteger el movu~uento armado de los cristeros; mientras que otros, como la Jerarquía Católica, preferían la acción diplomática de su gobierno. Los que veían las co~ sólo desde el punto de vista económico se interesaron también por soluc1onarlo, pero -ateniéndose a lo de menos riesgo- a base de sostener a Calles en su puesto, lo que exigía el arreglo previo de la cuestión religiosa, que
ponía en peligro su estabilidad. El gobierno de los Estados Unidos, por su
?arte, tenía resuelto no ejercer acción diplomática alguna, oficial, en asuntos
mternos de México, como el religioso.
Resultante de todo ello, fue la acción diplomática, amistosa en todo, de los
Estados Unidos: oficial para lo agrario y petrolero, y no oficial y secreta
para lo religioso. Para ella escogió Coolidge a Dwight W. Morrow.

Las negociaciones. Duraron año y medio (dic. 1927 - jun. 1929), pues hubo interrupciones forzosas e imprevistas, pero Morrow las tenía concluidas
para mayo de 1928. En ellas, además de Mon-ow, intervinieron: por parte
del gobierno mexicano, los presidentes Calles y Portes Gil; y por parte de
la Iglesia, Pío XI, primero por medio de Fumasoni Biondi y Burke, y después mediante el arzobispo de Morelia Ruiz. Desarrolláronse en dos etapas:
Burke-Calles (marzo-mayo 1928) y Ruiz-Portes Gil (mayo-jun. 1929).
Dwight W. Morrow (1873-1931), cuya biografía escribió Harold Nicolson
(~ew York, 1935), era abogado, banquero, socio de J. P. Morgan y Cía., y
miembro de la Comisión Monetaria. Estaba al tanto de la situación de México y en relación con los banqueros mexicanos Agustín y Luis Legorreta, a
los cuales manifestó sus ideas respecto de aquélla: "los Estados Unidos reconocían el carácter doméstico de la cuestión religiosa mexicana y no tenían
intención de intervenir; pero la prolongación del status quo sería desastrosa
para los dos países: en México, porque lo conducía a la desunión y a la ruina; y en los Estados Unidos, porque la crisis• religiosa mexicana, no sólo afee~
taba a su numerosa población católica, sino que impedía el restablecimiento
de su amistad con México, ya que para la cuestión de tierras y petróleo era
un obstó.culo la perturbadora del conflicto religioso. Sin lograr al menos algún 'modus vivendi' en este punto, ninguna solución de los otros sería permanente". ( Carta a Legorreta, 14 en. 1927. Rice, 109-110).
Antes de partir como embajador para México, Morrow fue entrevistado
por influyentes personajes católicos de su país: el cardenal de Nueva York
Hayes, el eminente jurista Morgan J. O'Brien, el P. Parsons y, de parte de la
Delegación Apostólica, el P. John J. Burke, secretario de la NCWC (National
398

Catholic Welfare Conference) . ( Rice, 111) . A todos ellos repitió sus ideas,
autorizadas ya por el Departamento de Estado.
Morrow presentó sus credenciales a Calles (29 oc. 1927) y se ganó luego
su amistad, a costa de malquistarse con los católicos mexicanos, a quienes
ofendían sus almuerzos en Santa Bárbara con Calles y su viaje de 6 días en
compañía de éste. Y ya el 9 de diciembre escribía a Olcls, secretario auxiliar
de Kellog, que confiaba poder prestar alguna ayuda para el arreglo del conflicto religioso (Rice, 110). En el mes de enero siguiente ( 1928) tuvo dos
largas conversaciones en La Habana, mientras asistía a la Conferencia Panamericana, con el P. Burke. Y el 1 de febrero habló ya a Calles "como su
amigo personal y como amigo de México" del asunto religioso, y le mencionó al P. Burke como el indicado para negociar su solución. Calles contestó
que siempre había estado dispuesto a tratar con personas de amplio criterio
(liberal minded), con las que se pudiese discutir con serenidad; y que si Burke
deseaba entrevistarlo, tendría gusto en verlo y en hablar con él "informalmente". Morrow le precisó a Calles en ulterior conversación lo substancial
del arreglo. La Iglesia no podía aceptar condiciones que "destruyesen su
identidad". Dos leyes ponían en peligro su existencia: la del registro de sacerdotes, que aplicada de mala fe, dejaría a la Iglesia en manos del Gobierno;
y la de la limitación de su número, que conduciría a la destrucción de la
Iglesia en cada Estado. A esto dijo Calles que no se trataba de controlar la
vida espiritual de la Iglesia y que si el clero no se metía en política, las leyes
se aplicarían "razonablemente". Añadió que en agosto de 1926 se había casi
llegado a un' acuerdo con el arzobispo Ruiz y el obispo Díaz, pero que Roma
lo había prohibido. Morrow, al informar de esto a Olds (21 feb. 1928), comentaba que el conflicto era no sólo de principios, sino de orgullo, y que
Calles prefería fracasar en todo a ceder en un punto solo. Y Olds respondía
a Morrow (9 mar.) que había que buscar un arreglo práctico, ya que "una
guerra de principios", en vez de conciliar a los contendientes, arruinarla a
uno de los partidos. (Rice, 115-118).
Y así quedaron como bases de las negociaciones:
l. El gobierno de CaJles, sostenido por los Estados Unidos.

2. Y la "Ley Calles", razonablemente interpretada, sostenida por su gobierno.
Primera etapa: Burke-Calles (marzo-mayo 1928). De acuerdo con lo que
había tratado con Morrow, pero sin mencionar a éste, escribió Burke a Calles solicitando una entrevista ( 29 marzo) . Esta, asistiendo también William
Montavon del Departamento Legal de la NCWC, fue doble: en Ulúa el vier-

399

�nes santo 6 de abril y en Chapultepec días después. Hubo discusiones, pero
terminó cordialmente (Rice, 123-125). Calles informó lo acordado en ella
en carta a Burke, publicada con algunas variantes en Rice (203) y Portes
Gil ( Quince Años. . . 305) :
Por su grata fecha 29 de Marzo pasado y por la entrevista que he tenido el día de ayer ( de ho)' Rice) con Ud., he quedado enterado de
los deseos de los Obispos Mexicanos de reanudar el culto público, y
aprovecho la oportunidad de manifestar con toda claridad, como ya lo
he hecho en otras ocasiones, que no es el propósito de la Constitución ni
de las leyes, como tampoco el núo propio, destruir la identidad de ninguna Iglesia, ni entrometerse en ninguna forma en sus funciones espirituales.
De acuerdo con la protesta de Jey que rendí cuando me hice cargo del Poder Ejecutivo de la Nación, de guardar la Constitución General de la República y las leyes que de ella emanen, mi propósito ha
sido cumplir honradamente con esta protesta y hacer que la ley sea
aplicada con un espíritu razonable y sin apasionamiento alguno, estando personalmente yo, así como mis colaboradores, dispuestos a oír
de cualquier persona, ya sea dignatario de alguna iglesia o simple particular, las quejas que tengan de injusticias que se cometan por exceso en la aplicación de las leyes.
(Texto de Portes Gil. La fecha 4 de abril en éste es inaceptable por
lo dicho anteriormente. En Rice es de 28 de abril).

el arzobispo Ruiz, Montavon y Bmke, haciendo éste notar que venía "con la
autoridad de la Santa Sede" (Rice, 130).
En esa conferencia -dice el Sr. Ruiz- se le hizo presente al general Calles que los términos de su carta anterior no daban lugar para poder reanudarse el culto, y se consiguió que hiciera declaraciones
menos vagas sobre el derecho que tenía la Iglesia de vivir y funcionar
en México, declaraciones muy parecidas a las que hizo el presidente
Portes Gil a la hora de los arreglos. (Lo que yo sé. .. 32).

Burke, en su mensaje a Fumasoni Biondi, dice que consideró "satisfactoria" la conferencia, que era inútil pedir más concesiones respecto de las leyes
y que el arzobispo Ruiz pedía autorización para entablar correspondencia con
Calles en el sentido de lo tratado en la conferencia y publicarla, declarando
que en vista de ella, la Santa Sede autorizaba la reanudación del culto público; la cual deseaba el arzobispo se hiciese para el día de Pentecostés, 27
de mayo. Pío XI sin embargo quiso estudiar maduramente el asunto y hablar personalmente, ante todo, con el Sr. Ruiz, quien salió para Roma el 26
de mayo y escribió durante el viaje un largo memorándum para el Papa, Los
que trataban de estorbar las negociaciones le atribuyeron unas declaraciones
a los periodistas de París, que molestaron a Morrow, pero que no hizo, pues
pasó rápidamente por esa ciudad sin hablar con nadie ni ser reconocido
(Recuerdos, 90).

(4 jun.).
Burke informó del resultado de su entrevista al Delegado Apostólico Fumasoni Biondi y al Episcopado Mexicano, encabezado a la muerte del arzobispo de México Mora y del Río (22 abr.) por el de Morelia Leopoldo Ruiz,
el cual informó a su vez a los demás prelados y recabó sus pareceres. La
opinión general era que los términos de la respuesta de Calles eran "demasiado vagos" y que había que obtener de él mayores y más explícitas garantías. Burke escribió entonces nuevamente a Calles haciéndole saber el parecer de los obispos mexicanos, encargando la carta a Morrow; pero éste le
disuadió de enviarla, porque "era virtualmente imposible obtener más de
Calles, especialmente por carta. Lo práctico sería que Burke y el arzobispo
Rufa entrevistaran personalmente a Calles". Este se negó terminantemente a
recibir al arzobispo Ruiz, diciéndole a Morrow que Ruiz agitaría a los católicos con una publicidad molesta. Insistió Burke con Morrow, y Morrow
con Calles, hasta que éste, con repugnancia, accedió a recibir al arzobispo
moreliano (Rice, 128-130).
La entrevista fue eJ jueves de la Ascensión, 17 de mayo, asistiendo a ella

400

En la audiencia con el Papa -refiere el mismo prelado- pude
darme cuenta desde luego, primero de la importancia que el Papa daba al asunto, pues dijo que iba a pensarlo, consultarlo y encomendarlo a Dios; segundo, del interés que él tenía de que todos los obispos
pensaran como él y recibieran la resolución con agrado; y tercero, que
él estaba inclinado y aun resuelto a una transigencia cualquiera, siempre que la conciencia lo permitiera. En otra audiencia me dijo que le
pareda inadmisible lo que se proponía, y que ya iba a ponerse en comunicación con Washington para ver qué era lo más que podría conseguirse (!bid.).
Trabajábase en esto lentamente, cuando el presidente electo Obregón fue
asesinado ( 17 jul.). Con él también, sin saberlo Morrow ni Calles, se habían
iniciado conversaciones desde 1927 sobre la cuestión religiosa por el obispo de
Brooklyn Malloy; y varios obispos mexicanos preferían entonces tratar con
Obregón, que iba a suceder a Calles el 1 de diciembre {Olds a Morrow, 25

401
H26

�ab. 1928: Rice 128) . Más aún, Obregón iba a entrevistarse con Morrow la
tarde del día en que fue asesinado. Su muerte suspendió las negociaciones,
que no se reanudaron hasta casi un año después.

En estos meses de interrupción (jul. 1928-mayo 1929), disipadas las dudas que en México y en el extranjero tuvieron algunos sobre la responsabilidad de la Iglesia en el asesinato de Obregón, menudearon las tentativas de
continuar las negociaciones con nuevos proyectos y nuevos mediadores. Morrow se esforzó por terminarlas antes de que Calles dejara la presidencia, pero éste prefirió dejarlas a su sucesor Portes Gil. A nueva dilación forzó la rebelión del general Escobar (mar-abr. 1929), a la que rehusaron adherirse los
cristeros. Esto facilitó la reanudación de las negociaciones.
Segunda etapa: Ruiz-Portes Gil (mayo-jun. 1929). En ella actúan: por
parte del gobierno mexicano, el presidente Portes Gil; y por parte de la Santa Sede, el arzobispo Ruiz, con cierta intervención del jesuita Edmundo A.
Walsh, enviado en misión puramente informativa (ya que a Roma llegaban
noticias confusas y contradictorias), y el diplomático chileno Miguel Cruchaga, quien desde la primavera de 1928 se interesaba activamente por la
solución del conflicto religioso. Retiráronse, en cambio, Fumasoni Biondi y
Burke. Morrow, a su vez, intervino de nuevo extraoficial y activamente entre
las partes contendientes hasta que fue firmado el "modus vivendi".

Comienzo de la segunda etapa fue una entrevista que concedió el presidente Portes Gil al periodista Dubose, redactor de periódicos americanos y
europeos, publicada en el New York Times el 2 de mayo de 1928, insinuando la posibilidad de un arreglo con la Iglesia. Con esa ocasión declaró a su
vez, el mismo día, el arzobispo Ruiz, que el conflicto religioso no había sido
motivado por ninguna causa que no pudiese ser corregida por hombres de
buena voluntad. En seguida sugirió Morrow a Portes Gil que respondiera
favorablemente, lo cu~l hizo éste contestando a una pregunta que le hicieron los periodistas de la capital sobre si había leído las declaraciones del
arzobispo Ruiz; y para ello utilizó el borrador que le había dado Morrow
(8 mayo: Rice 17 7) . Portes Gil concluía su propia declaración diciendo: "Si
el arzobispo Ruiz deseare discutir conmigo el modo de conseguir la cooperación ... que él desea, no tendría inconveniente en tratar con él sobre la materia" (Portes G., 306-313).
El mismo día {8 mayo) habro Morrow con el P. Walsh sobre lo que se
había de pedir en definitiva al Gobierno, recordándole a Walsh que Portes
Gil no admitía discutir más que "la finalidad e interpretación'' de las leyes, y
no su reforma. Y así acordaron ambos atenerse a la respuesta de Calles a
Burke, adicionándola con estas aclaraciones, propuestas por Walsb: l. que
el gobierno no pretendía el registro de sacerdotes no presentados por los

402

obispos; 2. que podía impartirse enseñanza religiosa en los templos; y 3. que '
la Iglesia tenía derecho de pedir a las autoridades competentes la reforma de
las Leyes. Morrow formó de este modo el correspondiente esquema, que, después de obtener la aprobación oral de Calles y Portes Gil, envió al Sr. Ruiz
por cable mediante el Departamento de Estado ( 11 mayo) . Este le comunicó
el día 22 que el Sr. Ruiz había sido nombrado delegado apostólico. Tal nombramiento, sin embargo, era sólo ad referéndum, esto es, para que Ruiz conferenciara con el presidente e informara al Papa, el cual se reservaba la resolución de todo.
La entrevista con el presidente quedó fijada para el 12 de junio. El 6 partió de Washington el Sr. Ruiz, llevando por secretario al obispo de Tabasco
Pascual Díaz. Morrow, que se hallaba en Englewood por el matrimonio de
su hija con el aviador Lindbergh, llegó al mismo tiempo que ellos a St.
Louis, donde hizo que su carro especial se añadiese al tren en que viajaban
los prelados, los cuales, a su invitación, pasaron a él para conversar largamente. En San Antonio se separaron.
Cuatro fueron las entrevistas: el 12, 13, 15 y 21 de junio. La primera fue
cordial y en ella se acordó que al día siguiente se presentarían y discutirían las
declaraciones del presidente y del arzobispo. En la segunda ( 13 jun.) no se
logró avenimiento: Portes Gil presentó unas declaraciones idénticas a las de
Calles a Burke, hubo discusiones y los prelados quedaron desalentados. Enterado Morrow de ese adverso resultado, que al saberse en Washington produjo allá inquietud, para asegurar el éxito de la tercera redactó las declaraciones de una y de otra parte, las presentó a Calles y Portes Gil¡. y a Ruiz; y '
una vez aceptadas por todos ellos, se presentaron en la tercera entrevista {15
jun.), en la cual, sin discusión ya, fueron aprobadas, con la salvedad, de
parte del arzobispo, de que él debía someterlas a la Santa Sede. Y en esa
misma fecha fueron trasmitidas a Roma por medio de la embajada chilena y
en su clave, firmadas por Rniz, Walsh y Cruchaga, manifestando los tres
que debían ser aceptadas inmediatamente (Rice, 182-185, 204).
Hasta el 20 de junio no llegó la respuesta de Roma, que Walsh Ilevó a
Mor.row:
l.
2.
3.
4.

Santo Padre ansioso por pacífica y laica solución.
Completa amnistía para obispos, sacerdotes y fieles.
Devolución de casas episcopales, curatos y seminarios.
Relaciones libres entre el Vaticano y la Iglesia Mexicana.
Sólo con estas condiciones puede Ud. firmar, si lo cree conveniente delante de Dios.

Morrow dijo en seguida a Walsh que el telegrama alteraba mucho la situa•

403

�ción, ya que el 2o. y 3o. puntos no estaban incluidos en las condiciones aceptadas por Portes Gil; y que el telegrama podría hacer fracasar las negociaciones. Walsh volvió a poco diciendo que el arzobispo Ruiz no se había desconcertado con el mensaje, que él interpretaba así; el primer punto era la clave
de los demás y establecía que el Santo Padre ansiaba una solución pacífica y
laica, es decir, de acuerdo con las leyes mexicanas; el segundo, sobre amnistía,
significaba la vuelta de prelados y párrocos ~ sus diócesis y parroquias (sic) ;
el tercero, la devolución, en lo posible, de las propiedades de la Iglesia; y el
cuarto, la admisión de un delegado apostólico. Morrow no acabó de entender ni el telegrama del Vaticano ni la interpretación de Ruiz, pero creyó que
éste tenía suficiente autoridad para aceptar el arreglo concertado ( Rice,
185-186).

biemo. Tan falsa como enfáticamente dijo Portes Gil: "Por lo que se refiere
a la supuesta intervención del Embajador de los Estados Unidos, niego de
manera terminante que haya existido alguna" (318).
El domingo 30 de junio, un alegre repique de campanas despertó a Morrow en Cuemavaca, el cual dijo a su esposa: "Bety, ¿ oyes? Yo he abierto
las iglesias en México". (Nicolson). El día anterior, en ]a Basílica de Guadalupe, llevando el arzobispo Ruiz procesionalmente el Santísimo, la gente
le arrojaba flores y "una mujer del pueblo se le acercó, lo abrazó y lo besó,
otras se arrodillaban en frente de é~ le abrazaban las piernas y besaban el
alba y las puntas del velo» ( Rui~, Recuerdos 99).

El relato del arzobispo Ruiz explica el verdadero sentido del telegrama:
"El día 20 de junio, por la tarde, recibí telegrama cifrado del Santo Padre
por conducto de la Delegación de Chile, deciéndome que me autorizaba para finnar la reanudación del culto, siempre que se estipulara con el Gobierno:

"l. Amnistía general para todos los levantados en armas; 2. que se devolvieran las casas curales y las episcopales; y 3. que de alguna manera se garantizara la estabilidad de esas devoluciones.
"Al día siguiente, 21 de junio, a eso de las 11 del día, fuimos al Palacio Nacional el Sr. Díaz y yo. Nos recibió el Sr. Presidente, le enseñamos el telegrama que se acababa de recibir de Roma y en seguida mandó llamar al Sr. Canales, que fungía como secretario de Gobernación, y le ordenó: primero,
que inmediatamente comunicara a los Jefes de Armas de todos los lugares
donde hubiera gente levantada en armas, que dieran amnistía a todos los
que quisieran rendirse, dando a los simples soldados pasajes gratuitos a cualquier punto de la República adonde quisieran irse y dejando a los oficiales
sus pistolas. Segundo, dijo al mismo Sr. Canales que ordenara la devolución
de todas las iglesias y casas curales y episcopales que no estuvieran ocupadas
con alguna oficina del Gobierno, y que en cuanto a las demás se procurara
desocuparlas para devolverlas. En cuanto a la garantía que se le pedla&gt; nos
dijo que, por lo que a él miraba, no daría un paso atrás en el arreglo que
íbamos a firmar. Entonces nos presentó dos ejemplares de sus declaraciones y mías, que también habían sido preparadas por Mr. Morrow, y las
firmamos en seguida" ~ ( Lo que yo sé. 24) .

Así se llegó al "modus vivendi,,, que fue muy mal cumplido por el Go~ El texto de los documentos ha sido publicado varias veces, v. g. en Portes Gil,
pp. 314-316; y también su reproducción fotostática, por ejemplo en Bravo U ga.rte
"México Independiente", Barcelona, 1959, p. 428-429.

404

405

�SANTIAGO VIDAURRI Y EL ESTADO DE
NUEVO LEóN Y COAHUILA
Prof.

FEDERICO BERRUETO RAMÓN

Sub-Secretario de Educaci6n Pública.

l.

POR LOS CAMINOS DE LA li.rSTORIA

EL HOY EsTAoo DE CoAHUILA es fruto de un dilatado proceso bjstórico; su
parte meridional, donde se establecieron Saltülo y Parras, correspondía a
principios del siglo XVII a la Provincia de Nueva Vizcaya, mientras su zona
septentrional permanecía inexplorada; sobre esta última adelantó sus expediciones el Nuevo Reino de León para originar poblados de fugaz existencia.
Ya bien entrada la misma centuria, de Saltillo salieron conquistadores que le
dieron vida permanente a las fallidas fundaciones, circunstancia que suscitó
un pleito de jurisdicciones entre las dos Provincias, pleito que fue superado
con la creación de la Nueva Extremadura al norte del panilelo 26 y cuyo
territorio se ensanchó considerablemente con el del actual Estado norteamericano de Texas, mismo que le fue segregado en 1722 para integrar la provincia del mismo nombe.
La mutilada Nueva Extremadura que tenía por capital a Monclova, dilató
sus dommios al adscribírsele en 1777 la región del sur que pertenecía a la
Nueva Vizcaya, para instituir así la Provincia de Coahuila que formaba parte
de las Provincias Internas de Oriente.
Ya en las Cortes de Cádiz, en 1812, principiaba a escucharse la voz de un
insigne coahuilense, la del dipu'l:ado don Miguel Ramos Arizpe, quien, después de un dramático informe sobre el atraso de las Provincias últimamente
aludidas, proponía que se constituyera una sola con las de Coahuila, Nuevo
Reino de León, Nuevo Santander y Texas, pues afirmaba que su abandono
era tal y su desarrollo tan difícil, que de no funsionarlas seguirían expuestas
a vivir en perpetuo estancamiento; también sugería que se abrieran uno

407

�o varios puertos sobre el Golfo, con objeto de animar las transacciones con
el exterior, ya que todo el intercambio comercial con Europa se hacía por
Veracruz, lo que volvía casi imposible en aquellas comarcas el comercio de
multitud de mercaderías.
Al independizarse el país y convocarse al Congreso Constituyente de 1824,
Ramos Arizpe, que se había convertido en su figura más importante, insistió
en el proyecto, sólo que Tamaulipas no estuvo conforme y por eso en el acta
constitutiva del 31 de enero del mismo año, se hablaba de que Coahuila,
Nuevo León y Texas formarían el Estado Interno de Oriente; tal vez por
las dificultades para decidir entre Saltillo y Monterrey en lo relativo a Ja
capital, y aquí Monclova también reclamaba derechos, se separó Nuevo
León, constituyéndose el Estado de Coahuila y Texas, cuya sede política quedaría en Monclova. A consecuencia de esto, las rivalidades entre dicha ciudad
y Saltillo, generarían a la larga_ no pocas y lamentables consecuencias.
Se trataba de un inmenso territorio con escasas poblaciones que vivían
precariamente por su aislamiento del centro del país y por las incursiones de
los naturales jamás sometidos por el conquistador, circunstancias que las mantuvo al margen de un auténtico dominio gubernativo.

II. LA

GEOGRAFÍA CoAHUn.TEXANA

Para contemplar mejor el aspecto demográfico de la nueva entidad baste
considerar que las contadas fundaciones, separadas entre sí por grandes distancias, carecían de comunicaciones seguras, porque las numerosas tribus en
rebeldía merodeaban por todos los ámbitos, volviendo punto menos que imposible la convivencia.
Con excepción del nornoreste texano, región abundantemente regada y
del sursureste montañoso, en el resto del territorio dominan las llanuras con
reducida precipitación pluvial y surcadas por unos cuantos ríos; esto y el
clima extremoso originan su flora, que es la de las zonas áridas, entre cuyas
especies prevalecen los pastizales que desde entonces parecían indicar el destino pecuario de' la entidad; con una agricultura limitada, la cría del ganado
se fue convirtiendo en actividad básica dentrq de aquel estado de inseguridad,
pues ni el gobierno virreinal, ni el de la República, después, podían acudir en auxilio de las aldeas empobrecidas por la inseguridad, el atraso, la zozobra y la
inclemencia de la naturaleza.

408

III.

EL HOMBRE DE LA FRONTERA

En la historiografía ocupa calificada significación el término fronte~a en 1~
formación de las nacionalidades, entendiéndose por frontera las regiones limítrofes con zonas por conquistar, poblar e incorporar cultural, económica Y
políticamente.
Para nuestro objeto es interesante examinar esta incorporación que se inició
con gentes de mentalidad metropolitana; se trataba de hombres que hubieron
de enfrentarse Jo mismo a la naturaleza que a los bárbaros y posteriormente a
individuos de distinta formación cultural; a fuerza de sufrir las más variadas
experiencias, acabaron por adquirir su pe_culiar psi~ología; ~sí se ~olvieron
más audaces valerosos y tercos para dommar su c1Tcunstanc1a; forJados en
el desampar;, su inteligencia cobró signos propios; su carácter se tomó, cuanto
más hostil et medio, más emprendedor y acabó por aprender a no esperar nada
que no le viniera por el camino del esfuerzo; desconectad~s ~e los ?1'andes
centros del país, se fueron transformando en gentes con cnten~ pro~10 p~ra
enjuiciar lo que sucedía en el resto de la naci6n; siempre hosp1ta~os e intrépidos, desconfiados y aptos para sortear tod_as las. sorpresas; bro~1stas, francos, partidarios del juego de azar, un tanto msum1sos y poco sociables, configuran una personalidad inconfundible.
Cobra rasgos tan firmes el hombre fronterizo, que apenas se le advierte Y
ya se le percibe un modo especial de hablar y de relacion~e_, una ~anera
directa de, entender, tratar y comentar las cosas y los acontecmuentos, sm que •
falte entre sus particularidades la indumentaria y la alimentación todas ellas
tan conocidas.
Con ser gentes que matizan la cultura nativa con nuevas tonalidades que
se reflejan en su vocabulario, en sus artes, en su trabajo y en su ac~~~ fr~te
a la vida, no son descastadas; por lo contrario, su contacto con otra civ1hzac16n,
las hace sentirse más hondamente orgullosas de la suya.
Esta desaliñada digresión del hombre de frontera, nos permitirá comprender mejor su conducta en esta región del noreste en el período de integración
de la República.

IV.

ÜTRA VEZ POR LOS CAMINOS DE LA HISTORIA

Desde la Independencia las nuevas generaciones fueron adquiriendo poco a
poco la noción de la nacionalidad y esto explica sus luchas contra el pasado
para constituir el país sobre principios que eran ya patrimonio de los más

409

�adelantados del mundo. Pero ni el futuro se impone fácilmente, ni lo que
debe dejar de ser se entrega sin pelear; así observaremos cómo frente al espíritu
colonial y monárquico se levantará el espíritu republicano y cómo ante el
centralismo se alzarán las instituciones liberales y federalistas.
Esa lucha originó un largo período de turbulencias, entre cuyos resultados
destacaremos la pérdida de gran parte de nuestro territorio y en ello se fue
Texas, que fo.tmaba las tres cuartas partes de la entidad coahuiltexana.
Tras del desastre, México vivió frecuentemente en el seno del despotiilllo y
la anarquía bajo la reiterada tutela de Santa Anna, político tornadizo, dictador
sin escrúpulos, siempre apoyado por dos fuerzas entonces decisivas: el antiguo
ejército y la iglesia.
Durante esa agitada época que va desde la tentativa federalista de la Constitución de 24 hasta los días de Su Alteza Serenísima, Coahuila vive su más lacerante exi&gt;eriencia; lo mismo en la región del Saltillo y Parras tan saturada de
la clásica cultura· hispánica, que en la del norte, en que se iba fraguando el
hombre de frontera; 1a condición de esta última era más desoladora; las
agresiones de los naturales se volvían más frecuentes, porque en la medida en
que Texas se poblaba se les arrojaba sobre nuestro suelo; ni el gobierno nacional ni el del Estado podían proteger a los pueblos; entre Saltillo y Monclova se extendían 200 kilómetros de desierto y peligros, del mismo modo que
entre Monclova con sus vecinas aldeas y las del norte otra distancia igual
prolongaba el aislamiento y la desesperanza.
Cuanto más se avanzaba hacia el Bravo, más se sentían el abandono y la
intranquilidad; por eso las gentes se fueron dejando ganar por el desaliento
y la animosidad contra un gobierno incapaz de auxiliarlas; sobre esa situacjón
habría de venir otra calamidad, la de las bandas de texanos que con pretexto
o sin él entraban armados para cometer mil atrocidades. Todo esto acontecía
mientras en el interior de la República arreciaba la lucha intestina con todas
sus alternativas.

V. DoN SANTIAoo VIDAURRI

En ese conturbado mundo de la frontera nació y se modeló una figura
singular del noreste mexicano: don Santiago Vidaurri, hombre de personalidad impresionante que habiendo tenido momentos espectaculares para el
bien del país, acabó por perder todos sus méritos cuando, al negarse a sí mismo, adquirió el peor de los estigmas al luchar contra los suyos y contra el
destino de la Patria.
Vidaurri es un personaje desconcertante; ambicioso como pocos, pero celo-

410

samente apas1onado de la frontera, cuyo futuro le preocupó siempre; voluntarioso en extremo, pero dueño de una gran capacidad organizadora; a veces
demaiogo y a veces patriota; a veces generoso y a veces iracundo; audaz,
hábil, tortuoso y capaz de todas las veleidades con tal de mantener su autoridad absoluta; patriarca y cacique; héroe y villano, caudillo y apóstata; hombre en swna de complicada caracterología.
Como gobernante se entregó por entero a consolidar la vida de su región
que defendió de todos los desmanes, sin que su régimen, nunca modelo de libertades plenas, haya acusado las notas sanguinarias propias de su época.
Por mucho tiempo se especuló sobre La oriundez de Vidaurri; en su misma
familia se aseguraba que había nacido en la hoy ciudad de Múzquiz; lo cierto

es que sus antepasados inmediatos vivieron en Coahuila, pero don Santiago
nació en Lampazos, Nuevo León, el 25 de julio de 1808; gran parte de su
niñez y de su juventud la pasó en el norte coahuilense, lo que explica sus numerosas relaciones que tanto habrían de servirle en su carrera política; él
mismo se consideraba ciudadano de Nuevo León y Coahuila y todos los de
su sangre vivieron en distintos lugar de ambas entidades.
En pleno vigor juvenil N\,,OTesó a Lampazos y más tarde marchó a Monterrey; uno de tantos días, en reyerta vulgar, le cercenó la mano a un soldado
y fue a dar a prisión; algunas letras debe haber tenido, porque luego se le
descubrió como muchacho inteligente, muy hábil para redactar y más aún
para ganar amigos.
Todo ello le favoreció para que se le ocupara como amanuense municipal;
su facilidad para relacionarse le abrió las puertas de alguna de las oficinas del
gobierno neolonés en las que trabajó de escribiente; después de ser jefe de
mesa llegó a Oficial Mayor, de donde no tardaría en ascender a Secretario de
Gobierno; eran los tiempos del dominio centralista, pero en Nuevo León ya
principiaba a notarse cierta corriente liberal encabezada por el periodista Manuel María del Llano.
A principios de 1833, Del Llano llegó al gobierno para desarrollar un programa de reformas que reglamentaban los honorarios del clero, que prohibían
los entierros en las iglesias y que dejaban a la voluntad de los fieles asistir a
las fiestas religiosas. El audaz gobernante liberal pronto fue desplazado por el
centralismo; años después, uno de sus prosélitos, don Joaquín García, al hacerse cargo del ejecutivo neolonés en 1837, le confió a Vidaurri la Secretaría
de Gobierno. Es muy probable que desde esos días don Santiago haya principiado a cultivar cautas relaciones con gente liberal como Del Llano; así lo
pensamos, porque por ese entonces los Vidaurri venían figurando prominentemente en el movimiento federalista de Monclova, que terúa por objeto inmediato la captura de Saltillo, ciudad a la que se acusaba de conservadora.

41 l

�En 1839, al salir de Monterrey tropas centralistas a sofocar nuevos brotes
armados en Coahuila y Tamaulipas, se registró una sublevación j Vidaurri se
unió a los alzados, pero el placer del triunfo les duró unos cuantos días y
don Santiago se fue a incorporar a uno de los núcleos rebeldes que operaban
en la región del Bravo al mando de Antonio Canales, nativo de Monterrey¡
población que atacó sin éxito, amnistiándose posteriormente. Por este tiempo
se principió a incubar el fantástico proyecto de la República del Río Grande
que se trataba de constituir con Tamaulipas, Nuevo León, Coabuila, Chihuahua, Sonora, Nuevo México y las Californias; para el efecto se pidió el patrocinio de Texas; pero Texas, que aún no se anexaba a la Unión Americana,
no se atrevió a tanto.
Desde ese tiempo y hasta la ocupación de las fuerzas americanas, Nuevo
León no dio mayores signos de liberalismo. Vidaurri se encuentra en la
penumbra, pero lo asombroso es su retorno a la prominencia política al amparo de la restauración conservadora en 1853, a consecuencia de la cual, en
1854, llegó al poder estatal el general Gerónimo Cardona, quien le asigna
nuevamente la Secretaría de Gobierno.
Era la época en que Santa Anna, una vez derrocado el régimen de Arista,
volvía a la Presidencia apoyado en sus aliados de siempre, para instituir el
despotismo más ominoso y en cuyos desafueros contaría la venta de La Mesilla.
La rebelión no tardó; el primero de marzo de 1854 se proclamaba el Plan
de Ayutla con sus dos figuras tutelares: don Juan Alvarez y don Ignacio Comonfort. El Plan se proponía derrocar a Santa Anna, acabar con los abusos,
el absolutismo y la corrupción burocrática, cancelar los altos impuestos, terminar con la inestabilidad política y atender debidamente al ejérciLo, censurando de paso la venta de La Mesilla.
El documento de Ayutla, obra de los liberales moderados, contó también
con las simpatías de los radicales o puros, que tratarían de aprovechar la
contienda para introducir reformas sustanciales en la organización del país; el
Plan no disponía de un ejército, pero lo sostenían pequeños grupos armados
que adoptaron la táctica de guerrillas.
Cuando Santa Anna principiaba a dominar los insurgentes surianos, en
Tamaulipas, por julio de 1854, se rebeló don Juan José de la Garza, que
también fue derrotado; marchó a Nuevo León y al acercarse a Monterrey lo
destrozaron las tropas de Ampudia el 11 de septiembre.
Vidaurri, en lugar de sumarse al liberal tamaulipeco, permaneció en la gracia del santannismo. Mientras el dictador triunfaba en el noreste, Alvarez se
fortalecía en el sur y Comonfort se unía en Michoacán con un futuro gran
reformista: don Santos Degollados; Santa Anna encargó al general Ampudia
412

la tarea de combatirlos y de esa manera sólo quedaron en el noreste mermadas
corporaciones sin haberes y desmoralizadas.
Ahora Vidaurri principia a conspirar; son los comienzos de 1855; con
pretextos de salud se ausenta de su empleo por varias semanas y es entonces
cuando se entrevista con el capitán Nicolás Régules, comisionado para atizar
la hoguera liberal en Nuevo León. Entretanto la frontera coahuilense padece
toda clase de infortunios.
Vidaurri cree llegado su momento y el 11 de mayo se esfuma de Monterrey
con varios amigos; el buenazo de Cardona hasta el 16 se dio cuenta de que su
Secretario andaba en Lampazos, donde se reunió al grupo rebelde que capitaneaba don Juan Zuazua, veterano de la guerra contra los americanos y
contra los bárbaros; Cardona denunció como separatista al movimiento y así
lo proclamó por todas partes.
Con el apayo de los pueblos de la región, Vidaurri y Zuazua organizaron
sus huestes bajo el nombre de Ejército Restaurador de la Libertad y se dirigieron a Monterrey, ocupándole después de ligero combate el 23 de mayo;
3,000 rifles y 21 piezas de artillería, además de otros abastecimientos, formaron el botín de esta jornada, con la que nacía un nuevo caudillo.
"Nueuo León no se compone como los estados del interior en gran parte
de indios miserables: tenemos conciencia de nuestro deber y al mismo tiempo
de nuestro poder y derecho, y muy viuo el entendimiento y la dignidad de
hombres libres para dejarnos ultrajar por la fuerza en lugar de rnr regidos
por leyes justas. .." Así hablaba Vjdaurri después de la victoria, como típico
hombre de frontera, sin mencionar para nada el Plan de Ayutla.
Santa Anna se alarma con lo de Monterrey, insurrección que tacha de filibustera para formar la República de la Sierra Madre, otro vesánico proyecto
que apuntaba entonces bajo el liderato de José María Carvajal, sublevado
separatista que, según se decía, había proporcionado armamento a Vidaurri;
éste rechazó el cargo y proclamó que su mouimiento era nacional, que luchaba por la libertad y en defensa de la integridad del territorio, de la independencia y de los sagrados derechos de la naci6n.
El mismo 23 de mayo convocó Vidaurri a una junta de ciudadanos distinguidos para establecer un gobierno provisional, misma que lo nombró gobernador y jefe militar de Nuevo Le6n; dos días después se proclamó el
Plan de Monterrey, por el que se declaraba que Nueuo Le6n rescataba su
soberanía y que as! permanecería hasta que un Congreso Nacional constituyera un nuevo gobierno para el país sobre la base republicana y federal.
De inmediato invitó a los pueblos de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas
para que lo apoyaran, y, si lo consideraban conveniente, se allanaran para
farmar un solo gobierno respetable ,., fuerte para de/ enderse de las incursiones
texanas y de las depredaciones de los naturales.
413

�De todas partes le llegarían adhesiones y bajo su mando principió a fulgu·
rar una nueva generación de jefes militares, entre los que mencionaremos a
Juan Zuazua, Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo, Julián Quiroga y José
Silvestre Aramberri.
Como programa de gobierno se proponían reprimir el contrabando para
impulsar el comercio, corregir abusos y negligencias, ~efi~ir los cam~os que
competen a la iglesia y al estado y establecer la contnbuc16n voluntana para
sostener la administración.
Vidaurri trabaja premiosamente; ahora emplaza al general Valentía Cruz,
Gobernador de Coahuila, para que abandone Saltillo y al mismo tiempo
organiza sus tropas para expugnar el puerto de Matamoros, en tanto _que
recibe el refuerzo de 800 tamaulipccos que siguen a De la Garza, al que designa
su segundo en el mando del Ejército del Norte, cuyo fue el nombre que recibió
la columna jefatura.da por el caudillo neoleonés.
Las operaciones proyectadas fueron suspendidas al saberse que el ºdictador
había destacado una brigada a las órdenes del general Francisco Güitián para batir a los norteños; por eso Vidaurri volvió a Monterrey y siguió hasta
Sal tillo donde venció a los santannistas el 23 de julio; el 26 declaraba en esta
última ciudad el fin del centralismo, lo que significaba, así lo decía, que el
pueblo se regirá democráticamente escogil&gt;ndo a sus propios gobernantes: enseauida celebra una junta con las personas más calificadas, junta que aceptó
ei°Plan de Monterrey y la mayoría, error de consecuencias fatales, le otorgó
el mando militar y poWico de Coahuila.
Para fines de julio todos los pueblos de Coa.huila se declaraban por el Plan
de Monterrey; pero Vidaurri no se sentía muy seguro, porque creía que lo~
funcionarios de Saltillo que aparecían como sus amigos, eran peligrosos, y aqu1
se advierte otro de los signos de su personalidad: la desconfianza.
Para ejercer la doble investidura política nombró en agosto al licenciado
Miguel Blanco, Secretario de Gobierno para los asuntos de Coa.huila y al licenciado José Garza González para los de Nuevo León; por ese entonces
declara que su movimiento deseaba la emancipación política, social e intelectual del espírtu humano y se pronunciaba por las libertades de pensamiento,
expresión y trabajo, sin excluír la de creer.
Después del triunfo de Saltillo destacó con rumbo a San Luis Potosí una
columna militar al mando de Zuazua.
Por Ja naturaleza de sus declaraciones, Vidaurri comenzaba a ser considerado por los liberales puros como uno de los suyos; esto sucedía en los momentos en que principiaban a darle la pelea a los moderados que tenían por
guía a Comonfort, con quien el neoleonés tendría serios desacuerdos, a causa
de que aquél trataba de incorporar militares del viejo ejército que habían
reconocido el Plan de Ayutla para conservar sus privilegios.

414

Por esas fechas Santa Anna dejaba, ahora sí para siempre, el mando supremo del país, que ejercería don Juan Alvarez por virtud del triunfo liberal.

VI. EL

DESMÁN VIDAURRISTA

Apenas victoriosa la causa de Ayutla, principió a desencadenarse con intensidad el debate entre moderados y puros; estos últimos pugnaban por un cambio sustancial en la estructura económica, social y política de la República,
definido posteriormente en la Constitución de 57 y de modo más enérgico en
las Leyes de Reforma.
Vidaurri siempre consideró al Plan de Monterrey como gemelo del de Ayutla si bien matizado el primero con una serie de notas ideológicas que le
daban un sentido más avanzado; para no aumentar disensiones acabó por
reconocer al segundo, pero sin renunciar al carácter impreso al gobierno de
Nuevo León y a su determinación de no soltar ]a jefatura del noreste; respe~t?
a lo primero insistiría en el principio federalista, en la lucha contra el_ m1htarismo y en el derecho de los Estados para resolver sus asuntos domésticos y
organizar su propia milicia.
Ya para agosto de 1855 el poderío de Vidaurri se extendía a los tres Estados
del noreste y al norte de San Luis Potosí, y si no lo dilató más, fue para no
despertar suspicacias en Comonfort y porque quería conservar intacto su
liderato fronterizo, amenazado ahora por una especie de conjura, pues ya
desde Sal tillo le comunicaba don José Ma. Aguirre que, habiéndose pronunciado la ciudad por el Plan de Ayutla, se le había designado Gobernador Interino, pero que era su voluntad conservar las relaciones en lo atañedero al
mando militar del Ejército del Norte.
Vidaurri respondió encolerizado; consideraba aquello como maniobra conservadora y así lo delató ante los pueblos del centro y del norte coahuilense,
cuyas rivalidades con Saltillo aprovecharía para conseguir el apoyo de la casi
totalidad de los municipios, algunos de los cuales le ofrecieron tropas para
ocupar militarmente la capital de Coahuila.
Al mismo tiempo se dirigió al Presidente Alvarez y a Comonfort para acusar de rebeldes al gobernador Aguirre y los suyos, apuntando que él, Vidaurri,
había sido nombrado como t'mica cabeza del gobierno de Ooahuila, por virtud
de la conquista militar de Saltillo y agregaba que de ningún modo renunciaría
al 1iominio de la frontera.
Pero f-ue más allá, al inducir a los pueblos que manifestaron su sentir; de
esa manera una comisión de Monclova producía el 25 de septiembre un largo
informe sobre la situación de Coa.huila, en el que se afirmaba que el Estado
415

�padecía desesperada penuria que lo incapacitaba para sufragar los gasto: de
la administraci6n, por cuyo motivo le era imposible subsistir como entidad
autónoma ,, se pronunciaba por que los distritos de M onclova y Río Grande
se unieran a Nuevo León, dejando a Saltillo, Parras y las otras regiones, el
derecho de seleccionar el Estado al que quisieran adherirse,

Al tiempo que Vidaurri movia sus emisarios para ganarse la voluntad de
los pueblos del norte, se dirigía a los líderes de la política nacional para convencerlos de que eran los coahuilenses los que venían pidiendo la anexi6n.
Un inesperado acontecimiento acabará de fortalecerlo; las bandas de texanos continuaban invadiendo la frontera; pero el suceso más serio fue la derrota
que las milicias mexicanas le causaron el 7 de octubre de 55, a ~a partid_a
filibustera en las cercanías de Piedras Negras; los derrotados volV1eron al siguiente día en número de 300 e incendiaron la poblaci6n. La fechoría alarmó
a Vidaurri, quien ordenó la concentración de sus fuerzas en Monterrey y
mandó cuatro compañías con 5 piezas de artillería a proteger la frontera de
Coahuila ,· la alarma creció cuando se supo que en San Antonio,. Texas, se
preparaba una expedición invasora. Vidaurri al informar al Presidente acusaba al gobierno americano de solapar aqueJJas tropelías y anunciaba que ya
reclutaba más gente para salir en defensa del territorio nacional.
La denuncia caló tanto, que el cónsul americano en Monterrey y el propio
embajador, desde México, le dieron explicaciones, condenando el incidente;
hasta el Secretario de Estado, desde Washington, se dirigía a Vidaurri para
decirle que las incursiones indígenas sobre Texas, no justificaban la violaci6n
del suelo mexicano y la destrucción de propiedades, criticando al destacamento
de Fort Duncan, frente a Piedras Negras, por haber protegido a los malhechores; después le enviaría copia de la orden del Presidente Pierce para que
se evitara toda invasión sobre México, utilizando para el efecto las fuerzas
de mar y tierra.
Todo esto le sirvió a Vidaurri para ponderar el peligro del filibusterismo;
así protegía sus propios fines y justificaría sus futuras maniobr~, ganando. de
paso la consideraci6n del gobierno americano que observaba como el caud1Jlo
norteño perseguía enconadamente a los indígenas; ahora Vidaurri se mueve
en el plano internacional, mientras, por otra parte, da fe de su patriotismo al
gobierno del país.
Las crecientes divergencias entre moderados y radicales provocaron en diciembre de 55 la renuncia de Alvarez a la presidencia y la exaltaci6n de
Comonfort como sustituto; moderado por excelencia, trataba de conciliar a
los dos grupos en pugna. En la definición de los bandos, Vidaurri ~es_ta_caría
entre los puros; su relieve era tan firme, que no escasearon los que pnncLp1aron
a considerarlo como el indicado para suceder a Comonfort.

416

Así IJega el año de 1856 en que habría de reunirse el Constituyente; Coahuila estaba representado por el ilustre republicano don Juan Antonio de la
Fuente, en tanto que por el mismo Estado, pero auspiciado por el gobierno
neoleonés, concurrían don José Ma. Viesca y Montes y don Miguel Blanco.
En aquella asamblea se iba a decidir el destino de México; ahora veremos
los efectos de la copiosa correspondencia que Vidaurri, señor de la maniobra,
de la lisonja y del enredo, sostenía con las figuras capitales del pensamiento
radical.
El 19 de febrero de 1856, casi en la misma fecha en que iniciaba sus tareas
el Constituyente, Vidaurri expetlía, de sus puras pistolas, el decreto que establecía la unión de las dos entidades norteñas bajo un solo gobierno, integrando
así el Estado de Nuevo León y Coahuila.
El atraco era evidente; con todos los méritos que Vidaurri pudiera ostentar,
ningún estatuto podía amparar el desmán;_ la misma petición de los pu~b_los
del norte coahuilense escondía mucho de política de mala ley. En Mexico
algunos consideraron el decreto como un modelo de arbitrariedad y despotismo, pero otros lo tuvieron por necesario y conveniente.
Sólo un hecho enturbiaba el futuro vidaurrista: La pérdida de su influencia
en Tarnaulipas a causa de varios incidentes que enemistaron a De la Garza
con el mandatario ncoleonés.

VII.

LA PUGNA ENTRE CoMONFORT Y VmAURRt

Comonfort desde que asumió la presidencia venía tratando de ganarse al
bronco cacique norteño por los caminos de la conciliación; por eso, al conocer
el decreto anexionista trató de persuadirlo de su error, pero sin resultado;
ante la ineficacia del recurso, le suplicó que lo derogara, pero también sin
consecuencias.
Así las cosas, cambió de procedimiento: instruy6 al gobernador de Tarnaulipas para que le cerrara a Vidaurri los puertos de la frontera; con ello lo
dejaría sin recursos, ya que desde tiempo atrás retenía los derechos aduaneros
para cubrir los gastos de su ejército; por otra parte, ya no podría abastecerse
de armas y municiones; el golpe era certero y De la Garza, ni tardo ni perezoso, lo asest6.
Enb·e tanto Comonfort, el 15 de abril de 561 reprobaba el decreto y disponía que las autoridades de Saltillo procedieran a nombrar Gobernador
Provisional. Fundaba su acuerdo en e1 Plan de Ayutla que reconocía a Coahuila como Estado, por lo cual ni Vidaurri ni el propio gobierno nacional
podían violar su soberanía.

417
H27

�En mayo de 56 el Congreso principió a conocer el asunto; con serena, pero
enérgica entereza, don Juan Antonio de la Fuente defendió la autonomía de
su Estado y solicitó que se aprobara la disposición del gobierno provisional
que nulilicaba los efectos del atenta.torio decreto.
Para examinar el conflicto se nombró una comisión, que produjo un tibio
dictamen que reflejaba el deseo de conciliar a Vidaurri con los de Saltillo,
pero a la vez destacaba el derecho de los pueblos de Coahuila para escoger
libremente su organización política y pedia, por lo tanto, que se suspendieran
los efectos de la anexión hasta conocer el sentir de los coahuilenses, para lo
cual sugería designar una comisión representativa del Congreso y del Ejecutivo.
La polémica se prolongó por meses; los diputados partidarios de la anex.ión
sostenían que era compatible con el Plan de Ayutla, pues éste disponía que
cada entidad sería gobemada por el caudillo local del movimiento y Vidaurri
lo había sido simultáneamente en Coahuila y Nuevo León.
El lo. de junio por 57 votos contra 35 se rechazó el dictamen; de esta
suerte el Congreso se abstenía de reconocer la anexión, expresándose que la
decisión final dependería de su propio acuerdo que se incluiría en la Constitución.
Pero los adictos a Vidaurri no retrocedían; ahora esgrimirían como argumento el fantasma de Texas, que, según ellos, se había perdido por la ingerencia del gobierno nacional en los asuntos locales. Vidaurri no descansaba
en su correspondencia y reclutaba más tropas para dirimir el asunto en el
campo de las armas si era preciso.
Comonfort apretó la mano; el 19 de agosto aparecía una información relativa a la destitución de Vidaurri, como Gobernador de Nuevo León, designando en su lugar a don José de Jesús Dávila y Prieto; por esos días, el 7
de agosto, 46 diputados votaban por la anexión contra 39 que se oponían;
el resultado era inoperante, porque se requería el sufragio de las dos terceras
partes; con todo, la débil posición del Presidente en el Congreso no admitía
dudas.
Comonfort no se arredra; organiza una fuerza de 3,000 hombres al mando
de los generales Rosas Landa y Echeagaray que atacarían por el sur, al tiempo
que los tamaulipecos lo harían por el oriente y el norte de Nuevo León.
Vidaurri andaba forzando la puerta. de la frontera cuando supo que De
la Garza marchaba sobre Monterrey, cuyo_ ataque coincidiría con el de la
columna del sur; el plan falló por la demora involuntaria de Rosas Landa; a
pe~r de esto, De la Garza asaltó la ciudad el lo. de noviembre; el combate
se prolongó por dos días, suficientes para que llegara Vidaurri y obligara a
sus enemigos a replegarse a Saltillo.
El 15 de noviembre, cuando Vidaurri percibió que se le echaba encima la

418

poderosa división de Rosas Landa, ya había ganado la batalla en el Congreso; el 15 de septiembre, ni más ni menos dos meses antes, por una mayoría
de 56 votos contra 25, se había votado la unión de Coahuila y Nuevo León,
legalizándose así el zarpazo anexionista, aún cuando dicho mandato, no surtiría sus efectos sino hasta que se promulgara la Constitución.
En esas condiciones, Vidaurri, en lugar de combatir pidió parlamentar
y así se produjo el convenio de la Cuesta de los Muertos, signado el 18 de
noviembre, en el que se asentaba, entre otras cosasi que Vidaurri se sometía
al gobierno provisional; que entregaría el poder al Presidente del Consejo del
Estado de Nuevo León, (gente suya), al que se le subs.idiaría con ocho mil
pesos mensuales para batir a los bárbaros y, para mayor satisfacción se apuntaba, innecesariamente, que en cada lugar de Coahuila, con excepción de
Saltillo, se convocaría a un plebiscito para que los ciudadanos expresaran su
voto en favor o en contra de la anexión.
El resultado de estos actos en los Partidos de Par.ras, Monclova y Río Grande, fue de 4,056 votos por la anexión contra 260; tan aplastante mayoría
nos hace pensar en aquella otra que se obtuvo después bajo la presión de las
armas francesas, para convencer a Maxim:iliano de la pretendida vocación
monarquista de los mexicanos.

VIII.

SOMBRAS y CLARIDADES DE UN CAUDILLO

No hay duda de que nos hemos encontrado con una figura singular y con
un hecho sólo explicable a la luz del azaroso proceso en que se fue fraguando
la nacionalidad.
Vidaurri es un hombre desconcertante que merece un estudio a fondo, no
para absolverlo de una culpa que siempre escapará al perdón, sino para valorar su conducta y conocer mejor lo que fue el noreste mexicano en el crítico
promediar del siglo XIX.
Vidaurri, como no pocos liberales, comenzó su carrera en el centralismo;
después se definió radical de sustancial prosapia; contnbuyó a defender nuestro suelo en días aciagos y cinceló capítulos decisivos en el inicio de la Guerra
de Reforma; pero este hombre, cacique cabal, era capaz de todos los pactos
con tal de retener bajo su personal dominio el dilatado territorio de Nuevo
León y Coahuila.
Pacificarlo, limpiándolo de naturales insumisos, de filibusteros y malhechores, fue su obsesión permanente, pues sólo así se poblaría el desierto y prosperarían la producción, las comunicaciones y el comercio; tales eran sus in419

�tenciones, siempre condicionadas por un hecho: todo aquello se podía lograr
pero únicamente con las manos insustituibles de un hombre: Santiago Vidaurri.
Después de consumarse la anexión de Coahuila a Nuevo León, gobernó
al inmenso Estado durante ocho años; pero un día, en el viacrucis de la República, la soberbia lo enfrentó al titular de la dignidad nacional, al que no
pudo doblegar, como no han podido doblegarlo ni el odio sectario, ni el tiempo ni la muerte.
Vidaurri fracasó en su osadía; pudo buscar el exilio para reflexionar sobre
sus yerros y rehabilitar su conducta, pero la pasión lo perdió hace cien años
al reconocer el imperio; pensando que de ese modo conservarla su cacicazgo;
mas no fue así.
En el momento de su lamentable ofuscación, repitámoslo aquí, cometió
el peor de los olvidos, el de México, cuya gloriosa bandera llevaban por los
caminos del desierto norteño, las manos de un indio que desde entonces preside
los más altos valores de la Patria.

420

FALSO MAYORAZGO DE LA CASA MONTEJO
JOAQUÍN DE AluuGUNAGA PEÓN

Mérida, Yucatán

EN 8 DE FEBRERO DE 1565 y a los 57 años de edad, falleció en la ciudad de
Mérida de Yucatán, cargado de deudas, el Capitán en Jefe de la Conquista
de la Península y fundador de las ciudades de San Francisco de Campeche y
de Mérida, don Francisco de Montejo y León, comúnmente llamado "El
Mozo", por ser homónimo de su padre el Adelantado y de su primo hermano,
el fundador de Valladolid, el cual es conocido como "El Sobrino".
El Ayuntamiento de Mérida conociendo la difícil situación económica por
la que había venido atravesando el joven Montejo, pues su innata honradez
le había impedido lucrar en los altos cargos que desempeñó, y en justificado
reconocimiento a sus relevantes prendas personales y méritos alcanzados durante la conquista y en la organización de la Capitanía General de Yucatán,
con sede en la ciudad de Mérida, acordó sufragar los gastos de su sepelio.
Don Francisco de Montejo y León es uno de los más destacados conquistadores del Nuevo Mundo, descubierto por Colón, bajo el patrocinio de la
egregia Isabel, la Católica, Reina de Castilla, pues el joven Montejo no tan
sólo supo realizar la conquista de la península con un puñado de esforzados
españoles, sino que también fue un leal y abnegado hijo. Su lealtad y abnegación las puso de manifiesto cuando ya concluida la Conquista fue requerido
por su padre para que le lúciera entrega del mando no obstante que a él se
debía el éxito, pues su padre había fracasado en las reiteradas ocasiones en
que había intentado sojuzgar a los bravos mayas. En ocasión al fallecimiento
de su padre, el Adelantado, acaecida en Salamanca, su ciudad natal, en 8 de
septiembre de 1553, el joven Montejo volvió a poner de manifiesto su amor,
respeto y obediencia a su padre, pues acató sin protesta la voluntad testamentaria del Adelantado, por la cual, a excepción de la casa de su morada en
Mérida, la "Casa de Montejo", construida por él, todos los bienes y el título
de Adelantado pasaron a ser propiedad de doña Catalina, media hermana

421

�de Montejo el Mozo, no obstan.te que a éste se debía que su padre pudiera
en verdad titularse Adelantado de Yucatán, pues de no haber el joven Montejo realizado la conquista ésta no la habría efectuado el Adelantado, quien
en 1542 ya era de avanzada edad y si de joven había fracasado, menos probabilidades de éxito habría tenido perdidas en parte sus facultades guerreras.
La prudencia del joven Montejo se puso de manifiesto al haber sabido
atraerse la amistad del poderoso cacique Tutul-Xiu. Su capacidad como jefe
se hizo patente por las atinadas medidas que tomó para metódicamente ir
consolidando su conquista de la extensa Península de Yucatán. Su valor fue
puesto de manifiesto en el azaroso e inverosímil viaje a las Higueras como
paje de don Hemán Cortés, en los múltiples encuentros tenidos con los
indígenas durante la conquista y principalmente al ser atacado por el fiero y
bravo cacique de Sotuta, Nachi Cocom en Ichcanzihó, hoy Mérida, al frente
de 60,000 decididos indígenas, siendo que Montejo ( el Mozo) tan sólo contaba para librar la batalla y salir victorioso con doscientos españoles entre capitanes, soldados de a pie y de a caballo.
Su espíritu de equidad y justicia dentro de la época y circunstancias en que
le tocaron actuar se puso de manifiesto en reiteradas ocasiones, principalmente al no permitir la venta de indios, no obstante la penuria en que se debatía
la incipiente colonia en Yucatán a raíz de consumada la conquista.
Ya hemos visto que al ocurrir el deceso del capitán Montejo y León ( el
Mozo) éste se encontraba en situación económica difícil, por lo que para solventar sus adeudos se sacó a remate hasta su casa habitación, mas su fiel y
abnegada esposa doña Andrea del Castillo, dama de extraordinarias dotes y
entereza, una verdadera matrona, se presentó a la Almoneda y rescató la Casa
Solar de manos de los acreedores, conservándola así, como hasta hoy para la
descendencia habida en su matrimonio con el fundador de la ciudad de Mérida. Para apreciar el temple de esta gran dama que fue doña Andrea del
Castillo, basta analizar su solicitud de una ayuda de costas hecha ante el
Visitador del Rey en 15831 en que dice: " ... Porque muchas veces las mugeres
principales y de mi calidad, quando se hallaban presentes en las conquistas y
guerras, los caballeros y soldados, con su bista, se esfuerzan y 1animan a señalarse y bien obrar y a servir a sus Reyes y Señores con más ánimo y valor,
y mas si saben que pueden ser parte con los Capitanes generales para que
gratifiquen sus servicios como yo lo podía ser con el dicho mi marido, encareciéndole lo bien hecho y bituperándole lo contrario".
Doña Andrea poseía regular fortuna personal heredada de su madre doña
Francisca del Castillo y no titubeó en gastarla para solventar las deudas de su
esposo y así rescatar de los acreedores la "Casa de Montejo", construída por
su esposo para su propia residencia y la de su padre, el Adelantado.

422

De esta soberbia mansión, el erudito maestro don Manuel Toussaint asienta
lo siguiente: " ... Además de esta casa poseemos otras de la misma centuria
que creemos necesario dar a conocer en este breve estudio. Pocas son las casas
documentadas del siglo XVI que poseemos aparte de esta magnífica mansión
de Montejo. En la ciudad de San Cristóbal de las Casas en Chiapas se ve
otra, la cual se dice era la casa del Corregidor del lugar, según tradición de
la que no conocemos comprobación en fuente histórica, don Andrés de la
Tabilla, pero es mucho más simple y sobria, recuerda las viejas casas españolas
de Toledo y aun algunas que se conservan en la maravillosa ciudad de Cuzco
en el Pení. En Puebla hay varias de gran valor, como la llamada "Casa del
que mató al animal", en la antigua calle de Infantes. Su composición es sencilla y es simplemente la ornamentación de las jambas y trabe la que encierra
gran interés artístico, aquéllas con relieves tomados de un tapiz flamenco
del siglo XV con escenas de caza, de donde se deriva la tradición surgida en
torno de esta casa; ésta con un friso de granadas que muestra en su técnica
una enorme influencia indígena ..." " ... En Guadalajara muestran una puerta semejante a la primera que hemos mencionado en Puebla, con los sillares
de sus jambas y las dobelas de su trabe profundamente marcados, un poco a
la manera barroca. Otras casas del siglo XVI pueden encontrarse en Michoacán como la del Portal Chaparro de Pátzcuaro, pero ninguna puede
afiliarse al sello renacentista como las que antes hemos mencionado". "Ningún
monumento más rico en este género que la Casa de Montejo... " Describamos
la Casa de Montejo:
(La portada) "cornpónese de dos partes: La inferior construída en torno
~e la puerta que es arquitrabada y rematada por una gran ménsula que sostiene una repisa sernioctogonal que forma el balcón de la parte alta"." ... Completand~ nuestra descripción de la parte baja, vemos que sobre una sotabanca
o zócalo, se alza propiamente el basamento del edilicio, compuesto por resaltos entablerados con sus entrantes y salientes respectivos para dar realce a dos
columnas esbeltas que encuadran la portada, con sus antas correspondientes
tras l~ cuales se ven otras. El marco de la portada está formado por tableros
esculpidos en alto relieve con motivos renacentistas y medallones en su centro
con conchas de las cuales salen cabezas humanas; en los ángulos tableros con
cuadros; a la derecha el busto de una mujer con corona y a la izquierda el
de un hombre barbado cuya cabeza parece cubrir un yelmo o turbante. La
trabe se forma por dos pequeños tableros a los lados de 1a clave; en estos
tableros se ven tritones que sostienen pequeñas cartelas con inscripciones: del
lado derecho dice "Amor Dei", en la izquierda "Vincit". La clave es curiosí~: representa un hombre vestido con un traje de piel de cordero que
SOS tlene inclin_ado la base de la ménsula que forma el balcón y que es uno a
modo de capitel con volutas; la posición de este hombre da a entender que

423

�toda la obra depende de él. .." " ... El cuerpo alto altera profundamente el
sistema constructivo: al eje de las columnas, sobre la comisa, hay dos grandes
capiteles que sostienen salvajes burdamente vestidos con pieles de camero,
cuya lana ostenta toscas vedijas; en sus manos sostienen mazas de troncos.
Al eje de los tableros de la parte baja cmnspondcn basamentos de pilastras en
cuyas caras se ven guerreros armados que descansan en cabezas de indios vencidos, y tienen en una mano una alabarda, y en la otra una tosca espada.
Las cabezas de los vencidos no apoyan en la parte baja de Ja pilastra, de manera que los guerreros parecen estar en el aire. La puerta del balcón es
también adintelada, pero presentan modillones en sus ángulos. Su marco está
construído por fajas de ornato: botones rehundidos en cazoletas y la más importante consiste en una fila de cabecitas de niños que alternan con ganchos
incru tados en el muro y que en la parte alta, o sea en el dintel, toman Ja
inclinación que debían seguir las do\!elas, por más que no existe dovela alguna.
Las pilastras presentan capiteles estilizados formados por grifos, y en su centro
pequeñas ca1telas; la de la izquierda con el monograma de Jesús y la de la
derecha con el de María. Arriba de la puerta se encuentra el gran escudo
de los Montejo, coronado por un yelmo que cobija una águila, y por todo
el espacio libre entre las pilastra¡¡ y el dintel se extiende el lambrequín del
escudo, formado por ramas vegetales que en vez de frutas presentan cascabeles. El lambrequín cubre armoniosamente tocio el espacio".
Los fragmentos anteriormente transcritos nos dan una ligera idea de la importancia arquitectónica de la soberbia portada de la "Casa Montejo", que la
coloca.ron en primer plano entre las construcciones civiles del siglo XVI en
las Américas, mas también debe tenerse presente que esta mansión es la
Casa Solariega más antigua en el Nuevo Mundo, ya que por más de cuatro
siglos ha sido la residencia de legítimos descendientes del conquistadqr que la
construyó y de su esposa doña Andrea del Castillo, los cuales la han sabido
conservar con el debido decoro para omato de la ciudad de Mérida, siendo
así la única construcción civil que del siglo XVI aún se conserva en la tradicionalmente hospitalaria capital de! Estado de Yucatán.
La esposa del Capitán en Jefe de la Conquista de la Península ele Yucatán,
doña Andrea del Castillo, provenía de nobles hijosdalgo y naturalmente estaba
imbwda de las tradiciones y costumbres de la nobleza de su época y por ello
quiso perpetuar en su descendencia la '·Casa de Monte jo", por lo que aJ
otorgar testamento en 15 de julio de 1585 estableció un mayorazgo con dicha
propiedad a fin de que fueran heredando sus descendientes en orden a "mejor derecho", sin que la pudieran vender, enajenar o hipotecar a fin de perpetuar en el correr de los años y de los siglos la propiedad en la sangre de
Montejo, honrando así la memoria de su esposo el verdadero cqnquistador de
la Península y fundador de las ciudades de Campeche y de Mérida.

424

Doña Andrea otorg6 su testamento ante don Pedro Ortiz Bocanegra, Escribano de su Majestad y Público del número de la Ciudad de Mérida, Provincia de Yucatán, por su Majestad, y dice así eo lo conducente:
"In Dei Nomine, Amcn.-Sepan q(uan) tos esta Carta de Testam(en) to
vieren como yo D(oñ)a Andrea del Castillo, biuda, muger q(ue) fui de
D(o)n Fran(cis)co de Montcjo q(ue) aya gloria, vecina q{ue) soy desta
Ciud(ad) de Mérida, de las Pro(vinci) as de Yucatán, estando enferma del
cuerpo y sana de la voluntad y en mi buen seso y entendim {ien} to natural
qua! N(ues)tro S(eñ)or fué scrv(i)do de me lo dar, y temiéndome de la
muerte, que es cosa natural, y creyendo como creo en la Sant(ísi)ma Trinidad, Padre y Hijo y Espíritu S(an)to, tres personas y un solo. Dios verdadero,
y en todo lo q (ue} cree y tiene la S ( an) ta M (ad) re Igl (esi) a Romana, deseando poner mi ánima en carrera de saluación, hago y ordeno este testam (en) to
e postrim(er)a voluntad de la f(o)r(m)a y roan{er)a siguiente.
"Ruego a la Limpia Conccpci6n de la Madre de D(io)s y S(eñor)a
(uest) ra ruege a su precioso Hijo me perdone todos mis pecados y q ( ue)
mi ánima se salue y sea c-n mi fauor y ayuda pa(ra) q(ue) haga y ordene lo
q(ue) a la saluaci6n de mi ánima combicne, Amén.
"!ten, mando a D(on) Juan de Montejo mi hijo, por ser el primog-énito
mio y del d(ic)ho D(on) Fran(cis}co de Montejo (que aya gloria) las Casas
de mi morada, con todos los guatro solares que tienen, con cargo q(ue) ante
todas cosas cumpla y pague todo lo q (ue) faltare de mis vienes todo lo ,
contenido en este d ( ic) ho mi testam (en) to y deudas, si algunas paresieren
demás de la q (ue) está declarado, demás q (ue) todas las cosas contenidas en
este d(ic)ho mi testam(en)to se cumplan y paguen, sin que falte cosa alguna,
de modo q(ue) mi ánima se descargue según q(ue) aquí lo dexo ordenado
y se me haga el bien q ( ue) de.xo declarado, de manera q (ue) visto el valor
'de los vienes q(ue) mios se hallaren, cumpla e pague todo lo q(ue} faltare
para cumplir e pagar todo lo q (ue) yo deviere y todo lo q ( ue) mando en estte
d(ic)ho mi testam(en)to, lo qual a de hacer e cumplir dentro de año y medio, que se quenta desde hoy en adelante, y declaro que la d(ic)ha Casa, ni
solares, ni parte alguna de todo ello no lo pueda vender, trocar, ni enajenar,
él ni sus her(mano)s, sino q(ue) vaya sub ed.iendo p(or) linea recta de unos
en otros porque s(iern)pre esté viva la roem(ori)a de cuyo fué, la qual manda
le hago por vía de mejoralle como le mejoro en el tercio e reman (en) te del
quinto de mis vienes.
''Y por aquella vía e f(o)r(m)a q(ue) más de d(erec)ho lugar aya, y
para cumplir e pagar y cxecutar este mi testam(en) to, dexo y nombro poT
mis alvaceas y testam(entari)os al d(ic)bo D(o)n Juan de Montejo, mi hijo,

425

�y a (Do)n Carlos de Arellano, asimismo hijo mio,1 y a Gregorio de Cetina,
mi herm{an)o, y a Francisco Tamayo Pacheco, mi cuñado, a Juan de Magaña, el Viejo, vecinos desta d(ic)ha Cibdad, a los q(ua)les y a cada uno
dellos, por si e insolidum, doi poder cumpp(Ii) do para que entren y tomen
mis vienes y los vendan e rrematen en pú (bli) ca Almon (e) da e fuera della,
y de los montos de su valor cunplan e paguen estte mi testam( en) to e las
mandas e obras pías dél como en él se contiene, e qual ellos lo hicieren por
mi ánima tal depare Nuestro Señor quien otro tanto por ellos haga".
Mediante este testamento quedó fundado el Mayorazgo de la histórica casa
que doña Andrea había rescatado de manos de los acreedores de su esposo.
El matrimonio Montejo-del Castillo, hubo tres hijos, un varón y dos hembras. Primero doña Beatriz, segundo don Juan y tercero y última doña Francisca, y en cumplimiento a las leyes heredó el Mayorazgo por ser varón don
Juan y después de él su hijo don Juan de Montejo Maldonado casado con
doña María de Velasco, el cual no tuvo sucesión, por lo que a su fallecimiento
heredó el Mayorazgo su sobrino don Juan de Salazar Montejo, nieto de su
hermana doña Andrea de Montejo, esposa que fue de don Juan Velásquez
de Salazar. El referido don Juan de Salazar Montejo fue casado con doña
Ignacia Santos Padilla y hubieron a don José de Salazar Montejo, quien
heredó el Mayorazgo a la muerte de su padre. Al fallecer este don José heredó
la casa doña Catalina de Salazar Montejo, su hija, la cual hubo dos hijos
en su matrimonio con don Francisco Diez de Velazco, don Francisco y doña
Josefa; el primero no contrajo matrimonio y doña Josefa aunque casó dos
veces no hubo sucesión, con lo cual se extinguió la descendencia proveniente
de don Juan de Montejo y del Castillo, primero en heredar el Mayorazgo.
Al extinguirse la sucesión del hijo varón de don Francisco de Montejo y
León y doña Andrea del Castillo, inmediatamente reclamó el Mayorazgo el
capitán don Francisco de Salís Casanova, Regidor Perpetuo de Mérida y
Encomendero por su Majestad, alegando que don Francisco de Montejo y
León tan sólo hubo dos hijos, don Juan y doña Francisca. Veamos pues la
petición hecha por el Capitán Salís Casanova ante las autoridades para que
se le diera posesión de la casa como Mayorazgo:
"Petición.-EI Capitán don Fran ( cis) co de Salís y Casanova, vecino de esta
ciudad, rexidor perpetuo y encomendero de yndios por Su Magestad, premisas
las solemnidades en d (e) r( ec) ho necesarias y como mejor me combenga paresco ante V.M. y digo: que doña Andrea del Castillo, mujer Iexíti.ma que
fué de Don Fran (cis) co de Montejo, Theniente de Capitán General de la
Conquista, por fallecimiento del susod (ic) ho compró en almoneda pública,
Doña Andrea del Castillo. llama a don Carlos de Arellano "hijo mio" debido a que
éste estaba casado con su hija doña Francisca.
1

426

con su propio caudal las casas que fueron de su morada y se hallan en la
trasa de esta ciudad, por la parte sur de la plasa maior, la que comúnmente
llaman Casas del Adelantado, y usando de la propiedad, dominio y señoría
que en virtud de d(ic) ha compra adquirió, a las referidas Casas, al tiempo
de su fallecimiento las dexo vinculadas para que todos los herederos y subsesores en d ( ic) has Casas las fuesen gosando y poseyendo, guardando el orden
de mayorazgo, cada uno en su tiempo y lugar, prefiriendo siempre el más
propinquo, como consta de la cláusula del testamento de la d (ic) ha Doña
Andrea del Castillo, que en devida forma presento, en cuia consequencia, de
DOS hijos lexítimos que le quedaron z del d(ic)ho su marido, que fueron Don
Juan de Montejo y Doña Fran(cis)ca Montejo, entró como primogénito en
la primera poseción de las sobred (ic) has Casas el referido Don Juan de Montejo, quien casó con Doña Ysabel Maldonado y tubieron por sus hijos lexítimos
a Don Juan y a Doña Andrea Montejo y Maldonado, y aviendo fallecido
entró por segundo poseedor don Juan de Montejo Maldonado, su hijo, quien
por no tener subsesor llamó para después de su fallecimiento a d(ic) ha subseción al Capitán Don Juan de Salazar Montexo, como hijo lexítimo que fué
de Doña Guiomar de Velasquez y Montejo, su sobrina, hija lexítima de Doña
Andrea de Montejo, su hermana, y del Capitán Don Juan Velasques, su
marido, y d(ic)ho Don Juan de Salazar y Montejo, tercer poseedor, aviendo
casado con doña Ygnacia Padilla, tubieron por hijo lexítimo a Don Joseph
de Salazar y Montejo, quarto poseedor, quien casó con Doña Catalina de
Aguilar, tubieron por hija lexítima a Doña Catalina Salasar, la qual casó ,
con Don Fran(cis)co Velasco, y tubieron por sus hijos lexítimos a don
Fran ( cis) co y a Doña J osepha Velasco, y con el motivo de auer fallecido
d(ic) ho don Francisco Velasco en menor hedad y la referida Doña Catalina
de Salazar, su madre, recayó en la poseción de las Casas en Doña Josepha
Velasco, su hermana, y aviendo casado la d (ic) ha en primeras nupcias con
Don Alonso Valverde, y en segundas con el Capitán Don Nicolás Carrillo, ni
en las unas, ni en las otras tubo subseción alguna, par qual feneció en ella la
línea; y siendo previsto para la perpetuidad, conservación y permanencia
de d(ic)ho vínculo en Ja desendencia, sin salir de ella, por pretesto alguno,
en conformidad de la voluntad de la fundadora, recurrir al tronco principal
(donde) prosede la linea más ynmediata desde Doña Fran(cis)ca Montexo,
hija lexíti.ma de la fundadora, hermana entera J coheredera de Don Juan de
Montexo, su primogénito y primer poseedor de d{ic)ho vínculo, porque avien• En su pedimento para obtener el Mayorazgo, el capitán don Francisco de Solís
Casanova, asienta una falsedad, al decir que don Francisco de Montejo y Le6n y doña
Andrca del Castillo un s61o hubieron Dos Hijos Legítimos, puesto que está plenamente
demostrado que fueron Tre,.

427

�do casado la d ( ic) ha doña Fran {cis) ca con D (o) n Carlos de Arellano tubieron por sus hijas lexítimas a D ( oña) Catalina de Arellano y a D ( oñ) a
Ana de Arellano, la primogénita que es la referida D ( oña) Catalina, casó
(con) don Diego Solis, y tubieron, por su hijo lex(iti)mo y primogénito a
D(o)n Francisco de Solis A.rellano, que casó con D(oñ)a Isabel Guillén de
las Casas o Casaus, y tubieron por su hijo lex(iti)mo y primogénito a d(o)n
Fran ( cis) co de Solís y Casaus, q ( uie) n casó con d ( oñ) a Catalina Pachcco
Rosado y tubieron por su hijo lex(iti)mo a d(o)n Fran(cis)co de Solís Pacheco, mi padre, y éste casó con D ( oñ) a Petrona Sauli y Casanoba, de q (uie) n
nací primogénito y principal heredero de sus d(e)r(ech)os y acciones, porque
aunque d (o) n Fran ( cis) co de Solís y Casaus, mi abuelo, tubieron por primogénito al Sargento M(ay)or d(o)n Ygnacio de Solis y Casaus y éste tubo por
hijo a d(o)n Juan de Salís que casó con D(oñ)a Ana Cerrano, murió sin
dejar subseción, por lo qual recayó el d (e) r ( ech) o en d (o) n Fran ( cis} co
de Salís Pacheco, mi señor y padre, como hijo segundo del d (ic)ho d (o)n
Fran (cis) co de Solís Casaus, mi abuelo, como todo consta así de las fees de
baptismo y casam(ien)to como de todos los ynstrum(en)tos que con el jura•
mento y solemnidad necesaria presento, que se servirá V.M. de mandar se
me devuelvan para resguardo de mi d(e)r(ech)o, para que en su vista y la
de la ynfonnación que para maior abundamiento ofresco, sobre que se servirá
V.M. mandar que los testigos que presenta,.;e sean examin ( a )dos por el tenor
de este pedimento, se servirá asimismo en administración de Justicia de haverme y declararme por tal subsesor, desendiente lexítimo de d (ic)ha fundadora y en q ( uie) n principalmente recaen todos los d (e ) r ( ech ) os y acciones
asi reales como personales que mis asendientes y antcsesores en caso semejante
pudieron y deuieron tener a d (ic)has Casas como vinculadas a los más ynmediatos subsesores, y en consequencia de todo lo anejo y perteneciente a
ellas sin que falte solemnidad ni sircunstancia alguna para que yo y todos mis
desendientes y stibsesores las podamos baver, tener, gozar y poseer cada uno
en su lugar y tiempo con el d(e)r(ech)o que le tocare y tocar le puede que
he aquí por e&gt;.J&gt;reso y repetido, y porque las d ( ic) has personas que han de
declarar y jurar en la ynformacíón ofrecida son personas condecoradas, se a
de setvir V.M. de dar comisión al presente escrivano para que vaya a las
casas de sus moradas a reservir1es sus juramentos, por todo lo qual,
"A.V.M. pido y sup(li)co asilo provea y mande por ser de Justicia y para
ello juro en forma y en lo necesario, &amp;.-Don Fran(cis)co Solís.- Pedro de
Sosa.
"Auto.-Por presentado juntamente con el testimonio y fees de baptismo y
casamientos que se refiere y a esta parte se le admite la información que
ofrese y los testigos que presentare se examinen al tenor de este escripto, poi

428

ante el presente escrivano, a q ( uie) n se da comisión para ello y fecho se
traiga.
"Proueiolo el Señor Maestre de Campo D (o) n Juan de Castillo y Arrue,
Alcalde hordinario y de la S(a)nta Hermandad de esta ciudad de Mérida y
su jurisd(iccio)n, por Su Magestad, en ella en veinte y tres días del mes de
Noviembre de mil setecientos y dies y seis a(ño)s.-Castillo.-Ante mi, Bar( tolo) mé Mag(añ) a. es( criba) no pú(bli) co.
"En Mérida d (ic) ho día, mes y año, yo el escrivano dí noticia del auto de
la buelta al Cap(itá)n Don Fran(cis)co Solís, en su persona, doi fe.-Bartolomé Magaña, escrivano público".
La solicitud del capitán Salís Casanova está basada en burda y manifiesta
falsedad, puesto que el capitán Montejo y doña Andrea, su esposa, tuvieron,
ya lo hemos dicho, no dos hijos como declara el referido capitán Solis, sino
tres, y fueron: primero doña Beatriz, primera persona de raza blanca nacida
en Mérida y bautizada el 3 de junio de 1543, según consta en el libro lo.
folio lo. y partida la. del libro de bautismos del Sagrario.ª
El segundo hijo fue don Juan, bautizado el jueves 12 de mayo de 1544, según consta en el citado libro y el mismo folio en que se registró a su hermana Beatriz.

El tercer hijo fue doña Francisca, bautizada el 8 de abril de 1545 y también registrada en el libro lo. ya citado y en el mismo folio, pues a raíz de
Ja fundación de Mérida el aumento de la población blanca era en extremo
reducido.
Siendo doña Beatriz la hija mayor, es innegable que a su descendencia correspondía, sin género de duda, heredar el Mayorazgo de la "Casa de Mon~
tejo", al extinguirse la descendencia de don Juan, su hermano, y por ello,
el capitán Solís Casanova negó en su petición la. existencia de doña Beatriz y
coloca así a la descendencia de doña Francisca como la única con derecho a
heredar el Mayorazgo, y consecuentemente a él por ser el de mejor derecho
en esta línea de sucesión. Para demostrar su mejor derecho, tuvo que presentar las partidas de bautismo y de matrimonio de sus, padres, abuelos y demás ascendientes, hasta entroncar con doña Francisca, y no encontró las
correspondientes a doña Beatriz y su descendencia. Además presentó cuatro
testigos, personas de alta representación: señores doctor don Pedro Mijangos
e lbáñez, licenciado don Femando Falcón, capitán don Lucas de Villamil y
Vargas y don Antonio Magaña, para que previo solemne juramento declarasen ante las Autoridades ser verdad lo dicho por el capitán Salís Casanova.
ª Todas las partidas de bautismo y matrimonio que se citan en el cuerpo de este
~rito, se conservan en el Archivo General de Ja Arquidiócesis de Yucatán, provenientes del Antiguo Archivo del Sagrario Metropolitano.

429

�Los cuatro testigos declararon favorablemente con lo cual se convirtieron
de mala fe o por ignorancia, en sostenedores de la falsedad en que basó su
mejor derecho el capitán Solís. El alcalde de la Ciudad de Mérida don Juan
del Castillo Arrue, quien parece era desconocedor de la historia de Yucatán, expidió el 7 de diciembre de 1716, un Auto por el cual se reconoce ser
"primero en mejor derecho al Mayorazgo de la Casa de Montejo al capitán
don Francisco de Solís Casanova" y manda se le dé posesión. El Escribano
don Bartolomé de Magaña, también ignorando nuestra historia, extendió la
documentación prescrita por las leyes, por lo que en los primeros meses de
1717 entró a poseer el Mayorazgo y la Casa de Montejo, el capitán Solís
Casanova.
Es en verdad sorprendente que tuviera éxito la manifiesta falsedad en que
basó su mejor derecho el capitán Solís, pues era evidente e innegable que
doña Beatriz no tan sólo fue hija legítima de don Francisco de Montejo y
la primera persona de raza blanca que nació en Mérida, sino que en primeras nupcias casó en 1554 con su tío el fundador de Valladolid don Francisco
de Montejo (el Sobrino) y en 1572 casó en segundas nupcias con don Diego
de Santillán, Gobernador y Capitán General de Yucatán, ambos destacados
personajes de nuestra historia local por lo que es de suponer no pasaran
inadvertidos. Además consta que doña Beatriz fue de las más acaudaladas
personas de su tiempo y poseedora de las Encomiendas de Chuburná, Hunucmá, Tixcocob, Nolo, Mocochá, Buctzootz.
Por si todo lo anterior fuera poco, Fray Diego de Cogolludo en su Historia de Yucatán claramente cita a doña Beatriz como hija de don Francisco
de Montejo, e igual cosa hace Fray Diego de Landa en su Juicio de Residencia, así es que toda persona de mediana cultura tenía que conocer la existencia de doña Beatriz.
Sea por una u otra causa, el hecho fue que el Capitán Solís Casanova hered6
el Mayorazgo y lo disfrutó quieta y pacíficamente, así como sus descendientes
hasta su tercera nieta doña Manuela de Ancona y Solís, quien al fallecer
el 26 de agosto de 1828, sin sucesión, dejó por heredero y albacea a su hermano don Joaquín de Ancona y Cárdenas, estableciendo que al fallecer éste
heredara su sobrino don José Julián de Ancona y Velázquez.
Tio y sobrino, ya consumada la Independencia, obtuvieron del Tribunal de
Justicia de Yucatán un Auto fechado el 29 de noviembre de 1828 autorizándolos a vender la casa de Montejo. Basándose en esta autorización, el 3 de
febrero 1832 compró la casa doña Teodosia Robertos, la cual no era de
los antiguos vecinos de Mérida ni descendiente de don Francisco de Montejo y León. La señora Robertos, meses después, en 19 de septiembre de dicho año, vendió la casa a don Pedro Casares y Armas, natural de Campeche

430

e hijo de un hidalgo español establecido en dicho puerto. El señor Casares y
Armas tampoco era descendiente de don Francisco de Montejo, con Jo cual
quedó destruído el vínculo de consanguinidad establecido por la viuda del
capitán Montejo para honrar y perpetuar la memoria del Jefe de la Conquista de la Península de Yucatán y el cual había subsistido casi trescientos años.
Es de interés saber qué actitud asumieron los diversos descendientes de
Montejo al ver destruido el vínculo de consanguinidad instituido por su
antecesora doña Andrea del Castillo, viuda de Montejo, para honrar a perpetuidad la memoria de su esposo. En general lo ignoramos, mas sabemos
que a dos jóvenes descendientes de Montejo contrarió enormemente la actitud de su primo don Joaquín de Ancona y Cárdenas y de la madre y tutora de don José Julián de Ancona y Velázquez por haber roto el vínculo vendiendo la "Casa de Montejo"; y tomaron la determinación de adquirirla en
la primera oportunidad que se les presentara. Estos dos jóvenes descendientes
de don Francisco de Montejo y León, fueron don Lorenzo y don Simón de
Peón y Cano, pertenecientes a distinguidas y acaudaladas familias, pero que
aún no disponían en lo personal del capital necesario para comprar la casa
de Montejo y restituir así el vínculo de consanguinidad que había establecido
su decimaprimera abuela doña Andrea del Castillo, viuda de Montejo.
La ocasión no se hizo esperar, pues don Pedro Casares y Armas se había
adeudado en 1832 para comprar la casa y la había hipotecado. Seis años
después, en 1838, el señor Casares se vio en la necesidad de poner otra hipoteca a la casa y fue don Lorenzo Peón y Cano quien otorgó el préstamo. A
fines del año siguiente, 1839, don Simón de Peón y Cano, hermano del citado don Lorenzo y consecuentemente decimoprimer nieto del capitán Montejo, adquirió la propiedad y sus directos descendientes la poseen hasta hoy
día, con lo cual don Simón de Peón hizo posible que hasta la fecha perdure la
voluntad testamentaria de doña Andrea del Castillo viuda de Montejo.
Al romper los Ancona en 1832 el vínculo de consanguinidad, la histórica
mansión de los Montejo estuvo en manos extrañas tan sólo siete años es
.
'
decir,
un fugaz período en sus 420 años de existencia con que cuenta hoy.
Don Simón de Peón y Cano era descendiente de Montejo por la misma
línea que el capitán Solís Casanova, pues también descendía de la hija menor doña Francisca; pero su esposa doña Venanciai Losa era a su vez descendiente por línea preferente que la de su esposo, pues provenía de la rama
primogénita una vez extinguida la descendencia de don Juan de Montejo y
del Castillo, pues era novena nieta de doña Beatriz de Montejo y del Castillo, la hija mayor, por lo cual la descendencia de don Simón y de doña Venancia, los de Arrigunaga y Peón, actuales propietarios de la solariega mansión, provienen de las dos ramas existentes, la primogénita correspondiente a
431

,

�doña Beatriz y la segundona proveniente de doña Francisca. De esta última
descienden por cuatro líneas, como podrá verse en lineas adelante al exponer
la documentación correspondiente.

AsCENDENClA DE DOÑA VENANCIA

LosA

Don Francisco de Monte jo y León ( el Mozo), contrajo matrimonio en la
ciudad de México en 1539, con doña Andrea del Castillo, como consta en
sus Probanzas del año de 1563 que se conservan en el Archivo General de
Indias. Asimismo consta que fue legítimamente casado según las partidas de
bautismo de sus tres hijos. Hija primogénita de este matrimonio fue doña
Beatriz de Montejo, la cual nació en la ciudad de Mérida y fue bautizada el
día 3 de junio de 1543 y registrada en el libro lo., folio lo., partida la. del
Sagrario. Contrajo matrimonio en segundas nupcias el 16 de septiembre de
1572 (libro lo., folio 4o. vto.), con el gobernador y capitán general de Yucatán don Diego de Santillán y de este matrimonio fue hija única doña Beatriz, de Santillán y Montejo, de la cual no hemos podido localizar su partida
de bautismo,' mas sí la de su matrimonio fechado en 21 de noviembre de
1585 (libro lo., folio 11 vto.) con don Diego Ordóñez y López de Orduña,
hijo legítimo de don Sancho Núñez Ordóñez y doña María de la Paz. De
este matrimonio fue hija legítima doña Mariana, bautizada el 30 de marzo
de 1595 (libro lo., folio 89 vto.), la cual casó el 30 de noviembre de 1607
(libro lo., folio 37) con el capitán don Pedro de Burgos y Cabrera, hijo del
conquistador Sebastián de Burgos y de doña Francisca Cabrera; -ésta hija
legítima del conquistador Diego Cancino y de doña Magdalena Cabrera. El
matrimonio del capitán don Pedro de Burgos y de doña Mariana Ordóñez
y Santillana Montejo, fue hija legítima doña María, bautizada el 18 de diciembre de 1614 (libro lo., folio 135), la cual contrajo matrimonio el 3
de septiembre de 1642 (libro 2o., folio 95 y 95 vto.), con don Francisco Muñoz Zapata y Quijada, hijo legítimo de don Femando Muñoz Zapata y doña Mariana de Quijada y nieto por línea paterna del capitán de la Conquista de Yucatán, don Remando Muñoz Zapata y doña Juana Farías Sigüenza.
Del matrimonio de don Francisco Muñoz Zapata y doña María de Burgos Y
• A falta de esta partida de bautismo tenemos como ya indicamos su partida de
matrimonio y avalando este documento carta del Gobernador de Yucatán, don Francisco de Solis, a S. Magd. sobre varÍO!I asuntos de su Gobemaci6n, en la que hace
constar que en cabeza de doña Beatriz de Santillán puso la Encomienda, de Nolo a la
muerte de su padre. (Archivo General de Indias Est. 60 Caj6n 4o. Lejago 24. Nomenclatura Antigua, Año 1586).

Ordóñez Montejo, fue hija legítima doña Inés Zapata Burgos bautizada el
lo. de febrero de 1646 (libro 2o., folio 88 vto.), con don Baltazar Pacheco
Contreras, descendiente legítimo de los conquistadores Cristóbal Sánchez Pedro Gómez Chamizo, Diego de Contreras, Pedro de Castelar, Andrés' Dorantes de Carranza y Gaspar y Melchor Pacheco. Del matrimonio de doña
In~ Zapata Burgos y de don Baltazar Pacheco Contreras, fue hija legítima
dona Petrona Pacheco Zapata como consta en los folios 513 y 521 de las
Probanzas de los Hnos. Quijano y Cetina ante 1a Real Audiencia de México
en 1791. Esta cas6 con don Felipe Carrillo de Albornoz, Capitán de Milicias en Yucatán y Alcalde Ordinario de Mérida, así como descendiente de
los conquistadores don Pedro de Castelar, don Andrés Dorantes de Carranza,
don Gaspar y don Melchor Pacheco. Del matrimonio de don Felipe Carrillo de ':lbomoz y doña Petrona Pacheco Zapata, fue hija legítima doña Juana Carnllo de Albornoz y Pacheco, la cual contrajo matrimonio con don Lucas d~ Lara Booifaz y Bracamonte, descendiente de los conquistadores Diego
Narvaez, Juan Bote y Hernando de Bracamonte, como consta en las ya citadas Probanzas d~ los Hnos. Quijano y Cetina y fueron padres de doña Josefa
de Lara y Carrillo de Albornoz la cual contrajo matrimonio el 4 de octubre de 1733 (libro 70.,. folio 48 vto.), con don Francisco de Cetina y Bravo descendient~ ~e los _conquistadores Alonso de Medina, Marcos Trujeque
de Ayala, Gerommo Lopez de Bobadilla, Juan de Sosa Velásquez, Francisco ~rceo, Rodrigo Alvarez, Remando de Aguilar, Antón Julián, Cristóbal
?utJerrez Y Gregario de Cetina. Del matrimonio de don Francisco de Cetina Y Bravo y .doña Josefa de Lara y Carrillo de Albornoz, fue hija doña
Petrona de Cetma y Lara. Esta doña Petrona fue Encomendera de Indios
de Sacalún Y, medio Sacalam por merced Real fechada el 22 de septiembre
de 1761; caso con don Juan Esteban Qwjano, Procurador Síndico General
de Yucatán en 1771; Mayordomo del Pocito y Alhóndiga en I 755 y 1770;
A~calde de Segundo Voto de Mérida en 1782; Juez General de Bienes de
Difuntos en 1782; Alférez de Milicias en 1751; y Depositario de Arbitras
Municipales en 1776. Todo lo concerniente a doña Petrona y a su esposo
con5ta muy por extenso en las Probanzas hechas en 1791 por sus hijos y en
su solicitud para obtener su Encomienda. El prirner documento se conserva
en el Archivo del Ex-Ayuntamiento de México y el segundo en el Archivo
General de Indias. Del matrimonio Quijano-Cetina, fue hija doña Francisca Quij~o Y C~tina,_ bautizada el 17 de marzo de 1772 (libro 19, folio 190)
Y contrajo matnmoruo el 18 de mayo de 1792 (libro 10, folio 83) con don
José Joaquín de Losa y Bueno, capitán de los Reales Ejércitos, y fueron pa~s de doña Venancia de Losa y Quijano bautizada el 23 de mayo de 1811
(libro 40, folio 81 vto.), la cual casó el 6 de abril de 1832 (libro 15, folio lo.),

432
433
H28

�S. , de Peón y Cano de quien a continuación establecemos su
d
con on Jillon
'
·
d M te' y León
legítiina con don Francisco e on JO
.
entronque d e consangw·n·dad
1

ASCENDENCIA DE DON SIMÓN DE PEÓN y CANO

.
. , en . efe de la Conquista de YuDon Francisco de MonteJo y León, cap1tan
J
.
,
1539 con
catán, fundador de las ciudades de Campeche y ~énda, caso en 1 3-12/3
doña Andrea del Castillo (Archivo General de Indias:-Patrontod - F
amo I Año 1563.-Signatura moderna 65.-Probanzas .. e on ranNo. 2, R
·.
,
.
matrimonio procrearon un h110, don Juan,
cisco de MontCJO y Leon)' ~ en su
de cendencia. y dos hijas: doña
del cual no existe hoy en día, que sepamos, s
'
.
. y dona
- Franc1sca
.
de las que existe numerosa descendencia.
Beatnz
.
.
b .: da el 8 de abril de 1545 {libro I, folio lo.)' conDona Francisca, auuza
•
M
·
·tadas)
.
.
.
1562 {Probanzas de don Francisco onteJo, ya Cl
'
tra10 matnmoruo en
, d 1
d M ués del Valle de
con el capitán don Carlos de Arellano, t10 Del se~ o . arkellano Montcjo
Oaxaca don Martín Cortés y Arellano. e matrunoruo .
. 5
.. ' ,.,
.
bautizada el 12 de enemo de 1565 (libro lo., folio 1
fu)e ~1Ja d:na c,a:~1;;, de junio de 1583 (libro lo., folio 10), con ~1 C~pitán
v. ' a cu caso
, .
Die o de Salís Del matnmomo de

~

dde Cocra:talias·~a ~:~d:~ ~:p~;1a;ol~o~ue h~a doña C~talina de Salís, Arcona
( .b 1 ( li 76) la cual caso con
llano bautizada el 26 de mayo de 1590 li ro o., o o T ~ t . de Gobernadon Andrés Dorantes Magaña, Alcalde de primer vol~ y d emJen e d Magaña
O itán General en Yucatán y nieto del Conqrnsta or uan e
'
: \ ~ d:pm'ayo de 1605 (libro lo., folio 36). Del matrimonio Solis Arcllano•
f
hi' d ña María Dorantcs, bautizada el 11 de febreDorantes Magana, ue Jª 0
,
d 1627 (libro 2o.,
ro de 1607 {libro lo., folio 113 v.)' y caso el 3 de ~ayo ed 1'-·u bautif r 29 ) con don Sebastián de Mendoza y hubieron a on m?~'
o ~o l 1~ de septiembre de 1630 (libro lo., folio 317 v.), fue Cap1tan, Casde la Ciudadela de Mérida y Regidor Perpetuo, cas6 el lo. de
#

::u:0:

octuh;:

de 1650 (libro 3o., folio 26)' con doña Paula de Varg_as Pac~:o~rs~he. t d l C 'tán Melchor Pacheco Y tercera de los Capitanes
p
.
me a A:dré:p~orantes de Carranza, todos ellos Conquistadores. Del. matnm~c~ y
hi ·0 don Andrés, bautizado el 5 de septl~bre e
mo Me~doza2-Vargf;s, ::;) YJ casó el 18 de abril 1672 (libro 3o., folio 127)'
1651 (libro o., 0 1º
,.
• , d p dr de Mézcon doña María Mézquita y Villacis, hija del Cap1tan on, e . o f
hi'a
uita
doña Inés de Villacis. Del matrimonio Mcndoza-Mezqmta. ue J
q - y
. b . d 1 21 de noviembre de 1672 (libro 3o., foho 71)' y
dona; Antonia, aut¡za a e
.
.
) con el Maestre de Campo
ó el 23 de abril de 1691 (libro 4o., folio 86 '
. f
h"a
cas
don Manue l d e Bo lio y OJ'eda. Del matrimonio Mendoza-Boho, ue IJ

434

doña Felipa, bautizada el 3 de marzo de 1692 ( libro 4o., folio 102), y casó
el 23 de septiembre de 1708 (libro So., folio 103 v.), con el Capitán Pedro
Díaz de Avila. De este matrimonio, fue hija doña Felipa Josefa, bautizada el
16 de marzo de 1711 (libro 60., folio 42), y casó el 5 de febrero de 1724 (libro 60. 1 folio 120 v.), con el Capitán y Protector General de los N aturalcs,
don Domingo Cayetano de Cárdenas. De este matrimonio fueron hijas doña
Leonor y doña Dominga. La primera, doña Leonor, bautizada el 15 de julio
de 1742 (libro 10 folio 152) casó el 25 de noviembre de 1761 (libro 8, folio
137), con don Alonso Manuel de Peón Valdés, Coronel de los Reales Ejércitos y Caballero de Calatrava. De este matrimonio fueron hijos don Ignacio
y don Alonso Luis. El primero, don Ignacio, bautizado el 6 de octubre de
1762 (libro 17, folio 42) , casó, previas las dispensas de parentesco, el 15 de
septiembre de 1783 (libro 9, folio 33), con su prima hermana, doña María
Josefa de Ma]donado y Cárdenas, bautizada el 28 de noviembre de 1770 (libro 19, folio 145), e hija del licenciado don Sebastián Maldonado, abogado
de los Reales Consejos; Oidor Honorario de la Audiencia de Santo Domingo; Auditor de Guerra de la Capitanía General de Yucatán y Teniente General y de doña Domínga de Cárdenas, bautizada el 12 de agosto de 1748 (libro 12, folio 59). Esta doña Dominga era hermana de doña Leonor, la esposa del Caballero de Calatrava don Alonso Manuel de Peón Valdés, pues ambas eran hijas de don Domingo Cayetano de Cárdenas y doña Felipa Díaz de
Avila, ésta, octava nieta del conquistador, don Francisco de Montejo, por Jo
que al casarse don Ignacio Peón y Cárdenas, Alcalde de Mérida y, como su
padre, coronel de los Reales Ejércitos, con doña María Josefa Maldonado y
Cárdenas, se unieron dos líneas descendientes del Conquistador Montejo. Del
matrimonio Peón-Maldonado fue hijo don Manuel José, bautizado el 17 de
junio de 1797 (libro 32, folio 58 v.), y casó el 19 de marzo de 1839 ( libro
16, folio 62), con su prima hermana doña Loreto Peón y Cano, con lo que
nuevamente se unieron descendientes del Conquistador Montejo, por lo que
su hija doña ~aría Jesús Peón y Peón, bautizada el 6 de abril de 1847 (libro 56, folio 136), resulta 12a. nieta por tres líneas del Conquistador Montejo, por lo que al casarse esta doña María Jesús Peón, con don José Ma.
Peón y Losa, se unió a otra línea proveniente de Montejo, como establezco a
continuación.
En líneas anteriores al hablar de los hijos del Caballero de Calatrava don
Alonso Manuel de Peón y Valdez y de su esposa doña Leonor de Cárdenas,
ésta, novena nieta del Conquistador Montejo, citamos dos hijos: 1o. don Ignacio y 2o. don Alonso Luis. Del primero acabo de establecer su descendencia hasta su segunda nieta doña María Jesús, por lo que ahora solamente me
falta establecer la descendencia del segundo hijo, don Alonso Luis, bautizado
435

�el lo. de septiembre de 1772 (libro 20, folio 18 v.), el que fue Teniente Coronel de Milicias Blancas de Mérida; Regidor y Subdelegado del Camino Real
y quien casó el 18 de marzo de 1799 (libro 11, folio 32), con doña Joaquina
Cano y Roo, bautizada el 22 de octubre de 1785 (libro 25, folio 70), hija del
Regidor Unico de Baleaba, España y en Yucatán Administrador de la Real
Renta del Tabaco; Regidor y Alcalde de Mérida, así como Alguacil Mayor,
don José Femández Cano y de su esposa doña Josefa Roo. Del matrimonio
Peón-Cano fueron hijos don Simón y doña Loreto. De esta dama ya establecí en lineas anteriores su descendencia como esposa de don Manuel José
Peón y Maldonado; por lo que paso a establecer la descendencia de don
Simón, bautizado el 30 de octubre de 1808. (Libro 38, folio 24 v.). Casó el
6 de abril de 1832 (libro 15, folio 1), con doña Venancía Losa de Qu.ijano,5
hija del Capitán de los Reales Ejércitos don José Joaquín Losa y Bueno y de
su esposa doña Francisca Quijano. Del matrimonio Peón-Losa, fue hijo don
José María, bautizado el 5 de enero de 1847 {libro . 56, folio 117 v.), y al
unirse en matrimonio el 14 de enero de 1871 (libro 21, folio 3), con doña
María Jesús Peón, decimasegunda nieta, por tres líneas, del Conquistador
don Francisco de Montejo y León, como establecen los documentos que he
citado en líneas anteriores, se unieron nuevamente descendientes del citado
Conquistador, por lo que la hija del matrimonio Peón-Peón, doña Eduviges,
bautizada el 5 de noviembre de 1871 (libro 67, folio 72 v.), fue decimatercera nieta por cinco líneas. Esta doña Eduviges contrajo matrimonio con el ingeniero civil y Caballero de Leopoldo II don Manuel de Arrigunaga y Gutiérrez de Estrada el 16 de noviembre de 1893. El referido don Manuel fue
hijo de don Manuel de Arrigunaga y Sabido de Bargas y de doña Faustina
Gutiérrez de Estrada. Del matrimonio de don Manuel y doña Eduviges se
origina la familia Arrigunaga-Peón, actuales propiearios de la Casa de Montejo.

hace muchos años, perdurando únicamente Ja descendeno·a po 1,
f
.
r meas e-

menmas que naturalmente no usa el apellido.

Queda pues establecido que don Francisco de Salís C
,
c di te d d F
.
asanova s1 era deseo_ en
e
ranc1sco de Montejo y el de mejor derecho en la línea proveniente de dona Francisca la hi ·
d
.
tabl 'd
,
Ja menor e MonteJo, mas también queda
:
/~do dque eFl Ma_yorazgo de la Casa de Montejo que obtuvo y disfrutó
re en o on rancISCo de Solís Casan
di f
d Be
,
ova y s rutaron asimismo su hijo
on mabe de Solís Barbosa, su nieto don Pantaleón de Solís M' d d
la Ra
b· •
Y en ez e
ya, sus ismetos don Juan Ramón, doña María Josefa doña M ,
Manuel~ An:~na y Solís y por último don Joaquín de Ancona\ Cárden::1a
don Jose Julian Federico de Ancona y Velázquez NO 1
día y
1 ,·
d
,
es correspon
en
egitimo erecho, pues lo obtuvieron mediante una falsedad
I d
]
·d
.
aprovec 1an o
que as aut~n. ades y personas que intervineron en su otorgamiento tenían
desconocmuento total en materia genealógica y de la historia de Yucatán
~ es nos negamos a pensar que se hubieran coludido para defraudar a lo 1 , '
~unosLde~cend.ientes de doña Beatriz, la hija mayor de don Francisco de ~o:::
JO y eon.

º~º

u:

Es ~e justicia hacer constar que don Simón de Peón hizo
la C
d
MonteJo en 1840 l
•
a
asa e
'
' as reparacwnes necesarias para su conservación
consta amenazaba ruin A · .
, pues
.,
a. stm1smo, que el ingeniero don Manuel de Arri ºª!ª y Gu~errez de Estrada, en 1893, poco antes- de contraer matrimonio :n
dona Eduv1ges de Peón, nieta pr.imogénita de don Simón le hiz
paraciones co I
al 1
,
o nueYas re.st a' n o cu a construcción se conserva en buenas condiciones y
en vi a e que en esta ciud d
d
·
del siglo XVI
.
a no que a en pie ninguna construcción civil
de .
'1ª excepción de la Casa de Montejo, puede justificadamente
cu-se que a e los se debe.

Es del caso hacer notar que, no obstante el hecho de que varios acuciosos
y competentes historiadores han escrito en relación con el Mayorazgo de la
Casa de Montejo, ninguno se percató de la falsedad en que basó su preferente derecho el capitán Francisco de Solís Casanova, y han aceptado como
verdad que don Francisco de Montejo y doña Andrea del Castillo tan sólo
tuvieron dos hijos, siendo que fueron tres.
El apellido Solís, de don Francisco de Solís Casanova, fue originado en
Yucatán por don Francisco de Solís y Paz, Gobernador y Capitán General que
fue de esta Provincia, y hasta donde mis conocimientos llegan, se extinguió
• De esta doña Venancia hemos narrado ya su ascendencia hasta entroncar con doña Beatriz, la hija primogénita de don Francisco de Montejo y León.

436

437

�EL GENERAL DON LUIS CABALLERO Y LOS OR1GENES
DE SU REBELIÓN

L1c. Cmo R.

DE LA

GARZA TREVIÑo

Cd. Victoria, Tamaulipas

Es FÁCIL HACER JUICIOS de los acontecimientos cuando ya ocurrieron, y opinar doctoral.mente sobre los errores, de modo señalado, si se fracasa; pero especialmente en el caso que será motivo y objeto de nuestro estudio, tales hechos, por nuestros antecedentes de Estado arisco y ríspido, por el carácter
medio de los hombres de Tamaulipas, por el estado de efervescencia del
ambiente; por los ocho años de violencia nacional que les precedieron; por
nuestro complejo de "machismo", y porque muchos de los actores creían de
buena fe que defendían su Soberanía atropellada y el sufragio, escarnecido,
tales hechos, repito, se habrían realizado de uno u otro modo y en plazo
más o menos breve.
¿ Cuáles fueron los antecedentes que colocaron frente a frente dos admi.rados caudillos (general don Luis Caballero y César L6pez de Lara) a quienes el pueblo de Tamaulipas reverenciaba por igual y amaba con devoto
fervor? ¿Forzó el Presidente Carranza tan prudente como obcecado, la actitud del general Caballero? ¿Faltó ponderada ecuanimidad al ex-gobernador
pre-Constitucional? ¿Urgencias de ambiciosos segundones lo condujeron a
esa decisión? ¿Trató el general Eugenio López jefe de la 5a. División de
aprovecharse, para ocultar un desfalco en la caja de sus fuerzas?

SECUELA

El pretoriano general Victoriano Huerta, en cuyo minado organismo el
alcohol había matado todos los atributos positivos y todos los sentimientos
de un hombre de bien y de un soldado de honor, el cruel sicario de la vio-

439

�lencia; el tenebroso maestro de la perfidia, había asesinado a los Manda ta- .
rios legítimos del país y se había hecho declarar Presidente de la República,
ejerciendo el Poder Público de dudosísima procedencia, sobre un pedestal
que resultaba, una serie de violencias sin solución de continuidad. El Gobernador Constitucional de Coahwla alz6 su voz de justa protesta y convoc6
al pueblo a la rebelión. Justamente el 28 de abril, en Monclova, Coahuila,
un mes después de haber firmado y lanzado el "Plan de Guadalupe" que le
serviría de bandera en su lucha por la "constitucionalidad", extendió nombramiento de mayor al joven César López de Lara, oriundo de H. Matamoros (semillero de héroes) y lo autorizó para reclut.ar tropas y levantarse en
armas eDJ el norte de Tamaulipas. 7 días después, es decir el 5 de mayo, como hermanando las fiestas de la Patria con la nueva esperanza, hizo eso precisamente (alzarse en armas) el después general don Luis Caballero, en la
Antigua Villa Capital del Nuevo Santander: Jiménez. Es incuestionable,
que ellos fueron los revolucionarios de más arrastre y prestigio en Tamaulipas;
siendo el general Caballero, el de más atrayente personalidad, dicho sea de
paso y con la justísima aclaración de que de ningún modo es nuestra inten·
ción subestimar a la pléyade de Tamaulipecos, que hicieron armas para castigar a1 usurpador señores generales (después) Eugenio Lópe:7, Francisco
Gonzá.lez Villarreal, Agapito Lastra, José Villanueva Garza, Raúl Gáratc,
general Emiliano P. Nafarrate "un tamaulipeco de Sinaloa", José María,
Gustavo y Faustino Rodríguez, Gregario y Carlos Osuna (bravo entre los
bravos), Juan M. Guerra, Alberto y Francisco Carrera Torres, Pablo Villanueva, Ernesto Higuera Pineda, Ernesto Higuera Jiménez, Samuel Kelly y
Genovevo Rivas Guillén: un "potosino de Ciudad Madero".
Desde las fechas que se indican fueron compañeros, y subordinados el
mayor López de Lara del señor coronel Caballero tanto en la campaña contra Huerta primero, como contra el "villismo" después. Habiendo sido designado don Luis Gobemador pre-Constitucional de Tamaulipas, para cuan•
do se tomase la capital del Estado, caída Ciudad Victoria el 19 de noviembre de 1913, el general Caballero protestó como Gobernador de Tamaulipas.

Monvos

DE ALEJAMIENTO

lo. Al parecer fue con motivo de la toma de Ciudad Victoria que surgió
la primera fricción entre aquellos hombres y se derivó de la petición de López de Lara al general Caballero, que éste denegó, para que hiciera alguna
gestión ante el superior de Francisco Garza¡ Cano (creo que lo era el general
don Cesáreo Castro}, soldado aquél originario de Burgos y quien por renci-

440

Has pueblerinas pretendía asesinar como en efecto asesinó a los señores 1saac
y Gregorio Zúñiga, a éste dentro de una noria, donde había buscado refugio de la casa que estuvo- ubicada en Matamoros y 19 de esta capital. 2o. El
segundo motivo de disgustó entre ellos se originó de que, cuando en abril
de 1915 López de Lara había hecho el "plan" para atacar a los "villistas"
generales Ceniceros y Máximo García en "Puerto del Aire" ordenó a los coroneles Eugenio L6pez y Ricardo Cortina atacaran el flanco derecho debiendo sa1ir de Hidalgo a la una de la mañana; Jefes que fallaron por cuanto que iniciaron su marcha a las once, y siendo aquél "castigado" por los "vi)listas", dichos coroneles se fueron a Padilla a incorporarse con el general
Caballero, lo que fue aceptado por éste&gt; contra el parecer de López de Lara.
3o. El tercer y definitivo nubarrón para el rompimiento entre ambos, se
presentó días después en Jiménez con motivo de la evacuación de Ciudad
Victoria y el establecimiento del cuartel general en dicha Villa. Los "tecos"
reclutados por el general L6pez de Lara en Tehuantepec, Oaxaca, en septiembre y octubre en 1914 y a quienes quería paternalmente (aún sobreviven):
Mariano B. Marín, Benjamín López, mayor Linares, capitán Gurrión, pretendieron abandonar sus banderas si no se les pagaba sus haberes. De los alborotadores tres, entre ellos Encamación Cruz, fueron fusilados por instrucciones del general Caballero, pasadas al general Juan N. Guerra, y ejecutados por el general Eduar-do Vera.

Al establecerse definitivamente el "constitucionalismo" en la ciudad de
México, el señor Carranza, designó Gobernador del Distrito Federal al general César López de Lara, quien tomó posesión el 16 de julio de 1915 en
tanto que el general Caballero, continuó por algún tiempo más como Gobernador pre-Constitucional. El "huracán" todo lo había cambiado, y en Tamaulipas se organizaron dos partidos para el palenque electoral, "el verde"
( que apoyaba al general Caballero) donde se infiltraron residuos del gn1po
tradicionalmente conservador, y "el rojo" (que apoy6 al general López de
Lara) donde se afiliaron las personas de ideas más avanzadas; y tocaba su
tumo a Tamaulipas, para volver a la "constitucionalidad", pues que tal era
el contenido total del "Plan de Guadalupe".
El 13 de enero de 1917 fue designado Gobernador de Tamaulipas, el general don Gregorio Osuna7 a quien con fecha 15 de junio lo autorizó el Ministro de Gobernación para convocar a elecciones a quien sin hacerlo, el 21
de junio mandó aplazar la fecha de la publicación de la Convocatoria ( se
oice que para favorecer al general César López de Lara) por lo que el 14
de julio fue subsitiwdo por el general Alfredo Ricaut. Unos días antes de todo
ello, con fecha 18 de mayo, se había tratado de incapacitar al general L6pez de Lara. Con efecto, éste había designado Juez Séptimo de Instrucción
441

�de la ciudad de México al licenciado José G6mez, para lo cual estaba facultado; pero con ello se urde una intriga. El Tribunal Superior, comunicó
lo anterior a la Comisión Permanente y con tan intrascendente motivo se
convocó al Congreso a Sesiones Extraordinarias, pues algunos Magistrados
eran líderes del P. L. C. y por lo consiguiente enemigos de López de Lara.
Tomaron parte en los debates los licenciados Jesús Urueta y Luis Sánchez
Pontón (parciales del General Caballero) y Emilio Portes Gil y coronel Pedro A. Chapa (parciales del general López de Lara), resolviendo que como
el Gobernador del Distrito no era funcionario de elección popular, sino designado por el Presidente de la República, carecía de¡ fuero, de donde no podía ser juzgado por el Gran Jurado, dejándose sin efecto la consignación
que del Gobernador del Distrito había hecho el Tribunal Superior de Justicia al Procurador de la República. En diciembre 17, cada uno por su parte declara que luchará por el Gobierno de TamaulipasJ y el 21 de enero de
1918 renuncia el general López de Lara al Gobierno del Distrito Federal
para hacer su campaña política, siendo substituído por el general Alfredo
Breceda.
El ambiente político del Estado, estaba muy agitado, por lo que el Señor
Carranza, previendo actos de violencia y con motivo de la próxima celebración de las elecciones ( el día 3 de febrero) dispuso con fecha primero de
febrero, que el señor general Caballero permaneciera en Pueblo Viejo, Veracruz, donde era jefe de operaciones de las Huastecas, en tanto que el general López de Lara, permanecería en Linares.
Por fin el día 3 de febrero de 1918 y después de cinco años de preconstitucionalidad se verifican elecciones hoy, para renovar los Poderes Locales,
saturados de todo género de incidentes y actos de violencia. Al día siguiente,
como era de esperarse, ambos pretendientes se atribuyen el triunfo. El 11 de
febrero se reúne la Legislatura integrada por seis diputados "caballeristas"
y siete "lopezlaristas" quedando pendiente de discutirse la credencial del presunto por H. Matamoros. Hecha la elección de la Directiva del Congreso,
quedó en manos de los "rojos", por lo que los "verdes" en vía de protesta abandonaron el Salón de Sesiones, instalándose en la calle frente a aquél y por primera vez (nació un vicio que después arraig6 mucho) ; dos legislaturas declarando cada una de eUas el triunfo de su candidato, en tanto que el Gobernador general Alfredo Ricaut sugería al sefior Carranza que no reconociera a ninguna y tomó la providencia de desalojar a los "rojos" del Recinto
del Congreso, mandando colocar sellos en las puertas, a manera de clausura.
El día 15 de febrero el Gobernador del Estado general Ricaut, recibió del
Secretario de Gobernación, licenciado Manuel Aguirre Berlanga, el mensaje
siguiente: "Con motivo de las elecciones a Poderes del Estado de Tamauli442

pas, instaláronse dos asambleas, cada una de las cuales pretendía ser la legítima Junta Preparatoria del Congreso; como resulta absurdo que en un mismo Estado haya dos Congresos y el Ejecutivo no puede calificar cuál de las
dos agrupaciones que se dan este nombre, es la legítima, porque sería tanto
como revisar los actos de las mismas, el Gobierno Constitucional y el preConstitucional del Estado, no reconoce a ninguno de los dos grupos que se
constituyeron en Congreso Local, ni los actos de ellos. Cada una de las asambleas ha declarado Gobernador al candidato de su partido, general César López de Lara y general Luis Caballeroy respectivamente, y lo han comunicado
a los Gobiernos Federal y del Estado. Por tanto el primero, como el Local,
no reconocerá ninguna de esas declaratorias por los motivos expresados. La
paz pública, será mantenida inalterable en eJ Estado. Salúdalo. El Secretario
de Gobernación. Aguirre Berlanga". Nueve días después el general Lópcz
de Lara comunicaba a México, que, como había ganado las elecciones ya se
disponía a tomar posesión ante el Congreso Local, legítimo (era él quien calificaba) que era el de su partido. Todavía el 27 de febrero, continuaban instaladas en Ciudad Victoria dos legislaturas, pues una declaró electo Gobernador al señor general Caballero y la otra al general López de Lara. Ricaut,
el Gobernador p"re-Constitucional, no reconoce a ninguna y se niega a publicar el decreto de cada una de ellas, declarando Gobernador electo a cada una de las personas indicadas e informa a ]a Secretaría de Gobernación.
El primero de marzo, el señor general Caballero comunica a México haber
tomado posesión del Gobierno Local, protestando por ante "su" legislatura.
La Comisión Permanente del Congreso de la Unión contesta de "enterado"
del día seis ( un mero trámite) pero la Secretaría de Gobernación le desconoce ese carácter, y declara que mientras el Senado resuelve el conflicto, seguirá como Gobernador el señor general Ricaut. Al día siguiente (7 de
marzo) el general Caballero sale para la ciudad de México a donde llega el
día nueve, sosteniendo varias conferencias tanto con el Presidente de la República, cuanto con el Ministro de Gobernación, con quien también confe.renda el general López de Lara sin ningún resultado. El 2 de marzo, el señor licenciado Aguirre Berlanga declara, que eJ Gobierno de la.. Unión no reconocerá a ninguna de las Legislaturas por no estar en aptitud de calificar
cuál es la legítima Y, el día 3 del mes en cita, el general López de Lara sale
de México a Ciudad Victoria, ostentándose como el verdadero Gobernador
electo y declarando que sus "partidarios" reclaman su presencia.

443

�DUELO EN CHAPUL'IEPEC

Contra la opinión del Mmistro Agui.rre Berlanga, quien recomendó al general López de Lara, no concurrir, el 23 de marzo se celebra una junta a
sugestión del general don Pablo González, en la casa de éste ( ubicada frente a la antigua Estación de "Buena Vista") entre los aspirantes al Gobierno
de Tamaulipas, procurando un arreglo amistoso de la situación política del
Estado. Estuvieron presentes además de los tres generales ya citados, el general y licenciado Pablo A. de la Garza, Procurador general de Justicia de
1a República; el señor doctor don Luis G. Ceivantes, y el general don Gregorio Osuna, procurando un avenimiento. El general López de Lara era acompañado por el señor licenciado y diputado Emilio Portes Gil, diputado Eliseo L. Céspedes, mayor Ramón Elizondo y el capitán Mata (su ayudante)
hijo del periodista don Filomeno. Reunidos a las cuatro· de la tarde el general López de Lara, hizo dos proposiciones por su orden: la. "Que dado el
prestigio de los Magistrados que integraban la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, ambos generales de común acuerdo los designasen como 'Comité
de Arbitraje Privado' y se sometiera a su fallo, la solución del problema electoral de Tamaulipas". E1 señor general Caballero, rechazó esta solución, por
lo que López de Lara, presentó otra consistente en: 2a. "Que se afirmaran
las bases de un convenio, mediante el cual ambos candidatos, renunciaban a
los derechos electorales que les pudieran pertenecer, dando una prueba de
desinterés en beneficio de Tamaulipas". El Procurador de la República, general y licenciado De Ja Garza, apoyó esta proposición ampliándola en el
sentido de que la Legislatura del Estado quedáse integrada por siete diputados de cada partido, y quienes elegirían el Gobernador. El general Caballero también rechazó esta segunda sugestión, echando algunas "puyas" que
lastimaron al general López de Lara, quien se limitó a decir que no eta el
lugar ni la ocasión para esa controversia, pues que no deberían confundirse
la querella personal con los intereses del Estado, tenninandó la junta sin solu~onar el problema que la motivó. El señor general Caballero se despidió
pnmero y al salir el general López de Lara al patio, se cruzaron algunas
frases injuriosas, los ánimos se exaltan, retándose y con el propósito de dirimir aquella contienda en el campo de honor, convienen en ir de allí al Bosque de Chapultepec. El general Caballero, invitó al general López de Lara,
a subir a su coche y aunque los acompañantes de éste se oponían a que López de Lara lo hiciera, pues temían un atentado, éste subió al coche; pero reclamaba por cortesía el lado derecho del mismo, pues que el vehículo era
de la propiedad del general Caballero, quien negó la petición, por lo que
esta cuestión protocolaria se bajó el general López de Lara, aceptando ir al

444

Bosque a batirse. Al enfrentar a cierto lugar de la Estación de carga (Buena
Vista} donde don Luis tenía su pullman especial, algunos de sus oficiales
bajaron de alli, unos rifles ( armas largas), que subieron al automóvil de
éste. Al llegar a Chapultepec, cerca de la casa del director del viejo monumento a los Niños Héroes, ya estaba estacionado el coche del general Caballero, por lo que al pasar y parar el de López de Lara, y antes de que se bajaran éstos, les dispararon una lluvia de balas a una distancia de diez o
quince metros, recibiendo un impacto en la cara (en sedal) de manos del
capitán Pablo Villarreal, el diputado y licenciado Emilio Portes Gil, hiriendo además en un brazo, al capitán Mata, ayudante del general López de Lara. El teniente coronel don Francisco Aguirre Garza, jefe de la Escolta del
general Caballero, resultó muerto en la refriega de unos diez minutos, siendo
aprehendidos todos los rijosos por los guarda-bosque de Chapultepec. Don
Luis, era acompañado además del teniente coronel Aguirre, por el capitán
Pablo Villarreal ( quien también resultó herido en una clavícula, a manos del
capitán Mata), por el teaiente Carrasco, y por el licenciado Jesús Urueta.
Uno de los acompañantes del general Caballero, llevó y echó sobre la "parrilla" del coche del general López de Lara las armas largas; pero el C.
Juez Instructor al examinar las bolsas de parque y las fundas de los rifles
encontró en una de ellas un documento firmado por el propio general Caballero, 3/ que sobre el extremo dio la clave del asunto. Poco después, llegó
accidentalmente el Ministro de la Guerra, general J. Agustín Castro, quien
solicitó las armas de los antagonistas y luego hizo acto de presencia el jefe de
la Policía, general Marciano González, disponiendo que el general Caballero
quede detenido en la Inspección General y el general López de Lara en
la Sexta Delegación. El diputado Portes Gil, fue conducido a la Cruz Roja,
por el licenciado don Aarón Sáenz, y sujeto a delicada inteivenci6n quirúrgica por el doctor Rosendo Amor, quien le extrajo la bala, quedando fuera
de peligro. El Presidente Carranza, fue personalmente a saludar a los militares tamaulipecos en el lugar de la detención. El día 27 del citado marzo
(cuatro díag después de los hechos) el Juez del conocimiento, los manda poner en absoluta libertad por falta de méritos.
Habiendo regresado a Tamauüpas el general Caballero, hace nuevo viaje
a México el día 11 de Abril, y aunque viajaba en tren especial con una
pequeña escolta, tren y escolta le fueron quitados en Empalme Escobeclo,
Guanajuato, agregando su coche al tren ordmario número 4 procedente de
Ciudad Juárez, alojándose con sus acompañantes, mayor Agustín Soto y
capitán Pablo Villarreal en el Hotel Regis, y al día siguiente de su arribo
a la Capital, el Ministro de Gobernación, envió al Senado de la República
el expediente electoral de Tamaulipas, dictaminando este Alto Cuerpo el
Día 27, declarando nulos los comicios Locales.
'

445

�Relacionado con el caso electoral de Tamaulipas, días después del VJaJe
a México, del señor general Caballero, ocurrió una tragedia. Con efecto,
en una casa de mala notat ubicada por la Avenida Hidalgo, frente al panteón en Tampico, es asesinado a tiros por la espalda el Senador por Tamaulipas, general Emiliano P. Nafarrate, por un sujeto (se dice que era -parcial
del general López de Lara) a quien por su corta estatura apodaban "El Minuto't y quien a su vez fue muerto violentamente en H. Matan10ros algunos
años después. Al regl'csar a México, el día 16 de abril, el general Caballero,
cuyo triunfo no le había sido reconocido, ya había madrugado en él el propósito de rebelarse. El día 17 telegrafió al Senado, comunicándole que el
señor Presidente de la República le informó, que el general Manuel M. Diéguez, sería movilizado de Tampico, sobre Ciudad Victoria, con sus fuerzas
dizque para dar garantías y advertía que aunque no tiene intenciones de
atacar al Gobierno Federal, está dispuesto a defender la Soberanía del Estado.
Después de ello (dos varones de tanto carácter) no seria posible dar marcha
atrás. Los acontecimientos se sucedían con pasmosa rapidez, para conducir
fatalmente al 18 de abril.

LA REBELIÓN

(18 de abril 1918).
El general don Luis Caballero, descontento con el Gobierno del Centro,
considerándose Gobernador Constitucional del Estado, carácter que aquél no
le reconocía y sintiéndose defraudado, se levantó en armas contra el señor
Carranza, en Ciudad Victoria en la fecha citada. Defe&lt;;cionando asímismo,
el general Eugenio L6pez, Jefe de la 5a. Divisi6n. Los Podetes Legislativo y
Judicial del Estado ( también en rebeldía) se dirigen al Senado de la República y a la Suprema Corte de Justicia de la Naci6n, protestando por el desconocimiento que de los Poderes de T'amaulipas (que afirman legítimamente
electos y debidamente integrados), ha hecho el Presidente Carranza, para realizar su propósito de imponer un Gobernador Provisional. Desde muy temprana hora del día en cita, el señor Carranza gestionó una conferencia telegráfica por hilo directo, con el general Caballero; pero éste se niega a concurrir a la Oficina de Telégrafos. Por la tarde, como a las seis, se reúnen
gran cantidad de personas en la Plaza Hidalgo, mganizándose con tal motivo un mitin en el que desde el viejo Kiosko, hacen uso de la palabra el
general Eugenio López, quien dijo que "con motivo del asesinato del Senador y general Emiliano P. Nafarrate, y el fraude electoral, la 5a. División
446

de su mando, desconocía al Gobierno del Centro". También habló el Señor
Licenciado Fidencio Trejo Flores y el Profesor Francisco Nicodemo, explicando al público los motivos de la rebelión. Sigue luego una manifestación
que desfilando por la Calle Hidalgo presenció el general Caballero desde el
balcón de la "Casa de las Palmas" (actualmente una modestísima hostería)
en unión de algunos de sus amigos: general Eugenio López, coroneles Ricardo Cortina y Rodrigo Flores Villarreal, mayor Julio de la Llata, Juan
E. Richer y el coronel (ferrocarrilero) Mateo Morales. Don Luis, tomó la
palabra para criticar al señor Carranza, por el "malicioso sesgo que dio al
caso de T arnaulipas", manifestándose inconforme con la solución, diciendo:
"Venustiano Carranza, el hombre que nos invitó, que nos llevó a la lucha armada, para destruir la dictadura, se ha olvidado de sus deberes para con el pueblo
de Tamaulipas. El general Eugenio López, Cortina, Ramírez, Flores Villarrcal,
con todos los elementos de la 5a. División y yo, vamos a demostrarle que
no ha sabido cumplir". En medio de aquella euforia, el teniente coronel
Lázaro de la Garza, más conocido por el "Güero Lázaro" ( en cuya campaña
murió) disparó su pistola al aire. Al día siguiente ( 19 de abril) por Ja tarde
el ferrocarrilero coronel Mateo Morales, recibió órdenes del general Caballero, para salir en una máquina hacia el Sur, a destruir la vía, iniciándose
el levantamiento de los rieles en Forlón hasta Estación Lavín (hacia el Norte)
quemando además algunos pttentes para retardar así, la llegada a Ciudad
Victoria, del general don Manuel M. Diéguez, que avanzaba desde Tampico,
con dos mil hombres de infantería, pue.s¡ el mismo día salió violentamente del ,
Puerto sobre Ciudad Victoria, movilizado por orden del señor Carranza, deteniéndose en Forlón (desde allí la vía estaba dcstnúda) donde echó pie a
tierra (fuerzas de infantería) siguiendo sobre la Capital del Estado. Por el
norte, avanza desde Monterrey sobre la Capital de Tamaulipas el general
don Carlos Osuna, llevando como subordinado al general don Juan N.
Guerra con el Segundo Regimiento (entre otros cuerpos) cuyos Comandantes
de Escuadrón son: Domingo García, Mariano M. Marín, Gabriel Centeno y
Domingo Vela García. El 20 de abril, el Secretario de Gobernación, explica al Senado de la República el conflicto de Tamaulipas, agregando que la
actitud del general Caballero aún antes de que se alzara, era la de un rebelde. El Senado acuerda pedir señor Carranza, para facilitar un arreglo,
que ya no era posible, ordene al general Diéguez, no avance más sobre Ciudad Victoria.

447

�EL PRINCIPIO DEL FIN

El día 21 de abril, impone el general Caballero un préstamo forzoso al
comercio de la capital del Estado y son intervenidas las oficinas del ferrocarriJ, del Express, Correos, Telégrafos y Federal de Hacienda, Por la tarde
se entrega todo el material bélico disponible al coronel Francisco Ávalos y
al mayor Librado Salinas para que 1o lleven a Jiménez, saliendo de inmediato a cumplir su comisión. Los Diputados Locales y los Magistrados integrantes de los Poderd Legislativo y Judicial, parciales del general Caballero,
abandonan Ciudad Victoria, rumbo a Güemez. El 22 de abril, el general
don Carlos Osuna, que ya se encontraba en Santa Engracia, juntamente con
el coronel Juan N. Guerra, llama por teléfono al general don Lujs Caballero, teniendo una plática, sobre los acontecimientos, y en la tarde, lo hace
con él, el general Eugenio L6pez, éste desde la estación de Ciudad Victoria.
Esa tarde del 22, el mayor Juan Galarza y el maquinista Lozano alias "El
Candado'', reciben orden de organizar un convoy que habrá de salir hacia
el norte, a encontrar y detener al general Osuna_, con toda la infantería a
las órdenes del coronel Teódulo Ramírez, en tanto que el mismo día a la
una de la tarde, las avanzadas del general Osuna en Santa Engracia, atacan
una partida de rebeldes "caballeristas", quienes se dispersan después de perder una ametralladora, algunos fusües y varios prisioneros. El día 23, aban9ona en tren la capital de Tamaulipas hacia el norte el general don Luis
Caballero, con sus fuerzas (la 5a. División a las órdenes del general Eugenio
López) acosado. por el Norte y Sur. La vanguardia de la caballería va a las
órdenes del mayor Tiburcio Quílantán, en tanto que López, sale con la infantería por ferrocarril, confiscando las existencias de artículos alimenticios
que encontró en la bodega de la Estación. Avanza en primer término, un
tren explorador, con una góndola por delante en 1a que iba una sección de
ametralladoristas, yendo dicho explorador a las órdenes del mayor don Norberto Uriegas, con instrucciones de que cuando encontrara al enemigo se replegara, para que entrara en acción la caballería, Al llegar el convoy rebelde
a Estación "Caballeros", el general Diéguez entraba en Ciudad Victoria por
el rumbo del "Santuario" y "La Loma del Muerto" y en una escaramuza a
la entrada, fue herido el sub-teniente Aurelio Ramírez, hijo del coronel
don Teódulo, siendo sacado por el capitán 1o. Pablo Villarreal, quien en
esos momentos Hegaba de Jiménez en automovil a donde regresó rápidamente.
Previamente el general Diéguez, había sorprendido en Güemez a algunos
de los ruputados locales tomándolos presos, entre otros al señor doctor
Cipriano Guerra Espinosa y a quienes consignó al C. Juez Instructor Militar,
Licenciado Meza, el C. Agente del Ministerio Público del Fuero Federal Li-

448

cenciado Ismael Pintado Sánchez. El Tribunal Castrense, se declaró incompetente por tratarse de civiles, mandándolos poner ~n libertad; pero las Au•
toridades militares, presionaron para que los ex-diputados abandonaran el
territoi:ío del Estado como en efecto lo hicieron. La columna del general
Caballero avanzó hasta Estación "Martínez", donde alcanzó el tren explora•
dar extrema vanguardia de su columna, el que .se replegaba, con algunos
heridos, pues se había tomado tanto contacto con el _ene~igo e~ el _Río, de
Santa Engracia, encuentro en el que murió el mayor T1burcro Qmlantan (este
mandó el piquete de ejecución cuando fue fusilado el general Alb~o Carrera
T rres a quien dio el tiro de gracia) en ul) duelo personal a pIStola con el
ca;itá~ Enrique Enríquez (quien todavía labora en ~ . Policía R~ral) Y ~ue
herido en la nariz el general don Carlos Osuna, sien.do reco?1d~, el :mo
caballo de Quilantán por el mayor Juan Álvarez. AJ tlroteo, s1g~o casi la
desbandada de las fuerzas rebeldes las que vinieron a parar hasta Carboneros", donde se mandó a explorar al capitán Sigfredo Dfaz de Le~n, Y ~l hoy
médico Feljpe Valdez Rarnírez, ayudante del GeneraJ en Jefe, mt~mando~e
rn el campo hacia el norte, encontrando poco después al mayor Lucio Garc1a
., "C.ar boneros"
(inválido) y al capitán Pedro Terán, regresando a la Estac1~n

.ª,

donde el general Caballero ordenó que las fuerzas echaran pte tierra Y f~rmándolas en cuadro y estando él al centro acompañado d~l cap1tan Camermo
Caballero ( su hermano) las arengó incitándolas, a cu11:phr con su deber~ ~asando allí la noche. El general Diéguez informo al senor Carranza que. se
apoderó de Ciudad Victoria, que hubo un combate en 'Carboneros' do11de
las fuerzas rebeldesJ afirma, fueron dispersadas; que el general Osuna, _las
obligó a abandonar trenes y material de guerra y boca, al norte de la _cap1t~I
del Estado así como parece que los cabecillas Francisco Tamez y Sidromo
Rodríguez,' que ya merodeaban anteriormente por Tamaulipas, estaban. ~e
acuerdo con el general Caballero y que la rebelión de éste; ~a quedad~ def 1mtivamente aplastada". El 24 de abril, los alzados se encamman ~ ,Parulla, ~arnndo por un lado de Güémez, llevando la vanguardia el cap1tan Faustmo
Rodríguez. De allí siguen a Jiménez y Juego a Cruillas, donde se encontraba e1
personal del gobierno, que había salido al abandonar la capital, entre o~os:
Epigmenio Camacho, Martín M. Herrera, licenciado Guadalupe Jar~1llo,
profesor Alfredo Uruchurtu, Hip61ito Treviño Solís, José Martínez y Martinez,
Lcocadio Candanosa, Femando Trejo, Agustín Cárdenas, Mauro Fuentes,
Daruel Cuevas, Esteban Rodríguez, Manuel Ramos, Juan de los Santos, y los
diputados al Congreso Local, que no cayeron en Güémez, ~eñor~s: licenci~do
Agustín Aguiue Garza, general José María Rodríguez, licenciado Zcfenno
Fajardo, licenciado Fidencio Treja Flores, doctor A_bel J. C:111º• Rafael G~nzález, Alberto Cárdenas, Pelayo Quintana y otros, mcorporandose pocos días

449
H29

�después el mayor Iglesias, que había sido derrotado por la Gendarmería Fiscal
de H. Matamoros.

RESTAURACIÓN

Para el día 25 de abril se normaliza la vida en Ciudad Victoria, el señor
general Osuna, herido en la nariz en Santa Engracia, es atendido en la capital
del Estado, el Senado sigue discutiendo el "Caso Tamaulipas" y por fin el
27 decide pedir al Ejecutivo una tema para designar Gobernador Provisional,
acuerdo al que llegaron después de declararse en Sesión Permanente durante
siete horas. El mismo 27 de abril en "Marquesotes" cerca de Jiménez,
el general Osuna combate y acaba de desintegrar la columna rebelde, a las
órdenes del general Eugenio López, careciendo desde entonces el movimiento
de importancia castrense, reduciéndose a meras escaramuzas. Así el 29, el
general Galindo se apoderó de Jiménez haciendo huír a los generales Caballero Y López, rumbo a Cruillas y San Femando, respectivamente, tomándole
sus caballos al primero; el 11 de julio en Magueyes fue dispersado un pequeño
grupo de rebeldes; el 16 de octubre el mayor Mariano B. Marín, de las fuerzas
del general Juan N. Guerra, bate al mayor Francisco Tamez; el 18 del mismo
es loca~iz_ado el general Caballero en un rancho llamado "Los Coyotes"; y el
2 de diciembre tiene lugar un tiroteo entre las fuerzas del general Osuna y
las de López en el rancho "Los Morales".
Por fin, el 8 de mayo, recibió el Senado de la República la tema enviada
por el señor Presidente Carranza, proponiendo nuevo Gobernador Provisional
de Tamaulipas y la cual está integrada por el profesor don Andrés Osuna,
Y los generales Rafael Cárdenas y Carlos Osuna, y el Senado, después de
mucho "jaleo", eligió el día 11 al profesor Andrés Osuna quien protestó el
13 Y se hizo cargo de su representación el 19, por entrega que le hizo el
general Ricaut. El lo. de septiembre siguiente, y con motivo del infonne
anual del señor Carranza, por ante la XXVIII Legislatura del Congreso de la
Unión, dijo que: "en Tamaulipas, entre. otros estados, aún no se restablece
el orden Constitucional".

del general Caballero no tuvo el sentido de la oportunidad. Con efccto, después
de dos años de andar a "salto de mata", acepta las condiciones que se le
imponen para su rendición, y se somete llegando el 4 de enero de 1920 a
Ciudad Victoria. Poco después, es designado Embajador de Méicico en Guatemala, siendo recibido en audiencia especial, por el Presidente de aquella
República, licenciado Manuel Estrada Cabrera el 28 de febrero siguiente.
No obstante que el general Obregón profesaba especial afecto al señor general
CabaUero, y tanto era así, que cuando aquél contrajo nupcias con doña María
Tapia de Obregón, don Luis fue uno de los testigos que firmaron el acta,
sin embargo, caído el señor Carranza y encumbrado el "sonorismo" no dio
ninguna oportunidad al exgobemador de Tamaulipas, seguramente porque su
prematura rendición, le produjo desconfianza. El general Eugenio López que
siguió en rebeldía, reconoció el "Plan de Agua Prieta" el 21 de mayo, justamente el día que caía asesinado arteramente en el obscuro villorrio de Tlaxcalantongo, el Presidente Carranza.

EPÍLOGO

De los actores del drama, el Presidente Can.u'lza fue asesinado por gentes
que él había encumbrado y que todo se lo debían, en Tlaxcalantongo Puebla,
el 21 de mayo de 1920; el general Eugenio López murió asesinado en un
campamento petrolero en la Huasteca el año de 1921; el general don Carlos
Osuna (bravo entre los bravos) murió en un accidente el 24 de noviembre de
1923; el general don Juan N. Guerra murió en tinieblas mentales; el general
Manuel M. Diéguez fue fusilado ya casi al finalizar la revolución "delahuertista" en Chiapas a principios de 1924; el señor general don Luis Caballero
murió en Jíménez casi olvidado y pobre, en 1934; como pobre vivió y murió,
también en la ciudad de México, el 10 de abril de 1960, el señor general
César López de Lara. ¡Sic Vita Fugit!

RENDICIÓN

La rebelión "caballerista" por más bellos ejemplos que haya dejado a la
posteridad de una actitud viril y digna, fue un sacrificio inútil y la rendición

450

451

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JOAQUIN•MCA~

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MAPA Y BREVE RELACIÓN DE LAS DEMARCACIONES
POL1TIC0-ADMINISTRATIVAS DE LA NUEVA
ESPARA, A PRINCIPIOS DEL A~O DE 1776
JOAQUÍN MEADE

San Luís Potosí, S. L. P.

AL PRESENTAR EL ''Mapa de las Demarcaciones Político-Administrativas de
la Nueva España", en l 776J conviene explicar someramente los antecedentes
de los siglos anteriores.
Efectuada la conquista, Hernán Cortés gobernó desde el 13 de agosto de
1521 hasta el 22 de agosto de 1524. Por real cédula de 1521, Francisco de
Garay obtuvo la Gobernación de Pánuco; Cortés salió para la Huasteca y el
Pánuco a fines de 1522 y para enero de 1523, había conquistado la Huastcca,
Garay llegó al río dtj las Palmas el 25 de julio de este año, pero su gobernación quedó invalidada por real cédula que un enviado de Cortés Je presentó. En 1524, Cortés dejó en México a los oficiales reales que deberían sustituirlo durante tres meses. En 1525, se había dado a Nuño de Guzmán la Gobernación de Pánuca a donde llegó en 1526, pero en 1533 se dio fin a dicha
Gobernación de Pánuco y quedó entonces bajo la jurisdicción de la Audiencia de México.
El 17 do noviembre de 1526, se dio real cédula a Pánfilo de Narváez para
la conquista del Río de las Palmas, hoy río de Soto la Marina, hasta Ja
Florida, pero la expedición fracasó en 1528.
El 13 de diciembre de 1527, el rey mandó los primeros Oidores para que
fundaran la Real Audiencia en 1528, de la que Nuño de Guzmán fue su presidente; su ineptitud fue motivo para que él y los que componían la Audiencia fueran depuestos en 1531; se estableció entonces la 2a. Audiencia,
presidida por el lllmo. don Sebastán Ramírez de Fuenleal obispo y presi453

�dente de la de Santo Domingo. La Audiencia, era un cuerpo colegiado, esto entorpecía la buena marcha del Gobierno¡ Carlos V erigió entonces el Virreinato de la: Nueva España, el 17 de abril de 1535.
En 1532, se establecieron los Corregimientos y las Alcaldías Mayores. El
primer virrey, don Antonio de Mendoza, conde de Tendilla, llegó a la ueva España en 1535, pero subsistió la Real Audiencia, ésta se subdividía en
Gobiernos, Corregimientos y Alcaldías Mayores; administraba justicia; por
un lado estaba sujeta al virrey, por otro lo fiscalizaba¡ en realidad, compartían el poder. La Audiencia trataba en cuestiones judiciales, administrativas
y políticas¡ tenía fuera especial contra el virrey y contra los tribunales religiosos; o sea que vigilaba al Estado y a la lglesia, cuidando se cumplieran
las reales 6rdrnes. Al supiimir·e las encomiendas, se nombraron alcalde·
Mayores, nombrados por los virreyes o por el rey, a diferencia de los alcaldes ordinarios, elegidos por el pueblo.
Como hemos visto, la Primera Audiencia de México, o sea de la Nueva España, se estableció en 1528.
La Audiencia de los Confines, después llamada de antiago de Guatemala,
al principio incluía a Chiapas, Yucatán y Cozumel, pero de acuerdo con la
real cédula del 23 de abril de 1548, tomaban Yucatán y Cozumel a quedar
sujetas nuevamente a la Audiencia de México. En 1550, Tabasco que había
pertenecido a Chiapas, pasó a depender de Yucatán, pero en cambio Soconusco, por real cédula del 6 de agosto de 1556 fue segregada y agregada a
la Audiencia de Guatemala; se estableció por real t'édula del 13 de $eptiembre de 1543 esta Audiencia de los Confines o de . antiago de Guatemala.
La Audiencia y Cancillería Real de Guadalajara, o sea de la Nueva Galicia, se estableció por real cédula del 1'.3 de febrero de 1548.
En 1583, Luis de Carvajal y de la Cueva, fue nombrado gobernador del
Nuevo Reino de León, pero con su prisión pocos años después, se extinguió

e,
&lt;q'
11)

esta Gobernación.
A partir del siglo XVIII, la Audiencia de México, tuvo sujetas a las Audiencias de Santo Domingo, Guatemala, Guadalajara, Filipinas y a la Capitanía General de Yucatán.
En la actualidad se ha dado en la costumbre de dividir a la ueva España, en 23 Provincias Mayores, en realidad, estas denominaciones eran
nombres convencionales, no oficiales, pero acaso aceptadas por la costumbre;
la verdadera división era la del Virreinato, las Audiencias, las Alcaldías Ma•
yores, las Provincias del orte y la Capitanía General de Yucatán.
La real cédula del 22 de agosto de 1776. nombró a don Teocloro de Croix,
comandante general de las Provincias Internas, independientes del virrey;
por este motivo, las Demarcaciones que aparecen en el Mapa, ron anteriores
a agosto de este año de 1776.

454

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�Las Intendencias son muy posteriores, se crearon el 4 de diciembre de
1786 y quedan fuera de este trabajo.
Antes de terminar, debo dar las gracias por las indicaciones y la ayuda
prestada por los profesores Wigberto Jiménez Moreno y Ram6n Alcorta
Guerrero, por el señor Rafael Carrasco Puente y por otras personas que en
una forma u otra me ayudaron en mi tarea.

J.

Alcaldia Mayor

Estado

Acapulco (Puerto)

Guerrero

Acatlan

Puebla

Acayuca (Coatzacoalcos)

Veracruz

Actopan

Hidalgo

M.

ALCALDIAS MAYORE
PROVINCIAS, ETC. DE

NUEVA ESP A.NA
Número total
-238-

AL~OS
(1522-1748-1776)

-1776FUENTES

Archivo General de la Nación (diversos ramos) - López de Ve.lasco - Villaseñor y Sánchez, Thcatro Mexicano. Paso y Troncoso, etc. Ver: la Bibliografía al final.
Los corregidores se iniciaron por eJ año de 1530 o poco después, se transformaron en alcaldes mayores y corregidores que extendieron su jurisdicción a las encomiendas y a los residentes españoles en 1580 y terminaron el
4 de diciembre de 1786 al ser establecidas las Intendencias de las que dependían las Subdelegaciones.

Alcaldía Mayor

Estado

Pueblos principales

Acaponeta

Nayarit

Olita - San Joseph - San Blas Guamamota - San Diego - Sayula - TequaJa Ayoyacán - Chilapa - Picachos - Quiviguinta • Caimán - Milpillas - Misiones
de: Guaxicoli, San Bias, Santa Fe y
San Cristóbal Guaynamota - Chimapan.

456

Aguacalicntes
(con Xuchipila)

• Aguascalientes

Amola

Jalisco

Analco

Jalisco

Appa - Tepcapulco
Asientos de !barra
(Ver /barra)
A tia ti auca

Méxieo-Puebla

Ailixco

Puebla

Oaxaca

Pueblos principales
Cacahuatepec - Tecuanapa - San Migu,.J Coyuca - Tecaxtepec (en Acapulco el gobernador era castellano y
teniente de capitán general).
Tepetlazingo • Chila • Yexitlan - Píastia - Tepexe - Xaya - Ydoixtlahuaca •
Atonahustla - Totoltcpeque - Piaxtla Chimantla - Tequautidan - Tlaxcuapa - Axuistla - Tehuisingo - Tusantlan - Tcxalpa - Tecomatlan • Ilamacingo - Chila - lxitlan - Chapultepequc - Pctlazingo - Tepcxillo.
Coatzacoalcos - Xocoteapa Macaya •
Santiago Socomisco - Olulla - Tesistepec Zayultepec - Tenantitlan Chinameca - Menzapa - Oteapa - Cozolcaque - Xaltipac Moloacan - Partido
de los Ahualulcos - Pochutla - Ixhuatla
o Ocuapa - Huim.1nguillo - Ostitan Mocotepegue - Tecominucan - Villa
del Espíritu Santo (desierta).
Tetillan - Yolo - San Jerónimo - Tlachkhilco - Tomacustla - lzquintlapilco • Tecavic - Tlachichilco • Santa
Bárbara - Lagunilla.
Jesús María - Sau Joseph de la Isla San Joseph de Gracia - Soyatal - Rincón de Romo - Axu....:ucar - Cieneguilla - Chichimeco - Ciénega de Mata.
Tuxcacuexco • Tonaya - San Juan Chacala - Zapotitlan - Ayotitlan - Tozin - Chachichilco - (Linda al Oriente
con Sayula) - Cuzalapa - San Antonio - Mazadan - Tetepan - Toliman Copala - San Gabriel - Xiquilpa •
Teutlan.
San Joseph - San Sebastián Mexicalcingo - (estaba 1 legua al Oriente de
Guadalajara).
Tlapanalá - Tepeapulco.

{Linda con Teutitlan 'Y con Cuicatlan
Marinaltepec).
Soyatlidan.1pa - Calpa - Amecaque Guaquechula - Tianguismanalco -

457

�.

A.lcaldla Mayor

Autlán (Puerto de Navidad)

Azuchitlán o Tetela del Río
(este era independiente en
una época)
Bolaiio.s
Cadercita

Estado

Pueblos principal,s

Axocopa - Acapctlahuacan - Coyula •
Cuaco • Tepango - Acapulco - Tienguismanalco - Atlimcyaga - Tlapola •
Calpan • Xolco - Yancuitlalpan • Xalinti.:intla - At. itzahuacan - Amecaque · Qu:nepec • Ixhuatepcc - X'ochitcopam - Tcpango - Quap('xco - Ateopan - Quahu}·ucan - Zompnhuacan Huaquechula - Quautla • Comoluican • Tc...,upan • Quatepec - Huilulco Zoyotla.
Jalisco

México

Jalisco
Nuevo Le6n

Cadercyta
California, altn
( Provincia)

Querétaro
California

California, vieja
(Provincia)

Baja California

Zacapala - Amcca - Amilpa - E,.utla •
Tccolotlan - Ixtlahuacan • ZuchitJan
(Confina aJ Oriente con Sa}-ula y al
one con Huauchinango) - AcotitlanTenanztlan - Zoyatlan - Tepantla •
Ayutla • Cuautitlan - Char.ala • Toitin • Tcnamatlan - At.cngo.
Totolapa - Po1.utla - Pezuapa Tlacotepec • Cutzannla - Tecpan - Zacatula • Huautla - Tehuehuctla - Mar
del Sur - Alba de Liste - Halchfapa.
Chimaltitan - San Martín de Bolaños.
San Juan Bautista - Saucillo - Cerrito - Los Ramonc. - Santa Cruz.
Escancia • Pinal de Amoles - XaJpa.
Había un gobernador. Fray Junípero
Scrra estableci6 las Misiones de San
Francisco, Los Angeles, San Diego y
otras más.

Alcaldla Ma}'or

Estado

Ca....ititlan

Jalisco

Cclaya

Guanajuato

Centipac (Ver Sentipac)
Ccrral\'o

• 'uC\'O Lc6n

Cina ua-La Guacana

.iichoacán

Ciudad Real

Chiapas

Coahuila
(Pro~incia)

Coahuila

Coatepec

Colimn

Veracruz
Colima

San Pablo • Pilar - Santiago • San
Lui1 - Santa Rosa - Hostell • Magdalena • Consag. - Todos Santos. Se destruyeron las Misiones de San Javier San Juan Bautista Ligui - La Paz San José del Cabo - y las fundadas
má, tarde como Santa Gertrudis - San

Colimilla y Mata1án
Colotlan

Jalisco
Jaluco

Borja - San Fernando - Rosario • Santo Domingo - San Vicente • San Miguel de la Frontera - Santo Tomás San Pedro Mártir - Santa Catalina y
Dl' canso (dominicanas).
San Luis - Cuyatán - A:úx.iqw - Istahuacan - Chapala - Coxcomatitlan •
Santa Cruz.
Yuririapúnclaro (fue alcaldía mayor
indcpenditnte) Chamacucro, Jerécuaro - Emfoguaro - Urireo - San Juan
de la Vega - Acámbaro.

jalisco
Agualcguas - China • Boquilla • Llanitos - Mojarras - Calabozo.
Churumuco - Ario - Etuqu.arillo - Turicato - Paracu.aro - Nocupétaro Acuyo - Pungro.

Había un capitán en el Presidio de
Lorcto y una serie de Misiones en la
Península y de Presidios como el de
San Joseph.
Misiones de: Dolores - Santa Rosalfa • 'Mulcgé • San Ignacio - Magdalena - Guadalupe - Purísima - San
Joseph Comundú - San Francisco Javier.

Pu~blos principales

Todo el Estado hasta que en 1777 se
dividí6 con la d!" Tuxtla, que-dando entonces la mitad Sur de esta Akaldla
Mayor con la subdclcgaci6n del Soconusco.
En fonclova estaba la residencia del
gobernador de Coahuila o ucva Extremadura Presidios de: Sacrammto.
Pueblos y Misiones de: San Francisco
y San Miguel de Aguayo - Peyotes,
Dulce 'ombre de Jesús - San Francisco \"izarr6n - ruc1tra Sl·ñora de la
Victoria - • ·adadores - Haciendas de:
Castaño - Afamo - San Jo c·pb - Carrizal - Pozuelo - Contotolrs - Ciénegas - Santa Mónica.
Cbicoloapa - Chimahuacán.
AJmololoyan - Cueza.lapa - Comala •
Caxitlan - Totomoloyan • Ixtlahuaca
Xilotlan - Mirnflores - (Lindaba por
el N. con Tuscacucsco, S. con Motines,
E. con Zapotlan y W. con Aullan }'
Puerto de avidad rn la 'ueva Galicia).
Tlaltcnango - Tocatic - ornas - Bolaños - Tonatiche - Temastian • Acacalco - Talutipan - Tepichitan Villi-

458

459

�Alcaldía Mayor

fütado

Pueblos principales

Alcaldía Mayor

Pueblos principales

ta - Cuaximic - Santiago - Santa María • Huejuca.
Compostela

Copala

Córdoba y Huatusco

Nayarit

Sinaloa

Veracruz

Cosamaloapan

Veracruz

Coyoacán

Distrito Federal

Cuicatlan

Culiacán

Guimeo-Cirándaro

460

Oaxaca

Sinaloa

Michoacán

Matanchd • Zapotán - San Pedro Membrillales - Taliacapan - Santa
Cruz - Mazatlan - Xaltocan - Acaxala - Tiacapan • Metztitlan.
Masatan - Real de Copala - Real de
Charcas - Hacienda de Pánuco - Badiraguato - San Xavier de Cavasan.
Zacan • Zentla - Huatusco - San Pedro Ixhuatlan - Coscomatec • Copan
Coscomatepec - Punta - Amatlan de
los Reyes • {Lindaba por el O. con
Orizaba, por el N. con San Juan de los
Llanos, por el E. con la Antigua Veracruz y por el S. con Zongolica).
Amatitlan - Tlacotalpan - Texhauacan - Acula - Chacaltianguis - úmalhuacan - San Pedro Amatlan • Otitlan - Tuxtepec - Chinautla (fue partido independiente) - Acatepec - U tzila - (Chinautla linda con Teutila) Uzamacin - Yetla.
Tacubaya • San Angel - Tlahuac San Agustín de las Cuevas - Xaltocan.
Teutitlan del Camino - San Lorenzo
Alpiwgua • Nacantcpec • Quiotepec
Papalotipac • Santos Reyes • Tepeuzila - Teponastla - Casa Blanca - Nahuatipac - Los Cúes - Tecomahuaca Teopu.xco - Sa.ntiago - Huehuetlan San Lorenzo - Santa Ana - San Pedro - San Jerónimo - San Lucas - Sitn
Antonio - Huautla - Santa María •
San Mateo - Chilchota.
Real de Cozela - Misión de Tacuchameta - Buya • Binapa • Bayta Vadiraguato - Jurisdicciones - Canelas Baurigame - Varias Misiones.
Guimeo - Huetamo - Santiago Tlapecuila • San Jerónimo - Cirándaro Covican - Pungarabato - Tetela del
Río - Charando - Turicato - San Lucas - Perochucho - Cucio (Linda por
el Sur con Tetela) - Putechuchu Mar-

Cuitzeo

Michoacán

Cuquio

Jalisco

Cuatro Villas del
Marquesado

ÜllX3,Ca

Cuauhtitlan

México

Cuauhtla de Amilpas

Morelos

Cuernavaca

Morelos

Chalco-Tlalmanalco

México

Charcas
Charo

S. L. Poto!Í
Michoacán

zán - Conguripo - Paganguato - Tlapeguala - Coyuca.
San Buenaventura - San Marcos - San
Jerónimo - Cupándaro - San Juan •
Santa Ana Maya - (por el Tute linda
con Acámbaro, por el Norte con Celaya, por el Oeste con Patzcuaro y por
el Sur con Valladolid Morelia).
Nochistlan • San Cristóbal - Yahualica - Cautla - Manalisco - HuisculcoAcatico - Metztitlan • Toyagua Apulco - Tenalucan - Quacuala • Ocotic Tepunahuasco - Ixtiahuacán - Tacotán - San Cristóbal - Iscatlán.
Etla - 'Mexicapa - Cuilapa (Zoachil)
Cuayapa - Tlanechico - Xalpa - Labal - Santa Lucía - Tuctla - Tomaltepec - Zagache • Chilateca - Guegorese - Las Minas - Chichicapa (minas) Santa Martha - Yachila • Las
Peras - Atzompa • San Gabriel Guelache - Nativitas - Sa.ntos Reyes Guadalupe - Nareo - Soledad - Santo Domingo - Xoxocotlan - Tlapacoya.
Coyotepcc - Santa Bárbara - Tultepec - Huehuetoca - Tcoloyucan - Tepozotlan - Xaltocan - San Miguel de
los Xagueyes - Zumpango.
Ocuituco - Xamiltepec - Tetelzingo
Tlacotepec - Temoac - Cacoyoc Tlamimilulpa - Zocoalpan.
Huytepec - Xochitepec - Mazatepec Xonacatepec - Xantetelco - Guizinclan - Coatetcko - Miacatlan • Huastepec - Yacapixtla - Mazacatepec •
Xoxutla - Yautepec - Tepoztlan Pawlco, Tutela del Volcán (se agregó) Xumiltepec - Zacualpa.
Tecamachalco - Tlayacapa - Mexicalcingo - Ecazingo - Tezozoko - Amecarneca - Zentlalpan - Tcpetuxpan Ayapango - Mixquique - Tlemamatla Oiumba.
Venado - Matehuala.
Charo 'Matlazingo. (Linda con Valladolid) Ahuehueringo • Atzala- Tenex-

461

�Alcaldla Mayor

Estado

Pueblos principales
calco - Temascalapa - Sacualatengo Xaltepec - Atecingo.

Chicontepec (Ver:
Huajococotla)
Chichicapa y Zimatlan

Oaxaca

Chletla
Chilapa

Puebla
Guerrero

Chiautla

Puebla

Chihuahua
( Provincia)
Chilchotla
Cb.inantla
Choapan
Cholula

462'

Chihuahua
Michoacán
Pue., Oaxaca
Ver.
Oaxaca
Puebla

Zjmat.an (antes alcaldía separada) Río Hondo - Tequila - Lositha - Tetipac - Cozautepec - Tepezimatlan Atzozola.
Atzala.
Atengo - Xiutopantla - Tehuanstitla Zacanhualin - Quecholtenango - Zitlala - Acatla.n - Awqualoya - Ayahualulco - Zumpango - Mochitlan Huiziltepec.
Xicotlan - 1 - Huehuetlan - Chautla de Tapia {de la Sal) Tlacualpican - Tzicatlan - Xolalpa - Mitepeque - Teutla - Xochltepcque - Quetzala - Ayosustla - Zenteocala - Pilcaya - Quacalco - bcamilpa - Xkotlan Acaixtlahuacan - Totolapa - Tlaltepexi • Xucingo - Tulcingo - Chila • Ocotlan - Nahuituxco - San Juan del
Río - Teotlalco - Xolalpa.
(Ver TARA.HUMARA).
(Barrios).
A 43 leguas de Cosarnaloapan a la
que se agregó.
Jalahui - Jaltepec.
Con 43 pueblos Quautlazingo - Momospan - San.ta Bárbara - Todos Santos - San Luis - Sacapecpan - Quapan - Cuaucotla - San Sebastián
Cuautla - Zacatepeque - Tcnanchm San Jerónimo - Zocrumehua - San
Andrés Cholula - Acatepeque - Tlaxcalzingo - Texmitlan - Cacolotepeque • Ocovica - Malacatepeque - Coronango - Coztla - San Francisco Ocotlan - San Antonio - San Mateo - San
Gabriel - San Lucas - San Martín San Lorenzo - Tlaltenango - Santa
Isabel - Santos Reyes - Santa Ana Ahuatempa - San Mateo - Qucscomate • Papalotla - San Bernardino.

Alcaldía Mayor

Estado

Pueblos principales

Chontales

Oaxaca

Durango (Guadiana)

Durango

Escanela
Fresnillo

Querétaro
Zacatecas

Santiago Xanica (Yautcpec y Santa
María Ecatepec}.
Cuencamé, (hasta cerca de 100 Chalehihuitz y Sombrerete) Presidio del
Pasaje, Haciendas de Patos Olidin •
La Peña - Alama • Laguna de Panos
de San Pedro - Guat.indpe Guadalupe • Caladonga - Saín Cataria Ayala Corrales - Atotonilco - Sauces - Garate - Juan Pérez - San Salvador Groseros, La Puerta - Remedios - Quitea • Calabaza! y Misión Jesuita de
San Quinotio - ( ver Tepcguana y
Nombre de Dios).
Se agregó a Cadereita.
San Cosme - Veta Grande - Real de
Pánuco - Haciendas de Santa Cruz,
Dolores • Truxillo y Abrego - 'Maguey
Troncoso - Poro Hondo - Bañón Valle de Ameca - San Antonio Torreón • La Zanja - San Mateo - Sauceda - San Agustín.

Guadalajara
Guadalcázar (San Pedro de)

Jalisco
S. L. Potosí

Guanajuato
Guautlauaca

Guanajuato
Puebla

Guejolotitlan
Huamelula

Oaxaca
Oaxaca

Huauchinango

Puebla
Veracruz

Tula • (hasta 1749) - Palmillas Jaumave - Monte Alberne - Santa
Clara - Santa Maria. - Naola - La Lasca • Valle del Maíz.
Silao - lrapuato.
Huehuetlan (35 leguas al Sureste de
México.
Cuitzeo - La Seda.
Huatulco - Aztatla - Pochutla - Barra de Coyutla - Tonameca • Puerto
de San Agustín. (Linda con el Marquesado Tehuantepec y la costa) (Zona Chontal) - Puerto Escondido Puerto San Angel • San Miguel - San
Pedro - Xuchitepec - Chongo - Acatcpec - Elotepec - Zapotlan.
Pah.uatlan (con tres pueblos) - Tabuco • Tlaola - Tlacuilotepec (c-00 3
pueblos) hruta el Golfo de México.
Chicocuautla - Naupan - (con 8 pueblos) - Xocotepec - Xalpantepec Pantepec (y 5 pueblos) Tamapache
( con Tabuco, Tcpetzintla y Tihua-

463

�Alcnldla Mayor

Huauchinango (hoy
Guachinango)
Huaxuapa y Tonalá

Estado

Pueblos principales

Jalisco

dan - Tamiahua ( con Amatlan, Acala, Cacateapa y Tampao).
Misllan - Atcnguillo - CuauUa.

Oaxaca

Huayncocotla y
Chicontcpec

Veracruz

Huejotzingo

Puebla

Tonalá (fue alcaldía independiente) Tezuatlan - Tlapanalá - Atoyaque Tlapalzingo - Hua:xtepcc • Zilaca)"Oapan - Caleguala - San Jcr6nimo
Aguatlán - Zacatcpcc - lncuyachi Huelotitlan - Tlachichllco - lgualtcpec - Cacalotepec - Xusisllahuaca Tcquisistepcc - Chametla - 'Mixtepec. Guamapa - Zuchitlapilco Xuchltepec. Guejolotitlan - Tuctla.
Tzcntcomatlan - Tlachichilco - Ilamatlan - Ixhuatlan - Ch.inautcpec.
Texmelucan San Salvador y San Mai:tin (29 jueblos) - Xolalpan - San Rafael del Monte - Tianguistengo - Tianguisolco - Azitla - Atzala - San Pedro
San Andrés - Tlalancalcca - Palmillas
Tlauúngo - Atzopan - San Juan Tctla - Huiazocualco - Tlamimilolpan
Tepctlaxco - Temaxcala - Tiaguismanako - Alozozingo - San Buena\'cntura.

Huejutla

Hidalgo

Ixcatlan - Maeustcpetla Thrbuctlan
San Pedro y 10 haciendas.

Ibaua, Asientos de

Zacatecas y
Aguascalientes

Teitiqui - Tepezalá - Rincón de Ramos.

Iguala

Guerrero

Igualapa

Guerrel'O

Coacula - Tuxpan - Tehuisnao - Mayannln - Tepecuacuilco - Tlaxmalac.
Hudrnt-tlan - Popolapa - Acatepeque
C11ilapa - Quet7..alapa - Chacapalapa
Alcamani (linda al oriente con Xustlahuaca al oeste con Tlapa, al norte
con Xicayan y al sur con Acapulco).

Iiccateopan
( Ver Zacualpan)

Gucrri::ro

Ixmiquilpan

Hidalgo

Alcaldla Ma}'º'

E1tado

Ixtcpcxi

Oaxaca

lxtfahuaca

México

Izatlan-Ahualulcos
(Hoy Etzatlan)

Jalisco

Izúcar

Puebla

Jasso-Teremcndo
Juchipila

Michoacán
Zacatecas

J uxtlahuaca

Oaxaca

La Barca

Jalisco

Labradores

Nuevo Le6n

Lagos

Jalisco

Le6n

Guanajuato

Xonocapa - Cardonal - Santa Ma-

ría Ixtlatla.xo - San Agw¡tín y Tepcxic Tlazintla - Orizaba - San Juan y
Sabana.

Ixuintepec-Peñolcs
(Ver Tccocuilco)

464

Oaxaca

Elotcpec - Chilapa - Huytepec - Estetla - Tlai.oyaltepec - Tepantepec - To-

Pueblos principales
tomachapa - Teosacualco - Teococuilco.
Chicomexuchil - San Mateo - Calculalpa - IxtJan.
Tcrnucalcingo - Allacomulco, Joeotitlan.
Magdalena - Amatlan - San Juan - (al
oe5lc de Guadalajara) San Marcos
Oconahua - Miraflores - Laxa.
Aguatlan (antes alcalcüa mayor)
Teopantlan - Culucan - Santa María
de la Asunci6n • Epatlan • Tepexoxttna - Telip:m Tepapaycca - Ahuatelco - Chietla - Ahuehuczingo - Tenexcalco - Azalan - AguatJan - Texaloca - Zoratitlanapa - Coatzingo
Pucctla - Mazay - Tatela - Alchiehica
Ayutla - Xochiapa - Colucan - Ahuate-leo - Cohuccan - Azizintla - Tetla •
Tlapanalan.
Moyahua - Atemanica - San Miguel
Mczquitula - Apozol - San Pedro - San
ta María - Santiago - Teul - Cospala
Mezquital - Analco - San Lucas - Totolotalco - Amatlán - Villanueva - La
Encarnaci6n - La Quemada - Malpaso • Tabasco - Tayagua - Guamuzco
Mezquitan.
Tla&lt;'otepec - Mixtepcc - Tilapan - Tecomaxtla • Tcpetlatongo - San Lucas Santa Maria - Santiago - San Juan San Francisco - San Martín.
San Pedro - Atotonilco - Ocatlan
Quit.zeo - Sa.n Luis - Zapotlán - Totan - Sula - San Andrés - La Ciénega •
Zapote - Azo - Poncillan.
(llurbidc) - Cue\'aS - Camarones - Purlsima.
Comanjá - Ja!ostotitlan - Mitic - San
Miguel Buenavista - San Juan de la
Laguna - Moya - San Juan de los Lagos • San Gaspar - Temacapulin. Se
agregó Tcocaltichc.
San Francisco del Ric6n - Pénjamo
(linda con Salamanca, Pátzcuaro y

465
HSO

�tflcaldla Mayor

Ll'rma
Linares
Malinako

Maloya
Mara\·atío

Estado

México
'ut"vo León
Mfxico

Sinaloa
Micboacán

Mascota
Mazapil

Jafüco
Zac:w .·cas

Mctcpcque

Mé.·ico

Mcutitlan

Hidalgo

Putblos principaln
con Tlazazalca) . San Pedro - Piedra
Gorda • Concepci6n - San Miguel Cuecillo.
Tarasquilla - Santiago.
San Crist6bal - Hualahuisc,.
San Miguel Tecomatlan - Zumpahuacán • Tenancingo - Santiago Ocuila Almolonga • San Ga par • Quatl'J)Cc
Zoquizingo • Santa Ana - San Lucas
Evan dista.
Taximaroa - ZitA.cuaro - San lon?nzo
Tiriprtio • San Matl'o - San Lucas
San Bartolomé - San Pedro • San Sl'bastián - San Felipe • lrimbo Cerguyo
Epungco - Apoyo - Zingatto - Tuxpan • Jungapeo - Ziraguato - Turuodeo • Puma • Tinguineo - Contrpeque • Chichimequilla • Enandio - Apaseo • Púcuaro • San Mateo del Rincón - San Bartolomé - San Francisco Tuzantla - San Esteban Tíripitio Juzantla • Tiquicheo • Copándaro Qucréndaro - Tungarco - San :Mi ucl Tupataro - Tarimancacho.
T.tlpa - Tuito - Tintoque (Mita).
Gruñidor • Cedros • Norias - Sierra
H!'nnma • San Juan de los Ahorcados
Santfago Tianguistengo - Xilotzingo
Ouolotepeque - X1cotitlan • Capuluaque - Trpcxoyuca - Ocuyoacaque
Gunpanoya y 300 pueblos más. Se
puedl" dividir en tres distritos ro {ctepcque, en Ixtlabuaca y l"n Tianguistengo. Tlachichllpa • Tlacotepee - Atlamulco - Atengo - San Gaspar - Zinacantcpcc • Mexicalzingo
Tcmelicaque - Chapultcpcc • Tcprmoxako - San Antonio de Padua - Calimaya - Mimialpa - Ynlatlaco - Temascalcingo - Xiquipilco - Amanalco
Ixtlahuaca - Tultcpec - Chichicoautla
Xonacatlan - San Felipe • Malacatcpcc
Tcmoya - Hutmilapa - Atlapulco - AJ.
moloya del Río.
Molango • Chapulbuacan - Tcpehua-

Alcaldla M4yor

Estado

Putblos principal,s

cán • Tunchinol • Tianguistcngo - Cofiahuatlan

Oaxaca

Misantla

Vcracru1

Monterrey

Xur.vo Lc-6n

fotines (Pomaro)

Nrxapa

ievcs

fichoacán

Oaxaca

Zaratecas:

lotlan.
Coatccas - Amatlán - Coatlán - Lozicha - Santa Marta • Otzolotepec • Zuchltcptc • San 'Matro de las Piñas
San Juan Otzolotepec - Santa Catarina cneguta ( e ve el mar del Sur)
7S pueblos.
Tlalixcoyan - Ccmpoala - Chicontepec - Colipa - Ct"mpoala - Tctcla - Tt••
nampa - Tlacoteptc • Nanacatlan Tonara - Tlapostectlan - Potingo - Cihuaroatla.
(Con Gobernador) Santa Catarina
Encamación - Remates.
San Trlmo • Zinacamitlan - Xolotlan
Chiamila • Goalcoman - Macuili
(Ll~aba al Mar del Sur).
Qurir.hapa Tepalcatcpec (y 12 pueblos mis) San Balta.zar - San Francisco - San Prdro Leapi - Santo Domingo - Santo Tomás Quiri - Santiago
Larhivra • San Juan Xanaguechc Santa Catarina - Quiquitane - (Partido de.-) Mixtepcque - San Prdro - San
Juan - San Lorrnro • San Agu~tín
Mixtepec - Lachiguiri - San Andrés
Mixtcpec - Santiago • San Juan Tepalcatrpec, cabecera dr. los Chontalc., - Topiltcpec Santa María - an
Pedro Mártir • Cbilteptc - Santa Luda - Tecolotepc~ - Candelarias - Zuchiltcpec - San fatiiu - Acatcprc Hiscatcprc - Santo Tomá~ - Snn André3
Quitguelani - Santiago Ne,capa • Yautep&lt;'c - Xarcia - Santa Ano. Lachixila
Sanguanbrca - Coatlán - Iscuintepcc
Cocatlao - Santn Margarit.'l Qu~ialtl'p e - Xicula - Ocotcpec - CacalotcP&lt;'C - Acatlarinto • Malacatcpcc - Chimaltepcc - Acatlin Tustla - fiuatlán
(Mixcs - :. "izagui - Lachigojani • Xilotepec • San Sebastián - Santa Cruz San Pedro - Maxaltc¡&gt;l'c - Totolapa Zoquitlan.
Me-zanital - Xarnlillo - San Miguelito -

466
467

�Alcaldla Mayor

Estado

Nochixtlan

Oaxaca

Nombre de Dios

Durango

Nuevo México
(Provincia)

N ucvo México

Nuevo Santander
(Colonia)

Oaxaca-Antequera

Orizaba

468

Tamaulipas

Oa.xaca

Veracruz

Pueblos principales
Pastelera - Tetillas - El Fuerte - Guadalupe - Río Grande - Cerro de Santiago.
Tilantongo ( se agregó) Tamazula
Mitlantongo - Xaltepec - Chachuapa.
Se extendía por el oriente del Estado
de Durango hasta La Punta.
Con gobernador en Santa Fe• San Jerónimo de los Taos - Villa de Santa
Cruz Havicuii - Soledad del Rlo · San
Juan de los Caballeros - El Embudo •
Bernalillo - Santa Ana - Alameda de
Mora - Villa de Alburquerque - Atlixco - Limpia Concepción o Cañada
Valencia - Cerro de Tomé - San Agustín de la Isleta - Tezaque - Nambé San Ildefonso - Santa Clara - Pecuries - Pecos - Zuñi - Galistco • Santo
Domingo - Cochiti - San Felipe - Santa
Ana - Zia - Gemes - Acoma - Nuestra
Señora de Guadalupe del Paso - San
Lorenzo • Carrizal - La Peña.
La Colonia del Nuevo Santander con
gobernador e.n la Villa de Santander
Ciudad de Horcasitas - Santa Bárbara - Llera - Tula - Altamira - Padilla•
Güemes - Real de los Infantes - Aguayo • Soto la Marina • San Fernando •
Laredo - Burgos - $antillana - Reinosa - Escandón - Croix - San Carlos Hoyos - Camargo - Mier - Revilla •
Dolores - Real de Borbón - Cruillas
San Nicolás - Presas del Rey - Palmillas - Jaumave.
Ixtepec - Xalatlaco - Otzoltepec • Exutla - Tilcaxete - Ayocuexco - Ocotlán Ixtlan - Guelatao - Coyotepec • Tlacochoguaya - Teozapotlan - Tenexpa Xalteanguis - Tezozola.
Aculzingo - Nexapa (lindaba con Córdoba, Veracruz, Tehuacán y Tepeaca)
Tomatlán - Naranjal - Ingenio de
Tuxpango - Atlaca - Tequilan • Temilolacan - Atlahuilco - Necoxtla •
Maltrata - Aquila - Ixtaxoquitlan •
Nogales - Ixhuatlan.

Alcaldía Mayor

Estado

Pueblos principales

Ostimuri
(Provincia)

Sonora

Ostotipac

Jalisco

Bayateca - Río Chico - Nuri - Bcthlem - Ruan - Potan - Bocón • Cocorin - Moabas - Comoripa - Zuaqueo Yacora - Onabas - Tonichi - Onapa
Aribetechi - Bacanóra - Saguaripa Tacupeto - San Marcos - Real de Todos Santos - Nacozari - San Marcial San Joseph - San Miguel - Río Chico Tecoripa - San Xavier - Nacori - Matape - Opostura - Cumpaó - Guazabas • Oputu - Thesico.
San Sebastián - (Mascota 38 leguas
al occidente de Guadalajara) - Tolapa
Talpa - Jyto en la costa (hoy Tuito)
(Ver Mascota, contiguo).

Ostotipaquillo

Jalisco

Cacalutla - San Francisco (25 leguas
al noroeste de Guadalajara).

Otumba

México

Pachuca

Hidalgo

Pánuco y Tampico

Vcracruz
Tamaulipas

Papantla

Veracruz

Parral, San José del,
(Ver Chihuahua y
Tarahumara)

Chihuahua

Parras (Ver: Saltillo)
Pátzcuaro

Coahuila
Michoacán

Axapuzco - Ostolotipac - Huautlanzingo.
Tizayuca - Tolcayuca - Huaquilpa Real del 'Monte - Acayuca - Tezontepec.
Otontepec - Tantima - Tarnalin - Ohiconamel - Ozuluama - Tanjuco - Tantoyuca - Tempoal.
Espinal - Zozocalco - (linda con Huauchinango) Coatzintla - Zozocalco - San
Mateo - Chumatlan - Mctlatlan - Santo Domingo - Guaytlan - Coatlan.
Misiones de Santa Ana, Tataca, Concepción , Las Cuevas, San Ildefonso,
Atotonilco, Reales de Minas de Santa
Bárbara, El Oro, Ciénaga, Hacienda
de Lapian, El Pilar, Canutillo, San
Pedro, Presidio de San Francisco de
Conchos en donde había un capitán.
Mapimí - Peñoles.
Tzintzuntzan - Cocupa - Santa Fe Purunchéquaro - Tirindaro - Zacapu Etúcuaro - lndaparapeo - Siguinan Arantzan - Capáquaro - Arentapaqua Santa Clara del Cobre (Villa Escalante) Uruapan • Jucutacato - Parangaricutiro - San Salvador - Sacán
Tzirosto - Ap6 - Corupo - Guango
(aquí residía un alcalde mayor) - Ure-

469

�Alcaldia Mayor

Estado

Pesquería

Nuevo Le6n

Puebla

Puebla

Purificación
(Ver: Tomatlán)
Querétaro

Jalisco

Rlo Blanco

Nuevo León

Sabinas

Nuevo León

Salinas

Nuevo León

Salinas del Peñol Blanco
Salamanca
Salinas ( Santiago de las)

S. L. Potosí
Zac.
Guanajuato
Nuevo León

Sal tillo

Coabuila

Salvatierra

Guanajuato

San Antonio de los Llanos
San Bartolomé

Nuevo- León

Querétaro

San Bias
San Crist6bal de la
Barranca
San Felipe

Nayarit
Jalisco

San Juan de los Llanos

Puebla

470

Guanajuato

Pueblos principales
cho - Xongo - San Juan.
Tiripitio - Echuacándiro - Undameo
Auramba - Acutzio - Puruándiro - Angamoquitiro - Conguripo - Panindicuaro - Aguanato - Epexa - Numaran.
Valle de la Pesquería Grande (hoy Villa de García).
Amozoc - Coatincha - Totomehuacan
Se agregó.
Tomatlan • Chamela - Mazatlan • Navidad.
San Juan del Río • Tolimán (y 17
pueblos más) .
(Arambcrri) - Milpillas - Molino - El
Varal - Tepozanes - Santa Rosa.
V allecillo - Lampazos - Camarón Huizachito - Hormigas - San Antonio.
Marin - Abasolo - Hidalgo - 'Mina
Higueras - El Carmen • Zuazua.
Pinos.
Se agregó a Ce.laya.
Ciénega - Adjunta - Los Pozos - Mamulique • Refugio • Canelo.
Parras - Patos ( todo el sur del actual
Estado).
(Se agregó a Celaya) (linda con Celaya y Apaseo) .
(Hidalgo) - Encinas • San Nicolás.
Con capitán en eJ Presidio - Misiones:
Cuevas - Lope de Hierro - Santa Bárbara - Las Bocas - Reales de Minas de
Santa Bárbara y El Oro.

(Se agregó a San Miguel) (Dolores se
erigió en pueblo).
Tlatlauquitepec - Zacapoaxtla - Chichiquila • Quimixtla • Hueyapan
Yaonahuac. Tenextlatiloyan - Huezcaleca - Ixtac - Maztitlan - Xonacatlan •
Elotepeque • Xuchitlan - Cuyoaco Zantla • Xocbitlan - Nauzontla - Quetzalan ~ Yancuitlalpan - Teteles - Tepeyahualco • Chilchota - Paplanala.

Alcaldla Mayor

Estado

Pueblos principali

San Juan Teotihuacán

México

San Luis de la Paz

Guanajuato

San Luis Potosí

S. L. Potosí

San Mateo del Pilón

Nuevo León

San Miguel de Aguayo
San Miguel el Grande

uevo León
Guanajuato

San Pedro de Boca
de Leones
San Sebaslián
(Real de)
Santa Catarina

Nuevo León

Theotalco • Tem.ascalapa -1
Tepexpan - (linda con E
Texcoco).
Reales de los Pozos • Palmar
Targea - Sao Juan Bautista t...- 1.ucnu
( se agregó) San Francisco de los
Amucs de Xichú - Santo Tomás - Tierra Blanca - (lindaba al S. E. con Cadereita. Al W. con San Miguel el
Grande. Por el N. con San Luis Potosí y por el S. con Querétaro) .
Santa María dd R1o - Río Verde
Valle de San Francisco • San Pedro
Armadillo.
Valle de la Mota - (Rayones) (Montcmorelos) - El Castillo - Providencia - Cartagena.
(Bustamante) - Huizache - Ranchlto.
San Felipe (se le agregó-) - Dolores
Atotonilco.
(Villaldama) - Santa Fe - Casita •
Santa Rosalía - San José - Escondida.

Jalisco
Nuevo Lf'ÓU

Santiago de los Caballeros

Sinaloa, Sonora
Chihuahua

Sayula

Jalisco

Sentipac

Nayarit

(3 leguas al Oeste de Monterrey)
Rinconada - Torreo - Placeres - Tanque.
Misiones de Chinipas • Zerocabuy
Morís - Yecora - Guai;apares - Tubores - Sinaloa - Bacuberito - Tebeco Navojoa • Mozo y otros más.
Uxmaxaque - Amacueca - San Luis Apango - Tepec - Tapalpa - Talapa
Teoeuytlan - Xalpa - Atlato - Zacualco • Cuaycapan - San Marcos - Chapala - Jocotepec • Cbichilixpan - Teotepec - Techalutla - Zacualco - San
Antonio - Tizapan - Atotonilco - Acatlan (Juárez) V. Corona - Atcmaxaque - Atoyaque - Cocula - San Martin - Santa Cruz - Axixique - Cozatla
San Cristóbal - Tcncuitatlan - Tuxcueea - Tecolotlan - Atengo - Tenamaxtlan.
Mezca - Axcatlan - Santiago - Zapotlan - Ixcuintla - San Sebastián - Oxal-

471

�Alcaldía Mayor

Estado

Sierra de Pinos,
San Matías de

Za catecas
Jalisco
S. L. Potosi

Sinaloa

Sinaloa
Sonora

Soconusco

Chiapas

Sombrerete (o Llerena)

Zacatecas

Sonora
(Ver: Ostímuri)
(Provincia)

472

Sonora

Pueblos principales
tepec - Axacala - Convento de San
Francisco.
Angeles - Ojo Caliente - Ojuelos - Ciénega de Mata - Haciendas de: Ballena
Pendencia - Santa Teresa - Espfritu
Santo - Santa Gertrudis - Santiago
San 'Martín - La Jaula - El Ga1linero
San icolás - Buenavista - Agostadero
Lobo - Marquillos - Salitre - Santa
Rita - Cerro Prieto - Santa Pita - Bucnavista - La Parada - Santa Gertrudis
La Sauceda - Gallinas - La Noris.
Tenía categoría de Provincia con gobernador - El Fuerte - Alamas - Real
de los Frailes - San Benito y varias
misiones.
El Reino o Subdelegación de Soconusco formaba parte de la alcald1a mayor de la Ciudad Real o de Chiapas y
tenla un alcalde ordinario o subdelegado.
La Noria - San Sebastián - Corrales
Santa Catarina - Atotonilco - Santa
Monica - Laborcita - Sain Alto - Torrecilla - Chacuaco - La Noria - Calabaza! - Calahona - Chalchihuitcs
Tonalá - Buenavista.
(Con capitanes) San Juan Bautista
Pitiqui - Presidio de Buenavista - Nacozari - Gila - Tepache - Moteporc
Coro de Guachi de Fronteras - Babispe - Real de la Soledad - Guevavi
Guisuani - Aguaje - Real de Aygame
San Francisco - Los Alamas - Batuco - San Cosme - U res - Babicora
Bayaconi - Aconchi - Guepaca - Banamichi - Cinoquipa - Arispe - Chinapa Bacoati - Basochucha - Real de S. Pedro - Los Angeles - Populo - Nasameri - Opode - Merisichi - Toape - Cucurpe - Los Dolores - Los Remedios - Real
de la Concepción - S. Hipólito - Real
de Bacanutchi - Real de Cananea Real de los Tepetates - Cocospera Timén - Sao Ignacio - Santa Magdalena - Tubutama - Puerto de Barboroco.

Alcaldta Mayor

Sultepec

Tabasco

Tacuba

Tala

Tancitaro

Tarahumara

Ta:xco

Estado

Pueblos principales

México

Temaxcaltepec - Capula - Huiztlán
San Pedro Almoloya - Totcolmaloya
Amatepcc - Temascaltepcc - Hueztahualco - Tccaltitlan - Clacoyac - San
Pedro Almoloya - Amaltepcc - Coajusco
San Miguel - Tcquizampa - La Goleta Pozoltepec - San Simón de los Barreteros - Acamuchitlan - San Francisco
del Valle - Ahuacatlan - Ixtapac - San
Martín y Santa Cruz - San Lucas - Otzoloapan - Atezcapa - Texupilco - San
Miguel Ixtapa - Santiago - Arizmendi
San Andrés - Acutitlan.
Tabasco
Perteneció en un principio a la Capitanía General de Yucatán que tenía
las alcald1as ordinarias de Mérida,
Campeche Valladolid Salamanca de
Bacalar y Tabasco. Había entonces en
Tabasco un alcalde ordinario. Al separarse de Yucatán se convirtió en
Alcaldía 'Mayor y la residencia del alcalde mayor estaba en Tacotalpa. En
l 785 se erigió un Gobierno y desde esta frcha se nombró un gobernador.
Distrito Federal Atzcapotzalco - Huizquilucan - Sao
Bartola Naucalpan - Tcnayuca - Tlalnepantla - Tultitlan - Tepetlacalco San Jerónimo - Coatepec - San Pablo
Salinas.
Jalisco
Teuchitlan - Ameca - Aguisculco - Colula - San Nicolás - Cabezón - Jocotáo Ocotán - Nextipac.
Michoacán
Thomatlan - Acahuato - Parácuaro San Juan de los Plátanos - Amatlán Xalpa - Pinzándaro - Tcpalcatepec
Tetlama - Se agregó después: Motines y Sinagua y La Huacana.
Chihuahua
San Phelipe de Chihuahua . Santa
Eulalia - Nombre de Dios - Cosihuirachic - Santa Ana - Chubizca - San
Andrés - Concepción - Santa Cruz
San Borja - San Agustín - Pasayochi Tomosochic - Matachiqui - Theoloac.hi - Tomichi - Tacuta - Cocomeracbi.
Guerrero
Azozalco • Talistac . Trucco Viejo
Coxcatlan - Coatlan - Tcxtipac.

473

�Alcaldia Mayor

Estado

Tecali

Puebla

Tcccútlan
Tecocuilco hoy
Tcococuilco

O:ucaca

Tehuaw

Puebla

Tchuantcpcc

Oaxaca

Tenango dd Valle

México

Teocaltiche

Jalisco

Tcotako

Puebla

Teozacualco

Oaxaca

Prublos print:ipalts

Toxtcpcc - San Buenaventura - San
Luis - San Jerónimo - San Pedro Apatla - Santísima Trinidad - Aguatepcc
San Miguel - Tzitlacacoya - Huizcololla - Toxtep&lt;"que • Huichitepequc
Tepcya}1ualco - San Bartolomé - Aloynt::mpan - Santa Is.1bel - San Lorenzo - San fartln Mixtla - San Martín San Bartolomé - Santa Clara• San Sal,.idor - Santa Isabcl - San Francisco Mina de Tccali.
(Ver Paso y Troncoso Vol. V).
San Juan Atepec - San Juan Analco
(se agrcg6 a TeozaC'ualco mediando
Peñolcs y Zimatlan) - Santiago - Zucuyapa - Yoloxinisquilla - Macuitianguisco.
Zoquitlan - Coyomeapa - Coapa - Chilac - Coxcatla - Eloxuchitlan - Acatepee - Miahuatlan - (linda al . con
Córdoba y Orizaba, al E. con Teutillan del Camino al O. y S. con Tcpcaca) - San Lorenzo - Coscatlan • Altcpexi - Tititlan • Tla.xoxcalco - Axalpan • · Uahuatlan • Sinancarepcc - Cojomeapan • Quautla - Xocotla - Tlacotepec • Zapotitlan - Atzingo - Teloxco
Caltcpequc • Santos Reyes - Coatepequc - Acatepec - Acatitlan.
San Antonio de la Sal - Asumba • Tepango - Chapulco - Zoquitfan - Xillama - Alcomonca - Axayahualolco
Mazatcopan.
(Linda con Chiapas) - Tanapatepec
Chimalapa - Tequimtlan • Guichicovi • Patapa - San Mateo dd Mar - San
Francisco del Mar.
Allatlauca - Xuchiapa - Ziletcc - (lin•
da con Mctcpec Malinalco - Tt'mas•
caltepec y Zultepec) - Zapoyutla.
Tecaltitbn y Ajojucan • Guadalupe
Mechoacanejo - Huejotitlan.
Miltcpec - San Pedro • Xolalpan •
Tcutla.
Teozomulco - Amoltepec - Tezontr•
pee • lxtalutla.

474

Alcaldía Mayor

Estado

Teotitlan del Valle

Oaxaca

Tcpatitlan

Jalisco

Tcpeaca

Puebla

Trpexi de la Sl'da

Puebla

Pueblos principalts

Tlacolula - Mitla • Albarradas - /lindaba con Tehuantcpcc) - Santo Domingo • ZapotitJan - San Lorenzo
San Juan - San Luis - Santa Ana
Quiatoni - Santa Ana del Valle - San
Miguel • Santa Catarina - Matatlan Santo Tomás • Macuil:ruchil - Xilotepcc - Huizitlaltepec - San Francisco Guclavia.
Acatic • Tecualtitlan • Tonacty - San
Joseph • San Miguel el Alto - Mezquitic • Zapotlan - Santa Fe - Ascatlan.
Tccamachalco - Cachulac • Tlacotepee - Todos Santos - San Marcos
Acatlan • San Luis - San Andrés • Ostoticpac • S~t.:i Maria - Santiago Tenango - Soyapetlahucan • San Mateo Val~quillo - Sacaola - Coattpeque San Gabriel • Acacingo - Actipan San Sim6n • Chakhicomula - Huizcolotla - Quecbolan • Nopaluca - Palmar • Santa Isabel • Purificaci6n • Alscseca - Tlaixpa - Ostotipac - San HJpólito • Tlacotepcc - Cacaloapan - San
Sebastián - Aljojuca • Temalacayucan
San Salvador el Seco • San lúpólito Santa Margarita - Tesayucan - Tlacomula • Acaxetc - Tlacomilco - Acatzingo con 67 aldras • Igualtepec • XaJ.
tepec r Istapa - Quaonopalan • San
Andrb Chakhicomula - Tcchachalco Azizintla - Aljojuca • Soltepec • No•
palucan - Xaltetclolco - Tepatlasco Tetela - Ncnetzintla - Tlaxco - Ocotitlan • Tepulco - Magdalena - San
Agustín - San Sebastián - San Jer6nimo • Acazingo - Cozaqui - Los Reyes • San icolás - Santa Catarina San Miguel - Qucchula • Santiago San Bartolomé.
lxaquistla - Ahuatempan - Atexcal •
Coyotrpec - Cuayuca - Chímccatitlan
Huautlatlauca - Zacapala - Tlatlauquitepec • Xuchitepeque - Aguatempan - Quitlaxcoltcpcc - Quautempan •
Soyamayalco - btacuistla - Atexcal -

475

�Alcaldía Mayor

Tepic

Tepozcolula y Yanhuitlan
(Ver: Tilantongo)

Estado

Nayarit

Oaxaca

Tequepexpa (Santa María)

Nayarit

Tequila
Tetela del Volcán
Tetela y Xonotla

Jalisco
Morelos
Puebla

Tetcpango

Hidalgo

TeutiJa (San Pedro}

Oaxaca

Texas
( Pr~vincia}

Texas

476

Pueblos principales

Magdalena - Tonahuistla - NopaJa Santo Tomás - San Nicolás • San Lucas • Tcnayuca - Molcaxoque - San
Andrés • San José - San Luis - Huitziltepec - Quatetelco - Asolotepcc Yanhuitlapan - Tlachichilco . Ahuehuctlan.
Xalisco - Guayanamota • Xaltocan
Simochoqui • Mecatlan • Guarislempa
Zapotlan - Tepchuacan - Caztlan •
Pochotitlan - Texuitoxco - Atemba.
Texupa - Ocotepec • Chilapa - Tlaxiaco - Guautla - Atoyaquc - San Juan
Tlaltepcc • Pueda - Chicahuaztla •
Cuicuila - Ahiautla - Yolotepec - Atoyoquilla • Atlatlauca - Monte León Chacaltongo • Tecaltitlan • Copala Yunduza - Maninaltepec • Tulancingo - Peñasco - Tamazulapa • Xipacoya - Tonacatcpec - Xaltcpctongo
Apuala.
Comatlan - Santa María - San Pedro
de la Lagunilla • Tepotlan - San Luis.
Amatitlan - Cucambaro.
Hueyapan - Metepec - Xuchicalco.
Totooalapa (Hda.) • Tetela del Oro
(Totonacos} (30 leguas al norte de
México) - San Martín • San Francisco Ayotusco • Santiago Ecotlan - San
Andrés - Los Reyes - Cuautempan
Hueytentan - Huitzilan - Tenanpu.lco lztulco • Tuzamapan - Xochiapulco Tetelilla - Zapotitlan • Zongozotla •
Zoquiapan.
Huipuxtla • Atotonilco - Atitalaquia Apasco • Mizquiahuala - Jalpanaloya Tlaxco - Tlamaco - {Anteriormente
fueron 3 alcaldías mayores) .
Ixcatlan - Tenango - Quetzalapan Xalapa - Tlacomaltepec - Tlaquazin•
tepec - Zoyaltepec - Ayautla • Guaxospan - Tecoutla - Oxitlan • Tepetotuda - Chlnautla.
Con gobernador en el Persidio de San
Antonio de Béjar - Presidios: de Nues-

Alcaldía Mayo,

Estado

Tcxcoco

México y
Tlaxcala

Texiutlan

Puebla

Tilantongo
Tingüindin

Oaxaca
Michoacán

Tixtla de Acapulco

Guerrero

Tlacotalapan
Tlalpujahua

Michoacán

Tlapa

Guerrero

Pueblos principales
tra Señora de los Dolores - Adaes
Bahla del Espíritu Santo.
Tulantongo • Tezucuca - Chiautla Guaula • Oalpulalpao • Acolman •
Atengo - Tezontla • Ixtlahuacan Cuanali - Tepetlaostoc - Tlaílotlacan Papalotla - San Luis Huejutla • Coatlinchan - Nexquipayac - Purificación.
Chlnautla - Atempa • Atoluca - Zimpaco (y 12 pueblos más•. Xiutctelco Acatcno - Mexcalcuautla - Atolucan San Sebastián.
(Se agregó a Nochistlan)
(Se agregó a Xiquilpan) - Guascuaro Tocumbo - Laguneta • Ayumba • Cotipa • Magdalena - Tacázcuaro - Atapa - Ziquicho • Camata.
Atliacan - Apanco - Hostolipan - Ozomatlán - Tequiziapan - Oapan • Huacazingo - Tetelzingo - Huiziltepeque
Zumpango - Chilpancingo • Pctaquillas
Nochltlan.
Atlicintla • Catemaco.
Ucareo - Zinapécuaró - Taimeo • Otzumatlan.
Tutotcpec - Olinalá - Tenango Ahuatepec - Zaqualpa - Tlalapa
Coautlaco • Cualaque • Cuauzingo Tema.lazingo • Huautzotla - Tlapa Ahuezitla - Ocotitlan - Amatinchan Tcpetlazingo - Petlazingo - Acuilpa Ayozinapa - Tlacuiltepec - Atlistac Atlamajazingo - Tlaquizalapa - Cuautolotitlan - Tcxocotla - Cuapala - Quiziapa - Zapotitlan - Acantepec - Huyzapula • Teocucalpa - Tuycatenango Clalquilungo - Ostozingo - Ocotcquila - Capamatoyaque - Pactlichan • Potichan • Chanapa - Tenamazapa - Tezistac - Totomisl.ahuaca - Pazcala •
Tlaxatixtlahuaca • S. Luis de la Costa Zoyacatlan • Ahuacazalco - Alrovi Quanaxtitlan - Xalpatlahuaca - Zoyatlan - Tequixtlahuaca - Coapa - Quauzoquitengo - Alaclatzala - Malinaltepec - Tlacotla - Zacotipa - Cuyacla-

477

�Alcaldla Mayor

Tia.xcala
(con gobernador)
Tiaxcala
Tla,comulco

TlazacaJca (La Piedad)

Estado

Tlaxcala
N u,·,·o Le6n
Jalisco

Michoacán

TocbimiJco

Puebla

Toluca

México

Tomatlan

Jalisco

Tonalá

Jalisco

Totomehuacán

478

Puebla

Prubfos principal,s
zala • Atlamaxaczingo - Huehuttepeque • Zitlaltepcque - Xalaza.la - Ancnccuilco • Zilacototi tlan - San Miguel Cochoapa - Alpoyecuingo . Cuauripac • Anchiapa • Quczuapa - Qua,·ilotlazala - Metlatono - Tlapa • Zapotlahuaca - Alcoz:iuca - Chimalt&lt;'pcc Auompa - Totomochoapa - Atlamoxique - Xonacatlan - Amapilcan • Cuiztlahuaca • Tolimpcntlalo~·a • bcatcpan • AJpoyeca • Ayeticpac - TlaquizaJa - Tlaquiltep e - Huamostitlan •
Huehuetlan • Xochihuehuetlan - Xilotepec - Xocotla - Tcpetlapa . Xihuitlipa - C:unitlipc.
Xonotla • Tetela • Huamantla - Santa Cruz - San Felípc.
(Gu.adalupt') • Enea.marión
Cocotepec • Zacualco - Cocula - Tizapan • Santa Ana - Santa Cruz - Ato•
tonilco • Cuyutlan - Cuescomatitlan Cajititlan - Atlixtac • Juchitlan.
Yurécuaro ( y seis pueblos más) - Pcnjanullo • La Piedad - Tanhuato
(Tanhuen~ato) • Ecuandureo - Atacheo - Chilchota.
San , ligue! - San iartín - San Antonio Alpanoca - (lindaba con Tctcla) •
Huilango - Santa Cruz - Toltzinco
Teu7.anilpa - Quautomatitlan - Zaratempa • Yoncuictlalpa • Tcpanapa
Huilotcpec • Colozingo.
Ostotitlan - Cacamoloatlnn • Tccaxic San Buenaventura - Santa Ana - San
Juan - San Jerónimo• San Bartolomé San Francisco • San Pablo (17 pueblo)
(Ver: Purificación).
San Pedro (loza) - Toluquilla - San
Martin ( 4 leguas Al este de Guadalajara) • Tuteposco • Tlaqucpocue. Tcpcchi • Tcqutpexpan.
Santo Tomás • Xacahimalco - TeteJa •
Atotoniko • Tccola - Azumiatla • Batan • Chapulco - Coatepec - Tlalcosepa.

Alealdfo Mayor

Estado

Pu1blo1 principal6s

Tula

Hidalgo

Tulancingo

Hidalgo

Tuxcacucico

Jalisro

Michlmaloya • Tepexi del Río- Tepetitlan - • 'extlalpan - Axuchitlan - Iztlalpa - Tultcngo • Xicapatla.
Atotonilco • Tutotcpec • Zinguilucan •
Tcnango • Guacazaloya • Acatlan Acaz1,1chitlan.
Tcusontla - Tonara • Tenango • Soya.capan.

Tututepec
Tuxtla

Oaxaca
Chiapas

Tuxtla y Cotaxtla

Veranuz

Valladolid

Michoacán

\'allc d'" las Salinas

S estableció en 1771, en esta forma
se dividió en dos parte, la Provincia
de Chiapas. La mitad norte pasó entonces a formar la AlcaJdia Mayor
de Tuxtla (hoy Tuxtla Gutifui:cz).
San Andrés - Cotaxtla - Rinconada •
Ixcalpan.
Tarámbaro - Zacapu • Cbiquimitio •
Santa María • Jesús del Monte • San
Miguel • Santiago del Pueme.

'uevo Le6n

(Ver: Salinas)
\'aJlt." de Santiago
Valle de Santiago Hunjuco

Guanajuato
ucvo León

Valle Pesquería Grande
Valles

Nurvo León
S. L. Potosi

Vera.cruz

\'eracruz

AJvarado - Mcdellin • Tiacotalpan.
Se agrcg6 de!pués - (lindaba con Xalapa).

Villa Alta

Oaxaca

Temascalapa - Ya.zona - Betaza • Yalalny • Tagüis • Yahahuy - Yctzincubi
RuaJlaga - Yaba., • San Francisco de
los Cajones - TiJtcpec • Jayacatep&lt;-c •
Jareta - Mctepec - Torontcpec - ?.foctun - Amatepcc - Tepitongo • Tonagui • Tlahuitoltcpcc - Chichicatepec •

Sr agrr1ró a Cclaya.
Guajuquito • El Alamo - San Juan •
Cañón • Potrrro • San Pedro.
Guadalupe · San Andr~s - Carrizalejo.
Tamuin - Tancuayalab - Tampamolón • Tanquiin - S. Martín - Chalchiruautla • Chapulhuacan - Mccatlan TamazunchaJe - Xilitla - Matlapa .
Aquismon - Tamapache - Tanchochin •
Tamul • Tanlacú - Guayabos - La Palma - Alnquincs • VaUc del Mafa •
Tanguanchin - Chama! - Tan1axas Huchuctlan - Coxcatlan • Chalco Tancanchuitz • San Antonio Tamanetzen.

479

�Alcaldía Mayor

Bstodo

Pueblos principolu

Mexistlan - Yacochi - Huitcpec - Ocot.cpec - Lala - Comahepec - Lacbixoba
Yahuybe - ZapiJoza • Jaltepcc - Puzmecatan - Otzolotepec - Chisme - Candado - Cozocozonque - Atitlan · Alotepec - Ayacatepec - Sacatcpec - Metaltepec - Ayutla - Tuxtepec - Tempantlale - Tamazulapa - San Pedro
San Migud - Santo Domingo - San
Pablo - San Mateo - Sochlla - Jopa Yahu)'O - Yeloxi - Yazeche - Sogocho Zazache - El Bajo - Tabegua - Juchitepec • Taboa - Yojobil - Solaga • Yucchi - Yace • Lachichina - Yagayo Yaviche - Tanche - Juquila - Yatao CacaJotepec - Lopa - Hoya - Yatloni Talea - Yogabila - Tapanzacucco - Yaneri - YajiUa - Teotalco - Xofaa - Tiltrpec - Chixila - Xalagasi - Yobego Yaxoni - Reagui - Comatlan - Yetzclala - Tcotalzingo - Nobani - Petlapa •
Tocabda - Tipinapa - Xocotepcc Lalama - Lattani - Maninaltcpec Jalahuy - Suchiapa - Chuapa.
Xala

Xruapa

ayarit

X'amulco - Zuatlan - Ixtlan - Aguacatlan - Mezpa - Tititlan - Ixtlan - Tequepcxpan.

Vcracruz

Perote - Xalcomuko - Amazapan Coatepcc - Xochimalco - Cenquantla •
Ixahuacan - Ayahualulco - Tlacolula Chiconquiac - Chapultepec - Coaucazintla - Pazlepec - Tonayan - Yecuatla - Xilotepec - Chllchoyaque - Tlalnchualoyan - San Miguel del Soldado · San Salvador • Las Vigas Tlatalila • Xalazingo - Atzalan - Altotonga Tlapacoyan - Mfahuatlan - Noalingo
Tepetlan - Xaltomulco - Actopan Atexcac - 'Maxtlatla • Colipa - Acatlan • Xilotcpec - Tlacolula • Almolonga - Ixhuacan - Xichochimalco.

Xamiltepcc

Oaxaca

Xercz

Zacatecaa

480

Valparaíso • Gutiérrez del Aguila (lindaba con Nayarit) - Susticatán - Mon•
te de Escobedo - Tesorero - Organos

.A.lcaldla Mayor

Estado

Xicayan

Ouaca

Xilotepec

México

XiquiJpan

Michoacán

Xichú

Guanajuato

Xochicoatlan

Hidalgo

Xochimilco

Distrito Federal

Xolapan y San Sebastián
Yahualica
Yanhuitlan
(Se agregó a Tepozcolula)

Jalisco
Hidalgo
Oaxaca

Yucatán ( Se convirtió en

Yucatán

Pueblos principa/u
Huejuqwlla - Víboras - Buenavista
Santa Fe • Susticacan.
Xamiltepec - Guajolotitlan • Tututepec ( se agregó) - Pinotepa - Xacoa Sfouyu - Nutio - San Cristóbal - San•
ta María. - San Lorenzo - San Agustín - Pinotepa del Re&gt;• - Xicaltepec Poputla - Tlacama - Atoyaque • San
Juan Santiago - X'icarán • S. Joseph •
Ixcapa - Tulistlaocan - Amu-zsos - Cacahuatepcc - Icapaca - Zultcpec • Zacatept'C • Grotes - Coahuitlan - (Chatino) - Cortijos - Jocotepec - Santa
Cruz - Santa Ana - Tlaltepec - Tepestlahuaca - Juquila - Olintepec - Xalotepec - San Luis - Ixcantcpec - Amiltepcc - Lazao - Palanizuela - Jxtapa Xuchatcngo.
Cambay - Chapa de Mota - Chapantongo (y dos pueblos más) Zonaylquilpan.
San Juan Periban - Charapa • San Angel - Tarequato - Patamba • Ocumi•
cho - San Joseph • San Gabriel - Siquicho - Tingüindin - Atapan - San Francisco Pcriban - Pamatacuaro - Santos
Reyes.
(Se agregó con Palmar de Vega a San
Luis de la Paz) .
Acomulco - Ahuacatlan - Quautlarnaya • Atempa - (y cuatro pueblos
más) Chilchayotla • Xacalco - Rexmatlan - Talnalic - Pauchutla - Tuzancoa • Papaxtla - Mazahuacan.
Amilpa • San Pedro Actopan - (Lindaba aJ Poniente con Coyoacán y la
Laguna al Norte, al Este con Chalco
y al Sur con tierra caliente).
Xolalpan.
Huazalingo - Huautla - Coapa.
Yxtatepec - Topiltepec - TiUo - Cuixtlahuaca - Tonaltepec - Apuala - Zoyaltepcc - Coyotepec - Tequizistcpec Ch.icahuaatepec.
De Alcaldla Mayor se convirtió en
Capitanía General en 1565 con a.sien-

481
lI31

�.Alcaldía Mayor

E11ado

Gobi rno y Capitanía
General)

Yuririapúndaro

Cuanajuato

Zacatecas

Zacateca,

Zacatlán

Puebla

Pueblos pri11cipalts
to en ~férida para ti capitán gt'neral.
Había alcaldes ordinarios en Campeche, en \'alladolid, Salamanca de Bacalar y Tabasco que de pués se segreg6.
. foroleón - Uriangato. (Se agregó a
Celara).
antuario de Guadalupe.
:\qui tia - Ahuacatlan - .\matlan • Zapotitlnn • TeutaJpan - Olintla • Pat.la •
Xolapa - Chilaque • Tlaobr Chinconlla • Xochimilco • Trpcíxco • Tenango • Chignaguapan • Omitlan • Tt·
perzintla • Zoquitlaxc:o • Chicuascntt••
pctl • Tloquilpan • Tomolixco •
Ahuacntlan - Mc:squishuapan • Xiloxochitlan - Tlacotepec • Tonalan ·
Tlayobualtzingo • Tt'pango • Amixtlan • Quautotol - Tcopatlan • CoY3)1tngo - Tujupango • Camocuautla •
Xochiatzingo • Tapayula - Quautrpec - Zapotitlan - Zongozotla - Huit1jla • • •anac:atlan.
Tuxtla • Atlcqui1.oyan • Ozelonncaxtla • Caxhuacan • Hueir.lalpan • Nexquititlan - Ixtepcque • Zitlala Cbipahuatlan • Olintla • Hu.-huctla Xopala . Chicont.la • Putla - Tlaotontongo.

Zacatula

Guerrero

Coyuca - Tecpan • Maxaltepec o
Atoyaque.

Zacualpan

Guerrero

Teloloapan - Coatepec · Zicapuzako
Ixcatcopan - Oztuma - Alahuiztlan •
Marinaltenango - San Juan Qu tzala
Acapt"tlahuaya • Totoltepcc • Tona·
tico • Ixtapa - Santiago.

Zamora-Xacona

Zapopan

482

Michoacán

Jalisco

Tangancícuaro - Ario de Santa Mónica • 2. nguyo • La Palma • Coxumatlnn - Guarachira • Sin1tUyo - Comu:uo • an Pedro - Santiago • Xo- ,
ripo • Parantiro - Tia.:azalca • Chilchotla..
(Zapopan) . San Esteban • Cedazos
Ocotlan - Tesistlan • Ixcatan - Atemajac - Tcpetitlan · A7.tlan • Copala.

Alcaldia M nyor

Estado

Zapotlan y Tuxpan
(Cd. Guzmán)

• fic.hoarán
Jalisco

Zempoala

Hidalgo

Zimapan
Zimatlan

Hidal o
Oaxaca

Zítácuaro
Zumpango de la Lnguna

• fic.hoacán
México

PROVI

Pu,blos principa/n
Zapoltiltíc • Mn.somitla - To.mazula •
El Tit;re • !enguaro • (Lindaba con
Tuzcncu o y Colima) • Quitupan •
Ma=itla - Jilotlpn • Zapotitlan •
Tonila • Píhuano • Copala • Toliman
Trntan - Tosinique - bpoporotle • Trtexpani - Xoquilpa.
Trzahuapa • Za ualpa - Epazoruca •
Tlaqu:lpa - Talistac.
Minas: Loro d l Toro.
hic.hicapa - Thcquila o Rio Hondo
Loo ha • Tetip, r. • Coz:iut pee • Te¡,czin.ntlan - Magdakna - Atzozola.
Jungapeo - Cóporo - Púcuaro.
Citlaltl'pec • Xaltengo - Xaltocan •
Tilonzingo • Tcquixquiac.

e I.

Alta California, con gobc:-mador.
California. con un capitán en el Presidio de Lor to.
Coahuila o 'ue\'a Extrcmadura, con gobernador en 1fonclo\·a.
Copala, con alcalde ma&gt;·or el N.O. de hamatla, la cabecera taba en
an ·bastián.
Culiacán, tenía 30 leguas de N. a S.
Chametla o Rosarioi con alcalde mayor, pi incipíaba en el río de la Cañas.
Chiapas, pertenecía al Reino de Guatemala. s han apuntado en la lista
dos alcaldías mayores &gt;º la subdelegación de . oconusco.
Chihuahua Nueva Vizcaya.
Durango.
Maloyai con alcalde mayor, estaba al Oriente del río Ro ario, tenía 4
pul!blos.
ayarit o uc-vo Reino de Toledo tenía un Pre idio con do~ capitanes }'
once misiones de los jesuitas.
Ostimuri, con alcalde nia)·or.
Parral, con Reales y Misione .
Parras, con Presidios.
San Bartolomé, con Presidios y Misiones.
'inaloa, con gobernador en el Fuerte, tenía 22 leguas de N. a S. 10 Dis-

483

�BIBLIOGRAFIA

tritos en 1824: Fuerte, Sinaloa, Mocorito, Culiacán, Badariguato, Cosala,
San Ignacio, Mazatlán, Concordia y Rosario.
AllRrovr,

ombrerete o Llerena.
onora, con un capitán.
Tarahumara, con Reales y Misiones y el Presidio de Paso del Norte.
Tepeguana O ueva Vizcaya, con gobernador en Parral o en Durango Y
alcalde mayor en ombre de Dios.
Texas O Nueva Filipinas, con gobernador en San Antonio de Béxar Y tres
Presidios.

REINOS
Nuevo México tenia 30 pueblos, con gobernador.
·
d' e Leo'n , sus alcaldías ma)·ores aparecen ya en ·la lista,
uevo R emo
d Gpero
eran Santa Catcrina, Pesquería, Salinas, Sabinas, Cerralvo, Santiago , e uajuco, San Mateo del Pilón, Linares,_ San Antonio de Lo Llanos Y Río Blanco, Labradon.-s (lindaba con Mazaptl y Charcas)•

COLO

IAS

Nuevo Santander, con gobernador.

CAPITA

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Coro de Guachi.
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·
DEL,
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&lt;'mas e que se compone y contiene esta fp]igrc~fa de
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DE

CeÁn:z En.
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• Col. dt

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Ifotoria.
• ac1on
de Antropología e
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TRO!liCOSO.

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JosÉ GUADALUPE , DR. Villa )' Rtal de Minar de Santa F: d
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ROMERO, JosÉ GuAoA1,urr. 1 DR. Datos hist6ricos sobre tl Departamento d
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\ arg3J5 Rt'a. Méxil'o, 1947.
ROMERO,

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uanaxu11to.

etlllnaxuato.

Doc11me11to.r de Gunnajualo · Salamo,ua , Vatl•• d e san 1cago,
·
L e6n, Coman:ca, Pueblo.f dt:I Rincón dt: I.e6n. Vargas Rrn. México. 19-18.
Documtntor dr Gua11ajuato. Marfil, Sontann., Silao, frapuato Varg~• R ,3 ·u, ·
1948.
•
..., t · mc-XJCO.
- Doc11mentos dr G_ua.najunto. San Pedro, Pln:ramo, Cuituo, San Migt1el de .d.lltmdt
Varv;as Rr.a. ).fb.ico, 1948.
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Documentos d, Guanajun.to. San Juan de fa Vega , Apasr o, Ch amacuero ,v C,/a,,a.
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argas Rea. Mfxi&lt;'o, 1949.

S. P. E. P. Tejas o Nutvas Filipinas. 1799. Noticias por S. P. E. P. Va
R
Mé
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¡9., 5
• rgaa ca. • •
XJCO,
-,. ,
TORRE~ DE MENDOZA,

Madrid, 1864-1884.

L. y otros. Colrcción de docr1me11tos inidiloi de Indio.r 42 V 1s
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JosÉ ANTO!liiO. Th,atro .A11111ricnno, descripción it('neral dr
los Rcynos Y p1ovmc1as de la Nueva España y su9 jurisdicciones 2
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YrLLASP.ÑOR Y SÁ!liC~P.~ ,

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�MANUSCIUTOS
Archivo General ele la Nación, M&amp;ico.

RAMOS
Alcaldes Mayores
Ayw;tamientoc
Historia
Intendenciu
Media Annata
Mercedes
Reales ~ulu Originalea
Reales adulu Duplicadol
Tierras

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Vola. 1 a 11
Vob. 1 a 246
Vob. 1 a 565
Vola. 1 a 82
Vola. 1 a 206
Vola. 1 a 84
Vob. 1 a 254
Vola. 1 a 182
Vola. l a S,693

INTERESANTE MANUSCRITO DE LA VILLA DE SOTUTA,
YUCATAN, RELACIO ADO CO EL PINTORESCO CURA PARD!O
Lic. R.ooouo Ruz MENÉNDEZ
Universidad de Yucatú

Paa DI\IEJlSAS CIRCUNSTANCIAS, que serla prolijo relatar, ha venido a parar a
nuestras manos, salvándose de la destrucción, un interesantísimo manuscrito
constante de 77 fojas, de 22 centúnetros de alto por 16 de ancho, en excelente
J&gt;11pel de arroz y un poco maltratado por el comején y por la humedad, que
fuera uno de los libros de Actas de Matrimonio de la Iglesia Parroquial de
Sotuta (Yucatán).
El referido Libro de Actas, que se inicia en una fecha correspondiente al
mes de mayo de 1823 y termina en otra correspondiente al mes de abril del
año de 1846, contiene un promedio de 600 notas sobre matrimonios, siendo
cada una de ellas más o menos como la que a continuacióo se reproduce,
respetando la ortografia original: "Lunes 13 de diciembre de 1830. Se casaron
y helaron en esta Santa Iglesia Parroquial Juan Pablo Balam natural de
Sotuta, hijo de Dn. Juan Pfo y de Doña Maria Juliana Ceh, con Juana Tomua Canché, hija de don Tiburcio y de doña Anizeta Canché. Se amonestaron para el día 5, 8, y 12 de diciembre. Testigos: Pablo Hau, Ambrosio
Hau, y Roque Jacinto Cocom. El señor Presbttero don Miguel Pasos".
Del examen de las diversas notas mencionadas aparece que, la mayoría de
los matrimonios celebrados entre 1823 y 1842, en la Iglesia Parroquial de
Sotuta, lo fueron por e) señor Presbftero don Apolinar Vallanueva y L6pez,
nacido en la localidad de Sacalaca, Yucatán, en el año de 1790 y muerto en
Sotuta el 23 de agosto de 1843. (Datos biográficos tomadoe del Archivo de la
Secretarla de la Mitra Yucatanense}.
En el lapso de 23 años que abarca el documento que nos ocupa, aparecen
también, como oficiantes de los matrimonios, los presbiteros don José Maria
Espinosa, don Juan de la Cruz Monforte, don Manuel de la Trinidad Mendoza, don Benito Esquive!, don Miguel Pasos (Coadjutor de la Parroquia des-

489

�de enero de 1831), don José Ignacio López (Coadjutor desde septiembre de
1833) don José Leonardo Paz (Coadjutor desde diciembre de 1839), don
Marc:lino Paz (Coadjutor desde abril de 1841) y don José Antonio Monfortc,
cuyo nombre se cita por vez primera en enero de 1844 y, ya como Coadjutor,
desde abril del propio año, es decir, cuando iniciaba su larguísima carrera
sacerdotal, que duró más de 62 años, pues mm;ó en la ciudad de Mérida el
2 de mayo de 1904, después de haber prestado a Yucatán útiles servicios e~
los aciagos días de la Guerra de Castas y haber ejercido su ministerio en diversas parroquias del Estado. (Datos biográficos tomados de: Carlos R. Menéndez: 90 Años de Historia de Yucatán).
El Cura Párroco de otuta, el tristemente célebre don Manuel José Pardío,
es mencionado únicamente como oficiante de 4 matrimonios celebrados: uno
el 21 de septiembre de 1827, otros dos el miércoles 6 de febrero de 1828 y
el último el lunes 25 de febrero del propio año, lo que demuestra la poca
dedicación a su parroquia de este hábil e inescrupuloso político.

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Como se recordará, el Cura Pardío nació en Mérida en el año de 1790 Y
fue expuesto a las puertas de don José Ignacio Pardío y de doña María Josefa
Escudero, que se hicieron cargo de él. (Ver en el Apéndice los datos del bautizo del Cura Pardío). Habiéndose educado en el Seminario de San 1ldefonso,
fue ordrnado Presbítero por el Obispo Estévez en el año de 1812 y, más tarde,
fue designado Cura Párroco de Sotuta.
A la llegada del nuevo Obispo de Yucatán, Dr. Dn. José María Gue~ra,
valiéndose de la señora Condesa de la Cortina, Pardío fue nombrado Provisor
y Vicario General, en noviembre de 1834.
En 1837 al tomar pos~sión del Gobierno del Estado, interinamente, don
Pedro Esc:dero de la Rocha, solicitó del Supremo Gobierno de la República
la postulación del Cura Pardío para Obispo Auxiliar de la Diócesis, todo ello
sin el consentimiento y sin el conocimiento del Obispo Guerra. El Papa Gregorio XV1 despachó las Bulas correspondientes, ignorando la verdadera situación, con lo que, hasta fines de 1840, el Obispo Guerra no vino a enterarse
de toda la trama.
El Arzobispo de México y el de Puebla se negaron a Cons,agrar al Cur~
Pardío sin una nueva declaración pontificia, razón por la cual este se traslado
a Car~cas en compañía de don Manuel Crescencio Rejón, qtúen acababa de
ser nombrado Plenipotenciario cerca de los gobiernos de las Repúblicas Suramericanas. Una vez allí, y sorprendiendo la buena fe del Arzobispo de Caracas,
Dr. Dn. Juan Ignacio Femando Peña, fue consagrado Obispo de Gennanicópolis el 25 de septiembre de 1842.
Vuelto a México el señor Pardío fue suspendido de pontificales por el Arzobispo Metropolitano, quien declaró clandestina e ilícita su consagración,
490

conforme a las instrucciones del Pontífice, por lo que no regresó nunca a su
Curato de Sotuta, ni volvió a pisar las playas de Yucatán aunque alguna vez
tuvo el proyecto de salir &lt;le México para La Habana y de allí trasladarse a
Bacalar, en la región oriental de la Península, con el ánimo de llegar a su
Curato, sin reconocer la ciudad de Mérida.
Se dice que cierto prominente personaje de. la Reforma había pensado en
Pardío para hacerlo jefe de una Iglesia Cismática Mexicana.
ruestro pintoresco cura falleció en la ciudad de México de manera repentina, el 20 de abril de 1861, en el interior de su carruaje (Ver: Carrillo
y Ancona: El Obispado de Yucatán, tomo II).
Sólo nos resta mencionar una curiosísima nota que se encuentra en el multicitado manuscrito, colocada ent1e dos apuntaciones matrimoniales, fechada, la primera, el 26 de diciembre de 1841 y, la segunda, el 24 de enero de
1842, y que a la letra dice: "Señor Juez de Letras del Partido de Yaxcabá
don Pascual Espejo: el indígena Mariano Aké, del pueblo de Sotuta, hace
saber que ha sido atropellado por el Juez de éste y no teniendo de quien valerse me ha dicho haga un escrito en contra".

El acta de bautizo de Manuel José Pardío aparece en el Libro de Actas de
españoles y mestizos, que se encuentra en el Archivo del Sagrario de la
Santa Iglesia Catedral de Mérida, en el libro 28, folio 36, año de 1790, interpolada entre las actas números 142 y 143, ambas fechadas el viernes 17 de
junio de 1790, correspondiente la primera al acta de Manuel Angulo y la
segunda a la de José Felipe Espinosa, hijo natural.
El tenor literal de la referida acta, que por primera vez aquí se publica
es el siguiente:
"Miércoles 8 de junio de 1790 recibió solemne y condicionalmente el Santo Bautizo en esta Santa Iglesia Catedral de San Ildefonso de esta ciudad
de San Bemabé de Mérida, provincia y Obispado de Yucatán, un niño blanco que fue expuesto el día 3 de dicho roes a las puertas de Dn. José Ignacio Pardío y Doña Ma. Josefa Escudero, fue Madrina Dña. Ma. Ignacia Escudero, el Pbro. Dn. José Ma. del Puerto con licencia del Párroco hizo este
Bautismo advirtiendo a la Mad1ina el parentesco espiritual y obligaciones gue
contrajo con el ahijado, impúsole el nombre de Manuel José, dióle por abo.
gado al señor San José y para que conste yo el Br. Dn. Antonio Cabero como
Teniente de Cura de dicha Iglesia y me hallé presente a todo y lo firmamos".
49\

�"Autorizado por S. S. l. el Obispo .Mi Sor. como consta de su decreto que
para en este .Archivo, y por fallecimiento del bautizante que se expresa en
esta partida".
"Francisco de Paula Vtllegas (firma). (Enero de 1807)".

BtBUOORAPÍA

Además de los libros citados en el texto, conviene consultar La Vida Pasional e Inquieta de Manuel Cresce11cio Rejón, del Lic. Carlos A. Echán~\"e
Trujillo, que hace referencia al viaje de Pardío a Caracas y a su sorpres1va
consagración como Obispo de Gennanic6polis .

.

LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA
JosÉ ToRRE REVELLO
Buenos Aires Argentina

l. LA H1sToRIA TIENE, como fin primordial, la búsqueda de la verdad de los
hechos acaecidos en el pa! ado, tarea nada fácil qu requiere en quien la va
a ejecutar, cualidades morales superiores.
En busca de esa verdad, consagra el auténtico estudioso días y días sin medir las jornadas, pasando, en el transcuno de ellas, muchas horas de tortura.
Si la verdad, después de tantos afanes, e alcanzada -o tan sólo se vislumbra- queda compensado el esfuerzo con la tranquilidad espiritual que desciende sobre la mente del infatigable investigador.
Una bibliografía deficiente, cuando no tendenciosa, cerca al historiador
que se inicia, qui n debe marchar cauteloso entre tantos caminos divergentes que le agobian en su elección. Si no se carece de espíritu de sacrificio, las
dificultades redoblarán las energías, que además le darán fueT?a para enfrentarse contra la apatía de un ambiente muchas veces escéptico, creado
en parte por la perniciosa influencia ejercida por seudohistoriadores -muy
imaginativos, por c-ierto- que olvidan que el elemento vital de la historia
se encu ntra en los archivos, donde cantidades inmensas ele documentos
aguardan la lectura de los estudiosos.

2. Hay que desconfiar, siempre, de la producción sensacionalista, de aquella que descubre enigmas históricos y que, "a priori", señala todo lo que debe ser demostrado desvirtuando el verdadero sentido de los documentos,
utilizados, las más de las veces, en forma fragmentaria a fin de que se ajusten a los fines que se persiguen. Quienes producen tal bibliografía usan, en
principio, elementos auténticos, pero tan contorsionados en su exposición que
resultan peligrosos en sus alcances. De esta manera, exponen "su•• verdad,
muy personal, acondicionada a fines pragmáticos que no sólo restan digni-

492

493

�dad a la Historia, sino que la convierten en un instrumento de fine , muchas
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ycces, inconfesables.
Hay que desconfiar, también de la literatura, de las frases artí ticas, de las
figuras ret6ricas, que con\'icrten a la Historia -a la: ciencia histórica- en un
mero escarceo tras una cortina vaporosa y frágil.
Un ilustre lústoriador y sociólogo argentino, Juan gustín García, escribía, en 1922, refiriéndose a la historio!?Iafía hi panoarnericana: ''Hay algunas épocas que .e cree conocer. pero a medias; y e pa a asimismo por entre
espacios 11 nos de brwna, que no fueron despejados. Ocurre sto con to&lt;lo lo
que corre entre el siglo X\1 y mrdiados de • • 1x· . En
uicla, se pr'guntaba: "¿.'e abe algo del período colonial, a pesar del tiempo pcrd ido en seguir paso a paso el descubrimiento y primera población; sin perder detalle,
y con una tenaz prolijidad?" A la pregunta formulada por d mac tro, vamo
a responder diciendo qu&lt;", si •n su tiempo poco se sabía, no e ha progresado mucho más hasta nuestros días, no obstante la labor cksarrollada, y ello
debido al afán de notoriedad que abruma a muchos y a la falta d · vocación
para rmprcnder el estudio con propósito desintere ados, con la sola mira
de dar solución a los múltiples problemas que atañen a }a historia de esta
parte de América, so~pechados algunos e ignorados los más.

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de la Historia científica
d n acérrimo• defensor
.
· D · X·enopo~l ¡m expre~a o que ~ h1stona humana ·'es una disciplina científica que tiene por oh-Jeto, e~ pnmer lugar, como toda ciencia, la detecminación ,·erídica de los
hecho .. At~m_entando ·us razonamiento·: sostiene que el primer deber de
cualquier b1stonador, e dirigir todos sus esfuerzos a ofrecer una imaaen
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todo lo exacta po. ible de la realidad pasada, para dilucidar la ,·crdad de
entre la~ niebla. ~·ol.~tarias o in\'ol~mtaria que la rodean. ·'Toda obra que
no 1e_sp1 t~ e_te pnnc1p10 en todo su ngor -afirma- no puede aspirar al título
de b1stona".
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El fmaestro 1Iui1fo
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• ornada. como la crr.a. narrat'ivo. •, pienso
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con una in t.cnción
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1 e a tra c1 n.
s lustona perfumada",
zmga, remat~ndo el párrafo. Lineas de pués de lo dicho anota que •· ea lo
q_u e fuere, bien e ~e concederá que el historiador serio nunca debe participar de la tendencia a una adaptación literaria ornada"
J_lefiriéndose,. también, al a pecto c¡ue venimos señala~do, ha scrito otro
~m~nte e ·tud10s0, J. T. Shotwell, que "el método de investigación del
histo~ador parece, con frecuenC'ja, debilitarse en la medida que aumenta u
retórica".
Los autores qu~ hcmo recordado, con unas u otra palabras, est:n acordes
en. que
·
· · ladcarencia de una sólida información es la tónica d e Jos t.1ab aJos
h1 toncos
e tal tipo.
·

1

3. Es falla común, como ya apuntamos, el \'uelo literario que suele dan.e
a la producción sed icen te "histórira". Para reforzar esa opinión, nos atrnemos a lo expresado por un ilu. tre hi toriador peruano, el R. P. Ruhén Vargas Ugartc, quien recorrió los archi\'o. tanto del Juevo como del Viejo fondo, para documentar, en forma científica y \'eraz, la hi. toria de u país. eñaló •ste aulor que la primera y, quizá, más gra\'c causa que ha impedido
el de·cn\'ohimiento del estudio de la Historia, se debe a ''la propcn ión de
nuestros historiadores a convertir la historia en un género literario''. Esa
opi.ni6n es refrendada por d mism~ historiador cuando sostiene que la pereza intelectual y el poco afecto por una labor constante y disciplinada y el
prurito de llamar la atención conduce a "realizar sínt is brillantes" por
parte de quienes para los que "la paciente y ob. cura labor de erudito es op ·•
raci6n menuda y de buceo, mientras ellos se reservan la más alta tarea de rewnir un período histórico o trazar una biografía en dos plumazos. Muchos
de los tales -prosigue el padre Vargas Ugark•- con talento y todo dejan
traslncir la endeblez de su obra por falta, precisamente, de esa investigación
que desdeñan; otros, tal ,·ez los más, no son sino declamador huecos que encubren la pobreza de sus ideas con la aparente hondura del acento". Tales males, señalemos, no han nacido en nuestra América, sino que vienen &lt;le los centros más evolucionado· del Viejo Mundo, n donde la historia romanceada
ha tenido y tiene cultores de fama universal.

Del mismo autor es la reflexión, relacionada con la opinión personal que
a~gun~s autores suelen lanzar, en sus escritos, ya sea censurando los hechos
históncos o pretendiendo ajustarlos a un supuc to sobre lo que pudo acontecer de hab~rse d arrollado tal o cual incidente. "La \Crdad hi. tórica -dice
al resp eta Xenopol- no está más que en la reproducción de Ja realidad
de los hechos pasados, ruí como en la de sus causa, y no en la opinión peronal que pueda merecrmos esa realidad. Esta opinión individual -a!!l'eO
ga- es un elemento completamente apartado de la detenninaci6n de los
hechos y de su encadenamiento causal, único objeto de la historia".
4. Los archivos. como fuentes de la Historia, al servicio de lo estudios
son una conquista moderna. Digamos que n lo que se refiere a América'
la consulta de la documentación onservada en los repositorios de la • lad~

495

494

�Patria sólo era permitida a los cronistas reales, con un sentido bien distinto
al que orienta a un historiador de nuestros días. Los ~quísimos archivos .relacionados con América eran usufructuados por el Cromsta Real de las Indias,
destacadísimo personaje en el elenco de altos funcionarios del Real Consejo
de las Indias. Entre las personalidades que desempeñaron ese importante
cargo, figuró el llamado ''Príncipe de los Cronistas de América", don Antonio de Herrera y TordesiUas, que utilizó más que otros los documentos
fidedignos, aunque errando muchas veces la lectura de los mismos.
Cuando el Papa León XIII, por medio de la conocida "Carta Magna"
del historiador católico, señalaba cuáles eran sus directivas, dejó manifestado,
en forma clara, que había "que esforzarse grandemente, por que se refuten
todas las mentiras y falsedades, acudiendo para ello a las fuentes mismas
de los hechos. Y deben advertir los escritores ante todo, y tener muy presente que la primera ley de la historia es no atreverse a decir cosa al~a
que sea falsa, y luego no temer jamás el decir lo que sea ver~adero,. a,,rm
de que no haya contra el escritor sospecha alguna de afecto m de odio •
Después de otras consideraciones, dice ese importante documento qu~, para
probar cualquier hecho histórico, "con firmes argumentos, es necesano_ desprenderse del deseo de imponer la propia opinión; la verdad, por sí m1~ma,
superará y quebrantará los ataques, desde tiempo ha dirigidos contra 1~ rm~ma
verdad la cual podrá ser oscurecida por algún tiempo, pero no extmgmda.
Y ojalá. se exciten cuantos más sea posible con el deseo de investig~ la verdad, y así descubran útiles documentos para el futuro".
No obstante existir en los países de América Española, en sus principafes
ciudades, importantes repositorios documentales, podemos decir que es escasa
0 reducida la tarea que en ellos se realiza. Sin embargo, sin esa labor previa, no es posible alcanzar la verdad del hecho histórico. ¿ L~ causa? ~: muy
sencilla. Esa labor exige el conocimiento de la grafía y la mterpretac1on de
siglas y abreviaturas, que sin ser tarea difícil, es de obligada necesidad para
leer correctamente los textos. Conviene señalar ese detalle, porque hay autores
que pasan por ser autoridades y temen tener que verse precisados. a .realizar
esa clase de tareas, que consideran como ajena a sus preocupaciones.

5. Muchos mitos y leyendas han nacido y se han perpetuado en el tiempo,
por la falta de un conocimiento exacto del hecho histórico. Para .con~irmar
lo dicho, podemos señalar un acontecimiento relacionado con la histona colonial del Río de la Plata y cuya veracidad se había ignorado hasta nuestros
días. Se trata de la desaparición de la ciudad de Esteco -por entoncesNuestra Señora de Talavera de Madrid de Esteco--, ubicada en jurisdicción de la antigua gobernación del Tucumán. Según refiere la leyenda forjada
en torno a su eclipse, el Supremo Hacedor castigó a sus habitantes por sus

496

muchos pecados y por el desmedido amor que tenían por el lujo. Muchos años
antes de que desapareciera la ciudad, un cantar que ha llegado hasta nuestros
días, recopilado por Juan Alfonso Carrizo, profetizaba:
Salta saltará,
San Miguel florecerá
y Esleco perecerá.

A causa de un movimiento sísmico, Esteco desapareció en 1692 y sus ruinas
todavía las advierte el viajero en la actual provincia argentina de Salta. Hasta
el año de su desaparición, la villa había .siclo baluarte de la civilización frente a
los embates de las tribus del Chaco, las que en sus correrías penetraron, sembrando el terror y la muerte, el 12 de abril, Viernes Santo, de 1686. El ululante malón que la invadiera, integrado por indios mocovíes, alcanzaba a
sumar, según distintas referencias, entre quinientos y mil hombres. Los embrave~idos salvajes lucharon en las calles con los escasos vecinos capaces de
maneJar arcabuces y espadas los que, junto con la guarnición militar, sólo
totalizaba ochenta individuos. Los ayes de los moribundos y los lamentos de
l~s heridos redoblaban las energías de ambas partes y, cuando después de
cmco horas de lucha, los mocovíes se batieron en retirada, se comenzó la
penosa tarea de trasladar los heridos a1 Hospital de Jesús, testigo mudo de
aquellas impresionantes escenas. Los muertos, cristianos e indios, fueron llevados a la parroquia y cubrieron con sus cuerpos la pequeña y humilde nave
de la iglesia de la ciudad mártir. Desde Lima a Buenos Aires circuló vertiginosamente la noticia del terrible ataque y de sus trágicas consecuencias.
Los vecinos que salvaron sw; vidas huyeron hacia las poblaciones cercanas,
abandonando la ciudad, cada día más triste y más ruinosa. Cuando el 13
de septiembre de 1692, el movimiento telúrico redujo a escombros la villa,
la habitaban cinco vecinos, con sus familias y la guarnición, que constaba
de veintiún hombres. Murieron ese día, no obstante el reducido número
once personas.
'
Cuanto acabamos de exponer se ignoraba hasta nuestros días y, debido a
las búsquedas que personalmente realizamos en el Archivo General de Indias,
se pudieron conocer las causas de la decadencia de la heroica ciudad y su
destrucción. Aplicamos, en la confección de nuestro estudio, el más riguroso
método científico y reconstrwmos un trozo de historia verídica. Las nuevas
generaciones tendrán que efectuar paciente y riguro:;amente esa labor para
volver a la luz tantos otros episodios análogos, desfigurados a lo largo de los
siglos.
La glosa que hemos transcrito en parte, fue elaborada cuando la leyenda

497
H32

�se había hecho carne en el espíritu d~ los habitantes cercanos al lugar de las
ruinas. La verdad, como la hemos expuesto, ha podido alcanzarse merced a
la documentación existente en los archivos españoles, fuentes imprescindibles
que completan las e.xistentes en América, de obligatorio co~oc.imiento ambas para el historiador del período hispánico. Es mucho pedtr lo expresado
a escritores que hayan tomado la Historia como pasatiempo o que confundan, lamentablemente, el arte literario con el hecho hist6rico.

6. Don Miguel de Cervantes, por boca del bachiller Sansón Carrasco, en
El Quijote, expresó el concepto que tenía de la Historia, diciendo que "uno es
escribir como poeta, y otro como historiador: el poeta pu_ede _contar o cantar
las cosas como no fueron, sino como debían ser; y el histonador las ha de
escribir no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad
cosa alguna". Líneas más adelante, completa el concepto mencionado, haciendo decir a don Quijote que "la historia es cosa sagrada, porque ha de ser
verdadera, y donde está la verdad está Dios en cuanto a verdad;, pero n~
obstante ésto hay algunos que así componen y arrojan libros de s1 como si
fuesen buñu:los". ¡ Qué mejor expresión para sintentizar lo dicho!

C. V. Langlois, en la obra que escribiera en colaboración con C. Seignobos,
expresa, al iniciar su tratado, que "la historia se hace con documentos", base
por supuesto, de toda construcción historiográfica. Agrega que de "todo pensamiento y todo acto de que no hayan quedado huellas directas o indirectas,
son hechos perdidos para la historia de inmensos períodos del pasado de la
humanidad o como si no hubieran existido". Por falta de documentos, tales
tiempos de la Historia no podrán ser nunca conocidos. "Porque nada suple a
los documentos, y donde no los hay, no hay historia". Asentemos que, sin
embargo, algunos espíritus inquietos no se arredran por la falta de documentos
y, llevados por genial intuición, hacen decir u obrar a los personajes históric~s
de quienes se ocupan, según su propio criterio personal, con una carencur
absoluta de seriedad que, realmente, obliga a meditar no sólo sobre lo pernicioso del procedimiento, sino sobre el fraude que cometen con el lector incauto, que no repara sobre el método seguido por el "falsario.
U na crítica severa, que pusiera en evidencia los procedimientos utilizados
sin duda alguna1 y evitaría digresiones de incompetentes que desparraman por la prensa
el fruto de la impaciencia y la incomprensión.

y los fines tendenciosos de las lucubraciones, sería muy benéfica,

7. Don Santiago Ramón y Caja1, el insigne histólogo español, solía a~~sejar a sus discípulos diciéndoles que no debían tomar la pluma para escnb1r
lUla obra, si no tenían nada nuevo que decir, con respecto al tema que se

498

pro~onían desarrollar. Variando la ciencia de que se trata, otro tanto podría
deorse con respecto al saber histórico.
8. Es común oír el énfasis de quienes poco o nada han realizado en el campo de la historiografía al expresar manifestaciones rotundas, aún de temas o
hechos que ignoraron hasta el día anterior, y señalar a la vez la conveniencia
de r~lizar determinadas investigaciones, gue cuidan de ejemplificar con la
propia persona. Al respecto, recordemos que,_ durante el lapso de más de ocho
años corrido entre 1910 y 1918, se destacó en la ciudad de Sevilla, paia investigar en el Archivo General de Indias, a un funcionario de la Biblioteca
acional de Buenos Aires, don Gaspar García Viñas. Dicho funcionario tenía
por misión buscar cuantos documentos pudieran interesar a la historia argentina desde las primeras exploraciones hechas por los españoles en esa parte del
continente americano. Con uua constancia digna de todo encomio, García
Viñas realizó la tarea gue se le confiara, alcanzando a reunir una colección de
copias de cerca de seis mil documentos, que comprenden los años 1492 a
1639, aproximadamente. Esa colecd6n ha sido utilizada por diversos autores
para la redacción de sus obras, omitiendo señalar en sus citas la ,·erdadera
procedencia del material que, por provenir de copias con los problemas pa~
leográficos salvados, han servido doblemente a sus propósitos. Sin embargo, no
sólo han callado el origen, sino que, en otro lugar, han cometido algunos Ja
impudicia de criticar la colección de la que, calladamente, se han servido,
indicando, como decíamos al comienzo del acápite, detenninados lineamientos
sobre su posible y ''mejor" compilación.

Esto nos da pie para señalar la ocultación sistemática de los colaboradores)
lugar común en el medio histórico. Por ello, creemos un deber de estricta
justicia propugnar, como ya lo hiciéramos en otro lugar, que tales colecciones
lleven el nombre del investigador que se desveló en su confección, con lo que
se rendirá, no sólo un homenaje, sino también un amplio beneficio al método
hist6rico.

9. Hemos aludido al Archivo General de Indias, importante repositorio
documental que se encuentra en Sevilla y que, al decir de don José San Román, escritor sevillano, representa algo así como el arca sagrada de la Historia
de América. El edilicio, pétrea fábrica de severo trazado, fue levantado para
Casa Lonja, en el último tercio del siglo XVI. Su proyectista fue el arquitecto
Juan de Herrera, discípulo y continuador de las obras iniciadas por Juan
Bautista de Toledo, por orden de Felipe II, del celebérrimo monasterio de
San Lorenzo del Escorial.
Durante dos siglos los mercaderes de las Indias Occidentales hicieron en
la soberbia Casa Lonja de Sevilla sus transacciones, hasta que, habiendo sido

499

�trasladadas a Cádiz, en 1717, las oficinas de la Casa de la Contratación, se
inició para evilla la decadencia como centro comercial. La imponderable
fábrica arquit clónica estuvo, a partir de entonces en abandono ha ta que,
debido a una rara circunstancia: fue habilitada para Archivo.
En 1777 se publicaba, en Londres, la Historia de América redactada por
, illiam Robertson. La Real Academia de la Historia, que había confiado a
uno de sus miembros, Ramón Guevara Vasconc los, la traducción de dicha
obra al castellano. solicitó al monarca Carlos III que se le facilitara por la
distintas dependencias del Consejo Real de las Indias, la documentación competente para agregarle, decía, varias notas ''en aquellos p~ ajes hi t6ricos, cuya
puntualidad no era posible al doctor Robertson 1 por falta de documentos en
lo geográfico, político, económico, comercial y mucho más en el cálculo
de la población". El Rey, en principio, atendió tan laudable propósito y en
las distintas oficinas del Consejo se comenzó la tarea, con el fin de faciUtar
el adicionamicnto de la obra de Robertson. El 29 de noviembre de 1778, por
medio de una Real Orden, se mandaba secuestrar en España y en todas sus
posc.~iones ultramarinas. los ejemplares que se encontrasen de la obra de Robertson. Expliquemos este cambio de opinión.
Juan Bautista Muñoz, que gozaba de la confianza y amistad del ministro
José de Gálvez, parece que persuadió al Rey de qu~ no era conveniente que
s autorizara por la Real Academia una Historia de América escrita por un
extranjero, máxime si dicha corporación entre las funciones que tenía confiadas, poseía las del Cronista Mayor de Indias, con obligación de escribir

de Juan Bautista Muñoz concentrándose e
l .
les que, relacionados co~ Am. .
n e mismo_ los fondos documcntapositorios oficiales.
enea, se consen·aban dispersos en distintos re1O. La Historia debe resplandecer como .
.
pasada. Al ervicio de los a t, t'
di ex pre. ión exacta de la realidad
u en icos e tu oso están los
.t .
facilitarán las fuentes para alcanzarla Mili
. • . rcpo l onos que les
tos, se hallan sin consultar tanto e A. • • ares, qu1za nullones, de documcncomo en Europ
1a h1, toria de Jo- países de 'h· bl h" n menea
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a, que atancn a
ª a ispana
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os
por
razones
ignorad
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1os que aun restan pennitirán afi
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as mue
veces,
presente.
rmm- o rcct icar conceptos vertidos hasta el
Su búsqueda, la, ubicación de las e
1 .
crítica cicntífi~ son pue las
'donde us10ncs que de ellos e destaquen, su
.
'
,
neces1 a es y las urgencias de 1 . . h'
nea: las que se satisfacen por m"cli d 1 . . . . . •
. a c1enc1a istóo e a m, e llgac1on consciente }' pau. ada.

una obra similar.
fescs más tarde, Juan Bautista Muñoz elevaba a arlos III un memorial
en el que manifcstaba la conveniencia de escribir "una Historia General de
Indias autorizada con documentos seguros e incontestable". Tale son las
palabras del ilustre sabio valenciano: escribir una historia científicamente
apoyada, dando así un mentís a cuantos a,;cguran que, en España, no había
evolucionado el método histórico en el siglo XVITI. Ya en 1733, el dominico
Jacinto . egura, en su 1orte crítico señalaba la. desconfianza que s ntía por
aquellas obras de historia e critas pulidamente, "por entender --dice Sinchei
Alon o-- que los muy preocupados del ornato son menos solícitos en depurar
la verdad de los hechos''.
Volviendo al insigne Muñoz, digamos que, acogida favorablemente por el
Rey la propuesta, por Real Orden del 17 de julio de 1779, le confió la redacción de una historia general de América, con el encargo de reconocer
"Archivos y Colección de documentos".
Es en virtud del episadio que hemos mencionado que se crearla el Archivo
General de Indias, con sede en la Casa Lonja de Sevilla, a propuesta también

501
500

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19 65

��llllfl)O UICIVWITAltlO

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

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6

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

19 65

�HUMANITAS

•

ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lic.

,

ALFONSO RANGEL GUERRA

Jefe de la Sección de Historia:

.

'

PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEz

Jefe de la Sección Editorial:
LIC. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS

6

1965
•

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo León, Ciudad Universitaria - Mon!errey, N. L. - México.

INDICE
SECCIÓN PRIMERA
FILOSOFIA

(A)
PRIMERA EDICION
Abril de 1965.-1,000 ejemplares

Dr.

INVESTIGADORES LOCALES

Teología Natural o Filosófica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
WoNFILIO TREJO: Sobre el Método de la Investigación y de la Interpretación Histórica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

Prof.

(B)

35

COLABORADORES

Derecho- a la Educación y al Saber . . . . . . . . 47
Sobre el Conocimiento y sus Clases . . . . 55
GIORGIO DEL VECCHIO: Verdad, Libertad, Caridad y Justicia . . . .
75
ISMAEL DIEGO PÉREz: Teoría del Conocimiento Filosófico . . . . . . . .
79
Ivo H6LLHUBER: Prolegómenos a una Lógica Integral de la Verdad 107
ÜcTAVIo N. DERISI: Arte contemporáneo y filosofía . . . . . . . . . . . . . . 123
IsMAEL QUILES: El Nirvana Budista y la Experiencia Mística . . . . 133

Dr. MICHELE

F.

13

ScIACCA:

Dr. JuAN DAVID GARCÍA BACCA:
Dr.
Dr.
Dr.
Dr.
Dr.

SECCIÓN SEGUNDA
LETRAS

(A)

Derechos Reservados @
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.
La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus res~ctivos autores.

Lic.

INVESTIGADORES LOCALES

La Fundamentación Psicológica de la
Poética en Dilthey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
ALFONSO RANGEL GUERRA:

7

�Lic. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS: El Paisaje en la Poesía de Antonio Machado .................................... . ...... . . . 173
Lic. MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ B.: Azorín, Re-Valorizador de lo
Español . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
(B)

COLABORADORES

CÁNDIDO AYLLÓN: Bécquer: su realidad poética . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. OTTo DucHÁCEK: Reflexiones sobre la Semántica Lingüística y su
Evolución . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. MYRON L. L1cHTBLAU: El Sentido de la Realidad en unas Novelas Argentinas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
GREGORIO B. PALACÍN: Pasajes del "Quijote" mal interpretados ( el final
de la primera parte y los epitafios del mismo) . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA: Indice del Humanismo en San Luis
Potosí . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. JAMES WILLIS RoBB: Estilizaciones de un Tema Metafísico en Alionso Reyes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. Huoo RoDRÍGuEZ ALCALÁ: El escenario de lS'an Manuel Bueno, mártir como "incantatio poética" . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

201

JOAQUÍN DE ARRIGUNAGA PEÓN: Falso Mayorazgo de la Casa de Montejo
Lic. Cmo R. DE LA GARZA TREVIÑo: El General Don Luis Caballero y los
orígenes de su rebelión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JOAQUÍN MEADE: Mapa y breve relación de las demarcaciones político
administrativas de la Nueva España, a principios del año de 1776 . .
Lic. RoDOLFO Ruz MENÉNDEZ: Interesante manuscrito de la Villa de
Sotuta, Yucatán, relacionado con el pintoresco Cura Pardío . . . . . .
JosÉ ToRRE REVELLO: La investigación histórica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

421
439
453
489
493

217
SECCIÓN CUARTA
233
CIENCIAS SOCIALES
243
251

277

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

Lic. ALBERTO GARCÍA Gó~rnz: El Instituto Interamericano de Estudios
Jurídicos Internacionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 505

283
(B)

COLABORADORES

Dr. LuCio MENDIETA Y NÚÑEz: El XV Congreso de Sociología, una! introducción a la Sociología de la Reforma Agraria . . . . . . . . . . . . . . 517

SECCIÓN TERCERA
HISTORIA
(A)

SECCIÓN QUINTA

INVESTIGADORES LOCALES

Prof. ISRAEL CAVAZOS GARZA: La Villa de San Carlos de Marín
Prof. EuoENIO DEL Havo: Evangelización en el Nuevo Reino de León .
Prof. ToMÁs MENDIRICHAGA CuEVA : Indice de Artículos del Historiador
Lic. D. Pablo Herrera Carrillo. (1895-1957) . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JosÉ P. SALDAÑA: La tragedia de Tlaxcalantongo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
(B)

305
319
329
343

COLABORADORES

JosÉ BRAVO UoARTE, S. J.: Cómo se llegó al "modus vivendi" de 1929
395
Prof. FEDERICO BERRUETO RAMÓN: Santiago Vidaurri y el Estado de
Nuevo León y Coahuila . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 407
8

COMENTARIOS Y RESE~AS BIBLIOGRÁFICAS
José Ortega y Gasset en sus obras inéditas, Dr. Agustín Basave Femández del
Valle, 529.-Comentarios a la Estructura de la Obra Literaria de Félix
Martínez Bonati. Lic. Alfonso Rangel Guerra, 529.-AousTÍN BASAVE
FERNÁNDEZ DEL VALLE. "El Romanticismo Alemán", Dr. Octavio N. Derisi, 553.-"La Antropología Concreta" de FRANCISCO LARRoYo, Dr.
Agustín Basave Femández del Valle, 554.-GIORGIO DEL VEccmo, "Lecciones de Filosofía del Derecho", Dr. Agustín Basave Femández del Valle, 556.-R. M. ALBEREs, "Histoire du roman moderne", Lic. Alfonso
Rangel Guerra, 558.-JoRGE Lurs BoRGES y JosÉ EDMUNDO CLEMENTE,
"El lenguaje de Buenos Aires", Lic. Alfonso Rangel Guerra, 560.-

9

�GÜNTER GRAss, "El Gato y el Ratón", Eva Maria Alvarez Quezada, 563.IsRAEL CAVAZOS GARZA, "Cedulario Autobiográfico de Pobladores y Conquistadores de Nuevo León", Varios, 566.-J. IGNACIO D,\VILA GARIBI,
"Apuntes para la historia de la Iglesia en Guadalajara", Prof. Israel Cavazos Garza, 570.-LOTA M. SPELL. "Pioneer Printer. Samuel Bangs in
Mexico and Texas", Prof. Israel Cavazos Garza, 570.-DR. LUCIO MENDIETA Y NÚÑEZ e ING. Lms C. ALCÉRRECA, "Un anteproyecto de Nuevo
Código Agrario", Lic. Alberto García Gómez, 571.--S/N. "Organizaciones Internacionales no Americanas", Lic. Alberto García Gómez, 572.

Sección Primera

FILOSOFIA

�TEOLOGÍA NATURAL O FILOSóFICA
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Universidad de Nuevo León

Sumario: l. El sentido de las demostraciones de la existencia de Dios.-2. De lo contingente a lo necesario.-3. De lo fugaz a lo eterno.-4. De lo finito a lo infinito.5. Una nueva vía de acercamiento a Dios.-6. La sinrazón del ateísmo.-7. Aspectos
del Ser Supremo.- 8. Atributos de Dios.-9. El Ser infinito y los seres finitos.

l. EL SENTIDO DE LAS DEMOSTRACIONES DE LA EXISTENCIA DE Dros

HAY QUIBNES PIBNSAN que no debe buscarse una demostración de la existencia
de Dios. Trataríase, para estos autores, de una revelación como luz y como
voz, como presencia y como vocación existencial, que hace innecesaria -y
en cierto modo imposible- la prueba de la existencia de Dios. Los conceptos
se demuestran; las existencias se demuestran. Los que demuestran a Dios,
según los neo-ontologistas, es porque antes creen en El. Dios existe, esto lo
sabemos por la revelación presencial, luego no necesita demostración. Además,
por abstracción se llega a un saber lo general, nunca a un conocer personal.
"Las personas como Dios mismo se prestan no al saber -llega a decir Pedro
Caba-, sino al sabor, y a ellas se llega por concreción, por ahondamiento
y paladeo" .1 Las pruebas llegan tarde. La realidad existencial de Dios no
surge de una demostración.
Pensamos nosotros que aunque conozcamos de Dios mucho más de lo que
pueden damos a conocer unas demostraciones formales de su existencia, las
pruebas o vías no son innecesarias e imposibles. Decir que la demostración
presupone la revelación presencial, es dar por supuesto que el hombre dispone
de una intuición de Dios. Y en este supuesto, claro está, no haría falta ninguna prueba, porque las proposiciones enteramente inmediatas están dispen1

PEDRO CABA,

Metafisica de los Sexos Humanos, Ed. Indice. Madrid, 1956.

13

�sadas de demostración. Pero si carecemos de la capacidad de intuir naturalmente a Dios, entonces tendremos que partir de una causa o principio lógico
y nuestro conocimiento de Dios será algo inferido. La proposición "Dios existe"
es inmediata si la consideramos en sí misma, objetivamente; será en cambio
mediata subjetivamente, en el plano de nuestro conocimiento. En otras palabras: del hecho de que Dios no pueda tener una causa entitativa, no se
puede derivar el hecho de que el conocimiento humano de Dios no pueda
tener, en cambio, una causa explicativa. Todos esos "sabores" y "revelaciones
presenciales" transcurren en la singularidad intransferible de las personas y
no impiden la ciencia de Dios. Ahora bien, las pruebas contribuyen sobria y
eficazmente a iluminar con la luz natural de la razón los fenómenos humanos
y mundanales, ascendiendo a determinaciones más precisas de la idea de un
Ser divino. Deslindando el campo objetivo del campo subjetivo, desaparecen
muchos equívocos.
Partiendo de entes finitos el hombre puede -contra lo afirmado por Malebranche- formarse la idea de lo infinito. Tras de obtener la idea de finitud
es posible Ilegar a la idea de lo Infinito, como un verdadero ser, por negación
de toda finitud. La idea indeterminada de ser no es la idea de un ente ilimitado, sino algo que conviene tanto a los entes finitos como al Ente infinito.
Si Gioberti afirma que en la idea del ser, en la medida en que se opone al
no-ser, se capta inmediatamente la idea del Ser necesario es porque presupone,
indebidamente, la identificación de "ente" y "ente necesario". No hay que
confundir la indeterminación del ser en general -que no excluye la finitud
ni la contingencia- con el Ser Infinito que sí las excluye. Mientras Dios es
positivamente infinito, el ser en general o ente común es indiferente a la
finitud y a la infinitud. ¿En qué coinciden entonces? En que ninguno de los
dos es un ente finito determinado.
¿ Estará acaso envuelta la existencia del Ser perfecto en la idea de ese ser?
La idea de un Ser perfecto engloba tan sólo la idea de la existencia de este
ser. Pero una cosa es la idea de la existencia del Ser perfecto y otra cosa muy
diversa es la existencia real del mismo. En una boca pintada no se puede
poner más que un cigarro pintado. Los ontologistas pensaron erróneamente
que porque al ser Perfecto le conviene necesariamente existir, por esa sola
implicación ideal existe realmente. Lo correcto hubiese sido concluir que de
existir ese hipotético Ser Perfecto, existiría necesariamente. Pero una afirmación de esta índole, ¿ será propiamente una demostración? Tampoco cabe
condicionar la existencia del ser necesario -como lo hace Leibniz- a su
posibilidad, porque la posibilidad misma es la que está condicionada a la
existencia.
La existencia de Dios, que puede ser conocida por la razón natural, es un
preámbulo de fe. La fe supone la razón. Y la razón es capaz de probar la

14

existencia de Dios, aunque no pueda dar la razón de tal existencia. Quiero
decir que para demostrar que Dios existe, basta saber qué se designa y se
entiende por Dios -simple indicación extrínseca por funciones, actividades
y cargos- por más que su definición esencial nos resulte imposible: San
Agustín nos advierte: "Si lo comprendes, no es ya Dios lo que comprendes".
Cosa enteramente diversa es exigir una razón suficiente de los efectos -entes
intramundanos- que me son evidentes, comprendiendo la necesidad de lo
Incomprensible y definiendo la necesidad de lo Indefinible. Al afirmar: Dios
existe, afirmamos la existencia simplemente, sin calificar cómo sea, sin incluirla en ninguna categoría, en ningún cuadro ideológico.
Poseemos un conocimiento natural y precientífico de Dios, antes de conocer
la teodicea o teología natural. El hombre común de la caile se acerca a la
realidad de Dios remunerador, principalmente por su conciencia. Y se acerca
a la comprensión de Dios realizador por la contemplación de los efectos artísticos que presuponen un espíritu finalista. El universo entero evidencia la
acción de un espíritu excelso. La comprensión natural del mundo y de los
demás hombres incluye un avizorar algunas propiedades de Dios: poder creador, majestuosa sabiduría, reposo bienaventurado. Y un vacío tendencia! de
nuestro corazón nos lleva también a El. Pero todas estas vivencias más o menos
superficiales son susceptibles de profundizarse radicalmente. La concepción
natural de Dios que tiene el hombre sin bagaje científico, puede ser comprobada rigurosamente. A ello tienden las disquisiciones que prosiguen.

2. DE

LO CONTINGENTE A LO NECESARIO

Siempre he tenido una particular predilección por la vía de lo contingente
a lo necesario. Predilección que está fincada no tanto en motivos simplemente
racionales, cuanto en experiencias vitales. Mi existencia no se me presenta
como una resultante necesaria y espontánea de mi esencia. Mi existir es mío
en cuanto lo realizo, lo ejerzo; pero, en verdad, siento que no es mío, que
lo tengo recibido, dado por alguien. Y con mi concreta existencia "se dan"
de lleno, "en" ella o "con" ella, las cosas reales y los objetos ideales.
Contingencia quiere decir indiferencia, nula posibilidad, insuficiencia radical para empezar a ser y seguir siendo. Pura "posibilidad" no tanto '"existencial" cuanto "esencial". Yo soy, pero pude no haber sido. Hubo un antes
en que no fui y habrá un después en que no seré; en que no seré, por lo
menos, como soy ahora. Puedo ser y puedo no ser. Por mí sería la nada
absoluta. Ni siquiera tengo la posibilidad de existir. Mi ser depende de otro.
Por mi propio peso tiendo a no ser, tiendo a inmergirme en la vertiente de
15

�la nada de donde fui sacado por Alguien. Soy un ser completamente ajeno,
"ab alio", como bien dicen los escolásticos. Queda, pues, evidenciada, mi indiferencia esencial a la existencia.
He aquí la tercera vía tomista para probar la existencia de Dios, expuesta
con las mismas palabras del Santo Doctor: "La tercera vía considera el ser
posible o contingente y el necesario, y puede formularse así. Hallamos en
la naturaleza cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres que se
producen y seres que se destruyen, y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Ahora bien, es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo
un tiempo en que no fue. Si, pues, todas las cosas tienen la posibilidad de
no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Pero, si esto es verdad, tampoco debiera existir ahora cosa alguna, porque lo que no existe no empieza
a existir más que en virtud de lo que ya existe, y, por tanto, si nada existía,
fue imposible que empezase a existir cosa alguna, y, en consecuencia, ahora
no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los
seres son posibles y contingentes, sino que entre ellos, forzosamente, ha de
haber alguno que sea necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de
su necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su necesidad depende de otro,
como no es posible, según hemos visto al tratar de las causas eficientes, aceptar una serie indefinida de causas necesarias, es forzoso que exista algo q11e
sea necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de la necesidad de los demás, a lo cual todos llaman
Dios".2
No hay, en el razonamiento que precede, ningún salto lógico. Su rigor no
se puede evadir apelando a una cadena infinita de causas contingentes. Evidentemente la razón suficiente de la existencia de un ser que de suyo es indiferente para existir hay que irla a buscar en otro ser. De otra manera se
caería en lo absurdo o en lo inexplicable. Santo Tomás toma como punto
de partida nuestra cotidiana experiencia, que nos muestra seres que carecen
en sí mismos de razón de ser, que pueden ser y no ser, que empiezan en la
generación y acaban en la decrepitud y la muerte. Estamos rodeados de
seres imperfectos y deficientes de suyo, no tan sólo en el obrar sino en el
ser. Ahora bien, lógicamente hay que llegar al ser fontanal, fundamental,
que sea razón y principio de todos los otros, que se baste a sí mismo, que sea
necesario. Porque un ser contingente unido a otro y a todos los millones de
contingentes que se quiera sólo puede brindar la suma que permitan los sumandos. Por mucho que sumemos y multipliquemos los seres contingentes,
' SANTO ToMÁs DE AQUINO, Summa Theologica, I, q. 2, a 3; edición bilingüe,
tomo I, Biblioteca de Autores Cristianos.

contingentes resultan; la suma de todos los seres contingentes, no puede producir un ser necesario. Si más allá de esta serie de contingentes no hay un
ser necesario que los sostenga a todos, ninguno se sostendrá; más aún, si más
allá de todos estos seres contingentes no hubiera un ser necesario, esencialmente actual, jamás hubiera habido seres contingentes. Hay algo contingente,
luego hay algo necesario.
Nos hace falta un ser necesario; pero un ser necesario primero, absoluto
e independiente. Todo cuanto existe tiene en ese ser necesario su punto de
partida, su fundamento y su condición ineludible. Y esta necesidad de algo
necesario en el universo pone de manifiesto, además, la sublimidad de ese
Acto puro que es por sí mismo; perfección absoluta y fuente única de todo
ser. Porque "llevar en sí mismo la razón de ser y de existir, equivale a constituirse en origen de toda perfección, independiente de todo, más allá de
todo límite, sin mezcla de imperfección o potencialidad" (Hugon).
Nuestra razón exige la fuente misma de los entes y de la actividad, de
toda perfección y gradación, de todo orden. Los intermediarios, aún en número infinito, no pueden remplazar la fuente.
Por carencia primordial del ser, por falta de capacidad para existir, las
criaturas se anonadarían, "ipso facto", sin el Creador. Entre la posibilidad
absoluta de ser y la necesidad absoluta de ser está nuestra posición de contingentes. Un elemento recibido del exterior, de otro ser, me ha convertido en
existente. En última instancia, es preciso recurrir a un ser que no tenga recibido su impulso de otro. Sin un ser necesario nunca habrían existido los seres
contingentes. Pero el hecho es que existen los seres contingentes. Luego existe
el ser necesario. Los cimientos de la prueba -el hecho de la generación y
la corrupción- no pueden conmoverse por la ley de la conservación de la
energía -puramente empírica y contingente ella misma- que no es ninguna ley del ser y que no ha resultado rigurosamente demostrable en el ámbito
inorgánico, en el biológico ·y en el psicológico.

3.

DE LO FUGAZ A LO ETERNO

El espíritu del hombre no es una mónada clausurada en sí misma, sin ventanas ni enlaces con lo real. Tiene, en primer lugar, una religación originaria
y fundamental con Dios. Al contemplar el reino puro de las verdades eternas,
nos orientamos hacia lo divino. Padecemos, sepámoslo o no, un teotropismo
espiritual. El descubrimiento del mundo inteligible, con la luz superior de
la verdad, señala el "factum" de la religación del hombre con Dios. "Del
mismo modo que la naturaleza es el horizonte natural de nuestro ojo físico,

�Dios es el horiwnte natural de nuestro ojo intelectual", expresaba Lacordaire. La reflexión metafísica del fenómeno del conocimiento nos pone en
comunión con la verdad eterna. Este hallazgo espiritual nos percata del ligamen irrompible que nos ata, de raíz, al Ente fundamental y fundamentante.
La verdad sirve como vínculo conexivo, mejor aún, como fundamento mismo
de nuestro ser asido a otro Ser. Trátase de una realidad fontanal, de una
primera y soberana esencia. Es el caso de San Agustín, en las Confesiones,
cuando refiriéndose a la verdad, exclama: "Estaba encima de mí, porque
ella me hizo, y yo debajo de ella, porque soy hechura suya. Quien conoce la
verdad, ése la conoce, y quien la conoce, conoce la eternidad". 3 Todo cuanto
tiene ser, dimana de esta primera esencia que es, a la par, primera vida y
primera sabiduría.
Somos, como criaturas, seres participados. La gratuidad y la contingencia
de nuestro ser finito es una dádiva de amor que nos compromete a estar en
el mundo amorosamente. Una orden superior de verdades eternas se presenta a nuestro espíritu en forma de leyes, de principios axiológicos que vinculan y religan a nuestra conciencia. Nuestra religación, de carácter dinámico,
nos recoge a los hombres en una comunión creatural de espíritus. Inútil intento el de alejamos del fundamento de la naturaleza. Aunque nos olvidemos
de Dios, nos hallamos misteriosamente religados con El. Alejamiento y olvido de Dios sólo clavan en el espíritu el arpón de la angustia.
Los atributos existenciales del ser finito: mutabilidad, temporalidad, mortalidad y angustia concurren para darnos una extraña movilidad. San Agustín
advertía que el tiempo es un ladrón que roba al hombre lo que ama. El alma,
ante el despojo, queda poblada de sombras, de fantasmas, y es presa de la
codicia. Fray Victoriano Capánaga O. R. S. A. esboza, en tomo de esas palabras del hiponense, la psicología y la metafísica agustinianas de la inquietud:
"El hombre, esclavo del tiempo poblador de un mundo de seres fugitivos,
vive lleno de zozobra y de preocupaciones, péndulo entre la vida y la muerte.
La mutabilidad equivale a mortalidad. Todo cambio es cierta muerte para
San Agustín. Ha muerto la negrura en la cabeza de un canoso; ha muerto
la lozanía en el cuerpo de un anciano encorvado y enfermo; ha muerto el
movimiento en el que se para; ha muerto el estar de pie en el que se sienta.
Así, en todo lo que era y no es, veo cierta muerte en lo que pasó y cierta
vida en lo que es. ¡ O Veritas quae vere es! 'Oh verdad qué verdaderamente
eres'. Pero la misma fugacidad mortal de las cosas pregona el valor de lo
eterno. Todo impulso, toda tendencia, toda porfía, todo anhelo busca un
reposo en lo absoluto. En el pecado mismo, en que el hombre toma una
posición egocéntrica, se entraña un ímpetu de intencionalidad teológica,
• SAN AGUSTÍN, Con/., VII, X.

pues los anhelos de la criatura se lanzan hacia un mundo mejor de quietud
y de ensueño".4 Aun las apariencias engañosas dan testimonio de esa búsqueda de lo verdadero. La atracción universal de la verdad perpetua es una
atracción de Dios. El acto de caminar a Dios define al espíritu. Nuestra luz
es sólo un resplandor fugitivo de la luz increada. Queda siempre un trasfondo
de misterio en la reverberación luminosa de aquella parte del universo que
somos capaces de percibir.
Vivir es trascender lo fugaz, proyectándose intencionalmente hacia los valores, en un afán insaciable de salvación. "Toda Filosofía -desde Platón
hasta Nietzsche- posee un contenido religioso. En este sentido se halla al
servicio de la 'fe' y la apoya o la destruye, con toda la gravedad abismal
que ello lleva forzosamente consigo. Si no es así -asegura con toda razón
Xirau- 'no interesa'. No interesa porque no se refiere a nada de veras
interesante. Como vio certeramente Unamuno, lo único que interesa de veras
es salvarse, salvar la vida y la propia espiritualidad. Y sólo es posible salvarse, mediante la salvación del mundo que llevamos perennemente en el
alma". 5 Pero salvarse no es simplemente inquietarse por la salvación y pelear
cada quien su pelea sin cuidarse de la victoria, como lo quería Unamuno.
Tampoco cabe sacar esperanza de la desesperación misma. Hay que buscar
un solo Bien en el que se encierran todos los bienes. El camino de salvación
no está en la "fardiaca" de Unamuno, sino en el abrazo de San Francisco,
que no se cansaba de repetir: "Mi Dios y mi todo, mi Dios y mi todo".

4. DE

LO FINITO A LO INFINITO

El hombre está sujeto a una mutabilidad sin reposo. En el torbellino universal del movimiento, el hombre es, a más de ser móvil, motor. Dotado de
movimiento inmanente, vive moviéndose y se mueve viviendo. Pero el movimiento -tránsito de un término a otro- no es algo sustante sino inherente.
Suprímase la esencial referencia del movimiento a un ente y el movimiento
será inexplicable. No hay que olvidar que son los entes quienes se mueven,
quienes se viven. En la realidad sustancial del hombre particular, el movimiento ocasiona una modificación no-sustancial. Trátase, en otras palabras,
de "una modificación accidental de su modo sustancial de ser". En sus "Con' FRAY VICTORIANO CAPÁNAGA, O.R.S.A. Introducción al Tomo IV de las Obras
Completas de San Agustín, pág. 12. B.A.C. Madrid MCMXLVIII.
' JOAQUÍN XIRAU, Lo Fugaz y lo Eterno, Centro de Estudios Filosóficos de la Facultad de Filosofía y Letras, pág. 122, México, D. F. 1942.

18

19

•

�sideraciones Metafísicas sobre la Mutabilidad del Hombre" 6 el Dr. Angel
González Alvarez, tras de establecer el siguiente teorema: "La mutación y
perfeccionamiento del hombre sin cambio esencial comportan una contextura
real de sustancia y accidentes", concluye afirmando: El hombre particular
no es mera sustancia cerrada, absolutamente independiente y autárquica dotada de una perfección siempre actualizada. Tampoco es un puro repertorio
de accidentes que se suceden sin sentido. Sustancialismo y actualismo deben
ser considerados como recuerdos históricos en el plano de las interpretaciones
metafísicas del hombre. El hombre concreto es una realidad subsistente, al
mismo tiempo individual y necesitada, en incesante evolución homogénea.
Una sustancia particular en conexión trascendental con particulares accidentes.
Dotado de una perfección sustancial relativa que de continuo se expresa en
las variadas líneas de su devenir accidental. En suma, una sustancia siempre
abierta a ulteriores modificaciones accidentales.
Existir -etimológicamente- es estar fuera de sí. "Yo-soy-en-el-mundo",
podríamos decir con Heidegger, sólo que no creo un mundo a mi alrededor
-como lo piensa Heidegger- sino que lo descubro y mantengo con él relaciones esenciales. La magnitud espacial de mi cuerpo, comparada con las lejanías del espacio sideral, es verdaderamente insignificante. Pero comparada
con los electrones, protones y neutrones, la magnitud de mi cuerpo es enorme.
Mi ser en el mundo está sujeto a la ley de la gravedad; a. las leyes de la
nutrición, de la circulación sanguínea y de las secreciones internas. Las leyes
de la naturaleza se imponen implacablemente. En ese sentido, el hombre no
ocupa ningún puesto excepcional. Para comprender la posición incomparablemente elevada del hombre, es preciso atender al principio espiritual: capacidad de conocer, de querer, de autodeterminarse. Estos fenómenos están situados fuera y más allá de la serie mecánica y biológica. Aquí se abre un horizonte ilimitado ...
El hombre actual, tan lleno de deficiencias en su existencia, cuenta con
una posibilidad infinita. No hay impedimento absoluto para la evolución y
perfeccionamiento de los tipos humanos. Nos hallamos en los comienzos de
una era que persigue mejores formas de convivencia humana, valores personales más depurados, cultura más amplia y profunda. Las alteraciones y efectos que imprimimos al mundo exterior, y los movimientos de nuestra alma,
dan testimonio del poder cuasi-creador del hombre. De honduras religiosas
provienen las grandes verdades y bellezas que se manifiestan al hombre en
la historia. El querer positivo aporta en la acción, algo moralmente bueno.
En este sentido cabe hablar de una creación que le es imputable, con exclu• DR. ANGEL GoNZÁLEZ ALVAREZ, Discurso leído en la solemne apertura del curso
académico de 1949-50, en la Universidad de Murcia.

20

sivida?, al individuo libre. El contemplador y el amante poseen, en sí mismos
la~ mas altas _fo~as de conmoción interna creativa. La naturaleza, el arte ;
Dios -~res direcc10nes de lo real- tienen sus correspondientes actitudes en
el expenmentar, el configurar y el orar. Y hasta se podría decir que en la
~a~uraleza '! ~n- el arte hay un impulso que lleva a nuestro espíritu de lo
fm1to a lo mfmito. La emoción de la presencia de Dios en todas las cosas es
el punt~ cul~ina?te del existir humano. No se trata de ninguna línea ascendente m de nmgun punto final de los incrementos graduados. Trátase sencillamente, de lo "supremo", de lo Unico en su especie, fuera de toda Ía serie
de cosas creadas.
E_l ansia frustrada de plenitud nos muestra, a las claras, que no conseguimos
~qUietar plenamente en esta vida esa capacidad infinita -en cierto sentido--, que llevamos en el hondón del alma, porque los entes finitos son
mengua?os sus~itutos de nuestro propio y adecuado objeto. Santo Tomás
de Aqumo_ ª?vierte que "no hay nada finito que pueda aquietar el anhelo
d;l e_nten~i~mento,_ lo cual se ve porque el entendimie~to, al dársele cualquier
termmo fm1to, al mstante maquina alcanzar algo más allá• por esto trazada
cualquier línea finita, trama el trazado de otra mayor, y 10 ' mismo e~ los números; lo cual es precisamente la razón de la adición infinita en los números
y líneas _mat~máticas._ ~ora bien; la grandeza y la capacidad de cualquier
s~bstanc1a cnada ~s fm1t~. Por consiguiente, la capacidad intelectiva del espín~u, como tal, no se aquieta con el conocimiento de cualesquiera substancias
cnadas, por nobles que sean, sino que tiende con un anhelo natural a conocer
la substancia, que es de grandeza Infinita".7 Sólo en el Sumo Bien cabe hacer
descansar todo el fardo del corazón anhelante. Es inútil tratar de escamotear
la .U:ascend:ncia ontológica. El hombre, por su vida espiritual intelectivov~htiva, esta esencialmente abierto y lanzado más allá de sí. ¿Hacia dónde?
Solo una respuesta me satisface: el supremo bien del hombre radica en el
ser trascende~,te '.nfinito de Dios, que entraña, venturosamente, la conquista
de la perfecc1on mmanente específicamente humana.

5.

UNA NUEVA VIDA DE ACERCAMIENTO A

Dros

..
B~ta haber despertado a la realidad de la propia existencia y de la existencia de las cosas, para darse cuenta de que se ejerce la actividad de ser
amenazado por la fragilidad, la destrucción y la muerte. La existencia de
las cosas Y mi propia existencia se afirman a sí mismas de una manera inexorable. Pero esta afirmación, en el caso del hombre por lo menos, no es sólida
' SANTO

ToMÁs

DE

AQurno, Summa contra Gentiles, III, 50, razón 4a.

21

�y definitiva. Mi existencia humana terrestre está sujeta a la nada. Y sin
embargo en esa misma existencia amenazada intuyo la existencia suprema,
absoluta, eterna, libre de la destrucción. El conocimiento natural pre-filosófico
de Dios surge simplemente de ver que mi "ser-con-la-nada", como lo es mi
propio ser, implica, para ser, el ser-sin-la-nada, esa existencia absoluta que
desde el primer momento he advertido confusamente, como envuelta en mi
intuición primordial de la existencia (Maritain). Este avecinamiento eterno
me es connatural a mi ser. De ahí aquella honda visión metafísica de la sabiduría indostánica que supo advertir siempre, en el comienzo, el ser, el ser
solo y sin segundo. He aquí un expresivo texto: Tachandogya Oupanichad:
"Todas las criaturas, amigo mío, tienen su raíz en el ser: tienen su sede en
el ser; reposan sobre el ser". Las demostraciones científicas de la existencia
de Dios vienen después de esa intuición primordial de la existencia, de ese
conocimiento inocente, pre-filosófico, espontáneo y natural del Ser supremo.
Nuestra inteligencia padece una insaciable ansia de conocer el ser infinito.
No bien advertimos que las cosas provienen de El, como sus efectos, cuando
quisiéramos ya conocerle en sí mismo, en su esencia, sin mediación de ideas.
La visión especular, la aprehensión de las huellas divinas suscitan el deseo
imposible -para nuestra naturaleza- de eliminar intermediarios a fin de
poseer a Dios intuitivamente. Este deseo "trasnatural", que no está en nuestra naturaleza satisfacer, no debe considerarse, por ese solo hecho, como un
anhelo absurdo y trivial. Emerge de lo más íntimo de nuestro espíritu y acusa
una insobornable nostalgia de Dios. ¿No es sensato pensar que a un deseo
tan profundo de la naturaleza -imposible para ella misma- le corresponde
una satisfacción plena, por más que esta satisfacción sea sobre-natural? De
esta opinión parece ser Santo Tomás de Aquino cuando refuta a quienes
afirman que ningún entendimiento creado puede ver la esencia de Dios:
"Pero esta opinión no es aceptable, porque como la suprema felicidad del
hombre consiste en la más elevada de sus operaciones, que es la del entendimiento, si éste no puede ver nunca la esencia divina, se sigue, o que el hombre jamás alcanzaría su felicidad, o que ésta consiste en algo distinto de Dios,
cosa opuesta a la fe, porque la felicidad última de la criatura racional está
en lo que es principio de su ser, ya que en tanto es perfecta una cosa en
cuanto se une con su principio. Pero es que, además se opone a la razón,
porque, cuando el hombre ve un efecto, experimenta deseo natural de conocer su causa,. y de aquí nace la admiración humana, de donde se sigue
que, si el entendimiento de la criatura racional no lograse alcanzar la causa
primera de las cosas, quedaría defraudado un deseo natural. Por consiguiente,
se ha de reconocer que los bienaventurados ven la esencia divina" .8
• SANTO ToMÁs DE AQUINO, Summa Theologica, I, q. 12, a 1, edición bilingüe de
la Biblioteca de Autores Cristianos.

22

Hay muchas vías de acercamiento a Dios. Santo Tomás formuló, con ad~irable sim~lic_idad, sus c~lebres ~inco vías que tienen su antecedente, por
cierto, en Anstoteles ( la. via), Avicena (2a. vía), Moimónides (3a. vía), San
Agustín ( 4a. vía), Cicerón, Séneca y la Patrística (5a. vía). Pero estas cinco
vías tomistas, consagradas ya por la fama, no son las únicas pruebas racionalmente válidas que conducen a una certeza sólidamente establecida. En este
mismo siglo XX se han propuesto nuevas vías -válganme como ejemplo las
pruebas de Sciacca y de Maritain-, aunque excesivamente sutiles. En todo
caso, los caminos del espíritu discurren por las más diversas vías existenciales
Y fi1osóficas. Contemplando un objeto bello se advierte la existencia de una
perfección que trasciende a las cosas. En su experiencia creadora el artista
. .
'
posee un conoc1m1ento amoroso y nostálgico, por connaturalidad, que de la
bel!eza_ le ~l,eva a Dios. De ese instinto de lo bello nos habla Baudelaire, bajo
la mspirac1on de Edgar Allan Poe, en un pasaje de "El arte romántico": "Es
a la vez por la poesía y a través de la poesía, por la música y a través de
la música, como el alma entrevé los esplendores situados tras de la tumba•
Y :uando un exquisito poema trae las lágrimas al borde de los ojos, esas lá~
gnmas no son la prueba de un exceso de goce, son más bien el testimonio
de una melancolía irritada, de una postulación de los nervios, de una naturaleza excitada en lo imperfecto y que quisiera apoderarse inmediatamente
s?bre esta misma ~ierra, de un paraíso revelado". El poeta advierte que 1~
tierra y sus espectaculos son un resumen, una correspondencia del cielo. Es
claro que estas vías existenciales carecen de apoyo lógico y marchan, un
tanto a oscuras, con pasos inciertos. Aún así, su eficacia es a veces irremplazable desde el punto de vista subjetivo y personal.
Adviértase cómo la vida, esta pobre vida, se hace más vida ante un estímulo adecuado: sirvan como ejemplo una fuo-a de Bach la contemplación
de la Basílica de Santa Sofía, o la lectura del Quijote. Adivinamos entonces
un ~ras/onda de la vida que los sentidos no palpan, pero que ~l espírit~
presiente. Un trasfondo que pre-sentimos inabarcable, ilimitado, sin los barrotes espacio-temporales que nos hacen sudar angustia. Insobornables son los
deseos que reclaman sensaciones más suaves, sentimientos más finos visiones
ricas de matices, reflexiones más profundas. . . A veces, cuando un ~nsia inefable nos hace romper el cerco de nuestro mundo habitual, el alma estremecida
asoma a un horizonte infinitamente ensanchado ...
Quisiera ensayar, por mi parte, una nueva vía de acercamiento a Dios.
Descubro, en mi ser, un desfiladero hacia la nada y una escala hacia lo absol~to, porque so~ una misteriosa amalgama de alma y cuerpo, bruto y ángel,
tzemf o Y eter_nzda~, nad~ prehistórica y destino supra-temporal. Mi afán de
P:e~ztud su~sistenczal existe sólo en función de superar mi desamparo ontologzco. Y mi desamparo ontológico se hace tan sólo patente porque tengo un

23

�afán de plenitud subsistencia[. La plenitud lograda es siempre relativa y está
amenazada por el desamparo. Pero, a su vez, el desamparo se ve corregido,
amparado en parte, por el afán de plenitud subsistencia[ que se proyecta con
toda su intención significativa. Este afán de plenitud subsistencia!, aunque
se dé en el tiempo, no está sometido al tiempo. Trátase de un testimonio irrecusable de la egregia vocación humana, de una humilde sumisión del hombre
integral a su interioridad abierta al ser y a la Deidad. Mi afán de plenitud
subsistencia[, con toda su significación "metahistórica" participa de la plenitud
absoluta, primera y trascendente. En otras palabras: mi afán de plenitud
subsistencia[, que se me presenta coexistiendo orgánica y dialécticamente con
mi desamparo ontológico, con mi insuficiencia radical, en forma parecida al
contrapunto musical, implica la Plenitud Subsistente e Infinita de donde proviene, precisamente, mi concreto afán de plenitud que se da en el tiempo.
Si existe nuestro afán de plenitud subsistencia! -y esto es un hecho evidenteexistió siempre una Plenitud subsistente, porque si no hubiera existido, no
se darían todos nuestros concretos afanes de vida y de más vida. De ahí que

el primer acto de mi afán de plenitud subsistencia! sea el de dirigir una llamada a la Plenitud infinita que suscita todos los afanes de plenitud. Sin
un fundamento en Dios, inicial y final, mi concreto afán de plenitud subsistencia! no encuentra solución.
Mi argumento del afán de plenitud subsistencia! se funda en la finalidad.
Si Dios no existiera, el afán de plenitud subsistencia! -y la misma idea de
plenitud- sería un efecto sin causa. Pero un efecto sin causa resulta absurdo.
La causa final es la causa de las causas. Lo que exige el argumento no es
sólo una plenitud ideal, sino una Plenitud subsistente. La razón de ser última
de nuestro afán de plenitud subsistencia! no se encuentra en una idea, sino
únicamente en un Ser plenario, existente en sí y por sí.

6.

LA SINRAZÓN DEL ATEÍSMO

Nuestro existir -y toda existencia humana- no existe por sí. Estamos
"fundados", y la deidad es "lo fundante" en cuanto tal. "Inclusive el intento
de negar toda realidad a lo fundante (ateísmo) es metafísicamente imposible
-observa ese buho humano que se llama Xavier Zubiri- sin el ámbito de
la deidad: el ateísmo es una posición negativa ante la deidad".9
Todos los pueblos, en todos los tiempos y en todas las latitudes, han comprendido esa verdad "escrita en la tierra y en cielo con caracteres tan claros
' XAVIER ZUBIRI,

24

Naturaleza, ·Historia, Dios, pág. 440, Madrid, 1944.

y resplandecientes", de que Dios existe. No obstante, no han faltado hombres
que han negado la existencia de Dios, al menos por su boca y en su corazón.
Un verdadero ateísmo es cosa por demás difícil y alambicada. Las más de las
veces, se trata de actitudes puramente prácticas o de negaciones de una determinada idea sobre el Ser Supremo. "Nemo Deum negat, nisi cui expedit
Deum non esse", decía San Agustín ("Nadie niega la existencia de Dios, sino
aquel a quien conviene que no le haya").
Arrastrado por sus pasiones, el hombre es capaz de los mayores extravíos.
Cuando el ser humano se olvida de su nihilidad ontológica, de su insuficiencia y desamparo, de su radical dependencia, pierde aparentemente su
ser religado. "La existencia que se siente desligada es una existencia atea, una
existencia que no ha llegado al fondo de sí misma. La posibilidad del ateísmo
es la posibilidad de sentirse desligado. Y lo que hace posible sentirse desligado
-expresa Zubiri- es la 'suficiencia' de la persona para hacerse a sí misma
oriunda del éxito de sus fuerzas para vivir. El éxito de la vida es el gran
creador del ateísmo. La confianza radical, la entrega a sus propias fuerzas
para ser y la desligación de todo, son un mismo fenómeno. Sólo un espíritu
superior puede conservarse religado en medio del complicado éxito de sus
fuerzas para ser". Muchos siglos antes de que se escribieran estas palabras,
el apóstol San Juan había hablado - y el propio Zubiri lo recuerda- en espléndida frase, de "la soberbia de la vida". Cuando se endiosa a la existencia,
el hombre se desliga de todo y se rebela contra Dios. En realidad, más que
negar a Dios, el ateo afirma que él es Dios. Se trata, en consecuencia, de un
intento de usurpación satánica.

J. Maritain advierte dos contradicciones internas del ateísmo: 1) Proclama
la desaparición necesaria de toda religión, y él mismo es un fenómeno religioso; 2) Comienza como una reivindicación del hombre de llegar a ser el
único dueño de su destino, de quedar libre de cualquier enajenación y heteronomia, totalmente independiente de todo fin último y de toda ley eterna
impuesta por un Dios trascendente; y termina en una sumisión reverente y
postrada al todopoderoso movimiento de la historia, en una especie de sagrado
abandono mediante el cual entrégase el alma humana al ciego dios de la
historia. De un acto de fe al revés, parte el ateísmo absoluto. El punto dr.
partida reside en un acto fundamental de elección moral. El ateísmo tiene
diversas especies. "Hay ateos prácticos, que creen creer en Dios, pero queen realidad niegan su existencia en cada uno de sus actos; adoran al mundo,
el poder y el dinero. Luego hay pseudo ateos, que creen no creer en Dios,
pero que en realidad creen inconscientemente en El, porque el Dios en el que
dicen no creer no es Dios, sino una cosa muy distinta. Hay, en fin, ateos
25

�absolutos, que realmente nieguen la existencia del Dios en el que creen los
creyentes". 10
Siempre que me encuentro con algún indiferente en materia religiosa, confieso que me causa una viva exasperación. Pero no es sólo exasperación, sino
también asombro, dolor, conmiseración. Siempre evade -como si fuera posible evadirlo definitivamente- el problema religioso. Adormecido por el
tráfico diario de sus intereses mundanos, no parece darse cuenta de que cuando
suene su última hora será preciso morir, y encontrarse con la nada o con
la eternidad. Ante este negocio, ¿ qué le importan los demás? Es un negocio
exclusivamente suyo; tan suyo, como si sólo él existiera en el mundo; nadie
morirá por él, nadie se pondrá en su lugar en la otra vida, privándole del
bien o librándole del mal. Y sin embargo su insensatez llega hasta el extremo
de querer olvidar el único problema que verdaderamente conviene tener
siempre presente. "¿Has descubierto por ventura -pregunta Balmes-- el secreto de no morir? Miserable montón de polvo, ¿ olvidas que bien pronto te
dispersará el viento? ¿Débil creatura, cuentas acaso con medios para cambiar
tu destino en esa región que desconoces? La dicha o la desdicha, ¿son para
ti indiferentes?" 11 O religioso o antirreligioso, en esto no cabe otra posiciói:i.
Pobres existencias aquellas que, desligadas en todo, errantes y errabundas,
concluyen su existir encarándose con su íntimo y radical fracaso.
Comprobada la Existencia de Dios y demostrada la sinrazón del ateísmo,
estudiaremos las aspectos del Ser Supremo, los atributos de Dios que se siguen de su existencia.

7.

ASPECTOS DEL SER SUPREMO

Dios no es para el hombre el ente más inteligible, aunque lo sea de suyo
por sí. Por el examen metafísico de lo finito determinamos, hasta dónde es
posible, la naturaleza de Dios. Todas las perfecciones de los seres particulares
están contenidas "virtualmente" en su causa adecuada y total: Dios. Pero
es preciso desterrar todo peligro de antropomorfismo. Hay perfecciones creadas con modos limitados -movimiento, vista, pasión, etc.- que no pueden
encontrarse "formalmente" en Dios. Estas "perfecciones mixtas", como las
llaman los escolásticos, sólo en un sentido metafórico se pueden aplicar a
Dios, quien, como causa adecuada y total, posee "eminentemente", de una
manera infinita, este tipo de perfecciones. En cambio las denominadas "per1º J. MARITAIN, Significado del Ateísmo Contemporáneo, págs. 9-19, Ediciones Desclée,
de Brouwer, Buenos Aires, 1950.
11

BALMEs, El Criterio, cap. XXI, 111, pág. 106, Editorial Sopena, Argentina, 1944.

fecciones simples" -que no implican de suyo un ser limitado--- se aplican
formalmente al Ser Divino, sin sufrir alteración esencial.
Las pruebas de la existencia de Dios nos ofrecen aspectos del Ser Supremo
y están apoyadas en las ideas trascendentales: el ser, lo uno, lo verdadero, el
bien, que se aplican a Dios como perfecciones simples. Sin embargo, estas
perfecciones no son conceptos distintivos y positivos que convengan a Dios de
manera exclusiva. Por eso al concluir las demostraciones de la existencia de
Dios, no sabemos aún lo que Dios es positivamente. Sabemos que se trata de
Algo trascendente, opuesto a lo finito. ¿ Cómo alzarnos del orden de los seres
finitos a su Causa infinita? Eliminando todo modo finito ("vía negativa");
afirmando como de Dios la perfección encontrada en los seres finitos que en
El tienen su causa ("via affirmativa") ; declarando que en Dios esta perfección se encuentra de una manera infinita ("via eminentiae"). Las dos primeras vías se implican y apoyan porque es en las creaturas donde captamos
las perfecciones, pero como negamos todo límite a esas perfecciones, concluímos
en la "vía eminentiae" que resulta de la combinación de la "via negativa" con
la "via affirmativa".
En Dios se dan cita todas las perfecciones, sin mezcla alguna de imperfección, de un modo total. ¿ Qué de extraño tiene entonces que su luz nos
resulte demasiado fuerte para nuestro entendimiento? Dios no es en su Ser
ni causado ni recibido, por tanto es Infinito. Infinitud que por cierto no
admite composición, porque cada perfección estaría limitada como miembro
del conjunto. Por eso afirmamos la simplicidad de Dios, que no es ningún
conjunto de cosas diversas que se unifiquen por algo, sino la unidad simplícima e indivisible de todas las perfecciones. Somos nosotros, por la imperfección de nuestro entendimiento, quienes introducimos la distinción de razón
en las perfecciones divinas, que real y propiamente son idénticas. Nuestra
captación limitada e imperfecta aprehende aspectos de la inmensa y · plena
perfección de Dios. Somos incapaces de aprehenderla con una sola idea y por
ello establecemos distinciones virtuales.
En el orden lógico de nuestro modo de concebir las perfecciones divinas,
la "esencia metafísica" de Dios --el constitutivo formal- se nos presenta
como aseidad o "ser-por-sí". Entidad incausada imposible de limitarse. Razón
de sí mismo. Ser subsistente. He aquí, desde el punto de vista nuestro, el
distintivo primordial de Dios y la razón de las otras perfecciones que se siguen
como consecuencia lógica. Por ser el "ser-por-sí" un ser enteramente inmaterial, han podido llamarle, también, Intelección subsistente, Entender radical.
La definición metafísica de Dios como ser-por-sí, puede expresarse por los
trascendentales para hacerse más explícita. Lo que es, es uno. Luego el
Ser subsistente es uno en su trascendencia y en su condición de absoluto.
Unicidad simple por carencia de relatividad y finitud. Simplicidad de Acto

26
27

�puro. Dios no está "en acto de existir" en la medida de su esencia, sino que
"es" la perfección de ser sin tener esencia. Ser y verdad son convertibles, en
sentido ontológico, porque lo que es, es inteligible. El Verdadero subsistente
-suprema inteligibilidad- es la fuente adecuada de toda verdad. Dios contiene en sí la razón de su actividad, es Acción pura, Bondad subsistente.
Decir que Dios es inmutable no significa, de ningún modo, que sea inmóvil, inactivo; todo lo contrario, es Operación pura. Ser puro sin devenir.
La simplicidad del ser subsistente no admite composición de cuerpo y alma,
cantidad y cualidad, figura exterior y duración. Inútil es tratar de localizar
su inmensidad. Ni término inicial ni término final, sino un es que se conserva
eternamente sin evolución.
La semejanza ontológica entre los seres finitos y el Ser infinito está fundada en la participación de aquéllos en éste. Si los seres finitos se asemejan
entre sí, con un "cierto aire de familia", es porque hay una semejanza fundamental entre cada ser finito y la Causa infinita. La participación fundamenta la analogía. La Causa infinita -analogado principal- posee el atributo analógico de manera eminente y primaria, mientras que los seres finitos -analogados secundarios- lo poseen de modo secundario y derivado.
Trátase de una analogía metafísica de atribución que es preciso no confundir con la analogía en el orden del conocer, donde el analogado principal
es lo finito, puesto que de ahí parten nuestros conceptos. Siendo Dios ser,
le hemos atribuído las propiedades comunes a todos los seres: unidad, verdad,
bondad. Siendo Dios causa, precontiene eminentemente la perfección de sus
efectos, sin ninguna proporción determinada. Al descubrir perfecciones simples se nos revelan las perfecciones formalmente poseídas por el Ser Supremo.
Pero este conocimiento es indirecto -fruto de una inferencia metafísicae incompleto; alcanzado sólo en cuanto causa manifestada en los efectos.

8.

ATRIBUTOS DE

D10s

El concepto de lo inmaterial, en Dios, tiene, a más de un aspecto negativo,
un aspecto positivo: el espíritu. La intimidad de la vida personal, el conocimiento y dominio de sí, el libre y consciente curso de la propia actividad
caracterizan la vida espiritual. Una distancia infinita separa la realidad espiritual del hombre y la de Dios, por más que exista, entre ambas, una analogía proporcional. Si no fuese por el auxilio que nos proporciona la "perfección participada de las creaturas", nunca poseeríamos a Dios por nuestros
medios naturales. En cambio, Dios se posee de un modo directo, simple,
infinito. Su conocimiento es inmediato y exhaustivo. Su perfección absoluta

28

es amada infinitamente por El. Todo ello independientemente de la experiencia y de las cosas.
Todo ente, por participar del valor del ser, es conocido por Dios. Es
preciso alejar definitivamente nuestro modo humano de conocer del modo
divino. Dios no recuerda, ni prevé, ni espera, ni se aleja, ni se acerca, ni
deduce. Su conocimiento está fuera de todo espacio, de todo tiempo, de
todo límite. Es omnisciente y providente a la vez. Alcanza a los seres en una
presencia eterna, creándolos por un Acto único, en un instante absoluto.
Y esta creación o producción total engloba a los seres en su existencia y
en su actividad, en sus principios y en sus consecuencias. Su voluntad crea el
tiempo y lo produce todo. Nosotros, como productos suyos, participamos en
su Ser y en su Operar y somos percibidos por su Inteligencia y por su Voluntad. La presencia divina, que es de una intimidad perfecta, "penetra y
envuelve al ser particular con su benevolencia y con su amor en la unión
más estrecha y más fecunda que pueda concebirse" (Raeymaeker). ¿No
será este resultado el más importante de la ontqlogía? A pesar de sus imperfecciones, el conocimiento metafísico de Dios y de sus atributos es de
una enorme fecundidad en una filosofía como propedéutica de salvación.
La prueba de la existencia de Dios concluye expresando los atributos negativos fundamentales de la Divinidad. Examinémoslos, brevemente, siguiendo,
con cierta libertad, lo apuntado en un curso de Ontología publicado por el
Instituto Superior de Filosofía en Lovaina:
A). Áseidad. Dios es un ser absolutamente incondicionado, independiente,
incausado. En otras palabras, El es de suyo necesario. Nosotros pensamos, a
diferencia de Fernand van Steenberghen, que el distintivo primordial de
Dios y la raíz de las otras perfecciones es la aseidad o ser-por-sí y no la infinitud. Precisamente porque Dios es razón de sí mismo, es imposible de limitarse. En el orden lógico le conocemos primero como entidad incausada,
como ser subsistente, y luego le conocemos como infinito.
B) Infinitud. Lógicamente la infinitud tiene un carácter negativo: ausencia de finitud. Un ser finito puede entrar en relación con otros, oponerse,
limitarse, enriquecerse. El ser Infinito, en cambio, no puede ser limitado por
ningún otro ser, ni puede tampoco recibir aumento de perfección. Dios está
falto de toda falta --como ha expresado un catedrático de la Universidad
de Madrid- por ser actualidad pura, omniperfección.
C). Atributos negativos derivados de los fundamentales expresados anteriormente, lo son:
l. Inmutabilidad. El Infinito es indeterminable, imperfectible e indefectible. Dicho en forma silogística: Todo sujeto que cambia depende de una

29

�causa extrínseca. El infinito es incondicionado e independiente. Luego el
infinito no puede cambiar.
2. Simplicidad. El Infinito excluye toda compos1c10n. He aquí un silogismo: Toda composición en un ser implica la composición constitutiva de
lo finito. Ahora bien, la composición constitutiva de lo finito implica la
finitud. Luego toda composición implica finitud.
3. Unicidad. No puede haber muchos infinitos, puesto que un infinito
opuesto a otro infinito es una contradicción en los términos. Esquemáticamente: Ser muchos es oponerse. El Infinito no se opone a nada. El Infinito
no es muchos, esto es, el Infinito excluye, por su misma naturaleza, toda
posibilidad de otros infinitos verdaderamente distintos de El u opuestos a El.
4. Espiritualidad. El Infinito no es un cuerpo, sino un espíritu. ¿Razones?
Toda composición implica finitud. Es así que el ser extenso o corporal es
compuesto de partes cuantitativas. Luego un ser extenso es un ser finito.
Ontológicamente finito, todo cuerpo es también cuantitativamente finito:
Todo cuanto existe es distinto o determinado. Es así que un cuerpo es distinto o determinado por sus límites espaciales o por su magnitud finita. Luego
todo cuerpo tiene límites espaciales o una magnitud finita.
5. Eternidad. En virtud de su inmutabilidad, el Infinito está totalmente
libre de las condiciones temporales. Presencia inalterable sin comienzo en el
existir, sin evolución, sin cesación en el ser.
Una vez purificada nuestra representación conceptual de Dios con los
atributos negativos, es menester examinar los atributos positivos presupuestos
en las negaciones:

I. Realidad infinita. El Infinito es ser sin restricciones, de modo absoluto,
inmutable, simple.
II. Causalidad infinita u Omnipotencia. El infinito es causa de lo finito,
sin restricción alguna, de manera total, incondicionada, inmutable, simple.
Hablamos de Omnipotencia, porque la causalidad creadora de Dios no es
su propia medida, no está medida por nada.
Implicados en la Realidad infinita, primer atributo positivo fundamental,
encontramos cinco atributos trascendentales: 1). Absoluta distinción o Trascendencia (la causa no finita es distinta de su efecto finito); 2). Indivisión
perfecta (el Ser divino excluye toda composición); 3). Ejemplaridad divina (causa ejemplar adecuada de lo finito que imita deficientemente el modelo trascendente); 4). Inteligibilidad infinita (Verdad subsistente, fuente y
razón última de toda inteligibilidad) ; 5) . Amabilidad infinita (en cuanto

30

absoluto y causa de lo finito, Dios es la razón última de la amabilidad de
todo ser finito) .
Hay cuatro atributos implicados en los efectos de la causalidad divina: 1).
Conciencia infinita; 2). Gozo infinito; 3). Vida perfecta o inmanencia absoluta; 4). Personalidad infinita; y cuatro atributos implicados en la causalidad
divina como tal: 1) . Ciencia infinita; 2). Benevolencia infinita; 3). Libertad
creadora; 4) . Sabiduría infinita. Queden por ahora tan sólo indicados los
atributos de Dios, que la razón humana descubre, no sin advertir que nuestros pobres conceptos son incapaces de encerrar la plenitud del Ser Supremo.
El estudio y la contemplación del universo creado, con todas sus maravillas,
ponen de manifiesto, a su modo, la omnipotencia, la omnisciencia y la infinita bondad de Dios, ensanchando nuestros horizontes, pero induciéndonos
a cultivar la humildad intelectual. Porque después de todo nuestros medios
intelectuales, tratándose de lo ultrasensible, son poco menos que nulos. Dentro de esa limitación y con ese espíritu, cabe considerar la relación que media
entre el Ser Infinito y los seres finitos.

9.

EL SER INFINITO

v

LOS SERES FINITOS

La experiencia me atestigua que hay seres particulares finitos. Ahora bien,
si Dios es el Ser infinito, ¿ cómo conciliar su infinitud de Ser con la existencia
de cosas que puedan ser sin ser Dios?
Lo finito no se puede sumar a lo Infinito para aumentar su perfección.
Los seres finitos particulares son reales exclusivamente por participar en el
valor del Ser infinito. Nada hay en las incomunicables individualidades de
las creaturas que no esté "contenido virtualmente" en el Creador. Nada nuevo
añaden, en materia de perfección, a su causa in-finita. No se trata de que
los seres finitos sean partes o modos del Ser infinito. Se trata de participaciones, esto es, de seres que poseen, de manera "limitada", la perfección que
en la Causa creadora se da de modo "eminente".
Porque participan en la perfección infinitamente activa del Creador, los
seres particulares son activos. Todas las actividades particulares, cada una
con su sello incomunicable, se coordinan, se suman, se subordinan para dar
el resultado total querido por la Fuente del orden real. Esta Fuente trasciende
todo el orden de la causalidad segunda y no se incrementa, en manera alguna,
con las actividades de los agentes particulares, puesto que es la Actividad
suprema y creadora.
Crear otro ser infinito, otro ser divino, que se opondría al Ser infinito, al
Ser divino, es un imposible por absurdo, por contradictorio. En consecuencia,

31

�el Infinito sólo es participable por seres finitos, compuestos, relativos, contingentes. Estos seres finitos se distinguen de Dios por la privaci6n de su Perfecci6n absoluta y se asemejan porque son participaciones análogas y dependientes de su Ser.
Tener plena conciencia de sí mismo equivale a conocerse como creatura.
Gracias a su actividad, la creatura humana participa de la perfecci6n de
su Creador, conoce el orden universal y ejerce en él una causalidad que
imita la perfecci6n infinita del Autor del orden universal. La pluralidad
determinada de las substancias finitas constituye un orden de naturalezas que
se complementan mutuamente. No hay desórdenes esenciales en la creaci6n,
imputables a la Causa primera, porque repugnarían a la benevolencia y sabiduría divinas. Toda substancia creada puede alcanzar su perfecci6n desde
el momento en que el mundo creado proviene de un acto de sabiduría y de
amor. Sería imposible, por ejemplo, que existiese un pez con su natural necesidad de vivir en el agua y que el agua no hubiese sido "prevista" en el plan
divino. Dios no hace absurdos, precisamente por ser Quien es. Las actividades de las substancias finitas son proporcionadas a sus naturalezas. Y las
naturalezas están perfectamente ubicadas en el universo y ambientadas en
su circunstancia.
A las causas segundas les ha sido dado el ser y con el ser la fuente de sus
actividades. El influjo creador permanente sobre las causas segundas, proviene de la daci6n misma del ser con la perfecci6n comunicada. Algo hay
de original en cada ser finito que manifiesta la inconmensurable grandeza
de la potencia divina.
Por raz6n de la similitud ontol6gica que une todos los seres, cuanto existe
como efecto de Dios constituye un único universo estático y dinámico. Este
universo, mediante una determinada evoluci6n, tiende hacia un orden final.
El tiempo pasado no es eterno, como lo crey6 Arist6teles, ni las revoluciones
de los astros se suceden desde siempre, ni una infinidad de días han transcurrido hasta hoy. Femand van Steenberghen nos ofrece razones decisivas: "o
bien se concede que un día cualquiera del pasado está a una distancia finita
de hoy y que, por consiguiente, ninguno está a una distancia infinita, y entonces ocurrirá que el pasado es finito (pues habrá un día, que, aun estando
a una distancia finita de hoy, es el más alejado de todos y por lo mismo el
primer día) ; o bien se afirma que uno o muchos días del pasado están a
una distancia infinita de hoy; mas entonces, ¿ c6mo concebir el tránsito de
los días infinitamente distantes a los días situados a una distancia finita de
nosotros? Es la incoherencia total".12 Aunque "simultáneos", Dios y el mundo
u

FERNAND VAN STEENBEROHEN,

no son "contemporáneos". Mientras el mundo tiene una realidad sucesiva
-deviene-, Dios no puede medirse por el comienzo de la evoluci6n del
universo creado.
Si partimos del hecho de que no hay ninguna realidad que no participe
del Ser absoluto, nuestras acciones libres dependen ontol6gicamente de Dios
y están destinadas a completar su obra. Porque nuestra libertad participa realmente en la soberana libertad de Dios, se puede afirmar que la relaci6n de
dependencia de la creatura respecto a su Creador no suprime la libertad
creatural. Lo que sucede es que no puede aplicarse, en este caso, el modelo
de la causalidad instrumental. Lo que Dios eficientemente hace es que la
causa segunda haga, entre en acción como voluntad finita libre, promovida
por El. Aunque nos resulte un misterio la forma concreta según la cual Dios
pueda hacer que la voluntad creada quiera libremente, es lo cierto que ambos
extremos -Supremacía de la Causa Primera y libertad del hombre- son
igualmente verdaderos. Dada la imperfecci6n de nuestro entendimiento no
podemos penetrar en el modo según el cual la Causa Pirmera mueve ~ la
causa voluntaria. Siempre que entramos en los confines de la divinidad avanzamos casi ciegos y como tanteando entre sombras.
¿ Hasta d6nde podemos llegar en el análisis del hecho religioso, con las
solas luces de la razón natural? El próximo capítulo está dedicado a trazar
en apretado resumen, los problemas y los temas fundamentales de la Filosofí~
de la Religión.

Ontologla, pág. 278, Biblioteca Hispánica de Filo-

sofía, Editorial Gredos.

32

33
H3

�SOBRE EL MÉTODO DE LA INVESTIGACIÓN Y DE LA
INTERPRETACióN HISTÓRICA

Por el PROF. WoNFILio TREJO
Universidad de Nuevo León

l. EL MÉTODO DE LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

EN LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA tropieza el conocimiento con dificultades de
orden muy diverso a las que afronta en otros dominios del saber. Y es que,
en lo que se refiere a la historia, uno es el objetivo y otro el método que se
pone en marcha a los fines que ésta se propone. Muchos teóricos de la historia discuten cuál sea este objetivo y cuál el método que aquí procede; las
soluciones, por cierto, son muy diversas y no vamos a detenernos en su examen.
Trataremos, sin embargo, de deslindar estas cuestiones partiendo de la afirmación de que el objetivo y el método de la investigación histórica son inseparables. A tal efecto, tratemos de responder sucintamente a estas tres cuestiones: ¿DE QUÉ se ocupa la historia? ¿QUÉ SE PROPONE el conocimiento
histórico? ¿ Cuál es el PROCEDIMIENTO que pone en práctica para lograr
su propósito?
La primera cuestión pregunta por el asunto de la historia, por su objeto.
Los historiadores lo saben y el teórico de la historia lo admite: aquello de
que se ocupa la historia es el hombre; más precisamente, de lo que el hombre ha pensado y actuado. Se entiende que lo que se trata de decir es que
la historia convierte en objeto suyo todo aquel fenómeno que DENUNCIE
la presencia del pensamiento, del sentimiento y de la acción humanos en
cuanto entrañan algún propósito. No quiere decir esto, sin embargo, que todo
fenómeno humano que "actualmente" observamos es asunto de la historia.
Por eso hemos utilizado anteriormente el tiempo pasado; lo que el hombre
"ha pensado, actuado". Habría que añadir: el asunto de que se ocupa la
historia es todo aquel proceso humano ocurrido en el pasado. En realidad la
llamada "historia contemporánea" es la historia de lo que "recién ha pasado".

35

�En realidad también que es muy discutible la idea sostenida por algunos
teóricos de la historia en el sentido de que sólo los hechos humanos "significativos", que tienen una eficacia para el hombre, caen dentro del interés
del historiador. Dependiendo siempre de lo que en un momento es significativo y eficaz para el hombre, todo fenómeno humano ocurrido PUEDE
ser objeto de la historia. Aun cuando la afirmación anterior que hace del
"pasado humano" el objeto de la historia suscite una serie de cuestiones sobre
el "tiempo histórico", que ahora no tocaré, sigue siendo cierto que la historia mira hacia el pasado y que el historiador, desde su propia situación,
hacia allá endereza su búsqueda.
Sólo que el historiador, al dirigir su mirada hacia el pasado, no se encuentra
de frente con el rostro de los acontecimientos al modo como el físico (no
digo en la microfísica) se encuentra con un cuerpo cuyo comportamiento
observa. El historiador trabaja con procesos hasta cierto punto inasequibles
directamente, por el hecho mismo de haber ocurrido en el pasado. A nadie
le es dado percibir "ya" directamente, por ejemplo, la toma de la Bastilla.
Por lo tanto, al historiador le es imposible comprobar por sí mismo y de
manera inmediata los acontecimientos que estudia. El conocimiento histórico, POR PRINCIPIO, es necesariamente INDIRECTO. Esto quiere decir
tanto como que el principal rasgo del conocimiento histórico consiste en ser
un conocimiento por huellas o por "testimonios", es decir, que necesariamente, la historia, para conseguir el fin de su indagación, ha de partir de
la marca que han dejado los sucesos ocurridos, marca que en todo caso sí
puede caer bajo el dominio de la observación directa. La historia, señala
Collingwood, "es una ciencia a la que compete estudiar acontecimientos inaccesibles a nuestra observación, y estudiarlos inferencialmente abriéndonos paso
hasta ellos a partir de algo accesible a nuestra observación y que el historiador llama 'testimonio histórico' de los acontecimientos que le interesan" .1
Con esta caracterización del conocimiento histórico estamos en condiciones
de alcanzar una respuesta a la segunda cuestión que antes hemos planteado,
a saber, cuál sea el objetivo, el propósito, de este conocimiento.
Si la historia procede a partir de testimonios observables para poder llegar
a hacer presa en el hecho mismo inobservable que ha dejado aquel rastro,
esto indica que el fenómeno histórico posee una doble dimensión, un aspecto
exterior (el testimonio) y un aspecto interior ( el pensamiento, la acción, etc.,
mismos que se buscan). Ciertamente, el interior mismo que busca el historiador en la huella que le es manifiesta es aquello que el hombre quiso expresar, lo que el hombre pensó y se propuso realizar y que el testimonio
denuncia. Detrás de las características sensibles de las herramientas, de las
' R. C. CoLLINOWOOD, Idea de la Historia, pág. 289, F.C.E. México, 1952.

36

máquinas, detrás de los documentos y de las instituciones, la historia trata
de captar al hombre.
Considerada así la cuestión, se puede entonces responder: el objetivo el
propósito, de la historia es llegar a RE-CONSTRUIR, en lo posible, aqu~llo
que en el pasado un hombre o un grupo de hombres pensó o pensaba al
realizar una acción determinada. La meta del historiador se fija en re-crear,
h~sta donde es posible, todos aquellos proyectos que estaban en el espíritu del
sujeto que se propone investigar a partir del testimonio con que cuenta. Los
testimonios directos de que puede disponer el historiador oscilan entre las
má~ va:iadas formas, según el hecho en cuestión: un documento, páginas de
algun libro, una herramienta, una vacija, etc.
Hasta aquí ~odo parece caminar sin mayor dificultad: la historia se propone reconstrmr el pasado humano, el cual, no pudiendo ser directamente
º?servable, tien~ que reconstruirse a partir de los testimonios de que inmediatamente se dispone. Empero, con lo anterior se cruza un nuevo problema:
no todo testimonio es un testimonio AUTENTICO, no toda huella testimonial envía de modo legítimo al objetivo que el historiador se traza respecto
al suceso en que está interesado. La narración sobre algún acontecimiento
pu:de se: ~r~ónea, porque el escritor esté mal informado, porque haya escrito
ba10 pre1mc10s personales o francamente haya intentado faltar a la verdad
de los hechos; los documentos y demás materiales que sirven de rastro al
historiador pueden haber sido falsificados. Todo esto pone al descubierto
una circunstancia de fundamental importancia: el historiador no parte no
ha de partir, del testimonio como si en él estuviese preestablecida la ve;dad
de !ºs h~chos que estudia. Todo hecho histórico ha de probarse por medio de
testimonios, pero no todo testimonio es una prueba de aquel hecho. El testimonio mismo ha de ser sometido a una prueba examinadora, a una "crítica"
escrupulosa. Así alcanzamos o tocamos la última cuestión que al principio
nos planteábamos: ¿qué procedimiento pone en práctica la historia para
abrirse paso de modo LEGITIMO hasta su meta y al través de los testimonios históricos?
Para hacerse un camino hacia la reconstrucción del pasado humano que
valga como auténtico, el historiador se sirve de lo que con toda precisión
~ llama el "método de la crítica histórica", esto es, el procedimiento mediante el cual se calibra, en primer lugar, la verdad del testimonio y, en segundo lugar, se pasa a interpretarlo en su contenido "interior". El método
posee, según esto, dos fases claramente separables; en la primera se trata solamente de probar el "hecho" en su autenticidad y consiste en la "crítica exte:ior" del testimonio; en la segunda fase se trata de "interpretar" el pensa~men_to ,~el autor, del sujeto, a base del testimonio, y consiste en la "crítica
mtenor de este testimonio.

37

�De esta suerte, en la primera fase del método el historiador procede a e~tablecer la verdad de los acontecimientos, la autenticidad de los testimomos.
Guía de este trabajo pueden ser los siguientes supuestos: 2
A). El mundo histórico constituye un todo coherente y continuo.
B). Entre los testimonios de una época histórica prevalece una relativa
semejanza.
Bajo el supuesto "A" el historiador concibe los hechos como un conjunto
en el cual los fenómenos parciales se relacionan unos con otros de manera
no contradictoria, sino acorde. Las costumbres y creencias, la técnica, los conocimientos, el lenguaje, las normas y los intereses de una époc~, se e~tre:a~an
dentro de una sociedad para constituir una unidad, una totalidad smcromca
y una serie cronológicamente continua, lo cual se anuncia en los testimonios.
Cada fenómeno humano del cual se tiene testimonio es una malla en la que
se interpenetran los intereses, las tendencias y los conocimientos de una él?°ca
histórica. Que esto es así, y que a base de esta imagen coherente y continua
de los fenómenos históricos puede descubrirse el fraude de los testimonios,
es cosa que se pone de manifiesto mediante un trabajo de COMPARACION
0 confrontación de unos testimonios con otros, relacionando el testimonio
que se investiga con otros testimonios vecinos en el tiempo y en el espacio;
se comparan fechas, materiales, estilos, etc. En este momento es cuando se
impone el momento o el supuesto "B" de la primera fase de~ mé:odo ~ que
aludimos: el supuesto de la relativa semejanza entre los testimonios. Si una
herramienta, por ejemplo, que se cree es paleolítica, exhibe técnicas y procedimientos de fabricación que se sabe son muy posteriores, o si un documento,
pongo por caso, una carta de donación del siglo XII, aparece escrita sobre
papel, siendo así que todos los originales de esa época que_ ~e h~n enc~~tr~do
son de pergamino y, además, el texto revela en su redacc1on giros est1hst1cos
extraños a esa misma época, entonces puede inferirse con mucha probabilidad
que la herramienta de marras y el documento son falsos: ni presentan características coherentes con las costumbres y técnicas de la época a que se cree
pertenecen, ni, por tanto, pueden insertarse en una serie cronológicamente
continua y en un conjunto sincrónico de acontecimientos.
Para que el testimonio se reconozca como auténtico, pues, ha de encontrarse en él alguna similitud con los testimonios contemporáneos. En esto radicaría la crítica exterior del testimonio, pues se trata de alcanzar aquí su
autenticidad comparándolo con otros testimonios cercanos cronológica y topológicamente. Pero con ello no se agota la tarea de la investigación histórica
• Cf. MARC BLOCH, Introducci6n a la Historia, cap. 111, No. 3, págs. 87ss. Breviario, F.C.E. México, 1957, Segunda edición.

38

y esto sólo constituye su comienzo. El método necesita avanzar hacia su segunda fase, hacia la crítica interior o "interpretación" del testimonio.
Una vez que se ha identificado el testimonio como legítimo hay que desentrañar lo que el hombre pensó, el propósito que tenía en mente al realizar la
obra en cyestión. La segunda fase consiste, pues, en penetrar, en buscar
acceso al "interior" del testimonio. Para ello se requiere ahora de un trabajo
de "interpretación" a fin de aprehender lo que el sujeto humano se propuso.
Con este fin el historiador sigue regularmente estos cuatro pasos en su fase
de interpretación: s
A). El testimonio ha de ser interpretado por el historiador, por lo pronto,
como expresión de un propósito que aún se desconoce ( es el momento
puramente barruntador del "trabajo subterráneo" del historiador en
que pensaban, por ejemplo, Niebuhr y Ranke) .
B). Después ha de interpretarlo como expresión de un propósito o proyecto
DETERMINADO, con lo cual se precisa su SENTIDO.
C). Una vez fijado y determinado aquel propósito, y con ello su sentido,
ha de inferirse de aquí el FIN que se propuso el autor, es decir, de
"lo que" expresó o quiso expresar se infiere lo que pretendía.
D). Finalmente, el historiador ha de inferir de aquel sentido y de este fin
el "por qué" de aquel hecho cuyo testimonio está interpretando, o sea,
las circunstancias que llevaron al autor a expresarse de aquella manera.
Los cuatro pasos no hacen más que señalar un proceso de esclarecimiento
que se inicia en un momento de completa indeterminación. De ello habla
Cassirer al exponer el pensamiento histórico de Niebuhr. "Niebuhr compara
al historiador con una persona encerrada en un cuarto oscuro y cuyos ojos
van acostumbrándose poco a poco a la oscuridad hasta poder distinguir en
ella objetos que no sólo no vería, sino que reputaría incluso invisibles quien
de pronto entrara en la misma habitación"!
En suma. El método histórico se propone reconstruir el pasado del hombre, lo que éste pensó y realizó; su punto de partida está en los testimonios,
a fuerza de no poder constatar directamente los sucesos; su conclusión la constituye la adecuada fijación de aquellos propósitos que el hombre tuvo en
un momento y lugar precisos. Pero para ello es menester un complicado proceso de crítica externa, de comparación, a fin de establecer la autenticidad
de los testimonios, y un proceso no mehos difícil de interpretación a fin de
• Cf. FÉLIX KAUFMANN, Metodologla de las Ciencias Sociales, Segunda parte, No. 2,
pág. 211, F.C.E. México, 1946.
• E. CAssrRER, El Problema del Conocimiento, de la Muerte de Hegel a Nuestros
dlas, Libro tercero, capítulo 11. F.C.E. México, 1963, pág. 279.

39

�captar en pureza aquellos propósitos humanos tras de los cuales se encamina
la búsqueda histórica. El método de la interpretación histórica, sin embargo,
adopta otras veces una forma específica cuando se ocupa en exclusividad de
la crítica e interpretación de "documentos" escritos. En este último caso se
entiende y designa al método como "método hermenéutico". Se trata ahora
de caracterizar esta forma peculiar que adopta la segunda fase del método
histórico a que hemos hecho referencia.

2. EL

MÉTODO HERMENÉUTICO

Interpretación se dice en griego leµr¡veta, hermeneia. El método hermenéutico es el procedimiento "técnico" por medio del cual se logra conocer,
interpretándolo según ciertas reglas que luego señalaremos, el pensamiento
contenido en aquellos testimonios materiales conocidos como "documentos".
Algunos autores (W. Dilthey y Ch. Seignobos enti:e otros) consideran que
este método descansa exclusivamente en la técnica de la interpretación de
testimonios escritos. Tal como quedó establecido, el conocimiento de los sucesos humanos por medio de testimonios es esencialmente "indirecto". Entre el
hecho que se trata de captar y el investigador que hace las veces de intérprete, el testimonio opera como un intermediario al través del cual hay que
penetrar a fin de desentrañar el pensamiento que en él se encuentra encamado.
En el caso particular de un testimonio escrito los "intermediarios" se vuelven más numerosos y más complicados en virtud de que el documento escrito
en algún idioma determinado puede contener no sólo equívocos ortográficos
que se presten a una torcida interpretación, sino incluso palabras o frases
que, o bien pueden haber sido utilizadas con una significación literal o directa, o bien con alguna otra significación dada por el autor del documento.
Estas y otras dificultades con que puede encontrarse el investigador al estudiar un documento obligan a tomar precauciones críticas relacionadas con
el lenguaje y constituyen una de las razones por las que el arte de la interpretación se enlaza íntimamente con la "crítica filológica", sin la cual no
sería posible aprehender la comunicación del documento.
La interpretación de un documento debería tomar en cuenta por lo menos
las siguientes reglas: 5

2. Debe conocerse el significado "literal" de las palabras o frases que contiene el documento. Si las palabras o frases aparecen en varios pasajes
del documento, es necesario reunir y comparar éstas, de tal forma que
por el contexto en que aparecen pueda ponerse de manifiesto el sentido
literal con que han sido utilizadas.
3. Como el idioma no es un sistema de símbolos invariables, ya que cambia
no sólo con las épocas y los lugares, sino que, incluso, en un mismo
autor pueden variar los significados de las palabras, es preciso que el
intérprete conozca el uso del lenguaje propio del autor del documento.
4. No basta con interpretar el sentido literal de las palabras usadas por el
autor del documento. En algunas ocasiones es necesario saber además
si el autor ha empleado en aquel sentido las palabras o les ha' dado un'
sentido indirecto, metafórico, alegórico o hiperbólico, etc. Se podrán
comparar aquellos pasajes en que el sentido de las palabras es directo
con aquellos en que se desvía de este sentido; se puede dar cuenta así
el intérprete de que una palabra está tomada en sentido indirecto en
un contexto cuando el sentido literal aparece ahí mismo como absurdo
o contradictorio.
El trabajo de interpretación termina cuando el intérprete logra saber por
el documento cuál era la concepción del autor, qué fin se proponía éste, qué
valor tenía para él aquel propósito y por qué se expresó de aquella manera.
Nos puede servir como ilustración la interpretación que hace Werner Jaeger
del concepto de "sustancia" en la Metafísica de Aristóteles.
Lo de menos es que la palabra griega ovata, v~ta quiere decir sustancia.
Literalmente, en el lenguaje común de los griegos, ovata significa "'aquello
que se posee", los bienes o pertenencias de que se puede disponer. Sólo más
tarde, sobre la base de ese sentido primario, la palabra aludida vino a significar
"el sujeto que posee cualidades accidentales y que, como tal, representa el
soporte de las mismas". Pero el sentido de esta palabra no sólo ha cambiado
con las épocas y los lugares sino que incluso en un mismo filósofo, como en
el caso de Aristóteles, puede adquirir diferentes significados.

l. El requisito elemental del intérprete es que deba conocer el idioma en
que está escrito el documento.

Según Jaeger,6 Aristóteles debió haber pasado por un período platónico
antes de llegar a expresar su concepción metafísica definitiva. Durante un
primer período Aristóteles habría escrito los libros A, B, M, K y ..d de su
Metafísica, tal como ahora la conocemos. Ahora bien, un estudio comparado
de los textos de estos libros en que se alude al concepto de ''sustancia" lleva
a pensar que Aristóteles consideró primeramente como objeto de la Meta-

• Cf. CH. SE!GNOBos, El Método Hist6rico Aplicado a las Ciencias Sociales, Daniel
Jorro Editor. Madrid, 1926, cap. IV, págs. 52ss.

• W. ]AEGER, Aristóteles, Bases para la Evolución de su Pensamiento, F.C.E. México,
1946, caps. VII-VIII, págs. 194ss.

40

41

�física una sustancia de naturaleza SUPRASENSIBLE: "pues nosotros parece
que buscamos OTRO GENERO DE SUS:~NCIA, y est~ es nuestro problema, 0 sea, ver si hay algo que pueda existir aparte por _si y no pe:~e_nez~a
a ninguna cosa sensible".7 Aristóteles piensa aquí, como obJe~o d,e _la c1enc1a
buscada" en una sustancia platónica, universal, abstracta, mmov1l: en una
"idea". Ésto traía sus dificultades. Si el objeto de la metafísica ~s algo suprasensible, aparte de las sustancias sensibles, ent~nces éstas no ,tienen nada
que ver con la metafísica· de estas sustancias sensibles se ocupana solamente
la ciencia de la naturalez~, la Física. Pero en este caso surgía un problema
difícil de resolver: ¿ cómo podrían DERIVARSE las cosas particulares ( sustancias sensibles) de la sustancia suprasensible si ésta no existe REAL~ENT~?
Ante esta dificultad Aristóteles se encamina hacia una nueva soluc10n, hacia
un nuevo concepto de sustancia en el cual concilia la id:a u~iversal, suprasensible (FORMA) con las cosas particulares. La su_stanc1a vi:ne a ser concebida ahora como lo universal, la forma EN lo particular sensible.
Según Jaeger la aparición de este nuevo concepto de sustancia marca el
comienzo de un segundo período en el desarrollo intelectual de Aristóteles.
Un segundo período que coincide con la redacción de l~s li~ros Z, H,
consaarados preferentemente a estudiar la idea de sustancia, libros que Anstótele; debió incorporar a los anteriores a fin de resolver el probl~ma que
suscitaba la postulación de una sustancia aparte de las cos~s sensibles: En
estos últimos libros (Z, H, 0), se concede a las particulandad~~ sensibles,
a la materia (antes asunto exclusivo de la Física) un pape~ dec1S1vo dentro
del concepto de sustancia metafísica. De este mo~? so~rev_iene e_l :oncepto
de sustancia como "forma inmanente'' de lo real: y asi, dice Anstoteles, .el
reducir todas las cosas de tal manera a FORMAS, eliminando la maten~,
es un trabajo inútil; pues algunas cosas. so~ ciertamente ~n~ fom:1ª particular EN una materia particular". 8 La fmahdad de estos ultimos libros era
llamar la atención frente a Platón, sobre la importancia de la materia para
'
,
nuestra concepción de la esencia, de la sustancia. Se ve, pues, como. ~n estas
dos etapas del desarrollo intelectual de Aristóteles se pone de mamfiesto el
cambio de sentido que se da a una palabra como la de "sustancia". Cuan~o
se aplica este criterio evolutivo a la "crítica filológica" de las obras d: Anstóteles, dice Jaeger, resulta "absolutamente imposibl: explicar el pec~~~r estado en que se encuentran los _escritos conse1:7ados sm hacer 1~,s~r~sic10n de
que contienen las huellas de diferentes estadios de una evoluc1on .

f:!,

Metafísica, K2, 1060, 7-13.
Metafísica, Zl 1, 1036, 22.
Aristóteles. .. , pág. 15.

' ARISTÓTELES,
• ARISTÓTELES,

• W.

42

]AEGER,

3.

DILTHEY Y EL HISTORICISMO

El método hermenéutico, se dejó establecido, representa el instrumento por
excelencia del conocimiento histórico-social, y las ciencias particulares que
se refieren a los fenómenos humanos lo vienen utilizando desde hace siglos
con reiterado perfeccionamiento. Pero fue durante la segunda mitad del siglo
XIX cuando Guillermo Dilthey ( 1833-1911) lo elevó a la categoría de un
método filosófico.
Dilthey se propuso encontrar los fundamentos del conocimiento representado por las ciencias que estudian los fenómenos humanos, tales como la
economía, el derecho, la lingüística, la historia, etc., a todas las cuales denominó Dilthey "ciencias del espíritu". Consideró misión de la filosofía responder a la pregunta por la posibilidad de un conocimiento universal y necesariamente válido en el campo de las ciencias del espíritu. Esta era la tarea
que tenía que resolver una "Crítica de la Razón Histórica".
El problema así planteado por Dilthey adquiere sus características propias
por el hecho de que todos los fenómenos que estudian aquellas ciencias (por
oposición a las ciencias naturales) no son más que "manifestaciones sensibles
de la vida espiritual". Un código, una disposición legal de tipo económico,
una obra de arte, un documento histórico, son expresiones espirituales contenidas en materiales sensibles; constituyen el mundo del "espíritu objetivo".
La cuestión, pues, de cómo sea posible el conocimiento dentro del dominio
científico-espiritual viene a decir, según Dilthey, así: ¿ cómo es posible captar
de manera segura la vida espiritual a partir de las manifestaciones sensibles
en que se encuentra contenida?
Yo sólo puedo captar la vida espiritual de otras personas, partiendo de
sus manifestaciones, si previamente he experimentado en mí mismo los estados psicológicos similares; puedo captar en aquellas manifestaciones sensibles un sentimiento de alegría o de tristeza, o un ideal de la voluntad, porque yo mismo sé de esos sentimientos y esos ideales por propia experiencia.
Porque sé en mi propia experiencia vital de esos fenómenos espirituales es
por lo que puedo reconocerlos en aquellas expresiones con que me encuentro,
lo cual supone que haya "transferido'' mis propios estados de conciencia al
objeto de mi captación y, mediante esta transferencia, alcanzado a "re-vivir"
los estados de conciencia por los que pasó el autor de la obra que constituye
el objeto de mi captación. Yo, en suma, a base de mi propia experiencia
vital, al leer un poema, al recorrer las cartas de un personaje histórico, vuelvo
a vivir en carne propia el gozo, el sufrimiento, los ideales y las acciones de
los personajes. Sólo cuando sobre la base de mi "vivencia", de aquella "transferencia'' y esta "re-vivencia", alcanzo a colocarme en el curso. de vida de
43

�otras personas, partiendo de sus manifestaciones sensibles, sólo entonces puedo
decir que he captado, que he COMPRENDIDO a esas personas o que he
penetrado desde sus expresiones exteriores hasta la interioridad espiritual que
las ha producido.
Todas las ciencias del espíritu tienen que habérselas con este procedimiento
comprensivo. Comprender, según esto, es el proceso por el cual, partiendo
de signos que se nos dan por fuera sensiblemente, conocemos una interioridad. Pero cuando los signos que se nos dan por fuera son signos escritos
que se han fijado permanentemente bajo la forma de un documento, entonces
el proceso comprensivo será posible si a sus propósitos se enlaza la técnica
hermenéutica; ya vimos cómo esta técnica de la interpretación desemboca
ahí donde el intérprete alcanza a fijar la concepción, el fin propuesto, el valor
de este fin y las razones que tuvo el autor para expresarse de aquella manera.
Dilthey sabía que estos eran los designios de toda auténtica interpretación
comprensiva. Pero acabó por plantearse el problema de si una vez que el
conocimiento científico-espiritual había logrado fijar la concepción, el fin y
el valor encerrados en aquellas manifestaciones de vida, podía considerarse
este conocimiento como un conocimiento de validez "necesaria y universal",
válido para todo tiempo y lugar. A esto respondió negativamente: no hay
concepciones, valores y fines, que valgan en forma "absoluta" para todas las
épocas y lugares. Los hombres se expresan según concepciones, valores y fines, condicionados por la época y el lugar en que les toca vivir. Todo fin,
todo valor, es RELATIVO a las circunstancias históricas. "La historia misma,
dice Dilthey, es la fuerza productiva que engendra las determinaciones de
valor, los ideales, los fines con que se mide el significado de hombres y de
acontecimientos". 1 º En estas circunstancias, todo conocimiento humano posible de esos hombres y acontecimientos está sellado, según Dilthey, con la
marca de la historicidad, de la relatividad, de la finitud; pues en la historia
todo pasa y nada permanece. Este es el rasgo fundamental del historicismo

necesario. Toda manifestación humana es histórica y relativa, menos la vida
de donde toda manifestación dimana. "La última palabra del espíritu no es
la relatividad de toda concepción del mundo, sino la soberanía del espíritu
frente a cada una de ellas". 11

diltheyano.
Empero, si fuera posible a la filosofía superar este relativismo de todo saber
humano a que conduce "la conciencia histórica" de toda manifestación humana, esta superación habría que buscarla en la VIDA misma, en el espíritu
mismo de donde proviene toda manifestación. Y, de hecho, Dilthey mismo
encontró en la "vida" el fundamento último, universal y necesario, de toda
relatividad histórica. Porque si toda concepción, todo valor y todo fin, son
relativos a las circunstancias espacio-temporales, todos, sin embargo, proceden
de la vida espiritual a la cual se remiten corno al único sostén absoluto y

'º
44

W.

DILTHEY,

Mundo Histórico. F.C.E. México, 1944, pág. 317.

u W. DILTHEY,

Teoría de la Concepción del Mundo. F.C.E. México, 1945, pág. 241.

45

�DERECHO A LA EDUCACIÓN Y AL SABER

DR.

MICHELE FEDERICO

ScIAcCA

Universidad de Génova

ESCUELA OBLIGATORIA GRATUITA, como ya existe en algunos países, becas para
los estudiantes universitarios, uso de la radio, televisión y cine para enseñar
a todos, en cualquier lugar, de manera que todos se capaciten por medio
del trabajo formativo de la persona para ser socialmente útil: todo para aprovechar y para promover. Pero el problema, nada fácil y muy complejo, requiere aclaraciones y precisiones, aunque la improvisación y la prisa difícilmente son buenas compañeras para las soluciones adecuadas.

•
Platón, en la República, no se ocupa de la educación y de la instrucción
de la masa o de las clases no dirigentes; pero, aparte de los límites intrínsecos
de la concepción griega del hombre y de la vida social, no niega a nadie el derecho al saber. En efecto, su "aristocrática" concepción político-social de
"aristocracia" -sin embargo, aristocracia no es la antítesis o la negación de
la verdadera democracia- admite explícitamente que el que pertenece a
una clase inferior, si está dotado de las aptitudes necesarias, puede ascender
a "dirigente del Estado", mientras que uno no dotado de la clase superior
debe bajar a la de los "hombres de hierro".
Así que el derecho al saber, propio de cada hombre en cuanto tal, no
debe considerarse en abstracto, sino en cada individuo en concreto. Como derecho no tiene límites: derecho del hombre no es el privilegio de algunos
a una concepción del Estado; pero, concretamente, tiene como límites totales
las capacidades, aptitudes y la buena voluntad de cada hombre, y se va ejerciendo proporcionalmente a ellos.
Platón no excluye a priori a esta o a aquella clase social al derecho al
saber o a su ejercicio, más bien ordena formar a las clases inferiores, pres-

47

�cindiendo de las condiciones sociales de cuantos no tengan aptitudes Y capacidades para adquirir un grado superior de saber. En otros térmi~os, aparte
de lo que ya está superado en la concepción social platónica y gnega, po~emos decir que, reconocido a todos el derecho al saber, los grados de su eJercicio están delimitados por la capacidad y la aptitud de cada uno; por lo
tanto las formas más elevadas del saber siempre son patrimonio de una
élite 'no en el sentido de privilegio de una determinada clase social, casi por
der:cho de nacimiento, sino en otro, en el que son propias de aquellos hombres que tienen capacidad de elevarse.
Por lo tanto si derecho al saber es el derecho de cada hombre a formar la
propia person;1idad integral, una democracia que quiera garantizar ese derecho no es aquella que corrompe o abroga las formas "aristocráticas" de la
vida intelectual, individual y social, sino la que, descendiendo has~a . ellas,
se hace "aristocrática", y hace que cada hombre, dentro de sus limites y
cualesquiera que sean sus mansiones, por más humilde que sea, hace que sea
"aristocrática" por lo que es en sí y por lo que puede ser. De tal manera
que el concepto de élite se gradúa según el grado de calificación que ca~a
uno logra darse a sí mismo, hasta el más alto, que expresa los valores mas
elevados, que no son únicamente los intelectuales o los de cultura, en sentido estricto.

•
De todo lo dicho, se deduce que el derecho al saber y a la escuela, para q~e
sea válido, comporta el deber de aprender: quien falta a este deber, renuncia
por sí mismo a dicho deber o, por lo menos, a aquella fo:ona del saber que
no quiere aprender; es decir, el ejercicio del derecho al saber no puede
ser separado, para que sea derecho de derecho, del correspondiente deber de
aprender y de todo lo que implica su cumplimient_o: ~) respeto por el saber
que se quiere aprender, cualquiera que sea; b) obligación de aprender, por el
hecho de que la mejor manera de respetar una forma de saber es la de empeñarse en su conocimiento; c) amor, es decir, con una palabra injustamente
maltratada, "diligencia", que implica respeto y obligación, humildad y modestia, también "inteligencia", porque la "diligencia" que es amor, es penetrativa, no en el sentido de "posesión" del saber, sino de "regalo" diligente
y humilde ante ella, para que se adueñe de nosotros y nos obligue por completo a ella y a dichas "respuestas". Nuestras obras; que cada saber, como
expresión de valor, tiene el derecho de esperarse de nosotros, que tenemos
el "deber", la "deuda" de darle; d) desinterés como disposición fundamental,
que, en definitiva, es interés desinteresado por el saber en cuanto tal, que
48

no significa esterilidad práctica, sino rechazo de reducirlo a sólo valor instrumental, a medio para fines pragmáticos que, por lo demás, no están excluídos del concepto mismo del saber desinteresado, ni lo contradicen. Además,
el derecho al saber, unido en una relación de contenido recíproco al deber
que de él se deriva, para que se ejercite el derecho, obliga a un examen de
conciencia, a una valoración de sí mismo, de las aptitudes personales propias, posibilidades y capacidades, es decir, al conocimiento de las propias limitaciones. Yo no debo preguntarme ni exigir el derecho al saber, qué es lo
que me será útil o beneficioso aprender, sino lo que soy capaz de aprender,
qué forma de saber corresponde a mis inclinaciones y capacidades; honestidad,
necesaria para que mi derecho a la escuela ser "honesto"; responsabilidad
consciente y moralidad fundamental, "sabiduría" primaria elemental para
exigir honradamente que se respete nuestro derecho al saber y se garantice
su sacrosanto derecho y ejercicio. Por lo tanto, este derecho envuelve un
momento de "interioridad", conciencia de lo que somos y podemos ser, amor
por el saber que nos conviene, obligación de progresar, propósito firme, honesto .y consciente para formarse cada uno libremente la personalidad que
le sea propia bajo la dirección del que está a cargo de su educación y con
la ayuda de aquellas investigaciones que se juzguen idóneas.
Estas reflexiones tienden a precisar y a afianzar dos conceptos que, en
definitiva, son dos aspectos que implican uno solo: a) el derecho a la escuela, que no es privilegio de una clase y de determinadas personas; b) pero
no es necesario transformarlo, abusando de él y por lo mismo negándolo,
en el privilegio para ejercerlo sin las buenas disposiciones para aprender o en
el uso arbitrario para nuestros fines individuales y como tales contrarios a
la formación de nuestra verdadera personalidad. En tal caso, no pedimos
ejercer libremente un derecho, sino que alegamos arbitrariamente como verdaderos "invasores" (es invasor quien ocupa un campo ajeno) ser ignorantes
con la pretensión de atribuirse funciones de dueño como que están en una
"wna de valores" extraños e inalcanzables. Daño individual: deformación
de la personalidad, que no se forma según lo que pudiera ser y se disfraza,
como un ladrón, con ropas que no le convienen; y daño social: uso estéril
y "antiproductivo" del dinero público con consecuencias antisociales, las del
fracasado, del "fuera de lugar" como es el que intenta ocupar u ocupa un
lugar que no le pertenece. Hace mal lo que hace por falta de capacidad y
no hace lo que hubiera podido hacer según sus propias aptitudes y posibilidades. En consecuencia, el derecho a la escuela, ejercitado según los deberes que implica, crea un equilibrio ordenado y orden justo en las personas
y en la sociedad; pero usado arbitrariamente, genera desorden personal y
social, desequilibrios peligrosos y problemas insolubles, aunque arreglados
provisionalmente por políticos con compromisos equívocos. En un punto de-

49
H.S

�terminado, por el uso arbitrario y bajo presiones dictatoriales o demagógicas,
el derecho a la escuela se transforma en un arma poderosa para afirmarlo
o no-saber con la pretensión de hacerlo valer en la carrera a los mejores lugares o las mejorías, que ya no es una legítima conquista. Naturalmente el
uso ilegítimo de un derecho legítimo no autoriza a nadie a servirse de este
motivo para abrogarlo o negarlo, más bien debería obligar a todos a corregir lo arbitrario, para que se restablezca, garantice y afirme como un derecho.
Pero este aspecto de nuestro problema se debe profundizar y aclarar lo más
claramente posible.

•
La democracia moderna, en su evolución, tiene el mérito de haber reivindicado el derecho de todos a la escuela y la escuela para todos, pero no
se olvide que ella (como toda forma, no sólo política, de progreso humano)
es obra de la "aristocracia", es decir, de los mejores: la revolución francesa
lo es de los "aristócratas" de la cultura del tiempo, por pura coincidencia
histórica casi todos eran también nobles; las teorías posteriores de las distintas formas de democracia son obras de hombres que reivindicaron aquel
derecho por el hecho de haberlo sabido ejercer como lo prueba el pensamiento iluminado, en cuyos límites está. Por lo tanto, el "democrático" derecho a la escuela no es una conquista de las masas, si "masa" significa, cualquiera que sea la clase social a que se pertenezca, el conjunto de los hombres aún no calificados, sino la conquista de una élite que ha sentido y
reivindicado tal derecho, haciéndolo llegar a la conciencia común, para que
cada hombre, según sus capacidades y su buena voluntad, ocupe su verdadero lugar, tenga su calificación. Por lo tanto, el fin de la llamada escuela
de masas, de los partidos de masa y de los medios de difusión de la masa
(radio y televisión) no ,debe ser el hombre masa sino precisamente su desaparición; así, en el momento en que todos puedan ejercer el derecho a la
escuela - libre y no arbitrariamente-, propio por el hecho de que cada
individuo se califica y se forma su propia personalidad, cesa la "masa" de
los individuos y nace la "comunidad de las personas", resultado de la obra
activa de aquella élite y de la buena vol_u ntad de cuantos han sabido transformar la masa de los descalificados en personas conocedoras de una sociedad calificada. Por lo tanto, es verdadera nuestra tesis de que la democracia es la que siempre se expresa en formas aristocráticas, la democracia
no demagógica, cuya finalidad es llevar a cada hombre a la conciencia de
sí mismo y de los valores proporcionales a su auténtica personalidad. Contrarios a la retórica del "trabajo intelectual" que, según un humanismo indi-

50

vidualístico y parcial, considera a la cultura como privilegio de una clase y
a quien la posee, como a individuo que tiene derecho a menospreciar y
dominar a los demás, también nos oponemos a la más reciente rectoría del
"trabajo manual" que, desconociendo y menospreciando los valores superiores del intelecto y acusándolos casi de ser "antidemocráticos" y "antisociales", reconoce como clase superior a los obreros. Desequilibrio consciente
del problema y equivocación deliberada: no se trata de sustituir un privilegio por otro ni la superioridad de una clase sobre otra, ni de nivelar a la
humanidad al más bajo grado, sólo porque la mayoría de los hombres no
pueda elevarse a grados más altos (o cree no poder llegar hasta ellos por
un concepto equivocado de elevación personal y social, que se hace coincidir
con la ocupación de los lugares socialmente más elevados o con la ganancia
o el bienestar material), sino eliminar el dominio de una clase sobre la otra
y el arbitrario privilegio de los hombres, intentando elevar a todos, según
sus límites y posibilidades, al más alto grado posible de su perfección espiritual, que coincide con la total actuación de la personalidad que le es propia
y que frecuentemente no tiene nada de común con la jerarquía social de
los empleos. La elevación interior de un hombre no se mide por el empleo
que ocupa o por lo que hace, sino por cómo trabaja y por lo que es intrínsecamente, es decir, siempre según un criterio que es auténticamente aristocrático. Por esto no existe nobleza del trabajo manual ni del trabajo intelectual,
si el trabajo, cada trabajo no se rescata en la l'lobleza del espíritu que es
siempre aristocracia, y es ésta y las instituciones en las que actúa, las que hacen posible el progreso de la democracia, es decir, la elevación de las masas
para que ya no sean "masa", sino sociedad de personas.

•
El derecho a la escuela no es separable del acto educativo: como tal, interesa al discípulo, pero también al docente, incluso en el caso del autodidacta de quien son docentes las personas con quienes está en contacto:
la familia, la sociedad; de hecho, también el que enseña ejerce el derecho al
saber, en cuanto enseñar es aprender juntamente con el discípulo. La educación, momento interior, es siempre autoeducación; pero, precisamente por
esto, es comunicación y promoción recíproca: el acto educativo concreto,
en la medida en que promueve el saber del que aprende, promueve a quien
enseña; ambos son discípulos de la verdad en el amor de promoverse recíprocamente. El acto educativo es el mismo derecho a la escuela en su forma
concreta de comunicación de las conciencias; es personal en cuanto social
51

�-yo promuevo mi personalidad en la medida en que promuevo la de otros:-,
es social en cuanto personal: no se promueve la sociedad como masa, smo
que cada individuo, personalmente, promovido, la promueve. Pero para que
el docente ejerza honradamente su derecho a aprender enseñando, es necesario que cumpla con los deberes que eso comporta, como el discípulo con
los que implica el enseñar aprendiendo; así como el discípulo hace v~ler
en concreto el derecho a la escuela sólo si se dispone con respeto, obligación y diligencia a aprender, así el docente el suyo, sólo si se dispone_ a enseñar con conciencia, preparación, dignidad y amor. El acto educativo en
el que se concreta el derecho a la escuela, se frustra en su significado y en
sus fines cada vez que falta a su finalidad de educación y elevación integral del hombre, es decir, cuando el discípulo no está "preparado" para
aprender y el docente para enseñar, y ambos no están dispuestos, en un
plano de amorosa comprensión, a ser el uno el promotor del otro, honrada
y humildemente discípulos de la verdad a la que sirven y que, sólo en cuanto
la sirven, los renueva y promueve.
Este amplio concepto de educación, no limitado a la escuela, que es sólo
uno de sus aspectos, nos lleva a precisar el concepto del saber en toda su
extensión. Saber no es sólo cultura humanística o altamente científica, sino
todo lo que expresa un valor y contribuye a formar la persona en la medida
en que responde a sus aptitudes y capacidades, las actualiza y las vigoriza;
es el saber del filósofo que investiga los abismos del espíritu e intenta descubrir la inteligibilidad de la existencia, como la del campesino que "diariamente" trabaja su tierra, en cuanto que uno y otro expresan valores religiosos,
estéticos, morales y sociales.
Derecho al saber, el de cada hombre para realizar libremente el "proyecto"
que es al nacer, es decir, a desarrollar y formar su personalidad auténtica, que
responda a su vocación: humanamente respetable el trabajo del artista y
del filósofo, como el del campesino y el del obrero, sobre la base de una
igualdad esencial de todos los hombres en cuanto hombres. El que es capaz
de escribir la Divina Comedia o la Crítica de la razón pura, no tiene derecho
a menospreciar al que cultiva un pedazo de tierra con el mismo empeño
moral y también estético y la misma dedicación al valor: también esta es
una respuesta humana y válida que en su pequeñez expresa una grandeza
y una nobleza de alma igual a las de los más grandes; y si lo menosprecian,
el gran poeta y el gran filósofo son inferiores a sus obras, es decir, a aquellos
valores a los que deben su grandeza.
De esto se deduce que socialmente y también como personalidad de su
valor, vale más un campesino y un artesano con "éxito" --con esto demues-

52

tran su estatura moral- que un gran personaje "llegado" no se sabe cómo
por el motivo que todos conocen muy bien: un parvenu. Como tal, el del
"villano" y no el destripaterrones, el del "desplazado" en su elevacüsimo
empleo; como "personaje" no es una "persona" la suya, sino una mixtificación. En tal caso el derecho al saber se ha transformado en abuso sin credenciales válidas y genuinas.
Es este el riesgo que la sociedad corre con las dictaduras y las democracias demagógicas, que avanzan sin reconocer derechos ni garantizar su
ejercicio, sino otorgando concesiones y asegurando su abuso arbitrario bajo
la "presión de la plaza". Así se degrada el derecho a la escuela a un derecho de estar siempre materialmente mejor, sabiendo siempre menos, no
en el sentido puramente técnico y nocional, sino en el intelectual y moral;
de empeñarse siempre menos en formar la propia personalidad de valor y
de deformarla siempre más en la vulgaridad de un pseudosaber hecho de
lugares comunes. La carrera al bienestar ya no tiene límites: quien ha tenido
quiere siempre más, sin preocuparse si ha cumplido con su deber para merecerlo; quien ha subido, quiere subir más, sin tomar en cuenta si tiene las
capacidades de aptitud y el sentido de responsabilidad y dedicación que reclama el nuevo escalafón: se derrumba aquella línea moral, la única que
puede mantener el derecho en los límites de honesta legitimidad y garantizar
la libertad de su ejercicio en el orden, fuera del capricho, negación de la
misma libertad.
Cualquiera que sea su trabajo, adecuadamente remunerado y respetado,
nadie está satisfecho con su estado: no se desea el libre ejercicio del propio
trabajo formativo de la personalidad; no se siente la satisfacción moral que
proviene de hacerlo bien y con honradez, no se advierte la actitud espiritual del quedar satisfecho con poco y en paz consigo mismo y con la propia
conciencia, se quiere salir fuera del propio estado y de la condición propia
para alcanzar otra que también deforma la propia personalidad y en contraste con la honradez o mayor bienestar material. ¿ Qué sentido tiene hablar de derecho al ofrecimiento de la educación a través de todos los medios
de difusión, radio y televisión y de otros? Sacrosanto derecho, debe ser respetado sacrosantamente cuando se ejerce para la libre formación de la personalidad y para la elevación espiritual o material de sí mismo; valores que
se pueden actuar con cualquier trabajo, siempre y cuando se los aprecie y
ame; pero llega a ser un arma peligrosa cuando se abusa de ella y se la viola.
Así se traicionan las profundas exigencias de cuantos aspiran al respeto de
su trabajo y de sí mismos en cuanto hombres, es decir, un altísimo ideal
de humanidad.

53

�b
una exigencia de libertad, la de
El derecho a la escuela ~ al sa erl es
lmente· fuera de estos límites,
, ·
f' · mtelectua y mora
·
mejorarse a s1 mismo 1S1ca,
di . t d los demás y de tantos "pro. d
de manera stm a e
yo entien o e1 progreso
r nder su recto significado.
gresistas" actuales, que no alcanzan a comp e
Traducción del Dr. Giorgio Berni.

SOBRE EL CONOCIMIENTO Y SUS CLASES
(Ensayo fenomenológico-matemático)
Por el

DR. JuAN DAVID GARCÍA BACCA

Universidad Central de Venezuela

I
FENOMENOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO

I. 1) Dejemos, ante todo, constancia del dato histórico de que la identidad
entre conocedor y conocido, en el acto y por virtud del conocimiento; ha ido
disminuyendo, en la opinión de los filósofos, de grado. a) Es lo mismo (idéntico, tautón) el pensar y el ser ( uoein, einai). Parménides. Y aquí esta identidad está afirmada sin recortes ni rebajas, de ninguna clase.
b) El alma es, de alguna manera, ( poos) todas las cosas ( todos los entes,
ta anta; De Anima, libr. III, cap. VIII). Aristóteles. Y ese correctivo "de
alguna manera" se refiere a que el alma puede ser todas las cosas en acto
o en potencia; empero acto y potencia son dos maneras reales, dos estados,
de ser una cosa. La identidad, expresada por el es, se halla todavía, como
en Parménides, en el orden de lo real. En el conocer, y por su peculiar
virtud, el alma es realmente, en potencia o en acto, todas las cosas.
c) El alma, el conocedor, es, de alguna manera todas las cosas en cuanto
conocidas; mas este "de alguna manera" debe interpretarse, según los escolásticos (Cf. Juan de Santo Tomás, Cursus Philosophicus thomisticus, vol.
III, pgs. 102 ss. edic. Marietti, 1937), por modo intencional, no real, como
real una materia recibe o se hace la forma, como un cuerpo se hace rojó.
Ya no es por modo de potencia o acto reales. La identidad intencional es
menor que la real entitativa.
d) Para Kant el conocedor dispone, y tiene que disponer, de un conjunto

54

55

�de formas a priori que son condición de posibilidad para que las cosas se
me aparezcan. De modo que lo conocido son, en rigor, fenómenos: aparenciales. La identidad entre conocedor y conocido no es ni real ni intencional.
El conocedor hace que las cosas se le aparezcan, casi en sentido equivalente
a como una placa fotográfica hace que, de todo lo que tienen las cosas,
se le aparezcan ciertos aspectos.
Todos tenemos la impresión de que, al ver luz, no nos hacemos realmente
luz; pero también tenemos conciencia de que, sin hacemos o llegar a ser de
alguna manera luz, de nada nos ~erviría el conocimiento de la luz. Que al
conocer circunferencia no nos hacemos redondos o circulares, pero guardamos el secreto convencimiento de que, si de alguna manera no llegamos a
ser circunferencia, no nos serviría para nada el conocimiento.
Tratemos de precisar ambos aspectos antinómicos, de que procede el problema del conocimiento, como real problema.

algo que se le enfrenta (Gegenstand), que hace frente a la identificación
o tendencias a ella, a la asimilación entitativa (identidad real y omnímoda)
que todo ser, en cuanto ser, tiene que tener con todo otro ser en cuanto ser.
Ahora. b'.en: e~fren~arse a un ser en cuanto ser, mantener la distinción ( y
a fortion la d1stanc1a, como en el objeto sensiblemente conocido) frente a
un ser, implica una violación del principio de identid~d, por tanto un descenso en el orden del ser. Luego el conocimiento es, desde el punto de vista
ontológico, una desidentificación, una descomprensión, aflojamiento, del ser
(Sartre, L'Etre et le Néant, pág. 32). La dualidad conocedor-conocido es
un r~lajamiento de la identidad. Por tanto, el conocer es, desde el punto
de vista del ser, un fenómeno secundario. Por tanto: el objeto en cuanto
objeto, lo aliud ( de la escolástica, cognoscere est fieri aliud in quantum aliud,
Cf. Juan de Santo Tomás, obr. cit.), no es ser en cuanto ser. Ni el conocedor, en cuanto conocedor, es ser en cuanto ser.

a') Conocer es mostrarse a sí mismo, darse cuenta de lo que uno no puede
ser de otro ser, de lo inasimilable de un ente. Cuando una facultad (permítaseme la palabra) de un ente, como el estómago, asimila íntegramente un
objeto, no lo conoce. La condición necesaria para conocer es no asimilar todo
lo de otro ente. Así que el conocer no es asimilación; no es similitudo.

e') Por tanto: el objeto conocido (sea un color, un sonido, o una idea ... )
no es ser, en rigor de la palabra. No es ni la cosa en sí (ser en cuanto ser
en sí), ni el sujeto en cuanto ser. Conocer es desconocer: presentar un ser
como "otro", enfrentado (Objcctum-, Gegenstand) de otro y a otro ser.
C~nocer es un fenómeno antiontológico. Lo raro, pues, desde el punto
de .vista del. ser es: 1) }ue haya conocimiento, 2) que el conocimiento tenga
ob¡etos. Objeto es lo obstante" (ob, stare; Gegen-stand), lo que hace obstáculo a la identidad natural y necesaria entre todo ser por ser ser. Objeto
es lo que tira (ob, jacere), lo que está puesto (jacére) contra la identidad
del ser con ser.

b') El conocimiento intenta, en principio, ser real e íntegramente todas las
cosas. Conocer por semejanzas, por especies, por species intentionales, por
identidad intencional, por modo espiritual, inmaterial. .. - , es una manera
de confesar que el conocimiento no está a la altura de sus pretensiones: ser
todo lo de otro ente -única manera ontológica de conocer lo que es.
c') Esta intención del conocimiento de ser, real e íntegramente, el objeto
conocido o a conocer, proviene, en el fondo, de que un ente, en cuanto
ente, no puede admitir el distinguirse de otro ente en cuanto ente. Sería ir
contra el principio de identidad del ser. Ser es, de suyo, idéntico realmente
y de todas las maneras con todo otro ente. "Non potest esse quod ens dividatur
ab ente in quantum ens; nihil autem dividitur ab ente nisi non ens; similiter
hoc ens non dividitur ab hoc ente, nisi quia in hoc ente includitur negatio
illius entis''. "No puede ser que un ser se separe o divida de otro en cuanto
ser; lo único que se separa o divide del ser es el no ser; parecidamente, este ser
no se separa o divide de este otro ser, sino porque uno se incluye la negación del otro". Son palabras de Santo Tomás; in Boetium de Trinitate, q. IV
art. l. En principio, pues, todo ser es idéntico con todo otro ser, tomados
ambos en cuanto y por lo que tengan de seres. No otra cosa dijera Parménides.
d') Ahora bien: el conocimiento tiene que tener un objeto, lo cual significa no sólo ni principalmente que tiene que tener algo a conocer, sino

56

f') Conocer es desconocer lo que una cosa tiene de ser (desconocer el conocedor lo que tiene él de ser; desconocr en el objeto lo que el objeto tiene
de ser); conocer es aparecerse una cosa a otra, enfrentarse por y en la medida
en que no son seres. Con lo cual aceptamos como dato básico que ser y aparecer son dos órdenes primarios e irreductibles. Más de alguna manera inversos: pues el aparecerse (conocer) oculta positivamente el ser. Aparecerse
es la negación propia (privación) especial, precisamente del ser. Lo cual viene
a advertimos que ocultamiento ( falsedad, pseudos) no es algo puramente
negativo, sino algo bien positivo; algo así como el reverso del ser (Un-wesen
Heidegger) .
'
g') Más ocultamiento del ser por el aparecimiento del objeto no equivale
a aniquilamiento del ser. Estamos siendo sobre la base desconocida ocultada
del ser de nuestro cuerpo, sin aniquilarla por tal desconocimiento. ' Vemos la'
luz, aunque la luz tal como es vista no sea la luz como ente, con es en sí.
En vez o a la vez que la palabra ocultamiento no aniquilante, emplearemos

57

�las de anulación, que no es lo mismo que nada, y la de preterición.-.. Toda
la realidad de lo físico, químico, orgánico, anatómico, fisiológico. . . de nuestro cuerpo es preterido, anulado, ignorado _por nuestra conciencia, lo cual
es condición para poder vivir conscientemente; y no ver lo que la teoría
física nos dice que es la luz -radiación corpuscular, ondulación...- , es
condición para verla. El fenómeno -el aparencia!-, "luz", no nos da lo
que es la luz; en caso contrario no había ciencia de la luz, y sabríamos sin
más qué es -sin trabajo, sin ciencia. Como en caso de vivir por modo de
ser nuestro cuerpo, seríamos -por nacimiento y por constitución-, perfectos
físicos, químicos, fisiólogos. . . El qué es el cuerpo, qué es el organismo sería
un dato inmediato.
El cuerpo, tal como nos es dado a la conciencia -y sólo la conciencia permite plantear la cuestión de qué es, sobre la base de que no nos da lo que es-,
la luz tal como nos es dada (se aparece, fenómeno) a la vista, el calor tal
como nos es dado (aparece) al tacto. . . son ocultamientos típicos, anulaciones especiales, pretericiones originales del ser, tanto del sujeto conocedor
como del objeto conocido.

Objeto es obstáculo (Obstans, Gegenstand) a identidad de conocedor-ser
con cosa-ser; sujeto es obstáculo a identidad de ser; sujeto en cuanto ser con
objeto en cuanto ser.
Luego sujeto y objeto, en cuanto tales, no son ser.
Sea ésta, por rara que parezca, la consecuencia final. No intentemos, con
esa mentalidad de que el fin justifica los medios, ni en moral ni en ontología,
esquivar su fuerza, temiendo que no lleguemos a ciertas cosas que querríamos, o pretenderíamos, salvar o estar a salvo. Esto, salvar ciertas cosas o teorías, se nos ha de dar por añadidura si hemos de ser leales a la verdad, y no
tramposos. Dejémoslo, pues, todo en este estrato de vibrante antinomia, de
consistente problematicidad, para que obre de revulsivo contra teorías dadas
por verdaderas, cariñosamente albergadas y queridas. Hay cariños que matan,
la verdad.

11

p ARTE

SIMBÓLICA GENERAL

II. 1) Conocer conscientemente es desconocer lo que de ente tiene una
cosa, y hacer aparecer lo que de aparencia[ tiene. Ambas funciones son complementarias.
58

Designemos por C ( ) la conciencia, que es la que hace la ciencia -Wissen,
Be-wusstsein-; y esa O cosa en general;
11. 1) C(O) =. C(~) &amp; C(o).
La actualización o posición de la conciencia -C ( )-, en cualquier orden
(visión consciente de que ve; conciencia de que nos duele una parte del
cuerpo; conciencia de que estamos pensando ... ) descompone la cosa, O,
en dos partes -y mejor, en dos tro_zos-, pues no sabemos, por ahora, qué
relación haya entre ellos, seguramente no la de partes que den un todo,
con unidad propia.
Tratemos, pues, la conciencia como un operador, que aplicado a la cosa
( sea luz en sí, sea figura, sea mi cuerpo) lo disyunge en C (6), trozo objetivo,
objeto, aparencial, fenómeno; y (&amp;)C(~), trozo de ente anulado, preterido,
ocultado -sin llegar a aniquilamiento, destrucción.
11. 2) La conciencia anula, de todo el ente físico, una parte, su cuerpo; de
él desconocerá qué es - su estructura de neutrones, protones, órganos, funciones ... ; designemos esta operación de la conciencia por
11. 21) C(o)=.O'.
Pero, además, es un dato que, respecto de una parte del universo (físico,
biológico ... ) , la conciencia no deja que se aparezca, como objeto, como lo
otro -lo enfrente, lo obstáculo u obstante (Gegenstand)-, eso mismo que
ha anulado en cuanto ente. O sea mi cuerpo está doblemente anulado.
11. 22) C(o)=. O"
Las comillas, o', O' ' designarán, respectivamente, la anulación óntica (O),
y la fenoménica o aparencia!, O' '.
En efecto, mi cuerpo, en cuanto sentido como mío, me es desconocido
en su qué es --en su estructura-, y no se me aparece como objeto, como
lo otro, y en la medida en que me veo, como veo otro objeto, no lo estoy
siendo. Extracuerpo, en términos de Ortega. Por 'esto, dice él, se presenta
como tan diverso y dispar la manera como veo la mano y como siento la mano
como mía. Extracuerpo e intracuerpo.
Podemos ahora definir:
Der. A. Cuerpo mío, consciente mío, es aquella parte del universo real
(físico, organológico ... ) respecto de la cual la operación tener conciencia
de, implica doble anulación: óntica y fonoménica.

Si cuerpo, así definido, coincide con los límites que solemos atribuirle, es
cuestión que, por ahora, queda abierta.
Si, por ejemplo, pudiéramos mostrar que la vista (operación de ver) anula
en este doble sentido lo que cae dentro del dominio de la vista -por ejemplo
hasta la vía moderna-. Entre los modernos la sostiene Sartre, con todas las
letras. Cf. L'etre et le Néant, pág. 382, edic. 1943. Los escolásticos ya

59

�tuvieron que refutarla, o se creyeron obligados a ello. Cf. Juan de Santo
Tomás, ob. cit., pág. 110, vol. III.
II. 31) La conciencia opera de dos modos al menos: como C' ( ) , anulando un trozo del universo del ser, mas dejando o haciendo que aparezca
algo como lo otro (objeto) ; teniendo tal alteridad (otredad) doble aspecto:
el de distinto y el de distante, o bien es dado lo otro como distinto por modo
o en medio de distancia ( en tiempo, en espacio, en dirección o vectorialidad). Es claro, por las generales consideraciones ontológicas que hemos
hecho en el párrafo anterior, que tal doble o reforzada manera de ser otro
va doblemente contra la natural y necesaria identidad del ser en cuanto ser.
Luego tal tipo de fenómenos o aparenciales es doblemente menos-ser.
Los aparenciales sensibles -la luz tal como es vista, el calor tal como
es sentido, la figura tal como es notada con los sentidos, la presión tal como
la siente la mano ... - , pertenecen a este tipo. Son doblemente otro, doblemente objeto, doblemente obstanto u obstáculos a identidad. Por tanto doblemente menos-ser. Lo cual es viejísima sentencia en filosofía, aunque la
forma de mostrarlo no sea, precisamente, la que aquí empleamos. Escribamos,
pues:
II. 31 C'(6). =· C' ( (+)d(6) &amp;+ D(6))
La conciencia sensible C' (o),= al operar sobre lo aparencia!, 6, es decir,
al producir sus aparenciales propios-, hace aparecer lo otro como distinto,
d(o) y (&amp;) como distante,
D(6). Por tanto a doble diferencia: distancia y distinción, frente al ser en cuanto tal.
II. 32) La conciencia opera, es dato, de otra manera: anulando un trozo
del universo del ser, de modo que lo que hace, complementariamente, aparecer se presente tan sólo como distinto, mas prescinda de la otredad de
distancia. Lo presenta como in-distante ( negación de localización en tiempo,
espacio, dirección) .
Los eidos (eide) de número -1, 2, 3, ... - , figura -circunferencia, elipse,
recta ... -, fórmula matemática -binomio de Newton, teorema de Pitágoras, fórmula del elemento diferencial, tensor de Riemann-Christofel, etc... se presentan como distintos de la conciencia (intelectiva) ; mas no tiene, respecto de ellos, sentido dado alguno lo de localización en tiempo, en espacio,
en dirección (sentido) . Son eidos, aparenciales, in-espaciales, in-temporales,
in-direccionales.
Y, con todo, repito, lo dicho en el párrafo primero, al conocer semejantes
objetos no somos o llegamos a ser circunferencia, dos, Hombre, recta, etc.
Se opera una anulación óntica; se pone fuera de Acción (ausser Aktion),
en paréntesis (Einklammerung), en "entredicho'' el ser y la identidad real
que de suyo le corresponde e impone (Cf. Husserl).
Así que podemos escribir:

+

60

+

=·

C" (6).
C" (Id(6) &amp; - D (6) )
Hay un tipo de conciencia -es dado--, C' ' ( ) , tal que, al tener, o por
tener conciencia de un dominio de entes, 6, hace que se le presenten como
distintos, Id (o), más neutralmente respecto de distancia ( en tiempo, espacio,
dirección), -D (6).
Ahora bien: sirviéndonos de la norma de identidad, habremos de afirmar
que lo que se presente como eidos, es decir tan sólo como distinto (Id) de
la conciencia, o de un conocimiento, mas no como distante -D ( ) , tiene más
ser en sí que lo distinto distante; es más ente; y, mejor aún, es más aparencia!, más pareciente; de manera que podremos afirmar:
a) Lo que un conocimiento hace que se presente como solamente distinto
-y como neutral o indiferente frente a distante-, está más próximo a ser,
e identidad inmediata, que lo que la conciencia ( un conocimiento) haga
aparezca como distinto-distante; b) lo que un conocimiento hace que se
aparezca como simplemente distinto (primera potencia de "otro", de objeto)
es mayor aparencial, más en sí, pues está siendo neutral frente a la vinculación a espacio, tiempo, dirección ( vectorialidad). Por el con~rario: a') lo que
un conocimiento hace aparecer como distinto-distante está más remoto de ser
que lo simplemente distinto, a causa de esa doble violación de la identidad
de ser en cuanto ser; es, por tanto, menos ser. b') Lo que un conocimiento
hace aparecer como distinto distante (segunda potencia de "otro", de objeto,
de obstáculo a ser) es menos aparencia[ que lo simplemente distinto, pues
tiene que estar siendo con vinculación a lugar, tiempo, movimiento, dirección.
Es aparencia! men&lt;Jr en sí mismo.
b) La conciencia (el conocimiento) es capaz de anular o poner fuera
de acción la distancia (-D) ; y lo que entonces presente aún lo real, el ente,
serán los eidos (eide) del ente; es decir: lo que 'del ente no podemos ya
asimilar, no podemos ya ser, por modo de identidad perfecta e inmediata,
que es el modo natural de ser algo y de unirse todo en cuanto ente. Los
eidos son lo más cerca a que puede un conocimiento acercarse respecto del
ser en cuanto ser, sin que ente "más cerca" llegue a proximidad por identidad.
II. 41) La mínima distancia o máxima inmediación con ser se consigue
cuando la conciencia (un conocimiento) anula distinción y distancia,· que
es el caso de la conciencia frente a su cuerpo. Es casi verdad que "lo somos".
Por eso nos da la máxima impresión de realidad; y estando en él es cuando
nos sentimos más reales, y su posible pérdida la tememos -sentimos o presentimos--, como pérdida de ser -pérdida real de verdad-; dejar de ser.
El cuerpo no es lo otro, ni objeto, ni obstáculo u obstante (Gegenstand)
para ser, sino todo lo contrario. Y precisamente el no poderlo objetivar es
una condición para que su realidad básica no nos resulte "otra", sino la seamos.

61

�Luego cuerpo no es de suyo un componente material, sino todos aquellos
entes, sean los que fueren -pudieran ser eidos en sí, si esto tuviera sentido--,
pudieran ser otros vivientes -y esto es más verosímil-, con la condición
de que la conciencia (superior) los anule de modo que no presenten nada
aparencia!, que nada de ellos se trueque en aparencia!, en lo otro, en objeto.
Se dé, pues, la doble anulación: óntica y fenoménica.
Definición trascendental de cuerpo. Lo que en principip haría posible (formalmente, abstractamente) que la conciencia pudiera estar siendo en cuerpo
de aire, de gases nobles, de paquete de ondas; fantasma. Of. Heidegger, Kant
und das Problen der Metaphysik, edic. 1927.
Completa ahora este punto lo dicho en II. 21, 22.

III
TRANSCRIPCIONES CONCIENCIALES

III. 1) El propio cuerpo, o lo doblemente anulado por la conciencia (conocimiento) , es dado bajo la forma aparencia! de sentimiento. Siento que estoy
bien o mal, siento que me duele una muela, siento placer, siento que estoy
aquí, siento peso o me siento pesado. . . Sensaciones cenestésicas. Cierto estado de los elementos físicos del cuerpo (estado óntico) es dado como dolor,
o como placer, o como estado de salud, bienestar. Sea la que fuere la distinción óntica, el número de protones, neutrones, electrones, células, procesos
químicos ... que intervengan en el cuerpo ónticamente tomado, me es dado
aparencialmente como mi cuerpo, en singular, sin huecos, ni vacíos, disten
cuanto distaren los átomos entre sí; aunque fuera verdad que, ónticamente,
se distinguen realmente materia de forma, esencia de existencia, sustancia
de potencias, potencias de actos, nada de esta distinción y pluralidad es
dada aparencialmente. Nos es dada nuestra unidad aparencia!. Unidad realísima que se funda sobre la anulación, preterición, de la unidad o pluralidades
ónticas, si las hubiere. No sobre su aniquilación.
La escolástica tropezó en más de un caso con este fenómeno: la trascendencia del orden cognoscitivo frente al óntico; la indiferencia de lo cognoscitivo frente a las distinciones y unidades o tipos de ser ónticos. Oigamos un
texto en que Juan de Santo Tomás resume todo: "Species sub formalitate
intentionis cognoscibilis non est determínate substantia vel accidens sed in
utroque reperiri potest . .. Et respectu hujus ordinis ( el orden cognoscitivo)
per accidens et materialiter se habet quod entitas speciei sit substantia vel
accidens. Dummodo enim habeat reddere rem intelligibilem illo materiali

62

modo qui requmtur ut potentiam informet, nihil per se conducit quod sit
entitas substantias vel accidentis loquendo in quarto modo per se; esto in re
necessario debeat esse accidens vel substantia" ( ob. cit., vol. III, pág. 187).
O sea: tanto los medios para conocer (especies), como el que la potencia
sea sustancia o accidente, nada de eso importa para el conocimiento en
cuanto tal. Con una especie, ónticamente y respecto del sujeto, accidente,
se puede conocer una sustancia; con una potencia realmente distinta de la
sustancia se puede conocer, exactamente igual que si fuere idéntica con ella.
O sea: que las distinciones ónticas de sustancia, accidente, material, espiritual, luz, materia .... no tienen importancia en el orden cognoscitivo: todo
ello es anulado, preterido, trascendido; no por cierto aniquilado.
El primero, históricamente, que con plena conciencia y consecuencia ha
desarrollado una teoría del conocimiento en cuanto conocimiento -lo que
es dado, y condiciones de posibilidad para lo que es dado-, fue Kant. Nada
de causas, efectos, potencias, acciones, especies, sustancia, accidentes. Todo
ello no es dado, ni es componente del orden cognoscitivo en cuanto tal.
Este lo trasciende por original manera, que no es óntica. Se trata de una
deducción objetiva, trascendental del conocimiento; no de una sujetiva, causal, potencias-, óntica. Tal es el plan kantiano.
, Mi cuerpo, en cuanto dado o sentido, me da el que la base óntica (átomos,
celulas ... ) es real, fundido todo en simplificada realidad; no me da sus
distinciones, distancias, número, movimiento. . . Anulamos todo, menos que
es real. Anulamos posiciones, cantidad de movimiento eneraía tiempo suyos·
'
o '
'
todo de vez; y no sólo se nos desdibuja o indetermina posición cuando o por
determinar cantidad de movimiento, o una magnitud conjugada al fijar otra.
Se trata de una anulación simultánea, en que todo queda reducido (epoqué)
a simple y solamente real. Lo cual, en su orden, es más, muchísimo más
-otra cosa-, que reducir materia y energía a una forma anterior, neutral
frente a ambas formas -anuladas las dos.
Y la vida y la conciencia, cada una en su grado, anulan -no aniquilan-,
la base orgánica, sean células o genes; y reducen su pluralidad, distinción,
acciones, leyes físicas o químicas, estadísticas. . . a unidad de otro orden
para el que son indiferentes tales categorías ónticas. No son dadas; aunque'
sean necesarias. Pero su necesidad pertenece a otro orden. Por suerte no
tenemos que vivir siguiendo afanosamente movimientos, combinaciones, reacciones, trayectorias. . . de todas nuestras células en un momento dado. La
vida no nos las da ni aparte ni sumadas; nos las da transcendidad anuladas
.
' no son'
totalizadas.
Lo cual no quiere decir, y lo repito una vez más, que
necesarias. El haber sabido prescindir de tal necesidad, sin aniquilar tal base,
constituye la sabiduría vital y la superior de la vida consciente.

En las teorías cuánticas modernas se habla, y se dan al parecer casos, en
63

�•

que ciertos grados de libertad quedan inoperantes, osciladores que ni reciben
ni emiten energía, moléculas que cesan de girar, al bajar la temperatura,
de modo que sus grados de libertad se quedan ineficientes. . . La vida y la
conciencia, en diversos grados -punto que en este momento no interesa
deslindar-, vuelven inoperativos, anulan, sin aniquilar, ciertos componentes
ónticos de la realidad que le sirve de base real, y es sentida como real en
bloque.
Llamemos a esta transustanciación (Aufhebung) por doble anulación de
realidad y sus constitutivos ónticos, transformación sentimental, T s Nuestro
cuerpo es dado por T .
III. 2) La conciencia transpone o supera otras realidades, sus diferencias,
distinciones, leyes ... por transformación fenoménica, Tf'. Así la luz en cuanto
vista anula, sin aniquilar, la multitud de fotones, su distribución irregular, su .
cantidad de movimiento, su vinculación con ondas. . . y nos da todo eso
simplificado, totalizado con continuidad original, que no es ni física ni matemática (ónticas) ; en bloque, a la una, sin aniquilar por eso la velocidad, sea
grande o pequeña. Mas tal aparencia[ fenoménico (perdónese que de alguna
manera las dos palabras digan lo mismo) es dado como distinto-distante de
mí, vinculado por tanto con espacio, tiempo, dirección.
La luz en cuanto vista no se compone ni de fotones ni de ondas, ni corre
con velocidad de 300,000 Km. sec., ni se difunde por ondas concéntricas ...
Todo eso es ónticamente necesario; mas no es fenómeno dado.
Tenemos ya dos funciones transformadoras operadas por la conciencia
( vida cognoscitiva .... ) : 1) aparencia! sentimental,
2) aparencia! fenoménico.
Veremos inmediatamente, al llegar a la parte físico-matemática, qué vmculaciones ónticas guarda este aparencial-fenoménico con lo real físico, precisamente por no anular la distancia, o quedar sometido a tiempo, espacio y
movimiento.
III. 3) Se da por fin un aparencia[ fenomenológico: Los eide. Que no
son realidades en sí, tal como son dadas a la conciencia, el dos conocido no
es el dos en sí; la circunferencia pensada no es la circunferencia en sí ...
No nos hacemos ellos. No llegamos a serlos, a pesar de que el principio de
identidad de ser con ser lo está exigiendo.
Empero tales aparenciales, tales visibilidades (eidos, idein, idenai), merecen llamarse fenomenológicos, ya que, por su proximidad al ser, por su mínima distinción de nosotros no agravada por distancia, permiten que demos
lagos o razón del ser de lo que aparece en los aparenciales fenoménicos.
O bien: los eide no son más que aparenciales fenoménicos a los que la
conciencia ha conseguido libertar del componente de distancia, de uno de los
64

grados más insalvables de separación del ser de los entes, dejando solamente
el de distinción.
Así el eidos de luz, el qué es la luz, formulado en matemáticas, no es sino
la luz visible misma, a la que la conciencia (el pensamiento) ha quitado
-por procedimiento cuyo funcionamiento óntico oculta ella por igual motivo
constitutivo general-, el componente de distancia ( de espacio, tiempo, vectorialidad, movimientos aparenciales-fenoménicos), y ha guardado solamente
los matices coherentes de distinción.
Quede esto por unos momentos en tal vaguedad. Lo precisaremos en la
Parte V.
Así que no admitimos, por sola teoría del conocimiento, basándonos en el
orden cognoscitivo puro y simple, el que se den ideas en sí, en este o en otro
mundo. Son realidades que necesitan tanto de su aparencial-fenoménico como
nosotros de un cuerpo para sentimos reales. Hablaremos, pues, de una transformación fenomenológica, T/.
Por orden de distanciamiento del ser:

T / T¡'- T
5

IV
TIPOS DE HABITACIONES SENTIMENTALES

IV. 1) Según hemos definido en II. 2, y en II. 21, una parte del universo
físico se hace nuestra, nuestro cuerpo, por una doble anulación: óntica y
fenoménica. Punto que expresa delicada y exactamente Sartre (obr. cit., pág.
395) diciendo: le corps est le négligé, le "passé sous silence", "L'insaisissable";
• de la conscience nan( pág. 393) "le corps appartient, done, aux structures
thétique de soi" (pág. 394) ; y refiriéndose a los sentidos: "le sens, en tant
qu'il es-pour-moi est un insaisissable" (pág. 379).
Pero si anulamos o preterimos -silenciamos-, la realidad física, química,
orgánica. . . de nuestro cuerpo -aun perdiendo, con ello, la posibilidad de
ser por constitución, sin estudio, perfectos físicos, químicos, fisiólogos ... - ,
nos la damos bajo forma de sentimientos; no la somos; la estamos siendo.
"La conscience du corpe se confond avec l'affectivité originelle" (Sartre, ob.
cit., pág. 395) . Nos sentimos bien, mal, adoloridos, pesados, ligeros. . . Maneras bien reales, las más reales, de estar siendo nuestro cuerpo, sin ser cuerpo.
Lo físico, químico y orgánico está habitado y habitable sentimentalmente,
sensible para la conciencia.
Pero, a la inversa: el estar siendo un cuerpo (o en un cuerpo, para atenemos a la fraseología corriente) implica, necesariamente, con real necesidad,
65
H5

�el preterirlo, ignorarlo, pasarlo en silencio. Anular su qué es. Quedarse siendo
lo que es (que es), su nuda, global, realidad.
IV. 2) Empero también habitamos sentimentalmente, con sentimientos peculiares, en matiz y tono, fuera del cuerpo. Nos ahogamos, nos sentimos oprimidos cuando se nos reduce el espacio visual; habitamos sentimentalmente
'
.
con alegría, tranquilidad, sosiego, descanso un paisaje; con temor, tnsteza ... ,
ciertos estados del cielo;
"el silencio de los espacios infinitos me aterra" (Pascal);
Morada de grandeza, Templo de claridad y hermosura (Fr. Luis de León).
T out pusissants étrangers (Valery, refiriéndose a los astros).
No tomemos estas frases en vano; el hombre está siendo en Mundo (Seinin-der-Welt), Heidegger, Sein und Zeit, (págs. 53 ss.); lo habita sentimentalmente, de ordinario con el sentimiento de familiaridad (Vertrauthert), a
veces con el de extrañeza (Cf. Was ist Metaphysik); o como decía San Juan
de la Cruz, con "temple de peregrinación y extrañeza". El dolor de muelas,
el deleite de un manjar no son sentimientos con que habitemos, o estemos
siendo, hasta la Vía láctea; pero sí estamos siendo hasta ella con sentimientos
como tranquilidad, paz, naturalidad; terror, extrañeza.. . , según los casos; el
modo que estamos siendo una muela o con dolor o con natural bienestar.
Ahora bien: no puede uno sentir dónde no está siendo realmente; y al
revés: estar siendo (sentir) en algo es estar realmente en él. Además: el
sentimiento oculta, anula, pasa por alto, en silencio (sin aniquilar) el qué es
la cosa; está siendo su que es ( su simple realidad). Y al revés: todo ocultamiento, preterición de un qué es -dentro de una realidad que, indisolublemente, en sí, es qué es (esencia) y que es (realidad)-, es indicio seguro
de que una vida (más o menos consciente, un conocimiento), está siendo
en tal objeto. Luego la vida humana está siendo hasta donde en cada momento llega la vista, el oído . ..
Llamemos, para mayor claridad, a este cuerpo nuestro que se extiende
hasta donde lleguen los dominios de vista, oído. . . con el término de soma,
para distinguirlo así de un cuerpo, doblemente y totalmente anulado (en su
qué es, no en su que es), al que nos referimos al templar esta palabra.
El soma llega hasta los límites a que llegue cualquier sentido que anule
-de lo físico, de lo orgánico-, sólo un qué es. Que opere, por tanto, una
separación -dada en forma de color visto, de luz vista, de sonido oído . . . - ,
dentro del ser entre ·qué es y que es, cuanto todo ser, por serlo, es idéntico
en todos sentidos.
Y no nos extrañaremos, si es verdad lo dicho, de que la luz, el color en
cuanto vistos, el sonido en cuanto oído, y tal como son dados (fenoménicamente), nos sirvan para descubrir qué es la luz, que es el color, qué es el
sonido... ; de que el ver, oír, tocar materia física no nos dé de qué se com-

66

pone; sino todo al revés: no hay medio más seguro para ignorar qué es -la
luz, el color, el sonido, el calor, el átomo ... - , que estai;-Io siendo, estarlo
viendo, estar oyéndolo, estar sintiéndolo...
El universo visto, oído. . . está habitado y es habitable sentimentalmente,
con un cuerpo nuestro más sutil que el ordinario. En tal soma no sentiremos
ciertamente dolor; el de muelas o de estómago, no, nos podrán herir con
cuchillo, o matar con bala; pero eficazmente pueden darnos a sentir angustia,
encerramiento, temor, paz ...
Notemos ahora la diferencia, dada, en el modo como se nos da, consciente,
sentidamente, cuerpo y soma.
Soma incluye toda aquella realidad que la conciencia anula óntica, más no
f enoménicamente.

e s'(o)·=· (-C s'(o)
= O')
•

&amp; (I

e s' (o)

=

O")

Respecto de la misma realidad (física, orgánica... ) , o, la conciencia sensible, C'(o),
anula lo óntico de tal realidad, su qué es, C' (o)=O'-; mas no
s
anula su que es ( su realidad), IC's (o) = O' ' --que es dada fenoménicamente,
en cierta forma aparencia!-, color como visto, sonido como oído ...
La conciencia sensible opera una transposición sentimental, T ; y sobre el
s
mismo objeto una transposición fenoménica T; '.
Es claro que fenómeno -tal como es dado, a la vista, al oído ... - no es
un qué es. No llega ni puede llegar a eidos. Pero sin la habitación sentimental,
sin el estar siendo, no habría manera de expfü:ar la anulación del qué es de
lo visto, de lo oído. . . y la conservación de su que es: la diferencia entre lo
físico visto y la ciencia óptica; entre lo físico oído, y la acústica... ; entre
lo orgánico vivido, y la biología.

•

Los sentidos descubren ( aletheis), pero no descubren la verdad, el qué es
de un ente.
IV. 3) ¿Estamos siendo, habitamos sentimentalmente, un cierto mundo
de ideas, de eidos? ¿Tiene real sentido estar siendo en mundo de ideas? Para
responder a ello, será preciso averiguar si habitamos sentimentalmente, con
propios sentimientos, eidos o conjuntos de ellos.
Para hacer filosofía, nos advertía ya Aristóteles, es preciso el sentimiento
de la admiración, de paz, tranquilidad, desinterés por lo real utilizable,
ocio (Cf. Metaphys. A, 981 b 15-25; 982 b 10-20 ) . La teoría, el plan de
simple contemplación, no es real o sentimentalmente posible, sin la admiración por lo desconcertante, átopos ( ibid. 14) -por lo que no tiene lugar
(topos) dentro del mundo familiar, servicial, útil, en que estamos siendo:
Eclipse como rareza, algo fuera de lugar, dentro de lo natural y corriente
astronómico; magnitudes irracionales (álagas) como algo raro, fuera del

67

�lugar corriente de toda magnitud que es ser medible; el ser, como algo fuera
de eso tan corriente y manual como son los entes, hombre, caballo, dos, sol. • •
Estos sentimientos, cuyo lugar en que estar siendo no es ni el c~e~o ni_ el
soma son los que hacen no solamente posible objetivamente la c1enc1a, smo
real 'consciente, vivible la ciencia. Son los existenciales básicos.
¡sí que los eide ( o ideas) podrán formar o no un uni~ers~ en sí (ón_tica ~,
mas para ser conocidos por una conciencia, !?ara una c1encia-con-conc~e~c1a
-Hegel-, hace falta que se organicen en mundo, Welt, que los mundifique
(welten) , que los trueque en una especie de cuerpo espi~itual (mío_),. Y como
todo sentimiento toda vida en grado mayor o menor, estos tamb1en ocultarían hasta ciert; límite propio el qué es de lo así concienzado en ciencia
-anulación especial del qué es en cuanto vivido como eidos~, sin llegar, en
modo alguno, a aniquilar su qué es, la realidad en sí de los e1dos. De nuevo
orden gnoseológico y óntico no coinciden, ni pueden coincidi~.
. .,
Ahora bien: vimos en II. 2 que los eide nos son dados sm adscnpc10n a
espacio, tiempo, vectorialidad. . . Luego este nue:o cue~po espiritual ~º. está,
tal como es dado, adscrito directamente a espac10, a tiempo, a mov1m1ento,
a dirección ...
Dejemos las cosas en este punto; la siguiente y_ últi~a. ~~rte ac~a~ará Y
perfilará algunos de los conceptos ontológicos que, sm defm1c10n explicita, ha
tenido que emplear.

V
NocroNES ONTOLÓGICAS FUNDAMENTALES

Por la índole de este trabajo, se reducirá esta parte a simples indicaciones,
lo suficiente para esclarecer algunos puntos de los párrafos anteriores.
V. 1) La relación que todo ente concreto sostiene con todo ente concreto,
tomados ambos en cuanto entes, pertenece al tipo de identidad. No puede ser
que un ente se divida o separe de otro en~e en cuanto ~nt~ (Sa~to Tomás:
"Necessario enti creato inest privatio alicuius gradus entitatzs, qui non repugnaret ei quantenus ens est" (Duns Scoto, Reportat. paris_iensia, C. F. Gilson,
L'esprit de la philosophie mediévale, pág. 118 nota, ed1c. 1948) . Nada ~e
ser repugna a un ser en cuanto es ser. Otra forma, vieja y venerable, de decir
lo de Parménides.
Empero esta necesidad --o necesaria falta de repugnancia a que un ente
tenga todo lo de todos los demás, en cuanto todos son entes-, no _es algo
teórico O formal; pongamos que es real, tan real como sea un ser. Y diremos:

68

Todos los entes, en cuanto tales, están identificados realmente con identidad entitativa. Se identifican en el que es (realidad); se distinguen por algo
que, en rigor, no es ser, ya que la distinción va contra la identidad del ser
en cuanto ser. Se distinguen, necesariamente, por el que es ( esencias propias).
Qué distinción haya entre qué es y que es, cómo el qué es no pertenezca,
en propiedad, al dominio del ente en cuanto tal, no cabe en este trabajo. La
escolástica señaló un caso en que algo puede ser positivamente real y con
todo no tener entidad real. "Quod ergo aliquid possit considerari positive,
etiamsi non entitative realiter, proprium relationis est" (Juan de S. Tomás,
ob. cit., I, pág. 581, edic. cit.). Lo que aquí se dice ser propio de la relación
pudiera también convenir, y aun ser más verdadero, de otros órdenes. Por
otra parte: la identidad de varios con un tercero no implica necesariamente
identidad de ellos entre sí. La identidad no siempre es transitiva. Un caso
lo halló la teología escolástica en la Trinidad. Mas pudiera de nuevo suceder
que tal solución lo fuera mucho más de dific;ultades metafísicas que de explicación de misterios.
La identidad de todos los entes en cuanto entes, en su positiva realidad,
no implica su identidad en cuanto tal o cual ser, en sus esencias a qué es.
Suponer lo contrario, que la identidad es transitiva y total, es un pre-juicio.
Quédese este punto en indicación.
Cuando, pues, decimos que la conciencia, el conocimiento, se identifica con
todos los entes~ y que tal identificación positiva y real es base positiva y real
para conocer lo otro -para poder tener objetos, lo otro de mí en cuanto
ente, y lo otro de la cosa conocida en cuanto ente-, no se puede de ello
concluir -como lo hacía la teología por excepción respecto de la identidad
real de las tres personas divinas con la esencia, conservándose su distinción
real entre sí-, que todos los entes sean uno. Monismo.
La Conciencia, la vida, el conocimiento -cada ~no en su grado-, anula
el qué es, la esencia, o quididad, que en rigor no es ser, no es "entitative realiter", aunque sea algo bien positivo ( positive re alis). Mas la conciencia, la
vida... no aniquilan la realidad, lo positivo básico de todo ente en cuanto
ser. Y esta dualidad de comportamiento no tiene, en principio, dificultad
ontológica.
a) Hablaremos de identidad real entitativa de un ente cualquiera con todos
los entes, en cuanto entes; y de
b) Anulación óntica de su qué es, anulación que no será aniquilación por
no atentar, ni poder atentar contra la positividad real o realidad positiva del
ser. Esta anulación podrá tomar las formas de ocultamiento, disimulo, preterición, paréntesis, poner fuera de acción ... Distinciones que, dado el carácter
de ensayo de este trabajo, pueden omitirse, englobándoselas en el término ge-

69

�. , on
, tºica. En este punto Heidegaer
y Sartre han sido los
0
neral de anulacwn
máximos videntes.
c) La anulación óntica puede tomar la forma o estado de anul~ci6n f en~,ménica. No dejar que aparezca el qué es de un ente. y e~o de _' aplarhec~r),·
. estar patente d e s1, y de suyo (ventas
rez, a et eia '
hacer acto de presencia,
1
d b, . de
.
d
d
e
_
es
e
mo
o as1co
aunque nadie la mire entien a, contemp1e, ese ...
'
.
.
d
grado
no
solamente
verdad La vida, la conciencia... ' ca a una en su
'
. . d ( seararí¡ dentro del ente en total, que es y qué es, realidad y qu1d1da esenP_ ) i~o todo ello de verdad, de derechos y hecho de hacer paten~e, oste~tar
c1a ', sy por sí cada ente el que es ( real'd
. ) y qué es ( esencia
1 ad propia
, . propia).
1
d e si
1
,
tic
y
fenomemcamente
a
Así hemos visto que la conciencia ocu1ta o anu a on a
realidad que hace de cuerpo suyo.
d) Aparencial fenoménico. Cuando la vida, la conciencia, id(entific;d~s
real- ositivamente con todo ente en cuanto ella_ y ellos entes o rea es '
anul~ ositivamente el qué es de un ente puede deJar que_ aparezca
alguna
p
,
(
ncia)
baJ
·o
la
forma
de
aparenczal
f
enomenzco,
manera su que es ese
. por
e'emplo· color en cuanto y como visto, continuidad real en cuanto vista o
J
·
'd
,d
Implica' seguramente, una
d
dada al tacto sonido en cuanto 01 o Y por 01 0 · · ·
'
y
la IIDP
· 1·ica, porque to o
.
1
.
'n
del
que'
es
mas
no
completa.
cierta anu ac10
,
bl
1
aparencia[ fenoménico (sensible) presente un ente co~o otro,_ en do e rea_
ositivo componente: como distinto (id) y como distante (1d). Ambos as
y
p
.
fbles
con la real identidad de. todo. ser en cuanto ser. Derogapectos mcompa
1

?~

ciones aparenciales, reales, del principio de identidad.
.
C ando un ente se halle en estado de ser otro ente en cuanto ente, en
su r~alidad -tratarse con él, permítaseme la terminologí_a de re~l a real-, tal
. , ;,.,.,pli'cará
anulación óntica de los respectivos que es (las
1'denti'fº1cac1on
,.,,
1 esend
cías son un plural irreductible y primario) y de sus apareceres -de roo o
de sustentar sus que' es-· Así nos pasa con el cuerpo. . . se. tratan
d tan de
al
tan
como
seres
que
el
alma,
la
conciencia,
la
vida
ca
a una a
real a re ,
'
. . .,
,
(
lación
rado
anula
los
motivos
de
d1stmc1on:
que
es
anu
su manera y en su g
,
óntica)' y su aparecer ( anulación fenoménica) .
e) Caben aparenciales fenomenol6gicos. Cuando un ente -el vivi~nte,
· t e... _ , se identifica con otro ente, en cuanto entes,
y ,por virtud
e1 consc1en
.
1
.
ante
positiva
y
real
identificación
rezuma,
por
decirlo
as1,
o
sa
e. a
d e semeJ
d' • •,
d surO'lr
.
.
1
ue
de
esencia
tengan
-las
causas
de
istmc1on-,
pue
e
,:,- '
superf1c1e o q
, d'
t ('d)
(id) , mas no este 1stan e i
luz, Un aparencia! que sea sólo distinto
slia r a
...,
de uno (o de los dos entes) en fase de ident1hcac1on.
Tales son los eide.

70

Y con esta última afirmación preparamos la siguiente, de carácter más hondo,
aunque ajeno al tema de este trabajo :
Es un pre-juicio clásico que la identidad, además de ser necesariamente
transitiva, tiene que ser definitiva: que no caben identidades de hecho. Además:
que toda identificación tiene que ser formal, es decir, exigida por la esencia
de las cosas que se identifican. Este último punto ya fue discutido, y negado,
por Cayetano, en sus comentarios a la Summa Theologica (Cf. comm. I
part. quaest. 54, art. I). Cabe entre dos entes una identidad material, casi
de facto, sin que tenga que ser siempre formal, fundada en la esencia. La
identidad, e identificación, no es ni 1) necesariamente transitiva, 2) ni
necesariamente definitiva ( cabe estado de identificación, pérdida de identificación), 3) ni formal, o fundada en necesidades de la esencia.
Pues bien: cuando un ente se compone de realidad y esencia, en un grado
cualquiera, la identificación (fáctica, concreta, no transitiva) con otro ente
-los dos tomados en cuanto y por lo que tengan de ser-, hace que se unan
en cuanto y por lo que tengan de reales (uni6n real), a la vez que esa misma
unión en la realidad precisamente opera -por modo que dejo inexplicado
aquí-, una especie de desencialización, de salida a la superficie del ente de
los componentes esenciales, troncándolos en aparenciales; en aparenciales
fenoménicos, unos (color, calor ... ); en aparenciales fenomenol6gicos, otros;
eide.
La unión o identificación (fáctica, concreta, no transitiva) de dos entes,
cuando adquiere cierto grado de intimidad hace rezumar los componentes
esenciales de ambos tanto que se distingan y distancien; o simplemente que
se distingan.
Pero, al revés de lo que pudiera parecer a primera vista, cuando los componentes esenciales de dos entes salen a flor de ser, afloran, de modo que se
distingan y distancien, la unión, en realidad, de tales dos (o más) entes es
menor ser que cuando sólo se distinguen, ya que en este caso se deroga menos
el principio de identidad.
Luego una unión, en realidad y según ella, de dos entes que tenga por
efecto un aparencia! solamente distinto ( eide) es más íntima que la que produzca aparencia! distinto-distante. Y por tanto, los eide son menos otro (menos objeto, obstáculo) que los aparenciales fenoménicos (color, calor, etc.).
Y de consiguiente permiten un conocimiento del ente más próximo, más
hondo, los eide que lo aparencia! fenoménico (sensible) .
f) Empero la unión entre dos entes, hecho por ambos ser, y en la medida
en que lo sean, o estén siendo (por un estado especial. . . ) , la reversión de
ambos o estado de realidad, a estado de ser, a ser que está siendo (Da-sein)
ser, puede verificarse de varios modos, uno de ellos por estado sentimental,

71

�por ciertos sentumentos especiales, algunos, señalados ya. En general, son
los sentimientos los que fijan el grado de identificación (real, positiva, fáctica,
no transitiva, concreta) de dos entes, con la consiguiente anulación óntica
( del qué es), a veces fenoménica ( de aparenciales distintos-distantes), a veces
hasta fenomenológica ( de aparenciales distantes, reducidos a distintos solamente).
Mas nos sentiremos -volviendo al problema de este trabajo--, reales, estaremos siendo reales, en diversos grados según la potencia identificadora (revertiente o transformante del ente en ser, en real) del sentimiento correspondiente. Así nos sentimos, y estamos siendo, más reales en cuerpo que en
soma, porque al primero lo anulamos óntica y fenoménicamente; por tanto
eliminamos dos motivos de distinción y distancia, dos grados de desentificación; mientras que el soma anula parcialmente lo óntico ( del aire, de la
luz ... ) y deja subsistir la distinción (lo otro, lo objeto, lo obstante, obstáculo)
de fenómeno.
Mas la pequeña, o grande, anulación óntica que impone sentimientos
como miedo, paz, sosiego, naturalidad, familiaridad. . . son lo físico -con
el cielo, la noche ... - proviene de que estamos siendo (por identidad fáctica,
concreta, no transitiva) lo .físico en su realidad; y, por serlo realmente eliminamos, hacemos que se presenten como lo otro (objeto) los aspectos (esenciales o esencialoides) que impedirían la identificación. En concreto: el que,
según la ley de Fechner-Weber (aceptémosla como indicio, pero vale una
de esa forma o parecida), sólo se perciba el log. de la intensidad del excitante
-cantidad menor que el excitante mismo--, nos da la medida de la identidad real entre los entes ( conocedor sensible y lo conocido sensiblemente) a
la vez que lo que queda sin identificar, sin anular ónticamente, bajo forma de
aparencia! -la diferencia entre la magnitud A y lo log.: (A -log A). Esta
diferencia es dada aparencialmente, pues es lo inasimilable (inidentificable)
realmente, aun estando los dos entes en estado de ser-, por tanto en estado
de identificarse lo más posible.
Cuando disminuya, por las causas o motivos que fuere, el grado de identificación (el estado de ser) de dos ( o más) entes, disminuirá, si son conscientes
(o lo es uno de ellos) la sensación, imágenes de la imaginación ( ensueños... )
La certeza que nos dan las ideas (eide) proviene, en su fondo ontológico,
de que cuando dos entes se identifican tan profunda, casi formalmente -de
modo que eliminen o se deshagan de un aparencia! (esencial) con matiz
de distancia-, es que están siendo idénticos con indistancia, por tanto con
unión más de ser. El sentimiento de certeza -fundamentum inconcussum,
immutabile, Descartes-, es un sentimiento, un estar-siendo, ontológico, cuya
función propia, cuyo valor indicador consiste en damos, a la conciencia, el
grado de identidad entre dos entes, como indistantes, reducida su diferencia

72

a simple distinción, rezumando lo otro, lo que fuera motivo de desidentificación,
en forma de objeto ideal (eidos).
De aquí que la certeza inteligible sea mayor que la sensible.
g) El color verde que las hojas tienen es precisamente el que no poseen,
pues es el color único reflejado: mientras que los colores absorbidos, los que
poseen, son precisamente los que ni aparecen ni pueden aparecer. Lo son.
Los colores que las hojas no pueden ser, los reflejan, los truecan en aparenciales, en lo otro y para otros. Objeto.
Si los objetos sensibles emitieran en forma de radiación todo lo que son,
no nos lo reflejaran, serían espejos perfectos, y no los veríamos; a lo más
nos veríamos nosotros en ellos. Pero si nuestro mismo cuerpo emitiera todo
lo que tiene de radiación, si no absorbiera nada ( trocándolo en inobjetivo)
no se vería a sí mismo ni en él se vería nada ni vería nada. El fenómeno de
absorción -de poner algo en sí y para sí, de sustraerlo a la categoría y estado de objeto (de lo otro)-, es condición para que realmente veamos, realmente oigamos, realmente seamos cuerpos físicos. . . Esta realidad no es notada objetivamente: es sentida.
Dejemos el término físico de absorción, y empleemos los más rigurosos de
ontología; la identificación entitativa, con un grado de anulación óntica y
fenoménica o fenomenológica, es condición para realmente ver, oír, conocer.
Cada cuerpo, cada ente, para ser realmente lo que es, para estar siendo
ser, tiene que anular algo; de lo suyo por de pronto ( su parte de realidad),
y algo de lo de los demás entes, para ser diferente de ellos. Es el equivalente ontológico de la absorción física de radiaciones: volverlas invisibles,
infotografiables ...
El capital neto en ser de un ente está dado por su coeficiente de en sí, inobjetivable, atematizable (Cf. Heidegger, Kant und das Problem der Metaphysik,
pág. 42. edic. 1929), por su potencia de absorción, de anulación de lo otro,
de lo objetivo, y por su poder de eliminar, de sacarse de su realidad las causas
intrínsecas de distinción y distancia. Regalar, o dar, aparenciales, para así
estar en sí, y estar identificado con otro ente, en cuanto seres ambos.
Un ejemplo concreto físico, ontológicamente interpretado: cuando un objeto (espejo) emite todo lo que recibe (lo refleja totalmente) no lo vemos;
nos vemos (los que no emitimos todo, sino absorbemos algo) en forma de
imagen virtual, irreal, que no puede fotografiar nada, ser recíbida en pantalla, dar interferencia, etc.; lo que hace el espejo aparecer se truec\ en
irreal. Luego que, en el conocimiento mismo, tomado en su integridad, se
dé el que las cosas son ( su que es), además de su qué es, es un dato inmediato, diversamente dado según los casos.

73

�El que no podamos objetivar íntegramente el yo, la conciencia, no solamente no es un inconveniente; es la mostración de que tienen ser en sí.
Oigamos a Sartre que es quien mejor, según mis conocimientos, ha expresado este punto: "La conscience n'est pas un mode de connaissance, particulier, appelé sens intime ou connaissance de soi, c'est la dimension d'etre
transphénomenale du sujet". "La conscience est l'etre conscient en tant qu'il
est et non en tant qu'il est connu. Cela signifie qu'il convient d'abandonner
le primat de la connaissance, si nous voulons fonder cette connaissance meme"
(ibid.).
Damos por terminado con estas indicaciones ontológicas lo que hemos creído
imprescindible aportar como fondo de la teoría gnoseológica, tema de este
trabajo.

VERDAD, LIBERTAD, CARIDAD Y JUSTICIA
GIORGIO DEL VECCHIO
Universidad de Roma

Dos MÁXIMAS LUMINOSAS Y SUBLIMES creo que deban ser tenidas siempre
presentes: la del Evangelio según San Juan (VIII, 32) : "Veritas liberavit
vos" y la de San Agustín (De vera religione, c. 39): "In interiore homine
habitat veritas". La Filosofía moderna, en sus formas mejores, ha confirmado
e ilustrado ampliamente estos conceptos, aunque si.Q referirse a premisas
teológicas, con respecto a los testimonios de la conciencia y a la naturaleza
racional del hombre. Igualmente ha quedado demostrado el nexo que liga
entre sí indivisiblemente las nociones fundamentales de la Etica, las cuales
pertenecen todas a un orden superior de la naturaleza física.

•

74

Los más esmerados análisis gnoseológicos (incluido, por ejemplo, el de
Kant) han comprobado que existen en el espíritu de todo hombre ideas y
certidumbres que trascienden los datos de los sentidos y, a diferencia de estos
datos, tienen el carácter de la universalidad y de lo absoluto. De esto -que
el hombre es justamente espíritu y cuerpo, perteneciendo casi a dos mundosnace la perenne crisis de nuestra existencia, el ~nhelo nunca del todo apagado de ascender del finito al infinito. Sin embargo este anhelo es ya por sí
mismo un claro y cierto testimonio de nuestra verdadera naturaleza. Se impone a nuestra conciencia la ley eterna, por la cual nos sentimos libres e imputables, mientras la misma ley nos indica imperativamente la vía del deber
sobre las insidias de las pasiones.
La tendencia hacia la verdad, innata en nuestro espíritu, no es solamente
un dato psicológico: es también un principio ético, una exigencia moral.
Tenemos el deber de buscar la verdad y, en cuanto podamos alcanzarla, de
respetarla y conformar con ella nuestro obrar. Ningún sistema ético, digno
de este nombre, es posible sin tal precepto, indisoluble de aquellos fundamentos de la caridad y de la justicia. El mandamiento del Antiguo Testamento:
"No levantarás falsos testimonios" ha sido, al par que los otros, no solamente

75

�acogido, sino desarrollado fecundamente por el Cristianismo, que ha sacado
de él una serie de mandatos y prohibiciones, inspirados igualmente en el
fundamental respeto a la verdad. La Etica cristiana ha dado, además, una
nueva consagración a este principio, poniendo entre los pecados contra el
Espíritu Santo el impugnar la verdad conocida. No se podría definir más
exactamente, aun en términos estrictamente filosóficos, el ultraje hecho conscientemente a la verdad que como un pecado contra el espíritu.
Vale, pues, para todo hombre, cualesquiera que sean las condiciones de
vida y el grado de cultura, el imperativo categórico que Manzoni expresó
con las palabras: "Jamás traiciones la santa Verdad". Servir a la verdad a
toda costa, buscarla al precio de cualquier fatiga, amarla por sí misma y no
por las ventajas que puedan derivar de ella: he aquí nuestra misión esencial cumpliendo la cual sentimos trascender las miserias de nuestra efímera
vida' para reunimos otra vez en el reino eterno de lo Absoluto, y as1, vo1vemos dignos de la inmortal huella que está en nosotros.
Del reconocimiento de la validez de esta suprema ley y de la obligada obediencia a ella depende esencialmente, no obstante cualquier apariencia contraria, nuestra libertad. Sólo a un observador superficial, la libertad parece
consistir en la esencia de toda ley; pero en verdad, es libre solamente el que
sigue la ley de la propia naturaleza. Y porque el hombre es por su naturaleza
un ser espiritual, capaz de elevarse del reino de los sentidos al de la razón,
podemos decir que es tanto más libre cuanto más se redime de las pasiones.
Así escribió incisivamente San Agustín: Eris liber si fueris servus: liber
peccati, servus justitiae. En el mismo sentido se había ya expresado San Pablo;
y a no diversa conclusión han llegado los análisis de la Filosofía moderna;
basta recordar que, según la doctrina de Kant, la libertad se compenetra
con el respeto a la ley moral. Esto vale, tanto para el orden moral como
para el jurídico; y tanto para los individuos, como para las naciones y los
Estados. Todo mundo sabe que, aun en el orden interno de cada Estado, la
libertad es posible sólo donde la ley sea respetada, y está tanto mayormente
en peligro, cuanto más graves y frecuentes son las infracciones a las leyes.
Exactamente expresó este concepto Cicerón, afirmando: L egum omnes servi
sumus ut liberi esse possimus.
Por la universalidad que le es propia, la suprema ley impone a todos los
súbditos el reconocimiento recíproco de la dignidad de la persona humana, es
decir del vínculo de la fraternidad entre todos los hombres, por la común naturaleza de su espíritu. Tal es el significado del fundamental precepto evangélico, que se expresa en las dos formas, lógicamente unidas, de la moral y
del derecho: en las máximas, distintas pero coherentes, de la caridad y de la
justicia. Innumerables son las aplicaciones de estas máximas; baste aquí no-

tar que bajo esta base se desarrolla el sistema de los derechos naturales del
hombre.
No sin profunda razón Santo Tomás enseñó que la verdad ("veritas sive
veracitas") se conecta con la justicia y es más bien una "pars justitiae"; porque también ella, en cuanto se manifiesta, "est ad alterum" (Summa Theol.
2a. 2ae., q. C IX, art. 1 y 3). Cada quien tiene con respecto a los demás la
obligación de ser verídico: "ex honestate unus horno alteri debet veritatis
manifestationem"; porque, sin el recíproco crédito, perdería la posibilidad de
la convivencia, impuesta al hombre por su naturaleza social.
Sin embargo, muchos problemas surgen ( y es superfluo decir que no escaparon a la mente del de Aquino) cuando se trata de los límites a los cuales se
somete la obligación de manifestar el propio pensamiento. El obsequio debido
a la verdad excluye evidentemente la mentira, no el silencio. Esto es, en muchos casos, un índice de mayor virtud que la palabra, hasta como medio idóneo
en la búsqueda de la verdad en nuestra misma conciencia. Más aún, el secreto es en muchos casos no sólo lícito, sino obligado. Particularmente riguroso y absolutamente infranqueable, como todos saben, es la obligación del
secreto en el caso de la confesión religiosa, que sería desnaturalizada (inhumana-cruel) si no fuera secreta. Pero aún fuera de este caso, donde el secreto
tiene el carácter de sagrado, puede responder a precisas exigencias de carácter ético y hasta técnico, por ejemplo en el ejercicio de ciertas profesiones.
La piedad puede sugerir el disimulo (a menudo temporáneamente) de verdades dolorosas. Típico es el caso de los médicos, que no se consideran siempre obligados a comunicar a los enfermos pronósticos infaustos, especialmente
cuando esto podría ocasionar el aniquilamiento de los poderes extremos de
resistencia al mal. En general se debe conciliar el deber de la verdad con el
de la prudencia y de la piedad.
Del callar verdades conocidas al disimular, el '¡Jaso es breve, y a veces casi
inevitable. Esto aparece también en las doctrinas de los más intransigentes enemigos de la mentira y sostenedores de la verdad a toda costa. Santo Tomás,
por ejemplo, no sólo afirma que no siempre estamos obligados a abrir nuestro
intelecto, y que "etiam in doctrina sacra multa sunt occultanda, maxime infidelibus, ne irrideant", según el dicho evangélico: "Nolite sanctum dare
canibus"; pero, recordando un paso de San Agustín ( De mendacio, X, 17) ,
admite del mismo modo que a veces "licet veritatem occultare prudenter sub
aliqua dissimulatione" (Summa Theol., 2a. 2ae., q. XL, art. 3; q. CX, art. 3 a
4) . Sobre esto, como sobre la admisibilidad de anfibologías y de disfraces en
particularísimas circunstancias, se ha disputado largamente en tiempos antiguos y recientes; pero no me detendré ahora sobre tales disputas habiéndolo
ya señalado en otra parte. Se trata, por lo demás, de raras excepciones, que
estarían justificadas por especiales razones de índole ética. Sea como fuere,

76

77

�permanece fija la máxima que dice que la mentira es condenable y condenada hasta en sus formas más leves, aunque no constituye violación a otros
deberes que el de la vetacidad.
Importa por cierto observar que la veracidad, como la caridad, debe ser
iluminada por el intelecto. Palabras pronunciadas precipitadamente, o dietadas por diversas pasiones, pueden producir dolores y daños no leves, si no a
nosotros mismos, a los demás, contrariamente a las leyes de la caridad y de
la justicia. El amor a la verdad no nos dispensa de observar estas leyes; más
bien nos impone respetarlas, puesto que son ellas mismas las verdades más
ciertas e inconcusas. Ese amor debe pues ser valorado y sostenido por una
vigilante reflexión, y por una cierta autocrítica: sólo entonces él nos guía realmente a cumplir todos nuestros deberes. No en balde advertía Pascal: "Comme la premiere regle est de parler avec vérité, la seconde est de parler avec
discrétion" (Lettres a un provincial, XI) . Ciertamente no peca, en rigor, contra la verdad el que expresa sinceramente cualquier pensamiento o sentimiento suyo: puesto que, como observaba San Agustín ( De mendacio, 3), "non
omnis qui falsum dicit mentitur, si credit aut opinatur verum esse quod dicit".
Pero esto prueba precisamente que no mentir no basta, y que esta regla debe
ser integrada con la que impone la ponderación y la reflexión, por consiguiente con una cierta mesura en las palabras. No se olvide que la prudencia es la
primera de las virtudes cardinales, y que, como ya amonestaron San Pablo y
San Juan Crisóstomo (In Epist. ad Philipp. Comment., H omilia JI, C. I),
también las virtud teologal de la caridad debe ejercitarse "adhibito judicio,
cogitata ratione, delectu quodam ac sensu".
Resulta confirmado de esto el nexo que liga entre sí las distintas virtudes;
así es que bien puede considerarse la virtud en general, definiéndola, según la
fórmula de San Agustín. (De civitate Dei, XV, 22), ordo amoris. Tal definición comprende también la justicia, puesto que ésta se realiza plenamente
sólo cuando, junto con el orden, reina la caridad o sea el amor. Y no está
fuera de lugar recordar aquí un pensamiento de Rousseau (Nouvelle H eloise),
que si bien tal vez en forma no muy exacta, encierra en mi opinión, una
gran verdad: "Le _vrai chrétien, c'est l'homme juste; les vrais incredules sont
les méchants".
Ciertamente que en nuestra breve vida terrena no puede saciarse nuestra
sed de verdad y de justicia. Pero en esta misma sed, en esta inextinguible aspiración se revela nuestro superior destino y reposa nuestra esperanza en la
paz y en la beatitud eterna.

Traducción de JORGE RANGEL GuERRA

78

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO FILOSóFIOO
ISMAEL DIEGO PÉREZ
Universidad Nacional Autónoma de México

Capítulo Primero
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO EN GENERAL
UNA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO debe basarse en la validez de los conocimientos de la mente humana. ¿Hasta qué punto lo que conocemos por medio de la razón o por medio de la -intuición tiene validez para la ciencia? Porque dos son los instrumentos con los que podemos conocer: la razón y la
intuición.
El filósofo Pedro Caba en su libro Misterio en el hombre dice que conocemos por la "aletheia" griega, a una desvelación del conocimiento oculto hasta
entonces y hecho patente después, que es todo el conocimiento científico o
filosófico en las diferentes ciencias particulares o en los distintos sistemas filosóficos. O conocemos por Revelación, que es el conocimiento religioso, que
literalmente significa cómo lo que está velado, al tratar de conocerlo, se nos
presenta con un nuevo velo, o envoltura en doble velo. En lengua latina el
"mysterium" significa lo que se esconde o se oculta. ¿ Cómo entonces conocerlo? Lo conocemos por lo que llama Rodolfo Otto en la fenomenología de
lo santo como una gracia del espíritu humano o una intuición de las esencias
de lo religioso por las vivencias del hombre religioso.
Este último conocimiento no satisface a la inteligencia, pero satisface al
sentimiento, o bien, realidades que n0 satisfacen a la mente, y satisfacen a
la vida, porque lo religioso existe como un testimonio histórico y una realidad
actual. Los místicos y los santos nos hablan con elocuencia de lo que han sido.
¿ Quién puede desconocer en la historia del pensamiento, de la cultura o del
arte, la presencia del cristianismo?
Las obras de la filosofía cristiana, la literatura, el arte de las catedrales gó-

79

�ticas O de místicos como San Buenaventura, San Francisco o Santa Teresa,
nos dicen que la vida religiosa o "los hechos de la vida religiosa" nutren el
pensamiento de la humanidad.
El filósofo J. Hessen asegura en su Teoría del cono[Jimiento que la primera
tarea para estar en situación comprensiva de la "Teoría" sería hacer una Historia de la Teoría del conocimiento humano.
John Locke fue el fundador o al menos el primero que se planteó con ese
nombre una actitud crítica del saber. En su obra maestra Ensayo sobre el entendimiento humano, pone en cuestión los siguientes problemas:
a) Sobre el origen del conocimiento; b) sobre la esencia del conocimiento;
c) sobre la certeza del conocimiento.
El fundador europeo de la Teoría del Conocimiento fue Manuel Kant, al
establecer una fundamentación crítica del conocimiento científico de la naturaleza y creando un método trascendental.
.
Fichte presenta la "Teoría del conocimiento" como una Teoría de la Ciencia. Hessen afirma que una "Teoría general del conocimiento" sería una e~plicación O una interpretación filosófica del conocimiento humano. Lo pnmero que hemos de abordar es el objeto del conocimiento, e~plea~do un
método fenomenológico para conocerlo, estableciendo claras diferencias entre un conocimiento ontológico por vía de la razón y un conocimiento psicológico, que podría enmascarar con juicios individuales el _conocimiento puro.
El conocimiento por vía de la razón investiga la esencia general en el :enómeno concreto, es decir, lo que es esencial en ese objeto y lo que es esencial
a todo conocimiento, averiguando así la consistencia de estructura general.
En todo conocimiento se hallan frente a frente la conciencia que conoce
y el objeto que es conocido, o lo que lla~amos sujet~ ~ objeto. A ese dualismo de objeto y sujeto pertenece la esencia del conocimiento.
.
El método fenomenológico hace una descripción del fenómeno del conocimiento estableciendo esencias o leyes generales de los diferentes objetos. Sobre est~ descripción da una explicación y una interpretación de una Teoría
del conocimiento.
Te o ría de los objetos en la Filosofía
fenomenológica de Husserl

La filosofía contemporánea llamada fenomenológica, estableció una "Teoría
de los objetos". Se procede a una teoría de los objetos, a clasificar las ciencias
y a establecer una relación de los objetos con las ciencias.
Se estudia lo que es un objeto y se dice que hay objetos físicos, objetos de
pensamiento y objetos de la Metafísica.

80

Todos los asuntos de que trata una ciencia son objetos. Y el concepto que
fonnamos del objeto se define así: "todo aquello de lo que cabe decir algo".
En la filosofía tradicional decíamos que objeto es todo aquello que puede ser
sujeto de un juicio.
Si por ejemplo, X no es objeto, lo hacemos sujeto de un juicio y ya es objeto. A nada podemos negar el carácter de objeto. Igual sucede con objetivo y
con objetividad. Lo objetivo es lo opuesto a lo subjetivo. A nada podemos negar la cualidad de objetividad.
Ser y existir son sinónimos de objeto. Existencia equivale a objetividad. Real
y realidad son sinónimos de existencia y existente.
Se procede a la busca de los objetos y a su clasificación; el procedimiento
es empírico y la clasificación deductiva.
Objetos físicos. Los objetos físicos son desde nuestros vestidos hasta las estrellas más lejanas. ¿Qué tienen de común estos objetos? Y contestamos: a)
que los percibimos por los sentidos; b) todos los objetos que nos rodean los vemos con una evidencia irrefragable; c) la objetividad: todo objeto exterior ha
de estar en el espacio.
Los objetos físicos son todos aquellos que pueden ser percibidos por nuestros
sentidos o por medio de aparatos: así las estrellas o los átomos y electrones.
Objetos psíquicos. Son estados, hechos o fenómenos de conciencia. No son
perceptibles por los sentidos ni por aparatos. No habrá nunca un aparato que
nos pueda presentar un pensamiento, un deseo, un instinto. Los estados de
conciencia se presentan como propios, íntimos, entrañables; no se nos presentan: nos constituyen. Se nos presentan con la misma evidencia que los físicos.
Es evidente que estoy pensando. Pero a diferencia de los objetos físicos, los
psíquicos son inespaciales e inextensos. El tiempo es la forma a priori de la
sensibilidad interna. Los físicos se nos presentan de forma mediata y los psíquicos de forma inmediata.
Objetos ideales. Son los objetos matemáticos: Los números y las figuras.
Las figuras no son perceptibles por los sentidos; es la mayor lucha que ha de
sostener toda ciencia o filosofía: anular el sentido común. No se llama recta
a la arista de una mesa, ni circunferencia a la esfera de un reloj. La recta es
una totalidad de puntos; la circunferencia es la totalidad de los puntos infinitos de un plano a otro. ¿ Quién ha visto a la recta y a la circunferencia? La
recta o la circunferencia que vemos dibujadas son imágenes representativas,
es decir, siempre imperfectas. Para llegar al resultado de que no son sensibles,
necesitamos de la intuición y hemos de pasar por largos aprendizajes para llegar a esta intuición. Es como el error, en palabras de Manuel Kant, de creer
que la paloma volaría mejor sin la resistencia del aire.
Por la teoría de la abstracción nos parecen exactas y perfectas las rectas
o figuras: abstraemos sus imperfecciones y buscamos la quintaesencia, lo

81
H6

�ideal, y esto es la figura. En la abstracción hacemos como el químico u~ fi_no
análisis. Abstraemos el color de la mesa, cosa que no pueden hacer el quumco
0 el alquimista; abstraer este color en la doctrina ele Aristóteles es la figura
ideal.
Pero no puedo abstraer el concepto ideal de una cosa si no está en ella misma implícito. Para decir que una recta es imperfecta, hay que suponer un
concepto de perfecta.
.
La percepción de las figuras geométricas es inmediata, como los objetos
psíquicos, pero no se fusionan con nosotros como estos últimos: no nos constituyen y son tan exteriores como los objetos físicos.
Hay un mundo de experiencias de objetos ideales. Pero los objetos ideales
no ocupan un lugar en el espacio: ocupan lugar sus figuras físicas representativas. ¿Dónde residen entonces?
.
Son inespaciales y ajenas al tiempo y a la causalidad. Perduran en el tiempo y no desaparecen con él. Lo que desaparece son las cosas exteriores, las
representaciones sensibles, pero no su esencia ideal.
Percepci6n de objetos

La nota común de todos estos objetos es la evidencia.
De los objetos físicos tenemos una evidencia mediata y están en relación
de oposición al contemplador. De los objetos psíquicos tenemos una evidencia
inmediata y su relación con el contemplador es la fusión. Los objetos ideales
tienen una relación de oposición al contemplador.
Los objetos físicos tienen cuatro características: causalidad, espacialidad,
temporalidad y legalidad. Los objetos psíquicos tienen las mismas características pero son subjetivas estas carácterísticas. Las figuras y los números de los
objetos ideales siempre han sido y siempre serán. Una figura de tres lados Y
tres ángulos fue y será aunque la humanidad no tuviera la intuición eidética
que nos legó la filosofía de Platón. ·
Objetos relacionantes. Son objetos que se nos presentan de repente y no
son sensibles. El mundo ideal no son solamente los objetos matemáticos. Existen también los objetos relacionantes. Hay relaciones de la misma clase y distinta. Un ejemplo de relación es el color rojo y el naranja, que son semejantes.
Pero la relación no es el color rojo y el naranja. La relación es ideal.
Vemos fenómenos, pero no su causación. Las relaciones no son puestas sobre los objetos por la conciencia. El color rojo y el naranja son siempre, han
sido y serán así, aunque no nos hayamos dado cuenta. Las relaciones no forman parte del mundo sensible, aunque para conocer los objetos relacionantes necesitemos del mundo sensible.

82

Las relaciones no son percibidas por los sentidos. Cuando decimos que vemos la r~lación entre el rojo y el naranja empleamos una metáfora. Los obje• tos_ rela:1onantes los percibimos de una manera inmediata. Se parecen a los
º~Jetos ideales porque ,n?s presentan una ~elación de oposición. Son inespaciales como los matematicos, aunque espaciales en su representación sensible.
Son extraños al tiempo. La causalidad formará parte del mundo ideal como
también el reino de los valores de Meinomg. Los valores nos son acÍarados
por su valor_ lógico._ ~1- teorema de Pitágoras es un juicio, aunque no podemos confundir un JUICIO con un objeto psíquico. Al hablar del teorema de
Pitágoras hay tres momentos en la conciencia: uno es la repetición mental
otro la representación de la figura geométrica y otro la fórmula geométrica'.
Y todo ~rá acompa_ña~o- por un sentimiento de placer o de disgusto, según
l? que sugiera en el mdiv1duo su complejoo psicológico de gustos o de avers10nes.
Los objetos psíquicos son distintos en cada hombre y las relaciones tienen
un valor permanente.
~a conciencia de cada individuo es como el río de Heráclito, en que nunca
es_ igual. Podrá ser idéntico, pero no igual; podrá ser otro igual, pero no el
mismo. ¿El teorema de Pitágoras es un objeto psíquico? De ninguna manera.
El teorema de Pitágoras se presenta igual que se presentará en todos los tiempos. En el teorema hay que buscar la idea, como aseguraba Platón, el concepto que es uno, no tiene plural, ni tiene otro idéntico al teorema de Pitágoras. Para ser un objeto psíquico se debiera primero fusionar con nosotros
Y está en oposición a nosotros, es decir, está fuera de nosotros.
La impresión del teorema nos deja herméticos y separados, no nos fusiona.
~os objetos psíquicos son temporales y causales y los juicios son extraños al
tiempo y a la causalidad.

•

Ahora bien, para formular el juicio del objeto ideal nos hemos de apoyar
en el juicio físico-psicológico, como para darnos cuenta del río que no corre
n_os hemos de fijar en el río que corre. Los juicios no son objetos matemá~
tic~s, pero sí son juicios matemáticos sobre lo que recae. Los juicios son relaczones.
Una_ cosa es el juicio y otra el objeto. La relaci6n matemática descansa sobre ob¡etos matemáticos.
•. Las relaciones de igualdad y de semejanza no son iguales. Un cuadrado será
igual a otro cuadrado, pero no el mismo. Una relación de io-ualdad
es
0
A BC
Est
1
.
'
1'
·
d
·
Id
d
. -:-. ·
a re ac1on ogica. e 1gua a es lo que constituye rigurosamente
e! Jmc10. Pero en el juicio hay una pluralidad de objetos psíquicos. y lo que
tienen de común estas relaciones es la intencionalidad.
Además de percibir con evidencia las relaciones, como en toma de pose-

83

�sión, las tomamos por verdaderas o falsas, lo que no sucede con_ l~~ obje~os
físicos. El juicio es lo que se llama un valor y valor es siempre un J_~c10 su~Jetivo. El valor que se puede definir en economía, no se puede defm1r en filosofía. Pero aunque no podamos definir un valor, sabemos si es verdadero o
falso. Los valores suscitan en nosotros sentimientos superiores: el conocer la
verdad el valor de un mueble o de una persona, se nos presentan de momento, sin 'poder definirlos. El valor no es la mera contemplación física del objeto sino una captura de su valor ideal. Por eso puede presentarse el valor en
conciencia, valor de objeto o persona, aunque para los demás, permanezca hermético.
Objetos suprasensibles. No pueden verse con los ojos, ~e la cara. _Lo que
vemos con los ojos es lo que no es, en el concepto platomco.. Los ~bJetos suprasensibles son substancia, alma, Dios, que no son valores m rel_ac1ones. Todos los conatos de negarles objetividad, es porque sólo se consideran como
objetos los sensibles. Los objetos suprasensibles son tan difíciles de captar que
podemos decir lo que no son, para decir lo que son.
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Son objetos no perceptibles mediata ni inmediatamente: no ~uardan relac1on
de fusión ni de oposición y no se presentan como los objetos ideales.
Los objetos suprasensibles no tienen experiencia. porque no tie_n~ visión.
La Substancia es lo que permanece en mí y los accidentes se manifiestan. No
podemos percibir a Dios, porque sería un contrase~tido con Objetos_ Suprasensibles. Si es suprasensible no puede hacerse sensible.. Lo qu~ ?erciben los
místicos no es el objeto sensible, sino el valor ideal de Dios, lo divino.
Se llama Objeto Nodal el cuerpo con el que vemos los Objetos Ideales Y
Dios es el sumo nodo de los valores y de lo suprasensible; es lo que llama Espinosa la causa sui.
El objeto de cada ciencia es su objeto propio. El objeto auténtico de las ciencias son las Relaciones o la ciencia sistemática de juicios. El valor lógico, llamado también gnoseológi_co, comprende la función del pensamiento o teoría
del conocimiento y la estructura del mismo llamada Lógica.
La Psicología es ciencia de los objetos psíquicos. La Metafísica es ciencia de
fos Objetos Suprasensibles. La Psicología es también ciencia de la cultura Y
del espíritu humano.

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Teoría fenomenológica del conocimiento religioso

Nos atenemos a las investigaciones y conclusiones de Otto Gründler. O una
interpretación del fenómeno religioso, considerado como ontología y gnose':
logía. Nos haremos tres preguntas fundamentales para adentramos en el hbro de Gründler.

84

Primera: ¿Hasta qué punto el texto elegido confirmaría o invalidaría la definición de la Metafísica como Ontología teológica y Autocrítica?
Debemos comenzar por una Fenomenología del Conocimiento, que presupone: A) Una teoría de los objetos. B) Una fenomenología de las formas
de conocimiento. C) La posibilidad o imposibilidad de. establecer la metafísica de la ciencia.

Y contestamos: ¿ Hasta qué punto nos ofrece Gründler una respuesta a estres preguntas?

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En el Prólogo de Max Scheler Sf! dice que lo hecho por Gründler es "más
bien un ejemplo del arte de aprender a encontrar lo divino (ars in veniendi),
que no de enlazar o de relacionar lo divino ya hallado, con el conocimiento
del mundo". Y también añade: "su método, consistente en traer los fenómenos
primarios de la vida religiosa a la intuición directa, no puede bastar por sí
solo para dar un fundamento seguro de la religión. Y ha de encontrar un
complemento metódico en consideraciones metafísicas, que el autor ofrece en
la tercera parte de su trabajo".
Vemos hasta qué punto los datos ontológicos y epistemológicos que presenta
Gründler tienen o no legitimidad metafísica.
En la primera parte del libro sitúa nuestro conocimiento en la experiencia
fenoménica de lo religioso y dice que se presenta en intuición sensible y categorial, como primeras fuentes epistemológicas. Lo que se sabe de Dios está
basado para unos en razonamientos, para otros en la intuición, donde interviene el sentimiento, y para otros en la revelación divina.
Pero Gründler no considera suficientes estos tres puntos de partida, sino que
existe el conocimiento fenomenológico, que quiere decir intuición esencial y
como "el más alto linaje y el último fundamento del conocimiento".
Y es que la "intuición que se da originariamen,te es una fuente legítima del
conocimiento, que ha de tomarse como se da". Y así excluye "todo conocimiento indirecto de Dios, bien racionalmente o partiendo del concepto del
mundo, o lo revelado por la autoridad divina".
Gründler critica al empirismo y al racionalismo y dice que no es problema
el definir lo religioso, sino el aprehender en acto de intuición, pues "intuir
es un acto de conciencia, en el que los objetos se nos presentan de modo plástico, como constituídos de ésta o de la otra manera".
Entonces considera diversas clases de intuiciones: A) La percepción sensible, como base esencial de toda otra intuición o acto de captar lo objetivo.
B) La intuición categorial como captación esencial: así en un árbol intuyo
su "ser verde" en su plástica plenitud. La intuición esencial, concebida como
el "eidós" aristotélico: en el árbol aprehendemos la "esencia verde" o la entidad "color en general". C) Intuiciones sensibles mediatas: el reverso de una
cosa cuyo anverso percibo, me es dado intuitivamente, en una intuición en-

85

�cubierta o mediata. D) Intuiciones anímicas mediatas: por la cabeza de una
persona veo su inteligencia, por el rostro expresivo su entusiasmo o en su comportamiento la lealtad, etc.
D•e esta suerte de intuiciones mediatas, con especie peculiar, sería la intuición de Dios.
.
Nos atenemos a las palabras de E. Husserl: "Aquí, por dondequiera, en la
fenomenología, no hay sino tener el valor de aceptar y describir honradamente, tal como ello mismo se ofrece, en vez de interpretarlo, lo que realmente se
ve en el fenómeno".
.
Ahora bien, para este saber de Dios, necesitamos una "conciencia de la verdad en determinadas proposiciones, basadas originariamente en una auténtica visión de la cosa sabida".
Pero Gründler se aparta de Husserl cuando dice que también podemos acudir a un saber supra-racional o revelación divina, pues un saber supra-racional
es "en esencia, perfectamente pensable".
Entonces caei;n&lt;;&gt;s en una filosofía teológica, sin bases intuitivas racionales,
recordando el famoso argumento de San Anselmo: "Existe sin duda alguna,
no sólo en el intelecto, sino también en la realidad, un ser tal, cuyo mayor no
puede pensarse. Y a este Ser le llamamos Dios".
Igualmente en aquella afirmación de Schopenhauer, cuando del pensamiento de la muerte deduce la "necesidad metafísica".
Pensemos, sin embargo, que la esencia de la religión, no de la filosofía religiosa, es una teoría irracional. Por eso todos los errores interpretativos del
fenómeno religioso consisten en tomar como teoría racional lo que no es una
teoría racional.
No podemos entrar en el ámbito de la Teología, sino limitamos a las dimensiones de una Teoría del conocimiento filosófico.
Gründler afirma que al no tener solución fenomenológica el conocimiento
de Dios, necesitamos de un saber que sobrepase a nuestro conocimiento y
por eso necesitamos de la revelación.
Necesitamos tener conciencia de la "presencia de Dios", o la aprehensión
de un ser absolutamente real y absolutamente valioso, en dos momentos inseparables: A) Emocional. B) Teorético.
El primero es la fe, en sentido religioso, o una religación del creyente con
Dios. El segundo tendría dos aspectos: a) la inteligencia. b) la revelación.
La inteligencia sería darse en el reino de los valores, no accesible a todo el
mundo, pues un "infranqueable abismo existe entre el conocimiento del reino de los valores y el de una naturaleza indiferente a todo valor".
Y es que el "dominio religioso no sólo está determinado por un valor, sino
absolutamente po1' el valor supremo y no se puede exigir que el conocimiento
86

religioso sea universalmente accesible, como el conocimiento científico del mundo exento de valor".
Así lo expresó Cristo en la parábola del sembrador: "No en todas partes
puede prender la simiente, sino sólo allí donde cae sobre terreno adecuado".
Pero la filosofía sólo puede elaborarse con la razón o con la intuición esencial. Aceptamos la existencia de "la cosa en sí", como la llama Kant. Pero
nuestra facultad de razón no nos permite conocer el objeto de la Metafísica, ni
establecer una relación de la facultad y el objeto. Aceptamos con Locke que
la substancia es un "quid ignotum". El filósofo Gründler no establece hasta
ahora un sistema para llegar a la metafísica teológica.
Dice Scheben que la Teología es ciencia de los misterios, o de verdades que
la razón humana no puede por sí misma ni reconocer como reales ni comprender en su esencia otra cosa que conceptos análogos y por tanto obscuros
e inadecuados.
Y Max Scheler en "De lo eterno en el hombre" nos dice: "El hombre puede adquirir con la ayuda de la razón filosofante, un seguro saber respecto a
la mera existencia de Dios, pero penetrar en el interior de éste, sólo puede hacerlo con la ayuda de la aceptación creyente del contenido de la revelación, tal
como lo expone la teología negativa".
Por eso el Dios demostrado racionalmente por la Teodicea natural, no es un
Dios vivo de la fe. Podemos demostrar la existencia de Dios y no creer en El.
Se requiere una especie de patetismo dionisíaco, como aseguraba Ortega y
Gasset.
Sostiene Max Scheler la existencia de un saber de Dios, puramente racional, independiente de la fe y de la gracia: A) Saber natural o racional. B)
Saber sobrenatural o de fe, al que alude la Teología mística. C) Saber sobrenatural o por medio de la revelación. Este. último saber se encuentra en
las Escrituras Sagradas o en la palabra de Dios.
Dice Gründler que la única fuente de todo conocimiento filosófico-religioso
es la propia experiencia religiosa y nos habla de estados de fe o de gracia,
de santidad. Y otras fuentes de este conocimiento religioso, son las historias
de santos, los libros sagrados o el testimonio de los Padres de la Iglesia y de
los místicos.
Ahora bien, en el dominio religioso existe una toma de conocimiento y
una toma de posición y los dos encuentran su unidad esencial en un acto
concreto: la oración.
En "Lo santo" de Rodolfo Otto y en la "Etica" de Scheler, se hace una
distinción de la religión oriental y occidental. La primera está vuelta hacia
sí en una pura Nada, y la segunda hacia sí y hacia el mundo. Scheler desemboca en el estudio de Dios como fenómeno de conciencia o actuación inmediata del espíritu divino sobre lo finito. La presencia de Dios otorga la santi-

87

�dad que es "un bien supraterrestre, la conciencia de la seguridad, de la paz
de Dios, que es superior a toda razón".
Gründler atribuye a Dios un sentido valorativo y además lo considera como
Ser Absoluto y Absoluta Verdad.
Seguimos el orden metodológico y la exposición de ideas en el libro de
Gründler.
Dos conceptos de la existencia

La fenomenología distingue entre "hecho" y "esencia", factum y eidós. Hay
existencia fáctica y existencia eidética. La existencia fáctica de un objeto es
la experiencia. La existencia eidética corresponde a todo eidós o leyes esenciales evidentes.
Así como en todo hecho hay una esencia, en toda existencia fáctica, hay
una existencia eidética. La existencia fáctica deduce la existencia eidética, pero
la fáctica no se deduce de la eidética. El que el centauro no exista de hecho,
no niega la existencia eidética de dicha esencia. Por eso dice que el eidós de
Dios existe y no contiene en sí nada que contradiga las leyes esenciales. La
Idea de un Sumo Bien, en forma de persona perfectísima, subsiste con pleno
derecho. Otra vez San Anselmo viene en nuestra ayuda: "Quod non possit
cogitari non esse".
La Metafísica anselmiana es una Teodicea, donde aparece Dios como causa eficiente, ejemplar y final del mundo inteligible y sensible.

Dos conceptos de la realidad

Llamamos a una cosa efectiva o real, como opuesta a inefectiva e irreal.
Lo real es lo que existe en el mundo tempo-espacial. Irreal es lo que no corresponde a ninguna existencia en tiempo y espacio; toda esencia es irreal,
puesto que en el mundo real nunca hay esencias, sino sólo individuaciones
de ellas.
Lo real coincide con lo fáctico y se opone a lo ideal. El idealismo enseña
que el ente primario y original es la conciencia y que toda objetividad dada
en la conciencia es ideal. El realismo, por el contrario, enseña que fuera de
la conciencia se da además algo real o independiente de la conciencia.

Tres formas de idealismo

A) El idealismo subjetivo. Es la conciencia individual de la persona finita.
Pero existen otras personas finitas, otros yoes, que pueden afirmar: el mundo
es mi representación.

B) El subjetivismo de la especie. Se trata de evitar la contradicción de los
yoes extraños, individuales, acudiendo a la conciencia de la especie entera.
Pero la especie humana no es sino una entre otras especies posibles, en número infinito.
C) El idealismo absoluto. No parte del sujeto empírico, sea individuo o especie, sino de la conciencia pura "absoluta" de la conciencia en general. Pero
olvida que esta conciencia en general es una esencia, que sólo tiene existencia eidética y de la que no es posible deducir jamás la existencia de un hecho.
Toda conciencia, incluso la conciencia pura, que se considera en la reducción
fenomenológica, es individual.
D) El idealismo teístico. Es la salida que busca Gründler, o dependencia
del mundo respecto de la conciencia divina, dada intuitivamente. Critica a
Husserl diciendo que funde en el concepto de "conciencia pura" tres concepciones distintas:
A) El núcleo abstracto de todo sujeto consciente o corriente individual; lo
que queda del sujeto cuando se desliga in mente la conciencia de su vmculación al cuerpo, al alma y a la persona.
B) El eidós o esencia de la conciencia pura individual, descrita en el idealismo subjetivo.
C) La conciencia absoluta. Su existencia no alecta al ser o no ser del mundo. De ella depende en cuanto a su esencia todo lo trascendente.
Para Gründler, esta conciencia absoluta está en identidad con la divina,
que Husserl no ha querido ver por no introducir conceptos religiosos. Y cree
que su elaboración intuitiva del idealismo teístico se corresponde con las más
profundas intenciones de Husserl.
Gründler se mueve entre meras descripciones intelectuales, pero sin desembocar claramente en una ontología teológica.

La realidad de las ideas
La idea no es una forma subjetiva, producida mediante operaciones psíquicas, sino un dato objetivo, que no se deja hacer por el sujeto, sino sólo contemplar, a condición de entregarse puramente al sujeto.

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¿ No son acaso los números lo que son, los formemos en operaciones men-

tales o no?
Sólo se realiza la intuición esencial auténtica cuando el yo se dirige puramente al objeto y no añade ni resta nada de lo que le es propio; el eidós según su esencia es siempre real y nunca ideal. Se da siempre frente a la conciencia como absoluto, como no dependiente de ella.
Y concluye Gründler : el pensamiento de Dios no puede en absoluto ser
más que verdadero; su voluntad no puede ser más que buena. La idea de
esta Suma Bondad es la más alta de las esencias, la suma de todas las perfecciones eidéticamente existentes.
Libertad y necesidad en la creación del mundo

Como toda conciencia, la conciencia divina es también por naturaleza "conciencia de algo"; el mundo del eidós es la objetividad que por naturaleza le
corresponde. Si Dios quiere crear un mundo de hechos, libre es de hacerlo;
toda cosa esencialmente posible puede Dios realizarla de hecho. La "necesidad por la que Dios ha creado el mundo, no tiene base fenomenológica". Ya
dicen los Escolásticos que la perfección de Dios no disminuye ni aumenta en
lo mínimo, con la carencia o la posesión del amor a las criaturas. Queda al
arbitrio de Dios elegir entre la multitud de ideas presentes a su espíritu, aquellas que singularmente quiere otorgar una existencia fáctica.
La realidad de Dios

La realidad de Dios es independiente de la conciencia finita que lo percibe.
A diferencia del puro eidós, Dios es constantemente eficaz en el mundo tempoespacial de los hechos, por lo que tenemos su atribución de existencia efectiva; está más allá de la diferencia entre hecho y esencia, de lo fáctico y de
lo eidético; es el más real y el más esencial de todos los seres en absoluto; es
al mismo tiempo inmanente y trascendente; es el Sumo Valor, el Absoluto
Ser y la Absoluta Verdad.
Para Husserl, los Objetos Suprasensibles son difíciles de captar. Podemos
decir lo que no son, para decir lo que son. Dicen los Escolásticos que sólo renunciando a todo, podemos tenerlo todo. Conocemos con certeza que la causa es, que existe, pero no sabemos lo que es, sino únicamente lo que no es.
En la abstracción radica la miseria y la grandeza de la inteligencia humana:
abstrahentium non est mendacium.
Segunda. lCuál es el punto de partida de la filosofía expuesta y hasta qué
punto incurriría o no en el contrasentido del dato inicial buscado?

90

El punto de partida es la presencia del fenómeno religioso en la conciencia
subjetiva, conocido por las distintas formas de intuición o de saberes que
Gründler ha descrito.
Como Dios es un fenómeno subjetivo en la conciencia, no puede existir conocimiento objetivo de Dios. Aquí radica el contrasentido de Gründler al pretender encontrarlo en el idealismo teístico o dependencia del mundo de la
conciencia divina. No podemos tener conciencia de lo que no podemos conocer, al menos filosóficamente.
Tercera. Las grandes clases de entes reconocidos, más o menos explícitamente y los caracteres por los que se distinguen.
Todos los conceptos que entrañan términos de relación o de fundamentación de conocimiento, tienen un ser o una razón de ser, son entes. Podríamos
enumerar muchos en este libro de Gründler. Señalamos algunos: intuición
sensible e intuición categorial; intuición religiosa; el saber y la fe; la revelación; el saber supra-racional; la teoría y la emoción; el valor y la esencia;
la conversión y la gracia; lo santo y lo insanto; la doctrina y la profecía; lo
divino y lo humano; lo sensible y lo suprasensible; la oración o el nirvana;
la ideología y el amor; oriental y occidental; alma sensitiva y alma racional; la
predestinación y el libre albedrío; el hecho y el eidós; existencia efectiva e
inefectiva; el idealismo subjetivo, el subjetivismo de la especie, el idealismo
absoluto; inmanente y trascendente; Sumo Valor, Absoluto Ser, Absoluta Verdad, etc. Y tantos otros cuyos caracteres han sido explicados en gran parte a
lo largo de esta exposición crítica.
El filósofo Gründler no ha creado una metafísica crítica, al no plantearse
la validez o invalidez de los supuestos o de las realidades tomadas. Le faltó
hacer una filosofía crítica sobre su propia filosofía o una filosofía de la filosofía, elaborada con tan finos análisis discur~ivos. Cayó en el espejismo del
idealismo fenomenológico y perdió de vista la vivencia y la ontología de lo
religioso, en su patetismo fundamental.

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C. MARTIUs, Sobre la Ontología y la Teoría del fen6meno del mundo real externo.
F. R. LIPIHUS,

Capítulo Segundo
LA FE RELIGIOSA

y

LA TEORÍA DEL CONOCIMIBNTO

LA FUENTE DE LA QUE NACEN casi todos los errores al juzgar la religión y la fe,
está sustentada en la siguiente equivocación: tomar por una teoría racional
lo que no es una teoría racional.
Si la fe religiosa no admite demostración desde el exterior, tampoco ¡;iue92

de ser refutada desde el exterior por la ciencia. Si tomamos la Teología negativa por una teoría racional, lógicamente desembocamos en el ateísmo. La
definición del No Ser coincide con la definición de Dios. Un Ser del que sólo
podemos dar determinaciones negativas, no existe, es el No Ser. De Dios afirmamos: es infinito, no tiene principio, no tiene fin, no tiene potencias, etc.
Todo son determinaciones negativ~s, que es lo mismo que la definición del
No Ser.
Partiendo de esta confusión, al definir a Dios, negamos a Dios, ya que lo
identificamos con el No Ser.
Pero la Teología negativa no es una teoría racional, sino el fundamento de
la Teología positiva: los actos religiosos y su esfera de objetos reales y de objetos de valor, forman un conjunto originariamente cerrado en sí mismo, algo
así como los actos de percepción exterior y el mundo exterior que en ellos suponemos, según la definición de A. Messer.
La consideración fenomenológica de la esencia de la religión que hemos estudiado con Otto Gründler, nos asegura que la "sensación religiosa" es algo
originario y que no puede hacerse derivar de ninguna cosa.
En estos actos específicamente religiosos se nos da lo divino, así como en
actos de percepción externa se nos da el mundo exterior.
Así como de la existencia de actos del mundo exterior, deducimos la e::nstencia del mundo exterior, ¿ no podríamos también deducir de la existencia
de actos religiosos, la existencia de lo religioso, de Dios?
Creer que es preciso reconocer primero la existencia de Dios, para reconocer luego que los actos religiosos son algo más que alucinaciones, es lo mismo
que si se exigiese probar racionalmente la existencia de los colores y del mundo exterior, para recqnocer después que los actos de percepción sensible son
algo más que alucinaciones, en el concepto de Max Scheler.
'
No debemos caer en el error de admitir como
válida únicamente la experiencia sensible. Ya dice Nohler que lo dado en la experiencia sensible es sólo
una pequeñísima parte de lo dado. Así, los datos o los dados que no ·consisten
en sensaciones, son por ejemplo : figuras, formas, relaciones, orden, acción,
movimiento, espacio, número, cualidad de valor, unidad del yo, etc. Y son
datos primarios auténticos.
La insuficiencia o la pobreza de nuestra experiencia sensible, nos lo demuestra la percepción visual y la auditiva. Vemos los siete colores del arco
iris y nada más. Nuestra experiencia sensible no nos da la zona ultrarroja ni
la ultravioleta. Pero además podemos suponer que hay otras zonas más allá de
las zonas ultrarroja y ultravioleta. Comparado con todas esas zonas, la zona
de los colores es una parte insignificante. Esa insignificancia es la que nuestra
experiencia sensible nos da a conocer del mundo infinito. Lo mismo para los
sonidos: sólo percibimos sonidos cuando el número de vibraciones no sobrepa-

93

�sa ciertos límites, máximos y mínimos. Pero es indudable que para un órgano
auditivo mucho más sensible que el nuestro, serían perceptibles los sonidos mucho más graves y agudos que los capaces de ser percibidos por nosotros. Comparada esa zona de vibraciones que nosotros percibimos, con la inmensidad de
vibraciones que escapan a nuestra experiencia, veremos la insignificante parte
del mundo físico que podemos conocer por la experiencia sensible. Ampliando
este análisis a todos nuestros sentidos, veremos lo ridículo que resulta admitir
como válido sólo lo dado en la experiencia.
Estos hechos nos enseñan que nuestra experiencia sensible no nos da más
que una parte infinitamente pequeña de la inmensidad de la naturaleza; una
visión del mundo físico limitadísima, parcial y desde luego errónea. Todo lo
que contiene ese mundo físico y es capaz de ser conocido, lo conocemos no
por los datos de la experiencia sensible. Lo vamos descubriendo por medio de
las ciencias naturales, con sus métodos y sus juicios especiales, apropiados y
legítimos para descubrir los objetos físicos.
Pero además del mundo físico, existen otros mundos, como el ideal, el metafísico, el religioso, etc. y sobre los cuales no nos suministra ningún dato la
experiencia sensible, ni tampoco los juicios y los métodos válidos para las
ci~ncias físicas.
No podemos caer en el error de querer tener conocimiento del mundo ideal,
religioso o metafísico, por medio de nuestro conocimiento científico y con sus
recursos metodológicos, querer probar o refutar la existencia de Dios. Sería lo
mismo que pretender conocer el mundo físico en su totalidad sólo con los
datos de nuestra experiencia sensible, prescindiendo de las ciencias físicas, con
sus juicios y sus métodos.
No podemos llegar a conocer la divinidad por medio de las categorías finitas· de la inteligencia y es lo que han pretendido los investigadores de la teoría de la ciencia.
La fenomenología ha demostrado que los objetos físicos, ideales y metafísicos, están determinados para darse a conocer por sus métodos legítimos.
Los objetos de la fe son perfectamente distintos a todos los demás y por lo
tanto requieren un método especial y legítimo para darse a conocer.
Para completar la teoría del conocimiento habremos de empezar por hacer
la fenomenología de los objetos de la fe y el método legítimo para llegar a
conocerlos.
Así surgirá la teoría de la fe, distinta de la teoría de la ciencia. Pero también formando parte esencial del cuerpo de la teoría del conocimiento. V amos
a hacer según el método fenomenológico ese análisis ontológico y metodológico, para que quede asimilada a la teoría del conocimiento, la ciencia que
más ha influído en la Historia de la Cultura: la Teología.
Por ser la que más ha influído en la Historia de la Cultura, A. Messer em-

94

pieza su Ensayo de una Filosofía de la Cultura, tratando de la religión. Igual
que Luis Vives en su Tratado de la enseñanza empieza por la religión.
Tratamos, pues, de hacer un análisis fenomenológico de la fe para que entre a formar parte de la Teoría del Conocimiento.
_No podemos admitir que sólo podemos aceptar lo que se ha probado o demostrado. Si así fuera tendríamos la obligación de rendir cuenta de todos los
juicios. Ni admitir que los actos religiosos son alucinaciones si no demostramos la existencia de Dios, puesto que tampoco necesitamos demostrar la existencia del mundo físico para deducir que nuestras percepciones sensibles no
son alucinaciones. Es un empeño sin sentido querer demostrar la existencia
de la existencia o que existe la existencia; o querer demostrar la realidad de
la realidad.
Tampoco caer ~n el error de probar la existencia de una región, grupo o
clase de realidades, por medio de otra región, grupo o clase de realidades esencialmente diferentes, aplicando a aquéllas las reglas, juicios y métodos propios
y característicos.
Nunca podrá probarse la existencia de objetos religiosos por medio de la
existencia de objetos esencialmente diferentes, del mismo modo que "por medio de un conocimiento y evidencia perfectos del mundo inorgánico, no es
posible probar lá existencia de seres vivos, o la existencia de los colores y de
los tonos". Son palabras de A. Messer.
En todos los sectores de la vida de nuestro espíritu, se ve una conexión entre los grupos de objetos y la clase de actos. Por esto lo divino sólo nos es dado
en los actos religiosos y el mundo religioso en la experiencia religiosa, a la que
conduce sobre todo la mística.
La mística, conduciéndonos a lo más íntimo de la vida religiosa, nos descubre la esencia de la religión.
La religión tiene sus formas específicas de intuición. Si nos faltan esas formas específicas de intuición, nunca podremos tener el conocimiento intuitivo,
no racional, de las pruebas de Dios. Lo mismo podemos decir del orden físico, etc.
Señalamos por último un hecho de gran importancia. Los místicos nos describen sus estados de gracia o sus sensaciones religiosas, tanto artísticas como
psicológicas. Existe una sorprendente comunidad de tendencias en los místicos
de todos los tiempos y . en los pueblos más diversos.
Creo estar situado dentro de la fenomenología y de la teoría del conocimiento.

.

95

�Teoría de los objetos

El método de toda disciplina tiene que estar siempre determinado por la
categoría de objetos de esa disciplina. Ya Aristóteles cuando trató de determinar las relaciones de "la primera filosofía" con las dem~s ciencias, se expresó del modo siguiente: "Toda ciencia toma una región determinada de la
Naturaleza por objeto de sus investigaciones, pero ninguna de ellas llega hasta
el concepto de la esencia. Es necesario, por lo tanto, una ciencia que se ocupe
de lo que las demás consideran hipotéticamente como objeto de la experiencia.
Este es el objeto de la 'primera filosofía', en cuanto se ocupa en el ser en
cuanto ser, mientras las demás sólo tratan del ser en sus determinaciones concretas. Esta ciencia del Ser y de sus últimos fundamentos es la metafísica, que
supone las otras disciplinas formadas, por lo que es la primera filosofía".
Si sólo hubiera seres físicos, la física sería la primera y única filosofía, pero
como quiera que existe un ser inmaterial e inmóvil, que es el fundamento de
todos los seres, así habrá también una "primera filosofía" y por ser la primera es universal.
Este primer fundamento de todos los seres, no es otro que Dios, por lo que
llama Aristóteles Teología a la primera filosofía, que quiere decir: T eología
Meta Física.
En este mismo sentido aristotélico ha continuado la Escolástica cristiana y
en este mismo sentido aristotélico pudo identificar Hegel la Lógica con la Metafísica y con la Teología. Hegel dice que el dominio de la Lógica es el dominio de la verdad sin velos, tal como es en sí. Es la representación de Dios,
tal como es en su eterna naturaleza de creador de mundos y de espíritus.
La filosofía fenomenológica tiene por denominador común el objetivismo,
que encontramos en los discípulos de Brentano, como iniciador y como cualidad común a todos ellos. Es la misma tendencia que siguen actualmente Hartmann y Heidegger, dándole el nombre de ontologismo.
Max Scheler y Martín Heidegger proceden de la fenomenología. El filósofo
Husserl señala que los objetos ideales son especies y no tienen el principio de
individuación, que es el aquí y ahora.
La Idea en griego es lo que se vé; species en latín es lo mismo. Los objetos
ideales son especies o esencias. Los objetos ideales tienen meramente validez.
Rechaza las tres hipóstasis; la psicológica, que está en la mente; la metafísica,
que son los entes en lugar inmaterial; y la teológica, que es la mente de Dios.
Husserl asegura que la fórmula de Newton sería verdad, aunque nadie la
pensase.
_La esencia de la vivencia es el conjunto de todas las notas unidas entre sí,
por fundación. En la fundación una parte está unida a otra, sin estar contenida en ella: el color fundamenta la extensión y un color inextenso no puede

=

96

darse. Husserl trata de evitar la metafísica, reduciéndose a las puras esencias
de todo lo objetivo.
Todas las ciencias se especifican y distinguen por sus objetos específicos y
distintos, de tal manera que la diversidad de objetos da origen a la diversidad
de las ciencias y es la base para su clasificación. La clasificación de las ciencias es la prueba más palpable de la diversidad de objetos y de la variedad
del mundo.
La Teoría de la Ciencia es la encargada de diseñar con precisión el campo
de la naturaleza propio de cada una de las ciencias y tiene por misión exponer sus métodos respectivos.
Como los métodos dependen en su estructura fundamental de los objetos
a que se han de aplicar, resulta evidente que la Teoría de los objetos es la
condición primera, el primer estudio que hemos de emprender para poder determinar los métodos propios de cada ciencia. Y una vez conocidos los objetos
y los métodos, podemos entonces definir las ciencias y clasificarlas.
Lo que decimos de las ciencias es aplicable también a las distintas ciencias
filosóficas.
La Teoría de los objetos nos presenta las regiones distintas del mundo o
de la vida, a las que aplican las distintas disciplinas filosóficas, o las partes
de la filosofía. Y esto mismo ha hecho siempre el análisis filosófico en todos
los tiempos.
Hagamos una síntesis de la Teoría de los objetos en la Filosofía fenomenológica.
La región ontológica propia de la Filosofía es psico-física. Y el análisis de
ese mundo psicofísico se nos revela en tres categorías de objetos:

'
A) Fenoménica. La forman objetos fenoménicos,
constituídos en parte por
elementos psicofísicos puros. Nos conduce a su conocimiento la intuición sensible, empírica.
B) Ideal. La forman objetos ideales, esenciales. Nos conduce a su conocimiento la intuición eidética.
C) Metafísica. La forman objetos metafísicos. Y nos conduce a ella en descubrimiento de su esencia, la intuición eidética. Para mostrar su existencia,
ya que demostración no cabe y sí sólo mostración, la vía dionisíaca o patética.
Cada una de estas inmensas regiones tiene sus leyes y categorías peculiares. Pero no olvidemos que no son cerradas, pues que existen relaciones particulares entre cada una de esas tres grandes regiones y existen leyes y categorías aplicables a todos los objetos.
Unimos y totalizamos por la síntesis lo que el análisis desune y descompone

97
H7

�en partes. El mundo fenoménico aparece como la fusión de esas regiones distintas.
Así es en la naturaleza: variedad y unidad, armonía de diversas uniformidades. La Naturaleza no nos ofrece una sola uniformidad, sino una serie de
leyes unifor117,es.

Existen en la uniformidad de la naturaleza categorías radicalmente, esencialmente distintas entre sí. La prueba de esta radical distinción es la división
de las ciencias.

Aunque en edades primitivas el espíritu humano haya tenido muy arraigado el prejuicio de la unidad de la naturaleza, hoy sabemos que la nat_ur~l~za
contiene varios cateaorías de fenómenos, cada una de ellas con sus pnnc1p1os
, d os
separados, sus leyes ºdistintas, sus objetos diversos esencialmente y sus meto
diferentes.
Así por ejemplo los hechos y los principios, los m_ét~dos refer~ntes a los
números, a la cantidad, se estudian aparte, por ser d1stmtos esencialmente a
los hechos, los principios y los métodos referentes a la vida.
Podemos afirmar:
A) La naturaleza es uniforme. B) Esta gran uniformidad está formada
por gran número de uniformidades distintas.
Hay en la naturaleza regiones, esencialmente distintas y separadas,. ca~a
una con sus leyes propias, que se refieren a las diversas partes de la c1enc1a
o del conocimiento.
Ahora bien la fenomenología tiene su punto de arranque en el idealismo
platónico. La'fenomenología y la Teoría de los Objetos ideales, están sustentados por el inagotable idealismo-realismo de Platón.
Los neokantianos no quisieron encontrar en Kant el paso a la metafísic~ y
la fenomenología desdeñó a los neokantianos, porque creyó que los neokant1anos eran Kant y Kant fue separado del punto de partida de la fenomenología.
Como la fenomenología pretendió encontrar posteriormente en Kant _el paso
a la Metafísica, resurgió entonces la genial figura del filósofo de Koemgsberg,
tan fecunda como la de Platón en la fenomenología.
Husserl asegura que se puede encontrar en Kant el tránsito a la Metafísica,
puesto que la Filosofía de Kant conclu~e. e~ Metafísica. Cori_i~ el idealismorealismo platónico debe alcanzar su obJebv1dad en la Metaf1S1ca, resulta de
ello que Platón y Kant son las dos figuras centrales en las que encontramos la
anticipación de la fenomenología.
Digamos ahora qué son las esencias y qué son los objetos metafísicos para
exponer los métodos adecuados de su conocimiento.
Las esencias son objetos ideales. Representan lo inmutable, lo que perdura,
la estructura invariable de los objetos, de los cuales son sus esencias.

98

El principio de que el concepto es el verdadero ser, el único ser real, ya
.fue expresado por Sócrates, pero no lo desarrolló. Fue considerar el conocimiento lógico como exigencia práctica.
Fue Platón quien dio a los conceptos o ideas una sistemática exposición o
desarrollo. Podemos definir las ideas, según Platón, diciendo que son lo fijo
y permanente en lo variable, lo universal en lo particular, lo uno en lo múltiple, lo común en lo diverso.
Subjetivamente las ideas son principios ciertos en sí y no derivados de la
experiencia. Objetivamente las ideas son los principios inmutables del ser y
del mundo fenoménico. La doctrina platónica de las ideas satisface la necesidad de expresar la esencia de las cosas, o sea, lo que en el pensamiento encontramos idéntico al ser de las cosas, o sea, lo que cada cosa es en sí, es
decir, el mundo real como mundo intelectual unido a aquél. En síntesis: la
necesidad del conocimiento científico es el motivo de la doctrina de las ideas
platónicas. Así lo concibió Aristóteles cuando dijo: Platón llegó a la doctrina
de las ideas por haberse convencido de la verdad del principio de Heráclito
con respecto al mundo sensible, considerándolo como un eterno flujo. Pero
para que pueda existir ciencia de algo y opiniones científicas es preciso que
existan otras naturalezas, otras esencias al lado de las sensibles que tengan existencia. De lo que está en perpetuo cambio, en perpetuo flujo, no puede haber
ciencia. La idea de ciencia exige la realidad de las ideas y para que esta exigencia se realice, es necesario que la idea sea el fundamento de todos los seres. Platón asegura que no es posible la ciencia sin la realidad de las ideas.
La cosa en sí de Manuel Kant sería el objeto de la intuición intelectual,
si tuviéramos una intuición intelectual, como tenemos la intuición sensible,
que es la única admitida por Kant.
Las esencias son a priori, independientes d'e la experiencia y por lo tanto
necesarias y universales. Necesidad y universalidad quieren decir que debemos
poder siempre, intuír en todos los objetos que tengan la misma esencia, lo que
hemos comprobado en la esencia del objeto examinado, aunque no quiere decir que exista tal objeto· o que no exista. Si no existen efectivamente objetos,
será posible su esencia, y si existen efectivamente, podemos siempre intuír en
ellos la misma esencia.
Nos enseña la fenomenología que esencia y existencia son totalmente independientes, pero no se oponen ni se excluyen: son distintos.
Cuando tenemos la intuición eidética de la esencia de un objeto, es cuando
estamos en condiciones para ver con claridad y distinción el objeto físico cuya
esencia hemos intuído. La intuición sensible, empírica de este objeto, es la
ocasión, el motivo para que surja la intuición eidética de la esencia de ese
mismo objeto. Pero una vez vista esa esencia, es cuando la intuición empírica
nos puede suministrar la visión de ese objeto físico como tal objeto.

99

�En una palabra: no puede haber intuición eidética de la esencia sin previa
intuición sensible de tal objeto y no puede haber intuición sensible, clara y
distinta, sin la intuición eidética. Kant afirmaba que toda intuición sin objeto
es ciega y todo objeto sin intuición es vacío.
Ahora bien, el método de toda disciplina debe estar siempre determinado por la categoría de objetos de esa disciplina.
El error del hombre de ciencia, acostumbrado al método de su ciencia de
objetos físicos y no conociendo en el mundo nada más que su ciencia y sus
objetos, quiere aplicar este mismo método a la filosofía y a otras ciencias, que
tienen sus métodos determinados por objetos ideales, esencias, valoraciones,
etc. Para evitar todo esto debían atenerse a la siguiente verdad: para el científico, los objetos; para el filósofo, las esencias.
Las esencias son el objeto de la Filosofía. Los objetos metafísicos, como Dios,
sustancia, alma, son también objeto de la Filosofía, no sólo en cuanto a sus
esencias, sino también en lo que se refiere a su realidad individual. Los objetos metafísicos interesan a los filósofos no sólo para saber lo que son, es decir,
su esencia, sino para saber si existen.
Dos son los objetos de la Filosofía: las esencias u objetos ideales y los objetos metafísicos u objetos reales.
Damos a continuación el método de investigación de las esencias y diremos
lo que son objetos metafísicos y el método adecuado para llegar a su conocimiento.
La primera categoría de objetos propios de la Filosofía es la constituída por
los objetos ideales, llamados esencias. La fenomenología nos suministra el método de investigación de las esencias.
Para Kant la única intuición es la sensible. Para la fenomenología existe
además la intuición eidética, siendo la intuición sensible, la ocasión o el motivo para que surja la intuición eidética, que nos presenta la esencia correspondiente.
Del mismo modo como la causa ocasional es necesaria para que se produzca
el efecto, la intuición sensible o empírica es necesaria para que se produzca
la intuición eidética.
Para llegar a la idea platónica necesitamos también partir de la intuición sensible. Para elevar el vuelo, la paloma necesita de la resistencia del
aire, aunque la paloma creerá volar mucho mejor en el vacío, como asegura
Kant. Para elevamos nosotros a la región de las esencias, como las de las ideas
platónicas, necesitamos también apoyamos en la intuición sensible. La intuición empírica nos presenta objetos físicos, o partes o elementos de ese objeto
y la intuición eidética nos presenta las esencias.
Pero la intuición eidética de la esencia de un objeto completa la intuición
sensible de ese mismo objeto, de tal manera que para que el objeto de la

in~ici~n. ,sens~b~e. quede aclarado, con toda justeza y distinción, es necesaria
la mtuic1on eidetica, es decir, ideal o intelectual.
Aquí_surge una dificul_tad._ Hemos dicho que las esencias son a priori, independientes d~ la expenenc1a y por tanto universales y necesarias. Por otra
parte hemos dicho que la intuición sensible sirve de base O de motivo para
que s~j~ la intuición eidética que nos presentará la esencia. Entre estas dos
~ropos1C1on~~ parece que hay contradicción. La fenomenología aclara esta dif1c~ltad val~endose de una sutil distinción: dice que la intuición eidética no
es mdepend1ente de toda experiencia, aunque sí lo es del quantum d 1 e _
· ·
·
d'
eaxpe
nenc1a; qm~re . e~~r q~e, ~orno, la intuición sensible es contingente y en ella
se f~da 1~ mtu1c1on, e1det1ca, esta tiene que participar en cierto modo de la
conti~g~c~~ de a~uella, es decir, siempre que la experiencia nos suministra
una mtu1c1on sen51ble, podremos remontamos a la intuición eidética Per
c?m~ la intuición eidética necesita de la intuición sensible y ésta de
expe~
nenc1a, resulta que en último extremo y en cierto sentido las esencias son
escl~vas de la ~p~riencias, a pesar de la independencia en;e esencias y existencia y expenenc1a y esencias.
Tratamos ahora de la categoría de los objetos propios de la Filosofía, que
son los objetos metafísicos.
. Estos objetos son reales, cuya realidad y existencia individual interesan a la
Filosofía como al conocimiento de su esencia.
~iendo objetos reales, no puede 'aplicarse a ellos el mismo método que el
aplicado para conocer las esencias, que son objetos ideales.
Para com~~obar la existencia de los objetos metafísicos, tenemos el método
de_ la ~etafis1ca, que hoy en día se está renovando y estructurando en dos
onentaciones:
,

ia'

A) El método eidético, o vía eidética, para definir su esencia.
B) El método~ por ~a vía patética, según expresión de Ortega y Gasset, para
comprobar la ex1stenc1a de los objetos metafísicos.
Así_ como para que pueda existir ciencia de algo, es preciso que existan otras
esencias, al lado de las sensibles que teng3.1' existencia, según decía Aristóteles
~omen~do a _Platón, y así como la idea de ciencia exige la realidad de las
id~, as1 también la estructuración ideal de la vida exige la existencia de los
Objetos metafísicos.
, :ero la vía eidética _n? nos puede asegurar la existencia de esos objetos. Lo
u~ico que p~ede summ1stramos es que si acaso existen, tienen que tener la
~sm~ esencia que poseen los objetos metafísicos, exigidos por la estructuracwn_ ideal de _la vida. Del mismo modo, esa vía no puede probamos la existencia de las ideas, pero sólo nos puede decir que si las ideas existen, tienen

101

100

�que tener la misma esencia que poseen las ideas exigidas por la idea de la
ciencia.
Por haber querido dar a la intuición eidética mayor alcance que el debido,
por no haberle señalado con precisión los límites de su actuación legítima Y
haber querido invadir el orden existencial, se han implan~ado grandes _error~s
en Filosofía y sofismas en Lógica. El argumento ontológico de la existencia
de Dios, establecido por Kant, nos lo prueba: el ser que contiene en sí toda
realidad puede ser pensado como posible, pero no como real.
.
Para comprobar la existencia de los objetos metafísicos sólo es legítima la
vía patética de Ortega y Gasset o la dionisíaca de Max Scheler.
.
.
Pero esta vía o este método sólo nos suministra vivencias de la existencia
de dichos objetos y estas vivencias son subjetivas e irracional_es.
. . .,
Así como la intuición eidética de las esencias presta clandad y distmcion
al objeto de la intuición sensible, así también las vive~ci~ ~e lo_s ?~jetos metafísicos nos comprueban la realidad del objeto de la mtwcion eidebca.
Pero las vivencias de la existencia de los objetos metafísicos no las pen5a:mos: las sentimos, las vivimos, pues sólo podemos vivirlas y sentirlas. Y en los
casos ·e n que esas vivencias se nos presentan de manera indubitable, c~mo ~n
sentimientos de simpatía, de caridad, de compasión, etc., no por la evidencia
con que las sentimos y las vivimos hemos de olvidar que se presentan irracionalmente.
El método metafísico tiene hoy ·dos caminos, el de la vía eidética que nos
suministra las esencias de los objetos metafísicos, pero nada nos puede decir
de su existencia, y el camino o vía patética nos muestra la existencia de esos
objetos metafísicos, aunque de manera irracional.
. .
Si nos limitamos a este segundo camino, desembocamos en el vitalismo, entendido como irraci.onalismo, con la preponderancia sobre la razón de los sentimientos, tal y como lo entendió Bergson.
.
La fenomenología no quiere limitarse a ese segundo cammo por dos razones: A) Porque ello supondría la ruina total de la Filosofía. B) Porque la ~azón es fuerza vital tan legítima como el sentimiento y la voluntad; más bien
quiere que los do; caminos sean transitables al mismo tiempo, es decir, vivir
la realidad pensada y pensar la realidad vivida.
Para que la Filosofía pueda seguir existiendo necesitamos al mismo tiempo
que vivir la realidad, poder pensar en esa realidad vivida, y de este modo,
la vida se convierte en el material que la razón ha de elaborar; es lo que
llama Ortega y Gasset la razón vital. Esta misma orientación siguen Dilthey
y Heidegger.
Llegamos a la conclusión de que para que la Filosofía pueda seguir existiendo se necesita poder pensar la realidad vivida. De una parte tenemos la
intuición sensible O elementos de hecho, y de otra parte nos encontramos con

102

l~s vivencias metafísicas, elemento de hecho, aunque irracional. Como la razon, que es elemento universal y necesario, debe unir y no desdeñar los dos
elem_entos de hecho y entonces llegamos en último término a la unión de lo
contmgente y necesario, o sea a la armonía de los contrarios.
_La unidad se ~ealiza en el mundo, sólo en tanto la vida universal se despli~ga en contranos, en c~ya reu~ión y ajuste consiste la unidad, es decir, la
u?i~ad presupone la dualidad. Tienen confirmación los dos axiomas de Herach:o: la_lucha es el padre de las cosas, y lo uno, desdoblándose coincide
consigo mismo, como la armonía del arco y de la lira.
Ninguno de los elementos, contingente o necesario, debe ser desdeñado en
el ~oncepto fenomenoló~ico. Y para constituir la Filosofía como disciplina
autonoma, c?mo pura. Filosofía, consciente de sí misma, precisamos determinar la esencia de la Filosofía.

·

E~ este, sentido están orientadas las obras de Max Scheler, De la esencia de
la F1losof1a; E. Husserl, La Filosofía como ciencia rigurosa; M. Heidegger
"Qué es M~tafísica"; La~k, Lógica de la Filosofía; K. Jaspers, Psicología d;
las concepciones del Universo; Dilthey, Filosofía de la Filosofía· Ortega y
Gasset, Qué es Filosofía, etc.
'
A~t~s de es~ concepción, la teoría de la Filosofía venía considerándose como
una mtroducc1~n- al estud~o de la Filosofía o como un hilo conductor que nos
llevaba .ª las d1stmtas reg10nes de las diversas disciplinas filosóficas.
~a Fil~sofí~ ªP,ª:ece ~ora como un todo orgánico cuyas partes sólo tendran sent1~0 filosofico mientras se puedan referir a la unidad total y fundirse
en esa umdad total. Por esto es por lo que el punto de partida debe ser un
dato cuya esencia sea la unidad. El sentido de la vida O el sentido del Universo son dos expresiones del problema que fandamenta la unidad de la F·losofía: El término vida o el término Universo debe entenderse como unida~
del sujeto con s~ medio ~bjetivo, la unidad del yo y del no yo. Hay algunos
autores ~ue prefiere~ dec~r sentido de la vida y no sentido del Universo, porqu~ sentido de la vida tiene la subjetividad y la objetividad y sentido del
Umv~rso tiene. sólo objetividad, a la que le falta la subjetividad que es tan
esencial como la objetividad.
El p~nto d_e partida de la Filosofía es un dato unitario, es decir, la vida
con:eb1da uruversalme_nte y no individualmente. La fenomenología considera
la vida como el matenal que la razón ha de elaborar.
P?~emos pensar que la vida sólo por medio del sentimiento y la voluntad
la vivimos Y_ s?lo sintiendo y queriendo la captamos y en ella nos sumergimos.
nuestras vohc10nes y nuestros sentimientos, incluyendo el sentimiento religio~
so, nos pres~ntan la realidad, nos comunican con ella, nos unen y nos sumergen en la vida en su total complejidad. Pero para pensar la realidad vivida
hay que presuponer que la vida o la realidad, la incógnita externa sea capa~

103

�de ser pensada, es decir, que sea capaz de ser encuadrado todo en las leyes
fundamentales del pensar.
Pero como la Filosofía no puede presuponer nada, pues es una ciencia sin
supuestos, nos vemos envueltos en otra dificultad tan grande y tan grave como
la que hemos evitado al huír del racionalismo.
Si hemos de partir de un supuesto, caemos de nuevo en el irracionalismo y
en el dogmatismo, contrarios al espíritu filosófico.
De todos modos al parecer desembocamos en el irracionalismo, ya que para
poder pensar la realidad vivida, hemos de admitir como base algo supuesto,
de naturaleza irracional.
Ahora bien, si por su misma esencia, la vida, el Universo o la realidad son
irracionales o extraños a la razón y a las leyes del pensar, y si por su misma
esencia tiene afinidad con otras potencias vitales, como la voluntad o el sentimiento, resultará que sólo por medio de esas potencias vitales podremos captar esa realidad y ponemos en comunicación con la vida. Podremos pues encontrar la voluntad vital o el sentimiento vital.
No cabe decir que yo puedo aplicar mi razón y las leyes fundamentales del
pensar a toda categoría de objetos o al Universo en su unidad y complejidad
simultánea. Existen categorías de objetos cuyo ser se agota sintiéndolos o queriéndolos, por lo que es absurdo pretender pensarlos.
Aunque pudiéramos aplicar las leyes del pensar al Universo y encuadrarlo
en nuestra razón, eso sería una exigencia nuestra como seres racionales, como
seres pensantes, pero sería todo esto extraño al Universo, incluso en el caso
de que la esencia del espíritu fuese el pensar, como quería Descartes.
Pero si la esencia de mi espíritu es la voluntad y si el pensar es voluntad de
pensar, ni siquiera como exigencia de nuestro espíritu podríamos pretender
pensar la realidad vivida, y en cambio, la unidad del sujeto con su medio objetivo en el que se presenta la vida, tendría otra significación muy distinta a la
racional. Tal vez entonces la realidad, la vida o el Universo no serían tan extraños a mi yo y podría realizarse naturalmente la unidad del sujeto con el
medio objetivo. Pero en este caso, en lugar de la razón vitai9 tendríamos la
voluntad vital, como quería Schopenhauer.

BIBLIOGRAFÍA

ALCAYDE VILAR, DocTOR, Lecciones de Filosof!a. Universidad de Valencia.
A. MESSER, Historia de la Filosofla, Revista de Occidente, Madrid.
M. SCHELER, El fundamento de la Moral y la Etica material de los valores.
E. HussERL, Investigaciones l6gicas, Ed. R evista de Occidente, Madrid.
- Ideas, Ed. Fondo de Cultura Económica, México.

104

LUIS V1vEs, Tratado de la Enseñanza, Ed. M. Aguilar, Madrid.
Obras completas de Arist6teles, Ed. Anaconda, Buenos Aires.
MANUEL KANT, Crítica de la Raz6n pura, Ed. Losada, Buenos Aires.
ÜRTEGA Y GASSET, Obras completas, Ed. Espasa-Calpe, Madrid.
H. BERGSON, Evoluci6n creadora, Ed. Losada, Buenos Aires.
MAX SCHELER, De la esencia de la Filosofía, Ed. Losada, Buenos Aires.
M. HEIDEGGER, Qué es Metaf!sica, Ed. Cruz y Raya, Madrid.
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LAsK, L6gica de la Filosofla, Ed. Losada, Buenos Aires.
K. JASPERS, Psicología de las concepciones del Universo, Ed, Losada, Buenos Aires.
DILTHEY, Filosofía de la Filosofía, Ed. Fondo de Cultura Económica, México.
J. ÜRTEGA Y GAssET, Qué es Filosofla, Ed. Revista de Occidente, Madrid.

�PROLEGÓMENOS A UNA LÓGICA INTEGRAL DE LA VERDAD
DR.

Ivo

HoLLHUBER

I
NOMINALISMO DESENMASCARADO Y LÓGICA INTEGRAL

sufre, en la actualidad, bajo el
hecho de que se ha dado por entendido emplear el término técnico "idealismus",
que solamente debería ser usado en relación con la "idea" en el pleno sentido clásico, para caracterizar aquellas ideologías que desazonaron en el rumbo
nominal la "idea" a un concepto subjetivo de pensar.1
Sería bueno recordar con gratitud a Otto Willmann, que censuró categóricamente el nominalismo como empobrecimiento del pensar, y a la mayoría
de los modernos como nominalistas ingenuos. "El nominalismo ha convertido
el significado principal de la idea de elem,ento existencial ideológicamente
ejemplar" a otro concepto subjetivo de pensar. "El nominalismo explica los
conceptos de indicios según el género de los valores y niega un elemento de
ser, correlativo, inteligible, en las cosas. Con tal motivo la ontología nominal
obtiene ante todo su orientación general: solamente atribuye realidad a las
cosas particulares porque ahora únicamente valen géneros y especies como
ayuda mental de la razón".2
Esta negación de las formas y potencias va de acuerdo con la negación de
la posibilidad real.
Tan pronto como hemos reconocido al nominalismo como fundamento más
profundo del hecho de que el idealismo verdadero queda a merced de un
pseudo-idealismo, entonces hay que tomar sus medidas para eliminar, en lo
posible, los sistemas coordinados unilaterales nominalísticos del pensamiento

TODA LA HISTORIOGRAFÍA DE LA FILOSOFÍA

'WILLMANN, ÜTTO, Historia del Idealismo. 2.A. Braunschweig 190, p. 94 (tomo 11).
' Op. cit., p. 633 ( tomo 11 ).

107

�científico. Esto, sin embargo, no es posible mientras que los instrumentos corrientes de todo pensar científico y la misma lógica formal, queden orientados todavía individual y nominalmente. Y nuestra lógica escolar aún está
orientada en un sentido completamente nominalista.
También convendría aquí, antes de proponer nuevos rumbos, darse cuenta,
primero, del terreno ya ganado respecto a la lógica escolar, sin duda aceptada con tendencia nominalista. Hay que damos cuenta que el pensamiento
principal de la lógica, orientada hacia el nominalismo-empirismo conforme
a lo cual el concepto común todavía está llamado como consistente de aquellos criterios -los cuales serían comúnes a muchos objetos particulares- ese
pensamiento principal no es tan evidente. Othmar Spann ya censuró, durante el tercer decenio, en su tratado "Sobre el fundamento de una lógica
integral", esta tesis principal del nominalismo lógico. "La tradicional lógica
empirista entiende por concepto común una suma de criterios, el cual se logra
-según dicen- prescindiendo de los criterios heterogéneos en un recinto
de objetos, salvo aquellos criterios comunes a todos. Con esto, la formación
del concepto llega a ser, principalmente, un problema estadístico. Descuidando las diferencias y poniendo de relieve lo común -como se cree- se
origina el concepto común. Por eso se llama empíricamente idea general.
Cuanto más grande es el contenido de un concepto, tanto más pequeña es
su esfera. Pero cuanto más pobre sea el contenido, es decir, cuantas menos
propiedades comunes tenga el concepto, tanto más abarcará. El concepto
común sería por eso, vacío; el concepto individual, lleno. Con ese modo de
ver el concepto común se despojaría a lo común de toda esencia autónoma.
Esto sería solamente lo que es común a todo y no existiría, por supuesto, en
sí mismo. Además se le convierte en algo autónomo inconciliable con lo
"especial" .3
Frente a esto, Othmar Spann hace entender el concepto común en el sistema de coordinadas de una lógica integral por el concepto de género de
la categoría cada vez más alta de la totalidad. Desde luego afirma, con razón,
que solamente existe un común relativo y un especial relativo, con lo que
se demuestra, como completamente equivocada, la opinión de la lógica tradicional orientada nominalisticamente, la cual trató los criterios de los conceptos numéricamente y sin hilación: "Se conserva y comprueba lo particular,
ascendiendo al común como a su totalidad más alta. Se conserva lo común,
descendiendo al particular como a su miembro. El concepto común no es
vacío sino que lleva la plenitud total de sus miembros en forma virtual. Lo
común no expresa solamente las comunidades de muchos particulares sino
que expresa el valor de la categoría de una totalidad o de un género". Por
• SPANN , ÜTHMAR,

108

Kiimpfende Wissenschaft. Jena, 1934, pp. 159-60.

eso, pensar "abstracción", "común", no significa "suprimir", sino poner separadamente lo no coordinado, es decir, ver hacia la categoría superior en la
gradación de los géneros, y por eso: "determinación", pensar lo particular
no significa "añadir", sino poner separadamente; lo no coordinado significa,
pues, ver hacia lo inferior en la gradación de los géneros y especies. En sí,
es un mismo hecho básico del pensar por el cual se piensa meramente lo
definido, pero con valor distinto de la categoría. No es uno más de los criterios, sino criterios de otro valor de categoría lo que está aquí en tela de
juicio".4 Disertaciones correspondientes a esto ofrece la obra póstuma más
grande de Othmar Spann Lógica Integral editada en 1958 (Editorial Stifterbibliothek) e Ivo Hollhuber, Lengua-Sociedad-Mística, Munich, 1964.
La lógica nominal del juicio cronológicamente fue vencida antes que la
lógica nominal del concepto. Es notorio que ya Franz Brentano subrayara
que el juicio verdaderamente sencillo es de un miembro y no de dos, y que
lo esencial de · un juicio está en un reglamento, en una tesis, y no en una
composición o en una síntesis.
En su Introducción a la Filosofía (1933) Theodor Litt dio una réplica muy
expresiva al sumario artificial del juicio lingüísticamente expresado, en el
cual el principio lógico lingüístico se le convirtió en la desviación notable de
la teoría del conocimiento con la pregunta: "¿ Cómo llegan conocimiento y
conocimiento trascendental a reunirse de tal manera que sea posible el reconocimiento?" o, en aquella otra pregunta: "¿ Cómo llegan a separarse tanto
el conocimiento y lo producido del conocimiento hasta que éste, llegado a
ser objeto, pueda parecerse casi como un "trascendental", un desplegable
y consistente por sí mismo?" 5
Tampoco pasó inadvertido que el juicio, sí es "Cosa de la declaración",
mientras que "lo esencial no está en la forma lógica sino en la forma de
conocimiento" (Nicolai Hartmann). Además no queremos perder de vista
que durante siglos se han deslizado errores de traducción de fuentes griegas
en nuestros libros de lógica, causando muchas confusiones de concepto y
juicio; a lo que hay que añadir un desprendimiento igualmente artificial de
los conceptos de su país ontológico natal. Hay que tomar en consideración
la advertencia de Nicolai Hartmann, que "el término anócpa11tis- significa
"hacer ver" (darse a conocer) y que fue traducido erróneamente por Juditium
(sentencia, pronunciamiento); al parecer, todavía falta aquí un verdadero
concepto del concepto. Lo que los latinos llamaron "notio y conceptus" es
aún desconocido en la analítica de Aristóteles, ~i11os- y eli5os-, sin embargo,
lo que los intérpretes generalmente caracterizan sin el menor reparo como
' Op. cit., pp. 165-66.
• Compare: THEODOR

LtTT,

Introducci6n a la Filosofía.

TEUBNER.

1933, pp. 223-24.

109

�concepto principal y secundario, pertenece, en realidad, igualmente al ser
como al pensar" .6
Ya en el IV Congreso de Filósofos Alemanes (Stuttgart, 1954) Leo Gabriel
se empeñó en una reseña sobre "Lógica Integral", después de haber censurado
la logística como un formulismo "solipsístico" por la descortezación del punto
esencial del sentido en el campo significado por el concepto. Ha indicado
con toda prevención, por confusión de la lógica con la ontología, "que el concepto como aspecto terminológicamente absoluto, junto con los fenómenos
extensionalmente comprendidos --en síntesis lógica- forma un sistema abierto
al ser".7 El hecho que el juicio en la logística se haya convertido en un
concepto significativo de la frase con el "criterio" de verdadero o erróneo,
significa, según Leo Gabriel, nada menos que perder de vista las dimensiones
lógicas, que es en el juicio en contraposición al concepto, con la consecuencia
de la amplitud opuesta de las oscilaciones del péndulo en el existencialismo
moderno: "clara y evidente es la reducción lógica al concepto de la forma
del juicio en la lógica racionalista: en el análisis de conceptos elementales a
priori de Descartes, o el modo de combinación de Leibnitz y en la consecuencia del concepto de la frase de la logística. La lógica racionalista ha
fundado aquel a-priorismo y también la existencia como criterio del concepto, de aquel esencialismo diluente que causó necesariamente la decisión
contraria irracionalista y existencialista".8 Sin embargo la lógica integral de
Gabriel no acaba en una lógica del concepto y del juicio sino, más bien,
postula una categoría de la forma de la integración lógica que pasa los límites y que se representa por el sistema". ''Lógica integral es lógica de sistema. Considera al sistema como un total independiente c.on propia estructura
lógica y legalidad".
Con esto indudablemente se logró un gran paso. Ahora todo depende de
qué hay que entender finalmente bajo la palabra "sistema". Gabriel no se
cansa en contrastar concretamente el pensar "constitutivo" y "el pensar que
define y predice"; asimismo, no cesa de advertir que no se puede formular
en la forma del concepto y en la forma de la manifestación una proporción
de motivación, haciendo responsable a la entrega de la diferencia lógica de
fundamento y objeto para los caminos de error del pensar totalitario en ideología y política. Si Gabriel distingue "tres categorías de una imagen cada
vez más intensa, entrando en el objeto de una reproducción aumentando a
• H. HARTMANN, N1coLAI, El Problema de lo Apri6rico en la Filoso/la de Plat6n.
Berlín, 1935 (Acta de Sesión de la Academia Prusiana de la Ciencia) , p. 33.
' GABRIEL, LEo. "Lógica Integral". Revista de investigaci6n filos6fica. Tomo X , 1,
1956, p. 52.
• Ibid., p. 54.
• Ibid., p. 55.

110

su vez de intensidad por revelaci6n estructural del símbolo y las deja ser
válidas" de tal manera, que la exposición primeramente se dirige sobre el caso
dado, declarando y determinando lo que es y asimismo, explicando que existe,
que se da el caso, y finalmente, exponiendo en una amplia relación -porque
lo es así-1 º de tal manera que a base de eso se podría entender "el sistema"
concurriendo decididamente con "constitución". Esto parece ser el caso de
Leo Gabriel en toda amplitud de tal manera, que su tercera categoría de la
"lógica integral" acaba en "constitución" y en último caso en "nexo causal
constitutivo de motivación". Sin embargo en nuestra opinión, el informe de
Gabriel contiene principios que parecen enseñar que "constitución" o "nexo
causal constitutivo de motivación" son categoría superior de la lógica integral. Base para esto es la comprensión de que el punto esencial de la lengua
no se encuentra en señales impuestas sino en símbolos como formas de expresión._ Solamente en el caso de que las formaciones simbólicas del lenguaje,
las oraciones y concatenaciones determinadas para comunicar dicción expuesta,
sean s!mbolos, es decir, formas lógicas de expresión llenas y no reducidas, pueden e1ercer su función de descripción de un ser objetivo en la relación creada
del sentido. Pero donde se suprime la forma y se trata a los símbolos abstractamente, donde no se encuentren símbolos legítimos sino "señales" impuestas a_l arbitrio en una lengua arbitrariamente construida, no se puede
esperar ru reclamar de estos símbolos reducidos y formalizados la expresión
representante de una descripción verdadera que es propia de los símbolos
auténticos".11
En esta misma línea se encuentra lo que Romano Guardini formuló claramente hace ya más de veinte años: "la lengua no es un sistema de señales
de un 'modus vivendi' (inteligencia) por el cual establecen un intercambio
dos personas sino que la esfera del sentido' en el cual vive cada hombre" es
un contacto determinado de formaciones del sentido -por leyes sobreindividuales- en el cual nace cada uno y por lo cual se forma. Es un total independiente al individuo en el cual cada uno da forma según su índole. 12 De
esta base_ anteriormente explicada se podrían dar algunos pasos más: se pueden seguir las huellas de Humboldt acordándose de que el "milagro de la
l~ngua" Y el "milagro del sentido" no se encuentran en el "carácter órgano"
smo en el "carácter energeia" de la lengua. Esto lo destacó con toda claridad
Erich Heintel en un ensayo lingüístico filosófico muy comprimido y sin embargo muy orientador: "'en su sentido la lengua no es mero 'órgano', instrumento de la descripción y comunicación en un mundo ya acabado de cosas
,. Cfr. lbid., p. 50.
11

Cfr. Ibid., p. 49.

11

GUAJU&gt;INI, ROMANO,

Mundo "'
Persona. Würzburg. 1939'p. 157.
J

111

�y prójimos sino que le corresponde una función propia constitutiva en relación
con tener un cosmos y ser hombre. La precisa amonestación de la filología
de nuestra época que se escucha en muchos lugares: '¡ volver a Humboldt!'
y con eso regresar a un idioma como 'organon' se refiere, por lo tanto, directamente a la filosofía". 13
Con esto penetra una luz nueva hacia la cuestión del origen del idioma
en cuanto que se puede decir brevemente: "que ésta se plantea solamente
dentro del sentido como energeia, es decir, objetivamente, pero nunca como
organon de idioma ya supuesto. Es una pregunta de relación objetiva pero
de ningún modo una interrogación de la constitución del objeto o del sentido mismo. Por eso solamente se puede plantear esta pregunta en relación
14
con el idioma como dinámica e idioma como ergón.
También es deseo de Erich Heintel, el cual opone a la crítica positivista
del idioma su crítica dialéctica, mostrar "que el total del idioma como energeia
e idioma como ser determinado (como dinamia y ergón) nunca se puede
contraponer como concepto más lato o más limitado, es decir como concepto
de intención linear" .15
Hans-Eduard Hengstemberg dio otro paso más en el puente de los símbolos
y del idioma evaluable solamente en forma lógica integral como esfera de
sentido, lo cual hizo fecundo su análisis de las relaciones de origen para
nuestro problema central, en tanto que expuso claramente que el espíritu humano -con exclusión de la causalidad en el sentido moderno- primera~
mente comunica sentido a la materia del sonido y en tanto es creador: "¿ Qué
hace nuestro espíritu al producir una palabra sino actuar causalmente y a
pesar de ello es imprescindible?" El comunica un orden a los sonidos. Ya antes
de hablar existió un orden en el espíritu. Porque en el acto espiritual se ve
primero en el pensar racional una entidad. . . no es por ejemplo arbitrario
o casual el "vestido simbólico", "árbol" como orden del cuerpo de la palabra
sino que el acto espiritual puede vivir en él. Ninguna convención o estipulación podría lograr esto. Aquí se ha hecho presente el espíritu humano en el
material físico del sonido progenitor creador y el producto de esta procreación
16

es el cuerpo de la palabra "árbol" .
En una evaluación metafísica de este principio llega a hacer el idioma humano, para Henstemberg por una diferenciación material fisiológica del sonido por su parte y de importancia por la otra, un caso particular de la relación
HEINTEL, ERICH, "Filosofía de la Lengua" en Filolog!a Alemana en Proyecci6n.
18
Berlín-Bielefeld-München. Segunda edición, 1958, pp. 568-69.
" Cfr. [bid., p. 599.
" Cfr. lbid., p. 604.
•
1

HEN0STEMBER0, HANS EowARD, Ser y Originalidad. München-Salzburg-Koln.

de
a secas.· t'.. Pero que' hace el espmtu
, . en
1 hespíritu
bl l y materia
1
· absolutamente
.
enicaa alar aCpa abra
siendo
inalienable
en
la
formación
d
1
.
?
. .,
e a misma. -comu_go. om~~icacion es algo distinto esencialmente de causalidad . Qu,
comumca
el espmtu? -un orden · Este ord en, sm
• embargo no p d · ht'. b e
.
s1d~dcreado ,ca~salmente. El espíritu ha creado causalment~ el or~:ne deª 1:r
som
.. s
en laos tan mfimamente
d
· como el poeta la frase de un poema que se venÍlca
prensa e u~a imprenta. Ahora solamente aparece su orden anti r yet~~o ~orno la mISma en material distinto, es decir, en matrices
Po~ ~a
re ac1on ~te~a del ser entre orden del acto y orden del sonido ·u·e· exclu e
. permitir
. . por' eso
q una de
y
dtoda . ,arb1tranedad
d
, . en la elección de son"d
l os ( sm
~ccion e _la ultima)~ la palabra, como Scheller expuso claramente no e:
nmguna s~nal. Una sena! se puede fijar. Un fundamento sensorial ' d
y se asocia posteriormente con el significado. Justamente eso es
r:si~~e
con la p~labra. Se puede caracterizar algo con palabras mientras ta~to 1:
palabra vive,
como existente ·11 y finalmen te 1a consecuencia
.
ontolóai
¡ ya presupuesta,
¡
" ca, a cua nunca se puede diferenciar de una lóaica dirigida . t
1
mente y de ¡a r·¡
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"La umo
. mystica de sonido o . "f" d m egra l oso ia:
'
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•,
Y s1gn1 1ca o en un

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!~~:::1/:1

h:;~~:,,_~:

cuerpo y espíritu. Por esto la lengua es un atributo

II
LA LENGUA DE PRIMERO'

SEGUNDO
y TERCER ORDEN Y SU SIGNIFICACIÓN
,

EN LA LOGICA DE LA VERDAD 19

a): Todo lo corpóreo, saturado psíquic:rnente, el "cuerpo d

"

.;:e;:,~:,;gu:

;::•J:a:~ un •~mido pcralto refinado y mucho más transparent:

L
, ª1:1ºs ianame~te _Y_ a través de la cual vivimos.
. o plastico saturado mtu1t1vo-musicalmente es lo original A ,
d
mterpretar desde luego la poesía como la f~rma más anti~uas1dquel poi emos
0
o metaf' ·
¡
. .
o
e a enaua.
L
onco preva ece orwmalmente.
A ,
b
físic~u:ne;t~os frente Ia un secreto sui-géneris del acto generador psico_ ____ª_ engua, y a palabra mágica que nos descubre este secreto es
" H
229-3/NGSTEMBERG,
HANS EowARD, Antropología Filos6fica. Stuttgart. 1957, pp.
,. Cfr. lbid., p. 230.
a este capítulo entero· lvo Ho
Fundamento de Formación del Hombr~
..
LLHUBER, La Imagen Humana como
autor: Lengua-Sociedad M' t" (P l . ,Munchen. 1941. Igualmente la obra del mismo
chen, 1964.
- is zca
ro egomena de una Antropología Pneumática) . Mün-

" eompare

1958, pp. 30-33.

113
112
H8

�precisamente "creación". Sin embargo, no es creación primigenia sino crea-

•

ción delegada.
Igualmente como la modelación del retrato más ingenioso y fiel del hombre en el arte se diferencia toto coelo de la "creación" del nuevo representante
de personaje -engendrado por el nombre- espera ser llamado a un~existir
espiritual propio, así también, la invención más perfecta de . una ~enal de
una lengua artificial sería mucho más inferior al sentido resucita~o ~dep~ndientemente en una lengua materna, el cual se forra de las apariencias idiomáticas. Continúa creciendo y comienza a florecer hasta que de tan crecido
el vestido ya no corresponde al talle y se envuelve en uno nuevo y aún más
ajustado, o en un cuerpo de palabra.
A veces parece que la facultad de la intuición del conocimiento humano
hubiera lleo-ado a un punto muerto en el momento del nacimiento de la lengua, el cu:l tiene que ser vencido: logrando la reducción de lo físico de la
"imaginación", en el sentido trascendental idealístico de la "cosa" y, entonándose él, imagen de una ideología preñada de símbolos para que nazca
una nueva unidad de sentido que vive a través de palabras con la cual, la
lengua, se ha enriquecido con un idioma nuevo intraducible. Mas en el momento de no lograr esa reducción quedándose clavada en su esfuerzo, aferrada en la mitad del camino en su firme volición de la lengua, entonces
también en algunas ocasiones, nace algo admirado como nuevo pero q~e no
son palabras sino a lo sumo vocablos, señales que viven por benevolencia d_e
una arbitrariedad caleidoscópica o, mejor dicho, señales puestas por un volitivo decreto riguroso que debe su brillo únicamente a la luz tenue que proyectan la similaridad superficial con la integridad legítima de la lengua. Y
sin embargo, guardando aquella facultad de ver que cuelga en e~ p~nsar
discursivo solamente en un fragmento de la imaginación por sobrepu1amiento
de una imao-inación saturada de sentido sobre imaginación y dejándose clasificar pasiv~ente por el último sentido, haciendo _activament_e efectivos _los
hechos de la lengua psicofísica como letras de cambio a una vista de senudo
lingüísticamente trascendente e intuitivo y que, en último término, se acaba
en un "encerrarse" frente a los acicates de sentido y sonido de tal manera
que se ha abierto el camino para dedicarse completamente a la vis~ de s_entido: se ha vencido la lengua. De este modo, la lengua, entendida pSicofísicamente en su última relación al sentido, apenas es un indicio de la relación
del ser ontológico metafísico del hombre como tal. Igualmente como el hombre es eterno por su temporalidad, así el sentido espiritualizado de la oración
humana es dado, respecto al tú alejado de la transformación de la plenitud
visual preidiomática. Queda un acertijo del ser contingente porque toda esta
unidad sensorial se excluye dado que hic et nunc, justamente son así Y no
distintamente, como precisamente en eso y no en otras palabras. De pronto,
114

se abre el camino tal como se crea una erupcion, toma forma de cuerpo,
llega a ser lengua, palabra vivida y vida comunicativa, llega a ser sirnificación de una imagen de sonido, llega a ser espíritu del cual, los cue~os de
palabra y frase, pueden alcanzar a ser vehículos de pregón de sentido o cadenas de petrificación del mismo. Por este espesor idiomático también en
su perfeccionamiento más posible, siempre queda fase de trrui'sito desde el
adivinar preidiomático hasta el entender sin palabras, a la comunicación de
los espíritus. Es lengua humana, es sentido saturado de espíritu, forrado de
melodía, impregnado de intuición: lengua en todo su esplendor nacida del
espíritu y lengua en toda su insuficiencia por estar sujetada al cue~po.
b). Solamente interpretando el sistema de categorías como neologismo
que se crea libremente, el espíritu como medida de descripción de los modos
de ser ~e todo lo dado -en camino de intuición, en camino de experiencia,
en cammo, tal vez, de conocimiento de la.s leyes de intermodalidad (Nicolai
Hartmann)- adivinados o descubiertos directamente ni absolutamente comprensibles ni terminantemente comunicables, podremos resistir a querer componer un total de conceptos sueltos de categorías posteriormente y de este
modo evitar una anamorfosis de la antropología filosófica categorial como
clase elemental de la lógica de la verdad. Queda como fin la comprensión
del t~tal de una estructura categórica con sus componentes particulares pertenecientes al sistema, idiomáticamente perfeccionados.
. Las categorías mismas presentan una creación lingüística de primer orden,
Sin que la lengua tenga que sacrificar su carácter psicofísico con esto. Al
contrario, 1~ estructura filosófica categórica misma, llegada a ser lengua de
orden superior, se basa en una relación psicofísica. Las funciones cateaoriales
adquieren la calidad de un físico de segundo rango mientras que para :osotros
los conceptos categoriales valen por un físico de segundo rango que de suyo
no es más físico pero sí orientado en lo físico.
De cierto modo es un paso de prolongación de la facultad de fonación
revelada del homogéneo total sensorial de un conjunto de oraciones -"'en
nuestra lengua de primer rango o lengua a secas"- a las cuales la creación
de ~a lengua madre debe su origen, en palabra y frase, un paso de prolongación desde el medio idiomático de descripción más sencillo hacia uno
mucho más complicado para nuestro pensar discursivo rezagado y sin emba~go en su elemento mucho más básico, es decir categorial de una y la misma
unidad de sentido. Categorías en sí, son f armas fundamentales del ser, pensar
Y valorar. Son tanto géneros de formaciones de conceptos por los cuales dan
con la lógica material como también géneros de lo formado abstracto mismo
por los cuales dan con la lógica formal. Finalmente, son también, modos de
ser no solamente de todo "existir" sino que también lo son del ente contingente por lo cual dan con la metafísica. Por supuesto, no se debe perder de
115

�vista que no se puede agregar nada al ser, de lo que no expresa por sí mismo
de cualquier modo. Además, el concepto de ser no es un término genérico
ni unívoco sino un concepto análogo que "se extiende en un arco infinito
desde los límites de la Nada hasta el ser absoluto de Dios" (Martín Grabmann). Por eso Peter Wust habló una vez, con todo derecho, "ele la varita
mágica de la analogía". La diferenciación de funciones categoriales y conceptos categoriales queda como fundamental (según Eduard von Hartmann)
"Los conceptos categoriales son los representantes del conocimiento de las
funciones categoriales inconscientes inductivamente descubiertas", según Nicolai Hartmann: "Categorías tampoco son hipótesis del pensar puesto que
son conceptos". Sin embargo nuestros conceptos de categorías si son hipótesis,
es decir, "estudios de fórmula". Según Robert Reininger: "Los conceptos
de categorías no son más que estudios para seleccionar los géneros de la
síntesis presentados en las manifestaciones, fijarlas y hacerlas constar en
conceptos".
Continuemos preguntándonos lo que es de cerca, como lengua categorial
este psicofísico de segundo rango. Un proceder específicamente humano toma
en cuenta con esto la finalidad de su potencia adicional en la revelación del
sentido. "Lo físico" en eso es la proporción correspondiente de símbolos del
imaginar quedando esto inevitablemente antropomódico. Bajo la lente de
aumento trascendental idealística, el imaginar llega a ser sin más físico, como
ya lo interpretó Robert Reininger lógicamente saliendo de su tesis: "Esse est
percipi" en su "Metafísica de la Realidad". Bajo la lupa trascendental real
llega a ser un "físico de segundo rango" en el sentido de un cuadro simbólico
orientado por la visión memorística de lo físico. Lo físico, en esto, llega a ser
decididamente, para el idealista trascendental, la experiencia de la actividad;
para el realista trascendental, el intencional sin extensión para lo extendido.
Para un aquende, sin embargo, llega a ser de la clasificación de la teoría del
conocimiento, la recompenetración en un "prefísico" todavía no especificado
exactamente. Con esto la acción se coloca sin cesar en el centro de la significación. Finalmente, la creación espiritual, de categoría superior, también
depende de la acción como la función categorial sirve de padrino al concepto
categorial. Con esto no se quiere poner un signo de igualdad a secas entre
conocer y querer, pero sí tomar en cuenta el caso en el plano peralto del
sistema categorial, donde el conocer siempre necesita ser deseado sobre todo,
como existe también un cerrarse enfrente de la verdad conocida y un retener de la afirmación en oposición a ella. Después de haber llamado este
"estar presente" del querer elegir, actuar en el pensar, aspecto del acto de
conocer, surge la pregunta sino es anticipado hablar del conocer donde había
verdaderamente un pensar. Contemplábamos y aún no pensábamos y pensábamos y no contemplábamos más. Empezábamos a pensar porque nuestro

contemplar era demasiado limitado. En el contemplar no había opción
po~que _traía en sí aun la plenitud de todos los resultados de la opción 0
~eJor dicho d_e todas las resoluciones previas 20 no desdobladas y• sin embargo,
aun _no conocimos, porque lo finito del contemplar era obra imperfecta y no
plenitud Y teníamos. ~ue pedir . auxilio al pensar. Este grito de socorro por
el pe~sar_ es la func1on categonal como ritmo del conocer no como conocer
por s1 mismo: pero el concepto categorial pasmado en su movimiento de
pensa~, c?mo em~ncipado del silogismo, aguarda la retransformación de la
expenenc1a, es el obolo con el cual contribuye la intuición humana moribunda
al Charon silogístico para vivir una vida de apariencia en los campos humanos de conocimiento finito.
Remo~ v_isto, pues, que el andamio categorial que nos predice conducirnos
~l conocmuento, es conectado también con la relación psicofísica, la cual es
inherente al carácter humano del ser e incapaz de soltarse de él. Sin embargo,
lo hace responsab~e como lengua de categoría superior de la disposición siemp_re corree~ del sistema de los coordinados, correspondiente a las circunstancias respectJ~as en la cual "la lengua de primera categoría" marca las curvas.
En es~~• se ben': que evitar,. siempre, el peligro de coordinar razón y volición.
Tamb1en la tesis de evolución del prelogismo afirmado por Levi Brühl la
cu~l en estos días está superada por el argentino Raymundo Pardo con' sus
t~s1s de evolución de sus "integrantes racionales" que conduce a ~na calle
ciega.
e). Hay dos conocimientos de causas que nos parecen especialmente apropiados para liberarnos de escrúpulos frenantes de una perspectiva Jano, fundament:1lme~te p_ara una interpretación sen,sorial de la lengua, interpretación
que está ennquec1da por una nueva dimensión. La antítesis artificial RealismoIdealismo se presenta tal como la expuso sagazmente M. F. Sciacca,21 haciéndonosla ver como un teorizar de dos ilusiones, las cuales se basan en un modo abs~ract? en el concepto de ser, pensar, realidad y sus relaciones: realismo e 1deahsmo son descendientes hostiles de un origen común, es decir a
un lado de la identificación de lo real con el ser y al otro, de la convicción
de que el ser y el pensar forman antinomias. Ahora bien, ambas hipótesis se
"' Es un mérito de Hans Edward Hengstemberg el haber destronado el fenómeno
de _opción Y ~simismo el haber diferenciado críticamente la resolución previa de Ja
opci~n. La primera es "hechar por un camino", un ajustarse en el sentido de pertinencia . o rmpertmencia,
·
·
· mientras
·
•
la opción
puede referirse exclusivamente a medios
para !mes pero no a motivos (Cfr. HENOSTEMBERO, HANS EowARD, Filosofia AntroPol6gica, p. 46 y p. 62).
-~ Cfr. ScuccA, M1cHELE FEDERICO, Acte et Etre. Aubier. Paris. 1958, pp. ¡ 9-24. y
Ilo~LHU~ER, Ivo, Michele Federico Sciacca guía del esp!ritu occidental. A. Rain.
Me1senhe1m-Glan. 1962.

117
116

�muestran como "idola theatri" en tanto que el ser no se puede reducir a lo
real aunque sí sería verdad que lo real formaría un ~odo de ser, en tan~o
que el ser y el pensar además, no se contraponen ru se excluyen. Marün
Heidegger aprovechó un principio de Novalis ("monólogo"): Justa1:1en:e lo
propio de la lengua (el hecho que ella se preocupa solamente por si misma
nadie ¡0 sabe), intentando la revelación de que verdaderamente _no es el
hombre el que habla, sino la lengua, con lo cual parece s~r descubierta una
nueva dimensión sensorial.22 Aquí la lengua, según su entidad, no es expresión ni tampoco una actuación del hombre. La lengua habla. De aquí ~~­
bién se comprende por qué Heidegger puede ver en el desarr~llo de la logica
como
h aci·a la logística, un proceso metafísico que se presenta fmalmente
b''
una agresión contra la entidad de la lengua. Y si finalmente des~u no que
pertenece a la lengua, al decir, también el callarse ~orno part: mtegrante,
se debe recordar entre otras cosas el libro de M. F. Sc1acca, l~o.mo se vence
en waterloo? 2a el cual, profundiza metafísicamente este conocimiento y cuyo
tema principal forma en verdad: "El callarse y la palabra". .
.
Después de )a superación de la antítesis artificial realismo-idealismo Y por
razón de esta experiencia en "la lengua que habla", se puede ahora tomar
otra vez en consideración peralta la historia de filosofía -en tanto que es
historia de sistemas filosóficos- como una expresión de un -'físico
terc~:ª
categoría" y la historia de la filosofía en ~nto que entra en cons1deracion
como historia de conocimientos 24 ( en el pnmer caso se trata de la pregunta
. cuáles cateaorías enseñaron los diversos filósofos?; en el segundo caso: ¿ en
e
º
,·¿
t,
cuáles pensaron ellos mismos?) se puede llamar psiquico e tercera ca egon~.
Se necesita mucho ánimo, mucha envergadura espiritual dentro del horizonte intelectual, gran dominio de sí mismo para abrirse paso a esta co~cepción una concepción que a su vez interpreta un sistema completo de 1deologí; como una especie de cuerpo refinado, lo. mismo que en el ~rad~ ~ensorial subordinando las palabras y frases particulares eran t~mb1e~,. um~amas mfenor
t "cuerpo para el contenido espiritual
mene,
_
,y en el grado, sensorial
,,
del idiomático, la creación del somdo tema algo corporeo
Animo: porque existe el gran peligro de ver en la_ ~eleg~c~ón d~ to~~ verdad
.
1 ver ya todo en la denegación, en la fonac10n
e 1d1omatizac10n
de
litera,
.
.
'd' la
creación, una vez acabada de un total sensorial ( todas las fonaciones e 1 10-

d:

,. Cfr. HEIDEGGER, MARTÍN, Camino a la Lengua. G. Neske. Pfullingen. 1959, PP·
14, 19, 9 y passim.
.,
d 1957
" ScrACCA, MrcnELE FEDERICO, Cómo se vence en Waterloo. M1lan, Marzo e
·
" Cfr. La argumentación de esta d~erenci~ción por _IIA~TMANN, ~:~OLA!, El pensamiento filosófico y su Historia. Acadelllla Prusiana de C1enc1as, 1936. Un nuevo ~odo
de pensar está pegado a la consecuencia del sistema. . . El otro modo de pensar sigue
a la consecuencia del problema".

118

matizaciones posibles) y en un cumplimiento continuo del postulado de comprender todo simbólicamente, se comprende durante tanto tiempo simbólicamente hasta que no queda absolutamente nada para simbolizar.
Envergadura espiritual: Porque la facultad visiona! humana limitada siempre está dispuesta en demasía a poner la línea de sumación debajo de su
caso dado, por pura impaciencia en averiguar finalmente todo. Cumpliendo
con esto, olvida que la denegación del sentido, sea de un total idiomático
o del universo, se basa siempre en eso que ella todavía dentro de una partícula disonante, la cual ya le parece "total" (sea esta una frase, un capítulo
o también, una vida humana) anticipadamente, en pura impaciencia, aprieta
el reloj de trinquete de su intelecto de hombrecillo.
Dominio sobre sí mismo: En tanto que se tiene que empeñar en frenar este
impulso asimptóticamente, pues lo sistemático-universalmente no se puede
frenar en tanto que la facultad visiona! limitada quede siempre como facultad
visional. Se trata de perseverar en la oscilación del péndulo. 25 Si uno se empeña en hacerse cargo de las perspectivas aquí sugeridas, quizá le parecerá
extraño que todo eso pertenece a los prolegómenos integrales necesarios de
la lógica de la verdad.
Sin embargo así nos interrogamos. Era indispensable desde el principio otra
ideología cuando se trató de contener dentro de la "lengua de primer rango"
y practicar lnox17 (juicio, duda, suspensión), dentro de la "oscilación del
péndulo", la cual era allá la palabra, concepto o juicio, y cuando se trató con
tenerse dentro de la lengua de "segundo rango" y practicar otra vez lnox11
también dentro de la oscilación del péndulo que era aquí la creación categorial,
es decir, la causalidad de la argumentación. En ambos casos, seguramente, se
necesitó un número considerable de oscilaciones del péndulo para avanzar
a un sentido fundamental. Y aquí, en el grado más alto bastaría, si cabe,
media oscilación del péndulo para conseguir un entendimiento completo. Porque en esa totalidad idiomática de tercer rango, la unidad no es más la frase
fundamental del sentido o la creación categorial que lleva el sentido dentro
de un determinado sistema categorial de coordinados, si no se lleva aquí la
unidad por la verdad de una ideología total que preforma una vida humana
completa. No solamente la concordancia de modos de manifestación entre
sí (concepto de verdad del idealismo trascendental), no solamente la concordancia de manifestaciones con el estado propenso de cosas (concepto de verdad
del realismo trascendental), sino también, la concordancia de la entidad del
sentido que aspira a expresarse en una vida humana con la creación correspondiente de expresión que requiere verdad, sea esta expresión el discurso
24

Cfr. HOLLHUBER, lvo, La Imagen Humana como fundamento de la formaci6n
del hombre, p. 267 y ss.: "La Educación oor el .Milagro del Ser-No existente".

119

�sencillo de un hombre sencillo o el sistema de un sabio. Estas dos formas de
expresión solamente se verifican en la lengua.
Por otra parte, la lengua es: oerá"º", instrumento.
Pero, no existe ningún instrumento para sí, sino solamente en atención a
conseguir una realización por el realizador de propósitos, igual como no
existe el "señor sin el criado" (Hegel). El propósito que se tiene que realizar
es, en este caso, la objetivación de la entidad vida-sentido, por comprensión
de la verdad en el sistema. Si esto da resultado, aquí no se decide: pero el
hecho de que se le propone y que forra con el cuerpo de la lengua del sistema
para la realización del propósito, ciertamente sí es objeto de consideración.
Cabe aquí también decir que la let'lgua además de su ser de instrumento,
tiene también una función constitutiva en la causalidad de tener mundo y
ser hombre en general (E. Heintel). Este ensanchamiento del horizonte es
bastante grande también para dejar lugar, asimismo, a una verdad literal.
No debe ser tragado todo y especialmente no lo que hay que simbolizar por
el símbolo.
Un entendimiento más profundo se logra finalmente considerando siempre
que no la "letra", sea como letra "de primer rango", o el concepto sea como
letra "de segundo rango", o creación categorial, sea como letra de "tercer
rango" o sistema concreto, está en un lado y el símbolo en otro, sea éste, otra
vez, símbolo de primer rango o símbolos a secas, o símbolo de segundo rango
o función categorial que simboliza, o símbolo de tercer rango o inteligencia
posible dentro de la facultad visiona! finita en una integridad sensorial, sino
letra y símbolo, juntos aquí, que son medios de descripción y espejo de un
ser humano y por eso dependientes de la lengua como función de su expresión.
Por el hombre en sí no es un tirano, arbitrariamente disponiendo de letras
y símbolos, sino que solamente, puede ganar la particularidad de su libertad
a través de un tú y también el conocimiento de su peculiaridad que resulta
de la incapacidad del idealismo de explicarse a sí mismo, ni mucho menos
al tú o al nosotros, mientras al otro lado, de parte del tú, aunque suena primero paradójico, se logra la explicación no solamente del tú y nosotros sino
también la del yo tan problemático. Así, las prolegómenas integrales de una
lógica de la verdad nunca se podrán desprender de una metasicología y pneumatología de la lengua, en favor de la cual el gran desconocido de nuestros
días, Ferdinand Ebner, ha realizado un trabajo preliminar muy valioso con
26
su obra: "La palabra y las realidades espirituales ( 1921 ) ", a la cuai
"' Cfr. Primer capítulo de: H6LLHUBER, Ivo, Lengua-Sociedad-Mística (Proleg6mena
a una Antropología Pneumática). Para cuyo libro primero "De la Metapsicología de
la Lengua a la Metafísica del Hombre" Lumr STEFANINI (Universidad de Padua) ha

nosotros esperamos haber contribuido con materiales útiles. Las repercusiones
de nu:stra tesis, aquí expuesta, a la nueva metafísica de nuestros días ya
aparecieron en dos publicaciones españolas 27 y sobre todo en las obras nuestras publicadas en el dominio del habla alemana. 28

.., Cfr. H6LLHUBER, lvo, "Eutanasia o resurrección de la Metafísica" Universidad
(Organo de la Universidad de Nuevo León) Monterrey, N. L. Méxi~o 1959
.
47-70. As1m1Smo;
· .
Hºº0LLHUBER, Ivo, "Revalorización de la filosofía y jurisprudencia
'
' PP

amenazadas de desquiciamiento en sus conceptos básicos". Humánitas No. 2. Monterrey, N. L., México, 1961.
-~ Cfr. H6LLHUBER, lvo, Michele Federico Sciacca guía del espíritu occidental y
H~L-LHUBER, Ivo, Lengua-Sociedad-Mística (Proleg6mena a una Antropología Pneumatica).

escrito una "Prezentacione" ...

121
120

�ARTE CONTEMPORÁNEO Y FILOSOF1A
MoNs. DR. OcTAVIO NmoLÁs DERISI
Rector de la Universidad Católica Argentina "Santa Maria de los Buenos Aires".

1. El arte es la expresión material de la belleza, realizada por el hombre.
La belleza natural de las cosas y del mismo ser humano -obra bella de
Dios- es acrecentada por esta belleza creada por el hombre, que es la obra
de arte. Por su espíritu el hombre es capaz de concebir nuevas formas de belleza, a partir de las naturalmente dadas y encamadas en formas sensibles, de
acuerdo a los medios técnicos a su alcance.
Pero lo que queremos subrayar ahora es que el modo de concebir y realizar
concretamente una determinada belleza estará en íntima dependencia de la
concepción que el artista, consciente o inconscientemente, posea de la belleza
y de su expresión. Lo cual quiere decir que la obra de arte, tanto en el artista que la concibe y realiza, como en su encamación concreta, está alimen•
tada originariamente por una weltanschaung o concepción filosófica y aun
religiosa del hombre y de la vida.
Los diferentes sectores de la cultura no son estancos aislados e independientes: proceden del mismo espíritu humano actuando bajo la influencia de una
concepción del hombre y de la vida, natural y sobrenatural, frente a los diferentes valores, también organizados en una u otra jerarquía de acuerdo a la
estimativa originada y fundamentada por aquella concepción.
En la raíz de las más variadas expresiones culturales de una región y de
una época, dándole fuerza, sentido y unidad espiritual, está una concepción
del hombre y de la vida con uno u otro signo, alimentada a su vez por la
Filosofía y sobre todo por la Religión, cuando ella conserva su vigorosa influencia. Tal concepción, comúnmente aceptada por los miembros de la sociedad en un determinado momento, informa y otorga unidad a las múltiples
y diversas realizaciones de la actividad humana, que precisamente constituyen
la cultura, y crea el estilo o modo propio de vida, y también el estilo o modo

123

�común de expresión material de un pueblo, en consonancia con los medios
técnicos de lugar y tiempo.
2. También hay una íntima conex10n entre la actividad artística y, en
general, entre el Arte y la Filosofía, o manera de pensar dominante de una
detem1inada época.
Ahora bien, las principales corrientes de la Filosofía pueden ser sintetizadas
en tres: 1) el racionalismo, que reduce el conocimiento a actividad puramente
intelectiva, y, en última instancia, la vida humana misma a una vida enteramente espiritual: angélica o divina; 2) el empirismo, que, ya en su forma sensista no admite otro conocimiento ni otra vida en el hombre que la material
de l~s sentidos y apetitos consiguientes; ya también en su forma irracionalista,
quiere atenerse únicamente a un contacto inmediato con la vida o existencia
-de hecho material, y de derecho destituída siempre de toda esencia inmaterial-; y 3) el Intelectualismo, que tiene en cuenta la vida material cognoscitiva
y apetitiva de los sentidos, como la espiritual de la inteligencia y de la voluntad
libre, en su unidad substancial originaria.
Estos tres sistemas fundamentales se repiten a través de la historia en un
plano ya cosmológico, ya ontológico, ya lógico, ya ps~cológico, ya ?noseológico, ya axiológico y ético, según las épocas. Vale decir, que tales sistemas
-con variada gama de matices originales dentro de cada uno- constituyen
las posiciones fundamentales de la Filosofía. Sólo varía su encarnación o modo
determinado de presentarse en cada región y época. La concepción del hombre y de la vida, en lo que hace a su esencia, se repite en una y otra de estas
tres posiciones fundamentales; lo que cambia es el plano en el que se realiza y la encarnación o estilo concreto con que se reviste y toma cuerpo en el
espacio y en el tiempo.
De esas posiciones típicas, sólo el Intelectualismo alcanza a de-velar sin deformar, la verdad del· ser de las cosas y del hombre y, a través de ese ser
finito, material y espiritual, logra llegar al ser mismo de Dios, precisamente
porque se ajusta a las exigencias del objeto trascendente de la inteligencia
humana, el ser, inmediatamente dado a esta inteligencia en los objetos materiales a través de los datos sensibles, desde el que escala los sectores superiores
espirituales, finito e infinito; y, a la vez, y por eso mismo, _P~rque se ajusta
a las exio-encias del conocimiento del hombre en sus cond1c1ones concretas
" instancia, a las exigencias del ser del hombre, del que aq~el
y, en última
conocimiento es tributario: de un espíritu o alma espiritual finita sustancialmente unida a la materia, abierta a la vez y esencialmente relacionada con el
Fin último divino.
El Racionalismo y el Empirismo contemplan sólo un aspecto del conocimiento humano: ya el intelectivo espiritual, ya el sensitivo material respec-

124

tivamente, sm atender al otro; y, por eso, reducen el ser del hombre ya a
un ser puramente espiritual -incluso divino- ya a un ser puramente material.
3. Tales posiciones se reflejan en las concepciones artísticas de una época
y región.
Veamos qué sucede cuando domina el Racionalismo. Hemos dicho que
para éste en el hombre sólo cuenta la vida espiritual de la inteligencia y de
la voluntad, suprimiendo o no teniendo en cuenta, al menos lo suficiente, la
vida material de los sentidos. Con una lógica interna hace del hombre una
substancia espiritual completa: un ángel o el mismo Dios. El objeto propio
del conocimiento intelectivo es la esencia inmaterial de las cosas, intuitivamente aprehendidas por "ideas claras y distintas" (Descartes), que el hombre posee formal o virtualmente innatas, con independencia causal de los
sentidos, que o no intervienen o sólo juegan un papel secundario en el origen
de las ideas {Platón y Descartes), cuando no creadas trascendentalmente en
la inmanencia de una Idea o Espíritu absoluto divino {Hegel y Croce).
Cuando esta concepción filosófica unilateral domina y dirige la elaboración artística, su realización tiende a expresar una belleza puramente espiritual
o una belleza material de un modo casi enteramente inmaterial, sin atender
lo necesario y hasta eliminar lo más posible las formas bellas y sensibles. Resulta
así una obra descarnada, con hegemonía casi absoluta del elemento racional,
de la esencia inmaterial, aun tratándose de objetos bellos materiales: un arte
más de ángeles que de hombres y en el cual la unidad de la forma esencial
se logra a costa de la belleza de la expresión material. No es un arte humano
y, por eso mismo, claudica de la esencia misma del arte en mayor o menor
grado, porque el arte es expresión humana de la belleza. Y como el hombre
es alma y cuerpo y toda su vida espiritual está condicionada por una vida
material y no se expresa ·sin la ayuda de los elementos sensitivos, tampoco
el hombre puede elaborar una concepción bella en su interior ni mucho
menos expresarla exteriormente sin la ayuda de las formas bellas sensibles o
materiales.
Muchas realizaciones del arte contemporáneo, en un noble esfuerzo, buscan
expresar en todo su vigor y unidad la belleza de la esencia o forma interior
de las cosas con un mínimum de formas sensibles bellas para no perturbar
la aprehensión de aquéllas. Y debemos confesar que este arte un tanto abstracto, cuando conserva un mínimo de expresión exterior, logra a veces poner
al alma en contacto casi directo e inmediato con la esencia bella, sin distraerse en una encamación por demás frondosa. Tal acontece también, pero
con más simplicidad y autenticidad, en el arte medioeval -por ejemplo, en
el Canto Gregoriano o las poesías sencillas de entonces-: que la esencia

125

r

�inmaterial bella de las cosas está expresada en toda su fuerza, gracias precisamente a la simplicidad de sus formas sensibles que logra trasuntada casi transparentemente.
Pero como el hombre no llega normalmente a la captación de la esencia
bella -en sí misma siempre inmaterial, aun en los seres materiales-- sino
a través de las formas bellas corpóreas, la reducción, cuando no la supresión
casi total, de tal expresión exterior, hace poco menos que inexpresable e inaccesible aquella hermosura esencial interior, constitutiva de las cosas. En todo
caso, este arte descamado requiere un esfuerzo no común para encerrar tal
esencia hermosa en una expresión material, casi indescifrable para el común
de los espectadores. Y la obra de arte debe poder comunicar la belleza de
una manera fácil y placentera al hombre común, medianamente culto, si
quiere cumplir con su misión propia. Un mínimum, pues, de bellas formas
materiales es indispensable para expresar la belleza esencial de las cosas, que
paradojalmente sin ellas resulta inasible aun en su realidad esencial inmaterial.
La reducción de los elementos sensibles expresivos de la belleza para conseguir una supremacía del elemento inmaterial o esencial conduce a un "arte
de cenáculos", a un arte esotérico, que sólo la élite de los iniciados puede
comprender y gustar. Ahora bien, el arte, que es un trasunto individual del
alma del artista, cuando es verdaderamente arte, debe subsumir y expresar a
la vez la cosmovisión y sentimiento de un pueblo en una determinada época
y debe ser comprensible y asequible para el mismo, que ve expresadas en él
su propia alma, a la vez que los valores eternos y universales de la belleza,
inmutables a través de todas las vicisitudes y cambios humanos. Las grandes
obras de arte de los genios de todos los tiempos, en mayor o menor grado,
han sido y son siempre, por eso, comprendidas y gustadas por el pueblo de
una determinada región y época, precisamente porque en tales obras la comunidad se siente comprendida y encuentra la expresión decantada y bella de
su propia alma con sus modos de pensar y sentir y con su estilo de vida, es
decir, porque constituyen la encamación del acervo espiritual de su alma
nacional dentro de los valores esenciales de la belleza eterna, acuñados en la
visión espiritual del artista.
Por no atender lo suficiente a tal condición humana del arte, muchas elaboraciones artísticas del arte actual de vanguardia claudican y pierden su
sentido de arte en mayor o menor grado, al encamarse en una expresión tan
esquemática y alejada de la belleza material, tan frágil, que resulta incapaz
de trasuntar la belleza esencial, substancial a la factura artística; belleza que
el artista ha vislumbrado muchas veces y, sin embargo, ha dejado escapar
precisamente por intentar significarla tan sumariamente, que, en el mejor de
los casos, cuando logra un mínimum de encamación sensible, constituye un

126

arte para unos pocos, capaces de penetrar y descifrar el misterio oculto de
aquella forma esencial.
Tal acontece con ciertas pinturas y músicas tan esquemáticas y privadas
de formas, de colores y de sonidos hermosos, que resulta realmente arduo
poderlas comprender y develar en su pretendida belleza espiritual.
4. Es claro que mucho más grave es la posición del Empirismo también
en el arte, porqu_e si el Racionalismo reduce la vida humana al espíritu y el
arte_ a u~a esencia bella descamada, el Empirismo opta por la posición contrana, diluyendo al hombre en su vida animal y al arte a una expresión de
belleza puramente material.
En efecto, reducido el conocimiento humano a los datos de los sentidos
s~n ~osibilidad de llegar a ser trascendentes, la forma intrínseca o acto cons~
tltuhvo de la esencia y de la consiguiente unidad del ser resulta inaccesible
e inaccesible también la aprehensión recreadora de su f~rma esencial en eÍ
alma del artista.
Cuando en la elaboración de su obra el artista está dominado y alimentado
~o~ una concepción empírico-sensista de la realidad, su mirada se detiene
um~ente en !as. múl~pl~s formas materialmente bellas, a las que recrea
en su mmanenc1a rmagmativo-sensitiva, pero sin alcanzar la forma bella interior Y esencial de las cosas, y su obra se resiente con su ausencia que la
priva ~e a~uella esencia bella, única que, desde dentro, puede pone/ orden y
c?nfenr unidad y armonía a la multitud de colores, sonidos y formas rnatenalmente hermosas. Si la ?bra así realizada aún resulta bella, es porque el
autor es un verdadero artista y sus dotes naturales de tal lo hacen superar
su p~opia limitación filosófica y alcanzar de algún modo, siquiera en mínima
medida, la visión artística y recreadora de aquella esencia bella, que se trasunta en su obra Y a la que confiere el grado indispensable de unidad interior.
Muchas expresiones de pintura, escultura, música y letras del arte cont:mporáneo están bajo el signo de esa concepción. Pareciera que hubieran
sido eliminados casi enteramente los elementos esenciales inteligibles, únicos
capaces de dar sentido y unidad interior a la obra.
Es el caso del Impresionismo que, a principios del Siglo, echando manos
!e los medios perf_eccionados por el progreso técnico, brindó obras realmente
ermosas por la nqueza de los colores, formas y sonidos, pero carentes casi
t~talmente de unidad interior; obras que por su sonoridad, plasticidad y colondo resultan más placenteras a los sentidos que al espíritu. Si tales obras
logran alcanzar la categoría de obras de arte como acaece con la música de
Debussy Y _con pinturas de Gauguin y Renoir es precisamente porque sus
autores, artistas de raza, consiguen superar la limitación de su propia concep-

127

�c1on sensista y obtener un mínimum de esencia bella y unidad interior en la
multiplicidad de sus ricas y deslumbrantes formas materiales.
5. Más grave se toma el panorama del arte influenciado por el VITALISMO
irracionalista posterior y, más concretamente, por el Existencialismo actual.
Tal corriente filosófica intenta eliminar toda esencia, toda estructura y sentido
interior de las cosas. Estas no son sino en el único ser capaz de darles presencia, que es el ser del hombre; el cual a su vez no es, carece de ser inmanente y está reducido a una pura existencia o hacerse, a una pura libertad
autocreadora desde la nada, por la nada y para una definitiva nada, sin ser
y deber ser trascendentes y, por eso también, carente de sentido y absurda.
De hecho el Existencialismo, al menos en sus principales representantes
-Heidegger y Sartre--, es un retomo al Empirismo de tipo irracionalista,
una posición que quiere colocarse en una experiencia o contacto inmediato,
no por vía de conocimiento objetivo -intelectivo ni siquiera sensitivo- sino
por vía de intuición o coincidencia irracional, no representativa sino subjetiva, de la propia realidad concreta o, como dicen sus propios autores, por las
"notas existenciales". Como tal intuición es irrealizable, lo que realmente se
logra es silenciar o prescindir cuanto es posible de la mirada del espíritu y
de la aprehensión espiritual del auténtico ser subjetivo y objetivo, inmanente
y trascendente, y hundirse en una sorda experiencia sensitivo-emotiva interior
de "notas existenciales", en que el ser, que tanto se menciona, no supera y
hasta se agota en su puro "aparecer" fenoménico -Sartre-- o, lo que es
lo mismo, en su pura "presencia", en el puro hacerse, a que se reduce la
ex-istencia humana -Heidegger- con la consiguiente desaparición de la
dualidad consciente y expresa del ser del sujeto y objeto.
En este horizonte, cerrado a todo ser trascendente e inmanente, a toda
unidad esencial interior, y aun a toda representación objetiva sensible, el arte
tiende a expresar o, mejor, sugerir, estas sordas y confusas experiencias de la
ex-istencia enteramente subjetivas, amorales e infrahumanas y, en definitiva,
carentes de sentido y que sólo la inteligencia puede de-velar.
Así observamos en la pintura, en la escultura y en la música, comprendiendo
en ellas los bailes actuales y, en parte también de la arquitectura, obras que
no son sino un conjunto de sonidos privados de esencias y unidad interior y
aun de melodía sensible, cuando no un conjunto de ruidos extraños y nuevos,
logrados con el avance de la técnica -vg. los electrónicos- sin sentido artístico ni siquiera placentero a los sentidos, o un conglomerado de colores sin
alcance esencial alguno interior y ni siquiera puramente exterior, o un montón de formas extrañas, acumuladas en la materia escultórica, destituídas de
armonía e indescifrables en su significación. Frente a tales realizaciones, sobre
todo cuando se conjugan en una multiplicidad de ruidos ensordecedores o de

c?lores .desl~mbrantes, el espectador se siente como tomado por sordas emoc10nes mfenores, privadas de objetos o formas bellas determinadas: se trata
de una su.erte de sobrecogimiento dionisíaco, que enajena al hombre -piénsese
en los bailes de puro ruido arrítmicos, que tienden a aturdir y arrojar a sus
actores en un delirio de puras emociones inferiores, privándolos del uso connatural de la razón-, destituido de todo goce apacible del espíritu. En efecto
vemos cómo e~ ciertas realizaciones contemporáneas de la música, pintura ;
escultura, el ruido sustituye a los sonidos, el desorden y el caos a la armonía
y al ritmo, la confusión a la unidad. El espíritu -la inteligencia y sentimientos superiores- lejos de aprehender claramente la forma bella interior
hermosament~ en.camad~ y ex~erimentar el goce apacible que le es propio,
sufre ante lo mas1ble y sm sentido, cuando no experimenta una verdadera repulsión o una emoción que lo sumerge en la vida puramente animal. El elemento apolíneo, que confiere forma unitaria e integradora interior a la multiP!~ci?ad .representativa y emotiva sensible, es suplantado por las notas or~1astI:as informes y, en ~!tima instancia, lo humano por lo animal. Las expenenc1~s parece~ haber ~ido despojadas de toda hermosura espiritual y aun
material, esencial y sensible, de toda hermosura objetiva. Este llamado arte
r~sponde a .una co~~epción y forma de vida, en la que los hombres han perdido el sentido espmtual y humano y se han sumergido en un modo de pensar
y a~tuar enteramente animal, guiados por las metas hedonistas del puro goce
sensible, que pretenden justificar como normas humanas de conducta.
La verdad es que, carentes de forma y de unidad esencial bella y aun de
formas materialmente hermosas, resulta difícil calificar de artísticas a tales
mani!est~ciones. Y no podría ser de otro modo, desde que las concepciones
que msp1ran tales obras son antihumalyl.S y absurdas. El hombre y las cosas
poseen una estructura y unidad interior, que las constituye y. especifica y que
las hace aprehe.nsibles y descifrables en su sentido, en lo que son y en lo que
deben ser, precisamente por su forma o acto esencial. Toda tentativa en contrario .es contradictoria, como lo es toda posición antiintelectualista; ya que
tal actitud, negadora o desconocedora del valor de la inteligencia, no se puede
so_stene: ni _expr~sar ni comprender siquiera sino en conceptos y juicios de la
misma m tehgenc1a.
No negamos que en algunas de estas obras pueda excepcionalmente persistir
todavía algún atisbo de arte, que engendre todavía cierto placer estético·
pero ~llo es debido, no a la intención irracionalista de la posición adoptada:
q~e tiende a anularla totalmente, precisamente por ser antihumana y, por eso
mismo antiartística; sino por el genio o el ingenio del autor; quien con sus
~otes naturales supera su propia posición antiintelectualista y antiespiritualist.ª,. y realcanza de algún modo, contra su propia intención, siquiera un resqu1c10 por donde se revela la forma esencial de las cosas y del hombre. Pero
129

128

H9

�en sí misma, por la intención que las guía, tales realizaciones están destituidas
de todo valor artístico, como privadas que están de significación y expresión
estrictamente humanas. Y de hecho, muchas de estas "obras de arte" son
engendros de actitudes espirituales anormales y contradictorias, que no llegan,
ni con mucho, al plano estrictamente artístico, ni engendran, por lo mismo,
goce estético alguno, sino más bien la natural repulsión ante lo falto de unidad interior y de sentido, en una palabra, la repulsión ante lo informe y
absurdo.
6. Frente a tales realizaciones artísticas contemporáneas extremas: de un
arte esencialista proveniente de un Racionalismo o Intelectualismo exagerado,
que no tiene en cuenta el aspecto material y sensible del conocimiento y del
ser humano; de un arte empirista o impresionista, que, inversamente, se detiene en las formas puramente materiales, placenteras a los sentidos, confundiendo el goce estético, esencialmente espiritual, con un goce sensible; y de
un pretendido arte existencialista, que se empeña en una expresión puramente
irracional o emotiva material, sin elementos objetivos esenciales y ni siquiera
sensibles; cabe al Intelectualismo renovar y revivir todos los valores artísticos,
diseminados en tales posiciones unilaterales que ellas deforman, cuando no
los anulan totalmente, en una visión profundamente humana, que los reintegra en su unidad espiritual y material, en una esencia, que les da unidad y
belleza, expresada en una encamación material también bella.
Ni puro materialismo, ni puro espiritualismo, ni puro empirismo -sensista
o irracionalista-, ni puro racionalismo, sino aprehensión que la inteligencia
espiritual alcanza a través de los sentidos y con la cual re-crea en el alma
del artista la esencia o forma inmaterial bella de las cosas y del propio hombre; y, por ella analógicamente, la de los objetos espirituales y aun sobrenaturales y del mismo Dios, expresada, primero, e~ las formas bellas materiales
de la imaginación y de la sensibilidad del propio artista y, luego, de los colores, de los sonidos y de las formas de la materia exterior.
El arte no es tal, si las formas bellas de los objetos exteriores no son acuñadas primeramente en la interioridad espiritual y sensible del artista, y luego
encamadas en la materia exterior, como un compuesto de alma y cuerpo, de
esencia o forma bella inmaterial y de materia en la que se encama. Es decir,
el arte no es arte, si no es elaborado y realizado como expresión humana de
belleza, como creación de hermosura propia del hombre, que es espíritu y
materia sustancialmente unidos, y que trasunta siempre la esencia inmaterial
de las cosas materiales y aun de las espirituales en la materia, como expresión
unitaria de esa esencia inmaterial bella de los objetos materiales y espirituales,
re-creados siempre en la propia visión interior humana de la misma, hecha
de inteligencia y de imágenes, de sentimientos y emociones espirituales y roa-

130

teriales, de espíritu y materia íntimamente unidos. La factura artística, lejos
de detenerse en una hermosura puramente sensible a los colores, sonidos y
formas, ha de trascenderla hasta llegar a infundir y expresar en esas formas
bellas exteriores, la belleza inmaterial de la esencia, fraguada primeramente
en la interioridad intelectivo-sensitivo del artista y trasvasada lueao en la expresión material de la obra, a la que confiere su unidad y armo:ía interior
así la vida y belleza del alma se trasunta en el cuerpo. Todos los valores des~
cubiertos y realizados por las posiciones unilaterales antes mencionadas, que
total o parcialmente los invalidan o deforman por exceso o por defecto, con
el desconocimiento o desmedro de los otros, con los cuales deben integrarse,
encuentran su cabal ubicación y son salvados en todo su alcance al ser incorporados a esta concepción verdaderamente humana del arte, que es la intelectualista. Es ésta la que, teniendo en cuenta los aspectos espiritual y material
del hombre con los objetos de la inteligencia y de las sensaciones, es decir, el
esencial inmaterial y el accidental material de las cosas, elabora una visión
re-creadora de la belleza inmaterial, esencial de la realidad, a la vez trasuntada en una encarnación material también bella de la misma.
Tal ~l arte de los grandes maestros de la pintura y de la arquitectura, de
la música y de escultura: de los griegos y romanos, de los medioevales y renacentistas: de Rafael y de Leonardo, de Miguel Angel, de Bach y de Haydn,
de Mozart y de Beethoven, en que la belleza esencial de las cosas y del hombre, re-creadas y animadas de una nueva vida por el genio, es encarnada en
las formas materialmente bellas de la imaginación y sensibilidad del artista
.
'
pnmero y, luego y en definitiva, en las de la expresión material de los colores
sonidos o rasgos de la piedra.
'
Tal belleza esencial, así hermosamente expresada en los trazos materiales,
es a su vez trasunto de la Belleza infinita, a la que esencialmente remite, y
que constituye la meta suprema del arte: ya que el hombre esencialmente
aspira a Ella como a la Hermosura beatificante de su ser y, sólo movido y en
busca de la misma, puede detenerse a realizar o gozar de sus participaciones
finitas.
7. Precisamente el arte clásico es quien mejor ha logrado este equilibrio
de los elementos espirituales y materiales, inteligibles esenciales y sensibles
accidentales de la belleza finita e infinita, en una unidad que trasunta la
~nidad substancial del espíritu y materia del hombre, finito bien esencialmente "religado" con la Verdad, Bondad y Belleza infinitas y trascenden~ales del Ser divino, cuya posesión únicamente puede conferirle la plenitud
mmanente de su vida y de su ser humanos; y a las que remite, por eso, también todo auténtico arte.
Esta realización equilibrada de belleza esencial o inmaterial del ser -desde

131

�el ser material hasta el espiritual, desde el ser finito al infinito, desde el natural al sobrenatural- y de la belleza material de las formas sensibles, propia
del arte clásico de todos los tiempos, en nuestra época, sin perder nada de
su belleza esencial eterna, debe buscar enriquecerse con nuevos medios de expresión, adecuados al progreso creciente de la técnica actual, concordante
por lo demás con los cambios accidentales del gusto de nuestra época.
No tomamos, pues, la expresión de arte clásico, como una encarnación equilibrada del elemento esencial inmaterial y del material de belleza, dada una
vez para siempre, sino realizable continuamente en nuevas formas de expresión, de acuerdo al progreso y cambio de las formas exteriores y al gusto
de los tiempos. El hombre no debe aferrarse a los moldes tradicionales de su
expresión, que son esencialmente cambiables como la materia que los sustenta y constituye, sino que debe buscar nuevas formas de la misma en consonancia a los nuevos medios proporcionados por la técnica y sensibilidad actual;
pero, sobre todo, ha de cuidar de no disminuir ni obscurecer los valores permanentes o eternos de la belleza esencial, que debe encamar en toda su fuerza
sin menoscabar, antes bien, debe acrecentarlos y valerse del progreso técnico
para darles una encamación más vigorosa y clara, a la vez que esforzarse
por lograr una articulación orgánica de ambos elementos· en una unidad
equilibrada, que refleje y trasunte la unidad humana, que, aun tomándoles
de la trascendencia de las cosas, los re-cree y les confiera una nueva vida
bella, desde el alma y vida del artista.

EL NIRVANA BUDISTA Y LA EXPERIENCIA M1STICA
PoR IsMAEL QUILES, S.

J.

Universidad del Salvador
Buenos Aires, Arg.

EN LA COMUNICACIÓN QUE PRESENTAMOS al XIII Conareso Internacional de
Filosofía (México, septiembre 1963) tratamos de establecer la relación entre
el nirvana Y lo que la filosofía occidental ha denominado "experiencia metafísica" .1 Nuestra impresión, desde el primer momento en que entramos en
c~nt~~to con l?s textos sagrados budistas, con su historia y con las escuelas
filosoficas que interpretaron de diversa manera el Canon budista, fue de una
sorprendente coincidencia entre las descripciones de la realidad del nirvana
Y 1~ experiencia fundamental del ser de que habla la filosofía contemporánea.
EVIdentemente, a nuestro parecer, el nirvana es una iluminación una intuición de tipo preconceptual, por lo cual se experimenta a la
la íntima
realidad del yo y su inserción en la totalidad del universo, lo que viene a ser
una experiencia del principio último de todos los seres, donde todos vienen
ª. encontrar su última base de comunión y de unidad. El nirvana es experiencia del ser en cuanto ser a través de la intimidad máxima del yo.
Citamos en esa oportunidad el modelo clásico del nirvana el del fundador
del budismo. Tal como es descrito en el Canon Pali y según' la interpretación
de Ashvagosha, el nirvana de Buda fue una iluminación que le dio a conocer
"la última verdad" de todas las cosas y de la vida humana.2 Las descripciones
que los maestros del Zen hacen del nirvana, a pesar de que todos confiesan
que éste es inefable, lo presentan co~o una iluminación, un "despertar" de
la mente al conocimiento superior de la realidad última de todos los seres.
Recordemos por ejemplo las repetid;i,s exposiciones que D. T. Suzuki ha

v:z

1

Nirvana y experiencia metafísica. Memorias del XIII Congreso Internacional de
Filosofía, vol. IV. La Crítica de la Epoca, pp. 262-268.
2

132

AsHVAGHOSHA,

Buddhakarita, XIV, 1-10.

133

�hecho del Satori, expresión que los budistas japoneses de la escuela del Zen
3

usan para designar el nirvana.
Remitimos a los lectores, asimismo, a las experiencias del nirvana que podemos conocer por la confesión de sus propios autores, tal como han sido
4
recogidas por H. Dumoulin en su obra Zen, Geschichte und Gestalt.
Pero los mismos análisis y las descripciones de las raras experiencias que
se han conservado, nos muestran otro aspecto importante y esencial del nirvana, que afecta profundamente a la esencia del hombre: el nirvana tiene
evidentes resonancias místicas. Por ello creemos que será de interés aprovechar
la experiencia mística del nirvana y analizar su contribución para revelar algunos aspectos de la mística humana en general.
Ya a primera vista el Nirvana reviste caracteres que nos obligan a situarlo
en el plano de la mística. Las referencias de los libros sagrados, y de los comentaristas, así como los ejemplos que la historia nos ha conservado y el
espíritu mismo del budismo, parecen no satisfacerse con una escueta experiencia metafísica. De ahí que la iluminación budista haya sido considerada
frecuentemente como una "experiencia mística". El espíritu se halla transportado, por el éxtasis, a un plano de profundas y extrañas experiencias, superiores a las de la vida normal. Esta interpretación del Nirvana, como fenómeno místico, no deja de tener, sin embargo, sus dificultades y por ello debe
ser cuidadosamente aclarada.
1) Negación del Nirvana como experiencia mística

No han faltado quienes hayan negado la compatibilidad de la mística con
el budismo. Este, por su naturaleza, no podría contener una mística propiamente dicha, y, en consecuencia, no puede hablarse de "mística budista".
En autores de indiscutible prestigio encontramos afirmaciones, que pueden
desconcertar, como la siguiente: "No hay misticismo en el budismo, si la
palabra 'misticismo' se entiende estrictamente: relación inmediata, no discursiva, intuitiva, con el Absoluto, ya sea este personal (cristiano, mahometano, Bhagavata) o impersonal (neo-platonismo, Vedanta propiamente tal) ( ... )
No existe Absoluto, según todas las formas ortodoxas del pensamiento budista, ya sea del Pequeño o del Gran Vehículo, y por lo tanto no existe ningún misticismo budista".5
' Véase, por ej., el cap. 4 de Zen, Budhism. Selected writings. Doubleday and Co.

New York, 1956.
• BERN, FRANKE, 1959.
• VALLÉs-PoussxN, L. DE LA, y TuoMAS, E. J., Mysticism (Buddhist) en Hastings,
"Enciclopaedia of Religion and Ethics", vol. IX, pp. 85-86.

~a ,razón fundamental de este aserto consiste en el carácter racionalista
~nbmdo generalmente al bu~ismo. El budismo, siguiendo la actitud apren:
d~ del Maest~o, ha mantenido una posición estrictamente racional, en el
sentido d~ excluir de su do~trina toda apreciación del universo y toda actividad. o metodo que n_o pud1er~ ser justificado ante la razón misma. En este
se~tido,, parece excluir el budismo todo lo que pueda llamarse sobrenatural
mas ali~ del alca~ce natural del conocimiento humano. Este aspecto racional
del _budism~ ha sido frecuentemente subrayado por expositores de extraordinaria autoridad. As~, por ejemplo, Suzuki insiste particularmente en este punto
t~atando de neutralizar la concepción del budismo como mística. "El Nº
sm
irvana,
. embar
.
go, dºice suzuk"1, no es más que un estado de la mente o de la
conciencia,. p~r el que de hecho trascendemos la relatividad --es decir el mundo
d~l nac1m1ento_ y de la ~u_erte-".G y ante una cita de W. James hecha por
Sir ?har~es Ehot a propos1to de Satori, según la cual "'la incomunicabilidad
del. extas1s" es la nota
de todo misticismo" , Suzukº1 precisa
· lo s1·
. característica
.
gmente: , El _Sat~n es sm duda alguna incomunicable, ·pero no es ninguna
clase de extas1s. S1 lo es, ello será un fenómeno, un mero fenómeno psicoló ·
Y
gico,
1 no puede tener ningún otro profundo significado · El Saton· es rea1mente
que
subyace
en
el
fondo
de
todo
verdadero
sistema
filosófico.
Tiene
por
0
7
tanto, una connotación metafísica".
'
S~zuki no se c~sa a este propósito de repetir que el Satori es una visión
lummosa ,q~e no ti~ne nada de misterioso o secreto por contraposición a un
estado m1st1co propiamente tal: "El Satori, como iluminación O mejor aún
como '~esp~rtar', es un proceso que ilumina momentáneamente el campo de
1~ conc1enc1a:, como un relámpago 1e luz".8 y repite a una afirmación de
Sir Charles: Uno concluye que el Satori no es misterio o secreto O algo intelectual que puede ser comunicado. Es una nueva visión de la vida y del Universo que debe ser sentido".9
Siguiend~ esta línea de pensamiento, no pocos autores tratan de mostrar
que el budismo no está dentro de ninguna gnosis O línea de pensa · t
secreta• "El conoc1m1ento.
· ·
rmen
q~: libera del renacer no es una gnosis; es la
deli-o
berada Y verdadera aprec1ac10n de la impermanencia natural de las cosas del
dolor 1natural
· : to
, de la vida. Es un 'correcto acto de atenc1ºo'n' • Tal conoc1m1en
corta ts ra1ces del deseo y por tanto de la vida", en lo que consiste el Nirvana.1 Y aunque el budismo ha admitido algunos elementos propios de las
. ' lbid., pp. 48-49. La referencia de James está sacada de su obra Var,· 1·
f R ez·1g10
E p ·
·
e 1es o
us, x erien~ie, Longmans. Green and Co. London, p. 396. ELIOT la h
Japanese Buddhism, London, 1935, p. 401.
ace en
' lbid., p. 48.
:. lbid., ,P· 49, de la citada obra, /apanese Buddhism, p. 401.
VALLEE-POUSSIN THOMAS, L. c., p. 86.

135
134

�prácticas místicas, como la concentración y la provocación del tra~ce, sm ~mbargo éstos no tienen valor en sí mismos, ni consiste en ellos el Nuvan~, sm~
que son puros medios para llegar al conocimiento de la verdad, a la 1lum1nación en que el Nirvana consiste. "Pero los trances, como quiera que ellos
no tienen valor cuando no están guiados y dominados por el 'acto correcto
de atención', no son en manera a1guna indispensables. Al asceta Gautama
le fue suficiente para obtener la liberación el entender que 'la muerte es el
fin de la vida' y el realizar, por sola la vista de la extinción de las lámparas
de su monasterio, la ley universal de la extinción" .11
Pero a pesar de estas autorizadas afirmaciones, creemos que la esencia del
mismo no puede agotarse en un simple "acto de atención" y qtte no queda
suficientemente descrita la realidad del Nirvana tal como aparece en la doctrina y en la historia con los rasgos exclusivos racionales. El elemento místico
parece inseparable del Nirvana. Vamos a tratar de apuntarlo.
2) La esen_cia del Nirvana

En este problema es de importancia capital precisar el significado en que
se usa el término "mística". Con frecuencia las confusiones y oposiciones proceden de concepciones diversas del término mismo que está en cuestión, es
decir, el misticismo como tal.
a). Lo místico. Vamos a tomar como punto de partida_una definición imparcial sin compromisos con el problema budista ni con una determinada actitud religiosa. Para ello recurramos a una autoridad filosófica, ya que las
definiciones relacionadas con la teología están más inmediatamente interesadas
en una determinada concepción religiosa o teológica del misticismo.
Mística y misticismo "en sentido propio, es la creencia en la posibilidad de
una unión íntima y directa del espíritu humano con el principio fundamental
del ser, unión que constituye a la vez un modo de existencia y un modo de
conocimientos extraños y superiores a la existencia y al conocimiento normales" .12 Fácilmente podemos distinguir tres elementos que constituyen lo
místico: 1) experiencia de intimidad y unión directa; 2) con el principio
fundamental del ser; 3) lo cual constituye un modo de existir y conocer
diversos y superiores del normal.
Este modo diverso y superior al normal tiene su culminación en el "éxtasis".
Este es un estado en el cual se rompe la comunicación normal con el mundo
11

!bid.

"

LALANDE,

A., Vocabulaire de la Philosophie, 5a. ed. Presses Univ. de France,

Paris, 1946, p. 644.

136

exterior y se transporta el espíritu a un mundo superior; en éste se percibe
el principio último de todas las cosas y la únión del alma con dicho principio,
lo que con frecuencia lleva la pérdida de contacto con el mundo exterior
que rodea al estático.13
Notemos que en esta descripción de lo místico no se hace referencia explícita
a lo religioso como tal.14 Hasta qué punto uno y otro estén unidos lo veremos
oportunamente. Pero, especialmente tratándose del budismo, preferimos mantenemos a las líneas esenciales de lo místico, según la anterior descripción.
Esto es de particular importancia en nuestro caso. El budismo, como tal,
no profesa, antes bien parece rechazar la existencia de un Dios personal, aun
cuando en 'su seno haya tendencias que pueden equivaler al teísmo. En tal
sentido los términos de "misticismo" y de "religión" no pueden referirse a la
íntima unión del alma con el Dios personal, el cual es el objeto del acto
religioso, sino simplemente a la unión del alma con el principio absoluto, ya
sea éste considerado como Dios personal o como principio impersonal e indiferenciado de los seres.
Con los rasgos indicados podemos distinguir lo místico de otras realidades
afines. Contrapongámoslas para mayor claridad:
Lo místico es lo que se refiere a la "unión inmediata" con el Absoluto,
por un modo superior al normal de existencia y de conocimiento que es fundamentalmente una experiencia profunda y viva de la presencia del Absoluto
y de la unión con El.16
Lo filosófico es el conocimiento e investigación de las últimas causas y de
" !bid., p. 645.
" Una síntesis doctrinal e histórica de la "Teología Mística" cristiana puede verse
en el "Dictionnaire de Theologie Catholique", art. Mystique (Theologie), por A.
FoucK., 10, 2a. p. cols. 2599-2674.
" Creemos que estos son los rasgos esenciales del fenómeno místico. Recordemos la
descripción que antes hemos dado. No admitimos el criterio de distinción entre "metafísica" y "mística" dado por R. Otto. Según él "metafísica" es "conocimiento del
Ser" (knowledge of Being); pero "mística sería el conocimiento del Ser Beatífico" es
decir, el conocimiento del Ser como "salvación": "It is the idea of 'salus' of salvation,
of sreyas, of Heil, and of how this is to be won. This conception which is found
in the teaching of both Sankara and Eckart gives their 'metaphysicals' phrases and
terms a meaning which they would not otherwise possess. It is this wich makes the
two men first truly mystics and colors ali their concepts with mysticism": Mysticism
East and West, Collier Books, New York, 1962, pp. 33-34. No creemos que sea correcta esta norma de distinción entre la m~afísica y la mística. La razón es la siguiente:
el mismo ser como salvación puede buscarse y adorarse por el conocimiento y actitud
racional. Puede haber una filosofía y una religión de la salvación mantenida en el
conocimiento y actitud vital racional. La mística implica un modo superior de conocimiento del mismo ser y salvación que la metafüica conoce por vía nocional.

137

�la última de todas que es el Absoluto, lo que implica principalmente una
actitud especulativa.
Lo mítico se refiere al intento de relación con seres irreales en que se personifican las diversas fuerzas de la naturaleza.
Lo mágico abarca todo intento de suspender o transformar las leyes de
la naturaleza por actos o palabras a los cuales se atribuye especial virtud.
Lo religioso dice relación a la actitud reverente del hombre frente a lo
absoluto, ya sea personal ya impersonal, y que se manifiesta principalmente
por los actos del culto.
b) Mística natural. Por de pronto es necesario reconocer que': existe una
actitud mística, surgida naturalmente del espíritu humano, y no vinculada a
una religión determinada. El espíritu humano, como tal, puede sentir de una
manera profunda e inmediata la presencia y la acción de Dios en el alma y
llegar a la "realización mística" en cualquier culto religioso, serio y sincero.
Teólogos católicos reconocen esta posibilidad natural del alma y en consecuencia no restringen los fenómenos místicos a la religión cristiana, sino que
admiten la posibilidad de los mismos fuera del cristianismo. Si la religión cristiana tiene su propia mística sobrenatural, en la cual Dios obra directamente
por una gracia particular sobre las potencias superiores del alma, incluso sin
esperar el libre consentimiento de ésta, sin embargo no se excluye la posibilidad de que Dios se comunique también con todas las almas, las cuales son
seres espirituales capaces de sentir la presencia y la acción inmediata de la
divinidad. "No puede sostenerse", ha escrito A. Mager, que con el culto y
la consagración a Dios se haya ligada exclusivamente una forma de experiencia mística. Que ha existido antes y fuera del cristianismo la experiencia
mística, lo muestran Buda, Plotino, el Sufismo, etc., etc.16 Esta mística no
cristiana puede denominarse "mística natural", que puede definirse de esta
manera: "La mística natural no está libre de objeciones en su realidad misma,
pero, sin embargo, no existe ninguna contradicción en que el alma, aun en
su estado de unión con el cuerpo, comoquiera que sigue siendo un espíritu
y Dios obra sobre ella también en el orden natural, pueda experimentar esta
1 • MAGER, A., Mystic.
En "Lexikon für Theologie u. Kirche", Herder, Freiburg,
1935, vol. VII, col. 406. En la 2a. ed., 1962, el párrafo "Religions-phaenomenologische,
u. psychologische" está redactado por K. Rahner, quien admite también la mística natural "als. erfahrener Kontakt mit ihm (Gott ) ", col. 742. A. MAGER en su obra Mystik
als Lehere un Leben, (Tirolia-Verlag, Innsbruck, 1934) , supone la posibilidad de la
mística natural: "auf dem Gebiet rein na&amp;úrlichen Seelenslebens" (p. 56), y dedica
el cap. 18 a exponer las experiencias del Sadhu Sundar Singh, mistico del neohinduismo.
Hay otros teólogos que no admiten fenómenos místicos, sino bajo el influjo de la
gracia sobrenatural. En tal caso, dondequiera que hubiere un auténtico misticismo,
se debería al influjo sobrenatural de la gracia.

138

acción natural de Dios en ella, como sucede en el budismo, neoplatonismo,
sufismo, y en la mística del neohinduísmo, como Ramakrishna y Vevekananda" .17
La mística budista se sitúa de esta manera dentro de una mística natural,
que va dirigida al absoluto, no en forma de Dios personal, sino como principio y realidad última de todas las cosas. Cuál sea el alcance y el valor de
esta mística, es un problema que estudiaremos posteriormente. Pero el hecho
en sí parece innegable.
c) Mística budista. El "hecho" de una mística budista, a pesar de las objeciones propuestas por algunos autores, ha sido claramente afirmado por eminentes historiadores budistas. H. Dumoulin, ya en el comienzo de su obra
sobre el Zen, observa no sólo el hecho de la mística budista, sino también
que el elemento místico constituye por así decirlo el aspecto fundamental
del budismo. "El elemento místico juega en el budismo un papel preponderante ( ... ) . Lo específico del budismo en ninguna cosa se muestra tan claramente como en la mística, que empapa todo el budismo. Las múltiples manifestaciones del budismo -las severas prescripciones de las comunidades primitivas de monjes, las atrevidas especulaciones metafísicas del "Gran Vehículo",
las confiadas plegarias de los creyentes de Amida, los ritos mágicos de las
sectas Shingon y Tendai-, todas ellas están sumergidas en el claro oscuro
de la mística, que envuelve a los discípulos del Iluminado, a cada uno según
su propio camino".18
Efectivamente, y en primer lugar, no podemos dejar de tener en cuenta
que el budismo surgió en un mundo cultural y religioso donde la mística era
el ideal de la realización de la vida• religiosa y humana. Si Buda recortó de
aquel árbol las ramas accidentales e inútiles de la superstición, el culto formalista, el mito de las penitencias excesivas, sin embargo, todo parece indicar
que conservó la sustancia del ideal yoga en el cual él se encontraba, es
decir, la unión mística con la última realidad y verdadera de todas las cosas.
Su meditación, por la cual "'aquel Supremo Maestro del éxtasis" llegó hasta
"la real y esencial naturaleza de este mundo" fue una "meditación estática",
para usar las expresiones del Buddhakarita.19 Aunque evidentemente se trató
de una iluminación y conocimiento de orden superior, éste no fue puramente
especulativo, sino que implicó una íntima vivencia y transformación del alma
de Buda al contacto con la "esencial naturaleza" de las cosas, con "última
realidad" que comprendía y vivía con tal evidencia, que le dio el impulso
creador de su nueva religión. La experiencia mística como tal no va necesa11

1bid., col. 407.
Zen, Geschichte und Gestalt, Bem, Franke, 1959, p. 11.
" XIV, 1-15 y 64-67.

18

139

�riamente acompañada de fenómenos supranorrnales externos, sino que es
una íntima vivencia y transformación interior experimentada por el vidente.
El "éxtasis", en Buda y en el primitivo budismo, que habitualmente se
daba, como creencia y como práctica, en tiempo de Buda. Para explicar la
doctrina escolástica del Nirvana, ya sea de la escolástica pali como de la
Sanskrita, según la cual los santos tienen un ojo especial, una facultad más
sensible por la que experimentan el Nirvana y la satisfacción del contacto con
el mismo, La Vallée-Poussin conecta acertadamente la tradición budista con
la yoga:
"El origen de esta doctrina, como el origen de otras muchas, debe ser
buscado en los hechos y en las prácticas más bien que en la pura especulación. No podemos dudar de que los fenómenos del éxtasis hayan constituido
aquí el punto de partida.
"Las escuelas del yoga donde se impusieron dogmas piadosos o panteístas,
explicaron el éxtasis por la unión mística del alma con Dios o con el alma
del mundo. Diversas escuelas, a las que se vincula la tradición budista, especularon sobre el éxtasis al margen de toda concepción teológica. Si no fuera
por temor a las explicaciones abreviadas, que son con demasiada frecuencia
falsas por exceso de simplificación, diríamos que el vedanta y el yoga vedántico son una metafísica piadosa o teológica del éxtasis, y que el budismo es
una metafísica atea de los mismos fenómenos mentales". 2º
Estas consideraciones vuelven a situar otra vez al budismo en su propio
lugar dentro de las corrientes de su tiempo. En vez de inspirarse en la tradición ortodoxa de tipo piadoso del yoga vedántico, cuya unión mística tenía
un carácter explícitamente religioso, el budismo se inspiró en la tradición
heterodoxa, en la cual las prácticas religiosas quedaban olvidadas en un plan
secundario, y dio una explicación racional del fenómeno del éxtasis: nosotros
la llamaríamos puramente ontológica. La doctrina budista conserva así los
caracteres esenciales de la mística que antes hemos recogido, pero la experiencia de unidad no se realiza, al menos explícitamente, con un Dios personal o con. otro elemento divino personalizado como sería el alma del mundo,
sino con el principio último del ser de todas las cosas. Los occidentales diríamos con el "ser en cuanto ser". De aquí la íntima conexión entre la experiencia metafísica y la experiencia mística en el budismo. Se trata, pues, de
una mística que podemos calificar de ontológica, más que de teísta o panteísta.
La teoría y la práctica del éxtasis han perdurado siempre en la tradición
budista hasta nuestros días. Es notable la clasificación budista de los estados
sucesivos de meditación, a los que corresponden sus éxtasis propios, inspirada en la tradición yoga hindú: Cuatro éxtasis materiales, es decir, en rela-

'º VALLÉE-PoussIN, L. DE LA,
140

Nirvana, Beauchesne, París, 1924, pp. 75-76.

ción con los objetos materiales; cuatro éxtasis espirituales en relación con
los objetos espirituales, y el último, que es el recogimiento 'de la cesación de
la noción y de la sensación, por el que se obtiene el Nirvana perfecto O el
último grado del Nirvana.21
El éxtasis, punto culminante del proceso místico, no puede estar ausente
en las descripciones del Nirvana que nos han dejado los protao-onistas O sus
~sto:iadores.. El budista es en general muy parco al respecto, ;ues la expenenc1a del Nirvana es absolutamente incomunicable e indescriptible. Sin embargo, la naturaleza humana no podía renunciar tampoco entre los budistas
a expresar, en alguna forma, esta experiencia humana superior. Aun dentro
de la secta del Zen budismo ( una de las que más acentúan el aspecto racional
Y dan menos importancia a la devoción y a la oración) se encuentran esas
descripciones, que confirman plenamente el carácter místico del budismo.
Dumoulin ha tomado por así decirlo, como tesis central de su estudio sobre
el Zen la naturaleza mística del budismo en general y del satori en particular. H_a prestado al respecto un gran servicio recogiendo las experiencias
del saton, las cuales muestran con claridad la naturaleza mística del Nirvana
budista. Las referencias son expresivas y a ellas remitimos a nuestros lectores.
Pero recojamos una cita que confirma el aspecto extático místico del satori.22
La iluminación viene repentinamente y transporta al iluminado a un estado
sup:rior al ~~rmal, donde l~s límites habituales parecen desaparecer y se
realiza la un1on con la totalidad de los seres. La experiencia metafísica se
realiza en un verdadero éxtasis místico en el cual se vive la unidad del yo
con todos los demás seres. Así por ejemplo, en el caso ya antes citado de
Imakita Kosne, maestro del Zen de la ép..oca Meiji, nos relata de esta manera
su experiencia:
"Una noche, durante el ejerc1c10 de la meditación, se cortaron repentinamente los límites del pasado y del futuro, del antes y del después. Yo entré
en un campo hermoso del maravilloso más allá. Me encontré como en el
fondo de la Gran Muerte, sin tener ningún conocimiento del ser de las otras
cosas Y de mí mismo. Sentí solamente como si en mi cuerpo un espíritu se
hubiese extendido a diez mil mundos y hubiese surgido un infinito relámpago
de luz. Después de. un breve momento, recobré la respiración. También repentinamente retornaron los sentidos de la vista, del oído, de la palabra y
del movimiento a su realidad norrnal".23
21

AN, IV, 410. Véase también la descripción de los distintos grados de la iluminación hasta llegar al éxtasis supremo en M.P. 111, 34.
" C. C. pp. 274 Y ss. Ver también nuestro artículo 34, El nirvana en esta vida
como experiencia metafísica. En "Humánitas", Tucumán, XI (1963), 33-39.
21
Dumoulin, H. c., p. 277.

141

�Evidentemente nos hallamos aquí ante una experiencia del Nirvana o Satori
y de tipo claramente místico.
"Tal vez, observa Dumoulin, esta viveza en la descripción se deba al influjo
de Hakuin. El estado extático, por el cual queda el Iluminado fuera de sí,
se resuelve en un estado de exaltación de superior felicid~d.
"La corriente ordinaria de la conciencia se quiebra y la realidad de los sentidos es interrumpida". 34 Pero son de particular interés, al respecto, los análisis
realizados por Dumoulin en tomo a la mística del maestro japonés del Zen,
Hakuin. El es sin duda el más importante después de Dogen, y ha tenido el
cuidado, raro entre los maestros budistas, de dejar por escrito, con notable
precisión e inspiración, sus experiencias místicas. Hakuin tomó como tema
de su meditación el célebre koan o problema del maestro Chao-chou, la
"Nada"; día y noche, sin descansar ni comer, trataba de concentrarse en el
tema de su meditación. Dumoulin muestra, a través de los fragmentos de
sus éxtasis, el proceso por el que Hakuin fue avanzando desde la gran duda,
que provocó en él la tensión psicológica y espiritual, hasta la gran iluminación
y la gran felicidad que constituyen el proceso total místico y que claramente
aparece en su experiencia.25 En este trabajoso camino, Hakuin, absorbido
por su tema, sea en el monasterio, sea fuera de él, a veces pidiendo limosna,
vive absorto y como fuera de sí. Queda primero como muerto, y después
hace movimientos extraños, por los cuales la gente lo tiene como un monje
loco. Pero él estaba absorbido por su koan, ya que él le abría la realidad
última de todas las cosas. La última y definitiva experiencia, la Gran Iluminación y la Gran Felicidad, las describe Hakuin con una fórmula que ha
aparecido en la técnica yoga y ha sido también adoptada por los místicos de
Occidente, es decir, dar el "salto en el vacío". Describe la situación de un
hombre extraviado; de repente se encuentra sostenido apenas con una mano
por un débil sarmiento y agarrado por la otra a un zarcillo; la iluminación
definitiva consiste algo así cómo en "soltar las manos ante el abismo". Llega
un momento en el cual el que está ejercitándose en un koan, siente su espíritu como muerto, su voluntad como perdida, un gran vacío sobre un profundo abismo, sin ningún apoyo para las manos y para los pies. Todos los
pensamientos desaparecen, y asciende ardorosa angustia a su pecho. Entonces
repentinamente se rompe juntamente con el koan el espíritu y el cuerpo.
Este es el momento en el cual se sueltan las manos frente al abismo".26
Al espíritu místico de Hakuin no podía faltarle una de las más delicadas
coronas de la mística, la poesía. Ella confirma, una vez más, el carácter
" lbid., ibid.
2
• lbid., p. 259.
"" lbid., p. 258.

142

esencialmente místico del Nirvana y del Satori, aunque naturalmente no en
todos los iluminados alcanza la misma elevada tensión espiritual. He aquí
una de sus célebres poesías:
Todos los seres son esencialmente Budas.
Sucede como con el agua y el hielo:
No hay hielo sin agua;
No hay Budas fuera de los seres.
No conociendo cuán cerca de ellos está la verdad (Buda)
Los seres la buscan lejos. ¡ Qué lástima!
Cuando tú entiendas qué forma es la forma de lo sin-/orma
Tu ir Y venir tiene lugar no en otro sitio, sino donde tú estás.
Cuando tú entiendes qué pensamiento es el pensamiento de lo sin pensamiento
Tu cantar y danzar no es otra cosa que la voz del Dharma.
¡ Qué infinito es el cielo del S amadhi!
Cuando el Absoluto mismo se presenta ante ti
El lugar donde tú estás es la Tierra del Loto
y tu persona, es el cuerpo de Buda. 21

El fondo místico del Nirvana se revela no sólo por el éxtasis en sí mismo y
por la descripción de la experiencia de unidad del yo con una realidad
universal, sino porque, como en todos los casos de una mística auténtica
~l éxtasis transforma la vida del iluminado dándole en adelante un nuev~
sentido Y una nueva fuerza. Para co1;firmar la coincidencia de los elementos
encontrados en el Nirvana o Satori budista con la realidad esencial de la
mística, recojamos la descripción que hace de la experiencia mística otro
especialista:
"Las múltiples manifestaciones de la mística se reducen a una experiencia
fundamental; el hombre, el cual tiene conciencia de las cosas que lo rodean
Y se contrapone a ellas definidamente, se eleva sobre la tensión sujeto objeto,
Y se experimenta a sí mismo en las cosas y a las cosas en sí mismo. Entre
lo interior y lo exterior descubre él ahora una identidad esencial: 'Nada está
dentro, nada está afuera; pues lo que está adentro, es lo que está afuera'.
La mística consiste por tanto en llegar a tener conciencia de una unidad
del yo Y del no-yo. El hombre y el mundo, el microcosmos y el macrocosmos
no sólo no se oponen entre sí, sino que el hombre es el mundo. La oposición
27

Ha~uin. Trad. de la versión inglesa según Daily Recitations, del Zen Study Center,
Chotokum, Shokokuji, Kyoto, s.t.

143

�entre cada yo y tú, desaparece. 'Tat I vam Así' (esto eres tú), dice el místico
a todas las cosas".28
Sin embargo, ¿ en qué sentido puede afirmarse que en el Nirvana (y en
ello creemos que sucede como en toda otra experiencia mística) , verdaderamente el yo desaparece frente al tú, frente al mundo y a las otras cosas? Este
aspecto debe ser muy cuidadosamente precisado. Pero antes debemos aclarar
una dificultad :
Hemos visto anteriormente que el Nirvana consiste en una "experiencia
metafísica". La experiencia del yo en su relación con el ser universal y del
principio último de todas las cosas. ¿ Qué diferencia hay entre la experiencia
metafísica y la experiencia mística que ahora acabamos de describir? ¿Se
trata de dos clases de Nirvana o de dos estudios diversos del mismo Nirvana?
¿ Es esencial a toda experiencia del Nirvana la experiencia mística o puede
éste ser realizado dentro de la pura experiencia metafísica?
3) Experiencia metafísica y experiencia mística. Tal vez la diferencia
más específica de la mística budista respecto de las otras místicas (hindú,
mahometana, cristiana, etc.) consiste en que éstas tienen una dirección explícita religiosa: el sentido de unidad con todos los seres se experimenta en
un Dios personal o en un Dios panteísta, pero siempre con un principio determinado que es el fondo de la unidad universal. Lo característico de la mística
budista es que la unión, la experiencia de la unidad, se realiza directamente
con toda la realidad universal, de la cual se descubre el elemento de unidad
esencial en todos los seres, sin "personificar" o "divinizar" directamente este
elemento. Este último principio de unidad de todas las cosas, el fundamento
último y la realidad última de todas ellas es lo que un metafísico occidental
denominaría el "ser en cuanto Ser" (-ro ov 1J ov) . Podemos caracterizar la
metafísica budista, respecto de las otras metafísicas, diciendo que al paso
que éstas tienen una dirección teológica, la budista tiene una dirección óntica.
Esta particularidad aproxima extraordinariamente los dos aspectos del Nirvana: el Nirvana como experiencia metafísica y el Nirvana como experiencia
mística. Pero ello nos da a nosotros motivo para analizar en general la relación existente entre estos dos tipos de experiencia, o estas dos formas de Nirvana. La persistencia co~ que algunos autores describen el Nirvana o el Satori
como perteneciente al orden racional, y, por tanto, al orden filosófico o metafísico, y, por otra parte, la realidad de los elementos místicos implicados en
el Satori, es lo que ha excitado nuestra curiosidad acerca del presente problema.
En primer lugar, es evidente que hay una conexión entre la experiencia metafísica y la experiencia mística. Por de pronto, hemos comprobado que ambas versaban sobre el mismo objeto, la ' 1unidad última de todas las cosas".
28

144

LEISEGANG,

La Gno_se, p. 335.

Adem~s, una y otra están situadas en el plano del conocimiento experimental: tienen en común que se trata de un conocimiento vivido y no de una
simple especulación.
Hagamos un esquema del conocimiento filosófico y del conocimiento místico, para poder precisar su conexión y su diferencia:
La filosofía es el conocimiento de la realidad por sus últimas explicaciones.
En consecuencia, todo conocimiento que alcanza a los últimos fundamentos
de la realidad es un conocimiento filosófico.
Pero este conocimiento filosófico puede obtenerse de dos maneras:
. O b~en por un conocimiento puramente especulativo, teórico, razonador y
d1scurs1vo, que compara los objetos presentes a la facultad cognoscitiva y analiza sus relaciones hasta llegar a las últimas causas. El filósofo es, en este caso,
un simple "contemplador" de la realidad, pero no llega a la experiencia de
los objetos, de la realidad, del ser o de los seres que está estudiando, contemplando y analizando. Es un conocimiento puramente objetivo, que se acerca
al que tiene el matemático de un problema o al del biólogo sobre la estructura de la célula examinada en el microscopio.
Pero la filosofía posee también otro tipo de conocimiento, en el cual el filósofo ya no es un simple contemplador, antes bien se encuentra interesado
en el objeto o realidad que estudia porque hay ciertos "lazos vitales" entre el
filósofo y la realidad misma, superiores del alma que la hacen sentir como una
vida nueva, agudiza sus facultades, y pueden incluso dar lugar a fenómenos
psicológicos y físicos que no se obtienen en el estado normal del conocimiento
filosófico o metafísico.
Resumiendo nuestra interpretación 'podríamos decir:

El conocimiento filosófico teórico es el conocimiento especulativo del ser
Y de sus últimas explicaciones; el conocimiento filosófico propio de la exper'.encia metafísica es el conocimiento vivido del ser y de sus últimas explicac10nes pero dentro todavía del plan normal; el conocimiento de la mística, la
experiencia mística propiamente tal, es el conocimiento vivido del ser y de
sus últimos fundamentos pero de un modo supranormal.
Pero ahora atendamos al hecho de que la experiencia metafísica, es decir,
e~e íntimo y vivido conocimiento de la realidad última del yo y de su esencial comunidad con todos los demás seres del universo, no hace más que revelamos la última esencia y realidad del hombre. Ahora bien, como acertadamente repite el budista, tanto indio, como japonés o chino el Nirvana O el
Satori no nos muestra en realidad un elemento nuevo, sino 'que nos hace patente la última realidad que estamos viviendo en nuestra vida ordinaria, pero
que está envuelta entre las preocupaciones e ilusiones que no nos dejan mirar
al fondo de nuestra misma realidad. Ese fondo y esa realidad están ahí pre-

145
HIO

�sentes y las vivimos continuamente, pero no nos damos cuenta. 29 De hecho el
hombre es hombre porque "es eso"; y en tanto vive como hombre en cuanto
"eso" en alguna forma lo actualiza. Todos, en algún grado, actualizamos nuestra conciencia y todos, en alguna forma, tenemos esa experiencia de nuestra
esencia íntima. Por ello hemos repetido con frecuencia que la experiencia metafísica es común a todos los hombres, por lo menos en un grado mínimo. El
hombre se revela como hombre, porque en alguna forma tiene siempre su última realidad presente a sí y la experimenta inserta en la realidad total del
universo. Esto es tener ya la experiencia metafísica inicial o en un grado mínimo. 30 El filósofo se distingue del hombre común porque esta cotidiana e
inevitable experiencia de realidad última del hombre él la hace más luminosa,
con una autopresencia más clara y por ende más actuante. La experiencia
metafísica propiamente tal, la situada en el plano filosófico, no es más que la
experiencia del hombre común, pero más viva y actuada. En cuanto esta experiencia no es un simple "objeto de análisis", sino que trasciende la vida toda
y aparece como la vida misma del hombre, despierta, inspira y transforma todas sus potencialidades y todas sus relaciones con el universo, nos hallamos
ante la concepción budista de la iluminación, del Nirvana o del Satori. Esta
sería, en consecuencia, una experiencia metafísica que es, a la vez, mística.
El paso o el salto de la simple experiencia metafísica a la experiencia mística propiamente tal, lo imaginamos nosotros como un "salto de tensión". La
experiencia realizada a tensión normal, tiene su radio limitado de profundidad y de extensión; pero cuando, sea por el esfuerzo propio que ha preparado
el espíritu para una experiencia superior, sea porque una fuerza, prescindiendo de la preparación individual sistemática, actúa en el mismo sentido, el
alma o el espíritu se encuentran inmediatamente abiertos a una experiencia
mucho más profunda, la viva presencia de la "última realidad" que desborda
la capacidad normal de las facultades humanas. Entonces adviene esa tremenda distensión psíquica que se produce en los estados místicos. 31
De esta manera la experiencia mística no rompe en realidad el proceso de
la experiencia humana propiamente tal. De hecho no hace más que continuarla y elevarla a un grado superlativo. La vivencia esencial del hombre
común, que se experimenta a sí mismo en su realidad y en su situación en
el universo, lo cual es la experiencia metafísica, es, en el fondo, la misma
experiencia que el místico tiene, sólo que éste la vive en grado muy superior.
2

Este es el sentido de la frase paradójica: "samsara es nirvana y nirvana es
samsara".
30
Esto expresa también l¡i expresión común a hindúes y budistas: "Tate tvam asi"
( Esto eres tú) .
31 "Yo me encontré como en ~¡ fondo de la Gran Muerte" dice Imakita Kosen en
la descripción de su experiencia mística. Cfr. H. DuMOULIN, o. c., p. 271.
•

146

De esta manera el plano de la mística no es, estrictamente hablando, sino la
realización, en grado superlativo, diríamos "en alto voltaje", de la experiencia esencial humana. El místico realiza de esta manera la vida superior humana, en toda la plenitud posible al hombre. 82
-No hay, por tanto, a nuestro parecer, una "diferencia esencial" entre la
experiencia que el hombre común tiene de sí y de la realidad de las cosas,
y la experiencia suprema del místico; es el mismo tipo de vivencia, es el mismo objeto (la última realidad de sí y de las cosas), es la misma dialéctica (encontrar la última realidad del yo y de la conexión con su último principio,
superar la pluralidad y dualidad que en cierta manera perturba y distrae nuestra mente y nuestra existencia toda). Es el ansia de llegar a la unidad, a la
serenidad, a la paz absoluta, a la felicidad absoluta. Es una misma experiencia
y una misma dialéctica y una misma tendencia. Pero en el místico se halla
en pleno y maravilloso desarrollo, lo que en el hombre común se vive como
envuelto en penumbra, en la cual se percibe apenas oscuramente la misma
vida humana y del mismo tipo que la del místico.
Lo que vagamente se percibe en la vida ordinaria; lo que reflejamente se
vive en la experiencia metafísica, eso mismo, con plena profundidad y luminosidad, es experimentado en la mística.
Podríamos ahora invertir la terminología y decir que en realidad la
experiencia metafísica no es más que un grado inferior de la experiencia mística y que la vivencia ordinaria del hombre común no es más que el grado
mínimo de la experiencia mística. El vislumbre de la relación de intimidad
entre el yo y el absoluto y el anhelo de llegar a esa unión, está ya vivo en
la experiencia del hombre común: e:tta es una experiencia mística elemental.
No es extraño que la experiencia metafísica plenamente vivida, sin llegar a
la alta distensión de los grados superiores de la mística, participe de los efectos de ésta y transforme íntimamente la vida y el ser de quien tiene plena
conciencia de su experiencia del yo hasta su última y auténtica realidad, lo
sabe distinguir del yo superficial y pasajero, y sabe ubicarse dentro del conjunto de seres del universo y en sus relaciones con los mismos. La vivencia de
la unidad esencial o fundamental de los seres es la experiencia metafísica misma, y puede ella tener las características que el budismo exige para el Nirvana
o para el Satori. Los que excluyen el elemento místico en el budismo interpretan el Satori como esta visión, serena y fría, pero a la vez, con fuerza para
32

Todos los místicos orientales y occidentales insisten en que la unión con Dios les
descubre la naturaleza misma de su propia alma, es decir, les hace transparente Jo
q4e sólo en penumbra habían sentido de su propio ser. El verdadero conocimiento de
sí implica el conocimiento del Absoluto y viceversa. El Gita lo llama "conocimiento
real", es decir, propio del rey, y "secreto real" (raja vidya rajaguhyam) y no discursivo, sino de "experiencia directa" (pratyaksavagaman) IX, 2.

147

�transformar racionalmente la vida del iluminado. Sin embargo, en la realidad difícilmente pueden aislarse los elementos místicos de esta experiencia
metafísica. Por eso el budista que alcanza el Nirvana llega siempre a un mayor o menor grado de experiencia mística. Este es el resultado normal de esta
vivencia de la unidad de todas las cosas, y es la que al místico transforma en
su visión del universo. Todo es uno, todas las diferencias retroceden. La realidad del yo se conoce no ya en su individualidad aislada, sino en su último
principio, en el cual se encuentra unido más estrechamente a los seres. El
individualismo, la diferenciación, o, mejor dicho, el individualismo diferenciado, desconectado de la realidad, es un yo irreal e ilusorio que desaparece;
el yo real, esto es, el yo conectado con el universo y unido a todos los seres
es el que surge al primer plano. En este sentido la experiencia metafísica y la
experiencia mística vienen a ser la máxima expresión de la realidad del yo. 33
4) Experiencia mística y conciencia del yo. Hemos clasificado intencionadamente el Nirvana como experiencia mística "dentro del plano de la conciencia". Esto parece ir contra la clásica afirmación budista de que en el Nirvana se realiza justamente el no-yo. Lo cual puede encontrarse también con
fórmulas más o menos coincidentes en casi todas las escuelas místicas. Recordemos la cita de Leisengang quien describe el fenómeno originario de la
mística como la pérdida de la noción de dualidad entre el yo y las otras cosas y entre el yo y el mundo todo. Esta descripción coincide con la idea budista de que la realidad última del hombre es el no-yo y en ello consistiría
justamente en el Nirvana. Los místicos cristianos por su parte han repetido
que la unión experimentada con Dios implica el olvido total de sí mismo, el
perderse a sí mismo en la inmensidad absoluta de Dios que absorbe y penetra al alma. La terminología cristiana, como es sabido, ha sido inspirada por
el Pseudo-Dionisio. La unión íntima con Dios y el olvido de sí son los dos
ejes principales en que se mueve la descripción del éxtasis hecha por el Aeropagita. "Este perfecto conocimiento de Dios que se obtiene por ignorancia en
virtud de una unión superior al entendimiento, tiene lugar cuando el alma,
dejando toda otra cosa y olvidándose de sí misma, se une a las claridades de
la gloria divina".34
~ R. Otto ha distinguido dos etapas fundamentales en la experiencia mística: la
"introspección" y la "visión unificante", lo cual es correcto. Pero también es cierto
que en la "visión unificante", es el conocimiento de la primera intuición del yo como
traspasado por el absoluto. El mismo Otto cita a Plotino: "La vida más gloriosa actúa
en mí y yo vengo a ser uno con la Divinidad" (Enneada VI). Mysticism East and
West, ed. c., p. 60.
" De divinis nominibus, VII, 3. P. G., vol. 3, e.o!. 871. Nótese que se trata de una
"unión superior al entendimiento" ({mie YOVY €YOl1ÍY) y que éste debe "separarse de
sí mismo" ( lavi-ó,, aeú~). El "yo" y la "conciencia" parecen superarse.

148

El yo y todas las cosas aparecen como fundidas en la única realidad verdadera pero incomprensible, del Absoluto. Por eso es también descrita ~orno
la n~da'. el vacío y las tinieblas. "Por este sincero, espontáneo y total abandono
de t1 rmsmo y de tus cosas, libre y desembarazado de ataduras te precipitarás
en el fulgor misterioso de la divina oscuridad".35
. ~n realidad, en la esfera de la mística, en la cual se tiene una experiencia
vivida ~e la ~ntima unión de sí con el universo y el Absoluto, la pluralidad y
1a dualidad henden a esfumarse. Se acentúan los rasgos de comunidad con las
otras c~sas Y, en el fondo, con el Absoluto mismo. En éste todas las cosas, y
el yo mismo, cobran una "unidad", porque todas en él encuentran su fundamento Y su raíz única. Por tanto, 1a Unidad en la esfera mística avanza hasta
el primer plano con tanto relieve que la individualidad parece a veces retroceder totalmente. Entonces es cuando la diferencia entre sujetos y objetos tiende a desaparecer. El yo y el tú, el yo y el mundo, el yo y el Absoluto, dejan de
mostrarse en la dualidad con que comúnmente se presentan en el campo
de la conciencia.
Tales son las descripciones de los místicos, que en este punto coinciden con
las que tenemos del Nirvana budista. 36
. Sin embargo, las descripciones del Nirvana o Satori ¿ nos muestran en realidad la total desa~ari_ción de la conciencia del yo? He aquí una pregunta que
nos ha estado persigmendo continuamente en toda nuestra búsqueda a través
del diálogo personal con los maestros y profesores budistas- y con las fuentes y
los comentadores orientales y occidentales del budismo. La pregunta volvía
85

Mystica Th_e~logi~: I, P.G., vol. 3i col. 999. Todo este párrafo habla de la
~eslumbrante tm1ebla en que se sumerge el alma. La idea de "tiniebla" Ja recogieron los escritores cristianos de la misma tradición bíblica a la cual hacen referencia
los místicos: recordando que Moisés entró en la "tiniebla donde estaba Dios" (in
calígine ubi erat Deus). Exodo, XX, 21.
36
~n. Plotino encontramos también la afirmación de la unión del yo con el Uno,
e_n termmos qu_e hacen pensar en la pérdida de la conciencia individual: "Habiendo
sido, pues, el vidente y lo que él veía no dos cosas, sino una (no como quien ve sino
coro~ q~ien se une), ~i éste quiere recordar aquella unión, conserva de ella imágenes
e_n si mis1'.1º· Ahora bien, entonces era uno y no tenía en sí mismo, ninguna disimilitud consigo mismo ni con respecto a las demás cosas: puesto que nada se movía
dentro de él. .. ; y no separándose de la esencia de El, ni volviéndose hacia sí mismo,
~e~a~ecía completamente inmóvil". Ennéadas, VI, 9, 11. Sin embargo, esta ident1~1cac10n no llega a suprimir el recuerdo de aquel estado, lo que significa que la pérdida de la conciencia individual no es, a l menos, total. Lo mismo se deduce de otro
t~xt~ anterior donde afirma la "unidad" del que ve y lo visto, pero usa la frase signif1c~~1va "se convierte, por así decirlo, en otro" (a.U'' olDY al.to~ ytvóµtvo~). !bid., 10.
Utilizamos ~uestra tra~~cción dada en la selección Plotino: El Alma, la Belleza y la
Contemplac16n. Colecc10n Austral, Espasa-Calpe, Argentina, Buenos Aires, 1950. 2a.
ed., pp. 145-147.
"

149

�a surgir nuevamente después de cada conversación y de cada hora de estudio.
De acuerdo a los textos, hemos visto antes que el Nirvana puede ser conocido
por el privilegiado que llega a entrar en él. Se da cuenta, lo reconoce, y disfruta de la íntima felicidad que él le produce. "El asceta, entrado en el recogimiento, en el momento en que el discernimiento nace en él por el recogimiento, toma conciencia del Nirvana, de su naturaleza, de su actividad" y
una vez ha terminado el éxtasis se da cuenta del favor que ha recibido: "cuando él sale de la contemplación, exclama: Oh, el Nirvana, destrucción, calma,
excelente, evasión". 37
Recordemos las descripciones de los casos de Satori recogidas por Dumoulin,
en las cuales el estático describe lo que ha experimentado durante el éxtasis.
Este ha sido para él un momento verdaderamente luminoso, la última realidad del yo y de las cosas se le ha revelado como un sol radiante. Es una experiencia indescriptible, íntima, incomunicable en sí misma, pero de la cual dejan traslucir su emotivo recuerdo.
A esto puede objetarse que con frecuencia los místicos mismos confiesan
llegar a perder totalmente la conciencia de sí. Dentro de la historia del Zenbudismo, tenemos en Hakuin un testimonio fehaciente. El confiesa que repetidas veces perdió el conocimiento en los momentos de éxtasis. Una vez fue
a presentar a un maestro unos versos y éste los rechazó como si fueran un
enredo y sin sentido. Pero los versos, que exaltaban precisamente el Nirvana,
estaban grabados en el alma de Hakuin y la acción del maestro suscitó todavía
más la realidad de la iluminación que estaba viviendo. Como si esto no fuera
bastante, el maestro golpeó con su vara al discípulo, medio usado con frecuencia por los maestros del Zen para excitar en el alumno la atención y la experiencia de la iluminación. "Eso era por la tarde del 4 de mayo, después del
tiempo de lluvia. Yo caí en el fango, perdí pronto la conciencia y todos los
pensa~ientos desaparecieron de ella. Tampoco podía moverme. El maestro
estaba junto a mí y reía fuertemente. Después de un momento volví en mí y
desaparecí de la presencia del maestro". 38 La pérdida de la conciencia no era
rara en Hakuin. En otra oportunidad, escribe, quedé "sin conciencia, estaba
yo como muerto y no pude moverme".39 Sin embargo, estos momentos en que
la conciencia del yo desaparece, no sólo porque queda desconectado del mundo exterior, sino también porque desaparece en él toda actividad mental y
toda presencia del yo ante sí mismo, no son en realidad los momentos valiosos
del éxtasis. Nada en ellos se vive o se aprende. Es psicológicamente posible que
" Samghabhabra, Tokio XXIII, 3, 94, a. citado por LA VALLÉE-Poussrn, Nirvana,
p. 74.
38
DuMOULIN, H., o. c., p. 249.
" I bid., p. 250.

150

el místico en el momento de alta tensión llegue a perder totalmente no sólo
los sentidos exteriores sino también la total conciencia de sí. Las facultades
humanas alcanzan su límite de posibilidad y no es extraño que pierdan toda
sensibilidad exterior y toda actividad interior.40
Pero, repetimos, esos momentos, si son realmente inconscientes, no son justamente los verdaderamente fructíferos y eficaces del éxtasis. No se puede hablar entonces de "vivencia o experiencia", o "iluminación". Lo auténtico y
valioso del éxtasis es la vivencia a plena luz de esa íntima unidad del yo con
el principio último, con el Absoluto, con la última Realidad y Verdad de todas las cosas. Mientras todavía se está en el umbral de esa experiencia tan
profunda (que a veces lo desborda a uno pero sin llegar a quitarle una fundamental conciencia de la realidad que se vive) es cuando el éxtasis enriquece
al alma con su transformación. En caso de que se pase el umbral de la experiencia como tal, y se llegue a un estado de plena inconsciencia, no parece que

'º La pérdida de la conciencia individual en el éxtasis místico es sin duda una de
las características que señalan los mismos místicos cristianos. San Juan de la Cruz
dice claramente: "Esta general noticia y luz que vamos diciendo, sobrenatural, embiste
tan p~ra Y sencillamente y tan desnuda ella y ajena a las formas inteligibles, que
son obJetos del entendimiento, que él no la siente ni la echa de ver. Antes bien, que
es cuando ella es más pura, le hace tiniebla, porque la enajena de sus acostumbradas
luces, de formas Y fantasías, y entonces siéntese bien y échase bien de ver la tiniebla".
Pero todavía más explícitamente declara el místico que, en ciertas condiciones, la
luz embiste de tal manera que "se queda el alma a veces como en un olvido grande
que ni supo dónde estaba, ni qué se había hecho, ni le parece haber pasado por ell¡
tiempo". La pérdida de sí la subraya todavía diciendo que "ha estado unida en inteligencia pura que no está en tiempo ... Y penetra los cielos porque el alma está unida
en inteligencia celestial".
'
¿ Cómo entonces puede recordar el alma aquel estado? San Juan dice que es ello
por los efectos que el alma siente en sí. "Y así esta noticia deja el alma, cuando
recuerda, con los efectos que hizo en ella, sin que ella los sintiese hacer, que son levantamiento de mente a inteligencia celestial y enajenación y abstracción de todas las
cosas y formas, y figuras, y memorias de ellas".

, Nótese ante todo la característica esencial del místico que es la intuición superior
a los modos habituales de conocer y sentir por una intuición general y luminosa de
Dios que suspende las imágenes y "todas las formas inteligibles". La intuición la llama
San Juan "general noticia y luz".
Se afirma que a veces no se siente y que el alma cae en "un olvido grande" y
"está unida en inteligencia pura".
Pero lo valioso de la intuición se señala en que se siente el "levantamiento de
mente e inteligencia celestial y enajenación y abstracción de todas las cosas y formas
Y figuras, y memorias de ellas", lo cual es comprobado y recordado y es '10 positiv~
de la experiencia mística. Subida del Monte Carmelo, L. 11, c. 14. En Vida y Obras
de San Juan de la Cruz. Biblioteca de Autores Cristianos, Edit. Católica, Madrid,
1950, pp. 644-645.

151

�en esos momentos el alma se pueda enriquecer con experiencias o vivencias
que ella misma no siente en manera alguna. Los que han alcanzado las cumbres místicas en este mundo poseen la seguridad de su felicidad y de su santidad en base a la experiencia recordada. A nuestro parecer, este es un punto
capital en la interpretación del Nirvana, sea como experiencia metafísica, sea
como experiencia mística. Se recuerda la experiencia del estado místico en
muchos de sus aspectos, aunque se lo confiesa siempre indescriptible. Se reconstruye la experiencia. Ello implica que el yo se sabe presente a sí mismo
al dar el salto en el vacío. Es el yo el que toma conciencia de que está inmerso
en el mismo y único océano del ser y de la unidad de todos los seres. Esto lo
estremece y aturde. Justamente el tener la conciencia y el darse cuenta de "esto". El yo individual no puede abarcar la unidad absoluta en la cual se siente
como íntimamente ligado, como identificado con todo el universo. Nada extraño que se encuentre en su más íntima realidad distendido y como fuera de sí,
es decir en el "éxtasis". Pero la realización esencial de "éxtasis" es la realización de la comunidad _rlel yo con el todo: por esencial paradoja el auténtico
éxtasis es la vivencia del yo en cuanto yo, en su suprema realidad. La total
ausencia del yo a sí mismo desvirtúa el éxtasis: sería éxtasis de otro, de nadie,
impersonal, pero el éxtasis impersonal es incapaz de ser captado por un yo
y de apropiárselo contra lo que en la realidad sucede, tanto en los místicos
budistas como en los místicos cristianos, hindúes, mahometanos, etc., etc. Cada
yo se salva por "su" propia realización, "su" Nirvana. 41
Los ejemplos analizados del Satori budista nos muestran claramente que en
realidad el Nirvana, aún en los casos más claros de experiencia mística, no es
de hecho una pérdida de conciencia, no es una pérdida del "sí''. Se desdibuja, es verdad, la zona exterior del sí, el sí artificial, externo, difuso: pero se
recupera el sí íntimo que no deja de estar presente a sí mismo, como un yo,
que sintiéndose individual, no se halla aislado, sino en comunión íntima con
el universo. Antes bien, se recupera la mayor intimidad del sí, porque del sí
exterior y artificial, viene como a retroceder hacia la raíz más originaria e
íntima del propio yo, que resulta precisamente más consciente de sí mismo. En.

mi diálogo con los maestros del Zen de los cuales se decía y con frecuencia
ellos confesaban que habían llegado a realizar el Satori, mi pregunta inevitable era siempre si ellos recordaban exactamente el momento en que habían
tenido esta privilegiada experiencia. Ante la respuesta afirmativa, solía yo discurrir de esta manera. Evidentemente si se recuerda haber tenido el Satori
es porque, en el momento de tenerlo, el yo estaba presente a sí mismo, es de-'
cir, se daba cuenta de que estaba experimentando la propia realidad última.
"En ningún momento, mientras esa experiencia estaba viva, dejaba usted de
pensar que era usted mismo y no otro el que vivía dicha experiencia", solía yo
decir. Si el yo no hubiera estado presente a sí mismo en la experiencia, no habría quedado rastro alguno en la memoria. En síntesis, y hablando en términos
generales respecto de todo fenómeno místico: o el yo estaba presente a sí
mismo o no lo estaba. Si no estaba presente, no podría acordarse de la experiencia. Y si lo estaba, entonces el yo no se habría perdido totalmente a sí mismo y conservaba la conciencia fundamental de sí, como tal yo individual, distinto de los otros.
Creemos que estas consideraciones, que en realidad han surgido en nosotros
a propósito de la experiencia del "Nirvana" budista, son aplicables a todos los
estados místicos y por ello no hemos dudado en clasificar el Nirvana como
experiencia mística, dentro de la interpretación según la cual no se llega a perder totalmente la conciencia del yo.
Queda todavía una última pregunta a propósito del Nirvana como experiencia mística. El Nirvana budista ¿ tiene un sentido religioso? En caso afirmativo ¿ cómo explicar esa religiosidad y el objeto de la misma? ¿ Se trata
en el fondo de un panteísmo? ¿Se excluye toda interpretación de un Dios
personal en la experiencia misma 'del Nirvana budista? Pero la respuesta a
estos grandes interrogantes está relacionada con la idea del Absoluto en el
budismo, que debe ser objeto de un estudio aparte.

u Las expresiones son explícitas en las experiencias que hemos visto descritas: Y o
entré en el maravilloso reino". "Yo me encontré ... ", "Yo sentí. .. ", "Mi sí era
claro ... ", "Yo me olvidé a mí mismo", "Yo era como un espejo .. . ", "Todos los límites de mi espíritu y de mi cuerpo se soltaron ... ", "Cuando yo me contemple a mí
mismo ... " Cfr. H. DUJ,WULIN, o. c., pp. 271-272. El Canon supone que el jivanmukti
se da cuenta de que alcanza el Nirvana y del momento en que lo experimenta. Cfr.
M. N. J. 150 y A. N. l. 159. También Vasubandhu enseña que el santo tiene una
facultad especial por la que reconoce el Nirvana que ha alcanzado y siente sus efectos.
AK, I y II, vol. I, pp. 101, 110, 112, 116. Cfr. LA VALLÉE-PoussIN, Nirvana, pp.
74-75.

152

153

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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�EL INSTITUTO INTERAMERICANO
DE ESTUDIOS JURIDICOS INTERNACIONALES
Lic. ALBERTO GARCÍA GÓMEz
Universidad Nacional Autónoma de México,
Universidad de Nuevo León

0

Es POSIBLE OBSERVAR cómo en los últimos años -especialmente a partir de
la Segunda Guerra Mundial- se ha venido operando un incesante progreso
del Derecho Internacional en los diferentes campos de su aplicación y, como
su consecuencia natural, en el de su estudio y técnica pedagógica, así como
en su divulgación, según se advierte en las múltiples manifestaciones que ha
tenido a través de instituciones, estudios, obras especializadas, etc.
Diversas causas han producido ese progreso del Derecho Internacional, destacándose en forma principal la gravedad de los cada vez mayores problemas
de las naciones, así como de los derivados de la última guerra; la amenaza latente de otro conflicto bélico de proporciones insospechables y de los que
nacen en el decurso natural de sus relaciones entre sí. Finalmente, el hecho
de la comprensión y el reconocimiento universal de que el Derecho Internacional constituye un medio seguro, frente a otros que no han dado los resultados apetecidos de solución a tales problemas, permitiendo el que se vuelva
realidad una mejor convivencia entre los Estados.
América, cuyas características sociológicas propias, la hacen una región
distinta, no ha estado ni puede estar al margen del ritmo universal del progreso
en lo que al Derecho Internacional se refiere; por el contrario, su contribución
a este Derecho es altamente reveladora, no solamente de su vocación e interés,
como de la aplicación práctica de sus principios y normas en la génesis de su
organización, al incorporarlo a lo nacional, y en su influjo, al crear todo un
sistema Interamericano, que permite la solución de los diversos problemas y
conflictos a través del tiempo y, lo que es más importante: el acercamiento y
la identificación de las diversas repúblicas con un sentido que va más allá
de lo puramente formal y jurídico.

505

�Tal vez el desconocimiento de la contribución americana al Derecho Internacional produzca el que no se le dé el debido reconocimiento a esa ~~ra
trascendental que tiene su iniciación bajo el signo de Bolívar, crea~~r v1s1?nario de instituciones internacionales que habrían de tener una magnifica cnstalización en la posteridad en la forma de una estructura inter~mericana de
innegable raio-ambre jurídica. Lo anterior, sin embargo, no constituye la totalidad de la :portación americana al Derecho Internacional; ya ~olí~ar, al
que no puede escatimársele el mérito de haber iniciado el Pan~~ncan_1smo Y
de haber proyectado la unión, no solamente de nuest~a ~1:1enc~; smo de
todas las naciones del mundo, y a quien se le llama con Justicia el Precursor
de la Sociedad de Naciones Universal"; como si lo anterior fuera poco, en
aquel famoso documento que es la Carta dei Jamaica y en todo el demás material epistolario suyo, había de sentar las bases de la incorporaci~~ del Derecho
Internacional con nuevas modalidades, así como en la celebrac1on memorable
del Primer Congreso de Panamá de 1826.
Si en el campo del Derecho Internacional se yergue la fi~ura_ de Fr~cisco
de Vitoria a través de la creación de ese Derecho y de la c1enc1a del mismo,
Bolívar con su pensamiento político, echa las raíces de un Derecho Internacional de características peculiares, que, aunque no distinto al Derecho Internacional común es indudable que presenta el sello inconfundible de la preencía de América. Es más, en todas las manifestaciones del pensamiento bo;ivariano, es de observarse cómo éste descansa sobre principios_ de Derech_o
Internacional, actitud y pensamiento que adquiere un mayor relieve al_ considerar las circunstancias históricas y políticas tan especiales como determmantes
por las que atravesaban en aquel entonces las Repúblicas Ameri~as. , .
Modernamente, algún autor americano reprocha el llamado , ~splend1do
.
A !amiento" de América frente a Europa, al no tener una pohtica que le
lS
A .
1
.
permita un acercamiento más íntimo con Asia o aún ;ºn fnc~, a n:en:10nar que las relaciones actuales tienen un carácter m_as decorativo e md1ferente, que las que es posible observar entre otras regiones ~ue c~~ponen la
Comunidad Internacional. Se aduce, en apoyo de esta af1rmac1on, que l_a
proximidad geográfica de los Estados Unidos de Nor;e_américa ha d~te~mnado una gran influencia en el crecimiento y en la polít1c~ de las Repubhcas
de América. Se invoca, también, la existencia de la Doctnna Monroe, ia que
habría de. decidir en muchos casos y unilateralmente, no solament~ la ob~taculización del desarrollo del Derecho Internacional, llamado Americano, smo
el deseRvolvimiento de las relaciones políticas internacionales con otras regiones fuera del continente americano.
. .
Pero no viene al caso el hacer historia de las diversas motivaciones que han
determinado situaciones jurídicas o políticas en América ya que creemos sea
506

suficiente el señalamiento de las instituciones tan importantes creadas principalmente a través del pensamiento de Bolívar las que por sí solas serían sufici~?tes para justificar la presencia de un De~echo Internacional ~uya verificac1~n rebasa los ~cadernismos o los aspectos teorizantes que en otra época
habnan de conducir a la creación del Derecho Internacional en otras latitudes.
En nuestros días merece la atención, no solamente. de los especialistas y de
los estudiosos, la existencia del Instituto Interamericano p.e Estudios Jurídicos
Internacionales, que fuera creado por la Mesa Redonda de Profesores de Derecho Intemacoinal del Hemisferio Occidental, que tuvo verificativo en San
José, Costa Rica, del 31 de marzo al 5 de abril de 1963. En tal ocasión se
~c~rdó el con~ocar a una Reunión Inaugural a la cual asistirían los que participaron en dicha Mesa Redonda, así como otros jusintemacionalistas. En tal
informe se recogió la labor realizada en el curso de esa Reunión Inaugural,
celebrada en Bogotá, Colombia, de los días 18 al 23 de marzo de 1964 así
'
como sus antecedentes y las actividades del Comité Organizador y la Secretaría
Ejecutiva que la precedieron.
De acuerdo con, tal Informe, la creación de esta nueva institución obedecía
a una necesidad apremiante. En efecto, el antiguo Instituto Americano de
Derecho Internacional, al suspender sus actividades, había dejado un gran
vacío en el Continente. Desde entonces se venía sintiendo la ausencia de una
institución Interamericana que sirviera de medio de contacto y de cooperación entre profesores y especialistas; capaz, a su vez, de expresar en forma
colectiva la opinión científica, objetiva, de nuestros juristas en cuestiones que
cada día adquieren mayor importancia en la vida contemporánea. El llenar
ese vacío haría posible que el Continente Americano pudiese, de nuevo, aportar al desarrollo y !a codificación del Derecho Internacional una contribución
tan valiosa como la que llegó a aportar en el pasado. Al decidirse la creación
de una nueva entidad -prosigue el Informe- era natural que ya no se la
considerara con el mismo carácter ni tampoco con las mismas funciones, objetivos y actividades que tuvo el antiguo Instituto Americano. En primer
término, la enseñanza e investigación del Derecho Internacional presenta en
América Latina problemas de tal urgencia, que sólo podrán atenderse adecuadamente a través de la cooperación continua e institucionalizada de los
profesores y especialistas. En segundo término, el programa para el desarrollo
económico y social de los países latinoamericanos viene creando problemas
jurídicos internacionales cuyo estudio requiere, inaplazablemente, ser incorporado al de aquellos que tradicionalmente habrían ocupado nuestra atención.

507

�EL INSTITUTO INTERAMERICANO DE ESTUDIOS

Jmúmcos

INTERNACIONALES - ANTECEDENTES

En el American ]ournal of lnternational Law,1 aparece un estudio del profesor C. G. Fenwick, acerca del Instituto Interamericano de Estudios Jurídicos Internacionales que permite conocer los antecedentes previos a la creación
del mismo. Este autof nos habla en su artículo acerca de que hace ya cincuenta
años tendría lugar la organización formal del Instituto Americano de Derecho
Internacional, el 12 de octubre de 1912, siendo el doctor James Brown Scott,
entonces Secretario de la Dotación Carnegie para la Paz Internacional, quien
asUIDió la Presidencia. En opinión del autor citado, se han producido grandes
cambios en el mundo de las naciones a partir de aquel entonces, por lo que la
actuación del doctor Scott resultó un tanto idealista. La gran causa de la
Paz Internacional debía de atenderse -según su criterio-- por la promoción
del procedimiento de arbitraje para el arreglo de las disputas internacionales.
Sin embargo, este arbitraje podría solamente ser efectivo si se contaba con
reglas específicas de Derecho Internacional que deberían ser aplicadas al iniciarse las controversias. De aquí en adelante los esfuerzos para promover el
arbitraje deberían ser acompañados de los correspondientes esfuerzos para
promover la codificación del Derecho Internacional.
¿ Por qué no podrían tomarse las medidas correspondientes para promover
la codificación del Derecho Internacional por un Instituto organizado en América de acuerdo con las Resoluciones de las Conferencias Internacionales de
los Estados Americanos?, se pregunta el doctor Fenwik.
En la etapa de organización, el Instituto consistió de miembros fundadores,
hombres de Estado de alto rango, uno por cada País, quienes sirven o han
servido en las Secretarías de Relaciones Exteriores de sus respectivos países,
así como de miembros afiliados a las Sociedades Nacionales de Derecho Internacional en las diferentes Repúblicas Americanas. Estas Sociedades propondrían, entre sus nacionales, a personas de relevancia, las que en número de
cinco, deberían ser electas como miembros titulares del Instituto. Además,
había miembros ex-oficio, los Secretarios Ejecutivos de las Sociedades Nacionales y los miembros correspondientes, que no tuvieron la nacionalidad norteamericana.
Las labores del Instituto justificaron plenamente lo previsto por el doctor
Scott, si bien con la irrupción de la guerra en Europa, éste habría de dilatar
sus actividades. El 6 de enero de 1916, el Instituto adoptó una Declaración
de los Derechos y Deberes de las Naciones, siendo paralela a los Derechos y
1

508

The American Journal of International Law, Vol. 58, No. 1, January, 1964.

Obligaciones Fundame~tales de los Ciudadanos, bajo la Ley Municipal. Aunque el document_~ pudiera aparecer en la actualidad en alguna forma primitiva en _compara~1.on con el Convenio de la Liga de Naciones, y carente de
cua!qme~ propos1to para una organización Internacional y de seguridad colectiv~, sm embargo, estableció la base que fue seguida en 1933 por la Conferencia celebrada en Montevideo, al adoptar la Convención respecto de los
Derechos y Deberes de los Estados.
La más importante contribución del Instituto, sin embargo, fue la serie
de proyectos preparados como anteproyectos a la reunión de la Comisión Internacional de Juristas, verificada en Río de Janeiro en 1927 la cual en 1928
habría de . consagrarl~s en una serie de siete Convenciones' adoptadas en l;
Conferencia Internac10nal que tuvo celebración en La Habana en 1928. Por
otra parte, el establecimiento de nuevas agencias gubernamentales de codificació1n produjo el efecto de no considerar el trabajo científico del Instituto, y
con a muerte del doctor Scott, el Instituto permaneció meramente como una
or?anización n~minal. Más tarde, en 1956 el profesor Ulloa urgió el renacimiento del Instituto y el tema surgió para discusión en una reunión en Buenos
Aires en 196~, de la que habría de salir un Comité, con carácter preparatorio,
para proporcionar planes posibles para su reactivación.
Reanimando este último interés en el desarrollo del Derecho Internacional
en el Hemisferio Occidental, la Dotación Carnegie para la Paz Internacional
en cooperación con el Departamento de Asuntos Legales de la Unión Pana~
mericana, convocó a una reunión de Mesa Redonda de Estudios para encontrarse en San José de Costa Rica, el 31 de marzo de 1963, con objeto de discutir la situación y proporcionar sus gestiones y hacer recomendaciones. Claramente se advirtió que las condiciones de 1963, exigían un nuevo y más amplio_ examen de las cuestiones a estudio. La posible renovación del antiguo
Instituto de Derecho Internacional, demostró ser solamente un incidente en
la Agenda de la Reunión, la que incluyó las implicaciones de la Alianza para
el Progreso sobre el Derecho Internacional en el Hemisferio Occidental; los
~pectos legales del sistema colectivo de seguridad interamericano; las posibilidades de las Fuentes del Derecho Internacional; el marco de trabajo institucional que mejor podría convenir para promover la cooperación entre
los estudiantes para abocarse al conocimiento de los problemas corrientes del
Derecho Internacional, y el status de la enseñanza e investigación del Derecho
Internacional en el Hemisferio Occidental; tópicos éstos que quedaban fuera
del campo de acción del Instituto como éste funcionó una generación anterior.
Entre los participantes a la Reunión de la Mesa Redonda, se incluyeron a
los profesores Vittone, de la Universidad de El Salvador, de Buenos Aires;
Albuquerque Mello, de la Universidad del Brasil, Albónico Valenzuela, de la
509

�Universidad de Chile; Urrutia, de la Universidad de Bogotá; Sotela, de la
Universidad de Costa Rica; García Bauer, de la Universidad de San Carlos,
de Guatemala; Ferro, de la Universidad Católica de Lima; · Jiménez de Aréchaga, de la Universidad de Montevideo; Mármol, de la Universidad Católica "Andrés Bello", de Caracas; Milton Katz, de la Escuela de Derecho de
Harvard; Covey T. Oliver, de la Universidad de Pennsylvania y Morin, de la
Universidad de Montreal. Además, se invitó a un número determinado de
observadores, entre los que se incluyó a F. V. García-Amador y Charles G.
Fenwick, del Departamento de Asuntos Legales de la Unión Panamericana;
Osear Schachter, de la Oficina de Asuntos Legales del Secretariado de las
Naciones Unidas; Jhon B. Howard, de la Fundación Ford y Francis Deak,
Ejecutivo Asociado de la Dotación Carnegie para la Paz Internacional, a través de cuya iniciativa tal institución había patrocinado la Reunión de la Mesa
Redonda.
Para disponer debidamente, tanto la discusión, como los antecedentes necesarios, varios proyectos fueron presentados como preparatorios a la Reunión,
destacándose el trabajo del profesor Jiménez de Aréchaga acerca de la.s ventajas de la reactivación del Instituto, así como el del doctor Carlos García
Bauer, en los mismos términos de la agenda. En lo relativo a las implicaciones
de la Alianza para el Progreso, el profesor Milton Katz presentó un trabajo
que estaba comprendido en la propia agenda.
Como manifestación de un nuevo y más amplio punto de vista acerca del
Derecho Internacional de los participantes a la Mesa Redonda, fue la atención principal dada al status de la enseñanza del Derecho Internacional en
el Hemisferio Occidental, así como las materias disponibles para un adecuado
trabajo científico en este campo. El profesor Fenwick opinó que lo anterior
sería tomado para garantizar el trabajo de la codificación del Derecho
Internacional, lo que había constituído el principal objetivo del Instituto y
había sido ya adecuadamente provisto por las Agencias de la Organización de
Estados Americanos. No obstante, la codificación había sido confinada a las
relaciones políticas de los gobiernos. Pero aún era su campo, sólo que nuevos
intereses habían llegado posteriormente: problemas de relaciones económicas,
cooperación social y cultural, Derecho Internacional Privado, la interacción de
los arreglos regionales, y -no eran las materias para la codificación por las
Agencias del Gobierno- sino materias para estudio e investigación por estudiantes, dejando el campo para la acción subsecuente de los gobiernos.
Para este fin era que los profesores se necesitaban, y éste es el deber de los
mismos ahora, en la tarea de preparar una nueva generación con la comprensión del Derecho Internacional dentro de estos nuevos y más amplios campos,
y para tal propósito los materiales deberían ser hechos para tal fin; las

510

fuentes primarias del Derecho Internacional, los Tratados, las decisiones de la
Corte Internacional de Justicia y otros tribunales internacionales, la interpretación del Derecho Internacional por las cortes nacionales, así como por las
Secretarías de Relaciones Exteriores. Esta fue una condición esencial acerca
de si los problemas de un Derecho Internacional dinámico y vital' debían
tratarse.
La discusión siguiente habría de relacionarse en lo que respecta al "Marco
de T~abajo Institucional", que debía promover mejor la cooperación de los
estudiantes del Hemisferio Occidental en el estudio de los problemas presentados por el nuevo Derecho Internacional, sus principios básicos y procedimientos. La opinión general fue que el no activo Instituto Americano de
Derecho Internacional no debía ser revivido, sino que un nuevo Instituto,
establecido sobre bases más amplias, debe ser preferible y debería llamársele
"El Instituto Interamericano de Estudios Legales Internacionales". De nuevo,
se recalcó la situación -de acuerdo con el artículo del profesor Fenwikacerca del problema de la enseñanza sobre las bases del estudio y la investigación de los estudiantes libres de la dirección gubernamental, así como de su
influencia, a su vez, a los gobiernos y hacer posible un trabajo más efectivo en
la parte de las agencias\ de codificación oficial.
Es de interés hacer notar -agrega el autor citado- el que, aunque los
miembros de la Mesa Redonda eran todos expertos del Hemisferio Occidental,
relacionados primeramente con los problemas regionales, la reunión fue repetidamente prevenida y completamente advertida del peligro de un Derecho
Internacional Universal, débil, si se adoptaba una concepción crítica de Derecho Regional. El profesor Kats, en particular, enfatizó las implicaciones para
otro de los arreglos regionales dentro de las Américas, en Europa y en el Área
Atlántica, e hizo notar la cuestión acerca de que si la codificación del Derecho
Internacional debería ser o no puesta en un marco de trabajo de características
mundiales, o por lo menos, en uno que pudiera hacerse extensivo al Mundo
Libre. Para el mismo efecto, fueron las consideraciones preparadas por el
profesor Morin, de Montreal, quien llamó la atención hacia lo continuos cambios del Derecho Internacional como es comprendido por los nuevos Estados
de Asia y de África, así como la necesidad de ir coordinando los desarrollos
económicos dentro de los diferentes grupos regionales.
En llegándose al problema de la creación del marco de trabajo institucional, se creyó que sería deseable el promover los objetivos en los cuales se
estaba de acuerdo y se creó un comité de organizaciones de siete miembros
escogidos entre aquellos de los participantes a la reunión. La resolución que
hubo de crear el Comité, encargó a éste para que redactase los Estatutos del
Instituto, determinase su membrecía y trabajara acerca de un programa prác-

511

�tico de actividad, especificando la investigación de Derecho Internacional, la
preparación de profesores, así como la distribució~ del material jurídico esencial para el programa de la enseñanza.
La Mesa Redonda terminó sus labores con una Resolución en la que es
posible observar como quedó debidamente integrado el punto de vista expresado por sus miembros. He aquí tal Resolución:

2)

3)

Resolución Primera

4)

La Mesa Redonda de Profesores de Derecho Internacional. Considerando:
1) Que el debate ha puesto en evidencia que, por lo general el alcance y

5)

!ª

la calidad de los programas de enseñanza del derecho internacional en
el Hemisferio Occidental, así como el material y los métodos de estudio

no responden a las necesidades del mundo actual;
2) Que, por otra parte, la falta de un adecuado estímulo económico para
el ejercicio de la función docente y para la especialización en asuntos
internacionales crea un serio obstáculo para el progreso del derecho
internacional.
3) Que entre los estudiosos del derecho internacional y los que lo practican, no existe el necesario entendimiento sobre la fundamentación, métodos, objetivos, materiales de investigación y los problemas y soluciones
de ese derecho ;1 por lo que se hace necesario la creación de una institución que llene ese vacío.

Acuerda las siguientes Declaraciones y Recomendaciones:

1) Que es un deber fundamental e ineludible de las instituciones y profesores de derecho internacional del Hemisferio Occidental, mejorar la
calidad de la preparación en los campos del derecho internacional público, incluyendo las normas que rigen las organizaciones internacionales,
del derecho internacional privado y de materias afines, campos en los
cuales el jurista especializado se encuentra frente a la obligación de actuar o de opinar responsablemente en las complejas situaciones del
mundo actual.
II) Que el programa básico de estudios de derecho internacional debe poner
énfasis en nuevos elementos y condiciones tales como:

entre otros, los de soberanía, competencia exclusiva auto-determinación
no-intervención y legítima defensa.
'
'
La importancia fundamental en el estudio del derecho internacional del
desarroll~ económi~o y social y de las aspiraciones para dotar a los ~ueblos de mveles de nda cada vez más altos, así como la acción rectora que
corresponde al derecho internacional en el establecimiento de las bases
Y estructuras necesarias para el logro de ese fin.
Los problemas creados por nuevas condiciones internacionales, particul~ente en lo que respecta a los medios de guerra y al peligro nuclear.
El impacto que causan en la vida internacional los progresos científicos
y tecnológicos.
Los cambios en la estructura de la sociedad internacional, producidos
p~r el nacimiento de un gran número de Estados soberanos y, primord'.almen_te, por creación y el desarrollo de una multiplicidad de orgamsmos mternac1onales y formas de cooperación.
El desarrollo alcanzado en la protección internacional de los derechos
humanos y la creciente importancia del individuo en el derecho de gentes.
La reconocida importancia de los movimientos de interrración económica
, .
o
y pohtica.
El desarrollo del derecho internacional y su codificación como principal resultado de la actividad de la Comisión de Derecho Internacional
de las Naciones Unidas y las actividades de las organizaciones internacionales en la formación de este derecho.

6)
7)
8)

III) Que los estudios de Derecho Internacional en este Hemisferio, deberán
ser concebidos y planeados de conformidad con un programa revisado
y mejorado, en tal forma que puedan ser enriquecidos y vigorizados por
los trabajos que se lleven a cabo en otras áreas regionales y en otras
disciplinas, particularmente en lo que se refiere a la metodología y a la
orientación que se ha de dar a la enseñanza y a la investigación.
IV) Que deberán ser utilizadas al máximo las oportunidades para el enriquecimiento de la enseñanza y la investigación que puedan obtenerse
de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos.
V) Que para mejorar la calidad de la enseñanza y de la investigación deberán establecerse sociedades e instituciones nacionales de derecho internacional, y estimular la cooperación de éstos con grupos de abogados
y centros de estudios de otras regiones.
VI) Que la especialización de postgraduados en estudios de derecho internacional es esencial para la formación de nuevos maestros, profeso-

1) La evolución que se está operando en algunos conceptos fundamentales,

513
512

1133

�res, abogados en ejercicio y funcionarios competentes que se requieren
con gran urgencia y en mayor número, para asegurar la efectividad de
las normas del derecho en el Hemisferio Occidental y en el mundo
entero.
VII) Que para realizar un mejoramiento inmediato y efectivo de la enseñanza actual del derecho internacional, es necesario adoptar las siguientes:

del derecho internacional en América; tomando as1m1smo en consideración
el c~nsenso de los participantes acerca de la necesidad de perfeccionar la
~ns,e~anz~ del de~echo y de orientar el estudio e investigación de los problemas
Jund1cos mternac1onales de interés actual para las Repúblicas Americanas tal
como se señala en la Resolución 1 de esta Reunión.
'
Resuelve:

1) Revisar cuidadosamente el contenido de los cursos que actualmente se

ofrecen, con miras a garantizar que ellos sean adecuados a las necesidades de la hora presente, para lo cual cada profesor deberá beneficiarse
de la consulta y discusión de sus colegas de otras nacionalidades.
2) El curso básico de derecho internacional público no debe ser desplazado ni desnaturalizado por materias que, aunque atingentes a él, forman parte de otras disciplinas jurídicas; y
3) Como existe una seria escasez de versiones en español y en portugués
de documentos esenciales en esta rama del derecho, se deberá presentar especial atención a la preparación de una compilación económica
de tales materiales para el uso del estudiante en relación con su curso
o cursos en el sector internacional y sujeto a las modalidades de la instrucción en uso. La preparación de tales materiales podría lograrse
mediante un esfuerzo conjunto de una institución a la que se refiere el
considerando (3) de este documento y otras organizaciones.
VIII) Que los gobiernos y universidades del Continente Americano unan sus
esfuerzos para estimular la formación de profesores y especialistas en
materia internacional, estableciendo oportunidades y condiciones económicas adecuadas.
Resolut ión Segunda
La 1\-j:esa Redonda de Profesores de Derecho Internacional del Hemisferio
Occidental.
Tomando en cuenta:
Los documentos números 3, 5, 8 y 13 relativos al tema 4 del Programa; las
deliberaciones habidas en esta reunión sobre la conveniencia de establecer un
organismo que asegure la cooperación continua entre los profesores y especialistas del Hemisferio Occidental con el fin de intensificar el conocimiento

1) Crear el "Instituto Interamericano de Estudios Jurídicos Interna-

cionales", dest'.n~do a asegurar la cooperaci&lt;?n continua entre los profesores Y especialistas del Hemisferio Occidental para el estudio e investigación intensivos y el perfeccionamiento de la enseñanza del Derecho
Internacional Público y Privado, incluyendo los problemas jurídicos in.
ternaci~nal,e~ relaci?nados con el desarrollo económico y social y el progreso c1ent1f1co y tecnico.
2) Designar para este fin, un Comité Organizador compuesto de los sigui~ntes miei:nbros de esta Mesa Redonda: Linneu Albuquerque Mello,
Fab10 Fourn1er, Carlos García Bauer, Eduardo Jiménez de Aréchaga,
Jacques !van Morin, Covey T. Oliver y Francisco Urrutia. Este Comité
estará autorizado para invitar a asociarse a su tarea a otras personas del
Hemisferio Occidental activamente dedicadas a la enseñanza O investigación en el campo jurídico internacional.
3) El Comité Organizador queda encargado de redactar los estatutos del
Instituto, que definan el propósito y alcance de sus funciones, así como
preparar y comenzar, en la medida de lo posible, la ejecución de su programa de trabajo inicial, en el que se dará preferencia a las medidas
encaminadas a perfeccionar la investigación y enseñanza del derecho
internacional, la formación de profesores y la distribución e intercambio
de materiales destinados al mejoramiento de la enseñanza del derecho
internacional. En la preparación de este programa el Comité Organizador deberá tomar en cuenta, en lo que respecta a la investigación, el
documento que se anexa a esta Resolución como parte de ella. En lo
que respecta a la enseñanza y la publicación de material jurídico, el
Comité Organizador estudiará y elaborará los medios prácticos para:
a) El intercambio y discusión de ideas e informaciones relacionadas
con la enseñanza del derecho internacional.
b) La publicación, distribución e intercambio, en español, portugués e
inglés, de materiales jurídicos esenciales para el mejoramiento de la
enseñanza.

514
515

•

�4) El Comité Organizador confeccionará la lista de personas que han de
invitarse a la reunión del Instituto, la cual incluirá a los participantes de
la presente Mesa Redonda. Escogerá asimismo la fecha y lugar de dicha
reunión inaugural, cuyo primer punto del programa será la consideración y aprobación de los Estatutos referidos en el párrafo 3.
5) El Comité Organizador estará facultado para tomar las medidas necesarias a fin de estructurar, sobre una base provisional, un Centro para
la ejecución del programa de trabajo a que se refiere el mencionado
párrafo 3.
6) El Comité Organizador estudiará los medios para financiar las actividades del Instituto· y del Centro, estando facultado para gestionar el
apoyo de organizaciones internacionales, fundaciones y otras entidades
0 personas que puedan tener interés en cooperar con el instituto en la
realización de sus trabajos.
7) Para asistir al Comité Organizador en el cumplimiento de sus tareas se
designa Secretario Ejecutivo del mismo al Dr. Francisco V. García Amador Director del Departamento de Asuntos Jurídicos de la Unión Panade los Estados Americanos, quien, a título inm e:icana' Oraanización
o
dividua!, tendrá el cometido de asegurar la coordinación y mantener la
correspondencia necesaria para la ejecución de lo previsto en esta Resolución.
De la exposición anterior, es posible percatarse de la importancia que empieza ya a reconocérsele, tanto al Derecho Internacional, dentro del Sistema
Interamericano como a sus programas de estudios y de técnicas, así como la
verificación de' importantes eventos destinados al estudio y a la discusión de
los importantes problemas contenidos en las diversas agendas de las propias
reuniones. Sin embargo, éste es el primer paso, el primer jalón, que servtra,
como es de desearse, para la estructuración de una mayor intensifi~ación Y
fortalecimiento del sistema jurídico y del propio Derecho Internacional en
América.
El material usado fue obtenido gracias a la gentileza del Sr. Dr. Enrique
Ferrer Vieyra, Secretario General Adjunto del Instituto Interamericano de
Estudios Jurídicos Internacionales.

EL XV CONGRESO DE SOCIOLOGfA. UNA INTRODUCCIÓN
A LA SOCIOLOG1A DE LA REFORMA AGRARIA
DR. Lucro MENDIETA Y NúÑEZ
Universidad Nacional Autónoma de México

LA AsocIAcIÓN MEXICANA DE SOCIOLOGÍA, correspondiente de la Asociación
Internacional de Sociología y el Instituto de Investigaciones sociales de la
Universidad Nacional Autónoma de México, han realizado, con este que ahora se inicia, quince Congresos Nacionales sobre diversos temas sociológicos,
gracias al apoyo de los gobiernos, de las Universidades e Institutos de varios
Estados de la República. La provincia siempre ha respondido al llamado de la
ciencia y de la cultura con férvido entusiasmo y a ello se debe, en gran parte,
el desarrollo que están alcanzando en nuestra patria algunas disciplinas que
antes sólo eran cultivadas en los más adelantados países de Europa y en los
Estados Unidos de Norteamérica.
La mayoría de los quince Congresos a que aludimos, se ocuparon de analizar el aspecto sociológico de importantes fenómenos sociales como la Economía, el Derecho, la Educación, la Política, el Desarrollo, la Planificación,
la Seguridad Social, porque aún siendo sociales esos fenómenos, son tratados unilateralmente por las ciencias respectivas desde un ángulo condicionado por su propia materia y especializada hasta el punto de que a menudo olvidan los intereses vitales del hombre que debe ser, de acuerdo con
la sentencia del insigne filósofo griego Protágoras, la medida de todas las cosas.
Los Congresos de Sociología han tenido, así, por objeto, principalmente,
combatir la deshumanización de las ciencias tratando de devolver a cada
una su dimensión sociológica sin la cual no solamente no alcanzan sus fines
esenciales, sino que, a veces, se tornan en instrumentos de explotación y destrucción en el seno de las sociedades humanas.
Este XV Congreso Nacional de Sociología, tiene un número simbólico,
marca larga trayectoria y la llegada a un punto de arribo en el tiempo que
significa haber dominado las circunstancias adversas que suelen oponerse a

516

517

�Ja consecución de los ideales, al florecer de la vida misma y para celebra~ este
acontecimiento que nos enorgullece, hemos querido dedicarlo al estudio d_e
una cuestión muy antigua, la cuestión agraria; pero que ahora cobra p~lpitante actualidad en estos momentos en que hallándose el mundo en situación tan crítica que siente amenazada su propia e~st:~cia, ~arece entonar
un mea culpa y querer dedicarse a revisar su organ1zac1on social a la luz de
los principios eternos de la ética y de la justicia.
Es necesario decir ante todo que esta reunión fue posible por el
que nos brindó espontánea y generosamente el señor Gobernador_ Const1tuc10nal del Estado de Nayarit, doctor Julián Gascón Mercado, quien con amplia visión de estadista consideró la trascendencia de un Congre~ en el que
van a tratarse puntos no tocados antes sobre la Reforma A~rana qu~ es el
problema crucial de la América Latina y de todos los pa1ses en v1as de
desarrollo.
Pero para celebrar un Congreso como éste, esencialr~;nte humanista, en
el moderno sentido del concepto, no bastan la comprens1on de un gobernante y las posibilidades materiales: se necesitaba, además, el clima r_r1?ral Y cultural de una Casa de Estudios y hallamos uno y otro, en el ausp1c10 del In~tituto de Ciencias y Letras Nayarita en donde su rector, doctor Pedro L~pcz Díaz y los jóvenes estudiantes nos dieron la hospitalidad deseada con hidalgo gesto acogedor y cordial.
. .
_
Vaya, por tanto, nuestro más profundo reconoc1m1ento para el seno~ Gob mador el señor Rector y el Instituto de Ciencias y Letras de Nayant, en
embre de la Asociación Mexicana de Sociología, del _Instituto de . Invesno
tigaciones Sociales de la Universidad Nacional y de los senore~ congres1s.tas.
y es así como estamos reunidos aquí un grupo de estudiosos mexicanos
de las ciencias sociales con eminentes intelectuales de diversos países de Europa y de América, para tratar, desde el punto de vista sociológico, el gran
problema de la Reforma Agraria.
. .
Lo primero que debemos preguntamos es hasta qué punt~ un movIID1~nto económico y político necesariamente transitorio p_orque tlend~ a ;amb1~r
el estado de cosas existente, por otro, puede ser matena de la Soc1olog1a dedicada al estudio de los hechos sociales que según el análisis genial de Durkeim, se caracterizan por su repetición, su generalidad, su permanencia y su
fuerza coercitiva.
La Reforma Agraria, en nuestro concepto, reúne estas características, es
un verdadero fenómeno social universal, según se advierte en la historia de
todos los países del mundo.
.
He aquí algunos ejemplos que comprueban este aserto y ~ue ~elecc1onamos de un libro por demás interesante de Víctor Alba, la Historia General

.ªPº:º

518

del Campesinado, síntesis admirable de diversos autores y fuentes históricas
sobre la propiedad agraria en el mundo antiguo.

En Sumeria, la Iglesia llegó a tener en sus manos la mayor parte del suelo
agrícola y eso provocó una reacción popular que dio lugar a la Reforma
Agraria: "Las tierras de la Iglesia pasaron a la corona y se distribuyeron
entre los campesinos". 1
En Persia, el gran propietario era el Estado que a su vez distribuía tierras
a los templos, guerreros y funcionarios. Los campesinos sólo tenían pequeñas
heredades que cultivaban en común. La aristocracia terrateniente dominaba en
la sociedad sobre una población rural que vivía en muy duras condiciones.
Bajo la administración de los partos, la gente del campo se levantó contra el
poder. Su líder, Mazdak, predicaba una doctrina religiosa y social reclamando la igualdad y el reparto equitativo de las riquezas. Los campesinos se
apoderaron de las tierras de las clases dominantes y organizaron la explotación de acuerdo con un sistema colectivista. El movimiento fracasó y volvieron a reinar las condiciones de sujeción y de acaparamiento de la propiedad territorial que motivaron otras sublevaciones en el siglo VIII antes de
la era cristiana; pero de efectos transitorios por lo que respecta a las reivindicaciones sociales, pues bien pronto volvieron a triunfar los poderosos. 2
En Egipto el río Nilo determinó la organización y el estilo de vida del Estado y de la sociedad. Allí se ve con claridad nítida, el proceso agrario. En
un principio, la propiedad está bien repartida. Aristóteles refiere que "en las
aldeas egipcias las tierras se dividían de tal modo que cada familia poseía
una parcela en las cercanías de la población". Pero el aumento del número
de aldeas y de sus pobladores, llevó a la constitución de pequeños Estados, al
surgimiento del poder real, del feudalismo y de la injusta distribución del
sucio agrario, pues el Rey, el ejército y el clero se apoderaron de grandes extensiones territoriales y empezó entonces, a formarse y a crecer la enorme
masa de los "fella", campesinos sin tierra que vivían en la miseria.ª
Esta situación da lugar a diversas rebeliones. Los trabajadores del campo
se apoderan de las propiedades agrícolas de los nobles; pero bien pronto las
cosas vuelven a su antigua situación bajo la fuerza del Estado y de las clases superiores. t
Los hebreos, que "eran en su origen pastores nómadas", se transformaron
en agricultores en el siglo XII antes de Cristo al llegar a Canaan. Allí distri1

VÍCTOR ALBA.

tro de fütudios

y

• VÍCTOR ALBA.
' VÍCTOR ALBA.
• VÍCTOR ALBA.

llirtoria G,:n,.ral del Campesinado. I. Del clan al latifundio. CenDocumentación Social. México, 1964.
Op. cit., p. 45 y ss.
Op. cit., p. 52.
Op. cit., pp. 52 a 76.

519

�huyeron por suertes entre tribus y familias las tierras conquistadas a los cananeos. Bien pronto surgió la propiedad privada, los hebreos se organizaron
en Estado y apareció la división de la sociedad en clases, el acaparamiento
excesivo del agro. Se olvidaron las leyes de Moisés en las que se ordenaba
una revisión de la propiedad y el reparto periódico del suelo agrícola. Empezó así una lucha entre campesinos y grandes propietarios, estrechamente
ligada a la religión. Los profetas tomaron a su cargo la defensa de los desvalidos y elevaron su palabra "en nombre de Jehová" contra el orden injusto. Hubo varios levantamientos de las masas rurales en diversas épocas y
débiles intentos de Reforma Agraria que fracasaron bajo el poder del Estado. Sólo quedó en el viento la voz de los profetas. Isaías predicó : "Ay de
los que juntan casa con casa y añaden tierra a tierra hasta el término del
lugar, ellos serán colocados solos en medio del mundo" y predij~ ~ue "cuando renaciera el reino de Jehová, las naciones de sus espadas ÍOfJanan arados
. h oces" 5
y de sus 1anzas
.
.
.
En Grecia las condiciones geográficas, la naturaleza del suelo unpus1eron
una estructura: agraria que estaba constituída por extensiones pequeñas o medianas de tierras laborables. Se produjo, sin embargo, con el transcurso del
tiempo, una tendencia a la concentraci~n de la propiedad que consistía no en
la formación de latifundios, sino en "la acumulación en unas mismas manos
de numerosas propiedades dispersas ya para arrendarlas o para especular con
su venta". El resultado económico y social, sin embargo, era el mismo que el
producido por los grandes dominios territoriales: la formación de una masa
campesina desposeída que se agitaba en la opresión y en la miseria. Las sublevaciones eran frecuentes y también las reformas agrarias para restablecer
el equilibrio en los Estados-Ciudad. Así, en Megara, 410 años antes de Cristo,
se declaran abolidas las deudas y se confiscan los bienes de las familias ricas;
en 412 antes de la era cristiana, el pueblo de Samd destierra a las gentes poseedoras de grandes fortunas y reparte sus tierras y en Siracusa, el pueblo
al libertarse del tirano Dionisio, reparte las tierras. En Mesania, 411 años
antes de Cristo, se distribuyen las propiedades territoriales y se destierra a sus
propietarios.
Toda la historia interna de Grecia se desarrolla en la lucha de dos partidos el urbano formado por los gremios de artesanos y por los comerciantes
'
.
y el agrario constituído por los pequeños propietarios rurales y l~s ca'.11pe~1nos. Esta lucha, dice Víctor Alba, tiene altibajos. Aunque cualquier v1ctona
del partido agrario ha de ser de consecuencias duraderas, por 1~ índ_ole misma de sus reivindicaciones; el partido urbano toma sus prov1denc1as para
el futuro y así por ejemplo en el año 401, antes de la Era Cristiana, los ate-

nienses prohibieron a los aleatas "votar sobre propos1c1ones referentes al reparto de tierras y a la abolición de las deudas".6
Roma se formó por "la unión de las aldeas de pastores establecidas al pie
de las siete colinas"; la tierra, según el autor a quien venimos glosando, "era
cultivada sólo en la medida necesaria para el sustento familiar". Cada familia
disponía de un lote de dos yugadas (aproximadamente cincuenta áreas) en
propiedad absoluta; pero al correr de los años se fue creando una verdadera
propiedad agrícola privada, especialmente bajo la influencia de las guerras,
pues las tierras conquistadas se vendían o se distribuían gratuitamente para la
formación de colonias.
El colono es un plebeyo que tiene la obligación de defender como soldado las instituciones romanas; pero cuando abandona su heredad para ir a
la guerra, su familia contrae deudas y de ese modo la pequeña propiedad
fue cayendo en. manos de los patricios o de los plebeyos enriquecidos. Así nació el latifundio que era cultivado por siervos y asalariados, al propio tiempo que surgía un proletariado rural cada vez más numeroso e inquieto.
Como los otros pueblos de la antigüedad, el romano se enfrenta con el
problema de la lucha entre grandes terratenientes y campesinos desposeídos
de todo patrimonio. Esta lucha obliga al Estado a ensayar la Reforma Agraria en diversas ocasiones.
Para detener el auge del latifundismo, la Ley Licinia el año de 376 antes
de Cristo, limita a 500 yugadas ( 126 hectáreas) la extensión de tierra que
puede una sola persona tener. De entonces en adelante, el agrario es el problema fundamental de Roma. Tiberio Sempronio Graco promovió una ley
expropiatoria de las tierras excedentes de la extensión legal para repartirlas
entre los ciudadanos itálicos. 7 Inmediatamente se aliaron, con el apoyo del
Senado, diversas fuerzas sociales para impedir la aplicación de la ley. Tiberio fue asesinado y aun cuando su hermano pretendió continuar su obra, encontró dura oposición en el Senado y en la lucha perdió la vida. Así fue destruída toda la obra de los Gracos; mas, inútilmente, porque la inquietud de
las masas rurales miserables promovió la llamada guerra social que tenía un
carácter étnico y político; pero que en el fondo intentaba la reivindicación
de la tierra en favor del proletariado campesino. 8
A partir de las reformas infortunadas de los Gracos se hicieron frecuentes
distribuciones del agro para aliviar la tensión social, sin embargo, concluye
Víctor Alba: "estos repartos no alteraron la tendencia hacia el latifundismo"
que siguió minando el poderío de Roma. Bajo el Imperio fue necesario no
• VÍCTOR ALBA.
' VÍCTOR ALBA.

• VÍCTOR ALBA.

520

Op. cit., pp. 80 y 88.

• VÍCTOR ALBA.

Op. cit., p. 121.
Op. cit., p. 185
Op. cit., p. 190.

521

�sólo repartir tierras sino alimentos entre la muchedumbre miserable que se
agolpaba en las ciudades.
Estos son los datos que proporciona la Historia sobre la cuestión agraria
en el mundo antiguo. Al sociólogo toca desprender de ellos las constantes sociológicas y uniéndolos a lo que se sabe sobre el origen de la~ sociedades humanas, hallamos que, con variantes no esenciales, en todas las naciones se observa un proceso agrario que atraviesa por las siguientes fases.
Al principio el mundo estuvo habitado por bandas trashumantes de seres
humanos que vivían de la recolección de los frutos de la tierra. En una
época ignota, lograron el inapreciable descubrimiento de la agr'.cultura
la
que obtuvieron tantos beneficios que todos los pueblos le atnbuyen ongen
divino.9
La Agricultura y la domesticación de algunos animales, vuelven al hombre sedentario; pero ello no obstante, considera a la tierra como bien común
y así permanece durante largo tiempo. La transformación de la propiedad
comunal en propiedad individual es el resultado de un proceso lento y com- ·
piejo sobre el que sólo pueden hacerse conjeturas. Probablemente la permanencia de cada familia, a través de varias generaciones sobre una misma extensión del suelo, bajo la autoridad patriarcal, hizo nacer la idea y el sentimiento de la propiedad privada. Las luchas intertribales y la esclavitud fueron seguramente otros dos factores que intervinieron en la configuración de
la propiedad privada porque los victoriosos se repartían las tierras conquistadas. Esos repartos se hacían en favor de los capitanes, de los nobles y de
los sacerdotes.
En todas las sociedades humanas encontramos este oscuro proceso del que
surge, al lado de la propiedad comunal que pervive largo tiempo, la ~e las
clases privilegiadas. Así, de la propiedad comunal, se pasa a la propiedad
privada y en cuanto surge ésta aparece la tendencia ~ la conc~ntr~ción que
pone en poder de unas cuantas manos enormes extensiones temtonales dando lugar al latifundismo, en tanto que el grueso de la población campesina
en constante multiplicación, se aglomera en el resto disponible del agro que
se pulveriza bajo la presión demográfica en innumerables minifundios en los
que la explotación resulta incosteable y la producción insuficiente. Esta situación desemboca en violentas reacciones populares y para calmarlas aparece
un nuevo fenómeno social universal: la Reforma Agraria, con la que se
pretende restablecer un equilibrio justo en la distribución de la tierra; pero
en el acto se perfila y desarrolla con igual generalidad, la contra-reforma
agraria que impide su cabal realización por todos los medios posibles.
El mundo modemo heredó de su remoto pasado el problema agrario. Ac-

d:

• VÍCTOR ALBA.

522

Op. cit., p. 14.

tualmente, en las democracias capitalistas puede decirse que es el problema
fundamental, especialmente en los países insuficientemente desarrollados en los
que la mayoría de los campesinos viven en la ignorancia y en la más espantosa miseria.
De acuerdo con un estudio publicado por las Naciones Unidas, en esos países la economía es eminentemente agrícola, pues en tanto que en los Estados
Unidos de Norteamérica, solamente el 20 y en Europa el 33 por ciento de
la población se dedica a actividades agropecuarias, en la América del Sur el
60 y en la del Centro incluyendo a México, el 67 por ciento de sus habitantes trabajan en la agricultura.
Estos porcentajes significarían muy poco si la distribución del agro fuese
racional y equitativa, pero sucede en la América Latina que los índices de
concentración agraria son alarmantes, aún domina el latifundio hasta el
punto de que en la República Mexicana a pesar de la Reforma Agraria que
viene desarrollándose desde el año de 1915, la gran propiedad, según datos
estadísticos oficiales ocupa todavía la mayor parte de su territorio agrícolamente aprovechable.
A raíz de la primera guerra mundial, hubo en los países de Europa y en algunos de Latinoamérica, una gran corriente legislativa de carácter agrarista
después de México, que se adelantó en varios años iniciando esa corriente
que transformó el concepto de propiedad de un derecho absoluto, en una
función social y sentó las bases de la redistribución justiciera de la tierra en
la Ley de 6 de enero de 1915 y en el artículo 27i de la Constitución de 1917.
Pero no fue sino hasta la terminación de la segunda conflagración mundial cuando las democracias capitalistas constituyeron un gran organismo político a fin· de resolver todos sus problemas económicos y sociales y entre ellos
principalmente, el agrario.
Desde entonces, han sido frecuentes las reuniones diplomáticas, las de técnicos y de expertos y los compromisos internacionales con el propósito antes
aludido hasta que después de largos preparativos concluyeron en la Alianza
para el Progreso, que exige para derramar sus beneficios en los países Latinoamericanos, que éstos inicien sus correspondientes Reformas Agrarias.
Llegamos, así, a la plena comprobación de que la Reforma Agraria a pesar
de su apariencia transitoria es un verdadero fenómeno social que viene repitiéndose desde los tiempos antiguos hasta la actualidad y que por ello mismo
cae dentro del campo de estudio de la Sociología, no para constituir una sociología especializada; pero sí como capítulo de la Sociología Rural que amerita, por la vital importancia que ofrece en el mundo moderno, la cuidadosa
y profunda consideración de los sociólogos.
Ante todo debemos preguntarnos ¿ cómo es posible que si desde el más

523

�remoto pasado de las sociedades humanas se han venido poniendo en práctica diversas Reformas Agrarias, es la hora en que aún no puede resolverse
el problema de la distribución de la tierra?
Esto se debe, indudablemente, a que la cuestión ha sido erróneamente
planteada; se la ha visto y se la ve COf!IO un simple caso legislativo y económico de reparto del suelo agrícola, haciendo caso omiso de su lado humano,
de su realidad social.
La Sociología puede contribuir a la solución del problema que representa
la Reforma Agraria analizando esa realidad desde puntos de vista conceptuales y pragmáticos.
La Sociología de la Reforma Agraria se ocupará, ante todo, de definir su
objeto de estudio, es decir, de señalar con precisión qué debe entenderse por
Reforma Agraria, cuáles son sus finalidades y sus fundamentos jurídicos y
morales.
En seguida revisará la historia de los movimientos agraristas en los diversos países del mundo para derivar de ellos las constantes sociológicas que
ilustrarán sobre sus causas y los motivo&lt;; de sus fracasos o de sus éxitos.
Toda Reforma Agraria, si no ha de ser aplicación ciega de leyeg y de actos
mecánicos de distribución de tierras, tiene que basarse en el conocimiento del
medio social en que va a realizarse.
La Sociología mediante la aplicación adecuada de sus métodos, analizará
la constitución de la familia campesina, su nivel cultural, sus costumbres, sus
problemas, su realidad económica y social, como parte de una nación y de
un Estado. Descubrirá la magnitud del proletariado rural, su movilidad social, sus migraciones internas, la causa de la despoblación de los campos, de
la atracción de las ciudades, del éxodo de campesinos hacia el extranjero.
La redistribución de la tierra se logra generalmente trasladando a los campesinos de lugares superpoblados a otros en donde es posible establecerlos.
Paradójicamente, la gente del campo se opone a abandonar los lugares en
donde vive en la miseria, hacia aquellos en donde puede hallar mejores condiciones de existencia. Esa oposición se basa en intereses, tradiciones y costumbres que sólo pueden conocerse mediante la investigación y la interpretación sociológicas, conocimiento indispensable para fundar sistemas educativos y de propaganda que transformen la mentalidad de las poblaciones rurales y su actitud ante la vida.
La Reforma Agraria exige la implantación de métodos crediticios, de técnicas modernas de explotación agrícola, de organización para el trabajo y la
defensa de los intereses campesinos; pero todo esto halla serias dificultades en
la práctica por la baja cultura y las resistencias que oponen los mismos interesados a toda innovación en sus formas de trabajo y de conducta individual

524

Y colectiva. Hallar la razón y el sentido de esas resistencias para vencerlas,
es algo que corresponde también a la investigación social.
Es, pudiera decirse, una ley sociológica el hecho de que siempre que se
ponen en contacto dos poblaciones de distinta cultura, la mejor dotada culturalmente tiende a explotar sin piedad a la otra. La Reforma Agraria se
proyecta hacia los medios rurales en donde el nivel cultural es muy bajo y se
encomienda a una burocracia y en elli toman parte además comerciantes e
industriales de educación media y superior que ponen en práctica diversos
procedimientos para obtener de la mencionada Reforma el más grande provecho. Descubrir mediante estudios e investigaciones esos procedimientos para que sea posible anularlos, es otra de las grandes misiones de la Sociología.
La Reforma Agraria introduce cambios radicales en la organización vigente de la propiedad territorial basada en antiguos conceptos del Derecho hoy
superados y en costumbres tradicionales de manera que provoca la oposición
de las clases sociales que se sienten afectadas. Esa oposición ofrece diversos
aspectos, se vale de diferentes medios y procedimientos que la Sociología como
ciencia de la realidad debe analizar para que el político y el gobernante puedan combatirlos de manera justa y eficaz.
Estos son apenas unos cuantos ejemplos de la importancia que reviste la
Sociología de la Reforma Agraria queí es extraordinariamente rica en su contenido como puede verse en el temario de este Congreso. Su utilidad no sólo
se advierte en la, preparación, en la planeación de- la redistribución de tierras
y de la organización de los campesinos, sino que resulta indispensable para
estudiar los efectos de esa distribución pues no basta repartir tierras ni en
las mejores condiciones posibles para dar por terminada la Reforma Agraria.
En efecto, si de acuerdo con las ideas de Max Weber concibiéramos un
tipo ideal de Reforma Agraria y beneficiáramos con ella a un grupo de
cien familias, el bienestar material y moral que les proporcionaría aumentaría su fecundidad, abatiría el índice de mortalidad, elevaría el término medio de la vida y en poco tiempo debido a su propia reproducción habría quinientas familias que tratarían de vivir de los recursos de una tierra proyectada para cien. Así se ve que en último análisis, la cuestión agraria es una
cuestión demográfica extremadamente compleja que requiere la organización de sistemas educativos que preparen a las juventudes agrarias no sólo
para la agricultura sino para otras actividades a fin de mantener el equilibrio de brazos en el campo. Quiérase o no, lo cierto es que al final de cuentas nos hallaríamos frente al espinoso problema moral y religioso del control
de la natalidad, afortunadamente, aún lejano en nuestra América en donde
rnbran tierras feraces y Jo que falta es repartirlas de manera racional y justa.
He aquí la tarea que corresponde al sociólogo en esta fase de la transfor-

525

�mación del mundo moderna en la que nos ha tocado el privilegio de asistir y
de actuar. Mis ideas no son, no han querido ser, sino una brevísima introducción, un leve bosquejo de lo que es la Sociología de la Reforma Agraria y
lo que debe esperarse de ella. Corresponde a ustedes, en este Congreso, exponer ideas y experiencias con el valor y la objetividad que caracteriza al hombre de ciencia para contribuir, así, con vuestra sabiduría a la solución de
uno de los más grandes problemas que confronta la humanidad.

I

El estudio que antecede fue presentado por el doctor Lucio Mendieta y Núfiez, en su
carácter de Presidente del XV Congreso Nacional de Sociología, en la inauguración
que tuvo verificativo en la ciudad de Tepic, Nay., de los días 19 al 24 de octubre
de 1964.

Sección Quinta

COMENTARIOS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS

526

�JOSÉ ORTEGA Y GASSET EN SUS OBRAS INÉDITAS

Por el Dr. Aou STÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.L.

I

•

¿ QUÉ ES FILOSOFÍA?

BAJO EL TÍTULO "¿ Qué es filosofía?", los compiladores de las obras inéditas de José
Ortega y Gasset reunieron las conferencias que el filósofo matritense sustentó -años
de 1928 y 1929- en Buenos Aires y en Madrid. Habría que determinar hasta qué
punto la serie de obras inéditas de Ortega, que ha publicado la Editorial Revista de
Occidente, modifican el panorama de conjunto -con sus ideas-madres- de la filosofía orteguiana. Por ahora me interesa destacar la idea de la filosofía que Ortega nos
presenta en dos de sus obras inéditas: ¿Qué es filosofía? (Revista de Occidente, Madrid) y Origen y epílogo de la filosofía (Fondo de Cultura Económica, México).
El público de nuestros días siente necesidad - ¡ voluptuosa necesidad!- de ideas.
Ortega recuerda una frase de Schlegcl: "Para lo que nos gusta tenemos genio" y acuña, por su cuenta, otro pensamiento similar: "El destino de cada cual es, a la vez, su
mayor delicia". Y se lanza a someter, el filosofar mismo, a un radical análisis. Advierte
que "los grandes problemas filosóficos requieren una táctica similar a la que los hebreos
emplearon para tornar a Jericó y sus rosas íntimas: sin ataque directo, circulando en
torno lentamente, apretando la curva cada vez más y manteniendo vivo en el aire son
de trompetas dramáticas. En el asedio ideológico, la melodía dramática consiste en
mantener despierta siempre la conciencia de los problemas, que son el drama ideal"
(¿Qué es la filosofía? pág. 35, Ed. Revista de Occidente, Madrid 1957). Quiere
estar a la altura de su tiempo. Cree que "el poro cuya abertura aprovecha la verdad
para deslizarse no es sino la mente de un hombre". Recuerda, con verdadero disgusto, aquella edad antifilosófica -la del positivismo-- que va desde 1840 a 1900.
El imperialismo de la física se explica por su práctica exactitud, por su conformación
por los hechos sensibles y por las conveniencias vitales del hombre. Pero el confort
no revela por sí solo superioridad ninguna de carácter. "La buena fortuna, el favor
del ambiente social suele exorbitarnos, nos hace petulantes y agresivos. Esto ha acontecido al físico, y por eso la vida intelectual de Europa ha padecido durante casi
cien años lo que pudiera llamarse el 'terrorismo de los laboratorios'." La teoría de

529
H34

�los físicos mismos ha concluido por des~ubrir que la física es una forma inferior de
conocimiento: un conocimiento simbólico. "La llamada realidad física es una realidad dependiente y no absoluta, una cuasi-realidad porque es condicional y relativa al hombre". ( Opus cit., pág. 63). Además, empieza por acortar un trozo del
Universo. Inicia su especulación no con un problema, sino con algo que da o toma
por sabido. A diferencia de todo otro científico, el filósofo "se embarca para lo
desconocido como tal. Lo más o menos conocido es partícula, porción, esquirla de
Universo. El filósofo se sitúa ante su objeto en actitud distinta de todo otro conocedor; el filósofo ignora cuál es su objeto y de él sabe sólo: primero, que no es
ninguno de los demás objetos; segundo, que es un objeto integral, que es el auténtico todo, el que no deja nada fuera y, por lo mismo, el único que se basta. Pero
precisamente ninguno de los objetos conocidos o sospechado posee esta condición.
Por tanto, el Universo es lo que radicalmente no sabemos, lo que absolutamente
ignoramos en su contenido positivo" (pás. 69 y 70). Ya podrán haber advertido,
los lectores, que la filosofía se presentará, en Ortega, como una teoría del Universo.
Apunta el objeto~aterial, pero no se cuida de precisar el objeto formal.
No quiere tajar esa integridad de nuestro mundo vital. Anhela una perspectiva
íntegra, con primero y último plano, no un paisaje mutilado, no un horizonte al
que se ha amputado la palpitación incitadora de las postreras lontananzas. "¿ Cómo
se puede vivir sordo a las postreras, dramáticas preguntas? ¿De dónde viene el mundo,
adónde va? ¿ Cuál es el sentido esencial de la vida?" Todos los temas restantes
son intermedios, secundarios. Y que no se nos venga a decir que estos problemas
carecen de interés, puesto que no se ha hallado manera de resolverlos. "¿A quién
le ha quitado nunca el hambre saber que no podrá comer?"
Como insuficiencia viviente, el hombre necesita saber. Le duele su ignorancia.
Anhela una verdad radical, un fundamento y raíz de los saberes. Aunque la verdad
filosófica resultase menos exacta que la científica, es de más alto rango y más verdadera. En este sentido, "la filosofía es una cosa ... inevitable". Ortega pretende retroceder de la física a la vida primaria y en ella halla la raíz de la filosofía. Postula
no una meta-física, sino una ante-física. Entiende por Universo "todo cuanto hay".
El problema filosófico es ilimitado en extensión y en intensidad problemática. Problema de lo absoluto y absolutamente problema. ¿ Universo o multiverso? El filósofo
renuncia a toda seguridad previa. Busca al mundo su integridad. Trata de completarlo en universo y fundamentarlo. El ser fundamental es el eterno y esencial ausente,
es el que falta siempre en el mundo; a diferencia del ser secundario y fundamentado.
La filosofía es una ciencia sin suposiciones. Es autonomía y es pantonomía. Es
apetito de transparencia y resuelta voluntad de mediodía. "Tiene una dimensión deportiva y del deporte conserva el limpio humor y el riguroso cuidado" (pág. 126).
Me parece que la seriedad, la dramaticidad y el compromiso de toda auténtica filosofía le separan, radicalmente, del deporte. Por lo demás, afirmaciones posteriores
de Ortega no parecen conciliarse con el concepto deportivo de la filosofía. Nos habla
de ascetismo y distanciamiento -aparente- de la vida, en el estricto pensar, exclamando agudamente: ¡ Quién sabe si pensar en la vida no es añadir al ingenuo vivirla
un magnífico afán de sobrevivida!"
Al lado de la intuición sensible se da la intuición de lo insensible. La total evidencia, fundada en intuiciones adecuadas, es el criterio de certeza de la filosofía.
Es preciso buscar los datos que nos faltan del universo, partiendo de los datos que
encontramos. Y la búsqueda debe estar presidida por una duda metódica. El realismo

~:!!~t;a:u;/;tte~: 1~ e~'.stencial indubitad~ de las cosas cósmicas es la ingenuidad
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J ea ista, e yo, el SUJeto
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I

oso ta?

II

•

ORIGEN y EPÍLOGO DE LA FILOSOFÍA

En 1943, Ortega emprende la tarea de escribir
'l
·
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epílogo _no salió a la luz pública en vida de o:tega. En t;:~e
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rec10sos e~u.1va e a ª,1~ar que hay verdades insuficientes. La aventura filoca es, para utilizar el termmo de Hegel, una "Aufhebung", vocablo que me

530
531

�permito traducir corno superac1on absorbente del pasado. Para Ortega, "la serie de
los filósofos aparece corno un solo filósofo que hubiera vivido dos mil quinientos
años y durante ellos hubiera 'seguido pensando'. En este tercer aspecto se nos revela
el pasado filosófico como la ingente melodía de experiencias intelectuales por las que
el hombre ha ido pensando" ( Origen y epílogo de la filosofía, pág. 27). Estamos repasando el pasado en continua reviviscencia. El futuro no lo tenemos, sino que lo
pronosticamos. · Cuando se absorba -vigorosa y trnhelantemente-- el pasado, vendrá
la aurora de la razón histórica.
Cada momento histórico presenta un cierto número de "aspectos de la cosa". Los aspectos dependen de la cosa y del espectador. Pertenece a la realidad tener aspectos
y respectos. La palabra enuncia las perspectivas que nos son patentes. Pero la realidad tiene siempre más aspectos de los que manifestamos; es entera. Es preciso,
en consecuencia, integrar los aspectos en una vista suficientemente total. Ortega parece evolucionar, en el libro comentado, del perspcctivismo al omniperspectivismo.
Bajo la variedad de los sistemas filosóficos, José Ortega y Gasset descubre la unicidad de la filosofía. Refiriéndose a las doctrinas, nos dice: "Bajo sus caretas de
antagonistas, todas son la misma filosofía, es decir, que las filosofías no son mera
muchedumbre, no son sólo ésta y aquélla y la de más allá, sino que tienen últimamente
una mismidad" ( Opus cit., pág. 53). Sólo que el pasado filosófico nos llega en
nombres. Y un nombre es una "referencia a la cosa", una presencia de lo ausente.
El concepto -expresa Ortega en forma hiperbólica- es una caricatura de la cosa.
El uso colectivo impone, además, determinadas significaciones. La filosofía es una
faena de descubrimiento -alétheia- que nos pone en contacto con la realidad desnuda. Porque hay "un mundo patente y un trasmundo o supermundo que late bajo
aquél y en poner de manifiesto el cual estriba la culminación de la tarea filosófica"
( Opus cit., pág. 70). Próximo a Heidegger, Ortega se desvía por los senderos de
la filología: "perseguir, en sus momentos decisivos, la variación que con respecto a
los términos de aquella doble operación se haya producido en la historia de la filosofía hasta la hora presente. Este nos dará la mismidad de la filosofía en su pasado"
( pág. 72). La razón histórica se traga, sin ascos, melindres ni escrúpulos, la realidad.
El pensamiento de un pensador tiene siempre un subsuelo, un suelo y un adversario.
"El subsuelo, constituido por capas profundas y originadas en lo antiguo del pensar colectivo dentro del cual brota un pensamiento de un pensador determinado, suele
ser ignorado por éste. El suelo es de constitución reciente: son las admisiones fundamentales de que el pensador se da cuenta pero que ha encontrado ya recientemente establecidas. . . En fin, todo pensar es un pensar contra, manifiéstese o no
en el decir. Siempre nuestro pensar creador se plasma en oposición a otro pensar
que haya la vista y que nos parece erróneo, indebido, que reclama ser superado"
( Opus cit.~ pág. 77).
En Historia como sistema, Ortega había afirmado que "el hombre no tiene naturaleza, sino historia". En Origen y epílogo de la filosofía rectifica implícitamente, tan
insostenible postura, al reconocer: "Esto no significa que en el hombre no haya algo
constante. De otro modo no podríamos hablar del hombre, de la vida humana, del
ser humano. Es decir, que el hombre tiene una estructura invariable a través de todos
sus cambios. Pero esa estructura no es real porque no es concreta sino abstracta.
Consiste en un sistema de momentos abstractos que, a fuerza de tales, reclaman ser
integrados en cada caso e instante con determinaciones variables para que la abstracción se convierta en realidad. Si decimos que el hombre vive siempre desde ciertas

532

creencias, enunciamos una verd d
la 'd
a que es un teorema perteneciente a la teoría de
v1 a, pero esa verdad no declara nada
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que a ora empezamos a hacer b .
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:-mteresante, ciertamente-- que Ortega traza con mano ágil, aunque parcial Nos
mteresa, centralmente, el concepto orteguiano de la filosofía El f'J' f
·.
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1 oso o matritense
~icr~ en ten er . Y ~nticar el pasado, entusiasmarse, angustiarse e untarse con él
E¡erc1ta su conciencia de perdimento y naufragio Habla de la d d
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se Je vea d d
f'
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u a, aunque nunca
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u ar en sus a 1rmac10nes. Acaso porque entiende que "todo
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reacc1on a una d d " ( ,
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me o o es
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~ ~
pag. 106 . La filosofía se presenta, en su origen "como el
proced1ID1ento metod1co para obtener la revelación -la l'th ·
'. hablar
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· (E I b •
ª e eza-. s·1 se quiere
e v1venc1a
r e nis), esta metódica revelación fue la "Erlebni' ,, b, ·
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as1ca e os
primeros I oso os, y alétheia, por tanto, el nombre que vista desde
¡ • •
mirlad co
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.
su persona mti.
:respon ia a su ocupación" (pág. 128). Con excesiva facilidad se re ite
la f1losof1a es pregunta por el Ser "'];al vez ¡ S
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que
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¡ r·
,
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er era ya respuesta. Cuando se
ice que a 1losof1a es pregunta por el Ser se subentiende
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que e a va a procurar
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·escu dnr os atn utos constitutivos del Ser o del "ente"• p ero esto 1IDp
tiene , e.1ante ya el Ser. ¿ Cómo llegó a estar delante de las mentes?• t. No parece mas
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veros1m11 que los hombres, perdido el fundamento de su vida se
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algo X q
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.
,
pregun aron por
ue e 1a tener ciertos atributos, previos -precisamente los
· ·r· b,
que ¡usti 1ca an
q ue f uese b uscad o .?" (pag.
128). No se cuida, Ortega, de cont estar, con acopio de
b uenas razones, esta pregunta que parece querer 1'nduci'rnos
a considerar, como más
radical, la vida que el ser.

111
MEDITACIÓN DE EUROPA

Las
·
.
.naciones occidentales que han aprendido de Europa, tienen ahora que servir
e mflmr en Europa, porque Europa apunta a un nuevo cataclismo. Progreso te'cn·
.d d . I .
h
ico,
capac1 a mte ectlva, an elo de libertad son, ¡ qué duda cabe! legados europeos. Pero
acontece que Europa ha mostrado, hasta la saciedad, su incapacidad de vivir en
paz. Hoy en día .no puede o~tentar~e, en consecuencia, como maestra de Ja paz.
Nunca he podido compartir la idea orteguiana de Europa, como tierra elegida,
porque creo que la historia desigual, de ese trozo del planeta, no autoriza a formular un mesianismo europeo. Examinemos, en sus líneas directrices, Ja teoría de
José Ortega y Gasset, esbozada en aquella conferencia que pronunció en Berlín (sep-

533

�tiembre de 1949), bajo el título: "De Europa meditatio quaedam", recogida hoy
en el volumen Meditaci6n de Europa, de sus obras inéditas, publicada por la Revista
de Occidente en Madrid ( 1960). El enjambre de pueblos europeos que partió a
volar sobre la historia desde las ruinas del mundo antiguo se ha caracterizado siempre -apunta el Meditador del Escorial- por una forma dual de vida. El vivir de
cada pueblo europeo es un convivir con el resto de los pueblos europeos. Ortega
-dicho sea entre paréntesis- no parece advertir la insuficiencia de este europeísmo
insular. Desde el siglo XI (Otón 111) tienen conciencia de moverse y actuar en un
espacio o ámbito común. "Peleaban dentro del vientre de Europa, como los gemelos
Eteocles y Polínice en el seno materno" (pág. 33). Y es que "Europa como sociedad
existe con anterioridad a la existencia de las naciones europeas" (pág. 35). Más
exacto hubiera sido Ortega si hubiese dicho "Cristiandad" en vez de "Europa".
Dentro de la amplia sociedad europea, como ámbito social preexistente, se han ido
formando poco a poco, como núcleos más densos de socialización, las naciones de
Occidente. "La historia de Europa, señores, que es la historia de la germinación,
desarrollo y plenitud de las naciones occidentales, no se puede entender si no se
parte de este hecho radical: que el hombre europeo ha vivido siempre, a la vez
en dos espacios históricos, en dos sociedades, una menos densa, pero más amplia,
Europa; otra más densa, pero territorialmente más reducida, el área de cada nación
o de las angostas comarcas y regiones que precedieron, como formas peculiares de
sociedad, a las actuales grandes naciones" (pág. 36). En este sentido, cabe decir
que la unidad europea no es tanto un mero programa político para el inmediato
porvenir, cuanto un principio metódico para entender el pasado de Occidente. La
historia de Europa se explicaría por un ritmo en el predominio que una de esas dos
dimensiones -la europea y la nacional- logra sobre la otra. Ha habido siglos -siglo de Carlomagno, siglo VIII- en que lo europeo predomina sobre las peculiaridades nacionales. Frente a esas épocas encontramos otros siglos -siglo XVII, siglo
XIX- en que sobresalen los particularismos nacionales sobre el fondo común europeo.
Lo que llamamos "nación" no aparece plenamente en el área histórica -con
España antes que con Francia-, hasta fines del siglo XVI y comienzos del XVII.
Mientras la ciudad -la "polis"- es un artefacto jurídico que la hacen los individuos, la nación es empresa y tradición que hace la historia. No se trata, como lo
quiere Mr. Toynbee, de "un cock-tail de tribalismo y democracia", puesto que la
realidad nacional es de mucha mayor antigüedad que la invención de la democracia
y no tiene nada especial que ver con el tribalismo. El equilibrio europeo está montado sobre la convivencia de las naciones europeas. Para José Ortega y Gasset resulta "incuestionable que todos los pueblos de Occidente han vivido siempre sumergidos en un ámbito -Europa-, donde existió siempre una opinión pública europea.
Y si ésta existía no podía menos de existir también un poder público europeo que
sin cesar ha ejercitado su presión sobre cada pueblo. En este sentido, que es el auténtico y riguroso, una cierta forma de Estado europeo ha existido siempre y no hay
pueblo que no haya sentido su presión, a veces terrible. Sólo que ese Estado supernacional o ultranacional ha tenido figuras muy distintas de las que ha adoptado el
Estado nacional" (pág. 84). ¿ Cuáles son esas figuras? Ortega se limita a decir
que se trata de algo puramente dinámico. Dinamismo sin sostén y sin razón. Pero
no es éste el error fundamental en que incurre Ortega. ¿ Cómo hablar de un Estado
europeo sin una autoridad efectiva, sin un pueblo de gobernados, un bien público
europeo, claramente delimitado, al cual sirva este supuesto Estado? Del hecho de

534

que exiSta una opmion pública europea no cabe deducir, sin más, que existe un
poder público. No cabe confundir el "balance of Power" con la autoridad estatal.
Resu~ta difíci~ que las naciones se entiendan, porque "una nación es una intimidad
en
sentido• homologo a como lo es una persona" (pág• 98) • A'un asi,' o r tega asegura:
ce
Las. nacio_nes de Occidente son pueblos que flotan como Judiones dentro del único
espacio social que es Europa, 'en él se mueven, viven y son'. Yo postulo una historia
d~ Europ~ q_ue nos co~taría las vicisitudes de ese espacio humano y nos haría ver
como su md1ce de socialización
ha
.
. variado . . . " (pág. 98) . La verd a d es que h oy
no se pue~e sostener , es_ta msulandad europeizante. Las naciones europeas ya no se
mueven, _vi:en Y son umcarnente en Europa, sino en el mundo entero. El tamaño del
mundo subitarnente se ha reducido y todos los pueblos son próximos. El propio Ortega
r:cono_ce ~ue Europa está hoy desocializada, esto es, que Je faltan principios de conv1venaa vigentes. Por de pronto, urge una nueva técnica de trato entre los pueblos
eu~peos. Y ~sto supone, claro está, que los pueblos, que las naciones existen. Hasta
aqu1, _en s~s 1d~as-rnadres, la conferencia que don José Ortega y Gasset sustentó en
la Umvers1dad hbr~, de ~erlín el 7 de _septiembre de 1949, bajo el rubro: "De Europa
med~tatio q~aedam . Mas que la teona sobre Europa y su destino, de escasa consistencia, n~s mteresan los agudos atisbos sobre el pueblo alemán, sobre la idea de polis
Y de ~ación, sobre nacionalismo e internacionalismo. Los compiladores de Jos escritos
orteguian?s ha~ tenido el designio de incluir, en la obra inédita Meditaci6n de Europa,
otros esc:1tos afmes. Fuera del primer escrito: La sociedad europea, los restantes escritos:
Toc~ueville '-( su ~empo, Vistas sobre el hombre gótico, algunos ternas del Weltverkehr
no tienen, m podnan tener, como cuestión central, a la realidad de Europa.
~l recorrer los siglos de Hist?ria Europea, Ortega no parece advertir el principal
peligro de Europa: su depravación moral, su materialismo pagano. Recordamos aquellas palabras de Guardini: "Si Europa quiere seguir existiendo si el mundo ha d
.
. d
'
e
segmr necesitan o a Europa, ésta tiene que continuar siendo aquella magnitud histórica determinada por la figura de Cristo; mejor dicho, tiene que serlo con una seriedad nueva, corno lo exige su naturaleza. Si pierde este elemento esencial, Jo que
de ella pueda quedar importará ya poco". Porque lo verdaderamente importante no
es el continente -mero concepto geográfico- sino el contenido valioso: realidad
espiritual, moral y cultural. La fuerza salvadora de Europa, prefigurada bajo el cielo
azul de Grecia (humanismo) y realizada espléndidamente en el Cristianismo, aún puede
cobrar vigencia, a condición de que las élites reaccionen ejemplarmente en un esfuerzo
de voluntad y de organización. Pero amar a Europa, a fuer de universales, no es
hacer del Viejo Continente -europeísmo trasnochado- la tierra elegida.

IV
MEDITACIÓN DE LA CRIOLLA

Algo había, en José Ortega y Gasset, de torero y de gitano. Algo que Je impulsaba
a llevar a la plaza y a la plazuela de la intelectualidad -la prensa y la radio-, su
traje de luces y su gracia de gitano. Necesitaba siempre su coro femenino. Sin esa
atmósfera no podía respirar ni vivir. Le repugnaba el tipo de salteador de alcobas,

535

•

�•

el "homme a femmes" de las novelas francesas, que es todo lo contrario del fiero,
magnífico, trágico y español Don Juan.
En 1939, José Ortega y Gasset quiso encerrarse en la cabina de una radiodifusora
de Buenos Aires, a solas, para poder ser no más que voz, voz anónima que trota por
las pampas y se enreda en las sierras. Atraído por el misterio -"misterium fascinans"de la criolla, ofreció, como homenaje a la mujer argentina y a la mujer criolla de
nuestra América española, en general, una conferencia que parece, a ratos, una rigurosa meditación filosófica y en otros momentos un exquisito poema lírico. Sabía
que en la mujer -y la criolla es el superlativo de la palabra "mujer"- hay siempre
algo de corza, para ventura de ella, para derrota nuestra, y cuando esa corza latente
se pone alerta, estamos perdidos porque hace lo que hacen todas las corzas: se estremece maravillosamente sobre sus finos cabos, vuelve desdeñosa la deleitable cabecita y parte veloz en fugitiva carrera. Pero obsesionado por la idea de darle caza y
sintiéndose atraído hacia el fondo arcano del bosque, hacia el lugar mágico donde
se operan los encantamientos, emprendió su deliciosa aventura. Dejémoslo todo, por
el momento, y acompañémosle como sensibles· espectadores.
Como la filosofía -esa ciencia radical, integral, depurada y sublime que Aristóteles concluyó dándole un nombre conmovedor: la buscada-, la criolla es para Ortega
esa perfecta y suprema realidad que el hombre busca. La criolla que busca el filósofo
español es el prototipo real de todas las criollas. Sus cualidades forman una arquitectura viviente. Ante todo es vehemente porque vive en constante y omnímodo lujo
vital. Trátase de una vehemencia de piel suave y sabor dulce, aunque enérgico. Un
inmenso afán de vida -de todas las formas de vida- preside el carácter de la
criolla. En ella encontramos el gran máximo de espontaneidad femenina, la permanente autenticidad. La hallamos asentada tranquilamente con la cotidianeidad y nos acercamos a ella sin precauciones y... estamos perdidos, perdidos sin remedio! Porque en ese
marco de aparente y aceptada cotidianeidad, surge imprevista la más pura originalidad.
Cada palabra, cada gesto, ~s un poco otra cosa que lo usado, es una creación constante, porque en la medida que se es auténtico, se es creador.
Imaginémonos a José Ortega y Gasset recién llegado de Europa a este nuevo mundo,
donde súbitamente y sin saber cómo, se encuentra ingresado. Entra, tan tranquilo
como cualquier día, en una casa donde no ha estado nunca y ve que del fondo del
vasto salón, avanza con un caminar elástico y de vago ritmo, que no es sino andar
y es, sin embargo, ya una danza en germen, un ser -no- unos ojos oscuros y
densos, donde bailan imaginaciones, una blusa de organdí blanca, una pollera de campana y bufante ... Es la criolla. Y entonces Ortega se siente perdido, sin saber qué
hacer. . . Perdido ante la gracia de la criolla, ante sus ademanes, posturas, expresiones, fervores, travesuras. ¿ Qué hacer ante esta inventora de proyectos, de estratagemas, de halagos, de burlas? El "Meditador del Escorial" responde con un "tango
trascendental", para decirlo con su misma ironía, con una meditación -que es también un madrigal- en la que no pide nada, ni una sonrisa, como pedía Dante a
Beatriz, ni una palabra estremecida, nada. Le basta vivir profundamente, apasionadamente su himno a la criolla. A esa criolla que tal vez tenga una gota de sangre
ameri~diana, como fermento, como vitamina, que por sí no es nada, pero que excita
e incita las sustancias positivas del alma criolla.
Para un español que lo sea hasta el tuétano, como lo fue José Ortega Y Gasset,
ponerse en contacto con la criolla es despertar las regiones de su ser que tenía como
dormidas y que de pronto se ponen en erupción. Evoca, por ejemplo, el choque amo-

536

roso de Diego de Avendaño Y una princesa inca. "Qué pasaría entre estos dos seres
tan d~stintos, tan distantes, que chocan de pronto en el universo de la pasión? Est~
conqmstador, este hidalgo fiero -como buen español loco por la feminidad, apasionado, ~a_lante, conceptuoso, elocuente, y a la vez, atroz, áspero, bronco, desesperado,
melancohco, con la muerte pronta siempre a su lado, como su sombra- y esta india
de~ u~a de_ las razas más nobles que han existido en el mundo, aquellos misteriosos y
~en?nales meas del Cuzco, que adoraban el sol y las estrellas y todo lo fulgura! -esta
md1a muda, de semblante quieto, con un fuego arcano, fuego de montaña que va
a ser volcán, esta india con su dulzor extrahumano, un dulzor cósmico- la íntima
~ulz~ra del vegetal y la dulzura de la estrella. ¿No han pensado ustedes en una noche
hmp1a, cuando las estrellas pulsan como menudas vísceras de oro y de fuego, que las
estrellas de~en ser dulces, que lo sabríamos si pudiésemos besarlas? ¡ Besar una estrella!
- ¡ buen D10s!- qué delicia casi mortal. ¡ Sentir que la estrella pusiese su temblor
su temblor inextinguible e incandescente sobre nuestros labios! En la Biblia los labio~
se purifican como un carbón ardiente. Santo Tomás de Aquino soñó que tocaban los
suyos con un ascua para que pudiesen hablar con pureza de teología. Un ascua un
carbón ardiente es casi la definición de la estrella. ¡ Qué amores, qué amores deleitable~. Y tremeb~ndos debieron ser aquellos, entre el conquistador y la princesa inca!
La h1Ja que tuvieron era ya, en germen, la criolla -a un tiempo hijadalgo e hija del
sol-. E~te noble. ingrediente amerind_iano es uno de los muchos con que las abejas
de los anos han ido elaborando la miel de la criolla". Esa criolla que ni es dura ni
etérea s'.n~ ese venturoso justo medio, que es lo muelle. Es muelle su cuerpo, lo son
sus mov1m1entos: es muelle su voz -se mece uno en su voz- ¡ ay, la voz de la criolla!
hecha con el reposo y el silencio de las estancias y de los ranchos. Como Goethe Ortega fue un gran intelectual que creyó siempre en la mujer, que para existir, éÍ que
era un gran varón, necesitaba respirar mujer. Y aquí en América encontró a la criolla
y quiso componerle, a la manera japonesa, un hai-kai que es el poema más sencillo
del mundo. Un día redondo de primavera, sale a caminar, a embriagarse de luz
de paisajes, de existencia. De pronto -podemos imaginarlo- oye las melodiosas voce~
de las lugareñas, de la ciudad o del campo, de la estanciera elegante O de la muchacha obrera. Culmina la delicia del momento y exclama: ¡ Ay, la voz de la criolla!
Esta exclamación, sólo esta exclamación es todo el hai-kai, todo el poema.

V
EL HOMBRE y

LA GENTE

Más que una doctrina sociológica, propiamente dicha, El hombre y la gente contiene
una filosofía social. En Valladolid, Madrid, Buenos Aires, Munich y Hamburgo, José
Ortega y Gasset expuso públicamente sus ideas sobre lo social. Habló de ensimismamiento y alteración, de la vida personal, de la estructura de nuestro mundo, de la
aparición del "otro", de la vida interindividual (nosotros-tú-yo), de la excursión hacia
ella, del peligro que es el otro y la sorpresa que es el yo, de la gente y del saludo,
de la significación de un uso y de las bases para una nueva lingüística ...
Lo social, adscrito sólo a los hombres, consiste en acciones o comportamientos humanos. En toda acción hay un sujeto y una responsabilidad. La vida humana es so-

537

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!edad. Lo social es un hecho de la humana convivencia. Trátase de usos impuestos
por el contorno, por la sociedad, por la gente ... Son imposiciones mecánicas, impersonales, cuyo contenido es ininteligible. "Y como la 'vida social o colectiva' consiste en los usos, esa vida no es humana, es algo intermedio, entre la naturaleza y
el hombre, es una casi-naturaleza, y, como la naturaleza, irracional, mecánica y brutal"
(El hombre y la gente, pág. 27, Revista de Occidente, Madrid, 1957). Los usos presentan, para Ortega, tres principales categorías de efectos: 1). Nos permiten prever
la conducta de los otros y, en consecuencia, la casi-convivencia con el desconocido;
2). Nos obligan a vivir a la altura de los tiempos; 3). Al automatizar gran parte
de la conducta personal, nos sitúan en cierta franquía frente al porvenir y nos permiten crear lo nuevo y racional.
El animal no vive desde sí mismo sino desde lo otro, alterado, enajenado. Sólo el
hombre puede ensimismarse. Crea en su derredor un margen de seguridad, siempre
limitado -la técnica- y vuelve a ensimismarse. "Según esto, no puede hablarse de
acción sino en la medida en que va a estar regida por una previa contemplación; y
viceversa, el ensimismamiento no es sino un proyectar la acción futura" (pág. 43).
Caminando entre precipicios, el hombre guarda el equilibrio. Y cuando le falta un
cierto margen de tranquilidad, la verdad sucumbe. Una vez más, Ortega insiste en
que la "realidad radical" es la vida de cada cual. . Todas las d:m~s cosas apare~e~,
surgen, saltan, resisten, se afirman dentro del ámbito que es rm vida. En el existir
va incluido el resistir. A nadie le es dado elegir el mundo en que vive. Tengo que
enfrentarme con la circunstancia: minerales, plantas, animales, prójimos. Pero en
medio de esa circunstancia, estoy solo. Y "sólo en nuestra soledad somos nuestra
verdad". "El auténtico amor no es sino el intento de canjear dos soledades" (pág. 73).
"• Es posible -literal y formalmente posible- un humano vivir que no sea un esp:rar? No es la función primaria y más esencial de la vida expectativa Y su m~s
visceral órgano la esperanza?", se pregunta Ortega. ¡ Lástima grande que sólo se limite a engolosinamos con el tema!
El mundo vital se compone de unas pocas cosas en el momento presentes, e innumerables cosas en el momento latentes, ocultas. Además, el mundo posee siempre dos
términos y órganos: la cosa o cosas que vemos con atención y un fondo sobre el cual
aquéllas se destacan. En otras palabras: en la estructura del mundo se destacan_ tres
planos: la cosa, el horizonte y el más allá latente. Las cosas se agrupan en rcg10nes
espaciales. Y o estoy fuera del otro hombre y también mi mundo está fuera del suyo.
y sin embargo, co-cxistimos, entrepeinamos nuestras existencias. El cuerpo del otro,
su mímica y su pantomímica, gestos y palabras no patentizan pero sí manifiestan que
ha allí una intimidad similar a la mía. La vida del otro no es realidad radical, sino
y
·
. 1: " e1 h omrealidad
presunta. José Ortega y Gasset formula este pnmer
teorema socia
bre está a nativitate abierto al otro que él, al ser extraño; o con otras palabras: antes
de que cada uno de nosotros cayese en la cuenta de sí mismo, h~bía tenido ya la
experiencia básica de que hay los que no son "yo", los Otros; es decir, que ~l hombre
al estar a nativitate, abierto al otro, al alter que no es él, es a nativ1tate, quiera o no,
gústele O no, altruista" (pág. 135). Altruismo que implica un Nosotros. Hay un forcejeo con el tú que me descubre a mí mismo. Pero el tú puede ser hombre o puede
ser mujer.
Los caracteres primordiales de la mujer, apuntados por Ortega, son tres: 1). La
humanidad íntima de la mujer es confusa, crepuscular, deliciosamente secreta; 2).
El destino de la mujer es "ser en vista del hombre". Sólo la mujer sabe Y puede

538

amar, es decir, desaparecer en el otro; 3). "El cuerpo femenino está dotado de una
sensibilidad interna más v·
¡ d ¡ h b
-, .
.
iva que e
e
om re, esto es, que nuestras sensaciones
orgamcas mtracorpor_ales son vagas y como sordas comparadas con las de la mujer".
El cuerpo de la muJer, con su propens10n
·' a 1 ad orno, nos aparece como impregnado
·
como lleno todo él de alma.
'
. "T~da_ sociedad -advierte el filósofo matritense- es, a la vez, en una u otra dosis, disocie dad -que es un~ convivencia de amigos y de enemigos" (pág. 183). Tendremos que apuntar, posteriormente, algunas críticas a la obra comentada. Por ahora
me im~o:ta destacar que en el concepto de sociedad, forjado por Ortega, se incluye
a los vivientes y a los muertos. Pero sólo los vivientes nos son peligrosos. Por eso tenemos q~e acogernos ~ los usos. Los usos los hace la gente. Son de todos y de nadie.
L~s copia~~s o repetimos de los otros. A regañadientes, con frecuencia. Tienen un
~rige_n anomi:no, Y se nos imponen sin entender su sentido. Por tanto son acciones
irracionales, mvoluntarias, ininteligibles. "El uso, pues, se me aparece ~orno la amenaza presente en mi espíritu de una eventual violencia, coacción O sanción que los
demás van a ejecutar contra mí" (pág. 235).
Lo ~o~ial es esencial anacronismo. Conserva y acumula la vida humana fenecida
Y pretenta. Hay "usos débiles y difusos" ( convencionalismos sociales y opinión pú-

blica) y "usos fuertes y rígidos" ( derecho, economía y Estado).
La lengua materna no se aprende en gramáticas y diccionarios, sino en el decir
de la gente. Es un uso social que viene a interponerse entre dos intimidades. En fonn
1 , .
a
a~o~ca, Ortega y Gasset nos expone su idea de una nueva lingüística: Hablar es
prmc1palmente ~sar de u~a lenguas en cuanto que está hecha y nos es impuesta por
el contorno social. El decir es un estrato más profundo que el habla y a ese estrato
profundo debe hoy dirigirse la lingüística. El hombre es, constitutivamente, el Dicente.
Urge, en consecuencia, determinar qué es lo que dice, o, expresado de otro modo
cuáles son las direcciones primarias de su decir, qué cosas son las que le mueven a deci:
y cuáles las que le dejan silencioso. Cada pueblo calla unas cosas para poder decir
otras. No basta el utilitarismo zoológico para explicar la génesis del lenguaje. El hombre es un animal fantástico gue tiene mucho que decir, aunque la lengua socializa
lo más íntimo de su ser. Hablar es una operación que comienza en dirección de fuera
a dentro. Decir, en cambio, es una operación que empieza dentro del individuo.
Contrapone Ortega las "opiniones particulares", emitidas con brío, a las "opiniones
reinantes", meros tópicos de la opinión pública. La vigencia, alfa y omega de la sociología, es indiferente a nuestra adhesión, ejerce su coacción sobre nosotros, y podemos
recurrir a ella como a una instancia de poder en que apoyarnos. Justamente el poder
público se presenta como "la emanación activa, energética de la opinión pública, en
la cual flotan todos los demás usos o vigencias que de ello se nutren" (pág. 311).
Pero líneas delante, Ortega afirma que "la sociedad es una realidad constitutivamente
enferma, deficiente -en rigor es, sin cesar, la lucha entre sus elementos y comportamientos efectivamente sociales y sus comportamientos y elementos disociadores O antisociales. Para lograr que predomine un mínimo de sociabilidad, funciona el Estado.
Hasta aquí, en sus ideas-m~dres o líneas fundamentales, la obra inédita de José Ortega
y Gasset, publicada por la Revista de Occidente, El hombre y la gente.
Concluyamos con las indispensables observaciones críticas.
A). El alter ego que se me anuncia o revela con su presencia física o espiritual es,
provisoriamente, un enigma, la gran paradoja de que habla José Ortega y Gasset

539

�en su curso sobre El hombre y la gente, porque es un yo que consiste precisamente
en ser el no yo, en serlo de modo radical y superlativo. Pero la incomunicación primigenia -y esto no lo dice Ortega- es sólo un estadio provisional destinado a superarse
por efecto de la caridad.
B). No podemos aceptar con Ortega que nuestra realidad auténtica sea nuestra
radical soledad. Las relaciones sociales no siempre se presentan como una seudorrealidad convencional. Es claro que ante la masa de los individuos indeterminados -esa
entidad abstracta que es "la gente"-, no va a ser posible que mi individualidad única
e intransferible emerja con su plenaria singularidad. Pero no hay razón para llevar
las cosas al extremo y decir: "la acción social es acción sin sentido para el sujeto;
por tanto irracional; por tanto, involuntaria. Y como involuntaria, forzada. Cumplimos con los usos sociales a la fuerza". Los usos o convencionalismos sociales surgen
de la dimensión social del hombre con un sentido bien claro: garantizar la seguridad.
En mis frecuentes y complejas relaciones sociales con los demás, es preciso que sepa
a qué atenenne; es preciso que cuando dirija una fórmula de cortesía a un desconocido me conteste con otra fórmula de cortesía; y si no es así, si el desconocido me
responde con un insulto o con un golpe, es menester que la sociedad me respalde
en la desaprobación del acto.
C). Sin caer en una ridícula interpretación optimista, cabe decir que la relación
social está constituida, sobre todo, de actos positivos; que los actos negativos son, por
su misma esencia, antisociales. No es lo mismo el beso que prodiga la madre que
la puñalada que asesta el asesino. Por ello, y por el principio lógico de contradicción,
no podemos aceptar la afirmación de Ortega en el sentido de que "toda sociedad es,
a la vez, en mayor o menor dosis, disociedad".

VI
IDEA DEL TEATRO

En Lisboa y en Madrid, José Ortega y Gasset, sustentó, el 13 de abril Y el 4 de
mayo de 1946, respectivamente, una conferencia intitulada "Idea del Teatro". Los
compiladores de las obras inéditas orteguianas publicaron la conferencia, con los anejos
encontrados, en la Editorial Revista de Occidente (Madrid, 1958).
Un imperativo de continuidad movía siempre a Ortega para "hincar los talones en
el pasado, despegar desde el presente, y pari passu, un pie tras otro del~nte, ponerse
en marcha, caminar, avanzar; le aterraba quedarse en el pasado o enqmstarse en el
presente. Quería innovar. Acaso el afán filoneísta le haya extraviado, en más de una
ocasión. Pero sus atisbos de adelantado vigía -valiosos, numerosos, fecundos- están
en pie.
. ,
Al través de toda una variedad de formas, subsiste, en el teatro, una estructura 1dentica. Sólo que es preciso descubrirla, des-ocultarla, hacerla patente. Quiere mostrar
el "ser en forma" del teatro, no su "ser ruina". Tiene la convicción de que hoy "está
en ruinas casi todo, desde las instituciones políticas hasta el teatro, pasando por todos
los demás géneros literarios y todas las demás artes" (J dea del Teatro, pág. 30). Por
eso quiere tener a la vista las grandes épocas del teatro: siglo V en Grecia (Esquilo,

Sófocles, Ari,tófanes), finales del siglo XVI y comienzos del XVII con el teatro inglés ; el español (Ben Johnson, Shakespeare, Lope de Vega, Calderón), el teatro
aleman de Goethe y Schiller, el siglo XIX: una de las grandes centurias teatrales.
Eso ha sido el teatro en fonna.
"E~ t~atro -define, Ortega- es un edificio que tiene una forma interior orgánica
c~nst1t111da por dos organos -sala y escenario-- dispuestos para servir a dos func10nes opuest~s pero conexas: el ver y el hacerse ver" (pág. 36). Se ha dicho que
la dr~aturg1a . es ~n género literario.. Pero esta consideración, para Ortega, es secundana Y par;1ª~· Teatro es por esencia, presencia y potencia: visi6n -espectáculo--,
Y en cu_anto publico, somos ante todo espectadores" (pág. 3 7). Trátase de un género
vmonano, antes que de un género literario. El circo y los toros son primos del teatro.
Cosas Y personas se nos presentan, en el escenario, representando otras que no son
ellas. "Todo teatro, por humilde que sea, es siempre un monte Tabor donde se cumplen transfiguraciones". En otras palabras: el Teatro es metáfora visible. Pero, ¿ qué
es lo metafórico? La metáfora -"bomba atómica mental"- anula, neutraliza desmaterializa dos realidades que chocan y se identifican. El actor hace farsa. 'y el
público se deja "farsear". Ambos participan en un mundo irreal, fantasmagórico. La
vida humana es, tiene que ser a ratos, "broma", farsa. El hombre tiene que descansar
de su vivir, &lt;lis-traerse, verterse en una ultravida. La escena, la sala y el teatro entero resultan ser fantasmagoría, ultravida.
La religión griega es, en un sentido formal, religión "popular". Consiste en culto
público. El teatro griego nace del culto a Dionysos --danzas y cantos corales- que
representa el vino y lo elemental en la naturaleza. "El beodo siente que se ha arrane~~º a lo que le era la vida -pesadumbre-. Vive ahora una vida exenta de negatlv1dad, llena de luz, en que todo sonríe, ni siquiera siente la resistencia de la materia
(por pérdida del tacto periférico). Por eso da tumbos, no siente la dureza y solidez de
la tierra. No percibe limitación alguna a la vida. Todo es como debe ser. Es la felicidad, la beatitud. De la vida anterior conserva sólo la impresión como de algo de lo
cual ha sido arrancado, liberado, arrebatado o asumpto. Esta sensación de "asunción"
es la característica del éxtasis, del "estar fuera de sí" (pág. 72). Pero la embriaguez,
por sí sola, no tiene que ver con lo religioso. Habría que postular, advierte Ortega,
una embriaguez religiosamente predirigida, en algún sentido. En la fiesta, las gentes
se reúnen no para trabajar, sino para vivir horas de contagio y despersonalización:
danza, bebida, ritos religiosos. Del fondo de las almas todas surgen emociones profundas, extraordinarias, trascendentales del patetismo místico. Hay que dejarse absorber por una extrarrealidad, por un mundo mejor, excepcional, visionario. La religión dionisíaca es un "perder la cabeza", un frenetizarse, un enloquecer. Dionysos es
hijo de Zeus -de lo más alto-- y de Semela - diosa telúrica-. Dionysos es, a la
vez, delicia y espanto. Se contrapone a la mesura y al ser razonable que Apolo representa. Los griegos no quisieron renunciar a nada. Amaron el orden y el desorden,
la seriedad y la diversión, la razón y la enajenación. Dionysos vive frenéticamente,
muere despedazado y resucita gloriosamente. De ese profundo humus religioso dionisíaco - místico, visionario, fantasmagórico- brota el Teatro como su flor más afín.
El Anejo 11, intitulado "O século" (El siglo), no versa sobre el teatro. Se refiere,
exclusivamente, al concepto de tiempo. Su inclusión, en el volumen Idea del teatro,
nos parece fuera de lugar, arbitraria. Pero de esto no tiene la culpa Ortega.
Puestos a juzgar esta obra de Ortega, habrá que empezar por reconocer los profundos atisbos sobre el origen y la esencia del teatro. Subraya, acaso demasiado, el

541
540

�elemento espectáculo, vmon, farsa. Se desentiende, muy pronto, del teat~o. ,como ob_ra
literaria. Nada nos dice sobre el carácter de la dramática -lucha, opos1c1on, conflictos-• sobre Ja unidad e integridad de la acción; sobre la exposición, nudo ~ desenlace; 'sobre la expresión, diálogo y estilo ... ¿Cómo eludir estos elementos "sine qua
non" en una idea -por abreviada que sea- del Teatro?

VII
PRÓLOGO PARA ALEMANES

En los archivos de la "Deutsche Verlags-Anstalt" quedó un inacabado "prólogo para
los alemanes", escrito por José Ortega y Gasset. ¿ Por qué escribir un pr~l~go para
alemanes? Los libros de Ortega alcanzaron en Alemania nuevas Y nuevas edicwnes. La
necesidad de no dejar indefensas sus ideas y el deseo de que los lectores de_ habla alemana Je conociesen, movieron la pluma de Ortega. Porque la palab~a escrita :orno
advertía Goethe--- es un subrogado de la palabra hablada. Y el f¡Jósofo matnt~nse
desea estar presente en cada uno de los párrafos, con el ti~bre de su voz,_ geStl~uJando. . . Quisiera que si alguien pusiese el dedo sobre cualquiera de sus páginas, sintiera el latido de su corazón. La involución del libro hacia el diálogo con los lect~r_es
en su más concreta realidad posible, es su propósito primordial. No pretende escribir,
"urbi et orbi", para el hombre en general. Su intención es explicar a sus lectores de
Alemania lo que han sido sus libros y de paso, quién es él. .
,
Empieza por confesar que sus libros propiamente no son hbr~s. Tra_t:se de sus :s•
critos, de sus artículos publicados en los periódicos de mayor circulac10n ~e _Espana.
Es verdad que ha estudiado a fondo, frenéticamente, en Marburg, e~ Le1pzig ~ en
Berlín. "Durante tres años ha sido una pura llama celtíbera que_ ar~1a, que chisporroteaba de entusiasmo dentro de la Universidad alemana. Con N1cola1 Hartm:~• c~,n
Paul Scheffer, con Heinz Heimsoeth ha discutido sobre Kant y sobre ~armeru~es ;
muchas veces a media noche, en paseos sobre el camino nevado, que terminaban JU~to
al paso a nivel, mientras cruzaba monstruoso el expreso de B~rlín cuy~s farole; ro¡os
ensangrentaban un momento la nieve intacta. Luego he continuado a~os . Y anos sumergido en la ciencia alemana hasta casi ahogarme. En alg~n~s :~enc1as conozco
casi íntegramente la producción alemana, la importante y la ins1gruf1cante, Y c~mo
tengo bastante buena memoria, no es imposibl~, que al enco~trar un hombre d~ ciencia de quinto O sexto orden le recite un traba10 suyo aparecido hace much~s anos _en
el rincón de una revista. Todo esto es verdad, pero también lo es que de rrus estudios
en Marburg en Leipzig, en Berlín, saqué la consecuencia de que yo debía por lo pronto
y durante ~uchos años. . . escribir artículos de periódicos ( Obras Completas, tomo
VIII, pág. 20, Editorial Revista de Occidente).
.
Declárase perteneciente a un pueblo caracterizado por sus "guerras de mdependencia" en el orden territorial y en el orden intelectual. Ha rehusado en sus_ horas
de mayor postración aceptar al triunfante de la hora. "El miserable numantmo no
se humilla ante Ja ~agnificencia de Escipión, y el labriego de la áspera meseta castellana, abandonado de su aristocracia, de su rey, de su Estado, se rebela , ~-spontáneamente contra Napoleón antes que nadie lo hubiera osado. Y, c~so parado11co, los
españoles han solido cantar al vencido y no al vencedor. La Farsaha de Lucano mo-

542

viliza sus hexámetros en honor de Pompeyo sin ventura y no de César triunfante, y
el Quijote es la epopeya del eterno y esencial derrotado". Con esto quiere indicarles a los alemanes, que lleva en la sangre la más vieja experiencia de "resistencia",
de "independencia". Es un hombre experimentado, un hombre maduro que ha visto
ya la espalda de las cosas. Cuando tenía veinte años sufrió la influencia de Francia
y un influjo de ciertas cosas inglesas. De Alemania sólo a Krause conocían en España.
Y esto era poco más que nada. Pronto se convenció, después de medir el fondo del
líquido elemento de la cultura francesa, que "no podía España nutrirse más de
Francia. Esto me hizo volverme a Alemania de que en mi país no se tenían sino
vagas noticias. La generación de los viejos se había pasado la vida hablando de las
"nieblas germánicas". Lo que era pura niebla eran sus noticias sobre Alemania. Comprendí que era necesario para mi España absorber la cultura alemana, tragársela
-un nuevo y magnífico alimento-. No imagine, pues, el lector mi viaje a Alemania
como el viaje de un devoto peregrino que va a besar en Roma el pie del Santo
Padre. Todo lo contrario. Era el raudo vuelo predatorio, el descenso de flecha que
hace el joven azor hambriento sobre algo vivo, carnoso, que su ojo redondo y alerta
descubre en la campiña ... España necesitaba de Alemania. Yo sentía mi ser -ya
lo veremos- de tal modo identificado con mi nación, que sus necesidades eran mis
apetitos, mis hambres" ( Opus cit., pág. 24). Pero es claro que este contacto supone
un entusiasmo sincero, profundo, exasperado por el destino alemán.
Hoy España -su intelectualidad más connotada y sus universitarios- se sabe de
memoria la cultura alemana. Anda por ella como Pedro por su casa. Pero fue Ortega
quien conquistó para ella, para sus ideas, para sus modos, el entusiasmo y la admiración de los españoles. "Y algo más. De paso -nos confiesa-, he infeccionado a
toda Sudamérica de germanismo". Me parece -permítaseme el comentario- que
esta expan~ión de los valores alemanes -rigor, disciplina, métodos, profundidad- ha
sido benéfica para la cultura de habla española.
José Ortega y Gasset estudió en las universidades alemanas donde la filosofía era entonces más difícil, más "técnica", más esotérica. Cohen le obligó a tomar contacto
íntimo con la filosofía difícil y, sobre todo, "renovó la voluntad de sistema, que es
lo específico de la inspiración filosófica". El neokantismo fue una necesidad escolar
del europeo recaído en puerilidad filosófica comteana. Pero el idealismo trascendental había terminado en una radical catástrofe de la filosofía. Hegel -Nabucodonosor
de la filosofía- fue acaso el más imprudente aunque sea "uno de los cuatro o cinco
mayores filósofos del planeta Tierra". Al llegar a los veintiséis años, Ortega no era
ya neokantiano. Había estudiado Kant a fondo y esto no es un grano de anís, "Porque
en Kant hace el pensamiento europeo un giro por ciento ochenta grados y se constituye frente a todo el pasado en audaz paradoja". No han faltado quienes identifiquen lo alemán con el idealismo. Ahora bien, lo que "hay de alemán en Fichte, Schelling y Hegel importa mucho a Alemania separarlo de lo que en aquéllos no es lo
alemán, sino momento transitorio, caduco y pecaminoso, adscrito exclusivamente a
unos grupos de hombres fugaces, a un par de generaciones" ( Opus cit., pág. 37). Lo
malo del caso es que Ortega enuncia el problema sin proceder al deslinde. Se limita
a tachar el idealismo postkantiano por falta de veracidad, por falta de pulcritud en
la terminología. Y expone, a los alemanes, su filosofía de la razón vital de la perspectiva y de la reabsorción de la circunstancia. Aclara que desde hace muchos años
se encontró instalado en algo parecido "a lo que hace muy poco se ha descubierto
en Alemania con el nombre, a mi juicio erróneo y arbitrario de "filosofía de la exis-

543

�tencia". Por otra parte, Husserl, con su "conciencia pura" -supuesta realidad absoluta- desrealiza cuanto hay en ella y lo convierte en puro objeto, en puro aspecto.
Lo "puesto en sí", lo impuesto al pensamiento del filósofo, es aquello de donde éste
viene: la vida.
¿ Por qué con todas esas ideas, aprendidas en Alemania, no se dedicó Ortega a
escribir libros compactos, técnicamente artillados? ¿ Por qué se ocupó en escribir artículos de periódico? Respuesta orteguiana: porque el destino concreto del hombre
es la reabsorción de su circunstancia. El precipitado que los años de estudio en Alemania dejaron en él fue la decisión, de aceptar íntegro y sin reservas su destino español. Su destino individual -inverso al del "Gelehrte" alemán- se le aparecía como
inseparable del destino de su pueblo. Un pueblo de viejo pretérito. Un pueblo compuesto de hombres "que todo lÓ ganaron y todo lo perdieron".
Un pueblo que ha sabido vencer y ha sabido sucumbir, las dos figuras extremas que
torna la vida. Por eso pide -en plena época del nacional-socialismo- que se oiga la
anciana voz de su raza, y lo pide no ciertamente en beneficio de él ni de su nación,
sino impulsado por un altruismo casi extra-humano. Inmerso en su pueblo español,
Ortega siente la necesidad de hacer un alto en la encrucijada, antes de proseguir su
ruta para volcar claridades sobre su misión en la historia. Va sumido en su raza
"co~o la gota en la nube viajera". Su germanofilia no le restó nunca esa íntima
e intransferible rúbrica de auténtico español.

de Unamuno Y José Ortega Y Gasset -"Un bosquejo valorativo"- señalé desde
1950, el característico filoneísmo y la vocación de iconoclasta del pensador matritense.
Me parece que sus obras inéditas -sin mengua de sus altos méritos- confirman mi
aserto.
"El conocimiento es siempre contemplación de algo a través de un principio", dice
Jo~é ?:tega Y &lt;?as~et. Esta proposición sirve de punto de partida al libro La idea de
principio en ~eib~iz ~ _la evolución de la teoría deductiva. Pero estos principios deben
ser, en materia filosof1ca, radicalmente últimos. Por eso los filósofos han sido, titula~m~nte,_ los "hombr;s d~ los principios". Leibniz destaca, en este sentido, por su
pr'.nc'.p~hsmo. _He ~qui la lista de sus principios: lo. El principio de los principios. 2o.
~rmcipio de _1dent1dad. 3o. Principio de contradicción. 4o. Principio de razón sufic_iente. So. P_nncipio de uniformidad o principio de Arlequín. 60. Principio de la identidad ~e ~o~ mdiscernibles, o principio de la diferenciación. 7o. Principio de continuidad.
~o. _P_rmc1p1_0 ~e. lo mej_or o de la conveniencia. 9o. Principio del equilibrio o ley de
Justicia (prrnc1p10 de simetría en la actual matemática). l0o. Principios del mínimo
esf~e~o ~ d~ las f~rmas óptimas. Estos principios, al decir de Ortega, los instaura
Le1b~1z sm Jerar~mzarlos y coordinarlos. Y cosa curiosa, Leibniz insiste en que es
preciso probar o intentar probar los principios, cuando solía entenderse por principio
lo que ni puede ni necesita ser probado. Dentro del "corpus lógico", el principio se
halla en el comienzo. Tradicionalmente se dice que son verdades "per se notae" 0 evidente~, p~ro_ pudiera resultar que carecieran de verdad propia -insinúa Ortega- y
que solo s1rv1eran de apoyo a las consecuencias. Pero entonces --comentamos nosotrosla misma correcc1on formal de la lógica carecería de sentido y toda la construcción
filosófica se disolvería en el agnosticismo y en el nihilismo.

VIII
LA IDEA DE PRINCIPIO EN LEIBNIZ

Dentro de las obras inéditas de José Ortega y Gasset, ninguna más compacta, rigurosa
y estructurada que "La idea de principio en Leibniz y la evolución de la :eoría deductiva" (Biblioteca de la Revista de Occidente. Emecé, Editores). Obra inconclusa,
es cierto; pero obra rica en sugerencias fecundas, en críticas agudas, en ~pe~t~ra de
nuevos caminos. . . No se trata, tan sólo, de rehabilitar el gran rango frlosoftco de
Leibniz en la historia del pensamiento. Tampoco se limita al análisis del "principialismo" leibniziano. Trátase de tomarle el pulso a la filosofía moderna; de trazar el
sistema de "ideornas" y "draomas" ( acciones vitales). Esta, y no otra, es, a nuestro
juicio, la parte positiva de la obra. La interpretación del aristotelism~ y de la escolástica es notoriamente ligera, inexacta, arbitraria. El propio Gaos, discípulo de Ortega, reconoce que muchos se pueden sorprender por "la forma sumaria con que se
despacha una cuestión tan "principal" para ellos y tan disputada por ellos como la
de la esencia y la existencia" ("Dianoia", Anuario de Filosofía, 1960, pág. 205). Más
aún, Ortega llega a extremos pintorescos cuando reduce el concepto abstraído de la
sensación a la sensación misma. Esto es confundir a Aristóteles y a Santo Tomás con
Condillac. La verdad es que Ortega no llegó nunca a conocer, seriamente, la problemática y la temática de la escolástica. Su formación universitaria, en Alemania, fue
neokantiana. Posteriormente influyeron, en su estructura mental, Renán, Nietzsche Y
Dilthey, sobre todo. Apunta Gaos un rasgo característico -caracteroló~ico- de Ortega, que no es posible pasar por alto: "el irresistible placer de descubrir a los demás
cosas que los dejan admirados de ellas y del descubridor" (ibid.). En mi libro Miguel

544

"La .filosofía es una cierta idea del Ser. Una filosofía que innova, aporta cierta
nueva idea del Ser. Pero lo curioso del caso es que toda filosofía innovadora -empezando por la gran innovación que fue la primera filosofía- descubre su nueva idea
del Ser gracias a que antes ha descubierto una nueva idea del Pensar es decir un
método intelectual antes desconocido". (La idea de principio en Leibniz ~ la evol:ción
de la teoría deductiva, pág. 27 ) . Entonces, ¿por qué ha anunciado Ortega, en otra
de sus obras, un jaque mate a la idea del Ser? ¡ Prosigamos! ¿ Qué entiende Leibniz
por pensar? Respuesta: pensar es probar. Hacia 1750 comienza el reinado de la física.
Junto con Newton, Leibniz -alma fosforescente de extrahumana hiperlucidez- es uno
de los creadores de la física. Más aún, "es Leibniz, de todos los filósofos pasados, aquel
de quien resultan hoy vigentes mayor número de tesis (pág. 55). El álgebra, como
modo de pensar, es la "Mathematica Numerorum incertorum". La Jogicidad de un
concepto, surge en su relación con las cosas. Einstein lo ha dicho genialmente: "Las
proposiciones matemáticas, en cuanto que se refieren a la realidad, no son válidas, y en
cuanto que no son válidas, no se refieren a la realidad" ("Geometrie und Erfahrung").

•

La evolución del método deductivo o exacto moderno, se resume en tres pasos: uno
que da Vieta creando el Algebra, otro que da Descartes creando la Geometría Analítica y la duda metódica y un tercero que acomete Leibniz con su principialismo
matemático. En este tercer paso "convergen la herencia de la antigüedad clásica con
la rehabilitación del pasado medieval y la más potente innovación de las ciencias que
caracterizan la modernidad" (pág. 406 ) . Para este genio integrador, no hay verdades
evidentes, porque nada es sin razón. Toda verdad tiene que ser probada. En las proposiciones idénticas no hay que salir de ellas para probarlas. Unimos el predicado al

545
H35

�sujeto porque ya estaba unido. Las verdades que no son idénticas tienen que ser probadas mostrando, por el "análisis de los conceptos", que pueden reducirse a proposiciones idénticas. Al descomponer el concepto del sujeto y el del predicado se constata, por una serie de identidades intermedias, una continuidad de identificación entre
conceptos que parecían diferentes.
"Para dar razón del mundo existente hay que recurrir a un principio ajeno a la
lógica, hay que admitir lo que Leibniz llama "el principio de lo mejor o de la convivencia" (pág. 422). La optimidad del mundo es anterior a su contenido. Nuestro
mundo llegó a existir, porque era ya, esencialmente, el mejor. Los posibles reclaman
-puesto que no son imposibles- la existencia. Al decir que nuestro mundo es el
mejor posible, Leibniz quiere significar que es el mejor de los no buenos. El mal efectivo se justifica como evitación de otro mayor. A lo que se presenta sin razón o fundamento hay que buscárselo (principio de la razón suficiente). "Con ello desaparece
de lo 'real' su contingencia" (pág. 432 ) , observa Ortega. Dios, ente necesario, pudo
no crear o crear otro mundo distinto del efectivo. Su elección entre los posibles está
guiada por la voluntad de lo mejor.
A Ortega no le parece solución afortunada el "decir que el concepto de Ente se
refiere a los entes concretos confusamente". Piensa que "el Ente no está en los entes,
sino al revés, los entes en el Ente. Sería esto una hipótesis inventada por el hombre
para interpretar las cosas en torno de él y su propio destino". No anda lejos de Rosmini. Y se aproxima a Heidegger cuando asegura que "las cosas, en su relación primaria con el hombre, no tienen Ser, sino que consisten en puras practicidades" (pág.
266). Claro que la teoría es también vida; pero es sólo una porciúncula de nuestra
vida. "Tras la escena lúcida, con candilejas, a que el intelectual asiste dentro de sí
cuando piensa, está el ~bismo de cuanto en nuestra vida y persona es invisible pero
actúa de profundis sobre aquel superficial escenario donde, actores de nosotros mismos, recitamos nuestra aria de intelectuales" (págs. 311-312 ) . Ser intelectual es tener
una deuda consigo propio. Y dentro de la categoría de los intelectuales, el filósofo es
el hombre que se extenúa "en el esfuerzo de exhumar esos 'principios' pragmáticos,
latentes"- arbitrarias asunciones en que no repara o que, si repara en ellas, solemniza con el pomposo título de "principios". Salta a la vista, en este pasaje, el irracionalismo orteguiano de tinte nietzscheano. Más afortunada nos parece la distinción
que Ortega establece entre filósofo y curioso. El filósofo, a diferencia del filósofo, no
va a la filosofía ya hecha para divertirse con el primor de sus ·análisis, con la agilísima
acrobacia de sus argumentos. Al encontrarse viviendo, el hombre forja un sistema
de radicales actitudes interpretativas. Duda, pero no se desespera. "La duda sin vía
a la vista no es duda, es desesperación. Y la desesperación no lleva a la filosofía, sino
al salto mortal" (pág. 323) . Se filosofa desde dentro de la vida y en vista de cierta
situación a que se ha llegado. Cada nuevo nivel es un estrato más hondo de los problemas filosóficos. No es que el hombre se extrañe del mundo, como lo pretende
Heidegger, es que es, a nativitate, un extrañado del mundo, un extraño, un extranjero. No podemos detenernos en las críticas -agudas, aceradas- que Ortega endereza
contra Heidegger. Tampoco hemos querido exponer, en detalle, las muestras de feroz
incomprensión hacia algunos otros filósofos a quienes por cierto no puede dejar de
considerar como verdaderos gigantes del pensamiento que Ortega nos suministra. Un
cazador de gazapos podria entresacar, de la obra comentada, algunos de no escasa
monta (por ejemplo: la torpe apología del Dios arbitrario -contradicción en los

546

términos- de Ockam). Hemos preferido destacar el hilo conductor de la obra, sus
felices atisbos y su brillante estilo. Todo ello en forma casi telegráfica.

IX
UNA INTERPRETACIÓN DE LA HISTORIA UNIVERSAL

Desde su propia perspectiva, José Ortega y Gasset realiza una exposición somera y
una crítica implacable de la obra de Arnold Toynbee, A Study of History. Trátase de
un curso, 1948-1949, que despliega, también, las ideas personales de Ortega en torno
a la disciplina histórica y al proceso de los pueblos.
Toynbee es ?rofesor de Historia Internacional, en la Universidad de Londres, y Director del Instituto de Asuntos Internacionales. El internacionalismo -tan estimado en
Inglaterra- es, pues, la profesión de Arnold Toynbee. Y este dato hay que conservarlo
en la memoria; un anglosajón ocupado en informarse e informar sobre asuntos internacionales. M. Toynbee contempla, desde fuera, la realidad histórica como un fenómeno
de la naturaleza. Minimiza lo que hay de intimidad, de secreto, de nacional en todo
acontecer humano.
La historia de Inglaterra -asegura y con razón Toynbee- no puede hacerse desde
el punto de vista inglés. Porque pese a su arisca y recalcitrante insularidad, Inglaterra
es parte de algo más amplio. No constituye lo que Ortega llama una "realidad enteriza"
o lo que Toynbee denomina un "campo histórico inteligible". "Nos hallamos, pues
-comenta Ortega-, ante la exigencia metódica, rigurosamente científica, de tener
que buscar esa sociedad de nueva especie cuyos miembros son las naciones" ( Una interpretaci6n de la Historia Universal, pág. 59, Ed. Revista de Occidente).
Junto a la Sociedad Occidental, en la cual está inmersa Inglaterra, hay cuatro grandes sociedades: Sociedad Islámica ( el mundo del Islam que corre desde el Pakistán
hasta el extremo de Marruecos ), La Sociedad Hindú ( en las regiones tropicales del Asia ),
la Sociedad Extremo-Oriental ( de Dhina y parte del Pacífico) y la Sociedad CristianoOrtodoxa o Bizantina ( que forman Grecia y Rusia). En nuestro viaje de regreso hacia el pretérito llega un punto en que perdemos la visión de nuestra sociedad occidental.
Nos hallamos en medio del Imperio romano. Toynbee censura a los historiadores contemporáneos - no cuidándose de nombrar a los más recientes- por tomar a sus respectivas naciones como si fuesen entidades independientes y autárquicas. Pero el hecho
es que el historiador inglés no nos ofrece una idea de nación, medianamente deglutible. Sin rehuír la dureza de las palabras, Ortega asevera: "es falso de toda falsedad
sostener que la ciencia histórica durante la época a que Toynbee alude trabajó inspirada por el nacionalismo en ningún sentido del vocablo. Sostener, afirmar esto sin más
ni más, como él lo hace, es error y frivolidad. Si nos acordamos de Niebuhr, de Ranke,
de Fuste! de Coulanges y de Mommsen, nos parece que es propiamente bordear la insolencia, porque la ciencia histórica creada en el Siglo XIX por estos hombres fue
hecha y forjada ocupándose ellos de naciones que no eran las suyas; más aún, que ni
siquiera existían. ¿ Es que se puede hablar del nacionalismo romano de Mommsen o
de Fuste! de Coulanges? Y en cuanto a Ranke, fue, si alguien en el mundo lo ha sido,
el hombre de la historia universal; escribió varias, unas tras otras, y cuando quiso tratar un tema particular lo tituló "los pueblos germano-románicos" ostentando en Ja in-

547

�temperie del título su voluntad de brincar por las fronteras de toda crítica nacionalista,
quiera o no el señor Toynbee" ( Opus. cit., pág. 77). Por lo demás, Toynbee no analiza
el concepto de civilización; se limita a apuntar, en el espacio y en el tiempo, las diversas civilizaciones. Para decirlo con las palabras de Ortega: "Toynbee no gusta de
entrar dentro de las civilizaciones sino que suele contemplarlas desde fuera, como se
contemplan las montañas, y así hace pasear por las vastedades de la historia el alma
de turista que Dios concedió al inglés". Las preferencias de Ortega vuelan hacia la
gran historiografía germana, y en particular hacia Mommsen, "uno de los pocos genios
que ha habido en la ciencia histórica y al que por mi parte dedico un fervoroso culto".
Pero volvamos a Toynbee. La interrupción del "proletariado externo" en la civilización grecorromana trae consigo siglos de caos -"interregno"- y la destrucción fi.
na!. Una religión universal, nacida del "proletariado interno", invade verticalmente el
Estado universal en la última etapa de la civilización grecorromana. El historiador inglés se empeña vanamente en unir y fundir la civilización griega, la historia griega a
la historia romana en una única civilización: "Toynbee pretende, de un modo bastante
sumario, que hay veintiuna civilizaciones) ni una más ni una menos. No tiene sentido
entrar ahora a discutir si todas las civilizaciones presuntas, que Toynbee enuncia y nombra, lo son en efecto o no porque él tampoco se ha tomado gran trabajo ni pulcritud
en su determinación y no tiene sentido que a su galanura vayamos nosotros a oponer
una seriedad de método que él no practica" (pág. 245). Bajo el método empírico, que
utilizan los británicos, se oculta la resolución totalitaria de que en los hechos repercutan,
quiérase o no, las ideas preconcebidas.
Reconoce Ortega que Toynbee ha dado alguna luz sobre el dinamismo histórico, sobre las victorias y derrotas de los hombres, con la categoría doble que él titula "obstáculo" y "ataque". Pero al lado de este acierto pululan los errores; al menos, en opinión de Ortega. El filósofo matritense no vacila en dirigir, al historiador inglés, las
frases más rudas y sarcásticas. "Es tal la peregrina condición de Toynbee que sus transpiraciones, de puro arbitrarias, resultan a veces divertidas" (pág. 264). En el historiador inglés "no hay una sola idea aguda, perspicaz y ni siquiera simpática y amorosa
sobre su propio país". (pág. 287). Y sin embargo, sin darse cuenta, "Toynbee es tan
inglés que cree al pueblo inglés elegido por Dios para inventar todo y ser el origen de
todo, de lo bueno y de lo malo". ¿ Cuál es en definitiva el balance orteguiano sobre
Toynbee? Helo aquí: "Hagamos, pues, balance. He aplaudido su idea de que el principio dinámico de la historia humana es, en efecto, algo así como reto y respuesta; pero
he criticado su empleo precisamente como explicación de la génesis de las civilizaciones,
y ello primero, porque los hechos lo rechazan en sentido de que no ha habido en la mayor parte de los casos ese cambio súbito en el contorno geográfico; segundo porque
aun en el caso, como Egipto, en que debió de haberlo, los pueblos que respondieron
a ese reto respondieron porque ya poseían en buena dosis eso que Toynbee llama civilización; tercero, consecuentemente, porque me parece inaceptable el planteamiento mismo del problema basado en suponer que la civilización es algo "toto caclo" distinto de
la vida primitiva; cuarto, porque, como en seguida vamos a ver, el dinamismo retorespuesta es permanente y congénito de la vida humana y es inadmisible suponer que
no actuaba ya y actúa en la vida de las sociedades primitivas" (págs. 281-282).
La reacción de Ortega ante Toynbee -un tanto exasperada y exagerada- es la
reacción de un filósofo ante un historiador que de improviso se siente impulsado a forjar una filosofía de la historia. La morfología histórica de Toynbee muestra dos defectos primordiales, a mi modo de ver: fcnomenismo y mecanicismo. Pero es que además

Toynbee ha f~rmulado sus leyes como si fuesen evidentes por sí mismas y no necesitasen demos_trac1ón. Y antes de toda demostración deben darse las prenociones o presupuestos. Sm ellos, la demostración es imposible. El ilustre historiador inglés en s deseo
hacer filo~of!a. de la historia se ha olvidado de un sencillo y sano postula:o de
la log1ca: el rac1ocm10 es nuestro medio y modo ordinario de conocer con certeza lo
que no conocemos inmediatamente.

?~

FÉLIX MARTÍNEZ BoxATI, La Estructura
de la Obra Literaria, Ediciones de la
Universidad de Chile, Santiago, 1960.
UNA DE LAS AFIRMACIONES más importantes, si no la más imporLmte, que encontramos en este libro de Félix Martínez Bonati, es la de que el fenómeno literario surge en "pseudofrases sin contexto ni situación concretos, es decir de
frases representadas imaginadas sin determinación externa de su situación comunicativa" (p. 98).
Esto, por sí solo, no llamaría propiamente la atención, pero es necesario completarlo con su antecedente inmediato,
relativo a esas pseudofrases y a las frases
representadas. La pseudofrase, dice Bona ti, se distingue de la frase real auténtica; ésta es la que "como producto sensible de la acción comunicativa del hablante (emisor de signos), hace efectiva
la comunicación, causando en el oyente
(destinatario) la percepción y aprehensión de ella como signo comunicativo".
Estas frases reales auténticas pueden hacerse presentes por sí mismas o por medio de un representante. Bonati ejemplifica: si estoy relatando una conversación
y digo "El ha dicho: 'Pedro es mi amigo'," esta última frase ('Pedro es mi amigo'), pronunciada por mí al relatar que
la dijo alguien, no es una frase auténtica
sino representante de una frase real auténtica, o sea, una pseudofrase.
Las pseudofrases, evidentemente, son
signos, pues significan. Pero, agrega Bona ti, no son signos lingüísticos, es decir,
ninguna pseudofrase es signo lingüístico;

en otras palabras, toda frase ( que es
pscudofrase según Bonati) relata, toda
frase dicha por un hablante para relatarla como contenido de una acción comunicativa de otro hablante, no es lenguaje, ya que "en su gestión de signo,
no median las esferas ideales del significado inmanente del signo lingüístico" (p.
97). En consecuencia, si se pueden pronunciar o escribir pseudofrases, frases
que no lo son, entonces podemos comunicar frases imaginarias. Toda pseudofrase nos remite, al comprenderla, a otra situación comunicativa, precisamente aquella en que la ahora pseudofrase es frase
real auténtica.
Pero ocurre también que existen pseudofrases que no tienen contexto ni situación concretos, frases representadas imaginadas "sin determinación externa de su
situación comunicativa". Tal es el f enómeno literario, concluye Martínez Bonati. La literatura se fundará así en una
convención, en un acto convencional, que
es el de aceptar como lenguaje lo que no
es tal.
Esta y otras conclusiones son respuestas a la pregunta con la que se abre este
estudio: ¿ Qué es el objeto literario?
( "en el sentido de ¿ qué forma [estructura] tiene?"). Se trata, en palabras del
propio autor, "de una investigación \cerca de la naturaleza esencial de la literatura como objeto". No se maneja el problema del origen del fenómeno literario,
ni el del valor poético o criterios estimativos, como se nos hace ver expresamente.
Sin embargo, la investigación sobre la

549
548

�estructura del ohjeto literario se realizará
desde un particular punto de vista, porque en las mismas páginas que sirven de
prólogo el autor nos dice: "nuestro tema
se limita a la cosa misma literatura como objeto del conocimiento discursivointuitivo del lector o contemplador" ( las
cursivas son nuestras).
Para penetrar en tan difícil tarea,
Martínez Bonati dedica la Introducción,
la Primera y la Segunda Partes ( 90 páginas de las 163 que forman el libro),
a problemas de vocabulario y crítica de
teorías ( lngarden, Bühler), al estudio
de la naturaleza lógica y estructura fenoménica de la narración literaria, y por
último a la estructura de la significación
lingüística (las dimensiones semánticas
del lenguaje). La Tercera Parte se ocupa
de lenguaje y literatura, y se incluye en
apéndice sobre símbolo y enajenación.
El vocabulario. Martínez Bonati hace
una clara y magnífica exposición del problema relativo al uso del lenguaje y al
manejo de ciertas palabras cotidianas
cuya "virtud" se desconoce, así como a
las limitaciones que se derivan de todo
concepto definido. Dice al respecto: "Todo concepto definido es un límite para
la visión del fenómeno. En el concepto
cristaliza y da su último fruto una línea
de aproximación al objeto. En ese mismo
punto, este movimiento del espíritu se esteriliza para todo posible logro ulterior;
se enajena la facultad intuitiva en la forma abstracta, fija, del orden conceptual.
Si queremos volver a ver la cosa directamente, contemplarla en su ser inmediato,
tenemos que salir retrocediendo, por este
túneill ciego, ya formalizado, a la difusa
luz del lenguaje cotidiano y del trato preconceptual, intuitivo, con las cosas. Vista
por su lado positivo, la vaguedad de visión antes denunciada es una liberación
frente a la estrechez de la abstracción"
(p. 30). En efecto, fácilmente puede
caerse en un manejo solidificado de la

550

palabra, que nos aleja de aquello a lo
que pretendemos llegar a través de ella.
En igual forma, puede alcanzarse esa
"virtud" del lenguaje cotidiano, que nos
coloca en la vía de la intuición directa.
"Fondo" y "forma", por ejemplo, son
términos que maneja Bonati desde este
punto de vista, haciendo ver la negación
dogmática de la dualidad que proponen
( "Las teorías y las palabras comunes
dogma tizadas se convierten en prejuicios
ciegos, en fórmulas que no dan visión alguna"). Por ello Bonati afirma la necesidad de respeto a la tradición, lo que implica no obstante el revivirla para conocer sus propias limitaciones, revisando
sus conceptos.
Naturaleza l6gica y estructura fenoménica de la narraci611 literaria. Primeramente se distingue a la narración de la
descripción. Si "narración se llama preferentemente a la representación puramente lingüística de la alteración de determinadas personas, situaciones y circunstancias en el curso del tiempo", descripción será "la representación de aspectos
inalterados de las cosas, permanentes,
momentáneos o recurrentes, o de hechos
sin mayor duración" (p. 45). Por su parte, el discurso mimético ( sea narrativo o
descriptivo) será "una especie de configuración lingüística que se distingue esencialmente. . . por el tipo lógico específico de su frase fundamental". Lógicamente, toda frase mimética es frase apofántica (aseverativa) de sujeto concreto
individual. Todo concluirá en la afirmación de que el lenguaje cabalmente representativo es eminentemente apofántico, es decir, que todo narrar o describir
es hacer afirmaciones referentes a individuos o grupos individualizados.
La frase mimética, el discurso mimético, se nos transforman en estrato de la
unidad de la obra narrativa, o sea, es un
estrato del objeto que constituye la obra
narrativa. Ya concebido como estrato,

porta, lleva, ofrece la estructura de lenguaje de la obra narrativa. Esto quiere
decir que al estrato mimético no se le ve
como estrato lingüístico, sino como mundo: "El discurso mimético se mimetiza
como mundo. Se enajena en su objeto"
(p. 57).
Veamos ahora lo que corresponde al
narrador. Este, claro esta, es el que narra; pero como tal narrador, no debe
confundírsele con el autor como persona
real, pues es narrador en cuanto subjetividad que narra. Y el hablar del narrador se percibe como estrato propiamente
lingüístico. Este estrato es el narrador
( estrato que no será lingüístico cuando
incluye mímesis del narrador).
A los dos estratos ya mencionados ( discurso mimético, narrador) se suma el tercer estrato de la obra, constituído por el
hablar de las "figuras", o sea de los personajes. Este sí es un estrato lingüístico,
porque las palabras de los personajes,
son frases, no son representación, no son
"narración-descripción mimetizada", son
"cosa presente por sí misma". Considérese, en torno a todo esto, que el autor
distingue el signo lingüístico de la lengua
del signo lingüístico del habla. Este conlleva la comunicación; aquél, se toma
como "unidad virtual del sistema lingüístico (por ejemplo, la palabra del diccionario, aislada por la consideración reflexiva de todo contexto de su nivel originario, que es el hablar)" (pp. 24-25).
"Lo común a todo el género novelesco
-concluye Bonati-, de cuanto se relaciona con nuestra exposición hasta aquí,
es el ser ficción mimética de puro lenguaje y el tener, como toda literatura,
por base la convención de que las pertinentes frases miméticas explícitas o implícitas son verdaderas".
Estructura de la significaci6n lingüística. En este capítulo se estudian las funciones y dimensiones semánticas del lenguaje, en un plano general, ya que será
en la parte siguiente cuando se haga re-

ferencia concreta al lenguaje de la literatura. Después de criticar las ideas de
Bühler sobre el lenguaje, y ocuparse de
las de Husserl y Kainz, Martínez Bonati
estudia una situación concreta del lenguaje, para encontrar sus elementos constitutivos como tal situación lingüística. La
acción comunicativa, dice, tiene por objeto influir en el otro, el oyente. Una
acción es comunicativa en cuanto el hablante se dirige al oyente para hacerle
compartir•una experiencia, para que ésta
sea común a ambos. La frase, dice, es la
que permite crear esta situación común.
En cuanto a esta situación comunicada,
sus momentos serían: el objeto ( que se
incluye por la acción comunicativa), la
actitud del hablante, y la acción misma,
por la que se establece el "ámbito común", involucrándose en todo esto, además, una "expectativa de actitud de respuesta", sin la que no habría comunicación: en ello se basa la posibilidad de la
actitud-respuesta.
Tomando la frase como signo, veremos
que es la que pone de manifiesto la actitud del hablante (y en ella misma, la actitud como tal hablante) ; "la frase como
momento sensible constitutivo de la acción comunicativa es indicio de ésta, y
a través de ésta, del actuante como tal
actuante" (p. 82). O sea que la frase
como frase es indicio del hablante como
hablante. Y aquí aparece el otro elemento de la comunicación, lo que la hace
posible: el oyente, en función de la aceptación del signo: "Al aprehender la palabra como palabra, aprehendo al hablante como hablante, porque ella, como
tal, es indicio y momento sensible de la
acción comunicativa. Pero, a la vez, me
aprehendo a mí mismo como destinatario ... " La posibilidad en el oyente de
llegar al objeto significado conociéndolo,
y" de intuir los actos de referencia del
hablante, está en comprender al signo
como signo, al hablante como hablante,
y a sí mismo como oyente. Todo esto lle-

551

�vará a la afirmación de que el signo, la
frase como signo, hace perceptible el estado del hablante, "intencional y común
al objeto de referencia", y efectiva la
reacción del oyente. Afirmación que a su
vez será base para otra más importante,
sobre la idealidad subyacente en la situación comunicativa concreta: "Los planos
superiores de la manifestaci6n del estado
del hablante (los que se fundan en la
mención del objeto) muestran, igualmente, la intervención de esferas ideales.
La frase es síntoma complejo de un estado individual del hablante, en virtud
del hecho de que este hablante, al decirla, es percibido como alguien que dice
una frase como ésa" (p. 86). En el acto
comunicativo, pues, están presentes ciertas generalidades del hablante que se intuyen por el acto comunicativo: actitud,
estado, carácter y ser íntimos.

Lenguaje y literatura. De todo lo anterior se desprenden las ideas iniciales de
este capítulo, sobre la frase auténtica real,
la frase real inauténtica o pseudofrase,
y la frase auténtica imaginaria a que ya
hicimos referencia al comienzo de estas
notas. Pero los argumentos que desembocan en la afirmación de que hay pseudofrases porque no responden a la situación propia del hablante, se inician a
partir de una alteración de la frase que
se tomó como ejemplo (la frase es: "El
ha dicho: 'Pedro es mi amigo'"). Porque si bien dice Martínez Bonati: "la
frase 'Pedro es mi amigo' que yo pronuncio hic et nunc como parte de mi relato, no es una frase real auténtica sino
representante de una frase real auténtica
de aquel tercero", dicha frase no puede
desprenderse del todo expresado, en el
que sólo es un complemento (Pedro es
mi amigo), siendo el sujeto El y el verbo
ha dicho, o sea que el hablante está comunicando su propia experiencia en la
frase completa: "El ha dicho: 'Pedro es
mi amigo'." Pero la conclusión de Bonati es otra: "La virtud de la pseudofrase

552

es hacer presente una frase auténtica de
otra circunstancia comunicativa ( real o
imaginaria) . Comprender la frase representada (es decir, hacerse cargo de sus
dimensiones semánticas) equivale a imaginar su situación comunicativa, a imaginarla en su situación comunicativa".
Esto se traduciría, en última instancia,
en lo siguiente: el hablante que comunica una pseudofrase no tiene situación que
comunicar, se vuelve mero transmisor de
situaciones comunicativas pero sin que él
comunique ninguna situación propia (el
comunicar situaciones comunicativas de
terceros es ya en sí misma una situación). Pero Bonati va más adelante y
encuentra que pueden aparecer pseudofrases sin trasfondo real: "Lo asombroso, frente a esto, es la aparición de pseudofrases sin contexto ni situación concretos, es decir, de frases representadas imaginadas sin determinación externa de su
situación comunicativa. Tal es el fen6meno literario. Aceptar como lenguaje
tales frases, atribuirlas en general sentido, es la convención fundamental de la
literatura como experiencia humana"
(pp. 98-99). ¿No pudiera decirse, por el
contrarío, que las pseudofrases sin contexto pertenecen, no obstante, a la esfera ideal del hablan te (escritor), que a
través de ellas manifiesta su estado? Si
no fuera así, el que hace literatura no se
encontraría, en ningún momento de la
expresión literaria, dentro de una situación comunicativa.
Bonati tiene una respuesta clara y precisa para esta situación: "El autor de narraciones literarias no es el narrador de
tales narraciones; ni son los versos líricos
frases que dice el poeta. Esto es: el poeta, en cuanto tal, no habla. Su escribir
o recitar no es acción comunicativa lingüística sino producción de pseudofrases". Y más adelante: "El hablante (lírico, narrativo, etc.) de las frases imaginarias es una entidad imaginaria como
éstas, a saber, una dimensión inmanente

de su significado, un término de su situación comunicativa inmanente" (p. 103).
¿ Y qué es, en verdad, lo que en el mundo interior del literato puede ser llamado "real" o "imaginario"? Porque afirma
categóricamente Bonati al hacer la crítica
de la estilística de Vossler: "Como demuestran los ejemplos de giros corrientes acerca de poesía ( el poeta 'nos dice
en sus versos', nos expresa en ellos 'sus
sentimientos', etc.), la errónea visión de
poesía como hablar real, que preside la
concepción vossleriana, tiene la apariencia de lo evidente. Valiosas teorías de lo
poético, de gran riqueza intuitiva, fracasan por tal indiscriminación en el plano
del riguroso ordenamiento conceptual, y
dan lugar a determinaciones más o menos complicadas, pero en esencia semejantes a ésta, que sólo es válida si se la
toma muy vagamente, y absurda en cuanto se la aprieta como lenguaje propio, no
semi-alegórico" (p. 117). Sin embargo,
no hemos encontrado en el libro de Bonati que se comenta en estas páginas, una
discriminación rigurosa de lo real y lo
imaginario en la estructura interna del
escritor; ni en sus referencias a la ambigüedad de las palabras, aclaración del
sentido que se da a éstas ( real e imaginario). ¿ En qué momento el hombre que
es hombre-poeta se expresa realmente,
pretende compartir situaciones en comunicación, es decir se comunica por medio
del lenguaje, y en cuáles otros sólo nos
comunica lenguaje (literatura)? No niega Bonati, claro está, que el poeta haya
vivido, o viva los sentimientos que expresa en su poema, simplemente, dice,
"queremos mostrar que la naturaleza del
fenómeno poético no permite deducir de
su visión afirmaciones sobre la psicología
de la creación" (p. 119).
Terminemos estas notas recogiendo la
definición de literatura en sus tres funciones de épica, drama y literatura: "La
literatura es un modo de ponerse el hombre, mediante lo imaginario, frente a po-

sibilidades radicales de su ser: conocer
lo pasado por relato (épica), actuar en
medio de los hombres (drama), y sentirse a sí mismo ser, in tuírse como in terioridad (lírica)". Esta obra de Bonati es,
con todo, una valiosa aportación en la
escasa bibliografía hispanoamericana sobre problemas de teoría literaria.
ALFONSO RANGEL GUERRA
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE, El Romanticismo Alemán, Centro
de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, México, 262 págs.
1964.
A LA LARGA LISTA de libros y trabajos
de Basave se añade este nuevo ensayo
sobre el Romanticismo Alemán. Si bien
el autor se refiere preferentemente al Romanticismo literario, la obra comprende
el movimiento romántico en todo su ámbito y quiere remontarse hasta la determinación de las notas esenciales que lo
constituyen; lo cual le confiere un carácter eminentemente filosófico, nota que no
podía estar ausente en una obra de Basave, que es ante todo y siempre un filósofo.
El libro comprende dos Partes.
La Primera se inicia con un estudio
sobre Los Caracteres de la Cultura Alemana que el Dr. Basave analiza con agudeza y simpatía. De la profundidad, religiosidad y vigor vital de esta cultura,
caracteres opuestos al frío formalismo del
neo-clasicismo latino, brota en toda su
pujanza el romanticismo alemán. Aunque el romanticismo, como movimiento
de la intimidad, del sentimiento, de lo
dionisíaco, primitivo y auténtico sobre lo
exterior, lo racional y apolíneo, de lo refinado y convencional, "es una constante
humana y una constante histórica" y
"todo hombre, por el hecho de serlo, tiene algo de romántico" (p. 17), es Alemania donde el Romanticismo ha alean-

553

�zado su relevante y vigorosa realización
hacia fines del siglo XVIII y principios
del XIX, precisamente por responder
mejor al alma y cultura de su pueblo.

FRANc1sco LARR0YO, La antropología
concreta de Francisco Larroyo. Editorial
Porrúa, S. A. México 1963.

En un segundo Capítulo Agustín Basave señala los caracteres constitutivos de
la esencia y los fundamentos del Romanticismo alemán, sus exigencias y directrices para terminar con unas consideraciones sobre la Poesía alemana.
Un tercer Capítulo se ocupa en tres
parágrafos de los antecedentes del movimiento romántico: el "Sturm und
Drang", Herder y el período romántico
de Goethe.

FRANCISCO LARROYO empieza por reconocer el predominio del tema antropológico en el ámbito de la filosofía contemporánea. Y no es cuestión de moda.
Todo filosofar es, en cierto sentido,
antropocéntrico y egocéntrico (no egoísta). Porque el hombre es el centro y
el objeto último de la filosofía. Larroyo
no lo dice explícitamente, pero lo deja
entrever en su depuración, ubicación y
jerarquía de los problemas de la antropología filosófica.

En la Segunda Parte el Prof. Basave
se aplica, en sendos capítulos, al estudio
de cinco románticos alemanes, cuyas principales obras analiza: H einrich Kleist,
Noualis, Friedrich Holder/in, F.E.D. Schleiermacher y Friedrich Nietzsche. Cada
capítulo termina con la transcripción de
algunas páginas más significativas de los
autores estudiados, en su original alemán
y en su traducción castellana.
Sin duda el autor ha logrado darnos un "conspectus" orgánico del Romanticismo Alemán, en sus antecedentes y en su esencia y también en su
existencia encarnada en algunas de sus
figuras más importantes. Y lo ha hecho
-tarea difícil- con objetividad y entusiasmo a la vez, trasuntados en su
vigorosa y recamada prosa.
Como dice en su Prólogo Francisco
Monterde, Director de la Academia Mexicana: "Merced a este libro bien organizado, puede contarse ahora, entre
nosotros, con un excelente guía para
abarcar de una sola mirada todo el Romanticismo alemán": y, añadimos nosotros, para develarlo en sus caracteres
esenciales y en sus expresiones más sobresalientes.
ÜCTAVIO N. DERISI

554

Ante todo, el Dr. Larroyo deslinda
campos. La antropología filosófica no es
un saber acerca de la evolución humana ( an tropogenia), ni una adoración o
divinización del hombre ( antropolatría),
ni una radical dependencia de la vida
humana y de la cultura de los pueblos
respecto del medio geográfico ( antropogeografía), ni un antropologismo individual o subjetivismo externo... No
niego -¿ cómo podría negarlo?- que
el hombre posea una naturaleza física,
psicológica, etnológica, etc., que es preciso describir y explicar. Pero advierte
que ninguna ciencia particular puede,
legítimamente, constituirse en disciplina
exhaustiva, "con pretendida y supuesta
capacidad para resolver, si no todos, los
fundamentales temas de la antropología.
La antropogenia de Haeckel es un grueso intento, bien que ilustrativo, de esta
transgresión de fronteras" (La antropología concreta, pág. 23, Editorial Porrúa, S. A., México 1963). Aunque el
autor considera justificada la investigación del nexo intrínseco de los hechos
orgánicos, con la vida psíquica, no estudia la relación ontológica entre cuerpo y espíritu. Se limita a plantear preguntas que deja sin respuesta.
La Antropología concreta de Francisco Larroyo está estructurada, dentro de

un plan histórico-sistemático, en catorce
capítulos: l. El nombre del hombre. 11.
Biología y psicología del hombre. III.
Paleon tropología y antropología física.
IV. Culturología y antropología cultural. V. Las formas culturales. VI. La
antroposociología. VII. El hombre en la
historia de la filosofía. VIII. Concepto
y temas de la antropología filosófica. IX.
El método. X. El ser del hombre. XI.
Hombre y hombres. XII. Los tipos concretos. XIII. El puesto del hombre en
el cosmos. XIV. El destino humano. El
libro está escrito en estilo claro, preciso,
didáctico. El autor muestra, a lo largo
de su obra, una sorprendente capacidad de síntesis. Acaso habría que intentar, en una próxima edición, una ordenación más rigurosa de los capítulos.
Por ejemplo, "Concepto y temas de la
antropología filosófica", "El método",
y "El ser del hombre" debieran anteceder al capítulo "El hombre en la historia de la filosofía". Porque para emprender un examen histórico de la idea
del hombre, es preciso saber en algún
modo, de antemano, qué es el hombre.
De otra manera, ¿ cómo historiar lo historiado?
Tras el estudio del hombre en sus
manifrstaciones, más externas que internas, incluyendo su existencia social, Larroyo presenta las llamadas disciplinas
antropológicas de vocación científica y
la filosofía del hombre en los grandes
momentos de su historia. Pasa, después,
a ocuparse de la temática distintiva de
la antropología filosófica: totalidad estructural ( comprensión cabal, completa,
íntegra de la estructura humana), culturalización (lenguaje, religión, arte,
costumbres, ciencias, derecho, economía,
política como substancia vital del hombre, como expresión humana), situación cósmica (la relación entre el yo y
el no yo), personalidad ( opción por cierta manera de ser), sentido y valoración
( construcción de la vida en actos de

preferencia en torno a fines concretos),
destino ( conclusión y finalidad 'del itinerario vital), tipos humanos (grupos
de individuos con caracteres comunes) .
Entre lo general y lo individual, el Dr.
Larroyo encuentra el tipo. Sabe que
el hombre en general no existe. No quiere permanecer en una mera abstracción,
en un hombre despersonalizado. Por eso
propone una antropología concreta que
descubra "al hombre en su real existencia, en su status in statu" (Opus cit.,
p. 151). Trátase de una antropología
tipológica como vía de acceso al reino
de lo concreto. Piensa que "el tipo humano es el gozne entre lo abstracto y lo
individual". Pero en rigor, el tipo representativo es también, inevitablemente
-me parece-, una abstracción. Es claro
que en el caso de esta abstracción, como
en el de muchas otras, se puede apelar a
lo concreto, una y otra vez, aunque tengamos la certeza de que estemos manejando abstracciones. Por lo demás, no debe
asustarnos esta manipulación -ineludible- de conceptos. La filosofía es un saber rigurosamente conceptual. Y las abstracciones legítimas no son una mutilación de la reilidad, sino un momento superior de ella y un instrumento indispensable del raciocinio. El problema estriba
en delinear ese "sistema de categorías
axiológicas, flexibles, históricas, ceñidas al
ser y posibilidades de lo humano". Como
definición de la antropología filosófica,
propone la siguiente: "es una teoría de
la totalidad del hombre en sus vínculos
estructurales consigo mismo, con la historia, con la sociedad y con el universo,
encaminada a descubrir a la luz del
sentido y valor de la existencia cómo y
para qué aquél hace su vida" (Opus
cit., p. 152).
En cuanto a método, Larroyo quiere
permanecer equidistante de la antropología desde arriba -derivar la naturaleza humana de un principio supe-

555

�rior- y de la antropología desde abajo
-aplicar los métodos propios de las ciencias naturales-, partiendo del hombre
mismo y de sus obras. El análisis de los
productos culturales nos muestra, en
gran medida, lo que es el hombre. Pero
es preciso ensimismarse para tener la
experiencia viva, interior, de los actos
a través de los cuales el hombre produce o reproduce sus obras. Habrá que
tomar en cuenta, además, el reino de
la relación personal de tú y yo. Hay
que elaborar -para servirnos de sus propias palabras- una antropología en primera, segunda y tercera personas.
Tratando de penetrar en el ser del
hombre, Larroyo utiliza cuatro exclusivas ónticas del hombre: l). Autoconciencia; 2). Intencionalidad, abstracción
y objetivación; 3). Libertad circunscrita; 4). Futurización; y cinco exclusivas
ontoaxiológicas: A). Temporalidad; B).
Finitud; C). Conciencia de la muerte;
D) . Preferibilidad; E) . Sociabilidad y
comunicación. Habla del hombre trivial: el que elude su responsabilidad y
huye de su propio valer y ser; y del
hombre máscara: el "Poseur" que finge
ser otro de quien en realidad es. "En
el fondo, cada hombre tiene un órgano
de selección, al través del cual se allega
y asimila los contenidos culturales, y el
cual supone una peculiar actitud en
sus preferencias" (Opus cit., p. 184).
Pero no todos tienen igual poder y ejemplaridad. El jefe, que cuenta con la opinión de los subordinados, actúa sobre
el grupo de prosélitos con voluntad de
mando.
Entre los tipos concretos, el profesor
Larroyo destaca el intelectual, el religioso, el político, el educador, el esteta,
el utilitario y el héroe. Próximo a Spranger y a Scheler, introduce puntos de
vista personales en los tipos contemporáneamente descritos y estudiados. Y
como no hay conciencias enclaustradas
y la vida es interdependencia, el autor

556

se plantea el problema del puesto del
hombre en el cosmos. Rechaza "las fórmulas fijistas que adscriben al hombre
una naturaleza invariable, permanente,
exenta de todo cambio". El hombre -alvéolo del universo- "tiene su peculiar
sitio en el mundo, sitio cambiante, dramático, como su propia esencia" ( Opus
cit., p. 243). Somos iguales y diferentes
a la vez. En cada uno de nosotros están dadas ciertas posibilidades. Exista
o no la eternidad -Larroyo permanece
agnóstico, en este punto- hay algo que
realizar : un quehacer vocacional, una
misión personalísima. Cabe preguntar,
no obstante, si tiene sentido un quehacer vocacional, una misión personalísima, si nuestro destino va a parar a
la nada.
La Antropología corzcreta de Francisco Larroyo constituye una valiosa aportación a la filosofía de lengua española
en el siglo XX. Equilibrio, claridad y precisión -cualidades eminentemente latinas- se conjugan, felizmente, con el rigor, la penetración y la responsabilidad
intelectual -tan propios del espíritu
germano- que el Dr. Larroyo tuvo oportunidad de asimilar durante sus años de
permanencia en Alemania.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

G10RGIO DEL VECCHIO, Las Lecciones
de Filosofía del Derecho. Dott. A. Giuffre Editore ( Milano, 1963).
Las Lezioni di Filosofia del Diritto
del ilustre ex-Rector y profesor emérito
de la Universidad de Roma, Giorgio del
Vecchio, han alcanzado doce ediciones.
Tengo a la vista un ejemplar de la décima segunda edición italiana, revisada
por el autor y publicada por Dott. A.
Giuffre Editore ( Milano, 1963). Las doce ediciones de esta obra maestra de
Giorgio del Vecchio han ido sucediéndose -desde 1930- con reformas de

mayor o menor importancia, pero con
invariable voluntad de perfección. Y esta voluntad sostenida de un octogenario
egregio, resulta estimulante, consoladora,
ejemplar.
Pensamiento penetrante y agudo, estilo claro y conciso, estructura equilibrada y sobria, todo ello con el inconfundible sello italiano de Giorgio del
Vecchio. La obra consta de una parte
histórica y de una parte sistemática.
Trae unas consideraciones preliminares,
en las cuales se nos advierte que la Filosofía del Derecho no se presenta autónoma en sus orígenes, sino ligada a la
Teología, a la moral, a la Política. El
autor ofrece, en apretadas y felices síntesis, la filosofía griega, los juristas romanos, el Cristianismo y la Filosofía
del Derecho en el Medioevo, el Renacimiento, la Filosofía del Derecho en la
Edad Moderna y en la Epoca Contemporánea. América latina -injustamente
ignorada o postergada por tantos europeos- está incluida, aunque en reducidos límites, en la obra de Giorgio del
Vecchio. Quiero dejar una pública constancia de gratitud, al Prof. del Vecchio,
por citarme entre los iusfilósofos latinoamericanos (p. 160).
La parte sistemática, la más extensa
y personal del libro, está dividida en
una introducción y tres secciones: El
concepto del Derecho, origen y evolución histórica del Derecho y fundamento
racional del Derecho. El autor proviene
del neocri t1c1smo stammleriano, pero
presenta su propia posición. No prescinde, como los neocriticistas, de la fundamentación metafísica del Derecho. Y
tengo la impresión que el Prof. del Vecchio se ha ido aproximando, en forma
gradual y creciente, a la Filosofía del
Derecho aristotélico-escolástico. No anda
lejos de Francisco Suárez en su concepto
del Derecho Natural.
A Giorgio del Vecchio le interesa
aprehender, independientemente de todo

criterio de valor, el concepto universal
de lo jurídico. Pero le interesa también
como iusfilósofo, el problema de la justicia y el problema de las constantes
históricas del Derecho positivo. La noción del Derecho -forma lógica- no
dimana de la experiencia ni de la historia. Trátase de una norma o criterio
objetivo de valoración. Define el concepto del Derecho como "il coordinamento obiettivo delle azioni possibili tra
piu soggeti, secondo un principio etico
che le determina, escludendo ne !'impedimento" (Lezioni di Filosofía del Diritto, XII edizione riveduta, p. 226).
Dicho en castellano: Derecho es la
"coordinación objetiva de las acciones
posibles entre varios sujetos, según un
principio ético que las determina excluyendo todo impedimento". A cada cual
le asiste el derecho de cumplir con su
deber. Como norma bilateral, el Derecho establece relaciones y límites. De
ahí la esencial coercibilidad de Jo jurídico. A mí me parece con todo el respeto que me merece la opinión del Prof.
del Vecchio que la coercibilidad es una
propiedad y no un elemento de esencia
del Derecho. Lo fundamental, en lo jurídico, es la dirección. La coacción viene
de fuera y se le asocia. En ocasiones es
inoportuna, otras veces es imposible, y
la mayor parte de las obligaciones jurídicas se cumplen voluntariamente.
El concepto de naturaleza humana, en
el Derecho natural, tiene un sentido
teleológico y no ca usa!. Se trata de un
obrar de acuerdo con la conciencia de
la pura espontaneidad de las determinaciones racionales. No estamos frente
al individuo empírico (homo phaenomenon) sino ante el yo racional (horno
noumenon ) absoluto _:y universal que se
identifica, sustancialmente, con el ser del
prójimo, del semejante. La idea de justicia entraña la alteridad y la reciprocidad. Supone la remuneración, el reconocimiento de la persona en sus par-

557

�ticularidades concretas. La historia confirma la existencia del derecho natural
y sus progresivas realizaciones. El reconocimiento de la autonomía del ser humano se va realizando gradualmente. El
derecho Natural mide y valora el Derecho positivo. Los intérpretes del Derecho no pueden atribuir a una mera
invención legislativa lo que está fundado
en la "naturalis ratio". Pero el Derecho
natural -ideal del Derecho-- no puede
intervenir en la definición lógica del
Derecho. La forma lógica de lo jurídicho se distingue siempre de todo contenido, sea empírico o trascendental. El
Derecho se refiere al obrar, a las acciones. Es un principio de valoración objetiva y bilateral, en contraste con la
valoración subjetiva y unilateral de la
Moral. Hasta aquí puede advertirse la
filosofía neokantiana de Giogio del Vecchio, con todos los inconvenientes de las
construcciones formalistas. Sin embargo,
la separación entre el concepto y el
ideal del Derecho no es, en la obra
del Prof. del Vccchio, tan rígida y tan
tajante como en Stammler, por ejemplo.
Ya el hecho de que incluya en la definición del Derecho un principio ético
-si bien indeterminado en cuanto a su
contenido-- muestra a las claras su aproximación a una filosofía de los valores
jurídicos. "Una cosa es afirmar el ideal
del Derecho, y otra muy distinta es dar
la noción ( o el concepto) del Derecho
in genere, la cual debe abrazar en su
seno tanto el sistema ideal como todos
los demás ordenamientos posibles", nos
advierte. El insigne profesor italiano admite la lucha contra las leyes positivas
que vulneren las exigencias jurídicas imprescriptibles. de la naturaleza humana:
"E legittimo allora !'apello al Cielo
(secondo l'cspressione del Locke), vale
dire la lotta contro le leggi scritte nel
nome dclle "non scritte", la rivendicazione del diritto naturale contro il positivo che lo rinneghi" (p. 376). Más

558

aún, incita al sacrificio en aras de la
más alta justicia: "la lotta per la giustizia ha per contrassegno primo della
sua legittimita l'accetazione dei maggiori
doveri, che quella pi'u alta giustizia, che
si propugna, porta con se: vale a dire
il sacrifizio ed infine, ove ocorra, el
martirio. La massima: 'Fiat justitia, pereat mundus' vuol essere intesa appunto
nel senso che la giustizia ha per sua
natura una validita trascendente e metagoistica; di guisa che chi !'invoca debe
sottoporle, prima di ogni altra persona
e di ogni altra cosa, se stesso" (!bid.).
El equilibrio, la armonía y la buena
proporción en la obra Lezioni di Filosofía del Diritto, hacen de Giorgio del
Vecchio un clásico de la Filosofía del
Derecho. Todos los materiales empleados
llevan el sello propio. A la originalidad
va unida una naturalidad, una frescura,
una viveza y una sinceridad muy difíciles de lograr. Me complace rendir, con
este breve comentario, un cálido homenaje a este joven octogenario que aún
pasea su andante italianería por los campos del espíritu.
AGUSTÍN BASAVE fERNÁNDEZ DEL VALLE

R. M.

ALBÉRES, Histoire du roman moderne, Editions Albin Michel, Paris.

Historiar la novela moderna es tarea
de titanes. En el inmenso bosque de la
ficción novelesca, es fácil extraviarse o
perder los caminos que conduzcan a algún punto de llegada. La tarea, sin embargo, no es imposible, aunque no puede
resumirse en un volumen pequeño. Y
de todas formas, una historia de la novela moderna es, casi necesariamente,
una historia personal de la novela, porque su autor llega a dibujar las líneas
de sus lecturas, y a través de ellas encuentra explicación a un todo heterogéneo y huidizo como lo es la producción
novelesca de diversos tiempos y países.

Esto es lo que ha hecho, así nos lo parece, R. M. Albéres, con su Historia
de la novela moderna, lo que no significaría en última instancia que se pretenda minimizarla con esto, sino simplemente tratar ·de explicarnos una postura del propio autor ante la tarea de
emprender.
"Au milieu du xxe siecle, le roman est
devenu le mode le plus repandu d'expression littéraire --dice el autor al inicio de su introducción que titula "La
aventura de la novela occidental"-.
Autrefois divertissement et assouvissemcnt facile de l'imagination ou de la
sentimentalité, il exprime maintenant les
intentions, les rcsponsabilités et les inquiétudes qui furent jadis celles de l'épopée, de la chronique, du traité moral,
de la mystique et, en partie, de la poésie.
Et, d'autre part, par sa vaste diffusion,
le roman représente, socialement, l'instrument de communion littéraire des
publics les plus divers: seules La guerre
et la paix ou La Co11ditio11 humaine
permettent la rencontre du lecteur le
plus exigeant et du lecteur le plus élementaire ... " (p. 7). En estas pocas líneas nos deja Albéres los rasgos principales de la situación novelística actual. Esta "invasión" de la literatura
que encontramos en la novela como un
crecimiento natural, podría explicar por
otra parte todos estos diversos rostros,
con los que se alimenta la "necesidad"
literaria del hombre moderno.
Una pregunta se impone sin embargo,
en relación a esta capacidad inagotable
de seducir al hombre que es propio de
toda novela auténtica. La respuesta que
da el autor es que este fenómeno obedece a que la novela ofrece, al mismo
tiempo, la atracción de una historia y
el registro inmenso de las resonancias
psicológicas, sociales, ontológicas, estéticas, simbólicas, implicadas en esa historia. Bajo el manto de la ficción, se
agitan todas las inquietudes del lector,

encuentra reflejada su imagen con tal
precisión que no puede menos que penetrar en ese mundo novelesco que le
promete un cierto conocimiento del mundo. Esta podría ser una de las trayectorias más marcadas que se observan en
la novela del siglo XX: la intromisión,
cada vez más profunda, en la intimidad
de los seres, el descubrimiento de sus
recintos secretos, el encuentro de sus dioses más íntimos. "L'art romanesque --dice Albéres- est un art de l'exploration
ou de l'indiscrétion" ( pp. 8-9). Además,
si la vida propia se considera pobre y
desprovista de valor, podrá enriquecerse
introduciéndonos en la de otros, en las
de los personajes novelescos, lo que será
"una ayuda y una revelación".
Para R. M. Albéres, la novela es un
género literario superficial, que considerado vulgar en la antigüedad y despreciado hasta el siglo XVIII, se enriquece con intenciones extrañas a su esencia. Así, estima que una historia de la
novela moderna tendría por objeto unir
estas dos tendencias, y hacer ver en la
evolución del género la implicación que
supone, del enriquecimiento de la novela con todo lo que no lo es. Afirma,
además, que no se sitúa como historiador de las condiciones de esa evolución,
sino sólo como quien recoge la "voz de
la novela".
El libro se divide en tres grandes partes: "Las fuerzas de crecimiento"; "Las
fuerzas de oposición" y "Proteo o la
novela". De cada una de ellas, lo más
interesante son quizá las primeras páginas, en las que encontramos una exposición general del fenómeno, que después se desmenuza en infinidad de nombres. Si alguna crítica hay que hacer
a este libro, sería el pretender abarcar
todas las novelas, o casi todas, que en
el presente siglo importan algo, aunque sea poco. Así, no es difícil encontrar autores a los que se les dedica sólo
una línea, o de quienes se mencionan

559

�solamente sus obras como ejemplificación, después de afirmarse algún aspecto
o trayectoria de la novela en determinado momento. Veamos un ejemplo:
L'époque 1921 trouve dans l'etude de
l'adolescence un autre theme brulant,
pittoresque, audacieux et banal: La vie
inquiete de Jean Hermelin, de Jacques
de Lacretelle ( 1920) ; Le Premier de la
classe, de Benjamin Crémieux et L'inquiete adolescence, de Louis Chadourne
( 1921); Dixhuitieme année de l'epicurien-sthendalien J ean Prévost, et L'ame
obscure du catholique Daniel-Rops
(1929); sans compter ce Diable au
corps de Raymond Radiguet ( 1923),
qui echappe aux normes. D'ailleurs, ce
gout de !'ame adolescent était, en fait,
un peu en retard dans cette floraison
de 1921, puisqu'il avait déja trouvé sa
poésie dans Le Grand M eaulnes d' Alain
Fournier ( 1913), et son inquietante
cruauté dans Les Désarrois de l'éleve
Torless ( 191 O), d'un écrivain qui avait
une autre -et plus longuc-, destinée
a remplir: Robert Musil" (p. 88).
En las 443 páginas de texto de esta
historia de la novela moderna no se detiene la atención en los novelistas hispanoamericanos. La razón, muy discutible, se nos da en la misma introducción.
No se trata precisamente de suprimirlos
del estudio, sino más bien de "dejar
un poco aparte" la nÓvela americana,
la rusa o la hispanoamericana. ¿ Por
qué? Porque se desarrollaron en mundos
social e intelectualmente diferentes del
europeo y su historia no puede confundirse con la de la novela de Europa".
Entre los hispanoamericanos, se cita a
Giro Alegría, del Perú; a Alcidcs Arguedas, de Bolivia; a Miguel Angel Asturias, de Guatemala; a Jorge Luis Borgcs, de Argentina; a Alejo Carpcntier,
de Cuba; a Rómulo Gallegos, de Venezuela; a Joao Guimaraes Rosa, de Brasil; a José Hernández, de Argentina y
a Jorge Icaza, del Ecuador. Aunque no

todos son novelistas, pero se les cita
sólo de paso. Se nota sin embargo la
gran ausencia de Ricardo Güiraldes, de
Machado de Assis, de Graciliano Ramos, de Julio Cortazar, para no mencionar sino a algunos. · De México, no
aparece ni un novelista, cuando en toda
historia de la novela moderna pueden
tomar lugar Al filo del ·agua, de Yáñez,
o Los Otros Días, de Rubén Marín, para
no citar a Rosario Castellanos, a Juan
Rulfo, a Martín Luis Guzmán, etc.
Este libro de R. M. Albéres se convertirá, sin duda, en una fuente de consulta indispensable para ubicar en épocas y tendencias las novelas y los novelistas del siglo XX. Además de otros
méritos indudables, éste bastaría para
valorarlo dentro de la bibliografía sobre
la novela moderna, nunca muy numerosa y en ocasiones inaccesible.
ALFONSO RANGEL GUERRA

y JosÉ EDMUNDO
El lenguaje de Buenos Aires,
Emecé, Buenos Aires, 1963.

JORGE Luis BoRGES
CLEMENTE,

Reeditado después de su publicación
del año de 1952, este volumen no ha
perdido actualidad y se le lee con el
doble interés, por una parte del asunto,
que aunque limitado a un lugar de Hispanoamérica tiene validez para todo el
continente de lengua española, y además por estar escrito, en la mitad de
sus páginas, por un autor que en estos
momentos representa una de las expresiones más valederas de la literatura de
Hispanoamérica.
El pequeño texto introductorio, firmado por los dos autores, nos revela de
inmediato su postura ante el problema
que ocupa estas páginas: su clara actitud "ante el coloniaje idiomático de
las academias". Esto, solamente, basta
para dedicarse a su lectura con la espe-

ranza fundada de encontrar aquí ideas
importantes sobre el lenguaje. En el texto
titulad'o El idioma de los argentinos, escrito en 1927, se inicia Borges con una
doble afirmación a propósito del habla
argentina: "Dos influencias antagónicas
entre sí militan contra un habla argentina. Una es la de quienes imaginan que
esa habla ya está prefigurada en el arrabalero de los sainetes; otra es la de
los casticistas o españolados que creen
en lo cabal del idioma y en la impiedad
o inutilidad de su refacción" (p. 17) .
Para atacar la primera, Borges se dedica a aclarar lo que es en Buenos Aires
el "arrabal" y lo "arrabalero": éste es
el dialecto de las orillas, en su sentido
general; pero puesto que en este caso
la palabra arrabal tiene más carácter
económico que geográfico -dice Borgcs-, mal se entendería el fenómeno
lingüístico en Argentina si diéramos en
afirmar que se desprende de lo "arrabalero", en el que no escribieron ni
versificaron, nunca, autores como José
Sixto Alvares o Evaristo Carriego, el
"entrerriano un poco chacotón y un
poco triste", recordado en Palermo. La
conclusión es clara y terminante: "Desertar porque sí de la casi universalidad
del idioma, para esconderse en un dialecto chúcaro y receloso -jerga aclimatada en la infamia, jerigonza carcelaria
y conventillera que nos convertiría en
hipócritas al revés, en hipócritas de la
malvivencia y de la ruindad- es proyecto de malhumorados y rezongones"
( p. 22). Pero esto no hace caer a Borges en las afirmaciones desmedidas sobre
el idioma que es fácil encontrar en quienes lo defienden innecesariamente, postulando su perfección por razones a veces
ajenas al propio lenguaje. En consecuencia, pasa a la segunda afirmación
ya citada arriba, que defienden los casticistas y españolados, con la que establecen que el español es no sólo perfecto
sino tan completo que no requiere re-

facción, como dice Borges. Uno de los
mayores argumentos que manejan estos
casticistas es el de la cantidad de palabras que tiene el castellano: sesenta mil
en el diccionario ( inútil decir que esta
cantidad de palabras, que para muchos
representa la riqueza del castellano, obedece sólo al criterio acumulativo de quienes hacen el diccionario, del que no se
utilizan todas esas palabras como lenguaje vivo). "La riqueza del español -dice Borges- es el otro nombre eufemístico de su muerte. Abre el patán y el que
no es patán nuestro diccionario y se queda maravillado frente al sin fin de voces
que están en él y que no están en ninguna boca" (p. 23). En el predominio
de la sinonimia, la capacidad de decir
una cosa de muchas y diversas maneras,
lo cual no implica muchas y menos diversas ideas.
No cabe para Borges la afirmación de
que existe una conseguida plenitud del
habla española, y en esto es tan categórico como en los otros aspectos del texto
que comentamos: "Afirmar una ya conseguida plenitud del habla española, es
ilógico y es inmoral. Es ilógico, puesto
que la perfección de un idioma postularía un gran pensamiento o un gran sentir, vale decir una gran literatura poética
y filosófica, favores que no se domiciliaron nunca en España; es inmoral, en
cuanto abandona al ayer, la más íntima
posesión de todos nosotros: el porvenir,
el gran pasado mañana argentino" (p.
26). "Difusa y no de oro -dice en la
página siguiente- es la mediocridad española de nuestra lengua".
Afirma que no hay una "zanja insuperable" entre el español de los españoles
y el de la conversación argentina, pero
deja establecido, no obstante, lo que es
propio de un habla determinada, según
su propia circunstancia, su geografía, y
su peculiar sensibilidad. Es por ello que
el lenguaje de los argentinos tendría
diferencias con el español peninsular por

561
560

�razones emotivas, que a su vez provienen de la atmósfera de la palabra, de
aquello que la envuelve como su propio
ambiente. Pero tampoco se deja llevar
por la preferencia de las locuciones nativas, y el mejor ejemplo de esto es lo que
dedica a la palabra macana: "Macana se
les dice a las paradojas, macana a las
locuras, macana a los contratiempos, macana a las perogrulladas, macana a las
hipérboles, macana a las incongruencias,
macana a las simplonerías y boberías, macana a Jo no usual. Es palabra de haragana generalización y por eso de éxito.
Es palabra limítrofe, que sirve para desentenderse de Jo que no se entiende y de
Jo que no se quiere entender. ¡ Muerta
seas, macana, palabra de nuestra sueñera
y de nuestro caos!" (p. 35).
No hay soluciones generales -termina- ante el problema verbal. "Dentro
de la comunidad del idioma. . . el deber
de cada uno es dar con su voz", sobre
todo los escritores, que tienen el trato
cotidiano con la palabra. Un texto breve: "El escritor argentino y la tradición", que forma parte del volumen Discusión, podría servir para completar estas ideas en un plano literario.
"Las alarmas del Dr. Américo Castro", que se publica también en El lenguaje de Buenos Aires, aparecido ya, si
no nos equivocarnos, en alguno de los
volúmenes de las obras completas de
Borges, comenta el libro La peculiaridad
lingüistica rioplatense y su sentido histórico, de Américo Castro, en un singular
tono irónico que derrumba las tesis que
propone este autor sobre el lenguaje de
Buenos Aires.
"El idioma de Buenos Aires" y "Estilística del lunfardo", son los dos textos
de José Edrnundo Clemente que complementan este libro; orientado el primero
a estudiar los modos propios de la expresión porteña, y el segundo al argot porteño, el lunfardo, presentan en conjunto un estudio introductorio muy intere-

sante, pero permite pensar que su autor
debió dedicar más páginas a un problema que bien pudiera tratar sistemáticamente, como lo demuestran éstas. Animado por las ideas de Borges sobre "El
idioma de los argentinos", como dice al
principio, torna sin embargo su propia
trayectoria y presenta un panorama, muy
esquemático, de los aspectos arriba citados, que en visión rápida nos ofrece breves ejemplos de palabras actuantes en
lenguaje de la ciudad, y en el de determinado grupo social, dejando bien claro
en todo esto que el lenguaje popular
nunca puede ser identificado con el delictuoso (lunfardo, en Buenos Aires).
Largo sería ocuparnos de las muchas palabras con las que ejemplifica José Edmundo Clemente, pero nos referiremos
solamente a algunas ideas centrales: en
primer lugar, que cada región o territorio posee una determinada "latitud expresiva"; además, que el mecanismo del
lenguaje popular es esencialmente metafórico; aunque se defiende al idioma
de Buenos Aires por lo que son sus características propias, no se ocultan sus
"corruptelas y precipitaciones".
Clemente termina con estas palabras:
Diferencias que justifican estas apuntaciones y las defienden del prejuicio dialéctico de un casticismo totalitario; prejuicio sospechoso de racismo por cuanto
tiende a perseguir de mestiza a toda literatura que no participe de la regencia
académica, motejándola de débil e incipiente o de pretender corromper al idioma madre, cuando en verdad es su fuerza, su sangre, su color. Solamente con
este encomiable sentido biológico se puede admitir el calificativo con que se la
pretende humillar". Esta afirmación es
sumamente clara y reitera la idea inicial del libro, sobre el valor propio de
cada lengua para no estar sujeta a tendencias o causas que no son las suyas en

el ambiente, la comunidad, el suelo en
que crece.
ALFONSO RANGEL GUERRA
GÜNTER GRAss, El Gato y El Ratón,
Editorial Joaquín Mortiz, traducción de
Carlos Gerhard. México, 1964.
EN ESTE LIBRO, el autor cuenta la vida
de unos adolescentes que en Danzig, durante la segunda guerra mundial, se ven
absorbidos por el aparato bélico de los
nazis. Estos jóvenes tratan de fraguar, no
obstante la continua zozobra que los rodea, su íntimo ensueño. En medie de las
calamidades y violencias que trae consigo la guerra, Pilenz, Hotten Sonntag,
Jürgen Kupka, Schilling, Winter, Mahlke
y Tula Pokriefke, procuran desenvolver
su adolescencia lo más normalmente posible.
Toda la trama del libro está estructurada de tal forma que, a la vez que describe una serie de aventuras juveniles,
enmarcando con precisión la vida de Joaquín Mahlke, pinta con dolorosa intensidad lo que ocurría en el pequeño mundo burgués de Danzig.
Joaquín Mahlke es un joven dos años
mayor que los demás integrantes del grupo, flacucho, enfermizo, tímido y con
cara de redentor. Llevaba el cabello partido en el centro, y sus mechones irregulares los fijaba con una mezcla de
agua y azúcar. En la escuela a la que
asistía se tomaba muy en cuenta su debilidad física. Estaba dispensado de los
ejercicios gimnásticos y fácilmente conseguía certificados médicos para justificar
su pusilanimidad. En la clase de natación, nada menos, practicaba sus lecciones en los baños para niños.
Al cumplir los catorce años, el cuello
de Mahlke comenzó a ostentar una abultada nuez. Este cartílago Je produciría,
más tarde, agudos dolores en la garganta. El traductor aclara que la palabra

alemana "maus", se emplea con dos significados diferentes: nuez y ratón. Es,
pues, la nuez de Mahlke, un simbolo
que representa la vanidad y el amor propio de su poseedor. A la menor provocación del gato -alguna oportunidad de
sobresalir- se agitará hasta que la satisfacción de su deseo la aplaque.
Así pues, al hundirse el dragaminas
"Rybitwa", que Alemania había arrebatado a Polonia, pero que por su hundimiento no pudo utilizar, dan principio las actividades sobresalientes de
Mahlke. En efecto, al ver a sus compañeros que a diario se echaban al agua
en dirección al bote, y al oír las maravillas que de él contaban, su nuez se
agitó por primera vez. Haciendo esfuerzos sobrehumanos, en unos días superó
sus deficiencias físicas. Aprendió a nadar en aguas profundas. Con tesón pidió luego a los del grupo que le permitieran acompañarlos.
A partir de entonces, Joaquín Mahlke
dejó de ser un apocado. Con su destornillador al cuello bajaba constantemente a la cabina sumergida del dragaminas. Extraía de allí placas, tornillos, etc.
Ahora era el Gran Mahlke. Ahora hacía
cosas que ninguno se atrevía a hacer.
Todos lo admiraban. La nuez de su pescuezo hizo lo que debía hacer ante el
gato.
La religiosidad constituía otro de los
distintivos del Gran Mahlke. Católico,
asistía a la iglesia con regularidad. De
su cuello pendía una medallita de la
Virgen. Recitaba de memoria grandes
trozos de rezo en latín, antes de emprender cualquier empresa, imploraba a la
Santísima su ayuda. Y concluída alguna
tarea, le daba gracias por ello. Pero lo
extraordinario era que Mahlke ponía especial cuidado en las formas exteriores;
su manera de mirar a la Virgen, de unir
sus manos sobre la frente, separados los
codos del pecho, su boca semiabierta, todo, en fin, tenía un objetivo: no pasar

563
562

�inadvertido. La nuez de Mahlke nunca
se daba punto de reposo.
En todo y por todo este jovenzuelo se
distinguía. En el piso superior de su casa, en dirección al barco semihundido,
tenía Mahlke su bohardilla. Dentro de
ella guardaba una lechuza disecada, con
una raya en el centro de la cabeza, imitando a su dueño, una reproducción de
la Santísima Virgen, un gramófono con
varios discos y algunos libros. Un día se
le ocurrió trasladar sus pertenencias a la
cabina del "Rybitwa". No vaciló en
transportar con mil cuidados la reproducción de la Santísima y en prepararle
un si tia! privilegiado. Desde allí daba
cuerda a su gramófono y regalaba los
oídos de sus compañeros con música clásica y semidásica. Se encerraba de cuando en cuando a leer sus libros religiosos
y a contemplar a su Patrona.

peraba a Brunies. Pero Mahlke, movido
por su rectitud -¿o acaso por su
nuez?-, retiró el preservativo en cuestión. Ni un susurro se oyó en la sala.
Era evidente que Mahlke no era un
don nadie entre sus condiscípulos.
Un invierno, cuando el agua que rodeaba al bote estaba congelada, Mahlke,
con una hacha comenzó a golpear el
macizo bloque que cerraba la entrada
de la cabina. Pilenz y Schilling, queriendo entretener a dos primas de éste
último, que acababan de llegar de Berlín, se encaminaron hacia Mahlke. El
muchacho, al sentir sobre sí las miradas
de los cuatro, fingió no haberse enterado. Continuó su trabajo, y no tuvo
empacho en pedirle -casi le ordenóa su reducido público que soltara sin
demora sus aguas, para reblandecer la
masa de hielo. Conseguido lo que buscaba, forcejeó con el hacha hasta que
el témpano cedió. Un triunfo más para
su nuez. Se complacía de contar con
un público. Tal vez a solas nunca hubiera hecho nada notable.

En una de tantas veces que buceaba,
sacó del fondo de la cabina un destornillador inglés, de acero. De inmediato se
dispuso a dedicarle alabanzas de gratitud a la Santísima. Fue tal la gravedad
que adoptó en esos momentos, que rayaba en lo cómico. No tardaron en estallar las risas divertidas de toda la pandilla. Pero las agudezas y ocurrencias
revestían en Joaquín Mahlke un aire
de seriedad. La gravedad más profunda emanaba de su persona. En el instituto, cuando uno de los maestros preguntó a los alumnos cuál era la carrera
que seguirían, Mahlke respondió con
firmeza que sería payaso. Nadie ridiculizó esta decisión. ~tes bien, un sentimiento de desconcierto invadió a los estudiantes.

Y fue Mahlke el que introdujo en la
escuela - y aun en Danzig- el uso de
las borlas de lana en el cuello. De restos
de calcetines viejos, su tía, o tal vez su
madre, le confeccionó unas vistosas esferitas. En cuanto las lució, junto con
un descomunal y ridículo imperdible,
llamaron la atención general. A los pocos días ya se vendían en las tiendas y
las portaban maestros y alumnos. Pero
al extenderse su uso, Mahlke, que ya no
podía individualizarse con ellas, les quitó
su carácter de distintivo y jamás volvió
a anudarlas en su cuello.

Fue Joaquín Mahlke quien, con su
sentido de responsabilidad y de respeto,
dio una lección a sus compañeros de
aula. Se habían propuesto algunos de
ellos jugarle una broma de mal gusto
al profesor Brunies. En la puerta de entrada, contiguo a la perilla, se colocó
un preservativo. Menuda sorpresa le es-

Pero la mayor osadía de Mahlke tuvo
lugar cuando un teniente comandante,
ex a lumno de la Escuela Superior de
Horst Wessel, misma en la que a la sazón estudiaba Mahlke, y que había participado muy honrosamente en numerosas batallas, dictó una conferencia en
una de las a ulas de dicha escuela. Sobre

!i64

su pecho traía prendida una medalla,
recompensa de su valor. Mientras el teniente hablaba, Mahlke temblaba, nervioso. No prestó ninguna atención a las
palabras del conferenciante. Su mente
maquinaba un plan: sustraer la medalla
de aquel saco. Y es que el ratón de
Mahlkc no pudo menos que estremecerse
ante tamaña golosina.
El teniente comandante, tC'rminada su
conferencia, participó con los alumnos
en los ejercicios que se hacían en el
gimnasio. Para el efecto se cambió de
ropa, poniéndose un calzón rojo bandera, similar al de los demás muchachos.
Esta ocasión la aprovechó Mahlke para apoderarse de la medalla. Descubierta la pérdida, se armó la escandalera.
Gritos, reprimendas, amenazas y hasta
golpes, repartían los maestros entre los
alumnos. Pero todas estas medidas resultaron infructuosas. Mahlke llevó la
medalla hasta el dragaminas, y, ya en
la cabina, se pavoneó con la insignia
ante la Virgen. Sólo hasta entonces se
calmó su nuez.
Esta fechoría de Mahlke fue conocida
después en Horst Wessel. Su conducta
ameritó su expulsión de la escuela y se
le envió a uno de los campamentos de
habilitación para la defensa.
Ya con más años a cuestas y con una
buena formación militar, Mahlke fue
despachado al Servicio del Trabajo. Allí
siguió comportándose de manera excéntrica. En una de las letrinas, sobre las
tablas de una de sus paredes, grabó en
latín unas frases alusivas a la Virgen.
Sostuvo durante mucho tiempo relaciones intimas con la esposa de uno de los
comandantes. Finalmente, por su loable
actuación en la guerra, recibió el grado
de suboficial.
Después de derribar varios tanques
enemigos, y una vez dueño de su grado,
se presentó en la escuela a la que había asistido en su niñez y adolescencia.
Su mayor ambición era dictar una con-

•

fercncia ante sus antiguos maestros y
condiscípulos. No faltaron objeciones a
su pretensión. En otros lugares, el gimnasio y la iglesia del Sagrado Corazón,
por ejemplo, lo invitaron a dirigir algunas palabras a sus miembros acerca de
los combates. Pero las aspiraciones de
Mahlke no se reducían a exponer los
pormenores de una batalla; necesitaba
saciar el hambre de su nuez, que volvía de nuevo a exigir su golosina. El director de Horst Wessel, Klohse, poco o
nada hizo por cumplir los deseos de
Mahlke. Se concretó a aconsejarle que
pusiera en práctica la parte más elocuente y sublime de la oratoria: el silencio. El corazón de Mahlke fue presa
del resentimiento.
No tardó en presentarse para Mahlke
el momento de tomar venganza. Paseando por el barrio donde vivía Klohse
-estos paseos los hacía con todo propósito-, tropezó con él. Teniendo en
cuenta la recomendación que anteriormente le hiciera Klohse, muy calladamente descargó su ira sobre sus descoloridas mejillas, asestándole una y otra
bofetada. Su vanidad quedó nuevamente
a salvo.
Al ver frustrado el sueño de su vida,
Mahlke se entregó a la abulia. Se convierte en desertor. La guerra ya no Je
atrae. Si sus esfuerzos no son premiados,
para qué ha de arriesgarse. Nadie ha de
saber más de Mahlke.
Complementa la personalidad de Joaquín Mahlke, la descripción de la vida
en la ciudad de Danzig. Con terrible
ironía, el autor hace alusión al penetrante olor a cadáver que sofoca a sus
habitantes. Los alimentos, la ropa y otros
artículos de primera necesidad estaban
racionados. Centenares de coterráneos
perecían a diario en la defensa del führer. Grass nos habla también de la pequeñez de la ciudad. Danzig, vista por
su otra cara, la antibélica, no es más que
una provincia en la que reinan el abu-

565

�rrimiento y la monotonia. A las rarezas
de Mahlke les confiere demasiada importancia. Identificándose con sus manias se evade de la insípida realidad
provinciana. Son las a ven turas corridas
en compañía del Gran Mahlke, las que
sazonan su gris existencia.
Se mencionan, además, una iglesia
convertida en gimnasio y un gimnasio
convertido en iglesia. A pesar de las
múltiples adaptaciones y recargos ornamentales, ni el gimnasio pierde su carácter de tal ni la iglesia el suyo. Los
monaguillos -el narrador había sido
monaguillo- no asumían ninguna actitud reverente en el altar. Gastaban la
mañana en bostezar y en escrutar los
largos rostros de los cuatro o cinco feligreses fastidiados e incrédulos. A la hora
de la misa, se dirigían unos a otros preguntas en latín acerca de los buques y
tanques de guerra destruidos. Conocían
al dedillo nombres, fechas y ciudades
arrasadas. ¿ Qué hubiera sido de ellos
sin estos infantiles entretenimientos?
El reverendo Gusewski era un sacerdote común y corriente. Su fe se tambaleaba día con día. Su labor de director
espiritual no se le dificultaba gran cosa.
Para él no pasaba de ser un oficio.
Ótro aspecto de Danzig: las calles
de la osterzeile y la westerzeile. Casas
idénticas las poblaban, como producidas en serie. Sólo se diferenciaban una
de otra por el m'.!mero marcado en la
puerta. Algunas de ellas eran unifamiliares; otras albergaban más de una familia. Los cafetines, tranvías, cines, al
igual que la iglesia, el gimnasio y el
instituto, se encontraban en pésimas condiciones; condiciones, por otra parte,
muy dignas de una ciudad en guerra.
Es El Gato y el Ratón una novela de
tipo subjetivo. Todos los pormenores de
la narración, así como los elementos secundarios, tienden a la configuración de
un personaje. El estilo empleado es vigoroso, conciso y altamente individual.

Maestro de la ironía, Grass nos presenta
en esta obra a una ciudad des.trozada por
la guerra, vista a través de su juicio
burlón, casi mordaz.
La naturaleza humana es puesta al
descubierto. Los dos simbolos utilizados,
un gato y un ratón, representan el aspecto objetivo de la obra. La nuez del
protagonista es la vanidad. Y la vanidad es el más poderoso resorte que nos
impulsa a obrar. El hombre realiza grandes cosas por amor propio. Y la subestimación de sus hechos lo aniquila.

ISRAEL CAVAZOS GARZA, Cedulario Autobiográfico de Pobladores y Conquistadores de Nuevo Lean. Biblioteca de Nuevo
León, 2. Gobierno del Estado de Nuevo
León y Centro de Estudios Humanisticos
de la Universidad de Nuevo León. Monterrey, México, 1964; 25 7 pp.
UNA OBRA DE GRAN UTILIDAD para quienes desean conocer los antecedentes de
los primeros pobladores de esta región.
Estas cédulas que ofrece a la investigación, contienen datos muy importantes
sobre nombres, apellidos, actividades y
rasgos distintivos de los hombres, cuya
categoría de valientes, decididos, arriesgados y dignos, legaron a las sucesivas generaciones que tienen su arraigo desde
aquellos remotos tiempos. Para lograr datos de esta naturaleza, de tan hondo contenido social y humano, habría sido necesario revisar centenares de expedientes
que con su trabajo ha ahorrado y consecuentemente somos deudores a su acuciosa investigación.
JosÉ P. SALDAÑA
Sociedad Nuevoleonesa de Historia
... precioso y a todas luces interesantísimo Cedulario . .. ; labor benedictina
digna de encomio, en la que el lector
puede consultar cuanto quiere rápida-

•

mente, debido a los variados índices onomásticos que avaloran la obra.

J.

foNACIO DÁVILA GARIBI
Academia Mexicana de
Genealogia y Heráldica

...obra de gran utilidad para los que
gustamos de nuestra historia local y que
representa un encomiable esfuerzo de
dedicación y trabajo de su autor.
CARLOS PÉREZ-MALDONADO
Academia de Ciencias Históricas
de Monterrey
Libro de verdadero mérito de investigación histórica. Tenaz y minuciosa
obra, la que nos servirá admirablemente
de guía y libro de consulta a todos los
que nos place conocer la historia del
pasado de nuestra provincia.
PABLO SALCE ARREDONDO
Linares, Nuevo León
He revisado el tomo. . . y me doy
cuenta de que es utilísimo y se puede
decir indispensable para el que quiera
estudiar la historia del No reste de México.
DR. WoDROX BoRAH
Universidad de California
Creo que este tipo de estudios son de
gran importancia, pues contribuyen a
conocer las personas que formaron la
base de nuestras ciudades y por lo tanto
nuestros países. Tiene igualmente una
serie de elementos de importancia para
la historia social y económica de Nuevo
León.
JAVIER MALAGÓN

Secretario Técnico del Programa
de Becas y Cátedras de la OEA,
Washington
He ojeado este interesante trabajo que
viene a enriquecer la bibliografía histó-

rica mexicana. Excelente labor de investigación.
CARLOS VÍCTOR PENNA
Jefe, División de Bibliotecas, de
Documentación y de Archivos.
UNESCO, París
...habrá de prestar un gran auxilio
en las investigaciones históricas de nuestra ciudad ...
PROF. HUMBERTO RAMOS LOZANO
Secretario General de Gobierno,
Monterrey
Hermoso Cedulario... Valiosa obra,
que recuerda tanto a la de Troncoso,
editada por !caza, sobre la Nueva España.
PBRO. JosÉ EucARIO LÓPEZ
Guadalajara, Jalisco
Obra que he leído con mucho interés.
Para un trabajo que estoy realizando,
quiero utilizar el estupendo prólogo.
Lic. ERNESTO DE LA ToRRE VrLLAR
Secretario de la Comisión de Historia,
del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, México
Me parece un libro de gran utilidad.
Hacen mucha falta esas obras de "referencia" que ayudan tanto a las obras
de interpretación.
MARÍA DEL CARMEN VELÁZQ.UEZ
El Colegio de México
Muy valioso libro. Libros como éstos
vienen a enriquecer nuestra colección
para el estudio de la vida y de la cultura.
NETTIE LEE BENSON
Latín American Collection
Universidad de Texas

567

�Por su impecable y elegante impresión y por su interesante contenido, es
una verdadera joya bibliográfica que,
si no me equivoco, se convertirá en una
especie de "biblia" social de las viejas
familias del Estado y sus contornos, pues
posee un interés insuperable para los estudiosos de la ecología humana del nordeste de la República en los siglos XVI,
XVII y XVIII, principalmente. Además,
el número y sistema de los índices, tan
completos y adecuados, acreditan esta
obra como técnicamente perfecta. Y,
claro, acreditan a su autor.
Lrc. JuAN PABLO GARCÍA ALVAREZ
Sociedad Mexicana de Geografía y
Estadística
... buena prosa, lenguaje sabroso de
cronista, y de pasear los ojos por el paisaje que vieron los colonizadores del desierto.
ING. JosÉ EMILIO AMORES
Instituto Tecnológico, Monterrey
Brillante contribución científica y literaria.
LIC. RAÚL RANGEL FRÍAS
Monterrey
Importante aportación para la historia del Norte de México, y especialmente
para Nuevo León. A mí me interesaron,
naturalmente, las fichas que traen algo
de las entradas a la Huasteca. En lo que
toca a San Luis Potosí, son de interés
especial las de Miguel de Medellín y
las de los Orpinel y Escurrigüela; sobre
éstos diré que sus datos hay que buscarlos e~ los archivos del Nuevo Reino
de León y en los de la Nueva Galicia.
Hay otra ficha interesante: la de don
Antonio López de Villegas, que tenía
en San Luis Potosí el cargo de Tesorero
de la Real Caja y, en 1693, fue electo
Alcalde de Primer Voto, del Ayuntamien-

to de la ciudad citada de San Luis Potosí, según dato que vi en las Actas de
Cabildo. Tenía cargos destacados en dicha ciudad y únicamente le aventajaba
el Alcalde Mayor. Esto explica la importancia de su expedición con tan numerosa cuadrilla, al Nuevo Reino de
León, en 1694.
JOAQUÍN MEADE
San Luis Potosí
Mucho me interesa a mí esta parte de
la Historia americana, y mucho he apreciado el Diccionario de !caza y el publicado en Buenos Aires, por su enorme
utilidad. Nos falta el del Perú -hecho
y desaparecido en el incendio de la Biblioteca Nacional- y ahora se incorpora éste que merece toda clase de felicitaciones.
FRANCISCO MORALES PADRÓN
Catedrático de la Facultad de Filosofía
y Letras. Universidad de Sevilla
Libro que abre nuevos caminos al conocimiento de nuestra región y que revela capacidad de investigador y amor
al terruño.
PROF. FÉLIX NEIRA BARRAGÁN
Director de la Biblioteca Pública
Saltillo, Coahuila
Espléndido trabajo, modelo de investigación, de tesón y de amor a nuestra
historia regional.
JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA
San Luis Potosí
Obra indudablemente importante para
reconstruir el pasado del Norte, con rasgos tan particulares que merece historia
aparte.
JosÉ FUENTES MARES
Chihuahua

Cedulario . .. en donde encuentro -no
podía menos que encontrar- los Garzas, Garcías, Cantúes, Treviños y Villarreales, sin duda antecesores de los hacendosos y activos regiornontanos de
ahora.

Lic. CARLOS PRIETO
México, D. F.
Acuciosa, benedictina obra documental, de valiosa aportación histórica al
acervo de ese progresista Estado de Nuevo León, y de nuestra Patria.

mos que rebuscar, incidentalmente, datos sobre estos personajes, algunos de
los cuales, con el tiempo se esfuman.
J uuo LE RIVEREND, director
Instituto de Historia y Archivo
Nacional, La Habana
Encuentro datos que me serán muy
necesarios para enlazar los Garzas españoles y mejicanos.
FERNANDO TABOADA DE ANDRÉS
Monforte, Lugo, España

ENRIQUE CORDERO y TORRES
Puebla, Puebla

Su prólogo nos parece muy atinado,
además de erudito y ameno.

Estilo claro y sencillo de las páginas
introductorias. Las cédulas las he hojeado con sumo interés, y me parecen útiles para el estudio de Nuevo León así
como para entender el carácter del norteño.

FELIPE GARCÍA BERAZA
Centro Mexicano de
Escritores, A. C.

JoHN P. HARRISON, director.
lnstitute of Latin American
Studies. Universidad de Texas
Si el recibo de un nuevo libro constituye una especial alegría en todo bibliógrafo, puede suponerse la mía con
éste que tanto interesa en mi calidad
de catedrático de Historia del Derecho
Indiano de la Universidad de Sevilla.. .
Será utilizado en mis explicaciones sobre
Instituciones Sociales y mis alumnos trabajarán sobre él en sus estudios académicos.
DR. ANTONIO MURO ÜREJÓN
Instituto de Estudios HispanoAmericanos, Sevilla
Se trata de una interesante manera
de aprovechar los documentos legislativos de los siglos XVI y XVII. Puede
considerarse como un pequeño diccionario biográfico que será muy útil para
todos los que en algún momento tenga-

El volwnen publicado, bellamente impreso por su sobria disposición tipográfica, cogió mi curiosidad desde el primer
momento. El título es ya fascinante,
¿ Cedulario Autobiográfico? Luego uno
cae en la cuenta de lo que al autor ha
hecho. Ha entregado al estudioso, al
biógrafo, al historiador, al economista un
material de primer orden para el conocimiento de una época, material que se
encontraba enterrado y perdido en una
documentación inerte y que explotada
sagazmente se ha convertido en útil, de
agradable lectura, de importancia extraordinaria. La labor que ha tenido que
hacer para llegar el autor a estas síntesis biográficas, es enorme. Sólo podemos
apreciarla los que trabajamos en la documentación original. El libro servirá
de modelo en estos países de nuestra
América, pues yo, al menos, no conozco
otro de un género igual. La introducción, es también una novedad como ensayo de reconstrucción histórica.
GUILLERMO FELIÚ CRUZ
Profesor de la Universidad de Chile

�J. IGNACIO DÁVILA GARIBI, Apuntes para
la Historia de la Iglesia en Guadalajara.
Editorial Cvltvra; México, 1963. Tomo
tercero, 2 volúmenes; 1239 pp.
EN EL MES DE ENERO DE 1964, cumplió
Dávila Garibi sesenta años de escribir
para el público. Este lapso supone una
producción abundantísima. Y así es,
dada la laboriosidad de este autor, que
ha cultivado las investigaciones históricas, preferentemente, y cuya bibliografía
sobrepasa al centenar de libros y folletos.
Una obra, sin embargo, le ha llevado
largos años de estudio: la Historia de
la Iglesia en Guadalajara, de la cual
lleva publicados ya dos tomos. Ahora
nos brinda el tercero en dos gruesos volúmenes, tan valiosos como los primeros.
La jurisdicción vastísima del obispado
en el siglo XVIII -cuya etapa comprende este tomo- hace que la obra
se refiera a noticias no sólo del actual
estado de Jalisco, pero de la Nueva Vizcaya, Zacatecas, Nuevo Reino de León,
etc., con riqueza tal de documentación
que su consulta es imprescindible para
quien estudie este aspecto de la historia
colonial mexicana.
598 obras aparecen citadas como bibliografía; independientemente de las
fuentes originales en las que predomina
el Archivo General de Indias, de Sevilla.
La exposición sigue lapsos de gobierno
de cada prelado, ocupándose, a la vez
que del aspecto biográfico de cada uno,
de las cosas sucedidas en su tiempo;
incluyendo, al final de cada capítulo, el
texto de los documentos relativos más
importantes.
El libro de Dávila Garibi es, indudablemente, uno de los más valiosos en
su género, publicados en nuestros días.
ISRAEL CAVAZOS GARZA

570

LOTA M. SPELL, Pioneer Printer. Samuel
Bangs in Mexico and Texas. University
of Texas Press. Austin, 1963; 230 pp.

aportación a la historia de la cultura de
esta región.
ISRAEL CAVAZOS

LA SEÑORA SPELL, quien ha publicado
tan eruditos y apreciables estudios sobre
historia colonial mexicana, venía trabajando, desde hace largos años, en una
investigación, la más importante indudablemente emprendida por ella: la historia de la imprenta en Texas y en el
noreste de México.
Y ha logrado con creces su propósito,
al ofrecernos, en un volumen impecablemente impreso, su trabajo titulado:
Pioneer Printer . ..
La autora logra su objetivo al obtener, en forma que pudiéramos decir
exhaustiva, toda la información sobre un
tema de tan fundamental interés para
la historia cultural de esta zona.
Y ha sabido seguir las huellas del
impresor más destacado: Samuel Bangs,
hasta en sus menores detalles; relatando,
de paso, acontecimientos trascendentales
en la lucha por la independencia de
México, particularmente los relativos a
la expedición de Francisco Javier Mina;
o, más tarde, los de la azarosa época
del federalismo y el centralismo, y de la
Guerra de Texas.
Se trata, por lo mismo, de un estudio
meritísimo y a todas luces fehaciente,
por cuanto a que las fuentes a que acude la autora: archivos, bibliotecas, colecciones particulares, etc., son abundantes y la bibliografía utilizada copiosísima.
Testimonio de esta pesquisa minuciosa,
lo es la lista que modestamente llama
"tentativa", de 359 impresos de Bangs,
localizados en Monterrey, Saltillo, Victoria, Galveston, Houston, Corpus Christi, Matamoros, etc.
La obra, que como todas las salidas
de las prensas ·de la Universidad de Texas, cuenta con excelente índice analítico, constituye, insistimos, una valiosa

GARZA

DR. Lucro MENDIETA v NúÑEz e ING.
Lurs G. ALCÉRRECA, Un Anteproyecto de
Nuevo Código Agrario. Centro de lnv.
Agrarias, México, 1964.
ACABA DE APARECER la publicación que
bajo el título de Un Anteproyecto del
Nuevo Código Agrario, el Doctor Lucio
Mendieta y Núñez y el lng. Luis G.
Alcérreca presentan a los estudiosos de
esta importante materia, con objeto de
dar a conocer esta contribución dirigida
a modificar el Código actualmente en
vigor.
Atendiendo a una invitación oficial,
hecha en el año de 1961, el Doctor Lucio Mendieta y Núñez en unión del lng.
Luis G. Alcérreca, se dieron a la tarea
de elaborar este anteproyecto, el que a
su vez, debería servir como base de discusión a un grupo selecto de especialistas que colaborarían con ellos para la
formulación de un proyecto definitivo.
Enmarcado dentro del ámbito constitucional, el trabajo en cuestión ofrece
soluciones para todos los problemas jurídicos y prácticos que plantean las actuales leyes agrarias, en el aspecto básico
de la redistribución y . tenencia de la
tierra.
La obra que comentamos, consta de
278. páginas y después de la Advertencia
Preliminar, de la Introducción y de la
Breve Exposición de Motivos, ésta se
divide en 12 libros, en los que quedan
comprendidos los diversos problemas de
la materia agraria, principiando por la
organización y competencia de las autoridades agrarias y ejidales, así como sus
atribuciones.
En el Libro Segundo, se estudia lo
relativo a la redistribución de la Propiedad Agraria, y sobre este punto el

Doctor Mendieta y Núñez señala el que
"Los extremistas de izquierda pretenden
la colectivización de las tierras ejidales.
Desde un punto de vista teórico, abstracto, es indudable que la explotación
colectiva de los ejidos resulta más ventajosa que la individual porque uniendo
muchas parcelas pequeñas se pueden
emprender trabajos agrícolas en gran escala que procurar mejores rendimientos
y grandes ahorros.
"Pero lo que no parece recomendable
es la colectivización forzosa de los ejidos porque es contraria a nuestro régimen constitucional de libertad y a la
tradición jurídica de nuestras instituciones agrarias".
También la obra se refiere, dentro del
Libro Segundo, a la restitución de tierras y aguas, a las Propiedades inafectables por restitución, Dotación de Tierras
y Aguas, Capacidad de los Núcleos de
Población, Capacidad Individual en Materia Agraria, Bienes Afectables, Dotación de Tierras, Dotación de Aguas, Ampliaciones de Ejidos, Redistribución de
la Propiedad Rural y Nuevos Centros
de Población Agrícola, Bienes lnafectables por Dotación, Ampliación o Creación de Nuevos Centros de Población
Agrícola, de los Certificados de Inafectabilidad Agrícola y Ganadera, la Empresa Ganadera, Nulidad de los Fraccionamientos y Bienes Comunales.
En el Libro Tercero, se estudia lo
relativo al Régimen de Propiedad y explotación de Bienes Ejidales y Comunales, el Régimen de Propiedad, Propiedad de los Núcleos de Población, División y Fusión de Ejidos, Derechos Individuales sobre la Propiedad Ejidal, la
zona de urbanización ejidal, la Parcela
Escolar, Expropiaciones e Indemnizaciones Agrarias, Régimen Fiscal de los Bienes Ejidales, Explotación de Bienes Ejidales y de los pertenecientes a Núcleos
Comunales, Disposiciones Generales, Crédito para los ejidatarios y comuneros y

571

�para los agricultores de Nuevos Centros
de Población Agrícola Fondo Común de
los Núcleos de Población, de las Comunidades Agrarias y de los Nuevos Centros
de Población Agrícola, El Fondo Nacional de Fomento Ejidal, Medios complementarios de Distribución de la Propiedad Territorial, Terrenos baldíos y
nacionales, De los terrenos baldíos, nacionales y demasías, De los deslindes,
Fraccionamientos de latifundios, Nulidad
de contratos y concesiones, De los Nuevos Centros de Población Agrícola, Disposiciones Generales, Los Nuevos Centros de Población Agrícola tipo colonia,
Fomento y promoción ejidal.
En el Libro Quinto, se trata lo relativo a los Procedimientos Agrarios de
los Organos de Justicia Agraria, El Cuerpo Consultivo Agrario y las Comisiones
Agrarias Mixtas, de la Procurad u ría de
Asuntos Agrarios y de los Asesores Particulares, del Cuerpo de Ingenieros y
Postulantes del Departamento Agrario,
Dotación y Restitución de Tierras y
Aguas, Disposiciones comunes, Restitución de tierras, bosques y aguas, Primera
Instancia para dotación de tierras, Segunda Instancia para la dotación de tierras, Dotación de aguas, Ampliación de
ejidos, del incidente de respeto a la
pequeña propiedad agrícola en explotación, Fraccionamiento de ejidos y titulación de parcelas ejidales, De las
Asambleas Generales de Ejidatarios, Nuevos Centros de Población Agrícola, Permutas, fusión, división y expropiación de
ejidos, Permutas de bienes ejidales, Fusión y división de ejidos, Expropiación
de bienes ejidales.
El Libro Sexto está referido a Inaf ectabilidades, de los certificados de Inafectabilidad, de los procedimientos para
la expedición de Certificados de Inafectabilidad, de la Empresa Ganadera.
El Libro Séptimo, trata de las Nulidades en Materia Agraria, Nulidad de
Fraccionamientos, Nulidad de la Asam-

572

blea, de los Certificados de Inafectabilidad y de los actos y documentos contrarios a las leyes agrarias y de la Nulificación de Contratos y Concesiones.
El Libro Octavo toca lo relativo a la
Titulación y deslinde de bienes comunales, Titulación de bienes comunales,
Conflictos por límites de Bienes Comunafos, Primera Instancia, Conflictos por
límites de Bienes Comunales, Segunda
Instancia, deslinde de Bienes ejidales.
El Libro Noveno está referido exclusivamente a la Privación de Derechos
Ejidales.
El Libro Décimo estudia lo relativo a
los conflictos ejidales, del Procedimiento
Conciliatorio, del Procedimiento Sumario ante las Comisiones Agrarias Mixtas
y del Procedimiento sumario ante el Departamento Agrario.
El Libro Decimoprimcro está referido
al Registro Agrario Nacional.
El Libro Decimosegundo toca lo relativo a las sanciones en materia agraria, así como a las causas de responsabjlidad y sanciones, y los procedimientos
para ser efectivas las responsabilidades
y las sanciones en materia agraria.
Es de hacerse notar, la valiosa contribución que en la materia agraria y
jurídica representa este importante estudio, en el que se destaca la experiencia
y los conocimientos del eminente sociólogo mexicano Doctor Lucio Mendieta y Núñez, en esta su contribución al
Derecho Agrario Mexicano.
Lrc.

ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

SIN. Organizaciones Internacionales no
Americanas. Washington, D. C., 1964.
HAN srno ENVIADAS a las Facultades de
Derecho de América dos importantes publicaciones del Instituto Norteamericano
de Estudios Jurídicos Internacionales. La
primera, lleva como título el de Organizaciones Internacionales no America-

nas
(instrumentos
constitucionales),
Washington, D. C., 1964 y la segunda,
Instrumento Relatíuo a la Integración
Económica en América Latina.
En la primera de las obras que se
mencionan, o sea la referida a las Organizaciones Internacionales No Americanas, vemos que el contenido trata los
siguientes temas:
A). Organización de las Naciones Unidas, Capítulo que incluye tanto la carta
de la ONU, como el Estatuto de la
Corte Internacional de Justicia.
B). Organismos Especializados Vinculados a Naciones Unidas : Convenios sobre el Banco Internacional de Reconstitución y Fomento; Convenio sobre el
Fondo Monetario Internacional; Construcción de la Organización de las Naciones Unidas para la educación, la
Ciencia y la Cultura; Constitución de
la Orga¡1ización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación;
Constitución de la Organización Mundial de la Salud; Constitución de la Organización Internacional del Trabajo;
Convenio Postal Universal; Convenio
Internacional de Telecomunicaciones;
Convenio de Aviación Civil Internacional; Convención Relativa a la Organización Consultiva Marítima Intergubernamental; Convención de la Organización Meteorológica Mundial y Estatuto
del Organismo Internacional de Energía Atómica.

C). Organizaciones Regionales: Estatuto del Consejo de Europa, Convención
Europea para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales y Protocolo; Tratado por el
que se Instituye la Comunidad Económica Europea; Convención sobre la Organización de Cooperación y Desarrollo
Económicos; Tratado del Atlántico Norte; Tratado de Amistad, Cooperación y
Asistencia Mutua; Pacto de la Liga de

los Estados Arabes y Carta de la Organización de la Unidad Africana.
En la segunda de las obras publicadas por el Instituto Interamericano de
Estudios Jurídicos Internacionales, la que
lleva por título Instrumentos Relativos
a la lntegraci6n Econ6mica en América
Latina, vemos que su contenido comprende los siguientes tópicos:
A). El Mercado Común Centro Ame ricano. Libre Comercio: Tratado General de Integración Económica Centroamericana, suscrito en Managua el 13
de diciembre de 1960; Instrumento de
adhesión de Costa Ricá al Tratado General, suscrito en San José el 23 de
julio de 1962; Protocolo al Tratado General que comprende las listas de los
artículos sujetos a regímenes transitorios
de excepción al libre comercio entre
Costa Rica y cada uno de los demás
Estados Miembros, suscristo en Tegucigalpa el 16 de noviembre de 1962; Tratado Multilateral de Libre Comercio e
Integración Económica, firmadn en Tegucigalpa el 10 de junio de 1958; Tratado de Asociación Económica entre las
Repúblicas de Honduras, Guatemala y
El Salvador, firmado en Guatemala el
5 de febrero de 1960.
Equiparación Arancelaria: Convenio
Centroamericano sobre Equiparación de
Gravámenes a la Importación, firmado
en San José el lo. de septiembre de
1959; Protocolo sobre Preferencia Ar.ancelaria Centroamericana al Convenio
Centroamericano sobre Gravámenes a la
Importación, firmado en San José el lo.
de septiembre de 1959; Protocolo de
Managua al Convenio Centroamericano
sobre Equiparación de Gravámenes a la
Importación, firmado el 13 de diciembre de 1960; Protocolo suscrito el 31
de julio de 1962, por el que Costa Rica
se adhiere al Protocolo de Managua;
Protocolo de San José al Convenio Centroamericano sobre Equiparación de Gra-

573

�vámenes a la Importación, suscrito el
31 de julio de 1962; Protocolo de San
Salvador, al Convenio Centroamericano
sobre Equiparación de Gravámenes a la
Importación, suscrito el 29 de enero de
1963.
Régimen Industrial: Convenio sobre
el Régimen de Industrias Centroamericanas de Integración, suscrito en Tegucigalpa el 10 de junio de 1958; Protocolo al Convenio sobre el Régimen de
Industrias Centroamericanas de Integración, suscrito en San Salvador, el 29 de
enero de 1963; Convenio Centroamericano de Incentivos Fiscales al Desarrollo
Industrial, suscrito en San José el 31
de julio de 1962.
Régimen Financiero: Convenio Constitutivo del Banco Centroamericano de
Integración Económica, suscrito en Managua el 13 de diciembre de 1960, e
instrumento de adhesión de Costa Rica; Convenio Constitutivo de la Cámara
de
Compensación
Centroamericana;
Convenio de Compensación y de Créditos Recíprocos entre los Bancos Centrales Miembros de la Cámara de Compensación Centroamericana y el Banco
de México, S. A.; Protocolo al Tratado
General de Integración Económica Centroamericana. Código Aduanero Uniforme Centroamericano.
Otros Instrumentos: Reglamento del
Consejo Ejecutivo del Tratado General
de Integración Económica Centroamericana; Nota sobre privilegios e inmunidades; Notas sobre el Acuerdo Regional
,Centroamericano para la Importación
Temporal de Vehículos por Carretera;
el Acuerdo Centroamericano sobre Circulación por Carreteras; y el Acuerdo
Centroamericano sobre Señales Viales
Uniformes; Notas sobre el Comité de
Cooperación Económica del Istmo Centroamericano; el Instituto Centroameri-

cano de Investigación y Tecnología Industrial (ICAITI) y la Escuela Superior de Administración Pública América
Central (ESAPAC).
B. La Asociación Latinoamericana de
Libre Comercio:
Tratado que establece una Zona de
Libre Comercio e instituye la Asociación
Latinoamericana de Libre Comercio, suscrito en Montevideo el 18 de febrero
de 1960, y Protocolos adicionales;
Resoluciones sobre Funcionamiento y
organización de la ALALC; Reglamento
de la Conferencia de las Partes Contratantes ALALC, Resolución 35 (11);
Reglamento del Comité Ejecutivo Permanente. ALALC, Resolución 19 (1);
Acuerdos sobre Privilegios e Inmunidades de la ALALC en el territorio de los
Estados Miembros. ALALC, Resolución
6 ( 1) ; Acuerdo entre el Gobierno de
Uruguay y la ALALC sobre privilegios
e inmunidades en territorio uruguayo.
ALALC, Resolución 7 ( 1); Remitiendo
al GATT las respuestas al cuestionario
presentado por dicho Organismo sobre
Disposiciones del Tratado de Montevideo, Protocolos y Resoluciones Complementarias. CPM/Res. 21; Sistema de votación de la Conferencia. ALALC, Res.
68 ( 111) y Nota informativa, doc.
ALALC/C. II!/de 1 l.
C). Otros documentos:
Convenio Constitutivo del Banco Interamericano de Desarrollo ( Artículos
seleccionados) ; Carta de Punta del Este
(Título Tercero); Resoluciones aprobadas en la 1 y 11 Reunión Anual del
CIES al Nivel de Expertos y al Nivel
Ministerial; BID. Reglamento para el financiamiento de las exportaciones de
bienes de capital.
Anexo: Bibliografía sobre integración
económica latinoamericana.

CANJE

PUBLICACIONES RECIBIDAS
(1964)

ALEMANIA

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GROTZER, PETER, La Conscience du Temps dans l'Oeuvre de Gabriel Marcel (Essai
de Critique Litteraire), Faculté des Léttres de l'Université de Zurich, 1962.
KUHN MEIERHANS, DoRtS, Le Curé de Tours Studie zur Macht und Ohnmacht des
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MATTA, SvETLANA, Existence po·etique de Bacovia, Faculté des Lettres de l'Université de
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PFISTER, MAx, Die Entwicklung der inlautenden Konsonanten-gruppe -PS- in deln
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No. 16 (Octubre-Diciembre 1962) (Compilaciones Especiales) No. 16 (OctubreDiciembre 1962) - No. 17 ( Enero-Marzo 1963) Compilaciones especiales, No. 17
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pp.). Dirección de Investigaciones Folklóricas. Universidad Central de las Villas,
1962. Segunda A/canela del Artesano. Direcci6n de Publicaciones, Universidad Central de las Villas, 1962 Caminante Montés (1955-59). Direcci6n de Publicaciones,
Universidad Central de las Villas, Santa Clara, 1962. El girasol sediento. Direcci6n
de Publicaciones, Universidad Central de las Villas, Santa Clara, 1963. Sonetos en
Cuba. Direcci6n de Publicaciones, Universidad Central de las Villas, Santa Clara,
1964. Cuerda Menor, Editora del Consejo Nacional de Universidades, Universidad
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ECUADOR

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Anales de la Universidad de Cuenca. Publicación Trimestral, Cuenca, Tomo XIX, No.
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Boletín de la Academia Nacional de Historia. Quito, XLV, No. 102, (Julio-Diciembre,
1963) - Vol. XLVI, No. 103 (Enero-Junio de 1964).
DE LA ToRRE REYES, CARLOS, Incorporación a la Academia Ecuatoriana de Historia.
Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1963.
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las Villas, Santa Clara, 1963.
MARINELLO, JuAN, Meditación Americana (cinco ensayos), Dirección de Publicaciones.
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Revista de la Universidad de Costa Rica, San José, C. R., No. 24 (Noviembre, 1963).
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Pragensia II ( 1962) - Philosophica et Historica 2, Aestetica ( 1962) - Philosophica
et Historica 3 (1962) - Philologica 3, Slavica Pragensia IV (1962) - Philosophica et
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Archivo Ibero-Americano, Revista trimestral de Estudios Históricos, publicada por los
PP. Franciscanos, Madrid, Año XXIII, No. 90-91 (Abril-Septiembre, 1963) - No.
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CEPEDA CALZADA, PABLO, La vida como sueño (Reflexiones sobre la conciencia Española), Librería Editorial Augustinus, Madrid, 1964.
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1963} - No. 6 (Novembre-Dicembrc, 1963).
Rivista di Estética. Instituto di Estética dell'Universitá di Torino, Torino, Anno VIII,
fascicolo I ( Gcnnaio-Aprile, 1963} - fascicolo II (Maggio-Agosto, 1963} - fascicolo
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JAPÓN
Bigaku, is published quarterly, in collaboration with Bijutsu Shuppan-Sha, by the
Japanese Society of Aesthetics, Faculty of Letters, Tokyo University, Tokyo. Vol. II,
No. 1 (July, 1960) - No. 2 (Septembcr, 1960) - No. 3 (December, 1960) - No. 4
(March, 1961). Vol. 12, No. 1 (June, 1961) - No. 2 (September, 1961) - No. 3
(December, 1961) - No. 4 (March, 1962). Vol. 13, No. 1 (June, 1962 - No.
2 (September, 1962) - No. 3 (December, 1962) - No. 4 (March, 1963). Vol. 14,
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de 1950) - No. 4 (Febrero de 1950) - No. 5 (Marzo de 1950) - No. 6 (Abril de
1950) - No. 7 (Mayo de 1950) - No. 8 (Junio, 1950) - No. 9 (Julio y Agosto
de 1950) - Nos. 3, 11 y 12 (Octubre, 1950). Año III, No. 3 (Enero, 1951) - Nos.
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582

583

�Acabóse de imprimir el día I O
de abril de 1965 en los Talleres de la Editorial ]us, S. A.
Plaza de Abasolo número 14,
Col. Guerrero. México 3, D. F.
El tiro fue de 1,000 ejemplares.

Ejemplar

N9

0773

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Humanitas, Sección Ciencias Sociales, 1965, No 6, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>XV Congreso de Sociología</name>
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                    <text>d) Un proyector de películas,
e) Una planta Diesel generadora de energía eléctrica de 10 kilowatts, y
f) 50 ó 100 receptores de televisión para distribuir adecuadamente.
Para tales transmisores móviles se pueden utilizar canales altos (Ultra High
Frecuency) con receptores adaptados.
Para algunas zonas incomunicadas del país, puede pensarse también en la
utilización de transmisores móviles de radio de 50 watts de potencia y receptores de baterías de una sola banda. Se recomienda para tales casos el uso
de la banda de frecuencia modulada por ser más despejada y por tener mejor sonido.
Hemos querido en este breve trabajo hacer proposiciones de carácter práctico que pueden ponerse en marcha en breve tiempo. Consideramos que el
tema de la educación es el más importante y por ello le hemos dedicado el
mayor espacio. Procuramos explicar en la parte final, el porqué de las proposiciones y sus medios de realización.
El anterior estudio fue presentado
por la Comisión Nacional de Estudio
de la Radiodifusión. Presidente: Lic.
Lurs M. FARÍAs. Colaboraron: Lic.
JosÉ Lurs FERNÁNDEZ, LIC. E. GurLLERMO SALAs, Lic. EMILIO VELAsco,
DR. JosÉ GUADALUPE MAINERO, LIC.
MoxsÉs ÜCHOA CAMPOS, DR. FERNANDO RosANO y Sr. GurLLERMo MoRALES B.

606

Sección Quinta

~
NOTICIAS Y RESENAS
BIBLIOGRAFICAS

�LA CULTURA MEXICANA POST-REVOLUCIONARIA.
Comentarios al Volumen "MÉXICO. 50 años de Revolución"
IV. La Cultura. (Fondo de Cultura Económica, 1962).

Por el Dr. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

EL INFLUJO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA en la cultura, es tema -y problema- del
IV tomo publicado por la Editorial del Fondo de Cultura Económica, bajo el título de
MÉx1co. 50 años de Revoluci6n. IV. LA CULTURA. El propósito, loable ciertamente, no
requiere discusión. La realización, en cambio, necesita un detenido examen. Ante todo
hay que hacer notar la falta de un coordinador que evite las innecesarias interferencias
y repeticiones de los temas. En los Capítulos LXI y LXII, por ejemplo, se habla de
literatura y de teatro. Y claro está, al hablar de literatura, en el primero de los capítulos citados, no se puede dejar de tocar el teatro. Seis capítulos de los dieciocho que
integran el libro, están dedicados al tema de la educación. Los diversos enfoques del
mismo tema, no han impedido la repetición de problemas y la divergencia de criterios.
He aquí la temática y los colaboradores del denso volumen de 635 páginas: a) Perspectivas de la Educaci6n, por Jaime Torres Bodet; b) Análisis de la Acci6n Educativa,
por Celerino Cano; c) La Educaci6n Preescolar y Primaria, por Víctor Gallo M.; d)
La Educaci6n Media, por Francisco Larroyo; e) La Educaci6n Superior, por Porfirio
Muñoz Ledo; f) La Educación Técnica, por Víctor Bravo Ahuja; g) La Investigación
Físico-Matemática, por Alberto Barajas; h) La Historiografía, por Edmundo O'Gorman;
i) La Antropología, por Eusebio Dávalos Hurtado; j) Las Artes Plásticas, por Antonio
Luna Arroyo; k) Arquitectura y Urbanismo, por Luis González Aparicio, Jorge L.
Medellín, Pedro Ramírez Vázquez y Ricardo Robina; 1) La Literatura, por José Luis
Martínez; m) El Teatro y el Cine, por Antonio Magaña Esquive!; n) El Desarrollo
Editorial, por Antonio Acevedo Escobedo; o) La Música, por Gerónimo Vaqueiro Fóster; p) La Música Tradicional, por Vicente T. Mendoza; q) El Pensamiento Filosófico,
por Emilio Uranga; r) El Periodismo, por Mario Rojas Avendaño.
Una de las más graves críticas que se le podría hacer a la obra, objeto de nuestro
comentario, es la de omitir, casi sistemáticamente, la cultura/ de la provincia mexicana.
En muchas ocasiones, hubiesen sido más exactos, los editores, si en vez de usar la palabra México, escribieran francamente, México, D. F. Tal parece que opera en la mayoría de los colaboradores de la obra, consciente o inconscientemente, aquel refrán lesivo de la mexicanidad: "Fuera de México todo es Cuautitlán". Alguna vez escribí

609
H39

�un articulo, en defensa de la provincia mexicana -tan injustamente postergada, publicado en la misma capital de la República, bajo el título de Fuera de Cuautitlán no
hay verdadero México. Salvo contadas excepciones, el libro adolece de una falta de
perspectiva nacional. El provincianismo del Distrito Federal empaña una visión más
integral, más mexicana de la cultura. emanada de la Revolución.
El estudio del Dr. Jaime Torres Bodet, tiene la intención primordial de apuntar un
tipo de enseñanza, sin discriminaciones y sin prejuicios, que estimule la diversidad de
las facultades del mexicano: comprensión, sensibilidad, carácter, imaginación y creación.
Se trata de preparar un mexicano "dispuesto a la prueba moral de la democracia",
interesado en el progreso de la nación, apto y previsor, sensato y patriota. Se parte de
la necesidad de la instrucción elemental. "Por razones principalmente económicas, centenares de miles de niños mexicanos abandonan la escuela a partir del segundo grado,
cuando no -como muchos lo hacen- desde el primero" (pág. 4). Se habla de las
realizaciones: nuevas aulas, nuevas escuelas normales, nuevos Centros Regionales de
Enseñanza Normal. . . Se advierte la necesidad de contar con maestros capaces que
sean hombres, ante todo, y no compendios de fórmulas pedagógicas. Se destaca, por
su importancia, el problema de la enseñanza .primaria rural. Quiérese eliminar la plétora verbalista, iluminando la enseñanza en su importancia intrínseca, en su valor de
ejecución práctica y en su necesaria interdependencia en la acción y para la acción. Se
recuerda el éxito alcanzado por las 10 Misiones Culturales Motorizadas y se advierte
que la segunda enseñanza no puede concretarse a fabricar candidatos para las Facultades de la Universidad. En otras palabras, se busca, desde Moisés Sáenz, la democratización de la escuela secundaria. Se trata de la formación de la adolescencia. Para ello
es preciso robustecer algunas "constantes": conocimiento de las matemáticas, conocimiento del idioma, adiestramiento práctico, educación física y educación cívica. La
educación secundaria -menester es recordarlo--- es el nervio de todo progreso cívico
y no un paso obligado al Bachillerato.
En el plano de la enseñanza universitaria, se hace notar la autonomía de la Universidad Nacional de México y el régimen autónomo de algunas universidades de provincia. Se dice que la "Federación otorga a las principales casas de estudio en sostén
presupuestorio que crece año tras año y ha empezado a buscar un equilibrio más justo
entre las sumas destinadas a los establecimientos del Distrito Federal y los que trabajan
en los Estados. Urge, en efecto -nos dice Torres Bodet- , luchar contra la centralización excesiva de la enseñanza superior en la capital" (pág. 15). Desgraciadamente -nos
permitirnos advertir por nuestra propia cuenta- la macrocefalia cultural que debilita
a la provincia mexicana, perdura y se acrecienta. Este año de 1963 -válganos como
ejemplo---, la Universidad Nacional Autónoma de México recibió doscientos veinte millones de pesos (presupuesto mayor al de cualquier estado de la República Mexicana)
mientras a la Universidad de Nuevo León, le fue concedido un subsidio de cinco millones. El Secretario de Educación Pública advierte la importancia de robustecer a las
Universidades de los Estados. Y promete consagrar a ella un esfueno mayor en lo sucesivo. Es claro que las Universidades de provincia deben desarrollar sólo ciertas escuelas o facultades, articulándose con otras instituciones de la misma región (geográfica
o económica), para cubrir, en conjunto, la perspectiva de las diferentes disciplinas. Se
requiere una planeación nacional. Para constituir centros orgánicos --de pensamiento
y de acción- que transmitan y renueven la cultura. Nada aprovecha el progreso tecnológico cuando no está presente el sentido del humanismo. No se trata de "técnicas o
humanidades" sino de, humanidades y técnicas a la vez. El ilustre poeta y humanista

nos habla de casos de inteligencia que sean, al mismo tiempo, casos de solidaridad
social. Y concluye su estudio -hondo, luminoso--- con el capítulo de la enseñanza
a~tís~ica. El Instituto Nacional de Bellas Artes mantiene, depura y eleva el gusto del
publico, por una parte; y, por la otra, enseña directamente las técnicas artísticas necesarias. En conclusión, don Jamie Torres Bodet señala el abismo que media entre prometer educación para todos y dar a todos educación. Percatarse del obstáculo, honradamente, es ya una esperanza de vencerlo. La victoria final está en manos de la energía
y del patriotismo de nuestro pueblo.
En Análisis de la Acci6n Educativa, Celerino Cano nos ofrece la obra educativa de
la Revolución en cifras, la acción reguladora del plan educativo y un perfil --demasiado
esquemático- del sistema educativo nacional. En su Introducción pasa una rápida revista a las obras realizadas por los diversos Secretarios de Educación Pública desde
.
'
Justo Sierra hasta nuestros días. Resulta injustificable la omisión de la obra educativa
de José Vasconcelos, la más ilustre de las que se han llevado a cabo en México. La
actual Secretaría de Educación Pública -creación de José Vasconcelos-- la divide su
iniciador en tres departamentos principales: el de las Escuelas, para impartir tanto enseñanza científica y técnica como teoría; el de Bibliotecas, para difundir las lecturas en
todo el país; el de Bellas Artes, para fomentar la cultura artística ( canto, dibujo,
gimnasia Y estudio de artes especiales en las Escuelas). Y con el ejemplo y la devoción
que le habían suscitado los misioneros españoles, crea el Departamento de Enseñanza
Indígena a cargo de un escuadrón de maestros que se debían inspirar en la obra de
los misioneros. El actual Secretario de Educación, Dr. Jaime Torres Bodet, ha tributado,
a la obra educativa de José Vasconcelos, el debido y justo homenaje. Resulta inexplicable el silencio de Celerino Cano.
Asegura el autor que "en el movimiento precursor y en el período de la lucha armada, la revolución consideró a los maestros como fieles representantes del espíritu de
emancipación; y al asumir el gobierno, ha hecho que la integridad de su pensamiento y
de su esfueno se haga sentir al investigar, al planear y al ejecutar la obra educativa"
(pág. 32). No precisa, el señor Celerino Cano, Jo que es ese "espíritu de emancipación".
Se limita a recordar los puntos de aprobados por el Consejo Nacional Técnico de
Educación, en su Segunda Asamblea Nacional Plenaria, para configurar el tipo de
maestro ideal: a) hombre cabal; b) ciudadano ejemplar; c) patriota insobornable;
d) trabajador incansable y valeroso; e) profesional de gran calidad.
La obra educativa de la revolución en cifras está presentada con datos escuetos que
requieren una ulterior interpretación. Se nos dice el número de jardines de niños
(1,040), de escuelas de educación indígena (196), de escuelas primarias (32,000), de
escuelas secundarias ( 845), etc. Se da el dato de los párvulos, niños alumnos y jóvenes
que asisten a esas instituciones educativas, pero no se ofrecen las cifras de los niños y
jóvenes en edad escolar que existen en la República 'Mexicana. El estudio de Celerino
Cano, concluye transcribiendo los datos globales del presupuesto de educación desde
1888 hasta 1962.
Víctor Gallo M. presenta, en el volumen comentado, un extenso estudio de carácter
histórico, primordialmente, sobre "La educación preescolar y primaria". "La Educación de México -nos dice en su Introducción- refleja, de manera directa, las
inquietudes del pueblo a través de las etapas culminantes de su historia" ( pág. 43).
El trabajo está estructurado en cuatro capítulos: l. La época prerrevolucionaria ( características económicas, sociales, políticas y culturales del país; proyecciones de la reforma
educativa; la política educativa del sector progresista, fundación de los jardines de

610
611

�niños, creación de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. teoría pedagógica
en las postrimerías del siglo X'IX). II. El período armado de la Revolución (precursores
de la reforma educativa; el partido democrático; las escuelas "rudimentarias"; fracaso
de la "instrucción rudimentaria"; Justo Sierra, precursor ele la reforma educativa;
encuesta nacional sobre escuelas rudimentarias; inquietudes pedagógicas de la Revolución; reorganización de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes; el sector
radical del Congreso Constituyente; características de la educación preescolar y primaria hasta el período preconstitucional). 111. A partir de la Constitución de 1917
reestructuración demográfica; principios educativos de la Comtitución de 1917; teoría
educativa; iniciación del sistema educativo de la Revolución, doctrina y política educativas en el período de realizaciones; creación de la Secretaría de Educación Pública,
jardines de niños, maestros misioneros y casas del pueblo; escuelas rurales y misiones
culturales; casa del estudiante indígena e internados indígenas, escuelas centrales agrícolas y regionales campesinas; sistemas experimentales; alfabetización y libros de texto;
demografía y presupuestos; balance general de la obra educativa de la Revolución: a)
satisfacción progresiva de las necesidades educativas, b) déficit en la educación preescolar y primaria, e) medios para la resolución integral del problema educativo; lucha
por el control de la educación. A modo de epílogo, \'íctor Gallo M. nos ofrece un
esbozo -poco afortunado por cierto- de la "Filosofía educativa de la Revolución
mexicana". Y decimos poco afortunado, porque el autor nada nos precisa de la esencia,
fundamentos y fines de la educación revolucionaria. Se limita a señalar corrientes -Justo Sierra, José Vasconcelos, Antonio Caso, Samuel Ramos...- y a apuntar los principales propósitos de la Revolución: Independencia nacional, mejoramiento del nivel
de vida del pueblo y régimen democrático, sin cuidarse de estudiar el modo concreto
de articularse, esos postulados, en el contenido educativo. En unas cuantas líneas se
enuncian, con cierta vaguedad, los fines de la educación revolucionaria -educación
para la paz, conocimiento integral del niño mexicano, sentido de la democracia- y los
métodos -libertad y espontaneidad del niño en un ambiente social. Se advierte, con
razón, la necesidad de contar con maestros que hagan de su magisterio una misión de
vida y se concluye demandando el auxilio de la iniciativa privada.
¿ Cuáles son las disposiciones fundamentales del educando que hay que favorecer?
¿ Cuáles son las normas fundamentales de la educación? ¿ Cómo podremos hablar de
preparación del hombre para la vida si no inquirimos cuál puede ser la finalidad de la
vida? No me corresponde desarrollar, en una reseña como la presente, la temática
implícita en las interrogantes apuntadas. Pero me parece que un capítulo como el de
Víctor Gallo M., que se titula "Filosofía educativa de la Revolución mexicana" no
debería eludir la problemática y la sistemática exigidas por el título enunciado.
En su trabajo "La Educación Media", Francisco Larroyo realiza un estudio serio,
documentado, metódico. Desgraciadamente se carece, en esta investigación, de una
auténtica perspectiva nacional, porque se piensa "que lo que se haga en el Distrito
Federal y Territorios para promover la educación popular revestiri un interés indiscutible para la nación entera" (pág. 81). Nosotros no dudamos del interés ejemplar que
revista, para la nación entera, lo que de educación se haga en el Distrito y territorios
federales, lo que ponemos en tela de duda es la suficiencia de esa tarea. Larroyo
procede, en su estudio sobre la enseñanza media, en plan histórico. Traza, primero,
las primitivas bases sentadas por el Lic. Nemesio García Naranjo -cuando fue Secretario del Despacho de Instrucción Pública y Bellas Artes- para superar el plan positivista: Nueva distribuci6n de materias e incremento de la formaci6n filosófica y de

los estu~os literarios. Se recuerdan los cuadros de en pragmática norteamericana del p f
M . ,
senanza, no exentos de influencia
'
ro esor , 01ses Sá . 1 ·
por don Ezequiel A. Chávez
1 E
• . enz, e sistema de créditos ideado
en a scuela :,i;ac,onal p
.
apuntar las nuevas orientaciones
. d
rcparatona. Se concluye por
, a partir e 1g?? c a d 1 Lº
,.
Pe ano ocupó la Escuela N •
p
~~, u n e ,c. \ 1cente Lombardo
T
d 1,, d
ac1ona1 reparatona. "L
.
os . En mano de 1922 se verificó 1 .
.
a nusma oportunidad para tola República. Aunque el plan de e t de_ primer Congreso de Escuelas preparatorias de
d
s u 10s aprobado en
¡
amente sobrecargado se cstablecic o . d bº
aquc entonces resultó despiada•
'
r n m u 1tablcs proo. )
,,r:sos. a Bases para aquilatar
1a capacidad creadora del educand . b)
en la República; c) medios idóneosº'
nolrm~s para uniformar la segunda enseñanza
·
d
para se ecc1onar el p
1d
c10nes e segunda enseñanza. d) 1
.,
.
ersona ocente de las institu.
,
e evac1on del mvel d ¡
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c1endo depender éstos de n· . ºd d
e os estu 10s preparatorios ha
.
u J\ ers1 a es o conse · d
d
.,
,
•
gráfica y estímulo para los autores mexica
d
e e ucac1on; e) consulta biblioque disfrutan de la enseñanza media, haci:º¡'96~ :s de. texto. El número de alumnos
que en la época del presidente p fº . D'
'
proximadamente de 10% mientras
1
or mo ¡az apen
.
11
a tarea de preparar maestros es en extrem d .. as s1 se egaba al 4%. En cambio,
normales de control federal.
o cf1c1ente. Sólo contamos con 92 escuelas

°

r~:s

Hubiese sido deseable que Francisco Larr
pulcritud histórica- con un e
d 1 oyo concluyese su monografía -modelo de
xamen e os probl
d 1
la educación media. Los frecuente
bº d emas y e as perspectivas actuales de
s cam ios e program 1 . d ..
.
b
a, as m ec1SJones pedagógicas
1.as f recuentes y apasionadas discus10nes
so re el b h ·11
,
mgente y agudo problema de la d
.,
.
ac l crato ponen de manifiesto el
. .
e ucac1on media.
Porfmo Muñoz Ledo, autor del estudio sobre "
.,
escapar en lo posible del método hi t . .
La Educac1on Superior", se decide
- '
s oncista que "nos obr
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anos cada vez que ensayamos el estudio d
f ,
,ga a ar razón de tres mil
. .
e un enomeno actual" ( ág 107)
unas cuantas e md1spensables referencias históricas d 1
.
.
p .
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Colonia y de la etapa positivista entra de JI
~ as umvemdades mexicanas en la
actual desde la época de Ju to 's·
V eno a a consideración de la universidad
5
1erra. asconcelos al h
d
condena las pretensiones aislacionistas de 1
. ' .d dacerse cargo e la Rectoría,
inteligencia mexicana y sella un pacto d 1·as umvers1 a es, planea el rescate de la
,
e a 1anza con la Revol ·6 "V
sentJa más que nadie la magnitud d 1
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e pro ema educativo
b'
. . .
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1a U mvers1dad frente al panorama deso1a dor d e 1a ignorancia
¡
d' .
carse y que ahondar ese contraste sería "in. usto
1
cu ar no po ia Justifique entendía también que el Estad
J , ' Jcrue' y rematadamente bárbaro. Aun.
,
o cometena e más grave d
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613
612

�nico Nacional. Agrupa la totalidad de los planteles universitarios en tres grandes divisiones: los de carácter federal, los estatales y los particulares. Asegura y con razón,
que "la existencia de 24 universidades en la Provincia produce una imagen engañosa,
si se ignora que muchas de estas instituciones apenas imparten educación superior, y
dedican, en cambio, la mayoría de sus recursos, al sostenimiento de otros ciclos educativos. Sugiere una selección rigurosa de los candidatos a ingresar en la Universidad,
el fortalecimiento de las Universidades de Provincia, el establecimiento de Universidades Regionales. De los alumnos con que cuentan las Universidades e Institutos de Pro•
vincia, solamente el 24.2% cursa carreras profesionales, mientras que el 46% pertenece
a ciclos escolares anteriores a la preparatoria. Queda patente, pues, el excesivo número
de instituciones universitarias, su inadecuada coordinación y la dispersión de los recursos.
Uno de los estudios más serios, más rigurosos, más equilibrados que contiene el volumen MÉXICO. 50 Años de Reuoluci6n. IV. LA CULTURA, es el del Ing. Víctor Bravo
Ahuja, intitulado: La Educaci6n Técnica. Nos advierte en la Introducción que "existe
una estrecha conexión entre el desarrollo de la enseñanza técnica y la evolución económica y social de un país" (pág. 139). Por esta razón divide su monografía en los
siguientes capítulos: I. Antecedentes Históricos. II. El Período Revolucionario. III.
Futuras Orientaciones. IV. La Influencia de la Enseñanza Técnica dentro de la Administración Pública. V. Influencia de la Enseñanza. Técnica en la Industria. VI. Influencia de la Enseñanza Técnica en el Desarrollo Económico General.
Tras de hacerles justicia a los ilustres misioneros franciscanos, dominicos, agustinos
y jesuitas, observa que, no obstante el progreso técnico alcanzado en la época colonial,
desde el punto de vista de la educación integral no se cumplió con el cometido social,
ya que sólo determinadas clases gozan de sus beneficios, quedando al margen la inmensa mayoría del pueblo que no tuvo acceso a las escuelas. Con admirable acuciosidad
nos da cuenta de las diversas escuelas técnicas que se establecieron en el México independiente hasta 1910, del esfuerzo educativo en el período 1911-1931 y en el período
1931-1934. Se detiene a examinar la creación del Instituto Politécnico Nacional, en
el año de 193 7, al que fueron incorporadas todas las escuelas técnicas dependientes de
la Secretaría de Educación Pública. "En 1959, casi al iniciar su ejercicio el actual gobierno, expide el reglamento de la Ley Orgánica de dicho Instituto e inicia sus actividades el Consejo Técnico Consultivo General y los consejos técnicos consultivos de las
diferentes escuelas. Con verdadera perspectiva nacional, nos da cuenta pormenorizada
de los Institutos Tecnológicos Regionales, entre los que sobresale -menester es decirlo- el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, fundado en
1943 y con una población actual de 6,000 alumnos aproximadamente.
En el desarrollo de la educación superior, técnica y científica, la labor de la Universidad Nacional Autónoma de México, en los diversos institutos de investigación, ha
sido meritoria. Pero la magnitud de esta Institución no puede hacernos perder de vista
la orientación --extraordinariamente importante para el desarrollo de la economía nacional- de las escuelas de enseñanzas especiales. Gracias a estas escuelas, los alumnos
se instruyen y capacitan en breve término, para una ocupación, arte y oficio que les
permitan incorporarse al desarrollo socio-económico de México. Y todo ello sin mengua
de los aspectos de la educación fundamental.
Víctor Bravo Ahuja propone, como posible encauzamiento del sistema educativo nacional, un plan que condensa en nueve puntos:

l. Nueva orientación de los estudios secundarios para que el alumno pueda incor--

614

porarse a la vida económica del país en caso de d
.,
debe producirse sin menoscabo d 1 f '
.,
eserc1on. Esta nueva orientación
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2• Adaptación y reorganizació d 1
a fin de convertirlas en Secund ~ Teé a~ escuelas prevocacionales de los Tecnológicos
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(incluyendo la enseñanza agro6 E t bl . .
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cuanto a método y doctrina- del Subsecretario de Enseñan;a Técnica1 ~Je~plar en
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gestJvo estudio con una introducción y cinco capítulos: las matemáticas la ', ~ sucerebro electrónico, la astronomía y la investigación en ingenier'1a
'
fmca, el
Tras de narrar una sene
· de eventos relevantes en el ámbito de• ¡ · ·
·
Alberto Barajas afirma "que México ha alcanzado un nivel de mad:r~:eneta me~~a,
exactas, equiparable, en muchos temas, al de los países más adelantados~'n (~:g~1~;c;;~

d:

615

�Traza la silueta de Sotera Prieto, aquel genio de la enseñanza oral, con mano maestra.
"Fue -nos dice-- un espíritu incandescente, genial y ciego. Generoso y cruel. Poderoso,
apasionado, desadaptado" (pág. 172). Después de la explosión provocada por Sotera
en nuestro ambiente intelectual, sobresalen muchos nombres que registra Barajas.
No resulta fácil delimitar los campos de las matemáticas puras y de las matemáticas
aplicadas. Alberto Barajas nos advierte que ambas se han incluido y tonificado mutuamente. Aún así, opta, para facilidad de los lectores, en seguir dividiendo las matemáticas
en puras "I aplicadas ( física, astronomía e ingeniería). Empieza por ocuparse de las
matemáticas. Nos dice con audacia difícil de justificar: "Las matemáticas son unas de
las bellas artes. La más bella para mi gusto. El matemático es un incesante creador de
metáforas. Se parece un poco al pintor y al poeta, también incansables fabricantes de
imágenes" (pág. 173). Y líneas delante observa: "el matemático es esclavo de la lógica
como el escultor de la piedra; pero las creaciones matemáticas no son hijas de la lógica
solamente, sino de la imaginación, la fantasía y la belleza". Algún cirujano famoso
ha asegurado, por su parte, que la cirugía es la más bella de las bellas artes. Este
tipo de afirmaciones arbitrarias no rebasan nunca el ámbito estrictamente subjetivo de
sus autores. Las matemáticas -ciencia rigurosa- opera con entes que son objetos
ideales. Las leyes esenciales entre los entes matemáticos no dependen de la estructura
de la conciencia cognoscente.
En 1942 comenzó a funcionar el Instituto de Matemáticas que cubre casi todo el
campo de las ciencias exactas. Se han hecho apqrtaciones fundamentales en lógica,
análisis, geometría algebraica, geometría diferencial, ecuaciones diferenciales, topología,
estadísticas y cálculo de las probabilidades. El Instituto de Física se fundó en 1938.
Trabaja en física nuclear teórica, gravitación, radioquímica, rayos X, física nuclear
experimental y electrofísica. En la formación de nuestros físicos nucleares, Alberto Barajas califica de fundamental la ayuda de Eugene Wigner, profesor de la Universidad
de Princeton. De la colaboración de Manuel Sandoval Vallarta con el canónigo Lemaitre, profesor de la Universidad de Lovaina, surgió, en torno a la radiación cósmica
primaria, la teoría Lemaitre-Vallarta, aceptada u~iversalmente.
. . .
Barajas no se limita a damos una mera resena de nombres y de mst1tuc1ones. En
estilo ágil y sugestivo nos habla del estadio actual de la física matemática y de la
astronomía, de las posibilidades del cerebro electrónico y de la investigación en Ingeniería, de la política científica seguida por Guillermo Raro y de los espectaculares
triunfos de Nabor Carrillo en mecánica de suelos.
El siguiente capítulo, "La Historiografía", está a cargo de Edmundo O'Gorman. Su
propósito primordial es ofrecemos el cuadro general "que guardan los estudios historiográficos después de cincuenta años de iniciado el movimiento revolucionario" (pág.
193). Estudia, dentro de los antecedentes, la corriente de nacionalismo como uno de
los resortes vivos de la sociedad colonial. Señala la actitud resentida y a la vez orgullosa
de los criollos, reclamados a un tiempo por el sentimiento de lealtad hacia la Corona
y por el amor y arraigo que los vincula a la tierra donde nacieron. Simplifica~d~ demasiado las cosas nos explica la historia de México por la lucha entre dos tesis ideológicas: "Por un~ parte, el poderoso resorte ~radicionalista, católico, mesiánico y monárquico; por la otra parte, el no menos poderoso influjo de la. atracción que ejercí~
las aspiraciones modernas racionalistas, liberales y republicanos" (pág. 197). En el primer caso se trata de una solución personalista, providencial, "la traducción política
del Redentor", dice O'Gorman irónicamente. En el segundo caso, hay desconfianza en
las personas y confianza incondicional en los sistemas, "la traducción política de la

Razón", para decirlo con las palabras del autor. Lo cierto que estos esquemas por
b:i!lantes ~ue resulten, son desbordados, en forma desmesurada, por la realidad histor'.ca mexicana. Nuestra Historia de México, me parece, no puede asimilarse a una
pehcula de "cow boys" en donde figuran héroes inmaculados en una bandería ideológica, Y_ traidores ;ende-patrias en la otra bandería. El esquematismo simplista de las
dos tesis no se ~;1ene, por lo demás, con el intento de "comprender nuestro pasado a.
la luz de la noc10~ d:! ~:r del mexicano como una posibilidad siempre abierta, siempre
e~ trance de reahzac10n (pág. 203). Nuestro ser nacional depende de nuestras decis10nes Y de nuestras obras. Somos responsables de nuestra historia. "El movimiento
~ev~l~ciona~io ~e 1_910 -nos dice Edmundo O'Gorman-, con su preocupación de
JUStlCla social, rmplica una apertura hacia la comprensión del ser mexicano como un
haz de posibilid~des, o si_ se pre:ie_re como un quehacer, no como un legado; no, pues,
como u~a esp~c_1e de ent1dadt Ill!stlca, respecto a la cual sólo podemos ligarnos con una
lealtad mcond1c1onal, pero pasiva, sino como una suprema responsabilidad común" (pág
202).
.
El capítulo dedicado a "La Antropología", escrito por Eusebio Dávalos Hurtado, consta de una introducción, seis incisos ("La Antropología y la Revolución mexicana" "Características de la Antropología mexicana", "Disciplinas antropológicas" "Los Monume~tos colonia!es", "Los Congresos, Las Sociedades y las Publicaciones"') y unas conclusiones. La riqueza de nuestro patrimonio pre-hispánico, a cargo de El Instituto Nacional de Antropología e Historia, comprende once mil sitios arqueológicos y diez mil
monumentos coloniales. Hasta ahora -hay que reconocerlo-- ha sido muy poco tomada
en cuenta la conservación y cuidado de los sitios de belleza natural. El Instituto tiene
e~c~so personal y presupuesto. El mercado negro de piezas arqueológicas y las expediciones fraudulentas, han estado a la orden del día. Urge prevenir y educar a nuestro
pueblo para que defienda su riqueza arqueológica. No bastan las leyes.
"Las Artes Plásticas", por Antonio Luna Arroyo, ilustrado profusamente con magníficas láminas, es uno de los estudios más extensos -no de los más completos- del
volumen: MÉXICO. 50 años de Revolución. rv. LA CULTURA. La plástica mexicana, podemos decirlo sin cae~ en hipérbole, nos colocó en el gran mapa artístico del mundo. En
todas las épocas de nuestra historia hemos contado con buen arte. Pero en ninguna,
como en la Revolución, México ha podido ufanarse de ocupar un puesto de vanguardia
en la gran pintura mural. Allá por 1905 el Dr. Atl atacaba el academismo y preconizaba
un arte salido de la entraña mexicana. Reclamó los muros para los pintores que aspiraban a plasmar la realidad nacional. Vasconcelos, civilizador y coautor del renacimiento
plástico, en su época de Secretario de Educación, prohijó la edad de oro del muralismo. Más allá de los distingos e incompatibilidades ideológicas, nuestros grandes pintores,
con profundas raíces comunes, prueban "el genio plástico de todo un pueblo, la mexicanidad de temas y colores, el afán de penetrar en el espíritu de una vieja tierra americana" (pág. 255). Orozco -caso aislado de pureza hasta el día de su muerte- es
quien "con mayores dimensiones humanas y más alto sentido dramático ha visto los símbolos entrañables de su pueblo" (pág. 256). Hacía pintura nacional, no nacionalista.
"El 1 de enero de 194 7 se funda el Instituto de Bellas Artes y Literatura, basado en
un plan que revitalizaba muchas ideas técnicas, formales y esenciales del renacimiento
plástico mexicano, y con una robusta dotación de fondos capaz de hacer de artes y
letras una alta definición de cultura y un servicio social de vasto radio" (pág. 261).
El grabado, arte que en México se viene realizando desde la Colonia, ha servido
para hacer sangrientas caricaturas ca~a vez que el pueblo está empeñado en liberarse

617
616

�de sus tiranos. Y México cuenta también con una fabulosa tradición escultórica que
va desde la escultura precolonial hasta las obras de Hoffman y Asúnsulo. Nada nos
dice Luna Arroyo, del ilustre escultor alemán, radicado en México desde hace muchos
años, Adolfo Laubner, cuya obra nos pertenece en gran medida.
En materia de escenografía, los escenarios mexicanos varían desde el espléndido y
ricamente dotado del Palacio de Bellas Artes hasta los modestísimos espacios de la
· veintena larga de salas de bolsillo a las que se debe, en primer término el florecimiento
del teatro en la ciudad de México. En la 'Escuela de Antropología se imparten cursos
de museografía. Desde el siglo XIX no escasean, por otra parte, los historiadores y
críticos de Arte. Tampoco las publicaciones.
Puede decirse, en conclusión, que "las artes plásticas fueron factor y resultante de
esa Revolución; el contenido y el proceso de ambas son paralelos". Tras la búsqueda
de los orígenes, emprendida unilateralmente ---digámoslo por nuestra cuenta- en la
época precortesiana, pero no exenta, a pesar de todo, del espíritu religioso de la época
colonial, se llega a los esbozos de definición nacional en la gran obra de la etapa de
nuestro "Renacimiento mexicano".
De los cuatro arquitectos que colaboraron en el estudio "Arquitectura y Urbanismo",
ninguno parece darse cuenta de que también hay algo de arquitectura y urbanismo fuera
de México, D. F. Algo que hubiese sido justo comentar. ¿Acaso, por ejemplo, no
merecen atención las realizaciones urbanísticas en la ciudad de Guadalajara? ¿ Es que
se puede hacer tabla rasa de todo el desarrollo arquitectónico y urbanístico verificado
fuera del D. F.? Luis González Aparicio, Jorge L. Medellín, Pedro Ramírez Vázquez y
Ricardo de Robina son los cuatro autores responsables de ese lamentable olvido o
preterición de la provincia mexicana. Si el volumen que contiene ese estudio se hubiese
consagrado a la Metrópoli, exclusivamente, nada habría que objetar y sí mucho que
encomiar.
Durante la época porfirista hacen su aparición - ¡ ridícula aparición porque en
México nunca nieva!- los altos e inclinados techos cubiertos de pizarra importada. En
esta etapa de afrancesamiento aparece, como afortunada excepción, el edificio de
Correos que recuerda el Palacio de los Condes de Monterrey en Salamanca. La arquitectura dista mucho de ser, por esa época, sincera expresión de la cultura a que pertenece.
El florecimiento cultural impulsado por Vasconcelos, desde el Ministerio de Educación,
se traduce en centros docentes de gran magnitud, bibliotecas, centros deportivos, teatros,
etc. En 1922, el pabellón de México en la Exposición de Río de Janeiro, organizado
por Carlos Obregón Santacilia y Carlos Tarditi, se gana la admiración, y el aplauso del
Continente. Empieza la tendencia nacionalista y surge, con la obra de Juan O'Gorman,
la teoría funcionalista.
"Si la finalidad de la arquitectura es dar albergue al hombre, crear los espacios abiertos o cubiertos en que desarrolla su vida, la del urbanismo es la/ misma pero en plural,
los hombres, la comunidad" (pág. 295). Las realizaciones del urbanismo, posteriores a
1910 se inician con las obras del arquitecto José Luis Cuevas: apertura de las calles de
'
.
Gante para establecer un eje vial y, más tarde, el trazo técnico --con normas y reglamento-- de la zona de habitación de las Lomas de Chapultepcc. Invitado por el gobierno mexicano, llega a nuestro país Hannes Mayer, colaborador de Walter Gropius
en la Escuela de Bauhaus, quien se hace cargo de los cursos de urbanismo en la Universidad y en el Politécnico. Mayer y Cuevas constituyen los primeros grupos cohesivos
del urbanismo y dejan discipulado. El arquitecto Carlos Lazo "lega un ejemplo de

618

devoción técnica, de honestidad y de cómo organizar la realización de las obras públicas
con rigorismo técnico" {pág. 298).
La capital del país amplía y conserva adecuadamente sus espacios abiertos y parques
públicos, construye rastros y una red de mercados, que resuelve, en un 95 por ciento,
el ~roblema de abastecimiento de víveres; hace escuelas y viaductos, zonifica y regula
debidamente el desarrollo de la urbe. En el intento de crear una arquitectura social en
México, se cayó en el "pobrismo": rudeza expresiva, colores agresivos e hirientes dcsarmonías estéticas. . . Viene después el movimiento de carácter estructuralista '-Feliz
Candela, los hermanos Gargollo-- y la minuciosa búsqueda de fino plasticismo estético
en que se mezcla lo racional y lo sentimental. Figura única en este personalísimo movimiento es el arquitecto jalisciense Luis Barragán. Por su trascendencia internacional
Y por su importancia intrínseca, la Ciudad Universitaria será siempre una de las grandes realizaciones de la Revolución. La calidad de la arquitectura mexicana --dicho
sea en conclusión- "ha entrado, sin propagandas, sin ruido de campanas, en la corriente mundial, como una aportación del espíritu mexicano a la cultura humana"
{pág. 310).
José Luis ·Martínez realiza, con su monografía "La Literatura", un estudio ejemplar
por su rigor, por su estructura, por su perspectiva nacional. Es --qué duda cabe--, uno
de los más serios y mejores estudios contenidos en el volumen comentado. El estudio, bastante extenso por cierto, consta de catorce capítulos que constituyen otras tantas etapas en
la historia literaria de México: I. Del modernismo a la nueva literatura. II. El Ateneo
de la Juventud. III. La generación de 1915. IV. González Martínez y López Velarde. V.
Figuras aisladas. VI. La literatura de vanguardia. VII. La novela de la Revolución.
VIII. Escritores independientes. IX. Españoles en el destierro. X. Las generaciones de
Taller y Tierra Nueva. XI. La promoción literaria 1945-1955. XII. Los escritores jóvenes. XIII. Las revistas literarias. XIV. El rumbo de la joven literatura.
Como ocurriera en 1910, aún siguen disputándose la primacía los últimos modernistas y los miembros del Ateneo de la Juventud. El clima de paz ha permitido volver.
los ojos al tema de la Revolución, preocuparse por los problemas sociales o empeñarse
en conquistas y tareas exclusivamente culturales.
El mensaje espiritual del Ateneo de la Juventud contenía un firme propósito moral
y un amplio repertorio de intereses destacados. Emprender toda labor cultural con una
austeridad que pudo haber faltado en la generación anterior, fue el propósito moral
de los ateneistas. Los intereses pueden resumirse de la manera siguiente: conocimiento
y estudio de la cultura mexicana, interés por las literaturas española e inglesa y por la
cultura clásica, interés por los nuevos métodos críticos para el examen de las nuevas
obras literarias y filosóficas, atracción hacia el pensamiento universal, integración de la
propia disciplina cultivada en el cuadro general de las disciplinas del espíritu. Con
trazos ágiles, certeros, José Luis Martínez nos presenta las figuras de los principales
ateneistas.
La generación llamada de 1915 o de "los siete sabios", como el humor estudiantil los
designaba -Alfonso Caso, Antonio Castro Leal, Vicente Lombardo Toledano, Manuel
Gómez 'Morin, Alberto Vázquez del Mercado, Teófilo Olea y Leyva y Jesús Moreno
Vaca-, sufrió la influencia filosófica del maestro Antonio Caso y la literaria de Pedro
Henríquez Ureña, aunque luego hayan derivado hacia otras disciplinas. Antonio Castro
Leal, ensayista y crítico de nuestras letras, tiene, en su formación intelectual, una importante deuda con la literatura inglesa. Contemporáneos de este gurpo: Francisco
Monterde, Julio Jirnénez Rueda, Ermilo Abreu Górnez y Manuel Toussaint. "Francisco

619

�Monterde, poeta, dramaturgo y novelista, es uno de nuestros más honestos, sabios y
ponderados críticos. Su obra de esta naturaleza está dedicada casi por completo a la
literatura mexicana, de la que es uno de los más competentes autores. Su labor al
frente de la Imprenta Universitaria ha sido benemérita".
Si para la mayoría de los autores adeptos al "colonialismo" se trató de una etapa
pasajera, para Artemio del Valle Arizpe esta tendencia llegó a ser consustancial a
su obra.
Por las páginas de José Luis Martínez surgen claras, luminosas, las figuras de González Martínez -lección de profundidad y continencia del espíritu- y de López Velarde -capacidad para poblar el mundo del poema y expresarlo en un lenguaje en
que los aciertos y las fortunas apenas pueden explicarse-. Se da cuenta de las grandes figuras aisladas -José de J. Núñez y Domínguez, Luis Castillo Ledón, Joaquín
Méndez Rivas, Enrique Fernández Ledesma, Francisco González León, José D. Fríasdel movimiento de simpatía y de interés para Hispanoamérica prohijado por José
Vasconcelos y de la literatura de vanguardia: el grupo "estridentista" y el grupo de
Contemporáneos: Carlos Pellicer, Betnardo Ortiz de Montellano, Octavio G. Barreda,
Jaime Torres Bodet, José Gorostiza, Javier Villaurrutia y Salvador Novo. Este grupo está
caracterizado por su preocupación exclusivamente literaria. En ellos privan las letras francesas modernas, la poesía española posterior a Juan Ramón Jiménez y la estética de
los nuevos prosistas y pensadores de Revista de Occideu"te.
No es extraño encontrar, en la novela de la Revolución, el desencanto, la requisitoria
y, tácitamente, el desapego ideológico frente a la Revolución. A escasa distancia de
esta novela, habría que situar a la literatura proletaria o de contenido social. Ei indigenismo, sin ser una corriente dominante en nuestra literatura, tiene también sus representantes. Y otro tanto cabe decir del popularismo.
Entre los escritores independientes, todos dignos de nota, se destacan, en forma
especial, Agustín Yáñez -novelista y ensayista original y valioso-, Alfonso Junco
-fervoroso poeta y combativo ensayista católico--, Antonio Gómez Robledo -uno de
nuestros pensadores de más severa y ordenada inteligencia-... Los españoles en el
destierro han dejado llegar a su espíritu nostálgico la presencia de la nueva tierra y la
nueva cultura. Las generaciones literarias de Taller ( 1938-1941) y de Tierra Nueva
(1940-1942) surgen en torno a estas revistas literarias y reaccionan contra el esteticismo
de los contemporáneos. "La poesía -escribió Octavio Paz definiendo los objetivos de
su generación- era actividad vital más que ejercicio de expresión". Sensualidad, belleza,
reino secreto de la poesía, todo eso hay en la obra poética de Octavio Paz. En cambio,
"la voz poética de Alí Chumacero --que es asimismo notable crítico literario-- no
es el canto sino el responso y la elegía en los que el sentimiento se expresa con el
hermetismo y el rigor más obstinados. En su libro más importante, Palabras en Reposo
( 1956), culmina y se exterioriza la lúcida pasión de sus anteriores libros. Chumacero
no propone la lección de una poesía espontánea y original sino, por el contrario, la
del mayor rigor" (pág. 353). Jorge González Durán, heredero de la más aérea y fu.
gitiva línea sevillana de Bécquer y Juan Ramón Jiménez, se expresa a través de personales símbolos, ritmos interiores y asonancias opacas permeados de una humedad
lírica siempre atemperada. José Luis Martínez incluye, en la generación Tierra Nueva, a
Leopoldo Zea, quien presenta, a nuestro juicio, un escaso o nulo valor literario. El
puesto de Zea está en la historia de las ideas, más que en la: historia de la literatura.
Uno de los mayores logros de la monografía de José Luis Martínez, La Literatura,
estriba en haber estudiado y clasificado, con método y rigor, las promociones literarias

620

Y las revistas de pr~vincia. Nos da cuenta y razón, por ejemplo, de Adalberto Navarro

Sánchez, "animador de revistas literarias jaliscienses y buscador constante de nuevos
caminos para su e&gt;q&gt;resión poética" ( pág. 354), de las revistas Armas y Letras ( 1944-.. . )
Y Trivium ( 1948-1951), así como de los ensayistas e investigadores que hemos colaborado en esas publicaciones. Resulta justo y reconfortante encontrar comprensión y
estímulo en un recuento de nuestra cultura nacional, cuando se suele carecer del mínimo
de comprensión y del natural estímulo en la tarea cultural emprendida desde la provincia aunque no sea, exclusivamente, para la provincia.
"La última promoción literaria, la de los jóvenes escritores que han aparecido después de 1955, es una de las más activas o interesantes de nuestra literatura moderna.
De su múltiple y renovada producción acaso pueda anticiparse que está creando un
renacimiento literario, aunque todavía no pueda preverse cuáles van a ser sus alcances" ( pág. 361). Carlos Fuentes, el más notable de los nuevos novelistas -al decir
de José Luis Martínez- llegó armado con todos los secretos de la técnica narrativa
moderna y con una rica experiencia acerca de opuestas zonas de la sociedad capitalina
y de sus peculiares costumbres y lenguaje. Me parece que Juan Rulfo, con su novela
Pedro Páramo, debería haber sido objeto de especial consideración de parte de José
Luis Martínez. El sentimÍento de nuestro suelo y los afanes aldeanos de un puñado de
misérrimas creaturas que se agrupan en torno a la voluntad de un cacique: Pedro Páramo, han sido transfundados por Juan Rulfo en una "poiesis" de la desolación. Obra
que sabe a ceniza y a sangre de México. Obra que deja un rastro de pesimismo y amargura, es verdad, pero obra ardiente y viva, aunque su argumento se desarrolla en una
aldea desaparecida, Comala, cuyos muros guardan persistentcmente los rumores y las
preocupaciones de sus antiguos lugareños. Lenguaje austero, preciso, ajustado, telúrico... Argumento de la tierra mexicana con todo su colorido y con toda su alta temperatura. Personajes que son reminiscencias de la sangre, "vivencias" de antepasados remotos, que no destruye el tiempo, y que retumban en nuestra alma, arrancándole gritos
silenciosos. Realismo y fantasía, realidades crudas de la vida diaria y evocaciones poéticas con sabor cósmico, se entretejen en la vigorosa novela de Juan Rulfo. La muerte
está siempre a un paso, cobijando la vida, cubriéndola finalmente con su sombra y su
silencio.
¿ Cuáles son los nuevos rumbos que ofrece la joven literatura mexicana? "Considerada
en conjunto, la literatura mexicana reciente -apunta José Luis Martínez a guisa de
conclusión- da la impresión de encontrarse en uno de los períodos más activos y fértiles
en la historia de nuestras letras" (pág. 368). ¿Nos librarán los nuevos escritores del
provincianismo y del aislacionismo que hasta ahora no hemos podido superar? Muchos
moldes anquilosados y muchas perezas mentales han sido barridas. Se advierte una
mayor coherencia intelectual y un rigor crítico más acerado. Pero no es tiempo aún de
aquilatar la significación y la trascendencia de nuestra joven literatura.
"El teatro y el cine", agrupados en un solo capítulo son dos estudios yuxtapuestos,
escritos por Antonio Magaña Esquive!. De las 40 páginas consagradas a ambos estudios,
sólo 1O páginas se dedican al cine. El estudio sobre "El teatro" está dividido en una
introducción, en la que se apunta la decadencia teatral durante el porfiriato, y cuatro
títulos: I. La tendencia nacionalista. II. El movimiento renovador de los grupos experimentales. III. El Instituto Nacional de Bellas Artes. IV. Las temporadas de la Unión
Nacional de Autores.
El contacto fertilizador con los hechos, con la realidad ambiente, se expresa en la
segunda década del Siglo XX, iniciada ya la revolución o adelantada por sus caminos, a

621

�través de las obras de género chico que no obstante la superviviente tutela española en
cuanto a la forma acogían tipos y escenas costumbristas. No tardarían los autores en
enriquecer su temática al desembocar el sainete costumbrista en el sainete político" (pág.
3 73). Con estas palabras inicia Antonio Magaña Esquive! el examen de la corriente
nacionalista que enriqueció el caudal temático y temperamental, gracias a la emancipación del espíritu cívico. En la pléyade de escritores costumbristas y autores de sainetes
líricos, no figuran intelectuales de tipo académico, sino periodistas de índole nacional.
El teatro de género chico se acerca con sentido humorístico a las figuras y los problemas
de la Revolución. Poco a poco se van destacando los tipos escénicos: el payo, que inició
el autor Anastasio Otero y perfeccionó Leopoldo Beristáin, la borrachita que inventó
la escritora Emilia Trujillo y recreó, más tarde Lupe Rivas Cacho, el ranchero socarrón que encarnó Roberto Soto y, posteriormente, el pícaro de barrio capitalino que
descubrió, genialmente, Mario Moreno Cantinflas. En 1921 se inaugura, bajo el patrocinio del Estado, el teatro regional; en 1924 funda Luis Quintanilla el Teatro del Murciélago. La Secretaría de Educación Pública inicia en 1929, con el Teatro del Periquillo,
un tipo de teatro escolar aplicado al servicio de la pedagogía. Apenas si se representa,
en la segunda década del Siglo XX, teatro de comedia y drama. Sobresalen, en este
campo Federico Gamboa, Carlos Noriega Hope, Víctor Manuel Díez Barroso, Ricardo
Parada León y los hermanos Lázaro y Carlos Lozano García. En la temporada del
Teatro Municipal se estrenan obras de Jiménez Rueda Lo que ella no pudo prever y
de María Luisa Ocampo Cosas de la Vida. Monterde ( 1894. .. ) se había revelado como
dramaturgo con En el remolino (1923) y luego produciría En la esquina (1925), Oro
Negro (1930), Proteo (1931) y La Careta de Cristal, entre otras; en su teatro se advertía un franco, talentoso, prudente de lo mexicano, muy limpia composición y carácter
realista en torno a temas de comportamiento moral y conflicto amoroso. Su Proteo aparece como la excepción, pues su fuerza dramática no está en la acción exterior sino
en su configuración, en el sueño detrás de la máscara del protagonista" ( pág. 3 75).
Acaso Díez Barroso ( 1890-1930) sea el dramaturgo más interesante del Grupo de los
Siete. Amalia Castillo Ledón con Cuando las Hojas caen ( 1929) y Carlos Díaz Dufoo,
con Padre mercader se revelan como dos nuevos valores dramáticos en el grupo denominado la "Comedia mexicana". Julio Jiménez Rueda pasa del r.!alismo sencillo, ~obrio,
de sus primeras obras, al drama.
Salvador Novo y Javier Villaurrutia agrupan, con su revista Ulises a los escritores
más jóvenes, de formación universitaria. Hay en este grupo, un pacto de inconformidad
y de cultura. No se trata simplemente de hacer teatro mexicano, sino de hacer buen
teatro en términos generales. Se unen al grupo José y Celestino Gorostiza, Enrique Jiménez Domínguez y Rafael Nieto. Son espíritus disidentes. Durante las dos primeras
temporadas de teatro, el repertorio no registra ninguna obra de autor mexicano. En la
tercera temporada en cambio, aparecen dos obras: Parece mentira y La escuela del
amor de Xavier Villaurrutia y Celestino Gorostiza, respectivamente. El primero traduce
obras del teatro universal y compone inteligentes esquemas, dibujos de caracteres.
Rodolfo Usigli -aislado, solitario-, se enfrenta al ambiente de discolería. La paciente espera que impuso a su producción dramática descubre su verdadero sentido de
responsabilidad profesional. Otros grupos irán surgiendo en esta etapa, con actividades
inconexas, con fidelidad al principio teatral, y con influjo decisivo de los grupos Ulises y
Orientación. Destácanse el grupo Proa dirigido por José de J. Aceves, el grupo La
Linterna Mágica, fundado por Ignacio Retes, el Teatro Estudiantil Autónomo fundado
por Javier Rojas, etc.

622

Por la ley promulgada el 31 de diciembre de 1946, surge el Instituto Nacional de
Bellas Artes. Persigue el fortalecimiento del carácter y de la personalidad nacionales la
aportación del talento y el genio creador de los artistas y escritores mexicanos al ~atrimonio cultural universal, el desarrollo de actividades representativas del arte universal. El teatro Infantil que venía funcionando desde 1924, desarrolla una magnífica
labor. Habría que recordar, así mismo, el teatro guiñol, iniciado por la Secretaría de
Educación Pública y la Escuela de Arte Dramático, fundada en 1946. "A la enseñanza
académica, la escuela vinculó la práctica escénica otorgando a los alumnos la simultánea
oportunidad de participar en las temporadas de teatro mexicano y universal organizadas
o auspiciadas por el INBA" (pág. 390). Carballido, Sergio Magaña, Federico S. Inclán,
triunfan en concursos y obtienen premios. Los nuevos dramaturgos presentan una diversidad de cargas psicológicas y materiales, traen experiencia de humanidad o de lecturas. No se excluye la revisión de temas históricos.
El fenómeno de la multiplicación de los teatros y el apoyo o reedificación de los
antiguos, se produce a partir de 1946. Una nueva etapa se ha abierto, al parecer, con
la inauguración de los primeros teatros del Instituto Mexicano del Seguro Social, en
1960. Termina así este rápido recorrido del teatro mexicano, sin dedicarle una sola
palabra al teatro de la provincia.
El ingeniero Salvador Toscano, introductor del cine en México, creó escuela. Escuela en el cine mudo que no tuvo continuación en el cine hablado. Aunque la primer
película de nuestro cine hablado haya sido Más fuerte que el deber ( 1930), la industria
cinematográfica mexicana prefiere contar sus aniversarios a partir de Santa. En la historia de nuestro cine aparecen algunos sucesos aislados y notables, dignos de memoria:
Allá en el Rancho Grande, Tormenta sobre México, Redes, Janitzio ... "El indio Fernández pone la muestra de lo que puede ser el buen cine mexicano, de calidad estética,
con su clásica película La perla ( 1945), en la que supo expresar los valores dramáticos
y humanos de la historia fraguada por el norteamericano John Steinbeck, y que significó también el gran triunfo de Figueroa" (pág. 406). Luis Buñuel, auténtico creador, produce Los olvidados y Nazarín. Antes, Roberto Gavaldón, uno de los directores
mejor preparados y con más sentido de la imagen en acción, dirige La barraca ( 1944),
película premiada, El niño y la niebla, La escondida, El rebozo de Soledad.
Ni la Ley de cinematografía, ni la Dirección Nacional de Cinematografía, ni la
Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas -apuntémoslo por nuestra
cuenta- han impedido la decadencia innegable de nuestro cine. Hemos desperdiciado,
lamentablemente, nuestras mejores posibilidades -directores, actores, argumentistas,
fotógrafos, etc.- para hacer buen cine. Era de esperarse que Antonio Magaña Esquive) hubiese afrontado, valientemente, el problema de la crisis del cine mexicano,
en vez de entonarle inútiles loas. Si comprende la necesidad de revisar la parte artística
de nuestro cine, para salvarlo "del endurecimiento de sus células mercantiles", ¿por
qué no se decide a emprender el examen riguroso de las causas que han provocado
el lamentable descenso del cinc nacional?
Antonio Escobedo Acevedo, autor de la monografía intitulada El Desarrollo Editorial,
divide su tema en una introducción y ocho capítulos: l. Impulsos iniciales. 11. Creación
de nuevas editoriales. 111. Cambios favorables. IV. Derechos de autor y aspectos del
libro. V. Exportación e importación. VI. Las ediciones. VII. La defensa del libro.
VIII. Conclusiones. El orden es bueno. Sobre este punto, nada hay que objetar. Los
reparos provienen de otras causas: se silencia el nombre de algunas importantes editoriales (Editorial Jus, Editorial Polis, etc.) y se soslayan problemas acuciantes.

623

�En 1912 contábamos con ochenta libreros y tres editores. Cuatro de los libreros
aludidos también publicaban libros. En la ciudad de México -macrocefalia tradicional- se encontraban cinco de los editores y setenta y cinco de los libreros. En 1914
surgen dos importantes firmas editoriales: Porrúa Hermanos, y Andrés Botas e Hijo.
En 1916 aparecen los pequeños libros -pulcros, sobrios--- de la Colección Cultura.
Entre los años de 1921 y 1922 ocurre el significativo episodio de la aparición de los
clásicos (los célebres libros, verdes) decidida por José Vasconcelos. Por aquel entonces,
"si un escritor aspiraba a que su obra circulase con amplitud en los países latinoamericanos, le era indispensable hacerse publicar en Madrid". El 3 de septiembre de
1934 se inauguró lo que ahora es el Fondo de Cultura Econ6mica, la más importante
editorial de Hispanoamérica en la actualidad. Pronto se superó -por fortuna- el
designio de limitarse a obras de carácter económico. En lo que respecta a volumen de
producción, la Imprenta Universitaria está a punto de pisar los talones al Fondo de
Cultura Económica.
La piratería de las editoriales ha disminuido entre nosotros. Las ferias del libro han
representado una eficaz propagan~a popular para la industria del ramo. El Instituto
Mexicano del Libro "ha solicitado promover una política de protección al libro mexicano en el mercado exterior, ampliando los beneficios de crédito y protegiendo mediante otro género de medidas las exportaciones de libros que México efectúa (pág.
428). Se habla de la censura en España -lamentable ciertamente- pero nada se dice
de las trabas -verdaderas trabas a la cultura- que nuestro gobierno impone a los
libros provenientes de España. Las estadísticas de exportación e importación no arrojan,
por deficientes, datos definitivos. "En cuanto a la producción en la provincia, 'Monterrey va a la cabeza, pero sus libros llegan a la capital tan raramente como los
libros que el Perú o el Ecuador aportan a México", asegura Antonio Acevedo Escobedo.
La verdad es que los libros si llegan a México, D. F. -tenemos distribuidores en la
Metrópoli- pero los capitalinos no quieren enterarse de lo que se está haciendo en
provincia. Su ignorancia en materia de libros publicados en nuestras provincias casi
iguala a la que padecen con respecto a los libros editados en Etiopía.
El Instituto Mexicano del Libro ha prohijado la idea del constituir una Unión Iberoamericana de Cámaras del Libro, para defender la libre circulación de los libros, establecer normas de conducta comercial e industrial, participar en campañas de difusión
cultural, publicar un órgano de información bibliográfica y gremial. Pero hasta ahora
no ha cuajado -&lt;¡ue yo sepa- tan encomiable idea.
La Música, colaboración de Gerónimo Baqueiro Fóster, abarca una introducción y
cinco capítulos: 1) Los sinfonistas y la música sinfónica. 2). Las grandes orquestas. 3).
La ópera. 4). La enseñanza técnica y escolar. 5). El concertismo. En la introducción se
lamenta el autor de que los musicógrafos hayan descuidado el estudio de la canción
popular que estaba en pleno auge cuando se inició la Revolución de 1910. Los poutpourries representan el paso inicial en materia de música nacional. José Briseño, poseedor
de amplios conocimientos de armonía y contrapunto, es el primer compositor que rinde
tributo a la Revolución con sus bellas rapsodias. Manuel M. Ponce, con su alta cultura
musical alcanza la tercera fase evolutiva: la del sinfonista. José Rolón y Silvestre Revueltas,' sobre todo, son músicos de aptitudes extraordinarias que expresan el sentimiento
de nuestro pueblo. Pero es Carlos Chávez el compositor más completo de la Revolución, el más profundo, el de variedad mayor y el de técnica armónica más positiva y
mejor precisada.
Miguel Berna! Jiroénez, compositor, organista y musicólogo, llega, en nuestro medio,

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a la máxima perfección formal arquitectónica con su Cuarteto Virreinal. Basándose en
la tradición religiosa compone su ópera Tata V asco, que nos ofrece el bellísimo género
de los "alabados". Desgraciadamente Gerónimo Baqueiro Fóster se inhibe de tratar las
obras que Berna! Jiménez compuso "para su mundo religioso", porque dice no tener
autoridad para juzgar ese tipo de obras, acaso las mejores del insigne músico moreliano.
El capítulo de "Las grandes orquestas" se dedica íntegramente al Distrito Federal.
Nada se dice, por ejemplo, de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, que es digna de nota.
En el capítulo "La ópera" se habla de las nuevas temporadas en el Bellas Artes sin
mencionar las temporadas de ópera italiana en Monterrey, que han precedido ~ las
de 'México. Una vez más nos vemos precisados a señalar el desprecio o la ignorancia de
un capitalino -o por lo menos de alguien que vive en la capital- hacia las manifestaciones culturales de la provincia.
Los concertistas forman legión en todos los instrumentos. Es lamentable que el Conservatorio haya hecho tan poco por desarrollar esta actividad, controlada, casi en su
totalidad, por la enseñanza particular.
La Música Tradicional es un estudio especial, en capítulo aparte, realizado por Vicente T. Mendoza. Se examina, con agilidad y con gracia, medio siglo de realizaciones
musicales populares. Se empieza por apuntar los antecedentes prehispánicos y la mÚ$ica
en el período novohispánico. "Todos los cantos y las formas bailables en los que el
pueblo en armas se veía retratado fueron buenos y legítimos, toda la gama sonora de
esos días tomó cuerpo en la memoria de los combatientes y aún de los habitantes
de las ciudades empezando a ser patrimonio de la colectividad, sin discriminación, sin
distingos. De este modo se amalgamaron las diversas formas de canción tradicional a
una, dos o tres partes; con estribillos, exclamaciones y coletas; lo mismo las de verso
de arte menor que las rancheras del Norte o del Bajío, de metro irregular, junto con las
surianas de verso sobreabundante; y entraron a,la palestra las que se apoyan en ritmo
de vals, de polca o de mazurca, entremezcladas con las de ritmo de habanera, de pasodoble o de marcha" (pág. 488). Fusión de elementos tradicionales ya enraizados -el
jarabe, el son, las coplas y cantares- con los tonillos sandungueros teatrales desprendidos de revistas políticas de moda. Vicente T. Mendoza selecciona cantos -síntesis del
México revolucionario-- de acerada picardía, de conmovedora belleza, de inigualable
frescura.

En los escritos de Emilio Uranga se refleja, casi siempre, un estilo intelectual acerado,
preciso, diamantino. Podrá faltar arquitectura, pero nunca agudeza. Sería injusto juzgar
la obra de Uranga por uno de sus escritos menos afortunados: El Pensamiento Filos6fico (publicado en el volumen IV del libro México: Cincuenta Años de Revoluci6n).
La colaboración de Emilio Uranga debió de llamarse, de atenemos a su contenido,
La Filoso/la del Mexicano. Y no deja de resultar extraño que el profesor 'tfranga
haya centrado sus reflexiones sobre un tema que considera definitivamente liquidado.
La filosofía mexicana de nuestro medio siglo -nos advierte Uranga- culmina en la
creación de humanismo. Trátase de un gran anhelo de comunidad y de comprensión
de nuestros prójimos. Del laberinto de la soledad hemos pasado al laberinto de la
comunidad. ¿ Qué tipo de hombre ha producido la Revolución mexicana? "La filosofía
de lo mexicano ha tenido que hacerse en medio de luchas y controversias. No se trata
de una ideología reposada y calmosa, ha surgido el filo de los hechos y aunque es un
descantado de muchas elaboraciones intermedias, su condición terminal no ha podido
preservarle de la caducidad ... Tuvo su momento de florecimiento, de consagración, de

625
H40

�moda y de atenci6n. Pero la historia de su vigencia ha sido más bien efímera y fugaz"
(pág. 526).
Asegura Uranga que "siempre será discutible hablar con propiedad de una filosofía
mexicana1 como discutible es hablar de una filosofía griega o alemana pese a apariencias
en contra rio" (pág. 527). A mí me parece que lo discutible, más bien, es hablar de una
filosofía del mexicano. La filosofía rs simplemente filosofía, aunque aquí, en México,
tengan que replantearse probkmas filos6ficos "para" nuestros pueblos. Todos los intentos de construir una filosofía mexicana o específicamente del mexicano no han pasado de ser, como se ha dicho con raz6n, una mera Antropología psicologista y culturalista. No podemos dejar de lado los principios de la metodología general y los principios metodol6gicos especiales para cada tipo de disciplina, la 16gica moderna Y sus
conquistas, para inventar una 16gica y una metodología mexicanas. Tampoco vamos a
efectuar una reducci6n semifenomeno16gica de todo elemento extra-mexicano para
quedarnos en una desnudez intelectual de nivel pre-occidental. ¿ Es que acaso el ~er
mexicano es el ser ontol6gico por excelencia? Porque siempre me ha parecido absurdo
la provincializaci6n de la filosofía, estimo que la pretensi6n de forjar una filosofía del
mexicano es un despropósito. Cosa diversa es que nuestra filosofía, aunque verse sobre
Jo universal en cuanto universalizable, tenga su característico acento mexicano. Pero volvamos al estudio de Uranga.
El tema de la filosofía del mexicano proviene, según Uranga, del problema de la
"ciencia española" suscitado por don Marcelino Menéndez y Pelayo. Se pretende dar
cuenta del mundo a partir del yo, de la raza, del carácter, del estilo de vida o como
se le quiera llamar al término subjetivo desde el cual se intente iluminar la realidad. Y
a renglón seguido la emprende Uranga, fuera de lugar, contra don Américo Castro y
su teoría de la "vividura". Para analizar el ser del mexicano se partió de la vivencia
cotidiana de lo mexicano. Importaba el quién más que el algo. Peroi al quebrarse nuestra "vividura" hemos quedado en disponibilidad humana.
No nos entretendremos en reseñar las presentaciones, o casi siempre brillantes, que
Emilio Uranga hace de Antonio Caso, José Vanconcelos, Samuel Ramos y el grupo
Hiperión. La semblanza de Vasconcelos es, de todas, la más pobre e injusta. ~- su
maestro José Gaos, Emilio Uranga le hace un grave reproche: "En Gaos hay un itmerario de pensador que tiene algo de dramático y a ratos mucho de trágico. A los que
hemos sido sus discípulos predilectos nos ha innoculado un virus mortal de escepticismo.
No nos ha matado la gana de informarnos o de exponer cualquier sistema filosófico,
lo que ha hecho morir en muchos de nosotros es la pasi6n por los principios, el af~rrarse a una convicci6n, el sentar los reales en un credo. Gaos no es un maestro fácil.
Y no aludo con esto a su carácter rudo y tajante. Esto puede pasar. Lo que forma un
escollo casi insalvable en el trato con él, es un último reducto de su personalidad que
nos enfrenta con un peso insoportable de desilusión" ( pág. 554). Ignoro hasta qué
punto acierta Uranga en sus juicios sobre Gaos. Yo no he sido discípulo de Jo~é Gaos.
Le he escuchado varias conferencias y algunos cursillos. Pero eso no basta. Mis maestros, en materia de Filosofía, están en Madrid. De ellos obtuve los mejores estimulos
y casi toda mi disciplina. ¡ Tienen la palabra los discípulos de Gaos! Uranga, aun~ue
sinti6 en su primera juventud los atractivos de la idea de la filosofía como confes16n
personal, se ha decidido ahora por la idea de la filosofía como_ ciencia.
Muchas cosas habría que decir sobre el periodismo en México; entre otras, que no
siempre, mejor dicho, que casi nunca ha estado a la altura de su ~ión. Natu'.almentc
que se puede hacer una reseña fría, neutra, sin compromiso de nmguna especie, sobre

626

l.:: historia del periodismo mexicano. Se nos darán todos los pormenores de las fechas y
nombres de los periódicos surgidos en la Colonia, en la Independencia, en la Reforma,
en el Porfiriato y en la Revoluci6n. Pero no se habrá emitido un solo juicio decisivo
sobre la trayectoria de la prensa mexicana a la luz de la misión y dignidad del periodismo.
El extenso estudio de Mario Rojas Avendaño, intitulado El Periodismo, es un apreciable esfuerzo de investigación histórica que nos brinda un arsenal inmenso de datos
que exigen una ulterior interpretación. Sus conclusiones, rayanas en un optimismo color
de rosa, nos parecen insostenibles: "Justo es reconocer -nos dice- que desde hace
tiempo se desterró del periodismo mexicano el partidarismo político y el sistema polémico. Prevalece la diversidad de opiniones, pero ningún gran Diario adopta posiciones
militantes en los eventos electorales, por mucho que cada uno de ellos sustente opiniones particulares respecto de los hombres que aspiran a gobernar a l país" ( pág. 629).
¿ Será posible tanta belleza? Respondan los lectores mexicanos de acuerdo con su propia experiencia. ¿ Acaso no hay partidarismo político -preguntamos nosotros- en peri6dicos o revistas como El Nacional, La Nación, Siempre, Política, Señal, R espuesta,
etc.
Lo grave no es que haya partidarismo político; esto resulta natural y --en cierto
modo- aconsejable. Lo grave es que la prensa confunda la libertad con el libertinaje;
lo grave es que en determinados momentos --como en el caso de Vallejo y de los ferrocarrileros- se reprima drásticamente la libertad de prensa; lo grave es que no se
oponga coto al sensacionalismo de la nota roja; lo grave es que los periódicos defiendan
intereses espurios de sus anunciantes en abierta pugna con el bien común. Pero de todas
estas realidades lacerantes de nuestro periodismo mexicano, nada nos dice Mario Rojas
Avendaño.
Sigamos examinando sus conclusiones: "La libertad ha creado en el periodismo nacional un mayor sentido de responsabilidad, pue$ se ha adentrado en la conciencia del
periodista profesional una verdad que el actual presidente de la República Adolfo López
Mateos, expresó con claridad prístina al afirmar que: "no se concibe la libertad sí no
se sabe ejercerla como compromiso de actividad fecunda". "La libertad absoluta de
prensa y de expresión, así como las condiciones económicas y culturales do México, han
permitido la multiplicación de los 6rganos de publicidad y su evolución progresista
(pág. 629). ¡ Vayámonos con cuidado! Yo no sé hasta que punto la libertad ha creado
en el periodismo nacional un mayor sentido de responsabilidad, pero de lo que sí estoy
seguro es de que no hay, de que no debe haber una libertad absoluta de prensa y de
expresi6n. Para nadie debe existir la libertad omnímoda de expresión. Para nadie la
libertad de mentir, de incitar al crimen, de calumniar, de injuriar. Si este libertinaje
es insostenible es porque insostenibles son sus principios. Corresponde al Poder Legislativo dictar leyes que fijen los límites de la libertad de escribir. Por cartcer de una
idónea reglamentación de prensa, el presidente Francisco I. Madero fue ridiculizado e
insultado hasta la villanía. Si eso pasó con un presidente de la República, ¿ qué podemos esperar los hombres del pueblo, los hombres que carecemos de investidura política?
Nada significa que las grandes rotativas lancen a la circulación millares de periódicos
y que sus ediciones sean agotadas unas trás otras, si sólo dejan en los lectores la confusión
y el desaliento.
"La técnica del periodismo actual de México -escribe Mario Rojas Avendaño- es
informativa y da a la noticia una preferencia sustancial. En ocasiones, la prescntaci6n
de una información trascendental tiene una repercusi6n política más efectiva que un
editorial" (pág. 629) . Pero un periódico, comentamos nosotros, no puede reducirse a la

627

�categoría de gaceta de información o de cartelera de anuncios y edictos. Está muy bien
que en sus páginas tengan cabida las noticias del día y los anuncios de la semana, pero
está muy mal que a esta finalidad secundaria se le pretenda convertir en primaria. En
su origen, la prensa ha sido maestra de hombres y pueblos. Y sin embargo, es preciso
reconocer que a la mayoría de los periodistas -y hasta de los editorialistas-- mexicanos
les seduce la improvisación y se desgastan lamentablemente en miniaturas intrascendentes. Un seudo-periodismo ramplón y formal ha succionado la mayor parte de las
vitaminas creadoras de nuestros intelectuales, para volcarlas en panegíricos a los viajes
del mandatario en turno, en satiritas que acusan un resentimiento de la más baja estofa,
y en almíbares de salón. Flota así un periodismo de mampostería, con vitrinas relucientes y joyante exhibicionismo, pero carente en absoluto del hálito profundo que brota
de la auténtica misión de la prensa; que suscita problemas esenciales contribuyendo a
au esclarecimiento; que forma opinión sobre cuestiones cardinales; que desbroza incógnitas; que traza grandes líneas normativas sin temer a la opinión en boga o equivocada,
y sin inclinarse incondicionalmente a las pasiones incontroladas y ciegas de las masas.
Tócame concluir mi comentario al libro MÉxico. SO Años de Revoluci6n. IV. LA CULTURA. (Fondo de Cultura Económica). Ante todo cabe preguntar, como lo hizo el Lic.
Luis Cabrera en ese famoso opúsculo La Revoluci6n de Entonces ( y la de Ahora): ¿ A
cuál revolución se refieren? ¿ A la Revolución de Entonces o la de Ahora? En rigor,
sólo ha habido una Revolución: la que inició Madero y consumó Carranza. La que
culminó en la Constitución de 1917. Si Revolución significa un cambio violento en las
instituciones políticas de un Estado, resulta excesivo hablar de 50 años de Revolución.
Cosa diversa es que los ideales del movimiento armado se proyecten en la era postrevolucionaria. Por eso he preferido, en aras de la precisión conceptual y terminológica,
usar como titulo de mi reseña: La Cultura Mexicana Post-Revolucionaria.
Cualesquiera que sean los reparos que suscite la obra comentada, es preciso reconocer
el magno esfuerzo de sus autores por poner en claro, ante nosotros mismos, el sentido y
las posibilidades de nuestra cultura nacional en sus varias manifestaciones. Las futuras
investigaciones sobre la misma materia encontrarán, en este volumen, a más de su punto
de partida, una buena porción de materiales aprovechables para un orden arquitectónico
más logrado y cabal.
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

ALFONSO REYES, Antología, Prosa, Teatro, Poesía; Fondo de Cultura Económica,
Colección Popular 46, México 1963. 64
págs.
EL FoNDO DE CULTURA EcoNÓMICA ha incluído en su estimable Colección Popular
una antologia básica de Allonso Reyes
que viene a llenar una necesidad en el
ámbito popular: conocer más e interesar
al público en la obra de nuestro gran escritor. Para aquellos que, por sus escasos

recursos económicos, no pueden adquirir
los volúmenes de las obras completas u
otras ediciones también caras, esta Antología puede servirles de introducción a
una lectura y conocimiento más amplio
del polifacético Alfonso Reyes.
Indudablemente el gran acierto del antologista -mantenido en el anonimato
por la casa editorial- ha sido la acertada
selección que se incluye en este volumen.
Visi6n de An4huac, La Cena, Apolo o de
la Literatura, De la Lengua Vulgar, lfi-

genia Cruel y Poemas Selectos son los títulos incluídos en la Antología. A través
de ellos se presenta una verdadera imagen
de Alfonso Reyes que encierra, en la vastedad de su producción literaria, todas las
gamas y escalas de la creación: visión y
reconstrucción históricas, creación en la
prosa de ficción, teórico literario y lingüista; autor de un teatro poético de elevada
categoría y, finalmente, poeta, su título
más preciado y entrañablemente querido:
un Alfonso Reyes integral en su obra y en
su vida. Por otra parte, se presenta también al Allonso Reyes mexicano y universal, doble dimensión ésta que Jo convierte
en la figura literaria más importante del
México moderno. Un Alfonso Reyes enamorado de México en su Visión de Anáhuac, en busca de las raíces próximas a
flor de tierra, de las esencias de su pueblo y de su historia. La imaginación cabalgando sobre una realidad que está más
allá del espacio y la cronología: La Cena.
El espíritu abierto y alerta a lo teórico
del fenómeno literario en Apolo o de la
Literatura. Tampoco podía faltar la discusión helénica, fuerte y raíz de su vida
intelectual, en este caso forma de revitalización trágico-poética en la que se
funde una doble experiencia allonsina: la
intelectual y la vital: esto es la lfigenia
Cruel.
"La lfigenia -afirma A. R.-, además,
encubre una experiencia propia, usando
del escaso don que nos fue concedido, en
el compás de nuestras fuerzas, intentamos
emanciparnos de la angustia que tal experiencia nos dejó proyectándola sobre el
cielo artístico, descargándola en un coloquio de sombras". Con la también reciente publicación de la Oración del Nueve
de Febrero se ha aclarado totalmente esta vivencia trágica que A. R. llevó y cultivó ansiosamente en su conciencia hasta
el último día de su vida. Y finalmente, la
dimensión política en una acertada selección de aquellos fragmentos que nos llevan más directamente a su inferioridad y

a sus temas predilectos: Glosa de mi Tierra, evocación madrileña de sus recuerdos y de su solar; Golfo de México, geografía lírica del desterrado; Yerbas del
Tarahumara, con la mirada tendida hacia
el indio irredento en soledad de tierras y
de hombres y, en fin, ese poema Los Caballos, en el que lo autobiográfico se funde, en un esfuerzo único, con la historia
y las vicisitudes del México a quién siempre amó.
Siempre hemos dudado del valor selectivo que pueda haber en las antologías;
aquí, sin embargo, nos reconciliamos con
la idea de que una antología, bien hecha,
puede convertirse en una biografía. La
imagen de A. R. que se nos entrega es
cabal y completa; captamos, en forma integral, las dimensiones exactas de su mundo intelectual y sentimental. Allonso Reyes es, en México, una lección de honestidad cívica e intelectual; au imagen debe
ser una norma y un aliciente que impregne y oriente la vida del México nuevo que
despierta a categorías vitales de alcance
insospechado. Ojalá esta Antología tenga
la amplia difusión que su contenido merece.

JUAN ANTONIO AYALA
CHARLES V. AunuRN y otros, El Teatro
de Lope de Vega, artículos y estudios;
prólogo, selección y revisión técnica de
José Francisco Gatti; Colección Ensayos.
Eudeba: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1962. 220 págs.

LA EDITORIAL UNrvERSITARIA de Buenos
Aires que, a los pocos años de fundada,
ha logrado ponerse a la cabeza de las
editoriales universitarias de América Latina, tanto por la calidad intrínseca de
los volúmenes editados como por su presentación tipográfica, añadido todo esto
al magnífico sistema de distribución, hace
que sus ediciones sean accesibles en tocio
el continente. La Universidad de Buenos

628
629

�Aires no podía estar ausente en los homenajes brindados el año pasado al Fénix de los Ingenios y ha presentado el
volumen que hoy reseñamos para adherirse a las conmemoraciones del mundo
de habla española.
José F. Gatti, profesor de literatura española de la Facultad de Filosofía y Letras y del Instituto Superior del Profesorado de Buenos Aires, ha seleccionado
para este volumen un grupo de ensayos de
las firmas más acreditadas en torno al tema de Lope de Vega. Son ellos: Charles
V. Auburn y José F. 'Montesinos, Edward
Wilson, G. W. Ribbans, Leo Spitzer, Marce! Bataillou y Amado Alonso. Esta lista
de nombres constituye ya de por sí una
garantía para el lector y el estudioso de
un tema tan apasionante como el del Teatro de Lope de Vega. El acierto inicial de
agrupar estos estudios en un solo volumen
consiste en haber puesto a disposición del
público un material que, por encontrarse
disperso en revistas especializadas ya raras, era de difícil acceso.
El recopilador José F. Gatti señala en
su breve Pr6logo la importancia de los estudios reunidos por él en este volumen de
homenaje. Destaca acertadamente la importancia de los estudios lopescos de Menéndez Pelayo, al mismo tiempo que la
limitación de los mismos en algunos aspectos fundamentales, limitación condicionada por su ideología y por la sensibilidad de la época en que los escribió. Conservando muchas de las intuiciones geniales del gran polígrafo santanderino, los
estudios del teatro y de toda la obra de
Lope de Vega han pretendido, con bastante éxito, el apreciar esa obra dentro
del ambiente estético, político, religioso
y moral del siglo XVII. El brusco viraje
dado a los estudios literarios desde la
aparición de la nueva metodología de
análisis estilístico ha influido notablemente en este campo: el mismo prologuista menciona el libro fundamental de
Karl Vossler, Lope de Vega und sein Zei-

630

taltcr (Munchen, 1932) y los estudios de
José F. Montesinos.
Charles V. Auburn y José F. Montesinos estudian Peribañez,' tocando puntos
importantes de la obra tales como: fecha
de composición, fuentes y fondo histórico,
las comedias de "Comendadores", Fuentes
posibles de "Peribañez". Su fortuna en el
teatro, Psicología y moral de los dram:is
de Lope. El amor, algunos personajes secundarios, Estilo y versificación. Es básico en este estudio el esfuerzo hecho por
sus autores para fijar la fecha exacta de
la composición de Peribañez (1613), dato sobre el que se había dudado bastante
y que es ·esencial para su comprensión.
Las fuentes y el fondo histórico parecen
remontarse a "la tradición oral" tal como señalan los autores; parece ser que
existió un romance sobre el tema, aunque
sobre este punto también existen muchas
dudas, pues "una tradición podía reducirse a un nombre proverbial, y el poeta que
quisiera dramatizarla debía inventar todo
lo demás. Proverbio, copla, personificación, no son, en sentido propio, fuentes
de una obra dramática; cuanto más, pueden ser su pretexto" (p. 15). "De aquí
que Lope puede moverse libremente en
el campo de la invención y la poetización
dramática al no tener que prestar atención a una realidad histórica concreta;
aunque también es cierto que no pierde
nunca ese sentido de realidad histórica ni
ambiental popular tan característica suya,
sobre todo en lo que se refiere al aspecto
folklórico del Peribañez. De gran importancia consideramos en este estudio el enfoque de la psicología y la moral de los
dramas de Lope, punto sobre el que nuestros autores tienen juicios acertados, sobre
todo el que se refiere al de la aclaración
o puntualización de lo popular y lo democrático. "Una literatura popular -afirman- puede ser la expresión de un ideal

aristocrático. Es suficiente para ello que
el contenido de la conciencia moral de un
pueblo coincida con el modo de ser y de
vivir de sus superiores. Entonces el noble, que es el mejor entre los buenos, goza
de veneración universal y aparece al mismo tiempo como señor y héroe popular.
En este sentido, ejerce influencia duradera sobre las gentes de su raza que ven en
él sin duda un modelo, y más aún la
proyección muy ampliada de su propio
ser, de sus aspiraciones y de sus deseos"
( p. 24). Sigue un certero análisis de algunos ideales y de las normas morales de
la época y de la sociedad en la que Lope
de Vega produce sus obras: respeto a la
monarquía absoluta, exaltación del honor
caballeresco, culto a la justicia dentro de
cada orden social y castigo ejemplar a
quien viola las normas morales establecidas.
El tema del amor también es estudiado
en cuanto "el antiguo teatro español presupone una ética, un sistema moral coherente compuesto de elementos muy diversos cuyo conocimiento es muy necesario
para comprender las acciones y reacciones de los personajes de sus dramas. El
amor es el centro de este sistema. A pesar
de lo que comúnmente se cree, es la pasión más unida, en cada uno de sus avatares, a la vida del momento, a la actualidad histórica. Por lo tanto, en Lope y
en sus discípulos presenta aspectos que
hoy nos sorprenderían" (p. 31).
El segundo ensayo recogido en este volumen y debido a Edward M. Wilson se
refiere también a Peribáñez' y, en cierto
sentido es una crítica o rectificación de
algunas de las opiniones de Auburn y
Montesinos. El propósito del estudio está
bien fijado por el autor: "Trataré, pues,
principalmente de las imágenes, aisladas o
repetidas, y de ciertos motivos más generales a fin de ver si influyen en la inter-

pretación de la obra en su conjunto" (p.
51). Tal es el propósito y la metodología
que sigue el autor al tratar de demostrar
que Peribáñez es esencialmente una obra
en la que se trata de un problema de relación entre las diferentes clases sociales.
Equilibrio intenso dentro del mundo villanesco y dentro del mundo aristocrático:
ruptura violenta cuando chocan ambos
mundos, aun a pesar del respeto hacia la
norma moral vigente. Wilson dedica gran
parte de su trabajo al estudio de las imágenes empleadas por Lope para crear el
clima de tensión recíproca entre ambos
mundos y también el clima poético tan
característico de este teatro: "Imágenes
ingenuas, familiares, cada una de ellas está vivificada por detalles específicos. Es
la poesía misma de la vida cotidiana. Lope hace hablar a sus místicos amantes de
una manera muy natural y les presta vivas imágenes adecuadas a sus trabajos y
a sus placeres. Sus frases se adaptan fácilmente a los ritmos de los versos, sin que
sea necesario alterar considerablemente la
sintaxis" (p. 55). Significado y Estructura
de "Fuenteouejuna" por G. W. Ribbans •
es el tercer estudio incluido en este volumen. El autor intenta demostrar que
Fuenteouejuna "es a la vez más profunda
en su significado y más coherente en su
construcción que lo que generalmente se
supone" (p. 91). Los pasos que sigue son:
a) Investigación exhaustiva de las fuentes
con referencia a las alteraciones lopescas
respecto a sus fuentes históricas, alteraciones de lugar y tiempo que exige la acción
dramática y la propia técnica de Lope.
b) El "contraste fundamental entre el
modo de vida de la nobleza y el del pueblo" (p. 92), con sus consiguientes implicaciones morales y psicológicas, que
forman el cuadro de valores de la época :
"La clase noble y la comprensiva, la ciudad y el campo, quedan asi contrastados

1
Prólogo en: LoPE DE VEGA, Periba•
ñez y el Comendador de Ocaña, París,
Hachette, 1943, págs. XV-XLVIII.

' Imágenes y Estructuras en "Peribáñez", en Bulletin H ispanique, Burdeos,
1949, LI, 125-159.

' Bulletin of Hispanic Studies, Liverpool, 1954, XXXI, 150-170.

631

�1

I'

por sus diferentes modos de vida; ambos
son igualmente necesarias para el bienestar público y, moralmente hablando,
ninguna es por naturaleza superior a la
otra" ( p. 94). c) Referencia básica a las
ofensas sexuales cometidas por el comendador. Aquí señala el autor la actitud de
Lope respecto a la lujuria, tema ampliamente tratado por él en diferentes comedias y siempre con la misma objetividad y
rectitud. Otro aspecto interesante señalado por Ribbans es el de "la alteración de
las escenas populares y aristocráticas...
Las cortas escenas políticas son un recuerdo constante de una faz del cuadro; proporcionan la contraparte aristocrática a
las escenas rústicas de Fuenteovejuna y
forman una rama del contraste básico entre el villanaje rural y la nobleza" (p.
109).
Leo Spitzer, el gran maestro de la nueva estilística, está presente con un estudio dedicado a "un tema central y su
equivalente estructural en Fuenteouejuna".' Para Spitzer el aspecto básico de
Fuenteovejuna es el "tema central que domina toda la comedia: La relación entre
el amor y la armonía musical" (p. 125).
Spitzer señala en la comedia una serie de
tópicos que están relacionados con ia tradición pitagórico-platónica en el mundo
occidental y traza acertadamente las coordinadas de esta relación, amor-armonía
musical, a través del tema central de la
obra y sub-temas que van surgiendo en
el curso de su desarrollo. Estudia diversos
motivos básicos y su aparición rítmica
tanto en los parlamentos, imágenes, ambientes como en la misma música aldeana
y termina afirmando: "La comedia que
empieza y termina en armonía, está influída en toda su extensión por aquella
nostalgia de los sueños primitivos de paz
de Nietzsche (en sus Orígenes de la Tragedia) reconoció como rasgo característico
• Hispanic Review, Universidad de
Pensilvania, Filadelfia, 1955. XXII, 274292.

632

de la 'ópera del Renacimiento' y, en verdad, la superestructura musical de nuestra
comedia participa de la naturaleza de la
ópera (pp. 140-141).
El ilustre hispanista francés Marce! Bataillon estudia El Villano en su Rinc6n.'
Su estudio toca los siguientes puntos: l.
Una Singular "Alabanza de Aldea". II.
Obra de Circunstancia. 111. El Rústico y
El Rey de Francia. IV. El Epitafio de
Juan Labrador. V. Y 21 Estábase al Rinc6n. VI. El Villano y el Rey del Cielo.
VII. El Tema Fundamental Resiste. Para
Bataillon El Villano en su rinc6n "se distingue a primera vista por ciertas extravagancias que bien pueden desconcertar al
lector" (p. 148). Anacorismos, confusiones de lugar, alteraciones en el curso de
la acción, etc. Bataillon da una explicación de estas irregularidades al explicarnos el fondo histórico creado por los casamientos franco-españoles de 1612 y el
impacto que tienen en la vida dinástica
española; por otra parte, influye también
en la obra la reticencia oficial y la censura respecto a las alusiones a Francia después de la paz de Verirns. Señala también
el autor otra clave que él llama "española": el duque de Sessa (p. 160) y todos
los intereses políticos y personales por parte de Lope que existían en tomo este
personaje. Es importante señalar, también, en este estudio, el punto dedicado
al Epitafio de Juan Labrador ya que en
él se abordan aspectos básicos sobre la génesis y la estructura original de la obra.
Sobre este aspecto Bataillon señala una
guía metodológica importante que puede
tener una validez universal en estudios de
este tipo: "Debemos considerar como
fuente, en el sentido estricto de la palabra, no cualquiera de los elementos utilizados, sino el que guía la actividad creadora, no el elemento que ocupa un lugar en la obra como un ladrillo en la

construcción, sino aquel que obra como
un fermento en toda la masa. Ningún arte
muestra mejor que el de los poemas dramáticos de Lope lo vano de una investigación de fuentes que consista en espigar
un rasgo de carácter por aquí, una peripecia por allá, y un triunfar cuando se
encuentra una "intriga" vagamente coincidente con la obra estudiada" (p. 161).
La fuente, d tema motor de El Villano
en su rincón es, como señala Bataillon,
el brindado por el folklore o sea el epitafio que Juan Labrador procedente de
diversas fuentes populares y literarias. Son
también importantes. y decisivas las páginas dedicadas al "villano" y a sus relaciones con el "Rey del Cielo", con las implicaciones de tipo religioso por el terna,
simbolizan que responde a las exigencias
de la época de Lope.
El último trabajo del volumen Lope de
Vi!ga y sus Fuentes se debe a la pluma
del maestro Amado Alonso.• Básicamente
se estudian en este trabajo los recursos intelectuales propios de Lope y su actitud
personal ante el espíritu de la época en
que le toc6 vivir y que fueron determinantes esenciales en la gestaci6n de su
obra. Afirma el autor que: "No obstante
su genialidad y su carácter único, Lope
es eminentemente representativo de su
pueblo en su época. También lo son los
guerreros y estadistas, escritores y pintores, místicos y santos citados: encamaciones culminantes de las distintas direcciones que tomó el espíritu de un pueblo en
su punto de saz6n. Pero Lopei es 'el' representativo por autonomasia. Hasta quiso
el destino que su vida estuviera especialmente ligada a los grandes acontecimientos de aquel siglo extraordinario" (pp.
194-95). Y de aquí parte Amado Alonso
para demostrar cómo Lope de Vega fue
el representativo nato en todo acontecimiento nacional de su época, sea cual fue-

• Bulletin Hispanique, Burdeos, 1949.
LI, 5-38, LII, 397.

• Thesaurus, Boletln del Instituto Caro
y Cuervo, 1952, VIII, i-24. (Esp. sobre
"El castillo sin venganza").

a

re su carácter: "Lope -afirma- está
presente con su certera musa popular para hacerlas más tristes y más alegres, como si Lope fuera la f acuitad poética del
pueblo español" (p. 195). Al mismo tiempo, señala Alonso un aspecto básico de
Lope en el que se habían fijado muy poco los críticos a excepción de Vossler: Lope poeta de la conformidad nacida de la
identificación total con su pueblo, y llega
a afirmar: "Lope vivía en afirmación
constante de su vida y de sus bienes, y
con genialidad poética prolongaba y
exaltaba las líneas que el mundo en que
nació le ofrecía, y daba forma decisiva a
multitud de anhelos, valores y motivos del
vivir nacional" (ibid.). De aquí para
Amado Alonso a estudiar el caso concreto de El castillo sin venganza, cuya fuente
específica es un cuento del Bandello, es•
cabroso como narración característica del
Renacimiento del cual Lope, en su ancianidad, hace "una de las más hermosas y
tensas tragedias del teatro español, El
castillo sin venganza" (p. 201). Partiendo
de esta fuente, fácilmente localizable,
Lope de Vega realiza la proeza de nacionalizar un tema extranjero y de darle el
verdadero "pathos" dramático que exigía
el género y el ambiente social del momento. Aquí, en esta adaptaci6n y transformación de una fuente, es donde se muestra el genio de Lope y su permanente vinculación con el espíritu de su pueblo. "En
la nacionalización del drama -afirma
Alonso-- en su constitución misma, y lleva consigo el trasplantarlo y elevarlo de
aquel tono de ameno y licencioso pasatiempo que tenía en el cuento del Bandello al tono de la gran tragedia" ( p.
204). . . "Y más cuando el poeta es como
Lope de Vega el genio de la comunión
con su pueblo. Debido a esta alegre y
productiva conformidad con su destinatario, Lope de Vega, ha cumplido con el
tema italiano una profunda nacionalización, no sólo en el final, donde es evi-

633

�dente, sino en la concepción e!ltera y en
la entera realización" ( p. 205).
JUAN ANTONIO AYALA

Ge6rgicas, Introducción, versión rítmica y notas de Rubén Bonifaz Nuño, Biblioteca Scriptorum
Graecorum et Romanorum Mexicana,
Publicaciones de la Coordinación de Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de 'México, 1963 - XCI + 92
págs. texto Bilingüe.
PuBLIO VIRGILIO MARÓN,

LA CooRDINAC1ÓN DE HUMANIDADES de
la U.N.A.M. a cuyo cargo está la publicación de la Biblioteca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana ofrece
un nuevo volumen que consideramos importante y necesario dentro de esta valiosa serie; Las Ge6rgicas de Virgilio, en
traducción debida a la pluma del poeta
mexicano Rubén Bonifaz Nuño, de quien
son también la introducción y las notas.
La importancia de Publio Virgilio en
el mundo occidental ha sido puesta de
relieve desde hace mucho tiempo por los
estudios que han seguido las huellas de
su influencia en nuestra civilización de
factura romana o románica, si se quiere;
con razón se ha calificado al poeta del
Mantua de Padre de Occidente. Poetas
excelsos como Antonio Machado expresa.ron su admiración por este poeta del Imperio, en los siguientes términos:
"Si me obligaran a elegir un poeta,
elegiría a Virgilio. ¿ Por sus Eglogas?
no ¿ Por su Eneida? no.
lo. Porque dio asilo en s~s poemas
a muchos versos bellos de otros poetas,
sin tomarse el trabajo de desfigurarlos.
2o. Porque quiso destruir su Eneida,
¡ tan maravillosa!
3o. Por su ¡;ran amor a la naturaleza.
4o. Por su gran amor a los libros.

631-

( Los Complementarios, Losada, Buenos
Aires, 1957, p. 32).
A nuestro juicio, el mérito de Virgilio
como poeta reside en su calidad de poeta
civil e incluso político en un momento
histórico en que Roma, habiendo salido
del caos de las crueles y prolongadas guerras civiles, se iniciaba en la disciplina
nueva del Imperio. Nacido en las agonías
republicanas, educado en medio de luchas
fratricidas y despojado por ellas, alcanza
a ver cómo, la honda transformación política iniciada por Augusto devuelve a
Roma el _sentido de su misión política
rectora. Virgilio ante esa serie de fenómenos y de experiencias asume la voz poética
para cristalizar el verdadero sentido ecuménico y vital del Imperio naciente. La
voz de Virgilio es la de la paz, la del
retorno al cultivo de las antiguas virtudes
romanas, a la tierra y a su cultivo en el
que se afincaba el sentido de la austeridad
y de donde dimanaba la verdadera categoría de la nobleza. Esta es la grandeza
de Virgilio; su identificación con la tierra, con el señorío que viven en unión
con la naturaleza. Sobre él y su obra ha
afirmado Alfonso Reyes en forma definida y definitoria: "¡ Con razón Virgilio
parece, siempre y para los hombres de todas las tierras, una voz de la patria! .. .
La lectura de Virgilio es fermento para
la noción de la patria, y a la vez que modela su ancho contorno, la llena con el
contenido de las ciudades y los campos,
la guerra y la :i.gricuitura, las dulzuras de
la vida p.ivada y los generosos entusiasmos de la plaza pública, dando así una
fuerte arquitectura interior al que se ha
educado en esta poesía. Llevando un Virgilio, se puede bajar sin temor a los infiernos".
Las Ge6rgicas, en especial, constituyen
una de las obras de más hondura dentro
de la producción total de Virgilio. Obra
de encargo, sabe en ella el poeta superar
los imperativos y los gustos de Mecenas

y crear algo que trasciende toda circunstancia. "Or, dans les Géorgiques, nous
apprenons qu'il est pour l'homme une
autre maniére d'etre en équilibre harmouieux avcc l'univers, et c'est le travail.
Le poéte découvre la possibilité de s'intéreser á autre chose qu'á la poésie. La
composition poétiquc cesse d'avoir pour
seul objet concevable l'entreprise méme
de poésie" (Jacques Perret). Rubén Bonifaz Nuño precisa aún más este punto
de vista: "Es preferible, si se cree en el
influjo de la literatura sobre la vida humana y en la obligación que tiene el escritor de ponerse al servicio del desarrollo
de la sociedad, secundar la tradición, en
último término apoyada por lo que dice
el mismo Virgilio, y ver una exaltación
de la poesía donde otros hallan un rebajamiento. Le dirá, tal vez, que Virgilio
fue un instrumento de los proyectos imperiales de Augusto. Pero en verdad, el poeta, ha excedido con mucho ese interés, y
por encima de él ha servido, al celebrar
la responsabilidad de la paz conquistada
por medio del trabajo libre, los intereses
que dan cimiento y cima a la existencia
de los hombres" (p. XIII).
La empresa de traducir a los poetas latinos al castellano no ha sido siempre tan
afortunada como hubiera sido de desear.
Son escasas y de valor dudoso las que poseemos. El arte de traducir a los poetas
ha sido siempre un tema apasionante y sobre el cual todavía no se ha dicho todo
lo que se debería decir y se ha dicho, por
otra parte, demasiado. Yacques Perret en
su obra Virgile ' ha dedicado un capítulo
a este tema que no podemos menos de resumir en esta breve nota dada su utilidad
y su meridiana claridad. Es de sobra conocida la señorial traducción que hiciera
Paúl Valéry de los Buc6licas y que señaló en la "historia póstuma de Virgilio un
acontecimiento extraordinario". En fran' PERRET, YACQUES, Virgile, "Ecrivanis de toujours", Editions du Sevil, Paris,
1959.

cés como quizá en castellano, nunca un
gran poeta de la categoría de Virgilio había sido traducido por otro gran poeta,
dado que las traducciones habían estado
siempre a cargo de filólogos o de los aficionados de buen gusto. "Los filólogos
-afirma Perret- podían ser hombres de
gusto, pero la conciencia de sus tareas
pedagógicas, su timidez en el campo literario, una minuciosidad cultivada con
demasiada asiduidad al servicio de la
exactitud verbal, casi siempre los ha condenado a darnos traducciones bastante
insípidas" ( p. 163) . Los aficionados de
buen gusto y de mejores intenciones casi
nunca contaron con el instrumento preciso y necesario del dominio de la lengua;
en el mejor de los casos, los resultados de
su trabajo no pasaron de ser relámpagos
pasajeros condenados obviamente al olvido, pues "en el curso del último siglo, el
aficionado que se puso a traducir a Virgilio era, normalmente, un hombre con
prejuicios, poseído por los delirios y las
fórmulas de moda. . . no esperamos de él
una imaginación creadora de formas una
ambición aún desproporcionada, un~ mirada que vaya algo más allá" (pp. 163164). Virgilio, un poeta, irredento, en estas lenguas vernáculas que han dado lecciones de poesía, esperaba su traductor,
esperaba y aún espera a otro gran poeta
viviente que le tienda una mano fraternal. De aquí la gran importancia que
supone el hecho de la traducción de un
gran poeta; ser traducido por otro gran
poeta, he ahí el problema. "S'il n'est de
poésie que par la communication d'une
expérience strictement personelle en son
origine, si l'élément d'inspiration cordiale
l'emporte de fac;on d écisive sur tout ce
qui est ajustement de mots on fabrication, l'idée de couler des mots dans les
empreintes d'autrui ne peut etre quí insensée" ( p. 164). Partiendo del supuesto
básico de que una poesía es una forma
en su esencia, la traducción encierra la
dificultad real de encontrar cintos equi-

635

�valentes de forma que en alguna manera,
aunque sea débil y lejana, reproduzca la
forma original. Es evidente que entre la
forma concreta de la poesía clásica grecoromana y la de las lenguas románicas ( tal
el caso del español) median dos tipos de
versificación radicalmente distintos. ¿ Hasta qué punto se puede dar en lengua vernácula una aproximación a la fonna latina? ¿Hasta qué punto se han aprovechado o se han descubierto en las lenguas
romances los recursos métricos internos
dejando de lado la rima? Marce) Pagnol
opina al respecto: "Las lenguas en las
que el acento tónico ocupa un lugar variable y que hacen una diferencia clara
entre las breves y las largas, pueden prescindir de la rima puesto que cada verso
contiene su propia música. Un verso latino, aislado del poema, sigue siendo un
verso, en virtud de su constitución. Un
verso francés aislado es decir, bien entendido, un verso que no especifica su pertenencia a un sistema de enunciados rimados -no es más que una frase, frecuentemente armoniosa y poética, pero
nada permite afirmar que se trate de un
verso". De aquí que la traducción en verso de la poesía latina tenga que estar normada por nociones prosódicas y métricas
claramente definidas, al mismo tiempo
que se capte el tono básico y fundamental de la emoción poética transmitida en
esa forma. De aquí que el traductor ideal
del poeta sea otro poeta. El caso se da
a la perfección en Rubén Bonifaz Nuño,
poeta, traductor en este caso, de la gran
poesía virgiliana de las Ge6rgicas. Nada
de malabarismos métricos ni de contorsiones idiomáticas. Su traducción en verso
-y aquí está precisamente el acierto-ha captado el espíritu de esa forma poética de Virgilio que hasta ahora parecía
intraductible, en una expresión clara y
precisa. ¡ Qué lejos afortunadamente de
la oscuridad -y hasta de la pueril pedantería- del Méndez Plancarte que, en
mala hora, puso sus manos en Horado!

636

Bonifaz Nuño traduce verso por verso,
conservando un ritmo interno que se impone alegremente desde el primer momento y que refleja con bastante proximidad
el ritmo métrico del exámetro: "El mérito de la edición que presento ahora,
dentro de la Biblioteca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana, suponiendo que algún mérito tenga, creo que
deberá buscarse no en la introducción o
en las notas explicativas, donde reconozco
mi insuficiencia y mi falta de una habilidad siquiera mediana, sino en la honradez del trabajo de la traducción de un
poema considerado invariablemente como obra maestra, y que, por lo mismo, es
difícil de trasegarse a un idioma distinto
a aquél en que tan proporcionadamente
nació". Su esfuerzo no ha sido vano; entre manos tenemos su traducción y un
Virgilio íntegro, fundamental, poético en
una traducción poética. Ojalá, Rubén Bonüaz Nuño sorprenda, en breve, con las
Buc6licas y si se nos permite el entusiasmo, casi una Eneida, tan necesitada en
castellano.

Lic.

JuAN ANTONIO AvALA

TULIO CICERÓN. Catilinarias.
Prólogo, traducción y notas de Rafael Salinas, Biblioteca Scriptorum Graecorum et
Romanorum Mexicana, Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección
General de Publicaciones, México, 1963.
CXLII
80 págs.
MARCO

+

LA Biblioteca Scriptorum Graecorum et
Romanorum Mexicana ha incorporado a
su catálogo la valiosa traducción de las
Catilinarias de Marco Tulio Cicerón debida a la pluma de Rafael Salinas, quien
junta en sí las valiosas cualidades de filólogo, historiador y traductor. Por otra
parte, la urgente necesidad que nos apremia de contar, en lengua castellana, con
los textos de la literatura clásica grecoromana, con un auténtico sentido de mo-

dernidad y seriedad científica, hace que
estas nuevas ediciones sean recibidas y
apreciadas, en todo su valor, en los medios académicos universitarios.
La importancia de estos cuatro discursos de M. Tulio Cicerón, conocidos desde
la antigüedad como Catilinarias se deriva, primordialmente, del planteamiento
político-social que provocó, en la Roma
republicana decadente y anárquica, la
conspiración de Lucio Sergio Catilina. Es
preciso deshacemos de una falsa configuración histórica sobre este personaje y los
móviles que lo impulsaron a la conspiración. Recordemos que en este caso, como
en otros muchos, la historia fue escrita
por los vencedores. No es posible, en el
caso de Catilina, simplificar el problema
y reducirlo a la mera ambición o corrupción de Catilina y de un grupo de despechados; toda simplificación peca de unilateral y, en consecuencia, no puede menos de representar una mendacidad o una
injusticia. La conspiración de Catilina no
puede ser contemplada de espaldas a las
circunstancias histórico-políticas predominantes en Roma desde la guerra de los
aliados latinos y su recrudecimiento a
partir de la dictadura de Sila. Mezclados a las ambiciones políticas y a la gradual corrupci6n existen verdaderos problemas de tipo económico, político, jurídico y social; de Catilina lleva implicados muchos de estos problemas que desgastaron a la Roma republicana. De aquí
la necesidad de un nuevo enfoque de este
problema hist6rico y de una valoración e
interpretación de las Catilinarias, tal como lo ha hecho Rafael Salinas en su prólogo a esta nueva edición.
La conjuración de Catilina es uno de
los exponentes más signüicativos del estado de crisis casi permanente en que
vivió la República romana y que se acentuó en sus últimos años. "En la historia
de Roma -afirma Altheim- las crisis
son períodos que alternan con los de conquista y expansión. Ascenso y decadencia,

vida y muerte del Imperio, opónense así
en forma inmediata. . . Porque la crisis,
lo mismo que una grave enfermedad, se
graba en el cuerpo de la entidad estatal,
y cada nueva crisis refuerza las huellas
de la precedente. Lo mismo, pues, que
las enfermedades, así también las crisis
son imágenes de la muerte, constituyen
anticipaciones f antasmáticas de la ruina
que ha de vivir y vendrá, necesariamente.
Incluso una crisis superada representa un
paso más hacia el fin. La primera crisis
que hubo de atravesar la comunidad romana exhibe características que habían
de resultar signüicativas para los demás.
Ya ésta quedó profundamente grabada".
En esta época de crisis concurren una
serie de problemas de tipo político-económico heredados de etapas históricas anteriores y que nunca habían sido resueltos: las soluciones provisionales dadas
por los grupos oligárquicos jamás conciliaron los planteamientos más urgentes; únicamente, los fueron pasando de una generación a otra sin darse cuenta de que
iban creciendo y minando los cimientos
de las instituciones. ¿ En qué forma llegó
a culminar esta crisis y cuáles fueron los
factores de su planteamiento? El más importante, a nuestro juicio, consiste en los
términos de desigualdad social, política y
económica, privativos de la República Romana desde la época de los Gracos. Veamos, brevemente, en qué consisten dichos
planteamientos. La política romana presenta como c¡iracterística el haber estado
dominada permanentemente por la aristocracia, que no pudo ni quiso solucionar los graves problemas planteados
por la ampliación territorial, los carn\&gt;ios económicos y la madurez política del pueblo. La ampliación territorial de las fronteras del imperio trae
como consecuencia inmediata la necesidad de la creación de un sistema militar
eficiente cuya estructura y funcionalismo
chocará a la larga con la concepción civilista republicana; lentamente, la estrue-

637

�tura militar va produciendo fisuras en el
cuerpo político hasta que llega el momento en que éste es ya imperante debido
a las presiones y a las ambiciones de los
caudillos militares. Esta misma ampliación
territorial produce cambios económicos
profundos que van a acentuar mucho más
la lucha de clases dentro del seno de la
sociedad romana; el paulatino empobrecimiento de la agricultura italiana, la formación consiguiente de los latifundios y
la masa campesina desprovista de suelo,
pan y auténticas ambiciones hacen que
la auténtica vida política de la República
derive de sus cauces normales a un remedo de democracia, manejada, sin solución
de continuidad, por la aristocracia. Una
institución tal como el tribunado de la
plebe, creada originalmente como un instrumento de defensa democrática, llega a
ser inoperante desde el momento en que
patricios y caballeros la manejan a su antojo valiéndose de triquiñuelas legalistas.
De aquí parte, indudablemente, la demagogia, populachera ejercida perfectamente por personas originarias de la nobleza.
Y aquí es donde debemos situar a un Lucio Sergio Catilina, demagogo muy distanciado, en estatura política e intenciones, de los Gracos, aunque tome de éstos
porciones desvirtuadas de su plataforma
política.
A nuestro juicio, el mérito del traductor de Las Catilinarias, ha sido destacar
en su valiosa introducción algunos de los
factores que llevaron al planteamiento de
la conjuración de Catilina, aunque no estamos de acuerdo en su interpretación
dialéctica de determinados y particulares•
hechos históricos. Sin embargo, creemos
que el procedimiento es legítimo y hasta
aleccionador.
JUAN ANTONIO AYALA

JEAN CousJN, Los Estudios Latinos, trad.
Leda füui de Costa, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Colección Guías,
nuenos Aires. 1963. 156 pp.
EL PRÁCTICO MANUAL de Jean Cousin Les
études latines, publicado originalmente en
1944 y que ha sido recomendado ampliamente en las cátedras de lengua y literatura latinas, llega por fin a nuestras manos, traducido al castellano, con diecinueve años de retraso, lo cual constituye, de
por sí, una auténtica señal o de nuestra
proverbial pereza o de nuestra inefable
ignorancia frente a las auténticas realidades del mundo cultural. Y, por otra parte,
el hecho se agrava si consideramos que
carecemos totalmente de obras originales
de este tipo para iniciar al estudiante en
los estudios de filología clásica. Pensamos,
al hojear la obra de Jean Cousin, en otro
libro, casi un folleto, de igual o mayor
importancia: Textual Criticism de P.
Maas, y esperamos, quizás en vano, su
pronta traducción al español.
La obra de Jean Cousin es un "corpus",
sabiamente organizado, de introducción al
tema de la filología latina tal como tradicionalmente se desarrolla en los centros
de cultura superior. Uno de sus aspectos
más aleccionadores y orientadores lo constituyen bs páginas que sirven de Introducción a la obra; en estas páginas se
trata de revisar el significado que pueden
tener los estudios latinos en el mundo
actual y, en concreto, del concepto "cultura" en relación con la mente latina. Para el romano la cultura es una diversificación; al acuñar Cicerón el concepto de
liumanitas, pretende agrupar bajo esta
denominación todas esas diversificaciones
del campo de la cultura: "Humanitas
-afirma Cousin-, es cierto, iba acompañada en el uso cotidiano por doctrina y
disciplina, que tienen generalmente un
sentido escolar; pero se orientan, doctrina,
hacia la idea de un estudio científico de
todo objeto de ciencia, y disciplina, hacia

!a idea de un método de educación o de
una regla moral. ¿ Tratábase de designar
el conjunto de ciencias que componían la
cultura antigua? Se empleaba disciplinae;
a veces studia o litterae servían de sustitutos. En fin, erudi1io aporta un matiz complementario, y viene a agregar a la idea
de instruir la de 'modelar', llegando aun
a definir al conocimiento adquirido por
el estudio, es decir, la 'cultura' " (p. 9).
Estos son, según Cousin, prepuestos básicos para abordar los estudios latinos, pero hay, sin embargo, una serie de técnicas que es preciso dominar para llegar a
resultados concretos y objetivos y tal es el
objeto básico de la presente obra. Tal
técnica, aunque no en detalle, es expuesta en los capítulos que vamos a reseñar a
continuación.
La preparación y cultura elementales
supone, en principio, el acceso al dominio de la lengua latina, en todos sus aspectos. Lamentablemente es éste un punto
de partida que ha sido descuidado en las
universidades latinoamericanas y cuya discusión podría ocuparnos demasiado: el
hecho objetivo es que en la Facultad haya necrsidad de comenzar desde los principios elementales de la lengua latina, lo
cual indudablemente supone una pérdida
de energías y la oportunidad de acceder
a los textos, despreocupados maestros y
alumnos, de las dificultades de orden puramente gramatical. El estudio fundamentado y serio de la lengua latina debe
comenzar en la etapa preuniversitaria y
el ideal sería que el alumno de Filología
clásica contara, al entrar en la Facultad,
con este instrumento. A quienes todavía
nos preguntan asombrados sobre la utilidad de estudiar latín en el bachillerato,
sentimos a Ch. B:illey (El Lenguaje y la
Vida) o al genial Antoine Meillet, de
quien son las siguientes palabras: "El
latín nos interesa precisamente porque representa una civilización, y esta civilización sobrepasa ampliamente el dominio
de lo que se ha convenido en llamar el

mundo latino". Como este manual fue
escrito para estudiantes de lengua francesa, los manuales de lengua latina que
se recomiendan son también de origen
francés, aunque según creemos, el traductor pues no se advierte al lector, en las
referencias recomienda algunos manuales
en lengua que pueden ser de utilidad.
Hubiéramos deseado, en este punto, más
que una traducción una adaptación a las
disponibilidades materiales de aquellas
obras con que contamos en español, y
que son de fácil acceso a los estudiantes
de lengua española.
Después de dominado el conocimiento
de la lengua latina, el segundo paro consiste en la Preparaci6n general y formación técnica, a través de la cual entramos
en contacto con los instrumentos que integran la cultura latina: textos manuales
de filología, repertorios bibliográficos, historia de la literatura, etc., son descritos
por el autor, añadiendo a ello una valoración exacta de los mismos. Echamos de
menos la referencia a dos valiosas colecciones bilingües de lengua española, en
proceso de publicación; son éstas: la Biblioteca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana, editada por la Coordinación de Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México y la
Colección Hisp.ínica Clásica, publicada
bajo el auspicio de las Universidades Españolas. Se reseñan también las principales historias de la literatura latina, aunque también echamos de menos un manual, muy completo en lo que a bibliografía se refiere, en lengua española; se
trata de la Historia de la Literatura latina de A. Millares Cario (Fondo de Cultura Económica México). Dentro de todo
este instrumental y manejo técnico de los
elementos de cultura se estudia la historia,
la historia política, los estudios relativos
a la civilización ( Filosofía, ciencias, instrucción, vida material), instituciones políticas y jurídicas, economía y las ciencias
auxiliares que, coordinadas, constituyen

638
639

�los auxiliares necesarios para la interpretación filológica: geografía, epigrafía, papirología, numismática y arqueología, así
como también la referencia necesaria a
revistas y publicaciones periódicas.
La traducción latina ocupa un lugar
importantísimo en este "corpus" orgánico
de los estudios de filología clásica. Aquí
se nos replantea el eterno problema de la
traducción en el que, por desgracia, muy
pocas han sido las mentes que han pensado con lucidez. Cousin (p. 47) lo plantea en la forma siguiente: "Pero ¿ de qué
manera hay que traducir? La soluci6n
ideal del problema no existe: los distintos
dialectos no pueden unificarse, puesto que
pertenecen a distintas etapas de la civilización". No existe, es verdad, la solución ideal ni creemos que jamás pueda
existir, dado que las actitudes lingüfsticas
conforman definitivamente toda manifestación del espíritu de los hombres, a quienes no podemos arrancar de su ambiente,
de su historia, de su época, de su medio
de educación. El hombre es esencialmente
"palabra" y, privado de ella o llevado
forzosamente a otros esquemas lingüísticos, queda mutilado en una parte esencial de su ser: es precisamente esa "energeia" que Humbolt veía en la palabra,
inasible y ligada inexorablemente a un
ser concreto, situado en una circunstancia
concreta y condicionado por innumerables minucias que se entretejen con su
esencia. Sin embargo, la traducción es
posible y hasta cierto punto, si se respetan ciertas reglas, puede aproximarnos al
original. Cousin sigue, en este punto, las
reglas de J. Marozeau (La traduction
du latin, París, Belles Lettres, 1937), que
de tanto, nos han servido a quienes hemos
dedicado parte de nuestra actividad académica a estos menesteres.
Para traducir el problema debe ser parcelado con el objeto de llegar a resultados
positivos: la palabra, la construcción sintáctica y el estilo. Todos los consejos y
observaciones, tan bien resumidos y ex-

puestos por Cousin, nos llevan a la conclusión práctica de que el mejor método
y el que lleva a resultados apreciables es
traducir sin descanso, traducir bajo la vigilante mirada de un maestro competente.
La traducción, en el campo de los estudios latinos, es necesaria y, diríamos, en
nuestro medio, urgente. He aquí la afirmación final de Cousin: "¿ Quién ha pensado jamás que la versión era un ejercicio
ocioso? Hace mucho que le han reconocido las virtudes de una verdadera prueba:
implica un esforzado trabajo alrededor de
las palabras, de las frases, del enunciado,
de la sintaxis, del estilo, y presupone gusto y cultura; se pretende a veces que enriquece el conocimiento de nuestro idioma; ¡ hermoso sofisma! 1Coma si no fuera necesario conocer admirablemente éste
para poder confrontar con el latín y sus
exigencias las posibilidades infinitas pero
diversas de nuestra lengua y encontrar
las más justas equivalencias y las más
completas armonías entre dos épocas, dos
civilizaciones y dos mundos!" (p. 79).
Complemento de la traducción en este
mundo de los estudios latinos lo es el desarrollo del tema, capital, en todos sus
aspectos para llegar a Jo más hondo de
los elementos constitutivos del latín. Viene a ser un ejercicio inverso al de la traducción, pero con grandes implicaciones
en el campo de la cultura pues "aunque
exteriormente es un ejercicio de gramática, el tema debe ser en realidad una forma de cultura" (p. 81). Los pasos a seguir en este entrenamiento y ejercicio
constante son también claros y precisos:
t&gt;lección de las palabras, equivalencias, estructura del enunciado, orden de las palabras y de las oraciones, ritmo y, finalmente, la cláusula. La importancia del
tema latino, según Cousin, puede resumirse en los siguientes términos: "En primer término es elemental, frente a un
texto a traducir al latín, tratar de tomar
conciencia de su exacto valor: un ejercicio de tema debe comenzar por una ex-

plicación del texto, y no necesitamos repetir aquí los principios que deben guiarla, pues si es necesario darse cuenta del
valor de las palabras y del arte de las frases, es necesario también analizar su alcance y restituir al texto el sentido que tiene
realmente en su ambiente literario, p5icológico, filosófico, histórico; un texto, cualquiera que sea, es una resultante" (p.
81 ).
Base y núcleo de los estudios filológicos
lo constituye la explicación de textos, método practicado generosamente en todos
los niveles de la enseñanza francesa y cuyos resultados son bien patentes. El comentario de textos despierta en el espíritu
una atención especial y una agudización
en cuanto al fenómeno literario. De aquí
la importancia de este método que, como
los anteriores, tiene aspectos muy definidos: traducción del texto para su cabal
comprensión, comentario gramatical, comentario estilístico y comentario humanista. "Un comentario bien llevado -afirma
el autor- debe resucitar, entonces, una
época y hacer revivir un alma; no tiene,
sin embargo, que degenerar en conferencia y caer en el verbalismo; crítica ante
todo, debe procurar poner en evidencia lo
específico y medir tanto los "defectos"
como las "perfecciones". Esto es pretender, quizás, demasiado ; pero, por querer
ser modesto, se da a menudo la impresión
de timorato y mediocre. Le dirá que ello
es difícil. ¿ Quién lo duda? De todos los
pueblos es ésta la más delicada y también
la más decisiva" (p. 118) .
Completa el presente manual una bibliografía práctica bastante completa y
orientadora ; lamentamos, una vez más,
que el traductor no se haya tomado la
molestia de completar la bibliografía original con la de lengua española puesto
que nuestros estudiantes, en la mayoría de
los casos, no disponen de más instrumental de investigación que la lengua propia.
Sin embargo, consideramos el gran acierto
de la presente traducción y creemos que

ha de ser de gran utilidad en las cátedras
de filología latina, cuya importancia es
indubitable como señala el mismo Cousin:
"¡ Ojalá no olviden nuestros estudiantes
que, al abordar los estudios superiores de
latín, tocan el punto de convergencia de
todas las civilizaciones mediterráneas, desde donde el latín las difundirá más tarde,
luego de haberlas repensado! ¡ Ojalá puedan formarse así una idea exacta del genio romano, para comprender su irradiación a través de sus grandes escritores!"
(p. 121).
JUAN ANTONIO

AYALA

MANUEL GÁLVl!Z, Las Dos Vidas del Pobre Napoleón, edited with introduction,
notes, exercises and vocabulary by Myron
l. Lichtblau. The Scribner Spanish Series,
Charles Scribner's Sons, New York, 1963.
278 pp.
Es UN HECHO l!VIDl!NTI! el interés que va
cobrando en los medios intelectuales y
académicos de los Estados Unidos la importancia de la literatura iberoamericana
y el incremento del estudio del español
como lengua de cultura y de intercambio
en el mundo actual. La comunidad hispanohablante ocupa, en los momentos
históricos por que atravesamos, un puesto
sobresaliente en hechos políticos y económicos de primer plano. En los Estados
Unidos -por no hablar en este caso, de
los innumerables institutos europeos que
dirigen su atención a Iberoamérica- proliferan las publicaciones dedicadas a
nuestro tema: traducciones de las producciones sobresalientes y numerosos estudios y libros en inglés.
En el plano académico mucho se ha
hecho y los indicios son alentadores. Una
de estas realizaciones positivas en el campo de la didáctica es la llevada a cabo
por el Dr. Myron l . Lichtblau, profesor
de Literatura Hispanoamericana en la
Universidad de Syracuse, N. Y. y desta-

640

641
H41

�cado especialista en el campo de la novelística argentina: autor de un libro básico
sobre este tema: The Argentine Nouel in
the Nineteenth Century (Hispanic lnstitute in the United States, New York,
1959), Ha seguido publicando valiosas
monografías en torno al mismo tópico
(Cfr. Humanitas, núms. 1, 2, 3 y 4 y Armas y Letras). Como un resultado de sus
experiencias a través de la cátedra, el Dr.
Lichtblau public.1 ahora una magnífica
edición provista de notas, ejercicios y vocabulario de la novela del escritor argentino Manuel Gálvez: Las Dos Vidas del
Pobre Napole6n.
Lichtblau, en su Introducción, presenta
en forma esquemática e informativa, algunos de los aspectos de la personalidad literaria de Manuel Gálvez, fallecido hace
menos de un año (noviembre de 1962).
Gálvez, uno de los esc;i tares más fecundos y valiosos de Argentina, vivió una carrera literaria en su sentido más intenso
y conoció éxitos de popularidad no sólo
en su patria sino en el mundo entero. En
cierta ocasión Eduardo Barrios afirmó de
él: "Gálvez me parece hoy el maestro
argentino. Alcanza, como pocos en América, la talla continental. Debemos conocerlo y propagarlo. Las novelas de Gálvez,
sólidas, observadas con exactitud, escritas
clara y varonilmente, fieles al espíritu de
la raza, compuestas con maestría, forman
ya un macizo y que abarca dh·ersos ambientes argentinos". Una prueba de esta
personalidad literaria de Gálvez nos la
proporcionan sus éxitos editoriales; Nacha Régules ( 1919) fue traducida a once
idiomas; Miércoles Santo a sietP. idiomas;
de esta novela se agotaron diez ediciones
francesas. Fue Premio Municipal de Literatura y Premio Nacional de Literatura.
En 1930 fue propuesto para el premio
Nobel.
Gálvez destaca en la novelística argentina por su preocupación en los problemas
sociales de su patria. Además, una de sus
más intensas preocupaciones -la fe reli-

642

giosa- encuentra amplio cauce en la temática de toda su obra literaria. Según
pasaron los años, Gálvez evolucionó hacia
las firmes convicciones del catolicismo, religión de su infancia y de su educación.
No estamos de acuerdo con el Prof. Anderson Sewbert quien afirma que esta
acentuación de la fe católica de Gálv·~z
"achabacanó" su obra creadora de novelista; la afirmación, además de sectaria,
nos parece injusta y muy parecida, por
otra parte a la que críticos jacobinos hicieron sobre G. K. Chesterton. El problema religioso en Gálvez constituye, evidentemente, uno de los más sólidos temas de
su obra. Escritor de tesis, jamás podrá ser
catalogado como escritor religioso. Como
afirma el mismo Lichtblau: "Too many
rays of light and hope, too much optimism and faith, and tood great a !ove
of humanity peer trough the novels to
brighten the gloom and despais of the
naturalistic elements. Within the framework of this basic realism and limited naturalism is an undescurrent of psychological probing and analysis that seeks to
show man at adds with his enviromment
man in constant struggh to adapt himself
to the grim reality of the world about
him". (lntrod., p. XXIII).
Las Dos Vidas del Pobre Napole6n,
una de las últimas obras de Gálvez (Losada, 1954) es un feliz intento por entrar en el mundo interior del personaje
y someterlo al experimento del desdoblamiento de la personalidad, para escudriñar hondamente en lo que Lichtblau llama: "a metaphysical inquiry into the
meaning of human existence" (Itrod. p.
XXVIII). Aparentemente, es ésta una
de esas "novelas" de entretenimiento, fáciles de lectura y que pueden no dejar
una interrogación en el ánimo del lector;
equivocadamente, algunos críticos la consideraron en tal forma. Cualquier lector
atento encontrará en ella planteado su
grave problema metafísico muy parecido
al que presenta Yean Can en La Compa-

sión Diuina. Recordemos aquel pasaje final en el que los compañeros de celda y
confinamiento perpetuo deciden nombrar
Dios al Doctor y comparémoslo con este
pasaje de Gálvez: "Se ríen porque he afirmado la existencia de Dios. Pues sepan señores majaderos, que Dios es el único ser
que realmente existe. Este es mi gran descubrimiento. Ustedes, el doctor y yo, no
tenemos existencia real auténtica, propia
de nosotros. Nuestra insignificante existencia es puramente fantasmal, como la existencia de Alejandro Magno Pacheco".
Napoleón Machuca vive un penoso desdoblamiento para llegar a alcanzar, en su
demencia una verdad final en la que
afincar su pobre existencia. "The protagonist, in the solitude of a mental institution, finds God and believes that in
Him resides the only true existence" (Introd., p. XXX'I).
Lichtblau, al escoger esta importante
novela de Gálvez como texto didáctico,
ha puesto al alcance del estudiante norteamericano de español, una de las novelas
más significativas y elaboradas del autor
argentino. Sus ejercicios y su vocabulario
complementan este valioso trabajo que no
dudamos ha de ser de gran éxito y modelo
para otras publicaciones de este tipo.

L,c. JuAN ANTONIO AYALA
RÉms JoLIVET, Les activités de l'homme
et la sagesse; Centre d'Etudes de Carthage (Cahier No. 2), Emmanuel Vitte Editeur 3, place Bellecour, Lyon-2, 1963.
RÉms JOLIVET ES UNO de los grandes
clásicos de la filosofía francesa contemporánea. En sus obras -traducidas a
varias lenguas- resplandece el orden, la
claridad, la jerarquía, la objetividad .. .
Lo que es, causa en su espíritu la verdad
-luz y alimento- que comunica, tras la
posesión, a sus discípulos y lectores. Toda su vida ha estado empeñado en la indagación de la verdad. Y cuando la des-

cubre amorosamente en el silencio de la
meditación, se le adhiere al alma y le infunde vida interior. Formado en las exigencias perennes del tomismo, pero abierto a las nuevas posibilidades que ofrece la
fenomenología, explora filosóficamente la
totalidad de la existencia. Ha escrito tratados de lógica, cosmología, psicología,
moral y metafísica. Se ha ocupado -con
singular penetración- del problema del
mal de San Agustín y de las doctrinas
existencialistas desde S. Kierkegaard hasta
J. P. Sartre. Su inquietud espiritual le ha
llevado a precisar las relaciones entre el
pensamiento griego y el pensamiento cristiano, lo mismo que a determinar el sentido de la sinceridad. En cerca de una
veintena de libros ha probado sus altas
dotes de filósofo cristiano. El "Centre
D'Etudes de Carthage" (Cahier No. 2)
acaba de publicar, en la editorial de
"Emmanuel Vitte Editeur, 3, place Bellecour, Lyon-2. 1963", el último libro de
Régis Jolivct: Les actiuités de l'homme
et la sagesse.
En 1956, Régis Jolivet dictó, bajo los
auspicios del "Centro de estudios de Cartago", un ciclo orgánico de conferencias
en la sala de fiestas del liceo Carnot en
Túnez, que ahori recoge, reclabora, completa y desarrolla en el libro Las actividades del hombre y la sabiduría. Hagamos
votos porque sea traducido, en breve, al
castellano. Mientras tanto quisiera ofrecer, a mis lectores de habla española, las
ideas -madres del último libro de Jolivet y sus méritos sobresalientes. El libro
está dividido en un prólogo, una introducción ( "definiciones y problemas") tres
capítulos: l. El trabajo. 11. El juego. 111.
La contemplación; y una conclusión: La
sabiduría. Se trata de tres tipos de actividad humana -trabajo, juego, contemplación- que se entrelazan solidariamente en la existencia concreta y cuya jerarquía de nobleza es desigual. Por eso conviene precisar su naturaleza, determinar
sus relaciones mutuas y situarlas, por así

643

�decirlo, en funci6n de la sabiduría que es
el fin o la regla de todas las actividades
del hombre.
La distinción que Jolivet establece en
las actividades del hombre -trabajo, juego, contemplaci6n-, no corresponde
exactamente, a la conocida división de
Arist6teles: obrar (poiein), actuar (prattein) y contemplar (theorein). Trabajo
es una actividad en vistas a producir una
cosa sensible, como tal. El juego es algo
muy diferente. Se presenta como un gasto
de actividad que no tiene otro propósito
que él mismo. Trátase de una actividad
que se ejerce para el placer y que no
produce nada fuera de sí misma. En caso
de que algo se produjese, sería accidental y carecería de valor y de sentido teleológico. La contemplaci6n es el goce de
un objeto inteligible o de lo que de inteligible tiene un objeto cualquiera. Los tres
casos suponen una tensi6n particular. En
el trabajo, tensi6n hacia el objeto que
se va a producir, para vencer la resistencia
de materiales, adaptar los instrumentos y
obtener la más grande eficacia posible. En
el juego, tensión hacia el despliegue de
actividad armoniosa y ordenada que supone reglas al menos implícitas. En la contemplación, tensión pujante a lo inteligible: sistema e ideas, sentido de imágenes,
relación entre las cosas, orden y plan del
conjunto. Mientras el trabajo es penoso,
por esencia, el juego y la contemplación
sólo por accidente puede presentar pena
y fatiga.
El destino del hombre se cumple, comúnmente, por el trabajo. ¿ Cuáles son
los componentes de esta actividad y cuál
es su valor espiritual? Síntesis de una operación vital -orgánica- y de una operación intelectual, el trabajo es una actividad que se ejerce, sobre la resistencia de
una materia para producir una cosa. Actividad ubicada en la frontera de lo biológico y de lo espiritual. No es el cuerpo
el que trabaja, sino el hombre quien trabaja por su cuerpo. Todo trabajo es obra

644

de un pensamiento inteligente. La mano,
por su maravillosa flexibilidad, es el útil
universal o para decirlo con una frase clásica "el instrumento de los instrumentos".
Puede afirmarse que es la inteligencia
misma. El elemento de goce que existe en
el trabajo, proviene de que es una actividad creadora, inteligente. La pena y la
dificultad resultan de la naturaleza misma
del trabajo. Pero la civilización, inspirada
y dirigida por el cristianismo, tiende a
transformar progresivamente las condiciones, materiales y morales, del trabajo. Se
trata de disminuir -no de abolir- la
pena y la fatiga. Se trata de repartir mejor las cargas, en vista de crear, hasta
donde sea posible, un mundo sin miseria
y sin injusticia donde el trabajador no
sea un extranjero en su propia patria y
en su propio oficio. Se trata de que el
trabajo no aparezca más como la obra de
un esclavo, sino como el esfuerzo común
de hombres libres, para el bien y para la
felicidad de todos. Adviértase, en fin, un
último aspecto del trabajo: su aspecto de
actividad social. El hombre no trabaja en
soledad. Su labor es colaboración. Las
naciones, conscientes de su estrecha solidaridad, buscan en la unión las condiciones
de su progreso y de su supervivencia. Hasta aquí el análisis de los elementos esenciales del trabajo. El autor examina, a
continuaci6n, la función de esta actividad
específicamente humana.

convertirse en una actividad al servicio de
la comunidad humana. El hombre reconoce al hombre por una especie de solidaridad corpo-espiritual. Nos sentimos
unidos por la vida y por la muerte. Formamos parte de un solo e inmenso cuerpo
que no puede subsistir y desarrollarse sino
por la armoniosa colaboración de todos
sus miembros. Al humanizar y universalizar la naturaleza nos humanizamos y nos
universalizamos nosotros mismos. Exaltar
el trabajo, como lo han hecho los regimenes materialistas, sin esforzarse en dar al
trabajador otro ideal y otro fin que el
aumento de la producción y el acrecentamiento de las riquezas, es restar la lógica del sistema y es arruinar, con un solo
golpe, al hombre en el trabajador. El
hombre no vive solamente de pan. "Car
Je travail n'est une oeuvrc humaine que
dans la mesure ou il permet favorise et
condittione l'avenrmcnt d'un ordre spiritucl, ou l'hommc s'affirme et se conquicrt
de plus en plus dans se pleine verité, qui
est d'abonder dans le sens de l'cxigence
irrecusable de son destin, qui passe toute
la nature et tout l'univcrs" ( Opus cit.,
p. 54) . A la luz de estas consideraciones,
resulta comprensible que en el liberalismo
y el marxismo -hermanos enemigos- el
trabajo esconda y -valga la expresióndevore al trabajador. Pensando en el trabajador es como Jollvet -cristiano "ex
veritatc"- nos habla del trabajo.

El mundo aparece, cada vez más, como
una materia transformable a voluntad de
los humanos. Bajo esta luz, el trabajo
aparece como el instrumento de una inserción, cada ve:i: más eficaz del espíritu
en el seno de la naturaleza. El mundo en
su totalidad se encuentra poco a poco
modelado por el espíritu. El hombre obedece a la naturaleza para mandarla; se
enajena en el trabajo para librarse del
trabajo. El carácter social del trabajo se
manifiesta doblemente: requiere el concurso de otros hombres y sobrepasa la
necesidad inmediata del trabajador para

A diferencia del trabajo y de la contemplación, el juego no es una actividad
específica y exclusivamente humana. Los
animales, aunque no jueguen como rl
hombre, también juegan. ¿ Cómo explicar
el juego? Los psicólogos han propuesto
diversas explicaciones. Unos han pensado
que el juego es una manera de librarse
de un excedente de vitalidad. Otros estiman que el juego pone de manifiesto una
propensi6n innata a la imitación. Otros,
aún, lo consideran como destinado a satisfacer una necesidad de escape nervioso.
Régis Jolivet centra su atención sobre el

aspecto "placentero" del juego. Por una
parte, el juego carece de ese elemento
"serio" del trabajo; por otra parte, no es
racional, en el sentido de una actividad
intelectual. Es inteligente del mismo modo que decimos del instinto que es inteligente. No compromete a nada, fuera de
sí mismo. Es una totalidad que se cumple
en sí misma. La gloria y el dinero no son
exteriores al juego: le integran y le particularizan. El elemento aleatorio, con su
coeficiente de incertidumbre, engendra en
el juego -especialmente el de competencias- esa tensión característica. Es
preciso advertir, no obstante, que el juego crea un orden, o mejor dicho es el orden mismo.
Hay tres formas o categorías principales de juego: juego puro, juego de azar,
juego deportivo de competencias. En el
juego puro no interviene ningún elemento
extraño al juego mismo. Es en los niños,
sobre todo, donde descubrimos este tipo
de juego. Juego puro que es libertad y
ejercicio de la libertad. Nuestra civilización moderna tiende a eliminar el juego
auténtico en provecho de juegos ambiguos y discutibles. Las danzas evolucionan hacia la violencia y la sexualidad.
Los deportes se convierten en una especialización muscular del juego. Necesitamos, por momentos, volvemos niños para
encontrar la dichosa libertad de los niños.
Pero la desgracia de nuestro tiempo es
que los niños nacen adultos. Nuestra civilización -se ha dicho- es triste. Es
menester que el juego recapture la dicha.
El juego de azar, en la medida en que el
azar es todo, no será sino un juego degradado y de último nivel. En su mejor
acepción, el juego no excluye el azar. La
contingencia y la imprevisibilidad dotan
de encanto el juego y provocan la habilidad del jugador. Pero el azar, en este
caso, no constituye el juego; se limita a
crear las condiciones. Los juegos de competencias deben mantenerse entre determinados límites. Se trata de que la coro-

645

�petencia favorezca la actividad del juego; no de que la transforme en su contrario. El hombre se da todo entero en todas y cada una de sus actividades, debiendo servir a una más alta perfección
de su ser. Nuestro juego de hombres
-asegura Jolivet- es nuestra puesta de
jugadores, es nuestra existencia, las reglas
del juego son suministradas por las luces
de la razón y las exigencias de la conciencia. Jugar así es una cosa bella y exaltan te. Es la obra de la libertad en la que
nos damos todos enteros. Más el juego así
comprendido es lo que tiene de más serio.
Hasta aquí la asimilación de la existencia
humana el juego, expuesta brillantemente
por J olivet. Pero la verdad es que esta
asimilación por brillante que resulte, no
deja de parecernos inexacta, extraña, criticable. Si el juego tiene un aspecto placentero y carece de ese elemento "serio"
del trabajo y de la existencia humana
¿ por qué decir que nuestra existencia es
un juego? Mientras que el juego es un
gasto de actividad que no tiene otro propósito que él mismo, la vida humana se
vive para realizarse vocacionalmente, para
salvarse. No me parece posible identificar
el carácter placentero del juego con el
carácter serio -a veces trágico- de la
existencia del hombre.
La contemplación es la actividad primera, puesto que sostiene todas las otras
actividades del hombre. Y es, también, la
más alta y la más rica actividad del hombre. Contemplar es ver, pero ver las ideas.
La idea es siempre el término de la actividad espiritual. La contemplación no es
pasiva. Trátase de un acto que produce
ideas. Ideas que no están hechas de antemano. Contemplar es una forma de
existir. "L'expression n'est pas un accidcnt: elle est l'essencc de la pcnsée qui
est verbe, c'est-á-dire generation d'un
terme en Jeque! elle s'achéve et qui doit
devenir parolc, á savoir oeuvre ou chese,
et sans legue] elle ne serait qu'une simple
puissance et non un acte" ( Opus cit., p.

646

93). El primer grado de la contemplación
es el arte; hacer una obra. Esta obra puede ser bella. En tonces hablamos de bellas
artes. Pero la belleza también implica una
relación del ser a la inteligencia. En ella
se manifiestan la integridad, la proporción y la emoción estética. El artista es
un buscador de formas o de ideas, más
en la naturaleza misma. Por eso es un
oficio. Aunque el arte comporte una parte de juego, la belleza expresada en formas sensibles es cosa grave que inspira un
respeto sagrado. Por encima del arte está
la ciencia, que tiene por objeto lo verdadero. Lo verdadero sobrepasa lo bello,
puesto que lo bello supone lo verdadero
y sobre todo, porque lo verdadero tiene
más universalidad y más inteligibilidad
que lo bello. Las ciencias tienen por objeto propio lo que es universal y necesario, escapándose a las contingencias de la
sucesión temporal. Se distinguen entre
ellas por el grado mayor o menor de los
principios que aplican. La ciencia que
porta el principio supremo de todo lo que
es o puede ser, será la ciencia perfecta, a
la cual le damos, por excelencia, el nombre de Sabiduría. La ciencia se origina en
la necesidad de conocer y de comprender.
De todos los instintos del hombre, el de la
verdad -y de la verdad por ella mismaes el más profundo y el más insoslayable.
Sabiduría es saber unificado. Conocimiento y fruición de lo absoluto. Visión
de la unidad en los principios o en el
Principio supremo de todo lo que es. El
trabajo - actividad transitiva por esencia- enajena al hombre y le convierte ~n
una suerte de esclavo de la cosa sobre la
cual ejerce su labor. El juego --comparable a la contemplación por la inmanencia de su fruto- es inferior a la teorÍ:l
por toda la actividad corporal que implica y que lo grava de servidumbres análogas a las del trabajo. Sólo la contemplación tiene el valor de fin. Sólo ella puede
ser considerada como el término último de
la actividad espiritual. Pero entiéndase

bien: la sabiduría teorética es fin de la
inteligencia, no fin último del hombre.
La sabiduría teorética debe favorecer la
vida según la virtud y la perfección humana.
Si el hombre no es un espíritu puro,
sino un espíritu encarnado, su actividad
propia es una actividad compleja que
comprende cuerpo y espíritu y que estipula, en cierto modo, el concierto solitario
de las tres actividades fundamentales:
trabajo, juego y contemplación. El trabajo
es la actividad normal y común que llama y asocia óptimamente todas las funciones del hombre. El trabajo conduce al
hombre -mejor que el juego y la contemplación- hacia los hombres. Pero el
trabajo abre al hombre -y en ello estriba
su máxima dignidad- la vía normal hacia su perfección, esto es hacia Dios, principio y fin de todo lo que es y puede ser.
De nada serviría al hombre saber y ser
capaz de la más alta contemplación ~i
perdiese su alma. Ciencia sin conciencia
-decía Montaigne- sería la ruina de las
almas. Así entendida la sabiduría está al
servicio de la vida según la virtud. O para
decirlo con las palabras de nuestra propia
tesis: el saber se agolpa en última instancia, hacia la estrechez de lo "único
necesario": Una filosofía como propedéutica de salvación.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE.
Teorla de la Democracia. Fundamentos de
Filosofía Democrática. Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad de Nuevo
León, 1963. 278 p.
EL DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL
VALLE, ocupa un lugar de honor en el
panorama del pensamiento filosófico contemporáneo, en lengua castellana.
Su misma vocación, preparación y dedicación a los estudios filosóficos, le han
hecho penetrar con sabiduría e interés en

el análisis y exposición de la doctrina política. Los hechos políticos forman un
sector muy importante de la realidad. El
filósofo que aspira a obtener una comideración total del hombre y el Universo
en que se encuentra, no puede ignorar a
ese sector de la actividad de los seres humanos que realizan los fenómenos de convivencia que son las sociedades políticas.
Por ello, los grandes filósofos son siempre en forma necesaria, a la vez, figuras
de primera importancia en la Historia del
pensamiento político. Aristóteles y su Polltica, Platón y su República, Santo Tomás en la Suma Teo/6gica, Hobbes en el
Leviatan, Locke en sus Dos Tratados sobre el Gobierno, son apenas ejemplos al
azar de la larguísima, casi interminable
lista de obras capitales en el panorama del
pensamiento político elaboradas por los
filósofos en el devenir histórico.
Por ello, Agustín Basave se encuentra
en el camino adecuado para producir óptimos frutos al elaborar doctrina política.
Prueba de ello la constituye su magnífica
Teorla del Estado, aparecida en 1955, y
su Teoría de la Democracia, cuyo comentario es objeto de estas líneas.
Pero el pensamiento filosófico por la
libertad ontológica del hombre, libertad
que lo coloca en la cima de los seres de
la creación al conferirle una dignidad y
una jerarquía resultantes de tener la
"imagen y semejanza" del Ser Absoluto,
está abierto a múltiples direcciones, a
una gama tremendamente diversificada
de matices, de ahí la originalidad del pensamiento a través del tiempo y el distinto
tratamiento de los mismos temas en el
transcurso de la historia.
Por esa misma diversificación resultante de la libertad y a causa de ella implica
también la necesidad de coincidencias. El
motivo condicionante del pensamiento filosófico es la búsqueda de la verdad, la
elaboración de principios universalmente
válidos de explicación del Universo y los
seres que en él se encuentran.

647

�1

1

Por ello, en el pensamiento filosófico
y filosófico-político de Agustín Basave encontramos originalidad y coincidencia. Su
originalidad proviene de su investigación
enfocada hacia el estudio de los fenómenos políticos que no son contemporáneos,
de la claridad, concisión y elegancia de su
estilo y de la hondura, entusiasmo y convicción de su pensamiento político. Las
coincidencias en su pensamiento político
se derivan de su recia raigambre en la filosofía tradicional, en la línea de oro del
pensamiento de la "filosofía perennis", de
Aristóteles a Santo Tomás y del Aquinatense a la áurea floración de filósofos y
teólogos españoles de los siglos XVII y
XVI y de ahí a las nuevas y vigorosas ramas del pensamiento filosófico que provienen de ese tronco secular y alientan en
forma cada vez más potente y significativa
en nuestros días.
El libro objeto de este comentario, Teoría de la Democracia, tiene como tema
uno de los problemas fundamentales tanto
de la teoría política como de la vida política misma.
Desde que aparecieron las primeras sociedades humanas, esto es, desde la aparición del primer grupo de hombres en la
superficie de la tierra, hecho que coincidió con su presencia en la misma tierra,
pues ni siquiera racionalmente al estilo
rousscauniano es posible concebir al hombre aislado de sus semejantes, hubo una
parte de ese grupo que impuso sus decisiones a los demáJ, esto es, apareció lo que
León Duguit habría de llamar "el proceso de diferenciación entre gobernantes
y gobernados". Ahora bien, ¿ cómo seleccionar a ese grupo gobernante? ¿ Quiénes
dentro del grupo tendrán esa facultad
maravillosa de poder imponer su voluntad
a la de los demás? ¿ Cuál será el alcance
de sus decisiones? ¿ De dónde proviene,
dónde reside y en qué consiste ese poder
decisorio? A ese planteamiento general y
elemental de la teoría de las formas de
gobierno corresponde en particular el

648

planteamiento de la Teoría de la Democracia que es una de las múltiples formas
de gobierno.
Este planteamiento lo efectúa Basave
con gran claridad con el simple enunciado
de los temas 2o. y 3o. de su libro: ¿ Qué
es la Democracia? ¿ Cómo es la Democracia? y completa el análisis que efectúa de
la democracia, en el desarrollo de su libro: Fundamentación Ontológica de la
Democracia, Estado Social de Derecho,
La Democracia y las Ideologías. El Concepto de la Soberanía y el Poder del Pueblo. El problema de la representación y
de las élites en la democracia. Educación
para la democracia sin riesgo. Justificación de la democracia.
Ese temario tan interesante, recibe un
adecuado desar~ollo en las páginas de este
volumen, y como expresa el autor en el
subtítulo del mismo la orientación del trabajo se dirige a proporcionar los "Fundamentos de Filosofía Democrática".
En todo este libro campea el entusiasmo del autor por la forma de gobierno
democrático, por C:stimar que es el sistema
político más adecuado para lograr los fines de la sociedad política y en consecuencia los fines del hombre.
Sin embargo estima Basave, en sana
doctrina política, que no en todas las circunstancias es aconsejable un sistema democrático, lo cual es correcto en el sentido
de integración del grupo gobernante, pues
hay ocasiones históricas en las que transitoriamente se justifica la autocracia ( desórdenes graves, guerra civil o internacional, etc.), pero siempre con la tendencia
a volver a la normalidad del régimen
democrático. En cambio en cuanto al
contenido teleológico de la democracia,
el gobierno para el pueblo, no hay motivo
ni circunstancia alguna que pueda justificar la desviación de ese objetivo.
Por ello y como ligera discordia entre
tanta y tan cordial concordancia me atrevo a discrepar de la afirmación del autor,
por otra parte muy generalizada en la

doctrina aún colocada en la misma posición ideológica, que es la mía, comentando la cita que hace de Vitoria: "desde el
momento en que la república tiene el derecho de administrarse a sí misma, lo que
hace la mayor parte, lo hace toda ella.
Por lo tanto puede aceptar la forma política que quiera, aún cuando no sea lo
mejor" y agrega Basave, "es cuestión de
libertad humana. El derecho natural no
prescribe terminantemente la democracia".

Colocados en la línea del derecho natural de la escuela aristotélico-tomista, el
orden correspondiente al mismo, es independiente y superior a la voluntad del
hombre pues su misma objetividad jus
est in rebus, confirma Domingo de Soto,
así lo impone, es así que la sociedad política es una realidad objetiva, luego en
la misma sus estructuras normativas adquieren esa misma calidad y en consecuencia su orden natural se impone a la
voluntad humana. Si se ha demostrado
por el propio Basave que la democracia
es el orden más conveniente para estructurar las comunidades políticas como forma de Gobierno que recoge precisamente
en normas positivas los lineamientos de
ese orden natural subyacente a las mismas, en consecuencia la conclusión es evidente: la democracia es de derecho natural prescrito de manera terminante,
pues no podría contradecirse el orden
por un apartamiento del mismo o desorden.
No impide lo anterior las excepciones
anotadas respecto a la posibilidad transitoria de existencia de regímenes autoritarios, pero ello equivale a un remedio
medicinal para un organismo enfermo, y
así como no requiere terapéutica el cuerpo sano, la comunidad política normal
habrá de vivir dentro de su orden natural
que es el de la democracia.
Y punto final, pues la glosa o comentario de un libro tan magnífico y sugerente en un tema de tanta actualidad y

trascendencia harían rebasar el propósito
de estas líneas de ser una elemental reseña bibliográfica. A los lectores queda
completarla.
EUSEBIO CASTRO

PuNio D. ÜRDÓÑEZ. Licenciado y General Don Lázaro Garza Ayala. Colección
del Congreso Nacional de Historia para
el estudio de la Guerra de Intervención.
No. 18. Sociedad Mexicana de Geografía
y Estadística. México, 1963. 254 p.
No EXISTÍA ESTUDIO alguno acerca de este ameritado personaje neoleonés, salvo
la semblanza publicada por don Santiago
Roe! en 1927, mfocada bajo el aspecto
puramente militar.
Es el trabajo del Prof. Ordóñez el más
amplio de que ahora se dispone. Aunque
no se trata de una biografía, sino de una
recopilación de material abundante sobre
los aspectos más importantes de la vida
del general.
Se inicia con la transcripción literal de
los apuntes biográficos de Ignacio Zaragoza, por Francisco Sosa. Analiza luego
la vida militar de Garza Ayala, en su
larga trayectoria de 56 años, ciñéndose
absolutamente al trabajo de Roe!, y transcribiendo la hoja de servicios y la parte
oficial de la batalla del 5 de mayo. Se
ocupa, en seguida, de la política educativa de éste, durante su actuación como
gobernante de Nuevo León.
En el Capítulo XV, vacía el texto de
las Lecciones Orales de Legislación Comparada, escritas por Garza Ayala, para
dar idea de la filosofía jurídica del biografiado. En el V, transcribe también el
texto íntegro del folleto publicado en
1873, sobre la desavenencia política entre
éste y el Lic. Genaro Garza García.
Pasa luego a transcribir la parte esencial de la Memoria de gobierno, de Garza
Ayala, con su discurso a la Cámara, los

649

�rasgos geográficos de Nuevo León, y los
capítulos de los más importantes ramos
administrativos. Para concluir con el Capítulo VII, llamado Garza Ayala, Historiador, y en el cual vierte el texto del
estudio sobre la fundación de Linares,
hecho con motivo de las disensiones de
aquella ciudad con Hualahuises.
Como se ha dicho, es una serie de documentos con cierta continuidad, utilísimos para conocer la vida del héroe.

I. C. G.

M onograf!a del Municipio de Higueras,
Nueuo Le6n. Primer centenario de su
erección en Villa. 1863 - 1963. Imp. Villarrubia; Monterrey, 1963. 60 p.
LA BIDLIOORAFÍA SOBRE los municipios de
Nuevo León es muy escasa. Pocos pueblos
cuentan con estudios particulares, y difícilmente se encuentran datos sobre los
diversos aspectos de su evolución.
La celebración de algún aniversario notable, ha dado origen a que, en algunos,
se hayan intentado ensayos más o menos
importantes: Cadereyta, Zuazua, Allende,
etc., tienen este tipo de publicaciones.
Acaba de aparecer una sobre Higueras,
con información geográfica, económica e
histórica, así como con semblanza &lt;le sus
hijos notables.
No se trata, desde luego, de una obra
erudita, ni de una investigación exhaustiva. Es, sin embargo, una aportación buena para la difusión del pasado, casi siempre desconocido, de estos pueblos. Los
perfiles biográficos del coronel Ruperto
Martínez, Gral. Teodoro Elizondo, Gral.
José V. Elizondo, etc., así como la lista
de hijos distinguidos del Jugar, ofrecen
datos muy valiosos para la historia de
Nuevo León.
Aunque el trabajo aparece anónimo, se
consigna en una nota muy discreta que

650

mos alguno de los interesantes capítulos
de este primer tomo: la fuente Griega; la
fuente Romana, para llegar a la fuente
Cristiana, principiando por el Nuevo Testamento y de éste hasta San Agustín, incluyéndose la cuestión de los primeros
cristianos y el problema de la guerra. Prosigue con Constantino y la Alianza de la
Iglesia y el Estado. San Agustín y la
Ciudad de Dios. En el capítulo primero,
de la décima parte, se estudia el Agustinismo Político en la Edad Media; el Cristianismo, como primera comunidad internacional; el Cristianismo y su influencia
en la vida internacional; la Paz de Dios
y la Tregua de Dios, el Arbitraje en la
Edad Media y Las Cruzadas; las Universidades; la Escolástica y la Teocracia;
Santo Tomás de Aquino, San Buenaventura; Roger Bacon; la Reacción AntiTeocrática; las Influencias Modernas; los
Arabes; Aristóteles y "De Monarchia".
En el capítulo cuarto se trata de los Utopistas y los Irenistas, tanto en la antigüedad como en la Edad Media; Platón y
la "Atlántida"; la Edad Media Cristiana;
Pierre Dubois y la "De Rccuperatione
Terrae Sanctae".
En el capítulo quinto de este primer
tomo, se hace un estudio del Derecho Internacional en la Edad Media; las Escuelas de Derecho; la Noción Cristiana de
Derecho Natural; la Teoría de la Guerra
Justa, en San Agustín; los compiladores :
Isidoro de Sevilla; Gracián; Tomás de
Aquino.

éste fue realizado por los profesores J uanita González y Rogelio Villarreal.

l. C. G.
LAs PRENSAS UNIVERSITARIAS de Francia han dado a la luz la interesante obra
del Dr. Théodore Ruyssen, Profesor honorario de la Universidad de Burdeos, la
que ha sido incluida en las publicaciones
de la Facultad de Letras de la Universidad de Grenoble, en Francia.
Escrita en francés, esta obra lleva el
título de Las Fuentes Doctrinales- del Internacionalismo ( Les Sources doctrinales
de l'Internationalisme) y consta de tres
bien nutridos volúmenes, el primero aparecido en 1954, el segundo en 1958 y el
tercero en 1961. Las Fuentes Doctrinales
del Internacionalismo, constituye uno de
los estudios más importantes que actualmente se hayan hecho en torno a este importante movimiento, que "en nuestros
días sirve de punto de partida a todas
las naciones del mundo, a efecto de establecer entre ellas cada vez más amplias
y más diversas relaciones en el orden económico, cultural y político", en las propias palabras en el prefacio de la obra
del Profesor Ruyssen.
Resultaría imposible en los límites de
una reseña bibliográfica señalar el valioso contenido de esta obra en la que intervienen, para su estudio, los factores
espirituales, económicos, jurídicos y políticos, que con profundidad nos muestra
el doctor Ruyssen a través del bien dispuesto y nutrido material. Asi, el tomo
primero de la obra, comprende desde los
· orígenes del Internacionalismo o sean sus
más antiguas fuentes, partiendo desde la
fuente biblica, hasta la Paz de Westfalia.
A través de este primer tomo desfilan
por sus páginas los más altos exponentes
del pensamiento filosófico, jurídico y político, analizados desde el ángulo internacionalista, asi como sus diversas contribuciones en el correr de la historia. Anota-

(

En lo que se refiere a los Tiempos Modernos, se estudia lo relativo a la Edad
Media en esta etapa, con el nacimiento
de los grandes Estados; el Descubrimiento
del Nuevo Mundo; las Grandes Exploraciones; el Humanismo del Renacimiento;
el papel desempeñado por la Imprenta; la
Reforma Protestante y las Sectas Pacifistas; U na Antítesis del Internacionalismo;
Maquiavelo; Tomás More; la Utopía;
Erasmo: el Humanismo Pacifista; Rabeláis; Montaigne; Campanella; Sully y el

"Gran Designio"; "La Nueva Atlántida",
de Francisco Bacon; los Juristas; la Evolución del Derecho Internacional; la crítica Dominicana de la Cotonización: Las
Casas; los Juristas Católicos: Francisco
de Vitoria; la Comunidad Internacional;
la Colonización; el Derecho de Guerra.
Francisco Suárez: Origen y naturaleza de
la Ley Civil; el conflicto de soberanías; la
Iglesia; la Comunidad Humana y la Guerra; un jurista neutral: Juan Bodino; Alberico Gentili; Hugo Grocio; los Economistas; el mercantilismo; el nacimiento
de la economía política y, para finalizar,
la Paz de Westfalia.
En el tomo segundo se estudia desde la
Paz de Westfalia a la Revolución Francesa, y como en el tomo precedente, se
hace un profundo estudio de los diversos
aspectos del Internacionalismo a través de
las literaturas, de la diplomacia, de la
guerra y de las doctrinas políticas y filosóficas, así como la contribución de los
juristas y de los economistas.
En el tomo tercero, y último, se estudia
desde la Revolución Francesa hasta mediados del siglo XIX, incluyéndose un índice general y dándose asi por terminada
la magnífica obra que pone los cimientos,
perfectamente bien cimentados para iniciar estudios no solamente dentro del
campo mismo del Derecho Internacional,
sino en otras disciplinas de no menos interés, y constituyendo, por último, esta
obra una brillante aportación en el terreno de las nuevas ideas en torno a la nueva corriente que es, en nuestros días, el
Internacionalismo.
Lic. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

GmvANNI PREVITALI, Vida y Obra de Ricardo Güiraldes. Edición de obsequio.
(Trad. del inglés. Pablo Max Ynsfran).
Edit. William R. Grissom. St. Petersburg,
Flo. U.S.A. 1963.
LA VIDA

Y ÜBRA

DE RrCARDO GÜIRALDES

651

�del Doctor Giovanni Previtali, en parte
se basa --como él mismo lo confiesa en
el prólogo- en su disertación doctoral
que presentó en la Universidad de Yale.
De allí que encontramos un estilo directo,
sin retoricismos vanos en el contexto de
la obra. Desde el punto de vista externo
la obra de Previtali está constituida por
273 páginas mecanografiadas en tipo
grande que nos dan un total de veinticinco capítulos.
La edición estuvo revisada por Adelina
del Carril de Güiraldes. La traducción
del inglés corrió a cargo de Pablo Max
Ynsfran, profesor de Estudios Hispanoamericanos de la Universidad de Texas.
Y la obra viene presentada y autorizada
por una carta-prefacio del gran escritor
argentino Jorge Luis Borges.
El doctor Previtali -nos dice Borgesha ejecutado una doble labor de investigación fatigosa y de lucida recreación y
adivinación. Y ciertamente asi lo es.
Inicia Previtali presentando a Ricardo
Güiraldes desde su niñez y, paulatinamente, nos va adentrando en la problemática vital del escritor argentino.
En cierta manera nos muestra cómo
hacia 1900 empieza a gestarse el Don Segundo Sombra, con la aparición de Segundo Ramírez, que para Güiraldes personificó al gaucho de las gestas pampeanas.
El autor de Vida y Obra de Ricardo
Güiraldes nos hace ver cómo en la adolescencia de éste, empieza a notarse el
influjo de los Modernistas, con Rubén a
la cabeza, y como consecuencia natural
el influjo de los poetas simbolistas y parnasianos franceses. En fin, hasta el capítulo XIX, Previtali nos va incluyendo
- por así decirlo- dentro de la parábola
vital del autor de Don Segundo Sombra.

A partir del capítulo XX Previtali empieza a realizar un estudio de forma y
contenido en la obra de Güiraldes. De
nuevo aquí nos hace ver la gran influencia que recibe éste de ios autores franceses. Importante es el capítulo XXV, úl-

652

timo de la obra de Previtali, donde con
un análisis casi fenoménico, ataca la obra
más importante de Güiraldes: Don Segundo Sombra. Inicia esta interpretación
planteando la temática general, la observación estructural y la colocación de la
obra dentro de la ficción literaria ( Dichtung) . A esto, sigue un análisis particular
de los personajes centrales y secundarios
-menores-, de las costumbres de la
pampa, para, por último, plantearnos el
problema del simbolismo, estilo y ubicación de la obra Don Segundo Sombra
dentro de la literatura.
U na de las características más valiosas
de la obra de Previtali es su acervo bibliográfico donde nos da desde las distintas
ediciones de la obra de Güiraldes hasta
los estudios crítico-literarios que sobre el
mismo se han realizado.
"Todos debemos alegrarnos -nos dice
Borges- de que se haya escrito este libro
que será indispensable para el estudio de
la vida ejemplar y de la perdurable labor
del poeta que cierra y corona, con una
suerte de relato elegíaco, el largo ciclo de
la literatura gauchesca".
Lic. EouARDo GUERRA CASTELLANOS
SAMUEL RAMos, Estudios de Estética,
Instituto de Investigaciones Estéticas,
Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1963.
SAMUEL RAMOS FUE, en su larga vida de
estudios, un hombre interesado siempre
en los problemas del arte y de la estética.
Sus trabajos sobre estos temas que ocuparon su. pensamiento, aparecen publicados en diferentes fechas, como testimonios
de esta preocupación hacia la que dedicó
su esfuerzo y su tiempo. Por ello, esta
edición del Instituto de Investigaciones
estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México es un magnífico homenaje a la memoria del ilustre maestro
y pensador desaparecido.

Con una Advertencia del Director
del Instituto, Justino Fernández, en la
que se nos dice que con este libro se tendría una "visión completa de las ideas
estéticas del filósofo y humanista", y una
Biografía de Samuel Ramos, escrita por
Juan Hernández Luna, se abren las páginas de este libro, donde se reúnen trabajos y ensayos dispersos aparecidos originariamente en revistas o prólogos de
libros.

El volumen se divide en cinco grandes
partes: I. Estética idealista: ( l. El concepto griego de lo bello ( 1956). 2. La
estética griega ( 1954). 3. La teoría de
Kant sobre el placer estético (1938). 4.
La estética de Benedetto Croce ( 1925).
II. Estética contemporánea: l. La estética de G. W orringer (inédito) . 2. La estética de R. G. Collingwood (1959). 3.
La estética de J ohn Dewey ( 1949). 4. La
estética de Martín Heidegger ( 1958). 5.
La estética de Nicolai Hartmann (inédito,
1956). III. Estética de la música: l. Estética de la música en los filósofos románticos ( 1929). 2. La música y el sentimiento ( 1929). 3. El caso Stravinsky ( 1929).
IV. Estética de la pintura mexicana: l.
Estética de la pintura (1927). 2. Diego
Rivera ( 1958). 3. Veinte años de pintura
en México ( 1949) . 4. Julio Castellanos
( 1926). 5. Santiago Rebull ( 1926). 6.
Manuel Iturbide (1926). V. Estética mexicana: l. La estética de Antonio Caso
(1952). 2. La estética del arte indígena
antiguo de Justino Fernández (1954). 3.
Estética de la ciudad de México (inédito).
Este índice, que hemos reproducido
aquí con las fechas de publicación, nos
orienta y auxilia para seguir los derroteros de Samuel Ramos en el campo de la
estética. Ordenando este material por
asuntos, se agrupan trabajos de épocas
diferentes, antecediendo a otros de años

posteriores, todo con el propósito de presentar un orden interno y no meramente
cronológico.
A Samuel Ramos se debe la presentación en lengua española de tres obras fundamentales en la estética contemporánea,
de las que son autores Croce, Dewey y
Heidegger. Las traducciones de Ramos
permitieron así la introducción y el manejo de las ideas de estos filósofos, y la
más temprana, o sea la de Croce en 1925,
es prueba fehaciente de que la estética
fue una de las primeras, y más permanentes, ocupaciones del pensamiento de Ramos.
El valor que tienen las páginas de estos
Estudios de estética lo encontrarán fácilmente los estudiantes de humanidades,
quienes tienen aquí una guía magnífica
del pensamiento occidental en torno a los
problemas estéticos. La exposición de Samuel Ramos, sencilla y abierta, se ubica
fácilmente en el nivel de iniciación, pero
sin que por ello pierda profundidad y
calidad.
"La estética idealista" y "La estética
contemporánea" son quizá los dos apartados más interesantes de todo el volumen, el primero por los estudios dedicados a la estética griega y al concepto griego de lo bello, donde se sintetizan, con
precisión, las líneas principales de la concepción griega del arte ( techne) y de lo
bello, así como por la parte dedicada a
Kant; y el segundo, por la presentación
que se hace del pensamiento de cinco
grandes filósofos modernos sobre la estética.
Estudios de estética, de Samuel Ramos,
será sin duda un libro que se manejará
por muchos lectores; cumple un alto fin
pedagógico y se le puede citar, con justicia, entre las grandes aportaciones del
pensamiento filosófico mexicano moderno.
ALFONSO RANGEL GUERRA

653

�CANJE

PUBLICACIONES RECIBIDAS *
( 1963)
ALEMANIA:

Institut für Auslandsbeziehimgen, Zcitschrift für Kulturaustansch, Stuttgart, Año 13,
Cuadernos 1, 2, 1963.
Problems of the peoples of the URRS, editcd by a Comittce of Thc Leaguc for thc
Liberation of the Peoples of thc URRS, Munich, No. 16, diciembre de 1962; No.
17, marzo de 1963; No. 18, junio de 1963; No. 19, otoño de 1963.
Universitas, Revista alemana de letras, ciencias y arte, edición trimestral en lengua
española, Stuttgart, Vol. I, No. 2, junio de 1963.
ARGENTINA:
CAFFESE, MARÍA E. y CARLOS F. LAFUENTE, Mayo eri la bibliografía, Facultad de Filosofía y Lrtras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1962, 278 pp.
Cuadernos de Historia de España, Instituto de Historia de España, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, XXXV-XXXVI, 1962.
Bibliografía argentina de artes y letras, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires,
No. 9; No. 11; No. 12; No. 13; No. 14; No. 15.
Bolet!n de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos
Aires, Año V, No. 18, mayo de 1963; No. 19, agosto de 1963.

Boletin del In stituto de Historia Argentina "Dr. Emilio Ravignani", Buenos Aires,
Año VI, Tomo VI (Segunda Serir), No. 10, 1961.
Boletín informativo, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 23, 2a. 5erie,
octubre-noviembre-diciembre de 1962.
Blanco sobre negro, Ed. Losada, S. A., Buenos Aires, No. 29, agosto de 1963.
FERNÁNDEZ DE VroAL, S. M., Bibliografía argentina de artes y letras, Compilaciones
especiales, Roberto J. Payr6, Fondo Nacional de las artes, Buenos Aires, 1963, 74 pp.
Ficci6n ( Cuentos - ensayos - cine - música - libros - teatro - crónicas - artes plásticas),

*

Se recogen por orden alfabético libros y publicaciones periódicas.

655

�Panorama de un siglo y medio de cultura argentina, Nos. 2-1-25, mano-abril-mayo-junio
de 1960.
KovAcc1, OFELIA, La pampa a través de Ricardo Güira/des, Instituto de Literatura
Argmtina "Ricardo Rojas", Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos
Aires, Buenos Aires, 1961, 167 pp.
LAGWANOVICB, DAVID, Bibliogra/la argentina de artes y letras, Compilaciones espe-

CANADÁ

Repor~ o/ T_he Principal o/ Queen's University to the Board o/ Trustees, Qucen's Univers1ty, Kmgston, Ontario, 1961-2.
COLOMBIA

ciales, Bibliogra/la de la página literaria de La Gaceta, de San Miguel de Tucumán
( 1956-1961), Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, s/f., 48 pp.
LEVY, MAT1LDE, El extranjero en. el teatro primitivo de Buenos Aires, Instituto de Literatura Argentina "Ricardo Rojas", Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de
Buenos Aires, Buenos Aires, 1962, 52 pp.

Nordeste, Revista de la Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Nordeste,
Resistencia, Chaco, No. 4, diciembre de 1962.
PAZ, MARTA LENA, Bibliogra/la argentina de artes y letras, Compilaciones especiales,
Carlos Mauricio Pacheco, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 1963, 96 pp.
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Central de Las Villas, Santa Clara, 1962, 343 pp.
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Vol. VII, Nos. 27-28, julio-diciembre de 1962. Vol. VIII, No. 29, enero-marzo
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The Journal of Aesthetics and Criticism, published quarterly by The American Socicty
for Aesthetics of at The Clcveland Museum of Art and Western Reserve University,
Baltirnore, Maryland, Vol. XXI, No. 2, invierno de 1962; No. 3, primavera de
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School of Philosophy, University of Southern California, Los Angeles, California,
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The Philosophical Review, edited by The Sage School of Philosophy, Comell, Univcrsity, Ithaca, N. Y., Vol. LXXII, No. 1, enero de 1963; No. 2, abril de 1963; No. 3,
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a

URUGUAY
SUECIA
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Ciencias Económicas, Estocolmo, 1962, 172 pp.
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SUIZA
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GROTZER, PETER, La conscience du temps dans l'oeuvre de Gabriel Marce!, Essai de
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KuNDERT, HANS, Romancerillo Sanabrés, Memoria doctoral presentada a la Facultad
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1962; LXXXII, enero-marzo de 1963; LXXXIII-LXXXIV, abril-septiembre de 1963.

663

�Acab6se de imprimir el dia 30
de abril de 1964 en los Talleres de la Editorial Jus, S . A.
Plata de Abasolo número 14,
Col. Guerrero. México 3, D. F.
El tiro /tte de 1,000 ejemplares.

Ejemp l ar

0434

�</text>
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                  <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>en armonía con la terrena. La luz creada con la paleta del pintor lo unifica
todo.
Los rostros de las figuras muestran las diferentes psicologías, que son como
mascarillas en cera de seres que fueron vivos y que ahora están viviendo en
otra dimensión espiritual, pero las mascarillas son de una gran fidelidad al
original.
Dentro de las diferencias individuales, en todos se manifiesta la unidad
del espíritu español, con esa luz realísima o irreal que el Greco supo pintar.
BmuoGRAFÍA: El Greco de MANUEL B. Cossío.-Editorial Espasa-Calpe.
La Teoría de la Vida Eterna, de ToDNEY CoLLIN.-Editorial Sol.-México, D. F.
The paihtings of El Greco.-Phaidon Press. Londres, 1938.
El sentido del Cine, de SERGIO EINsENSTEIN.-Editorial Lautaro.-Buenos
Aires.

162

Sección Segunda

LETRAS

�EN TORNO A LOS PROBLEMAS
DE LA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE
Ltc. JUAN ANTONIO AVALA
Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo León.
"En el fondo todo lo que yo hago
es estudio del lenguaje. Creo haber
descubierto el arle de utilizar el lenguaje como vehículo para recorrer lo
más alto y lo más profundo y toda la
multiplicidad del universo".

De HuMBOLDT a WoLF, 1805.

LA PROBLEMÁTICA FILOSÓFICA en tomo al hecho lingüístico y a las implicaciones de la comunicación humana ha constituido uno de los temas que han
captado el interés de toda escuela y tendencia filosófica en cualquier época.
Las llamadas "crisis" filosóficas no son, en última instancia, sino crisis lingüísticas planteadas en el campo general de la comunicación. "El escepticismo
de la palabra -afirma W. M. Urban- es el supuesto implícito de todos los
períodos de empirismo y está, a su vez, acompañado por alguna forma de
nominalismo, por la incredulidad en la realidad de lo universal, ya que la
realidad de lo universal es, a la vez, condición del nombrar con validez y
de la comunicación del sentido. La inseparabilidad de palabra y cosa es, pues,
en una u otra forma, postulado de todas las épocas culturales positivas, y la
separación entre palabra y cosa el comienro del escepticismo y del relativismo".1
En los momentos actuales se ha revivido este interés por los problemas de
una filosofía del lenguaje: nuevos planteamientos en el campo filosófico, el
desarrollo de lógicas no formales, la creación de un instrumental expresivo
1 W. M. URBAN, Lenguaje y realidad, la filosofía del lenguaje y los principios del
simbolismo, Fondo de Cultura Económica, México, 1952, p. 15.

165

�para la ciencia, el desarrollo de la cibernética, son algunos de los factores que
han provocado una revisión total de esta problemática. Por otra parte, al
constituirse la lingüística como ciencia totalmente autónoma y al tener que
abordar cierto tipo de problemas que rebasan sus propios límites, han surgido nuevos aspectos no considerados en etapas anteriores. Sin confundir la
lingüística con la filosofía del lenguaje, hay aspectos en que ambas ciencias
deben caminar juntas. Lingüística y Filosofía del lenguaje se complementan
necesariamente.

LA

LINGÜÍSTICA

Ferdinand de Saussure plantea claramente en su Curso de Lingüística General el problema de la determinación del objeto de la lingüística, señalando
2
previamente las etapas por las que ha pasado antes de constituirse como tal.
De las soluciones propuestas por de Saussure ha resultado tal cúmulo de problemas y tales planteamientos específicos del problema lingüístico, que se han
rebasado las fronteras de la lingüística clásica implicando a ésta con nuevos
enfoques; con razón se le asigna el puesto de guía en materia lingüísticofilosófica, aunque él no pudiera darse cuenta de la trascendencia de sus conclusiones. Los postulados del ilustre ginebrino pueden resumirse, para nuestro
propósito, en los siguientes puntos:
a) El lenguaje es un sistema de sonidos articulados.
b) El lenguaje es un sistema de relación de valores, opuestos y coordinados,
para servir a los fines de la comunicación entre los cuales está la comunicación del pensamiento.
c) El lenguaje es un hecho social, dado que su fin es precisamente la
comunicabilidad en el seno de una sociedad.
Partiendo de estos postulados fundamentales, sencillos en apariencia, se han
elaborado una serie de doctrinas cuyos principios deben ser estudiados por
el filósofo y por el lingüista simultáneamente. "El sentido de las palabras -afirma Urban- es, como se ha indicado ya, el punto en que se unen la.,lingüística
y la psicología. Pero también es el punto en donde surgen los problemas fundamentales de la filosofía del lenguaje. La naturaleza del sentido es, desde un
punto de vista por lo menos, el problema central tanto del lenguaje como
de la filosofía. El lingüista no puede resolver sus propios problemas sin es• FERDINAND DE SAussuRE, Curso de Lingüística General (traducción, prólogo y
notas de Amado Alonso), 3a. edición, Losada, S. A., Buenos Aires, 1959, pp. 39 y ss.

carbar en los problemas filosóficos, ni tampoco el lógico o el filósofo pueden
resolver los suyos sin el análisis lingüístico... A la semántica en sentido lingüístico podemos oponer el campo de la semántica filosófica".ª
Evidentemente la semántica como ciencia exclusivamente lingüística ha rebasado sus propias fronteras al planteársele problemas que tienen relación de
términos y formas lingüísticas frente a la realidad. "En cambio -dice Guiraud-, el lenguaje articulado ha dado lugar -fuera de la semántica estrictamente lingüística- a estudios de carácter general: la semántica filosófica y
la semántica general. El lingüista deberá tanto menos ignorarlas cuanto que
aclaran el problema de la significación tal como él lo plantea, y lo surten de
observaciones, hipótesis, terminología y clasificaciones que renuevan las pers4
pectivas un poco estrechas de la semántica lingüística tradicional".
El planteamiento filosófico de la semántica lo encontramos claramente propuesto en las formulaciones del positivismo lógico. Ya Ferdinand de Saussure
en su Curso había propuesto la creación de una ciencia que estudiara el problema de la significación en los siguientes términos: "Se puede, pues, concebir
una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social. Tal
ciencia sería parte de la psicología social, y por consiguiente de la psicología
general. Nosotros la llamaremos semiología (del griego semeion 'signo'). Ella
nos enseñará en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los gobiernan. Puesto que todavía no existe, no se puede decir lo que ella será; pero
tiene derecho a la existencia, y su lugar está determinado de antemano. La
lingüística no es más que una parte de esta ciencia general. Las leyes que
la semiología descubra serán aplicadas a la lingüística, y así es cómo la lingüística se encontrará ligada a un dominio bien definido en el conjunto de los
hechos humanos". 5 Sin embargo, la teoría de Saussure no logró abrirse paso
hasta en época muy reciente y coincide su formulación con el auge de la moderna lógica simbólica.
Los principios de la lógica simbólica tratan de penetrar en la constitución
misma del signo con el objeto de explicar el hecho de la "significación"; para
esto se plantean tres divisiones:
a) La pragmática, referida en su sentido general a los sujetos hablantes.
b) La semántica, que en sí misma se ocupa de la relación o relaciones existentes entre el signo y la cosa señalada {designatum, significatum), sin
hacer referencia alguna a los sujetos hablantes.
W. M. URBAN, op. cit., pp. 27-28.
• PIERRE Gu1RAUD, La Semántica (trad. Juan A. Haslcr), Col. Breviarios 153, Fondo

1

de Cultura Económica, México, 1960.
• F. DE SAussuRE, op. cit., p. 60.

167
166

�c) La sintaxis o estudio de las relaciones formales de los signos dentro de
un sistema. Este estudio es independiente tanto de las cosas como de los
sujetos hablantes.
El verdadero problema de una. filosofía del lenguaje reside en la semántica
ya que "participa de la lógica, que es el estudio de las formas y de las leyes
del pensamiento, al mismo tiempo que un arte del lenguaje como instrumento
del pensamiento, logos a la vez palabra y razón".6 Es de sobra conocido el
intento de la creación, dentro del campo matemático y de la lógica, de un
lenguaje, o más bien de un metalenguaje que exprese directamente la esencia
de las cosas, sin implicaciones ni referencias individuales ni sociales de ninguna
especie. "Este 'conjunto de reglas' que permiten formar proposiciones científicas y transformarlas tautológicamente en otras proposiciones equivalentes
susceptibles de ser sometidas a la comprobación de los hechos en virtud de
reglas de correspondencia entre nuestros sistemas de símbolos y las experiencias vividas que simbolizan es el objeto de la semántica filosófica según la
definición de Shwistek y Tarski. . . Por lo tanto, como semántica filosófica
debe comprenderse una semántica del lenguaje en tanto que instrumento del
conocimiento. Participa de la teoría general de los signos, y de la significación,
Ja cual, por cierto, nació directamente de aquélla".7

EL

SENTIDO IDIOMÁTICO

El lenguaje, en cuanto portador de sentido, está latente en la problemática
expuesta más arriba, dado que siempre surgirá la pregunta y la inquisición
platónica sobre la relación entre los nombres y las cosas. Determinado conjunto sensible, articulado fonéticamente, se convierte en portador de un sentido: tal el planteamiento del signo hecho por Saussure y ampliado por
Cassirer. "Es en este punto donde primero se unen la lingüística y la filosofía,
porque el concepto de sentido es fundamental en ambas. Precisamente porque
el problema del sentido en una de ellas no puede resolverse sin referencia
8
a la otra, es por lo que resulta inevitable una filosofía del lenguaje" . Del
sentido idiomático parten una serie de interesantes planteas que afectan tanto
a la lingüística como a la filosofía. El problema del sentido idiomático es,
evidentemente, "el primer problema específico de una filosofía del lenguaje".
• PIERRE GUIRAUD,

op. cit., p. 87.

' Ibid., p. 89.
• W. M. URBAN, op. cit., p. 30.

168

Este problema del sentido implica una serie de planteamientos importantísimos
que complican aún más las relaciones entre lingüística y filosofía.
El lenguaje es un medio de comunicación, el medio excelente de la comunidad humana en sus interrelaciones, de aquí que uno de los planteamientos
de la filosofía del lenguaje es cómo emplearlo para manifestar precisamente
el sentido, no el sinsentido. "El estudio del lenguaje como medio de comunicación lleva consigo el considerar la relación entre la comunicación idiomática
con otras formas de comunicación y el determinar la naturaleza y límites de
tal comunicación. En la investigación de esos tales problemas surgen otros
subsidiarios de largo alcance. Deben examinarse y analizarse las nociones fundamentales de 'expresión' y 'comprensión' ( das V erstehen); en resumen, las
condiciones de inteligibilidad y de comunicación inteligible. Lleva consigo,
finalmente, un examen de todo el problema de la relación entre comunicación
y conocimiento; la relación entre sentido y la verificación y verificabilidad, y
la relación entre estas nociones y la comunicación".9
Otro de los grandes problemas de la filosofía del lenguaje y que tiene relación con el sentido idiomático es la relación que puede existir entre lenguaje
y lógica. No se trata de imponer categorías lógicas a la lingüística ni de considerar al lenguaje como medio de la expresión lógica ni de equiparar verdad
lógica con verdad idiomática o lingüística; esto pertenece a una etapa ya
superada del formalismo gramatical normativo. He aquí cómo plantea Urban
este problema en los términos actuales:
"Este ha sido un importante problema desde el momento histórico mismo
en que nació la lógica. La lógica nació con un análisis del lenguaje, y así su
desarrollo ha implicado un continuo análisis y crítica de las formas idiomáticas. El carácter fundamental que hoy tiene este problema surge del hecho
de que los avances de la lógica moderna se han orientado hacia la separación
entre la lógica y la matriz idiomática de que procede. El lógico ha llegado a
pensar las entidades y relaciones lógicas como enteramente distintas de las
palabras y de sus relaciones gramaticales. Tenemos, por consiguiente, planteado de este modo el problema del lenguaje y la lógica: ¿ Cuál es la relación
que existe entre un conjunto de hechos (en el caso/ del lenguaje,. la palabra o
la frase) con otro conjunto de hechos (en el caso de la lógica, los términos o
proposiciones) ? O expresado normativamente: ¿qué relaciones deben existir
entre las primeras y las segundas, para que aquéllas signifiquen a éstas, sean
su sustituto válido?"1 º
El problema no es de fácil solución e implica una serie de actitudes previas
en cuanto a concepciones lógicas y a actitudes axiológicas que pueden aún
• Ibid., pp. 30-31.
º lbid., p. 31.

1

169

�complicarlo más. Para el lingüista una cosa es verdad lógica y otra verdad
idiomática; para ciertos lógicos, deben de hecho identificarse ambas verdades;
para determinados lingüistas el "análisis lógico" del lenguaje es totalmente imposible y para determinados lógicos es el único camino a seguir. Sin embargo,
sí podemos preguntamos hasta qué punto el "análisis lógico" del lengu_~je ~os
lleva a determinar la validez idiomática y hasta qué punto toda expres1on lingüística debe ser inteligible en cuanto a sus contenidos nocion~les. En_ una
palabra, todo esto nos llevaría a. considerar el problema de lenguaje y realidad,
el más profundo de cuantos puedan plantearse.
Derivado del problema de las relaciones entre lógica y lenguaje, se nos
presenta a continuación otro de gran importancia: el del lenguaje Y conoc!miento. Urban lo llama problema epistemológico o metalógico del lenguaje
y según Russell se formula de la manera siguiente: "¿ Cuál es la relación que
existe entre los pensamientos, las palabras y las ºfrases, y aquello a que se refiere y qué significan? Este problema de la referencia pertenece, dice Russell,
a la epistemología. De manera semejante Carnap distingue este problem~ lógico del lenguaje y lo considera metalógico. Este problema de la referencia o
de la relación entre lenguaje y realidad, lo llamaré, pues, siguiendo a Camap,
,. dll
.,, .11
prob lema meta1ogico
e enguaje
También este ha sido el enfoque dado por Wittgenstein a este problema,
pues, según él, la lógica presupone que las palabras tienen significado Y las
proposiciones sentido. Surgen los problemas metalógicos cuando se trata de
demostrar el sentido y el significado: ambos no pueden ser separados de
realidad, es decir, hay que averiguar en qué consiste su relación o referen_c1a
con la realidad. "La relación del dato sensible o de la idea con la cosa, ha sido
siempre el problema de la epistemología, pero si, como lo ha demostrado ~~estra exposición histórica, 'el conocimiento es apenas separable del len~uaj_e_ o
si, empleando otras palabras, el lenguaje va envuelto en el proceso mtm~1vo
mismo, entonces el problema epistemológico del lenguaje es el problema fmal
de una filosofía del lenguaje" .12

!ª

EL

SIGNO LINGÜÍSTICO

Todos estos problemas están relacionados, evidentemente, con la concepción
del signo lingüístico y la actitud que se tome frente a una teoría de los signos,
además de que, como ya afirmamos más arriba, están implicados en ello problemas de axiología y de valoración subjetiva. Una teoría de los signos viene
!bid., p. 31.
,. !bid., p. 32.

11

170

a constituir, en los momentos actuales, una base científico-lingüística para la
formulación de cualquier principio o base lingüística. "La semiótica -afirma
Charles W. Morris- puede ser, entonces, de importancia en un programa de
unificación de la ciencia, aunque la exacta naturaleza y extensión de esta
importancia queda aún por determinarse".13
El signo lingüístico puede ser considerado desde distintos puntos de vista:
a) Lingüístico, de acuerdo con la teoría de Saussure y con los principios y
propiedades que le asigna, sin considerar su validez frente a la realidad;
únicamente en cuanto unidad psicológica significativa, sin consideraciones que no sean estrictamente lingüísticas.
b) Semántico, como portador de sentido, esto es, en cuanto tiene un valor
efectivo de señalamiento, lo cual implica consideraciones no sólo lingüísticas, sino de orden lógico y epistemológico.
c) Axiológico, todo signo es portador de un sentido; sin embargo en la
significación o semiosis entran a formar parte factores estimativos que
responden a una ordenación axiológica por parte de los sujetos hablantes.
Aún no hay acuerdo en cuanto a la denominación de "signo" o "símbolo";
consideramos que para nuestro estudio es esta una cuestión secundaria que,
por otra parte, podemos dejar de lado provisionalmente. "Se dice que todo
dato puede ser símbolo si significa algo o si opera como signo. Esta aserción
puede discutirse en sus dos partes. Identifica la relación de símbolo con todas
las relaciones de sentido e identifica el símbolo con el signo. Puede muy bien
ser que en tanto que la relación de símbolo sea una relación de sentido, sea
un tipo especial de esa relación. Puede muy bien ser que en tanto que todos los símbolos son signos en un sentido, no todos los signos son símbolos".14
Evidentemente, no puede identificarse bajo ningún pretexto el símbolo con
el signo; mientras éste se considera como una entidad arbitraria que no tiene
ningún nexo causal con el objeto señalado y su fuerza semiótica reside precisamente en el convencionalismo, el símbolo existe en cuanto tal en virtud de
cierta relación de causalidad fundada en la relación real entre el símbolo y
la cosa representada; el mismo Urban señala esta peculiaridad del símbolo
cuando afirma: "Precisamente la naturaleza de un símbolo es la de tomar el
sentido primario y natural tanto de los objetos como de las palabras y modificarlos (en algunos casos hablamos de 'trastocamiento' ) en cierto modo, de
tal manera que adquieren una relación de significación de una clase diferente.
11

CHARLES W. MoRR1s, Fundamentos de la teoria de los signos, Suplementos del
Seminario de Problemas Cientificos y Filosóficos, núm. 12, segunda serie, 1958, U niversidad Nacional de México, p. 32.
,. W. M. URBAN, op. cit., p. 334.

171

�Todas las relaciones simbólicas son relaciones de sentido, pero no todas las
relaciones de sentido son simbólicas. Tampoco la función simbólica puede identificarse con la noción de 'operar como signo'. El uso de símbolo como idéntico
al de signo también hace inútil la noción de símbolo. Hay muchos casos en
que puede usarse el término signo y en ellos sería totalmente inadecuado el
·
• de lluVIa,
. pero no sim
' bo1os d e ella" .1 ~
término símbolo. Las nubes son ' signos
El carácter puramente convencional y arbitrario del signo, totalmente diferenciado del símbolo, exige que se preste atención a su constitución y elementos
integrantes. Un signo lingüístico no puede ser estudiado sin tener en_ cuenta
si es que se separa sentido y sonido ya que ambos elementos son esenciales en
su constitución. El signo en cuanto entidad significativa no puede expresar o
significar sino cuando se da atención al signo mismo. El signo es un elemento
sensible necesario para la comunicación; es, además, evidente que los usos normales del lenguaje son significativos y que algunas veces llegan a ser simbólicos. Las palabras se limitan a indicar, a señalar, a significar. La construcción
del lenguaje es, en última instancia, una manipulación y ordenamiento de los
!&gt;ignos, mediante la cual éstos clarifican y precisan su sentido. Es cierto que el
pensamiento idiomático no funciona simbólicamente sino signifi~,ati:ame~te.
"Así como aquí -afirma Urban-, así sucede en toda comprenston intensiva
del lenguaje. Las palabras dejan de ser 'signos' o 'símbolos'. Pasan a ser un
medio relativamente transparente para la comunicación del sentido. Es, pues,
muy importante que se mantenga la distinción entre usos simbólicos Y usos
no simbólicos del lenguaje, así como es importante distinguir entre conocimiento simbólico y conocimiento no simbólico. La función simbólica del
lenguaje se encuentra precisamente en el punto en que ·aparece el carácter del
símbolo en el sentido ya definido".16
Una teoría del signo, aparte de la estructurada por de Saussure en el plano
estrictamente lingüístico, puede ser aceptada dentro de la actual filosofía del
lenguaje siempre que esté planteada en términos objetivos tal como ~º. ~ace
Charles W. Morris. Sin embargo (y sólo lo apuntamos como una posibilidad
abierta a la discusión), hay que tomar también en cuenta los factores axiológicos que influyen en la constitución del signo y que, hasta el presente, casi
no han sido tenidos en cuenta ni por los lingüistas ni por los filósofos del lenguaje. El signo, como el lenguaje, es un elemento humano de comunicación;
como elemento humano hace referencia a valores. Sea cual fuere la teoría
axiológica en que se base, es evidente que una filosofía del lenguaje tendrá
que discutir estos problemas.

14

10

172

!bid., p. 334.
lbid., p. 341.

LITERATURA Y SOCIEDAD
ALFONSO RANGEL GUERRA

Universidad de Nuevo León.

LA LITERATURA, CREACIÓN PERSONAL, tiene sin embargo fuertes lazos que la
ligan a lo social. Puede, pues, ser estudiada desde algún punto de vista que
atienda primordialmente a dichos lazos, pero es conveniente aclarar lo que
se afirma cuando se dice que existen relaciones cercanas entre literatura y
sociedad, porque suele aceptarse tal relación entre lo social por una parte, y
el acto creador por la otra, cuando lo que se pretende decir es que tal relación
existe con el producto literario en sus diversas manifestaciones, mas no precisamente con la génesis o surgimiento de la obra. Visto así el problema, el
estudio de las relaciones entre literatura y sociedad no corresponde, en estricto
sentido, al campo de la teoría literaria, en cuanto ésta se ocupe de precisar
la naturaleza del fenómeno creador y sus causas. Tratemos de precisar esto.
Según parece, son tres los aspectos que pueden estudiarse cuando se hace
referencia a literatura y sociedad:
a) La influencia que puede tener, en la creación, el fenómeno social en
alguna de sus manifestaciones.
b) La influencia de lo social en el lector, principalmente en la dirección
del "gusto".
c) La influencia de la literatura en la sociedad.
En los tres casos se habla de "influencias", es decir, de acciones directas o
indirectas, o si se quiere repercusiones que pueden operar de lo social a lo
literario, o viceversa. No se trata de un factor fundamental o determinante,
puesto que la influencia puede aparecer, o no aparecer, según el caso; estas
influencias bien pueden actuar como fuerzas colaterales o adyacentes, que
pueden modificar lo literario (o lo social, si es a la inversa) , pero que no

173

�pueden considerarse como necesarias o esenciales para la existencia de la
expresión literaria.
Se podría decir, no obstante, que algunos aspectos del fenómeno indicado
primeramente, o sea la influencia que puede tener lo social en la creación
literaria, es tan determinante en ciertos casos, que sería imposible negar la condición dependiente de la obra literaria con respecto a esas influencias, al
grado de considerar que aquélla surgió como resultado directo de éstas.
Sobre Jo anterior caben dos aclaraciones: primero, que aun cuando en algunos casos, en determinadas obras se manifieste notoriamente que surgieron
a propósito de alguna situación de carácter social, obras en las que puede
percibirse claramente que el impulso inicial, o su provocación, para ser
más exactos, es dicha situación, aun en tales casos no puede decirse que se
hayan originado en esto, o sea, que su origen, causa o raíz sea directamente
lo social, puesto que en ningún momento podemos pretender explicar o entender el fenómeno literario en función de algo que le es externo, como lo
sería un fenómeno social; y segundo, como consecuencia de lo anterior, que
no podemos llegar a la comprensión de un fenómeno como la creación literaria, en cuanto a su naturaleza última, utilizando para ello elementos extraños al fenómeno mismo.
En las páginas siguientes nos ocuparemos de cada uno de los puntos propuestos.

l. INFLUENCIA

DE

LO SOCIAL

EN

LA CREACIÓN LITERARIA

Son muy numerosas las obras literarias que pudieran considerarse entre
aquellas que se dice tienen su origen en lo social. En la poesía podrí~ citarse,
por ejemplo, la de CÉSAR VALLEJO, o la de PABLO NERUDA, o más recientemente la de BLAs DE ÜTERO en España, para no citar sino lo más preponderante en lengua española. La novela también proporciona ejemplos, desde
el de Los Miserables, de VÍCTOR Huoo, hasta el de CARLOS FUENTES con
La región más transparente, etc. En el cuento ocurre algo semejante, y en
las obras que se acogen a la denominación de dramáticas, también.
Hay, pues, novela social, poesía ,social, en una palabra, literatura que podría denominarse social. Es en estos casos cuando la obra literaria pretende
considerarse como un producto resultante de lo social. ¿Hasta dónde nos
conduce esta afirmación? No podríamos aceptarla simplemente sólo porque
las apariencias hacen ver, o hacen creer ver, que así sucede. Con el propósito
de encontrar una respuesta al problema, manejemos una serie de elementos
que giran en tomo al hombre, o a la inversa, pero que en definitiva necesitan

174

&lt;lel individuo para perfilarse, y que al mismo tiempo nos proporcionan lo ne•cesario para recortar la figura humana. Y ya que toda literatura, inevitablemente, nos remite al hombre, trataremos de encontrar, partiendo de éste y
a través de dichos elementos, las características de lo literario y las relaciones que pudiera haber entre dicho fenómeno literario entendido como creación, y el fenómeno social.
Ubiquemos pues en un mismo plano humano diversas circunstancias que
forman parte de un todo multiforme en el que se encuentra inmerso el hombre: el individuo, en cuanto es parte de la sociedad, responde necesariamente
a una condición netamente social; se mueve en un marco social, decide en
ocasiones conforme a las reglas sociales, piensa en situaciones determinadas
·más como miembro de la sociedad que como individuo; en una palabra, actúa como un ser social. Pero el hombre es además otras muchas cosas. Entre
otras, y también dentro de ese marco social, es miembro de una clase, o de
un grupo. También, es un individuo que guarda una cierta actitud ante la
religión, ante la naturaleza, ante el mundo en general; se mueve en el plano de la percepción o de la intuición, o bien del concepto; se enfrenta como
individuo a múltiples posibilidades diferentes, como son los valores, el amor,
la amistad, etc.; se asoma a su ser histórico y también a sus propias actitudes para observarlas y comprenderlas, etc.
Todo esto bien puede dividirse en dos grandes campos: el de lo social
y el de lo individual. Volviendo al problema inicial, y puesto que se hablaba de la existencia de una literatura social, también podría considerarse,
con el mismo derecho, la existencia de una literatura de tipo individual, en
la que no apareciera para nada lo relativo a los aspectos sociales del hombre, es decir, en cuanto preponderantes o fundamentales dentro de la obra.
Todavía podríamos subdividir el gran territorio de la "literatura individual",
y encontraríamos entonces que se puede hablar de una literatura religiosa, o
de una literatura amorosa, o histórica, etc. En efecto, puede afirmarse que
existen todos estos tipos de literaturas, y otros más que aquí no se mencionan. ¿ Qué es entonces lo que ocurre? Que cuando se dice que existe una literatura social, para nada se está haciendo referencia al problema de la
creación literaria, como tampoco se hace cuando se habla de literatura religiosa o amorosa, sino solamente precisando una de las muchas manifestaciones que la creación literaria puede alcanzar. En consecuencia, no puede
afirmarse que el fenómeno social sea una de las causas del fenómeno literario, es decir, no puede considerarse a la literatura como un producto social,
como tampoco se le puede considerar un producto religioso, o amoroso, o
histórico. Los diferentes rostros que puede asumir la literatura se pueden
explicar o interpretar a través de una concepción definida de lo que sea el
fenómeno literario en cuanto creación, válido por igual para todos. Uno es

175

�el problema de la creación literaria y otro muy diferente el de los caminos
por los que dicha creación puede cumplirse, atendiendo a una particular visión del hombre y del mundo. En consecuencia, el origen de la obra literaria,
como de toda obra artística, tiene que buscarse en el individuo mismo, y no
en lo social que le es externo.
Dicho lo anterior, queda claro que si pretendemos responder a la pregunta sobre la naturaleza de la literatura, no podremos contestarla sino introduciéndonos, hasta donde sea posible, en la literatura misma, para descubrir lo que sea su naturaleza y condición, pues nada lograremos si en vez
de esto pretendemos asimos a algo ajeno al acto creador mismo, como lo
es lo social, para tratar de explicarlo por fuera, con elementos que quizá
intervengan en su realización, pero que son posteriores al origen mismo de
la creación.
Así pues, cuando hablemos de literatura y sociedad, y nos refiramos en particular a las influencias de lo social en la creación literaria, estaremos haciendo mención a uno de los siguientes casos:
a) La obra como reflejo de su tiempo. Toda producción literaria está atada por necesidad a una circunstancia histórica. En ella, por lo mismo, se reflejan ciertas características de la época, que van desde las expresiones mismas del lenguaje, hasta las concepciones e ideas imperantes en un momento
dado. Todo escritor, en principio, está sometido a estas fuerzas, como lo está
a una cierta psicología nacional, si es que se considera ésta existente, o a la
lengua, es decir, la obra surge en cierto ámbito sociohistórico y lingüístico.
De ahí que la literatura pueda proporcionar en ocasiones el testimonio que
enriquece el dato histórico, o que en última instancia lo complementa, como
ocurre en la obra literaria acrecentada con datos del suceder real.i Al respecto pudiera estudiarse toda una gama de manifestaciones literarias que en
un cierto aspecto vienen a convertirse en testimonio de su tiempo y de su
época, por la carga de elementos incorporantes propios de la circunstancia
en que nace la obra. Citemos sólo como ejemplo algunos estudios importantes en los que se deja ver cómo la obra literaria lleva consigo las características a que hemos hecho mención.
De Auerbach, en primer lugar, es este pasaje, en el que se analizan filológicamente algunos aspectos de la Divina Comedia, del Dante: "El segundo cambio de escena tiene lugar por medio de las palabras: Altor surse ...
del verso 52, y parece más sencillo y menos digno de mención que el primero,
pues ¿ qué más natural que introducir un suceso repentino con las palabras:
' Cfr. ALFONSO REYES, El deslinde. Proleg6menos a la teorla literaria, tomo XV dt
las Obras Completas, (Col. Letras Mexicanas), Fondo de Cultura Económica, México,
1963, pp. 95 y

entonces alzóse. . . Pero si uno se pregunta dónde encontrar, en la lengua
vulgar medieval, anterior a Dante, un parecido movimiento del lenguaje, que
interrumpa tan cortante y dramáticamente una acción en curso con un "entonces", habría que buscar largamente, aunque yo no conozco ninguno. Altor
como principio de oración se encuentra a menudo en el italiano predantesco,
por ejemplo, en las narraciones del Novellino, pero con una significación mucho más débil. Cortes tan bruscos no existen ni en el estilo ni en la manera
de captar el tiempo de los relatos anteriores a Dante, ni siquiera en los de la
épica francesa, donde encontramos, en un sentido parecido, aunque mucho
más débil: ez vos, o atant ez vos (Roldán, en 413 y otros)".2
Del agudo pensador y crítico alemán Emst Robert Curtius es el pasaje que
se ofrece enseguida, referente a la obra de Balzac:
" ...en Balzac pueden estudiarse muchas otras cosas: la técnica procesal;
los métodos de la policía; la psicología del criminal; la elección de un diputado. Ministros y tribunos del pueblo nos revelan secretos de Estado. La prostitución es sometida a un análisis tan minucioso como la conducta de las autoridades. Conocemos los salones aristocráticos, pero también las buhardillas
de los estudiantes, los talleres de los artistas, los cuartos de redacción. Balzac
nos da una sociología de París, en la que podemos estudiar todos los aspectos
de la vida pública".3
Un último ejemplo, que corresponde a René-Marill Albéres, en tomo a
la obra de André Malraux:
"Malraux ha sido el primero en el período entre las dos guerras en hacer
de la aventura romántica un enfrentamiento del hombre con las fatalidades
que lo oprimen. '¿ Qué es la libertad del hombre sino la conciencia y la organización de sus fatalidades?' El ha sido el primero en ver en el hombre del
siglo XX un Prometeo que se esfuerza por romper sus cadenas. Esa posición,
que se ha hecho ahora general en nuestras letras, continúa siendo el tema de
Los nogales de Altenburgo"!

El escritor deja, pues, un rasgo de su tiempo en la obra, sea a través del
lenguaje, de los elementos mismos que utiliza en la narración, o de la temática, la actitud o la idea que opera como centro de toda su expresión literaria. Lo que, en definitiva, descarta la afirmación de que toda literatura
es subsidiaria de lo social en cuanto vive dentro de sus límites, pues bien puede
' ERICH AUERBACH, Mimesis. La representaci6n de la realidad en la literatura occidental, traducción de l. Villanueva y E. Imaz, (Sección Lengua y Estudios Literarios),
Fondo de Cultura Económica, México, 1950, p. 17 l.
' ERNST RoBERT CURTIUS, "Reencuentro con Balzac", en Ensayos crlticos acerca de
literatura europea, Ed. Seix Barral, Barcelona, 1959, T. I, p. 297.
• RENÉ-MARILL ALBÉRES, La rebeli6n de los escritores de hoy, Emecé Editores,
S. A., Buenos Aires, 1953, p. 45.

SS.

177
176
H12

�ser que la influencia de la época en la obra literaria sólo se traduzca en el
plano lingüístico, o en cierta sensibilidad para captar lo múltiple de la vida y
sus fprmas, etc., y no precisamente elevando lo social a un primer plano
totalizador a través del cual adquiera la obra un cierto y bien determinado
sentido, porque, como afirmó Marx, "ciertos períodos de supremo desarrollo
artístico no tienen ninguna vinculación directa con el desarrollo general de
5
la sociedad, ni con la base material y la armazón de su organización".
Concluyendo, afirmaremos que la obra misma es la que nos proporcionará
los elementos para descubrir esas "influencias" de la época o del momento
histórico, y precisar cuál sea su naturaleza si es que notoriamente se perciben
formando parte viva de aquélla. Si se opera a la inversa, y se pretende partir
de una afirmación que considere inevitablemente presente en la literatura el
elemento social a que nos hemos venido refiriendo, ocurrirá lo que prevé
Edmund Wilson, cuando afirma que "el hombre que trata de aplicar principios
marxistas sin una verdadera comprensión de la literatura, corre el riesgo de
equivocarse horriblemente. Para empezar, generalmente ocurre en las obras
de mayor jerarquía que la intención no es simplemente comunicar un mensaje, sino una compleja visión de las cosas, que no es explícita, sino implícita,
y el lector que no las capta artísticamente sino que busca meramente una moral social simple, con seguridad ha de quedar confuso sin remisión. Sobre todo
se confundirá si el autor extrae una lección moral explícita que sea la contraria
6
de su intención real o que no tenga nada que ver con ella".
b) La obra como producto de la circunstancia social inmediata del autor
( medio familiar, círculos sociales, etc.). Aunque a primera vista esto pueda
parecer sólo un aspecto del punto visto anteriormente, podrá considerarse
como diferente si se atiende a los elementos que ahora se presentan, tocantes
todos al autor directamente, tanto por lo que se refiere a la circunstancia histórica particular de su vida, como a su existencia misma. Esto se refleja, sobre
todo, en la novela y en el drama, y más en la primera que en la segunda. El
escritor, inconscientemente a veces, y otras con plena visión de lo que hace,
utiliza sus propias y personales experiencias, sus recuerdos y su pasado personal, para armar sobre ello su obra, resultando ésta con tintes autobiográficos más o menos fuertes, según que el autor los traslade a un primer plano
fundamental, o sólo los maneje como material suplementario. De una u otra
forma, dichos elementos están presentes, y basta esto para considerar la posibilidad de ubicar la obra literaria dentro de los casos que aquí se estudian,
como producto de la circunstancia social inmediata del autor, que incluye
' Citado por EoMUND W1LSON en su articulo "El marxismo y la literatura", en
Literatura y sociedad, Ed. Sur, Buenos Aires, 1957, p. 141.
• !bid., p. 147.

178

desde el medio familiar, hasta el más amplio círculo que pueda concebirse
en tomo al individuo, como es la ciudad misma.
Alfonso Reyes ha estudiado con acuciosidad problemas de este tipo en su
libro Tres puntos de exegética literaria,1 donde divide el problema en dos grandes planos: El primero, referente a la relación general entre la vida y la obra
de un autor, cuando por ejemplo hay el propósito histórico en la autobiografía, o bien cuando no habiendo dicho propósito, se aprovecha en la obra
la realidad vivida, por el valor literario de la realidad; y el segundo, cuando
la relación general es entre un hecho de la vida y la obra de un autor. Uno
y otro caso se presentan continuamente, ya que todo esto, en diversos matices,
es el alimento mismo de la literatura para el manejo de asuntos. Los autores
a menudo dejan testimonio personal de esa deuda que han contraído con su
experiencia personal, y dejan conocer en páginas íntimas cómo extrajeron de
tal o cual momento, personaje o suceso, el material que se estructura en las
páginas de su obra como plena ficción. A este respecto, pueden recordarse las
páginas de Fran~ois Mauriac donde narra cómo tomó de la realidad, de su
propio pasado, uno de sus principales personajes. Dice Mauriac: "Por ejemplo, entre las diversas fuentes de donde procede Thérese Desqueyroux, se
encuentra seguramente la visión que, a los dieciocho años, tuve de una sala de
tribunal y de una escuálida envenenadora custodiada por dos gendarmes. Recordé las declaraciones de los testigos y utilicé una historia de recetas falsas
de las que la acusada se había servido para procurarse el veneno. Pero ahí se
detiene mi inspiración directa de la realidad. Con lo que la realidad me proporcionaba habría de construir un personaje completamente diferente y más
complicado". 8 En esta declaración se puede recoger un testimonio que aporta
el mismo novelista, y una cosa más, que nos sirve para completar nuestra visión del problema: si bien el escritor puede partir de la realidad, no quiere
decir que esté supeditado a ella, antes bien, como Mauriac, puede variar el
rumbo de los acontecimientos, y hasta su sentido. Pero de todas formas, ahí
está el origen real de la ficción literaria. El mismo Mauriac, en la página anterior a la que aquí hemos transcrito, dice textualmente: "La vida suministra
al escritor los lineamientos de un personaje, el esbozo de un drama que hubiese podido ocurrir, un conflicto mediocre que en otras circunstancias habría
podido ser interesante. En resumen, la vida proporciona al novelista un punto
Cfr. ALFONSO REYES, Tres puntos de exegltica literaria, tomo XIV de las Obras
Completas, (Col. Letras Mexicanas), Fondo de Cultura Económica, México, pp. 253
1

y

SS.

' FRAN&lt;;;01s MAURIAC, El novelista y sus personajes, traducción de Alejandro Ruiz
Guñizú, Emecé Editores, S. A., Buenos Aires, 1955, p . 20.

179

�de partida que le permite aventurarse en una direcci6n diferente de aquella
que la vida ha tomado. Vuelve efectivo aquello que s6lo era virtual".º
El 13 de enero de 1927, Mme. Suzanne-Paul Hertz escribi6 unas lineas a
André Gide para reclamarle el no haber incluído en su Journal des FauxMonnayeurs la explicaci6n sobre el origen de uno de los pasajes de su libro,
concretamente la enfermedad de La Pérouse en el capítulo III de la tercera
parte de su noYela, semejante en todo a la de M onsieur Le Prince, según la
relata Saint-Simon en sus Mémoires. La respuesta de André Gide, fechada el
24 del mismo mes, es muy clara: Madame,/ Je vous remercie d'avoir appelé
mon attention sur cet étonnant passage de Saint-Simon. J' avoue en rougissant
que je ne le connaissais pas encare, et j'ai le plus grande plaisir a le lire dans
l'examplaire que me prete Monsieur Hanotaux, voisin de campagne des amis
chez qui j'habite ici.
Le cas de Monsieur le Prince offre en effet une saisissante analogie avec
celui de mon vieux La Pérouse, mais c'est la réalité qui m'en avait f ourni le
modele. La Pérouse a été inspiré, el jusque dans son suicide manqué, par un
vieux professeur de piano, dont je parle longuement dans Si le Grain ne Meurt,
ou je parle également d'Armand B. qui me servit lointainement de modele
pour l'Armand des Faux-Monnayeurs. Je ne peux comprende en quoi le
mérite d'une ouvre d'art peut étre diminué, de ce qu'elle prenne appui sur
la realité".1º
Así pueden encontrarse numerosos ejemplos que demuestran, por boca de
los mismos escritores, cuál es la procedencia de los asuntos que manejan en
su obra. Y si no son los autores los que declaran esto, se encargan de ello
los estudiosos, críticos e historiadores, que arman todo el pasado personal y
familiar de un escritor y lo hacen emerger del pasado y del olvido. Tal es el
caso de Marce! Proust, cuyos admiradores literarios han formado la Société des
Amis de Marce[ Proust et de Cambray, con sede en Illiers (el Combray proustiano), donde han convertido en museo la casa de la tía Leona y pueden
• Ibid., p. 19.
,. "Señora/ Le agradezco haberme llamado la atención sobre ese asombroso pasaje
de Saint-Simon: Confieso, sonrojado, que no lo conocía, y me causó gran placer
leerlo en el ejemplar que me presta el señor Hanoteaux, vecino de campo de los
amigos con los que aquí vivo.
"El caso de Monsieur Le Prince ofrece en efecto una sorprendente analogía con el de
mi viejo La Pérouse, pero es la realidad la que me ha proporcionado el modelo. La
Pérouse fue inspirado, hasta en su suicidio fallido, por un viejo profesor de piano,
del que hablo largamente en Si el grano no muere, donde hablo igualmente de Armand
B., que me sirvió lejanamente de modelo para el Armando de Los monederos falsos. No
puedo comprender en qué puede disminuirse el mérito de una obra de arte si se apoya
sobre la realidad". ANDRÉ GmE, Journal des Faux-Monnayeurs, Gallimard, París, 1951,
pp. 109-112.

apreciarse los diversos objetos que remiten a la niñez del autor y por lo mismo
a los inicios de su novela. Ahí está la escalera por la que subía Proust al momento de acostarse; la linterna mágica que proyectaba las imágenes de Genoveva de Bravante, la fotografía de Fran~oise, la fiel sirvienta, y mil cosas
más. Todo esto nos dice, por una parte, que el lector y el amante de la
literatura se apegan, quizá inconscientemente, a la realidad, y arrastran consigo a las obras literarias, que enmarcan en tiempo y lugar con todos los
detalles posibles; y por la otra, que no obstante lo anterior, la obra literaria se
desprende por propio impulso de lo real, se eleva sobre lo que fuera el origen
de sus asuntos, para superar todo esto y mantenerse válida a pesar de tener
fuertes lazos que pudieran atarla a la realidad.
Imposible, pues, querer atar la literatura a la realidad. Puede, en todo caso,
atársele en cierto modo a la vida, en general, pero aun así es necesario aclarar que nunca podrá descubrirse lo que lleva consigo la obra literaria, si pretendemos limitarla en un marco espacial y temporal, que nunca podrá dar
cabida a las increíbles dimensiones de lo literario, pues como dice Alfonso
Reyes, "La materia de la Literatura es la vida, y su procedimiento, como
ya lo sabemos todos, el concretar en fórmulas finitas las relaciones humanas
de reiteraci6n indefinida. Hay, pues, que libertarse a tiempo de estas preocupaciones algo mezquinas. Ellas pecan por falta de respeto para la inventiva
Ji teraria" .11
c) La obra como producto de una herencia literaria. Este último caso presenta matices muy particulares, porque no siempre se patentiza en las obras
de los autores, aunque a menudo ocurra el fen6meno de las "influencias literarias", tan sutil a veces que parece no haber nada semejante detrás de
determinada obra.
En la antigüedad era más patente este fenómeno, y autores había a los
que se podía seguir una huella que nos remitiera al antecedente literario inmediato, porque, como dice Kaiser, la idea de plagio no corresponde a esos períodos sino a nuestro tiempo. Sin embargo no puede decirse que se trate
propiamente de un problema de plagio el que aquí planteamos, sino más bien
de influencias o antecedentes, de prolongaciones y líneas de continuidad entre
obras diversas, no precisamente porque la posterior sea una copia de la anterior, sino porque un autor se sumerja en proyecciones, estilo o atmósfera de
otro autor, y los continúe inconscientemente en su obra. Tal es el caso, por
ejemplo, de los seguidores de Kafka, o de Marce! Proust. O bien puede ser
ese otro tipo de influencia que se traduce en una como presencia invisible
en los autores que la reciben, prosiguiendo sus huellas. Es el caso del autor
11

ALFONSO REYES,

op. cit., p. 264.

181
180

�de Les Thibault, quien nos dice en sus Memorias Literarias: ''Yo tenía cerca
de 17 años cuando el director de la Escuela Fenelón, el Abate Hebert (al que
guardaba un profundo cariño y a quien yo veía regularmente, aún después
de haber dejado la escuela), me dio a leer La Guerra y la Paz. 'Aquí verás,
me dijo, todo lo que puede hacer, en arte, la alianza de la mesura y la fuerza.. .' El descubrimiento de Tolstoi ciertamente fue uno de los acontecimientos
más importantes de mi adolescencia y sin duda el que tuvo sobre mi porvenir
de escritor la influencia más duradera. Desde la niñez me atrevía a escribir,
pero sin tener una idea bien clara de lo que pretendía. La lectura de La
Guerra y la Paz, tantas veces releída con el mismo fervor, con la misma extasiada sorpresa, me orientó definitivamente hacia la novela, y, más precisamente, hacia la novela de gran aliento, con personajes numerosos y múltiples
episodios" .12
Por último, en estos casos de herencia literaria, el manejo de los temas
"clásicos", que también tiene que ver, en cierta medida, con el problema que
plantea Wolfgang Kaiser, ya señalado antes.15 No se trata en definitiva de
descubrir falta de originalidad en un autor que toma del pasado los asuntos
de sus obras, sino de establecer las fuentes literarias que permitan ampliar las
posibilidades de estudio de la obra. La literatura griega ha proporcionado
temas y asuntos a las literaturas de todas las lenguas y todos los tiempos;
Ifigenia llega otra vez a nosotros a través de la pluma de Alfonso Reyes y
'Electra a través de la de Eugene O'Neill. Christopher Marlowe escribió su
Fausto en Inglaterra, en el siglo XVI, y Goethe otro Fausto en Alemania,
en el siglo XIX, sin contar con que la leyenda fáustica se remonta en el
tiempo. No obstante, cada autor deja una obra distinta, diferente y única.
En el fondo, se trata sólo de los elementos primarios que utiliza el autor para
realizar su trabajo. Es, en ciertos aspectos, algo semejante a lo que hace el
autor con la realidad: toma de ella los elementos, pero se libera cuando lo
considera necesario para que la obra prosiga sus propios derroteros. Así en la
fuente literaria, se toma de ella el cañamazo para trazar nuevas líneas y composiciones.
La búsqueda de estas influencias literarias sólo se justificará en el investigador cuando las sobrepase y trate de alcanzar, a través de ellas, un conocimiento más exacto y completo de la producción literaria de un autor.

12 RoOER MARTÍN nu GARD, Memorias literarias (Fragmentos), traducción de Ernesto Flores, en Et Caetera, Guadalajara, Jalisco, Tomo VI, Números 27.28, noviembre de 1960, p. 199.
12 Cfr. WoLPOANO KAISER, lnterpretaci6n y análisis de la obra literaria, versión española de Ma. D. Mouton y V. Ga. Yebra, Biblioteca Ramánica Hispánica, Ed. Gredos, Madrid, 1954, pp. 84 y ss.

182

2. LA

INFLUENCIA DE LO SOCIAL EN EL LECTOR

Al pasar a este segundo aspecto sobre literatura y sociedad, se impone una
aclaración. Existe, por una parte, la influencia de lo social en el lector; y por
la otra, la influencia de la literatura en el lector. Esta última, que tiene proyecciones fuera del lector mismo, o mejor dicho, en el lector como sujeto social, la trataremos en el tercer apartado de este estudio. Por ahora sólo nos
ocuparemos de las influencias, que son muchas, de lo social en el lector.
Se trata, entonces, de estudiar solamente cómo lo social, en diversas maneras, puede influir en una de las dos caras de la literatura: el lector, o sea,
cómo puede éste sufrir la presión externa -y extraliteraria- que lo inclina
en pro o en contra de la literatura, es decir, de alguna o algunas obras en
particular.
Para acercarnos al problema, es necesario dejar bien claro lo que acaba de
apuntarse arriba: estas influencias son totalmente externas a la literatura, son
extraliterarias si puede decirse, porque no provienen de la literatura misma, ni
siquiera de sus autores, sino de aquellas actividades que resultan del trabajo
literario propiamente dicho, bien como procedimientos de producción impresa
de la literatura, bien como complementos de esta misma producción. Nos ocuparemos enseguida de cuatro elementos importantes y casi imprescindibles en
la moderna vida de la literatura, a través de los cuales se realiza ese tipo de
influencias que sufre el lector, a quien van dirigidas en última instancia todas
estas actividades.
a) La crítica. Bien decía Dámaso Alonso que la crítica literaria debe ser y
es pedagógica. Así considerada, la tarea del crítico se nos aparece en toda su
importancia frente a la educación del lector, quien recibe de ese otro lector
que es el que escribe la crítica, las informaciones, los juicios y los comentarios
sobre determinada producción literaria. En cierta medida, el lector medio que
se acoge a la crítica se pone en manos del autor de ésta, por lo que no puede
pasar inadvertida en ningún momento la labor del crítico en cualquier estudio
que se haga de las influencias de diversa naturaleza que operan sobre el
lector.H
La crítica literaria, aunque es propiamente un trabajo que se realiza individualmente, llega a convertirse, gracias a los grandes medios de difusión con
que cuenta, en vocero de ciertos grupos, asociaciones, publicaciones y organismos diversos. En principio, el que escribe crítica literaria se dirige, simple y
" Sobre la crítica literaria, y otros aspectos de la dirección del gusto del lector, véase
L. L. ScHÜCKINO, El gusto literario (Col. Breviarios, No. 24), Fondo de Cultura Económica, México, 1950. ( Hay ediciones posteriores).

183

�sencillamente, al "lector anónimo", al lector común. Las revistas literarias, y
las secciones especializadas de las revistas de interés general, proporcionan a
este tipo de lector los juicios sobre las obras que se ofrecen en librería. Existe,
claro está, una serie de publicaciones que se ostentan como crítica literaria,
efímeras e intrascendentes, en las que se recogen meros comentarios superfluos,
producto de lecturas rápidas e incompletas. No nos referimos a esto, sino
a lo que merece en general el nombre de "crítica", como expresión que pretende ser juicio objetivo y valorativo de los elementos que intervienen en
una obra, y que presentan una visión de ésta en tal forma que pueda considerarse estudiada desde los puntos de ataque más positivos para un conocimiento
exacto -hasta donde sea posible- de todas y cada una de sus partes.
El tiempo se va encargando de colocar en su sitio este tipo de trabajos, así
como a sus autores. Cuando el crítico logra establecerse una posición, es decir,
cuando logra ser reconocido como tal por los lectores, y se atiende a sus juicios como a algo que debe ser conocido, leído y comentado, puede llegar un
momento en que dichos juicios se conviertan en conductores de la opinión
general y, en cierta medida, rectores del gusto. Los críticos se convierten así
en dictaminadores, y a ellos toca decir si la novela o el libro que aparece en
los escaparates de todas las librerías, como novedad editorial, es digno de considerarse como una auténtica obra literaria, y por lo mismo si merece el elogio
o la censura. Numerosos lectores se rigen por estos juicios y se dejan conducir,
en actitud pasiva, por los senderos que les marcan los críticos.
Mas si bien el crítico logra este importante papel, es conveniente distinguir
entre varios tipos de críticos, y por lo mismo, los varios tipos de sociedades
que los acogen. Desde un mirador puramente literario, casi podría decirse
que por el crítico se puede identificar el tipo de sociedad que digiere sus
juicios, o sea, a través de la actuación de quienes se ostentan como críticos, y de
su producción, puede descubrirse el nivel que corresponde a una determinada
sociedad frente a la literatura, y las posibilidades que representa como consumidora del producto literario auténtico. Para citar sólo dos casos, podemos
recordar aquí a Edmund Wilson ejerciendo la crítica en Estados Unidos, y
a Maurice Nadeau en Francia. En ellos encontramos al escritor que profesionalmente realiza su trabajo, es decir, se trata de críticos que verdaderamente
se conducen con hondura y con conocimiento del terreno que pisan. El público
que los lee sabe lo que puede encontrar en las obras de las que ellos se ocupan,
no importando para el caso si se está o no de acuerdo con la crítica, sino sobre
todo, y fundamentalmente, la actitud del que enjuicia a la literatura. Quizá,
como afirmó en una ocasión un maestro de La Sorbonne, es más difícil la
literatura sobre la literatura que la literatura sobre la vida.
No debe pues confundirse este tipo de crítico con el otro, por desgracia
abundante, que por otra parte no es exclusivo de nuestros países sino que tarn-

bién aparece en los ya citados, que cumple una función al parecer muy semejante a la de aquellos críticos, pero que en cierta medida es un advenedizo en
las letras, y desde su débil posición pretende lanzar con la misma fuerza un
material que de ningún modo puede asemejarse a aquél. El crítico, como quedó dicho al principio, debe cumplir ante todo una tarea pedagógica, y esto
sólo puede lograrlo cuando cuenta con los elementos primordiales de toda tarea crítica: profundidad, objetividad, sensibilidad, juicio y conocimiento de
la literatura en sus múltiples manifestaciones.
b) Los premios literarios. En nuestro tiempo, los premios literarios juegan
ya un muy importante papel entre los medios de difusión de la literatura. El
lector común, y aun el que puede considerarse muy por encima de éste, se
dejan llevar por la corriente que brota de la entrega de los premios literarios.
Para esta entrega, a su vez, se toma en cuenta la crítica como uno de los
factores que entran en el juego. La naturaleza de estos premios es de lo
más variada, y tienden a exaltar a autores en cierta medida ya consagrados, o
bien desconocidos; otros hay que se dirigen sólo a autores jóvenes; algunos más
a escritores, periodistas, etc. Sólo para citar los principales, podemos recordar
aquí los Premios Nobel; Goncourt; Médicis; Femina; Pulitzer; Formentor;
Nada! y otros muchos que prolongarían esta lista.
La obra literaria que obtiene el galardón de un premio se agota rápidamente en las librerías y sus ediciones se repiten, produciéndose en ocasiones
ventas inusitadas. Así se han formado muchas figuras literarias, cuya obra
posterior a un premio otorgado sigue viviendo a la sombra de éste. Cada
año, el Premio Nobel produce un gran número de traducciones, pues al conocerse al triunfador, y sobre todo cuando se trata de figuras cuya obra no
está muy difundida, como fue el caso de Salvatore Quasimodo o I vo Andric
en el mundo de lengua española, las casas editoriales se disputan la traducción de algunas de sus obras más importantes.
La obra tocada por un premio, pase lo que pase, tiene asegurado el éxito.
Fue el caso de Dios murió en el exilio, del rumano Vintila Horia, que obtuvo
en 1961 el Premio Goncourt. Al tomar el jurado esta decisión y darse a conocer al público, no faltó quien recordara la época en que Vintila Horia colaboró con los nazis, lo que fue suficiente para desatar una campaña en su
contra que obligó al autor triunfante a rechazar el premio. La obra, a pesar
de todo, o quizá gracias al escándalo, llegó a más lectores que si hubiera permanecido al margen de cualquier premio. Este es un ejemplo claro de cómo
el lector se deja llevar por la publicidad y la propaganda, colaborando así al
triunfo de una obra sin que medien juicios o elementos puramente literarios,
como debiera ser.
c) Las empresas editoriales. Las casas editoriales, mediante múltiples proce185

184

�dimientos, rigen el gusto de los lectores. En cierta medida, el lector se encuentra en sus manos, pues ellas son las que deciden cuál es la obra que debe
publicarse y darse a conocer, y cuál debe postergarse. Para estas decisiones
intervienen innumerables factores, la mayoría extraliterarios, entre los que aparece, siempre, el económico. El costo de la edición ha obstaculizado en más
de una ocasión la aparición de una obra, y a la inversa, algún otro factor que
se tome en cuenta por la casa editorial inclina a una decisión afirmativa que
lanza un libro al mercado.
Hay obras y autores completamente olvidados que gracias a la intervención
directa de una empresa editorial vuelven otra vez a manos de los lectores, y
son puestos de moda mediante una inteligente campaña de difusión que corre
a cargo de los propios departamentos de publicidad de la casa editora. Es
claro que una empresa seria garantiza al lector, por este solo hecho, que la
obra en cuestión es auténticamente algo valioso. De todas formas, la influencia
no desaparece y se orienta al lector hacia determinada obra. El club del libro es, por otra parte, un procedimiento más con que cuenta la editorial para
llegar directamente al lector. Éste, cada mes, se somete a la selección y sus
lecturas muchas veces se limitan a los libros seleccionados por el club.
d) La propaganda y la publicidad. Participando de todas las formas anteriores, como medio o como vehículo, la propaganda y la publicidad son en
una o en otra forma las acondicionadoras del gusto, y desde este punto de
vista el lector es simplemente considerado como una masa que se puede guiar
o inclinar hacia determinada obra o autor. A la inversa, el escritor mismo y
sus obras son manejados por esta fuerza poderosa para hacerlo ascender o
descender de la fama que se construye sobre estos modernos pilares. En
consecuencia la literatura, en nuestro tiempo, se ve sometida a los vaivenes
de la moda, pues no sólo se aplica ésta a ciertos autores o ciertos libros, sino
que puede llegar a imponer hasta los asuntos y las formas de manejarlos. La
crítica literaria y los premios, entre otros, son los medios que pueden utilizar
las casas editoras mediante una publicidad dirigida para imponer un libro,
exhumar un autor olvidado, o establecer como tipo en boga una cierta producción literaria.
De todo lo anterior se desprende que es fácil encontrar, en el campo literario, juicios aparentemente objetivos que valoran la obra, pero que en el
fondo adolecen de alguna de las influencias extraliterarias que aquí se han
mencionado. Cabe decir, no obstante, que en muchos casos -y todo auténtico
lector sabría reconocerlos- el crítico literario y la casa editorial realizan cada
uno su función con absoluta seriedad, aun dentro de todos estos mecanismos
ya referidos. El valor de una obra literaria no está supeditado, para ser reconocido, al premio que pueda otorgársele, pero no es razón suficiente su

otorgamiento para dudar de la obra premiada, como alguien lo afirma en
posición extrema. La literatura puede seguir surgiendo dentro de estas diversas formas de la publicidad y proporcionamos obras auténticas y fundamentales.

3.

INFLUENCIA DE LA LITERATURA EN LA SOCIEDAD

En el punto anterior se mencionó, sólo de paso, el problema de la influencia de la literatura en el lector. El fenómeno, que puede presentarse desde el
momento en que se establece contacto con la literatura, queremos enfocarlo
aquí en un plano más general, a través del lector, hasta la misma sociedad.
El caso de la influencia de la obra literaria en el lector no presenta problemas, pues es patente; la literatura misma nos proporciona el más grande
ejemplo en Don Quijote, quien vio trastocada su vida por los libros de caballerías; en el pasado, el ejemplo clásico de la obra literaria que influye en
forma determinante en el lector lo constituye el W erther de Goethe, cuya
lectura causó más de un suicidio. Este tipo de influencias puede ser del tipo
más variado, y en cada individuo hay quizá un libro que dejó su marca para
siempre, y al que muchas veces se debe, para bien o para mal, un giro definitivo en sus vidas.
Este fenómeno .es muy interesante, si se le considera en tomo a la naturaleza
de la literatura. Porque, dirigiendo nuestra atención a las huellas que la obra
deja en el lector, podemos llegar a considerar la literatura, con vista a esos
resultados trascendentales para el individuo, como un hacer humano en el
que se pueden alcanzar, mediante un lenguaje que no es científico, ni puramente conceptual, respuestas •a problemas fundamentales que atañen a la existencia misma, que quizá no llegan a plantearse conscientemente, y de los cuales no se tiene a veces una idea exacta y clara de su naturaleza, pero que son
parte viva de la vida del hombre. Puede ocurrir también que estas respuestas
tampoco emerjan a la superficie con una nitidez que permita reconocerlas e
identificarlas, pero ahí están, y repercuten en el individuo, encuentran en él
resonancias y empujan hacia un determinado derrotero. ¿En cuántas ocasiones una novela, un poema o un drama, alcanzan a iluminar zonas de nuestra existencia que nosotros mismos desconocíamos y ante las cuales nunca nos
detuvimos para conocerlas y analizarlas? Por la obra literaria podemos alcanzar -y en esto nos guiamos por las teorías de R. C. Collingwood sobre el
arte- el conocimiento de la naturaleza de algunos aspectos de nuestro mundo
emocional. Así puede explicarse la repercusión que puede llegar a tener la li-

187
186

�teratura en el individuo, cambiando en ocasiones, definitivamente, su rumbo
y su visión del mundo.
Si esto ocurre en el individuo, en proporciones tales que pueda afirmarse
una influencia determinante en su vida, ¿podemos trasladar la misma situación
al plano social?, es decir, ¿ una sociedad puede recibir influencias de la literatura tal y como sucede con el individuo? Para poder acercarnos a una posible respuesta sobre este asunto, nos ocuparemos de aspectos diversos del
mismo problema:
a) El carácter de la obra. Si realmente se presenta la influencia de la
literatura en la sociedad, esto se deberá sobre todo al carácter de la obra, a
sus condiciones intrínsecas, a la especial visión del mundo que nos proporcione, lo que nos acerca al género literario, es decir, a la actitud que asume la
creación literaria para resolver en un cierto lenguaje, en una cierta forma,
los contenidos que provienen de la vida misma. Desde el punto de vista del
problema que aquí se está planteando, es de esperarse que tenga socialmente
más repercusión una obra dramática que una lírica, por el simple hecho de
que aquélla está más abierta, y es más propicia, a la resonancia colectiva
por su naturaleza misma, mientras que ésta se inclina al diálogo callado de
mundos interiores. Y más aún que la dramática, la obra del género épico,
particularmente la novela, puede alcanzar con más amplitud estas dimensiones sociales. Pero aunque esto puede aceptarse, tampoco puede negarse, sin
embargo, la posibilidad de que la obra lírica, la poesía, influya también socialmente, sobre todo cuando se manifiesta atendiendo a visiones, sentimientos
o concepciones que van más allá de lo meramente individual.
Dicho lo anterior, se impone la distinción de dos diversos tipos de posibles
influencias de la literatura en la sociedad. Veamos por separado cada una
de ellas.
b) Influencias que modifiquen la estructura de una sociedad. Difícilmente
podría darse una respuesta afirmativa. La ficción literaria no transita los caminos de la teoría, el juicio crítico estricto, el concepto o la idea. Por otra
parte, quizá no se pudiera encontrar una obra literaria que pretendiera apuntar directamente hacia una transformación de la estructura de la sociedad. Si
hubiera una obra en la que se reunieran tales condiciones, por ello mismo
dejaría de ser literaria. 15 La economía, las formas políticas, los estratos de
"' Véase FoRTINI, El movimiento surrealista, traducción de Carlos Gerhard, (Manuales Uthea), No. 123/ 123a, Uthea, México, 1962. En este libro se estudian, entre
otros aspectos, el de la pretendida transformación de la sociedad por el surrealismo,
que "parte de una voluntad de destrucción y de negación, pero desemboca en la producción de objetos - textos, cuadros, filmes, etc.- " (p. 30) . Más adelante, dice Fortini: "El surrealismo aparece así suspendido entre una negación que, si se llevara a

188

una sociedad, no se trastocan ni pueden trastocarse por ninguna obra literaria, vale decir, por la literatura. Hay sin embargo obras .:n las que late Y
palpita el deseo de la modificación social, de la rev?l_ucion; obras en las
que se narran situaciones, se dibujan y trazan las condiciones de un momento y de un lugar, ofreciéndose soluciones para todo ello, pero estas, obras, ~or
sí solas, no alcanzan ni pueden tener la repercusión que se preve o analiza
en sus páginas.

.º

e) Influencias que modifiquen el gusto, la ~ensibilidad, _la con~epción
el reconocimiento de ciertos valores en una sociedad. Este upo de mflue~~1a
sí se presenta. La obra literaria de un autor, de un grupo_o de una generacion,
pueden lograr modificar el gusto de los lectores de, su t1e~po, pueden lograr
que su sensibilidad perciba lo que antes se descon~cia, o bien que ~e acepte lo
que antes se rechazaba. El siglo XX ha presenciado numerosos ismos, y los
grupos literarios de vanguardia han estremecido y desconc~rtado a sus _c~~temporáneos, propiciando la aceptación de lo nuevo y abnendo las posibilidades a la introducción de la nueva literatura.
La obra literaria puede imponer, si no a la generación de sus contemporáneos, sí a la inmediata posterior, valores que anteriormente nunca se admitieron. Incluso puede ocurrir que todo esto se introduzca tan fuerte~ente
en una sociedad, que actitudes literarias posteriores chocan contra esta imposición general sobre el gusto, que no admite renovaciones.
.,
Hay otro aspecto, quizá mucho más importante, en el que tamb1e~ ?_uede
influir socialmente la obra literaria: no ya sobre el gusto o la sens1b1hdad,
sino sobre otro tipo de concepciones que entrañan valoraciones que podría
decirse ponen íntegramente en juego a la persona. ~ituacione~ en las que operan juicios de justicia O injusticia, verdad o engano, es decir, aque_llo en_ lo
que ya no se trata sólo de formas o realizaciones literarias ~ e~t~ticas, smo
más bien de una concepción del mundo que envuelve al md1v1duo, a la
sociedad, al género humano, su condición histórica y temporal, su pasado de
aciertos o errores y un presente precario e inseguro.
Pero aquí, quizá para llegar a estas concepciones, el hombre ha unido la
literatura a otras manifestaciones humanas, y probablemente estos grandes
ciros que pueden operarse en el individuo - y la sociedad- se deben más
bien a todo un trasfondo cultural, del que la literatura sólo es una parte.

sus consecuencias extremas, conduciría a la afasia, al silencio o al suicidio; y co~stituye un intento de superar la negación que, o llevaba absolutamente fuera de los terminos del surrealismo, o se esfumaba en el idilio", p. 39.

189

�INFLUENCIAS Y COINCIDENCIAS EN LA
CONCEPCIÓN POÉTICA DE ANTONIO MACHADO
Lrc. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS
Universidad de Nuevo León.

INTRODUCCIÓN

LA PERSONALIDAD DE ANTONIO MACHADO refleja de manera muy patente la
problemática de nuestro mundo. Esto, tal vez, o quizá el extremado amor a
su obra, es lo que nos ha impulsado a realizar el presente estudio.
Hemos utilizado ante todo los libros fundamentales de Antonio Machado,
esto es, aquellos que de manera clara, se nos presentan como el testamento, las
notas de un gran poeta. Esencialmente son: el Juan de Mairena, que, según
su autor, fue un profesor apócrifo, poeta y filósofo e inventor de una máquina
de trovar. Y el Abel Martín que fue poeta y filósofo dejando una importante
obra (Las Cinco Formas de la Objetividad, De lo Uno a lo Otro, Lo Universal
Cualitativo, De la Esencial Heterogeneidad del \Ser).
El Juan de Mairena y el Abel Martín son, en pocas palabras, la voz oculta,
pero abierta al mundo, de Antonio Machado. Dos libros que son reveladores
de la genialidad de nuestro poeta sevillano.
Aquí está, pues, un análisis del pensamiento de Antonio Machado, fruto
de un verdadero interés y una identificación vital con su obra poética. Que
esto sea lo único que nos justifique.

CONCEPTOS GENERALES
La ideología filosófica y estética de Antonio Machado está preñada de dos
fuentes fundamentales: Henri Bergson, con su filosofía intuicionista, y Benedetto Croce, en el campo de la estética, con su concepción de que el Arte, co-

191

�y volar

mo tal, es intuición. Si analizamos cada una de estas corrientes nos encontraremos ante los supuestos que encierra la concepción poética de Machado.
Ahora bien, en cuanto a las coincidencias, se podría decir que Antonio Machado, en muchos casos, presenta un adelanto definitivo. Este problema es
claro, por ejemplo, en la concepción ontológica de Martín Heidegger. Antonio Machado se adelanta por lo menos en algún punto esencial a Heidegger.
"Y no ya, como anota Sánchez Barbudo, con sus poesías, como suele decirse,
sino con lo que escribe en el apéndice, con sus prosas filosóficas" .1

INFLUENCIA DE BERGSON
"Machado, el solitario, buscaba salida en ese 'laberinto de espejos' en que
se encontraba su alma encerrada. Cree él -nos dice en el apéndice- que la
salida debería hallarse por el camino del Amor; pero buscó, además, muchas
veces, salida por otro camino: el de la razón. Razón y Amor a veces en Machado se oponen sobre todo en el apéndice; pero en más de una ocasión se
refirió él a la necesidad de razón y amor, conjuntamente. Quería encontrar
una realidad superior en la que pudieran comulgar las diferentes mónadas
y esa realidad -pensó a menudo con nostalgia del platonismo- bien pudiera
2

ser descubierta por la razón" .
Así, Antonio Machado, de pronto se nos transforma en filósofo de profesión y de pensamiento. Ya sabemos que obtuvo su grado de Doctor en Filosofía y Letras y, además, que ejerció la cátedra de Filosofía en el Instituto
Calderón de Madrid. Pero sin embargo, de pronto, se nos aparece no ya como
un buen expositor, sino como un creador de filosofía, o por lo menos, de un
intérprete -a su manera- de la filosofía de su tiempo.
"Apenas empieza a dar muestras de su interés por asuntos filosóficos, lo
primero que indica es sentirse incómodo dentro de la prisión del subjetivismo
Kantiano. A Kant califica en un poema, escrito hacia 1915, de 'esquilador de
las aves altaneras' de la filosofía, ya que cortó el vuelo de la razón, trocando
así el 'ave divina' en 'pobre gallina'. Pero entre burlón y esperanzado, Machado continúa entonces en el mismo poema:

Dicen que quiere saltar
las tapias del corralón,
1 ANTONIO SÁNCHEZ BARBUDO. "El pensamiento de Abe! Marún y Juan de Mairena y su relación con la poesía de Antonio Machado". Hispanic Reuiew. Vol. XXII,

No. 1 (January, 1954), p. 33.
•!bid.Vol. XXII, No. 2 (April, 1954), p. 109.

otra vez, hacia Platón.
¡Hurra! ¡Sea!
¡Feliz será quien lo vea!
Unos diez años después aún escribiría en su cuaderno de apuntes Los Complementarios que 'Kant, con su crítica de la razón teórica, corta las alas al
pensar metafísico.. .' abriendo así el camino del irracionalismo. El no se conformaba con ese irracionalismo; y devolver las alas al ave divina, hacer de
nuevo posible el pensar metafísico, era sin duda lo que él soñó durante esos
años; hasta que en 1926, al escribir el apéndice imaginara una nueva 'metafísica' de poeta, cayendo a su vez en irracionalismo".s
En el campo de esa búsqueda de la razón está en pleno desacuerdo con las
doctrinas de Bergson. Cierto ~s que Bergson trató de libertarse del kantismo,
pero su medio fue la intuición.
"Machado, . en cambio, buscaba, como muchos otros después de Husserl,
una restauractón de la 'razón helénica'. Esta tendencia al racionalismo --en
contradicción a veces, desde luego, con otras tendencias suyas- supone evidentemente una insatisfacción con el puro intuicionismo bergsoniano que, al
señalar la influencia en él de Bergson, no se ha tenido en cuenta lo bastante".•
Sin embargo, en 1925, cuando publica sus notas sobre la lírica, Machado
se nos muestra sumamente bergsoniano, sobre todo con la distinción que hace
entre las imágenes conceptuales y otras que son intuitivas, las cuales -nos
dice- son plenamente líricas. "Mas en el mismo ensayo, sin dejar lugar a
dudas en cuanto a esa nostalgia de razón y objetividad a que nos estamos
refiriendo, agrega: 'Volverá a ser lo humano definido por lo racional. .. el
intuicionismo moderno, más que una filosofía inicial, parece el término... del
antiintelectualismo del siglo pasado. . . Para refutarlo habrá que volver de
algún modo a Platón'. Y hablando del hombre nuevo, hombre del futuro,
escribe proféticamente: 'Su mundo se ilumina, quiere poblarse no de fantasmas, sino de figuras reales'. Los poetas de ayer, agrega, cantaban 'la melodía
interior' pero los 'poetas del mañana' aspirarán a la 'objetividad' pues ya 'el
espejo de Narciso ha perdido su azogue'.'' 5
Posiblemente donde más bergsoniano se nos presenta Antonio Machado es
en su concepción del SER. Este problema se plantea en el siguiente poema:

ª !bid., p. 111.
• !bid., p. 112.
ª !bid., p. 115.

193
192

Hl3

�Cuando el Ser que se es hizo la nada
y reposó, que bien lo merecía,
ya tuvo el día noche, y compañía
tuvo el hombre en la ausencia de la amada.
¡ Fíat Umbra! Brotó el pensar humano.
Y el huevo universal alzó, vacío,
ya sin color, desustanciado y frío,
lleno de niebla ingrávida, en su mano.
Toma el cero integral, la hueca esfera,
que has de mirar, si lo has de ver, erguido.
Hoy que es espalda el lomo de tu fiera,
y es el milagro del no ser cumplido,
brinda, poeta, un canto de frontera
6
a la muerte, al silencio y al olvido.

Para Machado, en este caso Abel Martín, la verdadera creación de Dios no
es el mundo sino la nada: "el Cero Divino". Y Machado creía más en la realidad de esta Nada que en su presunta divinidad. La Nada para Martín era
como una "pizarra" sobre la cual el SER es dibujado. En otros_ téi:m~os, si no
hubiese Nada no habría SER. El primer cuarteto es pleno de md1cac1ones. Se
nos dice que el día tuvo su complemento: la noche. Así el SER, para ser,
1
necesita de su Nada de su No-Ser. En el segundo cuarteto: "F'1at U mbra.
'
.
Brotó el pensar humano" se nos dice que el Pensar Humano brotó gracias a
esa Nada. Sólo gracias a la Nada el ser es. Por eso Dios dotó ~l hombre del
"Huevo universal. .. desustanciado y frío", es decir, 4&gt; contrano al Ser: El
No-Ser. Es precisamente por esa nada, por "el milagro del no-ser" que se ~os
produce el asombro del ser que da origen a la Metaf'.sica. Esta i~terpretac1ón
nos lleva a la consideración de que Machado, adelantandose al mismo Bergson
y aun a Heidegger, hace la identificación entre el No-Ser y la Nada. Aunque
en ocasiones, como dice Sánchez Barbudo, siga llamándola No-Ser.
"Machado tiene, pues, una clara intuición en cuanto al papel ejercido por
la Nada; pero no se separa siempre de su hallazgo, lo nuevo, de las ideas tradicionales con respecto al No-Ser. Así, por ejemplo, escribe: 'Del No-Ser al
Ser no hay tránsito posible y la síntesis de ambos conceptos es inaceptable...
porque no responde a realidad alguna'. Ahí, siguiendo probablemente a Berg• ANTONIO MACHADO.

Abel Martín. 2a. edic. Edit. Losada. (Col. Contemporánea

son decimos, rechaza como falso e inútil ese concepto del No-Ser, entendido
como negación del Ser. Mas, extrañamente, al parecer, agrega algo que diríamos se contradice a lo anterior, aunque no lo contradice, pues está ahora
considerando la Nada, y no ya el No-Ser, a pesar de que así lo llame: 'No
obstante, Abel Martín sostiene que, sin incurrir en contradicción, se puede
afirmar que es el concepto del no ser la creación específicamente humana; y
a él dedica un soneto...' El soneto que sigue a esas líneas es Al Gran Cero . .." 7 que como ya hemos visto trata de esa problemática.
Para esta idea "lo que Machado había leído sin duda era lo que Bergson
dice en L'evolution Creatrice sobre el mismo tema. De allí debió partir Machado, que tan influído está por Bergson en el apéndice, para llegar luego a
decir en cuanto a la Nada algo que Bergson no dice, y que es lo verdaderamente original e importante. Bergson, como luego Machado, y como Heidegger, rechaza por artificioso e inútil el concepto de No-Ser: 'Después de haber evocado la representación de un objeto' y después de haber supuesto a
éste existente, 'nos limitamos a agregar a nuestra afirmación un NO y esto
basta pensarlo inexistente'. La Crítica de Bergson se halla perfectamente de
acuerdo con el carácter antiintelectualista de su filosofía, y es, en todo caso,
admisible. Pero Bergson, después de rechazar la Nada, entendida como NoSer, la Nada concebida como abstracción, no advierte que hay una Nada que
no sólo es pensada, sino vivida, experimentada".8
Machado, nos dice Sánchez Barbudo, debió interpretar mal las palabras
de Bergson, o por lo menos les dio más importancia de la que tenían cuando
decía: "Los filósofos no se han ocupado hasta ahora de la Nada. Y sin embargo ésta es a menudo el resorte escondido, el invisible motor del pensamiento
filosófico". Lo que hace Bergson, es pensar en la Nada como en una Pseudoidea.
Otro poema de suma importancia, en cuanto a la ligazón que existe con
el pensamiento de Bergson, pero que luego vendrá a entroncar de una manera
plena con el pensamiento Heideggeriano, es el titulado: Al Gran Pleno, y
dice:
Que en su estatua el alto Cero
-mármol frío,
ceño austero
y una mano en la mejilladel gran remanso del río,
medite, eterno, en la orilla,
' ANTONIO SÁNCHEZ BARBUDO.

Op. cit., p. 127.

' Ibid., p. 128.

No. 20). Buenos Aires, 1953, pp. 32-33.

195

194

�y haya gloria eternamente.
Y la lógica divina,
que imagina,
pero nunca imagen miente
-no hay espejo; todo es fuente-,
diga: sea
cuanto es, y que se vea
cuando ve. Quieto y Activo
-mar y pez y anzuelo vivo,
todo el mar en cada gota,
todo el pez en cada huevo,
todo nuevo--,
lance unánime su nota.
Todo cambia y todo queda,
piensa todo,
y es a modo,
cuando corre, de moneda,
un sueño de mano en mano.
Tiene amor, rosa y ortiga,
y la amapola y la espiga
le brotan del mismo grano.
Armonía;
todo canta en pleno día.
Borra las formas del cero,
torna a ver,
brotando de su venero,
las aguas vivas del ser. 9

Aquí tenemos una visión cósmica, panteísta del mundo, que es visto como
"un gran plano o conciencia integral". Es un todo sublimizado.
Hay en este poema un eco de la concepción bergsoniana del mundo. En
Bergson el mundo es un vital fluir. Y nos dice Machado: "No hay espejo;
todo es fuente". No es el mundo un ser estático, sino plenamente dinámico,
como una fuente. Y luego, al final: " ...brotando de su venero/las vivas aguas
del ser". Aquí, la concepción del ser se compara a la bergsoniana del mundo.
El Ser como eterno fluír o devenir.
"El poema tiene, pues, raíces bergsonianas, antiintelectualistas. Pero al mismo tiempo, y en oposición al poema Al Gran Cero, una visión del mundo desde fuera, fuera de la lógica tanto como fuera de la conciencia angustiada que
• ANTONIO MACHADO. Abel Martln, p. 34.

196

descubre la nada. Por eso es sobre todo una fantasía, una broma. Porque si
tal vez es posible una visión directa, intuitiva del ser, al modo bergsoniano,
al modo divino; es decir, si podríamos eliminar al No-Ser en nuestra visión del
mundo, nunca podríamos eliminar la NADA".1 º

ANTONIO MACHADO Y BENEDETTO CaocE

Benedetto Croce parte en su estética del principio de que el Arte es Intuición. "El artista -nos dice--- produce una imagen o fantasma, y el que gusta
del arte dirige la vista al sitio que el artista le ha señalado con los dedos y
ve por la mirilla que éste le ha abierto, y reproduce la imagen dentro de sí
mismo".11
Esa afirmación, dice Croce, adquiere un significado peculiar a cuenta de
todo lo que implícitamente niega. Y pasa a exponer cuáles son las principales
negaciones en el momento actual de la cultura.
Y así nos dice: "La respuesta niega ante todo, que el arte sea un fenómeno
físico".l 2 Nos dice Croce que en el pensamiento humano se ha caído en el
error de confundir el arte con el fenómeno físico. Es decir, que el espíritu
humano trata de buscar las raíces de lo que le ha impresionado en la naturaleza externa. Y luego dice: "Si se nos pregunta la razón por la cual el arte
no puede ser un fenómeno físico, responderemos en primer lugar que los
hechos físicos no tienen realidad, y que el arte... es sumamente real".13
"Otra negación va implícita en la definición del Arte como intuición, porque si el arte es intuición, y la intuición vale tanto como la teoría en el sentido originario de contemplación, el arte no puede ser un acto utilitario. Y
si el acto utilitario trata siempre de producir un placer y de alejar un dolor,
el arte, considerado en su naturaleza propia, no tiene nada que ver con la
utilidad, o con el placer, o con el dolor como tales". 14 "El arte no es lo
agradable en general, sino una forma particular de lo agradable" .15
En otras palabras, lo que Croce afirma es que si el arte es intuición, no
puede ser hedonismo.
"Otra negación que hacemos al definir el arte como intuición es que el

'º ANTONIO SÁNCHEZ BARBUDO. Op. cit., p.

135.
BENEDETTO CROCE. Breviario de Estética. 6a. edic. Edit. Espasa-Calpe Argentina.
(Col. Austral No. 41). Buenos Aires, 1947, p. 17.
12
lbid., p. 18.
,. lbid,, p. 18.
" lbid., p. 20.
" lbid., pp. 20-21.
11

197

�absolutas. Pueden, sí, fabricarse misteriosas baratijas, figurillas de bazar
qu: llevan en el hueco vientre algo que, al agitarse, suene; pero los
em~as no son de confección humana; la realidad los pone y, allí donde
estan, los buscará la mente reflexiva con el ánimo de penetrarlos, no de
recrearse en ellos. ( ... ) En la lírica, imágenes y metáforas son, pues,
de buena ley cuando se emplean para suplir la falta de nombres propios
Y de conceptos únicos que requiere la expresión de lo intuitivo, nunca
para revestir lo genérico y convencional".20

arte sea un hecho moral o, lo que es lo mismo, aquella forma de acto práctico
que, acercándose necesariamente a lo agradable, al placer y al dolor, no es
inmediatamente utilitario y hedonista y se mueve en una esfera espiritual superior".16
"Todavía -y ésta es la última y tal vez la más importante de las negaciones
generales que me conviene recordar de propósito- al definir el arte como intuición se niega que tenga carácter de conocimiento conceptual. El conocimiento conceptual, en su forma pura, que es la filosófica, es siempre realista,
porque trata de establecer la realidad contra la irrealidad o de rebajar la irrealidad, incluyéndola en la realidad, como momento subordinado de la realidad
misma. Pero intuición quiere decir, precisamente, indistinción de realidad e
irrealidad, la imagen en su valor de mera imagen, la pura idealidad de imagen" .11
Ahora bien, después de explicar cuáles son las negaciones en que se incurre
al definir el arte como intuición, pasa a afirmar Benedetto Croce que "lo que
18
le da coherencia y unidad a la intuición es el sentimiento" . En otras palabras, el arte, como tal, es intuición, pero al mismo tiempo, para que ese arte
tenga coherencia se necesita de la fibra sensible.
Esta es en términos generales la doctrina estética de Croce. Veamos cómo
reaccionó Antonio Machado ante estos presupuestos: Croce decía que el
arte no es un fenómeno físico. Es decir, que el arte no sólo está en lo externo,
como algunas mentes creen. Y Machado decía:
"La emoción del soneto se ha perdido. Queda solo el esqueleto, de19
masiado sólido y pesado para la forma lírica actual".

Es claro el parentesco que tiene el pensamiento de Machado con la concepción estética de Croce. En Machado la imagen, como acabamos de ver
se utiliza sólo para la expresión de lo intuitivo. En otros términos, la imagen e:
tomada en su p!ena idealidad de imagen. Y es más, cuando afirma Croce que
lo que le da umdad y coherencia a la intuición es el sentimiento Machado lo
reafirma diciendo:
'
"La metáfora nunca aparece sino cuando el sentir rebasa el cauce
lógico, en momentos profundamente emotivos". 21
. A~í. ~ues, la imagen en Machado cobra fuerza en el momento en que la
mtu~c1~n se presenta como unidad, como coherencia: es decir, cuando tiene
sentrrmento.
Y es más, cuando habla de los conceptos e imágenes conceptuales Machado
afirma:
"C onceptos e 1magenes conceptuales - pensadas, no intuidas- están
fuera del tiempo psíquico del poeta, del fluir de su propia conciencia
(... ) Conceptos e imágenes en función de conceptos -sustantivos
acompañados de adjetivos definidores, no cualificadores- tienen, por lo
menos, esta pretensión : la de ser hoy lo que fueron ayer, y mañana
lo que son hoy".22

El Arte, nos dice Croce, carece de carácter de conocimiento conceptual. Y
Machado dice:
"Son tantas y tan fáciles las objeciones que pudiéramos hacer a una
lírica que sólo se cura de crear imágenes, que casi me inclino a prescindir
de todas, a renunciar a su exposición, pensando de que de puro obvias
se habrán presentado con sobrada frecuencia a la reflexión de los nuevos poetas. ( ... ) Mi opinión es ésta: las metáforas no son nada por sí
mismas. No tienen otro valor que el de medio de expresión indirecto de
lo que carece en el lenguaje omnibus de expresión indirecta. ( ... ) Crear
enigmas artificialmente es algo tan imposible como alcanzar las verdades
11

11
18

1•

!bid., p. 22.
!bid., p. 24.
!bid., p. 36.
ANTONIO MACHADO, Los Complementarios. la. edic. Edit. Losada. (Col. Con-

Veamos qué es lo que piensa Machado del sentimiento, de ese elemento que
le da coherencia a la intuición, según Benedetto Croce:
"El sentimiento no es una creación del sujeto individual una elaboración cordial del Yo con materiales del mundo externo. H:y en él una
20

!bid., pp. 33-34.
,. !bid., p. 34.
,. ANTONIO MACHADO. Abel Martín, p. 41.

temporánea No. 47). Buenos Aires, 1957, p. 41.

199
198

�colaboración del TÚ, es decir, de otros sujetos. No se puede llegar a una
simple fórmula: mi corazón, enfrente del paisaje, produce el sentimiento.
Una vez producido, por medio del lenguaje lo comunico a mi prójimo.
Mi corazón, enfrente del paisaje, apenas sería capaz de sentir el terror
cósmico, porque aun este sentimiento elemental necesita, para producirse, la congoja de otros corazones enteleridos, en medio de la naturaleza
no comprendida... Mi sentimiento no es, en suma, exclusivamente mío,
sino más bien, NUESTRO....Que lo sea para los demás, éste es el problema de la expresión lírica". 23
El sentimiento que ya no es del poeta, sino que ahora lo comparte, va a dar
unidad a la intuición, en último an_álisis, al arte. Así pues, somos nosotros los
que conformamos esa manifestación artística.
Es más, el pensamiento de Machado no se aparta nada al trazado por Croce, cuando habla de la metafísica de los poetas. Tomando el término así, parecería que entra en contradicción, pero no es así. Machado al hablar de metafísica, la cual debe tener todo poeta, nos dice que por ser la metafísica especulativa, su carácter será antinómico. Y así el poeta se verá obligado a escoger
entre uno de los polos. Pero nos dice que "el poeta comprende que, por debajo de la antinomia lógica, el corazón ha tomado su partido".2 • En otros términos, que a pesar de que tiene que trabajar con conceptos lógicos, entrará
.en juego el sentimiento, el corazón, para escoger entre los dos polos.

ANTONIO MACHADO

y

MARTÍN HEIDEGGER

Afirmamos, al principio de nuestro estudio, que Antonio Machado en algunos conceptos se adelanta definitivamente a la concepción o~toló~ca de
Martín Heidegger. "En su 'analítica existenciaria' en Sein und Ze,t, Heidegger
hace una investigación del DASEIN, de la existencia tal como ésta se descubre
a sí misma en la angustia, y ello como un paso previo a la investigación del
problema del SER a la metafísica, entendida como ontología. Machado pudo
conocer esta obr;, aunque ello sea muy poco probable, antes de escribir l_a
segunda parte del apéndice ya que ésta apareció en 1928 y la obra de Heidegger es de 1927. Pero en ella apenas trata Heidegger el problema del SER y
tampoco se habla en ella mucho de la NADA, sino,_ más bien, del s~r del DASEIN.
Su analítica existenciaria, dice sin embargo Heidegger, al termmar su obra,
tenía por objeto 'encontrar una posibilidad de responder a la pregunta que
"

ANTONIO MACHADO.

" Ibid., p. 43.

200

interroga por el sentido del ser en general'. Y antes, al comenzar su estudio,
había advertido, con una de sus obtusas fórmulas, que el libro no tendía
sino a descubrir 'el tiempo como horizonte de la comprensión del ser, partiendo de la temporalidad como ser del DASEIN que comprende al ser'. Lo
cual, si mal no entiendo, quiere decir que siendo el DASEIN -el hombre que
se angustia, sintiéndose perdido en el mundo, no el hombre en sus momentos
banales- quien 'comprende el ser', quien pregunta por el SER; y siendo, en
último término, como él trata de mostrar, la 'temporalidad' la íntima e&amp;tructura de ese DASEIN, es decir, siendo la temporalidad el ser del DASEIN, resulta
así que el tiempo -aunque no sea el tiempo entendido de un modo 'vulgar'
aquello desde lo cual el DASEIN. . . comprende. . . lo que se dice del ser".
Mas en dicho libro, que es sólo parte de una obra mayor, nunca terminada,
de una metafísica aún no publicada, no se aborda, directamente, repetimos,
el problema, del ser en general, sino lo que se hace sobre todo es investigar
el ser del hombre, el ser de ese DASEIN.
En ¿Qué es Metafísica?, de 1929, en cambio, sí se plantea Heidegger el
problema de la pregunta por el SER. Si antes, en EL SER Y EL TIEMPO partía
del hombre concreto y de sus angustias para llegar a plantear el problema del
SER, ahora, invirtiendo en cierto modo los términos, empieza por plantear
ante todo el problema del SER, pero lo hace ligando inmediatamente ese problema con los específicos problemas del hombre que se plantea esa pregunta,
esto es, con el sentimiento que de la nada tiene el hombre. Relaciona pues
Heidegger en ese ensayo, y muy explícitamente, el SER con la NADA, de un
modo análogo a como Machado lo había hecho ya en el apéndice, en 1926
y 1928. Ese concebir la NADA como fondo necesario para la revelación del
SER, de que se habla en ¿Qué es M etafísica?, y el concebir el tiempo como
"genuino horizonte de toda comprensión y toda interpretación del SER, a que
se alude en EL SER Y EL TIEMPO, no son en verdad, según me parece, sino dos
aspectos de una misma concepción".25
Para comprender el Ser es necesario el tiempo y la nada. ¿No será que
Tiempo y Nada son partes esencialmente de sí mismas? ¿Nos preocuparíamos
de la NADA si no fuera en función del TIEMPO? o ¿nos preocuparíamos del
TIEMPO si no es por la angustia ante la NADA?
"La angustia de que habla Heidegger en su obra fundamental -angustia
de 'Ser-en-el-mundo', angustia pura, por nada- en que descubrimos nuestra
'Posibilidad de Ser', ese vital impulso hacia el futuro que no acaba sino en la
muerte, ¿qué es sino angustia por el tiempo? Esa angustia que, según se dice
en la obra primera, es la que nos revela nuestro propio ser, es la misma que,

Los Complementarios, p. 41.
,. ANTONIO SÁNCHEZ BARBUDO.

Op. cit., p. 141.

201

�según se dice en el ensayo, nos revela la nada, agregando que esa nada es la
26
que despierta en nosotros la pregunta por el SER" .
De este modo podemos notar que hay una relación entre El Ser y el
Tiempo y ¿Qué es la Metafísica? El objeto de destacar esta relación estrecha,
nos dice Sánchez Barbudo, es mostrar que aunque Heidegger decía que el
tratado sobre el ser y la nada estaba ya implícito en su obra de 1927, es difícil
que Antonio Machado pudiese ver la ligazón existente, ya que Heidegger sólo
la había apuntado pero no desarrollado. "Explícitamente no trata Heidegger
del SER y la NADA sino hasta 1929, en el ensayo que Machado no pudo leer
al escribir su apéndice". 27 Dicho en otra forma, Machado se adelanta en cierta
medida a la concepción heideggeriana. Cierto es que ya para 1934, después
de haber leído a Heidegger, la concepción de Machado empieza a corregirse
y a perfilarse, ajustándola a la de Heidegger y, sobre todo, haciéndola más
comprensible.
Se ha dicho que en el poema Al Gran Cero, Machado afirma que se "necesita de la Nada para pensar lo que es"; pues bien, casi con las mismas
palabras Heidegger en 1929, tres años después que Machado, va a decir:
"Es la nada lo que hace posible para nuestra humana existencia la revelación
de lo que es en cuanto tal. La nada no es sólo un concepto en oposición a lo
28
que es, sino algo original, esencial".
Ya para 1935, escribía Machado en su Juan de Mairena que "todo lo problemático del ser es obra de la Nada".29 Aquí ya no se hace confusión, como
en un principio, de Nada y No-Ser. Ya para esta fecha había leído Antonio
Machado ¿Qué es Metafísica? -la traducción de X. Zubirí, en Cruz y Raya,
aparecida en 1933- y más probable aún es que ya hubiese empezado la lectura de El Ser y el Tiempo.
Poco tiempo después empieza a hablar de Martín Heidegger, y lo mejor,
empieza a exponerlo en una forma más comprensible. Y así:
"Un alemán llega hasta nosotros -no os asustéis, porque no todos
los alemanes son pedantes y, en el fondo, nadie menos pedante que un
buen alemán, de los que, seguramente, no juran por el Führer- trayéndonos a la metafísica de la mano, para sentarla entre nosotros, hombres de la calle más que de las aulas, representantes ibéricos, en parte,
de lo que él -el alemán- llama DAS MAN, el hombre anónimo y neutro,
mejor todavía el SE indefinido, sujeto frecuente de oraciones impersona"
"
,.
"

lbid.
lbid., pp. 141-142.
MARTÍN HEIDEGGER. Cfr. ANTONIO SÁNCHEZ BARBUDO. Op. cit., p. 142.
ANTONIO MACHADO. Juan de Mairena. 3a. edic. Edit. Losada. (Col. Contempo-

ránea No. 17). Buenos Aires, 195 7.

202

les, que a todos acompaña. Sin abandonar su método escolástico, su técnica de escuela -alemán, al fin-, viene Heidegger con su metafísica a
buscar al hombre vulgar, antes que al estudiante de filosofía, al hombre
cuotidiano, y en la existencia de este SER EN EL MUNDO (in-der-WeltSein) pretende descubrir una nota omnibus, una vibración humana anterior a todo conocer: la inquietud existencial, el Apriori emotivo por
el cual muestra todo hombre su participación en el ser, adelantándose a
toda presencia o aparición concreta que pueda pasivamente contemplar" .30
Y continúa con su expos1c10n. Sin embargo hay que hacer notar cuánto
se equivocaba Machado al juzgar a Heidegger incapaz de jurar ante el
Führer. Heidegger fue el único filósofo del régimen hitleriano. Heidegger fue el
único intelectual brillante que gritó ante una multitud, en la Universidad de
Berlín, la alabanza acostumbrada a Hitler.
En cuanto a la metafísica de Machado "pensaba que, como la suya, la
metafísica de Heidegger era una metafísica de poeta, y por eso, cuando días
después le nombra por primera vez, escribe: 'Los filósofos ... irán poco a. poco
enlutando sus violas para pensar, como los poetas, en el Fugit Irreparabile
Tempus. Y por este declive romántico llegarán a una metafísica existencialista,
fundamentada en el tiempo; algo en verdad poemático más que filosófico.
Porque será el filósofo quien hable de la angustia, la angustia esencialmente
poética del ser junto a la nada... Así hablaba Mairena, adelantándose al
pensar vagamente en un poeta a lo Paul Valéry y en un filósofo a lo Martín
Heidegger' ."31
Esta es, en pocas palabras, la coincidencia que existe entre Machado y Heidegger. Machado pasó de la poesía a la filosofía, para encontrar en ella la
explicación del fenómeno poético. Porque fue precisamente en la filosofía donde Machado aprendió la temporalidad de la poesía. Su alma intuitiva, en última instancia, lo había llevado por rumbos filosóficos para responder por el ser
de la poesía.
Tenemos, pues, una visión un tanto imperfecta de la influencia y la coincidencia en la producción poética de Antonio Machado. No se pretendió, en lo
absoluto, presentar una revisión total del pensamiento Machadino, sino únicamente un cuadro, un panorama, para asomamos al inmenso mundo que nos
legó el poeta. Quede para el estudioso de la Filosofía el completar nuestro
panorama.

'° Ibid.

Vol. II, p. 115.
ANTONIO SÁNCHEZ BARBUDO. Estudios sobre Unamuno y Machado. la. edic. Edit.
Guadarrama. Madrid, 1959, p. 309.
11

203

�LO BURLESCO EN LA POESÍA FRANCESA CONTEMPORÁNEA
PROF. ROBERTO LIQUIERE
Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de Nuevo León.

AL CONSIDERAR EL TÍTULO, parece que existe a primera vista una antinomia
entre estos dos términos: "burlesco" y "poesía".
Para resolver esta antinomia, tenemos, primero, que tomar el término "poesía" en su acepción más amplia, la que fluye de su origen etimológico, según
el cual "poesía" significa "creación". Por lo tanto y según los diccionarios, la
poesía viene a ser "la máxima idealización y superación de la realidad". Notemos el uso del superlativo cuya vaguedad da cuenta de la dificultad de definir el concepto, y que por otra parte deja el campo libre a la subjetividad.
No será pues abusar el permitimos una definición personal, incompleta, imperfecta, pero que intentará deslindar nuestro tema: consideraremos la poesía
como un choque emocional estético de calidad. Admitida esa ampliación de
sentido, limitaremos nuestro estudio al género literario llamado poético, con
la cortapisa sin embargo, la condición restrictiva, que no les basta a la forma,
a la envoltura, pretender ser poéticas para lograr su propósito. Lo que mata
irremediablemente a la poesía, es lo insípido, "la platitude", o sea la simpleza,
de la cual no puede nacer el choque imprescindible para la transmutación del
ambiente, lo que nos lleva a un mundo distinto o nos hace ver éste bajo inesperado aspecto.
Después de ese primer enfoque y para seguir resolviendo esa antinomia
entre "poesía" y "burlesco" examinaremos un segundo punto. Es corolario
de la idea de choque, factor emocional que supone el lirismo, el cual queda
estrechamente vinculado con la inspiración, pudiendo ésta brotar de cualquier aspecto de la realidad. Aspecto que puede ser feo para trascender esa
fealdad ; recordemos al "Cuasimodo" de "Nuestra Señora de París" en el que
Víctor Rugo encerró bajo tosca corteza, repugnante ganga, un destello pulcrísimo de poesía: el amor por la bella "Esmeralda". Aspecto que puede ser

205

�ridículo como en "el Albatros" de Baudelaire, rey de los cielos apresado por
los marinos y que resulta sobre cubierta: "él hace poco tan hermoso, cuán
cómico y feo". En cuanto al aspecto cómico, Bergson nos aconseja un análisis
más matizado: "Lo cómico -escribe- exige. . . para producir todo su efecto alo-o como una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la mera
'
b
inteligencia..." Esa contradicción aparente con lo que acabamos de decir
existe sobre todo en el caso del cómico involuntario - ( el ejemplo conocido
de la persona que provoca la risa al resbalar sobre una mondadura de fruta)y nos obliga a insistir sobre el carácter momentáneo, fugaz, de la citada anestesia, la cual resulta tanto más breve cuanto que nuestra inteligencia, precisamente solicitada según el mismo Bergson, nos hace discernir sin demora los
efectos dolorosos -(en el caso de la caída)- de la situación cómica. En este
caso cesa lo cómico. Pero si se trata del cómico voluntario, nos parece que
no existe tal contradicción. La anestesia señalada por Bergson resulta en efecto
aún más breve cuando nuestro estado de ánimo -una inocencia receptiva-,
crea nexos de simpatía entre el agente del cómico voluntario y nosotros mismos, agradecidos más o menos conscientemente por el esfuerzo hecho por dicho
agente para alegramos o aliviar nuestras penas. Así es como el niño -que a
menudo acompaña, gustoso, al adulto-- entra de lleno en ese mundo imaginario que le ofrece el payaso. . . El payaso que "nos hace reír hasta llorar";
¡ elocuente alianza de términos! ... ¡ Mundo imaginario, mundo poético! j Y
nacido sin embargo de lo cómico y de su risa.
No sólo lo feo, lo ridículo, lo cómico, sino también lo vulgar puede ser
fuente de poesía. Aunque nos reservamos examinar detalladamente y más
adelante el procedimiento, nos conviene aclarar ya que es por la amplificación
hiperbólica de dichos aspectos como se logra trascenderlos. En cuanto a la vulgaridad por ejemplo, serán los pies enormes, la bocaza, los excesos de vestuario
del payaso, otros tantos elementos que compondrán para el niño una visión
poética que parece preferir a la del clown de vistoso traje con lentejuelas. La
misma amplificación hiperbólica es la que quita todo sentido demasiado grosero a la retahíla de palabrotas ensartadas por los personajes de Ionesco, en
"la Cantante Calva", por ejemplo.
Más aparente que real es pues esa antinomia que señalamos al principio
entre, por una parte, la poesía y por otra, la fealdad, la comicidad, la vulgaridad, con tal de agrandar esos elementos, de aumentar su dosis, de trascenderlos y crear en el mundo de la trivialidad, una zona que lo doble, lo forre,
como la sombra con los objetos, pero una sombra más bien lunar o debida a
rayos muy oblicuos de un sol poniéndose; con tal que esos elementos triviales
estén colocados en el plano de lo insólito.
¿Entra lo burlesco en el campo deslindado por esos factores? A priori parece como si nada diferenciara esos términos de "burlesco" y "cómico" y sin

206

embargo, en nuestro tema, no son exactamente sinónimos; parecen calificar
dos tendencias afines a la vez que distintas.
Examinemos primero la vena cómica. Es la risa de Rabelais, de tradición
gala, desde los "fabliaux" o "cuentos para reírse" de la Edad Media, en los
siglos XII, XIII, XIV. La risa de Rabelais, gallarda, jocosa, sana; risa franca, rebosante. La risa de Gargantúa, el cual empieza su comida con "algunas
docenas de jamones, de lenguas de res ahumadas, de botargas, de chorizos y
otros tantos precursores de vino". Risa que no carece de fundamento filosófico, que procede de una visión optimista de la vida, de la confianza en el
hombre. Es la misma risa de Saint-Amant, un siglo más tarde, en el XVII,
cuando hace, en versos, el elogio ditirámbico. . . del melón:
¡ Ay! sostenedme que me muero
pues en el alma siento su cosquilleo.

Es la misma risa, huelga decirlo, de Moliere. Risas todas que solicitan las
nuestras ante los defectos de la naturaleza humana, de un individuo, de un
tipo o de un sistema; defectos corregibles, reformables, y limitados, como
unas enfermedades. Se solicita la risa de la gente sana, tan sana como el propio autor al menos en el caso tratado.
Ese cómico de la alegría, lo encontramos a veces, aunque pocas, en la poesía contemporánea. Es uno de los aspectos de Jacques Prévert que ilustran
estos extractos de un poema suyo:
La trilladora.

"La trilladora llegó - la trilladora se (ue. . . tocaron las campanas - degollaron el puerco - tostaron el café - partieron la leña - rompieron los
huevos - revolvieron en la sartén la ternera con guisantes - chamuscaron
la tortilla borracha - trincharon la pava - retorcieron el gaznate a los
pollos - despellejaron los conejos - despanzurraron las barricas - ahogaron su tristeza en el vino - dieron portazos y pellizcos a las mujeres - se
prestaron una mano - se devolvieron patadas - volcaron la mesa - arrancaron el mantel - echaron la copla - se atragantaron sofocaron destemiUaron de risa... gritaron ladraron cantaron - bailaron - bailaron en tomo
a los graneros donde el trigo estaba encerrado - donde el trigo estaba encerrado molido rendido vencido trillado".
Ese cómico alegre lo encontraremos más a menudo en ciertas canciones
populares como las de Georges Brassens, o en esos monólogos dichos por esa
nueva generación de payasos parlanchines que actúan con mucho éxito en
radio, televisión o en cabarets y se llaman Femand Raynaud, Robert Lemo-

207

�reme, Raymond Devos, Roger Nicolas, etc. . . Comicidad que raya a menudo
en lo burlesco, pero un burlesco que por su carácter jocoso, festivo, pertenece
aún a la mera vena cómica.
En efecto, ese término de "burlesco" tiene otra acepción, la que procede de
"burlar" en el sentido de "hacer escarnio", de "burla" en el sentido de "sarcasmo". Y ahora es cuando lo ridículo llega a lo irrisorio, a lo sarcástico.
¡ Términos más inquietantes! Aspecto que dejaba vislumbrar Bergson cuando
escribía: ' 1bien puede ser que haya en la causa de lo cómico algo ligeramente
atentatorio (y especificadamente atentatorio) para con la vida social, ya que
la sociedad le contesta con un gesto que bien se asemeja a una reacción defensiva, un gesto que infunde un poco de miedo". Eso de "ligeramente atentatorio" vendrá a ser en ciertos poetas contemporáneos, atentatorio con toda
virulencia, cuando usen las tablas de la farsa anterior pero con distinto timbre.
Ya no será "la risa de Rabelais 'sino' el sarcasmo de Voltaire".
¿ Cuáles son las fuentes de esa risa que suena a rebeldía?
Trataremos primero de la causa menos profunda pero muy genuinamente
francesa, o sea de un complejo en el que entra el miedo de parecer ridículo
aprendido desde joven en los bancos del colegio con las lecciones de Moliere.
Miedo que se manifiesta con una propensión a burlarse de todo lo cursi, de
la afectación, así como del sentimentalismo excesivo. Así fue como rechiflaron los franceses de buen tino aquellas modas falsamente intelectuales que
se propalaron en la última postguerra, sea primero la de los "zazúes" o, más
cerca aún, la de los famosos "existencialistas" de Saint-Gennain-des-Prés, cuyas excentricidades tanto en la higiene como en el vestir no tienen nada que
ver con la filosofía de Jean-Paul Sartre. En los cabarets, los "chansonniers"
remedan con historias picarescas los acentos melindrosos de una falsa y nueva
alta sociedad cuyos héroes ridiculizan en una simbólica pareja: "Gerard y
Marie-Chantal". En el teatro, con lrma la Dulce hacen mofa de un sentimentalismo callejero o de prostíbulo. En la pantalla, con Mi Tío, Jacques Tati
ridiculiza la cursilería de un confort excesivo.
Ese espíritu de rebelión siempre dispuesto a zaherir burlonamente y tan difundido en la vida cotidiana francesa, lo encontraremos también en el campo
literario con carácter estético.
Es fácil notar cómo todo exceso de barroquismo en el arte ha despertado
siempre una reacción contraria, a menudo de un barroquismo tan intenso
como el propio combatido, pero de color o dirección opuestos. Abundan los
ejemplos desde las novelas caballerescas que promovieron al Quijote, o desde
El Gran Giro de Mademoiselle de Scudéry que hizo brotar por reacción al
Pastor Extravagante de Sorel y a la Novela Cómica de Scarron.
La misma reacción se produce a fines del siglo XIX en el movimiento
poético por burlarse, tanto de la languidez, de la melancolía, de la gravedad,

208

hered~~as del romanticismo, como del conformismo, del academismo, de la
estult1c1a de una burguesía que no sabe asimilar discretamente su recién enriquecimiento.
Dicha reacción señala en su expresión el miedo de caer en la pedantería
a veces de una manera tan directa y rotunda como en Max Jacob:
'

Poeta no eres reducido a ti mismo
sino zafio gramático remangando comillas
Y a salió el pedante. Heme aquí vencido.
En. su af~n de huír de una poesía que tach~ de "literaria" y de sobrecoger
al mismo tiempo al burgués, los poetas apelarán de cuando en cuando al
burlesco.
Encontramos uno de los primeros intentos durante el siglo XIX en Georges
Fourest, con: Los peces melómanos.
·

Los pianos - De los casinos - En los baños de mar Hacen soñar los peces que andan en el mar Pues ( hoy lo saben los eruditos todos) Si los peces son mudos no por eso son sordos.
Y no falta estudiante en Francia para recordar, del mismo autor, la irreverente conclusión de su famoso soneto, parodia del Cid de Comeille, que
se escapa de la boca de Jimena:

qué guapo mozo es, el que a Papá mató.
A fines del mismo siglo Charles Cros pasea por sus versos, y bajo las narices
de sus lectores, un Arenque ahumado:

Para enfurecer a la gente, grave, grave, grave.
Y divertir a los niños, pequeños, pequeños, pequeños.
En realidad, lo que están haciendo los poetas desde hace años, es buscar
una lengua nueva y con ese motivo quieren limpiar ya la expresión poética de
todas las joyas falsas, de todos los oropeles acumulados en ella a través de los
siglos. Para una buena limpieza, nada como la escoba de la irreverencia así
como la maneja Apollinaire en su visión del Palacio:
'

209

�Al Palacio de Rosamundo en un rincón de sueño
mi pensar soñoliento descalzo va de fiesta
E~trando en el comedor las narices sorbí~n
un olor bien nutrido de grasa y chamus~utna,
nos dieron veinte caldos, tres color de_ orina,
y el rey se tomó huevos en agua hervida.
Tampoco la parodia le es desconocida:

Chorrea en mis zapatos
como llueve en la ciudad
al cuerno esa agua
que cala mis zapatos
la que no puede sin embargo dejar maltrecha a la música de!ev~:1!~ Verlaine. Hasta el retruécano se abre sitio en el acatado campo
p .

El cíclope ciego a quien revientan su ojo dice: estoy tuerto.
C Max Jacob y Apollinaire empieza la "desacralización del lenguaje, h;on
bl
de la poesía a veces, arte e
ciendo juego de manos con_ los voca os, y
a niños ~sí en Max Jacob:
birlibirloque. Juegos a ratos inocentes y como par
'

Mariana tenía un blanco caballito
negro por detrás por delante rojito.
,
O "a Pans -

b 11 gris" en un ca a o

como en San Andrés -

en un caballo

inglés.
d , La fábula del pelícano
En ese estilo, más tarde, Robert Desnos nos ara
de Jonathan, ese pelícano que:

De mañana pone un huevo blanco
del cual sale un pelícano
que parece su hermano
y ese segundo pelícano
pone a su vez un huevo blanco
del cual va saltando
otro haciendo otro tanto. . •
y eso puede durar hasta cuando
se haga tortilla cascando.

Los maltratos que -como lo hemos visto- inflige de cuando en cuando
el rencor de los poetas a la tan imperfecta lengua, recuerdan el vapuleo impuesto por el rey persa al mar como castigo del imprevisto temporal.
Esa actitud delata una insatisfacción y un malestar experimentados ya por
los antecesores que se llaman Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Lautréamont;
todos aquellos que intentaron viajar al reino prohibido, gastando, a veces, viáticos peligrosos y extra-literarios como los estupefacientes o la depravación, la
alteración sistemática de los sentidos, y volvieron defraudados, sin mensaje,
o incapaces de comunicárnoslo.
Con esa lengua, que Max Jacob, Apollinaire, Alfred Jarry y otros tantos
han puesto sobre las ascuas de la fragua, el surrealismo, palabra lanzada por
el mismo Apollinaire, va a recoger el testamento de Rimbaud: "Llegarán otros
horrendos trabajadores, empezarán por los horizontes donde el otro (el precursor) se derrumbó".
Así es como esa rebelión estética viene ahondándose y rayando en una
rebelión ética.
Varios poetas habían puesto ya anteriormente, el mundo de la lógica en
tela de juicio, por las cohibiciones que sus temperamentos caprichosos si no
geniales tenían que padecer, por su aislamiento en el seno de una sociedad
indiferente u hostil. Charles Cros dedicaba uno de sus poemas a "los imbéciles" es decir a "la gente bien sentada". (Es muy posible que uno de sus
personajes haya inspirado a Ionesco la idea de los Boby Watson). Alfredo
Jarry hará de su vida una "epopeya humorística e irónica" y según el crítico
Gabriel Brunet (Mercure I fev. 1933) podría resumirse su enseñanza en las
siguientes líneas: "todo hombre puede mofarse de la crueldad y de la estupidez
del universo, haciendo de su propia vida un poema de incoherencia y absurdidad". En ese punto, obra y vida de Jarry se parecen mucho. El 10 de diciembre de 1896, estalló la bomba de su "Ubu - Rey":
"-Madre Ubu: ¿Cómo puede estar contento de su suerte, padre Ubu?
-Padre Ubu: ¡ Caracoles! sí que lo estoy, señora. Por menos lo estaría
uno : capitán de caballería, oficial de confianza del rey Venceslao, condecorado del Aguila Roja de Polonia y antiguo rey de Aragón ¿ qué quiere Ud. más?
-Madre Ubu: ¡ Qué tonto eres!
-Padre Ubu: ¡ Ay! Madre Ubu, Ud. me insulta y la voy a pasar por la
cazuela".
Espectáculo estrepitoso tanto en la sala como en las tablas. Y su canción
del Quita sesos no era para menos:

Mirad mirad la máquina girar
mirad mirad los sesos saltar
mirad mirad los burgueses temblar.
211

210

�El escandaloso grito de guerra de Jarry:

Hurra todos al cuerno Viva el padre Ubu
lo recoge Apollinaire al escribir: Las Ubres de Tiresias del mismo jaez, y puede
ser que lo haya percibido el mismo lonesco.
Convencido de lo absurdo del mundo, que esos precursores han puesto ya
de manifiesto y que la primera conflagración mundial recalcará, el movimiento
Dadá, movimiento relámpago, lo quiere tirar todo. Pronto el surrealismo reacciona, cansado de tanta destrucción, e intenta llegar, detrás de Freud, a ese
más allá buscado por Rimbaud y Lautréamont para contemplar en el mensaje
recogido, una nueva realidad fundamental. Plan seductor teóricamente, pero
¿ quién puede decir que ha alcanzado aquel mensaje?
Unos, vencidos, al igual de Rimbaud escogen callarse, como Jacques Vaché
o J acques Rigaud. Los más obcecados regresan con algo de botín, unas tiras
coruscantes pero difíciles de compartir. Los otros, por fin, desvían hacia lo
burlesco, ora por despecho, para vengarse a cuestas del mismo idioma de la
incapacidad de las palabras, ora también para ocultar bajo la burla su desesperanza. Así nos parece la actitud de Henri Michaux en Un hombre tranquilo.
"Extendiendo las manos fuera de la cama, Pluma se asombró de no encontrar la pared. 'Vaya, pensó, las hormigas la habrán comido.. .' Y se durmió
otra vez. Poco después su mujer le agarró sacudiéndolo: 'Mira, dijo, ¡ holgazán! mientras estabas durmiendo nos robaron nuestra casa'. En efecto, un
cielo intacto se extendía por todos lados. '¡ Bueno! Ya está hecho'. Pensó.
Poco después un ruido se oyó. Era un tren que llegaba sobre ellos con toda
velocidad. 'Con las prisas que parece llevar, pensó, llegará seguramente antes
que nosotros' y se durmió otra vez. Después el frío le despertó. Estaba calado
de sangre. Algunos trozos de su mujer yacían a su lado. 'Con la sangre, pensó,
surgen siempre cantidad de molestias; si ese tren podía no haber pasado, sería
muy feliz. Pero ya que pasó .. .' y se durmió otra vez.
-Veamos, decía el juez ¿cómo explica que su mujer se haya herido al punto
de que se la encuentre partida en ocho trozos, sin que Ud., que estaba a
su lado, haya podido mover un dedo para impedirlo, sin que se haya dado
cuenta siquiera?
-Por esta vía, no le puedo ayudar, pensó Pluma, y se durmió otra vez.
-La ejecución se cumplirá mañana. Acusado ¿tiene Ud. algo que añadir?
-Dispense Ud., dijo, no he seguido el proceso. Y se durmió otra vez".
Ya nos estamos dando cuenta de cómo esa rebelión, al principio únicamente estética, vino a cobrar cariz de rebelión ética y de rebelión ético-filosófica.
En su expresión burlesca vemos la cara disfrazada de esa misma angustia que

212

corre
• conc1enc1a
. . de esa condición humana tan
"f' ·1 por
d losb demás campos literanos,
d1 1c1 e so rellevar.
Pero entre los inismos surrealistas o sus secuaces, los hay que no están
conformes
1 oso'fºica, Y para éstos, la rebelión toma un canz·
~: con .esta desesperanza fl
poli uCO-SOCla.1
de~: burlesco, ento~ces, no representa una vía de evasión, solución irrisoria
la soc!::~~eranza, smo un ataque virulento contra lo absurdo y lo injusto de
El representante más expresivo y más popularizado de esta t d .
acques p '
E
.
en enc1a es
revert. sto no qwere decir que el tal a t
linú"
.
Jal conflicto
social -1
,
u or se
te estnctamente
.
o cual no es mas que un aspecto de la condición huma
na-:- y ciegue _an~es los demás problemas; en un mismo texto le vemos ridi:
cuhza~ ~ ~entlmlento kafkiano de culpabilidad inherente al homb
luego ms1st1r sobre el aspecto de hombre- d h
re, para
de un rebaño h
.
muneco, e ombre-pelele, elemento
miliares, sociale~:~;i::. se cree libre y es preso de una serie de tabúes, fa-

He visto a varios. . .
He visto ª uno que se había sentado
sobre el sombrero. .. de otro
estaba pálido . .. temblaba
esperaba algo. . . cualquier cosa
la guerra. • • el fin del mundo.
Le era absolutamente imposible hacer un gesto o hablar
Yel~
. , ro... eI otro que buscaba su sombrero estaba más ·pálido
,
'I
tamb1en
temblaba y repetía sin cesar·• "...,:
sombrero. . . mi. sombrero
. .. aun
,
uu
" yt e
nia ganas de llorar.
· · · , Y e-

He visto a uno que leía los periódicos
he visto a uno que saludaba la bandera. ..
poV~sto el f~ndo, el contenido, el significado de ese aspecto burlesco en la
ex;:~:ió:~amxnaremos ahora, rápidamente, sus principales procedimientos de
H No~ li~taremos a los dos principales representantes de las dos tendencias.
enn M1chaux en cuanto a la tendencia estético-filosófica Jacques Pré ~
rn cuanto a la tendencia estético-social.
'
ver
En Michaux' la ongma
· · J"d
d
I a esencial consiste en la creación de
I
personal alógica.
una engua
Un lenguaje hecho a base de combinaciones de somºdos, puras tonadas y

213

�puros sonidos, tan meramente que resulta difícil calificarlo de "sin ton ni son",
aún más cuando se trata de esa música concreta: "Cuando las mah - Cuando
las mah - las marismas - las maledicciones - Cuando las mahahahahas".
Música concreta -en "mah" mayor- del "Porvenir" que nos espera, según
el poeta en ese:

Mundo - cerrado, centrado, y como colgado de un clavo girando, girando sobre sí mismo sin jamás - poder escaparse.

1;

Esa metáfora - choque del b
, d
brotan al azar nuestros sueños nacara, e
ruleta de las noches de la cual
más receptivos al lirismo de
os sorpren e, pero suavemente, haciéndonos
l'd
ragon. Se trata de una t
.,
rea 1 ad: el carácter imprevisibl d 1
- h
. ransmutac1on de la
de azar.
e e sueno ace del rmsmo ruleta del juego

A

En lo burlesco, Prévert escogerá la r r d d ,
alguna -una piedra es una p' d
ea I a . roas cruda, sin transmutación
• d
ie ra Y tres guaJolotes son tr
· ¡
cien o consistir el choque en la af'1rmac1on
. , excesiva d
es gua
JO oteshaal'd
d
yuxtaposición de las cosas ma's 1·nesperad as, 1as que n unca
e esa
a yJuntas:
sue1re
en 1verse
. en la

Alquimia verbal que fabrica monstruos: injertos biológicos conseguidos al
soldar el prefijo de una palabra con el sufijo de otra, y cuyas raíces proceden

una victoria
. . de Samotracio, un contable, un caníbalo.

casi siempre de un argot indecente.
Otras veces Michaux utiliza un procedimiento común a varios autores, la
sencilla prosa de Monsieur Jourdain, pero para tejer al igual de Charles Cros
o de Alfred Jarry, un tema de puras incoherencias:
"Pluma no puede decir que se le tenga mucho respeto viajando. Los unos
le pasan por encima sin avisar, los otros se limpian tranquilamente las manos
en su chaqueta. Acabó por acostumbrarse. Prefiere viajar con modestia. Mientras sea posible, así lo hará. Si le sirven, a regañadientes, una raíz en su plato,

:"1ezclando en sus famosos inventarios los
obJetos más usuales:
'
conceptos más abstractos y los

una gruesa raíz:
"Vamos, coma ¿qué está Ud. esperando?
- ¡ Ah bien! en seguida, ya está".
No quiere meterse en líos inútilmente.
Y si de noche le niegan una cama: "¡ Qué! ¿no vino Ud. de tan lejos para
dormir, no? Entonces recoja su baúl y sus cosas, es el momento del día en
que más fácil se camina.
-Bueno, bueno, sí . .. es cierto. Yo estaba de broma naturalmente. ¡ Ah!
sí, de. . . de pura broma.. .
Y se marcha en la noche oscura".
En cuanto a Jacques Prévert, conoce muchas maneras de conseguir el efecto
burlesco, a base de insólito y de irreverencia.
El punto de partida de Prévert es a menudo el de la poesía lírica, pero a
contrapelo. Ya sabemos que lo inesperado de las imágenes, herencia de Rimbaud cultivada por el surrealismo, resulta de una asociación de ideas; pero al
paso que en los líricos, la imagen rara, preciosa, inesperada, promueve una
ola emotiva que sigue la corriente de nuestro estado de ánimo, en el burlesco,
cada imagen irá a modo de resaca contra esa corriente, produciendo confuso
remolino.
Pongamos por ejemplo esos versos del lírico Aragon:

"Unos
· impertinentes un lacayo un hue'rfano un pulmón d
e acero un día
d e g1ona - una semana de bond ªd - un mes de M '
e - un minuto de silencio
d
ana - un año terribl
. .
- un segun o de descuido".
Otro procedlilllento viene a recar ar a vec
.
miento que deriva de la "contre-p tgt . " besle~ _del mventario, un procedi.
e ene ra e a1s1ana
·
tercam iar los complemento d d
.
, y que consiste en in., . b
s e os sustantivos cruzánd 1
,
Cion irrespetuosa de ese truco e
t
'
o os entre s1. Ilustrancon ramos en la Comitiva:

Un anciano de oro con un reloj enlutado
un mariscal de espuma con una pipa 1'ub 'l
un re
d d
i a a...
coge or e conciencias con un director de colillas. ..

d..

~tra v~riante es la repetición de la imagen más estrafalaria.
.
·a d'una piedra - dos cosas - tres ruinas - cuatro sepultureros
r
m
unas
flores
- un
J
un ratón lavandero _
, un pan un rayo d
·una , docena de ostras' un limon,
l
seis musicos, una puerta con su alf, ombn·11a, ' un senor
- con
.e so
una marejada,
la ' legión
de honor
otro raton lavandero--".
Esa abundancia' esa proliferac10n
. , ese cóct l d' b T
confusión sistemática son 1
'
e ia o ico, resultados de una
'
os que por su chorro tor
. l 11
un cosmos que gira en su órbita
rencia egan a evocar
mano a Baco.
en una carrera loca en la que Apolo da la
. Habría que añadir aún el juego de las aronom .
.
mdos; procedimiento utilizado de d V lp'
~1as, o semeJanzas de so1'd'
s e er ame y Rimbaud
f
,.
y me o icos, para satisfacción de n ues t ros o1,d os, pero que Prévert,
con al
mesigual
lmcos
de

Y cuando en el bacará de las noches viene el ensueño a rehacerse . ..

215
214

�Michaux, usa al revés para armar un estruendo desconcertante, así como en
este verso suyo:
et comme un duc de Guise qui se déguise en bec de gaz,

literalmente: "y como un duque de Guisa que se disfraza de farol", Y que
habría que traducir para dar cuenta de la cacofonía deseada: "y como un
duque de Guisa que a su guisa guisa con gaz".
.
Como Michaux, Prévert usa también del episodio incoherente, la mcoherencia sirviendo de disfraz a la sátira social; así es en su:
Soldado de permiso

"dejé mi gorra en la jaula y salí con el pájaro sobre la cabeza.
y ¿qué? ¿Ya no se saluda? preguntó el comandante.

No, ya no se saluda, contestó el pájaro.
¡ Ah! ¡ bueno! dispense Ud., pensé que se saludaba, dijo el comandante.
Está Ud. perdonado: cada cual puede equivocarse, dijo el pájaro".
En conclusión ¿qué hacen tanto Michaux como Prévert cuando quieren
sostener su rebelión ideológica con la rebelión de la lengua? Se alzan en contra
del preciosismo literario, cuyos cimientos son los valores respetados por un
mundo burgués execrado; valores depurados, acendrados, destilados hasta la
quinta esencia por los poetas de la tradición, valores q~e nuestros rebe~des
barren de un escobazo para sustituirles por la irreverencia, el contrasentido,
el disparate, lo absurdo. Y, en el mejor de los casos, han :amb~a~o un barroquismo por otro, sencillamente de color opuesto. Un antlprec1os1smo. que se
esfuerza en ampliarse, en volverse tanto más excesivo cuanto que su ongen, su
procedencia, será más vulgar; y eso con el propósito de que el mismo exceso, la
misma imprescindible hipérbole, levanten esa barrosa materia hasta la altura
poética.
.
No es tarea fácil ni siempre bien lograda; a veces vence lo burlesco, aniquilando a la poesía, otras es la poesía quien acaba con lo burlesco.
Examinemos el primer caso, 0 sea cuando vence lo burlesco. Notamos ese
resultado cuando para convencemos de lo absurdo, la lengua se vuelve tan absurda ella misma que se olvida de su papel esencial, es decir ser el instrun:iento
de relación entre los hombres, para transformarse en un tartamudeo inhumano señal quizás de aquilatada sabiduría -aunque siempre uno tiene derecho' a dudarlo-- pero que a todas luces acaba con toda_ poesía. Puede qu~
ese "verso" ( !) de Michaux, que proponemos en su genuina salsa ya que m
nos atreveríamos a traducirlo en francés:

216

Le manage rape

a ri et ripe a ra

sea de gran interés para psiquiatras, y tampoco ignoramos que si la musicalidad ... pero uno queda libre de preferir en este caso la melodía del piano.
Cuando para convencernos de lo absurdo se prescinde del mínimo lógico
indispensable por tan mínimo que sea, hay algo sano en nosotros que reacciona
y nos hace dejar un campo en el que, de todas maneras, el choque recibido no
es nada poético.
No obstante, cuánto esnob no conoce más de Aragón -por otra parte gran
lírico nacional- que esa cosilla sin sentido: "persiana, persiana, persiana,
etc..."
Notamos otro fracaso cuando la indecencia es tanta ya de por sí, que no
hay manera de trascenderla, resultando contraproducente el procedimiento que
consistiría en agrandarla. Así es como el argot inventado por Michaux en
su Gran pelea evoca actitudes que podrán contemplar con gusto un adicto a
Sade o un maniático pervertido, pero que marean a un varón de espíritu y
cuerpo sanos. Donde hay mareo es dudoso que haya poesía, al menos para la
gente normal. Lo mismo ocurre cuando Prévert nos saca elementos tan repugnantes, que pretender encontrar poesía en ellos vendría a ser como bucear
satisfecho y boquiabierto en la cloaca que sale de un hospital.
Felizmente esos excesos inaguantables son excepcionales en los que lo burlesco no sólo mata a toda poesía sino también a todo intento de sonrisa; sustituyéndola por siniestra carcajada que oprime el estómago antes que el alma.
Examinemos ahora el caso en que, en el polo opuesto, es la poesía la que, a
veces, acaba con lo burlesco.
Puede que lo significado, lo contenido, sea tan humano que el disfraz burlesco, divertido al principio, se vuelva poco a poco lamentable piltrafa que,
antes que encubrir, pone de manifiesto lo angustioso de la condición humana.
Así la atmósfera kafkiana creada por Michaux en su:
Pluma en el restaurante:

"Pluma estaba almorzando en el restaurante cuando el maestresala se le
acercó, le miró con severidad y le dijo con voz baja y misteriosa:
-Lo que tiene aquí en su plato no viene en el menú -Pluma se disculpó
enseguida:
-Mire, dijo, como tenía prisa ni consulté la carta. Pedí al azar una chu1eta, pensando que quizás tendrían o que si no encontrarían fácilmente en el
barrio, mas dispuesto a pedir cualquier otra cosa si faltasen las chuletas. El
camarero sin dar muestras de asombro se ÍUel y me la trajo poco después, eso
-es todo...

217

�Naturalmente la pagaré al precio que digan. Es un buen trozo, no lo niego.
Pagaré su precio sin vacilar. De saberlo, yo habría escogido otra carne, sencillamente un huevo, de todas maneras ya no tengo gana. Le voy a pagar
inmediatamente".
Pobre Pluma con su complejo de culpabilidad, no se podrá salvar. Viene
el gerente, luego un guardia, luego el comisario, el cual llama por teléfono al
jefe de seguridad.
"-Vamos, dijo a Pluma dándole el aparato: -'.Explíquese de una vez. Es
su única salvación".
Y como el pobre seguía vacilando, un guardia añadió:
"-Oiga, yo no quiero saber nada. Es la orden. Si Ud. no habla en ese
teléfono, yo le zurro. ¿Me oye? ¡ Confiese! Está Ud. advertido. Si no le
oigo, le zurro".
.
En otras ocasiones, lo burlesco en su cauce de irrealidad llega -si su tema
lo permite- a desembocar en un mundo maravilloso. Entonces se desvanece
completamente lo burlesco para dejar el campo libre a una poesía encantadora.
Así pasa en "la página de escritura" de Prévert, en la que los alumnos, distraídos y soñadores, más atentos a los cantos de los pájaros, libres en el patio,
aue a la voz del maestro, ven al final:
· "los muros de la clase derrumbarse tranquilamente - los cristales volverse
arena - la tinta hacerse agua - los pupitres volverse árboles - la tiza
volverse acantilado y la pluma volverse pájaro". Lo mismo en este otro texto
de Prévert, titulado:

Mucho menos egotista, este poeta se rebela contra una miseria que él achaca
a unos valores de los cuales se burla, con la idea, optimista en el fondo, de
tirarlos abajo.
Estos dos autores, como otros tantos que hemos nombrado de paso, son
poetas, es decir que, a ratos, llegan partiendo de la burla, a crear el ambiente
anhelado, debido a ese choque emocional ético de calidad definido al principio de esta charla.
No negamos que cierto desequilibrio momentáneo no sea saludable, con tal
que uno sepa después hacer el restablecimiento indispensable. Lo que nos parecería nocivo, sería admitir la dimisión de cualquiera de nuestras facultades.
Sin negar la realidad de nuestra angustia, creemos que es juntando todas las
fuerzas de nuestro ser, manteniéndolas vivas y alertas, refrescándolas con el
aire tónico de una poesía a la medida del hombre y amoldada a su lenguaje,
sin que este concepto la aminore, como podremos, esa angustia, llevarla dignamente.

El mal alumno:
"Dice no con la cabeza - pero dice sí con el corazón - dice sí a lo que
ama - dice no al profesor - está de pie - le preguntan - y todos los problemas están planteados - de repente le entra una risa loca - y lo borra
todo - las cifras y las palabras - las fechas y los nombres - las frases y
las zancadillas - y a pesar de las amenazas del maestro - bajo los abucheos
de los niños prodigios - con tizas de todos los colores - en el pizarrón negro
de la desdicha - dibuja la cara de la felicidad".
Ha llegado el momento de concluir.
Esa risa que aparentemente parecía desprenderse del título, la hemos oído
en realidad muy poco. El disfraz de payaso que revisten a veces los autores,
más que encubrir pone de relieve preocupaciones de nuestro tiempo.
En la obra de Michaux, el hombre se enfrenta con una condición y un destino angustiosos para los cuales el pesimismo del poeta no encuentra salida a
no ser la muy relativa de su propio arte.
En la obra de Prévert es el problema social el que se hace más manifiesto.

218

219

�HERMANN BROCH
Poesía como ethos y símbolo.*

DR. HANS GüNTER Porr

se distingue hoy en día con más
claridad que en los años de su nacimiento. Nombres de autores que hace
diez o veinte años aún cobraban mucha importancia, parece que van desapa1eciendo o están ya casi olvidados. En cambio, después de la última guerra
surgieron otros que hasta entonces apenas eran conocidos y apreciados. Son
autores en cuyas obras, como hoy estamos viendo, se demuestra de una manera
muy particular el reflejo y la interpretación de la situación espiritual de su
tiempo. Basta con recordar los nombres de Alfred Doblin, Franz Kafka, Robert
Musil, Hennann Broch.
Las obras de estos autores están arraigadas en una insistente problemática
metafísica. En la literatura de ellos, igual que en la pintura de aquel tiempo,
se ha superado el realismo y el naturalismo del siglo XIX. Es indudable que
en el siglo XX el arte se tenía que confrontar con' la tarea de revelar la situación eJ9Stencial y espirtual del hombre moderno. Sin embargo, puede ocurrir
fácilmente que por motivo de estructuras aparentemente negativas, se cierre
el acceso al verdadero contenido de aquel arte literario. La negatividad muchas veces citada y criticada, no debe ocultar el hecho de que en la literatura
moderna la idea positivista del hombre definitivamente tiende a trascenderse.
El diagnóstico del tiempo, que frecuentemente se presenta en forma negativa,
viene siempre acompañado por la interpretación ontológica. La esencia de lo
existente, el sentido y el fin del ser con referencia especial al hombre moderno,
es lo que más interesó a los grandes autores. Hace medio año, en este mismo
lugar, pudo darse un resumen general de la problemática de la "Dichtung"
moderna en Alemania. En el conjunto de aquella conferencia se tenía que
destacar el hecho de que en las obras máximas se había agudizado la situación
LA LITERATURA ALEMANA DE ESTE SIGLO

*

Conferencia sustentada en la Universidad de Nuevo León, el 25 de marzo de 1963.

221

�interior del arte poético mismo. Él venía constituyendo su propio problema.
Existía la conciencia de que se había llegado a un punto que bien podía ser
o final o principio.
Así lo expresó Kafka en 1918. Este pensamiento les estaba presente a los
artistas conscientes y responsables de su época. Ellos trataban, a través del
estilo de sus obras mismas, de aclarar la conciencia crítica en cuanto al sentido y a la tarea del arte. Casi desconocido, Franz Kafka escribió en Praga
sus obras, en las cuales se sujeta a un interrogatorio vehemente el sentido de
la enunciación poética. Lo que formuló Kafka en sus cuentos y novelas fragmentarias fue el juicio de que la "Dichtung" ya no era capaz de cumplir con
su fin inherente. Este fin, según Kafka, se basaba en la tarea de expresar definitiva e invariablemente la verdad del ser. Kafka ordenó en su testamento
que se quemaran sus obras después de su muerte ya que estaba convencido
del fracaso esencial de ellas. Si el juicio kafkaiano acerca de la "Dichtung"
estaba históricamente justificado, o sea si constituía más que una opinión
privada, tenía que mostrarse aquella problemática también en otros autores.
Recordemos, por un momento, la obra de Thomas Mann. Ella demuestra el
ligamento de lo tradicional con una temática actual. La sublimación del estilo tradicional en la obra de Thomas Mann conduce necesariamente a la
parodia. El estilo paródico de Mann es el signo de un estado tardío y de una
crisis en la cual ya se anuncia más que una problemática formal. El autor
mismo no ha descrito, al parecer, en ninguna ocasión, el carácter de esa crisis. Puede decirse también que la ha interpretado de manera diferente. Hay
en su obra una problemática variada del artista, la que se lleva a cabo sociolóo-ica y psicológicamente. Pero el arte mismo se mantiene en esta situación
co:no valor único. Thomas Mann todavía no podía dudar de la justificación
y del sentido de éste.

Hermann Broch, cuya obra forma el tema de esta conferencia, mjnifestó
la problemática kafkaiana con una alta conciencia. Él expuso la pregunta por
la justificación del arte o mejor dicho, de la "Dichtung", y trató de contestarla
tanto en su obra artística, como en sus estudios teóricos.
El acento de la problemática de Broch se caracteriza por la superación de
lo psicológico. Es sabido que eso había ya pasado determinantemente en la
obra de Kafka a quien Broch admiró como el más significante autor moderno, más aún que James J oyce. Hermann Broch pensaba y escribía desde un
conocimiento profundo de las tendencias secretas de su generación. Ya desde
el principio de su carrera literaria, consciente y voluntariamente él se comprendía como autor de una crisis general. En este sentido, la obra de Broch
puede proporcionar algunos aspectos en cuanto a la situación literaria tal vez
prevaleciente hasta la fecha. La conferencia se ocupará casi exclusivamente de
222

la novela La muerte de Virgilio, proponiéndose dar una interpretación de
ella que se resume en el título: Poesía como ethos y símbolo.
Hermann Broch nació en Viena en el año de 1886. Fue hijo de un industrial de tejidos. Estudió en el Tecnológico de Viena y en una escuela, en la
Alsacia, las materias relacionadas con la fabricación de tejidos y con la administración de negocios. A los 22 años entró a las fábricas de su padre y las
dirigió después de morir éste. En 1927 Hermann Broch dejó de ser definitivamente un industrial y comerciante. Se inscribió en la Universidad de
Viena para estudiar matemáticas, filosofía y psicología. Al mismo tiempo empezó Broch también su carrera literaria. Residió en Austria hasta 1938, fue
encarcelado por los agentes de la policía secreta del nazismo por ser judío;
pero, mediante la intervención de amigos extranjeros, logró la libertad y huyó a los Estados Unidos. Ahí vivía modestamente de honorarios escasos y
pensiones tanto de amigos como de fundaciones científicas. Hermann Broch
era una persona muy estimada por sus ayudas altruístas. Murió en mayo de
1951 en New Haven (Connecticut).
~n su herencia literaria se encontraron una novela y estudios sobre psico1og1a de las masas. Estos estudios los había considerado el autor como su obra
más relevante puesto que esperaba que con ellos tuviera una influencia directa y eficaz sobre el pensamiento político de la actualidad.
La primera obra de Broch, la trilogía novelesca Los Sonámbulos, se editó
en 1932. El tema de esta novela lo constituía un amplio análisis épico y filosófico, acerca de la decadencia de los valores. Para Broch constaba ya desde
esta primera obra, que la tarea de la novela moderna ya no podría consumarse en la tradicional exposición de un cuento. Por tanto había de encontrarse una nueva unidad del estilo y del pensar para poder corresponder a
las exigencias generales de aquel entonces. Era el fin declarado de Broch, de
c_rear una forma nueva de la novela, en la cual se demostraría la responsabihdad humana frente a las necesidades y circunstancias innegables de la época. Con esta intención se convertía el acto creador literario en un experimento insistente y constante. De ahí que la obra de Broch, a pesar de que contenga pasajes inigualables en toda la literatura alemana, no demuestra aqueUos rasgos perfectos y equilibrados que posee por ejemplo la obra de Thomas
Mann. Como literatura en un estado altamente experimental, necesariamente no podía redondear la armonía estética. La "Dichtung" de Broch, al igual
que la de Kafka o de Musil, se presenta en una forma fragmentaria, aun estando terminadas las obras mismas. Sin embargo, hay que tener en cuenta
que la incapacidad que se revela en este hecho no es de naturaleza formal•
más bien demarca la dificultad y la grandeza de lo intentado.
'
_La componente teórica en la "Dichtung" de Broch fue tan fuerte que determma toda la obra hasta en sus más finas ramificaciones estilísticas. El estilo
223

�de Broch refleja de manera inequívoca la intención de hacerlo portador de
una amplia y muy variada realidad existencial. Broch había comenzado. ~u
trabajo literario con la pregunta de si la poesía todavía era una expresion
existencial legítima. Escribió en una carta de 1932: "Y siempre de nuevo se
presenta la deprimente sospecha de que todo lo li~er~~o, tod_o ~o ~ético ya
no puede esperar ningún interés y que ya no se Justifica. Ni siquiera Joyce
etc. Dígame usted, por favor, que no es así, es que a pesar de ello yo debo seguir trabajando". Aquella sospecha se repite en forma alterada Y muchas veces agudizada en sus cartas, en sus grandes ensayos y en sus novelas, s?~re todo en su obra principal La muerte de Virgilio. La conciencia de la cnsis fundamental de la poesía, se convirtió en un factor dominante para Broch. El
no podía hacer caso omiso de ella, pues, como ya se dijo antes, no e~a una
crisis personal, sino más bien histórica y no se limitaba a ser reconocida solamente en Alemania.
Imprescindible era para Broch que transformara su con~ie~~ia crítica en
el estilo y la temática de su obra. Esto, en primer lugar, significaba la destrucción de la forma novelesca, la reducción de acciones a un mínimo posible
que se necesita para demostrar cierto conjunt? de ide3;&gt;, _luego_ la_ ?isolución
de Jo psicológico en favor de un punto de vista ontologico;_ significaba ello
hasta la abstracción filosófica, o en resumen, la sospecha aplicada de lo que
sólo corresponde a lo estético, que en la opinión de Broch, en el transc~rso
de nuestra historia había llegado a ser su propio fin. El autor se expreso en
muchas ocasiones en contra de una actitud artística, en la cual el arte parece
reclamar un valor propio y fuera de todos los demás valores humanos.
El fondo teórico de su convicción artística ha sido interpretado por Broch
constantemente. Esta teoría contiene indiscutibles semejanzas con tendencias
filosóficas de aquellos años. En 1928 apareció El ser y el tiempo de MA~TÍN
HEIDEGGER. El fin declarado de esta obra era la exposición y, de ser posible,
la contestación de la pregunta por el sentido del ser. Sobre la base de una
ontología existencial, Heidegger quería recup~rar una ~misión general de_ la
metafísica. En su obra principal El ser y el tiempo, Heidegger no ha podido
contestar la pregunta expuesta. En sus interpretaciones posteriores, su _método
filosófico comprendía un acercamiento a lo poético. Esta transformación metódica de Heidegger se revela como el intento de analizar la lengua Y sobre
todo el habla poética en cuanto a su significado para una revelación del ser.
Contiene el método posterior de Heidegger la inteligencia de que la filosofía
a través de su tradicional método especulativo ya no era capaz de resolver la
problemática que se presentaba ante ella. Hermann Br?ch experimentó lo
mismo estando convencido de que en cada manera de filosofar quedaba algo no dominado. Broch dijo que la filosofía no podía comprobar nada, mientras que como ciencia estaba obligada a proporcionar resultados comproba224

bles. Lo que la filosofía, sobre todo en sus facetas racionalistas, no podía dominar, era para Broch el tema común del pensar y de la poesía. La necesidad
de alcanzar lo que en la filosofía no se había podido resolver, constituía la
tarea principal de la "Dichtung", si era verdad que ella trataba de legitimarse
como arte responsable. Tenía que convertirse en un instrumento de la cognición. Broch escribió acerca de esto lacónicamente: "Dichtung que no representa un nuevo conocimiento, ha perdido su propio sentido, le falta necesariamente la calidad, por eso es mejor que no se intente".
Recordemos que la "Dichtung" del autor se producía bajo la tensión de este
juicio. Broch incluso creía que podía cargar con el peligro de la abstracción
para que la poesía sirviera a las actuales necesidades del arte. Junto con esto
sabía el autor que se podría llegar a un extremo en el cual la "Dichtung" trataría de suspenderse a sí misma. Con palabras de Broch, este riesgo se había
de correr por la preferencia que tiene lo ético en comparación con lo estético. El ordenamiento estético de la obra había de hacerse funcional a la exigencia ética. Lo ético se determinaba a partir de la constelación imprescindible del tiempo. Este tiempo lo interpretó Broch como una época histórica
interina, en la cual estaban sacudidas y hasta suspendidas las bases de la fe
y de la filosofía. Pero, así creía Broch, en este ínterin espiritual se había de
reanudar con vehemencia original la pregunta esencial por el sentido del ser.
Esta interpretación de la actualidad, como época de una desvalorización espiritual y, por lo tanto, como época en que se revela ya un nuevo anhelo por
la verdad, puede facilitar el entendimiento de la obra literaria de Broch. El
autor sabía que la "Dichtung" actual, para cumplir con su tarea, tenía que
acompañar y demostrar los dos movimientos contrarios, tanto el negativo como el positivo. "La Dichtung", así dice Broch en su ensayo, "siempre está al
principio y al final de la creencia, ella es su crepúsculo y su atardecer".
En 1945 apareció en Nueva York la novela La muerte de Virgilio. Fue publicada en inglés y en alemán. Thomas Mann razonó sobre la novela de la manera siguiente: "Para mí no hay duda de que La muerte de Virgilio pertenece a las más altas realizaciones de la literatura -alemana, y sobre todo que
representa una de las más esenciales y más modernas obras de nuestro tiempo, una creación audazmente concebida, original y asombrosa". Los principios de esta obra principal de Broch datan del año 1935. Una estación de radio le había pedido a Broch que leyera algún capítulo de sus obras. Al autor
le hubiera gustado presentar un ensayo sobre el tema "Literatura y final de
la cultura". Para satisfacer los deseos de la redacción, Broch prometió enfocar su tema en un cuento corto. El autor escribe en una carta posterior: "Entonces pensé cómo se dejaría resolver tal encomienda. No faltó mucho para
acordarme de las paralelas entre el primer siglo antes de Cristo y el nuestro
-guerra civil, dictadura y una decadencia de las viejas formas religiosas". Ade225
II15

�más Broch conocía una leyenda medieval. Según esa leyenda el poeta Virgilio
había querido quemar su Eneida. Aceptando la leyenda, Broch creía ( ahora con
palabras suyas) "que una inteligencia como la de Virgilio no fue empujada
hacia una acción tan desesperada por motivos fútiles, sino que todo el contenido histórico y metafísico de la época debe haber influenciado en esto". El motivo principal de la obra quedó fijado con esta reflexión. La primera redacción
era un cuento de aproximadamente 20 páginas. Esta la amplificó Broch inmediatamente hasta llegar a un volumen de 80 páginas. Pero la abundancia
de motivos lo forzó a trabajarlos sin fijar un límite de tiempo. Al paralelismo
de la época de Virgilio con la nuestra se le agregó para el autor una experiencia particular: las persecuciones racistas le obligaron a confrontarse con
su propia muerte. Esta experiencia personal forma sin duda la base psíquica
para la intensidad de la novela.
En La muerte de Virgilio Broch radicalizó la destrucción del tradicional esquema novelesco ya que no le proporcionaba la posibilidad de decir lo que él
iba a expresar. El habla poética de Broch no trataba de formular acciones concretas las cuales están determinadas por las causas conocidas del espacio y del
tiempo, y además sujetas a las condiciones de la psicología tradicional. El habla
poética de Broch tiende a la exposición casi simultánea de todo lo que ocurra
a una sola persona, o sea al poeta Virgilio. Por tanto, el mundo creado por el
autor no se caracteriza por rasgos "objetivos", sino que corresponde ampliamente al sujeto que lo está percibiendo. Si bien la obra se presenta en tercera
persona, hablando de la figura principal con el pronombre él, no obstante, debe considerarse como un monólogo en que se revela toda la experiencia del
sujeto. De esta manera se integra en la obra una realidad muy particular, formada de una suma de motivos, datos, imágenes, pensamientos y sentimientos
centrados todos en el personaje del poeta. Así pues, se le ocurren a Virgilio
fenómenos espirituales e irreales que, dentro del marco de la así llamada realidad "objetiva", actúan como si fueran reales puesto que lo son en la percepción individual. Podemos resumir que, para el sujeto, sólo hay una realidad en
la que los confines de sectores reales distintos están enteramente suspendidos.
En cuatro capítulos que recuerdan los movimientos de una sinfonía, se desenvuelve la imagen de un acontecer exclusivamente espiritual. El lenguaje poético crea este acontecer no sólo de manera lógica y directa, sino expresiva e indirecta. Las palabras y las oraciones -estas últimas se extienden a veces sobre
varias páginas- demuestran la duplicidad de una alta precisión pensativa y
de una intensidad espontánea y mística. Es un lenguaje denso y transparente,
fuerte y suave, con un ritmo inconfundible en el que parecen flotando las cosas que designa esta poesía. Las múltiples relaciones idiomáticas, repeticiones
y variaciones reflejan, o mejor dicho, crean estilísticamente el contenido muy

226

complejo de la obra. Cada parte m
· d'ivi'd ual demuestra la ley artística . h
rente a que está sujeta toda la obra.
m e'Empieza el libro con la descripción del Mar Adriáti
d I fl
.
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de la costa italiana, del atardecer. Ya en esta descripc~: qe a ot_a impe1:al,
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lo f~vor:~;e d: ~ esapareci~o la espera~za de terminar la Eneida bajo el cíefilosofía y de . o~ero, hlabi~ desaparecido la esperanza de vivir una vida de
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en a cmdad de Platón.' una viºda sm
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b Está anocheciendo. La costa ya está a la vista. Pronto la flota .
. 1 .
a al puerto de Brundisio. La muchedumbre ue 11 '
rmpena ambilosamente la llegada de su emperador. V"r
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1 g1·15
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·11 d juno~ por los callejones de los pobres. Lo ofenden co
I b una si a e maest!ffian que él es uno de los ricos ue se ed
n pa ~ ras vulgares porque
sus hombres. Virgilio llega a la ~abitaJ;n qen dalr el luJ~ de ser llevados por
ue e otorgo el emperador. Ya

227

�desde el desembarque, se encuentra con el poeta un muchacho que lleva una
antorcha. Se llama Lysanias y dice que viene también de Grecia. En la primera discusión con él, Virgilio le pregunta si le iba a recitar poesías. El muchacho
no contesta, sino le dice al enfermo: "Tu camino es poesía, tu meta está detrás
de la poesía". Lysanias, introducido como una persona real, constituye la conciencia del poeta mismo, y es simultáneamente el acompañante mítico en el
viaje que ya emprendió Virgilio. La figura de Lysanias denonúna las estaciones importantes en el proceso espiritual de Virgilio durante las siguientes horas. Más tarde se va a unir con la figura de Plotia, la amante de Virgilio, volviéndose las dos una sola que representa la fuerza del amor y del auxilio que
en el orden ético de Broch están más altos que el solo valor estético. Virgilio se
prepara en su habitación para la noche. Durante las visiones torturosas de la soledad, se da cuenta el poeta que no ha cumplido con su verdadera tarea. Reconoce que, como poeta, él tenía el deber de esforzarse por la verdad de sí
mismo y del ser en general. Sólo una poesía con esta finalidad hubiera podido
satisfacer el deber coadyutorio humano. Las reflexiones acerca de ello desembocan en una decisión súbita. Subiendo del subconsciente, pero al mismo tiempo llegando desde afuera, se le impone al poeta imprescindiblemente el mandato: "¡Quemarla Eneida!" Se quiere levantar para obedecer inmediatamente el mandato, pero su debilidad física le impide realizar la intención. Virgilio
se duerme hasta en la madrugada.
Con la visita. de sus amigos Plocio y Lucio que vinieron desde Roma para
saludarlo, se despierta el poeta. Les comunica su intención de quemar la obra.
Los amigos no lo comprenden, pues creen que esta idea se debe únicamente a
la enfermedad. Luego, viendo que Virgilio está verdaderamente decidido a destruir la poesía, se ponen a persuadido de la trascendencia secular de ella. ·Pregunta Lucio: "¿No lo sabes tú mejor que la grandeza de Roma y la grandeza de tu poesía ya no se pueden separar?" Este aspecto político se repetirá
más acentuado en la discusión con el emperador. Virgilio declara que está
convencido de que la Eneida fracasó y les pide a sus amigos que ellos se hagan cargo de destruir la obra. Se niegan estrictamente y salen enfurecidos.
Viene el médico. Quiere engañar al poeta acerca de la gravedad de su estado. Luego, el cuarto es preparado para la visita de Augusto.
Octaviano ya se ha enterado de lo que el poeta ha decidido. Al llegar, ordena que se desocupe el cuarto, queriendo mostrar con esta medida la importancia de su visita. Ha venido el emperador para salvar la poesía. En una
larga conversación en la que siempre retoma al punto principal, la Eneida,
el emperador trata de persuadir al amigo para que le conceda el manuscrito.
Virgilio raciocina que la obra no es perfecta porque no sirve al conocinúento
necesario y que, por ende, él tiene el deber de quemarla. Cuando el emperador le pregunta a qué conocimiento se refería, contesta el enfermo: "Al co-

nocimiento de la muerte". Después de un rato responde el César: "La muerte forma parte de la vida; el que conoce la vida, también conoce la muerte".
Pero al poeta que. está por morir, no le puede ser suficiente tal respuesta. Sabe ahora con claridad que no hay ninguna experiencia directa de la muerte
Y q~e, por tanto, no hay ninguna interpretación verdadera del ser. Por esto
1~ dice a Augusto: "Sólo de la extrema consumación de la muerte surge el sentido de la existencia". Explica Virgilio que lo absoluto está escondido en la
~uerte, Y sólo bajo la ley de lo absoluto podría detenerse lo particular con el
f~ d~ demostrar su verdadero sentido. Dice Virgilio que él únicamente hab1a circundado la muerte mediante metáforas que no tenían ninguna fuerza
revel~~ora en cuanto a una cognición deternúnante. Pero el emperador trata
de d1s1par t~~as e~as objeciones, las que, como se ve, no se dirigen contra un
malogro estebe?,. smo metafísico de la obra. Parece imposible la reconciliación
de las dos opm10nes contrarias. El emperador representa al Estado como
creador de su forma act~al; es por eso menester que exija la conservación de
una ~br_a_ de ar~e que su:va a la glorificación del estado romano. La poesía
de _V1rgi~1,o, se~ Octaviano, ya no es propiedad particular del autor, sino
art1culac10n her01ca y propiedad de toda la nac1'o'n . Le adv1er
· t e que s1· quemara
lí · la obra, se rehusaría a cumplir con su deber en cuanto a la comum'dad
P? tJca. A ello res_p_onde Virgilio: "No me sustraigo yo a ningún deber y a
ninguna res?onsab1hdad, Augusto, y eso lo sabes tú; pero sólo podré servir
a la comunidad y al estado cuando haya yo alcanzado el conocimiento mío
p_ue:- se trata del deber al auxilio, y con él no se puede cumplir sin cono~
C1mtento".
Estas ~o~ palabras_ -:-~eber y auxilio- constituyen los conceptos claves del
ethos art1st1co de Virgiho o de Broch respectivamente• Detras
' de estos conceptos se reconoce la convicción de que el arte bajo las condiciones históricas
dadas, Y~ no era cap~ de proporcionar el auxilio metafísico necesitado. Sin
q~erer d1s~ulparse a s1 mismo, ve el poeta su propio fracaso como consecuenc1~ ~~ su epoca en la que no hay ninguna verdadera tarea poética, y agrega
~irgiho: "Ya n~, Y ~ún no". Esta fórmula lacónica resume el carácter de la
epoca como un mterm, como el vacío entre dos épocas o, históricamente ha~lando, entre 1~ pre~ris~i~na y la cristiana. Al emperador que se pone intransigente, le explica V1rgilio que en el vacío espiritual ya se venía anunciando
u~a esperanza. Después de haberse restituído el orden político debería tamb1en,r~formarse el ?rde~ espiritual._ Las palabras del poeta obtienen un tono
profet1co cuando dice : Debe surgir de la mentira más profunda la radiant
verdad nueva, la salvación, la suspensión de la muerte"
e
Después de ello, la discusión vuelve al tema del arte ·y de su justificación
e~ aquel tiempo. Virgilio cree que el estado romano, representado por Octaviano, forma el símbolo válido de un orden eterno, mientras que él mismo,

229
228

�mediante su poesía, no ha podido crear tal símbolo válido. Pero dice que no
sólo la poesía, sino también la filosofía había fracasado. La filosofía había
perdido su fundamento pre-ontológico y con esto, dice Virgilio, no existe ninguna oportunidad de crear un verdadero entendimiento espiritual.
Opina que incluso falta la base para una conversación. 'El emperador niega todo esto y replica que la conversación entre ellos demuestra lo contrario.
Sin embargo, el lector reconoce que la conversación entre el poeta y el hombre político consta en el fondo de dos monólogos, que únicamente por fines
pragmáticos se aproximan a veces uno al otro.
Octaviano quiere coronar su obra política con la obra poética de Virgilio.
Este, en cambio, tiene la inteligencia de la vanidad de tal actitud. Se ati.ene
a la idea del concimiento y del deber, sintiéndose comprometido a sacrificar
la Eneida. El conflicto entre los dos pronto va a llegar a su apogeo. Otra vez
se discuten la misión de paz de Roma así como el sitio simbólico del emperador en la alta realización estatal. Se agudiza la contrariedad al mencionar
Virgilio la pérdida de la piedad. Con la seguridad del hombre político, Octaviano determina la piedad como una actitud pública: " ...piadoso es el que
sirve al estado..." Esta sentencia forma uno de los muchos intentos de convencer al poeta con pensamientos generales de la prioridad del estado, para
que por fin conceda la obra. Virgilio define la piedad como devoción religiosa y simplicidad. Con ellas debería de abrirse un camino hacia la verdad. La
obra del emperador, el estado romano, lo interpreta ahora el fundamento indispensable de una nueva época metafísica. Ahora, Octaviano replica con
creciente amargura. Está ofendido en su autonomía imperial. No le es suficiente que su labor sea sólo provisional. Quiere entenderla como real y efectiva. No soporta que el poeta le disminuya de ninguna manera .sus méritos. Le
incrimina del odio contra él y dice que este odio es la única causa por la que
Virgilio iba a destruir la Eneida.
La inconciliable contrariedad entre el hombre político y el hombre pensador
y artista se desenvuelve abiertamente. El furor del emperador se desahoga en
un lenguaje acerbo. Virgilio, hasta ahora ha llevado la conversación no estando completamente consciente. Pero, oyendo los gritos furiosos del César,
se despierta plenamente. Siente con cierta alegría su situación real y reconoce que ya desde un principio le había dedicado la obra al emperador. Para
no ofenderlo más y para comprobar su amistad le deja el manuscrito con la
promesa de terminarlo en Roma. Le pide la liberación de sus esclavos en caso de que muera. La maleta que contiene el manuscrito es sacada del cuarto. Augusto se despide amistosamente. Luchando de nuevo contra la debilidad física el poeta les dicta a sus amigos Plotio y Lucio el siguiente suplemento para su testamento: "Los cantos no deben ser separados; prohibo que

230

se añada o suprima alguna palabra". Con esto, Virgilio asume la plena responsabilidad para su obra y para su fracaso.
El último capítulo que lleva como nombre "Eter - el regreso", desenvuelve
el proceso agonizante de Virgilio. La imagen real del barco con la que empieza la obra, se descifra ahora como el símbolo mítico: Virgilio se desliza
en un barco hacia lo infinito. El lenguaje poético desemboca aquí en una
visión mística de la muerte. Consta este capítulo de una serie ininterrumpida
de imágenes que le demuestran al agonizante por última vez la abundancia y
profundidad del ser. Entiende el poeta ahora que el morir significa el regreso definitivo al origen. Frente a su propio fin se le revela la imagen consoladora del hijo en brazos de la madre. "Y parecía como si estuviera contenido
en el sonreír de los dos el significado de lo infinitamente existente". En un
zumbido que le sacude y que le lleva hacia arriba, se le comunica a Virgilio
una palabra, la palabra original en que se determina el sentido de la existencia y de la muerte. Es la palabra que comprende todo el secreto trascendente
de ellas. Termina la obra con referencia a esta palabra: "Él no la podía retener y no la debía retener, era para él incomprensiblemente indecible, pues estaba más allá de la lengua".
El resumen de la obra de Broch solamente puede proporcionar una idea
muy reducida y hasta vulgarizadora. Hay que tener presente que el acontecer
espiritual de La muerte de Virgilio se reúne en cuatro puntos principales: el
histórico, el actual, el personal y el ontológico. Ello quiere decir que todos estos aspectos están presentes en el libro y no se dejan separar uno del otro. El
poeta Virgilio que está por morir simboliza el fin de la antigüedad y el vacío
metafísico en el arte y en la filosofía. Este aspecto histórico es el medio apropiado para interpretar la situación espiritual de la actualidad. La relación
íntima con la problemática personal del autor, se entiende por sí sola. Pero
además de los aspectos concretos, la trascendencia primordial del libro se
funda en la interpretación general, o sea ontológica. En este sentido, la obra
presenta de una manera poco común, el destino trágico de todo el esfuerzo
humano por el arte y por su justificación y, lo que equivale a esto, por el conocimiento. Se hizo constar antes que el autor había asumido la pregunta
por el significado y por el fin de la poesía en su obra misma. Creía Broch
que la problemática psicológica y sociológica de Thomas Mann ya había sido superada. Teniendo sólo once años menos que aquel autor, Broch vivía
la crisis de la conciencia artística moderna de una forma alterada y radicalizada. Para ilustrar la comparación entre los dos autores biográficamente podemos recordar que Mann era exclusivamente autor, tal vez el último ejemplo de una perfecta existencia literaria. En cambio, Broch vino de una profesión bastante ajena a la literatura; una vez empezada la carrera literaria,
Broch se d~dicaba también a otras materias, incluso había temporadas en que

231

�el autor consideraba sus trabajos artísticos como cosa secundaria. El º?t~ismo relativo al arte de Mann, se había convertido con Broch en un pesumsmo
fundamental. Con Broch, y sobre todo a través de su obra principal La muerte de Virgilio, se presentó la extraña posición de que la "Dichtung" está trabajando en su propia suspensión. 'En la obra de Broch se descubre la falta de
una base ética por la cual el arte debería justificarse. En ello se demuestra
una notable coincidencia con la situación artística de Fra~z. Kafka_- Para
Broch, Kafka era el ejemplo del poeta moderno que_ había vivido la int_e~~a
duda acerca de la justificación de su obra. Podemos sospec~ar ~ue la ~ecision
testamentaria de Kafka de destruir sus obras, haya tambien influenci~do _la
problemática de Virgilio. Broch la interpretaba como una consecuencia histórica. En el medio de. un estilo altamente personal, él trató de ~:mostrar 1el
destino de su arte propio como el del arte actual. Broch se empeno por ac,arar y expresar lo imposible con lo que se enfrenta el ~rtist~ ,moderno. La ,formula lapidaria YA NO y AÚN NO es válida para la situac1on contemporanea
general.
..
.
·d d
Ha de preguntarse: ¿ queda con esto defin1t1vamen~e. ~bohdo el sentl o e
la "Dichtung"? ¿No hay, detrás de la negativa, una posibilidad ~e devolverle un
sentido metafísico suficiente? Vimos que Virgilio se decide finalmente a dejar la obra al emperador y al pueblo r~ma~,º· Este cambio, aunque parezca
"Súbito y contradictorio, tiene una motivacion en el contexto entero . de la
obra. Verdad es que la "Dichtung" de Broch trata de destacar su propio fracaso. Pero aún en esta conciencia le queda un último valor que es característico para ella: el valor de la representación simbólica. ~n- el segundo ,:\
pi'tul o "fuego_ el descenso" , se encuentra el siguiente pasaJe importante:
, d · , E
umano está bendito y maldito de imágenes; sólo a traves e imagenes
ser h
.
, d
d
puede comprenderse a sí mismo; ellas son inexplicables; estan entro e_ nose el principio son anteriores y superiores a nuestro pensamiento,
oros
,
,,
desd
t
están fuera del tiempo, comprenden el pasado y el futur? . ,
. .
Ahora bien, la tarea del poeta sería evocar aquellas 1magen~s ~ng_i?ales.
. mbargo ellas nunca pueden verdaderamente exceder a la lumtacion de
,
· , l' ·
clara
Sin e
lo simbólico. Se sustraen tanto a una comprension ogica, como a una .
determinación metafísica. La muerte de Virgilio contiene una gr~n can~idad
de tales imágenes. Según Broch, ellas le fueron evocadas de modo mconsc1e~te
durante el trabajo, y las tuvo que integrar en su obra. D~muestran esto~ s1mbolos una semejanza obvia con motivos míticos que, en pnmer_lugar, est~n re· da con la temática de la muerte. Broch tuvo que recurrir a estos simboac1ona s
1
., d
1los
para crear la extrema posibilidad del hombre, o sea a consumac1on e
su existencia ante el fin inminente.
.
.
.
.
'd
el símbolo mítico posee una importancia esencial dentro
·
· ·· d
Si se cons1 era que
de la "Dichtung" de Broch, se puede interpretar la pregunta por el s1gnif1ca o

del arte poético, por el significado y la trascendencia del símbolo mismo. Virgilio está convencido de haber circundado la muerte únicamente con metáforas no apropiadas. Estas metáforas habían impedido el acceso a la verdad de
la muerte, o sea en vez de revelarse, se había ocultado la muerte en medio de
las metáforas. Pero sólo el conocimiento de la verdad de la muerte le hubiera
proporcionado a Virgilio el conocimiento de la verdad absoluta del hombre.
En ello se basa el fracaso de su poesía. Al final de su vida, el poeta tiene
que reconocer la deficiencia de sus símbolos, sabiendo que el arte poético sólo
puede crear estos símbolos insuficientes en cuanto a lo que debían de evocar.
Recuérdese que el símbolo mítico expresa ya por sí la aceptación de un límite insuperable. La aceptación de este límite la había de incluir Broch en
su propia "Dichtung". Sin embargo, él mismo así como la figura de Virgilio, esperan que detrás de la realidad simbólica deficiente, pueda formarse la verdad trascendental de un símbolo absoluto, el cual ya habría dejado de ser un
limitado símbolo humano. En varios pasajes de la obra es formulada la esperanza de que la cadena de los símbolos se convierta definitivamente en el
"círculo de la verdad". En caso de que la "Dichtung" lograse enunciar lo absoluto mediante la perfección y superación simultánea de sus símbolos insuficientes, cumpliría ella con su deber ético, que le está innegablemente impuesto. Se entiende que con ello, la "Dichtung" debería trascenderse a sí misma superando el símbolo creado por la lengua. Para Broch no existía duda que
cada obra de arte, para justificar su existencia, habría de formar esta tendencia por medios artísticos adecuados. La Muerte de Virgilio constituye el testimonio poético para ello. El ethos de esta "Dichtung" se determina por buscar
el símbolo válido en el que también la muerte estaría suspendida.
Necesita concebirse el malogro de tal literatura desde el punto de vista ahora obtenido. La situación de Virgilio no sólo refl~ja un hecho circunstancial
. corresponde a una constitución fundamental del hombre. En tanto que'
sino
el poeta se propone abolir los límites del conocimiento humano en cuanto a
lo absoluto, se ve ante un fracaso inevitable. En este respecto la situación de
Virgilio representa finalmente una constitución humana general. En el agonizante poeta se concentra el saber de una diferencia ontológicamente dada,
o sea la diferencia entre el logos inmanente del hombre y la verdad metafísica.
La "Dichtung" de Broch trata de superar aquella diferencia mediante la formación de un habla poética apropiada a su fin. Una de las reflexiones hímnicas de la obra designa concretamente tal actitud artística: "Meta de toda poesía es el abrirse de la lengua, cuando más allá de toda comunicación y de toda
-descripción se suspende a sí misma; los momentos singulares sumergiéndose la
lengua en la simultaneidad". Es cierto que Hermann Broch logra verificar
•este deseo someramente, suspendiendo las funciones normales de la lengua pa:ra que como una nueva expresión poética, sea el portador de la simultaneidad

233
232

�metafísica. Esta "Dichtung" se está constantemente dirigiendo hacia su fin, incluyendo la conciencia de su infructuosidad. En el habla poética_ de ~roch
se expresa una actitud humana pocas veces _demostra?~ co~ t~l mtens1dad.
Es la demostración artística de una expectativa metaf1S1ca sm igual. Conste
que la obra de Broch es tanto el símbolo de su infructuosidad como _el símbolo
de su meta simbólica misma, es decir del símbolo absoluto. Expenmentando
trágicamente la limitación humana, se señala indirectamente como lo más
avanzado, la magnitud de la palabra absoluta la que la "Dichtung" no es capaz
de enunciar, puesto que está "más allá de la lengua".

EN TORNO A LA ACTITUD ROMÁNTICA
DE LA GENERACIÓN DE 1898 *

E. INMAN Fox
Vanderbilt University
Nashville, Tennessee,
EE.UU.

Los ÚLTIMOS AÑOS DEL SIGLO XIX, los años de la Restauración dej¡iron perplejos a los intelectuales españoles. Las inconsistencias y las barbaridades del ambiente socio-político les causaron un pesimismo profundo. Abiertas las puertas
de España al pensamiento europeo, los intelectuales empezaron a dudar de los
valores tradicionales españoles, y a la par se desarrollaba en España una actitud esencialmente romántica. Verdad es que el Romanticismo fue una actitud filosófica más bien que una concepción unificada del universo, pero no
se puede negar que esta actitud· procedía de una concepción del universo. Al
principio del siglo XIX, en el resto de Europa, Kant, Voltaire y la Revolución Francesa, habían logrado derrumbar todo vestigio de autoridad racional
establecida durante los siglos XVII y XVIII. Los románticos perdieron su
fe en la capacidad del hombre para encontrar un sistema demostrable y trascendental que pudiera explicar nuestra existencia. Y por eso la expresión romántica siempre ha sido una recreación práctica de lo que destruyó teóricamente Kant con la crítica de la razón pura. Sin embargo, en España ni levemente había soplado el viento neo-kantiano.1
Instituciones tales como la monarquía y la Iglesia se estimaron sagradas y
el llamado Romanticismo no pasó de un modo literario.

1 '

El propósito de este ensayo es sostener la teoría de que la actitud vital de

* El autor quiere expresar su gratitud a la American Philosophical Society por
haberle concedido una Beca que le ha permitido realizar este trabajo entre otros.
1
Para un estudio sobre estos aspectos del Romanticismo español, véase E. L. Krno,
What is Spanish Romanticism Studies in Romanticism (Boston, 1962 ), t. 11, No. 1,
págs. 1-11.
234

235

�los tres miembros más importantes de la Generación de 1898 es de una orientación tan profundamente romántica, que se puede explicar en estos términos
su afinidad entre sí y su influencia en la cultura española. Sería presuntuoso
en un estudio tan breve pretender describir el ambiente intelectual de la época,
pero creemos que, con algunas referencias a la enorme influencia de las filosofías neo-kantianas 2 (neo-románticas) y del movimiento anarquista en los
escritos de Unamuno, Azorín y Baroja, podemos convencer al lector de que lo
que más unifica a estos escritores es su actitud romántica frente a la vida.
Cuando en 1854 volvió Sanz del Río a la cátedra de Madrid con su interpretación del Krausismo, trajo a España las primeras huellas de una filosofía
neo-kantiana. Si es verdad, como algunos han sugerido,3 que era el armonismo
krausista una contestación a la desorientación vital del Romanticismo, también está claro que es resultado de una visión romántica de la vida. Podemos
decir que sirve como una especie de reconstrucción práctica del racionalismo
-la Crítica de la razón práctica de Kant. Según Krause, el único conocimiento primario que nos parece indiscutible es el de nuestro yo. Este yo se revela cer
mo la expresión temporal de Dios- el fenómeno de Kant. La organización
actual del Estado, nación, religión es defectuosa, nos dice Krause, porque el
hombre vive angustiado por su ímpetu para armonizarlas. El hombre mismo
es la proyección de lo perfecto, pues ha de descubrir su propio interior. No
hay por qué discurrir largamente para comprobar la semejanza entre la idea
krausista y la de Unamuno. Basta citar el famoso ensayo Adentro, en el cual
dice Unamuno que el individuo debe conocerse a sí mismo y descubrir su
ámbito interior.
Desengañados los españoles de sus instituciones sociales, políticas y económicas, es decir, con los productos de la razón, el krausismo les ofreció la manera de buscar una fe que podía volverlos a una vida moral. Asumieron hábitos personales intachables; se vestían sobriamente, por lo común de negro,
cultivaban la taciturnidad, se abstenían del alcohol, del tabaco y de la carne.
Unamuno, Awrín y Baroja practicaban este puritanismo que era también,
según se va a notar más adelante, una característica personal de los anarquistas. El Krausismo y su influencia en el ambiente intelectual de España ha
sido ampliamente estudiado 4 y todo lo que pudiéramos decir aquí sería re• Cuando decimos "filosofías-neo-kantianas" nos referimos a sistemas basados en la
metafísica de Kant, tales como los de Krause, Nietzsche y Schopenhauer. El hombre
sólo experimenta el fenómeno, sin poder conocer la cosa misma o el noumena. Así el
conocimiento es limitado por las tres categorías de espacio, tiempo y causalidad.
1 D. L. SHAW, "Ganiuet's España Filos6fica Contemporánea and the Interpretation
of the Generation of 1898", Hispanic Review, XXVIII (1960), págs. 220-232.
' JuAN LÓPEZ MORILLAS, El Krausismo Español (México, 1956); y PIERRE JoBIT,
Les éducateurs de l'Espagne contemporaine (París, 1936).

236

petición. Sería interesante, sin embargo, comparar las ideas krausistas sobre la
~istoria con l~s de_ Unamuno e indicar su aspecto romántico. Según los krauSJStas la genuma filosofía de la historia tiene como fin el estudiar la idea de
Dio~ por la evolución de la humanidad, sin perder de vista el hecho de que
tal idea en el tiempo es la crónica del desarrollo de las facultades intelectuales
Y morales del hombre. Pues se debe historiar la vida diaria de los hombres y
no los acontecimientos político-históricos. ¿No es este concepto de la historia
el ~ue emplea Unamuno cuando habla de su Intra-historia? Rompiendo lo
castizo temporal, el historiador de la Intra-historia descubre la tradición hu~ana. También d: acuerdo con una idea krausista, Unamuno nos dice que la
literatura es el pnmero y más firme camino para entender la historia reali¿No creyó l? mismo nuestro maestro Awrín? En contraste con los pos1tlv1stas y spencenanos del día, este enorme interés de la Generación de 1898
en el ser humano, en el yo, indica ya un tono romántico.
Además del krausismo, otras filosofías neo-kantianas, sobre todo la de Schopenhauer, influyeron en el pensamiento de Unamuno, de Azorín y de Baroja.
Pues la metafísica pesimista de Schopenhauer formó la base filosófica de mucha de
·_
, la obra
. de estos tres
, escritores. En La voluntad ( 1902) de Arorm', e1 mis
mo titulo sugiere la teona schopenhaueriana de que la única sustancia metafísica
del mundo es esa fuerza ciega que nos arrastra por la vida y que se llama
la voluntad. Yuste, el mentor del joven Azorín en la novela, tiene tres tomos
de Scho~enhauer en su biblioteca y simboliza el Schopenhauer como educado~-: El Joven Azorín, vaga por las páginas de la novela sin voluntad u orientac1on, aplastado por la vida.
. El l:ctor de En torno al casticismo ( 1895) de Unamuno se dará cuenta
mmed1atamen~e de que_ la división de historia e intra-historia tiene sus orígen_es en el dualismo kantiano del fenómeno y noumena, como se ha dicho anter_10rmente. _T_al co~o Unamuno y los krausistas, Schopenhauer había preferido
libros de v1aJe a libros de sucesos políticos como fuentes para la historia y con
respecto a esto lo cita Unamuno. 6
'
En el terce:, ensayo de En torno al casticismo, Unamuno explica el espíritu
guerrero espanol y el deseo de llevar la individuación a la justicia eterna en
los térrni~os de Schopenhauer, expuestos en El mundo como voluntad y representación. En El sentimiento trágico de la vida, Unamuno alude a menudo
a la obra del gran pesimista alemán y en la última parte, cuando habla de la

z~?~·

• Co~cepto de Nietzsche popularísimo en la época. Para un estudio con respecto a s
pre~enc1_a en la o~ra ~e Azorín, véase ANNA KRAusE, Azorín, The Little Philosophe;
U~1versity of Cahforma Press (Berkeley, 1948).
'
. El le~tor ir~, dándose cuenta por el ensayo de otras semejanzas entre las ideologías
baJo. cons1de~cion. T~do esto nos sugiere que la popularidad de estos movimientos filosóhcos Y sociales radica en una misma actitud frente a la vida.

237

�fuerza inexorable de la voluntad, sus ideas son fuertemente schopenhauerianas.
El hecho de que Joaquín, el científico (médico) en A bel Sánchez, sufra en
vez del artista, sugiere la correlación hecha por Schopenhauer entre el dolor Y
el conocimiento. En general, esta angustia que se deriva del conflicto de la
emoción y de la razón, de la fe y de la ciencia, que se ve en sus múltiples
facetas en las obras de Unamuno, Azorín y Baroja, es el concepto neo-kantiano
que subraya todo el pensamiento romántico de la Generación de 1898.
La influencia de Schopenhauer es más patente en las obras de Baroja que
en las de Unamuno o las de Azorín, y don Pío mismo nos dice que desde muy
joven habían influido en él los escritos del famoso pesimista: "El leer el libro
Parerga y Paralipomena (Schopenhauer) me reconcilió con la filosofía. Después compré, en francés, La crítica de la razón pura, El mundo como voluntad
y representación y algunas otras obras".7 En otro sitio dice Baroja que los au8
tores a quienes leía con más entusiasmo eran Schopenhauer y Kant. La
doctrina de Schopenhauer, que asocia el dolor y el conocimiento, es adoptada
por Baroja temprano en su carrera de escritor y se repite por las más de sus
novelas. En la cuarte parte de El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer dice que el dolor crece en proporción con la inteligencia; y por eso
el ser humano sufre más que los animales.
Sigue explicando que el hombre cuanto más inteligente sea más sufre, Y
que sufren más que nadie los genios. El 5 de mayo de 1899 Baroja publica
en la Revista Nueva un artículo Sufrir y Pensar en el cual coincide exactamente con la doctrina de Schopenhauer: "La sombra del dolor sigue a la inteligencia como al cuerpo, y así como a raza superior y a superior tejido corresponde mayor capacidad para sentir dolores, así también a cerebro más perfeccionado corresponde más exquisita percepción del dolor".
Este tema filosófico se repite en muchas de las novelas de Baroja, pero llega
a ser la idea central en La feria de los discretos y en El árbol de la ciencia.
Entre los años 1900 y 1912 Baroja escribe sus novelas más fundamentales, que
revelan el espíritu y la personalidad de la Generación de 1898. Los protagonistas fracasan en sus deseos casi siempre por una voluntad desorientada.
Vacilan entre el mundo de la voluntad y el mundo de la Idea, entre la vida
activa y la vida contemplativa. Ni una ni otra les satisface y no les queda
más que su pesimismo implacable. En breve la influencia pesimista de Schopenhauer ha hecho su impacto mediante el ambiente confuso y desorientado
de España.9
7

Pío BAROJA, Juventud, egolatría, Obras completas (Madrid, 1946-1951), V, pág.

185.
• "Conceptos filosóficos y morales" El escritor según él y según los criticas, OC, VII,
pág. 483.
• Véase un estudio nuestro sobre la filosofía de Schopenhauer en las novelas de Ba-

No hay duda de que el éxito que tuvo el movimiento anarquista en España fue debido no solamente a la mentalidad española, sino también a una
reacción antiautoritaria, mejor dicho, romántica, frente a la situación sociopolítica planteada por la Restauración. No pretendemos que sea el anarquismo un movimiento de la edad del Romanticismo, pero sí pretendemos que es
una manifestación de la misma orientación filosófica y vital; tanto como el
existencialismo es la manifestación actual del mismo modo de pensar. La
reacción fue más fuerte de lo que se ha creído, y! el anarquismo en España es
un tema que todavía no se ha estudiado seriamente. Es seguro que la enorme
popularidad de Nietzsche en España fue debida a su espíritu anarquista más
bien que a su teoría del superhombre.1 º
Aunque las ideas federalistas de Pi y Margall no fueran enteramente anarquistas, se sabe que el autor de La Reacción y la Revolución se inspiró en
Proudhon, uno de los padres del movimiento anarquista en España. Más tarde
las ideas de Bakunin y de Kropotkin predominaban, y cuando el ejército abolió las Cortes en 1874 preparando la restauración de los Barbones, suprimió
también la Federación Española, organización anarquista bakuninista. En
estos años, en los distritos rurales de Andalucía brotaron círculos anarquistas
donde se hacía propaganda anti-religiosa y se aconsejaba abstención de todos
los vicios. 11 Las teorías de Bakunin habían influído mucho en el primer Congreso General de Barcelona en 1870, pero ya en 1880 las traducciones de las
obras de Kropotkin dividieron a los anarquistas españoles entre la violencia
bakuninista y el anarquismo comunista del príncipe ruso. Según Bakunin, el
teísmo y la religión comparten la responsabilidad de la condición deplorable
de la sociedad. La destrucción violenta es aceptada como necesaria, y al demoler los campesinos la autoridad de la sociedad burguesa, crearán una nueva
sociedad caracterizada por la moralidad y la sencillez. Kropotkin, como Bakunin, criticaba el sistema parlamentario y ensalzaba la participación popular
en la creación artística. El arte se producirá, según Kropotkin, sólo por un
hombre libre, libre de toda autoridad y el cual ha participado en la vida de
los obreros y campesinos.
En casi todos los periódicos y revistas donde colaboraron los escritores de
1898 se publicaron artículos sobre el anarquismo; hasta algunos apoyaron oficialmente el movimiento. Nuestro comentario sobre el anarquismo en los escritos de Unamuno, Azorín y Baroja servirá para documentar la importancia
roja: "Baroja and Schopenhauer: El árbol de la ciencia", Reuue de Littérature Comparée No. 3 (julio-sept.), 1963, págs. 350-359.
,. Véase Pío BAROJ A, El éxito de Nietzsche, El tablado de Arlequ!n OC, V, págs. 18-19.
u GEORGE WooococK, Anarchism (New York, 1962) , pág. 365.

239
238

�de esta manifestación neo-romántica en el pensamiento de los tres escritores
más destacados de la época.
. .
.t
De los tres, Azorín se muestra más participante en el movmuen~o anarquiS a
que los otros dos. Esto les va a asombrar a los lectores que_ piensan e~ el
Azorín sereno contemplador del paisaje castellano; pero el Joven Martmez
Ruiz s~ entregó enteramente a luchar contra las injustici~ sociales.
.
Parece que se inspiró mucho en la lectura de Kropotkm, y entre sus pr~meros ensayos periodísticos se encuentra una ~arga ~eseña de una ~ueva edición de La conquista del pan, reseña que esta publicada en la r:vista Bellas
Artes 12 de Valencia el día 17 de noviembre de 1894. En esta resena el futuro
Azorín destaca su interés por las ideas de Kropotkin y elogia su f_e en la nu~va
· d d· "Creyente es Kropotkin ante todo. Creyente en el remo de la JUSsocie a .
·d d T
ticia; en la realización aquí abajo de un paraíso de amor y frat~~i a • iene
fe en el progreso indefinido de la humanidad, fe en la revolu~ion que ha_ de
derribar las viejas instituciones y crear sobre sus ruinas una sociedad laboriosa

1 '

y libre".
Azorín admite que la sociedad anarquista no será hecha en un día co~o
creen algunos de sus adeptos, pero, según él, no cabe d~da que la e;olucio~
de la estructura social va hacia el anarquismo: "La sociedad anarqui:~ª sera
hay más que abrir la historia para ver la transformacion que
un h echo. No
.
van sufriendo todos los privilegios y todas las tiranías. La propiedad, por eiemplo, que en Roma era el derecho de usar y abusar, hoy hállase grandemente
restringida, ya por la expropiación forzosa, ya por los derechos sobre la ~~­
cesion ya por la confiscación de bienes por causa de_ co~tr~~ando .. ¿ ~~ien
afirmará pues, que la propiedad será siempre una mstitucion social. _E!
joven Martínez Ruiz sigue interesándose por Kro~otkin, y en 1?97 traducira
al castellano su obra famosa, Las prisiones. En casi tod~s sus articu~os de esta
época, el futuro Azorín revela sus sentimientos anarquistas. Ad~~as su co~aboración en dos periódicos abiertamente dedicados a este movmue~to social
nos comprueba sus relaciones oficiales. Estos periódicos, La Campana Y Heraldo de París, fueron publicados en la capital francesa y son claves para un
estudio del anarquismo español.13 Ahí también hay artículos y ensayos de don
Miguel de Unamuno.
Con referencias a dos folletos del futuro Azorín, Anarquistas literarios
u Esta revista efímera, importante para el estudio de la Ge~eració~, 1898, fue descubierta por nuestro amigo valenciano don Eduardo Ranch, y el publico, no hace muchos años, un artículo descriptivo en Valencia Atracción.
. .
..
,. Publicados bajo la dirección de Luis Bonafoux, ilustre per10~1s~ ~1hado en P~rís, estos dos periódicos fueron distribuidos por todo _el mun~o h1spamco. Un estud1~
nuestro cuyo propósito principal es describir su contenido y orientar al lector, aparecera
pronto 'en Bulletin of Hispanic Studies de Liverpool~

240

( 1895) y No tas sociales ( 1895), creemos que se pueden definir sus ideas
anarquistas y documentar su posición teórica con respecto al movimiento. Según Martínez Ruiz, el anarquista es un individuo batallador, independiente,
individualista, altruísta, lógico, deseoso de justicia, observador y propagandista.14 España siempre ha tenido protestantes -Lope, Moratín, Larra- porque "dondequiera que hay autoridad existe el abuso; donde existe el abuso
hay quien protesta" .15 En la misma obra, el futuro Azorín explica su posición
como demoledor de los valores tradicionales. El artista es profeta porque la
revolución literaria es la vanguardia de la revolución política y la innovación
política producirá la revolución social. El autor lamenta el sistema económicopolítico-social, en España: "El militarismo nos ahoga; la marea de la reacción
religiosa va subiendo... Los tributos aumentan, la industria muere, la agricultura decae. . . La política es una escuela de criminales. . . Se atropella públicamente el derecho; el sufragio es una mentira".16
El otro folleto mencionado, Notas sociales, es una colección de apuntes e
ideas sobre el anarquismo. El joven Martínez Ruiz sigue creyendo que el deber de un periodista es hacer propaganda en pro de los nuevos ideales; "es
hora ya también de que la juventud española entre en el movimiento del
siglo... Trabajemos los jóvenes en la gran obra, combatamos en el arte por
las ideas de nuestro tiempo".17 Se interesa por el socialismo, pero dentro de
éste por la escuela anarquista que se complace en destruir la ley, la autoridad
y la propiedad, siendo ésta la que emancipará el sentimiento de la dignidad
humana en la difusión continua y eficaz de los ideales de la clase trabajadora.18
El resto del folleto consiste en citas de obras importantes sobre el anarquismo;
tales como, por ejemplo: Gli Anarchici por César Lombroso y Les hommes
et les théories de L'Anarchie y Psichologie de L'anarchiste-socialiste por A.
Hamon, a quien había dedicado Martínez Ruiz Anarquistas literarios.
Aunque no sea posible trazar con toda claridad el contacto intelectual de
Baroja con el anarquismo, el lector sensible reconocerá enseguida una actitud
anarquista. No sabemos hasta qué punto participó Baroja en el movimiento
anarquista -sospechamos que poco-, pero sí sabemos que favoreció los ideales principales y que se alimentó intelectualmente de ellos: " . . .no nos asustan más los anarquistas que los socialistas. Estos nos quieren convertir en
obreros; aquéllos sueñan con damos a cada uno de los hombres nuestra casita
nuestra tierrecilla y un trabajo cualquiera... Será impo~ible lo último, pero'
nuestras simpatías han de estar por eso... Y o así lo creo; me parece el único
14
Azo!ÚN, Anarquistas literarios, Obras completas (Madrid, 194 7-1954) I, p. 155.
" !bid., p. 157.
" !bid., pp. 169-170.
" AzoRÍN, Notas sociales, OC, I, p. 197.
,a !bid., p. 199.

241
H16

�19

bien del hombre la libertad, cuanto más absoluta mejor". Baroja predica
ideas bakuninistas al criticar la democracia: "otra de las consecuencias, a mi
modo de ver, fatales de la democracia y del socialismo es la de supeditar y sub20
yugar el individuo en beneficio de la sociedad y del Estado".
Fácilmente se pueden señalar otras opiniones anarquistas de Baroja. Su
afán de destrozar todas las instituciones autoritarias desde la Iglesia hasta el
parlamentarismo, y aun incluso la familia, es conocidísimo: "Yo he sido siempre un liberal radical, individualista y anarquista. Primero enemigo de la
21

Iglesia, después del Estado ..."
Baroja es un novelista que escribe sobre sus propias experiencias, y el sinnúmero de alusiones a ambientes y personajes del anarquismo nos hace pensar
que pasó mucho tiempo en los círculos anarquistas. La descripción de la sociedad anarquista en Aurora Roja ( 1905) y la visión simpatizante del autor,
nos sirven de ejemplo. En Los últimos románticos ( 1905), novela en nuestra
opinión clave para un estudio sobre Baroja y sobre la Generación de 1898,
describe en detalle los círculos anarquistas de París y aun menciona a Bakunin,
el anarquista a quien debía admirar mucho. Baroja mismo nos dice que su
novela La dama errante ( 1908) trata del episodio histórico del atentado anarquista contra Alfonso XIII en 1906. El Brull de la novela es Mateo Morral.
En el Capítulo V, Iturrioz, el portavoz de Baroja en muchas novelas, opta por
el anarquismo como el mejor camino para el futuro: ''Yo creo que hay dos
caminos: uno, el mejor, el de la violencia, el de la lucha individual, echando
a un lado la vieja moral, y sus conceptos falsos ... ; otro, el de la nivelación de

mo es ante todo y sobre todo religión reli 'ón atea
si se quiere, pero religión al f
'
gi
Y de aquende la tumba,
es la religión que diviniza al
que se entlra ~º: ~e y no por raciocinio; ...
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re como e cnstm1smo humaniza a Dios" 2~
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yo ( el ser h
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'1 ca:ac enza .ª por una tensión romántica entre el
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icto se reduc1a en todos los niveles de acf .
umana a la forma eterna de la lucha entre I f
,
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iviexistido esa lucha pero se hace ,
a e y la razon. Siempre ha
histórica les hace 'ver a los h b mas aguda la an~stia cuando la situación
D
,
om res que no se meJora la condición h
e ah1 arranca el romanticismo de los de 1898. .
umana.
de Baroja; el "dolorido sentir" de Az ,
l"
. _el peslIIllsmo metafísico
de Unamuno.
orm y e sent1m1ento trágico de la vida"

J~~:

22

los hombres por el socialismo" .
Unamuno y el anarquismo es otro tema que hasta ahora no se ha estudiado
profundamente,23 y que producirá resultados asombrosos. Basta decir que los
primeros ensayos de Unamuno son muy anti-régimen y anti-clericales, por
haber sido el Estado y la Iglesia las dos instituciones más responsables de la
supresión del individualismo español. Este individualismo español se debe de~arrollar más: "El especial anarquismo que caracteriza espontáneamente a
nuestro pueblo puede y debe ser la base firme de una autoridad que llegue
aquí a ser fecunda ..."u Unamuno se vuelve hacia el anarquismo por la misma
razón que se ha interesado por las filosofías neo-kantianas, porque hacen más
céntrico estas ideologías al hombre de carne y hueso: " ...porque el anarquis,. Pío BAROJA, "La burguesía socialista", El Tablado de Arlequín, OC, V, p. 17.
,. "Democracia y mala educación", El Tablado de Arlequln, OC, V, p. 24.
" Pío BAROJA, Juventud, egolatria, OC, V, p. 214.
" Pío BAROJA, La dama errante, OC, II, p. 252.
11 Parece que el catedrático inglés, Geoffrey Ribbans, gran conocedor de la época,
está preparando un ensayo sobre dicho tema.
" MmuEL DE UNAMUNO, Renovaci6n, Obras completas (Madrid, 1958) , IV, p. 1029.

242

,. MIOUl!.L DE UNAMUN o,

E spana
" y los españoles, OC, IV, pp. 1083-1084.

243

�SENTIDO DE "EL CAMINO DE SANTIAGO"
DE ALEJO CARPENTIER
PROF. HuGo RooRÍouEz-ALcALÁ
University of California
Riverside, California

i Veis allí la blancura de un camino?
Lo empolva el pie de tanto peregrino
que hacia el sepulcro va de Santiago . ..
DÍEz-CANEDO

INTRODUCCIÓN
CARPENTIER ES UN raro de las nuevas letras de América. Como muchos de
los raros del viejo Darlo tiene en común el cubano de hoy el afán de perfección estilística. Pero mientras en los de ayer el verso o la prosa se alambicaban para reflejar realidades de calidad exquisita en refinadas variaciones sobre
temas "decadentes", en Carpentier la exquisitez no está (como solía también
estar) en las realidades que refleja su prosa, sino en su prosa misma: una
prosa intelectualizada, culta, barroca, de vocabulario opulento y preciso. Es
más: Carpentier hace a menudo hincapié en realidades sórdidas aunque no
con la preocupación social de los naturalistas de antaño sino con el que llamaríamos (pensando en algunas de sus obras más perfectas) un propósito alegórico. No es precisamente la sociedad lo que preocupa al autor de El Camino
de Santiago, no esta sociedad de hoy o aquella de ayer, sino la condición humana misma tanto de hoy como de ayer. Esto es, la de siempre.
Fernando Alegría llama a Carpentier "extraño", tras definir el estilo del
autor de Los pasos perdidos. "Consideramos como legítimo - dice- el uso
del vocablo tropical para designar la variedad del barroco que constituye el
estilo de Carpentier. Tropicalismo en su obra -como en la de Asturiassería el nombre para una expresión artística en que el fondo mágico de las

245

�culturas primitivas de América se funde con la belleza formal de la tradición
barroca europea en un espléndido intento de interpretar el espíritu y la realidad ambiente del hombre del Caribe y de la América Central en la época
contemporánea" .1
.
En su definición del término tropicalismo para aplicarlo a Carpent1er, demuestra una vez más el crítico chileno su habitual sagacidad. En vez de "extraño", sin embargo, preferimos llamar al novelista un "raro" ya que e~ nuestras letras tiene el vocablo tradición ilustre. Queda para otra oportunidad su
redefinición.
Dando por sobreentendido lo que aquí llamamo~ la "rare~~" _de C~rpentier,
apuntemos otra forma que ella exhibe, no ya de '.11dol~ es:1~1st1ca e mse~arable en el escritor de una poderosa voluntad de simbohzac1on: nos refenmos
a una ambigüedad querida, a una ambigüedad que resulta a primera vis~a
sorprendente en una mente lógica, disciplinada y rigurosa, ~~p~z de los mas
sutiles análisis intelectuales y de los mayores tours de force estilísucos.
Esta ambigüedad no se encuentra en El Camino de Sa~tiago. Y como ~uestro propósito sólo se limita hoy a analizar el cuento menc10nado, e~,estudio de
esa nota importantísima de su arte será reservado para otra ocas1on.

"EL

habituales borracheras y debe fugarse de la ciudad. En una playa lejana y
desierta hace amistad con un barbudo hugonote y con un negro, llamado Golomón, de religión judía. De esa playa son un día rescatados por una nave española que se lleva a los tres nuevos amigos de regreso a Europa.
Ju~n el Romero, vuelto a España, es ahora Juan el Indiano. En Burgos, en
la fena'. lo volvemos a hallar, pero esta vez acompañado del negro Golomón,
convertido en charlatán de oficio y con la boca llena de embustes y de maravillas de América. En esta feria el flamante indiano conoce a un romero que
va a Compostela y que se llama Juan, como él. Juan el Indiano convence a
su tocayo el romero que se marche para América. Y entonces los dos Juanes y
el negro Golomón se van a Sevilla.
Allí, en la Casa de Contratación, la Virgen de los Mareantes "frunce el ceño
al verlos arrodillarse ante su altar". Entonces interviene a favor de ellos el
mismo Apóstol Santiago, el cual le dice a la Reina de los Cielos:
-Dejadlos, Señora... Dejadlos, que con ir allá me cumplen...
Y esto porque Santiago sabe que, por muy truhanes que sean los tres hombres arrodillados ante la Virgen, ellos son los fundadores de cien ciudades en
el Nuevo Mundo.
Y la historia termina con estas palabras:
"Arriba, es el Campo Estrellado, blanco de Galaxias".

2

CAMINO DE SANTIAGO":

ARGUMENT0.

Los
Hacia mediados del siglo XVI un soldado español cae enfermo de la peste
en Flandes. La fiebre suscita en él una atroz pesadilla que le parece inequívoco
aviso del cielo. El soldado (Juan de Amberes se llama) decide peregrinar a
Compostela para pedir perdón por sus pecados y enmendar su vida. Se convierte
en Juan el Romero, pero nunca llega a Compostela porque en Burgos ~ otras
ciudades bajo el influjo del vino cae en nuevos pecados. Abandona e~ ~aromo de
Santiago y toma el de Sevilla para embarcarse con rumbo a An:ienca. Opta
por este destino a instancias de un indiano charlatán que en la fena de Burgos
le ha hablado de las maravillas del Nuevo Mundo.
Juan el Romero no parte para América con el sueño heroico d:l conq~istador: él va a medrar, a hacer fortuna no con proezas guerreras smo con mtrigas y con lo que medios no heroicos le proporcionen. Tal propósito fracasa
muy pronto pues, desembarcado en La Habana, el ex devoto de Santiago, que
ya tiene bien metido en sí el vicio del vino, mata a un hombre en una de sus
1

FERNANDO ALEGRÍA, Alejo Carpentier: realismo mágico, Humanitas, Universidad

de Nuevo León, Año I, N. l. 1960, pp. 364-365.
. p M' ·co · C'1a. General de Edicio• Ver a ALEJO eARPENTIER, Guerra del T 1em o, eXJ ,

PERSONAJES DEL CUENTO

En el cuento de Carpentier aparecen dos Romeros y dos Indianos. Los
cuatro se llaman Juan. Estos cuatro Juanes no son en realidad más que uno
solo. Mantengamos, no obstante, el plural, por razones de claridad y recordemos que dos de ellos son Romeros y dos, Indianos. Cada uno de los Indianos
tiene un negro. Hay, pues, dos negros que, respectivamente, ayudan a su Indiano charlatán a embaucar en la feria a romeros y no romeros. Pero en rigor
también, estos dos negros son uno solo.
'
'
¿Aparecen otros personajes además de los mentados en los últimos renglones y además de aquel hugonote visto en la playa cubana? El lector del cuento
de Carpentier ha de recordar otros personajes, tales como el Duque de Alba y
su querida de Amberes, y hasta el mismo Felipe II, aludido pero no presentado. Mas tanto el Duque de Alba como el rey Felipe están en el cuento para
dar a éste una fecha en el tiempo, o, mejor, darle el clima de la época. Aparece~ también dos esclavas negras, doña Yolofa y doña Mandinga, que por
un tiempo son concubinas de Juan en Cuba.
Hay varios personajes no nombrados que sin embargo están presentes. Son

nes, S. A., 1958.

247
246

�d' ·
t p drían haber
los Pecados Capitales: la Gula,_!ª Lujurila, lda Cuno A1c:~~ ~:~ra:ental o ale:
.
· tambien como os e
aparecido otros personaJes,
. (
, d
que estas dramatis personae
órico: el Fanatismo, la Intolerancia recuer ese
'
g
·
hi · d Zebedeo y Salome) •
incluyen a la Virgen y a Sant1a~o, JO be . t retadas por el que las tiene
Hay en el cuento dos pesadillas, am ~ m erp
Ambe es La segunda
. d l c· l La primera ya aludida, ocurre en
r .
'
como avisos e ie o.
'
E
d'lla el protagonista ve
. .
l laya de Cuba n esta pesa i
que ahora mdicamos, en a p .
.1
ertas herméticamente cerradas
agigantada la catedral de Santiago y con as pu
para él.
.
h
aparición dos veces disfraPero no olvidemos otro personaje que ace su b'
. ·
d
· mo romance: Belce u.
zado de ciego y cantan o un mis
n el cuento de Carpentier
·
l
·
'
Esta brevísima recapitu acion nos muestra que
. e
d diferentes:
.
es ti os de persona1es de tres mun os
actúan con nombre propio tr
p
h dicho hasta se po.dría
el terrenal, el celestial y el inf~rnal. Y, co~o Í~:nd: de la' alegoría.
añadir otro mundo de personaJeS no reales. ; '
llamar los "ingredientes"
No se agota con esto la lista de lo que6r :1~:.:suna multitud de alusiones .
&lt;Je la obrita de Carpentier. Hay :n_estas
pa~ el cuento logra su poderoso
de índole histórico-cultural gracia~ ª. l_as :uale
d' d gran interés para
'
'E t l o- en sí 1ustificana un estu io e
. .
clima de epoca. s e ººro . . "
" que en nuestra introducción atnbwelucidar aspectos de la exqumta rareza
1 t d 1 gran escritor cubano.
mos a ar e e_
.
n casi todos sus capítulos se dice que resComo un le1tmot1f del cuento, e
l d (segu'n las crisis de devoción
.
, 0 menos resp an or
plandece en el cie1o con mas
. t ) el Campo Estrellado, esto es, el
o las caídas en el pecado del protagoms a '
Camino de Santiago.

SENTIDO DE

. b

"EL CAMINO

r

"

DE SANTIAGO

entier con este cuento breve y tan
arph'
-o su antihéroe- al hombre
.
;,
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b r a Juan el Romero su eroe
.
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sugestivo. ¿ im o iz
l
. d l ideal alzados los OJOS hacia os
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emprende
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'
;,
como ser de I que
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.
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. d . t
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Juan,
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formularse de1 mo O
.
·
. .
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vic10s,
senta al homh re que, vi
.,
,
distinta aunque correlativa a la
L
da interpretacion sena a1go
vados. a segun .
. l h b
cambian pero los sucesos son en e1
primera: la histona se repite, os oro res
.
¿ Qué se ha propuesto sun o izar

C

fondo los mismos.
· · ' de la vida
, este modo de entenderlo, una vis1on
Carpentier tendría, segun

248

humana muy similar a la que hallamos en el Azorín de Las nubes o en el de
Una lucecita roja.
Recordemos Las nubes del maestro levantino:
Calixto, en pos de un halcón, entra en la huerta de la casa de Melibea.
Enamorados uno del otro, se casan los jóvenes y tienen una hija a que llaman
Alisa. Pasan varios años o, para ser exactos, dieciocho años. Calixto medita
Un día, hombre ya maduro, en la terraza de su casa contemplando las nubes.
De pronto entra en la huerta un muchacho en persecución de un halcón.
Alisa está en la huerta, tal como Melibea estaba, dieciocho años atrás. Y hay
un diálogo muy semejante a otro que Calixto recuerda muy bien... - "Sí
-dice Azorín-, vivir es ver pasar, allá en lo alto, las nubes. Mejor diríamos,
vivir es ver volver. Es ver volver todo en un retorno perdurable, eterno; ver
volver todo -angustias, alegrías, esperanzas- como esas nubes que son siempre distintas y siempre las mismas, como esas nubes fugaces e inmutables".
Hemos dicho que las dos interpretaciones propuestas son distintas aunque
correlativas. La correlatividad consiste en lo siguiente: el hombre es de un
cierto modo, afirma la primera interpretación; la vida se repite siempre la
misma, dice la segunda. Pero en rigor la vida humana es como es porque el
hombre, este, ese, aquel, en este o en aquel siglo, es y ha sido un ser con igual
repertorio de posibilidades o limitaciones. En efecto: ambas interpretaciones
se refieren a aspectos diversos de una misma realidad: al hecho de que la
vida humana es un drama en que el personaje cambia sin que por eso cambien los sucesos psíquicos. En 'Carpentier vemos repetirse los mismos sucesos:
los buenos propósitos olvidados, los vicios, los embustes. En Azorín, "las angustias, las alegrías, las esperanzas".
En suma, Carpentier y Azorín nos dicen la misma cosa acerca del hombre
y de la vida humana, pero difieren, claro está, en cuanto a las pasiones que
eligen para trasmitimos su mensaje. Notemos que lo que se repite en los Juanes de Carpentier son las caídas en los mismos pecados, al paso que en los
Calixtos de Azorín se repiten el amor y sus ya apuntadas secuencias.
No es mi intención aquí trazar un paralelo pormenorizado entre estas dos
obras de Carpentier y Azorín, aunque tal tarea no ha de resultar estéril. Pero como hemos hablado de Las nubes para esclarecer uno de los sentidos de El Camino de Santiago, aprovechamos la ocasión de ver algo más en la historia del
segundo comparándola con la del primero.
Advirtamos entonces que el Calixto de Azorín ve las nubes "siempre distintas y siempre las mismas", donde suelen siempre estar, esto es, en el cielo, y
&lt;¡ue los romeros de Carpentier ven el Camino de Santiago en el mismo lugar:
«el Campo Estrellado blanco de Galaxias".
Esto nos invita a ver en Carpentier una concepción más compleja que la
,de Azorín : el Campo Estrellado simboliza algo diverso de las nubes; simboliza

249

�también lo inmutable, es cierto, a despecho de todas las mudanzas, pero, además, simboliza el ideal, lo trascendente como opuesto a lo inmanente; lo divino
como opuesto a lo humano, a lo demasiado humano.
"Las nubes son la imagen del Tiempo" -dice Azorín-. "¿Habrá sensación más trágica que aquella de quien sienta el Tiempo, la de quien vea ya
3

~
en el presente el pasado y en el pasado lo porvenir?"
No será aquí elucidado el papel que el tiempo desempeña en la literatura
de Carpentier, mas conviene anotar que El Camino de Santiago no dramatiza,
como Las nubes de Azorín, esa que éste llama "sensación trágica".
El Campo Estrellado arriba y los caminos de Flandes, Francia, España y
las Indias abajo, dramatizan sí la peregrinación del hombre sobre la tierra y

sus repetidas caídas.
No podemos saber si a Carpentier ha animado o no un propósito de mover
sus criaturas de ficción con una preocupación de carácter religioso o teológico.
Sin embargo la historia que aquí estudiamos y la novela corta El acoso, ambas
insertas en el mismo volumen, tienen protagonistas obsesos por el pecado,
hundidos sin remedio en el pecado.

EL TEMA DEL CIELO ESTRELLADO

En cielo y tierra, Carpentier contrasta, como se dijo, las dos realidades antagónicas entre las que fluye la vida humana. Juan el Romero tiene conciencia de lo bajo y de lo vil del mundo en que ha transcurrido su vida pecaminosa. Tras la pesadilla de la noche de Amberes, víctima él de la peste, ha
contemplado el cielo de innumerables luces alumbrado y ha visto en él trazado
el Camino de Santiago. Fue entonces cuando se decide a ir a Compostela:
. . . ¿ qué desventura
le tiene en esta cárcel, baja, oscura?

hechas a bien tamaño
podrán vivir de sombras y de engano.
- ~
Así cantaba un gran poeta de la é oca de F .
,
Juan, Juan el Angélico llamado d ~ C
ehpe II -epoca en que otro
alma".
'
e a ruz, cantaba la "noche oscura del
. ~~s parece, pues, plausible interpretar El Cam.
.
ficcion poética cuyo tema
l h b
.
mo de Santiago como una
.
es e oro re visto en 1 '
d
e Felipe II (el
f anatlsmo religioso de la épocª se ª1ude constantemea t epoca
)
b.,
e
todos
los
tiempos
---desem
d
.
n
e
Y
taro
ien el hombre
d.
penan o siempre el rnism0
l
criatura con un impulso hacia a .b h .
pape : esto es, una
•
rn a, acia las estrellas
e
este
impulso,
y
a
diferencia
de
unas
.
'
pero
que a despecho
d
r~gla, es frustrada por sus propios vicios pocas, excepci~nes que confirman la
siones en este "valle hondo o
"
' y esta aherrojada por sus bajas pa' scuro Y como condenada a

. . .vivir de sombras y de engano.
No nos interesa probar que El C . d
.
el propósito deliberado de susc·t
am¡mo e Santiago haya sido escrito con
.,
i ar en as mentes de los 1 t
1
cion aquí esbozada. Lo q
,
.
ec ores a interpreta.
ue si nos parece evidente
al ·
impone. Tampoco nos interesa d
~s que t interpretación se
condición humana que atr·b .
emoCstrar q~e el mtento esclarecedor de la
'd
i uimos a arpentler se h
I
si ad o de "teologismo" p
Ih h
.
aya co oreado de religioor e ec o evidente de ser I b
saturad o de la literatura religiosa del Si lo de O
: cu ano un escritor
atento detecta enseguida en la p
dg C
~o espanol. ( Cualquier lector
t
d .
rosa e arpentJ.er al e t d.
d
e mspiración religiosa de 1 ,
,
s u ioso e la literasura
'l
.
a epoca aurea) Pero est
.
o o nos interesa subrayar que
.d d
.. .
o no viene al caso.
C
.
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, .
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1
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mas:
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poraneo e J uan el Ind .
neo residente en un monast .
d
iano, un contemporáeno o e estado puramente
1 l ,
0-, entre las líneas d 1 b 11
seg ar, eena -hacia
157
e e o cuento cubano
nosotros, el mensaje a que hemos aludido.
' con mayor emoción que

Por caminos de España, cruzando ya Castilla, ¡ qué bien hubiera podido
él comprender los versos del agustino profesor de Salamanca!:

¡Oh! despertad, mortales,
mirad con atención en vuestro daño;
¿las almas inmortales
• AzoRÍN, Trasuntos de España, Buenos Aires; Espasa Calpe, Argentina, S. A., 1938,

p. 125.

250

LA VISIÓN DE ESPAÑA

La España de que hay repeti·das vislumbres
.
en El C . d
.
una España inquisitorial y fanática.
1 E amino e Santiago es
poder alusivo de la pluma d C . es_ a spana de La Leyenda Negra. El
e arpentier es extraordinario C
ras
evoca
el
escritor
todo
el
on pocas
palab
elima de una época· Aunque .breves,
sus alusio-

251

�nes son múltiples: ora se refieren a las costumbres de las clases dominantes,
ora a las ciencias, ora a los mitos y hasta a las obras literarias más famosas de
entonces (en el Capítulo III hay una rápida alusión a Los Lusíadas de Camoens) ; ora a los horrores de memoria más vívida como los autos de fe y las
bárbaras matanzas de herejes. El vocabulario de Carpentier es rico y exacto
porque él cuida escrupulosamente el detalle, tal como nos lo muestra un
ejemplo revelador: al final del capítulo segundo las prendas de vestir de la
amante del Duque de Alba, vistas en la pesadilla de Juan de Amberes, se
nombran con un prurito de precisión "arqueológica".
Además, en obra tan breve, se asombra el lector de hallar tanta sustancia.
Por ejemplo, la transformación que experimenta el español venido a América y convertido a su regreso a España en indiano. Esto, que no es el propósito que anima la historia ni mucho menos, está sin embargo maravillosamente mostrado, de un modo que, siendo también indirecto como el de las
alusiones arriba indicadas, refuerza sin embargo la elocuencia de todo cuanto el escritor nos dice.
"EL CAMINO DE SANTIAGO"

¿ "CUENTO

FILOSÓFICO"?

El lector de El Camino de Santiago no puede menos de pensar en el más
famoso de los "cuentos filosóficos": el Candide de Voltaire. Juan el Romero,
como Candide, viene a América de una Europa llena de guerras y de horrores: autos de fe, pestes, persecuciones (El capítulo VI del Candide describe un
auto de fe: el XII, relata una peste. Y aun el capítulo XVIII nos habla de
lo que forzando un poco las palabras podría llamarse "la mentalidad del indiano"). Se podrían indicar otros puntos de contacto en lo atinente a mucho
de lo que es sátira de la intolerancia y del fanatismo. Pero todas estas similitudes juntas no justifican un paralelo, ya que tal paralelo sólo sería plausible
en caso de existir una similitud fundamental y de conjunto, no ya de detalles, por significativos que éstos puedan ser. El Candide es un "cuento filosófico" muy en el estilo del momento histórico en que fue escrito, con una clara y repetidamente expresa intención "filosófica". Es una sátira de tono alegre, con énfasis en lo narrativo y con evidente voluntad de burla y, a menudo,
de hilaridad. El cuento de Carpentier, por el contrario, es un cuento alegórico y, sobre todo, "serio". Lo ideológico o lo "filosófico" está allí, reforzado
con los más hábiles recursos de una técnica literaria personalísima, mas esa
ideología no es en Carpentier un propósito confesado.
Mucho más afín que al cuento filosófico dieciochesco, la obra de Carpentier lo es, en el espíritu, a las moralités medievales francesas y, como ya queda

insinuado, a los autos sacramentales del b
~
Y X de El Camino de Santiag
. arrCoco esp~nol. (En los capítulos IV
o, e1 rmsmo arpentler
d
d
a 1os autos sacramentales al decir
. que 1os negros q , muy e pasa
a, alude
,
cen, salen de una caja encarnada "
. ue en esos cap1tulos apareLejos de parecernos Juan el R' como Lucifer ~e auto sacramental.. .") .
"'l . .
omero un personaJe de t di . , d'
1 urmmsta", nos parece tener af 'd d
ra c10n, igamos,
de la tradición medieval-barroc Em1 af es pCrofundas con ficciones teatrales
a. n e ecto arp t'
alegorías comunes a las moralit ,
1
'
en ier renueva en su cuento
como peregrinación en su pers;~aj aJ os au~o~sacramentales, a saber: la vida
ria del Mundo con la feriad B e uanl e omero-Juan el Indiano; la Fee urgos y o que ya he
d'ch
repetimos en otros términos . 1
mos i o antes y ahora
el espíritu.
. a pugna entre el cuerpo y el alma, la carne y
Debe tenerse presente aquí que el teatro b
. , .
.no es sólo una "fuente" q
, .
arroco alegonco, por otra parte
Santiago. Dicho de otro m~~oumlcamtetntebpudiéramos atribuir a El Camino d~
.
, e ea ro arroco español
al
.
tanc1a mucho mayor en la f
.,
, .
parece go de imporormac10n art1st1ca de Ca
· R
,
versos de Lope de Vega q
.
d
,
rpentier. ecuerdense los
ue sirven e ep1grafe al .
,
no de este mundo El Dem . 1 d'
pnmer capitulo de El rei.
omo e ice a la Providencia:
i Oh tribunal bendito,
Providencia eternamente!
¿Dónde envías a Colón
para renovar mis daños?
¿No sabes que há muchos años
que tengo allí posesión? •

·, " que tiene el Demonio e A , .
(Esta " poses1on
umbral de El reino de este mundo, el fond: "m,er:c~_rarece anu_nciar ya en el
pentier presenta en sus novelas).
rnagico de la realidad que Cary sea anotado aquí de paso el que el bar
.
., .
tier acaso se deba no sólo a una af' 'd d
r?qmsmo estihstico de Carpenglo XVII español sino q
d , m1 a esencial con rasgos del estilo del si.
ue a emas tenga su O •
afº . ,
s1cos del barroco.
ngen en su ic10n a los clá-

INTERPRETACIÓN COLECTIVISTA DE LA HISTORIA

A más de la idea que informa todo el cuento de Ca
.
.
otra que, precisamente por estar al f 1 .
. rpentier, existe, al final,
ma ' tiene su importancia especial.
• Ver El Reino de este Mundo, México,· E. D. l. A. P. S. A., 1949, p. 21.

253
252

�Veámoslo: recordemos que cuando los dos Juanes llegan a la Cas~ de
Contratación, "la Virgen de los Mareantes frunce el ceño al verlos arrodillarse ante su altar". Esta súbita intervención de un hecho sobrenatural en el argumento del cuento, tiene un comentario signifi,:ativ~, form~!ado por un personaje también sobrenatural. Nos referimos a Santiago, hiJo de Zebedeo Y
Salomé".
El santo Patrono "pensando en las cien ciudades nuevas que debe a semejantes truhanes" le dice entonces a la Virgen:
-"Dejadlos, Señora... Dejadlos, que con ir allá_ me. cumplen".
.
·Qué nos quiere decir con esto Carpentier? El sentido, sm duda, es claro.
losé dos Juanes están justificados ante el santo porqu~, ellos y otros como ellos,
que no han ido a Compostela o mejor, que como cnaturas human~s han d~soído su llamado hacia lo trascendente, van sin embargo a Aménca y están
fundando ciudades por todo un continente.
.
.
Pero apurando un poco más el sentido, ad~ertunos que ~ ?~rpen_tier ~ay
insinuada toda una interpretación de la histona que no es mdiv1dualista sm_o
colectivista: son las masas difusas, nos sugiere, son las masas pecadoras, viciosas, de carne débil y cerebro obtuso quienes, no ~~s.tan~~' mueven el mundo. Gracias a ellas son posibles las ciudades, la c1VJ~aCJon, el, progreso: ~
gracias a ellas son posibles otras cosas: de entre su mmenso numero anommo surgen los pocos hombres selectos, los pocos carismáti?°s, los que_ abren
el Camino de las Indias y los que han descubierto el Cammo de Santiago.
University of California
Riverside, California.

IMÁGENES DE AMÉRICA EN ALFONSO REYES
Y EN GERMÁN ARCINIEGAS
]AMES W1LLrs Roeu
The George Washington University
Washington, D. C., U. S. A.

DE LAS MÚLTIPLES FACETAS de la obra de Alfonso Reyes como ensayista, hay
una -la de ensayista histórico-interpretativo sobre el tema de América- en
que sentimos una cordial afinidad entre Reyes y el ensayista colombiano Germán Arciniegas. Los grandes ensayos de Reyes de evocación del descubrimiento de América y de preocupación por su destino futuro -Visión de Anáhuac
(1917) y los de Ultima Tute (1942)- encuentran una resonancia de hermandad espirtual y estética en ciertos libros de Arciniegas de temas afines
como El estudiante de la mesa redonda ( 1932), Biografía del Caribe ( 1945)
y Amérigo y el Nuevo Mundo ( 1955) .1
Sin pretensiones de agotar aquí las posibilidades, ni mucho menos, nos proponemos acercarnos a estas afinidades para explorarlas a través de unos cuan• A) Obras de ALFONSO REYES aquí consideradas: l. Visi6n de Anáhuac, 1915.
San José de Costa Rica: El Convivio, 1917. (Obras completas, II, México: Fondo de
Cultura Económica, 1956, pp. 10-34). 2. Américo Vespucio, Retratos Reales e Imaginarios, México: Letra Selecta, 1920 {refundido en El Presagio de América, Ultima
Tute). {Los otros ensayos del libro Retratos... están recogidos en el tomo III de las
Obras completas de A. R.). 3. "Los primeros descubridores de América ( antes de Col6n)" y los Viajes de Juan de la Cosa, descubridor de Venezuela, Simpatías y diferencias, 2a. Serie, Madrid: E. Teodoro, 1921 (refundidos en Ultima Tule). 4. El Cipango y la Antilia (una controversia en mitad del mar), Tierra Nueva, México, 1940
(refundido en Ultima Tule). 5. El Presagio de América y otros ensayos, Ultima Tule,
México: Imprenta Universitaria, 1942 (Obras completas, XI, México: Fondo de
Cultura Económica, 1960).
B) Obras de GERMÁN ARCINIEOAs aquí consideradas: l. El estudiante de la mesa
redonda, la. edición, Madrid; Ed. Pueyo, 1932 {Caps. II, III; Los Mareantes, América). 2. "De la alegre y liviana carabela" Este pueblo de América, México: Fondo
de Cultura Económica, 1945 {pp. 19-28). (Refundido en Cosas del pueblo). 3. Bio-

254
255

�tos ejemplos escogidos. Aunque Reyes, nacido once años antes de Arciniegas,
muestra cierta comprensible prioridad en el tratamiento inicial de algunos
temas parecidos, en algunos casos Arciniegas adelantará detalles después desarrollados por Reyes. De todos modos, no es nuestro intento de ahí sacar insensatas conclusiones de supuesta superioridad o exclusividad de uno u otro
escritor. Suponemos que las coincidencias y semejanzas son inconscientes por
parte de los dos, y opinamos que simplemente contribuyen al enriquecimiento de nuestra apreciación del genio original de cada uno. Por eso hablamos
no de deudas o de influencias, sino de afinidades entre dos finísimos escritores.
Notemos al mismo tiempo que Arciniegas ha dejado amplia constancia -en
una serie de luminosos artículos sobre Alfonso Reyes- de su comprensión y
simpatía ante la obra alfonsina.2

I
Como punto de partida, examinemos muy brevemente el concepto que tiene cada uno de estos ensayistas del ensayo y de su función. Don Alfonso habla de

el ens&lt;ryo; este centauro de los géneros, donde hay de todo y cabe todo, propi,o hijo caprichoso de una cultura que no puede ya responder al
orbe circular y cerrado de los antiguos, sino a la curva abierta, al procegrafia del Caribe, la. ed. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1945 (Caps. I, II:

Del mar grecolatino al Mar de los Caribes. Relato de Cristóbal el desventurado). 4.
Amérigo y el Nuevo Mundo, México, Buenos Aires Editorial Hermes, 1955. 5. Cosas
del pueblo, México: Ed. Hermes, 1962 (Caps. III, IV, V : El sentido de los descubrimientos; Colón no fue el primero, sino el último; De la alegre y liviana carabela).
• Artículos de GERMÁN ARc1i-11EGAS: l. Letras de la Nueva España, Occidental,
Bogotá, 1948; en Páginas sobre Alfonso Reyes, II, Monterr~y, Universidad de Nuevo
León, 1957, pp. 101-104. 2. Una lección de Alfonso Reyes, Tegucigalpa, Tegucigalpa,
Honduras, oct. 1952; en Páginas sobre Alfonso Reyes. II, pp. 207-208. 3. El segundo
Don Alfonso el Sabio; El Nacional, México, Suplemento Dominical, No. 452, (27 de
noviembre de 1955), p. 3. 4. Por qué Reyes es un maestro; Novedades, México, 25 de
noviembre de 1956. 5. Alfonso Reyes el Mejicano; El Mundo, San Juan de Puerto Rico, 25 de febrero de 1960, Suplemento especial, p. 30. 6. Alfonso Reyes por la Gracia de América, Cuadernos, (del Congreso por la Libertad de la Cultura) París, No.
41 (marzo-abril, 1960} pp. 9-10. 7. Homenaje a Alfonso Reyes, Cuadernos Americanos, México, XIX: 2 (marzo-abril 1960) pp. 24-27. 8. Véase también: Los amigos de
Alfonso Reyes (Propuesta de una "Sociedad Amigos de Alfonso Reyes", con J. M. Villarreal y otros reunidos en casa de A. R., 8 de febrero 1962); reproducido en La Mañana, Montevideo, Uruguay, 8 de abril 1962 (Sup. Li~.) p. 3.

256

mientras Arciniegas opina lo siguiente:

t ~n es:a América nuestra, que es ladina y no es latina, la novela llega
ar _e, e teatro no madura, pero florece el ensayo. Hay una necesidad
de interpretarnos, porque somos problemáticos.•
concibe el ensayo como una forma flex'bl
1 e, a b'1erta al horizonte inf Reyes
·
mito y a 1la combinación de lo filosófico con lo poe't1·co • Arcm1egas
. .
parece
acentuar. e ensayo co~o vehículo para ventilar los problemas. Se ún estas
~orm~lac1ones, . es~:ranamos de Reyes una libre poetización del fil!sofar soLre e tema histonco-geográfico americano de acuerdo con su concepto de
a M ~sa de la _G,eografía, que une lo práctico y lo poético; s de Arciniegas
esperanamos qmza una discusión más seca de los problemas Sin
b
en la e.
.,
.
em argo,
d 1 Jecuc10~, vemos ~ue no es así; Arciniegas en realidad no está tan lejos
e a concepc10n alfonsma, pues cada vez en cuando le encontramos que se
exclama, ante los mapas de los descubridores, "Esto ya no es geo"raf'1 .
un
, era entonces un tema que llevaba
º
a, fáes
·1 poema".e O b'ien.. "La geograf1a
c1 mente
lírica" 7 -o le veremos hablar del "paso d e 1a geof'
¡a la
r .exaltación
,,
grap 1a a a mea entre los florentinos que rodean a Amérigo V espucCI.· s
aho;:o ya ~os ant(cipamo~ un poco a nuestra confrontación central. Pasemos
.
al prrmer eJemplo mteresante que encontramos de coincidencia en los
~1smos temas entre Reyes y Arciniegas. Aquí, al hablar de "imágenes de Am,
nea"
en los dos aut ores, no pretend emos resumir la total "rm
.
' ª"en d A e,
nea"
d
o
e meen ca a uno, como para Reyes ya lo ha hecho Gutiérrez Girardot. 9 Pen1so REYES Las n e
tas• ALFON
IX México·
F ' d d uC vlas artes, 1944
, .' en Los Trabajos y los días, Obras comple-

°

:
' ,
· on
e u tura Econom1ca, 1959 p. 403.
.
. GERMAN ARCINIEGAS ' El ensayo en nuestra América,
Cuadernos París No 19 ( .
10-agosto 1956)
125 y
b'é
' ' ,
·
Jul(junio
1963) p~. ~-16. . . tam I n Nuestra América en un ensayo, Cuadernos, No. 73

~;Y~,,

t~
~a ~;; de la geografía., 1919 ( ?) Simpatías y diferencias, Obras complela ~-d , y ex_1c~, . 6' pp. 70-73 (p. 71: "Y la práctica y la poética son las dos alas de
I a.
m s1qu1era se contrarían tanto entre sí como 1
ciantes y los malos poetas" ) .
o pretenden los malos comer-

• ARCINIEGAS, Biografía del Caribe. Buenos Aires. Ed S d
.
p. ,38 (Seguiremos citando de esta edición}.
'
. u americana, 7a. ed. 1959,
, ARCINIEGAS, Amérigo y el Nuevo Mundo, pp. 110-111 (Est
.
,
mas adelante).
e pasaJe sera comentado
' !bid., p. 167.
' RAFAEL GuTIÉRREZ GrRARDOT, L a imagen
·
de América en Alfonso Reyes, Madrid:

257
Hl7

�El mar del siglo XV es el mar perfecto. Un mar de islas misteriosas,
de confines desconocidos, como son todos los mares que nosotros soñamos. Este mar reclama la audacia de los piratas y repite todas las tardes al oído de los marineros morosos leyendas de Cipango y de la Atlántida. En el vientre rosado de sus caracoles hablan las palabras de los
Vikings. Los cartógrafos lo llenan de peces fabulosos que levantan la
cola entre un hervir de espumas y lo decoran con flechas enigmáticas y
caligrafías de contorsiones inverosímiles.

· d as m
· div1'duales' examinadas
, b'
"' , genes" visiones u oJea
samos mas 1en en ima
'
b· '
imágenes
como ejemplos de su respectivo arte literario. Pensamos tam ien en
como símbolos poéticos individuales.

II
.,
, t' del mundo de Anáhuac, en
Alfonso Reyes al iniciar su recreacion poe ica
, .
l .. ,
'
l C rt' enfoca panorarmcamente a V1s1on
el momento en que, lo colnt~mp ~ ~, esde los cartógrafos e historiadores de
de su lector, a traves de a unagmac1on
,. .
entonces, en las navegaciones de Europa a Amenca.

Mar del siglo XV, llanura de alas azules, en donde la Rosa de los
Vientos se levanta entre los círculos de oro que dejó vibrando el nacimiento de Venus. Mar que se extiende, ya no sobre el breve recinto
que surcaron las naves de Cartago y de Fenicia, sino que desborda por
las columnas de Hércules y está ceñido por una teoría de innumerables
meridianos tentadores. Mar en donde las estrellas hablan de noche con
los mareantes y por donde los mareantes van de la mano de las estrellas. Mar a cuya orilla se inclinaron los iluminados para escribir a los
reyes cartas, cartas de marear .. . Rosa de los Vientos, Rosa Ventorum,
nacida en los jardines de Grecia, que se abrió en el templo de los vientos bajo la mano venturosa de Andronicus Cyrrhestes; flor que llevaba en la punta de los pétalos los nombres vivos de las provincias, porque
en el corazón de la flor estaba Grecia, que se abría de aventura en
aventura sobre los mares amargos de la tierra; flor de las rutas del mar
griego, en donde humedecieron las diosas sus sandalias; la gracia hace
que de ella se desprendan el viento Tramontano, el Greco y el Levante,·
el viento de Scirocco y el Ostro; el Áfrico, que también se decía Lebeccio, y el Ponente y el Maestro . ..

En la era de los descubrimientos, aparecen libros lle~os 1e noticias
extraordinarias y amenas narraciones geográfi~~s. .. Los historiado-res ~el
. l XVI fijan el carácter de las tierras recten halladas, tal como este
sig
o , a los o¡os
. de Europa., acentuado por la sorpresa, exagerado a
aparecia
veces. . •
, l l
ia 'del tiempo
En sus estampas, finas y candorosas, segun a e eganc . .
,
precia la progresiva conquista de los litorales; barcos diminutos se
se a
l
r . en pleno océano se retuerce
deslizan por una raya que cruza e ma , .
el ángulo irradia
como cuerno de cazador, un monstruo marino, y en
'
picos una fabulosa estrella náutica. Desde el seno de la n~be esquema. so la un Eolo mofletudo, indicando el rumbo de los vi~ntos -_constzca, p .
l h.. d Ulises. Vense pasos de la vida africana,
tante cuidado de os i¡os e
.. d l h . siembajo la tradicional palmera y junto al cono pa¡izo ~ a. c oza,
h
te. hombres y fieras de otros climas, minuciosos panorapre umean '
.l y
l
ostas de la Nueva Franmas plantas exóticas y sonadas is as.
en as c
,
. , pos de naturales entregados a los usos de la ~aza_ la pesquenda,
cia, gru
'
. d d
U
. ginacion como la e
al baile o a la edificacion de ciu a es. na ima
' .
d
- r la isla del tesoro ante una cartografia mfan~
Stevenson, capaz e sona
•
·1
regotil hubiera tramado, sobre las estampas del Ramusio, mi y un
cijos para nuestros días nublados.10

Mar del Siglo XV, mar del viento, de la estrella y del imán. De los
vientos libérrimos. .. ; vientos que le daban a las velas _su pujanza y que
revolvían el mar entre un crujir de galeras o de barineles, de carracas
o de carabelas azoradas. Mar de las estrellas que bailaron danzas trágicas ante las miradas azoradas de los mozos en la Santa María, en la
Pinta, y en la Niña. Mar en donde los árabes guiaban las naves por el
hechizo de la aguja mágica. ¡Mar de los mareantes!'11

'!

. .
Germán Arc1megas,
a1 evocar 1a v1'da de los estudiantes a través. de diversos períodos de la historia, llegando al siglo XV escoge un estud~a_nte espa:
ñol irnbuído del espíritu aventurero de los descubridores de Amenca, y as1
expresa su visión del mar del siglo XV:
b", ( on I During) en Dos Estudios sobre Alfonso Reyes,
Insula, 1955 (71 PP ) · T am ien c
· .
Gotemburgo Suecia: Instituto lberoamer1cano, 1962.
" REvEs,' Visión de Anáhuac, Obras completas, 11, pp. 13-14.

258

La primera cosa que nos salta a la vista al confrontar estos dos pasajes es
que tanto Arciniegas como Reyes han sabido captar y comunicar con su propia sensibilidad poética el ambiente de ensoñación, el ambiente mágico de los
11

ARCINIEGAS, El estudiante de la mesa redonda, Barcelona; Buenos Aires, Editora y
Distribuidora Hispano Americana, 3a. ed. 1959, pp. 36-37 (Seguiremos citando de esta edici6n) .

259

�antiguos libros, mapas y estampas de las navegaciones a América, estilizadas
por la imaginación de los soñadores nutridos de mitos, de leyendas y de fabulosos relatos. Entonces nos llama la atención una serie de impresionantes coincidencias y paralelos específicos entre las dos descripciones.
Primero, los dos autores, al identificarse con el punto de vista de los europeos que empezaban a contemplar a América, nos comunican su actitud de
sorpresa o asombro ante el maravilloso Nuevo Mundo apenas vislumbrado.
Reyes nos dice que "los historiadores del siglo XVI fijan el carácter de las
tierras recién halladas, tal como éste aparecía a los ojos de Europa: acentuado por la sorpresa. . . "y más adelante, en su descripción de Anáhuac,
nos pintará semejante reacción en los hombres de Cortés: "extáticos ante el
nopal del águila y de la serpiente", "en envidiable hora de asombro. . . se
asomaron sobre aquel orbe de sonoridad y fulgores ..." 12 Arciniegas refleja
una actitud muy parecida a la sugerencia de lo misterioso, lo desconocido, lo
maravilloso, y en el concepto de las "carabelas azoradas" de los navegantes,
o "las miradas azoradas de los mozos en la Santa María, en la Pinta, y en la
Niña".

Entonces nos sorprende este magnífico par de imágenes, caracterizadas ambas por la estilización a la vez geométrica y dinámicamente poética: Reyes ve
"barcos diminutos" que "se deslizan por una raya que cruza el mar; en pleno océano, se retuerce, como cuerno de cazador, un monstruo marino, y en
el ángulo irradia picos una fabulosa estrella náutica. Desde el seno de la nube esquemática, sopla un Eolo mofletudo ..." Y Arciniegas: "Los cartógrafos Jo llenan de peces fabulosos que levantan la cola entre un hervir de espumas y lo decoran con flechas enigmáticas y caligrafías de contorsiones inverosímiles". El cuerno de cazador de Reyes con su sugerencia auditiva, tendrá
su paralelo en Arciniegas con el "vientre rosado de sus caracoles" en que
"hablan las palabras de los Vikings". El monstruo marino de Reyes que se
retuerce se pluraliza para Arciniegas en "peces fabulosos que levantan la cola entre un hervir de espumas".13 Un doble efecto de enérgico dinamismo
muy análogo en los dos autores se produce por una combinación -un poco
distinta en cada uno-- de elementos similares; en ambos un elemento de retorcimiento del pez o monstruo marino, y un elemento de "irradiación"
( concepto especialmente alfonsino) o dispersión, irradiación desde la estrella
náutica; dispersión de la espuma. En Reyes, "una fabulosa estrella náutica";

La estrella náutica de Reyes a tiene una numerosísim
..
.
ralelos en este y en otros pasajes d A . .
,
a prolija sene de pabre la Rosa de los Vientos s' b
rc1megas: aqu1, toda una meditación soflor y que suscita otras aÍusi:ne: ºa;1~;e~:o~el:el otro_ símboloL múltiple de la
Vientos a arece
. os vientos. a Rosa de los
p
y reaparece en este y en otros hbros d A . .
bolo poético constante,1,
e rcm1egas como sím-

t

Eo7:s ::;:; ~iene~ otro ~aralelo aquí en Reyes en el símbolo mitológico de
os vientos, rmagen presentada tamb'é
. f uerza diná
mi ' "
1 n con viva
1
ca: ~p a un Eolo mofletudo, indicando el rumbo de los vientos"
Otra figura mitológico-legendaria .
,
.
el pasaje de Reyes Las col
dgnHe~a que aqu1 surge es la de Ulises, en
• das por Arciniegas) se verán ·, d I umnas e ercules (aqu1' menciona
.
mas a e ante en los dos autores 16 Arcin'
dirá en otros libros a Ulises (e.g. Amérigo p 189) 11 E iegas, a su vez~ alumás indirectos pero tamb',
.
' ·
·
stos son paralelismos
,
ien pertmentes.
Notemos ahora los paralelismos en las "islas soñadas" R
"plantas exóticas y soñadas islas" y de "
.
. . , . eyes nos habla de
son, capaz de soñar la isla del t
una unagmac10n como la de Steven.
esoro ante una cartografía infan..:l " A .
megas evoca "un
d ·1
•
u ••rcitodos los mares qu:::so:r:: ::;:;rf,ºsLas, d~ confines d:sconocidos, como son
b',
.
s • os p1Tatas mencionados por A · ·
taro ien pueden asociarse con los de la Isla del Tesoro d St
rcm1egas
por Reyes. Las islas imaginarias de Ci an
; . evenson recordada
das po A . .
,
.
p go y de la Atlantida aquí menciona.
A . . r rcmiegas seran objeto de otras med'itac1ones
posteriores tanto d
rcm1egas como de Reyes. (Véase la Nota No. SO).
'
e
Otras referencias interesantes de Arcinie a
las estrellas hablan de noch
g s -a las eStrellas (Mar en donde
. , ("
.
e con 1os mareantes... "Mar de las estrellas")
1
unan
mar
del
viento
de
la
estrella
y
del
imán"
o
"
1
h
ch'
y
~
' · ")
,
por e e izo de la aguja
;:g1~a- -:- sera~desarrolladas e~ otras ocasiones por los dos autores. por ejem' e unan, en eyes, en su Ultima Tule: "El oscuro imán gravitab'a b 1
mente humana' m
· smuan
· , dose por mdecisos
.
caminos" · "Ese
t ext rano
- rman
. so, redela
Occ·d t
1
J en e. . . anza por la fantasía de la Edad Med1'a su escuadra de islas

en Arciniegas, son fabulosos los peces.

" N'otese, de paso, el título del artículo de JORGE MAÑ
.
so REYES Asomante San J
d p
.
ACH, Rosa Náutica de ALFONque MAÑ~CH usa la ~osa ná~::a :o;:rt? ~~o, XVI; 2 (abril-junio 1960), pp. 9-19 en
del genio de ALFONSO REYES. hum 'ds1md ~ o pliara ~epresentar los "puntos cardinales"
·
,
·
am ª , mte genc1a gracia h
•,
c10, teona y primor poesía humanism
.
.
'
' umor, vocac1on, y ofi0 , amencamsmo universalismo
11 A
'
'
RCINIE0As, El estudiante p
33 41 43 . '
·
306-357.
' p.
'
'
' Biografía, PP- 197-198, Ámérigo, pp.

REYES, Visión de Anáhuac, Obras completas, II, p. 17.
ARCINIEGAS presenta otra variación en su Biogra/la del Caribe (p. 119 ) : "los mapas
son mapas de gesta. De sus aguas brotan monstruos espantables".

. ,. R EYES: El Plus Ultra que vence a las Colum
d
.
rica, Ultima Tule, Obras Completas XI
13 nas e Hércules, El presagio de Améu "P
,
, p.
.
te . or
d donde
u1· Amérigo iba habían pasado Ias naves de Ulises. . . Por donde hab1'a
nruna O 1ses, comenzaba Amérigo".

12

11

260

261

�completa
. .
. que dedica Arcimegas
a Vespuc . A , .
nuevo
ibro
de
1962
C
l.
d
' osas del pueblo . ci,
el merigo y el Nuevo M undo. Su
escubnmientos.
, m uye dos nuevos capítulos sobre los

fascinadoras, ora edénicas, ora invertido el espejismo -infernales-",
o bien
18
"encontramos ya que la fantasía se imanta hacia el Occidente..."

III
Como puente de transición a una última confrontación de pasajes, recorramos brevemente la sucesiva aparición de algunos grandes temas comunes en
las obras de Reyes y de Arciniegas.
Ya hemos visto asomarse al principio de la Visión de Anáhuac de Alfonso
Reyes ( 1917) el tema del descubrimiento de América. En 1920, en sus Retratos
reales e imaginarios, Reyes incluye un retrato de "Américo Vespucio", realmente un doble retrato de Colón y Vespucci y que comprende las siguientes
secciones: I, "La leyenda de Colón"; II, " 'La jettatura' de Colón"; III, "La
era de los Descubrimientos"; IV, ''Vida de Vespucio"; V, "Viajes de Vespucio"; VI, "Colón y Vespucio"; VII, "El bautismo de América". En sus
Simpatías y diferencias de 1921 aparecen dos ensayos sobre los descubridores
antes de Colón y sobre Juan de la Cosa, respectivamente. En 1932 Arciniegas
publica su Estudiante de la mesa redonda, que dedica dos capítulos enteros a
las navegaciones del descubrimiento de América, y en donde figuran las personalidades de Colón y de Amérigo Vezpuche". En 1940 Reyes publica un
ensayo sobre 4'El Cipango y la Antilia" y en 1942 su Ultima Tule que incluye El presagio de América, ensayo principal de 21 secciones, con una docena de otros ensayos de temas relacionados todos con la cultura Hispanoamericana, como "Capricho de América", "El sentido de América", "Notas
sobre la inteligencia americana", "Utopías americanas". En El presagio de
América se refunden todos los ensayos de Reyes que acabamos de mencionar
(menos la porción inicial de Visión de Ariáhuac): aquí reaparecen (algo modificadas) todas las secciones originales del ensayo sobre Vespucci, rearticuladas dentro de la nueva estructura del ensayo; hay nuevas secciones sobre Colón, los Pinzones, y otras materias. Arciniegas en 1945 publica su Este pueblo de
América (con un capítulo sobre los descubrimientos) y su biografía del Caribe (con dos capítulos especialmente dedicados a este tema, inclusive una especie de breve retrato doble de Vespucci y Colón, pp. 27-'28, 31, que recuerda
un poco el de Reyes aunque es menos extenso). En 1955 aparece la biografía

señalar que R eyes desde su ·
· Interesa
•
msmuar la especie de reivindicación d tnmer ~nsayo sobre Vespucci parece
gas en su Amérigo y el Nuevo M d e espucci que llevará a cabo Are· .
p
-,
un o Curios
.
m1e;csentacion de Vespucci (en El est~diant a;n~nte, Arcmicgas en su primera
~ r~cer un c~ncepto relativamente limitadoed e,/ mesa. redonda) nos parece
atán y mentiroso que se ha hecho natu al e e' !'°r eJemplo: "Es un chara la sombra de los reyes y sentar plaza ~ de Casd~1lla y de León para medrar
noce. .; ".'
b'
"
b e enten ido en eosas que apenas co0 ien, porque era un
de la ep~ca"20 rasgos que Arcinieo-as e; uste~o, com? todos los historiadores
su Amérigo y el Nuevo Mundo dond ai:ec~ esmentir o al menos atenuar en
Vespucci.,,.21 Se d'iría que en el' int e linsiste en "la verac1'dad del relato de
través
de sus estudios m,as' extensos sobre
erva olaentre estos
dos libros, Are·miegas
.
,
.
a
mas en el carácter de Am,engo
.
.
y su b ·
f' materia, ha ahondado m uch'1srmo
de estos estudios. La idea d 1' "J wgra ia representa el fruto más mad
,
e a ettatura" d C l'
uro
-segun la cual la fama de Colón echó
e o on_, formulada por Reyes
sobre las genuinas contribuciones de sombr~s de olvido y de incomprensión
descubrimiento de América
Vespucc1 (y de otros exploradores) l
Capítulo XXIII ("L d' - encuentra su contraparte en Arcin'
a
A . .
a 1sputa") de A , 1egas en el
rcmiegas examina la cuestión a 1 1 m;igo y el Nuevo Mundo, en donde
c?ntesta a esta pregunta: "¿Por u:
e todo~ los testimonios históricos
ngo Vespucci? ¿Por qué se le q
controversia de siglos en tomo a Am,Y
d
presenta como un h ' b"l 1 ,
e"~ e~?tear la gloria de Colón" ?22 y dond R a I adron, que tuvo el arte
a nvahdad entre Colón y Ves .
e eyes ya babia afirmado que.
de .la posteridad",2a Arcmieo-as
. .
puc10
es
un
error
.. .
no deja d
b de perspectiva, un espejismo
meJor amigo de Colón"u yºd d
e su rayar que Vespucci fue "el
J
1 •
e emostrarlo am r
as re ac1ones personales entre los d
p iamente al seguir trazando
o
os.
tra observación mínima. La
1 .,
los dos autores parece en ci~rto ;;;;c10n d_el tratamiento de estos temas en
después de esbozar inicialmente el ~ o se1;;'11r una trayectoria inversa. Reyes
mo~entos a estudiar las figuras indi~ma el descubrimiento, se detiene po;
cubndores -precolombinos- Juan d ~u~es de Vespucci y Colón, otros des,.
'
e a osa, otra vez Colón y Vespucci
l

1:z

.
, Ya
estudiante, pp. 44, 46
Amérigo, p. 194 Tamb' .
sido
aJeno
.
tén pp. 236-23 7: "Inventar un
\ viaje hubiera
"' lb
'd a su naturaleza. . ."
ARc1NIEcAs

.

11

REYES,

Ultima Tule, Obras completas, Xl, pp. 11, 17-18, 75.

u No ignoramos (ni lo ignoran Reyes y Arciniegas) que otros, desde diversos puntos

de vista, sobre todo como historiadores, han tratado de estos temas. V, por ejemplo, la
bibliografía que acompaña el Amérigo de Arciniegas y las notas bibliográficas que in-

11

,

El

~CINIEGAS,

p. 344.
Colón 'Y Américo
completas,
p. 55.
Vespucio, El presagio de A m érica,
·
,. A
Ultima Tule Ob
1 .,

,. REYES,

RCINIEOAS,

Amérigo, p. 187.

,

ras

cluye Reyes en su Ultima Tule, Obras completas, Xl.

262

263

�d

lia síntesis del descubrimiento en
fin los incorpora a todos dentro e s~ ~mp
·o em ieza resentansu perspectiva filosófico-espiritual. Arc1mega~, en cam~1 Atlán~co y peo el Ca, eneral de las navegaciones en e
do un panorama mas g
. t , ma's especialmente en Amérigo, luego
.
b
entrando su meres
.
nbe, y aca a conc
. b
de la familia Vespucc1, notable. d
· t '
los otros m1em ros
. .
extend1en o ese m eres ª
. de una nueva biografía de Arcm1es·monetta
suJeto
.
1
mente la encantadora
'
Ai . Ed·torial SudamencaEl mundo de la bella Simonetta (Buenos
res.
i
d
gas,
.
A . .
por Simonetta recuer a ca1962) La fascinación que siente rcm1egas
f
1M
n_a,
.
"Madama Lucrecia, último amor de don Al onso e
ags1 la de Reyes por
,,
R
. . t italiano) en sus Retratos rea, . " (otra "casta Venus de1 enac1m1en o
, .
nan1mo
. d
d Amenca
les e imaginarios, pero esto nos aleJa e1 tema e
.

IV
. , de pasa1·es Nuestras observaciones
'l ·
onfront ac1on
·
Pasemos a una u tima e
. , 1 nos para indicar la más amplia
, f
t breves pero serviran a me
. .
seran orzosamen e . ,
', .
s arece existir entre Reyes y Are1mezona de interpretac1on art1st1ca que no p . .
d A , . a Sobre todo
1
d los descubnm1entos e mene .
'
gas en lo referente a tema e
, . os aun ue sea indirectamente.
queremos que los dos autores hable;tor s1 ~1s:e 'Amé~ca de Reyes ("l. En
El primer capítulo del ensaylo
,,Presagwnta poéticamente algunos de sus
. 1
n todo uaar ) prese
1
el suelo, en e c1e o y e
1 º 'd d América en la historia, en torno
. ales respecto a senb o e
~
conceptos germm
r d d América fue un sueño -y un sueno
a la idea de que antes de ser rea 1 a '
utópico-- en la mente de los europeos:
e el hombre ha dejado constancia de sus sueños, apardece yen
D esd e qu
b bTd d de un nuevo mun o. a
f arma de raro presenti":ien:o jªl p; ~/ ::as 3 000 años antes de Grisla fantasía andaba pr~figuranb_º o e_sd' a los ~uertos en alguna misted l mitológico Anu is prest za
.
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tes europeos, el mzsteno se va a e7an

viajera, y busca refugio en la bruma de los horizontes marinos. Tal es el
sentido del "Plus Ultra" que vence a las columnas de Hércules. La vaga noción que aletea en la más vetusta poesía, ora como amenaza o
como promesa, cruza después las sirtes de la literatura clásica, florece
en la portentosa Atlántida de Platón, herencia recogida por ilustres abuelos en labios de los sacerdotes saítas; arrulla la imaginación de los estoicos;
viaja por las letras latinas, donde Séneca, en su Medea anuncia que se
abrirán los mares revelando continentes inesperados; y llevando a cuestas
su carga movediza y cambiante, su Mar de Sargazos, su océano innavegable y de poco fondo, sus lnsulas Afortunadas, se enriquece por toda la
Edad Media con las leyendas utópicas; La Isla de San Balandrán o de
los Pájaros -primera hipótesis de la Isla de los Pingüinos-, la de las Siete Ciudades, la Antilia o Ante-Isla y el Brasil ---1'!ombres éstos que después recogerá la geografía-; enciende el halo con que la veneración envuelve las sienes de Ramón Lull, el Doctor Iluminado, a quien se atribuye sentido profético en su Nueva y compendiosa geometría; y es embarcada al paso en la nave de los poetas renacentistas; para depositar finalmente sus acarreos de verdad y de fábula en manos de Crisfóbal Colón, cuando éste, hacia 1482, abre las páginas de la Imago Mundi. La obra del Cardenal Aliaco, su breviario, lleva al margen las notas febriles del Descubridor, y es centón de cuantos atisbos podían juntarse sobre los paraísos
ofrecidos al ansia de los hombres.
Los rasgos dispersos de alguna verdad desbaratada querían recomponerse en el alma. La Tierra cuchicheaba al oído de sus criaturas los avisos de
su forma completa, la entidad platónica recordada como en un sueño. Y
así, antes de ser esta firme realidad que unas veces nos entusiasma y otras
nos desazona, América fue la invención de los poetas, la charada de los
geógrafos, la habladuría de los aventureros, la codicia de las empresas y,
en suma, un inexplicable apetito y un impulso por trascender los límites.
Llega la hora en que el presagio se lee en todas las frentes, brilla en los
ojos de los nagevantes, roba el sueño a los humanistas y comunica al comercio un decoro de saber y un calor de hazaña .
Y lo mismo que el presagio se dibuja en el suelo, también se refleja sobre la pauta celeste. Acordaos de aquella adivinación de estrellas nunca
vistas, que vienen intimando luces desde las lucubraciones de Aristóteles
hasta las de Alfonso el Sabio; que ya se anunciaron a Lucano; que irradian en la constelación de las Cuatro Virtudes Cardinales -imagen anJicipada de la Cruz del Sur- desde el seno de las noches dantescas; y que,
después del Descubrimiento, se derraman profusamente por los ámbitos de
la poesía, de suerte que al par centellean en la Araucana de Ercilla y en
la Grandeza mexicana de Valbuena, en el De Orbe Novo de Pedro Már-

265
264

�tir de Anglería, en Os Lusiadas de Camoens, en las Epístolas de la Boetie,
25
o en el soneto herediano de Los trofeos.

Si juntamos los dos siguientes pasajes del Amérigo Y el ~uevo M_undo de
Arciniegas, los cuales aparecen en el octavo ca~ítulo Y fmal del ~ibro ( capítulo XXIII) respectivamente, veremos unas interrelaciones muy interesantes con el pasaje de Reyes :

ª!

.. .La geografía era entonces un tema que llevaba f ác~lme_nte a la
exaltación lírica. Era el sueño de los filósofos, era un m1ster1~ carga1
do de anuncios que se prestaban como a revelaciones prof~ticas. La
existencia de un cuarto continente la había "admitido o profetizado San
Antonio" el arzobispo de Florencia, como dice U zielli. Cuando )'a la
ciencia e:perimental, cuando las naves no podían ir más adelante: seguía el vuelo de la imaginación, se convertían en p~e':"as las teortas Y
se le daba ese toque mágico al límite de los conocimi~ntos. Fra~cesco
Berlinghieri terminó en Florencia en 1482 su G~ografía 1_~ Te~-ª rima Y
apareció publicada allí con un apólogo de su amigo M arsilw Fiemo.
De la devoción de Poliziano por la geografía basta recordar que la
muerte le sorprendió cuando acariciaba la idea de escribir los viajes d~ los
portugueses. El tema de la tierra no descubierta estaba en el ambiente
de Florencia al orden del día. De 1476 a 1480 lo había agitad~ ~n sus
lecciones públicas Lorenzo Bonincontri comentando el Astronomicon del
poeta latino Manilio.
En otras palabras: el problema del Nuevo Mundo era un problema
que apasionaba a estas gentes de Florencia antes de que el Nuevo Mundo se hubiera descubierto. Se discutía sobre los antípodas, sobre las r~giones habitables por debajo de la línea del ecuador, sobre la repa:tición de las aguas y los continentes, sobre las raza:,, y de e~to se hac'.an
mapas imaginarios, se escribían poemas, se revwian antiguas teor~as,
se dialogaba en las academias y tertulias. Tal era el mundo florentino
en que vivía Amérigo.

•
•

11

Dentro de ese ambiente, el Nuevo Mundo nació primero en la imaginación. Se construían globos y planisferíos antes de que las nav~s salieran a cruzar el Atlántico. Pero la geografía se mostró agradecida, y
REYES,

confirmó esos sueños. España abrió las rutas trasatlánticas. Sus naves, que
hasta la víspera apenas si contaban en la historia del mundo, pasaron a
ser las más famosas. Fueron minúsculos castillos de madera de donde salieron héroes como no conoció antes el mundo: Balboa, Cortés, Pizarro,
Jiménez de Quesada, H ernando de Soto, Ponce de León, Orellana, Valdivia . .. En cincuenta años la es/era de la tierra salió de entre sus manos.
Amérigo siguió el proceso de esta historia con los ojos abiertos, la mente clara, el corazón ligero y juventud en el alma. Fue el mejor espectador, y el cronista más oportuno que anunció la aparición del Nuevo
Mundo. El lo vio todo: el ancho golfo de México, la verde Florida, la
costa de las Perlas, Venezuela mirándose en las aguas, Brasil con sus
palos de candela y sus papagayos, la punta de Montevideo, la Argentina,
entonces silenciosa, y la Patagonia desolada. Pero nada le embelesó tanto como las estrellas nuevas, como el cielo austral. Nadie expresó antes,
con tanta frescura y entusiasmo, la nueva de la desconocida cuarta parte del mundo que vio primero que todos... Las cosas que dijo iluminaron como una llamarada en la tertulia de los poetas y sabios de San Dié.
Así eran las gentes del siglo XV. Rosas de los vientos. Así la curiosidad
formaba navegantes. Así se hacían prodigios o en Florencia o en lSevilla,
o en el Caribe. Donde quiera, prendía el fuego del Mediterráneo desbordado. El Viejo Mundo se salió de madre por las columnas de Hércules.
Y vio que la tierra era más grande.16

Sobre todo, nos impresiona una verdadera constelación de ideas centrales
comunes en los dos autores. Empieza Reyes: "Desde que el hombre ha dejado constancia de sus sueños, aparece en forma de raro presentimiento la probabilidad de un nuevo mundo". Para Arciniegas, la geografía era "el sueño
de los filósofos, era un misterio cargado de anuncios que se prestaban como a revelaciones proféticas", y donde Reyes habla de "la probabilidad de
un nuevo mundo", Arciniegas alude a "la existencia de un cuarto continente", Y Reyes otra vez a "La idea de que al Ocidente quedaba cierta región
por descubrir".
"Ya la fantasía andaba prefigurándolo, sigue Reyes, y así, antes de ser esta firme realidad que unas veces nos entusiasma y otras nos desazona, América fue la invención de los poetas..." Y de esta manera lo expresará Arciniegas: "el problema del Nuevo Mundo era un problema que apasionaba a
estas gentes de Florencia antes de que el Nuevo Mundo se hubiera descubierto", o bien: "Dentro de ese ambiente, el Nuevo Mundo nació primero en
la imaginación". El "misterio cargado de anuncios" de Arciniegas fue en Re-

El presagio de América, Ultima Tule, Obras completas, XI, pp. 12-14.
.. ARCINIEGAS,

266

Amérigo, pp. 110-111, 356-357.

267

�yes el misterio que "se va alejando como la sombra de una nube viajera..."
Para Reyes, "La vaga noción que aletea en la más vetusta poesía... cruza .. .
las sirtes de la literatura clásica; arrulla la imaginación de los estoicos" . .. y
"se enriquece por toda la Edad Media con las leyendas utópicas..." Para Arciniegas, como ya tuvimos ocasión de observarlo, "La geografía era entonces
un tema que llevaba fácilmente a la exaltación lírica... Cuando ya la ciencia experimental. .. seguía el vuelo de la imaginación, se convertían en poemas las teorías y se le daba ese toque mágico al límite de los conocimientos".
En fin, todas estas ideas comunes de la imagen de América como sueño, presentimiento, misterio y generador de poesía se expresan, sin duplicarse exactamente, de manera análoga en los dos ensayistas-poetas.
Además, encontramos paralelismos bastante directos en una serie de otras
ideas e imágenes secundarias que contribuyen a la elaboración del concepto
central. Por ejemplo, ambos tratan del concepto de la tierra que se ensancha
en la mente de los europeos; Reyes en una linda prosopopeya sugiere que
"la tierra cuchicheaba al oído de sus criaturas los avisos de su forma completa..." 27 Arciniegas nota que "en cincuenta años la. esfera de la tierra salió
de entre sus manos" y entonces: "El Viejo Mundo se salió de madre... Y
vio que la tierra era más grande".
Tanto Reyes como Arciniegas señalan el significado simbólico que tienen
las Columnas de Hércules en dicho ensanchamiento: Reyes lo dice así: "tal
es el sentido del 'Plus Ultra' que vence a las Columnas de Hércules", y Arciniegas: "El Viejo Mundo se salió de madre por las columnas de Hércules".
Otro elemento simbólico-poéticamente significativo, desarrollado por los
dos escritores, es el de las "estrellas nunca vistas" o "estrellas nuevas", las de
la Cruz del Sur, anticipadas por Dante, como también lo indican ambos: Reyes aquí y en otro ensayo de Ultima Tule: "entrevisto por Séneca en su Ultima Tule, vislumbrado en las constelaciones que fulguran en la Divina Comedia. .., el Continente americano,. . . era ya un anhelo apremiante y casi
una necesidad poética de las gentes" ,28 y Arciniegas, en otro pasaje de Amérigo en que elabora extensamente la asociación simbólica de las estrellas con
Vespucci, "Amérigo el de las estrellas"; "Dante... como anuncio... vio las
cuatro estrellas de la Cruz del Sur".29
Los dos autores producen interesantes enumeraciones de las conversaciones de las gentes sobre América: "América fue ... la charada de los geógrafos, la habladuría de los aventureros, la codicia de las empresas". (Reyes).
21 También véase más adelante, en REYES , Ultima Tule, pp. 14, 15: "Los rasgos de la
Tierra se van completando conforme giran los ejes de la atención geográfica. . . La
cara de la Tierra se va completando rasgo a rasgo".
" REYES , ]bid., pp. 72-73.
" ARCINIEOAS, Amérigo, pp. 213-215.

268

"Se discutía sob~e los antípodas, sobre las regiones habitables... sobre
1
aguas y los continentes
d
t
d.al
· · · as
lías" (Arcinie as)
.... 'f e es o... se I ogaba en las academias y tertu.,
. ~- . Tam_b1en_ ambos acentúan expresivamente la alerta atencwn y excitac1on de la mtehgencia despertadas por el fenómeno de A , .
:: :a gente de ent~nces. Sea colectiva o sea individualmente; "llega : e : :
n que el presagio se lee en todas las frentes brilla en los o1·os d 1
vegantes
b 1
'
e os na' ro a e sueno a los humanistas..." (Reyes) "Améri o sia . ,
proce~o de esdta historia con los ojos abiertos, la mente ~Jara el ;oraz6:1~g=l
ro y Juventu en el alma" (Arciniegas).
'
-

V

Jo:ée ;:b~:

Rci:;~::o, :iastan~esl
cosilla¡·s en e! tintero, como diría quizá don
genia nove 1sta michoacano N h

nuestra colección de e1·emplos Pod ,
.
. o emos agotado
•
namos seguir más d t ·d
ralelismos entre Reyes y A . .
e eni amente los patilia y la Atlántida, las isl::~::~:e~pecto a ~as imá~enes de Cipango, Aneo hasta d
, .
. . nas que esempenaron un papel poétivist: lo sufic;::uco en la h1stona del_ concepto de América. so Pero hemos
para quedar convencidos de la extraordinaria af" .d d d
estos d os grandes ensayistas n 1
.
m1 a
e
drama del descubrimiento dee ~ér'f:a~ se refiere a este campo temático del
Al co~~arar algunas de las imágenes de América elaborad
P?r Arc~n1egas, hemos insistido más en las simpatías o afinida~ por Reyes y
d1ferenc1as, por parecernos aquéllas - ar t'1s1·1camente al menoses que
d en las
trascen_dencia._ Tal vez otro lector descubra diferencii:s más marcadase ;ayor
mos reiterar siempre que en este caso de Arcinieaas d
. eseade Vespucci y de Colón precisado or Re
º '. . e Reyes -como en el
rido ver rivalidades en dos escritoretque fu:::: y~~~n;;;~ no he~os quegrandes ríos corren a veces en c
eJores amigos. Los
misma mar de las islas soñadas. auces paralelos, dando en esta ocasión en la

,. Véase, de REYES, Ultima Tule Obras com le
duda en mitad del mar Duelo ent e'l A ili"
P tas, XI, pp. 13, 17, 34-35 ("La
·
r a nt a y el Ci
"
de 1940, v. nota No. 1), 43 60 _
V
.,
pang? , Y en la forma original
61
las "Islas" utópicas en No h~y tal l. er Otamb bien observaciones sobre la Atlántida Y
, . '
ugar,
ras completas XI
345 34 7
Y en La Atlant1da castigada Sirtes 1932 . Méx"
' pp.
, 351-353;
.
'
'
,
ico · Tezontle 1949
9 34
CINIEGAS, Estudiante, pp. 36 4243 . B"
f'
' .
'
, PP· - • De AR145, 160.
'
' iogra za del Caribe' pp. 118-119 ,· A m éngo,
.
pp.

269

�CONSIDERACIONES SOBRE EL SENTIMIENTO DE
VENERACIÓN EN GOETHE
F.

w.

WENTZLAFF-EGCEBERT

Universidad de Mainz
Mainz, Alemania

PoNoAMos AL FRENTE DE NUESTRAS consideraciones unas palabras de Goethe:
"Dichtung und Wahrheit", que se leen como una confesión de su sentimiento
vital: "Mi ánimo estaba dispuesto naturalmente a la veneración y se necesitaba una emoción profunda para hacer vacilar mi creencia en algo venerable".
Estas palabras expresan perfectamente la alta valoración, por parte de
Goethe, del sentimiento de veneración que se mantuvo en él hasta su muerte.
Nunca traicionó este sentimiento, pues nunca sufrió una derrota en la lucha
continua con la concepción del mundo de su época, la de las luces. Por fin
se sustrajo siempre al racionalismo consecuente, del mismo modo que tomó
de la filosofía del pasado sólo lo que le era adecuado. Su creencia en algo
venerable se mantuvo firme en todas las horas de la duda y tentación. Una
profunda religiosidad, eficaz hasta en su edad avanzada, le corroboraron en
esto. Ya cuando niño se encontró en casa de sus padres con una forma de devoción íntima como se vivía a mediados del Siglo XVIII en los círculos de
los "Herrenpchuter" en Francfort. Se compenetró de ella y le ayudó a rechazar el primer ataque del utilitarismo durante los años universitarios de
Leipzig. Tampoco la participación en la poesía social del Rococó pudo acallar esta devoción viva. Era tanto más fuerte y eficaz la influencia de los
amigos que simpatizaban con el pietismo y en su calidad de predicadores
trataban de equilibrar aquel estilo de vida racionalista. En las cartas a su
amigo Langer, en las que se expresan los sentimientos religiosos del adolescente, leemos en noviembre de 1768: "usted ha sido el primer hombre del
mundo que me ha predicado el Evangelio y si Dios me da la gracia de ha271

�cerme creyente, es a usted a quien yo deberé todo, que Dios os bendiga por
ello".
En el fin de la carta, en "que Dios os bendiga por ello", sentido verdaderamente, resuena el agradecimiento de un alma que soporta difícilmente las
dudas religiosas. Más de una vez, Goethe expresa su agradecimiento al amigo: "le agradezco mucho, Langer... para un alma como la mía les era imposible a todos los sacerdotes del mundo conmoverla, máxime dadas las habladurías poco evangélicas de nuestros púlpitos; sólo su amor, su sinceridad
pudieron hacer eso".
Es en un alma tan conmovida de su nueva devoción, cuando se encontraba
grave en la casa de sus padres en Francfort, en la que cae la palabra de la
señorita von Klettenberg. Su sencilla religiosidad pietista conmueve de tal
manera el corazón de la adolescente, que busca espontáneamente la relación
con la comunidad de los hermanos. Una idea lejana, una veneración naciente de la benéfica fuerza innata en una profesión de fe se le ocurre y le da
confianza en sí mismo por un momento: "soy joven y verdaderamente estoy
en camino de salir del laberinto". Pero la duda se despierta: "¿ Quién es el
que me prometió: la luz que alumbrará siempre como ahora y no te extraviarás de nuevo?" La preocupación del camino del porvenir siempre le
oprime de nuevo y no se pierde aun cuando queden despiertos la persuasión y el sentimiento de lo bueno, que se ha derramado sobre él; dice Goethe:
"de la fuente eternal". El despertar, en el sentido de la gran vivencia religiosa, aún no ha tenido lugar, pero el temor a los vínculos del pecado cede a
una nueva conciencia del deber de vivir. No ha vencido Cristo, sino el espíritu de Dios, como Goethe lo vivió a su manera. Entre tanto, se le manifestó sólo por medio de los pensamientos de los filósofos naturalistas de los siglos XVI y XVII.
Durante su larga enfermedad Goethe había leído a Paracelsus van Helmont y otros filósofos naturalistas. Una conexión misteriosa de la mística con
la filosofía de la naturaleza lo conduce cada vez más al camino de la alquimia. Venerando y creyendo al mismo tiempo se entrega al encanto de las
ciencias naturales ligadas con la magia y confiesa: "la química es todavía
mi secreta amante". Aún en Estrasburgo se instala un nuevo laboratorio para continuar Jo que había comenzado en Francfort. Sin embargo aquí su vida toma un rumbo decisivo. Librándose de la creencia en las fuerzas mágicas
de la naturaleza, sale a la luz de la revelación del espíritu tal como se manifiesta en la historia de los pueblos: Herder será su gran maestro. Con poder
casi mágico determina no sólo el momento sino también la evolución interior de Goethe. Le conmueve el concepto del espíritu en su sentido más espiritual. Se le manifiesta en los mitos y cantos de los antepasados, en las epo-

peyas Y baladas, que aparecen en las colecciones de Herder como canciones ?e pu:blos antiguos. Goethe siente una profunda veneración hacia estas
m:m1festac10nes que le descubren una verdad más alta respecto a los sentimientos de los antepasados que la que había conocido antes. Los mitos le
p~r:c~n capas primordiales de una religión popular; las leyendas y canciones
histonca~, formas primitivas de la historia misma. El entusiasmo por un mundo ?undido, pero que permanece vivo en la poesía, se combina con Ja nostal~ia vaga de la expresión poética de grandes sentimientos, en la cual el cor~o~ pone las palabras y la sensibilidad determina el ritmo. Las nuevas pos1b1hdades las abre, por intercesión de Herder, el "mago del norte", el filósofo Hamann. Es él quien intensifica la protesta primordial de Goethe contra el :acionalismo de modo que produce una repulsa apasionada. Goethe
lee ~n el frases que toma como revelaciones; lo que barruntaba desde los coloqmos con Herder se le convierte ahora en una nueva creencia una ciencia
natural . mecanístico-matemática
no existe·• "descomponer u n cuerpo
'
.
y un
acontecimiento, quiere decir tratar de sorprender la esencia invisible de D'
d
d ºdad
•
ios,
su po er Y ei
eternos'. Tampoco la realidad histórica puede ser analizada por c~mpl_eto. Por fin queda una profundidad inconmensurable. Tal vez
toda la h1stona no sea más que mitología. . . y como Ja naturaleza un libro
sellado,, un testimonio cubierto, un enigma que no se puede adivinar sin
arar ma~ q_ue con nuestra razón. La nueva creencia se combina con los concepto~ ~1et1stas ya conocidos. Sólo la concepción del espíritu es decisiva: en
la r:hg10n, en, l_as cien~as de la historia y de la vida de los pueblos y en la
poes1a. El espmtu_ desciende inmediatamente del cielo y es un espíritu santo
que puede com_un1carse a ~odos, en el cual Dios es el origen del espíritu mismo'. ~~e obra vivo por encima de las generaciones humanas y que puede tocar
y VIv1f1car a cada
Quien es tocado está llamado y elegido, es decir, que
pertenece a los geniales, en cuya lengua viven el aliento divino y la verdad
celeste.

~º-

E~te co~cepto del espíritu original comporta la lengua y crea una nueva
poes1a. As1 con:io _los documentos del espíritu divino están conservados en la
lengua de la,~1bha, d: los viejos mitos, de las canciones del pueblo, así nuevas obr~ po_eticas ,nacidas de la adoración devota del espíritu divino han de
dar testimonio de el. Los manantiales de la verdad han de manif t
¡
,
ritu del creador.
es ar e espiUna nueva concepción del espíritu mundial se le ha revelado a G th
oe ~
n os pequeños fragmentos teológicos de fines del año 1772 se anuncia
rbe . , .
.
'
una
1 rac1on mtenor frente a los dogmas, aunque se conserva la creencia en Cristo. La. ,tolerancia
, interior de los "Herrenhuter" segun' la cuaI Dº10s to1era tod a
devoc1on Y segun la cual también Dios se identifica con el amor y según la

E I

272
273
HIS

�cual cada quien puede tener su propia religión siempre que sienta en ella
a Dios desemboca ahora en la convicción: "se siente un momento Y este momento es decisivo para toda la vida, y el espíritu divino se ha reservado_ ~eterminarlo" · la veneración de la voluntad de Dios determina ahora la rehg10'
.,
sidad de Goethe. Sólo tiene necesidad del sentimiento de devoc1on pura para alcanzar la certeza de que Dios lo abarca y lo sostiene todo. El segundo arúculo de fe desaparece en su significación por el tercero. El Espíritu Santo
es Omnipresente y Eterno. La nostalgia del origen vive en todos los penetrados por el espíritu. Dios, mundo y hombre están unidos por el espíritu. i Qué
revelación para el que busca!, y también ¡ qué peligro! ¡ Ay del hombre que
pierde ahora la veneración hacia tales conceptos! Y Goethe está muy amenazado. La sentencia seductora "Eritis sicut deus" le resuena en los oídos después de haber representado él mismo la pieza para títeres del Dr. ~austo.
Ahora se despierta a nueva vida esta idea halagüeña y seductora, surgida como tal ya en Estrasburgo, y pasa de Fausto a la figura de Prometeo. Como
en un delirio nacen las estrofas libres del semidiós creador, de Prometeo, el
impío, pero una sola vez la presunción del "Sturm und Drang", es_ decir de las
juventudes literarias de entonces, se levanta sin respeto por encuna de esta
barrera y eso sólo con la figura simbólica del héroe antiguo. Ya en el fragmento dramático respectivo, aparece la figura de Epimetheus y dice al hermano obcecado:
"Du stehst allein!
Dein Eigensinn verkennt die W onne,
W enn die Gotter, du,
Die deinigen und W elt und Himmel all
Sich all ein innig Ganzes fühlen".

En las demás poesías, y primeras redacciones, en Mahomet, Ganymed, Y
más bien en W erther, aparece como máxima añoranza, la eterna meta, la
unión con el padre, con Dios y el espíritu al mismo tiempo: No olvidemos,
Werther erre en Dios, es más, mantiene el concepto de un Dios misericordioso, hasta en la hora de su muerte, pues lleva el espíritu de Dios en su corazón. Pero aun la última consecuencia de respeto para la vida, regalada por
Dios, no está sacada. La fragilidad humana, no se transforma aún en firmeza de la fe, sino que considera, como solución, sólo la huída del pecado.
W erther se destruye, pero Goethe está salvado por medio de la poesía, en la
que, en el sentido de Herder y Hamann, siente obrar al espíritu primitivo.
Hace visible lo demoníaco y lo supera por la formación de la obra de arte:
en la obra de arte se manifiesta el espíritu y el poeta promulga sus leyes
con sentimiento de veneración.

274

En la borrasca de los sentimientos del período de los genios la poesía es
para Goethe la fuerza salvadora que conjura el peligro de lo demoníaco. Entonces, cuando nace Stella, confiesa: "Oh, si ahora no escribiera dramas, me
perdería".
¿ Por qué le preocupa sin embargo en aquella temporada el sentimiento
de carecer de recursos en la vida y en el pensamiento? Le guía la veneración
~el espíritu omnipresente de creación general, pero le falta aún la comprensión necesaria de los límites de la humanidad. Todavía no los reconoce en
su ~eterminación divina. Las horas del delirio poético pasadas se le presenta
la idea de la huída como único remedio. Pero la huída proyectada no se
efectúa.

El destino dirige a Goethe camino de Weimar en lugar de a Italia. De
mala gana Y preocupados los amigos del círculo de los genios le dejan salir,
pero Goethe obedece a su ley interior. En Weimar aprende por primera vez
a reconocer la jerarquía de la sociedad y a humillarse ante ella. Sabemos lo
difícil que le resultó esa vida en la sociedad de la corte de Weimar. El respeto P,~ª lo que le rodea determina cada vez más sus acciones y su poesía.
El espmtu de la pureza llena cada vez más el corazón desgarrado, hasta que
la voluntad de abnegación se desenvuelve libremente por propio esfuerzo y
c_omienza la felicidad del trabajo tranquilo en el oficio y en el arte. A partir de entonces comprensión y respecto determinan las acciones y cartas de
Goethe. En esos momentos escribe a su casa: "Tengo todo lo que un hombre puede desear... que ha pasado la mitad de su vida y espera aJo-0 bueno
para el porvenir del dolor superado y tiene el pecho preparado par: dolores
futuros".
Cada vez más a menudo leemos confesiones como éstas, que dejan entrever la nueva ascensión. Conduce de nuevo al reino de la naturaleza. Es ella
la que ha. cautivado a Goethe con sus milagros. Pero en las Cartas de Suiza,
ante la vista de los Alpes se manifiesta claramente una contemplación alterada de la naturaleza frente al período wertheriano. La relación entre hombre Y naturaleza ha tomado nueva forma por la intuición de las leyes de lo
infinito Y de lo finito: "se renuncia de buen grado a toda pretensión a lo infinito, no pudiendo rematar en la contemplación y en el pensamiento ni siquiera lo finito". La mirada se fija en el microcosmos. Minerales y plantas
cautivan el ojo contemplador de Goethe. Sólo en contadas horas obedece a
la llamada de la misma poesía. "Mi profesión de literato está subordinada a
la vida, siguiendo empero el ejemplo del gran rey que empleaba cada día
unas horas en tocar la flauta, me permito a veces un ejercicio en el talento
que me es propio". Efectúa un enorme trabajo cumpliendo con su deber respecto a las exigencias de la comunidad. La preocupación del tratamiento de

275

�.
de 1a conscnpcion,
. . , del nombramiento de actores y .profesores
allos romeros
d Jf
tema con Ía elaboración de los rasgos íntimos en 13:5 grandes f1g~ras e i. y T asso. Las poes'1as viven su existencia tranquila en el corazonedel poegema
d
ta aislado cada vez más. Poesías como Las fronteras del hombr~: anto e
los espíritus sobre las aguas expresan el sentimiento de vener~c1?n ant_e, l~s
fuerzas de la vida y sólo de lejos resuena el trueno de un movumento titaruco en Ja Canción de las Parcas en la lfigenia.
.
El año 1781 es decisivo. Los estudios de la nat~ralez~ proporcionan a
Goethe claridad sobre Jas fuerzas que obran en la ex1stenc1a humana.. ,
Con lo que la adoración de un Di~s creador alcanza la ~?ncentrac1on ne:
cesaria por medio de la lectura en el hbro de la naturaleza: por mucho nue
vo que encuentre, no encuentro nada inesperado, todas las. co5:15 se corresponden y se juntan". El concepto fundamental de la forma msp_1~ado por los
. d L. e' da su sólido fundamento a la nueva concepc10n del munestud 10s e mn ,
.
, • y
dito
do: "el reino de las plantas preocupa de nuevo a m1 e_spm~~- a no _me
sobre esto todo se me adelanta y el enorme reino se simplifica en_ m1 alma.
' - m· fant"•:a
esencial,
con
Y no es sueno
...,.. , es un descubrimiento de la forma
.
.
,, p la
cual la naturaleza parece jugar y producir jugando la vida mul~1forme .. ero todavía la fuerza creadora no es suficiente para la abundancia de ~as. mspiraciones. Sólo la estancia en Italia lleva a Goe_the a la metamorfosis interior decisiva que determina definitivamente su imagen del mundo.
Goethe es~era acercarse en Italia a las fuerzas primitivas de la ~~~uraleza
y a los arquetipos de Ja perfección humana, barruntados en la antiguedad Y
buscados dolorosamente.
Con esto está señalada la suma de sentimientos de veneración de Goethe.
También aquí termina en el hombre la contemplación de la naturaleza de
~~

:1

,

Así como la planta gira hacia la luz, del mismo modo ~ra
~orazo~ de
hombres
hacia
la
verdad
y
gana
en
limpieza
y
belleza,
s1
se
mclm~
libres
1
os la luz. Al contrario de la piedra -&lt;orno se expresa. en eJ estud_10 sobre
hacia
el granito- el corazón humano es la parte más joven, diversa, m~v'.ble, :~riable y conmovedora de la creación. En él vive algo de aquel espmtu d1v1no que le guarda y guía.
Tan hondo es el respeto ante la naturaleza que exige el autor del hom~re.
De mil maneras se esparce este tono en la obra tardía de Goethe. Nun~ pierde en pureza. Una vez más gana fuerza y energía, cuando en su Wilh~fm
M eisters wanderjahre empieza la instrucción en las tres clases de venerac1on.
del respeto soEn 1os " an-os de peregn·nación" coloca Goethe la. enseñanza
. .
El
11 " 1
bre la del trabajo y Ja eleva hasta la esfera de la rehgios1dad.
ve en e a e
· · t o de un algo necesariamente valedero, al cual cada uno se entrereconocim1en

276

ga con todo su ser". El sale del respeto, en el cual está expresado este subjetivo
reconocimiento de lo absoluto. Donde el individuo sólo se reconoce y la ilimitada ambición de su voluntad, se impondrán la presunción y el egoísmo.
Así formula Goethe su reconocimiento. De mala gana se decide el hombre al
respeto, o mejor dicho no se decide nunca; es un sentido más elevado el que
debe ser entregado a su naturaleza, el cual se desarrolla por sí mismo en individuos particularmente favorecidos, los cuales siempre han sido considerados como santos o como dioses.
El desarrollo de este elevado sentido en el hombre debe ser cuidado desde
la niñez. Aquí empieza la educación y en este punto tiene que considerarse
su deber más alto. Los más jóvenes entienden sólo la inclinación ante un ser
superior que está sobre ellos, ante un Dios en el cielo. Así aprenden a reconocer una ley fundamental que se manifiesta en todos los fenómenos de la
naturaleza y que les libraría del miedo ante la ·fuerza de un poder superior,
tan pronto como se haya desarrollado el innato sentimiento de veneración.
Pero ya en la juventud tiene que haber una segunda veneración hacia todo
lo que se parece al hombre; él exige la libre subordinación en la cual el individuo penetra la relación con sus semejantes y así con toda la humanidad,
la relación hacia todo lo necesario y casual terrenal que lo rodea.
El grado más alto en el respeto lo alcanzan los jóvenes en lo que está por
debajo de ellos. Goethe lo llama respeto cristiano. Exige del hombre no sólo
dejar la tierra y aspirar a un origen más alto, sino reconocer la bajeza y la
pobreza, la burla y el desprecio, la miseria, la desgracia y la muerte como
cosas divinas.
Esta enseñanza de las tres clases de respeto, fáciles de aprender, está incluida por Goethe en un plan educativo en el cual ve como meta suprema
que el hombre ascienda por esos tres grados de respeto por los cuales él pasa
en la vida como creyente, como sabio activo y como cristiano: veneración ante
sí mismo. Goethe dejó a su siglo el testamento de su creencia. Al mismo tiempo lo elevó al grado de una eterna herencia al unir estos tres grados de respeto en la más alta forma de religión de la humanidad, dándole la interpretación de que un reconocimiento semejante del respeto lo expresa la mayo1ía de los hombres en el "Credo". Porque este artículo del Credo pertenece
a todos los pueblos, contiene la libertad del temor ante los dioses por medio
de la adoración.
Todas las religiones populares precristianas tienen en común la veneración
reconocida ante lo que está sobre nosotros.
Del respeto ante lo que está más abajo de nosotros, trata el segundo artículo de fe que culmina con la victoria sobre el dolor y la muerte por parte de
Cristo. El pertenece a los que luchan y están enardecidos en el dolor.

277

�De ambos respetos nace la religión del tercer artículo de f:: la _r~ligión filosófica. Ella ve en la obra general del espíritu la manifestación d1vma en el
hombre. Su fin es rebajar lo elevado y elevar lo bajo y asimilarlo al grado de
la existencia humana. Humanidad es su meta más elevada. Queda como eterno ideal tal como se ve en la unión de los tres respetos, en el respeto ante
sí mism~, ideal no alcanzado pero siempre deseable. Sin embargo pe~anece
el hecho decisivo en esta doctrina de los tres respetos, que Goethe no vio n~ca este ideal fuera de sus ideas sobre su creencia cristiana, sino que pr~c1samente en este pasaje de los W anderjahre renombra sobre todo la teolog1a de
la cruz de Cristo. El desarrollo del sentimiento cristiano, ayuda a soportar
los males y al vencimiento de las exigencias de la vida. Que
hombre
se conforme con lo irremediable: sobre esto insisten todas las religiones, cada
una trata de cumplir con este deber. La cristiana ayuda benévolamente por
la creencia el amor y espera.riza; de esto nace la paciencia.
Pero tra.: la exigencia del día, queda el sereno cumplimiento del deber. En la
carta de amonestación de Wilhelm Meister, que deja a todos los dudosos, están escritas las palabras: "Seguid cumpliendo inmediatamente, con los deb~res diarios, y examinad juntamente la pureza de vu~!~ cor~~~' Y_ l~ segundad de vuestro ingenio". Y termina con la promesa: S1 respiraIS aliviados en
una hora libre, y si encontráis la posibilidad para levantaros, entonces, alcanzaréis seguro, una buena posición contra lo superior, lo cual nos entregamos,
en toda manera, respetuosamente, para contemplar los sucesos con respeto, Y
reconocer en ellos una más elevada dirección".
Así contienen lo; años de peregrinación de Wilhelm Meister, los últimos conocimientos sobre los más altos valores espirituales.

~ª?ª

Como suma de desgracias y alegrías de su existencia, han sido ~ados en. u~a
lengua sencilla, casi bíblica, ligeramente envueltos en comparaciones e 1magenes. Han sido escritos para la humanidad. . . porque según las pal~b~as de
Goethe, lo abarca todo; aún cuando le pertenece el mundo, se dm~e su
último, lo mejor, al ciclo; él solo, aguanta al egoísmo, el contrapeso, el sanaría al mundo todos los males, por los cuales está actualmente enfermo, Y
quizá incurablemente, si por un milagro, apareciese momentáneamente en
los hombres.
Esta contradicción es resuelta por Goethe en la segunda part: de Fausto,
donde introduce la divina misericordia de la cual espera la redención humana.

LOS COMIENZOS DE LA POESfA EN LA
AMtRICA HISPÁNICA *
ALFREDO A. ROGGIANO
University of Pittsburgh
Pittsburgh 13, Pennsylvania

Nos PROPONEMOS AQUÍ DAR UNA INFORMACIÓN, escueta y documentada, de
los comienzos de la poesía española en el Nuevo Mundo, siguiendo los pasos
que jalonan el descubrimiento, la conquista y la colonización en los tres primeros centros de población y cultura establecidos por España en América:
La Española, Puerto Rico y Cuba. El orden cronológico que hemos resuelto
seguir -ya se habrá advertido-, no es el estricto de los descubrimientos (La
Española y Cuba fueron descubiertas en el primer viaje de Colón, en 1492;
Puerto Rico, en el segundo, en 1493), sino el de la colonización, la cual comenzó en Cuba después de haberse iniciado en las otras dos islas antillanas.
Asimismo, la similitud de los hechos acaecidos en las tres hermanas mayo1es de las Antillas nos permite hacer ciertas consideraciones previas, de carácter general y de validez común. Veamos.
Tres siglos comprende la dominación española en América, el XVI, el
XVII y el XVIII: confuso e indeterminado, en más de un aspecto, el primero; el más complejo, definido y estable el segundo; claramente individualizado, con personalidad propia y neto perfil diferenciable el tercero. Durante
este lapso, llamado época colonial por algunos y período hispánico por otros,
España trasladó e impulsó a sus dominios de ultramar, como es sabido, su
lengua, religión, instituciones, formas de vida y de su cultura. Magna empresa de posesión física, misión evangelizadora y sustitución de todo lo indígena
que, con justicia o no, se la ha llamado "conquista espiritual". Todos los recursos y fuerzas de la acción, el pensamiento y la fe fueron puestos al servicio
de tales designios. Se comprende que las artes y las letras -en especial la li• Capitulo de una Historia de la Poesía en la América Hispánica próxima a aparecer.

278

279

�teratura didáctica, el teatro y la poesía- resultan ser, entre otros, los medios
más eficaces para cumplir los fines de la hispanización.
Las diversas formas literarias cultivadas en la Península, unas en mayor
grado que otras, pasaron al Nuevo Mundo, salvo conocidos casos de exp~esa
prohibición oficial, no siempre cumplida en la práctica. En lo que se refiere
a la poesía, ésta entró en América por la doble vía de lo popular Y lo_ culto.
Los séquitos que acompañaban a descubridores, encom~nderos, conqu1sta~oies, se componían de todo tipo de gentes. Unos procedian de la clase social
aristocrática y de educación cortesana; otros no. Entre lo~ s?lda?os r~s Y la
servidumbre, acorde con jerarquías y rangos al uso que distmguia a senores Y
vasallos, hubo gente de pueblo, a menudo iletrada, aunque por lo general embebida, como hecho natural y común, en la experiencia directa del folklore Y
la tradición oral de la poesía anónima. Ellos fueron los portadores de abundantes muestrarios de coplas, refranes, cantares, décimas y romances. E~ta fue
la primera poesía en lengua española que se difund~ó en. t~a la extensión ~e
la colonia: Luego vino el misionero y con él la poes1a religiosa; teatro, canciones villancicos etc. usados más con intención didáctica que poética. La creació~ de centro; de ~ultura, como algunos colegios y universidades, dio entrada
al humanista y al clérigo de alta formación escolástica, quienes introdujeron la
literatura clásico-latina, ya en traducciones realizadas dentro d~l marco, d_e la
vida académica y profesional, ya como ensayos de creación propia. Por ultimo,
con el poeta consagrado y alerta a las novedades europ_eas empeza_ron a surgir los primeros brotes innovadores derivados de la Italia ren~cent~sta.
Como observación general es preciso reconocer que la poes1a hispanoameiicana ( y en general su literatura y otras manifestaciones de arte
de
tura) nació con la madurez del Siglo de Oro español, Y que adopto sus ~odulos de mayor prestigio, en formas y contenidos.. El tr~pl:1°te fue rápido,
, ·1 y sm· resistencias en regiones donde las comunidades md1genas eran muy
fac1
~
d f' . .
1
primitivas O poco desarrolladas. Allí el impacto esp~ol f~e e m1t1vo, as
expresiones literarias traídas de la Metrópoli permanecieron intactas Y 1~ poco que se escn'b'io' ,.n
, contacto con la naturaleza y los hombres descubiertos
·
d
·
ver
alguna que otra coloración diferenciable.
apenas s1 eJa
, . Pero. algo muy
dii;tinto ocurrió, por fortuna, cuando lo español se enfrento a 1mpeno~ tan desarrollados como el de los aztecas, mayas e incas. En estas zonas, de n:o f~ndo
· y presiones
·
d e todo género, ya no se puede hablar de . sustituciones
artístico
absolutas, sino de cambios y transformaciones que fecundan por igual ,ª lo es~ 1 como a lo amen·cano . y lo que surge es un producto nuevo, llamese
pano
. o
no literatura O poesía criolla, que asimila e integra los elementos predomma~te activos y definitorios tanto de lo foráneo como de lo autóctono. En Mes,
·
'd t 1
xico y Perú sobre todo, y ya en el primer siglo de la colorua, es eVI en e a

'!

280

cu!-

elaboración de una sensibilidad y un modo de ser novohispanos distintos de
los peninsulares ( y también de lo propiamente indígena), resultado de la
fusión racial, sobre el fondo de tres estratos sociales: indios, mestizos y criollos, cuya presión y fuerza crece con ingredientes de la naturaleza y el medio,
los préstamos lingüísticos, modos de ver, de sentir y de pensar propios de la situación, el lugar Y el momento. El conjunto de todos estos elementos encontrados
Y disímiles se unen y amasan para definir matices y rasgos de lo individual americano y nacional, con actitudes propias y tonos originales que dan a la producción naciente conciencia de sí misma, naturaleza independiente y carácter de
autenticidad.
En Santo Domingo y Puerto Rico, como veremos enseguida, la hispanización,
por falta de elementos acuñados que lo impidieran, penetró profundamente y
logró ~l m~imo y más perdurable arraigo. El indio fue sustituido por el negro,
cuya s1tuac1on de esclavo y su natural primitivismo lo convirtieron en materia
dócil al some~imiento. Será necesario que transcurra largo tiempo para que algo suyo se deJe ver en las manifestaciones literarias y artísticas. En Cuba ocurre algo similar, pero con más claras y decisivas evidencias de esas penetraciones "desde abajo" en la poesía importada, cuyos resultados, sorprendentes e imprevisibles, tanto estimamos hoy en la llamada poesía negra.
La condición peculiar de la poesía hispanoamericana nos pone frente a otros
pro~lemas. P?r ejemplo, el de la falta de un paralelismo -ya notado por Fedenco de Oms- en el desarrollo de los géneros literarios, la sucesión de los "ismos", la variación y ensanche de la nomenclatura preceptística, y, lo que es fundamental, imposibilidad de determinar valores, como suele hacerse, según la
confrontac1on con modelos europeos. Hay en nuestras letras un ritmo diferente
que no se puede seguir en orden sucesivo y conforme al vaivén de los ciclos es~
téticos tal como se produjeron en Europa. Nuestro ritmo no es pendular sino simultáneo, de campana que suena y mezcla en el tiempo y el espacio lo; sonidos
con los ecos. Por eso, si seguimos un orden histórico lineal, lo hacemos para buscar en la serie cronológica, ese acaecer simultáneo de la multiplicidad creadora, convenc(dos de que en un mismo tiempo y lugar las líneas se cruzan y los
hechos funcionan_ dentro de una relación de interdependencia. Un ejemplo, destacado por Fedenco de Onís: "La popularización de la décima y la glosa -formas complejas de la poesía culta del Siglo de Oro, que nunca se popularizaron
en España- y la preferencia por los vocablos más cultos y literarios, que son
característica5 de la poesía popular americana, vienen de la época colonial". Asimismo se verá el empleo de formas y especies cultas en composiciones narrativas
donde la poesía española usa con preferencia lo popular. Y en cuanto a la ident'.fica:ión de períodos históricos con tal o cual tipo especüico de producción poética solo alcanza a tener una validez muy general, cuando no vaga e impreci-

!~

281

�.
.
·tad del siofo XVI se difunden y ~ul ovan
el
sa Decir que en la prunera mi
º d
·tad del mismo siglo se ca.
que la segun a mi
romance, la copla y e1 cantar, y
' d tipo italianizante, mientras que
d inio de la poesia e
l
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racteriza por el pre om
. T ca que una forma exc uya
el siglo XVII es totalmente barroco, no . sigm i lo largo de toda la colonia,
ces y coplas persisten a
t
las otras. Porque roman
.
orlemos decir del soneto, la octava y o ras
el siglo XIX y el XX; lo mismo _P
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sirviéndole de vehículo. A
. .
b .. d debaJO del arroco o
, .
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. .
r entre los carriles neoclas1cos y acasu vez el barroco se extiende e mfiltra po .
de sorpresa la calculada ceVIII
. ece con pnmores
démicos del siglo X
' ennqu
11
cumbres alcanzadas en poetas
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del siglo XX.
h
'do oportunas pasaremos ahora a
· s que emos cre1
'
.
Hechas estas ac1aracione '
.
d 1 poesía hispanoamencana en
.
metida de los comienzos e a
dar la revista pro
d 1 actividad mundonovista.
los tres primeros centros e a

I. EN

LA

ESPAÑOLA

a) Fondo hist6rico y cultural.

_ 1a, •is1a que hoy ocupan la
l' arribó a la Espano
En diciembre de 1492 Co o_n,
.d.
español ya plenamente for. .
Haití Con e1 i ioma
, .
República Dorrumcana y - . así como sus sucesores, trajeron a Amenmado Colón y sus acoropanantes, .
I
e España podía ofrecer en' .
d la meJor cu tura qu
.
1
ca las pruneras muestras e
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llegar el misionero, el cronista, e
tonces. Junto al conquistador ~o ~: enl d
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1 c1ent1fico e e uca O ,
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más hermosa cosa de roun o o
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a conocer al mundo civilizado
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, b'to espiritual y humano a cuyo m'b ,
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.
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do a oco de establecida Santo Domingo
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. dad capital, se dice que se a nom
como c1u
Mundo".1

La "Hispaniola", según la latinización con que la mentan Antonio Gallo
y P. Mártir, fue el "único país del Nuevo Mundo habitado por españoles
durante los quince años inmediatos al Descubrimiento" y "el primero en la
implantación de la cultura europea".2 "En diez años, los españoles sojuzgaron con poco esfuerzo a los indios, y para 1505 tienen fundadas diez y siete
poblaciones de tipo europeo, sin contar las fortalezas: la Isla Española vino
a ser el centro de la trasplantada cultura occidental durante treinta años, y
su principal ciudad, Santo Domingo, fundada en 1496, será la capital del
Mar Caribe hasta mediados del siglo XVIII". 3 Grata y regalada debió ser
la vida en aquel lugar, donde Colón cuenta que halló "la mayor dulzura del
mundo" y Gonzalo Femández de Oviedo, en su Natural Historia de las Indias, asegura que "además de haber muy ricas minas y mejor oro que hasta
hoy en parte del mundo en tanta cantidad se ha hallado ni descubierto...",
etc. Pedro Henríquez Ureña, el máximo historiador de la cultura dominicana, afirma que "la isla conoció días de esplendor vital durante los cincuenta
primeros años del dominio español: cuando allí se pensaban proyectos y organizaban empresas para explorar y conquistar, para poblar y evangelizar".4
Las Casas habla de "la grandeza, capacidad, humanidad, templanza, suavidad, riqueza, felicidad y excelencia de esta Española sobre las otras islas".5
Pero hoy se sabe que en aquella región no hubo riquezas que colmaran las
esperanzas de sus avecinados y que, pasado el primer entusiasmo y defraudada toda ilusión, el transitorio morador hubo de tentar nuevas aventuras. Otras
tierras descubiertas, con mayores riquezas materiales y grandes tesoros artísticos,
como los de México y Perú, resultaron ser las preferidas. La Española y sus
hermanas de las Antillas quedaron relegadas a escalas de tránsito en la poste(Buenos Aires, 1936. Cito por el texto incluido en la edición de la Obra crltica de P.
H. U. (México: Fondo de Cultura Económica, 1960), pp. 331-444. Véase también V.
LLORÉNs CASTILLO, Vida cultural de Santo Domingo en el siglo XVI, en Revista Cubana (La Habana, XV, 1949) pp. 176-205, MAx H!!NRÍQUEZ UREÑA, El retorno de
los golenes y otros ensayos (México: Colección Studium, 39, 1963) pp. 62-66, y M.
MENÉNDEZ Y PELAYO, Historia de la Poesía Hispanoamericana (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1948, t. I, pp. 287 ss.
• PEDRO HENRÍQUl!Z UREÑA, La cultura. .. loe. cit., p. 335 Jaime Delgado dice que
Diego Colón estableció en Santo Domingo, desde 1504, " ... una ,·erdadera corte del
Renacimiento" (La cultura en la Colonizaci6n de América, en BOLÍVAR, Bogotá, Año
XII, Núms. 55-58, Enero-Diciembre de 1960), p. 36.
' PEDRO HENRÍQ.UEZ UREÑA, Literaturas de Santo Domingo y Puerto Rico. Santo
Domingo, en PRAMPOLIN1, Historia Universal de la Literatura (Buenos Aires: Uteha,
1941, t. XIII, p. 78.
• PEDRO HENRÍQUl!Z UREÑA, La cultura ... loe. cit. p. 336.

i

282

las letras coloniales en Santo Domingo
PEDRO HENRÍQ.UEZ UREÑA, La cultura y

' LAS CASAS, Apologética. Historia de las Indias.

283

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te arrui•
•,
6 y desde 1550 qued6 defimtivamen
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7

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Algo, muy poco, tema e m
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V'
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la formac1on e un
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tribuye al cura don Juan azquez.
pudieron enarbolar que1as como esta que se a

Ayer español nací,
a la tarde fui francés,
a la noche etíope fui;
hoy dicen que soy inglés. ..
N O sé qué será de mí.
. ado como "la Primada de
D . o debe ser cons1der
No obstante, Santo omm~
d del sentido de la justicia que pone e~
América", adelantada de la liberta y l d
nc·1as de los frailes Montes1d.. , humana ( as enu
Pie de igualdad la con ic1on
. ·u ) , como del orden intelectual y
b r , d Ennqu1 o as1
nos y Las Casas, la re e ion e
' t ontinente la venida de los
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,
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religioso (co1eg10s, 1o esi
. . , d 1 primeros poetas y escritores) •
.
hombres
de
ciencia
y
la
apanc1on
e
os
pnmeros

lo que nos importa es, ante todo y por sobre cualquier otro valor, su realización artística, su calidad estética. En Santo Domingo hubo poetas desde el
primer momento inmediato a los sucesos de la conquista. Juan de Castellanos 11
da testimonio de ellos:

hay tan buenos poetas, que su obra
podría dar valor a nuestra obra.
Castellanos es, entre otras, una de las fuentes imprescindibles para conocer
los nombres de algunos de los más antiguos ingenios que escribieron versos en
aquella región. Pero si Santo Domingo es "el primer país de América que produjera hombres de letras", "los que conocemos no son anteriores a los que
12
produjo México". Dejando de lado esta cuestión de prioridad cronol6gica, no
cabe duda de que en "la predilecta de Colón" se cultivaron diversas manifestaciones literarias que ya eran formas, especies y géneros bien definidos en
Europa: versos en latín y en castellano, poesía culta y poesía popular, teatro,
13
etc. Hoy está perlectamente demostrada la difusión de la poesía española
de tipo tradicional y popular, los romanceros de los siglos XV y XVI, a lo
largo de los tres siglos del coloniaje. 14 En algunos casos la trasmisión oral del
romance sufrió variantes considerables; en otros, como los dos que recoge Ed15
na Garrido, aunque la procedencia hispana resulta incuestionable, el cotejo con el original no ha podido ser verificado, "puesto que no les he encon11 JUAN DE CASTELLANOS ( 1522-c. 1607) escribi6 en la segunda mitad del siglo XVI,
la Primera Parte de las Eleglas de varones ilustres de Indias, que fue impresa en Madrid

en 1589.
11

Las otras tres no se publicaron hasta bien entrado el siglo XIX.

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA, Obra crítica, ed. cit., p. 336.

b) La poesía y sus poetas.

Por más que la poesía sea un hecho de cultura, cuando a ella nos referimos
• PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA, La cultura,

loc.

't

CI •

p

•

337. MENÉNDEZ y PELAYO,
'

Historia. .. ed. cit., I, p. 290.

, 1 . da intelectual de la isla durante los tre_s si, Sobre la situaci6n en que quedo a v1U •
V'da intelectual de Santo Domingo,
p
H NRÍQUEZ RENA, 1
d l
glos del coloniaje, Ver. EDRO E 134 ·
PEDRO TRoNcoso SÁNCHEZ, Aspectos e, a
en Obra critica, ed. cit., pp. 124' y
Ai
Segunda Epoca, Año VII, Num.
. . na' en Nosotros (Buenos
res,
Cultura D ommica

91. Octubre de 1943) pp. 3-20; n la República Dominicana, en Revista !bero_ame• ALEJANDRO Qu1JANO, Poes1a e
20)
PEDRO HENRÍQUEZ URENA, Litera.
(VOI XI Núm. 21 junio de 1936, p.
' y
ncana
•
'
• '
•
135-138.
t
llist6rica Obra crítica, ed. cit., pp. .
.
336-337.
ura
' fQUEZ UREÑA' Obra critica, ed. cit., pp.
• PEDRO HENR
10

284

" ldem, La Cultura ...; MENÉNDEZ Y PELAYO, Historia..., ed. cit., I , pp. 387 ss.;
MAx HENRÍQUEZ UREÑA, Panorama hist6rico de la literatura dominicana (Río de Janeiro: Ediciones Artes Gráficas, 1945); Jdem. República Dominicana, en G. DÍAz
PLAJA, Historia General de las Literaturas Hispánicas (Barcelona: Editorial Barna,
S. A., 1956), t. IV. Primera Parte, pp. 443-460; APOLINAR TEJERA, Literatura dominicana (Santo Domingo, 1922 ).
1&lt; Véase: PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA, Romances en América, Obra crítica, pp. 579594; EMILIO RooRÍOUEz Dn1:0R1z1, Del romancero dominicano (Santiago, República
Dominicana: Editorial "El Diario", 1943); Jdem., Poesía popular dominicana (Ciudad Trujillo, 1938); EDNA GARRIDO, Versiones dominicanas de romances españoles.
Recogidas y anotadas por... (Ciudad Trujillo: Poi Hermanos Editores, 1943); FLÉRIDA DE NoLAsco, La poesía folkl6rica en Santo Domingo ( Santiago, República Dominicana, 1946). MANUEL JosÉ ANDRADE, Folklore de la República Dominicana
(Ciudad Trujillo: Editora Montalva. Publicaciones de la Universidad de Santo Domingo), 1948; 2 volúmenes.
10

EDNA GARRIDO, op. cit., p. 9.

[dem, p. 336.

285

�rras de Indias no se verifica antes de 1583,2º pero cabe suponer que el conquistador vino con la memoria cargada de ese rico patrimonio común. Imposible
resulta no admitir que con él pasaran a este lado del Atlántico flores del
Cancionero general ( el de Remando del Castillo apareció en Valencia en
1511) 21 o del tipo de cantares, coplas y poesía satírica y de burlas, como las
del Cancionero de obras de burlas provocantes a risa, que es de 1519. Cancionero y romanceros, al igual que otras formas de la anónima poesía popular,

16

trado parentesco alguno con ningún romance español". Lo más ':°mún es
hallar versiones de los romances viejos, " ... y de los romances espanoles que
,, i1 M é
andan en boca de las gentes, y de los muchachos, por esas ca11es •
en ndez Pidal sostiene que el romancero antiguo "era continuament: ~~forz~do
entre los criollos por los peninsulares que allá iban. Así, en la primitiva literatura americana se encuentran lo mismo que en la de la Península, multitud
de alusiones. Un par de ejemplos: Lázaro de Bejarano, natural de Sevilla,
en unas décimas satíricas escritas en 1552 en Santo Domingo, censura a Alonso de Maldonado Presidente de la Real Audiencia, por su descuidado gobier'
N , " .
no, y acaba una décima con los dos hemistiquios del romance de eron gritos dan niños y viejos, y él de nada se dolía", el mismo verso que el P. ~as
Casas pone inadecuadamente en boca de Cortés.18 Pedro Henríquez Ur:na,
Emilio Rodríguez Demorizi, Edna Garrido y Flérida de Nolasco han estudiado
a fondo, documentado y dado muestras del paso de romances, refranes, c~plas
y otras formas de la poesía tradicional, popular y hasta vulgar de Espana_ a
Santo Domingo. 19 El registro documentado del paso de los romanceros a t1e" !bid.
" CERVANTES, Quijote, Segunda Parte, cap. XXVI. R. MENÉNDEZ PIDAL i~oi:m_a:
" ...esos primeros colonizadores salieron de España a fines del siglo XV Y principios
del XVI, en Ja época precisa en que el romance estaba en boga entre todas 1:1"., clases
sociales de Ja Península. Todos los recordaban y tenían presentes en la memoria (Los
Romances de América. Buenos Aires: Espasa-Calpe Argentina, S. A., 1939, P· 8). En
otro Jugar escribe M. PIDAL: "La repercusión en América de todo romance nuevo famoso nos Ja certifica Cervantes en el entremés del 'Rufián viudo', etc." (Romancero
hispánico, Madrid: Espasa-Calpe, S. A. 1953), t. 11, p. 2,3~. Véase tam~ién: JUAN
ALFONSO CARRIZO, La poesía tradicional de Hispano-Amer~ca; en G. DIAz PLAJA,
Historia General de las Literaturas Hispánicas, ed. cit., IV, Primera Parte, pp. 289-314.
u MENÉNDEZ PIDAL, Romancero hispánico, II, p. 232; JUAN ALFONSO C~RRIZO, Antecedentes hispano-medievales de la poesía tradicional argentina (Buenos Aires, 1945),
p. 63; PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA. Obra crítica, p. 719,. nota 2.
1• Véase nota 14. Acerca del "popularismo" en poesía véase: GERMÁN BLEIBERG, en
Diccionario de la literatura española (Madrid: Revista de Occidente. 2a. ed., 1953) PP·
580-581. Sobre la poesía popular en España consúltese: M. M1LÁ Y FoNTANALS, Observaciones sobre la poesía popular ( 1853), De la poesía heroico-popular castellana
(1874), De los trovadores en España (1861), en Obras completas.de M1LÁ editadas por
MENÉNDEZ y PELAYO (Barcelona, 1888-1896; 8 vols.; en especial en VIII); EMILIO
LAFUENTE y ALCÁNTARA, Cancionero popular. Colección escogida de coplai Y seguidillas (2a. ed., Madrid; Bailly-Baillere, 1865); FRANCISCO RODRÍGUEZ MAR.ÍN, Cantos
populares españoles (Sevilla: 1882-1883; 5 vols.; hay edición argentina en un volumen:
Buenos Aires: Editorial Bajel, 1948), MARGIT FRENK ALATORRE, La lírica popular en
el Siglo de Oro (México, 1946); ANTONIO SANTULLANO, La poesía del pueblo. Romances y canciones de España y América (Buenos Aires: Librería Hachette, 1955);

286

Juuo CEJADOR Y FRAUCA, La verdadera poesía castellana. Floresta de la antigua lírica
popular (Madrid, 1921-1930; 4 vols.).
Conocida es la discrepancia de MENÉNDEZ PmAL con la doctrina de B. CROCE y su
seguidor AuRELIO RoNCAGLIA. CROCE, basado en la teoría romántica del Volkslied,
opone "poesía popolare" (Volkspoesie) a "poesia d'arte" (Kunstpoesie). M. ProAL
sostiene que la poesía popular también es obra de arte, y, para evitar confusiones, establece: " ...el nombre tan arraigado de poesía popular debemos sustituirlo por el
concepto y nombre cientHico de poesía tradicional" (Romancero hispánico, I, p. XV).
Nosotros entendemos que la nueva denorrúnación adoptada por M. PIDAL se refiere a
cierto tipo de poesía, pero que no resuelve totalmente el problema del "popularismo",
especialmente en América donde la poesía negra, la gauchesca o el corrido son populares pero no poesía tradicional. Y hay poesía culta que sigue una tradición pero que
no es popular. Por eso mantenemos las designaciones de poesía popular y poesía culta,
.al margen de las cuestiones de tradición y arte.

•

1

'º MENÉNDEZ ProAL, Romancero hispánico, II, p. 231; IRvrno A. LEONARD, Romances o/ Chevalery in the Spanish Indies (Berkeley, California: University of California Press. Publications in Modern Philology, 1933) ; I dem., Books o/ the Brave ( Cambridge, Massachussetts: Harvard University Press, 1949); JosÉ TORRE REvELLO, El
libro, la imprenta y el periodismo en América durante la dominación española (Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras: Instituto de Investigaciones
Históricas, Núm. LXXIV, 1940).
., El primer Cancionero de romances se publicó en Amberes, sin fecha, pero se
admite la del año 1545. Véase la edición facsimilar con una introducción de R. 'MENÉNDEZ PmAL (Madrid: Centro de Estudios Históricos. Junta para ampliación de
estudios, 1914). A fines del siglo XV o a principios del XVI pertenecen los ocho cancioneros españoles existentes en la Biblioteca Nacional de París, catalogados por MuSAFIA ( Per la bibliografia dei cancioneri spagnuoli, 1900). El Cancionero General,
reunido por HERNANDO DEL CASTILLO, fue publicado por primera vez en Valencia en
1511 (Véase edición de Bibliófilos Españoles, 1882; 2 vols. De la de 1520 hay edición
facsimilar hecha por A. M. HuNTINGTON. New York 1904). El Romancero general se
empezó a publicar en 1600; el Romancero espiritual. . . de V ALDIVIESO es del siglo
XVI. Habría que agregar cancioneros. a lo divino y musicales; músicos como JuAN DE
ANCHIETA, maestro de la Capilla Real, componían música sobre motivos y letras populares. Ejemplos de esta índole se encuentran en el Cancionero musical de los siglos
XV y XVI (1890), de FRANcrsco DE AsENJO BARBIERI. Véase: PEDRO HENR.ÍQUEZ
UREÑA, Música popular de América (Conferencia dada en La Plata, Argentina) en
Obra crítica, passim, pp. 627-658; KuRT ScHINDLER, Folk Music and Poetry o/ Spain
and Portugal (New York: Hispanic Institute in the United States, 1941); JEsÚs BAL

287

�llegaron mezclados para enriquecer el suelo indígena, creando una co~rien_te
de espontánea y entrañable persistencia en nuestra lírica,. cuyo estudio s1;temático se inició en el presente siglo y cuyos resultados finales son ~odav1a
imprevisibles. Si como afirma Pedro Henríquez Ureña, "Santo ~ommgo es
de los países más españoles de América",22 se comprende que allí el pueblo
repita improvise recite y cante romances, décimas, redondillas "y también
,
'
d " 23
coplas de cuatro versos, más comúnmente aconsonantadas que asonan~ ~ ,".
Claro que, como estas muestras se recogen de la tradición o~al, lo ~as d1f1c1I
es darle una ubicación cronológica. No ocurre así cuando el 1mprov1sador podop ular es conocido' como es el caso de la figura de un Meso Mónica, negro
,
minicano cuya estirpe se prolonga hasta los tiempos casi contemporaneos en
otro "Negrito Poeta", el mexicano José V asconcelos que recuerdan Rodríguez
Demorizi y Alejandro Quijano,24 superviviente en cierto aspecto de la poesía actual de Manuel del Cabra!.
Para el conocimiento de los primeros poetas dominicanos que versificaron
dentro de la tradición culta, contamos -como hemos dicho-- con las noticias
de Juan de Castellanos y de Eugenio de Salazar de Alarcón, ~bos peninsulares que estuvieron en América durante el siglo XVI. El primero, en sus
Elegías de varones ilustres de Indias ( 1589), menciona a FRANCISCO DE LIENDO (1527-1584), "ínclito canónigo", de quien nada se conserva. El segundo,
en su Silva de poesía (Ms. de la segunda mitad del siglo XVI, que se conserva en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Madrid; en parte publicado por Gallardo, Ensayo . .. , IV, 326-395), elogia a tres ingenios nativos: "la ilustre poeta y señora" doña ELVIRA DE MENDOZA, la "ingeni~sa
poeta" doña LEONOR DE OvANDO, y un tal FRANCISCO TosTADO DE LA PENA,
quien recibió a Salazar (nombrado Oidor de Santo Domingo
1573) co~
un soneto laudatorio, el cual fue contestado con otro que empieza con el siguiente verso: "Heroico ingenio del subtil Tostado".
Con LEONOR DE OVANDO inicia Pedro Henríquez Ureña la breve antología
que agregó a su erudito estudio sobre La cultura y las letras coloniales en San-

:n

GAY, Romances y villancicos españoles del siglo XVI. Dispuestos en edici6n moderna
para canto y piano (México: La Casa de España en México, 1939); MANUEL GARCÍA BLANCO, El Romancero; en G. D.ÍAZ PLAJA, Historia General de las Literaturas.
Hispánicas, op. cit. II, pp. 3-51.
" PEDRO HENR.ÍQUEZ UREÑA, Obra Critica, p. 580.

y

Ibid., p. 579.
u Poesía en la República Dominicana (véase nota 8); JosÉ Luis MARTÍNEZ, De
poeta y loco (sobre 1il negrito poeta). (México: Los P~esentes, _1956); N~c~LÁs L~~N,
El negrito poeta mexicano y sus populares versos ( Culiacán, Smaloa, MeXlCO: Ed1c10nes Culturales del Gobierno del Estado de Sinaloa, Vol. VII, 1961 ) .
21

288

to Domingo (Buenos Aires, 1936). De los cinco sonetos allí reproducidos, el
cuarto puede ser parcialmente recordado:
Pecho que tal concepto ha producido
la lengua que lo ha manifestado,
la mano que escribió, me han declarado
que el dedo divinal os ha movido.

Parece que el soneto llegó a Santo Domingo con Lázaro Bejarano, en 1535;
citado por Castellanos, junto a otros peninsulares radicados en la isla que
versificaban según los gustos de la escuela sevillana, llevada a México por
Gutierre de Cetina. Castellanos menciona también a ARcE DE Qumós, a DIEGO DE GuzMÁN y a un primo de éste de nombre JuAN GuzMÁN. El siglo
XVII se vio honrado con la visita de Tirso de Molina, quien da noticia de
un certamen celebrado en honor de la Virgen de la Merced, en 1616, "autorizando la solemnidad con el crédito de los ingenios de aquel nuevo orbe".
En este siglo escriben en latín dos versificadores nativos de la isla: BALTASAR
FERNÁNDEZ DE CASTAÑO, arcediano de la catedral, y Fray Draoo MARTÍNEZ.
Y puede que otros versos y poetas, así del siglo XVI como del XVII y del
XVIII. Los que por ahora conocemos apenas si llegan a ser mera curiosidad
histórica e interesan más a la historia de la cultura que a la de la poesía. Con
razón destacados antologistas los han excluido de sus selecciones.2~ Será preciso llegar al siglo XIX para encontrar alguna composición de mérito.
'" FEDERICO DE ONfs, en la Antologie de la poésie ibéro-americaine (París: Les Editions Nagel (ColJection Unesco d'Ocuvres Répreséntatives. Série lbéro-Americaine,
Núm. 9, 1956), empieza con FRANCISCO MuÑoz DELMONTE; en esto sigue a MENÉN•
DEZ v PELAYO, seguido a su vez por BAZIL, ÜYUELA y E. MoRALEs ( Antología de Poetas americanos. Buenos Aires: Santiago Rueda, 1941). Otros antologistas empiezan con
JosÉ JOAQUÍN PÉREZ, M1cHAEL DE V1T1s, Florilegio del parnaso americano. Selectas
composiciones poéticas. Barcelona (¿ 1927?); Juuo CAILLET Bo1s, Antología de la poesía hispanoamericana. (Madrid: Aguilar, 1958). JOAQUÍN BALAOUER inicia sus Letras
dominicanas ( Santiago, República Dominicana: Ediciones El Diarfo", 1944), con FABIO FIALLo; lo mismo hacen THoMAS WALSH (Hispanic Anthology. New York and
London, 1920) y LEOPOLDO PANERO (Antología de la poesía hispanoamericana. Madrid: Editora Nacional, Vol. I, 1944). JoRGE CAMPOS (Antología Hispano-Americana.
Madrid: Ediciones Pegaso, 1950) es todavía más riguroso: empieza con SALOMÉ UREÑA DE HENRÍQUEZ. Como primicia hemos revelado en nuestro libro Pedro Henríquez
Ureña en los Estados Unidos (México, 1961) la existencia de la más completa selección de Poetas dominicanos, recopilada y precedida de notas biográficas y bibliográficas sobre los autores, por PEDRO HENRJQUEZ UREÑA, cuyo manuscrito se guarda en
la Biblioteca del Museo Nacional de Santo Domingo. El director de dicho Musco, D.
Félix M. Pérez Sánchez, hizo sacar cinco copias a máquina que depositó en las siguien-

289
Hl9

�2. EN PUERTO RICO
Puerto Rico "descubierta en el segundo viaje de Colón ( 1493) y coloni'
.
zada desde 1509 estuvo poco poblada durante largo tiempo y en consecuencia
tuvo escasa actividad de cultura. Allí residió breves años, como obispo, Y
allí murió ( 1627), el gran poeta hispanomejicano Bernardo de Balbuena,
que lleva la voz original de América en el concierto de la poe~ía barroca de
su época: en el asalto que hicieron piratas holandeses a la ciudad de San
Juan el año de 1625, incendiando el palacio episcopal, se perdieron cuatro
obras suyas, según noticia de uno de sus admiradores".26
Puerto Rico fue objeto de las primeras y mayores crueldades de la conquista.
La devastación fue casi total. A fines del siglo XVI quedaban muy pocos

indios. Los beneficios de la religión y la enseñanza escolar no parecen haber
alcanzado a ellos, si bien los franciscanos se encargaban de ambas cosas desde
1513, y en 1645 se dispuso la enseñanza de la gramática en el convento d_e
los dominicos "para los vecinos que la quisieran estudiar". No hubo all,í universidades, ni imprenta hasta el siglo XIX. Todo hace pensar en un paramo
cultural donde no había oasis para las artes y las letras. Por lo menos en el
siglo XVI no se registra un solo nombre de poeta de la corriente culta. En el
siglo XVII, además de la presencia de Balbuena, quien se hizo cargo de la
diócesis en 1623 y allí escribió parte de su poema épico El Bernardo, sabemos
que otro obispo, Fray DAMIÁN LÓPEZ DE HARo, que _ocupaba la silla en 1644,
era poeta. A él se le atribuye un soneto sobre la ciudad de San Juan, que
diri!ció
a una dama residente en La Española. Es el siguiente:
o
Esta es, Señora, una pequeña islilla
falta de bastimentas y dineros;
andan los negros, como en ésa, en cueros,
y hay más gente en la cárcel de Sevilla.
Aquí están los blasones de Castilla
en pocas casas; muchos caballeros,
tes instituciones dominicanas: Biblioteca de la Universidad de Santo Domingo, Archivo
General de la Nación, Secretaría de Educación, Museo Nacional y Biblioteca Pú~lica
del Consejo Administrativo. Poseemos una copia a maquina que nos fue obsequ1~da
por el Dr. Thomas B. Irving, profesor de la Universidad de Minnesota. Esta selecc16n
comprende desde Francisco Morillos hasta Francisco Xavier Foxa.
• PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA, Puerto Rico, en Prampolini ( véase nota 3), p. 86;

MAx HENRÍQUEZ UREÑA, El retorno de los galeones . .. , pp. 76-78.

todos tratantes de gengibre y cueros,
los Mendoza, Guzmanes y Padilla.
Hay agua en los aljibes si ha llovido,
Iglesia catedral, clérigos pocos,
hermosas damas faltas de donaire.
La ambici6n y la envidia aquí han nacido;
mucho calor, y sombra de los cocos,
y es lo mejor de todo un poco de aire.

El suceso artístico más notable del siglo XVII hispanoamericano lo constituye el barroco. Balbuena le da carta de ciudadanía en México y prosigue
su obra en Puerto Rico. Sin embargo, el único poeta puertorriqueño del siglo
XVII, FRANCISCO DE AYERRA v SANTA MARÍA ( 1630-1708), vivió y escribió
en la Nueva España. Por lo que parece más lógico considerarlo como mexicano, y más bien fuera del marco artístico de la isla, a pesar de que, por su
nacimiento, sea puertorriqueño.27
La poesía de tipo tradicional y popular vino a compensar, en parte, la
aridez de ese "desesperante desierto cultural".28 Su raíz es también hispánica,
refranes, coplas, décimas y cantares. Dejando de lado el problema de la cronología, siempre imprecisa cuando se trata de transmisiones orales, es indudable que, como apunta el profesor Aurelio M. Espinosa,29 el investigador
Alden Mason "logró reunir en Puerto Rico una de las colecciones más ricas
del folklore americano".30 Tan abundante cosecha ha hecho pensar a Fran., Véase: CESÁREO RosA-NIEVES, Francisco de Ayerra Santamarla, poeta puertorriqueño (San Juan, Puerto Rico: Imprenta Venezuela, 1948); Idem. La poesla en
Puerto Rico (sda. ed. San Juan: Editorial Campos, 1958), pp. 21-36; FRANCISCO
MANRIQUE CABRERA, Historia de la poesía puertorriqueñ11 (New York: Las Américas
Publishing Co., 1956), pp. 17-65; JOSEFINA RIVERA DE ÁLVAREZ, Visi6n hist6rico-crítica
de la literatura puertorriqueña, en el volumen conjunto titulado Literatura puertorriqueña. 21 con/erencias (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1960), pp.
35-64. (Para Los tres siglos iniciales, pp. 35-43): Idem. Diccionario de literatura
puertorriqueña (San Juan: Ediciones "La Torre", 1955); EMILIO CARRILLA, El gongorismo en América (Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras:
Instituto de Cultura Latino-Americana, 1946), pp. 41-42.
.. ANTONIO S. PEDREIRA, lnsularismo; ensayos de interpretaci6n puertorriqueña (Madrid: Tipografía Artística, 1934), p. 56.
'" AuREuo M. ESPINOSA, "Romances de Puerto Rico", en Revue Hispanique, Vol.
43, agosto de 1918, p. 309. (Hay sobretiro editado por Bailly Baillére, Barcelona, 1918).
• Véase: Journal o/ American Folk-lore, de New York, Vols. 29, 31, 34, 35, 37, 39,
entre 1916 y 1926.

290
291

�.
M .
Cabrera que "frente a la penuria ambiente, sin embargo, el
cisco annque
.
lar'' si Entre las variantes de
colono creaba en los predios de la musa popu
.
.
sob
1
ces
Esp'
inosa
destaca
como
de
especial
interés
las
vers1onesR
re
es
roman
, me
· luye en, sus omance
tema de ,Silvana, que coteja con las que Cortes
. . te
populares de Castilla.s2 Como ejemplo de poesía popular vease la s1guien
copla:

No cojas la rosa abierta
porque la deshoja el viento,
coje la rosa en botón
que tiene virtud adentro. 33

3.

Muestra, como se ve, demasiado elaborada como para qu_e ~u.eda v_eni~d::
un "desierto cultural"; pero, de todos modos, prueba de la nqumma vital
de un pueblo.
d
Lo mismo que en la Espan-ola, cuando llegaron los conquista , ores
p encon, O .d
"baylar cantando' . ero esta
traron el areito, que era, segu~ vie o, un d
f d ,, s, desapareció.
forma popular indígena, "especie de romance rama iza o '
1
O por lo menos, "sólo nos quedan los moldes his~_ruiicos ~ue al. c~rrer de os
:
. 11
mediante procesos de aclimatac1on, sufnendo mJertos de la
anos se acno an,
. , •
l tradición hace
tierra nueva y de las nuevas experiencias h1stoncas que a
.
vitar sobre ellos".ª5 Los indios de la isla, sobre todo, los c~bes, fueron
los más primitivos y feroces del Nuevo Mundo. R~on ~~mas ~::
ya en 1534, "andaba la gente muy alborotada para irse... ' y, e

re

1~:;

.
. op. ci·t ., p. 5 ¡ . Véase en especial
.,, FRANCISCO MANRIQUE CABRERA, Historia,
1
,
t
.
f
lklórico
pp.
50-60·
MARÍA
CADILLA
DE MARTÍNEZ, La poesía popu ar en
Par~n esu o
,
•
) RA
RAwfREZ DE ARELLANO,
Puerto Rico (Madrid: Imprenta Moderna, 19 33 ;_
P~EL.
. L1.
- (M d 'd· Centro de Estudios Históricos, Vol. 11, 1928)'
Folklore puertomqueno
ª n ·
,
¡
rt i u ña" en
o CRUZ MoNCLOVA "temas puertorriqueños: La poes1a popu ar pue 2ºrruq e
DI
'
J
) N,
654 9 de septiembre de 192 ; LISIS uPuerto Rico Ilustrado (San uan ' ~'
p
Rico· Ti grafía "El Movi•~RI Cantos populares de Puerto Rico (Yauco,
uerto
.
po C
.
po
..~ '
.,
) A
p IETO R.IcHARDS
anc1onero
miento"' 1882; incluye cantares Jibaros ; BELARDO R
J
. Ti , rafía "La Copular. Colección de canciones guarachas populares (San uan.
pog

O

rrcspondencia", 1893) .
11
ESPINOSA, op. cit., pp. 322-324.
as CAD1LLA DE MARTÍNEZ, op. cit., p. 150.

op. ci·t., p. 51 · Véase también: JosÉ JUAN·

"L

as
.. MANlllQUE CABRERA,
(L Ha
b
d 1608" en Estudios de literatura hispanoamencana
a
letras de Cu a antes e
'
ll
TowÁs HERNÁNDEZ FRANCO, Apuntes
bana: Ucar García, S. A., 1950), pp. 1
(Publicaciones del Ateneo de El
sobr, poesía popular &gt;' poesía negra en as n 1
Salvador, 1942), PP· 15-20.
• 'MANlllQUE CABRERA, loe. cit.

ss.A\·11as

292

un informe de 1540, "la isla cada día va en disminución ..." 34 Con la victoria
de Ponce de León y el fusilamiento del cacique Guaybaná empieza el aniquilamiento de los indígenas. Y como no tenían cultura, se impuso totalmente la
traída de España. Se explica así el arraigo y la persistencia tan profunda de la
tradición hispánica en Puerto Rico, hasta el presente. En poesía, junto a
romances y cantares, pervive la copla, a la vez artística y el hondo pensar,
cuyo señorío apenas puede ser disputado por la décima. Los jíbaros de Borinquen, "la tierra del Edén", como dice la canción popular, esparcen por
los campos y montañas el soplo antiguo de un alma cargada de poesía.37

AAROM,

EN CUBA

La "Perla de las Antillas" fue descubierta por Colón en el primer VlaJe;
fue llamada Juana en honor al malogrado príncipe hijo de los Reyes Católicos. Empezó a ser colonizada en 1511,38 cuando Diego Colón, gobernador
de La Española, envió la expedición de D. Diego Velázquez. En 1514 se funda
Santiago, y en 1515, La Habana. No obstante, "fue Cuba una de las colonias
más abandonadas por los conquistadores"; por lo que, siendo "de las primeras
• MENÉNDEZ Y PELAYO, Historia, ed. cit., I, p, 325.
Véase: PEDRO A. CEBOLLERO, El cantar puertorriqueño, en Revista de las Antillas (San Juan), Año 11, Núm. 5 (1914); J. VALLADEJULI RoDllfouEz, "Voces de
tierra adentro. Sobre la copla popular en Puerto Rico", en Puerto Rico Ilustrado, Núm.
625, 18 de febrero de 1922; ANA MARGARITA S1LvA, El jlbaro en la. literatura de Puerto
Rico, comparado con el campesino de España e Hispanoamérica (México: Edición
de la autora, 1945).
11

• JuAN J. REMOS Y RuB10, Historia de la literatura cubana. Prólogo de José María
Chacón y Calvo (La Habana: Ediciones Cárdenas y Cía., 1945). Torno I, orígenes y
clasicismo, p. 27; MAX HENRÍQUEZ UREÑA, su El retorno de los golenes y otros ensayos
(México Colección Studium, 39, 1963, p. 67), dice: "El Primer paso de la colonización {de Cuba) fue la fundación; de Barracoa en 1512, por Diego Velázquez, se trasladó después el asiento del gobierno a Santiago de Cuba, fundada en 1515. JosÉ ANTONIO PoRTUONDO, en su Bosquejo histórico de las letras cubanas (La Habana: Ministerio de Relaciones Exteriores. Departamento de Asuntos Culturales. División de
Publicaciones, 1960, p. 11), señala el año 1510 para la llegada de Diego Velázquez
y el comienzo del periodo que dicho crítico denomina "La Factoría" (1510-1762).
1762, con la toma de La Habana por los ingleses, es para Portuondo "fecha decisiva
en la historia económica y cultural de la isla: el nacimiento de la Colonia (1762-1909).
Véase la interesante tabla cronológica y generacional que trae al pie de la página 13
de su Bosquejo.. . : compárese con la división generacional de Ramos y Rubio op.
cit., pp. 21-23), con las Tablas cronol6gicas de la literatura cubana (Santiago de
Cuba: Ediciones "Archipiélago", 1929 {hay otra de Boston: D. C. Heath and Co.)
de Max Henríquez Ureña, y con el esquema, de Rairnundo Lazo, en La teoría de las

293

�tierras descubiertas, fue una de las que recibieron más tarde el influjo de la
colonización".39
Según Bachiller y Morales, Saco y Aurelio Mitjans, patriarcas de la erudición ~ubana, durante casi tres siglos no hubo en Cuba una sola escuela
gratuita para pobres, si bien en 1522 se creó la Scholatria para la enseñanza
del latín, y desde 1607 el obispo Fr. Juan de las Cabezas Altamirano se interesó en la fundación del Seminario Tridentino.40 De 1721 es el breve de
lnocencio III que autoriza la fundación de la Universidad de La Habana.
En 1776 se fundó el primer teatro en Cuba, también en La Habana. La imprenta, según admite Medina, fue introducida en 1707; el primer impreso
conocido es de 1723.
Todo esto, sin embargo, tuvo un carácter más formal que efectivo, y poco
significó para el desarrollo de las letras, que es nulo en el siglo XVI, por lo
menos entre los versificadores de la línea cultista. El monumento más antiguo
de esta tendencia es el Espejo de paciencia ( 1608), del canario SILVESTRE
DE BALBOA TROYA Y QUESADA, crónica rimada en dos cantos y ciento cuarenta y cinco octavas reales, que narra las luchas del español con los que
Balboa llama piratas "luteranos". Junto a este poema, ampliamente estudiado
por Felipe Pichardo Moya (S. de B. T. Y. Q., Espejo de paciencia. Estudio
crítico. La Habana, 1941; i. e., 1942), aparecen varios sonetos dedicados al
autor por PEDRO DE LA ToRRE S1FUENTES, CRISTÓBAL DE LA CoBA MAcHICAo,
BARTOLOMÉ SÁNCHEZ, JuAN RoDRÍGUEZ S1FUENTES, ALoNso HERNÁNDEZ EL
VIEJO y LoRENZO DE LA VEGA Y CERDA, vecinos todos, como Balboa, de Puerto Príncipe, donde parece haber existido el primer centro o grupo literario de
la Cuba colonial. Balboa, desde luego, da el tono de la poesía culta de la
época, que no es el del barroquismo, como podría esperarse, sino el de la herencia ítalo-renacentista de la épica, cuyo modelo es Ercilla y cuyas fuentes
más lejanas y acaso directas habrá que buscarlas en Virgilio, Lucano, Tasso,
Ariosto y su imitador español Luis Barahona de Soto. Balboa, además de poeta nada desdeñable, tiene el mérito de anticipar motivos -sentimientos de
paisaje, emoción criolla, valoración del negro, inventarios vegetales como en
Rubalcaba, palabras indígenas-, que se convertirán en temas esenciales de
la poesía cubana desde los comienzos del siglo XIX.
El paso al siglo XVIII se inicia con la llegada del gobierno renovador de
generaciones y su aplicaci6n al estudio hist6rico de la literatura cubana, en la revista
Universidad de La Habana, Año XlX, Núms. 112-114, Enero-Junio de 1954, pp. 3-48.
(Hay separata del mismo año).
• REMOS Y RuB10, op. cit., p. 27.
• AuRELIO 'M1TJANS, Estudio sobre el movimiento cientlfico y literario de Cuba. (La
Habana: Imprenta de A. Alvarez y Cía., 1890), p. 17.

294

Luis de las Casas y las poesías de acent0 1 l d
. .
vana, de 1790 a 1805 J , S ,
oca el Papel Pen6dico de la Ha. OSE URI y AGUILA (1696 1762) " , ·
notable de los rimadores ret,oncos
.
d e la Fact ,
' .el ultimo y más
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TÍNEZ DE AVILEIRA ( nacido en 172
.
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'
igua que el mulato ba
' M
CORRO RoDRIGUEZ ( 1758-1818) si
yames ANUEL DEL Sola poesía cubana no resisten e'l tp~eden ser recordados en una historia de
•
'
co eJo con sus cont
,
giones de la América colonial sal
1
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emporaneos de otras reRodríguez hace de Las d z· .' dvoEe y~ citado Balboa. El mismo elogio que
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Juego cortesano bastante a de tº
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Manuel de Zequeira y Arango (1760~~:~ Justo de ~ubalcaba (1769-1805)
epoca en la poesía cuban
1
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a, que ya sa e de lo colon· 1
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ponda al cuadro general d
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. .
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la cubanidad" « C l'
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como s1 ueran bestias El cae.
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ique atuey y sus súbditos debieron " ponerse en

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C1

p ORTUONDO, op. cit., p. 13.

. ~ ~ANUEL DIONISIO ÜONZÁLEZ Me
.
.
.
.
1unsd1cci6n. (La Habana. Impren 't a d mi ºs~1al h1st6rica de la villa de Santa Clara y su
.,
·
e igo,1858).
Además de las obras, ya citadas de MIT
MAR.íA CHACÓN Y CALVO L
, '
J ANs, REMOS y PORTUONDO, véase. JosÉ
"El Siglo XX", 1913, a;tes º;nor~~;:s
:a poesía en Cuba (La Habana: 1U:prenta
cubana (Madrid: Ediciones Saturnino Co~ ~mp;ránea) ; Idem, Ensayos de Literatura
na, en PRAMPOLINI, obra citada . Jos, Aa FeJa, ; A., 1922); Idem, Literatura cubad
,
E . ERNANDEz DE e
E
e .1as 1etras en Cuba, 1548-1902. Nota reli .
ASTRO, squema hist6rico
Umversidad de La Habana. Departamen~o d~:;erde ~MUNDO LAzo (La Habana:
ÜAY-ÜALBÓ, Orlgenes de la literatura cubana E
cambio. Cultural, 1949) ; ENRIQUE
dad de La Habana, VII, Núms. 20-21 (1938) nsayo de interpretaci6n, en Universi" F
, PP· 199-236.
.. ERNANDO ÜRTIZ, Los factores humanos de la cubanidad L
Parece que hasta el areito fue importado a C b V,
( a Habana, 1940 ) .
nota 34), p. 13. Compárese con CHACÓN Y CALV~
ease : ARRoM! Estudios. .. (cfr.
BozA MASVIDAL, El problema de la ori inali a
' rí~enes. .. passim, y AuREL!O A.
1924) pp. 14-17 El
't d 1
g
d d en la literatura cubana ( La Hab
•
•
are1 o e a guna manera JI 6 E
~
ana,
trar a los indios a escena en un areito en El N eg a M spana: LoPE DE VEGA hace enuevo
undo descubierto por Col6n.

;e

ªo

295

�do y escondiéndose por las breñas".'ª Fue hallado Y muerto, en un acto
recau
li d h t 1 oema
de rechazo al cristiano digno de una gloria no inmorta za a as a e P
dramático de Francisco Dellén, 1891. El asombro de Colón, ex.~tado ante
"aquella isla la más hermosa que ojos hayan visto.. .",41 se enturbio con sombras de muerte primero y con esclavitud negra despué: Segú~
no
8
produjo frutos literarios "el epidérmico contacto de espanoles e. indias •, :
indio fue reemplazado con el negro, al igual que en Puerto Rico. Aqw,h
1500 babia unos trescientos blancos y mil seiscientos negros. Muchos más ubo en Cuba, donde la mezcla, ahora muy activa, dio ~l ~ulato. De modo
ue, de los tres elementos humanos de la cubanidad, el md10, el blan_c~euro~o y el negro-africano, estos dos últimos constituyeron la mezcla dec1~1v~ d~
tipo cubano. Sus resultados en la poesía y la música fueron ?e ~na v1tah 1
9
Perduró
sorprend ente, d esele 1a "Cuba primitiva" • hasta nuestros
, . d1as.
1
16 e
5
romance español así como la copla, y sobre todo, la decima, que resu t ser
' . "del genio poet1co
, · del pueblo cubano" •52
la forma preferida

~m:,rr:

.. LA.s CASAS, Historia de las Indias, libro 111, cap. XXV.
" Extractos del Diario, en LAS CASAS.
.. ARROM Estudios.• • P· 15.
H b
1833) • Idem
• ANTON;O BACHILLER Y MORALES, Cuba primitiva (La
a ana, .
' C b'
•
t p
l historia de las letras y de la instrucci6n pública de la isla de u a
npun es ara a
)
vols . BozA MAsVIDAL, ce.
(La Habana: Imprenta de P. Massana, 1859- 1861 , 3
·:
. H
. D'·1 • BERNARDO LANOUAsco, La poesía romántica cubana (Pans-Toulouse.
enn 1
ci .,
, · ·
VII) 1930) pp 9-16.
d'
éd'tcur (Bibliothéquc Franco-Amencame,
'
'
.
.
.
ie;, FE:NANDO ÜRTIZ, Preludios étnicos a la música afrocuba~~• en Revista Bim~:;~
C b na LIX (1947), pp. 94-108; ALEJO CARPENTIER, La musica en Cuba (Mé
.
u a ,
6 .
1946). Jos'É A FERNÁNDEZ DE CASTRO, El Aporte neFondo de Cultura Econ rruca, .
'
·c. 1 (M' · ) XIII (1935) pp. 271gro en las letras de Cuba en el siglo XIX, en nso
:mericana en 'certidum290; J. J. ARROM, Presencia del negro en_ l~ poes_la fol
, 88-116 · JosÉ
d Á é. (La Habana· Anuario Bibbográf1co Cubano, 1959), pp.
'
bre e m ncaEnsayos de p.oesia indígena en Cuba (Madrid: Instituto de Cultura
Luis VARELA,

kl:::

Hispánica, 1951) •
" JosÉ MARÍA CHACÓN

. .
C b en Revista de
CALVO, Romances tradiciona1es en u ~ b (L HabaCAROLINA PoNCET El romance en u a
a
la Facuitad de Letras y iencias;
T H
,
'z Fa \NCO op cit . SAMUEL F1!:I"
• 1 XX" 1914) ·
ERNANDE
·
,
·
.,
na: lmprcnt~ El S1~ o (L 'Habana'· Bibliotecas del Capitolio, 1961 ); ldem, RefraJÓO, La décima po~u ar
·
dé ·mas antiguas de los campesinos cu1
nes, adivinanzas, dicharachos, tr.aba ~ngduaCs y
td Las Villas 1961 ) . Idem, Diario
Cl
Cuba. Uruvers1da
entra e
•
'
.
banos (santa
ara, .
·
(S
Cl
. Universidad Central de las Villas,
abierto. Temas folklóncos cubanos. . .
anta
ara.
Y

c. •
ª

JOHN DONNE, LA LLAVE DE LA POES1A INGLESA MODERNA
RoBERT G. CoLLMER
Plainview, Texas

EN EL AÑO DE 1955 UN cRÍnco de la obra H istoria de la Literatura Inglesa 1 dijo en la revista Universidad de México: "La literatura inglesa, una de las literaturas europeas más antiguas e importantes, ha sido, quizás la menos atendida por los estudios de hispanoamérica". 2 Entre los que conocen y aprecian
la literatura española y los que conocen y aprecian la literatura inglesa, debe
haber mucho intercambio intelectual. Un buen principio para entender la
poesía británica y norteamericana del período moderno, es extrañamente, la
poesía de un hombre que falleció en el año 1631, hace tres siglos. El hombre es John Donne, quien más que ningún otro escritor del pasado ha influido en la poesía moderna. Se ha dicho: "En cierto sentido la poesía moderna empieza con John Donne, porque fue hacia él que los poetas británicos y norteamericanos se inclinaron en la segunda década del siglo XX en
busca de nuevos rumbos".3 Nuestro propósito en las siguientes líneas, es exponer la posición de John Donne en la poesía inglesa moderna, la vida de
Donne, ciertos datos sobre esta época y algunas de sus técnicas en la escritura.
Es agradable notar que Donne no es completamente desconocido en la
República Mexicana. En el año 1956 el poeta mexicano Jaime García Terrés
publicó sus propias traducciones de dos poemas amorosos de Donne en la
revista antes mencionada, Universidad de México.' Las traducciones están
1

W. J. ENTWISTLE y E. GILLET, Historia de la Literatura Inglesa (Breviarios del
Fondo de Cultura Económica, Núm. 106, México 1955).
1
Universidad de México, X (Octubre, 1955) , p. 30.
• "In a sense modem poetry begins with John Donne, for it was to him that British
and American poets turned in thc 1920's for a new direction". D. C. ALLEN, ]ohn
Don ne en M asters of British Literature (Houghton Mifflin Cía. Boston, 1958), tomo
1, p. 408.
• Universidad de México, X (Junio, 1956), p. 5.

1960) .

296

297

�realizadas excelentemente, como se puede esperar de la mano de un poet_a
que publicó su fina colección titulada Las Provincias de Aire,5 Y cuya técnica muestra en castellano tantas semejanzas con el poeta objeto de nuestro estudio. Sin embargo, además de estas dos traducciones no sé de ninguna otra publicación de Donne en castellano. Donne se hubiera sentido en su propia casa
con la poesía mexicana, porque estaba capacitado para entender el castellano así como varias otras lenguas. Y sabemos, basándonos en una declaración explícita de Donne, que su biblioteca estaba llena de poetas y teólogos
españoles. Aunque hasta el presente no se ha hech'J un estudio concienzudo
sobre Donne y la poesía española, es posible que b poesía del "Siglo de Oro"
influyó en la poesía de Donne. Este es el momento propicio, por lo tanto, para conocer a J ohn Donne.
Hasta el presente siglo Donne ha estado casi en el olvido, aunque durante
su vida fue reconocido como gran poeta. Por ejemplo, como contemporáneo
de Shakespeare, también fino dramaturgo y poeta; Ben Jonson dijo que Donne era "el primer poeta del mundo para ciertas cosas". 6 Abraham Cowley,
John Dryden, Samuel Johnson, Samuel Taylor Coleridge, Robert ~rowning,
también reconocieron algunas excelencias en Donne, pero no fue smo hasta
en los tiempos modernos que ha venido a ocupar un puesto como poeta de
primera categoría. En el año 1912 un profesor escocés H. J. C. Grie~n, publicó una edición de dos tomos con los poemas de Donne, los cuales Junto con
la antología de poemas publicada por Grierson más tarde, Metaphy:ical
Lyrics of the Seventeenth Century: Donne to Butler (Oxford 1921), dio a
conocer a John Donne. El entusiasmo de parte de T. S. Eliot por Donne Y
las semejanzas en el estilo entre Donne y la poesía de Eliot aseguraron la influencia de Donne en la poesía moderna. Los que leyeron e imitaron a Eliot,
descubrieron a Donne. La posición de Donne ha continuado siendo elevada;
hasta ahora ningún estudio de la antigua literatura inglesa sería completo a
menos que se traten en él las figuras más importantes: Chaucer, Spencer, Shakespeare, Donne y Milton.
La vida de Donne es interesante. Nació en Londres probablemente en el
año 1572, no se sabe exactamente la fecha. Su padre era un rico comercian.,
te católico, y su madre descendiente de Santo Tomás More que :amb1en :ra
católico. Entró a la Universidad de Oxford a la edad de 12 anos. Se dice

que también ingresó a la Universidad de Cambridge, aunque no se encuentra
su inscripción en los archivos de la Universidad. Por causa de su religión no
p~do D~nne llevar a cabo su carrera en la Universidad y se hizo abogado en
Lmcoln s Inn en L~ndres. Durante este tiempo se aplicó al estudio de la medicina Y 1~ cie~cia.' las literat~ras francesa, italiana y española, además de la Ley.
Los .anos s1gu1entes son imprecisos. Posiblemente pasó algún tiempo en el
contmente europeo. Hay numerosos cuentos de la rebeldía de su vida, pero no
se ha mostrado que se portara de manera diferente a la mayoría de los "bluebloods" de la época.

~ 1597 estuvo c?n Earl de Essex en el ataque contra Cádiz, y el año siguiente estuvo con este en las Azores. A bordo escribió dos de sus más bellas
composiciones: La Tempestad y· La Calma. Durante estos años escribió gran
parte de s~s poemas amorosos reali~tas. De regreso en su patria fue nombrado secretano de Lord Egerton, y en 1601 fue electo miembro del Parlamento.
Había cambiado su religión al anglicanismo, y el camino hacia puestos importantes parecía abierto. Pero arruinó su futuro al contraer matrimonio en
seer~~º con la sobrina de Lord Egerton, Ann More, y esto enojó mucho a los
fam1hares de ella. Por esta razón fue encarcelado unos días. Sus esperanzas
de avanzar en círculos políticos fracasaron. Después de transcurrir varios años
en ~edio de la_mayor indigencia, Sir George More, padre de su esposa, perdono a la pare1a y señaló una pensión a su hija. Donne continuaba con sus
estudios, interesándose en todos los ramos de la sabiduría, hasta llegar a ser
uno de los más sabios de Inglaterra, pero nunca se pudo sostener económica~:nte a sí ,~ismo ni a su esposa ni a los hijos que les nacieron. En la depres'.on ~e espmtu, pensaba en la posibilidad de suicidarse, y para escapar de esta
s1tuac1ón angustiosa escribió una apología de este acto Biathanatos que es
1
.
'
,
a pnmera apología del suicidio en tiempos modernos. También escribió dos
ataques contra el catolicismo, Pseudo-Martyr y Ignatius His Conclave. Además escribió poemas religiosos, cuyo tipo de poesía continuó escribiendo hasta el fin de su vida.

p. 8.

. !odas estas peripecias atrajeron la atención de Jaime I, quien le persuad10 a que se ordenara de sacerdote anglicano. Después de varios años de estudiar las doctrinas teológicas de varias sectas, fue ordenado sacerdote en 1615
a la edad de 43 años. Donne progresó con rapidez: al cabo de cuatro años cr~
el más notable predicador de su época y decano de la catedral de San Pablo
en Londres. Durante los últimos años de su vida se vio muy aquejado por enfermedades. Murió en 1631, y fue enterrado en la catedral de San Pablo, donde todavía existe una estatua de mármol de Donne vestido en su mortaja.
En toda la vida y carácter de Donne hay algo misterioso que se trasluce
a sí mismo en su poesía y prosa. Era persona de contradicciones. Poeta amo-

298

299

• Las Provincias de Aire (Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Económica. México,

sin fecha).
• "He esteemeth John Donne the first poet in the world for sorne things". Conversation with Drummond of Hawthornden (Shakespeare Society, 1842) en H. J. C.
GRIERSON, The Poems of ]ohn Donne (Oxford University, Oxford, 1912), tomo II,

�roso, aun a veces vil y bajo, fue después uno de los mejores poetas de temas
religiosos. A pesar de su mentalidad extraordinaria, no pudo encontrar trabajo y pasaron él ( y su familia) años en la miseria. Al fin llegó a ser el predicador más erudito para la gente culta, halló paz en Dios, y hasta hoy se
leen sus sermones por su profundidad y belleza de expresión. Es el: único poeta inglés de primera categoría que fuera también orador notable. A veces
nombramos a los otros poetas coetáneos y semejantes a Donne: "La Escuela
de Donne", pero en realidad fue tal su individualismo que nadie le podría
alcanzar.
En cierto sentido era persona aislada, y tal vez por esta razón se hayan sentido atraídos los escritores modernos hacia él y su poesía. La reacción de Done ante un mundo en revolución, como era el mundo a fines del siglo XVI
y a principios del siglo XVII, es semejante a la reacción de nuestros escritores ante el mundo moderno sacudido por bombas intelectuales y atómicas.
El período durante el cual Donne vivió fue tan violento como el nuestro.
Una centena de años antes, Cristóbal Colón demostró que un mundo nuevo
les aguardaba más allá del horizonte, y Magallanes mostró que alguien podía ir al este navegando hacia el oeste. Erasmo, Thomas More, Calvino, Lutero, cada uno de éstos contribuyó al ataque contra la iglesia medieval. En el
año 1543 Copémico destrozó el concepto aceptado del universo, y fue seguido
por Brahe, Kepler, Bruno y Galileo Galilei.
Las lenguas vernáculas habían derrotado a la lengua escolástica de la edad
media, el latín. El redescubrimiento de los pensadores romanos y griegos exigió
una reconsideración del pensamiento. El apogeo de gobiernos seculares, el cambio de una sociedad agraria a una sociedad capitalista y las guerras religiosas
contribuyeron a transformar el modo de vida. El escepticismo de Montaigne y
de Bacon constituyó la primera piedra en la fundación de nuevas ideas. La
ciencia experimental y la matemática quebrantaron la tradición. El antiguo
sistema medieval se derrumbó y no había nada que lo sustituyera.
En su poema Donne dijo : "Todo está hecho pedazos. . . toda la coherencia
huída". El mundo de Donne aparecía ante él tal como nuestro mundo, transformado por Darwin, Freud y Marx, aparece ante nuestra vista. En este
ambiente Donne escribió sus poemas.
Hay ciertas cualidades notables en la poesía de Donne que están relacionadas con el lenguaje de la poesía: la actitud hacia el amor y la muerte, que
es la naturaleza de un poema. Para discutir estas cualidades e ilustrar su
presencia, tomaremos los dos poemas traducidos por Jaime García Terrés, ya
mencionados. Estos son La Extinción (The Expiration) y El Aniversario (The
Anniversary). Siguen el original y la traducción.

300

THE ExPIRATION

So, so~ break off this last lamenting kiss,
Which sucks two souls, and vapors both away;
T11.rn thou, ghost, that way and let me turn this
And let our selves benight our happiest day. '
We asked none leave to love, nor will we owe
Any so ceap a death as saying, go;
Go; and if that word have not quite killed thee
Ease me with death, by bidding me go too. '
Or if it have, let my word on me,
And a just office on a murderer do,
Except it be too late to kill me so
Being double dead, going and bidding go.

LA

EXTINCIÓN

Así, así rompe por fin el beso plañidero
que se sangra dos almas y luego las esfuma.
Vuélvete así fantasma, y sigue tu camino;
y seguiré, fantasma, por el mío.
Apaguemos la luz de la jornada.
De nadie recibimos licencia para amarnos •
a nadie deberemos una muerte tan fácil
'
como esta que sucede con decir: "Aléjate".
Aléjate.
voz no consume tu vida,
. Y si tamaña
.
siega mi vida tú., pidiendo que me vaya.
Mas si por ella mueres,
deja que la palabra ( esa misma)
castigue, devolviéndolo,
el rigor de mi crimen.

A menos que ya sea
para castigos demasiado tarde,
porque me haya matado doblemente
el tener que partir y que decirte: aléjate.

�THE ANNIVERSARY

All kings, and all their f avorites,
All glory of honors, beauties, wits,
The sun itself, which makes times as they pass,
Is elder by a year now than it was
When thou and 1 first one another saw;
All other things to their destruction draw,
Only our lave hath no decay;
This, no tomorrow hath, nor yesterday;
Running, it never runs from us away,
But truly keeps his first, last, everlasting day.
Two graves must hide thine and my corpse;
lf one might, death were no divorce.
Alas, as well as other princes, we
Who prince enough in one another be,
Must leave at last in death, these eyes and ears,
0ft fed with true oaths and with sweet salt tears;
But souls where nothing dwells but lave;
All other thoughts being inmates then shall prove.
This, ar a lave increased there above,
When bodies to their graves, souls from their graves remove.
And then we shall be throughly blest,
But we no more than all the rest;
H ere upon earth, we are kings, and none but we
Can be such kings, nor of such subjects be.
Who is so safe as we, where none can do
Treason to us, except one of us two?
True and false fears let us refrain;
Let us lave nobly, and live, and add again
Y ears and years unto years, till we attain
To write threescore: this is the second of oúr reign.

EL ANIVERSARIO

Todos los reyes, y sus favoritas,
toda gloria de honores, ingenios y bellezas,
el propio sol, que hace pasar los tiempos,
son un año más viejor que en la aurora
de nuestra compañía.
Todo, todo lo otro se destruye y termina;
sólo este amor, el nuestro descQnoce
la menor decadencia:
remueve ayeres y mañanas,
y rueda siempre fiel, junto a nosotros,
en un primero y último,
y eterno día.
Dos sepulcros podrán, a nuestra muerte,
separar los dos cuerpos

( si uno solo nos dieran, la muerte no sería);
pues como tantos príncipes, nosotros,
príncipes soberanos el uno para el otro,
hemos de soportar al fin que se desprendan
estos ojos y oídos,
a menudo colmadós de firmes juramentos
y de la dulce sal de nuestras lágrimas.
Pero las almas, en que nada habita
sino el amor ( apenas
son transitorios huéspedes los demás pensamientos),
mostrarán todavía este amor, inmutable,
o acrecido quizás en la vida suprema,
cuando los cuerpos bajen a la tumba,
y nuestras almas de la tumba asciendan.
Mas seremos entonces dos bienaventurados
iguales a los otros.
Aquí, sobre la tierra, somos reyes, y nadie
aparte de nosotros puede serlo
como lo somos, ni rendir tributo

�a reyes semejantes.
¿Qué mayor señorío? Aquí, donde ninguno,
fuera de alguno de los dos, disfruta
del poder eficaz de traicionarnos.
Sofoquemos el falso temor, y el verdadero.
.A.memos y vivamos con nobleza;
y acumulemos años, y más años, y más,
hasta escribir aún sesenta veces: Este
es el perenne instante total de nuestro reino.
El lenguaje de la poesía ürica antes de Donne se h~ía esti~o por. el
petrarquismo. La tradición del lenguaje cortesano, ~usiones clásicas, l~iones derivadas de objetos familiares y naturales, expreS1ones sobre las lágnmas
del amante, la luna, desmayos, la inconstancia de las mujeres h~ían producido amortiguamiento en el lenguaje. El lenguaje de °?nne, sm emba~o,
es vivo diferente. Donne descubrió un nuevo orden de figuras de las _vanas
ramas del conocimiento, la alquimia, la medicina, la ley, la m~temát~~' la
teología y la astronomía. A primera vista, su lenguaje no da la impres1on de
poesía, variando desde lo más abstracto hasta lo más vil. Así un poema _trata del amor en la analogía de una canonización ; otro poema de amor tiene
por figura central una pulga. En un poema religioso Dios viola el alma; otro
poema religioso describe los efectos físicos de la muerte, paso ,ª paso. Muy ~
menudo su lenguaje varía desde lo más erudito hasta lo mas popular. Asi
pues La Extinci6n empieza con un vulgarismo, "As~, así", Y ~ás _tard:, habla en términos legales: "castigue, devolviéndolo, ngor de mi comen • , O
como en El Aniversario, Donne se mueve rápidamente de "sepulcros" a "pnncipes", y luego de "juramentos" a "dulce sal de nuestras lágrimas"• .
Es obvio que el lenguaje de los poemas de Donne no fue escogido por su
belleza O por su uso tradicional. La emoción en Do~ne es el r:;sultado de un
análisis lógico. Donne es ejemplo de lo que T. ~- Ebot ~lam~ el .reta Intelectual", que de acuerdo con Eliot es el poeta ideal. Eliot dice: Cu~do la
mente de un poeta está perfectamente equipada para su t~aba!o, esta constantemente amalgamando experiencias discordantes; la expenencia del _hombre
corriente es caótica, irregular, fragmentaria. Este se enamora, lee a S~moza, Y
estas dos experiencias no tienen nada que ver con la otra; como el ruido de la
máquina de escribir con el olor de comida; en la mente del poeta estas experiencias están siempre formando nuevas entidades". 7 Un verdadero poeta,
, "When a poet's mind ¡5 perfectly equipped for its work: it is ':°ns.tantly amalga.
disparat e expen'ence ,• thc ordinary man's experience 1s chaotic, irregular,
fragmatmg
•
h
mentary. The latter falls in love, or rcads Spinosa, and these two expenences ave

304

pues, puede usar lenguaje tomado de cualquier rama de la sabiduría. La reacción del poeta a una situación determina el lenguaje que empleará.
Conforme a esta idea se debe notar que el lenguaje dei los poemas no es en
general, musical, a pesar de las partituras musicales localizadas para algu~os.
Sus poemas son difíciles de aprender de memoria, no se mueven suavemente.
El ritmo varía de acuerdo con el humor del poema completo, y dentro del mismo poema hay también una variación de sonidos. Los poemas no fueron compuestos para transmitir belleza hueca, son analíticos, tratamientos científicos
de situaciones. Estos suenan más bien como argumentos de abogados que bellas exposiciones.
Hay otras dos partes importantes de este lenguaje. Una es el uso de Jo que
en inglés se llama "conceit", que es una figura de expresión extendida en
su implicación máxima filosófica. En uno de los poemas, U na Despedida
Contra el Luto ("A Valediction Forbidding Mourning"), dos amantes son
c?mpa~ados a las puntas de un compás, 1~ cuales no se separan aunque se
distancien mucho. Donne hace todas las deducciones posibles de este objeto,
forzando la lógica más allá de lo que jamás se había hecho.
, O~ro detalle del lenguaje es el uso frecuente de paradojas, la unión de
termmos opuestos. En El Aniversario se habla de "dulce sal" la idea de que
"
'
cuando los cuerpos bajen a la tumba/ y nuestras almas de la tumba asciendan", el concepto de que aunque los amantes no son reyes, en otro sentido son
más que reyes. En La Extinción se emplea en varios sentidos el hecho de que
"aléjate" destroza el alma del amante, entonces mata al poeta. Según y como
Donne_ fue ~n hombre de contradicciones, así también fue su lenguaje, un
lengua1e cua1ado de contradicciones.
Una segunda cualidad de estos- poemas concierne a la actitud hacia el
l).mor y la muerte, aquellos dos temas universales de toda poesía. Donne estaba
violentamente opuesto a la tradición petrarquista hacia el amor, en la cual la
crueldad Y la infidelidad de la mujer eran inmortalizadas con lamentaciones
de _humildad. En Donne se encuentran mofas del amor, cinismo hacia las
mu1eres, y a veces una sentida emoción. Donne expresa dureza del alma
hacia el amor, pero él puede demostrar una gran cantidad de sentimiento
sincero. En La Extinción se ve un fuerte amor implícito, el cual también encontramos en El Aniversario. Pero algunos otros poemas, por ejemplo La
pulga ("The F1ea"), La Indiferente ("The Indifferent"), El Fantasma (':The
Apparition"), presentan desdén hacia el amor. Se sujeta al análisis la emo~othing t~ do with each other, or with the noisc of the typewritcr ol' the smellof cooking;
m the mmd of thc poet thcse experiences are always forming new wholcs". Ensayo
"Thc Metaphisical Poets" en Selected Essays (Harcouet, Brace y Cía., New York,
1950, p. 247.

305
H20

�ción. El amor que no es verdadero, está sometido a lo ridículo; el amor, que es
verdadero, está tan intensamente descrito que aparece un amor nuevo en la
historia de la poesía amorosa.
Igualmente, la muerte asume proporciones mayores. La mente de Donne
aparece especialmente fascinada por la muerte; en su poesía amorosa, en su
poesía religiosa, en su prosa, la muerte está siempre presente. Esta provee
el ambiente de algunos de sus mejores poemas amorosos, por ejemplo La
Canonización ("The Canonization"), Viernes Santo 1613 ("Good Friday
1613"), Muerte 110 seas orgullosa ("Death be not proud"). Lo mismo que
él hizo con el amor, también lo hizo con la muerte. La definió, la analizó,
pero nunca la discutió en fonna común y corriente. Cuando uno lee los poemas sobre la muerte, nos parece que Donne es la primera persona que se
confronta personalmente con la muerte. Así como hay una cualidad viviente
en los poemas amorosos, también hay una cualidad "viviente" en los poemas
sobre la muerte o en los poemas que emplean las figuras de la muerte.
En cualquier poema se entrega enteramente el poeta, pero la actitud cambia de poema en poema. Por lo tanto, en una ocasión Donne siente desprecio
hacia el amor y al amante, en otra ocasión confía en el amor y su amante.
Cada poema presenta un concepto distinto del amor; igualmente, la actitud
hacia la muerte varía. Donne entiende lo que la psicología moderna nos enseña,
que no somos consistentes, y que nuestra personalidad cambia de día en día o
aun cada minuto. No hay una sola doctrina del amor o de la muerte, sino
el punto de vista de Donne, que es contradictorio y variable.
Una tercera cualidad de estos poemas trata sobre la naturaleza de un poema. Muchas personas piensan que un poema debe ser una colección de frases
aceptadas y acotables; Donne no piensa así. Para Donne un poema es una
entidad de experiencia traducida a palabras. La unidad del poema es esencial
para comprender cada fragmento. El poema es como una composición musical, en la cual todas las partes deben acomodarse; y una nota por sí sola no
tiene sentido. Por consiguiente, las palabras cambian su connotación de poe·
ma a poema, hasta dentro de un poema a veces las palabras cambian de significado. Notemos, por ejemplo, que el significado de "reyes" en El Aniver-

cómo
.
. reacciona el cuerpo. L a mente bnnca
d b"
un poema se fu d
. e ~ Jeto a objeto, y de nivel
hdad brutal, y el poeta puede move n
el idea~smo platónico y la sensuados mundos.
rse esde aqui hasta allá dentro de estos

~ nivel. Por esto en

:;i

En todos los poemas de D
.
obras, hay un fuerte tono bo~~' e mdudablemente a través de todas
su Jehvo Cuando D
sus
poema, él derramó todo su am ¡· .
. . onne se puso a escribir un
e
· •
P 10 conocumento
·
. .
xpenenc1a particular para dar! f
e 1magmac1ón sobre su
,
e orma al poe
E ¡
este, por consiguiente le habla al
ma. n os poemas seculares
e
'
amante no mera
t
'
n sus poemas religiosos, él habla con D" '
men e acerca del amante;
Este elemento personal
,
ios, no solamente de El.
en su poes1a p d
suenan como si hubieran sido recortad:c e entrev~,rse tanto que sus poemas
menudo éstos brotan abruptam
~e un dialogo de la vida real. A
b
dé"
ente, por ejemplo
p
.
oca, y ¡ame amar ("Fo G d' ak
' con or Dios, cállate l
'll
r o s s e your to
d I
a
e ame el corazón, tripersonalizado Dios ("B ngue, an et me !ove")' AtroP
God") , M uerte no seas orgullosa ("D th atter muy heart, three-personed
0
versos responden a expresiones impl' ºt ea be not proud"). Muchos de los
no
dºb
ici as o argumento
1
son au t les al lector. Hay una calidad .
. ~ que e poeta oye, pero
En resumen, debo repetir qu J h D ex1stenc1ahsta en estos poemas.
la
, .
e o n onne es el p t
, .
poes1a mglesa moderna v· .,
,
oe a mas mfluyente en
. ,
· 1v10 en una epoca
.
reacaono como los poetas mod
d h
semeJante a la nuestra y
. .
ernos e oy e d' U
,
tra icc1ones, finalmente encont ,
1
n J~. n hombre, lleno de cone dt ,
ro su ugar en Dios . 1 . .
on ro paz y orden a través de I f
' e mc1erto rebelde end
.,
a e personal. Recha , 1 1
.
pasa o, y forJo un nuevo lengua.
zo e enguaJe estéril del
reh uso' tomar en cuenta las
Je
para
su
poesía
b"
·
.
.
su Jetiva. Como poeta
acciones e mterp t •
,
poemas son sus propias experien .
re ac1ones de otros hombres. Sus
Fue un verdadero individuo en ;~as "dy atrae al lector hacia estas experiencias.
vi a Y en su obra.

sario, cambia desde el principio hasta el fin.
Los poemas de Donne son argumentos, en los cuales se presenta un problema. Varias facetas son analizadas, y surge el resultado. Siempre hay tensión,
oposición e inseguridad. El lector sigue la lógica del poeta de la misma manera que aquél seguiría la lógica en su propia mente; en esta fonna el poeta
atrae al lector hacia la experiencia del poema. Frecuentemente esta lógica
cambia de dirección de modo que se produce un resultado diferente a Jo esperado. En la poesía amorosa se ve la reacción intelectual más bien que
306

307

�EL ESPERPENTO DE LOS CUERNOS DE DON FRIOLERA
DR. ALLEN

w. PHILLIPS

The University of Chicago

SE HA ESTUDIADO LA TEORÍA y la técnica del esperpento en Valle Inclán. La
crítica se ha ocupado también de sus antecedentes literarios (Quevedo) y
artísticos ( Goya) , así como de toda su prehistoria en la obra de Valle.11
En el presente ensayo nuestro enfoque es distinto: nos proponemos examinar
un solo esperpento, Los cuernos de don Friolera ( 1921), obra que representa
por excelencia esta modalidad que va a caracterizar todo el arte de Valle en
su última y definitiva etapa.2 Recordemos que la estética del esperpento implica un modo especial de ver la realidad, y, por lo tanto, no se limita al
teatro, sino que se da en el verso ( La pipa de Kit) y en la novela (Tirano Banderas y las posteriores del Ruedo Ibérico).

1

Una bibliografía mm1ma sobre la teoría y la técnica del esperpento incluiría los
siguientes trabajos especializados: PEDRO SALINAS, "Significación del esperpento o
Valle Inclán, hijo pródigo del 98", Literatura española. Siglo XX, 2a. ed., (México,
1949), pp. 87-114; J. L. Brooks, "Valle Inclán and the Esperpento", Bulletin o/
Hispanic Studies, XXXIII (Núm. 3, julio de 1956) , pp. 152-164; Emu SusANA
SPERATTI PlÑERO, La elaboración artística en Tirano Banderas (México, 1957), libro
medular que reelabora y recoge datos ya publicados por la misma autora en Buenos
.Aires Literaria y la Revista mexicana de literatura; y GUILLERMO DE TORRE, "Teoría
y ejemplo del esperpento", Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura (Núm.
54, noviembre de 1961 ), pp. 38-44.
2

Conocemos otro artículo cuyo autor se propone un análisis somero de la obra que
aqui estudiamos: PEDRO A. GoNZÁLEZ, "Los cuernos de don Friolera", La Torre, 11
(Núm. 8, octubre-diciembre de 1954), pp. 45-54. Aún hay tiempo para mencionar una
nota que acaba de publicarse: DAVID BARY, "Notes on Los cuernos de don Friolera",
Hispania, XLVI (Núm. 1, marzo de 1963), pp. 81-83.

309

�FORMA Y COMPOSICIÓN DE LA OBRA

Los cuernos de don Friolera se estructura en tres partes claramente diferenciadas: un prólogo y un epílogo enmarcan la parte central. Cada división
de la obra da una versión distinta del mismo tema, enfocándolo desde perspectivas diferentes. Es evidente que las tres versiones se difieren en sus formas
literarias y en ciertos importantes aspectos de la acción, pero al mismo tiempo
se relacionan íntimamente entre sí. Y más aún: cada unidad parece tener,
dentro de la totalidad de la obra, una determinada función artística. Quisiéramos examinar las respectivas partes formales del libro e intentar, en último
análisis, una explicación de esta composición tripartita.
a) El prólogo
A su vez el prólogo se divide en tres partes: una conversac1on teórica en
que intervienen don Manolito y don Estrafalario 3 precede la representación
de los muñecos del Ciego Fidel, y luego sigue otro diálogo que comenta los
méritos estéticos del paso que acaban de presenciar los dos personajes antes
aludidos. En lugar más oportuno consideramos las importantes implicaciones
teóricas que se deducen de estas dos conversaciones, pero por el momento
veamos la primera versión que se presenta del tema de la obra. Es claro que
la representación escénica de Fidel adelanta la forma dramática de la segunda parte y que los muñecos reales del titiritero ofrecen una visión cómica y
no realista de la acción.
El Bululú revela al fantoche, el teniente don Friolera, que su querida la
bolichera le ha engañado con el aceitero Pedro-Mal-Casado. Para lavar su
honor la única solución que queda al oficial es matarla. Aparece la Moña e
insiste en su inocencia. El teniente, convencido de su infidelidad por las maliciosas murmuraciones del Bululú y por la prueba del aceite que huele en el
faldón de su querida, la degüella con un puñal. Están a punto de llegar los
guardias civiles, acompañados del aceitero, cuando don Friolera logra salvarse
resucitando a la muerta por medio de un duro que hace sonar al pie de ella.
Se nota en seguida que esta breve representación no es más que una mera
burla de comudo.4 Hasta observa don Manolito que "parece ser teatro na• Según BRoOKS, (ob. cit., p. 157) Valle hace aquí una parodia de la generación
del 98, porque son dos intelectuales que "corren España por conocerla, y divagan alguna vez proyectando un libro de dibujos y comentos ( p. 14) ".
Todas las citas que hacemos en el presente trabajo de Los cuernos de don Friolera
corresponden a la edición de Opera Omnia, Vol. XVII (Madrid, 1925).
• Sobre la representación del Compadre Fidel dice Pedro A. González: "Se trata de

310

politano" 5 y las palabras finales de Fidel habían 'd ,
"
,
de los Cuernos de don Friolera! (p. 32)"' C s1_ o estas: i Ole la Trigedia
se trata de la esposa del teniente s· d . on:,11ene tener presente que no
~ .
' mo e su quenda todo lo al
extrana mversión del tema que , d 1
'
cu supone una
no profundiza el asunto pero n::s/ e ante_ s~ presenta.7 Valle Inclán, pues,
posterior. 8
'
a, en mmiatura, un esbozo de la acción

b) La parte central
Si el prólogo prefigura el tema . . al
Valle Inclán desarrolla ahora con ~:inc1p de I_a -~bra y su forma dramática,
la tragedia (ya no trigedia) de don F::~us pos1b1~1dades absurdas y grotescas
concreto, el de Pascual Astete V
Ara,_ a qu1~n se da ahora un nombre
terior, se advierte que los p y _argas. d1ferenc1a de la representación anersonaJes son seres humanos que han sido converun juguete cómico desprovisto de toda
. d
.
que se ríe de los cuernos aJ·enos E
s~bne )ad. Es la versión humorística del pueblo
h
•
· s un ur esco' del tema d I h
umor mgenuo y malicioso Es teat d
· f' .
e onor con sentido de
. ·
·
ro e pura 1cc1ón c
· li •
P l1cac1ones. No tiene graves co
.
, on unp cac1ones pero sin com.
nsecuenc1as el tema del h
netas:· se Juega con la situación sin proble ti 1 ,,
onor por tratarse de mario• Rebasa las intenciones del
ma ~r a . Art. cit., p. 50.
t má .
presente articulo estudiar 1 .
e hcas y estructurales que e • t
as mnegables rela6ones
dell'arte italiana.
XJs en entre esta obra de Valle lnclán y la co~edia
• No es por equivocación que en el texto se lec tri
.
.
recuerdo de Unamuno que h b' .
d
ged1a. Lo interpretamos como
1ª Juga o antes en Niebl
·
'
ª
•
teranos. No es oportuno ref .
,
' .
a, con parecidos
términos lienrnos aqu1 a las relac1on
¡
tores, pero de pasada quisiéramos cit
d L
es persona es entre los dos escri"Don Manolito: No admito
ar, e os cuernos, otra alusión a Unamuno.
.
esa respuesta Don E t af ¡ .
·
no tiene derecho a responderme co
d ,
,
s r a ano. Usted no es filósofo y
D
M'
1d
n pe antenas. Usted no s ás
.
'
on igue e Unamuno" (p. 37). Par
.
_e m que hereJe, como
( escena séptima).
ª otra mención parecida, cf. Luces de bohemia
1
Hasta el d'ia'Jogo ms1ste
· ·
en este aparente sinsentido. "El
del, que no soy su marido y al
•
Fantoche: ¡ Repara Fi1
un cabrón consentido El 'Fanto nho ~eAro no puedo ser juez! El Bululú: Pues será ~sted
·
c e· ntes que eso Je · 1
escarnece?" (pp. 25-26) .
pico a nuez. ¿ Quién mi honra

. • Divinas palabras ( 1920) es una obra sumamente s· if .
ntos dentro de la producción literaria de Valle lnclán1gn icativa por. sus propios mécedente no sólo de Los cuernos de d
F . l
.
y por ser un importante anted
on no era smo ta b'' d r ·
os obras posteriores traen varios ecos d
,
. . m ien e zrano, Banderas. Las
so •
e acontec1m1entos de de · •
naJes antes conocidos y de técnica
til' .
,
scnpc1ones, de perf 'é d
,
s es isticas ya presentes
D. .
m n onos exclusivamente ahora L
en wznas palabras. Rea os cuernos, recordemos
¡
tema d el honor es central ya insin d O d sd
que en a obra anterior el
.
'
ua
e e un principio e ¡ · · ,
perra sa b1a de Séptimo Miau fti
't
f
n a v1s1on profética de la
,
.
, 1 n ero Y arand ul de fe ·
,
smtes1s el argumento de toda
.
El S .
na, Y esta profec1a anticipa en
1a pieza.
, C .
acnstán no es toda , d
C
.
segun o1mbra la perra, pronto pasará a la C f d'
v1a on orneho, pero,
o ra ia de los Coronados• Un ep1so
. d'10

311

�tidos en meros fantoch es. L a aceion ' por lo ,demás, se inserta de modo confd d social contemporanea.
d I
creto dentro e a rea I a
"
d'a" de don Friolera, porque
.
f .
antes a la trage i
l
A propósito nos re enmos
. • · son precisamente os
,
b
, aica 9 A nuestro JUICIO,
..
creemos que esta es una o ra traº .
d don Friolera de La hiJa del
.
paran Los cuernos e
sobretonos trágicos que se
trascienden la burla amarga y
capitán y Las galas del difunto, obras dque no o propio de Luces de boheb', l profun o sarcasm
..
satírica. Desaparece taro ien e
, ll
la atención en su breve defm1mia, característica sobre la c~al_ Azorm all'\ª la obra que nos ocupa es que
, .
t 10 Lo mas interesante en
c1on del esperpen o.
• ·, t ' .ca d e 1a vi•da mediante una tecmca que
Valle Inclán objetiva su v1S1on ra~ , l d l personas y las cosas. Pero
más nd1cu os e as
.
d
acentúa y exagera los rasgos
. . l
ás que un mero obJeto e
l persona1·e pnncipa es m
a lo largo de esta parte e
an las situaciones en que se
, ·
grotescas que se
. •
burla y de risa, por corruca~ y
l b e hombre cuya débil e ms1gconsiste en que e po r
'
f 1
encuentre. La traged.ia
b
tá atrapado en una a sa
. . , a en su nom re, es
d
nificante personalidad se msmua y
.
.
impotencia. Es víctima e
t olar por sus mepcias e
situación que no puede con r
d
código estúpido impuesto por
•,
' ·ca del honor Y e un
1
una convenc10n anacrom
h' , 'ta El desenlace es, desde luego, crue
, ·das e 1pocn Fs.. 1
'd d
Personas igualmente estupi
sm· embargo su incapaci a
d
·
don no era.
'
y despiadado: aca~a ~or estru1rseasión del lector, y su persona, con todo lo
lastimosa llega a inspirar la comp
. 'bl Es significativo observar, en caroabsurdo que es, rebasa lo meramente nsi e. ás alta tensión trágica, Valle Inbio que cuando la obra paree~ ~legar ladsu m segundo cornudo. Lo hace, su'
d talle satmco · e e un
sí
clán introduce otro e
.
rd d de farsa bufa y menguar a
ponemos, para volver de repente a la tona I a
la nota trágica.
1 d L cuernos de don Friolera el es,
l arte centra e os
En estas páginas d e a p
, .
brando su forma mas caracf
la tecmca va co
perpento, en lo que se re i:r; a do cont~mporáneo ocupa un primer plano;
terística: la sátira mordaz e ~u: he o se degrada en animal; y una lengua
humano se degenera en an oc
el ser
•
. ,
.
t de Los cuernos d e don Friolera es el del Sacnstán
d de su
clave que parece prefigurar o ro A
habla de llevar la cabeza ensangrenta ª¡
que se prepara a vengar su honor_. ;i:ativo es que la hija Simoniña logra ca mar a
1 Alcalde pero lo más s1gn
esposa
a dánd o1e 'de beber hasta emborracharlo.
su
padre
b
• Cf BROOKS o • " ·t·&gt; pp• 163-164.
de don Ramón del Va¡¡e I nelán•
,. A~oRÍN, "~l esperpen~o", Ob_ras completas. XXII. Por Jo demás, Azorín opina
3 ed (Madrid: Editonal Plemtud, 1_954 \ p ás erfecto, de todos los esperpentos
I, ªLuce.s de Bohemia " ... es el más clás1co, e ~ta !na edición crítica de Luces, para
que
)
b rva que se neces1
T
en su ya
de Valle Inclán" ( 1 bidem , _Y o se
tros auténticos. Guillermo de arre, .
q ue no se pierdan, con el h:mpo, suds Iras perpento" se detiene más que nadie lo ha
,
"Tcona
' y. eJemplo
es sus personaJeS
' . rea¡es, pp. 42-44.
citado articulo
T
. , e de
hecho hasta ahora en la idenu icac1on

312

pintoresca y abigarrada acompaña las truculencias de la acción. 11 Sobre todo
el héroe clásico, reflejado en el célebre espejo cóncavo, se contorsiona de
modo indigno, lo cual hace de esta obra el esperpento más perfecto según
algunos críticos. 12
El argumento de esta parte central, la más extensa de la obra, se reduce a
un asunto de honor conyugal y a una sangrienta venganza equivocada. Don
Friolera, oficial pundonoroso en el Cuerpo de Carabineros, recibe un anónimo
que denuncia la conducta adúltera de su mujer doña Loreta. 13 Por este motivo se desatan los celos del pobre teniente y él se entrega a sus cavilaciones
de cornudo. Una vieja beata, doña Tadea Calderón, ha sido la autora de la
malvada calumnia qu~ precipita el tormento interior de don Pascual. Resulta
que en realidad el grotesco barbero cojo Pachequín festejaba a la esposa coquetona de don Friolera, y en unas deliciosas escenas posteriores Valle Inclán
satiriza sus apasionados diálogos de amor.
Entre el pueblo entero cunde la noticia de la supuesta infidelidad de doña
11

No sorprende que haya sido doña Tadea Calderón la persona que recibe, junto
con don Friolera, la máxima esperpentización en Los cuernos. Aunque no es nuestra
intención estudiar ahora los procedimientos mediante los cuales Valle animaliza la
figura humana, transcribimos ,un solo fragmento, que representa de modo sintético estas
técnicas: " . . .La última beata vuelve de la novena: Arrebujada en su manto de merinillo, pasa fisgona metiendo el hocico por rejas y puertas: En el claro de luna, el
garabato de su sombra tiene reminiscencias de vulpeja: . . .Don Friolera, en el reflejo
amarillo del quinqué, es un fantoche trágico. L~ beata se acerca, y pega a la reja su
perfil dC' lechuza. El Teniente levanta la cabeza, y los dos se miran un instante" (pp.
83-84).
Ya advirtió Pedro Salinas el valor literario de las acotaciones escénicas en la obra
de Valle Inclán ( ob. cit., pp. 92-94). La prosa de las acotaciones en Divinas palabras
( 1920), en Cara de plata ( 1922) y en los esperpentos es un claro antecedente de la
enérgica y novedosa prosa posterior de Tirano Banderas.
" BRooxs, ob. cit., p. 156. Incluimos aquí unas palabras de Valle lnclán tomadas
de una entrevista periodística: " ... Hoy, ese destino es el mismo, la misma su grandeza, el mismo su dolor. . . Pero los hombres que lo sostienen han cambiado. Las acciones, las inquietudes, las coronas, son las de ayer y las de siempre. Los hombres son
distintos, minúsculos para sostener ese gran peso. De ahí nace el contraste, la desproporción, lo ridículo. En LoJ. cuernos de don Friolera, el dolor de éste es el mismo de
Otelo, y, sin embargo, no tiene su grandeza. La ceguera es bella y noble en Homero.
Pero, en Luces de bohemia, esa misma ceguera es triste y lamentable porque se trata
de un poeta bohemio, de Máximo Estrella". Citamo9 según Francisco Madrid, La vida
altiva de Valle lnclán (Buenos Aires, 1943), p. 114.
" Para el gran mosaico valleinclanesco, quisiéramos recordar otro dato aquí. En
Luces de bohemia ( escena segunda) llega a la "cueva" del librero Zaratustra una
criada que solicita la nueva entrega de El hijo de la difunta, título que anticipa obras
posteriores de Valle, para doña Loreta, la esposa del coronel, la cual en Los cuernos se

llama doña Pepita.

313

�Loreta. Ciertos oficiales, encabezados por don Lauro Rovirosa, convocan un
Tribunal de Honor con el propósito de juzgar el caso y así "velar por el
decoro de la familia militar" (p. 176). Por fin, los oficiales deciden exigir a
don Friolera el retiro, pero luego se suspende el decreto cuando promete lavar su honor con sangre y, de este modo, quitar toda mancha del honor colectivo de la gloriosa oficialidad. La acción ahora, de aquí en adelante, se
precipita. En la escena penúltima doña Loreta y don Pachequín se encuentran
de noche en amoroso coloquio en el huerto de la casa de éste. Manolita, la
hija de la tenienta, se despierta y llora de miedo; la madre va por ella y
baja de nuevo. El barbero le quita el dulce peso de la niña. Precisamente
en este instante irrumpe en el huerto el esposo enloquecido. Dispara su pistolón. Se presenta luego, medio borracho, en casa del Coronel para darle
parte de la venganza sangrienta, pero, ya aceptado el habano que le ofrece
el Coronel como recompensa por haber matado bien a la adúltera, se trae
la infausta noticia de que el tiro de don Friolera erró. No mató a la esposa
infiel sino a la hija inocente. Acaba demente el asesino y pasa aparentemente
al hospital.
c) El epUogo
Prendidos por anarquistas, vuelven a aparecer los dos intelectuales del prólogo. Don Manolito y don Estrafalario oyen desde la cárcel un romance de
ciego que da una tercera y muy distinta versión del mismo tema. El romance
popular presenta el reverso de la moneda glorificando al valiente oficial don
Friolera. No sólo continúa y completa, de modo inverosímil, lo que sabemos
ya del teniente, sino que también agrega otras particularidades. Se averigua,
primero, que se había casado con una mujer coqueta, sin escuchar los consejos de sus amigos. Según Je advierte otro anónimo, su esposa está engañándole en casa de una alcahueta, a donde solía llevar a su hija Manolita para
disimular el motivo de sus salidas. EL teniente sorprende a los amantes y una
vez más mata a su hija, pero, descubierto el error, regresa y degüella con
una hacha a los dos culpables. Con las cabezas ensangrentadas, promesa no
cumplida en la segunda parte, se presenta ante el general en la plaza y éste
lo condecora. El romance finaliza con la narración de otras grandiosas hazañas que aumentan la fama de don Friolera y que le valen aún mayores distinciones, hasta ser retratado en las Revistas Ilustradas. Si en el prólogo don
Manolito y don Estrafalario exaltan los méritos de la representación de Fidel, ahora los mismos comentaristas condenan por malo el romance que acaban
de escuchar. Entendemos que el epílogo da una versión errónea y sensacional
del destino de don Friolera, versión hecha de acuerdo con los gustos popula-

314

res que el autor de un romance de este ti
.
da, pues, en el romance una ve ., f b I po necesita acatar. Valle Inclán
h I
rsion a u osa y f t
d
a ogrado captar la imaginación del pueblo.H an asea a de una verdad que

UNAS CORRESPONDENCIAS UNIFICADORAS

~istas en rápido resumen al un
.
.
.
versiones, así como sus muchas !me~iferen~1~ que individualizan las tres
unas calculadas simetrías entre I tJ as, qu1s1eramos a continuación señalar
·
·
as res partes
· d
mtenor a la obra en su totalidad. y tan ,
que_ hen en a dar una unidad
de Los cuernos de don Friolera es
'b) solo mediante una cuidadosa lectura
detalles, que interesan desde el p pots1 de qu: el lector aprecie estos pequeños
una
,
un o e vista est t 1
vez mas con qué conciencia atendía V ll I l' ruc ura y que confirman
En primer lugar es ob .
a e ne an la creación de sus obras
'
vio que se relacionan e t
, 1 ,
·
en 1o que se refiere a su composición
. n re s1 e prologo y el epílogo
~n cada caso se trata de una distinj ::~mb1ente de feria. Según indicamos,
necos, romance de ciego) la e 1 1
a popular (representación de mue t d
,
ua es uego tema d
n re on Manolito y don Estrafala . E . . e una conversación teórica
· que del ciego Fidel
so')o hay un paso al autor anón. no.
d I s s1gmficattvo
' ·
imo e romance
paginas finales del libro. Cuand d
que se oye cantar en las
las
1
on Estrafalario c d
cop as populares como "abo . bl "
on ena, en el prólogo
34)
mma es y como " . d'
,
' su compañero don M
1· 1
peno ismo ramplón" (p
ano ito e contesta:
·

°

Usted, con ser tan sab1'0 las juzºua por I t
i Pero cuando se cantan '
ec ura, y de ahí no pasa
con acompañ ·
d
·
una gran emoción! No me
,
amiento e guitarra, adquieren
perbólico, truculento y
n:gai:a usted, que el romance de cieuo hi
sangumano' es una f orma popular {Ibidem).
º ' .
Ahora bien: los adjetivos hiperb0'l'ico, truculento
· .
samente los más apropiado
.
, y sangmnano son precis para caracterizar el romance f'ma,1 tan leJ·os

"C

'

la crítica más autorizada
.
pocmasorno
d e ya
L a ha
. señalado
(Salinas, G u1·11ermo de Torre) 1
pipa
de Kif (1919)
"
lo
d' .
con su musa mod
"
' os
s proce imicntos esperpénticos. Tan sól
.. ,
erna preludian el ambiente
clave XIV titulada "El crimen
.
. o qumeramos
en Medinica"
.. , llamar la atenció n sob re lay
con
dos
estrofas
de
introducció
d
.
,
compos1C1on
b',
n Y os finales de "
,, dividida en cuatro escenas
ien que se trata de un canto d e ciego
.
comento
. Es instructivo notar t amque pr
1 .
mata a su propia madre. Por último Val! . egona e cnmen de un bandolero que
de tres pintores: el Greco, Goya y S;lana. e incorpora a la misma poesia los nombres

315

�según don Estrafalario, de "aquel paso ingenuo que hemos visto en la raya
de Portugal" (p. 263) .15
Ciertas frases en boca de los muñecos de Fidel cobran inesperado sentido
sólo a la luz de lo que sucede después. Cuando se inicia la representación,
tanto en el prólogo como en la parte central, don Friolera está de guardia en
el cuartel. El Bululú le dice: "¡ Pícara guardia! la bolichera, mi teniente Friolera, le asciende a usted a coronel" (pp. 23-24) . No se entienden plenamente
estas palabras, a menos que sepamos que el Coronel es también cornudo, porque en la parte central su mujer lo está engañando con el a,yudante. Y ésta es
una de las muchas punzantes ironías que caracterizan tan lograda obra. Algo
después el Fantoche afirma: "Me comeré en albondiguillas el tasajo de esta
bribona y haré de su sangre morcillas" (p. 29). Aunque las circunstancias
se invierten, escucharemos casi lo mismo en la sexta escena de la segunda parte
cuando don Friolera, ya un poco borracho, cree que alguien se esconde en

be1.1a Frente a estos casos en
otros en carob"io que sufren pequeñ
que Valle reitera
·
. . . motivos casi· idénticos,
hay
n~s: ?el aceitero pasamos al barber: modif1cac1ones en las distintas versiop1stolo~, Y, por fin, al revólver y al h!!a C;ronel al General, del puñal al
progres1on en el tema de la ven anza. . . arece que haya una calculada
luego la muerte de una sola pers!na in~pnmero, una muerte falsa (prólogo)'
matanza general (epílogo). En lo
ent~ (parte ~entra)) y finalmente una
algo parecido: se sospecha que laqqu:e:;efd1erle a .!ª mfidelidad misma, ocurre
amores·' se sabe que dona
- Loreta co f ad e prologo. haya andado en otros
extremo de entregarse al barbero 'co n es_a amente mu3er apática, no llegó al
otra parte puede mferir
•
,
que hubon qmen
d d coqueteaba,• Y, en el epilogo
por
ver a ero pecado.
'

LA SÁTIRA EN

la puerta:

Don Friolera: ¡ Es Pachequín! ¡ Loreta, pon una sartén a la lumbre! ¡ Vas a
freírme los hígados de ese pendejo!
Doña Loreta: ¡ No me asustes, Pascual!
Don Friolera: ¡ Y no tendrás más remedio que probar una tajada! (p. 132).
Un momento antes de morir deg91lada grita la Moña: "¡ Derramas mi sangre inocente, cruel enamorado! ¡ No dicta sentencia el hombre prudente, por
murmuraciones de un malvado!" (p. 30), y la maledicencia del Bululú pasará a ser el anónimo de doña Tadea, cuyo papel en la parte central es exactamente el de aquél en la breve representación del prólogo.
De manera intencionada Valle Inclán hace repetir varios motivos que logran conferir una mayor unidad a la obra en su totalidad. Por ejemplo, a la
rosa de papel en el rodete de la bolichera corresponde el clavel que lleva doña
Loreta y que se cambia por el reventón del barbero, trueque sospechoso advertido por doña Tadea. El puro que el Coronel regala a don Friolera por
haber cumplido con su deber de honrado oficial se relaciona con el alfiler
de corbata que luego recibe, en el epílogo, de manos de la Infanta doña Isa,. Un cotejo de ediciones posteriores con la primera. de Los cuernos de don Friolera
(La Pluma, números 11 a 15, abril-agosto de 1921) revela unas modificaciones textuales, adiciones y supresiones. Nos interesa anotar ahora solamente un pequeño cambio. Cuando en el prólogo Don Manolito y don Estrafalario comentan las formas populares de la literatura, se condenan por abominables las coplas de Joselito y las del
Espartero. En la primera edición, sin embargo, cuando Don Manolito pregunta a su
compañero si le gustan las del Espartero, la condena no es total, porque contesta don
Estrafalario "Ciertamente" (Núm. 11, abril de 1921, p. 202) .

316

LOS

CUERNOS DE DON

F RIOLERA

sattª

Una de las notas más acentuadas en esta o
en todo esperpento. Valle Inclán no sólo
es, desde_ luego, la satírica. y
honor con~ugal, sino también el rnilitarism nza con acritud el concepto del
sente _con igual violencia en los otros
o en todos sus aspectos, tema precolectivo de Martes de Carnaval.11 No s:ste~ento~ agrupados bajo el título
una ~cerba crítica dirigida sin amba
IIllta, sm embargo, Valle lnclán a
terana, de hecho, constituye uno de gl:s co:: la ~s~a militar. La sátira lipor lo tanto merece aqu' b
., g
es mentos de toda la obra
1 reve menc1on s·
1
' y
espanol no llega a salvarse . . .
. 1 en a condenación del teatro
d V 11
.
ru s1qu1era Cald , is 1 •
e a e se dirigen de modo e
. 1
eron,
as mtencionadas burlas
spec1a al teatro
f
garay y su escuela. Esta avers·,
sen imental y ramplón de Eche
b
wn nunca callad
re asa la mera protesta y la
, d
a por el autor en esta ocasión
r
anee ota para co
.
y va iosa de Los cuernos de don Friolera. S
nvertirse en u~a parte íntegra
obre todo en los ridículos diálocros
o
A G
,
•
ONZALEZ advierte también
S1 bien la lograda sátira mir
esta correspondencia, ob. cit., p. 53.
a su punto culminante en
itar es constante en la parte central
,. PEDRO
"
•
•

H:noEr que dictaminará sob~: ;;c:;u~~i~3;:'ªde;\qu~ se forma el absu~~o\~~:~allle::
1 teatro de Caldero
.
emente de la milicia.
con al
n se relaciona de m d
yug ' y en Los cuernos
o o convencional con el
dt ma~era ridícula al refle::;a~nde 1un h~roe clásico, calderoniano, ::as:c~ ~onor
e apellido de doña Tadea
; espeJo cóncavo. Recordemo
e orrna
se localizan en los comentan:: Calderon, pero las alusiones concretass, ate nuevo. ~ue
contraria que es la bu I d
que hace don Estrafalario en el 61
teatro clásico
español ( p. 33) y hab~ a e cornudo al concepto tradicional :~ ~go. El advierte lo
ma español (p. ,35)
' en tono despectivo, del dogmatismo de I onor en el teatro
.
y e a crueldad del dra-

317

�sostenidos por doña Loreta y Pachequín se ve con qué maestría se burla
cruelmente Valle lnclán del sentimentalismo falso y la teatralería declamatoria característicos de los dramaturgos españoles de fines del siglo. Remeda
y caricaturiza con ingenio burlesco los desplantes y los gestos ~e los pe_rsonajes
de Echegaray y de otros autores menores de su escuela; prodiga las citas textuales y las obvias alusiones a aquel teatro retórico; y con éxito logra. adaptar
el diálogo a las situaciones típicas del melodrama de aquella época. No cabe
duda de que esta incisiva parodia literaria enriquece de modo notable el gusto
con que se lee el esperpento de don Friolera.
·

TEORÍA ARTÍSTICA EN

Los

CUERNOS

Para todos los críticos que han estudiado la teoría del esperpento el inevitable punto de partida ha sido siempre la ahora célebre conversación entre
don Latino y Max Estrella que ocurre en la escena duodécima de Luces de
bohemia (1920). No se podría negar la gran importancia de estas páginas
en la formulación estética del nuevo estilo, pero lo curioso es que esos mismos
críticos apenas se han ocupado de los comentarios, igualmente significativos,
que hacen don Manolito y don Estrafalario en el prólogo de la ~resente
obra.1 9 Sus observaciones no sólo complementan las de Max Estrella, smo que
merecen tenerse en cuenta como indispensable corolario posterior que explica
ciertas intenciones artísticas de Valle lnclán.
Recordemos que los dos intelectuales están conversando cuando comienza
el prólogo. Su plática se interrumpe por la representación del titiritero y luego
se reanuda el diálogo en la forma de u~ comentario sobre el retablo del Compadre Fidel. Es aparente que sus muñecos sirven para ilustrar de manera
concreta la estética antes expuesta por don Estrafalario. Por último, en forma
muy abreviada en el epílogo se retoma, al lado de la condena del romance,
2
la idea de que Ía única posible regeneración !vendrá del tabanque del Bululú. º
10 Hasta donde alcanzan nuestros informes, Brooks parece ser el primero que se ha
ocupado detenidamente de este diálogo teórico ( ob. cit., pp. 157-15~), . a~nque co~
anterioridad Torrente Ballester escribió que "la formulación de los prmc1p1os del genero se hizo en Los cuernos de don¡ Friolera . .." Cito según la segunda edición de su
Panorama de la literatura española contemporánea. (Madrid, 1961), p. 168.
'º EMMA SusANA SPERATTI P1ÑERO ( ob. cit., p. 90), al rastrear la incorporación de
peleles y fantoches a la obra de VALLE INCLÁN, recoge la frase de don Estrafalar~o
y agrega: "Es decir, para que España se duela de sí misma debo hablarle por medio
de los fantoches en que sus hombres se están convirtiendo". De esta manera, pues,
VALLE quería rebajar la dignidad del hombre para que todos vieran los males de la
España contemporánea ( "el sentido trágico de la vida española")•

318

La ~iscusión teórica arranca del descubrimiento que hace el pintor don
M~ohto de un cuadro de Orbaneja. En este cuadro, antiacadémico y de
técmca deformadora, calificado de malo y absurdo pero con la emoción de
Goya Y el Greco, aparecen dos figuras: un pecador que se ahorca y un
diablo que ríe ante el espectáculo. Las carcajadas de ese diablo ("como no
los ha soñado Goya", p. 17) revelan a don Estrafalario que las risas infernales
no son de desprecio, sino que en cambio los humanos hacemos mucha gracia
al diablo. Aconseja a don Manolito, sin embargo," que no crea en la realidad
-de ese diablo porque se interesa afectivamente en el sainete humano. Las
lágrimas y la risa, según don Estrafalario, " ...nacen de la contemplación de
cosas parejas a nosotros mismos" (p. 19) .21 Frente a la estética de amor
propuesta por don Manolito recomienda otra que es "una superación del
-d~lor Y de la risa" ( p. 21) . El ideal estético de don Estrafalario sería poder
TeirSe_ de los defectos humanos desde una perspectiva de desinterés, en que se
prescmde de toda sentimentalidad. Esta actitud desinteresada o deshumanizada, si se quiere, se resume en las siguientes palabras: "Yo quisiera ver este
mundo, con la perspectiva de la otra ribera" ( p. 22') .
. Vista la Trigedia de los cuernos de don Friolera, cuyo tema se aleja visiblemente de la tradición castellana para entroncarse más con el teatro italiano o tal vez latino, prosigue la conversación. Como ya señalamos, se habla
mal del retórico teatro español, que se caracteriza según Don Estrafalario
por su dogmatismo, su crueldad fría y antipática, así como por su "furia
escolástica" ~P· 35), y se rechazan al mismo tiempo las malas coplas populares. Por pnmera vez se asevera que la redención vendrá del tabanque del
Compadre Fidel, el cual vale más que el Orbaneja por estar "más lleno de
posibilidades" (p. 37) y sobre todo porque en el cuadro la risa del diablo
comprueba no su desprecio sino su interés sentimental.
Aunque Valle Inclán llamó antes el puñal de don Friolera "la cimitarra de
Otelo" (p. 30), ahora se aprovecha del drama inglés, de tema semejante, para
ofrecer otra interesante ilustración del mismo credo estético. El Compadre
Fidel, según don Estrafalario, es superior a Yago. Ambos provocan un mismo
conflicto de celos, pero, en contraste con el motivo de venganza personal que
determina la conducta de Yago, lo hace Fidel de modo enteramente desinteresado. Además Shakespeare se identifica con los celos de Otelo, desdoblándose en ellos, y resulta que "creador y criatura son del mismo barro huma" Para explicar su afirmación con mayor claridad don Estrafalario toma el ejemplo
de los sentimentales que, en la corrida de toros, se duelen de la agonía de los caballos, Y demuestran, identificándose con ellos, una sensibilidad pareja de la sensibilidad
equina ( p. 20) .

319

�no" (p. 38). En cambio la superioridad del Compadre Fidel se debe al hecho
de que "sólo trata de divertirse a costa de Don Friolera. : . ni un solo momento
deja de considerarse superior por naturaleza, a los munecos de su tabanque.
Tiene una dignidad demiúrgica" (pp. 37-38) .22

PALABRAS FINALES

Hasta ahora hemos examinado, en cierto detalle, la composición formal
de Los cuernos de don Friolera, con el objeto de demostrar de qué modo las
tres versiones del tema, cada una con su forma individual, se parecen Y se
difieren dentro de una unidad esencial. Luego consideramos las marcadas
intenciones satíricas de la obra, sobre todo en lo que se refiere a la parodia
literaria, para pasar a una breve exposición de la teoría artística expresada
en loi¡ comentarios de don Estrafalario y don Manolito.
Ahora bien: se nos ocurre la posibilidad de ver Los cuernos de don Friolera como un gran espejo, elemento esencial de todo esperpento, en que se
reflejan sucesivamente tres imágene~ distint~s de una m~sm~, real~d~d. Según
esta interpretación, el retablo de F1del sera una mera ilus1on corruca de la
realidad. Prefigura la visión más profunda de la segunda p~rte, en ~u~ se
presenta una verdadera realidad que ha irritado a Valle Inclan. Por ultuno,
esta misma realidad llega a su punto de mayor exageración en el romance
hiperbólico, que se compara no de modo casual con los libros de C~ballería
(p. 262). Ciertas palabras de don Manolito que se oyen casi al fmal del
epílogo tal vez confirman este intencionado juego con diferentes conceptos
" Son frecuentes los textos en que VALLE alude a la superioridad del creador con
res~ecto a sus criaturas. Copiamos ahora unas significativas _palabr~s de VA.LLE sobre
esta actitud: "La verdad es que no me hubiera gustado vivir la vida de nmguno de
mis personajes. Hay que estudiar a los autores en sus tres maneras. Primera, el per~onaje es superior al autor. La manera del héroe, HOMERO, que no es de sangre de dioses. Segunda, el autor que se desdobla: SHAKESPEARE. Sus personajes no son otra cosa sino desdoblamientos de su personalidad. Tercera, el autor es superior a sus personajes y los contempla como Dios a sus criaturas. GovA pintó a sus¡ personajes como seres inferiores a él. Como QUEVEDO. Esto nace de la literatura picaresca. Los autores
de estas novelas tenían mucho empeño en que no se les confundiera con sus personajes, a los que consideraban muy inferiores a ellos, y este espíritu persiste a~n ª. tra~és
de la literatura española, naturalmente. Y o considero también mis personajes mfenores a mí. Mi obra es un intento de lo que quise hacer". Cito según FRANCISCO MADRID, Ob, Cl·t ., p • 104, Para otro texto similar, cf. MELCHOR FERNÁNDEZ ALMAGRO,

Vida y literatura de Valle lnclán (Madrid, 1943), pp. 211-212.

320

de la realidad. Cuando don Estrafalario pregunta si no considera ridícula y
jactanciosa la literatura del romance cantado, contesta aquél:
Indudablemente, en la literatura aparecemos como unos bárbaros sanguinarios. Luego se nos trata, y se ve que somos unos borregos (p. 263).
Es ésta, pues, la exacta diferencia que media entre el Don Friolera de la
parte central y los otros dos del prólogo y del epílogo respectivamente.
En el prólogo la representación de Fidel tiene por objeto primordial el de
afirmar una actitud ante la vida y el arte, una postura antes definida por la
conversación de los dos intelectuales. El Bululú se divierte a costa de su fantoche. No se identifica con él. Y, de este modo, llegan a ser superados el
dolor y la risa. Según la teoría expuesta, esta burla del cornudo sería la parte
más lograda de la obra. Paradójicamente sugerimos que el gran valor artístico
de la 'parte central de Los cuernos se debe no a la estética deshumanizada formulada por don Estrafalario sino a la del amor que propone don Manolito.
A su pesar, tal vez, Valle Inclán no puede menos de proyectarse afectivamente
en el destino entre trágico y grotesco de su pobre personaje. Dicho con las
palabras del autor, Valle Inclán rima el latido de su corazón con el de don
Friolera. No es posible que Valle, indignado y resentido por la farsa de una
sociedad corrompida, escriba desde la otra ribera. No es como el Compadre
Fidel. Hace más que divertirse a costo de su fantoche. A medida que el autor
se desdobla en la angustia de don Friolera, incapaz éste de hacer frente a las
hipócritas convenciones y a la situación creada por ellas, el lector compadece
al pobre protagonista. Es verdad que no se abandona nunca del todo la
tonalidad burlesca, como atestigua el detalle final del coronel cornudo, pero
Valle llega a dolerse de su criatura.23
Creemos, pues, que la indiscutible perfección artística de Los cuernos de
don Friolera se debe a la correspondencia integral que hay entre sus tres partes formales. En cada caso Valle lnclán ha logrado objetivar su actitud personal ante el arte y ante el sentido trágico de la vida española. Y en último
análisis, ¿ no nos sugiere Valle Inclán que la literatura de valor perdurable es
siempre la que encierra una cordial dimensión humana?24
" Muy distinta es la opinión de TORRENTE BALLESTER en su caracterización de Los
cuernos: " . . .El conjunto compone una farsa despiadada, brutal, en que es patente el
menosprecio del artista por el hombre y todo lo humano: una farsa cuya representación no sería tolerada por ningún público. Ni un solo momento se enternece el alma del
autor; no existe en la pieza un personaje que, como el indio Zacarías de Tirano Banderas, merezca, a lo menos, su respeto". Ob. cit., 168-169.
" A última hora hemos leído un execelente e informativo trabajo del profesor DAVID
BARY' titulado Un tango, una farsa y un esperpento y publicado en lnsula, XVII (Núm.

321
H21

�,
estudian con penetración las relaciones que exis191, octubre de 1962), p. 7. Aqu1 se d 1
El Espartero el esperpento de
las hazanas e torero
,
_
ten entre el tango que narra
d p' BAROJA El horroroso crimen de PenaLos cuernos de don Friolera, y la farsa e 10
•
brc todo por sus obserEl
, 1 d Bary nos interesa so
randa del Campo ( 1926 ) .
articu o e I
, . corpora al epílogo de su esper.
l
que VALLE NCLAN m
vaciones referidas a roman~e
.
.
e ha entre el don Friolera de la sey
f' al . anota el espíritu no
p ento BARY ha visto con acierto las d1ferenc1as qui
·
,
b'
ld niano de romance m ,
gunda parte y el heroe más ien ca ero 1
. d 1 romance . y opina que VALLE
F' del frente a castizo e
,
castellano en el retablo d e I
d' 'd d estética (lo que no
1
1 s populares a una igru ª
.
d
logra elevar el mal gusto e as cop a . .
1
lo burgués. Por último qui.
t'
que satmza lo popu ar Y
hizo BARO J A), al rrusmo iempo
. d . "
el esperpento de VALLE
. . d
f'
· es de la nota cita a. · · ·
siéramos transcribir os a 1rmac1on
d
. t ru'nguna falsa y ninguna
t
del desastra o temen e,
INcLÁN ofrece tres de 1as aven uras
'd
. La versión esperpéntica, in•
d
cual
con v1 a propia.
verdadera, todas legend arias y ca a
1 d 1 .
no es más 'verdadera' que éstas"'
tercalada entre la del Comp~dre Fidedl. y. ~. e lc~:;dadero esperpento lo forma el con. f' al del !DISIDO estu JO. . ..e
f
..
Y luego, h ac1a m es .
i el autor qumera
1'lustrar de esta manera su ajunto de las tres versiones, como s
.
tres espejos cóncavos en loa
mosa 'estética del callejón d~l Gato'. Las,tres v~~1ones ;nn Friolera".
que se refleja el héroe clásico que habna pod1 o ser o

ELEMENTOS ESTIL1STICOS DE HIJO DE LADRÓN
MYRON LICHTBLAU
Syracuse University
Syracuse, N. Y.

NOVEÚSTICA chilena actual ocupa un lugar destacado Hijo de
Ladrón, tanto por sus valores sociales y psicológicos como por el manejo atrevido del arte narrativo. Publicada en 1951, esta novela 1 de Manuel Rojas
1896- ) ha merecido los elogios casi unánimes de los críticos, que ven en
la narración algo autobiográfica del joven protagonista un cuadro fiel y
conmovedor de ciertos grupos de la baja capa social en Chile. De las sugerencias sociales y morales que se pueden desprender de toda la obra vamos
a escribir muy poco, pues esta crítica queda fuera del alcance del presente
estudio. Lo que nos interesa es el vehículo lingüístico que capta y transporta
este lienzo de vidas desorientadas a la sensibilidad literaria del lector. En fin,
trataremos aquí los diversos elementos de estilo que dan a la novela su más
notable peculiaridad y su esencia como obra de arte.
DENTRO

DE LA

Todo estilo literario se encuentra metido dentro del marco narrativo que
define y limita el alcance y sentido de la obra. Hablar del estilo, analizarlo e
interpretarlo, es tratar la composición verbal comprendida en este marco y
por él condicionada de alguna manera u otra. En Hijo de Ladrón este marco o armazón novelesca no sólo presenta un caso nada usual, sino que se
utiliza con efectos artísticos muy marcados y se .relaciona estrechamente con
el estilo de la obra. Por eso, anterior al estudio de este estilo, hacen falta algunos comentarios generales sobre el carácter y la estructura de la novela. La
nota más patente del arte narrativo de Hijo de Ladrón es la desordenación
cronológica en que se encaja la obra. El concepto del tiempo 2 en que trans1

La edición que utilizo en este trabajo es la de Zig-Zag, Santiago de Chile, 1961.
Todas las citas se refieren a esta edición.
• Véanse el artículo muy perspicaz de Femando Alegría sobre Manuel Rojas y en

322

323

�curre la acc10n está completamente desviado, hasta tal punto que no hay
consecutividad temporal sino un abigarrado eslabonamiento de tiempo presente y tiempo pretérito. Un extremo del tiempo presente es la salida de
Aniceto (el protagonista) 1 de la cárcel, víctima de una falsa acusación de robo; el otro extremo ocurre tres días después, cuando se encuentra en íntima
amistad con dos vagabundos con quienes tropezó en la playa. Y formando
una complicada red hábilmente desparramada por la obra se hallan numerosos episodios sacados de la viva recordación del protagonista y de sus compañeros. El hilo narrativo actual se para, se interrumpe, se disuelve en la memoria de otras épocas. Nos entra un gran flujo de pensamientos y evocaciones sin ninguna orientación cronológica y poca cohesión temática. Como dijo muy bien Fernando Alegría: "Los episodios son intercalados en el instante en que llaman a la memoria del narrador, sin explicaciones previas, inusitadamente, como exigiendo al lector que les dé el lugar histórico que les corresponde".3
Es fácil ver que la obra sigue la pauta de la novela picaresca. En nuestro
caso el protagonista es un niño desamparado de unos dieciséis años que sufre
la muerte de su madre y el abandono de su padre, astuto ladrón y ratero
que parece jactarse de su oficio y deleitarse de la notoriedad. Narrada totalmente en primera persona por Aniceto y sus compañeros, Hija de Ladrón
posee la misma identificación personal, la intimidad y confianza que se asocian con el género picaresco. Respecto a esto no hay nada de particular; pero lo que tiene la obra en alto grado y la distingue estilísticamente es cierta
nota de humanización que no podemos menos de sentir hondamente a cada
paso. Con esta nota de humanización los fenómenos y circunstancias objetivos se convierten en observaciones dramáticamente subjetivas, relacionadas
directamente con los sentimientos y · pensamientos del narrador en un momento dado. Una descripción, por ejemplo, no nos dice que hay insectos en
la cárcel que molestan a los prisioneros y les dan asco, sino que una sola chinche o cucaracha se le sube a la garganta de uno en particular. Y ocurre lo
mismo con la descripción general de la celda, que no se nos presenta como
algo frío e impersonal, sino como el sitio de encarcelamiento de un solo hombre, entre otros, con quien podemos identificarnos emocionalmente. Percibimos no ya la presencia de los personajes, sino sus rasgos más arraigados, su
complejidad interior, sus instintos más fundamentales (digámoslo, los más
crudos a veces) . En fin, vemos lo humano, la desnudez de las cosas, y los valores y móviles que son el meollo de su existencia. Aniceto, su madre solícita,
particular sobre Hijo de ladr6n: "Manuel Rojas: Trascendentalismo en la novela chilena", Cuadernos Americanos, Vol. CIII, marzo 1959, pp. 246-262.
' lbid., p. 254.

324

su padre ilusivo, el Filósofo, y las demás personas de la novela se nos imponen fuertemente y dejan huellas inconfundibles.
Tal humanización se logra de dos maneras: temáticamente, por el contenido mismo, es decir por las acciones en que participan los personajes; y estilísticamente, por el modo de narrar dicho contenido. La primera pertenece mejor a otro estudio; la segunda exige más explicación aquí. Relacionada
con la idea de la humanización artística está el elemento de espontaneidad
narrativa, en que el relator da rienda suelta a toda la gama de sus pensamientos y los apunta libre y naturalmente para marcar el tono de la novela.
Es un fluir constante que brota desde adentro impulsado casi por una necesidad imperiosa de desahogarse y referirlo todo. No hay trabas ni restricciones de ninguna clase, pues todo el relato no se atiene a otra cosa sino\ el ente
interior del narrador. Pero si tal naturalidad verbal fuera una exacta reproducción del pensar de los personajes, si fuera una copia mecánicamente fiel,
no sería arte ni creación literaria. Es poco probable que un muchacho indisciplinado como Aniceto y otros compañeros de igual calaña supieran elaborar una narración de los méritos artísticos que se notan en Hijo de Ladrón.
No importa. T'odo arte o valor estético encierran un tanto de ilusión. Y sobre todo al leer una novela en primera persona experimentamos con gusto
cierta decepción, pues el novelista actúa como un director detrás de los bastidores, guiando la obra que nos presenta el narrador. De modo que la espontaneidad y la naturalidad de Hijo de Ladrón, claro está, son productos
de la técnica novelesca de Manuel Rojas y están templadas y modificadas
según un determinado criterio artístico. La prosa fluida y sencilla que caracteriza lo más de Hijo de Ladrón desempeña bien su papel de representar
las palabras sentidas y expresadas por Aniceto y sus compañeros. Pero esta
naturalidad y aparente sencille71 de estilo -cualidades que producen este elemento de humanización de que hablábamos- no quiere decir que todo se
narre casualmente, al azar, sin detenimiento ni cuidado. La prodigiosa labor
artística se esconde hábilmente, mas no deja de expresar del modo más adecuado la materia tratada y el temperamento y el estado de ánimo del narrador.
De ahí el estilo poco académico que predomina en Hijo de Ladrón, en
que la porfía de naturalidad excluye todo lujo verbal, todo oropel, toda hinchazón o artificialidad del lenguaje. Nada de palabras exclusivamente literarias, nada de frases fríamente pulidas o cinceladas, nada de cláusulas rimbombantes o machaconas que parecen hechas en un molde rígido y predeterminado. La prosa rebosa de vida a cada paso -más que vida, el brío y el
vigor y la libertad de la vida que se hallan encamados en tantos personajes
de la obra. Es una prosa ágil y enérgica que es seguro testimonio del poder
de un estilo naturalmente concebido y ejecutado. Y es precisamente esta fu-

325

�si6n acertada de naturalidad y fuerza de expresión, lo que engendra y sostiene
nuestro interés. De los centenares de trozos que bien pueden ejemplificar este elemento de la prosa sacamos éste, que narra parte de las reacciones de
Aniceto y de su madre cuando un desconocido llama a la puerta:

Entre uno y otro movimiento oí que mi madre abría la puerta Y que
una voz de hombre, dura y sin cortesía, casi tajante, decía algo como
una pregunta; la voz de mi madre, al responder, result6 increíblemente
tierna, casi llorosa; la frase que pronunci6 en seguida el hombre pareci6 quemar el delicado brote. Hubo un breve diálogo, la puerta son6
como si la empujaran con brusquedad y un paso de hombre avanz6
por el corredor de baldosas. Y a escuchaba. La distancia desde la puerta de calle hasta la del comedor era de quince pasos, quince pasos contados innumerables veces al recorrer la distancia en diversas formas:
caminando hacia adelante o hacia atrás, de este lado y con los ojos
abiertos O de este otro y con los· ojos cerrados, sin hallar nunca una
mayor o menor diferencia. Detrás de los pasos del hombre sonaron, precipitados, los de mi madre: para ella, baja de estatura como era, los
pasos eran dieciocho o diecinueve . ..
Cuando el desconocido -pues no me cabía duda alguna de que lo
era- apareci6 frente a la puerta del comedor, yo, todavía relamiéndome, estaba de pie detrás de la mesa, los ojos fijos en el preciso punto
en que iba a surgir; no se me ocurri6 sentarme o moverme del lugar en
que estaba en el instante en que di el manot6n a las migas, o quizás,
el diálooo O los pasos me impidieron hacerlo. El hombre lleg6, se detub
. d
vo en aquel punto y mir6 hacia el interior: allí estaba yo, con mis oce
años, de pie, sin saber qué cara poner a su mirada, que pareci6 medir
mi estatura, apreciar mi corpulencia, estimar mi desarrollo muscular Y
adivinar mis intenciones. Era un hombre alto, erguida, desenvuelto; entr6, dio una mirada a su alrededor y vio, sin duda, todo, los muebles,
las puertas, el bols6n con mis cuadernos sobre una silla, las copas, los
colores y las líneas de los papeles murales, quizá si hasta las migas, y
se acerc6 a mí (pp. 21-22).
Aun con una lectura somera de Hijo de Ladr6n se nota en seguida que la
riqueza narrativa proviene en gran parte de la riqueza de detalles que circundan el relato de cada suceso. La proliferación de detalles descriptivos no
es un simple adorno o elemento accesorio de la narración, sino que representa uno de los elementos más enjundiosos e indispensables del estilo de Rojas.
Raras veces parecen superfluos o insignificantes los detalles, pues cuadran

326

con perfecta naturalidad en el relato y parecen casi inseparables de la imagen colectiva que se quiere dar. Nos interesan los. detalles porque pertenecen
integralmente a la escena que se describe. Los párrafos se suceden con fácil
desenvoltura, recogiendo en su marcha una mar de detalles y minuciosidades
y apuntándolos con asombrosa exactitud y viveza hasta que al final de la
escena el lector puede apresarlo todo y asimilarlo dentro de la armazón fundamental de la obra. Los detalles son de una rica variedad y puede referirse
a aspectos físicos de personas u objetos, a fenómenos de la naturaleza, a faenas rutinarias, a sensaciones auditorias, táctiles, u oculares. Nada se escapa
de la aguda observación y anotación del narrador, que parece no descansar
en su relación hasta agotar cada aspecto o sesgo que anda ligado a su tema
o que pueda emparentarse al mismo. Escojamos a modo de ejemplo un párrafo en que se ve claramente cómo Rojas crea un ambiente o tono principalmente por la acumulación de detalles hábilmente ensartados. Esta escena
ocurre cuando Aniceto presencia un motín de trabajadores y al mismo tiempo, en plena calle, come su presa de pescado. El párrafo comienza con la
sencilla declaración del acto simultáneo de comer y de mirar la escena. Luego Aniceto expresa duda sobre la edad del pez, añadiendo que en efecto le
importa poco porque tiene mucha hambre. Sigue una referencia al mal olor
del pescado, lo cual le da oportunidad a Aniceto de interpolar un pensamiento pasajero: "¿ A dónde irían a parar los pobres si se les ocurriera tener
un olfato demasiado sensible. La miseria y el hambre no tienen olfato; más
aún, el olfato estorba al hambriento" (p. 121) . La corteza, dura e insabrosa,
le recuerda el tierno batido de pan rallado y huevo que en otra época preparaba su madre. Se resigna, sin embargo, a comer el pescado, comentando que
es agradable para sus dientes, que sienten y transmiten la sensación de un masticamiento vigoroso. Aniceto nos comunica otros detalles, que infunden toda
la descripción de gran relieve humano: el vahecillo que le entra por las narices y se las dilata, el desmigajar de las tonejas, la postura que él toma al dar
un bocado para que ningún trocito se escape de su boca, el papel que le sirve de plato y que impide que la transpiración oleaginosa que rezuma el pescado se pegue a sus manos ( p. 121) .

DESVIACIONES NARRATIVAS

Si echamos una mirada general a la obra, la primera impresión es la de
una gran masa de materia narrativa y descriptiva incluida entre trescientas
páginas bien nutridas. Y la materia parece más compacta por la técnica de tener grupos de párrafos de desmesurada extensión, como si Rojas quisiera re-

327

�presentar una sucesión no interrumpida de pensamientos y acciones. Esta densidad de materia llegaría a constituir un elemento poco deseado del estilo si
Rojas no supiera controlar y variar los planos estructurales de la novela. La
línea de pura narración expositiva o explicativa que tanto abunda en la obra
se desvía hacia otras sendas en momentos apropiados para aliviar la igualdad
de presentación. En estos casos la acción avanza más rápida y directamente,
pues hay un entretejimiento más patente de diálogo y materia narrada que
pone de mayor movimiento los varios móviles de conducta. Escenas hay que
llegan a ser pequeños capítulos aparte, casi viñetas, bien ordenadas y vivaces,
de interés intrínseco y contad~s con la chispa de vida tan característica del
libro. Una escena de este tipo, que en sí posee substancia para convertirse en
un cuento corto, se desarrolla en la cárcel y tiene por principal figura un
hombre elegantón que cometió algún delito (pp. 169-176). Sus buenos compañeros de celda le roban un costoso reloj de oro a este jactancioso, cuyas
protestaciones y recriminaciones cayen en los oídos incompasivos del guardia.
Todo el relato, desde la descripción de la figura absurda del muy acicalado
y la reacción de los prisioneros ante él y su valiosa prenda, hasta la búsqueda
del reloj robado en los más recónditos sitios de la celda, se narra con sumo
interés y gracia, debido en gran parte al tono irónico y algo incongruo que
recorre la escena. Si en viñetas como ésta el diálogo tiene un papel tan importante como la narración misma, en otras ocasiones el diálogo sostiene por
sí solo toda la escena y constituye el único elemento, suprimiéndose toda otra
explicación o descripción generalmente empleada para reforzar la conversación o para hacerla más comprensible al lector. El efecto de tales escenas enteramente dialogadas es palmario: una nota de precisión limpia y rápida,
naturalidad y dramatismo, y sobre todo cierta objetividad por parte del narrador, pues aunque éste participa directamente en el diálogo se mantiene
de un lado y no procura interpretar o comentar el discurso.
Una de estas escenas de puro diálogo muestra bien la fría mecanización y
dureza oficial que se encuentra al tratar de cruzar la frontera entre Chile y
Argentina. Preguntas cortas y agudas; respuestas cortas y agudas, sin ninguna palabra interpuesta del narrador (p. 10). En otra escena, de gran concisión
y aun de brusquedad, esta técnica alcanza efectos dramáticos de mucho relieve. Un amigo de Aniceto, encontrándose en una dársena de Buenos Aires,
decide pasar la noche en uno de los enormes tubos que abundan en los puertos. Se agacha para entrar y se mete adentro en la oscuridad. Al avanzar,
pisa un bulto que resulta ser otro vagabundo. Este encuentro da motivo a la
conversación que se transcribe abajo:

-Despacio, hay alojados.

328

-Perdone, amigo. No quería molestarlo.
-No se ajlija. ¿ Qué busca por aquí?
-Nada extraordinario.
-Aquí no hay señoras.
-Lo siento muchísimo.
-Tampoco hay comida.
-No tengo hambre.
-¡ Qué suerte la suya!
-Busco algo muy sencillo.
-Entonces lo va a encontrar.
-¿No es de la policía usted?
-No; ésos pisan más fuerte y no piden perdón.
-Adelante, entonces, amigo.
-¿Hay alguna cama disponible?
-Hay varias y todas buenas.
-Quisiera ver una.
-Pase por aquí.
-Por favor, cuidado con mis piernas ( p. 62).
Otra técnica de que se vale Rojas para variar la composición narrativa es
la de hacer una unidad estructural del discurso de dos O más personas dentro del mis~o párrafo, fundiéndose así en una cohesividad verbal las palabras de un mterlocutor con las de otro. En una de las mejores escenas de este
tipo, Rojas transcribe las órdenes del jefe de una cuadrilla de trabajadores
ocupados en descargar un vagón en las Cordilleras. Y alternándose de vez
en cuan~o, s~n _señal para_ indicar cambio de sujeto, aparecen preguntas y
comentanos tlm1dos de Amceto, uno de los obreros. El jefe, que ve pasar a
su alrededor todo el movimiento del descargo, nos transmite mediante sus
instrucciones la esencia de la escena. Sus órdenes, pues, propasan la función
&lt;le mera comunicación para llegar a ser una fuerza descriptiva y un vehículo
para revelar la acción del relato. Fíjense en el ejemplo siguiente:

-¡Por aquí! Tomen primero los comestibles; nos conviene más, ¿Hay
algo que pese más que un saco de papas? Otro saco, ¿no es cierto? Ahí
va. Un cajón: fideos. Otro. cajón: azúcar. Cuidado con ése: está roto y
se cae el arroz. Esto debe ser café. Ahora las herramientas. No se quede con la boca abierta, señor: póngale el hombro, es livianito. ¿Dónde
pongo esto? Métaselo donde le quepa. fa, ja, ja. ¿De dónde sacó esa
risita de ministro? Vamos, muchachos, apurarse. ¡ Miércoles, me reven-

329

�té un dedo! No se aflija: aquí las heridas se curan solas; la mugre las
tapa y las seca (184).

La dislocación narrativa tal vez llega a su momento más extraño en un
párrafo hacia fines de la novela, cuando el protagonista entra en un conventillo donde le echa miradas incitadoras una de las mujeres que trabajan allí
(p. 253). Aniceto cree atraerla físicamente; pero en medio de una frase detiene su pensamiento vanidoso y recuerda unos comentarios anteriores de su
amigo Echeverría que le bajan los humos. De manera que en un paréntesis
largo, en segunda persona, se anotan las amonestaciones interpoladas de Echeverría, a las que da una que otra contestación el protagonista. Composición
narrativa bastante descomunal, pero muy eficaz.

TOQUES LÍRICOS

No obstante el profundo realismo de la novela, no falta de cuando en
cuando la vena poética que llena la prosa de un bello lirismo. Su presencia
inesperada casi nos sorprende, pero nos complace a la vez. Asoma generalmente en descripciones de la naturaleza, como para contrapesar el tono terrestre del resto de la novela. Para el hombre que lucha por su propia existencia, el ambiente natural puede ser cruda, fea, y desalentadora; pero este
mismo ambiente asume otra faz más armoniosa y bella cuando se contempla
por separado, como una entidad en sí. De modo que la naturaleza, a pesar
de ser hostil muchas veces al hombre, tiene elementos que le exaltan y fascinan. En Hijo de Ladrón, la descripción poetizada de la naturaleza puede
ser unas líneas interpoladas en medio del relato, o puede abarcar todo un párrafo aparte, pero siempre ligada de algún modo con la materia narrada.
Que traten del mar o de la playa, de la cordillera o de la nieve, tales pinceladas líricas jamás suenan discordes ni mal a propósito. Veamos un ejemplo
de esta poetización, sacada de un trozo que relata la vida áspera en las Cordilleras:
Si miras hacia atrás verás que la nieve parece como que quisiera aproximarse a nosotros. No puede hacerlo: está pegada al suelo, pero su color está suelto e irradia luz y con esa luz se acerca y quiere cercarnos y
envolvernos. No se resigna a dejarnos ir. No sé si alguna vez te has encontrado en alguna parte en que la nieve te rodea por cuadras y cuadras y en donde tú o tú y tus compañeros, si es que alguien iba contigo,
es lo único sombrío, lo único obscuro que hay en medio de la blancu-

330

r~. Cuando uno se encuentra así y puede mirar y ver el espacio y la
nieve_ que. lo r~dean, se da cuenta de que el blanco es un color duro
;;;::vo. J Que descans~ ver a lo lejos, en algún picacho, un color dif:
, un negro, por e¡emplo, o un rojizo o un azul! Los ojos descan-.san en aquel color, reposan en él antes de volver al blanco de l
.
a este blanco qu t p st·
f .
nieve,
l
.
e e er gue, te atiga, te tapa los senderos, desfigura
os caminos, oculta las señales y, además, te mete en el corazón el miedo a la soledad y a la muerte (pp. 192_193).

ª

Muchas veces el lirismo se deriva de la exaltación o reacción emocional del
narrador frente a las circunstancias de la vida que lo rodean E t
1
rrador recu
1 1
· n onces e na~re a os e ementos de la naturaleza para sentir alguna afinidad
con su propio estado de ánimo. En una ocasión estando m
d 1
a
d
r
,
'
uy cerca e mar
sup:;; . e"sa Ir de la carc;l, Aniceto medita sobre su destino y la vacuidad de
. a. Oh, ¿hasta cuando estaré condenado a preocuparme tanto de mi
neclesidad de c_omer y de dormir? El mar estaba ahora muy azul brillantemente
azu
solitar'_10,· m· b ~tes, m· barcos; sólo pájaros; por la calle
' apenas si pab y 1muy
.
sa a a guien; el cielo, lummoso, con el sol en lo alto. Era un instante de re so"
(p~ ~29). Pero la naturaleza no constituye el único estímulo del tono l' J:&gt;&lt;&gt;
poettco. De cualquier acción u observación puede brotar de
t inco o
t d
·
•
repen e una noa e sentimentalismo o de refleJ·o que raya en lo l' . E
1
,
· d
.
.
meo. n un argo parentes1s e .unas siete págmas (PP· 89-96) , R OJas
• discurre
.
simbólicamente sobre
1
as he~1das del c~e.rpo y las de la vida misma --comentarios que tienen una
base bien pragmatica pero a la vez teñidos de un vago sentido poético. y a
veces entre la _masa de materia explicativa de estas páginas asoma un .
otro trozo de innegable lirismo:
o que
H? es un día de sol Y, de viento y un adolescente camina junto al
mar, parece,_ como te decia hace un instante, caminar por un sendero
trazado a orillas de un abismo. Si pasas ¡'unto a e'l y le miras,
.
, su
veras
rostro enflaquecido, su ropa manchada, sus zapatos gastados, su pelo
largo y, sobre todo, su expresión de temor. no verás
h 'd
única herid
.
,
su eri a, esa
. a que-., por ~hora tiene, y podrás creer que es un vago, un ser
que _se mega a traba¡ar y espera vivir de lo que le den o de lo que
consiga buena o malamente por ahí. . . ( p. 95).

331

�MATICES DE HUMORISMO

Cualquier obra que tira a lo picaresco contiene una buena ración de elementos humorísticos, que provienen de la actitud un poco traviesa y temeraria de los protagonistas, del choque con el mundo adusto y a veces cruel
a su alrededor, o de las circunstancias y hechos de su vida aventurera que a
la fuerza son algo irregulares o en oposición a las normas y rutinas de nuestra sociedad. Refiriéndonos a Hijo de Ladrón, vemos que lo que se acepta
como conducta ordinaria o situaciones comunes dentro de la vida de Aniceto y sus compañeros es en efecto un modo de vivir ~arto raro__si no extraordinario. Sin afirmar que la vena humorística predomina en Hi70 de Ladrón,
no me arriesgo a decir que el tono general de la obra posee cierta liger~za velada que hace contraste irónico con la gravedad fundamental de la vida de
los personajes. Esta ironía implícita en la narración envuelve toda la obra Y
se relaciona estrechamente con el humorismo encontrado en muchas partes.
No es un humorismo intencionado, sino arrancado las más veces de la situación violentada en que se meten los protagonistas o de su manera chispeante
y burlona de expresarse. No es que Aniceto y los demás narradores per~ten
Jo cómico y quieran que participemos de ello, sino que el lector capta la ironía, la mofa, o la circunstancia yuxtapuesta porque sus puntos de refe~encia se diferencian de los de los protagonistas. El humorismo, pues, proviene
de cierta inconsistencia, cierto desequilibrio, cierto choque con nuest':"°5 criterios más arraigados. El elemento humorístico -que sea un comentano, una
serie de circunstancias o una descripción satírica- se vincula con el ambiente
0 tono en que está concebida la novela y logra su co~icidad exclusiv_amente
dentro de este marco. Lo que tiene la novela de gracioso y entreterudo nos
hace sonreír, nunca reír, pues la honda significación temática que yace debajo de una capa de aparente picardía y liviandad nos restringe y pone_ freno a nuestra diversión. Muchas veces, casi paradójicamente, el humorismo
surge del vacío de la existencia real de A~iceto y d~ sus esfu~rzos ~or so~tenerse con las necesidades mínimas de la vida. De ahi resulta cierta ingenuidad humorística, como cuando Aniceto, en compañía de sus ai:11igos que buscan pedacitos de metal en la playa, dice que "no creo que baJO el mar haya
una planta elaboradora de metales, pero de alguna parte sale" (p. 233 ) • O
en el mismo episodio, tras recibir siete pesos justos por unos trozos de meta!,
los tres vagabundos quieren hacer la división equitativa. Uno de ellos explica: "Y para colmo, nos tocó un número difícil: siete. ¿ Cuánto es siete dividido entre tres? A ver cómo ando para las matemáticas superiores: dos pesos para cada uno son seis pesos; queda uno, entre tres, treinta centavos; ~os
pesos treinta para cada uno y sobran diez cobres. Lo declararemos capital

de reserva" (p. 239). De igual índole es el humorismo y la ironía de l~ escena en el mercado, donde Aniceto observa cómo se regatea en el precio del
pescado y se discute el tamaño. "¿ Y a esto le llama pescado? No es más
grande que una sardina. Hay que ponerse anteojos para verla". A lo cual el
pescador responde: "No regatee, señora; no somos paisanos" (p. 278).
La nota humorística puede arrancar del personaje mismo, cuyos rasgos físicos, ademanes, o peculiaridades de carácter nos dan cierta delectación. De
este tipo es Víctor Rey, ladrón por excelencia, presuntuoso, algo fanfarrón
dentro de su mezquindad, "gran rata que logró entrar una vez y salir dos; pero no parecía un señor: parecía un príncipe; se cambiaba ropa dos veces al
día y las uñas le relucían como lunas. Salió retratado en una revista francesa; alto, moreno, de bigotito y pelo rizado; parecía tan ladrón como yo parezco fiscal de la Corte de Apelaciones" (p. 36). Asimismo la jerga baja de
los prisioneros proporciona una buena cantidad de divertidos juegos verbales y ocurrencias. Cuando a uno de los detenidos se le pregunta si le han
tomado impresiones digitales, responde descaradamente: "Sí, claro, ya he
tocado el piano". (p. 131).

TÉCNICAS DE ESTILO

Ya queda indicado que en general el estilo de Hijo de Ladrón carece de
todo adorno y exuberancia en la selección de palabras o frases, o en la estructura de la oración. La cualidad artística de la prosa no proviene del primor
del vocablo ni de la frase, sino del manejo hábil y muy apropiado de los varios elementos de la oración para conseguir el máximo vigor, exactitud, y expresividad. O a veces, más que una sola oración, es el efecto cumulativo de
muchas lo que nos impresiona estéticamente. La yuxtaposición de frases largas y complejas con las cortas y precisas se halla utilizada con motivo de variedad según el efecto deseado. Las frases extensas --con sus numerosas cláusulas, desenvoltura espontánea, y amontonamiento de detalles- se emplean
para dar una nota de plenitud o de nerviosidad vital a la prosa, como en
imitación del fluir y surgir de la vida misma. Sigue un ejemplo, en que se
habla de la audacia de los ladrones:
S e le llamó a la jefatura, pero no se sacó nada en limpio, y lo peor
fue que se empezó a robar en todas partes, estuviese o no Victoriano
( el detective}; los ladrones habían encontrado, por fin, su oportunidad
y llegaban de todas partes, en mangas, como las langostas, robando a
diestro y siniestro, con las dos manos, y marchándose en seguida, segu-

332
333

�ros de que aquello era demasiado lindo para que durase; la población
de ratas aumentó hasta el punto de que .en las estaciones se veían a veces tantos ladrones como pasajeros, sin que por eso se llevaran más detenidos al Departamento, donde sólo llegaban los muy torpes o los que
eran tomados por los mismos pasajeros y entregados, en medio de golpes, a los vigilantes de la calle, ya que los pesquisas brillaban por su
ausencia ( pp. 44-45).
Por otra parte, la frase breve, interpolada entre un par de oraciones extensas o en serie, capta bien una sucesión de acciones repentinas, bruscos cambios de emoción, o decisiones resueltas. A veces la frase corta y concisa se emplea para dar fin a una escena con tono dramático y decisivo. Puesto en libertad Aniceto, el primer capítulo termina con las palabras "Sal y viento,
mar y cielo". En otra ocasión, tras una larga relación de unas horas pasadas
en la cárcel, el protagonista nos dice lacónicamente: "Total: cinco días de
detención o cinco pesos de multa. Pagamos y salimos" (p. 129).
Al examinar de cerca la prosa de Rojas, en particular aquellos rasgos que
le dan su fuerza expresiva, vemos ante todo que las palabras y las frases
obran al servicio de la emoción o idea deseada y no en función de un criterio
predeterminado. Esto no quiere decir, sin embargo, que Rojas no utilice ciertas
técnicas bien intencionadas para resaltar la narración descriptiva. Tal vez la
técnica que más llama la atención por su frecuencia y empleo eficaz es la
de la repetición, que puede asumir una variedad de formas muy rica. En
su forma más rudimentaria, la repetición es de una sola palabra o grupo de
palabras dentro de la misma frase. Utilización más interesante de esta técnica
ocurre cuando abundan series de repeticiones o cuando la misma voz se
encuentra infinidad de veces en la misma oración. De modo que la repetición
de la preposición después de en tres cláusulas dependientes establece más enfáticamente la vinculación entre las circunstancias pretéritas y las circunstancias actuales del párrafo (p. 161). Frente a esta frase u otra por el estilo
se hallan otras más estrambóticas, como la repetición ocho veces del vocablo
hacia (p. 151), lo cual sirve de puente unificador que junta los varios elementos de la frase y a la par hace destacar cada uno. El vocablo hacia en
este caso vale más que un elemento sintáctico; invade toda la oración y la
encubre en un marco simétrico de mucho valor expresivo: "Palidecieron las
estrellas; un nuevo día avanzó hacia los seres humanos, hacia los presos y
hacia los libres, hacia los enfermos y hacia los sanos, hacia los jóvenes Y. hacia
los viejos, hacia los miserables y hacia los poderosos, trayendo lo mismo que
trajera el anterior".
La repetición no sólo ocurre dentro de una sola frase, sino que puede
334

extenderse sobre dos o tres o más oraciones, formando así una ligadura verbal que hace hincapié en un determinado pensamiento o acto. También se
logra casi el mismo efecto de trabazón cuando la voz reiterada va juntada
-con otra palabra de negación o de limitación, estableciendo así una estructura antitética. La noche trae, dice Aniceto, "alegrías, penas, sorpresas, rutina,
enfermedades, descanso o trabajo, sueño, insomnio o la muerte". Pero para
los hombres en la cárcel, seres desgraciados que sufren una monotonía terrible
no hay "ni alegrías, ni sorpresas, ni trabajo y para muchos ni siquiera des~
-cans~ o sueño" (p. 176). En otra ocasión, dentro de una frase alargada intencionad_amente para que quepa la repetición antitética, observamos un ejemplo semeJante. Aniceto queda impresionado por la diversidad del mar en
q~e h_ay "~ pája~o, un bar~o, un bote, una boya, un lanchón, un hum'o, y
~un sm paJaros m barco~, sm botes y sin boyas, sin lanchones o sin humo,
siempre mostraba algo diverso" (p. 129). Además, el conjunto de palabras
que rodea la voz reiterada puede encerrar una comparación: el protagonista
nota una vez que "el hombre tendido en el suelo contribuía a aumentar la
soledad: no me parecía un hombre sino un animal; menos que un animal,
una bestia; menos que una bestia, no sé qué" (p. 125).
Semejante a la repetición en su efecto acumulativo es la técnica de la enumeración. El amontonamiento de adjetivos o verbos o sustantivos relacionados temáticamente proporciona un impacto asociativo que armoniza bien con
1a espontanei~ad '. soltura de _la narración. No importa la forma que tenga,
tal enumeración siempre se atiene a un propósito bien definido. Es evidente
,que la sucesión de diez verbos en la frase siguiente sirve más que hacer una
enumeración casual; su función estilística es la de reforzar el vigor de la
frase Y a la vez apresar colectivamente ciertos rasgos esenciales de lo des-critq: "No, un vagabundo con anteojos es una rara ave y allí están, además,
las tortugas, deslizándose sin ruido sobre el pasto: nunca he visto a nadie, ni
he oído hab_lar a nadie, que viaje a pie llevando un animal cualquiera; un
perro, por eJemplo, o un gato, que exigen atenciones y que además muerden
rasguñan, destrozan, ladran, maullan, roban, hacen el amor, se reproducen:
desaparecen, aparecen" (p. 52). Y en el siguiente ejemplo, la enumeración
aparentemente ingenua y sin forma no lo es en verdad, pues ayuda a expresar
el matiz de Ja frase: " ...en tanto que escribientes, jueces, secretarios, copistas,
abogados, ministros, receptores, agentes, se ocupaban de sus causas y procesos,
escribiendo montañas de papel con declaraciones de testigos y contratestigos,
recusaciones, pruebas, apelaciones, considerandos, resoluciones, sentencias,
viajes para acá, viajes para allá, firme aquí y déme veinte pesos para papel
sellado" (p. 33).
En otro ejemplo, para recalcar en la tragedia de los hombres que buscan
335

�en vano cualquier trabajo para no morirse de hambre, Rojas hace la siguiente
enumeración, que tal vez se pudiera tachar de excesiva o tediosa si el autor
no hubiera establecido desde el principio de la novela un máximo tono de
naturalidad y fluidez:
.. .grupos de hombres que esperan se les llame a cargar o a descargar,
a limpiar o a remachar, a aceitar o a engrasar, a arbolar o a desarbolar,
a pi,ntar, enmaderar o raspar, pues ellos pueden enmaderar y raspar, pintar, desarbolar o arbolar, engrasar o aceitar, remachar y limpiar, cargar y
descargar el universo entero, con estrellas, soles, planetas, constelaciones
y nebulosas ( p. 88).

Se nota en este ejemplo otra característica de la enumerac10n: el sentido
rítmico de la frase, logrado por la colocación apta de los elementos de la serie
y por el empleo de la voz o para separar los términos en parejas sistemáticas.
En otro ejemplo de enumeración rítmica se capta muy bien la monotonía cíclica de una cantina, con el ambiente de hastío y de interminables momentos
de inutilidad:
Miradas desde la calle, las cantinas, con sus_barandillas de madera,
sus mesones, sus luces, sus docenas de mesas y de sillds, parecían no
tener fin y se podía entrar y sentarse y estarse allí una noche entera
bebiendo y al día siguiente y al subsiguiente y una semana y un mes y
un año, perderse o enterrarse para siempre, sin que jamás se lograra
terminar con el vino, la chicha, la cerveza, el aguardiente, las cebollas
en vinagre, los emparedados, las ensaladas de patas de chancho con cebolla picada muy fina y con mucho ají, oh, con mucho, con harto ají

(p. 117).
A veces la enumeración rítmica o la repetición o la mezcla de las dos cosas
contribuyen a resaltar la nota satírica y burlona que aparece frecuentemente
en la novela. La Sección de Detenidos se describe así: " ... circulamos por pasillos llenos de pequeñas oficinas, cuchitriles de secretarios, receptores, copistas, telefonistas, archiveros, gendarmes, todas amobladas con. lo estrictamente necesario: una mesa, una silla, otra mesa, otra silla, un calendario, otro
calendario, números negros, números rojos, salivaderas, tinteros, muchos tinteros, más tinteros, tinteros aquí, tinteros allá; la justicia necesita muchos tinteros" (p. 154). Por fin notamos que la nota rítmica de la enumeración a
veces lleva fuertes sugestiones de movimiento y energía, conforme a la significación de las palabras. El compañero de Aniceto describe su fastidio con

la vida marít~a en est~ forma: "Me cansé también: vira a estribor, aguanta
ª babor, despeJa_ l,a cubierta, atrinca ese cabo, barra aquí, limpia allá, arrea
el bote del cap1tan, cerrar las escotillas, temporal en Cabo Raper nubes
barbadas, viento a carretadas" (p. 56).
'
El empeño de Rojas de aprehender cada faceta de la realidad que observa
Yde comentarla sin rese~a. le conduce a veces a toques lingüísticos algo inusita~os, como en los casos s1gu1entes. Entre los que participan en un motín obrero
figuran ~arios tipos a quienes Rojas denomina el hombre-cuadrado, el hombre-cuchillo, el hombre-mazo, y el hombre-herramienta, designaciones tan pinto~escas como aptas. La concatenación de dos sustantivos raras veces se admite en _e,spañol; el hacerlo aquí, aun con la rayita divisora, no sólo nos llama
la atenc1on por lo ~~co típico de la construcción, sino que nos deja cabalme~te con la sensac:on ~e fuerza y empujo masculinos. Asimismo, Rojas confecc10na otras combmac1ones de dos sustantivos, como en la frase " ...ese mar
~u~ los hombres-archivadores me negaban" (p. 129). Aunque en general se
hm1ta el eslabonamiento a dos palabras, hay casos en que el trabazón interno
se efectú~ mediante una sucesión de cuatro o cinco elementos adjetivales 0
•1erbales ligados por rayitas. El ejemplo más extremo es el que sigue en que
es p_ate~t~, la expresividad_ tersa y compacta que resulta de la desvia~ión gramatical · · - .era la avemda en que el compañero del hombre-cuchillo-mellad~-pero-peligroso había herido al hombre-cuadrado-bueno-para-empujar-ydernbar" (p. 115 ) .
Otr? ~urioso caso lingüístico empleado en Hijo de ladrón es la transcripción
e~ _el 1d1?ma portugués de página y media del discurso de un tal O Gallego,
vieJo amigo del padre de Aniceto. En secciones anteriores había una que otra
palabra en portugués, lo cual no tenía nada de particular. Lo aceptamos como
un elemento
en el diálogo. Pero en este caso (pp. 208-209) ,mas
' de
,.
.realista
.
un~, pagma sm mterrupción en idioma extranjero parece exceder toda conces1on en favor de la fidelidad novelesca. Que el lector entienda O no el relato
en portugués, la inserción misma de una lengua inesperada no deja de sorprenderle gratamente y atraerle la atención a una rara nota lingüística.

EL EMPLEO DE IMÁGENES

. ~unque en Hijo de ladrón no abunda el lenguaje figurado en la forma de
un~gene_s, metáforas, o símiles, se pueden observar salpicados por la obra
v~~os eJ~mplos que sirven para romper la línea recta y lisa de la prosa. La
sohda
e irrevocable
base de cruda realidad, que es la esencia de la novela, DI·
,
,
,
S1qu1era permite que las pocas imágenes que hay se deriven del mundo abs-

336
337
H22

�tracto, idealizado, o ilusorio. Antes bien, la gran mayoría de estas imágenes
se sacan del mismo mundo material y realista que se encuentra en la novela.
O sea que el componente analógico o comparativo las más veces cabe dentro
de la experiencia, entendimiento, y modo de pensar de los protagonistas. Son
imágenes que valen más por la apta asociación semántica de ideas y objetos
que por su belleza o vigor expresivo. Faltan la originalidad y la sugestión estética que generalmente van unidas con las imágenes, pero compensan este
defecto cierta candidez y propiedad de aplicación que agregan una dimensión
más al objeto o persona descritos. A modo de ejemplos, conviene señalar unas
cuantas imágenes. Cuando Aniceto presencia el motín obrero y ve a la policía
avanzar a caballo, compara los pechos de estos animales con una negra ola
(p. 101). En otra ocasión, al caminar él y sus compañeros cerca del mar, uno
junto al otro, Aniceto compara sus figuras contiguas a embarcaciones abarloadas (p. 67). En otra comparación, las carpas en las Cordilleras, al recibir
los fuertes latigazos del viento, parecen tiritar como perros mojados (p. 181).
Una imagen de las más aptas tiene su punto de referencia en los esfuerzos de
unos huelguistas por voléar un tranvía. El loco deseo de destruir es imponente;
la fuerza brutal les lleva a cometer actos impulsivos. La voz imperiosa y resonante de uno de los líderes incita a los obreros a derrumbar el vehículo. Y
esta voz Rojas la compara con la voz que "ha construido las pirámides, levantado las catedrales, abierto los canales interoceánicos, perforado las Cordilleras" ( p. 105) .
La imagen puede comprender no ya una o dos palabras, sino también una
frase entera, como en los ejemplos siguientes: "Victoriano recibió la noticia
como un joyero recibe una pedrada en el escaparate" (p. 36); "al entrar en
un prostíbulo, miró a su alrededor, como capitán que estudia el terreno antes
de iniciar la batalla" (p. 146). A veces la violencia y la crudeza de la vida,
cualidades íntegras de la narración, proporcionan el elemento de comparación, como se ve en esta frase que contiene una doble imagen: "El farol
gimió como un hombre a quien se da un puñetazo en el estómago y dejó
caer, como un vómito, una lluvia de vidrios" (p. 104). Por fin, así como la
nota humorística se ve esparcida por la novela, no faltan metáforas u otras
comparaciones que provienen de cierta yuxtaposición de ideas, de exageración
divertida, de ironía sutil. Véase este ejemplo: "Aquel aceite era capaz de
atravesar no sólo una hoja de papel, sino que hasta las planchas de la amura
de babor de un acorazado" (p. 122).

CONCLUSIÓN

No cabe duda: la significación social y ética implícita en Hijo de ladrón
puede sostener la novela por sí misma y afirmarla como una acertada creación literaria. Pero el gran logro estilístico y verbal lleva la obra a un plano
superior a la mera interpretación vital de una sociedad para colocarla dentro
de una experiencia artística de mucho valor. Sin los rasgos de estilo originales
y a veces bastante imaginativos, aquí señalados, la obra no sería más que una
de tantas; con el acierto de estilo Hijo de ladrón cumple tal vez con la función más encumbrada de una novela -la de encerrar una determinada visión
del mundo en un marco estético. Y en este marco estético se efectúa la feliz
armonía entre un tema esencialmente crudo y una prosa ágil que capta esta
crudeza y la convierte en una poderosa expresión humana.

339
338

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>Sección Tercera
HISTORIA

�LAS INCURSIONES DE LOS BARBAROS EN EL
NORESTE DE MÉXICO, DURANTE EL SIGLO XIX
lsRAEL CAvAzos GARZA

Univrrsidad de Nuevo León, México.

LA HISTORIA DEL NORESTE DE MÉXIco, y particularmente la de Nuevo León,
está constituída, durante toda la etapa colonial, por una lucha constante contra las tribus salvajes. Basta examinar las fuentes bibliográficas y documentales, para percatarse de este hecho. El colonizador de la región tiene que
empuñar las armas desde su más tierna infancia, a fin de defenderse. Y hasta
la mujer toma participación directa en esta vida de perpetua zozobra, por
ser tierra de "guerra viva", esto es, ininterrumpida.1

Todavía en las postrimerías del siglo XVIII, hay que enfrentarse a este
serio problema. Originalmente fue obligación particular de cada vecino contrarrestar la amenaza; a partir de 1762, con el establecimiento de las Compañías Presidiales, la defensa es conjunta. Y las tribus bárbaras, merced a la
obra apostólica de los misioneros, se someten, aunque en mínima parte, a
vivir en pueblos, o se ven obligj:l.das a replegarse a sitios alejados del español.
Esta retirada se realiza, primero, hacia el oriente; pero, al ser colonizado Tamaulipas, se repliegan a los desiertos norteños.
Hay una etapa de paz, lograda por las compañías Presidiales, que establecen
un dique a las incursiones. El sistema de defensa prevalece hasta la segunda
década del XIX, en que es objeto de innovaciones,
Y entretanto que se opera la retirada de estos grupos que no se incorporan a
la vida civil española, en los Estados Unidos tiene lugar otro desplazamiento,
en sentido inverso, de los núcleos con los cuales el, anglosajón no acepta mezi Para el estudio de las incursiones en el siglo XVII, véase: Historia dt Nuevo León ...
Escrita en el siglo XVII por el Cap. ALONSO DE LEÓN, JUAN BAurtsTA CHAPA y el Gral.
FERNANDO SÁNCHEZ DE ZAMORA. Centro de Estudios Humanísticos, Universidad de Nuevo León; Monterrey, 1961.

343

�ciarse. Poco a poco van siendo concentrados hacia el río Colorado y Wichita,
límites entonces con nuestro país. Las reservas indígenas vienen a formar
pueblos con casi absoluta independencia. Habitantes del noroeste de los Estados Unidos, recorren las Praderías, dedicados a la caza del cíbolo, en verano, y bajan a los ramales del Colorado o el Brazos, en invierno.
Esta concentración, realizada en 1831 hacia las fronteras mexicanas, constituye una seria amenaza. Antes de este año, las depredaciones de los bárbaros, salvando con dificultad la barrera de presidios, efectuaba incursiones
que se limitaban al sacrificio de ganado y al hurto de éste en no muy gran
escala. Cuando el gobierno de México otorga concesiones a colonos texanos,
tales incursiones van gradualmente en aumento. Las Compañías de Bahía,
Álamo y Espíritu Santo, llegan a ser insuficientes. Las tribus bajan hasta el
r.ío Grande, y los pueblos de la ribera sur, particularmente Lampazos, sufren
asaltos a partir de 1820.
La anexión de Texas a los Estados Unidos, motiva más tarde el establecimiento de una cadena de fuertes militares, en sus límites con Nuevo México.
Estos son, sin embargo, ineficaces, y las depredaciones aumentan cada día.

COMERCIO n.ÍCITO

En la región noroeste de los Estados Unidos, surgen a partir de 1~35, circunstancias que agravan el problema. Los coroneles Chouteau, pnmero, Y
Mason, después, entablan negociaciones con las tribus para el tráfico ~e. efectos robados en México, a cambio de los cuales reciben armas Y muruc1ones.
Los propios funcionarios oficiales, americanos y mexicanos, disim~l~ este
tráfico deshonesto y aún participan en él. Y llega a ser común el transito de
caravanas de Santa Fe y Chihuahua, conduciendo armas y wisky, que han de
cambiar por caballada y otros productos. 2
Ha sido establecida para el caso, en e] campo Holmes, en jurisdicción de
1os Estados Unidos, una casa-trato, a donde llevan los comanches el fruto , de·¡
sus rapiñas. y si las depredaciones anteriores a ese año, tuvieron como mov1
principal el deseo de venganza por el despojo de las tierras, ahora es el botín
el motivo primordial.
El problema entonces recrudece. Los asaltos salvajes, como que tienen ahora
algo de sistemático, debido a la obra de los blancos. En 1840, se observan a~•
ques simultáneos. Bajan, unos, a San Buenaventura; acampan frente a Salb• Informes . .. de la Comísi6n Pesquisidora de la Fron(era del Norte ... México, Imp.
de Díaz de l..eón y Whitte; 1874. p. 35.

344

Uo, y hacen incursiones por Aguanueva y el Salado hasta Morterillos, cerca
de San Luis Potosí. Otros entran a Nuevo León, por Bustamante, hasta Salinas y el Topo de los Ayalas, a inmediaciónes de Monterrey; entretanto que
otros atacan los pueblos de la ribera sur del río Grande, en Tamaulipas.
Firmado el Tratado de Guadalupe (2 Feb. 48), su capítulo 11 establece el
compromiso de los Estados Unidos de ayudar a contener las incursiones, y
el de indemnizar a los mexicanos afectados por éstas en sus bienes. Durante
largos años carece de poblaciones aquel pais en su nueva e inmensa frontera,
y los fuertes, establecidos a lo largo de ésta, son deficientes, y toleran abiertamente el paso de las tribus a nuestro país, sin intervenir para nada en su persecución o castigo, ni mucho menos en el rescate de lo robado para restituírlo
a sus dueños.
Las incursiones, a pa1tir de 1848, aumentan en forma alarmante. Reinosa,
Camargo, Mier y Laredo, cuyos vecinos tienen sus ranchos en la ribera norte
del río Grande, padecen asaltos con mayor frecuencia. Guerrero, Tamps., ha
sufrido sesenta incursiones, en el lapso 1848-65, con un saldo de 78 muertos.
En Nuevo León, situado en el centro, han sido "inmensas, incalculables, las
depredaciones". El gobernador del estado, en su informe de 1850, señala que
han sido "menos frecuentes", y que sólo hubo 86 asaltos sobre 16 pueblos del
estado en ese año. 8 Coahuila, de frontera más extensa, difícilmente controla
los ataques. En 1851 ha sido invadido por más de tres mil indios y los estragos son insospechados.
En 1852, el radio de acción de las incursiones se ha extendido. En el mes
de julio, han bajado hasta Fresnillo, Sombrerete, San Andrés Teul, Jerez, y
aún a las cercanías de Zacatecas. En Fresnillo ha habido 50 muertos, y sólo
en el partido de Mazapil más de 400.
Doscientos comanches han caído sobre el Táscate, Dgo. (23 de Jul.), y en
la refriega han muerto 21 hombres. En abril del mismo año, las hordas comanches alcanzan a llegar hasta Colotlán, Jalisco.4
Santa Rosa, Morelos, Guerrero y Palomas, en Coahuila, se convierten en
campo propicio para las depredaciones.
En Nuevo León, que en 1852 habían llegado sólo hasta el Topo, bajan, dos
años después, por Linares, Montemorelos, Iturbide, Galeana y Dr. Arroyo.
Estos pueblos no tienen la experiencia de los del norte, y el ataque a Peñuelo,
en Galeana, ocasiona más de doscientas víctimas. En 1858, han llegado a
Guadalupe, a inmediaciones de Monterrey, y están en las montañas .que circundan la ciudad.
El Paso del Pan, sobre el Bravo, es el punto de acceso más común para el
• Memoria, Monterrey, 1850.
• Organo Oficial, de Nuevo Le6n. No. 75, Monterrey, jueves 27 de mayo de 1852.

345

�noreste. Entrando por el puerto de Guerra, toman puntos estratégicos, y, desde
las lomas de la Oración, Pájaros Azules, cerro del Pánico, la Paila Y Jaco,
hacen sus agresiones a Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

TOLERANCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS

El tráfico entre las tribus y blancos corrompidos, incrementado sin escrúpulo por agentes oficiales americanos, ha sido señalado _como causa ~rincipal
de las incursiones de los bárbaros, sobre el norte de México. Pero, motivo muy
esencial lo es, indudablemente, la tolerancia del gobierno de los Estados Unidos, infringiendo el compromiso establecido en el TratadO' de Guadalupe.
Por lo que al estado de Texas se refiere, se observa una abierta instigación
a los indios, por parte de los colonos, antes y después de la segregación. Los
pueblos fronterizos mexicanos, se quejan constantemente de que no hay protección para sus intereses que han quedado allende el Bravo. En forma patente se advierte que, a todo lo largo de la frontera, los indios cruzan los límites en presencia de los fuertes, sin que en éstos se vea el menor interés por
impedirlo.
y la situación para los pueblos mexicanos limítrofes se hace más crítica,
por cuanto a que se ven impedidos de castigar a los agresores, que, con sólo
cruzar la frontera, se ven salvos en terreno inviolable.
No es posible ya, como en los tiempos de Ugalde o de Zapata, llevar la
guerra hasta los campamentos indios sin provocar un conflicto internacional.
Abiertamente también se observa cómo se proporcionan armas y municiones
a los indios, a bajos precios; y que los salvajes traen pistolas de repetición Y
carabinas que sólo allá pueden adquirir. Muchos testimonios de cautivos rescatados, coinciden en que los comanches "andan vestidos como la gente~ con
chalecos y medios pantalones, con muy buenos sombreros, y que son muy buenos amigos de los americanos" .5
Obligado el país vecino a ayudar al rescate de lo robado y de los cautivos,
se da el caso de que militares no muy escrupulosos, pidan al gobierno de Nuevo León 80 pesos por cada uno de los jovencitos sacados de poder de los
indios. y la frontera no sólo sufre por largos años el azote del salvaje, sino
que ve, añadido a éste, el constante del filibusterismo, tolerador también
abiertamente; o el de grupos de blancos que, disfrazados de indios, caen sobre
• Informes . .. p. 22.

346

los pueblos indefensos, causando iguales o mayores daños, por venir mejor
armados y montados. 6
Desde los primeros años siguientes al Tratado de Guadalupe, se inician reclamaciones infructuosas de indemnizaciones. Y éstas han de ser objeto, en
1873, de un magnífico estudio realizado por la Comisión Pesquisidora de la
Frontera del Norte. Observa ésta que, de 1861 a 66, lapso de la guerra de los
confederados en Estados Unidos, las incursiones van en disminución, hasta casi
extinguirse. Y lo atribuye, categóricamente, a que los fuertes fronterizos americanos son desamparados, y a que, por ello, acabó el comercio criminal de
los agentes oficiales.

LAS TRIBUS SALVAJES

Alguna vez, las autoridades americanas protestan por incursiones de tribus
residentes en México, pero la citada Comisión comprueba más tarde, que
todos los ataques sufridos en territorio americano, han sido hechos por indios
residentes allá.
De los indios Carrizos, de Reinosa y Camargo, a los que se atribuyen asaltos, sólo quedan algunos descendientes, mezclados con el pueblo, y, de hecho,
han desaparecido.
Los Carancahuaces, habitantes originalmente de Espíritu Santo, y arrollados
al separarse Texas, están, en 1851, en la Mesa, en Reinosa. De aquí son concentrados, debido a sus pillajes, a las cercanías de Burgos y al municipio de
China, en Nuevo León; pero vuelven nuevamente a la Mesa, y, combatidos
por los vecinos de Mier, se reconcentran a Texas en 1859, y alli se extinguen.
En 1850 se celebran convenios por el jefe de las colonias militares de Coa.
huila, para dar tierras a los seminoles, kickapoos y mascogos. Estos, a cambio,
obedecerán nuestras leyes, ayudarán a combatir las incursiones y a guardar
la armonía entre ambos países. Los kickapoos se revelan y vuelven a los Estados Unidos. Retornan en 1864 a Santa Rosa, y, en 1870, su número es muy
reducido.
Por cuanto a los seminoles, encontrándose inconveniente su proximidad a la
frontera, son concentrados a las montañas de Santa Rosa, y se les dan 52 sitios
de tierra en Nacimiento, Durango. 7 Participan de 1854 a 56, en campañas
contra los comanches y mezcaleros; siembran maíz y frijol, y son inclinados a
• Para la historia del filibusterismo, véase el mismo libro de la Comisi6n Pesquisidora,
pp. 1 a 124.
' El gobierno de uevo León celebr6 convenios sobre los seminoles y mascogos el 16 de
octubre de 1850 y e1 26 de julio de 1852. Para los primeros véase también: EowARD HoLT

347

�la caza y a recibir instrucción cultural y religiosa. En 1857 son diezmados por
la viruela. Muchos se vuelven a los Estados Unidos, y sólo 60 permanecen
en Santa Rosa.
En la mesa de Catujanos, próxima a Lampazos, residen temporalmente
los lipanes, los que, con los mezcaleros y gileños, son conocidos con el nombre
genérico de apaches. Estos y los comanches y los caiguas, son los autores de
todos los asaltos a los pueblos del noreste. Visten todos igual, con escasa diferencia.
Las flechas comanches son más cortas y mejor acabadas y usan éstos tres
grandes trenzas; mientras que los apaches solo usan un molote en el pelo, o
se lo cortan hasta el hombro. 8
Las listas del pillaje capturado a los salvajes, y publicadas en el Organo
Oficial de Nuevo León, registran prendas indias, tales como: cotones de manta, chimales, belduques, lanzas, cueros de león, fustes, cueros de cfüolo, teguas,
sudaderos de cíbolo, cencerros, gamuzas, jorongos, reatas de cuero, etc.

ESTRATEGIA 'INDÍGENA

Tienen los bárbaros amplio conocimiento del terreno, aunque nunca antes
lo hallan andado. El cacique Tabaquena, de las Praderías, tenía, al decir de
la Comisión, un mapa señalando los establecimientos mexicanos con mayor
precisión que los mapas de los blancos.
A su astucia para robar, unían la destreza y sagacidad para defenderse, y
el arrojo para atacar. Habilísimos para montar, ancianos de Bustamante, N. L.,
nos han referido que sus padres vieron entrar al pueblo los caballos, al parecer
sin jinete, que venía vuelto hacia abajo.
Desde las Praderías, bajan a millares hasta un punto determinado e inaccesible, y desde allí hacen sus correrías invadiéndolo todo; repitiendo, si es
necesario el ataque, y saliendo con el botín. En esta táctica, no observada antes de 1840, ven los conocedores de las costumbres de Jos indios, la probable
organización de los blancos.
Los grupos grandes se fraccionan en pequeños, que asaltan simultáneamente
diversas poblaciones. Por tres o cuatro partes distintas aparecen en un pueblo,
ardid guerrero que confunde a los vecinos, los cuales no aciertan qué punto
defender. Verificado el robo, salvan el botín, que se adelanta a toda carrera,
MosELEY, The Public Career of Santiago Vidaurri, 1855-1858. (Tes.is de grado). University, Alabama, 1963, 387 pp.
' Informes .. . , p. 59.

348

entretanto que el resto espera entre las montañas. El triunfo es celebrado con
"alegría infernal", según expresión de un periódico de la época.
Y resulta increi'ble que, por pequeña que sea una partida de indios, raras
veces es castigada o aniquilada. En los pueblos inmediatos a la frontera, hay
el argumento de que cruzan a territorio extranjero. Más al interior, el salvaje
se interna en lo más fragoso del ·monte, a donde no puede el blanco penetrar
sino a pie y nunca con la agilidad del indio. Muchas son, sin embargo, las
ocasiones en que son alcanzados. La cifra de sus muertosi es ridícula o difícilmente obtenida, debido a que el salvaje tiene buen cuidado de ocultarlos.º

RUINA Y DESOLACIÓN

Viven los pueblos en zozobra perpetua. No bay seguridad de los bienes ni
de 1a vida. Los hogares, los campos y los caminos, no están exentos de la terrible amenaza. El Regulador de Guanajuato, refiriéndose a estos pueblos dice:
"Una guerra cruel y desoladora los consume, desde muchos años ha. Los
bárbaros les talan los campos, les destruyen sus mieses, les roban sus ganados,
les matan sus ciudadanos, y les arrancan las mujeres y los niños". 1 º
Los giros comerciales y del campo están paralizados. De nada vale a Nuevo
León "la notoria laboriosidad de sus habitantes", a que la Comisión Pesquisidora ya alude en 1873.n
Hay inseguridad en los caminos. Los viajeros, para trasladarse de un sitio
a otro, por cercano que sea, se reúnen en caravanas. En los desiertos se ven
los carros y carretas abandonadas por sus ocupantes que fueron muertos u
obligados a huír. Es com(m que el caminante encuentre su muerte y su sepulcro en el desierto.
Es frecuente asimismo ver en los archivos norteños, disposiciones testamentarias por motivo de viaje, por corto que éste sea. El Lic. Juan N. de la •
Garza y Evia, gobernador de Nuevo León en diversas ocasiones, dicta su
testamento porque va de Monterrey a Cerralvo ( 1853). (Murió en 1877).
La estadística, sólo para el caso de Nuevo León, es pavorosa. En 2'2 años
( 1848-70) registra 809 incursiones, con 935 muertos. Llega a establecerse comparación entre esta guerra y los estragos del cólera morbo. En ocasiones la
defensa resulta inútil. El gobierno de Nuevo León, recibe aviso de que en el
asalto a Baján, "no había quedado persona viva".
• Los partes rendidos al gobierno por las autoridades municipales, sobre cada asalto,
dan detalles minuciosos sobre la táctica salvaje.
'º Reproducido eo el Organo Oficial de Nuevo León, Jo. de enero de 1852.
u Informes ... , p. 33.

349

�CAUTIVOS

Con el botín de guerra el salvaje lleva también a los cautivos. El jefe de
familia es muerto, pero el indio captura a las mujeres y los niños. Con aquéllas
se cometen actos de violencia. Los niños son llevados ,a lugares remotos. Generalmente pertenecen a fauúlias humildes, campesinos o pastores; pero son
frecuentes los casos de miembros de familias acaudaladas.
Hay niños o jóvenes que han permanecido cautivos tres, seis_, diez y hasta
diecisiete años. Al ser rescatados, apenas si se logra su identificación. Algunos
fueron capturados en la escuela, y recuerdan algo de lectura; otro, capturado
de 5 años y rescatado a los 16, apenas si logra articular frases en español, y
vagamente recuerda su apellido o alguna referencia al sitio o a la época en
que se lo llevaron. Muchos son los que jamás vuelven, y que adoptan para
siempre las costumbres de sus raptores.

Cor.IERCIO
Las actividades mercantiles están paralizadas. Difícilmente se encuentra
quien se preste a servir, sobre todo en viajes, por los riesgos que se corren.
Una vista rápida a los casos de asaltos a fleteros o mercaderes ambulantes, nos
ofrece datos de sumo interés para el estudio del aspecto económico de la
época.
Una de las fuentes de riqueza más importante, es, indudablemente, el cultivo de la caña. De allí que sean frecuentes, los asaltos a carros que conducen
piloncillo de Nuevo León a Texas, Coahuila, Durango, Chihuahua, Zacatecas
o Aguascalientes.

~bio,.~6lo pide 4,000 por la muerte de su padre (lo. Feb.11849); y cánclido
Flores f1Ja en 1,500 el valor del brazo que perdió en la lucha y que Je impide
.atender sus intereses.u

GANADO

Pero el fin principal de las incursiones de los bárbaros, es, sin duda alguna,
el robo de ganado, y, en particular, de caballos.
De las rapiñas en territorio mexicano, los caballos tenían gran aceptación
entre los agentes que traficaban con los comanches desde 1835.
La presencia de los indios, es advertida casi siempre en los ranchos o agostaderos "por el estrépito de la mulada". Los criadores de ganado prefieren
abandonar su actividad y van a vender sus animales a Texas.
Hay asaltos e~ los cuales el número de bestias caballares robad~ sobrepasa
a 700. La autondad de Guerrero, Coahuila, informa el 7 de febrero de 1851,
que durante dos noches se ha observado a los indios pasar caballada a la
ribera opuesta del Bravo.
La zona norte se ve empobrecida de ganado, y, en sus correrías por Zacatecas el comandante Francisco Treviño logra quitarles, además de barras de
plata, 8,000 bestias caballares. 13
El ganado de pelo y lana concluye casi totalmente, y, cuando la población
de los Estados Unidos avanza hacia el oeste, se advierte que, además de los
caballos, empieza a desaparecer, en grandes cantidades, el ganado vacuno,
que allá es requerido para las nuevas poblaciones. Los criadores no encuentran quien "por ningún sueldo" se comprometa a cuidar los ganados.

Los vinateros, fabricantes de mezcal, son sorprendidos también por esos
caminos de Dios. Los hay también que llevan a otras latitudes madera, géneros nacionales o extranjeros, aguacates, nueces, etc .
. Un producto regional que tiene gran demanda en el mercado de otros estados, es la jauja, planta silvestre usada en la elaboración del jabón.
Cuando, en alguna ocasión, se empiezan a promover demandas contra los
Estados Unidos por daños a intereses, observamos que algunos hacen avalúo
de sus bienes perdidos: jacales incendiados, cosechas robadas, etc. Y también
se establece el precio de las vidas. Jesús Cantú, de Salinas Victoria, dice que
la vida de su padre político "no tiene precio ni se puede avaluar por su suegra
en su valor verdadero". Al fin, incluyendo el pago de doce hombres que tra-jeron su cadáver, pide ser indemnizado en 8,000 pesos. Silvestre Gana, en

Auxruos DEL CENTRO
La Comisión Pesquisidora1 fiel y exacta en todos sus informes, por cuanto
a la reseña de incursiones, no lo es cuando se refiere al auxilio que el gobierno del centro presta a los pueblos de la frontera.
Cierto que, desde la reorganización de las Compañ.ías Presidiales, en tiem. " MS. Cuaderno que contiene las copias de los 11,cpedientes. .. expresando las cantidades que reclam6 cada uno . • . Salinas, lo. de junio de ] 854. Archi,,o Municipal de
Salinas Victoria, Vol. 13, 1848.
ia

Informes . .. , p. 82.

350
351'

�pos de Bustamante, se dictaron, en lo sucesivo, disposiciones de defensa; pero
estas fueron ineficaces, faltando, sobre todo, el auxilio económico.
En 1834, se ordena la formación de Compañías Permanentes, y en 1842,
se excluye a los estados fronterizos de los productos del papel sellado, destinado a la guerra; pero la orden se deroga diez años más tarde.
En 1849, son establecidas las Colonias Militares, pero éstas no tienen ni
la mitad de la tropa, y de las 34 compañías ordenadas sólo hay 11 ; y las colonias se hallan situadas a 25 o 30 leguas entre sí, de suerte que no evitan el
paso de los indios.
.
El Congreso de Nuevo León echa en cara la inutilidad de las colonias, por
la malversación de la hacienda, y sugiere acabar con el manejo criminal Y el
robo sistemático de caudales públicos, "con ese descaro y desvergüenza con
que los empleados improvisan fortuna, al día siguiente de ocupar una aduana
o un destino semejante",14 salvo excepciones honrosas.
La misma legislatura de Nuevo León señala que Texas se está poblando
rápidamente; que allá se disfruta de tranquilidad y que la gente fronteriza
mexicana se va. Que urge atender a las fronteras, porque el vecino poderoso
continúa con los ojos puestos sobre los terrenos del norte de la Sierra Madre. 15
El Congreso de Chihuahua, en otra ocasión y refiriéndose al abandono de
la frontera afirma que, "si importa convertir los desiertos en poblaciones, más
imperiosa debe s~r la obligación de impedir que las poblaciones se conviertan
en desiertos" .16
En el centro se opina, sin embargo, que son exageradas estas voces y se
tiene a los nortefios en concepto de semibároaros.
La prensa de la Ciudad de México, a partir del 52, empieza a preocuparse
por la situación. El Siglo XI X es de los primeros en pedir que calle la voz de
los partidos, que cesen las recriminaciones y que se piense en salvar a la nación de la garra del salvaje. Propone el envío al norte de armas, caballos y
basta de maíz y frijol, de que se carece por la sequía. 11
Otro periódico: E Trait d'Union, sugiere la formación de juntas para reunir fondos, y lanza la iniciativa de que el clero ponga cepos especiales con
este objeto, del mismo modo que se están usando para colectar para la Santa
Infancia de China. "Salvémonos nosotros mismos", dice. 18
El mismo Siglo XIX, añade que estos cepos sean puestos además en teatros
y mercados, y que se organicen funciones de beneficencia. Señala que para la

iglesia no habrá dü.icultad porque el Illmo. D. Lázaro de la Garza ha gobernado la diócesis de Sonora y conoce el problema. ( No se cita el dato de que
el Arzobispo de México era originario de Nuevo León).

DEFENSA LOCAL

Pero los gobiernos de los estados, y en especial el de Nuevo León, no se
atienen al centro y organizan la defensa. Se tiene la experiencia de 200 años
de lucha y los vecinos se convierten en soldados. Los pueblos no esperan ser
invadidos para prevenirse. Al menor rumor, los jueces, por cordillera violenta,
lo avisan a cada uno de Jos pueblos, y dan aviso oportuno a los campesinos
para que recojan sus familias y ganados.
La Guardia Móvil, tiene a sus hombres "todos con caballo amarrado, listos
para acudir al peligro dondequiera que se les llame"; y la Guardia Nacional
está pendiente para resistir los puntos más cercanos, a pie o caballo." 19 No
hay pueblo que no tenga 40, 80 y hasta 100 o ,más hombres, dispuestos para
la defensa.
El 20 de septiembre de 1850, es dado a conocer el primer Plan de Defensa,
de acuerdo con las experiencias y recursos, y disponiendo las reglas de las operaciones que conviene realizar. En cada pueblo habrá siempre "fuerza lista",
y todos tendrán "bastimento hecho". La autoridad tomará los caballos "de
dónde los hubiere". 20
Ya una disposición anterior había fijado los premios conocidos por acciones contra los indios, señalándose entre otras, el de 25 pesos por cada cabellera indígena entregada al gobierno, y el de 60 por cada cautivo rescatado.

COALICIÓN

r
En agosto de 1851, el gobierno de San Luis Potosí sugiere un plan de
defensa colectivo, proporcionando recursos cada estado y obrando en combinación. No era idea nueva. El gobierno de Durango la había planteado ya
en julio de 1848, y el ministro de Relaciones, Otero, había presentado una
brillante iniciativa en su apoyo, que no llegó ni a discutirse. 21
Reunidos en Saltillo los comisionados de cada estado formularon reglas im-

" Organo Oficial, Monterrey, 13 de mayo de 1852,
u Jbid., 15 de abril.
" lbid., 20 de mayo.
17 Reproducido en el .Organo Oficial, Monterrey, 5 de agosto de 1852.
" Jbid., 29 de julio de 1852.

"' lbid., 20 de mayo de 1852.
'" Publicado en el Organo Oficial, y girado en circular a todos los pueblos.
n Por decreto No. 156, de 28 de abril, el Congreso de Nuevo León aprobó la par-

353
352
H23

�portantes en el aspecto militar: sugieren reunir, proporcionalmente 1,075 hombres, para la defensa; reviven el viejo término de las "mariscadas", o sea las
salidas en busca del enemigo, a distancias no muy grandes y puntos conocidos;
proponen campañas al Bolsón de Mapimí, Chihuahua y Durango, llevando guías para no extraviarse en los desiertos, como ha sucedido. Los cautivos
indios, distribuidos proporcionalmente, serán educados por cada estado. Establecen, además, premios y penas, y, en artículos transitorios, piden la aprobación de las legislaturas, el auxilio económico del centro y la intervención
oficial del mismo ante Washington para batir a los bárbaros allende el Bravo;
sin perjuicio de reclamar el cumplimiento del artículo 11 del Tratado de
Guadalupe.
El Plan, fechado en Saltillo el 22 de Feb. de 52, y formulado por Antonio Hernández, Juan N. Arizpe, Santiago Vidaurri y Agustín Menchaca,
no es visto con buenos ojos por las Cámaras, en México, pero sí es llevado
a la práctica, aunque no en la forma conjunta que se había previsto.
En julio de 52, Nuevo León abre una de las campañas más importantes
contra los bárbaros: cien hombres salen de Salinas, Abasolo, Hidalgo, Mina,
García y Santa Catarina, para situarse en el Huizache y seguir por el Pánico
y Pájaros Azules, y expedicionar por el Salado. Ochenta hombres patten de
Cerralvo, Marín, Agualeguas, Vallecillo y Sabinas, para expedicionar entre
el Salado y el Bravo, y regresan por el Tasajo, San Vicente y Puerto del
Guajolote hasta la Laja, Los de Marín y Cerralvo recorren también la sierra
de Picachos, descendiendo hasta Vallecillo. Otros cien hombres de Víllaldama,
Bustamante, Llanos y Valdés y Lampazos, salen a Pájaros Azules, el Capulín,
la Azufrosa, el Caracol, el Pescado, Laguna de la Leche y la Anguila. Todas
las fuerzas tienen algunos encuentros con los bárbaros, y se logra el principal
propósito: que sepan que se les persigue. Hay combates en el Carrizal, Cañón
del Saúz, Santa Catarina y Chupaderos de Loma Prieta; aunque apenas se
ganan 11 cabelleras. 22
Los recursos de defensa no importan. Conocemos varias cartas del gobernador Vidaurri, con las cuales hace envíos a los pueblos del norte, de raciones
de veneno para los charcos que los indios suelen usar para beber. 23

te correspondiente a este estado. El Piar¡ de Guerra Defensiva. . . formulado en Salrillo, se publicó en el Organo Oficial, Monteney. 26 de febrero de 1852.
u brgano Oficial, Monterrey, 22 de julio de 1852.
•• Correspondencia Vidaurri. Archivo General del Gobierno de Nuevo Le6n.

EL HOMBRE DEL NORTE

Con la tradición secular en estas luchas el hombre del norte se forja en la
guerra contra los bárbaros para las grandes lides nacionales.
"Estas constantes luchas -dice el Lic. Hennenegildo Dávila en su magistral Biografía del Gral. Juan Zuazua-, templaban el carácter de los fronterizos. En efecto -agrega- la audacia del indio los hacía temerarios; lo
artero de aquél, precavidos; lo infatigable del eterno enemigo tenaces y la
fe~dad del comanche, valientes en grado heroico. No podía ser co'barde
quien se batía con el salvaje, tan ágil en pelear pie a tierra como a caballo,
sobre cuyo lomo, atronando el espacio con terrífico alarido, deslizábase en
veloz carrera cual si fuese un ala del no domado bruto"P'
El alcalde de Bustamante, informa al gobierno que alli no hay vecino que
no tenga una buena anna de fuego; y, desde que empezó a tener fusiles han
resultado, insignes cazadores, especialmente entre los jóvenes. La Cm~.isión
Pesq:1isidora, re~oge testimonios de hombres que emplean la mayor parte de
su vida combatiendo a los indios, y que "cuentan sus campañas por el número de sus cicatrices". 2 º Al referirse a los casos especiales de los comandantes
Ugartechea y Menchaca, añade que "han encanecido en pelear contra el
indio". 2e
No hay biografía de hombres de esa época, que no se inicien con la lucha
cont~: los ,bárb~s: Zuazua, Aramberri, Escobedo, Naranjo, Garza Ayala,
Trevmo, Perez V11larreal, Caso y otros muchos, tienen su bautismo de sangre
en estas contiendas.
En la invasió? americana, primero, y en las revoluciones de Ayutla y de
Reforma, despues, el hombre del norte da: pruebas de valor y arrojo que só]o
pudo adquirir en ese tipo de vida. El Ejército del Norte, formado por gentes
de Nuevo León, Coahuila y Ta.tru1;ulipas, aporta su contribución valiosa para
la caída definitiva del imperio.
Puede concluiISe, por todo lo anterior, que el noreste de México lucha
contra ~as dep_r~aciones d~ los bárbaros durante medio siglo (1820-70). Que
los motivos pnncipales de estas, a juzgar por los informes de la Comisión Pesquisidora, fueron la concentración de las reservas en las Praderías y el comercio ilícito con ]os indios. Que la defensa Ja hicieron los hombres del norte
con el escaso o ningún auxilio del.gobierno federal. Que los hombres de] nort~
que participaron en nuestras más importantes luchas nacionales, se forjaron
•• Tip. Calle del Dr. Mier No. 70 ; Monterrey, 1892; 90 pp.
'" Informes . .. , p. 6.
•• lbid., p. 52.

354
355

�en este género de vida. Y que un estudio más profundo del tema,. y particularmente de los puntos de reunión de los salvajes, 27 podría conducir_ al esclarecimiento de los petroglifos y pinturas rupestres del noreste de México .

•
Para la elaboración de este artículo fueron consultados, además, cuatro voluminosos legajos con la documentación sobre las incursiones, facilitada por el ~obiemo de
Nuevo León a la Comisión Pesquisidora, y que se encuentran en el Archivo General
del Estado, en Monterrey, Año 1873, Legaj~ 28, 29, 30 y _31. En el ~egajo 27, Carpeta&amp; 1 y 11, se hallan los documentos relac1onados a los kickapoos, as1 como numeroSllll noticias sobre incursiones.

n Los itinerarios de los indios en sus incursiones, pueden verse en el Mapa del Estado de Nuevo León del coronel de ingenieros Santiago igra de San Martín, 1853;
(Engraved by Sardn;y &amp; Major, New York). La Comisión Pesquisidora publica también en sw informes otro mapa hecho en 1873 en Monterrey por FRANCISCO L. MreR.

RETABLO DE LA CALLE JUAREZ
JosÉ P. SALDAÑA
Monterrey, N. L.

Si DE PRONTO SE ME PREGUNTARA qué calle de las de Monterrey es la de mayor tradición histórica y merece en tal aspecto la primacía, seguramente que
me encontraría en situación embarazosa para contestar.
Surgirían a mi memoria de inmediato los nombres de las calles de Hidalgo,
de Morelos, Padre Mier, Zaragoza, Escobedo, y, claro, de Juárez. Con ello la
contestación sería un tanto acomodaticia, y diría, por ser materia de este artículo, que la calle de Juárez es una de las que contienen mayores motivos de
especial consideración, y consigujentemente debe tomársele en cuenta como
una de las de mayor sabor hislórico.
Pero habrá quien pregunte: ¿ Merece una calle que se le tome en cuenta
hasta el grado de admirarla, tenerle cariño y hasta amor? Sí, contestaría yo
de inmediato. Como se quiere, conserva y cuida una joya, un abanico, un libro, una cosa cualquiera que reúna condiciones tales, que nos haga recordar
algún incidente importante de nuestra vida.
Las calles son el canevá en que se va, día a día, tejiendo la vida del pueblo. Son ellas la vía en que transita la alegría y el dolor, la fiesta y la tragedia, la esperanza y la desilusión, la juventud y la vejez, el hoy, el ayer y el
mañana. Son ellas el testimonio petrificado; pero viviente de todo lo que sucede, de todo lo que, a veces trivial, significa con el tiempo una referencia
útil, un recuerdo sentimental, o un punto de partida histórico.
Son las calles un tesoro de inestimable valor que necesitan, sí, del artífice
que las descubra, que las saque de su sueño, que las coloque en el lugar propio a la admiración. Ahí tenemos la hermosa obra Por la Vieja Calzada de
Tlaco pan, escrita magistralmente . por el inolvidable Cronista don Artemio de
Valle Arizpe. Y están a nuestro alcance los relatos amables de las Calles de
México, del historiador don Luis González Obregón. Son ellos, con otros, que
con exquisito arte le han dado vida palpable a las viejas casonas, que hablan

357
356

/

�de la Colonia a las costumbres antiguas que tuvieron como teatro de acción
diaria las call:s y las plazas. Ellos han revivido las consejas, las peripecias de
la humanidad de otras épocas, las páginas de historia que se grabaron en las
baldosas, en las fachadas de las casas, y en las rejas de las ;entanas. .
.
Si pudieran las calles hablar cuántas y cuántas cosas. sabnamos ?e ~estlmable valor. Nos dirían de los pasos precipitados de Juventudes mqu_ie~
anhelosas de un nuevo sistema de vida; de las vacilantes pisadas ~e los vieJo~;
del trajinar de los hombres que buscan afanosamente constnur su p~~10
porvenir; de inquietos políticos inconformes con todo y con todos; de v1S10•
narios que ven en el mañana la redención de todos nu:5tros males.; • .
. Cuánto más nos dirían las calles! De los amores nacidos en el transito or•
~ario• de lo efímero de cuan to se desea, se posee y al fin se pierde; de las
ambici;nes; de las claudicaciones¡ de los pasos perdidos de los que no se sa•
be qué buscan; de los que huyen de sus propios errores o crím~nes i de !ºs que
,•an presurosos a prestar una urgente ayuda¡ de los que c~an hao~ adelante y retroceden por cansancio o decepción¡ de los que pisan con fmneza
porque saben a dónde van; de los que triunfan y de los derrotados. aben las
calles y no pueden por si mismas decirlo, todo cuanto hay en el ser humano
de b~eno y de malo, de virtuoso y de perverso, de al~"º y de abyecto. Todo
lo saben porque sobre ellas han discurrido las generae1ones una a una.
¿Por qué este discurso? Cosa sencilla, porque quiero hablar de la calle
Juáre-z. Quiero evocar algo de lo que sé de ella, por lo que he oído y por lo
que he visto. Algo tengo que decir y qwero decirlo. _
.
Mi cariño por esta calle me dará fuerzas para pergenar una crónica am~ble, que nos sirva de entretenimiento a la vez que para ~arcar la categona
que le corresponde, sin menoscabo de otras calles también m~reccdoras . ~e
nuestra atención y especial estima. Por ahora bagamos una rápida excumon
por esta Calle Juárez.

•
A fines del año de 1905, el Gobierno Federal, a CU)'º frente se encontra~a
el General don Porfirio Díaz, emprendió una intensa campaña con el obJeto de enaltecer la memoria de don Benito Juárez.
La propaganda que se organizó con ese motivo se extendió a t~o e~ pa.ís, a
través de los Gobernadores de los Estados, quienes a su vez dilund1eron la
idea por todos los medios a su alcance, instruyendo en debida forma a los Presidentes Municipales.
Cabría decir, juzgando por los acontecimientos históricos no muy lejanos
en aquel entonces, que el General Díaz sentía, allá en su interior, un profun-

358

do remordimiento con motivo de sus actitudes rebeldes en contra de don Benito, que habían surgido, según él, por las violaciones al Sufragio Efectivo. Y
para calmar aquellas recónditas sensaciones de su espíritu, acometió la tarea de formar un homenaje, de carácter nacional, al cumplir don Benito Juárez el 21 de marzo de 1906, el Centenario de su acimiento.
En reciente artículo el Lic. AUonso Cavazos expresa: "En términos generales, el remordimiento es una sanción, sanción interior, como todas las penas del tipo ético. Es como un reproche de nuestra conciencia, es el juez implacable y sutil ( duendecillo) que nos pide cuentas de nuestros actos cuando
quebrantan un principio ético" . .,eguramente que esta era la situación anímica del General Díaz, cuando, transcurridos ya más de 30 años del fallecimiento de Juárez, y habiéndose formado una aureola popular a su memoria, sintió ese "duendecillo" que le gritaba en su interior, las fallas que habia cometido. Como soldado republicano combatió a Jos invasores franceses, bajo la
bandera legalista empuñada por Juárez, distinguiéndose en grado heroico;
pero después, en el plano político, se había enfrentado a don Benito, llegando
hasta la revolución.
Con tales antecedentes puede inferirse que hubo de parte del General Díaz
una especie de confesión pública, para rehabilitarse de todo cuanto pudiera
significar menoscabo a la lealtad que debía al hombre que había salvado al
país de la dominación extranjera.
Para el general don Bernardo Reyes, Gobernador del Estado de Nuevo
León, se presentaba 1a oportunidad de hacer patente demostración de su fervor hacia don Benito Juárez y acogió con entusiasmo el proyecto emanado del
Primer Magistrado de la República. Al efecto, organizó un comité que tom6
a su cargo tocio cuanto se relacionaba con lo festejos que habrían de llevarse
al cabo.
Una bien organizada publicidad encendió el entusiasmo popular. Como
números centrales e programó un desfile por las principales calles de la ciudad; la colocación de la primera piedra del monumento al Benemérito en la
Plaza del 5 de mayo; fijar una placa en la calle que llevaría en lo futuro el
nombre de Juárcz; y una velada literario-musical en el Teatro Juár z. Para
el mayor realce de tales eventos fueron invitados los intelectuales de más nombradía del Estado.
Entre ellos podemos citar a los señores Lic. don Enrique Gorostieta, Lic.
don Virgilio Garza, Lic. don Rafael Dávila, Lic. don Rafael Lozano Saldaña, don Celedonio Junco de la Vega, don Manuel Barrero Argüelles, Lic. don
Carlos F. Ayala, Lic. don Bartolo Ramírcz Anguiano, y los poetas, que sin ser
de Nuevo Le6n, residieron en Monterrey algún tiempo y cultivaron muchas
amistades, don Juan B. Delgado y don Manuel José Othón.

359

�Para el General Reyes aquellos acontecmuentos significaron un especial
motivo para destacarse como hombre de acción y de letras. Escribió lo que
él mismo tituló: Rasgos Biográficos del Ilustre Mexicano Benemérito de la
Patria Benito Juárez, que, publicado en la prensa y en folletos se repartió
profusamente en todo el Estado, aparte del discurso que pronunció en la velada efectuada en el teatro Juárez.
Pero para nuestro propósito nos detendremos en el punto del bautizo de la
calle del Roble y al efecto del programa de festejos copiamos lo siguiente:

que no sería posible reconocerla por quien, ausente de la Ciudad durante ese
tiempo, ~e pronto se encontrase en la esquina de Juárez con Morelos, o con
Padre Mier.
La anchura, a más del doble sería la primera sorpresa, y después la substitución de los edificios, que acallaría cualquier impulso emotivo por el recuerdo de tiempos idos.
Para establecer el contraste reproduzco la primera parte de la narración sobre la Calle Juárez:

"IV. A la misma hora de las 9:30 de la mañana se situará a espaldas del

"Atraviesa la Ciudad estJ. importante calle de Sur a Norte. Principia
en la margen del río de Santa Catarina y termina en la Colonia Matehualita, teniendo como remate la vía del ferrocarril. Algo más de dos
kilómetros comprende su extensión.
El Obispo don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés trazó la calle
que bautizó con el nombre de 'El Roble' en honor de la Virgen que tie~
ne su templo por esta misma calle y 15 de Mayo. Corría el año de 1794
y el activo Obispo de Llanos y Valdés se proponía erigir la nueva Catedral al Norte de la ciudad y la calle nueva precisamente llegaba al lugar en que se había planificada.
Con motivo de la colocación de la primera piedra para la erección
de la Santa lgleJia Catedral, el Obispo hizo especial invitación al señor
Gobernador don Simón de Herrera y Leyva, y al Ayuntamiento de la
ciudad para que asistieran a la función que tendría lugar el miércoles
26 de noviembre de 1794, función que tuvo las características de los
grandes acontecimientos.

Palacio Municipal, una 'Sección de Caballería del Cuerpo de Rurales
de la Federación, una música militar, los carruajes necesarios para recibir a los miembros de la Delegación Nuevoleonesa y del H. Ayuntamiento, presidídos por el Alcalde lo. -,, una Compañía de Infantería del
23 Batallón, para, con solemnidad de bando fijar dos lápidas conmemorativas en casas en que habitó en ésta, el Ciudadano Benito ]uárez, en
1864 y otra que dará el nombre del ilustre Ciudadano a la calle conocida hasta hoy con la denominación del 'Roble'; comitiva y fuerzas que
se disolverán una vez verificado la expuesto, a la indicación del Alcalde 1o.".

Las casas de referencia, que habitó don Benito Juárez durante su estancia
en Monterrey en 1864, fueron las que existieron en la esquina Noroeste de
Morelos y Escobedo, y en la esquina Noroeste de Padre Mier y Galealla. A
partir de entonces, la calle del Roble, que también llevó el nombra del Nogal
y de ta Ciudadela es ahora la de Juárez, de cuya tradición y situación especial del momento me estoy ocupando.

•
En el año de 1942 publiqué el libro Estampas Antiguas de Monterrey, que
contiene la crónica o narración de cada una de las principales calles de Monterrey. Tal vez sería más propio decir de las más antiguas, ya que han surgido nuevas calles cuya importancia comercial o residencial reclama un lugar
preferente en la historia.
.
Pues bien, en este libro, que tanto quiero, porque es producto de un smc~ro e ingenuo impulso, más que de un ensayo literario, aparece la Calle Juarez tal como yo la comprendía entonces.
Durante el transcurso de más de 20 años se han operado sensibles transformaciones, al grado de que nuestra calle ha sido de tal forma cambiada
360

En 1848, pasados 50 años de abrirse la calle, el Ayuntamiento de la
Ciudad dispusa que ésta fuese prolongada, de la Plazuela de la Carne
hoy Mercado Colón, hacia el río de Santa Catarina. De esta maner~
llegó a s~ máxima longitud por el Sur, y años después fue agrandándose hacia el Norte hasta adquirir .ru actual dimensión.
De importancia comercial innegable es la calle Juárez, cuyos nombres
sucesivos han sido del Roble, del Nogal, de la Ciudadela, y de 1906 en
adelante, ]uárez.
Al trazarse la calle fue necesario construir un puente entre las actuales calles de Allende y IS de Mayo, para salvar el arroyo que conducía
agua de los Ojos de Santa Lucia, puente que se le denominó de Nues~
tra Señora de Guadalupe.
En 1841 los vecinos del barrio del Roble solicitaron del Ayuntamiento que el puente de M orelos, en lo sucesivo se llamara puente de Santa María del Roble y se colocara en una pilastra su imagen. La comi361

�sión de ornato que dictaminó sobre el asunto expuso: 'que no hay dificultad alguna en que se conceda a los vecinos la pilastra y colocar en
ella la imagen de Nuestra Señora del Roble en el puente situado en el
callejón de Santa Lucía, por ser éste el que precisamente está más en
contacto con el templo de dicha imagen y porque en concepto de la
misma comisión no parece conveniente que desaparezca un monumento
pública como lo es el puente de Morelos erigido en memoria de los patrióticos servicios que prestó en la sagrada causa de la Independencia
el héroe de este nombre'. No se tienen noticias de que los vecinos hayan llevado a cabo su proyecto.
Desde tiempos remotos la calle de Juárez ha sido asiento de muy diversos comercios, que le han dado un aspecto pintoresco.
El tramo comprendido entre el Mercado Colón y el río de Santa Catarina, siempre estuvo dedicado al comercio en sus más variadas formas.
Carnicerías, fondas, hojalaterías, sastrerías, cantinas, zapaterías ,, en fin,
un abigarramiento de todo lo que constituye el comercio de menudeo".
· A qué se debe la primacía de esta calle en el tránsito de personas a pie?
¿ iaste algún atractivo especial? ¿ Son sus banquetas más amplias? ¿ Cuál es
la razón de esa preferencia?
Damos por un hecho que ninguna otra calle de Monterrey tiene un tránsito igual. A ciertas horas tal vez la calle del Padre Mier, de Zaragoza a Juárez, ofrezca semejante panorama, por el movimiento provocado por los autobuses. Cuestión circunstancial. En cambio Juárez, sin ese requerimiento, ofrece mayor movilidad de gentes.
No se trata de un fenómeno nuevo. Desde principios del siglo se distinguió
esta calle por su especial movimiento. Tránsito normal abundante todos los
días, y extraordinario por desfiles políticos, sociales o de circos.
Esto último ha cambiado a partir de la ampliación de la avenida Pino
Suárez, por donde ahora pasan los desfiles.

•
Cuando veo la indiferencia de los albañiles encaramados en lo alto de las
paredes, al lanzar al vacío uno a uno los sillares, siento tristeza.
Ellos destruyen porque su trabajo así lo exige, sin pensar en que están bonando de la fisonomía de la Ciudad, una fase característica de épocas, que
poco a poco, van desapareciendo.
Fue primero la cuadra entre P. Mier y Morelos, después la de Mo~elos,
hasta el nivel que ocupara el Puente de San Luisito, mas luego de P. Mier a
362

Matamoros, para continuar de 15 de Mayo a 5 de Mayo, y en los días que
corren -julio de 1963- de Allende a 15 de Mayo.
Edificios de diez y más pisos, de sólidos materiales -concreto ladrillo hierro- substituyen a las casas de uno y dos pisos edificadas con Íos sillar:S extraídos de las lomas cercanas, con techos de vigas y tablas de madera cubiertos con "tepecbil", a prueba de goteras.
Esos edificios, unidos unos a otros, formaban una valla rectilíne~ que amparaba a los habitantes de los rigores del frío y del calor. Sello pecttliar de las
paredes gruesas de sillar renuentes a transmitir las variaciones de la temperatura por más extremosa que sea.
Costumbre heredada de los españoles que conquistaron estas tierras. Pudieron utilizar las canteras de piedra, abundantes y cercanas; pero no ofrecían el "confort", como diríamos ahora, de las paredes de sillar.
Todos los edificios de los primeros tiempos de Monterrey, que han sido respetados por el hombre, muestran su bondad, con la sencillez de lo eterno.
Parece como que el tiempo, respetuosamente, se detiene ante ellos.
Y es aquí, en esta Calle Juárez, en donde se ha puesto la nota conmovedora de la destrucción más espectacular, de lo que fue por siglos, comodidad
Y buen gusto, para obedecer el imperativo de los tiempos modernos.

•
Habría que reconstruir mentalmente la configuración física del Río de Santa Catarina frente a la Calle Juárez.
Hasta 1909 la margen norte del río llegaba a lo que es hoy calle de Humboldt, es decir, 100 metros más allá de la calle de Hidalgo.
La comunicación con la Colonia Independencia, entonces San Luisito se
hacía mediante un puente construido en 1891 por la Empresa de Tran~ías
de Oriente a Sur. Los tranvías de mulitas, que hacían el recorrido desde la
Estación del Golfo, ya desaparecida, seguían las calles de Zuazua, Washington, 15 de Mayo, Matamoros, Cuauhtémoc, Hidalgo y Juárez, pasando airosamente sobre el puente, para internarse en la barriada de San Luisito, por
las calles de Constitución y Jalisco hasta el templo de Guadalupe.
Los propietarios de los tranvías eran los señores don Pánfilo García don
Crescencio de Arce y don Ramón N. Sepúlveda, a quienes se les c;nocía
c?mo los empresarios de a cuartilla, en atención a que el pasaje costaba preosamente tres centavos.
El puente se lo llevó la creciente del río en el año de 1895 dándose de
inmediato los pasos necesarios para edificar otro, que s.igruficó' un adelanto
363

�en la técnica de la construcción, pues se empleó además de madera, vigas y
cables de hierro, ya que se trataba de un puente colgante.
Era más amplio que el anterior, más resistente, con casetas a los lados ocupadas por comerciantes, pero fue destruído por el fuego al finalizar el siglo
pasado.
Viene entonces la construcción de un tercer puente, con las características
de los nuevos procedimientos que imponían el uso del concreto armado. La
concesión la obtuvieron los señores Ing. Genaro Dávila y don Fortunato V.
Villarreal, disfrutando de exención de impuestos por el término de 50 años,
al cabo de los cuales quedaría en beneficio del Ayuntamiento. La inversión total fue de $ 60,000.00, siendo inaugurado el 5 de enero de 1905.
En la construcción se hizo alarde de consistencia, usándose el hierro y el
concreto en forma abundante. Hubo manera de comprobar esto, en forma
que no dejó duda alguna, durante la inundación que sufrió la ciudad los días
27 y 28 de agosto de 1909.
Por supuesto que esa resistencia enorme del puente, dio lugar a que se formara una represa originando el desbordamiento de las aguas y consecuentemente, que la devastación fuese de mayores proporciones, pues bien es sabido
que esa inundación costó a Monterrey varios millones de pesos. Pero lo más
sensible fue que perecieran entre 5 y 6,000 personas.
Quedó casi integro el puente suspendido en el río, a más de 200 metros de
la ribera sur. La creciente había ampliado el cauce en esa fantástica proporción. En cuanto al tránsito de peatones, se requería de escalerillas para bajar al lecho del río y subir después a tierra firme de la colonia Independencia.
Los comerciantes que ocupaban las casetas del puente, pasada la tragedia, continuaron en sus actividades, y en poco tiempo olvidaron las pérdidas;
contentos estaban de no haber naufragado en las encrespadas aguas de la
creciente.
Fuera del puente, al norte se enfilaban los comercios en la calle hasta Hidalgo, dejando una simple vereda en medio, dificultándose el tránsito aún
por las banquetas. Había de todo: frutas, legumbres, dulces, janos y cazuelas,
ropa, maiz, frijol, enchiladas, tamales, menudo, fierros viejos y cuanto pueda
imaginarse de chucherías. Era un hacinamiento increíble, apenas cubierto por
techos de lonas, y por supuesto, las mercandas se exhibían en mesas desvencijadas, y en el suelo, sobre petates o esteras de dudosa limpieza.
A cada lado de la calle, los comerciantes establecidos en las casas hacían
la competencia a los puesteros, con ausencia notoria de orden y buen gusto.
Bultos de maíz y frijol en las puertas. En el mostrador balanzas de dudoso
fiel, obedientes a las triquiñuelas del abarrotero.
El armazón, cuadriculado por los casilleros, lleno de polvo y telarañas, mos-

traba botellas de vinos, vasos de vidrio y de peltre, paquetes de azúcar, café,
garbanzo y demás menudencias.
Colgando de ganchos: tazas, cacerolas, lámparas de petróleo, bacines, velas
de cebo y estearina, trompos, mecates, sombreros de palma, espuelas, imitando
a las de Amozoc, cuartas de cuero, y qué sé yo cuántas cosas más,
Vino la canalización del río, la ribera norte avanzó más allá del puente
aproximadamente 100 metros y éste quedó dentro de los terraplenes.
Trabajo para las autoridades y grande, fue lograr que los inquilinos del
puente lo abandonaran, ya que habían constituido su forma de vida en él y
seguramente no les había ido mal que digamos. Sin embargo, el progreso
demandaba acabar con aquella feria continua de vulgaridades.
Como dato histórico, que no deja de impresionar el espíritu, por cuanto
confirma lo transitorio de las obras humanas, transcribo el comentario que
hizo El Norte, con fecha 16 de febrero de 1955:
"Después de uarias décadas de vida, el anacrónico y mal situado mercado de 'San Luisito' empezó a sentir, ayer, la acción demoledora de
las barras y las picas.
Algunos de los comerciantes que durante muchos años se cobijaron
a la sombra del uetusto jacalón, dejando escuchar sus pregones entre la
generalmente nutrida concurrencia, trataron de aferrarse hasta el último
momento a los beneficios correspondientes y, tras de agotar las solicitudes
para que al menos se les dejase allí dos o tres meses más, se aualanzaron
a solicitar amparo contra actos de la Autoridad Municipal, sin embargo,
todo lo hicieron en forma torcida, defectuosa, pues mucho antes, hace
15 días, firmaron con el Municipio un convenio mediante el cual la
autoridad les prorrogaba el plazo de desaloje precisamente en 15 días
más respecto de una fecha fijada con anterioridad, a cambio, todos ellos
se comprometieron a salir del mercado Precisamente para el día 15 de
febrero (ayer} a más tardar. Por otra parte, los pocos comerciantes que
trataron de ampararse llevaron a las autoridades competentes la solicitud en forma tardía, esto es, cuando ya personal de Limpia y Transportes y de otras dependencias municipales estaba dando barra.zas a las
viejas paredes, por lo que todo hace suponer que la orden de la Presidencia Municipal será cumplida al pie de la letra: desaloje pleno de
locatarios en f arma inmediata y demolición del edificio que fuera fincado sobre el macizo puente de San Luisito, una de las primeras obras
hechas en nuestra ciudad con hierro y concreto, construída en 1905 por
el Ing. Bernardo Reyes, hijo del entonces Gobernador del Estado Gral.
Bernardo Reyes".

364
365

�La piqueta no entiende de sentimentalismos y emprendió la obra demoledora, diríase que con fruición. Dos intereses convergían opuestamente: el de
los locatarios, que veían derrumbarse la fuente de su trabajo -acumulación
~e e~fuerzos Y ahorros por 20 años o más- y el de la sociedad, que demandaba
limpiar de estorbos, lo que habría de ser amplia avenida, y dominio definitivo
del río sobre su amenaza permanente.
Fueron cayendo techos y paredes, armazones y mostradores, hasta quedar
solamente columnas de concreto enterradas, quizás para siempre, en los terraplenes que formaron los macizos ganados al río, que en esa zona alcanzaron
más de 100 metros de ancho, es decir de norte a sur.
Con esto quedó cerrada una época larga, de típico sabor popular, en donde
se mezclaba el pregón suave de las mujeres, con el ronco y ríspido de gargantas hechas al fregor de aguardientes y mezcales con alma de alcohol.
Y sobre tan tajante algarabía, alguna orquesta desafinada, trataba de imponer las notas desmayadas de la canción en voga. Pero se perdía el esfuerzo
bienhechor ante los ~perativos de la lucha por la vida, que acicateaba el
regateo entre vendedor y comprador.
Al fin se impuso la fuerza de la época. ¡ El Rey ha muerto! ¡ Viva el Rey!
es la consigna eterna. Lo que acaba, a la tumba, y lo que nace a darle forma
y vida.
Desaparecieron también los puestos de la calle dejando todo preparado para
1~ ampliación que se llevó al cabo, de manera que aquellas casas ruinosas y
figones de mal agüero, quedaron vencidos para dar lugar a muchas construcciones que hoy ofrecen el espectáculo de edificios limpios, siguiendo la
tradición de tiendas populares.

•
El tramo de la calle entre Hidalgo y Morelos era tal vez el más estrecho
apenas si de paramento a paramento se contaban 8 metros.
'
Durante algunas temporadas sufría la invasión de puestos semüijos. Se les
desalojaba por las autoridades; pero en la primera oportunidad volvían a plantarse, a pesar de las protestas de los comerciantes establecidos.
En la esquina con Hidalgo, durante muchos años, existió un tendajón, de
nombre "El Toro", que vendía desde calabazas y piloncillos, hasta zapatos y
medicinas. Posteriormente cambió el ramo a ropa barata, que se exhibía colgada en los marcos de las puertas.
Seguían comercios de poca categoría basta la esquina que ocupó durante
largos años el montepío "La Montaña de Piedad", fundado por don José María Elizondo, quien lo traspasó a principio de este siglo a don Jesús y don AI366

fredo Pérez, clausurándose el negocio cuando don Alfredo inició sus actividades políticas por el año de 1911.
Años más tarde sufrió la cuadra una notable transformación al establecerse
en ese lugar la empresa Proveedora del Hogar, conocida por "P.H.". Este
establecimiento ocupó toda la cuadra por Juárez, y al ampliarse la calle perdió
edificios y terreno en proporciones muy estimables.
Ya en la nueva alineación se levantó un edificio por la Compañía filial
Financiera del Norte, S. A., arteria económica del grupo del vidrio, cuyo eje
motor lo constituye la Vidriera Monterrey.
Esta empresa financiera ha logrado, en el transcurso de 25 años, aumentar
-sus actividades al grado de que, habiendo iniciado sus operaciones con un
capital social de trescientos mil pesos, se ha elevado a la respetable cantidad
&lt;le setenta y cinco millones de pesos.
Pues bien esta Institución ha contribuido a la belleza urbanística de Monterrey, con un edificio sobrio, elegante, funcional, que aumenta el atractivo de
1a vista panorámica de ese sector.
Consta de un cuerpo de 3 pisos y una torre de 8. Se asienta en un terreno
&lt;le 1,055 metros cuadrados, que limitan las calles de Juárez, Hidalgo y Morelos.
Los primeros tres pisos sirven a Proveedora del Hogar; los cinco siguientes
a Financiera del Norte; y el resto a Almacenadora del Norte, Industria del
Alcali, y Fomento de Industria y Comercio.

•
La siguiente cuadra está llena de reminiscencias que trascienden a épocas
lejanas, porque fue a fines del siglo pasado y lo que va del presente, un centro
comercial de primera categoría .
En la esquina noroeste de Morelos y Juárez durante muchos años disfrutó
el comercio de abarrotes al medio mayoreo y menudeo una tienda llamada
"Las Palomas", propiedad de don Timoteo Lozano, quien allá por 1896 la
traspasó a don Joaquín García. Por su parte don Joaquín García bautizó el
comercio con el nombre de "El Puerto de Matamoros", dirigiendo el negocio
con gran éxito hasta 1906; a su vez lo vendió a don Francisco Armendáiz,
quien organizó una compañía quedando al frente de la misma don Emilio
'Ballí, hombre de amplios recursos, de simpatía, de don de gentes y de grandes
alcances comerciales.
Pared de por medio don Manuel Guajardo, comerciante de arrestos, estableció la cantina "La Zacatecana" que pocos años después transformó en
abarrotera de gran prestigio y popularidad.
Seguía aumentando el movimiento comercial y don Andrés Galindo, que
367

�en 1875 había establecido un comercio de miscelánea, por incontables años
estuvo en actividad en una casa vecina con la particularidad de que para él
el dinero no era cosa de gran atractivo y consecuentemente, importándole más
que todo la actividad comercial, tenía especial predilección por hacer operaciones al trueque. Lo interesante era que ningún cliente se fuese sin llevar y
dejar algo.
Más adelante se estableció otro comercio de abarrotes denominado "La
Concha" fundado por don Primitivo González en el año de 1880 y por los 90
fue a parar a manos de don Bias Cantú, quien a su vez lo traspasó a los
señores Femández García, hermanos activos y dinámicos, quienes por último
en 1897 pasaron activo y pasivo a don Lorenzo Guerra, quien introdujo novedades que mucho alentaron al comercio de ese lugar. Entre otras de sus
ocurrencias se destacaba la quema de diablos el Sábado de Gloria, que reunía
a centenares de personas ávidas de contemplar la pirotecnia, eJ estampido de
los cohetes y, lo más importante, la lluvia de dulces encerrados en las panzas
enormes de los diablos y la distribuci6n directa que desde Ja azotea del edificio hacia personalmente don Lorenzo con la ayuda de sus dependientes.
Volaban por el espacio latas de sardina, salmón, paquetes de jab6n, de sal,
de frijol, etc., etc. Estos acontecimientos de sabor esencialmente popular le
dieron gran prestigio a "La Concha" y algo alcanzaron también sus vecinos.
Seguía por orden de ubicación la panadería "La Bola", una de las más
antiguas de Monterrey, bien manejada por su propietario don Francisco Roel,
que mantuvo su actividad durante más de treinta años. Llegando a la esquina
existía un comercio "La Fama", sucursal de una fábrica de cigarros de San
Luis Potosí que se transformó andando el tiempo en el Montepío "La Rueda
de la Fortuna", propiedad de don Vicente Ferriño. La veleidosa fortuna a
veces sonrió al señor Ferriño y otras le volvió la espalda. Fue minero y comerciante en bienes raíces, supo de todo y como los gladiadores cayó en la lucha.
Pero esta esquina que estuvo impregnada de quejas, lamentos y regateos
por aquello de los empeños, sufrió una transformación de grandes alcances.
Don Guillermo Zambrano, Capitán Segundo en el mundo de los negocios.
porque el primero de la dinastía lo fue su hermano mayor don Lorenzo,.
construyó un edificio bello, elegante y funcional.
Se titula "El Roble", así bauti.7.ado en homenaje al primitivo nombre que
llevó la calle, nombre que adquiría del Templo del Roble. Fue inaugurado el
edificio el 25 de febrero de 1959. Consta de sótano y diez pisos, con aire
acondicionado, empleándose en su construcción fierro, concreto, mármol y
abundancia de vidrio. El Arquitecto responsable don Marcclo Zambrano unió
a la solidez del edificio detalles de belleza, que hacen del edificio algo con
pei:sonalidad propia.

368

Para las minucias de la historia, que suelen adquirir especial categoría, dejo
consignado que la planta baja, hacia la esquina, la ocupan los Almacenes
García -ropa y géneros-- con auténtico sabor popular "a raja-tablas". Hacia
el sur se instaló la Biblioteca Franklin y en seguida la tienda "Telas Monterrey". El resto lo ocupan numerosos despachos, significándose por su especial
categoría el Consulado Norteamericano, que dispone de algo más de dos pisos.
Sigue un edificio de agradable aspecto de tres pisos, que lleva el título de
"Edificio Martínez". La planta baja la ocupa casi en toda su totalidad el
Banco Comercial de Monterrey dejando un espacio a la empresa Windsor,
S. A., distribuidora de relojes.
Por último, un edificio de dos pisos, de tipo modernista presenta un extenso
letrero que dice: "La Puntada", Fuente de Sodas, en donde se reúnen q1úencs buscan, a pretexto de un tonificante, refresco o café.
Completa el panorama bello y alegre de esta calle la anchurosa Avenida,
que en ese Jugar adquiere mayor amplitud, y en frente los monumentales edificios, que en dos cuerpos, forman el Condominio Monteney. Fuertes, elegantes, imponentes. Se asientan en el predio en que, por muchos años, estuvo
el Mercado Colón, del que en alguna otra ocasión he de ocuparme.
Los rascacielos, las empresas de gran categoría, las oficinas suntuosas y el
ambiente de gran actividad que se respira en este sector apabullan, diríamos,
aquellas modestas casas comerciales que fueron colmenar de actividades en
tiempos que ya van siendo lejanos; pero el espíritu de aquellos tiempos de
amistades abi~rtas y de costumbres sencillas, seguirán imperturbables en el
recuerdo, en la historia, la leyenda y la anécdota.

•
Procede caminar hacia el norte, entendidos que la ampliaci6n de la calle
Juárez correspondió exclusivamente a los edificios del poniente, con excepción
del tramo vecino al puente que también sufrió amputaciones del lado oriente.
Volviendo a los primeros años del siglo, nos encontramos con una serie
de pequeños negocios entre los que destacaba la peluquería "La Borla de
Oro", de abigarrada clientela, en donde se asistía al ceremonial del corte del
pelo y afeite de la barba, con respeto absoluto al bigote, y además se era
parte auditiva de la charla pintoresca e incisiva de los peluqueros. Le seguía
a este establecimiento una famosa hojalatería, y más adelante un comercio de
Alfarería de don Sebastiáo Leal, para continuar con la librería de don Espiridión G. Vallejo, hombre de férrea contextura a pesar de su escasa estatura,
pero en cambio mostraba la cabeza redonda con pelo negro a los 80 años,
siempre afable, con los anteojos cabalgando sobre la achatada nariz, buscando

369
H24

�afanosamente los libros, reglas, cuadernos y cuanto necesitaban los muchachos
que a grito abierto pedían se les atendiera de inmediato. Era don Espiridión
un Mutualista de hueso colorado, que actuó en las filas del Gran Círculo de
Obreros durante rnás de 30 años. Hijo de él es el Lic. D. José Juan Vallejo,
''Vallejito", como se le nombra en todas partes, lo mismo en las aulas de la
Escuela de Leyes, en donde por más de 50 años ha sido maestro, como en
las sociedades Mutualistas que le han otorgado el honroso título de "Benemérito del Mutualismo", por sus permanentes trabajos en pro del ideal mutualista.
Vecino, también mutualista, don Jesús Sandoval, se destacaba con su fotografía "El Bello Arte", compartiendo su fama de artista con el popular Cuco
García, herederos, sin duda alguna, de la aristocrática fotografía "Lagrange".
Había otros pequeños negocios hasta IJegar a la esquina en donde "La
Brisa" abrla sus puertas rojas, de rejas de fierro, ofreciendo la mejor carne
de res y de puerco que se vendía en la ciudad. Por supuesto, compitiendo con
el Mercado Colón a base de kilos de más de mil gramos y precios que no
rebasaban los veinte centavos el kilo.
Andando el tiempo, fueron desapareciendo uno a uno esos negocios para
ser reemplazados por otros hasta que, a mediados de la cuadra, y ocupando
la mayor parte, se estableció el almacén "El Centro Mercantil de Monterrey",
que con la ampliación sufrió algunos cambios y en la actualidad están agre•
gándose nuevas edificaciones para ser campo de operaciones de los almacenes
"Sears Roebuck de México".
Hecha la ampliación, se construyeron los edificios que ocupan el almacén
de ropa "Tiendas U ni versales", para llegar hasta la esquina en donde opera
la zapatería "El Centenario". En el tramo del oriente las transformaciones han
sido notorias por cuanto a que los pequeños comercios y casas particulares que
existían han desaparecido para ser reemplazados por almacenes de mayor
cuantía.
Entre las cosas que recuerdo de aquellos tiempos, puede citarse la casa
particular, que a mediados de la cuadra era propiedad del Lic. don José
Luna, Notario Público. Su renombre le venía más que de sus actividades profesionales, de su afición a la pintura. Varios cuadros de indiscutible mérito
ennoblecen su afición.
Hijo de él es el Dr. José Luna Ayala, gran clínico, profesor del Colegio
Civil y de la Escuela de Medicina. Se cuentan por centenares sus discípulos.
Durante los años treintas ocupó esa casa un artista de las artes gráficas
y de la pintura, Celedonio Mireles. Después se estableció un repertorio de música, para quedar más adelante dentro de la invasión de comercios de ropa
y zapatos.
370

•
De Matamoros a Allende se inician los derrumbes con cierta lentitud,
mostrando las casas, aún cuando desocupadas, sus anteriores letreros: Ferretería Mexicana -antes comercio de abarrotes del Sr. N. Guajardo, quien
murió accidentalmente, al ayudar a bajar de un transporte una caja fuerte
que había adquirido para su negocio-; después, en el mismo lugar estuvo la
Librería Nueva; siguen, Curiosidades Mexicanas de don Mateo Leal, viejo
comercian te en artículos típicos mexicanos; "La Reyna" zapatería; México
Eléctrico; Trajes Fusi; y otra vez México Eléctrico. En esta esquina, una
cantina, "El Barril de Cristal", ponía la nota alegre, al contar entre sus clientes a hombres de letras como Oswaldo Sánchez, Federico de P. Robledo, apodado el Vale Coyote, Lic. Manuel Múzquiz Blanco, y algunos otros escritores,
que discutían sobre asuntos literarios, y declamaban los versos de su propia
cosecha Seguramente que muy pronto la piqueta acabará con estas construcciones y surgirán los edilicios que han de reemplazar a los que sirvieron, tal
vez dmante un siglo, al comercio de Monterrey.
En la acera oriente, esquina noreste, durante más de 40 años, el doctor
Mauro Villarreal mantuvo abierto su consultorio y la botica del comercio. En
la actualidad el comercio de ropa, de moderna presentación, "Almacenes Sagaón ', atrae a la clientela mediante llamativa propaganda.
En la esquina siguiente se estableció una mueblería, bien surtida; pero no
tuvo resultados satisfactorios. Fue reemplazada por el Colegio Porfirio Díaz,
del profesor don Jesús Rojas, en donde prestó sus servicios un antiporfirista,
el profesor Antonio l. Villarreal, precursor revolucionario, t:¡ue al caminar
de los años conquistó en la Revolución Constitucionalista, el grado de General de División.

•
La cuadra de Allende a 15 de Mayo, en un 50% ha sido ampliada surgiendo nuevos edificios de vistoso acabado.
Enumeramos, como dato curioso, la serie de negocios que existían en esta
cuadra, que al desaparecer las viejas casas, algunos persistirán en las nuevas y
otros habrán cambiado.
Veamos: Fotografía Treviño, antes cantina "las Delicias"; Salón de Belleza "Venus"; Estanquillo "El Roble"; Dr. Everardo G. Lozano; Dr. Carlos
de la Garza Páez; Estanquillo, Venta de sodas y dulces; "Arte", Salón de
Belleza; Cuerpo de Bomberos, -evocar al Cuerpo de Bomberos de aquellos
tiempos, es imaginarse un par de carros colorados, eso sí, muy rojos, tripu371

�lados por bomberos disfrazados de choferes, o de choferes con trazas de bomberos, cuya posición parecía la de titanes empujando a los carros.

modificación y algo queda también en el fondo del tiempo que se me ocurre
desenterrar.

Solía suceder que antes de llegar al lugar del siniestro se reventaba una
llanta, o escapaba el agua hirviendo desconchinflando el radiador, o se clavaba
la dirección; pero en todos los casos, los bomberos llegaban, aunque tuvieran
que llevar a cuestas los carros.

Principiando la cuadra en Allende se levanta un moderno edificio de maciza construcción, que lleva el nombre de Maracán. Su propietario don Pedro
Canavati, lo bautizó en esta forma en recuerdo de su esposa, de quien tomó
los primeras letras de su nombre: María Canava ti. Se trata de una construcci6n compuesta por sótano y 4 pisos. El primer piso está ocop~do por negocios
comerciales. En la esquina existe una tienda de ropa para damas que se
titula: Remy. Lo otros departamentos están ocupados por la Fotografía ''Estudios Portillo"; "Tiendas Melo"; "Zapatería M6naco" ¡ "Hilados Finos Monterrey" y "Mercería Juárez".

¡ Ah! pero había que ver cómo se mantetúa en pie la economía de la institución: Ayuntamiento $ 100.00 mensuales, que no siempre los pagaba, y
empresas particulares que "daban donativos" de uno y dos pesos mensuales.
En total un presupuesto mensual de $ 600.00.
El Comandante lo era todo: bombero, mecánico, instructor, cobrador; eso
sí, después de cada hazaña, los periódicos generosamente repartían los más encomiásticos adjetivos. En estos andares, durante 32 años, actuó Emilio Alanís
Alanís. Entró al servicio como simple bombero: fuerte, sanguíneo, ágil hasta
llegar a Comandante. Envejeció en el servicio, perdiendo los atributos de la
juventud, para conservar una sonrisa de optimismo, que fue en su vida
como un pregón del deber cumplido.
Pasó aquello, llegó la ampliación, y el chiflido de casa ya no sirvió para
las funciones a que estaba destinada; los tiempos han cambiado, y con la generosa cooperación del Gobierno del Estado, del Ayuntamiento, y de los particulares, se ha construído un edificio en terrenos ganados al Río de Santa
Catarina, que merece justamente el título de Cuartel Central de Bomberos.
El edificio por desocuparse fue donado poi: don Santiago Belden.
Sigamos la n:renci6n de establecimientos: Nuevo León Eléctrico; Peletera
Montei::rey; Estanquillo ''Jovita"; Peletera del orte; Salón de Belleza "Guadalupe"; Casa Myúam, Mercería y Joyería; Estanquillo; casa habitaci6n¡ Zapatería Ramirez; Consultorio Médico; La Sorpresa, Relojes y Alhajas; El
Triunfo, Marcos y Molduras; Las Novedades, ropa para niñas; Clínica Dental del Roble; Casa Hinojosa; casa habitaci6n; "Gema", Relojería y Joyería,
y Carnicería "La Aurora"; -treinta años antes ' consultorio del doctor José
Sepúlveda.
Como puede apreciarse, los numerosos establecimientos dan idea del comercio de poca monta. Con excepción de tres casas de dos pisos, las demás
eran de un solo piso.

•
Algo debemos decir de la acera oriente, pues aun cuando las transformaciones sufridas son poco notorias, de todas maneras, ya se ha principiado la
372

Los pisos restantes sirven a muy distintas actividades: Centro Patronal de
Nuevo León; Petróleos Mexicanos¡ bufetes de abogados; oficinas de seguros;
distribución de artículos para el hogar; despachos de ingenieros, etc., etc. Años
antes el predio pertenecía a la Cía. de Luz y Fuerza Motriz de Monterrey.
En departamentos de construcción antigua operaban oficinas y bodegas.
Continúan construcciones del siglo pasado, a las que apenas si se les ha
hecho algún remiendo sin categoría y llegamos a mediaciones de la cuadra
en donde, a principios del siglo, estuvo situada la Academia de Comercid General Zaragoza, cuyo propietario don Anastasio A. Treviño Martínez, inició
lo que pudiéramos decir la carrera de Contador Privado, aW1 cuando sin los
relieves que tiene en la actualidad.
Como me tocó estudiar en ese colegio, puedo hablar de1 algunas de mis impresiones, entre las cuales se destaca la existencia de un Ojo de Agua en el
patio, que invitaba a los muchachos en las horas de recreo a beber con fruición,
formando con las manos improvisado Tecipiente.
En cuanto a los profesores --después de don Anastasio, cuya figura singular lo destacaba como hombre de principios, de carácter, de sólida rectitud
en sus procedimientos, de gran espíritu emprendedor y, sobre todo, de W1a
arraigada responsabilidad en las actividades a que se había dedicado-, dejaron profunda impresión en mi recuerdo.
Había un 'profesor de español, joven, como de 20 años de edad, de mediana
estatura, delgado, ojos pequeños, pelo negro, semblante intensamente pálido,
pulcramente vestido, cuello y puños duros, siempre blancos. Todo ello, unido
a una prematura seriedad, daban al joven profesor marcado aspecto romántico, que e acentuaba con su tendencia a dictar trozos literarios de los próceres
del romanticismo, principalmente de Bécquer, que lo entusiasmaba. Don
Anastasio, con su voz robusta de barítono, hizo la presentación: ... "El Profesor Don Joel Rocha". Con el tiempo, aquel joven habría de destacarse en su
373

�profesión y posteriormente, como uno de los industriales de mayor categoría
en nuestro medio ambiente.
Profesor de planta fue don Alonso Mendoza, cuya característica principal
eran la pulcritud, tanto en el vestir como en sus modales. Su simpatía se hizo
general, de manera que todos los muchachos le teníamos gran cariño. Poco
tiempo actuó en su carácter de profesor, dedicándose a otras actividades y
según tengo entendido, en la actualidad dirige un negocio de camiones de
carga.
En ese rosario de recuerdos, ocupa un lugar preferente Aldo B. Alarcón,
escritor y poeta, hombre sencillo, de genuina prosapia romántica, a quien los
intereses terrenales nada significaban. Era serio, dedicado a su ministerio, afable, y dispuesto siempre a ayudar a los estudiantes en todos aquellos problemas
que se les dificultaba resolver.
Viene después el profesor don Rufino Salinas, que habiendo actuado en la
educación primaria, formó parte del profesorado de la Academia en donde
aprendió la Contabilidad en término rapidísimo, y se constituyó en uno de
los más capaces profesores de la materia. Algunos años después abandonó el
Magisterio para encargarse de la Contabilidad de la Casa Chapa, S. A., en
donde estuvo sirviendo basta su muerte.
Contiguo a la Academia regenteó durante muchos años una sastrería "La
Primavera" don Efraín Villarreal, amable siempre y siempre correcto. Mientras tomaba las medidas platicaba sobre los sucesos de actualidad, que forzosamente se relacionaban con la Revolución. Madero revolucionario; Madero
Presidente; Madero asesinado; Carranza, Primer Jefe de la Revolución. . . y
por ese orden todo cuanto iba sucediendo.
De fácil palabra, aprovechaba toda coyuntura para hacer ambiente favorable a la revolución, y por upue to era una magnífica fuente de infonnaci6n.
Más adelante se encontraba la botica de "El Roble", propiedad del Dr.
don Alfonso Martínez. Se trataba de persona pulcra escrupulosa en sus funciones de médico, y posiblemente fue el último en nuestro medio, en usar
jaqué y sombrero alto al hacer sus visitas a los enfermos. Su presencia, con tal
atuendo, causaba un efecto sicológico saludable, lo demás quedaba a cargo
del tratamiento médico. Ese edificio de dos pisos está ocupado en la actualidad
por un comercio de artículos religiosos titulado: "Nuestra eñora del Roble".
Continuaban establecimientos de poca monta, entre ellos una dulcería en
donde en la actualidad se encuentra la Pastelería Monterrey, de bien ganado
prestigio; al final de la cuadra había un tendajón de escasa categoría transformado ahora en tienda de ropa para niños.

•
374

Hagamos un alto en este tramo para rememorar un emotivo espectáculo.
Los tranvías de mulitas bajaban por propio impulso de la calle Padre Mier,
entonces de Bolívar, para detenerse a media cuadra pasando la ·de Allende.
La velocidad ·se multiplicaba en comparación a la que solían llevar cuando
las mulitas tiraban del carro. No faltaba señora, que sobresaltada, a pesar de
la costumbre o tal vez por ella, e..xclamara: ¡ Santísima Virgen del Roble! Sin
que faltara el estribillo: ¡ Que Dios nos asista!
En contraste, los muchachos le gritaban al conductor -que iba atento a los
frenos-: suéltale más; suéltale más; pero el conductor, consciente de su gran
responsabilidad dejaba a la fuerza de inercia cumplir su misión, bajo su
vigilancia, por supuesto. Solla agregarse la nota chusca. Algún muchacho, haciendo alarde de acrobacia, bajaba del tranvía en plena carrera rematando la
suerte con una revolcada y aparatosa maroma.
Ahora aquello nos parecería cosa de niños, aún a las señoras que entonces
se alarmaban. ¡ Dos minutos para recorrer doscientos metros! No se puede en
esta época del jet concebir. Y sin embargo cada cosa en su tiempo. Si
todavía existían las diligencias, sí paseaban las gentes en carruajes tirados por
caballos, si Jos papalotes eran los únicos objetos más pesados que el aire que
surcaban la atmósfera, lo de los tranvías de fuerza animal cumplían plenamente con la parte que les correspondía en aquellos venturosos días de la
crinolina, del bastón y del bombín.

•
Atravesamos 15 de Mayo. Del lado oriente se levanta la típica construcción
de sillares del templo del Roble, que ocupa un buen tramo hacia el norte.
Sus gruesos muros dan la impresión de una fortaleza.
Hablaremos de este gran edificio más adelante, y entre tanto, agotaremos lo
que haya por decir del resto de la cuadra, que es bien poco.
Después del templo existe una casa de dos pisos, destinada a menesteres de
los servicios religiosos, y de actividades de carácter social. Nada tiene de extraordinario, en su sencilla arquitectura, digno de mencionarse.
Pared de por medio, un edificio de las mismas características, viene siendo
ocupado por la Talabartería Cía. Treviiio1 S. A., desde hace mis de 50 años.
Termina la cuadra con edificios de dos pisos, que llevan el sello de las Farmacias Benavides. Oficinas, laboratorios, almacenes y en la esquina, farmacia,
artículos de tocador y restaurante. Antaño, allá por los primeros años del siglo
actual el doctor don Melesio Martínez, de amplia y popular clientela, administraba la botica y el consultorio.
El clinamismo de don Felipe de

J. Bcnavides,

convirtió la modestia de una

375

�acti\'idad de tipo provinciano, en un centro cosmopolita, que han vivificad&lt;&gt;
con inusitado entusiasmo y tecnicismo sus hijo .
Es de mencionarse un lapso intermedio entre ambas referencias. Durante
varios años, que fonnaron parte de los tiempos de la revoluci6n Carrancista,
tres personas: Francisco Ruiz Leal, Santiago Villarreal y Julián E. Guerra,
formaron una sociedad comercial. Compra y \'enta de cereales. El tiempo no
era propicio para los negocios )' el capital social, no muy abundante, se esfum6.
La separación se impuso. El fracaso ignific6 pérdida de dinero; pero ganancia firme de experiencia. Franci co Ruiz Leal marchó a Tampico en busca
de mejores vientos. Inteligente, ambicioso, con esa ambición limpia que enaltece, pronto se abri6 un magnüico campo de acción. Comerciante. industrial
financiero, conquistó una posici6n envidiable, ganada a pulso con honradez y
actividad. Viv allá, rodeado de u familia, cada vez más grande, y gozando
de la admiración y cariño de la sociedad, a la que ha entregado mucho de
sus csfuenos.
antiago Villarreal también abandonó Monterrey para radicarse en Torreón. us actividades de comerciante y agricultor honesto y trabajador le produjeron respeto y estimación. Murió hace unos inco años, cumpliendo con
la consigna de los buenos: Todos a su alrededor lloraban, y solamente él
sonreía.
Queda en el recuerdo Julián E. Guerra, tipo sacado de estampas del siglo
pasado. Simpático, afable, miope, extremadamente sociable, de esa sociabilidad sin etiquetas. Gustaba de la música y de la poesía, · solía d clamar versos convirtiendo en tribuna los sacos llenos de maíz o de frijol.
Su paso por la calle e significaba por las repetidas pausa5; aquí se detenía
ante una ventana para saludar al compadre o a la comadr , más allá aquietaba el paso ante una pu ·ta semiabierta preguntando por alguien, y luego
detrnciones rápidas para saludar a quienes caminaban en sentido opu to. o
daba descanso al sombrero. ni se borraba de su embln.nte la sonrisa afable,
que achicaba aún má los ojos, a pesar de lo cristales de aumento.
n día, un aciago día del año de 1936, llegó de su trabajo algo fatigado,
se tendió en la cama para descansar, y cuando su esposa Jo llam6 para que
se sentara a la mesa ya no conte tó. Pas6 la invisible línea que nos separa del
má allá, con la misma dulzura, con la mi ma gentileza, que empleaba al
saludar a un amigo.
Pero retrocedamos hasta colocarnos de manera que podamos analizar el
T cmplo del Roble.

•

Por supuesto que el Templo merece mención especial. Su categoría queda
dentro d I fervor religioso de los regiomontanos, a la altura de la Catedral
y de la Purísima.

La tradición de la Virgen del Roble queda fuertemente ligada a nuestra
historia. Como en el caso de ]a Purísima aquí naci6, tomó forma y se afianzó

en la conciencia religiosa de las gentes.
El Templo, amplio, funcional, de cantera de sillar, con paredes de fortaleza,
era típico preg6n del solar regiomontano.

Digo que era porque en parte ha desaparecido. El frontispicio ha sido modificado, cambiando totalmente su estilo. ¿Mejor6? ¿Es apropiado al r sto
del edificio? o me atrevo a contestar estas preguntas. Algún té01ico en la
materia podrá hacerlo.
Yo me qucdq en la imaginación con aquel frente tosco, de sillares desnudos,
que ,ieron a nuestros abuelos subir las escalinatas para franquear las amplias
puertas.
Cuántas veces, el 18 de diciembre, siendo niño, sufría codazos y empujones
para postrarme ante la pequeña irgen. Y f:Sa5 mismas ocasiones de"oraba las
golosinas que en la calle vendían mugrientos dulceros, sin perdonar el plato
de enchiladas, al reclamo apetitoso del olor que despedían, sin importarme la
traza de las greñudas f ritangueras.
Participaba al gremente en la algarabía d los muchachos, que fuera de la
solemnidad de la misa y de los rosarios, distantes de las amplias y vistosas naves del Templo, asaltábamos los caballitos, la rueda de la fortuna, y corríamos
de un lado a otro ansiosos de no perder oportunidad alguna para divertimos.
iguiendo las instrucciones del cohetero lanzábamos al espacio las varas explosiva., qu llenaban de lucecitas el ciclo, dando la imprei6n de fugaces e trellas. o faltaba el muchacho atrabiliario, que sin esperar el momento oportuno, arrojaba el cohete entre "puesteros" y transeúntes. Con una reprimenda
del "mai tro" cohetero quedaba fuera de servicio.
Tratando de agotar las diversiones rodeábamos las mesas de juego, apostando desde uno hasta cinco centavos. La ruleta desvencijada con lo colores
rojo, azul, blanco y negro. La mesa boliche, juego ingenioso. Op raba mediante una canica, o bolita sólida, que se arrojaba por uno de los postes· huecos colocados en los extremos de la mesa, la que tenía figuras pintadas equidistantes entre sí, con un hoyo cada una de ellas. Ganaba quien lograba
colocar la bolita en el número mayor. El propietarid de la mesa descontaba
a su favor el 20% d las apuestas. Juego entretenido y de cierto arte.
Al si te colorado jugaban únicam nte los incautos. Los dados e taban arreglados de manera que el ganador era siempre el montero, En la baraja sucedía
Q&gt;Sa semejante.

376
377

�Los ya enterados pasábamos de frente, con cierto aire de suficiencia. Habíamos pagado el noviciado.
. .
.
A eso de las once de la noche iniciábamos la desbandada, Jubilosos o tnstes -cada quien habla de la feria según le va en ella-. Lo que no fallaba
era el dolor de estómago productd de la indigestión. La purga y a otra__co_sa.
El día 8 de septiembre de 1884 fue inaugurado el Templo. El penodico
La Defensa del Pueblo publicó las siguientes notas:

60. A las cinco de la tarde se cantará el Rosario, y en seguida las
preces mandadas por el Santo Padre por las necesidades de la Iglesia.

7o. Un solemne Tedeum en acción de gracias dará fin a esta festividad.
80. El domingo catorce del corriente a las siete de la mañana se cantará una misa con su Majestad manifiesto, quedando expuesto todo el
día para que los fieles vengan a rendirle adoración en la nueva iglesia".

Domingo 7 de septiembre de 1884.

•
EL TEMPLO DEL ROBLE

"Mañana el Illroo. Sr. Obispo bendecirá con toda solemnidad el
nuevo Templo de Ntra. Sra. del Roble.
A este fin se ha hecho circular la siguiente
INVITACIÓN

El lunes 8 de los corrientes, fiesta de la Natividad de Ntra. Sra.; el
Illroo. Sr. Obispo bendecirá solemnemente el nuevo templo del Roble.
El Presbítero Manuel Martínez capellán de este Santuario invita a
todos los católicos a concurrir a esta ceremonia, así como a lo~ d~ás
actos piadosos que con este motivo tendrán lugar conforme al s1gwente

PROGRAMA

lo. En la mañana del día 8, ál toque del alba un repique a vuelo en
todas las iglesias será el anuncio de la gran festividad.
2o. A las ocho en punto de la mañana el lllmo. Señ~r ??ispo acom- do de¡ V. Cabildo y Clero de esta ciudad, dará pnncip10
pana
. a la benºb
dición del nuevo Templo con todas las ceremonias que el nto prescn e.
3o. Después de Ja bendición la Sagrada Imagen será trasladada en
procesión al nuevo Templo.
_ ,
. .
4o. Se cantará una misa solemnísima en que su Senona Illma. of1c1ará de Pontificia!.
So. Terminada la misa se cantará la Salve Regina como prime: _homenaje que el Prelado, el Clero y el pueblo, ofrecen a la SantiSuna
Vin!en
del Roble en su nuevo Templo.
o
378

Jueves 11 de septiembre de 1884.

PADRINOS y MADRINAS

El Presbítero D. Manuel Martínez quiso honrar con el nomhramiento de padrinos y madrinas de la bendición del Templo del Roble
no sólo a las personas de más representación en esta ciudad y fuera de
ella, sino también a todas aquellas que con sus donativos especiales han
contribuido más o menos directamente a poner la nueva iglesia en estado
de servicio. Todas las personas invitadas aceptaron con gusto el nombramiento, pero no todas pudieron concurrir al acto de la bendición,
por encontrarse a larga distancia unas, y por!diferentes motivos las otras.
No obstante, como además de aceptar bondadosamente el cargo conferido han contribuido generosamente con diferentes sumas, así para
ayudar a los gastos de la función como para eI pago de varias partidas
que se adeudan pues los últimos trabajos han causado gastos extraordinarios, nos ha parecido conveniente publicar en este número los nombres de las personas que estuvieron presentes en el acto de la bendición,
reservándonos para el siguiente con los de todos los bienhechores que
fueron honrados con igual nombramiento, y no pudieron asistir.
Asistieron como padrinos y madrinas a la bendición del Templo del
Roble las personas siguientes:

SEÑORES:

Canónigo D. Narciso VillarreaJ, D. Valentín Rivero, Lic. D. Ramón
Treviño, Dr. don Juan de D. Treviño, don Patricio Milmo, don Luis
379

�Sánchez Lic. don Francisco Sada Lic. don Emilio Cárdenas, don Gabriel Fl~res, don Justo del Pilar, Dr. don Mclesio Martínez, don Pedro
Maiz don Amado Garza, Dr. don Tomás Hinojosa, Lic. don Modesto
ViUa;,.eal, Lic. don Anastasio Trcviño, don Rómulo Rodríguez, Dr.
clon Pedro Martínez, don Valentía Rivero Gajá.

SEÑORAS:

Sra. doña Refugio Dávila de Garza García, Srita. Ana Treviño, ~~ª·
Trinidad Garza, Srita. Elvira Cantú, Sra. Josefa García de Tm·mo,
rita. Sara Milmo, Sra. Concepción Guajarclo de Hinojosa, ra. doña Josefa González de García, Srita. María Villarreal, rita. Modesta
Rivera. Srita. Carlota Larralde, Sra. Guadalupe Galván del Pilar, rita.
Lo~ Galván, Srita. Clotilde de la Gana, rita. Cruz de la Gar:za,
ra. doña Genoveva M. de Martínez, Srita. Catarina de la Garza, S~_ta.
María Antonia Cárdenas, Sra. doña Concepción Vargas de ~revmo,
ra. doña Josefa Martínez de Treviño y ra. doña Petra fartmez de
1'.íartínez.
.
Una atractiva cúpula &lt;le amplias proporciones, fue construida a pnnipios de e te siglo. Se hacían los preparativos para su inauguración, a
fines de 1905 cuando se desplomó.
Fue providencial que no ocurrieran des!!racias personale , Y aun la
imagen del Roble no sufri6 deterioro alguno, no obstante encontrarse
debajo de la cúpula.
.
. .
Se cr que cl d •rrumbe se debió a determinados c~b10s que s . hicieron en tos muros de sustentación, sin tomarse las d b1das precauoon~s.
A salto
ha hecho este templo, que aún no está del todo concluido.
Cincuenta años de pués se iniciaron reformas y ampliaciones de gran categoría, que están en proceso.
.
.
La torre del campanario, nueva totalm nte, se construyo al oncnte del
templo. Ita, tal vez la m:ís alta de las torres de los t':111plos. de Monterrey, esbelta, de estilo di tinto al mismo templo, da la 1IDpr 16n de un
centinela en posición de firme.
y dicho lo anterior cerramos este sencillo relato.

•
A to largo d la ac ra poniente no tengo datos que ,·algan la pena mencionar. En los últimos ti mpos la esquina con 15 de Mayo la ocupó una fotogra-

fía popular. Se1!1Úan casas habitación alternando con pequeñas imprentas,
tintorerías, carpinterías y al final, con 5 ele Mayo, casa habitación del Lic.
Gil Trcviño, que antes ocupó don Ismael Guerra, tronco de numerosa y honorable familia, y mucho antes, a principios de siglo, fue campo de operaciones de un comercio de abarrotes titulado "El Gallo".
Esa casa desapareció totalmente. Del resto quedan muros y vigas cortadas
al límite C..'&lt;igido por la ampliación. El aspecto nada tiene de agradable, aun
cuando se han construido dos edificio de buen aspecto.

•
De 5 de Mayo a Washington las referencias no son tan extensas, por aquello de que el lado oriente lo ocupa la Plaza del Colegio Ci,;t y el lado poniente casas sin nin una especial característica, aun cuando algo de la cuadra se
ha transíormado por algunos edificios de nueva construcción.
Por cuanto a la Plaza del Colegio Civil, como dato que pinta lo que existía y algo de lo qu fue, copio aquello que encaja en la narración publicada
en mi ya mencionado libro Estampas Antiguas de Montem·y:
"Forma la pla::a un cuadro de 48 metros por lado y está poblado di'
árboles, en su ma}'or fiarte fresnos, que le dan un aspecto agradable.
En .su interior existe una glorieta amplia y en el centro se levanta un
pedestal que sostiene el busto en metal del ingeniero don Francisco Beltrán, que por sus pequeñas dimensiones ofrece un aspecto antiestético,
aparte de no corresponder a los mlritos que como educador se le reconocen al ingeniero Beltrán.
Para levantar este monumnzto fue quitada una fuente de piedra dr
rostro de dimensiones proporcionadas al tamaño de la plaza. En el centro
de la fuente existía u,i surtidor de firrro vaciado, de tres cuer/1os, de
agradable aspecto. No tan sólo no ml'joró la plaza en ornamento sino
que, sin necesidad se le quitó un adorno antiguo que debió conservarse,
puesto que el monumento al inoeniero Beltrán, hubiera quedado mucho
mejor ya en Ido banqu la del Colegio Civil, o en la misma plaza en el
andador del lado poniente dando frente, precisamente, aJ edificio del
Colegio en donde pasara el Ingeniero los años más importantes de su vida.
En esta plaza, dude hace más de 50 años, se ha acr,stumbrado dar
audiciones musicales los viernes en la noche, conJeruándosc la tradición •
y el romance de nuestras seretiatai'.

380
381

�Habría que agregar la transformación sufrida por la plaza hace unos cuantos años.
Se arrancaron los árboles que la poblaban, se suprimieron los jardines Y se
hizo una explanada de concrnto, dejando únicamente en cada esq~a ~a
pequeña glorieta con un fresno en el centro. Parece ser que hubo la mte~aon
de perpetuar la canción aquella que le sirvió al general Amulfo R. Go~ez,
como bandera de su malograda candidatura a la Presidencia de la República:
"Cuatro milpas tan sólo han quedado ..."
En el lado oriente de la Plaza se construyó una especie de estrado de concreto, que puede servir de tribuna en casos de reuniones populares. Lo demás, a excepción de un pequeño cobertizo fabricado al lado norte, no ofrece
perspectiva alguna que rompa la planicie.
.
.
Al fondo calle del Colegio Civil de por med10, ofrece su fachada colorual
el edificio del Colegio Civil, que ha sido para uevo León, Y diríamos para
el norte de la República, el centro de estudios de más alta categoría en lo que
respecta a la preparación de los futuros profesionistas.
.
.
Siruiendo el fácil procedimiento de las citas, que en este caso nene disculpa ;or robarme a mí mismo, doy albergue a lo que en el multicitado libro
rrúo publiqué sobre el Colegio Civil:
"El Obispo don Andrés Ambrosio Llanos y V aldés, que tantos em~eños
puso en dotar a la ciudad de los elementos nec~sarios para el cultw_o Y
se!¿uridad de los habitantes, principi6 a construir por 1796 un hospital,
q~e viniera a substit1lir al que existía en el edíf icio• que posteriormente
ocup6 el colegio 'San José', situado en Mina )' Abasolo. Dumnt~ ~na
epidemia de viruela, que se desarrolló en la ciudad en 1798, se destino el
hospital, todavía en construcci6n, al servicio público, prestando ~atables
servicios. El único médico que existía en la ciudad, Fray Antonio de la
Vera y Gálvez asistió con todo celo a los enfermos l~grando señalados
éxitos, que le valieron menci6n especial cerca del Virrey de la Nueva
España.
.
El Gobernador del Estado, don Santiago Vulaurri, el 4 de noviembre
de [857, decret6 el establecimiento del Colegio Civil, sin que pudieran
normalizarse los trabajos debido a las guerras intestinas, sino dos años
después, durante el gobierno del General Aramberri.
,
El 5 de diciembre de 1859 principiaron las clases, con una matricula
de 70 alumnos, siendo director el licenciado José de Jesús Dávila Y Prieto.
Siguiendo la tradición ya establecida en el Colegio, los ~o~iernos su~!sivos /e prestaron atención; pero fue el general don Jerommo Tr~~i~o
quien hizo el mayor esfuerzo hasta lograr que se terminara el ediftcto,

382

comprendiendo un frente de 84.70 metros y 55 de fondo. Se componía
de un solo piso, con excepción de la parte occidental y una pequeña porci6n del lado Sur, en que se constrwy6 un segundo piso.
Durante la administración del Lic. Aar6n Sáenz se construyó en el
centro del edificio un segundo piso y una atractiva fachada, y hacia el
Poniente se levantó la Aula Magna de la Universidad.
Durante el Gobierno del general Anacleto Guerrero se levantó el segundo piso en el resto del edificio, mejorándose su aspecto general.
Muchos notables hombres de ciencia pasaron por el Colegio Civil cw),·a
menci6n darla lugar a una interminable lista. Citaré el personal del
Colegio de 1899, porque aún siendo lejana la época, existen muchos de
los que fungían como /Jrofesores: Director, Dr. Lorenzo Sepúlveda; Prefecto de Estudios~ fosé Luna Ayala; Tesorero, Dr. Amado Fernández;
Profesores de diversos cursos: Lic. Macedonio Tamez, lng. Ernesto García, lng. Porfirio Treviño Arreola, Dr. Eusebio Guajardo, Prof. Emilio
Rodríguez, Lic. Rafael Lozano Saldaría, 1ng. Francisco Beltrán, Dr. Benig110 R. Davis, Prof. Federico Garza, Prof. Guadalupe Montenegro, Lic.
Virgilio Garza; Mayor José R. Moreno. Estudiantes: Néstor González,
Faustino Roel, Alfonso Pérez y Galdino P. Quintanilla".

Esto estuvo bien para 1942. Ahora, en 1964, las cosas han cambiado. Casi
todas las personas mencionadas han muerto.
No tendríamos sino agregar una pequeña nota, que no por pequeña deja
&lt;le tener importancia. Me refiero a la construcción hecha en el patio que correspondió al Colegio Civil -los llamados matorrales- de la Escuela de Labores Femeninas Pablo Livas.
El terreno no podía haber tenido una aplicación más apropiada. Se trata
de un centro de enseñanza que durante muchos años ha preparado a millares de jóvenes mujeres, en condiciones de ser buenas amas de casa, o empleadas eficaces, y en muchos casos propietarias de establecimientos, ya de costura, de juguetería, pastelería, y de otras actividades.
El edificio es amplio, bien construido, de agradable aspecto, y llena todas
las formalidades necesarias para que la benemérita escuela cumpla, aún con
más eficacia, la encomiable labor que le corresponde.
Se inauguró este flamante edificio con la solemnidad del caso el día 21
de marzo de 1963, sirviendo de homenaje a la memoria de don Benito Juárez, aniversario de su nacimiento.
Presidió el acto el licenciado don Eduardo Livas VillarreaJ, Gobernador
Constitucional del Estado, e hijo de don Pablo Livas, en honor de quien hace
cuarenta y dos años se integró la escuela, como realización de los esfuerzos

383

�encomiablcs de los profesores don Anastasio A. Treviño Martínez y don Plinio D. Ordóñez.
Una nutrida concurrencia asistió a este acto, contándose los más cercanos
familiares de don Pablo Livas, así como funcionarios del Gobierno, de la
Universidad de Nuevo León, licenciado Alfonso Rangel Guerra, Rector Interino; del Patronato de la misma don Manuel L. Barragán, así como del C.
Presidente Municipal, licenciado Leopoldo González Sáenz, del Secretario
General del Estado don Humberto Ramos Lozano, del general de División
J. Trinidad Rodríguez López, Comandante de la Séptima Zona Militar. Estuvo también presente don Jesús M. Montemayor, quien cedió la cantidad
de $ 2.000,000.00 para la construcción del edificio.
La ceremonia fue sencilla pero imponente dado que, recordándose los méritos de don Pablo Livas, se daba la circunstancia de encontrarse algunos profesores que fueron compañeros de él y quienes sintieron la emoción de recuerdos imperecederos.
Seguirá la escuela derramando sus beneficios, de cuya categoría podemos
damos cuenta al mencionar que para la fecha han recibido enseñanza 21,613
alumnas, habiendo obtenido su título profesional 4,567 cifras que hablan con
elocuencia.
Volvamos a nuestra calle; pasamos al lado oriente y nos encontramos con
un edificio comercial de tres pisos en substitución de un cine que se tituló
"Imperio", mejorándose el aspecto en forma notoria.
Contiguo se levantó el Teatro-Cine "Juárez", uno de los más confortables
de la ciudad, de sencillas líneas, de gran amplitud, y magnífica butaquería~
Reemplazó a una serie de casas pequeñas, de ningún valor estético, y sin tradición que valga la pena mencionar.
Del resto de la cuadra no hay sino manifestar que se han modificado algunas casas sin que ello signifique cambios de tal magnitud que valga la pena
hacer notar.

•

quienes cariñosamente se les llamaba "Jos pelones", porque acostumbraban
pelarse al rape.
Años después estos jóvenes entraron de lleno al mundo de las actividades
industriales, fonnando una fortuna envidiable, y según entiendo radican ambos en la ciudad de México. Contrajeron matrimonio en esta ciudad, formando dos hogares en donde retozan ya los nietos. Como hermanos y compañeros
de trabajo, continuaron estrechando más sus vínculos, al casarse con dos hermanas, Francisca y Ma. del Socorro Tijerina. Por su parte don Angel de
Fuentes que se casó con Sofía, hija también de don Ambrosio, adquirió en
propiedad el edificio comercial reteniendo así Ja casa de los Guajardo.

Ninguna novedad en el resto de la cuadra, sino es en la esquina siguiente
en donde se construyó un edificio de tres pisos, cuyas principales localidades
están a la disposición de la Sucursal del Banco General de Monterrey.

En tiempos que ya van siendo lejanos, en ese lugar existió la cantina denominada "El Sol" que tenía como contrapeso en la esquina de la acera poniente de la misma calle la cantina "La Luna". De aquí que los trasnochadores
se iban tranquilamente de "El Sol" a "La Luna'' completando el circuito
que los alejaba de sus hogares.
Por los años veintes dos esforzados trabajadores de la industria mueblera,
don Miguel Arredondo y don Melesio Lankenau, establecieron una modesta
fábrica de Muebles "El AncoralJ que andando el tiempo habría de transformarse en gran industria.
De la acera poniente no tengo ninguna referencia de tiempos pasados, y
de los actuales puede decirse que al principiar la calle con Washington hace
años que la esquina estaba ocupada por la Librería del Maestro, propiedad
del Prof. Timoteo R. Hemández, y en la actualidad por una cafetería. Más
allá rompe la monotonía de los pequeños comercios el edificio de la Sociedad Mutualista de Joyeros, Relojeros y Grabadores. Don Manuel M. García
operaba con una Mueblería, y oficina de negocios, entre los cuales se destaca
la construcción de la Colonia Estrella.
Y con esto llega el punto final de Juárez hasta Modesto Arreola.

Cruzamos la calle de Washington para continuar hacia el norte, deteniéndonos breves instantes para decir lo que el recuerdo nos sugiere.
Del lado oriente, en la esquina con Washington, el dinámico hombre de
negocios don Angel de Fuentes construyó un edificio de grandes proporciones integrado por tres pisos, que lleva el título "Edificio de Fuentes". La
planta baja la ocupa la farmacia ''El Fénix".

Pausadamente llegamos a la siguiente calle. Sin prisas, abriendo los ojos
para escudriñar lo que vemos, y haciendo aflorar el recuerdo, para describir
lo que hubo.

Anteriormente fue residencia y ]ocal comercial de don Ambrosio Guajardo
y posteriormente de sus hijos Apolonio y Ernesto, dinámicos y populares, a

Tal vez valga la pena explicar algunas citas que pudiera pensarse quedan
fuera del retablo. Me refiero especialmente a las menciones ocasionales de

384

•

385
H25

�algunas personas, que por una u otra circunstancia tienen que ver o han tenido que ver con esta calle.
No se trata de biografías, que ello nos llevaría espacio y tiempo, y constituirían obras ajenas a esta labor, sino simplemente de rápidos brochazos en
una pintura que debe contener el claro obscuro de los hechos relacionados
con la calle, 'Y existen hechos que no pueden desprenderse de las personas.
Lo lamentable, es mi parecer, radica en no incluir todos aquellos hechos
y personas que debieran mencionarse; pero que yo ignoro.
Hecha esta digresión caminemos adelante. En la esquina de la acera poniente, durante largos años, un tendajón mantenía la costumbre de la miscelánea; lo mismo vendía máiz y frijol que medicinas, vinos y licores. En la
actualidad existe una papelería y librería escolar, con el nombre de "Patria",
propiedad de don Estanislao González. Pero antes, allá por los noventa del
siglo pasado, dos hermanos, Estanislao y Federico Trevifio, dieron vida a un
comercio de miscelánea, en el que los vinos y licores ocupaban buen lugar. Se
llamaba "La Luna". Ese negocio desapareció por 1918 siendo reemplazado
por un depósito de naranjas, pionero de la costumbre, ya muy extendida, de
consumir el jugo.
El Banco Mercantil de Monterrey estableció una Sucursal en un edificio
contiguo, de tres pisos, atractivo y funcional. Después tenemos una serie de
casas de poca monta con salón, peluquería, florería, intercalados hasta la esquina otros comercios y especialmente restaurantes, que más propiamente llamaríamos fondas, en donde los cabritos al pastor llaman a la clientela con su
peculiar olo,r que sale por las puertas, formando un ambietite apetitoso en
combinación con las fondas establecidas en la acera de enfrente.
Mencionaremos otro edificio de tres pisos en donde opera la Ferretería Monterrey para llegar a la esquina donde puede leerse un letrero que dice "Salón
Lontananza". Se trata del trasunto de una cantina amplia y muy conocida
en tiempos ya lejan_os que se llam6 "Lontananza", nombre significativo en
cuanto a que resultaba lejana del centro de la ciudad.
Pero es el caso de mencionar un sucedido que nos pone en contacto con
una persona cuyos andares por el mundo son muy conocidos en Monterrey y
vale la pena mencionarlos por cuanto a lo que en comunión con la colectividad tiene. Se trata de don José D. Lozano.
Este señor Lozano es de mucha historia y de mucho peso. Comerciante, industrial, revolucionario, mutualista. Anda pisando, con pies que sostienen
más de cien kilos, los ochenta años, que ya es algo en persona de ese peso.
Se dice que las gentes. gordas 'son de buen carácter. Aquí la regla tiene su
meJor comprobación. Es afable, comunicativo y dicharachero. Donde él se

encuentra hay ambiente grato; cuentos de todos colores comentarios picosos
salpicado todo ello con risas alegres, francas, abiertas. '
'
Cu_ando ~e ~uemó su casa comentó en presencia del fuego, con gesto compungido: lastuna. que se desperdicie tanta lumbre, cuando la podíamos aprovechar asando "agujitas".
Al mutualismo se ha entregado con fervor: a él, en gran parte, se debe la
construcción del gran edificio de la Sociedad Mutualista, de Viajeros. Actúa en el Círculo Mercantil Mutualista y en Factores Mutuos, y asiste puntualmente a los Congresos Mutualistas Nacionales, lo mismo a Tuxpan, Ver.,
que a Puebla.

~ se desborda. abarca~do actividades de servicio social. A sus gestiones, en
un10n de don Miguel V1llarreal, que gusta de viajar por la India encantando
serpientes, se debe la construcción de las carreteras de Monterrey a Monclova y de Monterrey a Colombia.
Es tambi~ de los soldados de la buena vecindad, que operan bajo la bandera humanista de la tolerancia y comprensión, sostenida con fe y entusiasmo
por el ingeniero José Muguena.
Dicho lo anterior tiempo es de pasar a la acera Poniente.
Del poniente principia la cuadra con el edificio de tres pisos del Banco Industrial de Monterrey, sucursal que complementa las labores financieras con
las demás sucursales de los Bancos, que actúan a. unos cuantos metros de distancia, y que se mencionan en estos renglones. A continuación el Banco de
Comercio también opera con una sucursal para seguir con el edificio del
cine "Rodríguez".
Aquí cabe detenernos algunos momentos por aquello de que este cine tiene su historia.
A principio~ de siglo los hermanos Adolfo y Antonio Rodríguez, los má.ximos empresanos de teatros y cine que durante medio siglo controlaron los espectáculos, fincaron en ese lugar un jacalón amplio sin ninguna comodidad
ni ~tractivo especial, con el propósito de dedicarlo ; funciones populares, esp_e~1almente de teatro, pues en aquellos remotos tiempos el cine apenas principiaba.
La idea fue satisfecha cumplidamente pues el jacalón se llenaba de continuo, a precios de uno a dos pesos luneta y cincuenta centavos galería. Las
compañías teatrales que operaban raras veces eran aceptables, de ordinario
se trataba simplemente de "cómicos de la legua". Lo importante es que el
público se divertía y la razón de ser de aquel teatro se cumplía satisfactoriamente.
De lo bueno se destaca la temporada larga que llenó cumplidamente el famoso e inolvidable actor cómico Arturo García Pajujo. A su influjo y ense-

386
387

�ñanza se formó el barítono José Pulido, quien alcanzó renombre y gloria. Por
el mismo camino fueron Ojcda, Cabrera, Pardavé y cien más.
Pasados los años se hizo necesario modificar los planes primitivos, pues la
ciudad iba creciendo y sus necesidades, en todos los menesteres también. En
consecuencia se pensó en hacer algo de mayor categoría y los hermanos Rodríguez emprendieron la faena desde luego.
El día 28 de marzo de 1928 fue inaugurado el nuevo teatro que ya contaba con comodidades mamíficas y aun cuando no eran precisamente una notabilidad, sí reunía las condiciones necesarias para que en esa época se le titulara "Coliseo 1áximo de Monterrey".
La construcción se debió al muy conocido y competente maestro contratista M. J uárez y la decoración estuvo a cargo de los maestro Salvador Tarasona y Je ús D. Jíménez, quienes cumplieron satisfactoriamente su comeúdo,
dando un aspecto al teatro vistoso y alegre.
Se turnaban las actuaciones de teatro y cin , habiéndose pasado películas
de gran r nombre eo la época como El Arca de oé y El Gaucho.
Volviendo a la inauguración diremos que la compañía que e. taba encargada de hacerlo fue la encabezada por el inspirado compo itor mexicano Alfonso Esparza Oteo, que ya había adquirido renombre con su famosa canción
ccun Viejo Amor''. Actuaban con él Elvira Luz R yes, Evangelina Magaña,
Manuel Ramiro Malpica, Francisco Salinas y Leobardo 1. González.
En posteriores ocasiones pasaron por el tablado del r gio teatro Bertha
Singennan, la declamadora de voz de cristal; Matilde Palau, la temperamental; Virginia Fábregas, la egregia; las hermanas Aguila, inigualables; María Teresa Montoya, la Maestra; Pepita Embil, siempre atractiva, y otras muchas artistas que largo seda citar, sin que dejemos al margen a los hombre
que como el doctor Alfonso Ortiz Tirado, Tito Gu1zar, Jorge egrete, Pedro
Infante etc. etc., llenaron una época de arte.
Durante la primera temporada del Teatro escuchamos a famosas cuplctistas que se alternaban cantando canciones espa.fiolas, argentinas y mexicanas. Entr las primeras podemos anotar: "El que a Yerro Mata", "Agua qu
no Has de Beber", "Calla Jilguero" "La' Muñ a" y "El Relicario"; entre las
argentinas: "Ladrillo", "Uno", "Volver", "Silencio", " oche de Reyes" y
entre las me.xicanas: "Estrellita", ''La Pajarera", "Mi Querido Capitán", "Morenita Mía", "Mujer". "Rosa", "Veracruz" "Farolito", "Varita de Nardo", etc.
in orden cronológico citaremos algunos de los compositores mexicanos que
más contribuyeron con su in piración a formar el ambiente folklórico de México,
cuya calidad ha significado que, a través de nuestras canciones, se conozca
a México en el mundo entero.
Podemos referimos a Manuel M. Ponce, Tata

acho, Pepe Guízar, Gon-

zato Curie), Joaquín Pardavé, Agustín Lara, Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín. Jorge del Moral, Luis Arcaraz, María Greever.
El Teatro que llenó una época interesante en nuestro medio ambiente se
qucm6 el día 22 de noviembre de 1954 sin que afortunadamente hubiese des-gracias penonales.
El nuevo Teatro-Cine se inauguró el 28 de mayo de 1955, bautizándole con
el nombre de "Imperio-Rodríguez".
F~aliza la cuadra sin otra anotación que rompa lo normal: pequeños comemo fondas, con el remate de una clásica taquería que agrega caldos de
pollo y menudo.

•
. En el tramo de Aramberri a Ruperto Martínez sí nos dice la historia cosas
m teresantcs.
Del lado ~riente,. ~ ~a actualidad, operan comercios de ropa, calzado y
frutas. o tienen d1stmüvo especial que los haga destacarse y no tardarán
mucho tiempo sin que los derrumbes procedan a la ampliaclón de la calle.
Pero allá en el siglo , VIII, cuando el Obispo de Llanos y Valdés se echó
a cuestas la tarea de construir la nueva Catedral, metros más.adelante, se
con truyeron en toda la cuadra edificios de modestas proporciones, destinado ~ Convento de Capuchinas, que no lograron habitar, por circunstancias
que ignoramos.
Posteriormente, mediante arreglos apropiados, los edificios fueron ocupados por soldados, bautizándosele con el nombre de Cuartel Iturbide. Epoca
en que todavía el nombre de Iturbide no se había proscrito de la nómina de
los héroes nacional .
Los vecinos se habían acostumbrado al toque de diana a las seis de la mañana, a la escoleta de la banda de música y a las audiciones casi diarias que
ejecutaba en la banqueta, a horas en que el sol ocultaba el fuego de sus hornos, detrás del Cerro de la Mitra.
A '.nstancia del general do? Bernardo Reyes el Gobierno Federal construyó
amplios cuarteles en algo mas de cuatro hectáreas de terreno, por la entonces Calzada Unión, hoy venida Madero, a la altura en que se encuentra la
escuela Presidente Calles.
Preci amente cuando en 1898 visitó Monterrey don Porfirio Díaz, todavía
en el esplendor de su largo gobierno, se efectuó un imulacro de combate
en los terreno libres de los cuarteles, que la prensa calificó de brillante.
Pues bien el cuart 1 Iturbide quedó sin funcione , y posiblemente se ven-

389
388

�dió para la construcción de los nuevos, como sucedió con éstos, al construirse
otro en Madero con Félix U. Gómez, esquina suroeste.
El producto de la venta sirvió para pagar las indemnizaciones a los pr~pi_etarios de los edificios y terrenos en donde se construyó, durante la Adnumstración gubernamental del licenciado don Aarón Sáenz, en 1928, el Palacio
Federal.
De esta manera la barriada quedó en silencio, siendo substitu1do el Cuartel Iturbide, por numerosos comercios.
En frente existía una explanada que abarcaba toda la manzana. No la llamo
plaza por la sencilla razón de que tal título no le correspondía, por más que
fuese conocida con el nombre de Plaza Juárez.
En efecto no existían sino unos cuantos truenos, y menos fresnos, distribuídos sin orden alguno, que vivían de milagro, pues no conocían de más atenciones que las dispensadas por la naturaleza.
.
Los circos con cierta frecuencia lucían sus carpas y banderolas de abigarrados colores. Entonces adqt.úría la plaza especial señorío, notoriamente
cuando era el Circo Orrin el que plantaba sus tiendas. De lejos en lejos sucedía esto; y como se trataba de un espectáculo, para la época, maravilloso, el
turismo llegaba a Monterrey de todo el Estado, y aun de poblaciones de los
Estados vecinos.
Como no existían suficientes hoteles, los visitantes se instalaban en las casas de los parientes y amigos. Era tal vez el único motivo que lamentaban las
familias de Monterrey. Pero al final de cuentas todo se pasaba por alto -acomodo en las habitaciones, y aumento de la comida- con goce del pleno disfrute del extraordinario espectáculo.
La evolución del circo ha sido lenta. Antes y ah.ora los perros amaestrados;
focas con su natural frac y fina sensibilidad; caballos nobles y obedientes; leones y tigres fieros atentos al látigo del domador; elefantes enormes ~~ f_inos
colmillos de marfil haciendo acrobacias; trapecistas voladores; equ1hbnstas
admirables; y los payasos, encanto y admiración de los niños.
El Circo Orrin presentaba lo mejor que había en cada variedad; pero sobre todas Jas notabilidades sobresalía el grupo de payasos, y sobre el grupo la
figura original, inimitable de Ricardo Bell, inglés de ~rigen; pero mexicano
de corazón.
El simple anuncio de la presencia de Ricardo Bell, encen~ía el entusiasmo
entre chicos y grandes. Apenas pisaba la pista y las carcajadas resonaban.
Un traspiés, un gesto, un ademán, eran más que stúicientes para que la alegría se desbordara.
En este punto recurro a una oportuna cita. Escribía el inolvidable ~aestro
y amigo, arquitecto don Agustín Basave, una sección en El Norte, htulada

De aquí ~ de allá. Hacía desfilar hechos notables, personajes históricos, acontecimientos especiales, anécdotas de grandes hombres, y entre ellas va la que
se refiere a Ricardo Bell :
"Bell fue un payaso genial. El único auténtico entre todos los que
nos han visitado. Fue, además, un enamorado de México, inglés de nacionalidad, poseía un corazón mexicano. Sus hijos han permanecido en
el país, definitivamente vinculados con nosotros.
Recordaba nuestro amígo al evocar a Bell, un chiste que le oyó en
Saltillo y el cual hizo las delicias de nuestra simpática vecina.
Acababa de llegar el Circo Orrin a la capital coahuilensc, procedente
de Monterrey, y, como sucedía siempre, en todas las ciudades que visitaba el circo memorable, la gran carpa estaba a reventar.
Alambristas, p,restidigitadores, trapecistas y jinetes habían ya cubierto sus números cuando una cometa y un tambor al trote, anunciaron
la entrada del payaso. Una salva de aplausos los salud6, pues era el
primer dla de la temporada en Saltillo. Bell ejecutó algunas piezas en
sus particulares marimbas, juegos de campanas y de cascabeles y se fue
a saludar a Mr. Welton, el Jefe de Pista que entraba en esos momentos al redondel.
---Señor Welton, qué gusto me da ver a Ud. -le dij&lt;&gt; Bell, llevándoselo a sentar en la barda del ruedo.
-Señor Bell ¡ cuánto tiempo hacía que no veía a usted! -le dijo
W elton con su acento inglés- ¿ dónde estaba usted?
- ¡ Ah! amigo mío. He andado por todas partes, por París, por Pekín,
por Ramos .Arizpe, por Viena, por el infierno . ..

-r:Cómo? ¿Estuvo usted también en el infierno, señor BellJ
--lS'í, hombre y me encontré allí mucha gente conocida. Había rusos, turcos, belgas, japoneses, uruguayos, de todas partes. .. Muchos mexicanos, de la Capital, de Saltillo, de Morelia, de Chihuahua. Pero,
¿sabe usted, Mr. Wellon? No había ninguno de Monterrey.
-r:Cómo no, Mr. Bell? ¿Tan buena es la gente de por allá que ninguna se ha ido al infierno?
-No es eso, .Mr. Welton. Ahí tiene usted nomás que me puse a buscar alguno de Monterrey, y un diablo muy viejo me preguntó que qué
andaba haciendo, yo le dije lo que buscaba y me respondió: -No,
compadre. Es inútil que sigas buscando, el único que yo vi llegar aquí
de Monterrey, ya se' murió. Eso fue hace mttchos años.
-¿C6mo está eso, Mr. Bell?

390
391

�-Sí, M r. W elton; el que llegó de Monterrey pescó un resfrfo en el
infierno. Se le complicó con pulmonía y se murió.
Ya se imaginarán nuestros lectores cómo se le festejó la ocurrencia al
nunca bien alabado payaso Bell".

No soy de los que piensan en que todo tiempo pasado fue mejor. Hay de
todo ·en lo ya vivido, lo que sucede es que el tiempo forma en nuestro espíritu
una especie de velo a través del cual idealizamos lo que, en su tiempo, no
tuvo más relieve que un sucedido distinto a lo normal.
Así con el tiempo, hasta los momentos de peligro porque pasamos, vistos
a distancia, como que nos confortan. Pudimos salir adelante, y olvidamos las
zozobras, los sufrimientos que apretujaron nuestro corazón.
La poesía impresiona, conmueve y penetra en las fibras más sensibles del
ser humano, de ahí que Jorge Manrique, se haya inmortalizado con sus Coplas a la muerte de su padre, el Conde don Rodrigo:
Recuerde el alma adormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte,
tan callando.
Cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado,
da dolor;
cómo a vuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor ...

Volvamos al circo. Además de la carpa principal ha sido costumbre levantar carpas de medianas proporciones) donde se exhiben víboras domesticadas,
fenómenos a base de espejos, y todo cuanto distorsiona la realidad, y rompe
con el sentido común. La descripción que hace el poeta Miguel N. Lira pinta a lo vivo el panorama:
Señores, vayan pasando
que la función comenzó,
que la niña está oantando,
con la voz que Dios le dio.

392

En esta carpa, señores,
verán lo que nadie vio;
verdad que dicen mis labios
nadie jamás desmintió.
Verán al ilusionista
lirtones cómo enredó,·
varita de mil virtudes
palomas los convirtió.
Ya el príncipe Bacasegua
fuego y plomo se comió;
el Diablo con ser diablo
comió lumbre y se quemó.
Pasen y pasen señores
¡ que la función comenzó!
l Por sólo veinte centavos,
verán lo que nadie vio!

•
En 1909 se construyó un mercado, de amplias naves, empleándose bloque~
de concreto, madera y lámina. Edificio no muy consistente; pero venía a llenar una necesidad para las amas de casa.
Durante el mes de septiembre de 1910 se realizó una e&gt;.'Posición industrial,
exhibiéndose numerosos productos de los que se fabricaban en la ciudad.
Un stand llamó la atención especialmente. Lo ocupaba un ajuar de recámara tallado por artistas expresamente traídos de San Luis Potosí, por la
fábrica de muebles "La Mexicana".
Verdaderas filigranas habían sido laboradas en madera de cedro, al estilo
barroco. Ropero de 3 metros de ancho, con 3 hojas; tocador de altas columnas
y lunas francesas; buró y sillas, así como espaciosa cama, con respaldo alto;
todo ello vistoso, más llamativo que útil.
Su precio se estimaba en veinte mil pesos, lo que hacía exclamar a los
curiosos visitantes que se trataba de una fortuna. Y sucedió lo presumible: el
propietario de la fábrica, don Alfredo Gutiérrez, tuvo que llevarse a su hogar
el "elefante blanco", como certeramente lo calificara su tío, el doctor don Juan
de Dios Treviño, de muy grata memoria.
A fines de 1959, es decir 50 años después de su erección, fue demolido el
393

�mercado. Fácil la operación si la comparamos con las dificultades presentadas
por los inquilinos de adentro y de afuera.
El edificio por dentro había perdido las características de mercado popular
para convertirse en tiendas de curiosidades, ferreterí~, a~ar~rías, plomer~as,
y venta de aparatos eléctricos. Lo que fuera el renglon pnnopal -frutenas,
dulcerías, carnicerías- había quedado en proporción pequeña.
La cosa por fuera ofrecía el más lamentable espectáculo. Pu~stos de ~
aspecto, sin servicios sanitarios, convertidos en fonduchas, nevenas, frutenas,
y cuanto puede c~ndimentarse a la vista del público: enchiladas, tacos, tortas, fritos, elotes. . . en una mescolanza de olores, como para marear a un
marinero.
En idas y venidas, vueltas y revueltas, entre autoridades y puesteros, se
pasaron varios meses, hasta llegar al final. El viejo edificio des~pareció. .
Un año después fue inaugurado un edificio de estilo modernista, atrachvo
y funcional, quo sí merece el título de mercado.

•
Seguimos caminando para avanzar hacia el norte. La calle es esencialrn~,te
comercial. En extensión difícilmente existe otra que le gane, con excepc10n
de la avenida Madero.
En el tramo siguiente no quedan habitaciones particulares. Misceláneas,
boticas, restaurantes, fruterías, de uno y otro lado. Movimiento activo de colorido popular. Pasamos a la siguiente cuadra.
En el lado oriente se inicia la cuadra con un edificio moderno de dos pisos
de la Papelei;ía Saldaña. Contiguo el edificio de cuat:o pisos de 3:5pecto alegre, del Hotel Coello. Casas particulares y de comercio hasta el f mal.
Por el poniente, en la esquina, casa de construcció~ antigua, co~struída a
principios del siglo para el Hospital Monterrey,_ atendido ~r médicos norteamericanos. A su clausura se instaló la Academia Mercantil de Monterrey.
El resto de la cuadra corresponde a un edificio que originalmente fue constnúdo para el Colegio María Auxiliadora. Las aulas se extienden por la calle
de M. M. del Llano hasta la del Colegio Civil.
Hace más de 20 años que el Gobierno Federal tomó posesión de este gran
edificio, al que se le han hecho arreglos y agregado m_ás salones. Está ocupado
por la Escuela Secundaria No. ,1. Demolida el _a1~_or1ente, la nueva construcción se hizo obedeciendo a la !mea de la amphac1on.

•
394

Pasando la calle M. M. del Llano entramos a un tramo de gran interés
histórico, de cuya narración me ocupé en ocasión anterior:
"Las escuelas normales están situadas en la manzana comprendida
entre las calles de ]uárez, Colegio Civil, M. M. del Llano y General
Tapia. Mide el terreno 66 metros por cada lado. Los edificios ocupan
el terreno de la parte oriental, destinándose el lado Sur para hombres
Y el Norte para señoritas. Ambas escuelas tienen la misma disposición en
la parte baja y la alta es común a las dos, estando formada por un salón
que mide 39 metros de longitud por 14 de ancho, comunicándose por el
su1' con dos piezas de regular extensión que sirven de ante-salón y por
el Norte con un saloncito.
El terreno lo compró el Gobierno, el 27 de Febrero de 1902, en la
cantidad de $ 10,000.00. La construcción fue dirigida por los señores
Mackin y Dillon, mediante contrato por valor de $ 88,230.80 más
$ 2,432.64 para obras de acabado. En consecuencia, el importe total
del edificio fue de.$ 90,663.44. A fines de Mayo del mismo año de 1902
estaba ya en servicio.
Hace años que se le ha abandonado, y no obstante su magnífica construcción, presenta huellas palpables de deterioro que ameritan una rápida atención.
La Normal fue creada por decreto de 23 de Noviembre de 1879
estando hasta 1886 bajo la dependencia del Ayuntamiento de la Ciudad~
En este año, siendo Gobernador del Estado el General Reyes, se hicieron algunas modificaciones al decreto respectivo y en 1889 fue reformada la Ley dándole mayor amplitud al plan de estudios.
'.El historial de la Escuela Normal es interesante, por sus Catedráticos
de indiscutible mérito y porque se ha formado un verdadero ejército de
Pro/eso res, que han elevado el nivel intelectual de nuestro pueblo. En
el año de 1899 fungió como Director el Ing. Don Miguel F. Martínez,
Y flor esa época, tenían Cátedra los Profesores don Aristeo González
Garza, don Serafín Peña, Dr. don Rafael Garza Cantú, don Arcadio
Espinosa, don Pablo Livas, don Joel Rocha, don Eulogio Flores y don
Conrado Montemayor.
Pero aún cuando los estudios normales adquirieron importancia por

1886, muchos año~ antes ya se hacian ensayos sobre la materia. En 1829
el Ayuntamiento concedió a don Victoriano Sáenz Mercado, Director de
la Aula Normal, pensión de $ 12.00 mensuales para la enseñanza a seis
niños del sistema Lancasteriano: 'En consideración, decía Mercado, que
debo comprar pizarras, nuevos testamentos, catecismos, papel, etc.' La

395

�comisión que dictaminó decía: 'Estos seis niños jóvenes que se dediquen
con empeño por su Señoría a esta enseñanza mutua, no se ha de tener
presente su fortuna, sea la que fuere; sino sus tamaños intelectuales y
demás virtudes morales y civiles para que sirvan de un vivo ejemplo de
los demás sus condiscípulos o discípulos que es el fin que debe imponerse
esta corporación para la pública utilidad del Distrito y la general del
Estado'."

Sería prolijo entrar en mayores detalles, cuyo interés histórico es innegable;
pero queda ello reservado a una obra extensa, que tiene ya realizada el Prof.
Plinio D. Ordóñez.
Nos concretamos a lo esencial, y a ello corresponde anotar el derrumbe
total del edificio y la erección de otro, más espacioso y funcional. A la entrada
del moderno edificio existe una placa conmemorativa, develada por el Gral.
don Bonifacio Salinas Leal, Gobernador 0onstitucional del Estado, que contiene en síntesis las transformaciones sufridas por el edificio:
"En este mismo sitio se levant6 el edificio de las Escuelas Normales
del Estado, puesto al servicio de ,la educación el día 22 de mayo, de 1903.
Era Gobernador del Estado de Nuevo León, el C. General Bernardo
Reyes y Directores de la Escuela Normal de Profesores, el C. Profesor
Serafín Peña y de la Escuela Normal de Señoritas, el C. Profesor Pablo
Livas.
Siendo Gobernador Constitucional del Estado de Nuevo León, el C.
General Bonifacio Salinas Leal, se inició el derrumbe total de la vieja
construcción el 4 de octubre de 1941, inaugmando este nuevo edificio
para la Escuela Normal Miguel F. Martínez, el 4 de octubre de 1942.

Procede agregar que las ampliaciones hechas al edificio permitieron acomodar aulas para impartir instrucción primaria a más de mil niños y niñas, atendiendo al crecimiento incesante de la población escolar.

•
Principia otra página de nuestra historia. Parte de la época en que .1:15
Autoridades Civiles y Eclesiásticas discrepaban, más de la cuenta, en cuestion
de interés social Una de esas disensiones ocurrió con motivo de la erección
de una nueva Catedral. Surge la evocación al detenemos en la esquina noreste
de Juárez y Tapia.
Seguramente que el señor Obispo don Andrés de Llanos y V aldés, no se

396

imaginó que las obras destinadas a un fin piadoso servirían con el tiempo como trincheras para guerras intestinas e internacionales.
En el orden del relato decía yo:
"Puesta la primera piedra de la nueva Catedral el 26 de noviembre
de 1794, por el Obispo don Andrés Ambrosio Llanos ,, V aldés, se continuaron las obras con todo empeño, invirtiendo el Obispo más de
$ 60,000.00, lo que indica la importancia que tales obras llegaron a
tener. Por graves desavenencias habidas entre el Obispo y el Gobernador
del Estado, don Simón Herrera y Leyva, se suspendieron los trabajos y
el Obispo salió de Monterrey para no volver más.
La ruptura del Obispo y el Gobernador dio origen a mil percances
que estuvieron a punto de provocar el cambio de la Sede Episcopal a
Saltillo, como la pedía el Obispo; pero activas gestiones del Gobernador,
del Cabildo Municipal y de personas de arraigo en la ciudad, así como
de las muy especiales que: hizo Fray Servando Teresa de Mier, que a la
sazón se encontraba en Madrid, dieron por resultado que el Rey de España resolviera a favor de Monterrey.
Comprendía el tramo destinado a la nueva Catedral, la manzana que
circundan las calles de ]uárez, Guerrero, General Tapia e Isaac Garza.
El 25 de Mayo de 1855 el Gobernador del Estado don Santiago Vidaurri, ordenó que se vendieran los materiales de las obras de la Catedral, que formaban la fortaleza, considerando inútil, y a!Ín perjudicial
para Monterrey, conservar lugares que eran aprovechados para depasitar toda clase de inmundicias.
Años después se vendieron a particulares los solares de la manzana y
casi se perdió todo vestigio de aquellas obras, hasta que, como queda
dicho, el Gobierno del Estado reservó un pequeño lote como recuerdo
de las andanzas guerreras de nuestros antepasados, que se cubrieron de
gloria en defensa de la Patria".

Al transcurso de los años apenas si quedó, de toda aquella arquitectura empleada como fortaleza, un solar de reducidas dimensiones, que en 1940 se
transformó en una modesta plazoleta, adornada con varios cañones de los que
tuvieron la gloria de defender en ese·mismo lugar el honor nacional, en contra
de los invasores norteamericanos, por el año de 1847.
Durante la administración Municipal del Lic. don Leopoldo González Sáenz,
aquel pequeño predio se convirtió en Biblioteca Pública y nervio motor de
toda clase de promociones culturales.
Hacia el norte, un siglo atrás, el campo ofrecía los matices verde ere397

�mas del maíz, la cebada, el trigo, y algunos manchones de frondosos nogales
y aguacates.
En 1842 el Ayuntamiento encomendó al agrimensor don Guillermo S. Still,
el levantamiento de un plano del repueblo norte, siguiendo los puntos de
referencia trazados años antes por el Ing. Juan Crouset, el mismo que levantó
los muros de la nueva Catedral.
Para el mes de agosto de ese año el señor Still decía al Ayuntamiento:
"que está concluido el plano que contiene 532 manzanas incluso las plazuelas,
siendo 159 manzanas más que las que contraté hacer y cuyas 159 todavía no
están delineadas". .
Arrancan de entonces las obras materiales para cuadricular el espacioso terreno, mediante calles, que más propiamente podían llamarse carreteras, anotando en favor de las Autoridades su visión al trazarlas de gran amplitud.
Es hasta principios de este siglo que la tierra laborable se fuera convirtiendo
en residencial, y una de las calles que más rápidamente se urbanizó fue la
de Juárez.
Ahora, extendiendo la vista del lugar en que nos hemos detenido, contemplamos al norte una sucesión de importantes casas comerciales, entre las
que se destacan las indicadas especialmente a la venta de refacciones automotrices.
De las más antiguas puede mencionarse las de los hermanos Chapa: Ricardo, José y Andrés, cuyo esfuerzo excepcional constituye un ejemplo de capacidad, perseverancia y éxito. Cerca de 50 años de titánica lucha, les permite ahora delegar responsabilidades en sus hijos de preparación universitaria,
quienes, por ley natural, gobernarán la embarcación asumiendo el mando
total, cuando el tiempo, que nada respeta, cumpla su misión.
Entre tanto, la calle Juárez atraviesa la Av. Madero, sobrepasa la calle de
Colón, y como punta de lanza se introduce rectamente en colonias proletarias,
en donde todavía el progreso no impone los servicios necesarios de salubridad
y buen vivir, para morir en la calle Anaya.
Cerramos este sencillo relato haciendo votos por que la ampliación de Juárez no tenga parecido alguno con aquella frase que se escuchaba con frecuencia al iniciarse el siglo actual: ¡ Quién verá concluir el Templo del Roble!

398

UN CAP1TULO DESCONOCIDO DE LA OBRA
DE DON FERNANDO SANCI!EZ DE ZAMORA
EUGENIO DEL HOYO

Instituto Tecnológico de Monterrey

EL GENERAL DON FERNANDO SÁNCHEZ DE ZAMoRA, don Alonso de León y
Juan Bautista Chapa, forman la tríada de historiadores del Nuevo Reino de
León en el siglo XVII; sus obras formando un solo cuerpo fueron publicadas por primera vez en 1909 por don Genaro García en el tomo XXV de sus
Documentos inéditos o muy raros para la historia de México, con el título de
Historia d¿ Nuevo León con noticias sobre Coahuila, Tejas y Nuevo México
por el capitán Alonso de León, un autor anónimo (Juan Bautista Chapa)
y el Ge11eral Fernando Sánchu de Zamora. Esta edición se hizo de un volumen manuscrito, hoy perdido, de la rica biblioteca del can6nigo don Vicente
de P. Andrade. Recientemente, en julio de 1961, salió a luz la segunda edición
magníficamente realizada por el joven y erudito historiador regiomontano
Israel Cavazos Gana y patrocinada por el Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo León.
Casi nada sabemos de la vida de don Fernando Sánchez de Zamora antes
de su entrada al Nuevo Reino de León en octubre de 1659; se sabe que
fue vecino y minero en San Luis Potosí, que era sobrino de Fray Juan Caballero y no de don Martín de Zavala como yo mismo dije erróneamente en
otro trabajo; pero, para no extender inútilmente esta nota biográfica, remitimos al lector al erudito y ágil Estudio preliminar escrito por Israel Cavazos
Garza para la segunda edición de la Historia de Nuevo Le6n con noticias sobre Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo México, etc., que atrás mencio•
namos; donde encontrará todqi lo que se sabe hasta ahora sobre la vida y la
personalidad de nuestro autor.
El General don Fernando Sánchez de Zamora escribió unos "apuntamientos"
históricos con el título de Descubrimiento' del Río Blanco y conversi6n de sus
naturales, hecha por los Religiosos de Nuestro Seráfico Padre lS'an Francisco,
· 399

�de la Provincia de Zacatecas; estos "apuntamientos", publicados por Genaro
García en 1909, como se dijo atrás, han sido hasta ahora la más valiosa
fuente para la historia de aquellas remotas misiones que fueron el origen
de los actuales municipios de Zaragoza y Aramberri en Nuevo León e Hidalgo,.
en Tamaulipas; comprenden desde las primeras entradas de los misioneros
hasta fines del año de 1680.
Recientemente tuve la fortuna de descubrir otro trabajo histórico de don
Femando Sánchez de Zamora que, además de añadir nuevos y valiosos datos
a su Descubrimiento del Río Blanco, etc., continúa la historia de aquellas misiones por diez años más, es decir, hasta 1690, fecha del documento, Y nos
habla del estado que guardaban todas las demás misiones del Nuevo Reino
de León al finalizar el Siglo XVII y nos entrega una rica nómina de misioneros. Tan importante documento, hasta ahora desconocido por los historiadores, figura en un rarísimo impreso, tan raro que no lo hemos visto cit~~ol en
ninguna bibliografía; tan extremadamente raro, que sólo tenemos noticia dedos ejemplares; el que perteneció a la 1-iquísima biblioteca Carrancedo, queya fue dispersada al venderla en pequeño!., lotes, y el que se guarda en la Colección Latinoamericana de la Biblioteca de la Universidad de Texas en la.
ciudad de Austin; la Biblioteca del Instituto Tecnológico de Monterrey guarda una copia microfílmica de tan raro impreso. El ejemplar de la Universidad
de Texas, del que se tomó el microfilm, carece de portada y ya no sabemos a
dónde fue a parar el ejemplar de la Carrancedo y por lo mismo ignoramossu titulo original, así como el lugar y la fecha de la edici6n; lo he~os titulad~,
tentativamente, Carta al Rey sobre las Misiones del Nuevo Remo de Leonescrita por Fray Francisco Ayeta y lo fechamos a fines del año de 1690. LaS:
58 fojas de este notabilísimo impreso, están llenas de datos hist6ricos Y ~e
consideraciones y comentarios del mayor interés y, ocupando desde la foJa
30 hasta la 36, se encuentra el testimonio del General don Femando Sánchez
de Zamora, que es el documento que ahora ofrecemos a los estudiosos de la
historia del noreste de México con la esperanza de poder ofrecer muy pronto,
íntegra, la Carta del Padre Ayeta.
Fray Francisco Ayeta, Procurador de la Orden Franciscana en todas las
Indias, es autor muy conocido y lo han hecho famoso sus hábiles y ~rillantes.
alegatos jurídicos en defensa de los misioneros franciscanos en tierras de
América así como por la forma tan clara y muchas veces violenta, con que
se dirige a los Obispos de las diócesis en que los frailes menores tuvieron
pleitos o problemas. La pluma de Fray Francisco Ayeta es "pluma de fuego".
Su Carta al Rey sobre las Misiones del Nuevo Reino de Le6n, es eso, un
violento, vigoroso y bien llevado alegato jurídico en defensa de sus hermanos.
de Orden, los misioneros franciscanos del Nuevo Reino de León, que habían
400 ·

sido rudamente atacados y acusados de gravísimos delitos ante eJ Obispo de
la Nueva Galicia por dos destacados e influyentes reineros: el Gobernador
del Nuevo Reino de León que lo era el General don Alonso de Le6n, hijo
del gran historiador, y el Licenciado don Francisco de la CaJancha,. "Clérigo
Presbítero, Vicario y Juez Eclesiástico de la Provincia de Coahuila, y Nuevo
Reino de León". Las graves acusaciones, contenidas en varias cartas de diferentes fechas, escritas por estos dos personajes al Obispo, nos las da a conocer el Padre Ayeta:

"Los testimonios se reducen a decir, que- al Reverendo Obispo le escribe desde Monterrey Alonso de Le6n, Gobernador y Capitán General
interino que fue del Nuevo Reino de León, en carta de 11 de febrero
de 1684, lo mal administradas que están las Doctrinas de dicho Reino
por los Religiosos de San Francisco; las unas, por la poca asistencia que
tienen en ellas los Padres; y porque, aunque asisten, sólo sirue para que
a los indios les alquilen para trabajar, y quitarles los jornales que ganan
por su trabajo; otras por la falta de licencia y aprobación del Ordinario,
e inteligencia de la lengua de los indios, usurpándolos de otras Doctrinas,
de que resulta no tener Párroco determinado y no adelantarse en la
Ley Evangélica; y últimamente en algunas, por permitirles cometan
graves delitos, siendo en éstos_, y otros, c6mplices los mismos Doctrineros.
Lo primero se prueba de la referida carta de 11 de febrero de 1684,
en que el dicho Gobernador Alonso de León escribe al Reverendo Obispo que en la Misi6n de Santa Engracia no asiste el Doctrinero, que es el
Padre Fray Matheo Gutiérrez, lo más del año; y que lo poco quej asiste,
s6lo sirve para alterar los indios de tal manera, que han estado para
matarle ( como la sabrá el Reverendo Obispo por carta que le escribe el
Alcalde Mayor del Río Blanco) y demás de ésto afirma que se han
querido levantar. También dice que en la Misión de San Antonio, falta
el Doctrinero, que es el Padre Fray Pedro de la Villa, por cuya causa
los indios carecen de enseñan.za; y que en la de Gua/eguas, donde es
Doctrinero Fray Diego de Evia, se pasa sin que se diga Misa los cuatro
meses: Todo lo cual se pretende comprobar con cartas del Licenciado
Don Francisco de la Cal,ancha, Clérigo, Presbítero, Vicario, y Juez Eclesiástico de la Provincia de Coaguila (sic) y Nuevo Reino de León; en
una de ellas, su fechQ de 24 de marzo del año pasado de 1683, dice al
Reverendo Obispo que ninguno de los Misioneros de aquellas Doctrinas
cumple con su obligación, porque no asisten en ellas; '1 en otra de 12
de febrero del mismo año, afirma lo mismo, que dice el Gobernador de
la poca asiste11cia en la Doctrina de Santa Engracia del Padre Fray
401
H26

�Matheo Gutiérrez y el fruto que de ella resulta, diciendo el sujeto que
llevó a este Padre, porque no le matasen los indios, que fue el Capitán
Zamora.
Y en cuanto a la de San Antonio, aunque en una carta el Licenciado
Calancha, su fecha de 5 de enero de 1684, afirma absolutamente, que no
hay Misionero porque murió el Padre Fray Alonso Mesa, que lo era, Y
no había venido otro; en otra posterior de 12 de febrero del mismo año,
dice: que la causa de esta falta es no haber venido el Padre Fray Pedro
de la Villa, que era el nombrado, ,, asiste en Mazapil. Y en cuanto a la
de Gualeguas, en otra de 25 de abril del mismo año, dice: que vuelve
a avisar al Reverendo Obispo la necesidad de nuevos Ministros; y que
el Padre Fray Diego de Evia no asiste a su Misión de Gualeguas, ni
dice Misa, sólo alquila los indios para que vayan a trabajar a las minas
y les quita los jornales. Y en la referida dJ 12 de febrero del mismo año
da la causa, que es por tener el Ornamento en San Gregario (Cerralvo).
Lo segundo, de administrar sin licencia y aprobación del Ordinario,
con poca inteligencia de las lenguas de los indios y usurpándolos de otras
Doctrinas, lo intenta persuadir el Reverendo Obispo con la referida carla,
que le escribe el dicho Gobernador, que dice: Que en la Misión de San
Christóbal, donde asiste el Padre Fray Juan de Menchaca, es mayor la
parte de Españoles, Mestizos, Mulatos, Negros y Indios Otomíes, admin_istrados sin licencia del Ordinario, 'j su aprobación, ni menos con permiso
del Vicario de aquel Reino, que los indios que se reducen, agregándolos
de unas Doctrinas y Feligresías a otras; de lo cual nace que no se adelanten en la Ley Evangélica, por no tener Párroco determinado; '.Y conffrmase con carta referida del Licenciado Calancha de 12 de febrero
de 1684, en que le escribió al Reverendo Obispo, que este Padre más
asiste a los ranchos de los Pastores, que a su Misión, administrándolos sin
licencia, avisándole que ninguno cumple con su obligación; )' que si no
se envían otros Ministros, se demolerán todas las Doctrinas, como sucedió
con la del Álamo, que está junto a la de Gualeguas, por enviar mucha.chas para su administración. También dice el Gobernador en la referida
carta de JI de febrero, que Fray Ventura de Serias, Misionero de la del
Alamillo, se la fundó con los propios indios que componen la de Gualeguas; finalizando que el intento de los Padres Doctrineros no es convertir
y enseñar a los indios, sino usurpar a Vuestra Majestad los medios que
concede para tan piadoso fin. Y acerca de ésto dice el Licenciado Calancha en la dicha carta de 12 de febrero del mismo año, que Fray
Ventura de Señas fundó dos X acales (sic) entre San Gregario y Gua-

402

leguas, sin tener ni un indio, y sólo tiene por oficio andar divirtiéndose
en paseos.
Lo tercero y último con que intenta persuadir el Reverendo Obispo,
la mala administración de las Doctrinas, es porque en la carta del Gobernador Alonso de León se le dice, que los Padres Misioneros permiten
hacer a los indios graves delitos, siendo en ellos cómplices, así por permitirlos, como por la misma ejecución, constándole que habiendo el
Reverendo Obispo dispensado a un indio que estaba amancebado con
dos hermanas, el que se casase con una; y casádose la otra con otrc, éste
se la fue a hurtar y se la trajo, y está mal amistado otra vez con ellas; y
también, que este Padre enviaba a un indio Gobernador con otros a
hurtar las mujeres y doncellas de otras rancherías ,, se las traían a la
misión, de que redundaron algunas quejas y alteraciones que pondera
haberle costado mucho trabajo el componerlas. Y el Licenciado Calancha, en carta de 12 de febrero de 1683 dice: que este Padre le han., informado, que los indios le miran mal, porque se lleva las mujeres a la
celda; que envía la tierra adentro por ellas y otros escándalos semejantes".

Con lógica demoledora y violento lenguaje, Ayeta va desbaratando todos los
cargos contra sus hermanos misioneros, cargos que, no por ser personales, dejaban de manchar a toda la Orden Franciscana; y entre las pruebas de descargo presentadas por Fray Francisco Ayeta, una de las que hacen más fuerza,
es el testimonio bajo juramento del General Don Fernando Sánchez de Zamora que a la letra dice:

TESTIMONIO DEL GENERAL DON FERNANDO SÁNCHEZ DE ZAMORA
SOBRE LAS MISIONES DEL

Río

BLANCO

1690
"Dixo, que juraba, y juró a Dios nuestro Señor, y la señal de la Santa
Cruz, de la manera, y forma, en derecho acos-tumbrada, so cargo de el
qual prometió de dezir verdad, y en todo quanto sabe, y ha visto~ y
dixo, que lo primero, que ha treinta años, que con título, y comissión
de Don .Martín de Zavala, Gouernador que fue de este Nuevo Reyno
de León ( que esté en gloria) de Justicia Mayor, y Capitán a guerra, y
poblador primero de esta dicha Misión, entró a ella en compañía de el
Reverendo Padre Fray Juan Cauallero, Religioso de nuestro Padre San
Francisco de esta Provincia de los Zacatecas, y uno de los graduados de

4-03

�aquel tiempo, el qual avía entrado a esta Missión en otras oca.ssiones
antes de esta, a amansar, y catequizar los Indios vozales, naturales de
ella; y assimismo sabe, que entró assisliendo al llustrissimo Señor Doctor Don Juan Ruíz Colmenero, Obispo de este Obispado, por lo que dicho General Zamora ha conocido todos los Religiosos Missioneros de
esta dicha Missión, ,, las demás, que después se fueron poblando, assi
de esta jurisdición de su cargo, como las demás que se han fundado en
todo el Reyno de León, como son las de San Antonio de los llanos, la
de San Bemardino en Santa Engracia, la de San Pablo de Labradores,
la de San Christoval de Gualeguas, la de San Buenaventura de. Tamaolipa; y assimismo, los que en dicho tiempo han asistido en la Villa de
San Joseph de Cadereyta, y Ciudad de Monterrey, cabecera de este dicho Reyno; y todo el dicho tiempo no ha visto, ni oído dezir cosa, que
contradiga al Estado Religioso de ninguno de ellos, ni ayan dado nota
de sus personas, en lo que toca en la general; y en cuanto en .la particular de cada uno, dixo, que- el dicho Padre Fray Juan Cavallero avía
sido el primer poblador de estas Missiones., el cual dexando las preeminencias, y exempciones, de que gozan los Padres nuestros, se dedicó a la
conversión de estos Indios de esta jurisdición, donde con su predicación,
y buen exemplo, agregó al gremio de Nuestra Sanla Madre Iglesia mucho número de Infieles, como constaba de los libros de administración;
y aviendo puesto en vida política estos Indios de nación uozales ( sic por
vocales), y edificado Iglesia de terrado, y decente ( que es la que oy
permanece) con Sacristía, y Celdas, baxó a poblar la Missión de San
Antonio, donde dexó al Padre Fray Joseph de San Gabriel, Religioso
Lego, de vida austera, y exemplar, para que quedas.re instruyendo, y
enseñando a los Indi&lt;JS la Doctrina, y Misterios de nuesta Santa Fé, en
cuyo exercicio estuvo, hasta que el Prelado embió Míssionero, para la
dicha Missión de San Antonio, la qual alajó el dicho Padre Cavallero
de todo lo necessario, para celebrar el Santo Sacrificio de la Missa, y
Campanas, y otras atajas caseras, y de rexas para cultivar; y de aquí
entró hasta las mesas de Castrejón, y tierras de los Janambres, que es
una Nación muy dilatada, y amansó toda aquella gente, y los reduxo al
gremio de nuestra Santa Madre Iglesia, catequizando, y bautizando muchos de ellos, con cu;,a ocasión en este tiemp&lt;J. avían entrado ya a poblar
algunos vezinos Españoles sus estancias, y labores, y Pastorías de Ovejas,
y Carneros, que entraban a agostar en dichos llanos, de que se originó,
que por defender, qtte los Indios hurtassen Ovejas, y desnudassen Pastores, y no querer consentirles sus robos, se alzaron los Janambres, y de
San Bernardino, en ocasión, que ya el dicho Padre Cavallero avía so-

404

licitado con el Provin'cial embiasse Ministro, y estaba ya en San Antonio
el Pádre Fray Salvador de Barragán, Religioso de dicha Provincia, viejo,
y de vida observante, y exemplar, matando los dichos Indios todos los
Pastores, y Vasieros de la PaJtoría de Carneros de Bemabé Bigil, y la
H azienda de Ovejas de Don Juan Péret Romo, vezinos de Cretaro ( sic
por Querétaro), cuyos ganados se llevaron, y a la siguiente noche mataron en su casa a Diego de Ynojosa, Teniente de la dicha Missión; por
lo cual temerosos los Indios de San Antonio, de miedo se huyeron y
despoblaron, con cuya ímbasión llegando las nuevas al Reyno, salió personalmente Don Nicolás de Ascárraga, Governador que fue en la ~azón
de este Reyno, y con más de cien hombres, que traxo en su compañía,
no pudo en mucho tiempo que estuvo en San Antonio, conquistar, ni
baxar de paz a los dichos alzados. Y atendiendo, a que las fuerzas de los
vezinos eran pocas para poder resis'tirsse de tanto gentilismo, mandó
despoblar las Missiones, y vezinos, con cuyo avila.ntez pretendieron los
dichos Indios hazer otro tanto con esta. Missión, cercándola una noche
mucho número de ellos, hasta que amane.ció, que el dicho Capi,tdn Zamora mandó salir a los vezinos, e Indios de la. Mi.swn, por to qual huyendo los enemigos, trepándose por la sierra, Je fueron antecogiendo
toda la caballada, que passaron de 200 bestias, y una manada de Cabras paridas, que estaban en su camino, amenazando, que breve volverían
con más gentes, y fuerza, como en efecto lo executaron, y teniendo de
ello noticias, que en la Messa· del Horrio hazían junta muchas Naciones,
y Capitanes de diversas tierras, y montes para venirlos a destruir; con
cuya noticia el dicho Padre Cavallero se resolvió, sin temor alguno de
la muerte, a baxar a los llanos con solo doze compañeros, que el dicho
Capitán Zamora embió para que le assistiessen; y aviendo llegado a los
dichos llanos, uió un grande, y copioso esquadrón de Indios enemigos,
que ya venían para el Río Blanco, y viéndolos el dicho Padre, se apeó
de la bestia, dexando retirados mucho trecho a sus compañeros, se fue
para los Indios, y se metió entre ellos; los qua.les reconociéndole, soltando las armas en el suelo, se allegaron a besarle el Hábito, segun que se
lo avían enseñado; y a su exemplar muchos Bárbaros, que venían incorporados, hizieron lo mismo, y dándoles a entender lo mal que avían procedido, los reduxo a paz, y sosiego, y desvaratándose la junta, se boluió
a esta Missión, a que se sigui6 luego el venir a ella por Missi.onero segllnda vez el Padre Predicador Fray Antonio Velasco, a quien los Indios tenían mucho amor, en que fiado el dicho Padre, bolvió a poblarla, y perseveró en su administración sólo entre ellos, sin vezindad de Españoles, ni
otra persona que le assistiesse, más que los Indios, de cuyas comidas y yer-

405

�bas silvestres comía muchas uezes, passando álgu11os trabajos, y desconsuelos en aquella soledad, hasta que le acaeció enfermedad de eriipcla,
de que siendo auisado el dicho Capitán, baxó a aplicarle algunos remedios, y en el camino topó un Indio, que le venía a avisar como avía muerto, y assí lo halló ya amortajado de los Indios, con su hábito y otro día
lo enterraron en su Iglesia, sin auerse hallado a su cabecera, y entierro
otro Sacerdote que le administrase los Santos Sacramentos, para el consuelo del Alma: los Indios hizieron muchas demostracio1ies de sentimiento, de alaridos, y llantos, y algunos viejos, y viejas se pelaron las cabezas
a su usanza, en vez de luto, de que se infiere el mucho amor que le tenfan, a que luego el Prelado proueyó de Ministro de esta Missión de San
Antonio al Padre Predicador Fray Luis Camacho, Religioso de prendas
amables, y muy amante de los Indios, a quien ellos querían, y amaban,
como al difunto, el qual .rienáo avisado, de que el Padre Cavallero estaba mlly enfermo, vino a administrarle los Santos Sacramentos, y aviéndole Sacramentado el día de Nuestro Padre San Francisco, se bolvió a su
administración, y el Padre Cavallero passó de esta presente vida al eterna,
auiendo assistido en la propagación del Santo Evangelio 18 años continuos, y aviendo convertido mucho Gentilismo, especialmente la dilatada Nación de los Janambres, ,, dexado las Missiones alojadas de ornamentos, Campanas, y otras alajas caseras, y de labranza, assi la de San
Antonio, como la de San Bernardino, dos años poco más, o menos, se
auía anticipado su compañero Fray loseph de San Gabriel, passándose
de esta vida a la eterna, cargado de años, y de virtudes: los Prelados
con el cu,•dado que acostumbran, y siempre han acostumbrado, proveyeron Ministro de Santa María del Río Blanco al Padre Fray Miguel
de Yrazoque, Religioso de buenas, y santas costumbres y vida exemplar,
y observante, el qual aviendo assistido a la administración de esta dicha Missión, fue por Ministro, y fundador de la Mi.ssión de San Bernardino, y Nación Janambre; y por su proceder, ,, apacibilísimo natural,
fue muy amado de todos los Indios, y de los vezinos Españoles, que ya
en. aquel tiempo se iban agregando, a quien mudándole a la Missión
de San Antonio, le sucedió el Padre Fray Matheo Gutiérrez de Evia,
Religioso de prendas, y muy humilde, que experimentó y vió el Ilustrissimo Señor Doctor Don luan de Santiago de León Garavito, Obispo de este Obispado, quando passó en prosecución de m visita, de los
quales Ministros se condolió su S eñoría llustríssima, viendo la miseria,
y cortedad con que passaban la vida, y en la ocasión baxaron todos
los Indios de la comarca, y se bautizaro11 muchos., y nunca supo, ni
oyó dezir se quexassen los dichos Indios de los dichos Religiosos; ade-

406

más, que el dicho Padre Fray .Matheo era de tan pusilánime natural,
y temeroso de los Indios, que no se auía de atrever a hazerles agravio, que
caussasse en ellos alteración, ni en su tiempo la huvo; porque si fo. huviera,
de necessidad lo avía de saber el dicho Capitán Zamora; antes presume,
que los Prelados lo sacaron de la Misión, por reconocer en él el poco
ánimo que le assistía, para habitar entre los Indios; y que después oy6
dezir, que viniendo el Padre Fray Lorenzo Nieto por visitador de las Missiones, traxo por Secretario al dicho Padre Fray Matheo Gutiérrez; y
que los Indios de San Antonio, pensando, o entendiendo, que el Padre
Visitador era Provincial, se lo avfan pedido para su Ministro, de que se
infiere estaba el Padre Fray Mathco bien querido de los Indios, por ausencia del Padre Predicador Fray Miguel de Yrazoque, que fue proveído
por Missionero de San Pablo de Labradores; vino por Ministro de San
Antonio el Padre Fray Alonso de Messa, el qual a pocos días de llegado,
le sobrevino achaque de pulmonía, y embiadb primero a pedir licencia
al Prelado, para irse a curar a la ciudad de Zacatecas; y saliendo a este
fin, le agravó el achaque en casa de dicho Capitán; donde murió, administrándole los Santos Sacramentos el Padre Predicador Fray Lucas González, que era actual Missionero de este Convento del Río Blanco, y en
ru. lugar proveyeron al Padre Fray Pedro de la Villa, Religioso viejo, y
zeloso de la honra de Dios, y Culto Divino, y muy cuydadoso de la Doctrina y enseñanza de los Indios de su cargo, ,, administración, con grande fruto y aumento de su Doctrina, procurando siempre cumplir con
las obligaciones de su cargo; y nunca uió, ni oyó dezir, que con los vetinos de la Missión, ni con los Indios de su administración, ni otros algunos tuuiesse riña, ni diesse ocasión a ella, como se infiere, y da a entender, de que los dichos Indios de San Antonio, en el alzamiento del
año passado, siempre se estuvieron doméJticos, firmes, y leales con losde la labor de San Mathías, que assimismo eran de su administración;
y que assi de este R eligioso, como de los demás de estas Missiones de su
jurisdicción, nunca vió, ni oyó dezir hiziessen cosa que f uesse contra su
estado Religioso, antes sí, han dado muy buen exemplo, y doctrina a
sirs uezinos, y feligreses, administrándoles con amor, y caridad, passando en estas soledades muchos trabajos, hambres, y desconsuelos, y demás inclemencias del tiempo; de tal merte, que si el dicho Capitán Zamora no huviera socorrido algunos Religiosos en muchas ocasiones, se
huvieran salido despechados, a buscar .ru alivio; y hallándolo en él, se
han templado en alguna mariera, y permanecido en sus Mi.rsiones, hasta
que el año passado de 89. los Indios Janambres de San Bernardino, por
no quererles consentir los robos de ovejas, y Pastores, que hazían repe-

407

�tidamente, se levantaron, matando muchos pastores, y V asieros, y llevándose las manadas de ovejas, y carneros, a lo qual el dicho General
Zamora acudió a su reparo; y despachándole cartas al Señor Governador Don Pedró Fernández de la Ventosa, a dos, o tres leguas distante de la labor de San Mathías, le salieron los Indios de Tamaolipa, Y
le mataron (falta una palabra o una frase); y visto por el dicho General lo imposibilitado de el socorro, y estar tan remoto, más de 50. leguas de la Ciudad de Monterrey, y recelándqse, de que sucediesse ruina
considerable, por la poca gente de armas, y ser muchos los enemigos, se
resolvió a despoblar la Missión de San Antonio, y su vezindad, trayéndose consigo hasta la Messa del Horrio los Indios de la dicha Missión,
por el riesgo ta11 manifiesto que tenían en su Pueblo, y viniéndose a esta
del Río Blanco con los vezinos de aquel distrito, y por el consiguiente a
los Padres Apost6licos, que avían fundado Missi6n en la tierra de los
Janambres· y assimismo los de las Minas del Santo nombre de Jesús,
que por estar metidos en las Sierras, vezinos a los ]anambres y ]aumaltecos, se rezelaro11 de ellos, como de hecho una esquadra de Indios les
salieron en la Mina Santa Catalina, donde se metieron, por aver sentido a fos enemigos; y visto estos que se avían escapado, cogieron la ropa,
y bestias ensilladas, y se bolvieron, sin poder ha.zer otro daño; por lo q'!_al
.se despoblaron las Minas con daño grande, atrassos, y menoscabos, assí de
el dueño, como de los Reales quintos de su Magestad; y aunque al reparo acudió luego el dicho señor Governador, con todos los más vezinos
de el Reyno, y Soldados de Presidios, no pudo conquistar los dichos
Indios, ni baxarlos de paz, por averse metido en lo más oculto de la sitr-rra, y montes; y un Correo que les despach6, Indio de la misma Missi6n
de San Bernardino, embiándoles a ofrecer la paz, y por señas del seguro de ella, su venera del Señor Santiago, lo mataron; por lo qual,
atendiendo a las dificultades que se anteponían, a que corría algún detrimento aquel lado del Norte, se bolvió a la dicha Ciudad de Monterrey, y dexando este lado a cargo de el dicho General Zamo~a, y de el
Sargento mayor Carlos Cantú, hasta que por el mes de Septiembre. del
dicho año passado bolvió a salir el dicho seño-r Governador con cinco
esquadras de Soldados, de la jurisdicción de este Reyno, en cuya compañía traxo por Capellán al Padre Predicador Fray Nicolás Recio de
Le.6n, de que dando noticia al dicho General Fernando, baxasse con sus
Soldados a incorporarse en dicha Compañía, y assí lo hizo, baxando con
su esquadra, en que llevó por Capellán al Padre Predicador Fray Joseph
de Ribera, assí por el consuelo de la Compañía, como por la assistencia
a los Indios de su administración de San Antonio, y labor de San Ma-

408

thías, que fueron de Infantería, como amigos fieles de los Españoles; en
cuya campaña, a diligencias de el dicho señor Governador, y de su Lugar-Teniente, y de los dichos dos Padres Missioneros, se baxaron de paz
los Indios revelados, y de San Bernardino, y Jambres, y con efeto se
reduxeron, y vinieron todos los Capitanes, y cabezas a esta Missión, donde se le hizo buerr. acogimiento, y se bolvieron a su tierra muy contentos,
y deseosos de que se buelvan a poblar sus Missiones, aunque para ésto sirven de mucho estorvo los Indios de la sierra de Tamaolipa, enemigos declarados de éstos, por lo qual se están recogidos en la Messa del
Horrio, donde el dicho Padre Rivera les assiste, y administra, ínterin que
se reducen los de Tamaolipa, para que con seguridad se puedan poblar
las dichas Missiones; y dixo, que todo lo arriba referido, lo sabe, como
testigo de vista, que ha assistido a las dichas entradas, con los dichos Re•
lígiosos Missioneros, a la conquista, y conversión de los Indios, '.Y essas
Missiones, como lo son las referidas, San Antonio, San Bernardino, y
San Pablo de Labradores, y esta de Santa María de los Angeles del Río
Blanco, que son las de su jurisdicci6n, ayudándoles en quanto se les ha
ofrecido, y socorriéndoles sus necessidades, conforme a su possibilidad; y
por lo que toca a las demás Missiones de este Reyno, que son San Christoval de Gualeguas, San Buenaventura de Tamaolipa, ,, la J!illa de Cadereyta; sabe, que siempre las ha visto pobladas de Religiosos Missioneros de esta dicha Provincia, en aada una un Ministro, y en la de Cadereyta dos; y continuamente vio le assistía el Ministro assignado, donde
conoci6 primero al Padre Fray ]oseph Cortinas, que lo fue muchos
años, y por viejo, y enfermo lo sacaron a la Ciudad de Zacatecas, y en
su lugar proveyeron por Ministro Doctrinero, que ha diez años, poco
más o menos, que lo es de la dicha Villa el Padre Predicador Fr&lt;ry Joseph M olinedo, con muy buenos créditos, cumpliendo con la obligación
de su cargo, y nunca ha oido quexarse a ningun ve.tino de su distrito,
antes ha oído dezir mucho bien de él, y siempre lo ha tenido el dicho
General Zamora por bueno, y observante de su Regla, y muy inclinado
a la virtud, y Culto Divino; y por el tanto, aunque la Iglesia de dicha
Villa esta buena, por ser pequeña, y concurrir 'a ella toda la jurisdicci6n
las festividades graves, y tS'emanas Santas, se dedicó en medio de muchas
cortedades, y dificultades, por falta de Oficiales, y materiales, que para ello se antepusieran a ha.ter nuevo Templo, 'Y capaz, que lo tiene ya
en estado de acabarlo; y as5imismo ha visto, y conocido a los Padres
Guardianes, y Doctrineros de la Ciudad de Monterrey, que de ordinario son dos Religiosos, y a vezes tres, y quatro, conforme los tiempos, y
ocassiones; y principalmente Ministros de Doctrina, ha conocido al

409

�Muy Reverendo Padre Fray Juan de Salas, que después de muchos años,.
que assistió en dicha Doctrina, lo eligió la Provincia Ministro Prouincial de ella, y le sucedió el Padre Pr'edicador Fray Pedro de Fontidueñas; de todos los quales, ni otro Religoso alguno, sabe, ni ha oído dezir,
cosa que contradiga al Estado Religioso, antes sí, queridos, y venerados
de toda la Ciudad, y vezinos de ella, y de los Curas Be11eficiados de la
dicha Ciudad; porque como son, y han sido únicos, quando se les ofrece
salir a la administración de las estancias, y labores de la jurisdicción, que
es larga, dexan encomendada la administración de el Pueblo a los dichos
Padres, gue acuden con todo amor, puntualidad, y cuydado, a todo lo
que se ofrece; con cu,'a licencia, sabe, que los demás Missioneros de las
Missiones de este Reyno, administran los Españoles, Negros, Mestizos, y
Mulatos, que se agregan a las dichas Missiones; y por el consiguiente, los
Capellanes que salen a las Campañas las vezes que se han ofrecido, como
a las dos que hizo el General Alonso de León, al descubrimiento de la población de Franceses, a la Costa, en qtte oyó dezir fue por Capellán el
Padre Fray Nicolás Recio de León, a la primera; y a la segunda, el Padre Fray Damián de Massanete; y otra que el dicho General León hizo,
al socorro de la Guaxteca, en que fue por Capellán el Padre Fray Fernando Jayme; y en la que hizo aora dos años a la sierra de Tamaolipa
el General Don Francisco Cuerbo de Valdés, Govemador interino que
fue de este dicho Reyno, en que fue por Capellán el Padre Predicador
Fray Antonio Lascano, Missionero de San Christoval, y otras de que no
se actterda, más que de ordinario salen los dichos Padres Missümeros por
Capellanes de Campaña, con grande consuelo de la gente Militar, actLdiendo con toda caridad, y puntualidad, pláticas, y buen exemplo, a la
administración de todos los Soldados, e Indios amigos; y aunque algunos
Españoles, obligados de la necessidad de no tener quien les muela un poco de maizt para tortillas, y quien les haga un poco de atole, por no aver
pan, y que es preciso lo hagan las mugeres, como es costumbre; y que de
darles el maiz, para que en sus casas lo hagan, o no lo ha.zen con limpieza, o lo traen cercenado, y menoscabado; y para este efecto, y no a otra
cosa, suelen entrar en las chozas, y habitaciones de los Religiosos, por la
inopia de no tener quien les assista en tan urgentes necessidades, y no
por esto se ha de presumir, ni sospechar escándalo, daño, ni mal exemplo,
antes los ha tenido, y tiene por buenos, y observantes de su Estado Reli-

Monterrey, ha passado por las dichas Missiones, y lo ha visto, y en cada
una de ellas su Iglesia, con la decencia, y limpieza, que su pobreza, y
cortedad de la tierra les permite; y sabe, que después de la Iglesia Parroquial de la Ciudad de Monterrey, no hay otras Iglesias más qtte las de
los Religiosos de Nuestro Padre San Francisco de los Pueblos, y Missiones
de este Reyno; y para descargo de su conciencia, conoce, que son tan
essenciales, como provechosos los dichos Religiosos en todo este Reyno,
assí para la predicación del !Santo Evangelio a los Españoles, como para la doctrina, y enseñanza de los Indios; y que de faltarles, serían muchos los desconsuelos, por estar los uezinos muy distantes y retirados los
unos de los otros para administrarlos; en cuyo exercicio sabe se ahogó
el Padre Fray Juan Muñoz en el Río de Ramos, jurisdicción de la dicha Villa de Cadereyta, y media,ite su caridad, y cuydado, acuden a
todas partes con todo amor; y que esta es la pura verdad de lo que ha visto, y sabe, sin encubrir cosa alguna, so cargo del juramento que tiene
hecho".

gioso; y que si faltaran los dichos Religiosos de este Reyno, fuera de grande desconsuelo a los vezinos, e Indios naturales de él, quedándose tanto
número de almas perdidas, por la falta de administración, y Doctrina; y
que ésto sabe, porque en repetidos viages que ha hecho a la Ciudad de

410

411

�BREVE RE E~A DEL ARCHIVO PARROQUIAL
DE LA CATEDRAL DE MO .TERREY
TOMÁS MENDTRJCIJAGA CUEVA

Sociedad

uevolconesa de Historia Geografía y Estadística
Monterrey. , • L. •

II I
Libro de Bautismos 6, 7 y 8 de ma)'o de 1731 • febrero de 1751
Los LIBROS 6, 7 Y 8 DE BAUTI Mo del archivo parroquial d la Santa Igle. ia
Cat dral de fonterrey están encuadernados n un solo ,·olumen.
El libro 6 empieza a mediados de mayo de 1731 y termina a prin ipio d .
noviembre de 1739. Consta de 140 folio .
El libro 7 comienza a principios de noviembre de 1739 y acaba a fines d
julio de 1744. Consta de 92 folio .
El libro 8 se inicia a principios de
brero de 1751. on ta d 97 folios.

LIBRO

6

agosto

OE BAUTISMOS: MAYO DE

de 1744 y concluye

1731 -

NOVIF.MBRE OE.

a fines

de fo-

1739

En el folio 1 aparece la igttiente l yenda manu rita: "Libro en que
asientan los bautismos, perteneciente a la admini traci6n de la ciudad de
Monterrey, del cargo del Bachiller don Matías de Aguirre, quien lo comenzó el día 13 de mayo del año de 1731".1 Enseguida, en el mismo folio,

se

' El Libro 5 de bautismos, que ya reseñamos, concluye a mediados de mano de 1731.
Quizá íaltc algún folio en el libro 6, ya que cmpiua a m diados de mayo dr ese año.
Es frecuente que los primeros y últimos folios de catos valiosos registros parroquiales
se encuentren muy deteriorados y, probablemente, varios se habrán perdido.

413

�halla esta otra: "Y lo prosiguió el Bachiller don Juan Báez Treviño, Cura
en encomienda de la sobredicha ciudad, desde el día 31 de enero de 1734
- ".
anos
En general, todos los folios están numerados. Sin embargo, algunos tienen otra numeración que aparece tachada.
Los folios 42, 107 y 108 no tienen número por hallarse destrnidas las_ ~squinas del margen superior derecho, pero se encuentran colocados en su sitio.
Entre los folios 108 y 109 se encuentra un folio muy maltratad_o, sin núm~ro y al revés, que contiene varias partidas de bautismo de noviembre Y diciembre de 1738: es el 127.
Varios folios están mal encuadernados en el orden o desorden siguiente:
123, 128, 129, 124, 125, 126 y 130. Además, los números de esos folios están
casi ilegibles.
Este libro contiene cerca de 1,200 partidas de bautismo sin numerar. La
mayor parte de estos bautizos fueron hechos "en la Parroquial de esta Ciudad", hoy Catedral, aunque muchas veces no lo haya~ asentado. ,°tros se
efectuaron en los val1es de la Pesquería Grande -hoy villa de Garc1a- (f~lios 58 vuelta, 113 y 119), de Santa Catarina (folio 60 vuelta) y de San Nicolás (folio 61) ; "en el puesto de las Higueras" y en "el puesto que ll~an
Los Martínez" -hoy Zuazua- ( ambos en el folio 76 vuelta) ; en el mismo
puesto de las Higueras (folio 87); en la hacienda del capitán Cristóbal _Gon2ález ''llamada Guadalupe" -en el actual municipio de Marín- (follo 93
vuelta) y en el valle del Guajuco (folios 124, 127, y 133).
.
Casi todas las partidas llevan al margen la anotación del nombre del bautizado y su raza o casta.
Desde la primera fe de bautismo, inscrita en el folio 2 y fechada el 14 de
mayo de 1731 , hasta el folio 45 ' a fines de enero de 1734, la mayor
. parte
•
fueron firmadas por el Bachiller Matías de Agu~;,re, "cur~ de. esta d1c?a cmdad", pero otras se hicieron "de licentia_ yaroch1 ( con ~cenc1a del pa~roco)
y, por lo tanto, fueron rubricadas tamb1en por los bachilleres_ Juan Baez ~e
rr1.
·Bartolomé Molano, Buenaventura Méndez Tovar H1dalg-0,• Ignacio
nev1no,
, ¡
Martínez y Juan Sánchez de la Barrera Gallardo. Hay una que_ fumo so o
el mencionado Bachiller Báez de Treviño y tres que aparecen ~bncad~s na~~
más por el Bachiller Molano, "theniente de cura de esta ~a ( d1ch~) crndad .
En seguida, en el mismo folio 45, aparece una nota:. Hoy,
Y un~
de enero, tomé posesión del curato. Año de 1734. Bachiller Trevino . D~ ah1
en adelante, hasta el fin, la mayor parte de las partidas se encuentran fuma•
das por el Bachiller Báez de Trcviño, aun~ue algun~s también. fueron si?nadas por otros eclesiásticos: los citados bachilleres Matias de Agurrre, Ignacio

t~~~:ª

414

Martínez, Juan Sánchez de la Barrera Gallardo y el licenciado Tomás Freire
de Somorrostro.
Al final de este libro 6 de bautismos aparece la siguiente nota:
"En trece ( debe ser tres) de noviembre (de 1739) dio fin este libro y
·se pasaron a un cuaderno las partidas que se ofrecerán en adelante de esta
naturale2a ... Visitado este libro de bautismos en esta vísita general en 24 de
-diciembre de 1741 ".

PARTIDAS DE BAUTISMO INTERESANTES

Tres hijas del cirujano francés Pedro de Fee y su esposa doña María Gertrudis Rodríguez de Montemayor, nuevoleonesa, aparecen registradas en este
libro. (Folios 7 vuelta, 44 vuelta y 79 vuelta).

En el folio 24 se encuentra registrado el bautizo de una hija del iJustre
nuevoleonés Capitán Clemente de la Garza Falcón y doña Manuela Guerra,
de quienes tratamos en el número anterior de Humanitas.
En los folios 31, 71 y 108 aparecen tres hijas de otro distinguido nuevoleonés, el General Juan García de Pruneda y de su esposa doña María Gertrudis
García. Don Juan fue Gobernador de la Provincia de Coahuila de diciembre
de 1739 hasta agosto de 1744.
En el folio 40 se halla el bautizo (13 de octubre de 1733) de doña María
Francisca de Larralde, insigne benefactora de la Catedral de Monterrey, hija
legítima del General Francisco Ignacio de Larralde y de doña Josefa Francisca
Cantú del Río y la Cerda. Fue esposa del General Antonio de Urresti y el
Capitán Andrés de Goicoechea. Murió el 25 de noviembre de 1769.
Dos hijos de don Joaquín de Morales y doña Francisca Ruiz de Ocón fueron bautizados con los nombres de Josefa Francisca y Francisco Esteban, respectivamente, el 6 de abril de 1735 y el 27 de febrero de 1738 (folios 66 y
116). Don Joaquín fue el fundador de una de las familias nuevoleonesas que
llevan el apellido Morales, precisamente la que enlazó con la familia Mier,
como explicaré al hacer la reseña del libro 7 de bautismos. Este caballero
también aparece nombrado así: Joaquín Morales y Apezechea o Estanislao
Joaquín de Morales. 2
En el folio 72 está el bautizo ( 10 de agosto de 1735) de María lgnacía
Gertrudis, hija legítima del Escribano Real Juan José Sánchez de Roe! y An' Don Joaquín de Morales era Notario Episcopal en 1737 ¡ Procurador General del
Ayuntamiento de Monterrey en 1742, 1748, 1750 y 1751; Alcalde Mayor del Valle de
Santiago del Guajuco en el mismo año de 1750 y Ayudante de Ordenes de la Capitanfa
GenCl'aJ del Nuevo Reino de León a mediados del siglo XVIII.

415

�drade y doña Ana Francisca Sánchez de Robles, quien fue esposa del caballero
don Antonio Marcos de Cossío. Otra hija y un hijo del Escribano Sánchez
de Roe) de su espo a aparecen en lo folios 95 ...-uelta y 123.
En el folio 132 se encuentra registrado el bautizo de Juan Antonio Isidoro,
hijo legítimo del Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de León
don José Antonio Fernández de Jáuregui y rrutia y doña María Josefa
Gertrudis de Villanueva. El mismo Gobernador habia sido padrino en el
bautizo de un hijo del General Larraldc y u esposa doña Josefa Francisca
Caotú (folio 100).
En este libro 6 de bautismos aparecen lo primeros nucvolcon es que lle- •
varon los apellidos Larraldc y Roe!.
Por primera vez. aparecen los bautizos de al!ruilos vástagos del apellido Canales en los folios 10, 54- y l08 vuelta. ·¡o embargo, este apellido Canales
más antiguo y se avecindó muchos años antes en la Villa de San Gregario de
Cerralvo.
o aparecen anotados autos de visita epi copales ni olros documentos.

Por último, en el folio 129 vuelta la partida dcJ 23 de febrero de 1729 debe decir 1739.

y

ALGUNOS ERRORES

En c1 folio 15 vuelta hay una partida fechada erróneamente el 3 de marzo•
"de setesientos y beinte y dos a.s(ruios) ... ", pero debe srr 1732.
En el folio 16 la fe de bautismo del 13 de marzo "de rnill tessientos y
treynta un año " debía decir 1732.
En el folio 21 mella la~ tres partidas fechadas en julio de 1731 son también de 1732.

r

En los folios 35 vuelta y 42 lo bautismo fechados erróneamente el 22 de
junio de 1732 y el lo. de diciembre de 1731, respectivamente deben ser ambo de 1733.

Hay otras partidas que tienen la fecha equivocada:
En los folios 44 y vuelta Jas que están fechadas el (?) y el 24 de enero de
1733 son de 1734.

LIBRO

7 DE

BAUTISMOS: NOVIEMBRE DE 1739-JULIO DE

1744

Este libro empieza en el folio l y tennina en el 92 vuelta. Contiene cerca
de 800 partidas de bautismo sin numerar.
El lircve encabezado manuscrito, en eJ folio 1, se encuentra casi ilegible.
De vez en cuando, en alguna fe de bautismo, se dice que el bautismo se hizo
"en esta parrochia" o bien "en esta iglesia parroquial", pero generalmente no
se a~cntó en dónde e hicieron. Sólo dos o tres veces se aclaró que el bautizo
se efectuó "en esta iglesia parroquial de Monterrey..." Otros bautizos fueron
en los vall de Pesquería Grande y del Carrizal y, muchos más, en el valle
del Guajuco. Casi siempre se anotó al margen de la fe de bautismo el nombre
del bautizado y u raza o casta.
Desde el folio 1 hasta el 78 casi todos los bautismos aparecen firmados por
el Bachiller Juan Báez de Treviño, excepto algunos que rubricó también el
Bachiller Ignacio fartínez, por haberse hecho de licencia parocl,i. Otras partidas fueron firmadas por los bachilleres Matías de Aguirre y Bartolomé MoIano. Desde la primera fe de bautismo del año 1744, en el folio 78, hasta el
final del libro en el folio 92 vuelta, todas fueron firmadas por el Bachiller
Pedro Regalado Báez de Treviño, hermano del Bachiller Juan de los mismos
apellidos. 1 pie del último folio se halla esta nota: "Se empezó otro libro".
Muchas partidas se encuentran casi ilegibles, siendo muy difícil -aunque
no imposible--- su con ulta. Esto es debido, seguramente, al hecho de haberse
usado una tinta deficiente, quedando después el libro expuesto a la humedad
durante algún tiempo. Los dos últimos folios están parcialmente destruidos y
muy manchados.
En el folio 83 aparece el bautizo ( primero de marzo de 1744) de una niña
de apellido Páez. Es el primer párvulo nuevolconés de su apellido que se
encuentra registrado en los libros de bautismos de este archivo.

En los folio 67 vuelta y 73 los bautismo del U de mayo y lo. de septiembrede 1725 debían decir 1735.

En el folio 79 vuelta la fe de bautismo del 22 de enero de 1726 e~ de 1736.

PARTIDAS DE llA TISMOS rNTERESA TES

En el folio J05 la que aparece fechada el 24 de mayo de 1733 debe decir

1737.
En el folio 117 vuelta la que se encuentra fechada el lo. de abril de 1737
es de 1738.
416

En el folio 12 vu Ita aparece el bautizo (18 de septiembre de 1740) de una
hija legitimad I Gobernador Femández de Jáuregui y Urrutia y doña Gertrudis de Villanueva, a quien se impusieron los nombres de Maria Justa Josefa.
417
H27

�En el folio 26 vuelta se encuentra la fe de bautismo ( 29 de octubre de 1741 )
de una hija legítima del Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de
Le6n don Pedro de Barrio Junco y Espriella y de su esposa doña María Antonia de Sorola, a quien bautizaron con los nombres de Ana María Petra.
El 11 de marzo de 1742 fue bautizado Manuel Antonio, "de doce días",
hijo legítimo de don Joaquín de Morales y doña Francisca Ruiz, "vecinos de
esta ciudad ..." (Folio 40 vuelta). Don Manuel Antonio Morales y Ruiz era
Teniente de las Milicias de Dragones Provinciales de la Villa del Saltillo, en
la Provincia de Coahuila, a fines del siglo XVIII. Contrajo matrimonio do
veces y su hijo don Pedro José Morales cas6 en el año de 1~08 con doña
Dolores de Mier, sobrina carnal de Fray Servando Teresa de Mier, por haber
sido hija ltg1tima de don Froylán de Mier Noriega y doña María_ Te_resa Leal
de León.ª Don Manuel Antonio Morales recibió sepultura eclesiástica en la
Catedral de Monterrey el 6 de septiembre de 1799, pero antes "se conf só }'
recibió el santo óleo y no el viático por la prontitud del accidente.. ,"
El bautizo de Ramón Fulgencio, "de ocho días nacido', noveno hijo legítimo del General Francisco de Larralde y doña Josefa Francisca Cantú del
Río y la Cerda, efectuado el 23 de enero de 1744, se encuentra en el _folio
79 vuelta. Don Ramón de Larralde fue Procurador General del Ayuntamiento
de Monterrey en el año 1766.

AUTOS DE VISITA

El 20 de diciembre de 1741 llegó a esta ciudad, en su visita pastoral, Su
Señoría Ilustrísima el Señor Doctor Don Juan G6mez de Parada, Obispo de
Guadalajara. Dos días después consultó los registros parroquiales y, al revisar
este libro, dejó asentado en el auto de visita respectivo que "mandaba y _mandó que en lo de adelante se exprese la vecindad de los padres del bautizado.
y que en una partida no se inserten muchas, que éstas se pongan s~paradas.
Y que las fechas no se refieran a las antecedente_s. Y que . el bautJ.sm? que
hiciere otro que no sea el cura exprese de licentia parochi y la partida se
firme por el que hizo el bautismo y el cura. Y en lo demás se guarde la forma
hasta aquí practicada..." (Folio 29).
En seguida aparece un extenso "Auto General de Visita" del mismo ilt1~tre
prelado, que abarca los folios 29 al 37. En su visita a la iglesia parroquial,
hoy Catedral, se asent6 entre otras cosas que u Señoría Ilustrísima "visitó
• En la revist., Absid, (julio-s •ptiembr de 1959) apareció mi trabajo sobre el origen
del apellido Mier en ' uevo Le6n.

418

el altar mayor con sus colaterales, que halló competentes..." La estancia del
ilustre Obispo se prolongó varios días en esta ciudad y el 11 de enero de
1742 consagró seis campanas siendo dos de ellas de la parroquia de Monterrey, "que puso por nombre y dedicó" a Jesús María y San Miguel, y las restantes se enviaron a las iglesias de la villa de San Juan Bautista de Cadereyta,
del valle de San Mateo del Pil6n (hoy Montemorelos), del pueblo de Nuestra cñora de la Purificación y del real y minas de San Pedro de Boca de Leones (Villaldama). (Folio 35). En seguida aparece una valiosa noticia: "Y
por cuanto se halla Su Señoría Ilustrisima con buenos informe del maestro
de escuela don Martín de Arrambide, vecino de esta ciudad, y ser a prop6sito
para el ministerio, por tanto Su Señoría Ilustrísima Je nombra por tal maestro
de escuela, encargándole mucho )a buena educación de los niños de esta ciudad que ocurriesen a su escuela. Y manda al Vicario Juez Eclesiástico que
cada seis meses visite la escuela y procure que los niños estén bien educados
en las oraciones, doctrina cristiana, santo temor de Dios y buenas costumbres.
Y en caso de que haya algún bienhechor que deje alguna renta para ayuda de
mantener al maestro cuide mucho de su principal y que permanezca la obra
pía. Y asimismo procure con esfuerzo que los padres de aquellos niños que
tuviesen posibilidad contribuyan a dicho maestro con lo que fuere justo, como
es de razón, para su congrua sustentación". Por último, el ilustre Obispo Gómez de Parada ordenó el traslado de unos restos: "Y atento a haber sido ayuda de parroquia la iglesia de la Compañía, en tanto que se componía esta
parroquial (hoy Catedral), por cuya causa se enterraban y enterraron en ella
los cuerpos difuntos, para que no carezcan de los divinos sufragios, Su Señoría
Ilustrísima manda al dicho cura que haga trasladar a su iglesia parroquial los
huesos de dichos cuerpos difuntos".

LIBRO

8

DE

]h

11SMOS: AGOSTO DE 1744-FEBRERO DE 1751

Este libro se inicia en el folio l y termina en el 97. Contiene casi 950 partidas de bautismo sin numerar.
Los folios, en general, están numerados, e.xcepto los cuatro últimos.
Al principio, en un folio sin número, aparece la siguiente carátula manuscrita: "Año de 1744. Libro en que se asientan los bautizados, perteneciente a
esta Parroquia de la Ciudad de uestra Señora de Monterrey, cabecera del
Nuevo Reino de Le6n, que e tá a cargo del Bachiller don Juan Báez de
Treviño, Cura en encomienda de dicha ciudad, Notario del Santo Oficio,
Comisario de la Santa Cruzada) Vicario Juez Eclesiástico en ella y otros agregados. Comienza el día dos de agosto del arriba dicho año. Gobernando este

419

�Obispado de Guadalajara el Ilustrísimo Señor Doctor Don Juan Gómez de
Parada, mi señor".
Las partidas están finnadas, desde el folio 1 hasta e} 7, por el Bachiller Juan
Báez de Treviño. De ahí en adelante fueron rubricadas por su hermano el
Bachiller Pedro Regalado Báez de Trevifio hasta el folio 28 vuelta. Después
continuaron firmándolas, alternativamente, los mencionados bachilleres hasta
el folio 64 vuelta En seguida, aparece en las partidas el autógrafo del bachiller
Agustín de Acosta hasta el final del libro, excepto en siete bautizos que firmó
el bachiller Bartolomé Molano en los folios 78 vuelta y 79. La última vez que
rubricó una fe de bautismo el Bachiller Juan Báez de Treviño fueJ a fines de
noviembre de 1750.
Este libro 8 de bautismos se encuentra en magnífico estado de conservación.
Hasta el folio 65 todas las partidas llevan anotados al margen el nombre del
bautizado y su iaza o casta. Después solamente tienen estos datos los siete
bautizos que firmó el Bachiller Molano.
Desde esta época los apellidos compuestos García de Pruneda y Sánchez de
Roe! se empiezan a mencionar como se conocen actualmente: Pruneda y Roe!.

AUTO DE VISITA y EDICTOS

Auto de visita del doctor don Matías López Prieto, Visitador General del
Obispado, con fecha del 28 de noviembre de 1745, en los folios 26 al 27
vuelta. Después de consultar las partidas de bautismo de este libro, quedó
asentado que "se hallaron estar en debida forma... " En la iglesia, parroquial,
hoy Catedral, el doctor López Prieto visitó el Sagrario, "que halló en competente forma", el altar mayor y los demás de dicha iglesia con sus colaterales,
"que halló decentes ...", y, por último, el bautisterio.
Edicto del doctor Ginés Gómez de Parada, Vicario General del Obispado,
expedido en la ciudad de Guadalajara el 24 de marzo de 1746. (Folios 40
a 42).
Edicto del Obispo Gómez de Parada, decretado en el Palacio Episcopal de
la misma ciudad el 19 de enero de 1746. (Folios 42, 42 vuelta y 43).
Edicto del mismo ilustre Obispo, dado el 7 de abril de 1750. (Folios 90
a 91 vuelta).

ALGUNAS PARTIDAS NOTABLES

En este libro aparecen registrados los bautizos de varios hijos e hijas de las
prolíficas familias regiomontanas de mediados del siglo XVIII. Sólo citaremos tres:
La fe de bautismo (13 de noviembre de 1746) de doña Juana Josefa de
Berridi, hija legítima de don Juan Ignacio de Berridi y doña Juana Josefa
Muñoz de Herrera, se encuentra en el folio 44 vuelta. Esta dama fue esposa
de don Andrés de Ayarzagoitia, originario de la Villa de Durango en el Señorío de Vizcaya y fundador de su apellido en Nuevo León.
En los folios 70 vuelta y 71 se asentó la partida de bautismo (20 de marzo
de 1749) de doña María Josefa Florentina de Larralde, hija legítima del General Francisco Ignacio de Larralde y doña Josefa Francisca Cantú del Río
y la Cerda. Doña María Josefa de Larralde fue esposa de don Ignacio Ussel
y Guimbarda, Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de León desde
1764 hasta 1772. Y a viuda, contrajo segundo matrimonio con don Cosme Damián de Arrese. Murió a fines de abril de 1780 ..
Otro vástago de don Juan Ignacio de Berridi y doña Juana Josefa Muñoz
de Herrera, fue bautizado el 26 de junio de 1750 con los nombres de Antonio
Silverio, (folio 89). Este caballero actuó como Alcalde Provincial de la Santa
Hermandad en el Nuevo Reino de León de 1776 a 1780.
420
421

�EL LIC. DON RAFAEL Pt:REZ-MALDONADO

Primer Mitiistro de Hacienda que hubo en México
Por

CARLOS PÉREZ-MALDONADO

EL SR. Lic. DON RAFAEL PÉREZ-MALOONAOO, Primer Ministro de Hacienda
que hubo en México independiente, nació el día 10 de febrero de 1761 en
San Pedro de Teocaltiche, Jalisco. Su partida de bautismo dice a la letra: "En
dicho día, mes y año ( corresponde al 19 de febrero de 1761), bauticé solemnemente y puse los Santos óleos a José RAFAEL Antonio, hijo legítimo de don
Joaquín Pérez-Maldonado y de doña Jacinta Lozano, españoles de este pueblo. Padrino don Miguel Domínguez, a quien advertí su obligación y parentesco y lo firmé. Joaquín Argüelles de la Esprieta. (Rúbrica)". (Esta partida
está asentada en el Libro No. 16, folio 94, Acta la., correspondiente al año
de 1761. Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en la citada población
de San Pedro de Teocaltiche, Jalisco) .
Nuestro biografiado aprendió las primeras letras en su pueblo natal, pasando
posteriormente a la capital del Virreinato en donde continuó sus estudios en
los colegios de San Pedro y San Pablo, y San Ildefonso de México. Cursó' la
carrera de leyes hasta graduarse de abogado el 19 de junio de 1793.
En el Archivo de la Universidad Pontificia de México, que actualmente se
encuentra en el Archivo General de la Nación, puede verse en el "Libro de
Grados de Doctores y Licenciados'\ Tomo 276, folio 94 vuelta, la siguiente
partida:

" Dr. José RAFAEL PÉREz-MALooNADO LozANo. Abogado de la R eal
Audiencia, Matriculado en m I lustre y R eal Colegio de Abogados. R ecibió el grado de Licenciado en Le,,es, de manos del Sr. Canónigo Juan
Francisco Campos, en 19 de Junio de 1793. L eyó la noche de su examen
una hora de ampolleta, (reloj de arena), de la Ley 35 Quod sepe de
contrahenda empt., hasta probar la conclusión de la L ey 11: Scrupulu423

�sam veterum inquisitionen, codic. lib. 8, t. 38 de contrahcnda et conmitend stipulatione. Arguyeron los Doctores Don Agustín Fernández, Don
José Tirado y Don Antonio Lavarrieta. Asistieron 33. Salió aprobado
nemine discrepante (sin discrepancia alguna). Presidió el acto el Sr.
Decano Dr. don José Vicente Sánchez".
Los primeros puestos oficiales que desempeñó el Sr. Lic. Pérez-Maldonado
fuero!'} los de Agente Fiscal de Real Hacienda, Asesor y Juez Interino del
Real Tribunal de la Acordada, y Abogado de la Real Audiencia durante el
gobierno virreinal, siendo honrado posteriormente con el título de "Individuo
del Ilustre Colegio de Letrados".
Llegamos ahora a la época de la consumación de nuestra independencia.
Puede decirse que don Lorenzo de Zavala y don Lucas Alamán fueron de los
primeros historiadores que escribieron sobre este periodo tan importante de
nuestra historia. Ambos, y con mayor saña Zavala, fueron enemigos políticos
de lturbide. Por su parte, los padres de don Lucas, en unión de otras familias
de Guanajuato, entablaron un juicio contra don Agustín cuando éste era Jefe
del Ejército del Norte, habiendo sido el fallo completamente favorable para
el Caudillo.
Con estos antecedentes es fácil suponer que las versiones de ambos historiadores no deben de haberse escrito con toda la imparcia1idad ni estrictamente apegadas a la realidad histórica, al ocuparse de un período de tanta
importancia como lo fue el del gobierno del Libertador.
El Sr. Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, antepasado del que esto escribe,
fue uno de los más adictos colaboradores del héroe de Iguala y, en consecuencia, no escapó de las criticas enderezadas contra todos los componentes
del nuevo régimen en general.
Con objeto de poner en claro las cosas, nos dimos a la tarea de investigar
la trayectoria, así como la actuación del Primer Ministro de Hacienda que
hubo en México, con resultados completamente favorables para don Rafael,
como podrá verse en seguida.
El Libertador don Agustín de Iturbide, a quien debemos la consumación
de nuestra independencia, entró triunfalmente a la ciudad de México, al frente
de su glorioso Ejército Trigarante, el día 27 de septiembre de 1821.
Uno de los primeros actos del nuevo régimen fue la creación de la Regencia
(Poder Ejecutivo) y de la junta Provisional Gubernativa (Poder Legislativo),
quienes a su vez instituyeron las Secretarias de Hacienda, de Guerra y Marina,
de Relaciones Interiores y Exteriores, y la de Justicia y Negocios Eclesiásticos.
Al Sr. Lic. don Rafael Pérez-Maldonado se le distinguió con el honroso car-

424

"1 821" '
Co n.sumada fo fo dt pe11dencia poi Don Ag11sti11 de / Jut bide. el Lir. Do11
Ra fael Pére:-M aldonado /11e nombrado Primt• M inulro de Hacienda.

�go de Ministro de Hacienda, y, por lo tanto, fue el primero a quien tocó la
ardua tarea de organizar tal dependencia.
La Regencia estaba formada de don Agustín de Iturbide como Presidente,
don Juan O'Donojú, don Manuel de la Bárcena, don José Isidro Yáñez, don
Manuel Velázquez de León y el Illmo. Sr. don Antonio J. M. Pérez.
En cuanto a los componentes de la Junta Provisional Gubernativa, nos dice
el historiador Alamán que "los individuos designados fueron en número de
38 de los más notables de la ciudad po:- su nacimiento, fama de instrucción y
empleos que ocupaban ... como el Canónigo Monteagudo y el Lic. Espinosa;
el Obispo de Puebla, el Arcediano de Valladol1d Bárcena: los oidores Rus y
Martínez Mancilla, varios abogados distingujdos como Azcárate, Guzmán y
Jáuregui; el Brigadier Sota Rlva, los coroneles Bustamante y Horbegoso; don
José María Fagoaga, y Alcocer de la Diputación Provincial, Tagle y otras
personas".
Estos ilustres personajes fueron quienes designaron a los primeros Ministros y, por lo mismo, no deben de haber estado tan desacertados tales nombramientos como los califican algunos historiadores (inclusive A1amán), ya
que provenían de aquel grupo de notables.
Hacemos esta aclaración porque se impone para contrarrestar las apreciaciones falsas y calumniosas que hizo de los señores Primeros Ministros don
Lorenzo de Zavala y en su Ensayo Histórico de las Revoluciones de México y
que a la letra dicen: "El Generalísimo creó un Ministerio compuesto de las
personas menos a propósito para conducirlos ni menos para sostenerlo. Don
José (sic) Pérez-Maldonado, anciano octogenario, sin otro género de conocimientos que el de oficina subalterna en el ramo de alcabalas, era Ministro de
Hacienda: don Antonio Medina, marino honrado y con algunos conocimientos de este ramo, fue nombrado Secretario de Guerra; en Justicia estaba don
José Domínguez, uno de aquellos hombres cuyo mérito era plegarse a todas
las circunstancias. En el Ministerio de Relaciones Interiores y Exteriores se
colocó a un eclesiástico de quien es necesario hablar con más extensión: don
José Manuel He1Tera ... es un hombre de quien no se puede hacer una descripción positiva; es necesario para darle a conocer sin que se ofenda a la verdad, definirlo negativamente por decirlo así; no tiene conocimientos de ningún género, no tiene actividad para ninguna empresa, ni capacidad para
decisiones atrevidas, ni mucho menos para resoluciones que puedan tener grandes resultados ... Este era el Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores".
Como podrán ver nuestros lectores por esta descripción de Zavala, según
él ninguno de los señores ministros era capaz. Mayor falsedad no pudo haberse escrito y claramente se ve que obraba en su ser la envidia y el rencor
por causas que veremos más adelante. Además hay que hacer notar que al

425

�referirse a don Rafael, lo llama José, lo que nos viene a probar que ni siquiera
lo conoció, y tan errado andaba don Lorenzo, que lo califica de "anciano
octogenario" cuando don Rafael, al hacerse cargo del Ministerio de Hacienda,
no tenía más que sesenta años de edad, pues como hemos visto por su partida
de bautismo incluída a principios de estos apuntes, nació en febrero de 1761.
Con tan burdas falsedades y completo desconocimiento de nuestro personaje,
¿cómo es posible que el historiador de marras se haya atrevido a juzgarlo?
Además, Zavala publicó su Ensayo Híst6rico en París, diez años después de
estos sucesos, o sea en 1831.
Como hemos dicho, don Lorenzo de Zavala fue, por desgracia, uno de los
que primero escribieron algo sobre el régimen de lturbide, y digo por desgracia porque es regla muy generalizada entre los historiadores, transcribir o
al menos referirse a las obras escritas con anterioridad sobre los mismos asuntos, en vez de investigar y respaldar sus afirmaciones con documentos históricos auténticos y fehacientes.
Así tenemos el caso de los Primeros Ministros tratados en forma similar en
la Historia de México de Alamán, quien confiesa en su misma obra que ese
punto lo trata haciendo uso y siguiendo a Zavala en su Ensayo Hist6rico, debido a que al escribir este autor lo que vio "Jo hace con agudeza, aunque no
sin graves equivocaciones".
¿ Cómo es posible que un historiador de la talla de Alamán haya escrito lo
que aconteció en uno de los períodos más importantes de nuestra historia, sin
pruebas fehacientes y atenido solamente a un texto que él mismo califica que
adolece de graves equivocaciones? Es esto algo inconcebible.
Pero veamos ahora lo que él nos dice en su Historia de' México: "La provisión de estos empleos (los Ministerios) fue muy poco acertada..." Sin embargo, reconocía que en aquellos tiempos "tampoco podía serlo mucho por la
escasez de sujetos idóneos para desempeñar tales puestos" y, al referirse al
Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, copia lo dicho por Zavala: que era un
"anciano octogenario; que había sido Agente Fiscal de Real Hacienda y
como tal tenía bastantes conocimientos en la parte judicial del ramo, pero
ningunos en la administrativa".
Otro historiador, don Francisco Banegas Galván, Obispo de Querétaro,
en el Libro II de su Historia de México, publicado en 1923, dice: "nombramientos desacertados como los califican Zavala y Alamán" (él no da su opinión) y, al referirse a don Rafael comenta que era "muy laborioso y de mucha
honradez", Jo que ya eran muy altos méritos para aquel puesto de tanta
responsabilidad.
Por último, en México a T-raués de los Siglos leemos: "Ya desde el día 4

426

�del mi5mo mes de Octubre, para regularizar la mafC'ha administrath·a, la
Regencia había nombrado cuatro Secretarios del Despacho, designánd~ para
que lo fueran, a cuatro personas de buena reputación: quizá no bastante idóneas para desempeñar tan importantes puestos ( nótese que esto lo toman de
Atamán). pero que en aquellas circunstancias era de lo mejor que podía
encontrarse". Después transcriben lo que ZavaJa dijo y que ya comentamos.
Y para terminar viene este comentario: "A ser ciertas las apreciaciones de Zavala sobre las cualidades que a estos personajes atribuye, resultaría que todos
habían sido ineptos y alguno de eUos hasta pernicioso (como Herrera) : pero
en esto, se3 cual fuere la verdad, lo que no admite duda es que en aqudla
época todos carecían de experiencia y práctica en asuntos de política y administración, que habrían de ser suplidas con el talento y buena \·oluntad y,
por imperfecta que pareciese la máquina gubernamental, se le construía di'!
mejor modo posiole para regularizar la marcha de los negocios".
Ahora bien, por lo que respecta a la 'actuación y capacidad del Sr. Lic. don
Rafael Pércz-Maldonado, vamos a tratar de probar, en primer lugar, que no
era una tarea fácil arreglar la muy grave situación en que se encontraban las
finan7,as de la nue\·a nación, )' que fue victima indirc&lt;"ta de los ataques y
maquinaciones que los enemigos políticos del Libertador tramaban contra su
régimr.n.
Como lo han relatado todos los historiadores, la principal dificultad con
que tenía que luchar el nuevo gobierno, era la faltn de re&lt;'ursos necesario, para
cubrir las atenciones del senicio público. fata crítica situación económica se
debió, según unos, a que lturbide. con la intención de popularizarse y atraerse
partidarios, había disminuido los impuestos y aumentado los gastos. Como
consecuencia de tal medida, se afirma que los ingresos que afios antes ascendían a seis o siete millones de pesos, en el año de 1822 llegaron solamente a
$ 1.348, 170.00, cuando por otro lado los gastos subieron a $ 4.213,492.00
resultando terrible déficit.
Muy abundantes datos que ponen de manifiesto lo anterior en forma predsa. podrán verse en la "~{emoria que el ~linistro de Hacienda ( don Rafael
Pércz-Maldonado) prc~entó al Soberano Congreso sobre el c~tado del Erario".
A ~te inte~tc documento le dio lectura el mismo don Rafael en la Cámara
de Diputados, en la sesión ronespondientr. al día 28 de febrero de 1822, y
posteriormente se publicó "en la Oficina de Don Alejandro Valdés, Impresor •
de Cámara del Imperio. México 1822".
Allí queda demostrado. con multitud de datos fidedignos )' cifras debidamente ("Omprobadas, el triste estado de un erario C."thausto.
Ante situación económica tan desastrosa, es fácil comprender que, por más
csfuer7.os que hiciera el Ministro de Hadenda, no em posible que hiciese
427

�milagros, ya que era imposible., prácticamente, sacar a flote aquel estado de
cosas, lo que tampoco hubiera podido hacer el más hábil y eficiente financiero.
Otra prueba en abono de don Rafael es el hecho de que estaba prácticamente maniatado, puesto que el Congreso no e&gt;,.-pedía la reglamentación del
ramo de hacienda. De esto se queja amargamente Iturbide en sus poco conocidas Memorias diciendo: "No quiero ser creído por mi palabra. Examínese
lo que hizo el Congreso en ocho meses que corrieron desde su instalación
hasta su reforma... En el pá1S más rico del mundo, el erario estaba e,tliausto,
no había con qué pagar al ejército ni 31 los empleados: no había de hacienda
ni aún sistema establecido, pues el que regía en tiempos del gobierno español
se había abolido sin sustituírle otro: El Congreso no quiso ocuparse de negocio tan importante a pesar de las reclamaciones repetidas y urgentes que
hice de palabra y por medio de los Secretarios dé Estado".
Claramente se ve en todo esto, lo injustificado de las críticas enderezadas
contra el Ministro de Hacienda, cuando el mal venía de más arriba, correspondiendo a ellos la censura, como lo dice el mismo Iturbide.
Y a mayor abundamiento de datos en abono de la personalidad de nuestro
biografiado, hay que ver lo que dice el Diccionario de Geografía, !f~st01~a Y
Biografía Mexicana y las Noticias Bio-Bibliográficas de Alumnos Distinguidos
del Colegio de San Pedro, San Pablo y San lldefonso de México en cuyas
obras podrá verse que el Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, antes de ser nombrado Ministro de Hacienda, desempeñó, entre otros cargos, los de Agente
Fiscal de Real Hacienda; Asesor, y Juez Interino del Real Tribunal de la
Acordad~; Abogado de la Real Audiencia durante el gobierno virreinal, e
Individuo del Ilustre Colegio de Letrados, cargos y distinciones como esta última, que no cualquier imprepa.rado o de medianos alcances hubiera desempeñado o recibido en aquellos tiempos.
Además, se vio obligado a dejar el Ministerio de Hacienda cuando resultó
electo Consejero de Estado del Gobierno Imperial, cuyo cuerpo quedó integrado por personalidades de las más destacadas de la capital.
Ya hemos dicho al principio que no pudo haber habido estricto apego a la
verdad en todo lo que don Lucas Alamán escribió sobre el régimen itw-bidista,
puesto que existía el caso de que su f aroilia, después de haber llevado las
más cordiales relaciones con la de don Agustín, confiesa el historiador que
aquéllas "se entibiaron". El caso o motivo de este entibi.amiento fue la famosa
acusación que en contra del libertador presentaron, entre otras casas de Guanajuato, las de Casa Rul y Alamán, sobre algunas medidas violentas y excesos
de severidad que le achacaban a Iturbide cuando éste tenía el mando del
Ejército del Norte, pero quedó plenamente comprobado que en todas las acu-

saciones hubo mucha exageración y calumnias y, una vez terminado el proceso por el Auditor de Guerra Batallerl don Agustín fue absuelto completamente, dec~arándosc que "no había méritos para su comparecencia y que estaba expedito para volver al mando del Ejército del Norte", lo cual debe de
haber causado no poco disgusto a sus acusadores. En relación a este mismo
~sunto,
de hacer notar que don Lucas advierte que "él no tenía ninguna
mgerenc1a en los asuntos de su padre, puesto que en ese tiempo se encontraba
en Europa". Así pretende hacerse aparecer ecuánime al juzgar a Iturbide y
a sus colaboradores.

:8

Ahora bien, por lo que respecta a Zavala y a las falsedades asentadas en su
obra ya citada, veamos lo que nos dice el historiador don Carlos María de
Bustamante en su Suplemento a Los Tres Siglos de México del Padre Andrés
Cavo: "Creo de mi deber... deshacer algunas equivocaciones palmarias en
que ha incurrido un don Lorenzo de ZavaJa, a quien le vino la humorada de
escribir y publicar un Ensayo Histórico de las Revoluciones de México, desde
1808 hasta 1830, ignorando hasta los nombres de los primeros personajes de
ella. Habria excusado esta crítica si este buen señor no hubiese querido dar a
su obra el carácter de magistral y clásica, sembrando sentencias graveclosas a
lo Tácito y presentándonos caricaturas desagradables de sujetos que saltaron
a la arena cuando él estaba quietecito en su casa y fonnulando criticas muy
cáusticas de varones inmaculados y que forman la gloria de la nación. Con
esta advertencia, sus lectores le darán la correspondiente carta de resguardo y
no lo creerán a ciegas".
Además, en su Diario Histórico el mismo historiador Bustamante asienta que
en enero de 1823 la actitud del mismo Zavala en el Congreso se le miró como
un acto de contrición, o un "pequé" de su extraviada conducta cuando se
empeñó en adular al Emperador Iturbide, "aunque no falta quien lo atribuya
a que Zavala se prometía que se le confiara la plenipotencia de Francia, que
se la burla.ron".
No cabe duda que con estos antecedentes, y el no haberle concedido Iturbide el ansiado nombramiento de Ministro Plenipotenciario de México en Francia, fueron la causa principal I de su odio y rencor contra el Libertador, y a tal
grado se desató en injustos ataques en contra de Iturbide y sus colaboradores,
que él mismo previó su fracaso por la falsedad de sus aserciones, Y' hacía grandes esfuerzos para que lo tomaran en serio., según podrá verse en su Prevención al Segundo Tomo de su Ensayo mencionado. Allí nos dice que "los enemigos de las reformas nacionales, los interesados en la subsistencia de los
abusos y en que la República entera permanezca estacionaria... se levantarán
con furor contra mi obra aprovechándose del candor nacional, y pretendiendo

429
428

•

�•

abusar de la ignorancia del pueblo, llamarán al honor mexicano en de[ensa
de su causa. ..", y tcnnina: "Ved, dirán a los ignorante , cómo este mexicano
desnaturalizado ataca la religi6n, ridiculiza nuestras costumbres, desacredita
a los hombres m:ís eminentes y os presenta ante las nacion civilizadas como
hombres incultos y sin virtudes. Condenad al anatema, al libro y autor''.
Y no estaba don Lorenzo muy errado al auto-nombrarse "mexicano desnaturali7ado", ya que termin6 su carrera política en la siguient forma, según
reza parte de u biograHa: "Durante la revolución separatista de Tcxa , Za\·ala, no obstante er m icano, se ali6 a los colonos tc.xanos y cooperó con
mucha eficacia a procurar la independencia de Texas. Fue electo Diputado
por HarrisbUIY perdiendo su nacionalidad, habiendo sido ademá , delegado
a la convención que en\ ashington proclamó la independencia de Te.xas que
costó tantos sacrificios y tanta sangre a México, y cuya esci ión fue el pretexto .
de que se valió la república \'ecina para hollar nuestro sucio y arrebatamos

f_ucron concedidos~• por lo tanto, llegamos a Ja conclusión de que su persona~1dad queda muy b1 n colocada en el destacado lugar que real y justamente le
corresponde .
El ·r. Lic. don Rafael Pércz-Maldonado falleció en la ciudad de Tol
Estado de . . féxico, el 26 de diciembre de 1830, a la edad de 69 años.
uca,
Ciudad de

uestra

eñora de Monterrey, 1963.

inmensa porción de nuestro territorio".
i el autor de todo esto fue uno de los que censuraron al régimen y colaboradores de lturbide, ¿ cómo es posible dar crédito a sus apreciaciones tan
llenas de falsedad s?
·o es difícil que Zavala se haya dejado influir por aquellos libelos que tan
injustamente se publicaron en contra de Iturbide, y sobre los cuales dice é t
en sus ya citadas .Memorias: "Tengo por puerilidad perder el tiempo en refutar libelo que se escribieron contra mí; ellos stán concebidos del modo
más a propósito para desacreditar a sus autores: parecen inspirados por las
furias; \'f'n anza y sangre solamente respiran; y poseídos de pasiones tan bajas,
ni refl ionar pudieron en us contradicciones. ¡ Miserabl s, ellos me: honran!''
Para tenninar repetiremos solamente lo dicho con anterioridad: La mejor
justificación d la capacidad y personalidad de los primeros Ministros en general, fue la designación que de ellos lúcieron la Regencia y la Junta Provisional Gubernativa, cuyos cuerpos estaban fonnad.os por personas de la
más notables y culta.e; de aquella época y, como se a.ienta en México a Través
de los Siglos, los citados Ministros eran personas de buena reputación y, en
aquellas circunstancias, era de lo mejor que podía encontrarse, aparte de que
ra muy natural que todos careciesen, por más inteligentes que fuesen, de
xperiencia y práctica en asuntos políticos y administrativo , que habrían d
uplirse con el talento y buena voluntad y, por imperfecta que parc.-ciese la
máquina gubernamental, se le constituía del mejor modo posibl .
Por último en relación con el Sr. Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, ya
hemos visto los !tos cargos de responsabilidad que desempeñó durante el
gobierno virreinal, así como su brillante examen de abogado y honores que le

431
430

�LOS "TOCHOS" DE JALISCO

SEMÁNTICA D.E UN VOCABLO

Por JosÉ

R.AM.ÍR.Ez FLORES

Guadalajara, J alisco.
MucHAS soN LAS NOML.'UCIONES dadas por nuestros historiadores a los grupos de población que, a raíz de la conquista, se encontraban establecidos en
la parte occidental del Anáhuac, porción llamada más tarde Nueva Galicia, y
entre ellas se encuentra la de tochos, recibida por determinadas tribus incligenas que se supusieron, con relación a las demás, con düerendas raciales y
lingüísticas.

La Crónica Miscelánea de la provincia franciscana de Santiago de Xalisco,
escrita por Fray Antonio Tel10, y terminada ( 1652), poco antes de su muerte,
es considerada con justa razón, la primera fuente de nuestra historia regional.
A ella debemos la noticia de la existencia de los tochos, habitantes en tiempos
remotos de una fracción del territorio de lo que hoy es Jalisco, noticia que
preocupó al Sr. D. Alberto Santoscoy, insigne historiador tapatío, determinándolo a emprender un minucioso estudio de la obra del cronista franciscano,
para esclarecer, hasta donde fuera posible, la importancia y localización del
grupo indígena así nombrado. Coordinadas sus referencias, bien pronto llegó
a su conclusión en esta forma:
"Al referir la tradición del cacique Pantécatl, se dice en la obra referida, cómo los emigrantes mexicanos fundaron la ciudad de Tuitlán,
y pretendiendo la falsa divinidad se posesionaron del territorio y pueblos
vecinos, decidieron 'habitarlos de los rústicos mexicanos que traían, los
cuales no hablaban la lengua mexicana tan culta 'Y limitada como ellos',
y explica como ese dios 'encargó a los rústicos y tochos mexicanos que
conquistasen todas las naciones circunvecinas'.
433
H28

�Sigue diciendo Teilo ( pág. 854), que comprendían 'los tochos o cazcanes, Tcocaltech, Noxtlan, Tlaltenango, Xuchipila, Tuix o Teul y Cuixpalan'; y en la pág. 93 asegura que 'son los pueblos cazcanes una gente
que habla la lengua mexicana y se precian de descender de los mexicanos'."

Localizando e identificando a los tochos, concluye así el Sr. Santoscoy:
"Por último, a mayor abundancia referiré que antes de haber aclarado
ese punto, ,mtresacando yo de los libros de visita que hizo el Obispo
Colmenero, en los años de 1648 y 1649, los datos concernientes a las
lenguas que hablaban los indígenas en los diversos pueblos del Estado,
datos que se escribían con toda puntualidad, no hallé se usara el Caxcán,
sino en las poblaciones de Axixic, San Juan y San Antonio, inmediatas
al lago de Chapala, es decir, muy distantes de la comarca que Pl cronista llama la Caxcana; y en cambio en toda ésta, los pueblos de Mezquitic, Colotlán, Sta. María, Huejúcar, San Diego, Tlaltenango, Susticacán,
San Miguel, Mectabasco, Talpa, Atotonilco, Apotzol, Juchipila, Cuxpala,
Moyagua, Teul (San Juan del), San Miguel (otro), San Lucas, San
Pedro Magdalena, Y.euchitlán (jurisdicci6n de Tlaltenango), Tocatic,
Teocaltiche, Momax, Momotla, Otatitlán, Tepizcac, To'}•agua, Apulco,
Trryuca y Nochistlán, así como en Ameca, Ahualulco, Teutlán, Atemanica y Santa Ana (feligresía de Atemaxac), se hablaba de la lengua
tocha por cierto no clasificada por el Sr. Orozco y Berra, aunque diversas veces aludi6 a los indígenas de esa denominaci6n. Pero '.)'a que
me hube fijado bien en los pasajes de la citada Crónica, transcritos antes,
me expliqué al J1unto que no existía distinción alguna entre los tochos
y los caxcanes.
"En consecuencia -digo ahora ratificando la opini6n que expuse en
el referido pr6logo-, la lengua Ca:tcana que supuso el Sr. Orozco y
Berra que se había perdido, no era más que el mexicano hablado rústicamente, el Mexicand Tocho, pudiéramos llamarle, puesto que esta última
voz suena tanto como rústico, según se ha visto"?

Queden en buena hora identificados tochos rústicos y caxcanes, como concluye el estudioso escritor tapatío; nosotros, sinceros admiradores de su labor
inquisitiva, lamentamos que haya escapado a su erudición, Ja observación fon ALBERTO SANTOSCOY. Cartas al Dr. Nicolás León. Los Icliomas Indigenas en varios de los pueblos del antiguo Obispado de Guadalajara. En Anales del Museo Nacional.
Tomo VII. México. 1903.

damental de pertenecer e] vocablo tocho al idioma español como se ve claramente por el sentido en que lo toma el mencionado P. Tello.
En 1941, en notas insertas en Prisma, gaceta literaria de esta ciudad, así lo
habíamos apuntado. El P. Tel10, nacido según todas las probabilidades en
España, poseía con perfección el idioma patrio, como lo demuestra en su preciosa Crónica, y en correcto español dio el calificativo de tochos, o los siguió
nombrando como eran llamados por anteriores conquistadores y colonos, que
tomaron en cuenta únicamente, el estado de cultura en que vivía ese pueblo
de indígenas.
La nominación es definitivamente espafiola, quedando descartada toda posibilidad que le pudiera señalar su origen en alguna de las lenguas indígenas
habladas en la comarca, puesto que la mexicana, reconocida por aquéllos
como lengua madre, en la voz tochtli, conejo, que pudiera servir de raíz al
vocablo está muy distante de relacionarla con la acepción precisa que ya
conocemos por el P. Tel10.
En nuestro Estado de Jalisco, con la significación de brusco, barbaján, etc.,
hemos oído aplicar la palabra a unos campesinos de los Altos; siendo una
constancia que es conservada por el pueblo, el hecho de catalogarla el Prof.
Ramos y Duarte en su Diccionario de Mexicanismos, de esta manera:
"Tocha. (Guanajuato} Adj. Desaseada, sucia. 'Pepa es una mujer muy
tocha'. En galleg-o se dice tocho a los toscos, feo, i tochu, en bable quiere decir
'grosero, rústico'."
Don Roque Barcia, en primer Diccionario General Etimológico de la Lengua Española -Madrid 1883-, anota:
"Tocho. Masculino. Provincial aragón. Palo redondo. Etimología. Origen
ignorado. Tocho, cha. Adjetivo. Inculto, tonto, necio, tosco. Etimología, I.
Aludiendo a que es grosero o rústico como un palo; catalán totxo".
Finalmente, el Diccionario de la Lengua Española, edición de la .Real Academia, Madrid, 1925, lo interpreta por tosco, inculto, tonto, necio y en igual
sentido es tomada la voz en la edición del Año de la Victoria.
El propio valor que se ha dado a la palabra, se observa en nuestros refranes
castellanos, que dicen:
"A asno lerdo, modorro arriero; o asno tocho, arriero tonto; o asno tonto,
arriero modorro".

En tiempos moderno, José Ma. de Pereda, el "genial prosista" como lo llama Menéndez y Pelayo, en el Cap. XV de El Sabor de la Tierruca escribe:
' 1Dale otro más. .. ¡ Mire usté que es tena, puño! -dijo Nisco ma-

1

434

chacándose con los suyos cerrados las caderas-. Y a usté ¿ qué le importa?, y por último, usté ¿qué sabe?

435

�¿Pues no he de saberlo?
¿No ves que soy bruja, tocho?''
Siglos antes nuestro Miguel de Cervantes Saavedra ( 1547-1616), en El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha, Parta Segunda, Capítulo V, hace referencia sugiriendo el significado que conocemos de la voz estudiada, que
él da como apellido a uno de sus personajes diciendo:
" ... Traed vos dineros, Sancho, y el casarla dexadlo a mi cargo, que ahí
está Lope Tocho el hijo de Juan Tocho, mozo rollizo y sano, y sé que no mira con mal ojo a la muchacha, y con éste que es nuestro igual estará bien
casada".
Reafirmando nuestra tesis, ya consumada la Conquista, Fr. Alonso de
Molina en su Vocabulario de la Lengua Mexicana (la primera edición data
de 1554), que es la fuente filológica de mayor altura en su materia, hace
una definitiva distinción entre las voces del castellano y del náhuatl cuando
escribe:
"Tompoxtli, tonto o tocho".
Pudiera argüirse que siendo la voz indígena pasó a España difundiéndose
con rapidez, argumento que queda destruido con la cita de otro literato español, quien en pleno siglo XV, y antes del descubrimiento de América, emplea la palabra con idéntico significado. Tal vez lo hizo don Gómez de Manrique (1412-1490), en la Exclamación o querella de la Gobernación, que satiriza a los torpes o tochos mandatarios en esta forma:

Los mejores valen menos
¡Mirad que gouernación
Ser gobemados los buenos
Por los que tales no son!
La fruta, ftrJr el sabor
Se conoce su natío
E por el gouernador
El gouernado navío.
Los cuerdos fuir deur!an
De do locos mandan más,
Que cuando los ciegos guían,
¡Guay de los que van detrás!
Por último, en plena edad media, en la formación del idioma español, la
emplea Gonzalo de Berceo (1198-1264?), cultivador del "mester de clerecía"
aunque grafiado tozo, como entonces se escribía el fonetismo de la ch, según
se ve en el tomo XX de la Colección de los mejores autores españoles". 2
Berceo, que escribe en el siglo XI, en la cuarteta 197 de Duelo que fito
la Virgen María, da tal calificativo a los sayones judíos cuando dice:

196. ¡ Resucitó Don Xpto; Dios tan grande alegría!
Dos soles, Deo gracias, nacieron essi día:
Resucitó Don Xpto, e la virgo María
Toda la amargu,-a tornó en alegría.

En un pueblo donde moro
Al nescio fazen alcallde;

197. Los gabes, e los tozos, de los malos truffanes
Que andaban rabiosos como famnientos canes,
Non valien sendos rabos de malos gavilanes,
Menos valien que cuchos los bocudos alanes.

Hierro precian más que oro,
La plata dánla de balde.
La paja guardan los tochos,
E dejan perder los panes,

El anotador de la obra, don Eugenio de Ochoa, en la palabra estudiada hace una llamada (p. 251), que copio textualmente:
"Tozo. Tocho, tonto, fátuo. Está la z puesta por la ch como en remazado
por remachado".

Cazan con los aguilochos,
Cómense los gauilanes.
Queman los nuevos olivos,
Guardan los espinos tuertos,
Condenan a muchos biuos,
Quieren saluar a los muertos.

4-36

•

Ni siquiera los apodados por los españoles tochos tuvieron una lengua particular, como antes se creía, sino que hablaban un mexicano muy estropeado,
1 Poeslas Castellanar anteriorl!s al Siglo XV, publicadas por don T. A. Sánchez, bajo
la direcci6n de don Eugenio de Ochoa, París, 1842.

437

�consecuencia de su rusticidad y evoluci6n. Así me lo hace ver la noticia suministrada por el Sr. Pbro. D. Eucario L6pe:z., qtúen me mostró el original
existente en el archivo del Arzobispado de Guadalajara, de la Descripción
de Tlaltenango, dirigida al Ilmo. Sr. Colmenero, obispo de la diócesis, por su
autor don Francisco de Salcedo y Herrera, Cura Beneficiado y Vicario de
dicha jurisdicción, escrito publicado a la fecha en México por la Editorial Porrúa. Está fechado el 16 de julio de 1650, y dice refiriéndose a la lengua de
los moradores de dicha comprensi6n:
"El idioma qt¿e los indios habla1¡ entre sí es tocho, que este es su nombre propio, el cual hablan comúnmente con sus ministros y vecinos en
general".
"Es mexicano tosco que entrometen con algunas palabras y vocablos castellanos''.

Estas citas, resultado casual de mis lecturas, pudieran tal vez multiplicarse, al hurgar cuidadosamente en las obras maestras de los autores antiguos.
Para finalizar, se ve patente el apodo de tochos, puesto por los españoles,
a algunos grupos indígenas del territorio del actual Estado de Jalisco, tomando en cuenta únicamente su estado cultural, sin indagar su origen etnológico
y lingüístico.

LA AMENAZA INTERVENCIONISTA DURANTE EL PRIMER
PERIODO CONSTITUCIONAL DEL GENERAL D1AZ *
Por JoRGE

FERNANDO lTURRIBARRÍA

Oaxaca, Oax.

Los PRIMEROS CUATRO AÑos de gobierno del general Díaz iban a estar erizados de problemas. Además de los internos --desórdenes, desempleo, miseria,
deudas acumuladas- el vencedor de Tecoac iba a tropezar con un fuerte obstáculo opuesto por los Estados Unidos: la negativa de su reconocimiento hecho inusitado, contrario a su tradición diplomática con nuestro pais. En ~fecto; nunca hasta entonces había condicionado reconocer a un gobierno de nuestro país o condicionar el reconocimiento, como en este caso, a determinadas
obligaciones, convenios o tratados.
Poco después de que el 26 de noviembre de 1876, el general Díaz se hizo
cargo del gobierno provisional comienza a asediarlo ese problema, cuya solución cubre en el tiempo treinta meses de los cuarenta y ocho en que va a
transcurrir el período constitucional inmediato.
En realidad, la cuestión del reconocimiento es un asunto de política interior norteamericana, más que internacional, sin que eso impida apreciar en
to?a su importancia el que durante el largo período de reticencias, aplazaIDJentos y demoras deliberadas, estuvieron moviéndose en los Estados Unidos
fuertes intereses intervencionistas, principalmente te.xanos, y que probablemente, si hubiera faltado energía y decisi6n en el jefe del Estado mexicano
para mantener una política digna, o la habilidad necesaria para sortear los
problemas marginales del reconocimiento, la corriente intervencionista hubiera ganado entonces una batalla más en México.
Cuando nuestro ministro de Relaciones, el licenciado Ignacio Vallarta, co• El presente artículo es una glosa de la parte relativa de la Historia moderna de
México. El Porfiriato. Vida polltica Exterior. Segunda Parte, de don DANlEL Cos.ío
VtLLEGAs (Editorial Hermes. México, 1963).

438

439

�munica a John W. Foster, jefe de la misión norteamericana en nuestro paísy
que cl vencedor de Tecoac se ha encargado del poder ejecutivo, Foster contesta la comunicación con un ostensiqle "no oficial" puesto en el pliego, lo
que no deja de causar extrañeza en nuestra cancillería. Sin embargo, el comisionado norteamericano envió a Washington la nota de V allarta para su
conocimiento y solución.
Reflejo de la preocupación de Díaz es la visita que nuestro canciller hace
a Foster para conocer el criterio del departamento de Estado americano. Con
ruda franqueza Fostcr le dice que el escollo principal para el reconocimiento
radica en la situación que ofrece la frontera Norte del país. Del lado mexicano se practica el contrabando y con frecuencia se organizan incursiones para robar ganado en Texas, el que más tarde es sacrificado en México. Por
otra parte, nuestro territorio -agrega Foster- sirve de albergue a criminales norteamericanos, que así evaden la acción de la justicia.
Visto el caso con serenidad y desde un punto de vista histórico, el asunto
fronterizo ofrecía una importancia relativa y debía considerarse un riesgo calculado por los Estados Unidos desde que se modificaron nuestras fronte.ras
en el 48. En el transcurso de 29 años el país vecino no había_ hecho cuesuón
internacional de un problema considerado como natural consecuencia del
cambio de limites.
En riaor el representante norteamericano había considerado al gobierno
de Díaz°co:.no de facto, porque afirmaba que así como éste pudo derribar a
don Sebastián estaba en peligro de ser abatido por otro movimiento análogo,
aunque por 1~ pronto hubiera desaparecido la amenaza de Le_rdo y la ~~1 Jicen ciado José María Iglesias, que se había proclamado presidente legitimo.
, .
Opina Foster en sus comunicaciones al departamento de Estado que el r:g1men emanado de Tuxtepec no duraría más de un año; no obstante, recomienda esperar ]a elección constitucional. Esta tiene lugar y, como era de esperarse, el general Díaz resulta electo. Toma posesión el 5 de _may~ de_ 18_7,7·
Conforme a las prácticas del derecho internacional es reconocrdo sm dilacion
por diversos países europeos y centro y sudamericanos; pero no por los ~stados Unidos. Entonces Vallarta subraya con dignidad que "cree el gobierno
de la República que es indecoroso solicitar como gracia un reconocimiento
que se le debe (a México) por justicia".
Vista la cuestión desde otro ángulo, no podía negarse la existencia de un
t
grande número de hechos delictuosos -robos, contrabandos, asesinatos,
an
incendios
y violación constante de la frontera- a lo largo dlb"
e ªJº Río Bravo desde Piedras Negras hasta Matamoros, en una franja entre los cien y los
'
.
doscientos kilómetros -hechos imputables a mexicanos y texanos- que resultaba imposible soslayar la necesidad de formalizar un convenio con repre440

sentantes de ambos países, que se elevara a la categoría de tratado, para corregir una situación irregular suscepnb de concluir alguna vez. No obstante el criterio norteamericano no se canalizaba hacia un arreglo internacional
'
posterior
al reconocimiento, sino que exigía el arreglo del problema fronteri20 por el gobierno mexicano, como condición previa al reconocimiento, lo
que hubiera resultado imposible aun disponiéndose de todo el término del período constitucional del general Díaz.
En esta fonna Washington llegaba a la cómoda y deliberada conclusión de
que, no habiendo cooperación de parte del gobierno mexicano, los Estados Unidos tendrían que arrostrar por sí solos la totalidad del problema, lo que se
resolvería a hacer, en todo caso, sin respetar los límites internacionales y teniendo que violar frecuentemente la soberanía nacional con incursiones "punitivas" de su ejército. Esta conclusión llevaba a sugerir que el único remedio
previsto por los Estados Unidos era provocar una guerra con México, y cuyo botín necesario tendría que ser precisamente la faja de territorio motivo
del problema.
Poco antes de la exaltación del general Díaz, el 4 de marzo de 1877 había
rendido la protesta como presidente de los Estados Unidos Mr. Rutherford
B. Hayes, a cuya dudosa elección se debió, según rumores, la actitud del país
vecino. Se recordaba que de los sesenta gobiernos que México había tenido
desde la Independencia hasta el régimen de Lerdo, jamás tuvo antes Washinton inconvenientes para negamos su reconocimiento. Se pensaba, pues, con
visos serios de veracidad, que esa actitud podría atribuirse, entre otros motivos, a la conveniencia de fijar la atención de los enemigos políticos del nuevo
presidente norteamericano sobre la existencia de un problema internacional
grave con Mé:Kico y que podría conducirlo hasta la intervención armada.
Consecuentemente, se comenzó a mover la propaganda en ese sentido. Al
recibir Hayes el gobierno, tanto el World, el Times y el Herald Tribune de
Nueva York, así como el Republican de Washington y el The Press de Filadelíia comenzaron a machacar sobre el tema de que México jamás lograría
afirmar su estabilidad política y econ6mica por sí mismo, y que para Jlegar a
conquistar esa situación le era necesario convertirse primero en un protectorado de los Estados Unidos.
Por aquel tiempo sustituye en el Departamento de Estado a su antecesor
Hamilton Fisch, William M. Evarts. Entonces se comienza a configurar la
idea sugerida por el teniente coronel W. R. Shafter, de que la única forma
&lt;le acabar con las "atrocidades" de la frontera era la persecución de los delincuentes en territorio mexicano y en sus propios nidos. El departamento
norteamericano hizo suya la opinión de Shafter y mandó a Foster que propa-

441

�lara en México una versi6n sobre la posibilidad de adoptar, de hecho, esa
opinión; aunque no dejando de advertir que "sería preferible, sin duda, contar con el consentimiento oficial de México para que las tropas norteamericanas entren en su territorio en persecución de los delincuente$".
Para combatir el tema monocorde de que México nada hacía en colaboración para resolver el problema fronterizo, el general Díaz mand6 reconocer
la frontera y nombró a Jerónimo Treviño jefe de las fuerzas federales de
vigilancia.
Como el licenciado Ignacio Mariscal -que había desempeñado el cargo
de ministro de México en los Estados Unidos durante la administración de
Lerder- venía actuando simplemente como consejero diplomático del presidente Díaz, éste nombró a José Maria Mata para que lo sustituyera. Bajo
malos auspicios comenzó Mata su gestión en Washington: recién llegados se
resucita un viejo informe del ministro de la Guerra (marzo-16-1877) sobre
el robo de doscientas cabezas de ganado en la frontera. Con este motivo, escogido para especular, vuelve a echársele en cara a México el desetúdo de sus
obligaciones, y Sherman, Secretario de Guerra de los Estados Unidos, recibe
órdenes (jun.-10-1877) de comunicar al Comandante del Ejército general
Ord, que "en caso de que esas incursiones continúen, se sienta en libertad,
usando de su propia discreción, de seguir más allá del Río Bravo, para aprehenderlos y castigar a los culpables, así como para recuperar la propiedad robada que se encuentre en manos de mexicanos al otrd lado de la frontera" ...
Sobre esta orden va a girar por mucho tiempo el problema fronterizo, como
se verá.
Mata, que iba instruido en el sentido de hacer presente al departamento de
Estado, con toda prudencia, pero con dignidad, que el reconocimiento no es
solicitado por el régimen mexicano como una gracia, sino un acto "exigido
por el derecho internacional y ejecutado por varios gobiernos europeos y
americanos", es recibido en Washington de manera informal, sin siquiera considerarle su carácter de agente diplomático. Consecuentemente, Mata prefiere retirarse.
Por aquellos días se produce una invasión de las fuerzas del coronel Shafter en Piedras Negras, en un incidente en el que estuvo varios minutos con la
pistola amartillada, frente al jefe político mexicano, que también estaba listo
a disparar su rifle. Además, otro íncidente local pudo haber provocado con
motivos suficientes, una ruptura entre México y los Estados Unidos y quizá
la intervención armada: trescientos hombres que comandaba el oficial yanqui ya mencionado y los vecinos armados de Piedras Negras se estuvieron vigilando listos para disparar en el momento necesario. Esta situación creada
por la invasión de Shafter obligó a México a presentar una reclamación a

442

Washington, por conducto de don Ignacio Mariscal, que había vuelto a la
capital norteamericana a encargarse provisionalmente de nuestra representación. Mariscal, en su nota a Evarts hace constar que, aparte de la violación flagrante de nuestro territorio, han sido insultadas las autoridades de Piedras Negras y amagadas por Shafter. Pero éste ya había informado oficialmente al departamento de Estado sobre el grave incidente, y Evarts remitió
el infonne a México con la versión norteamericana, en copia, para ser mostrado a nuestro canciller por conducto de Foster, y como Vallarta, después de
leerlo, lo rechaza porque no puede considerarlo como una justificación, Foster replica airado que su misión no es defender a Shafter, sino entregar simplemente el documento, con lo que tienden a agriarse las relaciones informales y muy perentorias entre los dos países.
Esta situación obliga al Gobierno de México a dirigirse al general Treviño
por conducto de don Pedro Ogazón, ministro de la Guerra, informándole de
las órdenes ya consabidas del primero de junio, extendidas al general Ord, y
cómo ya éste ha sido autorizado por su gobiemo para penetrar en nuestro
territorio "si lo considera necesario", lo que es incompatible con los tratados
vigentes entre ambos países. Se excita a Treviño para que redoble su vigilancia en la frontera, que trasmita a Ord las instrucciones que tiene y que le haga saber "que no pudiendo el gobierno nacional permitir que una fuerza extranjera entre al territorio de México, ni mucho menos que (lleve al cabo)
actos de jurisdicción, usted repelerá la fuerza con la fuerza en el caso de que
la invasión se verifique". Termina la comurúcación recomendándole obrar
con prudencia, pero con toda energía "repeliendo con la fuerza el insulto que
se quiere hacer a México invadiendo su territorio".
Como Foster está bien convencido de que el criterio resuelto del departamento de Estado es condicionar el reconocimiento a la posibilidad de que
México tenga la capacidad suficiente para arreglar el problema fronterizo, celebra una entrevista con Vallarta, en la que le hace conocer las instrucciones
de Washington, leyéndolas casi íntegramente; instrucciones concebidas en el
sentido de que los Estados Unidos no pueden creer que el previo reconocimiento obre el milagro de solucionar las cuestiones pendientes, y que, en consecuencia, insiste en la opinión de que primero se logre un arreglo satisfactorio del problema y después se reanuden las relaciones. Esta conducta lleva a
la evidencia de que los Estados Unidos han variado con respecto a México
su política tradicional y viene a confinnar la suposición de que priva hostilidad de parte de Hayes, probablemente por la influencia que en él ejercen los
lerdistas x-adicados en Nueva York, o tal vez para seguir distrayendo la atención de sus enemigos políticos sobre un posible conflicto internacional con
México. Además, debe advertirse que Ord era un anexionista bien califica-

443

�do, indinado a desatar la guerra sobre nuestras fronteras, y por eso, bien escogido para servir de instrumento a esos designios.
Poco a poco, comentado por algunos peri6dicos norteamericanos, se va perfilando otra nueva exigencia previa al reconocimiento: la de que los ciudadanos norteamericanos radicados en México sean eximidos de participar en
los préstamos forzosos.
Y así, este nuevo requisito y la inusitada negativa para el reconocimiento,
van calando más y más en la opinión pública de México, principalmente en
el partido porfirista, el que da una interpretación política al caso, afirmando
que esa negativa no es sino un pretexto cualquiera para presionar al general
Díaz y ponerlo en el caw de abandonar la presidencia y devolver el poder a
los lerdistas, ante la amenaza de la invasión, ó de lo contrario, tener que decidirse a ser vencido en una lucha desigual con todas sus ya previstas consecuencias. Mientras tanto, los lerdistas exiliados aprovechan la situación para
publicar que los intereses nacionales están siendo subordinados en México. al
reconocimiento "pasajero" de un régimen usurpador, con lo que calumruan
a Vallarta, cuya conducta ha sido esmeradamente patriótica, al suponer que
él ha declarado a Foster -lo que es falso- la buena disposición de México
de aceptar las condiciones que le sean propuestas antes de desistir del reconocimiento.
Mientras tanto The Herald, de Nueva York, public6 el 17 de julio una
especie de suplemento con un mapa en el que aparecían marcados los Estados de Sonora, Sinaloa, Durango, Chihuahua, Coahuila, parte de uevo
León y el territorio de la Baja California, como la zona de México en la que
los Estados Unidos deberán darle un nuevo zarpazo para engrandecer su territorio. No sólo sef trata de un deseo de la ciudadanía del país vecino, sino de
lo que cierta opinión de los políticos norteamericanos considera insidiosamente como un remedio contra la situación, porque, se dice, las fricciones desaparecerán en cuanto se mueva hacia abajo la frontera con México. Ante este pronóstico, replica un periódico mexicano -si bien que porfirista-, El
Monitor Tuxtepecano, que "la nación mexicana, la que en 1846 atropellaron los americanos; aleccionada por la e..,q,eriencia no permitirá que los e.xtranjeros atenten contra la integridad de su territorio ni dejará que se coarte
su autonomía como nación libre". Así como en la publicación mencionada, en
otros periódicos mexicanos se empieza a enardecer imprudentemente a la opinión pública presentando el caso como extremadamente grave y comparando la situación a la de treinta años atrás. El gobierno del general Díaz trata
de calmar la excitación asegurando que Treviño cuenta en la frontera con
4,792 hombres de las tres armas1 "a los que se sumarán pronto otros dos mil",
y que los partes que constantemente se reciben son de "sin novedad".

444

Lamentablemente en los primeros días de noviembre ocurre una segunda
invasión, esta vez por fuerzas yanquis que comanda el teniente John L. Bullis,
lo que desencadena ataques de la prensa nacional contra Treviño. Se le reclama que su deber obliga a los soldados mexicanos a "presentar el pecho noble y lealmente a las balas enemigas, y de no hacerlo se han mostrado indignos de un pueblo libre". Se señala a "la canalla texana" como incitadora de
estas invasiones, se protesta hasta el delirio, y así se va encendiendo más y
más el rencor, azuzado el pueblo por los periódicos. Estos dan por real e inmediato el propósito de los Estados Unidos de emprender una invasi6n de
conquista sobre el país. En La Bandera Nacional se llega a decir: " .. ·)'ª no
hay que dudarlo: el conflicto con el Norte es inevitable... Los yanquis quieren un pedazo de México".
Y no es que no hubiera de parte de muchos políticos norteamericanos del
Sur, del tipo anexionista de Ord, y del gobernador texano Hubbard, el propósito de aumentar con el nuestro su territorio. Esa situación prevaleció como amenaza por algunos años. Era natural que el gobierno mexicano, temeroso de que la situación llegara a tomarse comprometida por un torpe manejo del caso, buscara evitar el enardecimiento y trabajara activamente por los
canales diplomáticos. El general Díaz tenía interés personal en que el asunto
del reconocimiento no fuese a derivar hacia un conflicto internacional. Con la
actitud de los periódicos, de poca idoneidad algunos de ellos, se les estaba
haciendo el juego a los políticos y a los anexionistas.
Por fin las cosas empiezan a cambiar un poco, y con esto la excitación,
'
,
cuando se sabe por el órgano de los tuxtepecanos que el general Ord habta
solicitado de Treviño una en.trevi}ta, y que ésta tuvo lugar en Piedras Negras
el 17 de junio. Más tarde, al corresponder Treviño la visita en el campamento norteamericano, fue saludado por una salva de cañonazos el general mexicano e invitado a pasar revista a las fuerzas del país vecino, lo que se consideró como honores discernibles entre dos países amigos. Por otra parte, y
en cumplimiento de órdenes de Ord, el comandante del Fue11e Brown fue a
Matamoros en busca del comandante militar de Tamaulipas, general Servando Canales, para informarle que, en reciprocidad, las tropas mexicanas
podían pasar a territorio norteamericano cuando la necesidad de perseguir
a los malhechores lo requiriera. Como es de suponerse, este trato entre los
militares de uno y otro país fue de pura cortesía y estuvo determinado por un
cambio en la política de Washington, dentro de un estira y afloja que jamás
dejó de preocupar al general Díaz, haciendo que la codiciada presidencia de
la República se le estuviera consumiendo en las manos sin haberla disfrutado
ni poder hacerla fructífera en tantos aspectos de la vida del país, tan necesitado de la aplicación de sus energías y de su don de mando. El mandatario

445

�me.xicano estaba muy molesto por los merodeos fronterizos de un numeroso
y complejo conjunto de lipanes, kikapúes, mezcaleros, seroinoles, apaches y

otros indios que, sin quererlo ni pensarlo siquiera, resultaban obstáculos directos al reconocimiento.
Pero no era este el único motivo de preocupación del general Díaz: los
lerdistas seguían muy activos en sus planes de reivindicar para sí la presidencia. El teniente R. A. Williams había logrado interceptar en el vapor
Ackley un buen cargamento de armas y parque consignado al general Mariano Escobedo, ex secretario de Guerra de Lerdo y alma de la conspiración
de Veracruz cuando ocurrió la sublevación de los vapores Independencia y
Libertad, cuya tripulación fue apresada por el gobernador Luis Mier y Terán
y exterminada en 1877, en una impresionante e inolvidable masacre. Su participación en la dirección del complot motivó que Escobedo fuera detenido.
Cum1do la actitud de las fuerzas norteamericanas en favor del régimen del
general Dfaz se consideraba indicio promisor del inminente reconocimiento,
el 10 de agosto de ese año se registró una invasión de mexicanos sobre Río
Grande City, que encabezaron Segundo GarLa y Rodolfo Espronceda. Cruzaron el río y se dirigieron a la cárcel disparando sus armas, la abrieron y
libertaron a dos prisioneros mexicanos. La reacción de Washington fue virulenta: "Estados Unidos está cansado de promesas y ahora exigirá obras".
La noticia cunde por todo el territorio norteamericano y nuevamente vuelve
a plantearse la situación de la incapacidad del gobierno de Díaz para evitar
esos desmanes.
Washington pide la extradición de los culpables, y Vallarta "con facultades
jurídicas muy discutibles", tiene que conced[rla echándose encima la opinión
pública, porque conforme al tratado de extradición entonces vigente no estaba obligado el gobierno de México a entregar a los incursos en el asalto. Alguien llega a proponer qu~ tanto el presidente Díaz corno el ministro Vallarta sean llevados al Gran Jurado del Congreso.
Entonces interviene el Congreso de los Estados Unidos, y llama a Ord para
que responda si cree que el gobierno de México está obrando conforme a
sus compromisos y promesas. Ord responde afirmativamente asegurando que
hay cuatro mil hombres del ejército mexicano sobre la frontera y que no pasará mucho tiempo sin que lleguen otros dos mil más. Estas fuerzas reunidas
-aseguró- serán suficientes para mantener la vigilancia, por lo que supone que no habrá razón ya para que las tropas de los Estados Unidos vuelvan
a cruzar la frontera.
Sigue después aliviándose la tensión cuando se sabe en México que el teniente Ward, que marchaba en persecución de unos abigeos, había sido invitado por la fuerza de Treviño a acompañarlo en la persecución, lo que se

+H&gt;

hizo "en gran armonía". Pero esta posibilidad de avenimiento que. comenzaba a perfilarse se perjudica por la publicación de un editorial en El Diario
Oficial de México imputando la dilación del esperado reconocimiento directamente al presidente Hayes de los Estados Unidos y a su gabinete. Foster
entrevista a nuestro ministro de Relaciones y exige que se publique sin tardanza una rectificación, y Vallarta, después de consultar el caso, ordena que
se publique al día siguiente de la entrevista, con el memorándum del representante norteamericano. Pero al punto interviene don Matías Romero en
nombre del presidente, y se llega, de acuerdo con Foster, a la conclusión de
ser inconveniente la publicación para evitar polémicas peligrosas sobre el ca-so. Sin embargo, como Foster da a entender su intención de que el memorándum quede en el archivo diplomático del ministerio de Relaciones como constancia, se resuelve la publicación de la réplica de Foster y de la contrarr~plici de nuestro canciller. La segunda está basada en un excelente argumento:
¿ en qué medida puede responsabilizarse a México de ser el culpable' único, o
siquiera principal, de los lamentables sucesos de la frontera? Echa mano para
fundamentar su tesis de la opinión del árbitro inglés Sir Edward Thomton
--que intervino en las reclamaciones de 1868--, extemada en forma imparcial, al considerar que tales depredaciones no pueden ser achacables a ninguno de los dos países, sino a la situación especial que guarda la frontera después de la modificación de nuestros límites, en el 48.
Así, con alternativas, va transcurriendo el tiempo; pero si la situación no
mejora, cierto es también que no puede considerarse lo contrario. Otro ángulo del problema, empero, vuelve a aparecer, aunque ya estaba anteriormente insinuado: la exención de los préstamos forzosos en favor de los norteamericanos, como un privilegio a su nacionalidad. Ernesto Vallarta fue intransigente, apoyado en el artículo 9o. del tratado entre México y los Estados
Unidos, de 1831. Entonces Foster propone la exención recíproca, lo que resultaría inoperante, porque los Estados Unidos no han usado ni usan el sistema de préstamo forzoso. La reciprocidad así seria ingenuamente teórica
para México.
Por fin, se busca redactar un tratado para el paso de tropas de ambos países en persecución de delincuentes: Foster da ideas conducentes o que estima por tales, y Vallarta formula su proyecto y lo entrega a Foster. En esta
empresa se encuentran, cuando se sabe que Shafter ha invadido Piedras Negras. La reacción en México vuelve a ser violenta; señá]ase al oficial invasor
como a la personificación de la transgresión de los derechos nacionales. Como el motivo principal de estos hechos se denuncia la increíble vigencia de
la orden de primero de junio, que aún no ha sido cancelada. México pidió a

447

�Washington una reparación por la vía diplomática y el departamento de Estado no tuvo Ja atingencia de contestar siquiera la nota de nuestra cancillería.
Así las cosas, Foster, a su vez, presenta su proyecto sobre la frontera, pero
Vallarta le responde que no lo podrá considerar mientras su gobierno no reciba satisfacciones por el constante cruce del Río Bravo, y pide otra vez el
reconocimiento antes de negociar. En rigor, el proyecto de Foster no era propiamente desproporcionado en ventajas para los Estados Unidos. Por el contrario: en forma más conciliadora de lo que podía suponerse, proponía concesionrs y coordinabaialrunas de las propo icionc-s de Vallarta con las de Mata. Pero, a la sa26n sobreviene un cambio arrogante en el criterio diplomático mexicano, cuando Vallarta dice a Foster (nov. 27-1877) que encuentra
inútil proseguir las negociaciones mientras los dos países permanezcan sin sostener relaciones normales. México -insiste-- ha demostrado sobradamente
su buena voluntad y, en consecuencia, tiene que considerar estéril y sin resultaclo práctico alguno proseguir el estudio de la situación más allá de donde
se halla hasta ese momento. Además -subraya-, México no está dispuesto a
admitir que el tratado sea una condición del reconocimiento, con lo que Vallarta viene a ratificar la línea de conducta que desde el inicio de los arreglos
siguió la cancillería mexicana.
Este cambio en la actitud del ministerio de Relaciones tiene su explicación:
para el momento en que ocurre, el gobierno de México se había ya estabilizado; contrariamente, el del presidente Hayes comenzaba a tener en su contra una marcada corriente de la opinión pública. Estos datos, debidamente
comprobados, habían sido enviados inteligente y oportunamente por don Manuel María de Zamacona, quien se hallaba en Washington en sustituci6n de
Mata y actuaba con nombramiento de agente confidencial de México.
Consecuencia de ese cambio en las relaciones informales con los Estados
Unidos fueron las instrucciones dadas a Zamacona para que por su conducto México hiciera oír su voz entre el pueblo norteamericano y éste conociera que nuestro país "ha estado estimando la intervención que los Estados
Unidos ha pretendido ejercer en los asuntos mexicanos, constituyéndose en
juez de la legitimidad del actual gobierno, como un acto ofensivo a su soberanía e independencia, y tanto más hostil a México cuanto que esa especie de intervención no es conforme a la política tradicional de los Estados
Urúdos". Al mismo tiempo se activaba por otros canales la propaganda en
favor de México y se movilizaba a escritores y periodistas norteamericanos
como Guillermo Pritchard y Edward Lester. Este último escribe un libro titulado The Mexican Republic, an Historical Study, en el que explica la verdadera situaci6n de nuestro país en relación con el reconocimiento. De este
libro se tiraron cinco mil ejemplares, que fueron a las manos de diputados y448

senadores, indu_striales, comerciantes, banqueros y hombres de negocios de
los Estados Umdos, para levantar, en la opinión pública norteamericana, el
velo de la ya larga, tediosa e injustificada negativa del país vecino a reconocer el régimen nacional.
Debe considerarse como una reacción a esa propaganda la llamada que el
Departam~nto de Estad~ hace a Foster para que informe ante el Congreso
norteamencano en relación con el caso México. Foster, en realidad, mtercede
en favo~ del re~onocimiento, cuando contesta a pregunta especial, que el pueblo mexicano, sin excepción, está irritado por la negativa de los Estados Unidos, y piensa que esa negativa es el primer paso de un plan deliberadamente
conceb1do para la conquista del país. Y Evarts, conforme con la opinión de
Foster, explica que "el caso de México es el de un pueblo que tiene todo el
orgullo }' las opiniones propias de una nación civilizada (pero que) de hecho
c~r:~e _de la fue~"necesaria para cumplir con las obligaciones que tal con~1,c1on importa. • • . . .En alguna forma ha de creársele a México la impreS1on de que, a cambio de una mala vecindad' de hecho, no podemos recibir como excusa las buenas intenciones o la dignidad e importancia de la República Mex:icana".
Sobr~ el _punto de vista de que México está incapacitado para cumplir con
s~ ~bhgac1ones en la frontera, martillea Foster, y propone aplazar el reconocu~u.ento hasta q~e. el gobierno mexicano demuestre que tiene la capacidad
exigida para reprmur los actos vandálicos. Como era natural, las conclusiones
de Fos~er provocan indignación en México y canalizan la opini6n general en
el scnndo de que no debe mendigarse el reconocimiento. Así el criterio del
país ~ueda uniformado en torno de la administración pública, sirviéndole de
aglutmante. Pero, bien analizada la situación internacional del momento debe rec_ono~erse q~e los informes de Foster reportaron a México más biene; que
males. as1 quedo probado el esfuerzo hecho por el régimen para pacificar Ja
frontera, esfuerzo superior a sus fuerzas. Consecuentemente, queda common~o Foster para comunicar a Vallarta que, por su conducto, los Estados
'l!mdos van a proceder a negociar las medidas pertinentes para la conservaci6n de la paz en la frontera, y que de ese momento en adelante las relaciones entre ambos países ser'an oficiales, lo que significaba el reconocimiento
de facto.
La reacción de la prensa lerdista es violenta en e..x:tremo. Se advierte e]
d~specho porque el reconocimiento virtualmente está concedido, disipándose
asi toda, esperan~a ~n un cambio político interno. Se culpa al régimen del gen_e,ral Diaz de clieetocho meses de humillaciones, de "bajezas que la usurpa~10~ ,tuxtepecana ha acumulado a los pies de la Casa Blanca e, incluso, se
msmua que se ha apelado a medios inconfesables que se conocerán más tarde".
449
H29

�El resentimiento les hacía deformar la verdad, porque es indiscutible que la
diplomacia mexicana logró mantener siempre la dignidad del país, como se
ha podido ver.
Durante año y medio se ocupó la atención preferente del régimen del general Díaz en las dos fases del problema: el diplomático, con sus graves repercusiones hacia la intervención militar de los Estados Unidos, por una parte; y por la otra, respecto de las medidas dictadas por mantener en la frontera un orden relativo, atención esta última que distrajo esfuerzos, creó preocupaciones y requirió mantener un ejército de casi seis mil hombres situado a
varios centenares de kilómetros de distancia de la capital del país, con fuertes erogaciones. A esto debe agregarse el interés del régimen, dentro de su
pobreza, por hacer dos abonos a los Estados Unidos en relación con el pago
de la deuda de México, por concepto de reclamaciones por daños durante la
Guerra de Reforma -reclamación que pretendieron extender a la época de
la Intervención Francesa y el Imperio de Maximiliano- conforme a la convención firmada en Washington el 4 de: julio de 1868. Cada uno de los dos
abonos montó a la suma de 246,501 dólares.
Como primer paso a los arreglos entre los dos países, el Senado mexicano
aprobó la iniciativa para el paso reciproco de tropas, quedando autorizado
el presidente de la República, tanto para permitir la salida de tropas nacionales del territorio, como para la entrada en él de fuerzas federales de los Estados Unidos, siempre que éstas persiguieran a indios bárbaros en regiones
desérticas. Batidos, los soldados debían retirarse a su país de origen. Los abusos que hubieran de cometerse por tropas de una y otra nación serían castigados por el gobierno del país inculpado conforme a sus propias leyes.

Al otorgarse el reconocimiento, Zarnacona asciende de agente confidencial a ministro plenipotenciario en Washington, por despacho expedido en su
favor el 9 de abril de 1878. El 13 de mayo siguiente, presenta sus credenciales al presidente Hayes; pero el 14 de junio pide telegráficamente a Vallarta que en su nombre presente su renuncia al general Díaz, alegando motivos de enfermedad imputables al clima demasiado extremoso de Washington. Como por esos días ocurre otra invasión y la posición internacional de
Mé,dco respecto del país vecino aún no puede considerarse como definitivamente firme, se suplica a Zamacona que permanezca en el cargo. Zamacona reacciona y acepta en vista de que la invasión imputable a mexicanos, está
haciendo renacer la amenaza intervencionista.
Sin embargo, pasada la crisis inmediata, el 25 de agosto repite su renuncia.
Desentrañando el motivo de su actitud, queda evidenciada, por la declaración del propio interesado, su inconformidad para e! paso recíproco de tropas de ambos países, reciprocidad que Zamacona considera como puramen450

te teórir.a en el caso de Méxic;o. Por fin, se acepta su renuncia cuando ya
Vallarta ha dejado el ministerio de Relaciones, para ir éste a ocupar la; presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Mata lo sustituye y a
él corresponde firmar el acuerdo expresando que el presidente no se empeña en mantenerlo en el cargo contra su voluntad.
A los cinco días de enviado este despacho, Mata, a su vez, renuncia el ministerio de Relaciones, actitud que muy probablemente estuvo determinada
por la absorbente influencia que en todos los negocios del gobierno iba ad quiriendo el licenciado José Justo Benítez, amigo personal del o-eneral Díaz y
aspirante a sucederlo en la presidencia. Quizás Mata quiso evitar un choque
con el presidente negro, como entonces se le llamaba en los étrculos políticos
no benitistas. Se encarga entonces del ministerio Eleuterio Avila, con su carácter de oficial mayor, y como Zamacona no ha saHdo aún de Washington,
Avila insiste con él para que permanezca en su puesto provisionalmente, porque el general Díaz estima de gran importancia su permanencia. Nuevamente Zamacona acepta.
De manera tardía, como con mecanismo de bomba de tiempo o bien
'
porque la disposición del Senado fue conocida en el país con tardanza,
la'
prensa hace comentarios violentos sobre la autorización para el paso recíproco de tropas, considerándola "criminal" y contraria a la Constitución, lo que
significa "elevar a tratado internacional" la tan rebatida orden del primero
de junio de 77, dada al general Ord. En El Federalista se azuzaba a la opinión pública diciendo que "el pueblo debía levantarse en masa para apedrear a los traficantes de la honra nacional" porque la llevada y traída autorización es el colmo del "escándalo, de la desvergüenza y del cinismo".

•
Ahora, ya al fin logrado el reconocimiento con tantas condiciones, requisitos y dificultades, iba a presentarse al país un problema en el orden de su
política interna, a partir de los seis meses siguientes: la renovación del Congreso de la Unión y la designación de cuatro magistrados de la Suprema Corte. Benítez, alerta, se disponía a lograr mayoóa de diputados en las elecciones de julio, como medida previa al momento de lanzar su candidatura
presidencial, para la que se suponía suficientemente apoyado por el general
Díaz.
En los corrillos políticos se habla de que si Benítez logra dominar al Congreso y consigue mayoría de componentes de la Corte, el general Díaz se convertiría en un "rey de burlas". En un banquete político celebrado a la sazón
casi se proclama la candidatura de Benítez, pese a que el pretendiente a la
451

�silla presidencial comienza a sentir el contrapeso de un grupo de enemigos.
Se suscitan, además, algunos brotes rebeldes en el país, entre ellos el del general Mariano Escobedo, que logró penetrar subrepticiamente al país a principios de junio. Lo acompañaban hombres de prestigio en el grupo lerdista,
como el general Joaquín Verástegui y Lázaro Garza Ayala. Parecía incompatible con el ya concedido reconocimiento -y así lo consideraba el general
Diaz- que, cuando esa situaci6n se discutía tan apasionadamente en los Estados Unidos, Washington en ese tiempo hubiese impedido el paso a implementos de guerra para la revuelta escobedista, y ahora, ya en plenas relaciones oficiales, el departamento de Estado no hubiese puesto objeción al paso
del jefe de la rebelión y a sus adláteres. Por otra parte, el general Miguel Negrete, comandante militar del Distrito Federal, hace renuncia de su puesto
cuando sabe que el general Ignacio Mejía, ex-ministro de la Guerra en el gabinete de Lerdo, regresa a México de su destierro autorizado por el general
Díaz.
Como si tocio esto fuera poco, una fuerza norteamericana de mil quinientos
hombres de las tres armas, comandada por el coronel Mackenzie, invadió la
zona limítrofe de Coahuila con el fin de recobrar una partida de ganado robada en Texas. Con el mismo propósito, a fines de julio, el capitán J. M.
Kelley, comandando cien soldados, sitió durante siete horas la Villa de Jiménez. Con este motivo el diputado por Texas suelta la especie de que el
gobierno de su país había resuelto ocupar militarmente los Estados fronterizos o comprarlos, como la única forma de evitar más invasiones, atropellos y
robos de ganado.
También corrió la versión de que Evarts, secretario de Estado, afirmó en
esos días que convenía aprovechar el receso del Congreso norteamericano para precipitar los acontecimientos sobre México. Simultáneamente, el general
Ord propone que si las medidas conciliatorias cc;m los indios "renegados" fracasan y el gobierno mexicano no se persuade de la conveniencia de cruzar la
línea divisoria, las tropa!r de los Estados Unidos deben hacerlo sin miramientos, atacando a los grupos armados mexicanos y considerándolos como cómplices. El general Sheridan propuso, a su vez, que si dentro de un determinado plazo no terminaran las incursiones, el Congreso norteamericano debe
aprobar las medidas consecuentes con la ocupación del territorio mexicano,
del Río Bravo a la Sierra Mexicana. Pero en esta ocasión el general Sherman, comandante general del Ejército de los Estados Unidos, opina con cordura, aplomo y conocimiento de causa, y dice que nada se ganaría con la1proposición de Sheridan, porque aun bajando hacia el Sur la frontera no por eso
dejaría de ex;stir el atractivo del robo, los Estados Unidos tendrían que enfrentarse con más indios, y repetido este juego hasta el infinito, lejos de convertir a

los mexicanos en anglosajones, nada difícil sería que "puedan hacernos a nosotros mexicanos".
Las pretensiones de Sheridan llegaron hasta el departamento de Estado y
a oídos del presidente Hayes, pero éste no se manifestó dispuesto a "seguir
considerando que el caso de México debería volver al Congreso de los Estados Unidos", pensando que los suceso9 anteriores, al demostrar que la opinión
de aquel cuerpo legislativo habia prevalecido sobre la suya propia, venían a
demostrar que quizás el Congreso se :negaría a aprobar sobre las rodillas medidas que tuvieran, al fin, que epilogarse con una declaración de guerra. Finalmente, la Comisión de Relaciones Exteriores del propio Congreso optó
por formular un proyecto de resolución conjunta colcgislativa en la que se
proponía que los Estados Unidos deben mantener en la frontera una fuerza
militar de más de 5,000 hombres, y que, en tanto que no se lleguen a firmar
los convenios internacionales de frontera, se mantengan vivas las órdenes de
primero de junio. El general Ord opinó de la misma manera y estuvo de
acuerdo en que no se rectificara la cuestión del reconocimiento del régimen
del general Díaz, porque tiene esperanzas de que dicho reconocimiento irá
a repercutir favorablemente sobre el problema de las invasiones de indios.
Al conocerse en la frontera mexicana las discusiones provocadas en torno
al problema de las depredaciones, se arman los civiles compatriotas nuestros
creyendo inminente la invasión yanqui disfrazada de vigilancia. Esto ocurre
más espectacularmente en Matamoros, y entonces los senadores por Texas
Johri S. Ford y P. R. Storms piden a Ord autorización urgente para que el
comandante del puerto de Brownsville arme la población civil de ese puerto,
ya que el rompimiento se considera punto menos que inevitable. En previsión
de una violencia, el ministro de Ja Guerra, McCrary, ordena a Sherman que
trasmita confidencialmente a Sheridan y a Ord la opinión del presidente Ha.yes, en el sentido de que el paso de la frontera no lleva la intención de provocar a México, y que las fuerzas de los Estados Unidos sólo deben defenderse
en el caso de ser atacadas por las tropas o los civiles mexicanos, ya que sólo el
Congreso está Jcgalmentc capacitado para una declaración de guerra.

Al volver Mata al ministerio de Relaciones toman los asuntos fronterizos
a sus canales diplomáticos en lo que a México se refiere. El ministro&gt; autorizado pór el Senado mexicano, dirige al departamento de Estado una nota
pidiendo Ja revocación de la orden de primero de junio, como condición previa a la firma de un tratado de paso recíproco. A esta revocación se opone
Foster, intransigente en su punto de vista original referente a que las tropas
de los Estados Unidos puedan cruzar la frontera cuando se trata de perseguir a cualquier criminal, no sólo a un indio bárbal'O. Más tarde aún, insiste
en la misma cantilena: que México no presta la cooperación suficiente en la

452
453

�vigilancia de la frontera común, cargo que, como se ha visto, estaba de sobra
desmentido por los hechos. De algo habían de servir cerca de seis mil soldados mandados y sostenidos por el empeño del general Diaz en evitar nuevos
motivos o pretextos de dificultad entre ambos países.
Poco tiempo después se enfoca la situación, desde el punto de vista de Ord,
hacia otro ángulo del mismo problema: los indios bárbaros de Santa Rosa,
Coahuila. Entonces Ord pide al gobierno mexicano, por conducto de Foster,
una campaña colectiva de los dos países sobre dichos indios. Foster trata el
caso con Mata y éste le arregla una conferencia con el general Díaz. En ella
el presidente mexicano declara categóricamente que mientras no se revoque
la consabida orden de primero de junio, rechazará cualquiera petición en ese
i;entido, o sea el paso de soldados norteamericanos a territorio nacional. Y
para poner a Foster en antecedentes de la repulsa que esa orden encon~ó en
la opinión pública del país, le revela que la autorización del Senado mexicano
para el paso recíproco de tropas antes de la revocación de la mencionada orden había motivado la renuncia de Zamacona.
'
A la sazón, ocurre un incidente en el teatro Arbeu de la ciudad de México,
en la noche del 16 de septiembre de 1878, durante la velada con que celebrábase el fasto de nuestra Independencia; uno de los oradores del programa leyó un poema, cuya parte principal resul~ó ser "una d~c~, amarga. e
insultante" requisitoria contra los Estado Umdos, que el publico aplaudió
frenéticamente. Esto daba idea clara de la tensión en la opinión pública y del
enorme recelo del pueblo y de la población pensante sobre las intenciones que
podían encubrir la insistencia con que el gobierno yanqui sostenía la ar~~traria orden. La anécdota no tardó en ser referida por Mata ~ Foster, al visitarlo éste para darle a conocer el resultado de su entrevista con el presidente
Díaz.
Por fin, con la orden de su retiro de la Legación de México y su cambio
a Rusia, Fo ter recibe a principios de marzo de 1879 un informe del departamento de Estado en el sentido de que el 25 de ese mes el ministro de la
Guerra de los Estados Unidos acordó remover la orden de marras. Foster fue
despedido con una solemne ceremonia en Palacio.
Lo sustituyó P. H. Margan, que llegó a México el 15 de abril de 1880.
Con ta venida de Morgan se advierte ya un notable cambio en la política de
los Estados Unidos cambio atribuible a las instrucciones que recibe. Prácticamente ha terminado ya el gobierno de Hayes. También pronto terminará
el régimen del general Díaz. Ambos países están en vísperas de entrar en un
período de efervescencia electoral y se procura remover el estorbo de la multicitada orden. La muerte de doña Delfina Ortega de Díaz, esposa del presidente de México, propicia la expresión de un síntoma muy favorable por
454

espcctacu1ar: en el Fuerte Brown se iza la bandera de los Estados Unidos a
media asta.

•
Ocurren todavía algunos incidentes, como era natural que ocurrieran en
una frontera tan dilatada. El último, durante el mando del general Díaz fue
causado porque un grupo de indios bárbaros, cruzó la frontera a mediados de
junio de 1880. Entonces el coronel Hatch, comandante del Fuerte Craig, tratando de evitar nuevas incursiones de estos indios en Nuevo México, consideró la necesidad de batirlos en la Sierra de Chihuahua, para lo que el
comandante dijo que las autoridades de ese Estado se encontraban conformes
siempre que se gestionara la autorización del gobierno de México. Hayes instruyó a Margan para que presentara la petici6n, y la contestación del general
Díaz fue otra vez completamente negativa. Por conducto del nuevo ministro
de Relaciones, Miguel Ruelas, se explica a Morgan que la situación por la
que se interesa el comandante Hatch puede quedar a cargo de las fuerzas
mexicanas, ya que éstas existen en la comarca en número más que suficiente.
Trata Morgan el caso con el general Díaz y se acuerda proponer que se combinen las operaciones de las fuerzas mexicanas con las del general Hatch, y
que el paso de las tropas norteamericanas, si se hace necesario, no podrá estimarse como precedente para el futuro.
Como en la proposición de Margan venía encubierta otra que hubiera vuelto a resucitar el problema ya resuelto por el retiro de la consabida orden de
primero de junio; "que los Estados Unidos deben autorizar por reciprocidad
el paso de las tropas mexicanas a su territorio", y éste tendría que ser motivo
de una convención, el caso, después de consultas y dudas, quedó resuelto por
el general Díaz en una conferencia con Morgan; solicitará la autorización del
Senado por exigencias constitucionales. En efecto, el presidente hace la solicitud y se pone de acuerdo con los senadores. como valor entendido, para
que nieguen la autorización, sobre cuya actitud hay antecedentes muy elocuentes y recientes en la opinión pública del país. Y el asunto concluye casuísticamente, con una autorizaci6n perentoria, por sólo tres meses, aplicable
exclusivamente a la cuestión presentada por el comandante Hatch.

•
Pronto vence el período presidencial de Rayes, y así también el del General
Díaz. EJ primero es sustituído por James A. Garfield. El segundo por su com455

�padre el general Manuel González. A éste le tocó tener que consentir en la
firma del convenio de 29 de julio de 1882 para el paso recíproco de tropas,
lo que con habilidad y valentía supo evadir el caudillo oaxaqueño.
En contradicción a Ja opinión frecuentemente extemada de don Sebastián
Lerdo de Tejada, de que entre México y los Estados Unidos debe estar el
desierto, tres meses antes de entregar el poder el general Díaz consiguió del
Congreso la autorización necesaria para contratar con empresas del país vecino la construcción del ferrocarril a Ciudad Juárez y la del Nacional a Nuevo
Laredo. Este paso tuvo gran significación en el mejoramiento de las relaciones
entre los dos países y sirvió para aplacar el recelo de una inminente intervención norteamericana. Se iba a iniciar otro tipo de penetración; la del capitalismo yanqui dentro del programa de industrialización del país a base de recursos extranjeros.
Como un soplo y erizado por miles de preocupaciones debidas, entre otras,
al problema fronterizo -creado artificialmente como cuestión internacional
por el régimen de Hayes- transcurrió el período presidencial del general
Díaz. Esa situación cultivada con finalidades políticas por el régimen de los
Estados Unidos, no dejó al vencedor de Lerdo saborear sus fugaces cuarenta
y ocho meses de gobierno constitucional. Finalmente, con la salida de Hayes
había quedado rebasado el problema y el general Díaz podía entregar el
mando a su compad1·e, el general Manuel González, sin este dolor de cabeza.
El sucesor tuvo más suerte en este sentido. En esas circunstancias, y sin haber
podido el general Díaz intentar un programa de gobierno inspirado en sus
ambiciones de pacificar al país y encaminarlo hacia el progreso material, nada
de extraño tiene su afán de reincidir en el aspirantismo presidencial, pasado
un período de gobierno, ahora que, a causa de sus desvelos y preocupaciones,
había quedado consolidada internacionalmente la situación de México y podía
ofrecerse el espectáculo, verdaderamente inusitado, de una transmisión pacífica del poder.
Años después Foster, el ministro norteamericano que tuvo que hacer el
papel de testaferro en el juego de la política de los Estados Unidos, publicó
sus Memorias diplomáticas. En ellas acepta que la existencia de un complot
de su país para desviar la opinión pública hacia una supuesta guerra con
México, fue un ardid al que se recurrió para hacer olvidar el origen fraudulento en la designación del presidente Hayes y afinnar su situación en el
poder.
Así el general Díaz, que tan esperanzado se hallaba en lograr una labor
fecunda en su país, fue víctima inocente de las inconfesables maniobras de un
presidente de los Estados Unidos no muy seguro de la legitimidad de su
elección.

456

LA INTERVENCIÓN FRANCESA EN DURANGO
Lic. JosÉ

loNACIO GALLEGOS

Universidad "Juárez" de Durango

PRIMERA

pARTE

EL PRESENTE TRABAJO HrsTÓruco lo voy a dividir en dos partes: las causas
lejanas e inmediatas que dieron lugar a la Guerra de Intervención; y lo que
es propiamente el tema de este artículo.
Causas lejanas

La consumación de la Independencia y el establecimiento de la República
fueron dos acontecimientos que el pueblo de México vio con desconfianza por
no estar debidamente capacitado para recibirlos.
Dice el señor general don Jesús de León Toral en su magnífico estudio
Historia Militar. La intervención francesa en México, que el Partido Monarquista subsistió en México durante gran parte del siglo XIX, debido a que
las instituciones republicanas por inercia no llegaban aún a asentarse con
firmeza en el país.
Entonces era natural que hubiera una corriente en favor de la Monarquía.
Recordamos que en 1840 don José María Gutiérrez Estrada publicó una carta
en la que abogaba por la instauración de la Monarquía, consecuencia de ello
fue el destierro de su autor dada la oposición que encontró en las altas! esferas
oficiales.

Además de las causas políticas podemos indicar las económicas.
Al concluir la Guerra de Independencia, México tenía muchas fuentes de
riqueza, pero debido a las guen·as civiles que tuvimos en el siglo pasado, nuestro país se convirtió en uno muy pobre. Sin embargo la fama de país rico
traspasó las fronteras y algunos estados europeos fijaron en México sus mira-

457

�das. España soñaba con la reconquista. Estados Unidos del Norte quería
extenderse hacia el sur, y Francia e Inglaterra deseaban a toda costa organizar
intervenciones armadas que les dejaran opimas ganancias.
Todavía recordamos la guerra sostenida con Francia en 1838, en que nuestro
país se vio obligado a pagar $ 600,000.00 por reclamaciones de los súbditos de
aquel país, de cuya cantidad quedaron en las arcas francesas $ 200,000.00
porque no había quien los reclamara.
Los representantes diplomáticos acreditados en nuestro país, desarrollaron
una labor tendiente a provocar la intervención y a través de secretos informes,
despertaron la ambición de su gobierno.
La actuación de estos diplomáticos fue funesta para México.
Deudas que tenían súbditos extranjeros con nuestro gobierno aparecían
reclamadas oficialmente por las potencias extranjeras, y al no ser pagadas por
México, venía la correspondiente protesta con la consiguiente amenaza de cobrar por la fuerza la cantidad reclamada.
Causas inmediatas

También las hubo políticas y económicas.
La intervención de Francia fue provocada por la deuda del banquero suizo
Jecker, quien como sabemos le facilitó a Miramón la cantidad de$ 700,000.00,
comprometiéndose éste a pagar 15 millones con el quince por ciento de los
impuestos federales.
La sangrienta guerra de tres años, agotó por completo el Tesoro Público,
de tal manera que a su término el Presidente Juárez se vio obligado a fin
de nivelar el presupuesto, a dar la ley del 17 de julio de 1861, por la que
suspendía el pago de las deudas extranjeras por el término de dos años.
Inmediatamente que dicha ley se publicó, las potencias europeas, Inglaterra, España y Francia se reunieron en Londres para discutir sus asuntos con
México, e invitaron a los Estados Unidos del orte a participar en dicha
conferencia, pero esta nación declinó diciendo que no se sumaba a ellos,
porque tenía especial interés en la seguridad y prosperidad de México. Por
otra parte acababa de estallar la Guerra de Secesión, que por lo pronto iba a
impedirles intervenir en nuestros asuntos.
Las tres potencias ya dichas, firmaron en Londres el 31 de octubre de 1861,
lo que en la historia se conoce como la Convención de Londres y que dio
origen a la intervención en nuestro país.
Cada una de ellas reclamaba de México fuertes cantidades de dinero.
458

Inglaterra reclamaba . .
España
Francia . . .
Total

... ... . .... .

$ 69.994,544.54

"

9.460,986.29
2.859 ,917 .00

$

82.315,447.83

Como se verá a la nación que menos se le debía era a Francia.
Después de firmada la Convención de Londres, las tres potencias enviaron
sus escuadras al Golfo de México.
La Convención de Londres sirvió para ultimar detalles de la intervención
armada, pues dos años antes, la idea de inter,;enir en los asuntos de México
había cobrado fuerz.a en Inglaterra y Francia. En el mensaje que el 19 de
diciembre de 1859 el Presidente Buchanan dirigió al pueblo de los Estados
Unidos del Norte, pedía la expedición de una ley que lo autorizase a enviar
las fuerzas militares contra México a fin de obtener indemnización por lo
pasado y garantías para lo por venir.
Estas ideas de los Estados Unidos se vieron frustradas por el talento de
Ocampo y por la guerra civil que estalló poco después; pero dichas declaraciones fueron aprobadas por Inglaterra y Francia al iniciar sus gestiones por
la intervención. El pretexto lo tuvieron dichas potencias cuando el Presidente
Juárez expidió la ley del 17 de julio de 1861; poco tiempo después aparecieron
en el Golfo de México las Escuadras española, inglesa y francesa, que ocuparon tierra mexicana. El gobierno de México nombró como su representante
al general Doblado, que obrando con mucha habilidad celebró los tratados
de la Soledad y por último en Orizaba, el 6 de abril de 1862 la Alianza Tripartita queda rota al declarar los ingleses y los Españoles que ellos se retiraban
del país, quedando sola Francia, que faltando al compromiso que había contraído en la Convénción de Londres, mostró sus deseos de seguir sola con la
intervención armada. Así fue como se inició la Guerra de Intervención en
nuestro país.

SECUNDA PARTE

Antes de entrar a la parte medular de este trabajo, quiero hacer una
síntesis sobre las condiciones en que se encontraba el Estado de Durango en
el momento de ser invadido por los ejércitos franceses.
La intranquilidad y el desasosiego estaban en todas partes. Gavillas de bandidos sin ninguna bandera y con el único fin de robar andaban por todas
partes Y en todas direcciones. Las fuerzas del gobierno no eran suficientes para
459

�combatirlos, así es que aquéllos se paseaban impunemente por las diversas
regiones del Estado, siendo Nombre de Dios uno de los lugares más atacados.
En esta misma ciudad de Durango había ambiciones por el poder. Era Gobernador Constitucional del Estado el general José María Patoni, que tuvo
que salir con la Brigada "Durango" a sumarse a las fuerzas del Ejército de
Oriente, quedando como Gobernador Interino nombrado por la Legislatura
del Estado, el licenciado Benigno Silva.
El coronel don Tomás Borrego, que siempre se distinguió por su inquietud,
mostró desagrado por la conducta del licenciado Silva como Jefe del Estado
y tachándolo de débil en la preparación de la defensa del Estado, organizó
un movimiento armado que estalló la noche del 9 de junio de 1863, por el
que se desconocía al licenciado Silva como gobernador, y se nombraba con
el mismo cargo al licenciado Juan José Subizar. ,
Este movimiento era sumamente peligroso dadas las condiciones en que se
encontraba el país, por lo que el Presidente Juárez lo reprobó por Decreto del
24 del mismo mes desconociéndose al gobierno del licenciado Subizar, declarando esta ciudad en estado de sitio y manifestando que el Gobernador
Constitucional) que lo era el general Patoni, vendría a hacerse cargo de su alto
puesto y además del mando politico, ejercería el militar.
Por este motivo el general Patoni se hizo cargo nuevamente del gobierno
del Estado el 14 de julio del ya citado año de 1863.
Pocos días después el propio general Patoni era nombrado jefe de las fuerzas
de Durango y Chihuahua.
El general Patoni emprendió obras para la fortificación de la ciudad construyendo, entre otras, un fuerte en el Cerro de los Remedios.
Un pequeño grupo de intelectuales publicaba artículos en el periódico La
Libertad, que era el oficial del Estado, con el fin de despertar el espíritu cívico
entre los durangueños contra la intervención francesa. Mí encontramos artículos llenos del más sublime patriotismo escritos por don Francisco Gómez
Palacio, don Pedro José Olvera, don Cayetano Masca:reñas y por don Carlos San tamaría.
Cuando los ejércitos franceses pisaban el Estado de Durango, el general
Patoni tuvo que salir a campaña quedando como Gobernador Interino don
Cayetano Mascareñas.
Mientras tanto los franceses después de ocupar las plazas de Zacatecas,
Fresnillo y Sombrerete entraron al Estado de Durango, siendo Nombre de
Dios uno de los primeros pueblos que ocuparon.
El 3 de julio de 1864 el ejército francés que se dirigía a ocupar la ciudad
de Durango, pernoctó en la hacienda de Navacoyán, para seguir su camino
al día siguiente, llegando al medio día a la Garita de Oriente, donde los sol-

460

dados descansaron, teniendo que resistir un fuerte chubasco, que cuando pasó
siguieron adelante, para entrar a la ciudad por la vieja calle Real, siendo las
tres de la tarde. Aquí sucedió lo mismo que en otras ciudades, los imperialistas
fueron recibidos en forma entusiasta con flores y agua de colonia; como jefe
de la columna venía el general Eduardo L'Heriller.
Pocos días después de su arribo a esta ciudad un oficial francés escribía una
carta en los siguientes términos:
"Estam~s- :ncantados con Durango que es una ciudad muy bonita, con
buenos edif1C10s, fortunas fabulosas, jóvenes bellísimas de suma elegancia en
el vestir y cuyas costumbres civilizadas y buen trato, muy superior al de
otras poblaciones del interior, se explican por la inmediación al importante
puerto de Mazatlán en el Pacífico. Hemos sido recibidos de una manera
enteramente simpática y cordial. Llegamos a las tres de la tarde tras de una
marcha de once leguas. Al llegar a la Garita comenzó a caer un aguacero
deshecho, pero las señoras permanecieron en sus puestos vitoriando a los
franceses echándoles flores y agua de colonia.
"Hay multitud de buenos edificios: la alameda es grande, y ésta y los demás
paseos se pueblan por las tardes de señoras vestidas con una elegancia que
nos ha sorprendido agradablemente".
Los principales jefes imperialistas quedaron hospedados en las casas de los
vecinos más distinguidos y el resto de la tropa en el Colegio Civil, que se
encontraba clausurado y durante los años que estuvieron los franceses en
esta ciudad quedó convertido en cuartel.

El hecho de gue en Durango fueran recibidos los franceses con tanto entusiasmo por parte del pueblo indica que aquí sucedía lo mismo que en la
mayor parte del país. La anécdota tan conocida de que una vez que fue
derrotado el Imperio_ y los Republicanos ocuparon la capital de la República,
al tratar de reorganizar cada una de las secretarías, se encontró en una de
ellas una lista de todos los .simpatizadores del Imperio, la que se trató de
ocultar porque si se hubiera dado a conocer no se hubiera encontrado gente
para formar el Gobierno Republicano, tiene su aplicación en esta ciudad.
El 5 de julio se celebró una junta en uno de los salones del Palacio de
Gobierno, a invitación del general VHeriller con el fin de nombrar las autoridades que debian de regir los destinos del Departamento de Durango.
Según puede leerse en el número correspondiente del periódico oficial de
la Prefectura Superior Política, de fecha 14 de julio de 1864, asistieron 95
personas cuyos nombres aparecen al final del acta correspondiente.
Basta leer los nombres de todas las personas que asistieron a dicha junta
P_ara darse cuenta que ahí estaban las más conocidas de la entonces pequeña
ciudad de Durango.

461

�El general L'Heriller exhort6 a los asistentes para que con toda libertad hicieran el nombramiento de sus autoridades y se retiró del salón. Entonces se
cligi6 como Prefecto Politice del Departamento de Durango al señor don
Buenaventura G. Saravia y como Prefecto Municipal al licenciado don Rodrigo Durán.
El día 6 e hizo la elección del Ayuntamiento, resultando electos los siguientes:
Primer Alcalde, don José Rafael Peña.
Segundo Alcalde, don Crescencio Romero.
Tercer Alcalde, Lic. don Vicente Quijar.
Primer Regidor, don Juan de Dios Palacios.
Segundo Regidor, don Gerardo Jáquez.
Tercer Regidor, don Juan Francisco Escobar.
Cuarto Regidor, don Francisco Alvarez.
Como Procurador resultó electo don Clemente García.
El primer acto del Ayuntamiento fue adherirse al Imperio según acta
del 12 de julio.
El Prefecto Saravia una vez que tomó posesión de su alto cargo integró el
Consejo Departamental con las siguientes personas como propietarios: Juan
N. Flores, Lic. Toribio Bracho, Francisco García, Ignacio Asúnsolo y Felipe
Pérez Gavilán. Estos nombramientos fueron ratificados por el Emperador Maximiliano el 14 de agosto del mismo año.
Después de haber ocupado la ciudad de Durango, el ejército francés pasó
a diversos pueblos del Estado; el 14 de julio llegó a San Lucas de Ocampo,
el día siguiente ocupó San Juan del Río; el 21 de septiembre ocupó Nazas y
el 3 San Juan de Guadalupe.
No obstante la ocupación del Estado por los imperialistas, no había paz.
El 15 de noviembre fue nombrado Comandante Militar del Departamento de
Durango el general José Quintanilla, días después salió de esta ciudad a
campaña y en el Pasaje fue muerto intempestivamente en unión de su secretario Mariano Canseco. Esto indica que ninguna tranquilidad existía en
Durango.
Como el Prefecto Saravia se diera cuenta que la opinión del Departamento
de Durango no estaba unüicada a favor del nuevo régimen de cosas, inició
una gira por algunas partes a fin de convencer a sus habitantes de que el
mejor régimen para el país era el imperialista. Una larga temporada se pasó
Sa.ravia por esos lugares que visitó uno por uno y cuando consideró completa
m misión regresó a Durango.
En su ausencia se encargó de la Prefectura Política el señor Juan de Dios
Palacios. En el mes de octubre de 1865 el señor Saravia se separó definitiva-

462

mente de la Prefectura y en un principio lo substituyó el señor Palacios y
después el doctor Felipe Pérez Gavilán.

Accio11es de guerra
Estas eran frecuentemente, pues exisúan diversas partidas de republicanos
que combatían sin cesar; entre los incansables estaba el general Patoni que
muchas veces !legó a dar serias batallas a los imperialistas, tanto en Menores
y en Juana Guerra. Pero la batalla más importante fue la de Majoma que
tuvo lugar el 21 de septiembre de 1864 en eJ cerro de este nombre que se
encuentra en los límites de este Estado con el de Zacatecas.
La columna republicana era dirigida por el general González Ortega y
&lt;:olaboraban los generales Patoni, Alcalde, Oitega, Carvajal y Castro.
Sabedor el general González Ortega de que una columna de imperialistas
venía de Zacatecas en auxilio de Durango, y se encontraba próxima a San
Miguel del Mezquital, decidió destruirla, para lo cual se dirigió con todo su
ejército a San Miguel, pero sabiendo los franceses el plan de aquél, retrocedieron para encontrarse con las tropas de Gonzáiez Ortega.
La columna imperialista que ib_a a las órdenes del coronel Martín llegó el 21
de septiembre a la hacienda de la Estanzuela que se encuentra en el Municipio
&lt;le Cuencamé, el coronel Martín resguardó su convoy en la casa grande de
la hacienda y en las azoteas almenadas dejó sus ejércitos armados.
El cerró de Majoma fue ocupado por las tropas que mandaba el general
Patoni, así como con las del bataUón de Chihuahua a las órdenes del general
Ojinaga. En la llanura se situaron las divisiones de González Ortega y Alcalde; ésta que constituía la reserva, quedó un poco atrás y a la derecha la
del general en jefe; 1a caballería del general Castro, que la integraban unos
200 hombres, formó el ala izquierda, y la del lado opuesto la formaron 300
jinetes de Carvajal.
La acción fue provocada por Carvajal que al frente de un grupo de exploradores llegó hasta los aledaños de la hacienda donde se desprendió el capitán
Fouré con un escuadrón de cazadores montados; se trabó un combate de corta
duración en el que los mexicanos obtuvieron la ventaja.

Martín creía en un principio que sólo tenía que batirse con la División
Patoni, porque las otras fuerzas no eran visibles desde la hacienda y se lanzó
al rescate del cerro; pero descubrió a poco que se hallaba frente a todo un
ejército, cuando ya no era posible retroceder; comprendiendo que la loma
era la llave de la posición, siguió adelante decidido a ocuparla; entró en
fuego la artilleria y uno de los primeros disparos destrozó al propio coronei'
Martín; lo substituyó el comandante Japy, quien aceleró y se apoderó de
463

�la altura) capturando parte de la artilleóa y volviéndola contra los republicanos.
Todos los esfuerzos de Patoní y González Ortega resultaron ínfructuosos;
Alcalde permaneció inmóvil y ni uno de sus soldados se batió, entonces González Ortega pudo efectuar la retirada, la que trajo la dispersión del Ejército
de Occidente.
Éste se componía de tres mil quinientos hombres y los franceses eran ochocientos.
Esta fue una de las batallas de más graves consecuencias para el Ejército
Republicano, que aquí se acabó.
Se encontraba en el Estado de Durango el Presidente Juárcz, habiendo llegado a príncipios del mes de septiembre en su peregrinar hacia el ,norte;
El primer lugar del Estado de Durango que tocó fue Santa Rosa, de a~1 paso
a Mapinú a donde llegó el día siete, después a Pedriceña donde el qumce de
septiembre dio el "Grito de Independencia". Dice Guillenno Prieto, uno de
los acompañantes del Presidente Juárez, que aquel día quince de septiembre
llegó a Pedriceña la Comitiva, iban todos cansados yéndose a recoger sín
acordarse de la fecha en que estaban, a no ser por las luminarias que los
soldados de la tropa habían encendido por todo el campamento. Así recordaron la fecha que se conmemoraba, dando el Presidente Juárez "El Grito" Y
el discurso corrió a cargo del mismo don Guillermo Prieto.
Cuando ya todo estaba en silencio y cada quien en sus habitaciones, a ínvitación del mismo Prieto los soldados fueron a cantarle al señor Juárez unos
. ' "L a PaJ orna" , que enimprovisados versos suyos con la letra de 1a canc1on
tonces estaba de moda. Dichos versos dicen así:

Si a tu ventana llega un pajarito,
trátalo con cariño que es don Benito.
Al día siguiente la Comitiva pasó a la hacienda del Sobaco, donde recibió
la visita de las autoridades de Nazas que iban a invitarla para que visitara
a esa ciudad.
Como ya se esperaba el choque de los ejércitos republicano e imperialista,
que como hemos dicho tuvo lugar en Majoma, el señor Juárez aceptó ir a
Nazas donde esperó el resultado de la batalla, que seguramente tenía esperanzas de que fuera favorable para la causa que defendía, pero al saber
el resultado, optó por seguir rumbo a Chihuahua.
Mientras tanto las fuerzas francesas seguían ocupando el Estado de Durango y el general L'Heriller fue substituido el mes de noviembre por el generaJ Castagny.

464

Actos sociales
Desde su llegada a esta ciudad los oficiales del Ejército Francés procuraron
relacionarse con la sociedad de Durango a través de distintos actos sociales.
Pocos días después de haber llegado a esta ciudad el Ejército Francés, la
Prefectura Política del Departamento de Durango organizó un baile en honor
del general L'Heriller, que tuvo lugar en el Palacio de Gobierno. Las crónicas
de este acontecimiento social aparecen publicadas en el periódico oficial de
la Prefectura Oficial Política. En dicho baile los poetas Crescencio Romero,
Antonio Gómez del Palacio y Vicente Quijar hicieron gala de su inspiración.
Después hubo otros dos bailes, el primero el 4 de diciembre en honor del
general Castagny dado por los vecinos de esta ciudad; el segundo el 15 de
agosto de 1865 obsequiado por el propio general Castagny con motivo del
cumpleaños del Emperador Maximiliano.
De este último baile conocemos una bella crónica escrita en verso por don
Vicente Quijar en la que habla con mucha elegancia de las damas que asistieron a dicho acto social.
Por ese entonces se empezó a munnurar que el general Castagny habíase
enamorado de una bella dama de esta ciudad cuyo nombre era Rosa.
Uno de aquellos poetas románticos compuso unos versos que todo Durango
conoció y que se sabía de memoria y que han llegado hasta nosotros. Dicen así:

¡ De estas Rosas no hay en Francia,
mi general Castagny!
¡ Este garbo, esta arrogancia
son propios sólo de aquí.!
El 28 de abril de 1866 se inauguró en esta ciudad el Hospicio San Carlos
destinado a la atención de los niños pobres. Se fundó a iniciativa de un grupo
de damas altruistas, las que no teniendo los recursos suficientes para su fundación, se dirigieron a la Emperatriz Carlota quien les regaló la cantidad de
quinientos pesos; por dicho motivo la institución llevó su nombre.
Años después el hospicio cambió su nombre por el de Francisco Zarco, que
es el que ostenta actualmente.
Por motivos de sobra conocidos, el Ejército Francés fue retirado de este
país, entonces conforme iban abandonando las diferentes ciudades los imperialistas, iban siendo ocupadas por los republicanos.
En esta ciudad el Ejército Francés comenzó a salir el 4 de agosto de 1866
nunbo a San Luis Potosí, quedando la plaza defendida por el batallón mixto

465
H30

�compuesto de trescientos hombres, un escuadrón de cien hombres de caballería,

más el batallón imperial formado por 600 infantes.
Los jefes republicanos que se encontraban en el Estado eran los generales
Silvestre Aranda, Francisco O. Arce, Juan González Herrera y Miguel Auza,
siendo este último nombrado jefe de las fuerzas de Durango, por cuyo motivo
hubo descontento entre el elemento militar, siendo nombrado en su lugar el
licenciado José Ma. Pereyra.
Los republicanos velan en la toma de Durango la llave del éxito en sus
futuras campañas. Así lo confesó el general Aranda al Presidente Juárez en
carta que le dirigió el 28 de agosto de 1866, al decirle que "la ocupación de
Durango será de la mayor importancia, pues entonces se extendería una línea
desde Matamoros hasta Mazatlán, situándose en algún punto de ahí el gobiemo podrá dictar las disposiciones necesarias para llevar a cabo la destrucción del Imperio".
Al abandonar definitivamente el Ejército Francés esta ciudad un grupo de
vecinos dirigidos por el señor licenciado Francisco Gómez Palacio, se comprometieron a cuidarla con el fin de salvaguardar el orden y evitar que se cometieran abusos mientras llegaban las tropas republicanas.
Ocupó la ciudad ele Durango don Silvestre Aranda que tenía el nombramiento de Gobernador y Comandante Militar del Estado de Durango, expedido a su favor por el Presidente Juárez.
El general Aranda se preocupó por reorganizar los servicios públicos y únicamente a los más conocidos imperialistas los castigó imponiéndoles fuertes
multas, pero fue muy parco en las medidas que tomó, dado que la mayor
parte de los vecinos de la ciudad simpatizaban con el Imperio.
El 26 de diciembre hizo su entrada a esta ciudad el Presidente Juárez, donde
estuvo hasta el 30 en que salió rumbo a Zacatecas.
De su estancia en esta ciudad, nos ha dejado un interesante relato el señor
licenciado Luis Zubiría y Campa, que aparece publicado en el Álbum ]uárez,
editado el año de 1931. Dice así:

"El 26 de diciembre de 1866 don Benito Juárez, hizo su entrada a
la ciudad de Durango, donde fue recibido con entusiasmo y arcos triunfales; las principales /Jersonas del Partido Liberal salieron a encontrarlo a la Garita del Norte, donde se form6 un templete para darle la
bienvenida y pronunciar discur5os alusivos al acto; las campanas se
echaron a vuelo y la artillería de la plaza hizo los honores de ordenanza, disparando veintiún cañonazos. La Comitiva Oficial entr6 en elegantes coches y el pueblo, delirante, pretendi6 arrastrar la tarretela
Presidencial y quitarle los caballos, pero el señor Juárez, de manera su466

plicatoria se opuso a ello. La calle de mayor tráfico ha sido siempre la
que hoy lleva el nombre de Constitución y que en ese tiempo la apellidaban 'De los Conservadores', por tener muchos de los connotados imperialistas sus residencias .allí; la Comisi611 encargada del recibimiento
no quiso que el Presidente entrara por esa calle, sino por la de Teresas (hoy Juárez). Al pasar por el lado oriente de la Plaza de Armas se
le extendió una gran Bandera Francesa, para que pasara sobre ella; al
notarlo don Benito, detuvo la carretela disgustado y ordenó que fuera
levantado el referido pabellón ( después se supo que la idea del hecho
fue de la señora Luz Noriega de Arce que había sido perseguida en la
época de los franceses por su labor patriótica a favor de la causa republicana; era esposa del General liberal Francisco O. Arce). El séquito
continuó '.)I dio vuelta por la calle Real ( hoy calle de 5 de Febrero) hacia la Casa de Gobierno, donde se lzabfa preparado alojamiento al
Presidente y sus acompañantes, que lo eran: Lic. José María Iglesias, El
General Ignacio Mejfa, el General Francisco Ortiz de Zárate, etc., y su
escolta especial.
Por la noche se dio un gran baile en el Salón Principal del PaCacio
de Gobierno, al que asistieron las familias de los Liberales, distinguiéndose entre las damas, la señora Guadalupe Porras de Mascareñas con
quien bailó una pieza el Presidente; la aristocrática señora Josefa Segura de Santamaría; la inteligente y sociable señora Carmen !tune de
Santamaria; la arrogante señora Luz Noriega de Arce; la señora Francisca Asúnsolo de De la Peña llevando elegante traje tricolor; doña
Cleofas Valles de Ríos y Valles, doña Antonia Prado de H ernández,
etc., la misma noche hubo fiestas públicas populares, un baile en la
Plaza de Armas y los cohetes clásicos.
Al día siguiente se obsequió al señor Presidente con 1m suntuoso banquete; al finalizar éste hubo varios brindis y el señor Cayetano Mascareñas aludiendo a algunas personas que habían simpatizado con el régimen anterior y que trataban de acomodarse al nuevo orden de cosas,
pronunció unos versos que terminaban así:
Brindo por las blusas rotas
en la guerra, no en la pa.z;
no por los falsos patriotas
que gustan ponerse botas
al sol que calienta más''.
El día 27 por la noche, la Compañía de Opera Mexicana que se encontra-

467

�ba en Durango desde el mes de julio, dio una función de invitación a la
que concurrieron todos los liberales. Al entrar el Presidente se estrenó el Himno a Juárez, composición durangueña con música del Director de la Compañía señor M.iguel Meneses y letra del licenciado Antonio Verdugo, cuyo coro
es el siguiente:

Viva Juárez, mil ecos repitan
porque Juárez la Patria nos dio,
y ya rotas las férreas cadenas
impotente el tirano partió.

BERNARDO REYES EN LA HISTORIA DE MÉXICO
E. V.

Con la cita transcrita, damos por terminado este trabajo histórico, que no
tiene más objeto que el de dar a conocer una época muy importante de esta
ciudad de Durango.

BIBLIOGRAFIA

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1949
Jv.árez. Lu1s ZunnÚA Y CAMPA. 1931.

468

NJEMEYER

JR.

RESULTA SIBMPRE MUY oIFÍcn, colocar a un personaje en la verdadera luz
histórica y para cada uno de nosotros interpretar los acontecimientos cuando
se tienen prejuicios personales.
Lamarti.oe ha clicho que la historia no es otra cosa más que una biografía
a grande escala. Pero los lectores de cualquier biografía casi nunca están de
acuerdo con la personalidad en cuestión. Para algunos, es un pecador. Para
otros, es un santo. Todo lo que un historiador puede hacer, es sujetarse a
presentar los hechos tal como son y emitir al final sus propias conclusiones
derivadas de tales hechos. El lector siempre tiene que formular su propia
decisión.
¿ En qué fonna han tratado los escritores de la Historia de México a la figura de Bernardo Reyes, General de División del Ejército Mexicano, podirista de hueso colorado, y por mucho tiempo Gobernador de este Estado de
Nuevo León? Algunos han sido justos con él. Otros no lo han sido. Antes de
llegar a ninguna conclusión en relación a que si sus cualidades exceden sus
defectos, yo desearía considerar al personaje Bernardo Reyes sobre la base
de las siguientes características. Sobre todo debemos prepararnos para juzgarlo colocándolo exactamente en el tiempo en que vivió.
Primeramente debemos recordar que don Bernardo fue un soldado. Desde
la primera vez que luchó contra los invasores franceses con piedras: y palos,
siendo todavía un muchacho de catorce años, basta el momento en que cayó
mortalmente herido el día 9 de febrero de 1913, Reyes fue un enamorado de
la vida militar. Es necesario darle la atención necesaria a sus hazañas en el
campo de batalla. Antes de los 17 ya había sido herido en combate dos veces:
una por sable, otra por bayoneta. Fue un dulce consuelo el estar presente
cuando Maximiliano entregó su espada al general Mariano Escobedo en Querétaro. De 1867 a 1885 participó en numerosas campañas contra los revoltosos que hicieron imposible la paz en México durante este período. Los aseen-

469

�sos se sucedieron frecuentemente a medida de que el joven oficial demostraba
hab~dad, astucia, v3:1or y adaptabilidad a los rigores de la vida en campaña
en diez estados y baJo cuatro presidentes. El sentido de lealtad hacia Lerdo
de Tejada lo involucró en escaramuzas con ]as fuerzas porfiristas en 1876
pero aun esto no detuvo su ascenso meteórico en rango.
Sus cualidades como jefe y su lealtad fueron prontamente reconocidas por
Díaz. La batalla de Villa Unión en 1880 fue una carga de caballería en la
que Bernardo Reyes, a la cabeza de sus tropas recibió tres heridas, una de
las cuales le hizo pedazos la mano derecha y lo dejó parcialmente manco para el resto de sus días. Por esta victoria que aplastó una revuelta que amenazaba abarcar el México occidental, Bernardo Reyes recibió el grado de General de Brigada. Más tarde llegó a General de División. Mientras muchos
generales engordaban o enriquecían durante la Pax Porfiriana, Bernardo Reyes se dedicó a: su profesión. Constantemente se perfeccionaba en la Ciencia
Militar y en sus tácticas. Escribió manuales de instrucción y revisó muchos de
los existentes. Tenía una verdadera sed del saber. Su gran oportunidad llegó
en 1900 cuando Díaz lo nombró Ministro de Guerra. Al darse cuenta de la
miserable condición del ejército, del lucro y de la ineficiencia que prevalecían
en el ~sterio de Guerra, Reyes no perdió tiempo en instituir refo:rmas que
re~entmamente transformaron este ejército en una máquina de guerra de
primera clase. El mayor logro obtenido fue probablemente la creación de la
Segunda Reserva que juntó a más de 30,000 reclutas y 210 unidades de reserva en toda la nación. 1
Nunca jamás se había conocido tal patriotismo y devoción al país durante
tiempo de paz. Desgraciadamente esto le valió a Reyes la enemistad de los
científicos que provocaron su renuncia del Gabinete y suprimieron la Segunda Reserva.
Bernardo Reyes fue primero, último y siempre un militar. Cuando escribía
de lo que era más querido a su corazón: El Ejét-cito Mexicano. Anotamos
aquí sus palabras en la monografía El Ejército Nacional~ que fue su contribución a un trabajo de Justo Sierra intitulado: Méxi.co, Su Evolución Social:
"¡-Qué época la de nuestras guerras! ¡ Los batallones que combaten, y
sus restos ensangrentados que son vencidos o que triunfan· los escuadrones arrebatados por el vértigo de la caroa, que caen destrozados; los caño11,es que truenan e iluminan siniestramente; los estandartes flotando,
1

Memoria de la Secretarla de Estado y del despacho de Guerra y Marina presen•
tada al Congreso de la Unión por el secretario del ramo, gmeral de división Bernardo
Reyes. Comprende del lo. de julio de 1901 al 31 de diciembre de 1902:, (México Tipografía de la Oficina Impresora de EstampilJas, 1902), 6-7; JosÉ R. DEL CAsT~LO
Historia de la Revolución Social de Mlxico 'de 1910 (México 1915) , 66.
'

470

corriendo como llamas er1cendedoras, en los amigos y enemigos campos;
tropas chorreando sangre, que se miran entre el fuego y el humo; brillo
de armas, fragor de bronces, toque de cornetas y tambores, flamear de
banderas vencedoras o vencidas; tal fue el cuadro apocalíptico de nuestras luchas intestinas! Y así, despedazados por ellas, nos agobia la invasión
anglo-sajona, y luego, más tarde, viene el galo a nuestro festín sangriento: pero nada nos agota: ruedan instituciones envejecidas, ruedan
cabezas con coronas, y al fin, tras tanto padecer, tras brega tanta, se alza
nuestra República gloriosa; se yergue al cielo, por nuestro ejército sostenida, la nacional Bandera Mexicana.
Al reflejarnos la Historia, en su gigante espejo fiel, la perspectiva de
los tiempos idos, el vértigo de lo infinito1 nos invade, se siente el deseo
de acciones grandes, y la emoción, electrizando nuestros nervios, nubla
la vista y aprieta el corazón"!

Solamente un romántico pudo haber escrito así.
Cuando hablaba y actuaba lo hacía como un soldado que creí.a en la Autoridad y en el mando militar. Esta característica más su naturaleza impulsiva y su gran dificultad para convivir con aquellos que no participaban de sus
puntos de vista, le crearon muchos enemigos entre sus contemporáneos civiles.
Fue su código de honor militar que le impidió actuar contra Madero. Unicamente después de haberse retirado del Ejército el día 2 de septiembre de 1911,
pudo rebelarse contra el Gobierno Constitucional. Como soldado sabía lo que
significaba la muerte y cómo morir cuando el tiempo llegase.
Fue en el campo de la administración donde Bernardo Reyes brilló como la
más fulgurante luminaria del período porfiriano. Ya he mencionado sus reformas al Departamento de Guerra. Ayer hablé de su administración en este
Estado y cómo se dedicó a servir a los intereses públicos. En este aspecto demostró una gran inteligencia en hacer decisiones, en ver que sus órdenes se
ejecutaban al pie de la letra, una alerta visión en lo que estaba transcurriendo en todo momento en la administración del Gobierno del Estado y honradez escrupulosa que abarcaba desde su vida privada hasta su vida pública.
Para el Estado de Nuevo León y para la ciudad de Monterrey, Entidades que
estaban pasando por su período de desarrollo, no podrá haber circunstancias
más afortunadas.
Además de los talentos militares y adininistrativos que caracterizaban a
don Bernardo Reyes, tan ampliamente demostrados, debemos considerar su
' General don BERNARDO Ri;;n;s. El Ejército Mexicano, monografía hi.rtórica escrita en 1899 para la obra, México - su evolución social. Edición especial (México, J.
Ballesca y Cía.), 1901, 75-76.

471

�papel como agente en jefe del Porfiriato en la frontera noreste. De 1885 a
1909, Reyes fue la personificación de Porlirio Díaz en esa área. Fue él quien
destruyó el cacicazgo Treviño-Naranjo en Nuevo León, e hizo posible posteriormente la reconciliación política tan favorable al desarrollo económico.
Fue él quien puso fin al desorden y al contrabando a lo largo de la frontera
norte que siempre había constituido una amenaza para el centro de la República.
Con firme lealtad a Porfirio Díaz, Bernardo Reyes se hizo cargo de todos
los procesos políticos en Nuevo León, Coahuila y aun en una menor escala
en el Estado de Tamaulipas. Una palabra de Bernardo Reyes era generalmente suficiente para detener cualquier oposición a Díaz y a su régimen.
Durante el porfiriato, el agente solidifícador del régimen era el Gobernador
del Estado, quien muchas veces fue descrito por algunas autoridades como un
títere de Díaz e incapaz de ejercer su propia iruciativa. En gran parte esto
era verdad. Los Gobernadores debían su posición a Díaz y a él solamente.
Pero sería injusto caracterizarlos como puramente agentes mecánicos del Presidente porque eso no haría justicia a la responsabilidad de su posición como jefes administrativos y políticos de sus Estados ni a su papel de mantener
el prestigio de la Dictadura y del aseguramiento de su continuación.
Los gobernadores servían como fuentes de información y comÓ Consejeros en asuntos locales; desarrollaban mucho del trabajo del centro en la ejecución de la política conciliatoria de las diversas facciones e intereses en los
Estados y contribuían a conservar la paz y el orden tan necesarios al desarrollo económico. Su relaci6n con Díaz puede ser mejor descrita como una de
cooperación mutua y de interdependencia. De todos los Gobernadores de Estado durante el porfiriato, ninguno tipifica mejor esta relación que Bernardo
Reyes.
En los primeros años de su larga administración Díaz preparaba las listas
de candidatos para el Congreso, la Legislatura del Estado y los puestos judiciales, pero a medida que el tiempo pasaba Reyes asunúó personalmente ~ta
responsabilidad y únicamente enviaba los nombres a Díaz para su aprobacion.
Si este sistema era anti-democrático, fue ciertamente el que más se acomodó a
las tendencias políticas contemporáneas en los procedimientos gubernamentales mexicanos.
No solamente ejerció Reyes una poderosa influencia en el nombramiento
de los miembros del Congreso, sino que también ejecutó grandes servicios de
carácter político, judicial y civil para el centro. En 1894, por ejemplo, se
ocupó todo un año en intervenir en los asuntos comerciales en Coahuila _Y
Nuevo León a petición de miembros del Gabinete. No era raro que se le pidiera intervenir en litigios, el resultado de los cuales eran de interés para el

472

•

Gobierno Nacional. Podemos dar un ejemplo de cómo se le pedía que demostrara con solamente su presencia la Autoridad del Gobierno Nacional en
el Estado de Nuevo León. Una carta a don Bernardo Reyes del Presidente
Díaz fechada el 31 de Julio de 1899 reza a la letra:
"Como el Gobierno General no tiene en ese Estado
por virtud de su carácter oficial y por sus reconocidas
merecedor de mayor confianza que Usted .. . sírvase
de Caja de la Jefatura de Hacienda para mostrar en
ta que la inspección ha sido verificada". 8

una persona quien
cualidades sea más
visitar las oficinas
forma más concre-

Para Bernardo Reyes, encargado de mantener la autoridad y prestigio del
sistema político porfiriano en la frontera norte, esta tarea era parte de su día
de trabajo.
Puede afirmarse que Reyes desde su llegada a Monterrey siempre conservó un ojo vigilante sobre los acontecimientos de la política coahuilense. Como un ejemplo de su atinada intervenci6n en ese Estado, podemos mencionar
que intervino en la eliminación del Gobernador José Maria Garza Galán en
1893. El año siguiente Reyes se vio obligado a llamarle la atención al Gobernador Francisco Arizpe y Ramos que "es necesario que estén de acuerdo conmigo" y que de no hacerlo sería "contrario a la política general de la nación,
la que requiere que cada una de las Entidades que la integran hagan sacrificios para el bienestar de todos".• Más tardeo Reyes se vio obligado a escribirle a Arizpe y Ramos que era imposible que "continuara a la cabe7,a de ese
Gobierno". Después de la renuncia de este Gobernador en 1894, el Lic. Miguel Cárdenas llegó a la gubernatura y sirvió como dócil instrumento de Reyes en Coahuila por espacio de 15 años.
Después de haber discutido brevemente las más importantes fases militares y administrativas de su carrera pública, es necesario hacer mención de la
calidad humana de Bernardo Reyes. En una época en que el progreso material de la Nación iba acompañado por la despiadada explotación de los trabajadores industriales y de la esclavitud de la población campesina, la voz de
Bernardo Reyes frecuentemente se dejaba oír en defensa de los oprimidos. Su
mterés en el ranchero, el campesino de la comunidad mral y el indio en su
aldea nativa, le impulsaron a intervenir en muchas ocasiones para proteger
Porfirio Dlaz a Bernardo Reyes, 31 de julio de 1899, ms. Cartas del Sr. Presidente
Dí.u al Sr. Gral. Bernardo Reyes, enero de 1899 a 18 de enero de 1900, Archivo de
:Bernardo Reyes.
• lleye.s a Arizpe y Ramos, Monterrey, June 4, 1894, ms. Cartas Varias, 1894. p.
:240. Archivo de Bernardo Reyes.
1

473

�a esta humilde gente contra la explotación de esos extranjeros ansiosos de
enriquecerse con la tierra y con el agua que hace a 1~ tierra rendir sus frutos. Su sentido de justicia social determmaba su oposición a la rapacidad de
la Claque de los científicos. A todo esto hay que añadir que decretó una legislación social en el Estado de Nuevo León que lo colocó muy adelante de la
tendencia contemporánea tanto en México como en el extranjero. Su Ley Sobre Accidente.s del Trabajo ( 1906) y su Ley dirigida a la eliminación del peonaje ( 1908) son solamente dos de las muchas manifestaciones de su preocupación humanitaria para el trabajador y su bienestar. 5 Estos actos son ma,,on1ficos exponentes de su recio espíritu liberal.
Para 1909, a medida que la Dictadura se aproximaba a su fin, la estrella
de Bernardo Reyes había lleg;,.do a su cenit. Su comprobada capacidad lo haáa aparecer ante los ojos de todas las clases sociales como el único para conducir un movimiento de reforma social, económica y polí.tica.
Desafortunadamente para México, Reyes no respondió a la demanda de
que actuara en contra de Díaz. ¿ Era por seguir su comportamiento patriótico tradicional? La definición del vocablo patriota es: aquel que ama a su
patria y apoya celosamente su autoridad y sus intereses. En esta ocasión coloc6
su lealtad a Díaz antes que los mejores intereses de su querido País. Fue una
lealtad personal que no supo cómo vencer. Además, creyó que cualquier oposición a don Porfirio Díaz, conduciría a la violencia, a la destrucción y al
caos. En las palabras de Daniel Cossío Villegas, Reyes "no deseaba, como al
igual que ningún otro hombre dentro del régimen, arrojar la primera piedra
contra el palacio porfiriano". 6
Siempre fue la convicción sincera de Reyes que lo que él había hecho era lo
mejor para México, y únicamente una persona de alto valor moral pudo haberse adherido a tal política ante la universal demanda de que retara la Dictadura. Al hacer caso omiso del llamado del pueblo, hizo el mayor sacrificio
personal en a.ras de la lealtad. Sus seguidores poco entendieron o apreciaron
los altos ideales que motivaron la conducta de Bernardo Reyes durante el
apremiante verano de 1909. Y Díaz, sobre quien descansaba la última responsabilidad por el sacrificio de Reyes, tampoco supo apreciar la conducta de
su General de División, hasta que se abrió el fuego de la Revolución de
1910 y no había un Bernardo Reyes para extinguir las llamas.
• Memoria que el ciudadano general Bunardo Reyes Gobernador Constitucional del
Estado de Nuevo Le6n presenta a la XXXIV Legislatura del, mismo y qu.e corresponde al pufodo transcurrido del 4 de octubre de 1903 al 3 de octubre de 1907 (Monterrey, Tip. del Gobierno del Estado, 1908), tomo I, 732-736, 740-742 ; Peri6dico oficial
del gobierno del Estado Libre y Soberano de Nuevo León, vol. XLIII, no 64, p. 2.
• Manuscrito en posesión del Dr. Daniel Cossio Villcgas.

474

Con la salida de Díaz en 1911, la causa de don Bernardo, tan íntimamente
identificada con el viejo régimen, pasó a ser u.na causa perdida para siempre.
El héroe del pueblo era ahora Francisco Madero. Desde el 4 de junio de 1911,
cuando Reyes regresó de Europa, hasta su trágica muerte un año y ocho meses
después fue patente que su carrera pública había terminado, pero Reyes todavía se resistía a reconocerlo. Era un indeseable, pero se rehusaba a creerlo.
Tenía delirio de grandeza y se consideraba como el único llamado por el destino para salvar a México del caos y la anarquía que amenazaba la propia
existencia del país. Instigado por partidarios que estaban igualmente cegados,
Reyes fue empujado a cometer una serie de errores: anunciar su candidatura
contra Madero, el apóstol, y rebelándose contra él desde San Antonio Texas
a fines de 1911, cada uno de los cuales lo hundía más en el fango del cual'
únicamente su muerte frente al Palacio Nacional le extraería con honor.
Porque Bernardo Reyes había rehusado retar a don Porfirio en 1909 se
'
le llamaba cobarde. Porque se rebeló contra Madero en 1911 y 1913 se le
denunció como traidor. Además de la seriedad de•estas acusaciones las desafortunadas circunstancias acontecieron cuando los historiadores interpretaron a
Reyes y su papel en la Historia de México, contra la luz de los trágicos eventos
que lo envolvieron en una red desde 1909 a 1913. Tal interpretación es injusta para Reyes, quién merece ser juzgado de acuerdo con los tiempos en que
vivió. Fue esencialmente un producto del, y contribuyó al régimen porfiriano
al cual le dio los mejores años de su vida. En comparación con otros funcionarios de su época Bernardo Reyes fue sobresaliente. Sin embargo su vida
desgraciadamente traslapada con el siguiente período de la Historia de México, una época extrafia a Reyes y la era autoritaria que representó. Si Reyes
no pudo aceptar el cargo, no debiese ser juzgado tan rígidamente por causa de
los trágicos eventos que lo envolvieron en los años de 1911 y 1913. Pero el
estudiante de la Historia de México, las personas que atienden a esta conferencia tendrán que decidir por sí mismos. Cualquiera que sea vuestra decisión
,
'
pe~taseme_ cerrar con este párrafo tomado de su querido Alfonso, (q.e.p.d.),
qtuen conoció a su padre tan bien y quien aquilatando las cualidades de un
hombre íntegro, lo amó tanto:
"Cuando la ametralladora acabó de vaciar su entraña, entre el montón de hombres y de caballos, a media plaza y frente a la puerta de
Palacio, en una mañana de domingo, el mayor romántico mexicano había muerto". 1

' ALFONSO RBYEs,

Oración del 9 de febrero. (México, Ediciones Era, t 963) , 23.

475

�E

LA FRAGATA CORSARIO "LA ARGENT! A"
LAS COSTAS AMERICANAS SEPTENTRIO ALES
JosÉ TORRE REVELLO

l. "LA

ARGENTINA"

PARA coNTRARllESTAR LA ACCIÓN de los navíos de guerra españoles y perseguir
su comercio marítimo, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la
Plata resolvi6 establecer el corso, concediendo patente para su ejercicio a toda
persona que armara algún buque destinado a luchar contra las embarcacion
enemigas.1 Para ello promulgó el 5 de mayo de 1817, un reglamento donde,
en cuarenta y seis artículos, se establecían las disposiciones que regulaban las
obligaciones y fines de la guerra que debían sostener los navíos corsarios. 2
En el artículo doce de ese reglamento, se prometía premiar a todo corsario
' La primera disposici6n sobre corso, dictada por el gobierno de las Provincias Uni-

das del Rio de la Plata, fue el D,cr,to para ,1 Corso expedido en Buenos A.ir,s, el 18
de noviembre de 1816. Impreso de la €poca, 4 páginas. Consta de 19 artículos y, en su
prdmbulo, se Ice: "La guerra sangrienta que el rey D. Fernando VII desde su rtstituci6n al trono de sus padres ha continuado por medio de tiranos contra lo puc-blos
del nuevo mundo que han reclamado su inmunidad natural, exige las medidas de
reinstalaci6n que permite el derecho de gentes y hacer sentir a la naci6n española
las consecuencias de la bárbara obstinación de su monarca, fascinado por ministros
corrompidos contra el justo clamor de los americanos injuriados".
1 Antes de promulgarse el decreto del 18 de no\'icmhrc de 1816, que fue reemplazado
por el R,glamento d, Corso del 5 de mayo de 1817, estuvo en vigencia en las Provincias
Unidas del Río de fa Plata, la Ordenanza d, Corso, expedida por el monarca de España,
en 20 de junio de 1801, que consu de 51 artículos, y las adiciones que la compl mentaron. Véase ls1001to Rvtz MoRJ!NO, l,as presas marltimas
la República .Argentina,
prim,ra pn,11 (1810-/830). Estudios editados por la Faculud de Derecho y Ciencias
Sociales de la Universidad de BuCllos Aires, XIII, Centro de Estudios de Derecho Internacional Público, 1926, pp. 149-202, donde se reproducen los textos mencionados de

,n

1801, 1807 y 1817.

477

�•

que apresase alguna embarcación enemiga "con tropas, municiones o útiles de
guerra dirigidos a hostilizar los países de América o reforzar algún punto de
los dominios españoles". En el decimotercero se recomendaba a los comandantes de las naves corsarias, no ser crueles en el tratamiento de los prisioneros,
pero se les encargaba que incendiaran y destruyeran "todo buque enemigo
de alta mar, que por su poco valor no quiseran conducir apresado", prohibiéndose, terminantemente, dejar en libertad, bajo pretexto alguno, o bien
''dejar en poder de los enemigos embarcación alguna de la clase indicada, reputándose como hostilidad al país, cualquiera de esta naturaleza". Además
de lo señalado por dicho reglamento, se acostumbraba entregar a los capitanes
de los navíos corsarios, instrucciones reservadas que se debían tener en cuenta
en circunstancias especiales.
A Hipólito Bouchard, capitán de la fragata corsario La Argentina, a cuyas
hazañas nos vamos a referir, se le extendió su patente en la fortaleza de Buenos Aires, el 25 de junio de 1817.8 Con la misma fecha, se le dieron las instrucciones reservadas, haciéndose constar en éstas, el nombre de su armador,
doctor Vicente Anasta,;io Echevarría. Se e..xpresaba en ellas que la embarcación iba a ser destinada al "corso contra los eneJDigos de la América". Por
uno de sus artículos se precisaba que el gobierno deseaba mantener buena
amistad con todos \os países amigos y neutrales, por lo que recomendaba que
se respetara toda propiedad española que estuviera bajo el amparo de aquellos
pabellones, con excepción de "los géneros prohibidos por contrabando de
guerra; pero toda propiedad que se hallase bajo el pabellón español, sea la
que fuere, será buena presa; previa la declaración del gobierno y los oficiales
al servicio de esta nación serán considerados como prisioneros de guerra".
El corsario, en caso de trabar "combate tremolará el pabellón de las Provincias Unidas, a saber blanco en su centro y celeste en sus extremos a lo largo". Era obligación del capitán del corsario La Argentina, llevar un diario
de sus operaciones, que debía enviar periódicamente a las autoridades.
En otro de los artículos, se le señalaba al capitán del corsario, en fonna
especial, que si en su navegación encontraba alguna expedición destinada contra las Provincias del Río de la Plata, debía tratar de apresar, de truir o incendiar cuantas embarcaciones pudiera, considerándose "este servicio como el
más importante a la justa causa de la América". Además se le recomendaba
que, en caso de que navegase por el Océano Pacifico, considerase el bloqueo
impuesto a las costas peruanas por las autoridades españolas y tratara de
obtener toda clase de informaciones sobre las ideas que pudieran sustentar
' El facsímil, se reproduce en Ruiz MoRENO,

Las presas marítimas, entre pp. 10 y 11.

los habitantes de aquel virreinato, con respecto al sistema de libertad e independencia que se había proclamado en el Congreso de Tucumán.•

II.

EL PRIMER COMBATE NAVAL

El corsario La Argentina era en su origen una fragata mercante española
llamada C~nsecuencia, que había sido apresada por Hip6lito Bouchard, frent;
'3 las batenas del Callao, cuando en 1816 se hallaba al mando de la corbeta
~ada de ~uerra Halcón, en circunstancias que con Guillermo Brown, realizaba su pnmera campaña de corso sobre las costas del Pacífico.6
las úl•:-~
· d agac1ones,
·
h Hipólito
,
•Bouchard era oriundo de Francia y' secrún
o
LJ.J.UaS ID
abna n~c1~0 en Bormes, ?,oblación situada entre Tolón y Saint Tropez -lugar este ultimo que, tamb1en, se le ha señalado como cuna- el 15 de enero
de ~ 780. También se sostiene que pudo haber nacido en Sa~t Tropez " resunublemente" en 1785.6
p
En su j~ventud ~abía sido marino mercante e, incluso, había integrado el
rol de navios corsanos ~n su p~tri~ nativa. Llegó al Río de la Plata en 1809 y,
al estallar. en
·'
. .Buenos Aires al s1gmente año la Revolución de Ma}'º , se adbino
a su~ -~rmc1p10s, al crearse, en 1811, la primera escuadrilla argentina, se Je
confino una de las tres naves que la integraron. Partió, el 10 de febrero del
pu~rto de Buenos Aires hacia un fatal destino. Juan Bautista Azopardo,' Hipólito ~ouchard y Angel Hubac eran "capitanes, respectivamente, de las naves
Invencible, 25 de Mayo y Americana, cuyos nombres inspiraron aquella frase
«L• L as rep:o d,~ce V. MAR.ro QuARTARUOLO, Preparativos para el crucero de la fragata
a Argentina . Apartado del Boletín del Centro Naval, Buenos Airi.-s enero-febrero
de 1953. Vol. LXX, úm. 608, pp. 12-14.
'

1: T. MlimNA, La expedici6n de corso del comodoro Guillermo Brown en aguas del
Pacifico,
·
del I nsbtuto
·
de
. octubre de 1815-junio dt 1816, Buenos Aires. Publ:ca
• c10nes
1nves~gacioncs Históricas, número XLI, 1928; RICARDO R. CAILLET-Bots, Nuestros
.corsarios: l, Brown Y Bouchard en el Pacifico, 1815-1816, Buenos Aires, Publicaciones
&lt;lel
de Investigaciones Históricas, número LII ' 1930• y HÉC'IOR R . ~T'IO,
n •
H' Instltuto
.
i.stona de Brown, Buenos Aires, Biblioteca de la Sociedad de Historia Argentina VIII
1939, t orno J , p. 125 Y Slgts.;
·
·
'
'
del nusmo
autor: Capitán de navlo Hip6lito Bouchard
"Buenos Air~s, Secretaría de Estado de Marina, Departamento de Estudios Histórico:
Navales, sene C, número 2, 1961, pp. 30-36.
1

• ~"RANCtsco LA1ous, Identidad del capitán de navío Hip6lito Bouchard, en la
Naci6n, ~ucnos_ ~es, 10 de noviembre de 1962, p. 6. Ver la nota del Departamento
&lt;le Estudios Históncos avales, que firma Humberto F. Burzio en Ratto Capitán
ae navío Hip6lito Bouchard, pp. 71-72.
'
'

479
478

�de esperanza de que "a partir del 25 de mayo sería invencible la causa
americana". 1
La pequeña flotilla, cuyo mando ejercía Bouchard, cuando semanas más
tarde remontaba el Paraná, advirtió que iban en su seguímiento naves españolas procedentes de Montevideo, que respondían a las órdenes de Jacinto
de Romarate. El 2 de marro resolvió el jefe patriota fondear frente a San
Nicolás de los Arroyos, en donde se trabó la lucha en forma desigual para los
argentinos.ª
AJlí "fue destnúda completamente la flotilla patriota". A raíz de ese desastre, Bouchard "se alistó en 1812 en el famoso Regimiento de Granaderos
a Caballo que organizaba San Martín. A sus órdenes se halló el año 13 en el
combate de San Lorenzo, tocándole la fortuna de arrebatar de manos del
enemigo la bandera española, que fue el trofeo de aquella jornada, aunque
algunos le disputan esta gloria, que, sin embargo, se funda en el testimonio del
mismo general San Martín". 9
Después de la actuación de Bouchard, a la que nos hemos referido, ~ue
hizo con Brown en el Pacífico, retomó a bordo de la fragata Conserne11c1a a
Buenos Aires, en donde el tribunal respectivo la consideró buena presa. En
esa circunstancia fue adquirida por el doctor Vicente Anastasia de Eche arría,
armador que había sido también de la corbeta corsario Halcó11. 1º

RATTo, Brown, tomo I, p. 24; del mismo autor: Bouchard, pp. 15-20.
Véase: ~1.1.CE0ES G. AzoPAJlDO, Corontl dt marina Juan Bautista A:opardo, BueAires, Departamento de Estudios Hist6ricos ·avales. serie C, núm. 3, 1961.
BAII.TOLOMÉ M1T1.1.E, El cruc11ro dt "La Argentina" dt l 817-1819, en Obras Completas, de Bartolomé Mitre, Buenos Aires, 1949, volumen XJI, pp. 82 Y sigtes. La
primera edición de este estudio, se publicó en la R11uista d11 Bu~nos. Aires, de 1864,
tomo IV, y en seguida fue reproducido en folletos en ':aJpara1so imprenta de ~
Patria, 1864. Este estudio sobre 1 crucero de La Argenlma, es uno de los tr~baJoS
capitale., sobre el tema, por las fuentes inEditas que se utilizaron en su redacc16n Y
que son la base de cuantos se han ocupado sobre el asunto. En el parte del combate
de San Lorenzo datado en el lugar de la acción, por el entonces coronel José de
San Martín el ~uno día. del triunfo -3 de febrero de 1813- , se lec: "una bandera
que pongo ~n manos de V. E. la arranc6 con la vida del abanderado el, valiente oficial don Hipólito Bouchard". Figura incorporado este documento en Jos&amp; Tou&amp; RBVELLO Selecci6n de documentos relativos al Libertador don JosJ de San Mardn, Buenos Aires, Instituto acional Sanmartirúa.no, 1953, pp. 42-43, transcribiéndolo de la
Gazeta Mini.stllrial del Gobierno de Bu11nos Aires, viem s 5 de febrero de 1815, núm. 4-t-,

'
•
nos
•

pp. 19-23; Ratto, Bouchard, pp. 23-24.
.
. .
,. L.EWlS Wu:KLER B&amp;ALER, Los corsario1 de Buenos Aius. Sus actividades en_ las
gue,,-as hispano-americanas de la. ind~p1mdencia, 1815-182 l, Buenos Aires, Publicaciones del Instituto de Investigaciones Hist6ric.,s, número LXXII, 1937, p. 124.

480

III. LA

PARTIDA

Después de efectuarse a la fragata, cuantas reparaciones fueron convenientes, la dotaron del debido armamento y de la tripulación necesaria para
el viaje, que iba a emprender y cuyo cmcero y tiempo empleado no pudieron
calcular ni el armador, ni su valiente capitán. Dos días antes de levar anclas
el navío corsario del puerto de Buenos Aires, se amotinó la marinería que, al
igual que la tripulación, era integrada por personas de distintas nacionalidades
europeas y americanas. Según lo expresó su mismo armador, la fragata La
Argentina, era "de 464 tonelada, 100 pies de quilla; piezas de artillería 34:
18 de a 8 y 16 carronadas de a 12. Marinería y toda tripulación completa
180 hombres" .11
Acompañaban a Bouchard, en el cuadro de oficiales, su segundo athan
Somers, Guillermo heppard, Luis Crassack, Miguel Burguess, Guillermo P.
Milis, Colverto Thompson y José María Píriz, que dejó escrita una relación
del ,·iaje y que actuaba de comandante de la tropa. 32 A bordo figuraban dos
hermanos políticos de Bouchard, el sargento voluntario Cayetano Merlo y
el pilotín Juan Agustín Merlo. is
Había otros dos pilotines más: Andrés Górnez y Tomás Espora; este último hada después famoso su nombre en la guerra contra el imperio del
Brasil. 11 Como médico actuaba el doctor Bernardo Copacabana.
u ANGJ?L JusTINIA ·o CAR.RANZA, Campañas naval11s d11 la República Arg11ntina,
Cuadros Hist6ricos, Buenos Aires, 1916, tomo III, Guerra de Corso, 1815-1821, cap.
VIII, Bouchard - La Argentina, p. 105. Existe una R,lación de W armas, municiones
Y demás pertrechos mandados entregar por el Gobierno en decreto d11 16 de abril último,
Para habilitaci6n del corsario la fragata "Argentina'' . . . Buenos Aires, mayo 30 de
1817. Juan ]oJJ de Sarratea. Fue publicada por F1usuTo º" OuvEJRA CÉzAR. El
corsario "La Argentina", Buenos Aires, 189+, p. 17. Sobre el estado del armamento se
ocupa QuAI.I.TARUOLO, Preparativos para el crucero de la fragata "La Argentina", pp.

14-15.
u JosÉ MAJÚA PÍRcz, M,moria exacta y puntual de todos los sucesos y méritos más
distinguidos qu11 superamos y labramos el señor comandante d11 la fragata de guerra
don Hipólito Bouchard y yo como comandante de las tropas de este buqu, ni la ex-

pedición que hicimos a los rumbos del nortt con las patentes corresponditntes de nutstro supremo dirutorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Santiago de Chilt·,
lo. de octubre de 1819. Fue publicada por el capitán de fragata TEOOORO CAILL&amp;T·
Bors, El Manuscrito de Plriz, crucero "La Argentina", en Boletín del Centro Naval,
Buenos Aires, 1929-1930, tomo XLVIII, pp. 623-626. P[riz había nacido tn 'Montevideo.
u Bouchard se había nacionalizado como ciudadano de las Provincias Unidas del Río
de la Plata y había casado en 1812 con Norbcrta Merlo, cuyo d eceso ocurri6 en 1869,
ui la ciudad de Montevideo.
11
Era natural de Buenos Aires ( 1800-1835) . Sobre este insigne marino publicó cl

481
1131

�Al sonar el 27 de junio de 1817 el estampido del cañonazo de leva, eran
izadas en las balizas exteriores del puerto de Buenos Aires las anclas de la
airosa fragata, mientras en lo alto del palo de mesana ondulaba suavemente
la bandera blanca y celeste de la nueva nación, que era saludada al grito de:
"¡ viva la patcia!" 15 El navío enfiló su proa hacia la Ensenada de Barragán. 16
Allí quedó de estación algunos días, y el 9 de julio -primer aniversario de la
proclamación en 1816 de la Independencia Argentina- inició su viaje con
rumbo al cabo de Buena Esperanza, para dirigirse a Madagascar, a surtirse de
víveres y hacer aguada. El 4 de septiembre, fondeaba en uno de los puertos
de la isla Tamatava, donde Bouchard fue requerido por un oficial inglés allí
destacado, para que impidiera el embarque de negros que habían sido adquiridos como esclavos, hasta que arribara el navío de su nación destinado a
esa vigilancia. Bouchard 1 correspondiendo a lo resuelto por el gobierno de
capitán de fragata Héetor Raúl Ratto varios estudios, que culminaron en el tit~do
volumen Espora, 1835-1935, impresión dispuesta por el Centro Naval al cumplme
el centenario de su fallecimiento, ilustraciones de EMlLIANO Ce.LERY, Buenos Aires, 1935,
el nieto, JuAN M. EsPOllA (1862-1907), public6 Episodios Nacionales. Hay reimpresión.
prolongada por ENR.IQUB UoAONDO, Buenos Aires, 1945. En las pp. 59-63, dedi~ el
titulado Por la vida de un hombre, a referir las incidencias del viaje de La Árgenhna.
u Hip6lito Bouchard, en extensa carta que remitió al Gobierno de Buenos Aires,
expuso las incidencias de su crucero, que ha sido utilizado por cuantos autores trataron
el tema, desde que el general Mitre la empleara en su estudio. Se fecha en las islas
Tres Marías (frente a San Bias), el JO de febrero de 1819 y la dirigió al Director
Supremo de las Provincias Unidas. Se conserva el original en el tfrchivo General de
la Nación, Buenos Aires, Sala X, cajón 25, anaquel 2, número 6. A la vista de la
misma, publicó el armador de la nave, V1CBNTE ANASTASIO DE ECREVAIUÚA, Relación de los viajes de la fragata Argentina contra los españoles 1n la India y otros puntos,
Buenos Aires, imprenta Independencia, 1819, 22 páginas. Sobre la personalidad del
ilustre marino se ocupó el capitán de fragata HÉCTOR RAÚL RAT'I'o, en Bouchard, en
Boletín dal Centro Naval, 'Buenos Aires, 1936, tomo LV, pp. 401-412, en De la Marina
Heroica, Buenos Aires, 1936; cuya reedición publicó el Departamento de Estudios
Históricos Navales, con el título: Capitán de nav!o Hipólito Bouchard, Buenos Aires,
1961 que hemos citado y en Bouchard y la primera etapa del crucero La Argentina en
La Prensa, Buenos Aires, 9 de mayo de 1937, año LXIX, (núm. 24. 535), segunda
sección, p. l.
,.. Con motivo del traslado de La Arg1111tina a la Ensenada de Barragán, se hicieron,
en su tiempo, muchos comentarios sin fundamento. Ello obe~ecía, simplemente, a dar
cumplimiento a la orden del ministro de marina, Matías de Irigoyen, que en 18 de
marzo de 1817 mandó que los buques que demoraran en sus eargamentos, se trasladasen
al lugar referido o a cualquier otro puerto que pudiera convenirles a sus capitanes,
para que las baterlas de Buenos Aires y los navfos de guerra, pudieran actuar libremente contra cualquier ataque enemigo. QuARTAAUOLo. Preparalivos para el crucero
de la fragata "La Argentina", p. 16.

482

Buenos Aires, puso el poder de su fuerza al servicio de la humanidad, impidiendo ese vergonzoso comercio.17
Otro de los marinos que actuaron en esa ocasión, Julián Manrique, dejó
escrita una relación, en donde, al referirse al episodio mencionado, anotó:
"La introducción a ese paseo triunfal de aventuras y hazañas sin rival de nuestro capitán fue el de dar libertad al cargamento de esclavos de cuatro barcos
franceses e ingleses que se habían campado en aquella isla y que Bouchard
poniendo en práctica las declaraciones de la primera Asamblea Nacional declaró libres". 18 Según dejó escrito Bouchard, parte de los buques "tenían embarcado una porción de negros" que hizo desembarcar. Firme en su decisión,
evitó que esas naves pudieran alcanzar sus propósitos hasta la llegada de la
corbeta inglesa Conway, cuyo capitán le dio las gracias en nombre de la
civilización. 19

IV.

NAVEGACIÓN HACIA ÜRIENTE

De ese lugar partió La Argentina el día 16 con rumbo a Oriente, con el
propósito de interceptar alguna nave española de la Compañía de Filipinas,
lo que no pudo lograrse porque hacía algunos años que se habían suspendido
los viajes. Cruzando el estrecho de •la Sonda, el 7 de noviembre arribaba la
nave a la isla de Java. Durante la travesía, entre la gente de abordo, se babia
declarado el escorbuto, lo que redujo sensiblemente su tripulación. Al siguiente
día levaba anclas y el 7 de diciembre penetraba en el estrecho de Macassar,
donde se le enfrentaron cinco naves piratas tripuladas por malayos, una de
las cuales, enarbolando una bandera negra, la abordó. Se luchó tenazmente
durante hora y media, hasta que pudo dominarse a la embarcación pirata. A
bordo de la misma se hallaron cuarenta y dos hombres, a los que se resolvió
juzgar por medio de un consejo de oficiales. pe ellos veinticuatro eran jóvenes,
que se mandó embarcar en la fragata, mientras los restantes, teniendo en
17 Las resoluciones de la Asamblea Constituyente, que sesionó en Buenos Aires, con
fecha 2 y 5 de febrero de 1813, declaraba libre a todo hijo de esclavo nacido en las
Provincias Unidas del Río de la Plata, a partir del 31 de enero de dicho año, en
adelante; y a todo esclavo que, procedente de países extranjeros, fuera introducido en
su territorio. Registro Oficial de la República Argentina, q1" comprende los documentos
expedidos desde I 810 hasta I 873, Buenos Aires, 1879, tomo I, p. 194, números 395
y 397.

,. V. MARIO QuAR.TARUOLO, La Argentina rumbo a Oriente, (Apartado del Boletín
del Centro Naval. Buenos Aires, mayo-junio de 1953, \'ol. LXXI, núm. 610), p. 5.

,. MITRB, Obras completas, vol. XII, p. 84.

483

�cuenta que habían aprisionado una nave portuguesa y que asesinaron a cuantos en ella viajaban, fueron condenados a muerte, hundiéndose a cañonazos
la embaTcación en donde se encontraban. Entretanto, las otras naves piratas
se perdían en el horizonte. Mitre, refiriéndose a ese acontecimiento, escribió:
"aquella embarcación -La Argentina- que había salido a cruzar los mares en
busca de tesoros y barcos españoles, se ensayaba en su crucero alcanzando dos
victorias benéficas para la humanidad: primero sobre los traficantes de carne
humana que violaban las leyes de Dios, y luego haciendo una terrible justicia
en medio de la soledad de los mares, castigando a los que violaban las leyes
de los hombres" .20
Proseguida la navegación, ya iniciado el año 1818, la fragata se detuvo en
la isla de Joló, dirigiéndose después hacia la de Luzón, para pasar a la bahía
de Manila, donde a partir del 31 de enero estableció Bouchard un riguroso
bloqueo, al que dio término el 30 de marzo. Durante ese lapso fueron hundidas
dieciséis embarcaciones españolas cargadas de azúcar y arroz no registrándose
el tonelaje de esos navíos en ninguno de los documentos conocidos. El 9 de
abril fue avistado un bergantín español que al advertir la presencia del corsario, se refugió en el puerto de Santa Cruz. Ansioso de apresarlo, despachó
Bouchard tres botes de La Argentina, al mando de su segundo, Nathan Somers.
Este se adelantó con la embarcación en la que iba, que zozobró al chocar con
el bergantín, siendo muertos quince de sus tripulantes, juntamente con omers.
Ante ese terrible contraste, al siguiente día insistió Bouchard en su propósito,
alcanzando su objetivo el oficial Luis Crassack. Bouchard resolvió llevar consigo esa nave, poniéndola al mando de Colverto Thompson. Tres dias más
tarde, apresaba frente a Luzón una goleta española con un \·alioso cargamento. Ambas naves, debido a un temporal que habría de desencadenarse, fueron perdidas de vista y para reunirse con ellas, La Argentina fondeó el 8 de
mayo en el puerto de San Ildefonso, donde quedó de estación una quincena, sin
que aparecieran las embarcaciones perdiéndose, expresa Mitre "La presa más
valiosa del crucero".

v.

HAWAJ

El corsario prosiguió su v1aJe con rumbo a las islas Sandwich (Hawai),
donde arribó el 17 de agosto. En ese lugar se informó Bouchard que el monarca de las islas había adquirido una nave de guerra. Cuál sería su sorpresa
al advertir que se trataba de una embarcación corsaria de Buenos Aires, la
,. MITRE, Obras completas, vol. XII, p. 87.

484

corbeta Santa Rosa, llamada también Chacabuco, que había partido del puerto
argentino casi poco más de seis semanas antes. Se informó también Bouchard
que su tripulación se había sublevado y, después de ejercer la piratería dirigida por el piloto McDonald, se había presentado en la bahía de Kealakekua,
donde había sido vendido al rey Kamehameha I. n
El capitán de La Argentina se entrevistó con dicho monarca, obteniendo
su devolución previo pago de una suma convenida, más el importe de los
gastos ocasionados por la tripulación. Según refiere Píriz, se celebró con el
soberano "un tratado para paz, guerra y comercio, quedando obligado el rey
con esto a remitir a disposición de nuestro supremo gobierno todos los buques
que arribaron por aquellas costas como la Chacabuco, y a damos hombres y
auxilios cuantos se le pidieren a nuestro socorro, reconociendo desde entonces
nuestra independencia. El señor comandante lo congratuló, dándole una rica
espada, sus mismas charreteras, su sombrero y un uniforme a nombre de nuestro supremo gobierno y también título de teniente coronel de las Provincias Unidas del Río de la Plata". 22
Cuando arribó La Argentina a Hawai -dice Peter Comey-, testigo de
ese hecho, constituían el armamento del corsario, cuarenta y cuatro cañones
"y pertenecía a los independientes de Sud América, siendo su comandante un
francés llamado Hipólito Bouchard. Muchas presas había hecho durante el
crucero realizado, pero ninguna de ellas era de valor. Su tripulación estaba
muy enferma, y de los 260 que la tripulaban, escasamente había número suficiente con que atender el trabajo del barco". Más adelante, recuerda, "habiéndole inspirado gran afecto -a Bouchard- me pidió aceptara el mando
de la Santa Rosa, a lo que accedí, asumiendo su comando en el mes de octubre de 1818". 23
" Mrne, Obras completas, vol. XII, pp. 88-92; BEAJ.ER. LoJ corsarios de Buenos
Aires, pp. 132-140.
.., Refíri6ndose a este hecho BRALER. (Los corsarios de BuenoJ Aires, p. 138) lo pone
en duda, mencionando lo expuest.o por el historiador hawaiano Lydccker. En un dictamen de la Academia Nacional de la Historia, de Buenos Aires, titulado El país que
,uonoció en primer thmino la independencia de la República Argtnlina, qucr se asienta
que Píri?. en su J.femoria y Boucharcl, en su Relaci6n, "por error cona:ptual hayan denominado tratado a un mero conveni01 o negociaci6n con cl objeto de la entrega de. la
corbeta Santa Rora de Chacabuco". Más adc1antc, se manifiesta; "De acuerdo con lo
expuesto puede afirmarse, sin lugar a dudas, que Hawai no reconoció por acto unilateral ni bilateral la independencia de lllS Prouincias Unidas del Rfo de la Plata".
Cfr.; Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1950, 1951, vols.
XXIV-XXV, pp. 685-690.
" Sobr-e el arribo de la Sanla Rosa a Hawai, véase a HoRAc10 Boss1 CÁCBRES,
Peter Corney y el i;rucero de "La Argentina", tradu,ción y notas de ... en Boletín del
Instituto de Investigaciones Históricu, Buenos Aires, 1929, tomo VIII, p. 28 y siguientes.

485

�Ambas naves recorrieron juntamente el archipélago, logrando, con la ayuda de los naturales, capturar a más de setenta hombres que habían pertenecido
a la dotación de la Santa Rosa,2" que fueron juzgados por un consejo de
guerra. 25
Después de los acontecimientos narrados, ambas naves levaron anclas con
rumbo a las costas americanas septentrionales. Durante la travesía, se adiestró
a la tripulación, preparándola eficientemente para la lucha, en el manejo de
las armas individuales y en el uso de los cañones, leyéndoles frecuentemente
las leyes militares, cuyas disposiciones eran estrictas, castigando todo acto de
insubordinación con la pena de muerte.

VI. EN

LAS COSTAS AMERICANAS

En su memoria, anota Píri.z que en la navegación alcanzaron hasta los 36
grados Norte, arribando a la bahía de San Carlos de Monterrey, Alta California, el 22 de noviembre. En ese lugar existía un fuerte guarnecido por
tropas españolas que Bouchard se propuso desmantelar. Peter Comey fue destinado con la Santa Rosa a tomar poseción dentro de la bahía para iniciar
el ataque. La entrada se hizo de noche y su capitán no advirtió que Ja nave
quedaba dominada por la batería de tierra, integrada por dieciocho piezas de
artillería. Seguidamente, despachó Bouchard, desde La Argentina, los botes
con la gente que debía efectuar el desembarco, quedando a bordo de la fragata cuarenta hombres. Ejecutado el traslado, la tropa llegó a la corbeta casi
extenuada. Guillermo Sheppard, que debía dirigir la operación, se hallaba a
bordo y resolvió demorarla, para que los hombres se recobrarán con 1 algún descanso. Al amanecer, se advirtió que la Santa Rosa quedaba a merced de los
1'

Boss1 CÁCEREs, Peter Corney, pp. 30-31. Refiriéndose Peter Corney a la Sanla

Rosa,, escribe que era un navío construido en Norteam~rica, "de 300 toneladas de
porte, con 18 cañones de 12 y 18 libras; la tripulación estaba constituida por cien
personas, de las que treinta eran nativas de las islas Sandwich, y el resto estaba formado
de americanos, españoles, portugueses, criollos, negros, manilas, malayos y algunos ingleses".
11 En Atooi, fue apresado uno de los tripulantes de la Santa Rosa, de apellido Griffiths, que aparece entre los principales jefes de los sublevados, que había ejecutado
y ordenado actos de pirateria. Fue abandonado, después, por MacDonald, y haciéndose
de un bergantín, arribó al archipiélago. Se le formó consejo de guerra, que lo condenó
a muerte, cuya sentencia se cumplió en la playa, dos horas más tarde. Otro tl'ipulante
que había sido condenado a la misma pena, obtuvo la conmutación de ésta poJt la de
azotes". Se aplicó la pena de doce docenas de azotes a otros doce condenados. Boss1
CÁOERES, Peter Comey, pp. 31-32.

486

cañones de tierra, que con sus disparos, la obligaron a rendirse. Los españoles,
como carecían de embarcaciones, no pudieron hacer efectiva la posesión de la
corbeta. En esta situación -23 de noviembre-, Bouchard envió un emisario
a tierra intimando al jefe de la guarnición la libertad de la nave y la entrega
de la plaza. En contestación, se le pidió un fuerte rescate a cambio de la
corbeta rendida. Lo importante, en ese momento, era dilatar las negociaciones,
mientras se planeaba, para esa misma noche, el rescate de los hombres que se
hallaban a bordo de la Sanla Rosa en condiciones de reanudar la lucha.
Llegada la noche, mientras en tierra se festejaba ruidosamente el triunfo
alcanzado, Bouchard hacía trasladar con sus botes, desde la corbeta, a La
Argentina, todos· los hombres en condiciones de luchar, mientras los lamentos
de los heridos hacían confiar a la guarnición la seguridad de su presa.
Al amanecer del día 24, se preparaba a bordo de La Argentina un desembarco, que se llevó a cabo a las ocho, en Punta Pinos, lugar que escasamente
distaba tres millas al oeste del fuerte. Las fuerzas eran dirigidas por Bouchard y
las integraban 200 hombres, de los cuales, 130 iban armados con fusiles y los
restantes, en su mayoría hawaianos, llevaban lanzas como única arma. La
guarnición de la plaza salió al encuentro montada a caballo, la que, al ser
castigada por los disparos de los fusiles, dio la espalda y huyó hacia la población. A las diez, en lo alto del mástil del fuerte, tremolaba el pabellón
blanco· y celeste. Durante seis días dedicó Bouchard a sus hombres a inutilizar
las defensas, arrasando hasta los cimientos, al igual que los edificios dedicados
a cuartel y presidio, respetando, únicamente, los templos y las moradas de los
nacidos en América. Sólo fueron trasladadas a la fragata La Argentina, dos
piezas de artillería de bronce y un número de barras de plata. Entretanto se
reparaba febrilmente la corbeta 'Santa Rosa, para proseguir el crucero. 26
Ambas naves levaron anclas de Monterrey, el 29 de noviembre, con rumbo
al rancho denominado El Refugio, propiedad de un acaudalado español que
había "hecho pasar -escribió Bouchard- bastante martirio a los patriotas
de México". El 4 de diciembre fondeaban las naves frente al' referido lugar.
Fueron enviados a tierra 60 hombres armados, para que tomaran posesión del
rancho, que había sido abandonado por cuantos lo habitaban. Se surtieron
debidamente de víveres, perdiéndose en esa acción como prisioneros, un oficial y dos soldados, dedicados a esa labor. Antes de levar anclas las embarca&lt;:iones, se dieron a las llamas todas las viviendas del rancho. Las proas de las
dos naves corsarias se dirigieron el día 7 con rumbo a la misión de Santa
Bárbara, donde arribaron al día siguiente, rescatando seguidamente a los prisioneros a que hemos hecho referencia, y entregando en su lugar, al único
que en esa condición iba embarcado. El 11 se dieron nuevamente a la vela
" Boss1

CÁcl!RES,

Pet11r Corney, p. 32.

487

�y el 16 fondearon frente a la misión de San Juan Capistrano. Al comandante
de ese lugar, pidió Bouchard. que le vendiese algunos víveres que le eran necesarios y éste, le hizo responder de palabra, "que tenía bastante pólvora· y
bala para darle". Una respuesta tan altiva no podía quedar impune y, ese
mismo día, el jefe corsario inició los preparativos para efectuar un desembarco, que en la fecha siguiente se puso en práctica, con un contingente de
hombres que, a las órdenes de Peter Comey, llevaban por objeto ocupar la
población. A las diez de la mañana de ese día -17 de diciembre-- era ocupado el lugar, señalando Comey en su relato que los hombres que actuaron a
sus órdenes, alcanzaban a 140. "Al desembarcar -anotó- un destacamento
de caballería avanzó hacia nosotros y nos hizo algunos disparos, huyendo enseguida hacia el pueblo. No hubo resistencia, y pronto fuimos dueños de la
localidad, la que, después de almorzar, nuestra gente comenzó a saquear, encontrando al pueblo bien provisto de artículos en general, con excepción de
dinero. La mayor parte de los edificios públicos fueron destruídos, lo mismo
que gran cantidad de vinos y licores; los almacenes reales fueron incendiados,
como igualmente los cuarteles y casa del gobemador".27
Después de exponer los hechos referidos, recuerda Corney que el 23 -por
24 de diciembre-- divisaron las islas de los Cerros, donde permanecieron algún tiempo, reparando las embarcaciones. 28 De alü partieron el 17 de enero
de 1819, con destino al puerto de San Bias, para bloquearlo, medida iniciada
el día 25 y que fue mantenida por espacio de un mes, llenando de incertidumbre y temor a las autoridades españolas. Levantado el bloqueo, las naves
corsarias, a la vista de la costa mexicana, se dirigieron hasta Acapulco, de
donde siguieron hacia el puerto de Sonsonate. En ese lugar, informa Píriz en
su memoria, sacaron "un bergantín que estaba anclado bajo sus baterías con
todo su cargamento, capitán y parte de su tripulación. Con las noticias que
nos dio este capitán que acababa de llegar del puerto del Realejo, supimos
que allí estaban anclados cuatro buques; y con el deseo de no dejarles marirr M1T1ui, Obras completas, vol. X'.II, pp. 99-105; ANOEL JusTINlANO CARRANZA,
Campañas navales de la República Argentina, Cuadros hirtóricos, Buenos Aires, 1916,
tomo III, pp. 124-128; BEALER, Los corsarios de Buenos Aires, pp. 141-144; V. MARIO
QuARTARUOLO, "La Argentina" en las costas del Paeífico Americano (Apartado del
Boletín del Centro Naval, Buenos Aires, 1953, vol. LXXI, núm. 612; 1954, vol. LXXI,
núm. 614) pp. 8-18; Boss1 CÁcEREs, Peter Comey, pp. 32-35; y Capitán de fragata
TEOOORO CATLLET-Bors, El "Año de los Insurgentes", Bouchard en la costa de California en Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas, Buenos Aires, 1934, tomo
XVII. pp. 322-336, obra donde se citan las fuentes principales relativas al tema, y a
la vez se señala la deficiente información que, sobre la actuación de Bouchard en las
costas americanas. registran HuBERT HowE BANCROPT, History o{ California y THEOnou H. HrTTEL, History o/ Calif omia; Ratto Boucliard, pp. 52-53.

488

na, y nos acercamos a él, en distancia de ocho leguas, poco más o menos. Aquí
nos pusimos a la facha, para nq ser vistos, y con la obscuridad de la noche
aprestamos dos lanchones con una pieza de cuatro cada uno y la dotación
necesaria de gente con los pertrechos". A la siguiente mañana, abordaron los
buques y los sacaron fuera del puerto. Dos de ellos, e[ bergantín San Antonio
(a) La Concordia y Lauterana, fueron entregados a las llamas y los otros dos,
goleta María Sofía y lugre San José (a) Neptuno, se incorporaron a los cor·sarios, con todos los tripulantes, artillería y pertrechos, sirviendo de embarcaciones auxiliares.
Antes de retirarse la escuadrilla de Bouchard del puerto de Realejo, advirtió la presencia de un bergantín que enarbolaba bandera española y que le atacó resueltamente, disparando contra la Santa Rosa, causando varias víctimas entre sus tripulantes. Cuando se iba a generalizar la lucha, el bergantín enarbo16 la bandera chilena. Se trataba del corsa1io de dicha nación amiga, llama,do El Chileno. 29
A consecuencia de este error, habría de sufrir después Bouchard graves
~cusaciones.

VII.

HACIA VALPARAÍso

Después de ese acontecimiento, despachó Bouchard la Maria Sofía, la
.Santa Rosa y el Neptuno con dirección a Valparaíso, siguiendo La Argentina en último lugar. El primero de los nombrados anib6 al puerto recordado
-el 3 de julio juntamente con el segundo; el tercero el día 12 y el último el 14.
Antes de arribar Bouchard, los tres navíos anteriores habían sido detenidos
por orden del vicealmirante lord Cochrane y, al Jlegar Bouchard, por la ac1itud que éste asumió en defensa de sus naves, fue encarcelado. Se le acu·saba de haber ejercido la piratería.ªº Se le inició un proceso que ha sido es2ll Corney le da, en realidad, el nombre de Ceres; otras fuentes la recuerdan con el de
"Los Cedros". Bouchard, expresa al mencionarla: "Isla del Cerro en la costa de
'California".
e. MITRE, Obras completas, vol. XII, pp. 109-110. CARRANZA, Campañas Navalts,
·tomo III, pp. 128-133; y B!!ALER, Los Corsarios de Buenos Aires, pp. 146-147.
.. En reaUdad, las fechas de arribada que anotan los distintos autores, no concuerdan. En informe de Lord Cochrane, de 9 de julio de 1819, dice lo siguiente: "Anoche
:atracó en el pui:rto un bote que daba lugar a sospechas; la persona que lo mandaba
manifestaba mucha ansiedad por regresar inmediatamente a su buque. Pedí al gobernador lo detuviese mientras yo destacaba al Galuarino a examinar el barco. Vuelve
-ahora el Galvarino conduciendo un buque que tiene todas las circunstancias que usualilllCntc constituyen los piratas, y a más otro barco y una goleta que ha detenido como

489

�tudiado por un destacado historiador de la marina argentina, 81 quien señaJa que Cochrane, en sus Memorias, nunca menciona a Bouchard. "Sin embargo -expresa- la llegada a Valparaíso de una expedición de cuatro barcos,
fragatas dos de ellos, fue sin duda acontecimiento de importancia en momentos que tanto necesitaba de hombres y barcos para la gran expedición. 82 Es
que este asunto le hace poco favor, y por los disgustos que dio al gobierno,
debió a la larga causarle daño al lord, contribuyendo al vacio que se le formó
y motivaría su retiro de Chile poco después. Respecto a los móviles que le
impulsaron en la acusación de piratería contra Bouchard, el general Mitre
los atribuye a su codicia desenfrenada. No cuesta creer esta explicación, por
más que no haya casi páginas de las M emoria.s de Cochrane que no hable
de dinero, y por más que Bouchard indignado por el saqueo de los barcos diga que 'no buscan más que cajones de oro y plata, los millones de onzas de
oro que ellos dicen; 150,000 pesos no pueden reparar la falta'. Creeríamos
más bien que obró en un principio de buena fe, aunque con increíble falta
de juicio sin prever consecuencias". 58

VII1.

SE PROCESA A

BoucHARD

El armador de La Argentina, Vicente Anastasia de Echevarría, designó a
Juan José de Sarratea con carácter de apoderado en Chile en defensa de sus
intereses, quien al informarle, desde Santiago, a 27 de agosto, le manifestaba:
"Por más que trabajo no puedo adelantar mayormente sus negocios. No hay
demonio que no haya tratado de mortificar a Bouchard; el comandante inglés de la Andrómaca se queja de que un bergantín inglés ha sido robado por
presas". Capitán de fragata TEOD&lt;&gt;RO CAILLET-Bo1s, El Proceso Bouchard, Buenos
Aires, P11blicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas, número LXIX, 1936,
p. 9. "La Argentino fue secuestrada; muchos de sus hombres, junto con los de los
otros barcos, tomaron servicio en la armada chilena o en el ejército de San Martín;
otros, además se embarcaron de vuelta hacia Buenos Aires lo meJor que pudieron".
BEALRR, Lo1 Corsarios de Buenos Aires, p. 150.
., TEODORO CArLLET-Bo1s ( 1879-1949). Entre las múltiples obras que produjera&gt;
figura también una Historia Nauol Argentina, Buenos Aires, Emecé, Editores, 1944.

Se refiere el autot a la Expedición Libertadora a1 Perú, que se estaba organizando
entonces en Chile, a la que se incorporó Bouchard, a las órdenes de San Martín. En
cuanto a la fragata, retomó su primitivo nombre Consecuencia, y tuvo por capitán a
Pedro Dronct, integrando 1a misma 0pedici60 como transporte.
12

., TEODORO CAILL'BT-Bo1s, El Proceso Bouchord, pp. 46-47. Sobre el proceso también se ocupa Dumo BARROS ARANA, Historia General de Chile, Santiago, Rafael Jover editor, 1892, tomo •XII, pp. 310-316.

490

La Argentina; el piloto de la goleta 'Sofía le reclama por ser danesa. Este gobierno lo acusa de algunos actos de piratería) pero todo emana de declaraciones que han dado algunos marineros borrachos y dos oficiales a quienes Bouchard traía con grillos. A no ser que las arbitrariedades continúen hasta aquí:
no dudo saldrá completamente vindicado el nominado Bouchard". at
Después de varios meses de cárcel, fue interrogado Bouchard el 22 de noviembre, quien contestó a cada uno de los cargos que se le hicieron, figurando entre ellos, el haber continuado ejerciendo el corso, no obstante haberse
vencido su patente y haber autorizado a hacerlo a sus presas. A todo ello, respondió que "sus despachos le facultan para trasladar a sus subalternos, sin limitación, la propia autorización dP. corsario; ni podía dejar de arbitrar todos los medios necesarios a hacer respetar su expedición cuando había los mayores riesgos enemigos. Todas las ordenanzas le conceden estas facultades":85
En tan dificultosa situación, intervino Tomás Guido, representante argentino acreditado ante el gobierno de Chile, interesándose por el ilustre marino
que había paseado por todos los mares la insignia argentina, alarmando con
sus hazañas a iaJ¡ autoridades españolas, contra cuya nación !uchaba. 36
La solución de la causa se iba dilatando más cada día, mientras la nave era
despojada de sus cañones y arboladura, aparejo y cuantas otras cosas útiles
poseía.

IX.

SENTENCIA

Finalmente, el 7 de diciembre de 1819, el tribunal que siguiera el proceso,
dictaba la siguiente sentencia: ''En consideraci6n a1 actual mérito del proceso, a lo expuesto por el señor fiscal y por el defensor del teniente coronel don
Hipólito Bouchard en el auto de la relación de la causa, y a los perjuicios consiguientes a su proceso (después de lo que ha ocasionado una retardación que
no ha estado al alcance de la comisión evitar) se declara que, afianzado competentemente al teniente coronel Bouchard toda responsabilidad por las reclamaciones entabladas sobre la goleta María Sofía, queda absuelto de la
instancia del presente juicio y sus formalidades. P6ngasele en libertad: y de.. BENJAMfN VlLLEGAS BASAVlLBASO, Apresamiento de la Fragata Corsario "La Ar-

gentina" (1819), en Boletín del Centro Naual, Buenos Aires, 1911, p. 467.
" TEODORO CAtLl.ET-Bors, El Proceso Bouchard, p. 42.
• El fiscal Argomedo intervino en la causa y expresó en su requisitoria: "no habrá quien lea las diligencias y no crea al capitán un verdadero pirata, ni quien no se
admire, igualmente, de la formal oposición que hizo cuando se trat6 de registrarle el
buque". TEODORO CAJLLET-Bo1s, El Proceso Bouchard, p. 43.

491

�,'l.lékase la fragata Ar~entina y demás buques tomados en su corso. E perándo del supremo gobierno de las Provincias Unidas se servirá disponer la sati f ac i6n debido al pabellón de Cliile por la resist ncia que parece haberse
hecho al registro ordenado por el vicealmirante Cochrane. Póngase esta resolución en noticia del señor diputado de Buenos Aires; transcríbase al gobernador de Valparaíso para sus efectos y anótese en el expediente seguido por
parte de don , ntonio Chri hiansen, en demanda de la Alaría Sofía, archivándose los originales, y dándose a las partes que perdieron y al teniente coronel
Bouchard sus diarios y demás papeles de navegación, copiándose en los autos los que han obrado en ello . Godoy, Astorga. Doctor Vera. Ante mí:

local, con respecto a los lugares que visitó, la airosa nave corsaria, que fue difundiendo, con el tronar de sus cañones y un pabellón entonces d sconocido,
los principios que alentaba la Revolución de Mayo y el finnc prop6sito de
combatir contra quienes se oponían a la justa causa que defendían los pueblos
de América.

Olivares" .37

X.

BoucHARO EN LlBERTAD

Así se dio ténnino al proceso relacionado con el apresamiento del corsario
La Ar~entina y sus presas, y al encarcelamiento que padeció su capitán llip61ito Bouchard, cuya libertad recobró el 8 de diciembre. Poco después ~e incorporaba a las filas del ejército libertador del Perú que estaba omaninndo
u antiguo jefe, el general Jo5é de San Martín, y, más tarde pasó a la arma-

da pcruana.38
Di\'ersos autores ar!!'entinos y de otros países americanos, se han ocupado
de narrar el extraordinario crucero realizado por la fragata La Argentina, bajo el mando de Boucbard, o bien, se han referido, en particular, a la hi toria
T1Wl)()RO ~rLuT-Bo1s, E( Proceso Bou.chard, p. 44.
• Retirado Bouchard del servicio, con el grado de capitán de na\•ÍO, en 1829, se establrci6 en las haciendas de San Javirr y San José, en el pueblo El Ingenio, en el departamento de lea, donde muri6 asesinado, d 4 de: enero de 1837, como lo documentan
rectificando a los autores que han rl'fcrido el trágico fin de su e,ú tencia, lo miembros de número del Crnlro de Estudios Hi5tórico-Militare del Perú, capitán de naYlo íctor Carcelén, doctor Ricardo Cavero Eguzquiza y César García Rosell, en el
informe que redactaron dando a conocer la partida de defunción que hallaron en el archivo parroquial de la iglesia de San Francisco Javi r, en el valle El Ingenio. Se publicó ro la Revista del C,ntro de Estudios Hi;t6rico-Militaw d,l Ptrú, núm. 7, pp.
108-112, citado por QuARTAJUJOLO, Pr,parativor para el cruc,ro d, la fragata La Argtntina, p. 19. Lo restos de Bouchard dentro de una urna, fueron tnuladados a Bueno ,\iJ-es. a bordo del crucero escuela La Argentina y de embarcados el 12 de noviembre de 1962. La urna fue depositada en el Panteón avnt, en el cementerio de la
Cbacarita, de la capital Federa.! de la República Argcntin:1. Sobre la muerte de Bou&lt;"hard véase la ota del Departamento de Estudios Históricos • avales en RA.no, Bou11T

chard, p. 68.

492

493

�EL CONTENIDO DE LAS FUENTES DE LA HISTORIA

n~.

PEDao

A.

BARBOzA DE LA

ToRRE

Profesor de la Facultad de Humanidades y Educación
Universidad de Zulia
Venezuela

Vrvn.10s EL MOMENTO de la revisión crítica de la Historia, la Sociología, la
Psicología y otras Ciencias. Los avances científicos se han producido de tal
manera vertiginosos, y la libertad del intelectual se ha fortalecido a tal extremo, que los cánones conservadores presentan fisuras por las cuales penetran
las fuerzas de nuevos bríos en la inquisidora mente humana.
La Sociología está dejando de ser la ciencia enciclopédica, meramente especulativa y filosófica, aunque de origen positivista, para convertise en una
ciencia con grandes resultados prácticos sin llegar a lo normativo, como lo
quisieran algunos utilitaristas. La Psicología, de ciencia que estudiaba el alma, ha visto menguar su contenido después de mejores enfoques de muchos
de sus temas.
En la Historia, se vienen operando cambios substanciales desde poco después de su advenimiento; pero, en los últimos tiempos, particularmente desde el siglo XIX, sus transformaciones han sido de una profundidad impresionante, así como ciencia, ora como narración historiográfica. Y la América ha
desempeñado en ello un papel de trascendencia. Cuando alguna vez se haga
una síntesis del pensamiento historiográfico de América Latina, podremos valorar la significación de nuestros aportes en la revisión crítica de la Historia,
donde las Facultades de Humanidades han sido señeras, tanto por su cientificismo, como por su preocupación, su constancia y su influencia.
Tal vez haya obrado en ello la necesidad de América Latina, de conocer
la verdad de su propia historia, a ratos mutilada, a ratos deformada, por esta
razón o por aquella conveniencia. Cualquiera que pudiera ser la explicación,
de suyo interesante, lo real e innegable es que no hemos permanecido ni indi-

495

�Ierentes1 ni inconscientes, no obstante que algunas instituciones de Historia no
han mostrado mucha actividad.
La revisión comenzó por la Historiografía; pero actúa ya en la propia Heurística de donde, como se adivina, comienza a avanzar al terreno conceptual.
El campo de los historiadores está deslindándose muy claramente, distinto
al de los eruditos, y se acentúa la tendencia a exigir del historiógrafo, más que
nunca, una conducta de investigador; porque se reputan insuficientes su limitada obra de glosador, su periodística, y ligera dedicación al breve comentario, tanto como aquella costumbre de repetir las opiniones de otros,
en una exposición simplista con la fementida aspiración de hacer "historia
crítica".
Las Facultades de Humanidades, bajo la austeridad del rigor universitario
y con el reposo que permite el hábito científico, han impreso ritmo y espíritu académicos a )a obra de la revisión. Así sucede en Venezuela; así, según
entendemos, ocurre en otros países de la América Latina.
En la de la Universidad Central de Venezuela, por ejemplo, tiene, lugar un
movimiento nuevo alrededor de la técnica del "asedio a las fuentes". Los historiadores, compenetrados de que no puede aislarse con caracteres absolutos
el hecho histórico, por la razón de ser social y porque envuelve muchas implicaciones que no deben escapar al análisis que toma hacer al historiógrafo, ni
a la labor intuitiva del investigador, están actuando en equipo, no sólo para
estudiar, registrar y explicar el fenómeno, sino para comprenderlo dentro ~el
conjunto, referido a los factores concurrentes que configuren al hombre _histórico y el medio donde vivi6 al momento del acontecer. Enfocan la historia, no como una ciencia de hechos notables y trascendentes, sino como el
estudio sistemático y metódico de todo lo que ha sido, por el hombre o con
ocasión del hombre-social. No es una idea original 1 pero sí, una detenninaci6n inquebrantable que constituye una corriente definida.
Tal concepción obliga a elegir una técnica especial para el tratamiento de
las fuentes, que no se miran como meros materiales para el historiador, sino
como vehículos culturales de valor para la reconstrucci6n total del pasado,
no en términos de simple cronología sino, más que eso, como realidad substante que supervive. No es pasado sino en la medida en que pueda demostrarse su no vigencia en los substratos de la sociedad. Será presente aunque el
acontecer se ubique en el ayer, si llena la condición de mantener en la Cultura
alguna fuerza determinante.
Se necesita, por lo tanto, el "asedio a las fuentes" cuya aprehensión no es
' F. C. J. HEARNASnAW, en Scíeritia, de Marzo de 1932, citado por L. VERNIERS,
en Metodo/ogla de la Historia. Editorial Lozada, S. A. Buenos Aires, 1958. 94 págs. p. 12.

496

el simple hecho de tenerlas sino, primordialmente, el poderlas emplear para
esclarecer o explicar con ellas el obrar histórico.
Suele distinguirse, como lo han propuesto los tratadistas, las fuentes genuinamente históricas y las que, sin proponérselo, trasmiten noticias de ese tipo.
Aquéllas y éstas no hablan por sí solas en forma única. Hablan muchos lenguajes y son múltiples, según el especialista que las utilice o las maneje; 2
porque al geógrafo dirá lo que no advertirá el folklorista, y al sociólogo confiará lo que no podrá encontrar el zoólogo.
Debemos temer, con fundamento, que algunas fuentes históricas, no obstante su elocuencia, dado lo ilustrado y pintoresco de su contenido, no han
sido hasta ahora bien aprovechadas. Tratadas de primera mano con técnica
horizontal y por ello, superficial, o en el mejor de los casos, con técnica vertical de poca profundidad, ahondando sólo en lo rigurosamente historiográfico, se les habrá empleado en la medida de lo útil para la historia escrita con
método cronológico, de estilo heroico; patriotera y erudita. En muchos casos, el especialista mismo las ha manejado con apresuramiento, con la atención indispensable para captar la noticia que impresione al lector. Así aprovechadas, no escrutadas por otros que se contentan con citarlas como testimonios de segunda mano, conservan quizá valiosa información que espera la
obra planificada, e,xhaustiva y coordinada de los investigadores reposados y
exigentes.
Hace ya algún tiempo, se babia previsto que la constitución gradual de la
historia exigiría la acción perseverante y coordinada de equipos de investigadores.3 Así lo reclama la revisión crítica de la Historia, y tal es lo que se ha
comenzado a hacer en Venezuela donde historiadores, antropólogos, sociólogos, lingüistas, indumentaristas, etnógrafos, folkloristas, economistas, documentaristas, etc., de varias universidades del país,• han emprendido la tarea
de estudiar más que eso, asediar la obra de Caulín, como fuente histórica,
' RAM6N lotES!As. El Estado actual de los Estudios Hist&amp;ricos. En Jornadas, No. 51.
Editado por el Colegio de México. Centro ,de Estudios Sociales. México. 1945. 47 págs.,
pp. 9-19.

• P. LAcoMBE. Del L'histoi,e coruiderée come science. Pans. Citado por L. VERNTERs,
en Metodolog!a de la Historia. Editorial Lozada. Buenos Aires, 1958, 94 págs., p. 11.
• De la Universidad Central de Venezuela; Miguel Acosta Saignes (antrop6Jogo),
Alonso Game:ro (zoólogo), Francisco Tamayo (botánico), Angel Rosembla ( fi16logo),
Germán Carrera Damas (historiógrafo), Pablo Vila (geógrafo), Pedro Berocs (literato),
J. De Armas Chity (sociólogo) y Joaquín Gabald6n Márquez (jurista).

De la Universidad de Zfllia: Agustín Millares Cario (bibliógrafo) y Pedro A. Barboza
de la Torre (historiador).
De la U11iversidad de los Andes: Carlos Muñoz Oraá (historiador).

497
H32

�exigiéndole no sólo la información que se propuso sino, también, rcspue"Stas a
las preguntas que sugiere.
El asedio consistirá, en efecto, en la demanda que cada especialista le formulará a la fuente, esperando, incluso, respuestas de conexión porque, si la
fuente estudiada no puede suministrarlo todo, cabe la posibilidad de que
"en\'íe" o "reenvíe" a otro manantial.
El asedio es indispensable para la comprensión profunda del sentido de las
fuentes y así, la Historia aumentará su rango de estudio humanístico.
Con la labor de equipo se puede alcanzar, mejor que de otro modo, la
verdadera estatura del autor o autores del testimonio. Se puede conocer el
criterio de autenticidad de quien ofrece la (uente al historiador. Se llega a clasificar, previa la diversificación homogenizadora, los tipos de testimonios que
están contenidos. Se logra determinar cómo el autor alcanzó el conocimiento
que suministra y hasta dónde pudo haber caído en la ficción. Se puede seguir
la huella de los datos, hasta alcanzar la fuente que sirvió directa o indirectamente al autor del libro o del documento, del resto o del monumento. Se obtiene, inclusive, la comprensión de su propio interés en suministrar el testimonio, que es elemento de juicio de no poca importancia. ¿ Qué propósito tuvo? ¿Qué fin se propuso? ¿Fue o no interesado su objetivo?
Donde otras técnicas concluyen la utilización de las fuentes, esta del "asedio" la prosigue siempre en persecución de la verdad, hasta encontrarla. Es
que la América Indiana está urgida de hallar respuestas a muchas interrogantes que le inquietan y cuyas soluciones están ligadas, con profundas raíces, a su propia comprensión de realidad cultural.
Algo nos dice que no estamos muy lejos de poder precisar cuándo terminó
efectivamente el período de la Conquista y cuando se inició el de la Colonia.
Si el de la Emancipación comenzó sólo bajo los aires de la Revolución Francesa, o si acaso ya fue parte de ese proceso el gesto libertario de Atahualpa,
o el de Guaicaipuro, o el de Cuauhtémoc.
La técnica del "asedio", fortalecerá no sólo la Historiografía, como se comprende fácilmente sino también otras ciencias, así naturales como sociales y del
espíritu y, aun cuando provocará seguramente la acre reacción de loSi tradicionalistas, constituirá un nuevo vínculo que acercará a los especialista. Es probable, inclusive, que alguna vez nos encontremos historiadores de varios países, formando filas en un mismo equipo de trabajo, asediando una fuente,
de las tantas que se hallan en la base fundamental del ser iberoamericano.
Por ello, formulamos nuestros votos.

SAN ANTONIO, 1835-1845: UNA CIUDAD EN TRANSICió
DR.

R.AY

F.

1

*

BROUSSARD

Profesor de Historia de América Latina,
en la Mississ.ippi State University, en
State College, Mississippi

San Antonio de los Llanos, Villa de Béjar, San Antonio de Valero, Villa San Femando, San Antonio de Béxar, San Antonc, La
Ciudad del Alamo, son algunos de los nombr~ que se han aplicado a la Ciudad de San Antonio, la hermosa y romántica ciudad del Sureste. La historia
de la ciudad es tan interesante y variada como lo son sus nombres.
SAN ANTONIO DE PADUA,

Fundada en 1718 como fortaleza para proteger la Misión de an Antonio
de Valero, y como una estación de descanso y centro de abastecimiento para las misiones del este de Texas, San Antonio de Béjar peleó desesperadamente por conservar la existencia, guerreando en contra de los indios, las dificultades de la frontera y las vicisitudes del sistema colonial español. Las
probabilidades de subsistencia aumentaron cuando en 1731 las tres misiones,
Concepción, San Francisco de la Espada y San Juan de Capistrano fueron
transferidas a San Antonio; asimismo, las probabilidades de subsistencia aumentaron debido a que los primeros colonos civiles, "catorce familias de las
Islas Canarias", se establecieron en la Villa de San Fernando. 1
Durante el siglo XVIII la ciudad se desarrolló lentamente pero a paso seguro progresando las misiones y llegando más colonos. Los ciudadanos se
convirtieron en agFicultores, cultivando únicamente alimentos suficientes para su propia alimentación, ya que no existía lugar alguno para vender el pro* El autor agradece eJ patrocinio de la American Philosophical Society, para rea-

lizar parte de las investigaciones sobre el presente artículo.
FREDERlCK C. CHABOT, San Antonio y sus Comienzos, 6 ; EnwARo W. HEuStNGER,
Una Cronología de Eventos en San Antonio; Siendo u11a Historia Concisa de la Ciudad Aiio por Año Desde eJ Comienzo de su Establecimiento Hasta el Fin de la Primera Mitad del Siglo Veinte, 4-5.
1

Maracaibo: Julio de 1963.

498

499

�dueto de sus cosechas, excepto a las fuerzas armadas. Las misiones se valían
de sí mismas y ayudaron también a sostener la fortaleza. Pero muchos de los
habitantes de Villa de San Fernando y la Fortaleza de San Antonio de Béxar
combinaban el deporte de la caza de ganado salvaje, el cual abundaba en el
lugar, con un modus vivendi.
Debido a este énfasis que se le daba al ganado, se establecieron un número
de ranchos en el territorio situado entre San Antonio y El Río Grande. Algunos establecimientos comerciales se fundaron para cubrir las necesidades de
los rancheros y de los ciudadanos de Béxar, nombre que se le llegó a dar a
la ciudad.
Con el término del Siglo Dieciocho llegó la secularización de las misiones.
Este evento ttajo consigo una división y distribución de las tierras de la misión entre los neófitos. De esta manera terminó una fase de la vida de San
Antonio, ya que no seguiría siendo un centro de actividad misionera.
La ciudad continuó floreciendo durante los primeros años del Siglo Diecinueve. El comercio empezó a desarrollarse, sirviendo la ciudad como una estación de paso para el transporte de mercancías de los Estados Unidos con
destino a México. Se sugirió que se abriese una brecha entre San Antonio y
Chihuahua, puesto que ésta aumentaría el comercio en forma notable, pero
el gobierno de México nunca aprobó dicho plan. El número de habitantes
en la primera década del Siglo Diecinueve fue cerca de 5,000. 2
Luego empezó la guerra por su independencia de España, escribiéndose así
otro capítulo en la vida de San Antonio. Lai ciudad fue una guarnición militar, un centro comercial y un centro de agricultura. Por lo tanto, fue blanco
de los ejércitos de ambos bandos. Séµl Antonio cambió de dueño varias veces
y sufrió los pillajes de la guerra.
Una vez que la independencia de España se convirtió en. una realidad, la
ciudad vino a menos, hasta cierto punto. Con la paz, San Antonio no recuperó su anterior prosperidad. Esta falta de progreso continuó hasta fines de
1820 y principios de 1830, a medida que empezó a desarrollarse una fricción
entre los colonos de Austin y las autoridades mexicanas. En 1834 San Antonio tenía una extensión territorial de menos de la mitad de lo que había tenido un cuarto de siglo antes. 3
Debido a que San Antonio era la ciudad más antigua en Texas, siendo una
parte de México, en lugar de una parte de nuevo Texas, fue fundada por el
grupo de Austin y también, debido a que estaba más cercana a El Río Grande, la ciudad se convirtió en base de operaciones de las fuerzas centralistas
2 JUAN ALMONTE (Carlos E. Castañeda, ed. y trad.), Reporte Estadístico sobre Texas. Revista Trimestral Histórica del Suroeste, XXVIII (Enero, 1925), 186-192.
1 lbíd. 186.

mexicanas mandadas a dominar la armada texana, luchando en pro del Federalismo. Por lo tanto, el símbolo de la autoridad mexicana, la sede del gobierno civil en Texas, llegó a ser el blanco del ejército revolucionario texano bajo las órdenes de Stephen F. Austin, Comandante en Jefe.•
Béjar, como se llamaba a San Antonio en aquel entonces, estaba bajo las
órdenes del general Martín Cos y sus 700 hombres, un destacamento algo
más grande que el ejército de 450 hombres bajo las órdenes de Stephen F.
Austin, de manera que aparentemente la única determinación a seguir después de que el comandante mexicano rehusó la oferta de rendición, fue la de
sitiar la ciudad. 6
El sitio de Béjar duró cerca de dos meses. Todos los intentos por parte de
los mexicanos por abandonar la ciudad fueron desafiados por los texanos y
siempre con resultados desastrosos para las fuerzas mexicanas. Pero en cambio, la ciudad estaba tan fuertemente fortificada por los soldados del General Cos, que era imposible que los texanos se arrimasen a tiro de cañón. Por
lo tanto, la situación militar alrededor de Béjar permanecía estancada.
El General Austin, teniendo dificultades con su salud y con el mando, aparentemente fue relevado para aceptar el puesto de Comisionado de los Estados Unidos, renunciando a su puesto como Comandante de la Armada Voluntaria Texana. Fue reemplazado por el General Edward F. Burleson, quien
fue elegido por unanimidad en noviembre 25 de 1835. 6
El sitio continuó bajo el mando del general Burleson. Se suscitaban casi
a diario encuentros, pero la firme posición militar de las fuerzas dentro de
la ciudad, evitaban el ataque. Uno de los eventos más interesantes del sitio
fue un incidente, el cual se refiere chuscamente como la "pelea del zacate",
el cual tuvo lugar inmediatamente al sur de la ciudad. Se vuelve a relatar con
algún detalle para ilustrar el tipo de choques que se estaban suscitando.
El general Burleson recibió informes de que un destacamento mexicano estaba avanzando hacia Béjar proveniente del sur. Mandó al coronel James
Bowie a observar el avance e interceptarlo si fuese posible. En la batalla que
se desarrolló ambos bandos recibieron amplios refuerzos de sus respectiv.os
campos. Después de varios ataques y contra-ataques se trajeron cañones de
• STEPBEN F. AusnN, El Libro de Ordenes de la Campaña de 1835 del General
Austin. Trimestral de la Asociación Histórica del Estado de Texas, XI (Julio, 1907), 1.
' Stephen F. Austin al Presidente de Consulta, Cuartel del Ejército, Una Milla Después de Béxar, Noviembre 4 de 1835, en Eugene C. Barker (ed.), Docum,ntos Austin,
III, 235-236; Stcphcn F. Austin al Presidente de Consulta, Cuartel del Ejército, Una
Milla Después de Béxar, Noviembre 1 de 1835, en Corresponde11cia Oficial de la Re110/ución Ttxana, 1835-1836, pp. 41-42.
• El Libro de Ordenes de A.ustin, Trimestral de la Asociaci611 Histórica Ti.cana, XI
(Julio, 1907), 3.

500
501

�la ciudad y las fuerzas mexicanas retrocedieron dejando sus pertrechos militares en manos de los texanos y numerosos heridos en el campo de batalla. Las
bolsas de las monturas se abrieron ansiosamente puesto que se creía que contenían oro, pero en su lugar encontraron únicamente zacate. Los texanos habían atacado un grupo de arrieros con un cargamento de forraje para los
caballos de la fortaleza de Béjar. 7
Las semanas pasaron, el sitio se estancó y muchos de los voluntarios disgustados por la falta de actividad estaban listos para abandonar el ejército y
regresar a sus casas. Es más, algunos de ellos ya estaban desertando el campamento, pero por fortuna nuevos vo1untarios llegaron para reemplazarlos, y
el número de hombres permaneció relativamente constante.ª Pero se inició
una serie de eventos conmovedores y dramáticos que cambiaron el curso del
sitio y posiblemente afectaron el resultado final de la guerra.
Primero tres americanos, Samuel Maverick, John Smith y un hombre llamado Holmes, quienes habían sido arrestados teniendo la ciudad de Béjar por
cárcel durante el sitio, lograron escapar al hacer creer al Comandante que
ellos viajaban mmbo a los Estados Unidos. Estos hombres se dirigieron de
inmediato al campo texano y urgieron a Burleson a que atacase la ciudad.
Hicieron hincapié en la escasez cada vez mayor de abastecimientos entre los
mexicanos y la pobre puntería de las tropas al mando del General Cos. Se
dice que Maverick presentó un plan de ataque el cual evitaba los puntos fuertes mexicanos al pasar a través de las casas y por túneles a través de las paredes. 9
En se!!'Uida
está el arribo de un desertor de las fuerzas mexicanas, un horno
bre que ha sido identificado como Jesús Cuéllar, o Comanche Cuéllar, quien
reportó que los defensores de la ciudad no eran tan fuertes como se esperaba,
y que fácilmente se les podría tomar por sorpresa ya que no se esperaba ningún ataque. Cuéllar ofreció guiar a los texanos pasando los mandos de centinela al anocbeccr. 1 º
El arribo de Cuéllar con tal información tuvo su efecto en los hombres,
' W. H. Jack a Edward Burleson, Campamento Después de Bexar, Noviembre 27
·de 1835 en Binkley (ed.), Correspondencia Oficíal de la Revoluci611 Texana, I, 126127; Edward Burleson al Gobierno Provisional, Cuartel, Ejército Voluntario de Texas, Noviembre 27 de 1835 en Binkley (ed.) , Correspondencia Oficial de la Re110lución Texana, I, 127-129.
8 Rcna Mavcrick Green ( ed.) , Samuel Ma i erick, Texano, l 803-1870: Una Colección de Cartas, Periódicos " Memorias. 43.

' !bid.

'º ]bid.,

fuRBERT DAVENPORT,

El Capi1á11 Jesús Cuéllar,

Caballería Texana, Co-

11oaido de otra Manera como "Comanche", Trimestral Histórico del Suroerte, XXX
(Julio, 1926), 56-62.

502

quienes se puede decir que literalmente estaban "muriéndose por pelear".
Aparentemente no existe registro de una orden de ataque dada por el general
Burleson ni aún su aprobación de tal plan, pero el coronel Ben Mi1am llamó
a los voluntarios y guió aproximadamente 250 aventureros al ataque de la
ciudad fortificada de Béjar. El general Burleson afirmó más tarde que él tuvo que permanecer en el campo con el resto de la armada para proteger los
abastecimientos. El Comandante sí aprovechó al máximo la situación. Mandó una corriente constante de abastecinúentos y refuerzos a la fuerza atacante y a tiempo que c1 final de la pelea se acercaba recuperó el mando. Fue
Burlcson quien dio un paso adelante para afirmar los papeles de rendición con
el general Cos, el comandante mcicano.11
Una descripción del ataque inicial escrita por Sion R. Bostil, uno de los
participantes, es lo suficientemente interesante para citarla detalladamente:

Nosotros no fuimos por los caminos o las calles abiertas, sino a través de las viejas casas de adobe y de madera de los mexicanos, usando
arietes hechos de troncos de 10 a 12 fri,es de largo . .. haciendo agujeros en las paredes a trauls de los cuales pasamos. Como chillaban las
mujeres y niños cuando hicimos los agujeros en las paredes ,, penetramos . .. de día todos los hombres se refugiaban en estas casas . .. Nos encontrábamos opuestos a las barricadas en la calle· y en cada lado en las
casas. Ellos no podían voltear sus rifles para tirar en contra de nosotros,
pero nosotros podíamos tirar sobre la parte superior de las barricadas y
cuando alguno de ellos cruzaba en frente nosotros le disparábamos."
Los voluntarios ocupaban las casas en ambos lados de la calle. Estaban en
dos grupos bajo mandos distintos, uno bajo el mando del Coronel Ben Milam
y el otro bajo las órdenes del Coronel Frank W. Johnson. Los grupos avanzaron lentamente, peleando de casa en casa, de tejado en tejado, y a veces
de cuarto en cuarto. La batalla duró desde la mañana del 6 de diciembre
hasta el 9 de] mismo mes. Se suscitaron muchos actos de heroísmo y valor por
parte de las fuerzas atacantes. La pérdida más seria de los texanos fue la
muerte de su comandante el Coronel Ben Milam, quién cayó al tercer cUa
después del ataque. El 9 de diciembre, tres días después de haberse iniciado
el ataque, los mexicanos, quienes para entonces se habían retirado al Álamo,
u Relato de Burlcison sobre el Ataque de Béxar, Diciembre 14 de 1835, en ]OHN
BaoWN, Historia de Texas: Desde 1835 a 1892, I, 422-424; Green {cd.) Samuel Ma verick, Texano, 44.
HENRY

u SroN R. BosTnc, Memorias de Sion R. Bostik, Trimestral de la Asociaci6n Hút6rica del Estado de Texas, V (Octubre de 1901), 89-91.

503

�mostraron un bander'm de tregua y piclieron nl"gociar. Lo términos de rendición firmados por el General Cos y el General Burlcson fueron generosos
hacia el ejército derrotado. Se l permitió -guardar sus annas y partir rumbo
a México bajo promesa de no pelear en contra de las fuerzas que favorecían
la Constitución de 1824. 13
En pocos días las fw·rzas del General Cos partieron y Béjar quedó completamente en manos del victorioso ejército texano. Esto representó el primero
de varios cambios de autoridad que la ciudad sobrellevaría en los años próximos futuros. El primer cambio técnicamente no estuvo fuera del mando mexicano, puesto que el cj 'rcito texano estaba supuestamente peleando por
conseguir la restauración de la Constitución Federal de 1824 y no por la
independencia.
La autoridad texana en Béjar no se estableció firmemente. Había confusión
con respecto al mando y pronto se suscitó la inseguridad. La confusión provenía del hecho de que existían varios comandantes a una vez y la inseguridad
resultó de los rumores que habían llegado a Texas sobre un gran ejército encabezado por el general Santa Anna, el cual se creía que venía rumbo a
Texas a sofocar la rebelión.u
La inseguridad se complicó por la posición expuesta de Béjar y la falta de
municiones y abastecimientos ocasionada por el saqueo de la guarnición para
equipar la e,,..-pedición desafortunada de :Matamoros, parte de la cual salió de
an Antonio el 30 de diciembre de 1835. Mientras tanto, la otra parte de la
guarnición bajo el mando dd Coronel J. C. Neill trató de establecer alg~ de
orden y decoro. Un gobierno civil se estableció y se eligió un alcalde ba30 la
autoridad que amparaba la Constitución de 1824. El nuevo Cabildo cooperó
de lleno con las Iuerzas de la guamición. 111
Los ciudadanos de San Antonio no permanecieron ociosos mi.entras que
estos eventos notables se e taban desarrollando. Muchos de ellos simpatizaban
con la causa texana; es más, ellos mismos eran texanos y deseaban participar
en la pelea contra el Centralismo, lo cual aparentaba ser c~d~ vez más una
lucha por la independencia. Eligieron delegados para que asistlesen a la con12

Reporte de Frank W. Jonnson sobre el Ataque de Béxar, Diciembre 11 de 1835, en

BRowi-:, H~toria de Texas, 1, 417-421; Renclici6n del General Martín Periccto de Cos,
de Jas Tropas Mexicanas y del General Edward Burleson, de lat Tropas Coloniales de
Texas, Diciembre 10 de 1835, en BROWN, Historia d11 Te;cas, I, 424~27.
,. James Bowie a Henry Smith, Bcjar, Febrero 2 de 1836, en 81nkley (cd.), Correspondencia Oficial de la Reuolucidn Tuana, I, 381-383; J. M. RooJÚouu, Memorias del Comienio de Texas, 8.
•• Green (ed.), Samuel Ma1.1erick, Texano, 44; J. C. Ncill al Gobernador Y Con~jero, Comandancia en Béxar, Enero 6 de 1836, en Binkley (ed.),. Correspondencia
Oficial de la Rt:voluci6n Texana, I, 272-275.

504

vención en \\1 ashington en donde se firmó la Declaración de la Independencia.
Los delegados elegidos para representar a Béjar fueron Jcssc B. Badgett, Samucl A. Maverick, J. Antonio Navarro, y Francisco Ruiz.16
Aunque la ciudad se encontraba en posición débil con respecto a su defensa, el Coronel eill resolvió defender San Antonio si fuese posible hacer
tal cosa. La situación no estaba perdida. Llegaban nue\·os voluntarios, y si
suficirntcs refuerzos pudiesen ser mandados junto con abastecirtiientos adecuados y municiones, serla posible defender la ciudad y resguardarla del ejército mexicano en marcha. El fayor William B. Travis fue mandado a Béjar
por el Gobernador Henry Smith con refuerzo , abastecimientos y órden s de
defender la ciudad en contra de la fuerza mexicanas in\'asoras que e acercaban.17
Las líneas de batalla se prepararon, el enemigo avanzaba y las fuerzas texanas bajo e1 mando de Travis y Bowie sin poder proteger la ciudad con los
pocos soldados disponibles, se resguardaron en El Alamo y mandaron peclir
refuerzos. Aunque algunos pocos ayudantes sí llegaron de Goliad, en general
las llamadas dese peradas de ayuda no fueron oídas. Las lineas de sitio se
estrecharon. Los mexicanos demandaron la rendición o la muerte. Travis contestó con un tiro de cañón y los defensores del Álamo escogieron la muerte.
Finalmente la mañana de mar.to 6 de 1836 el asalto e inició. Varias veces
la infantería mexicana atacó con el único resultado de ser repelida sangrientamente, pero el número superior pronto demostró su poderío, y los dcfen- .
sores exhaustos fueron vencidos. El General Ampudia volte6 el propio cañón
de los texanos en el interior del fuerte y la pdea pronto vio su término con la
muerte de todos los defensores. El Coronel Bowie fue herido a punta de bayoneta estando encamado y enfermo y cinco hombres que habían sido tomados
prisioneros fueron ejecutados de inmediato por órdenes directas de Santa
Ann_a,lD

La tristeza se apoderó de la ciudad. El pueblo de San Antonio no simpatizaba con Santa Anna ni pensaba que sus acciones eran dignas. La mayoría
de ellos habían apoyado y auxiliado a las fuerzas texanas. Es más, muchos de
" William C. Binkley ( ed.), Corrnpondencia Oficial de la R,1.1o!uci6n Texana, 1835-

1836, [, 467.
11 William B. Travis a Henry Srruth, Cuartel en Campamento en Burnam, Colorado,
Enero 28 de 1836, Binklcy (cd.), Correspondencia Oficial de la Reuoluci6n Texnna, I,
352.
11 Green (ed ), W. B. Travis a Ciudadanos Compaiicros y Compatriotas, Béxar, Febrero 24, 1836, en Sam Ma1.1erick, Texano, 52.

"H. YoAKUM, Historia de Texas Dtsde su Colonizaci6n im 1685 IUJSta su .d11exacidn
a los Estados Unidos en 1846, II, 80-81; Carlos E. Castañeda (ed. y trad.), El Lado
Mexicano de la Re1.1olucid11 Texana, 101.

505

�ellos abandonaron la ciudad al acercarse las fuerzas mexicanas Y se unieron
al éxodo de 1836. Pero la autoridad del dictador mexicano duró poco. Pronto
vino la derrota de San Jacinto, en la cual una compañía de hombres de
an Antonio, bajo el mando del Coronel Juan N. Seguin e incluyendo a J.osé
Antonio Navarro, figuró prominentemente. En cambio, las pers~nas que sunpatizaron con la causa Centralista de México, abandonaron la ciudad cuando
se hizo inminente la reocupación del área por los tcxanos. 2º
Uno de los primeros ciudadanos de San Ant~nio que regresó después de
lo de San Jacinto fue el Coronel Seguin. Tomó posesión de la ciudad el 4 de
junio de 1836. Habiendo escapado de la suerte que tuvieron otros defensores
del Álamo porque actuaba como mensajero en busca de refuerzos cuando el
ataque final se llevó a cabo, ( él había tenido bajo su mando ~~ compañía en
San Jacinto) ocupó an Antonio en el nombre de la Re~~blica de Texac;.
Había sido nombrado Comandante Militar y Alcalde Prov1s1onal.
El Coronel Sewin continuó al mando de la ciudad durante el resto del
año de 1836 y 1: mayor parte de 1837. En mano de 18:7 recibió_ órdenes
del General Félix Huston de destruir la ciudad y transfenr sus habitantes a
la orilla este del río Brazos. Considerando esta medida prematura e injusta,
Seguin, siguiendo la verdadera tradición militar texana,_ asumió la responsabilidad al desobedecer la orden hasta que hubiera refendo el asunto al Presiden te. El Presidente Houston prevaleció sobre el Gobernador Huston para
que desistiese; la orden fue rescindida y San Antonio escapó de la suerte de
San Felipe.22
••
Pero el gobierno de Seguin fue temporal y provisional. Pronto ~ hic1e~on
arreglos más permanentes. El 5 de junio de 1837. 1~ ciudad de ~Jar f~e mcorporada por la Legislatura Texana y el 14 de d1c1embre del mismo ano fue
reincorporada como la ciudad de San Antonio.~3
:a J. M. RODRÍGUEZ, M tmorias de Rodrlguez: de Texas tn su. 1~i~iaci6n, 17 ! JuAN
•
SEGUTN, Memorias Personales de Joh11 N. Seguin, 5-7, transcr1poon a máqum.a en los
Archivos de la Universidad de Texas.
.
., FREDEIUCK CHABOT Con los Fu11dadorts de San Antonio: G1mealog!a de las Primeras Familias de Orig:n Latino, Angla-americano y Alemán con Biog:afla.s Ocasiona/es, Cada Grupo Prologado con un Esquema Hist6rico Breue e Tlustrac1ones, 125; Memorias Personaüs: de Seguin, en los Archivos de la Universidad de Texas, 3-6, Sam
Houston a Coronel Seguin, Enero 16 de 1837, en Amelía W. Williams Y Eugen' C.
Barker (cds.), Los Escritos de Sam Houston. 1813-1863, II. 33-3-t-.
.
" CeABOT. Con los Fundadores: de San Antonio, 125 ; Memorias Personale~ de Seguin,
6, e.n los Archivos de la Universidad de Texas ; J. H. Wharton a J. • . Srguin,. Depa_n_a mento de Guerra, Septiembre 17 de 1836, en Binkley (rd.), Correspondencia O/mal
de la Revo/uci6n Texana, II, 1012.
2:1 H. P.
. G,u ntEL (Comp.), Las Leyes de la República de Texas, 1822-1897, I,

1298-1299 ; ibid., 1379-1381.

506

Actuando bajo la autoridad del Acta Legislativa de Incorporación, se efectuaron elecciones municipales y se escogieron un Presidente y ocho miembros
de Cabildo. John W. Smith fue electo alcalde y los cabildos fueron Manuel
Martínez, Francisco Bustillos, Gabriel Arreola, Rafael Herrera, Francisco A.
Ruiz, Ramón Treviño, Pedro Flores Morales y Francisco Granado·.2'
Es interesante notar que Smith es el único nombre inglés en la lista de los
cabildos electos. El hecho de que fue electo comprueba su popularidad entre
los ciudadanos de habla española, puesto que eran la gran mayoría en aquel
entonces. Los texanos de procedencia americana eran sumamente escasos en
San Antonio en el verano de 1837.
La primera elección municipal bajo la bandera de una sola estrella representó el fin de la primera etapa de la transición que habáa de sobrellevar la
ciudad de San Antonio en el período de la República. Primeramente la autoridad militar había sido transferida desde México a las fuerzas texanas de
rebelión, otra ve:z; hacia México y finalmente hacia la República de Texas.
Con la incorporación de la ciudad bajo las leyes de Texas y la elección de
oficiales locales de acuerdo con estas leyes se e tableció un gobierno civil.
El nue,·o gobierno civil representó un cambio en la forma de gobierno. El
alcalde se convirtió en el Presidente Municipal y los regidores se convirtieron
en los Cabildos. Pero los problemas del gobierno local permanecieron casi
iguales, y la membrecía del cabildo no cambió mucho.
Pero en el momento en que el establecimiento del gobierno civil se estaba
efectuando ocurrió otro evento, el cual causaría una repentina afluencia de
ciudadanos hacia San Antonio y marcaría la segunda etapa de su transición.
Este nuevo cambio estribaba en la cualidad de sus habitantes. Se vio el aumento del número de ciudadanos anglo-americanos y la disminución del número de ciudadanos México-americanos. Este cambio duraría hasta el fin del
período de la República. La situación que atrajo un número considerable de
americanos a San Antonio en el Verano y el Otoño de 1837 fue la aperrura
de una oficina de bienes raíces. De acuerdo con la ley emitida el 22 de
diciembre de 1836 las oficinas de bienes raíces deberían abrirse el 1o. de
junio de 1837 a todos los veteranos de guerra para permitirles reclamar sus
partes y más tarde, el lo. de enero de 1938, las oficinas se abrióan a todos
los inmigrantes. 2 5 Las persona atraídas a San Antonio como resultado de la
apertura de la oficina de bienes raices fue un grupo variado. Había veteranos
de la guerra de independencia que querían cobrar sus generosas participa" Rrgistros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, 1837-1849, Septiembre 19 d ·
1837, pp. 1-5 transcritas y traducidas por la Administración Texana de Obras en Proyecto. en los Archivos de la Universidad de Texas.
:s GAlUIEL (Comp.) , Leyes de Texas, I, 1276-1284.

50i

�ciones. Tras éstos vinieron los speculadon:s para comprar los certificados de
lo ,-eteran~ a precios bajos. Top6grafos fueron necesarios para establ ccr denuncias. Por último, pero in meno. preciarse, vinieron los aventurero., quien
sin d recho propio a la tierra y no siendo topógrafos previeron la adquisici6n
de rit¡ue7.as de los veteranC\s recién enriquecidos, por medio de las cartas, los
dado o implemente ofreciendo u servicios a la pcr-ona indicada al tiempo
preciso.:6
in embargo, no todos los r :cién llegado a la ciudad eran persona de este
tipo. Hombres de responsabilidad Ue aron para hacer su casas allí. Alguno
de e~tos hombres trajeron a su familias · contribuyeron en gran parte al crecimiento comercial de la región. Esto hombre fueron reconocidos desde el
principio como líderes y sus nombres aparecen una y otra vez como reprcntantes en la Legislatura Texana, como Oficiales de Condado o más a m •nudo como ,fiembros del Cabildo. Entre los primeros de esta nueva clase de
ciudadanos estuvo amuel A. Maverick, un hombre que llegó a San Antonio
con u familia el 15 de julio de 1838, no mucho después de haberse abierto la
oficina de bienes raíces. Fue una de las primeras familias americanas en an
Antonio. 27
Afortunadamente para la post ridad, Mary Maverick llevó cuidadosamente
un diario detallado. Esta dama pionera ha dejado una e."cdrnte imagen de
los \"entos sociales e hist6ricos de su vida y tiempo. o rccab6 sus primeras
impresiones de San Antonio con mucho detalle, pero conc ntró su interés
en asunto relacionados con su ,ida familiar y sus hijo. En una carta a u
madre, Mary Ma,•erick hizo notar que con la excepci6n de dos familias irlandesas. quienes no eran sociables, los faverick era la única familia de habla
ingl sa en la ciudad, y consecucnt mente su único roce social se realizaba
con los mexicano .:a
La vida y tiempo en San Antonio eran difíciles a fines de 1830. Los peligros aumentaban desde el interior así como del exterior. Los problemas
exteriores aparentaban e:'1.-igir la mayorí.a del tiempo y atenci6n de los ciudadanos, pero éstos no podían hacer nada hasta haber ordenado su ca5a.
Había que controlar y organizar a los ciudadanos desordenados para que contribuyesen al bienestar de la ciudad. Algunos de estos p rsonajes desagradables
" James T. DeShield.s y Matt Bradl y (eds.) Gunra5 Fronleriuu d, Tt.tnI' Sundo
un R1porlt Autlntico y Popvlar en Orden Cronológico dtl Largo 'Y Amargo Conflicto
Sosttnido entr, Tribur lndia1 Saluaj,s 'Y los Colonos Pionuos de TuaJ, 264; CHABOT,
Los Prisioneros dt Ptrolt, 9 ¡ Samuel A. Mavericlr. a M.ary . Ma,•erick, Iléxar, Fcbr ••
ro 26 de 1838 y M n.o 13 de 1838, en Green, (cd.), Samuel Mau,rick, T,xano, 63-ó5.
" Rena b\" rick Green (ed ), Mt,rwrias de Mary A. Mav,rick, 21.
,. Mary A. Mavcrick a Agatba S. Adams, Bexar, Agosto 25 de 1838 en Green ( d.),

ran ~ventureros mexicanos, obrantes del ejército de anta Anna, pero la
rnayoria se com_ponia de aventureros americanos ,·cteranos texanos, topógrafos, tahures, quienes no tenían ningún modus vivendi aparente. Crearon una
gran_ dificu1tad alguno _de ellos, por maltratar a los ciudadanos me.'&gt;ic::mo por
considerarlos sus enemigos, otros al causar dificultades con los indios los
Comanches en particular, a medida que los gmpos topográficos penet;aron
en el territorio indio.
El Cabildo intcnt6 hacerse cargo de la situaci6n. e emitieron varias 6rdenes por parte de la ciudad en contra de vaaos y la vagancia. e requería a
los ta~emeros ~ue lle,·aran una lista de sus clientes regulares y a los que
no ~meran algun modo de ustento se les invitaba a que realizacen una entrevista ron el alcalde. Si no podían explicar su presencia se les pedía abandonasen la ciudad. Lo mexicano eran enviados hacia el Rfo Grande )' los
americano hacia el este.
. Pero la creciente amcna1.a de los indios era aún más seria que la oca!!Onad~ por lo d~rdenados ciudadanos. El aumento del peligro de este sector onlló a los ciudadano que tenían interés en aliviar la situación a
qu~ pidi ran protección a su gobierno. Se convocó una junta en masa y se
des1gn6 al Coronel Seguin, Pre5idente de las Defensas de la ciudad. Una orden
emitida por la ciudad mand6 a todos los hombres disponibles de la vecindad
a que estuvie en listo de inmediato para r peler un ataque.ªº
Los esfuerzos de dcf nsa propia eran ambiciosos pero el trabajo de realizarlos
era imposible, de manera que en ag~to de 1839 Samuel Maverick el Presidente Municipal d an Antonio, finn6 una carta mancomunadam~te con otros
ciudadanos prominentes en la cual solicitaba al gobierno de Texas que les
ayudase en contra de los indios y también en contra de la siempre presente
am naza de una invasi6n mexicana. 31
Los ciudadanos de San Antonio habían apoyado aJ Presidente Mirahean B.
Lamar, s gundo presidente de la República de Tcxas,_principalmente debido a
sus prom as de proteger la frontera en contra de los indios. Fiel a u palabra
el ~residente babia ser.-ido en forma instrumental en la obtenci6n de la legis~
!ación que proveía compañías de destacamentos montados, para proteg r la
frontera. A los sanantonianos se les prometi6 que una compañía de estas tro.." Re-gimo de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, Octubre 11 de 1838, p. 32;
1b1d., Octubre 24 de 1837, p. 13; ibid., Junio 21 de 1838, p. 25; SEoUtN, Memorias
Prrsonales, 6-1. Todas éstas cslán n forma transcrita en los Archivos de la Universidad

de TC!.us.
.." Registros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, Octubre 8 de 1838, p. 32;
,bid., Octubre I l de 1838 p. 32, trarucritos en los Archivos de la Univcnidad de TeXJU
h Samucl A. Maverick y Otros al Mayor Thomas E. Western, San Antonio Agost~
1839 en Green (cd.), Samuel Mav,ritk, Ttxano, 99.
'

Samuel Mavuick, Ttxano, 77.

509
508

�pas montadas incluiría a San Antonio en su "ronda de inspección", pero que
ninguna podría permanecer de pie en la ciudad en ese entonces.ª2
día
EÍ auxilio verdaderamente se necesitaba, ya que los Comanches cada
se mostraban más atrevidos y efectuaban ataques en los suburbios de la ciudad
Pero las únicas defensas de fiar seguían siendo 1a milicia local o como se auto11 aban los "hombres del minuto". En general, estos voluntarios locales se
am
,
·
J
d d 1
dividieron más o menos en dos grupos, los mexicanos baJo e man o e,
Coronel Seguin y los americanos bajo las órdenes de John Coffee ~ays. Paso
el tiempo y el mando del joven topógrafo llegó a ser tan sobresaliente que
eclipsó a Seguin como líder militar de San Antoni~·ªª.
Las dificultades causadas por los m
· dios se conv1 rt1eron en un más serio
problema a fines de 1830 y principios de 1840. . ,
.
Un incidente recabado por Mary Maverick serv1ra para ilustrar la_ gr~vedad
d e la s1·tu ao·o·n . Cerca del fin del término otoñal de la Corte de
• DIStnto,
d 'di un
grupo de hombres estando en San Antonio para a istir a la ,Sesión, eo ~on
salir a poca distancia de la ciudad para ver el campo. Hab1a ce~ca de vemte
hombres en el grupo y todos con buenas montaduras, estando bien armados.
Los Comanches lograron separar al grupo de la ciudad, matando a todos con
excepción de un hombre llamado Campbell, conocido_ algun~s veces como
" 1 1 chín Campbell" quien escapó y regresó a la ciudad siendo portador
e par an
,
. . .
ilad sf
del relato. Al día siguiente un grupo salió y traJo dieciocho cue~os mut
os.
· · · del año de 1840 se hicieron esfuerzos más def101dos por ·eldigoA pnnc1p10s
biemo de la República de Texas para confrontar el problema de los:-° os.
Al Coronel William B. Fi.sher se le ordenó que partiese a San Antoruo _con
tres compañías de tropas para negociar con los_ indios el _re~omo de cautivos
que habían capturado. Se efectuaron negociaciones _P":lirmnares_ en febrero
de 1840, por el Capitán Henry Watt Kames y los mdios acced;eron a una
conferencia general el mes siguiente, durante la cual ellos debenan entregar
• •
35
a los texanos todos sus pns1oneros.
Los eventos que tuvieron lugar durante estas negociaciones y como consecuencia de ellas en marzo 19 de 1840 se les ha llamado la "pelea de la Ca~
d e b"ld ,, el "rompimiento del 40'' o "La Masacre de la Casa de la Corte .
e a1 os,
la
.,
tra
Los Comanches, cerca de 65, llegaron a la ciudad para
reumon, pero
-

jeron consigo únicamente una cautiva, una joven llamada Matilda Lockhart.
Habían prometido traer trece. La vieja casa de la corte fue el escenario de
las negociaciones. Los jefes indios se reunieron con representantes del gobierno
texano, la milicia y el gobierno local. La mayoría de lo indios permanecieron afuera en la plaza demostrando su destreza con el arco y la flecha al
dar en el blanco a dólares de plata que el juez Robinson había instalado para
ellos. Muchos de los pueblerinos eran ávidos expcctadores.
Dentro del edificio el Coronel Fisher, el Coronel Hugh McLeod, General
Adjunto, y el Coronel William G. Cooke, Intendente del Ejército y Secretario de Guerra Interino negociaban con los Jefes Comanches. Los texanos
exigían saber el por qué los otros prisioneros no habían sido entregados, a lo
cual los jefes respondieron que no había ningunos otros con la tribu. Sabiendo
&lt;¡ue esto era falso, los Comisionados texanos informaron a los jefes que se les
detendría como rehenes hasta que el resto de los prisioneros se entregase.
Cuando los indios comprendieron la declaración hecha por el intérprete, reaccionaron con un grito de guerra emitido a! unísono y trataron de escapar del
lugar. A esto siguió una lucha a mano armada y todos los jefe~ fueron muertos.
El resto de los indios también reaccionó violentamente. A tiempo que escucharon la señal del grito de guerra, los que habían estado disparando a los
blancos puestos sobre la barda, ahora buscaban blancos entre los ciudadanos
y el juez Thompson fue muerto instantáneamente. La pelea se generalizó en
las calles y en el sector de la plaza. 86

El relato de la participación de Mary Maverick en esta pelea bien vale la
pena citarlo en detalle.
Cuando el grito de guerra ensordecedor se escuch6 en el cuarto de la
Corte, era tan fuerte, tan estridente y tan inexplicablemente horrible,
emitido de una manera tan repentina, que las mujeres, al asomarse a
traués de la uerja, viendo la pericia de las mujeres y de los muchachos
1io podían comprender de momentos su significado. Sin embargo, los
indios conocieron su primer nota e instantáneamente dispararon sus flechas en los cuerpos del juez Thompson y otros caballeros que se hallaban cerca, matando instantáneamente al juez Thompson. Huímos hacia
la casa de la señora Higginbot/zam que daba a la calle Comercio y yo
lzuí a través de la calle hacia la puerta. Dos indios corrieron y me sobrepasaron en la calle y uno de ellos alcanzó mi puerta en el momento en

W McCraven a M. B. Lamar, San Antonio, Julio 29 de 1838 en Gulick (ed.), Do. L
II 192 - 193·, GAMMEL (Comp.) ' Leyes de Texas,
15-20; GMayor(cd
Tbocumentos amar, ,
d II, 39
)
mas G. Western a Samuel A. Maverick, Houston, Septiembre 2 e 18 , en reen · · ,
n

Samuel Mauerick, Texano, 100.
.
as Green (ed.), Memorias de Mary Mavenck, 27-29.

••
30.PR&amp;SCOTT W EBll, L os V1'g'la11tes
Texanos: Un Siglo de Defensa Fronteriza,
» lbid.,
WALTER
1
55-56; CRAl!OT, Los Prisioneros de Perote, 15-16.

,. Coronel Hugh McLeod al Presidente Lamar, San Antonio, Marzo 20 de 1840 en
W. JonNSON, (Eugene C. Barkct y Ernest W. Winkler, eds.), Una Historia de Te:cas y Texanos, I, 403-404; Green (ed.), Memorias de Mar)' Maverick, 31-33; CHABOT,
Los Prisioneros de Perote, 18-21.
FRANI&lt;

510
511

�que yo entré. El se volteó para levantar su mano y empujar la puerta,
precisamente cuando )IO bajé el pesado cierre, entonces él siguió corriendo adelante . .. El. señor Maverick se apresuró hasta la calle Y Andrés hacia el JJatio de atrás durante el tiempo que yo estaba gritando a
todo lo que mi voz daba, "¡ aquí están los indios!"; "¡ aq1,í están los indios!" Tres indios se habían escabullido a través de la verja en la calle
Soledad e iban derecho hacia el rfo. Uno de ellos se detuvo cerca de
Jinny Anderson, nuestra cocinera, quien valientemente se encontraba al
frente de los niños, los míos y los de ella, con una gran roca levantada
en ambas manos sobre su cabeza y le escuché gritar al indio, "si no te
vas de •aquí, te aplastaré la cabeza con esta piedra". El indio . .. se detuvo
un momento y corrió vertiginosamente río abajo y tomó el rumbo de la
orilla opuesta. s.
Temporalmente los indios, algo apaciguados por la pérdida de sus jefes,
pronto se recobraron e iniciaron ataques y escaramuzas ~orno ant~riorm~nte.
Literalmente sitiaron la ciudad, permaneciendo a escondidas y baJo cubierta
para matar a ciudadanos aislados o para robar niños y caballos. Mary Maverick se dio cuenta que los incidentes que ocurrieron eran demasiado numerosos
para relatar.
La amenaza india era asunto diario. La historia de un paseo vespertino
para recoger moras se da a continuación como ejemplo del peligro.

La señora Elliott y )10 partimos río arriba para recoger zarzamoras. • ,
el Sr. E/liott mandó a dos de sus dependientes, Peter Gallagher y John
Conran, yendo también el hermano de la señora Elliott, estando aquéllos bien armados .. . Nos divertimos en grande y partimos rumbo a casa
sin ninguna novedad. Pronto después de haber partido del brazo del río
nos encontramos con un carretonero mexicano que salía par{J&gt;, pastar sus
bueyes en el magnífico zacate que nosotros acabábamos de pasar. Apenas
habíamos avanzado algunos cien pies después de haber pasado al mexicano, cuando escuchamos a todo nuestro alrededor el repentino grito
de «¡indios!", "¡ indios!" Pronto la campan a de alarma llamó a las armas
y nosotros rápidamente corrimos rumbo a casa. El carretonero que nosotros habíamos pasado resultó ser la víctima -fue muerto y escalpado
por los Comanches, quienes habían estado escondiéndose cerca de nosotros en el bosque ribereño durante el tiempo que nos divertíamos mucho
1t

Green (ed.) , Memorias de Mary Mauerick, 33.

11

lbid., 50.

512

y recogíamos las zarzamoras. Nuestros dos guardias armados. . . habían

salvado nuestras vidas.
. Los Comanches, ardidos por los resultados de la pelea de la Sala del Cabildo,
intentaron cobrar venganza en el gran ataque a Lindville. Esto resultó en la
batalla de Plum Creek en donde la milicia texana bajo el mando del Mayor
Félix Houston logró vencer en forma aplastante a los indios. Más tarde, en
el mismo año el ataque 'del Coronel John Moore a los poblados Comanches en
la parte superior del Río Colorado acabó con el trabajo necesario para destruít
la amenaza Comanche.ªº
Durante el período acabado de describir había muchas otras cosas que estaban ocurriendo en San Antonio, además de las peleas de los indios. La vida
de la ciudad aparentaba un definido progreso durante los primeros días de la
República. Aunque Mé,xico y Texas técnicamente estaban en guerra, y no
era posible realizar relaciones comerciales normales, la necesidad de la mercancía por parte del Norte de México, y las grandes ganancias involucradas,
a pesar del riesgo, indujeron a hombres audaces y aventureros a efectuar el
peligroso viaje hacia San Antonio para comerciar. La venta de mercancía a
estos comerciantes mexicanos fue la causa principal de la prosperidad en San
Antonio, ya que los contrabandistas generalmente pagan por la mercancía en
oro y plata. 40
Este comercio mexicano combinado con el negocio de bienes raíces y la
agricultura aparentó ser suficiente para sostener la población. A pesar del
éxodo_ de realistas mexicanos después de lo sucedido en San Jacinto en 1836,
el flu10 de gente de Texas y de los Estados Unidos casi había superado el déficit. Los tiempos tristes de la guerra por la independencia parecían haber
sido olvidados y la ciudad progresaba. Durante los años de 1838, ' 1839 y 1840,
el comercio con México se estimó en cerca de 100,000 d6lares anuales, más
que el doble de los cuarenta mil por año que se realizaba, en 1835 cuando el
comercio era cosa legítima.~1
La ciudad de San Antonio fue descrita por J. W. Benedict, un voluntario
en la campaña en contra de los Comanches en 1839, como una ciudad de apa"

250.

(Barker y Winkler, eds. ), Una Historia de Texas)' Texanos, I, 469; NOAH
La Evolucí,hi de 1m Estado: O Recolecciones de los Antiguos Días Texanos
'

JonNSON

St.nTHWICK,

"' RODRÍGUEZ , Memorias, 34-35; SEourN, Memorias Persona/es, 9, en los Archivos
de la Universidad de Texas.
" William Van Zandt a William S. Archer, Washington, D. C. ; Enoro 10 de 1843
en George P. Garrison (ed.), Correspondencia Diplomática de la República de Texas,
11, 146-147; Ar.MONTE (Castaficda, trad.) , Reporte Estadístico sobre Texas, Trimestral Hütórico del Suroeste, XXVIII (Enero de 1925), 221.

513
H33

�riencia sombría y g6tíca. Notó que había mucha gente en la ciudad, pero pocos
americanos. Hizo hincapié en la "indolencia" de los habitantes durante el día,
pero le impresionó su jovialidad y frivolidad en los atardeceres cuando las
calles se alumbraban y se bailaba. 42
Samuel Maver:ick, Presidente de la ciudad en aquel tiempo, estuvo de
acuerdo parcialmente con las obseivaciones del Sr. Benedict, cuando escribió
a su esposa diciéndole que la ciudad de Béxar estaba adquiriendo una apariencia de negligencia y ruinosa, pero "era asombrosamente bonita y oriental
en su apariencia". También mencionó que era el único lugar en Te..xas donde
había bastante para comer y todo el mundo estaba de buen humor:º
Como había notado Benedict, los ciudadano de San Antonio de verdad
amaban el baile. El fandango o el baile era una institución. Estos bailes descritos por todos los ciudadanos de la ciudad, eran para el deleite del público...
La música generalmente era mal tocada por un violín chillón. Las muchachas
se sentaban en una banca a lo largo de la pared y los hombres se arrimaban Y
les pedían bailar. Después del baile el bailador llevaba a su pareja hacia una
mesa con dulces atendida por una vieja mujer y permitía a la muchacha que
escogiese un dulce. Generalmente no tomaba el refrigerio comprado por su
acompañante, pero lo ponía en un pañuelo o bolsa y lo llevaba consigo_ a su
casa después del baile. En la parte de atrás del cuarto se encontraba el Juego
inevitable de monte. Estos fandangos eran tan populares que el Primer Cabildo de la ciudad de San Antonio les fijó un impuesto. El impuesto de un
dólar fue aumentado a dos dólares por Cabildos subsecuentes y resultó ser una
fuente muy gustada de ingreso fijo.«
Estos primeros Cabildos de la ciudad generalmente se componían casi en su
totalidad de ciudadanos que habían prestado sus servicios en el gobierno de
la ciudad durante la guerra mexkana. Algunos nombres ingleses aparecían,
tales como John W. Smith, Samuel Maverick y William Henry Dangerfield
en ]a lista de Presidentes Municipales y William E. Howth, Comelius Van
Ness, George Blow, John McMullen y John R. Black en el registro de Ca-12 J. W. BENll.DlCT, Diario dt una Campaña en Contra de los Comanches, Trimestral Hist6rico del Suroeste, XXXII (Abril 1839) 304-305.
.. Samuel A. Maverick a 'Mary Maverick, B~xar, Febrero 26 de 1838 en Green
{ed.), Samuel Maverick, Texano, 63; Samuel A. Maverick a Mary Maverlck, Béxar,
Mano 13 de 1838 en Green (ed.), Samuel Maverick, Texano, 64-65.
" BENEDICT, Diario de una Campaña en Contra. dt los Comanches, Trimestr~l Histórico del Suroeste, XXXII (Abril 1929), 304-305; GEORGE KENOALL, Narrac16n de
la Expedici6n de Texas-Santa Fe, I, 46; FERDINAND RoBHER (Oswald Mueller, trad.),
Texas con Referencia Particular a la Inmigraci6n Alemania y a la Apariencia flsica del
Pals, 122-123; Registros de la Ciudad de San Antonio, Octuhr_e 7 de 1837 1 pp. 11-12;
ibid.; M3rzo 13 de 1838, p. 16, en Los Archivos de la Universidad de Texas.

514

bildos. Pero el grupo más grande de nombres tales como Antonio Mencha.ca,
Juan N. Seguin, Rafael Garza, Ambrosio Rodriguez, Francisco Busti110s1 Fran·
cisco A. Ruiz1 Pedro Flores, indicaban la nacionalidad de la mayoría de los
padres de la ciudad durante este período. 45
La educación en San Antonio era prácticamente nula. Se habían realizado
intentos anteriormente para mantener una escuela pública local, pero durante
los tiempos difíciles de la guerra por la independencia, ésta murió. José Ma.
Rodríguez declaró que él había asistido a una "pequeña escuela mexicana"
en la vecindad de la calle Comercio y que el "señor Calonge" impartió cátedra
en una escuela del lado oeste de la Plaza Militar, y que había una escuela en
la Casa Veramendi en 1840. 4 r. Todas estas escuelas tienen que haber sido
muy pequeñas y manejadas por un tutor. Probablemente sólo los niños de las
familias acomodadas podían asistir.
Una escuela pública sostenida por la municipalidad y similar a la anterior
fue el objeto de una petición el 14 de febrero de 1839. l. H. Winchell pidió
al Cabildo que estableciese tal escuela para la enseñanza del inglés, escritura
y la aritmética. Se ofreció como instructor con un salario de 800 dólares por
año. Pero no hay record de que se haya realizado ningún trámite como consecuencia de dicha solicitud. Más tarde, e1 27 de junio de 1844, P. L. Buquor
hizo una solicitud similar, En esta ocasión se nombró un comité para investigar el asunto y se iniciaron realmente reparaciones de la vieja casa de la Corte
en un intento por preparar uno de sus cuartos como salón de clase, pero el
trabajo en realidad nunca se terminó sino hasta la década siguiente.4 7 Aunque
no hay mención de esto en el registro, se cree razonable pensar que la falta
de fondos fue la razón por la cual la ciudad no fue capaz de establecer una
escuela pública.
Pero Ja educación elemental no era el único interés de los ciudadanos de
San Antonio. Había evidencia considerable que indicaba que deseaban establecer una_casa de estudios superiores o universidad. Dos representantes del
Condado de Béxar en la Legislatura de Texas, Juan N. Seguin y José Antonio
Navarro, tenían interés en establecer una escuela preparatoria y una universidad de artes liberales, pero bajo la dirección de la Iglesia Católica. Se comunicaron con el Padre John Trmon en 1839 cuando éste estaba en Houston,
..- Registros de la Ciudad de San Antonio. Septiembre 18 de 1837, pp. 1-5; ibid.,
Marzo 5, 1838, p. 15; ibid., Enero 6 de 1840, pp. 41-42; ibid., Enero 9' de 1841, todos en los Archivos de la Universidad de Texas.
.. RonRÍGUBZ, Memorias, 35, 37.
41 Registros de la Ciudad de San Antonio, Febrero 14 de 1839, p. 40; ibid., Junio
27 de 1844, p. 140; ibid., Junio 29 de 1844, p. 141; ibid., Febrero 22, 1847, p. 169,
en los Archivos de la Universidad de Texas.

515

�habiendo venido de Nueva Orleans para realizar un viaje de inspección para
investigar la condición de la. Iglesia Católica en Texas. Los ciudadanos de San
Antonio tenían la confianza de que la legislatura texana cedería cuatro leguas
de tierra como una dote para la universidad ya que tales donativos ya habían
sido oton!ados a otras universidades sectarias. 48
Debid; a la falta de fondos y a dificultades administrativas no se realizó
ninguna acción en ese tiempa. Pero en el año siguiente, en 1840, cuando el
Padre Haydon estuvo en San Antonio en un viaje de inspección, se le hicieron
ofertas generosas para ayudarle a establecer una escuela, pero él las resistió
hasta poder ponerse en contacto con las debidas autoridades eclesiásticas.t 9
Esto debería de indicar que el interés en la educación mostrado por los representantes de Béxar en la Legislatura, el cual había sido comunicado al Padre
Timan el año anterior, era una expresión genuina del sentir del pueblo de
San Antonio.
Cuando el Padre John Odin, el Vice Prefecto de Texas, estuvo en San Antonio en 1840, visitó las Misiones y tomó nota de que San José sería un lugar
ideal para una escuela de muchachos y que la Misión Concepción estaba
precisamente adecuada para una academia de muchachas. 50
Fue durante la visita del Padre Odin actuando bajo la autoridad concedida
por el Prefecto Padre Timan, que mandó quitar a los dos Padres ~exi~os
de San Antonio. Estos dos eclesiásticos habían estado bajo la autondad Y Jurisdicción del Obispo de Monterrey y esta acción ahora sometía a la ciudad
bajo la autoridad y jurisdicción eclesiástica del Obispo Blank de Nueva Orleans. Pero el siguiente año, en 1845, el Padre Odin fue consagrado como el
primer Obispo Católico residente de Texas.n Por lo tanto, cineo años después
de la transición de autoridades militares y civiles desde México a Texas, se
efectuó el cambio de autoridad eclesiástica.
En conjunto la situación en San Antonio en 1841 no era, mala. La peor parte de la amenaza india había terminado. El comercio estaba prosperando,
las dificultades religiosas habían sido resueltas con Ja expulsión del clero mexicano y con el establecimiento de la iglesia bajo la autoridad y la jurisdicción
del Obispo Odin. El número de americanos iba en aumento paulatinamente,
George Kendall, un periodista de Nueva Orleans, describió la ciudad en 184 l
como "la ciudad más agradable y más interesante en Texas". 52
Pero los relativamente buenos tiempos y la relativa prosperidad pronto iban
E.
.. !bid., 82.
"' !bid., 94.
., !bid., 87.
.. CARLOS

"' KENDALL,

516

CAsTAÑE.DA,

Nuestra Herencia Cat&amp;lica en Texas, VII (M.S.), 49.

Narración de la Expedición de Santa Fe, I, 47.

a ser retados por nuevos peligros. Estas nuevas dificultades iban a causar un
choque al bienestar de la ciudad de San Antonio, del cual la vieja y venerable
ciudad iba a tomar una década o más para recuperarse. El tren de sucesos se
inició a principios de 1841 cuando el Presidente Lamar visitó la ciudad. La
ciudad se encontraba bastante emocionada en espera de la visita de tal dignatario. El Cabildo se preparó para la ocasión ordenando que se disparara un
saludo de veintiún salvas y el Presidente Municipal Seguin invitó al Presidente
a un Sarao. 53
El sarao efectuado para el Presidente Lamar fue el evento social sobresaliente de la década. Se realizó en el la!'go cuarto de la casa Yturri. El cuarto
fue decorado con banderas y siemprevivas puesto que no había flores. En la
festividad el Presidente Lamar bailó con la esposa del Presidente Municipal,
una dama bastante corpulenta y puesto que Lamar no era un bailarín consumado, la pareja, según Mary Maverick, "hizo tal figura que nosotros no tuvimos más que sonreír". 5•
Se agregó una nota chusca a la descripción cuando el aprieto de los capitanes Hays, Chevallier y Howard, del destacamento de vigilantes fue relatado.
Entre los tres únicamente tenían un saco de vestir. Se pusieron de acuerdo
en turnarse, permitiendo que uno de ellos usase el saco y bailase mientras
que los otros dos esperaban. A medida que al bailarín de suerte le tocaba su
tumo de usar el saco, los otros dos se quedaban en la puerta haciendo comentarios chispeantes, amenazándolo con los puños en actitud desafiante. 55
La visita del Presidente Lamar a San Antonio tenía un motivo ulterior.
Quería despertar interés en una e.xpedición a Santa Fe, Nuevo México, para
abrir una ruta o brecha comercial hacia esa área. Obtuvo éxito al persuadir
a algunos de los hombres de San Antonio a unirse a dicho proyecto. Es más,
J. Antonio Navarro fue uno de los comisionados de la e.xpedición. 56 La expedición topó con dificultades desde el principio y cuando llegó exhausta a
Nuevo México estuvo a merced de las fuerzas mexicanas allí. Los mexicanos
la consideraron como una invasión de su territorio, así es que sus miembros
fueron capturados y puestos en marcha rumbo a México para ser encarcelados
en la prisión infame de Perote. 57
Esta invasión de territorio mexicano fue todo lo que los mexicanos nece.. Registro de la Ciudad de San Antonio, Mayo 13 de 1841, p. 81, en los Archivos
de la Universidad de Texas; Seguin a Lamar, Mayo 15 de 1841, en Gulick (ed.),
Documentos Lamar, III, 521.
.. Green (ed.), Memorias de Mary Maverick, 55 .
.. !bid.
ot lbid., 58.
•• CHABoT, Los Prisioneros de Perote, 43-44.

517

�sitaron para proporcionarles la razón de realizar una nueva invasión de Texas.
El General Vázquez, encabezando el grupo de ataque, capturó San Antonio
sin resistencia en marzo de 1842. Las pequeñas fuerzas de defensa bajo el
mando del Capitán Jack Hays retrocedieron. El General Vázquez proclamó
que Texas estaba otra vez bajo autoridad mexicana y llenó las formali~l.ades
para establecer un gobierno civil al haber nombra~o un Alcalde. ln~t6 a
todos los ciudadanos mexicanos de San Antonio a remcorporarse a su alianza
anterior. Vázquez también indicó que el Presidente Municipal Juan N. Seguin, quien recientemente había estado en México desempeñando una misión
en nombre del Presidente Lamar y quien había regresado con una advertencia
inminente, simpatizaba con la causa mexicana. Esto aparentaba ser un intento
. a Segum.
' 38
deliberado por desacredrtar
Aunque el General Vázquez permaneció en San Antonio únicamente días,
la destrucción causada por su visita fue considerable. En primer lugar, la noticia de su avance llenó de pánico a los ciudadanos y la mayoría de las familias
americanas abandonaron la ciudad huyendo hacia el este, en lo que se conoce
como "La Huída de 1842". Muchas de ellas no regresaron por muchos años
debido a la inestabilidad y la anarquía subsecuentes. En segundo lugar, Vázquez logró sembrar semillas de duda en lo que respecta a la falta de lealtad
del Presidente Municipal Seguin. Los enemigos del Presidente Municipal se
valieron de esto e incitaron al pueblo en su contra. fütaban tan agitados que
cuando regresó con el Capitán Hays después de haber perseguido a Vázquez Y
sus tropas hasta el Río Grande, fue encontrado por una ralea enardecida y
tuvo que esconderse y huír para salvar su v:ida. Pocos días después, cuando el
General Burleson llegó a hacerse cargo del ejército, el Presidente Municipal
Seruin
exi!ri6
la conducción de un juicio militar para reivindicar su nombre.
o
o
.
pero Burleson rehusó esta solicitud arguyendo que no había ninguna evidencia
para apoyar tales cargos ridículos.
Un tercer logro de Vá.zquez fue el de iniciar d éxodo de ciudadanos mexi.canos de San Antonio hacia México. Algunos de éstos simpatizaban con la
causa mexicana, pero muchos abandonaban el lugar debido a las depredaciones efectuadas por las tropas voluntarias texanas al tratar de invadir sus
tierras y ranchos. Con su campeón Seguin, quien ahora había $ido forzado a

ª JAMES KJMMINS GREER, El Coronel /acle Hays: L!der de la Frontera Te.,ana Y
Fundador de California, 64; CBABOT, Los Prisioneros de Perote, 46-47; Memorias
Personales de Seguin, 9, transcripción en los Archivos de la Universidad de Texas.
• Green (ed.), Memorias de Mar}' Mauerick, 29, 59;
les, 9-10 en los Archivos de la Universidad de Texas.

518

SEGUIN,

Memorias Persona-

esconderse para salvar su vida, los mexicanos sentían que no había ninguna
autoridad que los defendiese así es que escogieron emigrar. 66
Parece evidente que aunque d ataque de por sí no tuvo ninguna consecuencia, sus efectos a largo plazo sobre la ciudad de San Antonio fueron importantes. Los americanos que habían huído regresaron pocos años después,
pero el descrédito que sufrió Seguin no solamente arruinó a un hombre políticamente, sino que también separó del mando al último de los héroes de
habla española de la Guerra por la Independencia. De aquí en adelante los
americanos empezaron a dominar la vida política de la ciudad. Seguin renunció a su puesto como Presidente Municipal y se unió a los refugiados en
marcha hacia Méxi.co. John W. Smith fue electo Presidente Municipal para
reemplazarle. 61
La emigración de familias mexicanas de San Antonio fue uno de los efectos
de más profundo alcance del ataque de Vázquez. No regresaron a Ja ciudad
después de que se habían solucionado las dificultades como lo hicieron los
americanos después de su huída. Consecuentemente, la población de la ciudad
declinó desde 1,800 en el año 1839 hasta cerca de 600 en el año 1843. En
1839 había cerca de 1,500 mexicanos y como 250 americanos; en 1846 había
cerca de 750 personas, entre las cuales se dividían equitativamente las dos
nacionalidades. 62
La importancia del ataque de Vázquez como una amenaza militar fue exagerada por el pueblo de Texas y su¡gobierno. La mayoría de las personas pensaron que la guerra con México se había reiniciado. El Congreso votó en
favor de la declaración de guerra con el único resultado de que este voto fuera vetado por el Presidente Houston. Pero la pronta retirada de las fuerzas
mexicanas adormeció la sensación de peligro y algunog. de los que habían huído
empezaron a regresar a San Antonio. El sentimiento de seguridad era tan
fuerte que la sesión otoñal de la Corte de Distrito se convocó. Entonces, en
septiembre de 1842 llegaron a oídos de San Antonio rumores y noticias de un
nuevo avance de un ejército mexicano compuesto de 1,500 soldados. Se convocó una reunión en masa para decidir el curso a seguir. Pero la memoria
• B11.owN, Historia de Texas, II, 231, CASTAÑnDA, Nuestra Herencia Cat6/icq en
Tuas, VII (M.S.), 155, Secmm, Memorias Personales, 10, en los Archivos de la
Universidad de Texas.

" Registros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, Abril 18 de 1842; ibid.,
Abril 25 de 1842, en los Archivos de la Universidad de Texas.
11 Hermana MARY ANQELA F1TZMORRlS, Cuatro Décadas de Catoli.cismo en Texas:
J820-186(), p. 45; Rm~MER ('Mueller, trad.), Texas, 117.

519

�de numerosas alarmas falsas era fuerte y las noticias de un ataque inminente
se descontinuaron. 63
Sin embargo, se efectuaron preparativos para defender la ciudad en contra.
de un ataque. Dos compañías milicianas se formaron, una consistente en su
mayoría de mexicanos bajo el mando del Capitán Antonio Menchaca y Ja
otra de americanos bajo las órdenes de Chauncey Johnson. En total compoIÚan una fuerza de cerca de 200 hombres con el valiente Jack Hays como su
Comandante en Jefe. Pero Hays se encontraba fuera de la ciudad formando
parte de un grupo de reconocimiento que intentaba localizar y determinar el
número de fuerzas que amenazaban a San Antonio.
Temprano por la mañana el 11 de septiembre el Ejército del General
Adrián Woll avanzó dentro de la ciudad de San Antonio marchando a la
tonada de "La Cucaracha", un aire popular de aquellos días. Los milicianos
defensores dispararon a los soldados que avanzaban creyéndoles ser un grupo
de ladrones. Quince soldados mexicanos fueron muertos. La reyerta cesó
cuando se levantó la niebla y los santonianos descubrieron que se encontraban
rodeados por un gran ejército de tropas mexicanas vestidos de civiles. Los
defensores se rindieron declarando que ellos pensaban que habían estado rechazando ladrones y no elementos ordinarios del ejército mexicano. Sus explicaciones no fueron aceptadas y se les tomó prisioneros marchándolos hacia
México y encarcelándolos en la prisión de Perote junto con los sobrevivientes
de la expedición de Santa Fe. 64
Al General Woll se le ofreció una bienvenida por algunos sanantonianos y
se efectuó un gran sarao en su honor por sus admiradores. Llegó noticia al
General pronto después de haber ocupado la ciudad de que el Coronel Jack
Hays y el Coronel Caldwell se encontraban en el Río Salado y le retaban a que
viniese y los capturase. Las fuerzas mexicanas partieron para pelear y fueron
vencidas estrepitosamente sufriendo fuertes pérdidas. Este suceso convenció
firmemente a Woll de que la posición en San Antonio era bastante precaria
y al día siguiente abandonó la ciudad. Luego enfiló hacia México perseguido
de cerca por las fuerzas texanas. 68
Un reflejo trágico de la batalla del Salado fue la masacre de Dawson. El
Capitán Nicolás Dawson, con una compañía de voluntarios originarios de
Fayette intentaron unirse a la parte principal del ejército texano bajo las
Diario de J. L. Truehart en (ed.), Los Prisioneros de Perote, 91-93 ; Roo!Úmraz, Memorias, 17-18.
,
.. CHABOT (cd.), Diario Truehart, en Los Prisioneros de Perote, 93-97; RooRIOUEZ,
Memorias, 18; Green (ed.), Memorias de Mary Maverick, 68.
.
.. RooRÍoUEZ, Memoria¡, 18; Green (ed.), Memorias de Mary Mavmck, 72-73;
CnABOT, Los Prisioneros de Perote, 52.

~rdenes de _H~ys y CaldweIL Dawson fue interceptado y atacado por el contmgente pnnc1pal de Woll. Sin esperanza de salvación por su mayoría en
número, Dawson intentó rendirse pero la señal de su banderín de paz fue
ignorada. Los mexicanos atacaron cuando el humo de la batalla se había
levantado habiendo dado muerte a trece texanos y capturado quince prisioneros de guerra. Estos prisioneros más tarde se unieron a los otros prisioneros
de San Antonio que iban en marcha a Perote. El esclavo de Sarnuel A.
Maverick, Griffin, realizó un acto de valor prodigioso. A Griffin se le ofreció
su libertad para que siguiera a los prisioneros en marcha hacia México y pudiese
ayudar a. su.~º· El esclavo rehusó la oferta de libertad pero de cualquier
manera s1gwo a su amo. En camino se unió por casualidad a la compañía
Dawson ~~o ante~ de ser atacada. Cuando las municiones no servían para
nada, ?riffm peleo con la culata de su carabina y cuando ésta se quebró
arranco una rama de un árbol de mezquite y continuó peleando hasta caer.
.El Coronel Carrasco, uno de los oficiales mexicanos, más tarde infom1ó a
Maverick que había sido testigo de las hazañas de "ese valiente hombre de
color'', quien fue la persona más valerosa que él hubiera visto jamás. 68
Tanto el General Woll como el General Vázquez hicieron la farsa de establecer autoridad mexicana en San Antonio. Se nombró un Alcalde y el
General llegó hasta derrocar al párroco local y reemplazarlo con el Padre de
la Garza, quien estaba desacreditado y ten.ía mala reputación. Cuando retroc_edió Woll P:rseguido de cerca por CaJdweU y Hays, muchos de los simpatizadores mexicanos de San Antonio le siguieron. El anterior Presidente Municipal Seguin, oficial del ejército de Woll, estaba a cargo de su escolta.°7
Fue así que Ja ciudad casi se despobló. Los americanos huyeron rumbo aJ
este los mexicanos rumbo al sur y los únicos que permanecieron fueron los
voluntarios. Se les urgió que regresasen a sus casac;, pero pronto se les guió en
una expedición rumbo al Río Grande por el General Somerville. Un grupo
de los hombres de Somerville, sin órdenes, continuaron y se internaron en Mé. xico, siendo capturados en la ciudad de Mier. También se les puso en la prisión
de Perote con los otros prisioneros texanos. Varias de las familias prominentes
de San Antonio fueron separadas, el padre habiendo sido mandado rumbo a
México como prisionero y el resto de la familia habiendo huído aJ este de
Texas como refugiados. Uno de los resultados de estos tiempos difíciles fue la
anarquía. No existió ningún gobierno civil por casi dos años. Por un tiempo el

o CKABOT,

520

• Green (ed.), Memorias de Mary Mavcrick, 73-74; RooRÍo.UEZ, Memorias, 18-19;
(cd.), Diarjo Truehart, en Los Pri.sio11eros de Perote 113.
~- CASTAÑEDA, Nuestra Herencia Católica en Texas, VII (M.S.), 157; CHADOT, Los
Pr!.$ioneros dt Perote, 52-57; Green (ed.), Memorias de Mary Maverick, 74-75; SEOUIN, Memorias Personales, 12, en los Archivos de la Universidad de Texas.
CHABOT

521

�Mayor Jack Hays gobem6 la ciudad bajo ley marcial. Entonces John ~~ullen fue designado Juez de Condado por la Legislatura Texana el 9 de diaembre de 1842.68
Los reaistros de la ciudad de San Antonio citan:
e

Como consecuencia del estado desorganizado de los asuntos de este
condado durante los últimos dos años, no se efectuó ninguna elección
de oficiales de la Corporación hasta el 23 del actual, cuando se llevó
a cabo una elección de acuerdo con u.na orden emitida por el Honorable David Morgan, Procurador de Justicia del Condado, emitida de
acuerdo con una ley que aprobó el honorable Congreso y ratificada por
el Presidente el 14 de enero de 1842.0
Edward Dwyer fue electo Presidente Municipal y Rafael Garza, Ambrosio Rodríguez, Juan Urrutia, Antonio Menchaca, José M. Flores, James Good·
man Robert Lindsay y Thomas Whitehead fueron electos miembros del cabild~.10 Deberá notarse que babia un considerable aumento en el número de
nombres inaleses entre los integrantes del cabildo. Quizás esto fuese un refle,
jo del cambio de proporción de los dos grupos en relación del uno con el otro.
El número de personas de habla española había dismin.uído de cerca de 95o/o a
aproximadamente 50%.
Otra seria consecuencia de la invasión Woll fue que cuando él partió, un
fuerte grupo de refugiados que partieron con él saqu~aron la ciudad _Y de una
manera u otra los registros de bienes raíces de la audad desaparecieron. En
los años siguientes en que no hubo gobierno, mucha gente aprovechó la ausencia de registros ocupando las mejores propiedades sin tener ningú~ derecho a ellas. Uno de éstos, James Goodman, un herrero y armero ocupo part_e
del área de la plaza militar, cercándola, retando a cualquiera a que se la qwtase. John James, el topógrafo diputado del C~~~ado fue e'??leado por el
Cabildo de la ciudad para auxiliarlo en la resoluaon de esta dificultad. James
había leído la cesión original española, la cual delineaba el área ~: la ci~dad
y se la sabía de memoria. Volvió a delinear la ciudad y establec10 las lineas
de propiedad antiguas. La cindad entonces empleó a un abogado para que
demandase a los paracaidistas y así fueron lanzados. 71
.. GREER, El Coronel Jack Hays, 80; GAMMEL (Comp.), Leyes de Texas, 11, 827,
Registro Telegráfico de Texas, Julio 12 d~ 1843'., 8;ouston, Texas.
,,. Registros de la Ciudad de San Antonio, Period1co A, Mano 30 de 1844, p. 132,

en los Archivos de la Universidad de Texas.

'ºn

Jbid.

VINTON LEE JAMES,

A pesar de tiempos azarosos la ciudad paulatinamente comenzó a recupe-

rarse. El comercio una vez más empezó a florecer. Los trenes de mulas empezaron a llegar desde el sur portando las bolsas de plata y oro. Hacia el verano de 1843 los comerciantes mexicanos llevaron $ 50 000 en oro y plata a
San Antonio.ª
'
Pero quizás el evento más importante del año fue la llegada de Henri Casacomp,añado ?e un grupo de colonos para cumplir su propósito de colom~ar el ~o Me~a. La ~ayoría de estas gentes eran de origen francés y aleman. Hab~ sufndo homblemente el viaje desde la costa y habían llegado a
San Antonio e.x.haustos, enfermos y moribundos. Los ciudadanos les auxiliaron en todo lo que les fue posible. 73 No todos los franceses y alemanes inmi_grantes continuaron hacia la colonia de Castro, la cual llegó a ser )a Villa de
Castro. Un número de ellos permaneció en San Antonio. Los primeros en llegar no encontraron gobierno o autoridad alguna y sí mucha tierra baldía, de
manera que la ocuparon o se establecieron sin derecho. Estos fueron algunos
de los paracaidistas en contra de los cuales estaba el Cabildo de la ciudad actu~do para .esclarecer títulos de bienes raíces. Los alemanes y los franceses
ti:a1eron consigo nuevas voces, nuevos idiomas y nuevos problemas a la ciudad.
Sm pode~ _entender las lenguas inglesa o española, no conocían los reglamentos civiles que regulaban el uso del agua de riego. Este problema en
particular causó dificultades. Fue tan agudo que el Cabildo votó el 22 de
julio de 1844 que se tradujesen en las lenguas francesa y alemana los reg~amentos ~viles que gobernaban el uso del agua de riego y que estas traducciones se ÍlJasen en lugares públicos. 74
Otra seña que indicaba el cambio de condiciones en San Antonio fue la
realización del primer servicio religioso protestante. El Reverendo John McCullough, Presbiteriano, y el Reverendo John W. DeVilis, Metodista, oficiaron los servicios en la primavera de 1844. Asistieron a la congregación once
personas además de los dos ministros. Algunos de los nombres mencionados
que asistieron a los servicios fueron los de John James, James L. True-

U:º

San
Antonio y el Oeste de Texas, 19; Registros de la Ciudad de San Antonl·0 , pe_
"6di
ri co A, marzo 30 de 1844, p. 132; ibid., mayo 30 de 1844, p. 138; ibid., mayo 25
de 1844, p. 139; ibid., junio l 7 de 1846, p. 162, en los Archivos de la Universidad
de Texas.
" El Mensajero Telegráfico de Texas (Houstoo, Texas), julio 12 de 1843 .
" Car! of Solms-Brauniels (traducido del alemán), Texas, 1844-1845, p. 37; William
Bo~l~ert, Texas, 221; Green (ed.}, Memorias de Mary Maverick, 92; Cbabot, Los
Prmon~ros de Perott, 80-81.
" Registros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, junio 22 de 1844, p. 140,
en los Aschivos de la Universidad de Texas.

Memorias Fronterizas y Pioneras de los Primeros Dlas en.

523
522

�hart, Thomas Addicks, Mrs. Elliot, Mrs. Jacques, and Mrs. Bruner. 75 Pero esto fue únicamente un arreglo temporal, ya que los ministros solamente
se quedaron por corto tiempo y luego partieron. El comienzo de servicios protestantes de tipo regular y la construcción de la primera iglesia protestante
habría de efectuarse más tarde. Esto parece indicar el principio de un cambio que estaba de acuerdo con el cambio en la composición de los habitantes. Durante el tiempo de la República, la mayoría de los protestantes en
San Antonio, alrededor de 100 en 1839, aparentaban no sentir la necesidad
de contar con una iglesia propia. Simplemente asistían a los servicios en San
Fernando si sentían la necesidad de ir a la iglesia. Esto fue particularmente
cierto después de que el Obispo Odin reorganizó la iglesia en 1840.

La vida de San Antonio continuó siendo más o menos desorganizada hasta el fin del período de la República, pero para aquel entonces todos los elementos para el crecimiento y composición futura de San Antonio ya estaban
presentes. La transición fue completa. El único elemento que se agregó a la
lista de ingredientes necesarios para la construcción de una ciudad texana
próspera y llena de éxito fue la presencia del ejército de los Estados Unidos.
El primer destacamento arribó pronto después de que se desató la guerra entre los Estados Unidos y México. 76
Los fundadores de la ciudad, ansiosos de contar con la milicia de los Estados Unidos dentro o cerca de la ciudad, ofrecieron un lote al gobierno como base para el ejército. El obsequio fue rehusado. 77

Una función importante de las tropas de los Estados Unidos fue la ·de
hacerse cargo de la protección de la frontera y la de establecer una cadena
de fortalezas para proteger las brechas por las cuales los colonos y viajeros
transitaban rumbo al oeste.
Aunque San Antonio aparentaba ser una ciudad en ruinas en el año de
1845 cuando se hizo parte de los Estados Unidos, contaba con todos los elementos necesarios para su desarrollo. La vieja ciudad hispano-mexicana había sido en gran parte destruida por las guerras y las turbulencias y se puede
decir que la nueva ciudad estaba resurgiendo de las ruinas. Las familias americanas regresaban e inmigrantes de los Estados Unidos, de Alemania y de
Francia comenzaban a internarse en números reducidos y en pocos años esta corriente llegó a convertirse en una inundación. Llegaría a incrementar el

n_úmdedro d~ habitantes de tal manera que en 1860 San Antonio llegó a ser la
cm a mas grande en Texas/8
río!~

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c~~liMéxico ~ue _los contrabandistas realfaaban durante el peca, llego a mcrementarse y desarrollarse después de hab
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e una _n:~uper~c~on sino de un crecimiento y desarrollo mucho más ali' d
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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            <name>Access Rights</name>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Calle Juárez</name>
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        <name>Catedral de Monterrey</name>
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        <name>Fernando Sánchez de Zamora</name>
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        <name>Noreste de México</name>
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        <name>Rafael Pérez-Maldonado</name>
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                    <text>��PONDO UNIVEllólT-

,

..

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

5

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
1964

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANíSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
.
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
LIC. JUAN ANTONIO AYALA

Jefe de la Sección de Historia:
,.

PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:
Lic. ALFONSO RANGEL GUERRA

5

1964

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo León, Ciudad Universitaria. - Monterrey, N. L. - México.

INDICE
SECCIÓN PRIMERA

FILOSOFIA

(A)
PRIMERA EDICION
Abril de 1964. -

Dr.

1,000 ejemplares

Lic.

Estructura y Sentido
de la Lógica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ BERRONES: Estructura y Sentido
del Poder . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

(B)
Dr.

INVESTIGADORES LOCALES

13
35

COLABORADORES FORÁNEOS

La Muerte como Problema del Orden
55
La Filosofía Presencial Yo, Autoconciencia y Temporalidad
67
PATRICK RoMANELL: La Significación del Fragmento De Arte Medica de Locke ........................................... . 109
ISMAEL DIEGO PÉREz: Introducción al Pensamiento del Hombre
por el Mito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117
lvo HoLLHUBER:

PEDRO CABA:
Dr.

Dr.

SECCIÓN SEGUNDA

LETRAS

(A)
Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores.

•

Lic.

INVESTIGADORES LOCALES

En torno a los Problemas de la Filosofía
del Lenguaje . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JUAN ANTONIO AYALA:

165

7

�Lic.

ALFONSO R.ANGEL GUERRA: Literatura y Sociedad . . . . . . . . . . . .

Lic.

EDUARDO GUERRA CASTELLANOS: Influencias y Coincidencias en

la Concepci6n Poética de Antonio Machado . . . . . . . . . . . . . . . . . .

ToMÁS MENDIRICHAGA CuEvA: Breve Reseña del Archivo Parroquial de

173

la Catedral de Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

191

CARLOS PÉREZ-MALDoNADO: El Lic. Don Rafael Pérez-M aldonado, Pri-

Prof. ROBERTO LIQUIERE: Lo Burlesco en la Poesía Francesa Contem-

poránea

. .. .. . . .. .. .. .. .. . . .. . . .. . .. . .. . .. . .. .. . . .. . . .. ..

mer Ministro de Hacienda que hubo en México . . . . . . . . . . . . . . . .

COLABOR.\DORES FORÁNEOS

CoLABORADORES FoRÁNEOS
JosÉ RAMÍREZ FLORES: Los "Tochos" de Jalisco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dr.

HANS GuNTER PoTT: Hermann Broch; Poesía como Ethos y Sím-

...................... ......... .....................

221

En Torno a la Actitud Romántica de la Generación
de 1898 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

235

bolo

E.
Dr.

Lic.
E. V.

JosÉ ToRRE REVELLo: La Fragata Corsario "La Argentina" en las costas

245

americanas septentrionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

JAMES WILLIS RonB: Imágenes de América en Alfonso Reyes y Germán

F. W. WENTZLAFF-EGGEBERT: Consideraciones sobre el Sentimiento de
Veneración de Goethe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ALFREDO A. RoGGIANo: Los Comienzos de la Poesía en la América Hispánica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
RoBERT G. CoLLMER: ]ohn Donne, La Llave de la Poesía Inglesa Moderna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. ALLEN W. PHILLIPS: El Esperpento de Los Cuernos de Don Friolera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
MYRON LICHTBLAU: Elementos Estilísticos de Hijo de Ladrón . . . .

439
JosÉ IGNACIO GALLEGOS: La Intervención Francesa en Durango
457
NIEMEYER JR.: Bernardo Reyes en la Historia de México . . . . . . . . 469
Primer Período Constitucional del General Díaz . . . . . . . . . . . . . . . .

HuGo RoDRÍGUEZ-ALCALÁ: Sentido de "El Camino de Santiago"

Arciniegas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

433

JoRGE FERNANDO huRRIBARRÍA: La Amenaza Intervencionista durante el

INMAN Fox:

de Alejo Carpentier . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dr.

423

205
(B)

(B)

413

Dr.

255

PEDRO A. BARBOZA DE LA ToRRE: El Contenido de las Fuentes de

la Historia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr.

271

477
495

RAY F. BROUSSARD: San Antonio, 1835-1845: Una Ciudad en

Transición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

499

279
SECCIÓN CUARTA

297
CIENCIAS SOCIALES

309
323

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

533
Misión de la Sociología del Derecho . . . . . . . . 549

Lic. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ: Internacionalismo y Universalismo
SECCIÓN TERCERA

Lic. VÍCTOR L. TREVIÑo:
Dr.

HISTORIA

(A)

G10Rmo BERNI: Cultura, Mercaderes y Contabilidad en los Siglos
XIII, XIV y XV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 561

INVESTIGADORES LOCALES
(B)

COLABORADORES FORÁNEOS

Prof. IsRAEL CAVAZOS GARZA: Las Incursiones de los Bárbaros en el No-

reste de México, durante el siglo XIX . . .................... .
JosÉ P. SALDAÑA: Retablo de la Calle ]uárez ....................... .

343
357

t

8

Lucro MENDIETA Y NÚÑEz: Emilio Durkheim; El Estado y la De-

mocracia
Lic. Lms M. F ARÍAs : La Radiodifusión y su Aspecto Educativo . . . . . .

Prof. EUGENIO DEL Hovo: Un Capítulo desconocido de la Obra de Don

FernandoSánchez de Zamora ................ .. ..... . .......

Dr.

585
593

399

. l

/

9

�;

SECCIÓN QUINTA
NOTICIAS

Y RESERAS BIBLIOGRAFICAS

La Cultura Mexicana Post-Revolucionaria. ( Comentarios al volumen México.
50 Años de Revolución) Dr. Agustín Basave Fernández del Valle, 609.ALFONSO REYES: Antología, por Juan Antonio Ayala, 628.-CHARLES
V. AUBURN y otros: El Teatro de Lope de Vega, poi Juan Antonio Ayala, 629.-Punuo VIRGILIO MARÓN: Geórgicas, por Juan Antonio Ayala,
634.-MARco Tuuo CICERÓN: Catilinarias, por Juan Antonio Ayala,
636.-JEAN CousIN: Los Estudios Latinos, por Juan Antonio Ayala, 638.MANUEL GÁLVEZ: Las Dos Vidas del Pobre Napoleón, por Juan Antonio
Ayala, 641.-REms JoLIVET: Les activités de l'homme et la sagesse, por
Agustín Basave Fernández del Valle, 643.-AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ
DEL VALLE: Teoría de la Democracia -Fundamentos de Filosofía Democrática, por Eusebio Castro, 647.-PLINIO D. ÜRDÓÑEz: Licenciado y General D. Lázaro Garza A:yala, por Israel Cavazos Garza, 649.-Monografía
del Municipio de Higueras, Nuevo León, por Israel Cavazos Garza, 650.Las Fuentes Doctrinales del Internacionalismo, por Alberto García Gómez, 650.-GiovANNI PREVITALI: Vida y Obra de Ricardo Güiraldes, por
Eduardo Guerra Castellanos, 651.-SAMUEL RAMos: Estudios de Estética,
por Alfonso Rangel Guerra, 652.

10

Sección Primera

FILOSOFIA

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DE LA LÓGICA
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Universidad de Nuevo León

Sumario: l. ¿Qué es la lógica?-2. Los principios lógicos supremos.-3. El concepto.4. El juicio.-5. El raciocinio.-6. La logística.-7. La lógica como instrumento
para la vida y para la salvación.

l. ¿ QuÉ ES LA LÓGICA?

LA LÓGICA NO TIENE por objeto el ser real. No le corresponde estudiar, tamI

poco, ese mismo ser real en su relación con el sujeto que conoce. Ciencia de
la razón o del "logos", la lógica se refiere a la razón misma en cuanto que es
"organon" (instrumento) de la ciencia. Gracias a ella procedemos "con orden,
fácilmente, y sin error en el acto mismo de la razón". Para adquirir y poseer
lo verdadero necesitarnos razonar, progresar de lo que ya conocemos a lo que
no conocemos aún. No se trata de un mero placer de "discurrir" de concepto
a concepto, sino de un ineludible menester de concluir que nos lleve a un descanso, aunque sea pasajero, en la verdad.
Cuando aprehendemos un objeto simple -pájaro, piedra, árbol- nuestro
espíritu no emite ninguna declaración de concordancia con la realidad. Concebir o captar una cosa, sin afirmar o negar nada de ella, es tener en el espíritu un preludio de verdad más que una verdad. Pero el concepto está hecho
para el juicio. En el juicio, nuestro entendimiento sentencia reuniendo dos
aprehensiones. Y podemos comparar no ya dos simples aprehensiones o conceptos, sino dos sentencias. En este caso estaremos raciocinando.
La palabra nos remite a la idea, al significado. A la lógica no le interesan las
palabras por las palabras - agudas, graves, esdrújulas; artículo, nombre, verbo,
predicado; tiempos, personas, números...- , sino las palabras en dirección hacia las ideas, las palabras - "cristales transparentes"- como medios para que
los conceptos se manifiesten. En la proposición, las palabras llegan al máximo

13

�de claridad. Y cuando los predicados de la proposición convienen únicamente al
sujeto, de manera que ninguna otra cosa pueda poseerlos, las palabras se hallarán en el estado lógico de la definición. En este supuesto vale la conversión:
todo hombre es animal espiritual, y todo animal espiritual es hombre. Partiendo de los predicados en una definición, es posible elaborar - corno lo hizo
Porfirio con su célebre árbol- un orden de extensión creciente. A mayor
extensión de un predicado menor comprensión o contenido. En el orden de extensión creciente llegaremos, inevitablemente, al predicado de ser, que tiene
una máxima extensión -todo lo engloba- y una mínima comprensión -expresa que la cosa es algo, pero sin decir lo que es-.
La definición, expresando la esencia de las cosas, nos dice lo que son y lo
que no son en sí mismas. De ahí que valgan, en esta disciplina, tres principios:
de identidad, de contradicción, de exclusión de tercero. Principios fundamentales que toda definición cumple perfectamente y que valen para todos los
entes.
Las cosas definidas en sí mismas, no están separadas de las demás, como
si coexistieran en un receptáculo de cosas sueltas. Hay formas y modos de unir
un juicio con otros juicios mediante predicados o aspectos comunes, denominados, desde Aristóteles, silogismos (de syn y logismos, que significa razones comunes). A través del término medio, y mediante tal término medio, se unirán
los dos extremos. Se ha dicho que la teoría general del silogismo "es complicada
e inútil modernamente, pues se han descubierto procedimientos puramente
calculatorios para decidir estas cuestiones, largas y complicadas en la lógica
clásica".1 A reserva de estudiar más detenidamente la estructura y el sentido
de la logística, séanos permitido manifestar que no es inútil ordenar el pensamiento según la conexión de los términos (universales) entre sí, ni nos parece
que las dificultades de una teoría general del silogismo sean menores, para
los no iniciados, que las de una álgebra de la lógica. Pero además - y esto
es más importante-, la sustitución del trabajo racional por el manejo reglado de signos ideográficos que postula la logística, se origina de hecho, en
la mayoría de los logísticos, "en una concepción general ("Lógica de la Relación") destructiva de una sana filosofía del raciocinio". 2
La identidad mediata que se pone de manifiesto con un término medio
conveniente -silogismo-- no puede ser, a la vez, verdadera y falsa. Pero no
pertenece a la lógica estudiar los criterios para discernir la verdad o la falsedad
de las proposiciones concretas. La lógica sólo considera la estructura de la proposición, y las relaciones entre tales estructuras, independientemente de la
' JUAN DAVID GA11.CÍA BAccA, Elementos de Filosofía, págs. 45-46, Biblioteca de
Cultura Universitaria, Caracas 1959.
• JACQUES MARITAIN, El Orden de los Conceptos -Lógica Formal-, pág. 367,
Club de Lectores, Buenos Aires.

14

materia sobre la que verse cada proposición. Por eso las leyes de la lógica
formal valen para cualquier clase de proposiciones. Cualquier proposición,
hable de lo que hablare, constará de un concepto que hace de sujeto y de un
concepto que hace de predicado, unidos por otro concepto, relacionante y funcional, que es la cópula ( o verbo "es").
Todas las anteriores disquisiciones, que el lector curioso podrá ampliar en
los tratados sistemáticos de esta disciplina, tienen por objeto hacemos comprender que la lógica está ubicada en la esfera de los productos del pensamiento, no como doctrina del pensar sino como ciencia de los pensamientos
enunciativos. Aunque ciencia teórica -y no práctica- de los pensamientos
mismos, la lógica nos suministra criterios o enjuiciamientos que pueden aplicarse a la valoración de los pensamientos y de los razonamientos.
En su excelente tratado de "Lógica", A. Pfiinder distingue cinco factores
en el acontecimiento real anímico del pensar: "En primer lugar es necesario
un sujeto pensante, de quien parte el pensamiento, o que lo verifica. En segundo
lugar viene el pensar mismo, considerado como un acontecimiento del alma
acontecimiento real que comienza en un momento determinado, se prolonga'
por cierto tiempo y cesa después. En tercer término, en cada acto de pensar
es pensado un pensamiento determinado, que constituye su contenido. En
cuarto lugar, este contenido mental, en los hombres que dominan un lenguaje,
es expresado o visto, más o menos exactamente, en ciertas formas verbales. Por
último, en quinto lugar, el sujeto pensante, el pensamiento y el contenido,
vestido de las formas del lenguaje, se refieren a algún objeto, en el sentido
general de esta palabra".3 De estos cinco factores, únicamente los pensamientos -estructura, relaciones y leyes-, interesan a la lógica. Cabría preguntarnos, ahora, por qué le interesa al hombre la lógica y qué puesto ocupa
esta disciplina dentro de la vida humana. Pero antes de dar cabal respuesta
a esta insoslayable pregunta, habrá que examinar, más estrechamente, la contextura esencial de la lógica.

2. Los

PRINCIPIOS LÓGICOS SUPREMOS

Hay leyes fundamentales y simples que rigen a todo pensamiento. Sin esas
"leyes supremas del pensamiento" o "primeros principios lógicos" no sería
posible pensar ordenadamente. Todo dejaría de tener sentido. Sería imposible cualquier conocimiento, cualquier verdad.
Si los juicios, como hemos tenido oportunidad de verlo, son pensamientos
• A. PFANDER, "L6gica", págs. 10-11, traducción del alemán por J. Pérez Bances,
Espasa-Calpe Argentina, S. A.

15

�enunciativos, la pretensión de verdad pertenece a su esencia. La verdad del
juicio dependerá de que el enunciado total del mismo coincida con el comportamiento de los objetos referidos. En consecuencia, la verdad y la falsedad
de un juicio no reposan en el juicio mismo, sino en el comportamiento de los
objetos a que el juicio alude.
Los principios de identidad, de contradicción, de tercero excluído y de razón
suficiente son, antes que principios lógicos, principios ontológicos. Todo objeto se somete a estos principios o leyes supremas que formula la ontología
formal. Pero ahora nos interesa considerar los citados principios desde el
punto de vista lógico, exclusivamente.
a) Principio de identidad.
Todo contenido de un concepto, aprehendido por nuestro pensamiento,
es igual a sí mismo. Una vez concebido, el concepto permanece idéntico a
sí mismo. Las cosas concretas podrán cambiar, pero no los conceptos. Porque
todo objeto es idéntico a sí mismo -A es A-, podemos decir que el juicio
es necesariamente verdadero cuando el concepto-sujeto es idéntico total o parcialmente al concepto-predicado. "El principio -apunta A. Pfander- se
refiere a juicios de determinada estructura, a los juicios cuyo concepto predicado es total o parcialmente idéntico a su concepto sujeto, esto es, a los
juicios de identidad propiamente dichos y a los juicios lógico-analíticos. Y lo
que afirma de estos juicios es que son necesariamente verdaderos. De los demás juicios, en cambio, no dice ni que sean verdaderos ni que sean falsos.
No exige que para ser verdaderos todos los juicios hayan de tener la estructura indicada, sino que se limita a afirmar que aquellos juicios que tienen
esa estructura son necesariamente verdaderos. Y la verdad del principio lógico de identidad descansa en la esencia de los juicios por él caracterizados,
así como en la esencia de la verdad y en el hecho formal-ontológico de que
todo objeto es idéntico a sí mismo, teniendo como objeto formal de un concepto las determinaciones que este concepto le atribuye. En cambio, este principio no es susceptible de fundamentación psicológica o empírica-inductiva,
ni la necesita".4 No se trata de un principio que enuncie una verdad presuntiva, sino de un principio apodíctico, verdadero absolutamente. Su validez se
fundamenta necesaria aunque no suficientemente, en el contenido objetivo
ontológico. Para comprender el fundamento suficiente del principio lógico
de identidad es preciso no omitir la esencia de los juicios positivos especiales
de determinación, cuyo concepto sujeto y cuyo concepto predicado son idén• A.

16

PFANDER,

ticos. La función de su cópula estriba en realizar una referencia positiva identificadora. En esta referencia se formula la pretensión de verdad.
b) Principio de Contradicción.
Cuando un juicio afirma lo que el otro niega, es imposible que los dos juicios sean verdaderos. De los juicios opuestos contradictoriamente, uno de

ellos, necesariamente, es falso. Si una cosa no puede ser y no ser al mismo
tiempo y bajo la misma relación, resulta comprensible que no puedan ser
verdaderos dos juicios opuestos contradictoriamente. La contradicción se puede dar no tan sólo entre los juicios universales, sino también entre los universales y los particulares. De un concepto-sujeto no podemos predicar, al
mismo tiempo y bajo la misma relación, notas contradictorias. La imposibilidad no proviene de alguna ley empírica o psicológica que nos impida pensar
así, sino de la esencia misma de los objetos que rechaza la contradicción. Al
decir que "dos juicios contradictorios no pueden ser verdaderos ambos", no
se dice cuál de los dos es el verdadero. El principio de contradicción se funda
en el claro comportamiento de todos los objetos posibles. Las pretensiones de
verdad no pueden cumplirse, ambas, en juicios que se contradigan por atribuir al mismo tiempo positivamente y separar negativamente de un mismo
objeto-sujeto la misma determinación predicada en la misma unidad objetiva. Si uno de dos juicios contradictorios es verdadero, el otro es falso.
c) Principio de tercero excluído.

Cuando dos juicios se contradicen no pueden ser los dos falsos. Si se reconoce que un juicio es falso, el otro es verdadero; no hay una tercera posibilidad, ( tertium non datur) . Basta que reconozcamos la alternativa ineludible, para que podamos afirmar la falsedad de un juicio y la verdad del
otro, sin decir cuál es el verdadero y cuál es el falso. El principio de tercero
excluído, estrictamente lógico, funciona sólo entre los juicios contradictorios.
Cuando los juicios se oponen contrariamente -un juicio universal afirmativo
y un juicio universal negativo-- no se aplica el principio de tercero excluído.
¿Razones? Es que entre los juicios opuestos contrariamente cabe la posibilidad de que ambos sean falsos, pudiendo existir entre ellos un tercero. El
principio de tercero excluído origina el principio de disyunción contradictoria: "al sujeto de un juicio le conviene siempre determinado predicado O no
le conviene", y se funda en el principio ontológico: "todo objeto tiene• que
ser P o no P".

L6gica, págs. 232-33, Espasa-Calpe Argentina, S. A. 1938.

17
H2

�d) Principio de razón suficiente.

Todo juicio debe tener una razón suficiente. Al tener la pretensión de ser
verdadero todo juicio necesita de una razón suficiente para serlo, de ~lg~
capaz par~ abonar lo enunciado. Ahora bien, la justificaci~n la recibe e_l ~~icio de afuera. Sólo cuando existe una relación de confonmdad entre el JUICio
y el comportamiento de los objetos a qu~ el juici~, se r_ef~e:e, puede ~~blarse
de un juicio verdadero. Pfünder nos advierte que los J~ic10s no se dmgen .ª
sus objetos como sentencias arbitrarias, sino que son srmpleme~te los servidores mentales de los objetos, y sólo sobre la base del comportamiento de ellos,
y acomodados a ellos, realizan sus hazañas mentales. ,Dej~ ~ los objetos el
cuidado de '1arles la legitimación de su certeza, la razon suficiente de su_ verdad. La esencia del juicio pide que la legitimación se la pr~senten los obJetos.
Como el papel moneda necesita estar sufici~ntemente c~bierto p?r las cosas
valiosas".5 Lo que no parece advertir el ameritado tratadista, a~eman es _que la
legitimación pedida por el juicio se sale de lo puramente log1co para ir a la
ontología y a la gnoseología. Aún así, la lógica no puede desentenderse de este
principio que en algún modo le corresponde, desde el momento en que todo
juicio lleva, esencialmente, la pretensión de ser verdadero.

3. EL

CONCEPTO

La lógica es, por esencia, formal. No es el co~t~nido d~ los pensamientos,
sino su formalidad conceptual, lo que interesa al log1co. Le mteresa, ant~ todo,
aclarar y fijar conceptos, estudiar las leyes y rela~io~es de lo~ ~e~sarru~tos,
afianzar el dinamismo y el progreso en el conocrm1ento. ObJe~ividad, idealidad, significatividad e intencio~alidad son_ ~~racter~sticas exclusiv~:- del pensamiento. De ahí el objeto propio y la pos1c10n autonoma de la lo0 1ca.
Concepto, juicio y raciocinio son las tres formas lógicas que en~i~rran la
multiplicidad de pensamientos. Aunque el juicio sea la estructura logica fundamental es el concepto lo más simple, lo más elemental. Sobre el concepto
se constr:iyen las estructuras siguientes: jui~o y raci?c.inio. Por el concepto
empezaremos, en consecuencia, nuestro estudio de la log1ca.
Hay en el hombre un afán de aclararlo todo. Este afán genera el saber. El
concepto -"unidad ideal de significación"- es el acto .por . el cual
• apreheníf
demos algo sin afirmar ni negar. Todo pensamiento, ordinario o c1ent 1co, es
una ordenación O complexión de conceptos. Pero en el concepto no hay aven• Opus. cit., pág. 272.

18

tura de juicio. Sólo una aprehensión "puramente representativa y enteramente neutral" ... Consiguientemente no tiene sentido preguntarse si un concepto
es verdadero o falso. El acto de la aprehensión es simple y único. Resultado
de este acto lo es el concepto objetivo. A la lógica no le interesa la función
psicológica y subjetiva de concebir, sino lo concebido, el obiectum que se halla
frente al sujeto. Y este concepto objetivo que importa a la lógica no es la
cosa real en sí misma, sino la cosa en cuanto conocida. Trátase de una cosa
revestida, mentalmente, de unas propiedades irreales ("lógicas"). Tomemos,
por ejemplo, el concepto "animal". Cuando pienso lo que significa la palabra
"animal", dirijo mi pensamiento hacia algo que no se confunde con el propio
acto de pensar, algo predicable de una pluralidad de seres, algo que posee
la propiedad lógica de la significación universal. El término universal es tan
sólo un signo arbitrario al que se adscribe una relación de razón con una
multiplicidad de cosas. Dícese, a menudo, que la universalidad se fundamenta
en la abstracción, sin reparar que esta misma absti;acción sería imposible de
no ser "abstraíbles" las propias cosas reales singulares.
Se habrá advertido, por las consideraciones precedentes, que el concepto
-fruto del contacto entre la inteligencia y un objeto- difiere de la imagen
sensorial, siempre tributaria de las características individuales de la cosa.
La cantidad o extensión y el contenido inteligible o comprensión, son características propias del concepto que mantienen entre sí una relación precisa:
a mayor extensión menor comprensión y viceversa. La extensión se refiere al
número de objetos, que el concepto recoge dentro de su significación. La comprensión, en cambio, es el conjunto de notas o características inteligibles que
constituyen el objeto.
El concepto se clasifica en universal, si está tomado en toda su extensión,
particular, si está tomado en parte de su extensión, y singular, si el concepto
predicado se aplica a un solo individuo. Se suele agregar el colectivo, que conviene a un grupo de individuos en tanto que grupo. Atendiendo ya no a su
extensión, sino a su comprensión, el concepto puede ser simple, cuando significa un solo tipo de ser, complejo, cuando accidentadamente se unen dos o
más tipos de ser; abstracto, cuando se representa como una unidad con total
independencia de cualquier objeto en el cual pudiese estar realizado; concreto
si hace referencia, determinada o indeterminadamente, a un objeto en el cual
forzosamente tiene que n:alizarse.
Si consideramos los conceptos en sus mutuas relaciones de extensión, adver-·
tiremos que algunos conceptos -los superiores-- recogen dentro de su extensión a otros conceptos -los inferiores-- que potencialmente quedan incluídos
dentro de ellos. Fue así como Porfirio trazó su célebre Arbol: Substancia
-simple o compuesta- (género supremo) ; cuerpo -inanimado o animado(género subalterno) ; viviente -insensible o sensible- (género subalterno) ;
19

�animal -irracional o racional- ( género próximo) ; hombre (especie) ; Sócrates (individuo) . Si contemplamos ahora a los conceptos en sus mutuas relaciones de comprensión, descubriremos que pueden ser idénticos, cuando tienen el mismo contenido significativo, o diversos, cuando tienen diferente significación. Estos últimos se subdividen en compatibles, si pueden unirse en una
unidad conceptual con sentido, incompatibles, cuando caen en lo absurdo. A
su vez, los conceptos incompatibles serán disparatados, si pertenecen a géneros
completamente distintos; u opuestos, si se excluyen por su significación. La
oposición puede darse en conceptos contradictorios, cuando uno de ellos implica la radical negación del otro; en conceptos contrarios, cuando señalan los
dos extremos opuestos con una posible serie de situaciones intermedias; privativos, cuando uno de ellos señala la carencia de una facultad o cualidad exigida por una naturaleza, mientras que el otro indica, precisamente, la indicada facultad o cualidad; correlativos, cuando en su significación hay una dependencia mutua.
Se denominan "predicamentos" a los géneros supremos que se obtienen al
· dividir los universales por la materia. Su examen corresponde, propiamente,
a la metafísica. El nombre de "predicables", en cambio, se reserva a las modalidades o especies que se obtienen al dividir los universales por su forma.
Lo que se predica del sujeto -"predicable"- puede atribuírse a éste dentro de estos tipos generales: especie ( la esencia del su jeto), género próximo
(parte de la esencia del sujeto), diferencia específica ( característica que determina al género constituyéndole en especie completa), propiedad ( característica que sin ser parte integrante de la esencia, deriva siempre de ella), accidente ( característica que como se tiene se podría no tener) .
Si la filosofía, y la ciencia en general, son saberes rigurosos a base de conceptos, era necesario estudiar, aunque sea en sus líneas fundamentales, la
teoría del concepto.

4. EL

JUICIO

El juicio -y no el concepto ni el raciocinio-, es la estructura lógica fundamental. Mientras el concepto presenta, muestra mentalmente una cosa; el
juicio enuncia, predica. En esta conexión enunciativa de conceptos, algo
afirma o niega el pensamiento. Sin esta conexión enunciativa de concrptos
no habría base para el progreso lógico racional (discurso o raciocinio) . En
el juicio se asienta la verdad. ¿No bastarán estas razones para convencerse
de que el juicio es la estructura lógica fundamental?
Juicio es la forma apofántica del pensamiento que, por la afirmación o
negación, compone o divide dos o más conceptos. Expresado logísticamente:

A es B, A no es B. Nuestro entendimiento compara dos conceptos entre sí,
ve la compatibilidad o la incompatibilidad, y afirma o niega. Para efectuar
esta operación se precisan tres elementos: un sujeto de quien se afirma o se
niega el otro concepto, un predicado que es lo que se afirma o se niega del
sujeto, y una cópula (verbo ser) que manifiesta la composición o la división
que entre el concepto y el predicado establece la inteligencia. Con estos elementos materiales -sujeto y predicado- y con este elemento f01mal --cópula- se integra la estructura del juicio. En ocasiones, la estructura antes
apuntada no es explícita: se sobreentiende el sujeto, el predicado o la cópula.
En todo caso, al juzgar intentamos tocar el plano de la existencia, anclar
en el reino de la realidad y no jugar absurdamente con los conceptos. Y al
tocar el plano de la existencia, en forma categórica, habrá o no habrá acuerdo entre lo que enuncia nuestro pensamiento y la realidad. Lo verdadero
y lo falso, en consecuencia, se nos presenta como propiedad del juicio.
Los juicios se clasifican en: a priori, no derivados de la experiencia y
dependientes de la razón, y a posteriori, derivados de la experiencia o contingentes; analíticos, el concepto predicado se encuentra contenido en el concepto sujeto, y sintéticos, el predicado está colocado fuera de las notas significativas componentes del sujeto; de esencia, determinan un modo de ser,
y de existencia, se refieren al ejercicio mismo de ser.
Cualidad, cantidad, relación y modalidad son las maneras de predicación.
Por su cualidad los juicios serán afirmativos, si componen los conceptos, o
negativos, si los dividen. Por su cantidad los juicios pueden ser universales,
el sujeto supone la totalidad de los objetos cubiertos por su extensión; particulares, el sujeto sólo supone una parte de los objetos englobados por su
extensión; singulares, el su jeto se refiere exclusivamente a un individuo. Por
su relación, los juicios pueden ser categóricos, la enunciación se efectúa sin
ninguna condición; hipotéticos, la enunciación se formula dependiente de
un supuesto; disyuntivos, la verificación de una de las dos determinaciones
enunciadas excluye a la otra. Por su modalidad, los juicios se clasifican en
problemáticos, si la adhesión del predicado con el sujeto puede ser y no ser,
según condiciones; asertóricos, si el predicado conviene de hecho al sujeto;
y apodícticos, cuando el predicado conviene o repugna necesariamente al
sujeto. Un juicio puede realizar varios puntos de vista o maneras de predicación. Ningún animal es inmortal, es un juicio universal, negativo, categórico, asertórico.
Entre los juicios se dan relaciones. Cuando un juicio afirma lo que el otro
niega, refiriéndose a una situación idéntica, salvo en la cantidad, se habla de
juicios contradictorios. Son contrarios los juicios universales que se oponen:
el universal afirmativo ( A) y el universal negativo (E). Sub contrarios se
denominan a los juicios particulares cuando el uno afirma lo que el otro nie-

20

21

�ga. Subalternos se llaman a los juicios que poseen el mismo contenido y la misma cualidad, aunque su cantidad es diversa. A partir de la verdad o falsedad de una proposición dada, se puede inferir la verdad o la falsedad de
las proposiciones opuestas, de acuerdo con las cuatro reglas siguientes:
la. Contradictorias: Nunca pueden ser ni simultáneamente verdaderas ni
simultáneamente falsas. De la verdad de una se infiere necesariamente la
falsedad de la otra y viceversa.
2a. Contrarias: Nunca pueden ser simultáneamente verdaderas. De la verdad en una se infiere la falsedad de la otra. Pero pueden ser simultáneamente falsas.
•
3a. Subcontrarias: Nunca pueden ser simultáneamente falsas. De la falsedad de una se infiere la verdad de la otra. Pero pueden ser simultáneamente
verdaderas.
4o. Subalternas: Si la subaltemante es verdadera también lo será la subalternada. Si la subalternada es falsa también lo será la subalternante.
Así como el concepto se expresa mediante el término ( o palabra), el juicio se expresa por la proposición: su vehículo gramatical. Ya tendremos
oportunidad, posteriormente, de estudiar los signos con significación. Por ahora nos importa, solamente, el estudio del juicio.
La cantidad de un juicio depende -se ha dicho tradicionalmente- de la
cantidad de su sujeto. Con la cuantificación del predicado se introduce una
interesante reforma de la lógica. William Hamilton advierte que es necesario
"enunciar explícitamente en el lenguaje todo lo que está contenido implícitamente en el pensamiento". Aunque en las proposiciones aparezca el predicado con una cantidad indeterminada, es lo cierto que lo pensamos siempre
e ineludiblemente con una determinada cantidad que es igual a la cantidad
del sujeto.6 Los cuatro tipos de juicios, por la cantidad y la cualidad, que
distingue la lógica clásica ( universales afirmativos, particulares afirmativos,
universales negativos y particulares negativos) es sustituida por esta otra clasificación que se estima como más precisa:
Juicios afirmativos tato-totales: Todo hombre es todo animal racional.
Juicios afirmativos toto-parciales: Todo pájaro es algún animal.
Juicios afirmativos partí-totales: Algún animal es todo pájaro.
Juicios afirmativos partí-parciales: Algunos mexicanos son algunos escritores.
5. Juicios negativos toto-(otales: Ningún hombre es ningún ángel.

l.
2.
3.
4.

• WILLIAM HAMILTON,

Lectures on metaphysics and logic.

6. Juicios negativos toto-parciales: Ningún hombre es algún vegetal.
7. Juicios negativos partí-totales: Algún animal (a saber, el hombre), no
es ningún ángel.
8. Juicios negativos partí-parciales: Algún animal (a saber, el hombre)
no es algún ser pensante (a saber, ángel).
Establecida la relación de cantidad entre el sujeto y el predicado, se tienen las bases de una analítica capaz de un cálculo operatorio, similar al
de las matemáticas, por más que resulte un tanto fútil querer manifestar
explícitamente la cantidad del predicado. ¿No es acaso de la esencia misma
del predicado, en virtud de su relación lógica con el sujeto, ser tomado particularmente en toda afirmativa, y universalmente en toda negativa? La cantidad del predicado depende de la forma del juicio. Para comprobar este
aserto, bástennos dos ejemplos: Todo animal es mortal (el predicado mortal
es particular, puesto que el sujeto hombre no agota su contenido potencial);
ningún animal es árbol ( el predicado árbol es universal, porque todo su contenido potencial queda separado del sujeto animal).

5. EL

RACIOCINIO

Así como el juicio se estructura a base de conceptos, así el raciocinio construye sus ilaciones a base de juicios. Partiendo de otros juicios conocidos, se
infiere un nuevo juicio. Gracias al raciocinio, nuestra inteligencia progresa en
su saber, derivando nuevas verdades de los conocimientos adquiridos. Las
proposiciones previas -antecedente- y los conocimientos resultantes -conclusión- constituyen el acto más completo de nuestro pensamiento. Se comparan dos conceptos con un tercero, para concluír afirmando o negando su
sociabilidad lógica. A diferencia de la intuición, en que la verdad se nos ofrece de modo inmediato, por una iluminación súbita que no requiere antecedentes lógicos, el raciocinio está montado sobre premisas. Para que el raciocinio sea verdadero, no basta la correcta disposición de conceptos y juicios;
menester es que el antecedente sea también verdadero. Tradicionalmente se
han formulado estos tres principios:
1. De un antecedente verdadero, si el raciocinio es correcto en su forma,
siempre se tendrá una conclusión verdadera.
2. Si la conclusión, aún correctamente deducida, es falsa, por lo menos
una parte del antecedente es falsa.

�3. De una conclusión verdadera no se puede deducir la verdad del antecedente.
El raciocinio matemático --dos cantidades iguales a una tercera, son iguales entre sí- es tan sólo un caso especial de raciocinio. El raciocinio lógico,
cuya expresión verbal se llama argumentación o discurso, presenta dos formas: deductiva o descendente e inductiva o ascendente. En el raciocinio inductivo se parte de la observación de objetos o casos singulares, para extraer
de esa observación, mediante procedimientos adecuados, un principio o ley
general. En el raciocinio deductivo, a la inversa, el punto de partida son los
principios generales para concluir, mediante principios propios, en proposiciones más concretas.
En sentido estricto, no se dan inferencias inmediatas. Cuando pasamos
del juicio: "Ningún perro es gato", al de su converso: "luego ningún gato
es perro", no hemos salido de una misma verdad, aunque la expresemos de
dos maneras diferentes. Toda inferencia, en sentido propio, supone el paso
de una verdad a otra verdad. Tal es el caso del silogismo.
En su tratado de los Primeros Analíticos, Aristóteles define: "El silogismo
es una enunciación en la que, una vez sentadas ciertas proposiciones, se concluye necesariamente en otra proposición diferente, sólo por el hecho de haber sido aquéllas sentadas". 7 Todo silogismo se compone de tres juicios: dos
premisas y una conclusión. Intervienen en todo silogismo: el término medio, que sirve de punto común de comparación en las dos premisas; el extremo mayor, que figura como predicado de la conclusión; y el extremo
menor, que figura como sujeto de la conclusión. A la premisa que contiene
el extremo mayor -primera o segunda- se le denomina premisa mayor, y
a la que contiene al extremo menor, premisa menor.
El mecanismo del silogismo está sujeto, cualquiera que sea su figura, a
ocho reglas:
la. El silogismo ha de tener tres términos, m más

ni

menos.

6a. De dos premisas negativas nada se concluye lógicamente.
7a. La conclusión sigue el carácter de la premisa más débil, entendiéndose
por débil lo negativo y lo particular.
8a. De dos premisas particulares nada se concluye lógicamente.
Estas reglas, cuatro de las cuales se refieren a los términos y las demás a las
proposiciones, se derivan de la definición misma de silogismo, como lo explicitan los tratados de lógica.
Según la disposición del término medio en las premisas, se obtienen estas
cuatro figuras del silogismo:
I. El término
menor.
II. El término
III. El término
IV. El término
menor.

medio es sujeto en la premisa mayor y predicado en la
medio es predicado en ambas premisas.
medio es sujeto en ambas premisas.
medio es predicado en la premisa mayor y sujeto en la

Los modos del silogismo dependen de la cantidad y cualidad de las premisas. De los sesenta y cuatro modos posibles -considerando 4 combinaciones
por la cantidad, otras 4 por cada una de las anteriores al intervenir la cualidad y 4 más por las figuras; multiplicación que arroja un total de 64 combinaciones- sólo diecinueve modos resultan válidos, al aplicarles las reglas del
silogismo. Utilizando la nomenclatura usual (A, universal afirmativa; E, universal negativa; I, particular afirmativa; O, particular negativa ) , se ofrecen,
agrupados en las cuatro conocidas figuras, los diecinueve modos siguientes:
la. Figura.

A-A-A; E-A-E; A-I-I; E-I-O

-ª· Figura.

2a. El término medio no debe aparecer en la conclusión.
3a. El término medio debe estar tomado por lo menos una vez en toda
su extensión.

E-A-E; A-E-E; E-I-O; A-O-O

4a. Los extremos no deben tener mayor extensión en la conclusión de la
que tienen en las premisas.

A-A-I; E-A-O; I-A-I; A-1 • v A-O; E-

Ja. }, 1gura.

,a.

5a. De dos premisas afirmativas siempre se concluye afirmando.
' ARISTÓTELES, Primeros Analíticos, Sección Primera, Capítulo Primero No. 8,
Pág. 479, tomo 3, Ediciones Anaconda.

24

.1.

.gura.

A-A-I; A-E-E ; I-A-I; E , _
Además del silogismo

1

,

11,...:,

J ....

.s.:.i aho1a estudiado, hay silogis-

25

�mos irregulares -entimema, epiquerema, polisilogismo, sorites- y silogismos
compuestos -hipotético, disyuntivo, dilema- que son también, indudable-

mente, auténticos raciocinios y que el lector curioso podrá encontrar expuestos en cualquier manual de la materia. Todo raciocinio -importa decirlo-pretende ser verdadero y concluyente. El error puede provenir de la materia
-se observan todas las leyes del silogismo, pero el argumento es erróneo-,
de la forma -paralogismo, sin intención de engañar; sofisma, en el otro
caso- o de la falta de forma. La falacia puede estar en las palabras (empleo de un mismo término en diversa acepción, por ejemplo) o en las cosas
(v.gr.: atribuir al su jeto en general lo que sólo le conviene accidentalmente).
El conocimiento del lenguaje, la observación de las leyes del razonamiento
y el buen sentido, sobre todo, evitarán los paralogismos.
La teoría lógica del raciocinio, que hemos intentado resumir, pone de manifiesto la debilidad de nuestro entendimiento. No podemos conocer sino sucesivamente. Buscamos confirmar la relación que une dos juicios, colocando
entre ellos un punto intermedio de enlace. Sólo así podemos transitar de un
juicio a otro. La debilidad de nuestro entendimiento es suplida por el raciocinio, que no se realiza sin un cierto esfuerzo: un esfuerzo de una inteligencia imperfecta que anhela conquistar una seguridad.

6.

LA LOGÍSTICA

La logística -también denominada lógica matemática y lógica simbólicaprescinde de los objetos concretos y en su lugar designa por letras -p.q.r ... las diversas proposiciones.
Las operaciones básicas, cada una con su signo propio, son las siguientes:
unión copulativa(&amp;), correspondiente a la palabra y; v.gr.: "el león es mamífero" y "el pulpo es molusco"; la unión alternativa o disyunción (v), que se
forma con la partícula o; v.gr.: "todo hombre es soltero" o "casado" ; la unión
por implicación ( ➔), designada con los términos de "por tanto", "luego";
v.gr. : "todo animal es corporal, luego todo animal es espacial"; la unión por
equivalencia o igualdad de valor lógico (=), v.gr.: "el hombre es el animal
que piensa" equivale a esta otra proposición: "el hombre es el animal que
hace utensilios". La escritura lógica varía de acuerdo con los sistemas establecidos por los diversos autores.
Sobre las operaciones básicas, antes apuntadas, la logística edifica unas
especies de tablas para cada una de las expresadas operaciones: por ejemplo, la tabla de operación "negativa" ( toda proposición sólo puede tener dos
valores lógicos; el de verdad (V) y el de falsedad (F) ; de modo que si la

26

proposición es verdadera, su negación será falsa; y si la proposición es falsa,
su negativa será verdadera), la tabla de unión, etc. En esta forma, las leyes
lógicas se obtienen por medio del cálculo, sin discursos, dando como resultado el valor total V. Además del cálculo llamado proposicional, "se puede
introducir -explica el Dr. Juan David García Bacca- el cálculo de proposiciones universales y particulares, dando el cálculo funcional; se puede
tratar por semejantes procedimientos calculatorios la extensión de una proposición o concepto, cosa que corresponde al cálculo de las clases que sirve
de fundamento lógico puro a la teoría matemática de los conjuntos, y además es posible construir un cálculo más general: el de las relaciones, del que
no hay ni indicios en toda la lógica clásica, v.gr.: estudiar las leyes de proposiciones del tipo: "a es menor que b", "a es paralelo con b"; "a es padre
de b y amigo de c" etc." 8 Partiendo de seis axiomas con dos reglas de derivación, la logística deduce todas las leyes lógicas, incluyendo los primeros
principios y la formas silogísticas.
La lógica matemática es un producto genuino del racionalismo y del formalismo, que dispone de todo el método e instrumental matemático. Moviéndose en un plano de rigurosa y pura logicidad, sustituye las proposiciones
del lenguaje por una reglada operatividad sobre sus símbolos. Es visible su
interna coherencia. La matemática parece quedar reducida a la lógica. Se
inventan nuevos cálculos y se advierte la necesidad de numerosos principios (reducción al absurdo, adición, aserción, asociación, conmutación, composición, exportación, factorización, importación, permutación, simplificación,
"summation", tautología, transposición, identidad, no-contradicción, tercero
excluído) . El objeto logístico proviene de la voluntad del lógico y no de su
propia esencia objetiva. La materialidad se ha perdido. "El objeto lógico de
este sistema aparece como una construcción mental desprovista de matices empíricos, sin que por ello pueda predicarse su carácter de universal. El dogmatismo matemático parecía inclinarle, al menos en la práctica, a la afirmativa ;
pero cierta índole abstracta del mismo --observa Manuel Granell- niega en
cambio su realidad".º Partiendo de ciertas fórmulas originarias, la axiomática
llega a deducir otras fórmulas mediante determinadas reglas operatorias. La
verdad o la falsedad de los axiomas no es cuestión que inquiete al formalismo.
Lo único que importa es el cálculo, la ausencia de contradicción, la coherencia
interna. La lógica matemática es una clase de lógica formal. Pero una lógica
formal axiomatizada, relativa. Expuesto en lenguaje simbólico y artificial, el
4

JUAN DAVID GARCÍA BACCA, Elementos de Filosofía, pág. 58, Biblioteca de Cultura Universitaria, Caracas 1959.
• MANUEL GRANELL, Lógica, págs. 246-247, Revista de Occidente, Madrid.

27

�contenido de la logística abarca la silogística aristotélica, la doctrina estoica de
la consecuencia, la lógica moral y muchas leyes más.
Dada la diversidad de sistemas en la lógica matemática actual, se ha preguntado: ¿ Cuál entre los numerosos sistemas de esta lógica debe servir como
fundamento de la axiomatización? Tenemos, hoy día, docenas de sistemas diferentes. ¿ A cuál crite1io acudiremos para escoger? J. Lukasiewicz y E. Post
establecieron los llamados sistemas polivalentes de la lógica; Brouwer postula
una lógica intuicionista, axiomatizada por Heyting en 1930; Whitehead y
Russel elaboran y amplían, en su obra Principia mathematica, la lógica formal
aristotélica; Lesniewsky se aparta de los Principia mathematica con un nuevo
sistema; Gentzen y Jaskowski establecen las llamadas lógicas naturales -lógicas de la consecuencia- que establecen reglas solamente; H . Curry presenta,
dentro de la más reciente evolución, la lógica combinatoria. Ante la creciente
proliferación de sistemas -que el lector interesado podrá advertir si se toma
el trabajo de consultar los manuales de lógica matemática más o menos nuevos--, surge en nosotros la inquietud por el problema de los fundamentos de
la logística. Se ha pretendido sentar, como criterio para seleccionar mejor el
sistema logístico, una norma metalógica: escojamos aquel sistema que permita
axiomatizar con mayor facilidad y sin contradicción la disciplina en cuestión,
buscando demostraciones sencillas y "elegantes". El relativismo de esta respuesta es patente. Pero hay algo más grave: la logística pierde de vista la
realidad, las cosas, para recrearse, con frecuencia, en un simbolismo matemático. "Detrás de los símbolos -dice Gonseth- se imagina tener una realidad
íntegramente concebible, y que la estructura del mundo real es precisamente la
necesaria para que la lógica dé cuenta de ella con perfecta fidelidad" .1 º La
verdad es que la lógica de los conceptos resulta necesaria como actividad del
espíritu humano. La lógica de signos nunca suprimirá, por completo, el margen
de indeterminación que subsiste sobre los signos mismos (orales o escritos) .
No podemos dispensamos de pensar conceptualmente, substituyendo el trabajo
mismo del pensamiento por cierta manipulación reglada de signos matemáticos,
a menos de acabar matando la viviente realidad. Podemos, eso sí, advertir la
conveniencia de un álgebra lógica como la propuesta por J. Maritain, totalmente diferente de la logística -y mucho más modesta- que pondría a disposición del lógico un sistema de signos artificiales especialmente adaptados
al análisis reflejo del raciocinio. Esta álgebra lógica, constituída conforme a
los principios de la Lógica tradicional, no pretende reemplazar el lenguaje
ni dispensamos de pensar; serviría, desde el punto de vista pedagógico, para
simplificar el manejo de las reglas lógicas, y nos ayudaría en la reflexión lógica

'º FERDINAND GoNSETH, Qu'est-ce que la logique?, capítulo II, Núm. 13 Pág. 28,
Hermano et Cie., 1937.

-estudio reflejo de los procedimientos de la razónpleto y preciso de signos técnicos.11

con un sistema com-

11
Para estar en aptitud de comparar la logística con el álgebra lógica que propone J. Maritain, seleccionaremos, entre los ejemplos ofrecidos por el mismo autor,
los dos siguientes: A). En logística un silogismo en Barbara se representará, según
Alejandro Padoa (La L6gica deductiva en su última faz de desarrollo, París, Gauthier-Villars, 1912, p. 78), por medio de la fórmula:

b =&gt; c.. o.. ::&gt; b ·.

~

: ex. ::&gt;c..

que puede leerse: si b está contenida en la clase e, y si a está contenida en la clase b,
entonces a está contenida en la clase c.
Habiendo establecido la igualdad
d = - c. = .c = -d
( decir que la clase d es la clase contraria de e, equivale a decir que la clase e es la
clase contraria de d, se dirá que el primer "silogismo" se, reduce al segundo (para esto
basta llamar d al término e) -lo que no está conforme a la Lógica clásica-, y lo que
no vale sino para las leyes del álgebra de los signos, no para las de la Lógica del pensamiento, porque: lo, un silogismo en Celarent no se piensa así:
Todo hombre es no-ángel,
todo filósofo es hombre,
luego todo filósofo es no-ángel
y 2o. el reemplazo de no-ángel por un término d ( tal como "corporal" por ejemplo),
que significaría la "clase contraria" de la clase "ángel", introduciría un cambio en la
materia misma de silogismo.
B) El álgebra lógica, constituida conforme a los principios de la Lógica tradicional,
es un sistema de signos artificiales especialmente adaptados al análisis reflejo del raciocinio, que no reemplaza el lenguaje ni excluye el trabajo del pensamiento, y sí facilita
el manejo de las reglas lógicas. "A título de ejemplo --dice J. Maritain- y solamente
para mostrar en qué camino sería posible aventurarse, supongamos que se elijan signos
elementales tales como los siguientes:
T

indicaría la identificación del Pr y del S en la proposición afirmativa,

X

su separación en la negativa,

T o X una

suppositio tomada con relación a la existencia ideal,
T o X una suppositio tomada con relación a la existencia real,
La ini~ial mayúscula indicaría un término tomado universalmente,
el paréntesis, un término tomado particularmente,
los corchetes, un término singular,
el signo ➔ indicaría la inferencia ("luego") .

Evidentemente esta lista podría ser ampliada. Pero con signos tan elementales es ya

29

28

�Examinada la corrección de las operaciones logísticas, faltaría aún comprender el verdadero sentido de toda la demostración. Para comprender
en plenitud una partida de ajedrez -aclaraba Poincaré- no basta conocer
las reglas del juego. Comprender la partida es enteramente otra cosa; es saber
por qué el jugador avanza tal pieza, en lugar de tal otra que habría podido

mover sin violar las reglas del juego. Es advertir la razón íntima que hace de
esta serie de jugadas sucesivas una especie de todo organizado.12 Algo semejante ocurre con la lógica.

7.

fácil iluminar muchos puntos interesantes. Así, para traducir en este sistema de signos
el silogismo "Todo hombre es mortal, Pedro es hombre, luego, etc.", se escribiría:
Hombre T (mortal)
[Pedro] ~ (hombre)
[Pedro] T (mortal)
lo que obHga a precisar que la menor singular (y lo mismo la conclusión) impHca
una suppositio tomada con relación a la existencia real, cuando afirma del S un Pr
esencial.
La conversión simple se traduciría por medio de los símbolos siguientes:

AXS
B X A,
o:
(b) T (a),
(a) T (b)

que manifiestan a los sentidos que en caso semejante no hay inferencia propiamente
dicha, sino simplemente expresión diferente de una sola y misma verdad.
La conversión parcial (per accidens) se traduciría por el símbolo
A T (b)
(b) T (a),

que demuestra que la conversa parcial repite de una manera implícitamente disminuida
la misma verdad que la proposición primitiva.

El estudio de la razón como instrumento de conocumento no es, propiamente, la sabiduría. Pero la sabiduría humana misma no podría adquirirse
sin los servicios del saber instrumental: la lógica.
Sin la lógica no podríamos llegar a poseer ninguna ciencia. No basta acumular conocimientos de modo confuso e incierto. Necesitamos orden, rectitud
en el proceder mental, unidad en el conocimiento. Nuestra afanosa y apasionada búsqueda de la verdad no llegaría a ninguna meta de no ser por la
lógica. El somero examen de la lógica, que hemos efectuado en los artículos
anteriores, pone de manifiesto la importancia de esta disciplina para la vida
humana. Imposible vivir, y sobre todo vivir bien, sin lógica. Nuestra actividad,
movida por valores, tiene que estar dirigida por una mente que respete la
ciencia lógica, convirtiéndola en arte vital. Y aunque la lógica de la vida no
sea el criterio exclusivo que decida del valor de una persona, es -¡ qué duda
cabe!- un insoslayable factor de valoración.
No se puede vivir congruentemente, inteligentemente, sino viviendo lógicamente. Toda la conducta humana sigue, debe seguir para ser consecuente
con uno mismo, los ideales personales que rigen la existencia. "Vivir lógicamente -ha dicho el Dr. J. Hernández Chávez- es vivir axiológicamente. La
lógica de la Vida se convierte en Axiología de la Vida. Vivir lógicamente es
{"existencial" o "ideal") que la mayor -y lo que demuestra también en forma sensible
.cómo Darapti se reduce a Darii, por conversión de la menor:

Silogismos en Darapti ( tales como los dados corno ejemplo en la página 298), tendrían
por símbolos:
Murciélago
Murciélago

Darapti

C T (b)
C T (a)
{ ➔ (a) T (b)

Darii

C T (b)
(a) T (c)
{ ➔ (a) T (b)

T (alado)

T

(mamífero)

➔ (mamífero)

1 alado)

Poeta

i

Poeta

T (hombre)

(hombre)

T ( artista)

(artista)

lo cual pone en evidencia que la conclusión debe ser tornada en el mismo sentido

30

LA LÓGICA COMO INSTRUMENTO PARA LA VIDA Y PARA LA SALVACIÓN

En la misma forma se podrían verificar cómodamente todas las reglas de la reducción
&lt;le modos.
(Véase El Orden de los Conceptos, págs. 288 a 301 y 367 a 373, Club de Lectores,
.Buenos Aires, 1953).
u

El valor de la Ciencia, I, cap. I, núm. 5.

31

�valorizar, jerarquizar los valores, y escoger lo mejor". El orden entre las premisas y la conclusión de un razonamiento no coincide con el orden de la investigación y de la invención de un problema. En uno y en otro caso requerimos, no obstante, del espíritu lógico. Gracias a este espíritu lógico no acometemos empresas vanas.
La pura lógica, por ser formal, no puede refutar una proposición metafísica,
ética o científica particular. Pero "del mismo modo que la forma implica la
materia, la lógica implica algo más que la forma" ( Morris R. Cohen) . Las
leyes y reglas lógicas, aunque referidas a la pura estructura de las proposiciones
o de las fórmulas, son útiles y hasta indispensables para la vida y para la salvación. Es cierto que las expresadas leyes y reglas no tratan de contenidos, pero
aún así se aplican a los enunciados relativos a lo real. Y se aplican con un
designio de orden. Nada dicen sobre el sentido de la vida y de la realidad,
pero nada se podría decir sobre ellos sin las estructuras lógicas. Si la lógica
es aplicable a la realidad es porque lógica y realidad no están abismalmente
separadas. No hay que perder nunca de vista que las formas lógicas se refieren
a los hechos. Y los hechos, con dificultades mayores o menores, son susceptibles·
de ordenación.
El raciocinio no es una mera tautología. Todo silogismo. establece un elemento de identidad entre cosas diversas. "La afirmación de que la conclusión
se encuentra contenida en las premisas no pasa de ser una tosca metáfora
-como si las premisas fueran una caja y las conclusiones los objetos contenidos en ella-. Las conclusiones -observa Morris R. Cohen- necesitan de
las premisas porque, siguiendo ciertas reglas lógicas, se puede demostrar que
todas las demás conclusiones alternativas son imposibles. Excluyendo algunas
combinaciones de premisas y conclusiones, obtenemos resultados determinados.
Y es en este desarrollo de las posibilidades limitadas en el que radica la fecundidad de la lógica". El mundo está lleno de posibilidades. Mundo de posibilidades que tiene, por cierto, alguna conexión sistemática.
La lógica opera sobre supuestos. La observación empírica contiene elementos.
no lógicos. Por eso la prueba de la existencia de un objeto está más allá de
la lógica. De ahí la importancia de conocer a los objetos tales como son. Hay
diferentes medios de aproximarse a la realidad, implicados en la diferencia
de las cosas mismas ... No es posible utilizar un mismo método para buscar
verdades de diverso orden. La vista, el oído, el gusto, el olfato, el tacto, la
imaginación y la sensibilidad interna contribuyen decisivamente, en muchos
casos a conocer las cosas tal como son. Resulta conveniente, en consecuencia,
'
no descuidar el funcionamiento adecuado de estas facultades.
La naturaleza nos ha dado una cierta disposición para conocer la verdad_
Esta disposición --que algunos autores han querido denominar "lógica natural"- es suceptible de afinamiento, de perfeccionamiento, si atendemos a las

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reglas que nos guían en la búsqueda de la verdad, y a las razones en que se
apoyan. No basta conocer los medios para pensar bien --en el orden especulativo y en el orden práctico--; se requiere, además, un profundo amor de la
verdad, una conciencia de las propias fuerzas y un dominio de las pasiones.
La lógica, examinada objetivamente, presenta una adecuación a las cosas y
está sujeta al imperio de la ley impersonal de la corrección formal. Pero considerada como necesidad vital del individuo, como arte de vida, está regida
por la vocación personal y por el fin último de salvación. La lógica, en este
sentido, es sólo una forma y función de la vida; pero la vida no será auténticamente humana si no se orienta hacia la realización de la entelequia, hacia la
salvación. Para nosotros la lógica pasa a ser "ancilla salutis", sierva de la salvación. Así adquiere su movilidad personal y su fuerza de transformación.
Si por razón vital se entiende una razón ínsita en la vida, abierta a la realidad, sin supeditación a lo biológico, entonces debemos saturar a la lógica
de razón vital. Hay que atender no tan sólo al pensamiento formal, sino también, y acaso más, al pensamiento material vinculado a las cosas. Nuestro
siglo nos invita a volver humildemente la mirada a las cosas.
Si la logicidad es fruto del saber a qué atenerse, resulta incongruente decir
que "ha surgido en un momento de la historia, y nada garantiza su conservación. ¿ Es que la necesidad de corrección y de certeza no es una constante
humana? Lo que la logística tiene de verdadera lógica -teoría de los enunciados y teoría de las clases referentes a la extensión de los conceptos--- es exclusivamente, como lo ha visto Aloys Müller, lógica de viejo estilo, simplemente más desarrollada. Lo restante pertenece a la matemática (teoría de
los conjuntos) o a las ciencias especiales ( teoría de las relaciones), y queda
fuera del territorio de la lógica. Todo lo que de lógica tiene la logística puede
expresarse también en palabras. La lógica simbólica "aprehende manifiestamente sólo lo formal, casi diría lo más formal de la lógica, y naturalmente
-observa A. Müller- sólo puede aprehenderse esto pasando de largo, incomprensivamente, junto lo esencial, la inteligencia de la estructura de lo$ pensamientos y de su esfera".
La lógica interesa -así me lo parece a mí, por lo menos- porque se puede
situar en la vida, porque puede ayudar a realizarse, porque es, en suma, un
instrumento para la salvación personal.

a

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H3

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DEL PODER
LIC. MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ

B.

Facultad de Filosofía y Letras de la U. N. L.
Sumario: l. ¿Qué es el poder? a). ¿Para qué es el Poder en el Estado? b). ¿C6mo es
el Poder en el estado? c). ¿Cuándo surge el Poder en el Estado? 2. Elementos in-.
ternos del Poder. a). Mando. b). Obediencia. 3. Definición del Poder.-4. Notas
características del Poder en el Estado.-5. Sujeto del Poder en el Estado.--6.
Titular del Poder en el Estado.-7. Justificación del Poder en el Estado.-8. Técnica del ejercicio del Poder en el Estado.-9. La raz6n de ser del Poder Estatal.! O. La justicia en función del Poder Estatal.-11. El Poder, acción del Estado.! 2. Condiciones de la acci6n Gubernamental: Poseer la autoridad y ejercerla debidamente.-! 3. La acción Gubernamental debe concordar con los avances de la
cultura.-14. El individuo ante el poder.-15. El problema primordial de la acci6n
Gubernamental: Conciliación entre el Poder Estatal y la libertad individual.

l. ¿ QUÉ

ES EL PODER?

Después de un análisis histórico, hemos llegado a dilucidar la noc1on de
"Poder" como una energía o fuerza unitaria dirigida hacia algo, como la acción proyectada hacia la consecución de un fin. En la organización estatal
se encuentra un solo poder y no varios, cuyo fin es el Bien Público Temporal.
Ahora bien, una vez aceptado, como instrumento de trabajo, este concepto
de poder, surge ante nosotros una bandada de interrogaciones: ¿ qué es el
poder?; ¿para qué es el poder?; ¿cómo es el poder?; ¿cuándo surge el poder
en ese organismo estatal?
Fischbach nos dá la idea de poder como un "fenómeno psíquico"; Herman
Heller, como una "unidad de acción política"; y, el Dr. Sánchez Agesta, como
"un principio motor''.
La unidad de acción estatal se observa en la cooperación de esfuerzos y
voluntades, entre gobernantes y gobernados, para llegar a una finalidad común: la convivencia y paz humanas.

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�Los miembros de la comunidad estatal, al unirse, tienen una fuerza que
antes no existía ni en los individuos aislados, ni en los órganos ni en los gobernados.
La organización estatal es la forma o esquema del Ser-Estado, y los seres
humanos son el contenido del mismo. Los hombres son los que ejecutan la
acción, y los que tienen el poder de dicha institución.
Nosotros descartamos las doctrinas de la fuerza que reconocen el derecho
del "más fuerte'\ del "más hábil", como un poder legítimo.
El poder es inherente a la comunidad, pero como ésta no puede por sí misma
ejercerlo, necesita transferir la autoridad al dirigente o dirigentes de ese grupo
humano. El gobernante legitima el poder estatal a su cargo, por el consentimiento que sus súbditos han manifestado, voluntariamente, dentro de la organización jurídico-política: el Estado.
El Dr. Basave apunta: "La autoridad ordena una línea de conducta a los
ciudadanos y extranjeros residentes en el país. Las órdenes deben ser justas
pero además oportunas. Esto último es cuestión de tacto político. La obediencia
de los súbditos no debe ser ciega sino razonable".1
Como decíamos, el poder en el Estado es una renovación continua de energía espiritual entre gobernantes y gobernados, quienes sostienen un orden,
tendiente a la consecución del Bien Público Temporal.
a ) lPara qué es el poder en el Estado?

El poder en el Estado es para conservar el orden y la coordinación de funciones, ya que sin la acción conjunta y armónica entre gobernantes y gobernados no existe la convivencia humana. El orden estatal se logra cuando las
normas y reglamentos jurídicos que se publican son acatados y obedecidos
por el hombre que vive en dicha comunidad, ya que el poder es la energía
espiritual, psíquica, que el hombre como ser social y racional, con capacidad
de decidir y de actuar, dirige o puede dirigir hacia un verdadero humanismo.
b) l Cómo es el poder en el Estado?

El poder en el Estado no es algo tangible, sino inteligible, concebible. No
es un elemento substancial ni estático sino dinámico. Es esa energía imperante que se trasmite de un ser a otro y que actúa mediante el mando del go-

bemante y la obediencia del gobernado, obteniendo la unidad de acc1on del
poder organizado. Desde el momento en que el mandato dado -sea Ley, Reglamento o Decreto, etc.- no se obedece, se pierde ese equilibrio de unidad.
Surge, entonces, el desequilibrio estatal, revoluciones internas, revueltas, etc.

c) ¿Cuándo surge el poder en el Estado?
El poder en el Estado surge cuando el hombre, para vivir pacíficamente,
se da cuenta que necesita de alguien que le dirija y proteja, meqiante las
instituciones establecidas para ello, dentro de la entidad social jurídico-política: el Estado.
Kranemburg dice: "Como hemos visto ya, la autoridad y el derecho al
mando nacen a la vida cuando se hace necesario organizar la fuerza y regular
las relaciones humanas.
"En los momentos en que se ven en peligro la vida y los¡ medios para gozar
de ella, cuando se hacen· necesarias las decisiones rápidas, la gente está dispuesta a instituir un solo órgano de gobierno y a otorgarle una autoridad
considerable. Pero cuando esta autoridad pasa a mando de personas indignas,
de hombres que no comprenden sus funciones y que las ejercen en detrimento y no en beneficio del bienestar general, aquellos que están sujetos
a la autoridad sienten entonces que están bajo condiciones injustas, y que
tienen el derecho y el deber de acabar con ellas. Así da principio un movimiento para deshacerse del que detenta el poder. Si la falta se debe a la
persona o a la dirección política, la revuelta se dirigirá contra el gobernante
en particular; pero si se cree que depende del sistema, su objetivo será el
régimen general en cuestión". 2

2.

ELEMENTOS INTERNOS DEL PODER: MANDO y OBEDIENCIA

Los elementos internos del poder que forman "la unidad de acción política" son: el mando y la obediencia.
No puede haber unidad de acción estatal si no existe el mandato y la obediencia del mismo. El gobernante ordena a los gobernados para que le obedezcan, y, ambos, como seres dotados de voluntad y de razón, sostienen, con
su actuación consciente, la unidad de acción política. En esa cooperación
de voluntades se observa el equilibrio estatal.

1

DR. AGUSTÍN BASAVE FE1tNÁNDEZ DEL VALLE, Teorla del Estado, p. 87. Editorial
Jus. México, 1955.

• R. KRANEMBURG, Te oría Política, p. 95, versión espa ñola de Juan Bazant. Fondo
de Cultura Económica, Pánuco 63, México, D. F., 1941.

36

37

�Como decíamos, el gobernante tiene la autoridad de poder en el Estado,
que le ha confiado la comunidad estatal. El poder del Estado es inherente
al mismo, ya que sólo es uno de sus elementos.
La unidad de acción estatal no puede atribuirse, parcialmente, ni a los
gobernantes ni a los gobernados, sino a la cooperación de ambas voluntades,
a través de los elementos del poder: mando-obediencia.
La obediencia no es un impulso físico sino psíquico, espiritual, moral. Es
una de las características del ser humano. Nosotros obedecemos porque nuestra conciencia moral nos aconseja que debemos acatar las órdenes de nuestros
superiores. Tenemos el sentido de responsabilidad respecto a una orden dada
que deriva de una persona considerada superior en grado. La moralidad de
nuestras acciones entra en juego para actuar obedientemente. Intervienen los
valores al juzgar la actuación del hombre. Un acto determinado puede no
tener validez moral para tal o cual persona, pero, para el ser actuante puede
tenerla. Existen varios ámbitos en la esfera de actuación del hombre: el
moral, que depende de la conciencia interna humana; el religioso, de la actitud de religación con Dios; y el jurídico que responde, preponderantemente,
a los actos externos. La coercibilidad estatal impera sobre el hombre, cuando
las normas jurídicas no son obedecidas.
El acto de obediencia tiene sus raíces profundas en el ser humano, como
persona que es. La razón interviene al actuar, pero, muchas veces, otras causas, ya de orden sentimental o psicológico o valorativo, suelen contribuir a
las diversas decisiones del hombre.
En el ámbito estatal, los elementos del poder, mando-obediencia, constituyen el orden, sin el cual es imposible la vida del Ser-Estado.

como decíamos, dos actos diversos que se complementan: el mando y la
obediencia.
. ~¡ mandato, dentro de la organización estatal, proviene del gobernante,
dmgente de ese conglomerado humano; y la obediencia debe efectuarse por
los gobernados.
Sólo las personas son capaces de dirigir y de ser dirigidas. Las cosas por
ser tal cual son, no necesitan de ello.
Entonces, el poder en el Estado es la energía dinámica, espiritual, que
actúa u opera sobre los hombres que conviven en esa comunidad.
"Y establece en un grupo humano el orden necesario". En esta oración
observamos la proyección de la acción conjunta de 0o-obernante y gobernados
dirigida hacia el orden.
'
"Para conducirlo a su fin". El fin que persigue el poder estatal, mediante
el orden, es el Bien Público Temporal.

Luego, el Dr. Sánchez Agesta, afirma, en otro párrafo: "El poder político
est~blec~ su relación ~ntre un imperante e imperados que participan de Ja
racionalidad y de la libertad humana. No es transmisión mecánica de movimi~nto, sino ordenación . pre~eptiva de acciones. El precepto ordenador es
su mstrumento y la obed1enc1a ordenada su efecto. Gobierna hacia el fin ordenado a él una pluralidad de conductas dentro de un grupo humano hacia
la realización armónica del fin propuesto. La idea de poder se enriquece así con
un nuevo elemento. No sólo es principio de ordenación a un fin sino también
de unificación y cordinación, esto es de orden de una pluralidad de conductas
a través de preceptos".4

4.

3.

NOTAS CARACTERÍSTICAS DEL PODER EN EL ESTADO

DEFINICIÓN DEL PODER

Las notas características del poder en el Estado son:
El Dr. Luis Sánchez Agesta apunta, en sus Lecciones de Derecho Político:
El Poder es "el principio motor que dirige y establece en un grupo humano
el orden necesario para conducirlo a su fin". 3
Analicemos dicha definición: El poder es "el principio motor que dirige".
En esta oración, observamos que se alude a una dirección hacia algo. El
"principio motor" va encaminado · a la realización de acciones de la persona
humana, quien es susceptible de ser dirigida, y, a la vez, capaz de razonar y
de tener una visión de una determinada finalidad. La dirección implica,
• DR. Luis SÁNCHEZ AGESTA, Lecciones de Derecho Político, p. 493. 3a. Edición.
Granada, Imprenta Hijo de Paulino V. Traveset, Mesones 52, 1947.

a_)•. La originalidad, ya que el poder estatal está delimitado por el Derecho
Ob1et1vo u ordenamiento legal positivo que se basa en el Derecho Natural.
La_ ley fundamental del Derecho Positivo es la Constitución. El poder estatal
es mherente al Estado. No deriva de ningún otro.
b) . La aptitud para la auto-organización y distribución del poder estatal
entre los órganos diferentes del Estado.
c). La Soberanía estatal, o sea el poder supremo, dentro del Estado en
relación a los súbditos.
'
• DR. Luis SÁNCHEZ AoESTA, Lecciones de Derecho Político, p. 492. 3a. Edición.
Granada, Imprenta Hijo de Paulino V. Travcset, Mesones 52, 1947.

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39

�d). Unidad e indivisibilidad del poder estatal.
e). Inalienabilidad del poder, ya que el Estado no puede ser enajenado
de lo que le es esencial, sin dejar de ser.
f). Imprescriptibilidad, puesto que de ser prescriptible dejaría de ser.

mento, los jueces, los policías, etc.- está constituido por un conjunto de
actividades y de obras reales de los hombres: obras y actividades insertas en
su vida, condicionadas por ella, en las cuales late la referencia a unos valores (seguridad, justicia, utilidad común, etc.), es decir, late el propósito
intencional de realizarlos. Esos valores serán los criterios, las ideas en que
lo jurídico trata de orientarse".5

g) . Inviolabilidad, característica "sine-qua-non". Sin ella no sería poder
soberano y no cumpliría su finalidad.
8.

5. SuJETO

DEL PODER EN EL ESTADO

La comunidad política, el grupo social humano, organizado, en su tota-lidad, es el sujeto del poder en el Estado.

6.

TITULAR DEL PODER EN EL ESTADO

El titular del poder en el Estado -Presidente o Parlamento--- es la persona física O moral, en quien está depositada la autoridad y la que ejerce
las funciones de mando.
El titular del poder es legítimo, originalmente, cuando ha sido de elección popular, pudiendo ejercer la potestad estatal, pero_ si la finali_d~d. que
sigue no es la realización del Bien Público Temporal, pierde. su legitumdad.
En cambio, un titular ilegítimo del poder, en cuanto a su origen, puede llegar a legitimarse si se consolida por sus actos, al realizar el orde~ y l~ ~az,
a través del tiempo. Este último caso suele suceder en las revoluciones mJustificadas o en las conquistas territoriales fuera del Derecho positivo.

7.

JUSTIFICACIÓN DEL PODER EN EL ESTADO

El poder en el Estado se justifica cuando se cumplen los ~bjetivos q~~ persigue la comunidad política al reunirse y delegar la autoi:idad al dmgente
de la misma. Las finalidades del Estado son de orden matenal y de orden espiritual: contribuir al mejoramiento econ~rn~co, orientar_ a una. n:iejor educación, formar asociaciones culturales, art1sticas, recreativas, religiosas, etc.,
para co-adyuvar a la realización del Bien Público Temporal.
El filósofo Luis Recaséns Siches en su tratado Vida Humana, Sociedad Y
Derecho, anota: "Lo jurídico p.e. el código civil, el código penal, el parla40

TÉCNICA DEL EJERCICIO DEL PODER EN EL ESTADO

El ejercicio del poder en el Estado se manifiesta en la elaboración, publicación y ejecución de las diversas normas legales, a través del mando y de
la obediencia que constituyen el orden estatal.
El Estado se vale del Derecho Objetivo para re-afirmar su poder. Estas
normas legales del Derecho Positivo, al ser acatadas y obedecidas se transforman en el orden que sostiene el equilibrio estatal, coadyuvado éste por la
coerción jurídica a través de las sanciones legales que se aplican cuando hay
infracciones al Derecho. La realización de las normas legales debe efectuarse
voluntariamente por los hombres -siempre que sean justas-- o en caso contrario, mediante la co-acción estatal por intermedio de las diversas funciones del poder. De esta manera se administra la justicia y funciona la acción gubernamental, elemento "sine-qua-non" para que exista la estabilidad
de un "Estado de Derecho".

9. LA

RAZÓN DE SER DEL PODER ESTATAL

El hombre es un ser social por esencia y por su propia naturaleza vive en
sociedad, puesto que desde que nace se encuentra rodeado de sus semejantes.
La vida de un ser humano indefenso sería imposible, si no se le proporcionaran cuidados. Pero si el hombre es por esencia un ser social, no es por
naturaleza bueno, ya que no todos los hombres actúan correctamente. De
aquí el problema de la elección del gobernante para regir los intereses de
una comunidad jurídico-política y por lo mismo, la necesidad y la obligación que tiene de elegir, entre sus congéneres, a aquél que tenga las cualidades para la dirección y el mando. En última instancia, la institución denominada Estado, tiene la necesidad de un gobernante que tenga aptitudes para
' Luis RECASÉNS SICHES, Vida Humana, Sociedad y Derecho, p. 57. Editorial
Porrúa, S. A. Ave. Rep. Argentina No. 15, México, 1952.

41

�el manejo del gobierno y también para poder realizar las diversas finalidades
que él persigue. Asimismo, se requiere que el gobernante sea querido por sus
gobernados, que tenga iniciativa para conjugar sus fuerzas, sus deseos y sus
anhelos con las de los gobernados, y, de esta manera, se obtenga el ideal
común: la realización de la justicia, y del Bien Público Temporal.
La acción gubernamental se complementa entre la del gobernante y la
de los gobernados. El hombre no anula su libertad individual al verse obligado a acatar las órdenes del titular del poder estatal, ya que toda libertad
supone un límite que es el derecho de otro semejante. Por esto, si el ser
humano, en su libre actuación pretende violentar los derechos de su prójimo,
interviene la autoridad estatal para impedir la consumación del acto, coactivamente. Por ejemplo, si una persona tratara de ejecutar un delito con
premeditación, alevosía y ventaja, y es sorprendida "in fraganti", la suspensión del acto delictuoso es necesaria, mediante la co-acción estatal sobre el
sujeto-activo, ya que trataba de infringir la esfera de la libertad de otro semejante. De aquí la necesidad de la organización del "Estado de Derecho"
y de las funciones del poder. Luego la razón de ser del poder estatal es la
protección de las "garantías individuales" y la intervención del mismo en
la esfera de la libertad de la persona humana, cuando con su actuación trata
de inferir un daño a su prójimo.
El poder estatal impone una determinada actuación en el hombre que
vive en comunidad, pero los gobernados no están sometidos a la voluntad
arbitraria del gobernante, sino que aquéllos y éste se someten, voluntariamente, a un reglamento jurídico (Constitución del Estado, máxima ley del
Derecho Positivo), y lo acatan para su cumplimiento, siempre que no sea
contra los principios del Derecho Natural. Una Constitución en la que predominara la idea de la in justicia no sería tal y a nadie se le ocurriría proclamar que se acatase y obedeciese.
Ahora bien, la necesidad de la autoridad estatal se origina en la conformación social del hombre, porque así como coexisten en él mismo, el "yo
individual" y el "yo social" sin que se divida esa unidad viviente humana, el
ente mortal; así también, éste, necesita, al convivir con sus congéneres, tanto
su libertad como la autoridad gubernamental que le dirija en el ámbito social de su vida.
El gobernante que manda y los gobernados que obedecen forman la comunidad político-jurídica: Estado. Aquél, una vez investido de su autoridad
y de su cargo, debe ayudar a convivir armónicamente, mediante sus mandatos y proyectos justos.
Bergson estudia las sociedades humanas y las comunidades animales y hace
una comparación entre ambas. Percibe, aún en las organizaciones de himenópteros -las más distantes en grado al hombre-, que existe una autoridad

42

que es acatada y el instinto de obediencia propio, que les permite convivir
con sus semejantes. Y así como en toda clase de comunidades animales existe
una autoridad, con mayor razón ésta es necesaria en las humanas, puesto que
el hombre está dotado de una inteligencia que le permite reflexionar para
hacer sus elecciones libres y formar las diversas instituciones sociales. El progreso humano se observa, solamente, cuando hay una división del trabajo y
la diversidad de actividades del hombre. Sería una utopía tratar de que todos
los hombres fueran sabios, o artistas, o empleados, o jornaleros, ya que no
habría ambiente propicio en el que pudiesen aplicar sus conoc1m1entos ni
desarrollar sus inclinaciones y gustos personales. Si el sabio no volcara sus
enseñanzas en sus prójimos, no tendría mérito alguno. Si el artista no fuese
apreciado en su arte, tendría que dejar esa actividad, forzosamente. Si el médico no tuviese enfermos a quien curar y atender, dejaría de serlo por ese
mismo hecho. Entonces, sería absurdo pretender que todo el género humano
llevase un mismo sistema de vida y una mism~ clase de actividades, ya que
la sabia naturaleza ha dotado a los seres humanos de gustos diversos. Unos,
como los genios, tienen una capacidad intelectual extraordinaria; en cambio,
otros, solamente para los oficios diferentes; y para equilibrar las energías y
posibilidades materiales y culturales distintas de los hombres, es necesaria la
organización del Estado y la jerarquía político-administrativa. Por esto, la
autoridad estatal se justifica.
Así, pues, los gobernados se imponen la obligación moral de obedecer a
los que les dirigen en la comunidad política gubernamental, de acuerdo con
un determinado régimen estatal, puesto que, como decíamos, el hombre es un
ser social por esencia y su mismo instinto le arrastra a vivir en comunidad. De
todas maneras, la potestad del gobernante es necesaria en el Estado de Derecho, porque sin ella, nos encontraríamos en un laberinto; todos los hombres querrían mandar y nadie obedecer; sin ella, subsistiría el derecho del
más fuerte, sería el reinado de la anarquía, de las pasiones y no habría paz
social. Luego, la autoridad estatal tiene la misión de hacer realizar la justicia, y esta realización -al llevarse a cabo- justifica, por sí misma, la razón
de ser del poder en el Estado.

10.

LA JUSTICIA EN FUNCIÓN DEL PODER ESTATAL

En las comunidades primitivas no era tan necesaria, ciertamente, la organización estatal que se requiere en nuestros tiempos, debido a que el hombre se conformaba con la vida social que su medio-ambiente le proporcionaba.
Por la Historia nos damos cuenta que el hombre ha acatado el mando en
43

�los diversos regímenes por los que ha pasado a través de las vicisitudes del
tiempo y del espacio: el régimen Patriarcal, el Matriarcal, el Feudal, etc.,
etc. Pero, nuestras comunidades actuales, los Estados modernos de Derecho,
tienen otros ideales y otras ambiciones. Ahora se pretende realizar la justicia,
mediante una organización jerárquica-jurídico-política, concienzuda y estable.
Por esto, todos debemos comprender la idea de justicia que se tiene como
base en nuestras comunidades democráticas modernas, para que no haya
obscuridad ni mala interpretación, ni sea objeto de disensiones entre los miembros unidos, evitando así, que por ignorancia de una finalidad, se llegue a
la disolución de la cohesión social.
La justicia es un valor que debe ser realizado por el hombre. Ahora bien,
la idea de justicia es una cosa, y otra, la aplicación de la misma. A través
del tiempo, se ha representado la justicia por una balanza y se han tenido
diversos conceptos de la misma, según su especie: reglamento, igualdad, equidad, trueque, etc.
El trueque fue la primera forma de aplicación de la justicia entre las comunidades primitivas. Se utilizaba, para intercambiar objetos comerciales, ya
que se consideraba como justo. A partir del uso del trueque han variado las
transacciones mercantiles, hasta llegar a los contratos de los derechos y obligaciones personales; ya coordinadas, ya subordinadas entre gobernante y
gobernados.
Los conceptos proporcionales de la justicia se han mezclado con los actos
de cambio, efectuándose la realización del Derecho. Y, así como la noción
del trueque se ha entrelazado con el concepto de justicia, así las pretensiones
e ideales del hombre subsisten para realizar el Derecho, a través del tiempo.
En nuestros días se concibe la justicia como la meta a seguir por las comunidades jurídico-políticas, y, por lo mismo, es necesario que todos los hombres
que viven en el Estado se percaten del ideal de justicia que se espera ver
realizado en el Estado, para que pueda perdurar la convivencia humana, la
paz y el orden apetecido por todos.
La justicia, opina Santo Tomás, es "el hábito según el cual, alguien con
constante y perpetua voluntad, da a cada uno su derecho" .6
Según Aristóteles, hay diversas categorías de justicia: la justicia general
o legal; la justicia distributiva y la justicia conmutativa, de acuerdo con las
diversas relaciones entre la comunidad y las personas, individualmente consideradas. La justicia legal se aplica cuando existe una controversia entre la
comunidad y la persona; la justicia distributiva que emplea la comunidad
para dar equitativamente a cada quien lo suyo -igualdad no aritmética sino
• SANTO To11Ás DE AQUINO, Suma Teol6gica (22. q. 58, art. 1), 5a. Edición, 1953.
Colección Austral.

44

proporcional-; y la justicia conmutativa que se utiliza cuando hay una "litis" entre persona y persona.
Dice Aristóteles, en la Moral a Nicómaco: ... "Pero volvamos a la justicia... Distingo, por lo tanto, una primera especie: es la justicia distributiva
de los honores, de la fortuna y de todas las demás ventajas que pueden alcanzar todos los miembros de la ciudad, porque en la distribución de todas
estas cosas puede haber desigualdad, como puede haber igualdad entre un
ciudadano y otro. A esta primera especie de justicia añado una segunda; la
que regula las condiciones legales de las relaciones civiles de los contratos". 7
Y Santo Tomás, en la Suma Teológica apunta: "Hay dos especies de justicia. La una consiste en dar y recibir recíprocamente, cual se verifica en la
compra y venta y demás contratos o transacciones de esta naturaleza; esta
que es llamada por Aristóteles (Et. 1.5. c. 4) conmutativa"... "La otra consiste en distribuir, por cuya razón se llama distributiva, según la cual un
rector o administrador da a cada uno conforme a su dignidad".8
En nuestros días subsiste la interpretación aristotélico-tomista de la realización del derecho a través de los órganos estatales establecidos para ello, al
aplicar la justicia al caso concreto, "cuique suum". Nosotros debemos comprender que la justicia es un concepto abstracto, ideal, un valor, filosóficamente hablando; la realización de la misma es la aplicación de ese ideal justiciero, a través de las funciones del poder estatal. Esta aplicación del Derecho Positivo se hace por vía administrativa o judicial, cuando existe una
controversia legal. De esta forma se realiza la igualdad entre iguales y la
desigualdad entre desiguales, según el caso concreto.
Giorgio del Vecchio anota: "La exigencia primera de la Justicia es que el
ser humano sea reconocido en lo que en él hay de específico, es decir, en
su espiritualidad, y, por lo tanto, en su fundamental autonomía. Esto significa que a todos los hombres concierne un derecho primordial e inabolible
de libertad, cuya validez no deriva de las leyes positivas aun cuando debe
encontrar en ellas su confirmación. El respeto de ese derecho constituye más
bien el presupuesto y la condición más importantes de que depende la legitimación de toda autoridad política ante la conciencia de los sujetos a ella".9
Ahora bien, la vigilancia de una correcta aplicación de la justicia compete
' ARISTÓTELES, Moral a Nic6mano, p. 158. 2a. Edición, 1946. Colección Austral.
• SANTO ToM:Ás DE AQUINO, Suma Teol6gica, p. 53. 5a. Edición, 1953. Colección
Austral.
• GIORGIO DEL VEccmo, Teoria del Estado, p. 206. Traducción y escrito preliminar
sobre "Algunas ideas fundamentales para la elaboración de una nueva teoría del Estado". Por EusTAQUIO GALÁN Y GuTIÉRREZ, Bosch Casa Editorial, Urge! 51 bis,
Barcelona. Título original de la obra: Lo Stato. Editrice Stadium, Roma. Printed in
Spain. Tipografía catalana. Vich, 16, J. Puges, 16 Barcelona, 1956.

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�al aobernante, en última instancia, quien, como representante de la entidad
est;tal, debe mantener la paz, evitar que los débiles sean víctimas de los fuertes; dirigir concienzudamente la política estatal, y así equilibrar_ las fuerzas
humanas al respetar las garantías individuales de la persona. Sm embargo,
nosotros no negamos que se cometan, muchas veces, atropellos e injusticias
entre los hombres, pero, por otra parte, sabemos que los errores son cometidos por la misma naturaleza humana, y, en tales casos, se debe juzgar equitativamente, haciendo prevalecer la caridad. Por lo mismo, la comunidad
estatal debe hacer una buena elección del dirigente estatal, que sea uno de
los mejor dotados, mental y físicamente, para que se obtenga el progreso, la
seguridad social, la realización de la justicia y el bienestar común de la
humanidad.

11.

EL PODER, ACCIÓN DEL ESTADO

El titular del poder político del Estado debe hacerse obedecer y actuar
oportunamente, para que las resoluciones tomadas no sean una consecuencia de lo inevitable, puesto que si no existiera la obediencia de los súbditos
al gobernante, reinaría la anarquía. Luego, la acción gubernamental debe
ser dirigida con energía y no impuesta por las circunstancias, ya que el gobernante al aceptar tal investidura y tal cargo, al mismo tiempo, toma conciencia de las obligaciones que son inherentes a dicho puesto político-administrativo. Por ello, él debe ser activo y dirigir los asuntos políticos o administrativo-gubernamentales o internacionales concienzudamente, y no ser un
títere de sus colaboradores inmediatos, puesto que los problemas estatales no
deben marchar al garete.
Ahora bien, debemos hacer notar la diferencia entre la obligación jurídica y la moral. La obligación jurídica es una coerción a la actuación del
hombre en cualquier agrupación humana, con validez legal, mientras que
la moral está en la conciencia misma del hombre; y en caso de controversia
de ambas, debe prevalecer ésta.
En el ámbito estatal, el titular del poder debe percatarse de su representación directiva-social, ya que en toda comunidad, si el jefe de la misma no
toma conciencia de sí, de su responsabilidad y de la imparcialidad que debe
tener al actuar, habrá necesariamente, las discordias subsecuentes, porque
los gobernados se dan cuenta de su incapacidad para el mando, de la falta
de cultura y de trato social, de la ignorancia en asuntos político-estatales e
internacionales, y todo ello repercutirá en la rebelión de los súbditos.
Como decíamos, el gobernante, al ser investido de la potestad estatal, ad-

46

quiere ciertos derechos y ciertas obligaciones, debiendo predominar su conciencia moral en su actuación. De ninguna manera está obligado a continuar
con dicho cargo político en caso de no sentirse capacitado para ello, y entonces debe dimitir.

12.

CoNDICIONES DE LA ACCIÓN GUBERNAMENTAL:

POSEER

LA AUTORIDAD Y EJERCERLA DEBIDAMENTE

Las dos condiciones de la acción gubernamental son: poseer la autoridad
y ejercerla debidamente.
En los regímenes democráticos modernos, la comunidad política delega la
autoridad al gobernante, mediante la libre elección y por ello el gobernante
se debe a dicha comunidad. Luego, el dirigente estatal debe ejercer la potestad atinadamente, sin cuyo ejercicio surge la anarquía, el descontrol y la
pérdida de la armonía social. En los Estados de Perecho modernos, la Constitución Política establece el período gubernamental y la política a seguir,
de protección a la persona humana. Pose corrobora esta ideología netamente
humanista. Así anota: "una política que deliberadamente sacrificara al individuo no tendría sentido, porque el individuo es la única entidad viva, mientras que el grupo no es más que una ficción. La realidad la constituyen una
masa de individuos que quieren vivir en grupo porque en agruparse está
su felicidad" .1 º
Ahora bien, se supone que la acción gubernamental dirigida por una sola
persona es más decisiva porque cuando la potestad estatal la detenta un grupo (Senado, Parlamento, etc.), surgen, muchas veces, discusiones en las deliberaciones posibles sobre los diversos asuntos político-gubernamentales y se
pierde, así, el tiempo preciso para resolver un problema determinado que requiere una solución inmediata. La multitud entorpece la acción gubernamental; por eso, la mayoría de los teóricos del Estado concuerdan en que
la autoridad del poder estatal la sostenga una sola persona. Tesis ésta, netamente individualista.

1ll ALPRED PosE, Filosofía del Poder, p. 72. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial Intercontinental, S. A. México, 1951.

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�13. LA

ACCIÓN GUBERNAMENTAL DEBE CONCORDAR CON LOS
AVANCES DE LA CULTURA

La acc1on gubernamental que compete al dirigente estatal debe concordar con los avances de la cultura. Por esto, el titular del poder debe tener
un buen número de virtudes. Entre otras, debe ser activo, debe actuar sin
demora en los casos que así lo requieran; debe mantener el orden en la comunidad y convivir con sus semejantes armónicamente.
La Democracia moderna permite a los ciudadanos -gobernados- una
amplia libertad, y, por lo mismo, es necesario tener un sentido moral firme
para que se pueda actuar conforme con los dictados de la razón, dentre&gt;
de la comunidad política estatal en que se vive. Por esto, tanto el gobernante como los gobernados deben tener cualidades y virtudes especiales para
poder sostener el equilibrio estatal, coadyuvando los unos y los otros a mantener el nivel cultural de las personas, ya que éste depende, generalmente,
del ambiente en que se vive. En una comunidad, si el dirigente de la misma
no tiene ideas morales y no las lleva a la práctica, es muy difícil que logre
el progreso y muy poco se espera de él. Por esto, el titular del poder estatal
debe ser elegido cuidadosamente, ya que él es la brújula de la comunidad,
es el imán que atrae las miradas de los gobernados y por ello, debe saber
mandar y hacerse obedecer. Mientras que no haya una comprensión entre
gobernante y gobernados ni la energía que se obtiene de la acción conjunta,
existirá el desequilibrio estatal, sobrevendrán las luchas y las intrigas, y, al
fin, la anarquía social.
Además, el titular del poder estatal debe tener una capacidad intelectuaf
suficiente para el manejo del gobierno y así pueda resolver los problemas de
diversa índole que se le presenten. Asimismo, debe estar al tanto de los avances de la ciencia, de las técnicas, de las artes, de las letras y la filosofía, para
que pueda orientar a la comunidad que dirige. Y, también, el dirigente
político estatal debe tener una personalidad distinguida, un carácter asequible aunque enérgico y decidido; un temperamento balanceado y una gran
simpatía. Nosotros recordamos, a través de la historia, ciertos tipos de dirigentes monárquicos -casi unos enfermos mentales-, incapaces para el mando, porque así les correspondía en el régimen político de la sucesión hereditaria. Pero, en nuestros días, en que el "Estado de Derecho" subsiste, que
permite a los hombres de cultura, a los intelectuales y a todos aquellos ambiciosos, luchar por una vida mejor y una convivencia humanitaria justa,
en esta época en que se ha logrado la libre elección del titular del poder a
través del voto popular, se debe luchar también por que el dirigente sea capaz e inteligente, ya que tenemos un medio mucho más amplio de elección

entre la comunidad y no la restricción que existe en los regímenes monárquicos, en los que la potestad se delega del Rey al príncipe o pariente más
próximo. En el Estado de Derecho lo que existe es la jerarquía de personas
y de valores; por esto, la relación de mando-obediencia debe subsistir. Sin
ella, todo intento de equilibrio está perdido, porque si no hay subordinación,
de acuerdo con una causa justa, no hay armonía, y sin ésta no hay convivencia humana.
Todas estas razones reafirman la necesidad de hacer una buena elección
del titular del poder estatal, pues éste, además de las cualidades que hemos
señalado, debe tener un conocimiento de las vicisitudes históricas del pasado
de su país en relación con el presente, y, también, de la historia política internacional; lo que contribuirá a la eficacia del mando y así el gobernante
podrá dar una solución adecuada a cualquier problema de naturaleza semejante que se le presente.
Queremos hacer la distinción entre los dirigentes políticos por línea hereditaria y aquellos por voto popular. El dirigente monárquico -que no sea
por naturaleza demente o enfcnno-- tiene a su favor el conocimiento de la
trayectoria política familiar que le es de una vital importancia; una cierta
herencia innata y el medio-ambiente en que se ha creado que coadyuvan a
su representación político-gubernamental. Ahora bien, el representante de
los Estados democráticos, es elegido por voto popular y tenemos la oportunidad de poder seleccionar un buen gobernante; y aun en el caso de una selección errónea, existe la posibilidad de una nueva elección al finalizar el
período señalado, cosa que en el régimen hereditario es muy difícil, puesto
que el reinado de un rey termina con su vida, tiempo bastante largo, en la
mayoría de los casos, y en el que pueden surgir muchos problemas para
la Monarquía. Suele surgir que un príncipe, infante o adolescente, llega a
ser rey por la muerte del padre, y en este caso no es él quien manda sino
una pléyade de colaboradores, quienes, como nos lo dice la historia, muchas
veces han sido fuente de arbitrariedades y disturbios sociales, aun entre los
mismos parientes aristócratas.
Por esto, nosotros opinamos que el régimrn político de una determinada
comunidad sea de acuerdo con las exigencias e ideales de una época, según
el lugar en que se viva y conforme con la realidad humana. Luego, el jefe
del Estado debe ekgir, sabiamente, a sus colaboradores, para que le ayuden
en el manejo del gobierno, ya que la fusión de ideales de un pueblo -nación- es necesaria para lograr el progreso. Por ello, es preciso fomentar el
amor a la tradición, el respeto mutuo, la caridad y la comprensión entre los
hombres; sentimientos éstos sin los cuales es imposible la convivencia humana.
El gobernante debe mantener el contacto con las capas vivas de la comunidad que manda, y debe comprender a sus súbditos en su contextura físico-

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49
H4

�espiritual que es lo más profundo de su ser. Por eso, el hombre debe ser educado, desde niño, a gobernarse a sí mismo, para que en su caso, sepa dirigir
a sus súbditos, y encauzar concienzudamente la acción gubernamental, base del
poder en el Estado, ya que, como actualmente se entiende, el poder reside
en la comunidad política quien delega su potestad al Monarca, en el régimen
monárquico, y al Senado o Presidente en las democracias. De aquí, la responsabilidad suprema que tiene el gobernante en relación a la comunidad.
Alfred Pose está convencido de que la sucesión hereditaria es la mejor
forma de gobierno. Anota: "En las horas sombrías c11ando un acontecimiento sorprende y desconcierta la inteligencia del hombre que ocupa el poder,
si tiene detrás de sí una generación de personas que han tenido en sus manos el timón, puede encontrar entre los entresijos de su conciencia el depósito que sus antepasados le han legado y que pueden inspirarle reflejos
vivificadores gracias a los cuales se salve el grupo".11
De todas maneras, la acción gubernamental requiere la autoridad y la
calidad en el dirigente político, condiciones que coadyuvan a la realización
del objeto perseguido: el bien Público Temporal, la justicia, el orden, la
paz y el humanismo. Luego, la meta principal de los gobernantes debe ser
la conservación del poder dentro del Derecho Positivo, basado en el Derecho Natural, no importa cuál sea el régimen establecido, como afirma Pose:
"La acción gubernamental tiene que preocuparse por colocar el espíritu a
la altura de las necesidades que puede crear el éxito de las transformaciones
sociales que se buscan".12

14.

EL INDlVIDUO ANTE EL PODER

Según la filosofía aristotélico-tomista y de acuerdo con el pensamiento
cristiano, no debe haber restricciones entre la libertad del individuo y la comunidad política. La persona debe buscar su propia finalidad dentro de su
ambiente social, ya que no es ningún medio al servicio de la comunidad sino
ésta debe estar al servicio del hombre. En otras palabras, la comunidad es
para la persona y no ésta para aquélla.
En cualquier grupo humano, el hombre actúa o debe actuar voluntariamente, según su libre albedrío, teniendo, únicamente, el límite que le impone la libertad de su semejante. En la comunidad política, para conservar
11
ALFRED PosE, Filosofía del Poder, p. 120. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial Intercontinental, S. A. México, 1951.
" ALFRED PosE, Filosofía del Poder, p. 131. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial lntercontinental, S. A. México, 1951.

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el orden social, la persona debe obedecer las normas jurídicas, sin lo cual
surge la anarquía y el libertinaje. Como sabemos, el hombre hace funcionar
su "yo social" cuando actúa en relación con sus semejantes; y el "yo individual" respecto a sí mismo. Por lo tanto, la acción gubernamental debe velar por la correcta armonía entre la libertad individual y la función social
del grupo humano, mediante leyes justas, que no contradigan la realidad ni
afecten la libertad personal.
El hombre ha formado, históricamente, diversas costumbres -fuente de
la ley positiva-, dentro de los grupos humanos, a través del tiempo, y las
ha seguido; pero, a medida de que ha evolucionado la cultura humana, se
han ido descartando todos aquellos usos que le mantenían ligado a la esclavitud. En nuestros días, se ha llegado a un progreso tal, que, en las organizaciones estatales, el régimen político subsistente tiene como base primordial
la protección y el respeto de la persona humana, teóricamente; se le reconocen sus garantías individuales y sociales y se concibe al ser humano como
la realidad viva sin la cual el Estado de Derecho no puede existir. La autoridad gubernamental y la libertad individual se complementan, logrando,
así, la energía social dentro de la comunidad jurídico-política y la paz social
que proyecta el futuro de las naciones.
Las relaciones humanas, para que subsistan, deben ser justas, y, por lo
mismo, el titular del poder estatal debe tratar de hacer realizar el bien Público Temporal, a través de la Constitución, máxima ley positiva -que debe
estar basada en el Derecho Natural-. Cuando este ordenamiento jurídico
no es justo, sobreviene la anarquía social y el problema del hombre, al ver
atropellada su libertad individual por el abuso de la autoridad -tiranía-,
caso en el que la persona, en legítima defensa, tiene el derecho de protegerse, y, en ciertos casos, aun utilizando la teoría del regicidio.
El hombre por su razón de ser, tiene el deber de buscar su fin trascendente que le es primordial y de acuerdo con la filosofía aristotélico-tomista,
a través de su libre actuación en el mundo terráqueo, una vez espíritu solamente, en el más allá, gozar de la contemplación de la plenitud de la Verdad, de la Bondad y de la Belleza; de la Esencia Pura. La persona humana
es un todo en sí misma; y, por esto, no se le puede vulnerar su dignidad; ya
que el hombre lleva en sí mismo, la mano del Ser que todo lo es: El Creador. El hombre, por su complejidad de ser ente de razón no se contenta con
satisfacer sus apetitos y necesidades de su ser-material, sino que busca, asimismo, la satisfacción de su ser-espiritual, y esto sólo se logra a través de su
actuación libre. De aquí que la libertad es un requisito "sine-qua-non". Así
Alfred Pose apunta: "La libertad no es únicamente el resultado de un equilibrio de fuerzas entre el individuo y el grupo, sino sobre todo la recompensa
al dominio sobre sí mismo. La libertad es un estado de hecho y no de de51

�recho y aquí tenemos una razón más para separar del examen de la libertad esta vaga noción acerca del derecho a la libertad que descansa sobre un
equívoco y que además tiene un contenido tan impreciso" .13
Y Jacques Maritain anota: "El cuerpo social, en un guerra justa tiene el
derecho de obligar a los ciudadanos a exponer su vida en la batalla; pero
su derecho no se extiende a más, ni a decretar la muerte de un ciudadano
por la salvación de la ciudad".U

J5.

EL PROBLEMA PRIMORDIAL DE LA ACCIÓN GUBERNAMENTAL: CONCILIACIÓN
ENTRE EL PODER ESTATAL Y LA LIBERTAD INDIVIDUAL

A través de este breve estudio sohre el poder estatal, hemos observado que
el titular de la acción gubernamental tiene el problema fundamental de sa-

ber guiar y concatenar las energías físico-espirituales entre él mismo y sus gobernados, para poder convivir armónicamente; que debe utilizar su autoridad
en provecho de la comunidad e imponer la justicia mediante el orden jurídico establecido, proporcionándole la paz y tranquilidad que busca al organizarse jurídicamente; asimismo, como dirigente, que debe tratar de realizar
el Bien Público Temporal, fin que caracteriza los regímenes democráticos del
"Estado de Derecho" actual, y meta a seguir por una buena organización
político-gubernamental. A su vez, los gobernados deben ejercitar su libertad
individual como tal, no como libertinaje. De esta manera, se logran la conciliación entre la autoridad y la libertad humanas, y la realización de la convivencia humanitaria.

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" JACQUES MARITAIN, La persona y el Bien Común, p. 74. Versión castellana de
Leandro de Sesma. Dedebec. Ediciones Desclée de Brouwer, Buenos Aires.

52

53

�LA MUERTE COMO PROBLEMA DEL ORDEN
DR. Ivo HoLLHUBER
Salzburg, Austria

EL PENSAMffiNTO ATEO DE ARTHUR SCHOPENHAUER --cuyo centenario de aniversario de muerte se solemniz6 extraordinariamente en el ámbito de la lengua
alemana- sólo admiti6 como es sabido, en su problema planteado en su
obra El Mundo como Voluntad y Representación (tomo 11, capítulo 41, "Sobre la Muerte y su relación con la indestructibilidad de nuestra esencia") y
• en las Parerga y Paralipomena (Segunda parte, capítulo X, "Teoría de la indestructibilidad de nuestra verdadera esencia por la muerte") una solución
negativa, en tanto que la premisa naturalista no tolera una inmortalidad hipostática del espíritu humano.
Vemos aquí en efecto, la muerte concebida como un poder ordenador, por
cierto como orden natural conforme al cual el individuo humano es un mero
fenómeno que arraiga en la época y por ello es un fen6meno transitorio,
mientras que al género humano solamente se puede tomar por inmortal y
eterno. La muerte destruye aquí sólo nuestra "personalidad (Yo)", la gran
ilusi6n, la gran equivocaci6n, sin tocar eso lo que contiene el (Yo) como
realidad, es decir, la categoría, la idea que vive siempre. Origen de esa concepci6n es el naturalismo, en virtud del cual la voluntad de Schopenhauer es
una energía ciega e irracional. La diferencia entre la energía ciega y la reflexi6n afecta sólo a la intensidad de la manifestaci6n sin afectar la esencia
misma de la voluntad que se manifiesta. El problema es, c6mo pueden originarse conocimiento y reflexión de una energía ciega e irracional en sí.
Schopenhauer hace de la conciencia una apariencia misteriosa e irracional
en lo fenomenal, la conciencia misma, y no la ciega voluntad de vida, es
principio del ser. Muchos fueron vencidos ya por la grandilocuencia fascinadora y la facultad de intuición del sistema de Schopenhauer --como ya hemos indicado hace dos decenios en nuestro libro Das M enschenbild als Grundlager der Menschenbildung (Munich, 1941, pág. 30)- sin comprender la

55

�contradicci6n. Esta existe sin embargo innegablemente porque se supone, por
un lado, que las cosas y los seres vivientes deben ser solamente "representaciones subjetivas", meras "imágenes del intelecto"; deben ser solamente mero
relumbrón, y por otra parte, al mismo tiempo deben ser objetivaciones de
la voluntad con toda la abundancia de su vida propia, queriendo, sufriendo
y compadeciendo. Además de ello, el papel sistemático o metódico de la .
"idea" de Schopenhauer queda completamente vago: ¿ las "ideas" significan
"escalones de la objetivaci6n de la voluntad", algo superior a la voluntad que
prescriben a ella su hacer? ¿ O tiene la voluntad misma "intelecto" y sabe
por eso por sí misma lo que hace y cómo debe representarse? ¿en caso de
que sea así, para quién o qué se representa? Evidentemente otra vez para el
intelecto humano. Sin embargo, de este último hemos oído, que es el servidor
de esta misma voluntad.
De todos modos la conciencia individual es para Schopenhauer solamente
un epifen6meno. Su apriorismo consiste, además de su naturalismo, en la condición de que la vida fuese una desgracia y que no valga la pena de ser
vivida. La muerte, pues, elimina ese error radical y por eso se le tiene que
afirmar. Sin embargo, detrás de ese pesimismo no se oculta sino el antiguo
hedonismo naturalista: la vida es el apogeo de todos los bienes y por eso la
quiero más que todo, con la muerte pierdo todo. Pero si la vida como el
bien más apreciado se me pierde, entonces no vale nada y no debería ser.
La voluntad irracional de Schopenhauer nacida del sistemático naturalismo,
ateísmo y pesimismo, parece acompañada de una inconsecuencia en tanto que
por un lado se afirma el regreso no-individual al mundo y por el otro lado
- a pesar de eso- se habla de la superación de la voluntad y de una nueva
y mejor individualidad. A ello hay que añadir el gran enigma del tiempo,
que en su posición dogmática debe ser sólo una forma de apariencia e intuición, y agréguese la contradicción hipotéticamente lógica que debe consistir en que un ser que tiene un principio, no debe tener fin, contradicci6n que
se comprende ya, pensando en un rayo que sí tiene principio pero no fin, o
en la serie de números que igualmente tiene principio pero no tiene fin, lo
que señaló una vez Aloys Wenzl en una crítica a Schopenhauer.1
Además de Schopenhauer el idealismo ha insistido en que el Yo-individual
del hombre perece en la muerte y en que el Yo como espíritu del mundo sin
embargo es inmortal. En eso generalmente se olvidó que por un lado pensar
y existir no es distinto toto coelo (en tanto que lo que piensa es un Yo y no
un pensamiento y se trata pues de su jetos que piensan) y por otro lado "vivir"
y "existir" no es uno y lo mismo.
Con ese desarrollo de pensamientos nos retiramos de Schopenhauer y del
' Ver,

56

ALOYS WENZL,

Inmortalidad, Munich 1951, p. 209.

idealismo y nos dedicamos al problema de la muerte que la deduce positivamente como la gran consumadora de la existencia humana y con esto como
el (gran) factor ordinario por excelencia de la existencia completa desnaturalizada y relacionada con el espíritu.
La muerte es un acto de la existencia y pertenece a la existencia del hombre en esta vida. Vivir la vida en la plenitud de su esencialidad significa
vivir la vida en una conciencia perpetua de la muerte. El pensar sin pensar
en el morir equivale a un pensar sin pensar en el existir en el mundo.
Nosotros todos estamos sentenciados a la muerte siendo dilatada solamente
la ejecución de la sentencia a un tiempo indeterminado. También el escéptico que duda en todo no duda en la muerte. Ese pensamiento de la muerte
que pertenece esencialmente a la vida del hombre quita también a todas las
cosas llamadas "importantes" su gravedad, o por lo menos, las coloca bajo una
norma adecuada y efectúa con eso una función ordenadora de primera categoría. La compenetración recíproca de la vida y de la muerte es una experiencia arquetípica del hombre. Muriendo cumplimos un acto de la vida
y vivimos el acto de nuestra muerte y existimos en él. Scheler ya enseñó que
pertenece a la esencia de la muerte que el ser mismo cumpla el acto de
morir. El acto de morir es mi acto por excelencia, que cumplo yo mismo.
También en caso de una muerte súbita se verifica la muerte en un momento,
que todavía pertenece a mí, que es un reconcentrado y último momento. No
se puede eliminar la muerte de la conciencia, es un acto de espíritu sea cual
fuere la causa de la muerte. Ese acto es una acción, la cual no puedo cumplir abstraído. Aquí vuelve el problema de si con la muerte del cuerpo también se muere el espíritu como acto de aquél. La muerte misma se muestra
como acto de la vida. Sin espíritu no habría muerte sino destrucción, putrefacci6n del cuerpo. Los animales y otros seres vivientes que no saben nada
de la muerte no mueren sino perecen o se extinguen.
Esto lo ha visto con especial profundidad uno de los más célebres pensadores de la vida actual, el erudito genovés Michele Federico Sciacca, originario de Sicilia, cuya obra Muerte e Inmortalidad (Editada en Milán, 1959
por C. Marzorati) nosotros agradecemos por su penetración tan competente
y profunda, y a quien queremos allanar el camino en el ámbito europeo de
habla alemana con nuestro libro editado en 1962 Michele Federico Sciacca;
un revelador del camino del espíritu occidental (Publicación Editora Anton
Rain, Mainsenheim-clan, Alemania). Según él, el objeto de la ciencia son
los muertos, los cadáveres y no la muerte misma. Eso es argumento de la
filosofía y por consecuencia de la reflexión interior, muy distinta de la reflexi6n exterior. Si viniera la muerte de fuera como un fiero usurpador, entonces tampoco el hombre como los animales sabría morir. Le faltaría la
experiencia interna de la muerte. Él solamente podría informarse de la muerte

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�del otro pero nunca llegaría a ver su propio cadáver ni tampoco podría observarlo como un objeto de experiencia. Es decir: falta un saber experimentado de la muerte. La muerte no se presenta al fin de la vida sino es inmanente en todo acto de la vida y por eso acompaña toda la vida en su consciente desarrollo. Nacimiento y muerte son los dos límites de nuestra existencia terrestre, la cual es contingente. La muerte que sólo necesariamente
incumbe a lo que es contingente en el hombre, supone para la privación de la
vida, la vida. La vida sin embargo es una modalidad de la existencia y en
efecto, no la única que le corresponde. No es contradicción que la existencia
misma puede tener otro modo de existir que aquel de la vida en el mundo.
Eso significa que la existencia dispone la vida y con ella la muerte, la que
no habría sin vida. La muerte sin embargo no ordena la existencia, es decir,
no es preciso que haya muerte para que haya existencia, aunque para ésta es
necesario que haya vida. En efecto, es contradicción que haya un mortal que
no pueda morir. Pero por otra parte el hombre sólo muriendo puede perfeccionarse en su plenitud de ser, sobre todo cuando ya posee las condiciones
imprescindibles aunque no suficientes, de las cuales la muerte interpreta una;
y parece contradicción que el hombre, a pesar de su índole para esa aspiración
hacia la perfección, no pudiera morir, es decir: se viera privado absurdamente
de la muerte, la que es la condición imprescindible para alcanzar sus causas
finales.
También de nuestra inmortalidad individual tenemos experiencia en la
vida y no hasta el fin de la vida o sea después de la muerte. Sin esta experiencia, aunque sea muy oscura, no hubiera sido planteado el problema de
la inmortalidad. Muerte material e inmortalidad espiritual son inherentes al
desarrollo de la existencia misma. El hombre ya es inmortal en esta vida por
su naturaleza y su experiencia íntima o nunca llegará a ser. La inmortalidad no es una mera esperanza (la esperanza solamente se refiere a la salvación, a la bienaventuranza) y por eso el hombre es -así decimos con Sciacca- ontológico, y por imperativo lógico, inmortal, o no es inmortal en absoluto. En consecuencia la inmortalidad de nuestra existencia ya es inherente
al tiempo y nosotros tenemos una experiencia de ella: en cada momento
experimentamos la muerte y la inmortalidad. El hombre y sólo el hombre
sabe que su muerte es precursora de su inmortalidad espiritual. En el animal
la falta de esa conciencia significa también la falta de la inmortalidad.
El hombre que quisiera reprimir la muerte de su conciencia y con eso hacerla inexistente se igualaría de tal manera al animal y no sabría vivir ni
tampoco morir su muerte; llega a ser incapaz de comprender la profundidad
metafísica de la muerte. Este hombre no existe como persona, ni ha existido;
no es vivo ni tampoco lo fue jamás; tal hombre ha despojado la existencia
de su esencialidad.

Cuando una vez se ha negado la inmortalidad y con ella el espíritu, y
se afirma solamente la vida en este mundo y con ella la mera vitalidad, entonces la vida puede ser algo accidental de la muerte, con lo cual la muerte
misma llega a ser la única cosa esencial, la única radical. Al contrario aquí
la muerte se deduce inútil como poder ordenador, porque no queda nada
para ordenar en tanto que el existir mismo no es nada más que una encrespadura momentánea sobre el eterno mar de la Nada.
Se dirá: todas esas son afirmaciones, queremos pruebas.
En eso debemos de nuevo no perder de vista que la filosofía se ocupa del
problema de la muerte desde un criterio muy diferente al de las ciencias. A
las ciencias no interesa el problema de la muerte como tal, sino el mero reconocimiento de las leyes y circunstancias en las cuales termina la vida orgánica.
El biólogo se ocupa de la constatación de la atrofia de las células orgánicas,
el geógrafo o historiador de las costumbres funerales de los distintos pueblos y
en los distintos períodos de tiempo y el sociólogo con la estadística de la
muerte que nos indica hoy el número de aproximadamente 100,000 hombres
cuya muerte se puede comprobar diariamente. Todas estas ciencias se ocupan
de la constatación del hecho (empíricamente observable) de que un organismo
ha dejado de vivir. Para todas estas ciencias la muerte permanece filosóficamente como un enigma en cada uno de esos 100,000 hombres que mueren
diariamente. La solución de este enigma no es cuestión de su competencia
ni tampoco de su capacidad. En la filosofía no se trata de la muerte en general sino de la mía, tuya, suya y de ellos, de la muerte de cada uno y del
significado que le corresponde mientras que cálculos estadísticos no importan nada en absoluto.
La muerte como problema filosófico ya se impone pensando con Sciacca
que la frase: "Estoy muerto" es contradicción ~ientras la frase "El está
muerto" conserva su buen sentido. Como yo no puedo verme a mí mismo
muerto y no puedo observar mi propio cadáver pero si el cadáver de otro
hombre se termina la antinomia "científica" tan pronto como paso de la
'
primera a la tercera persona. Por eso es de importancia para la ciencia la
observabilidad o la no observabilidad del fenómeno de la muerte; el sentido
o valor de la muerte sin embargo no, ni de la mía ni de otra persona.
Pero aquí no se trata solamente de un pasar de la primera a la tercera
persona sino de que el matiz de ambas exposiciones concierne al ser mismo.
Mientras yo con la frase "él está muerto" solamente expreso que el otro
como organismo vivo ha muerto, refiero la frase "yo estoy" no solamente a
mi cuerpo, sino a mi ser total, así que la expresión, yo estoy muerto, en yuxtaposición con el "estoy" es una contradicción. Así como yo digo hoy del
otro: "él está muerto" se dirá quizás mañana de mí, "él está muerto". Pero
esa declaración no se refiere a mi ser total sino solamente a mi organismo.

58

59

�Eso de "él está muerto" no contiene por tanto todo el contenido de ser del
"estoy" porque en la última declaración del ser se incluye también al espíritu. Aquí se ve más evidentemente la división entre el modo de plantear
problemas científica o filosóficamente: para la ciencia que observa el mero
hecho de la muerte la declaración "él está muerto" sólo contiene la comprobación de que el organismo de un hombre dejó de vivir. El problema
de que si en eso de "él está muerto" ya ha entrado el total "(Yo) estoy",
no interesa a la ciencia; tampoco tendría remedios para solucionarlo. La
filosofía sin embargo plantea ese problema como problema de la inmortalidad del espíritu. Si se niega de antemano la inmortalidad del espíritu, entonces no existe ningún problema filosófico de la muerte sino sólo un problema de la observabilidad de la verificación científica del organismo aniquilado. La negación de la inmortalidad del espíritu supone una metafísica
materialista y hace aparecer el miedo de la Nada, visto desde el punto filosófico como una frase retórica, porque si en la muerte perece el hombre en su
totalidad, entonces ya está resuelto el sentido de la muerte en el hecho de la
paralización del organismo, y no queda ningún problema filosófico ni religioso.
Aquí no se trata de superar "psicológicamente" la angustia de la nada a
la cual el hombre parece ser sentenciado "ontológicamente". Mientras que
por ejemplo Jaspers solamente entiende aconsejar la tesis metafísica en consecuencia de la cual la muerte destruye la existencia -un remedio psicológico de índole adormeciente o estimulante-, Sciacca, partiendo de la metafísica, tiende a superar el horror psicológico de la nada convencido de que
un triunfo ficticio psicológico solamente rubricaría el fracaso ontológico
definitivo.
En rigor no existe ningún problema filosófico de la muerte ni para el agnóstico ni para el teísta, es decir ni para aquél que demuestra insoluble el problema de la inmortalidad y que opina que nosotros no podemos saber si el
espíritu del hombre es mortal o inmortal, ni para aquél que hace de la inmortalidad un secreto o un artículo de fe.
Vista desde ese punto la mera esperanza de la inmortalidad -según la
opinión de Sciacca- llega a ser absurda no sólo filosófica sino también teológicamente. También aquí es origen el pensamiento del orden del ser; el
espíritu, es según su naturaleza, o inmortal o no. Si no lo es, entonces significa la esperanza en la inmortalidad tanto como creer que Dios transformará
metafísicamente la naturaleza del hombre en la muerte. Esa mera esperanza
en la inmortalidad llega a ser filosóficamente absurda, en tanto que una naturaleza metafísicamente debería llegar a ser otra naturaleza, y llega a ser
absurda teológicamente, en tanto que Dios debería conmutar las esencias, es
decir, los entes, sin consideración de la orden del ser. Tal esperanza sin em60

bargo significaría solamente someter la desesperación de la nada a un exorcismo. El misterio permanece existente con razón sólo respecto a la esperanza
de la salvación religiosa.
La pregunta de si la muerte del prójimo puede ser de actualidad como mi
experiencia de la muerte, depende completamente del lazo con el cual el hombre está allegado al prójimo. Si el otro es solamente un factor exterior condicionado casualmente por la situación social, cuya muerte no me toca como
incidente exterior y no me interesa en el sentido propio, entonces no se puede
hablar de antemano de una experiencia de mi muerte; pero si el otro significa para mí el "tú" sin el cual mi "yo" no existe, entonces ese yo termina
de ser mi yo con la muerte del otro, porque no puede ser más el yo que el tú,
para el cual yo era yo y sin el cual yo no soy más yo. En esa situación la
muerte del otro significa una experiencia esencial radical y auténtica en tanto
que el sobrevivir del mismo yo en la muerte de su tú es imposible. En este
sentido yo soy después de la muerte del tú otro que fui, soy uno de los muchos
otros. En este fundamento la muerte del otro llega a ser una experiencia, la
cual me facilita el sentido ontológico de la muerte misma, en tanto que es
una experiencia de compañía verdadera. La separación no es definitiva y la
existencia resiste a la destrucción mediante su estructura propia y la estructura del ser que motiva el deseo de amor.
Motivos de un deseo sin embargo no son en manera alguna razones metafísicas. Hasta aquí hemos dado solamente con síntomas de la inmortalidad
y todavía no con argumentos. Una razón metafísicamente válida de la inmortalidad se puede conseguir solamente por la comprensión en la inherencia de la inmortalidad en la estructura ontológica de la existencia como tal.
Pero antes hay que observar que muchas veces se confunde el problema de
la inmortalidad con el problema de una infinita continuación temporal. Si el
hombre viviera continuamente en el tiempo entonces realizaría solamente su
continuación temporalmente infinita pero no su inmortalidad, que es distinta
cualitativamente de aquélla. De este modo el hombre nunca podría realizar
su perfección a la cual aspira en el fondo de su ser, sino él debería quedar
incompleto para siempre a pesar de su infinita continuación temporal. En
caso de que el hombre no muriera, la perfección y realización de sus objetos
finales serían imposibles. Por eso. la continuación temporal del hombre es
absurda. El hombre creado ontológicamente para el ser absoluto, para Dios,
no se puede perfeccionar en el mundo. Muerte e inmortalidad corresponden
al hombre por una razón postulada por su estructura ontológica. Así el espíritu mismo quiere la muerte del cuerpo para librarse de lo finito que forma
un obstáculo de su perfección. Esa es la verdadera dialéctica de ser hombre.
El hombre quiere la vida y no quiere morir y al mismo tiempo desea la muerte
para poder perfeccionar su existencia espiritual.
61

�La muerte vista de esta manera aparece como punto metafísico y como
unidad absoluta de la existencia. El momento de la muerte es la presencia
del pasado entero y la ausencia del futuro. Como acontecimiento la muerte
pertenece al tiempo y el hombre la cumple en el tiempo. Como acto de
morir sin embargo la muerte está fuera del tiempo y por ello es absoluta.
Inmortalidad, pues, no significa una vida continua temporal sino significa
un existir en una forma de existencia que es distinta de aquella en el mundo
para realizar aquellas finalidades las cuales la vida en el mundo -aunque
si fuera perpetua- nunca podría cumplir. En ese respecto la muerte es imprescindible porque representa la única posibilidad de la inmortalidad del
hombre.
La muerte concierne a la vida y de ningún modo -como se cree muchas
veces erróneamente-- a la existencia. Hay que discernir bien la existencia
individual y la vida individual del hombre. Si se arrojan vida y existencia
en un montón, entonces se degrada también la existencia a la contingencia.
Inmortalidad no significa continuación de esta vida después de la muerte
sino significa existencia sin la vida temporal que se extingue con la muerte,
significa además sobrevivir más allá de la vida misma. El que muere no vive
más pero puede existir sin vivir temporalmente. Solamente el hombre muere,
porque sólo él tiene conciencia del morir; los otros seres vivientes no mueren;
ellos se extinguen o perecen. Observable es sólo el fenómeno de la muerte en
el muerto, mientras que "el Ser" de la muerte es un acto íntimo. En la realidad el hombre sí tiene una conciencia de que muere su cuerpo, pero no
de que muere su conciencia. Ese tener conciencia de que el cuerpo se extingue
origina que su perecer no sea un mero perecer sino un acto de morir. Este
enaltecimiento del perecer del cuerpo (el hecho de que la vida orgánica se
extingue) al "acto" (a la "verdad") del morir solamente es propio del hombre y es testimonio de su dignidad. El que considera mortal al espíritu del
hombre lo iguala a la mera vitalidad y le degrada a una función orgánica.
La muerte está presente por la conciencia, por eso es contradicción que la
conciencia perezca. Precisamente el hombre es inmortal porque él muere y no
perece.
La muerte se comprueba como poder ordenador de primer rango radicalizando la vida y quitándole todo lo que no sirve para nada y colocándola
por esa esencialización de la vida en la verdad de nuestra situación humana.
De este punto de vista la vida no es pertenencia de todos los bienes de los
cuales hay que sacar el máximo, sino como existencia en el mundo para el
ser absoluto (Dios). El poder ordenador de la muerte en esa perspectiva hace
ganar a cada momento -sea tan contingente y tan insignificante como fuere- un sentido preciso y absoluto y lo hace desembocar en la perfección
adecuada por el amor.
62

El momento de la muerte es independiente del tiempo, es solamente la
presencia que contiene todo el pasado sin un futuro histórico proyectable en
el tiempo; la muerte exige por eso motu proprio un futuro extratemporal lo
que solamente el espíritu puede realizar en su plenitud. Se trata incesantemente
del problema de la inmortalidad individual del espíritu, lo que no tiene que
ver con la eternidad del espíritu como un Todo-Uno.
También hay que profundizar y reforzar los argumentos tradicionales de
la inmortalidad del espíritu por reducción al argumento metafísico. Así es el
argumento psicológico -lo que se respalda en la aspiración del hombre a la
inmortalidad- en tanto un argumento metafísico, como se funda en la estructura ontológica del hombre, y el argumento moral con su postulado de
una justicia más perfecta, -lo que corre de vez en cuando peligro de hundirse en derecho de indemnización por pérdida de dicha temporal- se abre
a la inteligencia de que todo sujeto moral precisamente es inmortal en tanto
que es contradicción que un espíritu mortal participe de valores absolutos
y eternos. Si un único hombre pudiera encontrar la perfección en lo temporal
su espíritu no sería inmortal, además ni siquiera sería espíritu sino solamente
un órgano animal de lo cual se originaría una determinada calidad llamada
conciencia. En tanto que el hombre mismo participa de valores que no se
pueden realizar en lo finito de la existencia mundana, los cuales sin embargo
sean constitutivos para su propia existencia individual, él mismo trasciende
todas sus realizaciones y no se lo puede igualar a sus acciones. Mejor dicho
"él es más que su ser en el mundo" y por eso imprescindiblemente mortal.
Existir es una experiencia original del ser, que solamente es posible por
el llegar a presenciarse del ser. Si el ser mismo no estuviera presente al pensar,
entonces no habría ningún pensar y lo existente no sabría nada del ser. Por
eso el ser no viene de fuera ni tampoco se lo recibe por fuera, sino el objeto
interior del pensar cuya primera determinación es el "yo soy" existencial, el
acto concreto de la conciencia de sí. Actividad espiritual y comprensión intuitiva del ser objeto no se pueden separar. El pensar es acto, pero su primer
objeto es el ser como idea, no puesto por el pensar sino presente al pensar.
Por eso el espíritu es experiencia íntima del ser y su objeto forma la interioridad objetiva.
Lo espiritualmente existente permanece como origen del acto intuitivo del
ser, la substancia personal, la cual con relación a su momento de personalidad
no está sujeta a ningún cambio por la muerte del cuerpo. Mientras que el
cuerpo no contiene nada, lo que trascendiera su naturaleza, el ser como idea
no puede ser destruído por fuerzas exteriores, sobre todo la idea como tal
es objeto de un espíritu y permanece presente a la "inteligencia". Es cierto que
la idea no está creada por ella pero está ligada con ella interiormente y la
constituye. Como en consecuencia de eso la indestructibilidad de la idea es
63

�también indestructibilidad de la inteligencia humana. Este ser, comprendido
intuitivamente por el hombre como idea no puede perecer. Por eso tampoco
puede perecer la inteligencia que comprende al ser intuitivamente y por la
cual es inteligencia. 'El acto de "intelligere" es -según la afirmación correcta
de Sciacca- el acto inmortal, es la inmortalidad del sujeto inteligente. Eso
estriba en el imperativo lógico en tanto que corresponde a la naturaleza
ontológica del hombre. Es imprescindible lógicamente, en tanto que lo contrario -es decir que el espíritu sea mortal- es antinomia; el acto del existir
no puede extinguirse de ningún modo sea como fuera. De otra parte es lógicamente imprescindible que perezca el cuerpo porque el hombre puede re.ilizar más allá de la muerte de los individuos las intenciones vitales en el
orden natural de las cosas.
La inteligencia humana es la intuición de la idea del ser como primera
verdad. Ahora no hay nada en el mundo que correspondiera completamente
a la idea del ser. La idea del ser excluye por eso naturalmente toda adecuación de un contenido de ser contingente. Por eso la inteligencia es transcendente y teísta. El espíritu humano comprende todas las cosas por la idea del
ser y nunca alcanzará el Ser Absoluto proporcionado a la idea aunque
aspire siempre al conocimiento de él como al objeto adecuado a su conocimiento.
Por eso siempre que el hombre piensa, piensa en rigor, aunque no sea de
ello consciente - siempre Dios-.
El acto de ser que es constitutivo para el espíritu es inagotable. La capacidad infinita de la actualización nunca alcanza la plenitud de su realidad
propia. La percepción ontológica del propio ser se manifiesta en su intimidad
como una percepción teísta del propio ser. La inmortalidad es el postulado
indispensable de la perfección de la intimidad objetiva del hombre. La presencia del infinito tiene honda raigambre en nuestra existencia; sentimus,
exj1erimur nos immortnles.
El espíritu - siguiendo a Sciacca- no es inmortal, porque es sencillo en s11
"principio", en su origen (así es también el alma como principio de entelequia
en los animales), sino porque es sencillo en su término, en su polo determinante, en su objeto final que lo constituye. Así el argumento clásico parece
notablemente cambiado (lo sencillo es sencillo, el alma es sencilla, por eso el
alma es inmortal): el espíritu del hombre es inmortal por la sencillez de su
"término", de su (energía operante) (E'l'?'EA.tXEta ), y no por la sencillez de su
principio porque está constituído por el ente del ser de tal modo que uniendo
todos los contrastes en sí no contengan ningún antagonismo.2
Si el cuerpo es individuación, el espíritu es personalización. El espíritu es
' MrcHELE FEDERICO ScrACCA, L'Intériorité Objetive, Milán, Bocea 1952.

inseparable de los actos espirituales que lo personalizan. Esos actos forman
su existencia, pero como substancia no consistente solamente en sus actos.
Los actos son el modo singular de la realización del espíritu de todo hombre
particular, son su respuesta individual a los valores. La muerte es el último
acto personalizante del espíritu humano en lo cual todo está presente. Con la
muerte está concluído el proceso de la personalización del espíritu humano.
La muerte significa solamente la abolición de la unidad, del conjunto
substancial del espíritu y cuerpo, mientras que queda abierta filosóficamente
la pregunta de si esta anulación es definitiva o solamente transitoria. El espíritu termina, con la muerte de percibir su cuerpo y cualquier otro cuerpo,
pero el espíritu no termina de comprender el ser intuitivamente. La original
intuición fundamental del ser trasciende infinitamente toda percepción sensitiva o intelectual que siempre puede ser solamente un finito, incluído el
cuerpo propio, con lo cual el espíritu humano está ligado substancialmente.
En consecuencia es el espíritu personal lo espiritualmente existente en su
totalidad, tal como se ha personalizado, lo que supera la muerte y lo que es
inmortal.
La dinámica del espíritu humano hace servir a la muerte -de acuerdo con
el orden del ser- a un nuevo proceso de la institución del orden, y así la
muerte es contraste a la vida material pero no al espíritu, el cual solamente
por ella llega a la posición de alcanzar sus objetos propios.
En el dominio del habla románica - antes de la publicación de la obra
fundamental del iniciador de la "Intimidad Objetiva" y maestro de la "Filosofía Integral", Michele Federico Sciacca- quizás realizó el trabajo preliminar más penetrante el filósofo y jurista Agustín Basave Fernández del
Valle en su Filosofía del Hombre (Fondo de Cultura Económica, México
Buenos Aires, 1957) cuyo pensar propio revela gran parentesco espiritual con
Xavier Zubiri y el mismo M. F. Sciacca.
Basave, que ve en el hombre principalmente el ser teotrópico que aspira
a la plenitud del ser -y el cual es bosquejado sutilmente en el capítulo
"Meditatio Mortis"- hace acompañar la muerte como gran ordenadora (cavando en lo más profundo) de nuestro "YO", programa al libre albedrío
del hombre, para que él supere su desamparo ontológico y su angustia psicológica en virtud de la esperada plenitud subsistencia! del ser, y para que
ponga efectos volitivos integrantes en vez de desintegrantes, hace desembocar
la trascendencia del hombre en una transubstanciación del ser humano.
En el dominio del habla alemana el libro Inmortalidad publicado en
1951 (Casa Editora Leo Lehnnen) y escrito por Aloys Wenzl merece --como
ya dimos a entender- una consideración especial y es de valor particular
porque el autor -saliendo de la filosofía de la microfísica y mecánica de los
Cuantos, promoviendo una metafísica de la "realidad de cinco dimensiones"-,

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65
H5

�intenta despejar por el problema de la teodicea el acceso a la inmortalidad
individual, ampliando las posibilidades de pensar y amplificando también
nuestra idea de tiempo (la segunda dimensión temporal es inmaterial ante
las líneas mundanas situadas en el área del mundo) y revelando el motivo
verdadero de los procesos en contra del cristianismo que se extendieron por
los últimos siglos y deduciendo también el etos gobernado por el espíritu.
Es verdad que con Aloys Wenzl los límites entre ciencia y filosofía están
desdibujados, lo que especialmente en el planteamiento del problema muerte
e inmortalidad puede resultar precario.
Muerte y Perfección, así tituló Hans-Eduard Hengstenberg su libro editado
en 1954, a la segunda publicación del cual dio el título El Cuerpo y las últimas cosas, un título que según nuestra opinión es menos preciso (Ratisbona
F. Pustet, 1955) . La muerte como la gran ordenadora y gran consumadora
es también un pensamiento fundamental en Sciacea y Basave. Hengstenberg
habla explícitamente de "un poder ordenador que presenta el acto de morir
para todos los actos espirituales del hombre adquiridos en la vida temporal y
así para el 'ser espiritual del hombre' y califica a la muerte como el último y
más alto acto en el cual el hombre devuelve todo el ser en la mano del creador
y hace cumplir en la persona la unidad de espíritu y cuerpo siempre y continuamente". En consecuencia, la muerte es un llegar a sí mismo, a la totalidad:
la muerte es orden conclusivo.
Cierto es que todas esas inteligencias se pierden inevitablemente en cuanto
se intenta deshacer la ontología en teoría de conocimiento o tal vez en psicología. Eso es valedero especialmente respecto al concepto fundamental del
acto. De la definición del acto de Hengstenberg como "aquella realidad
espiritual, que corresponde al convincente de (evidente) de una substancia",
se aclara el sector espiritual muy penetrante desde el cual filosofan Sciacca
y Hengstenberg.
Así se puede tomar con derecho a Hengstenbcrg cuyo librito Ser y Originalidad (Pustet, 1958) será aún mucho más orientador que su gran Antropología Filosófica (Stuttgart, Kohlharnmer 1958) para un renacimiento
de la ontología en el gran dominio del habla alemana como uno de los más
grandes intérpretes de la muerte como gran institutora del orden.

LA FILOSOF1A PRESENCIAL.
YO AUTOCONCIENCIA Y TEMPORALIDAD 1

'

DR.

DEL "ELLO" AL "yo" PASANDO

EL "sE"

EN LA CONCIENCIA DE sí, halla el hombre su "sí mismo" y quizás, ahondando
en autenticidad y soledad, su "sí propio". Las cosas, los seres naturales buscan
ser otros (por eso evolucionan) porque no se sienten "otros" entre ellos, porque no tienen sí mismos. El hombre huyendo de lo natural, y de "lo otro"
que es todo lo que no es espíritu, se adentra en busca de sí. Y allí se encuentra
no con "lo otro" sino con su "sí mismo", y con el otro. Pero ese primer otro,
tan íntimo, no es el "otro yo" que vamos a hallar luego en lo social, sino
el "yo otro". Lo que ocurre es que aún no estamos autorizados a llamarle
"yo" de cada uno. Es que el yo es siempre empírico y éste a que se alude
es existencialmente, presencialmente, a priori. Y el "otro yo" es exterior al
hombre individual, es el Yo social. Veamos si podemos dar alguna claridad
sobre ello.

Freud puso el Ello más allá de la conciencia, en el mundo de la instintividad y de lo traspuesto y olvidado. Pero es que el "se" de lo social y público
es inconsciente, porque significa el arrumbadero escorial de todos los detritos
y todo lo trascordado, y porque es un sujeto gramaticalmente impersonal que
no sujeta ni actúa como centro. En lo colectivo y público, los hombres se
evaden, se olvidan de sus "sí propio" y se pierden al no tener conciencia de sí.
"Existencia banal" de hombre quiere decir existencia desarraigada y flotante
de hombres sin raíces en sí. Ese "se" público es impersonal y no tercera
persona, porque no hay una persona, en ese "se" no están muchas, todas,
la colectividad conjunta, sino que está nadie, un fantasma desujetante que
' Fragmento de mi libro inédito LA MIRADA
Beca de la Fundación March en 1961.

66

POR

PEDRO CABA

HUMANA,

escrito con la ayuda de una

67

�nada fija ni centra. Sólo una cualidad puede adjudicársele: que ese "se"
vale para designar todo hombre de la multitud, o cualquier hombre de ella
con tal de no determinarle mucho, pues todos los hombres, vistos a su luz,
son "lo mismo", esto es, ello mismo, a la vez, "id" e "idem". En suma el
"Ello". El Ello es un "El" indeterminado y remoto, muy vago de contorno.
Pero es que, aun el caso del "se" (dativo o acusativo) de la reflexividad gramatical aplicada a sujetos personales ("Luis se sienta", "Luis se comió la
fruta" o "Juan se mira al espejo"), el "se" (ladeado y marginal en el dativo,
central en el acusativo) es siempre tercera persona; es un El, de más o
menos acusada presencia. Y El es la primera forma que toma el Ello al
manifestarse más concretamente en el mundo de lo colectivo. Socialmente, "El"
es la primera persona que aparece, en el horizonte como "el otro". Ya lo
dejé dicho en mi libro "Filosofía de la presencia humana" (páginas 614 y
siguientes) ... "Ello" más que lo impersonal, es lo a-personal.
El, es la primera persona que nos aparece en el graderío de "los otros".
El niño empieza aludiendo a sí mismo en tercera persona gramatical, como
El o Ella, como si se sintiera venir de lejanías. Y se encuentra primero con
la madre, que es en Freud el Ello, pues representa lo ancestral y la Tierra,
la Madre Tierra; y luego con las cosas que, por prescntárseles "animadas",
como personales, las experimenta y concibe como "ellas". Kant en su "Antropología", descubre este orden en el niño; "Lo Otro", el "Ello", "El Otro"
y "El" dice que "el fenómeno resulta bastante difícil al antropólogo". Kant
pretende explicarlo así: "El niño antes se sentía a sí mismo; ahora, se piensa
a sí mismo". Víctor Frankl en "El hombre condicionado" sospecha si el Ello
de los freudianos no será un Yo dominado por el tiempo. Se apoya en Berze
(no sé quién es) que ya dijo: "El Ello es propiamente el antiguo Yo". También Goethe denominó al Inconsciente el Reino de las Madres, que es el
mundo del Ello.
Puede decirse, pues, que el Ello es un Yo desacercado hasta el olvido,
vago, gaseoso, transpuesto a lo inconsciente y precisamente a lo subconsciente. Es un Yo que, al disolverse en lo colectivo humano, se pierde y se
toma Ello. El Ello es una recaída en lo natural, algo que habiendo sido
humano se degrada y deshumaniza hasta quedar en casi Naturaleza. Por
no convertirse del todo en Naturaleza, aparece el "se" de lo colectivo o social
"un Yo mestizo de Ello que no es enteramente un Nosotros ni un Ello. Pero
tampoco es un Yo colectivo" (en mi libro citado pág. 618). Y también se
dice allí y todavía suscribo: "El 'se' tiene la gran ambigüedad de todo lo
social. Con el 'se' salimos al otro, a lo social, como con el 'Ello' salimos
a 'lo otro', pues 'el Ello' es de orden natural y no social". Y en la página
siguiente decía yo también: "F.I Ello es la primera determinación en desalejamiento de 'lo otro', como El, lo es de 'el otro'. El Ello resuena en los

sótanos de nuestra existencia en una tentativa de pasar a ser El, buscando
acceso a lo personal y existencial".
Pero el "se" dativo y acusativo en reflexión gramatical de persona no está
en el mundo exterior de lo colectivo, sino en el interior de cada individ~o
personal y lo hallamos en la conciencia, hacia el centro de la persona, mas
0 menos' marginado, según sea d ativo
· o acusativo.
.
El ot ro "_se ", e1 "Ello"
colectivo, además de colectivo, está también en el subconsciente personal,
de cada individuo humano, y no nos dijo Freud cómo era eso así. Pero nos
Jo dijo Jung encontrando en la base de toda concienc~a ~ersonal, _un T:ansfondo homogéneo colectivo, allí donde se fraguan las 1magenes pnmord1ales.
Los arquetipos primarios de que se nutre la existencia de todo hombre. Es
también como la madre nutricia, como la Gran Madre Tierra, sólo que en
el orden del Espíritu, que es el Gran Padre en la Comunidad de los ~ombres, Modelo y Arquetipo. El Logos es el -para nosotros- Inconsc1~nte
Universal de donde tomamos sentido y espiritualidad haciéndonos conciencia. El Ello no es el Logos o Espíritu, sino el fondo residual, detritual, que
van depositando las personas humanas en su paso por la Historia, pero. q~e
ofrece como material ya vivido y todavía aprovechable y operante, las imagenes convenientes, comunitarias, para que el Logos personal recobre en ell,as
el sentido humano y las siga haciendo circular. El Ello es el acervo comun
de las imágenes primordiales y el Inconsciente colectivo. El Ello es no-espiritual y no-presencia, pero a través del Ello (y gracias a la presencialidad
del espíritu) el hombre presencia y mira, como mira y presencia a través
de lo colectivo humano. Para ello hay que sumergirse en el sueño y trasponer la conciencia personal o darse a la evocación poética. Gracias al sueño,
y gracias a las evocaciones del arte, el Ello se reviene en la conciencia del
hombre. No es, pues, inconsciente
del todo, como no Io es tam poco el "se"
·
impersonal y colectivo que lo representa.

Y O-UNO,

YO-OTRO Y EL MÍ

Pero si de la consideración del Ello en lo colectivo, pasamos a lo personal,
asomándonos a nuestra conciencia, notaremos que, si allí, por desalejamiento
del Ello, a través del "se" y del "uno cualquiera", se pasa a El, al Tú y al
Yo ahora a la inversa desde la autoconciencia y el Yo, y el yo-otro, como
'
'
primer Tú interior, pasaremos al Otro-yo social, al Tú, a El y al Ello de lo
colectivo, que es también, como hemos dicho, el transfondo de lo personal.
Y así, ahondando en nosotros mismos encontramos a los demás, y dando
la vuelta por los demás, en lo social, nos hallamos a nosotros mismos, porque

68
69

�hallamos el mismo fondo de comunidad primera. El Ello personal es el mismo
que da transfondo a lo colectivo. Y el Yo personal moja sus raíces más profundas e~ un Ello, a la vez personal y colectivo. Por el Yo, mira y tiende
a lo social, pero arrancando de un Yo-otro, primario e íntimo y personal
que ,d~ savias_ al Y~ social ~ Otro-yo. Este último, el yo social u Otro-yo es
empmco y ps1cológ1co; el pnmero, el Yo-otro, es metafísico-existencial. Freud
descu~re bajo o dentro del yo personal, un "otro", también "yo", pero un
otro inconsciente, por represión. Le llamó el "otro-yo" confundiéndole con
el social y externo. Pero el que llamo "yo-otro", no es precisamente el "otroYo". Y tampoco es reprimido, pasivo, ni inconsciente, sino que dialécticamente hace a la conciencia personal ser consciente de sí y es el más activo
porque es el que se orienta a la actividad social, hacia el "Otro-Yo".
. Y esto. no
. es "percepción interna", porque la llamada así' ni es "interna"
sino objetivamente y por tanto externa al que objetuiza, ni es percepción
porque no halla objetivaciones que captar. La autoconciencia no es "percep~
ción" de lo que existencialmente somos y vivimos, sino su experiencia inmediata, ni siquiera intracorporal, porque en ella la corporalidad no se advierte. La autoconciencia es más que apercepción. En ésta, al catar cosas,
nos per-catamos. Pero en la autoconciencia tomamos noticias inmediatas de
no~?t~os ~}sm~s'. n tomar notas de cosas. ~n la aut~onci~ncia no hay "notas . smo_ noticia fatal. Y no por ello deJa de ser mtenc1onal, pues la intenc1onahdad recae sobre ella misma, sin ser objeto. Una es la conciencia
en la a percepción; otra, la percepción de algo en la conciencia; y otra es
la autoconciencia, la conciencia de sí, sin algo, y apareciendo ella misma,
no como "algo" sino como "alguien". Es la conciencia inmediata de Ja
persona, la cual, por ser obtenida por reflexión, por doblamiento sobre sí,
da unidad dual. Valga esta imagen: Cuando una línea o superficie se curva
y dobla, no es dos sino una, pero unidad doblada o dual. Así la autoconciencia
inmediata y reflexiva da unidad dual a la conciencia de sí. En esa unidad
~ual me encue~tro, no me hallo en contra, como parece indicar la palabra,
smo que me mzro a mí como otro y me hallo o encuentro, como hallazgo.
Y puedo dialogar conmigo, hallándome entonces como Tú, un primer Tú
que no es otro Yo distinto o diverso, sino el Yo-otro, en interlocución con
el Yo-uno.

~f

Pero aclaremos bien: No es que haya dos Yos; no hay más que uno, el de la
unidad personal. Y esa unidad es un solo Yo, y el mismo Yo es el Yo-uno
y el Yo-otro, pues "uno" y "otro" ahí son calificaciones del mismo Yo. También una hoja de papel doblada puede ser prendida en un solo clip
corO
chete y sin dejar de ser una, puede ser aludida en una y otra vertiente. Así
el Yo es grapa o broche de la dualidad de la auto-conciencia personal en
reflexión doblada sobre sí. Si distingo al Yo como "uno" y como "otro",

es para denotar una dirección, una orientación actitudinal, pero ni ese "uno",
añadido al Yo, es algo cuantitativo o numérico, ni es la totalidad del sí,
ni es el "uno" terciopersonal con que aludimos al Yo, la primera persona,
cuando decimos: "Uno cree ... ". No. Es "uno" por diferencia o diversidad
al "otro", del Sí personal. Cuando hablamos de dos objetos, distinguimos uno
y otro, sin que haya preferencia o privilegio para el designado como "uno".
Sin embargo, hay un matiz diferencial: que el "uno" es primero en el orden
del nombrar. En el Yo-uno y el Yo-otro, además de esa diferencia de orden
en la alusión, hay esta otra: que Yo-uno mira hacia dentro de sí, hacia el
centro, mientras el Yo-otro, mira hacia fuera, hacia los demás, hacia donde
. e1 O tro-yo. Pero en expresiones
.
se enge
como "U no cree que. . . " o "Ya se
ha dicho ... ", tanto el "uno" como el "se" son terceras personas, tras las
cuales se oculta o post-pone la primera, Yo, por cortesía, es decir, por gesto
ya social, en el que se refleja lo colectivo, el mundo de los Otros-yos.
En mi autoconciencia, prescindido todo "algo" en ella, distingo muy bien, en
primaria e inmediata experiencia, no solamente la conciencia excluída y lejana de todo "lo otro", sino en ella misma, en reflexión de la unidad personal, un "uno" un "otro", dentro de mí mismo y propio Yo. Fuera de mí,
pero afectando a mi conciencia, en la apercepción, me "doy cuenta" de la
presencia de otros hombres que interfieren con la mía y que participan de
una co-presencia, a la que la mía personal también pertenece. Son "otros
yos" ajenos capaces de mirarme y sujetarme en los suyos respectivos y colectivamente como un solo sujeto. Pero lo que yo decía ahora es que dentro
de mí, y sin salir de mí, hay otro que es el "otro sí" de cada hombre al mirarse en su autoconciencia; que hay un "uno" ( el Yo-uno) orientado hacia
el "sí propio", hacia el centro radical del sí personal, y un "otro" (el Yootro) que es más bien el "sí" de la ipsitud, pero con mismidad, con idem-tidad;
por tanto, referido u orientado hacia los "otros", y también hacia "lo otro",
hacia el sector real de las cosas. Se trata de un yo "para sí" y un yo "para
otros", que no son distintos y que, en mí, autoconciencia, yo los hallo en mi
como unidad personal, aunque en dos aspectos o doble faz, o mejor, en doble
actitud. Me percato de que hay en mí un "para mí y un "para otros" y que
aquel "para mí" es último, radical, inaccesible, pero comunicable de modo indirecto, por medio de mí "para otros" o "yo otro". Y me percato de que en el
centro de la autoconciencia personal se conjugan en un solo "alguien" o
"Quien", el "para mí" (como forma del "para sí" en general) y el "para otros".
Pero por el acto de reflexión, esa conjugación la miro y veo como un Yo sujeto,
que sujeta a los dos en unidad profunda.
Ya en mi libro antes citado (y lamento tener que citarme otra vez) y en
las páginas 575-576 decía que la etimología del vocablo "Yo", alude en todos
los idiomas a algo que enlaza, sujeta y unifica, y también es ejecutivo, centro

70

71

�de acción personal. Hay sujetos pasivos, sujetos que reciben la acción' de
otros, pero no hay posibilidad de Yo pasivo. Todo Yo es activo y en esto
tuvo razón Fichte. Pero si no enteramente pasivo, cabe aludir al yo de un
modo deponente o semiactivo no sólo como "me" sino también como "mí".
Note el lector que antes, pocas líneas arriba, me he deslizado del Yo al Mí,
y por eso subrayé este vocablo. También dije en aquel libro que hay un Yo
en forma de Me o Mí que indica cierta pasividad, pero precisamente frente
al Yo-otro desdoblado conceptualmente para eso, para quedar de sujeto casi
pasivo, como un Yo tendido, marginal, un poco menos central y activo, un
poco más ladeado y como paciente, respecto de la acción existencial de la
persona. "El yo, para hacerse sujeto pasivo, se desdobla y, en fo1ma directa
o indirecta, se hace reflexivo y se vuelve esa forma misteriosa del Yo que es
el Mí. Cuando consideramos el Yo y el Mí, notamos que aquél es más activo
que éste, y que el Mí es más pasivo. Pero es forma del mismo Yo. De ahí
las formas deponentes y medias en que el \'erbo se hace, en parte, activo y en
parte, dando ese carácter al sujeto o recibiéndolo de él. No solamente si digo
'Yo me miro', hay gramaticalmente un Yo y un Me desdoblados, en que
uno es sujeto activo y el otro parece pasivo, sino que realmente, existencialmente, me estoy mirando a un espejo, y el Yo que mira es activo con respecto
al Yo o Me mirados. El uno es Yo. El otro es Mí. Y ambos se hallan en la
acción verbal en el mismo sentido, con la misma dirección" (pág. 382) . Es
que el Yo-otro se nos aparece con el nombre de Mí, bizqueando ya entre
el "sí propio" y el "sí mismo", pues la mismificación es afán idem-tificativo,
una cierta inclinación a los otros, indicando así como el Yo no es inmanente
ni termina en él mismo, sino que se abre a los otros yos. Y así la persona'
íntima se proyecta hacia el individuo social, resultando ya, en la relación con
los otros, la totalidad del Yo amplia y propiamente dicho: la totalidad de
individuo y persona, que integra el "Yo uno", el "yo-otro", ambos dentro
de sí, y el "otro-yo" que soy para los demás. Este es el Yo empírico activo
'
'
ejecutivo, proyectante a que se refieren casi todos los filósofos.
Antes de continuar con el Yo, deténg{1monos un poquito más (inevitablemente) en el Mí. No hay tautología entre Yo y Mí, ni siquiera la hay, como
luego diré, en el "Yo soy yo", pero menos entre Yo y Mí, pues por éste último, aludimos más pasivamente al Yo que es de índole activa y proyectante,
pero ya se ve, no todo acción como creía Fichte. El Mí no mira como el Yo
ni actúa enérgicamente como ese Yo. "Mírame a la mirada y no a mí" dice'
un personaje en La Esfinge de Unamuno, porque el Mí no mira, y en
nuestra mirada ejecutante, activa, lanzada hacia adelante va más el Yo que
el Mí. Mirarme a la mirada, más que verme a Mí, es verme y mirarme el
Yo, el cual, sólo por ser pasivamente mirado, deja de ser Yo para ser Mí.
Por eso el Yo es posesor y propietario, pero no el Mí que actúa más bien
72

como casi poseído. Las formas personales de la gramática española Me, Te,
Se tienden a tomar formas posesivas en Mi, Ti, Su, pero la gramática misma
d~tingue aquellas formas llamándolas personales de estas que llama posesi".~s,
y además dejando de ser pronominales. No dijo mal Orteg~ cuando dtJO,
ha mucho: "Lo mío es anterior a Yo" (C.II-387); y no dtJO mal porque
aludía a la aparición histórico-biográfica del Yo en el niño. Pero desde el
punto de vista en que aquí se está tratando, no hay "mío" que no sea posterior a Yo (o "tuyo" respecto a Tú, o "suyo" respecto a El) , pues sólo el
Yo es capaz de poseer y sujetar en sí, cualidades, propiedades, posesiones y
usufructos. El verbo "haber" o "tener" exige siempre un sujeto que sea precisamente un Yo. Y este Yo se proyecta sobre lo poseído y sobre lo apropiado.
Pero todo esto alude al Yo proyectado en lo social, al "otro Yo" que cada
cual es como individuo frente a los demás. Mas el Yo metafísico, el de la
autoco~ciencia, no tiene propiedades ni posesiones. Ni siquiera tiene cualidades, pues la condición o cualidad del ser yo Uno o "Yo-otro", ya dije ~ue
era un modo de designar para distinguir. Ni siquiera el Yo de la autoconciencia es bueno o malo, pues aún no ha empezado la acción en lo social, frente
a los otros, y todavía, por tanto, no se ha definido en sus cualidades éticas,
aunque el Yo, por ser toda persona íntima eticidad, tienda a manifestarse
socialmente como conducta ética. El yo empírico-social es el que posee y tiene
cualidades y propiedades. Pero el Yo no puede ser poseído.
.
Y por cierto, que, de diverso modo, puede el Yo ser posesor. No poseo m1
cara, como poseo mi abrigo o mi familia o mi lenguaje o mi modo de ser.
Mi abrigo es mío y lo puedo usar, vender, modificar etc. . . Mi cara es mía,
pero no puedo enajenarla, aunque sí quizás modificarla en algo, pero no en
lo fundamental de ella que es la expresión. Mi lenguaje lo puedo modificar
hasta cierto punto, pero no es mío, aunque puedo habérmelo apropiado. Cuando me apropio de algo no lo hago mío, lo hago mí mismo, y mejor, mí propio, como ocurre con mi fe o con el lenguaje que adopté a los diez años y
que ahora forma parte de mí mismo. Pero mi familia, como mi nación, no
son mías en ninguna de esas acepciones, más bien al contrario, soy yo quien
pertenece a la familia o a la nación. El Yo no puede ser poseído, pero puede
en la acción social, integrarse en pertenencia a una comunidad, manteniendo
siempre su singularidad y su intimidad personal, inaccesible. Apropiarse de
algo es hacerlo un poco Yo, pero el Yo nadie que me sea ajeno puede apropiárselo. En cambio el Yo posee y se apropia, y gracias a ello se sostiene
vertical y único. Y para ello se vale del Me o Mí en sus formas más variadas
de posesión y de cualidades. Yo soy yo gracias a mi sentimiento, a mi modo
de ser, a mi lenguaje, a mi familia, a mi nación, a mi raza y mi estirpe. Y
poseyendo a Mí, posee cuanto éste posee. El Yo no es una cosa y no puede
ser poseído ni apropiado. Pero si no puedo poseer y mandar en mi Yo, sí puedo
73

�poseer-me, mandar en Mí. Y de un modo genuino. Y por todo esto, no acepto
a~uello de Ortega de que, al decir "mi vida" sea el Yo el que posea a mi
vida, después de decir también: "Yo soy mi vida". Poseo mi vida, pero no mi
Yo; luego el Yo, mi yo, no es mi vida. La vida mía es tan ajena al Yo como
otra vida cualquiera, más ajena por más próxima. Luego volveremos sobre
el Yo en Ortega, y el Yo en general.

EL ENCUENTRO Y EL RE-ENCUENTRO CONSIGO MISMO

La primera acepción etimológica de "en-cuentro" es ir o estar en contra
Y así ocurre con el choque de las cosas físicas, las cuales chocan y se en~
cuentran tanto más, cuanto más en contra y de opuesto sio-no sean sus trayectorias vectoriales. Pero en todo caso, en las cosas, el encu:ntro es ocasional
Y no buscado (ni siquiera es buscado cuando chocan porque se atraen), y en
ellas, hay encuentro, pero no se encuentran reflexiva ni recíprocamente sino
·
, hay encuentro sin encontrarse
'
q'.1e ese ""di
se e encontrarse es pasivo,
y as1,
n,1 buscar-se, al revés que en los hombres que se buscan y se encuentran rec1procamente.
Pero_ ¿y las cosas con el hombre? Ante el hombre, las cosas son encontradas,
en pasiva, Y no pocas veces puestas en contra del hombre mismo. Pero no
P?rque ellas se le pongan en contra y le resistan (como tantas veces se ha
d1ch?) no; las cosas aspiran ( es un decir) no a encontrarse a sí mismas (pues
no t1en~n "sí mismo") ni recíprocamente (pues no hay reciprocidad entre
ellas), smo que, ante el hombre, aspiran a ser halladas, descubiertas O destacadas de entre la espesa coseidad, a ser presentadas. Antes de s:r cosas
eran entes y aspiraban a ser vestidas de ser, presentadas y presenciadas po;
el hombre, y como entes desnudos se ofrecen en el "hay" universal. La primera obr.~ universal ~~ da en el "hay", no en el ser, el cual supone ya la
presentac1on y la acc1on presencial del hombre sobre los entes para hacerlos
cosas, seres-qué. Las cosas son lo ob-vio; las personas son lo pre-vio. Ya hablé
de esto en otras partes. Ahora basta con esto:
No hay oposición ni resistencia de las cosas al hombre. Ellas se ofrecen
dan como son, sin ocultaciones ni resistencias. Si a veces nos salen físic:
mente al paso ( una montaña, una piedra, un animal dañino) es precisamente
ofre~~éndose ~l tr~t~ y a la intelección del hombre para su evitación y remoc1on. Son mtehg1bles porque nos instan y excitan a ser inteligidas. Pero
ellas se dan y ofrecen como son. Y el hombre busca cosas por el universo
porque las necesita metafísicamente para ser quien es. La resistencia que
hallamos en las cosas no procede de ellas que se ofrecen siempre, sino de nuestra

propia intelección, de nuestra actuación, de nuestras propias sombras existenciales o de la obstinación y las sombras y obstáculos puestos en nuestro propio
camino de búsqueda, por nuestros errores, nuestras pasiones y las obnubilaciones creadas por esos errores. Quizás el progresar del hombre a lo largo de sí,
personalmente, y a lo largo de la Historia, quepa entenderlo como un avance
en disminución de obstáculos, penumbras y resistencias para su inteligencia.
Al fin, el primer obstáculo y la primera sombra proceden de su. propio cuerpo
al que necesita ir levizando y superando en sus resistencias. Pero el cuerpo
del hombre no es una cosa que se encuentre ahí, fuera, objetivando, sino su
mismo ser en el mundo natural, y también ese cuerpo suyo aspira a ser
superado y ennoblecido, también se ofrece como es y se da en servicio al
hombre.
Las dificultades brotan de mi cuerpo, de mi situación encamada; es mi
cuerpo el que pesa y se resiste al desplazamiento, el que halla resistencias de
superficies al tacto, de las cosas lejanas y demasiado cercanas a la visión, de
la resistencia del aire al andar, etc. Pero nada de esto resiste a mi espíritu
y mi inteligencia que salva la gravedad, las lejanías, las resistencias físicas.
También las cosas en su ser parecen resistir a mi inteligencia, pero es ella la
que se confunde y traba y dificulta en su discurso, en su metafísico andar,
y gracias a ello yo progreso y voy sabiendo, pero con la ayuda de los hombres. Si no hubiera dificultades el conocer y el saber humanos serían instantáneos y universales, como la mirada de Dios. Pero no es así. La inteligencia
del hombre hay que irla ayudando a ser y desarrollarse en sus posibilidades,
a la vez que ir creándole, entre todos los hombres, posibilidades nuevas. Por
· eso, para saber y conocer y fundar la cultura sobre la Naturaleza, necesitamos
la cooperación y la referencia de los otros: el libro, la noticia, la manufactura,
el símbolo, la narración, el habla, el lenguaje. La aparente resistencia de las
cosas es pobreza y defecto mío, resistencia mía, pues lo que parece que me
resiste soy yo quien, con mi pobreza, lo ofusca y dificulta.
Tampoco hay resistencia de los otros hombres ante mí; tampoco los tengo
ordinariamente en contra. Los hombres se buscan entre sí en metafísicos y
trascendentales rastreos. Se transrecuerdan como de una última y primera
comunidad en que todos los hombres participan. Los hombres también se dan,
expresándose. Siempre se expresan como son, pues hasta cuando se ocultan
y disfrazan y mienten están diciendo de algún modo que son mentirosos,
máscaras y ocultadores. No hay dificultad ninguna para que un hombre y
otro se presencien; más aún, es inevitable su presencia mutua y su cooperación presencial, su copresencia. Juntos, los hombres hacen la Historia, hacen
la Cultura, y la civilización (que ahora no sé si es o no lo mismo) y juntos,
es decir, después del encuentro o reencuentro (pues ya se sabían y barruntaban) se aman o se odian, pelean y se asocian . . . Las dificultades, las re-

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75

�sistencias y mutuas hostilidades de los hombres entre sí, surgen, no de sus
presencias personales, sino de sus individualidades, de presentarse unos a otros
en sus cuerpos y atuendos físicos respectivos. Cada uno, como logos encarnado, halla en sí resistencias y dificultades que aumentan al presenciar a los
otros también vestidos de corporalidad, de modo que más que verlos, los
entrevé; y como cada uno, al expresarse, halla dificultades, los hombres se
entrevén, como manifiestos y como ocultos, en suma se hallan, pero revelándose, en ambigüedades y penumbras. No hay encuentro entre los hombres,
sino re-encuentros; cada uno se encuentra a sí y al otro; se ven otra vez, después de haberse olvidado de los orígenes, y al re-encontrarse, hay un afán
de confronte, de reajuste como molecular. Al primer contacto social de dos
hombres, puede verse que se espían, se observan, casi se registran, buscando
confrontes y reajustes mutuos. Y en cierto modo hay mutua invención, esto
es, hallazgo o descubrimiento a medias. Y brota el diálogo y la dialéctica
social que es como prolongación y proyección de la dialéctica existencial, en
la profundidad de cada persona individual. El reencuentro social de los hombres entre sí, es afán de interpretación recíproca porque es un mutuo preguntar, una callada inter-rogaci6n en busca de posibilidades de restauración
de la comunidad, si no perdida, al menos traspuesta y olvidada.

..

El verdadero encuentro del hombre es, primariamente, originariamente, el
encuentro consigo mismo, y ese encuentro, como toma de contacto consigo,
como auto-conciencia, hace posible el reencuentro con los otros. Se buscaban
los hombres antes de conocerse, pero una última comunidad les llevaba a la
búsqueda y al reencuentro. Certeramente dice Lain que en el encuentro de
un hombre con otro, en el paleolítico, en sus emigraciones y correrías, el hallazgo de un hombre desconocido, que sin embargo reconocía como hombre
debió ser "una excitante mezcla de alarma y de delicia" "Teoría y realidad
del otro" (II-42). No la alarma experimentada ante el animal que se mostraba peligroso, ni la delicia ante la presa buscada con hambre, ni tampoco
el encanto misterioso, la alegría y la pre-delicia, experimentada ante la mujer
(en la atracción sexual está el principio biol6gico de lo social), sino la delicia,
el júbilo secreto e indecible, de un ser en quien reconocía comunidad presencial, coparticipación en un transfondo; y alarma por entreverle oscuramente manifestado a través de un cuerpo como el suyo, con posibilidades
de hostilidades y resistencias, de formas ambiguas de acción hacia él. "Delicia
y alarma" porque ese "otro" primero, se le revelaba y él solamente la entreveía.

ENCUENTRO CON EL CUERPO PROPIO Y CON LOS OTROS

Hemos visto a qué profundidad se encuentra el hombre consigo, Y cómo
ese encuentro marca ya la unidad dual del hombre, como un " para sí". p ero
también hemos visto que, en esa profundidad se insinúa ya lo que h~y en él
"para otros", y por lo tanto, se prevé y anticipa el. enc_uentro posible con
ellos. Antes que mi cuerpo, experimento mi autoconc1enc1a y en e_lla, se da
mi primer encuentro conmigo, y "antes", quiere decir ahí más radicalmente.
Luego, hay encuentro con mi cuerpo; y con los otros hombre~,, con Y entre
las cosas del mundo. Son diversos encuentros, pero esa enumerac1on y el orden
con que acabo de enunciarlos, no indi_ca ~riorid~d rel_ativa. en el orden de
aparición. Lo que indica es prevalencia, Jerarqma ex1stenc_1al, rango metafísico y axiológico en la autenticidad y el saber en profundidad. del. hombre
sobre sí. Que no repare en mí mismo, como Yo y como autoconc1enc1a, hasta
que el encuentro con otros me hace refle~ionar, ~oblarme _sobre mí, Y t~mar
notas y noticias de mi propio Yo, no quiere decir que m1 Yo sea derivado
del Yo ajeno, ni mi presencia y mi autoconciencia hayan brotado porque
hay en el mundo otras conciencias y presencias; ni quiere decir tampoco que
mi Yo no sea previo -para mi conciencia- a todo "otro" sólo, porque ~nt:s
de verme como yo, haya necesitado ver socialmente a otros. Es como _si dijéramos que para mi conciencia de hombre, el espejo en que me nur? es
anterior a mí. Eso de que primero presencio a otros, y luego me ~resenc10_ a
mí, se dice y manifiesta así, porque se está pensando en temporalidad social
y hablando de un Yo también social, pero no se está pensando en el Y? m~tafísico primordial que brota en la conciencia de ser hombre. Esta conc1enc1a
y este Yo primordial, son anteriores metafísicamente a todo otro Yo y por
tanto, también al Tú. Antes que un Tú, hallo mi Yo-otro.
Lo mismo, o cosa análoga, ocurre con el encuentro con mi corporalidad.
No puedo ser metafísicamente posterior al encuentro de otros cuerpos humanos, porque sólo desde mi cuerpo puedo encontrarme con los de otros hombres
y con otras presencias corporalizadas. Que yo haya tardado en darme cuenta
de mi propio cuerpo, y que pueda juzgarle y mirarle y considerarle -desde
fuera de mí- como otro cuerpo, o como un cuerpo cualquiera, no quiere
decir que mi cuerpo no me sea más primario e inmediatamente dado que todo
cuerpo humano. Precisamente por mío y por propio y por inmediato, necesito
desacercarlo, objetivarlo como algo extraño para verlo. Después de haber visto
y mirado y tocado otros cuerpos humanos toco, miro y veo el mío (en el
espejo, en el cine) de un modo lejano y objetivo. Es evidente que yo siento
mi cuerpo de un modo evidente e inmediato, tan in-mediato y e-vidente,
que para darme cuenta total y objetiva de él, preciso salir - al menos men-

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�talmente-, y verme en totalidad y configuración desde fuera: verme en el espejo o en el cine o en la televisión u oírme en mi voz resonada, en mi cráneo,
o reflejada en el magnetófono o reproducida en la radio; y tocarme con mis
manos otras zonas de mi piel, y oler mis olores, conservados en mi vestido
o en las ropas de -mi lecho. Y si huelo mi aliento o mis meteorismos por ser
míos, no me desplacen como si fueran de otro, y no puedo hacer que me
parezcan de otros. No puedo verme directa e inmediatamente mi cara ni mi
espalda o mis orejas; sólo puedo verme, y no bien, por falta de objetividad,
mis manos y mis piernas o mi vientre. Este cuerpo es tan mío y para mí.
que no me parece un cuerpo, ni siquiera éste, sino sólo mi cuerpo algo inefable
como algo integrante de mi Yo, y precisamente de mi yo metafísico. Porque
lo más difícil de entender es que este cuerpo que soy yo, aun siendo masa física
al tacto y a la vista, y aun percibiéndolo yo de modo cenestésico, intraorgánico,
o sensorial, lo experimento metafísicamente. Hasta cuando padezco dolor y malestar, la totalidad de mi cuerpo es tan mía que su experiencia o vivencia
es de orden existencial. Hay una imposibilidad de objetivar físicamente mi
cuerpo. El cuerpo de los demás lo percibo como protuberancia o bulto en el
espacio físico, algo que se mueve y que está como detrás de una presencia
y un espíritu corporalizado en esa protuberancia. Presencio su presencia, y
luego, tras de ese presenciar, percibo su cuerpo, no ya como cuerpo bruto,
sino como cuerpo humano, como cuerpo desde el cual aquella presencia
personal pre-vista por mí, actúa. Y aun percibiendo en la distancia o en la
penumbra, un bulto o protuberancia, aunque le vea como posible cuerpo
vivo ( no sé si humano) le veré, como arquitectura no de cualquier cuerpo
físico, sino como organismo. Y si lo veo como hombre, tras de su presencia
percibo un cuerpo vivo que se autoconduce y expresa.

MI

CUERPO Y YO: CUERPO Y CARNE

Y sin embargo mi cuerpo me sitúa en el espacio y me da un impreterible
e insuperable "aquí". No puedo saltar de él y actuar desde otro cuerpo. Ni

puedo objetivarlo ni puedo actuar sin él. Con él me sitúo físicamente en el
mundo, y a través de él, obro y opero. Pero me sirve no de "instrumento"
sino de "medio", pues el "medio" tiene continuidad con el agente; el "instrumento", no, es separable de él. El cuerpo al hombre no le es instrumento
sino medio; y no órgano ni suma de órganos, sino organismo. Y el organismo
humano lo es, no solamente por la concentricidad y la correlación funcional
que hace C?&lt;)perar a todos los miembros y los órganos ( y no son la misma
cosa, "miembros" y "órganos"), a una finalidad común, sino que el orga-

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nismo humano lo es porque está transido, transfundido y trasminado por algo
transcorporal. El organismo del animal es organismo vital o biológico. El
organismo humano es biográfico, está perfundido y perfumado de lo espiritual, que es lo que le confiere la condición de "humano". Basta recordar que
yo puedo enmendar y corregir mi organismo, y que, de hecho todo hombre
educa, corrige y enmienda el suyo, de varios modos; y hay quien pone el suyo,
con la corrección, "como nuevo". La cosmética, la higiene, la cirugía, la
ortopedia, la dietética, la terapéutica misma, no hacen sino trabajar por
corregir y modificar al organismo, a veces, hasta en sus entrañas y raíces.
Alguien manda en mi cuerpo, que no es él, sino Yo, pues aún siendo
otros hombres los que me lo corrigen, se entiende que es con mi aquiescencia
0 mi mandato. Mi cuerpo se integra en mi Yo. Yo no podría serlo, ni tomar
autoconciencia presencial, ni presenciar a los demás, ni presenciar y presentar
cosas en el mundo, sin mi cuerpo. Pero yo soy mucho más que mi cuerpo. Incluso alcanzo a estar de modo espiritual, donde mi cuerpo no está ni me ha
llevado: por el recuerdo, por la fantasía, por el pensamiento, por el proyecto,
por la espera. Pero gracias a mi cuerpo me es posible recordar, proyectar,
mirar, ver, etc ... Por él me hallo situado en un mundo y trato cosas. Pero
por todo eso, mi cuerpo no es un "organismo vivo cualquiera", como puede
serlo -y lo es- el del animal. Este organismo humano está asumido por
alguien que es más que vida animal; pero todo mi yo se trasume de él y me
es inseparable y aún indiscernible o distinguible. No me es -como decíaun instrumento extraño como unos catalejos o un aparato ortopédico, pues
estos instrumentos no ven ni tocan ni perciben, ni conmigo ni sin mí. Pero
mi cuerpo ve, y yo, con él, miro. De los catalejos puedo desprenderme y seguir mirando y viendo. Pero de mi cuerpo, no. Y es que mi cuerpo me pertenece, tiene relación pertenencia! con este Yo que soy con él y gracias a él.
La relación genitiva con mi cuerpo no es de posesión -como un objeto
extraño-, ni de propiedad en cuanto cualidad mía, pero me es propio en
cuanto es sustantivamente Yo, y es de mi pertenencia, en cuanto es integrado
y asumido por mí. Mi Y o no puede actuar sin mi cuerpo ( no sin un cuerpo,
sino sin "el mío", que es mío pertenencialmente, y por serlo, deja de ser uno
cualquiera), pero mi cuerpo no sólo no puede actuar humanamente sin mi
Yo, sino que, sin él, ni siquiera sería cuerpo humano sino sólo carne. Ortega
distingue "cuerpo" y "carne" y, con él, Zubiri; no recuerdo si con algún
matiz diferencial, pues no tengo a mano los textos. Ortega parece rehuir la.
sola denominación de "cuerpo" que es común al mineral, al astro y al electrón. Y halla que la "carne" se distingue de todo ello. Pero también hay
carne en el animal, y con ella sola, no diferenciamos a la del cuerpo humano.
Y si con el vocablo "came" se quería distinguir la del "cuerpo" del hombre,
hubiera bastado usar otro nombre técnico, o mucho mejor, el de "cuerpo

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�humano", y no el de "carne", que es vago y genenco, tanto como el de
"cuerpo". Sin duda la noción de "carne" excluye la de cuerpos geométricos,
minerales, vegetales, gaseosos y sidéreos. Pero tampoco alude diferenciadamente al ser vivo, puesto que los vegetales son vivos y no se habla de "carne"
en el vegetal. Carne, pues, sólo es aplicable al cuerpo animal. Pero el cuerpo
animal se compone de algo más que de "carne" (sangre, hueso, humores,
linfa etc.). No todo el cuerpo animal es, pues, "carne". Y hay, además, animales (como los insectos o el pescado) que más bien se contraponen a la
noción de "carne"; por ejemplo, en la abstinencia cuaresmal. Y, en fin,
cuando en el uso ordinario del idioma hablamos de "carne" solemos atribuir
su concepto, al de animal, sí, pero al animal ya muerto y descuartizado. Sabido es cómo la noción de cadáver se ha vinculado a la de carne muerta,
dada a los gusanos: ca(ro), da(ta), ver(mibus).
Mientras "cuerpo" implica la noción de organización, de estructura, de
jerarquía en las partes, la "carne" no tiene órganos ni partes articuladas ni
jerarquía. El cuerpo del animal, en general, implica la "carne", pero la carne
por sí, no indica organización; y tal concepto de "carne", ¿ qué valor puede
tener fuera de lo~ mataderos y del gremio de hostelería?, ¿ acaso hay carne
fuera de toda corporalidad? No. Pero es la estructura corporal la que ennoblece a la carne, que es sólo parte del cuerpo, y parte indiferenciada como
concepto, pues ella, en sí no comporta la idea de estructura ni de organización,
como la noción de materia nada dice de ella si no se estructura físicamente de
algún modo. Ni hay en la Naturaleza materia prima, ni hay "carne" sin
corporizar. Y lo que conforma la individualidad, no es la carne, sino la estructura de ella, la organización, el cuerpo. Se puede teorizar y especular
sobre la materia prima y sobre la carne, pero, en el mundo físico, en el biológico y en el humano, no hallamos más que cuerpos. Fuerzas físico-químicas
edifican y labran cuerpos inertes. Fuerzas físico-químicas dirigidas por otras
biológicas edifican y labran cuerpos vivos, animales o vegetales. También en
el hombre hay corporalidad, la cual no es meramente un cuerpo vivo, labrado
por la biología, más bien es dirigido en su organización por algo que
no es físico ni biológico, sino espiritual. Y la edificación corporal resulta la más compleja, delicada y noble. ¿ Y hemos de definir al hombre
por la "carne" y no por la organización corporal? Si se amputa un brazo,
una pierna, un trozo de carne muscular, no resultan dos "cuerpos" ni dos
"carnes", sino un cuerpo, aquel fragmento en que aún dura la vida y continúa
como unidad vital, y un trozo de carne muerta, la del miembro o pedazo
fragmentado. Lo que vive en el ser vivo es el cuerpo, no la carne. La carne,
como tal es masa; el cuerpo es organización, arquitectura y jerarquía de partes. ¿ Que la noción de "carne" supone implícitamente la de vida, en cambio
la de cuerpo no? Pues dígase "cuerpo vegetal", "cuerpo animal", cuerpo

80

humano", y nadie los confundirá con esos cuerpos que son los poliedros, las
rocas O los astros. Ortega no sólo ve en la "carne", vida, sino algo más: expresión, pues para él, siguiendo a Klages y a Scheler, todo lo cósmico se
expresa, y sobre todo, lo vivo. Y así dice: "Carne es constitutiva y esencialmente cuerpo físico cargado de electricidad psíquica; de carácter, en suma"
(O.C.V.-547), pues "sólo la carne, y no el mineral, tiene un verdadero dentro" (O.C.II-571). Y en otra parte: "Cuando un cuerpo es señal de una
intimidad, que en él va como inclusa y reclusa, es que el cuerpo es carne,
y esa función que consiste en señalar la intimidad, se llama "expresión". La
carne, además de pesar y moverse, expresa, es expresión ( El hombre Y la
Gente, 118). Bien. Pero cuando una mujer nos gusta por su "carne" y lo sabe
ella, se disgusta, porque sabe que no buscamos ni su intimidad ni su expresión.
No agradece los elogios a su carne, pero sí agradece los elogios a su cuerpo;
ella rastrea que el cuerpo es más noble que la carne. Ya veremos luego cómo
. " cuerpo para ot ro" ,
la mujer, no es "cuerpo para s1'", como d'ice Sartre, smo
y no hay desconsideración ni irreverencia para ella. Y concretando ya sobre
el hombre, Ortega precisa: "La Carne nos presenta de un golpe y a la vez,
un cuerpo y un alma en indisoluble unidad". Pero no es la carne la que nos
presenta esa unidad, sino el cuerpo que no es un cuerpo cualquiera sino
un cuerpo humano. . . ¿ Se nos presentaría también con esa unidad de cuerpo
y alma toda la carne de un cuerpo en trozos reunidos en montón? Lo que
decide no es la masa de carne sino la estructura y la edificación corporal.
Pero Ortega sigue: "No vemos nunca el cuerpo del hombre como simple
cuerpo sino siempre como carne; es decir, como una forma especial cargada
de alusiones a una intimidad" (O.C.II, 573-574). No comprendo qué quiere
decir Ortega en ese último texto. No se ve cómo podrá expresarse la carne
y ser decisiva para la interpretación del hombre, si esa carne no es estructura
y organización corporal. La carne expresa, si expresa, a condición de estar
corporalizada. Pero él a continuación del texto últimamente citado no se
arredra ante las últimas consecuencias y dice: "en el cuerpo del hombre, el
verbo se hace carne" ( lbid. 574) .
Si en los textos paulinos y evangélicos se habla de la "carne" es por hablar
de un modo intensivo y plástico, como hablamos aún hoy de la contraposición
de materia y alma en el hombre, a sabiendas de que no es la materia como
tal, la que se contrapone al alma sino la materia organizada y corporal. La
expresión "El Verbo se hizo carne" es una expresión intensiva y literaria,
metafórica y no científica. Es la misma acepción en que ha quedado la palabra
"Encamación", tan usada por la filosofía de hoy. Y puede seguir diciéndose,
a condición de no trabucarse filosóficamente, tomando metáforas por precisiones científicas o filosóficas. ¿Qué médico o que biólogo habla hoy científicamente de carne para tomarla como más expresiva y precisa que la noción

81
H6

�de cuerpo? En lenguaje filosófico y cargado de sentido de lo que va dicho
antes, yo enunciaría así: "En la carne del hombre, el Verbo se ha hecho
cuerpo".

ESQUEMA DEL YO Y EL CUERPO DE OTRO

A la autoconciencia del Yo, el cuerpo aporta lo que llaman el "esquema

corporal'', la vivencia indiferenciada de ese esquema, que no es sino el complejo de auto-cepciones ( lo que llaman ••propio-ceptivo") de diverso signo:
el postura!, el de altura, el de la marcha, el de la expresión, el del habla
etc. . . etc. . . Es como una vaga y confusa conciencia corporal, sobre la que
destacan movimientos, afecciones, sensaciones, estímulos, que sobremontan
el umbral para formar parte del "contenido" de la conciencia. La llamada
vivencia de "el esquema corporal" es descartada. Es más que "esquema". El
esquema corporal es resonancia tenue y leda de la corporalidad en el Y o. El
esquema corporal es la conciencia irreflexiva del Yo, la que me insta a intencionalidades no buscadas en la reflexión. El Yo hace que el cuerpo sepa
de sí mismo, le presta la conciencia reflexiva que el cuerpo por sí, no tendría.
Hallo mi cuerpo, lo encuentro incluso en mi Yo, y precisamente en mi Yo
empírico, el cual no por empírico y existencial, deja de ser metafísico, puesto
que trasciende mi corporalidad. Que como antes dije, no se trata de un cuerpo
sino de mi cuerpo, con un "mi" pertenencia! y no posesivo. Scheler, aprovechando que en alemán, frente a ••Korper" (que es cuerpo vivo y objetivado)
se dice "Leib", en la acepción de cuerpo propio que se vive, ha formado
"Leib-ich", el propio Yo corporal, nomenclatura que alguna vez acepta Sartre.
Pero ya he dicho que, para mí, no hay "propio" cuerpo sino cuerpo pertenencia!.
El Yo es ejecutivo porque es un complejo de hechos y actos; son "hechos"
los del cuerpo sin autorización expresa del Yo, y son "actos" las determinaciones del Yo con, sin o contra las inclinaciones corporales oriundas de lo biológico natural. Mis vísceras funcionan con hechos, en los cuales no influyo
directamente con mis decisiones voluntarias y conscientes, aunque puedo
influir en esas vísceras y sus hechos por modos indirectos. Mi voluntad, mi
pensamiento, mi fantasía, son actos. Pero todo, hechos y actos integran mi Yo.
Aunque soy más que mi cuerpo, con él y gracias a él estoy sienda quien soy.
Y ese "siendo" indica acción. No movimiento sino acción, aunque cuente con
movimientos corporales. El Yo no es algo quieto ni dinámico, acabado ni sin
acabar; es un "siendo" existencial en función de la persona que le presta su
acción gerundiva. Por eso el Yo es ejecutivo y aun empírico, hasta cuando

82

actúa metafísicamente. El Yo ejecuta a la persona metafísica, la cual es acción, pero no ejecución; el agente ejecutivo de la person~ es el Yo. ~ el
órgano de ejecución del Yo es el cuerpo, es decir, el organism_o, la totalidad
orgánica de su cuerpo. Yo no soy mi cuerpo sino que soy qmen soy en ~ a
través de mi cuerpo: con él y a través de él, me ejecuto y cumplo como, qmen
soy, y ese "quien" no me Jo da mi cuerpo, pero coopera a que 1~ sea, catandose
él de la "quienidad" de la persona, gracias al Yo en que se mtegra, un Yo
necesariamente empírico, pues el propio ••yo presencial" lo es, por ser experimentado de algún modo en la autoconciencia.
.
Que sea mi cuerpo un organismo, el mío, aquel en que y con ~ue m1 Yo
organiza su individualidad (no porque indivi~ualice e~ cuerpo, smo porque
mi cuerpo Jo individualizo Yo) no quiere dec1~ q~e m1 cuerp~ me ob~dezca
siempre de modo ciego y automático. Su obed1en~1a no es ~as:va, de m~t~umento ciego y sordo, sino cooperación activa de umdad organ1st1ca, que, smergicamente, contribuye a la realización de fines que le son tr~nsc~ndent~s y que
él no ha propuesto. Con sus funciones no inventadas por el, ~ por el c~rregidas O modificadas, coopera a la unidad superior en ~ue se. mtegra Y s1n:e,
y Yo, con mi cuerpo, he de contar para no dar órdenes rmpos1b!es de cu~phr.
Por ejem.: No puedo ordenarle que vuele. Mi volunt~d, m1 pensami&lt;:n~~'
todos mis mandatos sobre mi cuerpo, deben contar con el y co~ sus pos1b1hdades aunque esas posibilidades puedan ser aumentadas por m1 Yo. Lo qu~
digo ~s que en todo caso, hay que contar con las posib~lidades que y~ m1
cuerpo tiene. Ni puedo saltar sobre él ni p~edo expenmen~r sensaciones
y percepciones O expresiones que otros expenmentan o reahzan desde los
suyos.
.
Si no cuento con las posibilidades y límites de mi cuerpo, con sus aptitudes
y capacidades, mi cuerpo y yo pueden diverger y aún coli~i~, perturbándose
y aún desquiciándose la yoidad, la cual, en efecto,. es un q~c10, sobre el cual
se centra, vertebralmente, como sobre un eje, la pnmera urudad dua~ de cada
hombre, la de cuerpo-espíritu (dualidad que no se debe confundi~ con la
profunda que hemos visto dibujarse de Yo-uno y Yo-otro en la umdad del
Yo presencial). Puedo tener hambre y no querer s~ti~facerla, Y mantener la
disparidad O divergencia horas y días, pero con un lím:te, pu~s el ayuno excesivo puede anularme la conciencia e impedirme segutr que_:iendo º. no. queriendo. Es que el Yo tiene que contar con su cuerpo. Suenos, alucmac1ones,
parestesias, pueden significar divergencias, no de alma '. cuerpo co~o suele
decirse, sino entre la corporalidad y el Yo, los cuales diverge~ prec'.samente
sobre el fondo de su unidad común y compartida. Las amb1valenc1as afectivas no son divergencias de cuerpo y alma, sino dobles afectaciones del Yo,
que no se unifica bien en su unidad profunda, unas veces influído por tendencias, inclinaciones e impulsos oriundos de lo corporal, y otras, por rupturas
83

�internas al Yo que no obra unitariamente y anda zarandeado entre indecisiones, debilidades y perplejidades. El Yo, para ser ejecutivo, ha de ser enérgico y
unitario, y en esos casos el Yo fluctúa y se bifurca. Es un Yo que no incardina ni
da unidad de acción; es un Yo des-sujetante, incapaz de obrar, de consuno,
con su cuerpo y las posibilidades y aptitudes de ese cuerpo, o bien incapaz
de sujetar la acción a un sentido central que es el que se origina en la persona
profunda y él transmite y administra. El llamado "autismo" en alguno-nos
esquizofrénicos, no es propiamente "autismo" porque con la rotura del Yo
falta el "autós" a que referirlo. Lo que hay es "des-yoización", pues un Yo roto
no es un Yo. Tampoco debe hablarse -desde este punto de vista existencial
y metafísico- de "despersonalización", pues sin persona metafísica, sin presencia personal, no hay hombre, pero puede haberlo ( aunque deficitario y
enfermo) sin un Yo que actúe como sujeto y quicio. Y es entonces cuando
el cuerpo queda destimonado de sentido existencial, lejos de la persona me.
tafísica, sin que entre ambos, actúe el Yo ejecutivo que transmite el sentido
de la acción y la presencia personal. Un cuerpo mal dirigido o mal administrado en sus posibilidades, lo mismo que un Yo débil, tan poco enérgico
que hasta no unifica bien, da desquiciamiento. Y los psicópatas no son sino
estos individuos vistos desde el ámbito social y que los demás no saben interpretar bien en su conducta.
El cuerpo del Otro es posterior a la presencia de ese Otro para mí, pero
su cuerpo es, ante todo, para él, de un modo que yo no puedo experimentar
ni ver y que sólo alcanzo a imaginar por vagas analogías. Me es evidente su
unidad individual, en su presentación corporal, en su relieve físico-espacial.
Pero primero capto su presencia personal, luego su contorno o esquema ( que
ahora, objetuizado, sí es "esquema") corporal objetivo, luego su bulto, y,
por fin, reparo en su cuerpo como organismo correspondiente y pertenencia)
a esa presencia personal suya. En su condición de persona y presencia, se me
aparece en comunidad; como_cuerpo y esquema corporal, es algo distinto y
lejano. Como persona en comunidad presencial con la mía, es de algún modo
un "para mí"; como individuo físico-social su cuerpo es "para sí", para él.
Pero a toda su individualidad le hallo una expresión que no es la que experimento en mí, pero que se parece a ella. No puedo salir de mi cuerpo ni de
mi expresión, pero veo, percibo, otros cuerpos igualmente humanos, e interpreto expresiones igualmente personales. No puedo decir que sea el cuerpo
del Otro un mero objeto para mí, porque ni lo he elegido entre cosas como
objeto, ni es totalmente una cosa, ya que lo percibo como persona que me
presencia y acaso me ve y mira. Si me fuera sólo "objeto", no me sería "el
Otro" sino "lo Otro": Pero si me es "el Otro", no me lo es al descubrir su
bulto como un "qué" sino como lo que está fuera de toda objetividad, como
un "quién"; entonces me es "alguien" y no "algo", pero estas nociones de
84

"quienidad" y de "alguienidad", las obtengo, no de su ob_jetividad_ ni de su
bulto sino que las hallo en mí y de su comunidad presencial conmigo. Antes
de se:me Otro-yo, antes de serme objeto, me es "alguien" y me es ~Quien",
por la presencia con que se adelanta a su objetividad de bulto o ~ehe~e corporal. El Otro es transcendido por su presencia personal. Yo no se qui~n e~,
pero si su presencia me llega por delante no c~~o heraldo, ~o como 1lum1nación que antecede al foco, sino como expres1on de comu~:dad, ante~ _del
encuentro con él, es que está este reencuentro en la comumon del espmtu;
y lo sepa bien o no lo sepa, pre-siento, al~en y no algo, ~ui~n. y no qué. El
re-encuentro presencial y personal es prev10 al encuentro mdiv1dual. Su presencia personal, es, en esta acepción transcendental, para mí; pero su cuerpo
y su individuación es para sí, para él. Puede ocurrir y ocurre de hecho muy a
menudo, que al ver un hombre que avanza hacia mí, oscurament~ rebozad?
de distancias, yo, barullentamente ofuscado en mis propias confusiones y hgerezas, no repare en lo que tiene de presencial eso que avanza, y sin esperar
a clarificar mi conciencia de la presencial personal que me está llegando, lo
instituyo y nombro como cosa u objeto físico. Pueden fallar mis sentidos y
tomar a un hombre por una vaca, una roca o un árbol. Pero soy Yo quien se
equivoca, no mi sentido personal que reconoce lo presencial aunque. no reconozca al individuo humano que lo proyecta. El cuerpo humano a1eno se
me da no como cosa inerte, sino como alguien expresivo y presencial.

EL

CUERPO DE VARÓN Y DE MUJER

Mi cuerpo es pertenencialmente, no posesivamente, mío; es un "para mí".
El cuerpo de los otros es para sí, para cada Yo que lo sujeta y enquicia. Pero
mi cuerpo, que es "para mí", resulta, en el ámbito de lo social, también
"para otros". Los otros encuentran mi cuerpo de un modo radicalmente
distinto de como yo me lo encuentro. Ellos lo encuentran no como objeto
-salvo las ofuscaciones ya antedichas-, pero tampoco como sujeto, a no ser
que hablemos de un "sujeto objetuizado". Pero tampoco es así, pues ellos hallan en mí un "quién" que les comuniza presencialmente, y por tanto una
persona que ha de canalizar y ejecutar su sentido existencial en un Yo, en
Otro-yo distinto como cada uno de ellos, y a la vez lo mismo idém-tico, con
cada cual de ellos. Me ven en primer término como persona presencial, aún
no sujeto y ya no objeto. Mi cuerpo queda para luego y a un lado, como
"cuerpo humano para otros". Es, quizás, eso que Sartre llama dramáticamente "alienación" y que nada tiene que ver con la alienación de Hegel,
aunque sí, quizás, con la de Marx, pero, en éste, la alienación es económico-

85

�social y en Sartre es psicológica. Pero aquí surgen nuevas complejidades del
sentimiento existencial de la corporalidad humana, que Sartre no ha tratado,
me parece. Se trata de algo que puede ser enunciado sencillamente así: Hay
quien enajena, "aliena", su cuerpo, quien lo dona u otorga, y en esa donación,
sin embargo, se recupera, se unifica y encuentra su Yo existencial; dándose,
se encuentra, y experimentando su cuerpo, no como "para sí" sino como "para
otro", se recupera y centra. No mantengamos un segundo más la situación de
"suspense" para el lector que no lo haya pensado por sí solo, más de una
vez: Ese ser humano que experimenta su cuerpo como "para otro" es la
mujer, de modo tanto más patente y paladino, cuanto más feminal sea su
condición humana. Si hay un profundo sentido de servicio corporal, que
gloria al donador que sirve, no es en el esclavo, que siempre lo fue con última
repugnancia de serlo, sino en la prostituta, que halla últimas alegrías en servir
con su cuerpo al gozo de los demás. Ruego al lector que recuerde la novela
"Volvoreta" de W. Fernández Florez. Aclaro, sin detallar para seguir a lo
que voy, que la prostitución por afán de servicio corporal, no es la única ni la
más frecuente forma de prostitución.
Viendo cómo la mujer se acicala, pule y adoba su propio cuerpo, podría
creerse, con escaso rigor psicológico y filosófico, que su cuerpo es mimado y
cultivado para ella, para su recreo y goce. Sólo en la aberración narcisista de
muchas Salomés, de hoy y de siempre, ocurre eso: que el cuerpo feminal es
cultivado para ella misma; es el mito de Narciso. Pero en la mujer normalmente femenina, no es el cuerpo para ella, sino ella para su cuerpo. Y su
cuerpo, así cultivado y embellecido, es para otro; ¿ para quién? Para el varón
elegido por amor, para que engendre en él; para el hijo, que ha de alimentarse
de él; para el medio social en que vive, para embellecerlo y darle delicadeza,
gracias y cortesía o respeto social, una lejanía que se establece socialmente
para mirar el cuerpo y la belleza de la mujer, pero a distancia. Todos los
frenos ( y también todos los desenfrenos) de la vida social humana se originan
en la conducta de la mujer. No se trata de que socialmente, todo hombre
(y por tanto, también el varón) haya de enajenar su cuerpo para ciertas
funciones de tipo social (yo no muevo mi cuerpo en el desplazamiento cuando
me conduce el "Metro" o el taxi, ni soy dueño de mi cuerpo, sino que de
algún modo lo enajeno, cuando me doy al pintor, al fotógrafo, al cine, a la
Televisión, o me dejo manipular por el médico que me explora, etc., etc.)
sino de una enajenación corporal más profunda hasta lo metafísico, que es
lo que hay que saber ver en la mujer.
En las formas más decisivas y ricas de la vida feminal, en el recato, en el
pudor, en la discreción (tan contadas y exaltadas por los escritores clásicos)
en el sentimiento de la honra (nótese que es el femenino de "honor, hon(o) ra") lo que resalta es un afán de frenar e inhibir algo que es como una

dormida y secreta impulsión de donación y entrega espiritual y corporal.
La bien llamada "fragilidad'' de la mujer, es esa quiebra, quebrantamiento
0 fallo de frenos o inhibiciones. La coquetería y el adorno corporal e indumentario son modos de "llamar la atención", precisamente del varón y no de
las otras mujeres. Lo que va como subpensado secretamente y dirigido a las
otras mujeres es la cultura intelectual, la posición social y el lujo de la mujer.
Ella se enlujece para las otras, pero se adorna y embellece para el varón, Y no
precisamente para el anciano, sino para el posible candidato a la paternidad
en ella. El recato, el pudor, la vergüenza fisiológica (que ruboriza) así como
la discreción, son manifestaciones de un temor a ceder a hondas impulsiones
del propio cuerpo, así preparado y embellecido. Es lo privativo del individuo
feminal humano que (por sentirse precisamente poco enérgico en su individualidad, y muy débil para sujetar su "para sí" en un Yo que dé unid~d
de sentido y energía para la acción), nota que su cuerpo tiende a fluv1alizarse, a irse dormido, lento y gozoso hacia otro Yo que lo llama, sorbe y
absorbe: el Yo varonil que la enamora. Por eso, el más universal motivo de
enamoramiento, lo que más profundamente enamora a la mujer, es la "gran
personalidad" ( real o aparente) el gran Yo señorial, del varón. Es que el
· y f und ad o " para otro" y no " para ~1,,, .
cuerpo de la mujer está concebido
Ya la concentricidad física a que tiende la morfología corporal de la muJer,
toda ella redondeces, rincones, recodos, hoyuelos y verticilos, da una tendencia a la individuación física, buscando el redondeo, la clausura y el encapullamiento florea!. Simbólica y expresiva~e~te es así, porJ~e la m~j~r se
sabe siendo, existiendo para otro, y para resistir a esa metafmca proc!iV1dad,
se cierra física y metafísicamente sobre sí. Lo mismo que se da así en su
cuerpo (cerrado, "sellado", dice la Escritura) se da en su p~abra, en su_ elocución, en su pensamiento. Todo en ella tiende al hermetismo, a la circularidad, a la perfumación interna, para tesaurizarse y darse en generosa perfumación a otro, por el amor. La gran virtud universal de la mujer es el
recato ( de "recaptarse" o "recabdarse", ponerse a recaudo, esto es re-cogerse)
o sea, la inhibición de los impulsos de donación corporal, manteniendo a los
demás a distancia, en nombre del respeto social. Otra virtud profundamente
feminal es la "discreción". En matemáticas como en ciencia física, lo "discreto" ;s precisamente lo no continuo, lo separado y distinguido, lo individuado en su apartamiento. También la "discreción" como virtud social de
la mujer certifica su apartamiento, su "distinción" y su "recato", con su actitud respetable y respetuosa, sus escasas y medidas palabras, ~ sus _muchos ~portunos silencios. La discreción feminal se compone: de un silencio expresivo y
evasivo, de prudencia moral, de mesura en la palabra, en el gesto y en la
actitud, y sobre todo, de pudor y de recato, de recogimiento en sí misma Pª;ª
perfumarse y lograr riquezas interiores, íntimas, para perfumar a los demas,

86

87

�y mantenerles a respetuosa distancia, sin insinuar su disposición a la entrega
corporal. De ahí el tesoro humano que se supone en la intimidad de la mujer.
Represada, inhibida, más se siente "ser para otro". Y la entrega de su cuerpo
o ( como se dice con eufemia simbólica y expresiva), la "donación de su
mano", por amor, es el triunfo y la gloria de la mujer. Pero esto no significa
"alienación" sino al revés, yoización, pero en otro Yo, en el que se enquicia existencialmente por el amor. La mujer tiene su Yo fuera de sí. Y esto debe entenderse como principio general del sexo. En la medida en que un hombre
atiende y sirve y mima a su cuerpo se acentúa de rasgos femeniles. Y al
revés: la despreocupación por el propio embellecimiento corporal, nos indica
que ese cuerpo sirve al Yo y no está destinado a otro. El autopulimiento y
adobo corporal, a veces hasta el narcisismo, en la adolescencia humana, no indica sino que es ésa, una edad todavía de sexualidad no totalmente diferenciada. Narciso era un adolescente.

EL YO EN GENERAL

Hemos hablado de mi Yo, con el cuerpo y sin el cuerpo o Yo presencial.
Hablemos ahora del Yo en general, del Yo abstraído de los hombres, lejos ya de
la persona que en cada individuo le da savia y sentido. Parece cosa no facil
saltar del Yo que estoy siendo, de modo inobjetable, al Yo en general que es
todo él objetividad. Frente al Yo, hay El-Otro y Lo Otro... Frente al Yo, no
basta hablar del no-Yo como se hizo en los tiempos del idealismo y aun
hacen algunos psiquiatras y psicólogos de hoy, pues dentro del no-Yo, hay
"el Otro" y hay "lo Otro", y aunque el Otro resulta ser un Otro-Yo, aun
siendo un Otro, es también un Yo, y no mero no-yo. Por otra parte, hay
formas y manifestaciones nebulosas y crepusculares en que no se sabe si el
Yo es mío, mi Yo, o es el de Otro-Yo que me sustituye ( como ocurre en la
historia, algunas formas del sueño onírico, es decir no meramente fisiológico,
en la sugestión hipnótica, en el sonambulismo) o si se trata de una "disolución" del Yo en el Cosmos ( experiencia de yoguis), en la Naturaleza ( experiencias de algunos poetas) , o en Dios ( experiencias de algunos místicos
religiosos.) Recordemos que Gabriel Marcel comenzó a meditar sobre la
filosofía del Yo y el Tú, cuando participaba en sesiones metapsíquicas, en las
cuales él mismo actuó de "medium". De aquellas que dice: "Yo tenía conciencia de ser el instrumento, no la fuente; en ningún sentido podía decir
que era Y o quien respondía. ¿ Quién era pues?" Ninguno de estos problemas
tiene por qué ser planteado aquí. Vamos sólo a determinar cómo puedo, pasar
del Yo mío al Yo general, en punto de vista enteramente filosófico.

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Yo, mi Yo, no es un concepto ni una noción o noticia, sino una evidencia
plenísima, tan próxima, inmediata y llena de sentido para mí, que no sé cómo
pueda saltar a una ribera mía para verlo y objetivarlo y dar una noción general del Y o como la tengo de tantas otras cosas. Pero, por de pronto, Yo,
mi Yo no es una cosa; tampoco una persona; nada que se enuncie como "tercera persona", pues Yo ni siquiera es primera persona, sino plenamente, casi
exuperantemente, Yo. Lo ha dicho Lowith: "El verdadero nombre propio
de una persona es exclusivamente el pronombre personal de primera persona".
Sin embargo, no es una persona, porque Yo es la propia persona que se le
hace Yo. Y justamente para saltar hacia fuera, hacia los otros Vos, aludimos
a nuestro Yo, en español, diciendo: "Uno cree que ...", en cuya frase el
"uno" no es la tercera persona que se podía creer según el enunciado de su
indeterminación, sino que es precisa e indudablemente Y o. Ya hemos visto
que en ese "uno" se dan, en unidad el Yo-uno, vuelto hacia dentro, hacia las
raíces presenciales, y el Yo-otro, inclinado a lo social, hacia fuera, hacia el
Otro-yo. Pero en todo caso Yo no es el Yo, ni cabe en un concepto general que
repugna a la persona viva que actúa y presencia en él.
Cuando se habla del concepto "persona metafísica" se prescinde la singularidad unísima de cada persona, se abstrae lo más peculiar de cada persona, su singularidad para dar un concepto general de ella. Lo mismo ocurre
con el Yo, con el concepto general de Yo. Ni la persona vivísima, singular y
trascendente, ni el Yo actuante, irrenunciable y evidente pueden quedar cubiertos e inscritos, en un concepto general. Pero la persona metafísica actúa
y se ejecuta mediante el Yo, y el Yo mediante su cuerpo. Y la pregunta
vuelve: ¿ Cómo puedo Yo concebir y teorizar sobre el Yo? Si mi Y o entra
en el concepto, mi Yo queda objetivado y aun objetuizado, pero ¿por quién?
Y si, no entra, ¿ qué yo general es ese que no comprende ni abarca mi Yo?
Quiero apurar todas las dificultades que surgen. Se dice: Todo lo vivido y
existido por mí, todo lo esperado, recordado y proyectado, entra en mi Yo.
Hasta se ha llegado a decir que, si no admite definición es porque no aguanta
predicados ni cualidades ni atributos, o que su "constitutivo formal", no se
deja influir por lo exterior. Yo no es más ni menos que Yo, y ninguna otra
cosa se le puede atribuir. No es objeto pero tampoco sujeto, sino Yo puro,
sin determinaciones, pues al subjetuizarlo, al nombrarle sujeto, de algún modo
quedaría objetivado y separado de mí, ya que quedaría situado en la correlación lógica "sujeto-objeto", y por tanto "objetivamente determinado".
Esto, y algo más, se ha dicho del Yo, bueno, de mi Yo, algo o alguien inefable, evidente y florentísimo. Fichte, siempre tieso y enérgico, dice que el Yo
carece de predicados porque lo que podría predicarse de él, es precisamente
él, con su acción y su energía, quien lo determina y pone. Y Ortega, que le
sigue en los comienzos del filosofar, acaba por separarse para decirnos que el

89

�Yo es, sí acc1on, pero ejecutante o ejecutiva; que es dinámico y tensional
como (Fichte), pero ello, en Ortega, se justifica porque mi Yo es mi vida.
"Una vida humana no es una sarta de acontecimientos, de cosas que pasan,
sino que tienen una trayectoria con dinámica tensión, como la que tiene un
drama. Y este argumento consiste en que algo en nosotros pugna por realizarse y chocar con el contorno (subrayo yo) a fin de que éste le deje ser. Las
vicisitudes que esto trae consigo constituyen una vida humana. Aquel algo
es lo que cada cual nombra cuando dice a toda hora: YO" ("Goya" pág.
71). Pero el caso es que en otra parte nos dice que ese Yo a que aludimos
ordinariamente no es el Yo como realidad primaria: "Yo no es el hombre en
oposición a las cosas, yo no es este sujeto en oposición al sujeto tú o él, yo, en
fin, no es ese mí mismo me ipsum, que creo conocer cuando practico el
apotegma délfico "Conócete a ti mismo" ( O.c.VI.253). ¿ Qué es el Yo para
Ortega? En sus primeros libros creía que el Yo era para los mediterráneos
una "cosa", mientras para los germanos era "acción". Pero, a lo largo de su
obra su concepción del Yo ( unas veces social y otras metafísico, y no siempre
distinguidos en el concepto) va ahondándose, y, a veces, oscureciéndose. El
Yo es, desde luego, no un "querer o desear ser tal", sino un "necesitar ser
tal", lo cual para mí no es claro. Pero él sigue y apunta hondo: "Nuestro
yo no consiste nunca en cosas que queremos ser, por tanto, en proyectos de
acción, que están sostenidos a pulso por actos concretos de nuestra voluntad.
El Yo actúa en regiones mucho más profundas que nuestra voluntad y nuestra inteligencia". Y también: el Yo "ni es una cosa material ni una cosa
espiritual; no es cosa ninguna sino una tarea, un proyecto de existencia"; o,
como dice en otra parte, "un drama". El Yo manda en la voluntad. "Manda
sin apelación y no se funda en razones ni se digna justificarse" ("Goya"
72-73). Se ve que aún siendo el Yo para Ortega, acción, como para Fichte,
y acción enérgica y casi impera!, Ortega apunta a otras cuestiones, como
luego veremos al volver sobre el Yo en Ortega.
Ni Fichte ni Ortega distinguen el Yo que hace y ejecuta y la persona que
presencia y origina. El Yo es acción pero ejecutiva, no originante; la persona
es acción originante, pero no ejecutiva. El "Yo-uno" es personal y originario;
el "Yo-otro" es activo y ejecutivo, dirigido hacia fuera. Pero el Yo es siempre
empírico, más un fruto que un principio metafísico. El Yo cuenta con el
cuerpo; y la persona con el Yo. Si abstraemos la persona metafísica, nos
quedará la acción presencial pura, un Yo presencial como el que obtenemos
si separamos mentalmente al "Yo-uno" y al "Yo-otro" y nos ahincamos en
el primero. Y aún ese "Yo presencial" es empírico porque es experimentado en
la autoconciencia. Pero ni el Yo cubre totalmente a la persona, ni el cuerpo
cubre y representa al Yo. Este Yo no queda restringido ni insularmente limitado
por su cuerpo, sino que va más allá de sus fronteras, aunque arrastrando sus re-

90

sonancias e influencias, como la persona va más allá del yo, aunque actuando
a través de éste y tomándose de sus actos y su historia, pues la persona es acción;
el yo, se constituye con actos. Puede estar mi persona (en ideas, en obras de
arte o de pensamiento) en donde no actúa mi Yo. Y sin duda puede estar mi
Yo donde no está mi cuerpo: por el recuerdo, por el amor.
Pero, según ya vimos, hay un Yo profundo, presencial, y un Yo social,
ejecutivo, que actúa en relación y función de los demás hombres, los cuales
son también presenciales y también ejecutivos y sociales. Mi Yo presencial,
constituído en autoconciencia personal y presencial, no se deja calificar por
nada. Es el Yo puro de Fichte y de Husserl, el cual manda en la voluntad y
no necesita justificarse. Es el Yo profundo más allá de la inteligencia y la
voluntad que hemos visto aludido en Ortega. Pero el Yo socialmente concebido, en sus actos funcionales y relacionales con los demás, admite atributos.
Puedo decir y digo, y con ello me aclaro mi conciencia; "Yo soy necio": "Yo
soy injusto" etc., etc. Y además me siento sujeto, capaz de percibir cosas y de
apercibirme en la toma de conciencia de ellas, y de sujetarlas, someterlas a
respectividad conmigo, y objetuizarlas y ponerlas en un orden que no está
en ellas sino en mí, y que es también una orden. Ya el hecho de presenciar
el ente crudo, lo hizo "ser", pero no fui Yo quien lo fundó sino mi irradiación
presencial o la de los demás. Y me lo transfiero a mí por la acción copresencial, en la cual está su jeto, su jetado mi Yo. Pero ni la presencia ni la persona
actúan como sujetos. Es el Yo presencial quien sujeta la autoconciencia y ejecuta desde ella, llevando la acción presencial hacia los otros hombres. Y los
actos del Yo nacen de él como sujeto de la acción personal. Y no actúa como
fuente de acción, que es la persona, sino como actuante, como ejecutante y
realizador, como sujeto. Y como tal sujeto, pone objetos entresacados de las
cosas, objetuiza.
El carácter de activo le viene al Yo de la acción presencial de la persona que
le inspira y sostiene metafísicamente. El Yo actúa, es acto y ejecuta. El Yo,
más que autor genuino de sus actos, es resultado y fruto de ellos. Se ejecuta
y realiza actuando. Sólo parece fuente y principio de acción, en el ámbito
social, frente a los yos. Pero esto mismo nos dice que el Yo no se origina como
rebote en el frente de un otro al que llamamos Tú, sino que es originariamente
quien es, por la acción presencial de la persona que hay en el Yo y que le
presta la vocación existencial para ser quien debe ser. Es el transfondo ético
que ya vio Fichte y que también resuena en Ortega oscuramente. Que yo
socialmente no me encuentro como Yo, ni tomo total conciencia de mí, sino
cuando ya me enfrento con otros hombres, no quiere decir que mi yo brote
como reacción y aun consecuencia de la presencia de otros en el mundo,
dicho sea para aclarar ciertos equívocos filosóficos que, por ahí, por los libros

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�de hoy, circulan, con apresto de novedad y verdad. El Yo no aparece como
reflejo del Tú, pero tampoco es algo original y primordial, sino empírico y
ejecutivo que se va haciendo en sus mismos actos, pero que ejecuta según
la inspiración de la persona, de modo que el mando del Yo sólo empieza
a partir de su ponencia e inserción en el mundo de los otros. El Yo no sólo
es ejecutante, sino que a lo largo de los actos resulta ejecutado. Resulta que
el Yo es activo, pero también pasivo. Este Yo social es verdaderamente empírico, toda experimentación, muy escasamente "puro" ni "inteligible", ni
"trascendental", salvo lo presencial y auténtico que de la personante originante,
pone el Yo en el mundo, y salvo la comunidad copresencial de que se nutre
en la raíz.
Y así se comprende que yo, mi Yo, tan evidente, inmediato e inalienable,
pueda sin embargo objetuizar y subjetituizarse, y hablar de todo Yo en un
concepto general en el cual queda comprendido y comprometido el mío. Es
que el Yo presencial, el de la autoconciencia, no juega, al llegar a lo social,
con los otros. Nadie, al enunciar el Yo general, se considera comprendido
en él; no podría. No es que no haya comunicación entre el Yo general y el
presencial. Es que en aquel Yo del concepto, sólo viaja la presencia personal
del Yo que enuncia el concepto. No podemos meter nuestro Yo en el Yo
general, pero ponemos, metemos, nuestra presencia personal en él y entre
todos hacemos que ese Yo general sea algo también presencial y personal. Al
decir "Los hombres son malos o son tontos, o son bondadosos" queremos o
no, nos excluímos. Pero también al revés: Para que haya un yo social, general, conceptuable, en encuentro y diálogo con otros Yos, es preciso que actúe
la persona presencial que hay en él. Si no obraran personas en los Yos sociales,
sus encuentros serían puramente físicos, de cuerpos y no de Yos, serían choques sin acción a distancia. Pero justamente el encuentro de los Yos, como
toda acción social o colectiva de hombres es acción a distancia, una gravitación en que juegan fuerzas humanas; simpatía, respeto, amor, odio, etc.
Los Yos sociales lo son porque comportan intenciones personales, sentido
existencial, radiaciones presenciales. Y al proyectarse, al semi-objetivarse el Yo
de cada persona, se sujetuiza, se toma a sí como sujeto frente a los otros, y no
solamente frente a los objetos. Y así, cada Yo en lo social, resulta acción abstracta y acto concreto, no sólo acción y acto y ejecución, sino también concepto. Cada Yo se concibe a sí mismo actuando, y en la acción se cata a sí
mismo como concepto, como Yo conceptual, idém-tico a los otros Yos. Y
así puedo dar yo un concepto objetivo de todo Yo que encuentro o puedo
encontrar, y así justifico mi yoidad, pues sin otros yos, el mío no podría
actuar como Yo ni dar vía ejecutiva a la persona presencial que me inspira
y da sus savias metafísicas. Seguiría experimentándome en mi autoconciencia

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como "Yo-uno" y como "Yo-otro" y segu1na, desde mi "Yo otro", postulando otros Yos, para no quedarme frustrado en mi sociabilidad.

EL YO, LA LIBERTAD Y LA PERSONA

En la actuación social me veo y represento, porque soy allí sujeto, limitado
sujeto, cohibido por los otros. En aquel yo primordial de la autoconciencia,
cuando la conciencia se dobla sobre sí, alcanzo una originalidad, una libertad,
que nunca podré alcanzar socialmente frente a los otros, en el encuentro con
otros Yos que me limitan y restan de acción. Pero a cambio obtengo una
cooperación, un re-encuentro copresencial que me enriquece de sentido y
estimula más quien ya soy. En mi autoconciencia estoy siendo plenamente
Yo, pero sin cosas y sin otros Yos. La soledad es inaplicable y por lo tanto
estéril. Para no serlo, mi ''Yo-otro" busca salir hacia los otros Yos cediendo
metafísica libertad para alcanzar la otra libertad, la que hemos de hacer entre
todos, pues la libertad sin los otros no tiene sentido; me siento apto y capaz
y vocado a ser libre, a constituirme en libertad. Nunca soy para el otro, el
mismo Yo que soy para mí. Pero todos hemos de esforzarnos en llevar ese
Yo que cada uno es para sí, en obsequio y colaboración de los otros. Y así
surge el hombre auténtico en lo social. Y con hombres auténticos salta la
nueva libertad, la colectiva. Mas si nos proponemos lo contrario, hacer que
los demás no sean quienes deben ser, que sus Yos no alcancen libertad frente
a nosotros, tampoco nosotros seremos libres. Mi autoconciencia me da mi
Yo; mi heteroconciencia del Yo ajeno, me da la libertad nueva, la nueva
oportunidad de ser quien debo ser, precisamente con los otros. En los otros
Yos también me encuentro yo, y esto en acepción metafísica: Mi Yo me lo
encuentro con y entre los Yos ajenos. No puedo renunciar a mi yo presencial
y último, ni puedo saltar sobre mi Yo ni posponerme a mí, ni desconocerme
radicalmente salvo cuando dejo de ser Yo por pérdida de la autoconciencia
(sueño fisiológico, -no onírico-conmoción, ataque, catalepsia, etc.) pero puedo tomar un Yo ajeno para que complete y sirva al mío.
Y esa salida hacia el Yo ajeno, ya lo hemos visto insinuarse en lo profundo
de cada Yo presencial. La expresión "Yo soy Yo" no es tautológica, siquiera
porque puede interpretarse, uno de esos Yos, como presencial, y el otro, como
social y referido a otros Yos. Pero también porque puede ser entendido como
si dijera "Yo soy un yo" como tantos otros. Hegel decía que la frase enuncia
una id-entidad ( como "la silla es silla", o con ella alude a una idem-tidad
"Yo soy como otro"). Pero la primera acepción no tiene sentido; no porque
mi yo presencial no sea mi yo, sino porque el Yo es acción gerundiva, y no

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�puede llegar el segundo a identificarse con el primero. Es la aparición de lo
temporal que desidentifica. Nunca el Yo segundo del enunciado cubre justamente al primero: no son dos Yos presenciales distintos, sino la unidad dual
que ya vimos; y el pensamiento, al enunciar, introduce la temporalidad y
distingue. Pero el pensamiento es temporalidad porque el Yo también lo es.
Y éste es temporal por la persona que le inspira. No hay Yo estático, quieto
ni puntual ni solidificado. El Yo, así presencial como social, trama sus actos
de temporalidad. Y todo otro que me ve en distintos momentos temporales,
me encuentra Yo, pero también me encuentra Otro, un "Yo-otro" dentro
del Yo que él me encuentra. Yo también sé que no soy ese Otro al que veo
fuera como un Otro Yo, y le experimento como comunidad en presencia,
como ajeno, no como extraño. Yo sé que no soy él, y él sabe que no es Yo,
pero los dos nos sentimos integrados en el concepto Yo y hallamos certificada
nuestra comunidad. Es decir, nos id-entificamos -en la individualidadpara idem-tificamos a distancia, en lo común colectivo, sin confundimos.
La temporalidad existencial no es originaria del Yo, sino de la persona;
de esa temporalidad se cata el "Yo-otro" presencial para proyectarlo al tiempo
social, y atribuirlo al "Otro-Yo". Un yo sin temporalidad no sería acción ni
acto, ni, por tanto, Yo. El Yoga al suprimir los estados de conciencia, suprime
el tiempo y por tanto el Yo. Tramándose de temporalidad el Yo dura, madura,
perdura, y, metafóricamente, se endurece, se consolida y afirma, pues sus actos
en la medida en que son auténticos, reinfluyen sobre él conformándolo. El
Yo es historia personal. Es presente porque está hecho de presencia pero se
teje de futuro y de pasado porque el Yo se forja de sus propios actos. Pero
ahí, he de interrumpirme para dejar hablar a Ortega:

LA TEMPORALIDAD DEL YO Y LA TEORÍA DE ORTEGA

"El Yo es siempre presente" -dice en "Goya" (pág. 75) . - No hay en todo
el vocabulario palabra que enuncie con mayor energía la actualidad. La misma palabra "presente", la palabra "ahora", la palabra "hoy" (que, dicho sea
al margen, por mi parte, no son igualmente presentes) necesitan, para rendir
eficazmente su significado, suponer un "yo" que las pronuncia o escribe. Nuestro yo de hace un instante, ese que fuimos, ni es ya, ni es yo. Es una mera
cosa (otras veces nos ha dicho que el Yo no es cosa) que ha pasado a nuestro
yo de ahora, y cuyo efecto sobre nuestro único y auténtico yo, que es el
presente, resuena en éste como un eco próximo. Pero la cuestión gravísima
es ahí soslayada: ¿ Cómo al Yo de ahora, al Yo del presente, le ha pasado
ser aquel Yo que, ahora, según dice Ortega, no es ya ni es Y o? ¿ Y cómo

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no siendo ya el que era, sigue actuando en el Yo de ahora? ¿ Y cómo, sin
dejar de ser presente personal y desde el "ahora" colectivo, desde el "hoy"?
¿ Cómo el futuro brota como yema vegetal en el presente del yo, y cómo el
presente y el futuro anhelado, proyectado y planeado se vuelven pasado, el
,cual pasado "no es ya ni es Yo" pero sigue resonando en ese Yo "como un
eco próximo"?
Sigamos escuchando a Ortega: "En este eco de lo que fuimos hace un instante, resuena, a su vez, el eco de otro instante anterior, y así, sucesivamente,
involucrando eco en eco, llegamos con continuidad de reminiscencia, desde
ahora hasta los límites indecisos de la primera infancia. Esta continuidad (a
pesar de estar hecha de ecos, margino yo) de un pasado con nuestro Yo (ese
"un", ¿ quiere decir cualquier pasado de otro, o mi pasado?) , que es siempre
el de ahora hace de aquel nuestro pasado algo inseparable de nosotros que
nos pertenece más entrañablemente que cosa otra ninguna, que inexorablemente arrastramos y del que nuestro yo actual aparece siempre emergiendo
(subrayado mío) . Pero el hecho de que sea nuestro pasado ( creo que estos
'nuestros' quieren decir 'mío' y no algo de otros apropiado por mí), la cosa
del universo más próxima a nuestro yo, no debe inducimos a confundirlo con
éste" (pág. 75 ) . No debemos, pues, confundir ni identificar nuestro Yo con
nuestro pasado, el cual nos llega como sucesivos "ecos próximos".
Ese texto orteguiano para mí es confuso y muestra una vez más esos traspiés que siempre dio su pensamiento al hablar de la temporalidad y a que
ya he aludido en este mismo libro y en otros míos. Que el Yo "emerja del
pasado" siendo éste una sucesión de "ecos próximos" al Yo, y siendo por tanto
ese Yo quien produce los ecos que luego le llegan, es confuso. Pero además,
decir que el Yo nace ( o "emerge") del pasado, podrá valer para el historiador que alude al pretérito, al pasado colectivo y que no me ha pasado a mí
(aunque puedo apropiármelo, hacerlo mío, y por eso he distinguido antes,
entre paréntesis marginales, lo de "nuestro" pasado y lo de "mi" pasado) ,
pero no vale para interpretar mi Yo, ni mi presente, ya que es el pasado
el que nace (o "emerge") del presente, y no mi presente el que nace de mi
pasado sino que nace de un pasado no mío, pues, según ha dicho ahí el propio
Ortega, el Yo es siempre "presente" y "actual".
Y algo parecido ocurre con la relación del Yo y su futuro. También viene
a decir Ortega que el presente es antes que el futuro, lo cual parece cierto,
pero es confuso y no verdadero. Después de hablar de que el Yo es "posibilidad necesaria" y a la vez, "insegura" (con lo cual da a entender que el
presente del Yo es futuro posible y no seguro, "emergiendo" el futuro del
Yo y no el Yo del futuro), dice: "Este, pues, (el Yo), lo primero que hace,
antes de darse cuenta del presente en que está, es estirarse hacia el futuro, se
futuriza y desde allí se vuelve al presente". No comprendo cómo, a pesar de

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�1

1

•

metáfora tan plástica, el Yo se alarga o estira al futuro para volverse luego
a su presente. Y añade en la página 80: "El yo de un hombre es su vocación, y la vocación es tensión futurizante, pre-tensión, hacia horizontes nuevos". Y en fin, resume en la página 92: "Hemos visto que el Yo del hombre, está siempre en el futuro (nos había dicho que era siempre presente) y
desde allí afronta, vive el presente". Quiere salir Ortega de su propia confusión y la aumenta. Pues lo grave en esa frase es el "desde allí", desde el
futuro, pues no entiendo cómo siendo el Yo presente, y hallándose siempre
presente, está también "'siempre en el futuro" y "afronta" "desde él", desde
el futuro, el propio presente.
Aclaro mi posición: Hay futuro antes de ser presente, y llamo la atención
de la diferencia del "hay" y el "ser" que van subrayados. Es cierto que fu.
tu rizamos ( proyectamos, esperamos, anhelamos, planeamos, etc.) desde el presente personal. No es que el futuro funde al presente, sino que, desde el presente, futurizamos, fundamos el futuro; y eso es lo que dice Ortega. Bien.
Pero lo que ahora nos es presente, ¿no fue antes futuro? (Notemos que el
futuro para sernos presente ha de pasar como futuro, ha de hacerse pasado,
ese "fue" que he subrayado. El presente "fue" futuro desde el presente). No
hubo un futuro que luego nos es presente. El "hay" del futuro se hace el
"es" del presente. Pero la confusión no está ahí sino en esto: El presente
desde el cual el Yo futuriza, no es el presente que él ha de ser, luego, el
futuro cuando se realice. El presente del Yo es un futuro que ha dejado de
serlo, por haber pasado de futuro a presente, de modo que en esta versión
de la cuestión, el futuro, mi futuro, antecede a mi presente. Desde mi presente lo proyecto o planeo pero no se me hace, no me es, presente hasta que
deja de serme futuro. Pero además hay un futuro mío (casi todo mi futuro
real y verdadero) que nunca he previsto, ni proyectado, ni planeado, ni futurizado, sino que me sobre-viene (más que por-venir, es sobre-venir) sin saberlo yo, y que se me hace presente. Es lo que he llamado, en otros libros
míos, el "futurante", el futuro no futurizado por mí. Y aun puedo hablar
de un futuro mío no futurizado por mí, pero sí por otros que lo prevén y
proyectan y planean para mí (por ejemplo, rni_s padres), y es, en efecto, un
futuro que me será quizás presente algún día; es el "para-futuro". Por último, hay un futuro colectivo que ha de afectarme y que yo no planeo ni
proyecto, pero lo hace el gobierno de mi nación, o los sabios, por mí y para
mí; y ese futuro también ha de serme presente, en unión del presente de
otros; es decir ha de serme, no un "presente" personal, sino un "ahora", presente colectivo. Pero hay también un futuro colectivo que ni planeo yo, ni
ha de serme presente nunca, porque cuAndo llegue, ya no viviré. Es lo que
he llamado, por su parecido al "pretérito" ( que_es pasado que no me pasó,
que me "pasó de lejos") el "futúrito", futuro que no ha de ser presente para

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mí, que ha de pasarme lejos, pero que por ser futuro para otros, me afecta
copresencialmente, como futuro para la Humanidad y la Historia, y por tanto, para mí.
Pero la temporalidad del Yo es más intersticial para él de lo que puede
parecer. El Yo es presente, y todo presente está trenzado de pasado y de
futuro; pero· pasado y futuro míos, tuyos, suyos. Soy presente futurizado y
recordado, que recoge mi pasado y pre-para mi futuro. Lo que he olvidado
también está en mí y puedo evocarlo. Si recordar es otro modo de presentar, de tener presente algo, de representarlo, olvidar es un modo de recordar,
de tener en presente segundo un modo de tener almacenado y retener en
el pasado, para poder presentarlo y representarlo por la evocación. El olvido no extingue, sino que conserva y reserva; la reserva que puede ser llamada al servicio activo ... Soy futuro y pasado porque Yo soy presente; pero
soy presente, porque soy presencia, y por ser presencia, por estar siendo presencia, soy un Yo, el cual ganado, influído por la acción de la persona que
soy, se trama de actos, se reviene de impulsiones de comunidad presencial,
y, buscando a otros, y buscando cosas, se proyecta en el mundo y proyecta
futuraciones. Y como la persona es generador de tiempo existencial, de temporalidad humana, el Yo, mi Yo, también temporaliza, ejecuta lo temporal.
Yo me encuentro al nacer con un pasado antes de mí, con un pasado que
no me ha pasado y que, sin embargo, me informa y me influye y de algún
modo es mío. Pero aquí vuelve a salirnos al paso, y hay que retomarlo, que
el "me" del Yo no indica posesión ni propiedad; que no acusa un "mío".
Cuando yo digo "Me ha pasado tal o cual cosa", no digo que lo pasado sea
mío, sino que ello ha ocurrido en "me" o a "Mí". Y al quedar en mí, como
pasado, hay relación genitiva de pertenencia y no de posesión ni de propiedad; mucho menos aquello que la Gramática dice de "materia referida a
nombre". Mi pasado me pertenece. Pero el pasado anterior a mí, el que
antecede a mi nacimiento, no me pertenece; soy yo quien pertenece a él, no
por inclusión e inserción, sino por participación en la comunidad de mis antepasados, mi estirpe, mi raza, mi nación, la Humanidad, la Historia, a todos los cuales pertenezco, en un modo no poco misterioso. Pero a partir de
mi florescencia personal, de mi nacimiento existencial, esto es, de mi autoconciencia, o toma de conciencia de mi Yo, pertenezco a una persona, a una
presencia personal, y a una temporalidad también personal, pero, a cambio, me
pertenece mi cuerpo, y son míos, mis cualidades, mi abrigo, mi viña. Y en esa
temporalidad personal, a que pertenezco, y en aquellas entidades en que me
encontré al nacer, en el pretérito, a los que también pertenezco, fundo mi
pasado y mi futuro. Me soy presente; y mi pasado y mi futuro son míos, en
acepción no posesiva sino pertenencia!. Es que forman parte integrante de
mi Yo. El Yo es la densidad del presente existencial, con un peso especí-

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H7

�fico que nos hace gravitar y da gravitación y peso a lo que nos pertenece.
Nos pasa el pasado propio, no el pretérito. Gravitamos hacia el futuro propio, no al futúrico, ni al futurante, no nos pesa el pasado, ajeno, sino que,
por su mayor densidad y sobre todo, por ser pasado, de los padres, de los
ante-pasados, de quienes nos han traído al presente, nos hace gravitar hacia él. No gravitamos hacia el futuro ajeno, pero si es futuro de personas
a quienes dimos el ser, o las que pertenecemos existencialmente (nación,
raza, o nuestros hijos y nietos) su futuro nos hace tomarlo como propio y
gravitar hacia él. Todo lo que me pasa, pasa a mi Yo, y se me hace mío
y queda adscrito de modo pertenencial; me queda como mi pasado. Al pretérito, al pasado ajeno, sólo si me es muy ajeno, muy próximo, pertenezco,
en tanto que mi pasado me pertenece. En el libro contrapongo "ajeno" y "extraño". Me es ajeno quien tiene comunidad presencial conmigo; por eso me es
prójimo. Lo natural (mueral, anual) me es extraño, lo otro. Sólo lo humano
me es ajeno, el otro. Aunque rectifico a Terencio, éste quiso decir lo mismo.

TEMPORALIDAD, VIDA, CIENCIA, CONCIENCIA Y YO

Porque somos espirituales, experimentamos el espíritu y elaboramos su concepto; porque somos divinos, experimentamos a Dios y tratamos de constituir su concepto; porque somos presencia, podemos hablar del concepto de
presencia. Del mismo modo, porque somos temporalidad hemos podido forjar el concepto de tiempo, y este concepto aplicarlo a las cosas del Universo.
Y somos temporalidad, porque el espíritu en el hombre, al ingresar en lo
humano, al hacerse humano, hace o funda temporalidad hilando de lo eterno: el espíritu, intemporal, se hace temporal. Funda el tiempo, pero no lo
sufre ni so-porta, a diferencia de la Naturaleza, que es pasiva para la temporalidad y no la tiene por sí ni la funda. Cuando decimos "el tiempo que
hace", o bien, "amanece", "llueve", etc., etc., usamos formas impersonales
de verbo, precisamente porque la Naturaleza no hace ese tiempo, y porque
ese tiempo no pertenece a la temporalidad humana, sino que es tiempo meteórico, falsa temporalidad, mero movimiento, variación o perturbación física.
La Naturaleza no es tiempo sino espacialidad en todas sus formas, masa, dimensión, distancia, movimiento (no velocidad que va herida de la temporalidad del hombre, sino mero traslado, cambio o variación). El tiempo es
secreción humana, flujo procedente de los manantíos del Espíritu, y que sirve al hombre para medir, calcular, precisar, comparar, distinguir en las cosas del Universo natural. El único instrumento de medida es la "unidad
de tiempo", pues aunque midamos con una masa material tomada como

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patrón de medida, hemos de aplicar ese patrón en intervalos que suponen
unidades de tiempo.
Existencialmente vivimos lo temporal. Pero ese "existencialmente" quiere
decir que lo vivimos como lo eterno del espíritu inserto en lo corporal, en
contacto con lo natural. Brota el tiempo humano cuando lo espiritual se cruza con lo natural en nuestra encamación. Lo eternal del espíritu, al hacerse
existencia de hombre, quiebra y fragmenta en temporalidad, en tiempos existenciales que luego han de servir para unidades de medida. Y mide su propia
corporalidad como objeto natural, como masa, movimiento, cambio y función, en ritmos, pulsaciones, modificaciones y recambios. El espíritu encarnado se hace "mens", es la "mens" la que "mensura". El Espíritu, antes de
encamar en hombre, no puede ser considerado como algo quieto; es acción
pura e incansable, aunque no movimiento, como Ser. Y encamado en hombre es un "siendo", acción combinada en movimientos, en ritmos y en funciones. La temporalidad es la acción misma del "siendo" existencial. Y nuestra presencia, al presenciar, a la vez existe y mide, pone lo temporal en las
cosas del universo natural. Al presenciar, por de pronto, enlaza cosas, une,
reúne, toma conciencia de las cosas y de sí, y da testimonio de sí y de las
cosas. Al presenciar, temporaliza, porque presencia y presenta, pero también
pre-ve, pro-yecta y recuerda. Suprimid el hombre con su presencia y suprimiréis la temporalidad en el universo, pero no suprimiréis la espacialidad,
pues el espacio estaba y seguirá estando ahí, con la pre-sencia y sin ella,
aunque, sin duda, estaría ahí sin ontología (aunque con su onticidad) y sin
respectividad, pues sólo hay respectividad cuando hay un "respectare", un
mirar algo que le queda referido. Sin ese mirar o presenciar, no hay nada
re-spectivo. Al ser lo espacial presenciado por el hombre, toma respectividad
y se ontologiza. Y el hombre saca de sí, de sus senos más misteriosos, la temporalidad, y mide y compara y calcula.
Aristóteles, Newton, Galileo, el mismo Leibnitz concebían el tiempo como
objetivo, como algo que está ahí, fuera del hombre, como un "continuo unidimensional uniforme", pero "independiente de lo real"; algo así como otra
realidad, algo real sí, pero otro que lo real, lo cual no sé qué querría decir.
La ciencia físico-matemática posterior a Kant ha tendido a concebir el tiempo como categoría mental a priori, pero luego la Relatividad, a partir de
Minkowsky y Einstein, ha querido que sea otra dimensión de lo real su
"cuarta dimensión". Pero el tiempo no es dimensión de lo real, ni cuarta
ni enésima, pues siendo un medio de presenciar y medir el hombre, y no
hallándose entre las cosas, · no es ni siquiera « di-mensión" como lo es la longitud, la latitud o el grosor. Ninguna dimensión mide a las otras: la longitud no mide a la latitud y a la profundidad, ni éstas a ninguna de las otras;
ni siquiera cada una está en función de las demás, y la longitud es inde-

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�pendiente e invariante respecto a la profundidad y la latitud, como ésta respecto de las otras. Pero en cambio -según la Relatividad- cada una de
las tres dimensiones de las estructuras materiales son variables del tiempo
con que son medidas permaneciendo el tiempo, sin embargo, como variable
independiente de ellas. ¿ Cómo, pues, va a ser una dimensión más? Las dimensiones están en las cosas y el tiempo está fuera de ellas hasta que el hombre se lo adjudica y entreverá en las cosas. El tiempo va con la presencia,
con la "mens" del hombre que mide. No es que la temporalidad ni el tiempo
estén en la presencia humana, ni en la existencia, sino que al existir, al funcionar el hombre como existencia, produce tiempo y lo quema como el motor, los gases de su combustión. No es el tiempo una categoría o una fa.
cultad a priori, como siguen imaginando no pocos físicos de hoy, sino que,
al trajinar, el existir como "siendo", produce temporalidad, para la cual
toma a las cosas y sus variaciones como hitos referenciales, como toma el
viajero las variaciones del paisaje. El tiempo que el hombre pone en lo real
no es real ni es ontológico, hasta que lo toma el hombre ya objetivado entre
las cosas. Y tan bien lo objetivamos, que el mismo tiempo que pusimos entre ellas lo retiramos en el recuerdo y lo seguimos mirando como si fuera
un objeto más. Y como tal, lo observamos y medimos, lo especializamos.
Paseando nuestra presencia y nuestra mirada por entre las cosas del mundo,
y poniendo comparaciones y medidas con la temporalidad que en él inyectamos, notamos las variaciones y los cambios. No se mide el tiempo por los
cambios -como han dicho físicos de mucha nota y filósofos de nota y de
noticia-, sino los cambios y las variaciones por el tiempo. Las cosas se mueven, pero sólo el hombre, incluso sin movimiento, mide ese movimiento de
las cosas. Ellas, sin el tiempo que las mide, están en diversos lugares, por
cada instante de tiempo, como dijo, más profundamente que parece, Zenón
de Elea. Son ellas mismas con diversos aspectos, estados y apariencias fenoménicas. Pero sin el tiempo con que el hombre las observa y mide, no las
reconoceríamos en lugares distintos, ni como cosas distintas ni como las mismas. Es el tiempo el que las des-id-entifica para idem-tificarlas con distancias
entre ellas. Pero ellas no arrastran temporalidad que tome notas de sus variaciones. Por eso hubo que recurrir a la noción de substancia. Se dijo que
era la misma cosa la que se movía variando, y se su(b )-puso algo que permanecía incólume bajo toda variación: la sub-stancia o hipo-khéimenon. Pero
para saber que permanece, también hay que inyectar temporalidad, fracciones de tiempos. La sustancia es tan temporal como la variación. Para saber
que dos cosas distintas son iguales, hay que recurrir a la "mens", a la presencia existencial del hombre. El ser clásicamente concebido como lo que
permanece, se temporaliza en "siendo". Un ser inafectado por el tiempo no
es nada para el hombre. Lo que no está siendo ¿ cómo se puede decir que es?

100

Y hay movrm1entos que el hombre no percibe y la "mens", sin embargo,
mide. Con variaciones muy rápidas, los cuerpos nos parecen en reposo; tal
ocurre con el batir de las alas de un insecto o el giro veloz de las aspas de
una hélice. Y si es lento el variar, como en las manillas de un reloj, tampoco
percibimos la variación (y conste que el reloj no marca tiempos sino espacios). En el movimiento de desplazamiento, si la distancia es mucha, el sistema nos parece en reposo; tal ocurre con un móvil en la lejanía o un astro
entre otros astros, cuyo movimiento relativo sólo alcanzamos de un modo
indirecto y calculado. Y al revés: cualquier objeto en reposo, nos resulta
todo movimiento, si lo analizamos finamente. No es pues sólo cosa de percibir o no. Sabemos de movimientos ( por ejemplo los de ciertos astros lejanos),
en virtud de muchos cálculos, sin que la percepción sensorial, los note. Y
por otra parte los movimientos que percibimos no siempre son tales como
los percibimos: así, el movimiento del Sol respecto de la Tierra, mientras
los de la Tierra no son directamente percibidos. Y es que para percibir un
movimiento o variación, tiene el hombre que meter la cuña de su temporalidad, interponerse en los acontecimientos. Si no se puede alcanzar la pureza de la observación física sin la intromisión del observador, es porque
toda observación exige temporalidad y presencia humana. Sólo hay variación
si el hombre pone y entromete el tiempo, pues la variación no es más que una
serie de porciones sin relación entre sí, pero que el hombre relaciona y ata con
su presencia y su memoria. La totalidad de variaciones en la unidad de tiempo es la velocidad y la variación de las totalidades, es lo que se llama aceleración o retardamiento.
Meter el tiempo es un modo de distinguir, de desidentificar y aun de individualizar. Sobre la individualización que pueda dar la materia a los seres materiales está la individualización que da el tiempo. En el mismo individuo se da el otro con sólo percibirlo o pensarlo en distinto instante de
tiempo. En el individuo humano, más que la materia, es el tiempo el que
identifica, con los rasgos y detalles que él mismo inventa. Pero es la persona
la que genera e identifica los instantes de la temporeidad. La personeidad,
por medio de la temporalidad, contribuye a identificar individuos. Las categorías de edad, vejez, juventud, ayer, mañana, antigüedad, etc., aparecen
en el individuo porque las origina la persona en acción espiritual y presencial. La individuación de los seres naturales, las de la especie si es ser vivo,
y el contorno material recortado, si no lo es. En ambos casos interviene la
temporalidad que sólo el hombre pone. La multiplicidad en el espacio indica difere~cias y acusa distinciones individuales, pero hace falta tiempo para
enumerar o contar esas diferencias o enumeraciones. La multiplicidad en el
tiempo da sucesividad, pero hace falta algún intervalo como espacialidad,
pues el espíritu para temporalizar, necesita espacialidades en que apoyarse.

101

�La multiplicidad espacial en la unidad de tiempo es la simultaneidad. La
unidad o simultaneidad en el espacio con unidad de tiempo, da el individuo.
La unidad de acción, en sucesión de instantes de tiempo, da la persona.
No hay persona en el ser vivo por el mero hecho de ser vivo. El espíritu
personifica (como lo hace en las criaturas o personas de arte) sin necesidad
de valerse de la vida biológica, y conste que no hay redundancia, pues hay
vida (la de las personas de arte, la del espíritu en su autoconciencia) que
no es biológica. Pero el espíritu sólo alcanza a individualizar encamándose
en lo que vive. Esto hizo pensar que la individualización era cosa de orden
material cuando lo que es más brutalmente material (rocas, viento, agua)
no individualiza ni se configura por sí solo; precisa de algo que lo limite y
configure. La vida, a través de las especies, individualiza, pero no personifica, no da unidades de conciencia. El hombre es individuo y es persona, pero
mientras la individuación se ve desde fuera, la persona sólo se percibe desde
dentro de cada hombre, y su apunte o conato de individualidad se llama Yo.
Este Yo emite radiaciones presenciales que permiten que los demás lo capten
como persona, y como otro Yo. Pero ni el Yo ni la conciencia ni la persona
se dan en los seres meramente vivos y que, nada más, viven. Vivir, nada más
que vivir, no garantiza la presencia de la persona y del Yo.
Los seres meramente vivos no son autores de su vivir sino que se dejan
mandar por la vida. En sus hechos, impulsos, hábitos, instintos, obedecen,
ejecutan, no mandan sobre la vida. También el hombre tiene, en su fisiología, impulsos, movimientos que él ejecuta pero no manda; tal ocurre con las
secreciones de sus glándulas, las contracciones y movimientos de sus vísceras
y los reflejos de sus nervios. Ni los manda ni los obedece. Pero ¿ a quién nos
estamos refiriendo?: Al Yo personal que está un poco fuera de su individualidad personal. Entre el hombre hay un Yo, y toda la fisiología y gran
parte de su psicología queda al margen, a un lado del Yo, interaccionándose
con él, pero sin mandarle aunque también sin obedecerle del todo sus mandatos. Lo que hacen sus vísceras, su sangre, no siempre lo hace el Yo, aunque
lo hecho y ejecutado quede afectando al Yo y ejerciendo influjos en su
ámbito. Pero el Yo es mucho más que la anatomía, la fisiología y aun la
psicología de cada uno. La vida que vivo, mi vida, es mía y por serlo está
por bajo de mi Yo. El Yo no es esa vida que se alude cuando se habla de
la anatomía, la fisiología y la psicología individual; tampoco el Yo es vida
de especie o de colección, sino lo contrario, parece querer fundar su propia
especie o su misma colectividad. Si algo se puede decir de cada Yo, es que
no tiene especie ni pertenece a ninguna. Yo no es mi vida, sino mucho más
que mi vida. Por de pronto no la obedece y se propone, en cambio, mandarla, aunque tampoco lo logre, por entero, siempre. Pero puedo querer comer, tenga o no tenga hambre -y mejor si no la tengo- y puedo parar

102

mi corazón en el suicidio o dominar mis reflejos mediante un ejercicio adecuado como los contemplativos hindúes.
Yo 'soy más y otra entidad que mi vida. ¿ Qué o quién es este Yo que soy?
¿ En qué forma lo soy si, aunque lo soy viviendo, no es ese vivir el que constituye sustantivamente mi Yo? . . . Lo primero que se suele pensar,,º al menos decir, es que ese vivir se hace Yo cuando se hace saber de ~1, c_uando
se convierte en conciencia. Pero aquí, ¿ se dice que el Yo es conc1enc1a, saber de sí, o que la conciencia es un Yo doblado, un saber del Yo? Se nota
que los términos "conciencia" y "Yo" andan un poco entrelazados y confundidos. Y ello resta claridad, sobre todo si se da a entender que la conciencia y el Yo son solamente vida refleja, doblada sobre sí. Pero si, _co~o
he dicho la vida nunca alcanza a ser Yo, tampoco llega a ser conciencia
por muchas dobladuras y potenciaciones que ~e le dé. en_ ~u in?ividuación,
por lo mismo que el individuo a fuerza de refmar su md1v1duahda?, nunca
llega a persona. Ni la conciencia se identifica como un copo de vida cualquiera, ni el Yo es, sin más, una conciencia, entendi~a ésta_ coi:no aperc~pción y fuente de intencionalidad deliberada. Sin Yo m conc1enc1a, hay _vida
en el ser vivo. Sin conciencia hay Yo que actúa en el mundo del subconciente
y en el sobreconciente. Lo que no hay es conciencia sin Yo. Y sin Yo, pero
con conciencia plena de sí, hay Espíritu, si bien no hay espíritu sin encarnar; y con la encamación aparece la conciencia y con la conciencia_ o ~in
la conciencia, el Yo. El espíritu está más allá del Yo y de la conciencia,
pero al encamarse, como decía, se hace conciencia y también se constituye
en Yo con conciencia o sin ella. La vida está más acá de la conciencia, del
Yo y 'del Espíritu. Hasta en el hombre hay muchos momentos de vida sin
conciencia y sin Yo, aunque no totalmente sin espíritu encam:,do e~ ~l y
para constituirlo. Lo mismo en la conmoción cerebral que en el su~no _(híp~1co,
no onírico) el espíritu vigila y actúa, aunque no haya conciencia m Y_o
conciente, pero el Yo de algún modo persiste actuando y actual. Al decir
"soy Yo quien duerme", no digo que vivo y duerm_o sin Yo, sino ~ue ~l Yo
mismo decae en su vigilia, pero vigila y no se extmgue. Al dormir, pienso,
actúo, imagino, fantaseo, sentimentalizo; tengo el Yo más o menos anárquico
de mi conciencia, pero no tengo conciencia de mi Yo, o la _ten~o vaga y
diluída cuando no tergiversada. Hay Yo, pero no hay conciencia aparte.
Tamp;co la hay en la sobreconciencia, en el rapto inspirador del místico, del
poeta, del artista; ni la hay en el hombre enfurecido que se altera y se enajena. No hay, en esos casos, conciencia nítida de sí, pero ¿ quién es el que
habla, piensa, actúa y se enajena? No es la mera v_ida ni es la con~ienci~,
pues ya decimos que no la hay. Es el Yo, algo, alguien, que es y ~~tua. m~s
allá de mi vida y de toda vida a diferencia del alma que es espmtu mdividualizado en hombre. Y este Yo no es sino una radiación presencial de

103

�Espíritu, que, al hacerse espíritu humano, al encarnarse en hombre, toma
conciencia de sí, pero que, sin esa conciencia de sí, no deja de ser espíritu.
y aun Yo, pues se hace Yo por bajo y por encima de la conciencia.
Ni el Yo es meramente vida, ni la vida por sí sola se constituye en Yo.
Tampoco Yo es siempre igual a conciencia. Este se presenta como una reflexión de la vida sobre sí, pero la vida sólo puede doblarse y recaer sobre
sí, gracias al espíritu que la informa. Y la conciencia es capaz de unificar
porque alguien la sujeta, unifica y preside. El Yo no siempre es consciente.
No neguemos al Yo porque se nos trasponga a la conciencia. No hay conciencia sin un Yo que unifique y sujete, pero el Yo puede ser inconsciente
o presentar diversas formas y contenidos de conciencia. Y esto es posible porque el espíritu es como un Yo presencial universal. La vida en el hombre
se hace conciencia y se hace Yo porque viene trasumida de presencia del Espíritu. Cuando -en el niño por ejemplo- todavía no es conciencia de sí
ya es un Yo presencial, una participación en lo humano y por tanto en lo
divino de toda presencia y cuando aun no es un Yo singular y consciente
ya es algún resplandor de luz increada y presencial que le llega del espíritu.
Así el niño en quien todavía no hay conciencia, hay un Yo en amanecer,
resplandor impersonal todavía del espíritu como presencia. Poco a poco se
constituye en Yo y en conciencia de sí. No ha entrado apenas en la temporalidad humana y ya se notan en el niño resplandores de lo eterno. Viene al
mundo con transconciencia del Espíritu. De ahí la reminiscencia, la melancolía metafísica que trae todo hombre al mundo. Y así es posible que desde
su singularidad insulada en lo corporal pueda experimentar la universalidad
y la eternidad, sin saber cómo. Y así es posible también la trasmisión cultural de unos a otros hombres, y el reconocimiento o anagnórisis de ellos
entre sí gracias a la contraseña secreta de la presencia del espíritu.
Esa contraseña o consigna que identifica, que da a conocer a unos hombres con otros es el Yo. Al pensar y sentirse Yo cada hombre se siente distinto de los demás, se siente otro que los demás, pero también se siente comunitario, en comunión o en comunidad de lo espiritual y presencial que trasciende a toda individualidad humana. El individuo no es individuo por inmersión en una individualidad genérica o universal, sino al revés, por retraerse
cada uno, distinguiéndose y aun diferenciándose de los demás individuos.
Pero la persona es persona por traer su singularidad de un fondo de comunidad en la presencia espiritual. Por ser el hombre individuo, a la vez que
persona, tiene conciencia de sí y constituye un Yo. La persona le da la comunidad básica en el espíritu; la individuación le da la conciencia distinta
de ser otro. Al decir "yo", nos experimentamos distintos y nos sentimos comunizados por la raíz; nos sentimos a la vez Yo y otro. Este "otro" no es "otro
Yo" sino el mismo Yo nuestro, pero siendo a la vez otro: es nuestro "Yo
104

otro". Y así, la otroriedad primera del hombre le hace distinguir, le permite
distinguirse a sí mismo de todo otro, y sentirse otro, no sólo respecto de ellos,
sino incluso dentro de sí. Es respecto de los demás, más otro, no cuanto más
lejos y distinto (que ello indicaría su individualidad) sino cuanto más desalejado y próximo a ellos, pues lo que entonces pierde en individualidad distinta lo gana en personeidad común. Su otroridad respecto de las cosas, respecto de lo extraño, aumenta con la lejanía. La otroriedad de lo ajeno, con
los demás hombres, aumenta con la proximidad. Cuanto más nos aproximamos a los demás, más otros nos son, y esa otroridad quiere decir comunión. Un hombre socialmente muy lejano o desconocido y remoto, nos parece un extraño, porque lo sentimos sin projimidad. Nunca tenemos la conciencia de ser otro Yo, ni nos sentimos nunca el Yo de otra conciencia ajena,
pero tenemos la conciencia de ser Yo y a la vez ser otro, solo que no solamente Otro-yo, sino también para nosotros mismos, ser "Yo-Otro". Y todo
esto es debido a la presencia. Para la presencia no hay otroridad como no
hay espacio; ni tampoco tiempo físico. La presencia distingue a los seres
naturales de los que no lo son. SóÍo el hombre por ser extra o sobre-natural,
es presencia. La presencia no considera a la presencia de otro hombre como
"otra", aunque lo considere como otro individuo.
Para la presencia no hay espacio ni tiempo físico. Al presenciar todo está
en actualidad, en plenitud, y todo está en presente. La mirada física se vale
de lo espacial, por medio de los ojos, y los objetos son más distintos y detallados al presentar más o menos luz y más o menos tamaño. Pero, para el
presenciar del espíritu no hay tamaños ni graduaciones de luz, no hay espacio ni tiempos físicos, pues lo que se presencia está siendo en presente no
con más o menos ser, no con más o menos tamaño por el espacio, ni más o
menos presente por la acción del tiempo que está pasando. Una vez más:
en el presenciar como acto existencial, como disparo mental, no hay tiempo
ni espacio físicos u objetivos. Pero para aclarar así: en el presenciar se da
lo temporal e incluso lo funda, pues da a luz el presente, pero es tiempo
existencial, presencial, no objetivo_ ni físico. El amor con que una persona
presencia a otra, ¿ conoce tiempo ni espacios físicos?; con la ausencia ¿ no sigue siendo el amado presente? El libro en que habla el autor al lector, ¿ en
qué tiempo ni en qué espacio le habla? Lo mismo puede decirse de la expresión del artista en la obra de arte. En un disco fonográfico habla una
persona que ya murió hace años; ¿ cuál es el espacio y el tiempo en que
habla ese disco al cual estamos escuchando en: presente y sin lugar concreto
para el que habla? ¿ No sigue actuando su presencia humana aún después de
muerto? Sin embargo, el libro, la obra de arte y el disco son presenciados
por mí con un tiempo mío existencial, no objetivo.
Es que la pre-esencia está más allá del tiempo, del espacio y del ser. Por

105

�eso es pre-esencia y actúa desde un "pre", no ubicable ni temporal. Antes
que comunidad en el ser, los hombres --como personas-- somos comunidad,
somos personas en la presencia, en la co-presencia. Nuestra vera ontología
es pre-ontología, porque actuamos desde un "pre" que nos basa y fundamenta. De la co-presencia, nos llega un resplandor y un ímpetu comunes que
nos hacen reconocernos los hombres unos a otros, y mentalizar ese fondo
común como ser, encontrándolo por todas partes. Pero las cosas no son hasta
que el hombre las ilumina en su onticidad; sólo el hombre está en el ser,
o mejor en el pre-ser de la presencia. También Heidegger ha afirmado que
el ser hay que buscarlo en el hombre, y, por iluminación suya, en las cosas.
Es muy antigua y certera doctrina agustiniana. Las cosas al ser presentadas
por el hombre, quedan ontologizadas porque quedan vestidas de ser. Sólo el
hombre es y alcanza a ser, pero no ser en infinitivo sino en gerundio, ser en
gestión o administración que es lo que quiere decir "gerundio". No viene desde el ser sino que va a él, tratando de alcanzar cada hombre el suyo, el que
viene previsto en su vocación, buscando o barruntando desde el "pre" originario,
desde la pre-esencia. No trae tiempo ni espacio. El espacio lo encuentra ahí,
en las cosas ( no hay espacio vacío) ; el tiempo lo pone la presencia misma
con el "siendo". Como dice Agustín: "El tiempo es hecho con las cosas, no
las cosas en el tiempo". Las cosas fueron hechas sin temporalidad de ellas.
Luego vino el hombre y se la puso. Y la temporalidad la sacó el hombre
de su propio siendo. Viene de la eternidad y proyecta lo que es: temporalidad, por eso, según Platón "El tiempo es la imagen móvil de la eternidad". Yo me experimento ser Yo, en presente, ahora, en este instante. Y
luego, días o meses después, me siento ser yo, y precisamente ser yo mismo,
el mismo Yo de antes. El hecho debiera sorprendernos. Resulta que el mismo
Yo lo noto permanecer en mí y cambiar. Me siento permanentemente el mismo
Yo. Pero también en cada instante y continuamente me siento otro. En las
filosofías más clásicas se resolvió el problema diciendo que permanece algo
que es sustancial, y varía algo que es accidental, fenoménico, y sujeto a tiempo,
pues la sustancia está más allá de lo temporal. El tiempo pasa, pero no por la
sustancia ni por lo que permanece de las cosas, sino que pasa sólo por lo
cortical, aparencia! y accidental. Pero aparte que hay sustancias que parecen
haber perecido (especies extintas, seres que desaparecieron del mundo del
hombre) resulta que ahí se habla del tiempo como otra sustancia independiente de la que permanece en las cosas, y como tal sustancia ésta también
permanece. Bueno, permanece y sin embargo varía hasta no parecemos dos
tiempos distintos; parece que varía sustancialmente. Pero aquellas filosofías
clásicas lo que decían que es lo que permanece de las cosas es su sustancia,
lo que sub-está, o está debajo de las variaciones. Pero el tiempo ¿ qué sustancia va a resguardar de las variaciones que produce él mismo? Diciendo

106

que el tiempo es algo que pasa sobre las cosas, algo alígero y andarín decimos algo no cierto, y que vale sólo en el concepto. Y todo concep~o es
como falsa sustancia externa a las cosas, pues aunque éstas caduquen, el
concepto permanece.
Pero al aplicar el tiempo al Yo parece que decimos que el Yo y el tiempo
son dos sustancias extrañas entre sí que se frotan y unas veces se conjugan
y .?tras no, pues los seres vivos parece que se impregnan de tiempo en sus
teJidos y envejecen, transidos de temporalidad, mientras los seres no vivos
no envejecen nunca, y no vamos a decir por eso que son eternos O intemporales. ~n cuanto ~l Yo, hay en él y por él, memoria, recuerdo, evocación,
melancoha, pero ¿ d!remos que pasa el tiempo por él, siendo el Yo el que
parece segregar el hempo? . . . el Yo es Yo porque está siendo y temporalizando; está si~ndo el mismo y a la vez se siente estar siendo otro. Y parece
que esta otrondad no nace del Yo porque este Yo pase y deje de serlo, sino
~orque, a la vez que permanece, cambia, afectándose, dejándose influir del
tiempo, de modo que está siendo Yo, el Yo permanente, y está siendo a la
vez, otro; y no otro yo como un Yo distinto del anterior, sino el mismo Yo,
pero Otro, porque "el mismo" quiere decir "idem", esto es, un Yo y otro
Yo que, c~mparados, resultan iguales, el mismo Y o con su otroridad. Y así,
pued~ decir que Yo soy "el mismo" Yo, es decir, Yo, sí, pero otro igual 0
el mismo que Yo. Y como ese Yo brota del "siendo" existencial en el cual
me siento el mismo y me siento otro, en vez de decir que el tiem~o me hace
permane~e: y cambiar, puedo decir que es mi Yo (siendo Yo y siendo Otro)
el que ongma el succedendo de lo temporal, pues siendo Yo, me estoy siendo
haciéndome tempo~alizar, y sucediéndome a mí mismo, ya que soy y O ;
?tro, o l~ que es igual: soy Yo-otro, pero no otro-Yo distinto del que soy,
smo el mismo Yo pero Otro. Y así, siéndome, sucediéndome, origino mi propia temporalidad que, luego, lanzada, proyectada sobre las cosas, las baña
de un tiempo ya objetivo, con el que mido los acontecimientos y los fenómenos, y el concepto de tiempo que no es tiempo abstraído sino concepto
de lo temporal congelado y sin temporalidad. Y esa temporalidad que es el
Yo y el Yo proyecta sobre el mundo - pero que no lo origina el Yo sino el
siendo- se abre por la apercepción en conciencia de cosas y en autoconci~ncia. Y m~s allá de mi Yo siendo una como Yoidad más amplia en que
m1 Yo se bana y por la cual presencia. No siento mi yo como algo aislado
Y sin_gular, más que socialmente, es decir, frente a otros individuos a los que
concibo como Yos, pero, existencial y metafísicamente, mi Yo lo siento sum~rgido en comunidad, en un magma cálido y vitalísimo de yoidad, una
yo1dad general que sólo es aplicable a personas, no a cosas. Y sé que ésas son
persop.as por su resplandor presencial y su aptitud y su vocación para presenciarme a mí. Me siento Yo, no como un islote, que es el Yo social de lo

107

�individual, sino como sumergido en una atmósfera, en una esencia de presencialidad en una co-presencia, dentro de la cual presencio y soy presenciado con actitud y poderes iguales a los míos. No es que sea Yo con otros
Yos a los que me llego desde fuera, sino que ellos y Yo nos presenciamos
mutuamente porque estamos sumergidos en una misma yoidad copresencial,
la cual no es un concepto abstracto como la equinidad del caballo o la felinidad del león, sino que es una realidad ultrafísica experimentada por
todo Yo.
Pero no se crea que esa yoidad copresencial universal de lo humano, es
. Dios, sino la virtud o ímpetu presencial que de Dios viene, pero Dios no es
ningún Yo aunque es la pre-esencia de toda persona. Esta yoidad es la copresencia humana porque desde ella, dentro de ella, todas las personas pueden presenciar y presencian. Y con una co-presencia que está más allá de
la realidad social e individual, más allá de cotaneidad y contemporaneidad,
pues nos presenciamos unos a otros, en el pasado, en el futuro, y más allá
del pasado y del futuro personal de cada uno. Por la copresencia el Yo experimenta más de sí, trascendiendo su propio Yo, como si mirara desde la
yoidad humana, desde más allá de lo temporal, desde lo eterno. Se hace así
inteligible que el Yo tenga más de una conciencia, y que persista el Yo más
allá de toda conciencia suya, y se haga conciencia de lo inconsciente de este
modo; lo que me es inconsciente sé que me es inconsciente, y tomo por tanto
conciencia de lo que me lo es. El mundo de mis sueños me es inconsciente,
pero tomo conciencia de que me lo es. También el poeta toma conciencia
de lo que no sabe, que sabe, y sin embargo dice y expresa. Se ve que para
llegar a ser quien soy, se abrieron rutas y posibilidades que me han constituido en conciencia de mí y de las cosas que conmigo se relacionan. Y así
ha brotado mi Yo. Y ese Yo ha brotado en la temporalidad, pues esas vías
o rutas se abrieron porque Alguien me sembró en eternidad y me abrí florealmente como conciencia y Yo presencial en el tiempo. Y a lo largo de la
temporalidad humana quedarán sembradas mis semillas y las rutas de mi
Yo en mis hijos o en los que hayan de recoger mi mensaje, que nunca se
perderá, pues los otros hombres recogen mi presencia en su Yo y la multiplican con su presencia y su propia semilla.

LA SIGNIFICACIÓN DEL FRAGMENTO
DE ARTE MEDICA * DE LOCKE
Dr. PATRICK RoMANELL
Universidad de Oklahoma
Norman, Oklahoma, E.U.A.

JOHN LOCKE (1632-1704) HA SIDO TRADICIONALMENTE llamado en filosofía
como "empirista", sin embargo, esta etiqueta no vale estrictamente en cuanto
al •'Padre del Empirismo Británico". Atendiendo a que si bien Locke es compl:tamente un empirista en lo que se refiere a las fuentes de todo conociIment~ humano, no es un empirista acabado en lo que toca a las pruebas de
su v~hdez: De ~echo, Locke es intuicionista en lo tocante a la prueba de su
pro~1a ex1st:nc1a y un racionalista en lo que concierne a probar la existencia d~ Dios, las ~e:d~des de las matemáticas y de la ética. En otras palabras, Y ciertamente iromco, Locke es un no-empirista en cuanto a la lógica
de aquellas cosas que más cuentan en la vida, a saber las no-físicas.
Desde luego, es cierto que él aplica la prueba empírica de la experiencia
Y de la observación a las cuestiones de hecho, pero si así lo verifica, es solamente porque cree que no tenemos nada mejor para orientamos cuando se
trata de establecer la verdad de tales cuestiones. Brevemente, es posible decir
q_ue ~l hecho de que Locke sea un empirista, de acuerdo con la lógica de la
c1enc1a natural, esto no lo hace automáticamente un empirista en la lógica
de cualquier otra cosa.
Desgraciadamente, no poca confusión ha habido en discusiones acerca de
la teoría del conocimiento de Locke, y con tristeza es necesario admitir que

El autor agradece el patrocinio de la American Philosophical Society, para realizar parte de las
investigaciones sobre el presente artículo.

108

* El1 fragmento del• manuscrito de LocKE' De Arte Medi'ca, 1669, está' conservado
ent; a documentación Shaftesbury en la Oficina del Archivo Público de Londres
(p. .O. 30!24(47/ No. 2, fols. 38-47). De las tres impresiones existentes del M.S.,
por
estamos usando la versión modernizada de H • R • Fox BOURNE, Th e
L'f converuenc1a
¡¡ h
1e o
o n Locke, vol. I (Londres, Henry S. King &amp; Co., 187_6), pp. 222-227. A
menos que se especifique, todas las citas están tomadas de esta edición.
109

�tal vez es el propio Locke el responsable de este estado de cosas, aunque
de Lo;ke sea sólo en parte la culpa, como nos apresuramos a agregar. Probablemente no pueda considerarse a Locke como el más claro pen~ador qu:
haya habido en el mundo, pero ciertamente que lo es m~cho ~as que 1
mayoría de sus seguidores y críticos que lo han llevado mas alla de lo que
es en realidad.
. .
Pero hay más aún. Nos referimos a otras notas en la teoría del conoc1m1en~o
de Locke que son más características de su maner~ de pensar, q~e su obvia
vena empírica : en forma particular, habremos de citar las agnost1ca~ Y _pragmáticas. De importancia suficiente, esas tres_ notas ~a~actcrísticas estan Junt:s
y así permanecen firmemente en su pensamiento medico, pero en forma Pª. ticular en el fragmento de uno de sus escritos iniciales, al cual el pr~p10
Locke habría de intitular De Arte Medica 1669. No obsta~te, como as1 lo
hiciera notar un prominente médico británico hace ya tres decada_s, este fragla atenmento d e Locke "On the Art of Medicine" parece no haber atra1do
.
•
1
ción que este trabajo merecía de parte de los pensadores y escntores, no sm
mencionar la atención que debió haber merecido en prime~, lugar d&lt;: pa~te
de los estudiosos de la filosofía. Seguramente que, tanto el b1ograf~ V1cton~3
no 2 de Locke, así como su redactor, también Vict~riano ( el primero mas
do) habrían de apreciar la importancia general del fragmento
que e1 segun
,
b dif' ·1
el
en sí mismo, pero no pudieron percibir -lo que resu1ta a
1c1 para aqu
entonces-- su verdadero alcance y significación.
Nuestro propósito en el presente trabajo, es por lo tanto, mostrar e~ forma sucinta a través de un examen del texto y de un breve comentario, la
· if.1cac1·o'n mc'di·co-fiºlosófica de la obra De Arte. Medica
s1gn
.
• ( 1669),d así como
la relación entre este frecuentemente citado -s1 bien mexplora o manus·t
y la formación del propio pensamiento de Locke.
en o--,
.
t
'l
El manuscrito De Arte Medica ( 1669) , de Locke, ~ue consiste an so o
de doce páginas escritas de su propio puño y letra,_ ~erm_~ando abruptamente
' ·to de establecer una cuádruple clas1f1cac1on de enfermedades,
con e1 propos1
.
.
d ·,
inicialmente se oriainó con el intento aparente de servir de mtro ucc1on para
una obra más gr~de, cuyo propósito sería "proponer algu~das c~~as"d para
·
· to de la profesión médica a través de la cons1 erac1on e sus
e1 meJoram1en
'
.,
"bT
éxitos y fracasos en el pasado, su estado actual y tamb1en el de sus p~s1 1 1dades futuras. Sin embargo, en realidad, la mayor parte del texto existente
está dedicado a las fallas de la medicina en el pasado, a l~s razo~es por las
que éstas se produjeron y a las mejoras que era necesano realizar en ese
, ALEXANDER

GEORGE

GrnsoN,

The Physician's Art (Oxford, Oxford University

Press, 1933 ), p. l.
2

ºf·

Fox BouRNE,
• A. C. FRASER,

110

cit., pp. 221-222.
Locke (Edimburgh, Blackwood, 1913 ), p. 36.

campo. Aunque es de sentirse el que Locke nunca haya podido dar término
a su obra, no obstante esto, en lo que hemos mencionado hay lo suficiente
como para garantizar mucha más atención de la que hasta ahora haya recibido de los estudiosos, especialmente en lo que toca a su filosofía.
Para principiar, Locke, en aquel remoto año de 1669, sostiene que la dificultad principal de la medicina en el pasado es el que sus "reglas de práctica", no habían sido "fundadas sobre la observación, ésta libre de perjuicios",
-sino sobre "fantasías", concebidas por la imaginación. Como resultado de
esto, la medicina de las primeras épocas estuvo llena de sistemas médicos de
un carácter puramente especulativo. El prevalecimiento de tales sistemas en
-el pasado -como así lo admite Locke, sin ambages-- es psicológica y sociológicamente comprensible. Psicológicamente, sus "letrados" autores, ansiosos
«en la búsqueda de las causas ocultas de las enfermedades" y "curiosos en
imaginar la obra secreta de la naturaleza", hicieron lo que es muy "agradable a la condición del entendimiento humano, el que, no satisfecho con-sigo mismo con observar la obra de la naturaleza y el verificarse de las cosas,
es muy inquisitivo en la búsqueda de sus causas y permanece muy inquieto
hasta que en aquellas cosas de las que se cree versado, llega a formarse al-guna hipótesis que pueda servir de base desde la cual establecer todos sus
razonamientos". Sociológicamente, "ellos mismos se acomodaron a la moda
de sus tiempos y países", los que les produjo la necesaria habilidad "disputando" lo suficiente como prerrequisito para llegar a la "fama y reputación".
Siendo así el caso -concluye Locke- no constituye una sorpresa el que "su
práctica no se extendía más allá de lo que sus sagrados principios les po-drían permitir, según su manera de pensar", con los desastrosos resultados,
que en un intento para explicar el fenómeno de la enfermedad en los términos de sus favoritas y preconcebidas hipótesis, así como sus "agudas, pero
inútiles especulaciones", no solamente "confinaron e hicieron más estrecho
-el pensamiento del hombre", sino que, lo que es peor, desviaron sus indagaciones del verdadero y ventajoso conocimiento de las cosas. Locke despliega
-su temperamento pragmático cuando declara que las nociones especulativas,
"aunque verdaderas", son, a pesar de todo, inútiles como una guía en la
práctica, "y que cualquiera que vaya con la mirada puesta en ésta, "apuesto
-diez a uno que se extraviará". En otras palabras, aquellos sistemas de la me&lt;licina que empiezan con principios puramente hipotéticos de la enfermedad
y que desde éstos establezcan los diagnósticos, así como las consecuencias terapéuticas, de aquí en adelante, "enriquecen el arte de hablar", pero no el de
curar. Ilustrando lo anterior con dos ejemplos claves tomados de la historia
&lt;le la medicina: uno antiguo (la doctrina de los cuatro humores) y el otro
moderno (las nociones de Paracelso) , Locke- enfatiza: "esos teoremas especulativos le proporcionaron tan poca ventaja a la medicina como el alimento

111

�al hombre, y quien cree haber llegado a ser un médico más acertado en las:
enfermedades debido al estudio de la doctrina de los humores, que las nociones de la 'obstrucción y putrefacción le hayan podido ayudar en la cura
de las fiebres, o bien, que por haberse familiarizado en el uso de sulfuro y
el mercurio, pudo llegar hasta el útil descubrimiento en el sentido de que las
medicinas y un régimen adecuado son tan certeras para matar el último período de algunas fiebres, como se curan en otras; como también racionalmente
pudo creer que su cocinera debía su habilidad en asar y hervir, a su estudio
de los elementos y que, finalmente, sus especulaciones acerca del fuego y el
agua, le enseñaron que la misma ebullición del líquido que endurece el huevo
también hace más blanda la gallina".
En oposición al método hipotético-deductivo de los escolásticos y de los
racionalistas a priori, Locke sostiene con Francisco Bacon y con los empiristas que "el verdadero conocimiento se originó primeramente en el mundo
por la experiencia y las operaciones racionales y que, de haberse continuado
este método si los pensamientos de todos los hombres hubiesen sido empleados.
para sumar sus propios juicios en la observación de los otros, no solamente
en los que se refiere a la cuestión médica, sino también a todas las demás.
artes, se hubiera obtenido una mejor condición de la que actualmente se
tiene". Pero -y aquí está la diferencia crucial entre Bacon, el profeta británico de la ciencia moderna y Locke el científico agnóstico- "hombre orgulloso, no contento con ese conocimiento del que fue capaz y que le fuera
útil, necesitaba penetrar en las causas escondidas de las cosas, echar abajo
los principios y establecer reglas para sí mismo acerca de las obras de la
naturaleza y entonces, vanamente, esperar que la naturaleza o, en verdad,
Dios mismo, procediesen de acuerdo a esas leyes que sus reglas le habían
prescrito, siendo así que sus estrechas y débiles facultades no podían ir más.
allá que la observación y recuerdo de solamente algunos efectos producidos
por causas externas y visibles permitían, pero en una forma completamente
fuera del alcance de su aprehensión".
Con objeto de comprender por qué la tradición ha ido por caminos errados al interpretar a Locke como empirista baconiano, permítasenos comparar
el pasaje acabado de citar, tomado del fragmento en cuestión, De Arte Medica ( 1669), con su contraparte en la obra de Bacon: Advancement of Learning ( 1605). Comentando acerca de la fuente esencial de las dificultades que
han plagado de errores a la profesión médica por siglos, Bacon afirma, con
su acostumbrado aire de confianza, "que no es la insuficiencia o incapacidad
de la mente humana, sino la alejada posición o colocación de ésta, lo que
produce estas confusiones e incomprensiones; porque así como la percepción
desde lejos está llena de errores, pero exacta desde cerca, así acontece en lo
tocante al entendimiento. El remedio, por lo tanto, no es el tratar de dar vida

o fortalecer al órgano, sino ir lo más cerca posible del objeto. De aquí en adelante no hay duda de si los médicos aprenderán y usarán los verdaderos accesos y avenidas de la naturaleza"/ síguese que para cada enfermedad deberá
haber la cura correspondiente. Sin embargo, ¡ tal milenio médico nunca hubo
de ser prometido por Locke !
Si se desea captar al mismo tiempo la diferencia básica en los puntos de
vista entre el pensamiento renacentista, como el de Bacon, y el pensamiento
de la restauración en el pensamiento de Locke, rn la Inglaterra del siglo XVII,
una comparación de sus evaluaciones acerca de las perspectivas de la medicina puede ser suficiente. Pero aun así la posición pesimista de Locke acerca
de las ciencias naturales en general, y de la medicina en particular, parece
extraña en cierta forma, ya que siendo él mismo miembro de la Real Sociedad de Inglaterra, hubo de moverse entre los Baconianos, algunos de entre
los cuales fueron sus personales amigos, tales como Boyle y Newton, para no
mencionar sino a los más famosos. Por otra parte, su énfasis de las limitaciones
del c-ntendimiento humano no es extraño por lo demás, si tenemos en mente
su formación médica, para no hablar de su crecimiento en un medio puritano.
Mientras que Bacon, con un cerebro de jurista, está siempre dispuesto para
curiosear las causas de las cosas, Locke, con mentalidad de médico, está siempre dudando acerca de la habilidad del hombre para descubrirlas. ¿ Puede,
por lo tanto, causar cierta sorpresa, el que Locke hace aproximadamente tres
siglos haya preguntado a aquellos que pretendían conocer las "causas ocultas"
de las enfermedades por mera especulación?
A pesar de todo nuestro considerable progreso médico obtenido desde entonces, la "desconocida etiolog-ía", permanece al presente como un fenómeno
no muy extraño, de acuerdo con lo que nos reporta lo clínico. Y si Locke,
el médico, es más que un Tomás dudoso de la ciencia, que Boyle, el químico,
y Newton, el físico, ¿ no es porque la medicina como tal, esté en nuestros días
confrontando cotidianamente con más incógnitas, por no decir incógnitas
irresolubles, que los químicos o los físicos?
Desde el punto de vista de lo histórico, el rasgo agnóstico de Locke nos
lleva a los tiempos de Sexto Empírico (Sextus Empiricus), el escéptico de los
médicos antiguos, anterior y predecesor de David Hume, el escéptico de los
filósofos modernos. Pero mientras que Ifome fue lo suficientemente brillante
para hacer el debido planteamiento de los problemas de la causalidad en cerebro propio, según parece, Locke tuvo que aprenderlo penosamente a través
de la experiencia de la práctica de la medicina. De cualquier manera, es su
rasgo agnóstico con fondo médico, característico de su obra De Arte Medica
de 1669, el que llega a ser la tónica constante en la obra maestra de Locke
• En Bacon Selections, Ed. M. T. Me Clure (New York, Scriber's, 1928) , pp. 157-58.

113

112

H8

�de 1690, Ensayo sobre el Entendimiento Humano, cuyo bosquejo inicial ~está fechado -lo que es muy importante hacer notar- solamente dos anos
después del manuscrito médico que venimos estudi~do, esto es, en 1671. El
que comparativamente el fragmento casi desconocido s~bre A_rte de la Jv!edicina y el famoso Ensayo, participen de un fondo co~un ,de ideas, no sconstituirá ningún problema para los estudiosos de la filosofia d~ Locke. .
Mientras que el rasgo agnóstico, representa el aspecto ne~attvo de la filosofía de la ciencia, de Locke ( "filosofía natural", co~o asi la llam~ en el
lenguaje de su tiempo), la nota pragmática puede decirse que const.Jtuy~ su
aspecto positivo. He aquí cómo de nuevo su preparación méd~ca le sirve
como factor de control y para así mostrarlo concretamente, permltasenos observar cómo su concepción utilitaria de todo el campo de la ciencia natural,
está coloreada por "ese brazo del cual concierne la salud del hombre": la
medicina.
. •
d 1
Hablando de De Arte Medica acerca de que "el conocnmento e a naturaleza de los cuerpos, cuyo fin y beneficio del cual, no puede ser otro que
obtener ventajas y conveniencia para la vida humana", Locke agrega en su
forma característica, que si "todas las especulaciones s~~re est~ tema, ya s~n
curiosas O refinadas O bien que parezcan profundas y solidas, si no _Ie_s ensenan
a hacer algo a sus seguidores O mejor, o en una más_ pronta y fac1l _manera
de lo que de otro modo pudiesen, 0 si no les conduJeren al_ d~scub,1,erto de
algo nuevo y de útil invención, no merece el nombre de conoc1rrnento . ,
Luego entonces, ¿por que, habla Locke de
. tal. manera, como aferrandose
en los lados tecnológicos O prácticos de la c1enc1a? Po~que, a pesar ,de_ todo,
es médico de corazón. Todos los médicos son pragmatistas en su practica de
la medicina, aun cuando no lo sean en las teorías de ésta, y Locke no constituye una excepción.
, .
.,
En realidad, lo que distingue a Locke como un medico filosofo, es ~ue ~s
un doble praomatista en medicina, en la medida en que se acerca .ª la c1enc1a
de la medici~a con el mismo espíritu utilitario con el que practica su arte.
• Un ejemplo de esto es un pasaje que resulta importante por una razón __muy
· 1
e tablece que el autor de De Arte Medica fue con toda probab1hdad,
especia, ya que s
.
, •
(V"d K
el mismo LocKE y no SYDENHAM, como así se ha pretendido ultunam~nte
I e
ENNETH DEWHURST, THoMAS SYDENHAM Medical History, vol. VI, abnl, ~962, p. l?B).
Es el asaje en De Arte Medica que dice que "el progrcs~ de las artes ut1lcs fue ~eJado
en m~nos de gente común que tenía más débiles aptitudes y menos oportumdades
de aquí que hubiesen sido apodados con el desafortunado nombre de
para h acerlo,
• d "D ft B" ( 16 71 )
, ·
El tema del pasaJ·e está repetido a lo más verbatim e
ra
mecamcos.
d"
d B
del Ensayo (JoHN LoCKE, An Essay Concerning Human Understan mg... , e.• •
Rand, Cambridge, Harvard University Press, 1931, p. 17_3) y en el Ensayo
JoHN LoCKE, An Essay Concerning Human Understandmg, ed. A. C. Fraser,
ford Clarendon Press, 1894, vol. II, p. 128.

IIllS~::

'

114

El rec1en desaparecido médico, el doctor Henry Sigerist, puso el dedo en la
doble naturaleza pragmática de la medicina, cuando sutilmente observó que
"lo que cuenta en medicina son los resultados, ¿fue un tratamiento eficaz
o no? ... El valor de la teoría médica está determinado por los resultados
prácticos que produce". 6 De seguro, esta es la razón por la que resulta más
exacto llamar a Locke un pragmatista en medicina, más que un simple empirista. Para ilustrar la diferencia, lo que el ruibarbo significa para un médico
práctico, no lo es así para un botánico como tal. Abreviando la interesante
cuestión acerca de De Arte Medica, es que en ésta, ya sea consciente o inconscientemente, Locke extiende la prueba pragmática adecuada a la medicina al área total de la ciencia natural. Si los conocimientos científicos, tal y
como se encuentran en la actualidad, apoyan esta extensión -habida cuenta
aparte de lo demás- a base de lo pragmático, el hecho es que los intereses
médicos de Locke hicieron tal impacto en su propio pensamiento, que no
podemos comprender su posición filosófica en el Ensayo de 1690, sin tomar
seriamente en cuenta su contexto médico original. Pues la mayor enseñanza
del Ensayo sobre el Entendimiento Humano apareció primeramente, in nuce,
en 1669, en De Arte Medica, del propio Locke.
Sucintamente establecida, la enseñanza es ésta. Desde que el intelecto humano no puede penetrar en los secretos de la naturaleza debido a sus "estrechas y débiles facultades", la única cosa sensible para nosotros por hacer,
bajo estas circunstancias, es lograr lo más posible de experiencia, como nuestra guía y concentrarla sobre "el aumento del conocimiento práctico". Así
es que el pragmatismo de Locke, el cual proviene en gran parte, aunque no
del todo, de su preparación y experiencia de médico, constituye su salida del
agnosticismo y lo salva de un completo escepticismo.
Como una razón de por qué Locke necesitaba ser un pragmatista médico,
esto deberá ser ya ahora perfectamente claro. Hume pudo, sin duda alguna,
llegar a ser un acabado escéptico en su estudio, ¿ pero cómo lo pudo ser
Locke al lado de la cama de un enfermo? Aparte del hecho de que el compromiso pragmático de Locke tiene los defectos de cualquier compromiso en
filosofía, por lo menos tiene el mérito de dejar abierto el camino para alcanzar la verdad, por virtud de sus punzantes ataques sobre las "vacías especulaciones".
En suma, para concluir, el conocimiento profundo de Locke acerca de
las limitaciones de la mente humana y su defensa de un conocimiento útil
• HENRY E. SICERIST, A History of M edecine, vol. 11 (New York O xford University
Press, 1961), p. 7. Digamos de paso que no es accidentalmente que el hombre que
formuló la filosofía conocida técnicamente como "pragmatista" fuese él un médico
también, Williams James, el Locke de América.

115

�que vaya con ésta, son esencialmente el producto de una mentalidad ,;édi;.
Consecuentemente hay una muy cercana relación entr~ L~~kc, el me _1co .e
, tºca y Locke el pragmático de mente filosof1ca. La evidencia
mente pragma 1 ,
.
•
d. ·
de que la filosofía general de Locke es en el fondo una philosoph_ia me ici, puede ser encontrada en varios manuscritos de él, tanto en los pubhcado_s _como en
los no publicados, pero tal vez ninguno de éstos sirva para tal proposito como
el fragmento de 1669, De Arte Medica.
Traducción del Lrc. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

INTRODUCCIÓN AL PENSAMIENTO DEL
HOMBRE POR EL MITO
IsMAEL Orneo PÉREZ

EL MrTO

Y

LA VERDAD

EL MITO Y LA VERDAD son las dos caras del conocimiento y el anverso y reverso
de la realidad humana. El mito es la desfiguración de la realidad, pero
para que se dé el mito se ha de dar la realidad. Aunque podemos imaginar
cosas irreales, son siempre en referencia con algo que es real. Don Quijote
no se ha dado nunca ni en la Mancha Castellana, ni en ningún lugar de la
tierra. Don Quijote es un mito, pero un mito encamado en la realidad del
hombre universal.
Los hombres vivimos de verdades intelectuales y de verdades existenciales,
pero también vivimos de los mitos. La fabulación es tan necesaria a nuestra
existencia como la busca y la definición de la verdad.
¿ Qué sería del hombre y de los pueblos si no encontraran junto a la verdad
histórica y científica, la verdad fabulada o mágica? Grecia fue grande por
Aristóteles, por Praxiteles o por Pericles, pero no fue menos grande por Homero, por Platón o por los viejos órficos: todavía los héroes y los mitos homéricos son tomados como paradigmas morales en la literatura de todos los
pueblos o en la acción ejemplar de los hombres. O los relatos platónicos, donde
se define la verdad con la parábola poética, siguen actuales en el sentimiento
de los filósofos.
La verdad en filosofía es la adecuación entre el pensamiento y la realidad;
en física es la adecuación entre la ley formulada por el hombre y el fenómeno
observado en la naturaleza. Y en matemáticas es la consecuencia correcta en
las conclusiones de los datos presupuestos.
Es verdadero todo lo que satisface a la mente de la generalidad de los hombres. Sin verdades positivas aceptadas, el hombre no podría vivir, aunque sean

117
116

�verdades provisionales, que en un futuro no determinable pueden ser revisadas
y mejoradas. En todo viaje hace falta un zurrón con la comida_ que podemos
conseguir y para que el viaje sea posible. Cristóbal Colón hubiera navegado
mejor en un submarino atómico o en un jet cometa, que en una carabela,
pero en su tiempo se vio obligado a valerse de lo que tenía a su alcance y no
esperar el progreso de la navegación para evitar los peligros. ~a carabela ~ra
la verdad de la navegación en un tiempo, como los cohetes interplanetarios
son la verdad de la navegación cósmica del nuestro.
Teóricamente el escepticismo es necesario para el progreso humano, pero a
la vida le hacen falta verdades con las que vivir, aunque estas verdades que
satisfacen a la vida no satisfagan a la mente.
La entidad y la cateaoría de la calidad se dan en filosofía: la cantidad Y el
número se dan en las ~atemáticas. Y el movimiento en la física. La química
es una descomposición en partes de la materia física. El químico Loustalot
aseguraba: no creeré en la química si no recompone lo que descompone.
La creación de materia viva en los laboratorios es la tarea actual de la
química.
Son los diversos caminos en la investigación del conocimiento y de la verdad,
lo que llamaban "aletheia" los filósofos griegos, o desvelar lo que estaba velado.
La verdad es siempre mito. El canto y el mito fueron antes que la gramática y la lógica. Antes de ser razón intelectual fue sinrazón del sentimiento,
antes de ser ciencia fue poesía y antes de ser abstracción filosófica y matemática fue realidad inmediata, objetiva y tangible, desfigurada con la luz
máaica del hombre primitivo. La realidad inmediata se fue haciendo mito
ant: lo desconocido; en paralelo con los sentidos, coexistiendo con la ~ateria
estaba la imaginacjón de lo lejano o inexplicable: así se gestaba el mito.
Mitificamos lo que no conocemos, aureolado por nuestro sentimiento mágico, de diferente naturaleza a nuestra razón lógica, pe:o el_ mito es tan
verdadero como la verdad científica, así somos capaces de imagmarlo, porque
en nuestra naturaleza existe la profunda necesidad de su realidad o de su
existencia y tiene el mismo valor para nosotros como el teorema de Pitágoras tiene valor objetivo para todos los hombres.
Los grandes hombres de la Historia, como Aníbal o Julio qésar, tienen
una doble personalidad, la que les confiere la Historia y la que imagina el
arte de la ficción literaria o artística; es el mito que enriquece su personalidad haciéndoles ser desde el lado de la leyenda, mucho más de lo que fueron
en realidad. Alguien dijo que no hay ningún hombre grande para su ayuda

1:

de cámara.
O la madre o la mujer que hemos amado, al perderlas las agigantamos en
virtudes y las mitificamos. Asegura Gustavo Le Bon que el triunfo del imperio
romano y su continuidad de seis siglos, se debió a que las más remotas aldeas

118

de Hispania, de Galias, o de Egipto, tenían una estatua del Emperador en
hornacinas que los pueblos sometidos veneraban como dioses.
La ciencia fue antes hipótesis. Las leyes de la naturaleza fueron antes intuiciones, convirtiéndose después en normas científicas. La caída de las manzanas en el huerto familiar de Isaac Newton permitieron el descubrimiento
de la ley de la gravitación universal.
La coexistencia del mito y de la razón son inseparables de la naturaleza
espiritual del hombre.
Mito es el infierno o el demonio del que todos los hombres han hablado
y que Sócrates llamó "daimón" o el inspirador de sus mejores ideas: el mito
actúa en el sentimiento del hombre como si fuera real; hay en el mito, en
efecto, una verdad actuante, que revela una naturaleza oculta de las cosas.
¿ Cuál es esa naturaleza oculta?
Es lo que pretendemos saber, con ánimo esforzado, hasta lograr fijarlo en
la realidad con la razón científica.
Formas del mito son el amor o la amistad, la creencia política o religiosa.
Si decimos a una mujer te amo con todo mi corazón, podríamos preguntar
con la razón lógica: ¿Por qué no con todo mi hígado o todos mis pulmones?
Existe sin duda una razón oculta, que justifique la colocación del órgano
cordial. Algún_,,día lo sabremos o tal vez no lo sepamos nunca.
Esta actitud de renuncia al saber verdadero por el mito, forma parte de
nuestra naturaleza poética.
Cuando a un niño le dicen que no son verdaderos los Reyes Magos de
Oriente de su imaginación infantil, le producen un gran desconsuelo; hubiera
preferido creer siempre en el mito e ignorar la verdad. El origen de estos
reyes no está claramente establecido, por el solo relato del Evangelio de San
Marcos. Y sin embargo, su presencia mágica en las imaginaciones infantiles
ha seguido durante dos mil años de cristianismo.
Hasta el comunismo que ha combatido las formas mágicas del sentimiento
poético, exaltando la razón y la verdad científica, ha creado mitos como el
de Lenin, porque saben que el mito es actuante y creador sobre la conciencia
de las multitudes. Igual se hace con los dirigentes políticos nacionales en
países comunistas, donde se aconseja exaltarlos y mitificarlos. Y sobre los héroes caídos, cuya ausencia no constituye un peligro de exaltación de la personalidad, en oposición a los caudillos que gobiernan.
Existe más el sentido de la razón en los países democráticos, donde los
caudillos son elegidos en elecciones populares y el término de su gobierno es
un período fijado por las constituciones. Y sin embargo, en su tiempo procuran exaltar sus obras de gobierno y su talento ante sus electores para mantener su carrera política con otros gobernantes que le suceden.
Mito existe cuando queremos conocer una ciudad o una nación por los

119

�relatos de un viajero o de un libro. La distancia nos lo hace mitificar Y probablemente cuando conocemos lo que tanto deseamos por lo que sabíamos,
nos desilusionamos: es entonces cuando hemos dado entrada a la razón Y
hemos desvanecido el mito. La realidad directa ha producido este cambio.
Junto a la belleza ideal, se da en la naturaleza la escoria materia: del mundo.
Por eso el arte tiene la virtud de transfigurar la naturaleza, dandole valor
permanente con el recurso de la técnica y de la fantasía del. artista. La n~turaleza de "La Primavera" de Boticcelli, no era como el pintor la recreo,
pero su naturaleza artística se inmortalizó con las luces_ del mito estético y se
ofrece a la contemplación eterna de todas las generaciones.
La naturaleza es cambiante y la naturaleza artística del genio es eterna,
porque ha logrado una "imagen estática", o una unidad dinámica perdurable
de realidades mudables.

EXÉGESIS DEL MITO

El m'to
nace de una idealización de la realidad y las criaturas
mitificadas
i
h
.
.
son arquetipos de la naturaleza. La imperfección natu:al nos las ace 1magmar
con virtudes O resplandores ideales, que nunca se dieron realrr_iente.'
Así el heroísmo idealizado, el amor idealizado o la verdad 1deahzada. El
héroe tiene miedo por su humana naturaleza y si llega al sacrificio es porque
su gesto está idealizado por un elevado sentimiento. El caso de Sócrates tomando la cicuta, es porque su naturaleza se superaba por el sentimiento del
ejemplo ante los discípulos que le seguían.
.
El enamorado vé en la mujer amante virtudes y bellezas ideales, como es
el amor platónico, que nace del deseo y se llega a la idea univers~l del amor,
donde las imperfecciones morales o la debilidad física no_ son _posibles.
,
Como Ja verdad filosófica no es posible con todas las ex1genc1as de la razon,
la definimos por metáforas literarias y decimos "es aquello que puede ser
concebido como universal".
La existencia del mito se prueba con innumerables ejemplos. ¿ E~istió alguna
vez Penélope, 0 una mujer que tejía y destejía la tela, a la espera sm esperanza,
después de largos años de esperar a Ulises?
¿ Existió Ulises, el navegante, como arquetipo de! héroe esforzado, ~apaz
de sortear los peligros marítimos, las asechanzas de Circe o los encantamientos
de las sirenas?
¿ Pudo existir Aquiles, el héroe de Troya, cuya debilidad consistía en un
talón?
Aunque nunca hayan existido, la capacidad de inventiva en el hombre lo

hace imaginar así, como una forma profunda de escapar a la realidad material del mundo, en que el hombre busca la tranquilidad, alejado de los peligros, como la cobardía del poeta Horacio, y en que el instinto de conservación hace al hombre cobarde, mendaz y traidor.
Mitos admirables son los de Platón para explicar el reino de las ideas. Son
reinos en relación con los reinos de la tierra para mejor comprender, por las
metáforas, esos mundos del "topos uranos" que de otra manera no serían
imaginables, si nunca los hemos visto con los ojos de la cara, ni conocido
como conocemos los reinos que han existido y aún existen de los hombres.
¿ Existió Sigfrido, el héroe invencible, cuyo lado vulnerable lo tenía en la
espalda, lo mismo que los atlantes legendarios lo tenían en los talones? ¿ O el
tesoro de los Nibelungos en las interioridades de la tierra?
Coexistiendo con Sigfrido, la presencia de Grimilda y de su venganza, o
de Brunilda, la mujer fuerte de Escandinavia: y la presencia de Gunther, el
rey que la enamoró con engaños, con ayuda de Sigfrido.
Los mitos nos presentan a los hombres con una perfección poética, o una
compensación ideal de los hombres que existen 'en la realidad. El mito es creador y fabuloso a las luces de la fantasía y del arte.
La muerte de !solda, de Wagner o la Quinta Sinfonía de Beethoven, nos
recrean idealizando en el pentagrama por medio de los sonidos y de la armonía, lo que pudo ser en la realidad natural, pero que no fue tan bello y armonioso como lo fue en la obra del genio creador en esos dos grandes músicos,
o nos presentaron secretos de armonía natural, que fueron diferentes, aunque
en ambos casos fueran de belleza armónicas.
¿ Existió alguna vez don Juan? Probablemente nunca ha existido y si ha
tenido existencia un hombre así, nunca fue como en la creación artística de
Tirso de Molina o de Mozart, uno en los versos y otro en la música. O las
creaciones del mismo mito en Lord Byron, en Moliere o en Zorrilla. En cada
creador se diferencia, aunque el mito sea el mismo, lo que muestra cómo la
realidad, si fue posible, admitía recreaciones distintas, que ese es el poder
del mito y de la invención humanas.
Por eso es innecesario estudiar a Don Juan a la luz de la psicología, de
la medicina o de la historia. Don Juan es eterno, porque se halla concebido
por el mito y el arte.
O la maravillosa constelación de los libros de caballerías que inspiraron
a Cervantes, donde se da el ejemplo más extremo de creación mítica. Nunca
se dieron esos caballeros andantes y nunca hubo hombres tan valientes, perfectos o puros. En la realidad puede darse el héroe o todos los arquetipos,
pero al lado del héroe existen gravísimas faltas humanas y que en el personaje
idealizado no se conciben. Ni Amac.lís de Gaula, ni las grandes creaciones

121
120

�míticas de este tipo de novelas, han presentado a los héroes con sus defectos;
es la virtud excelente del mito.
.
Por eso la novela mítica o fantástica tiene su reverso en l_a no':ela p1c;resca
li t donde los ideales quedan subordinados a las ex1genc1as de a na;u;:~ez:~•donde el hombre, el miedo, la picardía, el _sexo o los anhelos mez.
son las normas de las acciones en los pcrsona1es.
quinos
.
1 1
d "El
Pre:entamos otro ejemplo original de estética del mito en ~ _eyende~ In
", inspirado en el "Bhagavad Ghita" poema ep1co
príncipe Indra
dostán.
BmLIOGRAFÍA: Bhagavad Ghita.-Editorial M. Aguilar.-Madrid.

EL

PRÍNCIPE INDRA

(Fondo moral de India)

..,

h
~ s No sabemos si fue mito
Lo que vamos a contar ocurno hace mue os ano. d
h
d'do en la
o verdad, pues tan lejano es el tiempo, que su recuer o se a per i
memoria de los hombres.
.
. n de los
Allá en la India, tierra siempre desconocida .y marav1ll~sa, ~r~g\ntre los
.
1
d los misterios, silbaba el viento una eyen '
.
lengu~Jes y e ave e
de los á'aros multicolores, no comprendida
rama1es de los bosques o el canto d d pl Jb'o a oído en el corazón de los
por el común conocer y conserva a e a i
'
1
t
Pocos sabios.
.
se dice en el comienzo de todos os cuen os
Erase una vez un :emo,_ tco::: en la O'ran península indostánica, regía sus
o fábulas. En ese remo, s1 u
."' 1 llamada dinastía de los kuravas.
destinos desde los albores de la raza ana, a
, .
~
. an estos hechos había sido consagrado rey, el pnnc1pe
Cuan o c?m1enz
.
' ila ro de los cielos, la familia de los kuIndra, todav1a at_dol:ds:;:: ~::e u:á:O'O: único, después de largo tiempo esravas tuvo con mm
"
perando descendencia.
, .
d Indra tuvo una muerte violenta y dramatica; en
El rey Nakula, padr~ eta pa'v1'das las almas acuchilladas de dolor, vieron
, fraO'osa y sangnen ,
'
d
:~:::s súbditos del cortejo, sin poderlo evitar, cómo el soberano era destroza o
t&gt;

•

a dentelladas por un tigre.
· t'eron
·
1 corazones se vis 1
Con este trágico motivo y durante mueh o tiempo os
de silencio y pesadumbre.
.
.
.
celebraron con impresionante suntuosidad. Los despoJOS
Las exequias se
~
por el cuerpo muerto de la reina,
sangrientos del rey, fueron acompanados

tomado el veneno ritual, productor de la muerte, incinerados los dos reyes
y conservadas las cenizas en un cofre de oro guarnecido de pedrerías.
Las ceremonias para la coronación de Indra, transcurrido cierto período
de dolor oficial, sucedieron al hieratismo severo y doloroso del sepelio.
Keshava, la bella y fastuosa capital, se vio engalanada durante el cambio
de cuatro lunas. El boato, la riqueza, la gozosa inquietud de la ciudad y cortesanos, que no excluía la austeridad del recuerdo trágico.
El brillo de las armas y armaduras de los caudillos y soldados del rey: las
tiendas de lino y oro, en cantidad innumerable, donde acampaban los guerreros de reyes invitados. Los cortejos y desfiles marciales, las músicas y cantos
de los juglares de diversas razas y lenguas, venidos en exóticas comitivas
reales; las competiciones de los adalides, la profusión de festines, de esencias
y de flores; un mundo de goces y sueños, sólo imaginables en la ficción de
las fábulas, quedó en el recuerdo maravillado de los que lo vivieron.
A partir de entonces, fue famoso el reino de los Kuravas, por la magnificencia de la corte, los incontables temores acumulados, el heroísmo de los
guerreros, puestos a prueba en millares de combates.
La educación del príncipe había sido atendida desde niño con el mayor
esmero; rodeado de atenciones y cuidados, nunca conoció los efectos del frío,
del calor, del polvo o del rocío; procuróse evitarle todo posible conocimiento
del mundo exterior, del dolor, la enfermedad o la pobreza, que aqueja a los
hombres.
Sonrientes y jóvenes servidores, le daban la visión exclusiva de la felicidad.
El príncipe lndra había heredado de su padre una insólita riqueza y poderío.
Pero el rey Nakula, por acciones que parecían olvidadas, había adquirido
tan elevado poder.
Cuatro eran los palacios de los Kuravas, edificados adrede para las cuatro
estaciones del año, en bellas y distintas regiones.
En las construcciones, monumentos ciclópeos, se habían invertido enormes
cantidades de oro macizo, marfil, maderas preciosas, diamantes, plata y cristal; águilas y cóndores, esculturados en oro, en los grandes frontispicios, daban
entrada a las mansiones del rey; los altos fustes, llenos de inscripciones, en
lenguas misteriosas, remataban con figuras de leones y elefantes.
En los pórticos, de centenares de columnas, se guardaban las hornacinas de
los dioses y los héroes venerados.
La decoración de los interiores, brillaba por el reflejo de los cristales y las
piedras preciosas: la porcelana, el nácar, las sedas valiosas de Cachemira,
amueblaban los salones: pieles de tigre y leopardo hacían imperceptibles las
pisadas.
El humo de los pebeteros exhalaba esencias de mirra y áloe, y en las lám-

123
122

�paras, de bronce y oro, ardían llamas de aceite fragante, iluminando las estancias.
Bosques de canelas y sicomoros, cedros y bambúes, boa-bads Y palmera~,
circundaban de espesuras los contornos: había arroyuelos que reptaban sinuosos, entre el verdegay de los hierbazales, floreciendo, . en los bordes de su
curso, las juncias, las adelfas y los juncos; y daban colo:1do y exhalaban fragancias, los laureles rosa, las ccledonias azules o las ane~onas moradas._ .
Magnolias, tulipanes, flores variadas, impregnaban el aire de perfumes, miles de pájaros y de insectos multicolores animaban las fronaa~.
Las superficies de las aguas, en los estanques, de fondos limosos Y p_eces
dorados, asomaban las flores desmayadas de los lotos o la verdura refleJada
1

de las lianas.
Nalguisacados flamencos, cisnes tetierg:üdos y orgullosos pavos reales, llenaban de voces ecoicas las florestas y nncones del bosque.
.
Para distraer sus ocios el príncipe Indra, escuchaba a. menudo, co~o n tualcs de guerra, los himnos épicos de sus guerreros al ntmo enardecido de
los címbalos con las estridencias de las bocinas de plata o las llamadas de los
caracoles sa~rados, convocando a los desfiles para la guerra, montados los
jinetes en rebaños clamorosos de elefantes. .
.
_
Así se renovaba el homenaje de los caudillos a su rey, postrados con de
voción y humildad, inclinando las frentes y rindiendo _las espadas.
Bellas mujeres, alternando con este bélico trajín, bailaban ante el rey, tratando también de llenar sus ocios con ilusión y alegría.
.
Danzas rítmicas de bayaderas, en contorsiones ondulantes d_e r~~o, al son
de músicas invisibles; los músculos tensos y contráctiles, con ag1tac1on de se~pientes descorriendo velos de misterios; los ojos brillantes y en llamas las hcruras {icriles y evanescentes, como el soplo de la brisa.
b Ví~e~es de Cachemira O de Grecia, doncellas morenas de Si~ o de ~ersia, blancas danzarinas del Cáucaso o de Palestina, bellas hetairas, ele,g'.das
cuidadosamente en todos los lugares, que las selvas aroman ~on sus pahdos
alientos O vivifican con su frescura los ríos sagrados d~ ~a In~1a.
.
Así el reino de los Kuravas y así su vida y magnif1cenc1a. Pudo decirse,
repitiendo el poético lenguaje de los V~das, que e~_nombre de Indra fue
·¿
todo el mundo como si los mmensos tamdos de una gran camconoc1 o en
,
.
·da del pabellón de los cielos hubiese llevado sus resonancias
pana, suspend 1
.
'
a los más escondidos rincones del Umverso.
Pero el príncipe Indra, tan poderoso, rodeado de la fama, ~e las riquezas
de los placeres, que la imaginación más exigente pu:da sonar, y t~l vez
0
por un extraño designio de los dioses, era ~~y de~gr~c1ad~. . . . . ,
, s el sabio lenuuaJ· e de la mistica hmdu terua s1gmficac1on Y
o
.
,
U na vez m a ,
cumplimiento; nunca espera el hombre la felicidad completa, s1 su corazon

no conoce la verdad, junto al perfume y belleza de las rosas se ocultan muchas
veces las espinas del rosal.
En la vida del joven rey, lo mismo que en la leyenda de Siddartha, el
iluminado, había un misterioso presentimiento, una nostalgia de mundos
perdidos, una tristeza de algo profundo e inexplicable, como si una segunda
persona, coexistiendo con la habitual, descontenta de sí, le hablase de un
pasado obscuro y le mostrase otro camino de luz y de esperanza.
Hizo largos viajes por indicación de sus ministros y consejeros, visitando
reinos lejanos, huyendo de su dolor y buscando una felicidad al parecer imposible. Tal vez el hallazgo de una princesa, pensaban en la corte, podría traer
el amor y la paz que el príncipe necesitaba.
Los diferentes reinos visitados tuvieron el orgullo de tenerlo como huésped,
y grandes fiestas celebraban en su honor.
El alma de Indra se hallaba siempre ausente, triste y vacío el corazón, con
ansias escondidas en lo profundo del ser, tan distinto de lo que veía pasar
ante sus ojos, como procesión de figuras o de cosas sin sentido.
Vana y engañosa era la acción. Ilusorio anhelo de buscar fuera de sí lo que
únicamente tenía solución en las delicadas regiones del espíritu, en la difícil
intimidad del alma.
Cansado de tantos ajetreos, de las fiestas, de los viajes, regresó por fin a
su reino.
Allí vivió varios años, sin contacto con el exterior, entregado a la meditación y al estudio. Una gran sed de conocimientos quemaba su inteligencia
tratando de explicarse el por qué, la razón de su descontento y desgracia.
Se ocupaba especialmente del estudio de la ciencia teológica, enseñada por
los sabios brahamanes, buscando la pureza interna y el recto conocimiento;
quería conocer el destino del hombre y hallar la comprensión de cómo sería
Brahama.
El poeta Kanada decía que había muchos modos de imaginárselo. A veces,
como un ánade inmenso. Cuando llovía es porque agitaba las alas desprendiendo el rocío de las plumas y trayendo la fecundidad a la tierra. Otras,
como un gigantesco corzo, concibiendo así la velocidad del viento, del pensamiento o de la luz. Y otras veces, imaginaba que sería un pavo real, cuando
el día sale, con su gama de luces y colores, en que desplegaba la cola.
Escuchaba todas las voces, conoció todas las enseñanzas, alegró su alma
con la belleza de imágenes y parábolas, en la interpretación teúrgica de los
brahamanes, o en los cantos intuitivos de los poetas.
En el fondo del alma sentía cansancio y desaliento; las definiciones no
saciaban su anhelo.
Algunas veces, y para descanso de su espíritu, agobiado del esfuerzo intelectivo, recibía gustoso el aliento del mundo; ingeniosos rápsodas, venidos

125
124

�de diversos lugares, le recitaban consejas y leyendas, evocaciones epicas de
caudillos, acciones de guerra y amor, con inquietantes aromas de sangre y admiración increíble de heroísmo.
Brahama quiso llevar la luz a su corazón. Cual mensaje que lleva el viento
o verdad que esconde la nube, llegaron noticias a su oído de un sabio sanyasy,
a quien todas las gentes, después de conocido, veneraban.
Especiales emisarios, cabalgando elefantes, llevaron la orden de conducirlo
a palacio. Mientras estaban ausentes los enviados, el príncipe Indra se consumía en la impaciencia. .
La comitiva real, tras agobiadoras jornadas, que traía el jadear de los
jinetes y el sudor fatigoso de los elefantes, encontró junto a la sombra que
proyectaban unas palmeras, al borde de un riachuelo, de aguas ondulantes
entre guijarros y piedras, al anciano sanyasy, sentado y pensativo, en actitud
serena de santidad.
El sanyasy contestó a las palabras de los emisarios: Sabía que vendríais...
Y después, pausado y silencioso, levantóse del sucio, cabalgando sobre el
elefante que le fue ofrecido.
Emprendida la marcha siguió pensativo y callado ante la reverente mirada
de sus conductores.
Contagiados todos de este respetuoso silencio, sólo le perturbaban las voces de los que animaban a los elefantes en la carrera.
Caminaban sin cesar a través de las selvas, entre espesa vegetación de árboles y malezas, donde se deslizaban las serpientes y agazapaban los leopardos.
Llegaron por fin al camino que conducía a Keshava, y después, entraron en la
ciudad y en el palacio de los Kuravas.
El rey los esperaba con invencible ansiedad. El viejo asceta llevaba los pies
desnudos y el cuerpo escasamente cubierto con un lienzo pardo: en la cabeza,
un turbante jalde, de lino, le protegía contra el polvo y el sol; la mirada, con
profundidad de infinito y claridad de aurora, elevaba y distinguía la figura,
trayendo a su alrededor un bienestar inefable.
Ya en las estancias reales, sentóle el rey junto a sí. Y le dijo en un tono
acongojado: -Soy desgraciado, noble sanyasy. He ordenado que vinieses
aquí, pues sé que conoces la razón de mi desgracia. A cambio de tus nobles
palabras, te daré el dinero que me pidas.
Vivirás en mi palacio, dormirás en muelles lechos de plumas, perfumados
los dormitorios con esencias de sándalo; te vestirán con lujosos trajes: tendrás
criados y doncellas a tu servicio, bañarás tu cuerpo en aguas claras y transparentes, esenciadas de mirra.
El sanyasy escuchó atentamente, sin demudarse, mirándolo con piedad y
simpatía. Tras una larga pausa, contestó: -Nada de cuanto me ofreces
vale para mí. Brahama es el único tesoro indestructible. La verdad eterna

de Brahama, nos dice: toda acción tiene una reacción: el bien y el mal obedecen en el hombre a una imprescriptible ley.
El recobro de la felicidad es para ti la renunciación y la desdicha. Necesitas
~espos;erte ~e la gloria y de las riquezas, convertirte en un hombre pobre,
sm mas patnmonio. que tu espíritu; debes salir de tu palacio, del encanto
de tu torre de marfil y conocer, por ti mismo, la existencia del dolor.
~o hay otra salvación posible. Habrás de cruzar las selvas, escuchando el
gnto. de los ch~cales, el silbido de las aves de presa y arrostrar los peligros
del tigre, padeciendo pobreza y desamparo.
Así podrás expiar las culpas anteriores. Escucha la voz pura del espíritu y disP?nte para la gran acción. Vyasa, intérprete de Brahama, comunicará a tus
01dos la le~enda de las dos dinastías de la India, causantes de tu dolor.
Y al decir estas palabras, levantóse el sanyasy, saliendo de la cámara real
Y desapareciendo en las vagas neblinas de la distancia ante el asombro del re
I n d.ra vivi~
.. ' dos noches absorto en amarga reflexión.
' Transcurrieron largos
y.
espac10s de tiempo con los más crueles insomnios.
Salió un día al jardín cuando amanecía. El bulbul entonaba un canto
dulce, y melancólico, alternando con los bravos gritos del bengalí.
Oyo la voz de Vyasa: -Dos dinastías reinaban en la India: Los Kuravas
Y los Pandav,as. Nakula tu padre, regía los destinos de los Kuravas. Los
Pandavas teman por rey a Sahadeva, con una hija: Ambalika.
La dinastía de los Kuravas simbolizaba las ambiciones, los deseos y la codicia.
Los Pandavas representaban el reino del espíritu, la virtud y la dicha perfectas.
Vivían los Pandavas en comarcas muy lejanas, más allá de las nieblas,
de las montañas, de las nubes azules, y se albergaban en suntuosos palacios
tejidos de sueños.
'
Todo era blanco, transparente y luminoso, sin ninguna posibilidad de
sombra. Hermosas doncellas se diluían en el nácar de luz con grados cada
vez más tenues e invisibles de blancura.
Gu;rre_ros con alas empuñaban las espadas flamcantes del espíritu.
~lh. r~mab~ la paz, pues se habían trascendido los deseos y las pasiones, y
la Just1c1a, mas alla de toda determinación, tenía un valor imponderable.
En cierta ocasión, los ejércitos dr Nakula llegaron a las fronteras de los
Panda;~s. El rey _Nakula ambicionaba la gloria de Sahadcva y tentole para
que viniese al remo de su ambición. Tras reiteradas tentaciones Sahadeva
fue vencido por Nakula.
'
. Fueron entonces derrotados los Pandavas y malditos los Kuravas. Los ejércitos de Nakula entraron victoriosos en Atma, la hermosa capital de los
Pandavas.
Sugestionado Nakula con el poder de su triunfo y cegado por la codicia,

127
126

�asesinó a la mayor parte de las huestes aladas y robó los tesoros de los Pandavas.
Las bellas doncellas de la luz se transformaron en espíritus errantes de los
bosques. Los habitantes del reino de Sahadeva fueron parias en adelante.
La princesa Ambalika perdió la luz de su realeza y vivió pobre en un ignorado rincón de la India.
Los Kuravas fueron muy poderosos con su victoria. Pero los ciclos trajeron
el castigo de su acción, con dolor invencible de nostalgia, por el reino perdido
de Brahama. El áspid del pasado ensombrecía la gloria del poder.
Keshava, capital de los Kuravas, fue a partir de entonces, el centro universal de la riqueza y el poderío.
Nakula vivió atormentado por su acción. Dedicábase a la caza, para abstraerse del recuerdo, serenar su espíritu y apaciguar la tormenta de su vida.
Al atravesar un bosque, siguiendo una presa, fue arrebatado del elefante que
montaba y destrozado a zarpazos y mordiscos por un tigre.
El príncipe Indra hubo de sustituir a Nakula. Y con la herencia del poder
y riquezas arrastraba el pecado.

Para hacer desaparecer este descontento, conciliar a los Kuravas y a los Panclavas y volver al espíritu, el príncipe había de despreciar la vi&lt;la si quería
vivir con alegría: la riqueza, si quería felicidad; la molicie, si amaba el
heroísmo.
Aquello que poseemos o aparentamos, decía Vyasa, nada vale y está sujeto
a cambio, como el viento escinde las montañas de arena o el terremoto derrumba los palacios.
Hay que matar la ambición. Y por el conocer de sí mismo, ser más ambicioso, conquistando una riqueza más yaliosa que los tesoros de los Pandavas
en manos de los Kuravas, el reino de la verdad y del espíritu.
Has de buscar, príncipe Indra, a la princesa Ambalika y libertarla de su
pobreza y abandono: ensilvecerte como los hombres que laboran los campos
o los pájaros libres que cruzan el aire, y marchar pobre, sin honores, con la
sola riqueza de tu fe y la voluntad de alcanzar un mundo más allá del deseo
del logro.
Y así fue: vestido Indra con pobres vestiduras, ceñidas con el cíngulo de
una soga, calzado con albarcas de palma, salió de su palacio.
Nadie enteróse de la huída, ni del éxodo, hasta después de ocurrido.
Aquella noche brillaba la luna, proyectando rayos de blancura sobre la
encantada fronda del palacio; un viento suave movía las ramas de los ár-

y

boles.
Mucho anduvo Indra, cruzando una naturaleza a menudo inclemente ...
Durmió a la sombra de los ramajes, sobre la verdura de los prados en primavera y sobre las secas hojarascas del otoño.

128

Cansado, extenuado por los caminos interminables, encontraba alivio, cual
rocío de amanecer de los aromas del henneh, del mango o del jazmín, descansando a la sombra de las báculas, los cadabos o los mangles.
Encontró un día una aldea de alfareros, de afanosos parias, que tejían
palmas y mimbres, sentados en el suelo o en escabeles pintados de azafrán.
Aledaño al caserío, construído, con maderas y palmas; se veían campos
cultivados de maíz y cebada; crecían los cocoteros, los lirios y las ashocas.
Unos niños desnudos daban gritos de alborozo, bañándose en las aguas tibias
de un lago, calentado por la brisa soleada.
Los aldeanos le miraron, al advertir su presencia, como si fuese un yegui
o sanyasi, por la pobreza de sus vestidos, la largueza de las barbas o el triste
signo del peregrino. Diéronse cuenta, por un misterioso saber, que se trataba
del príncipe Indra. Hablaron entre sí, mirándose con un mutuo consenso.
Le volvieron la espalda y diéronle voces para que se alejase, lanzando piedras
y azuzando a los canes. El príncipe Indra -dijeron las voces-- el destructor
el ladrón de los Pandavas.
'
Alejóse con tristeza de aquellas gentes, sin oír ya los ladridos de los perros
ni el mortificante griterío, deteniéndose a descansar a la dulce sombra de
unos saptapamas y madares.
Estaba sediento y tenía hambre. Aparecían en su imaginación ricos manjares, servidos con la vajilla de oro y plata, de sus palacios; las frutas más
sabrosas y que más gustaban a su paladar la ambrosía de excelentes vinos
y licores.
En su espejismo del agua creía ver cercanos los manantiales y cataratas
saltando entre piedras y verdines. Escuchaba, aguijoneado de pesadillas, eÍ
salvaje griterío de los cóndores; sentía las pupilas vidriosas de los tigres en
amenaza, o el pesado vuelo y olfateo de los buitres, en los cielos llenos de
nubarrones.
Como si el ala suave de la brisa le pespertase de las pesadillas, vio un
arroyuelo, deslizado entre la maleza, que descendía de un montecillo.
Sació su sed y siguió el curso del agua que corría por estrechos cauces, entre
pedregales, hasta encontrar una gruta, origen del nacimiento.
Multitud de gotas caían en los remansos, desprendidas de las techumbres
humosas.
Avanzó en el interior de la gruta, movido por invisible fuerza protectora,
rozando y separando las ramas de tupidas plantas que se oponían a su paso.
Entre enlazados tallos vegetales se adivinaba una puerta pequeña, como
madriguera de raposas. Al empujar esta entrada, abrióse lentamente, y por
el estrecho abertal formado, introdujo Indra su cuerpo.
Avanzó por un largo y obscuro corredor, al parecer de techos muy altos,
y de anchas distancias laterales, pues resonaban los pasos como en la oquedad

129

�de un extenso espacio vacío, notándose con inverosímil extrañeza grandes
corrientes de aire, en algunos de los largos trechos cruzados.
Después de una lejana marcha, pudo notar los vagos y pálidos r:splandores de la luz cada vez más intensos, a medida que avanzaba, y al fmal, una
gran salida, ~orno la cuenca vacía de un ojo irregular, abierto al infinito.
Gio-antescas cadenas de montañas y bosques de árboles corpulentos, entre
somb:as azules e imponentes roquedales, se distinguían desde los bordes de
esta gran abertura.
Un valle extenso se formaba en las faldas de los montes. Corrían las aguas
de un río rodeado de prados, de arbustos espinosos y de rosales silvestres;
correteaban los alzacolas, los pájaros de aguas y las golondrinas, cerca de los
márgenes húmedos; ondulantes palmeras y verdes frondas formaban los alrededores de un poblado, edificado en la planicie de una colina.
Indra atravesó el valle, lleno de luminosa esperanza, y ascendió hasta el
caserío. Los habitantes vivían en gran pobreza, aunque su aspecto era noble
y espiritual su continente. Todos vestían de blanco con el más fino lienzo,
como siempre es fama tejióse en Benares.
Allí estaba la princesa Ambalika, y los escasos supervivientes de los Pandavas.
Debían trabajar y sufrir los dolores de la humana naturaleza.
No tenía Ambalika a su alcance, como en otro tiempo, las sombrillas de
seda que le evitaban las molestias del sol o del polvo, ni los vigorosos elefantes para conducirla sin pisar las piedras o la dureza del suelo, con los
roces posibles de los cardos y las ortigas en desplazamientos por agrestes caminos.
Se ocupaba ahora con sus mujeres y antiguos servidores,. ;n el culti;~ Y
~osecha de los campos, la higiene de los hogares y la educac1on de los runos.
Pero su belleza se mantenía inmarcesible, en eterna primavera, con la más
noble gracia y hermosura.
Destacaba la negrura de sus cabellos, luengos, abundosos, de sus bl~cas
vestiduras O entre los dorados campos de lino y la albura de las margantas
silvestres.
La misión de Indra se hallaba cumplida. Ambalika le concedió su amor
y los Pandavas encontraron el reino perdido.
El amor de Ambalika y de Indra hicieron el milagro. El príncipe Indra
obtuvo la felicidad que buscaba.
El espíritu de los Pandavas dio la inspiración de Brahama a las acciones
de los Kuravas.
Una vez más la voluntad cósmica se hacía conciencia en los hombres.
La ley de Brahama nada ni nadie la puede destruir.
Nota aclaratoria.-Hay mito en la creación de personajes inexistentes, cuya

130

acción, por sus dimensiones imaginativas o sus perfiles fantásticos, no pudieron darse en la realidad. Y encontramos valores estéticos en el carácter de
los actores, donde el bien triunfa del mal y el amor se logra con el vencimiento de las asechanzas de la fuerza simbólica, de la perfidia. Son pensamientos estéticos los que establecen un parangón espiritual entre las dos
fuerzas del simbolismo, encamadas en los Pandavas y en los Kuravas, o en
el desarrollo de las acciones argumentativas. O en los escenarios naturales,
donde los protagonistas actúan, presentados con el lenguaje literario más bello y sugestivo que me fue posible y procurando buscar la mayor fidelidad al
espíritu del "Bhagavad Ghita", o a la leyenda "El Caudillo de las manos
rojas", de Gustavo Adolfo Bécquer, que también me sirvió de referencia
inspiradora.
Tomamos a Indra como el primero o el principal, el príncipe es el primero, que es el que armoniza a los dos principios opuestos de los Pandavas
y los Kuravas, o el Uno, que es la suma resultante del dos y el tres, después
de haber sido el origen de los dos, con el significado filosófico del Sumo
Hacedor, o la suma reabsorción de los entes de la creación en sí mismo; es
suma o síntesis después de la manifestación, en el sentido que daba Plotino:
salir de Dios y volver a Dios, que es la patria divina de origen.
Y en esto consiste el poder figurativo del símbolo: las metáforas son el recurso literario para explicar ideas o principios. La estética radica en las descripciones de los simbolismos, presentados los entes de pensamiento como si
fueran vivientes o reales, con la patética de los seres humanos.

Mrro

y ESTÉTICA DEL QUIJOTE

El mito de Don Quijote consiste en la idealización de los más nobles sentimientos que radican en la naturaleza profunda del hombre y constituye la
dualidad del sexo humano: de una parte, la entrega a las exigencias de las
necesidades del cuerpo y al instinto de conservación que hace generar en
el hombre el miedo, el egoísmo, la cobardía y las pasiones por la posesión
de bienes materiales o el goce del amor, considerado como el demonio sobre
la mujer. Y de otra parte, la conciencia de nuestra finitud o la presencia de
un fondo insobornable de solidaridad o de simpatía con los otros seres humanos, que radica en el sentimiento platónico de que lo que vivimos no es
perfecto y que hay algo superior que podemos imaginar perfecto, y que frente
al egoísmo está la simpatía o el dejar de ser en sí para ser en los otros: que
frente al amor como dominio y posesión está la conciencia del amor ideal,
que es compenetración con la mujer y los hijos, llevándonos a los mayores sacrificios y a las más bellas acciones.

131

�Cervantes encontró en Don Quijote, sin saberlo, el paradigma más elevado de
las virtudes mejores de la humana naturaleza. Por eso es la más perfecta
creación del arte, como nunca se ha dado hasta entonces. La mente de los
filósofos o la imaginación de los artistas pueden crear sistemas o criaturas
que tengan validez de realidad, aunque siempre una realidad condicionada
o limitada a la mente que lo imaginó, pero si la criatura es la NATURALEZA
MISMA SIN LIMITACIONES, entonces viven por sí mismos, sin necesidad del
autor: FUE LO OCURRIDO CON DON QUIJOTE, que se dio a caminar sin necesidad de Cervantes, por los caminos del mundo.
Miguel de Cervantes, le dio el cauce a la palabra, pero Don Quijote, como
los secretos de armonía en la naturaleza, solamente necesitan que un compositor les dé forma o los recoja en el pentagrama. El compositor es el canal por donde discurre la armonía. El pensamiento del hombre es limitado
y LA NATURALEZA ES EN TODA su MAGNITUD CREADORA. Lo que imaginamos
como hombres, es perecedero y la vida es siempre una renovada creación o
una infinita posibilidad de interpretación.
Don Quijote y Sancho son presentados en oposición y así es en la realidad. Sin embargo, como descubre Salvador de Madariaga, Don Quijote influencia a Sancho en el quijotismo y Sancho influencia a Don Quijote en
el sanchismo y es una prueba evidente de que en el hombre hay siempre un
Sancho que acecha y un Don Quijote que nunca está oculto del todo.
La locura de Don Quijote ha pasado a Sancho y la cordura de Sancho
a Don Quijote. Igual sucedió con los Duques o con quienes trababan contacto con los dos locos geniales. Así dice Cicle Hamete: "que tiene para sí
ser tan locos los burladores como los burlados y que no estaban los Duques
dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahinco ponían en burlarse de dos
tontos".
Don Quijote había enloquecido en un amor idealista. "Y fue a lo que se
cree que en un lugar no cerca del suyo había una moza labradora de muy
buen parecer, de quien él en un tiempo anduvo enamorado, aunque según
se entiende, ella jamás lo supo ni se dio cata de ello".
Ahora bien, si Sancho no existiera no conoceríamos a Don Quijote. Lo
bueno se comprende por la presencia de lo malo, a lo sabio por lo necio:
todo existe en relación con algo diferente; es la dualidad fundamental de
todo lo que vive. Las especies vivas se justifican por lo masculino y lo femenino, que hace posible la creación y la continuidad de la especie respectiva. La síntesis de la cualidad se daría en el fruto resultante y éste a su vez
volvería a ser dualidad en el encuentro renovado de lo masculino y lo femenino creadores. O podría darse en una síntesis intelectual, en que imaginásemos la desaparición de los opuestos.
Don Quijote es una novela, la primera y la única novela de todos los

tiempos, es la revelación más profunda y más real del hombre a todos los
hombres, lo mismo que los libros bíblicos, son la revelación de Dios a los hombres, pero Dios se revela con alegorías no siempre comprensibles o con relatos de criaturas angélicas, cuya comprensión es muchas veces de naturaleza infusa.
Don Quijote, en cambio, puede ser comprendido por todos; es el hidalgo
castellano de la Mancha, cuyas hazañas, aunque inverosímiles, en muchos
casos pudieron darse y comprenderse con el entendimiento natural; es la
caricatura de un caballero armado, con armaduras enmohecidas y anacrónicas, con una bacía de barbero que provoca la irrisión, una lanza y una espada, que parecen sacadas de un museo y un pobre caballejo, el sufrido Rocinante, que lleva en sus lomos aquella triste y cómica figura, a quien todas
las desventuras acaecen por el idealismo irreal. Simboliza la lucha contra la
injusticia liberando a los condenados a galeras, que después lo molerán a
pedradas y que le harán decir: "el hacer· bien a villanos, es echar agua en

el mar".
O defender la belleza ideal de Dulcinea del Toboso encamada en una
moza campesina, oliendo a ajos y cebollas; o en lucha con el caballero vizcaíno por solas suposiciones ideales; o enfrentarse al león de la jaula con
una valentía ciega; llamándose después por su valor caballero de los leones,
en lugar del caballero de la triste figura y padeciendo de los más fuertes
contrastes, en que el caballero ideal es vencido casi siempre frente a la más
dura realidad, que Sancho Panza advierte y que Don Quijote no se da cuenta. ¿ Cómo Don Quijote que es el paradigma del ideal más puro, puede rebajarse a la realidad egoísta y al contacto con la escoria de todas las cosas
materiales? Y que fuese vencedor con su vencimiento del cura y el barbero,
aunque otra cosa pudiese pensar el lector.
Los creadores de religiones, los filósofos que alumbraron sistemas nuevos
de pensamiento, que sirvieron para crear mundos mejores, los poetas que vaticinaron o que cantaron la gloria de los héroes, no tuvieron el menor temor
de aparecer locos o idealistas y se entregaron con el quijotismo abnegado
de los que cumplían una misión de felicidad, de progreso y perfección para
los humanos.
Cervantes expresó al mundo medieval en el Renacimiento en una España
que se constituyó en campeona de la Contra-Reforma donde frente a la
claridad de la razón se aferraba a la sinrazón y donde frente a la filosofía
seguía cultivando la mística medieval, como el ejemplo de la Celestina, que
fue un anticipo del Quijote, donde el amor y la pasión de los jóvenes Calixto
y Melibea contrasta con el materialismo y la brujería de Celestina. Y que
gracias a este medievalismo fue posible el milagro de la colonización ame-

133
132

�ricana con sus misioneros ejemplares o la creación de la literatura española
del Siglo de Oro.
.
,
,
Don Quijote es el fruto típico de esa España medieval, que todav1a s:g_ma
creyendo en la fe idealista, que se pedía cuentas de sus derechos en A_m:~ca,
cuando nadie se las pedía y cuando ningún pueblo, en el pasado ~stonco,
se las había pedido. El derecho de conquista, decían todos los conqwstadores,
daba todos los derechos.
La segunda parte del Quijote es cuando los Duques se bu~l~ del _ca~allero y del escudero, porque los Duques representaban el Renacimie_nto_ i_tahano. El Renacimiento se burla de la Edad Media. Pensemos para Justificarlo
que el cristianismo italiano tiene la influencia del_ paganismo griego Y r~mano y el cristianismo español está radicalmente vmculado con el _hebra1smo
primitivo como encontramos en el arte de estos dos pueblos. !taha es Leonardo de' Vinci O Miguel Angel y España es el Greco y Zurbarán.
Nada más lejano del cristianismo medieval que esos aristócratas burlones
y escépticos.
.
El mito proporciona los motivos estéticos y la expresión del carácter bello
de los personajes. Existe una Estética del Quijote desde que comenzamos por
conocer al caballero en su pueblo de la Mancha, donde de tanto leer y poco
dormir se le secó el cerebro y vino a perder el juicio.
Nos encontramos con un loco idealista que lee libros de caballería, recordando una Edao. Media olvidada. La Edad Media no es solamente en un
orden cronológico de la Historia; viven la Edad Media to~?s los ide~listas,
que por serlo, tienen el alma medieval y se entregan al se~1c10 de los ideales
que aparentemente son locura y que nunca tendrán re~hdad. Por eso Don
Quijote eterniza su medievalismo en todas las generacione~; to~o hombre
busca la réplica a lo que lleva en sí o encuentra destellos o ide~tida~es a su
patética idealista. Don Quijote tiene siempre la respuesta al idealismo de
la humanidad.
Mucho sabía de este idealismo Miguel de Cervantes, cuya vida desventurada y heroica, tenía gran parecido con su ?ersonaje_ ~nmortal. Cervantes
aprendió, con dolor en la Universidad de la v1~a, conv1V1en~o con soldados,
con pícaros, con aventureros y cautivos, con mu1eres _de la vida y con damas
honestas, pero siempre viviendo en la escasez d: dmero, -~e honores Y de
amor, y si alguna vez los tuvo, fu~ siempre efimero, de1~ndole a~~;gura
en el alma como en sus tiempos de alcabalero, que le llevo a la pns1on de
Argamasill~ del Alba, o las prisiones de Argel, después de su. heroísmo de
Lepanto. o aquella Catalina de Palacios en Esquivias, su muJer por corto
tiempo. O su negado viaje al Soconusco.
Miguel de Cervantes tenía el alma grande y su humorismo nunca le ha~ía
amilanarse de sus desventuras. El Quijote es un libro de humano humons134

mo, que hace reír lo mismo que hace llorar. La risa y el llanto como las dos
caras del alma humana.
Sancho es la contraposición de Don Quijote con una cara diferente o el
contrapunto de la misma armonía. Y así lo confirma el cura: "Veremos en
lo que pára esta máquina de disparates de tal caballero y de tal escudero, que
parece que los forjaron a los dos en una misma turquesa, y que las locuras
del Señor sin las necedades del Criado, no valían un ardite".
Don Quijote está compenetrado sin saberlo en su locura con Sancho y
abundan los reproches de que la equivocación o la locura es del otro. Así
Don Quijote ataca a Sancho en términos duros: "Ahora te digo, Sanchuelo,
que eres el mayor bellacuelo que hay en España. Dime ladrón, vagabundo,
¿ no me acabas de decir ahora que esta princesa se había vuelto en una doncella que se llamaba Dorotea y la cabeza que entiendo corté a un gigante
era la puta que te parió, con otros disparates, que me pusieron en la mayor
confusión, que jamás he estado en todos los días de mi vida?"
Buscaremos algunos ejemplos donde se muestre con gran sugestión una
estética del mito.

EN

LA MUERTE DEL PASTOR CRISÓSTOMO

En los capítulos XII, XIII y XIV de la primera parte del Quijote se relata este curioso suceso de la muerte del pastor Crisóstomo, enamorado de
la pastora Marcela.
Encontramos aquí la influencia medieval de pastores de bosques y de encantamientos, aunque en el Quijote se produce el encantamiento de Crisóstomo por el amor no correspondido de Marcela. Don Quijote es como el
Pan de los griegos que defiende a los pastores virtuosos contra las asechanzas
de los malvados.
El Renacimiento resucitó a la antigüedad griega y romana y el mundo milagroso del medievo. Las Pastorales de Longo o Dafnis y Cloe, que tradujo
al castellano Juan Valera, sirvieron de inspiración a otras novelas con el
mismo tema, como Menina e moca de Bemardín de Riveiro, La Diana, de
Jorge Montemayor o el Amadís de Gaula, que durante más de dos siglos fue
leída por toda Europa y que fue citada por Cervantes en el Quijote: o Pablo
y Virginia, de Bernardino de Saint Pierre.
La antigüedad griega fue siempre el modelo, como aquella llamada Teogenes y Cariulea, de Heliodoro, y que imitó Cervantes en Persiles y Segismunda,
o Calderón de la Barca, para su c9media Los hijos de la Fortuna.
El origen de Dafnis y Cloe está en la mentalidad de los griegos antiguos,
135

l.

�los que llamaron a la novela "mytho", y los latinos "fábula". Contar o hablar era referir mitos o fábulas. Por eso hablar viene de "fabulor", que a
su vez procede de •'fabula". El mito significaba la palabra, discurso, fábula
o tradición popular o cuento.
Toda habla tenía mucho de cuento, novela o fábula. Y así se explicaban
los fenómenos de la naturaleza, la imaginación de los dioses del Olimpo, los
demonios y los genios y su historia se cantaba en himnos y todo lo que acontecía a los hombres. Pues fueron los rapsodas que conservaron en cantos épicos
la tradición de Aquiles y de Ulises y que Homero les dio la cifra de su unidad argumentativa.
¿ Acaso Hércules, Teseo, Perseo y Belerofonte, caballeros andantes, que amparaban a los débiles, ayudaban a doncellas y liberaban a la tierra de monstruos y tiranos, no eran sino mitos?
Cervantes en el pastor Crisóstomo, como en el discurso a los cabreros, imita a los antiguos poetas bucólicos, especialmente a Teócrito, pero sin la afectación de los antiguos y la naturalidad realista española. En Crisóstomo en·COntramos una novela idílica. Cervantes hace decir a Vivaldo, el caminante:
"que aquella madrugada habían encontrado con aquellos pastores, y que por
haberles visto en aquel tan triste traje, les habían preguntado la ocasión por
,que iban de aquella manera: que uno de ellos se lo contó, contando la extrañeza y hermosura de una pastora llamada Marcela, y los amores de muchos que la recuestaban, con la muerte de aquel Crisóstomo, a cuyo entierro iban".
Don Quijote habla de la necesidad de tener una dama de la que estar enamorado y justifica también el amor de Crisóstomo: "digo que no puede ser
que haya caballero andante sin dama, porque tan pronto y tan natural les
es dado a los tales ser enamorados, como al cielo tener estrellas".
El pastor Ambrosio hace el elogio de Crisóstomo, a punto de ser enterrado
en la montaña, y en que la belleza de la descripción es digna de Cervantes:
"-Ese cuerpo, señores, que con piadosos ojos estáis mirando, fue depositario
de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus riquezas. Ese es el
cuerpo de Crisóstomo, que fue único en el ingenio, solo en la cortesía, extremo
en la gentileza, fénix en la amistad, magnífico sin tasa, grave sin presunción,
alegre sin bajeza, y finalmente, primero en todo lo que es ser bueno, y sin
segundo en todo lo que fue ser desdichado".
Marcela contesta a los reproches de los amigos de Crisóstomo con palabras
sabias y discretas: "Tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero, ni aborrezco a nadie; no engaño a éste, ni solicito a aquél; ni burlo con
uno, ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas de
estas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretienen. Tienen mis deseos por

136

término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del
cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera".
Marcela se alejó por la espesura del bosque y algunos quisieron seguirla,
sin tomar en cuenta sus palabras de desengaño para los que la escuchaban.
Entonces Don Quijote encontró la ocasión para defenderla por su honor de
caballero andante: "Ninguna persona de cualquier estado o condición que
sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa
indignación mía. Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca
o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Crisóstomo, y cuán ajena
vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes; a cuya causa
es justo que en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada
de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con
tan honesta intención vive".
Asegura Salvador de Madariaga que el Retablo de Maese Pedro adquiere
segunda inmortalidad con la música de Manuel de Falla.
Allí se han conjugado los diversos factores de la farándula teatral, ofreciendo con la ficción de las figuras y el contenido del lenguaje del Retablo
una imagen de la realidad. El mono adivino; Maese Pedro caracterizado con
un parobe verde en un ojo, simulando estar tuerto para ocultar al Ginés de
Pasamontes, el pícaro redomado; el ventero, el joven relator que deforma la
seriedad histórica del romance, lo que provoca la cólera de Don Quijote;
el rebuzno de los dos alcaldes o el ejército pintoresco de uno de los pueblos,
dispuesto a combatir con el otro. Y finalmente, la fuga de Don Quijote y
Sancho, donde se muestra la falsa fortaleza de la que blasona el caballero
de la Mancha.
El Retablo no son solamente las figuras de Maese Pedro: hay que considerarlo aumentado con todos los circunstantes, incluídos los espectadores,
como en un teatro de guiñol o marionetas. Don Quijote, con su estrafalaria
figura, la bacía del barbero, la armadura enmohecida, la lanza y la espada
viejas, sin el brillo de los aceros toledanos, los ojos brillantes y obsesivos del
loco caballero del ideal: el Rocinante flaco, que puede asomar su cabeza
cansina por la ventana del establo vecino, la gordura sanchopancesca, el ventero y todas las gentes que estaban en la posada, incluídas las maritornes y
los mozos de mulas.
Así describe Cervantes a Maese Pedro: "Este es un famoso titiritero, que
ha muchos días que anda por esta Mancha de Aragón, enseñando un Retablo de la libertad de Melisendra, dada por el famoso Don Gaiferos, que
es una de las mejores y más bien representadas historias que de muchos años
a esta parte en este reino se han visto. Trae asimismo consigo un mono de
la más rara habilidad que se vio entre monos, ni se imaginó entre hombres,
porque si le preguntan algo, está atento a lo que le preguntan, y luego

137

�salta sobre los hombros de su amo, y llegándosele al oído, le dice la respuesta
de lo que le preguntan, y Maese Pedro la declara luego; y de las cosas pasadas dice mucho más que de las que están por venir; y aunque no todas
las veces acierta, en las más no yerra; de modo que nos hace creer que tiene
el diablo en el cuerpo".
Don Gaiferos y Melisendra, Cario Magno, los soldados y caballeros franceses, las torres almenadas de Zaragoza, y después Don Quijote que irrumpe
con violencia y destroza el tablado y sus muñecos. La huída de Maese Pedro, la fuga del mono y el estrépito de voces temerosas de la tragicomedia.
Se ha producido una eclosión tragicómica. Don Quijote reconoce que los
encantadores le han engañado y ofrece pagar los maravedises y reales del
estropicio. Aquí se da el valor estético más destacado, lo mismo que en aquella devolución por el Cid Campeador a los judíos Raquel y Vidas.
"Ahora acabo de creer, dijo a este punto Don Quijote, lo que otras muchas veces he creído: que estos encantadores que me persiguen no hacen sino
ponerme las figuras como ellas son delante de los ojos, y luego me las mudan
y truecan en las que ellos quieren. Real y verdaderamente os digo, señores
que me oís, que a mí me pareció todo lo que aquí ha pasado que me pasaba al pie de la letra: que Melisendra era Melisendra; Don Gaiferos, Don
Gaiferos; Marsilio, Marsilio y Cario Magno; por eso se me alteró la cólera,
y por cumplir con mi profesión de caballero andante quise dar ayuda y favor a los que huían, y con este buen propósito hice lo que habéis visto. Si
me ha salido al revés, no es culpa mía, sino de los malos que me persiguen
y con todo esto desde mi yerro, aunque no ha procedido de malicia, quiero
yo mismo condenarme en costas; vea Maese Pedro lo que quiere por las
figuras deshechas, que yo me ofrezco a pagárselo luego en buena y corriente
moneda castellana".
Es una estampa medieval, trasladada al Renacimiento, que ya no tolera
la ficción tal como se entendía en siglos anteriores y produce un contraste
tragicómico, en maravillosa conjunción de elementos.
Recuerda a los juglares castellanos que recorrían los pueblos y los reinos
peninsulares, relatando romances de heroísmo, de amor y de fantasía. Todavía hasta primeros del siglo XX se encontraban estos epígonos del juglarismo; recorrían los pueblos españoles, llevando grandes cartelones, ilustrados
con litografías y dibujos, sobre crímenes o bandoleros de leyenda. Un narrador repetía el argumento con un sonsonete persuasivo y la masa pueblerina
se deleitaba con el hecho de ficción, provocando lágrimas, admiración o indignación.
El narrador pasaba después el platillo y recogía las monedas voluntarias.
de los asistentes. Fue el antecedente del explicador del cine mudo, que fue
el que enterró a los romances populares y al teatro de la legua.

138

Se mostraba, sin proponérselo, en el Retablo de Maese Pedro, que existe
una ambivalencia humana; la seriedad y el humor o la comedia y la tragedia
Y el choque provocaba la risa. El relator del Retablo con voz seria y la furia
de Don Quijote que hacía huír a Ginés y al mono, con la destrucción de
las figuras del Retablo, generando una carcajada bárbara y estrepitosa, como
la entrada de un burro violento en una cacharrería. O el rebuzno de los alcaldes, con tal realismo que parecían burros y no hombres, haciendo recordar
a Sancho que en su pueblo también él rebuznaba con el mismo realismo.
Cervantes logró reunir en el Retablo de Maese Pedro un maravilloso contraste de emociones y de personajes cómicos, cuya comicidad arrancaba de
una seriedad aparente,· aunque manifestada como real. La picardía de Ginés
de Pasamontes, con la presencia de Maese Pedro, recuerda la espléndida
novela picaresca española, con personajes inmortales como Lazarillo de Tormes, Gil Blas de Santillana, El Escudero Marcos de Obregón o el Buscón Don
Pablos. Y sobre todo la expresión española de la dualidad medieval y renacentista, que eso es Don Quijote.

LA FILOSOFÍA DEL HUMORISMO Y EL QUIJOTE

Hay en el hombre dos formas de conocimiento o dos saberes de él mismo
Y lo que conoce de otros seres es en función de su alcance cognoscitivo o en
relación con sus facultades humanas. Pero hay un conocimiento propio del
hombre, deslindado de los otros seres de la naturaleza. Otras zonas del conocimiento como la naturaleza o Dios son posibles porque el hombre las conoce
y aunque el hombre no las conociera, existirían tal vez, puesto que todo
puede ser considerado en función del hombre; otro conocimiento no es posible. Así pues la teología o la cosmografía se subordinan o condicionan a
que el hombre las conoce; en la naturaleza, el hombre descubre sus leyes y
en la teología, es creada por el hombre, y se crea porque la idea de Dios ya
existe en la mente del hombre.
El hombre tiene una naturaleza física o una entidad corpórea que alberga
otra naturaleza mental. La primera se estudia como antropología física y la
segunda como antropología filosófica. Saber si el hombre es de raza indoeuropea o americana, si es de color cobrizo o blanco, si manejaba la piedra
y los metales, todo eso es conocimiento antropológico o físico. Pero estudiar
al hombre como investigador de la ciencia, como creador de comunidades
en función del espíritu, de arte o de cultura intelectual, de lenguaje o de simbolismos, es antropología filosófica.
La antropología física podría responder al interrogante, ¿ qué es el hom-

139

�bre? y la antropología filosófica contestaría a la pregunta, ¿ quién es el
hombre?, dando a esta última averiguación una mayor jerarquía intelectual
o una mayor sabiduría del hombre espiritual.
El humorismo es una manifestación de cultura filosófica, puesto que sólo
aparece cuando se han dado formas refinadas de cultura. El hombre primitivo ríe porque satisface sus instintos, porque ha alcanzado la presa que ha
de satisfacer su hambre o porque ha logrado un placer sexual.
El humorismo puede ser intelectual cuando conviene a los sentimientos
generales del hombre, en choque de contrastes o erupción del absurdo. O bien
puede ser manifestación de un sentimiento de comunidad, en que sólo se
sienten impresionados los que pertenecen a esa comunidad.
Así por ejemplo el humor mexicano es diferente del humor inglés. Con el
humor inglés no se ríen los mexicanos, como con el humor mexicano no se
ríen los ingleses, porque en los dos casos hace falta un esfuerzo intelectual
para comprenderlo, y cuando interviene la función de la inteligencia, el
humor se enfría y a "tempo" lento la risa se desvanece. El humor ha de ser
un choque espontáneo, cálido y sorprendente.
Solamente el hombre ríe entre todos los animales y la función de la risa
y el llanto, que son dos categorías iguales de signo contrario, muestran una
complejidad espiritual o una manifestación superior de las emociones y de
la inteligencia, cuyo estudio, con su significado o su alcance intelectual, pertenece al conocimiento filosófico; es lo que llama Cassirer una antropología
filosófica.
Federico Nietzsche nos habla en Zarathustra de un hombre sin ternura y
sin belleza, sin piedad para lo humano: "Adornado de horribles verdades,
su botín de caza y de una belleza de vestiduras desgarradas, muchas ramas espinosas colgaban de él, pero no vi ninguna rosa. Todavía no había aprendido a reír ni a conocer la belleza. Con aire sombrío volvía este cazador del
bosque del conocimiento. Volvía de luchar con los animales feroces, pero
su seriedad refleja todavía el aspecto de una fiera, de una fiera no vencida".
El hombre ha de saber reír y llorar o debe darse en el hombre la confluencia de la tragedia y de la comedia. Desconfiamos del hombre que ha
reído poco o llorado poco; sus frenos intelectuales se lo impiden, por experiencias de varias naturalezas, formando un ser contrario a su constitución
normal de hombre. Algo de esta realidad quiso decir Platón, el maestro
de Filosofía de todos los tiempos y que relata Ortega y Gasset: "En la novela como síntesis de tragedia y comedia se ha realizado el extraño deseo,
que sin comentario alguno, deja escapar alguna vez Platón. Cree oír que
están trabados en un difícil diálogo, donde Sócrates sostiene frente a Agathón
el joven autor de tragedias y Aristófanes el cómico, que. no son dos hom~r~s
distintos, sino uno mismo, debe ser el poeta de la tragedia y de la comedia .

140

El hombre que comprendiese la seriedad y el humor, participando de las
dos caras de la medalla, nos daría el dechado de lo humano. Lo encontramos
en la caricaturista que nos descubre, en el gesto de sus caricaturas, auténticos poemas de afecto, de ironía o de intención anímica, con una graciosa
aureola de humor logra en un breve trazo o pirueta lo que un pintor lograría
pintando del todo al personaje, con luces, sombras y técnica pictórica. Un
pintor de genio puede descubrimos en un solo gesto el contenido esencial
del hombre, más allá de temporales mudanzas y en ese solo gesto está la significación total de un cuadro; es un esfuerzo de imaginación para traducir
la realidad como concebida en sueños.
Desconociendo esta verdad, el hombre lógico desprecia al hombre mágico
por tradicional y el hombre mágico no cree necesario el estudio de la ciencia
objetiva. Muchos hombres lo han reconocido así. Romain Rolland estudió
las formas mágicas de la literatura y de la filosofía orientales y el irracionalismo de Bergson es el justificante de este fenómeno, acudiendo a la intuición
y a los impulsos vitales.
El humor o "humour" tiene para los ingleses significado de temperamento,
a diferencia del carácter que imprime la cultura o la educación. Y la paradoja se produce : el humor nace como escape de la educación inglesa, que
alcanzó su temperamento por la disciplina intelectual o las ideas morales de
la sociedad sajona. Así, la novela no es completa si no tiene temas resueltos
con seriedad y humor.
Esta realidad explica las manifestaciones del humor en diferentes cómicos
y como resultado de la educación recibida o del inconsciente cultural de su
estirpe.
El humor cuando es mínimo, provoca la sonrisa y cuando es máximo provoca la risa. Entre la risa y la sonrisa hay jerarquías o gradaciones bien
marcadas. La sonrisa, se da frecuentemente en el intelectual, que suele esconderse en la sonrisa como una concesión al humor tomando más bien el
aspecto de un escudo protector contra la franca espontaneidad de la naturaleza.
Cervantes había descubierto en el Quijote antes de que lo hiciera Bergson
en su breve libro La Risa, que el humorismo es el flanco necesario del hombre serio y como remedio contra la rigidez educativa individual; que la bacía
del barbero y la armadura enmohecida, cabalgando en Rocinante, las llevan
muchos hombres sin saberlo, aunque no sean físicas, sino mentales y con la
aparición de la risa la advierten.
Miguel de Cervantes hablaba el lenguaje vivo de la experiencia y la intuición y no sabía de tesis filosóficas, como ahora diríamos en términos académicos, pero la idea quedaba expresada en sus personajes inmortales. Sucede
lo mismo con ios usos y las costumbres del pasado, que naturalmente envejecen; los jóvenes lo advierten, pero los viejos, que viven impregnados de
141

�las ideas que han vivido, no se dan cuenta, y si se dan cuenta, no son capaces
de vivir con la nueva realidad.
Por eso una generación muere, aunque siga viviendo físicamente; son vivientes que en el orden de las ideas están difuntos, o lo que llama Heidegger
hombres inauténticos. De estos cambios se salvan las grandes ideas filosóficas
o ciertos principios religiosos, cuya vida puede durar milenios de tiempo tal
vez, pero nada garantiza que en el futuro, con el advenimiento tal vez de
nuevas dimensiones interpretativas de la realidad, puedan cambiar.
El hombre es hijo de lo que ha sido y ya no es posible renovarse: sus hijos
y sus nietos, físicos o de época mental, lo reemplazarán por naturales impulsos vitales y la necesidad biológica y psíquica de experimentar personalmente.
El viejo, si quiere vivir otra época que no es la suya, propende a las extravagancias cómicas. Señala la comicidad en el caballero Don Quijote, manteniendo el ideal de la justicia más pura, tal como se entendía en la literatura
caballeresca medieval, cuando estaba viviendo en una época de auge de la
razón; Don Quijote nos hace reír y llorar con sus hazañas desventuradas o el
fracaso estrepitoso de la idea falsa de su fuerza o poder; en esta criatura literaria creada por Cervantes se da el ejemplo típico del humorismo, como conciencia trágica de lo grotesco que lo ha generado.

GENUINA EXPRESIÓN DE LA ESTÉTICA DEL MITO EN EL EPISODIO
DE LA CUEVA DE MONTESINOS

Alcanza la estética del mito su genuina manifestación en este episodio de
la Cueva de Montesinos, donde el propio Don Quijote· duda de su veracidad
ante las dudas de Sancho. Pertenece al género de la literatura fantástica, a
la que pertenecían los libros de caballerías, y a la maravillosa tradición poética de la Grecia mitológica, heredada especialmente por los bardos germánicos, quienes la transmitieron a los otros pueblos europeos. Un ejemplo típico
son los Nibelungos que recogió William Shakespeare en el Sueño de una
Noche de Verano.
Si el mito es siempre la cara opuesta a la verdad, lo relatado por Don
Quijote pertenece a las grandes creaciones del mito literario en todos los
tiempos.
Comienza el relato a desarrollarse en la entrada de una cueva, "donde
era menester proveerse de sogas para atarse y descolgarse en su profundidad".
Y que "era llena de cambroneras y de cabahigos, de zarzas y malezas, tan
espesas e intrincadas que de todo en todo la ciegan y encubren".

142

Miguel de Cerv~tes se ha anticipado cuatro siglos a la psicología profunda
de la escuela de Viena. El superego de Don Quijote se había formado en su
larga soltería, en que amó a una mujer y por timidez nunca se le declaró.
Y esa mujer idealizada se transformó en Dulcinea del Toboso, concebida para
que el amor concreto de hombre y mujer no pudiese realizarse. El hombre
busca s~~mpre lo que no ha tenido, tratando de compensar su complejo de
frustr~c1on. La lectura de los libros de caballerías había impregnado el subcons~1~?te_ de ?ºn Q~ijote de. ideas fantásticas e irrealizables, pero por su
amb1c1on idealista hubiera querido ver realizadas en su vida.
Mito de la caverna llamó Platón a una de sus ideas más impresionantes.
Y Cueva de Montesinos llamó Cervantes a un episodio legendario de Cario
Magno de Francia. Psicología de la caverna se ha llamado el estudio difícil
y complejo del subconsciente.
Como lo sucedido no es posible aceptarlo por la razón al moverse en el
reino ~el misterio, entra en la substancia típica del mito y en el relato argumentativo se produce la estética con valores filosóficos y literarios.
. Queda defin~do el mito con aquella declaración de Don Quijote, en que
hincado de rodillas, rezó una oración a Dios, invocando también a su señora
Dulcinea.
"¡ Oh, señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea
del Toboso! Si es posible que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones de
este tu venturoso amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches; que
no son otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo, ahora que tanto
lo he menester. Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el
abismo que aquí se me representa, sólo porque conozca el mundo que si tú
me favoreces, no habrá imposible a quien yo no acometa y acabe".
La idea de la amante como una mujer taumatúrgica, que es capaz por
e! amor que se le ~iene, de hacer milagros o de hacer que las empresas difíciles, llenas de peligros, puedan realizarse sin temores ni obstáculos, revelan
tal vez, en el caso de Don Quijote, la orfandad infantil, perdiendo a su madre,
lo que hacía que la madre tuviese todas las virtudes ideales, a la que se
acude en demanda de amparo cuando el peligro real o imaginario nos cerca.
Cervantes no ~abló de la madre de Don Quijote, pero puede suponerse que
en el subconsciente del caballero de la Mancha, existía una frustración de
lo materno.
Descendido al interior de la cueva, se produce la más maravillosa fantasía
por contraste entre la realidad y el mito. Y dice Don Quijote: "me salteó
un sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo
no, desperté de él, y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso
prado que puede crear la Naturaleza, ni imaginar la más discreta imaginación humana".

143

�Y añade esta descripción: "Ofrecióseme luego a la vista un real y sun-

tuoso palacio o alcázar, cuyos muros y paredes parecían de transparente y
claro cristal fabricados".
La aparición de Montesinos, despertando de su encantamiento y llegando
a Don Quijote, reafirma los valores del mito estético, con estas palabras:
"Luengos tiempos ha, valeroso caballero Don Quijote de la Mancha, que los
que estamos en estas soledades encantados esperamos verte, para que des noticias al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva por donde
has entrado, llamada la Cueva de Montesinos; hazaña sólo guardada para ser
acometida de tu invencible corazón y de tu ánimo estupendo. Ven conmigo,
señor clarísimo, que te quiero mostrar las maravillas que este transparente
alcázar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor perpetuo, porque soy
el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre".
El conjunto de hechos míticos, con lenguaje impresionante, levantan la
estética de este capítulo del Quijote, donde el idealismo más puro lo hace
posible. Que Montesinos había sacado el corazón de su gran amigo Durandarte y que fue llevado a la señora Belerma, a petición de la víctima, como
prueba de su gran amor; de los encantamientos del sabio Merlín, que fue
hijo del diablo; del enajenado corazón de Durandarte, tal como fue entregado a Belerma. Del encantamiento del escudero Guadiana, con la dueña
Ruidera, sus siete hijas y dos sobrinas, las que lloraban sin cesar y que el
mago Merlín por compasión las convirtió en tantas lagunas como personas
eran, dando lugar a las lagunas de Ruidera, que se encuentran en la Mancha.
Y que el río Guadiana se abastece de las aguas de Ruidera, pero corre en
un misterioso juego de verdad y fantasía, apareciendo y desapareciendo en
la supedicie de la tierra, por el pesar de haber sido encantado.
O la aparición de hermosísimas doncellas, visibles a través de unos cristales "todas vestidas de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas, al modo
turquesco".
Sancho se muestra escéptico ante tantas maravillas, es siempre el encuentro
de la locura y la cordura, de la seriedad o la comicidad, que se repite a lo
largo del Quijote: "Creo, respondió Sancho, que aquel Merlín, o aquellos
encantadores que encantaron a toda la chusma que vuestra merced dice que
ha visto y comunicado allá abajo, le encajaron en el magín o en la memoria,
toda esa máquina que nos ha contado, y todo aquello que por contar le
queda".
La invención de este episodio mítico de la cueva de Montesinos, que Cide
Hamete Benengeli pone en tela de juicio, por el realismo y fantasía cervantesca, en contraste con William Shakespeare que no se pone a dudar en sus
creaciones semejantes en el Sueño de una Noche de Verano. El mito es mito

Y como tal se presenta, para deleite estético de los lectores y eso es todo
bastante.
'
y
Dice Cide Hamete: "No se puede dar a entender ni me puedo persuadir
que el valeroso Don Quijote le pasase puntualmente todo lo que en el
antecedente capítulo queda escrito". Y añade: "de esta cueva no le hallo
entrada alguna para tenerla por verdadera por ir tan fuera de los términos
razonables". Y que Don Quijote "al tiempo de su fin y muerte dicen que se
retractó de ella
·
do por parecerle que convenía
. , y diJ.o que él 1a ha b'1a mventa
o cuadraba bien con las aventuras que había leído en sus historias"
. En .la creac~ón -~el mito no hace falta preguntarse si es verdadero ~ falso,
smo si la realizacion logró los valores estéticos, literarios O filosóficos que el
au.tor ~ prop~~- Y la Cueva de Montesinos cumple sobradamente con las
exigencias estetlcas del mito.
Edición Centenario. Madrid. Interpretación Psicologica del Quijote, de Salvador de Madariaaa
Editorial M A ·1
0
Madrid.
•
•
guiar,

BrnLI~G~FÍA: El Quijote.

INTRODUCCIÓN A LOS SIMBOLISMOS

El sím~lo es una r:presentación figurada de la realidad y tiene semejanza
con e~ mito: todo mito ha de ser símbolo aunque no todo símbolo ha de
ser mito.
Adoptan s!111bolos las sociedades políticas, religiosas, deportivas y de diferente_ ;ontemdo, pu~den ser banderas, escudos o combinaciones de palabras;
tambien representaciones de animales, de cifras cabalísticas o de marcas.
L~ aristocracia adoptaba escudos -imitando a la realeza- que significaban
cualidades destacadas, como el heroísmo, la lealtad, la fuerza O Ja constancia,
como el f~dament? o la causa por los que los reyes O los Papas hicieron
esas concesiones de Jerarquía social o de distinción digna de perpetuarse.
Las frate~dades religios~s o políticas adoptan sus símbolos para reconocerse
o ser reconocidas. Y las sociedades artísticas o de diversa dedicación.
. Los. brujos de los pueblos primitivos tienen necesidad de disfrazarse para
s~bolizar el poder taumatúrgico. Con su cara descubierta no ejercerían el
mismo efecto sobre sus pu~blos. Igual sucede con los magos reales O ficticios
actuales, que adoptan vestidos o lenguajes mantránicos para predecir O lograr los. ef~~tos buscados, o la inclinación al uso de pseudónimos, que literal~ente significa nombres falsos. O las diversas manifestaciones del teatro O del
eme, cuando los artistas imitan con sus atuendos, sus gestos y sus palabras, a

145
144
HIO

�los personajes que dicen representar y es más impresionante cuanto más e~ectivo es el simbolismo figurativo. La música, los efectos t~atrales, los nud?s
de diversa naturaleza, el estruendo de tambores, todo contnbuye a que el publico sienta como real los símbolos representados.
Los símbolos de los sueños, descubiertos por Freud, en su método psico-analítico desvelan el fondo onírico detrás de las representaciones simbólicas.
L;s pueblos adoptan también sus símbolos raciales o nacionales. ~l. símb~lo
de los vikingos era el martillo, de los árabes la media luna;_ la familia ~º~Jª,
en Roma, adoptó el toro ibérico de su origen, y los mexicanos, el agmla,
comiéndose a la serpiente, sobre un nopal.
A los rusos se les conoce por el oso, a los ingleses por la zorra, a los franceses por el gallo, a los españoles por el león, a los alemanes por el águila.
Y el símbolo confiere espíritu.
A los norteamericanos por el "cow hoy'' del '"farwest" -o El dorado de
los pioneros en las vastas regiones de la geografía americana; ,Y _al mexicano
por el charro valiente y enamorado, de enorme so!11brero con~co, espuelas
gigantes de plata y pistola al cinto, con un caballo arabe de bnosos saltos Y

andadura ligera.
..
El llanto de Niobé, la madre helena, por la muerte de sus ocho ~JOS Y
el nacimiento de una fuente de lágrimas, simboliza el dolor de la muJer, a
la que le han asesinado sus hijos. La fuente es el símbolo.
El cristianismo tiene su símbolo en la Cruz y aunque ya existe este símbolo
como expresión de lo masculino y lo femen~o, es a. partir
Cristo cuando
adquiere valor universal, representando al H110 de Dios crucificado, o muerto
en la Cruz, tomando desde entonces un nuevo significado, diferente del que

~&lt;:

tenía entre los arios primitivos.
El estado tiene también sus símbolos: la monarquía con la cor~na_ r:al; la
república con una bella mujer, que lleva como a~ibutos a la 1ust1~1~ Y a
la libertad. El comunismo adoptó la hoz y el martillo, en representac1on del
trabajo de los obreros y campesinos.
. . .
Cassirer nos habló del mito del Estado; las mst1tuc1ones, los programas políticos, el hombre a quien van dirigidos, tienen en el fond? una fundamental
insuficiencia, un fraude consciente o impuesto por la realidad de_ los hecho~,
que desvirtúan los esquemas teóricos de sus formuladores o los impulsos VItales de los pueblos que los viven.
Símbolos existen en los lenguajes; las palabras son la cifra de un contenido ideológico; las letras son el símbolo de la rea~ida_d, que necesitaban a~optar una fórmula gráfica para ser expresadas. El linaJe de los pueblos está en
los idiomas, que allí fueron depositando sus experiencias y sabidurí~, ancestrales. y la palabra escrita con sus simbolismos gráficos, tuvo la virtud de
perpetuarlo.

146

El lenguaje algebraico tiene signos convencionales para representar cantidad~s o números, tomados de unidades concretas existentes y que en el lenguaje de los símbolos tienen una razón formal de ser.
Los ~eroglíf'.co,s _egipcios, con sus figuras de animales y sus signos, simbolizaban ideas h1stoncas o morales y que el descubrimiento de Lord Carnavon
hizo posible. Egiptólogos posteriores encontraron su significado para curiosidad
de los hombres actuales.
~~s monumentos mayas, aztecas, toltecas y su estatuaria, simbolizaban el
e~pmtu guerrero o artístico de su cultura. Las pinturas de Bonampak O las
figuras de Tlaloc o Huitzilopochtli, son testimonios expresivos de ese tiempo,
de su ser y de su modo de ser.
Los griegos y romanos fueron creadores de simbolismos en sus figuras de
mármol o en sus pinturas, unas encontradas y otras perdidas para nuestro
tiempo~ :orno las diosas ~inerva, Palas Atenea o Venus Afrodita, del general Al_c1biades, o d~ los f1losofos Sócrates y Platón, o los frescos de Pompeya,
las rumas de Palmira o los acueductos de Hispania, etc.
. No ~udiendo expresar la realidad en muchos casos, la expresaban con arte
f1gurat1vo. ¿Cómo expresar la sabiduría, si se encuentra diluída entre los humanos o en fuerzas invisibles llamadas dioses?
Minerva expresaba en una figura este concepto abstracto de la sabiduría.
Las fórmulas estéticas de la belleza masculina y femenina, se han mantenido
siempre en la Venus de Milo y en el Apolo del Belvedere. El sentido de la
fuerza en Crotón de Milo; el encanto de lo desconocido en la belleza femenina de la mutilada figura de la Victoria de Samotracia. O la gracia poética
de la h_istoria en los pórticos y columnas rotas del Partenón, en los templos
y palacios truncos de la arquitectura romana. O las esculturas de los Césares
~oman?s en los muchos lugares del imperio, simbolizando el poder y la fuerza
invencible de Roma ante los pueblos sojuzgados.
Siempre el símbolo representa la realidad, expresada convencionalmente.
¿Acaso el lenguaje científico no es en gran parte expresión de simbolismos?
~uan~o Einstein encontró la tesis de la cuarta dimensión, se vio obligado
a smtet¡zarla para darla a conocer, encontrándola en el tiempo, como una
covariante de tiempo y espacio, reduciendo su formulación a un simbolismo
matemático.
Vivimos en tres dimensiones de tiempo, y espacio, no podemos entender la
cuarta dimensión directamente, sino sólo especulando intelectualmente y representando la conclusión hallada con metáforas literarias, en la creación de
f~gur~s. de p~nsamiento o en fórmulas físico-matemáticas. En esa capacidad
srmbohca esta representada la grandeza y la pobreza del pensamiento humano.
En filosofía se ha creado una lógica simbólica de signos convencionales o
una lógica matemática, aprovechando los recursos de figuración del pensa-

147

�miento La lógica es siempre una representación de la realid~? c~n 1signos
d 1 e~samiento lo mismo que la gramática es una representacion e a reali:a! or medí; de los recursos de la escritura o de la p_alabra _hab~~da.
. ~é son las pirámides de Egipto, sino representaciones s~boli~as del
éQ .
. .
• •,
·nas del Nilo y que nos lego el Libro de
pensamiento egipcio, que vivio a on
los Muertos?
1 l' d A i. Qué representaban el legendario talón de los atlantes o e ta on de q~ 1
les~ sino algo figurativo de algún flanco de debilidad en la gran eza e
ho~~:e:xistido Quetzalcóatl o es un mito de la leja~~ª de los pueblo~ indíé
d México confirmando la facultad de fabulac10n en el hombre.
ge~: v:rdad his;órica coexiste en gran parte con un gran. ~audal de s'rmbolos,
y comprobac1on.
t
que alimentan las fuentes de investigación
.
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. . el arte, el lenguaJe' la istona, a re 1g10• '
di
·
L a c1enc1a,
.,
símbolos . Cómo expresar la idea de Dios, las versas mamexpre~1on de
.. é•
de la Virgen María o el concepto de los seres
festaciones O cognommac1ones
anNgélicos?
obligados con el lenguaje filosófico o la expresión plástica del
os vemos
od
apa a la
arte a re resentaciones con formas simbólicas, o t o 1o que ese
.
.d d pgnoscible El gran mérito del catolicismo es que por esta neces~dad
reali a co
·
·, d
rte de 1IDade expresión de lo religioso ha propiciado la creac10n e u~bt 1
. ,n
. ,
de arte pictórico que en muchos casos ha hecho pos1 e a creac10
gmena o
,
.
de obras maestras del genio creador del artista.
.
.
rSólo los privilegiados de la mística, que dicen haber visto esas entid~des re i
.
1 dan a los artistas para poderlas expresar en formas corporeas, en
giosas, as
. , .
· ,
de plástica pictonca.
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1 f.l, fo o más bien el teólogo, con los recursos e
O en el hallazgo por e i oso '
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::~~icºa :e:: ;::nq;:r:::t!::~;ac7:~ ~~::~:~::· en la obr~ d~
. , teo'rica de su contemdo. La belleza abstracta es siem
arte O en 1a concepc1on
pre en relación con la obra conc~eta, ? réplica y res?uesta de 1o que vemos.
y la réplica es una figuración o simbolismo de la realidad.

¿:

Antropología filosófica
Cultura Económica. México.

BIBLIOGRAFÍA.

de E. CASSIRER. Editorial Fondo de

LENGUAJE Y REALIDAD

:~n

Marshall Urban, profesor norteamericano, incide
es~=
del simbolismo y de la realidad o en la representac1on y
148

!~~~~d:~. e~~~::

Marshall enseña en la Universidad de Yale. Nos encontramos ante una nueva
investigación de la realidad y de sus expresiones verbales, tomadas en su prístino sentido idiomático, ya que toda filosofía no es sino una crítica del lenguaje. Federico Nietzsche volvió sus ojos a la filosofía clásica y creó la idea
del superhombre y su metafísica trascendente. Urban se atiene a la realidad que ofrecen las palabras y considera a la metafísica como un híbrido
de poesía y ciencia. Se trata de un esfuerzo considerable para fundamentar
un neopositivismo, como "preludio de un denodado nuevo mundo, en que el
espíritu humano, habiéndose librado de los espectros de Platón y Aristóteles
y de la impedimenta de los siglos, pudiera entrar en la luz plena de una era
completamente científica".
Para obtener un nuevo resplandor de los hechos y de las creaciones ver~
bales del hombre, acude a los principios del simbolismo y que Ferrater Mora
sintetiza así en su Diccionario de Filosofía:
l. Todo símbolo que es símbolo "está en lugar de", representa algo.
2. Todo símbolo tiene una referencia dual. El carácter esencial del símbolo
primario, a diferencia del mero signo, es el hecho de que los caracteres
originarios del objeto intuible son en un cierto sentido idénticos a la significación que tienen como símbolo, con lo cual el símbolo se refiere al
objeto original y al objeto que representa.
3. Todo símbolo contiene a la vez verdad y ficción.
4. Principio de la adecuación dual; un símbolo puede ser adecuado desde
el punto de vista de la representación del objeto como objeto, o puede
ser adecuado desde el punto de vista de la expresión del objeto para nuestro
tipo especial de conciencia.
Urban ha buscado consecuencias a la investigación fenomenológica y en
especial a la teoría del lenguaje, comenzando por la filosofía de los textos,
en la estructura de los signos gráficos, o como signos de expresiones orales,
significando objetos simbólicos o los objetos mismos.
La metafísica aparece como un minucioso análisis de la realidad expresiva,
la palabra y el concepto, en la comunicabilidad e inteligibilidad, como nuevos Linneos de filosofía del lenguaje y la verdad filosófica se atiene a los
datos que nos comunican las palabras y su simbolismo semántico y filológico.
Lo que llamamos metafísica no está bien fundamentado, por haber caído
en un pragmatismo tradicional o en una casuística verbal.
Marshall Urban se propuso una metafísica natural del espíritu humano,
desde el punto de vista del lenguaje.
A Manuel Kant se le hicieron estas objeciones, que debió escribir una
Crítica del lenguaje y no una Crítica de la Razón: que si era posible el cono149

�cimiento nouménico o no lo era en los límites de la razón y de la ciencia,
pudo más bien haber pensado si el discurso o el alcance de las palabras tenían
sentido y eran inteligibles.
Marshall Urban en la introducción a su libro, acude a citas poéticas, como
las Upanishads: "Si no hubiera lenguaje, no podría conocerse lo bueno ~i
lo malo lo verdadero ni lo falso, lo agradable ni lo desagradable. El lenguaje
'
. ,,
es el que nos hace entender todo esto - Meditad sobre el lenguaje .
La posición de Marshall es la de un honrado hombre de ciencia, todo en
la naturaleza está pidiendo por descubierto y ordenado en ley, mostrado en
infinito despliegue encubierto. Se le podría objetar que a fuerza de enredamos en las palabras como hecho y como símbolo, o d~ afinar !ºs c~ncepto~,
no veríamos la realidad viva. Pero ¿qué otra tarea hizo la filosof1a tradicional? Tal vez sea el único concepto que nos sea dado a los humanos, ya
que nuestras conclusiones son siempre provisionales, y ~l filósofo ~u~a problemas teóricos, y no hay un sistema que haya prevalecido como un1co; nos
lanzamos tras una desesperante liebre mecánica y nunca la alcanzamos.
Se plantea el problema del lenguaje en la historia del pensamie~to, ~~ra
llegar a los propios problemas de una filosofía considerada. en su :ª~~ez ~d10mática. Pregunta Marshall qué es el lenguaje y sus funciones significativas.
Estudia después una fenomenología del sentido idiomático, con sus nocion~s
de denotación y connotación, a la comunicación inteligible y a sus condiciones. A un análisis del lenguaje y a sus problemas metalógicos, con el conocimiento por descripción y lenguaje, o por interpretación, hallando la verdad
como inmanente en el discurso: veritas in dicto.
O el simbolismo del lenguaje, con una filosofía de las formas simbólicas
y una teoría de las lenguas. Clasifica o investiga el simbolis°;o idiomático en
los distintos contenidos del saber. En la lengua de la poes1a establece una
distinción entre el saber poético y el saber científico; la primera es la original
y la segunda es la derivada. Se dice en los versos clásicos.

"Así nos hizo la naturaleza; en verso, melodiosa,
surgió la voz del hombre antes de hablar la prosa".
El símbolo poético se toma como forma del símbolo estético en general.
Olvidemos el carácter de revelación encontrado en muchos poetas, como Víctor Rugo, que decía cómo los ángeles le inspiraban, o en general la concepción clásica, para entrar en el intuicionismo o en el sentido de los signos
verbales.
Todos los símbolos poéticos son metáforas y salen de metáforas. "La metáfora pasa a ser símbolo cuando por medio de ella encamamos un contenido

150

ideal, que no puede expresarse de otra manera". Hace una filosofía de la
poesía, como un modo de aprehender la realidad o una metafísica disfrazada.
Investiga el simbolismo como principio científico. Ya para Pierre Duhem,
la relación del concepto o símbolo científico con la experiencia sensible, es
un problema fundamental, o el símbolo en las ciencias de la vida y del espíritu. O la consideración de doble aspecto en la definición de la ciencia;
como método lógico-matemático excluyendo de la ciencia y de su forma, todo
lenguaje. O el doble concepto de lo vivo y lo espiritual, tomados como símbolos de lo corporal o lo físico.
Estudia los símbolos religiosos y el problema del conocimiento religioso,
distinguiendo entre religión y metafísica. Y termina con la metafísica natural
del espíritu humano. Apela al pensamiento de Bergson; "la ciencia se esfuerza
por llegar a un simbolismo de relaciones". Y la metafísica natural "se esfuerza por llegar a un simbolismo de cosas".

ALGUNAS PRECISIONES DEL SIMBOLISMO DEL LENGUAJE
EN OTROS FILÓSOFOS

Tomamos del Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora: En teoría del conocimiento es el símbolo el modo como se ha expresado una realidad, a través
de notaciones conceptuales, lingüísticas o significativas no correspondientes
a un universo inteligible y substante.
Para Langer, el edificio entero del conocimiento humano se presenta, no
como una vasta colección de informes procedentes de los sentidos, sino como
una estructura de hechos que son símbolos y de leyes que son sus significaciones.
Para Diego Ruiz, la expresión situada en su lugar es un símbolo, de suerte
que el simbolismo aparecería como una técnica del manejo de las significaciones y la lógica sería una de sus partes.
Para Kant, el símbolo de una idea es como la representación de un objeto,
según analogía.
Para Guillermo de Occam, el signo no era ya lo que hace presente al conocimiento algo distinto de sí, sino lo que el objeto refleja en la conciencia, lo
que existe en el contenido de conciencia de un modo objetivo.
Hobbes define el signo como el antecedente evidente del consecuente, y a
su vez, el consecuente al antecedente, cuando se han observado antes consecuencias parecidas.
Cassirer ha investigado el signo y el símbolo como elementos conducentes

151

�a una comprensión de la naturaleza humana, la cual es, fundamentalmente
simbólica, o apta para el manejo de los signos. .
.
Richards asegura que los cánones del simbolismo constituye~ 1~ b~se de
todas las comunicaciones, sin las cuales no podría establecerse ~mgun siste~a
de símbolos, y por ¡0 tanto, ninguna ciencia, ni siquiera la lógica, concebida
como la ciencia de la sistematización de los símbolos.
BIBLIOGRAFÍA: Lenguaje y Realidad, de MARSHALL URBAN. Editorial Fondo
de Cultura Económica. México.
.
.
Diccionario de Filosofía, de J. FERRATER MoRA. Editonal Suramencana.
Buenos Aires.

SIMBOLOGÍA DEL ESPÍRITU
Tomamos como referencia inspiradora la Simbología del espíritu, de Jung.
.
. Cómo representa el espíritu del hombre sus contenidos vivenciales? ¿ Existe~ las ideas en potencia en la naturaleza humana, cuando se nace, o son por
el contrario forjadas con la experiencia vital?
Porque las ideas del hombre civilizado se encuentran como balbuceos en
el hombre primitivo. Los temores entre las ~uerzas podero~~ de la Natu:~leza que lo hacen adoptar actitudes reverenc1~les de lo re~gioso, la cr~c1on
de la ética social por necesidades de convivencia y la ~re~cio~ de los primeros
clanes como fundamento de progreso y las primeras mstituc1ones de derecho
frente a otros clanes o frente a otros hombres.
. Las ideas nacieron con el hombre o se despert aron con la necesidad de
(,

y la Antropología Filosófica, de Cassirer.

vivir?
Jung asegura que ex1'ste un inconsciente personal y colectivo. Pero este
,
inconsciente se da en el hombre civilizado, t~l ~~mo Jun~ lo conoce, ¿se~ia
igual en el hombre primitivo? El hombre pnrrutivo traen_a tal vez otro mconsciente del mundo psíquico donde surgió. ¿ Sería de ongen ce~e~te, o por
el contrario, el cuerpo físico y mental estaría en ~l~co com~ una pag~a d_onde
nada se ha escrito? o bien según la idea platomca, traena la expenenc1,a de
otras vidas, de una memoria olvidada y que a medid~ q~e transcurna el
•
'b d Ul·r·endo de nuevo la memoria o la conciencia de su pasado.
tiempo 1 a a q 1
.
.
. C,
· , el símbolo del demonio? La presencia del demonio o de
e orno surg10
.
1
. d fuerzas
, fue orio-inada con la aparición del bruJO, o a presencia e
Satan
e
·
1o, surgio
· ' e1 mago
· · 'bles
que producían el mal, y para conJurar
rea1es e mvis1
1 h
'd d
primitivo, tal como lo vemos hoy en comunidades atrasadas de a umaru a .

152

Se llegó después al mismo simbolismo demoníaco en las religiones civilizadas.
El demonio existe en la conciencia del hombre civilizado con otros simbolismos, porque en el hombre existe como necesidad profunda de su naturaleza
el demonio o el cielo de los simbolismos antiguos.
El culto de Ormus y Ariman en el magisismo persa, de Arjuna y Erisna
en el Mahabaratha, el demonio y el ángel del hebraísmo y del cristianismo,
los términos opuestos que son extremos de una misma verdad, aunque con
diferente signo, del hermetismo egipcio; en todo se repite un simbolismo de
formas que sin duda responde a una misma verdad desconocida en términos
de razón.
La idea de Satán es la presencia del mal en la conciencia de cada hombre,
creándose él mismo su propio demonio o su propio cielo, tal vez como anticipo de otro cielo y otro demonio en otra dimensión de tiempo y espacio,
después de la muerte corpórea.
Jung hace un estudio de Satán en el Antiguo Testamento y es una confirmación del mismo símbolo antiguo. En el pueblo hebreo se muestra como
revelación divina.
¿No sería una mente superior que confirma en la palabra o en el símbolo
la presencia de esta idea consustancial con el nacimiento del hombre?
Jung dice que el dogma religioso "es un símbolo con una imagen antropomorfa, establecida para designar un estado de cosas trascendente y que
no puede ser fundado en interpretación racional".
Aunque para Jung lo trascendente es interpretado como psicológico.
Jung presenta la figura de Satanás como no concebida en sí misma, sino
sólo en su relación con Dios y aunque en la historia de Job está Satán subordinado a Dios, considera que es sólo un aspecto de relación entre Dios y Satanás en el Antiguo Testamento. En el libro de Job aparece Satán como
creador de infundios y en Zacarías se le presenta como acusador y ángel
de castigo.
En el Antiguo Testamento el concepto de Dios es ambivalente, donde se
da la fusión de lo luminoso y de lo obscuro, del bien y del mal, en la personalidad divina única. Por eso el monoteísmo hebreo es la unidad de la
pluralidad. En el Libro de Job se presenta Satán como enemigo del hombre
y de Dios. El hecho de que a Yavé puedan atribuírsele acciones demoníacas
es porque existían leyendas antiguas sobre demonios, aunque al comentador
le parecía imposible la existencia de otros espíritus al lado de Yavé y "en un
piadoso afán, del demonio se hizo a Yavé ... "
La figura de Satanás se presenta también como el demonio de la enfermedad. Y añade: "parece más bien ser un espíritu maligno que tuviera poder
especial sobre tales demonios". Porque existía la creencia en demonios de la
enfermedad.

153

�A Satanás se le consideraba como el hombre que hace mal a otro hombre.
Von Rad en su tesis sobre Satanás asegura que "encama la amenaza a
los hombres por parte de Dios, ya sea como azuzador de sus fallas morales
o religiosas, o como principio demoníaco y destructor, firmemente anclado
en un plan de regeneración".
En Job la figura de Satán tiene el significado de policía divina y en el
Antiguo Testamento, Satán significa impugnar, retar, perseguir, o impugnar
por medio de acusaciones. El término Satán en un sentido primitivo significaba una persecución en forma de impedir la marcha hacia adelante.
El Daimon de Sócrates era el espíritu que le inspiraba o la fuerza contraria que le hacía tomar conciencia de la verdad.
En el libro número XXII, 22, Satanás es un ángel que se interpone como
adversario en el camino del hombre. Y como concepto mitológico es la figura
que se enfrenta al hombre con enemistad.
En Leviatan, es Satán un demonio espiritual, frente al cual Dios está en
controversia dialéctica.
Y Jung lo define así: "La Iglesia tiene la doctrina del diablo, de un principio maligno, que puede ser imaginado con patas de cabra, con cuernos y
con cola. La figura de un hombre medio animal y de un dios atónico que
parece haber escapado de una reunión de misterios dionisíacos, de un adepto
persistente del paganismo pecaminoso y alegre. Este cuadro es excelente y
caracteriza exactamente el aspecto nefasto del inconsciente, al cual no se tiene
acceso, y que por lo tanto, está anquilosado en un estado original de barbarie incontrolable".
Jung asegura que Satán "es el acto volitivo de Dios, que se hace realidad
partiendo de la personalidad de Yavé, o sea la hipótesis de situaciones activas
de Dios".
Jung establece los modelos específicos a los arquetipos universales de los
pueblos. El arquetipo es la suma de las experiencias y de la sabiduría de
todo un pueblo, representado en un hombre o en un grupo de hombres, en
oposición a los hombres con mentalidad de grupo que repiten las mismas
ideas grupales y no se diferencian en el orden intelectual unos de otros. El
hombre arquetipo es la máxima sabiduría del inconsciente personal y colectivo. Pero cada hombre del grupo puede llegar a la misma superación en un
proceso de decantación ideológica, logrado tal vez en varios siglos de experiencia vital.
Esta idea nos da la siguiente luz; hay ideas que se traen con el nacimiento
y hay ideas que se adquieren viviendo.
El inconsciente colectivo se encuentra en la tradición de un pueblo como
en la tradición de toda la humanidad, y esta tradición inconsciente se encuentra_con diferente grado lo mismo en la voz de un salvaje antepasado

154

c_omo en la voz de Platón o de Aristóteles; el hombre que recoge esas múl~ples :oces es el genio universal de la razón o el modelo arquetípico que
sunbohza el pasado de experiencias, legadas por la humanidad.
En la constitución psíquica del hombre actual lo mismo están presentes
las ho~das de Gengis Khan, las crueldades de los ejércitos orientales, la
barbane de los soldados romanos o el talento de los mercaderes fenicios·
en todo hombre está presente su pasado familiar, el pasado de su raza y ei
legado de la humanidad, en el colector inconsciente de su compleja personalidad. Nada se ha perdido. Lo que fue es.
¿ Podremos algún día recoger como recogemos las voces actuales de los
hombres, las voces de la Academia platónica o del Liceo aristotélico en
grabadoras adecuadas que la nueva técnica había descubierto, para volver
ª. recrear sus enseñanzas vivas, tal como las recogieron los discípulos atenienses?
¿ Podrem~s descub~ir el simbolismo del canto del ruiseñor en el pentagrama musical, lo mismo que hoy establecemos el simbolismo melódico de
la naturaleza?

. Todo lo que existe tiene existencia en razón de algo y anhela ser descubierto y expresado. En todo existe una enseñanza donde caben las firuraciones simbólicas o las verdades racionales. La expresión en el homb;e es
una conquista de perfeccionamiento moral o intelectual. O descubrir el
lenguaj~ ast~ológ_i~o de las estrellas _en el destino del hombre. La astrología
es la cifra simbolica de ese lenguaJe, con sus clasificaciones O sus convencionalisn:ios nominal:s,_ tomados sin duda de la realidad humana y estelar.
C? 1~ cifras .matem~tlcas que regulan el curso y las distancias estelares y
sigrufican la mfluencia sobre nuestro planeta. Jung recogió estos simbolismos
al hablamos del hombre astrológico.
El simbolismo queda expresado en todas las manifestaciones de la cultura
y es el reflejo del inconsciente colectivo. Cada pueblo o cada hombre expresa
lo que lleva dentro de sí, ofreciendo sus obras consecuentes.
En cada italiano, lo mismo encontramos a Rómulo y Remo que a Virgilio o Julio César, a Donatello o al Dante. En cada español, ~n Cid O un
Cervantes, un Velázquez o un Quevedo, un Roger de Flor o un Ausias March.
Y en un mexicano, lo mismo hallamos a un Cuauhtémoc O un Xicotencalt
un Antonio de Mendoza o un Motolinía, un Hidalgo cast;llano O un caciqu~
indígena.
Las expresiones sociales, literarias y artísticas de los pueblos, llevarán el
fulgor de los ~tep~s~dos, aunque de ello no sean conscientes. Una psicología
de las formas simbohcas, empleando el lenguaje de Cassirer en los diferentes
pu~b_los, nos daría mucha luz sobre el sentido de la cultur; 0 de su mensaje
espmtual.

155

�Hipólito Taine hizo una filosofía del arte, teniendo en cuenta las características diferenciales y peculiares de algunos pueblos europeos, asegurando
que el arte era la consecuencia de las psicologías nacionales. El hombre como
integrante de una comunidad nacional ofrece sus simbolismos o sus expresiones peculiares. Un doctor mexicano buen amigo mío, acusaba la doble
característica indc.,hispana. Aprendía idiomas con gran facilidad, como la
Malinche que ayudó a Cortés. Había un inconsciente colectivo de la magia
curativa indígena y era un médico de gran ojo clínico. Estaba presente en
su espíritu la herencia de un sacerdote azteca. Y el caso psicológico actual se
justificaba así. Su madre había muerto cuando era un niño de un año; tenía
una insuficiencia fundamental de lo femenino, que le creaba timidez y complejo de inferioridad con las mujeres. Reiteradamente había fracasado en
sus intentos amorosos. Para consolarse de su insuficiencia sentimental, escribía
literatura y filosofía. Sus representaciones formales eran líricas, con simbolismos de soñador. De otra parte, sentía la hidalguía castellana y sus criaturas
de ficción eran generosas, idealistas. Y de otra parte, sentía el complejo
indio, según sus palabras, el complejo de inferioridad y de su devoción por
las mujeres blancas.
Dice Cassirer que el hombre se diferencia de otras especies animales en
una marca distintiva. Su círculo funcional "no sólo se ha ampliado cuantitativamente, sino que ha sufrido también un cambio cualitativo". El hombre
vive en un universo físico como las otras especies, pero se ha creado además
un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión son partes
de ese universo, en donde se va formando toda la experiencia humana y va
abandonando la realidad física en la misma proporción que avanza en la
actividad simbólica. Y ahora todo lo que ve o conoce, lo hace a través de
las formas simbólicas que ha creado, bien sean lingüísticas, artísticas, en los
símbolos míticos o en los mitos religiosos.
Y cita a Epicteto: "Lo que perturba y alarma al hombre no son las cosas,
sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas".
Y el hombre como animal racional sigue teniendo verdadera significación.
Aunque el mito se explica por un sistema conceptual no se puede caracterizar
al mito como racional. Y es que junto al lenguaje conceptual tenemos un
lenguaje emotivo; el lenguaje lógico o científico y el lenguaje de la imaginación poética. Y el hombre podría definirse ahora no como un animal racional, sino como un animal simbólico. Es el nuevo camino de la civilización
abierto para el hombre.
Y asegura Cassirer que no existe fenómeno natural, ni de la vida humana,
que no sea capaz de una interpretación mítica y que no reclame esta interpretación.
Pero el mito no tiene categorías lógicas. El mito es ficticio y nace de una

ficción inconsciente. Malinowski dice que todo mito posee, como núcleo o
realidad última, algún fenómeno natural, entretejido laboriosamente en una
fábula, a tal grado, que a veces casi lo cubre y disimula por completo.
Para Freud, las creaciones míticas, no serían sino variación y disfraz del
tema psicológico de la sexualidad.
La visión de la naturaleza en el hombre primitivo no es teórica ni práctica
sino simpática, de donde brota el mito, que siempre lleva un trasfondo emotivo.
Los mitos llevan esta característica diferencial del lenguaje filosófico de
la lógica de la razón. Así el mito, de Prometeo que trae el fuego a los hombres desde el cielo; el mito del Zeus olímpico, que es un dios de la naturaleza,
adorado en las cimas de las montañas y que gobierna sobre las nubes la
lluvia y el rayo. En Esquilo, es Zeus la expresión de los ideales éticos ; el
guardián y protector de la justicia.
•
El mito participa de la misma naturaleza emotiva que la religión. Cuando
no podemos expresar algo con lenguaje científico, lo expresamos con el lenguaje de los mitos.
La religión, dicen los teólogos, no es irracional, sino supra racional o que
no puede expresarse en lenguaje racional. Aseguraba Santo Tomás que hay
verdades de razón y verdades de fe. Pensemos que el Evangelio para ser
comprendido fue escrito con alegorías. Los mitos antiguos estaban relatados
en el lenguaje metafórico para ser entendidos, aunque el mito responde siempre a una realidad.
Desentrañando el significado del mito, podremos llegar a determinar la
vida ultraterrena o la vida anímica del hombre. Los sueños revelan por
medio _de símbolos la realidad de la conciencia. Y los mitos podrán revelamos
la realidad metafísica de la religión.
El hombre es siempre doble en su constitución mental, lo mismo que su
cuerpo participa del mito de Adán y Eva o de la doble naturaleza masculina
y femenina, escindida en la lejanía de los orígenes bíblicos. Por eso el hombre es lógico y mágico o cortical e hipotalámico. Con la razón del hombre
cortical, no descubrimos las razones últimas de la existencia y acudimos a
nuestra substancia hipotalámica y figuramos con mitos lo que no descubrimos
con la ciencia o con las luces de la razón.
El esquizofrénico es un hombre enfermo del sentimiento o de actitudes
hipotalámicas y se expresa por medio de símbolos. Volver 'a la infancia a
los balbuceos del sentimiento de los orígenes, es encontrar la terapéutic~ a
su intranquilidad.
Anatole France dicen que en su enfermedad final, regresó al lenguaje de
la infancia y eso explica cómo los ancianos revienen a la infantilidad o una
forma de consolarse de su ancianidad.
'
Los símbolos de Adán y Eva son las figuraciones de lo masculino y fe-

157
156

�menino. Los símbolos religiosos son fulgores de una realidad invisible e inexpresable en palabras. Y Dios, la máxima figura religiosa, aparece _re~onocido
como "Deus absconditus". El lenguaje poético son símbolos del sentlIIllento, en
oposición al lenguaje lógico o científico.
Ana Bessant, en su "Cristianismo esotérico", asegura que Cristo tiene tres
aspectos interpretativos; el mítico, el místico y el histórico.
El primero es el mito, solar en el lenguaje de los ocultistas y que existe
en la tradición egipcia y oriental. El sol es el padre de nuestro sistema solar
y la luna es la madre; los dos símbolos están encamados en una madre con
un niño. La virgen Devaki egipcia tiene en sus brazos al niño Horus y fue
adorado por el pueblo del Nilo. El sol alumbra la vida de los planetas y tiene
ut!a luz espiritual diferente de la luz física.
Cristo místico es el que estudian las Iglesias cristianas y Cristo histórico
es el conocido en la historia, o la ciencia de los hechos del pasado.
La luz de los tres Cristos interpretativos alumbra todo posible conocimiento sobre el guía espiritual de los hombres de la tierra, aceptado especialmente
hasta ahora por los pueblos occidentales.
BIBLIOGRAFÍA: Simbología del Espíritu, de Jung.-Editorial Fondo de Cultura
Económica.-México.

Mrro

y ESTÉTICA DE LA PINTURA DEL GRECO

Nos encontramos ante una de las obras estéticas más representativas del
arte español y universal, comparable en su grandiosidad con las grandes creaciones del genio humano y que Manuel B. Cossío considera en su manufactura
técnica y en su espíritu, aunque de diferente temática y técnica pictórica, a la
Capilla Sixtina.
El mito se produce cuando existe una des-realización de la realidad, o una
transformación de la naturaleza en otra naturaleza de arte, que el temperamento del artista ha creado. La naturaleza es la verdad y en oposición a
la naturaleza está la creación de otra naturaleza de espíritu.
El arte pictórico del Greco es de un naturalismo ideal o de un realismo
idealizado en la sencillez y profundidad de la plástica y del espíritu que lo
anima.
La expresión de la estética consiste en el carácter general de los cuadros
pintados y en la manifestación del Inito ideal, representado por el conjunto
de las figuras, de los planos, de las perspectivas o de los colores, por la luz

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pintada que patetiza lo pintado, logrando expresar un nuevo umverso de
contemplación estética.
Estudiar a un pintor de genio debe hacerse en todas y cada una de sus
obras, pero en todas existe el mismo carácte,r fundamental o la unidad general del fondo y la forma, dentro de las diferencias de los temas que les ha
impreso el mismo creador, o que en todas las criaturas existe el mismo aliento
del creador.
Tomemos una de las obras más representativas; el Entierro del Conde de
Orgaz.
El Greco escogió esta leyenda del caballero de Orgaz que estaba en la
tradición toledana. Aunque en realidad se dio al hombre piadoso y caritativo,
no había motivo verdaderamente justificado para el milagro producido, que
fue creado por la imaginación de las gentes, que en el correr de los tiempos
todo lo mitifican.
El Greco inmortalizó con tradición piadosa en su pintura, la aparición en
el entierro de los santos Esteban y Agustín, preiniando al fallecido con su
presencia protectora, fue la causa inspiradora del cuadro.
En la concepción y en la obra se manifiesta una aureola mítica, des-realizada, logrando el impacto estético de la hermosura de los personajes y de la
obra en general, al resaltar un carácter singular y de la obra en general, el
Greco ha logrado hacer visible una realidad invisible valiéndose de los recursos de la plástica.
El Greco se identifica plenamente con el espíritu español del siglo XVI
y particularmente con la ciudad toledana, donde se halla la síntesis· más perfecta de las diferentes civilizaciones que pasaron por la península ibérica. ¿ Cómo no produjo esta identificación tan fiel? Se desconoce, puesto que la figura
del pintor es todavía un misterio. Viniendo de Creta y de Italia, con la
influencia de los pintores italianos, se desnuda de toda adherencia imitativa
y crea una obra absolutamente original y de caracteres castizamente españoles.
Refleja la tristeza de Castilla en el siglo XVI, en que la decadencia se
produce a grandes pasos hasta culminar físicamente en aquel Carlos 11, el
Hechizado, el último monarca de los Austrias. El Greco vive en tiempos de
Felipe 11, que no comprendió su pintura, y prefirió a los académicos italianos
que pintaron El Escorial.
A diferencia de Velázquez o de Goya, que son pintores de la vida, el Greco
es el pintor del espíritu triste y concentrado de esa época de la sociedad española, en unión de Zurbarán o de Ribera el Españoleto, cuyas temáticas de
santos o de frailes estáticos, coinciden con el espíritu del pintor aretense españolizado.
El Greco lo mismo que Cervantes no tuvieron conciencia de lo que estaban
haciendo. Casi desconocidos en su tiempo, no pudieron pensar en la trascen-

159

�dencia de su obra para España y para la h~~idad. Ce1:'antes apenas si
pudo sentir la alegría de su gloria con la pubhcac1on del QmJ_ote. La segunda
parte fue en los últimos años, cuando estaba a punto ~e morir. E_l Greco fue
casi desconocido para sus contemporáneos y para vanas generaciones posteriores, hasta que Manuel B. García nos lo dio a conocer en toda su grandiosidad.
,
Cossío asegura además que la pintura del Greco ~fluy~ e? _Velazquez posteriormente con su realismo luminoso y con su técnica p1c~onca. Igua~ente
· ·
frances,
' como D egas, Renoir o Gaugum, y en la pintura
con el impres1omsmo
modernista actual.
Einsenstein el director de cine, que influyó en Emilio Femández, se ~nspiró
en la pintura' de la ciudad de Toledo, concibiendo diferentes planos cinematográficos.
.
. .,
, .
, .
El Greco estaba sin duda agobiado por la 1mpos1c10n del espmtu teo1~g1co,
al lado de los hidalgos pobres y orgullosos y la tristeza ~e la decadencia española que se acusaba en el ambiente, y buscó, como se dice ahora, un esca~e
hacia la abstracción de la realidad y demostró que el arte pued~ :rearse sm
cánones académicos ni recetas establecidas y que basta un sent1m1ento profundo y una inspiración para crear un arte personalísimo.
Rodney Collin en su "Teoría de la vida eterna" ase~ur~ que el Greco
expresaba sus distintas encamaciones y que cada personaje tlene una luz familiar con el pintor.
.
., .
Es una curiosa teoría sin validez científica, pero es una mte~retac1on interesante del cuadro del Entierro. Reproducimos sus palabra~ lit:ralmente:
"El Greco: Entierro del Conde de Orgaz, 1586. En la parte mfenor,_ gr~ves
deudos muestran las distintas partes del hombre muerto, en tanto que md_1can
con la otra mano el destino de cada una de ellas, la ~beza o la p~rsona~dad
se desvanece, las partes inferiores son destinadas a la berra, e~ co~azon al cielo.
Por el borde de la capa pluvial del Obispo, las sombras de el mismo en otras
vidas, pasan por su cerebro. Y la llama de la energía solar, l'.berada por la
muerte arde aquí y allá en los circunstantes, en veces como impulso sexual
y en v~ces como conciencia. Los circunstantes no son otros que el hombre
mismo en todas sus edades, todos sus yoes.
.
,
"Por encima y entre el cielo y la tierra un án~el recoge ya de Cnsto, Mana
José el embrión todavía informe de otra vida en tanto que S'.1°. ~edro
~uy;s llaves de los mundos visibles e invisibles son el símbolo del inf1rutoy toda la compañía de Santos observan. Y San Pedro, San José, los Santos
y Cristo son él mismo".
.
Lo que es evidente es que el Greco pintó en este cuadro del En:1erro dos
diferentes dimensiones del espíritu humano, el terrestre y el celestial. Y en
las dos dimensiones existe una luz unitaria que le da al conjunto la impresión

160

de que en esa forma nunca se dio en la realidad; es una nueva realidad pictórica y luminosa, creada por el pintor, de la misma forma que la corporeidad
física cambia a la luz del sol, de las velas o de la electricidad. La luz del
Greco es luz espiritual.
Como el hecho del Entierro había ocurrido muchos años antes y es presentado en el Templo de Santo Tomé como si fuera entonces, o en la actualidad del Greco, las figuras se dijeran con la luz dimensional de ultratumba,
desconocida para los humanos y que el pintor quiso representar; es un realismo como concebido en una serena visión onírica, en que el pasado se hace
actual con toda la impresión viva, como si ahora lo estuviéramos viviendo.
El milagro del arte es que hizo eterno lo que fue un episodio intrascendente, válido tan sólo para la época del Conde de Orgaz. Y llamo milagro
en el sentido de que una imagen pictórica lo eternice para todos los tiempos,
no por el Conde de Orgaz, sino por el Greco.
Manuel B. Cossío dice que el misticismo puede ser o no ser religioso para
explicar el Entierro: Mística es una actitud mental. El Entierro es religioso
por la presencia de mantos y de clérigos, pero el tema pictórico es independiente de las calidades artísticas. No importa lo que se pinte o lo que se pretenda hacer en un orden artístico, lo importante es cómo se ha representado.
La mística es una actitud contemplativa a diferencia de la actitud analítica
de la ciencia, o un conocer dianoético y no noético.
El tema de la muerte puede ser religioso o puede ser un intento de captar
otra dimensión espiritual post-mortero. Creo que ambas actitudes se dieron
en el Greco, buscando una imagen abstracta con los recursos de la plástica,
y en eso consistió su genio.
Cossío establece un parangón del Entierro con Don Quijote. Son diferentes,
porque el uno es pictórico, y el otro literario. El Entierro es triste no sólo por
el asunto, naturalmente serio, sino, por la técnica de las formas y el Quijote
es humorístito y triste. Pero los dos son "las dos fuentes de vida más intensa,
las dos más armónicas y originales conjunciones de idealismo y realismo que
en el arte español se han producido".
El Universo pictórico del Greco ha representado el alma de los españoles
en el siglo XVI; es la más concluyente aportación a la psicología hispánica
en tierras de Castilla y tiene tanto valor representativo como El Escorial en
la piedra arquitectónica, señalando un carácter ético y estético inconfundibles.
La realidad adquirió las dimensiones del mito por la estética del arte pictórico, logrado con la expresión de un artista genial. Y fijando el carácter
de un pueblo, con la revelación realista y abstracta, armonizando todas las
figuras en una unidad indestructible, dentro de la gran variedad, lo mismo
el conde muerto que los santos o los cléricos o los hidalgos o la visión angélica

161
Hll

�en armonía con la terrena. La luz creada con la paleta del pintor lo unifica
todo.
Los rostros de las figuras muestran las diferentes psicologías, que son como
mascarillas en cera de seres que fueron vivos y que ahora están viviendo en
otra dimensión espiritual, pero las mascarillas son de una gran fidelidad al
original.
Dentro de las diferencias individuales, en todos se manifiesta la unidad
del espíritu español, con esa luz realísima o irreal que el Greco supo pintar.
BmuoGRAFÍA: El Greco de MANUEL B. Cossío.-Editorial Espasa-Calpe.
La Teoría de la Vida Eterna, de ToDNEY CoLLIN.-Editorial Sol.-México, D. F.
The paihtings of El Greco.-Phaidon Press. Londres, 1938.
El sentido del Cine, de SERGIO EINsENSTEIN.-Editorial Lautaro.-Buenos
Aires.

162

Sección Segunda

LETRAS

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�INTERNACIONALISMO Y UNIVERSALISMO
Lrc.

ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

Universidad Nacional Autónoma de México.
Universidad de Nuevo León.
La morada del hombre es la tierra . . .

Es POSIBLE OBSERVAR en la panorámica que nos brinda la historia de las ideas
y doctrinas filosóficas y políticas, aplicadas a lo internacional, cómo la casi
totalidad de ellas, de acuerdo con las circunstancias que actualmente privan
en el mundo, se ha venido actualizando gradualmente hasta integrar una corriente doctrinaria que ha recibido el título de Internacionalismo, de acuerdo
con sus tendencias hacia tal objeto.
Las manifestaciones internacionalistas en el campo ideológico que han venido formando la corriente doctrinaria que citamos, provienen de diversas posiciones que van de lo filosófico a lo político, amén de las contribuciones jurídicas, literarias y aún hasta poéticas, que se han producido en el transcurso
del tiempo en varios países.
En otro aspecto distinto y de muy diversa naturaleza, de acuerdo con su
origen, doctrina propia y fines ultraterrenos, pero dirigido también al hombre
mismo, se destaca el hecho singular del Cristianismo, el que da origen a un
Universalismo, en la más adecuada acepción del concepto. Desde luego no es
posible ignorar otras actitudes ideológicas que de por sí tratan de colocarse en
similar proyección universalista, si bien desconociendo la profunda naturaleza
y trascendencia que encierra el contenido del Cristianismo.
Internacionalismo y Universalismo han sido comúnmente empleados en forma distinta por tratadistas y escritores, por lo que hemos creído pertinente,
antes de iniciar nuestro breve estudio, el tratar de hacer las aclaraciones que
convengan respecto a la denotación y significado de ambos conceptos, ya que
al no aplicarlos con la exactitud debida -tomando en cuenta el estado del
533

�planteamiento y estudio en que la cuestión se encuentra- esto acarrea interpretaciones equívocas y confusiones acerca de tales términos.
En realidad el Internacionalismo hasta ahora empieza a interesar, otorgándosele la importancia y categoría que tiene, no ya como un simple concepto
enunciativo, sino como un conjunto de ideas encaminado a integrar una
corriente doctrinal, iniciándose así un nuevo campo de estudio de magníficas
perspectivas cuyos frutos podrán apreciarse en lo futuro.
En lo relativo al concepto mismo de Internacionalismo, es posible decir que
ha sido el mar a donde han confluído no pocos ríos, al que también se le ha
denominado Universalismo. Múltiples ideas de índole filosófica como política
han integrado su acervo, siendo no escasa la literatura al respecto; pero en
forma principal, de acuerdo con su evolución, en el Derecho Internacional
(lnternationes), que aunque tiene sus propios principios, normas, reglas e
instituciones, como ciencia y con técnica ad hoc, no obstante, ha recibido buena parte de esa corriente ideológica.
I. El Internacionalismo ha venido adquiriendo carta de naturalización conforme el progreso del hombre ha dejado sentir sus efectos y es indudable que
la guerra también ha influído con sus funestas consecuencias. Las dos últimas
recibieron, por su naturaleza, el carácter de mundiales y no es difícil inferir
la letal y total magnitud de una posible tercera. En esa encrucijada trágica
de nuestro tiempo, el hombre vuelve angustiosamente su mirada hacia alguna
posible solución, que no solamente alivie la tensión -llamada guerra fríaque antecede al conflicto bélico mismo, sino sea el remedio definitivo y factible
que ponga ·coto a esa terrible eventualidad, tomando en cuenta las experiencias
de los fraca~s de otros tiempos. Mas si en el terreno del progreso material los
adelantos son incontrastables, si nos preguntamos acerca de si ese progreso
se ha obtenido también en lo que al espíritu se refiere, por desgracia, la contestación podría ser contestada por las circunstancias que privan en nuestro
momento histórico, y que muestran signos negativos. De aquí que sean dignos
de todo encomio los esfuerzos de estadistas, que como el presidente mexicano,
Lic. Adolfo López Mateos, luchan en favor de la paz y luchan también por
frenar y evitar una definitiva guerra nuclear, como la situación más compleja
e inmediata por la que atraviesa la humanidad, entre otros problemas de no
menor gravedad, dentro del gran escenario internacional en el que mancomunadamente participan todos los pueblos del orbe.
Los orígenes del Internacionalismo -en primer término- es posible encontrarlos en la naturaleza misma del hombre, la que alberga un anhelo de universalidad, pero paradójicamente, el propio hombre se ha encargado de obstruir, de poner murallas y de sembrar odios fratricidas, con los resultados que
la historia contempla. "La morada del hombre es la tierra", rezaba. el afo-

rismo antiguo y la propia historia se ha encargado de relatar -como comprobación de ese anhelo de universalidad- en brillantes páginas, sus esfuerzos,
obras y empresas en tal sentido, sólo que tal anhelo no ha tenido ni con mucho
una realidad.
El "más allá" terreno no reconoce límites. Así, los grandes descubrimientos
de la época antigua, como los que se antojan temerarios e irrealizables de la
actual, han podido llevarse a feliz término, debido a otras causas, a ese espíritu anhelante de universalidad. La obra de Cervantes, por ejemplo, tiene
proyecciones universales, porque sus personajes encaman al hombre de todos
los tiempos, con sus grandezas y debilidades.
Sin embargo, ese espíritu ha tomado diversos derroteros, como es lógico suponerlo. La diversidad de su expresión es prueba de la riqueza de su contenido,
como así es posible encontrarlo en múltiples manifestaciones a través del tiempo de todos los pueblos; formando ese conjunto de ideas internacionalistas,
con trasfondo universalista, una corriente que la historia de la cultura indudablemente guarda como una de las más nobles aspiraciones del hombre.
Todo lo anterior, aunado al progreso científico, prematuro en relación con
su progreso espiritual, encierra una dinámica que se dirige a abolir -en el
caso de llegar a realizarse dentro de las posibilidades y circunstancias de lo
futurible- las nacionalidades y las fronteras; a acabar con la insensata incomprensión entre los mismos hombres, así como a desterrar la siempre latente
amenaza de la guerra y, finalmente, a eliminar todos los obstáculos y prejuicios
que han servido de barreras a la libre como natural comunicación espiritual
y material de un pleno vivir de toda la humanidad.
La posible verificación de un agrupamiento internacional -vía jurídica-,
de acuerdo con las circunstancias actuales en que vive el hombre, hace pensar
y meditar en determinados hechos de la vida moderna que también, y gradualmente, lo han llevado -vía progreso científico- ya sea consciente o inconscientemente, o bien como producto natural del progreso mismo, a esa aproximación de la que parecen coincidir en sus fines, tanto el Internacionalismo
como el Universalismo; o sea el hecho claramente perceptible de la cada vez
mayor tendencia al agrupamiento, como así acontece en los campos de lo
ideológico; si bien, como es de suponerse, los medios o caminos que han seguido
ambos difieren notablemente, tanto en posición doctrinal, como en sus propios
postulados. Lo cierto es que vivimos en un proceso de internacionalización y
también, por qué no decirlo, de universalización de acuerdo con las exigencias
sociales internacionales. El hombre está más cerca del hombre en nuestros
días, a diferencia de las distancias que lo separaban en otras épocas; ahora el
acercamiento material es un hecho evidente, y en lo que respecta al acerca-

535
534

�miento espiritual, no parece hallarse el elemento genuinamente espiritual o
moral que produzca tal acercamiento.
La validez de los conceptos se ha internacionalizado, como principio de ese
proceso. El valor seguridad, pongamos por caso, ha caído en ese campo. Así,
en los últimos cuarenta y cinco años, el aseguramiento de ese valor seguridad,
como un nuevo concepto nacido de las circunstancias por las que el mundo ha
atravesado, tiene su fundamento en el principio de la universalidad de intereses
entre todas las naciones, principio que, como ha dicho un autor, ha encontrado aceptación y práctica aplicación, primero en la Liga de las Naciones, y
posteriormente en la Organización de las Naciones Unidas.1
Frente a la natural disposición del hombre dentro de lo universal e internacional, que tiene "como morada a la tierra", contrariamente a esto, se encuentra la posición desviada y malévola, cuando la encubre para dar satisfacción a sus apetitos bastardos de dominación o sojuzgamiento; como así ha
ocurrido en determinados períodos históricos el último no lejano a nuestra
época. El meollo del problema podría resolverse si se hace el reconocimiento
sincero de los valores que, tanto espirituales como materiales, componen a la
persona y de la admisión y reconocimiento de este hecho fundamental y necesario, deben derivarse, en ese reconocimiento, todos los atributos que le son
inherentes, como son el derecho a una existencia que merezca el nombre de
tal, para que el hombre pueda cumplir su misión terrenal en la seguridad que
la paz, la verdadera paz, brinda y participar equitativamente de los frutos que
su progreso le ha proporcionado; logrando así una efectiva convivencia. Pero
esta deseable situación para el porvenir --el de un sano internacionalismo-no puede ser la situación utópica de una arcadia, ni la siniestra "lección de
las ruinas"; tampoco la amarga experiencia que el filósofo inglés Bertrand
Russel apuntaba al decir que "el mundo en que vivimos ha sido modelado
por unos seis mil años de guerras organizadas"; como tampoco, por último, la
esclavizante que predican los que, mediante doctrinas inspiradas en la violencia, en el fanatismo ateo y en la simulación, tratan de adueñarse del mundo,
a través de la llamada "coexistencia pacífica", que es, en última instancia, la
antesala de la dominación y del imperio de odio y la opresión; porque otro
es el camino de un posible Internacionalismo y muy otros los medios de
lograr esa posible integración por más que se pretenda revestirlas de un Universalismo o de un Internacionalismo convencional e inoperante.
Con objeto de ir clarificando el tema a estudio, podríamos intentar un
concepto de Internacionalismo, al entenderlo como un conjunto de ideas de
naturaleza filosófico-jurídica, que en el transcurso del tiempo y de la historia

de los pueblos, han venido germinando una doctrina que establece --de
acuerdo con la congénita disposición de universalidad en el hombre- los principios y fundamentos para que la Comunidad Internacional pueda alcanzar su
efectiva integración y, así mismo, mediante los principios que han determinado
las normas del Derecho Internacional, éste pueda adecuarse a las nuevas
exigencias de la Humanidad y hacer factible tal comunidad universal. ¿ Acaso
el concepto anterior nos lleva a la por hoy un tanto utópica creación del Estado Mundial o bien a una Confederación Internacional de Estados?
La idea no es nueva. Ya Francisco de Vitoria, fundador del propio Derecho Internacional, siguiendo a Gayo en las Institutas, así como a otros autores antiguos y alterando el texto, habría de establecer certeramente: " Quod
naturalis ratio ínter omnes gentes constituit, vocatur ius gentium . .." y sobre
esa definición constituye su tesis fundamental de que el Derecho de Gentes
brota de la sociedad internacional: "ex communi consensu omnium et nationum". Por ta11to, el Derecho de Gentes vitoriano surge de la sociabilidad, de
la sociedad m,tural, de las relaciones entre los pueblos; no entre todos los
hombres considerados individualmente, sino entre los hombres agrupados en
naciones, y en esto ha de verse una superación con la doctrina tomista de la
comunidad cristiana, y un positivo adelanto". 2
Posteriormente al pensamiento de Vitoria, otros esfuerzos no ya puramente
teóricos sino políticos, fueron hechos con carácter internacionalista. Francia
en el siglo XVIII, dejaba oír por boca de uno de sus dramaturgos (De Belloy), la aspiración que hemos mencionado acerca del Internacionalismo, al
decir en uno de sus versos:
Je hais ces coeurs glacés et morts pour leur pays
Qui, voyant ses malheurs dans un paix profonde,
S'honbrent du grand nom de citoyens du monde.3

En el terreno de las ideas, o sea la parte que hemos considerado teórica, no
podemos soslayar la influencia de las contenidas en el Enciclopedismo que
habrían de tener -las principales de ellas- su verificación en la propia Revolución Francesa. "Los Derechos del Hombre" habrían de producir otra
revolución, no solamente dentro de la propia Francia, sino hasta en tierras
americanas, como así se observa en la actitud seguida por Thomas Paine, en
lo tocante a la justificación teórica de los insurgentes en sus reivindicaciones,
y además servir a la misma Revolución Francesa, cuando publicó un folleto
2

J.

LLOYD MECHAM. The United States and Inter-American Security, p. 1. University of Texas.
1

536

Lrc. CÉSAR SEPÚLVEDA. Derecho Internacional Público, p. 5.
• THÉODORE RuvssEN. Les Sources Doctrinales de L'Internationalisme, pág. 15. Presses
Universitaires de France.

537

�en Londres, en 1791, intitulado Rights of Man being an Answer to Mr. Burke's
Attack on the French Revolution. 4 También no era novedad la idea de la
Unidad de Europa -sueño largamente acariciado que parece llegará a una
realidad en lo futuro-, lo que empezaba a germinar. En la ,Convención Francesa, el 15 de junio de 1793, el Abate Grégoire, demandaba en la discusión del
proyecto de Constitución que habría de substituir a la de 1791, _una De~la_r~ción de Derecho de Gentes, lo que habría de ser -en la autonzada op101on
del profesor Ruyssen- "la primera enunciación precisa de los principios de
5
Derecho Internacional que se había sometido a una asamblea política". En
efecto, el Artículo Primero establece: "Les peuples son entre eux dans l'etat
de nature; ils ont pour lien la morale universelle".
En los tiempos modernos -aunque por diversas motivaciones- la corriente
internacionalista no se ha interrumpido. El nombre de Roberto Schumann, se
encuentra íntimamente ligado a la idea de una lenta integración de lo que
podrá hacerse andando el tiempo: la fusión supranacional de Europa. El M_ercado Común Europeo, constituye un acabado esfuerzo cuyos resultados han ido
más allá de lo que se había previsto. Ya Winston Churchill había delineado un
plan, el cual debería ser "Una liga realmente efectiva con todas las más p~d:r~sas fuerzas incluídas en su formación, con una suprema corte para dmnur
disputas, y con fuerzas armadas, nacionales e internacionales, o ambas di_s~uestas a imponer sus decisiones y prevenir agresiones armadas y la preparac1on de
futuras guerras". "Después de la elección general británica de julio de 1945,
Churchill continuó urgiendo la creación de unos Estados Unidos de Europa, Y
en Zurich, el 19 de septiembre de 1946, dijo que el primer paso hacia ello debería ser "formar un Consejo de Europa".6
Los anteriores esfuerzos -pese a su índole eminentemente económicaconstituye, no obstante, elocuentes ejemplos de lo que las ideas internacionalistas y Ja solidaridad pueden realizar en el ámbito de ir organizando grandes
agrupamientos, que a su vez, formasen una totalidad de Estados, como en el
caso de Europa, con indudables proyecciones hacia otros campos que no fueran puramente de carácter económico.
El Internacionalismo puede dividirse en dos aspectos: a) teórico, que contiene las ideas previas a la doctrina en germen, cuyo objetivo principal es el
reconocimiento del hombre como miembro de una comunidad internacional,
situado fuera del marco puramente nacional, y con una personalidad cuyos
atributos tienen una proyección internacional también. En sus principios evolutivos esta doctrina aparece coloreada de tintes románticos y utópicos Y
contie~e diversas posiciones intelectuales e ideológicas, de acuerdo con las cir• y• Ibid., pp. 35 y 36.
• ESTEBAN GoNZÁLEZ ARDINES. Integraci6n Supr'aestatal. Tesis profesional, p. 10.

538

cunstancias y el momento histórico determinativo; hasta llegar, por último,
muchas de esas ideas, tanto de carácter filos&lt;Sfico, jurídico, político y sociológico,
dentro de la corriente que señalamos, a constituir verdaderos principios que con
el correr del tiempo -en opinión del profesor T'héodore Ruyssen-, han formado las fuentes doctrinales del Internacionalismo, de acuerdo con su obra.
Como acontece con las doctrinas que nacen, como en el caso que ocupa
nuestra atención, es de observarse que el material que las informa es abundante y disperso, y no siempre tiene la uniformidad que hubiere de desearse.
Para lograr la ordenación de dicho material, se requiere tiempo, y esfuerzo y,
como acertadamente lo apunta el profesor Ruyssen, se señalan tan sólo las
fuentes doctrinales, las que necesariamente habrán de integrar a la doctrina
propiamente dicha del Internacionalismo, mérito indiscutible del maestro galo, que constituye la más, si no la primera, seria e importante contribución a
dilucidar la problemática de esta nueva disciplina, como lo es la Filosofía del
Derecho Internacional.
b) En el aspecto práctico, se observa cómo muchas de esas ideas que han
venido formando las fuentes del Internacionalismo, se han plasmado de acuerdo con las exigencias del momento histórico, tanto en principios como en instituciones, legalmente válidas en el campo jurídico internacional. De los principios se ha llegado a la elaboración de normas, como así es posible contemplarlo en el Derecho Internacional común de nuestro tiempo, hasta llegar a
su consagración en la Carta de las Naciones Unidas, como su más acabado exponente, que en síntesis, no es otra cosa que un tratado internacional inspirado
y con fundamento en el propio Derecho Internacional.
La aparición de la Carta de las Naciones Unidas, para llegar a su realización habría de tener los antecedentes necesarios, como aquel de la Sociedad
de Naciones, el primer gran esfuerzo para agrupar a los Estados dentro de
planos internacionales. Asimismo, están los diferentes convenios y tratados, así
como la existencia de múltiples negociaciones en donde han coincidido todos
los factores, no puramente jurídicos internacionales, para ir integrando ese
acervo.
La profJia Carta de las Naciones, Unidas, es el más claro ejemplo de cómo
la internacionalización se ha venido actualizando, siendo indudablement2 su
expresión jurídica su más elevado exponente. El eterno problema del empleo
de la fuerza como solución para los problemas del hombre, gradualmente le
ha venido imponiendo a éste el imperio del Derecho Internacional, como el
más eficaz medio de hacer más viable las posibilidades de una efectiva convivencia entre los Estados.
En la formulación de la Carta de las Nac:iones Unidas, cuyos antecedentes se encuentran en la Declaración de Moscú, del lo. de noviembre de 1943,

539

�los Estados Unidos, la Gran Bretaña y la Unión Soviética, habían acordado el crear una nueva organización de tipo internacional. En Dumbarton
Oaks se prepararía el material que en la Conferencia de Yalta, de 1945, se
completó acerca de la nueva institución, para llegar, finalmente, a la Conferencia de San Francisco ( 1945), en la que con asistencia de 50 estados nacería
la Carta de las Naciones Unidas, cuyas miras principales están encaminadas al
mantenimiento de la Paz, así como de la seguridad internacionales, los dos
grandes valores que la humanidad había contemplado verse aterradoramente
deshechos.
Aunque ampliamente conocido el documento en cuestión, no está por demás, dado su alto valor, el transcribir tanto el Preám.\ulo, como el Artículo I,
con objeto de poder encontrar los elementos que nos sirven para nuestro propósito a estudio. La Carta de las Naciones Unidas empieza:
"Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos a preservar a
las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles,
a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de
hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia, y el respeto a las
obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del Derecho Internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida
dentro de un concepto más amplio de la libertad".
Por su parte, el Artículo I, en lo relativo a propósitos y principios, estatuye:
"Los propósitos de las Naciones Unidas son:
1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar
las medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la
paz: y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios
de la Justicia y del Derecho Internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz.
2. Fo mentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el
respeto al principio de la igualdad de derechos y al de lai libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer
la paz universal.
3. R ealizar la cooperación internacional en la solución de problemas
internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y
540

en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las
libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de
raza, sexo, idioma o religión; y
4. Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por
alcanzar estos propósitos comunes".
En el aspecto internacionalista, están, como hemos dicho, la propia Organización de las Naciones Unidas; la Organización de los Estados Americanos
(OEA), que nació de la Carta. de Bogotá; el Consejo de Europa, ya citado;
La Comunidad Europea del Carbón y el Acero, así como los Acuerdos Regionales.
No menos interesante es -dentro del Internacionalismo- la observación
de las funciones de la comunidad internacional organizada, de donde se derivan importantes consecuencias.
"Los actos jurídicos realizados por los órganos de la ONU, al igual
que los actos jurídicos de los Estados, pueden dividirse en varios grupos, siendo los principales los siguientes: la promulgación de normas
generales, la conclusión de tratados, la mediación y resolución en materia de conflictos, la comprobación de hechos, la fijación de preceptos
por vía reglamentaria (instrucciones), la realización de actos administrativos y la ejecución de medidas coercitivas". 1
Sin embargo, dentro de esa panorámica internacionalista que venimos observando, ocupa un lugar preferente un movimiento de tal carácter, sólo que
dirigido al reconocimiento de la persona humana, como elemento básico para
la estructuración de un internacionalismo que pueda fincar, a su vez, nuevos
caminos de inteligencia. Si bien el hombre como individuo no suele ser sujeto
del Derecho Internacional, en cambio éste sí le protege "ya que el extranjero
puede ser protegido por su gobierno. Sin embargo, desde el Congreso de Viena
( 1915) encontramos diversos Tratados colectivos en los que el hombre como
tal comienza a ser protegido internacionalmente".8
Con antecedentes, tanto en la antigua doctrina del Derecho Internacional,
como en forma especial en Vitoria, no obstante, es en la Carta de la ONU en
donde se encuentra un reconocimiento internacional de principio de los derechos humanos. La Carta --como vimos anteriormente-- proclama en el
Preámbulo su "fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres
' ALFRED VERDROSS.

Derecho Internacional Público, p. 423.

' !bid., p. 442.

541

�y mujeres". Por su parte, se ha creado el "principio nuevo -como acertadamente Verdross lo establece-" de que la protección de los derechos humanos constituye una cuestión fundamentalmente internacional. .. Pero aunque
este principio haya sido reconocido por la Carta de la ONU, su puesta en
práctica se encuentra todavía en sus comienws. Para acometer dicha aplicación, la ONU creó una comisión especial, la Comisión de Derechos Humanos,
que preparó una "Declaración" y una "Convención" sobre la protección de
los derechos humanos. La Asamblea General de la ONU, el 10 de diciembre
de 1948, después de haberlas discutido, aprobó una "Declaración Universal
de los Derechos del Hombre", que consta de treinta artículos.
El Preámbulo de la Declaración parte de la idea de que los derechos humanos fundamentales están enraizados en la dignidad y el valor de la persona
humana. Por eso corresponden a todos los miembros de la familia humana
derechos iguales e inalienables ( Preámb., apart. lo., art. 2o.).
La Declaración universal de los derechos del hombre no tiene un carácter
jurídicamente obligatorio, sino moral, ya que la Asamblea General de 1a ONU,
no tiene, en principio, competencia legislativa, y sólo puede hacer re~o71:e~daciones, de aquí que su reconocimiento sea solamente el de un Pnncip:o,
sentándose así el establecimiento de otro principio más, que unido a otros, irá
formando el Derecho Internacional del futuro.
Por último, múltiples son ya los casos en donde es posible comprobar 1~ expansión del Internacionalismo, como en el caso del Derecho lnternac10nal
Administrativo; el régimen de las comunicaciones, debido al rápido desarrollo del tráfico de personas y cosas y correspondencia, como acontece en los
autobuses que recorren Europa, facilitando la tramitación de requisitos migratorios a las personas que pasan de un país a otro. Hay también el régimen
de la navegación fluvial, especialmente en Europa también, en donde se ha
Ileo-ado a la declaración de ríos internacionales; el régimen de los canales y
b
•
. ,
, •
el de las comunicaciones ferroviarias; el régimen de la navegac10n mantuna
y aérea; de la transmisión de noticias; la telecomunicación y el tráfico comercial. En lo que respecta al internacionalismo, en materia cultural, corresponde a la UNESCO "el promover la solidaridad intelectual y moral de la
humanidad".
Pero --concluye Verdross-, además, con la organización de la comunidad
internacional surgen también nuevos valores. Así el Preámbulo de la Carta
apunta a la buena vecindad y a la tolerancia. Pero sobre todo una coope_r~ción eficaz de los Estados presupone la buena voluntad de todos los participantes de colaborar en la realización de fines comunes, pues faltan~o tal disposición interna no cabe actuación solidaria alguna. _Lo~ Es~dos tienen que
orientarse hacia un fin último, para que quepa una comc1denc1a de sus q~ehaceres. Y este últmo fin no puede ser otro que el bien común de la humanidad,

542

el bonum commune humanitatis. Pero este fin no recibe un contenido concreto mientras no va unido al convencimiento de que todos los hombres son hermanos, por ser todos ellos hijos de una gran familia, unida por Dios y en
Dios, según expresa el conocido dicho: "conjunctio hominum cum Deo est
conjunctio hominum intersese".9

11.

EL UNIVERSALISMO

En primer término, es necesario atender al Universalismo nacido al calor
de un hecho singular: el advenimiento del cristianismo. Anterior a ese hecho
el hombre tenía, entre otras incógnitas que resolver, la realidad de encontrarse ante un gran escenario, con todas las grandes limitaciones que le imponía
no solamente su condición de hombre, sino su estado de barbarie o de semibarbarie, en ese período evolutivo primario. Pero la grandeza de ese mundo
-no comprendido en su magnitud- tenía la compensación de la grandeza
del propio hombre, quien habría de emplear varias generaciones, para empezar a comprenderlo y a conquistarlo palmo a palmo a costa de su sangre. Sin
embargo, la pura conquista de ese mundo ·que le atraía, no era, con mucho, la
gran meta, porque quedaban a la vera de sus caminos y en las horas solitarias de su reflexión múltiples incógnitas cuya contestación no satisfacían las
conquistas y el dominio, ni el avance de una técnica -mayoritariamente bélica y por tanto negativa- y que, en algunos casos, le proporcionaba algunas
comodidades para abreviar sus fatigas para el trabajo. Sus agrupaciones sociológicas, gobernadas por castas privilegiadas, paganas y abstrusamente materialistas, hacíanle la vida sin contenido, hasta la aparición del cristianismo, como el hecho más trascendental que se produjera en el curso de la historia,
produciéndose así el único y verdadero Universalismo; no serían piezas disímbolas de un todo, la prédica del odio, se vería reemplazada por la del amor y
la confraternidad, llegándose así a la formación de una conciencia universal y
religiosa del cristianismo. "Miraos como hermanos..." dicen las palabras de
las Sagradas Escrituras.
"Con toda seguridad el nacimiento de Cristo señaló una de esas encrucijadas en la historia, al introducir, como introdujo, una profunda transformación
espiritual y cultural en el antiguo mundo del paganismo. Su advenimiento
hasta llegó a dividir el calendario en dos épocas del tiempo reconocibles. El
hombre emergió de la masa de la humanidad indistinguible como una personalidad investida de una dignidad individual desconocida para las privilegia• !bid., p. 485.

543

�das castas paganas de las civilizaciones precristianas, a pesar de que Platón y
Aristóteles habían llegado al margen de la revelación. Era el punto en que
cambiaba de curso la historia espiritual de la raza..."lº
Pero no viene a los propósitos de nuestro trabajo hacer el análisis de la
presencia del cristianismo, tema que ha ocupado a profundos escritores, teólogos y tratadistas en general. Interésanos sí, desde el punto significativo de
que crea el único y posible universalismo, fundado, no en las meras conveniencias del "vivero político", sino con elevados y muy superiores fines.
Al valorizar y percatarse de la realidad internacional de nuestro tiempo,
vemos que ha hecho su aparición un documento de la mayor importancia,
que dentro de la proyección universalista de su origen, nuevamente, como
hace siglos, se llama a todos los hombres. Tal es, brevemente dicho, la Encíclica Pacem in Terris, de S. S. Juan XXIII, enseñanza y documento solemne
dirigido a todo el mundo. El valor de este documento, reconocido por cristianos y no cristianos, constituye un faro de luz en esta etapa de tensión y de sufrimiento por un futuro preñado de letales y definitivas circunstancias.
En este trance, la voz serena de la Iglesia deja oír su mensaje a través de
Pacem in Terris, que en su parte primera se refiere al orden entre los seres
humanos, con la definición afirmativa de que: "Todo ser humano es persona,
sujeto de derechos y de deberes''. Al efecto, se declara:
"En toda humana convivencia bien organizada y fecunda hay que
colocar como fundamento el principio de que todo ser humano es 'persona', es decir una naturaleza dotada de inteligencia y de voluntad libre
y que por tanto de esa misma naturaleza directamente nacen al mismo
tiempo derechos y deberes que, al ser universales e inviolables, son tam11

bién absolutamente inalienables".

necer a una det~rminada Comunidad Política, no impide de ninguna
man~ra el ser miembro de la familia humana y pertenecer en calidad
de ciudadano a la comunidad mundial".12
No siendo el propósito de esta parte de nuestro estudio, el hacer un comentario de la Encíclica Pacem in Terris, sino sólo entresacar aquellos punt?s que se refieren al Universalismo: habremos pues, consecuentes, de omitlr -muy a nu~tro pesar-_ los que, pese a su valor, no traten propiamente dicho _tema y refenm~s excl_us~vamente a los que con claridad manifiestan el pensauuento y la doctnna cnstlana a este respecto. Sin embargo, en la panorámica general de la Encíclica, no es posible omitir la cuestión vital del "Desarme"
en la que se afirma:
'
"En sentido opuesto, vemos no sin gran dolor cómo se han estado
fabricando Y se fabrican todavía, en las naciones ec:nómicamente más desarrolladas, enormes armamentos, y cómo a ellos se dedica una suma
inmensa ~e energías espirituales y materiales, de lo cual se sigue que, mientras los ciudadanos de estas naciones han de soportar gastos nada llevaderos, otros pueblos quedan sin las ayudas necesarias para su progreso económico y social".ª

. En la Encíclica no se soslaya tampoco la importancia del Derecho Intemac~onal,..cuan_do en la parte relativa, al hablar de los "Signos de los tiempos", se
dice: Ha ido penetrando en nuestros días cada vez más en el espíritu humano la persuasión de que las diferencias que surjan entre las naciones se han
de resolver no con las armas, sino mediante convenios".1'
No obstante, es en la Parte Cuarta, relativa a las R elaciones entre los Individuos, las Fa"!ilias, las 1sociaciones, y Comunidades Políticas por una
pa_rte Y la Comunidad Mundial por la otra, en donde mejor se percibe el men-

Entre los importantes temas que trata la Encíclica y en donde es posible
encontrar el signo del Universalismo -en su más pura expresión-, lo podemos hallar cuando se refiere al "derecho de emigración e inmigración", entre otros de los pasajes, al decir que:

saje de la Iglesia a lo universal. En esta parte se refiere la Encíclica a la Interdependencia entre las comunidades políticas, diciendo:
El reciente progreso de las ciencias y la técnica, que han influido en
las costumbres humanas, está incitando a los hombres de todas las Naciones a que unan cada vez más sus actividades, y ellos mismos s~ asocien entre sí. Porque hoy en día ha crecido enormemente el intercambio
de las ideas, de los hombres, y de las cosas. Por lo cual, se han multipli-

"Todo hombre tiene derecho a la libertad de movimiento y de residir dentro de la Comunidad política de la que es ciudadano; y también
tiene el derecho de emigrar a otras Comunidades políticas y establecerse
en ellas cuando así lo aconsejan legítimos intereses. El hecho de perte-

!bid., p. 8.
!bid., p. 29.
" !bid., p. 33.
12

,.. Humánitas. De la guerra y de la Paz. Lic.

II, 1961.
11 Pacem in Terris de S.S.

JUAN

ALBERTO GARCÍA G6MEZ.,

p. 535. Vol.

11

XXIII, p. 5.

545
544
H35

�cado sobremanera las relaciones entre los individuos, familias y asociaciones pertenecientes a Naciones diversas, y se han hecho más frecuentes
los encuentros entre jefes de Naciones distintas. Al mismo tiempo la economía de las Naciones se entrelaza cada vez más con la economía de
otras; los planes económicos nacionales gradualmente se van asociando de modo que, de todos ellos unidos, resulta una especie de economía
universal; finalmente el progreso social, et orden, la seguridad y la tranquilidad de todas las Naciones guardan estrecha relación entre sí". 15

/ El bien común universal constituye para la doctrina que la Encíclica sostiene, la gran meta de realización universalista -entre los otros aspectos cuyo contenido se encuentra en otros campos de estudio- por lo que habremos
de considerarla como fundamental. El parágrafo habla de la "Insuficiencia de
la organización actual de la autoridad pública en relación con el bien común
universal".
"Jamás vendrá a deshacerse la unidad de la sociedad humana, puesto que ésta consta de hombres que participan igualmente de la dignidad
natural. De ahí la necesidad, que brota de la misma naturaleza humana, de que se atienda debidamente al bien universal, o sea al que se refiere a toda la familia humana.

Universalismo, sin que, como es lógico suponerlo, tengan ni la naturaleza ni
el contenido del verdadero Universalismo, a la manera en que el cristianismo
lo originara. Aquel anhelo íntimo del hombre frente al universo, queda como uno de sus grandes signos distintivos y nobles.
Tenemos el universalismo de las ideas, ya sean en las grandes obras de todos los géneros y de todos los tiempos, como acontece en las diversas manifestaciones del hombre, cuyo más alto exponente es la cultura misma. En ella
está la huella del hombre como símbolo de su grandeza dentro de lo limitado
de ella. En filosofía, por ejemplo, es posible la afirmación de que la obra de
los griegos -Aristóteles y Platón- no ha sido superada; que crearon sistemas de tal consistencia que han servido para edificar sobre ellos o en torno
a ellos; por tanto, su pensamiento es un¡versal y perenne. Lo prop!o ocurre
con las otras manifestaciones culturales. Las grandes obras de los literatos y
músicos, se han hecho del idioma universal; es decir, las primeras se han
traducido a todos los idiomas y la mÚ5ica es el mensaje suave que va de un
confín a otro. La misma cultura es universal, porque ha venido siendo elaborada a través de los tiempos por generaciones sucesivas, salvando las fronteras, y las nacionalidades, el color de los hombres y su condición, como la más
alta expresión de la presencia del hombre y de su grandeza en ese mundo
magnificente en que nace, vive y muere.

En el pasado los Jefes de las Naciones parece que pudieron atender suficientemente al bien común universal, procurándolo ya por embajadas de su propia Nación, ya por encuentros y diálogos de los personajes más destacados de la misma, por pactos y tratados, es decir, empleando los métodos y medios que señalaban el derecho natural, el derecho de gentes y el derecho internacional. En nuestros días las relaciones mutuas de las Naciones han sufrido notables cambios. Por una
parte, el bien común internacional propone cuestiones de suma gravedad, arduas y de inmediata solución, sobre todo en lo referente a la seguridad y a la paz del mundo entero; por otra parte, los jefes de las diversas Naciones, como gozan de igual derecho, por más que multipliquen las reuniones y los esfuerzús para encontrar medios jurídicos más
aptos, no logran en grado suficiente su objetivo, no porque les falte sincera voluntad y empeño, sino porque su autoridad carece del poder necesario".16

En otro orden de ideas, también se habla de otras posibles acepciones de
1
•
11

546

I bid., p. 34.
Ibid., p. 35.

547

�MISIÓN DE LA SOCIOLOGÍA DEL DERECHO

LIC. VÍCTOR L. TREVIÑO
Universidad de Nuevo León

UBICACIÓN DEL TEMA
Tono INTENTO DE PRECISAR los perfiles de la Sociología del Derecho, con propósitos de establecer ulteriormente la misión de esta disciplina, debe partir de una noción previa y clara acerca de la Sociología General.
Empleamos e,5ta última expresión en sentido provisorio y convencional, ya
que la Sociología, como cualquiera otra de las ciencias de la sociedad, del
hombre o de la naturaleza es, por esencia, general. Sin ese carácter de generalidad, ningún conjunto de conocimientos o de principios puede aspirar a
la categoría de lo científico.
Aunque la observación anterior parezca obvia, no deja de ser pertinente,
si se toma en cuenta que no pocos autores -del pasado y del presente- han
empleado esta denominación de Sociología General, sólo que en un sentido
muy diverso al que nosotros hemos anotado -y que adoptamos sólo en función de la claridad expositiva-. Así el gran maestro de la Sociología francesa, Emile Durkheim, empleó esta denominación con finalidades metodológicas,
al establecer, al par que una transformación radical del positivismo sociológico comtiano, un riguroso método de estudio de las realidades sociales escalonadas, desde la superficie geográfica y demográfica de la sociedad -realidades ecológicas, edificaciones, vías de comunicación, producción agrícola,
etc.- y pasando por las ideas colectivas, los símbolos, los valores, las creencias y los ideales, hasta las realidades profundas que bullen en la entraña misma de la sociedad. Estos diversos tipos de realidades sociales escalonadas deben ser estudiadas -según Durkheim- por tres disciplinas particulares y especializadas, que SO?:

549

�l. La Morfología social, encargada de estudiar las realidades sociales superliciales, susceptibles de medición y cu~tificaci_ón. .
.
2. La Fisiología Social, cuya tarea consiste en mvestJgar -y analizar- el
sentido de las ideas colectivas, de los símbolos y de los valores que éstos representan. Entre tales ideas colectivas y valores están las creenc~as_ religios~ _Y
las morales, los conceptos de la justicia y la equidad, las conv1cc1ones poht1cas, etc.
3. La 'Sociología General, a la que corresponde investigar cómo se integran
y desarrollan los fenómenos profundos, los más íntimos de la realidad social;
es decir, los "fenómenos sociales totales". Se observa sin esfuerzo, entonces,
que Durkheim, con esta tricotomía metodológica, asignó un lugar preciso .ª
la sociología del derecho -al mismo tiempo que a la de la moral, de la religión, de la economía, de la política, etc.- dentro de la sociología; pero no
precisamente dentro de la "Sociología General" sino dentro de lo que él designó como "Fisiología Social".
El propósito fundamental que nos condujo a hacer la exposición anterior
no es, precisamente, el de criticar, ni analizar las críticas dirigidas contra las
concepciones durkheimnianas, sino el de establecer cómo ha sido empleada,
con fines metodológicos, la locución "sociología general" por el maestro de
la sociología francesa, y como sólo con finalidades prácticas hemos decidido
emplear la misma expansión, para situarnos -terminológicamente--, en la
posición adoptada en la parte inicial de este trabajo.
Tradicionalmente, la sociología general ha sido considerada como "la ciencia de Jo social", "la ciencia que trata de la formación y desarrollo de las sociedades humanas" y otras fórmulas definitorias más o menos afortunadas,
que atienden más a una simplista interpretación etimológica del vocablo acuñado por Augusto Comte, que a la compleja función que esta ciencia está
llamada a cumplir. (Comte la definió como "el estudio positivo de todas las
leyes fundamentales relativas a los fenómenos sociales", en su Cours de Philosophie positive, 1843) .

SOBRE LAS VARIAS DEFINICIONES DE LA SOCIOLOGÍA

Aunque los sociólogos contemporáneos han adoptado fórmulas definitorias
que engloban los elementos más generales del objeto propio de 1~ cienci~ de
lo social así como la directriz del método adecuado para su estudio, es cierto
,
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que las definiciones de esta ciencia, propuestas a lo largo de algo mas e una
centuria -desde Augusto Comte hasta nuestros días- son tan variadas y
cambiantes como las figuras de un caleidoscopio, y podría decirse -si esto

no cayera en el campo de la hipérbole- que en su abigarrado conjunto, al
través de las diversas escuelas, posturas y doctrinas, el pensamiento sociológico se ha proyectado hacia todos los rumbos de la rosa de los vientos.
Emilio Littré, en su Dictionaire de la Langue Franfaise ( 1872), define
la Sociología como "la ciencia del desarrollo de las sociedades humanas". René Maunier, en su Introducción a la Sociología (Edit. "Pax-México"), tras
de censurar la definición de Littré, concluye diciendo: "Llamaré Sociología
al estudio descriptivo, comparativo y explicativo de las sociedades humanas,
tal y como se les puede observar en el espacio y en el tiempo".
Hemos mencionado a estos dos autores franceses, no por elección al azar,
sino por vía de ejemplificación, ya que Maunier representa una de las más
vigorosas argumentaciones que pueden esgrimirse para destruir una definición propuesta: "La ciencia del desarrollo de las sociedades humanas" según
Littré, provoca la crítica de Maunier (Ob. cit.) con estos argumentos: " .. .la
palabra ciencia es -o era- prematura; y en cuanto a aquello del 'desarrollo' revela una filosofía optimista del progreso. Si se acepta el término ciencia, significa que la finalidad de la Sociología es el estudio de lo que fue y
de lo que es; pero no la previsión de lo que será, ni la suposición de lo que
pudo o debió haber sido". Con tales argumentos, Maunier rechaza uno a uno,
todos los elementos de la definición de Littré...
Si hemos de seguir el orden cronológico de aparición de las múltiples definiciones de la Sociología -y el de las concepciones de la sociedad, que son
la raíz y la substancia nutricia de tales definiciones-, habremos de partir
de los tratadistas de esta materia que identifican a la Sociología con las ciencias Físico-naturales, reduciéndose, desde luego, a los tiempos modernos, sin
otra justificación que la que podría fincarse en el hecho de que la palabra
misma que designa a nuestra ciencia haya aparecido por primera vez al mediar el siglo XIX, en una "tardía aparición", por más que los estudios acerca de las colectividades humanas, sus formas de organización, sus motivaciones y sus finalidades, tengan tan remotos antecedentes y tan esclarecidos expositores como Platón, Aristóteles y Cicerón, en la antigüedad clásica, y hayan alcanzado tan elevadas cimas en San Agustín, en Santo Tomás de Aquino y
una pléyade de filósofos de la Edad Media y de los tiempos modernos cuyas
profundas observaciones y afortunados hallazgos sería imposible esbozar siquiera dentro de los límites de una monografía. Reduzcámonos, pues, al período comprendido entre el mediar de la pasada centuria y nuestros días.
De acuerdo con la concepción de la "física social" comptiana, la ciencia
del hombre que vive en comunidad -que convive con sus semejantes-, la
sociología, comprende tres partes: "El estudio del hombre físico, o 'antropología física' (biología humana) ; el estudio del hombre psíquico o 'psicología

�humana' (antropología psíquica) y, finalmente, el estudio del hombre político o 'sociología humana"' (Maunier, ob. cit.).
Para Edward Westermark (The History of Human Marriage. London,
1901, p. 1), una institución social, tan decisiva y vigorosa como es la del matrimonio, debe ser estudiada a la luz de la historia natural. En un poderoso
esfuerzo por establecer esta absurda identidad, Westermark compara y clasifica las costumbres matrimoniales de los más dispersos pueblos de la tierra.
Es evidente que lo que se obtiene con un estudio de tal naturaleza, más
que una "historia del matrimonio" es una copiosa colección de datos acerca
de la conducta del hombre, toda vez que una historia auténtica, especialmente si se trata de una institución, exige como presupuesto fundamental una
secuencia, una continuidad, un encadenamiento de las diversas etapas por las
que dicha institución ha pasado, y no solamente un recuento de lo que ciertos individuos -o ciertos grupos de individuos- en ciertos lugares y en determinados tiempos han hecho, lo cual, en resumen, representa sólo una descripción de las respuestas instintivas del hombre a una copiosa variedad de
situaciones sociales. Y si a este recuento, a esta descripción multiforme no
puede llamarse "historia" -en el sentido cultural del vocablo- mucho menos podrá considerársele como Sociología.
Criticando la Historia del Matrimonio Humano que comentamos, el Profesor Robertson Smith (Naturaleza, XLIV, p. 270), lamenta que Westermark haya confundido deplorablemente la historia humana con la historia
natural. Dice el profesor Smith (citado por Robert E. Park y Ernest W. Burges. lntroduction to the Sciences of Sociology, 1924) : "La historia de una institución, controlada por la opinión pública y regulada por la ley, no es historia natural. La verdadera historia del matrimonio empieza donde la historia
natural del aparejamiento sexual termina".
Podrían citarse centenares de autores de obras de Sociología naturalista
que -con ligeras o considerables variantes- coinciden en identificar a la
ciencia sociológica con las ciencias matemático-físico-naturales, y que por lo
mismo, han asignado a la Sociología una función puramente explicativa de
los hechos sociales, cuya tónica dominante vibra en todas las definiciones por
ellos propuestas.
Sin embargo, y a partir del primer decenio de nuestro siglo, han surgido
tan diversas y numerosas corrientes del pensamiento sociológico, que han venido provocando no poco desconcierto entre los no iniciados en esta clase de
estudios y aun entre los estudiosos no avezados en estos menesteres.
Antes de llevar adelante una revisión -por superficial que sea- de las diversas direcciones en que se ha proyectado la especulación sociológica de los
últimos años, es oportuno hacer una observación elemental, que sirve de guía

552

inicial para la formación de una noción básica acerca d~ la materia de todo
estudio sociológico, y que revela la insuficiencia de la concepción de la historia natural de las comunidades humanas, cuya visión primordial se enfoca en
encontrar la explicaci6n de los fenómenos sociales.
El obrar humano -individual o colectivo- tiene una explicación; pero
puede y debe, además, ser objeto de una interpretación, o una comprensi6n.
Estas dos funciones cognoscitivas del hombre difieren notoriamente. Los fe.
nómenos naturales tienen una explicación que, cuando es encontrada por el
hombre, satisface a éste, en sus exigencias de conocimiento. (La legitimidad
de la verdad de un principio matemático o de una ley física es problema de la
filosofía pura, que no nos corresponde analizar ahora). Los fenómenos sociales, en cambio, son factura del hombre, y como tales, tienen un sentido,
por virtud de que no se producen -en una amplia proporción- merced a la
relación de causa a efecto, sino en la de medio a fin. El hombre forma parte
de la naturaleza, indubitablemente; pero al mismo tiempo se separa de ella:
Ama u odia; forja propósitos y actúa de cierta manera para realizarlos; implora o maldice, se congrega con sus semejantes, o se aísla: se santifica o se
envilece; y en un extremo o el otro, cuanto más humano sea tal extremo, menos sujeto está el hombre a los dictados imperiosos de su naturaleza física.
El hombre, lo mismo en su individualidad profunda que en su actuación
como miembro de una comunidad, participa de sus dos naturalezas; física -o
biológico-psíquica- y espiritual.
Resumiendo: La explicaci6n es una función mental aplicada exclusivamente a los fenómenos de la naturaleza física. La comprensión, en cambio,
es la interpretación del obrar humano, de ese obrar que se genera y se desarrolla en la aspiración constante del hombre hacia su perfeccionamiento.
El estudio de los hechos y fenómenos sociales y de las relaciones interhumanas debe enfocarse con predilección hacia la comprensión de los
mismos, sin desconocer, desde luego, la importancia de la explicación de las
causas físico-geográficas -ecológicas- o biológicas y psíquicas que intervienen en su gestación y desarrollo.

TENTATIVA DE DEFINICIÓN

Siendo tan frecuente el empleo de palabras de dudosa connotación -como sucede en la sociología al hablar de los "hechos" sociales, sin precisar
previamente la significación exacta de este vocablo- prescindiremos de algunos términos tradicionalmente consagrados, proponiendo designar a la "Sociología General" como la ciencia que estudia las estructuras y procesos de las

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comunidades humanas, así como las relaciones interhumanas, en cuanto a su
motivación, explicación, análisis y comprensión.
Y de acuerdo con esta definición tentativa, mediante una simple inferencia, podríamos anticiparnos a establecer que la Sociología del Derecho estudia las estructuras y procesos sociales, así como las relaciones interhumanas,
en cuanto éstos asumen la dimensión de lo jurídico.
La tarea de precisar qué es lo jurídico, corresponde a la filosofía del Derecho, que en esta posición conceptual, vendría a ser la disciplina más próxima,
inmediata e intercomunicante de la Sociología Jurídica.
El proyecto de definición de la sociología general antes expuesto, reclama
un breve análisis para justificarse.
Si hemos considerado a la Sociología General como "la ciencia que estudia las estructuras y procesos de las comunidades humanas..." debe hacerse notar que la distinción clara entre estructuras y procesos sociales cuenta
con una arraigada tradición. Es tan antigua -aunque formulada en muy
distintos términos- como la diferencia entre la "estática y la dinámica sociales" de Comte, y representa "grosso modo", lo que en los estudios biológicos del organismo humano significan la anatomía por una parte, y la fisiología por la otra. Parecerá chusco advertir que a una comunidad humana
no se le puede dividir con múltiples cortes de bisturí; pero es fácil comprender que no hay necesidad de ello para estudiar cada una de las formaciones
concretas, de las organizaciones particulares, de los círculos sociales, de los núcleos menores, que se forman dentro del cuerpo social, como los sistemas,
aparatos y vísceras que en su conjunto integran un organismo vivo. Importa
también aclarar que la equiparación anterior es solamente una metáfora y
que no entraña tendencia alguna hacia la concepción organicista spenceriana
de la sociedad, ni de ninguna otra clase de concepciones organicistas.
En resumen: Estructuras y procesos sociales designan lo que la sociedad
-cualquier sociedad determinada- es en un momento dado y los modos de
desarrollo o desenvolvimiento de las colectividades humanas.
Estructuras y procesos sociales son dos aspectos de una misma realidad y
ofrecen dos modos de observación e investigación para el estudio del complejo engranaje en que se estructura y se mueve la vida colectiva del hombre.
Otro elemento de la definición propuesta es el que se refiere a las relaciones
interhumanas. Este elemento definitorio encuentra su justificación en el hecho de que de tales relaciones derivan todas las formas y los contenidos de los
diversos tipos de agrupaciones humanas, debiendo observar, sin embargo, que
una relación interhurnana se da desde el momento en que un sujeto se pone
en contacto con un prójimo, y que desde ese momento la conducta de ambos
toma una forma determinada: -de sorpresa, de aversión, de alegría, etc.- ,

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DOBLE ORIGEN DE LA SOCIOLOGÍA

JUIÚOICA

La génesis de la Sociología del Derecho proviene de una doble vertiente: La
que abre la sociología general al indagar cuál es la esencia social del derecho,
y la que brota de la teoría del derecho al proyectarse sobre las realidades sociales que propician el nacimiento del derecho mismo, reclaman su transformación y exigen la permanencia de un sistema de normas de observancia
obligatoria. Por virtud de este doble origen, la indagación acerca del nacimiento y legitimidad de esta nueva disciplina, debe emprenderse desde dos
puntos de partida que al final convergen. Metodológicamente, debe señalarse, por una parte, cuáles son las escuelas sociológicas que tienen mayor acercamiento o tienden con más intensa decisión a acercarse a la Sociología Jurídica y, por la otra, deben precisarse todos aquellos estudios jurídicos o teorías del derecho que fraternizan -o se identifican plenamente- con la Sociología Jurídica, en su temática fundamental.
El pesimismo de quienes han afirmado que los sociólogos y los juristas, actuando en esferas distintas, por la clara delimitación de sus campos de estudio y de sus métodos, nunca podrán encontrarse, ha quedado ya definitivamente purgado. Ante la alternativa inexcusable que los pesimistas establecen
entre el exclusivismo sociológico y el jurídico y que hace imposible -según
ellos-, la alianza de ambas esferas e insuperable el aislamiento de una frente
a la otra, Georges Gurvitch -Elementos de Sociología Jurídica, Edit. Cajica,
1948, p. 12- expone: "Nadie ha descrito mejor la situación que el gran jurista
sociólogo Maurice Hauriou, al proclamar que un poco de sociología nos aleja
del derecho y que mucha sociología nos conduce a él; a lo que debería agre-

555

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y que es preciso reservar a la psicología todo lo estrictamente psicológico, todo ese dilatado campo que forman las vivencias anímicas del hombre, y que
se generan y desarrollan en los diversos estratos del mundo subjetivo, desde
los bajos fondos freudianos hasta las supremas alturas -tan· pocas veces alcanzadas- de la revelación y de la beatitud.
Las "relaciones interhumanas" a que nos hemos referido y que atañen a la
sociología son aquellas que -en su exteriorización u objetividad-, llegan a
formar generalizaciones o "tipos" de conducta, susceptibles de ser comparados, clasificados, analizados y comprendidos.
No requieren un análisis más detenido los demás elementos insertos en la
definición propuesta, en virtud de haber hecho ya, en párrafos anteriores, la
distinción entre esas dos categorías del conocimiento que son la explicación y
la comprensión de los fenómenos sociales.

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�garse, por precisión, que un poco de derecho nos aleja de la sociología y que
mucho derecho nos conduce a ella".
El prejuicio intelectualista acerca de la absoluta independencia que tienen
los preceptos del derecho desde el momento mismo en que son elaborados como "estructuras lógicas" (que la cultura occidental heredó de la filosofía clásica platoniana) ha venido perdiendo terreno en nuestros tiempos, a la vez
que el concepto de una Sociología capaz de englobar en su seno todos los aspectos de la convivencia humana, ha remodelado sus perfiles, abriendo amplias vías de intercomunicación con otras disciplinas destinadas a estudiar, explicar y comprender los diversos modos de la conducta colectiva del hombre.
"Por ello -dice Gurvicht (Ob. cit.)-, actualmente nadie se asombrará, ni
los sociólogos ni los juristas, al comprobar que no obstante tanta desconfianza recíproca, 'al cavar cada uno por su lado sus galerías, han terminado por
encontrarse' -(Bouglé)-, y de que el lugar en que se han encontrado es,
precisamente, la Sociología Jurídica".
Hemos dejado establecido que la Sociología del derecho proviene de una
doble vertiente; que, como consecuencia de ello, su estudio debe emprenderse
desde dos puntos de partida, hasta encontrarse en el punto, precisamente, en
que forman la estructuración de su temática. Estos dos puntos de partida son:
La revisión de todas aquellas tesis sociológicas que otorgan importancia especial al fenómeno jurídico como hecho social específico y, por otra parte, el
examen de todas aquellas teorías del derecho y la jurisprudencia que tienden
a buscar la esencia social del derecho.
Es tan amplio el repertorio de doctrinas, escuelas y teorías elaboradas por
el pensamiento sociológico de nuestros tiempos, que hace casi imposible lograr una revisión completa de todas ellas en unas cuantas ~ágin~s, y e~ intentarlo además de ser una empresa temeraria, entraña el nesgo melud1ble de
incU:rir en omisiones lesivas para un estudio formal. Quede establecido, entonces, el camino señalado, con propósitos metodológicos solamente, para un
estudio amplio y exhaustivo.
Los criterios de selección y clasificación de las escuelas y proyecciones del
pensamiento sociológico que mayor relieve han alc~zado durante los últimos
decenios, también son múltiples. En forma tentativa, proponemos establecer una primera distinción entre las escuelas naturalistas y las filosóficas, de
acuerdo con el siguiente diagrama:

Positivismo
Escuelas
Naturalistas

y

Evolucionismo

Escuelas Filosóficas:

J Ensayos fundados en la idea de una

1 física social.

Darwinismo social, malthusianismo;
Biologismo social. Organicismo. Ra{ cionalismo (Ratzel, Gumplowicz,
etc.).

lntuicionismo,
Historicismo cultural,
Hegelianismo,
Humanismo, etc.

Es de estimarse que en una forma más atenta a las con-:epciones sociológicas que distinguen entre la forma y el contenido de lo social, entre fuerzas
primarias y secundarias de la evolución de los conglomerados humanos, podría
establecerse un cuadro clasificador distinto al enunciado y .así determinar cuáles son las corrientes del pensamiento sociológico que toman como base de
sus diversas proyecciones el factor determinante y modelador de la sociedad,
entre cuyas proyecciones encontraríamos, en primer término el instintivismo o
psicologismo fundamental; el economicismo de sello marxista; el contractualismo, con Juan Jacobo Rousseau y sus discípulos; el idealismo dialéctico
(Georg Wilhelm Hegel y sus numerosos prosélitos) , etc. Frente a estas concepciones fundamentales acerca de la génesis y las formas de desarrollo de
las sociedades humanas, se situarían todas aquellas otras escuelas sociológicas
que enfocan su atención preferente en otra consideración: La relativa a cuál
es la esencia de lo social y entre ellas encontraríamos el formalismo (Toenies,
Simmel, Von Wiesse y otros destacados investigadores y brillantes expositores
de esta corriente) : la teoría de la interacción y de las relaciones interhumanas (Max Weber, Leopoldo Von Wiesse, etc.).
Una exposición tan sintética como la anterior no puede tener -y no tiene- más pretensión que la de marcar un rumbo, señalar el derrotero por
donde debe encaminarse una selección de las más destacadas corrientes del
pensamiento sociológico, que propicie la indagación de todas aquellas escuelas que se identifiquen con los presupuestos fundamentales de la sociología
jurídica.
Tal indagación debe ser concomitante con la otra dirección señalada anteriormente. Es decir, con el examen detenido de todas aquellas teorías esencialmente jurídicas que hacen referencia a las realidades sociales como fuentes
generadoras del derecho.

556

557

�SOBRE LA MISIÓN DE LA SOCIOLOGÍA JUIÚDICA

Debemos señalar, en primer término, que la Sociología del Derecho ha venido a dirimir una vieja pugna provocada entre sociólogos y juristas, particularmente entre los sociólogos comtianos y los conceptualistas del derecho de
la Escuela de la Exégesis y sus herederos supervivientes, pugna derivada de
viejas concepciones acerca del purismo de los campos de estudi~ y d~ los_ métodos de investigación entre las especulaciones jurídicas y las mvest1gac1on_es
sociológicas, que vinieron a producir una honda escisión y una profunda discordia entre los cultores de ambas disciplinas.
Llegado el momento de establecer los íntimos nexos y las amplias vías de
intercomunicación entre las investigaciones lógico,.,jurídicas , y los estudios
científico-sociológicos, se ha llegado a reconocer que ambas tareas tienen algunas funciones coincidentes que, partiendo de una base común, aspiran a
cumplir una misma misión.
.
Fenómenos sociales de tanta magnitud y de tan dolorosas repercusiones para la humanidad, como las guerras, son la caldera hirviente donde se destila el derecho internacional público. Las guerras son procesos sociales, a no
dudarlo -especialmente las guerras modernas-, porque no las hacen solamente los ejércitos, sino Jas naciones. La economía de un pueblo que combate se trastoca desde sus cimientos: con el abandono de la agricultura, con
las ~uantiosísimas inversiones en industrias de guerra, con la destrucción de
ciudades enteras, con los transportes aéreos, marítimos y terrestres que movilizan los ejércitos, la industria de la impresión se canaliza hacia la propaganda y la información bélica, y así, tanto la economía,, :orno el derecho
(suspensión de garantías, leyes marciales, etc.) sufren grav1simos trastornos.
Procesos sociales como Jas emigraciones masivas de seres humanos (nuestro país no ha podido contener esa salida de sangre me:°cana joven, vigoro~
y sana que represen ta el "bracerismo", hacia N orteaménca) , son.fuente _de. diversos pactos internacionales que son parte del Derecho Internac10nal Publico.
y aun dentro de cada nación, las distintas estratificaciones sociales, resultantes de esa fuerza incontrastable que es la división del trabajo, han venido
produciendo diversos tipos de norrnaciones jurídicas, que pueden ser enunciadas brevemente, sin otro propósito que el de confirmar que toda concepción y elaboración jurídica, tiene un basamento soci~l, y e~e~~e de él, nutriéndose de su propia savia. Así, por virtud de la diferenciacion depredatoria se establece el fuero militar, que cristaliza en un Código de Justicia Militar y en una Ordenanza; en concomitancia con el establecimiento de las
rel~ciones internacionales, surge el fuero diplomático; del mismo modo, Y por
la necesidad inmanente que tiene cada una de las clases sociales --en el sen558

tido gramatical del vocablo y no en el que pretenden darle los racialistas ni
los marxistas-, todos los sistemas de derecho actuales, reconocen un fuero
eclesiástico, un fuero parlamentario, un fuero de menores, etc.
"El régimen jurídico actual constata las desigualdades, inevitables por ser
naturales, en los diversos estratos de la sociedad. La evolución social consiste en hacer el derecho igual para todos y en hacer a todos iguales ante el derecho" (Dr. Mac-Lean y Estenos. Monografía presentada ante el VII Congreso Nacional de Sociología, 1957).
El desiderátum de esa concepción del derecho expresada por el distinguido catedrático de la Universidad Nacional de San Marcos, Lima, y Nacional Autónoma de México, se constriñe a formular un aspecto del ideal de la
Justicia social; nuestro propósito, sin embargo, es el de señalar que la misión
de la Sociología del Derecho, es contribuir con la valiosa aportación de sus
indagaciones, observaciones y análisis, a que esta suprema aspiración que consiste en hacer "el derecho igual para todos y en hacer iguales a todos ante
el derecho" llegue a ser una espléndida realidad.

559

�CULTURA, MERCADERES Y CONTABILIDAD
EN LOS SIGLOS XIII-XIV-XV
DR. GIORGIO BERNI
Sumario: l. Preparación del contador y el mercader medieval.-2. Los textos.-3.
Mentalidad y obra de los mercaderes medievales.-4. Desarrollo de la contabilidad y partida doble.-5. Bibliografía.

l. PREPARACIÓN DEL CONTADOR

Y

EL MERCADER MEDIEVAL

EL DESENVOLVIMIENTO DE LA actividad mercantil y ciudadana hacen nacer
la necesidad de sistematizar las más complicadas relaciones sociales y políti• cas; nacen los estímulos hacia el estudio del derecho, que representa el primer y más importante campo de investigacioón científica después del siglo
XI. De un sentimiento religioso más humano y sereno, de la pasión política
y del amor hacia la comunidad, a la que los ciudadanos se sienten ligados como a una familia, del espíritu corporativo y de la potencia financiera de las
Artes Mayores, del aumentado sentido de estabilidad y continuidad de la
vida y de la ambición familiar de las nuevas aristocracias urbanas, nacen grandes obras de arquitectura, en un primer momento sacras, posteriormente profanas, que junto con el derecho, son uno de los signos del Renacimiento Mercantil. En este período el mercader, al mismo tiempo que está haciendo negocios en el campo internacional, crea monumentos y ciudades maravillosas
que a lo largo de los siglos aún despiertan interés y admiración. Toma arraigo
la costumbre escrita, al servicio de las relaciones comerciales que deben ser
claras y rápidas, de la legislación, que debe ser conocida, del pensamiento y
de los nuevos sentimientos.
Por el hecho de que el deseo de la lectura desinteresada ha aumentado y
que también la razón ha llegado a ser más exigente y ya no queda satisfecha con lo acostumbrado, sino que quiere entender además de creer, mejor
dicho quiere entender para creer, nacen las primeras enciclopedias que bus-

561
H36

�can dar unidad a la sabiduría. Los Clásicos se leen de otra manera, se admiran en forma distinta de como se había hecho con anterioridad. Se abre el
camino hacia los primeros esfuerzos de una especulación filosófica más concreta y profunda.
En este marco general, la práctica de la actividad mercantil exigía un conjunto de nociones que por lo referente a la cultura situaba al mercader en un
nivel muy superior al promedio de su época.
Clara apreciación de la evolución y de la función de la escuela se encuentran en una magistral exposición de Fanfani:
"Estas pruebas de substancia aseguran que desde el siglo X, refloreciendo los tráficos, el mercader advirtió la necesidad de educarse para
dominar el mercado. Tal educación, sobre la escritura y el cálculo, primeramente fue impartida en los monasterios y en las escuelas eclesiásticas y posteriormente en las escuelas públicas. Por este camino fue alcanzada una preparación, adecuada a las necesidades del continuo desarrollo de la vida económica.
La escuela laica y privada nacía no para repetir la enseñanza de la
eclesiástica, sino para integrarla. Estaba hecha por laicos, para laicos:
así que muy prontamente, según la propensión de los artífices, abandonó el latín por el vulgar, integró los ejercicios de lectura con los cálculos. Cálculo, o mejor 'cómputo', se había cultivado aun en las escuelas
eclesiásticas de los siglos pasados, pero la finalidad era distinta: dirigida a cómputos de calendario y de fiestas primeramente, a cálculos de
tráficos después: por esto cambiaban los problemas y cambiaban también los métodos y las notas.
En el siglo XIV la escuela de los laicos se afirmó como escuela técnica, o profesional, con finalidades de practicidad. Mientras que la escuela de los eclesiásticos continuaba como escuela clásica, teológica Y
- por conocidos desarrollos- universitaria.
En los siglos XIV y XV, exigencias de artificios y evolución de las
funciones de las administraciones municipales concurren a transform_ar
las escuelas de los laicos de privadas en públicas; mientras que las influencias de los hombres del Humanismo y del Renacimiento integran
la escuela profesional de los laicos, como la escuela clásica, completando de una parte el esquema de las escuelas no eclesiásticas, y de la otra,
orientando las élites de una manera ya no tanto conforme a los intereses
del desarrollo de la economía italiana.
Con base en estas premisas se puede, pensar como cosa cierta que entre los siglos XIV y XV cualquiera que quisiera dedicarse a una ac-

562

tividad económica cualquiera, con una mmima probabilidad de éxito,
considerando el estado de la cultura y las exigencias del tiempo, debía
recurrir a una determinada carrera escolar y cumplir un determinado
aprendizaje post-escolar". 1

Las grandes ciudades mercantiles tuvieron cuidado de favorecer la educación facilitando el abrirse de escuelas de carácter profesional. La escuela ciudadana fue siempre objeto del interés de la autoridad municipal, lo que permitió a grandes masas ejercer con dignidad y provecho general, los codiciados derechos de ciudadano y facilitó que muchos pudieran prepararse para
la vida de los negocios enmarcando la educación de todos en el marco común
de espíritu religioso y de amor patrio. A los empresarios de esta época que
favorecieron estas escuelas se debe reconocer este crédito: que aún favoreciendo la enseñanza en propio beneficio, lo que cabe siempre en una finalidad altamente loable, por su eficacia extensiva, en todos los tiempos y por
todas las actividades. humanas, favorecieron el desarrollo de sus ciudades.
Si consideramos la cultura, en el sentido limitado del vocablo y la escuela,
vemos que es verdaderamente determinante el irrumpir del ansia de saber
de los estudiantes, que empiezan a desquiciar todas las construcciones del pasado. A este ímpetu creativo, se liga el nacimiento de la Universitas Magistrorum et Discipulorum, que en su origen, instituto internacional con base
en el pensamiento de Aristóteles, cimentó la unidad de cultura en u11 mundo
que se dirigía a la unidad bajo otro aspecto, como por ejemplo: el de la economía. Posteriormente la universidad pasó a una involución: ya no respiro
internacional, ya no autonomía, sino nacional y regional al servicio de los
príncipes, y siempre más desarraigada, aristocráticamente, del conjunto de
la sociedad.
Desde el punto de vista de la ciencia podemos tomar como punto de partida la mentalidad ordenada y racional del mercader, que empezó a pensar
en términos de cantidad, dio significado al número; y el número, anteriormente instrumento de intereses económicos, llegaría a ser medio de especulación propio de la investigación científica. Entre los síntomas reveladores de
una completa revolución mental y práctica podemos recordar, como hace el
Prof. Sapori, el nuevo concepto del "tiempo" -ya no propiedad de Dios,
como quería la Iglesia, sino de Dios puesto a la disposición de los hombres
como afirma la nueva sociedad mercantil- y la medición del "tiempo" ya
no indicado, según las estaciones, por los cuadrantes solares y/o por los repiques de las campanas, sino precisado en .el cuadrante del reloj, dividido en
1

FANFANI AMINTORE: Preparazione all'attivitá economica nei secoli XIV-XVI in
Italia, pp. 6-8. Milano, Instituto Editoriale Cisalpino, 1952.

563

�doce sectores perfectamente iguales. Es ésto, como dice el gran historiador
Marc Bloch: "Le progrés de la mésure de l'heure; Une des révolutions les
plus pro/ondes que se soient accomplies dans la vie intelectuelle et pratique
de nos sociétés". 2

El conflicto del "tiempo" de la Iglesia y del "tiempo" de los mercaderes se
afirma como uno de los más grandes acontecimientos de la historia mental
de los siglos en los cuales se elabora la ideología del mundo moderno. En este
conflicto se pone en causa, por lo tanto, todo el proceso de laicización de los
capitales dominios humanos, de los mismos fundamentos y de los cuadros de
la actividad humana: tiempo de trabajo, dominio de la producción intelectual.
También en este campo Florencia se adelanta y supera a cualquiera otra ciudad y país. Alrededor del año 1330 Florencia tenía 90,000 habitantes, de los
cuales 10,000 frecuentaban las escuelas primarias; de éstos, un número variable
entre 1,580 y 2,000 pensaban dedicarse al comercio; en Florencia, como en
Venecia, las escuelas mercantiles eran frecuentadas también por jóvenes de
otros países, particularmente alemanes.
Estas escuelas son conocidas bajo el nombre de Escuela de Ábaco. Debido a
que la palabra Ábaco, ha cambiado de significado con el transcurso del tiempo,
para comprender lo que se enseñaba en tales escuelas, y por lo tanto lo que de
ella se difundía por medio de los Manuales de Ábaco, es necesario precisar su
significado.
El material originario del instrumental empleado en los cálculos se encuentra en la obra de Leonardo Fibonacci Liber Abbaci de 1202; este título indica el verdadero significado: Aritmética Mercantil. Entre otros aspectos esta
obra sobre la base de una gran experiencia mercantil da un gran golpe a fa
teoría de la moneda-signo, equiparando el numerario a cualquiera otra mercancía y vinculando su valor a la cantidad de fin que contiene. La aritmética general tomó el nombre de "Algoritmo"; el instrumento introducido por
el mismo matemático y que ha llegado hasta nuestros días: es decir la pluma.
De esta obra-prototipo de todos los manuales y de todos los instructivos
aprendemos con exactitud el sentido del substantivo: Ábaco. Ábaco era toda la preparación matemática de los que aspiraban al empleo de contador
o de los que en una forma u otra querían dedicarse a la actividad mercantil
con sólidas bases culturales. De las operaciones aritméticas se pasaba a las
reglas de sociedad, a las operaciones sobre los números complejos ( todos los
sistemas de medición y monetarios), nociones de geometría, potencias y radicales y a aquella parte que hoy llamamos cálculos mercantiles y matemática financiera, desde los cálculos del interés y descuento simple y compuesto,
• Nrno VALERI: La polemica sul Rinascimento nell'opera di Armando Sapori in
Nuova Rivista Storica anno XLVII, gennaio-aprile 1963. Fascicolo 1-II, p 192.

564

a la amortización y a la capitalización; es decir, la escuela de Ábaco daba a
los jóvenes los indispensables conocimientos aritméticos, con las aplicaciones
a las distintas cuestiones económicas: dicha escuela era frecuentada también
por empleados.
Se tienen múltiples pruebas de la eficacia de esta enseñanza: en muchos
c,asos,_ el mercader se muestra rápido y honrado en los cálculos, llegando a
smtes1s extremas.
Fanfani justamente escribe:
"La preparación escolar normalmente se desarrollaba en tres momentos:
Primer tiempo: alrededor de los siete años de edad los jóvenes iban
a la esrnela para aprender a leer y escribir, en dos o tres años.
Segundo tiempo: aprendida lectura, escritura y gramática elemental,
los que no estaban destinados al latín, pasaban a la escuela de cálculo.
Este era el destino de los futuros artífices y mercaderes.
Donato Velluti escribe acerca de su hijo: avendo apparato a legge-

re, di ché, in poco tempo, fu bono gramatico... puosilo a l'abaco.
El ábaco era la escuela para los futuros hombres de negocios, como
se puede advertir, entre otros ejemplos, de dos deliberaciones del Consejo General de Lucca de 1382 y de 1386 (28 /V/ 1382): 'Cum in civitate
Lucana maxima Per Mercantiis indulgeatur. Quod quidem male fiert
potest nisi arismetrica et abaco mediante' y 4/IV/1386: ' ...magíster

arismetrice qui pueros doceat uti in mercantionibus ind sint et subtiliores et cautiores'.
En este sentido es el testamento del médico veneciano Simón Valentinis, que en el 1420 prescribe que sus propios hijos, después de la escuela elemental, se pongan ad abacum, ut discant ad facere mercantias.
En este segundo tiempo el joven aprendía la aritmética, es decir, prácticamente aprendía a resolver las operaciones que podían presentarse en
la práctica cotidiana de la actividad económica.
Terminados los cursos susodichos, el joven debía dar prueba de sí
mismo, practicando en el taller de un artesano o en el almacén de un
mercader. Esta práctica se refería al mismo tiempo al manejo del arte
o del oficio y a la teneduría de libros contables"/

Y si Pacioli en 1494 pudo teorizar la partida doble, esto pasó porque
en dos siglos los discípulos de las escuelas de Ábaco, con fatiga desconocida
pero fecunda, día tras día habían substituido a los primeros recuerdos regís• FANFANI AMINTORE: Preparazio11e all'attivitá... obra citada, pp. 8-9.

565

�traciones en las cuales se supo desde el 1300 enfrentarse a los difíciles problemas de la contabilidad industrial. La escuela de ábaco no desarrolló la sola facultad dirigida a obtener el beneficio: esto fue el temor de los últimos
escolásticos, como el beato Giovanni Dominici, como de los primeros y de
los últimos humanistas, como Matteo Palmieri, Battista Platina, León Bautista Alberti.
Preocupación religiosa por la virtud, estímulo clásico hacia la temperancia o moderación cultivaron el temor de que fuera peligroso educar a los jóvenes para los negocios.
Pero, o por la bondad y el equilibrio de la escuela o los antídotos antes de
las prédicas y después del ejemplo de las aristocracias del Renacimiento, o el
espíritu de los italianos, o el estímulo de las riquezas acumuladas para ser
gozadas, está el hecho de que el estudio preparatorio a los negocios no pudo
dañar las otras aspiraciones de los discípulos. Esta afirmación es válida por
los pequeños y modestos discípulos artesanos que entrelazaron los negocios
con viajes y veraneos, y las cuentas con interesantes diarios.
Pero con mayor razón podemos afirmar que esto valió por los grandes: ya
que Compagni, Sacchetti, Villant, Boccaccio, etc. pasaron con gran éxito en
el campo del comercio y que de las bodegas supieron levantar el vuelo para
más eficaces afirmaciones en el campo de las letras.
Antes que por fuerza las letras entrasen en las escuelas de Ábaco, los mercaderes pasaron con facilidad a las letras, comprobando así que las escuelas
técnicas, preparándolos· a la actividad económica, no habían agotado su espíritu y deformado sus facultades.
Así contadores, cronistas, cuentistas, poetas, salieron de las escuelas que
preparaban a los negocios. Pero de estas escuelas salieron sobre todo operadores de cuya capacidad son pruebas las fortunas de muchas empresas y en su
conjunto, por lo menos hasta la mitad del siglo XIV, el florecimiento de la
economía italiana.
No debemos olvidar que la actividad económica tomó empuje en Italia en
el 1200, alcanzó su máxima expansión a mediados del siglo XIV, y declinó
en el siglo XV. Así que como afirma Fiumi: " ...el Renacimiento no fue el
amanecer sino más bien el atardecer de una de las más felices páginas de la
civilización humana". 4
Es extraño afirmar que el multip1Jcarse de las escuelas de Ábaco, de los libros de ábaco, de los maestros de ábaco, de los discípulos de ábaco, en una palabra de los hombres preparados por la vida económica, coincide con un cier• ENRICO F1uM1: Fioritura e decadenza della economia fiorentina in Archivio Storico Italiano, anno CXVIII, dispensa IV, p. 502.

566

to encogimiento de la actividad econom1ca italiana, apenas disfrazado a los
ojos distraídos por el esplendor de la actividad literaria y artística.
Es a este propósito que lógicamente Fanfani afirma: " ...nos parece que
exista vitalidad en una época no cuando se comprueban amplios y generosos
consumos, sino cuando se verifican gran espíritu de empresa, elevado pionerisrno, empuje en los tráficos y en las inversiones, cuidadoso planteamiento
de balances empresariales, familiares y sociales hacia objetivos de ahorro Y
por lo tanto de nuevas inversiones".5
•
Desde los primeros años del siglo XIV en adelante se ven nacer y multiplicar las escuelas de Ábaco, en un primer tiempo privadas, después públicas.
Desde estos años el Líber Abacci de Fibonacci ( 1202) tiene desarrollos en
vulgar. En el mismo tiempo se compilan los manuales de comercio, Y en el
siglo XV siguen los distintos manuales técnicos.
Desde los principios del 1400 empiezan las advertencias de los pedagogos
para que los jóvenes sean bien adiestrados, es decir, como indica León Battista Alberto, condensando cualquier otro consejo anterior, a no hacerl~s sólo
administradores enseñándoles malas artes y obscuros oficios ("Non farli mas-

sai insegnando arti bructe et vili esercitii") .6
Lógicamente en estas escuelas se enseñaba también teneduría de libros;
de otra manera no sería posible explicarse la unidad de tantos libros y registros que han llegado hasta nosotros.
Como conclusión de la importancia de las escuelas de Ábaco podemos aceptar las palabras de Fanfani:

"De la eficacia de las escuelas son testigos, junto con los maestros que
ella f armó, los sin número de discípulos, conocidos o no, que día tras
día dirigieron o siguieron en las grandes compañías y en los pequeños
almacenes la actividad económica, recordándola tal vez en simples claras notas, tal vez comprobándola con múltiples registraciones y complejas cuentas, de las cuales, a pesar de fáciles ironías, ha sido demostrada
la absoluta exactitud.
El mercader italiano de la Edad Media, y con mayor razón el del Renacimiento, sabía leer, escribir, hacer cuentas, llevar libros en partida
simple y doble. Además tuvo, por conocimiento directo _YI o por ~~ _lectura, amplias nociones sobre los mercados europeos, africanos, asiaticos,
• FANPANI AMINTORE: Nuove vedute sulla decadenza di Venezia in una Storia
economica della Serenissima; p. 59 in Economia e Storia, n. I , 1962, pp. 56-61.
.
• LEÓN BATTISTA ALBERT!: Iprimi tre libri della famiglia, testo e ecommento d1
F. C. Pellegrini, riveduti da R. Spongano, con una nuova introduzione p. I-I-35. Firenze-Sansoni Editare, 1946.

567

�y sobre las reglas e instituciones que tenían. Cultivó nobles pensamientos de religión, de patria, de cultura, como muestran sus escritos, tal
vez rudimentarios, el cuidado de utilizar los ahorros para obras sociales o monumentos de arte.

Y a nadie se maravilla al saber que de los bolsillos del mercader italiano haya salido el dinero para llevar a terminación célebres obras
maestras, que de su pluma hayan salido 'Cronache' o 'Nove/le' inmortales, que de su sutil prudencia hayan brotado maravillosos principados.
Y si estos fueron los resultados de tanta actividad, la preparación a
ella tuvo que ser considerable. Diremos de inmediato que fue eficaz, así
como rápida y práctica. Se puede añadir que tal preparación en parte
fue común a todos los jóvenes destinados a obrar en la vida económica,
sea como artífices que como mercaderes''.7

Todas las notas y las cuentas se hacen con la pluma, como atestiguan las
numerosas hojas llenas de cifras, con las más distintas conexiones operativas,
entre los variados legajos de situaciones de cuentas. Como demostración de
la habilidad de los egresados de estas escuelas podemos llamar la atención sobre los empleados del grupo de empresas de Francesco di Marco Datini que
calculaban precios unitarios que dependían al mismo tiempo de variables positivas ( costos al origen y costos accesorios) y de variables negativas ( ejemplo: tara).
Los jóvenes terminada la escuela iban a completar su propia educación en
la empresa, en contacto directo con la vida. En este trabajo el joven tomaba
práctica de los complejos sistemas monetarios y de medición, aprendía a distinguir calidad y proveniencia de las mercancías, calculaba descuentos, intereses, registraba los acontecimientos, redactaba las cartas, etc., escuchaba a los
mensajeros y agentes que traían noticias y relaciones de cuenta de los lejanos
mercados de Flandes, de Siria, de España, de Inglaterra, etc., así se afinaban sus cualidades para los difíciles juicios acerca de los hombres, de los acontecimientos, de las elecciones.
'En este trabajo de preparación, necesariamente aprendían idiomas, afinaban su manera de escribir, adquirían sensibilidad artística y elevado nivel de
cultura técnica y una adecuada base de cultura general. Sombart erró al juzgar la cultura del mercader de la Edad Media, error que fue consecuencia de
generalizar un poco la situación existente en los territorios del Sacro Imperio
Romano, situando en primer plano la perspectiva de lo que aparenta ser
grandioso pero que en realidad es efímero, y en segundo plano la realidad
1

568

AMINTORE FANPANI:

Preparazione all'attivitá .. . obra citada, pp. 6-7 y 29.

substancial (no sólo económica) de las Comunas italianas, por el hecho de
ser de reducidas dimensiones. Una era la realidad de la Europa Central, políticamente caracterizada por el Sacro Romano Imperio y social y económicamente por el Feudalismo; otra era la realidad de Italia, donde en lo político había nacido la Comuna, y en el aspecto social y económico se había
tenido el nacimiento y la afirmación de la burguesía: es decir que Italia ya
había superado la etapa del precapitalismo. Justamente el gran Henry Pirenne afirma que en Italia la cultura del mercader del siglo XIII aparece totalmente desarrollada y superior a la que existía en el Norte de Europa y por lo
tanto lógicamente se debe admitir que se apoyaba sobre una larga tradición.
Podemos también afirmar, como claramente lo hace Luzzatto: " ...él (Marc
13loch) demuestra la falta de fundamento de la afirmación muchas veces repetida de que la Edad Media fue, a lo largo de toda su duración, un período de desoladora pobreza de espíritu inventivo y de incontrovertible dominio del tradicionalismo".8
Del siglo XII al siglo XV los grandes humanistas fueron juristas, políticos,
poetas, hombres de gobierno y hombres de negocios que operaron diariamente en su propia ciudad y se consideraron como factores de la historia;
de todo esto podemos afirmar con fundamento que los mercaderes fueron
mensajeros de civilización.
Por lo que se refiere a la contabilidad podemos tomar como lema de los mercaderes-banqueros de la Edad Media lo que Dino Compagní escribió en su
crónica Serivere bene la ragione e non errare (registrar bien los acontecimientos
y no cometer errores) .
Terminado el aprendizaje emprendían largos viajes a lejanos países con el
objeto de aplicar sus conocimientos en las sucursales y en las agencias que
mantenían con la matriz estrecho contacto.

2. Los

TEXTOS

El prototipo de los textos que se usaban en las escuelas de ábaco es el famoso, ya mencionado, Liber Abaci de Fibonacci.
Esta obra incluye 15 capítulos que distribuyen la materia como sigue:

I. Capítulo trata de los números arábigos;
II.
,,
explica la multiplicación;
' MARC BLOCH: Lavoro e tecnica nel Medioe vo prefazione di Gino Luzzatto (p. VII).
Editare Laterza-Bari¡ 1959, pp. XXIII-245.

569

�III. Capítulo explica la suma;
IV.

v.
VI y VII.
VIII y IX.
X.
XI.
XII a XV.

,,
,,
,,
,,

"
"
"

explica la resta;
explica la división;
enseñan a operar con los quebrados;
las anteriores teorías se aplican a los actos de compra
y venta;
trata de la repartición de las utilidades entre los socios de sociedades mercantiles;
trata de las operaciones de cambio;
se explican los problemas teóricos sobre las progresiones, raíces cuadradas o cúbicas y proporcionalidades.

Posteriormente -1223- el mismo Fibonacci en la Practica Geomatriae explicó los problemas relativos al cálculo de superficies y volúmenes.
Este tratado tuvo muchos imitadores, orientados ta.I}to a servir de textos
en las escuelas, como a guías prácticas en las empresas. Consecuencia de todo
esto fue que se uniformaron las reglas que se usaron a los principios de la
aplicación de la Partida Doble.
El líber Abaci de Fibonacci y sus imitaciones fueron el texto en las escuelas y en las empresas hasta el siglo XIV, pero con el desarrollo de los tráficos
se tuvo necesidad de pasar de estos textos a otra forma de preparación: nacieron así los que podemos llamar, con terminología moderna, manuales o
instructivos y que entonces se llamaron Practica di Mercatura.
Los tratados de Practica más conocidos son el Francesco Balducci Pegolotti, dirigente de la Compagnia de los Bardi de Florencia que en su Practica di
Mercatura describe en formas magistrales las costumbres mercantiles, las medidas, las monedas, los impuestos y los cálculos relativos a las muchísimas ciudades y países que visitó por cuenta de la misma compañía. Leyendo este texto nos damos cuenta de la cantidad de conocimientos y de experiencias mundiales en materia mercantil que tenían estos viajeros del comercio; a ellos se
debe en gran parte la fama y el prestigio que gozaron la industria, la banca
y el comercio de Florencia en el mercado mundial.
Otro interesante texto es el de Giorgio di Lorenzo Chiarini que empieza
afirmando "aquí empieza un libro de todas las costumbres, c"ambios, monedas, pesos, medidas y uso de las letras de cambio, modalidades de dichas letras como se acostumbra hacer en distintos países y ciudades".

En un texto de Paulo de Certaldo "El Libro de las buenas Costumbres" se
lee: "Es bella y grande cosa saber ganar el dinero, mejor y más bella aún es
saberlo gastar en la forma más conveniente".

570

La influencia de las escuelas de Ábaco y de los textos resulta clara y evidente para todos los que llegan a tener en sus manos documentos mercantiles
de l_a época considerada. Aunque estos documentos no pertenezcan a una sol~ cmdad o a una sola región, se encuentra una gran uniformidad en su graf1a, lo que no se encuentra en las actas públicas y notariales. En la documentación contable no siempre es fácil ver las distintas manos que la escribieron lo
que hace pensar -lógicamente- que todos se educaron en una fuente única
frecuentando escuelas que tenían todas las mismas fuentes pedagógicas.
'

3.

MENTALIDAD Y OBRA DE LOS MERCADERES MEDIEVALES

El mercader, según un antiguo documento de 1271 es el que lleva normalmente las mercancías y los bienes de un lugar a otro ( Mercatores, qui de loco ad
locum merces et necessaria deferre consueverunt) .

No debemos olvidar que la base de la economía de las ciudades de la Edad
Media estaba constituida por la industria y el comercio; comercio que prevalentemente se desarrolló en escala mundial con mercancías de lujo. La. lana inglesa era la base de la mayor parte de la industria continental, el meollo vital de
las ciudades era el comercio con lejanos países. A un estudio posterior es importante remitir el examen de las distintas fases técnicas, organizativas y económicas de la industria de la lana, en particular si pensamos que fue con el
ejerci:io de esta actividad que el capitalismo italiano sacó gran parte del
empuje y de la fuerza por su actividad mercantil y bancaria, asegurando al
país aquellos medios financieros que posteriormente facilitaron, de manera
particular, el progreso cultural y artístico, determinando así la primacía italiana en Europa.
El pensamiento que rige en ellas no es el de una política localista sino un
pensamiento que se dirige hacia grandes horizontes;, el lema de todos los mercaderes-banqueros de la época es Vivir en lo pequeño, pensar en lo grande.
Por ello el mercader es el alma y el sostén de la economía de la Edad Media.
Fueron los mercaderes quienes llegaron a ser los primeros portadores de la
cultura.
Según Sombart el mercader de la Edad Media no tenía la aspiración a la
utilidad en el sentido de la empresa moderna, ya que por el contrario toda su
actividad estaba subordinada por completo a la idea de la nutrición y del
gasto.
Esta afirmación está errada: es una de las numerosas hipótesis explosivas
del economista alemán quien sin embargo ha permitido muchos adelantos en
la investigación de la historia económica.
571

�Bajo todos los puntos de vista, el comercio medieval presenta profundas diferencias respecto al comercio actual. Hoy la mayor parte de las mercancías se vende antes de ser transferida del lugar de producción. Por el contrario, el comercio medieval decayó -excepto pocas excepciones- precisamente
cuando se lanzaba en el riesgo. En esa época, distintas mercancías eran despachadas para lejanos destinos, con la esperanza de que fuesen vendidas a
precio conveniente, de manera que el mismo mercader alcanzaría a transportar, en el viaje de regreso, mercancías demandadas de su patria. Los mismos
criterios técnicos dominaron desde los orígenes hasta los últimos tiempos del
comercio medieval. En realidad, no _debía de haber existido una grall) diferencia entre la época en la cual las mercancías estaban confiadas a un mercader
girovago y aquella en la cual un consignatario o corresponsal comercial tenía
la responsabilidad de acaparar una plaza por cuenta de mercaderes.
Por lo tanto cualquiera transacción implicaba un elemento de especulación
y en un determinado sentido, se resolvía en un riesgo. Justamente los exportadores de paños ingleses se llamaban mercaderes de azar, desde el momento que
compraban paños, esperando encontrar compradores en las ferias de Brabante.
Por esto podemos afirmar que, generalmente, el riesgo era la forma mental
de los mercaderes medievales. Esto explica en gran parte la difusión de la
cuenta/riesgos: es decir la costumbre muy difundida de abrir unas cuentas
separadas por cada carga de mercancías al embarque: con este sistema se
podían determinar cuáles riesgos producían utilidades y cuáles se resolvían
en pérdida.
Los mercaderes del Renacimiento económico de Italia se afirmaron individual, familiarmente y por grupos, y supieron dar la formalidad a la vida
económica, cuya dirección, así como la de la vida política, tuvieron en sus manos. Fue de estos mercaderes la iniciativa de una estructura financiera y tributaria que partiendo de las formas del mundo antiguo y bárbaro, se elevó a
base de novedosas experiencias a un grado tal que nos permite concluir con
Luigi Einaudi que aún hoy día podemos encontrar antecedentes de las estructuras tributarias y financieras modernas, incluyendo el "incometax". Fueren estos mercaderes quienes promovieron la acuñación de moneda de oro en
el momento en el que la plata ya no era apta, debido a la amplitud y a los
valores en continuo incremento del comercio internacional.
Los mercaderes piensan en términos de cantidades y esto es la expresión
más clara de la manifestación de los nuevos tiempos. Estos personajes que
tenían en sus manos la riqueza acumulada con inteligencia y gran experiencia, eran al mismo tiempo los dirigentes de la vida política de la ciudad. Casi
podemos afirmar que el mercader italiano de los siglos XII, XIII y XIV correspondía, en el campo de los negocios, al inglés del final del siglo pasado y
principios del actual.

572

Los numerosos exponentes de los hombres de negocios que, en los siglos
XIII y XIV, habían pasado físicamente los Alpes y los mares y que mentalmente habían superado las fronteras de la patria chica "che un muro ad una
fossa serra", fueron organizadores de las finanzas, de los ejércitos, de las flotas de los grandes soberanos del tiempo y también sus representantes diplomáticos; estos mismos hombres de negocios fueron signos de- renacimiento, participando a la formación del hombre universal.
Pirenne afirma que el patrimonio cultural conquistado conscientemente por
el hombre de negocios de la Edad Media, fue la premisa moral de su fortuna material.
El mercader continuaba trabajando hasta la edad madura, incansable en
sus viajes entre los puertos de oriente y su ciudad, entre ésta y las ferias de
Flandes y de Francia, vigilante y trabajador también, durante sus permanencias
en la Patria, durante las cuales recoge nuevos capitales, hace mejores y nuevos
convenios, prepara nuevas empresas; sólo la vejez lo obliga a abandonar los
largos viajes llenos de peligros y de molestias, sólo entonces se retira definitivamente a su ciudad, empieza a participar en forma activa y continua en
las reuniones públicas de las cuales es miembro, sin alejarse por completo del
mundo de los negocios, ya que sigue trabajando junto con las fuerzas más
jóvenes, en la empresa familiar o más simplemente empleando activamente
su patrimonio.
En la sociedad, la figura de primer plano es el mercader a cuya obra está
ligada cualquier ciudad de la Edad Media. Estas ciudades, de los Países
Bajos a Italia, de Alemania a Cataluña, tienen una única matriz: la del mercader. Pero siendo creaturas vivientes como el hombre, como el hombre presentan características que las diferencian desde su origen.
A la prosperidad de las ciudades contribuyó en forma decisiva la clase de
los mercaderes-banqueros, distintos en su origen social, pero unívocos y unidos
en la constante voluntad de multiplicar -donde quiera se presentasen- las
ocasiones de lucro.
Fueron estos mercaderes-banqueros, o, si se quiere, mercaderes-capitalistas,
quienes, después y antes de prestar a los príncipes y a los señores, habían acumulado grandes fortunas financiando los procesos de elaboración de los productos en cuya venta estaban interesados. Industria y comercio se unían y
se integraban en el decurso de una generación, contribuyendo a consolidar
las fuerzas de la burguesía en marcha.
Al dinamismo del mundo mercantil de esta época se debe la progresiva formación de los notarios y de los abogados, y por consecuencia del estudio del
derecho.
Pero la función del mercader es la misma ya que los ha llevado al apogeo

573

�de su fortuna económica y de su grandeza bajo todos los aspectos de la civilización. A todos estos mercaderes de la Edad Media se les pudiera aplicar
una frase del gran Leonardo da Vinci: Como un día bien aprovechado da un
feliz sueño, así una vida bien usada da una buena muerte.
El mercader es una gran figura: Pittón afirma que los mercaderes italianos han dado un desarrollo a la ciencia, la tradición a la materia financiera,
a la contabilidad. Estos mercaderes son patriotas, solidarios con su compagnia
y con todas las de su ciudad y de otras, tienen espíritu de asociación muy desarrollado.
Para estos mercaderes existía el Honor familiaris entendido en el sentido
más amplio de la palabra que según la definición del gran León Battista Alberti -amigo y protector de Luca Pacioli- consiste en nunca romper la palabra y en comerciar con honradez. Del mismo Alberti podemos recordar lo
que afirma haber sido la filosofía mercantil de los mercaderes-banqueros de
Florencia: "Cuando recuerdo los daños y las pérdidas de muchos mercaderes,
veo que de cada seis accidentes, cinco se deben a defectos de los que dirigen
las cosas, de lo que se puede deducir que ninguna cosa hace un buen dirigente cuanto la diligencia del maestro, y que ninguna cosa hace un mal dirigente como la negligencia del maestro". 9
Los mercaderes-banqueros introducen una nueva mentalidad económica;
admitiendo el concepto de previsión voltean la anterior teoría tomista, instauran la regla de que los gastos deben ser inferiores a los ingresos, y por lo tanto
hacen nacer el problema del ahorro. Los bienes y la riqueza ya no son un
medio para la salvación eterna, sino más bien para una mejor vida terrenal.
Abandonan el concepto de lo superfluo en el sentido escolástico; los bienes
están a disposición de los hombres para que los usen para su gloria y poderío. Los esfuerzos dirigidos hacia nuevas actividades económicas se hacen más
racionales con el objeto de obtener una cantidad siempre mayor de riqueza.
Se pierde el concepto de la socialidad de las riquezas y se sustituye con un
concepto edonista y utilitarista.
Pero cuando se investiga la vida, se leen las cartas, se consultan los registros de un mercader de la época considerada, es bueno, como lo aclara Barbieri, " ...volver a pensar al iter biográfico de los viejos mercaderes, que,
después de decenios de febril actividad adquisitiva, con frecuencia ignorantes
de cualquier escrúpulo ético-social, sabían terminar sus días con gestos de
generosa redistribución de las riquezas acumuladas".10

Así leyendo las últimas voluntades de los miembros de la compagnia de los
Iprimi tre libri. . . , obra citada, pp. I-2-58.
Grno: Origini del Capitalismo lombardo, Casa Editrice dott. GiuffréMilano-1961, p. 158.
• LEÓN BATTISTA ALBERT!:
•• BARBIERI

Bardi -recogidas en el archivo de Biagio Boccadibue, notario de la sociedad-,
aparece claro y dramático el contraste entre la práctica de la vida de aquellos
hombres audaces y tenaces constructores de inmensas fortunas, y el terror del
castigo eterno por haber creado una riqueza con medios poco escrupulosos,
por lo menos considerando la moral del tiempo. . .
.
.
A pesar de todo esto Francesco di Marco Datm1 e~ la primera hoJa ~~. todos sus registros contables escribía: "En nombre de Dios y de la ganancia
Distinto ejemplo de la mentalidad de los mercaderes, es una c~rta que un
representante anónimo envía de Creta el 18-IX-1347 a su matnz en ,Venecia: "A mí no me parece gran inteligencia saber vender una mercanc1a qu:
todo el mundo demanda, que tiene gran aceptación, ya que se ,vende por s1
misma; por el contrario es gran inteligencia vender una mercanc1a rr_iala, peor
que las otras, y en particular, una mercancía que se echa a perde~ s1 se guarda". Esta manera de razonar explica otro aspecto de la mentalidad de los
mercaderes ya que para los florentinos el cliente, el "amigo de neg~cios", era
el que en régimen de libre competencia adquiría la mercancía meJor
~recio más bajo. Necesitaban que el cliente estuviera contento de la adqu1s1C10~:
sobre esta base se podía planear un comercio duradero. Por ~s.to Florenc1_a
daba gran importancia al respeto escrupuloso de todas las cond1c1ones: medidas calidad, términos de entrega, buena moneda, etc.
contrario pasaba en lo que se refería a los principios sobre los cuales se
fundamentaba el comercio de Venecia y Génova.

.ª!

Lo

En el período 1100-1350 la distinción fundamental ~ntre grande y pequ:ño mercader no consistía en el comercio al mayoreo m tampoco en la cantidad de la mercancía, sino en la diferencia de apreciaciones de hombr:s cuya
mentalidad era profundamente distinta. El pequeño merca~er e_ra aun, por
su manera de vivir, por la falta de iniciativa y por la parsrmorua, un ho_~bre con la mentalidad de un artesano: era observante de la reglamentac1on
de su arte, evitaba el riesgo y no esperaba elevadas ganancias.
La peste negra de 1348 marcó el final de un largo pe~odo de incremento
demográfico y desarrollo económico y el inicio de una deslizante secular cu~a
caracterizada por el cierre de los mercados, por continuas guerras y contracción
en el volumen de los tráficos.
Pero desde este punto de vista está fuera de duda que aq~el regr~so económico no se explica con la incipiencia de la técnica mercantil. L?s ~1glos ~IIXIV vieron el reflorecer económico del occidente en la reconstituida u~1dad
del Mediterráneo, dando origen a una renovación de la sociedad, _de los ideales económicos, de la actividad productiva, de circulación de los bienes, de las
ganancias y de los consumos.
FJ tipo cambiario de la letra de cambio, por ejemplo, aunque conocido

574
575

�antes de 1350, llegó a ser de uso general después de esta fecha. Las experienr.ias de seguro marítimo y la misma contabilidad mercantil tuvieron completo
desarrollo alrededor de 1400, como por ejemplo, se puede comprobar parangonando los libros mercantiles de la "compagnia" Peruzzi (que quebró en
1343) con los de la "compagnie" de Francesco Datini (1410).
Otra novedad técnica es el tipo de sociedad comercial, similar a la moderna sociedad en participación. El ejemplo más importante es la banca de los
Medici, constituida en 1397; clara es la fundación de institutos similares que
se originan en los siglos XII y XIII.
Quizás se pueda observar que la flexión secular de la técnica mercantil, que
nos lleva a la época de la peste negra, haciendo más fuerte la competencia y
reduciendo los márgenes del beneficio, incitó a los mercaderes a tentar nuevos métodos, a incrementar la eficiencia de su propia capacidad, a reducir los
costos, con resultados que sólo los más listos y los más preparados sobresalieron. Por otra parte, se debe observar que ninguna empresa mercantil, tampoco el banco de los Medici, alcanzó el esplendor de las famosas compagnie de
los Peruzzi y de los Bardi que quebraron ambas antes de la peste negra.
Por el contrario el gran mercader, fuera socio de una gran compañía, como
la de los Alberti, o de una pequeña, como la de Datini, había conservado el
espíritu de independencia y la osadía de sus antepasados vendedores ambulantes y estaba como ellos dispuesto a enfrentarse a grandes riesgos, de los que
se defendía distribuyéndolos en muchos sectores distintos. Aprendía el idioma y las costumbres de otros países, se adaptaba a las exigencias de los mercados extranjeros; era al mismo tiempo mercader, banquero y contador, vendía
al mayoreo y al menudeo.
Claramente resulta de los libros contables que los mercaderes sólo excepcionalmente, se especializaban en un determinado tipo de mercancías y trataban de explotar todas las ocasiones de ganancia que podían encontrar. El
mismo comercio crediticio no fue una especialización: sin grandes excepciones, las grandes compañías bancarias italianas asociaban negocios de banca
internacional y de comercio extranjero.
Como los Bardi, que mantenían abierto su tendajo en la calle de Calimala, aun cuando compraban trigo en Apulia como para alimentar a una ciudad, y financiaban las guerras inglesas en Francia, así también Datini, aun en
el momento más próspero del sistema de sus empresas, nunca cerró su pequeña tienda de telas en Por Santa María.
Los italianos jugaron un importante papel en el comercio internacional:
mercaderes flamencos e ingleses llegaban hasta Génova para intercambiar especias y seda por telas.
A los inicios del siglo XIII, los mercaderes italianos más emprendedores
habían penetrado, a través de Flandes, en Inglaterra como banqueros papales,
576

pero el problema del cambio los obligó a orientarse hacia el comercio de la
lana, en vista de la prohibición de la exportación de moneda y por el hecho
de que la lana inglesa tenía gran mercado en el continente. También París
pareció ser otro gran centro de atracción y las compañías italianas empezaron a fijar agencias mercantiles en esta zona, muy cercana a la de Champagne.
Este desarrollo del comercio fue un simple componente de los cambios sumamente intensos que transformaron profundamente la fisonomía de todo el
comercio medieval.
Claramente Raymond de Roover aclara la transformación y la función
del mercader italiano:

"Al contrario de ir y regresar de las ferias, algunos mercaderes italianos, particularmente los de las ciudades internas, Siena y Florencia,
empezaron a orientar sus negocios con criterios de empresa contable,
asegurando una permanente representación al extranjero, basada sobre
el capital de los socios, agentes y corresponsales. El antiguo mercader
giróvago se fue transformando en un administrador de negocios mercantiles que ocupaba la mayor parte de Stl tiempo, sentado al escritorio para leer relaciones in/ormativas o para dictar instrucciones. La más grande preocupación para este tipo sedentario de mercader debía ser la de
hacer marchar bien las casas de representación en el extranjero, así que
el éxito comercial o el fracaso dependían con frecuencia de la selección
de representantes honrados e inteligentes".
En cuanto el mercader terminó de ir personalmente al extranjero,
otorgó poderes a los que le inspiraban confianza y se empeñaban en
ocuparse de su comercio.
El nacimiento de este nuevo aspecto de la organización mercantil,
fijada por correspondencia o por representación al extranjero, está íntimamente ligado a la rápida declinación de las ferias de Champagne,
después de 1300. Para los mercaderes italianos ya no existía la necesidad
de asistir a las f erías, cuando sus compañías comerciales organizaron sucursales permanentes en París, Londres, Brujas, etc.
Como pioneros del nuevo sistema, los italianos obtuvieron las ventajas más notables de la iniciativa. Durante los siglos XIV y XV dominaron el comercio y el movimiento monetario de toda el área de
Constantinopla y Alejandría al este, hasta Brujas y Londres al oeste. En
este amplio radio, la supremacía italiana se confirmó en el campo de
la organización mercantil, mientras que la potencia militar de las pequeñas repúblicas de la Península no superaba los confines de los Alpes". 11
u

RAYMOND DE

RoovER: Economic organization and Policies in the Midle age in

577
H37

�Lógicamente esta organización, esta estructura mercantil de los mercaderes?~q~eros italianos tuvo como consecuencia una mejoría en las instituciones
Jund1cas y en la vida de sus empresas.
Por lo que se refiere a las instituciones jurídicas Manca afirma:
"Dondequiera las commendé fueron las primeras farmas de sodalicio a
través del cual se procedió, de parte de los más emprendedores a la
movilización de los capitales por el comercio.
'
Posterior.mente, andando el tiempo, con actividades más robustas, con
acumulaciones progresivas del ahorro, se iniciaron y siempre más se
extendieron las f armas asociativas en las cuales todas las partes contribuían con una cuota de capital, en unión, obviamente a una distinta
Y más conveniente participación en las utilidades. Por esto grandemente se desarrolló el instituto de la 'societas', es decir, de la sociedad en
nombre colectivo". 12

4.

DESARROLLO DE LA CONTABILIDAD

v

PARTIDA DOBLE

Desde la aplicación del método, investigadores, historiadores y profesionales son atraídos por el método de la Partida Doble debido a su elegancia, su
precisión matemática y su simetría.
El desenvolvimiento del "arte" representa una óptima aplicación para los
matemáticos desde Pacioli.
Entre 1202 y 1494 -y mejor dicho entre 1250 y 1350- brotan de la viviente práctica de la empresa las "estructuras contables" principales del ~egistro de las cuentas basado sobre el método: el inventario, el balance y la situación de cuenta; aparece ya claramente esbozado el otro proced~i~nto, el ~el
presupuesto, al cual faltan, para ser completo, determinadas condic1on:s Y circunstancias, que por el contrario ya se habían manifestado en su plenitud por
lo que se refiere a los primeros.
.
En poco menos de un siglo, se cristalizan las grandes conqmstas de la Contabilidad:

Por lo que se refiere a la organización y estructura contable lógicamente al
ampliarse los negocios se necesitaba una organización y por lo tanto se tenía, en
las empresas de mediana importancia para arriba, una división del trabajo contable. Así que cada empresa, según las dimensiones y el conjunto de sus neo-o0
cios, tenía libros principales y accesorios.
Para el manejo de la empresa estos mercaderes tuvieron que buscar ayuda
de personas ajenas a la actividad de los negocios, y dedicadas casi exclusivamente al control de ellos.
Los distintos libros estaban bajo el cuidado del Scrivano (Tenedor de Libros), que también redactaba las cartas, ayudado por los Garzoni que copiaban las cartas. Estos tomaban los primeros contactos con la Contabilidad copiando del "Borrador" las notas y transformándolas en forma epistolar -cuentas de costo y gasto, y utilidad neta- para su envío al corresponsal.
En el escalafón superior estaban los "Fattori" que pertenecían a dos categorías: Ragionieri y Abachini ("Contadores y Cajeros"). Los primeros se dedicaban exclusivamente al cuidado de los libros principales y los segundos a los
movimientos del dinero.
Normalmente el libro de la Sociedad Libro segreto estaba al cuidado de uno
de los socios o más frecuentemente del director.
The Cambridge Economic History of Euro pe, III tomo pp. 42-46. Cambridge, 1963;
traducido en Economía e Storia n. 2, 1963, pp. 245-246.
12
•
CIRo MANCA:Nuove prospettive sulla storia economica della Sardegna pisana dalla
fine del secolo XII all'inizio del XIV, p. 191, in Economia e Storia, n. 2, 1963, pp. 178-

200.

578

_ método de la Partida Doble, método genial con el cual se siguen todos
los hechos de la empresa y la dinámica empresarial vista en sus efectos
sobre los elementos reales.
_ la contabilidad de los costos (de los más complejos: los industriales) por
los cuales se entra en el aspecto más delicado de la gestión; la gradual
adquisición del producto.
- la contabilidad de la amortización.
_ el inventario y el balance por medio de los cuales se determina el elemento mismo en la supuesta fase estática y se define así el resultado
económico.
_ el informe de cuenta con el cual se presentan partida por partida los resultados de las operaciones efectuadas.
_ el presupuesto, con el cual se indica la conducta futura de la empresa,
frenándola o vinculándola.
Todo lo dicho, promovido y potenciado en el marco más propicio: la empresa capitalista, sobre la cual vuelca sus beneficios ? efe_ctos y de la cual r~
cibe profundamente gravada la huella de aquel rac1onahsmo que es la esencia del capitalismo.
La Partida Doble es el Método contable que basándose sobre una doble
consideración analítica y unitaria de la riqueza que actúa en la empre5:1. (no
debemos· o1v1'dar que el patrimonio ha sido
. el único objeto de
. la. ,Contabilidad
.
· 1os ) s·e traduce en dos senes de cuentas (denvacion directa de
por muehos sig
579

�tales aspectos) y que por cada hecho económico se realiza invariablemente en
dos distintas partidas de cuenta de igual valor pero antitéticas en el signo.
Este método fue el resultado de una larga serie de dificultades originadas
por el muy complejo crecimiento del comercio. Su origen pertenece a la época del Renacimiento Mercantil, (aunque nació de humildes orígenes). En un
primer tiempo las transacciones mercantiles, junto con otros acontecimientos
sociales y políticos, se registraban en lo que podemos llamar borrador; pero con
el crecimiento del comercio este simple método de recordar las cosas tuvo que
desembocar en un sistema más eficiente.
Como ya se ha dicho, en una época no exactamente precisable, pero que
podemos situar en el trienio 1250-1280, y seguramente en Toscana, se inicia
la primera fase del proceso evolutivo de la Contabilidad, que desde entonces marcha velozmente y sin dificultades hacia la meta: la partida doble.
Este paso está estrictamente condicionado y ligado en el tiempo a la fase
económica que representa el tránsito de la forma artesanal a la que podernos
llamar capitalista, en el cual, como justamente afirma Doren: "se ajusta una
serie de formas intermedias; con frecuencia se trata del solo hecho de un artesano que, disponiendo de un determinado capital, da trabajo a otros artesanos independientes y vende el producto de ello resultante; pero con más
frecuencia es un mercader que financia a los artesanos, anticipándoles dinero,
materias primas, medios e instrumentos de_trabajo y poniéndolos así en una
posición de dependencia económica, sin que por esto vean limitada su independencia industrial puramente exterior".
Desde los orígenes los requisitos del método, es decir las condiciones que
debían satisfacer los registros, son :
-

unidad de la Moneda en cuenta.
constante referencia a la contrapartida.
terminación completa de las dos series antitéticas de las cuentas y particularmente de las dedicadas a los factores del resultado económico.

Los primeros registros en Partida Doble son del siglo XIV, las escrituras
que figuran en ellos representan en forma eminentemente descriptiva las relaciones del "Debe" y del "Haber" entre la empresa y los terceros, determinadas
por la gestión. Registros, hasta. la fecha completamente desconocidos, de los
que es imposible indicar el lugar y la fecha exacta de su aparición, por el hecho sencillo de que la documentación es fragmentaria o falta por completo.
Pero podemos afirmar, como ya se ha dicho, que la partida doble es producto de la Toscana, y de esta región pasó a Venecia, Génova, y a toda Europa, a lo largo de los caminos comerciales.
580

Unos libros de la ciudad de Siena han hecho intuir que la Partida Doble
era conocida y aplicada en esta Ciudad desde la segunda mitad del siglo XIII.
Los primeros registros Florentinos son los de Giovanni Gianfigliazzi, del 25 de
febrero de 1292, y el libro privado de Giotto dei Amoldo que va de 1308 a
1336.
Anteriormente se había afirmado que la partida doble era de origen genovés, por efecto de los "Cartulari". del municipio de Génova que empiezan
en el 1340; otros afirman que el origen era milanés, por los registros del Banco Giussano 1356-1358 y por el archivo de la fábrica de la Catedral; otros
hablan con insistencia de un origen veneciano, por los registros de la Casa
S~ranzo ( 1406 y 1434) y por los de la Casa Barbarico de 1430 en adelante y,
además, por el nombre de "Veneciano" que se da a la Partida Doble.
Respecto a esto último queremos aclarar que la indicación "a la Veneciana" que tanto recurre en los registros contables erróneamente fue atribuida por los estudiosos al Método de la Doble, ya que en todos los casos comprobados -incluido en lo afirmado por Pacioli: modo di Vinegia- resulta
clara la exclusiva referencia a la conformación de las cuentas. Además tenemos
el caso del mercader florentino Palliano de Galeo con estas palabras: "Lo redactaré a la Manera Veneciana, es decir en una hoja el Debe y en la otra el
Haber". Ahora bien, este libro no obedece a las reglas de la partida doble, y
esto es bastante para comprobar que la alusión a Venecia no tiene ninguna
referencia con el Método.
En Florencia en un primer período se usó el sistema de las cuentas verticales, pero después se afirmó el uso de las cuentas laterales que siempre se había usado en Venecia.
El primer libro del Método de partida doble que se usó fue el Mayor con
cuentas horizontales y/ o verticales y con muchos registros de memoria. Quizá la razón del desarrollo del Mayor haya sido la necesidad de registrar las
relaciones del Mercader con sus deudores y acreedores. En apoyo de esta afirmación podemos ver que los registros usados en Génova para la Contabilidad O Contabilización de las Finanzas consistían en dos Mayor, uno usado
por los Massari, es decir los ejecutivos del tesoro de la Ciudad, y otro, al cuidado de los Magistri Rationari cuyo deber era vigilar y controlar la obra de
los M assari.
El método, en la obra de los "Massari", desde sus orígenes, tuvo el nombre
de escritura doble, desde 1300, y se le definió también como Libro Doble con
referencia a los libros en los cuales se redactaba por largo tiempo; después de
la publicación de los tratados del siglo XVI se llamó, fuera de Italia, hasta
1800 MÉTODO ITALIANO. Pero en el año 1755 Pietro Paolo Scali de Liorna introd~jo el término PARTIDAS DOBLES, que es el más exacto, escribiéndolo en el
581

�título de su obra: Tratado del modo di tenere la scrittura dei mercanti a partite doppie, cioé all'italiana (Stamperia di G. P. Fantechi E. Ci. di Livorno).

BERTOLINO ALBERTO, ll testamento politico-economico di W. Sombart. Firenze, Sansoni Editore, 1943.

En el siglo pasado se comenzó a usar el nombre en singular. Como curiosidad histórica cabe indicar que los más antiguos documentos que han permitido las modernas investigaciones proceden de tres distintas clases de fuentes:

BoccARDO GERÓNrMo, Historia del comercio, de la industria y de la economía política. Buenos Aires, Editorial Impulso, 1942.

Públicas: Se refieren a los inventarios patrimoniales de las Comunas, a las
cuentas municipales de ingresos y egresos, etc.

CANTIMORI DELIO, 1l problema rÍ11ascimentale proposto da Armando Sapori, pp.
935-948 in Studi 011ore di Annando Sapori. Milano, 1st. Editoriale Cislapino, 1957.

Privadas: de los banqueros, de los mercaderes y de las situaciones de cuenta de
los monasterios e instituciones religiosas.

CAizzr BRUNO, Compendio di storia economica dal medio evo ai nostri giorni. Milano, Giuffré Editore, 1952.

CAROSELLI MARIA RAFAELLA, Recenti studi sul capitalismo in Problemi economici dall'antichita ad oggi, pp. 340-346. Milano, Giuffré Editore, 1959.
DoBB MAURICE, Proólemi di Storia del capitalismo. Roma, Editori Riunitti, 1958.

Judiciales: que se refieren a los documentos de los jurisconsultos, sentencias, etc.
Ejemplo de esta última es el U sus Mercatorum según el cual, faltando disposiciones de ley, los contratos de sociedad se redactaban según la costumbre y
ningún socio podía separarse de la Compagnie hasta el Saldamento.

DOREN ALFREDO, Le Arti Fiorentine. Firenze, Le Monnier, 1940.
- Storia economica dell'Italia nel medio evo. Traduzione di Gino Luzzatto. Padova,
CEDAM, 1937.

Terminamos esta parte con una breve reflexión sobre el significado del nacimiento de la Partida Doble para cosechar y reordenar la enabería, así desparramada.

liAMILTON EARL J., El florecimiento del capitalismo. Madrid, Revista de Occidente,
1948.

El contador, antes de registrar en forma definitiva en el
nuevo registro, el DIARIO.

MAYOR

escogió un

Se impuso una regla, que le sería de ayuda en la síntesis, que era substancialmente la que le permitía el registrd definitivo; el diario exteriormente repetía
las similitudes de las escrituras en orden cronológico del libro de los ingresos y
egresos, del cuaderno de los cambios, etc.; en esta forma el contable dio prueba de haber alcanzado madurez; el largo aprendizaje de la partida doble lo
había llevado a la reflexión, a la crítica, obteniendo con acción espontánea e
inconsciente, característica de las etapas iniciales del desenvolvimiento de los
fenómenos, la uniformidad de los principios inmutables. Este es el profundo
significado del nacimiento del Diario en Partida Doble.

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-

EMILIO DURKHEIM; EL ESTADO Y LA DEMOCRACIA
Lucxo

MENDIETA Y

NúÑEz

Doctor en Derecho, Director del Instituto de
Investigaciones Sociales de la Universidad
Nacional Autónoma de México

multiplicidad de significaciones que se dan a la palabra Estado, es una de las causas que dificultan el estudio científico de esta
entidad jurídica y sociológica, pues ha influído en la propia terminología de
los tratadistas de la materia hasta el punto de que en ella se advierte una
"discordancia inaudita".1
Sin embargo, es posible clasificar los diversos conceptos que sobre el Estado se han emitido desde la Grecia antigua hasta nuestros días para llegar,
por medio del análisis crítico, a definirlo con precisión y claridad. Esto es lo
que logra el eminente jurista y sociólogo brasileño Pinto Ferreira, con gran
acierto, en su Principios Generales de Derecho Constitucional Moderno.
KELSEN AFIRMA QUE LA

Los elementos que, según la teoría clásica son la esencia del Estado, se empezaron a distinguir por los filósofos griegos. Para Aristóteles, esos elementos
son : la comunidad y la independencia, es decir, un grupo social organizado,
que goza de absoluta autonomía para desarrollar su propia existencia. El concepto aristotélico fue precisado más tarde por Bodin que consideró como característica fundamental del Estado, la soberanía. Partiendo de estas ideas, la
mayoría de los autores concibieron al Estado como "una colectividad humana fijada sobre un territorio determinado y dotada de poder soberano" ,2 definición jurídica que subsiste en la actualida,d con sus tres elementos constitutivos: la población, el territorio y la soberanía, pese a las críticas que se le
han hecho. Es un concepto esquemático, simplista, que no explica suficiente1

DR. HANS KELsEN , Teoría General del Estado. Traducción de Luis Legaz Lacambra. Editorial Labor, S. A. Barcelona, p. 3.
' PINTO FERREIRA, Principios Generais do Direito Constitucional Moderno. 1955.
Jesi Konfino Editor, Río de Janeiro, t. II, p. 719.

584

585

�mente la verdadera naturaleza del Estado. Para explicarla diversos autores
expusieron teorías filosóficas y sociológicas.
Como ejemplo de las concepciones filosóficas del Estado, puede citarse la
de Hegel, para quien "el Estado es el material en que se verifica el fin último de
la razón", porque "con el Estado la libertad se hace objetiva y se realiza positivamente". Sólo en el Estado tiene el hombre existencia racional, el hombre
debe cuanto es al Estado. Sólo en éste tiene su esencia, el Estado es la vida
moral realizada". 3
Influído por Hegel; pero en un sentido sociológico, Smend considera que
el Estado es una realidad dialéctica integrante. La integración, afirma, es la
esencia de la realidad estatal y está constituída por una gran cantidad' de procesos empíricos que clasifica en tres clases: a) Jntegración personal que es la
que se advierte entre los caudillos, los jefes del Estado, la burocracia; b) Integración funcional, o sea todas aquellas manifestaciones de la vida colectiva:
elecciones, parlamentos, etc.; y c) Integración real que es la participación de
los individuos en los valores que encama el Estado, tales como ceremonias,
fiestas nacionales, etc!
Sin embargo, es evidente que dentro del Estado existen agrupamientos que
tienen la virtud integradora en los tres aspectos señalados por Smend, como por
ejemplo, la Iglesia. La teoría de este autor es valiosa solamente si se considera que el Estado es el único que posee la fuerza de integración total de las
organizaciones sociales y de las manifestaciones de la vida colectiva en una
gran unidad a la que representa y domina.
Tismascheff formuló la teoría de la diferenciación social que Pinto Ferreira resume así: toda comunidad humana se presenta polarizada en un
centro activo de dominación constituido por los gobernantes y una periferia pasiva formada por los gobernados.
Esta idea fue expuesta mucho tiempo antes, por Santo Tomás de Aquino: "si pues -dice el aquinatense- es·hasta tal punto natural al hombre vivir
en sociedad con muchos, debe haber entre los hombres algo por lo cual se rija
la multitud. Porque en todas partes donde hay una pluralidad ordenada a
5
una unidad, vemos un principio director".
La diferenciación social no es propia únicamente del Estado porque se observa en toda organización que para serlo tiene que estar constituída por un
grupo dirigente que domina a los dirigidos, o que ejerce, cuando menos, cierta autoridad sobre ellos en todas las cuestiones relacionadas con la organización.
*

H EGEL,

Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal. Edición, Revista de

Para Marx Y Engels, el Estado es un simple instrumento de las clases poseedoras sobre las desposeídas.
"El_Estado no es una fuerza exterior impuesta a la sociedad ni la realidad
d~ la idea moral como pretendía Hegel. Es el producto de la sociedad en determmado período de su evolución. El Estado equivale al reconocimiento de contradicciones internas insolubles, de antagonismos irreconciliables causa de inevitabl_es complicaciones d~ las que la sociedad es impotente par; librarse. A fin
de evitar que esas contradicciones y esas clases con intereses antagónicos se devoren entre sí y lancen a la sociedad a una lucha estéril fue necesaria una fuerza aparen_t~mente colocada sobre la sociedad, fuerza que moderando el ímpetu
de las colisiones mantuviese a la sociedad en los límites del orden".
Otras muchas teorías más o menos afines con las que hemos transcrito tratan
de hallar una definición del Estado como la de Hermes Lima, para quie~ el Estado representa a la sociedad a través de sus clases dominantes; a la de Openheimer, q~e o~~na también que el Estado es un Estado de clase y que surgió por
la dorrunacion de un grupo sobre otro".6
~ntre los _conceptos modernos sobre el Estado se destaca el de Jellineck,
quien lo defme como un fenómeno socio-cultural, resultado de factores complejos de diferenciación y de integración social, o como "un poder originario de dominación".
Con Kelsen y la escuela de Viena, se nota, en la actualidad, un retomo a
la conc:pción jurídica del Estado. En efecto, Kelsen considera que lo que
~aractenza al Estado es la autonomía constitucional y el derecho de gentes;
ide~ que expo~e ~u~z casi_ literalmente: "el Estado se caracteriza por dos
atnbutos: la SUJecion mmed1ata al derecho de gentes y la autonomía constitucional". Pinto Ferreira resume estas opiniones en una breve definición: "El
Estado es la co~unidad humana fijada sobre un territorio determinado y
dotada de capacidad de autonomía constitucional". 7
En este concepto se trata, como se ve, de enlazar la naturaleza social del
~st_ado cuando _se dice que es "una comunidad humana", con su aspecto jundico que consiste en la facultad que tiene esa comunidad de constituirse libremente de acuerdo con propias determinaciones.
Fue, sin embargo, el gran sociólogo francés Emilio Durkheim quien expresó con mayor claridad y precisión una idea de carácter sociológico sobre el
Estado en la serie de lecciones que publicó en 1915, como una colaboración
con el gobierno de su país en los años aciagos de la primera guerra mundial
para reafirmar en la conciencia de sus compatriotas y de los pueblos de cu!~

Occidente, Buenos Aires, Argentina, t. I, pp. 88 y 89.
op. cit., p. 722.
GRABMAN , Santo Tomás. Col. Labor, S. A. Barcelona, p. 137.

• PINTO FERREIRA,

• PrNTO FERREIRA,

' MARTÍN

' PINTO FERREIRA,

586

Op. cit. t. 11, p. 723.
Op. cit., t. 11, p. 727.

587

�tura occidental la confianza y la fe en su organización política y en la democracia.
Al eminente sociólogo Raymond Lenoir se debe la publicación en la R evue
Philosophique, de un manuscrito de Durkheim que contiene la lección sobre
el Estado. En ese interesante, brevísimo ensayo, se dice que ei "Estado es
propiamente el conjunto de los cuerpos sociales que tienen ellos únicamente,
la cualidad para hablar o para obrar en nombre de la sociedad''.
Coincide Durkheim en cierto modo con la idea marxista del Estado pues
afirma que surgió porque "en la sociedad hay diversas fuerzas que tratan de
subordinar al individuo: sociales, económicas, familiares ; son fuerzas que
establecen situaciones de desigualdad entre los hombres. Para ponerles freno
a estas desigualdades, a estas injusticias, es necesario que haya "sobre todos los
grupos secundarios y todas las fuerzas sociales particulares, una fuerza ~gual,
soberana, más elevada que todas que sea capaz de contener y prevenir sus
excesos. Esta fuerza es el Estado".
Pero en tanto que, como ya se ha dicho, para el marxismo el Estado es un
simple instrumento de las clases dominantes, Durkheim se aparta de toda consideración demagógica dcformante de la realidad y analizando las funciones
estatales encuentra que por medio de ellas "se coordinan las diferentes corrientes sociales, pone orden en lo que sin su intervención sería desorden". De este
modo, el "Estado es ante todo, un órgano de reflexión, es la inteligencia colo8

cada en el lugar del instinto obscuro" .
Durkheim después de una breve reseña histórica de las Funciones del Estado advierte que en un principio tenía por objeto acrecentar el poder bélico para extender su dominio sobre otros pueblos y ocupado en esa tarea, no concedía atención a los intereses individuales y colectivos.
Aparecía como una entidad subordinadora con vida propia. Pero a medida que pasa el tiempo, la guerra que era en un principio casi la función e~pecífica del Estado, se vuelve cada vez menos frec~e~te ~ entonces su actividad se orienta hacia el interior, sus órganos adm1mstrat1vos se desarrollan
a medida que toma a su cargo una serie de atribuciones jurídicas y de orden
social en servicio de la colectividad.
Este concepto sociológico del Estado que se basa en el proceso histórico de
las sociedades y en la observación de la realidad es, entre los conceptos de
otros autores, el más aceptable. Como órgano de reflexión social no puede ser
instrumento de un solo grupo o de una sola clase, su función consiste en mantener un equilibrio de intereses; cuando se apodera de la dirección del Es• EMILIO DuRKHE IM, L'Etat. Revue Philosophique de la France et de L' Etrangere.
Núm. 4, 1958. Octobre-Decembre. Presses Universitaires de France. Parls.

tado un grupo_o una clase, entonces "también tiene que ser contenido por
las fuerzas sociales que subordina para no excederse, para no volverse tiránico".
En tanto que se m~tiene dentro de los límites precisos de su misión, el Estado es para Durkheun, como para Hegel, una institución grandiosa. "A menudo, dice, se le presenta como antagónico del individuo, como si los derechos del Estado no pudiesen desarrollarse sino en detrimento de los del individuo, cuando en realidad progresan paralelamente. Mientras el Estado se
vuelve más fuerte y activo, el individuo se vuelve más libre. Es que el Estado lo libera".
Pero .para comprender bien, en toda su profundidad, el pensamiento de
Durkh~un sobre el Estado, es necesario conocer sus ideas respecto de la democracia expuestas en una de las lecciones mencionadas al principio de este
ensayo y que fue proporcionada a la Revista Mexicana de Sociología por
Raymond Lenoir. 9 Pues en efecto en esa lección se esclarecen las rela;iones
entre el poder públicd que representa al Estado y la población del mismo · relaci~~es que hacen posible su función de órgano de reflexión integrad~r y
equ1librador de las fuerzas y de los intereses sociales.
Generalmente se considera a la democracia según la célebre definición de
~incoln como e~ gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo. Es dec1r el pueblo mismo, por medio de sus representantes, dirige soberanamente
sus destinos. Para que esto fuera posible sería necesario un total acuerdo entre todos los individuos que integran a un_pueblo; pero como tal acuerdo nunc~ se produce, resulta que, según otras definiciones, la democracia es el gobierno de las mayorías. Durkheim demostró que contrariamente a estas ideas
p_olíticas, lo cierto es que "todo gobierno es una minoría, aun cuando sea de
cierta importancia numérica". Pues en efecto, en todo país hay un gran número de personas que por su edad o por otros motivos están impedidas de
votar, y de los capacitados para hacerlo, un gran número se abstiene de acudir
a las urnas electorales a depositar su voto. "Si por lo tanto, nos atenemos a
las consideraciones numéricas, habrá que decir que no hay democracia".
Para demostrar este aserto, Durkheim recuerda que "en 1893, de 38.000,000
de franceses no había sino 10.000,000 de electores. De estos 10 millones, sólo 7
millones hizo uso de sus derechos y los diputados electos representaban ...
4.512,000 votos, o sea, un poco más de la novena parte de la población, un
poco menos de la mitad de los ciudadanos".
• Revista Mexicana de Sociologia. Año XXI. Vol. XXI. Núm. 3. Septiembre-Diciembre de 1959. Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

589
588

�En apoyo de las ideas del autor citado sobre la democracia fundada exclusivamente en el voto electoral tenernos, actualmente, el caso de los Estados
Unidos de Norte América que suele presentarse como ejemplo democrático,
pues el sociólogo Stein Rokkan en un trabajo escrito en colaboración con
Agnus Campbell, afirma que "en las tres elecciones presidenciales que tuvieron lugar después de la segunda guerra mundial, la participación media bruta de electores fue de 58%"Según los mismos autores, la situación en este importante aspecto de la vida social y política de los pueblos es casi idéntica, de acuerdo con las cifras
de votantes que obtuvieron, en Inglaterra, Finlandia, Francia, Israel, Nueva
Zelandia y Noruega. 1 º
Ante estos datos resulta evidente que la democracia no puede descansar
nada más en las funciones electorales. El desconocimiento de este hecho es la
causa de que se susciten agitaciones trágicas en muchos países, principalmente
en la América Latina, porque los partidos o grupos que pierden en las elecciones alegan que fueron víctimas de fraudes. Indudablemente que aun cuando no sea la mayoría de los ciudadanos la que vota, es necesario respetar la
voluntad del mayor número de votantes; ese respeto es, sin lugar a duda, uno
de los principios esenciales de toda democracia; pero no el único. Suponiendo que los poderes de un Estado sean electos por la totalidad de los
ciudadanos, si quienes ejercen esos poderes lo hacen de manera tiránica, allí,
a pesar de la legalidad absoluta de las elecciones y de la universalidad del
voto, no hay democracia.
Emilio Durkheim, en un breve y penetrante análisis, reafirma su idea de
que el Estado es el órgano de reflexión social; pero

"esto, dice, no significa que todo pensamiento social emane del Estado.
Hay una actividad psíquica colectiva que se forma obscuramente y se
traduce en hábitos, en costumbres, en corrientes de opinión que no se
sabe con exactitud cómo se forman. En cambio, en el gobierno hay una
serie de órganos, de comisiones de cuerpos deliberantes que son los que
después de considerar las cosas de su incumbencia deciden lo que se debe hacer.
Pero hay pueblos en los que el órgano del Estado es sustraído celos~
mente a las miradas de la multitud. Las masas profundas de la sociedad reciben sus acciones sin asistir ni siquiera de lejos a las deliberaciones que se realizan, sin percibir los motivos que determinan al gobierno a adoptar las medidas que decreta. Por su parte, el gobierno no
siente sino de manera confusa lo que ocurre en la extensión del organis-

'º

Revue Internacionel de Sciences Sociales. UNESCO. París. 1960.

mo social, los sentimientos que se experimentan los males que se sufren, las necesidades que se manifiestan".
,
En otros pueblos, por el contrario

'

"una _Parte cuando menos de las gestiones del Estado se hacen a la luz
del dia. Todo el mundo se percata, entonces, de los problemas que se
pla~tean; de las razones por lo menos aparentes que determinan las soluciones ado_ptadas. Todo el mundo participa de la vida del Estado,
puede examinar los problemas que examina el Gobierno. Las reacciones que producen influyen en el pensamiento gubernativo".
~s. esta interacción entre gobierno y pueblo, esta participación popular en la
~obtrca del poder Y l~ participación del gobierno en los sentimientos, en los
ideales _Y en las necesidades colectivas, otra de las características de la democracia, acaso la fundamental, puesto que es la que le da vida y realidad aun
en aquellos países monárquicos en donde los titulares del poder no son electos.

. "Un Estado, afirma certeramente Durkheim, es tanto más democrático cuanto que la masa de la sociedad se encuentre en estado de vigila~ Y de c,ontro~ar a~, órgano gubernativo y que el órgano gubernativo
mismo este en situacwn de percatarse de todo lo que ocurre en la
de la sociedad".
masa
La interacción entre gobierno y pueblo no es suficiente para configurar
cabalmente
· t enores
·
d 1
· a la democracia; se requiere' además, que "los as un t os m
~ a sociedad ~cupen un sitio considerable en las preocupaciones y deliberaciones gub~~at:J.vas., E~ a ellos, en los países democráticos, a los que se aplica
toda la actividad publica".
E:a acti~idad, en la democracia, está guiada por la justicia y la razón. He
aqui esta idea fundamental expresada bellamente por el propio Durkheim:

"Una democracia debe, ante todo, consagrar lo mejor de sus fuerzas a organizarse en el interior de conformidad con la idea de justicia
que se manifiesta en las conciencias.
La. democracia
se pondría en contradicción con ella misma
·
.
si· no
convirtiese en regla primordial la de profesar por la razón un verdadero culto. ;ues la razón es 1la forma más alta de la reflexión y la ciencia
es la razon en acto".

591
590

�Una característica final de la democracia, señalada por Durkheim, es la
constante evolución del Estado. Pero para que evolucione perfeccionándose
cada vez más, es indispensable que "no se confunda con la masa: debe tener
su función propia y su autonomía".
Esta lección escrita por Durkheim en 1915, durante la primera guerra
mundial, como decimos al iniciar este ensayo, con la finalidad de reafirmar
la fe en la democracia, tiene un valor actual indudable, diríamos un valor
eterno porque sus ideas nos llevan a establecer una comparación objetiva entre los Estados totalitarios y los democráticos. En aquéllos, el Estado es todo,
omnipotente y único, se eleva sobre los individuos en una actitud de dominio absoluto. En las democracias, por defectuosas que sean, se advierte una
tendencia hacia la participación cada vez más intensa del pueblo en las actividades del poder público. Por medio de la prensa, de la radio, de la televisión,
se difunden los acontecimientos nacionales y universales, los proyectos y las
medidas que el gobierno adopta para resolver situaciones y problemas interiores de carácter colectivo y por esos mismos medios publicitarios, los diversos sectores sociales dan a conocer sus opiniones y sus críticas ante las
decisiones gubernamentales, o presentan sus demandas y hacen valer sus aspiraciones, en un ambiente de libertad que cada día se establece con mayor
amplitud y firmeza, a pesar de todas las vicisitudes políticas y de todas las
regresiones contingentes, en los países que aún no alcanzan la madurez democrática.
La participación del pueblo en las actividades gubernamentales, hace que
el Estado perfeccione cada vez más por medio de la ciencia y de la técnica,
sus órganos y sus instrumentos de acción, hace que viva en un progreso constante.
En los países democráticos el Estado se reafirma, así, en el interior y deja de
aspirar a extenderse en el exterior, se perfecciona para servir mejor al pueblo
y no para subyugar a otros pueblos. Su acción sobre éstos se deja sentir, en la
actualidad, en las organizaciones formadas por todos los países del mundo
para prevenir la guerra y extender los beneficios de la ciencia y de la técnica
hacia los más débiles. En esta comunidad de naciones se advierte, también,
un clima de libertad porque las deliberaciones entre ellas se hacen a la luz
del día y con la participación de todas, estableciéndose así, una interacción
que parece conducir a lo que bien pudiera llamarse la democracia internacional.

LA RADIODIFUSIÓN Y SU ASPECTO EDUCATIVO
Por el Lrc. Lurs M. FARÍAs
Universidad Nacional Autónoma de México

l. ENTENDE~os POR RADIODIFUSIÓN la emisión de sonidos, signos O imágenes por medio de ondas electromagnéticas y que es destinada a ser recibida
por el público en general.

~- La ~adiodifusión comprende estaciones de radio y televisión de los siguientes tipos: comerciales, culturales, oficiales, de experimentación y las escuelas radiofónicas.
~- L~ radiod_ifu~ión tiene una función social que cumplir que abarca tres
obhgac1ones prmc1pales, a saber: la informativa, la cultural y la recreativa.
En esas tareas deberá contribuir al fortalecimiento de la integración nacional
Y al m:~oramiento de las formas de convivencia humana, por lo que en sus
transm1S1ones procurará:
a) Afirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares:
b) Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la.
niñez y la juventud.
c) Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las caracterís~i~as nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad
del 1d10ma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana y,
d) Fortalecer las convicciones democráticas, la unidad nacional y la amistad Y cooperación internacionales (Art. So. de la Ley Federal de Radio y Televisión en vigor) .
4. La radiodifusión deberá aprovechar su tremenda fuerza de alcance y
penetración en las clases populares del país para:

592

593
H38

�l. Difundir el pensamiento de la Revolución Mexicana y,
II. Desarrollar una amplia tarea de educación masiva.
Para dar cumplimiento al punto I, las radiodifusoras comerciales, coordinadas por el Consejo Nacional de Radio y Televisión (Ley F. de R. y TV.
artículo 91), desarrollarán una campaña permanente y de tenaz publicidad
para explicar y llevar a la conciencia nacional los puntos sustanciales de la
Revolución.

l. La mexicanización de los recursos naturales no renovables.
2. La distribución de la tierra y la aplicación de las técnicas más adecuadas para mejorar las condiciones de vida del campesino, el mejor aprovechamiento de la producción y la transformación inicial de los productos del agro.
3. Mejoramiento de las condiciones de vida del trabajador de la ciudad y
sus derechos y garantías.
4. La política fiscal con un sentido de justicia distributiva, fomento del
ahorro productivo con miras a la capitalización nacional y mejor aprovechamiento del ingreso familiar.
5. Nutrición, sanidad e higiene.
6. Educación y cultura.
7. Seguridad social.
8. Valor de la democracia, derechos y obligaciones del ciudadano.
Para poder dar cumplimiento al punto II (educación masiva por radio),
que es a nuestro entender el problema de mayor trascendencia, se requiere
efectuar varias campañas a fin de cubrir los diversos aspectos que presenta.
Así la radiodifusión en general, hará campañas de:
a. Carácter social.
b. Carácter cultural.
c. Carácter didáctico.
Las dos primeras podrán ser hechas por las radiodifusoras comerciales, las
oficiales, culturales y las escuelas radiofónicas. La tercera campaña, o sea la
estrictamente didáctica, para su mejor logro y debido manejo deberá ser
efectuada, principalmente, a través de las Escuelas Radiofónicas.
Las campañas de carácter social, deberán dirigirse a cubrir necesidades de
594

la vida familiar como: el ahorro, la nutrición, la limpieza y la higiene, el óptimo aprovechamiento del salario, el cuidado de los niños, etc.
Las culturales, a despertar el interés por las formas superiores del conocimiento y del arte, elevar el gusto estético y enseñar al ciudadano a utilizar
mejor su tiempo libre.
Las campañas didácticas deberán enderezar su interés hacia tres puntos
fundamentales: castellanizar, alfabetizar y capacitar técnicamente al trabajador.
Esto implica programaciones especiales dirigidas a niños y adultos; a personas que ignoran el español y la lectura; seres que conocen el idioma, pero
carecen del arte de leer; y, por fin, a adultos que sabiendo español así como
leer y escribir, necesitan una mejor preparación para elevar su ingreso y su
capacidad de elemento actuante en la vida nacional.
Para la eficacia de estas últimas tareas se requiere: crear una extensa red
de Escuelas Radiofónicas en el país, previo estudio de las zonas de mayor necesidad, según el punto que se quiera atacar, todas en una misma frecuencia.
Para ello proponemos:
l. Que se reserve la frecuencia de 530 kilociclos de la banda normal de radiodifusión para tareas educativas ya que así se facilita la fabricación en serie de transmisores y receptores de frecuencia fija: y que se reserve en televisión el canal 11 (que en la capital está otorgado a la Secretaría de Educación y maneja el Politécnico Nacional) en todo el país, para los mismos fines
didácticos.
11. Que se prepare, por parte de la Secretaría de Educación Pública el
personal especializado necesario así como el material didáctico apropiado.
111. Que se dé un entrenamiento especial de carácter elemental a grupos
del Instituto Nacional de la Juventud para la formación de Teleclubes y Radioclubes en las zonas rurales y barriadas de escasos recursos en las ciudades.
Estos clubes servirán de centros de reunión para recibir la educación radiada o televisada y que requiere la . elaboración de tareas y prácticas bajo la
supervisión de un dirigente de actividades.
IV. Que se establezca un centro productor de programas educativos de
radio y televisión en donde puedan irse formando la fonoteca y videoteca,
necesaria para una campaña de alcance nacional en esta importante materia
de la educación masiva, por los potentes medios que la ciencia y técnica modernas ponen al alcance del hombre.

595

�EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

Es la radiodifusión el medio más eficaz de información que se conoce por
cuanto ve a su alcance e inmediatez. Por otra parte en una nación como la
nuestra de tan elevado índice de analfabetismo, es el único medio de hacer
llegar noticias y entretenimiento a buen número de seres. ~o tiene, como_ ,el
periódico, el problema de la distribución, ya que su medio de propagacion
es el espacio abierto. Los radios de baterías permiten que aun en !~~ares que
carecen todavía de energía eléctrica puedan escucharse las transmisiones.
Existen en el país :
384 difusoras comerciales en la banda normal (onda larga).
16 difusoras comerciales de onda corta.
7 difusoras culturales de onda larga.
8 difusoras culturales de onda corta.
2 difusoras culturales de Frecuencia Modulada.
23 televisoras comerciales (incluyendo repetidoras).
1 televisora cultural.
10 difusoras comerciales de Frecuencia Modulada.
9 difusoras repetidoras de estaciones del D. F. en el interior.
En pequeña escala existen Escuelas Radiofónicas sirviendo a comunidades
indígenas en Chihuahua, Hidalgo, Oaxaca y Chiapas. . ,
.
.
.
Si bien el desarrollo de la industria de la radiodifusion ha sido 1mpres10nante y muy rápido en nuestro país, poco se ha hecho por lo?rar s~s metas
sociales más importantes, por cierto ya señaladas con toda atmgenc1a en la
Ley Federal de Radio y Televisión publicada en el Diario Oficial de la Federación el 19 de enero de 1960.
No podemos negar que mucho de lo que se transmite por las _difusoras es
chabacano y pobre en el orden cultural; pero tampoco puede deJar de reconocerse que realizan muchas tareas de interés social. La . ~nformación, _por
ejemplo, es importante y ha servido para dar mayor cohes10n a los mex1~nos que se enteran -al minuto podríamos decir- de lo q~e- ocurre en el. pa1s
y especialmente reciben información oportuna de las actividad;~ del E~ecutivo Federal. Ha permitido dar a conocer los valores de la mus1ca nac10~,al
con un alcance· antes insospechado (desde luego que no toda la producc10n
musical transmitida es valiosa: pero esto puede corregirse y algo se viene haciendo en este sentido). Muchos son los programas de interé~ cultural. Jue se
transmiten, no sólo por las difusoras dedicadas a esa tarea smo tamb1en ~or
las estrictamente comerciales: música sinfónica, ópera, opereta, conferencias,

596

dramas clásicos, lectura de pasajes famosos de la literatura, etc.; en televisión
no son infrecuentes los programas de instituciones culturales, los documentales de viajes, de pinturas, de desarrollo industrial, programas de ballet y de
teatro, etc... Importante también es la colaboración que la industria del radio ha prestado a muchas campañas de interés general tales como: los censos, empadronamiento, vacunación, prevención de enfermedades, conservación del a,,,aua, reforestación, reparación de escuelas, etc.
Con todo, forzoso es reconocer que hay mucho por hacer y que la radiodifusión no se ha utilizado debidamente para Ja educación del pueblo: Es
por ello que hemos creído conveniente señalar como dos tareas importantes
inmediatas la de dar a conocer el pensamiento de Ja revolución y la educación de las masas.
De que el radio y la televisión son medios eficaces para educar, no nos
cabe la menor duda. En Italia, Francia, Rusia, Inglaterra, Australia, Nueva
Zelandia, Estados Unidos, Canadá, Colombia y el Japón se han hecho experimentos de gran significación. Por algo el legislador instauró las Escuelas Radiofónicas en la Ley que rige la materia.
En la obra Nuevas Tendencias de la Educación de Adultos de A. S. M.
Hely, publicado por UNESCO, leemos en la página 140: "La Universidad
de Toronto y la Canadian Broadcasting Corporation hicieron de consuno un
interesante experimento con un grupo de estudiantes universitarios de antropología, para ensayar diversos métodos de enseñanza, y entre ellos la radio y
la televisión. Se dividió a los estudiantes en cuatro grupos, según la calidad
de su labor académica, situándose cada grupo en un aula separada. El primer grupo escuchó una lección en forma de conferencia, el segundo la oyó
por radio, el tercero la vio y escuchó por televisión y el cuarto la estudió en
forma impresa. Acto seguido se sometió a los estudiantes a un examen escrito de media hora... se trataba de responder a preguntas de elección múltiple y de tratar una de ellas en forma de ensayo. Los que habían visto y oído
la conferencia por televisión obtuvieron las mejores notas. Ocho meses después se les sometió de nuevo a examen y aunque las calificaciones merecidas
fueron más bajas que las anteriores, del resultado obtenido se desprendía que
los ~studiantes que habían oído la conferencia por televisión y por radio no
sólo habían aprendido más sino que además recordaban mejor que los estudiantes que habían escuchado la lección o la habían estudiado por los procedimientos habituales".
Estimamos que las campañas de divulgación del pensamiento de la Revolución se deben efectuar a través de las estaciones comerciales, pues éstas tienen conquistado su auditorio y pueden lograr el mayor alcance para ese propósito. Desde luego los programas respectivos habrán de elaborarse por ele-

597

�mentos profesionales a fin de no hacerlos aparecer como propaganda descarada, que en lugar de ganar simpatías acumule opositores.
Hemos creído que el tema de la revolución es importante porque estimamos que no hay aún la suficiente conciencia del significado positivo del movimiento revolucionario para el pueblo. Hemos considerado que la Revolución es no un hecho en la historia, sino un continuo quehacer, un estado de
espíritu, una aspiración incesante de mejoría de las condiciones de vida del
pueblo, una norma de conducta, un inagotable venero de oportunidades para el hombre que trabaja y se esfuerza. Creemos tambien que los punto;; señalados al principio de este trabajo son los de más interés para el pueblo dentro del pensamiento y la acción revolucionaria.
l. La mexicanización de los recursos no renovables por constituir el patrimonio común que debe destinarse a la _elevación de los niveles de vida de
nuestros nacionales y ser base y fundamento de la industrialización del país.
Es, pues, imperativo que el pueblo entienda las razones y las ventajas de tal
política y se despierte en la conciencia popular la esperanza de mejores niveles merced a tal conducta gubernamental.

2. La distribución de la tierra, por ser la Reforma Agraria parte esencial de
la acción revolucionaria y el mejor camino para una justa distribución de la
riqueza patria.
3. El mejoramiento de los trabajadores y sus derechos, como una expresión
de la justicia de la Revolución y un método eficaz para lograr el equilibrio
entre los factores humanos de la producción, y por ende para la paz social.
4. La política fiscal, para hacer notar la necesidad de las medidas impositivas del Régimen Revolucionario, si hemos de lograr el progreso y el Gobierno ha de atender a los servicios públicos eficazmente.
5. Las medidas de salubridad e higiene por las que la Revolución propugna, por considerar que la mayor riqueza de la nación es el hombre mismo.
6. Educación y Cultura, para destacar el esfuerzo que en ese orden tan importante han venido realizando los Gobiernos emanados de la Revolución,
hasta dedicar más de una quinta parte de su presupuesto total para la educación del pueblo, por estimar que el hombre con preparación puede hacer
frente a la vida con mejores perspectivas para sí y para su familia.
7. La Seguridad Social por ser esto un aspecto que da confianza al hombre
y le permite trabajar mejor en be~eficio de la nación.
8. Por la necesidad de que el pueblo conozca el significado de la Demo-

598

cracia, como la mejor forma de organización política, así como los derechos
Y las obligaciones que entraña el vivir en un medio social democrático. Hacer
resaltar las ventajas de un régimen de derecho.
Creemos sinceramente que, mediante estas campañas, hábilmente dirigidas, habrá mejor ambiente y una mayor comprensión para las tareas y propósitos de los Regímenes Revolucionarios y se podrá contar con una más franca y
decidida participación de la iniciativa individual y de los grupos privados.
Abrigamos plena confianza en la eficacia de la radiodifusión para ejecutar esta tarea de interés colectivo.
Por lo que respecta a las campañas de carácter social, pensamos también
que la radiodifusión comercial puede prestar una colaboración de relevante
importancia. Estimamos que las empresas anunciantes y las agencias de publicidad no negarán su concurso para llevar adelante tales campañas. Los planes deberán encaminarse a combatir problemas nacionales, permanentes o
transitorios, cuya resolución dependa fundamentalmente del grado de convencimiento que se logre llevar a las masas. Así: el sentido de responsabilidad del mexicano; el ahorro por sus ventajas para el individuo y como medio de capitalizar al país; la prevención de accidentes en los talleres, las calles y las casas; el cumplimiento de los deberes cívicos; las medidas de prevención de enfermedades, la limpieza y la higiene; la necesidad de saber manejar el presupuesto familiar para un mejor rendimiento; el aprovechamiento
de los alimentos baratos y nutritivos (como el garbanzo, la harina de pescado y el pescado seco tipo bacalao) ; el cuidado de la ropa y los muebles, etc.
En cuanto a la difusión cultural, tomando en cuenta que las difusoras comerciales fueron creadas por sus concesionarios corno negocios con fines de
lucro, no puede exigirse que dediquen toda su programación a dicha tarea;
pero por ser la radiodifusión un servicio de interés público, sí podemos demandar de la industria un mejor cuidado en su programación de manera
que, en forma paulatina, eleve la calidad de sus trasmisiones y procure depurar el gusto estético del oyente medio y estimule las mejores condiciones de
la niñez y la juventud. Debernos, para esto, pensar en las capas sociales más
necesitadas de esta elevación cultural, las de menores posibilidades económicas, ya que las minorías selectas, en México como en el resto del mundo,
tienen acceso a todas las oportunidades del cultivo intelectual.
Hemos pensado que por lo que hace a las tareas propiamente didácticas,
por requerir de personal especializado deberán quedar a cargo de las Escuelas Radiofónicas que la Ley de la materia considera en su Capítulo Cuarto.
Una Escuela Radiofónica es un sistema de emisora y receptores especiales en
una sola frecuencia para los fines de "extensión de la educación pública, en
los aspectos de difusión cultural, inspección técnica industrial, agrícola, al-

599

�fabetización y orientación social". La propia Ley señala que las Escuelas Radiofónicas se regirán por las disposiciones que dicte al respecto la Secretaría
de Educación Pública.
Podemos considerar, sin embargo, que en las campañas de capacitación
técnica de trabajadores, es decir en una tarea de "educación para adultos",
sí puede participar en forma activa y eficaz la radiodifusión comercial, utilizando las primeras horas de la mañana, y, de manera especial, la televisión
por ser un medio mucho más apropiado que el radio para tales fines. Así, pueden grabarse en video-tapes, clases especiales de los Institutos de Capacitación que el régimen está instalando y ser difundidas por las televisoras en cursos sistemáticos. Carpintería, mecánica, electricidad y otras especialidades
pueden ser enseñadas por este medio en todos los lugares del país que cuenten
con estaciones de Televisión.
Las ventajas de emplear el radio y la televisión para la educación son evidentes. De cualquier manera, nos permitimos enumerar algunas a continuación:

I. Su alcance: puede extenderse a todo el país, aun a las más lejanas rancherías.
II. 'El ahorro en personal magisterial: la voz, o la voz y la imagen, de un
mismo maestro puede proyectarse a millares de estudiantes en todo el país.
III. La calidad del profesorado : puede seleccionarse a los mejores profesores y técnicos con que la nación cuente para que impartan los cursos.
IV. La perfección de las clases: una vez grabadas en cinta magnetofónica
o en video-tape, no habrá errores posibles del maestro mismo.
V. El aprovechamiento repetido del mismo material: una misma clase puede ser utilizada cuantas veces sea necesario y en tantos lugares como se quiera.
VI. Ahorro de material complementario: mapas, diagramas, documentos,
diapositivas, fotos, cintas documentales con que se cuente en la mejor institución de cada materia, pueden reproducirse en todo el país.
Todo lo anterior lo consideramos de la mayor importancia, pues a nadie se
escapa que el presupuesto para Educación con que cuenta México resulta insuficiente para satisfacer las necesidades crecientes del país. Los métodos propuestos significan un positivo ahorro.
Veamos ahora específicamente las campañas didácticas propuestas.

600

•

CASTELLANIZACIÓN

Se calcula en aproximadamente un millón el número de personas indígenas que no hablan el español. Son grupos tribales dispersos en diversos lugares del territorio nacional. Así tenemos en México quienes hablan las siguientes lenguas o dialectos:
Nahua, Maya, Otomí, Zapoteco, Mixteco, Totonaco, Tzetzal-Tzotzil, Mazahua, Mazateco, Mixe-Zoque, Tarasco, Huasteco, Yaqui Mayo, Tarahumara, Chinateco.
Este millón de seres que es preciso castellanizar, ofrece problemas de no
fácil solución:
a). Encontrar un método práctico que se aplique a los diversos idiomas;
b). Buscar los símbolos apropiados para ajustarlos a los conceptos de los
diversos grupos, que no son afines entre sí ni social ni lingüística.111ente; y
c). Contar con el número suficiente de traductores y profesores que desarrollen el método.
Se cree que el método más apropiado es el que actualmente se usa para la
enseñanza de lenguas extranjeras, llamado aprendizaje natural. Es decir, enseñar palabras y significados sin atender a los problemas de gramática que sólo se enseña cuando ya se domina el habla.
Habrá que reconocer que aun así será mucho más fácil para la Secretaría
de Educación que intentarlo de manera directa, lo que implicaría utilizar un
personal mucho más numeroso.
El sistema de Escuelas Radiofónicas que se establezcan para tal fin, una
vez dominada la etapa de castellanización podrá aprovecharse para alfabetizar,
impartir enseñanza elemental y capacitación técnica.

ALFABETIZACIÓN

Para alfabetizar se enfocarán las campañas hacia las zonas en que hagan
más falta. A priori, consideramos que deberá prestarse especial atención al
campo, ya que en las ciudades es de presumirse que la tarea se facilita más
para la educación ordinaria directa.
Al efecto se instalarán en los lugares convenientes plantas trasmisoras de
bajo costo, como eje de Escuelas Radiofónicas, y se distribuirán receptores de
una sola frecuencia para los alumnos.
Los trabajos de los educandos deberán ser supervisados por un dirigente,

601

�que no necesita ser maestro, sino simplemente una persona alfabetizada, que
los guíe con las indicaciones de las cartillas respectivas y las explicaciones verbales de los maestros. Es por esto que proponemos la creación de Radioclubes en todos los centros de población rural y de Teleclubes en aquellos lugares electrificados y en que se puede recibir la imagen de las televisoras.
En Francia se hizo el primer experimento con Teleclubes y sus resultados
fueron muy satisfactorios. En el Japón con asistencia de la UNESCO, se
adoptó el plan francés y se logró mejorar el sistema, dando resultados asombrosos en los medios rurales. Debemos advertir que ni en Francia ni en Japón
se pretendía alfabetizar. Lo que allá se buscaba era elevar la condición del
campesino, y en Japón, merced a un programa inteligentemente llevado con
el nombre de El Progreso en la Aldea, se obtuvieron frutos excelentes que superaron las esperanzas de quienes elaboraron el plan (La Televisión en las
Zonas Rurales del Japón, Informe sobre un Experimento de Educación de
Adultos. UNESCO. 1961).
La idea del Teleclub -lo mismo podemos decir del radioclub-- es organizar grupos reducidos de personas que presencien juntas las emisiones culturales de televisión, o las clases especiales que se impartan, y que al término
de la transmisión debatan sobre lo escuchado y visto. Por ello se requiere
nombrar "dirigentes" para que encabecen cada Radioclub o Teleclub y lleven
la discusión, así como para que ayuden en sus tareas a los miembros del club
y los asistan a entender mejor la:s explicaciones del profesor.
Para local de los Teleclubes en el Japón se usan las salas del Municipio,
nosotros podríamos utilizar las Alcaldías, las escuelas (donde las haya), las
oficinas del Comisariado Ejidal, las sedes de los sindicatos, las salas cinematográficas, teatros, los centros del Instituto de la Juventud, los Centros de
Bienestar Social, etc.
El reporte de UNESCO dice que en Japón los dirigentes se encontraron
con cierta resistencia en un principio, ya que las mujeres y los jóvenes, por
fuerza de la tradición, no se animaban a hablar y participar en las discusiones; pero que con sólo no presionarlos, paulatinamente fueron perdiendo el
miedo y hoy son miembros muy activos en los Teleclubes.
Sobre la campaña de Alfabetización por radio, debemos informar que ya
la Cámara Nacional de la Industria de la Radiodifusión, con la asistencia
técnica de las Direcciones de Alfabetización y de Educación Audiovisual de
la Secretaría de Educación ha elaborado un proyecto de Cartilla y tiene programada una campaña que, como experimento, se enfocará hacia tres Estados de la República, a saber: Hidalgo, México y Oaxaca.
Por lo que ve a la urgencia de atacar el problema por radio, baste considerar que desde 1947 en que se ha trabajado en una campaña directa de

602

Alfabetización, el número de analfabetos es hoy mayor que entonces debido
a la explosión demográfica que el país viene sintiendo en los últimos años. De
no intentarse el sistema de educar por radio el problema en lugar de reducirse aumentará con cada año que pase.
Hemos propuesto que se instale una vasta red de Escuelas Radiofónicas
en el país, porque lo consideramos necesario y porque sabemos que el costo no
es un problema insuperable. No podría realizarse el esfuerzo a través de una
serie limitada de emisoras de gran potencia dadas las condiciones orográficas y topográficas del país; las cadenas montañosas vienen a ser barreras infranqueables. Por otra parte los canales despejados de radiodifusión ya están ocupados por las difusoras comerciales y están sujetos a convenios internacionales; la utilización de la onda corta tiene el inconveniente de un difícil manejo de los aparatos receptores y una deficiente recepción. Desde 1959,
al ampliarse la banda normal, México obtuvo para sí la frecuencia de 530
kilociclos, que no ha sido entregada a ningún concesionario o· permisionario.
Tenemos la seguridad de que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la entregaría gustosa para fines educativos. Utilizando emisoras de baja
potencia, puede emplearse la misma frecuencia para toda la República sin temor de sufrir interferencias. Los aparatos receptores pueden ser construídos
a bajo costo, siendo de una sola banda y para una sola frecuencia, si se hace
a las fábricas un pedido de importancia. Además los aparatos en el mercado
pueden adaptarse a dicha frecuencia mediante un simple ajuste. También
puede pensarse en establecer cinco difusoras de regular potencia en cinco zonas del país, para cubrirlo todo, actuando una como piloto y las demás como
repetidoras (los técnicos de Comunicaciones lo estiman posible).
Proponemos también que se reserve, en televisión, el Canal 11, exclusivamente para fines culturales en todo el país. Es cosa bien sabida que la televisión tiene un alcance limitado y que para llevar la imagen a grandes distancias se requiere de estaciones repetidoras como las instaladas en Paso de Cortés y en el Cerro del Zamorano. Luego, no hay temor de interferencias si se
concede un mismo canal en diversas ciudades de la República. Proponemos
que sea precisamente el 11, en virtud de que ya en esta capital está funcionando ese canal bajo la dirección del Instituto Politécnico Nacional de la Secretaría de Educación Pública.
Creemos que la Televisión pueda usarse principalmente para la enseñanza de adultos en capacitación técnica. Desde luego que esos canales habrán
de servir también para todos los aspectos de la Educación y la cultura. Creemos
con muchos pedagogos, que la educación no termina en la escuela, que es
tarea de toda la vida y que debe ser " ... un proceso de adaptación del individuo al mundo en que vive. Y puesto que ese mundo está en constante evo-

603

�lución y el individuo es uno de los agentes potenciales del cambio, la adaptación debe constituir un proceso continuo y no algo que se dé por terminado
para siempre con los años de la infancia y la adolescencia" (Robert Peers,
Adult Education, Londres, 1958). Creemos también con Jaime Torres Bodet que "el contenido de la educación consiste en liberar". En. liberar _al
hombre del bajo salario por falta de capacidad y del temor por 1gnoran~1a.
(Ver Torres Bodet, Jaime, L'Education des Adultes: Tendances et Real1sations Actuelles, París, UNESCO, 1949).
Hemos propuesto que se establezca un centro productor de programas educativos para radio y televisión, desde el cual se envíen a las difusoras de radio y televisión de todo orden en el país, los programas sociales, culturales Y
didácticos que se consideren convenientes para cada región en el momento ~ue
se requieran, y en el cual se vayan formando una fonoteca (programas en cmta magnetofónica) y una videoteca (programas registrados en ~ideo-Tapes
y en cinta cinematográfica), que almacenen los programas realizados, tanto en ese centro como los que procedan de fuentes particulares y originados
en otros países y que sean considerados de interés cultural y educativo. No ~e
pretende con esto una centralización absorbente, sino simplemente un medio
de control y supervisión, para la mayor eficacia de los planes propuestos.
A todo lo dicho queremos añadir que el Estado por disposición de la Ley
de la materia en vigor, cuenta con "30 minutos continuos o discontinuados"
diariamente que deberán proporcionar gratuitamente las estaciones de radio Y
televisión (Art. 59), y que pocas veces ha utilizado. La Secretaría de Educación ha venido haciendo uso de esos treinta minutos para transmitir algunas
clases de cultura' general en ufl¡ centenar de difusoras de la provincia con resultados satisfactorios; pero por desgracia, no se utiliza cabalmente el tiempo
disponible. La Secretaría de Gobern~ción utiliza una h~ra por s~:nana para
transmitir cada domingo la Hora Nacional, programa de mformac1on Y propaganda del Gobierno Federal. Ocasionalmen~e la S_ec~taría de ~alubridad y
Asistencia hace uso del tiempo para campanas san1tanas y lo mismo hace la
de Agricultura para enviar mensajes a los agricultores y campesinos.
Para hacer un uso debido de ese tiempo de que se dispone por ley, es urgente crear el centro productor de programas. Las emisiones respectivas deberán
ser coordinadas por el Consejo Nacional de Radio y Televisión (Art. 59 de
la Ley).
Consideramos también que complementariamente a lo propuesto, se puede solicitar la colaboración de las Agencias de Publicidad, establecidas en el
aís para la elaboración de programas especiales de interés colectivo así cop
.
mo para que en sus anuncios comerciales se procure elevar 1as cond'1c10nes
de vida del pueblo. No nos parece de poca importancia lo que ya hacen

604

-quizá sin pensarlo con ese fin-, cuando digamos, anuncian un jabón y dicen en su anuncio comercial: "Para·su baño diario use el jabón tal o cual".
Porque así están obligando, mediante la repetición incesante, al pueblo, a pensar que el baño. es algo que debe hacerse cotidianamente. Lo mismo que
cuando al anunciar un dentífrico apuntan: "Límpiese los dientes dos veces
al día Y para mejores resultados use tal producto". En la misma forma, pensamos, pueden inculcar hábitos sanos en la conciencia popular, lo mismo pue- ·
den hacer respecto a la comida y otras prácticas diarias de todas las clases
sociales. Pensamos, pues, que es posible dar una orientación social al anuncio comercial; que deben los publicistas dirigir sus campañas según la zona
a la cual enfoquen su publicidad y ayudar al pueblo consumidor a la vez
que a sus clientes, dando en la publicidad los precios de los productos que están al alcance del pueblo; ya que muchas veces hay personas de escasos recursos que no consumen productos buenos y útiles, por creer que los precios
están fuera de su capacidad de compra. También pueden muy bien, en sus
anuncios comerciales, propiciar la exaltación de las mejores costumbres y las
más bellas tradiciones mexicanas.
México es un país en vías de desarrollo. El paso de una economía agrícola
a una economía industrial no se concibe con un alto índice de analfabetismo
y una impreparación técnica. No debemos pensar sólo en las fuertes inversiones -los especialistas hablan de la necesidad de un 10% o más de la renta
nacional en inversiones efectivas para el desarrollo industrial-. Es preciso
que pensemos en una masa trabajadora y en fuertes núcleos directivos que
cada día tengan más preparación. El esfuerzo que se hace en la escuela es
insuficiente. La necesidad de utilizar los modernos medios de difusión masiva como medios de educación masiva, se impone por sí sola.
Los avances de la técnica electrónica nos proporcionan una pluralidad de
medios que facilitan la importante labor propuesta:
Un plan de siete años de la Dirección General de Telecomunicaciones, prevé la instalación de una vasta red de microondas, en la que podrá instalarse
el equipo necesario para transmitir desde esta ciudad programas de televisión
a todas aquellas regiones que por su importancia económica queden comunicadas con ese medio. Tal sistema puede utilizarse para la media hora de
que dispone el Gobierno.
Se pueden instalar asimismo, para servir a los centros de población no comunicados, pequeñas estaciones móviles que pueden constar de:
a) Un transmisor de 10 a 100 watts de potencia,
b) Una antena de alta ganancia,
c) Una cámara de televisión,

605

�d) Un proyector de películas,
e) Una planta Diesel generadora de energía eléctrica de 10 kilowatts, y
f) 50 ó 100 receptores de televisión para distribuir adecuadamente.
Para tales transmisores móviles se pueden utilizar canales altos (Ultra High
Frecuency) con receptores adaptados.
Para algunas zonas incomunicadas del país, puede pensarse también en la
utilización de transmisores móviles de radio de 50 watts de potencia y receptores de baterías de una sola banda. Se recomienda para tales casos el uso
de la banda de frecuencia modulada por ser más despejada y por tener mejor sonido.
Hemos querido en este breve trabajo hacer proposiciones de carácter práctico que pueden ponerse en marcha en breve tiempo. Consideramos que el
tema de la educación es el más importante y por ello le hemos dedicado el
mayor espacio. Procuramos explicar en la parte final, el porqué de las proposiciones y sus medios de realización.
El anterior estudio fue presentado
por la Comisión Nacional de Estudio
de la Radiodifusión. Presidente: Lic.
Lurs M. FARÍAs. Colaboraron: Lic.
JosÉ Lurs FERNÁNDEZ, LIC. E. GurLLERMO SALAs, Lic. EMILIO VELAsco,
DR. JosÉ GUADALUPE MAINERO, LIC.
MoxsÉs ÜCHOA CAMPOS, DR. FERNANDO RosANO y Sr. GurLLERMo MoRALES B.

606

Sección Quinta

~
NOTICIAS Y RESENAS
BIBLIOGRAFICAS

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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>Rangel Frías, Raúl, 1913-1993</text>
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                <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Contabilidad</name>
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                    <text>Sección Quinta

~
NOTICIAS Y RESENAS
BIBLIOGRAFICAS

�UNESCO

SEMINARIO REGIONAL SOBRE EL DESARROLLO DE LAS
BIBLIOTECAS UNIVERSITARIAS DE AMERICA LATINA
Mendoza, Argentina, 24 de septiembre -

5 de octubre de 1962.

EN LOS DÍAS DEL 24 DE SEPTIEMBRE al 5 de octubre últimos, tuvo lugar en la ciudad
de Mendoza, Argentina, el Seminario Regional sobre el desarrollo de las bibliotecas
universitarias en América Latina, auspiciado por la UNESCO y por el gobierno de
aquella república sudamericana.
Asistieron a este importante evento cultural, delegados de Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras,
México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Venezuela y
Uruguay, además de algunos expertos, observadores, miembros de organismos internacionales, visitantes, asesores, periodistas y autoridades del Seminario. Este fue dirigido
hábilmente por don Javier Lasso de la Vega, director de la Biblioteca Central de la
Universidad de Madrid, y por la subdirectora, Ma. Luisa Monteiro de Cunha, directora
de la Biblioteca Central de la Universidad de Sao Paulo, Brasil. Estuvieron presentes
asimismo el Sr. Carlos Víctor Penna, Jefe del Centro Regional de la UNESCO en el
Hemisferio Occidental, con sede en La Habana; y el Sr. Ram6n Juan Moruja, secretario permanente de la Comisi6n Nacional Argentina para la UNESCO. A este importante evento asisti6 como delegado de México el Sr. Israel Cavazos Garza, director
de la Biblioteca "Alfonso Reyes" y Jefe de la Secci6n de Historia del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo Le6n.
Las actividades se desarrollaron en el recinto de la Honorable Legislatura de la
Provincia de Mendoza, en un ambiente que hizo más propicio el apoyo moral de las
autoridades de dicha provincia y las de la Universidad Nacional de Cuyo.
De la discusi6n y comentario de los puntos señalados en la agenda de trabajo,
surgieron numerosas recomendaciones, entre las cuales se destacan las siguientes:

Tendencias de la educación superior

El Seminario, en su etapa inicial, estudi6 las nuevas tendencias y objetivos de la
enseñanza superior, con previsi6n para los pr6ximos 1O años. En este sentido, se manifest6 de acuerdo en la preferencia que debe darse a la funci6n de enseñanza tra-

701

�dicional reconociendo la existencia de nuevas ocupaciones que deben adquirir dignidad
universi;aria. Para ello, concluyó que el instrumento más eficaz para la realización de
estos fines, es la biblioteca; y recalcó asimismo el importante papel del bibliotecario
en la formación de los universitarios latinoamericanos.

Funciones de la biblioteca
Por cuanto a las funciones de la biblioteca universitaria, considerando el probable
desarrollo de la educación superior, destacó el Seminario el proceso de transformación;
su labor en la enseñanza e investigación, que la constituyen en complementaria de la
misión de la universidad.
Recalcó la necesidad de que la biblioteca esté constituída por un fondo bibliográfico
representativo de las ciencias, las letras y las bellas artes; y de desarro~lar sus servic!os
en forma de docencia, a fin de facilitar la investigación y la formación y perfecc10•
namiento de los profesionales.

Recursos y necesidades
Al analizar el estado actual de las bibliotecas universitarias latinoamericanas, se
observa la insuficiencia de vinculación de los servicios bibliotecarios con el programa
de la universidad, y la falta de representación de la biblioteca en la comisión de
presupuestos. Ello ha originado la provisión de recursos insuficientes, Y la deficiente
utilización de éstos, por fallas de organización.
Del estudio de la encuesta realizada recientemente por la UNESCO en 90 bibliotecas universitarias, se desprenden asimismo serias deficiencias, tales como: baja pro•
porción del presupuesto total de cada institución, destinado a la biblioteca; esca~
de personal técnico; sueldos reducidos; cifras bajas en circulación y préstamos; movimiento mínimo de información documental; carencia de guías o boletines; inicios
vagos de mecanización, y falta absoluta de automatización.
A fin de superar tales deficiencias, el Seminario recomienda: que las universidades
destinen a los servicios bibliotecarios no menos del 5% de su presupuesto total; que
la dirección de la biblioteca integre la comisión de presupuesto; y que la biblioteca
sea informada oficialmente de los movimientos en los planes de estudios, y de la
creación de nuevos organismos de enseñanza e investigación.

Financiamiento
Por lo que se refiere a la remuneración del personal, se hizo hincapié en que el
sueldo del director no sea inferior al de los profesores titulares de tiempo completo,
y que, en proporción a éste, sea señalado el de los demás empleados.
Que para la ampliación de las adquisiciones con economía de recursos, el canje sea
centralizado.
Se señaló la posibilidad de mejorar la situación económica, recurriendo a institu•
cioncs nacionales. El Seminario pide a los organismos internacionales, que en sus programas de ayuda, figure el aporte económico, técnico, etc., para que las bibliotecas

702

actualicen sus fondos bibliográficos; construyan edificios adecuados; adquieran instalaciones y equipos necesarios; preparen su persona, etc. Los directores, a su vez, deben
conocer las fuentes exteriores de ayuda, y formularán programas, que deben figurar en
los programas generales de cada institución. Además se recomienda que las bibliotecas
estén representadas en las juntas nacionales de planeamiento de la educación• y que
para el mejor logro de todo lo anterior, las bibliotecas de cada país instituya~ asocia~
ciones, juntas, etc.

Estructura de las bibliotecas y fondos bibliográficos
Se observó el aislamiento de la biblioteca, dentro de cada universidad, por lo que
ésta carece generalmente de estructura orgánica y de un lugar preciso en el cuadro
de las actividades universitarias.
Hay prolificación de bibliotecas en la universidad y aun en cada facultad; falta unificación en las adquisiciones y de procedimientos técnicos; deficiencia en la distribución
de los fondos y falta de locales adecuados.
Se recomienda que haya una biblioteca central u organismo equivalente, que cuide
del planeamiento, administración y control de actividades; centralización de procesos
técnicos, mantenimiento y utilización de fondos bibliográficos y documentales, y de la
extensión universitaria. Que la biblioteca cuente con un reglamento que señale los
deberes y derechos de los bibliotecarios y la estructura interna. Que el director de
la biblio~e~ forme_ parte del organismo de gobierno de la universidad o facultad, y
que la biblioteca disponga de una comisión consultiva o asesora, bajo la coordinación
del director.
. Por cua~to .ª la deficiencia de textos básicos, obras complementarias o de investiga,c16n; suscripciones a publicaciones; colecciones incompletas; tesis universitarias• material de referencia, etc., se recomienda la elaboración de un programa de incren:ento •
la racionalización de los fondos para su mejor utilización; la selección bibliográfica'.
de acuerdo con los docentes e investigadores; y la incorporación de obras dependientes
exclusivamente del director.

Servicios técnicos y administrativos
. ~a mayoría de las bibliotecas universitarias carece de programa racional de adquismones; hay diversidad de códigos de catalogación y de sistemas de clasificación. El
servicio de circulación o de préstamo, no responde a las exigencias actuales. Ello origina innecesarias inversiones e inconveniente utilización de recursos.
Se recomienda: que en cada universidad la selección y adquisición obedezca a un
plan racional; que en la biblioteca exista un catálogo colectivo de libros y colecciones
periódicas existentes en la universidad; que se utilicen sistemas de clasificación de
reconocida validez internacional. Que el Servicio de préstamos se mantenga debidame~~e organizado y reglamentado; que se disponga de una sección de referencia, que
facilite las tareas de investigación; y que las universidades incluyan en sus programas
de estudios cursos sobre uso de la biblioteca, iniciación bibliográfica y documental y
pn•paración de trabajos de investigación.

703

�Formación del personal

áJ d. , miles formaciones: con experiencia, pero
Hay en las bibliotecas personal de las m . ISI • • d carrera con algunos conoci. .
,
·
ni
título•
umvers1tanos
e
•
sin formación b1bhoteco1ogica
'
"liar carente de formación téc. .
•
título etc El persona1 auiu ,
micntos; bibliotecarios con
.. •
:
.
concurso y es, generalmente, un
.
etc. El director es admitido sin se1ecc16 n o
'
mea,
improvisado.
de bibliotecología a la universidad,
. d 1 incorporación de 1as escue1as
d
Se recormen a: a
. to de licenciaturas o doctorado. Que se en
o la creación de éstas, y el otorg~IIlll.en "6
e se incremente la formación o perdos O de especia 1zac1 n, Y qu
.
cursos d e posgrad ua
,
d" de becas . y que se impartan cur.
d t o o fuera del pa1s por me i 0
'
d
feccionam1ento, en r
.
'
ue los profesores de estas escuelas sean e
sillos al personal. Se recomienda asimismo q
dedicación exclusiva.
d" t
t ngan formación bibliotecol6gica adeEs imprescindible, además, que 1os irec ~6res b~bl" tecol6.,;ca como complemento de
t
de documentaci n 1 10
o• ,
cuada; que se creen cen rO_s
,
. .
de la Escuela de Bibliotecología de
la enseñanza, viendo con Slmpatia la orgamzac16n
la América Central.

Edificios y equipos

.. .
ienda conocerse los fines que ha de cumPara el planeamiento de ed1f1c10s, se ~eco~
ro rama elaborado por expertos.
plir la biblioteca, estableciendo, a contmuac16n un p g ¡"al para el género de labor
.d
. u• el proyecto sea espec ,
.
En éste, deberá cons1 erarse . q ~
1
. t . ter1·or con preferencia al exterior;
.
ifq
,
.
1 e el p aneam1en o m
a que se destina;
que se ver · u · a meros efectos arqu1·tect6n"icos., que sean previstos
..
que no se sacnf1que 1a convemenc1a 6 .
d ·nistraci6n. Se recomienda el sistema
la ampliación, el desarrollo y la econ rmca a ~.
de entrada y salida. el acceso
f1 "b"lidad • el centro umco
'
.
modular, por su gran ex1 i _ . '
1
t o cuando se trata de una ciudad uru•
•
•
la
ub1cac16n
en
e
cen
r
,
libre a las co1ecc1ones, y
1 "6 d 1 obras los arquitectos deberán asesoversitaria. Durante y hasta la conc us1 n _e as
'
"bli
•
los aspectos funcionales.
rarse del b1 otecano, en
. d fl "bili"d d evitando que sean empotrados.
· os se recolillen a exi
ª ,
.
Por cuanto a 1os eqwp ,
b. . . d rable cómodo y de fácil con,
•
t
biable
y
e
mo
1
1
1ano
u
,
1
Q ue la estantena sea m ercam
'
1
b" te acogedor
1
' de colores y e am 1en
·
servaci6n. Debe tenerse en cuenta a armom~
de reconstrucción, y la UNESCO
Tales normas habrán de observarse en e caso
.
prest ará a las Universidades orientación técnica sobre el particular.
Cooperación interbibliotecaria

para
• d establecer y mantener 1a centralizaci6n de las adquisiciones,
.
Se recom1en a
.
personal . para ello se sugiere asomejor aprovechamiento del presupuesto, uempo y
',
.
ro ectos de adquisición planificada, de cada pa1s.
.
ciarse a los P . Y
d a umvers1
.
.da d y la catalogación cooperativa, deben
t
lizada
en
ca
.
6
La catal~ga~61 npcreend~:Unante. Los catálogos colectivos, sobre todo de publicacione$
ser la aspira□ n
• li
·
"6d.
h brán de ser tarea principal de los b1b otecanos.
pen 1cas, a
. . de préstamo, nacional
Debe procurarse la coordinación o centralización del serv1C10
o internacional, de acuerdo con las normas de la IFLA.

Que la UNESCO brinde todo su apoyo para la creación de un centro piloto de
canje, de publicaciones de tipo especifico ( duplicados, tesis, etc.).
Se recomienda asimismo la coordinación de las actividades con las de los organismos
internacionales: UNESCO, OEA, FID/CLA, etc.; asi como la creación de comités
bibliotecarios, dentro de las asociaciones de bibliotecas; y la creación de juntas nacionales de bibliotecas universitarias, con representantes de las diversas j1.1ntas bibliotecarias de cada universidad.

DtCIMO TERCER CONGRESO NACIONAL DE SOCIOLOGIA

BAJO EL PATROCINIO del Gobierno del Estado de Sonora y de la Universidad de dicho
Estado y convocado por la Asociación Mexicana de Sociología, correspondiente de la
Asociación Internacional de Sociología de la UNESCO y del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, habría de tener lugar
el Décimo Tercer Congreso Nacional de Sociología en el marco sereno y acogedor de
la provincia mexicana, como lo es la ciudad de Hermosillo, capital del Estado de
Sonora, de los días 12 al 16 de noviembre de 1962, versando exclusivamente sobre el
tema de la "Sociologla del Desarrollo Nacional y Regional".

Las finalidades de este importante evento fueron las siguientes: l. El estudio de
los conceptos sociológicos fundamentales del subdesarrollo y del desarrollo. 2. El es-

tudio comparativo de diversas sociedades en relación con las etapas recorridas y niveles alcanzados con el fin de determinar cuáles son los elementos favorables al desarrollo o capaces de acelerarlo y cuáles los que lo dañan y lo frenan. 3. El estudio de las
relaciones entre las diversas circunstancias y factores físicos· y el desarrollo. 4. La promoción de aportaciones de diversas fuentes, de acuerdo con las distintas especialidades
de los congresistas, para obtener datos y puntos de vista históricos, económicos, psico16gicos, etnográficos, jurídicos, políticos, etc., sobre el desarrollo, con el fin de coordinarlos en una explicación total del fenómeno, de sus constantes sociológicas y de su
dinámica, que sirvan como base científica de posibles aplicaciones pragmáticas. 5. El
estudio especüico de las circunstancias y factores de toda índole que privan actualmente
en el Estado de Sonora y en otras regiones del país y que favorecen o retardan su
desarrollo integral dentro de la comunidad nacional de que forman parte.
El temario del Congreso fue dividido en secciones, correspondiendo a la primera la
"Teoria General del Desarrollo y del Subdesarrollo"; a la sección 11, "El Desarrollo
y los Recursos Naturales"; a la sección 111, "Los Recursos Humanos y el Desarrollo";
a la IV, "El Desarrollo y la Economía"; a la V, "El Desarrollo y las Ciencias"; a
la VI, "El Desarrollo y la Técnica"; a la VII, "El Desarrollo y la Educación"; a la
VIII, "El Desarrollo y la Administración Pública Nacional y Regional"; a la IX, "Los
Sistemas de Explotación, Distribución y Propiedad de la Tierra y el Desarrollo"; a la
X, "El Desarrollo y la Religión"; a la XI, "El Desarrollo y la Raza"; a la XII, "El
Derecho y el Desarrollo"; a la XIII, "Los Trastornos Sociales y el Desarrollo"; a la
XIV, "La Patología Social del Desarrollo"; a la XV, "El desarrollo y la Planificación";
a la XVI, todos los temas referentes al desarrollo social y económico que, estando relacionados con las finalidades del Congreso no figuraron en las anteriores Secciones

704
705
H45

�del Temario y, finalmente, la Sección XVII, que agrup6 a todos los temas de las
Secciones anteriores, referidos específicamente a un país, o a una región determinados
y en particular a México.
Con la asistencia del Gobernador del Estado de Sonora, Licenciado Luis Encinas,
ex-Rector de la Universidad Sonorense y destacado intelectual, así como con la del
ameritado maestro, Doctor Lucio Mendieta y Núñez, iniciador y promotor de esta
clase de congresos, quien con su empeño y experiencia ha podido ver la celebración
del décimo tercero, a su lado estarían también el Doctor 'Moisés Canale, Rector de
la Universidad del Estado de Sonora, el Licenciado Alvaro Molina Enríquez, Director
de Trabajo y Previsión Social del propio Estado y de otras importantes personalidades,
habría de tener lugar la inauguración del Congreso, el lunes 12 de noviembre de
1962, a las 11.30 horas, en una ceremonia solemne en la que la palabra y el pensamiento del digno gobernante sonorense, Licenciado Luis Encinas, fueron clara y cálida
manifestación de bienvenida a los congresistas y de éxito para los trabajos a realizar
por el Congreso. La sede del Congreso sería la Universidad de Sonora, alta mani•
!estación, que en modernísimo albergue, es un simbolo de la fe que pueblo y gobierno
han puesto en los valores de la cultura. Relevantes intelectuales de otros países, como
el Doctor Talcott Parsons, considerado como uno de los mejores sociólogos norteamericanos, el Doctor Germán Guzmán Campos, de Colombia, el Doctor Hans Freyer, de
Alemania, el Doctor Alain Birou, de la Universidad de París, habrían de contribuir
a dar mayor realce al Congreso, para no citar solamente sino a algunos, ya que en
esta ocasión fue muy nutrida la concurrencia.
El número de ponencias que fueron presentadas para su estudio y discusión excc•
dieron con mucho a lo originalmente planeado, así como su calidad e interés científico
dentro de los lineamientos del Congreso, de aquí que las actividades del mismo se
habrían de caracterizar por la intensidad en los trabajos de las diferentes Seccione•,
así como por el valor de las exposiciones obtenidas en tales secciones y en las Plenarias, lo que produciría un clima de apasionante intervención de todos los congresiltal,
con innegable utilidad de aportaciones y de conclusiones generales, habiendo sido óptimos
los frutos recogidos.
Ante la imposibilidad de hacer una relación de todas las ponencias que fueron some•
tidas al Congreso Nacional de Sociología, habremos de citar entre otras las siguientes:
Anaya Monroy, Femando: Aspectos Socio-Jurídicos del Desarrollo en México. Birou,
Alain: La Educación de los Hombres para una Nueva Sociedad. Cornejo Cabrera,
Ezequiel: Conveniencia de un Plan de Desarrollo Armónico para la Totalidad de los
Grupos Indígenas de México. Cuba Jones, Roberto: Algunas observaciones Sociológicas
del Desarrollo. Davis, Kingsley: Causas y efectos de la Primacía de la Primera Ciudad.
Con especial Referencia a Latinoamérica. Femández Bravo, Vicente: La Distribu•
ción del Ingreso Nacional y el Desarrollo. Flores, Ana María: La Magnitud del ham·
bre en México. Formoso de Obregón Santacilia, Adela: La Igualdad de Oportunidades
Educativas para Hombres y Mujeres como Condición del Desarrollo. Freyer, Hans:
La Idea de Progreso. García Gómez, Alberto: El Derecho y el Desarrollo. González
Casanova, Pablo: Sociedad Plural y Desarrollo: El Caso de México. Guzmán Campos,
Germán: Aspectos Positivos de la Violencia en Colombia. Hayner, Norman S.: México en
Transición. Huitrón, Antonio: La Reforma Agraria y la Revolución Industrial, Condiciones del Desarrollo Integral de México. Mac-Lean y Estenos, Roberto: El Latifundio en
el Perú y la Reforma Agraria. Mendieta Alatorre, Angeles: Influencia de la Educa•
ción en el Desarrollo. Moreno, Antonio de P.: El Derecho y el Desarrollo. Olea,

Hécto~ ~-: Fuentes Históricas y Sociológicas del Derecho Constitucional en el Noreste

de Me~co. Parsons, Talcott: Influencia, Poder y Fuerza en los Procesos de Desarrollo
Econó~co. Pompa y Pompa, Antonio: El Valle de Mexicali; Laboratorio del México
del _Manana. Porras. Demetrio: Sociología del Desarrollo del Istmo de Panamá. Ramos
M~ISés: _Influencia del _C~édito Agrícola en el Desarrollo de Sonora. Silva Wiedmann:
L~s Fe~pe: Des~nvolv1m1ento de una Comunidad (Brasileña) bajo la Influencia Técnica. T1b6~,. Gutierre: El Desarrollo y la Alfabetización Escolar y Extraescolar. Uribe
Romo, Ermlio: Necesidad básica del Desarrollo de las Recñones Mexicanas d 1 N rt .
L c
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a onqu1sta de Desierto. Desarrollo de las Regiones Mexicanas del Norte: La Con•
quista del Desierto. Yescas Peralta, Pedro: La Administración y el Desarrollo (
Oaxaca), México.
en
ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

F. STOLZ, Historia de la Lengua Latina,
3a. edición revisada por el Dr. Albert
Debrunner, Traducción al español por
el Dr. Juan Bautista Sita-Aquino Anjou.
Manuales UTEHA, No. 64, México,
1961, 174 páginas.
EL CLÁSICO MANUAL DE STOLZ sobre la
Historia de la Lengua Latina ha visto,
por fin, una segunda edición en español.
Hacemos hincapié en lo de segunda edición, pues da la impresión de que la
Editorial Uteha desconoce o quiere ignorar la primera edición española de
1922, cuya traducción fue hecha por
Américo Castro y editada en Madrid por
Victoriano Suárez dentro de la Biblioteca Española de Investigación Científica. Y esto no es todo; supuesto que
Américo Castro tradujo sobre la primera edición alemana de la colección Goschen y anotó inteligente y oportunamente su traducción, nos preguntamos por
qué, si se trataba de hacer una traducción nueva sobre la tercera edición alemana, no se aprovecharon las anotaciones de Castro, que complementan el contenido del texto de manera especial para
el lector de habla española. Es evidente
que la tercera edición alemana, sobre la
que se ha hecho la traducción que comentamos, está notablemente enriquecí-

da respecto de la primera, empezando
por la bibliografía, ya que se han incorporado a ellas los nuevos estudios
lingüísticos que sobre el latín han aparecido en los últimos cuarenta años ; se
han precisado más los datos prehistóricos y etnográficos y, en ocasiones, los
capitulas han recibido nueva reestructuración y enfoque. Pero, de todos modos, echamos de menos las anotaciones
de Castro de la primera edición española.
Dentro de las actuales corrientes lingüisticas se puede decir que desde el
punto de vista histórico y gramatical el
latín ha sido ya estudiado a fondo, incluso se le han aplicado los principios
de la nueva estilistica (Marouzeau ) con
extraordinarios resultados. La historiografía de la leng ua latina se ha enriquecido notablemente, como puede verse
comparando las bibliografías de ambas
ediciones mencionadas. La Historia de
Stolz, manual clásico en los estudios de
filología latina, reúne las cualidades de
un buen manual universitario: claridad,
sencillez y rigor científico en el método
y en la exposición. Sigue la tendencia
de los grandes romanistas, fundadores de
un nuevo estilo filológico, como SavjLópez y Meyer Lübke, principalmente, y
esta nueva edición ha venido a llenar
una necesi.dad esencial, ya que la es-

707
706

�timada traducción de Américo Castro se
había vuelto una rareza bibliográfica imposible de poner a disposición de los
estudiantes.
JUAN ANTONIO AYALA

MARTÍN ALONSO, Evoluci6n sintáctica
del Español. Sintaxis histórica del español desde el iberorromano hasta nuestros
días, Aguilar, Madrid, 1962. 524 págs.
DENTRO DE LOS ESTUDIOS LINGÜÍSTICOS

españoles, que gracias a las investigaciones de los últimos decenios, figuran en
uno de los primeros lugares del mundo,
estaban necesitando que alguien emprendiera un estudio sistemático de la evolución sintáctica de nuestra lengua, ya
que los manuales clásicos de gramática
histórica o de historia de la lengua se
limitaban a abordar este punto en forma superficial y como de pasada, dando,
por otra parte, gran importancia a la
evolución fonética y morfológica. Tal
ocurre con los clásicos manuales de Hanssen, Menéndez Pidal, García de Diego,
Rafael Lapesa y otros. Esta necesidad
del estudio histórico-sintáctico del español fue señalada, no hace mucho, por
Gerhard Rohfls en su Manual de Filología Hispánica (Bogotá, 1957). En este
aspecto han avanzado mucho más otras
lingüísticas, especialmente la francesa y
la inglesa, puesto que en ellas se han
desarrollado con más firmeza los métodos estructurales de análisis y catalogación.
La Evoluci6n sintáctica del Español
de Martín Alonso viene a llenar este
hueco y abrir un camino para futuras
investigaciones; excelente manual de consulta para profesores e incluso libro de
texto para cursos de especialización. Martín Alonso ya nos había dado otras dos
buenas obras de tipo lingüístico: Ciencia del lenguaje y Arte del estilo (que
ha llegado ya a su quinta edición) y

708

Enciclopedia del idioma, uno de los mayores esfuerzos lexicográficos modernos
en los que se han analizado más de tres.
cientas mil palabras, tanto en el plano
histórico como en el etimológico. Para
realizar la obra que hoy nos ocupa disponía Martín Alonso de los medios acle•
cuados y del entusiasmo demostrado en
las obras anteriores.
Evolución sintáctica del español está
dividida en dos partes: l. Sintaxis antigua, medieval y renacentista y II. Sintaxis académica y moderna ( desde 17 71
hasta nuestros días). De especial importancia consideramos, para la comprensión total de la obra, los principios
teóricos expuestos en la Introducción, en
la que se hace un recuento de principios
y de métodos importantes para proceder
al análisis sintáctico. Allí es donde podemos ver todo lo que sustenta al método de Martín Alonso; destaca la importancia para el lingüista moderno del
conocimiento de las lenguas clásicas, en
especial del latín, puesto que éste debe
ser el punto de partida para ulteriores
investigaciones en cualquier campo de la
lengua y, esta es la razón, según M. A.
de las deficiencias que presentan la Gramática académica y todos aquellos trabajos realizados en el seno de esa gloriosa
institución. Asimismo, es de importancia
en esta introducción la valoración de las
dos tendencias lingüísticas que han dominado la escena española en las últimas décadas: Ramón Menéndez Pidal Y
Miguel de U namuno. Destacamos también la importante noción de sintaxis
intemporal, que juega un papel impor•
tantísimo en la formación de las estructuras castellanas.
La edición viene acompañada de bue•
nos mapas, de textos analizados y de ín•
dices que pueden ser de gran ayuda
para su manejo.
JUAN ANTONIO AYALA

FERNÁNDEZ SuÁREZ, España,
Arbol vivo, Editorial Aguilar, 1961.

ALVARO

MUCHO SE HA ESCRITO SOBRE ESPAÑA

con aire de ditirambo y apostura retórica. Y a veces libros desventurados que
se complacen sádicamente en el dolor y
en la tragedia de España. Pero España
permanece, tras larga y penosa labor de
maternidad, "con el espíritu virgen", como apuntó certeramente Angel Ganivet.
De esa "España virgen" nos habla ahora
Alvaro Fernández Suárez. Penetra en su
ser con un enfoque sociológico. Transido
de amor a las gentes reales, al hombre,
a la mujer, al niño, nos vuelve a la realidad española. O mejor, nos devuelve
a ese país viviente. Esfuerzo severo para
comprender la estructura de la sociedad hispana, su despliegue histórico 1 su
querer y su hacer.
España, árbol vivo (Editorial Aguilar,
1961 L es un libro luminoso que reduce
a especies intelectuales el ser y el hacer de España. Precedido de una introducción técnica, está metódicamente estructurado en cinco partes: I. El condicionante básico social. II. El condicionante básico natural. III. El despliegue
histórico. IV. La estructura horizontal.
V. El ser, el querer y el hacer. Contiene
doce capítulos y trescientos sesenta y
tres páginas. Hispania, nos dice el autor,
es la forma ancestral de España. Pero
lo español no "es", sino que se está haciendo. Los franceses -padres titulares
del nacionalismo- inventaron la absur•
da locución que hace de Francia "La
France éternelle" 1 cuando es lo cierto
que ni Francia, ni nadie ni nada es eterno en este mundo. Fernández Suárez no
pretende, por lo menos, que España sea
eterna, Por mi parte confieso haber hablado, en un libro de juventud, de la
España ecuménica y eterna. Con mayor
precisión se puede hablar de la España
esencial o algo similar. Esa, y no otra,

es la intención de quienes usan el vocablo "eterna". El autor nos propone en•
focar lo social bajo dos aspectos: la
resultante --status dinámico, en el tiempo- y las fijaciones -"rocas íntimas,
plantadas secularmente en el alma de
un pueblo, que sólo con lentitud erosionan las lluvias y los vientos y conmueve
algún temblor de tierra"-. Las fijaciones --creencias, rutinas, afectividadesforman el condicionante básico social.
La tierra, el factor geográfico, integran
el condicionante básico natural. Hasta
aquí los prenotandos.
El español presenta "una fuerte integración, un acusado y delimitado sentido de sí". Acoge a los demás, desde
su torre individual, sin alarma, sin miedo, con benevolencia, con cordialidad.
No es "chauvinista", ni xeonófobo; tiene
una idea muy favorable del extranjero.
Tiene un ucomplejo de inferioridad" en
cuan to nación, pero tiene un alto concepto de su valía personal. Es como si
dijera: "Todos mis compatriotas son despreciables, pero yo (y mis amigos) soy
la gloriosa excepción". No se asombra
de estar "arrojado" o "implantado" en
esta "selva obscura" de la vida. Sabe
dónde se encuentra, lo considera natural y se siente seguro del orden del universo y de su posición en ese orden. Su
inseguridad como grupo social, no afecta
su carácter de ser humano bien integrado. Aunque no es unacionalista" y
patriotero, sabe guardar verdadera fidelidad a su grupo. "He podido comprobar
cien veces, siempre, que la amistad es
más robusta en España que el Estado, el
partido o la religión -salvo en trances
de paroxismo o frenesí político o ideológico-·; pero hay más: el español odia, al
parecer, a esas entidades sociales y políticas, y su odio se concreta, frecuentemente, en las personas aun cuando no
sean "personas visibles", sólo por el
hecho de ser compatriotas, sólo por eso.
Es el espíritu cainita que Antonio Ma-

709

�chado puso de manifiesto". No se trata
de "un odio torvo ni oculto, sino al
contrario, vital como un pájaro loco ... "
(págs. 39 y 40). Hay en el español un
deseo subterráneo de aniquilar, de reducir a la nada a su nación. Y sin embargo, en el hombre español encontramos algo hondo y cálido, donde pueden
reconfortarse, como en un hogar todos
los seres humanos. España debe tener
mucha "humanidad" para que provoque
reacciones a la vez tan apasionadas y
contradictorias. Un experto en viajes internacionales observó en quienes visitan
España dos extremadas maneras de reaccionar: o una feroz hostilidad o una
apasionada entrega. Rara vez indiferencia.
El pueblo español trágico y alegre,
es mucho más feliz de lo que él se imagina. Le falta confianza en la nación,
en el gobierno, en la sociedad. Aparece
como una entidad social problemática,
en perpetuas vísperas de desintegrarse.
Siente al hombre, al "otro", con auténtica profundidad existencial, pero no es
capaz de sentir al "conciudadano". Cultiva fundamentales valores morales, referidos a una concepción religiosa, precisamente católica, del mundo. La mujer
es la roca hispana, perceptible desde
siempre. "La mujer española es la madre. Pero no es la madre fecunda de
mera fecundidad material. Es la madre
pura, la madre virgen" (p. 74). España
es una nación mariana. Ninguna otra
nación cristiana tiene tantos santuarios
colocados bajo la advocación de la Virgen y en ninguna parte tantas mujeres
llevan el nombre de María. La ofensa a
la madre tiene, en España, los caracteres formales de la blasfemia. La rígida
moralidad femenina exigida a la mujer
española, concuerda con ese sentido reverencial y exaltador de la mujer que
se profesa en España, como en ningún
otro país europeo.

710

El español revela, con frecuencia, un
vivo entusiasmo por "su tierra", por su
pueblo, por sus campos natales. No sólo
cree que su tierra es bella, sino que,
además, la: tiene por fecunda. Lo cierto
es que la tierra española sólo en reducidas superficies ofrece un suelo medianamente fértil. En sus dos tercios predomina la estepa, fría en invierno, tórrida un período corto del verano. En
cambio, abundan los minerales de hierro,
plomo y mercurio. La vocación espontánea de España no era agraria, sino
ganadera en el interior; marinera en todas las costas e industrial en el conjunto del país. Pero el impacto musulmán, sobre todo, desvió al español de
las especializaciones a las que parecía
estar llamado, para concentrar sus energías y aptitudes en la especialización
militar, con un enorme éxito. El primer
renglón de la renta española lo ocupa,
no la agricultura, sino la industria y la
minería. Un 42% de la población activa
se ocupa en tareas agrícolas, pero sólo
produce el 21.83% de la renta. La
"raza" española es un compuesto de todas las razas europeas: se encuentra el
tipo mediterráneo y el tipo celta, el
germánico o nórdico, el alpino, incluso
el eslavo y la mezcla de todos estos tipos.
Es casi ridículo hablar de la influencia
étnica árabe, pues todos los documentos
confirman que los árabes fueron una minoría entre los invasores sarracenos. Hoy
en día no se aprecia una huella árabe
notoria en la etnia peninsular.
España -no hay que olvidarnos- tuvo un éxito escandaloso en cierto momento de su carrera. Sin aquel éxito no
se habría hablado de decadencia. El éxito
produjo la decadencia. Desde la expansión aragonesa-catalana en el Mediterráneo hasta Rocroy -poco menos de cuatro siglos-, España tuvo una indudable
hegemonía militar. Eligió, resueltamente,
ser europea y occidental. Prestó a la
cultura cristiana el servicio de protegerla

contra la ola sarracena. Cumplida su
misión como pueblo de marca, como nación de frontera, "no se detuvo, y no
sólo se expansionó en 1tierra de infieles',
sino que concibió la pretensión de imponer a la zona focal o central de su
cultura, su propia manera de entender
la vida". Es lo que Europa no ha podido perdonarle a España" (p. 151).
Como pueblo de frontera ha suscitado
la duda de si pertenece al ámbito cultural que defendió. Francia quiere ser
amada gratuitamente, sin más, porque
es bella o graciosa, aun cuando no disponga, en tal o cual coyuntura, de un
poder efectivo para hacer valer sus títulos, honores y preeminencias. Es la
inocente convicción de que a Francia se
le debe todo. Un francés preguntará al
extranjero: "Est-ce qu on aime la France
chez vouz ?" El español, contra ciertas
apariencias, está profundamente enamorado de Europa. Pero a España le falta
la virtud o habilidad --que a Italia le
sobra- de adaptarse sin discusión, y sin
poner enmiendas propias, al estilo europeo común. Se desgarra en expresiones
delirantes de su alma. Pasa su etapa di!
decadencia sin llegar a la fosilización de
sus fijaciones. Tiene conciencia de la necesidad de dar una reacción vital. Es
el dato más alentador -cara al futuro-de cuantos ofrece España.
Los extranjeros encuentran caudalosa
a la religiosidad española. La fijación
guerrera y la fijación religiosa van juntas. Lo religioso es, en España, signo de
lo nacional. Pero sucede que el católico
español -en no escasas ocasiones- propende a buscar su salvación, no por las
vías de su conducta personal cristiana,
sino por los atajos de la acción pública.
Tiene siempre la mentalidad del cruzado. Cree poder salvarse por los servicios
que presta a una determinada concepción
política. Hay en el español cierta violencia e inadaptación a lo civil, a las
llamadas virtudes cívicas. Su violencia

--Ocasional, explosiva, rápida- es de
pueblo guerrero, de pueblo que opera
en banda. Se echa al monte para afirmar algo, -para "pronunciarse"- en
defensa de la "justicia". Gusta vivir la
epopeya y cantarla. "Hacer lo que le
dé a uno la gana, sirviendo a Dios --observa Alvaro Fernández Suárez- es el
gran sueño del español" (p. 196). La
mentalidad guerrera española ve en la
guerra sacrificio, ascetismo, con alternativas de sensualidad orgiástica, lealtad
al compañero, una relación de disciplina
y de altivez con el superior, en quien se
tasa altamente, y se agradecen, las virtudes militares y humanas.
La gente -aunque con no desdeñables
diferencias de matiz- es la misma en
toda España. Las "personificaciones" fundamentales de España son: Andalucía,
Castilla, Cataluña, Vasconia, Galicia y
Madrid. Andalucía pertenece al mundo
antiguo; es una supervivencia de las culturas mediterráneas precristianas. "Parece como si el andaluz creyese que, en
el fondo, es inimitable, que retiene siempre un secreto inaccesible para el extraño" (p. 211). Aún así, el andaluz abre
tranquilamente sus puertas a todo el
mundo y se complace en abrirlas. Quiere
que todos sean andaluces. . . si pueden.
Andalucía es misteriosa, pero no esotérica. El cante jondo es "como un grito
inarticulado de pasión, de angustia, como
una fuerza comprimida que no acaba
de salir fuera, y crea, en el alma, una
criatura prisionera que hincha el corazón. "Es como si alguien hubiera encontrado el fondo del fondo de la experiencia humana y careciese aun de
palabras, de conceptos, para expresarse.
Alguien que lo supiese todo y no pudiese decir nada y apelase entonces a
la música, la mudez del mismo Orfeo a
su vuelta de los infiernos" (p. 213). La
danza andaluza en sus mejores formas,
es la misma experiencia trágica final humana. De ahí su contén, su manera apre~

711

�tada de expresar, su presión que no desahoga, la angwtia que no descarga, pero
se transforma, sin descargar, en belleza
plástica y en ritmo. Es una danza existencial y antiquísima. El andaluz vive el
presente -y aquí radica su "filosofía"
de la vida- en una especie de éxtasis
disimulado en el goce de cualquier sensación --el lento beber un vaso de vino
y el lento hablar para no decir nada-.
El arte está en no distraerse de lo esencial, que consiste en verse vivir, sentirse
vivir. De ahí que el andaluz no tenga
prisa. Lo permanente de Andalucía "es
un modo de ser entrañado, un equilibrio feliz entre el hombre y el mundo,
una nota musical perfecta que -al parecer- no puede ser mejorada..." En
fin, el misterio de Andalucía no consiste
sino en una integración muy bien ajustada entre el hombre y el mundo. De
ahí proviene la sensación de haber acertado el andaluz y su oscura conciencia
de superioridad sobre los demás hombres en materia de actitud existencial.
Castilla tiene dureza en la tierra, pero
tiene una tierna elegancia en el cielo
de fino, el más fino esmalte. Es una altiplanicie barrida por los cierzos y abierta a los altos cielos o es montaña verde
y húmeda nuevamente poblada. Hija de
la voluntad real y de la aventura de
un pueblo en marcha hacia el Sur para
conquistar su territorio. Voluntad que
se sostiene invariable hasta agotarse en
un esfuerzo secular. De Castilla emana
una fuerte idealidad, en un mundo proyectado en la región del ensueño y del
espíritu. El idealismo castellano y el misticismo castellano están hechos de una
sustancia compacta como la piedra. "Es
una tierra de fe, pero esta fe no es espiritual en el sentido etéreo, sino una
espiritualización de la materia misma o
una materialización del espíritu sin que
deje de ser espíritu precisamente" ( pp.
225 y 226). El sentido de la forma y
el orden hiro de Castilla una región di-

712

rectora en la política peninsular, porque Castilla es un fijador de ideas y de
voluntades, es voluntad endurecida.
Cataluña es vida que se expande,
brinca, bulle, ríe, llora, brujulea, se proyecta en toda suerte de formas, crea valores culturales y los falsifica. No hay
hombres mejor dotados que los catalanes: inteligentes, despiertos, activos, con
un don de adaptación asombrosa para
ir y venir, entenderse unos con otros,
desentenderse, hacer tratos y romperlos,
inventar técnicas, cultivar viejos saberes
de la religión y la filosofía, el arte y la
ciencia. . . En suma profesan el arte de
vivir una vida variadamente humana.
Se reconoce que el catalán es trabajador.
Sólo que exhibe esta virtud, se complace en estar o aparecer atareado. Su espíritu fáustico -pasión de movimiento-no le impide ser tradicionalista, cultivar
su pasado y sus tradiciones con más
fuerza. Los valores comunales de Cataluña forman un fuerte tejido, de buena
trama, decorado, además con figuras y
colores de tradición. "Cataluña gesta movimientos políticos de alcance nacional,
pero rara vez asume la dirección plena
y responsable de esos movimientos". Tierra mediterránea que se enamora y conmueve con las causas universales.
El espíritu cooperativo de los vascos
está vinculado a la rectitud en los tratos, a una manera peculiar de buena fe
en las relaciones humanas. El pueblo
vasco es sencillo y serio en las costumbres. Su afición a la buena y abundante
comida, no le impide ser un buen consumidor de cultura, como corresponde a
un pueblo de elevado desarrollo y buen
nivel de vida. Vasconia no fue romanizada. La recepción del cristianismo, bastante tardía, es fervorosa y profunda.
Los vascos abrazaron el cristianismo más
incondicionalmente que los pueblos romanizados. El pueblo vasco es el menos
imperialista del mundo, porque no trata
de imponer nada a nadie, ni de enseñar

nada, ni siquiera de ejemplarizar con su
modo de ser. Está orgulloso de su modo
de ser y de sus valores locales, pero no
intenta convertir estos valores en un sistema de validez general humana. El éxito vasco en su adaptación a los valores
de la cultura moderna, suscita en los
vascos una conciencia de superioridad
que se asocia con la más antigua y tradicional conciencia puramente local del
pueblo rústico de Vasconia.
Galicia, la arcaica, es el gran vivero
humano de España y de América. Prados, bosques, suaves humedades, verdes
variados y el canto bronco del mar. Excesiva densidad de población y depresión
económica. Alimenta hombres hasta que
están en edad de trabajar, y luego los
exporta. Actividad antieconómica a todas
luces. "El arcaísmo le da a Galicia su
exquisita fragancia lírica, el suelo umbrío donde nacen algunas finas delicadezas del espíritu galaico, de añejo sabor
medieval. Y también la salmodia humilde
que tiene, a veces, un regusto franciscano, de un suave cristianismo" (p. 266).
Madrid es blanca y roja, con anchas
avenidas; cándida y riente; bella --con
belleza limpia y nueva- y elegante. Se
advierte el cuidadoso vestir de los hombres y la elegancia de las muchachas del
pueblo. La ironía madrileña, respetuosa
con los valores parodiados y también con
el oyente o el espectador, se propone
únicamente reír y hacer reír sin causar
daño. Esta modalidad irónica de Madrid es una de las expresiones más delicadas de la cultura peculiar de una ciudad. Su extraordinaria humanidad le
hizo decir al poeta Antonio Machado:
"y tú sonríes con plomo en las entrañas". Es la gran ciudad del mundo
-lo puedo certificar con mi experiencia- donde uno se siente menos solo.
En 'Madrid el hombre no es una sombra, una apariencia que pasa, un mero
elemento móvil del paisaje urbano. Sigue siendo, a pesar de las muchedum-

bres anónimas, un hombre concreto, apenas entra en relación directa con otro
hombre. En Madrid el hombre no es
"gente". El madrileño se "interesa" por
el sentido de la acción ajena y capta el
impacto real humano de lo que le sucede a su prójimo. El transeúnte es, en
principio --o puede serlo inmediatamente--, un amigo. De cualquier modo es
siempre un hombre. Por voluntad de
servicio y de ayuda, el madrileño llega
hasta meterse en lo que "no le importa".
Cuestión de calor cordial y de temperatura fraterna. El madrileño tiene una aptitud increíble para moverse en ambientes elevados, gusto seguro, buen juicio
estético, receptividad discreta --sin servilismo-- para los valores extraños y
universales. Madrid -acorde musical,
feliz armonía imprevisible, flor acabada
de nacer- es una prodigiosa síntesis de
España.
¿ Será posible abstraer de ese mosaico
de colores que llamamos España algún
rasgo válido para el conjunto? Tenemos,
ante todo, un condicionante de base, la
peninsularidad. Históricamente cabe invocar la solidaridad de los reinos cristianos frente al Islam. Desde esa común
aventura histórica, España se presenta
como algo consistente, como una entidad ideal que, sin embargo, se siente a
la manera de un cuerpo físico. Hay un
modo de dureza hispana, de consistencia de la realidad española. "Es como
si sintiéramos a España entre los dedos
-escribe A. Fernández Suárez-, como
si tocáramos su alma y esta alma fuese
algo sustancial, hecho de una materia cuya firmeza reconforta" (p. 292). Alfonso
Reyes, el mexicano universal, dijo que
"a España le sube la tierra por las raíces como a esos árboles grandes, viejos..." El primitivismo hispano no está
en las creencias ni en las ideas, sino en
la emocionalidad. Un ejemplo: la tauromaquia es un juego de sentido trágico.
El hombre juega con la muerte. El toro

713

�representa las fuenas ineluctables que
amenazan la vida humana y, al mumo
tiempo, a la vida impetuosa y sana. El
torero hace frente a la violencia y a
la muerte, convirtiendo su miedo en forma bella y en arte. El destino se transforma en arte. Arte puro en la medida
en que el peligro es cierto. Arte impuro
en cuanto el torero - a diferencia de la
tragedia griega- puede escapar de la
muerte. Es arte y vida y muerte, todo
fundido. El torero habla así en nombre
de la criatura humana: "Soy débil, soy
mortal, estoy a merced de ti, fuerza desconocida, y no comprendo nada, aquí
estoy, solo, y tengo miedo; pero no quiero descomponer mi figura. Soy un hombre" ( p. 301 ) . El torero, profesional
mercenario en un juego de muerte está
solo y se exhibe ante el público como
objeto, en un espectáculo sanguinario.
Se le exige que sea valeroso, digno, elegante. Tiene que mantener y afirmar
el estilo aun en el dolor. ¡ Senequismo
hispano, estoicismo español! Las corridas de toros aluden, claramente, a la
victoria del espíritu y a la alta dignidad
humana frente a las contingencias adversas y aun favorables o afortunadas.
¡ He aquí una de las más agudas y magistrales interpretaciones de la tauromaquia!
También la literatura aporta testimonios expresivos de las fijaciones de un
pueblo. España tiene una literatura de
primer rango y de insuperable originalidad. Don Quijote, Sancho, Don Juan
y la Celestina son personajes de la literatura española que se han escapado del
molde de la letra y que se confunden,
fácilmente, con seres humanos.
El español tiene una gran avidez de
espectáculos, y en particular de espectáculos religiosos. Es "un devorador y
devorado de emociones". Su simplicidad
psicológica es patente. Inevitablemente
sincero. Extravertido. Rasgos comunes a
los españoles de todas las regiones: a).

714

Primitivismo; b). Enterización de la persona solidarizada con su creencia; e) .
Emoción como realidad vital; d) . Sencillez psicológica; e). Falta de profunda
peculiaridad individual combinada con
una "persona" muy definida. En la época en que la cultura occidental no había
cuajado aún, el pueblo hispano se negó
a aceptar una cultura -la islámicamuy rica y evolucionada. Para España
en definitiva, "sólo Dios importa porque existe o porque no existe", como ha
dicho Unamuno. ¿ Cuál será el ideal de
España? ¿ Qué quiere verdaderamente
España?
España nunca deseó, de veras, una
vida sencilla, colmada y satisfactoria.
Anheló, y sigue anhelando oscuramente,
librarse de sí misma, amputarse, vivir al
filo de su aniquilamiento o de su desintegración; aunque deseó, también, afirmarse y conservarse. El español parece
desear, a veces, la desintegración y ruina
de su comunidad. Femández Suárez no
explica el sentido de este anhelo de aniquilamiento o desintegración. Se limita
a apuntar que el deseo profundo del
español oscila entre la sensualidad y el
ascetismo. Habla de una sensualidad
mística española, sin llegarla a precisar.
Observa el gusto de los españoles en revolcarse en las emociones, en abrazarse
con ellas. Los españoles quieren ser grandes o convencerse a sí mismos y convencer a los demás de esta grandeza y de
esta fuerza. Desean, para España, una
misión universal. Y por ser una sociedad misional -y no una nación de rostro manso como vaca lechera- están
dispuestos a pagar su precio de fracaso
y de catástrofe.
Hoy en día cobra primordial impor•
tancia la tarea de salvar al hombre, de
preservarlo de ser destruído. España nunca ha roto con la tierra, "por ser un
pueblo árbol, arraigado, por sentir la
rotativa alegría de las fiestas, de la vuelta de las estaciones y de los astros, por

amar Y odiar fraternalmente a los hombres Y gozane en el calor de sus corazones reales, por un intento desesperado
o exasperado de afirmar la propia personalidad y erigirla como una roca contra las fuenas que la cercan y la amen~, por una percepción apasionada y
persistente de que sólo Dios importa..."
Re~ultado: buen estilo, sensualidad viva,
deJo sabroso de la vida. "Lo que vale
la ~na de salvar de España es -¿ cómo
decirlo?- su sustancialidad, esta alma
consistente, este espíritu que se toca como si fuera materia, esta verdad que es
España._ Este fuerte sabor... en España la Vida parece más real que en ninguna otra tierra" (p. 355). Hasta aquí,
en apretado resumen, las grandes líneas
directrices y las ideas capitales del libro
España, árbol vivo.
El esfuerzo de Alvaro Femández Suárez por reducir a categorías intelectuales el ser histórico y el quehacer inconcluso de España, es uno de los más serios y rigurosos en lo que va de siglo. No
todos los conceptos -lo hemos visto-está~ llevad?s a su cabal desarrollo. Algusas ideas -interesantes, por cierto-- quedan en el aire por falta de fundamentación. El capítulo VII, "La religión de
los españoles y sus fijaciones", nos parece particularmente débil y ligero. Pero el terreno para nuevas investigaciones queda desbrozado. El autor, que tiene escuela y estilo, ha prestado un valioso servicio a la cultura de la lengua española.
AousrlN BAsAVE FERNÁ!\"DEZ DEL VALLE
ALBERTO CATURELLI, América Bifronte,
Editorial Troquel, Buenos Aires, 1961.
AMÉRICA ES, EN BUENA PARTE, un desgajamiento de Europa en un paisaje virgen e indómito, en que el hombre viejo
Y refinado llega a una tierra nueva; donde bártulos, ideas e instrumentos son

pronto arrojados ante una sensación de
facilidad y de prepotencia, de tiranía de
la selva y de dramática rebelión. Prevalece lo telúrico. Se siente una dualidad
violenta y dramática entre lo primitivo y
lo refinado. Se advierte una peculiaridad
fison6Inica del Continente, evidenciada
~n una serie de rasgos. Con estos rasgos
msoslayables del hombre americano se
han hecho, a menudo, caracterologías
culturales, pero muy pocos son los que
han acometido la tarea de ofrecemos
una visión esencial y fundamental una
metafísica del ser de América. Entre
ellos se encuentra, en lugar señero, Alberto Caturelli.
América Bifronte (Editorial Troquel
Buenos Aires, 1961) es el último libr~
de una lista de obras -todas dignas de
nota- que pasa de la docena. Su autor, el joven filósofo Alberto Caturelli
ha sentido el dolor de América en car:
ne argentina, pero no ha querido revolcarse en ese dolor para entonar quejas
estériles. Su búsqueda de la consistencia
americana es netamente ontológica. Tras
los indispensables fundamentos metafísi. del ser", "cocos - " e1 ser'', " presenCJa
municación del filósofo con el 'tú' " plantea el problema de América, aduce
-en unidad de propósito y de sentidolos testimonios de Hegel, Ortega y Gasset, Keyserling. Ante todo, se advierte
la radical inmadurez de América. Hay
que empezar por tomar conciencia de
ese carácter imperfecto, inmaduro, primitivo, no realizado, de lo americano puro. La desolación del filósofo se explica:
"él escuchó el llamado, él se ha puesto
en actitud de solicitud respecto del
'otro', pero su propio llamado al tú ha
sido una voz en el desierto. El 'otro'
está vertido hacia afuera, ya sea en una
actitud de huida a todo llamado esencial o simplemente, porque para él, el
ser ha sido siempre una presencia muda ; el 'otro' es cosa en las cosas, se ha

715

�cosificado con ellas, y las cosas le han
trasmitido algo de su absoluta clausura;
por eso no puede ni oír ni responder. Es
hostil frente a este dis-locado; y le es
hostil al máximo con la hostilidad más
cruel porque su absoluta primitivez y
clausura no implica la respuesta: en realidad, una respuesta contradictoria mitigaría la hostilidad; la crueldad reside en
su sordera absoluta, pétrea, inconmovible, mineral. El no responde nada".
( Opus cit., pp. 43-44). En este medio
de la "proté hylé" (materia prima), hostil a las creaciones de la inteligencia, las
universidades, al romper con la tradición
europea clásica, se han convertido en
1
ºfábricas de profesionales sin teología
ni metafísica". Florecen los monstruos
espirituales, "proliferan los pseudos y
los fanatismos que se ciernen sobre el
filósofo como bienes prontos a despedazarlo y en los cuales habita la envidia
de la impotencia para la meditación, el
resentimiento producido por la sola existencia del filósofo, el temor al desenmascaramiento de su 'camuflage' intelectual,
la natural rabia que le produce la soberana libertad del fil6sofo en comparación
a su miserable esclavitud a las cosas que
terminan por comunicarle su absoluta
clausura" (p. 45). Y sin embargo no
queda otro camino que la lucha perseverante y la porfiada consagración al
llamado. El argentino -reconoce el autor- suele ser una vocación frustrada,
por falta de respuesta a la vocaci6n y
por temor al sacrificio.
América tiene todos los caracteres de
una pura presencia en bruto. Individualista, clusa y muda en contraste con la
clara inteligibilidad de Europa, se manifiesta nuestro Continente como si no
fuera para nosotros; como si nada, como
pura posibilidad de ser. Todo participa
de esta primigenia y originaria oscuridad
entitativa de América. "Des-cubrir Amé•
rica significa entonces romper su originalidad primitiva y abrir el camino de

la América nueva, de neoamérica". América pre-colombina es un estadio puramente telúrico y como tal mudo, ce•
rrado, virgen, a-espiritual. "l\.mérica es
de-velada cristiana y debe emerger así
del seno oscuro de su originariedad. No
en vano el Descubridor llevó a cabo su
acto en cuanto cristiano. Fue descubrí•
miento cristiano" (p. 60). Del triunfo que
suele parecer perdurable sobre la Amé•
rica originaria se pasa a la sensación de
haber sido deglutido por ella cuando menos se espera. Y es que ºAmérica conserva casi intacta la originariedad de la
tierra. El hombre se encuentra en ella
a la intemperie, como sin casa, sin aposento, no como ocupando el centro de
una mansión cósmica, sino siendo un áto•
mo de ese mundo indefinido, puro espacio" (p. 70). La sensación de intemperie que produce la pampa no es la de una
simple intemperie física, sino la de uuna
intemperie ontológica y radical que desgarra por dentro". Mientras el hombre
griego concluyó por humanar a la naturaleza, la naturaleza ha cosmosificado
al hombre americano, comunicándole a
éste su silencio.
¿ Cuáles son las determinaciones concretas sobre lo americano? Caturelli
apunta cuatro determinaciones: 1) Sociedad de Agregación. Cada hombre es
un islote de aislamiento completo. Puede
hablarse de una pseudo sociedad, en el
sentido de una suma de individuos en
los que no logra penetrar el amor socie•
tatis; las relaciones sociales, faltando la
relación social profunda, son negativas y
mentirosas pues el término predominante
de semejante relaci6n no es el otro yo
sino el mismo transformado en Yo omnívoro pues todo debe ser y es referido
al mismo. 2) Pseudo Cultura. Las formas culturales europeas, cuando son importadas en bruto, se transforman en apariencias porque no engarzan con el pre•
vio descubrimiento de la entidad muda.
En América, lo auténticamente culto de-

be ser defendido arduamente y con pocas probabilidades de éxito para que no
sea derrotado por el medio. 3) Pseudo
política. Por debajo de las apariencias de
relaciones políticas se desliza una hostilidad esencial del yo al tú, del yo al vosotros, y cada ciudadano se ve como una
mismidad cerrada y egoísta. Las mentiras y las formas bastardas se vuelven sistema. Los partidos, pletóricos de apetitos se disputan el bien común como un
botín personal. 4) La ciudad bastarda.
Buenos Aires, en Argentina, se ha constituido en centro de irradiación de los
pseudos. Lo porteño es lo no-auténtico,
lo sin raíces. Lo bastardo se manifiesta
11
en cl hombre a la defensiva" que reduce su vida a la estúpida contemplaci6n
de sí mismo.
La conclusión de Alberto Caturelli, en
su América Bifronte, es clara y sensata:
"Buscar el propio ser, descubrirle y sostener ese acto de descubrimiento, es haber hallado lo grandioso por modesto que
pueda parecer, es ser grandes desde el
principio o, lo que es igual, es ser originales y permanecer como tales hasta el
fin". Hay que librar un imprescindible
~mbate contra "lo bastardo", que se
mterpone como una capa aisladora entre el Ser y el espíritu que es capaz de
penetrarle. Es necesaria una previa actitud de humildad frente a la realidad.
El capítulo XI, ºAlgo sobre la Univenidad" y la última parte del libro,
"Cinco nuevas meditaciones sobre el ser
americano" -casi todas ellas reseñas de
obras de Mays Vallenilla, Wagner de
Reyna, Marías- hubiese sido más pro•
pio reservarlas para un Apéndice. La informaci6n del autor y muchas de sus reflexiones conciernen a Argentina más que
a todo el Continente americano. Su visi6n y su bibliografía no nos parecen su•
ficientes. Alguna vez asoma un cierto
"chauvinismo" de argentino ( cuando
afirma que Argentina, principalmente,
está llamada a ser 11el único país del

mundo que puede cumplir en el Conti•
nente Americano el papel que Europa
cumple en el viejo mundo"). Y en alguna otra ocasión afirma que Argentina,
Uruguay, Santiago de Chile y parte de
México, (¿ cuál parte?, podríamos preguntar) revelan un conato de auténtica
cultura siempre en peligro de zozobrar.
América Bifronte es una colecci6n de
ensayos -publicados, la mayoría de ellos,
en la Revista Sapientia- agrupados bajo un título común. Tienen unidad de
prop6sito y de ejecución, las más de las
veces. Carecen del rigor I6gico y sistemático de un tratado filosófico, pero no
pueden ser tomados como pura literatura. Por eso, precisamente, son ensayos,
tanteos. Tienen el atractivo del estreno.
Están escritos con limpia y ardiente pa•
si6n. Con ellos, el autor muestra su desinterés, su elevación. Y se gana -¡ no es
poca cosa!- el respeto y la simpatía
de los lectores de buena voluntad.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

AooLFO MuÑoz ALONSO, Presencia in•
telectual de San Agustín, Librería Editorial Augustinus, Madrid, 1961.

SAN

AGUSTÍN, MAESTRO DE ÚCCIDENTE

y maestro de nuestro tiempo, está presente en la trayectoria y en la vida misma
de la filosofía del siglo XX. Es uno de
los raros fi16sofos cristianos cuya grandeza y vigencia reconocen hasta los no cris•
tianos. Máximo introspectivo, coloso de
la intuición y de la especulación metafísica, padre de la filosofía de la historia,
místico señero y teólogo genial.
Adolfo M uñoz Alonso ha profundiza.
do en San Agustín por temple y voca.
ción. "La elecci6n de una filosofía quiero recordar ahora las palabras de
Fichte, sin ningún resabio de idealismodepende de lo que se es como hombre
porque un sistema filos6fico no es mue~
ble inerte, que se puede llevar y traer

716
717

�a capricho, sino que está animado por
,.
el espíritu del hombre que Io posee .
Muñoz Alonso es, en su contextura de
hombre, un agustiniano. Un agustiniano
español de fina inteligencia y elegante
estilo. Alguna vez me he permitido trazar los rasgos esenciales de su personalidad. Ahora me importa destacar Y comentar las ideas-madres -que fundamen•
tan y dan sentido a las ideas-subalternas- de su nuevo y último libro Presencia intelectual de San Agustín (Librería
Editorial Augustinus, Madrid, 1961),
En la ]ntroducci6n nos habla del hombre que no fue a Dios harto de carne,
sino que comenzó a ser auténticamente
hombre cuando, parando en Dios, am6
las cosas en El. Entregó su voluntad a
la Divinidad no para anonadarse, sino
para reencontrarse. Porque ''ser para
Dios es la única forma de ser el hombre
para el hombre" (p. 14).
l. El camino intelectual del alma.
Desterrado del amor, peregrino del amor,
corazón en preocupaciones de amor, fue
el hombre -verdadero, transparenteque nació en Tagaste y se llamó Aurelio Agustín. En su ascensión intelectual
renunció a la belleza de las creaturas
para mejor rezar a Dios. Anduvo entre
las cosas con presura "para que el aire de
su gracia no enturbie la mirada o apague la voz de la pregu~ta" (p. 19~. Realista extremado -la verdad es Dios- a
la par que idealista mayor -ninguna
realidad tan ideal como Dios-. Vive para la verdad y sabe que es capaz de
aspirar a la sabiduría porque fue la sabiduría la que le creó. Filosofía para lograr el sumo bien y para ser feliz. Cada
vez que conoce, participa de la verdad
y la recrea. El hombre como morada. ,de
la verdad, participa de ella en comuru~n.
Duda de todo porque no puede, ni quiere, dudar de sí mismo.

II. Presencia intelectual en el conocimiento de las cosas. Sensación no es la

718

paston del cuerpo patente al alma, sino
la pasión del cuerpo conocida, por sí misma por el alma" (p. 47). Al cuerpo
le ~orresponde, tan sólo, determinar qué
acciones ejercita el alma algunas veces.
El modo de unión del alma y el cuerpo
-sorprendente, misterioso-- no puede
ser entendido del todo por el hombre.
Los sentidos nos ponen en trance de verdad, pero "el juicio de la verdad no está constituído en los sentidos".

se torna plegaria intelectual a Dios, porque con el ejercicio de la actividad espiritual participamos de la verdad. Trátase de un esclarecimiento de la verdad,
de algo así como la verdad de la verdad. Pero hay algo más importante:
"¿ De qué nos servirá saber dónde hemos de enderezar nuestros pasos, si nos
falta o si no sabemos por dónde hemos
de caminar con ellos?", se pregunta el
Santo Doctor.

III. Presencia intelectual en la uida
del espíritu. La duda no es más que el
recurso -metódico, dramático-- de penetrar con claridad más pura en la verdad. Más que hablar del descubrimiento
de la verdad, cabe decir esclarecimiento del hombre en la verdad. El espíritu
dialoga consigo mismo. Su tristeza
"nostalgia operante"- es un santo temor de perder el amor y la verdad. En
este sentido, su tristeza le asegura la fidelidad de sus pasos hacia Dios.

V. Presencia intelectual en la afirmaci6n de la libertad. Se puede existir, sin
vivir, vivir sin entender; pero no se puede entender sin ser y sin vivir, poniendo la inteligencia como fundante. San
Agustín advierte, palpa, encuentra la libertad en sí mismo. La libertad es la condición de la libertad. O mejor, la libertad es la pasión de la voluntad. El mal
voluntario es mal precisamente por ser
voluntario, es decir, por ser obra de la
voluntad por gracia de la libertad. Y la
libertad es el dinamismo esencial de la
voluntad. Lo cual implica: lo. Naturaleza y libertad no se oponen necesariamente. 2o. Indeterminismo y libertad no
son nociones coincidentes. Lo propio y
peculiar de la voluntad y, por consiguiente, de la libertad, es únicamente el
bien. El mal es desorden, privación, ruptura, desrrealizaci6n indebida.

IV. Presencia intelectual en la concepción de la filosofía. "San Agustín
-apunta Muñoz Alonso-- no acepta la
resolución conclusiva del pensamiento de
ningún sistema, no sólo porque la fe le
entregara verdades más altas, sino porque el pensamiento en sí mismo y por
sí mismo no descansa en la seguridad
dogmática de ningún sistema cerrado de
afirmaciones. El pensamiento es teoría
teorizante Y, por tanto -y no es paradoja vana- acción y contemplación, si
es que las dos expresiones no son sinónimas en su más honda raíz" (pp. 9G
y 97). La tradición es básica para la
filosofía, pero la pura tradición sistematizada anquilosa y corrompe a la filosofía. En el agustinismo no hay náusea
ni angustia, sino inquietud como saludable melancolía, como inmortal nostalgia. Aunque platónico en la exposición,
San Agustín es extraplat6nico en la fundamentación. En sus manos, la filosofia

VI. Presencia intelectual en la idea
de catolicidad. San Agustín se muestra,
sobre todo en la "Ciudad de Dios", como
un misionólogo. La Iglesia misma es, por
naturaleza, misionera. No sólo para aumentar el número de fieles, sino para
asegurar la fe de los que viven en ella.
Y es que la fecundidad interna de la vida de la fe y de la gracia es o se desarrrolla de manera distinta, más sublime, que la fecundidad de la vida terrena. San Agustín habla -en la Epístola 187- de una como esperanza lejana, de un como deseo innato en los hom-

bres en súplica callada e inconcreta de
la fe.
VII. Presencia intelectual en el pensamiento de Menéndez Pelayo. El estilo
del pensar, en Menéndez y Pelayo, merece
el calificativo de agustiniano. Para el
maestro santanderino, San Agustín traba, enlaza y vivifica los restos de la sabiduría pagana, principalmente los platónicosi y aquellos otros que suponen
una elevación hacia las ideas primeras.
"Ha cristianizado la concordia de los
números pitagóricos". Nos ha enseñado
que sólo la nada carece de hermosura,
y lo que no sea nada, alguna belleza ostenta, aunque sea un eterno grito de dolor. Nos ha distinguido 1 profunda y sutilmente, la belleza del mundo sensible
y la del mundo inteligible. Y es "autor
del primer libro íntimo de las literaturas modernas".
VIII. Presencía intelectual en la obra
de Ortega y Gasset. En José Ortega y
Gasset, la referencia agustiniana es más
bien escasa, pero la temática y la problemática de San Agustín es muy amplia. Las Confesiones de San Agustín, dice Ortega, no son otra cosa que la guía
de su itinerario hasta Dios. Y sin embargo, a Ortega se le ha escapado el
hondo sentido de la intimidad agustiniana. Cuando aduce el nombre de San
Agustín -asegura Muñoz Alonso-- habla de oídas.

IX. Presencia intelectual en la vida
social. "Podríamos escribir --expresa el
autor- que san Agustín valoró a los
hombres, y se valoró a sí mismo, no por
la carga de soledad que podrían soportar, sino por el gozo de compañía que
eran capaces de revelar en su vida...
El amor de Dios, en diálogo íntimo, no
nos aparta de los hombres, sino que ennoblece la convivencia fraterna" (p.
207). La sociedad humana, única que
merece este nombre, no es s6lo una ex-

719

�pansividad por multiplicación de los
hombres, sino una atracción hacia la unidad original. A veces, por una paradoja desconcertante, el hombre utiliza a los
hombres para deshumanizarse. Pero la
vida social es, por naturaleza, vida de
paz. Y la paz es la tranquilidad del orden. Las cosas todas son relativas, y en
su relatividad temporal se consumen; al
paso que el hombre, ser relativo también, se consuma no en su relatividad
temporal, sino en la eternidad.
CONCLUSIÓN
Sinceridad vital, presencia real, autenticidad personal para con la verdad descubierta, todo ello encuentra Muñoz
Alonso en la esencial configuración de
la filosofía agustiniana. "San Agustín,
de cara a la verdad, ve su alma, con los
ojos de la inteligencia, como un comienzo de Dios". La presencia de la gracia
culmina en la verdad como beatitud.
11
San Agustín es el filósofo de la interioridad en la verdad, de la gracia en la
libertad, de Dios en el alma, de Cristo
en el coraWn" (p. 232).
He querido presentar a mis lectores,
en estilo casi telegráfico, una visión esencial de la última obra del Prof. Dr. Adolfo Muñoz Alonso, porque me parece que
las altas cualidades de ese libro -Presencia intelectual de San Agustín- resplandecen con sólo mostrar su contextura. El agustinismo vivo tiene en Adolfo Muñoz Alonso a uno de sus más egregios representantes y la bibliografía agustiniana de lengua española se ensancha y
se enaltece al contar, en su seno, con la
"Presencia intelectual de San Agustín".
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

720

foNACIO ZARAGOZA, Talleres Gráficos de
la Nación; Secretaría de Gobernación;
México, 1962. 342 pp. Ilust.
LA PERSONALIDAD DE foNACIO ZARAGOZA era, por decirlo así, absolutamente
desconocida. Salvo el estudio biográfico
editado a raíz de su muerte por el Lic.
Manuel Z. Gómez -accesible por su antigüedad únicamente a los eruditos- lo
demás publicado en torno a su figura no
bastaba para forjarse una idea siquiera
de la grandeza del héroe.
Ha tocado a la pluma de un distinguido maestro coahuilense, don Federico
Berrueto Ram6n, realizar la empresa de
perfilar con rasgos precisos la vida del
vencedor de Puebla. Y la tarea no ha
sido producto de la euforia del fasto
centenario, pero de largos años de inteligente investigación en fuentes fidedignas. Dos lustros por lo menos de hurgar
en documentos originales, han sido necesarios al maestro Berrueto para entregarnos en magnífico volumen salido de
los Talleres Gráficos de la Nación, 342
páginas de relato ameno y desapasionado de los hechos del valiente soldado
norteño; y que van desde sus antecedentes familiares, en Texas, hasta su glorificación en Puebla.
Y no se limita el autor a puntualizar
hechos de armas o episodios en los que
participara el biografiado, sino que logra
que el personaje mueva en toda aquella
etapa decisiva para los destinos de México, a partir de la Revolución de Ayuda hasta los inicios de la Intervención
Francesa.
Demuestra, con argumentos irrefutables, la calidad humana de Don Ignacio, y su abnegación y entrega absoluta a cuanto pudiera constituir el triunfo de una causa. Analiza asimismo la
participación de éste en graves asuntos
de la vida política nacional, y que le llevaron a convertirse en figura central entre los personajes de entonces.

Es la obra de Berrueto Ramón un perfecto estudio sobre una época. Sujeto al
rigor de 1as disciplinas de la historiografía moderna, desecha lo tradicional para
ceñirse a lo estrictamente histórico. Bajo esta norma, emite juicios, describe sucesos, analiza personajes, desenvuelve situaciones, y nos da, en fin, un cuadro
fiel del tiempo vivido por el héroe. Sabe,
sin embargo, con su maestría en el manejo del lenguaje, ser ameno y hacer
del suyo un libro que se lee con positivo
deleite y aprovechamiento.
Para la historia de Nuevo León y Coahuila, donde Zaragoza pasa lo mejor de
sus años, la obra reviste singularísima
importancia. El acopio de información
para el pasado regional, y en particular
para la etapa del régimen de Vidaurri,
es valiosísimo.
Con la aparición de este libro, Ignacio Zaragoza deja de ser un héroe mexicano desconocido.
ISRAEL CAVAZOS GARZA
RODOLFO ARROYO LLANO: y gnacio Zaragoza. Defensor de la Libertad y la Justicia. (S. p. i.); Monterrey, 1962. 179
pp. Ilust.
LA CONMEMORACIÓN DEL CENTENARIO de
la batalla del 5 de mayo, ha dado ocasión a interesantes descubrimientos, en
torno a la vida del Gral. Ignacio Zaragoza.
Por lo que atañe a Nuevo León, el
esfuerzo más apreciable lo constituye, indudablemente, la edición hecha por don
Rodolfo Arroyo Llano, destacado médico regiomontano.
En un volumen de 179 pp., nos presenta los aspectos principales de la trayectoria militar del vencedor de Puebla, basándose, en su casi totalidad, en
la biografía escrita por el Lic. Manuel
Z. Gómez, secretario del Gral. Zaragoza y bisabuelo del autor. Recurre así-

mismo a raros documentos de familia,
que le permiten enfocar esta faceta del
héroe tan poco estudiada, y que le dan
al libro cierto aire local de no escaso
interés. Los familiares reciben estudio especial en el apéndice del libro j y especialmente doña Rafaela Padilla, la espo•
sa.
Las referencias a ella son más extensas, por cuanto a que el autor inserta
su discurso pronunciado en el Panteón
de San Fernando, de la ciudad de México, el 13 de enero último, centenario de
la muerte de tan abnegada mujer nuevoleonesa.
El material gráfico es de lo mejor. Las
reproducciones fotográficas de Jerónimo
Treviño, Tomás '.Mejía Modesto Arriola
Mariano Escobedo, El;na Zaragoza,
J. Eleuterio González, doña Justa de la
Garza y doña Rafaela Padilla, son magníficas.

n/

El libro del Dr. Arroyo Llano es una
aportación excelente para el conocimiento de uno de los más esclarecidos mílites mexicanos.
lsRAEL CAVAZOS GARZA
Ivo HOLLHUBER, Michele Federico
Sciacca -ein Wegweiser abendliindischen Geistes; Verlag Anton Hain. Meisenheim Am Glan, 1962.
EN su LIBRO Michele Federico Sciaca.
Un guía del espíritu occidental, que este
año ( 1962) fue publicado en Austria,
nos presenta Ivo HOllhuber a uno de los
más destacados filósofos italianos de hoy.
Esta publicación posiblemente sirva para que, dentro del espacio del habla alemana, finalmente se llegue a conocer la
filosofía de Sciacca y que se abra la discusión acerca de ella. Esto sin embargo
dependerá mucho de que Íos círculos fi~
losóficos estén dispuestos a asumir crítica y objetivamente una filosofía existencial-idealista que se desenvuelve en

721
H46

�gran parte a base de demostraciones altamente especulativas.
El método de la interpretación minuciosa de Ivo Hüllhuber, es el de la descripción y formulación directas de la
ideología Sciaccense, usándose la terminología metafísica que frecuentemente
sólo le es accesible al experto en la filosofía. Lo que dificulta el entendimiento en
algunos pasajes, es el uso muy variado
de términos básicos, como pasa, por ejemplo, con el término central del "ser".
En vista de la minuciosidad del autor
podríamos imaginarnos que la filosofía
de Sciacca, tratando de combinar distintos aspectos filosóficos, se encuentra aquí
en una problemática fundamental. Ella
es, en el fondo, la problemática de integrar una filosofía existencial a las difíciles exigencias de una doctrina filosófica del ser, o sea de una ontología que
avanza, en cierto sentido, hacia la teología.
A pesar de los análisis ordenados, según puntos de vista cronológicos, Hüllhuber sabe repartir los acentos de manera que siempre se descubre una faceta
nueva de la filosofía Sciaccense. No obstante la interpretación fenoménica, se
nota que el autor está muy interesado
en aclarar y destacar la esencia de los
pensamientos de Sciacca. Quizás pueda
decirse que Hüllhuber en sus interpretaciones abordó un tema personal. Se comprende el hecho de que Sciacca, en una
carta dirigida al autor por motivo de la
publicación de su libro, le pudo confirmar a Hüllhuber que su estudio forma
también "por sí solo una contribución a
los problemas especulativos" (Carta reproducida al final del libro). Ha de constar que los análisis de Hüllhuber no persiguen fines críticos, sino especulativos e
interpretativos, queriéndose prestar, en
primer lugar, un servicio al sistema filosófico de Michele Federico Sciacca.
Una filosofía nueva, o sea un nuevo
sistema de pensar hoy en día, es cada

vez más críticamente acogido por nuestra conciencia que ha pasado experiencias históricamente relevantes. Es sabido
que la demostrabilidad de las filosofías
ya no es absoluta y· objetiva. Las filosofías, y eso es casi una convicción general,
tienen que confirmar su "rectitud" en
la intensidad y confiabilidad existenciales. Esto es uno de los resultados que nos
sugiere la historia de la filosofía misma.
Tal es, al parecer, el caso de la filosofía
de Sciacca: aunque ella se sirva en gran
parte de demostraciones especulativas, se
confirma y justifica, en último término, a
través de una trascendente inquietud
existencial y moral. Si no se pueden llamar convincentes a todas las complicadas
deducciones, sí ha de decirse esto de la
urgencia personal y moral del objeto filos6fico de Sciacca.
En tanto que al principio de su carrera Sciacca estaba cautivado por el
idealismo absoluto, su pensamiento sufrió una transformación notable a través
del estudio y de la interpretación de la
filosofía de Arturo Rosmini. Según Hüllhuber, constituye un "mérito indiscutible" de Sciacca "el haber llamado la
atención del Occidente sobre uno de sus
pensadores más grandes" ( p. 19) . Para
Sciacca, se reveló adecuada y determinante la manera de pensar de Rosmini.
Apreciaba en el filósofo italiano del siglo pasado el gran intento de liberar la
filosofía de las restricciones que le fueron impuestas por parte de la teoría del
conocimiento. Interpretó Sciacca a Rosmini como vencedor de la filosofía de la
inmanencia iniciada por Kant, y se comprende que aquella tendencia de devolverle a la metafísica un valor propio y
general, bien podía influenciar y fortalecer el pensamiento idealista de Sciacca.
La metafísica liberada del idealismo crítico significaba para Sciacca acceso directo a una ontología, la cual, por su
parte, ya se hubiera desatado de la actitud crítica frente a la inmanencia, dila-

tándose necesariamente a una filosofia
compleja e integrada. En el centro de la
filosofía Sciaccense se encuentra como
motor espiritual un concepto importante, que originalmente forma la respuesta crítica a la experiencias de los sistemas
de la inmanencia. Este concepto clave
de Sciacca que se anticipa ya en su obra
Líneas básicas de un espiritualismo crítico" (1936) y que seguía, hasta en sus
más recientes publicaciones, siendo analizado y profundizado, se designa "interioridad objetiva". Aunque el concepto
aisladamente posea, aparte de su carácter contradictorio, una escasa fuerza de
alusión, ocupa en los pensamientos de
Sciacca el punto decisivo con el cual se
define la ontología existencial-idealista.
La deducción especulativa de este concepto no puede descartar el hecho de que
se trata de la premisa básica en la filosofía de Sciacca. Es un concepto que implica y trasciende la inmanencia, abriéndose con él un camino hacia la comprensión idealista del ser. Pero la onto-teología, a la que llega el filósofo italiano,
tiene como base la ontología de la existencia, y es ella a la que, en primer lugar, se refiere ontológicamente el concepto clave de Sciacca.
lvo Hüllhuber considera como obra
central el tratado L'intériorité objetive,
publicado en el año 1952. "Interioridad"
se interpreta por medio del concepto de
la "intelligentia", o sea de la facultad intuitiva humana mediante la cual se percibe el ser de una manera primitiva y directa. Así pues, con miras a la filosofía
misma, constituye la "interioridad" el
factor pre-ontológico, ya que es la base
natural de toda contemplación sistemática del ser. Según la profunda interpretación de ese concepto, el hombre se distingue fundamentalmente de todo lo que
quiera existir, principalmente a través de
su "intelligentia" o de su ºinterioridad"
que lo pone en contacto directo con la
idea del ser. (El ser aparentemente es

definido por Sciacca como idea). El acto
fundamental de la interioridad es el "Yo
soy". Con ese acto se confronta el ser
humano con la idea del ser. El ser llega
a manifestarse como objeto interior de
la conciencia humana. Por tanto, la interioridad, teniendo• como objeto el ser
mismo, trasciende siempre lo inmanente
que implica. En este sentido, la existencia humana se caracteriza exclusivamente por su interioridad, mejor dicho: ella
es interioridad y, por consiguiente, se
trasciende la existencia hacia el ser mismo siendo en último término, "interioridad objetiva".
La existencia humana, y únicamente
ella, está encima de todo lo que s6lo es
real. A través de ella, lo real asume realidad o, dicho de otra manera, el mundo
real no existe sino en cuanto el hombre
como existencia lo percibe. De aquí
se aclara que lo finito del mundo fenoménico, al igual que toda contemplación inmanente, está superado mediante el concepto de la ºinterioridad objetiva". Sciacca formula en estos términos
•Un idealismo existencial, poniendo al
hombre en el cruce de lo finito y de lo
infinito. Pero implica la definición del
hombre como existencia su participación
en el ser mismo.
Siendo el ser la idea más general a
la que no se puede comparar nada, se
presenta a la vez como idea del ser supremo, de lo infinito, de Dios. En tanto
que el hombre necesariamente concibe la
idea del ser absoluto de manera teísta,
la contemplación del ser es la contemplación de Dios. Desemboca en este punto la ontología Sciaccense en la ontoteología.
En la consecuencia de sus pensamientos básicos, el filósofo italiano llega, sobre todo en sus interpretaciones de la
muerte y de la inmortalidad, a un amplio
análisis existencial-idealista del hombre.
La ética se funda directamente en la
interpretación ontológica del ser humano.

723

722
H47

�La actitud moral humana ha de ser adecuada a la verdad de la idea suprema.
En el libro de Sciacca L'Uorno - questo
Squilibrato (1956) el hombre fue de•
finido como síntesis contradictoria de lo
finito y de lo infinito. En esta discrepancia se le presenta a Sciacca el desequilibrio ontológico del hombre. Sólo mediante la realización total y la consumación de la vida puede el hombre zanjar
este desequilibrio. La inmortalidad ya no
es para Sciacca sólo una cuestión religiosa, sino se puede abordar en la filosofía,
ya que es un problema meramente ontológico. La reflexión especulativa es capaz de demostrar, hasta cierto punto, que
la inmortalidad ha de ser una certeza, la
cual se comprueba por la concepción ontológica misma. La muerte, en este conjunto, no es el enemigo del hombre, sino
su servidor, porque sólo a través de la
muerte la existencia se aproximará definitivamente a su meta que es el ser.
Para llevar a cabo esta interpretación,
Sciacca, en su obra Muerte e !mortalidad (1959), ha de recurrir a la dialéctica de los conceptos de "vida" y "existencia". La "vida" es la parte mortal
del hombre en tanto que la existencia
como interioridad es inmortal. La "vida"
misma no es de ningún interés metafísico, sino que a través de su muerte se
libera la existencia de lo finito.
A estas alturas de la filosofía sciaccense se hace evidente lo problemático
de una combinación de dos dimensiones
distintas, o sea de la filosofía y de la
creencia religiosa. Esta, en ningún momento, puede ser substituída por una certeza especulativa. Es indiscutible que el
alto valor irracional de la religión sigue
oponiéndose a la concepción racionalista
filosófica.
Dentro del espacio de la filosofía de
Sciacca aparentemente no hay cabida
para lo fenoménico de la realidad. Lo
existente, el mundo objetivo, hasta la
vida misma no son.considerados sino fon-

724

ciones del ser humano, siendo, por consiguiente, el hombre el centro de todo. Lo
objetivamente real carece de un propio
valor ontológico. El mundo se nos presenta explicable mediante las tradicionales categorías. Es indudable que el idealismo existencial de Sciacca constituye un
gran intento filosófico. Deshaciéndose de
todo lo real y finito, va más allá de los
límites que, por lo general, son característicos para la ontología. Ivo HOllhuber
está convencido de que la filosofía de
Sciacca tiene una trascendencia general
para nuestro tiempo y para el futuro. Sin
embargo sólo en una discusión crítica del
sistema Sciaccense podría justificarse lo
que el autor dice al final de su trabajo:
"La obra de Federico Michele Sciacca
presentada hasta la fecha, obliga a un
cambio de pensar, a partir del ser y de la
verdad. Esto podría conducir tanto a una
alteración del acento en la historia de
las ciencias filosóficas, como a una aclaración cada vez más profunda de la
interioridad objetiva dentro del margen
de la filosofía sistemática, confirmándose
con ello su infatigable intérprete como
verdadero guía del espíritu occidental"
(p. 150).
HANs-GÜNTER PoTT

A. E. TAYLOR, El pensamiento de Sócrates (Col. Breviarios, No. 161), tra•
ducción de Mateo Hemández Barroso,
revisada por Elsa Cecilia. Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1962, 151 pp.

LA BIOGRAFÍA ES HISTORIA y también en
cierta forma literatura. Se le ubica en
la primera porque se orienta hacia la
interpretaci6n de un pasado individual
pero dentro de su marco social, y además se le considera obra literaria porque
quien la escribe maneja hasta cierto punto la ficción para integrar la personalidad. En definitiva, quizá deba considerar-

se solo como obra histórica, aunque utilice procedimientos literarios.
El presente libro, que aparec10 ong1nalmente en lengua inglesa hace treinta
años con el título Sócrates, se presenta
ahora en traducción española como El
pensamiento de Sócrates, modificando el
título original para informar con más
exactitud sobre el contenido de sus pá•
ginas. Una biografía, concebida más como la recuperación de la figura intelectual que como el conjunto de hechos
y actividades de un individuo, en el plano meramente anecdótico, cae por entero en el terreno histórico, si aceptamos
para el caso las afirmaciones de Colling•
wood en torno al sentido de la tarea histórica, cuyo fin primordial, según este
claro filósofo inglés, es la recuperación
y actualización del pensamiento humano.
Desde este punto de vista, el libro de
Taylor es eminentemente histórico.
Taylor se plantea las dificultades de
la empresa que se propone, pero abre
sus páginas con el procedimiento --el
único- que debe manejarse en el estudio biográfico de figuras remotas: "La
vida de un gran hombre, particularmente
cuando pertenece a una edad remota,
nunca puede ser un simple registro de
hechos indiscutibles. Incluso cuando esos
hechos son muy numerosos, la verdadera
tarea del biógrafo reside en su interpretación i debe penetrar más allá de los
simples acontecimientos hasta el propósito y carácter que descubren, y sólo
puede hacerlo mediante un esfuerzo imaginativo" (p. 9). Pero esta imaginación,
claro está, se encauza por las vías que
indican las fuentes de que se dispone.
A falta de biografías o estudios sobre
Sócrates y su época, echa mano de los
testimonios de sus contemporáneos: Aristófanes, Platón y Jenofonte, Es en la
Introducción donde Taylor expone sus
ideas a propósito de las fuentes, su valor,
y las posibilidades que le ofrecen para

la reestructuración de la figura de S6·
crates.
Así pues, sin considerar esta Jntroducci6n, en la que, como ya se dijo,
se señala aquello que puede utilizarse
como testimonio válido sobre la vida de
Sócrates, el libro se divide en tres par•
tes: "La juventud de Sócrates"; "Ultimes años de Sócrates: su proceso y su
muerte" y "El pensamiento de Sócrates",
que a su vez se subdivide en "Etica" y
"Teoría del conocimiento y método científico".
Fuera de las referencias meramente
anecdóticas que sirven para recoger la
figura del joven Sócrates en un perfil de
tiempo y espacio, y en las que indirectamente se pueden recoger referencias
sobre su carácter como individuo y su
conducta como ciudadano, lo más importante del capítulo II, que es donde se
traza la juventud del filósofo griego, es
lo relativo al ambiente cultural y "humanista" de Atenas, el desengaño de
Sócrates con el libro de Anaxágoras, la
posición que había alcanzado antes de
cumplir los cuarenta años, en los círculos intelectuales de Atenas, su relación
con Arquelao y la conjetura de que ocupó su lugar al retirarse éste, aun cuando siempre negó (Platón, Apología)
tener "discípulos" o haber sido "maestro" de ningún hombre.
En el comentario a la Apología de
Platón, en relación con el oráculo de
Delios ( que fue dado a Querefón como
respuesta a su pregunta: "¿ Hay alguien
vivo más sabio que Sócrates?"), de que
"ningún hombre viviente era más sabio
que Sócrates, dice Taylor: "Desde luego
es evidente que existe un elemento de
humorismo en la manera en que se emplea, en este relato, la historia del oráculo; sin embargo, para que tenga algún
sentido, debe de haberse querido que
fuera el relato de un hecho histórico
de acuerdo con su supuesto principal;
que Sócrates, hacia la mitad de su vida,

725

�pasó por un período de cnsis, cuyo resultado fue el surgimiento de un hombre
con una clara conciencia de una 'misión', y que la respuesta del oráculo tuvo
un papel en la provocación de aquella
crisis. No puede carecer de significación
el que Platón lo presente haciendo el
intento de 'convertir' a un joven prometedor, Cármides, tío del propio Platón,
inmediatamente después de la campaña
de Potidea, durante la cual había experimentado el 'rapto' o 'trance' de veinticuatro horas descrito en el Banquete.
Si supiéramos más acerca de los hechos
quizá veríamos que su 'vocación' de profeta le vino durante aquella visión, y
Burnet puede muy bien haber tenido
una feliz inspiración al sugerir que esto
explica por qué, en Platón, lo encontramos tan frecuentemente usando el lenguaje militar para expresar el sentido de
la vocación que Dios le impuso. Parece
claro, por lo menos, que según el relato
de Platón, la convicción de ser un hombre elegido, con una misión especial hacia la humanidad, databa en él del principio de la Guerra del Peloponeso, si
no de antes. Si pensamos en él como
debió de ser antes de que Querefón hiciera su importante pregunta a Apolo,
veremos que el cuadro trazado por Platón en las primeras páginas del Parménides, la referencia a sus primeros días
en el Fed6n, las memorias de origen desconocido en las que se basó Jenofonte
para hablar de las relaciones entre Sócrates y Antifón y la divertida frase de
Las nubes, armonizan admirablemente
entre sí" (pp. 67-68).
Los últimos años de Sócrates, la parte
biográfica final del libro, nos presenta
las circunstancias en las que se desarrolla
el proceso del filósofo; Taylor afirma
que no se conoce con exactitud la acusación contra Sócrates, tal como debió
de formularla Melito (portavoz de Anito), aunque en el diálogo Eutifr6n S6•
crates dice que Melito lo acusa de "in-

726

ventar dioses nuevos". El autor se inclina, en definitiva, por la acusación que
aparece en Diógenes Laercio, al parecer
una transcripción del documento respectivo tal y como se conservaba en el siglo
II d.C.: "Melito, hijo de Melito, del
deme de Pita, acusa a Sócrates, hijo de
Sofronisco, del deme de Alopece, bajo
juramento, al siguiente efecto. Sócrates
es culpable: 1) de no rendir culto a los
dioses a quienes rinde culto el Estado,
sino de introducir prácticas religiosas
nuevas y poco conocidas; 2) y además,
de corromper a los jóvenes. El acusador
público pide la pena de muerte" (p. 88).
Taylor se aplica a una interpretación de
los términos en que se hace la acusación,
refiriéndose, con respecto a la primera
parte, a su oscuridad y a la amnistía de
los años 404-3, que podría explicar esta
oscuridad. Sobre la segunda parte, los
cargos por "corrupción de la juventud",
nos dice que esto se refería a las críticas
de Sócrates sobre la incapacidad de políticos como Anito, lo cual repercutía
sobre los jóvenes, que harían suya dicha
crítica. Según J enofonte, se le acusaba
de enseñar a los jóvenes a no respetar
a sus mayores.
Sócrates no se impuso la pena del destierro, como pudo haberlo hecho, y en
su lugar habló de su misión. Su actitud,
según Taylor, provocó la ira de los jurados: "Es muy natural que los jurados
se irritaran por aquel discurso que no
presentaba posibilidad de acuerdo y votaron la pena de muerte por una mayo•
ría más grande que la que había pronunciado el veredicto de culpabilidad"
( p. 100) . Las últimas páginas de este
capítulo nos narran con detalle los momentos postreros del filósofo.
La parte final, "El pensamiento de
Sócrates", se divide, como quedó dicho
antes, en dos partes, "Etica" y "Teoría
del conocimiento y método científico",
en las que se muestra cómo la verdad,
concebida por Sócrates como interés su•

premo del alma, "resulta en el principio
de una teoría tanto de la ciencia como de
la conducta moral".
"Sócrates --dice Taylor en la p. 107
de su libro- debe la inmortalidad de
su fama como mártir de la filosofía no
a una melodramática explosión de sentimiento popular en una democracia emocional, sino a la Providencia que le dio,
como amigo más joven y discípulo, al
único hombre en la historia que ha combinado la grandeza suprema como pensador filosófico con una grandeza igual
como maestro del lenguaje, y por ello
ha sido, directa o indirectamente, el
maestro de todos los hombres de pensamiento desde sus días".
ALPONSO RANGEL GUERRA

FRANCO FOR.TINI, El movimiento surrealista (Col. Manuales Uteha, No. 123123a). Traducción al español por Carlos Gerhard. Unión Tipográfica LatinoAmericana, México, 1962, 201 pp.
ESTE LIBRO, ÚTIL PARA LOS ESTUDIOS de
los movimientos literarios que han surgido en el siglo XX1 nos ofrece un panorama general del surrealismo, su cronología, sus contradicciones, sus relaciones con otros movimientos, etc., y una
antología final, no desdeñable, que incluye nueve precursores (Rimbaud, Lautréamont, Jarry, Apollinaire, Jacob, , entre los principales); nueve poetas surrealistas; manifiestos y documentos del sunealismo, así como algunos juicios sobre
éste.
Reconociendo el autor las dificultades
para encontrar una definición del surrealismo, distingue estos tres aspectos: "a)
un movimiento de ideas sobre la naturaleza, las posibilidades y futuro del
hombre, que se desarrolló sobre todo,
pero no exclusivamente, en Francia du•
rante el tercer decenio de nuestro siglo
Y, desde entonces1 con fortuna diversa,

en otros países; b) un método para la
indagación de algunas experiencias psicológicas particulares ( sueños, visiones,
alucinaciones, crisptoestesia, estados de
pasión intensa, etc.) y para su exprisi&amp;n
mediante el empleo de técnicas califi.
cadas tradicionalmente como literarias o
artísticas, y c) un conjunto de comportamientos prácticos, o sea morales y po•
líticos" (p. 4).
De todo esto se desprende que intervienen en el surrealismo -principal•
mente- intentos de expresar, en formas
no premeditadas, el subconsciente (lo
onírico, las asociaciones de ideas gra•
tuitas, etc.); frente a esto, el orden discursivo-racional, que origina la tensión,
de la cual surge el deseo de unir los
contrarios para que el hombre pueda
restituirse a sí mismo. Además, el propósito de dejar de lado toda fórmula,
principio o legislación, tabú social, patriótico o religioso, que son los obstáculos
para alcanzar esa restitución del hombre
a que se hizo mención antes. Por último,
interviene una orientación hacia la política, pero en sentido inverso, es decir,
hacia la destrucción de las formas diver•
sas de la hipocresía, que se mueven en
los campos de la ética y de la política.
Señalados estos cuatro aspectos, For•
tini los presenta después dentro de la
cronología del movimiento surrealista, ya
que pertenecen a épocas diversas. La
primera etapa comprende de 1919 a
1925, y en ella se establecen los fundamentos teóricos del movimiento. La segunda, que es la etapa de la madura•
ción, va de 1925 a 1930; el momento
en que se interviene en política (activaron esta intervención diversos acontecimientos, como la represión marroquí
dirigida contra Abd-el-Krim, en 1925;
las ligas con el Partido Comunista; el
exilio de Trotzki en 1929). La tercera
y última etapa corresponde a la difusión
del surrealismo por el mundo. Los sucesos surrealistas más importantes que

727

�señalan su marcha serían los siguientes,
empezando con los precursores del Primer Manifiesto:
1916: Surge en Zurich el movimiento
Dada, encabezado por Tristán Tzara.
1917-1918: El espíritu nuevo, manifiesto programa de Guillaume Apollinaire; Nord-Sud, revista que dirigió Pierre
Reverdy.
1919: Publicación, en la revista Literatura, que dirigían Aragon 1 Breton y
Soupault, de las Cartas de guerra, de
J acques Vaché.
1919 a 1922: Experimentos de Breton
con la ºescritura automática".
1922: René Crevel1 con Robert Desnos y Benjamín Péret, dibuja en estado
semi-hipnótico.
1924: Primer Manifiesto del surrealismo, publicado por André Breton. Desde
esta fecha, hasta 1929, se publicó también una revista por Pierre Neville y
Benjamín Péret: La revoluci6n surrealista.
1925: Se inicia el período que Nadeau
llamó heroico, en el que se intenta una
existencia surrealista. Relaciones con el
Partido Comunista, y con la revista Cla·rté, también comunista.
1927: Publicación de A plena luz,
opúsculo en el que se recogen las discusiones sobre las posibles relaciones entre
el surrealismo y la actividad revolucionaria.
1928: Publicación de Nadja y El
surrealismo y la pintura, de André Breton. Tratado del estilo, de Aragon. Se
realiza el film Un perro andaluz, de Luis
Buñuel y Salvador Dalí.
1929: Polémica en torno al exilio de
Trotzky, y redacción del segundo Manifiesto del surrealismo, por Breton.
1930: Un cadáver, libro escrito contra
Breton por un grupo de surrealistas que
abandonaron el movimiento. Surge la
nueva revista surrealista El Surrealismo
al servicio de la revolución. Se publica
la Inmaculada Concepci6n, escrita en

728

colaboración por André Breton y Paul
Eluard.
1931: Salvador Dalí desarrolla su teoría de la "paranoia crítica". La edad de
oro, segundo film de Dalí y Buñuel.
1931-1934: Participación de Louis
Aragon y G. Sadoul al II Congreso Internacional de los escritores revolucionarios, que se celebró en Jarkov.
Acusación judicial de Aragon por su
composición poética Frente Rojo, libro
en el que se pedía la intervención armada contra la social democracia. Louis
Aragon se separa del movimiento.
1935: Ruptura del Movimiento Surrealista con el Partido Comunista.
1938: "Exposición Internacional del
Surrealismo".
A partir de entonces, sólo se perciben
movimientos aislados, como los de las publicaciones de Breton en Estados Unidos,
la exposición colectiva celebrada en París
en 1947, y en ese mismo año1 la publicación del volumen El surrealismo en
1947. Entre los desaparecidos, Desnos y
Max Jacob, muertos en un campo alemán de concentración. "Dalí, dice Fortini, había pasado ya desde hacía tiempo a la extrema derecha franquista y
pseudo religiosa" (p. 17).
El Capítulo "Surrealismo y política' 1
es de los más importantes en el libro.
En él se estudia el problema del surrealismo en su función transformadora de
lo social. Tres preguntas recogen la problemática que el surrealismo se planteó:
¿ En qué medida tiene un organismo político revolucionario derecho y facultad
de intervenir en materia filosófica y literaria? ¿ Cómo se concilia la libertad de
la creación artística con las finalidades
superindividuales de la lucha política?
¿ Cuál ha de ser la actitud de una cultura revolucionaria frente a las herencias culturales burguesas? Según Fortini, los surrealistas fueron los primeros
que se plantearon estas interrogantes. La
negación, siguiendo las palabras de An-

dré Breton, los envolvió. El surrealismo
se organizó en cierta manera imitando
los partidos políticos, aunque la participación política era desdeñada por los
surrealistas. Varios acontecimientos de
trascendencia internacional propiciaron
relaciones políticas de los surrealistas
con organismos1 partidos y personas,
siendo la más notoria la que iniciaron
con el Partido Comunista. Estas ligas
terminan en 1933. Después, dice Fortini,
"No obstante todos los intentos de Breton, ya no se puede hablar de una posición política surrealista sino sólo de
actividades individuales" (p. 25).
Posteriormente a un estudio de las
contradicciones y límites de este movimiento, Fortini presenta el capítulo final: "Conclusiones", en el que hace un
balance minucioso de lo que ha quedado del surrealismo. Recogemos aquí la
última página que nos ofrece una visión,
uná valoración y un análisis del movimiento que agitó el primer cuarto de
siglo, y en el que después de todo, se
reconoce la expresión de algo que, por
existir todavía aquello contra lo que luchó, puede alcanzar en el futuro sus
prop6sitos: "Por una paradoja que sólo
es tal en apariencia, la lucha contra el
irracionalismo y contra la literatura y
la ideología de la decadencia, de la que
el surrealismo es una de las expresiones
más avanzadas, en nombre de un humanismo revolucionario, se encuentra
incluir -por lo menos entre las perso•

nalidades más conscientes- entre las
libertades y las verdades que quiere ver
reconocidas y encarnadas en la historia
y en las instituciones, una gran parte precisamente de aquellas libertades insostenibles y de aquellas verdades negras que
la labor de nuestras sociedades ha formulado en términos de arte y de literatura y, por consiguiente, también en
el surrealismo. En este sentido el error
surrealista es o puede convertirse en verdad, como ya lo han demostrado, al precio de palabras y de sangre, los poetas
surrealistas más genuinos. Ninguna sociedad, ninguna relación humana que se
pretende libre podrá ignorar o desconocer, hoy o mañana, que hay una parte
entera del hombre injustamente condenada -el deseo, el eros, el sueño, el
delirio-, que ha de integrarse a la luz
diurna, transfiriendo a otras partes del
hombre los signos negativos que hasta
ahora la han acompañado. Y que estos
postulados sean o no combatidos por las
sociedades actuales en nombre de dogmas religiosos, sociales o políticos, o bien
perseguidos, adulterados o sustancialmente mistificados por 12.s 'libertades
controladas' concedidas por quien detenta los poderes de la industria cultural
moderna, todo ello no es más que una
prueba de su autenticidad y, a pesar de
todo, de la victoria que lentamente van
conquistando a través de los últimos
decenios".
ALFONSO R.ANOEL GUERRA

729

�CANJE

PUBLICACIONES RECIBIDAS*

(1962)
ALEMANIA:
Jnstitut für Auslandsbeziehungen, Stuttgart, Stuttgart, Año 12, Cuadernos 2-3, 1962.

ARGENTINA:
Bibliografía argentina de artes y letras, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, No.
8, octubre-diciembre de 1960; No. 9, enero-marzo de 1961; No. 10-11, abril-septiembre de 1961.
Boletín de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos
Aires, Año III, No. 12, noviembre de 1961. Año IV, No. 13, marzo de 1962; No. 14,
mayo de 1962.
Boletin informativo, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 18, 2a. Serie, septiembre--octubre de 1961; No. 20, 2a. Serie, marzo-abril de 1962.
Co11ADRAN Rutz, JoaoE, Bibliotecas cu.yanas del siglo xvm (Cuadernos de la Biblioteca, No. 2), Biblioteca Central, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1961,
143 pp.
Cuadernos de Historia de España, Instituto de Historia de España, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, B. Aires, XXXIII-XXXIV, 1961.
FALCIONELLI, ALBERTO, Tentativa de bibliograf!a razonada de la Rusia contemporánea,
(Cuadernos de la Biblioteca, No. 1), Biblioteca Central, Universidad Nacional de
Cuyo, Mendoza, 1961, 125 pp.
Philosophia, Revista del Instituto de Filosofía, Mendoza, No. 25, 1962; No. 26, 1962.
Sapientia, Organo de la Facultad de Filosofía, Universidad Católica Argentina, Santa
María de los Buenos Aires, Año XVI, No. 62, octubre-diciembre de 1961. Año XVII,
No. 63, enero-marzo de 1962; No. 64, abril-junio de 1962.
Universidad, Publicación de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 49,
julio-septiembre de 1961; No. 51, enero-marzo de 1962; No. 52, abril-junio de 1962.

* Se

recogen por orden alfabético libros y publicaciones periódicas.

731

�Universidades, Unión de Universidades de América Latina, Buenos Aires, Año 1,.
No. 4, abril-junio de 1961; No. 5, julio-septiembre de 1961; No. 6, octubre-diciembre
de 1961.

s/n. Informes sobre el proyecto de creaci6n de las Escuelas Latinoamericanas de Economía y Administraci6n Pública, Editorial Universitaria, Santiago, s/f, 203 pp.
Teologia y vida, Revista trimestral, Publicación de la Facultad de Sagrada Teología de
la Universidad Católica de Chile, Santiago, Año III, No. 2, abril-junio de 1962.

BELGICA:
Courrier du Centre lnternational d'Etudes Poétiques, Maison Internationale de la poésie,
Bruxelles, No. 37-38.

GANADA:
Annales de l'Acfas, Association Canadienne-Fram;aise pour l'avancement des Sciences,
Montréal Vol. 27, 1961; Vol. 28, 1962.

COLOMBIA:
Estudios de derecho, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de
Antioquía, Medellín, Año XXIII, 2a. época, marzo de 1962, Vol. XXI, No. 61.
Thesaurus, Boletín del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, t. XVI, No. 3, septiembrediciembre de 1961. T. XVIII, No. 1, enero-abril de 1962.

CUBA:
FEIJÓo, SAMUEL, Azar de lecturas, Departamento de Estudios Hispánicos, Universidad
Central de las Villas, Santa Clara, 1961, 378 pp.
FEIJÓo, SAMUEL, Sobre los movimientos por una poesía cubana hasta 1856, Dirección
de Publicaciones, Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1961, 193 pp.
GONZÁLEZ, MANUEL PEDRO, Indagaciones martianas, Dirección de Publicaciones, Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1961, 273 pp.
Islas, Revista de la Universidad Central de las Villas, Santa Clara, Vol. IV, No. 1,
septiembre-diciembre de 1961.
MARINELLO, JUAN, Ensayos martianos, Dirección de Publicaciones, Universidad Central
de Las Villas, Santa Clara, 1961, 216 pp.
RivERO MuÑ1z, JosÉ, El movimiento obrero durante la primera intervenci6n. Dirección Central de Publicaciones, Universidad Central de las Villas, Santa Clara,
1961, 223 pp.
Varios, Teatro bufo. Siete obras, Dirección de Publicaciones, Universidad Central de
Las Villas, Santa Clara, 1961, tomo I, 255 pp.
CHILE:
Anales de la Facultad de Teología. Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago,

No. 13, 1961.
Revista chilena de historia y geografia, publicada por la Sociedad Chilena de Historia
y Geografía, Santiago de Chile, No. 129, 1961.

732

ECUADOR:
Anales de la Universidad de Cuenca, Cuenca, T. XVII, No. 3, julio-septiembre de 1962;
No. 4, octubre-diciembre de 1961. T. XVIII, No. 1-2, enero-junio de 1962; No. 3,
julio-septiembre de 1962.

ESPA/,A:
Augustinus, Revista Trimestral publicada por los Padres Agustinos Recoletos, Madrid,
vol. VI, No. 22-23, abril-septiembre de 1961; No. 24, octubre-diciembre de 1961.
Vol. VII, No. 25, enero-marzo de 1962; No. 26, abril-junio de 1962.
Archivo Ibero-Americano, Revista de Estudios Históricos, publicada por los PP. Franciscanos, Madrid, Año XXI, No. 84, octubre-diciembre de 1961.
Conviuium. Estudios filos6ficos, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Barcelona, No. 8, julio-diciembre de 1959.
Revista de Indias, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Fernández
de Oviedo, Madrid, Año XXI, No. 83, enero-marzo de 1961; No. 84, abril-junio
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Alliance for progress, Official Documents emanating from the Special Meeting of the
Inter-American-Econamic and Social Council at the Ministerial Level. Held in Punta
del Este, Uruguay, from August 5 to 17, 1961, Pan American Union, Washington,
D. C., 1961, 49 pp.
CosTA, CRuz, Panorama of The History of Philosophy in Brazil, Pan American Union,
Washington, D. C., 1962, 111 pp.
DEMAR, CARMEN, Alturas del silencio, Ediciones Rumbos, Barcelona, 1960, 135 pp.
Doors to Latín American (Recents Books and Pamphlets). Issucd Quarterly by The
Inter American Bibliographical and Library Association, University of Florida Library, Gainsville, Florida, Vol. IX, No. 4, octubre de 1962.
Fichero bibliográfico hispanoamericano, Catálogo trimestral de toda clase de libros en
español publicados en las Américas, R. R. Bowker Company, New York, Vol. 1,
No. 2; No. 3; No. 4.
H andbook of Latín American Studies, prepared by The Hispanic Foundation in The
Library of Congress, University of Florida Press1 Gainsville, Florida1 No. 22, 1960.
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Humanistic Studies (Six studies in ninetheenth-century english literature and thougth),

733

�edited by Harold Orel and George J. Worth, University of Kansas Publications 1 Lawrence, Kansas, No. 35, 1962.
lnter-American Review of Bibliography. Revista lnteramericana de Bibliografía, Division of Philosophy and Letters, Pan American Union, Washington, D. C., 2a. época,
vol XI, No. 1, enero-marzo de 1961; No. 2, abril-junio de 1961; No. 3, julio-septiembre de 1961. Vol XII, No. 1-2, enero-junio de 1962.
JEGP, Journal of english and german philology, published by The University of Illinois
Press, Urbana, ILL., Vol. LX, No. 3, julio de 1961; No. 4, octubre de 1961. Vol.
LXI No. 1 enero de 1962; No. 2, abril de 1962.
JournaÍ 0 f ]~ter-American Studies, School of Inter-American Studies, U~versity of
Florida, Gainsville, Florida1 Vol IV, No. 1, enero de 1962, No. 2, abril de 1962;
No. 3, julio de 1962; No. 4, octubre de 1962.
La nueva democracia, Nueva York, N. Y., Vol. XLII, No. 1, enero de 1962; No. 2,
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LINKLATER, ERIC, El señor Byculla (Col. Grandes novelistas), Emecé Editores, Buenos
Aires, 19601 170 pp.
MAKARIUS SAMEER, Buenos Aires y su gente, Textos de Córdova Iturburu, Compañía
General Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, 95 pp.
Papers of The Michigan Academy of Science, Arts and Letters, University of Michigan,
Part III: Geography and Geology: Vols. XXXVI, XXXVII, XXXVIII, XXXIX,
XL, XLI; Part III: Philosophy, Literature and Aru: Vols. XLIV, XLV, XLVI,
XLVII.
Philosophy of Science, Official joumal of The Philosophy of Science Association, Department of Philosophy, Michigan State University, Vol. 29, No. 1, enero de 1962;
No. 2, abril de 1962; No. 3, julio de 1962; No. 4, octubre de 1962.
Revista Iberoamericana, Organo del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, Department of Romance Languages, State University of lowa, lowa City, Iowa,
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SÁENZ, GERARD0, Luis G. Urbina. Vida y obra (Col. Studium, No. 31), Ediciones de
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SALCEDA, JUAN ANTONIO, Anfbal Ponce (Col. Pensamiento Argentino. No. 1). Ed.
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736

737

�Acabóse de imprimir el día 20
de abril de 1963 en los Talleres de la Editorial Jus, S. A.
Plaza de Abasolo 14, Col. Guerrero, México 3, D. F. El
tiro fue de 1,000 ejemplares.

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Rangel Frías, Raúl, 1913-1993</text>
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                    <text>es lo que se hace o se practica y el fin supremo de la felicidad será Eu-praxis,
que literalmente significa el excelente cumplimiento de la práctica.
La palabra felicidad en el sentido religioso hace pensar en algo beatífico,
pero esto es ajeno a la vida terrena y no todos los hombres buscan esa felicidad. La felicidad en el orden terreno es el cumplimiento de los fines
por causa de sí y por causa de otros.
El suicida no puede buscar la felicidad en el suicidio, porque eso constituye un acto inmoral. Ya dijimos que cuando el hombre nace está desnudo de mente y de cuerpo físico; todo lo logrado es el fruto de una experiencia moral en la realizaci6n del bien y las oportunidades de su vida
pueden ser incontables. Al cometer el suicidio él mismo se ha frustrado,
porque una situaci6n desesperada puede traerle otra situaci6n esperanzada.
El suicidio es la muerte de las oportunidades y el hombre como posibilidad
ha terminado. El suicidio es el asesinato de toda posible felicidad y la {rus. traci6n definitiva de toda una vida y el cese de la proyección de un destino.
Hay que distinguir claramente la beatitud de la felicidad; la beatitud trasciende el orbe moral del hombre y se ocupa de la felicidad como algo asequible a determinados hombres. La felicidad es siempre estar en situaci6n,
pero toda situaci6n es pasajera, cambiante; el hombre debe entrar en una
situaci6n con el ánimo dispuesto de entrar y de salir a otra situación. Es
salir de una situaci6n para entrar en otra del mejor modo posible, o buscando la perfecci6n en cada situaci6n. Si la situaci6n es desgraciada y si
las salidas están cerradas, incluyendo las salidas religiosas, porque no se
tiene fe, el hombre puede ejercitar un acto, en sí malo, que sería el suicidio, pero sería el mejor bien posible, dentro de su desesperada situaci6n; lo
sería para él, pero no lo sería para la moral, porque su muerte no le permitía ejercitar los actos morales. En la muerte cree encontrar el suicida
equivocadamente una salida a su desesperanza.
En la felicidad todos los hombres buscan el mayor bien y el menor mal,
pero la felicidad es una posibilidad de apropiaci6n de lo mejor. Nos apropiamos o hacemos propios aquellos bienes que antes no nos pertenecían y
que han entrado a formar parte de nuestro ser felicitante.

198

Sección Segunda

LETRAS

�ALFONSO REYES, TEÓRICO DEL LENGUAJE
Lic.

JuAN ANTONIO AYALA

Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo Lc6n
"El lenguaje, a través del cual el
hombre ha llegado a ser hombr,,
pero a través del cual se han causado graves males al género humano,
necesita ser saneado 'Y devuelto a 111
función edificadora de la sociedad 1
la persona; singularmente, podado tÚ
las arborescencias pardsitas del ab1111dono, 'Y reivindicado de la servidumbre a que lo sujetan las propagandas".
ALFONSO hYBS

Uno de los aspectos más importantes de la obra de Alfonso Reyes es su
interés por los problemas teóricos de la literatura y, en el centro de esta problemática, se encuentra su especial interés por los problemas lingüísticos. Todo
un grupo de sus obras, que provisionalmente podríamos calificar de teóricas, responde plenamente al problema lingüístico e intenta establecer una doctrina
lingüística aplicable a su doctrina literaria; dentro de este grupo de obras señalaremos especialmente las siguientes: El Deslinde; 1 La experiencia literaria;2 Tres puntos de exegética literaria;ª La crítica en la edad ateniense;•
1
El Deslinde, Prolegómenos a la Teoría Literaria, El Colegio de México, la. ed.,
1944. Se citará ED.
' La uperiencia literaria (Coordenadas), Edit. Losada, S. A. la. ed., Buenos Aires, 1942. Se citará EL.
• Tres puntos de exegética literaria, El Colegio de M6cico, Centro de Estudios
Sociales, Jornadas 38, México, 1945. Se citará TPE.
• La crítica en la Edad Ateniense, Obras Completas de Alfonso Reyes, XIII, Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1961. Se citará CEA.

201

�6

La antigua retórica 5 y Los nuevos caminos de la lingüística. Sin embargo,
el interés de Alfonso Reyes por los problemas del lenguaje no se manifiesta
únicamente en este grupo de obras doctrinales o teóricas, sino que en toda
su obra podemos encontrar esparcidos innumerables testimonios en los que
se hace referencia a este problema; por razones de espacio nos limitaremos
en el presente estudio a exponer la teoría del lenguaje de Alfonso Reyes en
las obras mencionadas arriba, con especial atención a El Deslinde.
¡.

l.

PERSPECTIVA HISTÓRICA

poco la morfología
, . se erigieron en objetos de investigación
es eci~ la semántica y Ia. f, onetica
p
' y pronto aparec10 ese nuevo interés fil , f
d
antes hablábamos" 1 E ta .
.
oso 1co e que
· s misma es la actitud con que d s
todo el desarrollo de la lin .. , t'
.
e aussure contempla
, .
gu1s 1ca anterior a la etapa anal't'
1
..
el mauguraría. s Karl V
.
,
ica y pos1t1va que
oss1er, en su Filosofia del Le
. u
bién, y con el mismo espíritu
nguaJe expone, tamde las lenguas hasta llegar al ' etsed_Proceso_ por el que ha pasado el estudio
es u 10 prop1ament lin .. , ·
punto expuesto tamb',
Alf
e gwsuco de la lengua,10
ien por
onso Reyes en El Deslinde.U
Dentro de la exposición de Alfonso Re es b
en tomo a la lin .. , ·
,. .
_Y so re el desarrollo de las ideas
el nuevo giro que~:~::a~: ;:p;::~:¿::ºsumuapesl1~craac~n il~t~rés especial por
"Y 1
,
ion og1co-matem 'ti .
q~e "' ma,, ,": ha llegado a la noviáma aplicación de la lógi&lt;,: ;.:
as matematJcas
. adaptándolas así en
la vastay familia
que á a las cuestiones de1 1enguaJe,
,
m
s
o
menos
de
cerca
oh
d
•
rienda d 1 . .
' e ece aproximadamente
a la
e as c1enc1as exactas".12 y en otro lu
af'
"
'escuela terapéutica'
gar irma: Frente a esta
e~~dia objetivamen;e~:e:~:c::n q::tr~u:lié:;:sv~:i:r 'e;cuela lógic~• q_ue
ruficado, sin preocuparse de las inmed'
. . y e ente por el s1gAsí en Rudolf Camap que d . d 1 iat:15_ aplicaciones al remedio social.
de Alfred Tarski. Ent;e amb enva el os lo~co~ de Varsovia y especialmente
.
as escue as semantlcas no ha
• .,
, .
smo que son más bien una
t
d
.
Y opos1c1on teonca,
puede también aprecia~e en 6d;e:• os :~n:enc1as complementarias, como
ciencia de la semántica' as' t d'~ en ic _ards. y ya se ve que 'la nueva
nueva lógica matemátic; o llo;~s~:a'~.1~' trabaJa también de acuerdo con la

bóJi,:

Tributario de Ferdinad de Saussure, Alfonso Reyes atribuye a la época moderna la aparición de la verdadera ciencia de la lingüística, en cuanto disciplina autónoma con principios y leyes propias, con tal categoría de ciencia
autónoma que ya no depende c;lirectamente ni de la lógica ni de la psicología
ni de la sociología, sino que puede, por sí misma, proporcionar una ayuda
fundamental a estas ciencias. "El estudio de la lengua -afirma- posee una
respetable antigüedad. Olvidemos los orígenes, y callemos sobre los aspectos
más conocidos de la cuestión... Durante el siglo XIX, tal estudio participó
naturalmente del entusiasmo reinante por las teorías evolucionistas, que entonces comenzaron a derramarse por todos los meandros de la ciencia, y el
resultado fue la estupenda edifi¿ación de la lingüística histórica y comparada,
cuyos primeros vagidos se dejaron oír en el Catálogo de las lenguas, publicado
en 1784 por el español Hervás y Panduro, pues el Glossaire comparatif des
langues de l'Univers, publicado por ord~n de Catalina de Rusia y al que
Salomón Reinach atribuye la prioridad, s.ólo apareció.. tres años después. En
adelante se aplica a estos trabajos un método que alguien ·ha llegado a equiparar con lo que fue el telescopio para la astronomía. . . De un modo general, no se procuró entonces una teoría de la lengua, salvo por parte de algunos individúalistas, cuyo escepticismo preparó la ruta al método analítico
del presente siglo; métodc;&gt; estimulado también por la neces~4ad de asomarse
a algunas de las llamadas 'lenguas nativas, ajenas al grupo indoeuropeo, a
las semíticas, y a otras más que cuentan con la larga tradición exegética y literarias.. .' De suerte que la materia de las viejas gramáti&lt;::as vino primero a
corregirse y complementarse por la lingüística histórica y comparada. Pow a
• La antigua ret6rica, Obras completas de Alfonso Reyes, XIII, Letras Mexicanas, Fondo de Cultura · Económica, 'Méitlco, 196 l. Se citará LAR.
• Los nuevos caminos de la Lingüística, Suplementos del Seminario de Problemas
Científicos y Filosóficos, Núm. 21, Segt!nda serie, 1960, Universidad Nacional de

México. Se citará NCL.

202

: Cfr. NCL, pp. 3 (Su)-4 (Sn )-5 (S,,).
FERDINAND DE SAussuRE, Curso de L ingü!stica Gene
.
Bally y Albert Sechehaye, con la colaboración de Al
~al,. publicado por Charles
logo y notas de Amado Alonso) Ed't L d
bert Riedlinger (Traducción, próIntroducción, cap. I, pp. 39-45 / . esa a, S. A., Buenos Aires, 3a. ed., 1959

(CJr,

KARL VossLER,
L., Madrid,
1940. Filosofía del Lenguaje (Ensayos ) , Traducción de A. A. y R.
10
"El obJeto
·
de todas las gramáticas a saber l . .
.
to, sólo puede ser fundamentado d '
d ' o id1omáticamente propio o correcO
"d'
á
·
'
emostra
o
y
reconocid
•
1 10m hcamente verdadero Negar
d d
por una ciencia
de lo
·
re on amente la existe · d 1
a idiomática, esto es la existen . d
.
nc1a e a verdad o false'
cia e un pensanuento 'd' ' t'
d d
p o o ha hecho la gramática 16 .
,
,
i ioma ico, como por ejemgica, sena comodo pero
, 1
1 1
mostrando hasta aquí imposible" K
V
,
. segun o que venimos deu ED. p. 184.
'
' ARL OSSLER, op. Cit., p. 17.

" Cfr. NCL, p. 4 (S.,).
, .
" ED' p. 178. Puede ampliarse esta nueva dirección d
"'f. MoRRIS, Fundamentos de la teoría d l .
e la semant1ca en: CHARLES
Problemas Científicos y Filosóficos N ' e os signos (Sup~ementos del Seminario de
' um. 12, Segunda sene, 1958, - universidad Na-

�De excepcional importancia dentro de los análisis de la historia de la lingüística en el pensamiento de Alfonso Reyes es su crítica sobre las concepciones lingüísticas tanto de Grecia como de Roma, que tanto influyeron en
el desarrollo de la filosofía, la retórica e incluso los sistemas políticos y éticos.
Es de sobra conocida la importancia que cobra la discusión sobre la validez
del lenguaje en la época sofística y las repercusiones posteriores en las filosofías de Platón y de Aristóteles. "El escepticismo sofístico -afirma W. M.
Urban- había ya relajado el nexo C:;ntre palabras y cosas. En tiempos de
Platón, la relación entre palabra y cosa, entre nombre y objeto, se había
convertido, pues, en tópico habitual de conversación... La crítica de Sócrates
a los sofistas fue en principio un ataque a la teoría convencional del lenguaje
y un intento de restablecer la confianza en el lenguaje. La doctrina de las
Ideas de Platón, y más todavía la lógica de Aristóteles, fueron, en conjunto,
una reafirmaci6n de la confianza natural en el lenguaje, a la que el escepticismo de los sofistas sólo pudo perturbar, sin llegar a destruirla. La filosofía
estoica del lenguaj~, con su postulado del lenguaje natural y fundamental de
la lengua originaria (Ursprache), señaló el triunfo final".1' Alfonso Reyes,
en la Crítica en la Edad Ateniense despliega ante el lector el amplio panorama de la génesis de la gramática y de la ciencia lingüística en cuanto expresión de la crítica.
"Las doctrinas griegas sobre el origen del lenguaje -&lt;lice Alfonso Reyes-pueden reducirse a tres grupos: lo. la naturaleza; 2o. la convención; y 3o.
la conciliación de ambas. La doctrina de la naturaleza o de la 'analogía' fue
sostenida por los pitagóricos. Heráclito, Cratilo, Pródico y Teramenes consideran la palabra como una virtud de la cosa nombrada, y piensan que entre
la una y la otra hay una relación necesaria ... Los estoicos adoptan más tarde
esta doctrina, aunque orientándola hacia las ideas y no ya hacia las cosas:
los sonidos de la voz humana, dirán, son el aire herido por el alma bajo el
choque de un deseo o pensamiento. Idea y palabra son dos fases del mismo
logos. En esta doctrina analógica, la diferencia de las lenguas resulta inexplicable. Obsérvese a qué punto retardan aquellos tratados que siguen llacional de México). HEINRJCH R1CURT, Teorla de la Definici6n (Cuadernos del
Centro de Estudios Filosóficos, Cuaderno No. 9, Univenidad Nacional Autónoma
de México, 1960); RuooLF CARNAP, La superaci6n de la metafísica por medio del
Andlisi.s 16gico del lenguaje ( Cuadernos del Centro de Estudios Filos6ficos, Cuaderno No. 10, Univenidad Nacional Autónoma de México, 1961); HANS RE1CHENBACH,
Elements of Symbolic Logic, New York, 'Macmillan, 1947; BERTRAND RussELL, An
Jnquiry into Meaning and Truth, London, Allen &amp; Unwin, 1940.
" WJLBUll MA1tsHALL U1tBAN, Lenguaje y realidad. La filoso/la del lenguaje y
los Principios del Simbolfrmo, Fondo de Cultura Económica (trad. de Carlos Villegas
y Jorge Portilla}, 'México, 1952, pp. 15-16.

mando Analogía a una parte de la Gramática... La segunda doctrina O doctrin~ de 1~ co~ve~_ció~ es_ la doctrina _'insti~c'.onal' de Condillac, siempre que
se de al termino mstituoón1 un sentido elasbco... Para los griegos 'convenc1"ón_' se conf unde a veces con 'accidente'. De aquí, según Proclo, esas
' imperfecciones que en un lenguaje necesario o natural no se explicarían•1 la homonimia, la polinomia; la indiferencia que permite a Aristocles cambiar
su nombre_ por el ~e Platón, y a Tyrtamo cambiar el suyo por el de Teofrasto; las 1rregulandades morfológicas de todo orden; el hecho de que 'mano'
~roduzca el derivado 'manual', y 'pie' no produzca con igual sentido el denv~do 'pedal', o 'silla' no produzca ningún derivado 'silla!', etc... También
Aristóteles cree en el origen convencional del lenguaje.. Se supone que Protágoras pensaba de la pro~ia manera, por lo menos en cuanto al origen, pues
una vez creado el lenguaJe, lo considera poderoso a crear por sí nuevas verdades... La tercera doctrina es un compromiso de las otras dos, y admite la
mezcla de naturaleza y convención, así como las ulteriores modificaciones
del uso. Aparece en Sócrates y en Platón. En el Cratilo hay una curiosa revoltura de observaciones sutiles y de chistosos desatinos. La gramática en
general, tendrá todavía que balbucir hasta el siglo I a. C. Dionisio de T:acia
la conforma entonces en un verdadero cuerpo científico".u
Al tr~ar un. extraordinario cuadro de la pedagogía romana y de la importancia ~ue º:°e la formación retórica del futuro hombre público, Alfonso
~eyes ha _mcurs1onado también por el campo gramatical romano, de tanta
!IDportancia, en cuanto éste recibe el legado original helénico a través de las
escuelas helenísticas, y en cuanto se enriquece con la experiencia práctica de
~ pueblo que, como el romano, por su contacto con otros pueblos, pudo ampliar ~us co~~pto~ gramaticales con mucha más precisión y universa!Idad que
lo~ gnegos. E1;1~1eza -dice Alf?nso Reyes- la labor del gramático, preliminar de_ la retonca. Es uno el metodo de toda gramática, pero conviene abordar _la gnega antes que la latina. Nótese que todavía para Quintiliano la gramática
.
no se ha concretado en su oficio puramente lingu1s
.. , t"1co, smo
·
que
viene emp~pada de la humedad de aquella primera exegética literaria en que
tuvo su ongen. De suerte que se la defme: lo. como el arte de hablar correct~~nte o 'm~tódica',. y 2o.. como el arte de explicar a los poetas o 'interpre~:10~ textual . ·.. E~ 1mp~s~ble entender a los poetas sin algo de historia lin~s~ca y de h1~toria pohti~; ni_ apreciar sus metros y ritmos sin algo de
mus1ca, ...
de . la infancia
y recreo de la ancianidad, la g rama't"1ca
. Necesidad
.
,
es. . el umco estudio que. tiene mas fondo que apariencia. . . Como se ve, Q um·
nhano no ha pretendido dar un sumario de la Gramática, sino una idea
sobre su enseñanza y los problemas que ofrece. De paso, el viejo profesor es,. CEA, pp. 68 y

SS.

205
204

�piga en su experiencia algunas cuestioncillas que pondrán en guardia a los
mismos gramáticos sobre sus posibles deficiencias, mostrándoles nuevas perspectivas. La enseñanza se entiende aquí como cosa viva, muy lejos de las
frías recetas. El criterio es más que liberal, y en manera alguna muestra
aquella rigidez que ha querido autorizarse con el nombre de Quintiliano.
Como que éste no vacila en declarar que una cosa es hablar el latín y otra
es hablar en gramática, y que es indispensable pasar por la gramática, pero
plantarse en ella es funesto". 16
Otro de los textos importantes de Alfonso Reyes que puede servirnos para
completar esta rápida perspectiva histórica, lo encontramos en su Discurso
por la lengua. 11 Es interesante señalar su especial concepción de la lengua
en relación con las teorías naturalistas o convencionales de los griegos. "Una
lengua pura -dice-- es un paradigma, una abstracción. No existe en parte
alguna -y menos en el cosmopolitismo de nuestros días-- como no existe un
río nutrido por una sola fuente. Mil torrentes la surten, mil sustancias junta
en su seno, al batirse con distintas tierras y recoger los más variados acarreos
por todo su lecho. Pudo, en el origen, haber una fuente principal, aunque
siempre auxiliada por otras secundarias. Conforme el río extiende y adelanta
su curso, se enriquece, evoluciona, cambia, pierde algo de su sustancia y
acepta otros incrementos, sin dejar de ser el mismo río. . . La lingüística es
un concepto que corresponde a la ciencia natural; registra y nota cuanto existe, sin calificarlo, sin pedirle cuentas. Pero así como el lobo y el perro tienen
igual derecho natural de existir, y sin embargo el hombre persigue al lobo y
adopta al perro en vista de sus fines propios; así como el hombre corrige,
reduce y jardina la selva virgen en nombre del derecho humano; así también
nuestra cultura, por interés de la propia conservación, instituye un cuerpo
preceptivo, que es la gramática, en medio del bosque de la filología ... Por lo
que respecta a la lengua, cosa viva y cambiante, ello además es imposible. No
podemos estabilizarla, así como tampoco podemos trazar planes conscientes
para su evolución futura. . . Durante la Edad Media sólo se escribían gramáticas de las lenguas muertas. Cuando, con el Renacimiento, aparecen las
gramáticas de las lenguas vivas, la antigua definición de la gramática como
'arte de hablar y escribir correctamente una lengua', definición aceptable para
el latín y el griego, se sigue usando para las lenguas en vigencia, absurdo que
llega hasta nuestros días... La gramática, en nuestro caso es un análisis teó,. LAR, p. 469 y ss.
" Tentativas y Orientaciones, Obras Completas de Alfonso Reyes, XI, Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Económica, México, 1960.

206

rico que se proyecta, a posteriori, sobre la realidad de una lengua ya poseída,
y ella tiene un valor normativo, pero no genético".18

JI.

LAS FUNCIONES DE LA LENGUA

El propósito fundamental de El Deslinde, en cuanto prolegómeno a una
teoría de la literatura, que desgraciadamente no tuvo tiempo de escribir Alfonso Reyes, es precisar la función literaria del lenguaje como materia prima
del fenómeno estético-literario. Sin embargo, el concepto de Alfonso Reyes
sobre este punto se fue incubando lentamente y encontramos la huella de
ello a través de una serie de referencias dispersas en toda su obra.
En su Discurso por la lengua dice textualmente: "Todo lenguaje tiene tres
notas: la comunicativa e intelectual, que es el dominio más o menos plenamente uniformado por la gramática y relacionado, pero no identificado, con
la lógica; la acústica o fonética, que el estilo artístico y la poesía ponen a
contribución, que nada tiene que ver con la lógica y que, en cambio, revela
ya humores afectivos y se relaciona con la estética; y la expresiva, la humedad de ~ecto que la pretendida fijeza lógica nunca logra absorber del todo,
modalidad sensitiva y patetismo en que bulle la energía vital de las lenguas,
manifestada a la vez en los caprichos populares y en las excelsitudes poéticas.
La lengua es como un brote biológico que se va canalizando un poco en la
lógica, y un mucho en la convención y el uso idiomáticos, pues su génesis no
es exclusiva y puramente racional, sino también irracional. No hay que perderlo nunca de vista. Hay que canalizar, pero sin figurarse que por eso se
ciega nunca el brote de la linfa. Quienes ignoran la naturaleza del lenguaje,
siempre están reclamando contra sus irregularidades (sagradas irregularidades
que traen todavía el aroma de la creación!), como los niños que conjugan:
'Yo ero, tú eres'. ¿Por qué se dice 'a pie juntillas' y no 'a pies juntillos'
conforme lo exigiría la gramática? Señores: ¡ porque así se dice!"19
Mucho más estructurada la idea y más de acuerdo con el carácter objetivo
del estudio científico del lenguaje, que expone Alfonso Reyes al interpretar
el sentido de esas funciones básicas que le atribuyeron los griegos y que siguen teniendo una validez universal, validez confirmada por toda la ciencia
lingüística moderna y cuyas raíces encontramos, ya formuladas, en Wunt.
En La antigua retórica leemos: "Humboldt llega a decir que el hombre
mal pudo haber hecho el lenguaje, cuando el hombre mismo ha sido hecho
,. ]bid., p. 315 y
" lbid., p. 318.

SS.

207

�por el lenguaje. Prescindamos de la paradoja: lo que él vio como oposición
es una modelación mutua. Conservemos el segundo miembro de este aserto.
La Antigüedad sintió agudamente que el lenguaje es el sostén de la vida humana, el Logos. El lenguaje se le ofrecía en sus varias aplicaciones:

aplicación prácbca, la retórica: el reino de la probabilidad y la persuasión,
del entimema o silogismo en mitad de la calle.
A otra parte, finalmente, el lenguaje como medio de la expresión imaginativa, o poesía, a que se consagró la poética". 2º

lo. La aplicación práctica, instrumento de comunicación social, materia
a la que poco a poco se irá consagrando el estudio científico de la gramática
y la filología, las cuales naturalmente, se derraman sobre las otras aplicaciones
del lenguaje.

Pero donde Alfonso Reyes formula definitivamente las funciones del lenguaje es, como ya dijimos más arriba, en El Deslinde. En la observación cotidiana de l?s hechos del lenguaje en todos sus múltiples niveles, encontramos
que el espíntu humano asume diversas actitudes que responden a necesidades
expresivas funcionales. "Cualquiera que sea la perspectiva con que estudiemos
el lenguaje, no perdamos de vista el hecho de que las palabras sólo tienen
sentido dentro de las mentes del hablante y del oyente. En esto, los idealistas
llevan razón: la lengua es el hablar, y el hablar es interior. . . El lenguaje
es un almacén, ideal y real, de formas lingüísticas en disponibilidad: de ahí
seleccionamos las que queremos (y hasta nos damos el lujo de utilizarlas como
n:iodelo para in~entar otras). . . La actividad lingüística tiene sus predilecciones. Tendencias que pueden manifestarse débilmente o al contrario con
énfasis; que pueden ser ocasionales, o, al contrario, pe~anentes. Todo es
según la situación, la vocación, la profesión del que está hablando. y como
el hablante marcha por unas avenidas con más energía que por otras, es natural que desarrolle ciertos hábitos. ¿ Quién no reconoce al punto si un hombre está esforzándose en actuar, en comunicar algo o en expresarse? ... Cada
actitud tiene una especie de 'forma interior del lenguaje (así la llamaba Wilhelm von Humboldt) . En el momento de actuar, de comunicar o de expresarse, las palabras quedan configuradas desde dentro. Son miras acento~ conatos, inclinaciones, modos de atacar la realidad; o sea, posturas de trabaj~".21

2o. Las aplicaciones teóricas en diversas fases:
a) Instrumento de expresión científica;
b) Instrumento de expresión filosófica;
c) Instrumento de expresión literaria.
En el primero y el segundo caso, conservación y comunicación de especies
intelectuales; en el tercer caso, de especies que provisionalmente llamaremos
imaginativas.
a) Instrumento de expresión científica. El contenido primó sobre la forma.
La antigüedad atendió al simple ajuste con la verdad, y no llegó a un lenguaje científico, específico, definido, salvo en las ciencias matemáticas. Que
la matemática sea una función del lenguaje, ya lo vieron Descartes y Vico,
y en nuestros días Karl Vossler. El lenguaje entendido como sistema de signos (Husserl) aclara este concepto. Por lo demás, si la concepción de 'lo
científico' fue cabal en la época clásica, no se había llegado al desarrollo de
las ciencias particulares (salvo la matemática), al punto que fuera indispensable, como hoy, una rigurosa terminología técnica.
b) Instrumento de expresión filosófi,a: en rigor, lógica. Pues para la Antigüedad la Lógica no aparecía como una forma apriorística de la mente, sino
como una ontología. Hoy hemos perdido la nuez y guardamos la cáscara.
Nuestra visión de la realidad es distinta, pero seguimos usando un formulismo
que sólo ajustaba a la antigua concepción del mundo... El lenguaje lógico
o filosófico de la Antigüedad todavía nos gobierna. No hacemos más que
seguir a Aristóteles cuando hablamos de 'facultad', 'energía', 'potencia', 'actualidad', 'máximo', 'medio', 'motivo', 'principio', 'forma', etcétera.
c) Como expresión teórica y dejando de lado la terminología cientüica, el
lenguaje se reparte en tres usos:

A una parte, la teoría del razonamiento puro: el silogismo y su ámbito;
el uso propiamente filosófico.
A otra parte, como zona media entre el 'discurso' o discurrir teórico y la

208

Para Alfonso Reyes las actitudes interiores lingüísticas y su manifestación
exterior se reducen a lo siguiente:
1~. Nota :omunicativa del lenguaje, significativa o intelectual, "que admite
el mvel humilde de la práctica cotidiana y el nivel superior o técnico en todos
sus grados... Aquí encontramos, por abajo, el dominio siempre indeciso de
la gramá tica usual, que es reina entre sublevaciones; y por arriba, el dominio
de la gramática científica y lógica, de ideal matemático". 22
2o. Nota acústica, de sonido en los fonemas y sílabas, de ritmo en las
frases, de unidades melódicas en los trozos, de cadencia general en los períodos. "Tal es el dominio de la fonética, a cuyo gobierno en principio no em"' LAR, p. 366 y

SS.

n ENRIQUE ANDERSON bdBERT, Qué es la prosa, Editorial Columba, Buenos Aires,
1958, passim.
21
ED, pp. 192-93.

209
H14

�•
gulan"dades personales o regionales, las pronunciaciones defecpecen las llTC
r .., ti no
tuosas o las combinaciones cacofónicas; puesto que las formas mguis cas
" 23
dejan de sonar por el hecho de sonar mal •
. .

.
"l humedad de afecto que ni la estrecha aphcac1ón
3o. Nota expresiva, a
.
d
ráctica ni la pretendida fijeza lógica logran siempre abso~ber; nota e pate~smo o modalidad sensitiva presente en los estímulos gen~~cos del habla, acarreada en las peculiaridades de la charla común, ~a~iesta en las, ~u~~::
abundancias del juego verbal, palpitante en las re~~ac:?nes de la h1:1ca.:
.
- l
n esta triple notificacion y caracterizacion
Lo que es importante sena ar e
.
ti
del lengua1·e es que Alfonso Reyes no admite, como ocurre en las siLstemta .
•
d rtamentos estancos. os res
zaciones demasiado cerradas, ais1amientos y epa
. l
1 .d
valores del lenguaje responden necesariamente ª. actitudes vi_ta es y a v~r~~
. d
el lengua1· e es un fenómeno demasiado compleJo para ~
refle1a a en
'
lan diversa! if"
aislar "Como hemos dicho, estas tres notas se mezc
c as icar y
. ·r
., r aüística· Pero no necesariamente las tres.. rtLa
mente en toda mam estac1on mº
nota acústica es la más estable; es casi imposible desterrarla, salvol en c1ehos
.
tencia y en acto a voz usímbolos de tipo matemático que anu1an, en po
' '
.
mana y más bien fueron instituídos para los ojos, para ser ~eidos. :!ient;:5
existe la palabra, actual o virtualmente pronunciada, la ine:ci~ pros ca de.
ll
bi"en n·tmos cadencias y unidades melod1cas procura as
termma en e a, o
,
, d
,
'
d caso pensado o bien aquel inefable 'canto oscuro e que
mas o menos e
,
l manifeshabla Quintiliano, y que no_ puede m~nos, d~ ª:?:panar aun a as
taciones verbales más descmdadas e martisticas .

IJI.

CONCEPTO SOCIAL DEL LENGUAJE

Uno de los aspectos del lenguaje más importantes, _que había sido descuidado como tal por toda la lingüística positivista del siglo XIX, fue el de su
valor social y el de su origen colectivo. Ferdinand de Saussure llama la at~ni
ción hacia este hecho y lo rescata como uno de los valores fund~entales ~
1
. Para Saussure prescindir del hecho social del lengua1e es reducir
en'gutaJe. una .,..;tad de su valor, por no decir a la nada, ya que no pueden
a es e a
,.m
h bl
"P
sta
concebirse sus hechos fundamentales fuera de la masa a ante.
ero eali
. · ·,
ar:ª"'
......a Saussure- deJ·a todavía a la lengua fuera de su re d d efmic10n dad social, y hace de ella una. cosa irreal, ya que no abarca más que uno e

los aspectos de la realidad, el aspecto individual; hace falta una masa parlante para que haya una lengua. Contra toda apariencia, en momento alguno
existe la lengua fuera del hechc:, social, porque es un fenómeno semiológico.
Su naturaleza social es uno de sus caracteres internos; su definición completa
nos coloca ante dos cosas inseparables... Si se tomara la lengua en el tiempo,
sin la masa hablante -supongamos un individuo aislado que viviera durante
siglos-- probablemente no se registraría ninguna alteración; el tiempo no
actuaría sobre ella"...26 Recordemos de paso la importancia tan grande que
ha tenido en la lingüística moderna la tendencia de la Escuela de París, secuela afortunada como tantas otras de las doctrinas de Saussure. Meillet,
Vendryes, Bréal, Brunot, Marouzeau y otros han escrito páginas gloriosas en
la lingüística moderna, destacando, al mismo tiempo el factor social de la
lengua como punto de partida para su comprensión. De Vendryes es el siguiente testimonio:
"En el seno de la sociedad es donde se formó el lenguaje. Existió un lenguaje el día mismo en que los hombres sintieron necesidad de comunicarse
entre sí. El lenguaje resulta del contacto de muchos seres que poseen órganos
de los sentidos y utilizan para sus relaciones los medios que la naturaleza pone
a su disposición: el gesto, si falta la palabra; la mirada, si el gesto no es
suficiente. . . El lenguaje que es el hecho social por excelencia, resulta de
los contactos sociales. Ha venido a ser uno de los vínculos más fuertes que
unen a las sociedades y debe su desarrollo a la existencia de un agrupamiento
social".27
Para Alfonso Reyes el hecho social del lenguaje comporta dos fases importantes: una pasiva y otra activa, ambos factores indispensables para su
existencia. Desde luego, el concepto social del lenguaje para él como para sus
predecesores sólo es una parte esencial del mismo. Saussure incluye el factor
tiempo; Vendryes da importancia primordial al desarrollo psicológico del individuo, etc. "El concepto social del lenguaje -afirma- no es más que un
aspecto del fenómeno, y por sí solo no podría dar cuenta de la filosofía del
lenguaje. La sociología considera el lenguaje: lo. Como producto social colectivo: fase pasiva. 2o. Como factor que influye en los demás productos sociales, los cuales, sin el lenguaje, · carecerían de la estructura que él ha venido
a comunicarles: fase activa".28 Veamos ahora cómo explica ambas fases, con
las respectivas implicaciones que ellas comportan :
lo. Fase pasiva.-Que el lenguaje sea un producto social colectivo no quieop. cit., pp. 144-45.
El lenguaje, introducci6n lingüística a la historia. UTEHA. Mé-

.. FERDINAND DE SAUSSURE,

Ibid., p. 193.
[bid., p. 193.
• Ibid., p. 193.

21

i.

210

" J.

VENDRYES,

xico, 1958.
28
ED, p. 174

2'11

•

�re decir que el grupo humano haya creado el lenguaje por convenio plebiscitario y de una sola vez. Quiere decir que hay una interacción del individuo
y del grupo, en virtud de la cual la faculta4 del habla se conforma con el
organismo del lenguaje... El lenguaje como hoy lo entendemos, o lenguaje
verbal, es una especialización oral de la comunicación humana. . . Esta ecuación social tiende acentuadamente al ensanche, y de aquí los intentos de lenguas auxiliares internacionales o de sistemas de notaciones comunes a pueblos de varias lenguas (pasigrafía) ... Pero, subsidiariamente, la ecuación social tiende por otro lado a la restricción y adopta modalidades defensivas, sea
entre grupos privilegiados o entre grupos supernumerarios. . . La ecuación
social resulta de una doble relación, ninguno de cuyos miembros podría por
sí solo dar el lenguaje: a) relación psíquica y solitaria entre sujeto y objeto;
b) relación colectiva o cambio de comunicaciones entre varios sujetos asociados.
2o. Fase activa.-Pero la palabra no sólo alude al pensamiento, sino que
incrementa el pensamiento. La ecuación tiende hacia la objetivación íntegra
del pensamiento social; y poco a poco, esta objetivación lingüística refluye
sobre el grupo que la ha uniformado. Le imprime una conciencia común, un
desarrollo regular; sostiene la solidaridad entre los individuos, y la de cada
29
individuo con el grupo; propaga las ideas eficaces de conservación y progreso" .

IV.

LENGUAJE, LENGUA y

facultad abstracta, es el habla., entend"d
1 a como organizac·, d •
es el lenguaje. entendid
d
.
ion e signos verb a1es,
.
'
a como etermmación del 1
.
reg10nes y épocas es el idioma o 1
p
. enguaJe en pueblos,
d"
'
engua. ara nuestro fm inm d' t
.
irnos del polo abstracto y d l
1
e ia o, prescmlas lenguas en particular y co:e: o co~:reto, del habla en general y de
el lenguaje".s1
'
amos irectamente Y a media cuesta con
Comparativamente, estas son 1as d iferencias terminoló!ri.cas entre F. de
aussure
y Alfonso Reyes:
~
S

Saussure

Alfonso Reyes

a) Lenguaje: facultad abstracta
b) Lengua: entidad concreta deter. .,
'
mmac1on del lenguaje.
c) Habla: entidad concreta individual
de la lengua.

a) Lenguaje: organización de signos
verbales.
b) Lengua: entidad concreta deter. .,
'
rnmac1on del habla
e) Habla: Facultad abstracta.

Como se ve claramente Alf
R
.
vidual de la lengua, es de~ir d:~:abl:y(es pr;scmde de la _manifestación indisure
.
paro e) en el sentido que le da Sausy, por otra parte, admite dos concreciones determinadas d 1 f 1 d
a bstracta: lenguaje y lengua O idioma.
e a acu ta

HABLA

v.
Se debe a Ferdinand de Saussure el esclarecimiento de términos lingüísticos que, a fines del siglo XIX, se confundían y no eran expresados con la
exactitud objetiva necesaria para el progreso de la ciencia lingüística. El carácter metódico de su doctrina imponía una distinción inicial entre las diversas
terminologías con el objeto de no crear confusiones y sí grandes precisiones.
Para Saussure existen tres conceptos irreductibles: Lenguaje, lengua y habla.
"Para nosotros - dice- la lengua no se confunde con el lenguaje: la lengua no es más que una determinada parte del lenguaje, aunque esencial...
Al separar la lengua del habla se separa a la vez: lo. lo que es social de lo
que es individual; 2o. lo que es esencial de lo que es accesorio y más o menos
accidental".so
Lo que separa a Alfonso Reyes de Saussure es en realidad una terminología
que en el fondo expresa lo mismo que la del lingüista ginebrino.
"Fijemos algunos conceptos. La manifestación lingüística, entendida como

CONCLUSIÓN

Hemos incursionado superficialmente or las
,
. .. .
Reyes y nos hemos limitado a - 1
pb
teonas Iingwstas de Alfonso
sena ar rum os y ori ta ·
la base de un estudio fecundo Alf
R
. . en c10nes que pueden ser
·
onso eyes vivió ple
1
•
modernas de la r .. , ·
.
namente as comentes
mguis0 ca Y tuvo concepc1on
1
tacarse como figura impar de ta . . es persona es que lo hacen deses c1enc1a en las letras hi
.
us obras teóricas, mencionadas al cornien d
spanoam~ncanas.
stera
donde se podrán encont
zo ~ este ensayo, son una nea canrar os puntos de vista m'
· · 1
d" , .
El mismo lo señaló al afirmar q ue: "Nuestra mvestig
.
as ongma
es dy mamicos.
·'
.
a un esfuerzo lingüístico" s2
D.
acion pue e reducirse
y en su iscurso por la L e
d fº
1· .
mente su actitud al decir: "Tiene la 1
. , ngua e me rmmarrrible, de doble efecto Es hondo su alcanenguc ud~a.dfunlc1on trascendental y te1
.
·
e m 1vi ua y es h d
co1ect1vo, por cuanto afecta a la confºiguracion
. , de la sociedad"
'
on. o su a canee
1·

ª.

11

ED, p. 173
., ED, p. 19.

.. ED, p. 174 y ss.
.. F ERDINAND DE SAussuRE,

op. cit., pp. 51 y 57.

213
212

�LA CONSTRUCCIÓN NOVELlSTICA EN DA.NS LE LA.BYRINTHE,
DE ALAIN ROBBE-GRILLET *

Lic.

.ALFONSO RANGEL

GuERRA

Univenidad de Nuevo León
Ce récit est une fiction, non un
témoignage. ll décrit una realité qui
n'est pas forcément celle dont le lecteur a fait lui meme l'expérience: ainsi les fantassins de l'armé, franfais,
ne portent-ils pas leur numéro matricule sur le col de la capote. De mlm,,
l'Histoire récente d'Europe occidental,
n'a-t-elle pas enregistré de bataille importante a Reichenfels, ou dans les
environs. 1l s'agit pourtant ici d'une
ré alite strictement matérielle, e'est-adire qu'elle ne prétend a aucune ·valeur allégorique. Le Lecteur est done
invité a n'y voir que les choses, gestes,
paroles, evénements, qui lui sont rapportés, sans chercher a leur doner ni
plus ni moins de signification que dans
sa propre vie, ou sa propre mort.'
A. R. G.

EN TODA INTERPRETACIÓN, o ensayo de comprenSion de una obra artística,
no puede intentarse abordar su contenido, su asunto o su significación como tal obra artística, si se deja de lado lo que correspondería a aquello que

* ALAIN RoBBE-GRILLET, Dans le labyrinthe, roman. Les Editions de Minuit. París,
1959.
1
Esta narración es una ficción, no un testimonio. Describe una realidad que no
es necesariamente aquella que el lector ha experimentado: así los soldados del ejér215

�F do y forma en la obra de arte, no
comúnmente suele llamarse f~~ª· on
dos, aunque bien pueda ser
.d
defimtiva como separa '
pueden cons1 erarse en .
d.
t del otro en el momento en
da uno mdepen ientemen e
'
u· . 1
que se tome a ca
. . d la obra. esta separación art icia
trar
en
el
m1steno
e
,
.
. , ,,
que se trata de pene
·
edimi. t permitidos para su "disecc1on ,
d tantos proc
en os
.
sólo vale como uno e
.
,.
de interpretación, la obra tiene
, d labO rado el trabaJo cntico o
d l
, •
• d. • 'ble tal y como surge
e as
Y despues e e
na
y
un1ca
m
ivis1
'
d
que considerarse e nuevo u
'
n estas páginas del problema de
d r Vamos a ocupamos e
. , :.
manos de su crea o .
l b . t.h de Alain Robbe-_Gnllet, co'
·,
nta Dans le a ynn e,
1
interpretac1on que prese . ,
lística: al hácerlo, nos ocuparemos de a
mo estructura o construcc1on nove
1'
t
trataremos de encontrar su
h
ntrelazado sus e emen os,
forma en que se an e
1
.
la imagen de lo que se nos
significación dentro de ·1a_obra, y por o rmsmo,
ofrece en la novela.
.,
l particularmente interesante
d
l . t rpretac1on se vue ve
. El problema e ta me
. h
e al frente de la novela el auén una obra como Dans le labynnt .e, porqu roducimos aquí al principio
·
.
labras aclaratonas que rep
'
. .,
tor ha escnto 1as pa
. , -d.
R 0 bbe-Grillet- es una f1cc1on,
·
Esta
narrac1on
ice
de nuestro trabaJo.
d
crónica de hechos realmente
.
.
decir no preten e ser 1a
.
no un testJ.momo; es
,
h h
sino algo distinto: hteratu. . relatada de esos ec os,
sucedidos, o 1a h1stona
. .,
de inmediato con todo lazo
• d 1 palabra f1cc1on rompe,
'
ra. La presencia e a
..
d d
alidad misma a la obra en
·
• ·6
quisiera ten er e 1a re
9 nexo de suJeci n que se
d
fcción porque sus elementos
.,
.
b
no se trata e una pura i
'
. d
cuestlon. Sm ero argo,
dice el autor de una realida
'd
d de la realidad Se trata, nos
'
han si o toma os
,..
d la novela no ofrecen nada con va:material, y por lo tanto, las pf~gmlas e muy sirnificativas: ''El lector es
.
L
palabras ma es son
º
. .
}or aleg6neo. as
, .
gestos palabras, acontecimientos,
. . d
o ver aqu1 sino 1as cosas,
'
. if' . ,
pues mvita o a n
d d 1 ni más ni menos s1gn 1cac1on
.t' dos sin preten er aries
. l
que le son transm1 i '
.
rt ,, Es pues una realidad matena
• ·d O su propia mue e . ,
,
.
que en su propia Vl a,
l l b . the pero esto no nos autoriza a afirt
os en Dans e a yrm '
1b
la que encon ram
l " lista" (en el sentido que esta pa a ra
mar que_~ trate de ~na .no;: ~a ;::ratura)' en la que podamos constatar
ha adqumdo en la histona
1 " lidad" porque,
l como se nos muestra en a rea
'
que lo que se na1:a es ta y
d , elementos que forman la obra, tenen última instancia, los sucesos y emas
,
de matricula sobre el 'cuello de su capota. lgualmencito francés no llevan su numero
.d tal no ha: registrado batalla importante en
te la historia reciente de Europa occ1 en , . embargo de una realidad estricta'
ded
S trata aqui sin
'
.
Reichenfels o sus alre ores. e
d . ', n valor alegórico. El lector es, pues, m. 1
d . que no preten e mngu
. .
1 son
mente matena , es ec!1' .
estos palabras, acontecuruentos, que e .
vitado a no ver aqui sino las cos~s,
menos significación que en su propia
transmitidos, sin pretender darles m
vida, 0 su propia muerte.

!s ni

drán para el lector la significación que tendrían en su propia vida. . . o en
su propia muerte, que para este caso es exactamente lo mismo. Cada lector
va entonces a elaborar la novela con su lectura, cada lector va a perfilar todas y cada una de sus partes a su manera, con sus propias fuerzas, su propia imaginación y su propia experiencia ( aunque como dice Robbe-Grillet
la realidad a que se refiere la novela no haya sido experimentada antes por
el lector) . El juego de la creación comienza en Alain Robbe-Grillet, pero
recomienza de nuevo en cada lector, o si se quiere, continúa; los lectores son
el límite que el autor ha impuesto al mundo que surge de su novela. Esta,
por otra parte, está concebida en tal forma que propicia, a cada momento,
el vuelo de la imaginación, no tanto en el sentido de "visualización" por
imágenes, sino el otro, el de la imaginación que se planta en el acto mismo
de la creación para alcanzar desde ahí las trayectorias a las que apuntan
los hechos y las palabras de la novela.
¿ Cuándo puede decirse que una novela es difícil? Suele afirmarse que lo
es cuando no se ofrece "gratuitamente", cuando el lector tiene que reelaborar lo que el autor ha realizado, para dar a cada cosa el lugar que le corresponde en el conjunto; en fin, para que rehaga, a su manera, la obra toda.
En cierta forma, podría decirse que Alain_ Robbe-Grillet propone enigmas
que al lector toca resolver. Pero es mucho más que eso; es la expresión de
una visión del mundo -infinitamente pequeña y particularizada si se quiere- pero expresión al fin, en la que se han puesto en juego, como en toda
auténtica obra de arte, sea literaria o no, experiencias y lenguajes humanos
para una coi;nprensión mejor de las cosas de los hombres, empezando por
las del propio autor.

•
La narración. Los sucesos que aquí se narran no se presentan con una
secuencia cronológica; sin embargo, curiosamente aparece un resumen de
esos hechos al final de la obra, en labios del narrador, que en ese momento
se presenta como tal, es decir, asume al final dicha condición, no antes,
pues durante toda la narracción no hay "personaje" que nos introduzca en
este mundo; más bien es una narración impersonal ( sin embargo, cabe señalar aquí que el libro comienza con la primera persona del singular, pero
de esto nos ocuparemos más adelante) .
La historia es la siguiente: después de la batalla de Reichenfels, un soldado arriba a una ciudad desconocida para él, portando una caia que contiene unas cartas y otros objetos que le ha entregado un moribundo para
hacerlos llegar a otra persona; el soldado no conoce ni la ciudad, ni sus calles,

217
216

�ni el sitio en el que debe encontrar a la persona, ni a ésta. Bajo la nieve camina en busca del destinatario, entra en una casa, recibe una información Y
es auxiliado por un niño, quien lo conduce al lugar que se supone es el de
Ja entrevista. El lugar resulta St'.t un hospital, o una casa condicionada para atender a heridos de guerra. Después de pasar la noche aquí, el soldado
sale de nuevo a la calle y sigue buscando a la persona a la que debe entregar
el paquete. La entrada de tropas enemigas a la ciudad es inminente; poco
después es herido en la calle, y llevado al mismo lugar donde recibió anteriormente la información. Aquí muere. El tratamiento -nos dice en este
momento el narrador que surge en primera persona, y que es quien inyecta
al moribundo- era ya inútil. El libro termina en una gran amplificación
de la visión, que en las últimas líne~s abarca toda la ciudad: " ...toda la
ciudad detrás de mí".
Pero esta sencilla historia no se narra sencillamente. Para hacerlo, RobbeGrillet ha utilizado un procedimiento singular que enriquece en tal forma esta novela, que se toma profunda, tortuosa, oscura, y también sorprendentemente inagotable en posibilidades de interpretación. La historia queda convertida en un verdadero laberinto.
Podría decirse que la novela se divide en dos grandes planos, o mejor dicho dos grandes espacios: uno, el espacio exterior, la ciudad, las calles; el
otro, el espacio interior, o mejor los espacios interiores que son varios: la casa, el hospital, el restaurant, etc. Pero ocurre que ambos planos, el interior y
el exterior, son absorbidos por un tercero, en el que tienen cabida ambos, con
todas y cada una de sus particularidades y características: es el mundo interno del soldado que percibe, capta, recoge y perfila todo lo que acontece a su
alrededor, imprimiéndole en ocasiones una perspectiva y un valor que no posee quizá desde cualquiera de los otros dos planos. Y todo esto: la realidad
(las calles, la casa, el restaurante, etc.) , y las percepciones que de ella tiene
el soldado, incluyendo las variaciones que su estado febril le impone en ciertos momentos, todo esto es a su vez un otro plano, el de la ficción literaria,
en el que surgen estos elementos, uno tras otro, todos con la misma validez
en la novela.
La narración comienza, como ya dijimos, con la primera persona del singular: "Je suis seul ici, maintenant, bien a l'abri". Un narrador aparece así
antes de que se nos haya anticipado ningún dato (después veremos cuál es
su función en la novela) : y no habla del lugar en que se encuentra, sino del
exterior, donde la nieve y el viento obligan a los caminantes a bajar la cabeza:
On marche en courbant un peu plus la téte, en appliquant davantage
sur le front la main qui protege les yeux, laissant tout juste apercevoir

218

quelques centimetres de sol devant les pieds, quelques centimetres de
grisalle ou les pieds l'un apres l'autre apparaissent, et se retirent en
arriere, l'un apres l'autre, alternativement.'

Pero hasta ~l lugar donde se encuentra el narrador no llega el ruido que
hacen l~s. cammantes en la calle, ni la nieve, ni el sol, ni el polvo. Al llegar
a esta ultima palabra (polvo) , se cambia la ubicación, se pasa al polvo que
cubre los muebles y las cosas del cuarto interior. Un juego de contrarios se
prolonga durant:. va~as páginas, y pasamos del exterior al interior y viceversa, con la utilizac10n de elementos muy semejantes, como el camino que
en la acera se marca con la nieve pisoteada y el camino que en la habitación ha hecho a un lado el polvo, de un mueble a otro. El procedimiento se
repetirá más adelante, .ante situaciones más complicadas y diversas.
. Cuatro, seis, ocho páginas se suceden sin que aparezca ningún personaje,
ru se haga presente el narrador. Sólo la descripción minuciosa de la calle
la nieve que cae, la forma en que cubre el suelo, las ventanas los faroles• e~
el interior no se utiliza precisamente la descripción de los ;bjetos, sino' las
form:15 que sus cuerpos han dibujado sobre el polvo que cubre la superficie
barruzada de una mesa, una cómoda o la chimenea· además se nos habla
de la situación que guardan los muebles en la habita:ión y c:mo ya se diJ'o
"
. , , que se han marcado del lecho a la cómoda, 'de ésta a la chime-'
cammos
nea, ~e la chimenea a la mesa. Los objetos, cuando se describen, adquieren
una cierta naturaleza peculiar; se singularizan en tal forma que el ángulo
de una mesa, o un adorno en la base de un farol de la calle, se detallan en
~árrafo~ que pueden extenderse más de una página. Por otra parte, los obJet~s mismos son sometidos a extrañas metamorfosis, pues se les transforma
c_unosamente su natu~aleza en _un marco de posibilidades que borra los perfiles exactos para de1ar una imagen polivalente; así ocurre, por ejemplo,
con una bayoneta, cuya forma veremos después quedó dibujada en el polvo
que cubre la superficie de una cómoda, pero que ahora está sobre la mesa:
S~r la ~roite: une f~r":e simple plus estompée, recouverte déja par
plusieurs 1ournees de sediments, transparait cependant encare; sous un
• Se camina curvando un poco más la cabeza, poniéndose sobre la frente la mano que ~rotege los ojos,, dejando s6lo p ercibir algunos centímetros de suelo delante
de los pies, algunos centimetros de pavimento donde los pies aparecen uno d
é
d
t
•
h .
espu s
e o ro, Y ~e retiran acia atrás, uno después del otro, alternativamente. (p. 11)
(La
de este trozo, y las de los siguientes sólo pretenden of recer una ver. traducción
_
s1~n espanola del texto francés, es decir, que no deben considerarse como traducciones exactas y definitivas)

219

�certain angle, elle retrouve assez de netteté pour laisser suivre ses contours sans trop d'hésitation. C'est une sorte de croix: un corps aUongé,
de la dimension d'un couteau de table, mais plus large, pointu d'un
bout et légerement renflé de l'autre, coupé perpendiculairement par una
barre transversale beaucoup plus courte; cette derniere se compose de
deux appendices flammés, disposés symétriquement de part et d'autre
de l'axe principal, juste a la base de sa partie renflée, c'est-a-dire au
tiers environ de la longueur totale. On dirait une fleur, le renflement
terminal représentant une longue corolle fermée, en bout de tige, avec
deux petites feuilles latér{lles au-dessous. .. O bien ce serait une figurine
vaguement humaine: une tete ovale, deux bras tres courts, et le corp
se terminant en pointe vers le bas. Ce pourrait etre aussi un poignard,
avec son manche séparé par une garde de la forte lame obtuse a deux
tranchants.3

Lo mismo ocurre con la lámpara y la proyección de su luz, y más notoriamente con el papel que cubre la pared, cuyas figuras pudieran ser muy diversas, una de ellas a su vez semejante a una de las que podía ser la bayoneta (pp. 14 y 19-20). Más adelante, muy avanzada la novela, conoceremos el momento en que esta bayoneta es colocada sobre la cómoda.
La figura del soldado aparece en la página 16. Es el momento en que se
describe el poste ·de uno de los faroles de la calle. Se comienza por la base,
sus adornos y curvas, y se va ascendiendo lentamente. Poco a poco, la figura aparece como si el ojo observador, muy cerca del soldado, se retirara
lentamente, como si una cámara fotográfica abandonara el close-up, y se
llegara de pronto a una imagen de conjunto:
• Sobre la derecha, una forma simple más esfumada, recubierta ya por numerosos
días de sedimentos, brillaba sin embargo todavía; bajo un cierto ángulo, mantiene
demasiada nitidez para poder seguir sus contornos sin mucha dificultad. Es una especie de cruz: un cuerpo alargado, de la dimensión de un cuchillo de mesa, pero
más largo, puntiagudo de un lado y ligeramente dilatado del otro, cortado perpendicularmente por una barra transversal mucho más corta; ésta última se compone
de dos apéndices flameados, dispuestos simétricamente de una y otra parte del eje
principal, justo en la base de su parte dilatada, es decir dos tercios aproximadamente
de su largo total. Diríase una flor, la dilatación terminal representando una larga
corola cerrada, al fin del tallo, con dos pequeñas hojas laterales sobrepuestas. O bien
sería una figurina vagamente humana: una cabeza oval, dos brazos muy cortos, y
el cuerpo terminándose en punta hacia abajo. Podría ser también un puñal, con su
mango separado por una guarnición de la fuerte hoja abierta en dos cortantes (pp.
12-13).

Contre la base conique du support en fonte, évasée vers le bas entourée de plusierus bagues plus ou moins saillantes, s'enroulent de 'maigres rameaux d'un lierre théorique, en relief: tiges ondulées, feuilles
palmée~ a cin~ ~~be: poin_tus et ~inq nervures tres apparentes, ou la peinture noire qui s ecaille laisse voir le métal ruillé. Un peu plus haut, une
hanche, un bras, une épaule s'appuient contre le fut du réverbere. L'homme est vetu d'une capote militaire di teinte douteuse, passée, tirant sur
le vert ou sur le kaki. Son visage est guisatre; les traits en sont tirés et
donnent l'impression d'une extreme fatigue; mais peut-etre une b:rbe
de plus d'un jour est-elle pour beaucoup dans cette impression. L'attente
prolongée, l'immobilité prolongée dans le froid peuvent aussi avoir enlevé leurs couleurs aux joues, au front, aux levres.'

E~,soldado lleva bajo el brazo un paquete, lo llevará durante toda la narr~Cion Y n? ~e separará de él sino en el momento de su muerte. Pero en las
pruneras pagmas (p. 22) el paquete aparece sobre la cómoda, abierto. Es
el momento en que se menciona el cuadro que se encuentra colgado en la
pared, sobre la cómoda:
La bozte enveloppée de papier brun se trouve maintenant sur la commode. Elle ~'a plus sa ficelle blanche, et le papier d'emballage, soigneusement replié sur le petit coté du parallélépipede, baille légerement en
un bec aux lignes précises, pointant obliquement vers le bas. A cet end,roit l~ marbre de_ l~ commode présente une longue felure, peu sinueuse, qui passe en biais sous le coin de la boUe et atteint le mur vers le
milieu du meuble. Juste au-dessus est accroché le tableau. 5
• Contra 1~ base cónica del soporte fundido, ensanchada hacia abajo, rodeada de
~umerosos ~milos más o menos salientes, se envuelven delgados ramos de hiedra teó1:ca, en relieve: tallos ondulados, hojas palmeadas en cinco lóbulos puntiagudos y
cinco nervaduras muy aparentes, donde la pintura negra que se escama deja ver el
metal herrumbroso. Un poco más arriba, una cadera, un brazo, una espalda se apoyan contra el fuste de la farola. El hombre está vestido con una capota militar de
color dudoso, vieja, tirando sobre el verde o sobre el kaki. Su rostro es grisáceo• los
rasgos sobresalen, y dan la impresión de una extrema fatiga; pero quizá la barb~ de
más de un día da esta impresión. La espera prolongada, la inmovilidad prolongada en el frío pueden también haber quitado sus colores a las mejillas a la frente a
los labios. (pp. 16-17).
'
'
• La caja envuelta en papel oscuro se encuentra ahora sobre la cómoda. Ya no
tiene su hilo blanco, y el papel de envoltura cuidadosamente doblado sobre el pequeño lado del paralelepípedo, sale ligeramente en un pico de líneas precisas, apuntando oblicuamente hacia abajo. En este lugar, el mármol de la cómoda presenta
una larga cascadura, poco sinuosa, que pasa sesgada bajo la esquina de la caja y al-

221
220

�Viene después otra referencia a la nieve, que cae sobre la calle desierta,
termina el primer apartado y comienza el segundo con una minuciosa descripción. Es un grabado en negro y blanco, de otra época, o bien una reproducción. Representa el interior de un restaurante, en el que se encuentra
mucha gente. Con una minuciosidad semejante a la que se utilizó en la descripción de los objetos en el apartado anterior, van surgiendo todas y cada
una de las personas que ahí se enc11entran: el dueño, un grupo de bebedores,
otro grupo de obreros que contempla un cartel, etc. Un poco al frente, entre estos dos grupos, un niño está sentado en el suelo, con un paquete en las
manos, un paquete parecido a una caja de zapatos, semejante al que portaba el soldado en la escena anterior. Al fondo, una mesa está ocupada por
tres soldados. Sus rostros son los únicos que reciben atención especial del
narrador en este conjunto de personas; se atiende a sus gestos, su postura, sus
miradas. El artista -dice el narrador- los ha representado con tanta precisión en el detalle y con tanta fuerza en los trazos, como si estuvieran sentados al frente de la escena. Poco a poco la descripción se centra en uno
de los soldados, e insensiblemente va tomando vida la escena en la que todos guardaban las · actitudes fijas de un grabado:
ll a fini son verre depuis longtemps. ll n'a pas l'air de songer a s'en
aller. Pourtant, autor de lui, le café s'est vidé de ses derniers clients. La
lumiere a baissé, le patron ayant éteint la plus grande partie des lampes auant de quitter lui-méme la salle.
Le soldat, les yeux grands ouverts, continue de fixer la pénombre devant soi, a quelques metres devant soi, la ou se dresse l'enfant, immobile et rigide lui aussi, debout, les bras le long du corps. M ais c'est comme
si le soldat ne voyait pas l'enfant - ni l'enfant ni ríen d'autre. ll a l'air
d s'étre endormi de fatigue, assis contra la table, les yeux grands ouverts.
C'est l'enfant qui prononce les premieres paroles. 1l dit: "Tu dors?"
ll a parlé tres bas, comme s'il graignait de réveiller le dormeur. Celui-ci
n'a pas bronché. Au bout de quelques secondes, l'enfant répete, a peine
un peu plus haut:
"Tu dors?" Et il ajoute, de la méme voix neutre, légerement chantante: "Tu peux pas dormir la, tu sais".
Le soldat n'a pas bronché. L'enfant pourrait croire qu'il est seul dans
la salle, qu'il joue seulemente a faire la conversation avec quelqu'un
qui n'existe pas, ou bien avec une poupée, un mannequin, qui ne saurait répondre. Dans ces conditions, il était en effet inutile de parler
canza el muro hacia la mitad del mueble. Justamente arriba está colgado el cuadro.
(p. 22).

222

plus fort; la voix était bien celle d'un enfant qui se raconte a luiméme une histoire.~

El soldado y el niño dialogan. ¿ Qué es lo que ha ocurrido? Más adelante, continuando el diálogo, y cuando el soldado dice "Ton pere. ..", misma expresión que surgirá de nuevo después, el narrador agrega: "Pero esta vez los labios se han movido ligeramente". Esta escena extraña, que parece romper una cierta unidad "real" para dar cabida a un mundo grabado
en un papel y enmarcado en la pared, con vida propia, deja el lugar al exterior, y de nuevo se suceden las calles, y el viento y la nieve. El soldado camina en la oscuridad, buscando los nombres de esas calles que no conoce.
Aparece también el niño; al fin, lo conduce hasta un lugar en el que entran los dos. Es el restaurante, con la figura del dueño, el grupo de bebedores, y el de los obreros. El soldado, enseguida, se encuentra sentado ante una
mesa, con un vaso de vino en la mano. A sus lados, manchas de vasos semejantes aparecen en la superficie, trazos circulares incompletos, que se encabalgan, se completan, que permanecen húmedos y fríos.

•
Los personajes. Casi podría decirse que esta novela no los tiene, si entendemos por personajes los que se perfilan en una obra literaria con un cierto
carácter, una conducta y una línea que los dibuja para integrarlos como
individuos. Bien puede ocurrir que algunos novelistas no se ocupen de retratarlos físicamente, sino más bien psicológicamente, y aun en este último
• Acabó su vaso desde hace tiempo. No parece pensar en irse. Sin embargo, a su
alrededor, el café se ha vaciado de sus últimos clientes. La luz ha bajado, al apagar
el patrón gran parte de las lámparas antes de abandonar la sala.
El soldado, los ojos abiertos, continúa mirando la penumbra delante de él, algun?s metros delante, ahí donde se encuentra el niño, inmóvil y rígido él también, de
pie, los brazos a lo largo del cuerpo. Pero es como si el soldado no viera al niño -ni
al niño ni a ningún otro--. Tiene el aire de haberse adormecido de fatiga sentado
contra la mesa, abiertos los grandes ojos.
Es el niño quien pronuncia las primeras palabras. Dice: "¿Duermes?" Ha hablado muy bajo, como si temiera despertar al durmiente. Este no se ha movido. Al cabo
de algunos segundos, el niño repite, apenas un poco más alto:
"¿Duermes?" Y agrega, con la misma voz neutra, ligeramente cantante : "Tú no
puedes dormir ahí, tú sabes".
El soldado no se ha movido. El niño podría creer que está solo en la sala, que solamente juega a conversar con alguno que no existe, o bien con una muñeca, un maniquí que no pudiera responder. En estas condiciones, era un efecto inútil hablar
más alto. La voz era la de un niño que se cuenta a sí mismo una historia (pp. 29-30).

223

�caso podría también suceder que sólo participáramos del "río de la conciencia", como suele decirse en el caso de Joyce, por ejemplo, o en algunas novelas de Virginia Woolf o William Faulkner. En Dans le labyrinthe, RobbeGrillet no centra su atención en los personajes como tales, es decir, la novela
no se conduce de acuerdo con las necesidades que dichos personajes, como
individuos y como elemento principal de la obra, van imprimiéndole. Muchísimos ejemplos, que no es el caso mencionar aquí, podrían mostramos cómo el personaje es el que dicta la trayectoria de una novela, porque se trata
precisamente de su trayectoria. En la novela que nos ocupa, los personajes
que en ella intervienen podría decirse que tienen, en todo el conjunto, el
mismo valor que cualquier otro elemento de los que aparecen en la obra.
El soldado, en cierta manera, participa de la condición de "parte" de un todo,
misma que también tienen, por ejemplo, las calles de la ciudad, que han
recibido del autor especial atención para delinearlas y precisar cada uno de
sus detalles; o los objetos que "vemos" sobre la mesa, como la bayoneta a la
que hicimos mención anteriormente. En ningún momento este personaje (el
soldado), o cualquiera otro de Dans le labyrinthe, alcanza proporciones de
particularidad, en el sentido de figura humana con ciertos valores de carácter
moral, social o estético. Se recortan sobre todo lo demás, y esto es claro, por
su mera condición humana, pero casi podría decirse que en estas páginas sólo
se les considera como sujetos en los que se opera el fenómeno de la percepción, o bien, que no penetramos en su individualidad más allá de este límite.
La diferencia entre los "personajes" de esta novela y los objetos, gestos o
palabras que en ella aparecen, radica quizás en que unos los perciben y otros
son percibidos; los personajes, a su vez, son percibidos por otros personajes.
Tomemos por separado cada uno de los que a primera vista nos parecen
más importantes. El soldado sería el primero de ellos. Ya nos ocupamos, al
hablar de la narración (nota 3), de cómo se introduce la primera figura,
que es la del soldado (procedimiento que se repite con otros personajes, como
el lisiado) . La continuación del trozo que reprodujimos arriba no nos retrata
físicamente al soldado, sino que nos describe su figura, y la posición que
guardan las partes de su cuerpo :
Les paupi;res sont grises, comme le reste; elles sont baissées. La tete
est inclinée en avant. Le regard se trouve dirigé vers le sol, c'est-a-dire
vers le troittoir, enneigé, devant le pied du réverbere et les deux gros
souliers de marche a bout arrondi, dont le cuir grossier présente des
éraflures et autres marques de chocs divers, plus ou moins bien recouvertes par le cirage noir. La couche de neige n'est pas assez épaisse pour
s'enfoncer de fafon visible sous le pieds, si bien que les semelles des

ch~uss~res reposent -ou peu s'en faut- au niveau de la surface blanche
qui s'etend autour d'elles. 7

Lo que sigue, ya nada tiene que ver con el personaje como tal. Más adelant:, en much~s ocasiones, encontraremos descripciones semejantes, 0 referencias a la fatiga que refleja su rostro, pero nada ma's . Hay escenas en 1as
que el soldado habla con alguien. De estos diálogos no se desprende ni un
solo element~ que permita completar el retrato del soldado. El primer diálogo
aparece precisamente ~~ando toma vida el grabado en blanco y negro. Hablan el soldado y el mno. Éste pronuncia las primeras palabras· "Tu dors?"
Repite la pregunta y agrega luego: "Tu peux pas dormir la. tu sais". y
luego se dice lo siguiente:
'
~ais la voix s'est tue, comme incapable de lutter plus avant contre
le sil~nce; et celui-ci s'installe de nouveau. L'enfant s'est peut etre endormi a son tour.
"Non. . . O ui.. . . ] e sais. " , d'it le soldat.
lls n'ont bougé ni l'un ni l'autre. L'enfant est toujours debout dans la
Pfnombre, les bras le long du corps. 1l n'a méme pas vu remuer les
levres de L'homme, assis a la table sous l'unique ampoule restée allumée
daAns la salle:· ~a tete n'a pas eu le moindre hochement, les yeux n'ont
meme pas cille; et la bouche est toujours clase.
"Ton p,ere...,, commence le soldat. Puis il s'arrete. Mais cette fois
les levres ont légerement remué.
"C'est pas mon pere", dit l'enfant.
Et il tourne la tete vers le rectangle noir de la porte vitrée.ª
,
d os s~n grises,
.
. T L os parpa
como el resto; están bajos. La cabeza está inclinada hacia adelante. La rrurada se encuentra dirigida hacia el suelo, es decir hacia el borde
de la acera, nevado, frente al pie de la farola y los dos gruesos zapatos de campaña
con punta_ redondea~a, donde el cuero grosero presenta rasguños y otras marcas de
choques d1v~rsos, mas o menos bi~n recubiertos por la cera negra. La capa de nieve
no es demasiado gruesa para hundirse de manera visible bajo sus pies, si bien las suelas de los _zapatos reposan --o poco falta para ello-- al nivel de Ja superficie blanca
que se extiende alrededor de ellas ( p. 17).
' Este texto continúa el que recoge la nota 6 •· Pero la voz se ha cal!ad o, como ·meapaz de luchar más contra el silencio, y éste se instala de nuevo El niño
· '
h
dormido a su vez.
.
qu1za se a

"No... Sí. .. Yo sé", dice el soldado.
No se han movido ni el uno ni el otro. El niño permanece de pie en la penumbra
los brazos a lo largo del cuerpo. No ha visto siquiera moverse los labios del hombre'
sentado a la mesa bajo la única bombilla eléctrica iluminada en la sala; Ja cabeza n~

225
224

H15

�Como éste son todos los diálogos que se narran directamente con las palabras textuales de los personajes. Tal parece que la comunicación no fuera
posible, porque todas las preguntas quedan siempre sin respuesta'., o cuando
la hay se impone la duda, la imprecisión y la vaguedad. Los dialog~s que
se suceden después, cuando se piden informes sobre el lugar de la ci~a, los
nombres de las calles, todo, con muy pocas excepciones, es borroso e inconcluso. En particular, el pasaje que narra el momento en que el. s~ldado pregunta el nombre de la calle, el cual desconoce, y responde el lisiado proponiendo a su vez nombres que se le asemejan, llega al extremo del absurdo.
También asistimos a los pensamientos del soldado; o más bien, para ser
exactos, a las imágenes que se hacen presentes y luego desaparecen. Por
ejemplo:
Jl ne tient, en outre, nullement a ce qu'on le conduise a l' autre bout
de la ville, bien qu'il ne sache plus, en vérité, ce qu'il pourrait maintenant faire d'autre. Loin de se sentir reposé par cette ha~te, c'est une
plus grande lassitude encore qui l'a envahi. Jl rega:de la 1eune fem~e
aux yeux clairs, au visage fermé, aux cheveux noirs, au lar~e tablier
serré a la taille; il regarde ['invalide, qui ne semble guere fatiguer son
infirmité, puisqu'il reste la, debout, soutenu par sa béqu~lle, al~rs ~u'u~e
chaise vide se trouve a proximité; le soldat se demande si son pied mutile
repose, ou non, sur le sol, mais il ne peut s'en rendre compte, car !'homme, appuyé contre le bord de la table, a l'autre bout de celle-ci, n'est
visible qu'a partir du haut des cuisses: il faudrait done se pencher en
avant soulever le pan de toile cirée et jeter un coup d'oeil sous la table,
entre' les quatre pieds carrés qui s'amincissent vers le bas -ou bien,
s'amincissant vers le bas, mais en bois tourné, cannelés, devenant a l' extrémité supérieure cylindriques et lisses, s'achevant au sommet en quatre
cu bes portant une rose sculptée sur deux de leurs faces- ou bien . . . ;
le soldat regarde encore le portrait sur le mur du fond: a cette distance,
les traits du visaoe sont tout a fait indistincts; quant aux détails de l'uni.
forme, il faut déja bien les connaítre pour les voir: les deux courroies
qui se croisent sur la poitrine, le poignard-baionnette avec sa gazne
~

ha tenido el menor movimiento, los ojos no han pestañeado ; y la boca continúa cerrada.
"Tu padre..." comienza el soldado. Después se detiene. Pero esta vez los labios se
han movido ligeramente.
"No es mi padre", dice el niño.
y vuelve la cabeza hacia el rectángulo negro de la puerta vidriada (pp. 30-31) •

226

en cuir noir fixée au ceinturon, les pans relevés de la capote, les molletieres. .. a moins qu'il ne s'agisse ici de leggins, ou meme de bottes. .. 9

El niño, la mujer, el inválido y la persona que el soldado encuentra accidentalmente en la calle, y que por un momento cree es la que busca, serían
los otros personajes importantes de esta novela. Del niño sólo llegamos a
conocer su indumentaria, algunas actitudes, casi todas indecisas (como sus
respuestas al soldado), y las personas y objetos sobre los que dirije su atención. Aparece y desaparece de pronto, y su presencia es en ocasiones real y
en ocasiones es sólo el protagonista de escenas que forja el estado febril del soldado. La mujer es la que auxilia al soldado, le ofrece pan y vino, y lo atiende
en los momentos finales, hasta su muerte. Tampoco sabemos quién es ella,
y su diálogo con el soldado sólo aporta más elementos para que continúe el
estado de inexactitud e indecisión. En ningún momento, al parecer, se le define desde ningún aspecto. El inválido, que resulta ser al final un falso inválido, un desertor, y que se supone, aunque no se determina c;on claridad,
es el esposo de la mujer, y al parecer el padre del niño, guarda la misma
situación, sobre la que no es necesario insistir.
Así, pues, todos estos personajes, más el mencionado anteriormente, y los
otros muchos que aparecen con vida propia en el grabado que se encuentra colgado en la pared sobre la cómoda, no llegan a poseer las condiciones de auténticos personajes, en el sentido ya mencionado arriba. Ocurre
con ellos lo que con los personajes del cinematógrafo, que los vemos ac• No trata, por otra parte, de que se le conduzca al otro extremo de la ciudad, aunque no sepa, en verdad, qué otra cosa podría hacer ahora. Lejos de sentirse descansado por este alto, es una mayor lasitud la que lo invade. Mira a la joven mujer de
ojos claros, el rostro cerrado, de cabellos negros, con el largo delantal alrededor de la
cintura; mira al inválido, que no parece apenas fatigado por su enfermedad, puesto
que permanece de pie, sostenido por su muleta, aunque se encuentra muy próxima una
silla vacía; el soldado se pregunta si su pie inútil reposa, o no, sobre el suelo, pero no
puede darse cuenta, ya que el hombre apoyado contra el borde ~e la mesa, al otro
extremo de ésta, no es visible sino a partir de la altura de• los muslos: necesitaría inclinarse hacia adelante, levantar el faldón del mantel y lanzar una mirada bajo la mesa,
entre las cuatro patas cuadradas que se adelgazan hacia abajo -o bien, a delgazándose
hacia abajo, pero en madera torneada, acanaladas, convirtiéndose en la extremidad
superior cilindricas y lisas acabándose en la cima en cuatro cubos portando una rosa
esculpida sobre dos de sus caras -o bien... ; el soldado mira aún el retrato sobre el
muro del fondo: a esta distancia, los rasgos del rostro son del todo indistintos; en
cuanto a los detalles del uniforme, es necesario conocerlos bien para verlos: las dos
correas que se cruzan sobre el pecho, el puñal bayoneta con su vaina en cuero negro
fijado al cinturón, los faldones levantados de la capota, las polainas... a menos que
no se trate aquí de botas. . . ( pp. 89-90).

227

�tuar, moverse y gesticular, y que en estricto sentido son tan extraños al espectador como al lector los otros, los literarios, y sobre los que hay que montar una interpretación que explique su conducta. En este aspecto, RobbeGrillet maneja sus personajes con un cierto sentido fílmico, para que el
lector los reconstruya y los integre como personajes. Y lo que hace en este
aspecto se repite en todos los demás, como veremos enseguida, al tratar el
tiempo y el espacio de esta novela.
Sólo quedaría por considerar otro personaje, que casi no aparece en la
novela, pero a través del cual ésta se proyecta. Es el narrador, el "voyeur"
que puede penetrar en todos los planos y percibirlos. El mismo fenómeno que
se ve en los personajes que mencionamos, se repite en su caso, porque en
definitiva de él no llegamos a conocer nada, como de ninguno de aquéIlos, y sólo nos quedamos con su visión de los hombres y las cosas, no precisamente como un simple personaje más, sino como un extraño y poderoso
observador que puede describir, en un mismo plano, el mundo externo y
en cierta medida limitada, el interno de los personajes. Todo esto opera
por la ficción, de la que también nos ocuparemos más adelante.

•
El tiempo y el espacio. Si los personajes y el asunto que se desenvuelve en
esta novela no son un reflejo de la realidad, sino la fusión de ésta con otros
planos de la introspección, la percepción, etc., dando como consecuencia
de ello un cuadro multiforme y polivalente en el que apunta algo que ya
justifica el título mismo de la novela, el tiempo y el espacio son tratados en
forma similar, destruyéndose su unidad interna para dar paso a una serie
de manifestaciones que en un principio, y tomándolas por separado, no parecen tener relación entre sí. Poco a poco, al integrar todas las partes del
conjunto, va estableciéndose esa relación, y el papel que juegan en la fic-

ción estas dos dimensiones.
La novela no s&amp; somete a ningún proceso o desarrollo cronológico, sencillamente porque aquí n~ rige esta concepción del tiempo. Su dimensión temporal es la que marcan los relojes, pero también lo es, y sobre todo, la que
se gesta y desenvuelve en el interior de los personajes, principalmente uno
de ellos. Por esto se pueden encontrar situaciones ya sucedidas, que salvo ligeras variantes se presentan de nuevo para repetirse. Además, el autor maneja el tiempo de su novela (no en el sentido de época o momento en que
ocurre lo que narra, sino de vertebración de los sucesos) a voluntad. RobbeGrillet dispone cuándo debe considerarse cerrado un cierto proceso, y cuándo se le somete a nuevas y diversas representaciones que acumulan sobre su

228

m'.smo "~empo" es. decir, sobre un cierto momento en el que ocurre determmada c1:cunstanc~a, una nueva versión que bien puede ser desatada por
la memoria, y posiblemente repetirse más adelante. Ya vimos, por ejemplo, que dos objetos como la bayoneta y el paquete que llevaba el soldado
se nos fresen tan, al comienzo de la novela en una posición que llegarán ~
tener solo despues de que hayan ocurrido ciertos hechos.
. :ornemos como ejemplo cuatro escenas. La primera sigue a un pequeño
dialogo entre el soldado y el niño. Éste observa a aquél:
Et i! r~mene, l~s yeux ~ers ce soldat mal vetu, mal rasé, qui ne sait
pas lui-meme ou ti va. Puis, sans prévenir, il exécute una brusque volteface, contourne avec agilité le pied du réverbere et se met a courir '
. b
a
toutes_ ¡am es, le long des maisons, suivant en sens inverse le chemin
que vient de prendre le soldat. En un instant il a disparu.
Au lampadaire suivant, la lumiere électrique l'eclaire de nouveau
d~ra~t quelques sec_~ndes;_ il court toujours aussi vite; les pans de sa
pelerme volent demere lui. Jl reparaít encare ainsi une fois deux fois
a chaque réverbere, pui plus rien.
'
'
Le soldat fait demi-tour et poursuit sa route. La neige le frappe derechef en plein visage.1º

La segunda escena aparece muchas páginas más adelante. Podría decirse. que lo que º?urre en ª.1:1bas es lo mismo, pero puede observarse que
mientras en la primera el nmo da media vuelta y corre en ésta lo hace de
frente, en el mismo sentido:
'
Et le gamin a disparu pour de bon. Le soldat est seul arreté sur
place. C'est une rue pareille aux autres. Le gamin l'a conduit jusquela et l'a laissé seul, devant une maison comme les autres et il luí a dit •
"C'
' coté puis de.
, est l"'
a . Le soldat a regardé la maison, la rue, d'un
l autre, et la porte. C'etait une porte comme les autres. La rue était
longue et naire, avec seulement, de place en place, les zones claires sous
les mémes lampadaires de f onte aux ornements désuets.
" Y d~rige sus ojos ~aci~ ese soldado mal vestido, mal rasurado, que él mismo no
sabe_ a donde va. Despues, sm prevenirlo, ejecuta una brusca vuelta, rodea con agilidad
el _pie de la farola y se pone a correr con todas sus piernas, a lo largo de las casas sigdu1endo en sentido inverso el camino que acaba de tomar el soldado. En un instante
esaparece.
. En el lamparí~ siguiente la luz eléctrica lo aclara durante algunos segundos; corre
si.empre muy aprisa; los faldones de su esclavina vuelan detrás de él. Reaparece todav1a una vez, dos veces, en cada farola, después nada más (pp. 35-36).

229

�. . Le gamin est reparti aussitot; mais, au lieu de revenir sur ses pas, il
a continué son chemin tout droit, dans le méme sens. Il a fait une dizaine de me tres et I est ensuite, brusquement, mis a courir. Le pans de
sa cape volaient derriere son dos. Il a continué tout droit, bientot disparu, apperaissant de nouveau a chaque réverbere, disparaissant, et de
nouveau, de plus en plus petit, informe, estompé par la nuit et la
neige.. .u
Pocas páginas más adelante, encontramos al soldado, en el local acondicionado como hospital o cuartel. Está quitándose las polainas; enseguida,
el niño aparece, junto ·al farol, diciendo al soldado que no sabe ponerse las
polainas. Viéndolo con detenimiento le pregunta si ha dormido esa noche,
y enseguida se dice esto, que con lo anterior vendría a ser actualización
por la memoria:

Le soldat répond d'un signe vague. Toujours courbé en avant, il dénoue le lacet d'une chausure. L'enfant se met a reculer progressivement,
a s'eloigner vers le fond de la scene, mais sans se retourner, sans faire
un mouvement, fixant toujours le soldat de ses yeux sérieux, sous son
béret de laine bleu marine enfoncé des deux cotés sur les oreilles, les
mains tenant, de l'intérieur, les bords de la pelerine rapprochés, tandis
que tout le corps semble glisser en arriere sur le trottoir enneigé, le long
des fafades plates, dépassant l'une apres l'autre les fenétres du rez-dechaussée; quatre fenétres id en tiques, suivies d'une porte a peine diff érente, puis quatre fenétres encore, une porte, une fenétre, une fenétre,
une fenétre, une fenétre, une porte, une fenétre, une fenétre, de plus
en plus vite a mesure qu'il prend de la distance, devenant de plus en
plus petit, de plus en plus incertain, de plus en plus brouillé dans le
u Y el niño ha desaparecido de verdad. El soldado está solo, detenido en el mismo
lugar. Es una calle parecida a las otras. El niño lo condujo hasta allí y lo ha dejado
solo, frente a una casa como las otras, y le dijo: "Aquí es". El soldado ha mirado la
casa, la calle, de un extremo al otro, y la puerta. Era una puerta como las otras. La
calle era larga y negra con solamente, de trecho en trecho, las zonas claras bajo los

mismos lamparines fundidos de anticuados ornamentos.
El niño partió enseguida; pero en lugar de regresar sobre sus pasos, ha continuado
su camino, en el mismo sentido. Camina unos diez metros y enseguida, bruscamente,
se pone a correr. Los faldones de su capa vuelan a su espalda. Ha continuado todo
derecho, y desaparecido de pronto, aparece de nuevo a cada farola, desapareciendo, y
de nuevo, cada vez más pequeño, informe, esfumado por la noche y la nieve. . . (pp.

crépuscule,
.
seul
c p soudainl' happé vers l'horizon et d'isparaissant
alors d'un
ou , en un c in d'reil, come une pierre qui tombe.ª
Por últ~o, ya
vemo
d casi al finalizar el libro, una escena en la que tle nuevo
s camman o en las calles al soldado y al niño:

d Etl ['interminable marche nocturne se poursui't. Comme le
·
e p us en plus vite, le soldat n'arrive bientot plu ' l
. gami~ va
retrouve seul: sans autre ressource que de quéter sn~i:p:;;vre etl ilbs~
pour y dormir . Il n'a guere
' le choix
. et doit se contenter de ela que
p a. , ri
porte ouverte qu'il rencontre.13
rem1,1Jre
En estas cuatro escenas con variantes ocurre al
.
para
los efectos de la construcción fic/icia,
. se repite
~o muy
semeJante
II
aunque
lgu que,
d
e os transcurran en la mente febril del soldado
'
a nos e
. En otra ocasión, encontrándose el niño y el s~ldad0
1
dice del niño:
en e restaurante, se

est celui du café, semble-t-.;z, qu'z n,est pas le mem
l' Ce gamin-ci
.
autre, qui a conduit le soldat ( ou qui le conduira p l
't ) . e
la caserne
d' ' ·
.
' ar ª sui e 7usqu a
- . ou~ 7ustement, zl a rapporté la bille. C'est c
. .
en tout cas, qut a mtroduit le soldat dans le café tenu p l e gam~n-ct,
me massif et taciturne ou il a bu un
.
ar e gros omtranc hes de pain rassis.ª
verre de vm rouge et mangé deux

q~~

u El soldado responde con un vago signo Siem re c
.
lazo de un zapato El niño s
.
p
urvado hacia adelante, desanuda el
.
e pone a retroceder progresiva
t
1.
o de la escena, pero sin volverse . h
. . roen e, a a eJarse hacia el fon, sm acer un mov1m1ento f'" d ·
d
o con sus ojos curiosos baJ·o su bo'
d
, !Jan o siempre al solda¡d
.
·
ma e 1ana azul
·
h d'
as oreJas, las manos sujetando desd 1 .
.
marino un ida de los lados sobre
tras que todo el cuerpo pare~e de:ri:ar=t~10:, los ~ordes unidos de su capa, mienlargo de las lisas fachadas sobr
d
ac1a atras sobre la acera nevada, a lo
•
'
epasan o una tras otra las
t
d
JOS: cuatro ventanas idénticas' segui'das d e una puerta a
ven
anas e los pisos baI
d'f
ventanas otra vez una puerta un
penas
erente, después cuatro
'
'
a ventana, una ventana
una puerta, una ventana una ventana
á
,
. ' una ventana, una ventana,
·' d
'
, m s Y mas aprisa a medid
•
v1en ose más y más pequeño más
, . .
a que se retira, vol! d
,
Y mas mc1erto más y más des
ºd
, e pronto delineado en el horizo t
d '
.
vaneci o en el crepúscu0
en un abrir y cerrar de ojos como n e y. desapareciendo entonces de un solo golpe,
u
.
.
,
una pie ra _q ue cae (pp. 107-108).
y la mtermmable marcha nocturna
.
aprisa, el soldado no alcanza a s . 1
prosigue. Corno el niño va más y más
egmr O Y se encuentra sO¡0 ·
uscar cualquier abrigo para d
. A
, sm otro recurso que
b
.
onrur. penas puede escoge
d b
a
primera
puerta
abierta
que
encuent
(
)
r
Y
e e contentarse con
1
186
,.
·re p.
.
Este nmo es el del café' parece que no es el mismo que e 1 otro, que ha con-

94-95).

230

231

�La distinción no es rotunda, pues sólo parece que no se trata de la misma
persona; y el tiempo de verbo, que es lo que ah~ra .~os interes~ ( "qu~en ha
conducido al soldado [o que lo conducirá ensegwda ] ) ,
q~ere de1ar l?s
hechos concluidos, sino por el contrario abiertos a su e1ecuc1on futura, sm

:1º

que esto tampoco sea definitivo.
Otras escenas nos muestran al soldado caminando por la calle. No cae
la nieve, y camina llevando bajo el brazo el paquete que __trae consigo siempre. El tiempo, pues, es movido a voluntad, co~o ya se ~l)O antes, Y se fracciona en múltiples imágenes que da, a la realidad sometida al ord~n cronológico, sólo el valor de uno de los muchos elementos que se maneJan en la
novela.
Con el espacio el fenómeno es aún más. ~otorio, p~es en forma pa~ente
es manejado libremente. Ya se hizo menc1on al comienzo de estas _h~e~s
de cómo el plano exterior y el plano interior se con~rapo~en al prm_c1p10
de la novela operándose el cambio por palabras, o s1tuac1ones que sirven
de traslado de uno a otro lugar. El caso más patente de este fenómeno es el
del cuadro colgado sobre la cómoda, que empieza a cobrar vida. En determinado momento, todo lo que en él está fijo empieza a moverse,_ Y_ s_ucesos importantes de la novela suceden en este espacio doblemen~e Ílctic10,
que así adquiere validez dentro de la ficción misma. La foto~raha del soldado sufre la misma transformación. La manera en que se dispone del espacio va dando cuerpo a un verdadero laberinto, en el ~ue l?~ lugares ~parecen, se sitúan, pero no se precisan, y que a la larga se _1d~n~1fican en cierta
forma, dejando la imagen de varios lugares, que al pnnc1p10 pare~en _muchos, pero que luego se van ensamblando, coincidiendo con la antenor imagen que de ellos se proporcionó.

•
La ficción. Toda esta construcción se extiende sobre el incon~~nsu_rable
campo de la ficción. Libre de las ataduras de la realidad, la creac10n literaria se puede prolongar libremente más allá de toda frontera. Todo lo que
se somete a las rígidas leyes de la realidad objetiva puede así transformarse
en algo poderosamente distinto, con relieves propios y _fu~damen:os que
van más allá de lo que el propio hombre pudiera concebir s1 se su1etara a
&lt;lucido al soldado ( 0 que lo conducirá, enseguida) hasta el cua_rtel ~e dond~, justamente, ha traído la canica-. Es este niño, en todo caso, quien ha . ~ntroduc1do al
soldado en el café del hombre gordo macizo y taciturno, donde beb10 un vaso de
vino y comió dos rebanadas de pan ( p. 14 3) •

los estrechos caminos que parten de lo real para desembocar en el mismo
ámbito del que surgieron. El tiempo, el espacio, las sensaciones, las percepciones y visiones de ese mundo bidimensional, se funden en esta otra realidad ficticia, no por esto menos verdadera, más rica y profundamente humana, en la que se perfilan, con una extraña nitidez que va más allá del
mero lenguaje, algunas de las muchas posibilidades que forman parte de la
condición de lo humano. La literatura, en cuanto acto de creación, abre
las puertas de todos esos recintos del hombre, en los que permanecen ocultos todos sus rostros.
La novela de Robbe-Grillet, en cierta forma, nos da con el título una
de las claves para entenderla. Puestas las cartas sobre la mesa, el lector no
puede esperar que las páginas de este libro lo conduzcan a través de un laberinto "material", por así decir, en el que las cosas o los hechos simples
sean por si mismos las sinuosidades del laberinto. Podría afirmarse que la
ficción misma es ese laberinto, edificada sobre otros muchos laberintos, que
irían desde el de las mismas calles de la ciudad, hasta el del mundo interior del soldado, que se cruza con el de otros personajes.
No olvidemos, a propósito de la ficción, las palabras iniciales del libro.
En ellas Robbe-Grillet aclara situaciones y nos dice qué es lo que propone
en su novela: una ficción, no un testimonio. Una ficción que sería, como
otra posible creación, elaborada con elementos de la realidad. Sólo que estos elementos, en uno y otro caso, dejan de valer por sí mismos y como elementos de la realidad, para convertirse en esa otra cosa que es la ficción
literaria, la cual pretende ser una "realidad material", como dice RobbeGrillet, sin ningún valor alegórico. Sin embargo vemos que esta realidad
material que ofrece Robbe-Grillet no es una reproducción de la realidad,
sino que por el contrario, se pretende expresarla utilizando algunos de sus
muchos aspectos.
Veamos un ejemplo. Quedó aclarado que el manejo del tiempo en Dans
le labyrinthe era completamente libre, y que en sus primeras páginas asistíamos a situaciones que correspondían a hechos que ocurrirán más tarde.
En un determinado momento de la novela el soldado es recogido en mal estado, después de que se disparó una ametralladora en la calle. Tal parece
ser que la habitación en que se encuentra es la misma que se describió al
principio de la novela; en tales circunstancias, cabe suponer que esa descripción fuera la visión misma que tiene el soldado de dicha habitación,
desde su lecho de enfermo. Por otra parte, la minuciosidad con que se van
observando los pequeños detalles de los objetos en el cuarto, y las metamorfosis que se operan, como la de la sombra del insecto que se ha posado sobre la pantalla de la lámpara, la de las figuras que adornan el papel de la

233
232

�pared, etc., podrían corresponder a la visión de un sujeto que, como el soldado se encuentra afectado por la fatiga y la fiebre. Esto podría sostener
la ~terior afirmación, y entonces todas esas páginas serían la narración o
presentación de las percepciones del soldado moribundo.
Lo mismo ocurre con el fenómeno del cuadro. Aun cuando todo lo anterior no se tomara en cuenta, y se vieran las descripciones anteriores como la visualización de ese mundo sin que en ella interviniera para nada el
soldado, no podemos impedir la consideración de que el grabado que cobra
vida sí pertenece a ese tipo de percepciones, es decir, que la realidad enmarcada en ese cuadro se incorpora por sí misma a la otra realidad, sólo a través del propio soldado, en el que los personajes y el ambiente del restaurante
empiezan a manifestarse como algo que es mucho más que unas figuras y
un lugar dibujados en el papel. Sin embargo, el cuadro se llama La derrota
de R eichenfels, batalla contemporánea del soldado, y éste mismo, y el niño,
forman parte de él. Es el mismo caso, en cierta medida, de la fotografía que
también empieza a animarse. Vistos así muchos aspectos de la novela, acabaríamos por aceptar que ésta es la narración de los últimos momentos del
soldado antes de morir, en los que se hacen presentes confusa y desordenadamente, las experiencias anteriores inmediatas, mezcladas con lo que sus
sentidos perciben a través de la fiebre.
Por otra parte, no puede dejarse de lado un aspecto también muy importante, y que es característico de las novelas de Alain Robbe-G~il:t. Se
trata de la equiparación que se hace de sus narraciones a los mov1m1entos
de una cámara fotocrráfica
o cinematográfica. Esto está presente en casi
o
.
toda la novela, y parece como si los objetos y los personajes se nos aparecieran captados por un lente perfecto que no deja escapar a su visión ni el
más mínimo detalle. Ya con anterioridad reprodujimos un trozo en el que
pareciera que se utilizara un close-up para recoger los aspectos exteriores,
cuando aparece el soldado por vez primera, introduciéndose lentamente en
ese campo de visión como si la cámara ascendiera por el cuerpo del soldado hasta llegar al rostro y después damos la imagen completa (nota 4) .
Con los objetos ocurre lo mismo. Si bien antes se les consideró como percibidos por un individuo, también ahora podría decirse -sin que esto destruyera la anterior posibilidad- que son recogidos en todos sus detalles por
el mismo lente observador. Esto podría explicar la presencia de sus más
acusados perfiles hasta agotar casi el lenguaje para su descripción. Hay también ciertos pasajes que permiten esta equiparación de la narración a una
cámara, como el de la pág. 78, donde se dice que como la ventana está situada en el segundo piso, todos los haces de luz aparecen lejanos y pálidos. .. ; y más claramente, en la pág. 161, se comienza un párrafo diciendo:

"L'image suivante représente la chambre d'une caseme, ou plus exactement d'une infirmerie militaire". La novela, a su vez, termina con una visión que se va ampliando hasta abarcar toda la ciudad:
. . .mais la vue se brouille a vouloir en préciser les contours, de meme
que pour le dessin trop fin qui orne le papier des murs, et les limites
trop incertaines des chemins luisants tracés dans la poussiere par les
chaussons de feutre, et, apres la porte de la chambre, le vestibule obscur ou la canne-parapluie est appuyée obliquement contre le portemanteau, puis la porte d'entrée une fois franchie, la succession des longs corridors, l'escalier en spirale, la porte de l'immeuble avec sa marche de
pierre, et toute la ville derriere moi.is

El lenguaje utilizado en casi toda la obra es neutro, queremos decir, no traspone los límites de un lenguaje de comunicación, exacto pero sin dejar establecida la precisión, y que no va más allá de las propias palabras. Curiosamente, esto no entorpece o empobrece la novela, sino que por el contrario, y
utilizando los procedimientos que se acaban de mencionar, y los que se mencionaron al principio de este trabajo, deja al lector consigo mismo y en la
vía de la re-creación, ya que solamente proporciona los elementos para que
se lance por la ficción. Sólo en contadas ocasiones se opera en el lenguaje
un cambio notorio en este aspecto, por ejemplo, en momentos en que se está volviendo a situaciones ya ocurridas anteriormente:
Noir. Déclic. Clarté jaune. Déclic. Noir Déclic. Clarté grise. Déclic.
Noir. Et les pas qui résonnent sur le plancher du coulouir. Et les pas
qui résonnent sur l'asphalte, dans la rue figée par le gel. Et la neige qui
commence a tomber. Et la silhouette intermittente du gamin qui s'amenuisse, la-bas, de lampadaire en lampadaire.16

11

Pero la vista se nubla al querer precisar los contornos, lo mismo que para el dibujo demasiado fino que adorna el papel de los muros, y los límites demasiado inciertos de caminos lucientes trazados en el polvo por zapatillas de fieltro, y, tras
la puerta del cuarto, el vestíbulo oscuro donde el bastón del paraguas está apoyado
oblicuamente contra la percha, después, la puerta de entrada una vez franqueada,
la sucesión de largos corredores, la escalera en espiral, la puerta del edificio con su
escalón de piedra, y toda la ciudad detrás de mí (pp. 220-221).
11
Oscuridad. Interruptor. Claridad amarilla. Interruptor. Oscuridad. Interruptor.
Claridad gris. Interruptor. Oscuridad. Y los pasos que resuenan sobre el asfalto, en
la calle congelada por el hielo. Y la nieve que comienza a caer. Y la silueta intermitente del niño que se empequeñece, allá, de farola en farola (p. 61).

235
234

�•
Il remarque a cet instant que la porte est entrouverte: porte, couloir,
porte, vestibule, porte, puis enfin une piece éclairée, et une table avec
un verre vide dont le f ond contient eneore un cercle de liquide rouge
sombre, et un infirme qui s'appuie sur sa béquille, penché en avant
dans un équilibre précaire. Non. Porte entrebáillée. Couloir. Escalier.
Femme qui monte en courant d'étage en étage, tout au long de l'etroit
colimafon ou son tablier gris tournoie en spirale. Porte. Et enfin une
piece éclairée: lit, commode, cheminée, bureau avec une lampe posée
dans son coin gauche, et l'abat-jour qui dessine au plafond un cercle
blanc. Non. Au-dessus de la commode une gravure encadrée de bois

. est ¡·ixee.
' . . Non. Non. Non.11
nozr
Todos estos aspectos, y otros muchos, se multiplican y descubren al fijar
una poca de atención en esta novela. Las explicaciones que pudieran
darse serían algunas entre otras muchas, pero lo que sigue ofreciéndose al
lector es la misma gama en la que tienen cabida las interpretaciones de todo aquel que se acerca a la obra literaria. Aquí sólo hemos anotado algunos
aspectos y, aunque muy ligeramente, la construcción novelística con sus diversos elementos. La novela sigue abierta a todo lector atento, como toda
verdadera obra literaria que no se somete a una interpretación sino que por
el contrario propone, siempre, otras nuevas en aquellos que acuden a sus
páginas.

11
Se da cuenta en este instante que la puerta está entreabierta: puerta, corredor, puerta, vestíbulo, puerta, después en fin una pieza aclarada, y una mesa con un
vaso vacío cuyo fondo contiene todavía un círculo de líquido rojo sombrío, y un enfermo que se apoya sobre su muleta inclinado hacia adelante en un equilibrio precario. No. Puerta entornada. Corredor. Escaleras. Mujer que sube corriendo de piso
en piso, a lo largo del estrecho caracol donde su delantal gris da vuelta en espiral.
Puerta. Y al fin una pieza aclarada: lecho, cómoda, chimenea, escritorio con una lámpara, situada en su esquina izquierda, y la pantalla que dibuja un círculo blanco en
el techo. No. Arriba de la cómoda un grabado encuadrado de madera negra y fijada ... No. No. No (pp. 95-96).

ALGUNOS TEXTOS SUMEROACADIOS ACERCA DE LA CREACIÓN

Lrn. Lurs AsTEY V.
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
No habia nada hecho.
Ni materia, ni números,
ni astros, ni siglos, nada.
El carb6n no era negro
ni la rosa era tierna.
Nada era nada, aún.
PEDRO SALINAS

l. SE ENCONTRARÁN A CONTINUACIÓN dos grupos de textos mesopotámicos
cronológicamente atribuibles a los siglos XX a VI a.J.C., que contienen mate~
ria] cosmogónico y antropogónico. Unos y otros son expresiones de una misma post~ra de pensamiento frente al problema de los orígenes, y entienden
la creac10n como cumplimiento de posibilidades anteriores implícitas en un
ord_e;1 previo al ~undo y prefigurador de él: casi como un'proceso de madur~c10n que los dioses creadores precipitan, pero que no requiere que mediante la derrota y muerte de las potencias primevales un caos inicial cambie de sentido y se convierta en materia pura, inerte frente a la voluntad de un
dios que vence -como lo requiere, por ejemplo, la cosmogonía conservada
en el Enuma elish. Pero los cinco primeros textos, que son fundamentaciones de ~iturgias o proemios a mitos de carácter sacerdotal, obedecen además, y
con bastante rigor, a un complejo esquema de convenciones conceptuales,
que más abajo serán examinadas. En tanto que los otros dos, una cosmogonía
de raíz popular que desemboca en el gusano y el relato de la creación de un
héroe mitológico que no es el primer hombre, personaje de un poema laico,
sea por los ambientes en donde surgen, sea por los temas de que se ocupan,
constituyen textos aberrantes. Ambos han sido separados en apéndice.
Desde luego, no se agota con estos siete documentos la especulación me-

237
236

�sopotámica sobre la procedencia del hombre y del mundo. Tanto los pasajes
que en el Enuma elish se refieren a ella como una serie de pequeños textos
cosmogónicos neobabilónicos y asirios y un grupo de mitos sumerios que intentan explicar la organización del universo, han debido ser omitidos ahora

El grano ...... ª de treinta días no existía
El grano · · · · • • de cuarenta días no existía.
Los granos pequeños, el grano de la montaña
15)
(

por razones de unidad.1

"EN

LA MONTAÑA DEL CIELO Y DE LA TIERRA"

(20)
2. Prólogo a uno de los mitos sumerios que se proponen examinar el sentido del
orden del universo.' Su sección central, que ahora no es del caso traducir, confronta
axiológicamente los elementos de la vida rural, estructura sobre la que reposa toda
la urdimbre de la antigua sociedad mesopotámica, y reviste la forma de un debate
entre Lahar y Ashnan, respectivamente dios de los ganados y diosa de las gramíneas,
acerca de los valores correlativos de la agricultura y el pastoreo. Texto: 17 fragmentos
procedentes de la biblioteca del templo de Enlil en Nippur; cf. S. N. KRAMER, SM,
115 n. 53. S. XX-XVIII aJC; pero la redacción puede ser de los siglos XXI-XX
(época de la tercera dinastía de Ur). Edición principal: E. CmERA, Sumerian religious texts (Upland, Pensilvania, 1924), no. 25. Traducciones: E. CHIERA, ibid., 2733; Ch.-F. Jean, "L'origine des choses d'apres une tradition sumériennc de Nippur" ,
Revue d'Assyriologie (=RA), XX1V (1929), 32-38; S. N. KRAMER, op. cit., 72-73
y 53-54 (repetida, con modificaciones, en From the tablets of Sumer, Indian Hills,

( 25)

(30)

Colorado, 1956), 144-46.

3. En la montaña del cielo y de la tierra
cuando Anu hubo formado a los dioses Anunnaki,
entonces, Ashnan no había nacido, no había sido modelada.
No había sido modelada U ttu,
(5) para Uttu no se había erigido santuario.
La oveja no existía, el cordero no había sido dado a luz;
la cabra no existía, el cabrito no había sido dado a luz.
La oveja no había hecho nacer a su cordero,
la cabra no había hecho nacer a su cabrito.
(10) Entonces, el nombre de Ashnan, la sapiente, y el de Lahar,
los Anunnaki, los grandes dioses, no los conocían.

( 35)

(40)

(45)
Los textos asiriobabilónicos pueden hallarse en A. HEIDEL, The Babylonian Gene1
sis (2a. ed.; Chicago, 1951 =BG2), 64-66 y 73-75. Acerca de los mitos sumerios,
véase S. N. KRAMER, Sumerian mythology (Filadelfia, 1944 =SM), 41-68. Para
el Enuma elish sea permitido referir a L. AsTEV V., El poema de la creación Enuma
elish (Monterrey, 1961; Poesía en el Mundo, 10) .
' Cf. TH, JAcOBSEN, en H. y H. A. FRANKFORT, The intellectual adventure of an-

'

I d
.
el grano . ..... ' no existían
n umentana para vestir no existía•
Uttu ~o había sido producida, no ;e había tocado con tiara
El senor . . . . . . no había sido producido.
.
Sumuqan no había sido hecho nacer.
,
Como la humanidad en el día de su aparición
ellos (los Anunnaki) , pan para comer no conocían
'
Indumentaria para vestir no conocían
'
C~naban con los (cuatro) miembro~ sobre la tierra,
conuan pasto con la boca como corderos
,
'
'
b ebian agua en los canales.
En aquel tiempo, en la cámara de crear de los dioses,
en s~ morada Duku, Lahar y Ashnan fueron modelados
~b~eron comp~etamente la mansión de los dioses con 'alimento.
e a abundancia de Lahar y de Ashnan
los Anunnaki, en su Duku,
comieron abundantemente, y no quedaron saciados.
De la · • • • . . leche de su rebaño
los Anunnaki, en su Duku,
bebieron abundantemente, y no quedaron saciados.
Para el bien de su sagrado rebaño
a la humanidad le fue concedido ~l aliento.
En aquel tiempo, Enki dijo a Enlil:
"Padre E~Iil, a Lahar y Ashnan,
que han sido formados en el Duku
del Duku hagámoslos bajar".
'
Enki y Enlil, con su palabra sacra,
ª Lahar Y Ashnan del Duku hiciéronlos bajar.
Para Lahar dispusieron el rebaño.
plantas y hierbas en abundancia' le otorgaron.
Para Ashnan establecieron una casa
el arado y el yugo los entregaron a eÍia.
Lahar, con su estar en el rebaño
'
es un pastor que acrecienta la fecundidad del reban~º·

• Para in_dic~r el estado de conservación o de intelección de los textos se em~lean los s1gu1entes signos convencionales.
.= significado desconocido, itálicas
lectura dudosa, ( ) = interpolación,· [ ~ mtegración, [ ...... ] = laguna.

=

j.

cient man (Chicago, 1946) , 152-65.

239
238

�Ashnan está en los surcos,
muchacha amable y apetecible es ella,
(50) que levanta su cabeza .desde el campo.
. l
Abundancia que proviene del c1e o
Lahar y Ashnan hicieron aparec~r.
A la asamblea trajeron abundancia:
trajeron aliento de vida sobre el p~s.
(55) Los decretos de los dioses establecieron.
Multiplicaron el contenido de los almacen_es,
las bodegas las abastecieron hasta la plenitud.
A la casa del pobre, abrazada al polvo, .
al entrar en ella la llenaron de abundancia.
d
t
(60) Dondequiera que, de los dos, el pie se hubo
demente
en
esa
casa
quedó
acrecentado
e
a
imen
o.
gran
.
El lugar donde estuvieron, lo saciaron;
el sitio donde se sentaron, lo proveyeron:
Regocijaron el corazón de Anu y de Enlil.

Pºt t

Enlil cantó las alabanzas de su zapapico.
El zapapico era de oro, su cabeza de lapislázuli,
el . . . . . . zapapico era de . . . . . . plata y oro.
El zapapico era . . .... ,
( 15) su punta era esforzada,
como baluarte solitario que sobresale de un gran muro.
El Señor . . . . . . al zapapico, le otorgó sus virtudes.
. ..... , su tiara pura colocó en su cabeza,
y al zapapico lo hizo penetrar en el Uzumúa.
En el agujero estaba la vanguardia de humanidad.
(20) Y mientras (los) de su país
iban brotando hacia Enlil a través de la tierra,
él contemplaba fijamente a los suyos, a los de la cabeza negra.4
6. La tradición de un surgir original del hombre a través del suelo, como
naciendo de una simiente que germina, es conocida, además, por la tercera
línea de un mito de Enki, denominado Enki y Eridu:

RELATO SUMERJO DE 1.A CREACIÓN DEL HOMBRE
y TEXTOS COMPLEMENTARIOS

.
a de la creación del zapapico y pone de
4. Pasaje inicial de un mito ~ue se oc~p20 fra mentos encontrados en la biblioteca
relieve su utilidad y sus excelencias. Text~d· t'f'ca!ión y ediciones, cf. S. N. KRAMER,
.
N" p r Para su I en 1 1
"S
del templo de En1I1 en ip u .
'b 'd 51-53. Th. J ACOBSEN'
umer•
,
S
N
KRAMER,
1
1
.,
'
ES) V
SM, 115 n. 52. Traducciones. . .
1 f Near Eastern Studies ( = JN
'
.
Journa o ·es complementarios, que tarob''
ian mythology: a rev1ew
ar t'cle"
1
•
ien se
(1946) 134-38. Para los textos ~e los tres .P;5ª~x a XVIII aJC, cf. S. N. KRAMER,
d de tablillas sumenas de los s1g os
han recupera 0 ,
n. 73, respectivamente.
op. cit., 116 n. 60, 113 nn. 32 y 35 y 117

(5)

· 1
e es apropiado.
5 El Señor ciertamente prod UJO o qu
El Señor cuyas decisiones nunca pueden ser ª:teradas,
, el cielo de la uerra,
Enlil, verdaderamente separo 1
bl . , pudiese brotar en el campo.
de modo que la simiente de a p~ ac1on
R ealmente separó a la tierra del cielo sada) en el Duranki,
y vendó sobre ella la desgarrad ura (cau
de modo que el Uzumúa

.

·

d humanidad).

es:uviese listo par~ pro~~c::zl~e~a;iu::::n;a:a a brillar-,
.
Hizo ser al zapapico
'd d 1 hombre que usa el zapapico.
. , las faenas los modos de v1 a e
organizo
,
.
1
asta
( 10) Extendiendo su brazo hacia el zapapico y a can
'

240

(5)

Cuando los destinos hubieron sido destinados
para (todas) las cosas engendradas,
cuando en el año "Abundancia nacida del cielo [ . . .... "]
la gente hubo brotado a través de la costra de la tierra
como las plantas y como las hierbas,
el señor del Apsu, el rey Enki,
el señor que destina los destinos,
construyó su casa de plata y lapislázuli.

La idea de una primitiva unión del cielo y de la tierra, rota por Enlil antes
de la aparición del hombre, se da también en las dos líneas:
En los días de antes,
días en que el cielo no había sido separado de la tierra,
en las noches de antes,
noches en que el cielo no había sido separado de la tierra,
con que se abre un mito de Enki y Ninmah,5 así como en el principio de un
poema que pertenece al ciclo sumerio de Gilgamesh:
• Los hombres.
' El objeto último del mito consiste en explicar la existencia de seres humanos irregulares o deficientes -el eunuco, la estéril, el anciano, entre otros- a los que Enki

241
H16

�( 5)

Después de que el cielo hubo sido alejado de la tierra,
después de que la tierra hubo sido separada del cielo,
después de que el nombre del hombre hubo sido nombrado;
después de que Anu hubo trasladado el cielo,
después de que Enlil hubo trasladado la tierra
y de que ésta hubo sido entregada como dote
a Ereshkigal en el mundo subterráneo, etc.,

5)
(

10)
(

y en el primer verso del relato asirio de la creación del hombre, luego traducido

en el párrafo 13.
( 15)
RELATO PALEOBABILÓNICO DE LA CREACIÓN DEL HOMBRE

7. El mito sirve de fundamento a un conjuro que tiene por objeto facilitar los nacimientos. Se conserva en dos versiones, una paleobabilónica, (A), y la otra, (B),
neoasiria e incorporada al Poema de Atrahasis. Éste relata la serie de castigos que Enlil
desató sobre la humanidad antes de enviarle el diluvio, con el propósito, siempre
frustrado, de moverla a que hiciese cesar el ruido y tumulto con que perturbaba la
tranquilidad de los dioses. El último de tales castigos fue la esterilidad, y de ahí al
parecer el que se haya incluido en el poema el ritual que la contrarresta. Textos: (A):
Bu 91-5-9 269, de Babilonia y de la época de Ammizaduqa (h 1578-1558 aJC); (B):
K 7816 y K 3399 + H 3934, de la biblioteca de Assurbanipal (h 668-626 aJC) en
Nínive. Ediciones: (A): T. G. PINCHES, Cuneiform texts from Bab,•lonian tablets in
the British Museum (=CT), VI (Londres, 1898), lám. 5; S. LANGDON, Sumerian
Epic of Paradise, the Flood and the Fall of Man (Filadelfia, 1915; University of
Pennsylvania, The University Museum, Publications of the Babylonian Section, X 1),
lám. lll-lV. (B): L. W. K1NG, CT, XV (Londres, 1902), lám. 49. Traducciones:
E. EBELING en H. GRESSMANN, Altorientalische Texte zum Alten Testament (2a. ed.;
Berlín y Leipzig, 1926 =AOT2), 134 (A) y 205-06 (B), y Tod und Leben nach den
Vorstellungen der Babylonier, I (Berlín y Leipzig, 1931), no. 37 (A y B); A. HEIDEL,
BG2, 67 (A), y The Gilgamesh Epic and Old Testament parallels (2a. ed.; Chicago,
1949), 115-16 (B); E. A. SPEISER en J. B. PRITCHARD, Ancient Near Eastern texts
relating to the Old Testament (2a. ed.; Princeton, 1955 =ANET2), 99-100 (A y B).

8. (A), última columna del anverso:
"Lo que es exiguo, lo hará crecer hasta la plenitud.
La carga de la creación, el hombre la soportará".
y Ninmah producen, a modo de pasatiempo, con ocasión de una fiesta y luego de haber bebido en demasía. Pero en un pasaje anterior del propio texto, y por sugerencia de Enki, la humanidad misma ha sido formada por Nammu, diosa del subsuelo
acuoso y madre de Enki, modelando "arcilla de la que está en la parte de arriba del
Apsu", y en seguida entregado a Ninmah, que en este contexto se identifica con Ki,

20)
(

(25)

Llamaron a la diosa, [ · · · · · • a 1a ma]dre
a la más favorable
'
"T,
1
. de 1as d'iosa~, a la sapiente
Mami.
u eres a Matriz.
.
la productora de humanidad
Produce a Lullu,6 que soport~ el yugo
~l yugo ha de soportar [ ...... ].
·
N~ carga ~_: la creación, el hombre la soportará"
mtu abno su boca
·
y dijo a los grandes dioses:
"En mí reside la formación de todo 1
que Lullu aparezca.
o que es hacedero; con su ...... '

ti' que sera' quien
· ha de servir a todos los dioses
quek' seab 1:'",odelado de arcilla, animado con sang:e"
.
En 1 a no su boca
y dijo a los grandes dioses.
"En el mes de ...... '
·
de la purificación del país (Y) de1 juicio de su pueblo,
que un dios sea muerto
ye que los dioses queden purificados en el juicio.
on su carne y su sangre
q~e Ninhursag mezcle ar;illa.
Dws y hombre
.
phabrán. de [ . . . . . . ] d e ah'i, unidos
en la arcilla.
ara siempre al [ ...... ] habremos de oír"

9. (A), reverso:
[ · · · · · •] su 7 pecho
[ · · · • • •] la barba·
[ · · · · · ·] la mejill; del hombre
[ · · • • .. ] levantar
·
(5 )
[.C · · · · .] de ambos 01'os, 1ª mu1er
· y su hombre.
[ atorce ma]trices estaban reunidas
[delante de] Nintu.
[Al tér]mino de la luna nueva
[a la Casa] de los Destinos lla~aron a las hieród l s
_1_ T__- - u as.
a ierra Firme. El destino de la humanidad
ses, para quienes cada vez se vuelve , d /\proveer a las necesidades de los diomento. Cf. S. N. KRAMER SM 68-72. mas 1 1c1 proporcionarse ellos mismos su ali
• El hombre en su estado
'
, a sal
comparar
con T H. J ACOBSEN, JNES, V, 38-41.·
inicial de
..
L~l~hu": Kleinasiatische Forschungen I v~¡;~;;·) C;.2 B. LANDSBERGER, "Habiru und
• oses1vo femenino singular.
'
'
1-24.
Las cortesanas rituales del mundo de los d'10ses, imaginadas a modo de las sa-

243

242

�[ ...... ) Ea vino Y
.
[se arrodi)lló i abrió la matn~- .
su rostro.
La [venció amorosamente); Jubiloso estaba
[. . . . . . do)bló las rodillas L· · · · · -1
[ ...... ) hizo una abertura.
(15) Dejó salir su fruto,
orando.
d '11 d arcilla .9
.
como vientre el la n
e
'
eonf1gura
d iedra en medio de L· · · · · ·1·
haz . . . . . . e p
'
..
de la que está de parto.
Que los iracundos se regoc11en en ca~ .
1 F, rtil 10 otorga el nac1m1ento,
, 1
(20) Puesto que a e
que la madre del niño dé a luz por s1 so a.

(10)

(25)

°

•

11

10. (B) : L· ..... be)saban sus pies_
i2 te
'an. "Productora de hurnamdad1
llamamos;
d
[yec1.
b"
( 10) [se)ñora de todos los dioses es :u nom re .
[Fueron} a la Casa de los Destinos
[Nin]igiku-Ea (y) la sapiente M.ama.
[Catorce ma)trices estaban , reunidas
11
·na delante de e a.
1
para modelar en lar.c1 '
.
d ente recitaba el [conjuro}.
d"o
Ea mientras reitera am
.
1
1
( 15) L· · · · · ·
]
'
h"
e ella recitara el con1uro.
Sentado delante de ella, Ea iz? ¿u e ella hubo cumplido el conjuro,
[Mami re)citó el conjuro. De.spues e qu
de arcilla.
[ . . . . . .1 ella modeló
11
f auró con los dedos;
[Catorce tro]zos e a con lo
siete trozos puso a la derecha, .
. . da Entre unos y otros co1ocó un ladnllo.
20)
[siete
tro)zos
puso
a
la
izqmer
. .,
bli o is
(
·11'
en
la
estera
hend10
su
oro
g .
[E]a se arrod I o
'
1

1
tres Como la palabra empleada en a
cerdotisas de fecundidad de los tempos :err~~ca 1~ idea de santidad. Cf. E. DHOR~E,
traducci6n, la raíz semíti~a des~ nom_bre
1945; Mana: Introduction a l'histo1~~
Les religions de Babylonie et d Assyne . ( ar:lelo, habla de "las mujeres prudentes,.
des religions, I 2), 213._ (B) 2~, p;~:¡r:c~iones rituales, semejantes a las de las li• Con este verso comienzan as
neas 29-33 de (B) ·
10 Nintu.
tablilla asiria. El último verso de la, colu.1:1n,~ anu Es la columna cuarta de la
podia nacer ningun mno ' co•
.
"la matriz estaba cerrada, de modo que no
bre el hombre en el Mito de
tenor:
d
t ilidad que recae so
•
necta el ritual con el castigo e 1a es er 'l lgunas palabras dispersas, de las que m
. De los vv 1-7 se conservan so o a
Atrahasis.
·
b
. .
f do general puede o tenerse.
siquiera un sen 1
•
•
u Cf. anv. 6 de (A).
f"
i!las de arcilla, aparentemente sin nm.d d d 1 Ombligo en 1as igur
1
(A)
11 Hizo la cav1 a
e
14 líneas parale as en
·
11
guna implicación sexual, a pesar de los vv.
y
'

;:J/

244

(30)

[ ...... ] ella llamó a las mujeres prudentes.
[Siete] y siete matrices; siete produjeron hombres,
[siete] produjeron mujeres.
La Matriz, la productora de destinos,
por parejas los completó;
por parejas los completó delante de ella.
Las formas de las gen tes Mami las forma.
En la casa de la embarazada que está de parto,
que siete días el ladrillo permanezca.
...... de la casa de Mah, de la sapiente Mami.
Que los iracundos se regocijen en casa de la que está de parto.
Puesto que la Fértil otorga el nacimiento,
que la madre del niño dé a luz por sí sola.

11. La presencia de la Gran Madre (Ninhursag=Mami=Nintu ) y la
identidad del ritual fundamentado por el mito aseguran el parentesco esencial de las dos versiones. Conviene, sin embargo, poner el acento sobre las
divergencias entre ambas. Porque (B) duplica, y ya con variantes, únicamente las líneas 3 a 6 del anverso y 17 a 21 del reverso de (A), en tanto que
cubre el contenido de las otras con diferencias de consideración. Así, existe
desacuerdo entre ambos documentos en cuanto a las sustancias que intervienen en la composición del hombre. En el anverso de (A) , Ninhursag emplea la sangre de un dios al efecto inmolado por sugerencia de Enki, para
animar con ella cuerpos de arcilla. (B), en cambio, parece ignorar la participación de la sangre, y presenta a Enki y Ninhursag recitando conjuros sobre
figurillas de barro en forma de matriz, hasta lograr que de ellas nazcan los
hombres. Y mientras la ejecución de ese acto, mitad magia, mitad palabra
creadora, ocupa la casi totalidad de la redacción asiria, el reverso de (A)
describe algo que aquélla no registra. En presencia de las cortesanas rituales ( ?)
de la ciudad celestial, Enki y Ninhursag realizan una divina mimación
de los actos de la vida -fecundación y nacimiento- tal vez con el propósito
de instruir a los recién formados acerca de cómo asegurar la continuidad de
la especie. Por otra parte, es asimismo solamente (A) , en el anverso, la que
hace constar los motivos de la creación, en nada diferentes, por lo demás,
de los conservados por las leyendas similares.

RELATO ASIRIO DE LA CREACIÓN DEL HOMBRE

12. Tablilla esotérica de Assur, de hacia 800 aJC. El texto se halla distribuido en
tres columnas, la segunda y la tercera respectivamente con el original sumerio y la

245

�traducci6n acadia del relato, y la primera con caracten,s aún sin descifrar,. que _probablemente sean criptogramas para uso de iniciados. Edici6n: E. EBELI~G, Ke1lschnfttexte
aus Assur religiiisen Jnhalts, I (Leipzig, 1915), no. 4. Traducciones: E. EsELINO,
Zeitschrift der Deutschen Morgenliindischen Gesellschaft, LXX ( 1916), 432-38, Y
AOT2, 134-36; A. HEIDEL, BG2, 68-71.

(35)

13. Cuando el cielo hubo sido separado de la tierra,
su distante y fiel gemelo,

(5)

(cuando) la madre de las diosas hubo sido traída al ser,
cuando la tierra hubo sido producida, que hubo sido conformada,
cuando los destinos del cielo y de la tierra hubieron sido destinados,
(cuando) al foso y al canal les hubo sido dada (su) co~recta direc?ión,
(cuando) las riberas del Tigris y del Eufrates hubieron sido establecidas,

(entonces) , Anu, Enlil, Shamash y Ea,
los grandes dioses,
(y) los Anunnaki, los grandes dioses,
en
la mansión enaltecida se sentaron
( 10)
(y) lo que había sido producido unos a otros se dij~ron: .
"Ahora que los destinos del .cielo y de la tierra han sido de~tma~?s,
que el foso y el canal han sido encauzados en su correcta direcc10n,
(15)

que las riberas del Tigris y del Eufrates
han sido establecidas,
¿ qué haremos?
¿ qué formaremos?
Oh Anunnaki, vosotros, grandes dioses,

¿ qué haremos?
.
(20) ¿ que' f ormaremo5?"
Los grandes dioses que ahí comparecían
(y) los Anunnaki, que destinan los destinos,
unos y otros respondieron a Enlil :
"En Uzumúa, en el enlace de cielo y tierra,
(25) matemos (dos) dioses Lamga.11
De su sangre, hagamos a la humanidad.
El servicio de los dioses sea su parte:
para siempre
mantener la zanja limítrofe;
(30) sostener la canasta y el azadón
" Los dioses Larnga son dioses artesanos; cf. A. HEIDEL, BG2, 69 n. 52. Tal vez esta condición suya ayude a interpretar el v . 60, cuya primera lectura resulta desconcertante.

246

(40)

(43)

(47)
(50)

(55)

(60)

(65)

en sus manos;
para la morada de los grandes dioses
-que está hecha para ser una excelsa residenciadelimitar el campo;
para siempre
mantener la zanja limítrofe;
conservar al canal su correcta dirección ·
'
mantener las señales de límite;
regar las cuatro regiones del mundo;
suscitar abundancia de plantas,
lluvias [ ...... ] ;
mantener el límite;
llenar el granero;
~acer que el campo de los Anunnaki produzca plenamente,
mcrementar la abundancia de la tierra;
celebrar las solemnidades de los dioses
'
verter agua fresca
en la morada de los dioses
-que está hecha para ser un excelso santuario--.
Uligarra (y) Zalgarra 15
nombrarás sus nombres.
Que multipliquen bovinos, lanares, equinos, peces, volátiles,
abundancia de la tierra,
(eso) Enul (y) Ninul
con sus bocas decretarán.
Aruru,16 la que está hecha para la soberanía,
grandes destinos destinará para ellos:
producir trabajadores aptos para el trabajador apto,
.
trabajadores ineptos para el trabajador inepto,
(surgiendo) de ellos mismos como el grano de la tierra;
algo que, (como) las estrellas del cielo,
nunca será quitado de su lugar''.
Que día y noche
celebren las solemnidades de los dioses
por ellos mismos :
(estos) grandes destinos
Anu, Enlil,

10
"El ( la.
· l ~) Que produce abund anc1a
' " y " el (¿la?) que produce plenitud".
,.
En lugar del nombre Aruru, la columna acadia pone "la diosa señora de los
dioses".

247

�(70)

Ea y Ninmah,
los grandes dioses, destinaron (para ellos) .
En el lugar donde la humanidad fue hecha,
ahí Nisaba quedó firmemente establecida.
17
Que el sabio enseñe el secreto al que sabe.

CosMOGONÍA CALDEA "UNA CASA SANTA"

I

14. Proemio y fundamentación de un ritual para la purificación del Ezida, templo
en Borsippa consagrado al dios Nabu. Texto: BM 82-5-22 1048, bilingüe (sumerio y
acadio, pero el acadio parece ser el original), neobabilónico, encontrado en Sippar.
S. VI aJC. Edición: L. W. K!No, CT XIII (Londres, 1901), lám. 35-37. Traducciones:
E. EBELING, AOT2, 130-33; A. HEIDEL, BG2, 62-63.

( 5)

( 10)

15. Una casa santa, una casa de los dioses,
en un lugar santo, no había sido hecha,
un junco no había surgido, un t.rbol no había sido formado,
un ladrillo no había sido puesto,
un molde para ladrillos no había sido construido,
una casa no había sido hecha, una ciudad no había sido edificada,
una ciudad no había sido hecha,
abundancia de hombres no había sido establecida ( en ella);
Nippur no había sido hecha, el Ekur no había sido edificado,
Uruk no había sido hecha, el Eanna no había sido edificado,
el Apsu no había sido hecho, Eridu no había sido edificada,
una casa santa, una casa de los dioses,
su habitación, no había sido hecha;

todas las tierras eran mar.
En el centro del mar existía un acueducto.

Colofón del tipo usual en las tablillas esotéricas. Compárese por ejemplo el de
EnELING, Tod und Leben, 37): "Misterio de los grandes dioses. El
que sabe debe enseñarlo al que sabe. El que no sabe no debe verlo. / Abominación de
los grandes dioses". O el de VAT 9555: "El que destruya esta tablilla o la eche al
agua / lo mismo que si alguno la ve, alguno que no deba saber nada de ella, al cual
no le esté permitido oír nada de ella, / a cualquiera de éstos, plegue a Assur, Sin,
Shamash, Adad e Ishtar, Bel, Nabu, Nergal, Ishtar de Nínive, / Ishtar de Arbelas,
Ishtar de Bitkidmuri, / a todos los dioses del cielo y de la tierra y a los dioses del
pais de Assur todos reunidos, / maldecirlo con maldición mala e indisoluble, hacer
que no encuentre piedad en todos los días de su vida; / plázcales apartar del pais
su nombre y su simiente (y) arrojar su carne a las fauces de los leones". Ambas tablillas proceden también de Assur y pertenecen al siglo VIII a.J.C.
17

KAR no. 304 (E.

248

Entonces Eridu fue hecha, el Esangila fue edificado
el ~san~la que en medio del Apsu Lugaldukugga 'fundó;
Babilonia fue hecha, el Esangila fue terminado,
(15) los Anunnaki, todos ellos, construyeron (la ciudad) •
"santa c·tuda d", " morada de 1a alegría de sus corazones"
'
'
solemnemente la denominaron.
(Entonces) Marduk tramó una estructura de juncos
sobre la faz de las aguas,
hizo tierra, y (la) derramó en la estructura de juncos.
Para hacer habitar a los dioses
en la morada de la alegría de (sus) corazones,
(20) formó a la humanidad·
'
Aruru, con él, hizo la simiente
de humanidad.
Formó el ganado de Sumuqan, creaturas vivientes de la llanura .
el Tigris y el Eufrates formó, (los) colocó en su lugar;
'
sus nombres los nombró de propicia manera.
(25) Formó la hierba, la caña de la ciénaga, el junco y los arbustos,
el verdor del campo formó,
las tierras, los pantanos, los cañaverales;
la vaca, su cría el becerro
'
la oveja, su cría el cordero del aprisco;
huertos y bosques;
(30) el ma,:ho cabrío, el macho cabrío montaraz [ .... .. ].
El Senor Marduk amontonó a la orilla del mar una represa
[ ...... ] cañas, juncales, en ella puso.
'
[ ...... ] hizo existir.
[Hizo sur]gir [ ...... ], formó los árboles•
'
(35) [ ...... ] formó en el lugar.
[P~so ladrillos, el mol]de para ladrillos construyó.
[Hizo una casa], edificó una ciudad.
[Hizo una ciudad], abundancia de hombres estableció ( en ella) .
[Hizo Nippur], el Ekur edificó.
(40) [Hizo Uruk], edificó el [Ean]na.

CONSTANTES DE PENSAMIENTO

16. ,Más allá de su _diversidad inmediata, los cinco textos que acaban de
ser ~e1dos revelan una fundamental unidad de pensamiento. Sus doctrinas
particulares acerca de la creación -los dioses que crean y las circunstancias

'

249

�. nes tal como los entiende cada documentomodos y resultados de sus operac10 d
1 tradiciones en vigor en las difede otras de acuer o con as
d
11
se apartan unas
'
1
1 t pertenecen Pero en to os e os
rentes épocas y santuarios a que os re a os mogónic~ se hallan presididas
.,
tructura del acontecer cos
la concepc1on Y 1a es
t l vez sean susceptibles de forpor un conjunto de supuestos comunes, que a
mularse como sigue.
.,
d un estado inicial del mundo, a
.
p · a toda creac1on se a
Primero. rev10
d
ertenecen y a partir del cual se
l
. mos dioses crea ores p
cuyo orden os mis
.
fase cósmica físicamente compuesta
realiza todo el tra~ajo suyo. _Esta p~~ra f rra pero ;onstituida también por
por la unión origmal _d~l cielo y . e ~ ie a de ausencias de los seres que
las posibilidades de existir que su~1erel ,ª sum t como lugar en donde estos
dos vale simu taneamen e
después han de ser crea '
d
t ·a para la creación. La obra
como fuente e ma en
últimos van a presentarse y
. creación en el sentido de operanea es en consecuencia,
.
de los creadores nu
,
d
.
t nsforrnación y enriquecimiento
l
ser
de
la
na
a
smo
ra
ción que obtenga e
. ' l'd d s aun cuando todavía despro. 't'1vo mundo lleno de virtua I a e '
de un prim1
visto y rudimentario.
1
mpañía de sus icruales, es siempre
l dios que crea so o o en co
º
h'
E
d
Segun o.
' E lil E k.1-Ea la Madre de los Dioses ipos.
' · sumo· Anu n , n
'
'
un d ios cosmico
.
'
.
1 al únicamente en la Cosmogonza
.
1
de sus advocaciones oc es.
.
tas1ada en a guna
. te teológica derivada del unpecaldea, que con ello se vin~ula a 1a co~nen vez en el prólogo al Código
b b'l' .
enunciada por primera
rialismo a I omco y
M d k l dios nacional de Babilonia. Pero
de Hammurabi,1ª el creador es . ar u ' e
del universo y que se ha
. .d
Enhl en cuanto rey
aun él, que ha sustitm o ~
h d afirmarse en sus poderes de crea.d
, n dios cósmico sumo a e
~
d
convertI o as1 e
' .
d'oses y ahora se acompana e
·
·'
on
los
antiguos
1
,
dor mediante asoc1ac1on c
~ , de Ea en el
d
ar al hombre como se acompano
Aruru en el momento e crez·sh 19 Correlativamente, es a esos mismos dioses
· ana'logo del Enuma
pasaJe
. ei ·
E
a quienes pertenece 1a potest ad
cósmicos supremos, particularmente a n I ' 20
de destruir, según lo demuestran otros textos.

n

"
1 excelso Anu rey de los Anunnaki, (y) Enl!l, seCf. col. I 1-26: Cuando e
.
d' 1 ,
Marduk primogénito de
.
d ·
los destmos e pais, para
'
.
ñor de cielo y tierra, que estma
1 .
h bieron destinado y lo hubieron hed Bel * sobre toda a tierra u
'
Enki, el rango e
. . **
a Babilonia hubieron nombrado con su nomcho grande entre todos los Ig1g1,
(y)
1
tal'd d del mundo (y) en el cenb"
!to suprema en a to I a
'
bre enaltecido y la hu ieron vue él
.
d radero cuyos cimientos son firmes co.
f
ndado
para
un
remo
u
A D
tro de ella hubieron u
" p
1 texto del Código, véase . EIMEL,
ti
entonces etc.
ara e
1
mo el cielo Y como ª erra,
'
R
1953)
. (3
d de E Bergmann; orna,
.
.
Codex Hammura b'
a. e .,
. b
,
be todo el universo. ** Dioses mme* Enlil. El rango de Enlil es la ~o erarua so r
diatamente subordinados a Enlil.
,. Cf· E numa elish' VI 1-40.
·
1 uvio.
h ·
¡ diversos relatos de¡ d'l
'º En particular el Mito de Atra asis y os
1s

Tercero. La creac10n se produce por medio de operaciones directa e inmediatamente ejecutadas por los dioses que crean, y concebidas a imagen
de los actos humanos. Generalmente se copian en ellas las formas de trabajo
del agricultor, del constructor y del artesano, muy especialmente del alfarero.
Aunque a veces, en las antropogonías, el medio de creación es el acto sexual.
Y así como de cada uno de esos procesos de actividad de los hombres regularmente resulta la existencia de un solo objeto nuevo, así también cada
una de las acciones de los creadores da por resultado únicamente un nuevo
ser del mundo.
Cuarto. Con excepc10n del estado inicial del mundo, todo lo que existe
tiene su origen en la actividad de los dioses que crean. Ellos han formado
uno a uno los elementos particulares que componen el universo físico aparente, ellos han hecho los primeros animales y los primeros hombres y les
han otorgado aptitud para repetirse por medio de la generación, ellos han
constituido los modelos para los bienes de cultura -utensilios, procedimientos
de trabajo, formas de vida- que después se multiplicarán por obra de los
hombres, ellos han coronado y perfeccionado el cosmos con la edificación de
sus propios santuarios. Un relato completo de la creación, que por esto mismo
no puede nunca llegar a producirse, tendría que ser también un inventario y
un intento de clasificación de todos los seres del mundo.
Quinto. Cada uno de los seres creados ha sido puesto a existir con el propósito de satisfacer alguna necesidad de los dioses. La rica pluralidad del
mundo se organiza, consecuentemente, en una unidad teleológica y teocéntrica:
las cosas se dan como entretejidas en una madeja de finalidades que las refieren a los dioses. Y por el hecho mismo de hallarse orientado hacia éstos,
tanto como por su propio origen divino, el universo es intrínsecamente un
bien, un orden de cosas que vale positivamente. Necesariamente, pues, cada
dios que crea es al mismo tiempo un dios bienhechor y un dios ordenador.
Sexto. Dentro de esa situación general, el hombre, que no se distingue del
mundo ni por su origen ni por la materia de que ha sido hecho, y que en
cuanto mero ser natural aun ha sido creado salvaje y parecido a los animales,
tiene como finalidad específica atender al servicio de los dioses y liberarlos
parcialmente del cuidado y conservación de su obra. Y esta función suya sí
determina una singularidad. En virtud de ella, el hombre es el único ser
del mundo que puede asumir hacia éste actitudes vicarias y que es capaz
de imitar y de continuar en él, modificándolo a su vez de acuerdo con las
pautas de comportamiento que para ese propósito le han comunicado los
dioses y en cuyo ejercicio reside la auténtica condición humana, el trabajo
de creación iniciado por ellos.
En ninguno de los cinco textos arriba traducidos la especulación mesopo-

251
250

�támica acerca de los orígenes ve más atrás de la presencia de los dioses cósmicos supremos y de la existencia del embrionario cosmos inicial a partir del
cual éstos crean. Pero se!!Ún
la primera de las genealogías. con n
que
un texto
o
·
teogónico que obedece a la misma tendencia de pensamiento mtenta remontar hasta la última fuente de todas las cosas, el cielo y la tierra y los
dioses creadores, aquéllos entendidos simultáneamente como s~res ~iv~nos. Y
como elementos del mundo, proceden unos y otros de una pare·a pnm1gema,
Enmesharra y Ninmesharra, respectivamente señor y señora de las normas
22
inalterables que gobiernan la operación del universo. Desde ~l más remo:º
comienzo habría sido, pues, la doble manifestación de una misma . p_o~enc1a
organizadora, separada y diferenciada conforme a sexo, en cuyas p~s1b1li~ades
de generación habrían estado virtualment:, prefiguradas
las ex~ste~c1as y
los modos de comportamiento y de relac1on que despues se reahzanan en

(10)

( 15)

(20)

;ª

cada uno de los seres concretos.
(25)
APENDICES

UNA COSMOGONÍA POPULAR: "CONJURO CONTRA EL DOLOR DE LA DENTADURA"

l. Texto: BM 55547, de época neobabil6nica (s. VI aJC). Edición: R. C. TnoMPsoN, CT, XVII (Londres, 1903 ), lám. 50. Traducciones: E. EBELI~G, AOT2, 13334; A. HEIDEL, BG2, 72-73; E. A. SPEISER, ANET2, 100-01. Dos tablillas encont:adas
en Mari, que a partir de sus colofones pueden fecharse entre : 7 ~ 5 y 1690, contienen
un texto hurrita del conjuro, aunque sin la introducción cosmogoruca; cf. F. TuuREAUDANGIN, "Tablettes hurrites provenant de Mari", RA, XXXVI (1939), 1-10.

2. Después de que Anu [hubo formado el cielo],
que el cielo hubo formado [la tierra],
que la tierra hubo formado los ríos,
que los ríos hubieron formado los canales,
que los canales hubieron formado e1 cieno
(y) que el cieno al gusano hubo formado,
fue el Q"Usano
a llorar delante de Shamash,
o
delante de Ea corrieron sus lágrimas.
"¿ Qué me darás para que yo lo coma?

(5)

11

22

G. DE GENOUILLAC, Textes religieux sumériens du Louvre, 1 (París, 1930), no. 10.
Acerca del significado de la partícula me, véase Tn. JACOBSEN, JNES, V, 139 Y

¿qué me darás para que yo lo chupe?"
"Te daré el higo maduro
y el durazno".
"¿De qué me sirven el higo maduro
y el durazno?
Levántame y déjame habitar
entre los dientes y las encías.
La sangre de los dientes déjame chupar,
y en las encías déjame comer
sus raíces".23
Inserta la aguja y ase su pie. 2 i
Porque dijiste eso, gusano,
que Ea te golpee con el poder
de su mano.
Conjuro contra el dolor de la dentadura.
Su manipulación: cerveza de segunda y aceite mezcla uno a otra,
el conjuro pronúncialo tres veces sobre ellos
'
y pon(los) en su diente.

3. En su mayor parte el texto se halla ocupado, pues, por un mito etiológico q_~e tie~e como protagonista al gusano que habita en las encías, represen~ac1on ~n~ada del ner~,'Ío dentario. Pero es toda una progresión de generaciones cosm1cas, promovida por Anu y en la que se hallan comprometidos
los ele~entos mayores del mundo, la que ha sido puesta en movimiento para
dar ongen al gusano. Y la despropor~ión entre la magnitud de las operaciones implicadas y el valor del resultado en que desembocan, así como la desp_reo~up~da s~plificación de los procesos y el manejo de objetos de la expenenc1a 10med1ata y no de las grandes potencias cósmicas o nacionales (en
los vv. 3 a 5, por ejemplo, un relato sacerdotal hubiese encontrado lugar para
Ea) , ponen de manifiesto el carácter popular de la cosmogonía. Pero la
introducción se ha adherido a un texto que lleva un sentido religioso. El mito
trabaja en el conjuro como instrumento de dominación, para fin de que por
haber oído pronunciar su nombre y revelar otros dos aspectos capitales de
su ser, su origen y la determinación de su destino, el gusano quede sometido
23

De los dientes. F. THUREAU-DANOIN, loe. cit., 4: "los alvéolos".

. " El ~ie del g~sano, es decir, el nervio dental. La línea contiene, pues, la primera
mstrucc1on al con¡ura~or. Instrucciones ulteriores se hallan en las líneas 25-27. Las líneas 21 a 23, en cambio, serían dirigidas por el conjurador al gusano en el momento
de arrancar el nervio dental. Acerca de todo el problema, cf. A. DAVID, Operation dentaire en Babylonie, RA, XXV (1927), 97.

n. 20.

253
252

�al vínculo mágico, sujeción fuera de ia cual resultarían inoperantes las acciones que el conjurador debe ejecutar en el diente del enfermo.

LA CREACIÓN DE ENKIDU EN EL POEMA DE GILGAMESH

(35)
4. El pasaje se halla en la segunda columna, vv. 11-35, de la p~imera ta~~illa del
poema. Texto: BM 81-7-27 93 y tres duplicados, todo ello material neoasmo, procedente de la biblioteca de Assurbanipal en Nínive. Edición: R. C. THOMPSON, The
Epic of Gilgamish, I (Londres, 1930). Traducción más reciente: A. ScHOTT Y W.
von SooEN, Der Gilgamesch-Epos (Stuttgart, 1958).

5. Los nobles de Uruk se hallan en[tristecidos]
en sus cá[maras de apartamiento]:
(13)
(16)

(20)
(23)
(27)

(30)

"Gilgamesh no deja al hijo a [su] padre;
[día] y [noche] su arro[gancia] prosigue sin restricción.
[Gilgamesh] no deja la [doncella a su madre];
la hija del guerrero, [la elegida del noble"].
Los [dioses escucharon repetidamente] su queja.
25
Los dioses del cielo [invocaron] al Señor de Uruk:
["Aruru] 26 fue la que trajo al ser a este furioso toro salvaje.
Gilgamesh no deja el hijo a su padre,
día y noche [su arrogancia prosigue sin restricción].
Gilgamesh no deja la doncella [a su madre];
la hija del guerrero, la elegida del noble".
Cuando [Anu] hubo escuchado repetidamente su queja,
invocaron a la grande Aruru: "Tú, Aruru, formaste a [Gilgamesh];
27

forma ahora una imagen suya,
que haga par con la tormenta de su corazón.
,. Anu.
1
·
'" Compárese el v. 30, en donde la integración parece más segura porque e posesivo
singular en la línea inmediatamente siguiente, confrontado con su contexto en el pasaje, exige que Gilgamesh sea mencionado en alguna form~. Pero no hay, en lo.~asta
ahora recuperado, ningún lugar del poema que se ocupe d1rect~men~e de la creac1~~ de
'l
h El acto más cercano a ésta de que ha quedado testimonio es el de su per·
1
G 1 games .
feccionamiento" ( cf. Enuma elish, I 91), que Bo 624, fragmento_ perteneciente a a
recensión hitita de la obra, atribuye a Shamash, Adad y "todos_ los d~oses'.'.; ver J. _FRIE~RICH, Die hethitische Bruchstücke des Gilgames-Epos, Ze1tschnft fur Assyriolog1e,

XXXIX (1930), 2-5.
21 El término acadio significa también "reflejo" y "evocación". En cualquiera de las
tres acepciones, la idea fundamental es la de una réplica del ser a que la palabra se

Que combatan el uno contra el otro,
para fin de que U ruk pueda vivir en paz".
Cuando Aruru escuchó esto,
hizo que una imagen de Anu se representase dentro de sí.
Aruru se lavó las manos,
tomó arcilla con los dedos, y la arrojó a la planicie.
En la planicie quedó formado el valeroso Enkidu,
renuevo de ...... , ser de Ninurta.

6. Las operaciones de que consiste la antropogonía han sido pensadas a
semejanza de las que los sacerdotes ejecutan durante el desempeño de las
liturgias, y reconocen como elemento regente el manejo de la "imagen de
Anu", fuerza sagrada que mediante el poder de sus ojos la creadora recoge
del contorno mismo del dios, a la que hace luego residir dentro de su propia
intimidad, y que por virtud de sus manos purificadas traslada después a
un trozo de arcilla, en donde la fija y convierte en origen de vida humana.
Según la lectura que más arriba se acepta, la diosa termina la formación del
nuevo ser lanzando a la llanura el incipiente complejo de materia y energía
que ha sintetizado, como si con ello le añadiera un primer impulso exterior
que lo pusiese en funcionamiento y provocase por imitación, como induciéndola, su existencia independiente y plena. Sin embargo, la última parte de
la línea 34 admite otras dos traducciones, "impuso sus manos sobre ella"
(la arcilla) y "trazó un dibujo sobre ella", que necesariamente traen consigo
dos posibles variantes en cuanto a la operación final.
Por otra parte, aunque Enkidu no es el primer hombre, las líneas inmediatamente siguientes a las antes traducidas lo presentan en la misma condición de salvajismo, anterior a la sociedad y a la vida urbana, que los documentos antropogónicos mesopotámicos suelen atribuir al hombre en el momento de su aparición:

(40)

Espeso de vello se halla todo su cuerpo;
el pelo de la cabeza lo tiene como de mujer;
las guedejas de su cabello crecen como Nisaba. 28
Nada conoce de gente ni de país; su vestidura es como de Sumuqan.
Se alimenta de hierba como las gacelas.
Con las bestias silvestres se atropella en los aguajes;
con las creaturas de fecundidad su corazón se regocija en el agua.

" La cabellera de Enkidu crece con la irergularidad de los sembradíos de gramíneas
cuya diosa es Nisaba. El verso siguiente contiene una idea similar. Sumuqan era imagi~
nado a modo de fauno, y de esa apariencia suya deriva la comparación con la vestidura de Enkidu, tal vez de su propio vello, tal vez de pieles de animales.

refiere.

255
254

�EXPLICACIÓN DE LOS NOMBRES PROPIOS QUE
APARECEN EN LOS TEXTOS
Anu: "Cielo" (literalmente: "lo que está arriba"). Dios del cielo, dios local de Uruk.
Anunnaki: "Hijos de Anu". Denominación colectiva de los grandes dioses.
Apsu: El subsuelo acuoso que sustenta los mantos de agua dulce. En la Cosmogonía
caldea, templo de Ea en Eridu.
Aruru: Advocación de la Madre de los Dioses (
belit ilani: "señora de los dioses")•
Ashnan: "Trigo". Diosa de los cereales.

=

Duku: "Mansión sagrada". Estancia secreta del templo de Enlil en Nippur.
Duranki: "Ligamen de cielo y tierra". Área del templo de Enlil en Nippur.
Ea: "Casa del agua". Dios semítico de los mantos de agua dulce, señor de la sabiduría
y de la magia, dios local de Eridu. Corresponde al sumerio Enki.
Eanna: "Casa del cielo". Templo de Anu en Uruk.
Ekur: "Casa de la montaña". Templo de Enlil en Nippur.
Enki: "Señor Tierra". Dios sumerio al que corresponde Ea.
Enlil: "Señor Viento" o "Señor Tormenta". Dios de la atmósfera y de la tierra superficial, rey del universo, primado del panteón sumerio, dios local de Nippur.
Enul: "Señor de abundancia". Padre de Enlil en cuanto dios local de Nippur.
Ereshkigal: "Señora de la grande tierra". Diosa del mundo de los muertos.
Eridu: Ciudad sobre la antigua costa del Golfo Pérsico, en la desembocadura del Éufrates. Centro del culto de Enki y de Éa.
Esangila: "Casa de la cabeza levantada". Templo de Marduk en Babilonia.
Lahar: Dios de los rebaños.
Lugaldukugga: "Rey del Duku". Originalmente, epíteto de Enlil. En la Cosmogonía
caldea se atribuye a Marduk.
Mah: "Sublime". Epiteto de la Madre de los Dioses.
Mami (o Mama): "Madre". Epíteto de la Madre de los Dioses. Bajo esta advocación, la Gran Madre aparece a veces conectada con el mundo de los muertos.
Marduk: Dios local de Babilonia, promovido a la primacía del panteón y a la soberanía del universo al ocurrir el predominio de su ciudad.
Ninhursag: "Señora de la montaña". Nombre de la Madre de los Dioses en Nippur.
Ninigiku: "Señor del ojo puro". Epíteto de Ea.
Ninmah: "Señora sublime". Advocación de la Madre de los Dioses.
Nintu: "Señora que da a luz". Nombre de la Madre de los Dioses en Kish.
Ninul: "Señora de abundancia". Madre de Enlil en cuanto dios local de Nippur.
Ninurta: Dios de la cacería y de la guerra, hijo de Enlil.
Nippur: Ciudad de la Mesopotamia meridional. Centro del culto de Enlil.
Nisaba: Diosa de los cereales y de la escritura, hija de Anu.
Shamash: Dios semítico del Sol, señor de la justicia.
Sumuqan: Dios de la fecundidad de los rebaños.
Uruk: Ciudad de la Mesopotamia meridional, al SE de Nippur y NO de Eridu.
Centro del culto de Anu.
Uzumúa: "Lugar donde brotó la carne". Área sagrada en Nippur.

256

NOTAS SOBRE LA OBRA POÉTICA DE MIGUEL N. LIRA
PROF. RAÚL ARREOLA CORTÉS
Morelia, Mich.
(Resumen de algunos capítulos del
libro "Lira en el ámbito de México",
de pr6xima publicaci6n).

I. Los ESCRITORES PROVINCIANOS

y

LA REVOLUCIÓN

EN EL PANORAMA DE LA literatura mexicana contemporánea figura Miguel
N. Lira (1905-1961) como uno de los últimos cantores de la provincia. Su
Tlaxcala nativa fue tema central de su mejor obra, y en ese sentido se le
aprecia como el continuador de una noble tradición de nuestras letras, dentro del grupo que inició gallardamente don Francisco González León, el
poeta de Lagos, y al que pertenecen por igual Ramón López Velarde y José
Rubén Romero, Enrique Fernández Ledesma y Alfonso Gutiérrez Hermosillo, Manuel Martínez Valadez y Alfredo Ortiz Vidales, José D. Frías y
Alfredo Maillefert.
Si se observa la época en que aparecen estos escritores de esencia provinciana, encontramos que todos pertenecen al período de la Revolución Mexicana. Mas no es solamente la cronología la que sitúa a este grupo ligado
al movimiento emancipador de la segunda década de nuestro siglo; es también el espíritu de sus obras, que se identifica con el programa revolucionario.
Varias razones podrían aducirse para demostrar que los escritores mencionados pertenecen a la Revolución Mexicana, pero creemos que por cuestión de espacio bastará con dos: 1) El régimen político de la dictadura
centralizó las actividades del país, incluyendo, desde luego, la cultura. Es
muy conocida la frase de que fuera de México (la capital) todo es Cuautitlán, frase que expresaba el desdén con que veían los capitalinos todo lo que
257
Hl7

�sucedía más allá de sus murallas egoístas. La Metrópoli, como aún suele
llamársele era más que la capital de una República, el centro de un_ Imperio, cuyas' pr:vincias del interior, de "tierra adentro", eran. tan "pm~~r:scas" y se veían tan lejanas, que hablar de ellas er~ como refenrs; .ª los m 1~teriosos" países de Oriente, lejanos en la geograf1a y en el espmtu. Al ~eivindicar el paisaje vegetal y humano de sus regiones entrañables, l?s escntores provincianos fueron revolucionarios, aunque. algunos no tuv1ero~. una
clara conciencia de su función histórica. 2) Los mtelectuales. del porfmsmo,
al desdeñar las raíces nacionales, encontraron en lo extran!ero_ el mod;l~
de sus creaciones y particularmente lo francés llenó sus aspiraciones este~cas. Todas las formas del arte y de la literatura se empa~~ron de esencia
francesa, tanto como las modas, los carruajes y la decorac10~. de l~s fª_lacetes aristocráticos. Nuestros escritores se aferraron a la tradición hispamca
de la cultura mexicana, que en la provincia había hincado raíces profundas, tanto en su corriente clásica como en sus autores mod:mos; Y la expreión de la literatura provinciana pertenece a esas tendencias, por más que
s
muchos
de los escritores (Maillefert sobre todo ) sean "afrances~dos" . La
oposición entre lo francés y lo español no es ~in e1:°bargo ~ radical,. pero
sí es suficiente para caracterizar ·como revoluc1onana la actitud de qmene,s,
muchas veces a despecho de su propia formación cultural, buscaban lo mas
genuino para crear el espíritu de nuestra nación.

II. Los

PRIMEROS MAESTROS

La familia del poeta Miguel N. Lira, una familia de artistas,. abandonó
transitoriamente su querida Tlaxcala y, tras una breve perm~ne?cia ~n. ~~ebla, se estableció en la capital del país, donde el joven provmc1ano ~1c1_0 ,.ª
la vez sus estudios superiores y el ejercicio de la poesía. Con sus d1ec1se1s
años a cuestas y el magisterio de López Velarde y Femández Le~esma, el
futuro poeta de Tlaxcala no había penetrado hasta las fuentes mismas de
aquella poesía que le situaba en la plazuela de su pueblo natal y entre las
aentes de su región. "Pero una noche -nos dice él mismo--, en un corredor
de San Ildefonso, donde se quedaron prendidas mis mejores esperanzas. y
mis más caros anhelos, conocí la suavidad mística de los p°&lt;:mas de Fr~c1s:
co González León y aprendí en ellos la religiosidad que anima a los nuos.
1 Esta carta se encuentra en el artículo "Ante la ausencia de M'.guel N. Lira"A:o~
CRISANTO CuÉLLAR ABAROA. "El Nacional", suplemento semanano, No. 731.
r
2 de 1961.

La lectura de los poemas del maestro definió el camino de Miguel: "me
hizo pensar en que yo también tenía una provincia olvidada y unos recuerdos inefables. Así nació Tú, mi primer libro y mis primeros trece poemas".
El camino estaba trazado y por él había de transitar Miguel N. Lira hasta el
final de sus días. Aquel pequeño conjunto de poemas juveniles llegó hasta las
manos del viejo maestro, quien escribió un prólogo cariñoso para corresponder a su joven admirador: "si figuro en este libro, ello se debe a una invitación tan ingenua que no la puede desairar". 2
Con el prólogo de don Francisco González León aparece, editado por el
gobierno de Tlaxcala, el primer libro de poemas de Lira: Tú ( 1925). La
mano conductora del poeta de Lagos de Moreno se advierte en este "primer
brote de un temperamento artístico". Una identidad de asuntos y de imágenes se establece entre ambos poetas, desde los primeros versos de ese libro
primogénito. Pero no sólo está presente González León sino también López
Velarde y Enrique Femández Ledesma, como lo advirtió sagazmente Héctor
Pérez Martínez en una conferencia de 1925, antes de que apareciera el libro
de Miguel.ª
Son tan evidentes las influencias de estos tres poetas en la obra juvenil del
tlaxcalteca que resultaría tedioso e inútil señalarlas detenidamente. Pero ya
que mencionamos la palabra, justo es hacer algunas consideraciones sobre
el tema de las influencias en la literatura. En primer lugar, cabe preguntarnos qué son y cómo se aprecian tales influencias, lo cual nos lleva al asunto
de la originalidad en la obra creadora, en nuestro caso la obra literaria. Un
escritor creemos que es la suma de múltiples experiencias y lecturas. Estamos muy lejos de pensar en el escritor nato, porque vemos en los ejemplos
que nos proporciona la historia literaria, que cada hombre que escribe ha cubierto un proceso en su formación, que va desde los balbuceos inseguros hasta
la obra madura. En ese proceso, que puede ser largo o corto según la disposición del individuo, van insertándose multitud de vivencias extrañas que integran la herencia cultural que es común pero que no todos aprovechan y
enriquecen en igual forma. La obra producida durante y al final de tal cadena de fenómenos resulta original si compendia lo antiguo ya conocido con
las nuevas aportaciones del espíritu de una época o de un medio social y las
tendencias que habrán de enlazarse con el porvenir, en una alianza sucesiva,
dialécticamente renovada. Así que más que influencias encontramos preferencias; un poeta selecciona sus modelos, entre aquellos que más se identifi• Tú. Poemas. Introito de FRANCISCO GoNz.ÁLEZ LEÓN. Edición del Gobierno
de Tlaxcala, 1925.
1

La conferencia aparece publicada en "Huytlale", No. 11, febrero de 1954. Se
pronunció el 14 de octubre de 1924.

258
259

�can con el mundo subjetivo y objetivo que les es propio. Lo~ buen~s poet~ escogen buenos modelos, en una combinación infinita y _sub~, de mt:racc1ones
y de relaciones recíprocas que hacen imposible su locahzac10n. D~cir, entonces, que tal poeta influye en otro eq:iivale a señal~r una ~resen,c1a o preferencia determinada en la formación de éste. Una mfluenc1a sera a lo sumo
Ja huella, a veces imperceptible, que el espíritu complejo de un autor ha dejado en el espíritu y en la obra de otro.
.
.
.
En Ja primera etapa de su obra poética, Miguel N. Lira reg1st:a la influencia de Ramón López Velarde, Francisco González León y Ennque Fernández Ledesma; pero ante todo, empieza a ser él mismo. "Mi~ad ~ice el
autor del prólogo-, la mañana es primaveral; es cierto que m1 escudilla es
tosca, pero la colman de tal manera los encendidos frutos que _el poe~~ ha
querido os ofrende en ella, que casi no se mira la burdeza de m1 ba_rro . La
vieja y gentil escudilla del Iaguense sirvió de recipiente a los encendido~ fi:utos tlaxcaltecas como sirvió también a dos generaciones de poetas provincia'
.
, .
nos. Continente y contenido que se identifican con lo me1or de Mexico.

III.

ROMANCE y CORRIDO

Después de La Guayaba ( 1927), otro libro de poe~as con técn~ca semejante a Tú, Lira publicó la primera edición del ~omdo de Domingo Arenas, que habría de ser la obra que mayor fama traJO a su autor, ~ tal grado
que siempre se le identifica por el poema que da nombre a ese libro, y con
ese mismo poema se encuentra representado en las antologías de la poesía
mexicana contemporánea.
En el Corrido de Domingo Arenas ensaya nuestro poeta la forma ~opul~r
del verso octosílabo. Héctor Pérez Martínez que conocía la tray~ctona Pº:·
+:ca de Lira comentó: " ...nosotros cambiaríamos el título del libro de Miu
'
.
A
"
guel N. Lira para decir de él que es el romance de Domingo renas ,
Veámos cuáles son las razones que da Pérez Martínez para proponer ese
cambio de nombre: a) "Si ha habido en México algunos ensayos contemp~ráneos del romance, éstos se refieren a una influencia de Góngora al traves
de la literatura francesa, y Lira va mejor a la castiza para tomar, acaso d_e
Federico García Lorca -¿acaso de Juan Ramón Jiménez?- esa naturalidad poética que se convierte en naturalidad de intención". b) "El romance moderno casi siempre traduce una experiencia del po~ta ~ob:e el tema
referido y el corrido es la transcripción de un poco de h1stona 1mpe:sonal,
~eflejo d; un acto extraño al poeta, aunque sentid~ por é_l". c). "Las imperfecciones métricas del romance obedecen a un 1uego mtenc10nal que se

prolonga a la manera de insistir sobre una frase, insistencia cuya finalidad
se siente. El corrido -espontaneidad- realiza esa imperfección o esa insistencia no en la forna de subrayar, sino en la de componer, repitiéndolo, un
hecho, un acto, una actitud, un instante". Y concluye airosamente Pérez
Martínez: "Romance y corrido tienen su importante belleza propia. Uno
es la manifestación de un impulso comprensivo; el otro, un intento por hacerse comprender".4
Veinte años más tarde, don Gabriel Méndez Plancarte agregaría una observación más sobre este punto: " . . .mientras el romance es el viejo metro
de dieciséis sílabas, con versos asonantados con la misma asonancia ( o bien
como suele decirse, de versos octasílabos con la misma asonancia en los pa~
res) nuestro "corrido" suele estar hecho en cuartetas de octasílabos --o de
otros versos-, libres los impares y aconsonantados los pares, y cambiando
de rima en los diferentes cuartetos". 5
Conforme a esta observación del doctor Méndez Plancarte, el cambio propuesto por Pérez Martínez carece de razón, por lo menos en el aspecto
métrico formal, porque si se examinan los Corridos de Miguel N. Lira, los
del Corrido de Domingo Arenas y los anteriores y posteriores a ese libro, se
llega al convencimiento de que Lira se sujeta a las formas tradicionales de
la poesía popular mexicana.
Pero hay todavía un punto que: es preciso aclarar en el comentario de
Pérez Martínez: la influencia castiza en los Corridos del poeta tlaxcalteca.
Se mencionan como fuentes directas de esa influencia a Federico García
Lorca o a Juan Ramón Jiménez. Debe tenerse presente que el Romancero
Gitano apareció en 1928, y los poemas que aparecen en el Corrido de Domingo Arenas, así como otros que no figuran allí fueron escritos unos años antes. En el libro Romance y Corrido, de Vicente T. Mendoza 1939, aparecen algunos de los que figuran en el libro y otros ( Corrido de Marcial Cavazos y Corrido de la Muerte de Pancho Villa) que no se encuentran en libro alguno de Lira.
Esto no niega, desde luego, la influencia del poeta granadino en el poeta
mexicano, pero fue posterior al Corrido de Domingo Arenas y corresponde al momento en que la poesía lorquiana alcanzó un extraordinario auge
entre nosotros. El mismo Miguel nos lo dijo en una carta: "A raíz de la afortunada irrupción del poeta granadino en la órbita de la poesía peninsular,
algunos autores mexicanos, y yo entre ellos, adoptaron en sus poemas los
• Nota publicada en "-El libro y el Pueblo", tomo X', No. 6, agosto de 1932, pp. 48-49.
• Prólogo al Corrido de Manuel Acuña, de Miguel N. Lira. Alcance al número 3
de Huytlale. Tlaxcala, 1953.

261
260

�elementos eternamente juveniles del Romancero, tratando de elevar Y deurar las notas capitales del vivir mexicano, expresándolas con los recurp
.
.
ul "ª
sos idiomáticos que mejor se ajustan a su esencia estnctamente pop ar •

IV.

fluencia de esas fuentes castizas, pero en el caso de Juan Ramón encontramos su huella en varios poemas del Corrido de Domingo Arenas y en otros
~oemas posteriores, sobre todo en los Cantos al Río ( 1953), escrito en una
epoca en que todas las influencias se habían asentado para dejar libre curso a la personalidad inconfundible de nuestro poeta. 7

LA HUELLA DE JUAN RAMÓN

Si está clara la influencia lorquiana en la obra de Miguel N. Lira, sobre
todo en su obra teatral, no sucede lo mismo con lo que se insinúa respecto .ª
Juan Ramón Jiménez. ¿Pudo tomar Lira esa influencia castiza de sus Corridos, de los libros del poeta de Moguer?
Los estudiosos de la poesía de García Lorca han encontrado la huella
profunda de Juan Ramón no sólo en él sino en, otros poe~as de su generación. Cuando la Academia de Estocolmo acordo el Premio Nobel para el
"andaluz universal", apoyó su dictamen en las excelencias de Platero y,~o,
obra en la que se reconocieron las virtudes de la buena prosa y del espmtu
poético que la anima, pero prescindieron, los señores académic?s, de 1~ más
valiosa a juicio nuestro O sea la obra poética total del solitano canc10nero
de elegías, paisajes y recuerdos; y la influencia que ejerció en los poetas de
las generaciones posteriores, de los que no existe uno solo que no deba algo al
viejo maestro.
Los incidentes, las angustias y las esperanzas, de la guerra del pueblo español contra el fascismo, hirió el corazón de México, y la voz _de los poetas
españoles acercó nuestras voluntades hacia el conglomera~~, vahente que defendía su libertad contra la invasión extranjera y la tra1C1on de las fuerzas
oscuras del feudalismo. Nuestro país, que ha librado y libra bata~l~s semejantes, escuchó la palabra de los_ m~jores ho~bres de aquella nac10~, Y _n?
debe extrañamos que, de esa sohdandad cordial, haya resultado la identificación de nuestros poetas. Juan Ramón Jiménez y Federico García ~or~a,
sobre todo éste, por la ofrenda de su vida ante los vei-dugos de su ~atna, influyeron en la poesía mexicana, tanto como otros poetas ~e su es~rpe: ~afael Alberti, Manuel Altoaguirre, Luis Cemuda, Pedr? Sal~as, Leon Felipe,
Emilio Prados, Pedro Garfias, y tantos otros que umversahzai;on el nombre
de España, ahora con el signo de la inteligencia.
.
.
Miguel N. Lira pertenece a esta época y su obra registra;ª vigor~sa influencia de los maestros extranjeros, sin perder por ello sus raices mexicanas, antes bien fortaleciéndose al contacto con el ejemplo de los patriotas espa~oles. Resultaría muy largo señalar en cada imagen, en cada palabra, la m• Carta que me envió Miguel N. Lira. Agosto 13 de 1943.

V.

UN RETRATO DE INFANCIA

Los elementos autobiográficos abundan en la poesía de Miguel N. Lira.
Como todo poeta de verdad sublima sus recuerdos, los filtra a través de su
sens_ibilidad, l?s incorpora al mundo sugestivo de sus imágenes, y de un modo unperceptible los expresa en su obra, junto a las vivencias de su imaai.
nación y las aportaciones del mundo real en que vive.
~
U~ retrato, recientemente publicado, nos muestra a Miguel en su infancia, de cuatro o cinco años, vestido de marinero, con un pelo rizado que
le cae sobre el hombro. La presencia de este retrato obsesionó al poeta desde sus primeros cantos. En su Cuaderno de notas ( 1936) encontramos estos
versos:
Y o nací para ti con el retrato
que adorna un decorado de caireles
a la luz de la tarde en arrebato,
cuando el cielo se albricia de claveles
y se orquesta el jardín en ruiseñores
para el vals indeleble de las flores.
Era entonces la etapa marinera
del traje azul y boina sorprendidos
por el ancla de plata y la bandera
que se prenden del brazo, confundidos,
más por mirarse siempre en compañía
que por reclamos de fotografía.

En sus novelas, en sus obras de teatro, en sus poemas no coleccionados
en libros, brotó a ca~a instante este recuerdo. En Segunda Soledad (1933),
e_n Palabras a los Pá1aros (1937) y en Carta de Amor (1938), para no citar
smo algunos, encontramos la reiterada referencia al trajecito azul de ma• Cantos al Río. Poema, el Huytlale, No. 1, abril de 1953.

263

262

•

�"paraíso de caireles en fuga de reposo
rinero, a la corbata de colores, al
convenido"•
. fan te, tales como la Plaza de Armas de
vida de m
Otros recuerd os de su
. .
d
padres resurgen constantel
oquia y la v1e1a casona e sus
'
de todo ello
1
su pueb o, a parr
obra, en prosa o en verso, pero
,
mente en los renglones de su
preparación, porque aqui renos ocuparemos en el libro que tenemos en
sultaría demasiado extenso.

VI. LIRA

y

BÉCQUER

. de Juan Rad. h acerca de la .mfl uenc1a
Algo parecido a lo que hemos ic o
. , podríamos decirlo sobre Gus, en L"ira Y en los poetas de su generac1on,
mon
tavo Adolfo Bécquer.
.
l
sobre el tema. Le dice
li
Miruel nos co oca
S
Una carta de Pedro a nas a
ºta
'do su delicadeza y lirismo, su em•
. "Me han encan
.
, ·
el espanol al mexicano.
. . , de un becquensmo dramat1..
de sombras su v1S1on
d d
'
b', cada uno de nosotros es e
Paque de romanticismo
•
ntramos tam ien,
¡
co. En ese camino nos enco
.
b ta de las palabras, y los seres y os
nuestro campo. Un sutil aire móusf1ca dro 'rrealidad y misterio sentimental".ª
·
atm s era e 1
•
objetos viven en 1a misma
,
la nuestra por las circunstancias
La poesía española contempor~ea, y . d 1 ' más puro y limpio de
'b'
una nea herencia e o
ya mencionadas, rec1 ieron
G ·1
San Juan, de Góngora y
la tradición literaria. Las voces de arTc1 aso
Quevedo y Manrique, de
d V ga y Santa cresa, e
,
Fray Luis, de Lope e e
1 generaciones-síntesis de la poes1a
Bécquer y Cervantes, concurren en as

i

J

contemporánea.
d
excelencia. Su lenguaje poéGustavo Adolfo Bécquer es ,u~ ren~bva otr_,por e1·erce un definitivo magiste, ue mus1ca v1 ran e
20 G
tico -"perfume, mas q
d 1 eneración aparecida por el 19 ' arrío en los poetas del 98 y en los e a g
cía Lorca entre ellos.
·¡ . , nombrada Literatura Española
r as en su recop1
ac1on
l
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El mismo poeta Sa m '
.
. f damental entre e mo er- 1
punto de divergencia un
.
- 1 d
del siglo XX, sena a un
., d 1898 Dice que los espano es e
.
• ano y la generac10n e
·
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nismo latmoamenc
ovimiento revoluci9nano, espe •, t ansformaron un m
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.. , depuradora de lo tra ic1on '
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no
aca
emica.
de la gran trad1c1on poe ica v1v '
Juan de la Cruz y Bécquer.
- ¡a, 4a• edic., 1953. T .
J'RAT. Historia de la Literatura Espano
• ANGEL VALBUENA

El Cisne de Andalucía no sólo brillaba como astro indiscutible y solitario
en el cielo de la poesía romántica española; sus cualidades de poeta excepcional estaban admirablemente presentes en su prosa, en sus hermosas L e)'endas y en varias cartas Desde mi Celda. que tal parece fueron esquemas para algunas leyendas, joyas preciadas por la fuerza poética de su lenguaje y por
la fantasía vigorosa que en ellas sobresale. Valbuena Prat ha escrito que en
las leyendas becquerianas "el interés dentro del motivo poético se concentra más que en la acción, en la atmósfera. .. No son los personajes, sino el
perfume de la leyenda, el ambiente de misterio, el encanto de una honda
melancolía, lo que da un valor de interés primordial, junto a una flexible
y agradable forma, a estas leyendas".
¿ Y qué menos podría decirse de los Corridos, las obras de teatro y las
novelas de Miguel N. Lira? ¿ Este es el "becquerismo dramático" y el "romanticismo de sombras", que veía Salinas en la poesía de nuestro tlaxcalteca?
Salinas se encontraba dotado de una sensibilidad especial para advertir esas
atmósferas irreales, ya que poseía una "técnica desrealizadora", según Federico de Onís, y un poder de rejuvenecimiento del barroco español, del
conceptismo adaptado a la vida moderna, un conceptismo "interior'', como
le llama Leo Spitzer.
Esa penetración tan peculiar en Salinas nos aproxima al romanticismo de
Miguel N. Lira; un romanticismo que lo liga a la leyenda de su pueblo, a la
que dota de un valor dramático que se deja flotando en el ambiente. No es
la acción. Si leemos sus Corridos, por ejemplo los .del Corrido de Domingo
Arenas {Máxrmo Tépal, Cirilo Urbina, Adelita, Pancho Villa, Emiliano
Zapata, Margarito Mariaca, Catarino Maravillas o Eutiquio Rivera), no encontramos "acción", en el sentido de argumento dominante. Cuando quiere
ceñirse a una "historia", fracasa, empobrece el Corrido, como sucede en Los
Caciques y el Corrido que dedica a don Alfonso Reyes, que se encuentran
en el mismo libro; y cuando más se sale de los dominios anecdóticos, más se
sumerge en esa atmósfera de irrealidad, se toma más "romántico'', como en
sus Corridos de La Niña de Miel y de La Niña sin Novio.

VII. LA

ÍNTIMA TRISTEZA REACCIONARIA

Un lugar especial merece el tema, poco explorado, de la influencia de Ramón López Velarde en Miguel N. Lira. En estas leves notas sólo apuntaremos algunos rasgos que quizá sean útiles cuando se emprenda el estudio
profundo sobre este asunto.
En una carta que Lira envió a su colega Crisanto Cuéllar Abaroa, dice:

III, p. 276.

265
264

•

�"Era discípulo, en 1921, de Ramón Lópcz Velarde, que fue el primero que
cantó a la provincia y la pintó con vivas pinceladas. No conocía ese año su
libro La Sangre Devota, que encierra la una y mil virtudes de las provincias
felices; pero ya habían consultado mis ojos y mi corazón Zozobra, libro
que me enseñó inusitados adjetivos y que me hizo huír de la retórica absurda, de la consonante y el lugar común".
Tomemos los libros de Lira, desde Tú hasta los últimos que dio a la
estampa o imprimió con sus propias manos, y veremos corroborado su aserto.
Una adjetivación que podríamos llamar "velardeana", si quisiéramos atribuirla al zacatecano exclusivamente; una adjetivación original, fresca, eficaz,
perdonándonos el contagio al volcar estos adjetivos.
Vals indeleble, traje azul y boina sorprendidos, acuáticas canicas, fuentes de
lluvia colegiales, metálicos deslices de patines, beneficio malva, erizado espanto, rubio trino del canario, refresco morado, viandas coloridas, nácar porcelana, sirenas postrimeras, hermosura incisiva, y cortante, el dominio azul del
telegrama, abriles abiertos, cotidiano maleficio, pintada blancura de acuarelas,
tu cuerpo vegetal, verde florecido, reposo convenido, distancia azul, cielo
sorprendido, retablo añil, son frutal, bugambilias carmín, pájaro clarín, angustia armada, inolvidable olvido, desesperada hiel, luz deshojada en el alba,
sombra digital, rama derramada, beso diminuto y eterno, ventana iluminada
por el perfume de las madreselvas, halagos curvados, cuadradas transparencias, etc., etc.
La devoción de Miguel N. Lira por su nativa Tlaxcala fue el centro de
gravedad de su obra, y este rasgo provinciano también identifica a nuestro
poeta con su maestro en las aulas y en la poesía, de quien toma esta clara
expresión: "he puesto ante tus ojos mi vida reaccionaria" .. .

VIII.

RECREO SOBRE JUGLARES

Andrés Henestrosa, gran amigo del poeta tlaxcalteca, le dijo un día a Miguel que su obra era la de un juglar, y cuenta el juchiteco que a Lira no le
agradó el calificativo; tal vez entrevió alguna malicia fraternal, y sintió que
se menospreciaba su cultura literaria, ya que los juglares eran individuos
que, en la mayoría de los casos, repetían las historias que oían de otros del
mismo oficio o de la clase semicultivada que rondaba los castillos, los monasterios o los burgos. Miguel era un hombre culto, como su amigo Andrés,
y lo que éste quiso enfatizar al llamarle "juglar" fue seguramente su carácter
popular, y en este sentido estaba en lo justo, porque en verdad los cultivadores del mester vulgar estuvieron tan cerca del pueblo, que sería impo-

266

sible conocer la historia de España
agentes eficaces que fueron l . 1' por ejemplo, sin el testimonio de esos
N
mj~~es
¿ o fueron juglarescos los versos d . G
el buen hombre demostrab
l e onzalo de Berceo, a pesar de que
a su cu tura al somete
d.d
¿ y no podría decirse lo mismo de a u . .
r a me i a sus cuartetas?
don Juan Ruiz el preste de fft ? E q el jubiloso pre-renacentista alcalaíno
1 a. stos poetas no e
escnºbºir en latín' O más bº
ran tan cu1tos como para'
'
ien eran tan profundam t
l
estar cerca de la muched b
en e popu ares que preferían
.
um re en vez de ence
copiar libros extraños.
rrarse a repasar sus latines y a
Como se ve' el asunto tJene
•
mayor trasce d .
por términos. Miguel fue en el senfd
- 1 nd enc1a que una simple disputa
·d .
,
1 o sena a O un j.ugla
1 f
gra o s1 nos atenemos a la ra' tº l' .
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r; y o ue en mayor
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IZ e imo oa1ca • juaaba
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maneja a con destreza y lograba con ell o ' . º
con as palabras, las
En la historia de las letr
.
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as mexicanas hemos tenido . l
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I
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u ar en una canción, un Corrido o
donde el paisaje la mujºer la f
puel o, en generosa y dramática entrega
'
'
ierra y a esperanza en
.
'
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.
'
graciosas o dolorosas
o
rsona i a nacional.
Por otra parte, hemos tenido oetas
fuente viva del pueblo
d
p
' cuya cultura los ha alejado de la
Y e sus problemas vital
1 · •
se1ecta los ha aislado de l
1. .
es; e cnteno de minoría
.
as pa p1tac1ones popul
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cambio se han identificad
l
.,
ares e nuestro país, y en
0 con a producc1on de ot
. •
l · d
mopolitismo no desprovisto d . t 1·
.
ras atltu es, en un conse me 1genc1a
y todavía un tercer grupo : el ue forro .
.
formación cultural, o tal vez porq ella
adn lods _:scntores que, a pesar de su
su tri
' no es enan acerc~e al
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pa a, y que expresan en lenguaje c lt l
.
corazon e
mayorías.
u o o que les dicta el espíritu de las

P~f

Podría trazarse un paralelo entre lo
.
de la Edad Media en víspera d l que se dio en la literatura española
'
e a aurora rena f t
p
nombres de los nuestros de los poet
.
cen is a. ¿ ara qué citar
'
as mexicanos? Cada q .
1
a su gusto. Hemos tenido juglare
, .
.
men que os coloque
mos; y poetas cultos al modo d s l anonimos en un pueblo de héroes anóniLibro de Apolonio insp1ºrad
e os autores del Libro de Alexandre o del
,
os en asuntos q
d
sangre; y también tenemos autores que
ue ~o son e su suelo y de su
d ff
1
se asemejan a Berceo
1 Ar .
e ita, en os cuales "cultura" no
. 1
.
Ya
cipreste
sino un medio de aproximación y e1:::~::adeenlte debla1slamiento ni desarraigo,
.
.
.
pue o.
. , que dan l
. Visto a distancia, con la dºrmens1on
· ¡
igua~ente interesantes y muy españoles a l
os_ s1g os, ¿no encontramos
mencionados? ¿Así veremos a l
.
os e~cntores de los tres grupos
, .
os mexicanos unidos
l
tonca cuando acontezca el gran R
. . '
en a perspectiva hisenacumento de nuestro país?

267

�EL MITO DE HÉRCULES
I

DR. JAIME ÜSPINA ÜRTIZ

Universidad del Valle-Colombia

HEMOS SOSTENIDO CON UN colega animado diálogo, al modo socrático buscador de verdades, sobre el carácter individualista -mi colega-, y nacionalista -yo- de las culturas greco-romanas.
-El individuo, como sujeto de derechos, no tuvo apenas significado para
Grecia y Roma. Recuerdo dos trabajos interesantes en los que se sostiene que
todo allí fueron instituciones sociales y desindividualización de la persona. Me
refiero al estudio sobre las instituciones romanas de León Horno 1 y a Glotz
que investigó las instituciones griegas. 2 Mire usted, cuando Aristóteles formuló
la idea vigente en su tiempo sobre el hombre, sólo relievó al ser político,
colectivo, nacionalista.ª Aquel zoon politikon es el alma de la literatura de
la Hélade y palpita en el fondo de toda la antropología clásica con carácter
obsesivo y único. La libertad individual, purgada de presupuestos políticos,
fue tan ajena a aquellas culturas como es a la nuestra (¡digo a la occidental
de hoy enfrentada al marxismo!) el condicionar la libertad individual del
hombre íntimo al estado.
A este planteamiento mi colega oponía:
-Las instituciones greco-romanas, muy al contrario de lo que usted sostiene,
fueron eminentemente individualistas. El Derecho Romano, más concretamente el Derecho de Gentes, y el culto griego de los héroes consagraron, en
aquellas culturas, al individuo como sujeto de derechos. En las mencionadas
instituciones el Estado aparece como el gran defensor de los derechos funda1

HoMo, LEÓN, Les Institutions po/itiques romaines, Ed. Albin Michel, Parít,
Trad. de José López P. Ed. UTEHA, México, 1958.
' GLoTz, G., La Ciudad Griega, Trad. José Almoina, Ed. UTEHA, México, 1957.
• ARISTÓTELES, Política, I, 1, 6 y I, 2 estudia la naturaleza social del hombre, y
por su concepto de sociabilidad encuentra fundamentos para justificar la esclavitud.

269

�mentales del individuo y como estímulo de individualización. Grecia más que
Roma quiso de cada individuo un héroe y para ello se esforzó por educar al
individuo en la autonomía prodigiosa de la areté. La areté, es decir, la excelencia de la personalidad no era otra cosa que el acopio de virtudes que hacen
superarse al individuo, sacándolo de la mediocridad colectiva a la grandeza
individual.
-Usted da una interpretación individualista -acondicionándolos a su punto de vista- a argumentos claves en pro del concepto colectivista de las
culturas greco-romanas, insistía por mi parte, queriendo mostrar al colega la
única cara de la medalla. No es del caso apoyarse en la apariencia individualista de tal o cual principio del Derecho, aislándolo del contexto y torciéndole su intencionalidad. El Derecho Romano se elaboró, mejor se codificó,
en pro de la unificación normativa del Imperio y en él lo interesante no son
los derechos que concede sino a quiénes se los concede. Porque con el Derecho
Romano pasa lo mismo que con la educación de los ciudadanos en la areté:
aquello no era para todos, era privilegio de la aristocracia gobernante. Cuando
llegó la época de la democracia los juristas atenienses no tuvieron más salida
que la de dictar para todos los ciudadanos el título de aristócratas. Usted
recuerda que aun entonces a la masa amorfa de los millones de esclavos se
les negó todo derecho y toda educación porque no tenían areté. Pero tengo
otra conclusión más, extraída de la extensión de la areté a todos los ciudadanos: la única intencionalidad de tal medida fue el servicio de la polis.
En tal forma fueron colectivistas aquellas culturas que penetraron de nacionalismo todo el psiquismo individual con sus derechos y sus virtudes. Y aquí
nos empezamos a adentrar en el alma griega, en sus ideales y en su plena
concepción de la vida. Yo quisiera que penetráramos a este maravilloso mundo
de la mano de un héroe, del más representativo de los héroes griegos, del
más mitológico de ellos, de un Hércules, por ejemplo, que para mí sintetiza
el alma griega y que por su peculiaridad excepcional, de él echaron mano
los poetas, los filósofos, los escultores y los pintores cuando quisieron presentar
al pueblo de la Hélade lo más auténticamente griego de su pre-historia.
A estas razones mi colega opuso otras interesantísimas hasta el punto de que
no pudimos ponemos de acuerdo, a pesar de estar seguros de que los dos íbamos guiados por la frónesis; tuvimos, empero, el buen humor de citarnos a
duelo en pequeños ensayos, donde cada cual expusiera los argumentos más
valederos en el sustento de su respectiva tesis. Así, habíamos dejado el método
socrático de la inspiración, por el método científico de la investigación. El
tema, dijimos, contiene un problema de interpretación histórica, nada menos
que sobre la cuestión de las cuestiones, el dédalo de la libertad individual, y
como ambos estuvimos de acuerdo en que la interpretación histórica es va-

ledera cuando
. . se apoya en sucesos históri
.
.
concepto md1vidualista y sub· a·
cos, independientemente de todo
·d·
Je vo como ¡
prec1 irnos formamos una conc1enc1a
. . ' ilu tr d o ensena el maestro H usser1' de1
uego honradamente.
s a a sobre el problema y exponerla
A propósito
de honradez mental estuvimos coro
poca
.
d
. existe en los intérpretes de la h. t .
entan o con el colega cuán
regnna acondicionan los suce
h. ~s _ona. Por sacar adelante una idea
den, cortan
.
.
sos istoncos en forma im , d"
.
pe,
, cambian, mterpolan
t' .
pu 1ca, niegan añael metodo de la tijera y el ena-ru'd;1d1c1pan y procrastinan los datos, ~sando
fueran los autores de la Historia . ~ que habla Collingwood, como si ellos
el propósito de no ceñimos a nmgun
. . 1_LeJos
.
esq de nosotros
hi
.tal impudicia'• H'1cirnos
cont~amos apriorísticos y meten a los en uema stonológico, porque los ende solo pueden salir con la fo'rm I p, ~adores en unas encrucijadas de don
.
u a magica d "R
M1 amigo es persona eal
e
orna locuta".
1
. ..
r mente versada
1
a ant1guedad. Ello me hace temer
en as culturas mediterráneas de
floretazo. Pero no importa, porque el
voy a qu:~ar tendido a su primer
go producira sus frutos en mi osad'1a.

::s:i
•

Esd el mito producto de t rad"1c1on
. , impr
.
· d
e los pueblos, que enlaza hech h'ec'.s~, enso por el contenido del aln:f~cando en héroes y semidioses las º:u istoncos o ~reencias religiosas, persotonco, como poderes sobrehumano
sas r~conoc1das, en ese momento bisen much
s recognoc1bles en l f ,
os acontecimientos históricos
.
os enomenos naturales
trías _Y ciudades; por sobre todo
nt~s. anti~uísimos de familias, fra~
constituye su carácter de encamación 'del .;ax1ma i_mportancia del mito la
Para el fin que se propon I
i eal heroico de los pueblos.
1
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presente
ensa
.
p eJ1 a
el mito dos element .
,
yo conviene
destacar de la c
h .
os. su caract
l' .
omerotco. En Grecia, más que en otros
er re i~toso y su esencia del ideal
tos del mito son valiosísimos para la Jt~:blos °?:1dentales, estos dos elemenhel~~os, ya porque desempeñan pa el ?reta~1on del concepto vital de los
-p1ensese en Homero-- ya tamb', p pnmord1al en los primeros escritores
de
'
icn porque
. todos los tiempos sacaron
de ellos
arsen 1sus
d filósofos
.d
' poetas Y escu1tores
~vos artísticos y de enseñanzas morale
a e I eas tradicionales, de mohto el virginal Dafne Orf
N . s. Perseo, Demeter y Perséfone Hº ,
e .
.'
'
eo, arc1so, Urano G
.
' ipon importancia el mito nacional de Hércule y ,ea, _Y por encima de todos
no menos griego que los de p rometeo y Proteo.s,4 mas neo que el de Sísif Y

~~

e11: ~:

°,

• Interesantes estudios sobre el .t
.
the of the State, quien va en busc~ : lgnego _nos_ los ofrecen CASSIRER E The M
conc1cnc1a mítica.' BoWRA, C· 'M., ·•The Greek
Y·

ª

271
270

�Enraizado en los dos elementos que hemos querido destacar está el problema de la libertad individual. ¿ Hasta dónde la conciencia mítica fue
libre? ¿En qué forma el ideal heroico dejó ilesa la libertad individual?
Al afirmar que de la esencia del mito es el elemento religioso, estamos,
así sea involuntariamente, planteando el oscuro nacimiento de las religiones,
gestadas en antigüedades brumosas y ensombrecidas mil veces, en su paso
hasta nosotros, por la travesía de generaciones mil, desde primitivos sin nombre y sin historia. La plenitud de la fe religiosa más que una experiencia
total es un legado acumulado en innúmeras generaciones, ya que la tradición
no es el agua de una noria, de idéntico volumen en todo su trayecto, sino el
caudal de un río que se va acrecentando con los afluentes que le vierte cada
día. Se habla de la pureza de la tradición, pensando en la noria y olvidándose
del río. Las grandes revoluciones sociales y las tormentas enturbian las tradiciones y los ríos.
Muy acertados andan quienes juzgan que las magnas deidades del Olimpo, al ir de generación en generación, sublimaron su carácter inicial de personajes de mito; en ese caso, Zeus habría sido el mito del pater, como Hera
(Juno) de la mater; Atenea (Minerva) la hija predilecta de Zeus habría
sido el mito del nacionalismo, como Apolo el mito del superior destino de la
Hélade para las artes, la filosofía y la política; Artemisa (Diana) la personificación de la naturaleza virgen y Hermes (Mercurio) el mito del comercio
y de la expansión de Grecia; Poseidón habría sido el mito de lo que representa el mar para Grecia, como Afrodita (Venus) representa el eterno femenino que recibiera tan destacado culto entre los pelidas.
La religión griega tuvo su origen en la familia y creció al ritmo del crecimiento de la sociedad. Fustel de Coulanges, en su obra maestra "La Cité
Antique", prueba esta tesis, que desde él ha sido comúnmente sostenida. Así
Bowra, uno de los más recientes escritores sobre Grecia a la par que atinado
y fácil expositor, dice al respecto: "La religión griega, que comenzó en el
individuo y la familia, pasó con facilidad al ámbito de la ciudad estado,
que
5
poseía ciertas características de la familia y protegía al individuo" .
Nuestro propósito de encontrar las relaciones del mito y de la religión se
reforzaría notablemente si los griegos hubieran tenido, en ellos -en sus dioses-, otros tantos modelos de acción y de grandeza. A mostrar esta relación
apuntan aquellas palabras de Bowra: "Si Zeus, en el Prometeo Encadenado,
de Esquilo, se comporta como un joven tirano, y afirma los derechos del más
Experience, London, 1957;

GROETHUYSEN ,

B., Mythes et Portraits, quien se fija más

en el mito como ideal histórico.
• BowR,., The Greek Experience, Trad. de Luis GIL, La Aventura Griega, Ed.

fuerte, no hay nmgun
• , motivo
. .
modelo". e
que mpida a los hombres tomaro
1 como
Estas
. , y e •t
, Ji • interrelaciones de la re1·igion
ana sis de la libertad individual
al mi o se nos aclaran mucho con el
lo q
.
conserv a por el .
f
ue eqwvale a decir frente a
.
gnego rente a su relioi6n
va a
.
.
sus rruto. Es Fuste! d C
o· '
guiar especialmente en este an T .
e oulanges quien nos
apoyamos.
a JSJS en cuanto a los datos en que nos
En el hogar de toda casa .
rá
Ese fuego ardoroso era el alm gn;g~ a a perennemente el fuego sagrad
el aniquilamiento del carácterª e .;s _mtepasados. Su extinción significai:
demonios
iVlll) de los
penates y su trueque en
, . maléficos d ed"1cad os a semi
perseguí1 . ,
mogeruto del muerto era I
a a impia descendencia El
.
h ·
e encargado el , •
·
pnogar. Sacerdote sumo, también él desti;:do umco encargado del culto del
prende la veneración en que se I t ,
a ser penate, fácilmente se comeran · · if.
e ema Los dem'
· b
,
msign icantes frente al pater S l. él
, as miem ros de la familia
formulas y ritos sagrados secreto
fo º·¡· podia orar, él solo conocía las
tradiciones y virtudes
·
'
' · de los bienes
paternas
el ne am
, . ia. Heredero umco
rey que p od'ia d"isponer de la vida
' de sus
ovismo
pater
era
·
li.
JU~ en su casa, era'

d

que dar cuenta de ello a nadie Co
d Jos, esposa y servidumbre, sin tener
el futuro d~l culto, la mayor im~ied~o u: él Y, de su descendencia dependía
guardar celibato y se exponía a los
~ podi~ cometer un primogénito era
Cada familia tenía su cult dif castig,s sufndos por Hipólito.
ro .
h
o
erente sus dife t d"
'
ren es 10ses, su sacerdote
P p10, su éroe y su religión . d
hogar extraño o tomar parte enpnva a. Ea delito de muerte acercarse a un
tu·
una ceren ·
·
use la ciudad, se adopto' un d.
. oma a1ena. M ás tarde, al cons·=
·•
ios comin
At
u-:- enea Polias- o un héroe
-Qumno-. La religión se ensanch,
doméstico. La tradición rodó b lo, ~6"o sm perder los rasgos del culto
personajes míticos y revistiend:
sigo:, tr~sformando en dioses a los
adecuada pintura de nuevos mitos Al ~eva mexphcables experiencias con la
sacerdote común, investido no sól~ d 1 renlie del cu!t~ políade se colocó a un
suprema magistratura:
·
e go
·
.,
se le lla , "B
. erno reh01oso
o·
, smo tambien de la
d d
mo
as1 1e1s" "R ,,
a odiaron a los de otra y como
I
. ex . Los dioses de una ciu
excluídos del culto políade' E
edn de cuto familiar, los extranjeros fuero~
f
. s ver a qte en
b
ueron aceptados por toda Grecia I d.
'
su usca del panhelenismo
n
A
os iose· olímpic
'
ores. un entonces en casos d
¡· . , .
os y otras divinidades me
.
e co mon re una . d d
con otra, las divm1· ·
d des, mvocadas simultáneamente por los :1.dv cm
.
equilibrio y se ladearon hacia los , f
ersanos, perdieron su olímpico
t ·
mas ueres A
, .
estmas, Tucídides narra la resp t d d .
propos1to de estas luchas inues
a
a
a
por
lo
t
.
•
s a emenses
a los melios. 7

1: :s

ª

, ldem. lb., p. 94.
T ucíomEs, V, lOS, l.

ª

.

Guadarraroa, Madrid, 1960, p. 89.

273
272
H18

�"En lo que respecta al favor de los dioses, tampoco nosotros creemos quedamos atrás. Pues no pretendemos ni hacemos nada que esté fuera de lo
que los hombres piensan sobre los dioses ni de lo que quieren los unos con
respecto de los otros. En efecto, nuestras creencias sobre los dioses y nuestro
claro conocimiento de los hombres nos inducen a creer que unos y otros, por
imperativo de su naturaleza, gobiernan siempre a quienes superan en poder".
Esta realidad griega es comentada por Bowra: "Es cierto que algunos grandes
santuarios, como Olimpia y Delfos, eran genuinamente helénicos, y el acceso
hasta ellos estaba garantizado por pactos internacionales. Pero cuanto más se
honraba un dios en una ciudad, tanto más se esperaba de él que le prestara
ayuda en contra de las otras".8 Y un poco más adelante añade Bowra: "Si
los dioses griegos eran parte de una herencia común, constituían también una
poderosa fuerza para mantener dividida esta herencia. . . La religión griega
se basaba sobre la creencia en el poder en sentido amplio, y especialmente en
el poder de sacar el máximo provecho de las capacidades y oportunidades; y
los dioses que encamaban esta creencia, ayudaban a los hombres reforzando
sus capacidades en muchas clases de actividad. La religión acentuaba la dig9

nidad de la acción y le confería un impulso motor" .
El providencialismo activo de los griegos -tanto más confían en el poder
divino cuanto más seguros se sienten de sí mismos-- contrasta con su frecuentísima actitud de temor ante lo desconocido, presentándonos nuevamente
el fenómeno religioso en función del sentimiento de seguridad. Para el primitivo ignorante todos los efectos cuyas causas desconoce son manifestaciones
de la divinidad. Los efectos favorables son un premio a su esfuerzo, en tanto
que los desfavorables son un castigo a su impiedad. Por eso huye de la impiedad casi con zozobra. Su conciencia es una conciencia atormentada. Posee
a plenitud el sentimiento trágico de la vida, en su doble carácter de angustia
vital y de desenlace fatídico. Pero su conciencia ha sublimado el sentimiento
trágico convirtiendo el amor fati en verdadera catarsis, con todo lo que ésta
encierra de purificación, sublimación de los instintos, llamamiento al ideal,
sentido de la muerte y perenne culto religioso. Superado el primitivismo, muchos rasgos de éstos perduran.
La casa del griego es un santuario, en cuyo hogar perviven los males, los
límites de su parcela están demarcados por los dioses, sobre su ciudad vigilan
insomnes y vengativas deidades. Las fuerzas misteriosas de la naturaleza (el
mar, la tierra genitora, el rayo, la luz) mostraban a sus ojos atónitos personificaciones concretas y exactas, a veces amigas, a veces maléficas. Y las llamaban por sus nombres: Poseidón, Gea, Júpiter, Apolo.
• BowRA, o. c., p. 90.
• Idem. lb., p. 91.

El día comienza con una lºb
'd
i ac1'ó n ante I d'
m1 as son ritos compartidos con la div' . e io_s y con un sacrificio. Las co-

:e;/ogª.' no se extinga, po,que el olvi;~d;:i. ;•~ pendiente de que el fuego
co no im:ocarlo, cuando sale o entra de
ios e acarrearía males terribles
ntra el dios. Cuando está f
d
y a su casa sería una falta
11 •
,.
uera e su casa I
b
grave
~via, un paJaro agorero le corroen 1
~ zozo rano cesa: un rayo una
P'.ªr y ese ininterrumpido consultar el ~;onc:e~cia. -~e ahí ese continu~ expices y supersticiones El á
eplac1to d1vmo por medio d
,
si
f
.
gora se suspende . 1
,
e arusgnos avorables. Si grita un
.,
si as victimas no han indica
La superstición invade los acto;;~cielago se suspende la asamblea popul:;
c?mbate antes del séptimo día del ~e;raves, ya que el ,ateniense no entra en
formulas para curar la enfermed d
y el espartano solo en plenilunio H
27
cada
vez
Tod
,
ª
pero
. .,
.
av1a en los tiem s 1 . deben .repet'lfSe
veces escu ·ienday
_po "U
g onosos y racionalistas de Atenas Ia supersp
o
btic1on
. atemoriza las conc·1enc1as
atir admirablemente que sab . b n general es un hombre que sabe
firmemente
-~
so re todod hacerse, ohedecer. . . pero que com. en 1os agueros,
quee celebra
cree
convencido
de. que lo mas
, importante
.
to os los
rel'igiosos
.
.
no
1 d1as los. actos
.
y está
smo_ el enunciado de algunas fórm 1
es e valor, m siquiera la disciplina
, . ponía Platón
u as
, los ritos".10'
"Cas1 como un resp1ce
enexactamente
boca
, d'ich as segun
Los augures deben estar ba1·0 la a t 'd d de Socrates aquellas palabras·
la autorid
, ad de Ios augures".11 Sabeu on a del .gener a]' y no el general ha.o·
nos oraculos, sobre todo en las Traq~:i~l mane10 _que da Sófocles a los ma~ca fallan, son los hombres los ue se e . y en ~1po Rey. Los oráculos nunTemor y libertad ind' .d
q_mvocan al mterpretarlos.
términos d
IV! ua ' anguStla Y libertad ·
·
ten , an an en pugna, y que si el hombr
_mtenor. Parece que estos
dra que declararse simpleme t
e quiere conservar su albed ,
e,te propósito apunta Bowra.
ateo o busca,se una re1;gi6n de amo n~
gnega es el amor. Los dioses .quiz;s ;;:o-:hamos de_ menos en la reli~ión
pero en los momentos crít'icos 1os abandonan
º
sus favontos entre los hombres,
to
r, cuando se enfrenta al fin
A .
' como Apolo abandonó a H'
cuand Af d'
con qu1les o Art .
ec"Lo: h ro ita ocasiona su ruina".
'
em1s abandona a Hipólito

i

~.~

ombres pueden respetar a los d.
no hay nada en sus relaciones que
dioses, y hacerse amigos de ellos pero
dios, Y, aunque Aristóteles barrunt'pue a ser llamado estrictamente ~or de
b, 2) un miembro de su escuela di:/s~ur~me~:e tal posibilidad (Ret. 1391
haber amado a Zeus'."12
. sena nd1culo que alguien pretendie~
Hechos desde la cuna a 1a praxis
. de la sujeción los g .
'º F
'
negos quemaban sus
u UST;L DE CouLANGES, o.
T
PLATON, Laques, 198, e.
c., rad. Ciges Aparicio, B· Ai res, 1942, p. 270.
u B
OWRA, o. c., p. 91.

275
274

�.
. . .
el culto de la familia y de la polis. _s~
anhelos de libertad mdivtdual en
, nes sus cultos y sus ritos subordmo
religi6n esencialmente mítica, po_r sus longel ~áo-ico que hace del griego un
. . e inspir6 en la vtda e sop o
o·
la conciencia
l .deal heroico.
se; ara-la-muerte. Con ello estamos en e i .
se nos presenta el aspecto religioso del mito.

ia1

•
.
h ·
que se destaca comO elemento principalísimo del mito,
El idea1 eroico,
, 1 H, les aparece como una reen.
.6n en Hercu es. ercu
,.
l
tuvo una máxima expres1
d hab
·do en tiempos remotisimos, o
e
éste
pu
o
er
si
•
carnación de Zeus. L 0 qu
é .:
odelo para el ideal heroico.
, odemos Un aut nuco m
.
es Hércules para los mas ro
.
a de Zeus y Alcmena, mu1er
Nació Hércules 1s de una aventura am,oro~ da con el fruto de la unión
La diosa Hera mas aira
E.
de Anfitrión de T eb as.
' 1
peya homérica como una ns
d
l
dioses
aparece
en
a
epo
que con el pad re e os
'
. de cada celada fatídica emerge
mala que pone acechanzas al héroe, qwen a en la cuna el infante juega
más grande y más altivo; por eso vemos quel y t an y que las estrangula.
. sierpes echadas por H era para que o roa ar
con dos
Hércules es el destino heroico.
sometidas a rigurosa paideia,
mozo son
- a
Las maravi·11osas prendas del héroe
.
• . Anfitrión le ensena
,
·t
erfecc1onarse por 1a praxis·
,
.
1
·1 t Eurito en el arco y CasPorque la arete neces1 a p
A T
l adiestra en e pugi ª 0,
conducir el carro, uto ico o
d A
maestro de música, Lino, lo mata
tor en el combate de annas pesa as. ds~, H'rcules es la fuerza y el orgullo.
d 1 r a porque lo repren 10. e
con un golpe e a ir
•
'bl
ero él prefiere su poderosa c1ava,
Los dioses le regalan armas mvenci es, p
.
,
en sus músculos y en su astucia.
.
porque conf1a plenamente
h" No es el único error de su vida morHera lo enloq~ece y mata a ~~;celJ:~ ara en otro arrebato de ira y amente
tal, porque también mata a ~u
, e!es y pecados horrendos. Pero se pubrutalidad. Es un mortal suJeto a c7
1 inmortalidad.14
rifica y el oráculo de Delfos le pre ic~d ad 1 camino de la formación del
•
15
tud. , con sumo cm a O e
H
Wilamow1tz es . 10
11
tre la novela de Hércules por erohéroe griego estableciendo un para e o enl
.. da Sócrates se había vap ód' Hércules en a encruct¡a .
doto y la fábula de r ico
.
los dioses no conceden a los morlido de ella para enseñar a los gnegos que f rzo y ascetismo heroicos.16
tales sus bienes si éstos no los buscan con es ue
Il! da XVIII 119 ; Odisea, XXI, 14-30.
G
Studies and
HoMERO,
aH , , J'1das ' Herculens furens, 932 ss.; MAc REGOR,
" EuRÍPIDES,
erac
•
146-82.
.
.
. Greek Literature, London, 1937, pp.
d1versions
in
MoELLENDORPP Herakles, t. I, p. 101.
11
WILAMOWITZ·
'
" JENOPONTE, Memorables, II, 1, 21 ss.
11

276

Hércules en la encrucijada, nos describe al héroe frente a dos mujeres, una
de las cuales lo fascina con sus atractivos, en tanto que de la otra le cautivan
su recato y sencillez. La una le promete vida tranquila y placentera, lograda,
sin esfuerzo, por las fatigas del prójimo. La otra le ofrece una vida de lucha
y ascetismo, de dedicaci6n a los demás y de férreo dominio de su alma y de
su cuerpo. Hércules siguió tras la señora Areté por la agria cuesta de la superación personal y del servicio de su rey y de su polis.
Aymard-Auboyer dicen de la fábula: 1 7 "Un ideal muy noble de sabiduría
y exaltación de la voluntad, que se simboliza en Hércules, para librarse de las
pasiones y de lo que no es de la esencia de la naturaleza humana". Seguramente que esta interpretación no haría mucha gracia ni a Pródico, ni a Sócrates, pues lejos de esa especie de catarsis, su fábula apuntaba a un blanco
bien rico en contenido. La señora Areté, suma de las excelencias del héroe,
está indicando el camino para poseerla, sí, para poseerla a ella, pues no se
entregará al héroe sino en ese arduo sendero.
Tal vez pocos autores han dedicado al contenido de la areté un estudio
tan fino y meticuloso como el que nos ofrece Jaeger en Paideia. Para él la
areté, en su polifácico contenido, presenta un doble aspecto fundamental: capacidad innata para superarse y realización de esa capacidad en el servicio de
la polis. Para Jaeger uno de los símbolos magnos de la areté es Prometeo
que también muestra el camino práctico de las superaciones, enseñando a los
hombres a salir de su estado de absoluta ignorancia, en el que no son sino
"como imágenes de un sueño" (Esquilo, Prometeo, 447) .18

Quizás J aeger tenga razón en simbolizar la areté en Prometeo, vencido y
altanero frente a Zeus, como repitiendo las palabras de Protágoras: "el hombre es la medida de todas las cosas". El hombre como ser pensante y como
ser-que-se-hace-para la acción y consuma su acción en la muerte. Prometeo
es un gran ser-para-la-muerte. Es sublime, pero un sublime del siglo XX,
enfrentado con el omnipotente en el mismo acto de desgarrarse y de morir.
Hércules aparece también enfrentado a la divinidad, pero es a una divinidad que lo fustiga y que lo estimula a la hazaña. El no se enfrenta a la divinidad, la divinidad se le enfrenta a él. Aparece inclusive piadoso, en ocasiones,
y consulta el oráculo y se purifica. Hera, más que un obstáculo para él, es
una otorgadora de obstáculos para que el héroe los supere. Más que una enemiga es la piedra de toque del héroe. Al final se reconcilian y Hércules se
casa con su hija Hebe, no bien obtenida la inmortalidad.
" AYMARD A. y AuBOYER JEANNINE, Hist. Gen. de la Civiliz., V. l., Oriente y Grecia Antigua, Ed. Destino, Barcelona, 1958, Viccns Vives.
u ]AEGER, WERNER, Paideia, Trad. Joaquln Xirau y W. Roces, Ed. F. C. E., la.
edición en un volumen, México, 1957, pp. 19-27, 883 ss., passim.

277

�El mito de Hércules es la declaración de fe en el hombre. Los griegos tuvieron fe en el hombre. "Son muchos los portentos, pero nada hay más por19
tentoso que el hombre", exclamaba Sófocles. Y hay que tener fe en el
hombre, en su capacidad de superación, en el germen de heroísmo latente
que, por falta de ideal y de esfuerzo, casi nunca produce hombres notables.
El exaltado interés de los griegos por el hombre nacía del doble elemento,
que descubrió en él su intuición genial: capacidad-original de realizar-hazañas. Sin capacidad toda realización e3 imposible, sin realización la capacidad
queda infecunda. La máxima realización, coronamiento y clave de los pequeños logros de la vida, es la muerte, más gloriosa si se brinda en un combate
de titanes -como el que libró Hércules con los cércopes-, donde el hombre sella con sangre toda su capacidad de superación y de entrega a la polis.
Héctor sabe perfectamente que Aquiles, más ágil y más fuerte, va a matarlo. Con todo, sale sereno al combate porque ha llegado la hora de consumar
el ideal heroico: luchar por su ciudad, morir por ella y lograr así la feliz
supervivencia de los héroes. Su muerte no va a ser la del soldado in~ógnito y sin lustre. Héctor, adiestrado por la señora Areté, se sabe un gnego
superado, sabe que su acción es trascendental, que la muerte encontrada ~n
el campo de batalla, hostigando al más peligroso de los enemigos de la patna,
perpetuará su nombre asociado a su heroísmo.
Para el griego lo importante no es ni vivir, ni propiamente morir. Muchos
mueren y eso nada signific~. Es morir como se vivió y para lo que se vivió.
El hombre es un ser para la muerte, pero para-la-muerte-con-intencionalidad,
donde brille toda la superación y entrega, que logró fijar en la vida, como
catalizador, la areté.
Bowra también ha estudiado con diligencia el contenido de la areté. Este
meritísimo autor lo llama las cuatro virtudes cardinales del griego: valor, moderación, justicia y sabiduría. Estas virtudes constituyen al "hombre-cuadrangular" y son el cuadrilátero de la ética griega. El valor está asociado al embellecimiento del cuerpo sano, ágil, musculoso, adiestrado, hercúleo. Lo que
Esquilo decía de los Siete contra Tebas: "Su corazón de hierro en ascuas
_ respiraba valentía, y en sus ojos, - como en el de los leones, brillaba Ares'',2°
indica que a esa belleza del cuerpo apolíneo se debe añadir la fogocidad del
ánimo. La moderación es el canon de la estética concebida como lo exige
Hegel: "Entre los civilizados, es por la cultura espiritual como el hombre
busca realzar su valer, porque solamente entre ellos los cambios de forma,
de comportamiento y todos los demás aspectos exteriores son productos de

c~ltura espiritual". 21 Los g~egos entendieron, por la moderación, que el espíntu debe aflorar en sofrosme, en euritmia, en equilibrio de la mente de la
voluntad,
·
. , de la mímica y del arte. Lo decía Pericles: "Amamos lo b,11
e o sm
ostentac10n, y amamos la sabiduría sin afeminamiento" .22 L a ¡us
· t icia
· · es 1a
moral, per~ entendida como ideal de entrega a los demás, de aniquilamiento
del yo egmsta y de sacrificio debido a la polis. "Dar a cada hombre 1
le es d eb'd
o que
i o "2s
. "El pueb lo debe combatir en defensa de la ley como en
de24
fe~sa de la ,mu:alla de su ciudad". La sabiduría está asociada al conoci~iento de si ~isn:io, de la filosofía, del logos, de la poesía, de las matemáticas, de las ciencias naturales, de la política.2s
La ar:té, con su cortejo de virtudes, hizo el estilo de vida de los griegos.
~e Terrustocles, una de las realizaciones bien logradas de este estilo de vida
dice Tucídides: "No tuvo rival en hacer en cada ocasión lo debido".26
'
Hércules, formado por la areté, se presenta en el mito como el hombre
cuadr~gular, en quien el valor, la fortaleza, la astucia y la justicia, en todo
lo relativo a su rey, alcanzaron una realización ideal. Tirteo, el poeta general
alentaba a !ºs espartanos a ir por los caminos de H ércules: "Sed dignos del
nunca vencido Heracles, tened valor, Zeus no nos ha vuelto la espalda · d
N
,· 1 f
atra o.
o temais a uerza del enemigo, ni huyáis".27
E.n los 12 trabajos. de Hércules, cuyo origen hay que buscarlo, por toda
la, h~eratura ~e Grecia, en poetas, filósofos, historiadores, moralistas, grandes
tragicos, el heroe se proyecta como gestor de proyectos inauditos. Hércules
para las mentes jóvenes de Grecia, fue lo que pudo haber sido en un mo~
mento de ,nuestra infancia Tarzán, para la niñez de hace 20 an~os. U n h'eroe,
e1 gran h eroe invencible.
Para los filósofos, moralistas y poetas el mito de Hércules es valiosa fuente
Y lo usan para exponer sus ideas sobre el destino superior de Grecia sobre
e~ de~echo del más fu~rte, sobre la fidelidad al rey y a la polis, s~bre la
victoria
del hombre
alh donde parece ser vencido siempre, es decir, la VeJeZ
·
1
,
}'. a muerte. Hercules es la fuerza, el valor, la astucia; Hércules es la brutalidad y el atropello; Hércules es la justicia _debida al rey, a la polis; Hércules
21

G. W. F.

HEGEL,

Esthétique, Aubier, Ed. Montaigne, París, · 1944, I , p. 56 .

" TucíomEs, 11, 40, l.
,. PLATÓN,

República, I, 331 e.
Diehls, Frag. 44, Ed. Oxford, 1956.

,. HERÁCLITO,

" I dem, ib., Frag. 45: "No se puede en el viaje hallar los fines del alma a n
se recorra todo el camino; así de profunda debe ser su ley" ( Logos)
' u que

" TucíomEs, I, 138, 3.
,. SÓFOCLES,
20

Antígona, 332-3.

.., T1RTEO,

·

Frag. 8.

EsQUILO, Siete contra Tebas, 52-3.

279

278

�es la juventud y la inmortalidad; Hércules es la victoria del hombre sobre
los elementos de la naturaleza y sobre las deidades del mal.
Todos estos aspectos están recogidos en los 12 trabajos de Hércules: Cuando
su rey Euristeo le pide un servicio singular, él lo ejecuta de manera casi
portentosa. Así aparece en los siguientes trabajos: -La caza del león de
Nemea, ejecutada con sus propias manos. Luego se vistió con su piel y se
puso de casco la cabeza de la fiera; -La caza del jabalí de Erimantea, dañino y poderoso, demostró la audacia de Hércules, al emplear éste una red,
como recurso para atrapar la bestia; -Valiéndose de ardides, alejó las aves
antropófagas de Estinafalia; -capturó la coraza de Cerinea, que tenía cuernos de oro y patas de bronce; -exterminó la hidra de Lema, monstruo
hasta entonces invencible, con sus nueve cabezas y su poder de echar dos
por cada una que le extirparan; -limpió en un día los establos de Augias,
que estaban sucios desde hacía treinta años, y donde se arracimaban 3,000
bueyes; para ello, aquel genio de los recursos insospechados desvió hacia el
establo los ríos Peneo y Alfeo; -apresó el toro de Creta y en sus propios
hombros lo condujo a Euristeo.
Hércules no es solamente esfuerzo y astucia en beneficio del rey, sino la
encamación del derecho del más fuerte. Euristeo lo utiliza en este sentido
para conseguir toda una serie de caprichos personales, que sin él no habría
obtenido jamás. Por complacerlo, Hércules roba y mata con naturalidad impresionante. Este aspecto lo muestran tres de los trabajos del héroe: -Para
apoderarse del cinturón encantado de la amazona Hip6lita, la mató; -Para
adueñarse de los caballos salvajes de Diomedes de Tracia, lo mató y amansó
a las bestias con la carne de su amo; -Robó los bueyes de Gerión y los llevó
de Africa a Esparta, viaje en el que erigió las columnas, que hoy llevan su
nombre.
La acción de Hércules el temerario no tiene una circunscripción precisa:
triunfa en su acción contra el Hades y en su acción contra Hera. Ni el cielo,
ni los infiernos parecen detenerlo. Parece decimos este mito: si la humanidad
te pide que bajes al infierno, baja pronto; si la humanidad te pide que engañes a los dioses, engáñalos con habilidad. Tal es el sentido de los dos últimos trabajos de Hércules: -el robo de las manzanas del jardín de las
Hespéridas, que Juno hacía guardar con tanto celo; -y su bajada al Hades,
donde conquistó al cancerbero, liberando a Teseo y a Escálafo de sus tormentos.
Frente a este coloso del esfuerzo y de la audacia, cabría preguntarse: ¿ es
un dios o es un hombre? Es un dios-hombre, nos respondería cualquiera de
los griegos de la edad heroica. Por su sangre olímpica es dios y por su
madre Alcmena es hombre; por su sobrehumano esfuerzo y superior sabiduría
-'-eil el sentido mítico de los términos- es dios, y por sus fallas y errores es

280

homb~e; por su invencible manera de actuar es dios
sagrac16n a su rey y a su polis h b
, Y por su absoluta conE 1 d
es om re, hombre pleno y cabal
n
olorosa encrucijada d J 'd
,
·
la virtud y del sacrificio en p e da vl1 ad, su libertad escogió la agria ruta de
ro e os emás· per h b'
.
' , o u iera podido también
echarse por el camino de la 1 • d
habría sido Hércules sino l hi~tub y del ego1smo. En este último caso no
.,
,
e
JO astardo de Ale
L .
e1ecc1on fundamental nos tá di . d
mena. a libertad es una
elección parece como' si per:~
cien o el mito de Hércules. Hecha esta
una impostura. Pasado el g iera su naturaleza trascendental y se trocara en
.
ran momento de la el . , 1 l'be
impostura. Pero no del tod
ecc1on a i rtad es una
., .
o, porque entonces a la l'b
d 1
s1on rmportante a saber I d
I erta
e resta otra mi'
' a e trocar al hombre ind f 'd
o aun después de
lCa elección en el hombre cuad rangular valor mod e m1
., .
umplida esta misión, la libertad no '
, erac1on-3usticia-sabiduría.
no se entregue al ideal sumo d 1 'd podra coronarse de diosa hasta que
de la muerte. La final g
e a v1 a ~ue es la polis, en la final hazaña
.
ran aventura exige una
•
.
s1ste en preparar el tipo d
asces1s contmua que cone muerte con una
'
No tengas compasión de t
, .. .
pequena muerte cada día.
ser superado, era la fó
1 u pro3irno, ~orque el hombre es algo que debe
· •
rmu ª que propoma Zaratustr N
1
a. o tengas compasión
de. t1 mismo' porque el pró''
Jtmo es a go que debe ser superado, es la fórmula
gnega.

ª

Platón, en el Gorgias,
· aprovecha el mito d H' 1
robo de los bueyes de Geri,
h
e ercu es, más concretamente el
, f
on para acer proclamar a e r el
1
mas uerte, demostrando que los biene d
, .
a i es e derecho del
del fuerte.
s el debil son por naturaleza el botín
No _es, acaso proclamación brutal del derecho
,
de Anstoteles, que llega hasta la ·u tif' . ,
del mas fuerte aquel texto
alguna, si los hombres difieren tant J s ica~10n de la esclavitud : "Sin duda
pos como las estatuas de los di o endift~ s1 en las meras formas de sus cueroses
ieren de los h b
d
. f .
om res, to os estarían
de acuei,do en que los de la e1ase m
enor
deberían
1
ser ese avos de los de
1a superior''. 28
La cara oscura de la medall
.
de los débiles, y el contraste e a ~n~gal aparece cuando mirarnos al rebaño
diente de los dioses y fl, f rue ~ as clases. La aristocracia es deseen,
i oso os, moralistas poetas h. . d
su desvelo para formarla
.
'
, istona ores dedican todo
,,, .
y capacitarla en la areté Pe " l
1
arete dice categóricamente Aristóteles 29
•
ro, e ese avo no tiene
velo, una sonrisa. "Los esclavos son inca a y por ~to no merece un desvuelve a decir Aristóteles so "U
1 p ces de felicidad y de libre albedrío"
.
n ese avo o cualquier otro animal", d'ice en,
Poi., 1254 b 34
,. ldem. lb.J 1259 bJ ta' • .
Idem. lb., III, 7, e

., ARIST.,
•

281

�su sitio Ulpiano, "servus vel animal aliud". La aristocracia "hizo uso de
ellos, dice Séneca, como se hace uso de los animales". Infelices siervos, que ante
la barbarie de sus amos, sólo podían responder con el estoicismo de un bruto.
Conocido es el rasgo de Epicteto, esclavo de Epafrodita: Su amo se divertía
golpeándole una pierna. ¡ Que la vais a romper!, dijo Epicteto. Y la pierna
se rompió. ¡ Ya os lo dije! repuso, en su dolor, tranquilamente.
Ante esa tremenda realidad de la esclavitud, Séneca proponía un remedio
brutal: "En todas partes, decía a los esclavos, podéis encontrar el término de
vuestros males. Aquí hay un precipicio, por él puede llegarse a la libertad.
Aquí está el mar, un río, un pozo: la libertad está en su fondo. Aquí hay
un árbol pequeño, raquítico, estéril: la libertad pende de sus ramas. He aquí
81
vuestra garganta o vuestro corazón: agujereadlos y obtendréis la libertad".

•

íntimo.
enseñamos lo contrario. La libertad es hacerse, s1,
, pero
t b', Grecia. parece
,
am 1en y qmzas más todavía es deshacerse.
Hacerse fuerte, :aleroso, moral, sabio, moderado. Hacerse personificación
de .un canon. de virtudes que burilan la personalidad d e conform1'dad con
el ideal heroico. Esta es la praxis. ¿ y cuál es la acción heroica a la que
hay ~u~ someter a f!sa personalidad forjada conforme a los cánones del ideal
hero~:º · Es el deshacer el yo egoísta y egocéntrico de esta decadente concepc1on de la vida occidental, es matar todo germen de eo-olatría pasivista
es someter a la prueba exterminadora de la muerte diaria
amor propio '
la ?úsqued~ _de su propio provecho, para buscar en cambio el lustre de
polis, la utilidad común. El hombre es un ser-para-la-muerte Juego m _
ramos
, . cada día. Es satisfactorio llenar su cometido• Cuando un' yo muere ua
s1 ,mismo, la humanidad re-encuentra su cauce. Así entiendo el mito d
Hercules y con este espíritu sitibundo me llego a beber en el human· e
de la Hélade.
ismo

:1

1:

A través del mito de Hércules, y en fuerza a los aspectos que acabamos
de analizar, Grecia nos da vitales atisbos sobre la libertad individual. Ante
todo, la conciencia humana parece que no puede ser enteramente libre,
parque aquellos efectos cuyas causas desconoce traen zozobras e incógnitas
que restan osadía al albedrío. El ser limitado, por el solo hecho de serlo, no
es enteramente libre. Su conciencia se condiciona a su ignorancia, y su ignorancia coloca al hombre 'en la caverna del misterio. Negar el misterio es
proclamar que el hombre ha superado todas las ignorancias y despejado todas
incógnitas. Y a esto nunca llegará, porque la incógnita de su propio ser es
indespejable. La posición del hombre en la vida y en el mundo es una serie
de eternos y angustiosos gritos: ¿ De dónde? ¿ Para qué? ¿ Hasta cuándo? ¿ Y
ayer? ¿ Y luego? El hombre no puede descartar de su elenco las dos verdades
apodícticas: yo vine a la vida sin saber lo que es vida, y yo soy un ser para la
muerte. ¿ Para qué serán la vida y la muerte?
Ese temor punzante de la duda nos demuestra que la proclamación absoluta de la libertad humana es un viejísimo y muy moderno mito. Y todos
nos prestarnos para revestir este mito. Cuando la libertad humana proclama
que se ha liberado de todos los fetiches, se hace personaje de un mito, que
se puede llamar Comte, Nietzsche o Superhombre, y que consiste en encarnar nuestro mero ideal de albedrío.
De la concepción griega del ideal heroico se desprende otro atisbo de la
libertad individual, todavía más interesante. Muchos piensan que la naturaleza de la libertad está en la afirmación categórica del propio yo y del querer
11

282

SÉNECA,

Cons. ad Marciam, 20.

283

�FORMA Y ESTRUCTURA EN ALGUNAS NOVELAS ARGENTINAS
CONTEMPORÁNEAS
DR. MYRON

I.

LICHTBLAU

Syracuse University
Syracuse, New York

Es UNA PEROGRULLADA afirmar que dentro del sentido de las palabras "forma y substancia" cabe toda la esencia de una novela. Pero a veces la substancia de una creación novelesca, por su gran significación social o psicológica, se destaca tanto que la forma artística se eclipsa o se pasa por alto casi por completo. Que sea una protesta social o una historia de amor, un estudio psicológico o un relato moral, la substancia o fondo de una obra de
ficción es manifiesto, directo, visible; mientras que la forma, la concepción
estética, la técnica narrativa, y la creacción estilística resultan menos obvias, no tan fácilmente percibidas ni apreciadas. El fondo salta a la vista
al primer encuentro con la novela; la forma artística se nos insinúa paulatinamente. En general, la crítica se ocupa muchísimo más y en proporción
desmesurada del contenido de una novela que del arte empleado para dar
a conocer este mismo contenido. Igualmente, el fondo novelesco, no importa el mérito, muchas veces es el único elemento que le hace impresión al
lector o que se recuerda. El arte parece lo de menos. En la novela hispanoamericana, en particular, la preocupación por el contenido proviene en parte del estrecho vínculo entre el hombre y la naturaleza -fenómeno que se
presta a una gran variedad de interpretaciones novelescas. A la verdad, la
novela en Hispanoamérica llegó a su plena madurez cuando por fin descubrió su propia identidad y comenzó a sondear las cualidades distintivas
de su civilización. Esto fue en las primeras décadas de este siglo. Surgió la
novela criolla o novela de la tierra, con su rico contenido basado en los · elementos autóctonos del Nuevo Mundo; surgió la novela nacional, que rindió
homenaje artístico a la realidad que es América, en contraste con la cultura
de Europa. Es evidente, pues, que más que nada el elemento que llevó la

285

�novela hispanoamericana a su apogeo fue el contenido, el tema, la substancia. Pero esta novela criolla ha pasado ya su período de grandeza, y aunque
sigue escribiéndose por toda América ha dejado de desempeñar un papel
predominante. El criollismo ya no es el sine qua non de la ficción hispanoamericana, pues otras tendencias se han añadido a él o lo han suplantado.
En la novela argentina contemporánea, digamos de los últimos veinte
años, se nota con frecuencia esta desviación de asuntos nacionales, de temas que emiten un sabor marcadamente argentino. La novela criolla y la
novela porteña ceden paso a obras de enfoque puramente psicológico, a
obras de fantasía o de mero capricho literario. Parece que los novelistas evitan la realidad para dar rienda suelta a su imaginación, o colocan la escena
social en un plano secundario para hacer hincapié en los elementos psíquicos de los personajes, descuidando intencionalmente la lucha del hombre
en contra de su medio social. Esta ficción contemporánea es rica, abundante,
variada- tan variada que es casi amorfa, sin orientación ni meta definidas.
Junto a las novelas de los viejos maestros como Manuel Gálvez, Hugo Wast
y Eduardo Mallea, aparecen cada año las de nuevos escritores que se proponen dar una nota original a la ficción argentina o ensanchar los temas y
técnicas tradicionales. Es tarea difícil juzgar justamente y con buena perspectiva a autores que se hallan en plena actividad literaria y que no han llegado
todavía a su máxima realización artística. Pese a esta dificultad, he sacado de
los innumerables escritores que forman la nueva promoción a tres que muestran más que nada una honda preocupación por la técnica y forma de sus
obras. Para ellos, pintar lo típicamente argentino es lo de menos; crear notables efectos narrativos y estilísticos es lo que los atrae. Estos tres escritores
-Marco Denevi, Ernesto Sábato y Leopoldo Hurtado- llaman la atención
no tanto por el contenido o substancia de sus novelas como por la manera
acertada e imaginativa de presentar este contenido y de encerrarlo artísticamente en la armazón narrativa. A primera vista se echa de ver el esfuerzo
por ensayar algo distinto y novedoso, si no atrevido, en cuanto a la técnica
y la estructura novelescas. Intentan manipular casi artificiosamente la trama,
el desenvolvimiento del relato, la encadenación de los diversos elementos ficticios, en fin la composición estructural de la obra. Y esta estructura o arquitectura de la novela propasa su función normal de suministrar la cáscara exterior para asumir la función mucho más amplia de formar una de las principales técnicas artísticas.

•
286

Una red de entretejimientos estructurales e ingeniosos recursos narrativos
caracteriza el marco fundamental de Rosaura a las diez de Marco Denevi 1
en q~e el ~eseo de originalidad se descubre desde el principio y se mantie~e
c~n igual vigor por toda la obra. El esquema narrativo es una división quinana en que cada sección cuenta desde un punto de vista distinto una extraña
h_is:ori_a de :m1ºr, complicada por un caso de enajenación mental y un homicidio inexplicable. Cinco divisiones y cinco interpretaciones personales ofrecidas ~or los varios huéspedes de una casa de pensión y por la propietaria de
la rrusma. El lector escucha primero, por boca de la dueña (la señora Milagros) lo que se supone es un recuento verdadero y exacto de las actividades
estrambóticas de un huésped llamado Camilo Canegato. Es un relato hecho
totalmente e~ primera persona, de estilo chispeante, narrado con mucha sal,
con un dona1re verbal que deleita y entretiene al lector a cada paso. La manera vivaracha y a veces algo respondona de desplegar la narración se ar~~niza perfectamente con la personalidad de la señora y con su propia reaccion a los sucesos que pasan ante sus ojos en la hospedería. Efectivamente el
l~nguaj~ de :sta primera sección de Rosaura a las diez en gran manera ;ostiene el mteres de la narración y mantiene en vilo la atención del lector. Según
el relato de la señora Milagros, todo empezó hace doce años cuando vino a
..
'
vivtr en su casa un hombrecito simpático y aparentemente inofensivo que
confesó ser pintor de cuadros y estar completamente solo en el mundo. El
pobre conquistó la simpatía de la dueña y de sus tres hijas, quienes le trataban como a un miembro de la familia. Fíjense en las palabras de la señora
y en la manera exuberante de decírnoslas:
1

MA~co DE~~~I, Rosaura a las diez ( Buenos Aires: Editorial Kraft, 195 7). tsta
es la qumta ed1c1on, la que consulté y que cito en este estudio. La primera edición de
la obra _e~, de 1~5~, año e~ que ganó el Premio Kraft 1955 para la Novela Argentina
por decmon unamme del Jurado, integrado por los escritores Rafael Alberto Arrieta
Ro,~~rto F._ Giusti, Fryda Schultz de Mantovani, Alvaro Melián Lafinur y ManueÍ
~uJica Lámez. Rosaura a las diez es el primer trabajo de Denevi quien va adquinen~o. en los ,ú.ltimos años gran renombre en los círculos literarios d~ Buenos Aires. El
prest1g10s0
R osaura
. cntlco argentino Eduardo González Lanuza comento' al resenar
a las ~1ez que "en ~o sucesivo, quien lo olvide ( a Denevi) al referirse a la novela
argentma contemporanea
estará
en falta" • (Sur, No. 242, sept'1embre y octubre de
. .
.
l 956, p. 165) · Ju1C1o, a o:11 Pª~:cer, que tiene mucho de verdad, si bien sea tal vez
un ta~to exager~do. Denev1 nac10 en Buenos Aires en 1922, de padre italiano y madre
arge_ntma. Curso estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y poco después aceptó un puesto como funcionario de la
asesoría letrada de la Caja Nacional de Ahorro Postal.

287

"

�tl no era de esos pintores que pintan paparruchas que ellos dicen que
valen millones, pero que nadie quiere ni regaladas, y entre tanto tienen
que pasarse la vida a pan y cebolla. No, él cobraba sus buenos pesos, y
casi por nada, por ir a la mansión de un ricacho a ver si un cuadro tenía cuarenta o cuatrocientos años, que daba lo mismo, porque el ricacho no entendía una jota, o por quitarle a otro cuadro la suciedad de
encima, que si era yo lo tiraba y compraba uno nuevo, o por algún otro
trabajo de morondanga por el estilo. Hay gente para todo, como yo
digo. Porque mire que pagar cientos y hasta miles de pesos nada más
que para que un hombrecito como Camilo Canegato le pase unas pinceladas a un monigote pintado que se cuartea de puro viejo, es cosa
de no creerlo. Pero, vamos, con su pan se lo coman ( pp. 26-27).

A continuaci6n la propietaria intenta explicar el gran enigma que rodea la
persona de Camilo y que forma el núcleo de la trama, ampliada y analizada
en otras secciones de la novela por los demás narradores. Lo que sabe de
fijo es que Camilo, desde hace unos meses, va recibiendo muchas cartas en
sobre color rosa con perfume a violetas. ¿ Quién se las estará enviando a él,
a este pobre diablo? Suposiciones, conjeturas, chismes, y toda clase de sospechas calumniosas atraviesan el relato para avivar el elemento de suspenso y
de misterio. Por fin se despeja un poco la inc6gnita cuando Camilo mismo
narra su historia a la señora. Según el pintor, cierto viudo rico le encarg6 que
retocase algunos cuadros ennegrecidos, entre ellos un retrato de su difunta
esposa. Se trab6 una relaci6n amorosa entre Camilo y Rosaura, hija encantadora del viudo. Siguen enredos y más enredos que poco tienen que ver con
nuestro prop6sito aquí, pero que junto con otras complicaciones del argumento narradas por los otros huéspedes forman materia para un estudio analítico de carácter y de intriga. Basta decir que de repente entra en la hospedería una muchacha que todos creen es Rosaura, se celebra una boda entre
el pintor y esta muchacha, y un buen día David Réguel, uno de los inquilinos,
anuncia que Camilo Canegato mat6 a su novia en un hotel del bajo.
Así termina la primera parte de Rosaura a las diez, o sea la secci6n narrada por la dueña. El lector acepta sus palabras como verdaderas, sin más ni
más, pues hasta este punto desconoce la existencia de las otras secciones que
ya contradicen de plano gran parte de lo que ella acaba de narrar, ya dan
otro enfoque a los sucesos, ya ofrecen otra interpretación distinta de ellos. En
su funci6n novelística la propietaria echa la primera luz sobre las rarísimas
circunstancias que han pasado en su casa. Por ella también podemos
captar la inestabilidad emocional del pintor. Su relato atiza la llama imaginativa del lector, pero no resuelve nada respecto al misterio; s6lo deja un

288

revoltijo embrollado
de ocurrencias que Je confunden (un poco Juguetona·
.
mente) Y le anunan a seguir con interés el recuento de los otros protagonistas
Su personalidad volun_tariosa asoma a cada página y domina casi por com~
~Jeto la esc~na narrativa. Ella es quien maneja Jas riendas novelescas y su
~1~ra se extiende mucho más allá de su simple deber de narrador. Tan subJetiva
es su narración que llega a ser un retrato psicolóoico
de su propio
· ca,
o·
ract~r.. Hay otra nota de su relato que se relaciona con esta intensidad de
~~~iento personal: es la identificaci6n estrecha con el lector a quien van
dmgidas sus palabras. Se logra esta impresión principalmente mediante cierto
tono ve~bal de ~timi~ad, ciert~ ~esenvoltura de expresión que no admite
tra~as m afectac1on, cierta prox1m1dad emocional que convierte al lector en
testigo
·
' ocular
¡ de los sucesos referidos. La dueña J'amás renunci'a a esta pnmac'.a en e relato; Y para conseguir este efecto el novelista se empeña en
continuar
la relación en primera persona' por boca de ella, a un cuando es mas
,
· dº
m icado ei:r'.plear otro modo de narración. De manera que esperáramos que
la declarac10n. hecha _Pº~ Camilo se nos hiciera directamente, con Jas propias
~alabras del pmt?r, sm mtermediario alguno. Pero no, esto privaría a la duena de _s~ predommancia verbal y la relegaría a una posición secundaria en la
narrac10n con respecto a Camilo. Así es que la señora Milagros cuyo informe
h~ta ~ste punto se ha limitado por lo que ha podido observa:. con sus propios OJOS, habla por ~amilo a base de lo que éste acaba de referirle y hace
las veces de co~_entansta de sus actividades. Hasta expresa opiniones personales so~r: el diálogo entre Camilo y otras personas que va incluído en algun~ pag1~as de esta narración algo desviada. Llegan a tal extremo estas
reacciones mterpoladas que en algunas ocasiones ella indica cómo se hubiera
compo~do en tal o cual situación si fuera Camilo. Vale un ejemplo, en que
la duena se muestra algo contrariada al notar la debilidad moral de Camilo:
Vea ~~ted qué manera de tratarlo a Camilo. Lo trataba otra vez como
al al~aml, de la gotera. Mucha amabilidad y mucha conversación cuando d_iscut1an lo _de los cuadros, pero una vez terminado el asunto se
terminaba también la cortesía, como queriendo hacerle ver que l
_
"d
·,
a con
si. eracton era para el pintor, no para la persona monda y lironda. Camilo encontróse en el patio, en el automóvil, en su taller, y todavía le
duraba el escozor de aquella humillación (p. 70).

~¡ lector se admira de la segunda sección de Rosaura a las diez, narrada en
P_~era persona r&gt;r David Réguel, joven arrogante que lleva dentro de sí un
cinismo destructor. La señora Milagros mencionó dos O tres veces
t •
· d
a es e Jovencito esagradable y presumido, cuya exclamación al final del relato pri-

289
H19

�mero ("Camilo mató a Rosaura") sirve de puente para juntar las dos secciones. y con las palabras ásperas y sardónicas de este segun~o ~arrado~ la
f.~ra de Camilo asume de repente otro aspecto, otra. apancnc1a.
.
. Casi es
otra persona. Se cuenta aquí la misma sarta de acontec1m1entos y circunstancias antes referida por la dueña, pero vista y juzgada conforme a la modalidad psicológica, prejuicios, y caprichos del se~~r Réguel. Su~ relato ora confirma ora contradice ora tergiversa la narrac1on de la duena. Su persona'
. f orme.
lidad ' acusa un desabrimiento
que se imprime indeleblemente en su m
Es como si su violento ataque verbal contra Camilo le sirviera de desahogo
de sus propios conflictos emotivos. David explica bien su papel en la novela
cuando dice al principio de su narración :
La han tenido a la señora Milagros declarando una hora. No sé lo
que les habrá dicho, pero me lo imagino. Y yo, a todo, o a casi todo,
lo que les ha dicho ella le pongo el obel6s. No porque ere~ que les ha
mentido, no, yo no digo eso, pero qué quiere, la s~ñora Mila~ros como
testigo, hágame el favor. Les habrá dicho que, mire, como si la _oyese,
un alma de cántaro, un pobrecito, incapaz de hacerle mal a nadie, correctísimo, perfecto, pero que in ipsis rebus veneris se estrangula a la
novia la misma noche de bodas, así, como quien se toma un vaso de
agua (p. 144).

Camilo, débil y desdichado según la dueña, se convierte en el relato de
David en una figura vil y despreciable que abusó de la inocencia de Rosau,ra,
la conquistó y luego, logrados sus fines innobles, se cansó ~~ ella y la _mato a
traición. Algunos sucesos referidos por David, en que participan Camilo'. Rosaura, y él mismo, parecen corroborar esta difamación del carácter del pintor.
La narración de David se compone de un solo párrafo, como para representar más fácilmente el procedimiento flúido de su pensamiento. De ahí la
prosa nerviosa, rápida, al correr de la pluma, salpicada de locuciones agudas,
lujos verbales, y uno que otro latinismo.
Al terminar David su relato, la armazón narrativa resulta más enigmática
ue nunca. Tanto la forma misma de la novela como el contenido atur~llan
qada vez más al lector pero al mismo tiempo la confusión engendra el mtec
.,
· 1d
rés, que llega a tener' su máxima intensidad en la te~:era secc1?n
titu
a a
"Conversación con el asesino". Aquí la forma de narrac1on es un interrogatorio en que Camilo Canegato responde a las preguntas del inspector de policía. Las contestaciones, bastante extensas algunas de ellas, representan la
declaración del demandado y a la vez su reacción e interpretación de lo que
ocurrió realmente en esta extraña historia. Mas ni con la exactitud del relato

de Camilo puede contar el lector, ya que la recordación del pintor es • rfecta, confusa, nublada muchas veces por sueños y alucinaciones. Pero al
menos su memoria sirve para sacar ciertas verdades. La gran revelación es
que Rosaura jamás existió en la realidad, que no fue más que el producto
de la imaginación de Camilo, una invención urdida para llenar el hueco emocional de su vida. El pintor fabricó el engañ~ de pura desesperación y angustia, y no por maldad ni rencor. El descubrimiento de la decepción desmintió del todo las declaraciones de la dueña y de David, pero en efecto no
desenmascaró la identidad verdadera de la víctima ni del autor del crimen. Por
fin, en otra sección de la obra, se soluciona el misterio mediante una carta de
la víctima misma, quien resulta ser una pobre muchacha de la mala vida
recién salida de la cárcel. EJla es quien entró en la casa de huéspedes aquella
noche, cuando la dueña la tomó equivocadamente por Rosaura. La muchacha
huía de algunos enemigos personales y buscaba la protección de Camilo, a
quien conocía desde hacía unos años. Una mar de sucesos y detalles explican
cómo Camilo y esta ramera se hallaban juntos en el hotel del bajo donde cometió el delito un tipo llamado El Turco. Tales minuciosidades del argumento, que a veces abusan de la paciencia del lector, son ajenas a nuestros
fines aquí y no exigen nuestra atención. Lo importante de notar en Rosaura a
las diez es que todo este enmarañamiento narrativo es algo más que un recurso novelístico para desenvolver la trama; forma la esencia misma de la
obra y uno de los efectos artísticos más acertados. Como entidades consideradas por separado, las referencias pormenorizadas de cada sección nos interesan mucho menos que cuando las juzgamos en conjunto, a la luz de la
acción recíproca de la novela y con la perspectiva total que de ella se percibe.

•
Si en Rosaura a las diez el elemento estructural se ramifica en cuatro divisiones principales, El túnel de Ernesto Sábato 2 se caracteriza por una sola
orientación que casi desconcierta al lector por su simplicidad. "Bastará decir
que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne", dice el
narrador en las primeras líneas y sigue hasta el fin de la novela con su relato
• ERNESTO SÁBATo, El túnel {Buenos Aires: Emecé Editores, 1951). Para el presente
ensayo he consultado esta edición, la tercera que se ha publicado hasta la fecha. La
novela alcanzó gran éxito literario y popularidad a poco de aparecer en 1948, y desde
entonces ha logrado mantener una posición de primera importancia en la novelistica
argentina contemporánea. El túnel fue traducido al inglés, al francés, al sueco, y a
otros idiomas; y fue comentado muy favorablemente por la mayoría de críticos extranjeros. Hasta se ha hecho de la novela una gran película argentina, habiendo par-

290
291

�introspectivo, en que van incluidos los antecedentes y las circunstancias del
delito y los m6viles que le condujeron a cometerlo. Es un esquema sencillo, sin
mucha novedad literaria en su concepción fundamental, pero llevado a cabo
con gran sensibilidad artística y mucha destreza en el manejo de los elementos
narrativos. El lector, cuyo interés ha sido despertado por esta primera declaración, se halla en presenci~ de un hábil narrador que gusta de discursar
y filosofar ociosamente sobre temas afines a la historia de su crimen. Pronto
nos revela su espíritu audaz y rebelde, en el cual domina una voluntad férrea
que a veces choca con la razón y con las normas sociales. Su relato posee
gran encanto y logra intimarse con el lector en una forma parecida a la relación de la señora Milagros en Rosaura a las diez. Por lo cándido y pintoresco
del relato, en que se mezclan la perversidad, la truhanería, y un no sé qué de
gracia maliciosa, El túnel recuerda a las novelas picarescas clásicas, en tanto
que el protagonista tiene trazas del héroe de la novela tremendista española
La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. Si bien las ideas de Castel
sobre la vida y la sociedad son bastante refractarias, anhela ganar la simpatía
del lector con su absoluta sinceridad y desenvoltura, y a la vez hacerle comprender mejor su extraño relato de amor y odio.
Las primeras páginas de El túnel resultan un poco inconexas, pero las une
la vigorosa omnipresencia del narrador que parece introducirse en el ánimo
del lector no tanto por lo que dice como por la manera viva y traviesa de
decirlo. El estilo rebosa de animación, de agilidad, y de la naturalidad verbal que proviene de la necesidad imperiosa de aliviar su alma de un tremendo
cargo que le oprime. Vea un ejemplo:
En tales ocasiones, no podía evitar la idea de que María representaba
la más sutil y atroz de las comedias y de que yo era, entre sus manos,
como un ingenuo chiquillo al que se engaña con cuentos fáciles para
que coma o duerma. A veces me acometía un frenético pudor, corría a
ticipado directamente el novelista mismo en la labor cinematográfica. Ernesto Sábato
se distingue en la literatura argentina como ensayista y novelista, y además goza de
una bien merecida reputación en el mundo periodístico. Nació en la provincia de
Buenos Aires en 1911. Su primer interés fue la ciencia y se recibió de doctor en física
en 1937. Pronto abandonó la carrera científica para dedicarse por completo a las
letras. Entre sus libros figuran Uno y el Universo (1945), Hombres y engranajes: ,,_
flexiones sobre el dinero, la raz6n, y el derrumbe de nuestro tiempo ( 1951), y Heterodoxia ( 1953). Ha colaborado en muchos periódicos y revistas de Hispanoamfrica y
de Europa, entre ellos La Naci6n, Sur y El Mercurio de Santiago. Además de su labor
literaria y periodística, Sábato ha desempeñado en varias épocas de su vida cargos
docentes, diplomáticos y burocráticos. Pero no obstante la variedad de sus actividades,
Sábato ante todo es hombre de letras y artista creador.

292

vestirme y luego me lanzaba a la calle, a tomar fresco y a rumiar mis
dudas Y aprensiones. Otros días, en cambio, mi reacci6n era positiva y
brutal: me echaba sobre ella, le agarraba los brazos como tenazas se los
retorcía y le clavaba la mirada en sus ojos, tratando de forzarle 'garantías de amor, de verdadero amor.
Pero nada de todo esto es exactamente lo que quiero decir. Debo
confesar que yo mismo no sé lo que quiero decir con eso del "amor
verdadero"; y lo curioso es que, aunque empleé muchas veces esa expresi6n en los interrogatorios, nunca hasta hoy me puse a analizar a
fondo su sentido. ¿Qué quería decir? ¿Un amor que incluyera la pasi6n
,. } Jamas, me preocup6 excesivamente. Quizá la buscaba en mi desesfi.sica.
peraci6n de comunicarme más firmemente con María. Yo tenía la certeza de que, en ciertas ocasiones, lográbamos comunicarnos, pero en
forma tan sutil, tan pasajera, tan tenue, que luego quedaba más desesper~damente solo que antes, con esa imprecisa insatisfacci6n que experimentamos al querer reconstruir ciertos amores de un sueño (pp. 77-78).

Castel se siente impulsado como por una fuerza irrefrenable a discurrir
sobre varios temas. Habla en una ocasión de la vanidad de los hombres del
orgullo, de la soberbia. Dice que no por vanidad escribe esta hist~ria
que 1~ ~a~ an~ado por la esperanza de que alguien lo comprenda. y en un~
fras~ iromca _afmna que tal vez la única persona es precisamente la mujer que
mato. Por fm, acabados estos comentarios, Castel relata que tropezó con
María un día en un salón de pintura, que ella miró con singular entendimien~o uno, de sus_ cu~d~os, y qu~ la atracci6n que él sinti6 por esta mujer fue
mstantanea e irresistible. Mana pasó un rato absorta en las pinturas y luego
se fue, en silencio, incógnita. ¿ Cómo encontrarla de nuevo? ¿ Cómo satisfacer
su anhelo de hablarle otra vez? En cinco secciones subsecuentes del libro
Castel c_o~side~ varios r~cursos de que puede valerse para hallarla, poniendo
de man1f1esto ciertas actitudes y propensiones hacia la vida al medir la factibilidad de cada propuesta. Técnica analítica y sumamente objetiva en que
el n_ovelista Sábato p~rece descargarse de toda responsabilidad de dirigir el
destin~ de sus personaJes. De modo que el pintor rechaza por no ser práctico
un ~0s1~le encuentr~ en la calle, pues es demasiado huraño y le falta confianza
en s1 m1s~o. La busqueda forma la médula de algunos de los mejores capítulos, ~dm1rables por la fuerza de expresión y elemento de suspenso. Sábato
ha sabido superar la dificultad estilística de hacer viva y variada la narración
en primera persona sin perder a la vez la trabazón íntima con el lector. Hay
un fino ~quilibrio entre lo que el lector capta por la narración expositiva y lo
que percibe por la presentación de acción directa. Pero lo verdaderamente no-

293

�I

table de estas páginas referentes a la búsqueda no reside tanto en el suspenso
creado ni en la expectación del encuentro, ya que el lector ~be d: an~emano
Castel y María acabarán por reunirse; lo notable denva mas bien .del
que
. .
d
'
modo en que el novelista nos hace percibir cada sentlmi~nto, ca a e?1ocion,
cada matiz en fin todo el procedimiento razonador del pintor a me~da que
anda en b~sca de la mujer que puede traerle la felicidad o 1~ -~esdic~a.. Lo
notable es el plan ordenado y calculado, en que con una precision casi ~ien3
tífica Castel medita sobre las medidas necesarias para alcanzarla. ~or fin la
encuentra, pero la reunión no produce el ef~c~o culmin~te que debiera tener
después de una búsqueda tan intensa y frene~ca. Ademas, ~arece que. la ~ujer no valía los esfuerzos hechos por conseguirla, pues hacia el conflicto interior del pintor ella mostraba una actitud evasiva y fría. El amor que Castel
siente por María es inexplicable, pero lo abruma y lo desespera.. E~ una narración rica de detalles introspectivas, el pintor apunta su afhcc1on al ver
frustradas las tentativas por ganar el corazón de esta mujer. No bastab~ ,su
entrega física; le hacía falta conquistar el alma y cada hebra de e°:ocion.
Quería dominarla, someterla a su voluntad. Ganar el am~r de Mana era
ganar la reo-eneración espiritual; perder su amor era hundirse de nuevo en
una vida es;éril y rencorosa. Celos, duda, recelo, furia -,todo se amontona e~
el espíritu encolerizado de Castel hasta que no puede mas y ~a mata, ª. cuchilladas. Vale decir aquí que el cuadro psíquico del pintor está tan habilmente
presentado que sería difícil aventajar.
.,
,
Casi desprovista de todo fondo social, la narrac10n re.sultana algo escueta
y árida si no fuera por el dominio absoluto del escenario por ~arte del narrador. Vemos la intriga amorosa entre María y Castel exclusivamente por
los ojos de éste. Entendemos )a relación extraña casi en total a la luz del carácter y la pasión del pintor. Este enfoque unilateral so~re la perso?a de Castel
a expensas de un estudio aun somero de las otras figuras encaJa 1~ novela
en un molde casi impresionista, en que el narrador escoge y relata s~lo unos
momentos determinados de su vida, los que mejor captan la esencia de su
tráaica complicación con María. Con toques breves, en el diálogo o en la
des:ripción, Sábato nos da una impresión viv~, pero fu~~ d~ lo que desea
retratar, que sea rasgos físicos, estados de emoc1on, .º accio~ directa. No malgasta palabras; la impresión verbal está siempre bien perfilada, segura, con• A este respecto apunta muy bien el crítico argentino Alfredo A. Roggiano . ,ª¡
hablar de El túnel: "Ficción pura sobre la base de una idea ~ropuesta, la construcc1on
se logra como en un teorema matemático, con lógica en s1, que es la d_e~ absurdo
como real 1'dad h umana, pero perfecta como proposición ad-hoc, sea
• metafmca o pno.
(Diccionario de la literatura latinoamericana: Argentina, II, Washmgton:
mon anamericana, 1961, pp. 370-371).

u ·'

294

cisa, a veces brusca pero siempre apropiada. Aun cuando hay digresiones o
anécdotas, y las hay bastantes, la prosa es limpia, a propósito, exacta en la
forma y en la idea. Que Castel refiriera todos los detalles de lo que ocurrió
en los días que precedieron a la muerte de su amada sería contraproducente
y contrario a la naturaleza estética de la obra, y por lo demás descorrería el
velo de vaguedad y de misterio, de sueño deforme, de algo quimérico que
conmueven tanto al lector. Y esta envoltura ilusoria que circunda la acción
externa proviene en parte de esta falta de precisión al retratar a los personajes
secundarios, incluso a María. Este desequilibrio narrativo, no obstante, sirve
para destacar del modo más enfático la compleja personalidad del narrador y
crear el efecto de un vasto lienzo de recordaciones e impresiones que no han
dejado más que huellas imprecisas y borrosas.

•
Otro recurso técnico de que se puede valer el novelista que desee emplear
la primera persona de narración es la forma epistolar. Difícil de manejar,
quien se atreve a usarla se expone a grandes peligros y azares literarios. En
manos de un escritor de poco vuelo la obra epistolar padece de una artificialidad inaguantable, de una frialdad y monotonía ineludibles. Leopoldo
Hurtado ensayó este género en Los amigos 4 y lo hizo con gran éxito, superando las dificultades artísticas mediante un argumento ingeniosamente expuesto, segura técnica narrativa, buen empleo del lenguaje conforme a las exigencias del relato, y cierta fluidez y movimiento de narración que permiten que
el lector se deje llevar suavemente por la trama casi sin darse cuenta de que
lee una serie de cartas. En efecto, uno de los aciertos de· Los amigos es que la
construcción epistolar jamás se impone importunamente sobre los demás elementos narrativos, ni estorba la marcha del relato. Los amigos se compone
exclusivamente de cartas cambiadas entre varios miembros de dos familias
complicadas en un supuesto homicidio. La familia de la víctima y la del homicida constituyen los dos ejes centrales que sostienen el argumento de la
obra. Esta dualidad de enfoque enriquece el desarrollo del relato y añade una
'LEOPOLDO HURTADO, Los amigos (Buenos Aires: Emecé Editores, 1959). La novela ganó un Segundo Premio en los concursos literarios Emecé 1959. A Hurtado se le
reconoce en la Argentina como uno de los más agudos críticos de arte. Es autor de
unos ensayos de arte, entre ellos Espacio y tiempo en el arte actual. Los amigos representa su primer esfuerzo en el campo de la ficción y parece que va a seguir cultivando el género, pues en 1960 sacó a luz su segunda novela, Esta noche de concierto,
publicada por la Editorial Losada. En esta obra Hurtado ha aprovechado su amplio
conocimiento para situar la acción en un ambiente de arte.

295

�uilibrio estético entre los dos polos opuestos representados por los
~:;1:e eis Murano. La disposición epistolar de la obra s: arregla ~n. tal
e y
'b casi simultáneamente las dos perspectivas antagomcas
forma que se perci en
.
. , distm·ta de las varias personas interesadas..
y la reaccion
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Unas cartas cambia _as .
'bles inverosimilitudes, y contradicciones relaa un mar de ocurrencias m~rei
'
Ortelli diri e una carta a su tía
donados con el supuesto crimen. Eduardo
dre le roggó a Mauricio, el hijo
.
en su lecho de muerte su pa
.
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en que a irma que
. .
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cuanto no tuviera importancia.
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su Pª. re co
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Francisco Murano.
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M . . en una gestión inesperada y
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autoridades, el padre se s~t~o liH
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el arte del novelista, e pro
. d' ta El embellecimiento de
el efecto estético. La pro~a es se~cilla, co:~sa,en~::~~nte se escriben cartas;
la frase no pasa del estilo natu~al e~ ql f;ase en el arreglo lógico y ordepero en la fuerza verbal, en el vigor e a t la mano diestra del novelista
d .d
n la soltura de la prosa, en ra
, .
nado e i eas, e
1 tilo Faltan el oropel literario, los mimmos
para pulir y refinar un poco e e\ ·.
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efectos retóricos, pero los suplen a smcen a
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encantadora de expresión.
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if t el conflicto con relación a la fam1ha Ortel_ i, a co Puesto e man ies o
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crimen le co~fu~den. Al -~is11:1:a:i:~~:n:r de su padre. En su función noveaclarar el miste~o y ª. reivmdi
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física
y
emocional
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familias,
pues
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tas se rompe la
·
M
Elena Orbl
na relación epistolar de amistad entre Francisco uranO y
te~~~ ~ja del acusado. Con las declaraciones de Elena se desenreda poco a

y

296

.poco el enigma de la rara amistad entre su padre y el de Francisco. El
cariño que va cobrando Francisco por Elena le produce un terrible conflicto
de intereses, pero la prudencia y aplomo de la muchacha impiden que las
circunstancias desafortunadas dañen su relación amistosa.
La materia expuesta en las cartas parece dar contestación a tres preguntas

fundamentales. ¿Es posible que Ortelli, hombre sencillo y bondadoso, haya
cometido tal crimen? ¿Y por qué? ¿ Qué móviles impulsaron a Mauricio a
delatar a la policía, sobre todo cuando halló a su padre en las agonías de la
muerte? Cada anécdota, cada dato, cada información parece convergir en
estos problemas. El novelista Hurtado maneja con destreza los elementos de
misterio y de sospecha, de duda y recelo, que tanto predominan en la obra.
De lo argentino no hay nada en absoluto; de lo americano en general tampoco.
La acción puede acaecer en cualquier país y los personajes pueden ser de
cualquier nacionalidad. Hay quienes digan que esta falta de localizar los
sucesos referidos resta valor a la novela; acaso el cuadro artístico resulte menos estimaple por no estar encerrado en límites determinados, en un marco
bien definido. Pero la obra está bien lograda a pesar de este vacío social
precisamente porque el arte novelístico depende de la combinación acertada
de otros elementos que contrapesan esta limitación -la forma equilibrada, el
interés que brota de la trama bien concebida y desenvuelta, la reconstrucción
hábil de las circunstancias y las actitudes que trocaron una bella amistad en
un odio venenoso.
En una novela epistolar muchas veces lo más difícil de lograr es el desenlace. Es obvio que se llega a este punto en Los amigos cuando por fin se
resuelve el misterio del crimen. Hurtado soluciona el problema con la aparición de unos papeles que pertenecían al finado Ortelli, quien anotó en ellos
del modo más íntimo y penoso todo lo referente al caso. Por medio de estos
documentos sabemos que en efecto el delito jamás se cometió, que todo era
un gran engaño, que Murano falleció de un ataque al corazón, y que Ortelli
mismo confeccionó la decepción como el único modo de vengarse de un amigo
(Murano) que en todo le aventajaba. La superioridad de Murano, manifestada en su posición social, situación económica, y capacidad mental fue como
una llaga que roía el corazón de Ortelli y le atormentaba sin cesar. En Murano
el mediocre Ortelli veía constantemente el ejemplo de todo lo que hubiera
deseado ser y no pudo. Hombre asediado por la conciencia de sus propias
deficiencias, Ortelli desesperaba de no poder sobreponerse a sí mismo, a su
propio ser. Su estrecha amistad con Murano siempre le recordaba la desigualdad y produjo en él arrebatos de rencor y celos. Concibió, pues, como triunfo
final, este cruel engaño de hacerse pasar por el asesino del hombre que le
fue causa de tanta desgracia y sufrimiento en su vida.

297

�CONCLUSIÓN
La novela en su función estética, no puede ser superior al ª1:e que ¡~ :a
, de 'ser Hemos visto en los párrafos anteriores cómo vanos ~ove s as
su razon
·
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t'J' ticos para
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oldo Hurtado, Ernesto Sábato, y Marco Denevi es el deseo ~e. ~1orar a su
p . h
ero conforme a altos fines artísticos, todas las pos1b1hdades narra~:;cy º;s~ructurales de sus novelas; es el anhelo de ~anejar codn comEpletta
• , y 1os mo, viles de con ducta. s as
libertad los complicados resortes de 1a acc1on
técnicas son la manifestación más clara de su arte, y de ellas &lt;lepen e en gran
medida el mérito de sus obras. ·

LA POESIA ORIGINAL DE MONTES DE OCA
DR. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA
San Luis Potosí, S.L.P.

PoR LAS CALLES DE SAN Lurs PoTOsí, embaldosadas de cantera; por las viejas
casonas que fueron sus palacios, donde aún lo proclama la piedra del escudo
pontificio; por las naves de la catedral que él condecoró con cuanta obra de
arte miraba en sus andanzas por Europa, discurre la figura renacentista de
Ignacio Montes de Oca y Obregón, Ipandro Acaico entre los Arcades que
"cantando apacentaba su rebaño", tal como el rapsoda griego que le prestó
su verso para cifrar vida y poesía.
"A lo largo de sus ochenta y un años plenos vió fenecer al reinado temporal de los Papas y esfumarse un imperio mexicano, pasar cuatro pontífices
y muchos reyes, derrumbarse una dictadura que parecía inconmovible, estallar la Revolución Mexicana y la guerra europea, transformarse el mapa del
mundo y el alma de los pueblos. Saboreó mieles y honores, como pocos quizá;
pero también como pocos, gustó acíbares y quebrantos. Supo ser, al mismo
tiempo y con extraña plenitud, obispo y constructor apostólico, orador poliglota en las cortes europeas y predicador de humildísimas parroquias rurales;
fastuoso como un príncipe del Renacimiento y caritativo como un discípulo
de Francisco de Asís. Todo lo fue, y todo supo serlo con grandeza".1
Tres son los fases de su personalidad literaria. Traductor de los poetas
griegos, desde los dieciséis años hasta la plena ancianidad, es el más insigne
de nuestros helenistas al interpretar a los bucólicos griegos en versiones que
"conservan el perfume original" como advertía don Miguel Antonio Caro;
"con asombrosa y rica vena", en juicio de don Marcelino Menéndez y Pelayo,
trasladó al español los cantos triunfales de Píndaro, algunas odas festivas y
alígeras de Anacreonte y muchísimos Epigramas de la Antología; después de
' GABRIEL MÉNDEZ PLANCARTE. Montes de Oca humanista. A.bside, México, junio
de 1940, p. 28.

298

299

�un silencio de casi veinte años tradujo El rapto de Elena de Coluto de Lic6polis, y La argonáutica de Apolonio de Rodas, sueño y afán de largo tiempo,
cuyas octavas resplandecen "como bloques de mármol".
"Nadie negará a Montes de Oca, juzgaba Menéndez y Pelayo, uno de los
primeros lugares entre los poquísimos buenos traductores de poetas griegos
que posee nuestra lengua".
Orador fecundo, cuyos discursos junto con sus Pastorales se guardan en ocho
gruesos volúmenes, la severa claridad de la exposición, la ·argumentación robusta, la elegancia difícil, se aunaba al aplomo y gallardía en el ademán, la
impecable dicci6n, la voz cálida y el cautivante imperio que en el auditorio
ejercía. Amado Nervo evocará en sus recuerdos de adolescente al "chico de
trece años" que era "Todo ojos y oídos" escuchando la elocuencia de Montes de Oca.2
Del poeta original quiero hablaros en esta ocasi6n; quizá porque constituye la fase menos valiosa de su obra, ha sido la menos detallada, según contamos, especialmente en el análisis de Gabriel Méndez Plancarte, con el estudio definitivo acerca de sus versiones griegas y latinas. 3

I
La bibliografía poética de Ipandro Acaico se contiene en seis libros. Ocios
poéticos fue el primero y el único que vio dos ediciones; impreso en México
en 1878, fue reimpreso en Madrid en 1896, en edici6n "muy aumentada".
"Hice una tirada de pocos ejemplares, destinados más bien a mis amigos que
al público en general. Con grata sorpresa vi que en pocos días se agot6 la
edición".•
Se trata de un libro singular en la producción de Montes de Oca en cuanto
que reúne poesías originales y traducidas del griego y del latín, y en cuanto
que es el libro que ofrece la poesía más variada por el tema y las estructuras
métricas.
Los libros que siguen a Ocios poéticos, son invariablemente colecciones de
sonetos, todos ellos publicados en Madrid en pequeños y finos tomos de extraordinario gusto: A orillas de los ríos de 1917 con algunas versiones o paráfrasis griegas; Otros cien sonetos, de 1918; Nuevo centenar de sonetos, de
• Epistolario de Ipandro Acaico. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA. San Luís Potosí, Con
el perfil de Estilo. 1952, p. 74.
• En Abside. México, en los números de junio, julio y agosto de 1940.
• Prólogo a la segunda edición.

300

1921; Sonetos jubilares del mismo año, y los Sonetos P6stumos, editados en
México el año de 1941.
Sólo algunos de estos poemas, antes de ser recogidos en libro, fueron publicados por Montes de Oca en revistas mexicanas y españolas. Cuanta poesía
escribió, vio la luz de imprenta.
Solía escribir sus versos en el papel de su correspondencia exornado con
su escudo; o en breves, preciosos cuadernos, como el manuscrito de Ocios poéticos que yo guardo con afecto, de pastas de piel negra y cantos de oro.
Hay sonetos enteros sin el más leve retoque. Apenas alguna estrofa relegada; pero eso sí, numerosos versos corregidos. Sobre la palabra tachada, escribe la lección definitiva con aquella su letra menuda, apresurada, siempre
legible.
¿ Cuál ha sido la actitud de la crítica frente a la poesía original de Ipandro
Acaico? En el prólogo de la segunda edición de Ocios poéticos el propio autor
afirma que el libro suscitó "grandes elogios en España y en México aun de
escritores de diversas ideas religiosas, políticas y literarias".
Recordaríamos entre otros contemporáneos, los juicios encomiásticos de
Victoriano Agüeros y de Pesado, de Casimiro del Collado y de Ambrosio Ramírez, traductor potosino de toda la obra lírica de Horacio.
"A la tempestad de alabanzas que duró algunos años, continúa el propio
Montes de Oca, sucedió una tormenta de vituperios", desencadenada especialmente por Guillermo Prieto y Manuel Gutiérrez Nájera en México y por
Leopoldo Alas "Clarín" y Antonio de Valbuena de España. 5 "Encontraron
malo cuanto al principio habían declarado bueno", se queja con tristeza; "y
los siguieron en su ingrata tarea multitud de zoilos de diversas escuelas, que
añadieron a la censura de los versos la injuria personal".
Sus amigos más fervientes se apresuraron a manifestarle su adhesión.
Desde Washington, don Juan Valera le escribía: "He leído los artículos críticos de Gutiérrez Nájera que Ud. me ha enviado, pero ni los hallo bastante
buenos para que me interesen, ni bastante desatinados para que me diviertan.
Hay en ellos esas afirmaciones pedantescas infundadas a que está uno acostumbrado. Dice el autor que Ud. no es poeta, como no lo es Menéndez y
Pelayo. Me parece que bien puede Ud. ser desterrado del Parnaso en tan
buena compañía. Ya fundarán Uds. otro donde quiera que vayan".6
A su vez, don Marcelino le decía en carta desde Santander: "He leído la
insulsa crítica de Clarín. Y no porque él sea tonto, sino porque la pasión
política lo ciega. Es un condiscípulo mío llamado Leopoldo Alas, discreto y
• Ripios ultramarinos, M adrid 1905, pp. 5-62.
• Epistolario de Ipandro Acaico, ib., p. 44.

301

�gracioso a veces; pero demagogo e impío como un diablo, y muy aficionado
a la carne de clérigo".7
Es claro que aquellos críticos advertían la débil inspiración poética de
Ipandro; pero también es claro que sus juicios se enturbiaban con otras razones que ya no eran de orden literario, según desobedecían al viejo precepto
de Marcial que permite censurar la obra con tal que se perdone al artífice.
Montes de Oca se limitó a contestar toda esa alta marea de adversarios con
una sola frase estampada en el prólogo de la segunda edición de los Ocios
poéticos: "No temo, porque no aspiro a adquirir gloria".
Frente a los fáciles elogios de unos y la severísima censura de otros, contrasta el prudente silencio de Menéndez y Pelayo, generoso en alabar cuanto
el obispo traduce de los griegos hasta el encomio más superlativo, benévolo
acogedor de sus discursos, pero reservado siempre ante la poesía original,
salvo cuando debe agradecerle "la elegante ora sáfica que usted me dedicó".8
Los dos beneméritos manuales, pese a sus obvias deficiencias, que han
difundido el interés y el conocimiento de nuestra historia literaria, reservan
sendos aplausos a la obra lírica de Ipandro. Don Julio Jiménez Rueda afirma
que la poesía original de Montes de Oca es "de impecable y purísimo fondo.
No pierde jamás el obispo la compostura esencialmente académica. Talla
sus versos en mármol y labra en él las figuras de perfección y de blancura
excepcional". 9 Don Carlos González Peña expresa con hipérbole a su vez:
"Como poeta original es acabada e inconfundiblemente clásico; pero con un
primor, con una elegancia, con una vibración de sensibilidad que no fueron
por cierto antes de él, comunes. En particular hay una forma, el soneto, que
domina con soltura y maestría, y de la que ha dejado cosecha abundantísima".10
Asordinando estas alabanzas, Gabriel Méndez Plancarte invitaba a los críticos para que continuaran el ejemplo de Menéndez y Pelayo, siempre "tan
parco en elogios para las poesías originales de Ipandro Acaico. Juzgo que
también en eso debemos imitar al insigne Maestro" .11
Débese a Octaviano Valdés, el exquisito traductor de Landívar, el juicio
más certero y sagaz sobre la lírica de Ipandro: "Su estilo, fruto lógico de
su educación rica y fecunda, guarda siempre el decoro, desechando el desali1
lb., p. 31.
• lb., p. 28.
• Juuo JmÉNEZ RUEDA. H istoria de la Literatura Mexicana. México, Ediciones
Botas, 1942, p. 147.
'º CARLOS GoNZÁLEZ PEÑA. Historia de la Literatura Mexicana. México, Editoriales
Cultura y Polis, 1940, p. 223.
11
Horacio en M éxico. México, Ediciones de la UNAM, 1937, p. 148.

302

ño y aun el uso trillado de expresiones convencionales. Pero la mayor parte
de su obra poética, es seca y de muy débil inspiración. A través de su verso
resuena el acento del orador y del cultivado humanista que piensa y siente,
pero sin conseguir el hallazgo luminoso del punto de vista original, ni menos
traducirse en emoción poética. Sólo de cuando en cuando, alguna alondra
solitaria rompe la monotonía de centenares de sonetos en monótono desfile.
La debilidad poética de Ipandro Acaico se agrava por su actitud artística
-temperamento y escuela- gobernada por una especie de esteticismo platónico frío y exterior. Sus ojos pasan sobre los objetos, como quien acaricia
un mármol, complaciéndose en la sensación de sus sabios perfiles, pero sin
esforzarse en percibir la onda vital que circula bajo la gelidez de la epidermis".12
Tal ha sido la trayectoria crítica de la lírica de Ipandro Acaico, al ritmo
de los gustos, las pasiones y los tiempos, desde el ardiente panegírico de sus
amigos hasta la mofa cruel de sus adversarios, sin que haya faltado ni la
cautela ni el olvido. Cerrado el periplo de esta aventura, hoy podemos recoger entre el evidente ramaje algunas flores vivas de aquella fecundidad; porque todavía octogenario, el poeta florecerá con pujanza lírica increíble.
Para conocer las predilecciones literarias y las lecturas poéticas de Ipandro Acaico, bueno será entresacar, en un breve y aleccionador catálogo, los
nombres de poetas con que de vez en cuando esmalta su propia poesía.
De las letras latinas, cita a Virgilio, Horacio, Ovidio, Catulo, Estacio y
Marcial. De las españolas, al "dulce Garcilaso", al "divino Herrera", a Fray
Luis de León de quien evoca su Profecía del Tajo, a Cervantes y al "célebre
Espronceda".
De Inglaterra recuerda a Milton y a Lord Byron, a quien llama "vate sublime". De Italia, al "Dante divino" y "de Tasso el dulce canto". De Francia,
evoca a Chénier según de Víctor Hugo increpa: "A Víctor Hugo nunca sus
barreras abra Pirene" .18
Entre nuestros escritores mexicanos, menciona a Juan Ruiz de Alarcón, a
Femando Calderón, a Riva Palacio, doce veces a José Sebastián Segura y a
Enrique Fernández Granados en su seudónimo de Fernangrana. Pero indudablemente sus griegos armoniosos y melenudos transcurren como símbolos
vivos de lo que él llama "la elegancia", "la sublime y pura clásica forma".u
¿ Cómo no recordar el inofensivo incidente epistolar entre Montes de Oca y
Pagaza, pastores y árcades ambos, cuando el Obispo de San Luis Potosí envió
u Poesia Neoclásica y Académica. Biblioteca del Estudiante Universitario. Núm. 69,
México, UNAM, 1946, pp. XXXV-XXXVI.
11
Ocios Poéticos, p. 10.
" Ocios Poéticos.

303

�al de Veracruz el discurso de Mantenedor de los Juegos Florales de 1913 en
que elogiaba los méritos de Manuel José Othón?
En ese discurso, Montes de Oca glosó aquellos sonetos en que Othón anhela
recibir la flauta de la inspiración poética precisamente de las manos de Pagaza.
"A mí me hubiera agradado, decía Ipandro Acaico, que la musa al encontrar (la flauta) después de prestarla a Teócrito, la hubiera entregado al
propio Manuel José Othón, sin que pasara por tantas manos; a los admiradores de la sencillez y la virilidad helénica nos place más beber en la fuente
de Aretusa que en los lejanos estanques, a donde llega el agua del apartado
manantial, más dulce, pero menos cristalina".
Cuando Pagaza leyó este párrafo del discurso que le había mandado Montes de Oca, le contesta con generosa prudencia: "Desde que llegó el discurso,
lo he leído a trechos; más no puede &lt;lesde el primer día, ni puedo ahora ver
las cosas como usted las ve en los tres sonetos que me dedicó el bien querido
Manuel José Othón. Pero no es tiempo de pensar en tales cosas" . .. Naturalmente que Pagaza no podía estar de acuerdo por varios motivos; o por el
aprecio entrañable con que distinguió al autor de los "poemas Rústicos", o
porque sencillamente se le había comparado a "lejano estanque" de agua
"menos cristalina". Todo sea por los griegos.15

mayor parte de los sonetos tienen por asunto los grandes acontecimientos religiosos en que he tenido la fortuna de tomar parte. Con algunos pago deudas
sagradas de gratitud y amistad. Otros en fin, de lúgubre nota, me han sido
inspirados por la repentina y grave enfermedad que me acometió (y) ...
que dos veces me puso a orillas del sepulcro".
En cuanto al paisaje, ni lo ve ni lo comprende. A pesar del título prometedor A orillas de los ríos, ellos son apenas una referencia geográfica y no esa5
puras y enormes creaturas vitales y musicales que, como en la amistad, encuentran al poeta o lo hacen.
Sólo la luna logr~ entusiasmarlo, la única creatura que mira de frente,
la luna que denuncia el pequeño punto de romanticismo que latió en su
espíritu.

PLENILUNIO DE SEPTIEMBRE

¡ Diana gentil! Cual nunca esplendorosa
surgir te miro de la mar serena;
tu rostro todo ofusca y todo llena
con su fulgor; pero es tu andar de diosa.

4
¿Cuáles fueron los principales temas que desciñeron la inspiración del poeta?
Desde luego la Biblia, renovada fuente de gracia, tanto en sus páginas del
Antiguo como del Nuevo Testamento.
Hay toda una constelación de poemas con los que podrían integrarse otras
"figuras de la Pasión".
La hagiografía es una de las fuentes más fecundas; la liturgia le presta
el esplendor de sus símbolos y la historia de la Iglesia le aviva recuerdos de
gloria o de dolor. Pero, como Pagaza, no es un poeta religioso; cuando se
atreve con el tema sacro, su voz no encuentra ni la hondura de la emoción,
ni la viva y palpitante entraña del cántico.
Habrá que situar el mayor caudal de su producción lírica en la poesía de
ocasión, la desprestigiada que ha podido motivar memorables poemas de
ayer y de hoy, cuando el poeta logra rimar ocasión y corazón.
En el prólogo a Nuevo Centenar de Sonetos advierte Montes de Oca: "La
•• Epistolario de ]oaquln Arcadio Pagaza. JOAQUÍN
Potosí, Con el perfil de Estilo, 1960, pp. 12 y 13.

304

ANTONIO PEÑALOSA.

Apenas se vislumbra la preciosa
veste sutil, que el aire desordena;
la aljaba en tus espaldas de a.zucena
el contorno en tu pie color de rosa.
En las blondas estrellas que a distancia
te siguen, a tus ninfas adivino
por las que exhalan, celestial fragancia.
Y bendigo a tu numen, y a mi sino,
que traen a las puertas de mi estancia
de tu beldad el esplendor divino. 16

Cuando se inspira en los. temas griegos, enhiéstase la inspiración conforme
el estilo se aroma con aquella sutil y vieja hermosura. Ahí habrá que buscar
las mejores páginas, ahí y en la poesía autobiográfica.
Nunca tan sincero y tan humano y tan poeta, como cuando el dolor nubló

San Luis
11

Nuevo Centenar de Sonetos, p. 57. ·

305
H20

�sus ojos, y la adversidad le dejó despo~eído sin libros ni palacios, y la muerte
le advirtió la hora definitiva de la última azada.

Y sólo quiere, en su octogésimo año,
antes que acaben de cegar sus ojos
morir apacentando su rebaño. 20

Quiero imitar la mansedumbre hero_ica
con que perdieron, Job, salud y hacienda,
con sus pupilas el fulgor, Tobías.
y sin dejar mi indiferencia estoica,
plantar aquí y allá mi errante tienda

al eco de cristalinas melodías.11

La fastuosidad de la mañana cede a la nostalgia de la dud?sa luz, d_el día
con estos suspiros de transida resignación que desconocía su lira helemca de
antaño:

hierba no tiene que llevar mi diestra
a las ovejas que cargue, en mis. h ombros.1s
Se desmorona mi vigor de roca. 19
Enfermo, desterrado, incomprendido y pobre, se le abre una nueva voz,
honda y quemante como una llaga:

Triste, mendigo, ciego cual Homero
a su montaña I pandro se retira,
sin más riquezas que su vieja lira,
ni báculo mejor que el de romero.
Los altos juicios del Señor venero,
y al que me despojó vuelvo sin ira

de mi mantel pidiéndole una tira
y un grano del que ha sido mi granero.

5
Engendrado a la vida espiritual por Europa desde sus años mozos; empedernido viajero que cruzó el mar por cien veces cuando la medalla del mérito naval, por la hazañosa aventura, llegó tardíamente para condecorar el
cadáver; flamante y suntuoso en los castillos, de turbante y florida barba en
los desiertos, aquel corazón cosmopolita sabía, como Rubén, el otro trotamundos, que no hay patria pequeña, y para México reservó los latidos más
íntimos de su amor.
En su poesía yérguense las cumbres luminosas de nuestros volcanes, agítase
la colosal palmera" y "el bullicioso plátano", asciende el "humo del óleo mineral", rompe el cielo "el hablador perico" y la próvida huasteca entreabre
su misterio.
Junto a sus dilectas humanidades, se atreven las "indianidades", como en
aquel espléndido elogio de las Pirámides de Cholula exaltadas sobre los egipcios monumentos ;21 y junto al lenguaje culto y latinizante, no desdeña la
evocación de tal cual palabra vernácula. Aun las corridas de toros encuentran
su sitio fugaz en su poesía.22
Ante la técnica que comienza a p~rforar sus días con inventos inauditos,
aquel recio varón vuélvese un niño. Como por la trémula sorpresa del juguete
nuevo: "Quien fuera capitán de submarino"; o consagra un soneto a contar
las ondas sonoras de la radio. O anhela, ya herido por la muerte, abandonar
el lecho.

Y recorrer volando la campiña
en automóvil de motor ingente.23

A qué mirar con fútiles enojos
a quien no puede hacer ni bien ni daño
sentado entre sus áridos rastrojos.
" A orillas de los ríos.

" lb., p. 93.
" Nuevo Centenar de Sonetos, p. 107.

306

" lb., p. 141.
11
Ocios Poéticos, p. 371.
" A orillas de los ríos, p . 61.
" Nuevo Centenar de Sonetos, p. 83:

307

�6

Gracias al tenaz aprendizaje a que se había sometido desde su mocedad y
a las naturales dotes, poseyó tal soltura y facilidad para versificar sobre cualquier tema y desahogo que Menéndez Pelayo la graduó de "prodigiosa".
"Más que octogenario", el vigor permanece intacto, inusitado, capaz de producir, según la estadística de sus composiciones últimas, un poema cada tercer día. Gráficamente lo expresó en aquel verso: "De disparar sonetos tengo
antojos". 24
Enfermo de la vista, como no podía emprender "estudios serios ni artículos
de cierta profundidad y largas dimensiones, me limité a escribir sonetos que,
sin exigir gran trabajo, llenan agradablemente mis ocios de ciego".25
De los casi 450 poemas originales que escribió, unos 400 son sonetos; pero
cultivó aunque en breves incursiones, otras diversas estructuras con predilección por las formas más estrechas y difíciles de la métrica castellana, como
los tercetos italianos, los cuartetos endecasílabos, las estrofas sáficas, las octavillas pentasílabas, las octavillas y las octavas italianas, la octava real, el romance en diversa variedad de sílabas (pentasílabo, heptasílavo o anacreóntico, octosílabo y endecasílabo) , los endecasílabos libres y aun la rima leonina.
Por su lírica discurren odas, himnos, elegías, canciones, sátiras y epístolas.
Destacaríamos, por su forma gallardamente trabajada, los endecasílabos
dedicados a Menéndez y Pelayo "con motivo de su recepción en la Real Academia Española", las marmóreas sáfico-adónicas a don Antonio Plancarte y
Labastida en su primera misa, y los nobles tercetos de su elegía En la muerte
del Excmo. Sr. Don Joaquín García lcazbalceta, Director de la A cademia
Mexicana.
Recurre con frecuencia a las habituales licencias poéticas, que alguien llamó indecencias poéticas, especialmente a las figuras de metaplasmo; aunque
abusa poco de la diéresis y la sinéresis, de que tan fácilmente se sirvieron los
grandes de la edad dorada.
La anchurosa fecundidad, la falta de corrección depuradora son las raíces
que explican las disonancias y las cacofonías, la asonancia dentro de un mismo verso, las rimas pobres, que de por sí pueden ser opulentas y fastuosas,
si el poeta las llena de sustancia liríca. Parodiando a Proust diríamos: "A
los buenos poetas, pobreza y tiranía de la rima los fuerza a encontrar sus
mayores bellezas".
Su formación y actitud academizante, explican la prosaica languidez, la

hueca !:aseología como hojarasca muerta ("el húmedo elemento, la bien cort~da penola, la trompa de la fama, la pródiga natura") ; las frecuentes invers10nes forzadas__que son ~erdadero hipérbaton; los prosaísmos de pensamiento y de expres1on y los innumerables latinismos de léxico. Entre otros baste
a~untar: antena, nauta,_ ponto, vórtice, averno, poma, simulacro, ínsul~ formidar, argentar. Y part_1c~la~ente los adjetivos "cultos" algunos de los' cuales presu~nen alguna intimidad con la lengua del Lacio : alígero nefando
Jauta, ~rm1p~tente, tríplice, flébil, fulmínea, célica, tamaño, imbele, 'lacrimosa'.
~ad1e hab1a ~dvertido una cierta predilección que Montes de Oca uarda
hacia e_l _ve~ bunembre, precioso y fértil recurso que hace balancear af verso
en :~u1l_1b~1os de concepto o de sintaxis, de juegos de colores y de músicas.
leccion insigne que de Petrarca aprendió a balbucir Garcilaso con evocador~
cautela y a derrochar Góngora con barroca munificencia:
Fingiendo celos o fraguando enojos
ni el tiempo para, ni la edad decrece,
naves sumerges, mástiles doblegas,
ni alianzas rotas, ni alevosas lides. ..

.Pese a los defectos señalados, el poeta Jogra eJ decoro formal según él
mismo lo reclama de los demás.
Todo aprendiz de hablista o de poeta
es fu erza que conozca lengua y rima
antes que en el Parnaso se entrometa,
que el m etro de medir sin miedo esorima
O
que distinga la ese de la zeta
'
Y que maneje impávido la lima. 26

Nunca lo tentó la idea de versifica1 en Jªt'm, aunque conocia
, sus misterios

y lo hablaba con magistral soltura:

N o entr6 jamás en mi escolar programa
redactar en latín dístico breve:
y si antes no aspiré, menos me mueve
hoy a imitarlo, de Marcial la fama.2 1
21

" .A orillas de los ríos, p . 40.
u Prólogo a .A orillas de los ríos.

308

t1

lb., p. 46.
lb., p . 97.

309

�En cambio public6 dos sonetos en inglés ya casi con el pie en el, estri_bo.
Como sus amigos pensaron y se lo dijeron que esos sonetos acaso senan eJe~cicio de su juventud porque no era posible que desp_ués,de más de medio
siglo de estudiar en Oxford, poseyera tal dominio del ingles,. ~ontes de Oca
d e retacho otro poema con esta aclaraci6n: "para disipar sus dudas,
escn"b"6
i
, .
compuso Ipandro esa misma noche un soneto, cuyo borrador le envio sm
tardanza". 28
Lo que nos recuerda su silencio ante el Pontífice de Roma que le mand6
hablar en memorable ceremonia. "Decid al Papa que no he empezado a hablar, porque espero que me diga en qué idioma". .
,
"Recio y noble árbol el que dio tantos y ~ neos fn~tos, claro varon de
rara prestancia el prelado poeta que, para glona de México y del mundo español, es egregio entre cuantos renovaron en nuestra lengua, el tesoro de la
antigua y eterna belleza".

FEDERICO GAMBOA: UN ANALISIS ESTILfSTICO
Da. SEYMOUR MENTON
University of Kansas

Los NUEVOS cRÍncos han menospreciado a Federico Gamboa como a otros
escritores afiliados al naturalismo a causa de su predilecci6n por los aspectos
más feos de la vida. Se podria demostrar fácilmente la injusticia de esta
actitud. Además, en el caso de Federico Gamboa, estamos en la presencia del
único novelista mexicano del siglo XIX cuyas obras están escritas en un estilo
verdaderamente artístico. Los prosistas mexicanos del siglo XIX, después de
que su país alcanzó la libertad política de España, fueron en busca de su libertad literaria. Obras como El Periquillo Sarniento de Femández de Lizardi,
Astucia de Inclán, las N ouelas Mexicanas de Rabasa, Los bandidos de Río
Frío de Payno y La parcela de L6pez Portillo y Rojas revelan un estilo espontáneo con palabras y expresiones típicamente mexicanas. Este estilo popular subraya el mexicanismo de las novelas pero de cierta manera disminuye
su categoría artística. Aunque los personajes y el ambiente de las novelas de
Gamboa son también típicamente mexicanos, sus temas principales -el adulterio, la infidelidad, la seducción, la prostitución, la regeneración religiosa y
la regeneración sicol6gica- son universales y su estilo más culto da a sus
obras una impresión de solidez literaria que no está presente en las novelas
anteriores. Rubén Darlo llama al estilo de Gamboa "castizo en dicción".1
Domingo Estrada sostiene que uno de los rasgos más atractivos de M etamorf osis es su estilo.
El secreto del encanto que su libro produce, y que hace que no se pueda
dejarlo de la mano una uez comenzada su lectura, ... finca principal11

1

Nuevo Centenar de Sonetos, p. 144.

Solapa de

FEDERICO GAMBOA,

La Llaga, 3a. ed., México: Botas, 1947.

�mente en el estilo. No conozco otro que sea más sencillo sin vulgaridad,
más imaginado sin pedantería, más elegante sin esfuerzo. 2
Pedro Henríquez Ureña es quizá el único crítico que ha señalado la deuda
de Gamboa con el modernismo. " ...Federico Gamboa, en quien hay alguna
influencia del gusto modernista".3 El modernismo de Gamboa, aparente en
algunos de sus pasajes líricos, parece paradójico en contraste con sus temas
naturalistas. Sin embargo, esta paradoja es también característica de los naturalistas franceses y de muchos de sus partidarios internacionales.

mente el habla popular tanto de los mexicanos como de los españoles sin entregarse por completo a "la técnica de la grabadora magnetofónica" tan cultivada por los novelistas de la Revolución.
Un análisis detallado de los elementos estilísticos de Santa demostrará con
claridad todas las características citadas. Se ha escogido a Santa para este
análisis por ser la obra más famosa de Gamboa que a la vez representa el
apogeo de su arte novelístico.

. . .la novela de la cortesana, cuyos capítulos de exposición, por la maestría con que están compuestos, por la fuerte entonación y la plasticidad
del estilo, son de lo mejor y más bello que ha salido de la pluma del
novelista.5

Quoique nous puissions paraitre paradoxal (sic) il nous semble cependant que l'essence principale des ouvres naturalistes est le lyrisme. Cependant rien n'est plus vrai, tous les grands romanciers naturalistes ne sont
en somme, sous certains aspects, que de fougueux romantiques.4
El estilo de Gamboa no es constante en todas sus obras; se va desarrollando
de libro en libro. En Del natural y en la primera parte de Apariencias, siguió
el consejo de su amigo, el periodista Aurelio Garay, y escribió en forma sencilla, sincera y espontánea. Se nota el gran cambio en la segunda parte de
Apariencias, donde estrenó un estilo más literario que elaboró sucesivamente
en Suprema ley y en Metamorfosis y que perfeccionó en Santa. En las últimas
novelas, Reconql;listá y La llaga, el estilo sufrió por la mayor preocupación
personal por los problemas morales y sociales.
Lo interesante del estilo de Gamboa es que su aspecto erudito no desmiente
1a nacionalidad del autor y pocas veces da la impresión de ser pedante. Aunque hay ciertos rasgos de su estilo que lo identifican como mexicano, su admiración y su amor por España lo obligan en ciertas ocasiones a evitar conscientemente el uso de expresiones típicas por las del castellano castizo. Además, su gran respeto por los novelistas franceses de su época y su conocimiento
del francés son responsables por la infiltración de muchos galicismos.
La afición de Gamboa por las expresiones extranjeras es solamente un aspecto de su vocabulario literario. Otros factores que contribuyen al efecto
erudito de su lenguaje son las palabras cultas y arcaicas, las formas enclíticas
y l~s. neologismos. Su identificación estilística como escritor mexicano se debe
principalmente a su uso relativamente abundante de los diminutivos. Al transcribir la conversación de sus personajes, el novelista intenta reproducir fiel·· • Citado por Rubén Darlo en su juicio sobre Gamboa en las solapas de La Llaga.
~ .PEDRO ENRÍQUEZ UREÑA, Las corrientes literarias en la América Hispánica, México: Fondo de Cultura Económica, 1949, p. 83.
• ALBERT l. ALTAMIRANO, lnfluence de la littérature franfaise sur le littérature
mexicaine, México: Cosmos, s. f., p. 83.

312

LENGUA

I.

CULTISMOS

l. extrajo (9) 6
2. un sol estival (12)

3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.

1

sonrió con simiesca sonrisa (13)
cómitre (26)
cual impulsadas (29) 7
beodo ( 35)
iguanodonte (58)
metamorfoseada (58)
genésico (90)
las ígneas testas (96) 8

CARLOS GoNZÁLEZ PEÑA,

11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.
19.
20.

ápteras (270)
automedonte (277)
enjundia (283)
ergástulos ( 289)
estriárselo (291 )
el cipión (291)
cutáneo sarpullido (296)
gehena (302) 9
cloroformizado ( 331)
epinicio ( 99)

Historia de la literatura mexicana, 3 a. ed., M'CXICO:
·

Porrúa, 1945, pp. 348-349.
• Los números colocados entre paréntesis indican las páginas de Santa, 13a. ed.,
México: Botas, 1947
1

Gamboa usa constantemente la palabra "cual" en vez de la palabra más popular

"como".

' Antorchas.
' Palabra bíblica que se refiere al infierno.

313

�11.

PALABRAS Y EXPRESIONES ARCAICAS

4. su arribo (20)
5. a partir de aquí (20)
6. retornar (22)
7. gentiles-hombres ( 117)
8. el buró (124)
9. asaz ( 127)
10. luengos años ( 147)
11. a fuerza de (254)
12. shacós (299)

l. habemos ( 7)

2. priesa ( 74)
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.

lastimamientos (88)
por mor de ( 105)
rato há ( 127)
trucidan (213)
en antes (278)
a guisa de ( 289)
así suceda lo que sucediere (292)

VI.
IIJ.

ANGLICISMOS H

PALABRAS Y EXPRESIONES LITERARIAS

l. sodas ( 283)
2.
3.
4.
5.

l. esta Friné ( 73) 10
2.
3.
4.
5.
6.

IV.

el para ellos inusitado espectáculo (222) 11
nuestra más que amistad (229)
se amaban sáficamente (259)
tu oíslo (279) 12
a prima noche (281)

GALICISMOS

ITALIANISMOS

l. crescendo ( 134)
2. piano... muy piano ( 165)

LATINISMOS

l. ídem (91)
2. en el ínterin (280)

V.

VII.

en la una mano... en la otra (226)
rememorar (209)
macadam (127)
cactus (49)

13

l. nadie ... paró mientes en ella (10)
2. siempre confusa ( 15)
3. de tiempo en tiempo ( 18, 40)
" Gamboa presenci6 el estreno de la 6pera de Saint-Saens, Phryné, el 28 de septiembre de 1893. (Mi diario, I-1, p. 154).
11
Construcción popularizada por Cervantes.
22
Expresión arcaica inmortalizada por Sancho Panu.
11
Muchas de las palabras de este grupo están registradas como galicismos en el
Diccionario de la Academia ( 1936) o en el Diccionario de galicismos de Baralt. Otras,
aunque existen en español, son muy parecidas a palabras o expresiones francesas y se
usan en vez de expresiones sinónimas más puras.

VIII.

CASTELLANISMOS

15

l. rieles de tranvías ( 11) 16
2. explotárseles (24) 17
3. qué corcho (25) 18
4. pájaros siniestros ( 49) 19
" Gamboa estudi6 inglés cuando pasó un año en Nueva York a los 16 años. En el
caso de "rememorar'', puede también calificarse de arcaismo.
,. Las palabras de este grupo muestran la preferencia del hispanófilo Gamboa por
las palabras o expresiones usadas en España que no se usan frecuentemente en México.
11
En lugar de la expresión más mexicana "vias de trenes".
" En lugar de "explotárselos". "Lo" es la forma más ampliamente usada en Hispanoamérica, aunque no es la exclusiva como muchos lo han creido. (KANv, American-Spanish Syntax, 2nd. ed. Chicago: University of Chicago, 1951, p. 102).
11
En lugar de "qué caray" o cualquier otra expresión más típica.
" En lugar de la expresión más exacta y pintoresca "zopilotes".

314
315

�5.
6.
7.
8.
9.

IX.

hubiese sido ( 58) 20
la americana ( 72) 21
la pereza (90) 22
simón (91) 23
la vieja ciudad americana (93) 2 •

5. el cuaco (47) 32
6. pirúes (49) 33
7. los rurales (55) 34
8. chaparreras ( 55) 35
9. pulquería (55) 86
10. tequila (55) 37
11. tlachiqueros (61 ) 38
12. quién sabe qué... ! (68) 39
13 .. .. pues que perezca! (73) 40
14. calandria (91) 41
15. las diez y tres cuartos (97) 42
16. la cruda ( 148)
17. los catrines (224)
18. sus sacos (225)
19. enchilada ( 281 )
20. un petate ( 307)
21. los pelados ( 309)
22. de puro desnudos (24)
23. cigarrillos (42)
24. tecomates (55)
25. pero eso sí (60)
26. así me maten (68) 43
27. ¡ A ver cómo te las compones... ! ( 156) 44
28. palabra que me alegto de conocerlo ( 162)

AMERICANISMOS

l. cuando su arribo (20)

2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
X.

lo vio ir ( 31) 25
milpas (49)
gachupina (65)
la comuna (153)
enseriada ( 151)
amasiatos (192)
la dependienta (283f6

MEXICANISMOS

1.
2.
3.
4.

27

sin más rebozo ni más nada ( 14) 28
rebozo de bolita (52) 29
Adiós! (33)ªº
una magueyera ( 42) 31

,. En lugar de "hubiera sido". Se usa mucho más la forma de "ra" en toda América.
., En lugar de "el saco".
"' En lugar de "la flojera".
" En lugar de "calandria".
14 Parece raro que un escritor mexicano se refiera así a su aiudad natal.
'" En vez de "le".
" "Una tendencia natural del idioma crea terminaciones femeninas :para los nombres y adjetivos que, por su forma, se escapan a ~a d~stinción genérica :--•~uéspeda',
'comedianta', 'bachillera'-". (RAFAEL LAPESA, Historia de la lengua espanola, Madrid: Escelicer, 1942, p. 261).
.
n Estos ejemplos son relativamente pocos en comparación con los que se encuentran en Astucia y en Los Bandidos de Río Frlo, ambas escritas antes que Santa, o en
cualquier novela de la Revolución publicada posteriormente.
.
,. El rebozo o chal es uno de los objetos de vestir más estimados por la muJer de
México.
,. Un chal cuyos flecos tienen pequeños nudillos.
80 En puro sentido exclamativo para expresar incredulidad o ansiedad.
11 Campo en que crecen plantas de maguey.

316

32

El caballo.
•• Arboles parecidos a los sauces llorones .
" Soldados del gobierno.
" Polainas de cuero.
11
Un bar especializado en pulque, la bebida alcohólica más popular entre la gente
humilde.
31
Bebida alcohólica muy fuerte.
" Hombres que extraen el jugo del "maguey", planta que fermenta y se convierte
en "pulque", "mezcal" y "tequila".
" La expresión "quién sabe..." es muy característica del habla popular mexicana.
•• La palabra "pues" se usa excesivamente en México.
" Un carruaje que Gamboa también llama "simón", palabra raramente usada en
México.
" Un cuarto para las once. La forma española "las once menos cuarto" se usa
muy poco en México. En el estado de Guanajuato, la misma hora se expresa así:
"son los tres cuartos para las once".
" En el sentido de "aunque".
" Esta expresión se usa mucho en México. Es aféresis por "vamo! a ver".

317

�•

1

29. anda, un esfuercito ( 165)
30. aparadores ( 210) 45
31. se anda de tuna (280) 46

XI.

NEOLOGISMOS

1. en un princ1p10 ( 24) 47
2. pasamanería (81) 48
3. pasamanero (82) 49
4. azulosas (143)
5. emborrachaduría (157) 50
6. hetairas ( 220) 51
7. trifurcar (230)
8. multifurcar (230) 52
9. intocadas (257) 53
10. a contar de aquí (286) 54
11. para que no algún intruso (316) 55
12. de tiempo en vez (318) 56
13. y las horas negras tendrían de venir (321) 57

XII.

la tendencia a abusar de los enclíticos, formando así, esdrújulos y sobreesdrújulos artificiales, lo que contraría la índole aprosódica del idioma
castellano, cuyo acento característico es el grave . ..58

Sin embargo, Ramsey señaló en 1894 que el estilo común y corriente evita
el uso de enclíticos en muchos casos pero reconoció que "the use of enclitics
is rhetorical and distinctive of a literary, as apposed to a colloquial, style". 59
Después de dar distintas reglas para el uso normal de los enclíticos, cita
ejemplos de Castelar y de Palacio Valdés admitiendo que "the most progressive
writers in Spain at the present day allow themselves greater freedom".60
En muchos de los ejemplos siguientes, Gamboa observa las reglas de la
Gramática de la lengua española de la Real Academia,61 de la Gramática de
la len~ua castellana de Andrés Bello con notas de Rufino J. Cuervo 62 y el
Textbook of Modern Spanish de Ramsey 63 según los cuales el uso de enclíticos se permite en el modo indicativo en los siguientes casos:
1. Cuando el verbo es la primera palabra de la oración.

2. Cuando el verbo está al comienzo de una cláusula independiente precedida de una conjunción coordinadora.
3. Cuando el verbo está precedido únicamente por la expresión adverbial
de tiempo.

ENCLÍTICOS

4. Cuando el verbo es la primera palabra de la cláusula principal de una
oración subordinada.

Uno de los rasgos más distintivos del lenguaje de Gamboa es el uso abundante de enclíticos. Jorge Useta lo critica severamente por esta tendencia que
define así:
Escaparates.
Faltar a la escuela.
En lugar de "al principio".
El sistema Braille empleado por los ciegos para leer.
Un hombre que lee Braille.
'° En vez de "cantina".
" En lugar de "heteras".
., En estas dos últimas palabras Gamboa toma la raíz de "bifurcar" Y la usa con
distintos prefijos.
.. En lugar de "no tocadas" .
.. Variación del galicismo "a partir de" en lugar de "desde".
11
En lugar de "ningún".
,. Gamboa usa muchas variantes de la misma expresión: "de vez en cuando" ( 17),
"de tiempo en tiempo" (18, 36), "de cuando en cuando" (63), "de tarde en tarde"
(111).
" En lugar de "habrían de".

5. Cuando el verbo es la primera palabra de una cláusula principal de
una oración introducida por una cláusula absoluta.
6. Cuando un número de cláusulas completas sigue la una a la otra en
una serie sin conjunciones que las unan, cualquiera de los verbos puede
tener un enclítico.

"
"
"
"
..

318

.. JORGE UsETA, Federico Gamboa en El libro y el pueblo, IX, 3, México, 1931,
p. 10.
11

MARATHON M. RAMSEY, A Text-book of Modern Spanish, 3rd. ed., New York:
Henry Holt, 1934, p. 546.
'° lbíd., p. 547 .
1

Real Academia Española, Gramática de la lengua española, Madrid; EspasaCalpe, 1931, párrafo 2500.
•

" ANDRÉS BELLO y RuF1No J. CUERVO, Gramática de la lengua castellana, Buenos Aires: Sopena, 1945, párrafos 906-918.

ª

MARATHON

M.

RAMSEY,

párrafos 1366-1368-1370-1372.

319

�Los casos siguientes muestran cómo usa Gamboa el enclítico con una gran
variedad de tiempos y combinaciones de pronombres. Constituyen un pequeño
porcentaje de las formas enclíticas de toda la novela.
l. ...del que extrajo un lío de mezquino tamaño; metióse la mano en... (9)
2. En una esquina, pintada al temple, destácase "La Giralda", . . . ( 11).
3. Sus carnes marchitas, exuberantes en los sitios que el hombre ama y
estruja, creería que no eran suyas. . . ( 17) ;
4. Pepa conocía esa historia, habíala leído y releído ... ( 18)
5....y señalaba sus muertos encantos, los que escasamente sólo servíanle
ya para encadenar... ( 18)
6 . ...antes los envolvían en una llaneza y una naturalidad tales que, al
escucharla, tomaríasela más bien por austera institutriz. . . (24)
7. . ..aquí sólo yo mando y a obedecer todo el mundo ... hase visto una
pringosa con más humos! (26)
8. De día, mírasele desierto, con un cliente que otro. . . ( 101)

Después de establecer que los pronombres átonos complementos directos o
indirectos, preceden o se ponen como afijos al verbo auxiliar seguido de un
participio pasado, Andrés Bello advierte:
La única excepción legítima es cuando se calla el auxiliar por haberse
poco antes expresado: "Habíamos aguardado a nuestros amigos y prepárandoles lo necesario" .64

profusión".65 Aunque el número de ejemplos citados abajo parece grande si
se compara con el que se encuentra en las novelas españolas del mismo período, es en verdad pequeño si se compara con el de otras novelas mexicanas
de la misma época.

ITO
l.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.

patiecito ( 31)
casita (40)
cabecita (40)
pequeñita (43)
un poquito (45)
palmaditas (47)
Santita (47)
piesecitos ( 53)
Agustinita (53)
hombrecito (64)
princesita (65)
de mañanita (66)
mejorcitos ( 73)
saloncito (86)
aprisita (92)
chorrito (95)
mesita (104)
quietecita ( 120)

19.
20.
21.
22.
23.
24.
25.
26.
27.
28.
29.
30.
31.
32.
33.
34.
35.
36.

mocito (126)
tequilita ( 162)
en seguidita (163)
juntitos ( 167)
la salita ( 175)
a camita ( 180)
una planchita ( 181)
olorcito (225)
fresquecito (243)
lo mismito (247)
derechito (257)
puntualito (268)
huequecito (278)
enfermita (279)
pegadito (284)
cuidadito (285)
quedito (299)
enterita (321 )

ILLO
9....cuando la muerte de su madre habíala estrujado el espíritu y prometídole, con el abandono del vicio ... (209)
10. Ya Santa, automáticamente, había apurado la pócima y reintegrádóse
en su modorra (260) .

XIII.

SUFIJOS

El español es una de las lenguas más ricas en el uso de sufijos, por medio
de los cuales se expresan ideas tanto objetivas como subjetivas. El uso de los
sufijos es aún más abundante en Hispanoamérica y especialmente en México.
En su capítulo sobre la lengua de Hispanoamérica, Rafael Lapesa afirma:
"El diminutivo y el aumentativo, ya tan frecuentes en España, se usan con
" ANDRÉS BELLO y RuF1No

320

J.

CuERv'o, párrafo 917:

• .••'i

l. patiecillo (34)
2. la fuentecilla (102)

3. un mediquillo (163)
4. un vientecillo (259)

AZO

l.
2.
3.
4.

piedrazas (51 )
cuerpazos
ojazos ( 118)
relojazo ( 180)

5.
6.
7.
8.

defectazos ( 190)
nublazones (233)
los abogadazos (249)
una llavaza (306)

óN
l. hombrones (45)
" RAFAEL LAPESA,

2. tristón (89)

3. muchachonas (303)

p. 261.

321
H21

�OTE

l. sanotes ( 150)

3. grandote (284)

2. casota (250)

UCA

URO

l. tierruca ( 85)

l. terruño (99)

ISIMO

l.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.

contentísimas (31)
profundísimo (40)
aseadísima (41)
pobrísimas (43)
vivísimamente (44)
fresquísima (46)
afanadísimo (47)
guapísima (52)
antiquísima (53)
mismísimos (59)
lejísimo (60)
tristísimas ( 68)
bellísima (71)
buenísimos ( 109)
bonísimo ( 137)
friísimo ( 115)

XIV.

17.
18.
19.
20.
2 l.
22.
23.
24.
25.
26.
27.
28.
29.
30.
31.

humildísima (118)
respetuosísimos ( 123, 247)
principalísimas ( 130)
lo poquísimo ( 134}
naturalísimo ( 136)
tantísimas (138)
merecidísima (139)
ardientísimamente ( 159)
puntualísimamente (173)
cargadísima (251)
brillantisimo ( 253)
afligidísimo (258)
viciosísimos (259)
divinísimamente (284)
indispensabilísima ( 294)

HABLA POPULAR

-¿Pues quién ha de mandarme, niña? ¡no se haga! mi amo don Hipólito que ya no sabe qué hacer desde que su mercé se salió de la casa. . . ¡ Está triste, triste, palabra! . . . y en desta mañana me dijo: "Jenarillo, te vas allá a la Guipuz. .. bueno, a la casa ésta, y en cuanto se
salga el otro, ¡ que ojalá y lo reviente un toro! ... no, si no lo digo yo,
lo dijo mi amo . .. en cuanto se salga, tú te metes y le hablas a Santita,
pero sin mentarme, como si fuera por tu cuenta... anda Jenarillo, anda
y mírala por mí. .. Ya viene, ya la vide a usté y ya me voy. .. pero
vuelvo el otro domingo; hoy viene a la una y me estuve tlachando, tlachando que 'El Jarameño' saliera, desde la peluquería... yo la vide a
usté en el balcón y ¿a que usté no me vida, apostamos? . .. ¡ Niña Santita! ... ¿por qué no me regala un boleto de sol?" 202.

Sin lugar a dudas, Gamboa conoció a muchos españoles durante los años
que pasó en la capital trabajando de periodista. En Santa, logró captar admirablemente bien la atmósfera de una pensión española. Sus transcripciones
de la forma de hablar del torero andaluz "El Jarameño" y de su mozo Bruno
son iguales, cuando no superiores, a las de Carlos Reyles en El embrujo de
Sevilla.
¡ Pa uzté, gratis, gachó, yo le orsequio la suya! Los animalitos son de
Veraguas, pero paecen dotares de Salamanca, por er sentía, er poder, y
las mañas. .. ¿ Por donde me las guillo, camará, que uzté está de prisa
y yo también? (164).

-Soy andalú de Aracena, carcule uzté... (183).

En los dos pasajes que se reproducen a continuación Gamboa sigue la tradición de los novelistas mexicanos del siglo XIX de captar el dialecto de las
clases bajas. Aunque no abundan los pasajes de este tipo, Gamboa merece la
distinción de ser uno de los primeros autores que trata de transcribir fonéticamente el habla del pueblo. Jenaro, el lazarillo de Hipo, dice:
- ¡ Adiós! apretarla, apretarla, ¡ claro que no! pero pa las veces que
esperándolo yo a usté en el patio y saliendo ella con otro señor, me ha
apachurrado contra la pared, aldrede, sabiendo que soy yo y riéndose
de mi sofocación! .. . Y a usté sabe que conmigo es muy retebuena, siempre me guarda un taco de comida, y los sábados me afloja mi pesetilla...
dice que es pa que me bañe, porque siempre ando muy sucio, ¡usté

322

verá! ... Y en el Tívoli, ¿qué tal? no me manda dar pasteles o de esas
rebanadas de pan con carne, ¿qué les dicen ... ? (140-141) .

ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN, FIGURAS RETÓRICAS
Y OTROS RECURSOS ESTILÍSTICOS

Una de las características más importantes del estilo de Gamboa es el
uso de oraciones y párrafos largos. Jorge Useta le critica esta tendencia denominándola "kilometrismo".66 Sin embargo, el "kilometrismo" de Gamboa
se logra con un estilo tan variado y artístico que en vez de afear sus obras,
aumenta su valor literario.
.. JORGE UsETA,

p. 10.

323

�l.

el tallo salvador, las aguas pasan por encima de ambos y dolidas de sus dos
debilidades, como que respetaran esas nupcias de dos desventuras que ni
sumadas alcanzan a oponerle una resistencia siquiera mínima. Y al apaciguarse el río, al volver las aguas a su manso y rumoroso discurrir benéfico,
los árboles y piedras - fuerza, soberbia, poderío- no se miran ya; el tallo
salvador y la paja desgarrada -lo débil, lo despreciado, lo humilde-, ahí
están, muy abrazados, temblando todavía dentro de un marco circular de
espumas, que, a manera de besos, cada ola les arrojó a su paso y que se
apagarán muy pronto, después de haber acariciado y creídose eternas -como los besos, que después de acariciar y de apetecerlos eternos, bórranse
muy pronto, de los labios primero y de las memorias después (295-296).

PREDOMINIO DE LAS FORMAS VERBALES

Las descripciones de Gamboa están llenas de vida porque el verbo es casi
siempre el elemento principal de la frase. Muchas de sus oraciones compuestas se extienden por medio de formas verbales como el gerundio y los participios y hay una preferencia especial por los nombres, adjetivos y adverbios derivados de verbos. Esta abundancia de formas verbales, subrayadas en los
pasajes siguientes, sirve para eliminar cualquier aburrimiento que pueda resultar de las oraciones y párrafos largos.
l. Tristón y metido en nubes amaneció aquel 15 de septiembre, por lo que
cuando Santa y su parroquiano despertaron -cerca de mediodía- calculáronse que el anunciado paseo nocturno no se llevaría a cabo, a causa de
la lluvia amenazante. Y frente a la tremenda perspectiva de pasar juntos
tantas horas, sin una miaja de estimación o de amor que la hiciese caminar
de prisa, no escondieron su fastidio, antes mostráronlo a las claras; él, desperezándose y revolviéndose bajo las sábanas tibias, ajadas y malolientes,
y Santa, registrando un cajón de su cómoda, segura de no descubrir nada,
supuesto que nada buscaba. Hablábanse poco, sólo lo indispensable para
zaherirse con pullas o embozadas injurias, como si después de una noche
de compradas caricias hubiesen recordado de súbito que, exceptuando la
lujuria apaciguada de él, no existía entre ellos más que el eterno odio, que,
en el fondo separa a los sexos. Una mutua repugnancia subía a sus ojos,
salía con sus palabras; los dos paladeaban el nauseabundo dejo del alcohol
y del placer venal, que nos deprimen y abochornan en cuanto sus efectos se
desvanecen. Y si a Santa -cuyo camisón resbalándose aquí y allí, puso al
descubierto fragmentos de su cuerpo trigueño- no le importaba que su
enamorado de unos momentos la contemplase o no, ni mucho menos trataba de excitarlo, la verdad es que el prójimo tampoco miraba siquiera, y
ahíto de esa carne que todo el mundo saboreaba, volvióse del lado de la
ventana y al través de sus visillos vió hacia las nubes (89).
2. Cuando un río en avenida, descuaja, destroza y arrastra hasta enormes
piedras y gruesísimos troncos, que allá van, cabalgando en las crestas espumantes y en los lomos verdosos de las ondas bramadoras a perderse en el
mar, aunque en el pánico de su curso demente, piedras y troncos se revuelvan, se entierren, resurjan y giren por huír y salvarse, ocasiones hay en
que una paja desgarrada y mísera que también cabalga, pero despavorida,
en las líquidas crines del vestigio desbocado, con sólo de que la ribera la
sujete una rama, un tallo tan mísero y endeble cual ella, escapa del turbión, y muy asida a esa debilidad, circundando con su cuerpecito íntegro

324

11.

ANÁFORA Y OTRAS FORMAS DE REPETICIÓN Y DE CONTRASTE

Estos recursos literarios ayudan a mantener el ritmo en la construcción
artística de oraciones y párrafos largos. Son tan característicos del estilo de
Gamboa que, a veces, el interés del lector se sostiene no sólo con la trama
de la novela, sino también con la anticipación del fin del motivo estilístico.
contra el mármol y contra el granito (12)
muchos vehículos, mucha gente, mucho sol, mucho ruido ( 20)
al que no regresaría nunca más, nunca, nunca (22)
Santa cedió ante aquel alud de malas palabras que, a manera de látigos,
se le enroscaban en el cuerpo; cedió ante aquella hidra que la acosaba,
pronta a clavarle sus garras (27)
5. una muchacha de vello negro, negro ... (28)
6. ¡ Qué lindamente tocaba y qué horroroso era¡ ( 31)
7. saltando de las teclas blancas a las teclas negras (32)
8. tocaban música triste cual la historia de ella. ¡ Su historia! (38)
9. al llamar a la poética misa, de l~s seis y media... la misa que bajaban
a oír (44)
10. destacáronse del resto de la serranía el Ajusco, azul, de un azul blando
(50)
11. ¡quién sabe qué cosas tristísimas! (68). (Esta exclamación se repite nueve
líneas más abajo)
12. Santa e Hipólito simpatizaron (72). (Cinco líneas más abajo en el mismo
párrafo, Gamboa escribe: "Hipólito y Santa simpatizaron" (72)
13. sus lágrimas escondidas, sus escondidos recuerdos y su escondido corazón
(89)
14. cabezas de hombres... cabecitas femeninas (96)
l.
2.
3.
4.

325

�15. mucho rodar de tranvías y coches, mucho pataleo de caballos, mucho
charlar y mucho reír, mucho griterío y mucho vocerío de di~os ~103)
16. y conforme unos minutos antes Santa sentíase reina, emperatnz y dichosa,
ahora sentíase lo que en realidad era: un pedazo de barro humano; de
barro pestilente y miserable que ensucia, rueda, lo pisotean y ~ deshace
17. yo que valgo menos que un gusano, que como gusano horr?nzo y que
como gusano he de ir siguiéndola y siguiéndola por dondeqmera y cualquiera que usted vaya ( 152)
18. su mente pensando, pensando, pensando... (152)
19. es el odio por el amor, el odio incurable y eterno ¡ es el odio antiguo! ( 159)
20. prodigiosamente rica y prodigiosamente indolente ( 174)
21. el don regio de sus mutuos cuerpos, de sus mutuas juventudes y de sus
mutuas bellezas ( 189)
22. las mismas mañas, las mismas falsías, los mismos defectazos ( 190)
23. cual si le urgiese salir de la cárcel, ora muy despacito, cual si en su pánico
tratase de esconderse en ignoradas entrañas recónditas (209)
24. el revólver, de prisa, de prisa
; -~~es. de. ~s~~pi; l~· ~~e~~e -~sc~~í~· ei es~-a~t~. ·. ·.
0

. . .. . .

.. ..

2. la historia vulgar de las muchachas pobres, que nacen en el campo y en
el campo se crían al aire libre (39)
3. si Santa reía, reía ella (44)
4. siempre de uniforme y el uniforme siempre limpísimo (56)
5. por mucho que se sabían desvelados y desvelados por una preocupaci6n
común (63)
6. tanta belleza y tentaci6n tanta (211)
7. las manos buscan algo y algo encuentran (223)
8. que... florezcan y perfumen pero que por remate perfuman y florecen
(225)
9. cirios amarillentos que amarillentas manos flaquísimas sustentan (250)
10. con risa fingida y fingida tos ( 251)
11. simpatizó con ella, como simpatizaban todos frente a la provocativa
belleza de la muchacha, belleza que todavía resultaba más provocativa. ..
Una de las pocas excepciones de este orden circular de las palabras se
encuentra en la frase siguiente: azul el cielo y verde el campo... el cielo
azul y el campo verde (81 ) .

d~ ~risa, de prisa...

........................

D~ ~ri~, ~ f~g~~~~' ·~;o· fogonazo, de prisa, de prisa (237-238)

25. debía hallarse muy grave, muy grave (303)
26. idénticas actitudes, idéntica duración, e idéntico, al aparecer, pesado sueño (337)

IV.

PAREJAS DE SINÓNI!IIOS

Este recurso, muy popular en el Siglo de Oro, fue resucitado por Juan
Valera en Pepita ]iménez.
l. empujándose y armando un z1p1zape (13)

111.

2. por inválidas e inservibles ( 17)
QUIASMO

En sus repeticiones de palabras y frases idénticas o parecidas, Gamboa las
ordena muy a menudo en forma de "redondilla" o de "cuarteto": abba. Esta
cuidadosa atención a la forma para producir un efecto lírico es uno de los
rasuos principales del modernismo que fue el movimiento literario dominante
en ºHispanoamérica cuando Gamboa estaba escn.b.1end o sus noveIas.er

3. aquella muchacha quejosa e iracunda ( 17)
4. polígonos imposibles y quiméricos (26)
5. la lluvia desatóse iracunda, rabiosa (30)
6. Agustina... agrandada, engrandecida, sacra (69)

7. ¡ cuán vil y desgraciada era, qué pequeña, qué débil, qué sola, qué mísera!
(129)
8. de las ajenas caricias y de los besos de otros (271)

l. la distensión nerviosa. . . la amodorraron, brindáronle un remedo de sueño... (21)
"' Conviene señalar que también la vida de Santa es circular puesto que nac~ y es
enterrada en Chimalistac, aun cuando en la novela vive la mayor parte del tiempo
en la capital.

V.

SERIES DE PALABRAS Y EXPRESIONES PARECIDAS

l. malvones, alelíes, y enredaderas (40) . ( En la misma página Gamboa
menciona "margaritas y azahares"; en la página 42, "rosas"; y en la página 43, "heliotropos, claveles")

326
327

�2. Un clarín, un cenzontle, un jilguero (41)
3. los ojos más negros aún, expresivos y apasionados, de árabes ociosos que
se perecen por la hembra, por el caballo, por las armas y por las fieras (113)
4... .la ciudad, la gran ciudad comerciante y alegre fue entristeciéndose, y
la isla entera prodigiosamente rica y prodigiosamente indolente, fue consumiéndose :onsumiéndose hasta no ser ni la sombra de sí misma a causa
de los endiantrados "laborantes", los tales insurrectos sin rey ni ley, ingratos, ingratísimos, que así la habían puesto y dejado, sin tabacales ~i
azúcares, sin 'ingenios' ni bohíos, sin frutos ni flores, sin pobladores y si~
oro; sus puertos, melancólicos; sus ciudades silenciosas, sus campos ~opicales, erizados, incendiados, desnudos, bebiendo por igual, como sedientos
insaciables, la sangre de los negros maldecidos y la muy noble sangre de
los peninsulares que iban a ella por darle esplendor y lustre ( 174-175). (La
anterior visión de La Habana, aunque evocada por la propietaria españo~a
de La Guipuzcoana, refleja hasta cierto grado la simpatía del autor hacia
España).
5. Por dondequiera, vendimias, lumbraradas, chirriar de friatos, ~esmayad_o
olor de frutas, ecos de canciones, fragmentos de discursos, arpegios de guitarra lloro de criaturas, vagar de carcajadas, siniestro aleteo de juramentos
y ve~ablos; el hedor de la muchedumbre, más pronunciado; principio ~e
riñas y final de reconciliaciones; ni un solo hueco, una amenazante ~uietud. el rebaño humano apiñado, magullándose, pateando en un mismo
siti~, ansioso de que llegue el instante en que vitorea su independ~cia...
(97-98). (Esta descripción del zócalo en la noche del 15 de, ~ptlembre
muestra cómo la documentación detallada que es tan caractenstica de los
naturalistas está modificada por la sinestesia modernista).

VI.

FAMILIAS DE PALABRAS

Además de la repetición de palabras, sinónimos y series para prolongar sus
oraciones y para producir el efecto de la_ inexorabl~ march: de_! tie~~o, Gamboa es muy adicto a unir palabras que tienen la misma ra¡z etimologica.

1. Santa escuchaba azorada y su mismo azoramiento ... (14)
2. sus lacios senos abultados de campesina gallega oscilaban, oscilaban asquerosamente, con algo de bestial en sus oscilaciones ( 17)
3. se echó a llorar mucho, muchísimo (22)
4. misterioso desfile nupcial, antiguo, antiquísimo ( 108)
5. lejos, lejos, lejos. .. L ejanía tamaña ocasionábale interno júbilo... ( 125)
328

6.
7.
8.
9.
10.
11.

No tenía culpa! No se declararía culpable nunca! (217)
ese día advendría, y con su advenimiento (232)
penetrar en la impenetrable masa ( 241 )
el abigarrado conjunto de demandantes y demandados (248)
algo muy grave, gravísimo (260)
un cuarto. . . deforme y disforme ( 296)

VII.

SÍMILES y METÁFORAS

l. teclado, ... parecía una dentadura monstruosa ( 15)
2. igual a manada de reses, vienen de todas partes a abastecer los prostíbulos
de los mataderos insaciables de los grandes centros (321)
3. un vientre colgante, descolorido, con hondas arrugas que lo partían en
toda su anchura, cual esas tierras exhaustas que han rendido cosechas enriqueciendo ciegamente al propietario, y que al cabo pierden su secreta e
irreemplazable savia, para sólo conservar las huellas del arado, a modo
de marca infamante y perpetua (19).
4. Derechamente, sin asomos de titubeos ni vacilaciones, como golondrina
que se reintegra al polvoriento alero donde quedó su nido desierto resistiendo escarchas y lluvias, así Santa enderezó sus pasos fugitivos a la casa
de Elvira (209). (Al comienzo de la novela, p. 57, Gamboa compara a
Santa con una mariposa) .
5. Igual a esos días que amanecen sin nubes, con luz poderosa y celeste que
hasta el espíritu alegra; con sol que ilumina y hermosea campos, casas y
calles, y del más vil guijarro hace un diamante, que en las charcas impuras derrama oro, y en la piedra y el hierro, en lo insensible, parece que
infundiera ánima, que purifica y limpia, tomando, en blanco lo negro,
lo viejo en joven, lo enfermo en sano, que engalana las campanas llenas
de herrumbre de los templos centenarios y las fachadas leprosas de las
casas vetustas; que a los miserables, a los que tienen frío, a las flores de
los jardines públicos y a los niños desnudos de los arrabales pobres, caliéntalos amorosamente y les permite olvidar y reír, iguales fueron los
albores de la mancebía de Santa y Rubio; un mes escaso; un mes en que
gustó de la doble bendición de reír y de olvidar (268-269).
¡ Mas ay! que con el segundo mes y con el tercero, lo que se vio descorazonó a Santa. Los albores de su día de sol, de la luz poderosa y celeste, se evaporaron, y como los mejores días primaverales, que tormenta
sin anuncio truécalos en lluviosos, tristes y lúgubres, y con la lluvia implacable cae sobre los espíritus la desesperanza, y sobre campos y sobre
ciudades fúnebres cortina transparente que lo opaca todo, que cierra
329

�horizontes y apns1ona anhelos, así, con un soplo, viniéronse abajo los
aéreos castillos edificados por Santa (269).
(En esta cita, el amasiato de Santa con Rubio ~e. refleja en l~ naturaleza. Esta "empatía" era característica del romanticismo y volv10 a aparecer a fines del siglo XIX. Zola la usa muy bien en Une page d'amour
y en La Regenta de Clarín, el estado síquico de la protagonista cambia
con las estaciones) .
6. la diaria y amarga batalla (17)-la lucha por la vida
7. el vocablo vino y le azotó las sienes (22)
8. el mar de sombra (53)
9. el antro (14, 91)-el burdel
10. las calles de la Independencia, a las que salieron luego de atravesado el
callejón de López, también alimentaban su océano, c~n ~gr:v~iento de
tranvías y carruajes, que a modo de pequeños barcos sm tlmon, circulaban
trabajosamente, ora con pausas o detenciones que eran saludadas con la
algazara de sus tripulantes, ora con repetidas embesti~as que ~endían
las olas y abrían un surco borrado al minuto por el fluJo y reflujo de la
multitud que los silbaba amenazadora, agresiva, con manifiestas ganas de
armar bronca (92)
11. un suspiro interminable y tétrico del río (62)
12. los astros parpadean (99)
13. los telones que eructan polvo ( 105)
14. esa desnudez magnífica sobre la que galopaban desbocados todos los apetitos ( 138)
·
.
.
.
15. su simón... formando parte de este inmenso, articulado y luminoso reptil
undívago (210)
16. la brigada ( 167)-el grupo de prostitutas
17. sí, algún día la suerte de los dos unciríalos a un propio yugo, para que
reunidos concluyesen de tirar del pesado carro de miseria (232)
18. Y cual si el palacio no estuviese suficientemente mancillado, con la incesante ralea que ejecutan los halcones borlados, los azores de levita, los
gavilanes especialistas; con ese correr de hiena que aullan artículos de
códigos... (249). (Esta escena ornitológica y zoológica tiene lugar en el
tribunal).
19. Santa se enderezó, y sin el menor asomo de repugnancia o de asco, aprisionó a Hipólito entre sus brazos desnudos, conmovida y llorosa, le besó
sus ojos ciegos -los sentenciados a no verla nunca-, y ellos se abrieron
desconsolados, exageradamente, pugnando por ver, un segundo siquiera,
¡ Señor! . . . las lágrimas de Santa, sobre ellos suspendida, los penetraron
gota a gota y en el acto se reabsorbieron en aquella superficie seca, como
330

se reabsorbe la lluvia en los terrenos sedientos, áridos e infecundos que no
han probado el agua (317-318).
20. Santa despepitó su historia ( 77)

VIII.

EPÍTETOS

Tanto como los poetas épicos se refieren a Eneas, Roldán o al Cid como
"preux" y "el que en buen ora cinxo espada", Gamboa constantemente se
refiere a los ojos ciegos de Hipólito con las mismas frases. Sin embargo, alterando un poco las palabras, el autor aumenta la calidad artística de su prosa
sin sacrificar la impresión fuerte ocasionada por la repetición.
l. sus horribles ojos blanquizcos de estatua de bronce sin pátina (91, 152,
218, 302, 310)
2. sus horribles ojos blanquizcos, sus ojos sin iris y sin esperanza ( 138)
3. sus ojos de estatua ( 138)

4. los horribles ojos blanquizcos del ciego (227)
5. sus horribles ojos sin iris (233, 291, 310)
6. sus horribles ojos blanquizcos, sus ojos sin iris, de estatua de bronce sin
pátina (2·38)
7. sus ojos blanquizcos y sin iris (323)
8. sus monstruosos ojos blanquizcos (339)

9. sus horribles ojos blanquizcos, sus ojos huérfanos de vista (32)
10. las obscuras cuencas de sus ojos ciegos (261)
11. Fue la prueba decisiva. Jamás vio Santa tan de cerca aquellos ojos horribles, capaces de impresionar hasta a un naturalista: blanquizcos, rugosos, opacos, con redecillas venosas que simulaban en la convexa superficie
de los globos enormes y yertos, complicadas marañas de cabellos sucios;
los lagrimales grises, con pequeños y asquerosos conglomerados de sustancia clara (323)
(Este es el único lugar en que se describen con detalles los ojos de Hipó.
lito. Digno de mención es el hecho de que esta descripción tiene lugar
hacia el fin de la novela) .

IX

PREGUNTAS y EXCLAMACIONES RETÓRICAS

Estas preguntas y exclamaciones retóricas ayudan a establecer una intimidad
entre el lector y los personajes. Muchas son frases típicamente mexicanas.
331

�l. ¡ Amarlos! ... ¿ Y cómo había de amarlos, si el primer tunante con que
tropezó dejolo sin el menor deseo de que la aventura se repitiese? ¿ Acaso
los hombres merecen ser amados? . . . ( 74)
2. un sutilísimo vagar de perfume desmayado y delator de que por ahí pasó
una mujer O han pasado varias ¿cuántas? ... ¿ con quién? ... El perfume
aquél percíbese apenas... ( 101)
3. Por supuesto que mentían al declarar que la cargaban los cantos de los
toreros ¿ mal respondería, si la cargase, a los requiebros de los gomosos?
•habría de estarse con la copa de champaña en suspenso? ¿ habría de
!ntristecerse y aun de suspirar según suspiraba y se entristecía? ... ( 114)
4. Siguió la cosa, en crescendo, que sobrábanle arrestos a la muchacha, y las
ocasiones no escaseaban, ¡ qué iban a escasear! ( 134)
5. Y explíquense ustedes por qué, ello no obstante, retardaba un principio
de enmienda... (294)
6. ¡ cuánta inocencia en su espíritu, cuánta belleza en su cuerpo núbil y
cuántas ansias secretas confonne se las descubre! ... ¿Por qué se le endurecerán las carnes, sin perder su suavidad sedeña? ... ¿Por qué se habrán
ensanchado sus caderas? ... ¿Por qué sus senos, mucho más marcados que
cuando niña, ¡ oh! pero mucho más -y no hace tiempo que lo era-,
lucen ahora dos botones de rosa y tiemblan y le duelen al curioso palpar
de sus propios dedos? ... ¿Por qué el padre, en el confesonario, no la
deja contarle estas minucias y la aconseja no mirarlas? (43)

X.

HIPÉRBATON

Por ser Gamboa un estilista muy refinado, no habrían de faltar en sus obras
unos ejemplos de este fenómeno característico del barroco y del modernismo.
1. como la muchacha de perderse tenía ( 73)
2. con una llavaza que de su pantalón extrajo (306)
3. con lo que dicho se está ( 251)

XI.

TONO BÍBLICO

l. En la reja, se detuvo aún, con la esperanza de que la llamaran. Volvió
el rostro y sólo contempló a su madre entre los brazos de sus hermanos,
la diestra levantada como cuando la mandara irse, en solemne grupo patriarcal de los justicieros tiempos bíblicos (69).
2. Que en este Valle de las Lágrimas fuerza es que todos los mortales car332

guemos nuestra cruz y que aquel a quien en suerte le tocó una pesada
y cruel, ¡ pues que perezca! (73)
3. Pues oiga usted, Santita, eso es difícil de resolver... Ahí tiene usted a la
Magdalena (75)
4. Y a la débil flama de la vela, que zozobraba en el limbo de las sombras
del cuai:ro, destacábase el grupo, simbolizando el ciego con aquella mujer
a sus pies, una escultura trágica del irremediable y eterno sufrimiento
humano ... {311)

XII.

RITMO

Gamboa _logra captar muy bien el ritmo de las escenas que describe. Ya
hemos aludido antes al efecto de la repetición de las palabras "de prisa" "el
·
'
r_ev~'Iver" y "f??onazo" en 1a escena del cnmen
en el burdel. Los pasajes
s1gmentes man1f1estan el movimiento suave del río en Chimalistac y la f ria
. 1
u
vio enta del torero después de que descubre que Santa lo engaña.

l. Muy ar~ba, , e~ cielo, divinamente límpido, impenetrable, sereno; y de
m~y abajo, deb1l, el rumor del río condenado a perpetuo viaje, que intenta
asirse a las peña~, a los ribazos, a los árboles para descansar un minuto, y
~e ~o lograrlo, siembra en su curso espumas que desbarátanse suspirando
lagnmas que se prenden a las hojas y flores agarradas a la orilla (67-68)
2. De súbito, "El Jarameño" dentro de la pieza, como un rayo, convertido
en estatua frente al delito torpe. En el acto mismo la fuga del inventor
.
'
que d e rrulagro
escapa, el eco de su correr, sin sombi;ero
y sin alientos por'
las escaleras y por el patio. . . En un segundo, las lavas del volcán 1~ ira
.
.
'
que ciega y empuja, la necesidad de destrozar, de pagar daño con daño.
Tambaleante, "El Jarameño'' cierra su puerta, con llave, y arroja el
"capote de luces" que le estorba; busca algo en la cómoda en la ropa de
calle pendiente de la percha. . . al encontrarlo, un alarid~ siniestro, gutural, del árabe del desierto que resucita en los interiores de su ser...
Por el balcón entornado, palideces crepusculares, rumores callejeros murmullos de día de fiesta. . . Santa ve llegada su última hora - · t:xio es
ráp~do, t~o es solemne, todo es trágico!- y se postra de hinojos, ~rando
hacia la rmagen, cuyas velas parpadeantes chisporrotean por lo largo de
sus pabilos, como los cirios que alumbran a los muertos recién dormidos...
Igual a un tigre antes de abalanzarse sobre su presa, "El Jarameño" se
en~oge, se encoge mucho, y encogido, abre con sus dientes la faca, la cuch_illa de Albacete de muelles que rechinan estridentes, que suenan a
cnmen. La hoja corva reluce... violentísimamente la baja, con el brazo
333

�l lpe sea tremendo, para que tarígido la lleva hacia atrás para que e go
d para que la mano
el cuerpo que se a,
ladre el coraz6n que engana y
. l ho·a tal es el impulso! clávase
e en los huesos rotos. • . 1 Y ª J '
..
se empap d' as de la cómoda que sustenta a la imagen y sus cmos...
l
en as ma er
.
la ho.a tarda en salir... ¿ un
"El Jarameño" tira, tira con rabia loca, y
. _J d "b a la imagen,
.
uto?
.
un
siglo?
...
Por
fin,
derriba
los
cmos,
ernl a l f
"El
mm
····l
.
,.t
Sueta a aca
l cristal de su marco quiébrase con estrep1 o. . .
l li .
y e
.
se ha asustado recoge el cuadro, o mp1a,
Jarameño", porque el _gi~o
"d : --·Te ha salvado la Virgen
exclama roncamente, sm nurar a su quen a.
•
' .
sin ue o
sólo Ella podía salvarte ... i Vete. t vete
_q
y
l C" l '
de os ie os....
'
ue si no yo sí me pierdo...
te vea! i sin que te oiga! ... i vete .... por q
'
(206-207)

XIII.

ANTICIPACIÓN

. . según.
, .
, .
rtante del naturalismo es el determm1smo.
La caractenstlca mas impo
.
d. "d esta' completamente detenm. , 1 1
hace un m iv1 uo
Zola y sus d1sc1pu o~, o que d'
bº te De este precepto filosófico, se
nado por la herencia y el me 10 am ien .
.
conc1uye que toda acción debe insinuarse, anticiparse y anunciarse.
.
ue usted yo no hemos de separarnos (228)
.
l. se me figura q
ra
burdel de doña Elvira, es protegida por H1~0,
Cuando Santa ent
.
erla de los celos de otras JÓ. hace lo posible por cuidarla y proteg
.
la
quien de la bestialidad de algunos de 1os c¡·ientes. Santa permite
, , que
.
venes_
.
proteJay el ciego
y en 1a f r ase citada le dice que sus destinos están mtima-

:1

mente ligados.
f' ales de la novela:
. , prepara a1 lector para los sucesos m
Esta declarac1on
. , inútil
'
Santa se enferma gravemente, H'ipo la cuida' paga su operac1on
la entierra y reza por ella.
d miembros desgraciados de la
La misma atracción fatalista entre os
.
.
J k de Alphonse Daudet entre el protagomsta y el
sociedad ocurre en ac
,. .
nocía esta obra.
endedor ambulante de sombreros, Behsaire. Gamboa co
v p d Bazán refiriéndose al alquiler involuntario
· d e L uc'1~ de una casa
• •

Par ~ próx~a a la de su benefactor don Ignacio Artegw en l.J_n vi~!e
en
an
• sobre una s1tuac1on
de novios,
plantea la siguiente pregunta re t,onca
idéntica:
t -a
"¿ Será cierto que a Veces se complace el Destino en que por ex ran

334

manera, por sendas tortuosas, se encuentren dos existencias, y se tropiecen
a cada paso e influyan la una en la otra, sin causa ni razón para ello?"68
2. Gamboa prepara al lector para la muerte inevitable de Santa desde el
principio de la novela. Para lograr este efecto, el autor no solamente hace
meditar a Santa, sino que también introduce ideas de la muerte en sus
descripciones de la caja de violín, de las mesas de superficie de mármol
y de un canto popular.
a. Ya que no había tenido valor de arrojarse al río de su pueblo que le
brindaba muerte, olvido, la purificación quizá. . . ( 70) .
b. ¿ Qué dónde finalizaría con semejante vida? ... ¡ pues, en el hospital y
en el cementerio, puerto inevitable y postrero en el que por igual fondeamos justos y pecadores! (75)
c. Las cajas que encierran un violín, un corneta-pistón, y que por negras
e irregulares en su forma, despiertan, al pronto, ideas de ataúdes para
fetos contrahechos ( 105) .
d. los camareros frotan los mármoles de las mesas vacías, que a modo de
lápidas de un cementerio fatídico. . . ( 106)
e. todos cantaban, alternados, en una especie de junta sentimental y poética; quién hablando de la madre, quién de la novia, quién de cárceles,
casi todos de muerte y cementerios; ( 113-114)
f. Santa, en éxtasis, pidió mentalmente la muerte, olvidada de su vida
y de sus manchas. Morir ahí, en aquel instante, frente por frente del
Dios de las bondades infinitas y de los misericordiosos perdones ( 130) .
g. Y la infinita tristeza, agorera de las enfermedades incurables, la que
sin fundamento aparente predice la muerte... (210-211)
h. la "fuerza cósmica del elemento que la hembra lleva en sí, fuerza ciega
de destrucción invencible, como la de la naturaleza, ya que la mujer
es por sí sola la naturaleza toda, es la matriz de la vida, y por ello, la
matriz de la muerte, puesto que de la muerte la vida renace, perpetuamente", esta fuerza y los extravíos de su criterio envilecido no sólo absolvíanla por el daño recién causado, sino por lo que perpetraría en
el futuro, quizá más benigno, quizá más fonnidable, pero muchos, muchos con su carne de lujuria, y de su alma enferma. .. Lo único que
ambicionaba, su pureza, su honra, su conciencia tranquila e inmaculada
de virgen crédula y confiadísima que ignora el pecado y sin compasiones la inmolan porque ama, habíalo perdido, perdido para siempre. . . ¿ eran lejanías? no, porque no le quedaban ni lejos ni cerca,
• EMILIA PARDO BAZÁN, Un viaje de novios, Madrid; Pueyo, 1919, pp. 260-261.

335

�más allá
allá. . . en un punto donde, por ejemplo, queda
quedaban
...
donde la muerte, de que acababa de escapar,
la muerte... eso era, eso,
1 d"
. de un cabello la muerte
'
pero cuya ca1avera contempló a a istanc1a
doquiera
nos
que con nosotros llevamos_ sin llevalrla, lart:uqe:; ~:eq:~a lejos puede
- ·
lo advirtamos a mue
acompana sin que
'
ede hallarse lejos· eso
'.
q ue no queda cerca porque pu
ha1larse cerca Y
h
, 11'
. allá! y en ese m1steera, donde la muerte nos acec a, mas a a. b·. ! b (215-216).
.
to invisible yacía la que Santa am ic10na a
noso pun
1
"bTdad de la muerte de
Porque lo que es pedirle que pensara en a_pos1_11
.,
(261)
l.
Santa era pedirle lo excusad o, no, no, de monr no monna...
.
'
rió aunque la pulmonía fue de patente. (263)
J Y no, no se mu ,
.
. ·d do- sería
'
k.. "Una reca1'da - prono'st1·co textual del facultativo 1iqm a
forzosamente funesta". (264)
.,
1 último capítulo:
l. Los versos siguientes de una canc1on se escuchan en e
" .. .dicen que los muertos, reposan en ca~r:'ª ,,
que no h ay sufrimientos en la otra mansion. . . (30)

~f

" . . .que si el cuerpo muere, jamás ~~ere alma,
y ella es la que te ama con ciega pasion. . . (302)

En el capítulo final, la Muerte cobra tod a su gran importancia.
.
·
todo lo malo y a todo lo
m. Pero la muerte es la ~ve~c1ble, t~;~p1::º;n:ividuos más fuertes y los
bueno; la m,uerte. pu ve~a :ra la muerte la que se aparecía en el
proyectos mas cmdados' y . , .
. . . b la idolátrica cura de
preciso momento en que H1polito pnnc1p1a a
Santa. (322-323)
1
.
. no no me interrumpas, Hipo, que tampoco yo o
n. -S1 me muero ... , ' .
.,
e tú me enterrarás en el cedeseo! ... pero si me munera,_JUr~e qu
. de IDl.
menteno
. pueblo, en Chimahstac... (326)
XIV.

DESCRIPCIONES NATURALISTAS

f'brica los aspectos físicos del amor, la suciedad
La carnicería, el burdel, la a
'f
d 1 1 hol el 1· uzgado el hospital
'
1 1 ta ·nas los e ectos e a co '
de las fuentes y as a can n '
ra1i tas Sin embargo las descrip.
t
típicamente natu s ·
'
y el cementeno son emas
.
.
t vieran la observación detallada
.
. ·entes no serían naturalistas s1 no u
c1ones
s1gw
y minuciosa.
336

1. En una esquina, pintada al temple, destácase "La Giralda", carnicería a
la moderna, de tres puertas, de piso de piedra artificial, mostrador de
mármol y hierro, con pilares muy delgados para que el aire lo ventile todo
muy libremente; con grandes balanzas que deslumbran de puro limpias;
con su percha metálica, en semicírculo, de cuyos gruesos garfios penden
las reses descabezadas, inmensas, abiertas por el medio, luciendo el blanco
sucio de sus costillas y el asqueroso rojo sanguinolento de carne fresca y
recién muerta; con nubes de moscas inquietas, voraces, y uno o dos mastines callejeros, corpulentos, de pelo erizo y fuerte, echados sobre la acera,
sin reñir, dormitando o atisbándose las pulgas con la mirada fija, las orejas enhiestas, muy cerca el hocico del sitio invadido, con paciente espera
de las piltrafas y desperdicios con que los regalan ( 11) .
(Después de seguir con media página de descripción naturalista de las
calles, Gamboa súbitamente completa la escena con un párrafo breve e
irónico).
¡ Ah! ¡ También tiene, frente por frente del jardín que oculta los prostíbulos, una escuela municipal, para niños! ... ( 12)

2. ¡ La horrible transición que presenció Santa! Cual impulsadas por un propio resorte, aquel grupo de ocho o diez mujeres se levantó de sus asientos
derribando sillas; vertiendo en el mantel el agua de los vasos, después
de enjuagarse la boca en pie y de prisa y de arrojar el buche contra el
suelo; encendiendo cigarrillos que fumaban muy apuradas, a fin de no
oler a comida. Todas se despeñaron por la empinada escalera, en tropel
de gritos y empellones -una verdadera y desaforada carga contra el dinero-, todas se alisaban el cabello, se mordían los labios hasta ponerlos
de un rojo subido, pegaban los codos a la cintura para que los senos resaltaran; todas, en su andar, marcaban el paso con las caderas, a semejanza
de los toreros cuando desfilan formados en la plaza, y todas arrastraron
adrede, por las gradas, los tacones de las zapatillas (29).
3. Sin responderle y sin cesar de besarla, Marcelino desfloró a Santa en una
encantadora hondonada que los escondía. Y Santa que lo adoraba, ahogó
sus gritos -los que arranca a una virgen dejar de serlo-. Con el llanto
que le resbalaba en silencio, con los suspiros que la vecindad del espasmo
le procuraba, todavía besó a su inmolador en amante pago de lo que la
había hecho sufrir, y en idolátrico renunciamiento femenino, se le dio
toda, sin reservas, en soberano holocausto primitivo; vibró en él, con él
se sumergió en ignorado océano de incomparable deleite, inmenso, único,
que bien valía su sangre y su llanto y sus futuras desgracias, que sólo era
de compararse a una muerte ideal y extraordinaria (59).
4. El agua de la fuentecilla del centro, cuyo chorro escurridizo y débil, más
337
H22

�simula lágrimas incontenibles de honda pena desahuciada, y en cuyo líquido sobrante, de color sospechoso, zozobran botellas vacías, colillas de
cigarros y puros, en ocasiones, un mechón de cabellos, un retrato despedazado, una peineta que allí arrojaron anónimas manos de alguien que padecía de celos y demandaba olvido con ese rapto de despecho iracundo
y estéril (102). (Este pasaje se repite en parte en las páginas 119 y 121).
5. Destacábase, sin embargo, con admirable y doliente precisión, el aborto
repentino y homicida a los cuatro meses más o menos de la clandestina
y pecaminosa preñez, a punto que Santa, un pie sobre el brocal del pozo,
tiraba de la cuerda del cántaro, que lleno de agua, desparramándose, ascendía a ciegas. Fue un rayo. Un copioso sudar; un dolor horrible en las
caderas, cerca de las ingles, y en la cintura, atrás; un dolor de tal manera
lacerante que Santa soltó la cuerda, lanzó un grito y se abatió en el
sucio. Luego, la hemorragia, casi tan abundosa y sonora cual la del cántaro, roto al chocar contra las húmedas paredes del pozo (67) .
6. El ebrio asido al árbol, ya no miraba a la tierra, presa de alcohólicas bascas, con asqueroso rumor arrojaba inmundos líquidos ( 120-121).
7. El alcohol, en tanto, continuaba su obra callada, implacable, destructora;
precipitábase en los estómagos, que se dilataban o contraían para albergarlo; como un río de fuego, corría por las venas aumentando la circulación rítmica de la sangre; se evaporaba, y por dentro de los organismos,
incontenible y arteramente, subía hasta los cerebros, a los que iba envolviendo con siniestra tela sutil de animal ponzoñoso, una tela más áspera y
más densa conforme en los estómagos caía más alcohol. A los comienzos
de la excitación colores de rosa, júbilos hiláricos e inmotivados, dicha de
vivir, necesidad de amar; el corazón, de sepulturero alegre, enterrando
penas y cuitas; el pensamiento, de providente partero, sacando a luz, rollizos y en apariencia destinados a alentar siglos de siglos, los anhelos recónditos, lo que en la lógica de lo real se halla condenado a nunca nacer; imposibles realizables con ligero esfuerzo, ideales al alcance de la mano que
principia a temblar. La \'ida sonríe, las mujeres nos esperan impacientes,
los hombres nos quieren. El alcohol no es el Enemigo, es el Electuario, lo
bendecimos, pedimos más.
La invasión continúa, el Enemigo adelanta...

......................
El enemigo adelanta, la invasión continúa...

......................
El Enemigo ha triunfado. El cerebro se entenebrece, la voluntad yace inmoble, el discernimiento se ausenta. Y los resultados son salvajes, primitivos, idénticos a los de todas las invasiones: se estupra, se asesina, se

degrada, se aniqm
. ·1a a1 d e'bºl
1 , se desconoce la clemencia, se arrasa lo bello,
se e~camece lo, bueno, se despedazan los dioses lares, se escupen las canas
se viola a 1:15 v1rgenes, se degüella a los niños... ondea la bandera roja e~
el salto at~s, la edad pétrea, la inutilidad del esfuerzo y la esterilidad' de
los propósitos, un alcohólico de más y un hombre de menos . E 1 t · f
del enemigo! (235-237)
· 1 se nun o

8. Y ª!l,á,1 en risueño cementerio de Chimalistac, del pueblecito ~ ~ s e

mec_10 ~ _cuna blanca_ de San~a, allí la enterraron Hipólito y Jenaro, en
el s1mpat1co cementerio derrmdo, siempre abierto y siempre apacible en
cu_yos barda!es desmoronados, los lagartos toman sol y corretean, las hormigas, ~raba3an Y las abejas anidan; en cuyos árboles copudos y viejos dan
sus pa3a~os mora~ores, e_stupendos concertantes de gorjeos; entre cuyas
malezas oyese palpitar la intensa vida vermicular de los campos funerarios
en cuyos sepulcros modestos, la lluvia que cae y la yerba que crece escon~
den. y. borran los nombres de los desaparecidos y las fechas de Ios desaparcam1entos; en cuyo recinto entran las vacas y en las tumbas mismas
~accn y mugen; ~onde lo~ chicos del pueblo van a jugar, y mariposas, heliotropos Y campanulas, sm respetos al sitio, se enganchan se enlazan
se aman. (336)
'
Y
La indiferencia de los animales al sufrimiento humano es el motivo de
un poema del naturalista inglés' Thomas Hardy' "Ah' Are y ou o·1n-o-mo·
on My Grave:" Después de descubrir que su perro está cavando ;; s:
tun:iba, _la muJcr muerta inicia la siguiente conversación con su anti uo
amigo fiel:
g
"Ah, yes! You dig upon my grave.. .
Why flashed it not on me
That one true heart was left behind!
Wath feeling do we ever find
To equal among human kind
A dog's fidelity!"
"Mistress, I dug upan your grave
To bury a bone, in case
I should be hungry near this spot
When passing on my daily trol.
I am sorry, but I quite f argot
lt was your resting-place".69

• THOMAS HARDY, Collected Poems, New York: The MacMiºllan Company, 1958,
p. 3 11.

339
338

�XV.

LIRISMO

Aunque era naturalista, Gamboa también era novelista del amor. Su popularidad se debe en parte a que supo templar los temas atrevidos del naturalismo con una gran corriente lírica.

7. Las manos repasando el nombre-poema; los labios murmurándolo conforme los dedos lo deletreaban:
-¡ Santa! ... (337).

CONCLUSIÓN

l. Por la calle, a lo lejos, sonaban bandtirrias y guitarras: Trasnochadores alegres,· sin duda, que desafiando el mal tiempo, tocaban música triste cual
la historia de ella. ¡ Su historia! ¡ la que le había pedido el borracho
aquél! ... (38)
2. Es la hora melancólica. . . (53, 54, 55). (En esta descripción de la vida
diaria de la familia de Santa en Chimalistac, Gamboa separa cuatro largos
párrafos con esa frase de cuatro palabras, que recuerda el verso inicial
del famoso poema de Víctor Hugo, "Le soir": "c'est le moment crépusculaire") .
3. Por los dos tremendos arcos de la presa grande despeñábase mucha más
agua y de todas partes salían tinieblas, era casi de noche. ( 61)
(Después de que Santa es desflorada por Marcelino, cae la noche y la
obscuridad creciente es un símbolo de su futuro) .
4. Hipólito preludió un vals.
. . . . . . . . . . . .
La primera parte del vals brotó de las mano¡; del ciego, acompasada y voluptuosa.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La segunda parte del vals, mucho más alegre y ligera que la anterior.

.................... . .
La tercera parte del vals, lenta, desfallecida, melancólica...

......................
La coda del vals se extendió rítmica y quedamente en el teclado.

........ . ... . . . .......
Y al par que el vals, de retomo a su primera parte, moría y era sepultado
en las teclas por las manos de Hipólito, acentuando los compases finales
(78-82).
(Hipo cuenta la historia de su vida a Santa, acompañando la narración
con diferentes movimientos de un vals).
5. Como escondrijo de amorcillos (211).
6. Hasta la estación resultaba propicia, en pleno verano, mediando el mes de
julio con sus lluvias torrenciales que refrescan y limpian; con sus atardeceres deliciosos y sus noches tibias, consteladas, casi pensativas; noches en
que puede uno sentarse al aire libre y platicar con las estrellas. . . (264).

340

Los rasgos principales del lenguaje y del estilo de Gamboa se señalan a continuación y se ejemplifican con una cita final de Santa:
l. Vocabulario culto basado en palabras y expresiones arcaicas y extranjeras y relativamente pocos mexicanismos.
2. Una abundancia relativa de sufijos que es típica del español hablado
en México.
3. Una abundancia de enclíticos.
4. Oraciones y párrafos largos en que predominan el verbo y sus derivados.
5. 1!n estilo cuidado y brillante logrado por medio de repeticiones artísticas, contrastes, familias y series de palabras y preguntas retóricas y exclamaciones.
6. Descripciones minuciosas y detalladas de temas típicos del naturalismo.
7. Cualidad lírica -que revela influencia del modernismo- reflejada en
símiles y metáforas, epítetos variados, tono bíblico y una conciencia del
ritmo.
Ig~al a l? que_ se pudre o apolilla y que, a un momento dado, nadie puede
rmped1rlo m nada evitarlo, así fue el descenso de Santa: rápido, devastador, tremendo.
Los sombríos círculos de la prostitución barata, los recorrió todos, apenas
~o~ando en ellos lo bastante para gustar su amargura infinita y no lo suf1c1ente para a lo menos tomar resuello y con alientos mayores, después
de un p_oco de relativo reposo, continuar descendiendo como descendía,
a trompicones, con dramático paso, cayendo y levantando, enferma, alcohóli_ca, lamentable! Diríase, al verla, que ahora caminaba a tientas,
encogida y medrosa -como caminamos en las tinieblas-, ignorando
dónde pararía, procurando lastimarse lo menos posible, ya que sin lastimamientos no caminaba, resignada corporalmente ¡ sólo corporalmente!,
pues para sus adentros, quién sabe qué maldiciones mascullaban entre los
hipos de sus ebriedades pertinaces y entre sus labios trémulos, que hablaban sólo cuando el alcohol concedíale cortos descansos y ella recordaba
tiempos mejores, días que fueron, horas que habían sido... !
Desde la noche en que Rubio la repudiara indignado por la flagrante infi-

341

�delidad, Santa bajaba, siempre más abajo, siempre más; no cual si Rubio simplemente la hubiese repudiado del apócrifo hogar, sino cual si
dotado por milagro repentino, de una fuerza sobrehumana, la hubiera
echado a rodar con empuje formidable por todas las lobregueces de las
simas sin fondo de la enorme ciudad corrompida. En ella rodaba Santa,
en los sótanos pestilenciales y negros del vicio inferior, a la manera en
que las aguas sucias e impuras de los albañales subterráneos, galopan enfurecidas por los obscuros intestinos de las calles, con siniestros glú glú,
de líquido aprisionado que en invariable dirección ha de correr aunque
se oponga, aunque se arremoline en ángulos y oquedades sospechosas y
hediondas, que los de arriba no conocen, aunque brame y espumajee en
las curvas y en los codos de su cárcel. Allá van, a escape, por las cloacas
y letrinas, más turbias, más ciegas y más inconscientes conforme engrosan más y más caminan. . . allá van, sin saber a dónde, golpeándose contra insensibles paredes tapizadas de barro y limo que las estrangulan, deforman y encauzan, que casi han de contemplarlas con las cicatrices que
las inmundicias han grabado y esculpido tenaz y pacientemente, y que
en el antro, simularán ojos condenados a perpetua fijeza, a nunca parpadear, a ver la fuga de las aguas impuras con su iris de lepra y sus pupilas de cieno... Allá va el agua, ignoscible, sin cristales en su lomo, sin
frescor en sus linfas; conduciendo detritus y microbios, lo que apesta y
lo que mata; retratando lo negro, lo escbndido, lo innombrable que no
debe mostrarse; arrojando por cada respiradero de reja, un vaho pesado,
un rumor congojoso y ronco de cansancio, de tristeza, de duelo. . . allá
va, expulsada de la ciudad y de las gentes, a golpearse contra los hierros
de la salida, a morir en el mar, que la amortaja y guarda, que quizá sea
el único que recuerde que nació pura, en la montaña; que apagó la sed
y fecundó los campos; que fue rocío, perfume, vida...
¡ Así Santa! (275-277).

LOS úLnMOS DtAS DE JOSt MARTt

Prof. ERNESTO MEJÍA SÁNCHEZ
Biblioteca Nacional de México, UNAM

LA SUERTE ESTÁ ECHADA, Martí no volverá más la cabeza. La ciudad grande

en que halló el amor oculto y la amistad abierta y fragante que lo desvivía
ha quedado atrás para siempre. La Estrella Solitaria brilla en su mano como
única brújula. Ha dejado los consulados y las correspondencias periodísticas,
los discursos conmemorativos y las convenciones. Al poeta mismo lo ha puesto
a cerrojo, y esa corriente natural de la pluma no ha podido detenerse. Ahora
son los manifiestos, las cartas del corazón, los testamentos, el diario íntimo.
Escribe más que nunca y es escritor menos que nunca. Escribe más como que
sabe que ya no escribirá más. El alma como un banderín tremolante y lacerado se planta en las páginas postreras. Con un fuego cordial que no deja
llaga sino que ilumina los más oscuros presentimientos, la pluma de Martí,
siempre vehemente, se ha vuelto de una concisión arrebatadora, de freno casi
axiomático. Los puntos seguidos y los puntos aparte se prodigan con absoluta
necesidad. La prosa va cargada de frases de enigmática economía, como de
la Escritura ( "Para mí, ya es hora") o del latín de la República ( "Palabras,
no puedo") .
Poco más de un mes ha podido vivir en su tierra más que adorada, o
morir bajo el sol que le dio en la cara, como quería. Deja casi un centenar
de documentos, entre cartas, recomendaciones y partes militares, escritos en
la Isla, en la mesa rústica, bajo ese sol que anhelaba; ahí se quedó la carta
inconclusa para el amigo mexicano ("Hay afectos de tan delicada honestidad ..."), ahí escribió la última carta del día final, a Máximo Gómez ("No
estaré tranquilo hasta no verlo llegar a usted"). Todas las biografías tienden
a fracasar en la narración de los días definitivos: cuando no la oratoria de
gran broche operático, la literatura de registros patéticos siempre inferior al
laconismo tachonado de brasas del propio Martí, que suele citarse al lado
con eficacia, pero con desdoro del biógrafo. No culpo a los biógrafos: narrar

343
342

�la muerte de Martí, que incluye toda su vida de agonía, es como querer aprisionar un gran ocaso del trópico, la transición de la noche y el alba matutina, en las dimensiones de una miniatura, cuando se requiere un anchísimo
muro. Y no pedimos profundidad ni movimiento, porque eso ya está dado
en el héroe, y de manera acabadísima en sus papeles de 1895, del 19 de
mayo mortal al anterior 19 de enero decisivo, en que escribe a Antonio Maceo:
"Se hará". Y como él dijo, se hizo.
Hagámoslo nosotros con sus propias palabras. Hable el héroe y no yo;
así no se haga patente la desdorosa comparación. He ordenado cuidadosamente y con cierta intención los papeles de Martí del año 95 para mostrar
cómo él fue el mejor biógrafo de su agonía. Sólo arriesgaré palabras ajenas
o explicaciones personales, para la cabal inteligencia de los pasajes, pero ellas
han sido elegidas adredemente prosaicas, para que el desnivel con las de
Martí sea obligado y notorio. No me extrañaría que un texto así tuviera la
tesitura de un poema. En todo caso, habla el héroe y no yo.
Después del fracaso de Femandina, Martí oculto todavía en casa del doctor
Miranda, escribe a Maceo la carta fechada en Nueva York el 19 de enero
de 1895: "Desde la casa amiga, donde sólo aguardo la decisión del gobierno
sobre nuestro cargamento para recomenzar inmediatamente: sin pérdida de
ayuda ni respeto, nuestra campaña, le escribo con más fe que pesar, para darle
rápida cuenta de la contrariedad que, de mano de un cobarde, ha venido
a paramos el brazo. .. Perdido el viaje triple del Lagonda, el Amadís y el
Baracoa. . . Pero no se ha perdido, por fortuna, el respeto al cubano. . . Se
hará. No veamos a lo pasado. Ud. tendrá un momento de pena, y sonreirá
¿o me he engañado con ese pecho de hermano? ... ¿No es ésta la hora? ¿No
es éste su corazón? ¿Necesito hablar? ¿Necesito escribir lo que Ud. lee sin
que se lo escriba? ¿ No es Ud. hombre capaz de verdadera grandeza? ¿ Tibieza alguna, flojedad alguna, vacilación aiguna, nos aflojarán la mano. .. ?"
Diez días después redacta la orden del levantamiento general en la Isla.
El 31 de enero se embarca en el Athos para Santo Domingo, para unirse con
Gómez. Nueva carta a Maceo, para acicatearlo. Otra carta de despedida
para Rafael Serra: "No se canse de defender, ni de amar. No se canse de
amar". A bordo del Athos, 2 de febrero, escribe a su hijita, a María Mantilla, su "niña querida", su Mariensa: "Tu carita de angustia está todavía
delante de mí, y el dolor de tu útimo beso. Los dos seremos buenos, yo para
merecer que me vuelvas a abrazar, y tú para que yo te vea siempre tan linda
como te vi entonces. No tengas nunca miedo a sufrir. Sufrir bien, por algo
que lo merezca, da juventud y hermosura... Los libros se habrán quedado
en Central Valley, y yo lo he de sentir, sobre todo si se quedó allá el Larousse,
que ahora te servirá en un trabajo de cariño que quiero que hagas, para ver

344

si te acuerdas de mí, y es, que vayas haciendo como una historia de mi viaje,
a modo de diccionario, con la explicación de los nombres curiosos de · este
viaje mío. Atlas, por ejemplo, es el nombre de la compañía de estos vapores:
busca Atlas y, escribe lo que encuentres. Athos es el nombre del vapor: busca
Athos. Cap Haitien es el lugar donde vamos ahora; búscalo en el Laurousse,
y en las geografías. Y así harás un libro curioso, e irás pensando en mí".
El 7 de febrero llegó a Montecristi y el 14 dan comienzo sus Apuntes de
un viaje. Fueron escritos para sus niñas, María y Carmen Mantilla, y arreglados por ellas, como Martí les pidió: "Mis niñas: Por la fechas arreglen esos
apuntes, que escribí para ustedes. . . No fueron escritos sino para probarles
que día por día, a caballo y en el mar, y en las más grandes angustias que
pueda pasar hombre, iba pensando en ustedes". La primera semana de Montecristi estuvo forjando y reformando planes con Má.--&lt;imo Gómez. No quedó
tiempo para apuntes ni cartas, por lo menos no hay rastros documentales.
14 de febrero: "Las seis y media de la mañana serían cuando salimos de
Montecristi el General, Collazo y yo, a caballo para Santiago: Santiago de
los Caballeros, la ciudad vieja de 1507. Del viaje, ahora que escribo, mientras mis compañeros sestean, en la casa pura de Nicolás Rarnírez, sólo resaltan en mi memoria unos cuantos árboles -unos cuantos caracteres, de hombre
o de mujer-, unas cuantas frases. La frase aquí se añeja, pintoresca, con.
cisa, sentenciosa, y corno filosofía natural. El lenguaje común tiene de base
el estudio del mundo, legado de padres a hijos, en máximas finas, y la impresión pueril primera. Una frase explica la arrogancia innecesaria y cruda
del país. . . A los caballos les picarnos el paso para que con la corrida se
refresquen: mientras bebemos agua del río Yaque en casa de Eusebio; y el
General dice esta frase, que es toda una teoría del esfuerzo humano, y de
la salud y necesidad de él: 'El caballo se baña en su propio sudor'. . . Por
la sabana de aromas y tunas, cómoda y seca, llegamos, ya a la puesta, al
alto de Villalobos... Es la Esperanza, el famoso paso de Colón, un caserío
de palma y yaguas en la explanada salubre, cercada de montes... De la Esperanza, a marcha y galope, con pocos descansos, llegamos a Santiago en
cinco horas. El camino es ya sombra. Los árboles son altos. A la izquierda,
por el palmar frondoso, se le sigue el cauce al Yaque. Hacen arcos, de un
borde a otro, las ceibas potentes. Una, de la raíz al ramaje, está punteada
de balas. A vislumbres se ve la vega, como chispazo o tentación de serena
hermosura, y a lo lejos el azul de los montes". Aquí se ha preferido la descripción del campo y la vida natural, nuevos para el hombre que viene de
la gran ciudad cosmopolita. Se han suprimido las visitas y las conversaciones:
Arturo, la señorona aquella de "sortija en el guante", don Jacinto, Nené,
don Jesús, el general Lozano y su hija Ana Vitalina. Al moroso costumbrismo,

345

�al calco y a la observación lingüísticos Martí sobrepone un cálido asombro y
conocimiento instantáneo de los hombres, de la vida sencilla y natural.
El 15 de febrero lo pasa en Santiago y el 15 apunta un sueño de lanzas
con solución moral en la vigilia, la revelación de la noche por el sueño interrumpido: "Soñé que de dos lanzas que había, sobre la lanza oxidada_ no
daba luz el sol, y era un florón de luz y estrella de llamas la lanza puh~a.
Del alma perezosa no se saca fuego. Y admiré en el batey, con amor de h110,
la calma elocuente de la noche encendida, y un gn¡po de palmeras, como
recostada una en otra, y las estrellas, que brillaban sobre sus penachos. Era
como un arco perfecto y súbito y la revelación de la naturaleza universal
del hombre". Al rato le ofrecen un festejo: "Me llevan, aún en traje de
camino, al Centro de Recreo, a la sociedad de jóvenes. Rogué que desistiesen
de la fiesta pública y ceremoniosa · con que me que:ían recibir; y
casa
está como de gala, pero íntima y sencilla. La buena Juventud, repartida por
las mesas". Describe la fiesta con fruición y traslada una copla popular,
"Nos rompió el día ( 16), de Santiago de los Caballeros a la Vega, y era
un bien y del alma, suave y profundo, aquella claridad. A la vaga luz, de un
lado y otro del ancho camino, era toda la naturaleza americana; más gallardos pisaban los caballos, en aquella campiña floreciente, coreada de montes
a lo le1·os donde el mango frondoso tiene al pie la espesa caña; el mango
, e
estaba en ' flor y el naranjo maduro, y una palma caída, con la mueha ra1z
hilo que la prende aún a la tierra, y el coco, corvo del peso, de penacho
áspero, y el seibo, que en el alto cielo abre los fuertes brazos, y la palma
real". Estamos a un paso del verso, y algunas frases ya lo son. El 17 de
febrero queda en blanco y el 18 va conversando sobre cosas de la tierra,
apunta una anécdota de Céspedes, cena con don Jesús y sus hijas llenas de
flores, y el 19 va a casa de doña Ceferina Chávez, la de sortija sobre el
guante, buena burguesa que le ofrece "por la mano de su hija, el vino dulce".
Mala noche, insomnio. "Duerme mal el espíritu despierto. El sueño es culpa
mientras falta algo por hacer. Es una deserción. Hojeo libros viejos". Es la
impaciencia del corazón. Quizás esa noche escribió la. carta de la misma fecha,
a su Mariensa: "Anoche, a las cuatro de la madrugada, estaba en el batey,
como aquí llaman al patio de las casas de campo, al claro ~esy_erbado que
rodea la casa de la vivienda; en el cielo, de un azul que parec1a vivo, estaban
encendidas las estrellas; la luna recortada, y como de un fuego suave, iluminaba de arriba un mazo de palmas: las hojas de las palmeras se mecían
suavemente, en el claro silencio: Yo pensaba en ti. . . Estás lejos, entusiasmada con los héroes de colorín de teatro y olvidada de nosotros, los héroes
verdaderos de la vida, los que padecemos por los demás, y queremos que
los hombres sean mejores de lo que soy". Al lado de la fecha y como post-

!ª

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scriptum le recuerda el trabajo encargado: "Busca para tu diario Santiago
y batey''.

El diario se interrumpe. Vuelto a Montecristi, espolea otra vez el corazón
de Maceo, 26 de febrero: "Al General escribo hoy, aún más que al amigo:
la guerra, a que estamos oblig'}dos, ha estallado en Cuba.. . recibo de Nueva
York la confirmación de su declaración de Ud. -que a quien le conociese
menos que yo parecería un obstáculo, injusto e imprevisto, pero que para
mí no lo es. El patriotismo de Ud. que vence a las balas, no se dejará vencer
por nuestra pobreza-, por nuestra pobreza, bastante para nuestra obligación. . . Cuba está en guerra, General. Se dice esto, y ya la tierra es otra.
Lo es ya para Ud. y lo sé yo. Que Flor (Crombet), que lo tiene todo a
mano, lo arregle todo como pueda. . . Esta es la ocasión de la verdadera
grandeza. De aquí vamos como lo decimos a Ud. que vaya. Y yo no me tengo
por más bravo que usted, ni en brío del corazón, ni en la magnanimidad y
prudencia del carácter. Allá arréglense, pues, ¡ y hasta Oriente!"
El mes de marzo se inicia con una carta brevísima a Femando Figueredo
y a Teodoro Pérez : "A los dos junto en un abrazo, desde este silencio forzoso, y no inactivo. Es sólo fe de vida, y de que al borde de la tierra no
olvido a mis dos hermanos de labor. ¿ Olvidarlos? Ahora es mayor la obligación, por que ya es sangre, y en la hora de ella siento necesidad más viva
de su ternura, y de demostrarles la mía. De acá, sólo les puedo decir que
todo lo humano queda hecho, y que para mí no hay derrota. Prudencia
y sacrificio y martirio sí, derrota, no". El diario consigna las actividades de
esos días: "Salimos de Dajabón, del triste Dajabón, último pueblo dominicano, que guarda por el norte la frontera ... Se pasa el río Massacre y la
tierra florece. Allá las casas caídas, y un patio u otro, y el suelo seco o un
golpe de árboles que rodea el fuerte de Bel-Air, de donde partió, cuando la
independencia, el disparo que fue a tapar la boca del cañón de Haití; y acá,
en la orilla negra todo es mango enseguida, y guanábana, y anón, y palma,
y plátano, y gente que va y viene... va cantando. Bon jour, comere; Bon
jour compere ... Los altos uniformes ven desde el balcón. El cónsul dominicano pone el visto bueno al pasaporte, 'para continuar, debiendo presentarse
a la autoridad local', y me da una copa de vino de garnacha. Corona llega
caracoleando; quita y pon de fieltros, y de la cachucha consular; salimos
con el oro de la tarde... Ouanaminthe, el animado pueblo fronterizo, está
alegre, porque es sábado, y de tarde. Es el primer caserío haitiano, y ya
hay vida y fe. Se sale del poblado saludando al cónsul dominicano en Fort
Liberté, un brioso mulato, de traje azul y sombrero de panamá, que guía
bien el caballo blanco, sentado en su montura de charol. . . (2 de marzo) Ya
después de las diez (de la noche), entro en Fort Liberté, solo. De lejos venía

347

�oyendo la retreta, los ladridos, el rumor confuso. . . En la oscuridad desensillo mi caballo, y lo amarro a una higuereta. La gallera está llena de hamacas. . . De cena, dulce de maní y casabe. . . Y cuando me llevo al buen
hombre a un rincón y le pregunto temeroso lo que le debo, me ase por los
dos brazos y me mira con reproche: Comment, frere? On ne parle pas d'argent, avec un frere. Y me tuvo el estribo, y con sus amigos me siguió a pie,
a ponerme en la calzada. . . Vadeé un riachuelo, que al otro lado tiene un
jabillal, de fronda alta y clara, por donde cae, arrasando hojas y quebrando
ramos, la jabilla madura que revienta. . . Como un cestón de sol era Petit
Trou aquel domingo. . . La fiesta está en el sol, que luce como más claro y
tranquilo, dorándolo todo de un oro como de naranja. . . El aire mueve en
las ventanas las cortinas. Adiós. Sonríe el amo, solícito a mi estribo. . . Por
los fangales, que eran muchos, creí haber perdido el camino. El sol tuesta,
y el potro se hala por el lodo espeso. De la selva, a un lado y otro, cae ~a
alta sombra. Alrededor, fango y selva sola. . . En un crucero, con el río a
la bajada, está de un lado, donde se abre la vía, un Cristo de madera. .."
El 3 de marzo lo pasa entre libros franceses en casa de Ulpiano Dellundé;
también fue "a la mísera barbería de Martínez, en la calle de la Playa":
hombre limpio y charlador, hace buenas migas con Martí.
4 de marzo. Y abrí los ojos en la lancha al canto del mar. El mar cantaba.
Del Cabo salimos, .con nubarrón y viento fuerte, a las diez de la noche; y
ahora, a la madrugada, el mar está cantando... · La larga música, extensa
y afinada, como el son unido de una tumultuosa orquesta de campanas de
platino. Vibra igual y seguro el eco resonante. Como en ropa de música se
siente envuelto el cuerpo. Cantó el mar una hora, más de una hora. La lancha piafa y se hunde, rumbo a Montecristi". El 5 de marzo no escribió.
El 6 hizo dos apuntes rápidos y certeros: el barbero y su barbería y la negra
dominica "que pasa triunfante, quemando con los ojos. . . en la calle llena
del sol del domingo". El diario vuelve a interrumpirse hasta reaparecer a
fines ' de marzo, pero de mediados del mes se conserva una carta para "Carmita buena", del 18, fechada en Montecristi: "Manuel se me va, y con él
como una raíz de mi corazón: con él aquí, me parecía que estaba [ustedes]
aún cerca de mí, y me defendía de mis penas: ahora él se va, y me han
de pesar mucho, para que · sus pensamientos vengan volando a defenderme.
Me quedo muy solo; y mi alma extraña, por su misma capacidad para sufrir,
enoja a los hombres, y los invita a angustiármela y herirla... En otro tiempo,
cuando los hombres peleaban de lanza y casco en los torneos, rodeados de
gente, como ahora pelean a lengua y pluma, el orgullo del caballero, que
de veras iba a caballo, era el lazo a la banda de colores que le había dado
su hermana, o su novia, o su amiga: y yo llevo así tu carta conmigo, como

348

los caballeros de antes el lazo de colores. Sobre carta así, resbalan las balas.
Tú me volverás a ver. Aún me queda mucho que sufrir".
El 25 de marzo lo pasó Martí con la pluma en la mano. Es la fecha del
Manifiesto de Mont~c~sti ("El Partido Revolucionario Cubano a Cuba"),
de su testamento pohtico (Carta a Federico Henríquez y Carvajal) de las
cartas de despedida para su madre y para Carmen y María Mantilla.' Si consideramos la extensión del primer Manifiesto, la profundidad sintética de su
ideario, cualquiera está en su derecho al creer que no fue redactado todo
e~e propio día. La fecha puede ser no más la de las firmas de Martí y Máximo Gomez. La fecha en que se hace público el documento. Es humano
pensar que la redacción del Manifiesto -y nadie ha dudado siquiera de la
.paternidad martiana que las ideas y el estilo están girando- explica la suspensión de los Apuntes y el exiguo número de cartas inmediatamente anterior
a la fecha. Nadie pondrá en duda tampoco la capacidad de Martí para redactar el Manifiesto en un solo día, pero la firma de Gómez al pie necesitaba que se consultaran con él muchos puntos del documento. No sabemos
cuántos borradores consultados fueron necesarios para dar con la forma definitiva que a satisfaciera las dos firmas. No quiero hacer la ofensa de leer el
Manifiesto, texto de valor histórico y político universal, sólo rememorar algunas frases típicas del pensamiento de Martí: "saneamiento y emancipación
del país para bien de América y del mundo.. . no se ha de ensangrentar sin
raz~n ni sin justa esperanza de triunfo los propósitos precisos, hijos del juicio
Y aJenos de la venganza... y llegará a su victoria racional la guerra inexting~ible que hoy lleva a los combates.. . La guerra no es co~tra el español. . .
termmante volw:itad _de resp~tar y hacer que se respete al español neutral y
honrado. . . Punible ignorancia y alevosía fuera desconocer las causas. . . de
los trasto~os _americanos, venidos del error de ajustar a moldes extranjeros,
de dogma mcierto o mera relación a su lugar de origen, la realidad ingenua
de los países que conocían sólo de las libertades el ansia de las conquistas
y la soberanía que se gana por pelear por ellas. . . Un pueblo libre, en el
trabajo abierto a todos, enclavado a las bocas del universo rico e industrial. ..
Sólo los que odian al negro ven en el negro odio . .. En el pecho antillano
no hay odio, y el cubano saluda en la ,muerte al español. .. Al acero responda
el acero, y la amistad a la amistad ... Desde sus raíces se ha de constituir la
patria con formas viables y de sí propia nacidas, de modo que un gobierno
sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía...
Conocer y fijar la realidad; componer en molde natural la realidad de las
ideas que producen o apagan los hechos y la de los hechos que nacen de las
ideas; ordenar la revolución del decoro, el sacrificio y la cultura de modo
que no quede el decoro de un solo hombre lastimado. . . la confirmación de

349

�la república moral en América y la creación de un archipiélago libre donde
las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer
sobre el crucero del mundo". Es imposible citar menos, pero no pueden quedar fuera otros escritos del mismo día: la carta a Federico Henríquez y Carvajal y las otras dos cartas del corazón. Al primero le dice: "De la preocupación real de mi espíritu, porque usted me la adivina entera, no le hablo
de propósito; escribo, conmovido, en el silencio de un hogar que por el
bien de mi patria va a quedar hoy mismo acaso, abandonado. Lo menos que,
en agradecimiento de esa virtud puedo yo hacer, puesto que así más ligo que
quebranto deberes, es encarar la muerte, si nos espera en la tierra o en el
mar, en compañía del que, por la obra de mis manos, y el respeto de la
propia suya, y la pasión del alma común de nuestras tierras, sale de su casa
enamorada y feliz a pisar, con una mano de valientes, la patria cuajada de
enemigos. De vergüenza me iba muriendo -aparte de la convicción mía de
que mi presencia hoy en Cuba es tan útil por lo menos como afuera- cuando
creí que en tamaño riesgo pudiera llegar a convencerme de que era mi obligación dejarlo ir solo, y de que un pueblo se deja servir, sin cierto desdén y
despego, de quien predicó la necesidad de morir y no empezó por poner en
riesgo su vida. Donde esté mi deber mayor, adentro o afuera, allí estaré yo ...
Yo evoqué la guerra; mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar.
Para mí la patria no será nunca triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la
sangre. Ahora hay que dar respeto y sentido humano, y amable, el sacrificio;
hay que hacer viable, inexpugnable la guerra; si ella me manda, conforme a
mi deseo único, quedarme, me quedo en ella; si me manda, clavándome el
alma, irme lejos de los que mueren como yo sabría morir, también tendré ese
valor. Quien piensa en sí, no ama a la patria... Yo alzaré el mundo. Pero
mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador; morir callado. Para mí, ya es hora. Pero aún puedo servir a este único corazón
de nuestras repúblicas. Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo".
Restan las cartas breves, que no tienen pérdida de palabra: "Madre mía:
hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Ud. Yo
sin cesar pienso en Ud. Ud. se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Ud. con una vida que ama el sacrificio?
Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero
conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi
madre. . . Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra
sin piedad y sin limpieza. La bendición. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca. La despedida a su María y a su Carmita dice así: 'Salgo

350

de pronto a un largo viaje, sin pluma ni tinta, ni modo de escribir en mucho
tiempo. Las abrazo, las abrazo muchas veces sobre mi corazón. Una carta
he de recibir siempre de Uds. y es la noticia que me traerán el sol y las
estrellas, de que no amarán en este mundo sino lo que merezca amor.. .' "
Reaparece Martí en el diario, con una aparente calma de naturalista, 29
de marzo. Se ha desembarazado de las penosas despedidas y su destino es
como nunca más seguro. "De sobremesa se habló de animales", de sus extrañas costumbres y su inteligencia. Por la tar~seguramente, fue a la playa, y oyó cantar una canción. El lo. de abril scribe a sus hijos: a Pepe
el "Ismaelillo" y a Gonzalo de Quesada. Vuel al diario la poesía, vísperas del viaje. "Hijo: esta noche salgo para Cu : salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino,
recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adiós. Sé justo". La carta a Gonzalo de Quesada es la conocida como su testamento literario. "Gonzalo querido: De mis libros no le he hablado. Consérvelos;
puesto que siempre necesitará la oficina -y más ahora-, a fin de venderlos para Cuba en una ocasión propicia, salvo los de Historia de América, o
cosas de América -geografía, letras, etc.- por si salgo vivo o me echan,
y vuelvo con ellos a ganar el pan. Todo lo demás lo vende en una hora
oportuna. Ud. sabrá cómo. . . ¿ Qué habré escrito sin sangrar, ni pintado
sin haberlo visto antes con mis ojos? ... De Cuba, ¿ qué no habré escrito?
Y ni una página me parece digna de ella: sólo lo que vamos a hacer me
parece digno .. . Y falló aquel día la esperanza -el 25 de marzo. Hoy, lo.
de abril, parece que no fallará . . . En la cruz murió el hombre en un día;
pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días. Martí no se cansa,
ni habla... No quisiera levantar la mano del papel, como si tuviera la de
Ud. en las mías; pero acabo, de miedo de caer en la tentación de poner en
palabras cosas que no caben en ellas". Todo está preparado para hoy, lo.
de abril. "A paso de ansia, clavándonos de espinas, cruzábamos, a la media noche oscura, la marisma y la arena. A codazos rompemos la malla del
cambrón. El arenal, calvo a trechos, se cubre a manchones del árbol punzante. La luz como el sudario, al cielo sin estrellas, la arena desnuda; y es
negror lo verde. Del mar se oye la ola, que se exhala en la playa, y se huele
la sal". "El 2, el 3, va en la goleta Brothers, rumbo a Cabo Haitiano, recortlando versos, apuntando el vuelo de los flamencos o reflexionando sobre
la ingratitud y la virtud. El 4 arribaron a !nagua. El patrón de la goleta los
traiciona, se niega seguir adelante. El 5 de abril llegó el vapor frutero Nordstrand. Hay que aprovecharlo. El 6 Martí copia unos versos de Goethe de
la litera del capitán. El mismo día llegaron a Cabo Haitiano y se dispersan
en la población sin ser notados. El 7 de abril escribe Martí en su diario:

351

�"Por las persianas de mi cuarto escondido me llega el domingo del Cabo.
El café fue 'caliente, fuerte y claro'. El sol es leve y fresco. Chacharea y pelea el mercado vecino. De mi silla de escribir, de espaldas al cancel, oigo el
fustán que pasa, la chancleta que arrastra. . . Es Domingo de Ramos". El
8 pasa leyendo sobre los indios americanos, alguna novela histórica sobre
la conquista de México, libros que ha mandado traer "a la librería de la esquina. . . Y el librero, el caballero negro ~e Haití, me manda los libros y
los dos pesos". Medita sobre la resistencia del indio y especula sobre su originalidad. Vienen los versos sin llamarlos. "El verso caliente me salta de la
pluma. Habla todo en mí, ki que no quiero hablar, ni de patria, ni de mujer. ¡ A la patria más que palabras!" Ahí en Cabo Haitiano, al día siguiente,
9 de abril escribe "a mi María": "Aquí estoy en Cabo Haitiano, cuando no
debía estar aquí. Creí no tener modo de escribirte en mucho tiempo, y te
estoy escribiendo. Hoy vuelvo a viajar, y te estoy otra vez diciendo adiós...
Tengo la vida a un lado, y la muerte a otro, y un pueblo a las espaldas; y
vé cuántas páginas te escribo . .. Y si no me vuelves a ver, haz como el chiquitín cuando el entierro de Frank Sorzano: por un libro -el libro que te
pido-, sobre la sepultura. O ~obre tu pecho, porque ahí estaré enterrado
yo, si muero donde no lo sepan los hombres". El N ordstrand sale para In agua y arriba el 11 al amanecer. Se hace al mar otra vez por la tarde y por
la noche, izados en un bote son echados a las olas, para tocar por fin tierra
cubana, la playa de Playitas. Antes del desembarco escribió la carta para
Bernarda Toro de Gómez, la esposa del General que lo acompaña: "Yo sólo quiero que estas letras mías le lleguen como prueba de que en las penas
que pueda reservarnos este mundo, tienen Uds. por donde quiera que ande
yo en pie, vigilante compañero.. . No siento como quien va a correr riesgo,
sino como el trabajador, que sale alegre a su trabajo, y trabajará todo el
día, y luego vuelve· a su casa, al lado de sus hijos y su mujer... Sientan en
las suyas el calor de mi mano. Y por Ud ... aunque no fuera por él, querré
y mimaré siempre al compañero de su vida". Por fin escribe desde Cuba,
Jurisdicción de Baracoa, a 16 de abril: "En Cuba eseribo, a la sombra de un
rancho de yaguas. Ya se me secan las ampollas del remo con que halé a tierra el bote que me trajo. Eramos seis, llegamos a una playa de piedras y
espinas, y estamos salvos, en un campamento, entre palmas y plátanos, con las
gentes por tierra y el rifle a su lado. . . ¡ Ah!, si me vieran por esos caminos contento y bien cargado, con mi rifle al hombro, mi machete y revólver en la cintura, a un hombro una cartera con cien cápsulas, al otro, en
un gran tubo, los mapas de Cuba, y a la espalda mi mochila con sus arrobas de medicinas y ropa y hamaca y frazada y libros..." El mismo 16 escribió a Tomás Estrada Palma, a Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra:

352

"En Cuba libre les escribo, al romper el sol del quince de abril, en una vega de los montes de Baracoa. Al fondo el rancho de yaguas, en una tabla de
palmas, sobre cuatro horquetas, me he venido a escribir. . . Maceo y Flor
van delante. . . 'General', me llamaba nuestra gente desde que llegué, y
muy avergonzado con el inmerecido título... al caer la tarde vi bajar hacia la cañada al general. . . había acordado en consejo de jefes. . . nombrarme en atención a mis servicios y a la opinión unánime que lo rodea, Mayor General del Ejército Libertador. .. Hemos dormido en cuevas, y al monte claro... A porfía ahora se nos muestra cariño. Uno trae su boniato amarillo, o su cabo de salchichón, o su plátano asado; otro me brinda su agua
hervida con hojas de naranja y miel de abeja. Otro me regala, porque oyó
decir que la tomé con gusto en el camino, una naranja agria..." La carta
más próxima es del 26 de abril, cerca de Guantánamo la fecha: "En el rancho de un campesino escribí mi primera carta, hace unos doce días, en que
contaba nuestra llegada feliz, el desembarco de los seis en un bote, y yo de
remero en la lluvia obscura, y la hermandad y la alegría de los cubanos alzados que salieron a recibirnos. Ahora escribo en la zona misma de Guantánamo, en la seguridad y alegría del campamento de los trescientos hombres de Maceo y Garzón, que salieron a recibirnos aquí. . . Por el momento
veníamos muy seguidos ya por la tropa española. . . y estalló a pocos pasos el gran tiroteo de las doce horas: allí cruzaron por nuestras cabezas las
primeras balas; momentos después, rechazado el enemigo, caímos en brazos
de nuestra gente . .. Yo me acosté a las tres de la mañana, curando a los heridos.. . Organizamos y seguimos rumbo: el alma es una; algunas armas cogidas al enemigo. Yo escribo en mi hamaca a la luz de una vela de cera
' en tierra. Mucho tengo que'
sujeta junto a mis rodillas por una púa clavada
escribir. . . Y no les he dicho que esta jornada valiente de ayer cerró una
marcha a pie de trece días continuos, por las montañas agrias y ricas de
Baracoa, la marcha de los seis hombres que se echaron sin guía, por la tierra ignorada y la noche, a encararse triunfantes contra España. . . No soy
inútil ni me hallo desconocido en nuestros montes... (28 de abril) Son
las nueve de la noche, toca a silencio la corneta del campamento y yo reposo del alegre y recio trabajo del día escribiendo... está serena afuera la noche de este día en que no vi el sol cuando las fuerzas formadas quisieron oír
hablar al que con un cariño que en este rechazo, llaman "el Presidente".
Mi alma es sencilla. En vez de aceptar, siquiera en lo íntimo de la conciencia soberbia, este título con que desde mi aparición en estos campos me saludaron, lo pongo aparte, y ya en público lo rechacé, y lo rechazaré oficialmente... (30 de abril, a Benjamín Guerra y Gonzalo de Quesada) En la
sombra de una segunda noche de continua vela, y en las ancas de una batalla

353
H23

�victoriosa sobre las fuerzas mejores e insolentes de Guantánamo, les escribo... Ya no hay Flor: cayó de un balazo en el pecho; y Frank Agramo~te
y cinco más están presos en Guantánamo. Pero José Maceo, a los tres d1as
de llegar de su soledad de once días en los pinares fríos, revuela y despedaza las escuadras. Antonio Maceo no sabe cómo darse mano a ordenar sus
6,000 hombres. Y nosotros a caballo, recogiendo y sembrando. . . Ahora, a
vivo medio día, los pájaros cantan, los ayudantes discuten planes Y calcul~
fuerzas en el colgadizo; al pie de un anoncillo, que se ve por el sol ~e m1
puerta, sentados en piedras o echados de bruces, habla un grupo de nfle Y
canana sobre balas y heridos. . . Así es Cuba, amigos, y por eso podemos
' . . Aquí debo acabar. Suena la cometa....
"
ser libres.
Del 2 de mayo es su carta al New York Herald: "Cuba quiere ser libre
para que el hombre realice en ella su fin pleno, para que trabaje en ella el
mundo, y para vender su riqueza escondida en los mercado~ ~aturales de
América... Nada piden los cubanos al mundo, sino el conocim1ento y respeto de sus sacrificios, y dan al U niverso su sangre": El mismo día escribió
a "Gonzalo y Benjamín queridos", y ya en Altagrac1a: el 9 ~e mayo'. a su
Carmita: "Vamos a Masó, venimos de Maceo. ¡ Que entusiasta revista la
de los 3,000 hombres de a pie y a caballo que tenía a las puertas de S_antiago de Cuba!, 100 hombres apiñados respiran en el casuco do~de escnbo,
con la vela en un jarro. He de acabar... Todos duermen a m1 alr~dedor;
(yo) velo". El 12 de mayo escribió a Rafael Portuo~d~. El 18 al_ am~go mexicano: "ya estoy todos los días en peligro de dar m1 vida por m1 pais y por
mi deber. . . de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más,
sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para
eso... Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas: -y mi honda es la
de David. . . y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré d_e
mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar d~ la muerte apetecida al hombre que, ahora que (Gutiérrez) Nájera no vive don_de se le vea,
mejor lo conoce y acaricia como un tesoro en su corazón la, amista~ c~n. que
Ud. lo enorgullece. Ya sé de sus regaños, callados, despues de ID1 v1a~e....
Hay afectos de tan delicada honestidad ..." Parece probable que Marh mterrumpió la carta a la llegada del General Masó al campamento de Dos
Ríos. El 19 de mayo, muy temprano, escribió a Gómez la última carta,
ciertamente un parte militar: "General: Como a las cuatro salimos, para
llegar a tiempo a la Vuelta, a donde pasó desde las diez la fuerza de Masó,
a acampar, y reponer su muy cansada caballería: desde anoche _llegaron. ~o
estaré tranquilo hasta no verlo llegar a Ud. Le llevo bien cwdado su JO-

La historia y las biografías han recogido los detalles del combate de Dos
Ríos en que Martí encontró la muerte. Pero nadie ha recibido la ciega incredulidad con que la prensa hispanoamericana recibió la noticia. ¡ Martí no
ha muerto! dice toda la prensa del continente. Ni el responso de Darlo en
La Nación de Buenos Aires podía convencer a nadie. Ni la nota necrológica de Amado Nervo en la prensa mexicana. Sólo cuando su propio periódico, Patria de Nueva York, aceptó tardíamente la noticia increíble, Martí
comenzó el ascenso a la verdadera inmortalidad. El "Himno de las Torres"
de Leopoldo Lugones, de 1897, ya lo incluye en el Olimpo de "las sombras
heroicas": "Grandes estaturas, grandes espadas, grandes cuerpos con almas
como espadas dentro -y coronas: Kosciusko, Dantón, Louverture, Bolívar, Martí, Garibaldi, Kanarís, Riego, San Martín, Lincoln, Nana-Sahib,
Juárez y los Quince Mil Rojos de París". Martí, novela histórica, se publicó anónimamente por "Un Patriota", en La Habana, 1901. En 1929, en
Madrid, apareció la Mitología de Martí, de Hemández Catá. Los títulos
elegidos son significativos: indican que Martí, como dijo la prensa hispanoamericana, no ha muerto. Pero sería pobre creer que la inmortalidad de
Martí se afinca solamente en los libros; Martí quería que su muerte fuera
semilla de su pueblo, quería morir y renacer en Cuba y para Cuba. Cada
aniversario de su muerte, Cuba renace de sus despojos. Cada día del año
Martí está renaciendo en su pueblo. Cada hijo del pueblo es hijo de Martí.

longo ..."

354

355

�IDEAS ESTÉTICAS Y LINGO1STICAS DE IGNACIO RAM1REZ,
EL NIGROMANTE
PORFIRIO MARTÍNEZ PEÑALOZA
Departamento de Literatura
Instituto Nacional de Bellas Artes
México, D. F.

ALGÚN ESCRITOR AL REFERIRSE al ilustre personaje que nos ocupará, dijo
que cualquier referencia a Ignacio Ramírez El Nigromante era una polémica; pero ya se sabe que no hay regla sin excepción y en ésta voy a incurrir, pues Ramírez se presta a la discusión con lo que, probablemente, se ha
obscurecido su personalidad. Esta es opinión de Prieto, quien dice: " . ..esa
fanfarronería de perversidad, ese artificio que nadie pudo explicar satisfactoriamente y que le granjearon mortales enemigos, descarrila la crítica cuando se ocupan de él sus biógrafos y falsean los puntos de partida su carácter
y sus virtudes eminentes". 1 La cortedad del espacio, en primer término, me
obliga a limitar la exploración a determinados aspectos y hay en la actividad
de El Nigromante campos -la economía, el derecho- qul sobrepasan mis
capacidades para estudiarlos. Me limitaré, pues, a considerarle como lingüista, como cultivador de la estética y como literato.
Partiré de unos cuantos datos biográficos en los que no me extiendo porque su vida es fácilmente accesible en diversas fuentes modernas, tales como
los Ensayos/ tomo 49 de la Biblioteca. del Estudiante Universitario, con prólogo de Manuel González Ramírez, o la reedición de sus Obras,3 de 1947,
1

Las citas de PRIETO están tomadas de Memorias de mis tiempos, México, Editorial
Patria, S. A., 1958.
• México, Imprenta Universitaria, 1943.
• México, Editora Nacional, S. A., 1947. Las ideas que aquí examino, fuera de las
reunidas en las Lecciones se hallan dispersas en las Obras. Utilizo principalmente:
Discurso sobre la poesía erótica de los griegos, I, p. 245.
La religión de los griegos, I, p. 26 7.

357

�que es reproducción fotocopiada de la primera edición 1889, que lleva un
extenso prólogo biográfico y crítico de Ignacio Manuel Altamirano.
Nació Ramírez en San Miguel, hoy de Allende, el 23 de junio de 1818.
Estudió las primeras letras en Querétaro, en donde su padre, don Lino Ramírez, fue vice-gobernador. Precisa Altamirano que don Lino y su esposa,
doña Sinforosa Calzada, "eran de raza mestiza y no indígenas puros, como
han dicho algunos de sus biógrafos", aludiendo probablemente a Hilarión
Frías y Soto, autor de la noticia que va al frente del tomito de El Parnaso
Mexicano dedicado a nuestro autor. En 1835 pasó a la capital en donde siguió sus estudios en diversos colegios, especialmente el de San Gregorio, en
cuya biblioteca leyó y asimiló prácticamente toda la ciencia de su tiempo.
Guillermo Prieto relata en sus sabrosas Memorias de mis tiempos que prefería los estudios de historia natural e intentó ser médico, y que se empeñó
en aprender pintura "en la que nunca hizo letra" pero de la cual adquirió
profundos conocimientos que complementó en el taller del pintor Santiago
Villanueva en donde se reunía una abigarrada peña de artistas: los músicos Salot y el Ne gro Beristáin; los escultores Rosetes; el padre Rosete, arpista, además de políticos y curiales como Pepe del Río, Zerecero e Hipólito Rodríguez, que era, con palabras de Prieto, "como la retostada en materia de libertad y herejía". Agrega que se entregó con ardor a estudios médicos y botánicos. Recuerda su amistad -iniciada en un cementerio, como
corresponde a un romántico ortodoxo- con el doctor Jecker, "padre de la
cirugía en México" de quien recibió conocimientos de medicina.
Ninguna de las fuentes consultadas por mí hablan de estos estudios de El
Nigromante, que explican cómo pudo escribir con autoridad un Ensayo sobre
las sensaciones/ publicado según Altamirano en 1848, pieza que no he logrado
ver. Explican, aaemás, la facilidad con que más tarde manejaría la fisiología
que dio base para los presupuestos de sus ideas lingüísticas y estéticas.
Ignoramos las razones que posteriormente le determinaron a seguir las carreras de jurisprudencia y la literaria, que coronó ésta con su ingreso en la
Espiritismo y materialismo, I, p. 277.
Dos lecciones inéditas de literatura, I, p. 299.
Discurso sobre J. Fernández de Lizardi, I, p. 291.
El San Agustín de la Biblioteca Nacional, I, p. 467.
Carta al señor J. J. Cuevas, I, p. 471.
Poesía erótica, I, p. 4 79.
Estudios sobre literatura, I, p. 485.
.
• Aunque R.AMÍREZ no la cita, sin duda que una de sus fuentes debe haber sido la
Exposición sumaria del sistema frenológico del Dr. Gall, por JosÉ RAMÓN PACHECO,
México, Ignacio Cumplido, 1835. Vid. Apuntaciones históricas sobre la filoso/la en
México, por EMETERIO VALVERDE TÉLLEZ, México, Herrero Hnos., 1896.

358

"Academia de Letrán" en la que entró con la aureola del escándalo que
suscitó el tema que escogió para su discurso de recepción y que todo el mundo
conoce: "No hay Dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos";
y es de notar que entre quienes abogaron porque se le permitiera semejante
disertación, figuraron don Clemente de Jesús Munguía, después obispo-arzobispo de Michoacán y el padre Guevara.
Pronto ingresó Ramírez a la vida pública. En 1845, en unión de Payno,
Prieto y Vicente Segura, publicó el periódico Don Simplicio, satírico y de polémica, en donde por primera vez usó el pseudónimo con el que le conocemos. 5
Este fue el principio de la inmensa labor periodística de Ramírez que sólo
abandonó en vísperas de su muerte. Afiliado siempre al Partido Liberal, sufrió
todos los cambios de fortuna de su credo político y aún dentro de él hubo de
luchar colocado, como diríamos hoy, en la extrema izquierda. Ocupó destacados puestos administrativos en México, Toluca y Sinaloa. Peregrinó por
todo el país y sufrió destierros en California y Yucatán. Fue ministro de la
Suprema Corte, constituyente del 57, reformador de la educación y activo
miembro de sociedades científicas y literarias. Murió en la pobreza, en la
capital, el 15 de junio de 1879.
"Las obras de Ramírez, dice Altamirano, que apenas cabrían en veinte
volúmenes, tratan de muchas materias", pero no se han recopilado completamente hasta hoy. Las Obras citadas previamente reúnen algo de su producción y se editaron en dos tomos que llevan pie de imprenta de la Oficina
Tipográfica de la Secretaría de Fomento en 1889; con anterioridad se editaron sus Lecciones de Literatura, México, Imprenta de Francisco Díaz de
León, 1884, cuya "Advertencia" reza: "El deseo y la esperanza de dar a
luz en una edición esmerada los escritos de Ignacio Ramírez, han sido causa
de que hasta ahora se haya retardado su publicación. Mientras tanto se allanan los obstáculos que han impedido realizar este propósito, presentamos a
la benevolencia del público, en edición separada, las Lecciones inéditas de
literatura".
El primer tomo de las Obras contiene: Poesías inéditas, Discursos y Artícu• No he podido precisar el origen del pseudónimo. PRIETO, op. cit., sólo dice que
en este periódico lo usó por primera vez. En el número 1 de esa publicación, se enumeran los principales redactores: Zancadilla y Don Simplicio, GUILLERMO PRIETO;
Cantárida, VICENTE SEOURA, y
.. .un obscuro Nigromante
que hará, por artes del diablo,
que coman en un establo
Sancho, Rucio y Rocinante
con el Caballero Andante.

359

�los históricos y literarios. El segundo contiene: Economía Política, Cuestiones
Políticas y Sociales y los Diálogos de El Mensajero. Antes, dentro de la publicación El Parnaso Mexicano dirigido por Vicente Riva Palacio, se le dedicó
el tomito correspondiente al lo. de diciembre de 1885.
Queda mucho por recopilar, por ejemplo, sus artículos y poesías satíricas
aparecidos en diversos periódicos de los que fundó o en los que colaboró, como
Don Simplicio, Themis y Deucalión, El Correo de México, La Chinaca . ..
Labor difícil, pues a menudo escribió con pseudónimos no identificados o en
colaboración con Prieto u otros escritores. Como ocurre con estos admirables
hombres de acción, no tuvieron oportunidad de exponer sistemáticamente sus
ideas y si alguna vez hemos de organizar la obra escrita de El Nigromante,
será indispensable recurrir a estas publicaciones y discriminar sus colaboraciones.
En 1949 el Estado de Coahuila convocó a unos Juegos Florales para celebrar el centenario del nacimiento de Manuel Acuña. Participé en ellos con
un trabajo sobre Acuña y su tiempo,6 de donde data mi conocimiento e interés por nuestro escritor. Al tratar de precisar las fuentes del ideario y las
razones remotas del suicidio del poeta coahuilense, descubrí América al afirmar que Acuña había sido tan fiel discípulo de Ramírez que al suicidarse no
hizo sino poner en práctica la doctrina pesimista de El Nigromante. Y no caí
en la cuenta de que la relación de maestro a discípulo entre ambos ya la
había puesto de relieve Carlos Amézaga cuyo libro Poetas de México, publicado en Buenos Aires en 1896, manejé con la ligereza del novato. Sin embargo, conquisté desde entonces el conocimiento de las Lecciones de Literatura,
cuya lectura detenida me permitió más tarde hacer algunas precisiones.
Así fue como al comentar el libro Manuel Gutiérrez Nájera. Estudio y escritos inéditos 1 de mi distinguido amigo Boyd C. Carter, publicado en 1956,
pude responder a la cuestión allí planteada sobre si los artículos "El Arte y
el Materialismo" de El Duque Job, descubiertos por el profesor norteamericano, podrían considerarse como el primer tratado de estética escrito en
México. Contesté que no y en la "Introducción" al primer tomo de las Obras
de Gutiérrez Nájera precisé y documenté mi afirm.ación, señalando que el
primer tratadista mexicano de estética lo fue el jesuita José Márquez, cuyo
opúsculo Sul bello in generale, se publicó en Roma en 1804.
No puedo precisar la fecha de la redacción de las Lecciones de Literatura,
pues su publicación fue póstuma. Sin embargo, en el primer tomo de las
• Publicado en Trivium, Monterrey, N. L., septiembre de 1949, núm. 11.
7
México, Studium, 1956. Mis comentarios se publicaron con el título de "Escritos
inéditos de Gutiérrez Nájera", en México en la Cultura, México, 12, 19 y 26 de
mayo de 1957. Véase también mi "Introducción" al tomo I de las Obras de Gutiérrez
Nájera, México, UNAM, 1959, Vol. 4 de la "Nueva Biblioteca Mexicana".

360

Obras hay unos "Estudios sobre Literatura" que llevan el subtítulo de "Introducción", que probablemente fueron parte del primer esbozo de las Lecciones.. . Están fechados estos estudios en 1869. Alü mismo está publicada una
"Carta" al licenciado José de Jesús Cuevas, sobre estética y un tema concreto
de crítica de arte, fechada el 28 de noviembre de 1874, en donde afirma:
"En mi aflicción, a pesar de mis años, he emprendido un curso de estética..."
cuyo texto no conocemos, pero cuya orientación podemos deducir de los escritos
que nos quedan; hay que agregar que por aquellos años las materias afines se
estudiaban en diversos centros, jerarquizadas por Gabino Barreda del siguiente
modo: en la Escuela Nacional Preparatoria y con ligeras variantes según la
carrera futura, se exigían lógica, ideología, gramática general, literatura, español, francés, inglés, latín y raíces griegas; en ocasiones, el alemán. En la Escuela de Bellas Artes, historia de las bellas artes. En la de artes y oficios de
Tecpan, gramática castellana y arte métrico. En la rama de música del Conservatorio de Música y Declamación, estética.
Las Lecciones no son del todo ni exclusivamente un tratado sistemático
de estética, pero sí se tocan en ellas los puntos capitales de esa disciplina y
hay en un capítulo dedicado específicamente a "La belleza literaria" en donde
define: "La sensación agradable que se llama belleza, es una impresión directa del objeto sobre los sentidos correspondientes, siempre que el placer proviene de una causa externa. . . la belleza, sean cuales fueran sus caracteres
sensuales o ideales, no se levanta viva, no se mueve poderosa, sino cuando
respira odio o amor, sino cuando palpita y clama oprimida por las pasiones.
Sin duda por eso se inventó la palabra estética, sentimiento". No sigue, sin
embargo, la dirección de Baumgarten ya que si éste hace de la estética "la
ciencia del conocimiento sensible", no tiene la limitación materialista de nuestro escritor, que entronca con sensismo materialista. Ramírez mismo se daba
cuenta de la estrechez del círculo en que se encerraba y curándose en salud
aclara: "Ya se habrá comprendido que aunque hago uso de muchas palabras
que forman parte del tecnicismo de la metafísica y de la lógica vulgar, de
ninguna manera las acepto con las numerosas y vagas significaciones con que
las veo correr por el mundo literario; por lo mismo. . . definiré a mi modo
algunos de estos términos fundamentales ... Sensación. Es la continuación del
movimiento de un cuerpo extraño en los nervios de un cuerpo organizado...
Imaginación. Es la reacción del movimiento sensorio en los nervios de los
sentidos... Percepción. La reproducción en un segundo o en un tercer centro nervioso de una transformación de movimiento verificada en los centros
segundo o primero.. . Entendimiento. Todas las operaciones sensorias o musculares en que intervienen los signos fonéticos ... Inteligencia. El conjunto or-

361

�ganizado de los nervios y de sus centros, cuando en sus ramificaciones se agitan los aparatos sensitivos y los musculares".

Con rigurosa lógica y excluido de su sistema todo elemento ideal o espiritual, discute las opiniones de Platón, Aristóteles y San Agustín y dice: "Desde
Platón hasta nuestros días, los estéticos maniáticos han procedido a la elaboración de su sistema buscando un tipo de belleza; debiendo ser este tipo
perfecto y universal lo han designado en Dios; han explicado la belleza de
Dios por sus atributos; en los atributos divinos se han mencionado principalmente la sabiduría, el poder, la grandeza, el orden, la verdad, la bondad, la
armonía, etcétera, en el mundo en lo general; en lo particular en el hombre,
han considerado los atributos divinos como causa de lo bello sensible; y de
todo esto ha resultado que la belleza, en todas sus manifestaciones, sea inteligencia, poder, grandeza, verdad, bondad, orden y armonía" y a renglón seguido hace la crítica de estas ideas. Acierta al discriminar entre lo bello y lo
bueno y al aplicar esta distinción sentencia: "Debemos convenir... en que
aunque lo bello y lo útil no sean una misma cosa, no deben caminar separados
en las obras literarias, so pena de que el autor empalague por dulce o por
pedante fastidie. La materia de la obra literaria está en el asunto: ¡ ay de
los que no trabajen en metales preciosos o en piedras tan durables como el
granito!" Señalemos aquí el acento parnasiano de este credo estético, formulado expresamente entre nosotros casi simultáneamente con los manifiestos parnasianos de Francia que, posiblemente, ignoró Ramírez, pues rara vez cita
a los autores franceses contemporáneos. "El arte" de Teófilo Gautier, en
donde se habla de mármoles y esmaltes, apareció por primera vez en la revista
L'Artiste, en septiembre de 1857, y fue recogido en la tercera edición de
Emaux et camées, de 1858.

Al objeto de la estética y la lingüística, Ramírez se acerca armado de los
instrumentos de conocimiento que la ciencia de su tiempo proclamaba idóneos:
"El método de nuestros trabajos, explica, se arregla a la naturaleza de las
cosas y a los procedimientos favoritos de la ciencia moderna: analizar, clasificar, experimentar", ideas que no difieren mucho de las que codificó Claudio
Bernard para la ciencia experimental.
Cerraremos esta rápida exposición de las doctrinas estéticas de El Nigromante, transcribiendo esta rigurosa concatenación de procesos psicofisiológicos
de la génesis del sentimiento estético: "Encadenando de un modo sencillo los
resultados de la observación, tenemos: lo. La acción de los objetos sobre
los sentidos. 2o. La acción de los objetos no es agradable o desagradable fuera
de los sentidos, sino mientras obra sobre ellos. 3o. El placer y el dolor no
solamente acompañan a la acción directa, sino a su reflexión o recuerdo y,
además a los movimientos musculares que las impresiones directas y reflejas

provocan. 4o. El placer y el dolor presentan caracteres especiales según los
centros nerviosos donde se realizan. 5o. La costumbre convierte el placer en
dolor y el dolor en placer. 60. Lo que llamamos belleza natural y artística no
son sino combinaciones agradables de los placeres y aún de los dolores explicados, y 7o. Lo hermoso se aplica a la grandeza y regularidad de las formas;
lo gracioso a la belleza pequeña, accidental y fugitiva; lo sublime a lo sorprendente por su fuerza o por su tamaño; lo gustoso a las impresiones superficiales; y a todo lo que de cualquier modo halaga nuestra piel, nuestras pasiones, nuestra inteligencia, nuestra memoria, nuestra voluntad, es lo bello".
Finalmente Ramírez se muestra adicto a la teoría de la mímesis: "Debemos
comenzar por persuadimos de que la literatura existe como un hecho independiente de todo convenio entre los hombres, como existen las flores en el
campo, las conchas en el mar, los astros en el cielo: si el astrónomo, si el
botánico, si el naturalista no ha inventado su mundo, el literato que presuma
de ser un genio creador se expondrá a extraviarse para siempre en el caos.
El orador, el poeta, cantan e imitan maquinalmente como las aves..." y
agrega en otro lugar: "Cuando una obra alcanza la aprobación general se
llama modelo: las imitaciones se estiman por su aproximación al modelo.
De aquí resultan dos clases de autores, los originales y sus discípulos. También
la naturaleza nos suministra modelos de hermosura; sorprenderlos y reproducirlos es la verdadera gloria de los artistas de genio", lo que nos descubrela fuente del ideario que parece ser el principio a que Batteux redujo las
Bellas Artes, las mímesis, esto es, la imitación de la bella naturaleza.
Mucho más importantes y menos conocidas, son las doctrinas lingüísticas
de nuestro personaje. En efecto, la lingüística, tal como hoy la concebimos,
tuvo pocos cultivadores en nuestro siglo XIX. Entonces se hablaba más bien
de filología y en este sentido se calificaron los estudios de Pimentel y otros
autores sobre las lenguas indígenas de México. Por justicia hay que citar, al
lado de nuestro Nigromante, al sabio y combativo obispo-arzobispo de Michoacán don Clemente de Jesús Munguía, quien ya en 1837 había dispuesto
una Gramática general basada en las ideas de Condillac y en 1845 publicó
unas Lecciones prácticas de idioma castellano, precedidas de una "Disertación" sobre la enseñanza de esta lengua, obras que apenas han sido exploradas y tenidas en cuenta para la historia de la lingüística y la poética mexicana del XIX.
La lingüística de Ramírez, contenida también en sus Lecciones, se abre
con su teoría sobre la elaboración del lenguaje humano. Debe tenerse presente que en 1869 Ramírez había sostenido que "La palabra literatura abraza
todos los conocimientos humanos, como que todos pueden expresarse por medio de las letras.. .'' pero la define, limitándola, como "un conjunto de obser-

362
363

�vaciones sobre el mecanismo del lenguaje". No se encuentra una definición
explícita de lenguaje pero podemos deducir que sobre él sustenta una idea
muy general como sistema de comunicación. Inicia sus exposiciones con una
explicación doctrinaria, siempre fundada en los principios de observación y
experimentación, sobre el lenguaje de acción que hoy incluiríamos, como lo
hace Bühler, dentro de la teoría de la expresión.
Los elementos del lenguaje de acción serían de dos clases: los involuntarios y los imitatorios. Ahora, para que merezcan el nombre de lenguaje, deben
combinarse. "Todo lenguaje se compone de signos: todo signo es una cosa
que representa a otra. Signo es un toque, una impresión; sin el carácter de
signo, de llamamiento, es una sensación como otra cualquiera". Todos los
signos, según Ramírez, son naturales, pero el hombre escoge algunos que son
fáciles de combinar y en esta elección, dice, "consiste precisamente la arbitrariedad de ciertos signos y lo artificial de ciertos sistemas lingüísticos. . . El
signo artificial, continúa, además de ser escogido entre los naturales, se caracteriza por la necesidad convencional con que debe representar constantemente una sola sensación más o menos bien definida : cuando obra de este
modo, decimos que le usamos en sentido propio".
No podemos pasar adelante sin hacer algunas observaciones.
Considero de suma importancia, primero, que Ramírez haya manejado la
idea de signo; debo recalcar que le asigna el carácter de llamamiento y para
estimar con justicia lo avanzado de estas ideas, bastará con recordar que en
nuestros días Bühler resume la pluralidad de funciones del lenguaje en la
tríada: llamada, expresión y representación.
En segundo lugar Ramírez no hace, ni podía hacerlo, el análisis del signo,
entre otras razones por la orientación materialista de su doctrina filosófica.
Saussure,8 el fundador de la lingüística moderna, define el signo como la
combinación del concepto y la imagen acústica y para evitar confusiones los
llama respectivamente significado y significante; explica que llamamos signo
a la palabra porque conlleva un concepto. Luego considera que hay un lazo
entre el significado y el significante, vínculo que es arbitrario, que depende
de la libre elección del hablante; arbitrario, puntualiza, con respecto del significado y, en fin, por lo general identificamos los conceptos de palabra y
de signo. Esta es, entre paréntesis, la idea de Ramírez.
Aquí tenemos la oportunidad de apuntar los grados de la evolución de las
ideas lingüísticas. Ramírez, en efecto, por razón de su credo materialista, aunque construye un sistema de perfecta lógica interna, no puede ir más allá;
Saussure, positivista, sí puede ahondar en el análisis, como hemos visto. Y
• Vid. Curso de lingülstica general, Editorial Lozada, S. A., 1945.

364

Dámaso Alonso,9 merced a su posición espiritualista, afinará las ideas y demostrará que el vínculo entre significado y significante, entre palabra y cosa
representada, es motivado; que significado y significante contienen, a su vez,
significados y significantes parciales, por cuya razón, para él, significante es
o puede ser lo mismo el sonido físico que su imagen acústica. Para Saussure,
agrega, significante es un simple portador de conceptos, pero en realidad el
significante trasmite conceptos, trasmite complejos funcionales y en ocasiones
puede no conllevar concepto como en el caso de las interjecciones, cuando
son mera señal. Lo demuestra con un estudio del verso de Góngora "infame
turba de nocturnas aves" en donde las sílabas tur funcionan como significantes
parciales que evocan sensaciones visuales. Lo mismo podríamos señalar en el
verso de López Velarde:
¡ Ara mansa, ala diáfana, alma blanda,
fragancia casta y ácida!

en que la reiteración de la a suscita el clima luminoso.
Tampoco acertó Ramírez en cuanto a la arbitrariedad del signo. Las onomatopeyas son ejemplos de esas ligas necesarias y motivadas entre la expresión fonética y la cosa significada o simplemente evocada y toda la poesía,
sobre todo la moderna, es ejemplo de la motivación del vínculo entre significado y significante.
Hay más. Hemos visto la relación que existe entre los significantes parciales y el significado. Ramírez sustenta ideas afines. "La frecuencia en el
análisis de algunos idiomas, comenzando por el nuestro, dice, nos descubre
que no hay una sílaba en las palabras que no contenga una significación propia y absoluta ... Las palabras de más de una sílaba no son sino frases".
"¿Siendo así, se pregunta, en qué se diferencian una oraci6n y una de sus
partes? La oración gramatical completa una idea ... la palabra compuesta
no completa sino sensaciones determinadas, considerándolas con especiales y
limitadas relaciones". Procede, para demostrar sus ideas, al análisis de algunos grupos de voces como cuerpo, corporal, corporación, corpóreo, corpulencia, corpúsculo y separa el elemento corp o cuerp de las últimas sílabas: o,
oral, oraci6n, 6reo, ulencia, úsculo. No es preciso señalar lo avanzado de
estas ideas y análisis; aunque hoy hayamos enriquecido nuestros conocimientos, de inmediato nos damos cuenta del parentesco de las teorías del mexicano
con las modernas. Hoy en efecto, a las sílabas que Ramírez destaca como
conllevando la significación, llamamos semantemas, esto es, "los elementos formales de la frase y de las palabras que representan seres o con• Vid. Poesía Española. Ensayo de m~todos y limites estillsticos, Madrid, Credos, 1950.

365

�ceptos y, las sílabas finales son los morfemas, "elementos de la frase y de
la palabra que representan una mera relación", aunque hoy sabemos también que los morfemas no son necesariamente elementos finales, sino que
pueden ir antepuestos.10

•

También hay en El Nigromante ideas muy avanzadas en cuanto a la gramática en general, pues afirma que "Todas las palabras son nombres". Lo
que nos recuerda la clasificación de raíz lingüística que Lenz 11 preconiza
para las partes de la oración, limitada a cuatro grupos: conceptuales, pronominales, de relación y determinación, y las que refuerzan conceptos o proposiciones. Lo importante aquí estriba en el esfuerzo por superar la fundación
estrictamente morfológica de la gramática y darle lo que hoy llamaríamos la
orientación lingüística; "las palabras, afirma, con su sola posición, producen
las partes de la oración y las oraciones mismas: su valor, su movimiento, su
vida, consisten únicamente en este requisito: llamar la atención sobre una
idea determinada, representar la situación y los contornos de las impresiones
sensorias, por fugitivas que sean". Toda la doctrina de Ramírez sobre las
partes de la oración, resulta sorprendentemente moderna y su sapiencia sobre idiomas antiguos: griego, latín, sánscrito y nahua, le sirve de apoyo para
ilustrar sus exposiciones en las que además, como era propio de su época,
se esfuerza en llegar a una gramática general, inspiración que desciende del
grupo de Port-Royal.
Igualmente avanzadas son algunas de sus ideas sobre teoría literaria. Por
ejemplo asegura que "No son los tropos un adorno, sino una necesidad involuntaria ... Y no sólo en el lenguaje común no nos expresamos sino por
medio de tropos; esta costumbre es de tal modo imperiosa, que nos domina
en el lenguaje científico, a pesar de que la educación de las escuelas tiende
a borrar el colorido de la palabra con el proyecto de una propiedad o exactitud que no siempre alcanzamos". "No hay palabras, complementa su idea
en otro lugar, que no pase por la metáfora, por la metonimia y por la sinécdoque", lo que nos lleva a evocar la identificación de estética y de lingüística
general que formuló Benedeto Croce 12 y que apoya en que el objeto de
ambas disciplinas es la expresión.
Su idea sobre los géneros literarios es singular. "La verdadera poesía lírica
es un ditirambo, una embriaguez, una locura" dice casi con palabras de
Platón. Y continúa: " ... cuando dos o más [personajes] aparecen encadena11

Vid. Lingülstica general y española, por V1CENTE GARCÍA DE D1Eoo, Madrid,
Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1951.
11
La oración y sus partes, Madrid, Revista de Filología Española, 1935.
" Estética, MADRID, FRANc1sco BELTRÁN, 1926, 2a. edición española con prólogo
de Miguel de Unamuno.

dos por una misma acción, entonces hay un drama ... El drama no representado, sino referido a una historia y adornado de su lenguaje, se llama
poema".
Sobre la naturaleza y el mecanismo de la metáfora algo hemos visto ya:
" ... así como la impresión directa del signo causa también otra impresión
diversa en el mismo o en el otro sentido, sucede a veces que esta segunda impresión causa por su parte una tercera, y para las dos últimas nos servimos
del mismo signo. Dos fases representan este fenómeno: una directa y una
mversa.
"Directa: veo a una joven, me parece rosa, y la llamo rosa. Inversa: la
joven oye la voz rosa, 1ecuerda la rosa y se complace en parecer rosa. Ella
y yo entonces entendemos por rosa una mujer y una flor. Cuando nos servimos así de un signo, lo usamos en sentido trópico: sería más claro, en
sentido secundario".
Todo está encadenado, como diría El Nigromante. Por esta razón resuelve
tajantemente que sí hay una ciencia literaria, pues "el lenguaje no es más
que una manifestación fisiológica de la organización humana; y porque en
el mismo lenguaje se distinguen fácilmente los elementos individuales y las
funciones sociales y las diversas clases de signos obedecen a leyes constantes
que, una vez encontradas, no será difícil distribuirlas en luminosas teorías".
Aunque en mi concepto esta concepción es errónea, no puedo dejar de reconocer y resaltar la voluntad y el esfuerzo de Ramírez por fundamentar y
estructurar una ciencia literaria. La preocupación es también en este punto
muy moderna y su resultado se llama estilística. "Lo único -se pregunta
Dámaso Alonso- ¿podrá ser objeto de conocimiento científico? Un hecho artístico, un poema -ser individual, no repetido, no repetible- ¿ podrá ser
objeto de conocimiento científico, o sólo de conocimiento intuitivo? Es evidente que toda noción de 'ley' en el sentido físico-natural es aquí inaplicable.
Es evidente que el 'conocimiento' de un fenómeno artístico implicaría la comprensión de la razón de su unicidad, o sea, de su 'peculiaridad', o lo que es
lo mismo, su 'ley interna'. Es decir, terlemos que considerar el fenómeno literario. . . como un cosmos, como un universo cerrado en sí, e investigar su
ley particular -su sistema de leyes-, Jo que le constituye y le constituye único".
Esta es la única posibilidad de construir una ciencia literaria, con Jo que se
ve la comunidad en el arranque de los esfuerzos de nuestro teórico decimonónico y las tendencias modernas.
Debo dejar a un lado otros aspectos de la obra teórica de Ramírez para
señalar brevemente sus opiniones en la crítica. Sobre nuestra propia literatura se muestra escéptico. Al referirse a un discurso de José de Jesús Cuevas
en honor de Sor Juana, decide nuestra pobreza en la literatura. "Si rebajo

366
367

�hasta el mérito vulgar de nuestras supuestas glorias nacionales, afirma, es
porque ha llegado el tiempo de decir la verdad a nuestros jóvenes escritores
y artistas: nuestros tesoros son pobreza... A igual altura se encuentran Netzahualcóyotl y el Arca de Noé, nuestros casimires y Sor Juana y Carpio y
el San Agustín de muchas piezas" ( se refiere al bajorrelieve de la Biblioteca
Nacional). "Mucho me temo -había dicho antes- que al recomponer la
osamenta [de nuestra literatura india] en vez de un poeta indígena aparezca
un fraile español o cualquier otro mastodonte; respetaré en Netzahualcóyotl
todo lo que tiene de fabuloso. ¿ Hay algo en sus endechas que sea superior al
p~nsamiento y al arte que dominaban en la poesía arábigo-española? Dos o
tres poesías líricas no forman una literatura nacional; y si el pueblo azteca
tuvo su Parnaso, sería una temeridad medir su extensión y altura por los
fragmentos de un solo peñasco". Y en su discurso sobre la poesía erótica de
los griegos dice: "Lo que principalmente me atormenta en nuestros jóvenes
poetas es que no los entiendo; ¿culpa será de mis años? Creo que no, puesto
que entiendo los modelos eróticos... Deseo, concluye, que la numerosa juventud entregada al amor y a las musas, se prepare con cantos viriles a ser
digna de la mujer y de la gloria; mal hará en sospechar rivalidad en mis
observaciones, pues las he consultado con Fidel y los dos hemos convenido
en que de todos los jóvenes de nuestra época, sólo Segura canta a todas las
mexicanas" .13

"Al amor", que tiene carácter circunstancial. Gutiérrez Nájera 15 hizo un
acertado juicio de la obra de Ramírez como poeta y maestro de literatura,
señalando en él la contradicción entre las teorías y las expresiones poéticas,
frecuente, por otra parte, en nuestros poetas del XIX: "Cuando hacía versos
confesaba que incurría en una debilidad y se burlaba de sí mismo. En clase
sabía demostrar con los más convenientes sofismas que tal o cual poesía pésima contenía deslumbradoras bellezas o que sus defectos eran los mismos en
que incurrieron los más famosos poetas indios, árabes y persas. . . Se burlaba
en la cátedra con mucha gracia de la hinchada frase de Víctor Hugo, del
lacrimoso sentimentalismo de Lamartine, del falso naturalismo de Chateaubriand; así como se burlaba, con más gracia quizá, de los supuestos clásicos
que hacen consistir toda belleza en la hechura laboriosa de una frase a la
griega, pretendiendo hacer vibrar y conmover con ella oí_dos, inteligencia y
corazones que no son griegos... El mismo Ramírez como poeta, incurría en
los defectos que señalaba como crítico..."
Hay, sin embargo, en ciertas poesías de El Nigromante una nota que le
distingue de los poetas "sentimentales" contemporáneos y es lo que hoy llamamos "el dolor cósmico" tan hermosamente expresado en la elegía citada
y es de lo poco que todo el mundo recuerda de él:
Madre Naturaleza, ,-a no hay flores
por do mi paso vacilante avanza:
nací sin esperanza ni temores;
vuelvo a ti sin temores ni esperanza.

De tan estricto teórico y crítico, podría esperarse una poesía singularmente

prosaica, pero no siempre ocurre así. Ya le hemos visto combatir contra todo
elemento ideal; también se declara un escritor comprometido, como decimos
hoy. En 1846, en uno de sus artículos aparecidos en Don Simplicio hace esta
rotunda declaración: "Hoy no se puede cultivar la poesía por amor a la
poesía, pues la gloria del poeta no pasa de una academia, y hay cien academias en cada pueblo, que se desprecian mutuamente. Hoy el laurel debe
servir de pasaporte para otra carrera para" ser algo, pero no parte en la sociedad, aunque sea alcalde. . . Según esto ¿cuál es la misión de la poesía en
el siglo que vivimos? La de instrumento".u
La obra poética de El Nigromante es poco conocida y menos estudiada.
En las Obras se recopiló una parte mínima de sus poesías satíricas y, en
cuanto al resto, nuestras antologías sólo recogen unos fragmentos de la robusta elegía en clásicos tercetos "Por los gregorianos muertos" y el soneto

El episodio de la pasión senil de El Nigromante por Rosario, Rosario la
de Acuña, dio origen a sátiras y burlas a su costa. Revolvióse Ramírez contra
sus injustos burladores, pues en el caso mantuvo la dignidad personal que
manüestó haciendo chistes de sí mismo, como en el soneto "Mi retrato" que
figura en el Album que él mismo abrió con un dístico rotundo:
Ara es este Album: esparcid, cantores,
a los pies de la diosa, incienso y flores.

Contra sus enemigos escribe un soneto magistral que encierra el dolor profundo de su herida amorosa:
{ Por qué, Amor, cuando expiro desarmado
de mí te burlas? Llévate a esa hermosa
doncella tan ardiente y tan graciosa
que por mi osettro asilo has asomado.

" "Poesía erótica", Obras, t. l. Cita varios textos de poetas mexicanos, de los cuales sólo he podido identificar uno que pertenece a "Un beso nada más", de Pasionarias, de Manuel M. Flores. En cuanto al Segura que cita, me inclino a creer que se
trata de José Sebastián Segura.
" Don Simplicio, número 16.
1
'

Ignacio Rarnírcz, maestro de literatura, op. cit.

368
369
H24

�En tiempo más feliz, yo supe, osado,
extender mi palabra artificiosa
como una red, y en ella, temblorosa,
más de una de tus aves he cazado.
Hoy de mí, mis rivales hacen juego,
cobardes atacándome en gavilla;
y libre yo, mi presa al aire entrego.
Al inerme león, el asno humilla;
vuélveme, Amor, mi juventud, y luego
tú mismo a mis rivales acaudilla.

Las poesías de Ramírez fueron recogidas, como he dicho, en el primer
tomo de sus Obras y antes, como también señalé, en 1885 se le dedicó uno
de los Parnasos de la colección dirigida por Riva Palacio. Es casi seguro que
queden por recopilar muchos poemas, pero no he tenido tiempo sino para
recorrer rápidamente las páginas de Don Simplicio y La Chinaca.
Buena parte de las composiciones inéditas publicadas en las Obras se ajustan a la idea de Ramírez, según la cual la poesía debe ser instrumento; de
ellas he hablado algo en mi trabajo sobre Acuña.
Dejando a un lado esa poesía "comprometida", lo mejor se encuentra en
la poesía trascendental y la amorosa.
Andrés Henestrosa ha planteado la cuestión de si un soneto reproducido
en la publicación literaria El Iris, de San Juan Bautista de Tabasco, correspondiente al 10 de noviembre de 1895, es o no de la pluma de El Nigromante;
se trata de un soneto religioso "A la excelsa Virgen de Guadalupe", cuyo texto
es el siguiente:
Conteniendo el incendio y la matanza
que a los aztecas míseros devora,
te apareciste, Celestial Señora,
como un iris de paz y de esperanza;
y cuando Hidalgo a combatir se lanza,
te ha contemplado el pueblo que te adora
brillando en su bandera vencedora,
y bajo tu sonrisa el triunfo alcanza.
Hoy en la Patria se oscurece el día
y sus hogares el furor enciende. ..
¡Hoy por tercera vez sé nuestro faro!

370

¡ Hoy la demencia, sanguinaria, impía,
en tus altares mismos nos ofende ... !
¡Hoy por tercera vez sé nuestro amparo!

En las páginas de Don Simplicio encuentro este otro soneto a Nuestra Señora de Guadalupe, que tiene el mismo espíritu del primeramente citado:
Flor del Tepeyac, Virgen María,
bien de las almas, iris de ternura,
en sus revueltos mares de amargura
faro celeste de la patria mía.
Haz que la libre Dios de la anarquía,
destierra de su seno la locura
y que en su oriente mire con ventura
del patriotismo y de la unión el día.
Madre del indio, palma americana,
que México pronuncie sus conjuros
en contra de la turba rejoniana
y de los monarquistas hoy obscuros;
libra del yankee a la nación indiana
y a tu hijo Simplicio de los puros.

Sin tener tiempo para fundar mi idea, este último soneto lo atribuyo a
Vicente Segura.
No he tenido tampoco oportunidad de estudiar detenidamente las razones
que Henestrosa alega para atribuir el primer soneto a Ignacio Ramírez; me
explica que está firmado "l. Ramírez", pero debo hacer constar que Alfonso
Taracena discrepa y cree que pertenece a un poeta tabasqueño de nombre
José Ramírez, y que la firma l. Ramírez debe leerse J. Ramírez.
Lo poco estudiada que está nuestra literatura del Siglo XIX, explica cómo
es posible que a Ignacio Ramírez se le clasifique unas veces entre los neoclásicos y otra entre los románticos 16 y poco nos ayudaría para zanjar la
cuestión decir que neoclásico por la forma y romántico por el contenido.
,. Véanse Poesía romántica, prólogo de José Luis Martínez y selección de Alí Chumacero, México, Imprenta· Universitaria, 1941 (BEU, No. 30) y Poesía Neoclásica,
México, Imprenta Universitaria, 1946. Selección e introducción de Octaviano Valdés (BEU, No. 69).

371

�Señalo el problema para que un mejor preparado que yo lo resuelva, y urge,
pues simultáneamente con la solución o, mejor dicho, como antecedente para
resolverlo, tendrá que hacerse un estudio a fondo de nuestro romanticismo
que tiene -arriesgaré una opinión- una fisonomía especial entre los americanos.
Confío, eso sí, en que el planteamiento de la cuestión suscite el interés
de nuestros jóvenes investigadores a quienes está llamando con urgencia la
penuria de nuestras investigaciones literarias que, veo con alarma, están remediando, y muy bien, los investigadores extranjeros.

Sección Tercera

HISTORIA

372

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Señalo el problema para que un mejor preparado que yo lo resuelva, y urge,
pues simultáneamente con la solución o, mejor dicho, como antecedente para
resolverlo, tendrá que hacerse un estudio a fondo de nuestro romanticismo
que tiene -arriesgaré una opinión- una fisonomía especial entre los americanos.
Confío, eso sí, en que el planteamiento de la cuestión suscite el interés
de nuestros jóvenes investigadores a quienes está llamando con urgencia la
penuria de nuestras investigaciones literarias que, veo con alarma, están remediando, y muy bien, los investigadores extranjeros.

Sección Tercera

HISTORIA

372

�EL LICENCIADO FRANCISCO DE BARBADILLO VITORIA
Pacificador y fundador de pueblos
ISRAEL CAVAZOS GARZA

Universidad de

uevo Lc6n

A FIN DE TENER UNA IDEA de la situación imperante en el Nuevo Reino de
León, en la época del personaje de que nos vamos a ocupar en este ensayo
biográfico, conviene señalar una de las instituciones que pudo haber sido de
las más benéficas, pero que degeneró en forma verdaderamente alarmante;
la encomienda.
Establecida por las sabias leyes españolas con la sana intención de po·
ner al indio al cuidado del español, al que era encomendada su protección
y doctrina, la codicia y el abuso desvirtuaron su noble finalidad.
Originalmente, en la época de Carvajal, se recurrió aquí a medios violentos para la adquisición de indios, o de "piezas", como se decía entonces.
Pero no con el propósito a que se referían las leyes, sino convertido en un
ilícito comercio de esclavos, que llegó a ser el modus vivendi de los primeros conquistadores de esta régión. Las gentes de Montemayor continuaron
tales actividades, aunque con menor crudeza, y Martín de Zavala recibió la
facultad de repartir, al mismo tiempo que las tierras, las tribus de indios;
con los mismos fines de protección y de evangelización.
Continúan, sin embargo, los abusos. Alonso de León censura acremente a
Martín López, de Coahuila, quien entra a hurtar indizuelos para vender;
pero que acaba su abominable oficio muriendo, dice, a manos de su propio
pecado. 1 En esta insaciable sed, encuentra también Andrés de Arauna, al
morir a manos de los indios "el premio que se saca de semejante vicio". 2
Califica de insaciable codicia la de este y muchos encomenderos, de traer
1 ALONSO DE LE6N. HiJt01ia de Nuevo L16n .. . Centro de "Estudios Humanísticos.
Universidad de uc,-o León. Monterrey, 1961, p. 89.
• /bid., p. 99.

375

�indios a su servicio. Aunque no ,·e en ello más que la ostentación y van:da,/
de saberse dueños de numerosos indios; sin que para ello les importe que
sean ajenos o que tengan cl menor escrúpulo en hacerlos de la nación que
más acuento les está. 3 Justifica las con\'ocaciones de los indios, en determinadas épocas. Al arrebatarles sus hijos, tienen que rebelarse, r defenderlos
como una gallina embestir al milano. Sólo de este modo podían salir del yugo en que vian. •
Ningún juez quiere verse malquisto )' aborrcciclo. Cuando alguno tiene
conocimiento de estos abusos, mejor se abstiene- de intervenir. Tal stá esta
peste infernal -agrega- y la fácil condición dr los indios, e11 seguir lo que
los amos, con dos varas de sayal )' un poco de tabaco, les dicen.•
El gobernador Zavala realiza periódicamente visitas oficiales a las haciendas, vigilando este aspecto. Pero no basta esta vigilancia a contener el abuso.
La actitud oficial se hace a su ve-¿ reprobable, cuando recurre al pretexto d
de tierro o condena a trabajos forzosos a los indios culpables, y verifica
remates de éstos para que purguen sus culpas en los centros mineros del interior de la ueva España.
A la muerte de Za,·ala esta situación se recrudece. Los gobernantes, con
pocos escrúpulos, son pr6digos en otorgar mercedes de rancherías de indios
a los vecinos. Y éstos han extendido su radio de acción a fin de hacerse de
brazos para el trabajo, a zonas alejadas del reino.

Los cronistas de la época y los manuscritos existentes en los archivos, ha.
cen cada vez más sombrío este cuadro. 1\fota Padilla, Santa María, Arlegui,
y otros cronistas religiosos, condenan la actitud de los reineros. Había un
cargo oficial de protector, pero, siendo l!Ste juez y parte, no cumplía su ofi-

cio. La institución de las congren-as! benéfica en el fondo, insistimos, degeneró
en extorsión y esclavitud. "La codicia -dice el P. Santa María- tomó el
lugar de la piedad", y el indio sufre el peso del trabajo continuo, sin retribución alguna. Concluídas sus faenas ha de buscar su alimento en el campo, quedando en rehenes sus mujeres y sus hijos; ellas obligadas también a
labores pesadas, sujetas a servidumbre en haciendas, obrajes o reales de minas. Quien logra escapar de tal situación torna a los montes con los suyos,
y su natural odio al blanco se redobla y los asaltos, las incursiones y la guerra
son constantes.ª
o ,·alen Jas queja frecuentes de los misionero , los cuales elevan a] go-

•
1

/bid., p. 98.

• Ibid., p. 65.
' /bid., p. 98.

• J. Eu:UTERJO GoNZÁLEZ. Colección de Noticias y Documtntos para la Historia
d,I l:'stado de N. Lrón . . . Tip. de Antonio Mier, Monterrey, 1867, pp. 31 y

biemo angustiosos memoriales; ni el clamor de grupos indígenas que suelen
hacer viaje a pie a Ja ciudad de México, a presentarse personalmente en el
palacio de los virreyes. Las providencias de aquéllos, y las de los monarcas,
son condenatorias y con reprensiones mu)' severas. La distancia. sin embargo
es aliada eficaz de los culpablrs r no hay remedio posible.
En el último tercio del iglo XVII y primero del XVIII, observamos en
los archivos infinidad de documentos tendientes a mejorar la situación. En
la imposibilidad de analizar cada uno de éstos, baste eñalar algunos de lo!\
títtúos que aparecen asentados en los inventarios: Que la conversión de los
indior Je Jiaaa por prrdicocione.r, co11.nrenándoloí eri pueblos y 1tpa1tiéndol s
ti rrar ( 1672). Que se ordene la reducción y admi11ist1ación de los indios de
Coahuila )' , uei,o Reino de León ( 1675). Prohibiendo averi_rruar por indios a
las p11erlas rle la (f!lesia (sin f erha). Que u /ion(!a remrdio a la rrdurción d(!
los indios drl Nuevo Reino de León (s/f). Que se. at•erÍ!!ÜI' lo maltratados
que son los indios, por los dueños de otras haciendas, de lm provincias de
Río Verde, Tampico y Nuevo Reino dr León (1689). Que se a1,:erigüen los
excesos cometidos por los gobernadores de Coahuila y Nuevo Rei11o de Leó11
(1703). Sobre el modo de castigar a los indios (1705). E11carf!a11do se. cuide
mucho la manutención ,. aumento de los indios y buen tratamiento de los
11atu rales ( 1709} ; etc., etc. 1
Otro factor importante contribuye a 1a grave&lt;lad del problema. El crecimiento prodi~ioso de la ganadería, en Ja5 po trimerías del X"VII · alborc
del XVIII, hace que el abuso de los \·ecinos sea imitado por los mayordomo.
y pastor s que sólo cst..m tt'mporalmcntc c.n cl Tuevo ReinoJ procedentes
del interior, con sus grandes haciendas de ovejas. u crueldad es correspondida con los ataques de los naturales y el hurto de grandes cantidades de
ganado. Haciendas enteras son asoladas y las muertes y los daños jamás acaban. El gobierno local es impotente para mantener la guerra.

Ju

TA DE GUERRA y IIACU:":NDA

Todos los gobernadores plantean constantemente al virr inato te panorama, p ro con los resultados que dejamos ex-puestos.
Durante la administración del duque de Linares, tiene lugar sin embargo
en la ciudad de México, una de fas junta de Guerra y Hacienda, decisiva
para el Tuevo Reino, y sin precedente en su lú toria.
' Indice d, Rtaltr Cídulas re/atiua., a Nue.10 Ltón, 1651 -1820. En: lfumnnitas.

Univenidad de Nuevo León, Mont ·rt.('y, 1962, pp. 231 ,

376

377

•

�Esta se efectúa el 22 de agosto de 1714; es presidida por el virrey, duque
de Linares, y asisten a ella veinte funcionarios entre oidores, alcaldes de ~orte, contadores del Real Tribunal de Cuentas; factor, veedor, t sorero Jueces oficiales reales de la Audiencia y Caja; contador de tributo , y el fiscal
1
de • M. de lo civil. La regia sala de la Audiencia se ve poblada de la policromía de los trajes de la época, y de las albas y onduladas pelucas d los
graves doctores, ministros togados y caballeros de las órdenes militares.
Da cuenta el virrey de cuatro gravísimos asuntos, relacionados integramente al Nuevo Reino de León. En primer término, la instancia del gobernador Francisco de .Mier )' Torre, sobre las continuas hostilidades de los
indios y sobre la necesidad inaplazable de crear una compañía ;º!.ante, que
recorra constantemente eJ reino, a fin de sofocarlas. Su mantenumento, habría de correr de cuenta de los anaderos, como más afectados. Da a conoct"r asiini mo S. E., los autos referentes a la fundación de la Villa de an
Felipe de Linare autorizada por él por haberse asffltado en un punto estratégico para la contención de las in\'asione de los_ bárba:os, procedent~s
de Tamaulipas. Se considera igualmente la controversia suscitada con mollvo de dicha fundación y que había motivado Ja guerra del pueblo de San
Cristóbal de los Hualahuises, afectado en su jurisdicción. Finalmente, y como lo más importante de todo, un escrito de Fr. Juan de Lozada, presidente
del convento de San Andrés, de Monterrey, y procurador general de la provincia franciscana de Zacatecas. Denunciaba Fr. Lozada el daño temporal
y espiritual de los naturales, a causa de las congre~as '! el extr ~o de ~torsión y esclavitud a que éstas habían llegado. Los md10s no teruan ya libertad ni para casarse. Hacerlo, significaba perjuicio para el hacendado, por la
separación del servicio personal. De ello habí~ sobrevenido ~~chos casos
de concubinato y amancebamiento, tan combatidos por los mJSJoneros. Fr.
Lozada no veía otra solución a esto que la creación de pueblos indígenas,
como tanto lo encargaban los re)·es en sus reale órdenes; dotándolos de úerras suficientes y facultando la extracción de familias tlaxcaltecas del Saltillo y de Venado, a fin de que colaboraran a la instrucción de los chichimecas en la vida civil.ª
Don José Antonio de Espinosa Ocampo y C~mejo, fiscal de S. M.~ con u
acostumbrada prudencia, e.-cpone que la solución a estos casos reqwere tres
años por lo menos. Tiene una vasta e,..-periencia en ell~ y ~ que las doscientas leguas qu hay al Nuevo Reino harán necesario ese tiempo, que se
iría en expedir despachos, hacer pruebas, expedir informes, oír representaMS. Comisi6n al Sr. Lic. Barbadillo... Archivo General de la
Ramo Reales C~dulas, Duplicados. Tomo 38, f. 192 v.

ación, México.

clones, etc. Estos no eran generalmente suficientes para definir, por las pasiones o encono de los informante ; r. entretanto, peligraba la conseIVación
de la fe. Sugiere, por lo mismo, la designación de un enviado especial; y que:
dada la gravedad del caso, conviene que sea nombrado uno de los señores
ministros que, con "autoridad y toga, adquiera plena obediencia y sujeci6n";
y al que los gobernadores, no con ideraran su igual.9
Lar~mente deliberadas 1as facuJtades de que ha de ser investido el juez
en comisión, se acuerda que éstas deberán ser absolutas¡ bien fueran correspondientes a la Capitanía General; a la Junta General; referentes a
la Real Hacienda, o a crímenes y e.'Ccesos; "Jw.gando a como hubiese lugar. aun en lo qu hubiese duda, y, entendiendo de todo, fuese obedecido,
temido y respetado". 10
Aunque el propio fiscal había propuesto originalmente a don Pedro de
Castro y Coloma, recién llegado a México de su corregimiento de Zacatecas, el \.'irrey decide nombrar, por decreto de 27 de agosto (de 1714) a uno
de los señores alcaldes de corte de la Real Sala del Crimen: el Lic. don Francisco de Barbadillo Vitoria, "fiado del celo que le asiste del servicio de ambas majestades, y de su literatura''. 11

BARBADILLO EN NUEVO LEÓN

Hechos los dispositivos del caso, emprende el alcalde de corte su viaje "tan
molesto, incómodo y dilatado" (así lo califica él en uno de sus escritos). La
jornada se prolonga por más de mes y medio, pero no hay por fortuna incidentes que lamentar. El "irrey había girado instrucciones terminantes a gobernadores y autoridades del tránsito~ para que le diesen todo género de auxilio, bastimentos y escoltas, "pena de 2,000 p os, aplicados a la obra del
real palacio".
Llega el Sr. Barbadillo a fonterrey el día de los anto Inocentes (28
de diciembre), de 1714. Convoca inmediatamente a cabildo al Ayuntamiento
reinero; presenta al gobernador su despacho, y éste lo besa y pone en su cabeza y en la de cada uno de los presentes, en señal de acatamiento.
Desde el primer in tante sabe imponer su alta invesúdura, y, sobre todo,
la energía de su carácter. Cuando alguien le pregunta dónde había de poner
los pueblos, si todas las tierras estaban cedidas a los conquistadores, dijo:
• lbid.
" lbid.
11 lbid.

378
379

�que buscaría el sitio o que lo hallaría. Dijo, adcmásJ que si el propio gobernador intentara oponerse, le quitaría el bastón y lo echaría del reino; y que
si una mosca fuese capaz de castigo y se opusiera, le daría garrote.12
Por principio de cuentas y con toda actividad, procede a integrar la Compaíúa Volante, a fin de ir personalmente a bajar de Paz a los indios que se
habían remontado en la sierra de San Carlos, de Tamaulipas. En.medio de un
ambiente hostil y de oposición, sordamente manifiesta, pero a la que se muestra siempre indiferente, realiza su tarea. Lo que más exaspera al español es
que el indio que se acerca a Barbadillo, es escuchado con bondad y perdonado, por grave que sea su delito. Aquí priva el concepto de que los indios s6lo

por miedo se sujetarían al rey, al trabajo, a la cristiandad y religi6n y no de
otra suerte. 13 Por otra parte, se tiene también el de que la ley deja de ser ley
cuando es en daño y no e,i utilidad común, ,, que, en tal caso, ni obliga cédula, ni obliga ley, ni debe obedecerse, ni mucho menos cjecutarse.i. Esta
actitud está justificada por más de un siglo de completa desvinculación de la
autoridad virreinal, y mucho más aún de la peninsular. Barbadillo habrá de
cuidar, sin embargo, de hacerla cumplir. Cada indio atendido por él, se convierte en portavoz de este inusitado proceder, y pronto se ve el fruto.
Trae de México el alcalde de corte, a Manuel de la Torre receptor y escribano real, y a otras personas capaces que han de auxiliarle. Aquí sólo en-

del Pilón. El 4 de septiembre se practican mte,·amcnte ante Fr. Tomás del
Páramo, y quedan fundados los pueblos de Purificación y Concepción, que
perduraron hasta la consumación de la Independencia, en que fueron incorporados a Montemorelos, y son conocidos ahora como Escobedo y Gil de
Leiva. 16
En cumplimiento de su comisión, interviene en el conflicto de Hualahuises
por la invasión de sus ejidos al fundarse Linares, y se manifiesta absolutamente favorable al pueblo indígena, de acuerdo con las leyes. Tiene escrúpulos para disponer el traslado de Linares; los manifiesta al virrey; la resoluci6n nunca llega y Barbadillo dispone, el 14 de noviembre de 1715, el cambio de la dila a Ja ribera del río de Pablillo. Puede considerársele, por ende,
fundador de Linares, pues aunque Villegas Cumplido había establecido la
villa primiti,·a en la Hda. del Rosario, donada por él, y las nuevas tierras
son también suyas, al alcalde de corte se deben todas las diligencias del traslado, padrones de familias, vigilancia en la nueva traza, apertura de acequias,
etc. El 14 de febrero de 1716, la visita nuevamente, y la encuentra conforme a sus disposiciones; dos meses más tarde, el 16 de abril, le señala terrenos
para ejidos y propios practicando las medidas correspondientes.17 Puede con.
siderársele, insistimos, como fundador de Linares, villa para la cual tuvo
siempre especial afección, como veremos más adelante.

cuentra dos hombres que se entregan íntegramente a su servicio: el capitán
Juan Guerra Cañamar, de quien Barbadillo escnbi6 alguna vez al virrey, que
sus hazañas no tienen más desgracia que no haber sucedido en Flandes; 16 y
Fr. Juan de Lozada, iniciador de esta empresa y que jamás ha de darse punto
de reposo. Uno y otro se remontan a la sierra, y logran que los indios les sigan.
Y surge entonces la capacidad del juez en comisión como poblador. Con un
tacto verdaderamente admirable, repuebla las misiones de San Antonio de
los Llanos, hoy Hidalgo, Tamaulipas, despoblada desde tiempos del gobernador Azcárraga ( 1673) ; impulsa asimismo las de Río Blanco y Labradores;
y repuebla las de Hualahuises y Agualeguas.
El 15 de mayo de 1715, había delimitado la legua correspondiente para
la fundación del pueblo de Purificaci6n; pero, viendo la conveniencia de que
no sea un solo pueblo, sino dos, por la comodidad de la tierra, nulifica las
medidas y comisiona al receptor para hacerlas de nuevo, a una y otra banda

Para la fundación de los pueblos indígenas, recurre a la vieja ley que establecía poder utilizar las tierras ya mercedadas, si fuesen necesarias para poblar. Las en que se fundan Purificación y Concepci6n, son expropiadas, si vale el término, a Juan de Le6n. Igual procedimiento sigue para la fundación
de otro pueblo a inmediaciones de Monterrey, por el oriente: registra personalmente los sitios y aguajes y determina poner pueblo en las antiguas haciendas de Pedro Guajardo, Jo é de Trcviño, los Orhoa de Eleja!de y Doña
Nicolai;a de Escamilla. En febrero de 1715, jnstala allí a más de mil indios
chichimecas, y posteriormente, el 4 de enero de 1716. les da el título de pueblo con el nombre de tra. Sra. de Guadalupe. 1

" MS. R11presentación que /lacen los vuinos dt esta Ciudad, contra el A.lea/de de
Corte. (Testimonio). Archivo Municipal de Monterrey, Protocolos. 1715, 7 fs.

11 DAVID ALBERTO Cossio. Historia de Nuevo León. J. Cantú Leal, editor,
fonterrey, 1925, t. TII, pp. 30 y u.
17 GoNzÁu:z, op. cit., pp. 41 y 193 .
11 MS. (Testimoruo de las)
dilig,ncias que se prricticaro11 ... (para} la fundación
d11l pueblo d, Ntra. Sra. de Guadalupe. Archi\'O Municipal de Monterrey, cxp. 3, Jeg.

,. lbid.
" lbid.
u MS. Carta del Lic. Barbadillo al Virrey. Cadereyta, 16 de mayo de 1715. ArCorte, (Testimonio). Arcruvo 'Municipal de Monterrey, Protocolos, 1715, 7 fs.

380

Esta medida expropiatoria, provoca la protesta de los vecinos. En escrito dirigido al virrey, dijeron que lo había hecho en menos de tres días, sin darles
más términos ni otras tierras. "Al tercero día -dicen- ven entrar µos españoles] por sus puertas al padre doctrinero [Fr. Sebastián de Torres] )' a los

123, año ] 823.

381

�indios echándolos de sus casas para entrar ellos, sin que estorbasen a dilatar
tal resolución las lágrimas y llantos de mujeres )' doncellas, huérfanas y huérfanos desvalidos, que se veían arrojados de sus casas, sin rrf ugio alguno, viendo en el campo sus alhajas, sus personas y sus bienes. 111 En el caso de los pueblos del Pilón, decían que quedaron tiradas las familias y sus bienes por ]os
campos, con Lástimas y sentimientos que entemecía11 a los más barbáros, como se puede considerar de unas matronas, señoras y doncellas, que se vetan
arrojadas de las mismas casas donde nacieron y se criaron sus abuelos )' sus
padres, y se criaron ellas, viéndose derrepcnte sin ca.ra, abrigo ni habitación,
arrojadas en los campos, debajo de chaparros y me.zquites.20
No dejaba de ser exagerada la pintura. Todos los españoles afectado
son dueños de buenas casas en Monterrey o en el Pilón y po een, además,
extemiones de tierra muy considerables en distintas regiones del reino.
Claro que con\'iene considerar también a fonterrcy, al \'erse in\'adida de
pronto por tanto indio, que, con la libertad que les ha dado Barbadillo,
entre matorrales y chaparro.t andan de dia )' de noche con toda libertad.
Cuanta mu rte y robo ocurre a partir de entonces es atribuida a los pames
y comcpescados de Guadalupe.
En cada uno de estos pueblos, establece ayuntamientos indígenas a los
cuales entrega un estracto de las leyes que más los fa,·oreccn. En cada uno
deja también, previas gestiones ante la Provincia de Zacateca.s, un misionero franciscano que ha de ,·ciar por la doctrina e instrucción de los indios, y
de protegerlos del español. El misionero ha de ser íntegramente un ap6stol.
Ha de ir tras el arado abriendo la tierra y enseñando al indio a culth·arla.
Cuidará de los implementos agrícolas y otros bienes materiales de la misión;
procurará el aumento de las cabezas de ganado menor y mayor, y habrá de
distribuir, con un sistema absolutamente comunal, las semillas y los frutos cade ocho días, a cada familia, en proporción a su número. Lo misioneros, al
decir de Barbadillo, han de ser cua11do no ángeles más que hombres. 21
Coincide la e tancia del alcalde de corte aquí, con el paso luminoso de Fr.
Margil de Jesús, y colabora Barbadillo con él para el establecimiento del hospicio de Boca de Leones. 22 Estimula y alienta también a los naturales de San
{igucl de Aguayo, y ante él otorga Ana taría, india viuda de Bemabé García,
Sicut, nota 12.
,. lbid.

la donación del Cristo de Tla.xcal a los vecinos del pueblo, el 19 de Dic. de
1715, a cambio de 18 !anegas de maíz, con que sustenta, JU vejez. u
A Barbadillo se debe, de hecho, la restitución de los curatos a la orden
franciscana, de que habían sido desposeídos por el obispo Camacho y Avila
tres años antes y que habia sido causa muy primordial para el estado lamentable en que se encontraba el reino. A petición suya, es nombrado Fr. Lozada
comisario de misiones, a la vez que presidente del convento de Linares. Barbadillo, pues, contribuye notablemente al impulso de las misiones v a la evangelización de los indios.
·
Su obra como pacificador, es verdaderamente importante. Ya le hemos \'isto acudir personalmente con Guerra Cañamar y Fr. Lozada, a bajar de paz
a los indios de la . ierra de San Carlos, que pasaban de cinco mil. Apacigua
a los pamoranos de Ccrralvo, y en menos de seis meses de permanencia aquí
dice que el reino disfruta de cuasi sosiego. (Jun. de 1715). Y es no s6lo el pacificador pero el libertador de los aborígenes nuestros. Diversos historiadores
asientan que decretó la abolición de las congregas. El precioso documento no
ha sido localizado en nuestros archivos, y en nada mengua su mérito el que
tal disposjción haya obedecido al encargo expreso que en este sentido tenía de
la junta general convocada por el duque de Linares, dado el ambiente en que
logró realizarlo."

RETORNO A

México

Pero Barbadillo había venido a1 cumplimiento de una comisión y, realizada
' ta, había de regresar a México. Habiendo llegado a Monterrey, como hemos dicho, en diciembre de 1714, permaneció aquí hasta poco después de
abril de 1716, esto es un lapso de 16 meses muy fructíferos. Es verdaderamente
admirable por cierto que un hombre de ]a importancia de Barbadillo, habituado al refinamiento de la corte y a una vida de grandeza, se adaptara
al medio tan difícil de estos pueblos.
Vuelto a la ciudad de féxico, da cuenta al Virrey del resultado de su misión. Ya lo había hecho por medio de una correspondencia frecuente, señalando, sobre todo, la necesidad de reprender con toda severidad a aquellos vecinos que le fueron hostiles, y aun a1 propio gobernador Francisco Bácz de

11

Carta de Barb:idillo, cita.da en la nota 15.
11
fS. Donación para ,1 hospicio de Boca da Leones . .. Archivo Gtneral de Notaria!
del Distrito Federal. Protocolo de Manuel d la Torre. Vol. 666, 1715-1736.
11

382

u /bid.

,. La Junta de Guerra facultaba a Barbadillo: . , .para r6cibir los indios d, las congr6gos qua hay y se estilan ,n ,l (r,foo) de Ltón, los p6rjuicios )' utorsiones, los quite
lw110 di 11/as, los r,du:ca a poblacion,s, et&lt;. MS citado en la nota 8.

383

�Tre\'iño, quien como natural del reino, se veía influenciado por éstos. Lo hace
así el Yirrey, y obliga además a comparecer ante sí al gobernador, que, en más
de dos meses de permanencia n ~{é..,.ico: tiene dificultade para sincerarse de
su actitud. Hombre digno r noble, pero envuelto en una situación general
de tal naturaleza, vuch·e a Monterrey notablemente cnfenno; le sobreviene
un achaque de /1trl sía (como ce llamaba entonce a la parálisis), y muere:
~iendo ustituído por don Juan Ignacio Flor
fogollón.
Entretanto que Barbadillo reasume nuevamente su alto cargo en la Alcaldía
de Corte, las cosas en el •uevo Reino toman a empeorar. Renacen la codicia
y la saña de algunos malo españoles, que sin cau a daban sobre los pueblos
indefenso y r~cataban a sus antiguos indio .
La disposición de Barbadillo en el sentido de que salieran del pueblo sólo
para trabajar, previa remuneración, para nada es obedecida, y poco a poco
van d poblándo lo lugares sin que valgan de mucho el esfuerzo del miionero ni la mediación de las familias tlaxcaltecas. Desaparece la compañía
volante¡ vuelven los protector ·s a er instrumento de los hacendados; etc. La
situación tiene algún alivio cuando el obispo Mimbela restituye definitivamente los curatos a los franciscano ; ma el mal requier nuevamente de remedio , el licenciado Barbadillo es nviado una vez más a Monterrey, pero
investido ahora con el título ele gohcrnador y capitán gmeral del uevo Reino
de León.

BARBADILLO GOBERNADOR

En algunos documentos del Archivo General efe Notarías, de la Ciudad de
México encontramos que el 25 de julio de 1719 se halla todavía en la capital
virreinal pró.timo a salir de esta ciudad, dice. Con esta fecha otorga poder a
don Antonio de 'avía, procurador de los de número de la Audiencia, para
todos sus pleitos y negocios: )', posiblcm nte a fines del mismo m , emp ncle su viaje al norte.~ 6 El viaje, en esta ocasión, e menos prolongado. Al mes
justo de su salida, llega a Montcrn.}, La fecha de su posesión como gobernador era ignorada hasta ahora. Encontramo, afortunadamente, una carta suya al marqués de an 1igue1 d A"uayo, fecha 28 de agosto, y le dice: A.ycr
tomé posesi6n del gobiemo, etc.'º
sa , 1S. Podrr ••. Protocolo d Fran&lt;"iS&lt;'o Dionisio Rodríguez. Archivo Gral. de • 'otarías, 73-J. 1719-1722, R 576, f. l.

• M , Carta ol marqués .. . Archi\o Municipal de Montrrrer, Ci\'il, Vol. 46, E~p.
6, 1719, f. 9.

Y llega en circunstancias en que tiene lugar el acontecmucnto más notable de su administración. El propio marqués de Aguayo le pide am,ilios, porque un grupo de franceses al mando de St. Dennis se ha internado en Te:·as
y se ha posesionado dC' las misiones de San José, Corpus y San Antonio, fundadas por los franciscanos.
Con actividad extraordinaria, libra órdenes al alcalde de Boca de Leones,
a fin de que disponga 80 cargas de maíz, e igllal número de bestia~ aperadas,
para su conducción hasta an Antonio. Logra conseguir 130 caballos, a 6 pesos cada uno, y reúne 25 hombres para que mar hen a $altillo. Del mi mo
modo hace traer azufre de Labradores y Río Blanco, para la fabricación de
pólvora, y se manifiesta, en fin, servidor fidelísimo de los intereses rea1c .37
En esta ocasión nos revela también la energía de su carácter. El alcalde de
Boca de Leones, Pedro de las Fuentes y Campos, se muestra poco diligente en
el cumplimiento de las órdenes del gobernador · éste le reprende severamente. En materia de precisi6n ,, el empeño de nuestro Rey, no se me detenf!a e,i

política ni etiqueta: pu,•s todo el aprrslo, en no bastando insinuación urbana,
Vmd. se valga de i1ioln1cia ,, apremio, hasta conseguir el fin de que el servicio del Rey se ha~a. 28
No suceden otras cosas notables en su gobierno. Restablece la compañía
volante; restituye a los protcctore ; Fr. Lazada prosigue su labor e,·angelizadora; incrementa las milicias: tiene algunas ausencias de Monterrey, que son
cubiertas por su teniente don Luis García de Pruneda; ·, en fin, se disín1ta
de tranquilidad relath·a.
Dura su gobierno cuatro años. Vuelve a México mediado el año de 1723,
y es sustituido por don Juan de Arriaga r Brambila, tipo funesto que dura poco, por fortuna, en el mando, pues pasados apenas unos meses, es llamado a
México, acusado de violencias con los e pañoles y de igual procedimiento con
los indios. El misionero de Guadalupe se queja de que atropelló la misión para sacar dos indias pequeñas, por medio de una escuadra de oldados, a la que
había dado orden de prenderle al pueblo i el misionero se oponía. 20
" /bid.
• Carta de 4 de st&gt;ptkmbrc de 1719. /bid.

" La conducta de- Arriagn motiv6 1 nombramiento de otro juez en comisión: el
Lic. Francisco Antonio de- Bustamante, "quirn pas6 al •. R. de Lc-ón. a harcr a\'eriguación aumaria que, remitida a México y vistas las pruebas, &lt;"omprendian al gobl'rnador en la prohibición de las leyes y digno d su. penas, por haber faltado a la
obligación t'n que lo constituyó el empleo... no "ólo 1•0 la obscn•ancia de lo político y
económico. . . sino aun en lo órdenes militares ... a fin de que los pueblos estuviesen
amparados de las alteraciones ... le sus¡xndió r le hizo romparecer a tomar la confesión y recibir clcacargos, nombd.ndo e en su lul(ar, durante el tiempo de su proceso

381
385
fW

�QUIÉN ERA BARBADILLO

¿Pero, quién fue el Lic. Barbadillo, aquel "hombre justo, benéfico y de una
energía incontrastable", como lo describe Gonzalitos, y al que tanto debi6 el
Nuevo Reino de León?
Por una Nómina de los Excelcntlsimos Presidentes de la Real Audiencia Ministros Togados, etc., que han servido e-n ella desde el año pasado de 1696,
hasta el presente de 1716, que hemos visto en el tomo 77 del ramo de Duplicados, del Archivo General de la Nación, sabemos que entró a servir como alcalde del crimen en la Real Audiencia de México, el 5 de diciembre de 1712.
De que fue recto funcionario, se desprende de la cédula de 7 de octubre
de 1721, relativa a la visita de ministros efectuada por el oidor Francisco de
Garzarón, visitador apostólico del Tribunal de la Inquisición, en 1719. La
mayoría de los ministros resultó con cuantiosas multas, y aun con privación de
oficio, pues oidores hubo que resultaron hasta con cien cargos ante el Real
Consejo de Indias. Los alcaldes del crimen Don Nicolás de Chirinos, don
Juan de Veguellina y don Francisco de Barbadillo Vitoria, sólo fueron culpados de "varias solturas de presos hechas por su orden, sin noticia de la sala,
de que se les absolvi6".ªº
Pero nos faltaba indagar el origen de este personaje, tan destacado en nuestra historia. Revisando el riquísimo archivo del Sagrario Metropolitano de la
Catedral de México, tuvimos, por fin, la fortuna de dar con la partida de entierro del Líe. BarbadUlo, fechada el 14 de mayo de 1726. En ella, además de
los datos interesantes a que después aludiremos, se menciona el hecho de haber otorgado testamento ante el escribano real Francisco Dionisio Rodríguez.
Acudimos al extraordinariamente rico Archivo General de Notarías, situado en
las calles de Villalongín; localizamos el protocolo correspondiente a este notario y en él el asiento de la disposición testamentaria del alcalde de corte. Co' los' documentos de su género, empieza: "En el nombre de Dios Toroo' todos
dopoderoso, etc." Y luego: "Sepan. . . que yo Don Francisco de Barbadillo
Vitor.ia... , natural de la villa de Ezcara)', en los reinos de Castilla, etc."
Escribimos al curato de Ezcaray, de la provincia de Logroño, en España, y el
R. P. D. Blas Sáis Ruiloba, nos envía copia autorizada del acta de bautizo, en
la cual consta que don Francisco Antonio vio la luz primera en Ezcaray, el 28
de marzo de 1670; que sus padres fueron don Cristóbal de Barbadillo y doña
(Arriaga no volvió más a Nuevo Le6n), a D. Pedro de Sarabia Oortés, el 11 de octubre
de 1724. Arr.h.ivo General de la Nación, duplicados, Vol. 170, f. 262.
• MS. ViJila de ministros . .. Archivo General, duplicados, t. 170, f. 89.

386

Antonia de Vitoria Lecea; y que su padrino fue el Lic. don Ci.rst6bal de Barbadillo, homónimo de su padre.ªi
No conforme el buen párroco de Ezcaray con su servicio, tiene la gentileza
de poner mi carta en manos de Fr. José García de San Lorenzo, agustino recoleto y eruditisimo historiador, quien a la sazón escribe la historia de Ezcaray. Interesado vivamente en la personalidad de su ilustre paisano, de quien tiene algunas referencias, se da con inteligencia a investigar mayores datos, y publica,
haciendo gentiles referencias a las notas enviadas por mí, una magnífica semblanza del Lic. Barbaclillo en una prestigiada revista. española. 32
Da primero el padre García un antecedente histórico de la noble villa, surgida de la fundación del señorío de Valdezcaray, que estableciera don Pedro Manrique de Lara el 20 de septiembre de 1440, y en la que los Barbadillo desempeñaran papel tan importante. Don Cristóbal, padre del Lic. Barbadillo, era alcalde mayor a raíz de su nacimiento. Este pasa allí sus primeros años, al lado
de sus padres. Ya para 1700, aparece residiendo en Madrid, pero disfrutando
de los privilegios de su noble familia y de su estado de hljosdalgo, puesto que,
no obstante su ausencia, en ese año es designado alcalde de la Santa Hermandad. o se le da aún el título de abogado, carrera que estudia en Madrid; pero
en 1710, al conferírsele igual cargo, ya ostenta este grado.
¿ Viene el Lic. BarbadiUo a la Nueva España con alguno de los virreyes?
Nosotros nos inclinamos a creer que haya sido el duque de Linares con quien
llegó a México. El P. García, observa que residiendo acá, (ya en 1714), el
cabildo de su villa natal continúa honrándole con cargos honoríficos, presentándole, en dicho año, para el oficio de regidor.

MATRIMONIO

Era el Lic. Barbadillo al venir por primera vez al Nuevo Reino de León,
soltero, no obstante sus 44 años de edad; y lo era al venir como gobernador y
11 "En tres de Abril de mill y seiscienttos y settenta Yo Franco de Guinea y Muxica
Abad Cura y ~neficiado en esta dha iglessia bapticc un niño hijo legitimo de Dn.
Cristobal de Barbadillo y de Da. Antonia de Victoria Lecea tu legitima mugcr y
puscle por nombre Franco. Anttonio quien nacio a veinte y ocho de marzo. Fue su
padrino el Licdo. Cristoval de BarbadilJo. Testigos Josc de Phalces y Manuel Femández. Y lo finno ut supra. Franco. de Guinea y Muxica.-Crist6bal de Barbadillo. R6bric:u" .-Archivo Eclesiástico de la Parroquia de Santa Maria la Mayor, de .Ezcaray.
Libro de Bautismos, tomo IV, folio 187 vto. -Texto tomado de B1rceo (ver nota
no. 32).

"' Semblanza de otro riojano ilustre. El Lic. Don Francisco Antonio de Barbadillo

387

�concluir su cargo en 1723. En este año, encontramos que contrae nupcias con
una noble y linajuda dama yucateca, Dña. Juana Rosa Bolio Ojeda y Guzmán.
Esta noble señora, nació en Mérida. Allí encontramos, durante una visita nuestra a la catedral yucateca, su partida de bautizo, celebrado el 13 de junio de
1670. Sus padres fueron el Cap. D. Santiago Bolio y Dña. Felipa de Ojeda
y Guzmán. Contrajo primeras nupcias Dña. Juana Rosa, con don Martín de
U rzúa y Arizmendi, conde de Lizárraga, de quien hubo un solo hijo: Martin.
Nombrado el conde gobernador de Filipinas, murió allá sin que su esposa, que
había quedado en México, le viera. Una idea de su posición social la da el hecho de haber recibido en dote, al casarse, 9,000 pesos y 2,000 en arras; y el de
que, al embarcarse el conde en Acapulco, le envió 100,000 pesos con su primo
el conde del Fresno. Este pariente desleal, se quedó con tan enorme fortuna,
y obligó a la condesa y a su hijo a vivir sin lo necesario para su precisa decencia. Residente en México, fue espléndidamente protegida por el Lic. Barbadillo, indudablemente por nexos de amistad con la familia, debido a que
D. Carlos de Tejada y Vitoria, hermano del alcalde de corte, vivió largos
años en Mérida, donde murió.
Pasó la condesa notables privaciones. Poco a poco fue deshaciéndose de
joyas inapreciables. En algún inventario de sus bienes observamos algunas de
éstas: unas pulseras de perlas; un hilo de perlas con una calabacita grande,
de bejuquillo, de resplandor; una cajuela de polvos, de oro; varios ternos de
zarcillos grandes, uno de esmeraldas y otro de diamantes, y un anillo con tm
diamante grande, enviado de Filipinas por el conde. El Lic. Barbadillo, logró rescatar del empeño algunas joyas, y de esta protección amistosa llegó
la conveniencia de celebrar el matrimonio, que aparece asentado en el Archivo del Sagrario de la Catedral de México, pero que tuvo lugar en la
parroquia de San Miguel, de la misma ciudad, en 1723. Uno y otro hicieron,
al casarse, inventario notarial de sus bienes.

Su

MUERTE

Sin hallarse enfenno, dispuso el Lic. Barbadillo su testamento, ante el escribano Francisco Dionisio Rodríguez, el 29 de diciembre de 1724. Sobrevivió,
sin embargo, casi dos años, pues ya hemos dicho que su entierro tuvo lugar
el 14 de mayo de 1726. En esta fecha, se presentó el notario en la casa del
difunto, situada en la calle de los Donceles, probablemente en la esquina con
Vitoria. En: Berceo. Boletin del Instituto de Estudios Riojanos. Logroño, 1956, año
XI, 'úm. 40, pp. 318-328.

388

la actual calle República del Brasil. Se hallaba presente el Dr. Juan Jerónimo
de Ocilia y Rayo, alcalde también de la Real Sala del Crimen, y ante él, la
viuda y numerosos testigos, se procedió a la complicada diligencia legal de la
apertura del testamento. Ante todo, el propio notario asentó una certificación
de cuerpo muerto; he aquí tan interesante documento: Certifico " doy fe
en testimonio de verdad, cómo hoy día de la data, serán las siete horas de
la mañana, poco más, vi al Sor. Lic. D. Franco. de Barbadillo Vitoria, del
Consejo de S. M., su alcalde del crimen y juez de provincia, en esta corte,
tendido en la sala principal de la casa de su morada, difunto al parecer y
sin espíritus vitales, con cuatro velas encendidas y amortajado con su vestidura acostumbrada, y para que conste en cumplimiento de lo mandado pongo la p,rese11te en la ciudad de México, a 14 de mayo de 1726, siendo testigos, etc . .. 38
Inmediatamente después se procede a examipar los testigos firmantes del
testamento cerrado in escriptis, Luis de Benavides, José de Vasconcelos, Antonio de la Gema y otros. Abierto éste, y reconocida la firma del otorgante,
se declara la autenticidad del documento y se ordena su protocolización.
Hagamos una síntesis del testamento, que nos parece sumamente interesante. Primero, dispone ser enterrado en la capilla del Rosario de Santo
Domingo. Esta capilla no tiene en nuestros días la misma disposición de
aquella época, y probablemente los restos de Barbadillo hayan corrido igual
suerte que los de nuestro ilustre Fr. Servando, sepultado en el mismo templo.
Luego la cláusula de las mandas forzosas y la disposición de ser amortajado
con el hábito de San Francisco y de que su entierro se haga sin ostentación
y sólo con una moderación decente. Otra cláusula, para ordenar se digan 500
misas por su ánima. Después la declaración de su matrimonio con la señora
Bolio, de quien no hubo hijos. Otra disposición para que se gestione la
herencia que le dejó D. Carlos de Tejada y Vitoria, su hermano. Luego, una
orden de que se compren y hagan algunos ornamentos de poco costo y se
remitan a las iglesias más pobres de las misiones del Nuevo Reino de León.
Después, otra referencia a este reino, al decir que existe acá una villa nombrada de San Felipe de Linares, que he mirado con alguna afición. Manda
que durante cada uno de los cuatro años siguientes a su muerte, se remita una
arroba de cera bujía buena, para la fiesta de Corpus en dicha villa. Después,
la declaración de heredera universal a su esposa, a quien si algo le sobrare,
lo aplique por su alma. 34
Doña Juana Rosa Bolio, su esposa, le sobrevive hasta 1737. Su testamento,
83
14

MS. Archjvo General de Notarías, R 5 76, 1726, f. 216 v.
MS. Testame11to. Archivo General de Notarías, [bid., f. 216 v.

389

�con muy buenas referencias para la historia del arte, por la descripción de
sus joyas, mobiliario y loza de thina, tiene referencias también al Nuevo
Reino de Le6n. Aplica 500 pesos para que de su rédito de 25 pesos anuales
se compre también cera bujía y se remita cada año a Linares, para la fiesta
de Corpus. A la misma villa destina cuatTo lienzos y un Cristo pequeño de
marfil. El testamento de la señora está fechado el 3 de julio de 1734. Ella
murió tres años más tarde y fue sepultada en el templo del Colegio de Niñas,
(actual parroquia de Nuestra Señora de la Caridad), que existe en Bolívar
y V enustiano Carranza, de México. 35
Don Francisco dijo no tener parientes en España. Su esposa, sin embargo,
mejor infonnada, dispone algunas cosas para don Martín, y para la viuda de
otro hermano del licenciado, residentes allá.
Tampoco dejó el Sr. Barbadillo de añorar su noble solar natal. En 1725,
al visitarle su paisano don icolás de Ocio, envió con él dos arañas de plata

MEMORIAS DEL GENERAL JACINTO B. TR.EVI~O
JosÉ P. SALD~A
Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadistica.
Monterrey, Nuevo León.

de extremada grandeza y pulida hechura, y peso de ochocientas y ocho onzas,
para la iglesia gótica de Nuestra Señora la Mayor, de la villa de Ezcaray,
donde había sido bautizado. El Padre agustino Fr. José García, cree, f-undadamente, que una de estas arañas sea la misma que pende aún de la espaciosa nave del templo.
Recientemente, al tener el privilegio de visitar España, escribí con anterioridad al P. García, anunciándoselo. Su ausencia de Ezcaray, hizo que mi
carta le llegara tarde, y a mi regreso, encontré en casa su respuesta, diciéndome amablemente que me llevaría de Madrid a Ezcaray, donde su Ayuntamiento me esperaba para que les hablase de su ilustre paisano. Sentí mucho
no haber tenido ocasión de conocer su cuna.
Tal fue, el insigne Lic. Francisco Antonio de Barbadillo Vitoria; aquel de
quien el cronista Santa María afirma que: sin duda lo dotó Dios de un cierto

espiritu y carácter superior, con cuya virtud, siri recurso de armas y sin agitaciones mayores, hacía que ca{ maran los disturbios y que se serenaran la.r
borra.seas; los vecinos, con su presencia, ocultaban el veneno de sus intenciones, y los indios, o agradecidos o temerosos de que el que les hacía tanto
bien podrfa igualmente castigarlos ::V aniquilarlos, se aquietaban en la mayor
parte, o no desenfrenaban del todo su barbarie. 30
Jurisconsulto notable; juez recto; pacificador y fundador de pueblos; organizador diligente; leal servidor del rey; evangelizador piadoso; gobernante
magnifico, y, más que todo, libertador y padre de los indios, el licenciado
Barbadillo no ha recibido el tributo que Nuevo León debiera rendirle.
"' MS. Testamento. !bid. Protocolo de Feo. Dionisio Rodrtguez. R 576, 1726, f.
60 v.;)' 2o. testamento: en ]bid., R. 576, 1734, {. 307,
• GoNZÁLEZ. Op. cit., p. 46.

390

LA HISTORIA DE u GRAN REVOLUCIÓN MvucANA, que principiando el 20
de noviembre de 1910 se prolongó a través de la Revolución Maderista y de
la Constitucionalista, hasta la promulgación de la Constitución Política de la
Nación, el 5 de febrero de 1917, no se ha escrito todavía.
Tenemos magníficas contribuciones, como la obra del General Juan Ba~
rragán, Historia del Ejército Corutitucionalista, y numerosos libros que presentan la Revolución en forma fragmentaria, sin que se haya llegado a lo que
algún día habrá de ser la historia completa de este movimiento, cuyas reper~
cusiones transformaron a México en sus aspectos sociales, económicos y políticos.
Es necesario que, quienes participaron en la contienda revolucionaria, en
cualquiera de sus actividades, alleguen aquellos conocimientos que puedan
servir de puntos de referencia en el futuro.
Ejemplo para esta clase de trabajos puede significar el libro del General
de División don Jacinto B. Treviño, Memorias, cuya segunda edición acaba
de aparecer. Se trata de un hbro que contiene material de primera categoría,
escrito con sinceridad, con devoción y con un alto espíritu de servir a los
intereses de nuestra República.
El General Treviño inicia su obra con una relaci6n sucinta presentando a
sus antepasados y describiendo con naturalidad sus primeros años, sus inclinaciones, estudios y proyección definitiva hacia la carrera militar. Ofrece una
panorámica de su época para entrar de lleno a las actividades que correspondían al carácter del Teniente Técnico e Ingeniero Industrial, que obtuvo en
el Colegio Militar el 7 de enero de 1908.
Pronto se presentaría la oportunidad en el terreno de los hechos para adies-

391

�trarse en us conocimientos teóricos. Particip6 en la campaña contra el Orozquismo en el Estado de Clúhuahua a principios de 1912, cuando el General
Pascual Oro7.co, caudillo principal de la Re\'olución . faderista, hizo armas
en contra del Gobierno Con. titucional de don Francisco l. Madero. En esta
actuación proporciona el General Treviíio magníficos datos obre las peripecias de una campaña costosa en hombres que tm·o un alto significado posteriom1ente, puesto que el General Victoriano Huerta, Jefe del Ejército Constitucional, al derrotar a los Orozquistas adquirió una relevante personalidad
militar, que fue base para que, posteriormente, le sirviera de escudo para fraguar y realizar la más ignominio a de las traiciones, que llevó a cabo en contra del Gobierno de don Francisco l. Madero.
En esta nue\·a etapa, que principió el 9 de febrero de 1913, con el llamado
''Movimiento de la Ciudadela", encabezado por los Generales Félix Díaz y
Bernardo Reyes, y que culminó con la caída y asesinato del Presidente y
Vice-Presidente de la República don Francisco l. Madero y Lic. José Maria
Pino Suárcz, el General Trcviño inició una importante actuación en su vida
militar y política al sumarse al movimiento que de inmediato se gestó en el
Estado de Coahuila, encabezado por don Venustiano Carranza, que significó
el principio de la Gran Revolución Con titucionalista.
Sería largo enumerar todos los hechos de armas en que participó el General
Treviiio, principiando por situarlo como Jefe del Estado Mayor de don Venustiano Carranza, a partir del momento en que el Teniente Coronel Luis
G. Garfias dej6 ese puesto, pocos días después de haberlo asumido.
Sin embargo. en rápida revista, consigno los hechos más sobresalientes de
una militancia valiente y honrosa, en la que se entrelazan acontecimientos
guerreros y políticos de la más alta categoría.
Firma el General Treviño, en su carácter de Teniente Coronel Jefe del
Estado Mayor de don Venustiano Carranza, el Plan de Guadalupe, el 26 de
marzo de 1913. A partir de esta fecha memorable se abren las páginas de la
historia, en las que habrán de inscribirse epopeyas, derrotas, infidelidades, y
las mil vicisitudes de una lucha que se prolongó por largos arios, y que
parecía no terminaría nunca.
Despu ~s de librar varios combates y organizar las fuerzas constitucional is tas
V en Coahuila, uevo Le6n y Tamaulipas) se emprendió la travesía, desde Candela, Coah., hasta Sinaloa.
Esta jornada larguísima y penosa hecha a caballo, por serranías y desiertos
tenía una siunificación de gran importancia. Fue iniciada el 9 de julio de
1913 y termin6 el 22 de septiembre al llegar a Hermosillo, Sonora.
En el tray cto las fuerzas revolucionarias de Durango, Clúhuahua,

inaloa

y Sonora, se adhirieron al Plan de Guadalupe, reconociendo al señor Carranza

como Primer Jefe. Los riesgos sufridos quedaron plenamente compensados.
La proeza consumada por don Venustiano su E tado Mayor )' escolta, signific6 un vigoroso impulso a la Revoluci6n que ya para esa época había adquirido un impulso invencible.
Durante la permanencia en Sonora y Sinaloa don Venustiano tuvo la oportunidad d • conocer personalmente a los principales Jefes Revolucionarios de
aquella región: Ramón !turbe, Alvaro Obregón, Benjamín Hill, Plutarco
Ellas Calles, alvador Alvarado y Manuel M. Diégucz, que habían logrado
importantes triunfos, al grado de dominar casi por completo tanto Sinaloa
como Sonora. Se emprendió el regreso rumbo a Chihuahua, haciendo la
travesía también a caballo a mediados de diciembre del mismo año de 1913.
Instalados en la ciudad de Chihuahua, desde ahí se dirigieron las operaciones en todo el país marc.1.ndose V!'rtiginosamente los triunfos que alcanzaban las fuerzas con titucionalistas sobre las que obedecían al Gobierno espurio
de Victoriano Huerta.
A fines de febrero de 1914 dispuso don Venustiano trasladar el Cuartel
General de la Revolución a Torreón, punto clave para dominar las comunicacion · hacia el norte y el sur, pues ya se veía con claridad que el impetuoso a\'ance de los revolucionarios no sería contenido por ninguna fuena no
obstante que Huerta contaba con generales de linea, suficientes pertrechos de
guerra y elementos económicos bastantes para una larga campaña. Sin embargo la moral de los federales había decaído en forma notoria, en contraste
con el entusiasmo de los revolucionarios que se traducía en triunfos continuos.
Corta temporada estuvo el señor Carranza en Torre6n, pasando a Saltillo
en donde hizo su entrada triunfal el 17 de junio de 1914. Poco tiempo después
el General Treviño, haciendo valer su carácter de militar, salido del glorioso
Colegio de Chapultepec, obtuvo de don Venustiano la anuencia para separarse del Estado Mayor y ponerse al frente de tropas.

•
En Tampico organizó el pie veterano de lo que con el tiempo sería la brigada Hidalgo, ra con la categoría de General de Brigada que por méritos
propios Je había conferido don Venustiano Carranza.
Los acontecimientos se precipitaron al grado de que el 6 de julio de 1914
se recibió la noticia de la renuncia de Huerta como Presidente de la República y de su inmediata salida al extranjero y a Veracruz. Asumió la Presidencia de la República el Licenciado Francisco Carvajal quien se dispuso desde luego a entregar el Gobierno al Jefe de la Revolución triunfante, a cuyo

392
393

�fm Carranza comisionó al General Obregón para que llevase a cabo los convenios respectivos que se efectuaron en Teoloyucan, Estado de México, compareciendo como representante del Licenciado Carvajal el General J. Refugio Velazco, que desempeñaba el cargo de Secretario de Guerra, acompañado
del General Gusta,·o A. Salas, Oficial Maror.
En esos tratados se estipuló que los efectivos del Ejército Federal y de la
Marina de Guerra fueran licenciados entregando el armamento. Los establecimientos militares, las unidades navales de guerra, y todo cuanto pertenecía
a la Nación serían puestos a disposición del Primer Jefe de la Revolución.
Entre tanto el General Trcviño, con los elementos organizados en Tampico, había avanzado hacia San Luis Potosí, incorporándose a su columna
en Estación Rodríguez los Coroneles Francisco de P. Mariel y Apolonio Treviño. En San Luí~ Potosí se incorporó a la División del Ejército del Centro,
comandado por el General Jesús Carranza. Formando con su brigada el ala
izquierda, aumentada con los contingentes de los Coroneles Azuara, Salazar
y otros jefes, se abrió paso hasta llegar a Pachuca, en donde se encontraba
cuando se rindió la plaza de México.
Correspondió al General Treviño el mando de la división, integrada por
las tres armas, haciendo los honores al Ejército Constitucionalista a su entrada triunfal a la capital de la República, el 14 de agosto de 1914. Con
esto se consumaba el triunfo de la Revolución Constitucionalista y se daba
principio a la ejecución del Plan de Guadalupe.
Integrado el Gabinete del Gobierno Revolucionario íue designado el General Treviño, Oficial Mayor de Guerra, encargado del despacho, procediendo desde luego a la reorganización de todo cuanto correspond1a a su alto
mandato.
Siguieron acontecimientos de carácter político de gran resonancia, como
la Convención de Aguascalientes, que tuvo la virtud de provocar el distanciamiento entre Carra.Jl7.a y Villa, y Carranza y Zapata, presentándose el negro panorama de una contienda, que desgraciadamente resultó más sangrienta y dolorosa que la que se había llevado a cabo entre constitucionalistas y
federales.
A partir de estos acontecimientos la personalidad del General Treviño cobra perfiles especiales, que se acentuaron a medida que los acontecimientos
fueron desarrollándose.

divisiones provocadas por Zapata y por Villa, son los de Torreón, Zacatecas,
Guada1ajara, Guay_i:nas, Celaya, León y .tbano.
La defensa de Ebano, S. L. P. quedó a cargo del General Jacinto B. Treviño; en la encarnizada lucha entre carrancistas y villistas, el asedio de los
villistas duró 72 días.
Atacaron con denuedo los valientes generales villistas Manuel Chao y Tomás Urbina, fuertes en 14,000 hombres, con 21 piezas de artillería, gran cantidad de ametralladoras y abundante parque. El General Treviño disponía
de 6,000 individuos, entre jefes, oficiales y tropa, logrando detener a lós villistas a pesar de su superioridad combativa. Durante 72 d.ías estuvieron incesantemente atacando las posiciones, sin lograr romperlas. Cada operación
significaba un desastre para los atacantes, y cada día que transcurría alejaba la posibilidad de los villistas de tomar Ebano para continuar sobre Tampico, su objetivo principal.
Terminaron aquellas magníficas operaciones el día 31 de mayo de 1915,
mediante la resolución del General Treviño de convertir la defensiva en
ofensiva. Dispuso se llevara a cabo un asalto general. "Fue al amanecer del
día 31 de mayo -relata el General Treviño en sus Memorias-, llevaba el
mando de todas las infanterías en esta operación, el valiente entre los valientes, Coronel Carlos Ozuna, quien durante las tantas luchas armadas de
la Revolución, había dado múltiples pruebas de ser un gran combatiente;
en estas condiciones, se preparaba pues, el último episodio de esta obstinada,
cruenta y encarnizada lucha, que despejaba el camino para el triunfo definitivo de nuestra causa".
En efecto la acción de Ebano significaba para los villistas la posibilidad
de apoderarse del puerto de Tampico. dominando las Huastecas y la línea a
Monterrey, cuya plaza, con Montemorelos, Linares y Ciudad Victoria, estaban
en poder de los villistas a cuya cabeza se encontraba el General Felipe

Angeles.
A eso obedecía la tenaz insistencia de los villistas por apoderarse de Ebano,
y en contra, Ja resistencia increíble del General Treviño por mantener en su
mando la posición, a pesar de la gran diferencia en potencialidad bélica.

•

Debe abonarse al General Treviño la clara visión que tuvo de la importancia estratégica de aquella posición, y reconocerse su cap~cidad indiscutible
para resistir durante lapso tan largo, asaltos continuos a fondo de tropas
aguerridas, acostumbradas a triunfar. Supo asimismo esperar la oportunidad
de atacar, para convertir el asedio de que había sido objeto, en una brillante
victoria.

Los hechos de armas de mayor resonancia que dieron unidad y fuerza a la
Revolución Constitucionalista., y posteriormente a consolidarla al combatir las

Se justifica plenamente que diga: "Considero que estas operaciones que
se llevaron a cabo bajo mi dirección y órdenes directas, constituyen la actua-

394

395

/r

U,)

�ci6n más saliente en mi larga \'Ída militar, en la que me tocó en ruerte tomar
parte en más de cuarenta y cinco acciones de armas, como Jo justifica la
Cruz de Guerra de Primera Clase que obra en mi poder, pues tan s6lo en
Ebano fueron rechazados 37 asaltos del enemigo".
Este valioso triunfo consolidó l05 que había logrado el General Obreg6n
en C-claya, León y Aguascalientes, de tal manera que en el interior del país
el villismo ya no constituía peligro alguno.
Así consider6 la situación el General Trcviño disponiéndose de inmediato
a marchar a Tampico para asistir a la recupe.raci6n de las plazas ocupadas
por el enemigo en la linea hacia Montemy. Se acercaba la derrota final de
Francisco Villa.

•
No hubo tiempo de reposo para el General Treviño, de Tampico marchó
inmooiatamente hacia Monterrey, después de organizar en la mejor fonna
posible las tropas a su mando.
La linea {érrea estaba dcstrouda y fue necesario que se. hicieran reparaciones rápidas, a fin de que los convoyes militares pudieran llegar en el menor tiempo posible a la ciudad de Montener, la que entre tanto, había !ido
abandonada por los \·illistas enterados del desastre de Celaya, de Le6n y
Aguascalimtes, as.í como de Ebano.
Desalojadas las posiciones que ocupaban al oriente de Monterrey y al
norte, se concentraron en Icamole. con el prop6sito de cuidar su retaguardia
y estar pendientes por si las circunstancias favorecían la posibilidad de un
nue\'o avance.
Después de las peripecias de un \iaje accidentado, el Genual Treviño llegó con sus f ucrzas a :\fonterrey el día 20 de junio de ese memorable año de
1915.
C.Omo Jefe del Ejército del Noreste venía fungiendo el Grneral Pablo
Gonzálex, pe.ro, habiendo ~ido llamado a Veracruz por el Primer Jefe para
encomendarle el mando del Cuerpo del Ejército de Oriente, quedó en su
lugar, con la ~nsabilidad correspondiente, el General Trcviño.
El enemigo ~eraba en Icamole el ataque de los c.arrandsta!, o en su
lug,ar.1 su avance ~bre Monterrey. A~í vio la situaci6n el General Treviño, y
ordenó de inmediato un ataque sobre aquellas posicion&lt;'s logrando completo
é.xito. Días después ya reorganizadas las fue17.:is villistas y con refuerzos que
les llegaron de Part'dón, volvieron a posesionarse de lcamole a donde se les
combatió por segunda \'C2 con resultados adversos, hasta que en la tercera

ocasión, dirigiendo las Opt'racioncs directamente d General Treviiio se logró
un triunfo aplastante que signific6 la dispersión del ejército villista y la comunicación hacia el sur, pues al mismo tiempo el General Obregón atac.aba
Saltillo con los mismos resultados halagüeños. Avanzaron las fuerzas de Obregón y las del General Tre\'iño sobre Torreón, cura posición no fue defendida
por los \'illi~tas seguros de que les esperaba la derrota, pues sobre esa plaza
marchaban nada menos que 20,000 hombres de los más fogueados, correspondientes a los cuerpos de Ejérrito del Noroeste y dcl Noreste.
Concentrado d General Villa en Chihuahua, se hicieron los preparativos
para seguirlo, sitmdo dc~ignado el General Treviño para esas importantes operaciones.
No menciono los ponn&lt;'norcs de la marcha hacia la Ciudad de Chihuahua,
porque haría demasiado e.xtcnso este comentario, siendo suficiente decir que
después de varios comhates en los que obtu,·o el General Treviño éxito absoluto, el día 22 de diciembre de ese mismo año de 1915, entró triunfante a
Chihuahua, centro de operaciones del villismo. Se designaron autoridades ci\.-iles y militares )' el General Tre-.iño, en mérito a rus brillantes campañas,
fue ascendido al grado de Grncral de División.
Podía darse por terminada la campaña en Chihuahua, pero incidentes extraños complicaron las operaciones.
El día 10 de enero de 1916 los cabecillas Pablo L6pez y Rafael Castro,
lugartenientes de Villa, asaltaron un tren de pasajeros en Santa Isabel, aprehendiendo a 18 norteameñc:anos mineros que iban al Mineral de Cusihuiriachic, a quienes se les sometió a tortura~ y algunos fu&lt;'ron ejecutados. Poco
después, otro grupo ,illista asaltó la poblaci6n de Columbus de los Estad05
Unidos, cometi&lt;'ndo serias tropelías que en ninguna forma pocHan justificarse.
La indignación de las autoridades norteamericanas puso en tensi6n las relaciones con el Gobierno Comtitucionalista, culminando la situaci6n con el
em·fo de una expcdici6n punitiva so prewcto de perseguir a Vi.JL, hasta exterminarlo.
Como es de suponerse aquella actitud del Gobierno Norteamericano encontró en don Vcnustiano la más enérgica oposición, motivando multitud de
mensajes de protesta exigiendo a la ,-ez el retiro de las íuenas extranjera(,
ya que el ejército mexirano era capaz de cmpH·nder por sí mismo la rampaña de liqujdación de las huestes de Villa, como ~ \-enía haciendo con todo
éxito.
Con este motivo, el General Tm·iño, que había establecido su Cuartel
General en Torreón, regresó a Chihuahua para continuar la persrcución de
las gavillas villistas y enfrentarse a la delicada situaci6n internacional que se
había creado.

396

397

�En vista de que a pesar de las protestas y exigencias del señor Carranza
las tropas norteamericanas continuaban en territorio nacional, previas las
notificaciones del caso, dispuso el Primer Jefe que se evitara a toda costa
cualquier avance de los invasores, procediendo, en caso necesario, al uso de
las armas.
Obedeciendo a estas terminantes disposiciones, en el poblado de Carrizales se trabó un combate entre fuerzas norteamericanas y mexicanas, siendo
derrotadas las primeras, en cuya acción murió el comandante de las tropas
mexicanas General Félix U. Gómez, habiendo perecido también los jefes
norteamericanos Capitán Boyd y Teniente Adair, resultando seriamente herido el Capitán Morey, que pudo huír con los pocos soldados americanos que
se salvaron. Esto sucedía el 21 de junio de 1916.
En la tremenda crisis surgida con motivo de estos acontecimientos, cuando
todavía ]os Estados Unidos consideraban legítimo intervenir en la vida interna
de los pueblos situados al sur de su territorio, le tocó al General Treviño
desempeñar un papel sumamente delicado. Atendiendo a las instrucciones
directas de don Venustiano, con toda dignidad se mantuvo a la altura que
las circunstancias demandaban, dispuesto a llevar las cosas hasta donde fuese
preciso.
En prenda de esa honrosa actitud transcribe el mensaje, que con fecha 16
de junio de 1916, envió el General Treviño al General Pershing, jefe de las
operaciones punitivas, a su cuartel en Casas Grandes, Chih. "Tengo órdenes
de mí Gobierno para detener por medio de las armas toda nueva invasión
a mi país por fuerzas americanas, así como para evitar que aquellas tropas
que actualmente se encuentran en Chihuahua, se muevan al Sur, Este u
Oeste del lugar que actualmente ocupan. Lo que comunico a usted para su
conocimiento y para que tome nota de que sus fuerzas serán atacadas por las
mexicanas si esta disposición no es atendida. Atentamente. J. B. Treviño".
Pocos días después, en Carrizales, se demostró que existía la inquebrantable
decisión de obrar en consecuencia.
Dentro de esta embarazosa situación continuaron las campañas militares
en contra de Villa, quien envalentonado con sus descabelladas provocaciones,
atacó la plaza de Chihuahua, siendo rechazado la primera vez, y evacuada en
la segunda ocasión, para ser recuperada con la ayuda de las fuerzas al mando
del General Francisco Murguía, a quien, por órdenes superiores, entregó el
mando el General Treviño.
Bstaba por finalizar el año de 1916, y se hacían los preparativos para la
promulgación de la Constitución Politica de México, que se discutía en la
ciudad de Querétaro. En la ciudad de México el General Treviño fue aten398

dido de una herida en la cabeza, que sufrió durante el combate efectuado en
Chihuahua el día 23 de noviembre.
Expedida la Constitución el 5 de febrero de 1917, fue electo el General
Treviño por su distrito natal, Diputado al Congreso de la Unión, de la XXVII
Legislatura. Trocaba los arreos militares por las actuaciones democráticas.
En 1919 el Presidente de Ja República, don Venustiano Carranza, lo comisionó para que se trasladara a Europa con la finalidad de llevar a cabo
estudios de carácter militar, a donde salió a principios de abril regresando al
iniciarse el año de 1920, cuando la política enardecía los ánimos con motivo
de la sucesión Presidencial.

•
Relata el General Treviño con viva emoción los preliminares de la continuada política presidencial, en la que figuraban como candidatos los Generales Alvaro Obregón y Pablo Gonzálei, y el Ing. Ignacio Bonillas. Habla de
sus inquietudes, de sus propósitos por evitar una nueva contienda armada, de
su entrevista con don Venustiano en compañía de los Generales Francisco J.
Múgica, Esteban Baca Calder6n y Rafael Vargas; de los Licenciados Alberto
M. González e Isidro Aguilar, y del Coronel Isidro Treviño, entrevista que
no dio los resultados que buscaba.
En acta firmada el 21 de abril de 1920 por las personas que intervinieron
en esta hist6rica entrevista, se hacen constar los incidentes de la misma, en
los que correspondió un papel de importancia al General Trcviño, quien
"emocionado y siempre con valor y respeto, le habló entonces de la imposici6n que se decía venir de parte del Gobierno en favor del candidato Ingeniero Bonillas, imposición que era motivo de las düicultades actuales, que no
estimaba las cosas como el Presidente las veía, pues sin ser partidario político del General Obregón, lamentaba cómo el Gobierno toleraba que una
hoja redactada por un hombre como Barrón, insultara tan soezmente al
candidato Obregón". . . En términos semejantes se produjeron los demás
miembros de la comisi6n, tratando de hacer ver al señor Presidente la justificaci6n hasta cierto punto de los levantamientos en armas de los Generales
Enrique Estrada, en Zacatecas, Plutarco Ellas Calles, en Sonora, Fortunato
Maycotte, en Guerrero, y Amulfo Gómcz, en Tuxpan. Todos ellos con mando de fuerzas del propio Gobierno al que desconocían atribuyéndole preparar
la imposición de Bonillas.
En la misma acta se precisan las palabras del señor Carranza, en contestación a Jas e&gt;..-posicíones que había escuchado. De ellas anotamos las que con399

�sideramos más importantes para el caso. Se expresa en la mencionada acta:
"El señor Presidente replicó que esto no era creíble pues en el Estado de Sonora todo estaba preparado para la lucha después de las elecciones, y si se
habían anticipado había sido porque las autoridades de Sonora, juzgándose
incapacitadas para el caso de que llegaran las fuerzas federales, habían precipitado los sucesos dando lugar a la rebelión. Que no era honrado que cl
C. Obregón poniéndose de acuerdo con los alzados en armas para garantizarse
su candidatura, y que si antes el señor Presidente no se había ocupado de limitarle su acción como candidato -pues no lo hacía- con ninguno, toda
vez que para él eran lo mismo tres que cuatro candidatos, hoy sí estaba
resuelto a defender la entrada a la Presidencia de un hombre que había demostrado no tener aptitudes para ser Presidente de la República, ya que
obraba como lo había hecho el General Porfirio Díaz. . . que se abriera un
libro de Historia Patria y que al doblar las primeras bojas se encontraría
siempre la relación de un cuartelazo, pues no se llaman de otro modo las
rebeliones del ejército, como las que se estaban efectuando, ya que no es el
pueblo el que se rebela hoy, sino el Ejército Federal, como puede verse por
las últimas noticias, pues en Tuxpan y en otros lugares estaban ya combatiendo las fuerzas que deberían haber prestado apoyo al Gobierno, con las
que se mantenían leales al mismo Gobierno. Que él estaba dispuesto a someter a esos rebeldes o a caer con el Gobierno en el caso de no serle posible
sofocar la revuelta".
Para I General Treviño la situación era adversa a los designios del señor
Carranza, dado que "tenía que enfrentarse a las candidaturas de dos hombres
a quienes abonaba tiempo ha el prestigio de sus recientes campañas militares,
cosa que los acercaba al consenso de la opinión pública general, con gra1t
influencia sobre todo el ejército triunfante, a cuya formación grandemente
habían contribuido, amén de que las más grandes unidades militares habían

estado bajo sus órdenes inmediatas".
Sin embargo de esta adversa situación para don Venustiano, por cuanto
a la fuerza annada, que con tan vivos colores pinta el General Treviño, el
pensamiento general de los candidatos Obregón y González y el de sus partidarios, es el de insistir, en contra del señor Carranza, en el cargo de imposicionista.
Con el Plan de Agua Prieta e&gt;.i&gt;edido en onora, la rebelión toma cuerpo,
al grado de queJ en unos cuantos días, la mayor parte de los jefes con mando
de fuerzas se levantan en contra del Gobierno Federal, al que también desconocen los Gobernadores de los Estados, con excepción de cinco, que permanecen fieles, y son rápidamente derrocados.
En unos cuantos días el panorama nacional se obscureció de tal manera

400

que el Presidente Carranza no sabía a ciencia cierta con qué elementos contaba. Momento a momento llegaban mensajes de todos rumbos hablando de
nuevas sublevaciones, Se hizo insostenible la permanencia del Gobierno en la
ciudad de México, resolviendo Carranza su evacuación con la finalidad de
llegar a Veracruz, y comenzar de nueva cuenta la cruzada por los principios
democráticos, y expecialmente por establecer en nuestra vida política el ci-

vilismo.
Se inició la salida el dia 7 de mayo. Largos trenes, asediados continuamente,
formaban el reducido y tambaleante radio de acción de la legalidad. Todo
era adverso, desde la pesada impedimenta hasta el sabotaje de los ferrocarrileros. Los trenes marchaban con dificultades, perdiéndose en unos cuantos
kilómetros varias unidades.
Siete días de fatigosa marcha habían agotado el combustible y el agua.
La desmoralización en completa. Se esperaba, y así sucedió, un ataque general. Guadalupe Sánchez, Jefe de las Operaciones en Veracruz, atac6 el
convoy, con los mismos elementos que había reforzado mediante las órdenes
giradas por el señor Carranza días antes en que recibiera su visita en testimonio de una falsa lealtad.
Antes el General Trcviño había actuado con especial prudencia tratando
de salvar la vida del señor Carranza. El mismo día 7, en el momento en que
se preparaban los trenes del Gobierno en la Estación de Buenavista para la
evacuación de la Plaza, el General Treviño, al frente de una poderosa columna entraba a la Ciudad de México. Figuraban entre los jefes a sus órdenes los Generales Samuel de los Santos, Jesús M. Guajardo, Manuel W. González y Sidronio Méndez.
En estos dramáticos momentos define su actitud el General Treviño en
los siguientes términos: "Hacia las diez de la mañana de aquel 7 de mayo,
mi cabeza de columna hacía alto frente a los cuarteles de San Lázaro y la
Estación del Interoceánico, mientras tanto, en Buenavista, se habían formado los tres que debían conducir al Presidente Carranza, al personal del
Gobierno y a las tropas de escolta hacia el Puerto de Veracruz, pretendiendo
repetir el movimiento que había hecho el Gobierno Preconstitucional en 1915.
Mi intención fue, desde luego, al hacer alto en San Lázaro, dar tiempo al tren
amarillo que ocupaba el señor Caranza, para que pudiera salir libremente.
Así lo hice.

"Ordené al General Jesús M. Guajardo, una vez que juzgué que había
transcurrido el tiempo suficiente para el objeto indicado, que con su fuerza
se trasladara hacia el rumbo de la Villa, con instrucciones precisas de dejar
pasar el tren del señor Carranza y cortar el resto del convoy, batiéndolos en
caso de que hicieran resistencia; así se hizo, se detuvieron varios trenes con

4-01
H26

�impedimenta y todas las plataformas que llevaban la artillería, cayendo pri.:
sioneros, además, los soldados y jefes respectivos. En la Estación de Buenavista quedaron detenidos, asimismo, dos cuerpos de Infantería completos que
no habían logrado embarcarse".
El día 10, comisionado por los Generales Obregón y González salió al mando de 5,000 hombres, con la "artillería necesaria" para atacar los trenes presidenciales, tomando las precauciones necesarias para "salvaguardar Ja vida
del señor Carranza".
De Estación San Marcos envió eJ General Treviño al Presidente Carranza,
que se encont!'aba detenido en Rinconada, un oficio transcribiéndole la orden firmada por Obregón y González, en que se le comunicaba que saliera
"hacia el lugar en que se encuentre el convoy del señor Caranza, y encaminará usted sus mayores esfuerzos para salvaguardar la vida del propio ciudadano".
El documento fue enviado el día 11 "quedando yo, dice el General Treviño, en espera de su contestación, aunque el conocimiento que yo tenía del
hombre, me hacía pensar que él nunca podría aceptar separarse de lo~ suyos".
Al no recibir respuesta repitió el mensaje al día siguiente con el mismo resultado.
El citado día 12 los Generales Obregón y González le enviaron el siguiente
telegrama: "En vista actitud señor Carranza, asuma usted el mando de
todas las fuerzas y disponiendo lo necesario, ataque usted el convoy del propio
señor, rindiendo parte del resultado".
Dispuso avanzar, ordenando al General Guadalupe Sánchez, que procedente de Veracruz se encontraba a corta distancia de Algibes, hasta donde
había llegado Carranza, que atacara de frente al enemigo.
Cuando el General Treviño, llegaba con sus numerosas tropas al lugar de
los acontecimientos, los hechos se habían consumado, concretándose a salvaguardar las pertenencias del Gobierno. La derrota de los carrancistas había sido total.
En medio de la confusión y del más profundo desaliento, don Venustiano,
sin perder un solo instante su presencia de ánimo y su entereza, emprendió,
rodeado de un puñado de fieles amigos, la dolorosa peregrinación que lo
llevaría de la mano a la traición de TlaxcaJantongo, en donde sería cruelmente sacrificado.
Tiene razón sobrada eJ General Trcviño en poner énfasis en estos tenebrosos acontecimientos. Por mi parte no me sentiría satisfecho si no expreso,
con sinceridad y respeto a todas las opiniones, mis puntos de vista sobre la
parte total de esta cuestión: el cargo de imposicionista que se le hace a don
Venustiano Can-anza.

402

•
La causa alegada como fundamento de la insurrección ~ contra del Gobierno Constitucional de don Venustiano Carranza, fue el de la imposición.
Se argumenta que existían dos candidatos a la Presidencia de la República,
los señores Generales de División don Alvaro Obregón y don Pablo González,
hecho absolutamente cierto; y que posteriormente, a iniciativa de don Venustiano, surgió también la candidatura del Ing. don Ignacio Bonillas.
Esto último, en cierto grado, es verídico, pues la candidatura del Ing.
Bonillas se lanzó a iniciativa de un grupo de amigos del señor Carranza, con
su más amplia aceptación.
Estos hechos, que pueden considerarse históricos, por su apego a la verdad,
¿'justifican la asonada militar en contra de un régimen constitucional?
Con apego a las más rigurosas normas democráticas contesto categóricamente que no. Trataré de explicar mi tesis.
El hecho de ser Presidente de la República, en un régimen democrático,
no implica perder los derechos ciudadanos. Tampoco da privilegios especiales para desposeer a los demás ciudadanos de los mismos atributos. Quedan
en consecuencia colocados en un mismo plano, los derechos políticos de los
funcionarios públicos, por alta que sea su jerarquía, y los que corresponden
a los demás ciudadanos, por modesta que sea su condición económica y social.
Si aceptamos estas premisas no es posible negar a don Venustiano el derecho de simpatizar con la candidatura del Ing. Bonillas, como podía haberlo
hecho con la del General Obregón, la del General González, o la de cualquiera otra persona que, en su concepto, reuniese las condiciones apropiadas.
Lo irreprochable de esta tesis salta a la vista cuando, para justificar la
revuelta de Agua Prieta, se echa mano del cargo, no probado, de que don
Venustiano trataba de imponer al Ing. Bonillas.
Dejemos bien clara esta situación. Se habla de algo que estaba por suceder,
y no puede ser de otra manera dado que, no habiéndose llegado a las elecciones, momento culminante de la campaña política, no podia decirse que se
había realizado la imposición.
Faltando pues la consumación de los hechos, es lógico asegurar que no
existió imposición.
Precisemos aún más el panorama. Es necesario, a mi juicio, que un acontecimiento de esta trascendencia histórica, se investigue escrupulosamente,
sin partidarismos, facciones y sin más pasión que la de servir a la verdad.
Las elecciones en que contendían como candidatos los Generales Obregón
Y González e Ing. Bonillas, debían efectuarse el primer domingo de julio de
ese año de 1920. El Plan de Agua Prieta, desconociendo al Gobierno de don

403

�Venustiano, fue firmado el día 23 de abril de 1920, o sea tres meses antes
de las elecciones.
Pero antes de esa fecha los Generales Plutarco Ellas Calles, Amulfo R.
Gómez, Enrique Estrada, Fortunato Maycotte y algunos otros, todos con mando de fuerzas, que el mismo señor Carranza les había confiado para la defensa de la~ instituciones legales, habían vuelto las armas en contra del Gobierno legítimamente constituído.
¿ Puede hablarse justificadamente de imposición con tales hechos? ¿ Quién
trataba, en todo caso, de imponerse? ¿ Quién o quiénes hacían uso de la
fuerza para "imponer" anticipadamente su \'Oluntad en las elecciones? ¿Existían constancias evidentes del propósito de don Venustiano para imponer al
Ing. Bonillas? De existir esos propósitos, ¿ contaba don V enustiano con los
elementos de fuerza suficientes para realizarlos?
Las evidencias para esclarecer los hechos y establecer la verdad histórica,
las encontramos en las mismas exposiciones de quienes participaron en la
asonada.
Si los militares de la más alta graduación, por sí y ante sí, asumieron una
actitud de insubordinación desconociendo a las Instituciones a quienes, por
deber y honor, estaban obligados a servir, con su actitud demostraron que el
Gobierno del señor Carranza no contaba con la fuerza física necesaria para
realizar la imposición.
Esto lo confirma el Gral. Treviño cuando expresa que el Ing. Bonillas
"creaba una situación política muy desfavorable para él, dado que tenía que
enfrentarse a las candidaturas de dos hombres a quienes abonaba el prestigio
de sus campañas militares, cosa que los acercaba al consenso de la opinión
pública en general, con gran influencia sobre todo en el ejército triunfante,
a cuya formación grandemente habían contribuído, amén de que las más
grandes unidades militares habían estado bajo sus órdenes inmediatas".
Efecth,amente tal era la situación. Los más influyentes Jefes Militares simpatizaban con Obregón o con González. Más aún, no ocultaban sus inclinaciones y saliéndose de las nonnas que corresponden a los militares en servicio
activo, actuaban en plan de propagandistas. ¿ Podía contar el señor Carranza
con estos Jefes Militares para la pretendida imposición? No, y él lo sabía.
Si el sei1or Carranza carecía de los elementos necesarios para realizar la
imposición de que se le acusaba, ¿ quién o quiénes resultaban ser los que en
verdad trabajaban por la imposición?
El mismo General Treviño se encarga de decirlo, confirmando así lo que
posteriormente sucedió, después de la muerte del señor Carranza; expresa;
"La forma, pues, en que se presentaba la campaña política con marcados visos
de imposición por parte del Gobierno en favor del señor Bonillas, hizo que

404

de esta tendencia se derivaran persecuciones, muy especialmente contra el
General Obregón, por haberse descubierto por medio de documentos encontrados en que dicho General ya estaba en arreglo con muchos Jefes levantados en armas contra el Gobierno del señor Carranza, tales como los Generales Zapatistas y aun con los llamados Generales Felicistas, quienes nunca
se habían caracterizado como de/ ensores por conuicción de nuestra causa,
sino, tan sólo como despechados por u derrota, pues eran vestigios del antiguo Ejército Federal, que había ido disuelto al firmarse los tratados de
Teoloyucan; como resultado de la actitud de Obregón en relaci6n con estos
señores, rtconocidos siempre como enemigos de la causa constitucionalista,
viose envuelto aquél en el proceso que al punto comenzó a instruírse en
su contra".
Se descubre fácilmente la verdad. El General Obregón necesitaba de un
cargo aparatoso para justificar su actitud y ninguno de mayor efecto que el
de la imposición.
Lo que no aparece claro es la actitud del Gral. Pablo González. Como hombre serio, de honor probado durante largos años de servicio activo en el Ejército Constitucionalista, y antes en el Maderista, no se concibe que se levantara en annas en contra del Jefe a quien había servido con ejemplar lealtad,
y menos aún que hiciera causa común con Obregón, a sabiendas de que sería
fatalmente sacrificado.
En nada le favorece al Gral. González el cargo hecho al señor Carranza
de imposicionista, cuando, al volver las annas en contra de él, las ponía al
servicio de una clara y verdadera imposición. Porque no desconocía, no podía
desconocer el propósito del Gral. Obreg6n de llegar al Poder cualquiera que
fuesen los medios para conseguirlo.
No ignoraba que estaba en arreglos con los rebeldes Zapatistas, Villistas
y Felicistas. Y si, con espíritu amplio, podía acep~ la colaboraci6n de
Zapatistas y Villistas, que al final de cuentas eran en el fondo revolucionarios, no podía decirse lo mismo de los Felicistas, cuya bandera de lucha era
la Constitución de 1857. Sin embargo, Obregón enroló en su plan subersivo
a los más prominentes enemigos de la Revolución, como los Generales Juan
Andrcw Almazán, Higinio Aguilar y Manuel Peláez.
Todo esto lo sabía el General Gonzálcz y sin embargo, lo que constituía
un crimen en Carranza, por meras suposiciones, era un mérito en tratándose
de Obregón.
Las persecuciones de que habla el Gral. Treviño son meros infundios, salvo
que así llame a las investigaciones realizadas por las Autoridades competentes
en relación a las actividades del General Obregón encaminadas a la alteración del orden.

405

�Las campañas políticas: publicaciones de toda índole y mitines, se realizaron sin cortapisas. Más aún, la opini6n pública claramente se manifestaba a
favor de la candidatura del Gral. Obregón. De haberse efectuado las elecciones seguramente que el primer lugar correspondería a Obreg6n. El segundo
nada remoto sería que lo ocupara González, y el tercero Bonillas.
¿Por qué entonces Obregón precipit6 los acontecimientos? Lógicamente
debe pensarse en una inquietud desesperante, acicateada por la ambición irrefrenable de conquistar el Poder a tocia costa. Y habiendo contraído compromisos delictuosos con rebeldes al Gobierno, peligraba legalmente su candidatura.
Posiblemente Obregón abrigaba la seguridad de no ser descubierto en sus
maniobras; pero el Gobierno logró obtener documentos irrefutables sobre esas
actividades y se le abrió proceso.
No hubo festinación alguna. Se trataba, más que de castigar al procesado,
de exhibirlo ante la opinión pública. Prueba de ello es que, en el momento
que lo consideró oportuno, se evadió de la ciudad de México, iniciando abiertamente la rebelión.
Queda descartado plenamente el cargo de imposicionista hecho al señor
Carranza. Queda en pie, firme, innegable, el cargo en contra del General
Obregón de haber fabricado toda una serie de intrigas para presentarse ante
la opinión pública como víctima, y como tal, estar en condiciones de provocar una rebelión armada.
La historia, en última instancia cuando las pasiones se extingan, cuando
los actores de nuestra gran Revoluci6n y de sus derivaciones, hayan desaparecido, dirá, inflexible, la última palabra.
Seguro estoy de que entonces, la figura de don Vcnustiano Carranza, cada
vez más grande, resistirá el escrupuloso análisis de los investigadores.

•
Triunfante el Plan de Agua Prieta, "huelga de mili.tares" como le llamó
el Lic. Luis Cabrera, fue designado por el Congreso de la Unión, como Presidente Substituto, el señor don Adolfo de la Huerta, actuando el Gral. Treviño como Secretario de Industria, Comercio y Trabajo. Es del caso mencionar el hecho de que le servía de secretario particular don Adolfo Ruiz
Cortines, que años después ocupara la Presidencia de la República.
Relata el Gral. Treviño los sucesos de mayor importancia de su actuación.
Habiendo sido designado en las elecciones verificadas ese año de 1920, para
el puesto de Presidente de la República, el Gral. Alvaro Obregón, deja la
Secretaría el día primero de diciembre, quedando en disponibilidad como
General de División.

406

No me ocupo de las peripecias correspondientes a las elecciones de esa
época, que justificaron plenamente las predicciones sobre la imposición a
favor de Obregón. En efecto el Gral. don Pablo González retiró su candidatura en vista de la falta absoluta de garantías, y consecuentemente se hizo
un simulacro electoral, del que, lógicamente resultó electo el Gral. Obregón.
Pasaron tres años de un Gobierno incoloro, que tuvo vicisitudes sin cuento
para lograr el reconocimiento de los Estados Unidos del Norte, ·que le hace
expresar al Gral. Treviño: "El movimiento de 1924 fue prontamente sofocado por el Gobierno de Obregón, quien ya para esas fechas había firmado
los tratados de Bucareli. En éstos se estipularon obligaciones para México
en las que no quedaban a salvo el decoro y la dignidad nacionales, toda vez
que esos tratados habían emanado de convenciones previamente celebradas
a iniciativa del Gobierno de México, que solicitaba e1 reconocimiento de
Obregón como Presidente de la República a cualquier precio" ...
Preparación bien planeada de Obregón contra el movimiento que se venía
gestando a favor de don Adolfo de la Huerta, oponente a la candidatura
presidencial del Gral. Plutarco Elías Calles.
Imposibilitado de la Huerta para continuar en una campaña democrática
en la que resultaba apoyado por la opinión pública, se vio obligado a levantarse en armas, a principios de diciembre de 1923. Gran parte del ejército
lo siguió en la aventura; pero, "el movimiento Delahuertista no podía triunfar, dice el Gral. Treviño, pues las opiniones de su caudillo, expresadas con
toda claridad y patriotismo antes de la firma de los Tratados de Bucareli
lo ponían, políticamente hablando, en condiciones desfavorables, de ¡nodo que'
el susoclicho movimiento armado, que vino a iniciarse a fines de 1923, apoyado por más de la mitad del ejército, no podía triunfar por la falta de apoyo
de la política americana" ...
En esta contienda permaneció el Gral. Treviño al margen. Se consumó la
imposición de Calles, quien a.sumió el poder en diciembre de 1924. Continuando así la hegemonía de Sonora, en preparación de lo que ya estaba madurando el Gral. Obregón, su regreso a la Presidencia.
Se ocupa el Gral. Treviño de los acontecimientos desarrollados con motivo
de las nuevas elecciones. Surgen las candidaturas de los Generales Francisco
R. Serrano y Amulfo R. Gómez, en oposición a la oficial del Gral. Obregón,
quien había logrado la reforma de la Constitución para regresar al poder.
Prácticos ya los Generales Obregón y Calles en meneste1·es de esta naturaleza, hicieron abortar la contienda democrática, obligando a los contrincantes a sublevarse. En un hotel de Cuemavaca celebraban una junta connotados políticos simpatizadores de Serrano, entre civiles y militares. No existían preparativos bélicos, y a pesar de tratarse de una reunión abierta todos

'

407

�fueron aprehendidos, por un pelotón de soldados federales. Dejo la palabra
al Gral. Treviño: "Conducidos hacia la Capital, fueron ejecutados salvajemente en Huitzilac, Morelos, hombres que hubieran podido ser útiles a la
Patria. Se les ejecutó sin formación de causa alguna, obedeciendo órdenes
atrabiliarias, contra la Ley y la moral, de gentes que disfrutaban el mando
supremo y pensaban que la Revolución se había hecho para su propio provecho. Las víctimas fueron: Francisco R. Serrano, Carlos A. Vidal, Miguel A.
Peralta, Lic. E. Martínez de Escobar, Lic. Otilio González, Vizcarra y Jáuregui, y otros seis más a pesar de que se hacía gala de que vivíamos en un
período de gobierno constitucional".
Se consumó el golpe gobiernista al ser ejecutado el otro candidato Gral.
Amulio R. Gómez, aprehendido después de una refriega sin importancia
militar¡ pues se encontraba seriamente enfermo.
En esta contienda sí participó el Gral. Treviño aun cuando, por lo precipitado de los acontecimientos no le fue posible actuar con mando de fuerzas.
Peregrinó por gran parte del territorio nacional, sorteando mil peligros, hasta
lograr cruzar el Río Bravo para internarse en territorio Norte-americano.
Habiendo sido asesinado el Gral. Obregón, cuando asistía a un banquete
en el restaurante de La Bombilla, en San Angel, que tenía la significación de
rendirle homenaje, con motivo de haber sido electo de nueva cuenta Presidente de la República, la política quedaba totalmente en manos del Gral.
Calles, ganándose el título de Jefe Máximo de la Revolución.
Para substituir a Calles, que terminaba su período el primero de diciembre de ese año de 1928, fue designado Presidente Provisional el Lic. Emilio
Portes Gil, quien convocó a nuevas elecciones. Contendían, como candidatos
independientes, el Lic. José Vasconcelos y el General Antonio l. Villarreal, y
con el carácter de oficial, el Gral. Pascual Ortiz Rubio.
Surgió de pronto una nueva oportunidad para el Gral. Treviño de hacer
armas en contra de Calles, aun cuando con adversa fortuna. Varios Generales con mando de fuerzas, inconformes con el sesgo que tomaba la cuestión política, acordaron desconocer a las Instituciones encabezadas por el Lic.
Portes Gil, a cuya diestra se encontraba el Gral. Calles, que era el verdadero
mandatario.
Los centros principales de operación se localizaban en Sonora, Veracruz,
Coahuila y Chihuahua. Fue designado Jefe de los rebeldes el Gral. José Gonzalo Escobar, quien de Chihuahua marchó hacia Torreón, que cayó en su
poder, saliendo de inmediato hacia Monterrey, plaza que también tomó;
pero, contra lo que se esperaba, a los dos días regresó a Torreón, abandonando
el proyecto de una rápida marcha sobre la Capital de la República.
El Gral. Trevifio tomó contacto con las fuerzas sublevadas en Cd. Juárez,

408

marchando en seguida a Chihuahua, en donde se le dio mando de fuerzas;
pero habiendo sido derrotado el Gral. Escobar en Jiménez, fue necesario evacuar la plaza. Si a esto se agrega la mala racha que habían sufrido los rebeldes de Veracruz y de Sonora, no quedaba más camino que el de la dispersión. El Gral. Escobar enfiló hacia el Canadá, y el Gral. Treviño, por
Agua Prieta se intem6 en los Estados Unidos, continuando su destierro, que
se prolongó durante ocho años.
Relata el Gral. Treviño sobriamente su estadía en Estados Unidos, de donde regresó durante el Gobierno del Gral. Lázaro Cárdenas, en junio de 1936.
Participó en contiendas democráticas, siendo electo Senador de la República.
En un rasgo de rara sinceridad en nuestros medios políticos el Gral. Treviño dice: "Fui recomendado por el señor Ruiz Cortines para ser candidato
al Senado de la República en la XLII Legislatura, representando a Coahuila,
mi Estado natal. Digo y repito que fui recomendado por el candidato del
Partido Oficial, porque no se conocía otra forma para alcanzar los escaños de
las cámaras, a pesar de que el caso era especial, pues a mí en lugar de favorecerme ser candidato de ese Partido, me perjudicaba por el desprestigio
que había conquistado en el país entero" ...
Relata sus intervenciones parlamentarias, sus convicciones revolucionarias,
que cristalizaron con la formación del Partido Auténtico de la Revolución
Mexicana, y hace mención de diversos acontecimientos hasta los momentos
en que llega a 1a Presidencia de la República el Lic. Adolfo López Mateos.
Cumple así el General Treviño con un deber. Fue actor d&lt;! numerosos acontecimientos de gran relieve. Vivió con entereza momentos de los más dramáticos y expone sus ideas sin rodeos, Seguramente que habrá quienes no estén
de acuerdo con él; pero precisamente aquí está el mérito de estas Memorias,
que se escriben para su crítica y meditación.

4-09

�DON MART1N DE ZAVALA Y LA MINERÍA EN EL
NUEVO REINO DE LEÓN
EuoENTo

DEL

Hovo

Instituto Tecnológico de Monteney

DESDE LA FUNDACIÓN DE LA CruoAO METROPOLITANA de Nuestra Señora de
Monterrey por Diego de Montemayor en 1596 basta los tiempos de don Martín de Zavala el carácter de los pobladores había ido cambiando lentamente:
aqudlos primitivos aventureros, soldados de fortuna y vagabundos, cazadores
de esclavos, iban siendo sustituídos por verdaderos colonos que entraban al
Reino con el deseo de establecerse en él definitivamente y que, por ende,
venían acompafiados de sus familias, sirvientes, ganados, semillas e instrumentos de trabajo. Este nuevo tipo de hombre, que aparece esporádicamente
en el Nuevo Reino desde fines del Siglo XVI, llega a fijarse como tipo general
del poblador en el período que estudiamos; ya para entonces los más antiguos
vecinos del Reino habían ido muriendo y sus hijos, aunque herederos de la
idiosincrasia de sus progenitores y representantes de una afieja tradición
poco a poco, por obra del tiempo y del ambiente, iban encontrándose más
cerca de los nuevos colonos que de la generación anterior.
Hay otro hecho muy notable que debemos destacar aquí: de estos nuevos
colonos muy pocos son españoles peninsulares o extranjeros, el más alto porcentaje es de mestizos y de criollos, siendo también numerosos los mulatos
y los indios "laboríos": mexicanos, otomíes y algunos tarascos, casi todos artesanos. Se desprende también de los pocos datos demográficos que hemos
podido recoger en esta rapidísima investigación, la complejidad del mestizaje
que se va operando en este período, dando origen a aquellas castas tan mezcladas y de nombres tan pintorescos: coyotes, zambos, lobos, barcinos, cambu jos, chinos, moriscos, salta patrás, no te entiendo, tente en el aire, etc.
Es también muy importante el hecho de que los indios "chichimecos", o sea
los "naturales" del Reino, permanecen al margen de esta integración racial
durante el período que aquí estudiamos. Los ejemplos en contrario que hemos

411

�encontrado son tan pocos, que justifican nuestra anterior afirmación. Todos
estos hechos, documentalmente comprobados, destruyen la tradicí6n, muy
arraigada, de que la población del Nuevo Reino de León tenía su origen en
un pequeño grupo de familias españolas que, celosamente, conservaron la
pureza de su sangre y que, por lo tanto, los habitantes de esta región no
habían participado en el intenso y complejo mestizaje que se cumplía en
otras regiones de la Nueva España. Fundándose en esta falsa tradición se
llegó a caracterizar al noreste de México como un "mar hispánico" en contraste del "mar indígena con islotes mestizos" mesoamericano. Nosotros empezamos a dudar de ese carácter, preponderantemente hispánico de la población del Nuevo Reino de León, al ir conociendo algunos aspectos de su
folklore y al descubrir en la toponimia antigua, así como en el habla popular, abundantes nahuatlismos, muchos de los cuales han llegado hasta nuestros días; además, en la investigación de archivo, nos hemos encontrado con
numerosas personas que hablaban la lengua nahuatl y que, por su bajo nivel
cultural, seguramente no la habían aprendido en las escuelas, sino en el ambiente familiar y que, por lo tanto, han de haber sido mestizos o castizos o
de alguna otra casta. Las uniones de mulatos con índias o de éstas con mestizos eran muy frecuentes.
Nos satisface poder señalar aquí ese carácter mestizo, tan "mexicano", de
las gentes de Monterrey, desde los albores de su lústoria.
Para no cansar al lector con múltiples citas en comprobación de lo anterior, sólo mencionaré un dato muy significativo: todos los 28 vecinos fundadores de la Villa de San Juan Bautista de Cadereita, eran nacidos en la
Nueva España, no hubo uno solo peninsular.1
Pasemos ahora a señalar a grandes razgos las diferentes corrientes migratorias en este período, así como la principal actividad de cada grupo:
Las gentes que acompañaron a don Martín de Zavala en su primera entrada al Reino procedían, casi todas, de la zona minera zacatecana y muchos
de ellos habían pasado por San Luis Potosí, en cuya fundación y fomento de
las minas, tanta importancia había tenido la familia Zavala. Entre ellos figuran varios parientes del gobernador, como su tío el General don Juan de
Zavala, su sobrino y homónimo el capitán Martín de Zavala y sus medios
hermanos los García de Sepúlveda, hijos de uno de los primeros pobladores
de San Luis Potosí: Antón García de Reina 2 y de doña Ana de Sepúlveda,
madre de don Martín, la cual también vino al Reino en compañía de sus
hijos. Cabe aquí señalar cierto carácter de nepotismo que tuvo el gobierno
~ "Acta de fundación de la Villa de Cadereita" en JosÉ ELEUTBRIO GoNzÁLEZ,
Lecciones Orales de Historia de Nuevo León, p. 68.
1 PRIMO FELICJANO VEL.ÁZQUEZ, Historia de San Luis Potosi, vol. II, p. 15.

412

de don Martín: Zavalas, Sánchez de Zamora, García de Sepúlveda, todos eran
mineros de abolengo, grandes conocedores de los metales y de su beneficio y, todos ellos, parientes de don Martín. En este grupo de mineros ocupan lugar especial gentes como Alonso Lobo Guerrero que "entra con más de diez mil
pesos de avíos de minas, ropa y otras cosas adherentes de sacar plata, sin los
ganados mayores, esclavos, etc". 8 Andrés de Arauna, inventor, de quien nos
ocuparemos más adelante, o Matías de Silva, oficial de espadero y natural
de SeviIJa. 4 No podemos dejar de mencionar aquí al Lic. don Martín Abad de
Uría, primer cura de la Ciudad de Monterrey s y que interviene en las más
importantes transacciones mineras de la época; estos curas mineros eran ya
una tradición en el Nuevo Reino: ya don Baldo Cortés, primer cura de Saltillo, había trabajado minas en Monclova, antes de la entrada de Carvajal
y fue de los primeros que denunciaron minas al fundarse Monterrey ¡6 en
1599 uno de los mineros más importantes del Reino lo era el Padre Cebrián
de Acevedo Ovalle, socio de Diego de Monlemayor el mozo en la Mina Santa
Ana. 7 Habría que añadir aquí el grupo de mineros que, conducidos por don
Gregario Zalduendo y Evia, se avecindaron en la abandonada Ciudad de
León ( Cerralvo), en 1625, con objeto de repoblarla y trabajar las minas ¡8
así como otros importantes mineros que habían llegado al Nuevo Reino muchos años antes de la entrada de don Martín de Zavala, como Bernabé de
las Casas, Diego de Villarreal, Alonso Díez de Camuña o los Femández de
Castro, todos ellos provenientes también de la zona minera zacatecana.
Con la entrada de don Martín al Reino, la minería recibió vigoroso impulso; nos dice Israel Cavazos Garza, sin duda el más profundo conocedor
de Ja historia local, que "En el Archivo Municipal de Monterrey se conserva
por lo menos un centenar de registros de vetas, en un término menor de
diez años". 9 Diez de la Calle no sólo confirma el dato, sino que eleva has1 !SRAl!L C.wAzos GARZA, "Algunas características de los pobladores de Nuevo León
en el Siglo XVII" en Hu.manitas, Año I, núm. I, p. 468.
• ISRAEL ÜAVAZOS GARZA, Cedulario autobiográfico de pobladores del Nuevo Reino de León (inédito).
• ALONSO DE LEÓN, Relació11 y Discursos del descubrimiento, población y pacificación de este Nuevo Reino de León, México, 1909, p. 108.
1 "Pleito por la jurisdicción de las minas de Nuevo Almadén {"Monclova) entre los
gobernadores del Reino de la Nueva Vizcaya y el Nuevo Reino de León, año de 1643",
Archivo del Ayuntamiento de Hidalgo del Parral, Chih., Exp. 22, f. 9. (En las siguientes notas haremos referencia a esta importante fuente titulándola Documento del
Parral).
' Archivo Municipal de Monterrey, Protocolo, Vol. I, doc. 1.
• "Acta de fundación del Pueblo de San Gregario de Cerralvo, 4 de septiembre de
1626". PubHcada por David Alberto Cossío, Historia de Nuevo León, vol. I, p. 212.
• ISRAEL CAVAZOs GARZA, "Algunas características, etc.", p. 468.

413

�tan te la cifra: "Su distrito ( de Ccrralvo) es tan abundante de metales, que
en él se descubrieron en breve tiempo 220 minas, las nueve se labraban y
otras nueve las tenían puestas en labor, conforme a las ordenanzas". 1 º En
el memorial que don Martín envió a la Corte con el Capitán Alonso de León
en 1656, informa a su majestad "haber puesto dos (haciendas) de sacar
plata en dicha ciudad (Monterrey); fundando y poblando el real y minas de
San Nicolás de las Salinas, en que hay seis haciendas de sacar plata, muchas
minas; fundó el Real de San Gregorio, junto a la villa de Cerralvo, en que
hay cuatro haciendas de sacar plata", 11 Sin embargo, hubo varios factores
que impidieron alcanzar el auge minero que se esperaba: la guerra constante
que daban los indios, lo despoblado y mal comunicado de la tierra, la falta
de mano de obra suficientemente experta y, la más importante, la baja ley de
plata de los minerales que iban disminuyendo, hasta agotarse, al ahondar las
minas; esto hizo que las esperanzas que en un principio se pusieron en ellas,
pronto se convirtieran en desengaños. Diez de la Calle dice: "Las minas son
tan ricas que aun habiendo pocos que la benefician, se habían sacado y marcado más de 42 mil marcos de plata y más de 50 mil quintales de plomo y
300 mil de greta, cosa muy necesaria para su labor (de la PlataL que con
gran aumento de la Real Hacienda y alcabalas causadas en su venta, se habían
gastado en las minas de Zacatecas, el Parral, Cuencamé y otras de la Nueva
Galicia a donde se habían conducido desde las de San Gregorio, Cerralvo,
Salinas ' y otras del Nuevo Reino de León; con lo cual se proseguía su beneficio" .12 Diez de la Calle torna sus datos de un amplísimo informe de 1584
fojas que don Martín de Zavala envió a la Corte en 1645. En el memorial
de 1656 dice don Martín que han entrado en las Cajas Reales "muchos
marcos de plata, derechos sacados de sus minas, sin grandes cantidades de
plomo y greta que se han sacado y conducido en carros y recuas a Zacatecas, Panal, Sombrerete y otros reales de minas, más de tres millones de
marcos de plata". 13 Pero, como siempre, es Alonso de León el que nos permite, por su sentido de observación y lo valioso de sus datos, adentrarnos en
el fondo del problema:
''Hay en este Reino muchísimos minerales de plata, plomo y cobre; lo que
hay en gran abundancia es el plomo que pudiera, de él solo, sustentarse
todo el mundo, a no haberlo en otra parte; la plata no es tanta en la que
se benefician, que suba a los dueños, ni tan poca, que no lo pasen razonable,. JUAN D.mz DE LA CALLE, Memorial y Noticias Sacras, p. 230.
u "Memorial de Don Martín de Zavala al Rey", publicado por Alonso de Le6n,
Relación y Discursos, pp. 213-216. La cita está en la p. 213.
" JUAN DIEZ DE LA CALLE, Memorial y Noticias Sacra5, p. 232.
' 1 ALONSO DE LEÓN, Relaci6n y Discursos, pp. 213 y 214.

414

mente, si hay gobierno. Lábransc en San Gregorio, donde hay muchas haciendas; han acudido bien; si fueran ahondables, son mantos y, a no ser
tantos los daños de los indios, fuera agradable vivienda con lo que se saca.
El real de las Salinas tiene cinco haciendas con las minas profundas; acuden
bien; hay Alcalde Mayor y Capitán a Guerra. Otras hay en el cerro de las
Mitras que, dicen los antiguos, acuden mucho: }ábranse dificultosamente, porque es la subida muy alía y con riesgo; hay hacienda moliente en Monterrey, a titulo de ellas, hay otra que llaman del Camahán y de 1a Parra, cerros
distantes de las poblaciones, con que no se pueden beneficiar, si no es con
fuer.za de gente; suelen traer de ellas metales, con recuas, para ligas" .14
Tenemos aquí un cuadro completo y preciso del estado de la minería en
el Nuevo Reino de León en el año de 1648; como se puede constatar fácilmente, Alonso de León señala con claridad las causas que impidieron que
el Nuevo Reino se convirtiese en emporio minero: había abundancia de greta
y de plomo; pero no de plata; los yacimientos no eran ahondables por ser
mantos y los indios, en muchos casos, impedían la explotación, especialmente
cuando las minas se encontraban en el despoblado: "no se pueden beneficiar
si no es con fuerza de gente", es decir, con soldados. Es oportuno añadir aquí,
antes de pasar adelante, o~ factor que, a nuestro juicio, intervino en el
poco éxito de la minería en esta regi6n: después de haber estudiado cuidadosamente los pocos inventarios de bienes de mineros que pudimos recabar,
conjeturamos que aquí el beneficio se seguía haciendo exclusivamente por
fundición, es decir, no llegó a establecerse el sistema de patio de Bartolomé
de Medina, tal vez porque las instalaciones eran costosas y por la dificultad
de conseguir y transportar los azogues; y la fundición sólo era aplicable a
unas cuantas clases de minerales y resultaba incosteable para los metales de
baja ley.
De la constante y activa preocupación de don Martín de Zava]a en el fo.
mento de la minería, nos dice el cronista:
"Un cerro está, que llaman de la Caldera, distante como treinta y cinco o
cuarenta leguas (¿de Monterrey o de Cadere.ita donde escribía el cronista?),
y de la Villa de Cerralvo como veinte, al occidente; es copiosísimo mineral
ele metales i tiénense de él muy grandes esperanzas; ha mandado hacer a él
tres jornadas el Gobernador. Su descubrimiento fue el año de treinta, desde
la villa de Cerralvo, con una compañía de veinte soldados, a cargo del Sargento Mayor Jacinto García de Sepúlveda; una recua y arrieros; trujéronla
cargada de metales que, ensayados, mostraron poca plata. La segunda jornada la hizo el mismo Sargento Mayor con otros veinte soldados y otra recua,
,. Ibid., pp. 83 y 84.

415

�que asimismo vino cargada; fue por la misma parte; ensayáronse, mostraron
la cantidad de la vez pasada y rinde mucha liga; fue el año de treinta y dos.
El año de cuarenta y cuatro, salió, con la misma orden, del real de las Salinas, el General Juan de Zavala; vio el cerro, que por donde quiera había
vetas fundadas y metales cuajados en gran abundancia; cargó de los que
le pareció; ensayáronse en las Salinas, mostraron plata como los otros: sin
duda hay en aquel cerro gran riqueza: qwera Dios se descubra para su santo
servicio".
"Un cerro dicen que hay, que llaman eJ de La Plata, incógnito a los que
hoy viven, también lo sería a los pasados; es hacia el norte. Se ha intentado
dos veces jornada por este Reino; 1a primera, el año de cuarenta y cuatro,
ya publicada y dispuesta, a cargo del General Juan de Zavala, que estorbó
algunas conmociones e inquietudes que los indios alazapas tenían; la segunda, este presente año de cuarenta y ocho, a cargo del mismo General, que
también estorbó el alzamiento que está en su mano, tan riguroso, de los icauras, guaracatas, acancuaras, inqueros) camahanes, icuanos y otras diversas
naciones que con tan cruda y cruel guerra tienen infestado el Reino". 16
Acerca del monto de la producción minera tenemos los siguientes datos para
el año de 1648: "El referido año de veinte y seis, que entró el Gobernador,
como está dicho, dio orden a poblar las minas; rcparti6, entre los que se
animaban, barras y otras herramientas, fuelles y alcribises con que hasta el
presente año de cuarenta y ocho, que son veinte y dos, en la Villa de Cerralvo
y real de las Salinas, consta por los libros de la caja, que está de tres llaves
en la ciudad de Monterrey, testimonios e informaciones auténticas que de
ello se han hecho en diferentes ocasiones, haberse sacado más de sesenta mil
marcos de plata, de cuya cantidad han procedido arriba de trescientos mil
quintales de greta y plomo, que han sacado tres o cuatro cuadrillas cada
año, sin muchas recuas; todo lo cual llevan al Parral, Sombrerete y Zacatecas y otros reales de minas, para ligar los metales que en ellos son secos;
conque se han sacado, según buen cómputo, más de dos millones de pesos
en los dichos reales de minas, como con infalible evidencia matemática se
puede probar, lo cual no pudieran, a carecer de tal liga, en que ha tenido
S. M. grandes intereses, relevado de los gastos que tenía". 15
El año de 1643 surgió un serio conflicto entre el Reino de la Nueva Vizcaya y el Nuevo Reino de León por la jurisdicción en las minas de Nueva
Almadén (Mondova) que en ese año fueron repobladas por gentes de Saltillo, siendo nombrado por el gobernador de la Nueva Vizcaya como Jus" Tbid., pp. 84 y 85.
11 !bid., p. 86.

416

ticia Mayor y Capitán a Guerra, el capitán Mateo de Arredondo. Corrió fama
de que las minas eran muy ricas y esto movió a don Martín de Zavala a
intervenir pretendiendo que aquella jurisdicción era del Nuevo Reino y no
de la Vizcaya: se presentaron requerimientos e informaciones por ambas partes; se enconó la disputa; don Martín nombró a su vez como Justicia Mayor
y Capitán a Guerra al Capitán Diego de Villarreal quien aprehendió a Arredondo y preso lo mandó a Monterrey; estuvo a punto de estallar la guerra
entre los dos Reinos; intervino el Virrey poniendo a la Provincia de Coahuila en poder de la Real Audiencia de Guadalajara; se ensayaron los metales que no mostraron ley y con esto el asunto fue olvidado por ambas
partes.17 Alonso de León comenta irónicamente: "Y es cosa de notar que
dos hombres pobres tuviesen tanto ardid, que sustentasen casi seis años un
embuste que bastó a poner dos Reinos ( ueva Vizcaya y ue,•o León) en
armas y otros dos en consultas (Nueva España y Nueva Galicia), para el
remedio del daño que podía acaecer, en que se causaron de daños más de
veinte mil pesos, sin la pérdida del tiempo; y porque su gloriosa memoria
quede a los venideros para escarmiento, pongo aquí sus nombres, que son:
Alonso Guerrero y Pedro López Zurita" .18
El día 14 de mayo de 1636 el Capitán Andrés de Arauna, vecino y minrro de la Villa de Cerralvo, compareció ante don fartln de Zavala solicitando patl'nte de un molino de metales que él había inventado y que tenía
"corriente y moliente" en la hacienda de minas que tomó en arrendamiento
del Lic. Martín Abad de U ría. ¿ En qué consistía dicho invento con el cual,
según su inventor "se ahon-an y suplen muchos gastos que suelen sobrevenir
para sacar la dicha plata"? Desafortunadamente no tenemos la menor idea
al respecto, ya que en la solicitud de la patente no se le describe. Cuando
logramos encontrar e1 inventario de los bienes que quedaron por fin y muerte
del capitán Andrés de Arauna,19 creímos, con entusiasmo, que en dicho .inventario encontraríamos algunos datos que nos permitirían saber, aunque
fuese en forma vaga, en qué consistía dicho invento; pero, no fue así: en
el inventario sólo figuran varias piezas de molino que nada tienen de extraordinario, on piezas de aquellos antiguos molinos de almadanas usados por
los mineros en toda la Nueva España. Sin embargo, a pesar de no tener la
descripción del invento, creemos que la solicitud de la patente es no sólo
interesante para la historia de la minería en el Noreste de México, sino también dentro de la historia del desarrollo industrial de Monterrey, ya que constituye la primera patente industrial conocida en Nuevo León.
" Documento del Parral.
•• ALo:-.so DE LEÓN, Relaciéin ,, Discursos, p. 89.
11 Archivo Municipal de Monterrey, Civil, vol. V, Exp. 6.

417
H27

�He aquí el importante documento:
"El Capitán Andrés de Arauna, minero y vecino de esta Villa de Cerralvo,
en la mejor vía y fonna que más baya lugar en derecho, parezco ante Vuestra Señoría y digo que yo tengo en arrendamiento una hacienda de sacar
plata, en la cual tengo hecho y fabricado, por mi ingenio y artificio, un molino con el cual se ahorran y suplen muchos gastos que suelen sobrevenir para
sacar la dicha plata; porque no solamente está acabado con arte, sino que
es invenci6n nuevamente fabricada, sin que parezca estar en parte alguna de
la manera y forma que actualmente hoy está corriente. Y si es así que a los
inventores de nuevas fábricas hechas con arte e ingenio, y en donde se puede
seguir pro y utilidad de la República y ciudades, según derecho, se les debe
honor y premio; y siendo obra en que con más facilidad se pueden sacar más
cantidades de plata según el artificio, en que su Majestad en sus reales haberes y quintos, puede interesar muchas más cantidades, y así, no solamente
por el provecho de los que quisieren fabricarlo como yo lo tengo en este
Reino, sino también por la utilidad de la República y haber de su Majestad,
se me debe amparar en la posesión de primero inventor del dicho artificio y
porque en todo este Reino y fuera de él no se hallará otra como ella está
hecha; por todo lo cual a Vuestra Señoría pido y suplico que sea declarado
por primero inventor del dicho artificio, haciéndome merced de que por el
tiempo limitado que Vuestra Señoría fuese servido, ninguna persona de todo
este Reino la ponga, sin que por el trabajo e inventiva del artificio, me dé
la .cantidad de pesos que Vuestra Señoría fuese servido de mandar, según el
trabajo de mi ingenio, con justicia que para ello pido, etc.-Andrés de Arauna.-(rúbrica) ". 2 º
Que dicho invento ha de haber sido cosa importante y de consideración,
nos lo dice la respuesta que dio a la anterior petici6n don Martín de Zavala:
"En la Villa de Cerralvo, en catorce de mayo de seiscientos y treinta y
seis años, el Señor Gobernador, vista esta petición, dijo que mandaba y mandó
que cualquier persona que pusiere la invenci6n de la hacienda que refiere la
petición, le pague y dé al Capitán Andrés de Arauna, cien pesos y esto se entienda por el tiempo de seis años, atendiendo a su buena inventiva, ingenio
y artificio. Y así lo proveyó, mand6 y firmó con parecer de Lic. Juan López
Serrano.-Don Martín de Zavala.-El Lic. Juan López Serrano.-Ante mí
Juan de Zavala, escribano nombrado (rúbricas)" .n
La importancia del invento del capitán Andrés de Arauna y los beneficios
que podría reportar a la minería, se ponen de manifiesto por lo cuantioso de
• Archivo Municipal de 'Monterrey, Civil, Vol. Ill, Exp. 11.

" !bid.

418

la concesión: cien pesos de oro de minas, que eran en aquel tiempo mucho
dinero; al famoso Bartolomé de Medina, inventor del método de patio o
de almagamación por azogue, no se le autorizó mucho más en el goce de su
invento: la concesión fue también por seis años y se le autorizaba a cobrar
sus derechos de patente en la siguiente forma:
"Quién tuviere de cincuenta esclavos amoa, 300 pesos de minas.
Quién tuviere de cuarenta esclavos arriba, 250 pesos de minas.
Quién tuviere de treinta esclavos arriba, 200 pesos de minas.
Quién tuviere de veinte esclavos arriba, 150 pesos de minas.
Quién tu_viere de diez arriba, 100 pesos de minas.
Quién tuviere de diez abajo, 60 pesos de minas". 22
Y de todos los mineros que celebraron contrato con Bartolomé de Medina,
el único que pagó los 300 pesos fue el fabulosamente rico don Alonso de
Villaseca en sus minas de Pachuca. 23
El Capitán Andrés de Arauna no pudo disfrutar de los beneficios de su
patente, ni siquiera dejar heredero que los disfrutase, pues el día 13 de junio
de 1637, un año y un mes después de la fecha de la patente, morían él y
su hijo Simón de Arauna, a manos de los indios. Oigamos cómo nos cuenta
la trágica muerte Alonso de León :
''Llevado, pues, de esta insaciable sed (de esclavizar indios), el Capitán
Andrés de Arauna, el año de treinta y siete, salió de la Villa de Cerralvo,
con orden bastante para llamar a su gente: cogióla y puesta en collera, cuando pudo venir gustoso a su casa, excediendo la que le habían dado, dio
orden de pasar a una ranchería nueva y que no le pertenecía. En ella halló
el premio que se saca de semejante vicio, muriendo miserablemente a sus
manos, él y un hijo suyo ... " 24
En el Archivo Municipal de Monterrey, existen los autos de proceso y la
información testimonial sobre la muerte del capitán Andrés de Arauna y
su hijo Simón, documentos llenos de curiosos e interesantes datos que por
brevedad no podemos transcribir. Oigamos siquiera lo que dice el Sargento
Mayor Jacinto García de Sepúlveda en su informe de cómo encontr6 los
cadáveres: c'habiendo caminado como trece o catorce leguas de esta dicha
Villa (Cerralvo) la tierra dentro, en un llano, habían hallado los cuerpos que
fueron del dicho Capitán Arauna y de Sim6n de Arauna su hijo, desnudos
11

F&amp;ANccsco FERNÁNDEZ DEL CASTrLJ..O,

Algunos Documentos nuevos sobre Barto-

lomé de Medina, México, 1927.
'"Ibid.
,. ALoNso DE LEÓN,

Rtlaci6n y Discursos, p. 156.

419

�todos y con muchos flechazos. . . y que estaban muy desfigurados, y el dicho
Simón de Arauna machucada la cabeza y los dientes de la boca quebrados ..." :s
¿Qué fue del invento después de la trágica muerte de su inventor? ¿Lo
adoptaron los mineros de la región y ent:ó a ese patrimonio común de la
técnica minera de la Nueva España o muere al morir su inventor? Es este
un problema del mayor interés y quizá podría llegar a resolverse estudiando
cuidadosamente los im·entarios de las haciendas de minas en el Noreste de
México, comparando lo molinos anteriores a 1637 con los que se construyeron después. Tal vez algún día podremos saber en qué consistió este invento
y añadir el nombre de Andrés de Arauna al de los famoso de Bartolomé
de Medina, Alonso Barba, Juan Capellín o José Garcés y Eguía.
En el Nuevo Reino de León los molinos para moler metales han de haber
sido casi todos movidos por agua, como e desprende de las mercedes y de
algunas informaciones de méritos y servicios: "Matías de ilva ... vecino y
minero de este Real de San Gregorio y Villa de Cerralvo... ; digo que yo
tengo fundada una hacienda para beneficio de metales de plata, con mucho
trabajo, abriendo el cárcamo y acequia personalmC'nte; y lo tengo ya hecho
y las paredes del ingenio voy levantando, etc ..." 2 n y en un inventario de los
bienes de Juan Alonso Lobo Guerrero, encontramos la siguiente partida:
"El casco de la hacienda de minas con su asiento, cárcamo, acequia, rodesno
y chiflón, corriente y moliente". 21 Y en el mismo inventario otras dos partidas nos indican claramente que aquella era una hacienda de fundición y
no de beneficio por azogue: ''Una parada de fuelles, armada en la dicha
hacienda, con sus cañones y alcribís viejo. Otra parada de fuelles de marca
menor con sus cañones ya usados"?ª
El desarrollo minero del Nuevo Reino de León nunca alcan1ó la alta proporción alcanzada en los vecinos Reinos de la ueva Galicia y la neva
Vizcaya; su producción de plata, siempre pequeña. hizo imposible que ftmdamentase su economía en la explotaci6n minera y esto lo hizo subsidiario,
económicamente, de las zonas mineras zacatecana y potosina, ésta epigonal
de aquélla; sin embargo, la alta producción de plomo y gretas, tan importantes
en el beneficio de la plata, que alcanzaron los mineros del ue,o Reino de
León, los convierte en factor decisivo dentro del gran desarrollo minero alcanzado en las zonas circundantes, siendo estos minerales "de liga" transporu Archi\'o Municipal de Monterrey, Civil, Vol V, Exp. 6.
Cedrtlario autobiográfico de pobladores.

,. lsRAEL CAvAZos GARZA,

" "Inventario de los bienes srcuestrados al capitán Juan Alonso Lobo Guerrero,
Monterrey, 1644". Archivo Municipal de Monterrey, Causas Criminales, vol. III, E,cp.
33, f. 67.
H

420

tados en recuas y carretas, hasta lugares tan alejados como Parral o San
Luis Potosí, Sombrerete, Fremillo, Mazapil o Zacatecas.
Como lo había hecho don Mart'm de Zavala durante su largo gobierno,
los gobernadores que lo sucedieron, buscaron por todos los medios fomentar
la minería, esperando poder atraer así una mayor afluencia de pobladores
al Nuevo Reino. Pero, ya lo decíamos atrás, los minerales de plata fueron
todos de baja ley y las minas no eran ahondables, sin embargo la producción
de plomo siguió siendo uno de los factores más importantes para la economía
del Nuevo Reino de León e indirectamente, como va señalado, para las
zonas mineras vecinas, ya que ese plomo era utilizado para la reducción de
los minerales de plata lo mismo en Mazapil, Sombrerete y Zacatecas, que en
Parral o la zona minera de San Luis Potosí. En el año de 1668 salió del Reino
gran cantidad de plomo extraído de las minas del cerro de Camahán; sólo
que la guerra con los indios hacía imposible formalizar los trabajos 'pues,
este mismo año, yendo a poblar las Minas de Camahán dos vecinos de las
Salinas, Alonso Rodríguez y J oseph de las Casas, en un puerto que llaman
El Pozo, les acometió una escuadra y los mataron con harta inhumanidad". 29
En el año de 1671 se hizo descubrimiento de nuevas minas en el puesto de
los Muertos, entre Monterrey y Saltillo. La fama de que las minas eran ricas
hizo acudir a muchas personas deseosas de ell.-plotarlas, y suscitó un conflicto
de jurisdicción entre la Ciudad de Monterrey y la Villa del Saltillo, conflicto
que hizo ce ar los trabajos iniciados.ªº En 1674, siendo Gobernador del Reino
don icolás Azcá.rraga, se registró alguna actividad en las minas del Real
de San Gregorio de Cerralvo, haciéndose nuevos denuncios. 31 En el Sur del
Reino, en la jurisdicción del Río Blanco, se hizo uno de los más importantes
descubrimientos de minas en este período, las Minas del Santo Nombre de
Jesús. Oigamos la narración que hace el General don Femando Sánchez de
Zamora en su Dncubrimienlo del Río Blanco y Co1wersión de sus Naturales:
"Salieron a este descubrimiento (seis españoles y el indio Vicente que fue el
que las descubrió) el día 14 de enero del año de 1675, habiendo dicho el
Padre (Fray Juan Caballero) misa por el buen suceso, prometiendo de ponerle al real el Nombre Santísimo de Jesús, de quien reza Nuestra anta
Madre Iglesia aquel dia. Estm~mos 15 {días) en ir y volver, trayendo tres
cargas de metal, que despachamos a fatehuala, que en la sazón estaba corriente la hacienda, donde se ensayaron por mano de Isidro González, hombre muy experimentado e inteligente, de que sacó diez y ocho onzas de plata
" Jo11N

BAUTISTA

CHAPA,

Historia del Nue vo Reino de Le6n desde 1650 hasta

1690, México, 1909, p. 245.
• Jo~é Euwn.RJO Go . ·zÁLEZ, Leccio11er Orales, p. 81.

u Archivo 'Municipal de Monterrey, Civil. Leg. VI, Exp. 11.

lbid.

421

�y mucha greta. Con este desengaño, hice una hac;ienda de rodezno en esta

labor del Río Blanco".

"En el ensaye y en la fábrica del molino se pas6 el tiempo hasta fin de
noviembre, que fui yo personalmente con algunos amigos y gente que fuesen abriendo el camjno; llegamos a la mina el 25, dia de Santa Catalina, virgen y mártir, cuyo nombre le puse a Ja primera mina y a otra que se descubrió inmeruatamente, la Fernandina, por mí y por mi hijo. Al tiempo que
fuimos llegando, cayéndosele a una mula la carga, partió a correr por la halda
del cerro con tanto estruendo y violencia, que de improviso se desapareció,
de manera que aquel día no la pudieron hallar; el siguiente, la salieron a
buscar, trasegando todo el cerro, donde hallaron tantas vetas de metal, que
ya las tenían en poco, no contentándose cada uno en coger para sí dos ni
tres, sino también para los parientes y amigos ausentes.
"No obstante, aunque corrió la voz, no hubo mucha operación en la tierra
fuera, hasta el año siguiente, que fue el de 76, que, habiendo yo acabado
de poner al corriente mi hacienda y sacado buenos tejos de plata, que despaché a Charcas y a San Luis, a mis correspondientes, como ya vieron la
plata, ya entonces se despoblaban las haciendas por venir al nuevo descubrimiento, de tal suerte, que no cesaba de entrar y salir gente, y en pocos, antes
que pasase el año, andaban ya corrientes, en el mismo real, cinco haciendas:
de ellas han permanecido las tres, sin las de agua que tenemos en el Río
Blanco, en que se han sacado hasta hoy, 20 de diciembre de 1680. seis mil y
seiscientos marcos de plata, manifestada ante mí ( Sánchez de Zamora era
Justicia Mayor y Capitán a Guerra de las Misiones del Río Blanco) , y más
de otros tantos de plomo y de greta que han salido para los reales de rojnas de
Charcas, Zacatecas y Sombrerete". 82
Lástima que esta extraordinaria bonanza alcanz¡¡da en tierras del Nuevo
Reino de León, no lo hubiese beneficiado en ninguna forma: econ6micamente, el Sur del Reino quedaba dentro de la zona de influencia de San
Luis Potosí.
En 1688 se observó gran movimiento en la saca de plomo ,ctierra afuera". 3 ª
Pero el hecho más importante para la historia de la minería en el Nuevo
Reino de León dentro del período que estudiamos, fue la fundación de la
Villa y Real de Minas de San Pedro Boca de Leones. El historiador David
Alberto Cosía nos da una clara noticia de esta fundación: "Administraba el
Gobierno del Nuevo Reino de León don Pedro Femández de la Ventosa, por
'" FERNANDO SÁNCHBZ DE ZAMORA, Dt1scubrimiento del Rlo Blanco y conuersi6n de
sw naturales, 'México, 1909, p. 374.
.. Archivo Municipal de Monterrey, Civil, Leg. VII, Exp. 63.

422

el año de 1690, cuando se fundó con 200 españoles y mestizos, el Real de
San Pedro de la Boca de Leones, en terrenos cedidos por el capitán don
Juan de Villarreal. Este, en compañía de don Francisco Barbariego y de
don Antonio González, descubridores de las primeras minas de esa comarca
.
'
considéranse
entre los fundadores de lo que hoy es Villaldama".
"Gran satisfacción recibió don Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, Conde de Galve, al tener conocimiento por Barbariego, del descubrimiento; y, después por Fernández de la Ventosa, de la nueva fundación de
San Pedro de la Boca de Leones, no solamente por la importancia del hallazgo minero, sino asimismo porque reafirmaba el dominio español hacia ese
rumbo, estableciendo un valladar a los ataques de los bárbaros que tenían
por ese lado en constante vigilia a los españoles.
"Para esa fundación fue comisionado el capitán don Alonso Ramos de
Herrera, Alcalde Mayor de la Villa de Santiago del Saltillo; y entre las
varias razas de indios que se avecindaron primeramente, se contaban apaches
y chatapaches, de los que fueron enviados diez años más tarde a establecer
la Misión de Santiago de Valladares.
Apenas establecido el Real de San Pedro de la Boca de Leones, e inmediatamente acudieron en busca de fortuna o de trabajo, blancos o indios,
no sólo de este Reino y de la Provincia de Coahuila, sino aun de las del Sur,
donde alcanz6 gran resonancia este descubrimiento. He tenido oportunidad
de ver algunos documentos de esa época fechados en la Villa de San Luis
Potosi, en los que consta haberse preparado allá, por grupos de gente hábil
en el trabajo de minas, viaje al nuevo descubrimiento, con el propósito de
intensificar las tareas. Esta fundación puede titularse el principal acontecimiento de la administración de don Pedro Femánde-z de la Ventosa".u En
1693, siendo Gobernador don Juan Pérez Merino, el General Ignacio de Maya pobló y fundó el mineral de Santiago de las Sabinas (Sabinas Hidalgo),
cerca de Boca de Leones; veinte familias de Candela, Coah., fueron las fun~
dadoras. Maya era vecino de Saltillo. 85
El numeroso grupo de nuevos colonos que entró al Reino a poblar estos
reales de minas, constituyó una de las aportaciones más importantes para
la población del Nuevo Reino de León. Y no s6lo por el número, sino también por la calidad: la mayor parte, como lo dice Cossío, eran mineros expertos procedentes de la zona minera de San Luis Potosí; otros, que entraron por el Saltillo, provenían de la zona minera zacatecana. Y toda era gente
de trabajo y de iniciativa, y muchos de ellos abandonaron las empresas mi11

M

JD&gt;.vro
,
OSE

ALBERTO
ELEUTERIO

Cossfo, Histo-ria de Nueuo León, Vol. Il pp. 237 y ss.
,
GoNZÁLE:z, ~puntamientos para la Historia Eclesiá.Jtha, etc.,

p. 273.

423

�ncras para dedicarse a las labores ¾aricolas o a la explotación ganadera, estableciendo estancias con las que se fue poblando la región. Fue esta una importante conquista sobre el "despoblado". Entre estos nuevos vecinos del Reino hay algunos que ameritan especial mención. Don Francisco Barbarigo,
uno de los tres fundadores, era vecino del Saltillo y Teniente de Capitán
Protector de indios tlaxcaltecas y cuachichiles en el Pueblo de San Esteban
de Nueva Tlaxcala, aledaño a Saltillo, y fue uno de los más decididos y valiosos colaboradores de Fray Juan Larios, el insigne evangelizador de Coahuila. ~8 En 1696 se estableció en Boca de Leones, Antonio López de Villegas,
gran impulsor de la minería en esa época. El 11 de enero de 1700 dice, haciendo relación de sus méritos: "Antonio López de Villegas, Sargento Mayor, vecino de esta ciudad de Santa María de Monterrey, criador de ganados
mayores y menores, labrador, minero en el Real de Boca de Leones. . . digo que yo salí de San Luis Potosí, de la Nueva España, para este Reino, habrá tiempo de cuatro años, con una cuadrilla de gente de tierra fuera, que
se componía de más de trescientas personas; operarios del ejercicio de la minería y todo género de pertrechos de avío conducente a dicho oficio de minería, como es público en este Reino: y registré catas para minas, que cavé
y estoy actualmente cavando; y fabriqué una hacienda en el Real de Santiago de las Sabinas, que es la mejor que hay en todo este Reino, por estar corriente con cuatro hornos y dos vasos de sacar plata; y asimismo ~er dueño
de otra hacienda en el Real de San Pedro de Boca de Leones, en que Su Majestad, Dios Je guarde, es muy interesado en us reales quintos; y aquel Real
y este Reino de mucho aumento por la plata que producen dichas minas y
haciendas; y hallarse, asimismo, con dos labores de pan coger, corrientes y
aviadas de todos aperos; y haber ejercido el oficio de capitán de caballos de
la gente miliciana de este Reino: y hallarse argento Mayor Vivo; ejerciendo dichos oficios a mi costa y mención, con mis armas y caballos, pólvora y
balas y personas que me asistieron, asimismo a mi costa y de mi caudal, en
las jornadas de los Picachos, frontera de las Sabinas, de esta gobernación,
en el alzamiento de los indios de nación queroamas y alazapas; en que estuvimos más de dos meses y medio en campaña; habiendo salido el estandarte Real y el Gobernador de este Reino, que lo era en la sazón el Sargento Mayor don Juan Pérez Merino, su antecesor de vuestra Señoría (Vergara y Mendoza) ; y asimismo haber casado con doña María González Hidalgo, hija de los primeros conquistadores y más principales pobladores de
este Reino, que debo gozar de este privilegio; y de estos servicios no he tenido remuneración ... (pide se le haga merced de tierra) ... para que pueda

conservarse y mantenerse y ampliarse este Reino, y que vaya siempre a más,
como sucede al presente con el Real y Minas de Boca de Leones, que es de
los mejores que tiene esta Nueva España, por la mucha abundancia de sus
vetas y metales; y por hallarme con la labor de Mamulique, cuantiosa para
poder sembrar ma!z, trigo... " 117
Este era el tipo del poblador que vino al Reino a labrar las minas de San
Pedro Boca de Leones: hombres de empresa, dotados de iniciativa y espíritu
de servir a la comunidad y que venían a invertir sus caudales, grande.s o pequeños, en el fomento económico del uevo Reino. ¡ Qué lejos están de los
vagabundos y aventureros de la época de Carvajal!
Por otra parte, como dice Israel Cavazos Garza, "el adelanto relativo de
la minería ( con la bonanza de Boca de Leones), trae consigo el movimiento
comercial. El madrileño Juan de Espíndola es de los primeros en entrar periódicamente con su tren de carretas. Trae a vender efectos que van desde
el chocolate de Soconusco y prendas de la China, hasta esclavos (negros y
mulatos) e implementos de minería. Se le guardan consideraciones por el
beneficio que reporta a esta provincia, y goza de preeminencias de vecino".
"En igual caso está Francisco de Ir:ibe y Vergara. Entra y sale cada año
con mercaderías. No es vecino, pero se casa aquí con una hija de Bias de la
Gana y hasta llega a ser electo alcalde ordinario y teniente de g:obemador;
acudiendo, además a las jornadas contra los indios". 18 Muchos años atrás,
en 1668, encontramos mencionados otros dos mercaderes "que hadan carrera de este Reino". Nos dice Juan Bautista Chapa: "El año de 1668, vino una
escuadra ( de indios de guerra) cerca de la ciudad de Monterrey y, a menos
distancia de media legua de ella, se llevaron cerca de ochenta mulas de recua de dos mercaderes llamados Joseph Canales y Francisco García... " 39
La interminable y asoladora guerra contra los indios impidió el desarrollo
del comercio en el Nuevo Reino durante más de dos siglos. No sabemos con
qué fundamento dice Fray Vicente Santa María, refiriéndose a los años de
1686 a 1688: "Durante, pues, este tiempo de tranquilidad (?), (el gobierno
de1 Conde de Monclova) y de bonanza con los bárbaros, lograron aquellos
nuevos pobladores del mucho tráfico de tejidos de algodón y de lana, con
otras obras de la industria de América y muy poco de las de Europa por
pieles de venado, de berrendo y de dbola, de que los indios se hacían en su
cuantiosa ca7.a de estos animales, y también en abundante acopio de sal, que
los mismos indios conducían de la costa a los lugares poblados por los espa"

ISRAEL

., JsaAEL

u Vrro Au:ss10 RoBLEs, Coahuila y Texas en la Epoca Colonial, p. 221.

424

ÜAVAZOS

GAllZA,

CPdulario autobiográfico de pobladores del

·ueYo

Reino de León (inédjto) .
•

CAvAZos

GARZA, "Algunas caractt"rÍSticas

JUAN BAUTISTA Cn.\PA,

de los pobladores", pp. 469 y 470.

Hútoria, p. 245.

425

�ñoles. Estos se aprovechaban al mismo tiempo de los conoc1ID1entos prácticos de los salvajes para discernir los lugares aptos donde se facilitara la extracción de plata y otros metales en aquellas sierras inmediatas, habiendo
logrado por este medio bonanzas bastante pingües, de que hay todavía reliquias en los Reales de Boca de Leones y Sabinas". -1&lt;1 El cuadro que presenta
el Padre Santa María es muy halagüeño; pero ¿ en qué se basa? Los documentos que conocemos correspondientes a esos años no lo confirman de ninguna manera. Además, decir que los nómadas tenían conocimientos prácticos
para conocer los yacimientos metaliferos, no tiene tampoco el menor fundamento.
El mayor obstáculo para el desarrollo del comercio, sin considerar la escasa población y su general pobreza, era la gran inseguridad de los caminos. El
que unía a Monterrey con Saltillo estaba siempre amenazado por los indios
de guerra, en los años de 1667 y 1668, casi era imposible transitado. En
1674 don Nicolás de Azcárraga prohibió que se transitase el camino de Río
Blanco por las hostilidades de los indios y, a pesar de todos los empeños puestos en la empresa, el camino de la Huasteca no tenía ningún tráfico por la
misma razón. ' 1
Y entramos en un círculo vicioso: la escasa y pobre minería no atrajo a
los mercaderes y no llegó a crearse un activo comercio. Las dificultades que la
guerra contra los indios ofrecían al desarrollo del comercio, fueron un seno
obstáculo para el desenvolvimiento de la minería.

BREVE RESMA
DEL ARCHIVO PARROQUIAL DE LA CATEDRAL DE MONTERREY
ToMÁs MENoIRICHAGA CuEVA
Sociedad N uevolconesa de Historia, Geografía y Estadística
Monterrey, Nuevo León

II
Libros de Bautismos 3, 4 y 5: julio de 1703 - marzo de 1731.
EsTOS TRES UBROS están encuadernados en un solo volumen. En general,
se encuentran en mejor estado de conservación que los dos anteriores.
El libro tercero de bautismos empieza a fines de julio de 1703 y acaba a
principios de marzo de 1716.
El libro cuarto se inicia el 15 de julio de J 711 -ya explicaremos esto-- y
termina a principios de septiembre de 1723.
El libro quinto abarca desde mediados de septiembre de 1723 hasta mediados de marzo de 1731.

LIBRO

3

DE BAUTISMOS:

JULIO DE

1703 -

MARZO DE

1716

En el primer folio aparece manuscrita la siguiente leyenda: "Libro del licenciado don Ger6nimo López Prieto, de su cargo de Cura Beneficiado de
este Nuevo Reino de León, donde se asientan Jos bautismos de las personas
de su feligresía desde el año de mil setecientos y tres''. 1

'" FRAY VICENTE SANTA MARÍA, Relaci6n Histórica de la Colonia del Nue110 Santander y Costa del Seno Mexicano, pp. 445 y 446.

426

1
La última partida registrada en el libro segundo de bautismos es del 19 de diciembre de 1702, como afirmé en el .número 3 de H umanitas. Por lo tanto, faltan los
baut_izos de enero a junio, inclusive, del año 1703. Quizás también falten algunas
partidas de fines de diciembre de 1702.

427

�Este libro tercero de bautismos empieza en el folio 1 y termina en el 144.
Los folios, en general, se encuentran numerados, pero en algunos ya no existe
el número por estar destruidas las esquinas del margen superior derecho. En
otros con dilic.ultad se distingue el número del folio debido al efecto de la
humedad. Los folios 4, 4 vuelta y 10 vuelta están en blanco.
En la numeración de los folios se cometieron algunos errores: el folio 91
fue anotado dos veces consecutivas; el que tiene marcado el número 129 es
en realidad el 128, ya que éste no fue anotado. y el folio 132 tampoco fue
marcado.
El folio 83 fue cortado con navaja, seguramente por haberse deslizado algún yerro al asentar las partidas, dejando tan sólo una fe de bautismo.
Hay cierto desorden cronológico en la anotación de las partidas.
Este libro contiene cerca de 950 partidas de bautismo sin numerar. En
casi todas se anotó la fecha de nacimiento, cumpliendo la disposición que
dio el Obispo don Juan de Santiago de León Garabito a fines del siglo XVII.
Las partidas aparecen firmadas por los curas siguientes: bachilleres Jerónimo López Prieto, Marcos González Hidalgo, Juan de Larrea, Rodrigo de
Arizpe, Juan de Arellano, Miguel Cantú, Antonio Ramón y doctor José Martínez Guajardo.
En este libro tercero aparecen los bautizos de los primeros nuevoleoneses
que ostentaron los apellidos Arizpe, Domínguez, Marroquín, Mier, Morales
y Salinas. También están registrados algunos vástagos de la ilustre familia De
León, que durante más de medio siglo había residido en la villa de San Juan
Bautista de Cadereyta. Otras familias muy antiguas del Nuevo Reino de León,
que habían vivido fuera de los límites de Monterrey, en las villas de Cerralvo
y Cadereyta, se encuentran anotadas en los libros parroquiales de esta ciudad muy posteriormente. En este caso se encuentran las viejas familias de
conquistadores y pobladores que llevaban los apellidos Abrego, Arriola ( así
debe ser y no Arreola), Barrera, Chapa, Guzmán, Leal y Valdés. Hago notar que los apellidos Femández Vallejo y Ramos de Arriola, originariamente
compuestos, se transforman en Vallejo y Arriola.

EN

En el folio 62 vuelta, en el auto de la visita efectuada a esta ciudad a mediados de julio de 1709 por el licenciado don Francisco Santos de Oliveros
Visitador General de la Diócesis, aparece una importante noticia: la capilla'
de San Francisco Javier "al presente sirve de parroquia, por estarse reedificando la (iglesia) principal .. ." (Esta capilla, erigida a principios del siglo
XVIII por el P. Jerónimo López Prieto, se encontraba en la esquina noroeste de las calles ahora nombradas Escobedo y Morelos).
En el auto de visita del Arzobispo Camacho y Avila, en julio de 1712,
todavía se asentó que la capilla de San Francisco Javier "sirve de parrochia" y,
más adelante, en el mismo documento dice que "sirve de parrochia por estarse fabricando la (iglesia) principal..." (Folios 100 y vuelta). En el citado auto de visita, folio 105, se aclara: "la iglesia parroquial de este Colegio de San Francisco Xavier, que sirve de parroquia..."
Desde el folio que aparece marcado con el número 130, y que es en realidad el 129, a partir de marzo de 1715, se comenzó a poner con algunas variantes hasta el 7 de enero de 1716, que los bautizos eran "en la Capilla del
Señor San Francisco Xavier. que hoy sirve de Parroquial de esta Ciudad de
1 uestra Señora de Monterrey ... "; son, precisamente, las 56 partidas que
firmó el bachiller Antonio Ramón. Pero desde el folio 137 vuelta hasta el
140, ya no se anotó el lugar en donde se hacían los bautizos. Por fin, en el
auto de visita del doctor don José Codallos y Rabal, Visitado1· General del
Obispado, en marzo de 1716, que aparece al final del libro, se volvió a asentar que la mencionada capilla "al presente sirve de parroquia por estarse reedificando la (iglesia) principal. . /' 2
Algunos bautizos inscritos en este libro se hicieron en las capillas del valle
del Guajuco (villa de Santiago), La Pesquería (villa de García), Santa

DÓNDE SE HlCrERON ESTOS BAUTIZOS

El primer bautizo, fechado el 30 de julio de 1703, se dice que fue hecho
"en la Parrochial de esta Ciudad", que es actualmente la Catedral de Monterrey, aunque en las demás partidas de ese año no lo aclaren. Las partidas
del año siguiente se inician con esta nota: "Año de mil setecientos y cuatro,

428

del libro de asientos bautismales de este curato de Monterrey". En casi todas aparece que los bautizos se hicieron "en esta Parrochial" o bien
"en la Parrochial desta Ciudad". También se dice solamente 11 en esta Yglesia". En los años siguientes no se tuvo el cuidado de anotar este dato, quizás
pensando que bastaba con la firma del cura, que aparece al pie de cada fe
de bautismo.

' Como hemos visto, la parroquia de Monterrey se i.nstal6 en la C.'lpilla de San
Francisco Javier, por Jo menos, de 1709 a 1716.
El doctor don José Elcuterio González (1813-1888) da, sin precisar, la misma noticia: "Por los años de 1704 a 1710 '"irvi6 esta Capilla de Parroquia, porque se habían
quemado las otras Iglesias". (Apuntes para la Historia Eclesiástica de las Provincias que
formaron el Obi.ipadó de Linares. Monterrey, 1887. Página 353).

429

�Catarina, Las Salinas (Salinas Victoria), en el Pueblo de Tlaxcala y el valle
del Carrizal ( Marín) .8

Al.oUNAS PARTIDAS DE BAUTISMO NOTABLES

En el folio 79 está registrado el bautizo (9 de julio de 1710) del ilustre
nuevoleonés don José Salvador Lozano, hijo legítimo del Alférez don Nicolás Lozano y doña Juana García, a quien también nombran a veces doña
Juana de la Garza. Don José Salvador Lozano fue Alcalde Ordinario de
Monterrey en 1758, ocupó el cargo de Teniente de Gobernador del Nuevo
Reino de León y obtuvo el grado de General en los reales ejércitos de Su Majestad. Contrajo matrimonio en dos ocasiones y procreó dieciséis hijos. Testó
en esta ciudad el 26 de febrero de 1773 y murió el 23 de octubre de 1777.
En una fe de bautismo fechada el 29 de mayo de 1715 (folio 133 vuelta),
aparece por primera vez en estos registros parroquiales escrito el nombre de la
antigua hacienda de Santa Catalina como ahora se conoce, o sea Santa Catarina. También aparece así en otra partida fechada el 20 de diciembre del mismo
año y en el auto de visita del doctor don José Codallos y Rabal, Visitador General del Obispado (marzo de 1716). Pero en el folio 12 vuelta (junio de 1704)
aún aparece escrito Santa Catalina.'
En el folio 135 vuelta hay dos bautizos que hizo el Venerable Padre Fray
Antonio Margil de Jesús, a principios de octubre de 1715, en la capilla de
San Francisco Javier de esta ciudad. Y en el folio 136 vuelta aparecen otros
dos que hizo en la capilla del valle del Guajuco (villa de Santiago), a mediados de octubre del mismo año.
Por último, en el folio 137 se encuentra la fe de bautismo (8 de diciembre
de 1715) de otro ilustre nuevoleonés: don José Joaquín de Mier Noriega,
hijo legítimo del Escribano Real don Francisco de Mier Noriega "hombre
de noble esplendor y natural de los Reinos de Castilla", y de doña María
Margarita Buentello de Morales, "natural de esta ciudad, matrona noble,
descendiente de distinguida ascendencia ... " Don Joaquín de Mier obtuvo el
grado de General en los reales ejércitos de Su Majestad. Ocupó en distintas
• El único bautizo de este libro que fue hecho, con licencia, en el Convento de San
Francisco de 'Monterrey, "por inconvenientes que hubo . .. ", aparece en el folio 39
vuelta.
• El licenciado don Santiago Roel (1885-1957) dice: ''No hay datos para precisar
cuándo comenzó a llamársele Santa Catarina". (Nu,vo Lt6n. Apuntes hi.st6ricos. Primera edición. Monterrey, 1938. Tomo II. Página 37. Asl aparece en las demás ediciones de la obra).

430

ocasiones los cargos de Teniente de Gobernador y Gobernador Interino del
Nuevo Reino de León, habiendo sido además Procurador General del Ayuntamiento reinero en 1746 y Alcalde Ordinario de Monterrey en 1752, 1755,
1763 y 1773. Este caballero contrajo matrimonio tres veces y procreó quince hijos, entre ellos Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra. Murió
en esta ciudad a principios de octubre de 1790 y fue enterrado el 4 del mismo
mes y año en el Convento de San Francisco.

EDICTOS Y AUTOS DE VISITA

Desde el folio 40 vuelta hasta el 43 aparece, en testimonio, un edicto del
Anobispo Camacho y Avila, expedido en la ciudad de Guadalajara el 12 de
mayo de 1707.
También en testimonio se encuentra una carta del mismo prelado, fechada en la villa de Jerez (Zacatecas) el 10 de mayo de 1709 y dirigida a los
vicarios, curas beneficiados y ministros de doctrinas, en los folios 61 y 61 vuelta.
A mediados de julio de 1709 se asentó ( folios 62 vuelta a 66 vuelta) el
auto de la visita efectuada al Nuevo Reino de León por el licenciado don
Francisco Santos de Oliveros, Secretario del Arzobispado y Visitador General de la Diócesis. En los folios 65 y vuelta aparecen importantes noticias
inéditas sobre el colegio seminario, anexo a la capilla de San Francisco Javier
de esta ciudad: ''Reconoció dicho señor Visitador que el dicho colegio de
niños inmediato a la capilla de San Francisco Xavier, que está sirviendo de
parroquia, tiene siete cuartos en conveniente forma y un patio grande en
que hay algunos materiales para proseguirlo. Y que el dicho cura interino y
vicario juez eclesiástico ( bachiller Jerónimo López Prieto) vive en el dicho
colegio con veinte colegiales, los cuatro de hábitos clericales y a los seis lee
Teología Moral y a los demás que son catorce lee Gramática el bachiller
Juan de Arellano, presbítero". 5 El licenciado Santos de Oliveros ordenó que
1 El bachiller don Juan de Arellano fue Comisario del Santo Oficio de la Inquisición y de la Santa Cruzada, cura en encomienda de la ciudad de Montcrrry y vicario
juez eclesiástico de ella y de las villas de Cadereyta y Cerralvo. Siendo "cura propio
de la villa del Saltillo", se le dio cristiana sepultura en la parroquia de Monterrey el
21 de abril de 1728 y antes "recibió los sacramentos ... " (Libro 4 de entierros, años
1728-1743, folio 8 vuelta. Mismo Archivo Parroquial de Catedral). Este personaje
seguramente fue hijo legítimo del Capitán Nicolás de Arellano y doña Lucía de la
Gana, nacido en el Nuevo Reino de León el 26 de diciembre de 1685 y bautizado
en la iglesia panoquial de esta ciudad el 6 de enero de 1686 con los nombres de Juan
Esteban. {Libro 2 de bautismos, años 16 79-1 702, folio 46 vuelta. Mismo Archivo).
0

431

�cada dos meses informara el cura "que es o fuere de esta ciudad, habiendo
oportunidad, por carta a Su Señoría Ilustrísima del cumplimiento de todo lo
referido, el estado de la feligresía, iglesia que se está fabricando y todo lo demás que convenga para el remedio que necesitare. Y así lo proveyó y firmó".
(Folio 66 vuelta).
Edicto fechado en Guadalajara el 6 de junio de 1711, en los folios 88,
88 vuelta y 89.
Edicto fechado en la misma ciudad el 22 de marzo de 1711, del folio 90
vuelta hasta el 92.
Edicto fechado en Guadalajara el 3 de junio de 1712, desde el folio 96 hasta el 98 vuelta.
Auto de visita del Arzobispo de Guadalajara Doctor don Diego Camacho
y Avila, en julio de 1712, del folio 99 vuelta al 108 vuelta. En el folio 101
vuelta se encuentran otras noticias inéditas: "Reconoció Su Señoría Ilustrísima que el dicho colegio seminario ( de Monterrey) tiene adelantados más
cuartos de los que tenía al tiempo de dicha visita ( del licenciado Santos de
Oliveros), todo muy decente y en conveniente forma, con algunos materiales prevenidos para proseguir la obra. Y que dicho vicario cura interino como rector vive en dicho colegio con doce colegiales de beca, las seis mercenarias y las otras seis porcionistas, con otros niños estudiantes en hábitos de
secular, que todos pasan de veinte. Y se lee en dicho colegio cátedra de Filosofía por el bachiller don Juan de Arellano y la de Gramática por el bachiller Pedro Regalado Treviño, subdiácono. 6 Visitó Su Señoría Ilustrísima el
cuaderno con las Constituciones de dicho colegio y licencia para su fundación, dada por Su Señorla Ilustrísima, que se halló en conveniente forma".
También ordenó el mismo prelado que le informaran, entre otras cosas, acerca de la "iglesia que se está fabricando". Hay importantes datos de la visita pastoral que hizo a la villa de San Juan Bautista de Cadereyta. Y "por
hallarse Su Señoría Ilustrísima enfermo y haberse reconocido que para pasar
adelante se hallaron los caminos sumamente cerrados de monte y ser necesario mucho tiempo para abrirlos, se volvió a la Ciudad de Nuestra Señora de
Monterrey, cabecera de este Nuevo Reino de León ..." (Folio 103 vuelta).
Luego consultó los libros de bautismos, casamientos y entierros de "la parroquial de indios borrados del Convento del Señor San Francisco de esta
Ciudad de Monterrey...", pero no visitó "la dicha parroquial de indios por
hallarse quemada y sin depósito del Santísimo Sacramento ni pila bautis• El bachiller don Pedro Regalado Báez de Treviño, nijo legítimo del General
Francisco Báez de Treviño y doña Catalina de Maya y Treviño, fue bautizado "de
onsse d1as nacido" en la iglesia parroquial de Monterrey el 30 de marzo de 1701.
(Libro 2 de bautismos, años 1679-1702, folio 132 vuelta. Mismo Archivo).

432

mal, aunque estuvo en el dicho Convento" (Folios 104 vuelta y 105). En seguida se asentó: "El día veinte y seis de este dicho mes de julio, festividad
de la Gloriosa Santa Ana, en la iglesia parroquial de este colegio de San
Francisco Xavier, que sirve de parroquia, celebró Su Señoría Ilustrísima órdenes menores extra tempora y ordenó a los siguientes: de la primera clerical tonsura a don Francisco Vallejo y Francisco Xavier Galván, de la primera clerical tonsura y cuatro menores órdenes a Nicolás Prieto de Villela, José de Zcrtuchc, Matías de Aguirre, Pedro Galindo, José Antonio Vallejo,
José García, Francisco Flores de Valdés, Nicolás de Aguirre, Luis de Aguirre,
José de la Garza 7 y Lucas de la Garza. Todos colegiales de este seminario
del Señor San Francisco Xavier, los seis mercenarios y los otros seis porcionistas. Y el dicho Lucas de la Garza vecino de esta ciudad y todos originarios de este Nuevo Reino de León, villa del Saltillo y Provincia de Coahuila".
Edicto fechado en Monterrey el 27 de julio de 1712, en los folios 109 y
vuelta.
Edicto fechado en esta ciudad el 31 del mismo mes y año, en los folios
109 vuelta, 110 y 110 vuelta.
Por último, auto de visita en marzo de 1716 del doctor don José Codallos y Rabal, Visitador General del Obispado, en los folios 141 a 144. Los
dos últimos folios de este documento, o sean el 143 y el 144, son también los
últimos del libro tercero de bautismos y se encuentran destrozados. Se asentó, entre otras cosas, lo siguiente que ya he citado: "1a iglesia de la capilla de
San Francisco Xavier, que al presente sirve de parroquia por estarse reedif icando la (iglesia) principal..." 8 y, enseguida: "dicha capilla que, como dicho es, sirve de parroquia... " (Folio 141). Se dice, por fin, que "están los
caminos infestados de enemigos, que impiden el paso para los curatos circunvecinos..." (Folio 142 vuelta).
' ¿Será el mismo licenciado don José Garza Falc6n, abogado de la Real Audiencia
de México y Rector del Colegio Mayor de Santa María de Todos Santos de la misma
ciudad en los años 1741 y l 742? ( Gacetas de México. Secretaría de Educación Pública. México, 1950. Volumen III. Página 278).
1
Es muy probable que la construcción de la actual Catedral de Monterrey se baya
iniciado a principios del siglo XVIII. Lo cierto es que existi6 un templo primitivo,
que tenía bautisterio, sacristía, puertas de madera, techo de teja y una torre comenzada; esta pequeña iglesia sufrió constantes reparaciones. En el número 3 de Humanitas publiqué por primera vez la única descripción que se conoce de este templo,
según los autos de visita de 1673 y 1681.
Por lo tanto, no son exactas las afirmaciones del doctor Gonzálcz de que durante el
gobie~o de don Martín de Zavala (1626-1664) "se comcnz6 a hacer la Parroquia que
~oy suve de Catedral ..." Y agrega: "Con tanta lentitud se siguió después, que medio
siglo más tarde aún no estaba en estado de servir..." Así, también es errónea la deducción que hace el núsmo autor: "Tardó en concluirse esta Iglesia, a lo menos, ciento

433
H28

�LIBRO

4

DE BAUTISMOS: JULIO DE

1711 -

SEPTIEMBRE DE

1723

En el primer folio de este libro existía un encabezamiento manuscrito, del
que sólo ha quedado lo siguiente: " .•. año de mili se ... y once".
Desde el folio l hasta el 12 hay en total 102 partidas sin numerar, pero no
son de Monterrey; abarcan del 15 de julio de 1711 al 16 de diciembre de
1716. Estas partidas de bautismo no siguen un estricto orden cronológico y
van firmadas por el bachiller Miguel Can tú del Río y de la Cerda.0 Inexplicablemente, las partidas no aclaran en dónde se hicieron los bautizos. Sin
embargo, en otro auto de visita del doctor don José Codallos y Rabal, que
aparece enseguida, se dice que estos bautismos de criollos, tlaxcaltecas y castas son de los valles de Salinas (Salinas Victoria) y del Carri7.a1 (Marín), en
donde era teniente de cura el bachiller Cantú, "con residencia en el valle de
las Salinas. . ," Debo aclarar que los dos primeros folios están muy deteriorados y algunas partidas no se pueden consultar.
Enseguida, en el folio 13, se encuentra un curioso aviso: "Desde hoy se
comienza en esta ciudad de Monterrey, donde es la cabecera y son las partidas de toda la jurisdicción, como se siguen en )a plana siguiente, asentando
los (bautismos) que se hallan en papelitos, que se han hecho mientras los
libros han estado visitándose".
Por un lamentable descuido tampoco se aclaró en las partidas de esta ciudad. desde abril de 1716 hasta fines de octubre de ese año, en dónde fueron
hechos los bautizos. De ahí en adelante, hasta el final de este libro, se dice
con alguna~ variantes: "en la parroquial desta ciudad", "en la parroquial de
Monterrey'', etc. Pero muchas veces olvidaron los curas anotar el dato.
Algunas partidas de bautismo no fueron firmadas por el cura; varias se encuentran tachadas y otras aparecen inscritas al margen con letra muy pequeña.
A principios de septiembre de 1716 hay un folio mal encuadernado. pero
se encuentra en su sitio.
El folio que contiene los bautizos de fines de noviembre y principios de diciembre de 1718, está desprendido del libro.
Están registradas casi 970 partidas sin numerar, que aparecen firmadas por
dncue-nta años". (.Apuntes para la historio eclerid.stica de las Provincias que formaron
el Obispado de Liruml''. Monterrey, 1887. Páginas 349, 350 y 352).
• El bachiller don Mi~el Cantú fue originario del Nuevo Rl"ino de Lr6n. Hijo
legítimo del Capitán Jet6nimo Cantú y doña Beatriz de Víllarreal. quienc contra•
jeron matrimonio el 8 de mayo de 1680 "en la capilla del real de las Salinas", hoy Salinas Victoria. Nieto en línea paterna de otro Capitán Jerónimo Cantú y de su esposa
doña Juliana de Treviño, antiguos conquistadoTes y pobladores del Nue,;-o Reino de
León.

434

los curas licenciado Jerónimo López Prieto y bachilleres Miguel Cantú, Juan
de Arellano y José Galván. Algunos bautizos fueron hechos en las capillas mencionadas de los valles del Carrizal, el Guajuco, la Pesquería, las Salinas, Santa Catarina y, por primera ,;•ez en estos libros parroquiales, en los valles de
Nuestra Señora de Guadalupe y de la Pesquería Chica. En este libro se encuentran los bautismos de los primeros nuevoleoneses que llevaron los apellidos Del Bosque, Gómez, Melo, Robles, Saldaña y Urdiales.
El libro cuarto de bautismos del Archivo Parroquial de la Catedral de Monterrey termina en el folio 113 vuelta. Sólo se encuentran numerados cinco folios. De éstos: nada mis el número 33 está correctamente anotado en el folio
correspondiente.

PARTIDAS DE BAUTISMO INTERESANTES

En este libro existen los bautizos de una hlja y un hijo del preclaro nuevoleonés capitán Clemente de la Garza Falcón y de su esposa doña Manuela
Guerra, efectuados el 14 de agosto de 1717 y el 27 de julio de 1719. Don Clemente fue uno de los diecinueve hljos leg-ítimos del Sargento Mayor Francisco
de la Gana Falcón y doña Leonor de Rentería y llegó a ser Gobernador de la
Provincia de Coahuila de 1735 a 1739.
El 15 de enero de 1721 fue bautizada María Llzarda ( así dice) , hija legítima del cirujano francés don Pedro de Fee y de su esposa doña Gertrudis Rodríguez de Montemayor, de antigua familia del valle del Guajuco. 10
Varios bautizos fueron hechos. con licencia, en la parroquia de Monterrey
por el nuevoleonés P. Ignacio de Treviño, S. J., Rector del Colegio de la
Compañía de Jesús de esta ciudad. En otros bautizos aparece como padrino.
El P. Fray José Guerra, "misionero apostólico". también impartió con licencia el santo sacramento dc.I bautismo en la parroquia rcgiomontana. Este célebre misionero franciscano era sobrino del Capitán Ignacio Guerra, genearca
o fundador de su apellido en Nuevo León, quien fue originario de la ciudad
de México e hljo legítimo del Escribano Real Antonio Guerra Cafiamar y
doña Luisa Hemández de Riof río. Don Ignacio entró al Nuevo Reino de
León en el año 1659, contrajo matrimonio dos veces, procreó diecisiete hijos y
murió en Monterrey el 7 de diciembre de 1701.
El 25 de diciembre de 1718 aparece registrado un bautizo hecho, con licencia, por el P. licenciado Lucas de las Casas. Este ilustre nuevoleonés fue abo10

Noticias inéditas acerca de éste y otros facultativos, en mi trabajo Médicos y
Hospitales tn el Nutvo Reino de León. Humanitas, núm"ro 2

435

�El primer folio, que contenía la carátula manuscrita, ahora se encuentra
gado de la Real Audiencia de México, canónigo doctoral de la Catedral Metropolitana y consultor del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de la
Nueva España.U
A fines de febrero de 1718, mediados de junio y fines de julio de 1723 es
mencionada cuatro veces la hacienda de Santa Catarina. Ya no vuelve a aparecer con el antiguo nombre de Santa Catalina, que había tenido desde su origen a fines del siglo XVI.

El apellido Arriola, desde esta época, empieza a ser escrito incorrectamente, como ahora se usa: Aneota. La primera vez que así aparece es en una fe
de bautismo fechada el 20 de agosto de 1717.

AUTOS DE VISITA

Como se ha visto, hay otro auto de visita del doctor don José Codallos y
Rabal, fechado en esta ciudad el 17 de marzo de 1716, en los folios 12 vuelta y 13.
El 7 de enero de 1719 se asentó el auto de visita del doctor don Diego de
Estrada Carvajal y Galindo, primer Marqués de Uluapa, Visitador General
del Obispado, quien reconoció las partidas de este libro cuarto de bautismos
y "las halló en conveniente forma, la cual mandó Su Señoría se observe en
lo de adelante, poniendo en ellas el día en que las criaturas nacieren". Aparece enseguida una breve referencia a la parroquia, hoy Catedral: "por estarse haciendo la iglesia no visitó la pila, por estar el bautisterio embarazado
y mandó que cuanto antes se ponga con toda decencia". Al pie de este documento se encuentra la vigorosa firma del ilustre Visitador: El Marq.s de
Uluapa.

LIBRO

5

DE BAUTISMOS: SEPTIEMBRE DE

1723 -

MARZO DE

1731

Este libro empieza en el folio 2 y concluye en el 90. Los folios están numerados y en orden, pero los cinco primeros se encuentran parcialmente destruídos; no es posible consultar algunas partidas. Los últimos folios, desde el
81 hasta el 90, tienen corregida la numeración.
11 ..A.utores nuevoleoneses. Dr. D. Lucas de las Casas de la Mota y Flores, por el historiador don Israel Cavazos Garza en lnter Folia, órgano mensual de la Biblioteca Universitaria "Alfonso Reyes", mano de 1960, número 69.

436

casi totalmente destruido.
Este libro consta de cerca de 640 partidas de bautismo sin numerar, que
firmaron los curas bachilleres Juan de Arellano, José Galván, José de la
Garza, Matías de Aguirre y Bartolomé Molano. 12
Los bautizos fueron hechos, en general, en la parroquia de Monterrey, hoy
Catedral. Otros se hicieron en Jas capillas de las haciendas mencionadas en
los libros anteriores y uno fue "en la capilla de arriba del valle de las Salinas . .." (Folio 35 vuelta). También aparecen registrados dos bautizos que se
efectuaron en la hacienda de San Pedro (Garza García) a principios de septiembre de 1727.
El nuevoleonés P. Ignacio de Treviño, S. J., Rector del Colegio de la
Compañía de Jesús de esta ciudad, de quien ya hemos tratado, impartió el
santo sacramento del bautismo, con licencia, en distintas ocasiones. (Folios 4,
4 vuelta, 11, 11 vuelta, 12 vuelta y 26).
Aparecen registrados en este libro los primeros nuevoleoneses que llevaron las apellidos Padilla (folios 10 vuelta y 20 vuelta) y Vela (folio 18). El
apellido compuesto Rodríguez de Quiroga, que es más antiguo, se transforma en Quiroga.

ALGUNAS PARTIDAS DE BAUTISMO INTERESANTES

En estos registros parroquiales aparecen varios bautizos de hijos de indios
otQmites ( otomíes).
Otro hijo legítimo del capitán Clemente de la Garza, futw·o Gobernador
de la Provincia de Coahuila, y doña · Manuela Guerra se encuentra anotado
en el folio 4 ( noviembre 23 de 1723) .
La palabra rancho se menciona por primera vez en una fe de bautismo
fechada el 17 de noviembre de 1724 (Folio 16). 13
EJ bautizo de otro vástago del cirujano don Pedro de Fee y doña Gertrudis Rodtíguez de Montemayor se encuentra registrado en el folio 47 vuelta
(27 de noviembre de 1727).
Por último1 en el folio 6 aparece registrada la fe de bautismo de una niña,
12
En los folios 57, 57 vuelta y 73 vuelta aparecen tres partidas de bautismo que
firmó, además del cura Aguiue, el bachiller don Juan Báez de Treviño, que fue quien
impartió el santo sacramento.
u Esta palabra rancho aparece, además, en los folios siguientes: 27 vuelta, 31
vuelta, 61 vuelta, 62, 65 1 68, 69, 69 vuelta, 76, 77, 78, 78 vuelta, 79, 82 , 83 vuelta
Y 86 (dos veces).

437

�hija de una india borrada de nombre Jacinta, a quien se bautizó con los
nombres de Ana María en la parroquia regiomontana (hoy Catedral) el 2
de febrero de 1724, "en atención a que no carezca dicha criatura del beneficio espiritual del bautismo... ", ya que habiendo solicitado al P. Fray Cristóbal Jarana, "doctrinero de los indios neófitos de esta jurisdicción", para
que le impartiera el santo sacramento, se supo que había salido de ella "dejando su iglesia desierta de ministro... " Esta fe de bautismo se asentó mediante una diligencia ante el Capitán Juan Bautista de Zaldúa Maguregui,
Notario Público. En los folios 7 y vuelta se encuentra una "providencia" del
bachiller don Juan de Arellano, referente al mismo asunto.

EmCTos

Y AUTOS DE VrsrrA

El incidente anterior dio motivo para dejar asentado en este libro de bautismos (folios 7 vuelta a 10) un "testimonio auténtico" del auto proveido casi ochenta años antes, el 20 de agosto de 1648, por el doctor don Juan Ruiz
Colmenero, Obispo de Guadalajara. en la hacienda de San Francisco (hoy
A podaca, u evo León) . Este valiosísimo documento inédito y la "providencia'' del bachiller Arellano van como apéndice al final.

por número sino por letra. Y que las partidas las firme el cura aunque haga
los bautismos su teniente y los que no hiciere éste sino otro con licencia de
dicho cura los firme éste y el que hiciere dicho bautismo y no el teniente sino
en caso de legítimo impedimento. Así lo proveyó, mandó y finn6. '' Enseguida aparece un minucioso "Inventario de alhajas y ornamentos" de la sacristía
de la parroquia de Monterrey, hoy Catedral (Folios 52, 52 vuelta y 53).
Se encuentra inmediatamente un c.xtenso "Auto de Visita de la Iglesia Parroquial" (Folios 53 a 56), donde se asienta que el Obispo Gómez de Cervantes "halló estar todo en conveniente forma. .. " Se cita por primera vez
el campo santo, que ya no existe: "en el cementerio, en el lugar que pareciere
conveniente al dicho cura, haga un osario en donde se recojan los huesos que
se sacaren de las sepulturas y se trasladen a él. Y en un día de los de la Octava de los Difuntos se entierren en sepultura" (Folio 54 vuelta). Se menciona~ solamente de paso, sin dar mayores detalles, "la parroquia de indios
de esta ciudad", o sea el convento franciscano de Monterrey, y "la iglesia de
Nuestra Señora del Nogal", o del Roble (Folio 55 vuelta).

APENDICE I
Partida de Bautismo de Do1t José Joaquín de Mier

En el folio 14 aparece un "despacho" del Deán y Cabildo Sede Vacante
de la Santa Iglesia Catedral de Guadalajara. fechado en esta ciudad el 21
de marzo de 17N.
Carta Pastoral del Ilustrísimo Sr. Dr. don Nicolás Carlos Gómcz de Cervantrs. Obispo de Guadalajara fechada ahí mismo el 13 de octubre de 1727.
(Folios 49 vuelta a 50 vuelta).
Auto de visita del mismo ilustre Obispo Gómez de Cervantes, fechado
en Monterrey el 16 de febrero de 1728, en los folio 51 vuelta y 52. Ordenó
que ''en las (partidas de bautismo) de adelante se ex-prese el origen y calidad de los bautizados y el día que nacieron, el domicilio y vecindad de sus
padre . Y que en todas las dichas partidas se exprese haberse advertido a 1os
padrinos 1 parentesco y obligación de enseñar Ja doctrina cristiana a los
ahijados. Y que Juego que se acabe cada bautismo
asiente Ja partida, con
que se evitará el inconveniente de que se a ienten después partidas entre (espacios) blancos que quedan entre partida y partida y en los márgenes y el
gravísimo de que se olviden algunas y de omitir y dejar en blanco el nombre
de los bautizados... Y mandó, asimismo, Su Señoría Tiustrisima no se dejen
blancos en los libros sino que se asienten las partidas consecutivamente. Y que
las fechas de los días y años en que se hicieren los bautismos no se pongan

oriega

t

Al margen: José Joaquín, español legítimo.

En la capilla de Señor San Francisco Javier, en ocho de diciembre de
setecientos y quince años, el Reverendo Padre Francisco Ortiz, Rector de la
Sagrada Compañía de Jesús, con mi licencia bauti26 solemnemente (y) puso
los santos (óleos) y crisma a José Joaquín, de diez y ocho días nacido, hijo
legítimo de don Francisco de Micr Toriega, Escribano Real, y de Margarita
BoteUo, españoles y vecinos de esta ciudad. Fueron sus padrinos don Francisco García Soberón y doña Lui~ Flores, a quienes se advirti6 el parente co
y obligación de la doctrina cristiana. Y para que conste lo firmé. Hecho ut
supra
DoN ANTO

t

no RA

IÓN

Libro 3 d Bautismos, años 1703 - 1716, folio 137.

438

439

�Auto de Visita del Ilmo. Sr. Dr. D. Juan Ruiz Colmenero,
Obispo de Guadalajara

APENDICE II
Auto del Bachiller Don Juan de Arellano. Monterrey, febrero 9 de 1724
En la Ciudad de Nuestra Señora de Monterrey, en nueve días del mes de
febrero de mil setecientos y veinte y cuatro años.
El señor Bachiller don Juan de Arellano, Comisario del Santo Oficio de
Ja Inquisición y de la Santa Cruzada, Cura en encomienda de dicha ciudad,
Vicario Juez Eclesiástico de las villas de Cadereyta y Cerralvo en el Nuevo
Reino de León.
Sin embargo de la providencia dada el día dos del corriente .P?r la ausencia del Reverendo Padre Fray Cristóbal Jarana del _Real, _mm1stro ~octrinero, quien salió con pretexto de empadronar los indios dejando. desLerta
Ja cabecera sin encargarla a Su Merced (el Bachiller Arellano) ro a otro
sacerdote alguno, por cuyo motivo dio Su Merced p~vi~encia de q_ue se
bautizase una párvula india de nación borrada en la (1gles1a) parroqwal de
esta ciudad, para que no careciese del beneficio del bautismo ni cesase la
propagación espiritual, dijo que por cuanto_ ~ch~ ~everendo Padre_ ha vuelto de su viaje y pretende advocarse más 1unsd1cc16n de la que tiene: pretendiendo la administración de los indios naboríos estantes en las haciendas
de los españoles, malentendido de las determinaciones de los Ilustrísimos Señores Obispos y especialmente del auto proveído a los veint; de agosto del
año pasado de mil seiscientos y cuarenta y ocho ~or el senor Doctor don
Juan Ruiz Colmenero, Obispo que fue de GuadalaJara, que por no ( estar)
derogado por ninguno de los Ilustrísimos Señores Obispos sucesores de Su
Ilustrísima antes sí vigorizado por muy expresamente y por todos mandado
observar ~ la cláusula general que se acostumbra, tiene fuerza de estatuto.
y por estar distintamente e."&lt;presa y con gran claridad puesta la distinción
de feligreses de este territorio, mandaba y Su Merced ~and6 que ~l presente
Notario ponga a continuación de este auto en este libro de bautismos, testimonio auténtico de dicho auto y, puesto que sea en toda forma, saque otro
desde el principio de esta providencia para dar cuenta a Su Señoría Ilustrísima el Muy Ilustre Señor Venerable Deán y Cabildo Sede Va~te para
que en su vista mande lo conveniente. Así lo proveyó, mandó y f mnó, por
ante mí el presente Notario de que doy fe.
DON JUAN DE AR:ELLANO

Hacienda de San Francisco (ho,y Apodaca, Nueuo Le6n),
agosto 20 de 1648
En veinte días del mes de agosto de mil seiscientos y cuarenta y ocho años.
Su Señoría el señor don Juan Ruiz Colmenero, Obispo de Guadalajara, Reinos de la Nueva Galicia y (Nuevo) León, del Consejo de Su Majestad, prosiguiendo su Visita General de dicho Obispado, llegó a esta hacienda de San
Francisco, que es del Capitán Blas de la Garza y dista tres leguas de la ciudad
de Monterrey, y visitó la capilla de su advocación, sita en la dicha hacienda,
la cual halló estar con la debida decencia para la celebridad de la misa, administración de los otros santos sacramentos y entierros de los indios naboríos de ella. Y vista la licencia del Ilustrísimo señor don Leonel de Cexvantes
'
su antecesor, 1 con las otras confirmatorias del Padre Maestro Fray Miguel de
Alvarado, Juan Magano y don Pedro de la Cerda, Visitadores, y la Composición de Cruzada que le fue exhibida con todos los papeles de lo demás referido, dijo que confirmaba y confirmó en todo la dicha licencia como en
ella se contiene por el tiempo de su voluntad y sin perjuicio del derecho parroquial del cura beneficiado de la cabecera. Y que para evitar los pleitos que
se suelen ocasionar de la confusión, se notifique al cura beneficiado e interino que al presente es, cumpla con las Constituciones Sinodales nuevamente
publicadas, en lo que toca a la debida administración de todos los estantes
y habitantes en la dicha hacienda de cualquier estado y calidad que sean y,
particularmente, en cuanto a hacer cada mes su visita, decir misa por lo
menos una vez en la dicha capilla, reconocer la doctrina y acudir por su
misma persona siempre que sea necesario a los demás efectos de su ministerio. Y que si, por hallarse impedido o por otra legítima excusa, hiciere
algunos con la intervención de otro ministro secular o regular, cuide mucho
de escribir en su propio libro los autos que hicieren, para que siempre conste
haberse hecho por conrisión o permiso del dicho cura beneficiado, porque
parece haber habido descuido en esto y en cuanto a la celebridad de las fiestas, después de los dichos decretos de visita y publicación primera de dichas
Constituciones.
Item, que asimismo se notifique al dicho Capitán Blas de la Garza, en
cuanto es parte como dueño de la dicha hacienda y patrono de la dicha

Ante mí
JUAN BAUTISTA DE Z.uoÚA MAoUREGUl

Notario Público.

1

El Obispo don Leonel de Cervantes vino al Nuevo Reino de León en su visita

pastoral, en eJ año 1635.

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�capilla, cumpla y haga cumplir en todo lo determinado en el dicho auto de
visita del dicho señor Doctor don Leonel de Cervantes y en el de los otros
Visitadores y último de Su Señoría, no dando lugar a que ninguna otra persona secular ni regular, con ningún pretexto ni color que tenga, administre
en la dicha capilla y hacienda a ninguna persona en perjuicio del derecho
cierto del dicho cura beneficiado, antes siempre le reconozca por tal para
la debida administración. Y si por alguna causa de las referidas o las que
pueden suceder se valieren para algunos actos de administración, celebridad
de misas y los demás, sea y se entienda con la dependencia y beneplácito del
dicho cura beneficiado y acudiéndole como a tal con las debidas obvenciones,
según derecho, cédulas de Su Majestad y arancel común público, con apercibimiento que lo contrario haciendo se procederá a la exclusión de las penas
impuestas en dichas Constituciones y a las demás que tengan lugar en todo
rigor de derecho.
Item, por cuanto al padre cura regular del convento de San Francisco
de la dicha ciudad de Monterrey y al de la villa de Cerralvo y al de la villa
de Cadereyta, por otro nombre la Villa Nueva, les toca la administración
de los naturales, vecinos de la dicha ciudad y villas, y de las rancherlas de
indios que no están agregadas ni asistentes como irvientes o laborantes en
las casas, haciendas, estancias de labores o ranchos t de españoles, negros,
mulatos o mestizos, cuya administraci6n toca al dicho cura beneficiado, según y como la tuvo siempre el propietario en la primera cabecera de este
Reino, en cuanto a lo eclesiástico, en la villa del Saltillo, y la disposición
de los Breves Apostólicos y Cédulas de Su Majestad y según que aparece en
lo expresado en el dicho auto de visita del Ilustrísimo señor don Leonel de
Cervantes y confirmaci6n de los demás.
Su Señoría mandó que, sucediendo el caso de haber en el contorno de esta
dicha estancia de San Francisco alguna ranchería o rancherías o jacales de
indios que no sean pertenecientes, como laborantes ni en otra manera, a la
dicha estancia ni a otra, ni sirvientes de españoles, negros o mulatos o mestizos vecinos de la dicha ciudad o de algunas de las dichas villas y que para
su c6moda administraci6n y entierro de los que murieren se halle muy distante alguna de las iglesias de los dichos padres curas regulares y pr6xima la
de esta dicha estancia u otra que tenga licencia para enterrar indios, cualquiera de los dichos curas regulares a cuyo partido toque el rancho o jacal
en que se hallaren los que como dicho es fueren sus feligreses, les pueda administrar y administre los santos sacramentos y enterrar a los que murieren
' En este documento de mediados del 1iglo XVII ya apartce mencionada una vez
la palabra "rancho", en singular, y tres veces en plural.

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en l a ~ de esta dicha estancia o en otra más vecina, como queda declarado, 11D ~ue sea ~ perjudicar en manera alguna al derecho de dicho
cura beneficiado, a qwen propiamente toca el administrar en las pillas d
,
ca
e
dichas
. . estancias a sus p~pios feligreses españoles, mulatos, negros, mestizos
e mdios naborios pertenecientes en cualquier manera a la asistencia
· ·
d las baci das
.
y SCJ'VlClO
e
en , estancias Y ranchos y labores propios de españoles negros
mulatos o mestizos como dicho es.
'
'
Así lo decreto y mando y que, todo lo dicho tocante a la dich admin'
'6
la ..1:~- •
a
istraCJ n Y ~
ummc16n de los feligreses que tocan al dicho cura beneficiado
Y a los dichos curas regulares, sea y se entienda por la misma raz6n y fundamento y los demás que están expresados en los tocantes a las ._,. ·
d
las · 1 •
•
... .....ciones e
tg ~ . ~arroqmales d~ _este dicho Reino, que reconocieron por cabecera
en el eJ~1c10 de _la admin~6n de t~os los dichos feligreses a la iglesia
parroquial de la villa del Saltillo, en la dicha ciudad de Monterrey y villas de
~ v o y Cadereyta y haciendas de labores, estancias y ranchos de los espan~les, negros, ?1ulatos o mestizos del dicho Reino. Juan, Obispo de GuadalaJ~ Ante m1, don Francisco de la Rosa, secretario.
~ dicho dia, por la tarde, hizo Su Señoría el auto pontifical de las conftrmaaones Y. confinn6 ciento y cincuenta y cinco personas de la dicha estancia
y otras veanas a ella

En veinte Y. uno de dicho mes dijo Su Señoría misa en la dicha capilla y
acabada, volVJ6 a hacer confinnaciones y confinn6 en ella cincuenta
·'
hab. d dad
y se1S
personas,
ien o
o orden para que el Padre Fray José Sánchez conven~al de San Fz:ancisco de la ciudad de Monterrey, que se hall6 p~te,
bau~ a las mas de ellas que eran indios, hijos de padres gentiles, en el
intenn. que el cura beneficiado le asistía a Su Señoría en otros ministerios.
~ dich~ dia, por la tarde, confirmó Su Señoría nueve personas en esta
~cha hacien~a, ~e que doy fe. Don Francisco de la Rosa, secretario. En el
, mes Y ano dichos leí y notifiqué el auto de estas fojas al bachiller José
cura beneficiado interino de este dicho Reino, y al Capitán Bias
, a Garza, en sus personas a cada uno por lo que les toca. Y habiéndolo
oido Y entendido dijeron que lo guardarán y cumplirán como en .1¡
ti
T •
e se coneDf:. es~os d?n _Marcos Ruiz Colmenero, don Jacinto Beltrán y Vega y
don ~rancisco Rmcon, estantes en esta dicha hacienda, de que doy fe. Don
FrancJSCO de la Rosa secretario.
. Concuerda
d
con su on'ginal, que se halla en la licencia de capilla de la hacienrcfi
a de San F ~c1SCo,
·
Y corre d esde la tercera hasta ]a cuarta foja a que

:: tceves,

me . ero, de donde yo el presente Notario lo saqué. Va cierto y verdadero
~ o = Y concertado Y a lo \'er sacar, corregir y concertar fueron testigo;
ler don José Galván, teniente de cura de esta (iglesia) parroquial,

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�José Rodríguez y José Blas de la Garza, presentes y vecinos de esta ciudad, en
donde es hecho en once días del mes de febrero de mil setecientos y veinte y
cuatro años, de que doy fe.
En testimonio de verdad
JuAN BAUTISTA oe ZAr.oÚA MAoUREGUl

Notario Público.

Tic. C01. Tranquilino Cortés.

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�DIARIO DE OPERACIONES DEL SITIO DE PUEBLA
TENIENTE CoRONEL TRANQtm.lNO CoaTis

( 1827-1869)

A LA BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL Smo DE PUEBLA ( 16 de marw-17 de mayo de
1863), episodio de los más brillantes de la Intervenci6n Francesa, pueden
sumarse los innumerables documentos existentes en los archivos oficiales, así
como los epistolarios de algunos de los jefes y oficiales participantes en éste,
Entre los nuevoleonescs que concurrieron al sitio, figura el teniente coronel
Tranquilino Cortés Quiroga, soldado que, aunque de no muy vasta cultura,
tuvo el acierto de tomar nota diaria de las acciones de annas tenidas en
este lapso,
El interesante manuscrito, integrado por 6 folios tamaño oficio, escritos
en apretada caligrafía, tuvimos la suerte de localizarlo entre algunos papeles
familiares, pertenecientes a don Tranquilino Cortés, nieto y hom6nimo del
soldado republicano, residente en la ciudad de Galeana, Nuevo León.
En esta misma población del sur de nuestro estado nació Tranquilino Cortés, el 8 de julio de 1827. Fueron sus padres: Gregorio G. Cortés y Juliana
Quiroga. Durante la Guerra de Reforma, militó bajo las 6rdenes de Mariano
Escobedo y José Silvestre Aramberri, hasta alcanzar el grado de mayor, que
el presidente J uárez le ratificara en septiembre de 1861.
Durante la intervención francesa militó en el Ejército de Oriente, y con
fecha 3 de diciembre del mismo año de 61, pasó a formar parte del estado
mayor del General Ignacio Zaragoza. Como ayudante de éste, asistió al combate de las Cumbres de Acultzingo y a la gloriosa batalla del 5 de mayo de
1862, en Puebla.
A la muerte del General Zaragoza, pasó a servir a las órdenes del General
Domingo Gayoso, con quien concurrió al sitio de Puebla, en 1863, y particip6 en la defensa de los fuertes de Guadalupe y Loreto.
Rendida la plaza y hecha prisionera toda la oficialidad mexicana, el ma-

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�yor Tranquilino Cortés fue deportado a Francia y confinado en la ciudad de
Tours, durante más de dos años. Al obtener su libertad, después de innumerables penalidades, logró regresar a su patria, por la via España-Nueva York;
presentándose inmediatamente al Gral. Escobedo, quien le confirió el ascenso
a teniente coronel.
Con este grado participó en las operaciones del Ejército del Norte, hasta
la caída del Imperio. Con la restauración de la República, le fue concedida
su baja y pudo volver a su pueblo natal, del cual fue electo alcalde constitucional en 1868. Allí murió el 2 de marzo de 1869.
El Diario de Operaciones escrito por Cortés, contiene observaciones y datos
de gran importancia; extendiendo sus notas hasta algunos de los días vividos
en el exilio. Por ello y por conmemorarse en 1963 el centenario del Sitio de
Puebla, Humanitas acoge en sus páginas el precioso manuscrito.
IsRAEL

CAvAzos

caballerías del Gral. Aureliano, que, en tiradores, cargaron hasta meterlos al
Rancho Colorado y a San Pablo, frente a Santa Anita. A las cuatro de la
tarde llegó el grueso del enemigo a esos puntos, y avanzó para el cerro de
San Juan, hasta tomarlo. Posesionados ya ellos de él, se pusieron [a] hacer
trincheras en el acto, y pusieron la bandera. Tuvieron algunos muertos y heridos. Cerró la noche sin más novedad que de ellos se pasaron 5.
Día 19. Pasaron muchos trenes de artillería y víveres, por el camino de S.
Aparicio, S. Pablo y Rancho Colorado, donde tienen un campamento como
de 41000. Protegiendo la pasada para el cerro de San Juan, hubo lijeros tiroteos y algunos cañonazos. Ya tiraron con sus piezas algunas bombas al Carmen, que solo alcanzaron 2. Cerró la noche y ya ellos quedaron fuertes en
San Juan, con bastante artillería. Por el lado del Sur movieron un tren como
de 60 carros con fuerza, y se replegaron a la garita de Amozoc. Sin novedad.
Se pasaron 3.

GARZA

DIARIO DE OPERACIONES
Puebla de Zaragoza, mar,:o 16 de 1863.

Día 16. Llegó el ejército francés a las goteras de Puebla. A las nueve de la
mañana se acampó en medio del cerro de Amaluca y la hacienda de los
Álamos, sobre el camino; y luego tomaron las alturas y comenzaron [a] hacer
trincheras. A las 12 avanzó un grueso de fuerza por San Aparicio, como de
ocho mil hombres y alguna artillería. A las cinco de la tarde se arrimaron
cuatro columnas hasta cerca del cerro de Guadalupe, que permanecieron hasta en la noche. No hubo novedad.

Día 20. Siguen pasando por ambas dos partes sus trenes, y siguen las caballerías nuestras tiroteándolos por todas partes, y sigue la deserción de ellos
metiéndose a la plaza. No hubo novedad, mas se pasaron 60 de los argelinos
de caballería a Comonfort y 13 suavos.
Día 21. A las 9 y media hubo un tiroteo y cañonazos por el camino de
Teotimihuacán, frente al Fuerte, con los que protejían el paso de sus cerros.
A ~as tres de la tarde siguió el tiroteo y cañonazos a una fuerza que intentaba
atrincherarse en el llano. Y por el fuerte de Santa Anita se les hicieron varios
muertos, con nuestra artillería, a una fuerza que vino [a] hacer reconocimientos. Para volver corría para atrás a su primer campamento. Por la
noche salieron nuestras caballerías fuera del sitio.

y alguna artillería, quedando en el alto multitud de carros, piezas y bastante
fuerza que [es] infantería y caballería. No hubo novedad.

Día 22. [Ha] habido tiros de cañón en Ingenieros, en el Carmen, al cerro
de San Juan donde nuestros artilleros metieron algunas granadas causándoles
muertos. Lo mismo por e.l Parral y San Javier ha durado el tiroteo todo el
día. A las 6 de la tarde subió una fuerza como de 500 franceses a las lomas
de Tepozúchil. Hoy se pas6 un clarín de los franceses. En la noche Ilovió y
todo quedó en silencio. Sin novedad.

Día 18. Avanzó una fuerte columna, atravesando el llano de Puebla, frente
al fuerte de Zaragoza y el de Ingenieros, por el camino de Teotimihuacán.
A las 10 del día se dieron una tiroteada con nuestras caballerías, en el llano.
Hubo algunos heridos y muertos de unos y otros; y se acamparon los enemigos en el llano, donde está una lagunita. A las dos de la tarde las fuerzas
que avanzaron por el Norte intentaron tomar el cerro de San Juan, que está
por el camino de Méjico, y f ueroo rechazados por algunos cañonazos y las

Dla 2~. Toda la línea enemiga ha estado quieta hasta ahora, que son las
12 del d1a, que han estado cañoneándose por el Carmen y el Parral. Se obse~an movimientos de tropas de San Juan para Amaluca, con carros; y lo
mismo por el poniente. El cañon~o duró toda la tarde de San Javier para
San Juan, Y siguió toda la noche para San Matías, donde estaba posesionado
parte del _enemigo. Hoy mismo entró el Gral. Carvajal y Cuéllar a Cholula,
dond e fusilaron porción de traidores.

Día 17. Avanzaron una fuerza a la hacienda de Álamos, parte de carros

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447

�Dla 24. Ha seguido el cañoneo en los mismos puntos, basta las 6 de la
tarde, que hubo noticias que el Gral. Comonfort había derrotado 5,000
franceses.

las 5 rompió el fuego de fusilería, que duró hasta las 8 y 25 minutos de la
noche muy nutridísimo. Este ataque lo dieron con cosa de 16 mil hombres,
sobre los fuertes San Javier, el Parral y San Pablito. Ha seguido el bombardeo

Día 25. A las tres de la mañana se rompió el fuego de cañón y fusilería
por San Javier y el Parral, que duró hasta las 4 de la mañana, que por el
Norte, al frente de Loreto, se arrimó una columna enemiga que fue tiroteada por el 3er. Cuerpo de Toluca. A las 5 de la tarde hubo otro cañoneo
en los mismos puntos, y cayeron dos granadas en la plaza de armas sin causar
ningún mal. En la noche, por caminos cubiertos, se arrimó el enemigo a los
fuertes de San Javier, el Parral y el Carmen con piezas. Hoy se cogió un
sargento de los traidores por los exploradores¡ ha declarado varias cosas.

tocia la noche, habiendo logrado el enemigo, por medio de caminos cubiertos,
asaltar el fuerte de San Javier, por medio de un puente que pusieron. Fueron
rechazados muchas veces con bastante pérdida. Quedó allí el enemigo, sin
cogemos ni una pieza ni parque. El ataque fue brnsco.

Día 26. A las 4 de la mañana se rompió el fuego de artillería del enemigo,
por los mismos fuertes, y fue contestado por nosotros. Este duró una hora,
nutrido; y sigue pausado. Como a las cuatro de la tarde rompió el enemigo
el fuego de artillería de San Matías y del camino de Méjico y por la Garita
de Cholula, con cosa de 18 piezas sobre los fuertes de San Javier, el Parral
y el Carmen. tste duró hasta las 6 y media de la tarde, muy nutrido, habiendo echado la mayor parte de ·sus bombas a la ciudad. Y siguió el tiroteo
de cañón, y a las siete de la noche se rompió el fuego de fusilería y piezas
ligeras, una columna enemiga, que intentó asaltar esta misma línea, y fue
rechazada por nuestra reserva, haciéndoles muchos muertos y heridos en
media hora; a más se les hicieron bastantes prisioneros.

Día 27. Amaneció {el) enemigo en el Molino de Morales, siendo éstos de
los que estaban en AmaJucan y los Álamos.. En el día ha habido sus cañonazos por todas partes. A las cinco de la tarde hizo el enemigo un fuego
de cañón, muy vi\'o, sobre San Javier y el Parral y Santa Anita; y siguen
trabajando sus caminos cubiertos, con direcci6n a Santiago. A las once de
la noche se echaron sobre los mencionados fuertes cosa de 5,000 hombres,
los cuales fueron rechazados haciéndoles muchos muertos y heridos y quedó
frustrado su asalto. Esto duró hora y cuarto.
Dla 28. Apareció un campamento enemigo por Reventería, y fue tiroteado
por los Exploradores de Zaragoza a las 10 del día, que con unos tiros de
cañón que de Guadalupe Ies dispararon, corrieron los traidores y invasores,
caballerías y infantería. El tiroteo de cañón duró todo el día en San Javier
y el Carmen. A las 9 y media de la noche intentaron asaltar y fueron rechazados de la trinchera a puros tiros de fusil, que hizo nuestra fuerza muy vivo
fuego.

Día 29. Sigue el bombardeo. A las cuatro de la tarde fue más nutrido. A
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Dfa 30. Siguió el bombardeo en la ciudad. A las 5 de la tarde salió una
columna del campamento de Agua Azul, y, unida con los de San Juan,
intentaron otra carga. y fueron flanqueados por 2,000 infantes y 400 caballos de nosotros y se les estorbó. Solo sigue el cañoneo toda la noche.

Día 31. Siguen los fuegos por el mismo punto asaltado, siendo éstos cañón
y fusilería. Hoy salieron los ministros americano y el inglés a ver a Forey,

por las bombas que estaban causando muchos males en las casas, y volvieron
desairados del gabacho, diciéndole que todos eran bandidos, en el supuesto
de que todos le hacían la guerra; esto contestó el "civilizador".

Día Jo. de Abril. Sjgue el cañoneo y el enemigo que estaba en San Javier
ha comenzado a horadar para Guadalupe, y se dirigen a la Merced, Plaza de
Toros y el Hospicio. Hoy vino uno, con los americanos, de Forey.

Día 2. Jueves Santo. Ha seguido el fuego en las líneas, de fusil y artillería;
y se prepara un ataque por los invasores. A las 11 de la noche lo dieron,
logrando meterse hasta el hospicio, donde fueron rechazados por nuestras fuerzas, que mandaba el Gral. Porfirio Díaz; haciéndoles gran número de muertos y heridos. Se les quitó el punto y quedaron ellos en las líneas que antes
tenían.
Día 3. Viernes S. Siguió el cañoneo. A las 9 de la mañana se preparaba
una columna del cerro para atacar a las fuerzas del Gral. Comonfort; no

supimos el resultado. Como a las cinco de la tarde llegó un grupo de caballería a las lomas de Tepozúchil. Se les tiraron tres cañonazos del fuerte de
Zaragoza. En la noche siguió el tiroteo y bombardeo.

Dia 4. A las 5 de la mañana. Hizo un fuerte tiroteo el enemigo de fusil y
artillería, de San Javier, el Parral y Guadalupe, para nuestra linea, que estaba a cien metros de donde ellos están, y nada ha logrado el enemigo. No
avanzó. Sigue el fuego. A las siete y media de la mañana hubo un incendio
en el convento de San Agustín, por una granada de los que se titulan civilizadores (?) esto causó alguna alarma, porque por todas las ventanas del
convento salían llamas de fuego. Se apagó a las ocho y tres cuartos, hora en

449
H29

�que ya el enemigo había formado sus columnas para dar Ja carga y asaltar
nuestros parapetos, creyendo que nos asustaba el incendio. No efectuaron
su asalto, viendo nuestra serenidad y que no dejábamos de hacerles fuego.
Algunos franceses quedaron alü donde fue el incendio, unos a bala y otros
que los tapó una pared que se cayó. Siguen ellos echando bombas de incendio.
A las once pasó una fuerza como de dos mil franceses por el llano de Totimehuacán, como para el Tcpozúchil y cosa de 400 caballos y algunos carros.
A las tres de la tarde se cogieron a unos franceses que andaban robando
puercos gordos de la tocinería de la esquina de Miradores. Dejaron en nuestro
poder cosa de 60 carabinas con ma.rrasos y algunas cosas más. A las seis de
la tarde cesó el fuego.

Dia 5. Siguen las horadaciones y el fuego graneado con el enemigo que
está en el Hospicio; y éste ha sido sitiado allí mismo por nuestra fuerza.
Dicen que ha fusilado a Márquez en Cholula, Comonfort. A las dos de
la tarde bajó una fuerza de infantería y caballería del Tepozúchil y la corrimos a cañonazos. En la noche no hubo nada, por haber llovido.

Dla 6, a las cinco de la mañana. Se avistó una fuerza de caballería enemiga

ciudad, y principalmente para San Agustín; cesó éste a las seis y media de
la tarde. En la noche siguió el tiroteo de fusil y algunos cañonazos en la linea,
y no logró avanzar el enemigo. Hoy les quitamos trescientas mulas.

Día JO. Comenzó el bombardeo a las siete de la mañana; duró hasta las
nueve. En la noche hubo un tiroteo con unas fue~s que se dirigen al Cannen
poniendo sus paralelos.
Dia 11. Están quietos. A las cinco de la tarde hubo un tiroteo en el Carmen. En la noche siguieron los tiros de cañón, como siempre.
Día 12. A las seis de la mañana hubo un fuerte tiroteo de cañón y fusilería
por el Carmen; éste duró dos horas. En la noche, toda la noche, hubo tiros
de cañón y se logró desmontarle al enemigo tres piezas por Santiago, y ellos
nos desmontaron una. Dícese que el Gral. Comonfort les ha hecho algunos
muertos ayer.
Día 13. Están silencios. A las doce han comenzado a echar algunas bombas y .siguieron la noche. Hoy a las ocho de la noche salió O'Horan con las
caballerías fuera del sitio.

por el llano de Reventería, la que fue tiroteada por los Exploradores de la
Frontera, hasta las ocho de la mañana; y en la plaza seguían el bombardeo y
fusilería. A las cinco de la tarde cayó un aguacero con granizo, que cargó
más en sus campamentos el granizazo. Como a las siete o las ocho de la noche, emprendieron su asalto sobre la plaza, y después de tres empujes que
hicieron, de los cuales fueron rechazados por nuestros valientes soldados, fue
hecha prisionera la Primera Ciompañía de Suaves que tenía cuarenta hombres, y su capitán; con lo que hubo para que los invasores se retiraran sin
avanzar ni un palmo de tierra sobre la plaza.

Día 14. Siguen los tiroteos. Hoy se supo que Milán les tomó a Orizaba
y les ha quitado todos los víveres que allí tenían. A las dos de la tarde están
pasando cuadrillas de carros, del rumbo de Amozoc, por el Tepozúchil atravesando el llano de T otimehuacán. Hoy han reforLado los campamentos
de los Atamos y lomas de Tepozúchil. En la noche han estado quietos y sin
avanzar. Se dice que piensan irse ya.

Dia 7. Están tranquilos y parece que se preparan para otro empuje. Pas6
la noche y nada hicieron; hubo algunos tiros de cañón y fusil dutante la noche.

artillería y fusilería, del punto de San Baltasar para el Carmen e Ingenieros.
Se situó nuestra fuerza en el Molino, y con el fuego graneado de artillería
que se les hizo fue bastante para que los gabachos corrieran, dejando el punto
de San Baltasar. Toda la noche hubo cañonazos. A las siete de la noche se
supo que Comonfort había derrotado a ocho mil gabachos por Cholula y
les quitó catorce piezas y doscientas reses.

Dfa B. Ha habido por Rcventería tiroteos con las caballerías enemigas por
las nuestras. A las once y media hubo algunos cañonazos de Loreto y Guadalupe a las caballe_rías enemigas y corrieron. A esta hora están pasando
carros por la haciertda de Los Álamos, con dirección a San Juan. Toda la
noche han estado echando bombas y granadas a la ciudad y al fuerte del
Carmen.
Dfa 9. Siguen los tiros de cañón. A las doce pasó una caballería y un ganado de mulas por el llano de Totimehuacán, con dirección a los Álamos.
A las cuatro de la tarde comenzó un fuerte bombardeo del enemigo para la

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Día 15. A las cuatro de la mañana comenzaron a echar bombas y algunos·

tiros de fusil, hasta las seis de la mañana. A las doce comenzaron otra vez
de la misma manera, y a las cinco de la tarde se trabó un combate reñido de

Día 16. Ha seguido el bombardeo. A las doce y media del día hubo un
ataque muy reñido en los Fuertes de San Agustín, el Carmen, San Baltasar
y los Redientes del Carmen. tste duró basta las dos de la tarde y fueron

rechazados los gabachos. Ha sido el cañoneo de unos y otros muy nutrido,
así como la fusilería. A esta hora están llegándoles carros a los invasores
al Cerro de San Juan. Por la noche hubo otros tiros.

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�Día 17. A las seis de la mañana hubo un cañoneo del fuerte del Carmen
para San Baltasar. A las ocho empezaron a llegar carros y caballería de Amozoc para la hacienda de Álamos. Serán víveres del enemigo. Siguió el cañoneo
hasta en la noche, toda la noche, en el que salieron mal los gabachos.
Dia 18 de Abril. Ha seguido el fuego de cañón y fusilería casi general. A las
dos de la tarde se entabló otro combate del Crumcn Totimehuacán y el Parral
para San Baltasar, que es donde el enemigo está y por los lados donde traen
sus paralelas; éste duró hasta las cinco de la tarde. En Ja noche siguió el enemigo arrojando bombas y granadas sobre la plaza y a los fuertes. Hoy ha
habido noticias de que el Gral. Comonfort ha derrotado a una división enemiga, en medio de Atlixco y Cholula, quitándoles todos los víveres y cuatrocientas reses.

Dia 19. A las 4 de la mañana rompió el enemigo sus fuegos por San Javier,
el Hospicio y San Baltasar y de sus paralelos que dirigen por el Carmen y
Totimehuacán, el que fue contestado por nuestros soldados, haciéndolos correr, como siempre lo hacen, a las siete de la mañana, y siguieron arrojando
proyectiles. A las 12, hubo otro tiroteo de fusiles. A esta hora se supo que el
4o. Eocuadr6n de Zacatecas, que iba a hacer su salida anoche de la plaza, el
enemigo lo había batido por las barrancas de San Pablito, que habían hecho
la maror parte prisioneros. A las 3 de la tarde se trabó un combate casi general, pero donde cargó más, fue por el mezón de La Abeja, que había logrado avanzar algo el enemigo; pero, gracias al General Negrete, que con
una fuerza de las de reserva acudió pronto y logró echarlo fuera, en la noche
siguió el tiroteo de fusil y algunos cañonazos, alguna fuerza perdimos y lo
mismo el enemigo tuvo muchos muertos y heridos.
Día 20. Ha segLtido el fuego por todas partes, de caiíón y fusil. A las 2 de
la tarde ha sido más nutrido por San Agustín, el mesón de la Reja y toda la
manzana. Hoy se ha notado que pasan carros como para Amozoc. En la
noche hubo pocos tiros. Se advertía que trabajaban en las paralelas, porque
no salen a pecho descubierto. Sólo pelean como las tuzas, debajo de tierra.
Día 21. Hoy se cree que harán algún empuje, porque han de estar hoy más
borrachos que otras veces, por ser dia del Santo de Napoleón. A las cinco
de la mañana había un incendio en la pla-La de toros y la manzana que ocupan los gabachos. Son las 9 y nada han hecho; están borrachos. El incendio
les causó algunos males pues han perdido más de 100 gabachos, que se quemaron y se logró desalojarlos de los puntos que ocupaban. A las 12 del día
arrojaron algunas bombas, y han seguido sus disparos de piezas y tiros de
fusil, por San Javier y San Baltasar. Por el rumbo de Reventería hubo un

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tiroteo con las avanzadas de caballería. A las 6 de la tarde hubo otro tiroteo
de Totimehuacán para San Baltasar. En la. noche hubo pocos tiros; estos
fueron por San Javier.

Día 22. A las 2 de la mañana hubo un tiroteo de cañones de Zaragoza
para la paralela de San Baltasar; y lo mismo de Tcotimihuacán para el mismo
rumbo; duró una hora. A las 6 de la mañana salió un batallón de nosotros
del fuerte de Ingenieros, para la Hacienda de Santa Marta, donde había
cosa de 500 gabachos; y llegaron los soldados de nosotros hasta la Hacienda
y se trabó un combate que duró hasta las ocho y m~dia de la mañana, que un
grueso de caballería enemiga venía en auxilio de los suyos, y ésta fue deshecha a los cañonazos del Fuerte de Zaragoza y el de Ingenieros, que eran
hien dirigidas sus punterías. Se retiró el enemigo a la carrera. Siguieron los
disparos de cañón por los alrededores de la plaza, aunque pausados, que
duraron toda la noche. Se observó que trabajaron mucho en sus paralelas.
Día 23. A las 5 de la mañana comenzaron los fuegos de cañón de Zaragoza
para el rancho de casa del Arroyo, y de Totimehuacán para San BaJtasar. Y
de las paraJclas de ese mismo rumbo también había tiros de cañón y fusil,
por la calle de San Agustin y la de Tecali, para San Javier. A las 6 de la
mañana salió una compañía de infantes de nosotros, a tirotear al enemigo
que está en esa casa del Arroyo, como a mil metros de los Fuertes de Zaragoza y de Ingenieros. Como a la media hora se trabó el combate, que duró
hasta las nueve de la mañana en que se retiraron nuestros soldados a sus
posiciones. Los invasores están alu aCO!,;idos y no salen; están entre agujeros
y paredones. A las 2 de la tarde hubo otro tiroteo para evitarles el que
avanrcn sus paralelas. Este duró hasta las 7 de la noche. Dícese que llrgaron
2,500 argelinos hoy; pero también dicen que son unos negros muy cobardes,
nomás ladronrs.

Día 24. A las 4 de la maiíana comenzó el cañoneo de Zaragoza para el Arroyo de las Lomas de Tepozúchil y la Hacienda de Santa Marta. A las 8
de la mañana se presentó por la garita de Amozoc, una fuerza y se observó
como que medían con cordeles. Ésta fue desalojada a cañonazos del cerro de
Guadalupe, en menos de media hora. A las once el tiroteo era casi general
por todas partes. A las seis de la Larde fue más nutrido el fuego por todas
partes. El enemigo arrojó sobre la plaza y sobre los puertos bastantes bombas
de 14 pulgadas y multitud de granadas, principalmente para San Agustín,
por Santa Inés, y para el Carmen. A las 7 de la noche cayó un aguacero y
cesa.ron los fuegos. A las 10 de la noche se trabó un combate frente al fuerte
de Zaragoza, y tuvieron que batir con la artillería y los fuertes de Guadalupe,
453

�Independencia y Zaragoza, logrando apagar sus fuegos de rifle a las 3 de la
mañana. A las 11 de la noche intentaron el asalto por San Agustín y el Carmen. El fuego era muy nutrido, tanto de cañón como de fusilería. tste duró
hasta que amaneció y han defendido nuestras tropas los puntos heroicamente.
El enemigo tuvo mucha pérdida y nada logró, pues hasta una mina que ellos
pusieron en Santa Inés, obró sobre ellos. En esto se conoce que el Dios de las
Batallas nos proteje y a ellos los castiga.

Día 25. Sigue el ataque a la plaza bastante fuerte, desde las 5 de la mañana que comenzó por tercera vuelta, a las 6 de la mañana salió una columna
del cerro de San Juan para el puente de México; a esa misma hora se nos
presentó otra columna por el rumbo de Amozoc, entre la Garita y Amalucan;
ésta fue rechazada a cañonazos del cerro de Guadalupe, a las 8 de la ma,í\ana.
A esta hora, están pasando carros del enemigo por el llano de Totimehuacán,
y el fuego sigue bastante fuerte en el convento de Santa Inés. Por último, el
enemigo se apoderó del punto y nuestros soldados los rechazaron, echando
abajo las paredes; y sobre los escombros los siguieron, haciéndoles multitud de
muertos y heridos, y haciéndoles a más 120 prisioneros y 4 oficiales. Esto fue
a las 11 del día y siguió el combate con más fuena hasta las doce y media,
que se desengañaron que las tropas de México pelean y defienden con entusiasmo su independencia. A las 6 de la tarde salió el Gral. Negrete con su
División, rumbo a Tlaxcala. Ha vuelto sin novedad en la misma noche y
todo ha estado en silencio.
Día 26. Comenzó el tiroteo de cañón a las 6 de la mañana. A esta hora,
están entrando al Hospital algunos franceses heridos, que están trayendo
nuestros soldados, de los que han quedado en Santa Inés, heridos en el asalto de ayer y no se pueden recoger todos los muertos por que no dejan de
hacer fuego los franceses, y se puede asegurar que hay más de 300 muertos
en la huerta de Santa Inés, todos franceses. A las nueve de la mañana ha
llegado por el camjno de Amozoc, una fuerza enemiga que tom6 el rumbo
para el cerro de San Juan; a la misma hora se presentaban algunas guerrillas
enemigas por Reventcría y San Aparicio, y a cañonazos del cerro de Guadalupe se han hecho contramarchar. El enemigo parece que se prepara para
otro ata.que. Se pasó el día y no lo efectu6. En la noche han estado quietos;
arrojan una que otra bomba a la plaza.

Día 27. A las 8 de la mañana han salido algunas guerrillas de franceses
por el camino de Tlaxcala y otras por Tepozúchil, las que han tiroteado las
guerrillas nuestras de San Javier, han arrojado algunas bombas para el centro y se observan algunos movimientos, como que se preparan para atacar

454

ahora. A las 2 de la tarde atacaron por tres partes que fueron San Agustín,
el Hospicio y Santa Inés, y fueron rechazados por nuestras fuerzas. El fuego
de cañón y de fusil era muy vigoroso, que duró dos horas. Por los demás
fuertes había cañonazos a esa hora, porque se creía ya sería general el ataque.
El enemigo tuvo alguna pérdida porque él pens6 sorprender, y él fue el
sorprendido. A las 5 de la tarde pasaban carros de Cholula para San Juan, y
para el rumbo de Amozoc, por el llano de Totimehuacán. En la noche no
hubo nada. El Gral. Negrete salió con una División al llano; volvió luego.

Día 28. A las 6 de la mañana han echado algunas bombas a San Agustín y de Ingenieros. Se les está haciendo fuego con piezas a los que están en
San Baltasar. Así ha seguido todo el día; en la noche, silencio.

Día 29. Al amanecer se han visto trenes que pasan rumbo a Amozoc y
bastantes carros custodiados con caballería. El enemigo sigue trabajando en
las paralelas y echando algunas bombas de a 14 a la plaza de Armas y al
~ospicio. Hoy corre la noticia de que mañana van a dar los franceses la
carga última. Nuestros soldados ya están preparados y con entusiasmo para
resistir y cargar sobre ellos. A las 6 de la tarde hubo un fuerte cañoneo, que
duró hasta las siete y media. La noche pasó s.in atacamos.
Día 30. Desde las 6 de la mañana comenzaron las bombas, hasta las
8 de la mañana. En el día hubo algunos cañonazos y tiroteo de fusil. El enemigo sigue trabajando fuertemente en las paralelas, de día y noche.

Día 1o. de mayo. A las 6 de la mañana hubo algunos cañonazos de Zaragoza para Santa Rosa y en la plaza, y así fue todo el día. Hoy ha comenzado
el enemigo a platicar con nuestros soldados cada cual en sus trincheras y
así oficiales ya son amigos. En la noche hubo fuertes tiroteos de fusil por
Santa Inés, el Hospicio y por la Merced. A este punto le echaron algunas
bombas.
Dla 2. En la mañana de hoy, han pasado para San Juan algunos carros
que vienen de Amozoc; parece que van de vacio, pues van ligeros. El enemigo sigue echando bombas a la ciudad. Hoy se ha dicho que Forey se fue
para Amozoc un poco malo y que atacarán el día 5. El día ha pasado con
pocos cañonazos. En la noche no ha habido nada.
Día 3. A las 4 de la mañana hubo algunos tiros de cañón casi en todos los

íuertes. A las 8 se acercó una fuerza enemiga a la Garita de Amozoc y se

hizo retirar a cañonazos del cerro de Guadalupe. Todo el día han estado
echando bombas los enemigos para la plaza y a los fuertes que están al frente
de ellos;
omo no han cesado los tiradores de rifle y de fusil por una y

455

�otra parte. Como a las cuatro de la tarde llegaron a la hacienda de los
Alamas unas partidas de carros del rumbo de Amozoc y éstos pasaron para
San Juan. Tocia la noche ha habido tiros de cañón y fusil.

Dfa 4. A las 5 de la mañana ha habido algunos cañonazos por San Baltasar y Totimehuacán, y en Santa Inés y el Ho picio. A las 10 hubo algW10s
caí1onazos de anta Anita y San Pablito, a los que vienen trabajando las
paralelas de la Garita del Pulque. A las 4 de la tarde pasaron como l 50
carros por los Alamos, rumbo a Amozoc. En la noche no hubo novedad.
Dfa 5. Al toque de diana_. han tirado lo fuertes 21 car1onazos cada uno,
celebrando el 5 de mayo del 62. El enemigo está quieto, como de luto. A
las 9 de la mañana sali6 una clh-isión de nosotros para el llano, que va a
Tla.-.:cala, llevando 18 piezas. Todo el día se han tiroteado con el enemigo
que está en Rancho Colorado, en San Aparicio y otra fuerza de traidores que
estaban en Reventería. ucstra f ucrLa se retiró a las 6 de la tarde. Hoy a
la 12 del día, ha ido el canje de nuestro .soldados, dando también a los
gabachos. Mucho se empeñó Forcy en el canje. Lo más del día ha habido
tiroteo en la ciudad. Hoy se esperaba el con\'O}' y al Sr. Comonfort y que
avanzara pero no entró. A las 11 de la noche han dirigido algunas bombas al
cerro de Guadalupe los franceses, y no lograron echar en la fortaleza ni una.
No hubo novedad.

Día 6. A las doce del día salieron dos brigadas y 12 pie.zas, al mando del
Gral. egretc para el llano, por donde pasa el camino para Tla.xcala y los
campamentos que tiene el enemigo en San Pablo, an Felipe y Reventería,
frente al fuerte de Loreto y el de Guadalupe. Luego que el enemigo vio la
columna nuestra, comenz6 a batirla con sus piezas rayadas, pero eran tan
mal dirigidas sus punterías que no los ofendieron en nada. uestras fuerzas 1
a más de los cañonazos que di pararon, les pusieron varias lineas en tiradores, Yi avanzando sobre ellos hasta las 6 de la tarde que se coooci6 que
el enemigo no abandona sus atrincheramientos para batirse en campo ra~o,
· e mandó retirar la columna nuestra. Se calcula que el enemigo arrojó sobre
nuestra fuerza como 300 bombas y granadas, sin utilizarlas. Hoy, como a
las 9 de la mañana, pasaron por Totimehuacán 4,000 hombres, con direcci6n a Amalucan. Esta fuerza salió del cerro de San Juan. En la noche hubo
algunos cai1onazos. Cayó una agua y todo quedó silencio.

Día 7. El fuerte de In enieros tiró algunos cañonazos al campamento que
tiene el enemigo en an Baltasar. A las 4 de la tarde t.iró el fuerte de Guadalupe algunos tiros a la iglesita de . anta Bárbara, donde está una fuerza
enemiga. El enemigo ha estado echando algunas bombas a I
laza, y a

456

las 6 de la tarde se dirigieron 8 granadas al cerro de Guadalupe y ninguna
de ellas llegó. En la noche hubo pocos cañonazos. Hoy se ha notado ya la
necesidad que hay.

Día B. Desde las dos de la mañana se oyó un fuerte tiroteo de cañ6n y
fusiles. con dirección a San Pablo del Monte. Este era de las fuerzas del
Gral. ·comonfort, que batía a un fuerte grueso de gabachos~ que le querían
impedir el paso con el convoy que traen a la plaza. El fuego duró hasta las
6 de la mañana. A c.~ hora .se preparaban dos divisiones, con bastante artillería para salir de la plaza en auxilio de nuestros hermanos, los del centro.
Todo el día ha habido tiro de cañón de los fuertes de Guadalupe, Loreto,
Independencia, Zaragoza e Ingenieros. A la plaza no le han tirado. Son [las]
8 de la noche y no se sabe nada de los resultados del combate de hoy. A
las 7 de la noche cayó una agua y toda la noche ha estado quieta.
Día 9. A las 6 de mañana ha comenzado a disparar algunos cañonazos el
fuerte de Ingenieros, sobre el pueblo de San Baltasar, campamento del enemigo. A las 8 de la mañana salió una fuerza francesa como de 8,000 ho~br?s,
por el camino de México, con un tren de carros como de 80, y artillena.
Estos se vieron llegar hasta Ocotlán. Creemos irá a batir al Gral. Comonforl
A las 12 ha tirado el enemigo, que está en San Miguel, como de 15 a 20
granadas, para el cerro de Guadalupe, y solo una cayó causando la muerte
de un soldado y dos capitanes heridos, uno de artillería y el otro de un cuerpo de Oaxaca. Son las 8 de la noche y no se sabe que haya vuelto la fuerza
enemiga, que salió esta mañana rumbo a México.

Dia JO. Hasta las 10 del día no hay ni un tiro. A las 12 comenzaron a
tirar de San Baltasar algunos cañonazos a Ingenieros, y de San Miguel echaron los franceses algunas granadas al fuerte de Loreto. A las 7 de la noche
comenzó a llover hasta las 8. A esa hora tiraron los franceses al fuerte de
Guadalupe algunas granadas.

Día 11. A las 7 de la mañana salieron uno carros de

an Juan, por el
camino de México, y a las diez y mt.'Clia contramarcharon en unión de los
que habían salido anteayer y una fue17.a grande otra vez a San Juan. Desde
las 12 d I día han hecho fuego de artillería los fuertes de Guadalupe, Independencia, Zaragoza, Ingenieros, El Carmen, Santa Anita y Lorelo1 sobre los
puntos donde están trabajando sus paralela.11 y atrincheramientos los franceses.
Este fuego duró hasta las 6 de la larde. De San Javier y San Miguel han
echado al~unas bombas y granadas a la plaza los franceses.

Día 12.

as 8 de la mañana ha comenzado otra

\."CZ

el cañoneo en todos

457

�sus fuertes en general, a los que pocos ha contestado el enemigo. Hoy, a
las 12 del día, ha dado orden el Gral. de artillería, para que cada media
hora se le tire un cañonazo al enemigo. Esto es general en todos los fuertes. En la noche ha seguido el fuego de artillería. A las 8 de la noche atac6
el enemigo los fuertes de Santa Anita, La Merced, San Javier y el Carmen,
toda esa línea, y a pesar de estar la noche tan oscura y lloviendo, salieron
nuestras fuerza.~ de los fuertes y fueron rechazadas las columnas enemigas a
las 2 horas. Toda la noche hubo tiros de cañ6n y de fusil.

Día 13. A las 8 de la mañana sali6 una fuerza de nosotros del fuerte de
Ingenieros a atacar una fuerza enemiga que estaba en Santa Marta y las
paralelas que están en el llano de Totimehuacán. El fuego de artillerla y
fusilería fue muy nutrido, por unos y otros, hasta las 11, que de todos los
campamentos enemigos venían fuerzas en auxilio de los franceses, se replegó
nuestra fuerza a sus posiciones haciendo fuego en retirada y con bastante
orden, dejando el punto donde habfan desalojado antes al enemigo. Por nuestra parte hubo alguna pérdida, por estar en un llano y el enemigo en vallados.
Siguió el tiroteo hasta las 5 de la tarde que comenzó a llover. A las 10 y
media· de la noche hubo una catástrofe en el fuerte de Independencia: al
sacar un cabo de artillería, un cohete de luz, de un cuarto donde había
parque de artillería, se le incendieron los cohetes y el parque, volando tres
piezas del ediiicio. Causó la muerte de un sargento, dos cabos, un soldado y una mujer; habiendo quedado en los escombros tapados de tierra
cuatro soldados y una mujer que a las dos horas se sacaron vivos y muy golpeados y más 12 soldados descalabrados.

Día 14. A las 8 de la mañana hubo algunos tiros de cañón del fuerte de
Guadalupe y el de Independencia, a una fuerza enemiga que exploraba el
campo por la garita de Amozoc. Ingenieros está echando cañonazos a cada
media hora al campamento de San Baltasar. En la noche no cesó el cañoneo,
basta las 11 y ¾•

Día IS. A las 8 de la mañana atravezaba una columna enemiga por el
llano de Totimehuacán con frente al fuerte de Ingenieros. Esta llevaba el rumbo
de Tepozúchil, no para Amozoc. Luego que se descubrió en el llano les rompió el fuego de artillería el fuerte de Ingenieros y Zaragoza. Como a las dos
de la tarde se puso un campamento del enemigo en la garita de Amozoc, de
cosa de 2,000 hombres y cosa de 18 carros. A las 4 de la tarde corrían voces
de que el general francés iba a entrar a la plaza, a conferenciar con el Gral.
Ortega mañana. Los fuegos no han cesado hasta las 7 de la noche. A las 10
empezó el fuerte de Ingenieros a disparar algunos tiros de cañ
bre unas

458

�trincheras que el enemigo ha estado poniendo a su frente. Eso fue toda la
noche.
Día 16. A las 6 de la mañana rompi6 el enemigo el fuego de artillería,
con 48 piezas, sobre el fuerte de Ingenieros, los Redientes y el Carmen. El
fuego fue muy nutridísimo, como si hubiera sido de fusil E\te dur6 hasta las
10 y ½, habiendo caído prisionero un coronel francés y cinco soldados, además de los muertos y heridos que tuvieron en la segunda línea o trinchera,
donde el enemigo tenia una baterla que apag6 sus fuegos e.l fuerte de Zaragoza. Siguen echando de San Javier granadas a la plaza de armas y algunas

bombas de incendio. A las 12 del día sali6 el Gral Mcndoza, cuartclmacstrc,
al campamento enemigo, a tener conferencia con el general francés. A esa
hora se volvió a romper el fuego de artille.ria en los mismos puntos que en
la mañana, con más que ahora batían a Zaragoza también el fuerte de lngmieros ha sufrido mucho el edificio. La fuerza que allí está se ha portado
muy bien. El fuego ha sido muy nutrido y cesó a las 6 de la tarde, que fue
cuando volvió del campo enemigo el Gral. Mendoza. A esa misma hora
pasaban cinco columnas del enemigo a reforzar la línea que han estado ellos
ocupando hoy, y se acamparon en el molino de Guadalupe, a\-anzando dos
de ~ columnas hacia donde tienen las baterías con que baten a Ingenieros.
Cerró .la noche. Hubo algunos tiros de caiión de Zaragoza.

Dfa 17. A las 2 de la mañana se comenzaron a llamar a los jcfes de los
puntos, para que recibieran 6rdent'5: y fue que para las 5 de la mañana estuviera roto el armamento, y nos presentáramos en palacio a las 8 de la
mañana. Así cerr6 el día 17 de mayo, }' fuimos prisioneros de guerra a las
8 de la maiiana 1,500 jefes y oficiales.
Dla 18. Estuvimos con guardia en palacio.
El 19 se entregó la plaza y entro el general francés.

El 20 nos sacaron de Puebla, a pie, a Amozoc.
El 21, a Acatzingo, a pie. Nos conducían turcos.
El 22, al Palmar. La posada fue un corral.

El 23, a Ixtapa, a otro corral.
El 24, Acultzingo. Otro corral y a pie.
El 25 llegamos a Orizaba. La posada fue el hospital de San Antonio. De allí
desertaron los generales.

El 26, alli en la noche se fueron 200. La población se port6 bien.

459

�El 27, a Córdoba.
28, 29, 30, 31, lo., 2 'Y 3, allí encerrados.
El 4 de junio, día de Corpus, salimos a Paao del Macho. Día de Corpus.
(sie). El 5 a Palo Verde. El dfa 6 a la Soledad. El 7, allí, y fuimos pagados
a 10 reales diarios, hasta el día 8. El 8, a la Tejerla.
De allí salimos el 9, a las 5 de la mañana, en ferrocaniles, hasta Veracruz,
al muelle. A las 8 de la mañana embarcamos en el vapor Dariln. Dormimos

en Sacrificios.

El 10 salimos en la fragata Ceres, a las 12 del día. El IS pasamos por
Campeche. El 17 por La Habana se vio el Morro y la farola. El 24, día de
San Juan, llegamos a la isla de las Bermudas. Perdimos seis días para hacer
carb6n de piedra y víveres frescos. De alU escnoí a mi casa por el (testado),
y salimos el 30, a las 12 del dia.
El dia 3 de julio murió uno de los compañeros, teniente, y fue echado al
mar el 4, a las 5 de la tarde, yo iba malo de fiebre amarilla, después de 25
diu de navegación. El d1a 5 murió un capitán, este caus6 mucha impresión
su muerte entre todos DOIOtroe.
El 17 pasamos las islas de las Azores, y el 17 entramos al canal de la
Mancha. En la navegación nos extravió un viento en la mar, cosa de setenta

Cont·ento de las Damas Bla,u as ) Pu ente. T ours, 1863.

leguas. Sufrimos muchas hambres todos. El 21 muri6 un teniente coronel,
a las 8 del día El 22 Uegamos a Brest, puerto. A las 3 de la tarde vimos
tierra y tuvimos gusto. El 27 desembarcamos en Loria, después de haber
pasado la cuarentena de costumbre que tiene todo buque por los enfermos.
Esta fue de 5 días. Allí dejamos 4 de los compañeros, en la isla del Muerto,
enfermos. A las 12 del día que saltamos a tiemi, entramos a los ferrocarriles,
para conducirnos a la ciudad de Toun, por orden del emperador, quien nos
mandó dar allí mismo 120 francos, como una gratificación. Esto fue a cada
uno de nosotros. A la una partió el ferrocarril. Pasamos por Nant&amp;, ciudad
muy bonita, a las 8 de la noche, y llegamos a Tours a las 12 y ½ de la
noche. Ese mismo día anduvimos como cosa de cien leguas. Por el gobernador
de la ciudad fuimos destinados a varios hoteles, donde se nos ha recibido
muy bien, como no lo esperábamos.
El 28 amanecimos como locos, mudos o sordos, porque ni a nosotros nos
comprendía nadie, ni nosotros comprendíamos lo que nos decían. Nomás decíamos güi güi, que en francés es sí. Era un papel de comedia. La multitud
de hombres, mujeres y muchachos, se aglomeraban cuando nos veían, como

Palaciu rlc: Ju ticia. Tuur , I BG3.

�cuando hay una cosa rara. Nos hablaban y nosotros nomás decíamos güi güi.
Para comer, por señas pedíamos como es el agua, cubiertos, el pan o vino.

El 30 dimos traza de comprar gramáticas francesas para enseñamos a
pedir siquiera lo más necesario. Esto no era todo en lo general. Algunos
compañeros parlaban francés y la mayor parte no. Ya tuvimos que estar en
la escuela. La mayor parte de los particulares nos han dado tarjetas y nos
han ofrecido su casa y se reúnen con nosotros. Nos llevan a los cafés; nos
tratan muy bien y con respeto. La tropa y oficiales de la guarnición nos
hacen los mismos honores que nuestros soldados; en todos somos distinguidos.
Aquí hay muy buena policía, buena educación, muy bonitos paseos y todo es
muy hermoso. No nos falta más que dinero para poder disfrutar de todos
los placeres. 'Estamos en absoluta libertad, nomás sin salir ni una milla fuera
de la ciudad. Ver los paseos, el lago y diversiones me entristecen, por no
estar con mi familia. El 29 de julio aboné en el hotel de Inglaterra por cien
francos por mes. [Por esas] condiciones se me da cuarto amueblado, desayuno
a las 8 de la mafiana, almuerzo a las 11 y comida a las 6 de la tarde; una
muda de ropa lavada a la semana, vino y fruta en las mañanas j 5 francos
por el garzón, el mozo para que baga el mandado y dé bola a las botas y
asee el cuarto; que estos ciento cinco francos serán pagados al fin del mes,
que se nos paguen cuarenta pesos en la Comisaría de Gendarmes, que es el
sueldo que se nos ha asignado.
El 15 de agosto hubo una gran función en París y en todas las ciudades
de Francia, que es el día en que el emperador Napoleón cumple 10 años de
estar en el imperio. En Tours hubo gran función y concurrieron algunos jefes
de los prisioneros al Te Deum.
Día 17 de agosto. En Tours se supo que los subalternos habían hecho un
escándalo en eJ punto donde están y que habían matado a uno de los compañeros, a más algunos golpeados; que los del escándalo serían metidos a
los calabozos.

El 18 comenzaron las aguas.
El 5 de septiembre llegaron otros prisioneros mexicanos, 22, y una mujer:
La Barragana.

El 10, a las 11 de la noche, llegó el empel·ador a Tours. Estuvo 20 minutos y se fue.
El 1o. de octubre se nos pagó en la gendarmería con 200 francos a cada
uno, con lo que abonamos algo de lo que debíamos de comida y ropa que
nos mandamos hacer.

461

�El día 8 hubo unas carreras muy concurridas. Corrieron caballos árabes

~~~

,

El día 12 corrían rumores de que ya nos iban a mandar a México en clase
de canje y salió nulo.
'
El día 13_ se pres_entó en Tours, un ayudante de Estado Mayor del emper~dor, con mstrucciones y algunos artículos escritos, para hacemos proposicmnes para volver a México, siempre presos, con tal que no nos habíamos de
mezclar en cosas políticas.

NUESTRA PRIMERA PtRDIDA TERRITORIAL

El 14 nos llamaron a todos y nos presentamos a las 8 de la mañana a la
casa del general. Allí se nos leyeron las proposiciones y se comenzó a llamar
a uno por uno. La mayor parte de nosotros no aceptamos, y unos cuantos
las aceptaron y se juramentaron.

El 1S nos citaron a las 8 de la mañana a la misma casa...

ALBERTO

MARL\

CARREÑO

t

que lo quitado a México por el tratado
de límites de 1848 con los Estados Unidos como consecuencia de la injusta
guerra que éstos nos hicieron para ampliar su territorio, fue la primera pérdida que sufrimos, desconociéndose que Inglaterra fue el invasor que aprovechó para sí lo que el gobierno virreinal habla descubierto y paseido.
ESTAMOS HABITUADOS A CONSIDERAR

En efecto: una serie de expediciones marítimas iniciadas por Cortés en
pleno siglo XVI habían extendido los límites de la Nueva España a lo largo
del Océano Pacífico, entonces conocido como Mar del Sur; y una de esas
expediciones descubrió Nootka, que escasamente conocemos por el estudio
formulado por el Br. D. José Mariano Moziño al finalizar el siglo XVIJJ,
a pesar de que existen valiosísimos documentos en el Archivo General de la
Nación respecto al descubrimiento del lugar y de su pérdida años más tarde
en favor de Inglaterra. Veámoslos siquiera en parte.
Fue el Alférez de Fragata don Juan Pérez el designado por el Virrey don
Antonio Bucareli y Ursúa para explorar las costas del Pacifico a partir de
Tehuantepec hacia el Norte, tocando Monterrey, el puerto que perdimos a
causa de aquella guerra.
Bucareli Je pidió que formulara un proyecto de expedición y con fecha lo.
de septiembre de 1773 lo rindió, proponiendo salir de San Blas, tomar altura
hasta los 45 ó 50 grados y de allí, al retroceder, hacer la exploración detallada, pues siete viajes que había hecho en aquellas aguas le habían hecho
comprender que era la mejor manera de practicar aquella exploración.
Aceptó el Virrey la idea, se emprendió el viaje, pero al avistar las costas
de Califomia se descubrió que se había roto el timón de la nave, y Pérez
resolvió regresar y tocar el primer puerto que encontraran para efectuar la
reparación necesaria. Un año después, en 24 de enero de 1774 partirían de
nuevo los exploradores desde el puerto de San Blas y el haberse frustrado el

462
463

�primer viaje dio ocasi6n a Fr. Junípero Serra para tomar parte en este segundo aunque sólo en una porci6n de él.
Efectivamente, en 4 de diciembre de 1773 el Virrey se dirigió al Guardián
de San Femando, Fr. Rafael Verger, anunciándole que se organizaba una
expedición de San Blas al Norte, y como en el astillero de dicho puerto no
había sacerdote para que fuera con los navegantes, le pidió que fuera alguno del Colegio de San Fernando.
En 15 del mismo mes de diciembre, el P. Verger anunció que el P. Lector
Fr. Pablo Mugartegui había sido el designado capellán del barco, y agregaba:
" ... escribí el correo inmediato al P. Presidente Fr. Junípero Serra, en cuya
compañía se halla en Monterrey dicho P. Fr. Pablo, para que puntualmente
practique éste su superior orden, embarcándose el P. Presidente para San
Diego, y el nominado Fr. Pablo 1 de capellán para el nuevo descubrimiento .. .''
(MS. en el ramo de Historia, vol. 396, Archivo General de la Naci6n).
El Virrey entonces en 24 de diciembre se dirigi6 a Fr. Junípero, indicándole
lo acordado con el Guardián, e indicándole que si por enfermedad u otra
circunstancia no pudiera ir el P. Mugartegui, designara a otro, y he aquí la
respuesta que con letra clarísima y firme respondió Serra:
'Va. Jhs. Ma. Jph. Excellmo. Señor: Muy Sr. mío Excellmo. con sumo
gusto y aprecio he recibido en este pueblo de Tepic recien buelto del de
San Blas la de V. E. con fha. de 24 de Deziembre en la q. se sirve ordenarme
el q. haga lo q. es de mi parte para que el P. Fr. Pablo Mugártegui vaya
de capellan en la expedici6n de descubrimiento q. V. E. tiene fiada al Alferez de fragata Dn Juan Perez con la nueva fragata San-tiago alias la Nueva
GaJicia, según lo tiene V. E. acordado con el P. Guardián de nro. Colegio
de Sn. Femando, salvo enfermedad y otro acontecimiento en dho. Religioso,
q. impossibilitasse su viaje en el qua) caso se dexa assi pr. V. E. como pr.
dho. P. Guardian a mi cuydado al señalar otra de aquellas Missiones pa. q.
no falte capellan a la tal expedición.
"Assi como V. E. lo ordena puntualm.e se hara con el favor de Dios y
me es de especial consuelo el tener ese poquillo de influxo en vna obra tan
de mi gusto y de V. E. Solo suplico a V. E. me permita vna addicionsile
pido al R. P. Guardian en la carta respuesta sobre el propio asswnpto. Al
thenor q. me he alegrado tanto de la idea, y resolución de V. E. deseo su
feliz exito y q. tengamos la mas exacta noticia de quanto se fuere descubriendo
de nuevo. Vn Religioso solo, y el más robusto en vnos climas tan avanzados
y differentes puede enfermar; ahun quando tal no suceda ira con mucho
mas consuelo acompañado, y tendrá V. E. dos fieles testigos de aquellas nuevas tierras. Si assi le pareciesse a V. E. estimare se dexe a mi cargo el nombram.o de tal segundo capellan, no desde aca, sino despues de llegado a

464

Monte Rey desde donde dare a V. E. pronta noticia de su nombre y circunstancias supuesto que en vista del atraso del Príncipe tengo resuelto embarcarme en la misma Fragata. V. E. en el particular y en lo demas que gustare
determinara, como siempre lo mejor.
"Dios N. Sr. guarde a V. E. los muchos años que mi fina voluntad desea.
"De este Hospicio de la SSa. Cruz de Tepic y enero 7 de 1774 años.
"Excellmo. Señor. B(esa) las ms. de V. E. su mas affmo. y humilde siervo
capellan, Fr. Junipero Serra.
"Excellmo. Sr. Baylio y Virrey Frey Dn. Antto. María Bucareli y Ursua".
Y veinte días después, ya en plena expedición, escribió esta otra:
"Va, Jhs. Ma. Jph. Excellm. Sr. Muy señor mío Exmo.: Ahunq. se q. los
Sres. Pilotos escriven a V. E. de este propio puesto junto a las Islas Isabelas
en donde nos hallamos esta mañana día 3.o de nra. navegación, no omito el
añadir con esta, q. el P.e coro.ro y yo vamos buenos, y gustosos, a Dios gracias, a nrs. destinos, y que de la nueva fragata reconosco que por instantes
van haziendo buen concepto ahun del q. e&gt;.l)resan p. q. reselosos ahun de Ja
corta C.'Cperiencia no se atreven a expresar tanto quanto reciben.
"Espero en la D.a Mad.d q. las santas ideas de V. E. assi en el fomento de
los nuevos establecim.s como los del Descubrim.o de nuevos Reynos salga
con toda felicidad, p.a nuevo lustre de su nobiliss.a persona y Familia, para
dilatación de la S.ta Fe Catholica y mayor gloria de Dios, cuya infinita Bondad Guarde a V. E. 1os m.s a.s que mi tan obligada voluntad desea en su
S.to amor y gracia. Mar, a la vela, cerca Islas Isabelas, y enero 27 de 1774.
"Exmo. Señor. B. L. M. de V. E. su mas affo. y rendio siervo y capellan
que le venera, &amp;
Fr. Junípero Serra".
En la fragata Santiago, alias ]a Nueva Galicia, aJ mando de Pérez, embarcaron rumbo a Monterrey 23 pasajeros, más 89 personas que fonnaban
la tripulación, en la forma siguiente: el jefe, don Juan Pérez, primer Capitán
Y Piloto, con el enorme sueldo de $70.00 mensuales; su segundo, don Esteban
Martínez, con $50.00; el Capellán, Fr. Mugártegui sin remuneración alguna;
el cirujano, Pedro Costtan y Hoyos, con $30.00; el contramaestre, Manuel
L6pez Insúa, con $24.00; el Guardián, Pascual de Esa, con $20.00; el segundo Francisco Hernández~ con $16.00; el carpintero Manuel de Rojas,
con $19.00; el segundo Diego Nicolás, con $15.00; e] galafate Francisco Rúa,
con $19.00; el segundo, José Mateo, con $15.00; el despensero José Angleda,
con $19.00; el segundo Crist6bal Rodríguez, con $12.00; el Condestable
Ram6n Padilla, con $10.00; el patrón de lancha Carlos Ortega, con $14.00;
catorce artilleros, cada uno con $12.00; diez y nueve marineros, cada uno con
$10.00; treinta grumetes con $8.00, y seis pajes, cada uno con $6.00.

465
H30

�El viernes 10 de marzo de 1774 llegaron al puerto de San Diego en donde
se pusieron en contacto con Fr. Vicente Fuster; fondearon el 11 al 12 de
marzo y de allí partieron para Monterrey el 6 de abril siguiente, llegando un
mes más tarde, el domingo 8 de mayo.
Continuaron la navegación al rorte, llegaron a Nootka y estuvieron en
contacto con los indígenas, pero el capitán de la expedición no llegó a posesionarse del lugar. Quedaba esto reservado a Esteban Martínez en una
segunda expedición ordenada por el Virreinato.
Pero entre aquella primera encabezada por Pérez y esta segunda mandada
por Martínez varios otros navegantes habían llegado al lugar; portugueses,
norteamericanos e ingleses, y los últimos se quedaron definitivamente en la
isla, pretendiendo que el célebre navegante Capitán Cook la había descubierto, aunque esta pretensión resultara infundada, puesto que Pérez había
estado en ootka en 1774, y James Cook cuatro años después, en 1778.
De todas maneras, debe decirse, que Martínez tomó posesión del lugar 15
años después de que las primeras embarcaciones españolas habían estado en
él: el miércoles 24 de junio de 1789, según aparece del acta que levantó, y
cuyo tenor es el que sigue:
''En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
tres personas distintas y un solo Dios verdadero, que es principio, hacedor y
creador de todas las cosas, sin el cual ninguna buena se puede hacer, comenzar
ni conservar; y porque el principio bueno de cualquiera cosa ha de ser
en Dios y por Dios, y en él conviene comenzarlo para honra y gloria suya,
en su santísimo nombre, sea notorio a todos los que el presente testimonio,
instrumento y carta de posesión vieren, como hoy, miércoles, que se contaron
veinte y cuatro días del mes de junio de mil setecientos y ochenta y nueve
años, habiendo llegado esta fragata nombrada Nuestra Señora del Rosario
( alias la Princesa), y el paquebot San Carlos el Filipino del muy poderoso, muy esclarecido y católico Sr. don Carlos 3o. Rey de Castilla, de
León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña,
de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira,
de Gibraltar, de las islas de Canaria, de las Indias Orientales y Occidentales,
islas y tierra firme de Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante y Milán, Conde de Apspurg, Flandes, Tiro! y Barcelona.
Señor de Vizcaya y de Molina &amp;; de por mando del Excmo. Sr. D. Manuel
Antonio Flores Maldonado Martínez de Angulo y de Bodquin, Caballero de
la Orden de Calatrava, Comendador de Molinos y Laguna Rota en la misma,
Teniente General de la Real Armada, Virrey, Gobernador y Capitán General de Nueva España, Presidente de su Real Audiencia y Subdelegado

General de Correos en el mismo Reino, salió del puerto de San Bias, uno de
los de la Mar del Sur, de la comprehensión del mismo Virreinato el día diez
y siete del mes de febrero del corriente año para los descubrimientos, siguiendo
la costa de Monterrey al Norte y encargado por Comandante en Jefe de esta
expedición don Esteban José Martínez, Alférez de Navío de la Real Armada
y estando anclado en el puerto de Santa Cruz uno de los muchos que en-'
cierra en sí el de San Lorenzo de Nuca, con la referida fragata de su mando,
y paquebot San Carlos de su conserva, habiendo desembarcado en tierra
dicho Comandante con los oficiales de ambos buques, la tropa de ellos y parte
de la gente de mar, asociado por los PP. Capellanes, Br. José López de Nava,
don José María Díaz y los cuatro religiosos misioneros del Orden de N. P.
S. Francisco del Colegio Apost6lico de San Fernando de México: P. Severo
Pateno, Presidente, Fr. Lorenzo Socier, Fr. José Espí y Fr. Francisco Sánchez, sac6 una cruz, la cual adoró de rodillas devotamente con todos los que
le acompañaban; y los capellanes y religiosos entonaron el Te Deum Laudamos, y concluídos el cántico, en alta voz dijo: que en el nombre de S. M.
el Rey don Carlos 3o. Nuestro Señor, que Dios guarde muchos años, con
acrecentamiento de mayores estados y reinos para servicio de Dios, bien y
prosperidad de sus vasallos y de los muy poderosos señores reyes, herederos y
sucesores suyos que por tiempo fueren, como su comandante de estas clichas
embarcaciones y en virtud del orden e instrucciones que en su real nombre
le dio el expresado Excmo. Sr. Virrey de Nueva España, tomaba y tomó,
aprehendía y aprehendi6 Ja posesión de esta tierra donde al presente está
desembarcado, la cual la ha descubierto primeramente en el año de mil setecientos setenta y cuatro y ahora nuevamente, para siempre jamás, en dicho
real nombre y de la real corona de Castilla y Le6n, como dicho es, y será,
Y que realmente le pertenece por razón de la donación y bula del muy santo
Padre Alejandro 60., sumo Pontífice Romano, que expiclió motu proprio en
donación a los muy altos y católicos señores Don Fernando 5o. y Doña Isabel
su mujer, Reyes de Castilla y León, de gloriosa recordación y a sus sucesores
Y herederos de la mitad del mundo, dada en Roma a cuatro de mayo del año
de mil cuatrocientos noventa y tres, en virtud de la cual son estas tierras pertenecientes a la clicha real Corona de Castilla y León; y como tal toma y tomó
la referida posesión de estas suso dichas tierras y sus comarcas, mares' ríos, ensenadas, puertos, bahías golfos, archipiélagos y en este dicho puerto de la
Santa Cruz, que es isla, nombrada de Martínez, de las muchas que abraza
el puerto de San Lorenzo de Nuca, el cual se halla situado en la latitud Norte
de 49º, 33' Y en Ja longitud de 20° 18' al Oeste del meridiano de San Bias a
donde el presente se halla anclado con la referida fragata y paquebot de' su
mando Y las subrogaba y subrogó debajo del poder, posesión y dominio de

�la dicha real Corona de Castilla y León, como dicho es, c-0mo cosa suya propia que es; y en señal de posesión de él, echando mano a su espada, que tenía en la cinta, con ella cortó árboles, ramos y yerbas, mudó piedras, paseó
los campos y playa, sin contradicción alguna, pidiendo a los presentes que
de ellos fuesen testigos; y a mi Rafael de Cañizares que soy el escribano nombrado por el Comandante en jefe de esta expedición, se lo diese por testimonio
en pública forma. Y luego incontinente tomando una cruz grande a cuestas
y puesta la gente de la fragata y paquebot en orden de guerra, con fusiles y
otras armas, la llevaron en procesión, cantando los referidos capellanes y religiosos la letarúa de rogación, respondiéndole todos; y acabada la procesión
dicha, plantó la cruz e hizo un mojón de piedras al pie de ella misma para
eterna memoria. y señal de la posesión que tomaba a nombre de Su Majestad Católica, el Sr. Rey de las Españas, Don Carlos 3o. (que Dios guarde)
de todas estas tierras, mares y sus términos, descubiertas, continuas y contiguas y puso nombre a este puerto de la Santa Cruz, como dicho es; y luego
que la cruz fue plantada, la adoraron segunda vez, e hicieron oración todos, pidiendo y suplicando a uestro Señor Jesucristo fuese sen~do que todo
esto sea para honra y gloria de su santo nombre y para que nuestra santa fe
católica sea ensalzada, aumentada y sembrada la palabra del santo evangelio
entre estas bárbaras naciones, que hasta ahora han estado desviadas del verdadero conocimiento y doctrina, para que las guarde y libre de los engaños y
peligros del demonio y de la ceguedad en que están, para que sus almas se
salven; y luego los capellanes y religiosos entonaron el himno Vexilla Regis.&amp;
Seguidamente en un altar que había mandado hacer el Comandante, se celebró una misa cantada por el padre capellán de nuestra fragata, el Br. Don
José López de ava, a que asistió el capellán del paquebot, Don José María Díaz y los cuatro religiosos ya citados, siendo la primera que en esta tierra se ha dicho, a honra y gloria de Nuestro Señor Dios Todopoderoso, y
para e.~tirpación del demonio de toda idolatría. Predicó el M. R. P. Presidente Fr. Severo Patero, misionero apostólico del citado Orden de nuestro
seráfico padre San Francisco y del Real Colegio de San Femando de Propaganda fide, de la ciudad de México. Concluida esta función, el referido Comandante para más perpetua señal de memoria y posesión, hizo mondar un
árbol, en el cual formó una cruz, grabando en ella el santísimo nombre de
Nuestro Señor Jesucristo, con más cuatro letras iniciales: I. N. R. I. y al pie
de la cruz puso Carolus T-ertius Rex Hispaniarum. Y para que así conste lo
firmaron el Comandante y como testigos el Capitán del paquebot San Carlos, Don Gonzalo L6pez de Raro; el primer piloto de Armada don José Tovar, los referidos padres capellanes Br. don José L6pez de Nava, don José
María Díaz y los cuatro religiosos misioneros del referido Colegio de San

468

Femando. Y yo _el ~ribano nombrado por dicho señor Comandante doy fe
y verdadero testnnomo de que así pasó como dicho es.
·
Estebtl11 Josef Martínez. Gonzalo L6pez de Haro. ]ose¡ Tobar y Tamariz.
Br. Jph. Alexandro L6pez de Naua. José María Díaz. Fr. Severo Patero. Fr.
Joseph Espí. Fr. Francisco Miguel Sánchez. Ante mí. Rafael de Cañizares"
Al llegar Martínez al puerto de ootka encontró que estaba en él la fra~
gata Columbia y la balandra Washington, al mando del capitán John Kendrick, de los Esta~~s Unidos, y el paquebot Eugenia Nubiana, portuguesa,
al mando del cap1tan Francisco José Biana, natural de Lisboa, y del sobrecargo William Douglas.
Interrogado Kendrick por qué estaba en el puerto, informó que Bias González, "Sargento Mayor de Caballería de los Ejércitos de S. M., Gobema1or Político y Militar de las Islas de Juan Femández" le otorgó permiso pa~ entrar en el puerto, y con ello se conformó Martínez; pero respecto de
Biana, respondió que había entrado en virtud del pasaporte que les había
dado el Gobernador de Macao, el cual presentó junto con las instrucciones
finnadas por Juan Carvalho, negociante del mismo Macao. Que ignoraba
que se tratara de dominios de España, por no haberse publicado en las cortes europeos; y que estaba en la inteligencia de que esas costas habían sido
descubiertas por eJ Almirante Fon te, portugués; a lo que Martín.ez respondió
que en 1640 Portugal estaba bajo el dominio de España.
En las instrucciones que tenia Biana se le decía que "en el caso de encontrarse en e~ puert~ de Nuca o en la costa septentrional con algunos navíos
rusos, espanoles o mgleses y reconociese que Ja fuerza de cuaJqujera de éstos
es mayor q_u~ la suya, los tratara con toda amistad y liberalidad, permitiéndoles sus ,'lSltas,. pero procurando evitar toda sorpresa... " Debía informarse
del. objeto del ~aje de tales navíos, del valor de su carga y mandar una reIac:6n a Franosco José Banderas y Ger6nimo de Never Riveyra, y otra semejante a 1facao, para que su soberano fuese informado.
" Pero si esto decía el capítulo 18 de las instrucciones, el 19 prevenía que
en el caso de hallarse con la superioridad -esto es, con la fuerza- pasara
ª _t~ar posesión del navío y de su carga y llevará tanto al navío como a I0s
ofic~al~s a ~~acao para que sea condenado por presa legal y los oficiales y
eqwpaJe castigados como piratas". (Fol. 11 del proceso Ramo de Historia
Vol. 65).
'
'
Y no valieron las explicaciones ni las protestas; Martínez hizo arriar la
b:indera portuguesa, apresó la embarcación, recogió todos los docwnentos
hizo que .se formara un inventario y obligó a Biana y a Douglas a firmar
comprollllso'.. como apoderado del dueño de la embarcación a pagar el importe que ÍIJaron peritos como valor de la embarcación y de su carga.

W:

469

�El 25 de mayo entró una goleta perteneciente al mismo Carvalho y fácilmente se comprenderá que corrió la misma suerte del paquebot; como éste
iba annada y procedía también de Macao.

casabe, ~ue para la navegación hacen los inglesas el mismo uso que nosotros
con el b12cocho o galleta y a mi me parece que sea un gran antiescorbútico''.
En el párrafo 6o. añade:

Pero las dificultades con Inglaterra iban a aparecer unos dias después,
cuando se presentó el paquebot inglés Argonaut al mando del Capitán James
Colnett, quien viajaba con una autori1.aci6n del Almirantazgo inglés, fechada el 7 de septiembre de 1786 "para salir a un viaje con objetos mercantiles
a los mares del ur y Océano Pacifico con licencia de las Compañías de las
India )' ~far del Sur".

"~an ~.ersados están los ingleses con los naturales de todas estas tierras inmediatas_ nucstrasJ que a~enas habrá uno en Londres que aunque no haya
emprendido
esta navegación ignore el idioma de todos ellos, como se verif'1,
co en el pueno de ooka por la primera embarcación que apresamos pues
por las conversaciones que los ingleses tenían con los dichos naturales 'todos
ellos nos tr~taban de Piceki, que significa hombre ladrón y malo.
'
Por el mismo! paquebot prisionero que ha venldo a mi cargo, me informé
totalmente en _Nooka, que su capitán Mr. Colonet venía con destino de Gobe~ador de ~cho puerto a posesionarse y fortificarse para no dejar entrar ni
salu. emba~a.et6n al~na de otra nación, y que seguramente soy de sentir lo
hubiera venf1cado s1 no en aquel puerto, en uno de los muchos que posee
aquella costa, para cuyo efecto traían ya la casa y el martinete para la estacad~~ punto reducido, como creo que el Comandante de ooka se Jo habrá
renutido a V. E. con el mismo buque que \ino a mi cuidado. Está dich
Colonet
tra'
a
b
'6
•
_t en s~ em arcac1 n, a más de la goleta que ya di pane a V. E.
°:mla Y cmco_ cfonos sangleyes con diferentes oficios, engañados, como ellos
mismos lo confiesan, pues los sacó diciéndoles que los Uevaha para la costa de
Bengala Y después vieron ellos se hallaban en Nooka y él se quedaba con
ellos después de fortificados, despachando su paquebot a las islas de Sa D
am
·
n ~
. mprar una muJer para cada uno y de este modo poblarse con el tiempo
~n valerse de los naturales del país. e igualmente aguardaba para este mism~
ecto ?ºs fragatas de guerra para el año venidero que salen de Londres a
conducule socorro''.

Marünez aprehendió a Colnett y decidió enviarlo prisionero a San Blas1
recomendando al primer piloto de la Armada José Tovar r Tamariz un buen
tratamiento para los prisioneros, que serían consignados al Virreinato. Poco
después, el día 13 de julio, entraba la balandra inglesa Princesa Real al mana
do del Capitán Thomas Hudson; de igual manera fue aprehendido y enviado a San Bias bajo la vigilancia del segundo piloto Jo~ Narváez.
Existe en el Archivo General un informe trunco del piloto José Tovar y
Tamariz, el conductor de Colnett a San Blas, en que se babia de las actividades de los ingleses en aquella regi6n de Nootka, quienes por pedazos de
cobre obtenían ricas pieles y hace este comentario:

" ... a la verdad me es doloroso que hallándose nue tra nación con esta
riqueza no se aproveche la Real Hacienda y los particulares de ella; y que
unas potencias tan extrañas, emprendiendo una na,·egaci6n tan dilatada se
aprQvechen de esta ocasión¡ y nosotros hallándonos tan inmediatos a esta
prosperidad, no sólo dejamos emprender esto, sino que exponemos a perder
nuestra América, pues en toda ella sabe muy bien V. E. que no hay más fortaleza que el pequeño castillo del puerto de Acapulco, y los ingleses en el día
se hallan más prácticos de estas cosas hasta la isla de Onalaska ..•"

Y los siguientes párrafos son de un interés enorme. Dice el So.:
"La mejor empresa que los ingleses hacen es arribar a las islas que por Jacobo Cook se llaman en el día, sin razón alguna, de San Duy, cuando su primer descubridor fue nuestro español Juan Gaytán, que tuvo a bien el año
de mil seiscientos y tantos el nombrar a todas ellas las islas de la Mesa, las
que se hallan totalmente pobladas de naturales situados por los veinte grados
más y menos de latitud . y de longitud como mil leguas al Oeste del meridiano de San Bias en donde por materia de un clavo, machetillo o pedazo
de hierro venden un cerdo de incomparable magnitud y con la abundancia
de sal que tienen estas islas lo benefician los citados ingleses para emprender
sus navegaciones por estos mares; y al mismo tiempo compran una fruta o
raíz que en este reino se llama namen, como en la isla de Cuba se llama

470

°

1~ra aquel un momento de transición en el gobierno del virreinato porque
sa 1ª don Manuel Antonio Flores y entraba el Conde de Revilla Gigedo • y
por esto Flores, todavía desde México dirim6 una nota al ~"gund
,
b
'
b'
""
o, que ya
esta ª en Vcracruz, en 27 de agosto de 1788, dándole cuenta de lo hecho y
agregando:
"El
d _stas novedades de 1a mayor gravedad exigen muchas v delicadas pro,·isee.n.~as par~ a~ertar con el más exacto cumplimiento de lo que S. M. se ha
nido pre~ emrme en la reservada real orden que recibí en el penúltimo
correo. Y de que acompaño a V. E. copia adjunta.

. Y pienso ~asta ahora dictar aquellas disposiciones que preparen la ejecucion más fácil Y pronta de las acertadas de V. E. en los puntos de mayor
8:'ªve dad, pues por mi parte no me atrevo a tomarlas, hallándome tan pró:amo ª entregar este mando, y V. E. dentro del distrito del Virreinato
Creo que este asumpto es preferente a todos, y si V. E. lo gradúa del. mis-

471

�mo modo, espero se sirva acelerar su venida a Guadalupe, donde e.xpondré
a V. E. especialmente mis conceptos sobre la materia a que se contrae esta
carta, para las subsesivas disposiciones y para cuanto pueda yo contribuir
al obsequio del mejor servicio del Rey y de V. E,, cuya vida pido a Dios
guarde muchos años''. (Ramo de Historia, Vol. 65).
Grave asunto, en verdad, era el primero que se presentaba a la consideración del nuevo Virrey; pero más grave que él no viera el caso como el Virrey
Flores, según se desprende de su respuesta, fechada en Veracnu tres días más
tarde: el 30 de agosto, lo cual revela que Flores .mandó su informe con verdadera actividad, con indudable premura.
"A todo este contenido -respondi6 Revilla Gigedo refiriéndose al informe--- debo responder a V. E. que vengo enterado por la Superioridad de
todas las representaciones y providencias tomadas por V. E.; de la aprobación que merecieron de la Junta de Estado, y real orden que en su consecuencia se pasó a V. E., cuya copia me mcluye; que conservo muy bien en la
memoria, que una de las oportunas y prudentes advertencias que hizo V. E.
en sus instrucciones a dicho (Esteban Jose) Martínez es el artículo que en
adición dictó V. E. de 1a prevención en orden que por el Almirantazgo de
Londres se dió al Capitán Cook para que no entrara en puertos, ni establecimientos de nuestras costas, si no es en el caso que por temporal o falta de
víveres se viese obligado a ello, y que no se detuviese más días que los precisos para remediar su urgencia¡ que este modo de pensar de aquel sabio tribunai me parece poco conforme al haber enviando ahora su ministerio las
dos embarcaciones referidas a posesionarse de dicho puerto; que como V.
E. me asegura que han sido apresadas con justa razón, estoy desde luego por
este dictamen, aunque el mío hubiera sido decir a sus capitanes se volvieran
cuando quisieran a los puertos de donde hablan salido; y aun ahora me parece que estaba en tiempo de hacerlo, a no concurrir las circunstancias de ser
contrabandistas o piratas; que infiero de no expresarme V. E. son de la Marina Real, que pertenecen a lá mercante; y que es creible que el Gabinete
de Londres les diese una comisión de esta naturaleza; que por esto y por su
pequeño porte, es de pensar también proceden no de Europa, sino de Bahía
Botánica, o de algún establecimiento en la India, sin más orden ni instrncci6n superior para cometer semejante atentado; que las noticias que algunas
embarcaciones rusas han hecho a dicho puerto, y de la espedición que anunciaban de las cuatro fragatas de la misma nación que vendrían este año a to•
mar posesión de él, lo que no se ha verificado, y quisieron anticiparse a este
procedimiento, el cual njnguna potencia podría aprobar, y la misma agresora se avergonzaría en el caso de querer disculparlo, particularmente cuando
corre con la mejor armonía y correspondencia con la insultada; que de todos

472

modos m~ p~ce que V. E: no necesita aguardar a mi vista para tomar aquella., proVIdenc1as que le dicte su prudencia y profundo conocimiento en el
asunto, que no l~ creo muy p~~~so por lo pronto, pues los ingleses no pueden _proyectar nmguna expedicmn desde Europa, estando a tan grande distancia, y nosotros podemos brevemente facilitar cuantos auxilios se necesiten,
que íundadamente puede discurrirse que no se empeñe wi Gabinete tan instnú~
do en empresa que no es fácil conseguir y sí que pierda su buena reputación de
muc~os _modos; y por_ último que lo que puede resultar de este inesperado
acaecuruento es la debida reconvención que hará nuestra corte a la de Londres, instruida de que como es regular lo sea por V. E., comunicándole lo
ocurrido ... ''
Informaba luego, que los oficiales destinados a San Blas al mando del capit~ de Navío_ d~n Juan Francisco de la Bodega y Cuadra, partirían para
Me,.aco en 1.a s1gu1ente semana; que creía que no debían emprenderse nue•
vas exploraciones hasta enero siguiente y que él, Revilla Gigedo se detendría
aún en V~rac~ hasta t~mar todos los informes acerca del ~ismo puerto,
a lo que dio la importanaa merecida.
Singular buena fe del nuevo Virrey, quien había de recibir aun severísima
lección ·de los procedimientos de 1a Cancillería y del Almirantazgo de Londres, que llevaba dos siglos de intervenir en el comercio marítimo de diversos ~áISes; igno~ba también que el capitán Colnett, aunque disfrutando Jicei:i-c1a del AlmJrantazgo, seguía percibiendo sueldo del mismo, y que sólo
deJaría de recibirlo, si dejaba de dar cuenta de sus actos o dilataba en renova:_debidamente _su licencia; desconocía probablemente también que la Compama de la India y Mar del Sux de que directamente dependía, era igualmente una institución oficial inglesa.
El -~irrey Flores le respondió en 2 de septiembre, demostrando una com~rer)Slon mucho mayor de los hechos, y agregando a su infonnación ante~or: "El capitán inglés dijo terminantemente a Martínez, que traía órdenes
e su soberano el Rey de Inglaterra para tomar, como Gobernador, posesión
del puerto de Nootka, fortificarse y establecer íactorlas, conduciendo al efecto Ja gente necesaria y 29 sangleyes chinos; pero Ia resistencia de aquel comand~te y el conocimiento de la superioridad de sus fuerzas obligaron a
que d1ch~ capitán inglés prescindiese de su empresa, disponiéndose a ejecutar su sahda de Nootka con permiso o sin él".
Llama luego la atención de Revilla Gigedo acerca de que todos los barcos
apr,esados pertenecían a la Compañía del Comercio Libre de Londres y que
teman pa~en te_ del Ministerio para comerciar en todas las costas españolas,
Y en segmda dice: "Tenga o no parte en el designio de ocupar a Nootka la
Corte de Inglaterra, hemos visto muchas veces que han fundado derechos

473

�de posesión a puertos y territorios ocupados por negociantes o vasallos de su
nación, y no hay duda que ésta tiene en el Asia fuerzas navales incomparablemente mayores que las que podemos oponerle desde el Departamento de
San Blas. Allí no existe en el día otro buque del Rey que la fragata Fevorita,
dispuesta para darse al través; otra fragata titulada la Concepción está en
el viejo anual de transporte de previsiones para los presidios y establecimientos de Californias, y en Nootka se hallan la fragata Princesa y los paquebots el Aranzazú y San Carlos el Filipino".
"Estos son los buques de la actual dotación de aquel Departamento, y no
me atreveré a asegurar que su corto número y actual estado alcancen a desempeñar todas las atenciones graves y ejecutivas de sostener la Península
de Californias, conservar el puerto de Nootka y oponerse a los intentos ambiciosos de las naciones extranjeras; de suerte que no es tan fácil, como pueden haber supuesto a V. E. la remesa de auxilios oportunos, ni juzgo tampoco que deben postergarse, aguardando el mes de enero para su envío, pues
en todos tiempos deben navegar los buques del Rey, cuando haya urgencias
que obliguen a determinarlo así".
Le hace ver que precisamente iba a mandar en el mismo paquebot apresado, luego de concluída su carena, los auxilios para la subsistencia de Martínez y su gente, y aun tropas para su defensa y la de las costas; pero encontrando que son opuestas sus opiniones a las de Revilla Gigedo, concluye:
". . . suspendo mis providencias relativas a los asuntos de Nootka, hasta que
V. K me diga su última determinación sobre la liberta.el. o retención del paquebot inglés existente en San Blas, y de la balandra que quedó en aquel
puertoª.
Revilla Gigedo insistió en su parecer y las embarcaciones y sus tripulantes fueron puestos en libertad; pero iba a ser el mismo nuevo Virrey quien
hiciera entrega de Nootka, pues las gestiones hispanas sólo trajeron como
consecuencia la firma de la convención firmada de San Lorenzo el Real a
28 de octubre de 1790, y consigo la pérdida del puerto de San Lorenzo de
Nootka.
¿ Qué gestiones se hicieron? El Virrey comisionó al notable marino don
Juan Francisco de la Bodega y Cuadra para que defendiera los derechos de
la Nueva España y de España ante el Comandante inglés Jorge Vancouver,
representante de Inglaterra, y lo hizo con tanta energía como habilidad; pero el Conde de Florida Blanca inició gestiones con la Gran Bretaña cuyo resultado fue la pérdida territorial.

474

LA CULTURA EN EL NUEVO MUNDO
DR. Sn..vIO ZAVALA
UNESCO, Par1s

l. Generalidades

INTERPRETACIÓN AMPLIA DE LA CULTURA

Es coNVENlENTE AOLARAR, en primer término, cuál es el significado que
atribuimos al concepto de cultura.
Hay una acepción restringida a las creaciones intelectuales y artísticas de
valor perdurable, que cabe aplicar naturalmente al estudio de la experiencia histórica americana; dentro de esta connotación, se ha discutido mucho
en tomo a la existencia, la posibilidad o la originalidad de la cultura del
Nuevo Mundo.
Antes de entrar en el estudio de esas polémicas, cabe advertir que existe
otra acepción amplia que emplean los antropólogos y conforme a la cual
todos los pueblos, aun los más primitivos, poseen una cultura; es claro que
en semejante sentido no podían carecer de ella las sociedades coloniales euroamericanas. Creemos que el examen por extenso de las manifestaciones intelectuales y artísticas, de la índole de la sociedad en que surgen, de las contribuciones populares o del folklore, de los desarrollos lingüisticos, ofrece posibilidades inmejorables para llegar a comprender las bases de la historia cultural del mundo euroamericano. La ejeeución de dicho plan reclama el análisis no sólo de las ideas e inspiraciones que se encuentran más cerca de la
cultura original europea, sino también de la influencia que sobre la cultura
colonial ejerce el conjunto de la experiencia americana; ésta abarca los problemas de la emigración y la adaptación al ambiente ultramarino, las con-

475

�fluencias entre las varias corrientes procedentes del Viejo Mundo, más las
aportaciones de indios, negros y orientales. 1

•
2. La emigraci6n de la cultura europea
El parangón entl'e la cultura de Europa y la de América ha llevado a establecer, en algunos casos, conclusiones de identidad, y en otros, diferencia absoluta. Nos parece que ambas tesis son exageradas y que se apoyan en apreciaciones parciales de los resultados de la emigración de Ja cultura europea
a través del Atlántico.
No faltan ejemplos en la historia universal de culturas que se han e.xtendido más allá de sus marcos de origen. En tales situaciones suelen encontrarse fenómenos de proyección y conservación de rasgos originales junto a las
novedades que imponen la distancia, la adaptación a otro ambiente, la confluencia con corrientes procedentes de distinto origen.
El cuadro que hemos de examinar, y esto no debe olvidarse en ningún momento, es el de una cultura llevada por los emigrantes a tierras extrañas, que
ha dejada por ello de ser exclusivamente europea para convertirse en euroamericana en el caso que estudiamos, o en términos más generales en transoceánica si se abarca la expansión por los varios continentes. Es cierto que,
a pesar de la distancia, los pobladores de los territorios ultramarinos siguen
recibiendo inspiraciones fundamentales del foco de origen, puesto que se trata de una emigración colonizadora y no de una ruptura o exilio; pero la diversificación transoceánica nace precisamente del hecho de que la cultura
de los emigrantes se adapta a un ambiente nuevo, y, en buena parte también, entra en combinacione.s con elementos procedentes de varios continentes (distintos grupos de Europa entre sí, Indoamérica, Afroamérica, inmigrantes de Asia), que no se dan en 1a misma proporción, ni en las mismas circunstancias y tiempo, en el suelo de origen.
Los espíritus cultivados del Viejo Mundo, algunas veces sin salir del mismo y otras en contacto directo con América, participan de manera substancial en la interpretación de la experiencia relacionada con la expansión co1
La interpretación extensa de la cultura ha prevalecido asimismo en el proyecto
de una Historia dtl Desarrollo Cientlfico y Cultural de la liumanidad que patrocina
Ja UNESCO. En el documento SCH/ Mcmo. No. 557, de SO de marw de 1954, se
han incluído entre los temas que abarca los relati\'OS a la cultura intelectual y material,
las ciencias y las técnicas, la organizaci6n educativa y las estructuras sociales, las orientaciones subjeth•as y las formas de la expresión artística.

476

Ionizadora Por ejemplo, algunos europeos (Mártir de Angleria, Gómara,
Montaigne, Feijóo, Raynal), escriben obras, y los artistas difunden imágenes sobre el Nuevo Mundo (v.g., en los grabados), sin haber salido del antiguo continente. Otros europeos cultivados visitan América y dejan creaciones literarias o artísticas como fruto de tales contactos directos ( v. g., el doctor Francisco Hernández, encargado por Felipe II de estudiar las plantas
de Nueva España; Franz Post, llevado por Mauricio de Nassau al Bras.il holandés para pintar los paisajes; Alejandro de Humboldt, a lo largo de su
magno viaje científico por regiones de la colonización española). Por último,
hay europeos que emigran al Nuevo Mundo por períodos largos o definitivos,
y cuyas creaciones quedan integradas a la cultura ultramarina, ya sea por su
contenido o por sus repercusiones o destino (entre ellos, Berna! Díaz escribió sobre la Conquista de México, en la que había participado; fray Pedro
de Gante abre escuelas y talleres para enseñar a los indios, siendo su memoria olvidada en su ciudad natal, mientras vive fresca entre los mexicanos,
quienes al fin la retoman a Europa; fray Bemardino de Saha.,aún emprende
estudios sobre Ja etnología precolombina como parte de sus labores evangélicas; Manuel Tolsá edifica el Palacio de Minería y funde en bronce la famosa estatua del "Caballito", obras que van a contribuir a fijar la fisonomía
urbana de la capital del virreinato mexicano; en Lusoamérica cabe recordar
la obra de Ant6nio Vieira, nacido en Portugal, pero vinculado íntimamente
al Brasil, al que dedica algunas de sus más inspiradas páginas). Estas creaciones dan realce tanto a Jas culturas europeas de origen, como a las coloniales que sirven de marco a la obra meritoria: de manera semejante reciben
doble loa las obras de los nativos de una región americana cuando se realizan
en otra comarca del Nuevo Mundo ( v.g., la del jesuíta guatemalteco Rafael
Landívar, Rusticatio Mexicana, publicada en Modena, en 1781).
Entre los asuntos tratados por los hombres cultos de origen europeo se
encuentran, desde luego, los relacionados con el conocimiento de ]a naturaleza y el uso de los recursos americanos de minería, botánica, medicina, zoología¡ otros autores abordan la historia de la expansión temporal o la evangelización, o bien las peculiaridades de la sociedad o los problemas administrativos, o contribuyen a enriquecer el patrimonio de las letras y las artes
ultramarinas. Mas también se hallan las obras de quienes transmiten formas y
valores de Ja cultura del Viejo Mundo que tienen un alcance general, que no
está vinculado directamente con América, como suele ocurrir con los profesores de Retórica o de Teología, los pintores de asuntos religiosos, los impresores de libros, los maestros de arquitectura, aunque ocasionalmente aparezcan temas o matices de origen americano en medio de este trasplante más
amplio del patrimonio de la cultura europea. En todo caso, existe desde el

477

�principio, al lado de las tareas culturales relacionadas con la realidad americana, otro campo distinto de creación, o cuando menos de aprendizaje y
mantenimiento de las tradiciones de la cultura europea; es decir, una salida
hacia la universalidad occidental que se conserva abierta hasta el presente.
Ciertos temas ultramarinos penetran en el ambiente intelectual y artístico
de Europa, y esta presencia aumenta a medida que la riqueza, el poder y la
cultura de los pueblos americanos se fortalecen; sin embargo, mucho más
caudalosa es en la época colonial la corriente de los elementos culturales europeos (técnicosJ intelectuales, artísticos, lingüísticos) que se proyectan soore
el mundo americano. 2
Al .quedar la cultura de origen proyectada fuera de su marco anterior, se
constituyen en el Nuevo Mundo peculiares situaciones y combinaciones de
elementos, y los ritmos de desarrollo presentan variantes a uno y otro lado
del océano; por eso el análisis de la expansión transatlántica permite lleaar
. .
o
a un conocun1ento más pleno de la cultura occidental en su conjunto. Un
observador europeo ha seguido con interés "apasionante" las modificaciones
que experimentan las jerarqulas sociales del Viejo Mundo cuando pasan al
otro lado del océano y adquieren una disposición y fluidez nuevas en América, junto a las complicaciones que ofrece la composición racial de las colonias a reunir a los hombres procedentes de varios continentes; la expansión
de las religiones y el nacimiento de la práctica y la doctrina de la tolerancia
en el Nuevo Mundo contribuyen a ilustrar temas vitales de la historia de
la cultura europea; un estudioso de la poesía iberoamericana, como adelante explicaremos, ha señalado anacronismo y adaptaciones originales que no
pueden dejar de interesar a quienes cultivan las lenguas y las literaturas de la
Península Ibérica; otro crítico piensa que las literaturas de lengua francesa
de América constituyen compartimientos interesantes que no deben ser ignorados por los estudiosos de la cultura de la antigua metrópoli. En suma, la
extensión de las lenguas europeas a otras tierras, el cultivo en común de las
tradiciones literarias, el trasplante de las instituciones1 la filiación de las religiones, la escritura de historias que abarcan las experiencias de los pueblos
colonizadores en varios continentes, las ramificaciones artísticas, vienen a
ofrecer nuevas avenidas y horizontes más vastos para el estudio de los fenó• Repárese, aun en nuestros días, en el crecido número de nombres célebrrs europeos que los americanos honran en su.s escuelas y ciudades, y en el escaso tránsito de
los recuerdos por el camino inverso. Es un signo de la dependencia cultural anterior
pero también un exponente de la universalidad de la mente americana. La situació~
ultramarina fortalece los hábitos de recepción y admiración de los valores mundiales·
al mismo tiempo mantiene la amplitud de criterio y alienta las promesas creadora;
de los hombres del Nuevo Mundo.

478

menos culturales de Occidente. La emigración da nacimiento no sólo a las
ramas ,coloniales euroamericanas de cultura, sino a una transformación o posición distinta del tronco original europeo, a una reforma de la pauta intelectual correspondiente a un mundo anterior más estrecho, y en definitiva, a
una fase nueva, espacial e intelectual, artística y lingüística, de la civilización
de Occidente, y de la historia de las otras partes de la tierra a las que extiende su irradiación.
Aún existe entre ciertos europeos la propensión a reducir la historia de su
cultura al marco del antiguo continente o bien a considerar este segmento
central como el único valioso; en otros términos, asoma una especie de provincialismo metropolitano, si esta calificación paradójica fuera admisible.
De otra parte, se encuentra la resistencia sentimental de ciertos americanos
a reconocer el carácter provincial o marginal que tiene en sus orígenes la
cultura del Nuevo Mundo. Todo ello ha contribuido a encender las polémicas en torno al valor de la cultura americana, a las que adelante haremos referencia. Aquí nos limitamos a recordar que también existe una serie de juicios de europeos notables que han sabido vislumbrar el verdadero alcance intelectual de la expansión geográfica. 8
En caso anterior mejor estudiado, y que acaso presente una mayor coherencia interna, el de la historia del imperio romano, no se excluye el examen de las aportaciones de las provincias de España, Africa o el Oriente,
que afectan incluso a la historia del centro. El pensamiento o la creación artística en las áreas marginales, aunque no lleguen a sobrepasar fácilmente
un nivel de relativa modestia, pueden ilustrar los caminos de las expansiones históricas, y el estudio global de éstas beneficia al conocimiento de cada
civilizaci6n.

' Alejandro de Hun1boldt advirtió en su Examen Critique de l'lfoloire de la
Glographie du Nouveau Contintnt, I, pp. VIIl-IX y IV, 21-22, 37 (-conceptos a loa
que nos hemos referido en nuestro capítulo primero, p. 4-) que hay una coincidencia
entre la expansión del mundo geográfico y la del saber científico desde fines del siglo
XV. Nota que la filosofía concede un rango más alto a los descubrimientos de la inteligencia humana que a los espaciales o geográficos (p. e., "la découverte de l'analyse
transccdante, de cet autre monde nouveau d(l au génie de Newton et de Leibnitz");
pero al mismo tiempo percibe que los grandes descubrimientos marltimos producen
innovaciones intelectuales, y que: "C' est seulement depuis l'époque que nous ve.nons
de signaler que l'uruté homérique de l'océan s'est fait sentir dan son heureuse iofluence sur la civilisation du geore humain. L'élément mobile qui baigne toutes les cotes en
cst devenu le lien moral et politiquc, et les peuplcs de l'occident, dont l'intelligence
active a créé ce bien et qui ont compris son importance, se sont élevés a une universalité d'action qui détermine la prep6ndt!rance du pouvoir sur le globe", p. 22.

479

�LAS CULTURAS EUROAMERICANAS, SUS RAÍCES, SUS DESAJUSTES,
SUS RASGOS ORIGINALES

Las ramas de la cultura europea que emigran a través del océano se enfrentan a los problemas del arraigo en tierras nuevas y distantes ( primum
vivere deinde philosophare) quedan desprovistas de momento de muchos elementos de la cultura de origen (monumentos, universidades, bibliotecas, galerías de arte, en fin, alejadas de la solera cultural del área metropolitana de
Europa); sólo una parte limitada de esos valores puede pasar con los emigrantes a través del océano, y sólo relativamente y a distancia sigue siendo
suyo ese patrimonio de origen; desde este punto de vista, la emigración empobrece culturalmente a los grupos que la practican. Aun cuando el nivel
de educación de los emigrantes no sea comúnmente alto, dejan atrás muchos elementos que antes podían serles familiares y que no pueden disfrutar
ahora con igual plenitud. Sin embargo, esto no obsta para que mantengan su
admiración por esos bienes culturales y traten de imitarlos o intenten el traslado parcial de los transferibles (esa transferencia puede alcanzar en nuestros
días, gracias al adelanto técnico y económico, la magnitud que implica la instalación de un claustro medieval en los alrededores de Nueva York, patrocinada por Rockefeller; o de los castillos que atraviesan el Atlántico con las
piedras numeradas e incluso el "fantome a vendre"). Estos aspectos de imitación o continuación -unas veces educativos, como en el Metropolitan Museum de Nueva York, otras patéticos o ridículos por su falta de autenticidadcolocan naturalmente a la cultura americana en una posición de segundo orden o marginal. Es exacto que en cierta medida esa cultura participa de la
misma herencia y tiene tradiciones tan viejas como las de Europa ; pero es
"nueva" por todo lo que deja atrás, por haber salido de sí; y también lo es
por sus tareas de adaptación al ambiente ultramarino y por sus facultades de
rejuvenecimiento ante otros horizontes; atrás queda no sólo lo admirable sino
lo que limita y oprime. Las restricciones e impedimentos ( v.g., la Inquisición hispánica) pueden seguir al colonizador a través del Atlántico, mas la
marcha puede tener en ciertos casos un efecto libertador y abrir nuevas perspectivas naturales y humanas.
El deseo de seguir participando en el disfrute de los tesoros culturales de
Occidente es bastante general entre los colonizadores establecidos de un extremo al otro del continente (admiración por los primitivos italianos y flamencos, por las obras literarias y plásticas de las épocas del renacimiento, el
barroco, la ilustración, el romanticismo). Los euroamericanos no son los creadores de esos valores, pero los aprecian o los miran como suyos, y cuando

480

pueden los copian o procuran incorporarlos a su vida de una manera más íntima que la asequible a los asiáticos o africanos que viven en sus respectivos
continentes de acuerdo con formas de cultura originalmente ajenas o más
distantes de la occidental. En América también hay indios, negros y orientales, pero viven al lado o bajo la influencia gradual de la cultura de los inmigrantes europeos, de sus descendientes y mezclas, que arraigan y se multiplican en las tierras colonizadas.
La base general greco-romana de la civilización de Europa y el cristianismo
se extienden al continente americano por conducto de las varias ramas coloniales euroameiicanas. Ese conjunto de principios y conocimientos sustenta
la enseñanza en los colegios y en las universidades que llegan a fundarse en
el Nuevo Mundo. El empleo de la lengua latina para fines educativos y de
redacción de obras científicas se encuentra en todos los casos (v.g., cuando
sabios holandeses describen la naturaleza brasileña). Esa lengua permite la
comunicación eventual entre los marinos, militares y religiosos de distintas
nacionalidades europeas en las costas y fronteras de América, hasta el siglo
XVIII por lo menos. Es el idioma de los estudios, a pesar de la preferencia
que existe en el área protestante por la lengua vemácula para la difusión de
la re1igión. Las iglesias y los conventos contribuyen a mantener las tradiciones
de la cultura y de] arte en el mundo latino de ultramar, como ya lo habían
hecho en la edad media en Europa, según la observación sagaz de Paul Rivet.
La universalidad de la religión y el principio político de ]a asimilación jurídica de los habitantes de metrópolis y colonias facilitan el fomento de la
educación superior colonial en el Nuevo Mundo. Por ejemplo, en Hispanoamérica, así como se establecen catedrales, conventos y otras formas de la vida
religiosa y civil a imitación de la metrópoli, comienzan a abrirse los seminarios, los colegios y las universidades desde el siglo XVI. Esos establecimientos
coadym·an al enraizamiento en la tradición cultural europea en el Nuevo Mundo y abren a los descendientes de los colonizadores el acceso a la educación
superior sin tener que trasladarse a Europa. Las primeras universidades reales y pontificias hispanoamericanas gozan de estatutos similares a los de Salamanca; los cursos y textos siguen de cerca las tradiciones imperantes en la
metrópoli. No hay una pol1tica cultural que restrinja el ingreso de los criollos
hispanoamericanos a la educación superior colonial o a la metropolitana.
Los colegios de jesuítas y la Universidad de Cohnbra ofrecen oportunidades educativas a los descendientes de los colonos lusitanos, pero no llega a
instituirse un establecimiento universitario formal en el Brasil.
Tampoco lo hay en las colonias francoamericanas, aunque los canadienses
cuentan desde el siglo XVII con el seminario de Québec y otros colegios de

481
H31

�religiosos, habiendo servido el primero de antecedente a la universidad que
mucho más tarde se abriría en esa antigua capital del Canadá.

burguesía comercial creció en algunos litorales al amparo de las actividades
portuarias.

Los hijos de los colonos holandeses obtienen su educaci6n superior en la
metr6poli.

Los cargos de la Iglesia y del Estado estuvieron vinculados más estrechamente a una educación superior. No en vano la teología, la filosofía escolástica, la gramática latina y el derecho eran los estudios principales en metrópolis y colonias, y de hecho los más prácticos junto a los contables, hasta el
ad\'enimiento del auge considerable de las ciencias matemáticas y de la naturaleza en el siglo XVIII. Entonces esos nuevos conocimientos tuvieron aplicación en establecimientos roetropol.itanos navales y militares, y en alguno
colonjal, como el Colegio de Minería de México.

Colegios como los de Harvard, Virginia, Yale, Princeton, Nueva York, más
las enseñanzas de preceptores y los viajes a la metr6poli, hacen posible la
educaci6n superior de los angloamericanos en el curso de los siglos XVII y
XVIII.
La presencia en América de Europeos cultos, el acceso de los hijos de los colonos a la educación superior colonial o a la metropolitana, los viajes ocasionales de los americanos al Viejo Mundo, que en el siglo XVIII y principios del
XIX se extienden a veces a países distintos de la metrópoli, son factores que favorecen la iniciación de la alta cultura en América.
Algunos americanos van a estudiar o a residir en Europa, se compenetran
más o menos profundamente de su saber y de su arte, y crean obras con temas
o reminiscencias de América o bien de interés general (Juan Ruiz de AJarcón,
nativo de Nueva España, el Inca Garcilaso, del Perú; los jesuítas expulsos de
varias regiones de América, el doctor John Morgan de Filadelfia).
Varios de los americanos que visitan Europa llegan a destacar en los anales
del Nuevo Mundo por méritos culturales o políticos (Franklin, Jefferson, Miranda, Bolívar, San Martín, Bello, José Bonifacio de Andrade e Silva).
Hay, por fin, americanos que, sin haber salido de su continente reciben ins' relacionatrucción o inspiraciones de origen europeo y c_rean obra propia, ya
da con América o con temas generales (Sor Juana Inés de la Cruz, Sigüenza y
Góngora, Espejo, etc.) .

Estos americanos son por lo común descendientes de europeos, mas también
hay indios, mestizos, mulatos que alcanzan distinci6n como escritores o artistasl
( el indio Caspicara en la talla, en Quito; el ya citado mestizo peruano Garcilaso de la Vega, quien llega a brillar en la literatura española; el mulato Aleijadinho, famoso en el Brasil por sus obras de escultura).

•
Una parte del clero estaba compuesta de gente nacida en el Nuevo Mundo. Los europeos podían obtener con mayor facilidad los cargos eclesiásticos,
civiles y mifüares; pero no estaban cerradas por completo las puertas de tales
funciones a los americanos. Estos ocuparon también posiciones dirigentes en
varias ramas económicas, como la minería, 1a agricultura, la ganadería. La
482

Limitadas fueron las posibilidades de indios y negros para gozar de la
educaci6n colonial.
En Hispanoamérica llegó a ensayarse la educaci6n superior del indio, que
se enfrentó a la resistencia que a ella opuso el ambiente colonial; sin embargo, los proyectos continuaron hasta el siglo XVIII aunque con escasas
consecuencias prácticas.
En cuanto al negro, la exclusión fue la regla general, y sólo al fin de las
colonizaciones, bajo las nuevas ideas ilustradas, comenzaron a ponerse en
cuestión las barreras que le impedían el acceso a la educación superior.
La enseñanza primaria y de oficios llegó a impartirse en ciertos casos a
razas distintas de la blanca. En general, se facilitó esta tarea educativa donde
estuvo unida a la enseñanza de la doctl'ina y a las actividades misioneras.
La educación popular ganó terreno en Angloamérica en el siglo XVIII,
era impartida a los colonos y llegó a extenderse a los nuevos emigrantes de
Europa, como parte de las tareas de americanizaci6n, pero la polttica general
con respecto al indio y al negro no favorecia la inclusión de ellos en los beneficios de la docencia.
Con la llegada de las primeras imprentas a las colonias españolas desde el
siglo XVI y a las inglesas desde el XVII, y con la formación de las bibliotecas que atesoraban el saber de Europa y las primicias de los estudios sobre
la geografía, las lenguas y la historia de América, puede decirse que algunas
regiones del Nuevo Mundo comenzaron a entrar en posesión de los instrumentos formales de la cultura de Occidente; otras siguieron careciendo de
ellos hasta muy tarde o vieron llegar el fin de la colonizaci6n sin poseerlos.
En el siglo XVIII y a principios del XIX aparecieron bibliografías que servían de testimonio a la existencia de una producci6n literaria de América que
cubría campos muy variados. Ya veremos que ellas fueron utilizadas como instrumentos probatorios en las polémicas de la época acerca de la existencia y
la calidad de la cultura americana.
483

�En lo que respecta al patrimonio artístico, conviene tener en cuenta, entre
factores varios, cuáles eran las clases que patrocinaban el arte; las inclinaciones de los creyentes de diversas religiones; el desarrollo del medio urbano;
la aparici6n de mecenas cultos, como Mauricio de Nassau en la colonización
holandesa del Brasil; el interés o la falta de él en coronas, virreyes, gobernadores eclesiásticos y conventos, clases pudientes de mineros, comerciantes y
armadores de los puertos, y amos de plantaciones; en suma, las circunstancias
que influían en la adquisición de obras artisticas europeas, t&gt;n la atracción de
artistas del Viejo Mundo o en la formación de artistas americanos.
Ciertas bases económicas y psicológicas eran necesarias para que pudieran
prosperar las manifestaciones más altas de la vida creadora del espíritu. Y
aparte de ella, habfa que contar con oportunidades para la fonnaci6n de
los artistas, talleres y academias, buenas obras para distinguir las calidades y
acendrar el gusto, estímulos y medios de vida, aprecio o prestigio social para
promover el adelanto de los talentos naturales, y con la critica educadora de
las formas de la expresión.

En el campo de la cultura popular, las aportaciones de los europeos y de
sw descendientes, de los indígenas, de los africanos y de los orientales, pudieron crear más pronto combinaciones y términos nuevos. En ese estrato los
requisitos de la educación formal eran menos exigentes, y los varios elementos
de la población americana llegaron a expresar sus sentimientos y aportaron
sus propias creaciones (propagaciones populares de música, danza, canciones,
cuentos, romances, etc.).

•
El arraigo de los europeos en el ambiente del Nuevo Mundo pone de manifiesto ciertos desajustes entre la sociedad y la cultura.

Las sociedades americanas se encuentran en contacto inmediato con el
ambiente geográfico con la explotación de los recursos naturales con la
composición heterogénea de la población, de suerte que adquieren pronto un
carácter distinto al de las sociedades europeas. Entretanto, las culturas coloniales, por la uni6n derivada del idioma y por la complejidad de la herencia
de ideas, creencias, scnt~ientos y gustos, siguen Jas inspiraciones que llegan
de las metrópolis. Así se constituyen sociedades o pueblos nuevos en América,
y sus naciones independientes, mientras subsiste la dependencia de sus minorías cultas con respecto a los centros de procedencia. El lenguaje escrito
por los autores instruídos que imitan a los de las metrópolis difiere mucho

484

del hablado por el pueblo. Cuando en el estudio de _la ~toria de ~érica
• presta atención mayor a las influencias. filosóficas, ~teranas o artísticas, ~

.resultados tienden a ser europeizantes, baJo las m~alidades _que luego explicaremos. En cambio, si se miran de cerca las condiciones sociales, pueden adverlinc sin tardanza las particularidades americanas.
0 es extraño, por ello, que exista en algunos momentos cierta divergencia
entre las tendencias de la cultura y el carácter de la sociedad. De una parte,
influye el legado de la civilización procedente de Europa; y de o~r~ se hace
tir Ja presencia de un ambiente geográfico y humano que se dtstmgue del
en varios respectos ( por ejemplo, a causa de la experiencia del trasJante emigratorio y de sus combinaciones, las condiciones de vida en las f ronla presencia del indio, el traslado en masa de los african~ y _algunos
contactos con los orientales) ... No se trata, sin embargo, de un d1vorc10 completo, ya sea porque la cultura -incluso en sus i:eflejos políti~ y de organizaci6n de las clases- tiende a influir sobre la sociedad de vanas maneras, ya
porque es difícil que una sociedad deje de dar color local a la cultura, especiahnente en sus aspectos populares.

~

!:ru,

Veamos con mayor detalle algunos de los factores que contribuyen a sinuevo Mundo.

gulam.ar los desarrollos culturales en el

El influjo del ambiente natural en la literatura es prominente y contribuye
a poner de relieve la originalidad americana y a escapar de la simple copia
de los europeos, aunque algunos críticos señalan que los grandes bosques y
los desiertos no bastan para crear grandes poetas. La atracción que ejerce la
naturaleza del uevo Mundo es perceptible desde la busca de los ''secretos
maravillosos de las Indias" en la época de los descubrimientos, hasta las expediciones científicas del siglo XVIII y el romanticismo literario del XIX .
Otro factor que contribuye a singularizar el folklore americano, y hasta

cierto punto las creaciones de cultura más elaboradas, es la composición he~ a de la población en varias regiones.

Las comarcas donde se habían concentrado las civilizaciones indígenas sedentarias de la Améñca precolombina, aunque llegaron a ser conquistadas
• Acuo pudiera cxtcndcne a e.ta aituaci6n histórica alguna parte de la, ob~rva-

cioncs que loa etn6logos han hecho ante los fenómenos de dif115ión cultural en au
propio campo: "au cours de l'cxpan5ion des civilisations les divers domaincs culturels
partiela ne rcstent pas touj115 conncxcs (JOit, d'une part l'ergologie et l'économie;
d'autrc part, la sociologi • et ]e domaine apirituel) et .• des lors ils n'~oluent pas
néceaaircment dans la meme Jignc ni selon le meme rythme .• ," Wilhtlm Koppen,
"Autour du Problemc: Ethnologie et Histoire Unh·cnellc", en Miscel/an,a Paul Rivet
Octogenario Dienta, México, I, 140.

485

�por los colonos de origen europeo, no se occidentalizaron sin ofrecer resistencia, y a través de los contactos culturales y del mestizaje dejaron huellas
profundas de una vasta zona del hemisferio colonizado. La importancia de
la población indígena en el imperio español, por ejemplo, explica muchos de
los rasgos lingüísticos, etnográficos, históricos y artísticos de Hispanoamérica,
que no existen en la metrópoli.º
En las islas Antillas y en algunos litorales del continente, por ejemplo los
del nordeste brasileño y los de Virginia, la convivencia de los colonos con lo~
esclavos de origen africano crea otra zona de diversificación cultural. Ya hemos visto que el negro, a diferencia del indio americano, es otro emigrante
de época moderna; no cuenta, por ello, con un sedimento cultural de largo
arraigo en esta parte del mundo; pero las influencias que trae consigo pueden llegar a sobrevivir o mezclarse con las de europeos e indios y a introducir en cierto matiz de exotismo en la cultura del Nuern Mundo, como se
observa particuJarmente en el folklore de Brasil, Haití, Cuba, el sur de Angloamérica.
La literatura gauchesca rioplatense se apoya en los valores criollos, y toma
en cuenta los contactos con indios, y algunos negros, en la frontera.
Hay, por otra parte, el cosmopolitismo derivado de la inmigración europea
de varias procedencias, sobre todo en los litorales atlánticos de ingleses y
holandeses, más tarde en los del sur del Brasil y el Río de la Plata de origen
español; se trata del trasplante y la adaptación de grupos de colonos al suelo
estraño del Nuevo Mundo, donde conviven con europeos de distintos orígenes,
lenguas y tradiciones de cultura.
La distribución geográfica y las rutas de las colonizaciones hacen sentir
también su influjo en la fisonomía de la cultura de las regiones de América.
Las influencias europeas llegan con más facilidad a la costa atlántica de
América y a las ciudades ligadas con el comercio transatlántico. El europeísmo -sea en el Canadá francés, Angloamérica, Brasil o el Río de la Plataes habitualmente un fenómeno del litoral; y a medida que la colonizaci6n
avanza hacia el interior, comienza a predominar un mayor nativismo americano, unido a la rudeza y la peculiaridad de la vida en la pampa, el sertao,
la frontera o los bosques (es la base de los escritos de Sarmiento en la Argentina, Euclides da Cunha en el Brasil, F. J. Tumer sobre la civilización del
oeste de los Estados U nidos, Albert Fecland ante el paisaje canadiense). No
Deda Simón Bollvar en su Discurw de Angostura, 15 de febrero de 1819: ' ·o
somos c·uropeos, no somos indfos, sino una especie media entre los aborígenes y ]o!
rspañoh·s" Cit. por Magnus Momes, El Mestitaje 111 la Historia de Jbero-.Ambica,
Ms. Estocolmo, 1960, p. 4. La frase puede int.crprctnrsr tanto en nn sentido biológico
como cultural.
1

486

se trata tan sólo de una dualidad entre el medio urbano y el rural, entre la
corte y la aldea como e.xiste en Europa, sino también de un cambio de la vida
europeizada a otra que presente condiciones singulares de avance fronterizo,
a menudo en lucha contra indios nómadas; así aparecen notas de e.xtrañeza
y aun de barbarie que no han dejado de llamar poderosamente la atención
de los escritores que han descrito tales circunstancias. Algunas de las peculiaridades más llamativas de la vida del ue\'o Mundo aparecen m esos ambientes de frontera en los que el medio y la Sociedad de América llegan a ser
particuJannente distintos, aunque se trate a ,·eces de una fase pasajera a la
que suceden formas de civilización más afines con las de origen europeo.
En el litoral del Pacífico, Lima constituye un centro de influencia urbana
europea que, a través del Puerto del Callao, se comunica con Panamá y con
la línea de comercio del Atlántico; tiene hacia el interior -aquí situado al
este- la sierra habitada por densa población indígena, y ésta introduce variantes muy apreciables con respecto al género de vida que prevalece en la
costa europeizante; mas también en las tierras altas del interior se encuentran
ciudades pobladas por españoles como Cuzco, Potosí, Chuquisaca.
En el sur de Hispanoamérica, una corriente pobladora española desciende
del Alto Pen'.i, y establece una serie de ciudades en Tucumán; otra atraviesa
los Andes, desde Chile, y funda la provincia de Cuyo; mientras una tercera
llega por el Atlántico y arraiga en el Litoral del Plata; con el tiempo, el puerto
de Buenos Aires queda abierto a la comunicación transoceánica y se distingue
del interior argentino y paraguayo, que aparece como más replegado en sí
mismo, más provincial y "americano".
Los cambios en la fortuna económica de las regiones y en la dirección o el
rumbo de las corrientes de tránsito dejan su huella en la fisonom1a cultural
de las poblaciones del Nuevo Mundo, como es visfüle en la evolución de la
grandeza y decadencia de Potosí, relacionada con la suerte de sus vetas mineras.

Fondo común, diuersidades, paralelismos y relaciones culturales
entre unas y otras áreas de América.
En virtud de que las colonias de América dependían de metrópolis europeas
diversas y a menudo rivales, de que ocupaban territorios e:i..-tensos y por lo
común escasamente comunicados entre sí, de que su vida política, económica
y religiosa estaba vinculada a los centros de los imperios, existió una orientación cultural transatlántica más bien que interamericana.

487

�No era fácil, dentro de la organización colonial, que una influencia extranjera, por ejemplo, la francesa, se hiciera sentir en Hispanoamérica sin pasar ante.s por España. Hubo algunos casos de ello, por efecto del contra6ando
o de contactos esporádicos (por ejemplo, cuando a comienzos del siglo XVIII
llegaron navíos franceses a comerciar a las costas de Chile y Perú); pero, en
general, las relaciones de cultura entre unas y otras áreas de América, dentro
de las reserv~ políticas y religiosas que mediaban entre las metr6polis y entre
]as colonias mismas fueron más ,~ables cuando ocurrieron a través de Europa.
De ésta provenía un fondo común de cultura que se extendía a las varias
áreas euroamericanas y que engendraba ciertos desarrolJos paralelos aunque
no mediaron conexiones directas.

La Biblia representa una unidad de fondo y al mismo tiempo una diversidad
en cuanto al uso de las versiones; en esto las colonias de América no hacían
sino reproducir el panorama de la cristiandad europea después de la escisión
de la Rcfonna.
Otro de tales elementos comunes es la recepción de la tradición escolástica
europea en los primeros colegios y universidades de América; cabe comparar
los géneros de enseñanza anteriores al racionalismo que no parecen estar
desprovistos de algunas corrientes y autores comunes. Es claro que las doctrinas de Lutero y de Calvino no eran enseñadas en las colonizaciones católicas, ni las de Loyola en las protestantes; pero un examen detenido de las
cátedras y bibliotecas de la época permite descubrir supervivencias de la
tradición cristiana común, a pesar de las disensiones religiosas (por ejemplo,
en tomo al estudio de las doctrinas paulina, agustina y aun tomista) . ·
Los clásicos: Platón, Arist6teles, Cicerón, son estudiados en todas las áreas.
El derecho romano aporta otro campo común fertilizado por el mantenimiento del latín como lengua de cultura. El estudio de Heinecio parece haber
go1.ado de una difusi6n americana bastante general. Es de notar que Ja influencia de la tradición jurídica romana es aparentemente mayor en Jas colonizaciones de España, Portugal y Francia que en la de Inglaterra.
Algunas influencias literarias del Renacimiento italiano llegan a las varias
metrópolis y áreas coloniales.
La vecindad de las metrópolis peninsulares y la unión temporal de las coronas de España y Portugal explican la influencia que llegaron a ejercer
varios escritores españoles en el Brasil, por ejemplo, Lope Quevedo, Góngora.
Hubo correspondencia literaria entre la ran figura del mundo lusitano Antonio Vieira, y la notable poetisa de Nueva España Sor Juana Inés de la

Cruz.• Algunas de las historias de la expansión portuguesa fueron escritas
m castellano.
Descartes, Newton, Puffendorf, Montesquieu, Rous.,eau, son nombres europeos que se difunden por varias colonias cuando surgen las nuevas corrientes
del racionalismo y del derecho natural.

Los estudios acerca de la naturaleza adquieren mayor rigor científico en
el siglo XVIII. Sabios europeos participan en las expediciones transatlánticas,
que son organizadas desde las metrópolis; algunos americanos colaboran en
las investigaciones de botánica, mineralogía, medicina. La curiosidad del siglo
se hace presente en cada colonización y se proyecta sobre el escenario natural
deJ Nuevo Continente, que ofrece vastos horizontes, apenas comenzados a
explorar.
Cabe apuntar la presencia de judíos en varias áreas euroamericanas y las
contribuciones de cultura que pueden aportar, por ejemplo, en la ciencia
mblica.
En lo que respecta al arte, la presencia en común de estilos, ya provenga
del renacimiento el barroco o el neoclásico, obedece habitualmente a la difusión de influencias provenientes de los países de Europa, si bien es peculiar
el desarrollo en cada una de las áreas coloniales y regiones.

La pintura italiana se halla representada en las igle ias del Canadá francés
y de Hispanoamérica.

Es amplia la presencia en América del arte pictórico de los Países Bajos:
en la colonización española por efecto de las relaciones históricas de España
con Flandes; en la colonización del ordeste del Brasil a consecuencia de la
invasión holandesa; en Norteamérica con motivo de la presencia de los colonos bátavos en Nueva Amsterdam; y, en todos los casos, gracias a la influencia que ejerce esa misma pintura sobre las escuelas de las varias metrópolis europeas.
Ciertas influencias que se advierten en la arquitectura y la ornamentación
de los establecimientos iberoamericanos (por ejemplo, el gusto por los azulejos) provienen de las e.-cperiencias comunes de los pueblos de la Península
Ibérica ante la invasión árabe. Y si los desarrollos barrocos tienen personalidad distinta, tanto en España y Portugal como en Hispanoamérica y Brasil,
también es cierto que los retablos del mundo ibérico guardan mayor parentesco entre sí que con respecto a las manifestaciones arústicas coetáneas de las
colonias francesas, inglesas y holandesas del uevo Mundo.

El mecenazgo artístico de las iglesias es más amplio entre los colonizadores
' Véase
1948.

RoB!RT

R1CAJtD, António Vieira

,1

Sor Juana lnís de la Cruz, Coimbra,

�católieol que entre b protestantes. Al mino tiempo puede ebiavane q•
la auberancia y la magnificencia IDD las notas salientes de b principan
delam&gt;Doa artiaticol iberounericanol (por ejemplo, en el banoco de México,
en la eeaaltura de Minas Genia) ; en tanto que el reatiPDO y la simplicidad
caracterizan al movimiento artistico puritano.
La influencia litenria y artútica francesa es notable en varias áreas de
América en el siglo XVIII.
Existe en el uevo Mundo, desde la época de las colonizaciones, una actitud ecléctica con respecto a la recepción de las corrientes europeas de cultura
y arte.

Se mira a Europa como la fuente habitual de inspiraciones, y cuando los
pueblos americanos obtienen la independencia politica, si bien de una parte
tienden a subrayar sus diferencias nacionales, de otra hacen uso de su libertad para elegir entre los varios estímulos exteriores con más amplitud que
la acostumbrada anteriormente cuando cada metrópoli era el conducto prin•
cipal de la recepción de tales influencias. Es lo que explica, por ejemplo, la
sustitución de la influencia española por la francesa en HispanoamErica durante el siglo XIX.
Loa problemas que derivan de esta situaci6n comienzan a perfilarse deade
la qx,ca colonial. Las áreas de América reaccionan ante un estbnulo dado,
lo adoptan, lo rechazan o lo modifican; ¿ qué J&gt;OS1"bilidades de comparación
ofrecen estas respuestas que las corrientes generales de Europa provocan en
laa distintas áreas de las colonizaciones americanas?; ¿ qué particularidades
comienzan a señalarse en el estilo, tiempo y carácter de cada reacci6n?; ¿ cuándo puede hablane de desarrollos propios, v.g., en el arte barroco de M6xico,
ligado indudablemente al español, pero no carente de pcrlQllalidad original?
Antes de llevar a su término este análisis, notemos que las observaciona
anteriores bastan para comprender por qué son los estímulos culturales de
origen europeo los que gozan de mayor relieve y difusión en América en la
época de las colonizaciones. Las formas para expresar en ciencias o en artel
los mensajes del Nuevo Mundo se encuentran al comienzo en manos de lOI
hombres europeos o de los americanos educados de acuerdo con las tradicio,,
nes de la cultura metropolitana. Las obras de los descendientes de los colonizadores ofrecen una calidad más refinada a medida que las concentraciones
urbanas, la riqueza y la madurez de las nuevas sociedades, el contacto con
los creadores europeos, se van afirmando con el transCUrso del tiempo. Y, coá
mayor o menor rapidez, según los casos, las épocas y los talento! naturales;
comienzan a nacer los frutos ultramarinos valiosos o simplemente interesanta
por su peculiaridad.
La cultura euroamericana no era tan distinta de la europea de origen COo

lérlo ll aaiMica, la ahicaDa, o la anerindia de ll fpoca anterior

...... delcubrimimtoe madtimoL Las lmguas, el alfabeto, el calen,. religi6n, permidan mantener a travá del cdano "el 1uo moral"
llablaba Humboldt. Y uf podtan loe europeo1 contribuir a la forma~ de la cultura americana, y b hombres del uevo Mundo acudir al an...,, ea bmca de elementos de formación intelectual o artútica. F.Atretanto,

a..-

poseer rugos propios y a valorizar
dejar de mantener su antiguo vinculo con la civima-

_, nmaa transatlánticas comenzaban a

u pecuJiaridades, sn
dde de Ocddente.'

•
La frecaencia de loa contactos entre las áreas y regiones de cada continente,
d como el número y la calidad de los hombres de estudio y los artistas, eran
lilúy distintos en Europa y en América durante los siglos coloniales.
Los maestlOI italianos influyen en la arquitectura y en los trabajos de talla
en Inglaterra en el período del Renacimiento. o parece que haya existido
aiaguna relaci6n entre los artistas de ucva España y los de Quebec o la
Nueva IJlglaterra, y fue escasa la que hubo entre los del Perú y los del Bralil Ya hemos visto que la penetraci6n de influencias extranjeras de cultura en
las áfflll de América suele ocurrir a través de las respectivas metrópolis (por
ejemplo, cuando España recibe los influjos de la pintura flamenca en el siglo
XVI o de las ideas y las modas francesas en el XVIll, y a través de ella llega al mundo hispanoamericano). Mas el contrabando y las licencias concedidaa a ban::os neutrales comunican asimismo las ideas y los gustos del exterior. La relativa lejanía o falta de tráfico entre unas y otras áreas de coloniadlm, así como el limitado desarrollo inicial de SUI creaciones del intelecto
y de las artes, no favorecian al contacto cultural directo interamericano. Era
IIIÍI ficil en los siglos coloniales que un país como Inglaterra ( la patria de
Sbakespeare, Milton, ewton, Locke) llegara a influir sobre las áreas americaaaa de distinta soberanía, a que éstas intercambiaran entre sí IUS propios
nlores de cultura; o descubrieran afinidades entre sus situaciones y mostraran
inter&amp; por compararlas; sin embargo, la incomunicación no era absoluta, aun
' A. Gaua. La Dis¡,utt1 ,M N11ovo Mondo, Storia di 11u ,olnnit:11, 1750-1900.
~ apoli, P.. llicciardi, 1955, p. 173, caracteriza ast la situación: "L' America
aa figlia d' Europa ( como non lo erano, evidentemente, né l' Asia né l' Africa; come
lo ..-l l'Oceania, ma in tanto minore scala), -era l'Europa, e insicme era la non•
linpa--, rantitcsi gcografica, física, e preato anche política, dell' Europa".

491

490

�en este orden de fenómenos culturales, ya sea entre las regiones de un mismo
imperio, ya entre áreas de distinta soberanía.
Entre las provincias mexicana y peruana del imperio español, entre México
y Venezuela, entre México y Centroamérica, entre las Antillas españolas y el
Continente, entre el Río de la Plata, Chile y el Perú, mediaron no sólo
algunos vínculos de comercio, sino también influencias religiosas y culturales.
La devoción a imágenes del culto mexicano, como la Virgen de Guadalupe,
o de la Iglesia peruana, como Santa Rosa de Lima, se extiende más allá de
las regiones de su 01igen. El arte pictórico cuzqueño conoce una irradiación
bastante amplia. Los estudiantes del Río de la Plata frecuentan la universidad
del Alto Perú. Los funcionarios de la administración y los eclesiásticos, en sus
traslados de unas provincias a otras del imperio español, trasmiten usos legales, prácticas administrativas y costumbres, como la de beber el chocolate.
El invento de la amalgama del mercurio para extraer el mineral de plata
llega de México al Perú en la segunda mital del siglo XVI. El peso fuerte
acuñado en las casas de moneda hispanoamericanas goza de valor general en
América, Europa y Asia. Es atribuido a un artista de Nueva España, José
Luis Rodríguez Alconedo, el túmulo erigido en Puebla a la memoria de los
soldados muertos en la defensa del puerto de Buenos Aires frente a los invasores ingleses de principios del siglo XIX. 8 Las gacetas no dejan de anunciar
los acontecimietnos que ocurren en las varias provincias de la monarquía.
El comercio entre el Brasil y el Río de la Plata aporta algunas influencias
culturales brasileñas a Buenos Aires, especialmente por la vía del contrabando,
que desempeña en todas las áreas un papel destacado cuando las comunicaciones legales no son permitidas entre colonias de distintas metrópolis europeas o entre colonias y naciones europeas diversas de su metrópoli. Asi los
muebles del Brasil llegan al Río de la Plata español; la técnica azucarera
peruana influye en la brasileña, y ésta en la de las islas antillanas de varias
naciones de Europa.
En 1791, los comediantes del Cap Fram;ais, refugiados de Saint-Domingue,
abren en Nueva Orleans el teatro de la calle Saint-Pierre. En 1794, otro refugiado, Duclot, funda el Moniteur de la Louisiane. Oeillard d' Avrigny, nacido en Saint-Pien·e de Martinica, hacia 1760, escribe Mexique Co1zquis,
poema heroico según el gusto del Abate Delille (París, 1812). Nueva Orleans
queda como un centro abierto al interés por el mundo hispanoamericano.
En 1816, el teatro Saint Philippe presenta una pieza que lleva por título:
Pizarre, ou la conquete du Pérou par les Espagnols. En 1827 es impresa la
• M. ToussAJNT, Arte Colonial en Mhico, México, Imprenta Universitaria, 1948,
p. 429.

492

obra: Lettres sur le Mexique par un citoyen de la Nouvelle Orléans. El francés P. Pérennes escribe una tragedia en cinco actos en la misma ciudad sobre
Guatimozin ou le demier jour de l'Empire mexicain (1839). El puerto acoge
refugiados políticos hispanoamericanos, como lo hace Burdeos en el Viejo
Mundo.'
La relación entre las colonias continentales inglesas y las Antillas es bastante
activa en el siglo XVIII, y no sólo toca posesiones insulares de Inglaterra,
sino también de España, Francia y Holanda. Así unas regiones de América
saben de la existencia de otras. En el siglo XVIII, el interés científico llega a
poner en comunicación a sabios de Nueva España, como Alzate, con los de
Angloamérica.10 A fines de esa centuria, la literatura poütica de los Estados
Unidos proyecta la primera influencia cultural importante del área angloamericana sobre las otras zonas de América de distinto origen.
Ya veremos que en ciertas regiones hay contactos, vecindades y sustituciones
de unas lenguas por otras.
Las influencias interamericanas aumentan después de la independencia,
aunque el vínculo cultural transatlántico creado en la época de las colonizaciones no deja de existir y aun de robustecerse a lo largo del siglo XIX.

•
Ya sabemos que los elementos integrantes de las culturas de América no
proceden solamente de Europa. Veamos cómo los factores no europeos se
proyectan sobre las varias áreas de colonización.
El Continente africano también se encuentra en una posición exterior que
permite el paso de algunas influencias generales y simultáneas a las varias
áreas de América; sus habitantes llegan a todas las colonizaciones a través
del comercio de esclavos. A pesar de las diversidades de origen en África y
del defecto destructor del traslado ultramarino, varios elementos comunes de
la religión, la danza, la música, las creencias mágicas, supersticiones y hechicerías, las tendencias lingüísticas, sea de varios grupos africanos entre sí, sea
de alguno de ellos que se reparte por varias regiones de América, se proyectan a la vez sobre distintas áreas de colonización europea, como el Brasil,
Haití, Cuba y el sur de Angloamérica. Los emigrantes africanos en los territorios coloniales de los varios imperios sin despertar las sospechas que persi• Cf. A. VIATTE, Histoirt Littlraire de l' Amérique Franraist, París, 1954, pp. 224,
262, 484.
" Cf. H. BEttNSTEfN, Origins of Inter-.dmtrican Interest, 1700-1812, Philadelphia,
1945.

493

�guen usualmente a los blancos extranjeros. De ahí que la aportación de África,
cualquiera que sea el valor que en cada caso tenga, alcance en la época de
las colonizaciones una difusión continentaJ bastante extensa.
Las influencias orientales que llegan en la época colonial a través del Pacífico, repercuten particularmente en México y el Perú. Al Brasil y Angloamérica arriban a través del comercio que las metrópolis europeas respectivas
sostienen con el Oriente, más bien que por una relación directa entre Asia
y América, aunque estos intercambios no faltan del todo en Brasil y comienzan
a fines del siglo XVIII en los Estados Unidos. El gusto por los objetos y
artes del Oriente, existe en todas las áreas de América a fines de esa centuria.
El indígena americano ejerce influencias en el orden de la cultura material
en varias áreas coloniales, por ejemplo, mediante la difusión del maíz, del
tabaco, etc. Sus lenguas, religiones y conocimientos anteriores al hallazgo europeo se extienden a veces por regiones bastante dilatadas; los colonizadores
dotan a ciertos rasgos culturales indígenas y africanos de un radio más extenso de difusión, gracias a los medios de transporte de que disponen al ocupar el Nuevo Mundo. Así como los navíos europeos permiten que algunas
manifestaciones del folklore de África arriben simultáneamente a Norte y
Sudamérica, también ayudan a que voces indígenas, en particular las antillanas, alcancen una irradiación notable en varias regiones continentales, gracias
a la movilidad de los colonizadores. La presencia del indio sedentario en distintas áreas coloniales crea en mayor o menor escala, una convivencia cultural y biológica con el europeo, y Ja peligrosa vecindad del nómada de las
regiones de frontera, imprime su marca en las costumbres de los colonos. En
este sentido el indio engendra situaciones de alcance bastante amplio en el
mundo americano. En todas las colonizaciones hay, según hemos visto, una
política hacia el indígena; pero presenta rasgos distintos en las varias áreas y
épocas, aun dentro de una colonización dada, no sólo por motivos provenientes del carácter de la civilización de las naciones europeas, sino también
por la diversa índole de las culturas indias y de las situaciones regionales.

LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE DURA GO

Ltc.

JosÉ

loNACIO GALLEoos

Universidad Juárez, Durango, México.

AÑo DE MJL QUINJENTos cincuenta y cuatro marca una nueva etapa para
el norte de la Nueva España. En este año se inician las expediciones de don
Francisco de !barra que habían de traer como consecuencia el descubrimiento
de esa gran parte del país.
Para ese entonces lo descubierto llegaba basta Zacatecas, que como se sabe
había sido fundada en mil quinientos cuarenta y seis y seguramente la fundación de esta ciudad sirvió para despertar el interés de descubrir nuevas
tierras al norte.

EL

Uno de los que más interés tomó en descubrir dichas tierras fue uno de
los fundadores de Zacatecas, don Diego de !barra, que se encontraba casado
con una hija de don Luis de Velasco, a la sazón II Vmey de la Nueva España.
Es fácil comprender, pues, la influencia que cerca del Virrey tenia don
Diego de Ibarra; le iba a ser fácil arreglar el descubrimiento de la región ya
dicha.
Hubiera querido don Diego ser el descubridor y conquistador de dichas tierras, pero se encontraba inválido debido a que había perdido una pierna en
la guerra del Mixt6n, por tal motivo creyó que lo indicado era va1erse de una
persona de su absoluta confianza para que hiciera los descubrimientos y conquistas.
Hacía poco que había llegado a la Nueva España su sobrino don Francisco,
quien se encontraba, seguramente, por recomendaciones suyas, de paje en la
corte del Virrey de Velasco y éste fue el instrumento de que se valió don
Diego para iniciar las conquistas a que nos hemos referido ya.
Era don Francisco de !barra un mozalbete, para la época en que iniciara
las conquistas tenía de diez y seis a diez y siete años, pero tenía todo el carácter, la energía y el talento que en tales causas se necesitan: cualidades que

494

495

�el mismo don Diego ignoraba, puesto que creía que su sobrino no iba a dar
un paso sin consultarle. Resultando que iba a ser enteramente lo contrario
pues don Francisco para lo único que iba a necesitar a su tío era para
le costeara las expediciones.

qu;

Don Francisco de lbarra era originario de Durango, Vizcaya, hijo de Pedro Sánchez de !barra y de María Aranclia. De. este matrimonio nacieron
Martín Ibáñez de Ibarra, Juan y Francisco de !barra.
La casa de Ibarra de la que descendía don Francisco, era de las más viejas
Y nobles de Guipuzcoa. Se dividía en tres ramas: La más antigua estaba en
Hergueta, la segunda en la Villa de Ybar y la última en Durango, Vizcaya.
Ignoramos cómo transcurrieron los primeros años de !barra, sólo sabemos
que por el año de mil quinientos cincuenta vino a la Nueva España, bajo 1a
protección de su tío don Diego, con quien peonaneció los primeros años.
Después aparece como paje en la corte del Virrey de Velasco; también creemos
que por recomendaciones de su tío don Diego.
Cuando éste pensó en hacer las conquistas al norte de Zacatecas, dándose
cuenta de que él no podfa hacerlas dado su estado de inválido, y como deseara
que todo quedara en familia, fue por lo que pensó en su sobrino don Francisco, que previo acuerdo con el Virrey de Velasco, lo puso al frente de la
expedición que andando los años iba a traer como consecuencia la fundación de la ciudad de Durango.

En el ~es de septiembre del año de mil quinientos cincuenta y cuatro,
don Franasco de lbarra salió de las minas de los zacatecas rumbo al norte
llevando al P. Juan García como capellán, más treinta soldados, a fin d~
descubrir nuevas tierras, minas y poblaciones de indios; descubrieron el Río
Grande que no es otro que el Río Aguanaval, el cual pasaron a nado por
haber ido muy crecido; descubrieron también el pueblo de Saín y otro pueblo que se encontraba como a ocho legua.$, al que se le puso por nombre
El Bautismo, en virtud de que el P. García bautizó muchos indios habiendo
sido don Francisco de lbarra el padrino de todos ellos. Después 'llegaron a
San Miguel, lugar que recibió este nombre por haber llegado el propio día
veintinueve de septiembre. Este sitio se llama hoy San Mi¡uel del Mezquital.
De ahí pasaron a otro lugar que resultó ser un rico mineral al que pusieron por nombre San Martín; éste nombre fue puesto porque había en la
expedición cuatro capitanes de este mismo nombre. De ahí fueron a dar a
otro sitio llamado Mazapil, en donde encontraron nuevas minas y descubrieron otros pueblos ; luego volvieron a atravesar el Río Grande y fueron a sitios
donde no encontraron agua; así anduvieron por espacio de ocho días descubriendo poblaciones de indios.
Andando por estos lugares encontraron una india que había huído de Ju-

496

chipila en tiempos del Gobernador Nuño de Guzmán, llegando hasta ahí
con su marido y su hijo, los que fueron muertos por los inclios. Ella sirvió
de intérprete, acompañándolos y siguiendo rumbo al norte en demanda de una
región muy rica llamada Copala, descubriendo en su camino Valle de San
Juan. Después descubrieron el Valle de Guatimapé, fueron a Capinamaiz,
Ocotán, Cacaria y el pueblo de la Olla.
Tuvieron un encuentro con los indios en el cual salieron heridos once o
doce soldados y fue muerto otro llamado Domingo de Villabona y también
herido en un pie don Francisco de !barra.
Después fue descubierto el Valle de Guadiana donde estuvo la expedición
una temporada; para entonces los soldados se encontraban en muy malas
condiciones, porque ropa y calzado se les habían terminado. lbarra mandó
a Zacatecas por todo lo necesario para revestirlos, regresando a este lugar, a
fin de prepararse para iniciar otra expedición que había de traer descubrimientos de nuevas tierras.
El lugar escogido por Ibarra para residir y continuar sus descubrimientos
fue San Martín, donde estuvo algunos años, continuando en sus expecliciones
logrando descubrir sitios donde hoy se levantan Sombrerete, Chalchihuites,
Ranchos, Las Nieves, Avino, San Juan del Mezquital y otros lugares.
Tan importantes fueron los descubrimientos hechos por !barra, que el Virrey se dio cuenta de su actuación y comprendió que había que premiar su
obra, por lo que Jo nombró Gobernador, según se desprende de su nombramiento que transcribimos en su parte relativa a continuación: " ... Y desde
entonces durante los pasados pocos años, he aprenclido que más allá de las
Minas de San Martín y Avino que están más allá de las Minas de Zacatecas,
hay ciertas colonias de indios y ricas provincias como una llamada Copala y
otras que hasta ahora no han sido descubiertas por españoles, y puesto que
los nativos de esos lugares, estaban sin la luz de nuestra fe católica, yo
concedí una comisión a Francisco de Ibarra, de manera que con ciertos
religiosos de la Orden de San Francisco y españoles que fueron en su Compañia, ellos pudieran entrar al país más allá de las Minas de San Martín y
Avino a descubrir las colonias que fueron reportadas estar en esa región; y
por lo concerniente a lo que ellos pudieran ver, descubrir, o oír, fueron ordenados reportarme para que provisión hecha también se les ordenó que mantuvieran en paz el dominio real de los mencionados nativos y puesto que en
el presente tiempo de acuerdo con las carlas del mencionado Francisco de
lbarra y un reportaje de los mencionados religiosos, yo supe que en prosecusión al descubrimiento, ellos hicieron unos viajes por tierras más allá de las
Minas de San Martín y Avino, y descubrieron ciertos valles y buenas tierras
irrigadas y algunas colonias que basta ese tiempo nunca habían sido vistas y

497
H32

�ahí ellos oyeron que más adelante había grandes colonias de gente que no
~saba ropas, pero que estaban sin ningún conocimiento de la Doctrina Cris~ a por eso conforme a la voluntad y deseos de su Majestad, después de
d!scu:11' el ~unto con la audiencia real y personas de importancia y expenencia cons1derando lo que debería ser hecho para traer a los nativos a las
men_cionadas tierras a la paz, y conocimiento de Dios Nuestro Señor, para que
pudieran ser :3-Ivados. P?rque ellos están sin la luz de 1a fe, fue decidido que
algunos espano]es debenan ser despachados bajo el mando de una persona
con c?mpleta autoridad para gobernarlos, y puesto que usted el mencionado
Fran~~sco de _!barra para servir a Dios Nuestro Señor y a su Majestad, se
ofrec1_0 para ir con algunos jinetes españoles, para descubrir y tratar a ]as
mencionadas gentes, nosotros adquirimos gran confianza en usted y creemos
que u~ted es una persona de confianza, capaz de desempeñar el cargo que
yo deposito confiadamente en usted.

!

"En nombre de su Majestad, y por virtud de autorización Real, aquí incorporada,
yo designo,
ordeno y doy poder a usted Francisco de !barra con
. ..
.
cen JJnetes a qmen usted seleccionará y religiosos de la Orden de San Francisco a quienes escogerá usted para que lo acompañen a entrar libremente al
descubrimiento de tierras y colonias ya mencionadas más allá de las Minas
de San Martín y Avino, exceptuando esas que están en la provincia de Chiametla, porque su descubrimiento ha sido confiado por su Majestad Doctor
Morones, Alcalde Mayor de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Galicia
en nombre de su Majestad, nombro y desirno a usted Capitán y Gobernado;
de la gente a qujen usted guiará y yo le concedo a usted una licencia y poder
para_ emprend~r el ya mencionado descubrimiento por todas las maneras y
med10s necesanos para mantener en paz nuestra fe católica y obediencia a su
~ajestad, a los nati~os de esas mencionadas tierras. Usted verá que los religiosos no sean detemdos cuando prediquen el Santo Evangelio. A usted se le
dará poder para fundar colonias donde a usted le parezca mejor de acuerdo
a la situación, fertilidad de las tierras y cualidad del sitio, res~ecto a esto
ust:d me rendirá cuentas, esa provisión puede ser hecha para su perpetuidad
Y s1 los mencionados nativos resisten las predicaciones de los mencionados
religiosos, su gente no los dañará; sin embargo, tomarán todo el cuidado para
ganar una libre entrada. Respecto a esto todo lo demás que usted tendrá que
hacer, usted seguirá la lista de instrucciones incluída, firmada por mi mano
y por los miembros de esta Real Audiencia. Usted las guardará y las cumplirá
p~rque ellas contienen sin cambio las obligaciones de un Gobernador y Capitán General, las cuales son parecidas a las de usted. Por ellas usted, es guiado en la administración de justicia y en todos casos y causas civiles y criminales, las cuales pueden ocurrir. En todo esto yo le concedo a usted completa
)

498

autoridad y mande todas las personas quienes le acompañan a usted, a obedecerlo como su Gobernador y Capitán y a cumplir sus órdenes y a obedecerlo
sin excusa o reservación, sujetos a cualquier pena que usted desee imponerles.
"Puesto que en la mencionada lista de mstrucciones están declaradas y especificadas todo lo concerniente al ejercicio de su oficio, y puesto que mucho
de esto está incorporado en esta comisión, usted debe adherirlas como si ellas
estuvieran aquí contenidas.-México veinticuatro de julio de mil quinientos
sesenta y dos: Don Luis de Velasco.-Rúbrica".
Al ser nombrado !barra Gobernador y Capitán Geenral, se le invistió de
grandes poderes ordinarios, comisionándolo para explorar y colonizar tierras
descubiertas y como la empresa debería ser emprendida por su propia cuenta,
se le concedieron obviamente privilegios y exenciones de que no gozaba nin-

gún otro Gobernador.

.
Conforme a su nombramiento tenía poder para explorar y colonizar las
tierras más allá de la frontera española y para poner bajo su gobierno todos
]os pueblos que no estuvieran provistos de una Iglesia y un Misionero, pero
este trabajo debería ser emprendido sin la ayuda del Gobierno y además no
recibiría ningún sueldo.
En las funciones administrativas, estaban aquellas de otorgar a los indios en
encomienda, con el objeto de explotar su trabajo y darles instrucción religiosa.
El Poder Legislativo del Gobierno, incluía el hacer ]os reglamentos para el
gobierno de su provincia: Este poder era restringido solamente por la expedición de que estos decretos no deberían ser contrarios a la justicia Y a las
órdenes reales. Su autoridad judicial dependía de la Audiencia de México;
también el tributo real debería ser enviado a la Caja Real en la Ciudad de
México.
Como Capitán General, con el objeto de explorar y conquistar nuevas provincias, !barra estaba investido de considerable autoridad militar. Todos los
hombres que lo acompañaron en la expedición tenían el deber de obedecerlo
y de no desertar bajo pena de muerte.
También tenía nombramiento de Alguacil Mayor o Alto Magistrado.
Además del privilegio de otorgar encomiendas, Ibarra disfrutaba de ciertas
franquicias. El y sus compañeros estaban exe.ntos de la alcabala o impuesto
sobre la renta durante un período de veinte años. También en el lugar del
pago acostumbrado de la Cuenta Real, de todo el oro o de los metales pre~
ciosos sacados de las minas o encontrados por otros medios, los fundadores
de la Nueva Vizcaya debían pagar al Tesorero Real un veinteavo.
Cuando !barra recibió su nombramiento de Gobernador, que fue en el mes
de enero de mil quinientos sesenta y tres, estando en San Martín, estuvo
indeciso sobre si debería aceptarlo o bien rechazarlo, pero finalmente, siendo

499

�"nfluenciado grandemente por el hecho de que Velasco lo había escogido para
tal cargo, y de que dependía de su tío el cumplimiento de la empresa, acab6
por aceptar el cargo.
El cargo otorgado a !barra, dice Baltasar de Obregón, Cronista de la expedición, era merecido: se mostró como un caballero capaz, honrado y prudente. Sus actos, su vida, sus costumbres, justificaron su nombramiento.

AJ tener !barra noticias de su nombramiento, fue a Zacatecas y empezó a
organizar la gente que iba a formar parte de su pequeño ejército. Poco antes
de la Navidad marchó con sus hombres a San Martín para darles la organización final y ayudado por su tío don Diego, se proveyó de todo lo necesario para iniciar la primera expedición que con carácter oficial iba a emprender.
El Cronista de la expedición sigue hablando de la organización dada por
!barra. Dice: " ... Empezó a formar y a elegir los oficiales de su campo, empezó por Martín de Gamón a quien dio el cargo de Maese de Campo, el cual
fue el más valiente soldado que hubo en el viaje; por su Alférez Mayor a
Martín de Rentería, buen soldado; por sus capitanes a Pedro de Quezada,
Andrés de IbarraJ Martín de Arana, buenos y escogidos soldados; por Oficiales de la Real Hacienda, a Martín López de !barra a su primo, Bartolomé
de Arriola, Juan de Heredia, vizcaíno, caballeros virtuosos, a Alonso de la
Mancha por Alguacil mayor del campo. Escogió ciento setenta buenos soldados, la mayor parte vizcaínos, los cuales han aprobado en esta Gobernación muy bien".
En cumplimiento de su nombramiento de gobernador, !barra procedió a
reunir los cien hombres de rigor, y además llev6 tres Misioneros Franciscanos, que fueron Fr. Pablo Acevedo, el hermano Juan de Herrera y un tercero
cuyo nombre desconocemos.
Corno aquel ejército debería tener su Estandarte, don Diego lo confeccionó y se lo entregó a don Francisco, que era de damasco azul bordado y
labrado de oro y plata, en cuyos lados estaba esculpida la imagen de Cristo
y de la Virgen; a su alrededor había letras de oro y seda y en los cabos las
reales armas. Este Estandarte fue bendecido en la Iglesia de San Martín,
después del acto !barra se lo entregó a su Alférez Martín de Rentería.
El veinticuatro de enero de mil quinientos sesenta y tres, Iban-a abando.
naba San Martín, siendo despedido con grandes muestras de afecto por su tío
don Diego y por el Alcalde Mayor Diego de Colio, penetrando, desde luego,
a las tierras de las que iba a ser Gobernador.
Al llegar a los límites de ellas, por orden de !barra ahí se celebró una
misa, a fin de implorar la ayuda de Dios al principio de sus actividades.

500

Antes de que Ibarra fuera nombrado Gobernador, no hizo ninguna fun•
dación de pueblos, se limitó únicamente a recorrer el territorio.
Pasó por Nombre de DiosJ donde un año antes había sido fundada una
Misión Franciscana y alrededor de ella había ya un pueblo que era de mucho
Porvenir. !barra vio grandes esperanzas en él y lo fundó, aunque después iba
a venir su fundación oficial.
Seguramente que en sus distintos recorridos, !barra buscó sitios para fundar una ciudad o villa, que fuese la capital de la provincia de la que era
Gobernador y escogió un sitio en el Valle de Guadiana, que no podía estar
mejor elegido, dada la situación en que se encontraba el Valle. Sus tierras
eran muy feraces y había gran cantidad de agua, por lo que resultaba de gran
porvenir, ya que la población que en él se fundase podía tener mucha espectativa.
Escogió, pues, el sitio donde quedase la cabecera de su provincia, se lo comunicó a sus capitanes, mientras se fue a radicar a Valle de San Juan donde
estuvo atendiendo algunas expediciones, entre otras la de Tapia o Topiamé,
que él consideraba ser la base de sus expediciones.
En el mes de abril !barra mandó al Valle de Guadiana a su capitán Alonso de Pachcco, con el fin de que viniera a echar los cimientos de la nueva
1-·illa, de acuerdo con las instrucciones dadas por el propio lbarra.
Alonso de Pacheco llegó a Valle de Guadiana y se hospedó en alguna casa
del pueblo de indios de Analco y desde ahí comenzó a hacer la traza de la
nueva población.
Es bien sabido cómo se hacia la traza de una nueva ciudad; en primer
término se escogía el lugar donde fundarse, después se señalaba un rectángulo
que era el sitio para la plaza de armas, luego se señalaban sitios para el
templo, casas de cabildo, casas de los vecinos y a cordel se tiraban las calles.
Podemos afirmar que según J.a traza hecha por Alonso de Pacheco, la Villa
de Durango quedó, en el momento de nacer, de la siguiente manera, to•
mando como centro la plaza de armas: Al norte, la Iglesia. al sur el Palacio
de los Gobernadores; por lo pronto no se señaló sitio para las casas de Cabildo;
al oriente y poniente, los solares fueron repartidos entre los primeros vecinos
que hubo en Durango. Al norte del sitio donde se iba a construir la Iglesia,
con calle de por medio, !barra señaló otro sitio donde quedó su casa particular.
Llevaba Alonso de Pacheco dos meses de estar haciendo la traza de Durango, cuando se presentó en ella don Francisco de !barra, siendo en los
primeros días del mes de julio. La presencia de éste iba a acelerar los tra-

501

�lbajos de construcción, declarándola solemnemente fundada el ocho de julio
de mil qu.inientos sesenta y tres.
Pacheco la llamaba Guadiana, seguramente por encontrarse en los llanos
de este nombre, pero Ibarra le cambió su nombre y desde la fecha de su fundación le llamó Durango.

No hemos encontrado documento alguno que hable cómo fue la fundación
de nuestra ciudad, pero nos imaginamos que aquel ocho de julio desde temprana hora hubo un gran movimiento en ella.
La tradición señala un lugar próximo a la Plaza de Armas como el sitio
donde ese día a temprana hora se dijo una misa a la que asistieron Ibarra,
sus capitanes y los primeros vecinos que se establecieron en ella. Después tuvo
lugar el acto de la fundación.

La etimología de la palabra Durango, es la siguiente: Su nombre es síncope•
de URAS-ANGO que significa en castellano "Allende el Agua".
Como hemos visto en este trabajo Analco y Durango, quedaron inmediatos, los dividía únicamente el arroyo conocido por "Acequia Grande". La
palabra Analco es nahoa, y significa "Allende el Agua", es decir tiene el
mismo significado que Durango.

La ceremonia tuvo lugar en el sitio escogido como la Plaza de Armas,
en la que el Escribano Sebastián de Quiroz, levantó el acta de fundación correspondiente, estando a su lado el joven Capitán don Francisco de Ibarra
que apenas contaba con veinticuatro años de edad. Vestía su uniforme de
gala, junto a él estaba el Alférez Martín de Rentería portando el Estandane
que los había acompañado en sus conqu.istas. Estaban los Capitanes Alonso
de Pacheco, Martín López de lbarra, Bartolomé de Arreola y Martín de
Gamón, quienes lucían sus brillantes corazas, en las cimeras que llevaban aparecían vistosos penachos, en su cuello aparecía la gola, petos de cuero y al
cinto relucientes espadas de acero. Junto a ellos se encontraba doña Ana de
Leyva, esposa de Alonso de Pacheco, que fuera la primera mujer blanca
que viniera a Durango, así como los primeros vecinos pobladores de la Villa,
que fueron Pedro Raymundo, Agustín Camello, Pedro Morcillo, Juan de
Heredia, Juan Sánchez de AJanís, Domingo Hernández, Lope Fernández,
Alonso González, Femando de Requena, Gonzalo Martínez de Lerma, Gonzalo Corona y Esteban Alonso.
La Administración qued6 integrada de la siguiente manera: Gobernador y
Capitán General, don Francisco de !barra; Teniente de Gobernador, Hartolomé de Arrcola; Tesorero, Martín López de Ibarra; Factor y Veedor Juan
de Heredia; Escribano de Cabildo Sebastián de Qu.iroz; Oficiales Reales, Bartolomé de Arrecia y Juan de Heredia.
Los nombres que no conocemos son los de los primeros Alcaldes que tuvo
la Villa de Durango, y que forzosamente fueron nombrados por !barra el día
de su fundación.
Durango nació como Villa¡ pues según las leyes de indias en vigor el
pueblo que para el día de su fundación tenia menos de cien habitantes era
una Villa.

502

503

�INEVITABILIDAD DE LA DICTADURA DEL GENERAL
D1AZ DESPUÉS DE LA CA1DA DE LERDO
JORGE FERNANDO lTURIUBARRÍA

Universidad de Oaxaca.

DEsoE QUE INICIÓ EL GENERAL DÍAz su régimen, en 1877, comenzó ya a gobernar como un caudillo. Cuando ese caudillaje se hizo permanente, condujo
al país a la autocracia. De caudillo militar que toma el primer puesto de la
nación a merced de una cuartelada, pasó a convertirse, al paso del tiempo,
en una especie de monarca europeo como cualquiera de las cabezas coronadas
que lucían sus arrestos en las cortes del viejo Continente.
A su estilo personal de gobierno convenía aplicar convencionalmente la
Constitución de 1857, la carta vigente que con su espada había ayudado a
restablecer, con lo que queremos decir que promovió tal número de reformas en ella, que, de hecho, la Constitución resultó acomodada a la voluntad
del caudillo, y no éste subordinado al mandato y a la majestad de la ley; de
otro modo, el general Díaz no hubiera sido un autócrata.
A este convencionalismo político se debió que en el transcurso de las tres
décadas y fracción del régimen tuxtepecano, el estatuto jurídico del 57 haya
llegado a las postrimerías del porfiriato tapizado de parches. Y esto no se
crea que fue consecuencia de la actitud revisionista que toda legislación requiere con el andar del tiempo, sino inspiración de la poütica amañada que
un gobierno de tipo personal necesita para ocultar su fachada tras la máscara
de la legalidad y ofrecer, dentro y fuera, el aspecto de régimen de instituciones.
¿ Pudo el general Dias haber gobernado con los principios aprobados por
nuestros teóricos del 57, que llevaron al articulado de la Constitución liberal,
con más generosidad que conocimiento del país, sus férvidos anhelos transidos de romanticismo político y de la más sublime mística libertaria? ¿O
compartía en el fondo la objeción de Comonfort, cuando éste se coludió

505

�con los conservadores de Tacubaya declarando que: "con la Constitución
de 1857 no era posible gobernar''? ¿Por qué Juárez sí pudo, .incluso con
la Leyes de Reforma, pese a que haya tenido que recurrir a las facultades
extraordinarias en Guerra y Hacienda para enfrentarse a los problemas de
orden militar de su tiempo, entre ellos la cuartelada de la Ciudadela y la
revuelta de La Noria? El pasado nos revela que Juárcz, por temperamento
y por su educaci6n legalista, fue uno de los presidentes que supo cohonestar
el cumplimiento de la ley con la realidad política y social del país; su formación jurídica y su respeto a la majestad de la ley Jo relevaron del peligro
de caer en Ja dictadura sistemática.
¿Fue sincero el caudillo de La oria y Tuxtcpec al proclamar que la
reelecci6n era la causa principal de nucstrns males nacionales, e inscribir
en su bandera de rebelde el principio contrario? ¿ O fue que con su espada, en Tecoac, abri6 por fin la puerta, antes cerrada de su aspirantismo
presidencial, en eso días en que toda\'ía taban frescos en sus sienes los
laureles de Miahuatlán, La Carbonera y Puebla, para disputar a Juárez
-y más tarde a Lerdo- el sitio que sentíase con derecho a ocupar como
copartícipe ameritado en la caída del Segundo Imperio? La prudencia con
que procedió al dejar abierta la puerta de la presidencia para su retorno al
poder, dejando proscrita sólo la reelccci6n continua de presidente y gobernadores, pero no la absoluta, en la reforma constitucional vigente desde el
5 de mayo de 1878, demuestra que no campeó la idea de un radicalismo antirreeleccionista en ninguno de sus planes políticos.
No es posible negar, con ejemplos casi actualesJ que los obstáculos legales
a la voluntad de un presidente, siempre han podido ser remo\idos en México por el ministerio de Congr sos serviles y dóciles; lo que vien a reiterarse que, sobre Ja majestad de la ley estuvo y ha estado el interés polftic o
del momento, considerando éste en su sentido peyorativo.
Así hemos vivido desd la Independencia; y aun en los tiempos d Juárez,
menos .inescrupuloso en el respeto a la ley, el ilustre patricio hubo de violar
,·irtualmcnte la Constitución, al prorrogarse el período presidencial, contra
)aq demandas del general González Ortega, con derecho legal al puesto
como su tituto juridico de la presidencia. Empero la prórroga acordada por
Juárez se justificó, de hecho, por las condiciones de emergencia del país, con
ocupación militar del extranjero.

•
Uno de los argumentos que más se han usado contra el general Díaz, es el
de haber retenido el poder demasiado tiempo. Esta retención del poder a

506

cuando menos de las primeras cuatro reelecciones sucesivas, es decir,
'
d1 . 1
basta 1900, tiene explicación si la enfocamos dentro ~el marco e s1g, o _pasad0 si consideramos el ambiente político que pnvaba en las repubhcas
Y
latinoamericanas.
¿ Por qué México había de ser, en ese senn'do, diferen te a
esos otros países hennanos, teniendo una tradición común de dictadur~ constantes, si no es que de satrapías -salvo escasas y honrosas exccpc1ones-,
desde los tiempos de lturbide, hasta los de Santa Anna?.
.
En México, como en las demás repúblicas latino~encanas, la dictadura
se implant6, ya fuere hipócrita o abi~rtamente, casi ?esde el momento en
ue se organiza el régimen independiente, con Iturb1de emperador y con
~ta Anna; en la Gran Colombia, con el propio Bolívar; en Chile, con Bernanlo O'Higgins; en Paraguay, con el doctor Francia.
La explicación que más se acomoda con la_realidad es ~ue, al q~edar a~tomiticamente abolida la monarquía con el tnunfo de la insurgencia, falto_ al
sistema republicano de estos pueblos un principio de legitimidad reconoodo
universalmente. Quedó de golpe extinguido un poder político que, bueno o
malo, estuvo legitimado por siglos de tradición, sin cnco~trar un sustituto ~ue
pudiera presentarse cubierto con ese esplendor de majestad que tanto impresiona al pueblo, y al que aquellos países estuvieron habituados desde los
tiempos prehispánicos.
.
.
En lo sustancial, la diferencia entre una dictadura y una democracia radica
en que, en la dictadura) la autoridad política es indivisible -lo que l~ asemeja mucho a la monarquía absoluta-; y, en cambio, en la dem~c1a,_ ~u
miDila estructura radica en la dispersi6n del poder a través de diversas instituciones -división de poderes- y en la efectiva independencia de esos
• ..t.-

trave1,

órganos entre sí.
Hábitos de siglos determinaron en los pueblos indolatinos que, al faltar ese
tipo de gobierno emanado de un principio de autoridad universalmente reconocido y, habiendo tanto parecido, d hecho, entre un re~ ab~luto -desde
Carlos V a Femando VII, salvando la época del despottsmo ilustrado- y
un dictador, era inevitable que tuviera que surgir la figura de éste c~mo ~a
del sustituto del régimen fenecido. El caso actual de España con la ~11g~c1a
de una dictadura que ha rebasado ya los veinte años antes de ~xtin~1rsc,
para ir a desembocar probablemente y de nuevo en la monarqwa, viene a
demostrar que en los pueblos de larga tradición autocrática el sist~a de g~
biemo sólo ha cambiado en apariencia. cuando se supone que funciona bajo
el amparo de una Constitución, como ha ocurrido en las dictaduras hispanoamericanas del siglo anterior y en las que aún padecen esos pueblos.
Para el México de mediados del siglo pasado, la ley no babia podido sustituir al rey. Desde el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, de 1821,

507

�hasta la Constitución de 57, varias hubo. 1 Un golpe de Estado o una cuartelada desconocía la ley vigente e implantaba normas como las de las llamadas "bases orgánicas", que estaban su jetas a modificación más o menos
constante, según que sus postulados fueran barreras más o menos accesibles
al capricho del mandamás. Tanta veleidad y tan punible falta de respeto
a los principios fundamentales impidieron que la ley fuera en México, como
lo es en otras partes, el mejor instrumento para disciplinar la conducta político-social de un pueblo.
En la Constitución de 57 fueron tantos los remiendos durante el porliriato,
que sólo pudieron salvarse determinados principios tabúes del liberalismo, considerados como símbolos irrevocables. Así llegó desconocida a la primera década del siglo actual, mostrando las heridas que Je infirieron quienes hicieron
de ella un adminículo para el uso personal del dictador. ¿ Iba el fin a justificar los medios?

•
La insurgencia victoriosa abolió Ja monarquía en los países indolatinos,
pero conservó sus más eficaces fuerzas: el autoritarismo absoluto el centralismo y cierta especie de aristocracia sustitutiva de la nobleza. 'Los nuevos
mandatarios, creados dentro de la tradición española no pudieron -ni habrían
podido- crear de golpe, improvisar hábitos sociales ajenos a las formas de
vida heredadas al país en el transcurso de largo coloniaje.

Y aunque no se perpetuó en Hispanoamérica la esclavitud, como sí, en
cambio, en los Estados Unidos, hasta Lincoln; se le conservó, de hecho, con
formas equivalentes, como la hacienda y el peonaje, los servicios forzosos del
campo, la leva y la consignación al ejércitol la tienda de raya, etc., etc.
A esa situación heredada a los países indolatino~ se debe lo que podría
llamarse una predisposición habitual a la dictadura. De Iturbide a Santa
' Leyes qu, rigieron desde la consumación de la Independencia a 1856.
1821. Acta de Independencia del Imperio Mexicano.
Feb.-24-1822. Bases constitucionales.
En.-31-1824. Acta constitutiva de la federación.
Oct.-4-1824. Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos.
Oct.-2 7-1835 . .Bases constitucionales.
Dic.-15-1835. Bases orgánicas.
Sep.-28-184 l. Bases orgánicas.
Ma-y.-21-1847. Acta Constitutiva y de Reforma.
Abr.-22-1853. Bases orgánicas.
May.-15-1856. Estatuto orgánico.

508

Anna -salvo fugaces interrupciones en que el espíritu liberal ensayó formas
libertarias frustráncas- la dictadura degeneró hasta la satrapía, como en
las postrimerías de "Su Alteza Serenísima'1 • Después de la Revolución de
Ayutla, muerto Juárez, la dictadura retoñó con Lerdo y, caído el régimen en
Tecoac por la revuelta triunfante de Tuxtepec, el caudillo victorioso, tan
pronto como logra manumitirse de las inteligencias rectoras de Benítez, Tagle
y Zamacona, comienza a ejercer el mando con un estilo militar, dueño como
era de una fuerte voluntad, profundo conocedor de los resortes que mueven
a los hombres y con la experiencia adquirida como jefe político y militar del
Istmo de Tehuantepec y, más tarde, en su carácter de jefe de la famosa
División de Oriente, con jurisdicción en todos los Estados del Sur y Sureste;
es decir, en casi media república.
La capacidad de dictador, el dictador en potencia que había en el general
Díaz, se revela, entre otros casos, en su primera acción de armas, en Ixcapa,
en 1858, y después, en la batalla del 5 de Mayo de 1862, cuando, en ambos
casos, desobedece órdenes expresas de sus jefes y hace, con buen éxito, lo
que cree mejor. Esta capacidad se acentúa en Tehuantepec y en la jefatura
de la División de Oriente, cuando, en las dos situaciones, puede dictar acuerdos, sin restricci6n, que van desde la ocupación precaria de la propiedad,
h~ta la ejecución militar sumaria.
Y no sólo se revela y acentúa esa natural predisposición; se convierte en
una actitud ya inseparable del mando. Por eso, poco después de que el general Díaz es designado comandante militar de Tehuacán, ya restaurada la
República, y cuando empieza a encontrarse limitado en su acción de mando,
y hasta vigilado -principal.mente por su paisano el Gral. Ignacio Mejía, a
la sazón Ministro de Guerra, que siempre estuvo celoso de sus aptitudes de
soldado-, termina por resignar ese mando, y regresa a Oa.xaca para embrazar el arado -Cincinato se hizo decir-, en espera del momento en que va
a disputarle el puesto a Juárez, si el patricio da el pretexto de la reelección,
como lo hizo.
Conseguida la presidencia, después de su primer fracaso en 1872, y a punto
de concluir en igual forma la segunda intentona, que le deparó peligros sin
cuento -como aquella travesía marítima de Brownsville a Veracruz, en que
tuvo que fingirse médico cubano y loco y estuvo en inminente peligro de
ahogarse-, el general Díaz encuentra que los cuatro años de su presidencia
se van pasando en intentos reorganizadores y en largos escarceos diplomáticos
con los Estados Unidos, porque los indios texanos perseguidos se refugian en
México y los mexicanos invaden la frontera del vecino; años que son corto
Y fugaz premio a sus afanes de caudillo republicano y a los sacrificios sin
cuento con que, al 6n, pudo escalar el poder.
509

�Esta amargura de la fugacidad sorprende su ánimo cuando, conforme a
la costumbre y, apenas doblada la primera mitad del cuatrienio) el ambiente
político empieza a agitarse en busca del sucesor. Se habla de los generales
Mariano Escobedo y Ram6n Corona -con quienes había compartido la vic.
toria militar contra el Imperio- como los probables candidatos de la oposición; pero también, y mucho, se habla de su íntimo amigo y paisano: el
licenciado José Justo Benítez, y de los también abogados Vallarta, Tagle
y Zamacona.
¡ Horror! Han transcurrido dos años en puros acomodos y tanteos, escaramuzas diplomáticas, colocación de los amigos y partidarios en el presupuesto,
sin que nada efectivo apunte como programa, y ya tiene que ir pensando
el general Díaz en el intruso que ha de venir a ocupar su puesto, tan largamente conocido y duramente peleado. El fantasma del presunto sucesor empieza a desvelarlo sin que pueda rehuirlo, porque la no reelección ha sido
inscrita como norma constitucional. Menguado le va pareciendo el premio
frente al sacrificio. Examina, con celo de moro, el panorama de los presidenciables; mira de reojo la nómina de los generales de la oposición; vuelve
airado la hoja, y escudriña en el alma de los fieles compañeros de lucha política: allí están esos tres abogados que ya han conquistado celebridad en el Foro
y cuyo prestigio no deja de ser peligro para hacer con cualquiera de ellos el
puente que le permita volver a andar el camino desandado; pero sospecha
que ellos no le devolverían la dorada silla, porque les sobrarán argucias legales
para impedírselo. Queda el amigo fraternal: José Justo ... Sin embargo, no
tarda en enterarse de que su excondiscípulo en el Instituto de Oaxaca, valido de la influencia que se le atribuye ante él, ya ha comenzado a hacer
"benitismo" futurista en el Congreso para comprometer la sucesión en su
favor, forzando Ja situación, y eso no es leal. Cree el general Díaz que, en
estas condiciones, fortalecer su aspirantismo es jugar un albur. Benítez pre.
sidente sería capaz de mandar reformar la Constitución para borrar el prin•
cipio antirreeleccionista en su personal provecho, porque no tiene compromisos con la opinión pública en ese sentido, ni responsabilidades ante la Historia. Y, si como amigo Benitez es intransigente, como enemigo sería intolerable. Entonces ... ¿quién? Necesita un tipo sin dobleces, de una pieza, incapaz de perfidias, de los que al comprometer la palabra comprometen el
honor y la vida. ¡ Su compadre Manuel González! ... El, porque a costa de
su manquera, de su valor y de su oportuna presencia en el campo de batalla,
decidió el triunfo en Tecoac, y tiene probado ser hombre de palabra.
Y entonces se da el caso de que, por primera vez en México, un presidente pueda nombrar sucesor y entregarle pacíficamente el gobierno. Se ha
producido un hecho nuevo en la historia del país. Pero, el que ha podido

510

hacerlo, ¿no podrá intentar empresas más audaces? ¿Convertirse, por ejemplo, en un patriarca político, en una especie de gran cacique? Muchos ya lo
presagian, sobre todo los desahuciados, que parecen decir en coro: "¿ Quién
lo duda? ¡ Porfirio volverá!" Y volvió el primero de diciembre de 1884, para
pennanecer veintisiete años más en sucesivas reelecciones, pegado a la presidencia como lapa a la roca marina, hasta el 26 de mayo de 1911, en que, a
los 81 de edad, dimite, forzado, el poder.
Este hombre con un don e&gt;..'traordinario de mando, con predisposición innata a imponer su voluntad, que de hecho ejerció la dictadura civil y militar en el Istmo, y la política y militar durante los dos periodos en que desempeñó la jefatura del Ejército de Oriente; que por el ministerio de las armas,
muerto Juárez, abate el poder civil de un presidente impopular y entroniza
su régimen en un país con larga tradición monárquica y con frecuentes reincidencias en la dictadura, tenía que ir derechamente a la autocracia.
Dos condiciones concunentes operaban, además de las ya señaladas: la
situación personal temperamental del caudillo, y el ambiente dictatorial que
seguía privando en las repúblicas indolatinas del Continente durante el último tercio del siglo pasado, con las solas excepciones tan ilustres de Rocafuerte, en el Ecuador, y de Mitre y Sarmiento, en la Argentina.
Y cuando vuelve por primera vez al poder, en 1884, el general Díaz reconoce que la devolución que ha recibido no obedeció exclusivamente a la lealtad del general González, sino a que su personalidad ha impuesto su retomo,
porque él ha logrado operar en la opinión de tal manera, que su segunda
presencia en el poder se está considerando seriamente como un caso de necesidad pública o algo por el estilo, a causa de las grandes inmoralidades administrativas ocurridas durante el régimen de Gonzálcz, que prohijaron el rápido
enriquecimiento del propio presidente y de sus paniaguados.
Aquí entró el genio político del general Díaz, genio que ha de seguir operando después, de modo parecido, para que cada nuevo caso de reelección
sea considerado como un imperativo de conveniencia nacional, hasta que el
procedimiento concluye por gastarse, hacerse rutinario e ineficaz.
Imposible soslayar que México entonces, como antes y después, estaba acostumbrado al proceso político que iba de la dictadura a la rebelión, para nuevamente recaer en la dictadura, y así sucesivametne. En estas circunstancias,
resulta claro que si el orden impuesto por el general Díaz, con todos sus grandes defectos, tenía la rara virtud de haber suprimido el hábito de las revueltas, los desórdenes y la anarquía que periódicamente padecía el país, con
sus consecuencias lesivas para la economía general, aun no simpatizándose personalmente con el caudillo, el resultado era que cada reelecci6n suya iba
siendo vista con explicable disimulo en los sectores capaces de iniciativa política.

511

�Sin comparar al general Díaz con el dictador Juan Manuel Rosas, de la
Argentina, pero ayudándonos de su caso para entender cómo se entronizó en
México el porfiriato, sabemos que el régimen del político sudamericano -pese
a sus procedimientos no s6lo dictatoriales, sino tiránicos-, ha sido reconocido
por muchos historiadores contemporáneos como un instrumento providencial
de la unidad nacional argentina. Algo semejante sucedió entre nosotros, y
por eso muchos suponen, con razonamiento no escaso de lógica, que el general Díaz llegó al poder cuando el país lo necesitaba. El caso puede ilustrarse con esta pregunta: ¿Nos asisten motivos fundados para suponer que
en 1884 México se había ya curado de caer en futuras rcweltas? Es todo lo
contrario. Lo probable es que, de no haber surgido en la vida política del
país la \'Ígorosa personalidad del general Díaz, se hubiera continuado con el
hábito de las cuarteladas, como ocurrió en este siglo, desde el Plan de Agua
Prieta hasta la revuelta de los hermanos Cedillo en San Luis Potosí; es decir,
durante más de veinte años.
Buscando una interpretación de los motivos del general Díaz para establecer una forma personal de gobierno -aparte de las causas temperamentales ya vistas- se advierte que, cuando menos, a partir de su segunda reelección, gobernó con su sola presencia. Sus indicaciones eran órdenes, porque
sabía que si delegaba su autoridad en segundas manos, éstas y no las suyas
se acreditarían con el prestigio del mando, y podrían llegar a disputárselo
con el derecho que da el compartir algo con otro, y así, aun con el ímprobo
esfuerzo que requiere multiplicarse para atender!o todo, pudo cuidar y conservar su prestigio de caudillo enérgico y vigilante, celoso del poder y de la
autoridad, hasta que su senilidad lo invalidó y el "grupo científico" tomó
prácticamente el mando.
En efecto, ya en el siglo actual, comienzan a declinar sus facultades y la
dirección pasa, de hecho, a las manos de Limantour, que empieza a suplantarlo y a imponerle su voluntad en casi todo, menos en lo imposible: que eJ
general Díaz se avenga a dejar la presidencia. Pero, esta resistencia suya, lejos ya de revelar cualidades positivas, denuncia una intransigencia obsesiva,
casi patológica, que lo obliga a recurrir a todas las artimañas, aun a las de
mala ley, sin omitir la represión sangrienta, para burlar a sus presuntos rivales y no soltar el poder.
A Limantour lo hizo e.'Chibir públicamente como extranjero, para desahuciarlo
en sus pretensiones presidenciales, y aunque después lo habilitó oficialmente
con la ciudadanía mexicana, esto fue bajo la condición irrevocable de que
jamás osara sucederlo; y ni aun como aspirante a la vicepresidencia, cuando
se instituyó el cargo -a iniciativa del propio Limantour-, le permitió pretender a él. Todo lo contrario: lo desautorizó mediante una circular pública,

512

cuyo texto resultaba oficioso e inconducente al decir allí, sin haber motivo,
que su Ministro de Hacienda había resuelto, con carácter irrevocable, no aspirar a ese cargo: el punto neurálgico del general Díaz.
Al general Bernardo Reyes, por haber autorizado la formación de un partido que le era afecto, inducido a ello por las enfáticas declaraciones de don
Porfirio al periodista norteamericano Creelman -publicadas en marzo de
1908-, en el sentido de que el país ya estaba maduro para la democracia,
y que vería como una bendici6n que en México se formaran partidos políticos,
lo mandó perseguir en Nuevo León -el Estado que gobernaba- con fuerzas
del general Jerónimo Treviño, su enemigo personal, y poco después le ordenó,
como militar que era Reyes, su salida a Europa en comisión oficial, desterrándolo prácticamente.
Sobre la fobia contra el general Reyes, que fue con don Porfirio de una
lealtad ejemplar, refiere el doctor Francisco Vázquez Gómez una anécdota
que pinta con vivos colores el celo africano que en el presidente causaba que
se le hablara de un sucesor, y del encono que por ese aspirantismo le tomó al
gobernador de aquella entidad fronteriza.
Dice que, conversando con el general Díaz en Chapultepec, el caudillo le
confió que consideraba al general Reyes como su enemigo político y personal.
Siendo su interlocutor partidario del general Reyes, trató de convencer al
general Díaz de lo contrario, y aun le insinuó --con la confianza que le permitía haber sido su médico de cabecera-- la conveniencia de que aquél ocupara la vicepresidencia y no don Ramón Corral; pues que, ocurriendo como
el doctor lo sugería, el general Díaz podría emprender tranquilo el viaje que
proyectaba hacer con su esposa a Europa. No así, en cambio, si quedaba
Corral, porque su impopularidad podr'ia ser causa de desórdenes públicos.
Añade el doctor Vázquez G6mez, que lo interrumpió el general Díaz con
esta observación:
-"Pero si Reyes no sale electo se pronuncia".
A lo que objetó el doctor que no lo haría porque era un leal amigo del
presidente.
Entonces éste prorrumpió en tono e,,¡:altado:
-"Es que usted no conoce al general Reyes, es un hombre de unas pasiones
terribles, y si él fuera el electo vicepresidente sería capaz de mandarme asesinar para quedarse de presidente". 2
Atribuye el doctor Vásquez Gómez el estado de ánimo del general Díaz
a una larga y bien premeditada intriga de los "científicos'' para frustrar la por
ellos tan temida admisi6n del general Reyes como candidato de parte del
1

Da.. FMNc1sco VÁsQUEZ

GÓMEZ.

Memorias PoUticll.f, p. 16.

513

�caudillo, porque su ascensión al poder habría significado la liquidación de
ese grupo político, que atisbaba el momento de suceder al general Díaz, como
lo pretendió Llmantour con el pacto secreto que tuvo con Madero1 pacto
que fracasó en Ciudad Juárez, en mayo de 1911, gracias a la actitud vigi•
lante y enérgica del propio doctor Vázquez Gómez.
Estas actitudes del general Díaz, ocurridas bien avanzado el primer de.
cenio del siglo actual, cuando ya había cumplido los 70 años y 24 de ser
presidente, denuncian que eJ caudillo había llegado a la senilidad y estaba
incapacitado para seguir siendo el jefe de la Nación.
El aparato cortesano y el oropel que brillaba con luces falaces durante las
postrimerías del régimen, contribuyeron a engañar al caudillo respecto de
su verdadera posición interior y exterior, como se verá que ocurre al visitar
México, en septiembre de 1906, el ministro norteamericano Mr. Elihu Root
Vino aparentemente para estrechar las relaciones de amistad entre los dos
pueblos; pero en verdad actuaba como enviado confidencial del presidente
Roosevelt, de los Estados Unidos. Pensando el mandatario yanqui intervenir
en los conflictos suscitados entre Guatemala, Colombia, Venezuela y El Salvador, buscaba ofrecer su mediación a los beligerantes, pero con la cooperaci6n
del gobierno mexicano, y enviaba a Root contemplando el proyecto de llegar
a dominar a Centroamérica valiéndose de México, por ser esta nación latina
vecina a los países en dificultades y con cierta prestancia como de hermana
mayor.
Preocupó entonces mucho a don Porfirio que Mr. Root se llevara de México la mejor impresión posible, y mandó arreglar el escenario. Algo de lo
mucho que para ese fin se hizo fue mandar confeccionar miles de panta.
Iones de mezclilla, y regalarlos a los indios transeúntes en la Capital, con aper•
cibimiento de multa o arresto menor si no los lucían mientras durara la per•
manencia del político yanqui.
Hubo en su honor una tertulia nocturna o garden party, en Chapultepec,
de la que The Mexican Herald dijo: "El acontecimiento sobrepujó a todo
cuanto hasta hoy se había hecho en honor de Mr. Root, y eclipsó por
completo a todo lo que hasta el día ha llegado a realizarse en cualquiera de
las dos Américas".ª Además, los banquetes y brindis consabidos y recepción
en el Congreso, en los que nuestro huésped dijo, entre otras cosas, para ha•
lagar al general Díaz, después de referirse al progreso nacional: "Señor pre,
sidente: el pueblo de los Estados Unidos sabe que la humanidad debe este
gran cambio principalmente a vos ... " " ... esa constancia y valor que ha elevado al soldado y al estailista que ahora ocupa la primera magistratura de
1

514

RIOAJWo GARCÍA

GRANADOS.

Historia de Mlxico, t. II, p. 84.

México a un lugar en la Historia, superior al de tantos reyes y emperadores
con aparatosos títulos y sin otros hechos en su vida que los dictados por s~
ambición personal".'
Pero, días después, cuando Root regresó a los Estados Unidos y los periodistas le preguntaron: "-¿ Qué ha visto usted en México?", contestó: "-He
visto a todo un pueblo de rodillas y a un solo hombre de pie..."
Rodeado de aduladores, y a despecho de su reconocido talento natural ,
quizás nunca llegó el presidente a conocer esa situación falsa y, consecuentemente, jamás también pensó en abdicar, haciéndolo hasta que su renuncia
fue condición impuesta en los tratados de paz de Ciudad Juárez y cuando
frente a su casa de las calles de La Cadena, el pueblo, con C.'&lt;J)resión de
impaciencia, le gritaba que se fuera.
Sin ser ya prácticamente él quien gobernara en el período 1904-1910, sino
Limantour y el grupo científico, tuvo la satisfacción de presidir en 1910
'
,
mostrando en su aspecto físico el color blanco sonrosado de su piel -ayer
broncinea-, en su indumentaria ceremonial de corte europeo y en la etiqueta
palaciega, con el atuendo de un monarca del Viejo Continente, las solemnes
conmemoraciones del Centenario, siendo entonces saludado y felicitado por
delegaciones diplomáticas de los países más acreditados del orbe.

•
Este hombre extraordinario, en ocasiones genial, que llevaba en las venas
sangre de cacique, de caudillo, de dictador y de autócrata; de un individualismo férreo, que desarrolló sus facultades y aprendió a dominar sus impulsos
~ mo~tañas y valles, siempre en plan de dirigir a otros hombres, ya fueren
cien, cmco mil o treinta mil, nunca, que se sepa, codició el dinero o los bienes que con él se compran. Sólo le interesaron la gloria y el poder.
. Su inclinación a ser obedecido se reveló en su juventud en varias ocasiones.
Siendo muchacho y viviendo con su madre viuda y sus hermanos en el "Solar
del toronjo", en el barrio de Jalatlaco, de la ciudad de Oaxaca, capitaneaba
chusmas de muchachos de las calles de Cordobanes -después llamada de
"Los l'eperos,, y mas
' tarde, de Libres, pues allí se reclutó un batallón liberalque armaba pedriscas con otros mozalbetes del barrio de "Los Príncipes" co~
~~ contrariedad del obispo Domínguez, padrino de bautismo y tío de' Porfino; posteriormente, siendo estudiante del Instituto de Ciencias y Artes del
E5tado de Oaxaca, al obtener la clase de gimnasia impartiéndola con aparato mirttar¡ Y, más tarde, desertando de la carrera' de Leyes por haber te• lb. 1b., p. 85.

515

�nido que incorporarse a u.na partida antisantanista al estallar el Plan de Ayuda: y ya triunfante la revolución liberal aceptando la jefatura política del
distrito de Ixtlán, en donde antes que otra cosa, se constituye en instructor
militar de los serranos y logra formar con ellos una especie de batallón de
reclutas que, poco después, fue utilísimo para conjurar en la ciudad de Oaxaca u.na cuartelada conservadora contra la "Ley Juárez".
Fue el general Díaz tan temperamentalmente inclinado al poder, que a
veces se puede cometer con él la injusticia de pensar si este desconcertante
soldado buscaba la gloria como medio para encontrar el poder, o si fue hasta
el 2 de abril de 1867, después de la caída de PueblaJ cuando le hablaron al
oído las brujas de Machbeth ... Creíble también que algo le hayan insinuado
desde Miahuatlán y La Carbonera... El sentido de esta revelación pudo haber
tenido concreción en su mente el 20 de junio de ese mismo año, al caer en
su poder y quedar transitoriamente bajo su mando e.xclusivo la capital de
la restaurada República. Debe haber sentido el todavía joven militar de 37
años, desde las terrazas del Castillo de Chapultepec, o en el austero recinto
de la sala de acuerdos del Palacio Nacional, el halago del poder, como un
guiño de la veleidosa fortuna. Su pecho atlético debe haberse expandido y,
al tiempo en que su corazón latía aún más rápidamente que cuando avisoraba el peligro en la batalla, su fuerte voluntad pudo haber respondjdo a
las brujas de la tragedia shakesperiana: "-¡ Sí. Yo seré rey!''
Resulta interesante ver cómo al tomar e1 general Díaz el poder concurren,
conjugándose, dos elementos fundamentales: por u.na parte, la personalidad
del hombre con fuertes hábitos de mando, que no s6lo ha codiciado largamente la presidencia, sino que ya ha hecho de su tenencia una cuestión de
amor propio; y por la otra, la tradición de un país que, salvo breves lapsos,
ha vivido bajo regímenes de un poder absoluto, llámense monarquía indígena, virreinato, imperio de lturbide, dictadura o satrapía de Santa Anna,
autocracia de Lerdo de Tejada, etc.
Por lo demás, el panorama que ofrecían las repúblicas hermanas del Continente, salvo las honrosas excepciones de Rocafuerte, en el Ecuador, y de
Mitre y Sanniento en la Argentina, con dictaduras militares en casi todas, y
la permanencia de Cuba y Puerto Rico bajo el régimen colonial de España,
daba la apariencia de hacer plausible, si no es que necesario, el advenimiento
de un régimen afín a los otros.
Hay dictadores de dictadores; mas en el general Díaz reuníanse dos condiciones que no fueron comunes en sus émulos contemporáneos: sus brillantes
antecedentes de caudillo republicano y su extraordinaria personalidad. Sintomática de su tiempo resulta esta situación entre Porfirio Díaz, la tradición
regimenta) de México y el ambiente político de aquellas naciones hermanas,
516

salidas todas del coloniaje y pugnando por aprender a vivir con autonomía,
pero siempre o casi siempre bajo principios constitucionales con valor teórico o especulativo, y en franco y permanente divorcio entre el ideal democrático y las prácticas políticas tal y como se imponen en la realidad.
La combinación de estos factores estaba llamada a producir en México otra
dictadura, aunque diferente, tanto por la calidad del dictador, corno porque el ·país necesitaba estar en nerviosa espectativa de las reacciones de su
vecino del Norte, siempre inducido por cierta casta de políticos a esperar
la oportunidad, si no es que a crear las condiciones necesarias de discordia,
intranquilidad y desorden -como en los tiempos de Poinsset-, propicias
para intervenir y dar el siguiente zarpazo sobre Baja Califomia y Sonora.
La vuelta a la dictadura era, pues, fatal, por las condiciones internas del
país y por las externas, en relación con las cuestiones de frontera. Analicemos
unas y otras.
Prácticamente, México había estado en guerra, ya fuere civil o intemacional, desde 1854, en que estalla el Plan de Ayutla, hasta 1876, en que es
derrocado Lerdo. Es decir: en sólo veintidós años había pasado por la revolución de Ayutla, la Guerra de Reforma, las luchas contra la Intervención
Francesa y el Imperio, y las revueltas de La Noria y Tuxtepec. El país se
había desangrado y arruinado económicamente. El retorno a la paz y al orden
tropezaba con el licenciamiento de miles de hombres que habían tenido que hacer de la violencia y el desorden un modus vivendi, apenas ayer arrancados de su
hogar y de su trabajo honesto, y que hoy veían desaparecidas, por los efectos
destructores de la guerra, las fuentes naturales de sus ingresos. La sustracción
de varias comarcas o regiones a la autoridad, por los mismos motivos, creó
Y consolidó fuertes cacicazgos del tipo Lazada, en Tepic, o de Treviño, en
el Norte.

El vandalismo, la depredación y el pillaje se extendieron por el territorio
nacional, y las bandas de forajidos, formadas, muchas veces, por auténticos
héroes anónimos ameritados en las luchas contra el invasor, asolaban los caminos y asaltaban haciendas y poblaciones tomando más angustiosa la vida
y más dura la miseria.
Esta fue la situación interna que encontró el general Díaz al tomar el poder, situación que de sobra conocía y a la que él había contribu.ído grandemente a empeorar como caudillo de revueltas y de la que en buena parte
,
'
'
deb1a sentirse directo responsable.
)

~ esta situación deben agregarse los diversos brotes rebeldes y Jas conspiraciones promovidas por los partidarios del régimen caído, como tentativa de
recon~uistar el poder, a las que no fue ajeno el general Mariano Escobedo,
coludido, según se afirma, con las tripulaciones de los barcos "Independencia"
517

•

�.

y "Libertad", caundo ocurrió la espantosa masacre de la madrugada del

25 de junio de 1879, en Veracruz.
La situación e.xtema no era menos grave y, como es de suponerse, la tensión tenía que producirse hacia el lado de nue.stro vecino del 1orte. La Casa
Blanca subordinaba el reconocimiento oficial de nuevo régimen a una pacificaci6n completa de la frontera común. Resultaba que de ·de 1848 -en que
se trazó la nueva división con el límite natural del Bravo- los norteamericanos fronterizos habían venido teniendo dificultades porque los indio texanos, perseguido por los blancos en las inhumana cacerías que éstos acostumbraban, e\·adían a sus victimarios y se refugiaban 11 nuestro territorio, en
dond , igualmente, solían burlar a las autoridades mexicanas. "'uestros vigilantes resultaban incapacc de patrullar una línea tan e.xtcnsa, y esta incapacidad provocaba una falsa y calculada indignación del gobierno norteamericano, siempre dispu sto a e.xagerar nuestros defecto y a culpamos de vivir
en p rpetuo desorden, propicio al refugio de asesinos, abigeos y maleantes.
ucedía también que aquellos indios texanos que escondían en nuestras f ronteras, no tardaban en organizar de nuevo sus incursiones sobre T~·a , en donde
ejer ían represalias contra sus perseguidores.
·
Durante la primera presidencia del general Díaz esta situaci6n continu6,
pero agravada por las anteriores luchas intestinas, detenninó que el president norteamericano Rutherford B. Rayes autorizara la formación de varios
batallones de rangers; éstos, sin permiso del gobierno me.xicano pasaban la
frontera per iauiendo a los indios texanos. Cuando se reclamaba, la respuesta
invariable era que los Estados Unidos e veían obligados a hacer lo que Mé-

r

xico no podía.
La tendenciosa presión yanqui era muy fuerte, y durante la primera presi-dencia del general Diaz llegó a ocupar la atención de importantes diarios
norteamericanos, los que en tono a~resivo proclamaban la nec idad de privar a México de su soberanía, como único recurso de liquidar el problema
de frontera: "Lo mismo el r.·mes, el Herald Tribune o el World, de ueva
York, que el Republican de Washington o The Press, de Filadelfia publicaban
noticias v comentarios sobre un tema ostensiblemente monocorde: México
jamás lo~aría estabilidad política y progreso econ6mico; sólo lo alcanzarla
a la sombra bienhechora de los Estados Unidos, al con\'ertme en un ~
teclorado suyo".ª
Pero no fue este el único problema con los Estado Unidos. Para encauzar
su gobierno, el general Díaz se había visto obligado a solicitar un préstamo
de medio millón de pesos a las fuerzas activas del paí , incluyendo a los el•
• DANIEL

Cos.ío

VrLLECAS.

tranjeros y sin omitir, naturalmente, a os norteamericanos. Estos últimos se
quejaron, a través de su ministro, al Secretario de Estado, Mr. Evans, y el
gobierno yanqui trató de impon r la excepci6n favorable a sus conciudadanos·
para lo que se propu o anular el Tratado de 1836, firmado con nuestr~
país sobre ese particular, haciendo de la buena disposición que México mostrara en servir a los intereses de los norteamericanos una nueva e intransigente
condici6n para otorgar el reconocimiento.
te caso y el de los problemas de frontera, los licenciados Matos de Ministro de Relaciones, de Embajador de México en Washington y de enviado especial, después de una larga batalla diplomática llegaron a ablandar la calculada &gt;'
fria resistencia de la Casa Blanca, que sólo buscaba pretextos más O menos
viables para mantener un ambiente de inseguridad internacional con México.
prop~&lt;:_io a la in~ervcnción. Por fin, con la designación del general Jerónim~
TreVIno, como Jefe de las fuenas mexicanas con destino permanente a patrullar la frontera. y la del teniente coronel Shafter, designado jefe supremo
de las f~eral s d_e _los Estados nidos en el Estado de Texas, entró en proceso
soluet6n el v1eJo problema de la inseguridad fronteriza. Así quedó conjurado, por entone , el peligro latente de la interv nción yanqui en México.
No cabe dudar que el conseguirlo fue un triunfo de la diplomacia mexicana.•
Enfocados

riscal Romero y Vallarta, en sus respectivos pu

?e

Examinada la situación interna del país, la perspectiva posible consistía
o en una serie alternativa de dictaduras y ren1eltas -como antes desde el
golpe ?e Estado d Iturbide, hasta el triunfo del Plan de Ayutla-' 0 en una
90la dictadura, con mano de hierro, capaz de cortar de rafa la rutina de
las cuarteladas.
Pudo haber v~ios hombres que ofrecieran a fé,dco esta segunda posibilidad, pe~. a nadie favorecían tanto las circunstancias g nerales del país y
las condic1ones personales, en ese momento histórico, que al general Día2.
e Empero, 1~ que sí resulta e:idente es que si la dictadura establecida por
l _genera! D1az. pudo tener VlSOS de ser conveniente a la nación en determinado tiempo su prolongación indefinida, hasta provocar la e.xplo. ión popula_r, carece de justificación, revela falla de ~cntido político y sólo puede
explicarse como una obsesión enfermiza, como un grave síntoma decante.
Al finalizar el siglo anterior, la regeneración de los viejos males del país
:us dolencias orgánicas o constitucionales -hablando en términos de fisio~
ogi_a comparada- al amparo de la dictadura, estaba lograda: abolidos los
cacicazgos, sofocadas las revueltas -por más que no el espíritu de rebelión-,

te

Estados
de' abril
d U ni·dos_ reconocen al general Díaz romo pre3idente constitucional el 9
e 1878, siendo John W. Foster ministro norteamericano en México.

Estados Un.idos conlra Porfirio DEaz., p. 91.

519
518

�exterminado eJ bandidaje, nonnalizadas y acrecentadas las actividades productivas del campo y la ciudad, comunicado el país por ferrocarril y telégrafo, equilibrados los presupuestos y consolidado el crédito interior y exterior.
Como consecuencia de estos logros pudo alejarse más y más el peligro de
una intervención extranjera, y bien puede decirse que la obra de la dictadura estaba concluida. Concluida, claro está, como dictadura; con los defectos de todo régimen personal y a pesar de la sana y aun patriótica intención
con que esta dictadura haya sido establecida.
La actitud más inteligente y hábil del general Díaz habría sido, sin duda,
su retiro voluntario del poder el 30 de noviembre de 1900, en que concluía su
cuarta reelección; actitud de soldado prócer que contribuyó a salvar la soberanía nacional y que, después, como civil, había sabido consolidar la paz
y encauzar al país por los rumbos de la prosperidad material, dejando el fu.
turo de México en otras manos, que él mismo pudo haber elegido como dignas herederas de su testamento político.
Es lamentable su terca continuación en el poder durante toda la primera
década del siglo actual, pero ya resulta absurda desde el momento de su
sexta reelección, en 1904, y monstruosa su admisión a un nuevo período de
seis años, en 191 O, cuando el caudillo oaxaqueño iba a cumplir ochenta de
vida. Esto no fue sino prolongar innecesariamente una época que estaba concluída con decoro, aparte de que, por su avanzada senectud, no era ya el
general Dfaz quien gobernaba.
Por inercia, por cansancio, por debilidad mental fue dejando que muchos
asuntos pasaran a la consulta de Limantour, que los resolvía siguiendo máa
o menos el estilo acostumbrado por el presidente. Su obsesión, ya enfermiza,
de seguir teniendo en la presidencia de la República una especie de objeto de
uso personal, y la adulación de los cortesanos, extremada por el temor de
que el poder pasara a otras manos extrañas al grupo científico, impidieron que
el general Díaz entrara a la posteridad con la resplandeciente gloria de un
héroe militar y civil, tal vez sin paralelo en la historia interna de la América
Latina.

520

LA VISIÓN DE MtXICO Y LOS MEXICANOS EN
ALGUNOS INTERVENCIONISTAS
ERNEsTo

DE LA ToRRE

VJLLAR

LA INTERVENCIÓN FRANCESA en México produjo una serie de consecuencias
muy diversas e importantes: políticas, sociales, económicas y culturales. En
Jo político consolidó las instituciones republicanas y la forma de gobierno
más apta para nuestra nación y aniquiló aun las añoranzas de toda regresjón
monárquica. Acreditó a México como país soberano respetado, respetable y
con pleno derecho a gobernarse libremente y ser tratado en un plan de igualdad. En lo social reestructuró la sociedad, afectó a las tradicionales clases
conservadoras, las privó del poder político, les restó fuerza económica y arrancó de ellas la dirección anquilosada que habían impreso al país. Hizo surgir
a la clase media burguesa de ideas liberales y consolidó el sentimiento de
unidad y de nacionalismo que a partir de 1847, en la época de la otra intervención, la americana, se había manifestado. Provocó la cohesión de diversos grupos, antes inconscientes de que formaban parte de una comunidad
social, política y cultural. En lo económico produjo grandes transformaciones: puso en marcha los principios reformistas de nacionalización y desamortización que afectaron fundamentalmente a la Iglesia, pero que desgraciadamente hirieron la economía de los grupos indígenas. Se favoreció el ingreso
a la dirección económica del país a extranjeros y se colocaron las bases para
la introducción a México de) capital extranjero que tanto va a influir en la
política posterior. Surgió un principio de industrialización. El problema del
campo, pese a muy loables intentos no se resolvió y la situación de los campesinos se agravó con ello. Culturalmente el país se abrió de plano a las corrientes e influencias europeas. Ideologías muy diver~as penetraron y algunas de
ellas como el positivismo se convirtieron en banderas de gobierno. Se impulsó la europeización y principalmente el afrancesamiento en las costumbres.

521

�La instrucción pública se tomó del todo en laica y el pensamiento se secularizó. El agnosticismo manifestó~e con mayor amplitud. Arústicamente sufri.
mos la influencia del academis.mo en la arquitectura y la pintura. El roman.
ticismo y las nuevas expresiones poéticas influyeron en nuestros escritores,
quienes al salir de una crisis tendieron también hacia ciertas formas nacionalistas.
Fuera de estas consecuencias que no son todas, la intervención francesa
produjo en el aspecto cultural otras manifestaciones, tales como una enorme
literatura destinada a mostrar a este nuevo país que se había rebelado del
tutelaje poütico europeo y también a justificar la actuación de las fuerzas
armadas en él. A más de esta literatura a posteriori que no nos interesa por
el momento, durante la intervención misma se produjo una literatura muy
peculiar, muy característica de fenómenos semejantes desde las épocas clásicas, destinada a narrar el desarrollo de la contienda. Esta literatura que
en buena parte no tuvo pretensiones históricas, hoy ha adquirido ese valor
y más aún un valor historiográfico auténtico, puesto que describe e interpreta hechos del pasado vividos por sus autores.
Entre esas obras, unas puramente históricas, otras históricas e historiográficas, se cuentan los diarios, la correspondencia epistolar, las memorias, los
informes, los partes militares y políticos cuyo número es infinito. Nutridas
bibliografías han recogido numerosas obras de estas, más otras muchas, aún
inéditas, aguardan al investigador paciente y cuidadoso que las saque del olvido, las estudie y proporcione sobre ellas el juicio de valor que merecen.
La literatura formada a raíz de la intervención, por parte de los invasores franceses, austriacos y belgas, es bastante importante y es necesario conocerla, por cuanto ella nos da una impresión extraña, no comprometida, de
nosotros mismos, esto es, nos muestra tal como otros nos percibieron y no
como nosotros nos veíamos. La visión personal tiende en ocasiones a conver•
tirse en narcisista, cuando no se ejercita suficientemente la autocrítica, o bien
si ésta se excede puede restamos va1or, opacar un tanto nuestra imagen. La
visión ajena es por ello útil, porque nos dice cómo nos ven los demás, cómo
nos aprecian por los cuatro costados. Puede ocurrir que a veces no concuer•
den esas opiniones y más aún que nos choque la descripción que de nosotros
hacen los extraños. Si esto ocurre, hay que analizar, antes de desechar esa
opinión, objetiva y seriamente, la razón del desacuerdo. Observar con espíritu científico si Io que nos ha molestado no son sino nuestras propias fallas,
nuestros defectos, lo negativo que existe en nosotros, lo cual pudo muy bien
ser observado por ojos ajenos más que por los propios acostumbrados a esa
deficiencia. La buena o la mala fe del observador puede jugar también
en este caso un papel preponderante, así como las circunstancias e intereses

522

que le rodean, mas esto es posible observarlo y tomarlo en cuenta en el momento de utilizar sus apreciaciones. De toda suerte, para poder configurar
un día la imagen del mexicano a través del tiempo, es necesario no casarse
con las propias opiniones y figuraciones, sino utilizar la visión que nosotros
produjimos en diversas épocas y aún producimos sobre hombres de otras latitudes, de distintos temperamentos y grados culturales que nos obsen,aron y
observan.
La intervención francesa, repito, dejó afortunadamente numerosas descripciones tanto del país como de sus habitantes. De estudiarlas, clarificarlas y apreciarlas me ocupo en un trabajo vasto que realizo, del cual esta comunicación sólo es un pequeño anticipo.
,En él voy a presentar brevemente algunos testimonios escogidos, los que
me han parecido más pertinentes: Ellos son, en primer lugar el de un joven
soldado, un zuavo inteligente y zagaz observador, quien deja en una serie de
cartas escritas a su padre, una visión muy interesante de Méx.ico.1 En seguida
me ocuparé del testimonio de un coronel del segundo regimiento de caballería africana; 2 y finalmente de los recuerdos de otro militar de alta graduación quien dejó en una obra fina y bien escrita, muy apreciables datos
sobre México. 3
He escogido estas tres obras entre cientos de ellas, porque hay en las
mismas un sentido de unidad. Las tres proceden de militares de diversa graduación. Uno de ellos es un hijo del pueblo, un soldado raso, los otros dos
son de mayor jerarqwa y ambos alcanzan a obtener el generalato. La extracción de estos últimos procede de la clase burguesa.
Importa destacar que pese a su condición de militares, existe en ellos una
gran sensibilidad hacia el mundo exterior. Los tres tienen antes de venir
a México una c.xpeóencia de roce y trato social con las poblaciones y el mundo afócano, que rompe en ellos la primera barrera de incomprensión europea y de extrañamiento hacia Jos países de costumbres y mentalidad diferente. Los tres tienen apreciable preparación cultural. Menor el soldado,
quien por cierto no carece de instrucción ni de finura para percibir los roa~
tices culturales de México y sus pobladores. Ninguno de ellos por otra par• ERNESTO DE LA TORRE Vtt.LAR, La Intervención Francesa y su Bernal Dí/1,?. Revista de la Universidad de 'México, mayo 1962. Las cartas de Roie se encuentran
en el Archivo Histórico de la.J)efen~a. Vincennes, Francia.
1 GEN"ERAL [F] Du BARRA.!L. Mes Souuenirs 2 Vs. Tome Premíer 1820-1851; Tome
Deuxie.me 1851-1864. Paris, Librairie Pion, 1894-95. 113.
1
GV.TERA.L VANSON. Crimle, Italie, Mexique, Lettres dt Campagnes 1854-1867.
Precedées d'une Notice biographique. Paris, Berger Levrault et Cie. Editeurs, 1905, s.
XXXIX-325 pp. Tu.

523

�te es político, esto es, ninguno pertenece a la categoría de los azuzadores de

aventuras y rebelde a las convenciones, sin perder por ello la consideración

la intervenci6n, sino que tan s61o son hombres de servicio, leales disciplinados~ con un espíritu militar bien arraigado. Esto importa porque de esa ma.
nera, sin estar comprometidos políticamente, juzgan a la intervención alejados de todo interés inmediato. Los tres son francos y no vacilan en enjuiciar
la conducta de sus superiores cuando les parece reprensible. Militares en servicio, viven preocupados por su actividad, mas no son autómatas ciegos que
no pueden juzgar el fondo de la intervención, sino que lo hacen abiertamente, &gt;" alguno de ellos con ex-u-a.ordinaria visión, pues observa con atingencia los
diversos factores que la pro\'ocaron.
A más de referirse a la finalidad de la guerra que hacen, también se ocupan de sus dirigentes, los propios políticos y militares franceses, así como ~e
los mexicanos que son los que en este momento nos interesan. A los intervencionistas se refieren en numerosas ocasiones y en formas diversas, como
también a sus contrincantes políticos, los liberales que con Juárez a la cabeza defendían la República. El pueblo, actor y víctima de la tragedia de
esos años es contemplado por los testigos franceses y descrito con curiosidad,
con simpatía unas veces y otras con desconocimiento de su real esencia. Sus
costumbres, su manera de ser, totalmente opuestas a las de los europeQS,
están pintadas con \;vos colores, con trazos firmes y seguros, aun cuando en
ocasiones no muy justos. La forma de ser del mexicano asombró a los f ranccscs como sigue asombrando a todos los extranjeros a quienes, muchas veces sin entendemos a fondo, les gustamos. En las descripciones que de las
costumbres nacionales hacen podemos observar una linea de continuidad, pues
muchas de ellas aún las practicamos.
Si el hombre de {éxico asombra a los franceses, la naturaleza, la geogra•
fía mexicana le parecen completamente extrañas; les asombra el paisaje, los
contrastes entre una y otra región, los accidentes naturale, y principalmente la forma como el pueblo domina y aprovecha su territorio.
De todo ello vamos a presentar algunos testimonios breves pero elocuentes, representativos de una manera de ser y apreciar diversa de la nuestra y
los cuales nos proporcionan la visión que los militares franceses tuvieron acerca de México y sus hombres hace un siglo.

y el respeto hacia su familia a la que siempre permaneció entrañablemente
ligado. Mucho debió pesar en él su espíritu inquieto para darse de alta, forzado tal vez por su familia, en la milicia y, sobre todo entre los zuavos, donde se enrolaban los entonces llamados "cabeza dura".
Su condición de soldado no le privó de su carácter sensitivo y ob~ervador
y de sus inclinaciones literarias y filosóficas manifestadas en un francés ágil
y expresivo. Ya en el ejército lamenta la carencia de buenos libros y su tiempo libre lo ocupa en escribir a su familia, a su padre principalmente, numerosas cartas en las que además de las preguntas rituales sobre la salud de sus
parientes y amigos y los recuerdos de rigor, nos deja asomarnos dentro de él
y contemplar no s6lo su alma, sino todo aquello que veía: lugares y hombres

El primer testigo a tratar es Auguste Roze.
Paul-Fran~ois Auguste Roze, mejor conocido por su último nombre, Auguste, es nuestro personaje. Nació en Tonnerre el•8 de junio de 1842. Educóse en su villa natal y en el Liceo de Sens en donde adquirió el gusto de
la lectura, la capacidad y la voluntad para la composición escrita, características de la educación francesa. Inteligente y decidido y de temperamento
vivo y travieso, mostr6se en su juventud ligero, indisciplinado, amante de las
524

extraños.
Antes de los 17 años ingresa al ejército y sus primeras armas las practica
en Argelia a partir de 1859. :Miembro del Segundo Batallón, Tercera Compañía del Regimiento de Zuavos, parte a México en el año de 1862. Desde
Argelia en\'Ía a su padre diversas cartas en las que pinta la vida penosa y
dura del soldado. En México continúa esa costumbre que le liga con los suyos ya tan distantes y le permite mantener a través de esa unión un mayor
interés por la vida. Es en ellas en donde encontramos expresada la experiencia de un joven de apenas veinte años en México y la visión que de este país
obtuvo.
En una carta escrita en Corutantine, Argelia, el 18 de junio de 1862, es
en donde habla por vez primera de su próximo viaje a México, al que ve con
entusiasmo. "Plegue a Dios que así sea", escribe, y adelante agrega: "el rumor de esa partida y las promesas del Capitán han detenido mi intento de
cambiar de cuerpo".' En otra dice: "Querido padre, no temas nada. El destino obrará para mí como para otros. La expedición que vamos a emprender será dura, la temperatura bastante cálida, pero después de haber hecho
treinta días de marcha en Africa en medio de terribles calores, creo podré
soportar el calor mexicano".

Al alejarse del Viejo Mundo siente que la distancia que le separará de su

familia será más penosa, y para mitigarla pide a su progenitor un retrato de
familia y él a su vez le remite uno excelente suyo, diciéndole: "pues si yo
permanezco allá para cultivar el tabaco o cosechar racimos de plátanos, tú
me podrás ver siempre y te ·figurarás estar viendo a tu hijo a los veinte años",
y añade: "Adiós, querido padre, antes de separarme aún más lejos de ti, te
beso mil y mil veces, así como a mi pobre madre que va a estar consterna• Carta de Auguste Roze a au padre, Constantine 18 junio de 1862.

525

�da de tristeza al pensar en mi lejanía y en los peligros que me van a rodear;
pero que ella recuerde que el junco se dobla pero no se rompe, y que un
zuavo joven es como él". 5
A bordo del "Moselle" arriba a México. En el estuario del Río Jamapa, cerca de Veracruz se efectúa su desembarco y su primera noche la pasa añorando su hogar distante, rascándose las picaduras de los zancudos y admirando, extrañado, los cocuyos que volaban continuamente en torno suyo.
Veracruz ofreci6 a Roze el primer contacto con una ciudad mexicana.
Describe en una de sus cartas, sus calles, sus plazas y sus zopilotes. San Juan
de Ulúa le hace recordar, pues todo francés tiene una precisa conciencii
histórica, el bombardeo con que sus compatriotas le afligieron en 1838. Lamenta también, que la obligación de estar en el campamento a horas pre.
cisas, le impida no contemplar a las veracruzanas, "quienes como las mujeres
árabes no salen de sus casas o lo hacen tarde, luego que la frescura de la
tarde y el perfume de la brisa marina les conducen a pasearse por las bellai
calles".
Pocos ellas permanece Roze en las tierras cálidas. El clima malsano y
temor a la fiebre amarilla y al vómito negro forzaba a las tropas intervenl
cionistas a alejarse pronto de la costa. Así después de fatigantes marchas ~
las sabanas venía el ascenso por el camino de Jalapa y Perote, hasta llegar
la meseta poblana. En una carta escrita en Perote, informa del número
siderable de compañeros enfermos que le acompañaban, y a los pocos d{a\
ya frente a Puebla, la ciudad que había quebrantado el orgullo francés,
dacta otra carta que empieza por las siguientes palabras: "Al fin henos p
delante de la famosa Puebla, la cual según los mexicanos debe ser la tu
6
de los franceses. ¡ Desdichados cuyas esperanzas se quebrantarán!"
A partir de ese momento adquieren sus cartas un relieve excepci
En ellas vuelca su entusiasmo y también su falta de comprensión al
los fenómenos mexicanos, mas pese a todos sus prejuicios, México le en
siasma y atrae. Sus pueblos y ciudades tienen para él algo de incomp
ble y las costumbres de sus habitantes más aún. Su largo recorrido por n
tra patria, pues va hacia el Norte y hacia el Sur, le permite apreciar el
y admirar no sólo su vastedad y di.f erencias, sino también su sentido de
vida y forma de expresarla. Refiere a su padre la indumenta y el pr
de "los pelados" y la conducta y manera de ser de la "gente bien".
Con deleitable paciencia describe los monumentos de México y lleno
juvenil entusiasmo a las "señoritas mexicanas", a quienes encuentra una
• D11 u. ToRRB VtLJ.AR, op. cit., p. 14.
' Ibidem.

526

cia ~liar y muy notables atractivos. Habla de los mi .
.
defendían a. su país, así como de los colabo racionistas
. .
li~s me,ocanos
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no stalgia y en algunas de ellas intercala b
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ciones mas pensadas y ampli
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as, aun cuando no tan
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orma ragmentana.
o mas que maduro se retira
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Saint Florentin, impropia para 'l ' penSionado, a una casa de descanso en
larse en un modesto hotel. Seten~ y ~an 1~ era q,ue sale, de ella para instara Guerra Mundial. Por entonces d~ os anos tenia en visperas de la Primeve a saber de él. La guerra q e , p3:ece de esa localidad y nada se vuelnil aventura que emprendio' uen vMe1éxa;emr, ndada tenía de común con la juve.
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cuales soñaba en convertirse VIrl sus ay! bien pasados veinte años, en los
de plátanos.
en p anta or de tabaco y cosechero de racimos

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De una de sus primeras cartas mexi
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de 1862, ofrecemos algunos , af
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"Finalmente nosotros nos ununos
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hermosa ciudad
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pued_es comparar con Lyon, desde la plaza de
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enemigo
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el pillaje y matar y de: que ~s zuav~s eran árabes que no conocían más que

':1':r;es

entrábamos a esa hermas:; :ellas
y a los niños. Así, a medida que
a cm a ' las puertas y las ventanas se cerra-

527

�han delante de nosotros, pero nuestra conducta durante los pocos días que
ahl estuvimos les convencieron por completo de nuestra manera de ser. De
ahí en adelante se "-eía a todos sus habitantes pasearse por los campos. Te aseguro que el bello sexo no falta y que nmguna potencia puede aquí rivafu.ar.
Yo no había visto nunca tantas mujeres bellas, ni tampoco varones tan bien
parecidos. Aquí se encuentra todo lo que es necesario, aun cuando bien caro.
"Aquí fue donde encontramos al general Márquez con las tropas bajo sus
órdenes, enemigos feroces y sanguinarios de Juárez, y quienes recíprocamente han puesto a precio sus cabezas". 1
De algunos de los monumentos de Perote y de la opinión pública escribe:
"Es imposible, querido papá, describirte el edificio grandioso, sólido y
magnifico de esa fortaleza hoy en ruinas, incendiada y minada por diversos sitios. Tan pronto entramos en ella, trabajamos en reparar sus defensas
para impedir el acceso por las brechas, en limpiar la cisterna llena de una
verdadera masa de mugre, reemplazar el puente levadizo y adaptar las habitaciones que deberían servir de hospital y almacenes. En cuanto a la población, no es nada. De sus 99 habitantes, 90 son nuestros enemigos y han dado muerte a dos o tres soldados del 510. que venían de ahí al fuerte. Todos
los días hay arrestos y nos combaten. Ayer esperábamos un ataque nocturno
de las guerrillas que querían recobrar a toda costa a uno de sus jefes detenido y herido en el incidente del 18 delante de Perote. Hoy el enemigo lleg6
a tres kilómetros de la población en un reconocimiento. Seis compañías de
dos piezas de artillería partieron en caso de ataque y nosotros también deberemos partir.

Tú podrás ver que hemos avanzado bastante -a doce horas de Puebla y
ya muy lejos de Om.aba-. Esperamos la brigada Douay que viene de Orizaba, la cual empuja al enemigo. Nuestras pérdidas del 17 y del 18 son mínimas, no tenemos sino un caporal herido. En fin, esperamos y aguardamos
el día en que debamos dirigirnos sobre Puebla. En los muros del fuerte y en
todos lados han escrito: "Puebla. Muerte a los Franceses. Muerte a Napoleón Ill y a la Emperatriz su madre". 8

•
El segundo testigo es el general Du Barrail. Nacido en Versalles en 1820
de una familia de militares, toda su infancia la pasó rodeado de armas, de
libros de táctica y estrategia y principalmente adiestrado en ejercicios y dis-

ciplina por su padre, quien trató de hacer de él y de su hermano, brillantes
émulos de Marte, como él mismo lo era. Sus primeros estudios los cursó en
el Liceo Rollin y a los quince años con toda su familia pasó al Africa en
donde estuvo veinte años seguidos. Ahí ingresó a la milicia hasta alcanzar el
grado de teniente coronel de Cazadores de la Garde. Brillantes campañas
realizó en Africa, que le valieron numerosos ascensos. Vuelto a Francia a los
treinta y cinco años ingres6 como oficial especializado en asuntos árabes en
la Guardia Imperial y en ella obtuvo el grado de coronel. En 1860 regresó a
Argelia de donde salió en septiembre de 1862 para México comandando el
primer regimiento de caballería. El 4 de noviembre desembarcó con sus hombres en Veracruz y a partir de ese momento tomó nota de cuanto vio y oyó,
observó con inteligencia el desarrollo de la expedición y reflexionó sobre ella
y sobre cuanto le impresionó. En México obtuvo el ascenso al generalato
y el mando de todas las fuerzas de caballería del ejército expedicionario. La
intervención afectó su salud, y "pálido como un muerto y flaco como un cla~
vo", volvió a Francia a principios de 1864. Mis Recuerdos, como tituló sus
testimonios, están bien escritos, con la fluidez del hombre que sabe expresar
sus pensamientos y emociones en un lenguaje claro y apropiado.
Du 13arrail era un hombre de inteligencia abierta. La e.'-periencia que tuvo en Argelia y más tarde en México le convencieron de que para tratar a
otros pueblos y a otros hombres era preciso despojarse de los prejuicios europeos. Así ante los primeros fracasos de la intervención, reflexionó sobre la
necesidad de aprovechar las lecciones que los pueblos de América han dado
a los europeos, "tan infatuados --escribe--- de nuestra ciencia y de nuestra
pretendida superioridad". 9
Al ocuparse de la intervención y de sus causas observa lo complejo de las
mismas y admite que a más de tratar de contener el acrecentamiento del poder sajón y evitar el dominio del mundo por é~ influyeron los esfuerzos de
las clases reaccionarías ligadas en todo el mundo para que al reinar la paz y
el orden en México, la Iglesia mantuviera su situación y los grupos conservadores sus privilegios, y también, de manera principal, los intereses económicos
que se movían en tomo a México apoyados en las reclamaciones de Jecker
Y sus amigos banqueros.10
Destaca el papel que numerosos mexican06 pertenecientes a las clases
poderosas jugaron para decidir a los soberanos europeos a intervenir en México: el general Almonte, el Arzobispo Labastida, Gutiérrez de Estrada, José
Ma. Hidalgo, los Errazu, "refugiados de lengua dorada", como les llama,
quienes "pertenecían a la facción clerical vencida y despojada" y los cuales

' Ibidem.

• [F] Du BAUAtL, op. cit. II-289.

• Jbidem. Rdiérese. al Castillo de San Carlos de Perote.

'º lbidem. II-292-93.

528

529
H3+

�influyeron en la Emperatriz, y "como ella era devota a la manera española,
.
,
1 . 1 ,,
propició la guerra a causa de sus sunpaüas c enea es .11
De Almonte nos dejó una semblanza perfecta y en ella una explicación de
su conducta: "Había sido republicano -escribe- y en 1840 como Ministro
de ]a Guerra suscribió proclamas netamente republicanas, pero expulsado de
su país, regresó a él presa de una profunda e irreductible ~rritación contra ~
Gobierno de Juárez. De talla pequeña, pero de complexión robusta, habia
pasado ya la edad madura y estaba aún en plena ?ose_sió~ de sus facultades
mentales y físicas. Representaba perfectamente al tipo md1gena y era, se decía, hijo natural de uno de los primeros mártires de las G~~rras de Independencia... Almonte que era clerical por espíritu de familia, encontraba
en la persecución ( de la Reforma) , la justificación a su cambio de opiniones" .12
Dubois de Saligny, el Ministro de Francia, el ave negra de la época merece a Du Barrail poca simpatía y así le juzga con acritud, llamándole el verdugo de Jurien de la Graviere, Lorencez, de Forey y del Ejército. Sus medidas políticas le parecieron espantosamente reaccionarias por lo cual aprove•
cha toda ocasión para atacarlo. Confiesa que Saligny tuvo gran parte de
culpa de esa aventura y de su fracaso.
El "duro" de la intervención, el general Márquez mereció una semblanza
como Almonte, en la cual se contrastan sus caracteres. No es Márquez hom•
bre simpático para Du Barrail, mas le hace justicia al observar su firme línea
de conducta: "El General Márquez era un hombre pequeño, nervioso, seco,
alerta v aún en toda la fuerza de la edad. En él se acusaba muy bien el tipo
españoÍ, y sin la dureza de su mirada que alejaba la simpatía, me habría ~
cardado de lejos al General Yusuf. El no había jamás cambiado de partido. Había siempre pertenecido al de la reacción y había soportado todas SUI
•.. vicisitudes. Prestó su ayuda al General Lorencez durante el primer sitio de
Puebla y nos dio sus servicios durante el segundo. Se le tenía por muy va•
liente pero fanático, poco inteligente y sin piedad. Se le había apodado el
Tigre de Tacubaya, porque destruyó todo y masacró a todos en esa en_canta•
dora población en donde se encuentran situadas las vill~s de los habitantes
ricos de México. También se le llamaba Leopardo, equivocando su nombre
que era Leonard o,i .13
Junto a ellos, que eran los dirigentes del partido que apoyab3:11 las armas
francesas, observa Du Barrail se encontraba un grupo de extranJeros descla·
11
11
11

530

Ibidem.
Jbidem. II-297-98.
Ibídem. 11-397.

sados, seres que habían perdido en Francia una posición honorable por sus
faltas y quienes llegaban a México decididos a hacer carrera y fortuna en
medio de la confusión general, disputándose los principales grados de la armada que se trataba de formar, y ocupándose de negocios, palabra que es
muy elástica y que encubre numerosas maniobras.
El alto clero, personificado en la figura del Arzobispo Labastida, no escapa
a los juicios de los intervencionistas. Desde Lorencez, Forey y Bazaine, los jefes del ejército expedicionario, hasta los soldados más humildes del mismo, no
dejaron de advertir los defectos de que estaba revestido. Du Barrail, católico
convencido, enjuicia al Arzobispo con severidad cuando se ocupa del Gobierno Provisorio formado en México, constituido por Almonte, Salas y La.
bastida. De este último escribe:
"Aún joven, grueso, la cara rosada y brillante, encuadrada en un triple
mentón, con una pequeña barriga que no hacía sino crecer, Monseñor Labastida era el tipo de eclesiástico hipócrita, untuoso, dulzón y falso. Cuando se
le escuchaba hablar podría tomársele por un liberal, y se le hubiera creído resignado a hacer todas las concesiones, pero en el fondo era un hombre fijo
en sus viejas ideas, una mula obstinada en la inmobilidad y quien soñaba en
el Tribunal del Santo Oficio y los autos de fe. El fue la gran piedra de choque para el éxito de nuestra intervención y un obstáculo invencible para la
consolidación de los partidos. El conflicto entre el General Bazaine y él estaba por entonces en estado latente y se refería al problema de los bienes del
clero.
"Es justo afirmar que nuestros peores enemigos han sido las gentes cuyo
triunfo veníamos a asegurar. Monseñor Labastida era el hombre más impopular y más justa.mente impopular. Yo que soy un admirador del clero francés, un católico convencido y un adversario irreductible de los que se dicen
anticlericales, debo en verdad coniesar que el clero mexicano que conocí estaba tan desmoralizado, ignorante y comprometido en todas formas, que justificaba hasta cierto punto las pastones anti-clericales de los liberales". 14

El Ejército Aliado, encabezado por Márquez, y el cual fue subestimado
por los oficiales franceses, merece duros calificativos, tanto por su conducta y
disciplina como por su formación y composición. En un ejército formado a
base de leva, las virtudes castrenses no podfan desarrollarse extraordinariamente; de ahí los vicios que se patentizaban en él y que nos describe Du-

Barrail:
"La armada, de cuyo reclutamiento se había ocupado tanto el General Forey, contaba con cerca de 2,000 hombres en total, y aun cuando seguía las
,. lbidtm. II-487.

531

�costumbres militares aceptadas en América del Sur, tenía por así decirlo, máa
generales, coroneles y ofociales que soldados. Sus cuadros eran insuficientes
y su administración nula, sus costumbres siempre en contradicci6n foonal con
las nuestras y su fidelidad más que dudosa. Ofrecía gran analogía con aquella
que el Rey José se ocupó en reclutar en España. Daba piedad ver en las
marchas estas tropas, compuestas en su mayor parte de jinetes, mal vestidos,
mal equipados, de aspecto enfermizo, seguido por un conjunto igualmente
numeroso de mujeres casi todas a caballo, quienes al llegar al campamento
estaban encargadas de todos los cuidados de f amma. Hacían la comida, pastaban a los caballos y cepillaban los trajes de sus señores )1 dueños, cuyas caras repulsivas se velaban a través de las nubes azules de sus cigarros" .1 ~
Su juicio coincide con el del general Vanson, quien de la milicia mexicana escribe lo siguiente:
"La mezcla es bastante completa en el ejército combinado dirigido por el
Mariscal; desgraciadamente los mexicanos no son nada bellos. No carecen de
una presencia pintoresca, pero para ello hay que verlos fuera de México. Loa
de la capital están demasiado hechos a la europea y no constituyen sino caricaturas. Por otra parte hay muy pocos, puesto que el Emperador, y es lo
que me mortifica, no tiene ni un solo centinela mexicano en la puerta de su
palacio. Se da como razón para ello el que los soldados mexicanos son demasiado sucios en sus costumbres y que serla necesario barrer y lavar los pa•
tios todo el día. Sin embargo, ser-á. necesario que Su Majestad Imperial se
acostumbre a su pueblo o bien que le eleve a costumbres más digna~. Ell
tanto, el Emperador de México está custodiado por zuavos, austríacos y belgas alternativamente. Esto ocurre un poco por todas parte.e¡ y hay que confesar que no es posible tratar con más caballerosidad a una nacióo ni encontrar una que tenga el orgullo mifüar menos desarrollado; así los soldados
me.~canos nos saludan, pero jamás un oficial de esta nación es saludado por
un soldado o un oficial europeo. Se le trata aún peor que a los turcos quiens
por otra parte tienen la ventaja de preocuparse poco y miramos ~n un soberano desprecio y de continuar imperturbablemente a nuestro lado.

"Esto no está demasiado bien, pero así es. Por lo demás, hay que decir que
en México el ejército no goza entre la población de la misma consideraci6a
que en Europa. Bandido y soldado a menudo se identifican aquí. Aparte de
algunos oficiales de ordenanza del Emperador, a quienes mantenemos un tanto apartados como a los otros, no acostumbra un oficial mexicano frecuentar
lo que aquí se llama la buena sociedad mexicana".ta
" Jbidem. D.
u VANSON.

532

Op. cit., p. 248.

Del campo contrario, la estimación que obtienen sus caudillos no es poca.
Convencidos los militares de la injusticia de su causa, de las fallas del partido a quien apoyan y del verdadero espíritu público y opinión política que reina en México, no tienen más remedio que confesar que aun en medio de la
derrota militar, el partido liberal marchaba como un solo hombre en tanto
que los conservadores se dividían y perdían el terreno que las fuerzas francesas les otorgaban.11
Ante ese hecho, Du Barrail declara lo que ha visto y percibido y deja en
su testimonio una alta apreciación de las virtudes de Juárez, al afirmar: "La
verdad es que en México se es generalmente hostil a los clericales y se simpatiza con el partido liberal, encamado en Juárez, un indio de pura sangre, pero un indio inteligente, instruído y dotado de verdaderas cualidades de
gobemante".18

•
El pueblo mexicano mestizo en su esencia, produjo a los inten•encionistas
diversas reacciones. Uno de ellos dirá: "la población es una especie de olla
podrida (Pout pourrie) de todas las razas humanas, mezcladas, cruzadas, desde el piel roja más auténtico hasta el blanco más puro, por tanto ella no tiene un tipo particular y causa la desesperaci6n o el gozo, esto depende de
que sea uno etnógrafo. Sin embargo, en el fondo es de raza india. lo que la
hace en general dulce, inofensiva y aun tímida".
Las costumbres del pueblo, las encuentra muy diversas a las francesas.
Considera que aun las del clero que debían ser universales, son bien distintas en México. Así de su estancia en la casa de un párroco nos deja la siguiente descripción:
"Mi orden de alojamiento me condujo a casa del cura. El padre no sentía
entusiasmo alguno por el ejército francés. Me puso una cara larga y me
envió a donnir en la pieza más triste de su casa, un cuartito que daba hacia
la calle y no tenía comunicación con el interior. Como yo era sin embargo
el más discreto y el menos exigente de sus huéspedes y también e1 más tranquilo, se dulcificó, y un día que delante de él el general me reprochó mi
discreción y me dijo que había hecho mal en no ocupar toda la casa, el
padre me dio la más bella recámara de su curato.
"Ahí, si no hubiera tenido otras ocupaciones y otros cuidados, hubiera po" Du

BARRAIL.

Op, cit. Il-495.

u lbidem. Jl-365.

533

�dido escribir una monografía completa acerca de las costumbres del clero
mexicano. Creo que no sería demasiado afirmar que sus costumbres en nada
se parecen a las de nuestro buen clero francés. Había en la casa no sé cuántas mujeres, jóvenes, viejas, criollas, indias y jamás pude determinar exactamente la naturaleza de sus funciones. En la noche escuchaba a todo ese mundo charlar en una pieza vecina a la mía, y de tiempo en tiempo, la voz baja
del padre dominaba en la velada, pues al bravo hombre no le disgustaba
mezclarse en la conversación. Yo me dormía acordándome de una vieja historia de un capellán: este capellán tenía a sus órdenes dos sirvientas, una de
veintidós años y la otra de veinticuatro. Como el Obispo le indicara que deberla conformarse con tener sólo una con la edad canónica requerida, el
capellán le respondió: Monseñor, yo estoy dentro de las normas, solamente
que mi sirvienta está en dos volúmenes.
"¡ Y no eran dos volúmenes los que tenía el buen padre de Cholula, sino una
biblioteca completa!" 19
Nota que en México existe una gran desigualdad de fortunas y por ende
también social Que en el trabajo de las minas, los propietarios se enriquecen
súbita y extraordinariamente con un golpe de suerte, en tanto que millares
de hombres padecen miseria y enfermedades sin límite. El juego es, como la
desigualdad social, algo innato al mexicano, algo que no le abandona y vicio
que causa muchos estragos.
Así como Roze admiró la belleza de las "señoritas mexicanas", Du Barrail
no es tampoco insensible a sus encantos, de los que deja una descripción completa, en la que mezcla su espíritu galano y fino con un ligero dejo de
escepticismo:
"Suave, graciosa, pequeña, mona, jovial, espiritual con su color mate, sus
ojos de diamante negro sombreados de grandes cejas, sus labios carnudos y
rojos que descubren dientes blancos como perlas, su abundante cabellera de
ébano, cuyo cuidado es una de sus grandes preocupaciones, sus formas a la
vez opulentas y delicadas y su pie arqueado, la mujer mexicana puede pasar
por una de las maravillas de la creación. Ella es coqueta, lánguida, sí se le
juzga del exterior o a través de su correspondencia amorosa. Sus miradas son
provocativas y juraríamos que ella guarda en la sangre todo el ardor del sol
bajo el cual ha nacido. Sin embargo, aquellos de mis camaradas que han
tenido más tiempo o temperamento para entregarse a estudios comparativos
sobre ese tema, me afirman y yo les creo, que sus pasiones no son sino super·
ficiales y que ella lo sacrifica todo al exterior". 2º

Finalmente diremos cómo el paisaje mexicano conmovió a este gallardo militar. A partir de su ingreso en el territorio advirtió la maravillosa geografía
mexicana que le impresionó grandemente, y de sus recorridos por el país nos
dejó diversos cuadros, algunos de los cuales no me resisto a mostrar:
Al hablar del ascenso a las tierras templadas escribe:
"Desde que el sol nace, camina uno en medio de una multitud innumerable
de pájaros cantores o gritones, cubiertos de plumajes de colores maravillosos
que gorgean, pían y welan, y tan numerosos como granos de arena levantados por el viento. Nadan ahí en la abundancia, pues además de las bayas y
frutas silvestres de todo género, tienen a su disposición miles de insectos,
algunos brillantes, otros casi siempre desagradables, a los que se comen, mas
par desgracia muy poco. Las aves devoran a los msectos y éstos al hombre,
con lo cual todos están contentos salvo el hombre". 21
De una de las poblaciones tropicales dice:
"Córdoba es una pequeña y hermosa ciudad, compuesta de largas y estrechas calles y construida a más de 900 metros de altitud, en el límite de las
tierras calientes y las templadas, en medio de plantaciones de café, tabaco, plátanos y deslumbrantes jardines que la rodean como un cinturón verde y florido
y cuya frescura es mantenida por una gran cantidad de fuentes de agua viva.
Al salir del infierno de las tierras calientes, Córdoba es un verdadero paraíso
y el hombre agotado por las enfermedades, siente ahí renacer sus fuerzas al
contacto de ese aire más vivo, más puro y más ligero". 22
Y finalmente, ya con cierta experiencia del país, describe el altiplano y el
contraste entre ciudad y campo.
"Guadalajara es una gran ciudad de cien mil almas, edificada sobre el
mismo plano de las otras. Tiene 6 ó 7 bellas calles, algunas iglesias lujosas,
numerosos conventos muy sólidos abandonados o transformados en cuarteles
Y una infinidad de casuchas construidas de adobes cocidos al sol como las casas de los árabes. Lo que apenas es el estado de vetustez y degradación de los
monumentos recién terminados. Estas ciudades mexicanas que podrían ser
bastante bellas nos producen una impresión análoga a la que se experimentaría
viendo a un joven de 25 años herido por la decrepitud senil. Alrededor de
Guadalajara, en un espacio de cerca de una legua se encuentran jardines y
plantíos; después, nada, sino el desierto. Esta es una cosa de las que más
asombran en México. Se viaja a través de un país completamente abandonado, en el cual los caminos, generalmente destrozados, muestran apenas
el paso del hombre. Ni una casa, ni un pueblo, ni un cultivo. Después, de
lbidem. 11-361 y ss.
,, lbidtm.

11

,. Ibídem. II-422-23.
,. lbidem. II--467.

534

535

�pronto, se arriba, sin precedente alguno, a una ciudad de 50, 60 6 100 mil
almas".28

caballeros se yerguen y en los coches los ojos negros brillan bajo las mantillas.
Los abanicos esparcen en el aire el perfume de las flores clavadas en las

Las ciudades también le impresionan; de varias realiz6 muy logrados re,.
tratos, como son el de la ciudad de México y la del Paseo de la Alameda.

cabelleras de ébano, pe.rf ume que se mezcla con el humo azul de los cigarros.

"México que comencé a recorrer y a conocer, tiene positivamente el aire
de una capital por el lujo que reina y el movimiento que la anima más que
por sus monumentos que no ofrecen nada particularmente notable. Su mát
bello edificio es su Catedral construida en uno de los costados de la gran
plaza, así como el Palacio de Gobierno, especie de inmenso Cuartel que
contiene todo el mundo oficial: Cámara, Ministros, Casa de Moneda, etc., 'f
también su Palacio Municipal, el Ayuntamiento. Los otros lados de la Plaza
están formados por casas cuyas bajas arcadas constituyen sitio de paseo frecuente, abrigado del sol y de la lluvia. En la noche, esos pórticos son como
nuesh·o antiguo Palais Royal, el lugar de reunión de las bellezas fáciles. En
esta plaza desembocan algunas grandes calles, en las cuales se concentra toda
la actividad y riqueza de la ciudad. Las casas hermosas son raras y se pueden
contar las que tienen 3 pisos. Casi todas ellas están edificadas en estilo español derivado del estilo morisco: un patio interior adornado con azulej01
alrededor del cual se encuentran las habitaciones. En tomo de estos barri01
del centro, vastos suburbios acogen en sus calles bordeadas de fábricas y de
casuchas en donde se mueve, una población de criollos, mestizos e indios ~
dosos, pero dóciles. Ese mundo se pelea frecuentemente en sus cantinas, en
donde abunda el pulque, pero como hay la costumbre de cuidarlos severamente, la vía pública está tranquila. Esas barriadas están muy mal cuidadas,
mal pavimentadas, o sin pavimento. En ellas durante las lluvias se hunde uno
en un lodazal profundo y durante el estío se entierra uno en medio de un
polvo intenso y nauseabundo. El servicio de limpieza está confiado a 101
forzados y las cárceles están generalmente llenas por trabajadores más que
mediocres". 24
"Una verdadera curiosidad en México es el Paseo de la Alameda, especie
de explanada muy amplia, en donde de las 3 a las 6 de la tarde acostumbra
la sociedad reunirse, aun durante la estaci6n de lluvias, en la cual se emplea
la menor iluminación. Las mujeres vienen en carrozas jaladas por mulas con
sus arneses guarnecidos de cascabeles y pasamanería. Los j6venes a caballo,
vestidos a la europea o con sus graciosos trajes nacionales, bien apoyados ell
sus sillas mexicanas incrustadas de plata. La zona central está reservada a los
caballeros y las carrozas circulan a su alrededor. Los caballos caracolean, los
11

11

536

Ibídem. II-501.
Ibidtm. II-464.

Entonces es fácil ver que un flirt loco representa el fondo de la vida social
en México. Durante la Cuaresma este paseo diario deserta de la Alameda
para ir a las riberas de los canales de Texcoco, último vestigio de las lagunas
de antaño en los que cruzan embarcaciones cargadas de flores, legumbres y
frutas, lo cual es muy pintoresco".25
Unida a esta última hallamos la narración de una fiesta popular en Cholula
en la cual hay manifestaciones religiosas que a él le producen una viva reacción.
"Tuvimos para distraernos el espectáculo de numerosas fiestas y de innumerables procesiones que celebraron nuestros triunfos. Fueron las fiestas de rogación, las de los indios, las de los labradores en las cuales se compartía el entusiasmo entre el invasor y el buen Dios. Durante 3 días las iglesias arrojaron
a las calles un mundo de reliquias, de estatuas de santos, de papas, de abates,
de confesores y de mártires, escoltados por nubes de querubines con trajes de
danzarines de la época. Era casi un martes de carnaval, pues todo el mundo
estaba vestido con trajes de los siglos XVI y XVII. La Procesión terminaba
con la imagen de un Cristo representado con un naturalismo espantable: la
figura convulsa, cubierta de sangre que corría desde las heridas de las espinas, las rodillas destrozadas y sangrantes y un vestido de señor hidalgo en
pedazos. El clero dirigía todo eso con un aire de compunción y de beatitud
inenarrables y los indios se prosternaban en el polvo golpeándose frecuentemente el pecho. Esto era emotivo, pero un poco c6mico. ¡ La música: clarinetes, comos de pistón, trombones, oficleidos, grandes tambores, símbalos
que gangeaban, chi11aban, rugían, mugían, tomaban siempre valses, polkas
y scottish que los músicos ejecutaban de memoria sin ver la partitura no
demasiado bien, es verdad, pero sí bastante seguido.
"Esta música acompañaba la procesi6n, pero otra orquesta pennaneda en
el atrio de la Iglesia y con gran sorpresa, en ésa encontré los instrumentos, los
aires y motivos, las melocilas de la música árabe que me era tan familiar.
Por la tarde la fiesta volvió a iniciarse con acompañamiento de cohetes y
luces de artüicio, pues los indios son maestros en el arte de la pirotecnia. Los
músicos ahogados en pulque siguieron tocando toda la noche tanto y también que al tercer día el General de Mirandol al comenzar a escuchar ese
-cliariva-ri- que ponía sus nervios en un estado abominable no aguantó más y ordenó saliera un piquete de cazadores de África para detener a los
11

lbidem. ll-464.

537

�músicos y arrestarlos hasta el día siguiente. Los pobres diablos huyeron en
todas direcciones a la aparición de los jinetes y fue preciso buscarlos por todos
los pueblecitos vecinos. Esto fue un tanto excesivo, pero era necesario perda.
nar esto al pobre General que tanto había sufrido". 26

•
Nuestro último testigo es el General Vanson, quien en una serie de cartas
escritas a sus padres y a su hermano hizo una descripción de México, de
enorme in teres.
Vanson naci6 en Luneville en 1825 y realizó en Nancy sus primeros estudios. Como sus colegas, Vanson también sirve en la armada en África, participa en las campañas de Crimea de 1854 a 1856, posteriormente en la de
Italia en 1859 y en la de Mé.xico en 1864 a 1867, de donde salió casi en
vísperas de que el Imperio se delTUDlbara. Ocupa más tarde numerosos pues.
tos, dirige varias revistas militares y museos y en plena actividad muere el
año de 1900, este testigo y actor de la intervención de Francia, en la vida
me.'Clcana.
Dotado de grandes aptitudes artísticas y de interés por la historia, junto
con su carrera de annas cultivó el clibujo y la historia militar. Sensible a la
belleza en grado sumo, muestra en sus comunicaciones esa calidad que le
permite destacar lo valioso de entre la paja. Su sensibilidad le lleva en ocasiones a fijarse por contraste en lo grosero, en lo caricaturesco de una situación, como aquella en la que narra la recepción ofrecida por el pueblo de
México a los Emperadores:
"Finalmente la multitud, descosa de aclamar a sus soberanos, o como
dicen los perióclicos oficiales 'los salvadores de México', estaba representada
por todos los barrenderos, los aguadores, todos los empleados revestidos de
su traje habitual y de su profesión, lo cual no es ni propio ni elegante, y en
fin, por los niños de todas Las escuelas, todos ellos llevando sus pendones Y
una infinidad de grandes ramos con pañuelos de color en un extremo, a na•
nera de bandera. Unidos a ellos 3 6 4 bandas con la misma vestimenta y al
final medio ciento de soldados de la caballería mexicana con sus trajes de
gala, que como en Turquía se les quita al momento en que tennina la
ceremonia". ~1
Después de leer este testimonio, ¡ cómo nos surge el recuerdo de lo que
ocurre en numerosas ceremonias oficiales de nuestros días!
'" Jbid11m. II-447.
., VAN soN,

538

op.

c;iJ, , p. 256,

Sus aficiones estéticas le llevaron a buscar las obras de arte en México y
de ellas deriva este juicio generalizado pero muy realista:
"De todos los lugares grandes, o pequeños que hemos atravesado, los únicos edificios importantes son las iglesias; en ocasiones se encuentran hasta
tres de grandes dimensiones en un poblado, con sus grandes atrios cerrados y
muros ~esos. Desgraciadamente casi todos ellos han sufrido enormemente
con el último temblor de tierra. El interior y el exterior están casi siempre
cargados de ornamentos y en su interior hay sorprendentes retablos de madera dorada. Las pinturas son numerosas, algunas curiosas, pero generalmente
mecliocres. Las estatuas son muchas y todas vestidas y pintadas, lo que pro~
duce un efecto singular. Las más ricas están encerradas en nichos de cristal.
Ciertas iglesias parecen un verdadero museo de cera. Cristo y los mártires
están cubiertos de llagas y de sangre, sus cabezas están cubiertas de cabellos
naturales, lo cual algunas veces produce un efecto atroz". 28
La ciudad de México en los días de la Semana Mayor le merece un comentario revelador de viejas costumbres en el cual sus juicios sobre la belleza y
la fealdad sobresalen :
"Estoy reducido a lo que veo en las calles y en México. El aspecto es mucho
muy europeo para ser bien interesante. Los barrios indígenas son tan sucios
que no es posible ir a ellos. Sin embargo, como es costumbre loc,al, vi las ceremonias de la Semana Santa. Son muy curiosas: Las iglesias están llenas y las
calles y los alrededores de las iglesias están iguahnente repletos de gente que al
parecer se divierte tanto como durante el carnaval. El Jueves Santo, día en
que se visitan los altares, que entre paréntesis, son lujosos, sin ser curiosos, todas las avenidas se llenan de tiendas improYisadas, en donde se vende toda
suerte de refrescos y de dulces, de los que se hace un gran consumo ese día.
La Plaza de la Catedral presenta el aspecto de un lugar de feria. Los inclios
duermen sobre el pasto, después de haber comido y bebido. El Viernes Santo
es el día en el cual se toma mayor número de helados en los cafés, es la
costumbre. Se ofrecen también comidas y aún se dice que baile. Por otra parte,
durante el tiempo que las campanas enmudecen, no se puede circular a caballo ni en coche, lo que origina que las mujeres aprovechen esta ocasión muy
rara para los ricos, para recorrer las calles con magníficos trajes, con los cuales
arrastran estupendamente muchísimas cosas. En suma, en ese tiempo, como
en general, el pueblo sorprende, pero no seduce nada. El arzobispo tiene una
gran prestancia, algunos canónigos tienen buena fisonomía, pero el resto del
clero tiene un mal aspecto bajo todos conceptos y los escándalos aun pú,.
:. Ibídem. P. 239 .

539

�blicos no son raros. Yo mismo tuve un ejemplo innoble. ¡ El Emperador Maximiliano tiene mucho quehacer: es el grito general!" 29

Y de una de Jas ceremonias más excepcionales nos proporciona la siguiente
impresi6n:
"La ceremonia religiosa que vi el 12 de diciembre en nuestra Señora de
Guadalupe fue distinta. Creo haberte dicho en mi última carta que la fiesta
de Nuestra Señora de Guadalupe es la solemnidad religiosa más popular del
país. Lo que la hace más curiosa, es en efecto, la multitud de indios o mejor
dicho, de familias indígenas que vienen a vivir alrededor de la iglesia durante
2 ó 3 días. Te aseguro que viédolas no parecen haber obtenido de la presencia de los europeos en México la menor noción de civilización, salvo su catolicismo, el cual es un catolicismo de una especie bien particular. No se tiene
idea de sus mentes. Es un pueblo que permaneció o volvió al estado de infancia, lo cual se explica en él, con el embrutecimiento resultante de la miseria, así como de la opresión y de e&gt;..-plotación de las cuales no ha cesado de
ser objeto. Debe ser inferior a las tribus salvajes que no tienen en medio de
ellas sino a los misioneros, puesto que aquéllos al menos poseen un verdadero
clero para instruirlos y nadie para oprimirlos y reducirlos a la miseria del
indio mexicano.

menos grandes. Cuando digo carrillón no estoy en lo justo, pero a eso parece

sonar durante

' ' Jt 80
la elevacion
. •
,
,
El paisaje como a Du Barrail, le sorprende, pero mas aun las costumbres
de los mexicanos, sobre todo aquellas en las que se mezcla lo prof_ano con lo
religioso. En esas tres pequeñas descripciones que hemos recogido de sus
uede observar la extrañeza que le produce la conducta del pueblo
cartassep
.
I ó ·
cla ta piedad con la diversión, lo dramático y trágico con o c m1co,
que mez
. .
l
· il ·
y el espíritu de resignación con un sentmuento de competo ~qu 3.llllento.
Estos testimonios dejados por tres militares franceses, s~n un eJ~mplo de la
visión que sobre el México y los mexicanos de b~c~ un siglo,, tuvieron buena
parte de los intervencionistas. Muchas otras opllllones podnan presentarse,
corroborando y ampliando las hoy presentadas. Por el momento baste con

ellas.

"El Emperador Maximiliano decretó que la fiesta de Guadalupe será en el
futuro una de las 3 fiestas nacionales de México y este año, para comenzar
fue acompañado de toda su corte, salvo la Emperatriz que en ese momento
viajaba en Yucatán. Yo fui por mi parte y como es una fiesta popular a la
cual el gran mundo no oficial no asiste, pude, gracias a mi uniforme, introducirme a la Iglesia, la cual no es grande. La ceremonia religiosa no tuvo
nada de extraordinario, no obstante que ofició el arzobispo y el clero era
numeroso; lo que me pareció excelente fue la música. La Iglesia de Guadalupe que tiene un Cabildo separado, es muy rica y sostiene una capilla musical permanente que efectivamente es muy buena. Además de los órganos
hay toda una orquesta de violines con un solista magnífico y si las selecciones no todas eran del gusto más puro, me parecieron a mí, que soy profano,
muy bien ejecutadas. Los cantos de los niños del coro fueron también muy
importantes. Como efecto de órgano se produce un canto de pájaros que
imitan el gorgeo de una multitud de pequeñas avecitas y que es lo que yo
he escuchado más hermoso en ese género. Otra costumbre de las iglesias mexicanas que produce también un efecto tan feliz, es la sw;titución de la campanita única que se toca en Francia dw:ante la elevación, por una especie
de carrillón, compuesta de una veintena de campanillas argentinas más o
18

540

Ibidem. Pp. 246-247.

" Ibid,m. P. 284.

�URDI~OLA EN SINALOA
ANTONIO NAKAYAMA

A.

Museo y Biblioteca del Estado,
Culiacán, Sinaloa.

Los ABUSOS COMETIDOS POR LOS MINEROS ESPAÑOLES entre los indígenas de
la sierra que limita a Durango con Sinaloa, hicieron que los Acaxee iniciaran
un sangriento movimiento de insurrección, que, secundado por los Sobafüos,
puso en peligro la estabilidad de la conquista en esa región. Los castellanos
obligaban a los nativos a trabajar en forma animal, y muchas veces les haclan esclavos a sus mujeres y niños. Esta actitud iba contra las leyes españolas que establecían que los indios no podían estar sujetos a trabajos forzados, y que debía pagárseles razonablemente por sus servicios, pero para los
mineros, estos ordenamientos, al igual que los conflictos que por los mismos
motivos tenían con los misioneros de la Compañía de Jesús, no eran obstáculo
que detuviera sus desmanes, pues a los aspectos morales y legales del asunto
anteponían su apetito por el oro. Cansados los indigenas de tantas tropelías
y vejaciones, optaron por la violencia como medio de defensa, estallando la
rebelión el 8 de septiembre de 1601.
En San Hipólito mataron a treinta personas, de las cuales cuatro eran españoles y el resto negros esclavos. En Topia, San Andrés, el Real de las
Vírgenes y Las Vegas, los dueños y operarios huyeron ante la amenaza de
perder la vida, y los alzados inutilizaron la maquinaria y destruyeron las instalaciones de madera. Los blancos pidieron auxilio a Culiacán, distante ochenta
kilómetros al oeste de las montañas; a Durango, a distancia de doscientos cuarenta kilómetros al este, y a la ciudad de México donde a la sazón se encontraba el gobernador de la provincia, pero a pesar de los esfuerzos que se
hicieron, la rebelión se prolongó hasta el año de 1603 en que el capitán Francisco de Urdiñola tomó posesión del gobierno de la Nueva Vizcaya en substitución de don Rodrigo de Vivero, siendo su primera atención como gobernante enfrentarse a la insurrección de los Acaxee y los Sobaibos. Con su

543

�1 •

gran e&gt;.."J)eriencia de soldado fogueado en numerosas campañas en la frontera
del norte, y con la valiosa ayuda del obispo de Guadalajara don Alonso de
Mota y Escobar, Urdiñola terminó rápidamente con el alzamiento. Sin em..
bargo, al concluir las operaciones militares no se devolvió a Durango, sino
que atravesando la Sierra Madre tomó rumbo a la provincia de Sinaloa "por
ser informado que de veinte años a esta parte no ha entrado en ella ningÚ1'
gobernador', habiendo llegado a la villa de San Felipe y Santiago de Sitia.
loa en los primeros días del mes de diciembre.
Esta villa había sido fundada el año de 1585 por el capitán Antonio Ruiz,
Bartolomé de Monclragón, Tomás de Soberanes, Juan Martínez del Castillo
y Juan Caballero en las márgenes del río Petatlán, hoy conocido con el nombre de río Sinaloa. Estos esforzados castellanos eran sobrevivientes de la que
con el nombre de San Felipe y Santiago de Carapoa fundara el capitán Pedro
de Montoya en las riberas del río Fuerte de 1583, y que fue destruída por
los cahitas al poco tiempo de su fundación.
Montoya había conseguido autorización del gobernador de la Nueva Vía.
caya Remando de Bazán para fundar el poblado, empresa que llevó a efecto
con treinta soldados, pero los feroces indígenas atacaron la villa y tenninaroa
con los colonos, muriendo entre otros el propio Montoya, y los pocos que es.
caparon pidieron socorro a San Miguel de Culiacán de donde salió Gaspar:
el Osario con algunos refuerzos, pero al ponerse en contacto con los derro,
tados, tras de cambiar impresiones con ellos decidió que era más conveniente
dejar abandonado el pueblo y ordenó la marcha hacia el sur. En el río Peta.
tlán, el grupo se encontró con Juan López de Quijada quien había sido nombrado comandante de Sinaloa por Bazán y llevaba veinte soldados que constituían la avanzada de la e&gt;."J)edición punitiva que encabezada por el mismo
gobernador iba a castigar a los aguenidos nativos que habían destruído a
San Felipe y Santiago. L6pez intimó a los fugitivos la orden de Bazán de
que nadie debería abandonar la región so pena de muerte, por lo que en
Petatlán se pusieron a esperar que llegara este último, quien acompañado
de un grueso de tropa se adentró en el territorio de los cahitas, los que le
dejaron pasar adelante para después ejecutar en la retaguardia una espantosa matanza de soldados españoles al mando del capitán Gonzalo Martin,
de la cuaJ escaparon solamente dos de ellos. Bazán llegó hasta las márgenes
del río Mayo, donde descargó su furor en algunos infelices indigenas, y despechado e iracundo retomó a Durango llevando el estigma de la derrota.
La villa de San Felipe y Santiago era un punto perdido en medio de la marejada de las tribus cahitas, y sus moradores llevaban una vida misérrima y llena
de privaciones, habitando en jacales de vara y lodo al igual que los nativos, y
siempre en espera del ataque de los indígenas, como les habia sucedido a

544

los cinco fundadores en San Juan de Carapoa, la villa fundada por Francisco de !barra en las márgenes del Fuerte el año de 1564, y como se dice
arriba, como también les había pasado en San Felipe y Santiago de Carapoa,
pues )os cinco eran veteranos de las dos fundaciones. En los años de 1589 a
1591, la situación de los colonos no podía ser más precaria, pues los nativos,
siempre en estado de guerra, no permitían que ningún blanco les quitara el
maíz, ni mujeres, ni hijos. Vivían allí nueve españoles que eran: Juan Martínez del Castillo, Juan Caballero, Juan Pablo, Francisco Martín Redondo,
Antonio Ruiz, Bartolomé de Mondragón, Tomás de Sobcranes, Juan Ortiz,
y uno apellidado Belmar, pero la situación había llegado a tal grado, que
Antonio Ruiz y Martínez del Castillo habían decidido irse a otros rumbos.
Sin embargo, la diminuta y mísera villa estaba señalada para altos destinos, y
el acontecimiento que determinó su porvenir fue la llegada de los PP. Jesuitas Gonzalo de Tapia y Martín Pércz, quienes arribaron el 6 de julio de
1591 para fundar la misión de Sinaloa, y con esto, cambió la situación de
los habitantes y de toda la regi6n, pues el esfuerzo de los misioneros -que
fueron auxiliados militarmente por Diego Martínez de Hurdaide- llevó la
civilizaci6n a los aguerridos cahitas que desde la entrada de Diego de Guzmán en 1533, habían estado defendiendo su libertad contra las acometidas
de los conquistadores españoles.
El principal acto de Urdiñola durante su estancia en la villa, fue levantar
una información jurada sobre las condiciones de la provincia de Sinaloa
"por convenir así al servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Magestad y para
le informar del estado de la tierra'' ordenando que "los habitantes más viejos
de la villa o de fu era de elld' fueran examinados sobre el particular. La provincia comprendía so1amente lo que hoy constituye la región norte del Estado, ya que la parte central quedaba bajo la jurisdicción de la provincia
de Culiacán, y la zona sur bajo la de Chametla, reconquistada por Francisco de
!barra a pesar de las protestas de la Audiencia de Guadalajara.
Existe una relación de Culiacán del año de 1582, suscrita por Gaspar de
Osorio, tesorero de la villa de San Miguel, pero la información de Urdiñola
es en realidad la primera que se levant6 para conocer las condiciones del
tenitorio que hoy ocupa Sinaloa. Las personas que se presentaron como testigos fueron: Bartolomé Muñoz, Diego Rodríguez, Tomás de Soberanes, Antonio Ruiz, Hemando Alvarez, Pedro de Robles, Francisco de Llanes, Juan
de Grijalva, Juan Pablo y Diego Martín. Todos conocían perfectamente la
región, pues como se ve, algunos eran fundadores de la villa y habían venido
con Francisco de Ibarra, y otros llegaron formando parte de diversas expediciones militares. Las declaraciones se iniciaron el 5 de diciembre de 1603,

545

�terminándose el 10 del mismo mes, y aunque con ligeras variantes, los testigoa
coincidieron en sus respuestas al siguiente interrogatorio:

l. D scriba el testigo el carácter de la región, su clima y \'egetación;

2. Describa las co tumbr

de los nativos )' sus hábitos;

3. Diga cuántos indios \;ven pacíficamente en poblados· si son obedientes a
su . fajestad, y si tienen relaciones con los religiosos de la Compaiiía de Jesús
y con los habitantes de la villa;

4. Diga qué pueblos de indio· ti ne a su cru-go la Compañía de J_esús¡
cuántos indios han sido bautizados o están siendo preparados para el bautlSIDO,
y qué tan lejos de la villa e tán esos pueblos nativos;
5. Diga si hay otros pueblos de indios m:1, allá de lo mencio~ados; cuAI
es su población, y si sus habitantes tán de paz o de guerra, y s1 a los que
están de paz puede dárscles instrucción religiosa;
6. Di a si la tierra que en el presente está en contacto con los religioa
v con los pañoles de este poblado, y la que e extiende más allá, hacen CODcebir esperan.zas de pro\'echo, y c6mo;

7. Diga si hay minas d oro y plata en la pro,·incia, y si están cercanas

o lejos;
8. Diga cómo se sustentan lo nati\'os y qu' plantas cultivan para aJi.
m&lt;'ntarse;

9. Diga si la dicha provincia tiene puertos sobre la Mar del Sur; si blJ
indicaciones de pesquerías de p •rlas, y con qué partes pueden comunicas
dichos puerto ;

10. Diga si en la provincia hay alguna di posición para stablecer otni
\'illas y poblados e~pañok·s. Diga d6nd y con qué ,·entajas;
11. Dil!'a si la raz6n por la qu u Maje tad mantiene en e te presidio veinticuatro ~!dados a 450.00 pesos anuales cada uno, y un capitán con li000.00,
es solamente conse1 ar en la fe a aquello- a quienes los religiosos de la C'.ompañía de J ús han bautizado, sin e. perar fmtos adicionales de la c_o~veniclll
de las almas o ventajas más amplias, o si es que ellos esperan bencf1aos;

12. Diga si en el caso de que el presidio se suprimiese los padres de la
Compañía y los residentes en la villa pueden mantenerse por sí solos en esa.
provincia;

13. Diga si con menos soldados de los que hay en el presente y con salarios más bajos puede pr venirse la despoblaci6n de la provincia.
Encabezado por Bartolomé Muñoz empezó el desfile de los testigos ante
la persona de Pedro Hemández de Villanuño, secretario de gobernación del
gobernador Urdiñola, y todos fueron acordes en manifestar que la provincia
gozaba de un buen clima que no era ni muy caliente ni muy frío; que contaba con grandes y caudalosos ríos en los que había mucha liza, bagre, robalo
y otras variedades de peces, y que la tierra producía diversidad de frutos nativos y de Castilla, contándose entre los primeros: ciruela , zapotes, vainas
de mezquite, tunas, pitahayas, maguey y algodón, y entre lo5 segundos: uvas,
higos, granadas, naranjas, limas, limones, caña de azúcar y verduras.

Mota y Escobar, en su "Descripción Geográfica de los Reinos de Nueva
Ga/icia, Nuei•a Vizcaya r Nuevo León", dice que dábanse ''en esta tierra muchas legumbres ,, frutas de mata, como son melones, pepinos, cohombros y
calabazas", y que "el ganado ma)'OT vacuno" se daba "escasamente y algo
desmedrado" atribu}'indolo "a los grandes calores de la tierra".
La referencia a las característica· de los indígenas no fue muy amplia, ya
que los testigos se concretaron a manifestar que aquéllo se mataban constantemente unos a otros; qu estaban aco tumbrados a comer la carne de
las piezas que cazaban, y que bebían una cla d ,ino que elaboraban y
con el cual se embriagaban. Este ,·ino lo sacaban del mezquite, de las tunas
y del aga"e.

Los indios de la provincia eran de mediana e.stat11ra y mu}' lampiños, pero
los que habitaban en lar zo,ias costa11eras tenfan mayor estatura "cosa que
maravilla ver que hazc esta diferencia tan conocida esta tierra en JO tÍ 12
leguas de distancia". Los hombres andaban demudas, )' las mujeres waban
una falda de cuero de venado que les cubría de la cintura abajo. Aquellos
que ya estaban reducidor, sallan en cuadrillas de la prouincia y por lo regular S'- dirigían a Culiacán donde trabajaban semanas o mesrs /)ara ganar lo
suficiente para vestirse. De ellos dice Mota )' Escobar que andab~n todos
desnudos )' eran mmamet1te haraga11es. El vicio de la embriague;: estaba muy
arraigado entre las tribus qrte poblaron lo que ahora es el te"itorio sinaloense,
Y es fácil comprender que e11 los pocos año.r que contaba de misionar entre
e~las la Compañía de j,.rús, no le era posible quitar al indígena esa perniciosa costumbre. Con el tiempo, los misioneros fu eron desterrando el uso del
~•in? en los pueblos por ellos controlados, pero cuando vino su r.xpulsióti, los
indigenas volvieron a sus prácticas viciosas.
Tomando en cuenta la escast:'7. de dato que tenemos sobre el movimiento
d~ográfic~ en el norte de Sinaloa durante la época prehispánica y en los
pnmeros anos de la colonizaci6n española, la declaración rcferent a los indí-

547

,..

�genas pacíficos que poblaban la provincia y que estaban en relaciones con
los Padres de la Compañía, es muy interesante para ir integrando ese conocimiento, pues los testigos los calcularon entre 14,000 y 20,000, incluyendo en
estas cifras a las mujeres y los niños, y a los españoles que vivían en esa zona.
Los pueblos de indios que los Padres tenían bajo su cuidado y en los que
impartían instrucci6n religiosa eran veintiséis, y se habían bautizado unas
seis mil almas. Al declarar lo anterior, los testigos hicieron hincapié en que
lo sabían porque casi siempre acompañaban a los misioneros en sus viajes,
pero por otro lado, manifestaron ignorar si existían más indígenas con necesidad del bautismo. Los pueblos mencionados se encontraban a una, dos, tres
y doce leguas de distancia de la villa, con excepción de dos que estaban a
veinte leguas.
La quinta pregunta es también de gran importancia para el conocimiento
de la densidad de la poblaci6n que habitaba desde el río Mocorito hasta la
parte sur de Sonora, ya que los testigos declararon que a más o menos unas
dieciséis leguas de la villa, sobre el río Sinaloa --que asi se denominaba entonces al río de El Fuerte- donde estuvo asentada la villa de San Juan de
Carapoa, estaban los pueblos de los Zuaques, Tehuecos y Sinaloas, y otros
más que se agrupaban a un numeroso conjunto de gente, y que según pen·
saban ellos, en los dichos pueblos vivían más de 8,000 almas que tenían rela..
ciones con los Padres y los habitantes de la villa, cosa que se comprobaba
con el hecho de que muchas veces los habían visto con los misioneros requiriéndolos para que fueran a bautizarlos e instruirlos y a construir iglesias en
sus pueblos, y porque estos indios estaban impuestos a considerar a los moradores de la villa como si pertenecieran a sus propios pueblos. Añadieron que
a quince leguas adelante del mencionado río Sinaloa habían visto otro rio
muy grande llamado Mayo, donde existía un gran número de populosos poblados, pero que no podrían decir su número con exactitud. Pero no ob~~te
que ellos habían visto esos pueblos y el rlo cuando entraron a esa provmaa,
era público y notorio que más allá del río Mayo, y de acuerdo con lo que
estaban tratando había muchos poblados en otros sitios llamados el Valle
'
de la Señora y Los Corazones, y que era positivo que en toda esta provm~
había más gente en proporción a la superficie que en toda 1a Nueva Espana,
y que esto lo sabían porque habían oído decir que en las llanuras y en las
márgenes de los ríos los pueblos eran tan populosos como los otros que ha-

..

bían visto.
No puede caber duda alguna de la gran densidad de la población que SI
agrupaba en la provincia de Sinaloa. Los testigos no eran hombres de _g,41
imaginación, y por otra parte conocían la zona en forma muy amplia 'I'
que todos la caminaron formando parte de las expediciones de ]barra, de M~

toya 'Y del gober~ador Ba:án. Los que acompañaron a don Francisco llegaron hasta la región del no Sonora para después ir hasta Paquimí, en Chihuah~a, y d~sde luego vieron los pueblos del Valle de la Señora, es decir del
Yaqui superior, y los de la región de Corazones en la tierra de los Pim L
"6 d
as. a
aseueracz n e que en proporción a la Nueva España estaba más poblada
la provincia de Sinaloa, aparentemente parece exagerada, pero hay que tomar
en cuenta el hecho de que. el, t~rritorio sinaloense estaba densamente poblado ~urante la época prehtspanica, y qtie los cronistas, tan sólo al señorío
de Cultacán le dan una población que pasaba de los 250,000 habitantes. Las
matanzas ef cctuadas_ por l~s españoles, el tráfico de esclavos, y las enfermedades europeas, casi _terminaron con los indígenas de Culiacán, pero en el
norte, donde los ca/utas se conservaron independientes durarite casi setenta
a~os después de la llegada de Beltrán Nuño de Guzmán, los poblados no su~neron merma de habitantes, antes bien, el movimiento demográfico tuvo que
ir en as:cnso. Tenemos el testimonio de Lázaro de .Arregui, quien manifiesta
2ue segun un censo que se hizo en 1620, en La provincia de Sinaloa había
200,0~ Yndios subjetos a la rreal corona y los 80,000 cristianos''.
L~ m~ería fue la espina dorsal de la economía de la colonia, así que todo
espanol cifraba sus esperanzas en el hallazgo de una rica veta, y esto se comprueba con el hech_o de que _no existe en México una mina de metales preciosos que no baya sido trabajada por los conquistadores. Urdiñola, que unía
e~ _5~ persona al español y al gobernador de la provincia, quiso saber qué po:,b:dad~. había en el aspecto minero de esta parte de su gobernación, y los
es gos d.i1eron que estaban ciertos de que había muchas vetas de plata en las
m?ntañas cercanas a los poblados, y que ellos habían hecho muchos descubrirrnentos
d e mrnas
·
•
.
en Jas s1erras,
pero desde que todos los residentes en la provin~ eran g~te pobre e inadecuadamente provista del equipo necesario no podían trabaJar1as. Manifestaron tamb1en
•, que como la provincia se extendía
'
a lo
largo del golfo de Califomia, tenía en el mar que estaba a doce leguas de )a vi:~• ~des cantidades de camarón y otra clase de peces, pero que como todos
b habitantes d~ la villa eran muy pobres, no podían conseguir los medios para
0 tener ganancias de las pesquerías de dicha costa.
:ocos años después de que se levantara la información se descubrieron las
mmasd
·
_ e S ant,ago
de los Caballeros, Cara11tapa, Baymoa' y Tecuciapa y los
espanoles
como
z uo laron a esos lugares empujados por la fiebre
'
. ,
era nal ura,
de
oro
olvidando
l
p
6d"
·
,
•
d"d
ª r zga riqueza marztima que hasta hoy en día no hemos po1
explotar los mexicanos.
.En. el aspecto de la suh sis
· t encia
· de Los mdígenas
. ,
•
de la provmcia,
los testigos

°

mdanifestaron que plantaban maíz, frijol y calabazas; que del maíz levantaban
os cosechas en el añ0 , Y que asurusmo
· ·
cosechaban considerables cantidades de

�algodón del que hacían ropa, y que de la miel (cera) hacían candelas con el
propósito de alwnbrarse.

Estos cultivos eran comunes a todas las tribus del noroccidente mexicano, 7
solame11te es de 110/arse la cantidad de algod6n que cosechaban los indígenas n
el tiempo en que se leiant6 la inforrnación, ya que en la época prehispánica los
cahita.s lo sembraban en baja escala dado que no usaban ropa, y las mlljeres
hacían faldas de. piel de venado. El señorío de Culiacán estaba considerado como la frontera más septentrional del cultivo d,l algodón, y sus habitantes eran
hábiles tejedores, "die.st,as en ob,as de agujas, así en costuras como labor.es".
En lo relacionado con los puertos, los deponentes dijeron que sabían por haberlo visto, que cerca de un pueblo que era llamado Baibachilato distante unas
doce leguas de la villa, había una grande y profunda ensenada que a ellos les
parecía admirable para usarse como puerto, y que asimismo, en Totoaca y en
el río Sinaloa había puenos de mar adecuados para rvicio de los barco.. Manifestaron también que habían oído decir que don FrancLco de !barra había
construído dos navíos para emplearlos en el mar, pero que los indígenas los habían quemado. Además testificaron que esos puertos podían poner en comunicación a la provincia con Acapulco, La Na,;dad y otras partes del far del
Sur, y también con las pesquerías de perJas de las que tenían \"arios informes.
Añadieron que a lo largo de la costa había abundancia de sal que podía obtenerse fácilmente, r que era bien conocido que toda la nación (provincia)
se proveía de ella, y que esto era lo que sahfan.

La f!ran cantidad de poblados indígenas que desaparecieron a raíz de I.
conquista, hace punto menos que imposible identificar los puertos que mtlcionaron los testigos. Tal vez Baibachilato se haya ubicado frente al canal u
la Isla de Alta mura, que fue un fondeadero muy usado por las primeras npe.diciones marítima.s, entre otras la de Hernán Cortés en su viaje a las Califomias. En cuanto al puerto e11 el río Siflaloa el río Fuerte, es mu,, probable que Stl trate del estero dr Las Piedras, que hasta el siglo pasado .siroi6
como puerto de cabotaje.
u, de los barcos mandados comtruir por Francisco d,, [barra y que fuerOI
qttemados por los natiuos, la Relación de Antonio Rui.: lo ratifica cuanlo
dice que al regreso del r aqui, el gobernador "dio 6rdcnes que algunos oficiales que traían en su compañía, de hacer nabios, labrasen y fabricasen dos
barcos grandes y otros dos botalejos y a.sí se pasó luego por obra y se labr,,.
ron y fabricaron .. . y un e;dranjero que se decía Maese Pedro ... fue 11111
de los que fabricaro11 los barcos o nabíos", y cuando los colonos abandont110I
Carapoa, "a una legua volviero1, los ojos atrás )' vieron grande humaretU di
las casas y nabíos que los enemigos quemaban".
Todos los testigos estuvieron de acuerdo en que debía fundarse otra

villa

de españoles, ya fuera en el río inaloa, 0 en el Ma .
, ..
ideales para ello como lo ten1'an b
d
• )O, donde habia sitios
o ser\'a o con agua
t
d
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'
' pas os, ma era, llanos
Y tierra fértil , y con algunos m
to en 1os alrededores Vari d
.
ron Ja com·eniencia de restablecer la vieja villa d S. J o e ellos urg1cU11 año despul d
U ·d'.
e an uan de Carapoa.

s e que r mola hizo levantar esta iriform ti,
.
Martlnez de Hurdaide inició la co11.struccíón del F t d M a on, Diego
las proximidades del sitio do1lde. estuvo C p
~e~~ e ontes~laros e11
16/0. Este f uc el segundo núcleo de pobt'~óoa,bl ,a ,éndolo terminado e11
• • sirvió
•
que pcrdu ro' en ¡a
provincia.
como base para las p d. ac,
. '' anca
..
b al
ex e rcrones militares que salier
o n~rte., y fue el origen de la actual población de El F
on rum.
La villa de San ¡
d C
uerte.
d" los lcstigos, fu , fu:::dae po;';!:ªFr:;;:c:es~:b~tmiento ~edían algunos
las margenrs del rio Fuerte /bar
.
. arra d a,10 de J564 en
.
·
ra no era part,dari d [ ·
mrendas. pero para no debilitar la moral de los lo ~ e mtema de enco1 m res que le acompañaban desde ZacalecM r"parti'ó 10
.
.._., "
a unas ~• des,g ' ¡ bU
la prot'incia, nombr;ndo capitán "'' . st: .
no a ca , o gobernador de
jórquez. Los color.os se dedicaro11 ~ ~uus;c1a m_ayor a Es!e~an Martín de BoTehueco.s que poblaban la re ió i I ar mina~ )', a vwzr a expensas de los
tar ama actitud
.
g n, I or o que Los tndigenas empezaron a adopagreswa que fui• aume11tando a
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.
po, j' Ueg6 el día en qu" los bl
.
me 1 que pasaba el t1em.
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a11cos no tuvieron
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dos los poblados estaban alzarlos Para 1569 l q~ien -~s sm,,11era porque totornó mu,, angustiora pi•es I b .
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a ntuacton de los colonos se
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qurs de Los indios Lor a/'
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Y noc e para repeler los ata1men os re ueron escose d
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abandonar el pueblo ~• r f .
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po, o que acordaron
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t ug1arse en an lifiouel d C 1·
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par,o/e..s, los indínenas ¡
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u iacan. Al salir los erCarapoa,
ormaron una ho~uera con la villa de San Juan de
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°,

Contestando a la pre&lt;runta num'
d .
•
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el mterr
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.
que e1 presidio de veinticuat
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.
oga ono, manifestaron
tenía en la villa prm-incia : : a os .un capitán que Su . Iajestacl mande Jesús no solam nte h ,
J~dpenn1udo a los religiosos de la Compañía
.
acer con J erablcs progr
1
•,
llSmo de los natívo sino
b"'
. .
esos en a conversJOn y baulos indios que estal;an
,taJ:Jn. ien para ant1c1par progresos más amplio entre
,
.
mas CJanos Que com
d'
.
tenia a los dichos soldad
al .. ,
prcn ian qu Su . faJestad sostizar a aquellos que ten1'anos y cap1tan para ayudar a los religiosos en bau.
a su caigo y q e
d' mulados a la provincia
.
'
u en a ic1 6n a los beneficios acuranza de considerable : , ,·irtud d~. esas conversiones, había una gran espemuchas almas ser'
bp . echo demado de las razones arriba dichas y que
ian au t12adas pa
1
•• d
•
su Majestad.
ra e serv1CJ0 e Dios nuestro Señor y de

r

A la llegada de los mision
.
litar que les diera pr t "6 eros ¡csulias a la villa no había dcstacame11to mi.
o l'Cc1 n, )' solamn1le contaban con el auxilio de. los mo-

550
551

�radores del poblado. La muerte del P. Gonzalo de Tapia, asesinado por
hechiceros el JO de julio de 1594, oblig6 a los vecinos a pedir refuerzos
Culiacán, por temerse un levantamiento general de los nativos, habi~?do •
lido rumbo a San Felipe: Alonso de Galarraga, Juan Carlos :Y su hi10, ]
Pérez Roacho, Diego Rodr!guez, Pedro de Robles, Juan de Aco.sta, Martia
de Armen,a Baltasar Quintero, Pedro Ochoa, Francisco Llanes, Pedro de FJ.
gueta, Ger6nimo de Berriarza y Baltasar de Tapia, y con _este auxilio:
moradores pudieron tranquilizarse un poco. Sin embargo, se mst6 al gobie~
virreinal para que estableciera un presidio, el cual se instal6 en 1~95 pon~
do como capitán a Alonso Díaz, quien entre otros soldados traJo a Diepr
Martínez de Hurdaide. En 1600, este último tom6 el mando del presidio e.-.
el cargo de Capitán de 'Sinaloa que desempeñó durante veintiséis años, en lat
cuales a base de valor, astucia :Y habilidad llev6 la conquista hasta el Y •
superi~r, estructurando sólidamente la seguridad del sistema misional de 1#
Padres de la Compañía. Por sus grandes hazañas, los historiadores nortea
ricanos llaman a Hurdaide "El Gran Capitán''.
Conocedores de las circunstancias que normaban la vida de la región, b
testigos manifestaron que comprendían y sabían de cierto que si el presidió,
era cambiado, los pobladores no podrían sostenerse y la villa se despoblada.
a causa de su extrema pobreza, y porque los nativos eran belicosos, en ~
parte sin reducir y no pagaban tributos, y además los residentes no estabal
capacitados para separarse unos de otros para explotar los recursos que li

*

tierra proporcionaba.
Para la tranquilidad de los pobladores de la villa, el presidio no fue ,.
primido, pues al edificarse el Fuerte de M ontesclaros, este fue dotado de..,guarnición, y no fue sino hasta casi a mediados del siglo XVIII ,.uando l
presidio de Sinaloa fue cam.biado a Baroyeca, Sonora, '.Y para ese tiempo, k
población se había consolidado al igual que la obra misional, la que no t,fP
daría en desaparecer debido a la expulsión de los jesuitas.
Contestando a la última pregunta del interrogatorio, los testigos dijed
que sabían de cierto porque lo habían observado, que los veinticuatro soJdJ.
dos y el capitán que había en el presiclio, no eran suficientes par~ ~
las conductas y para defender la villa, a causa de los muchos mdtos de M
provincia que no estaban bien reducidos, y que de haber más soldados •
taban seguros de que los poblados se desarrollarían y que muchos otros. di
los que tenían informes, serían descubiertos y Su Majes~d _sería ~
También expusieron que habiendo poca gente en la provmcia (esp~
.
b
d
.
-4desde luego) naclie se arriesgaba a aventurarse leJOS en usca _e i:runas
las cuales habían testificado haber muchas- ya que como se designaba a ~
pocos de soldados para acompañar a los religiosos, los restantes y el

552

proporcionaban una protección insuficiente, así que para facilitar el bautismo y la instrucción solicitada por los indios, se necesitaban más soldados y
que esta necesidad iría aumentando a medida que pasara el tiempo. En lo
que respecta a los salarios, dijeron que los que los soldados habían
venido recibiendo eran insuficientes porque las cosas estaban muy car~
en esta tierra, el costo de la ropa muy alto, así como el de las armas y otros
equipos de guerra que necesitaban.
Con esta última declaración terminó la información, y pocos días después, el
capitán Francisco de Urdiñola, gobernador de la Nueva Vizcaya, salía para la
capital de su gobernación llevando consigo un valioso testimonio de las concliciones que privaban en la provincia de Sinaloa, para ponerlo en conocimiento
del rey.
Cuando Urdiñola vino a estas tierras, la provincia era apenas una débil
plantita que amenazaba secarse con el cúmulo de problemas que sobre ella
se cernían. Años después, la provincia se extendía hasta las tierras de Arizona,
y la pequeña villa fundada por cinco desesperados que caminaban errabundos
por las vegas del río Petatlán, era ahora la capital de esa enorme gobernación
y tenía como galardón haber sido el núcleo de donde irraclió la obra civilizadora más gigantesca que se viera en América durante la época colonial.

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Sinaloa. 4 de diciembre de 1603. Archivo General de Indias. Copia en microfilm de
la versión en inglés, en poder del autor.
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ToRRE

REVELLO

Buenos Aires, Argentina

LA EXTENSIÓN DE LA PRIMITIVA GOBERNACIÓN del Río de la Plata planteaba
difíciles problemas de gobierno a quienes ejercían el mando, por la imposibilidad de realizar la visita que estaban obligados a efectuar a las ciudades y
pueblos de su distrito, así como otros actos de gobierno en los que su presencia era necesaria. Esto explicaría por qué en distintas circunstancias autoridades y personas destacadas que habitaban el distrito de la gobernación
elevaron memoriales y cartas al Rey y al Supremo Consejo de las Indias,
solicitando que la misma fuera dividida en dos o más gobernaciones. Justifi11

Tras los viajes de exploraci6n en las regiones del Plata, fue otorgada la conq_uista Y colonizaci6n de su inmenso territorio, a Pedro de Mendoza, por capitulación
extendida en Toledo el 21 de mayo de 1534. El flamante adelantado, entre el 2 y 3
de febrero de 1536, estableci6 el pueblo y puerto de Nuestra Señora Santa María de
Buenos Aires. En 15 de agosto de 1537 cstablecia Juan de Salazar de Espinosa la casa
fuerte de Nuestra Señora de la Asunción, la que después de despoblarse a Buenos
Aires, en junio de 1541, erigi6 Domingo Martínez de lrala en ciudad, concentrando
en ella a los diezmados pobladores de la expedición de Pedro de Mendoza, convirtiéndola así en centro de la conquista. De ella partieron los contingentes de españoles y
mestizos que fundaron las poblaciones que subsistían al efectuarse en 1617, la división
en dos gobernaciones: Buenos Aires y :Paraguay. La integraban los centros urbanos
que mencionaremos a continuación: diudad Real del Guairá (fundada en 1557),
Villa Rica del Espíritu Santo (1570) y las ciudades de Santa Fe (1573), Trinidad
d~ pueno de Buenos Aires (1580), Concepci6n del Bermejo (1585), Vera de las
Siete Corrientes (1588) y Santiago de Jerez (1593). Es interesante señalar que, siendo
la Asunción capital de la gobernación antes de su división, sin embargo, a partir del
B~iemo de Remando de Zárate ( 1593-1595), los titulares fijaron su sede en Buenos
Aires, por ser puerto de arribada de las naves proceqentes del Brasil y de España y
que ya habla sido amagada por navíos piratas. Desde allí partían las caravanas terrestres que se dirigían al Tucumán y Alto Perú.

554

555

�caban el pedido, alegando grandes dificultades materiales, teniendo en cu
los precarios medios de transporte de que se podía hacer uso para que
solo gobernante pudiera visitar y contemplar las necesidades que expe ·
taban los vecinos radicados en centros urbanos, tan distantes unos de o
Gregorio de Acosta, en un memorial, sin fecha, del óltimo tercio
siglo XVI, que elevara a la Corte, manifestaba la conveniencia de di ·
en tres distritos la gobernación del Río de la Plata, debiendo tener cada
su titular para una más fácil administración de tan dilatado territorio.1 Igua(
opinión manifestó Hcmando de Montalvo, tesorero del Río de la Plata 1
cronista de la expedición de Juan Ortiz de Zárate, en memorial que D
cribiera en la Asunción, a 15 de noviembre de 1579, en el cual abogaba paf
la repoblación del puerto de Buenos Aires, manifestando que de " ~
sustentado hasta hoy en día fuera el mejor puerto de las Indias", e indicandoat
reierido lugar como sede de uno de esos gobiernos. Esas expresiones, fnm
de la experiencia vivida, volvió a reproducirlas en otros escritos suyos, '1585, 1587 y 1590, asentando que a "un gobernador es imposible gobemarlíti
por poderoso que sea'' debido a que tenía "más de ochocientas leguas •
longitud y latitud a donde en cada una se tiene noticia de haber minas de oro
plata en abundancia". Según el proyecto de Monta1vo, la primera de las ~
bernaciones debía ocupar la costa del Atlántico, desde la Cananea hasta
Río de la Plata, penetrando por el Paraná hasta el Guairá; otra desde d!
estuario hasta el estrecho de Magallanes, teniendo al oeste por límite a 1'
cordillera de los Andes y entrando hacia el interior hasta el Río Paragutly
y la tercera desde la boca de este óo, siguiendo a ambas márgenes, hasta ~
puerto de los Reyes, abarcando la tierra de los indios Jarayes, Chiquitos,
noticia de las Amazonas". 2 Sumamente interesante por las descripciones 4'11'
Memorial de Gregario de Acosta, sin fecha. A G I (Archvio General lndilstí
Secci6n I, Patronato, est. 2, caj. 2, leg. 1 /6, ramo 12. En carta 5 de marzo de 1~
el oficial real Pedro Dorantes se dirigía al monarca proponiendo que la región di
Plata se dividiera en dos conquistas y gobernaciones "que las parta --decía- 111
Paraná e río Ypity (Bermejo) una a la banda del estrecho e otra a la de Slllli
Catalina". Desidia o incomprensión geográfica echaron al olvido tan interesante ~
puesta, que de haberse llevado a cabo hubiera asegurado para España todo el llid.
atlántico desde Santa Catalina hacia el sur, del que Alvar Núñez Cabeza de Vál
había tornado posesión al desembarcar en esa zona en 1541 FvLOENClO R. Moa-.
La ciudad de la Asunci6n. Buenos Aires, 1926, pp. 163-164.
1 Memoriales del T,sorero del Rio de la Plata, Hernando de Montalvo, ~
15 de noviembre de 1579; Buenos Aires, 12 de octubre de 1585; Buenos Aira, tl
de agosto de 1587; y Buenos Aires, 20 de mano de 1590. Originales en A G 1,
V, Audiencia de Charcas, legajo 38. Sobre Hernando de Montalvo y sus memo•
véase ENRIQUE A. PEÑA, Fragmentos hist6ricos sobre temas coloniales dejados 1º' ,ique Peña, Buenos Aires, 1935.
1

S••

556

ilustró con un curioso mapa, relacionadas con cada una de las tres zonas que
debían convertirse en gobernaciones, fue el escrito que suscribiera el franciscano fray Juan de Rivadeneira en 1581. 8 Sólo consideraba que debía dividine en dos zonas la gobernación el famoso arcediano Martín del Barco Centenera en memo¡ial sin fecha, pero de 1587, manifestando que la primera,
teniendo por capital a Buenos Aires, debía ser integrada por Santa Fe y la
Concepción del Bermejo "pueblo nuevo en el río Ipiti, que suena tanto como
Bermejo" y la segunda con sede en la Asunción, "llamada del vulgo Paraíso
de Mahoma" y la ciudad Real del Guairá y la ViUa Rica del Espíritu Santo. 4
La conveniencia o no de dividir en dos o más gobernaciones el dilatado
territorio del Río de la Plata, fue plática corriente entre las autoridades y
vecinos que se radicaron en las ciudades de su distrito. Entre las personas
que ejercieron funciones de gobernador y que dieron opinión al respecto, se
destaca el famoso criollo Hemandarias de Saavedra, que conoció mejor que
otros la inmensa región que le tocara gobernar. En carta que elevara al
monarca y que se fecha en el puerto de Buenos Aires, a 18 de junio de 1607,
expresaba que la defensa de dicho lugar requería la presencia de un castellano, mejor dicho, de un jefe para el castillo y gente de guerra en número
conveniente que el Rey considerase necesario destinar. Pero separar a Buenos
Aires de las otras ciudades de la gobernación lo consideraba de suma inconveniencia, porque, argüía a favor de su propuesta, en muchas ocasiones sería
necesario que Buenos Aires, para su defensa, requiere se la gente de las otras
ciudades y no estando éstas bajo el mando del gobernador local, "no se
podrá hacer sin muy gran dificultad, y así ~resaba- cuando algo se
haya de dividir o quitar a esta gobernación será acertado y aun me parece
1
Relación de fray Juan de Rivadeneira, A G I, Seccwn I, Patronato, Papeles de
Ultramar, legajo 294. Se reprodujo en Biblioteca del Congreso Argentino, Papeles Eclesi~t~cos del Tucumán, Buenos Aires, 1926, tomo II, pp. 258-270. Sobre el ilustre
religioso franciscano pueden conBuJtarse los siguientes trabajos: JosÉ TORRE REvELLO,
El franciscano fray Juan de Rivadeneira, su acci6n misionera y su vida ej11mplar, en
la obra Los Santos Patrones de Buenos Aires y otros ensayos hist6ricos, Buenos Aires,
1937, pp. 65-74; FRAY ANTONIO S. C. DE CÓRDOBA, El R. P. Juan Pascual dtJ
Rivaden11ira, en Archivum, Buenos Aires, 1944, tomo II, cuad. 1, pp. 109-130 y MoNs.
Nicoús FASOLINO, P. Fray Juan Pascual de Rivadenei.ra de lá Orden de Menores,
Santa Fe (Tirada aparte de la Revista Oficial de la Junta Provincial de Estudios
Hist6ricos, 1950, No. 20).

' _Relación del arcediano Martín del Barco Centenera. Original, A G I, Secci6n V,
lndi/emite General, legajo 1092. Se reproduce en la Revista Patriótica del Pasado
A.rg,ntino, Buenos Aires, 1890, tomo IV, -p. 74. Con respecto al famoso cronista
poeta véase la lnformaci6n levantada en Buenos Aires en 1593 sobre Los Servicios
t;~:rcetliano Barco de Centenera, en Revista de la Biblioteca N~cional, Buenos Aires,
' tomo I, pp. 407,428.

557

�forzoso sea lo que a V. M. tengo avisado, que son los tres pueblos de
provincia de Guairá, Ciudad Real, Villa Rica del Espíritu Santo y [
tiago de] Jerez, por las causas de que a V. M. he dado cuenta que no
de poca consideraci6n". Agregaba incluso el nombre de la persona que d •
ejercer esas funciones en el último distrito -Manuel de FrJ-as-- quien
pués sería designado gobernador del Paraguay al efectuarse la división •
1617.&amp; La proposición de Hernandarias, como se deduce por la carta &lt;l1I".
arriba hemos comentado, ya había sido expresada en otras oportunidadi!i;I
Tan es así que, cuando su carta iba de viaje a la Corte, el monarca expedl(
en Leima una R. C., a 5 de julio de 1608, dirigida al Virrey del Perú, en la
que se le pedía que informara si era conveniente separar la provincia del
Guairá del distrito del Río de la Plata y formar gobierno independiente.ª 1)
haberse seguido el criterio sustentado por Hemandarias, la historia de esa
zona fronteriza indudablemente hubiera tenido fases bien distintas a las qlii
luego se cumplieron. Los medios lentos de comunicación y la incomprcnsi41,
y desconocimiento geográfico de la región permitió el avance de Poi-tupi
sobre tierras que correspondían a España y que habían sido ganadas cm
el constante esfuerzo de sus hijos. La respuesta del Virrey, marqués de ~
tes Claros, fue en realidad rapidísima, de acuerdo con la época. Se fedi
en el Callao a 18 de marzo de 1610. Si bien el Virrey aceptaba la propuesM
de Remandarías, introducía modificaciones que eran sustanciales. Por ejentr:
plo, admitía el proyecto pero con la condición de que a las tres ciudades cW
Guairá se les agregara la Asunción, así cada gobernación contaría con cuaflf
ciudades cada una. 7 Ese mismo año, desde la Asunción, el arcediano Pecht:
• Cartas de Hernandarias de Saavcdra al Rey, Buenos Aires, 5 de mayo y 18 de
junio de 1607. Originales en A G 1, Secci6n V, Áudiencia de Charcas, legajo 27. la
la primera de las cartas mencionadas proponía por gobernador de los pueblos cW
Guairá a Antonio Añasco. Se reproducen en Revi'sta de la Biblioteca Nacional, Bueall
Aires, 1937, tomo I, pp. 153-154 y 169-170. Sobre el ilustrado gobernante criollo¡
\'éase RAÚL A. MOLINA, Hernandarias, el llijo de la Tierra, Pr6logo del R. P. G1II'
LLERMO FutU.oNo, Buenos Aires, 1948.

• R. C. al Virrey del Perú, Lerma, 5 de julio de 1608. A C 1, Sección V. Audid

de Buenos Aires, legajo 2, tomo V, foL 33.

a•

' Carta del 11irrey del Perú, ma.rqub de Montes Clarns al Rey, contestando
R. C. fechada en Lem1a a 5 de julio de 1608. A G I, Secci6n V, Audiencia de .Liid,
legajo 35. FuLOENCIO R. MORENO, La ciudad de la Asunci6n, cit., p. 169. El 1111t
qués de Montes Claros desempeñ6 el cargo de ,•lrrcy del Perú entre los año, de 1601
y 1615. La memoria de su gobierno se reproduce en Memorias de los virrey,s pi
han gobernado al Perú, durante el tiempo del coloniaje, Lima, 1859, tomo L

558

Manrique de Mendoza, se dirigía al Rey, informándole sobre la conveniencia

de establecer un gobierno y obispado en la región del Guairá. 8
Al siguiente año, el gobernador del Río de la Plata, Diego Marín de Negrón, en carta fechada el 25 de abril, insistía en 1a conveniencia de constituir
un distrito independiente en el Guairá, al cuidado de un corregidor que debía
ser integrado por las tres poblaciones principales allí constituídas: Ciudad
Real del Guairá, Villa Rica del Espíritu Santo y Santiago de Jerez, alegando
a favor de la propuesta que por hallarse muy distantes no habían sido visitadas por gobernador ni obispo alguno. Tierra pobre, asentaba, porque no
tenían salida sus producciones y era además sumamente enfermiza.º Reflexionando más despaciosamente sobre lo expresado, volvía el gobernador Marm
de Negrón a dirigirse al Rey con carta que fechó en Buenos Aires en el siguiente año, en cuyas circunstancias proponía la inclusión de la ciudad de
Córdoba y la plantificación de tres gobernaciones en el siguiente orden: primero, una integrada por Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba "que todas tres
están en triángulo -exponía- ochenta y cien leguas uno de otro gobierno";
segundo, ceder a la gobernación de Tucumán, a cambio de la ciudad de
C6rdoba, la ciudad de Concepci6n del Bermejo "porque está -expresabaen acomodado puesto para ello"; y tercero y último, formar un gobierno
con las ciudades de Asunción, Corrientes, Santiago de Jerez, Real del Guairá
y Villa Rica del Espíritu Santo. 10
Pero el mismo gobernador, que tan acertadamente había expuesto lo que
antecede, volvió en ese mismo año a rectificarse, desorientando así a quienes
debían dictaminar, al proponer la división de la gobemaci6n del Río de la
Plata en dos, dada la inmensa extensión de su distrito y teniendo en cuenta
que el gobierno debía residir forzosamente en el puerto de Buenos Aires ocho
meses del año y los cuatro restantes -asentaba- eta imposible acudir a las
otras ciudades del mando y atender a sus necesidades. 11 Al siguiente año
-1613-, el visitador de la Audiencia de Charcas, Francisco de Alfara, se
• Carta del arcediano Pedro Manrique dt Mendo1,a al Rey, Asunción, 18 de enero
de 1610. A G I, Audiencia de Charcas, legajo 14.
' Carta del gobernador Diego Marln de Negrón al Rey, Buenos Aires, 25 de abril de
161 l. A G I, Secci6n V, Au.diencia de Charcas, legajo 27. En 1628 expresaba el procurador de la Villa Rica del Espíritu Santo que en sesenta años no había entrado un gobernador a visitar la zona. R. P. Pt.BLO PASTELLS, S. J., Historia de la Compañía de
}tsu{Ls en la Pro11iru:ia del Paraguay, cte., Madrid, 1912, tomo I, p. 422.
Carta del gobernador Diego Marln de Negrón al Rey, Buenos Aires, 8 de enero
de}612. A G I, Seccién V, Audiencia de Charcas, legajo 112.
Cartas del g"bernador Diego Marln de Negr6n al Rey. :Buenos Aires 8 de mayo
3 ~e julio de 1612 y 31 de mayo de 1613. A G I, Secci6n V, Audiencia' de Charcas,
y
leCll]O 112,

559

�pronunciaba sobre la conveniencia de dividir en dos gobiernos el dila
distrito del Río de la Plata, pero planteaba la duda en lo que se rclacion
con la ciudad de la Concepción del Bermejo, sobre si debía incluírsela en
del Tucumán o bien en el gobierno del Paraguay que se erigiera.u Tan
informes, no obstante su urgencia y necesidad de solución, permanecían
carpetados en el Consejo Real de las Indias, a pesar de llevar los trámi
más de un cuarto de siglo de iniciación.
Con la llegada a España del procurador del Río de la Plata, Manuel
Frías, el problema readquirió actualidad. En un memorial, sin fecha, pero '1614, el nominado representante suplicaba al Rey&gt; después de enumerar Ja,.
gestiones realizadas por los gobernadores Hemandarias de Saavedra y Diego
Marín de Negr6n, que conocemos a través de lo expuesto, y de señalar lol
perjuicios que causaba a la administ.ración el hecho de que los gobemanlé#
se vieran impedidos de visitar el distrito de su mando por las largas distan ·
que separaban a las ciudades entre sí, solicitaba que se dividiera en dos ~
biernos la región del Plata. Señalaba asimismo lo e."-pucsta que se hallaba 11
región del Guairá por los agravios que los portugueses del Brasil infcrían -'
los naturales, cautivándolos y vendiéndolos como esclavos en los ingeniott
azucareros.ª
Con motivo de la consulta que los togados indianos elevaron al Rey ea
11 de marzo de 1614, proponiendo para el gobierno del Río de la Plata i
Hemandarias de Saavedra, se recordaba que este personaje y Diego
de Negr6n habían expresado en diferentes oportunidades la imposibilidad
de que un solo gobernador pudiera administrar debidamente el distrito, teniendo en cuenta el gran número de indios infieles que había que reducir 'I
evangelizar, a quienes también debían amparar y defender de los portuguese&amp;
por las razones que señalara el procurador Manuel de Frías.u
Cinco años de infructuosas gestiones llevaba hasta entonces este últimq,
cuando se recibió en la Corte la carta del gobernador Hernandarias de Saavedra, de 28 de julio de 1616, en la que daba cuenta de los daños causadClf
en el Guairá por los lusitanos, con sus atrevidas incursiones) diciendo que

Mana

u Carta del visitador de la Audiencia de Charcas, Francisco di Alfaro al R,y, Plallt
15 de febrero de 1613. A G I, Secci&amp;n V, Audiencia de Charcas, legajo 112.
" Memorial del procurador genunl del Rlo dt la Plata, Manuel de Frias al laJ.
Sin fecha (1614), A G 1, Sección V, ,fodiencia dt Charcas, legajo 27. Se rcpxoduJo
en MUNICIPALIDAD DE BUENOS AIRES, Correspondencia de la Ciudad de Bu,ul
Aires con los R,:,,es d1 Espaiía, Buenos Aires, 1915, tomo T, pp. 364-370. Véase MAN1111o
RtoARDO TRELLES, El capitdn Manuel dt Frfas, en Revista del Archivo Oe111ral 11
Bu1nos Aires, Buenos Aires, 1869, tomo I, pp. 106-110.
'' Consulta del Rtal Con.s,jo de las Indias al Re¡, Felipe III, Madrid, 17 de m.,a
1614. A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, legajo 1.

560

los tenientes que tenía destacados en dicha zona, le daban noticia de los
agravios y robos que contra los indios de su jurisdicción efectuaban, c~utivándolos por millares para llevarlos a vender a los pobladores del Brasil .y habiendo llegado a tanto la crueldad de aquellos malhechores que, según le avisaba el teniente de la ciudad de Santiago de Jerez, se habían llevado "de
cuajo un pueblo que estaba cerca de ella en servidumbre y de paz". El conocimiento de esa grave noticia promovi6 al Consejo Real de las Indias a
dirigirse al monarca con consulta del 14 de septiembre de 1617, poniendo
en evidencia la delicada situación del Río de la Plata.10
Recordaba el Consejo que hacía un lustro el procurador general del Río
de la Plata se hallaba gestionando importantes asuntos atinentes a dicha gobemaci6n y señalaba que los indios guaicurúes y payaguas amenazaban constantemente a las ciudades cercanas a los lugares en que moraban, a lo que
se agregaba la difícil situación de la zona del Guairá, que por dificultades
insalvables no había sido jamás visitada por las autoridades civiles y religiosas. Seguidamente recordaba los informes, cartas y memoriales que se
tenían acumulados sobre la materia y exponía que por la gran extensión de
su distrito, se dividiera la gobernación del Plata en dos sectores independientes entre sí. La propuesta del Consejo se identificaba con el informe del
virrev deJ Perú, marqués de Montes Claros, haciendo caso omiso del parecer
de 1~ gobernadores de la zona, que tenían un conocimiento más ajustado
a la realidad geográfica. Una gobernación debia integrarse con las ciudades
de Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y Concepción del Bermejo, y la otra
con las ciudades de Asunción, Real del Guairá, Santiago de Jerez y Villa
Rica del Espíritu Santo. Al mismo tiempo proponía que el sueldo de 4,000
ducados anuales que en la fecha tenía el titular, se redujera a 3,000 para el
que ejerciera el mando de Buenos Aires y a 2,000 para el que se designara
para el Paraguay. Para el gobierno de Buenos Aires, el Consejo proponfa
una lista de candidatos en el siguiente orden: Diego de G6ngora) capitán
Gregorio Rico, Francisco de Prado y Pedro Cortés de Monroy. A la vista
de la referida consulta, el rey Felipe III decretó: "Está bien lo que toca a
la división de este gobierno, y para el principal nombro a don Diego de
Góngora". 19
En la misma fecha se designaba por decreto real, para gobernador del Pa11 Carta dtl gobernador Hernondarías d11 Soavedra al Rey, Buenos Aires., 28 de
julio de 1616. A G I, Audiencia de Charcos, Sección V, legajo 112. Se reprodujo en
R,uuta da. la Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 1938, tomo IJ. p. 147.
'" Consulta dtl R11al Coruejo da. las Indios el Rey Felipe III, Madrid, 14 de septiembre de 1617. A G I, S11cci6n V, Audienúa de Charcas, legajo 112. El título se
expidl6 en Madrid a 16 de diciembre de 1617. Se reproduce en Archivo de la Naci6n

561

�raguay, al que hasta entonces fuera procurador general del Río de la P
Manuel de Frías, cuyo nombre había propuesto Hernandarias de Saav
al solicitar, en 1607, la desmembración del Guairá. 11
La decisión del Rey venía a satisfacer una necesidad experimentada
quienes moraban en la región, desde mucho antes de fundarse las ciu
de la Trinidad del puerto de Buenos Aires, Corrientes, Concepción del
mejo y Santiago de Jerez, dada la inmensa extensión que tenía bajo su 1mmtlilll. ,.
el gobernador de la primitiva gobernación del Río de la Plata, cuya a ·
se entorpecía por falta de medios adecuados de comunicaciones, en una •
gión donde los problemas fronterizos estaban siempre latentes por el continuo
avance de los portugueses, que restaban a España importantes zonas 411
había conquistado con el esforzado trabajo de españoles y criollos y que .lii
correspondían en virtud de tratados vigentes. No obstante, agreguemos ~
en esa época un solo monarca regía los destinos de España y Portugal. Ní
menos grave era el problema que suscitaba el cautiverio de gran número dj
indígenas que eran vendidos en las factorías e ingenios del azúcar del B~
Al tener noticia Hemandarias de Saavedra de la decisión real, en DC8'
que dirigi6 al Presidente del Real Consejo de las Indias le expresaba que •
resultado había sido de mucho gusto para él, dando a continuación de flli
manifestado, amplias noticias sobre el gobierno que había desempeñado ba11iJ
entonces.18

II
Después de plantificada la división, comenzaron a llegar a manos del R,if
y de los consejeros indianos diversas quejas. El primero que hizo presente
su protesta al respecto fue el gobernador Diego de Góngora, con motivo de
una informaci6n que mand6 levantar en las ciudades de su distrito. En elfi
figura Pedro Ramírez, procurador de la ciudad de Santa Fe, en donde
constancia, a 28 de septiembre de 1621, de que el Rey y el Consejo Real c1ii
las Indias, habían sido muy mal informados con respecto a la divisi6n de

deJ

Argentina, Epoca Colonial, Reales Cédulas y Provisiones, 1517-1662. Buenos AÍIIIJ
1911, tomo I (único publicado), pp. 110-112.
" Con.su/ta del Real Consejo de las Indias al Rey Felipe 111, Madrid, 14 da
septiembre de 1617. A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, legajo 112. El título le•
expedido en 22 de abril de 1618, en Renacimiento, Buenos Aires, 1912, tomo I¡

la primitiva gobernación. Agregaba a sus manifestaciones que la ciudad de la
Asunción debió incorporarse al distrito de Buenos Aires, o en su defecto que
)as de la Concepción del Bermejo y Corrientes integraran la del Paraguay,
pues, alegaba, no se habían tenido en cuenta las distancias y dificultades que
se presentaban en caso de tenerse que auxiliar mutuamente. El Cabildo de
Corrientes expresaba en 21 de octubre que hubiera sido más conveniente su
incorporación al distrito de la Asunción, por la larga distancia que la separaba del puerto de Buenos Aires, afirmando que las tres ciudades del Guairá
debieron formar un solo gobierno y las cinco restantes otro. A su vez, el Cabildo de la Concepción del Bermejo manifestaba que se hallaba en un todo
de acuerdo con lo expresado por su igual de Corrientes. 19 Años más tarde,
el gobemador de Buenos Aires Francisco de Céspedes, en 15 de julio de
1629, se dirigió al Rey, manifestándole que no podía dejar de advertir el
daño que se había causado con el desmembramiento del Paraguay del gobierno de Buenos Aires, asentando que en el tiempo en que se encontraban
unidas ambas zonas era más fácil su administración y los indios más sujetos,
pudiéndose efectuar los socorros con facilidad. Señalaba que desde la Concepción del Bermejo hasta la Asunción, había una distancia calculada en
60 leguas que era recorrida en seis días y podían enviarse tropas de una a
otra parte fácilmente. Antiguamente, aseguraban, existía entre el vecindario
mue.ha voluntad por estar debajo de un solo gobierno, pero por entonces
no, porque en caso de enviarse algún socorro debía hacerse con autorización
del gobernador titular y no por los tenientes de ciudades que no estaban
autorizados a hacerlo por su propia voluntad. 20 En carta sin fecha, pero de
1637, el gobernador de Buenos Aires Pedro Esteban Dávila calificaba de
siniestro el informe que se había hecho para que se efectuara la división de
la gobernación. Aseguraba que la unión de ambas divisiones, como lo había
demostrado el tiempo, permitía mejor la defensa de los centros urbanos contra los enemigos y los belicosos indios que las poblaban. Señalaba que por
dichas causas, tres ciudades de la gobernación del Paraguay habían sido destruidas y que en la de su mando ocurri6 otro tanto con la Concepción del
Bennejo. Manifestaba que al distrito de su gobierno debía incorporarse la
,. Información levantada por el gobernador Diego de Góngora. Anexa a la carta

del mismo al Rey, Buenos Aires, 6 de junjo de 1622. A G I, Sección V, Audiencia de
Cha"as, legajo 27.
11

Carta d,Z gobernador Francisco de CJspedes al Rey, Buenos Aires, 15 de julio

pp. 273-277.

de 1629. A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, kgajo 28. Se reporduce en ENRI·
12~ PEÑA, Don Francisco de Céspedes, Noticias sobre su gobierno en el Rio de la

11 Carta de Hernandarias de Saavedra al Presidente del RtJal Consejo de las Iulll.
Buenos Aires, 13 de mayo de 1618. A G I, Sección V. Audiencia de Charcas, legajo llli.

Plata (/624-1632). Buenos Aires, Universidad Nacional de Buenos Aires, Anales de
la Academia de Filosofía y Letras, 1916, tomo V (primera parte), pp. 186-187.

562

563

�ciudad de Córdoba, en donde se había establecido la Aduana seca, lugar
por donde, según manifestaba, se escapab~ los. pasajeros y ~os_ negros, no
obstante el cuidado que había puesto para impedirlo, dando asumsmo cuenta
de todo ello a la Audiencia de Charcas. Señalaba igualmente que la gente
que por allí se introducía ilícitamente, era cristi~a nueva y clérigos y f~les
ap6statas. "Yo soy solo y no lo puedo remediar como :eo que conv~ene
-asentaba compungido- porque los ministros no son confidentes, que dicen
,, 21
que el gobernador se va y e11os se qu edan .
.
.
No fue menos quejoso en su juicio el obispo de Buenos Aires, fray Cnst6bal
de Aresti que en ese mismo año trató el tema de la división de la gobernación ~ateria que consideraba muy importante, aconsejando que debíaa
unirse 'las dos fracciones como lo estaban anteriormente, porque además de
otras razones consideraba que cada gobierno no podía por sí solo defendene
de los indios rebelados. "Cada gobernador -manifestaba- se alza con Sil
gobierno sin querer ayudar el wio al otro", de manera que después que se
efectuó la división, los naturales ensoberbecidos asolaron ciudades a su voluntad "sin ser señores los gobernadores de remediarlo", situación que no
ocurría antes, cuando uno solo era el gobernador, que podía socorrer los centros atacados con gente de guerra y con libertad de acción. 22
Siendo gobernador de Buenos Aires Jacinto Laríz, se dirigió éste al monarca con oficio de 9 de junio de 1649, expresando la conveniencia de volver
a unificar la primitiva gobernación, estableciendo la sede del obispado en la
Asunción, para evitar, aseguraba, las controversias que s_e planteaban_ entre
gobernadores y obispos. Se le respondió por R. C. expedida en Madrid a 2
de septiembre del siguiente año, expresándosele que el monarca no, accedla
a su pedido. Lógica era la respuesta porque 1as razones que exporua Lañz
., de la gobem.ac1on.
" 23
eran en un todo ajenas a la defensa y conservaeton
11 Carta del gobernador Pedro Esteban Dávila al Rey. Sin fe~ [163?1 A G ~
Sección V Áudiencia de Charcas, legajo 56. Véase la documentac16n publicada soblc
dicho gob~rnador por MANUEL RtcARDO T1tELLES, con el título Don Pedro Est,bll
Dávila en Revista del hchivo, cit., tomo I, pp. 229-352.
.. c:,ta d1l Obispo de Buenos Aires, fray Cristóbal de Aresti al Rey. Sin fecha
(1637] A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, ~egajo 56._
.
u A G I Sección V Audiencia de Buenos Aires, lega¡o 2, libro VI, fol. 35. Slbe
tan curioso' como inte~pestivo personaje, véase el documentado estudio de ENa!QVI
PEÑA, Don Jacinto Lariz, turbulencias de su gobierno en el Rfo de la P!ata ( 16:;
1653), Madrid, 1911. MANUEL RICARDO TuLLES, con los títulos
1~f01m 1
gobernador Lar!z y Absolución de excomuniones, en Revista del Ar~hivo, c1t., tomo I.
pp. 358-369 aporta referencias de interéa para conocer la actuaci6n de este - ~
nante. En ei tomo II, de la misma revista, se inserta la Visita general de Mas~,
]647, en pp. 36-142, dando a continuación importantes documentos sobre su gobierlllli

_un

A tantos clamores se unió el del gobernador del Paraguay, Juan Blázquez
de Valverde, que en 18 de abril de 1657 remitió al monarca una información
que había ordenado levantar para hacer constar que desde que se dividiera
la gobrmación, las ciudades se habían despoblado o fueron arrasadas por indios rebeldes y otras invadidas por los portugueses de San Pablo.u
Señalaba que la gobernación del Tucumán, debido a que sus ciudades
habían permanecido unidas, subsistía floreciente. En vista de noticia de tanta
gravedad, con fecha en Madrid a 31 de diciembre de 1662 se circuló una
R. C. al Virrey del Perú,, a la Audiencia de Charcas y al tribunal que se
mandaba fundar en Buenos Aires, para que informaran sobre las causas reales de los males que se denunciaban y si se podían evitar uniendo nuevamente las dos fracciones en lo temporal y en lo espiritual. 25 No conocemos
las respuestas que pudi.eron dar las autoridades consultadas, pero ateniéndonos
a los hechos, no produjeron efecto alguno.

Los desastres causados por la división fueron tan graves, al decir del gobernador del Paraguay Antonio Vera Muxica, que desde el momento que
se efectuó, el distrito de su mando había perdido cuatro ciudades y m~ de
cuarenta mil indios y en la gobernación de Buenos Aires se había despoblado
la ciudad de la Concepción del Bermejo, a causa de las continuas amenazas
de los indios del Chaco. 28
Si bien los informes que se archivaban en el Real Consejo de Indias, que

hemos expuesto anteriormente, atribuyen la despoblación de ciudades a la
circunstancia de haberse dividido la gobernación, también consta en otros documentos que las ciudades del Paraguay, fronterizas al Brasil, fueron asoladas y destruídas por los ''bandeirantes" con el fin de cautivar indios y en,_"' "Para el Brasil, lejos de ser funesta [la circunstancia de que los reyes de España

cmeran la corona de Portugal], fue grandemente ventajosa la desventura de la madre
patria: los españoles pasaron a ser de enemigos, aliados, y los paulistas entraron en
~u• tierras, ya que las fronteras -el meridiano de Tordesillas- habían desaparecido
Junto con la independencia portuguesa..." PEDRO CALMON, Historia de la Civilización
Brasileña, Buenos Aires, 1937, pp. 76-77 .

• 1:'3

información, A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, legajo 33. La R. C.,
~adnd, 31 de diciembre de 1662, en ]bid., Audiencia d, Buenos ÁÍres, legajo 2,
libro VII, fol. 205.
11
Carta del gobernador Antonio de Vera y Muxica al Rey, Santa Fe de la Veracruz, 18 de marzo de 1686. A G I, Sección V, .Audiencia de Charcas, legajo 283.
Sobre la despoblación de la Concepción del Bermejo, puede consultarse JosÉ To1tRE
~VEuo, Erttco Y Concepción del Bermejo, dos ciudades desaparecidas, Buenos Aires,
_acuitad de Filosofía y Letras. Publicaciones del Ihstituto de Investigaciones Hist6ncas, número LXXXV, 1943.

pp. 145-199.

565

564

�sanchar los dominios de Portugal al rebasar los límites establecidos por
tratado de Tordesillas. 27

el

Con respecto al estancamiento de las ciudades del Plata, otras fueron las
causas. La despoblación de la Concepción del Bermejo se debió al continuo
amago de los indios del Chaco. En cuanto a la pobreza a que se alude cons,.
tantemente en los escritos del siglo XVII, su causa principal se debió al ciene
del puerto de Buenos Aires, absurda política que ahogaba todo progte10,:
al condenar al vecindario de toda la región a vegetar casi en la indigencia¡
poseyendo fértiles praderas en donde el ganado se multiplicaba en fonna prodigiosa y extraordinaria. El puerto de Buenos Aires era el cauce natural para
comunicarse con España las regiones circundantes al Plata, que fue cerrado
en defensa de intereses económicos de otros lejanos sectores, y que caus6
lógicamente, el desamparo de sus vecinos. Lo expresado se agravaba si ae
tienen en cuenta las continuas amenazas de los naturales en ciertas zonas de
ambas gobernaciones y la acción constante y destructiva de enemigos exteriores, que hacían valer el peso de su osadía en depredaciones y vergoDZOIII
escenas, cautivando indígenas que habían sido ganados para la civilización.•
"' Un autor brasileño, recordando la acción de los bandeirantes, expresa que el "avaace hacia el oeste y hacia el sur" resume la entrada de los paulistas ¡ "gracias a la
penetración de los cazadores de guaraníes ('sertanistas' los llamaban los misioneros),
perdió España Santa Catalina, las misiones jesuitas del Paraguay, que llegaron a tener
como límite el Paranápanema, y el Mato Grosso, por la línea del Cuaporé. Y fue ell
virtud de esa ocupación que, en 1750, Alej;¡mdro de Gusmao estableció el criterio da
uti possidetis para los tratados de limites de América". PEDRO CAu10N, Historia ü
la Civilizui&amp;n Brasileña, cit., p. 71. Refiriéndose al acontecimiento anotado, escribe
un historiador paraguayo: "Tanto estas reducciones como villas españolas fueron d•
truída.s y pilladas por los mamelucos del Brasil, por causa de la incapacidad e incuria
de los succ.sores de lrala, quienes nada hicieron para defenderla ( ?). De esta manera
perdimos la provincia del Guairá. .." CECILIO Bh:z, Resumen de la Historia 4,1
Paraguay, Asunción, 1910, p. 12. Sobre la acción de los ba.ndeirantes ha pub}i.c:adi,
en forma documental una extensa obra ALFONSO DE E. TAUNAY, Historia. Geral ÜI
Bandeíras Paulistas, Sao Paulo, 1924-1950.
"' Si vergonzosa fue la acción de los bandeirantes cautivando y esclavizando in6
genas en la zona fronteriza del Brasil, rebasa los límites de esa maldad la actitud del
gobernador del Paraguay, Luis de Céspedes Xeira. En 1628 al trasladarse a la aecle
de su mando por la vía de Río de Janeiro cas6 en esa ciudad con doiia Victoria ~
rrea de Sáa, entrando en negociaciones con los "bandeirantes" a quienes permitió al
ejercicio vandálico de su infame comercio en la gobernación de su mando. Se calcula
que por tolerancia de Céspedes Xeira, fueron cautivados entre 1628 y 1629 m.ú do
60,000 indios guaranks. En esa circunstancia, fueron destruidas las ciudades froallOrizas de Villa Rica del Espíritu Santo, Real del Guairá y varios pueblos, de indios iJDÍsionados. Las denuncias contra el perjuro gobernante llegaron hasta la Audiencia ció
Charcas, donde se le hizo comparecer en 1631 para juzgarle. Fue condenado a la~

566

Sabemos que al practicarse la división, no primó un criterio ajustado a la
realidad geográfica. Ese desconocimiento hubo de tener fatales consecuencias
en el futuro. La corona de España perdió un extenso litoral en el Atlántico
y los indígenas de esas regiones que le fueron arrebatadas hubieron de ser
reducidos a esclavitud, junto con la destrucción de ciudades y pueblos, debido a las irrefrenables acometidas de los vandálicos "bandeirantes" que llenaban de terror los lugares por donde pasaban. No podrá decirse que quienes
vivieron y conocieron la región en los siglos XVI y XVII no advirtieron a
tiempo las fatales consecuencias que para el patrimonio de la corona española
podría acarrear, el legislarse sin conocimiento de la realidad geográfica y
hasta debe recordarse que en múltiples ocasiones, se señaló cuál era el punto neurálgico, que pasó inadvertido para quienes debían remediar la situación,
por variadas causas, algunas de las cuales han sido expuestas en el curso de
este trabajo.

dida de su empleo, inhabilitación por seis años y al pago de costas y multa por 12,000
pesos, por sentencia de 22 de agosto de 1636, confirmada en 7 de octubre del propio
año. "Castigo siempre inferior a sus delitos", como escribió el Deán Gregorio Funes. El
gobernador interino Martín Lcdesma Balderrama, que reemplazó al indigno gobernante Céspedes Xeira, reunió a los vecinos sobrevivientes de las dos ciudades destruídas
Y los concentró en un nuevo asiento, que en 1635 pobló en Caraguatí y que bautizó
con el nombre de una de aquellas poblaciones asoladas: Villa Rica del Espíritu Santo. Dl!ÁN GRP.GORIO FuNEs, Ensayo de la Historia Civil de Buenos Aires, Tuoumán 'JI
P~raguay. Buenos Aires, 1856. Segunda edición, tomo, I, pp. 228-230. Con carta del
\·ll'rey del Perú, conde de Chinchón, de 24 de mayo de 1632, se daba noticia al Rey
de que la Audiencia de Charcas había ordenado comparecer a Luis de Céspedes Xeira.
R. P. PABLO PASTl!LLs, S. J., Historia de la Compañía de Jesús, cit., tomo I, p. 471.
Puede verse en esta obra las referencias que aporta sobre los ataques de los "bandeirantes" a las misiones jcnúticas.

567

�LOS PRIMEROS DISCURSOS DEL GENERAL GUADALUPE
VICTORIA, PRIMER PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LOS
ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, ANTE EL CONGRESO
NACIONAL. 1824-1826
lcNACIO

Ruino M~ÑÉ

Director del Archivo General de la Naci6n, México

PARA DARLE FORMALIDAD LEGAL al orden político que emanó del triunfo del
Ejército Trigarante, conquistador de la consumación de la Independencia
Nacional, se instaló en la Ciudad de México el Congreso Constituyente Mexicano el 24 de febrero de 1822, aniversario del Plan de Iguala.
Las labores de dicho Congreso, presididas por don Hipólito Odoardo, fueron interrumpidas por la aclamación popular de la noche del 18 de mayo
del mismo año, que reclamaba la coronación de Agustín de Iturbide como
Emperador de México. Al día siguiente se reunió dicho Congreso y proclamó por decreto el sistema imperial. El 21 de junio siguiente fue coronado
solemnemente Agustín I y el 31 de octubre de ese mismo año el flamante
Emperador de México disolvía ese Congreso.
Un mes después se inició en Veracruz la revolución republicana, el 2 de
diciembre, proclamada por el Brigadier Antonio López de Santa Anna; movimiento que pronto fue secundado por José Antonio Echávarri, Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y otros jefes militares. El 20 de
marzo de 1823 abdicó el Emperador ante el Congreso Nacional que había
disuelto y se había reinstalado el 7 de ma.r:zo de dicho año.1 Este Congreso, así
reinstalado, estaba decidido a apoyar la revolución republicana. El 21 de
mayo se declaró convocante a un Congreso Constituyente que celebró cons1
El 2 de noviembre de 1822 el Emperador form6 otra representaci6n nacional instalando una Junta Instituyente, que trabaj6 hasta el 6 de marzo de 1823, preparando
la reinatalaci6n del Congreso.

569

�tantemente sesiones hasta el 30 de octubre siguiente, bajo la presidencia de
don Francisco Manuel Sánchez de Tagle.
El nuevo Congreso Nacional declaró el 29 de marzo de 1823 que_,había
ado el Imperio estando presentes ciento tres diputados. En la ses1on de
ces
,
1
'd!C
ese día se acordó "que el número de noventa y dos era a rnayona e ongreso". Se presentaron las proposiciones siguientes:

Se turnó a una comisión especial compuesta de los diputados Sres. don Francisco Tarrazo, de Yucatán; don Valentín Gómez Farías, de Zacatecas; don
Francisco Fagoaga, de México; don Manuel López de la Plata, de Guatemala y don Bonifacio Femández, de Chiapas. 2
El dictamen presentado por esa comisión, presentado en la sesión del día siguiente, 30 de marzo, concluyó proponiendo:

la. "Se declara que el Congreso se halla reunido en su mayoría, en ~lena
y absoluta libertad de deliberar, y por consiguiente en estado de contmuar

lo. "El Poder Ejecutivo del Estado lo ejercerá provisionalmente un cuerpo
con la denominación de Junta Gubernativa".

sus sesiones,,.
2a. "Se declara haber cesado el Gobierno de México hasta ahora existente''.

2o. "Esta se compondrá de tres miembros que alternarán cada mes la presidencia, por el orden de su nombramiento".

3a. "En consecuencia se depositará el ejercicio del Poder Ejecutivo en indi-

3o. "La Junta Gubernativa tendrá tratamiento de Alteza y sus miembros
de Excelencia".

viduos nombrados por el Congreso".
4a. "La denominación de este cuerpo, el número de las perso~as de que se
ha de componer, su tratamiento y lo demás que pueda ser necesano para el desempeño de sus atribuciones, lo fijará una comisión nombrada al efecto, presen•
tando sus trabajos el día de mañana".
Esas cuatro proposiciones fueron aprobadas en lo general y sólo fue discutide
el punto de hacer constar la presencia de ciento tres diputados en la alegada
mayoría.
,
El diputado por Oaxaca don Carlos María de Bustamante declaro en esa
misma sesión del 29 de marzo de 1823: "que habiendo reprobado todas las provincias el gobierno del Sr. Iturbide, el Congreso debe poner otro Y declarar
que ha cesado aquél".
Don Lorenzo de Zavala, diputado por Yucatán, observó que había confusión en hablar generalmente de gobierno, porque "se puede entender respecto
a los tres poderes que componen el gobierno de un Estado".
Expusieron luego el Pr~sidente, don Juan Francisco de Castañiza, Marqués
de Castaruza y Obispo de Durango, y el Diputado yucateco don Manuel CttJcencio Rejón: "que no había la confusión que supone el Sr. Zavala, porque la
voz gobierno explica comúnmente el Poder Ejecutivo¡ ni es creíble que en nuestras circunstancias se extendiese a todos los poderes"•
.
. ,,
El presidente propuso "que en lugar de gobierno se diga Poder EJecutivo ·
El diputado por Guatemala don José Vicente Orantes presentó las propasiciones siguientes:
,

4o. "Estos no podrán ser elegidos del seno del Congreso".

So. "Se regirá este cuerpo por el último reglamento que para la anterior Regencia se presentó al Congreso para su aprobación, menos en lo tocante Generalisimato, mientras se arregla otro con arreglo a las circunstancias del día".
Fue muy discutido el dictamen en los aspectos de fijar el número de individuos de la Junta Gubernativa que por lo menos se necesitaba para el despacho del gobierno, "porque podría suceder muy fácilmente que alguno se
enfermase y los demás en este caso tendrían un embarazo para obrar hasta
consultar al Congreso"; sobre ''las calidades que se requerían en un individuo
para poder ser electo"; y "que para evitar algunos inconvenientes, era indispensable prefijar las circunstancias o cualidades de los que pudiesen ser elegidos, tales como las de edad, propiedad, naturaleza, domicilio, etc."

Asimismo se debatió mucho sobre la denominación de Junta Gubernativa.
Se propuso darle el nombre de Supremo Gobierno del Estado, o el de Supremo ~oder. Otro, que se le denominase Directorio; y así fueron surgiendo otros
ténrunos. El Sr. Tarrazo atinadamente observó que "el mal no está en el nombre, sino en la realidad de las cosas''. Al fin, quedó aprobada la denominación
de Supremo Poder Ejecutivo.
Continuó la discusión sobre el punto de "cuál de los tres, o si todos eran
responsables de los actos del gobierno", que observó el Diputado por Nuevo
León, don Servando Teresa de Mier. Se aprobó la proposición de don Cayetano !barra, de México, en el sentido de "hacerse responsable el que por tumo

"

la. "Que el Poder Ejecutivo se depositase en tres personas y no mas ·

1
JUAN A. MATEos, Historia Parlamentaria de lor Congruos Mexicanos Il (México, 1878), pp. 160-4.
'

2a. "Que éstas no sean individuos del Congreso".

570

571

�tenga la presidencia, quien se aconsejará y ayudará de los otros dos, porque
en las actuales circunstancias es de suma importancia concentrar el poder to,
do lo posible; lo que no se lograría cargando la responsabilidad sobre tocb
igualmente, porque e.ntonces no podrían obrar, sino muchas v ~ sería difl.
cil su reuni6n con la velocidad que algún caso demandara".
Respecto al cuarto punto, fue objetado por el Diputado Teresa de Mier ea
el sentido de permitir la designación de algún miembro del Congreso para el
Supremo Poder Ejecutivo. El Sr. Rejón advirti6 que "todos conocemos quiénes
en el Congreso tie.nen el acopio de virtudes y luces necesarias para ser individUOI
del Supremo Poder Ejecutivo. ¿ Quién dudará que el General Victoria, Diputado por la provincia de Durango, reúne estas prendas apreciables? ¿ Y por quE
a este benemérito ciudadano lo hemos de inhabilitar para un destino en que
pueda ser más útil a la patria que sentado en este salón? No hay recurso, es
preciso reprobar el artículo por las consideraciones expuestas".
A pesar de esos argumentos, se coosider6 "que nada alteraría más a los enemigos de la libertad como la desaprobaci6n de esta parte del dictamen, pues que
ella daba motivos fuertes a la maledicencia para desconceptuar al Congreso",
para aprobar ese cuarto punto. Ma&lt;i, se propuso exceptuar al Sr. don Guadalupe
Victoria, "por sus relevantes circunstancias y la confianza que en él tiene la ación".
11
El diputado por Durango, don Florentino Martínez, observó que había empeño de que se pueda nombrar al Sr. Victoria individuo del Supremo Poder Ej.
cutivo, y en mi concepto no aciertan con los medios". Y refirió hechos para dtmostrar que dicho Sr. Victoria no era diputado y consecuentemente "estatn()6 en
absoluta libertad para elegirle para el Supremo Poder Ejecutivo, por no ballar·
se comprendido en la prohibici6n hecha por los Señores Diputados".•
El 31 de marzo de 1823 celebró el Congreso cuatro sesiones, tres públicll.
una en la mañana y dos en la tarde, con otra secreta después de la primera, •
las once y media del día. En la segunda sesión pública, a las tres y media de la
tarde, se anunci6 que "los individuos que han de formar el Supremo Poder Ejecutivo son: don Nicolás Bravo, don Guadalupe Victoria y don Pedro Celestino
Negrete, electos el primero por 57 votos de 101, el segundo por 51 de 98 Yel
tercero por 73 de 104". Y en la sesión de las seis de la tarde se discutió y aprob6
la fórmula del juramento que deberían prestar los individuos así electos.'
En esa última sesión de la tarde hizo el juramento el Sr. Negrete, a pesar de
sus reiterados deseos de renunciar, que no le fueron aceptados. 1
• M&gt;.nos, Op. cit., 11, pp. 164-76.
• De los tres individuos asi electos, Negrete no era mexicano sino español. Nació d
San Esteban de Carranza, Vizcaya, España, el 17 de septiCDlbre de 1785.

En la sesión del lo. de abril siguiente fueron el .d
premo Poder EJ'ecutivo s d •
egi os los suplentes del Su. e es1gnaron a don Mar.
M'
Miguel Domínguez.t'
iano
ichelena y a don
~ diputados por Guatemala, Sres. don Tomás Bel
Cehs, don Manuel Ignacio Gutié rrez, d on Isidro
.
Mont' f tranena,
d
Ldon Pedro
gueroa, don Juan José Quiñones d
, .
u ar. on uciano FiLópez de la Plata, pidieron su retiroº~
Vicente Orantes y don Manuel
mes de abril, alegando que com
t e ongreso en sesión del 11 de dicho
tentes .el Plan de Iguala y Tratad:s: : g~ngreso h~ía declarado "insubsisno anterior había invitado a las p . . . ordoba, baJO cuyas bases el Gobieruna sola .sociedad ya la nac'6 rovmcias de Guatemala a formar con éstas
1 n guatemalteca d b'
'
d
bcrtad para constituirse en la forma d
b'
e ia que ar en absoluta ¡¡_
puesto que en el mismo caso se halla: g~ iern~, que ~ás le acomodara, suHab'
.
a a nacion mexicana" r
ia mantemdo la unión de Centro Am, .
.
centc Filisola, napolitano al servic' d 1 . enea con México el general Vide 1os tn"unfos de la revolución re 10 bl'e unperio. mexican
.
o; pero las noticias
piraciones de los guatemaltecos
i':1a lo h1CJeron ser liberal con las asen la capital centroamerican .
e marzo de 1823 publicó un decreto
in tal,
a un con
El 24 de junio se
s O esa asamblea y el lo a,deconvocando
. ¡· . .
greso.
la . d
.
JU io SJgu1ente se
I ab
m ependencia absoluta de las p
. .
proc am a por un decreto
se constituyó en República Federalrovmc1as Unidas de Centro América, que

fo;

Ef~9

1 Los g:;"erales Bravo y Victoria n~ se hall b
.
a elecc1on de los tres individuos ue f
a, an en México, cuando se hizo
vo. Bravo había salido para custoo1ar a or;:_an.an el Supremo Poder Ejecuticruz. En la fragata mercante in 1 •
~b1,~e y verlo embarcar en Veradel río de la Antigua el 11 d g esa ;:-owlms y frente a la desembocadura

:~y~

ropa el efímero emp;rador d:
e 182~, se _hizo a Ja vela rumbo a Euatcndiendo la deie
d
extco. y V1ctona permanecía en V
d I
nsa e ese puerto am
d
eracruz,
e a fortaleza de San Juan d Ul, •
enaza o por la guarnici6n española
El
e
ua.
general Nearete era el , . d
Ejecutivo que se hall b
umco e los tres miembros del upremo Pod
1823 " se pasaron lo a ra ·entonces en Méxaco.
. El mismo
.
dfa lo. de abril der
general
s o rc1os correspondientes a lo
b
e
,
egrete, para que se presentasen desd s nom ~dos, por medio del
este los acom etluego a Jurar p · • d
de
panara para mayor solemnidad del
"
' r~vlillcn o a
ese lo. de abril en el C
"
acto . y en la misma sesi6n
sciío
'
ongreso se pre t
1S
S res suplentes nombrados (M'ch I
sen aron e r. Negrete y los dos
upremo Poder Ejecutivo y fue~n e=·J Domínguez) para componer el
'
'
i os con la ceremonia prescrita en
M.\nos •
,M
ATEOS,

n,

pp. 181-6.
JI, p. 252 _

• M&gt;.nos, 11, pp. 177-81.

572

573

�el reglamento; y habiendo prestado los dos últimos el debido juramento, pa•
saron todos al trono con el Sr. Presidente ( el Marqués de Castañiza y Oi».,.
po de Durango), quien les dirigió un discurso análogo y conciso; y desp•
de contestarle muy oportunamente el Sr. Michelena, se retiró todo el cuerpo
con el acompañamiento de estilo" .8
Conforme acuerdo del Congreso, en sesión celebrada el 3 de dicho mes de
abril, don José Ignacio Garda Illueca quedó como Ministro Universal del
Supremo Poder Ejecutivo, quedando así encargado de los despachos de R~
ladones Exteriores e Interiores, de Justicia y Negocios Eclesiásticos, de Guerra y de Hacienda. 0
En la sesión del 14 de abril se dio cuenta con un oficio del Sr. García Illu&amp;!
ca, acompañando otro del General Victoria. Decía éste:
"Excmo. Señor: He recibido los decretos del Soberano Congreso y del Supremo Poder Ejecutivo, comprendidos en los nú~eros de uno a si~te, que V.
E. me dirigió con fecha dos del corriente. No bien llegaron a IIl.lS manos f1
día de ayer, cuando fueron solemnemente publicados en la ciudad, en medio de las demostraciones del más exaltado patriotismo y regocijo universal,
"Los pueblos y tropas de la provincia de Veracruz celebran como el colmo
de sus más ardientes votos la reinstalación del Soberano Congreso y nombr,.,.
miento del Supremo Poder Ejecutivo provisional; ellos renuevan con esta
ocasión las protestas de sostener a todo trance las libertades del cuerpo reptesentativo, y obedecer pronta y cumplidamente todas sus deliberaciones.
"Síxvase V. E. presentar al Soberano Congreso el homenaje de respeto c:dl
que los jefes y tropas de esta provincia, unidas en sentimientos con todas las
demás del Ejército Libertador, declaramos recompensados todos nuestros ~
vicios y fatigas al ver reintegrada la Naci6n en la plenitud de sus derecho\
suplicándole se digne aceptar la respetuosa felicitación que elevamos a Su
Soberanía.
"Dios y Libertad.-Veracruz, 9 de abril de 1823.-GuADALUPE V1CT()IIA.
Excmo. Sr. Ministro de Estado don José Ignacio García Illueca".10
El mismo 14 de dicho mes de abril se dio cuenta en el Congreso con una
comunicación del Supremo Poder Ejecutivo, participando haber nombrado
a don Lucas Alamán como ~ecretario del Despacho de Relaciones. El 16 tom6 posesión. Un cÜa después se informaba en el Congreso, avisando el Su.premo Poder Ejecutivo haber nombrado "para Secretario del Despacho di
II, pp. 184 y 186.
• MATEos, U , p. 190. 'MANUEL ORozco v BERRA , Diccionario Universal d, H~
ria y de Geogra/!a. Tablas de los Ministerios de Relaciones, Justicia, Guerra, ~
da, Fomento y Gobemaci6n, años de 1821 a 1854, Vol. V (México, 1854), PP· 41
,. MATEOS, II , -pp. 259-60.
• MATEOS ,

574

Hacienda a don Francisco de Arrillaga, vecino hacendado de la provincia de
Veracruz, de cuyas luces y otras buenas circunstancias ha tenido las
·
··
h
.
.
me Jores
1
1
~ot1C1as, e cua a ofrecido venir a la mayor brevedad posible". Tomó poseStÓn el 2 ?e mayo. En la sesión del 28 de este mes se comunic6 al Congreso el
nomb~aroi~to favor d~ d_on ~ablo de la Llave, hecho por el Supremo Poder E1ecutivo, para servir mtennamente el Ministerio de Justicia N
·
· " T
,
.,
.
y egoc10s
Ecl~siásacos
. orno poses10n el 6 de Junio. Todos estos nombramientos se
debieron
· e·¡
. a la enfennedad del Sr• García Illueca, qw·en mun·'o en M'ex.1co
7 de dicho mes de junio de 1823, después de haber desempeñado diligentemente todas esas secretarías. El 7 de julio siguiente se dio cuenta en el Congreso de haber sido nombrado don José Joaquín de Herrera como Min' tro
de ~ue~ra Y Marina, sucediendo así al Sr. García Illueca. Tomó posesió: el
11 S1guicnte. 11
Los ~a ~enci~nados diputados centroamericanos continuaron insistiendo en
sus asp1ra~ones mde~endicntes. En la sesión del Congreso, que se celebró el
16 de a~ril- de ese mismo año de 1823, se leyó su representación "sobre que
las provmCJas de Guatemala queden en libertad de constituirse como les acomode".

,7

. Dos de ellos: los Sres. Orantes y Montúfar, presentaron en la misma se516n ~a exposición, advirtiendo haber firmado 1'la anterior proposición porque JUZg~ que así como México se ha declarado en libertad de constituirse
como me1or le convenga, el mismo derecho tiene y en el mismo caso se halla
Guatemala; Y que no atendieron a lo que se alega en dicha proposición de
haberse declarado por el Congreso nulos el Plan de fauala y Tratado~ de
0
Córdoba''
. . · Se acord o, turnar estas proposiciones a sus antecedentes y a una
comisión encargada de las cuestiones guatemaltecas.ª
J~n di~ sesión del 22 de abril expresó el diputado centroamericano don
mal e Valle,_ con un extenso razonamiento, cómo se había unido Guatecon~ Impeno Me~cano Y refirió los sucesos posteriores. El Sr. Orantes
. d 6 esas referencias Y recordó su petici6n de declarar "que las provincras el que se llamaba Reino de Guatemala están en libertad de constituirse
como
xico les acomode" , Y su brayo, "l o acaec1ºdo en ellas desde su unión con Mé: ~ara probar que ésta no fue espontánea ni libre". Pasó todo a la d'ch
com1st6n especia
· 1 encargada de asuntos de Guatemala 18
1 a
Animada fue la discusión del 6 de mayo de 1823

~

el Congreso, sobre

u MATEOS II
Munu:
G • • pp. 259, 268, 382 y 434. ORozco y BERRA Op . cit. PP 4¡3.8 DR
.
HIOLIAZZA, Op. cit., pp. 11-2
'
'
'
•
•
Arrillaga,
el
Ministro
de
H
·
d
•
.
,. MAT
I
acien a, no era mexicano, sino español.
u MA EOS, I, pp. 267-9.
nos, II, p. 291.

575

�En la misma sesión "se recibió juramento al Sr. don Nicolás Bravo, confoime a todo lo prevenido en el reglamento interior, para que entrase a fun-

.. , d Puntos Constitucionales, respecto a los suelun dictamen de la Com1S1on e
l
del Supremo Poder Ejecutivo,
·
·
sup entes
dos de los individuo~ propietarios y e la Real Audiencia, seis mil pesos anuaasignando el que teruan l~s regentes d
d
Fernando del Valle, de Yucales. Arguyeron algunos diputados, comoh º~tendentes del régimen virreinal
tán que era poco ese sueldo, pues mue os b'
~ lado 25 000 pesos sin
'
.
lturbide "se le ha ian sena
'
, .
tuvieron esa cantidad y a
d
]ose' del Valle de Centro Amenca,
al
a" . y corno on
'
al
que sirviese en cosa gun ,
,
60 000 algunos capitanes gener es
los Vureyes teruanl
~ bryos del Supremo Poder EjecuPara recordar que
,
·
10 000 a os xmern
10 000, y propcma asignar '
.
, 1 dictamen ''alegando la es'
lb
de México, apoyo e
'
tivo. Don Cayetano arra,
1eado s están careciendo de tres
lo
cual
los
emp
11
casez en que nos ha amos, por . . .
d las tropas". Al fin, se aproa cuatro meses de sueldo y se dificulta el pago e
b6 ese dictaroen.H
f ch 14 de dicho mes de mayo, se dio cuenEn la sesión del Congreso, de e a f. . d los Sres Bravo y Victoria, en
. . . Al án "con un o 1c10 e
·
lista por el rrumstro
aro
, d 1turbide acompañando la
. .
1 mbarque de don Agustin e
'
leh" 1s
que particip~- e e .
omandante de la fragata, Jacobo Zue
. ,
ta de su f aro1ha y recibo del c
1N
te y los Sres. Michelena y Domm•
. .
f
·nando el genera
egre
d l
S1gmeron uncio
.
.
l d , !timos como suplentes e os
Poder Ejecutivo os os u
fi
ITTICZ como el Supremo
e1' b d 1 27 de mayo se leyó un o •
º
'6 d 1 Congreso c e ra a e
'
ausentes. En la seSI n , e
d~ h S remo Poder Ejecutivo hacía precio del ministro Alaman, en que~ ic o 'éup l 28 al seno del Congreso con
estilo
disp t asar manana rru reo es
sente "haber
ues p,
f de que preste el juramento de
.
el Excmo. Sr. don Nicolás Bravo, a in
d' entregase el Señor Prem..
empleo y se acor O
• ,,
para entrar a desempenar su
' le declaró benemérito de 1a patria .
dente al Sr. Bravo ~~ decreto en ~ue tdictamen de la comisión especial que
En la misma ses1on se presento e
l N rete y la cuestión del suplente
veía el problema de la renuncia del general Beg o Dicho dictamen quedó en
,
1 llegada del genera rav ·
que deb1a cesar por a
l
l t ' ,l timamente nombrado, par seel artículo siguiente: "Que cese e sup en e u
os aprecio de las virtudes y
b
· en tos y no por rnen
,....
guir el orden de los nom rarru ,
b "que salga por suerte uno de ~
buen porte del mismo". Se acordo ~pro _ar
a ue ueda tornar posesión
dos suplentes del Supremo Poder6 ~1ecut1vdi!~un~ le/para el modo de proel Sr. Bravo". y además se aprob que se

?

•

" 16

el

ceder en casos semeJante_s . .
d
o "se procedió al sorteo par
En la sesión del día s1gwente, 28 delmSay '
Poder EJ' ecutivo para que
.
d l suplentes e upremo
"
cual debía salir uno e os
1 , d b salir el Sr. Domínguez .
entrase a funcionar el Sr. Bravo, y res u to e er

cionar en el Supremo Poder Ejecutivo".11
El general Negrete insistía en renunciar. En la sesión del 5 de junio
siguiente se leyó y discutió el dictamen de la comisión especial que veía este
asunto. El Congreso acordó resistirse a aceptar esa renuncia. Y se aprobaron
las proposiciones siguientes: la.) "que a los generales Victoria y Negrete se
les declare beneméritos de la patria"; 2a.) "que por la falta de alguno de
los nombrados del Poder Ejecutivo, por enfermedad u otro motivo semejante, asista por el impedido al despacho de los negocios el suplente que fue
don Miguel Domínguez"; y 3a.) "que por la Gaceta y demás papeles públicos se haga saber la renuncia del Sr. Negrete y la negativa del Congreso".18
En la sesión del 25 de junio de 1823 el ministro Alamán "leyó un oficio
del general don Guadalupe Victoria, dirigido a él sobre las conferencias habidas con los comisionados del Gobierno Español, la contestación de éstos y
las actas de cinco sesiones celebradas sobre el particular; y concluyó exponiendo al Congreso que habiendo llegado hasta aquel territorio las negociaciones, el Gobierno esperaba sus disposiciones para continuar conforme lo
tenía acordado el mismo Congreso". Se acordó turnar esta información a la
comisión especial respectiva. 19
En la del 2 de julio siguiente se puso a discusión el dictamen de la comisión sobre el nombramiento de suplente para el Supremo Poder Ejecutivo;
Y leído el Art. lo. que dice: "Se autoriza al Gobierno para que pueda comisionar a los individuos del Supremo Poder Ejecutivo cuando considere que
así lo exige la conveniencia pública, no pudiendo ejercer durante su comisión las funciones que le competan como miembro de este Poder'', se añadió
lo siguiente: "sin que durante la comisión pueda ejercer las funciones de tal
individuo del mismo Poder".
Se agregó también a ese dictamen, como artículo 3o.: "habrá tres suplentes
pennanentes del Supremo Poder Ejecutivo, siguiendo de permanente el actual suplente temporal, y eligiendo los otros dos el Congreso".
Este artículo 3o. fue desechado en cuanto a la elección de los otros dos suplentes permanentes por el Congreso. Se acordó que el Sr. don Miguel Domínguez quedase como suplente perpetuo y se nombrara a un tercer suplente.
En la sesión del día siguiente, el 3 de julio "entró a prestar el juramento
de estilo el general don Vicente Guerrero, suplente del Poder Ejecutivo ..." 20
n MAnos, II, pp. 382 y 383.
" MATEOS,

'MATEOS, II, p. 341.
u MATEOS, II, p. 368.

11

14

MATEOS,

• MATEOS,
• MATEOS,

II, pp. 390 y 391.
11, p. 419.
II, pp. 430 y 432.

,,

II, p. 381.

577

576
H37

�Se discutió en la sesión del 8 de julio el grado que correspondía dar al
general Victoria, "sin perjuicio del que le toque con arreglo a la ley general
de premios". Se consideró de preferencia despachar "la moción hecha por
algunos Señores Diputados en solicitud de que se declaren beneméritos de la
patria a los CC. Guerrero y Victoria". Que "cuando éste se presente a prestar el juramento como miembro del Supremo Poder Ejecutivo se le entregue por el Presidente la declaración del empleo que deba obtener, lo mismo
que la de benemérito de la patria, y si es posible se practique lo mismo con el
general Guerrero". 21
El dictamen de la Comisión de Premios se vio en sesión del 23 de agOSID,
relativo "a la declaración que han pedido varios señores diputados en favor
de los generales Guerrero y Victoria". Se aprobaron sus tres artículos, como
siguen:
"Art. lo. Se declara beneméritos de la patria a los ge11erales don Guadalupe Victoria y don Vicente Guerrero en premio de sus servicios patrios, y recibirán el decreto de manos de Vuestra Soberanía.
Art. 2o. Para esas declaraciones en lo sucesivo se instruirá expediente Cml

justificación.
Art. 3o. El Gobierno señalará el grado y empleo del general don Guadalupe Victoria". 22
Mientras tanto el general Victoria se mantenía en Veracruz. En el Congreso se informó, en su sesión del 30 de septiembre, "de las medidas toma,,
das por conducto del Excmo. Sr. don Guadalupe Victoria para rechazar las
hostilidades que rompió ya el Castillo de San Juan de UJúa". 23
En la siguiente, la del lo. de octubre, se dio cuenta con un oficio de Ja
Secretaría de Guerra "en que inserta el que recibió del Excmo. Sr. don Guadalupe Victoria, dando gracias al Congreso por la declaración de benem&amp;ito
de la patria..." 2 '
Del general Guerrero se dio cuenta con una representación, en la

sesilli

A pesar de que en la sesión del 5 de junio se había aprobado que el Sr. Domillguez quedase como suplente para los casos de falta de alguno de los miembros DCIIII"
brados para integrar el Supremo Poder Ejecutivo, se continuó debatiendo el_ IIUIIIO
en las sesiones de 16 y 27. Al fin se turnó el iuunto a una comisión dictaminadod,
que informó en la sesión del 2 de julio.
.
En la sesión del 17 de junio se propuso que el General don Vicente Guerrero ~
declarado benem6rito de la patria. Se turnó la proposición a la Comisión de preJDiOI,
M&gt;.TEOS, II, pp. 408, 409 y 423.
n M&gt;.TEOS, II, p. 438.
" MATEOS, II, pp. 485-6.
,. 'M.A TEOS, II, p. 531.
.. MATEO&amp;, 11, p. 532.

578

celebrada el 11 de octubre, solicitando "se le releve del encargo que sirve en
el Supremo Poder Ejecutivo, y se le permita retirarse a su país u otro análogo, con el objeto de curarse". 2 ~
Del Ministerio de Guerra, en sesión del 16 de dicho mes, pidiendo "se le
faculte para que en lugar de los doce generales de División mandados nombrar por el decreto de Vuestra Soberanía, pueda elegir catorce". Además,
"para que las dos plazas de aumento puedan ocuparse por los beneméritos
de la patria, ciudadanos Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, que por sus
distinguidos servicios cree acreedores a los primeros puestos de la Nación".
Se turnó a la Comisión de Guerra. 26
Desde el 12 de junio, en sesión extraordinaria, se había visto en el Congreso el dictamen de una comisión especial que estudiaba el caso de los
diputados centroamericanos, quienes solicitaban ,iu retiro. Estos continuaron pidiéndolo en sesiones sucesivas y se turnaban sus peticiones a esa comisión. Al fin, en la del 18 de octubre se puso a discusión ese dictamen, que
contenía los dos artículos siguientes:
"Art. lo. En virtud del pronunciamiento de independencia, acordado en
acta de 1o. de julio por el Congreso de Guatemala ( cuyos derechos respeta
éste de México) pueden retirarse los Señores Diputados de aquellas provin-

cias".
"Art. 2o. No se comprenden en esta medida los Señores Diputados de Chia,.
pas por ser provincia de las que componen la Nación Mexicana".
Se continuó discutiendo ese dictamen en las sesiones siguientes, del 20 y
21. Siguió la discusión en las del 23 y 25. Al fin, se aprobó con la enmienda
del Art. 2., que se redactó de nuevo así: "No se comprenden en esta medida
~ Diputados de Chiapas, ni los de aquellas otras provincias que no concumeron al pronunciamiento de su independencia en el Congreso de Guate-

mala". u
El 3 de octubre de 1823 se instaló el nuevo Congreso Constituyente, habiendo quedado cerrado el anterior veintisiete días después. 28 En la del 21 de noviembre, en el flamante Congreso Constituyente, se dio cuenta con un oficio
del Ministerio de Guerra, acompañando "una felicitación del general don Nicolás Bravo, jefes, oficiales y tropa de su mando, por Ja instalación de este
Soberano Congreso, la que fue oída con agrado". 29
Del general Negrete también se recibió felicitación. Se hallaba en Zamo• MATEos, II, p. 542.
11
MATeos, II, p. 549.
: MAnos. II, pp. 398, 429, 552, 553, 555 y 560.
• MAnos, II, pp. 563 Y 567.
MAl-110s, II, p. 589.

579

�ra. Se hicieron constar sus expresiones de enhorabuena en la sesi6n del lo.
diciembre y de la manera siguiente: "Del mismo Ministro [de Guerra)
pañando con oficio del general del Ejército Libertador don icolás B
el poder que le confirieron para íelicitar al Soberano Congreso por su
lación el general don Pedro Celestino Negrete y los demás oficiales y
que se hallaban en Zamora el 8 del pasado ..." ªº
· Las felicitaciones del general Victoria no se dieron a conocer sino en 11
sesión del 5 de diciembre, con las de la división de su mando. Y en la del
don Francisco de Arrillaga, ministro de Hacienda, leyó de orden del Sup
Poder Ejecutivo "la comunicación que le hace el general don Guacu~•
Victoria, incluyéndole oficio del capitán de la fragata 'Baulini', en que la
avisa haber llegado el 2 de agosto anterior al puerto de Liorna, teniendo
su bordo a don Agustín de Iturbide y su familia, que llegaron sin ningult
novedad, • ." u
El general Guerrero tuvo que ausentarse y dejar vacante su cargo en
Supremo Poder Ejecutivo en tres ocasiones. Estuvo en Tepecoacuilco con
jeto de pacüicar esa región y as1 lo informó el ministro de la Guerra,
ral Herrera, el 16 de diciembre en sesión del Congreso, afirmando que
partes de dicho Guerrero "ha quedado tranquilo el territorio de Tepec:oM:ulll
co, después de haber puesto en libertad a los españoles que había preso. el
ronel don Luis Pinzón". El 6 del mismo mes se leyó en el Congreso, "una
cia del General don Vicente Guerrero en que solicita licencia de un mes
.
. "
ra pasar a Cuemavaca a tomar unos baños que necesita con urgencia.••
en la sesión del 19 de enero de 1824 el mismo ministro, general Herrera,
''un oficio del general Guerrero en que participa al Gobierno haberse f
los disidentes" de una sublevación en Cuernavaca; como también se dio
ta con un oficio del ministro Alamán, en que "participa haber dispueslO
Supremo Poder Ejecuti\'o que el general Guerrero saliera para el sur&gt;
motivo de las nuevas inquietudes que amenazan" .u
El mismo ministro Alamán infonnó en la sesión del 15 de diciembre de 1
participando "la noticia que hoy ha tenido por conducto del general
G~~=~
ria de la llegada a Veracruz de la legación inglesa cerca d e nuestro
no, y de haber librado las órdenes oportunas para que con el decoro Y
dad conveniente pueda trasladarse a esta capital".as
'El general don José Joaquín de Herrera había estado de ministro de
Guerra desde el 11 de julio de 1823. Renunció y en sesión del 9 de r·---•·..
• MAnos, 11, p. 603.
., MATios, 11, pp. 604 y 607.
11 MAT•OS, II, pp. 608, 616-7, 634 y 635.
• '?.IATEOS, II, pp. 616-7.

580

de 1824 se leyó un oficio del Ministerio de Hacienda, en que

5U

titular, don

Francilco de Arrillaga, "participa que el Supremo Poder Ejecutivo ha admitido la renuncia que del Ministerio de su cargo hizo el Sr. don José Joaquín
de Herrera; y que interinamente está encargado del despacho de aquella Secretarla el Oficial Mayor de la misma".
En esa sesión del 9 de febrero el Ministerio de Estado comunicó también
"que de orden del Supremo Poder Ejecutivo se pone en el conocimiento del
Soberano Congreso el nombramiento que S. A. ha hecho en el Sr. don Pablo
de la Llave para Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de la
República cerca de Su Majestad Británica,,."
En la del día siguiente "se leyó la exposición en que el general Guerrero
pide se le admita la renuncia que hace como individuo del Supremo Poder
Ejecutivo y que se le conceda licencia por seis meses para retirarse a cuidar
de IU salud". Que "se mandó unir al e.xpediente, adonde hay antecedentes,
para que se tuviera presente en el tiempo de la discusión sobre renuncias de
los individuos que componen el Supremo Gobierno..." 11
El n~bramiento de don Pablo de la Llave fue aprobado por el Congreso

en su SCSlÓn del 13 de febrero, conforme lo pidió en su dictamen la Comisi6n de Relaciones. Se confirmó esa aprobación el 17 siguiente...
&lt;:'°n las licencias concedida al general Guerrero, el Supremo Poder Ejecutivo quedaba en manos . d~ ~os suplentes, Sres. Michelena y Domínguez,
ya que el general Negrete msist1a en renunciar. En la sesión del 18 el dipu~ yucateco, don Manuel Crescencio Rejón, impaciente con esta situaci(m p~puso: "Pido a la comisión especial enca,gada de informar sobre las
ffll~as ~echas por las personas en quienes está depositado el Supremo Poder EJecubvo, presente su dictamen sobre este punto en el término de veinticuatro horas".

Se turnó el asunto .ª esa :°misión especial, y mientras tanto los Sres. dipu-

~ don Ju_an de D10s Canedo, don José María Covarrubias y don Epigmede las Piedras, los dos primeros de Guadalajara y el último de México
la pro~ici~n de Rejón, proponiendo "que sean llamados inme~
. • te el Sr. V1ctona y el Sr. Bravo a desempeñar sus funciones de propietarios en el Supremo Poder Ejecutivo".

:::!:º
D10

~n

José

Ignacio Espinosa, Diputado por México, presentó en esa misma
~ la proposición siguiente: ''Suplico se nombre otra comisión que entienda en el asunto de las renuncias de los individuos del Poder Ejecutivo".
: lúnoa, II, p. 673.
• MAnoa, 11, p. 6H.
MATaos, II, pp. 682 Y 689.

581

�Después de ser discutida esta moción, "se mandó

pasar

a la comisión de Le,.

gislaci6n" .37

La Secretaría de Guerra informó al Congreso, en su sesión del 19 de fe-

brero, con "copia del oficio que dirigi6 el general don Pedro Celestino Negrete al general Bravo, manifestando la disposición en que está él mismo J
su divisi6n, en orden a sostener los Supremos Poderes con motivo de las ocu-

rrencias del próximo pasado enero...".88
En Cuernavaca y en la misma ciudad de México hubo, a fines de 1823 f
principios de 1824, revueltas de carácter militar que pedían violentamente
el retiro de los españoles de los puestos públicos. El general veracruzano Jo-,
sé Maria Lobato, conspiraba en la capital y en enero de 1824 emprendió la
rebelión con mucha tropa. Las enérgicas resoluciones de los generales BnnQ
y Guerrero hicieron que Lobato y su gente depusieran las annas. 311
El Sr. Michelena, uno de los dos suplentes del Supremo Poder Ejecu ·
tuvo que dejar ese cargo y aceptar un alto empleo diplomático. En la •
del 3 de marzo se dio cuenta con "un oficio del Ministerio de Relaciones, pal"
ticipando que el Supremo Poder Ejecutivo ha nombrado al Excmo. Sr. dca
Mariano Michelena para Ministro Plenipotenciario cerca de Su Majd
Británica, en lugar del Sr. de la Llave que no podía marchar con la pronitud necesaria..." Se acordó turnar el asunto a la Comisión de Relaciones.
En la misma sesión se leyó e] dictamen de esa comisión, que fue favorabll
a ese nombramiento y se aprob6. 4 º
Los generales Bravo y Guerrero se debieron suceder uno al otro en atendlr
las cuestiones del Supremo Poder Ejecutivo, desde los últimos meses de 182:I
hasta los primeros del año siguiente. En la sesión del Congreso, de fecha 1
de mano de 1824, e informó de "una exposición del general don Viceoll
Guerrero participando que después de la llegada del general Bravo se •
a San Agustín de las Cuevas [flalpan] para atender a su salud, cuyo DIII
estado comprueba con una certificación de cuatro facultativos''.•1

En la sesión del día siguiente '"se dio cuenta con un oficio de la ~
ria de Relaciones, participando estar ya sirviendo su cargo en el Poder ¡·
cutivo el general Bravo y que ha cesado en el que tenia el Sr. Michel.eoa P'
su nombramiento de Enviad.o a Londres''. 42
n MATEOS, II,
•
•

mes ae informó al Congreso con oficio de la Secretaría de Relaciones.«
De la licencia solicitada por el General Guerrero, que fue turnada a una

comisión especial, ésta propuso, en sesión del 22 de marzo, que se le conceda
~ la condióó~ _de que "siempre que sea llamado por el Supremo Poder EjecutJ~ ~ de~wones de asuntos graves a juicio del mismo, deberá ponerse en

cammo mmediatamente para reunirse a sus colegas". 44
En la de 31 .~e. ~ano se dio cuenta con una exposición del general don
1colás Bravo, p1d1endo se le exonere del cargo de individuo del Sup
• •
remo
:I"'
cr E1ecuttvo".º
El general Victoria continuaba en la plaza de Veracruz, atendiendo los
p~lemas ~e defensa en ese puerto, constantemente amenazado por la guar1UCJ6n espanola que retenía la fortaleza de San Juan de Ulúa. En la sesión
del 9 de abril "se dio cuenta con un oficio de la Secretaría de Relaciones
~pañando otro del general don Guadalupe Victoria en que participa ai
gobierno que el 20 del corriente estará en Jalapa con objt&gt;to de instalar el
Congreso del Estado de Veracruz, y le asegura que de aill continuará su marcha para esta ciudad a desempeñar sus funciones". •is
. ?ootinu6 d~n Pabl~,d~ la Llave en el desempeño de la Secretaría de Justicia ~ egoc1os Eclesiasticos. Más tarde se encargó interinamente de la Se_de Relaciones. En la sesión del 22 de abril "se leyó un oficio del
Ministmo d_e la Guerra en que participa que el Sr. don Pablo de la Llave
no s6_1° ha 11do nombrado Secretario de Justicia y Negocios Eclesiásticos, sino
q~eda t'llcargado del Ministerio de Relaciones". El 24 de dicho mes
dio O posesión de este otro cargo. Y en la sesión del 17 de mayo sigwente "se
cuenta con un oficio del Secretario del Despacho de Justicia, participando
que e! Supremo Poder Ejecutivo ha tenido a bien volver a encargar la Secre~a de Relaciones a don Lucas Alamán. El 15 de dicho mes de mayo
:.,~ cargo Alamán, otra vez, de ese ministerio. Estuvo ausente tres sema-

ºod

°:~

=~ién

:a

licencia fue concedida al general Bravo. En la sesión del 18 de mayo
. . cuenta con un oficio de la Secretaría de Relaciones, "poniendo en
noticia del Congreso que el Supremo Poder Ejecutivo ha dispuesto que el
lC

p. 691.

MATEOS, 11, p. 692.
ENRIQUE ÜLAVAlltÍA

v FD.MJU, Mlxico lndep,ndiente, 1821-1855, en

a Travls de los Siglos, IV, p. 102.
• ?.{Anos, II, pp. 703, y 704-5.
· " MAuos, ll, pp. 713-4.
• '?.fanos, II, p. 714.

582

El 11 de marzo de 1824 tomó posesión de la Secretaria de Guerra y Marina don Manuel de Mier y Terán, ayudante general del Estado Mayor como sucesor de don José Joaquín de Herrera. En la sesión del 13 de dicho

JIIM

Oaozco v BtUA, D tccionario,
· •
• nt.
. V. pp. 413-8. MAnos II p 716
..• lfA
•
T!OI, II, pp. 723-4.
' ' .
.
• MAnos, 11, p. 733.
• MAnos, 11, p. 745.
O.ozco y BURA, 1oc. cit.
. MAnos, ll, pp. 754 y 779.

�general don Nicolás Bravo salga a desempeñar una comisión del servicio
cional".
La situación en Guadalajara y Zacatecas era en aquellos días de re
a las disposiciones del Congreso. El gen~ral don
Joaquín ~e Herrera
destinado al mando militar de Guadala1ara y asi tuvo que deJar la Secret;►ría de Guerra y Marina. El general Herrera no pudo reprimir a esos reW,.:
des y fue necesario que los generales Bravo y ~egrete acudi esen ah'1.' 9
Por oficio de la Secretaría de Guerra y Manna, entonces a cargo del 8';
neral Mier y Terán, se dio a conocer en sesión del Congreso, a ~O de maJllt
"una e&gt;..-posición del general Victoria, participando su n~m?ram1~n~o- de ,►.
bemador del Estado de Veracruz, cuyo cargo dice aceptó sm per1mc10 de Js!
que se le prevenga por el Supremo Poder Ejecutivo". 50 •
En esa misma sesión los diputados por Yucatán y Chihuahua, don Man-'
Crescencio Rejón y don José Ignacio Gutiérrez, promovieron "que se UIII
b'
"51
al General Victoria para que venga a hacerse cargo d el Go 1emo .
Se informó en la sesión del 15 de junio que "con motivo de saberse IP.J.
el General Victoria está para llegar a esta ciudad, en cuyo caso tendrá qa
otorgar el juramento correspondiente como individuo del Supremo Podlit
Ejecutivo, la _secretaría presentó la fórmula siguiente, compuesta de las •
0

!ºsé

dadas por el Congreso:
"¿Reconocéis la soberanía de la Nación Mexicana, representada por•
Diputados que ha nombrado para este Congreso General Constituyente?
"Sí reconozco.
"¿Juráis a Dios obedecer y hacer ejecutar el acta constitutiva que está•
gente, la Constitución que se decrete y las demás _leyes,. decretos y 6 ~
soberanas• conservar la independencia, libertad e mtegndad de la N~
la Religi6n Católica, Apostólica, Romana, sin tolerar el e~ercicio ~e olli
alguna, y promover en todo el bien general de los Estados Unidos MexicaDIIIII
"Sí juro.
"Si así lo hiciereis, Dios os ayude; y s1· no, os 1o d emand e"r.
.2
Al fin el tan esperado General Victoria acudió al Congreso. De la seill
del 16 d~ junio de 1824, el cronista Mateos hace constar que después de lilli
reunión secreta "se abrió de nuevo la pública cerca de las dos de la id
se presentó el Supremo Poder Ejecutivo con el General don G ~
~ictoria, quien prestó el juramento correspondiente como miembro de di#
II, p. 779.
• OuvA.llÍA Y FERll.ARI, op. cit., p. 102.
"' MATEOS, II, p. 782.
11 MI.TEOS, 11, p. 783.
a 'MAffOS, 11, p. 810.

,. MATEOS,

Supremo Poder. El señor Presidente [del Congreso, don José Mariano Marín
Diputado por Puebla] le hizo un breve discurso y le entregó el decreto e;
que el Congreso le declaró benemérito de la patria. El señor Victoria cont.estó dando gracias, y ofreciendo su obediencia a las leyes y cuantos sacrificios le mande la representación nacional". 53

Pocas semanas después regresaba de Guadalajara el General Bravo. En la
sesión del 29 de julio "se dio cuenta con un oficio de la Secretaría de Relaciones, consultando cuál de los dos suplentes del Supremo Poder Ejecutivo
que se hallan en ejercicio, deberá salir para el ingreso del Sr. Bravo". s~
acordó que el asunto se turnase a la Comisión de Gobernación.u
En la sesión del día siguiente se leyó el dictamen de dicha comisión, "acerca
de cuál de los dos suplentes que hay en el Supremo Poder Ejecutivo debe
salir por el ingreso del Sr. Bravo. Se acordó tomarlo desde luego en consideración".

Se aprobaron sus dos puntos: lo.) "Que quede en el Gobierno el General
O~errero". 2o.) "Que en caso de usar de la licencia que tiene pedida para
reararse a curar, lo reemplace el Sr. Domínguez".~5
. El Ministro de Relaciones don Lucas Alamán inform6 al Congreso, en sesión del 7 de agosto, "de la salida del General Victoria a una comisión importante, Y _que _en su lugar queda desempeñando sus funciones en el Supremo
Poder E1ecut1vo el Excmo. Sr. don José [Miguel] Domínguez".ffB
En Oaxaca había entonces una rebelión contra los españoles, promovida
por los hermanos León, Antonio y Manuel, que llegaron a extremos criminales. A sofocar esa sublevación acudió el General Victoria. n

Don Francisco Arrillaga renunció a la Secretaría de Hacienda. El g de

~ost?

~

t~m6 posesi6n el sucesor, don José Ignacio Esteva, veracruzano. Al

~gwente informaba sobre ello el Ministro de Justicia y Negocios Ecle-

stasticos, don Pablo de la Llave.68

En sesión secreta del mismo 9 de agosto se aprobó "el nombramiento que
el Supremo P~er ~j.ecutivo ha hecho en don José [Juan] Pablo Vázquez
para Agente d1plomatico cerca de la Silla Apostólica". 59
De la misión del General Victoria en Oaxaca se supo en la sesión del 19
de agosto. El Ministro Alamán informó "haber depuesto las armas don An: MAnos, II, p. 812.
• MATEos, II, pp. 862-3.
• MAT!os, II, p. 868.
n MAnos, II, p. 874.
• ÜLAVARRÍlt. y fll.RRAlU,

p. 112.

• ?.~ozco Y BERRA, loe. cit.
MATEOS,

ll, p. 877.

MATEos,

II, p. 877.

�. cond"1cton
. , nin
. guna, como constaba del ofici«&gt;
.
h
ano sm
.
tomo León y su errn '
v·
.
de una carta particular del m.tSDIO
del E.....cmo. Sr. don Guadalupe ictona y
•• ,
de
1 6,,04)
que ey ·
de la Com1S1on
1 dº

•, n del 20 de agosto se aprobó e 1ctam~ .
.
d ,.._
En 1
a sesio
.
d . de las Provincias Umdas e '-'OIRelaciones para reconocer la tn~cpen enoad b' m' cluirse entre ellas la de
,.
tro Amcnca,
cwºd an d o advertir que no e 1a

Chiapas.m.

. .
,
eraciones en Izúcar y luego en
1d
El General Victoria UlStalo su cuarte Le o6np al rden El 15 de septiembre
.
eter a los hermanos e
o
.
Hua1uapan para som
,
f . cliriaido al Ministro de la Guerra.•
de 1824 se bailaban en Puebla, segun o ic10
t,•
,
N
, M, . 11 y d s semanas despues el Congreso a.
El 17 siguiente regreso a exielco.
p º·dente de los Estados Unidos Mecional lo declaraba legalmente ecto reSI
xicanos.
6 di tir n el
Desde la sesión del 14 de julio de 1824 se comenz a scu
e
•

MATEOS,

~

II, p. 888.

MATEos, 11, pp. 889-90.
.
20 de septiembre de 1824, PP· 389.
El Sol, Año 2, Núm. 4~, M~co \64 México a sábado 25 de septiembre de
• En .Aguila Mticieaita, Aiio 2, Num.
'

e

e

1824, p. 4, se public6 lo siguienteguila:. M
S s mios· Desde 18 del corrienll
,
· ·¿ -5
Editores del A
. - uy re ·
•
. __,L d
'Rem1u o.
res.
1
. ºd
e acompaño para su J.DJCruuft
pasé a los Sres. Editores del Sohl e alire.:•tl ~~u el dla tal vez por las ocupacioao
O
'ódico· ..,..ro como no aya s
'
uH
W'VIII!
l
aquc pcn
, rretendo averiguar, suplico a v .,. ., se
de la imprenta o por otras causas que no p tu bran en esta clase de asuntos. Lo qao
insertarlo en el suyo con la brevedad que acos m
estimaré sobremanera.
.
cneral Guadalupe Victoria de ttgrac&gt; 1k
"Al llegar ayer a su posada el _c1uda~ano_ G_ d lo que un poeta a la llegada del
au viaje dijo un amigo mio de unpro,·ts0, urutan o
General' Berth.ier, en Madrid, la siguiente:
OCTAVA

LJ,g6 de Mart1J tl hijo m~ amado,
y de Minerva el más /avo,1c1do:
Ll,g6 de la. República el d,chad~,
En lo constante, htrofro 'Y lo lucido:
Lltg6 tl que ha sido s~nnpr, respetado,
. 1
Lleg6 ,1 Gran G1n1Jtal ¡qui _dulc~ gloria.
Lleg6 d hiro, mayor, ll,g6 Vu:toruz.

y ¿1 sus enemigos tan temido:

. ·· a VV ., suplic:illdotro héroe americano, la dmJo

.
Yo como justo apreciador de n:i diario· quedando a la disposi.ci6n de VV" •
les le den un lugar en su aprec. e
' Wamet"
atento servidor q.s.m.b.-El americano Jobn
.

586

greso eJ proyecto de Ja Comisión de Corutituci6n, en lo relativo al Poder
Ejecutivo. Se aprobó el Arl lo. como sigue:
"El Supremo Poder Ejecutivo de la Federación residirá en un solo individuo,
que se denominará Presidente de los Estados Unidos Mexicanos". 6 '
Siguió la discusi6n en las sesiones del 15 y del 16. En la primera de estas
sesiones se aprobó que cuatro años durase el ejercicio del Presidente. En la
RgUllda se aprobó la forma de elegirlo: que el día lo. de septiembre del año
próximo anterior al de la renovación presidencial las legislaturas de los Estados
elegirán a mayoría absoluta de votos a dos individuos, uno de los cuales, por
lo menos, no sería vecino del Estado que elige. Los resultados de esa elección
se enviarían en pliego certificado, que se leerían el 6 de enero próximo en
presencia del Congreso Nacional.º

En la del 17 siguiente continuó la discusión. Se aprobó que la Cámara
de Diputados calificase Jas elecciones y enumerase los votos; que sería el
Presidente quien ganase la mayoría absoluta de sufragios; que en caso de
ser dos los que obtuvieran esa mayoría, la Cámara elegiría de los dos uno
para Vice-Presidente; y que si ninguno hubiere obtenido mayoría, la misma
Cámara elegirá al Presidente y al Vice-Presidente de los que ganaron mayor
número de sufragios en cada elección parcial de las Le!!islaturas de los

Estados...

iguió la discusión en las sesiones del 19 y 20. e aprobó en la primera el
requisito de ser ciudadano mexicano por nacimiento, mayor de treinta y
cinc.o años de edad y residente en el país para ser Presidente y Vice-Presidente; que s6lo podrá ser reelecto el Presidente después de cuatro año de
haber cesado en sus funciones anteriores; que el Vice-Presidente asumiría la
Presidencia en caso de imposibilidad física y moral del Presidente; que el
Congreso Nacional detenninaria de llenar provisionalmente esos destinos, en
caso de imposibilidad de ambos; y que el lo. de abril de cada cuatro años el
Presidente y el Vice-Presidente electos, deberían hallarse presentes en la residencia de los Poderes Supremos de la Federación para prestar el juramento y
hacerse cargo de su alto empleos. En la segunda se acordó publicar los artículos ya aprobados. 81
Continuó la discusión en las sesiones del 21, 22, 28 y 29 del mismo mes de
julio. En la última se aprobaron los artículos siguientes: "el Presidente no
mandará en persona las fuerzas de mar y tierra, sin previo acuerdo del Congreso General, y cuando las mande con el requisito anterior, el Vice-Presidente
., MAnos, 11, pp. 840-1.
• MATWS, ll, pP. 842, 843 y 1084.
• MAnos, II, p. 845.
• M4 TEos, U, pp. 847, 848 y 850.

587

�se hará cargo del Gobiemo"; "el Presidente y Vice-Presidente no podrán
del territorio de la República durante su encargo y un año después, sin ~
miso del Congreso"; se determinó y redactó el juramento que debia hacs
"por Dios y los Santos Evangelios" de ejercer fielmente el alto encargo J
guardar la Constitución, las Leyes Generales de la Federación y las Leyea
de los Estados; que "no podrá el Presidente privar a ninguno de su liber1111
ni imponerle pCIU alguna; pero cuando lo exija el bien y seguridad de 1ft
Federación, podrá arrestar, debiendo poner a las personas detenidas en ti
término de cuarenta y ocho horas a disposici6n del tribunal competente"; J
"el Presidente sólo podrá ser acusado, durante su cargo, por los crímenes da
traición a la Independencia acional, o la forma establecida de Gobierno".•
En la sesión del 7 de agosto se acord6 agregar que el Presidente podrá •
acusado asimismo "por cohecho y soborno". El Diputado por San Luis Potml,
don Luis Gordoa, propuso que "por un articulo constitucional se prevenat.
que el Pre. idente Consútucional de los Estados Unidos Mexicanos sea cW
estado secular". Se discutió y se acordó turnar la cuesti6n a la Comisión da
Constitución.º
En esa misma sesión del 7 de agosto propuso el Diputado por Coahuila,
don Miguel Ramos Arizpe, que los sueldos que gozaría el Presidente {ued
"por vía de indemnización, de cincuenta mil pesos anuales, que recibirá prf
mesadas o trimestres anticipados"; que el Vice-Presidente, doce mil . anuales, "en los mismos términos que el Presidente,,· que "estas asignaciOIIII
no podrán aumentarse ni disminuirse durante el tiempo de las funciones •
los destinos de Presidente y Vice-Presidente"; y para cada uno de los cUlllt
Ministros "una indemnización anual de seis mil pesos". Se nombró una f»t
:misi6n especial, compuesta por los Diputados de Yucatán, don LorenJO c1't
Zavala, el mismo Ramos Arizpc, don Juan de Dios Cañedo, de Jalisco; dGI
Rafael Mangino y don José Rafael Berruecos, ambos de Puebla. DictaJIIÍl6
esa comisión en la sesión del 31 de agosto, pidiendo para el Presidente ".renta anual de treinta y seis mil pesos, por mes.a.das o trimestres anticip--,
para el Vice-Presidente, "ocho mil pesos en los mismos términos"; que ,.,_
asignaciones s6lo podrán aumentarse o disminuirse por el Congreso 0d
al tiempo de la renovación de ambos empleados"; y en cuanto a los cUlá'O
tinisLrOs seis mil pesos a cada uno. Se aprobó, menos lo relativo al Viflí
Presidente.10
Los sueldos del Vice-Presidente se discutieron en sesiones del lo., 2 Y 9 dt
• MAnos, 11, pp. 851, 8~2, 860, 861 y 862.
• MAnos, 11 p. 875.
" MATZOS, 11, pp. 875 y 901.

588

septiembre. Al fin se acordó el sueldo de d'
iJ
mil cuando funcionase como p-. "d
tez m pesos Y el de diez y ocho
.....i ente, quedando ést
Que en casos de enfermedad u otro .
.
e con el suyo ínt&lt;&gt;,gro.
cera parte de su sueldo para el v·c pllllP_Cdimdento suyo, se aplicaría una ter-

.La .
1 e- re I ente 11
odifi5e516n del 17 de dicho septiemb re estuvo· mu
d
m . icar y aprobar artículos constitucional
y _ocupa a en oír, discutír,
Naaonal. Se estableció la forma de I l ~ relativos al Poder Ejecutivo
sidente de Ia República por las 1 • as e ecc1ones del Pres'd
1 ente y Vice-Pre1
1_
egis aturas de lo E d
- votos. Se aprobaron los arti' ul
. .
s sta os y el cómputo de
e os s1gwentes rnocl.if d
propuso la Comisión de Constitu .6 .
'
ican o anteriores que
..5.
CJ n.
1. por cualqui er motl\'o
· las elecciones de Presid
estuVleren hechas y publicadas para I dí
ente y Vice-Presidente no
cane l
e
a lo. de abril
d
.
e reemplazo, o los que no se hallar
, en que eba verifide su destino cesaran' .
en prontos a entrar en el e. . .
'
, sm emban!o los anti
.
Jeretcto
premo Poder Ejecutivo se depositari '.
. guos en el mismo día y el Subrará la Cámara de Diputados votanmdterinamenE te en un Presidente que nom0 por
"En caso
.
'
stados.
que el Presidente y Vice-Presiden
.
mente, se hará lo prevenido en el ~-, J
te_ estén unpedidos temporalambos
.
cu uCU o antenor·
. l .
.
~aeoe.re no estando el Con
reun·
, y SJ e unpedtmento de
~ depositará en el Presidente de 1~
ido, el Supremo Poder Ejecutivo
viduos que elegirá a pluralid d da
rte Suprema de Justicia y en los indi--i...c_
· de Gobierno. Estos no
I:""""'•
ser de los miembros d I Coe votos el eonseJo
dades que se requieren para
p ~dgreso Genera] y deberán tener las cuali"Mientras h
res.i ente de la Federación
se acen las elecciones d
·
el_ Presidente de la Corte Su r
e qu~ _hablan los dos artículos anteriores
EJecutivo.
p ema de Jusbcta se encargará del S upremo Poder'

ª

:r

11

.
'b'ü
1 dad perpetua del Presid
ConEn caso de unposi
•
.
greso, y en sus recesos el Co . d
. ente y V1ce-Prestdcnte el
mente -·,n
.
nseJo e Gobierno
rán
'
. ~"'-· se previene en los artícul
[1
, provee
respectiva..
~Clonados], y en seguida dis ndrán os... os _dos primeros recientemente
ción de Presidente y Vicc-P~ent qu; las legislaturas procedan a la elec"EJ Presidente nomb d
. e, segun las formas constitucionales
lidad
ra o constit · naJm
·
d
perpetua del Presidente
V-ua~ . ente a consecuencia de imposibi~te ~ la elección ordinari/ ~::a:esidente, _no podrá ser elegido Presipo mas de dos años continuos" u
a, cuando haya servido este destino

Los Diputado5 por los Estados· de Jalisco
mero
"

.

y don Epigmenio de la Piedra
f México, don Juan
, propuSJeron en esa misma

MAnos JI
' • pp. 903, 905 y 919

ª MA

nos, II, pp. 928-930.

José

Rod
sesion el
.•

·

589

�17 de septiembre: e-pedimos al Congreso que inmediatamente después de
verificada la elección de Presidente y Vice-Presidente, pasen al salón a pffilo
tar el juramento que previene la Constitución, si estuvieren presentes, y no
estándola que el Supremo Poder Ejecutivo disponga que cuanto antes ves,
gan a prestarlo".'ª
En la sesión del 20 de septiembre se continuó la discusión sobre las atribuciones concedidas al Presidente y Vice-Presidente. En las del 21, 23, 25 y
27 siguió la misma cliscusión. En esta última se pidió "que hoy mismo, me,
diante estar aquí el voto de más de las tres cuartas partes de las legislaturll
de los Estados, se abran los pliegos de la elección de Presidente y Va,
Presidente, y se califiquen sus elecciones, reservándose el juramento y p&lt;&gt;esión para cuando la comisión lo dictaminare y Vuestra Soberanía lo apruebe",
Se acordó dejarlo para el dia siguiente.u.
En la del 28 de septiembre se aprobó el ceremonial del juramento y pll'
mulgación de la Constitución Politica de los Estados Unidos iexicanos¡ y
después se procedió a la apertura de los pliegos que contenian las actas di
la elección de Presidente y Vice-Presidente de la ación Mexicana.
taron haberla verificado las legislaturas de los Estados de Tabasco, Zacatfdt
Oaxaca, Veracruz, Puebla, Jalisco, Coahuila, Michoacán, Nuevo León, Guanajuato, Chihuahua, Tamaulipas, Durango, México, San Luis Potosi y ~
rétaro. Inmediatamente se nombró una comisión que debía revisar esas acWi
que debía componerse de un solo individuo por cada Estado y el&lt;'cto a plai
ralidad de votos del Congreso. Resultaron electos los siguientes: don Erud
Seguín, por Coahuila; don Antonio Eloniaga, por Durango; don Juan Jt
nacio Godoy, por Guanajuato; don Juan Rodríguez, por México; don Jlit
nuel olórzano, por Micboacán; don Servando Teresa de Mier, por NLcón: don Vicente Manero Envides, por Oaxaca; don José Mariano Md.
por Puebla; don Félix Osores, por Querétaro; don Luis Gordoa, par SIiLuis Potosi; don Manuel Fernández Rojo, por Sonora y Sinaloa; don~
Paredes, por Tamaulipas; don José Miguel Guridi y Alcocer, por Ti,.it.111¡;
don Manuel Argüelles, por Veracruz; don Juan Cayetano Portugal, por Jlo
lisco; don Lorenzo de Zavala, por Yucatán y don Santos Vélez, por Zacatd
En las sesiones del 29 y 30 de septiembre se siguió el debate sobre el d
del juramento y promulgación de la Constitución, y asimismo la revisi6n •
su texto. También se discutió sobre facultades al Poder Ejecutivo. Y dlll
Luis Gordoa insistió en su proposición del 7 de agosto, que el Presiddll

Rm-

fu~ del estado secular, habiendo dictam·

admitirse".Td

I

•. ,

Al fin, en la sesión del lo. de octubre la
..
.
la votación de. las leuislaturas d 1 Es'
co~~ón refenda
. para examinar
, ul
o·
e os
tados nnd16
d'
tic os: lo.) "Que debe tenerse po p 'd
su ictamcn en tres arcanos al General D. Guadal
v·r r_es1 ente de los Estados Unidos Mexiupe tetona por habe
'd
soluta de los votos de las legis
. 1aturas., • ' 2o ) "Q r re1.1.n1 o la mayoría ah •
General [don Manuel Gómez] Ped
'
.
ue es nula la elección del
que se vcrific6" • 30 ) "Q
raza por haber estado procesado al tiempo
,
.
ue con arreglo a la Consti .
greso al Vice-Presidente de la R , bl'
tuCJ6n, nombre el Conepu ica, entre los G
1 B
rrero, que on los que resultan con
,
enera es ravo y Gue'd
.
mayor numero de .
.
reunt o ninguno la mayoría ab I
.
, otos, no habiendo
50 uta en las eleco
•
d
1
Se hizo constar que "llegad 1 h
ones e as legislaturas".
.
a a ora de levantai
1
•,
SI se prolongaría por una hora .... ~~ 1
'6
:se a ses1on, se preguntó
sest
"
= ª
n y hab énd
d
gaoon, se pasó a la votación del Vice p '.d
I
ose vota o su prolonley que reglamentaba su elección
lió- lres1 ente, conforme lo previene la
e tr d
, YG
sa e ecto el Sr. Bravo, por qumce
.
on a os, que obtu,·o el Gen ra1
votos
-o·
e
uerrero"
Q
,,
114'1
iputaciones de los Estados . .
• ue votaron por el primero
51
GuanaJuato,
·
.
·
Yucatán
San L . pgwentes·
, . Cbili uahua, Coahmla,
Durango
Oaxaca, Puebla, Tam~ulinas ;!axis oltosiV, Sonora, Michoacán, Nuevo León'
.
·r ,
ca a
eracruz y z t
V
,
tegun d Queretaro y Jalisco".n
'
aca ecas. otaron por el

°,

En la sesión del día siguiente, 2 de octubre
.. ,
los resultados de la votac·, S
.
, se repttio la discusión sobre
del G
ion. e reiter6, la votación
ánim
eneral Victoria; la nulificación d 1
., un
e por la elección
draza, fue aprobada por once vot
e a el_ecc1on del General Gómez PeBra\'o como Vice-Presidente
contra Siete; y la elección del General
Cayetano !barra por Mé . qu
aprobada, salvando su voto el Sr don
'
x1co, en cuan to al
• u)
.
En la sesión d 1
artíc o tercero. 1s
d
e 4 de octubre de 1824
f ,
e los Estados Unidos u
.
se umo ya la Constitución Política
p 'd
n.a.CXJcanos En la d ¡ 5
hi
resi ente del Congreso don Lo .
d e
se zo el juramento por el
'
renzo e Zavala, los cuatro Secretarios d
ftM
, oo

ed;s

ATl!os, II, pp. 953-7.
E MAlaT~s, II, pp. 959-60.
,
loe •111
•ndivid1scu&amp;i6n
aobre e1 aro.culo
scgund
1 .
duos de la comisi6n dict . d o, e ecCJ6n nula del gcnrral Gómez Pcdraza
IIU IDCOnformidad. Salvara
ammn ora, Sres. Zavala, Gordoa y Vélcz e
•
"

~=

~':!'t.:~po~;:.::,t.!:-a.::,.,~•~=:~~dy ~:~, ~~

Potosí; don José M r;s Cy Armas, por Yucatán¡ don Tomás Varg g o, por
án· don J
•
aria astro por Jafuc
as, por San
lé
Jesú, ~ María Jerónimo
por
don Tomás Amaga, por Michoa,. M
Huerta, por Jalisco, Y don José 1
.' don. Juan José Romero Y don JoATJtos,
p. 961.
gnac10 Gut1énn, por Chihuahua.
llU

Anac'.

de

" MATEOS, II. p. 931.
,. MAttOS, 11, PP· 933-4, 935-40, 944, 948-9 y 950.

d

m.a o a comwon "que no debe

co1mi:i.

n.

" MAnos, ll, pp. 950-2.

590

591

�Manuel de Villa y Cosío, don Epigmenio de la Piedra, don José María C..
tro y don Juan José Romero, y luego los ochenta y nueve diputados."
Se anunció, luego, que el upremo Poder Ejecutivo acudiría a prestar el
juramento. Se designó una comisión para recibirlo. Juraron, entonces, Jea
individuos de ese Supremo Poder Ejecutivo.to
En la del 6 de octubre se dio cuenta con el acta de la elección de la legi,latura del Estado de Yucatán, a favor del General Victoria para Presidente
y del General Guerrero para Vice-Presidente. En la del 8 la del Congn!IO
de Sonora y Sinaloa con votación favorable a los Generales Victoria y Bravo.
En la sesión del 6 se acord6 adelantar la fecha de la toma de posesión cid
Presidente y Vice-Presidente de la República. En vez del lo. de abril ele
1825, el 10 de octubre de 1824. Que cesarían el lo. de abril de 1829. Y •
designó una comisión especial para arreglar el ceremonial.
Esta comisión rindió su dictamen en la sesión del 8 de dicho mes de octubtl;
"Se acordó tomarlo desde luego en consideración y fueron aprobados todér.
sus artículos, que son los siguientes:

''lo. El Presidente y Vice-Presidente vendrá al Palacio del Congreso •
esta vez, sin comitiva oficial y entrarán al salón acompañados de los SeclW
tarios del mismo Congreso.
"2o. En seguida ambos se acercarán a la mesa, y prestarán uno despd
de otro, el juramento prevenido en la Constitución; concluído este acto, el
Presidente de la República subirá al solio, acompañado del [Presidente} cW
Congreso [don Miguel Ramos Arizpe], a cuya izquierda tomará asiento. 1
Vice-Pr sidente ocupará una 5illa que se colocará fuera del solio en el mi,
mo piso.
"3o. Si el Presidente de la República dirigiere las palabras al Con~ i
Presidente de éste le contestará en términos muy breves y generales.

"4o. Una comisi6n del Congreso, compuesta de diez individuos y dol
sus secretarios, los cuatro del despacho, el Estado Mayor General, los O.
rales del Ejército y los Jefes de las Oficinas de la Federación. conducirán
Presidente y Vice-Presidente desde el Palacio del Congreso a la Catedral, •
la que se cantará un solemne Te Deum, con asistencia de todas las c ~
dades religiosas y demás corporaciones de esta capital, estando antes f o ~
en la carrera las tropas de la guarnición, que les harán los honores ~
pondientes, así en la Iglesia como en la carrera.
" MAnos, II, pp. 962-3.
• MAnos, II, pp 964 y 966.
11 MAnos, n, PP· 964 y 967.

592

"5o. En el ingreso del Presidente a la C t d 1
el ceremonial '' todo lo que p
. 1
a e ra ' se observará por esta \'ez
reventa a Ley 10 L'b
1
Recopilación de Indias.
' 1 ro 3o. del título 15 de la
"6o. Así en la Iglesia como en la carrera
forma siguiente:
' el lugar que ocupen ser.í en la
"El Presidente de la Federación en
di
del Congreso. El resto de la comiti , me o; a ~u. d~echa el de la comisión
, a se mezclara mdistintamente
"7o. Concluida la ceremonia li .
mismo orden y con la ...,; ma
re_ ~10sa, pasarán al Palacio
....
comitiva.

.

acional en el

"So. LI egan do al salón del upremo Pode E'
.
comisión del Congreso pond ,
r Jecutivo, el Presidente de la
ra en sus manos un decreto
l
reconocer y publicar en toda la F d
.
por e cual se manda
de los Estados Unidos Mexican e eracid6n al Presidente y Vice-Presidente
ti p
os, cesan o en su fun .
1
vo rovisional y disohiéndose en el
1
• • c1ones e Poder Ejecu'
acto a com1s16n del Congreso
~El·
.
: , mismo Poder Ejecutivo Provisional antes
expedjra un decreto que arreale las so
'.
de cesar en sus funciones,
en toda la Nación la posesión del p 'dlemrudadcs con que debe celebrarse
res1 ente de la República

"lOo
·
. . El
.. tratamiento
del Presidente será el d
.·
caci6n of1c1al y por escrito se
á
e Excelencia en la comuniante-firma.
usar con él sólo del mismo tratamiento en la
"llo. Una comisión cspec1'al arreglará con m, d
. .
, bli
.
as eterum1ento la etiqueta
pu co el Presidente de la Repúbli ca.
,, z

con que debe presentarse en

roa MAnos, II, pp. 964 Y 967.
Conforme
al
de"Y
la .R
. Art · 101 de la Constit11ci6n el ·
cpública al tomar posoi6n era el ' . _Juramc-nto qu debla hacer el Presidente
o, N., nombrad p .
ugw&lt;'ntc:
0
•
rc.udente ( \ ' ' Pr •
~~por Dios y los Santos Ev:n~:s cs1den~e) de l_os Estados Unidos Mexicala Co . lados Unidos me han confiado ' que CJCrceré fielmente el encargo que los
llltítución y L
• Y que guardaré y haré
d
El cere
'al . cycs Generales de la Federación"
gua.r ar exactamente
moni establecido por 1a le)· 10, Libro 3o. del
·
de "A
Indias, dice a.si·
Título I 5 de la R
1
•
·
ccopt·1 ac1'6 n
. os V1rreve1 de las Ind'
\'anca de l:u mismas
i~ por su cargo Y dignidad es debido el
de nucitra Ca ·¡
' Ct'rcmoruas que ae bacen a nue tra Real
uso y la obserPrcsadas en I paf la. \
que tengan noticia de las que
Persona dentro y fuera
Quando a orma 11gu1ente:
!Dn, mandamos que ean cx-

~~

\'llmOs ª alguna Ciud d
·
rttib~ primera
vei que entramos\~ ~¡~1~, dtde

gia)

o aielc : ~ ~o i;:rrnitimos que sall(an fuera ~:
e

puerta principal está el Obi

);;:~Id~

~ubicrc Iglesia Catedral, o Cole-

de_ la Iglesia con Cruz alta a
aa, smo que dentro de ella seis,
spo con Capa y Cru.: en la mano, y se

593
H38

�El Presidente del Congreso, Sr. Ramos Arizpe, dispuso en la sesión del
de octubre que al día siguiente, a las once de la mañanaJ fuese el acto
juramento y de la p&lt;&gt;SCSi6n del Presidente y Vice-Presidente. Se designó
comi ión del Congreso que había de acompañarlos en la ceremonia y q
compuesta de los Sres. don Tomás Vargas, de San Luis Potosí, don M
Argüclles, de Vcracruz; don Manuel Crescencio Rejón, de Yucatán;
Luciano Castorena, de México; don José Mariano Marín, de Puebla¡
Demetrio del Castillo, de Qaxaca; don Luis de Cortazar, de México; don
dro Paredes, de Tamaulipas; don Pedro de Ahumada, de Ourango; don M
tos Vélez, de Zacatecas, y dos de los cuatro secretarios del Congreso.
Asimismo se leyó y aprobó la minuta del decreto que había de expedirle
día siguiente sobre esa toma de posesión y de la cesación del Supremo
Ejecutivo Provisional.89
Tenía treinta y ocho años de edad el General Victoria cuando tom6
sesión del mando presidencial. ació en Tamazula, juri dicción de la N
Vizcaya, en el hoy Estado de Durango, el 16 de septiembre de 1786, hijo
don Manuel Femández y de doña Alejandra Félix. Recibió los nombres
José Miguel Antonio Ramón Adauto. Su tlo, don Agustín Fernánde:z, era
Cura Párroco de la población, y fue quien lo protegió por haber qu
buérfano a muy temprana edad.
Inició estudios en la Real y Pontificia Universidad de México, el Sl
agosto de 1807, para cursar la carrera de Leyes. En 1812 los abandonó
actuar en el campo insurgente, en las filas del Cura Morelos. Estuvo e-.
toma de la plaza de Oaxaca, el 25 de septiembre de 1812, y en las d
sufridas en las lomas de Santa María de Valladolid, de Micboacán. Luego
destin6 Morelos para las campañas de la provincia de Veracruz. Ahí
durante algunos años con evidente heroísmo. Simpatizó con el Plan de
y en los primeros meses de 1821 colaboró con Iturbide, siempre en la
vincia de Veracruz, donde pennaneci6 oculto durante cuatro años, resi'illlll
dose a pedir el indulto virreinal. Como aborrecía el sistema monárquico,
tuvo diferencias con lturbide y combatió sus ambiciones de coronarte
perador. A fines de 1822 se adbiri6 a la revolución republicana.
Desde que comenzaron sus actividades insurgentes, troc6 su nombre
pone una aUombra y almohada, donde nos arrodillamos para besar la Cruz dt
del Obispo, o Prcaidente, y de allí va el Cabildo cn procesión, llevando Cruz alta
ta el Altar ..."
Este ceremonial se usaba cuando los Virreyes baclan 1u entrada en la C ~
ocasión de la toma de powión de su cargo. El mismo se debla obsn--,-ar en la

de posesión del Presidente Victoria.
• 'MATEOS, II, p. 968.

594

Antonio Femández Félix como finnah
Victoria, que consideró simbo'lico d a antes de 1812, por el de Guadalupe
e sus aspira ·
v
Bravo y Guerrero era, en 1823 , d e Ias r·1guras ciones.
l
con ]os Generales
, d
los antiguos insurgentes.
mas estacadas del grupo de

Publicamos los cinco primero disc
dl
.
C,ongreso Nacional: lo.) el 24 de di .ursobs e Presidente Victoria, ante el
las ·
aem re de 1824
¡
SCSIODes del Congreso Constitu ·ente. 2 )

' en e acto de ceITarse

apertura del Primer Congreso Co:stitu;ion~. lo. de enero de 1825, en la
en la apenura de sesiones c..xtraordinarias d' 3o.) el 4 de agosto de 1825
de diciembre de 1825, en la cla
d
el. Congreso Nacional; 4o.)
gmo Naci al
usura e las sesiones extraordin .
.
on ; y 5o.) lo. de enero de 1826
1
., . . . anas del Connanas del Congreso acional corr
. ' en a sesron mtctal de las ordiEn todos estos di
,
espoodien tes a dicho año de 1826
scursos se observa el t .
.
de la vida nacional, expresado con euf . en usras~o evidente de la iniciación
del J&gt;resid
• .
ona Ycon cierto sentim talism

19

ente Victona que revel, .

en

o propio

a la patria, ya libre e i~dcpcndi~es1emp: en todas sus actividades.

El amor
festaciones. No hay declaraciones ex~lse _P pa en cada concepto de sus manimod ·
·
·r osivas en tod
d'
i • eraci6n Y hasta suavidad para las d 1am
. os sw tSCUrsos, sino cierta
liibCo.
ec
ac-ones de algún impulso enSu inclinacion
' a 1as lllnO\"acioncs
•
politi

,

cuno, cuando dice que eran " . d
esta exp~da en su primer dis
cales
º' an es suscassenti
.
•
' porque se hallaban ligados "con l fb rruentos por la reformas radi. Expresa sus ideas rcvolucionari
as t ras del corazón,,.

~ : "Aquellos días de tiniebla~ ~ara re~~lsar al régimen virreinal, die onente ..." A Hemán Gortés le ded' e oscun ad en que eJ sol se puso baJ·o
clara l
1ca este párraf . "1
¡ .
e aventurero de Med 11'
,,
.
o. as co omas que fun"la ~ - . . J
•
e in. • • ; califica a la admini
•,
--:'IS''""ante indolencia de los be
strac1on española:
tres S1gl f
.
go rnantes españoles'' " ¡
os uera SUJeto a una adm' .
'ó
y e pueblo que por
rable ".
1rustrac1 n mezq ·
.
· ·: , Y llama a Ja política
·a1
wna, a un gobierno misemezquma"
comerc1 de Españ "
.
•
y a sus diligencias "
a suspicaz y también
qwnto discurso llama a Arnenca
, . rateras especulaciones''. Sin embarg
" 1 f ¡·
o, en su
Para Estad U .
e e iz hemisferio de Colón"
.
os nidos de Amé ·
•
·
giando SUB instituciones r·
nea uene frases colmadas de admiración elo
siguieii . "
Y iguras políticas E
·
•
'
·
ti d te. Los Estados Unidos d I N . n su qumto discurso confiesa lo
en~ mora~ progresan bajo el sis:ema
de virtud política y reccon la00$0~ por el acto más espontáne dcp ica Federal, que adoptado
,._r. patria de Washington robust . do e que hay memoria, nos nivela
-.uaumantcs" ·
'
ecien o la unión cnt re Ias d os naciones
•

o:,;~~

Demuestra su repu
·
CXpresiones: "se.
~aa
contra la demagogia y el clericali
imaginan que para ser lib
..
smo con estas
res es sufJCtente el estar amotinadosu ·

'

595

�que ''jamás se tome del altar la espada santa para degollar sin misericordia
a nuestros hermanos"; y que "no rasgue la licencia el velo que corrieron diet
y ocho siglos sobre las ,·crdades de la fe".
En su segundo di cm o comienza a xaminar los resultado. de su admt.
ni tración y declara sus anhelos de instalar el Poder Judicial con la erccci6a
de la Suprema Cort · de Justicia. Confi sa en su tercer discurso que ''en 111
territorios no se 1egulariza todavía la administración de justicia'' y otras falla
iniciales del Gobierno que presidía.
Infonna sobre la entrada al territorio mexicano de innumerables extia
jera~. dc.sde la consumación de la independencia nacional. Dice: "mudlllt
han elegido una patria en este manantial de riqueza y abundancia, ofrecieode
en garantía y recompensa su capitales, su industria r sus sudores".
eñala algunos problemas surgidos por la lib rtad de prensa, que alguDGI
abusaban de dla para desahogar pasiones personales, degradándola hasta d
libertinaje.
Su quinto discurso es todo un informe amplio del primer año de su administración. Se demuestra francamente optimista; apreciando sus resultadlil
con este vaticinio eufórico: "será. marcado en !"uestros fastos como el mis
abundan te ..."
En todo ese bosquejo de los resultados del año de 1825. consagra espedll
atención a la iniciación de relaciones con varios países. Cuando mencion&amp; ti
caso de Inglaterra, consídéralo un truinfo, porque desconcertó "los planta 1
las maquinaciones de los enemigos exteriores". Va citando cómo se babfd
iniciado las relaciones con Francia, los Países Bajos, Prusia, Suecia Dillll'
marca, Rusia, Roma, Estados Unidos de América. Colombia, Perú, Proviacias Unidas del Río de la Plata, Chile y Centro-América. Cuando refiere ti
caso con Roma cuida advertir que serán relaciones "en objetos exclusivameDWreligiosos y ecle iásticos"; y en cuanto a Rusia afirma, considerando la •
cindad de California y Alaska que "México es de todos los nuevos ~
el que más se acerca a las po!-e iones rusas". Y anuncia que el Ministro Plsipotenciario de los Estados Unidos de América en Mé."&lt;Íco estaba ya plll
celebrar tratados y e.'-:clama: "Es demasiado urgente el arreglo definitivo di
1~ límites de ambas naciones".
De la convención anfictiónica convocada por Bolívar en Panamá, refiert rfl'
ya habían salido los comisionados ro xicanos y aprecia a reunión interaml'
ricana como "un suceso que recomendará la Historia como el dl' mayor •

cendencia que acaso podrá ocurrir en el siglo XIX".
Refiere sucesos muy importantes acaecidos en e año de 1825, cOIIIO 41
de la capitulación de la escuadra española del Pacífico, en Monterrey (~
lifomia), el lo. de mayo de dicho año. Que con ella se aumentó la _,.

596

mexicana y estima el evento como de valor incalculable "en l
I' .
n
I
ra1
'd
•
o po 1ttco y
supo e en o mo
cons1 eraciones altamente honoríficas M, .
'd
od I
a
exico, que fue
e1egi o entre t os os Estados que dan frente al G
O ,
. .
1 'l.
d
.
ran ceano, para rec1brr
os u nrnos espoJos del moribundo poder español en los mares de la Am, . "
De la rendición española
enea ·
.
, de San Juan de UI,ua, acaec1.d a el 18 de noviembre de 1825 aprecia
la celebre hazaña del manno
·
,
d
campechano don Pedro
Saenz
e
Baranda,
en
esa
acción
como
''at
'd
. .
.
b
.
re,, o mov1m1ento
de 'nuestra marina so .re la del enemigo que impulsó una mano d'les tra., ,
Menciona los. progre
os de la marina y que "b uques d e a1to bordo que se
,
esperan
aumentaran sus fuerzas brevemente" En cuanto al E'é . M .
1
•
b ..
.
·
J rc1to cxicano
o equipara a con los meJores del mundo".

Examinaba el problema indígena del norte que tantas rcoc
.
al réi!:imen virreinal en el siglo XVIII Af' 'ah
l p
_upac1ones causó
h , ..
• irm a que e cambio de la liti
ac1a esos desgraciados individuos de Ja raza humana, 1 f 'li , 1 po ca
·a1
h
·
es aci tara os goces
!OCJ es, a U}'Cntando por siempre la bárbara política del Gob'
.
que
¡
·
1emo espanol
front= reg a;e~tos IDlpresos y circulares a los Jefes militares de aquella;
'.m:1° a a provocar la guerra para conseguir la destrucción''.
El
monm1ento
legislati\'o en 1os Estad os, redactandose
,
tit •
.
con éxito sus con
uc1ones regionale , le merecía elogios. Decía: ''son asomb
1
sos de la moral en la Re , bl'
.
.
rosos os progrey suaví ima índole de pu ica_ y ellos te tunonian n~ menos el carácter dulce
adoptadas " su anal , los mexilcanos que la regulandad de las instituciones
'
og1a con as costumbres nacionales"
Informa de us esfuerzo
.
.
.
forajidos acosados e l Epa; perseguir el cnmen. Que "los ladrones y
merced '
. n os sta os, se habían refugiado en la capital
a
y a Ja lu~e ;~ :umd_erods~ pobl~ción perpetraban en las sombras de la nibe
e 10 ia sus mfames atentados"
El optimismo en el
b'
d
.
·
dente Victoria a
am ,ente e las f mafi7.as es sorprendente en el Prcsicarias europ~ p ~ de los muc~os empréstitos contraídos con casas baoque con el ro.•ectta una ~erspectJva halagadora del comercio, advirtiendo
.
. , ~ } o de cammos se procura su mayor fomento M .
1
anunac1on \'!gente
• ,
• enc1ona a
1
industria.
en a mmeria y en la agricultura, como asimi mo en la

Manüi ta que se estud'
.
.
el Istmo de T h
- ia un pro}ecto para una meJor comunicación en
e uantepec.
En cuanto a la ilustrac·, d 1
10~• ~e ª~ª q~c había un proyecto para crear un
instituto pcrfeccionad
crear col .
or en a ciencia, hteratura y artes. Que se trataba d
la doccn!~ en los d:stados. Que ya funcionaba el sistema de Lancaster
el Museo
~
iaba un plan CJ'tenso de educación. Que ya se formaba
• ac1ona y la Academia de Bellas Artes de an Car!os segu1a
, sus

cstu

e:

597

�actividades. Y, finalmente, afirmaba que "el libre pensamiento del mexi
hace sudar las prensas hasta en los confines de la República".
Y ante panorama tan halagador decía: "mi imaginación apenas alcam.a
colmo de felicidades que se preparan a la patria". Y hacía escarnio de
que un año antes lamentaban la suerte de la Nación Mexicana, con el nuevo
sistema político instituído, que suponían a los mexicanos como "incapaces
ser regidos por el más sublime de los sistemas conocidos".
El Presidente Victoria no verificó cambios, en los primeros meses de
administración , en los ministerios. Don Lucas Alamáo continu6 siendo
nistro de Relaciones hasta enero de 1826. Don Pablo de la Llave tam
sigui6 siendo Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos hasta novi
30 de 1825, fecha en que le sucedió don Miguel Ramos Arizpe. El u..........• "
don Manuel de Mier y Terán dejó la cartera de Guerra y Marina el 11
marzo de 1824 y le sucedió el General don Manuel Gómez Pedraza, quien
mantuvo en ese ministerio hasta el 5 de diciembre de 1828. Le sucedió
General Vicente Guerrero. Don José Ignacio Esteva continuó en el ·
terio de Hacienda hasta el 5 de mano de 1827. Puede, as.í, afirmarse que
mismo ministerio del Supremo Poder Ejecutivo Provisional continuó si'
del Presidente Victoria basta fines de 1825 y principios de 1826.8~

.

I
DISCURSO PRONUNCIADO EN EL ACTO DE CERRARSE LAS
SESIONES DEL CO GRESO CO STITUYENTE,
24 DE DICIEMBRE DE 1824
Señor:

En obedecimiento de la ley que me manda concurrir por la calidad
Presidente de. los Estados Unidos Mexicanos, al acto importante en que
ceITarse las sesiones del Congreso Constituyente de la Federación, he
a deelarar sinceramente que para mí y para el Pueblo Mexicano, V
Soberanía ha fijado irrevocablemente el honor y los destinos de la Patria.
Si recordamos, señor, aquellos aciagos días en que el choque de las
niones y el espíritu de partido habían aflojado los lazos de la frate
y de la armonía¡ aquello días de tinieblas y de oscuridad en que el d
puso bajo el oriente y se alejaban nuestras esperanzas a términos ind •
" 0ROZCO

598

v

BERRA,

loe. ciJ.

c,oafemmios Y confesarán los enemigos más obstinados de nuestras glorias

que la escogida porci6n de ciudadanos a cuyo lado me acabo de sentar co~
tanta satisfacción mía, nos ha salvado del fondo del abismo a donde se nos
condujo por los incansables perseguidores de la felicidad americana.
efecto, Señ~r, que los menos a-.-isados políticos, esos nombres que por
la ligera observación de los sucesos ejercen el monopolio de la crítica extra~ sus _cálculos por apariencias dudosas y fallaron que la anarq~ nos
iba conduc1~do ~radualmente a la ruina de las libertades y a la caída de la
misma que estimaban incierta y precaria.
~ histon_a de las revoluciones acaecidas en todas las partes del globo,
en di~ tiempos, pudo convencerlos de que los fen6menos se reproducen en
ellas 1111 cesar Y de que el entusiasmo por las reformas radicales cuando se
liga con las fibras del corazón, es fecundo en prodigios y empl:a útilmente
hasta ~ - que no alcanzó la prudencia humana. Bastará para no equi~ los JWCJOS Y no desesperar del éxito el conocimiento del carácter nacional Y de tantos heroicos ejemplos de constancia y de civismo que ilustran
los fastos de Mé.xico.

".°

~den?ª

Ellos por el análisis, estado de las circunstancias que han marcado nuestras
luchas, abandonarán _sus principios esencialmente falsos, si el orgullo y los
errores de_ los pret~d1~0~ maestro~ Jo~ dejasen volver sobre sus pasos y pagar
un 11&gt;lo tributo de JUstloa y admiraCJón a las virtudes y a la energía de un
pueblo grande.
·
d Uno de los medios más poderosos Y ef'icaces de que se \'alieron
nuestros
etractores para hallar el momento en que sistemado el orden asegur d 1
paz interi
f
,
a a a
col
or y ~n _onn~ los ánimos en sostener la unión, como la principal
. ~ del ~ c10 social, se hallase esta naci6n en el caso de aparecer con
dignidad,
· 1rreS1s·
·
tibie a losfue sm duda el de suponer en los mexicanos una tendenc1a
este
.. tumult?s _Y a las insurrecciones. ¿ Y para qué? Es sabido que por
su . ~ arb1tno se forman las sediciones, y la Europa que ha pasado
mcansab)~ sobre nosotros concebirá la idea de que los facciosos y los
,.... ....
uadom
dispon'tan a su antoJo
· d e los intereses y de la suerte de los
.
IDelacanos.

:..1..

Nada más fácil a la consolidación de la Independencia y Libertad de

goz&amp;mos que

l
• .
que
e conocmucnto de que pertenecíamos a aquellos pueblos envique en exp ., d ¡
•
amotinar
_resi~n e gemo creador de la ciencia de gobierno, s dejan
de ella por partid anos, se atreven a hablar de libertad sin tener aún ·d
que Y con _el corazón lleno de todos los vicios de los esclavos se
para ter libres es suficiente el estar amotinado
Yo concedo f
·
una d
. rancamente a los que pretendían ahogamos en Jas olas de
emagogia turbulenta y desorganizadora que señalaran con de,,¡treza y
L...,,.¡_ '

ltQ._,

im~:
599

�oportunidad el punto más débil de defensa, y que cuando se vacilaba en la
adopción de forma de gobierno existía alguna predisposición para ensangrea,
tar las opiniones, robustecer los celos y los odios¡ y lacerar nuestra fraternal
benevolencia.
El fanatismo y la intolerancia política, esas ideas que tanto multiplican sus
cabezas, vinieron al apoyo de los malvados, y las mutuas recriminaciones turbaron la paz de las f anúlias.
El puñal de la venganza traspasó los corazones y se vio con sentimiento
de los buenos que algunos de los mexicanos sirvieron a las detestables maquinaciones de los comunes enemigos.
En estas difíciles y complicadas circunstancias los pueblos, usando del im,;
tinto que los llama a su felicidad, remitieron a vuestra soberanía sus deseos y
sus querellas, y le impusieron el sagrado cargo de afianzar nuestra mudama
política con una constitución liberal en sus principios, exacta en la distribución de los poderes, que combinase la seguridad de las libertades con la energía, y previniese hasta los medios de conseguir y enmendar sus propios defec;.
tos en el caso remoto de contener algunos.
La Nación Mexicana, agitada por la consideración de sus peligros y por
los temores de perder en un solo día los sacrificios de muchos años, convocó
a sus hijos predilectos y en sus manos puso dos remedios de los males presentes y los elementos de nuestra futura grandeza.
¡ Gloria sea al Soberano Congreso Constituyente de la Nación Mexicana,
que en nuestros desgraciados disturbios, desvaneció las razones de. todos loe
partidos y formó de ellos mismos el espíritu nacional!
Yo tomo en mis manos y acerco a mi pecho el acta constitutiva de nuestro pueblo; y venero en ella la expresión de la sabiduría y de la voluntad
nacional.
Ceda, Señor, en alabanza vuestra y la repitan cien generaciones. ¡C&lt;ll
cuánta satisfacción observarán los amigos de México el grandioso espectáculo que ha ofrecido a los tiempos, pasando sin trastorno ni violencia a la ~
roa libertad, desde el fango de la esclavitud! Vengados estamos del degradante concepto con que se nos vilipendia en Europa, y ella que por miles di
años nos precede en la carrera de la civilización, envidiará nuestros progresos y las felices aplicaciones de la política a la verdadera legitimidad de •
gobiernos.
Restaba, Señor, para el complemento de la obra que en 31 de enero de
1824 lisonjeó todas nuestras esperanzas que recibiésemos de vuestra mano la
gran carta, en que consignados todos los derechos y las obligaciones se UJI"
nifestase el respeto más profundo a los principios.
Así es, Señor, que el artículo fundamental que declara la perpetua ~

600

pendencia de la Nación Mexicana, será el consuelo de la posteridad como es
la divisa grabada en nuestros corazones y sellada antes de ahora por la sangre de millares de victimas.
La benigna religión de Jesús, la creencia que heredarnos con ternura y
sostenemos con ardor va a ser, como fue siempre, el apoyo más finne de la
moral, de la obediencia y de todas las relaciones dulces y estimables. , Que
1
. ' se torne de1 altar la espada santa para degollar sin misericordia
1amas
a
nuestros hermanos! ¡ Que no rasgue la licencia el velo que corrieron diez y
ocho siglos sobre las verdades de la fe!
Los pueblos, Señor, cuyas costumbres son diversas, a la par de los climas
que habi~~n, de la natura_leza de los terrenos, del estado de los espíritus, de
la poblaoon y de los habitantes, no pueden ser regidos por unas mismas leyes¡ puestos a grandes distancias del asiento del poder, no son atendidas las
necesidades del momento y su débil voz llamaría apenas la atención de un
congreso dedicado a organizar un gran todo y darle existencia.
Vuestra Soberanía adoptó una forma de gobierno, que revistiendo a los

poderes generales de la energía necesaria para el desempeño de las arduas
atn1mciones de su cargo, deja a los Estados la facultad de decidir libre e ind~pen~ente_ sobre aquellos intereses que, tocando a su administración y gobierno intenor, no dicen relación alguna con los de la federación mexicana.
Una -~olorosa y constante experiencia ha hecho conocer a los pueblos que
la reuruon de poderes en una sola mano dista poco o nada de la arbitrariedap, Y que sus libertades no dejarán de ser precarias hasta que instituciones
fundadas en la soberanía nacional fijen su extensión, señalen sus límites y demarquen su naturaleza respectiva.
Un congreso de elegidos del pueblo decidirá soberanamente sobre sus inPoder Ejecutivo, revestido de la firmeza y energía necesarias, hará cumplir unas leyes dictadas por el bien de los pueblos mismos· y el Poder Ju d"1c1·a1 , obrando con total independencia de los otros, fallará
' con la
balanza de Astrea en la mano, sobre las acciones de los ciudadanos.

tereses:

e!

No es bastante haber depositado en manos distintas el querer y el ejecutar; es necesario todavía garantizar a la Nación el buen uso de estos poderes
La prudencia de Vuestra Soberanía estableciendo la división del Congres~
en dos cámaras, ha salvado a la Nación de los peligros a que podría e,,.-ponerla el acaloramiento, Ia supereh ena
, d e un sof.1sta y la elocuencia
. conquistadode los aplausos; y haciendo que pese sobre los individuos que lleven las
~endas del poder, una justa y legal responsabilidad, asegura a los mexicanos
e los combates de las pasiones.
Mas, lo que conc1T'
10 a Vue5tra Soberanía el reconocimiento de la generación

r:1

601

�presente es haber estampado en la ley fundamental las admirables bases
la administración de justicia, esas fórmulas protectoras de la inocencia.
La infamia de un delito no recaerá sino sobre el que lo cometa.
U~a :sposa y un~s hijos inmaculados no germinarán en la orfandad y ezi
la nusena, los desaetertos de un padre o de un esposo delincuente.
Los dolores y angustias del tormento no arrancarán de la boca de la inocencia confesiones de delitos no cometidos, ni pondrán a prueba el valor y su,.
f rimiento de los criminales.
No ~narán ya l~s calabozos con los gemidos de las víctimas del furor 1
las acciones de los cmdadanos serán sólo calificadas por sus jueces naturales
y en virtud de leyes dadas con anterioridad al hecho.

P~o el mayor, el verdadero, el más expresivo elogio deJ libro inmortal,
de! s~t~a razonado que ha organizado nuestra sociedad y es también su
pnnc1pio conservador, me atrevo a decir que debe buscarse en el entusiasmo con que lo han acogido los pueblos. Ellos, calculadores de su conveniencia, desprec~ Jas viles y aun las miserables arterías de que se valen algunos
para anunciar futuros trastornos y Ja necesidad de revoluciones. Por la hon~dez de que blasono y por el respeto que en toda mi vida pública tributi
siempre a la voluntad de la Nación sober:ana, protesto, Señor, a la presencia
de sus legítimos mandatarios, que esas páginas sagradas habrán de sostenerse a costa de mi existencia, si necesario fuese, y con todo el poder que las
leyes depositaron en mi mano.
A nuestros ojos aparecen los felices resultados que ha producido la ley fon.
dam~n.tal. Compárense tiempos con tiempos, y las lágrimas de gozo y las
bend1~ones de ~dos los que sienten con vivo anhelo las dichas de su patria,
reducirán a su Justa infamia las críticas abominables de los enemigos de la
libertad y de la raz6n.

_He dicho,. ~~ñor, ~ identificado mis votos con los de todos mis compatnotas; los dinJo al Cielo para que se conserve siempre inviolable el sagrado
~epósito de la libre Constitución que nos habéis dado, y os procure la glona de recomendarla al aplauso y a la admiraci6n de todas las naciones.
JuAN A. MATEOS, Historia Parlamentaria de los Congresos Mexicanos
(México, 1878), pp. 1072-5.
'

II

11
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA APERTURA DEL PRIMER
CONGRESO CONSTITUCIONAL, lo. DE ENERO DE 1825

No podrá ya dudarse, como se afectó dudar en algún tiempo, si las modernas sociedades establecidas para la libertad del hombre son el resultado
necesario del progreso de las ideas justas y benéficas, o si ellas existen momentáneamente por la subversión escandalosa de los principios y por el avance tumultuario de las pasiones.
Los partidarios de la envejecida tiranía, aquellos que del seno de las nubes hacen descender los pactos y las obligaciones, desconocen la legitimidad
y vigor de los gobiernos que han nacido del pueblo soberano.
Para ellos los particulares en las naciones libres no tienen freno ni garantías, unos a otros se acometen y se devoran; y en esta reñida contienda, la
crueldad y la ira despiadadas de las facciones aniquilan la esperanza de algún sistema regular de legislación.
No se crea, Señores, que para la confusión de los enemigos del pueblo he
de conducirlos a las ruinas de Cartago, he de excitar las memorias de Roma
libre o de abrir los fastos de aquella Grecia, donde las letras, las artes generosas y la sublime filosofía dieron principio a instituciones que se han admirado en todos los siglos.
No; la América, nuestra adorada patria, elevando la cabeza sobre los días
antiguos, ha resuelto el problema más interesante a la especie humana y ha
desgarrado los velos que cubrieron el origen, el fin y el objeto del poder.
El profundo legislador de la Carolina y Guillermo Penn, el amigo del
hombre, plantaron en el suelo virginal de América las semillas preciosas de
la libertad, que cultivadas con esmero por Washington y Franklin, se hallan
hoy depositadas con los frutos que produjeron en ese Capitolio que levantó
la sabiduría en las márgenes del Potomac.
De alli se lanzan rayos desoladores sobre el despotismo y de allí aparece
la generación de pueblos soberanos. ¡ Cuánta es la gloria del Nuevo Mundo! ¡ Cuánta es la grandeza de sus destinos!
Asombra, Señores, que las luces hayan penetrado hasta en las colonias
que fundara el aventurero de Medellín.
Ello es cierto, que el genio se sobrepuso a las resistencias, que la moral regularizó el calor de los partidos y que los sentimientos de la filantropía vinieron a reemplazar los hábitos y los errores que consagró el tiempo.
Pero, yo he venido aquí, Señores, a congratularme con vosotros, porque
los tiempos de la opinión y de las doctrinas sociales os han reunido bajo los

602
603

�fundamentos de un pacto creado por nosotros y para nuestra felicidad. ¿Quis
podrá disputar a los representantes que dejaron estos asientos, consagrados al
mérito y a la virtud, la satisfacción incomparable de ser reemplazados por ciu.
dadanos igualmente ilustrados, igualmente ansiosos del engrandecimiento na,
cional?
La unión, la seguridad y el bienestar de los Estados se han confiado a b
prudentes varones que, por el uso de los consejos de la sabiduría, atraj~
alderredor de sí las miradas de un pueblo que sabe calcular la justicia y ~
talento.
Dichosos nosotros en haber normado las elecciones por el aprecio del bien
público; veremos realizados en el primer Congreso Constitucional los plana
del legislador y los votos uniformes de los mexicanos.
Mi corazón se dilata por los bienes que gozamos y por los que se esperan
todavía.
El magnífico edificio de las libertades que antes fueran una bella perspectiva ideal, se asentó sobre bases indestructibles y su recinto brilla con las instituciones que mereciera un pueblo grande.
Los altos atributos con que la ley y la voluntad de mis conciudadanos quisieron revestirme en razón de depositarlo del Poder Ejecutivo, me pusierai
en el caso y feliz disposición de emplearlos todos en su utilidad.
Una ojeada, aunque rápida, sobre el estado y existencia progresiva de b
negocios os convencerá, señores, de que he procurado hacer el mayor bim
posible, según la esfera de mis luces, en el brevísimo período de mi gobierno.
¡ Dichoso yo si he acertado a llenar el extenso círculo de mis obligaciones
para con la patria!
El Secretario del Despacho de Hacienda manifestará al Congreso que li
no es ventajosa su situación, ni por sus ingresos, ni por sus obligaciones, he
logrado al cabo de multiplicados y penosos esfuerzos vestir, armar y aumentar
el ejército y la marina, socorrer al Nuevo México, Californjas y todas I»
fronteras, acallar los clamores de los empleados de la República, atrasad01
en sus sueldos, y cubrir en todas sus partes las atenciones de la administración con el uso sobrio y arreglado de los préstamos extranjeros.
La organización de la Hacienda en lo económico ha obtenido considerables mejoras por la última ley de la materia y avanza sin duda a su perfección.
¡ Ojalá, y los arbitrarios que se consultarán a la sabiduría de la Cámara de
Representantes, merezcan su aprobación tan urgente!
La seguridad de la República demanda sacrificios, pero siempre compatibles con el estado, fuerzas y patriotismo de sus heroicos ciudadanos.
Careciendo de existencia el Poder Judicial de la Federación e inhibido el
Gobierno de la intervención que antes disfrutaba en el de las antiguas pro-

604

vincias, su acción en esta parte ha sido casi nula y lo será hasta que la Suprema Corte de Justicia se instale, luego que se designe por una ley el número
y ubicación de los Juzgados de Circuito y de Distrito, y se proceda al arreglo
de los Tribunales en los Territorios y en el Distrito Federal
Sin embargo de este vacío, se han atendido en lo posible los objetos de la
administración de Justicia y los ciudadanos sólo podrán quejarse de los vicios de la legislación y de los que se introdujeron en la forma de los juicios,
por la degradante indolencia de los gobernantes españoles.
Las cárceles y los establecimientos de corrección han corrido la suerte de
los tiempos; mas, yo no desespero de hacerlo servir a la seguridad, sin aumentar las aflicciones y miserias de los delincuentes.
El Ejército Mexicano, que ciñó tantos laureles, ha adelantado notablemente su disciplina. Está para completarse su fuerza y hoy la que existe
cuenta con buen armamento, al paso que se contrat:a[9n armas suficientes
para levantar todo el Ejército, conforme exige nuestra situación política. El
Secretario de Guerra y Marina pondrá en claro mis trabajos en estos ramos.
El sistema felizmente adoptado confía la administración interior de los
pueblos a sus autoridades provisionales. El Gobierno, dentro de su órbitaJ se
ha empeñado en cortar abusos envejecidos y en que las leyes patrias comiencen a desarrollar su actividad benefactora. Así lo expondrá el Secretario de
Relaciones Exteriores.
En todos los países libres del Wliverso se forman votos por la consolidación de la independencia mexicana, y luego que se hallen en el caso de calcular los extranjeros el inmenso valor que la unión ha dado a nuestra prosperidad colectiva e individual, me persuado, Señores, que nos admitirán al
rango de las naciones independientes y soberanas.
¿Y este es el pueblo que por tres siglos fuera sujeto a una administración
mezquina, a un gobierno miserable? Privados los mexicanos de las ventajas
de un sistema equitativo, rompieron sus relaciones con la metrópoli, después
de sufrir más allá de los límites de la paciencia humana. Nuestras poblaciones incendiadas, nuestras propiedades invadidas, las cárceles siempre llenas, el
dolor, la desesperación, la muerte amenazando sin cesar nuestras cabezas, éstos fueron los títulos, éstos los caracteres que marcaron con fuego y sangre
la libertad de que gozamos.
Al recuperar nuestros derechos ultrajados y cuando se alzó el fuerte brazo para la gloria de la patria, hemos dado ejemplos insignes de moderación.
Confúndanse nuestros detractores y admiren, si por una sola vez quieren

llamarse justos, el imperio de la suavísima índole mexicana y el sistema más
filantrópico que se conoce de legislación y gobierno.
¡Ciudadanos de ambas cámaras de la heroica Nación Mexicana! ¡ Que

605

�tro las conquistas de la Revolución 1 ¡ Que lol
no sean perdipod'das p~:sotrib:ten a las ideas del siglo y a los ~delantos ~
secuaces del
er
.
.
. de su fonado y tard10 arrepenti. il' •6
América los testunoruos
la CI\.' izaCJ n en
l C tituci6n que vuestro com•
1 Q
vuestro ardiente celo por a ons
'
,
miento. 1 ue
•
.
d ue vuestra previsión y energia os fatante amor a la patna Y ª la ltberta ' q U 'd Mexicanos al alto puesto
cilite el dulce placer de elevar l~s !stad:do
~:bitro supremo de los desde prosperidad y grandeza que a ecre

:1

tinos!
JUAN

A.

MATEOS,

Historia de los Congresos Mexicanos, III, pp. 11-13.
111

APERTURA DE SESIONES
DISCURSO PRONUNCIADLOCEO~:;~O ACIONAL, EL 4 DE
EXTRAORDINARIAS DE
AGOSTO DE 1825

Señores:

·

extra

.ó
ocar al Congreso a SCS1ones
•
Facultado por la Const1tuc1 n para c:on_v
debo con atularme con vosgr
b '6n o
rd . anas· en el caso que lo crea conveniente,
.

o in
•
· para la apro ac1
con la Nación de que n1 para este paso, m .
. ....li..
otros y
•
. o se han ofrecido motivos de angustia, Y-acuerdo del ConseJo de Gobtem '
.
.
•¡ ·6n en la marcha de 111
alarmantes sobre las costas o el mtenor, vac1 ao
..
a tor•
gros
'dad
·unpen'osa
que
os
llamase
a
d1s1par
un
. ºtu .
s o alguna necest
'd
J.DSh cione
1 torbellino de las pasiones conmov1 as.
O
menta desoladora a e~renarpodc ,. t mar el uso y ejercicio de vuestras taAfortunadamente, Senores,
eis o
.
,
avanza sin obf.
eas en los momento en que la República, qweta y prospera,
r
.
táculos en la carrera de sus destinos.
.
raz6n
a los votos de loa
Yo he querido satisfacer a los deseos de nu co
yl
rf ción de loa
ueblos
que
demandan
urgentemente
el
complemento
y
a
pe
ec
P
'
•a1
zaron
a
plantearse.
beneficios que en el orden SOCt comen
de un modo
Los au;ores de la Constitución Uen.aron su augusto ,encargdo
tribudo. tras asar una linea e sus a
tan admirable y circunspecto&gt; que sm
p
lid .6n y hennOldfl
nes dejaron levantado el edificio que para su conso ac1
f erzos
' 'ta de vuestros trabajos y de la continuación de vues,tros es u
. necesi
.
anifi ta ineqw,•ocamente su &amp;·Ahora que la Nación, siempre Justa, ~. _1esd 1 .
periodo constifll, .
¡ ·
empleo que hiwteis e pruner
titud por el util y g onoso
.
l obra de la sabiduría sea consdl"
cional; ahora, conciudadanos, exige qu_e a
da por los consejos de vuestra prudenoa.

606

Vuestra previsión y mis ojos se han fijado en las grandes cuestiones que,
recomendadas a vuestro celo, no podrán dejarse a la ventura o e perar su
resolución para tiempo más distante.

En los movimientos tan complicados de la máquina política, la falta de
una rueda es bastante a pararla o a causar tal vez un fatal retroceso, que
cuando las resistencias se multipliquen sólo un sistema fuerte y armonioso contervará el vigor )' el equilibrio en los di\'ersos órdenes de la sociedad.
Por lo que a mí toca, no desempeñaría satisfactoriamente los deberes de mi
situación si no cooperaseis conmigo a superar los embarazos que la inexistencia de ciertas leyes, y mi profundo respeto a la salvadora división e independencia de los poderes sociales han de oponer al ejercicio de la autoridad que
la Nación quiso confianne.

Los depositarios de un poder que falla sobre las acciones y la conducta de
los más altos funcionarios de la República, que establecidos vigilantes sobre
el wo de nuestras respectivas facultades deben hallarse expeditos en todos
momentos para condenar al criminal y absolber al inocente, no serán responsables, ni se cumplirán los designios del código fundamental, entre tanto no se
arreglen por una ley orgánica las funciones de su in. tituto. Sin los Tribunales
de la Federación, ella será un caos: en esta parte, eñores, nada hay hecho.
En los territorios no se regulariza todavía la administración de Justicia y las
precisas garantías del hombre en sociedad, interesadas en este asunto, reclaman su pronta resolución.

La inestimable libertad de la prensa no se ha. colocado en el punto de que
no es conveniente en nuestras corcunstancias avanzar ni retroceder.
La hacienda nacional, esta sangre vivificante del Estado, exige consideraciones, reformas y establecimientos importantes. El de Ja dirección del
crédito público nos nivelará con las naciones que por su religiosidad en lo
pactos han afianzado irrevocablemente su existencia.
La moral del Ejército llama la atención del legislador para que se regenelffl el carácter y las costumbres, nacida en la guerra. Por más que los cla-

mom

de los pueblos hayan resonado cerca de Jos tronos absolutos de Euro-

pa, han prevalecido desgraciadamente unas máximas no menos fatales al ro~rcio que al reconocimiento de nuestros derechos. La disciplina, el completo, la organización de las fuerzas de mar y tierra nos pondrán, Señores, a
cubierto de las asechanzas y aun de las agresiones del universo entero, si se
conjurase para perdernos. El Gobierno se ocupa del sistema de defensa. La
República es invencible: todos sus hijo,. con la unánime aprobaci6n de los
hombres libres, sostienen denodadamente los fueros de su patria.
. Abierto para las naciones mercantiles este rico mercado, que la poütica susY también mezquina del Gobierno de España tenía reservado a sus ra-

picaz

607

�teras especulaciones, nos hallaremos tal vez en el caso de formar trawk.
que los mismos intereses comerciales requieran.
Todos los acontedmientos relativos a nuestro país se suceden y aun se
atropellan, y para negocios de tanta importancia vuestras facultades no ae
han limitado. La curiosidad, el espíritu de industria, la sua\idad de nuestra$
leyes y costumbres, la reputación de la opulencia mexicana todos est&lt;&gt;s iJn.
pulsos conducen a nuestros puerto un sinnúmero de e.xtran je ros. Para su
admisión, libre tránsito y establecimiento en los Estados y territorios de la
Federación, son urgentes leyes de policía que combinen a nuestra seguridad
con el buen trato de los que vi iten nuestro suelo. Para animar la industria
daréis, señores, a los privilegios exclusivos las consideraciones que se merezcan.
Estas materias de conocida gravedad y otras de no menos influencia en la
administración, se han sometido a los acuerdos del Congreso, que en perfecta consonancia con los designios del Gobierno, ocurrirá a todas las necesidades públicas en el tiempo y con la oportunidad que ellas indicaren en sus relaciones recíprocas.
En el momento, Señores, que vais a entregaros a nt1evos afanes, en oble.
quío de una patria de que sois el apoyo y ornamento, el1a en su marcha siem•
pre progresiva se le\'anta con dignidad en medio de todos los pueblos de la
tierra. Gloriaos, conciudadanos, de estar al írente de una nación que en los
primeros pasos de su infancia ya se concilia el respeto y la admiración del
mundo. México, por sentimientos de generosidad y benevolencia, desea la
paz y las más francas comunicaciones con el resto del globo. México, fuerte
y opulento, libra su existencia y su conservación a sus propios rrcursos.
¡ Ciudadanos, la patria ha vuelto a fijar sus ojos sobre vosotros!
JuAN

A.

MATEOS,

Historia de los Congresos Mexicanos, III, pp. 231-233.

IV

ru

Dl CURSO PR01
CIADO E LA CLAUSURA DE SESIO ES
EXTRAORDI ARIA DEL CONGRESO NACIONAL. EL 19 DE
DICIEMBRE DE 1825

eñores:
Un d eo tan ardiente en vosotros como en mi pecho cl que se perfeccionase el sist roa y la organización de la República, os reunió a principios de
agosto, después que fuisteis convocados a sesiones extraordinaria , en u!IO de
la facultad que me concede la Constitución Federal y de acuerdo con el Col&gt;-

608

~jo de ~biemo, para que deliberaseis sobre los negocios de alta importanaa que senalé, en c~plimi~to del Art. 72 de nuestro C6digo.
En pocos d1~. habéis analizado con ojo muy penetrante las relaciones de
moral Y_ de ~huca q~e _envuelven las materias sujetas a decisión. Si un anhelo o mqu1etu~ patnóttca parecía demandaros la expedición de diferentes
leyet, ella ~ sausface con la sabiduría de las que habéis dado, con el adelanto de trabaJos
ha1 .. _quedanuncian obras completas en el orden social y con Ja espe~
~ena e. que pronto Yolveréis al ejercicio de vuestras augustas
funciones,
mterrump1das
un breve espacio de tiempo, para s61 o marcar el
.....(od
. . a1
t"'.. o const1tuc1on .
~ Cámaras han manifestado designios y miras muy profundas en la discusión que prepara una ley orgánica para la Corte Suprema de Justicia. Se
han desarrollado teorías luminosas que suponen el perfecto conocimiento del
corazón del hombre.
Se ~ta nada ?1enos que de someter al fallo inexorable de la lev a los que
ella
coloco en los puestos más elevados de la República. E,
ció misma
il
,
sa corporan ~ reune en un seno ciudadanos íntegros y patriotas¡ pero las leyes
no con51de~ personas cuando establecen garantías. La sabiduría del legisla~ se extiende a todos los casos posibles¡ vosotros no dejaréis vacilante la
vida, el hono~ Y la propiedad del ciudadano. Vosotros salvaréis a )a República
en el santuano de la Je)'.
El arreg~o para la administración de Justicia en el Distrito y Secretarias de
la Federación, cuya urgencia recomendé a las Cámaras no tardará en d
mar sus ben f ·
,
erra.,
e 1cios en los pueblos, que esperan todo de los altos poderes de )a
~on. En esta_ parte jamás serán quiméricas las ideas de perfección: al
re se d_ebe irrevocablemente su seguridad y su reposo.
La desem6n que arruma
· 1os eJcrc1tos
·.1. •
y ha plagado desgraciadamente el
nuestro, porque las revoluciones producen males necesarios, ha excitado vuesque desaparezca de las filas de los hijos de la victoria.
.
cion apetece con ansia el establecimiento de su créd1'to la cl--=,·c
a6n li 'd ,6
,
= 1 ada
~ui. ª~ ~- de la deuda, _que se afecten intereses a su pago y se difun.
pnncapio '- 1lal en los capitales que animaron la industria· ella se lisonjea con
' pueblos en
la la ~esperan za que .hab''
e1s fun dado de nivelamos con los
qu~ ensenanza es el meJor apoyo de las instituciones
aumenta incesantemente la confluencia de ext~jero a nuestro país
quMcchse apresuran a visitarlo para cultivar relaciones de utilidad recíprocas'
u os han elegi'do una patna
· en este manantial de riqueza y abundancia ·
of: •
rtaendo
en
garantía
.
"'- Sea al
Y recomp~sa sus cap1tale.~.
su industria y sus sudo-•
especulador, sea al v1aJcro, sea al colmo infatigable a todo
J&gt;rometc el aro
d
.
.
,
s se
tau .
paro e 1eyes hosp1talanas que sabrán combinar con las preetoncs que demanda la seguridad del Estado.

tro~e~:~~
u:

609
H39

�El mundo civilizado ha fijado la vista sobre estas medidas de salud en que
briJlarán a la par la seguridad y la previsión del Congreso mexicano.
La libertad de la prensa es de esencia vital en las naciones que se gobiernan por máximas y principios liberales; pero ella se acomoda a las circ\Illlo
tancias peculiares de los pueblos, porque el más y el menos en esta delicada
materia son relativos a las creces de la ilustración y a las mejoras del sistema
moral. Vosotros os habéis ocupado de un asunto el más grave para los hombres de Estado, y las ideas anunciadas y debatidas en la Cámara de Diputados prometen, sin dejar lugar a la duda, que saldrá de westras manos una
ley eminentemente conciliadora de la libertad con el orden y el respeto público.

El ejercicio del Patronato en toda la Federación, este negocio que hada
más y más necesaria la especial atención del legislador, llamó la westra y nada restará que desear a los pueblos, tanto tiempo inciertos, sobre la natura-leza de sus relaciones con la Silla Apostólica.
¿ Para qué, Señores, caminar con vosotros en los detalles de los afanes que
habéis impendido en obsequio y bien de la patria? Apenas se citará una sola
de las cuestiones marcadas en la convocatoria que no haya merecido de VOiotros consideraciones importantes.
El Supremo Poder Ejecutivo, depositado en mi persona por el sufragio de
los pueblos, que tanto han empeñado mi tierno reconocimiento, os impondd,
en el tiempo en que manda la ley, de sus tareas y de los resultados que han
producido.
Os anticipo, Señores, que mi voz excitará en vosotros sentimientos de júbilo,
porque os gozáis en la felicidad y engrandecimiento de la República.
¡ Ciudadanos Diputados! ¡ Ciudadanos Senadores! La Patria os reconoce el
útil y glorioso empleo de vuestras luces y de su confianza.
JuAN A. MATEos, Historia de los Congresos Mexicanos, III, pp. 342-343.

V
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA SESION DEL lo. DE ENERO
DE 1826, lNICIAL DE LAS ORDINARIAS DEL CONGRESO
NACIONAL CORRESPONDIENTES A DICHO ~O DE 1826

Señores:
Multiplicándose los sucesos prósperos de la patria más allá de lo que nOI
ofrecía la halagüeña perspectiva del año anterior: adquirida en todo su
610

cur•

so una consideración eterna, que ha satisfecho nuestras esperanzas; alimentándose su colmo y la idea de una felicidad sin término, en el desarrollo progresivo de tantos recursos y elementos de poder y de grandeza, que abundan
en la nación afortunada; cosechando fielmente el fruto de quince años de
trabajos y heroicas fatigas; México al nivel de los pueblos grandes del univeno, prometiendo avances gigantescos en la carrera de la ilustración; este
conjunto maravilloso desenvuelve el magnífico plan que trazó la Providencia, arreglando con sabia mano el orden, los medios y el complemento de los
destinos de la República.
La augusta ceremonia que me ha rodeado, con inexplicable placer mío,
de los representantes del ilustre pueblo mexicano, hoy que vuelven a entregarse a sus preciosas tareas legislativas, me conduce a presentar a las Cámaras y a la Nación entera el bosquejo del año de 1825, que será marcado
en nuestros fastos como el más abundante, a los que pasarán hasta aquí en
favores que nos ha dispensado el Dios de la naturaleza y de las sociedades.
Cumplo al mismo tiempo con el grato deber de hacer públicos los actos
todos de mi administración, entre tanto los Secretarios del Despacho llenan
la obligación que la Constitución les impuso de dar cuenta al Congreso, al
principio de cada año, del estado de los negocios en sus ramos respectivos.
El mes de enero del año que acabó ha merecido una grande celebridad,
por haberse en él manifestado a los agentes diplomáticos reunidos en Londres
la disposición en que se hallaba el Gobierno de Su Majestad Británica de
entrar en relaciones amigables y reconocer la independencia de los nuevos
estados americanos.

Este golpe decisivo de la profunda política del Ministerio inglés ha desconcertado los planes y las maquinaciones de los enemigos exteriores, sorprendiendo a los gabinetes de las potencias coaligadas. Así se ha revelado el
arcano de sus intenciones ulteriores y se les ha precisado a confesar que para
más adelante renuncian a toda intervención a mano armada en los asuntos
de las Américas insurreccionadas .
. Tratábase de extender y consagrar más acá del Océano el absurdo principio de legitimidad y de arruinar en el Nuevo Mundo las ideas liberales. Protestas, actos reiterados, correspondencia misteriosa en la corte de Madrid, todo esto conspiraba a fundar sospechas de que España para salvar las reliquias
de su dominación detestable procuraría ser asistida pór los ejércitos y marina de otras naciones.
La invasión de la península de 1823 encerraba el fatal designio de poner
ª ~emando VII expedito para emprender la reconquista de sus antiguas colonias. Proclamando a los españoles el Generalísimo francés, quiso significar
ser éstas las miras de su augusto tío. Concédase a la Nación Británica el ge-

611

�neroso sentimiento de volar al socorro de la causa de la razón, de la justicia
y de la libertad, y de haber redimido a las Américas de los males y d ~
tres de la guerra por la interposición de su tridente. Es tanto más lisonjera.
la deuda de nuestra gratitud, cuanto que la resolución del Gabinete de San:-James se ha apoyado en el voto unánime de los ingleses interesados en toda
sus relaciones por el triunfo de la independencia americana.
Una nación eminentemente industriosa, en la cual la política y el comer,,cio dan vuelta sobre un eje, participa de los adelantos y estabilidad de otrat
naciones que poseen las materias que el lujo y las costumbres han hecho D6ó
cesarías. Acontecimiento de tamaña importancia ha abierto la puerta a la
comunicación de dos mundos. México, llamado por su feliz localidad a figu.
rar notablemente en el nuevo orden de cosas, se envanece con la riqueza inagotable de su suelo. Nuestro agente en Londres disfruta desde entonces a
rango diplomático, con que ha sido anunciado por nuestro Gobierno. En la
capital de la República reside el Encargado de Negocios de Su Majestad Bdtánica y asociado a Mr. Morier, que arribó a Veracruz el 15 del mes anl8rior, entenderá dentro de breve en la conclusión de los tratados, que espeso
confiadamente llegarán a conciliar los intereses de ambas naciones. Las 06,.
maras, en desempeño de la facultad 13 del Congreso General, se ocuparán ea
sus sesiones de este grave negociado, que tiene suspensa la atención de Europa.
La Francia ha pronunciado solemnemente sus vivos deseos de afianzar d
relaciones mercantiles con ésta y las otras Repúblicas modernas de la Amrica, bajo garantías nacidas de su Gobierno. Será de apetecer, más bien para la utilidad de Francia que para la del Nuevo Continente, que en su Gabinete prevalezcan los clamores de esos franceses que anima siempre el cJa.
mor de la gloria y que solicitan con ansia un nuevo y rico mercado para dar
salida a su abundante industria. Cuaquiera que sea la verdadera faz del »
to original en la diplomacia, por el que se ha reconocido la independencia
de Haití, él ha justificado incontestablemente el derecho de insurrecci6n llll
los pueblos y elevado el principio de la conveniencia del triunfo sobre el
otro principio que no distingue a las sociedades de hombres de los rebaiol
de pastores.
Sin temor de equivocarme, considero este hecho como un paso avanzado
de la Francia, que la conducirá gradualmente a imitar el glorioso ejemplo
de su diestra rival. Este juicio se apoya recientemente en el acuerdo de 1t
corte de Versalles para enviarnos un agente de comercio y admitir otro au.
torizado por el Gobierno de la República. No es fuera del caso la oh~
ci6n de que esta misma marcha fue la de Inglaterra, antes de consumar •
proyectos en el Nuevo Mundo.
Por más que se quiera alejar el momento de una revolución definitiva par

612

parte de la Francia, es cierto y de gran complacencia para los amigos de la

humanidad que sus actuales disposiciones no sean de modo alguno alarmantes contra la República.
El Rey de los Países Bajos, descendiente de aquel Orange, ilustre propaga&lt;for de las libertades, que rige a sus pueblos con equidad y justicia, ha reconocido un cónsul provisional de México, que funciona expeditamente en la
nación que levantó sobre pantanos disecados el genio activo y emprendedor
de sus habitantes. Mr. D'Cuartel, Comisionado del Rey en la República me
.
b
,
expreso a nom re de su Gobierno, la adhesión que profesaba a los principios filantrópicos de nuestra existencia.
El Presidente del Consejo de Gobierno de Prusia ha comunicado el nombramiento de un agente comercial en la República, que se halla en esta capital de la Federación. Los progresos de la Compafiía de Comercio del Rhin
han empeñado sin duda al Gabinete de Berlín a abrir a su paso esta senda
desconocida para el centro de Europa.
Algunos periódicos extranjeros han comunicado noticias satisfactorias de
las ~tuaciones de Suecia y Dinamarca, y si bien carece de datos y despachos
oficiales p~ as~los a las Cámaras, considera muy puesto en razón que
dos ~tencias mantunas que no se hallan al inmediato alcance del influjo
extraño y pueden reemplazar algunos artículos de comercio que mantenía
España, se apresuren a amistarse con las naciones americanas.
En 13: conducta del Emperador de las Rusias no se descubren prevenciones hostiles contra la admirable Revolución de las Américas, y como México
es de todos los nuevos Estados el que más se acerca a las posesiones rusas, tarde O temprano se establecerán comunicaciones con el Gobierno de San Petersburgo. Nuestra consideraci6n se fija desde ahora en el memorable úkase de
2!I de septiembre de 1821, que prohibe a todos los que sean rusos todo comerClO, pesca e industria con las islas y costas del N. O. de América, desde el Estrecho de ~ehring hasta los 51 grados de latitud N. y en las Islas Aleutianas y
la costa onental de Siberia y de las Islas Kuriles. Las reclamaciones de los Estad U n1'dos del Norte explicaron
·
bastante lo que esta ley importaba a la soberanía del mar.

?5

El Santo Padre, que reúne la doble investidura de Soberano de Roma y de

cabeza de la Iglesia Católica, excita la veneración y ternura de los mexicanos
~ue aspiran con ansia a relacionarse con el Padre de los fieles en objetos excluBIVamente religiosos y eclesiásticos. La benévola carta que me ha dirigido a 29
del último julio el Sr. León XII, manifiesta sus ideas de justicia y hace creer
que nuestro enviado, que llegó a Bruselas en agosto del año pasado sea paternalmente recibido a tributar homenajes al legítimo sucesor de
Pedro.

sar:

Y viniendo a las naciones que habitan el feliz hemisferio de Colón, la justi613

�cia y la gratitud me obligan a mencionar antes que a todas a la más antigua
de América y la pómera del mundo civilizado que proclamó solemnemente
nuestros derechos, después de habemos precedido en la heroica revolución de
sacudir la dependencia de la metrópoli. Los Estados Unidos del Norte, modelo de virtud poütica y rectitud moral, progresan bajo el sistema de Repúbli,.
ca Federal, que adoptado entre nosotros por el acto más espontáneo de que
hay memoria, nos nivela con la patria de Washington, robusteciendo la uni6n
entre las dos naciones confinantes.
Un Ministro Plenipotenciario acreditado cerca de nuesro Gobierno es el
comisionado para celebrar tratados que no tardarán en someterse a la deliberación de las Cámaras. Es demasiado urgente el arreglo definitivo de loe
límites de ambas naciones y el Gobierno prepara trabajos que facilitarán la
conclusión del negocio sobre las bases inalterables de franqueza y buena fe.
La República de Colombia, para jdentificar sus principios en paz y en
guerra con la nuestra, concluyó un tratado de unión, liga y confederacilm
perpetua, que ratificado solemnemente es el apoyo inviolable de la armonía
de dos países amigos y aliados naturales. La escuadrilla de Colombia se hallaba pronta a dar la vela para nuestras costas en cumplimiento de uno de los artículos de la convención; pero el Gobierno contempló innecesaria su venida
por los sucesos de nuestras armas.
Las grandes virtudes del Presidente Bolívar en el Perú apresurarán su or•
ganización apetecida. La independencia de aquella RepúWica fue reconocida
en tiempo del protectorado del General San Martín y después no se ha presentado en México ministro caracterizado por alguno de los varios gobiemol
provisorios del Perú.
El jefe de las Provincias Unidas del Río de la Plata me ha protestado la
amistad más firme y más cordial de aquelJa nación con la mexicana.
La República Crulena, no exenta de oscilaciones momentáneas no podrá
dilatar su comunicación más íntima y más frecuente con México.
En el año pasado han tenido lugar algunas contestaciones con la República
del Centro (Centro-América) para salvar la integridad del Estado de las
Chiapas, y el Gobierno, en consonancia con las intenciones del Congreso, dará la preferencia a los medios de paz y amistad, entre tanto sea p0sible Y
basten a garantir el deseo de la nación. Se halla nombrado un Encargado
de nuestros negocios en Guatemala, que marchará tan pronto como obten•
ga la aprobación constitucional de la Cámara de Senadores.
No tardará en reclamarse la suspirada unión de los representantes de todas las naciones americanas de [en] Panamá para consolidar el pacto Y la
amistad más franca de la gran familia, que multiplicando los prodigios del

614

valor y los esfuerzos de la constancia, rechazó para siempre el dominio español. Los plenipotenciarios de México se hallarán en el mar en todo el mes
que hoy comienza. Felicito a las Cámaras y al Continente Americano por la
aproximación de un suceso que recomendará la Historia como el de mayor
trascendencia que acaso podrá ocurrir en el siglo XIX.
Y volviendo la cara a la brillante situación del interior, nuevos e importantes triunfos han sublimado la gloria de la República. La Escuadra Española del Pacífico, que entretenía las esperanzas del Gobierno de Madrid
aun después de la campaña de Ayacucho, capituló a lo. de mayo en Mon~
terrey de las Californias, aumentándose nuestra marina con el navío Asia
hoy Congreso Mexicano, y el bergantín de guerra llamado Constante. Es in~
calculable el valor de este hecho en lo político y supone en lo moral consideraciones altamente honoríficas a México, que fue elegido entre todos los
Est3:dos que dan frente al gran Océano para recibir los últimos despojos del
monbundo poder español en los mares de la América. Empeñada la generosidad de la República para con los desgraciados que adoptaban una nueva y mejorada patria, les ha pagado todos sus alcances al Gobierno Español,
que falta a todos sus empeños cuando demanda sacrificios.
Las Cámaras participan en estos momentos del gozo que me enajena, record~~º que al cabo de cuatro años de tentativas y afanes inútiles para la
rend1c1on del famoso Castillo de San Juan de Ulúa ha abatido el pabellón
q~e a_lzó Cortés en las aguas mexicanas. Ha resultado de las anticipadas combma~1~nes del Gobierno, del vigoroso asedio por mar y tierra, y del atrevido
~ovimiento de nuestra marina sobre la del enemigo que impulsó una mano
d~estra: ocu~aron nuestras tropas el 21 de noviembre la posesión que se apellidaba el Gibraltar de América, que podía decirse la llave de América y que
conservaban los enemigos jurados de la Independencia a las puertas de la
Re~ública. Un suceso de tanta magnitud y que ha sido objeto de los más
~ientes votos de los patriotas, bastaría a indemnizar a la Naci6n de sus pérdidas en largos años de lucha, a lisonjear al Congreso y al Gobierno del logro de sus tareas, encaminadas todas a beneficio de los Estados Mexicanos.
~a R~pública se ha colocado en la altura de consideración que explican
:~amos repetidos &lt;:1da día y se h~ _impreso el último sello al triunfo de
,,ran causa de la libertad de Amenca, radicalmente identificado con la
suerte de México. El Gob'temo que ve sentado al Congreso Nacional en el
trono de la Justicia, reclama de su augusta munificencia las recompensas de
que son merecedores los valientes soldados de la patria.

La H_ac~en
· da que en todos los países es el bar6metro de su riqueza y en~an?,ecuniento, prepara un aumento el más ventajoso de ingresos. La amortizacion de ca 1.tal ha 'nf did
P es
1 un
o en los acreedores la confianza que consti-

615

�tuye la magia de nuestros recursos. El crédito nacional en los mercad01
tranjeros adelanta a proporción que se observa nuestra religiosidad con
casas prestamistas. La de Barclay, Richardson y Co., de Londres, n ~
ventajosamente el préstamo para que fue comisionada por la República. tt.:
chosamente se ha usado muy poco de él para gastos comunes. El apresto ff:
buques, annamento, vestuario y remontas para el Ejército, recoger v ~
y productivas cosechas de tabaco, amortizar parte muy respetable del pit,.
tamo contratado en 1823 con la casa inglesa de B. A. Goldsmith y Co., 'f 4
puntualísimo pago de dividendos de intereses y amortización ordinaria, ha
sido el objeto de su producto liquido; pero con la utilidad que se admira íii
el Ejército, en las creces de la Marina, en la adquisición de Ulúa, en la sep.
ridad interior y exterior que disfrutamos y en otras mejoras.
Satisfaciéndose la mitad de los productos de las aduanas marítimas en ellíl
mismas y la otra en México, por acuerdo del Gobierno se han dado 6 ~
muy estrechas para que se deposite la mitad de aquéllas, que es la cuarta
parte del total de su valor, en Veracruz, Alvarado, Pueblo Viejo de Tampiat,
Tampico de las Tamaulipas, Soto la Marina y Refugio para emplearla n1giosamen te en el completo y pronto pago de dividendos y amortización ordiDJ,
ria, sin necesidad de ocurrir para este empeño al resto del último empr&amp;titó
que se halla en Londres a disposición del Gobierno.
El urgentísimo arreglo de aranceles marítimos imprimirá en el comercio
el mayor impulso de que acaso necesita, y la balanza venidera mostrará \11111tajas, comparada con la de 1824 y aun con la de 1825 que será más general
y perfecta, las aduanas marítimas meses ha que caminan a su total organizaci6n y la tendrán sin duda por el plan designado al intento. Los Estadas
de las Chiapas, Querétaro, Puebla, Tabasco y Yucatán han recibido los 111xilios en numerario a que no alcanzan sus arbitrios del momento. Ellos •
harán productivos y cesarán las remesas. Los situados a Béjar, Coahuila, aihuahua y Tejas se han atendido oportunamente. A las Californias se •
viaron socorros de toda especie. Los almacenes generales de la capital se
llan abastecidos con abundancia de vestuarios y armamento para el Ej&amp;citoi
lo que asegura su decente permanencia.
El comercio, canal de comunicaci6n entre el que consume y el que produce, progresa de un modo superior a todo cálculo en los puntos litorales de
México, y ni el monopolio, ni la rivalidad han podido alterar los mercadal
Empero, la prosperidad del comercio exige una breve y cómoda circu)aci6ll
interior a que las Cámaras darán la última mano, considerando en su »
tual reunión el proyecto de caminos. Apenas se ofrecerá un asunto en qut )a
opinión se haya expresado más terminantemente.

»

El sistema de Hacienda, adoptado por la soberanía de la Nación se ha pJaa,

616

teado eficaz y cumplidamente por el Ejecutivo. A beneficio de constantes esfuenos y para colmo de nuestra ventura, puedo anticipar a las Cámaras el grato anuncio de que es probable sean cubiertas las obligaciones del año que comienza con los productos natW"ales de nuestro suelo. Aquiétense los pusilánimes que desconfiaron de los inmensos recursos de la naturaleza, del genio y de
la industria de nuestra patria bienhadada.
El Ejército ha restablecido la moral, principio de su vida, y la disciplina ha
adelantado en un año, sobre toda ponderación en los cuerpos de línea y también en los de milicia activa. La brillantez de los equipajes, la excelencia de las
annas contribuye en gran manera a equiparar nuestro Ejército con los mejores
del mundo. Ha llegado a la República más de la mitad del cuantioso armamento encargado a Europa y se está recibiendo paulatinamente el resto para llenar
sobradamente las atenciones de la Nación. Ella cuenta con artillería para los
puntos fortificados de las costas y servicio de campaña. En Perote se ha mandado formar un abundante depósito de municiones para resguardarlas de la intemperie de la costa del norte, y con otras miras de notoria conveniencia. A las
Compañías Presidiales se les ha dado forma provisional mientras las Cámaras
resuelven en la consulta de 23 de marzo último, cuidando de proveerlas de vestuario, armamento y municiones para imponer a las tribus no civilizadas. La
de indios yaquis en la Alta Sonora se alzó, cometiendo algunos asesinatos; pero la actividad del jefe militar y de las autoridades políticas los han puesto en
disposición de pedír la paz y de evitarse la repetición de semejantes atentados.
El Congreso, acordando medidas análogas a sus sentimientos filantrópicos y
a la compasión que inspiran esos desgraciados individuos de la ~aza humana,
les facilitará los goces sociales, ahuyentando por siempre la bárbara política del
Gobierno español, que por reglamentos impresos y circulares a los jefes militares de aquellas fronteras, mandaba provocar la guerra para conseguir la destrucción. El Gobierno ha procurado atraer a los caudillos por todos los medios
d_e paz y lenidad, y la espada no se desenvainará si no es para castigar sublevaciones. Los puntos de aproximación al enemigo se han resguardado con el oportuno envío de tropas.
. ~ estado de defensa en Yucatán es muy respetable y el Gobierno por in.me~ a Cuba se ha empeñado en atenderlo. No están por demás las precauª?"es, aun en el caso de que sea evidente la importancia física y moral del enenugo. Los menoscabos y descomposiciones de la importante fortaleza de San
Juan de Ulúa han comenzado a repararse a fin de que el primer puerto de la
República en el océano se mantenga en perfecta seguridad.

Nuestra armada, después de haber hecho su deber en la rendición de Ulúa
se halla expedita para guardar nuestras costas de las incursiones de los piratas ;
contrabandistas. Buques de alto bordo que se esperan aumentarán sus fuerzas
617

�brevemente y protegerán el comercio en el Golfo mexicano. Tienen iguales atenciones dos bergantines de guerra y lllla goleta en el Mar del Sur. La correspondencia con California que estaba paralizada por falta de buques, ha vuelto
a tomar incremento con dos goletas correos, construidas en San Blas. El navío
"Congreso Mexicano", en estado de armamento, zarpará de Acapulco denm,
de un mes, a más tardar, para el Mar del Norte, donde prestará los útiles servicios que la Nación le confiera.
Encargado el Supremo Poder Ejecutivo de vigilar la pronta y cumplida ad.
ministración de Justicia de la Federación, ha dirigido sus conatos a que las Je,.
yes existentes a favor de la propiedad, del honor y la vida de todos los ciudadanos, no sean brillantes quimeras, ni los juicios otras tantas redes para el ino,
cente o el fundamento de la impunidad de los culpados. Las Cámaras conocen
hasta dónde se extiende el resorte del Gobierno y la generalidad con que se afecta esta parte complicada de la organización social. Hay trabajos del Congreso
para que el alto Poder Judicial emprenda su marcha; los adelantos para el arreglo de la administración de justicia en el Distrito y Territorio de la Federación
acabarán de afianzar a los beneméritos ciudadanos que las componen las inettimables garantías del hombre en sociedad.
Examinadas las constituciones publicadas en los Estados se advierte el ti•
no y circunspección con que las Legislaturas han establecido las bases en este
ramo, bajo las formas de la Constitución Federal y los principios lumin~
de la ciencia de la legislación. Son asombrosos los progresos de la moral en
la República y ellos testimonian no menos el carácter dulce y suavísima Ín•
dole de los mexicanos que la regularidad de las instituciones adoptadas y su
analogía con las costumbres nacionales.

Academia de San Carlos tiene abiertas las puertas de la formación del buen
gusto en las artes que sirven a Ja comodidad de la vida.
Ha empezado a formarse el Museo Nacional, que será el depósito de Jo
más raro y precioso de nuestro suelo para la ilustración del joven aplicado y
la admiración del viajero. En los Estados se crean colegios para el estudio
de las ciencias físicas y morales, comprendiendo la económica, la legislación
y los demás conocimientos que volvió exóticos para nosotros la pusilanimidad de la administración española. MuJtiplícanse las escuelas de primeras
letras y se va generalizando el sistema de Lancaster por las tareas de la Com.
pañía de México, atL'"&lt;iliada por el Gobierno. Varias sociedades y academias
secundan el movimiento rápido de la ilustración. Los más de los Estados han
adquirido imprentas y el libre pensamiento del mexicano hace sudar las prensas hasta en los confines de la República. El Gobierno se ocupa en meditar
un plan extenso de educación, que merecerá de la Cámara la atención que
reclama la primera de sus facultades exclusivas.
El laboratorio de minas ha dado empleo a crecidos capitales extranjeros,
ha vivificado 1a población del interés y ha animado su agricultura y comercio. La ociosidad ha desaparecido, los brazos hallan ocupaciones útiles y reviven las esperanzas de familias que de la opulencia pasaron a la mendicidad. Una noble competencia reina en los ingenios de moneda y la circulación de los signos de valor se aumentará a la par que la riqueza pública. La
introducción de máquínas para el beneficio de los metales, la venida de artistas consumados difundirán aquí las luces que se envidiaban a Ja Europa:
mi imaginación apenas alcanza el colmo de felicidades que se preparnn a la

Los ladrones y foragidos, acosados en los Estados, se habían refugiado
en la gran capital y a merced de su numerosa población perpetraban en las
sombras de la noche y a la luz del medio día sus infames atentados. Ellos ex•
citaron la ener&lt;Yía del Gobierno, que apoyado en la saludable ley de 3 de OC•
tubre ha logrado hacer desaparecer los crimcnes, castigarlos y prevenirlos.
El jurado para los delitos atroces, ensayado en el Distrito Federal, podría conducimos al agradable descubrimiento de haber llegado la República al estado
de perfección que supone este género de juicios.

La industria que secundariamente pertenece al fondo de nuestros recursos,
~ejora visiblemente. Fábricas de papel, ferrerías, hornos de vidrio, bilandenas de algodón, todo esto comprueba la actividad y el genio emprendedor
de los mexicanos. Aunque hasta ahora aparece como problemática la comunicación de los dos mares por el Istmo de Tehuantepec, mediante la apertura de un canal, ha desaparecido toda duda sobre la facilidad de abrir costas
Y_ ~uy buenos caminos carreteros para eJ comercio del mundo. La expedicio~ _que el Gobierno mandó a aquel país, ha regresado confirmando estas
noticias Y dejando satisfechos en gran parte sus designios. El Secretario del
D~acho de Relaciones detallará a las Cámaras los incansables afanes del
~obierno para no dejar un solo vacío en los importantes objetos de la creaci6n, fomento y adelanto de la organización interior.

La ilustración se difunde por todas las clases de la sociedad. El Gobienio
se complace en la mejora de los establecimientos de educación, en la fonna
de otros y en el empeño que se manifiesta por hacer inextinguibles las luces
en el pueblo. Una reunión escogida de ciudadanos amantes de la gloria de
la patria concibió y ha realizado el designio de crear en la capital un institu·
to para la perfección de la ciencia, de la literatura y artes. El Ejecutivo aprobó los estatutos y ocurrió a las Cámaras para el señalamiento de fondos. La

618

patria.

~ennítaseme distraer a las Cámaras en esta serie no interrumpida de prospendad, con el triste recuerdo de las víctimas que ha arrebatado la peste, segando las cabezas de la niñez y de la tierna juventud. El Gobierno ha visitado

619

�las mansiones del dolor y sus auxilios se reprodujeron tanto como los
y sus lamentables efectos, que felizmente no existen ya.
Mas, un consuelo sin límites nos fija nuevamente en el desarrollo díl
germen de nuestras libertades, que formando por instantes un árbol feam,;
do y lozano, extiende los elementos de vida en el cuerpo federativo.
Un año ha que se lamentaban de nuestra suerte los que nos infirie.nm él
tamaño agravio de suponemos incapaces de ser regidos por el más subliaw
de los sistemas conocidos.
El Código de la Nación se reputaba una teoría vana en sí misma y quie
el desengaño vendría a ser su último resultado. Creíase que nuestros 1egi111,
dores distinguidos, destituídos de previsión, o arrobados si se quiere de ia
torrente de ideas peligrosas, envolvían a los pueblos en los desastres de la
anarquía, cuando los llamaba a la perlección social. Los mexicanos, oonna,.
turalizados con lo bueno, lo grande y lo perfecto, burlaron estos vaticiniol i,
la ignorancia y tal vez de la mala fe. El contento universal, la adhesión a .lat
leyes, el respeto a las máximas conservadoras de nuestra existencia ~
todo viene al apoyo de la sabiduría y del profundo cálculo de los legis]adoi
res mexicanos.
La patria, coronada de gloria, ostenta a la presencia del universo, q1l8
abriga en su seno la paz, la filantropía y las virtudes.
Desde este punto las armas remontan su nombre a los siglos distantes aa
la majestad de sus principios y la inmensidad de sus recursos.
Las Cámaras del Congreso Mexicano, en la plenitud de su poder, llevará
a su complemento la grandeza y felicidad de la República.
JuAN A. MATEOS,

620

Historia de los Congresos Mexicanos, III, pp. 347-3M.

Sección Cuarta

CIENCIAS

SOCIALES

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas, Sección Historia, 1963, No 4, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Jacinto B. Treviño</name>
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                    <text>HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS

r . ,., ,,
llibl :

4

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEóN
19 63

���HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

4

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

1963

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEóN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AausTfN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
LIC. JUAN ANTONIO AYALA
Jefe de la Sección de Historia:
PRoF. IsRAEL CAvAZos GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lrc.

ALBERTO

GARCÍA GóMEz

Jefe de la Sección Editorial:
Lle.

ALFONSO RANGEL

4

1963

GuERRA

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Direcci6n: Facultad
de Filosofia y Letras de la Univenidad
de Nuevo Lc6n, Ciudad UniverSitarla. - Monterrey, N. L. - Mhico.

INDICE
SECCIÓN

PRIMERA

FILOSOFIA

{A)
PRIMERA EDICIÓN
Abril de 1963. -

1,000 ejemplares

INVESTIGADORES LOCALES

Estructura y Sentido
del Cono-cimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. GONZALO HERNÁNDEZ DE ALBA: En Torna a Sartre y el Problema
de la Historia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. I-1.ANs-GÜNTER POTT: Imagen y Verdad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr.

AousTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

(B)

13
29
45

COLABORADORES FORÁNEOS

Interpretación Crítica del Existen. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
Dr. AnoLFO MuÑoz ALONSO: La Cuestión del Principio y Fundamento
en la Filosofía de Balmes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
Dr. Av.IN GUY: La Fenomenología de la Caricia y de la Muerte en
José Caos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97
Dr. JUAN DAVID GARCÍA BAccA: La Negación .................... 115
PEDRO CABA: Metafísica del Fundamento y Fundamento de la Metafísica
Presencial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123
Dr. ISMAEL Dmoo PÉREZ: Ideas Síntesis de Algunos Problemas Generales de Etica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179

Dr.

MlCHELE FEDERICO ScrACCA:

cialismo

Derechos Reservados @
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores.

7

�SECCIÓN

SEGUNDA

JosÉ

P.

SALDAÑA: Memorias del Gral. Jacinto B. Treviño . . . . . . . . . . . .

391✓

Prof. EUGENIO DEL Hovo: Don Martín de Zavala y La Minería en el

LETRAS

Nuevo Reino de León . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

411

ToMÁs MENDIRICHAGA CUEVA: Breve Reseña del Archivo Parroquial
(A)

de la Catedral de Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

INVESTIGADORES LOCALES

427

Teniente Coronel TRANQUILINO CoRTÉs: Diario de Operaciones del Sitio
Lic. JUAN ANTONIO AvALA: Alfonso Reyes, teórico del lenguaje . . . . . .

de Puebla, Teniente Coronel Tranquilino Cortés (1827-1869) . .

201

445

Lic. ALFONSO RANGEL GUERRA: La Construcción Novelística en DANs
LE LABYRINTHE, de Alain Robbe-Grillet . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. Luis

2-15

(B)

COLABORADORES FoRÁNEOS

AsTEv V.: Algunos T-extos Sumeroacadios Acerca de la Crea-

ción · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·. ·......................

(B)

237

MARÍA CARREÑo: Nuestra Primera Pérdida Territorial . . . . . . 463
Dr. Sn.VIo ZAvALA: La Cultura en el Nuevo Mundo . . . . . . . . . . . . . . 475
ALBERTO

Lic. JosÉ IGNACIO GALLEGOS: La Fundaci6n de la Ciudad de Durango 495

COLABORADORES FORÁNEOS

JoRGE FERNANDO lTURRIBARRÍA: lnevitabilidad de la Dictadura del Gral.
RAÚL A.RREoLA CoRTÉs: Notas Sobre la Obra Poética de Miguel N. Lira
Dr.

JAIME ÜSPINA ÜRTIZ: El Mito de Hércules . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dr.

MYR.ON

I.

Dr.

Díaz después de la caída de L erdo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

269

Lic. ERNESTO DE LA ToRRE Vn.LAR: La Visión de México y los Mexicanos en algunos intervencionistas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 521

L1cHTBLAU: Forma y Estructura en Algunas Novelas

Argentinas Contemporáneas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

285

Oca · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · .... . ......... . 299
Dr. SEYMOUR MENTON: Federico Gamboa: UN ANÁLISIS EsTILÍsnco 311
PoRFIRio

MAAriNEZ

343

PEÑALOZA: Ideas Estéticas y Lingüísticas de Ignacio

Ramírez, El Nigromante . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

''

ANTONIO NAKAYAMA A.: Urdiñola en Sinaloa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

la División efectuada en 1617 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 555
loNACIO RuBIO MAÑÉ: Los Primeros Discursos del General Guadalupe
Victoria, Primer Presidente Constitucional de los Estados Unidos
Mexicanos, Ante el Congreso Nacional, 1824-1826 . . . . . . . . . . . . 569

357
SECCIÓN

SECCIÓN

543

JosÉ ToRRE REVELLO: La Primitiva Gobernación del Río de la Plata y

JoAQUÍN ANTONIO PEÑALosA: La Poesía Original de Montes de

Prof. ERNEsTo MEJÍA SÁNCHEZ: Los mtimos Días de José Martí . . . .

505

257

TERCERA

CIENCIAS

CU.ARTA
SOCIALES

HISTORIA
(A)

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEz: La Afian.za para el Progreso y el Dere.
cho Internacional Americano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 623

lsRAEL CAVAZOS GARZA: El Licenciado Francisco de Barbadillo Vitoria

-Pacificador y fundador de pueblos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

8

INVESTIGADORES LOCALES

375

9

�(B)

COLABORADORES FORÁNEOS

Dr. RoBERT S. SMITH: Una Revisi6n sobre la Uni6n Centro-Amencana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. Lms RECASÉNS.SICHES: Ambito, Sentido y Limitaciones de la Libertad Política por su Intrínseca Lógica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. DESIDERIO GRAUE: La Historia y el Concepto Moderno de Historiador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. Lucro MENPIETA y NúÑEz: Los Problemas de la Universidad de
Masas en la América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. Luis M. FAIÚAs: El Derecho y el Sentido Común . . . . . . . . . . . . . .

641
653
659

677
685

Sección Primera
SECCIÓN

QUINTA

NOTICIAS Y RESENAS BIBLIOGRAFICAS
UNEsco: Seminario Regional sobre el desarrollo de las Bibliotecas Universi-

tarias de América Latina, 701.-Décimo Tercer Congreso Nacional de
Sociología, por Alberto García Gómez, 705.-F. STOLZ: Historia de la
Lengua Latina, por Juan Antonio Ayala, 707.-MARTÍN A.LoNso: Evoluci6n si.ntáctica del Español, por Juan Antonio Ayala, 708.-ALVARO
FERNÁNDEZ SuÁREz: España, Arbol vivo, por Agustín Basave Femández
del Valle, 709.-ALBERTO ÜATUR.ELLI: América Bifronte, por Agustín
Basave Femández del Valle, 715.-ADOLFO MuÑoz ALoNso: Presencia
intelectual de San Agustín, por Agustín Basave Femández del Valle,
717.-loNACIO ZARAGOZA: por Israel Cavazos Garza, 720.-RonoLFO
ARRoYo LLANO: Ygnacio Zaragoza. Defensor de la Libertad y la Justicia,
por Israel Cavazos Garza, 721.-Ivo HoLLRUBER: Michele Federico
Sciacca, por Hans-Günter Pott, 721.-A. E. TAYLOR: El Pensamiento de
Sócrates, por Alfonso Rangel Guerra, 724.-FRANCO FoRTINr: El movi•
miento surrealista, por Alfonso Rangel Guerra, 727.

•

10

FILOSOFIA

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DEL CONOCIMIE TO

Da. AGUSTÍN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Universidad de Nuevo León

Sumario: l. Descripción y análisis del conocimiento.-2. Posibilidad del conocimiento verdadero -3. Idealismo o rcaljsmo (El punto de parúda de la ttoría del
conocimiento) .-4. Origen y esencia del conocimicnto.-5. Criteriología.-6. Sentido y fin del conocimiento.

l.

DESCRIPCIÓN Y ANÁL1SIS DEL CONOCIMIENTO

UNA FILOSOFÍA SISTEMÁTICA debe empezar por el examen del problema epistemológico. La importancia capital que reviste la teoría del conocimiento estriba, ante todo, en que condiciona todos los otros problemas filosóficos. Primero hay que realizar un análisis y una crítica de los datos inmediatos de
1a conciencia, Después vendrán todas las otras cuestiones filosóficas -muy
importantes, desde luego, pero ulteriores-- que resuelven, o tratan de resolver, la lógica, la metafísica, la teodicea, la antroposofía, la moral, la filosofía
de la religión, la cosmología, la estética. ..
¿ Cuál es la esencia del conocimiento? ¿Hay un conocimiento verdadero? En caso de que lo haya, ¿ cómo llegó a ese conocimiento? ¿ Hay objetos
trascendentes, independientemente de todo pensamiento? La epistemología
o teoría del conocimiento es un estudio primordial del conocimiento en torno a estas interrogantes. Ant~ de conocer esta cosa o la otra, es preciso dilucidar una cuestión básica: ¿ Qué es conocer? Necesitamos organizar y criticar los datos del conocimiento; necesitamos comprender la naturaleza del
conocimiento humano, su valor general y sus posibilidades. Sin esta tarea
preliminar no habría vida científica de ninguna especie.
Antes de interpretar o explicar el conocimiento, intentemos describirlo y
analizarlo. En el fenómeno concreto podemos aprehender la esencia gene-

13

�ral. Una fenomenología del conocuruento me puede llevar a la estructura
óntica del conocimiento. ¿Qué sucede cuando conozco? Mi conciencia se
baila frente a un objeto. Yo, sujeto cognoscente, aprehendo un objeto conocido. Tengo al objeto, no simplemente como el cajón contiene los papeles, sino sabiendo que es objeto, tomando posición frente a él. La correlación entre sujeto y objeto es esencial. Soy sujeto para un objeto y el objeto
es sólo objeto para un sujeto. Mientras la función del sujeto cognoscente
estriba en aprehender el objeto, la función del objeto consiste en ser captable y captado por el sujeto. La correlación no es, por tanto, reversible.
Capto las propiedades del objeto sin subsumirlo dentro de mi ser. La "imagen" que en mí surge del objeto no es, propiamente, el objeto. Este permanece trascendente frente a mí. Me conduzco receptivamente, en el sentido de que el objeto determina mi conocimiento. Mi conocimiento alude
("intende") un objeto que está más allá de mi consciencia. Los objetos
reales o ideales me hacen frente, se me presentan como algo en sí. Algo en
sí que me determina y que es independiente. Es claro que yo no soy un puro sujeto cognoscente sino también un sujeto sentiente y volente. Pero el
objeto no puede tampoco ser reducido al carácter de objeto conocido, precisamente porque existe en sí~ independientemente de que lo desconozca o de que
lo conozca perfecta o imperfectamente. Mi conocimiento será verdadero si mi
"imagen" coincide con el objeto. Si el contenido de mi conocimiento no concuerda con el objeto mentado, mi conocimiento será falso. La verdad se da, consecuentemente, en una relaci6n. Los objetos se encuentran, en cierto modo, antes y después, de la verdad y de la falsedad.
El fenómeno del conocimiento, anteriormente descrito, presenta cuatro
elementos esenciales: 1) el sujeto; 2) el objeto; 3) la toma de posición; 4)
la "imagen". Por imagen no debe entenderse la simple representación imaginativa o la percepción, sino el ente lógico. Hay conocimiento de objetos
-por ejemplo: siete, justicia, polígono--- cuya representación imaginativa
resulta imposible. Y sin embargo, también estos entes se nos presentan como
hechos objetivos. Juzgamos, aunque no imaginemos, "que algo es tal". Aprehendemos pensamientos y en los pensamientos objetos. Verdadera actividad del
yo que le hace entrar en relación con un objeto para afirmar o negar algo de
él. Esta relación de pertenencia -una determinación corresponde a un objeto-- no es simplemente reproducida por el sujeto, a] modo como un espejo reproduce una cosa, sino coordinada en la complejidad de sus significaciones. La estructura de los pensamientos, su ser-verdaderos y ser-falsos, suscitan una toma de posición y exigen -"sit venia verbo"- que sean expresados. Valen -ha dicho algún autor- para todo intelecto y valdrian aun
cuando no hubiese ningún intelecto. La frase es, evidentemente, exagerada.
14

De no haber un intelecto, por lo menos el Intelecto absoluto de Dios, no
habrla pensamientos porque no habría nada. Esto se comprenderá mejor
cuando estudiemos la metafísica general y especial. Por ahora nos interesa
destacar que el fenómeno del conocimiento, que hemos descrito y analizado,
linda por el sujeto, con la esfera psicológica; por el objeto, con la ontol6gica;
por la toma de posición, con la axiológica; por la imagen, con la lógica. Pero ni la psicología, ni la ontología, ni la axiología, ni la lógica pueden resolver el problema gnoseológico. Corresponde a la Teoría del conocimiento, como disciplina filosófica peculiar, la investigación de la posibilidad, del origen, de la esencia, de las formas y del criterio del conocimiento humano.
Mi consciencia actual es el punto de partida de la descripción de mi conocimiento. Yo soy una consciencia, es decir, una realidad que se transparenta
a sí misma. y como consciencia constato, afirmo, evidencio. La experiencia
de la consciencia equivale a la consciencia del ser. El ser es principio de conocimiento, el dato más primitivo. Pero el ser lo encuentro en la realidad, en
los entes. La realidad consciente es devenir y duración, con la presencia de
dos polos: objetivo y subjetivo. Mi yo se me revela como tendencia real hacia el objeto. El apetito real de conocer me revela una modalidad del ser.
Soy cognoscente, en cuanto conozco objetos, y soy también algo conocido,
en cuanto me conozco a mí mismo. Entre la consciencia y lo real, advierto
una disposición. Lo real se me impone y me determina. ¿No significa acaso,
esta imposición y determinación, un primado del ser sobre el conocer?
Para danne cuenta de que conozco debo conocer objetos. Objetos que
orientan y especifican mi atención. No depende de mí la existencia de los
objetos que me constriñen y me dominan con su presencia. Yo no pongo los
objetos, sino que son los objetos quienes se imponen a mi consciencia. Esta subordinaci6n del ser, esta sumisión a la realidad, define al sujeto como "función" o "capacidad" de objetos y como autoconocimiento. Tiendo a los objetos porque ignoro y porque deseo poseerlos en cierto modo. El término de
mi conocimiento me evidencia, pues, mi ignorancia y mi sed de saber. No puedo conocer y conocerme sin saber que conozco. Trátase de dos aspectos del
mismo acto inmanente. Al conocer abrazo misteriosamente al objeto, lo vivo
íntimamente.
¿Hay alguna posibilidad de llegar a un conocimiento verdadero? ¿Es posible tener certeza? ¿De dónde derivaría esa certeza?

15

�2.

PosmILIDAD DEL CONOCIMIENTO VERDADERO

Los polos objetivo y subjetivo estructuran mi conciencia. El objeto aclara y
especifica al sujeto. El sujeto no constituye al objeto, que existe antes de toda
elaboración consciente, pero desarrolla un esfuerzo conceptualizante y percibe multitud de relaciones. El dato objetivo que me está presente es un dato
corporal. Y como dato corporal es extenso o espacial, temporal, diferencial y
estructurado. E] objeto, en otras palabras, está situado dentro de un contorno,
sucede en el tiempo, su aspecto peculiar es diverso y presenta relaciones de
semejanza, de grandor, de cohesión, de secuencia, de distancia, etc. Mi cuerpo acompaña siempre, como instrumento, a mi conciencia cognoscente. Mis órganos sensoriales perciben luces y colores, música y sonidos, sabores y olores.
¿Acaso estos órganos sensoriales son meras prolongaciones vivas de mi conciencia? En todo caso se da una indisoluble unión vital de los órganos
sensoriales con la consciencia. Hasta el propio cuerpo se percibe por la vista
y el tacto. Gracias a mis sen6dos se me revelan los cuerpos distintos de)
mío, como exteriores o independientes.
En toda percepción se distingue el dato objetivo, es decir, la experiencia
de un objeto, de la aprehensión, esto es, la consciencia de un acto del su jeto
que asimila. Con el auxilio de las representaciones imaginativas adquiridas,
construyo, por asociación, nuevos objetos: v. gr. un centauro, una luna de
plata, una novela. La representación imaginativa substituye al objeto ausente. Los conceptos empíricos se forman a partir de la experiencia objetiva o
sensible (por ejemplo, los conceptos de "organismo", de "cuadrado", de
"verde"} y a partir de la experiencia vivida (por ejemplo, los conceptos
de "yo", de "instinto"; de "miedo", de "angustia", de "esperanza"). Entre
estos conceptos empíricos percibimos una multitud de realizaciones. De la
combinación de conceptos surgen construcciones conceptuales más o menos
complejas y extensas. Ciertos aspectos "aislables" de lo individual, lo concreto, lo particular, se presentan en mi conciencia como elementos irreductibles a los datos corporales y a las representaciones imaginativas en que se
apoyan. Son las ideas o conceptos universales y participables, abstractos y,
sin embargo, de origen empírico. No hay conceptos "innatos". uestra conciencia toma pie en el ámbito de la e.xperiencia sensible. De ahí el conocido
principio de la filosofía tradicional: "nihil est in intcllectu quod non prius
fuerit in sensu". La experiencia concreta es madre de todas las representaciones abstractas. La conciencia de sí -experiencia vivida- se realiza en ocasión del conocimiento objetivo.
En el plano de la experiencia se halla bosquejado el conocimiento inicial
de lo real. La intelección, actividad genuinamente conceptual, explicita y sin-

16

tetiza el conocimiento de lo real. Con el juicio llega al má.ximo de intensidad.
La síntesis judicativa restituye al objeto lo que la abstracción le había suprimido. El acto cognoscitivo completo lo describe Femand van Steenberghen
en estos términos: ''en el plano del organismo sensorial el su jeto cognoscente
está dominado por el 'dato', es decir, por los objetos que se le imponen: los
'recíbe' pasivamente en su inmanencia, pero ya esto mismo implica que reaccione inmediatamente al contacto de los objetos por un acto cognoscitivo
complejo: se origina éste en el plano del organismo sensorial (percepción e
imaginación) y se desarrolla en la inmanencia perfecta ( concepción y juicio) . El progreso que se realiza en la evolución de este acto cognoscitivo aparece como un proceso de asimilación creciente, de interiorización creciente del
dato· inversamente la 'objetividad' es decreciente del dato a la imagen y
de la imagen a la idea, es decir, oposición decreciente del dato al sujeto que
se lo asimila para poseerlo mejor".1 En esta síntesis de experiencia y de pensamiento, cuya fisonomía ha sido descrita, mi interioridad objetiva -conciencia abierta a 1,m mundo corporal- opera inmanentemente, contribuyendo, no
obstante, a mi expansi6n o perfección. En mi actividad de sujeto cognoscente
empiezo por atender al objeto; mi memoria sen~ible conserva y vuelve a la
conciencia las representaciones imaginativas percibidas; con la ayuda de otras
representaciones imaginativas elementales construyo nuevas representaciones
imaginativas; mi memoria intelectual Buarda las ideas en la conciencia y las
suscita una vez más; mi inteligencia agrupa, clasifica y organiza los conceptos
empíricos y elabora conceptos construídos y definiciones; mi raciocinio asocia
diversos juicios y los ordena científicamente. Toda esta complejidad del acto
de conocer en nada mengua su unidad. Hasta aquí el acto de conocer como
se presenta en la estructura de la conciencia personal. Exrurunemos ahora la
posibilidad del conocimiento.
¿ Podemos tener certeza de algo? El dogmatismo da por supuesta la posibilidad de llegar al conocimiento cierto de la realidad. El escepticismo radical, en cambio, afirma que el conocimiento es imposible. El subjetivismo
y el relativismo, sin decir que no hay ninguna verdad. limitan la validez de
la verdad al sujeto que conoce y juzga o a un circulo cultural en un momento histórico. Para el pragmatismo lo verdadero es lo útil, lo que fomenta
la vida. Subjetivismo, relativismo y pragmatismo son, en el fondo, como algún epistemólogo lo ha advertido, escepticismo. Entre escepticismo y dogmatismo, posiciones extremas, cabe un justo medio: el realismo crítico. Hay
que pedir cuentas a la razón humana. Hay que desconfiar de todo conocimiento detenninado y no aceptar nada sin examen. Asentiremos a un ob1 FERNAND vA.N Snum&amp;ROBBN. Epistemologla, Bibliotera Hispánica de Filosofla.
.Editorial Gredos, p. 167.

17
B2

�jeto o enunciado sólo cuando se nos presente con una absoluta claridad. La
evidencia es el último criterio supremo y unive~al de certeza. Cuando nuestro entendimiento procede de acuerdo con los primeros principios, reduciendo
un enunciado a un principio fundamental, podemos tener la evidencia como
criterio de certeza. "Toda la certeza de la ciencia -observa Santo Tomásderiva de la certeza de los principios. Sólo cuando podemos reducir las conclusiones a los primeros principios, podemos tener certeza de ellas". 2 No se
pregunte ahora por la prueba de estos primeros principios -el de identidad,
el de contradicción, el de tercero excluído y el de razón suficiente, cuyo estudio corresponde a la ontología y a la lógica- porque su propia evidencia
y su carácter de principios inderivables los dispensan de toda prueba. Fuera
de estos primeros principios, necesitamos justificarlo todo. Antes de que la
reflexión justifique plenamente las certezas naturales, no pueden admitirse
como filosóficas.
Mientras que el dogmatismo ignora el problema del conocimiento, al dar
por supuesta la posibilidad de conocer, el escepticismo cae en la contradicción
y en el absurdo. La existencia de la duda evidencia, por lo menos, que no
hay duda sobre la e.xistencia del sujeto dubitativo. ''Si dubitas, existís". Al
aceptar la duda, el escéptico admite, implícitamente, el principio de con~
dicción y la veracidad de us facultades. Por lo demás, es imposible, al teorizarJ eludir la afirmación o la negación. El escéptico vive en una pennanente
contradicción práctica entre sus principios y todos los actos de su vida de
relación.
Una vez establecida la posibilidad del conocimiento verdadero, conviene
dilucidar cuál es el punto de partida de la teoría del conocimiento. ¿ Idealismo o realismo? Es preciso decidir.

3.

¿loEALISMO O REALISMO?

- El punto de partida de. la teorfa del conocimientoEl punto de partida de la epistemoiogía no puede ser un pensamiento que
se piensa a sí mismo, en radical soledad, como el "Cógito" cartesiano. EL
pensamiento real conoce objetos y se conoce conociendo. Midiéndose sobre
el sr.r y conociéndose conforme a lo que es, el pensamiento reflexiona crític.amente. Hay que partir del pensamiento que piensa las cosas y se piensa a sí
mismo al pensar las cosas, y no de un "C6gito" de tipo idealista. Me conozco
como cognoscente, como cognoscente de objetos. La teoría del conocimien• SANTO

18

ToMÁs. Da Veritate , Q. 11 , a l , ad 13.

to, al tomar como punto de partida la reflexión sobre el conocimiento real
-"acto de conocer que conocemos"-, está en posibilidad de fundar su legitimidad y de examinar el origen, el alcance, los modos y el valor del conocimiento.

¿ Existen las cosas que me rodean? ¿ Existe el mundo exterior? ¿ No podría
ser el conjunto de mi experiencia un error y una ilusión de mis sentidos? ¿Estaremos soñando un sueño coherente?
Si el objeto primero y directo del pensamiento no es la idea o la imagen,
sino una cosa real independiente del sujeto cognoscente, el llamado problema
del mundo exterior es un pseudo-problema. La hipótesis de un mundo exterior ilusorio, efecto de una "verdadera alucinación" se destruye fácilmente
al considerar que en un mundo en el cual la alucinación o el sueño coherente fuesen el estado normal, no se podría hablar ni de alucinación ni de
sueño coherente. La alucinación y el sueño tienen sentido s6lo en función de
la realidad y de la vigilia. Las representaciones en los sueños y en la locura
s61o se explican por la reproducción de antiguas percepciones de objetos exteriores reales. No hay que confundir, desde luego, una conciencia imaginante con una conciencia perceptiva; pero no hay que desconocer, tampoco,
que la primera no se daría sin la segunda.
Mi ser -esto lo ha visto muy bien Heidegger- se da en el mundo. Resulta imposible separar mi existencia de la existencia del mundo. La experiencia, cualquiera que sea, no puede reducirse a la pura subjetividad. Hasta los
sueños dependen de experiencias anteriores. Si en los sueños pudiésemos reflexionar sobre los sueños suprimiríamos los mismos sueños. En cambio, la
conciencia refleja -observa Régis Jolivet- confirma la percepción. Conciencia perceptiva y conciencia onfrica son, pues, radicalmente diferentes.
Síguese de todo esto, que si el universo no fuera más que un sueño coherente, este sueño vendría a ser tan "real" que la idea misma de sueño nos
sería totalmente extraña. La Jiip6tcs:is de una experiencia que se redujera

toda ella a un sueño coherente suprimiría hasta la posibilidad del idealismo.ª
¿ Cómo concebir la propia idea de sueño -se le podría haber preguntado a
Descartes- en un universo de sueño? Partiendo del hecho de mi ser-en-e/mundo no puedo dudar de la existencia del mundo sin dudar de mi propia
existencia. Pero, ¿ acaso es po ible, sensatamente, dudar de la propia existencia? El ego puro de Husserl es una simple abstracción que no se hubiera
dado, en la cabeza de Husserl, de no implicar, su conciencia, la realidad existencial de las cosas y del mundo. Un pensamiento sin mundo, sin cosas, sería
un pensamiento vacío incapaz de idear un ego puro.
' llio1s Jouvu. Metafísica, Ediciones Carlos Lohlé, p. 67.

19

�¿ C6mo fingir que el mundo exterior no existe si antes no se conoce de
'
'
algún modo, la oposición entre lo ilusorio y lo real? En la misma duda del
idealista está dada la existencia. Su duda se revela como una determinación
del ser. De lo contrario, siendo el mismo ser duda, no habría ya ser de la
duda, es decir, que no habría ya duda. El ser, anterior a la duda, es Jo
primero.
Partiendo de la evidencia -primera y absoluta- del ser, podemos pregtmtamos, eso sí, en qué medida nuestro pensamiento concuerda con el ser
y cuáles son los fundamentos de la certeza. ¿ Qué relación tienen nuestros
conceptos y nuestros juicios con nuestra inteligencia y con las cosas mismas
que expresan? Si vamos a juzgar nuestra facultad de conocer, es preciso,
ante todo, suponer el previo ejercicio del conocer. ¿Cómo realizar, de otra
manera, una reflexión crítica? La inteligencia puede volver sobre su acto,
sobre sus operaciones. Consecuencia de este retomo de la inteligencia, es
un nuevo concepto. El acto segundo de la reflexión crítica supone el conocimiento de que la inteligencia tiene como natural finalidad, la de conformarse
con lo que es. Y supone, también, el acto de juzgar y la existencia de los
objetos.
La duda crítica no puede ser universal. De serlo, no sería una duda real.
Ya hemos visto que la duda opera sobre la base de las evidencias inmediatas
y apodícticas. Tratar de someter estas evidencias a la duda real es imposible
por contradictorio. Se les ha preguntado a los idealistas que "si la evidencia
no sirve antes de la duda, ¿ cómo servirá durante ella o después?"
Desde luego, la inteligencia comete muchos errores. De ahí la necesidad
de verificar una critica de los procedimientos del conocer humano. Se puede
o no se puede ser fiel a las exigencias objetivas del ser. Pero en todo caso
es evidente la presencia del ser en la reflexión intelectiva. Si el ser mide
a la inteligencia, la inteligencia tiene un valor ontológico.
La insoslayable opción del realismo contra el idealismo, se impone a cualquiera que se haya planteado el problema del conocimiento. Gilson lo ha
~resado con toda energía: "O bien se toma como punto de partida el ser,
incluyendo en él el pensamiento: ab csse ad nosse valet consequentiaJ o bien
se toma como base el pensamiento, incluyendo en él al ser: ab nosse ad esse
valet consequentia".' Nosotros hemos optado, como ya se habrá advertido,
por el primer camino. Al partir del pensamiento real que conoce objetos y
se conoce conociendo, hemos partido, en realidad, del ser que mide a la inteligencia. El conocer, hemos dicho, es una modalidad del ser. Modalidad que
consiste en la aprehensión por parte de nuestro entendimiento, de algo real.
4 GlLSON. El Realismo M tt&amp;dico, Edicione$ Rialp, S. A.,
srgunda. cdici6n, Madrid 1952, p. 138.

20

Lo real se da también en el entendimiento, pero oo se da por el entendimiento. Dependemos de lo real. Tenemos la certeza de que antes de la verdad sobre los objetos existen los verdaderos objetos; antes de la adecuación
del juicio y de la realidad, se da la adecuación vivida del entendimiento con
la realidad. A cada esfera de lo real le debe corresponder un especial conocimiento de lo real. El método se deduce del tipo de realidad que se examine,
y no la realidad del método, puesto que el ser es la condición del conocer.

4.

ÜRTCEN Y ESENCIA DEL CONOCJ UENTO

¿ De cuáles fuentes proviene el conocimiento? ¿ Se apoya en la experiencia?
¿Es acaso la raz6n la fuente principal del conocimiento humano? ¿O tal vez
ambos factores tienen parte en la producci6n del conocimiento?
El racionalismo ve en la razón la fuente principal del conocimiento, la
causa de que sea lógicamente necesario y universalmente válido. Los juicios
empíricos carecen de necesidad lógica y de validez universal. De principios
formales, al margen de la experiencia, se intenta deducir proposiciones ya no
simplemente formales, sino materiales.
EJ empirismo afirma que la experiencia constituye la única fuente del conocimiento. No hay ningún "a priori" de la raz6n; el entendimiento es una
"tabula rasa", un papel en blanco. Todo se origina en la e:-.-periencia externa (sensación) y en la experiencia interna (reflexión). Nada agrega el
pensamiento. Su labor se limita a unir unos con otros los datos empíricos.
Estamos encerrados dentro de la cárcel de la experiencia sin poder llegar al
mundo de lo suprasensible.
Cualquier intento de reducir el conocimiento humano a la experiencia o
a la razón imposibilita la aprehensión del ser. El empirismo nos priva de la
penetración de la realidad en su esencia y nos convierte eo cuasi-animales.
El racionalismo nos priva del único contacto intuitivo con las cosas y nos
deja sumergidos en el dogmatismo. ¿Por qué no integrar, entonces, la experiencia y el entendimiento, para aprehender el ser real existente? La unidad compuesta del conocimiento humano se funda, en último término en la
dui-unidad del hombre: espíritu y materia. Ni angelismo ni empirism; infrahumano. El intelectualismo apoya en la realidad extra-mental toda la acúvidad cognoscitiva. Por otra parte, sabe que nuestra inteligencia es capaz
de. captar la realidad. Lo que primero aprehende nuestra inteligencia -el
primum cognitum- es la esencia de las cosas que nos rodean, el ser del
mund~, extra-mental. El progreso intelectivo es paulatino. Se comienza por
la noeton de ser o cosa y poco a poco se va enriqueciendo, en coroprehensi6n,

21

�la primigenia noción. La experiencia sensitiva e.xterior e interior constituye
el punto de partida de todo auténtico conocimiento humano. Sin esta experiencia, sin este contacto inmediato con la realidad, quedaríamos encerrados
en la inmanencia del yo. Pero la e,.-periencia aprehende las cosas circundantes y la propia intimidad, de un modo concreto, intuitivo, ciego. No se
descubre ni la substancia ni los accidentes como tales. La experiencia resulta
insuficiente para penetrar y descifrar la realidad en su esencia oculta. El
ser, formalmente, es siempre inmaterial e imperceptible. ¿ Cómo podrían los
sentidos captar lo inmaterial y lo imperceptible? Es necesario, en consecuencia, el concurso de una facultad espiritual para aprehender el ser. Esta exigencia está confirmada por la presencia, en nosotros, de la actividad intelectual. Por la inteligencia y sólo por ella, enriquecemos las notas más genéricas de la aprehensión inicial. El ser real, visto desde la esencia, se de materializa y se toma universal, a costa, es cierto, de perder sus notas individuantes existenciales. La inmaterialidad constituye, pues, el conocimiento. Conocemos, es decir, captamos una realidad distinta de la propia y la captamos
en cuanto otra, porque nuestra eminencia sobre la materia es patente.
Del factor empírico se deriva el factor racional. Los conceptos se derivan
de la experiencia; no la e."&lt;Periencia de los conceptos. Y esto sucede así
-hipótesis metafísica- porque la realidad presenta una estructura racional. La realidad, al ser conocida, no sufre modificación alguna. El sujeto que
conoce, en cambio, produce una nueva realidad: el objeto formal o inteligible. Gracias a este objeto formal o inteligible la cosa se hace presente al
sujeto cognoscente. Los diversos grados del conocimiento dependen de los
diversos grados de la perfección del ser. Un ser es tanto más perfecto cuanto
más acto y menos potencia (no-ser todavía) sea. A mayor liberación de Ja
materia, mayor cognoscibilidad. Esta ley se desprende de la esencia misma
del conocimiento. Si conocer es captar inmaterialmente la forma de un objeto, resulta claro que aumente la cognoscibilidad a medida que disminuya la
materialidad, esto es, a medida que se perleccione el ser liberándose del noser o potencia.
Si atendemos a los datos que nos suministra el análisis de nuestra conciencia. constataremos el afán de poseer por el conocimiento toda la rea~
lidad. Y poseerla tal como es en sí misma, objetivamente, ilimitadamente...
Para lograr este ideal, en la medida de lo pooble, afirmamos el ser desde
los wnbrales de la propia conciencia. Esta afirmación se presenta como
absolutamente verdadera y evidente. Pero la explicación del conocimiento inmediato tiene que efectuarse mediante los procesos -que la lógica estudiade la razón discursiva. Por lo pronto nos interesa destacar esa actividad inmanente, por la que nos perleccionamos a nosotros mismos, en virtud de la

consciente posesión de la realidad interior y exterior. Lo real t,iene, sobre el
pensamiento mi~mo, una indiscutible primacía. Partimos del ~echo de que
alguna cosa existe, que este hecho significativo me es conocido des?e que
consentí al ser. En consecuencia, ''lo mal es la norma suprema de m1 conocimiento y el último fundamento de su \·alor" (van Steenbergh':11). ~i conocimiento no se nutre de sí mismo, sino de lo real. Somos tnbutanos de
hechos, de datos, de experiencias; aunque nuestro pensamiento trascien~a
la sensación al intuir el ser y los primeros principios y al juzgar y al rac10cinar. La experiencia del mundo y la exp ricncia de mis propias vivencias
se dan en mi conciencia como dos elementos característicos. No soy, como
sujeto cognosccnte1 ni experiencia pura ni pensamiento pw-o; soy una síntesis de experiencia y de pensamiento a partir de lo real.
No basta apuntar el origen y detenn.inar la esencia del conocimiento. Es
menester buscar las bases de una sólida criteriología. Tan importante resulta
esta parte de lo teoría del conocimiento, que al~os aut,ores han ~re~endi?o
reducir --erróneamente por cierto- toda la ep1stemologia a la cntenologta.
Considero que el presente capítulo basta para mostrar, claramente, cómo la
teoría del conocimiento excede, en su temática y en su problemática, a la
cri teriología.

5.

CRITERIOLOOÍA

Cuando sin vacilación prestamos nuestro asentimiento a una verdad, fundándonos en una evidencia objetiva, estamos en el caso de la certeza.. No se
trata de una simple opinión que presta su asentimiento, con cierto temor de
errar, a uno de los extremos en pugna. En la opinión, la mente duda, no
sabe a qué atenerse, pero se decide por lo que estima como más probable.
El problema reside en descubrir una norma mental que nos shva de base
para juzgar.
¿ Existe algún criterio universal y (ti timo de verdad? ¿ Cuál podría ser la
garant'ta indubitable y fundamental de toda verdad y toda certeza? Adviértase
que nuestras preguntas están formuladas desde el ámbito filos6fico 1 exclusivamente, sin aludir al criterio basado en la Revelación divina, que se manifiesta en la fe sobrenatural. Por de pronto, habrá que distinguir el criterio
"extrínseco" a la verdad del criterio "intrínseco" a la misma. Hay quienes
ven en la "autoridad" o en la "utilidad" el fundamento definitivo de la
verdad. No parecen advertir, los partidarios de la "autoridad" como criterio
extrínseco a la verdad, que están suponiendo, inevitablemente, otras certezas.
Si Dios o el hombre sirven de apoyo al criterio de autoridad, es menester

�demostrar, previamente, que esos seres existen, que son capaces de revelar
algo apreciable, que son veraces y que realmente han testimoniado la verdad.
Para elucidar todas estas cuestiones previas, no podemos recurrir, evidentemente, a la Autoridad. En consecuencia, la autoridad tiene que ser apoyada
en un criterio de certeza último y definitivo. Por su parte, los pragmatistas,
o partidarios de la utilidad como criterio de verdad y de certeza, confunden
el criterio último de todas las verdad~.s con "un medio manifestativo de una
conveniencia medida por la circunstancia y la ocasión". ¿ Cómo podemos
saber con certeza cuándo algo es útil o nocivo para la vida? "Si un partidario del pragmatismo es calumniado de haber dicho que la verdad no es la
utilidad, no podrá limitarse a responder -apunta, en tono polémico, Antonio
Millán Puelles-- que no es útil que él haya dicho eso; tendrá que asegurar
que no es verdad que lo haya dicho; porque, de lo contrario, no habrá mani~
festado claramente si de hecho lo dijo o no lo dijo". 5 Los pragmatistas están
suponiendo, sin decirlo, una concepción del hombre -naturaleza, exigencias
y fines--, de la vida humana y de los valores absolutos. Usan el éxito de
la acción como criterio de verdad, sin advertir que un criterio empírico, parcial y frecuentemente ilusorio, no puede erigirse en criterio universal y último
de certeza. No advierten, tampoco, que la utilidad descansa en la realidad.
Dicho de otro modo: una cosa no es verdadera porque es útil, sino que es
útil porque es verdadera.
En la patencia misma del objeto conocido, reside la e.videncia del conocimiento. Evidencia objetiva que constituye el último fundamento de toda
verdad cierta. Abiertos ante la presencia del ser, recibimos intencional"Dente
los objetos conocidos. Y los recibimos con perfecta visibilidad intelectual.
Entre el juicio que formamos y la cosa que juzgamos se da una indubitable
adecuación. Indubitable no por el estado de tranquilidad psíquica o simple
ausencia del temor de errar, sino porque la verdad del juicio contradictorio
es metafísicamente imposible. Cuando el motivo metafísico fundante no puede compaginarse, en ninguna hipótesis, con el error, surge en nosotros la
certeza metafísica. La certeza física, basada en la constancia de las leyes
naturales, y la certeza moral, basada en las leyes que rigen los actos humanos, en la experiencia o en la historia, no son absolutas pero están muy
lejos de ser absurdas. La firme adhesión de nuestra mente al enunciado puede
ser inmediata, si proviene de la simple inspección de los términos del enunciado (por ejemplo, el todo es mayor que la parte); o mediata, si requiere
de la observación (por ejemplo, los animales necesitan del oxígeno para
vivir) o del raciocinio (por ejemplo, Australia está en Oceanía, Melbourne
' ANTONIO Mn.LÁN PtraLLES.

t. 11, p. 197.

24

está en Australia, luego Melborune está en Oceanía). Aunque la claridad y
la fuerza de convicción, que integran la noción de evidencia, sean diversas
en el conocimiento intuitivo -aprehensión inmediata- y en el conocimiento discursivo -aprehensión mediata- no podemos restringir dicha n~
ción a cualquiera de sus tipos. Y la evidencia engendra la certeza, es decir, la decidida y firme adhesión de nuestra mente, sin temor de errar,
al juicio lógico. Esta plenitud de asentimiento psicológico al juicio lógico,
es "certeza de la verdad", pero certeza que implica la respectiva presencia
del objeto. "Así como es comprensible de suyo que donde no haya nada,
no hay nada que ver -expresa Edmundo Husserl-, no menos comprensible
es que donde no hay ninguna verdad, tampoco puede hal:&gt;er ninguna intelección de la verdad o, con otras palabras, ninguna evidencia". 6 Es imposible
apoyar un conocimiento de objetos extra-mentales sobre la base de una garantía inmanente, subjetiva. El mismo Husserl, por más que se aproxime al
criterio intrínseco objetivo del realismo, no distingue claramente la propiedad
por la cual lo verdadero determina en el sujeto cognoscente esa vivencia de
la verdad.
Los primeros principios constituyen, en el orden lógico, el fundamento racional en que descansan las verdades. Precisamente por ser auténticos primeros principios, no es posible reducirlos a dos fundamentales -el de identidad y el de razón suficiente, como lo quiso Leibnitz- o a uno solo -el de
contradicción- como lo pretenden otros autores. Leyes a un tiempo del
pensamiento y del ser, los primeros principios son necesarios, universales,
evidentes. Bastaría el examen de nuestro propio yo para reconocer la realidad
de las primeras nociones (sustancia, causa, finalidad) y de los primeros principios (identidad, contradicción, tercero excluído, razón suficiente). Por razones metódicas, reservamos para el estudio de la estructura y sentido de la
lógica, el examen de los primeros principios.
El error es un desacuerdo mental con la realidad. No se trata de ignorancia, ni de verdad incompleta, sino de disconformidad entre el entendimiento y la cosa. Disconformidad que puede provenir: a) De la dificultad de
muchos objetos para ser comprendidos; b) De la falta de una atención sostenida y de un estudio concienzudo; e) De la voluntad, estimulada por sentimientos o conveniencias, que mueve al entendimiento a dar su asentimiento a un juicio, sin suficientes motivos racionales; d) De las pasiones -orgullo, sensualidad, pereza, ambición, avaricia- que obnubilan la inteligencia y nos conducen a una adhesión precipitada en función de ellas; e) De
los prejuicios -comunes a la especie, individuales, sociales, sectarios- que
aceptamos sin discernimiento y que falsean nuestro criterio de apreciación.

Fundamentos de Filosoffo, Ediciones Rialp, S. A.,
• EoM UNI&gt;O

H us sERL. lnvestigaciqnes 16gicas, t. I, p. 197.

25

�Aunque por causas accidentales caigamos en el error, nuestras facultades
cognoscitivas están avocadas a la verdad. ¿ Resulta acaso comprensible que
nuestras facultades nos desvíen del objeto al cual por naturaleza deben tender? ¿No impera en el universo la finalidad, el orden, la armonia? ¿Por qué
nuestras facultades cognoscitivas habrían de ser la excepción? El entendimiento está ordenado, constitutivamente, a la conformidad con el ser que
le mide. Trátase de un hecho, antes que de una teoria. De un hecho que
no necesita demostraci6n porque descansa en certezas primarias absolutamente irreductibles. La duda misma, postulada por el criticismo, supone estas certezas: c.,;stencía del sujeto, primeros principios, posibilidad del conocimiento. Hasta aquí las principales directrices de la critcriología. Conviene
ahora, para terminar el estudio epistemológico, destacar el sentido y la finalidad del conocimiento.

con la vida humana. Nuestro conocer está al servicio de nuestra existencia
personal. Más allá del dominio de lo meramente animal -sensaciones e instintos- buscamos la felicidad en un estadio espiritual superior. Y la buscamos conscientemente, con la mayor plenitud posible. o podemos ni queremos limitamos a vivir en este universo, sin meditar, al mismo tiempo sobre él y sobre nuestro puesto y de tino en el cosmos. El conocimiento, que
descubre cosas y valores, es una necesidad íntima para toda pcr.;ona humana.
El hecho de que nos encontremos en el mundo no significa que nuestro
e.xislir funde al mundo. Porque existimos mundanalmente, comprendemos
nuestras posibilidades de ser-en-el-mundo. Estar-ya-en-el-mundo quiere decir
encontrar el ser del mundo, no forjarlo. Y significa, también , la e,..;stencia
del yo y del no-yo. El ser tiene mayor extensión que el conocer. Tomamos,
en cierto modo, el ser de las cosas, respetando su entidad. La posesión inicial del conocer una cosa nos conduce a las relaciones que guarda con las
restantes y al sentido de la totalidad. Sin el sentido de esa totalidad seríamos meros náufragos en el océano de las cosas.

miento de los entes no sea cabal y exhaustivo. Basta, para la vida, un conocimiento inadecuado y abstractivo de la totalidad. Nuestras decisiones reposarán siempre sobre un conocimiento adquirido, mu table, temporal. Pero
un conocimiento que no es mero fenómeno de la conciencia, sino una relación trascendente entre un sujeto y un objeto. Un sujeto que se representa
al objeto y un objeto que existe independientemente, echado ante, dado,
ofrecido a un su jeto cognoscente. Más allá de lo comprendido en el conocimiento, de lo "obyectado'\ queda un residuo incognoscible, transobjetivo
como Je llama Hartmann. El límite de cognoscibilidad no desaparecerá nunca, aunque se pueda alejar indefinidamente. Ya Goethe había advertido con
precisión y agudeza, que "Todo lo que está en el sujeto, está en el objeto,
pero éste es algo más. Todo lo que está en el objeto, está en el sujeto, que
también es algo más". 7 La descripción fenomenol6gica del conocimiento nos
mostró que el sujeto, al captar un objeto, rebasa los límites de su interioridad subjetiva. ¿ Cuál es el fin que perseguimos al conocer? La meta última
está puesta en nuestra salvaci6n y en nuestra plenitud. En nuestro deseo
de saber andamos en pos de un ideal de unidad y de permanencia que nos
salve de la disprrsión y de la fugacidad. A partir de los conocimientos fundamentales, nos enriquecemos progre$.ivamente con una sucesión de 11dcscubrimientos''. Y cstr enriquecimiento satisface, al menos en parte, nuestro
afán de plenitud subsistencia!. Sabemos que para llegar a la plenitud anhelada necesitamos poseer el ser, lo má~ adecuadamente posible. Posesión del
ser, no tanto para satisfacer nuestra curiosidad, cuanto para decidir nuestro comportamiento ante los objetos conocidos. Discernir las cosas, reconocerlas, gozarlas, rechazarlas y valorarlas es finalidad práctica o vital del conocimiento corpóreo. Reducir la dispersi6n de la e.,rperiencia al orden universal es finalidad propia de la inteligencia. Nuestro anhelo de unidad del
ser se cumple por vía cognoscitiva. Pero esta finalidad "teórica" o "especulativa", mera contemplación desinteresada de lo real, se inserta en el dinamismo integral de] sujeto que se afana por realizarse en plenitud. Cabe decir, en este sentido, que e1 conocimiento es un instrumento de salvación y
de perfección integral del sujeto cognoscente.
Vasconcelos subrayó, con toda energía, que "conocemos con todo el ser,
coordinadamente, orgánicamente".8 Se percató, claramente, de que el conocimiento no es completo si no toma en cuenta: la verdad, el fin de la
verdad y la ventura del fin. Aunque no resulte convincente su "a priori or-

El conocer no es tan sólo una dilatación del sujeto -el cognoscente convertido, por modo intencional, en lo conocido- sino una toma de posición
que supera la incertidumbre primigenia. La inter-relación de los seres nos
lleva a un conocimiento de los entes todos. No importa que nuestro conocí-

' GonHE. Maximen und Refluionem, No. 1084, en Goethcs Werkc, hcrausg. voa
Karl Keinemann, Bibliographischen Institut in Leipzig, t. 24, p. 286.
• VASCONCELOS. Lógica Orgánica, Edición de El Colegio Nacional, México 1945,
p. 4.

6.

SENTIDO Y FJN DF.L CONOCIMTENTO

-¿ Qué es el conoGimientq?-

El conocimiento no es una actividad superflua, ajena al mundo, inconexa

26

27

�gánico" como instrumento del conocer y su rechazo de la abstracción, es
preciso admitir su certera teoría del conocimiento como coordinación de
conjuntos. El conjunto de lo físico, el conjunto d-! lo orgánico y el conjunto de lo espiritual son indispensables a la integración de mi personalidad. La
escala de los conjuntos l'_,istenciales la reconstruye mi conciencia que se dirige hacia su fin. Los elementos heterogéneos que nos llegan por los sentidos
y por la inteligencia tienen que ser coordinados. "El pensamiento coordina,
emparentando los movimientos, buscando en ellos la armonía y la meta de la
acción combinada que persigue el conjunto. Y en cada conjunto se revela
un existir renovado, que deja intacta la individualidad de cada una de las
partes y éstas, por concurrencia, engendran todos parciales que las superan
y les dan finalidad''. 8 Por otros caminos, también nosotros aspiramos a la
armonía de un saber total. Como Vasconcelos, también nosotros desearíamos descubrir la colocación y la función de las partes dentro del uni-uerso.
Pero mientras nuestro querido e inolvidable maestro profesó un decidido
anti-intelectualismo, que le impidió llevar a un cabal desarrollo sus valiosas
intuiciones, nosotros hrmos forjado nuestra filosofía como propedéutica de
sa/uaci6n, y nuestro intcgralismo metafísico antroposófico, dentro de un in.
telectualisrno realista metódico. Acaso sea éste el mejor testimonio de discípulos que le podemos ofrecer al maestro. "Cuando yo escribo un libro -decía Gentilc-- y mis alumnos lo aprenden de memoria y Jo repiten, esos no
son discípulos míos; pero cuando uno lee un libro mío y porque lo lee piensa con su cabeza, ése sí es un cliscípulo mío y yo soy su maestro, porque he
hecho nacer un nuevo filósofo". Mi obra es un ensayo de "pensar con mi
cabeza", en diálogo con mis maestros. De pensar la realidad con su concreta y verdadera integridad.

• VASCONO!LO$,

28

Todolog/a, Ediciones Botas, México 1952, p.

◄H

EN TORNO A SARTRE Y EL PROBLEMA DE LA HISTORIA
Prof.

GoNZALO liERNÁNOEZ DE

ALBA

Univcnidad de Nuevo Le6n

UNo DE LOS PUNTOS CLAVE de la crítica que se ha dirigido a la obra filos6fica de Jean-Paul Sartre y que ha producido enconadas polémicas, es aquel
que tacha al pensamiento de este autor de_ s~: franca y decididamente ahistórico. Se ve en él la negación de toda poS1b1lidad de romper los marcos del
presente y, por ende, de enfrentarse al pasado como tal. Cá~ca que no. deja de tener importancia, puesto que nos presenta ª. la f~osofta que sosl.!~n;
como fundamental postulado "la primacía de la existencia sobre la esencia
dejando de lado, por voluntad personal ya que n~ ~r necesidad metódica
o de coherencia lógica, toda una amplia gama de posib1bdades para obtener un
más completo acercamiento, una mayor comprensión, para llega~ a u~a mejor realización y visión de la existencia como ta] y de nu~~a ex1stenc1a personal y concreta, para facilitar el cumplimiento de los ,lúmtes que des?e la
publicación de su primera obra, Bosquejo de una Tcona de las Emociones,
se trazara este fccundo y discutido pensador francés. No es nucs~~ des~o ~]
adentramos en los atractivos pero peligrosos vericuetos de la cnuca filo~fica, ni el s"gufr o compendiar las discu iones q~e. ~orno sc~uela . h~ surgido en torno de ella sino el tratar de ver La pos1b1lidad o 1D1posibil1dad de
una fundamentació; tratando de quedamos en lo posible dentro de los límites del pcnsamien~ de Sartre, de algo así como una ''historia existenci~l"
o de una comprensión de la trayectoria y proyección en el pasado del sujeto por excelencia de esta posición ideológica: el hombre. En _mor de b~evedad nos contentaremos con esbozar lo más rápidamente posible las pnncipales características y notas de algunas de sus tesis, especialm~nte de aquellas que consideramos como más adecuadas para el acercanuento y comprensión del tema que nos hemos propuesto.
.
"Estoy condenado, escribe Sartre en su primera obra fundamental,
existir para siempre más allá de mi esencia, más allá de las causas y mol.Jvos de

.ª

29

�mis actos: estoy condenado a ser libre. Esto significa que no se pueden encontrar otros límites de mi libertad que la libertad misma·J oJ si se prefiereJ
que no somos libres de dejar de ser libres".i Según esto la libertad se nos
aparece como una constante y permanente posibilidad de ruptura, de anonadamiento y no de suspensión o "epogé", del mundo Mostrándosenos como la estructura misma de la existencia. No es, no implica, ni tiene en cuenta algo asi como un capricho momentáneo o un deseo inmediato que se
pierde en y por su inmediatez. Muy por el contrario sus raíces se hunden en
Jo más íntimo de la existencia. "Un &lt;'-xistentc que como conciencia, está necesariamente separado de todos los demás, ya que están en rclaci6n con él
sólo en la medida que son para él, un existente que decide de su pasado, bajo forma de tradición y de futuro a la vez, en lugar de dejarle pura y simplemente determinar su presente, un existente que se hace anunciar por algo que le es ajeno, o sea, por un fin que él no es y que proyecta al otro
lado del mundo, he aquí lo que llamamos un existente libre".' Esta libertad
tif'ne que ver, se refiere y está en consonancia con el proyecto fundamental;
que comprende y encierra los actos y los deseos particulares. Y que constituye la última posibilidad de la existencia humana: la elección originaria. A
la elección del proyecto le es inherente la libertad originaria, la libertad incondicionada. No se implica en ningún momento e] dejar de lado, el no tener en cuenta, un margen de imprevisibilidad y contingencia que representa y en cierta manera constitu)·e el núcleo de las acciones particulares. Con
ellas y su contingencia, su estado de desaz6n, se introduce en el campo de
acción de los hombres la posibilidad de modificar, reestructurar y recrear,
ese proyecto inicial. "La angustia que cuando es revelada, manifiesta a nuestra conciencia nuestra libertad, testifica la modificabilidad perpetua de nuestro proyecto inicial". El hombre existente pues, se encuentra perpetuamente
posibilitado, mejor aún, amenazado, por la posibilidad esencial del rechazo o
anulación de su proyecto: por la posibilidad de dejar de ser y convertirse en
otro. "Por el solo hecho de que nuestra elección absoluta es frágil, escribe
Sartre, apoyando en ella nuestra libertad, ponemos a la vez su perpetua posibilidad de convertirse en un más acá atravesado por el más allá que yo
sería". 8
La libertad de que habla Sartre es la que permanece dentro de los límites
de la acción y facticidad del mundo, no la que pueda provenir de un quietismo absurdo o de un inhumano deseo de escape. Facticidad que, tal como
la acci6n, es indeterminada y surge de la libertad que la "pone" y entrega
: SARTR~. JEAN-PAUL,

Op. dt., p. 530.
' Op. cit., p. 543.

30

L'Etr~ et l~ Nlant, ed. Gallimard, 50 ed., Paris, 1957, p. 515.

al ser con la elección. Así el hombre se hace responsable no sólo de sí mismo
y de cuanto haga y decida hacer sino del mundo y de cuanto acontece en él.
Hechos y acontecimientos que dependen, toman su realidad, en última y primigenia instancia, de la libertad y consecuente elección originaria. Para
Sartre todo lo que le acontece al hombre es humano .. Lo inhumano no tiene lugar ni cabida en su pensamiento: ''Las más atroces situacione.c; de la
guerra, las peores torturas, no crean un estado de cosas inhumano: No e.~
te una situación inhumana; s6lo por miedo, por huida y recurso a situaciones mágicas, decidiré sobre lo que e.s inhumano, pero esta decisión es humana y cargaré con su total responsabilidad".• Tampoco existen para Sartre hechos accidentales, un acontecimiento social que en alguna manera logre afectar a un individuo, y no importa en qué o de qué manera, no le es
extraño, le pertenece y si quiere ser sincero debe hacerlo suyo. Como inclividuo concreto esta guerra me pertenece y "la merezco, en primer lugar,
porque podría sustraerme a ella con el suicidio y la deserción: estas posibilidades últimas son las que siempre deben estar ante nosotros cuando se
trata de afrontar una situación. Si no me he sustraído a ella, La he elegido...
m todo caso se trata de una• elección". 1
La estrnctura ontológica del proyecto puede y debe ser descubierta por
medio de y en el psicoanálisis existencial. El único instrumento útil según
nuestro autor para mostrarnos y demostrarnos cómo en el fin de todo acto
humano se encuentra una determinada elección libre y un determinado y
concreto deseo de un ser en-sí fáctico y objetivo. Tendiéndose hacia la meta
ideal de ser una conciencia que funde y fundamente su propio ser en-sí:
"Es este el ideal que se puede llamar Dios. Asi se puede decir que 1o que
más hace concebible al proyecto fundamental de la realidad humana, es el
hecho de que el hombre es el ser que proyecta ser Dios ... es lo que le anuncia y le define en su proyecto último y fundamental".ª Así el hombre se nos
presenta como poseyendo una ambición trascendental, es cierto, pero como
un deseo fallido. La síntesis del en-sí de las cosas del mundo con el para-sí
de la conciencia es la gran teleología l,acia la que tendemos los hombres sin
nunca poderla alcanzar. Este imposible tránsito del en-sí y el para-sí es al
que continua e incesantemente tiende la acción humana. Como claramente
se ve se hace indispensable en este nivel del pensamiento de Sartre el enfrentarse al análisis de una ética que complemente y dé fin a sus análisis ontológicos. 7 El Ser y la Nada apunta hacia una moralidad que debe total• Op. cit., p. 639.
1 Op. cit., pp. 639-640.
• Op. cit., p. 653.
' En lugar de esa rrflexión sobre la moral que anunciara en las últimas líneas del

31

�mente prescindir del llamado "espíritu de seriedad". De la tendencia a considerar a las cosas como ya provistas de un valor trascendente a la subjetividad humana. No es posible enfrentarse al hombre como al ser "para el
cual existen los valores" sin darse cuenta de que "todas las actividades humanas son equivalentes, puesto que todas tienden a sacrificar al hombre para hacer surgir la causa de sí -y todas por principio están destinadas a fracasar. Siendo así lo mismo emborracharse en soledad que guiar a los pueblos. Si una actividad es superior a la otra no es por causa de su motivo real,
sino por causa de la conciencia que posee su objetivo final; y, en este sentido, sucedería que el quietismo del borracho será superior a la vana agitación del conductor de los pueblos". 8
Como veíamos, el hombre posee un recurso altamente valioso en su vida:
el modificar, dirigir, su futuro, su porvenir. Introduciéndose en la vida de
los hombres y, en cierta manera, en la de las colectividades, Jo que se ha
venido llamando una "eterna moratoria". Puesto que la muerte, esa absoluta detención de la libertad, es el único camino que lleva al desprendimiento y posterior comprensión de la esencia humana, de la esencia de este hombre determinado y concreto, de la esenáa de uiia colectividad social con características semejantes. Y todo ello porque sólo, claramente nos dice Sartre, es posible juzgar a los muertos. Sólo frente a ellos podemos obtener una
especie de objetividad. Podríamos decir, en términos generales, que la historia es para Sartre, a lo menos a la altura del Ser y la Nada, una cirugía
mcrtuoria. Una actividad e.xperimental que debe estudiar al ser en-sí detenido y que enfáticamente se niega a hablar [de) lo que se encuentra abierto ante
un futuro, que estudia lo concreto y lo determinado. Interpreta al en-sí es
cierto, pero no lo hace de una manera definitiva, no pretende determinar su
sentido de una vez por todas, no quiere ni puede ser eternamente valedera.
Por tener como campo de acción lo social, y con él lo humano y su pasado,
se encuentra afectada por esa perpetua moratoria que la hace inminentemente imprevisible y, por tanto, .indeductible. El único momento que cobra
una real y definitiva importancia, tanto en la trayectoria común de los hombres como en la historia particular de cada uno de ellos, es el último. Es el
que decide por todos los demás. Con anterioridad a su cumplimiento es
completamente imposible el establecer un juicio completo y con pretensiones de validez. Ya que en este momento y por él se puede cambiar toda una
actitud, toda una concepción, toda una manera de ser y de obrar. "ContaSer :V la Nada Sartre nos ha dado en su Crítica de la Ro.z6n Diallctica un análisis de la
actividad concreta, de la praxis de los hombres.
1

32

Op. cit., pp. 721-722.

minándose" todo el conjunto de las acciones, de hechos y deseos que hicieron parte y constituyeron una vida.
Elegir vivir de una determinada manera, tener el valor de morir de acuerdo con la elección libre y personal es el gran dilema del hombre y de los
hombres. Del hombre con nombre y del hombre como colectividad. La muerte personal o la muerte social 9 entrega, por así decirlo, a ese hombre O sociedad a los demás. Los hace entrar en la historia, los entrega y enfrenta a
los otros, a los jueces. "¡ Fue sólo im desfallecimiento corporal!, dice uno ,
de los personajes de Huis-Clos explicando su muerte. Sólo que todo ha quedado para siempre en suspenso ... ¡ Garcln es un cobarde. He aquí lo que
han decidido mis compinches. De aquí a seis meses dirán "cobarde como
Gardn" ... éstos morirán pero detrás vendrán otros que volverán a tomar
la consigna: les he dejado mi vida entre sus manos ... Hacen r.l balance sin
ocuparse de mí y tienen raz6n, puesto que he muerto... He caído en el do-

minio público".1º
Los hombres, podemos concluir con Sartre, poseen frente a la historia, un
doble p~pel que corresponde a la doble actividad que deben desempeñar
en sus _vidas: son actores y jueces. Autor y actor de ]a historia, ya que son
sus acaones, deseos, elecciones libres y actuaciones de mala fe algunos de los
elementos más importantes y constitutivos de la evolución histórica. Juez cle
los demás y de la historia somos los hombres por ser los únicos que podemos sopesar, comprender, valorar y justipreciar la vida y las acciones hum3:°"as Y, con ellas y por ellas, desentrañar o adjudicar un sentido a la histona, S61o el hombre, considerado como elemento constitutivo de una socieda? Y como . individualidad, puede explicarse y explicamos el recóndito y
cambian~e _senado de la historia. E,.-pJicación que tiene como medio y fin
el somctumento a las perspectivas, actitudes y, por qué no valores humanos
d e una d. etermmada
·
época y sociedad. Sometimiento que 'produce y explica'
]a necesidad de una constante revisión calificativa y revalorativa del pasado humano en función de un presente concreto y determinado. Haciéndose~os patente,, d~ comp~ es~ tesis, la razón última de la existencia y necesidad de múltiples y vanadas 1.0terpretaciones del devenir histórico: nos hace comprender el porqué de una historia del Imperio Romano interpretad~ a la manera y según la época de un 'rtto Livio, o dentro de los lineamientos de una "Scienza Nuova", o de acuerdo con un Mornmsen o un
León Romo.
Las historias cambian porque el hombre que se enfrenta al análisis del
suceder histórico no es nunca el mismo. El hombre dota a la historia y a su
: ~ e~ posible hablar_ de la mu~rtc de una sociedad o de una cultura.
uu-Clos, ed. Galhrnard, Pam, 1947, p. 105. El .subrayado el nuestro.

33
H3

�visi6n de ella de un doble cambio, de una doble manifestación deJ acontecer:
el devenir propio ele la historia de las acciones libres que la constituyen, y
esas transformaciones producto del constante trastocar de valores y perspectivas que frente a los hechos históricos pueden tener _'f hacer suyas ho~hres de diferentes épocas y de diferentes culturas, o miembros de una DllSma sociedad pero en dh·ersos momentos de su evoluci6n º. &lt;'.Stand.o col~dos en diversas y opuestas clases sociales o manteniendo diferentes po!!.C10n vitales. 11 La historia se nos presenta, pues, como dotada de una doble
p rspcctiva:
el resultado de las acciones y ~ecisioncs de los hombres que
han pa! ado pero tal como la quieren o necesitan ver los hombres del presente, de no importa qué presente. Esta hi toria, producto del hom~re que
ha sido y del que es habla nos babia, de un hombre re~ q~e ha sido, de
alguien concreto, que e.xiste ' 1pero un existente no puede Justificar nunca la
xistencia de otro existcnte•·. 12 El tratar de justificar las acciones qu~ puedo cometer en mi presente por medio de las pasiones y acciones ufndas y
cometidas por otro hombres en otros presentes implica el caer, el cometer
una acció,i dr. mala /e. 11 i el hombre presente ni el pasado tienen o .pueden pedir una justificación. El hombre histórico es lo qu~ es. Es el conJ~~to
de su. obra.,, es el conjunto de sus accion , es la totahdad de sus _dcc1510nes efectivamente cumplidas. El hombre presente es un proyecto libre. ~l
hombre hist6rico
el rr.sultado del cumplimiento de sus proyectos de~dos. La historia es el análisis de los proyectos de los hombres que han sido
por los que son.

Si la historia es el descamado análisis de los pro ectos humanos, se nos
pre nta como no iendo otra cosa sino el resultad.o de las acciones de sus
miembros constitutivo . La historia 5"rÍa. lo que ciertos hombres han querido, con y en su vida, que íuera. Sería el conjunto, p ro no la suma, de
u Vale Ja pena citar un texto que aclara y ejemplifica esta atrevida _tesis: '.'~ada
uno juzga la historia según la profesión que ejerce. Formado por su acción cotidiana
sobre ta materia, el obrero ve c-n la sociedad el producto de. fue.rus reales _obrando
según leyes rigurosas... el burgu~s, por el contrario, ~ e! _antisemita en part1~ular. • •
se comportan frente a los hechos sociales como los pnnntlvos que do~ al ,1ento o
al sol de una almita. Intrigas, cábalas, trampas de uno, el valor y la virtud del otro:
eso es lo que determina el valor de ,u comercio, es
que dete_nni.na el desarrollo de
su mundo". Rt/luions Sur la Question Juivt, ed. Gallimard, Pans, 1954, p. 43.

l?

" La Nausl,, ed Gallimard Paris, 1938, p. 250.

.

u El sostener un punto de vista como &amp;te hace compr~ible el que _se ~esprcc1en Y
"rccunos de ma1A fe" a todas aquellas interpretaciones de la histona que prt•
U
amc:n alabar O denigrar alguna determinada actitud sociaJ o pohüca
••
tcndcn
en f uneº6n d e
un "espíritu nacional eterno" o de la pertenencia a un "grupo superior", para no citar
sino dos ejemplos bien conocidos.

las acciones )' pasiones de ciertas individualidades que, para Sartre son, por
sus conflictos internos, lo motores de 1a historia.u Los conflictos internos
adquieren l"ie poder de fungir como motores del desarrollo hist6rico y del
desenvolvimiento colectivo no s61o cuando se dan dentro de una detenninada personalidad, sino cuando se encuentran en el seno de un detenninado y
concreto grupo de individuos, de una familia, de una clase social. El que se
den en uno u otros no altera ni su labor efectiva, ni su constituci6n, ni,
mucho menos, la posibilidad de su desentrañamiento y estudio. El conocerlos y compr nderlos es uno de los m •s importantes factores para el conocimiento de la realidad hist6rica y, por tanto de la realidad del hombre. En
nuestra 'poca, se queja Sartre en su Cuestión de Método, la historia se hace sin conocerse, se la considera, por incomprensi6n o desconocimiento de
sus motores, como el resultado de una cadena de actos fortuitos sin Jey
' como'
como un ciego encadenarse de hechos.causa y acontecimientos-efecto,
el conglomerado y la suma de una serie de contingencias innumerables. Pero en nuestra época e.xiste una imperiosa necesidad de transformar ese fatalista punto de vista ya que el hombre más auténticamente actual, "el rev0lucionario, si quier obrar, no puede ni debe considerar a los hechos históricos como el resultado de contingencias sin ley... unas constantes, unas
series parciales, leyes de estructura dentro de formas sociales determinadas
be ahí Jo que necesita para poder prever. Si se le da más, todo se desvan~
en idea, ya que no preci a !tace, historia, sino leerla día a día· lo real se
'
convierte en sueño''. 111 -Pero si se le da menos, nos sentimos tentados de
agregar, lo real se convierte en pesadilla-. Se nos hace, pues, necesario el
conocimiento de unas leyes estructurales de la historia dentro de formas sociales detenninadas. Y e1Io s61o puede producirse por medio de un análisis
que parta de la explicitaci6n de los diversos motores que puedan darse y
encontrarse en la historia.

.

Dentro de esas ncc idades el conocimiento de las p rsonalidades, individuales o colectivas, 18 es de singular importancia ya que el análisis de sus
''conf!ictos internos" puede aclarar y hacer coO:prender en sus propios Jj_
neam1entos los motivos últimos de la historia, su porqué y su cómo. Además
". Cf. Q1mlion d, Mlthod,, en Critiqu, d1 14 Raison Dial1etiqu1, ed. Gallimard,
Pam, 1960. · pecialmentc p. 115.
11

Materialismo y Revoluci6n, trad. Bernardo Guill~n ed. Deucali6n Bueno, Aires

1954, p. 92.
11

'

'

'

Si es P_Osible hablar de una "personalidad colectiva". A pesar de la cxtrañe1.a
exprcn6n Y dr: su aparente contrasentido creemos que bien se puede empicar el

~

:~~in~..
de

·a que modernos estudios de la IL'lmada psicologfa de grupos muestran la
phcabihdad del concepto y 1u existencfa real. Por personalidad colectiva entendemos
la foeru de un determinado grupo social que produce en 1u seno lo conflict01 que

34

35

�es indispensable, al menos para artre, aunque no sea claramente explícito
en ello, el conocer a quienes hacen la historia para saber a qué atenerse en
el momento de actuar, de producirla y en los momentos sucesivos. Ideas
que nos parecen un tanto discutibles, ya que nos inclinamos a pensar que
para el conocimiento y develación del sentido de la historia es menester una
visión de conjunto y una perspectiva lo más amplia posible. La cercanía e
inmediatez a los sucesos humanos y sociales que se pretenden historiar impide tener esa perspectiva deseada; además la posible existencia de intereses
extrahist6ricos puede llegar, y con frecuencia lo hace, a deformar el panorama total de los acontecimientos. Además, como el mismo Sartre lo quiere, la historia es imprevisible e indeductible. Para poderla estudiar, para
poderla comprender y poder comprender a los hombres que la vivieron tiene
que semos dada de antemano. Podemos estudiar lo más ampliamente posible, desentrañar su porqué y su c6mo, de los acontecimientos acaecidos en
la Revolución Francesa, pero no así .. los de la Soviética. Podemos enfrentamos al estudio de la figura de Lenin, pero no a la de Castro Ruz. La Revolución Soviética continúa evolucionando y desarrollándose. La Francesa
está detenida, ya dio lo que podía y tenía que dar. Lenin ha muerto y lo
poseemos plenamente. Castro vive y desconocemos su desarrollo y futura
evolución. El enfrentarse a los hechos del presente inmediato con un método y una finalidad histórica, implicaría una tan gran fle.~bilidad de conceptos, una tan fuerte dosis de ixnprevisibilidad que se nos antoja incompatible
con el concepto de historia y que la convertirla, si se puede hablar en este
caso de historia en una mera "adivinanza", agradable y divertida sí, pero
que no es historia, ni ciencia ni nada semejante.
En la Crítica de la Razón Dialéctica insiste una vez más Sartre sobre la
importancia fundamental que tiene el desentrañar y comprender el "proyecto fundamental", pero dando ahora principal énfasis a su incorporaci6n y
estudio dentro de una historia, pero no sólo en la que pudiéramos llamar individual sino en la social; no en una historia ideal sino en la historia concreta de una determinada sociedad en permanente construcci6n, en una sociedad en la que impera el trabajo individual y las relaciones de producci6n
de todos sus miembros. S6lo en una. sociedad que posea estas notas pueden
claramente aparecer y ser comprendidas las determinaciones individuales,
las determinaciones reales de los hombres. Ya que el hombre con nombre,
este hombre singular de esta sociedad concreta, se define antes que nada
como un ser en situación. Es decir, que forma un tocio sintético con su situa-

ción biológica, económica, polítir~
cultural • S't
. , que no p ed
1 uac1on
-,
·l
se, separarse del hombre ya que ella lo i
l
u e alS arlidades. y a la que I hombre .
onna, o nutre y le da sus posibimversamente da un sentido al
ella y por ella. No queremos ,decir
es ob . ,
escogerse en
hombres no difieren entre sí q
' .
; 10' que Sartre pretenda que los
.
, ue su situación los henn
· 1
.
.
f1ca. Los hombres difieren
d'fi
ana, igua a e 1denuescogencia
h
d
como . i iercn sus situaciones y en razón de la
que agan e su propia persona "Lo
ha
el~os no es una naturaleza, sino una condici6n
~ue. y de c?mún entre
m1tes y restricciones: la necesidad d
. d' es ~1r un ronJunto de li.
e monr e trabaJar pa
. . d
tir en un mundo habitado d
t
'
ra vivir, e exi.shacen que el mundo que cn::tramn
emano por otros hombres".11 Hechos que
.
os como dado que
nuestros pnmeros días de vida S&lt;'a un
d h" , .
nos entregan desde
sea cierto, y lo es a todas lu ,
mun . o istónco. Aunque este hecho
histo "d d .
, . ces, no nos obliga a definir al hombre
. . . ,
por su
1 1 ad de v1v1r
· · nc1 a , sino por su mtuna pos,'b"J"d
h1storicarn t 1
siciones y rupturas de su sociedad Así
. ..
en e as tranción a posteriori del hombre mo ~á d tl"J{e Ja posi_bilidad de una definisociedad hist, .
1
'
s . n o o como surgido en el seno de una
onca en a que ha nacido
formaciones sociales dete . da
y, a su vez, como n-sultado de transrmma
y concretas. R tri •
nes que sólo pueden ser vividas
P
es ccioncs y detenninacioen los casos anteriores no puedeen y
,un proyecto humano, que, tal como
•
en nmgun caso
d fi 'd
te y que, m tanto que pro ·ect
.
ser e m1 o conceptualmenlo menos de derecho Hac
o,
iempre compren ible, si no de hecho por
Sartre "a encontrar
e~ exp Clbta esta comprensión no conduce. nos dice
.
noc1oncs a stractas cu a
b'
'6
tu1rlo en el saber conceptu 1 .
'.
y com mac1 n pttdiera restiléc .
a . smo a producir en s' .
l
. .
neo que parte de los hechos dad
. .
t mismo e movun1ento dianificante. Esta comprensi6n
os recd_1b~dos y se eleva a la actividad sig.
.
que no se istmrue de l "
.
existencia inmediata
l f d
a ,.raxrs es a la vez la
• ,,
• · · Y e un amento del c
· ·
c1a _is Ese conocimiento . d"
d
.
onoc1m1cnto dr. la exi tenm m~cto e la existen e· a
su ' tado de una rf'flrxi6n sobre ella
f rl
I no es otra C05a que el reel darse de una ideo}na{
. · Q~tc- un amenta posihilita al o a~í como
rf
_,.,,a y una c1enc1a sociales dentro d 1
a, y en Jugar de primer orden I h' . .
e as que se encontra, a tstona. Pero una h' ~ •
.
ahora como el resultado la acción
d
is.or1a rnt"nrhda
mana total.
y
el proyecto personal Y de la praxis hu-

.º'

ias

Dentro de una filosofía-ideologia
• .
.
manera anterior J.. ~ •
• •
y una etenc1a sociales entendidas de la
....., mvesttgaCJones que se pued an ef ectuar en tomo .al proh

van a fungir como moto~s de la historia o de alguna manifestación social determinada.
Tal sería el caso de los Jacobinos en la Revoluci6n Francc,a, o de la burguesta nacionalista. en las guerras Latinoameñcanu de Independencia

36

t-

P: .

R1/kxi6n. . ·. • . 72 EJ subrayado es nuestro.
»" No
por un Ju1CJ0 a priori o sea
r
. . .

•

echo de nistir, aun en la a~tualicLui ~ ::1u100. smo por el simpt~ v elrmC'ntaJ
~retente y a tener UD pasado, que es~
a des que. es~ come111.ando .3 errar su
tienen.
CJ.an o su histona pero que todiwh no la

:r

37

�ecto humano deben destacar por su importancia y principalisimo lugar; ya
~ue como veíamos el hombre es para Sartre, y siempre_ lo
sido, fund~~talmcnte un pro}ecto, su proyecto. El obrar y actuar md1v1dual _5?n los_ uruedios que poseemos para comprender "el secreto del acondic1onam1ento
cos m
, l
'd
¡
del individuo como tal y como miembro de una sociedad'. E scnt1 o Y va or
que pueda mostrar una conducta humana se logra co1:1~~ndcr, en su perspectiva general~ mediante las realizaciones de las pos1b~1dades o p~yecto,
que aclaran y hacen comprensible lo dado ~r c..xcelcncsa: la totalidad de
las acciones y actuaciones humanas en su conJunto y dentro de su panorama
social. El proyecto nos reenvía, pues, a la comprensión fundamental, fundaentadora y fundamentant de la realidad humana. Para ·nuestro autor, es: comprensión es iempre actual y nunca potencial, se _encuentra e.:'Presada
y dada en toda acción, en toda pra'&lt;is y, lo que es más rmportante, sm ten_er
en cuenta que sea individual o colectiva, que surja y apare-.tca en fonna sistemática O manüestándose en forma de encadenamientos d causa a efecto o

.rn:

n~

p

el.

Sartre sólo existe una entidad real y sólo existen unas r ac1onc-.s reales: ::io existen hombres y sus relaciones sociocconómicas. Así pues, el objeto central de la ideología existencial, y para decirlo con las palabras de Sar•
tre ''es el hombr singular en el campo social, en su clase o en medio de ~
jet~ colectivos y de otros hombres si~l~, es la indi~dualidad aliena~ mistificada, tal como lo han hecho la diV1S16n del trabaJo y la explotac16n, pe1 chanclo contra la alienaci6n por medio de instrumentos falseados Y, a
ro u
d d .,
pesar de todo, ganando pacientemente t~eno": 1' Im~licándos. y e u~1endo e que el soporte de los objetos colrctivos -1deolog1~, relaciones SOC1ale!,
instrumentos de trabajo, etc.-, debe buscarse en la acbvidad concreta de los
individuos: "no nt[!amos la realidad de estos objetos. pero pretendemos que
es parasitaria".!O Dejando a un lado ese carácter paras~tario, estos objetos deben formar parte del estudio del hombre por humanizarse y de.ben hacerse
artícipes de lo humano por intermedio de una multitud de relaciones ~uma!as. La historia real, la historia concreta, la historia q~e logra sistematlzar la
· humana sólo puede ser comprendida en la medida en que pueda reílepraxis
'
'd h' 6
jar la mediaci6n de unos hombres concretos, de unos hombres con VI a 1St •
rica real y asequible. 'o sólo la historia comprendida co~o el campo ~e. acción y de desarrollo de la lucha de clases, o como el estudio de los mov1mtentos e interrelaciones que puedan sucederse entre una base y una superesti:uctura social puede y debe ser entendida por la mediación de la acción de c1ertos homb~s, sino que para comprender lo más rectamente posible el desarroQuertion . .. , p. 105.
• Question . .. , p. 86.
11

38

llo, acción y efectividad de ciertos "instrumcnt0s ideológicos'' se presenta como indispensable el analizarlos en función d una mcdiaci6n real y concreta,
es decir, humana. 21

En esta. desafortunadamente demasiado br ·ve,

rposici6n d alguna de
las ideas de artre se nos ha hecho patente con alrruna claridad, puesto que
ha sido necesario leer entre renglones, la importancia y destacado lugar que
ocupa en su pensamiento la necesidad de fundamentar un enfoque existencial de la historia que proyecte, complemente y ejemplüique su posición filosófica. En esta que podemos llamar su concepción de la historia es de excepcional importancia centrar la atención en la acción de unos individuos concretos. En individuos que pueden ser vistos como los mediadores y catalizadores de la historia. Mediador sería el hombre capaz de modelar y señalar las
guías de acción que n un momento determinado y concreto debe o puede seguir su sociedad. Y puede hacerlo sin nec idad de recurrir a actitudes mágicas
o interpretaciones metafísicas puesto que, como todo hombre, puede modificar, dirigir su porvenir y con él el futuro de la sociedad en la que está obrando. Así la pcrsonnJidad no es para Sartre ni la encamación de un "Espíritu
Absoluto", ni la personificación de una ahistórica "tabla de valoración", ni
el hombre que por un impulso divino o casi, es capaz de convertir una 'soci .
dad cerrad a" en una " a b'ierta,, , ni,. mueh o menos, un " superhombre étruco".
·
Es la e:\'Presi6n de su tiempo, la síntesis de sus problemas y el anhelo de resolverlos tran fonnando su soci dad. Modificación y transformación que sólo
aparl.'cc para -nosotros y que sólo son según nosotros. Puesto que somos los
únicos que tenemos la posibilidad de damo cuenta de las consecuencias que
1a acción Jibre de una d terminada personalidad ha podido d ncadenar. 0mos los únicos que tenemos una perspectiva y una objetividad adecuada para comprender a los hombres que han sido y con ellos a su historia, a nuestra
historia.

En párrafos anteriores señalábamos cómo para artre sólo existen hombres
Y las relaciones reales que se puedan dar entre ellos. Podemos agregar que,
de ser sto verdadero y así lo creemos sólo hay una historia: la historia humana y que "los hombres hacen su historia sobre la base de las condiciones
reales anterior ( entre las cuales se deben contar los caracteres adquiridos,
las deformaciones impuestas por el modo de trabajo, la vida, la alienación,
etc.) pero son ellos los que la hacen y no las condiciones anteriores: de otra
manera sólo serían simples vehículos de fuerzas inhumanas que regirían a
través de ellos al mundo social. Ciertamente esas condiciones exislen ... pero
Qumion . •. , pp. 55-56.
" Cf. Question ... , pp. 136-137.
11

39

�el movimiento de la praxis humana lo sobrepasa conservándolas". 23 La historia que nos está esbozando Sartre debe juzgar hombres y no fuerzas físicas.
Los acontecimientos y procesos natw·ales en sí mismos pueden ser descritos
como secuencias de "hechos" que a lo sumo guardan entre sí una relación
formal del tipo de la de causa-efecto; salvo que intervenga en y sobre ellos
un nuevo factor que, por así decirlo, les dé vida, que de abistóricas las transforme en históricas; nuevo factor que no es otra cosa que la intervención humana. Se podría argüir que el mundo natural es en-sí y para-sí mismo histórico. Que, por ejemplo, las ciencias geológicas son las encargadas de hacer
patente ese carácter propio del devenir de las capas terrestres. Que la química
nos puede mostrar el desarrollo histórico que se produce en la combinación
de los diferentes elementos del mundo natural. Esto es cierto. Pero no debemos olvidar o dejar de lado un hecho tan valedero o más que el anterior:
cuando la geología nos quiere mostrar esa peculiaridad histórica, lo que está
haciendo es relatamos o bien cómo el hombre se ha introducido en ella, qué
relaciones ha mantenido con el mundo natural, o bien cuál es el desarrollo
que como unidad, como ciencia, han tenido los estudios hechos por los hombres del medio físico. Lo físico pues, sólo es histórico en la medida en que se
relaciona o es relacionado con el elemento apartador de historicidad por excelencia: el hombre y la praxis humana. 24 Ocupando por ello dentro del
universo viviente un sitio y Jugar privilegiados y únicos; es el único ser que
tiene la posibilidad, mejor la necesidad, de definirse continuamente y sin cesar "por su propia práxis a través de los cambios sufridos y provocados, por
su interiorización y luego por el sobrepasar mismo de las relaciones interiorizadas".25 Es decir, por el ser creación, negación y superación de la historia
individual y, con ella, de la colectiva, de la sociedad. El hombre histórico es
un "ser sintético" y como tal debe ser tenido en cuenta y analizado por la historia. Así en la base de todo estudio que quiera mostrar el influjo o la obra
de un hombre en el pasado, debe encontrarse una exigencia totalizadora que
obliga a que se muestre al individuo t"ll todas y cada una de sus manifestaciones. Que pretende mostramos al hombre entero, completo, pero lo debe
hacer dentro de lo que pudiéramos llamar "el cuadro de la rareza., y no como una pieza más en la gran totalidad de una sociedad cumplida y llena, si-

no dentro de una colectividad que difícilmente puede cumplir con sus necesidades, dentro de una colectividad que sólo puede ser definida por sus técnicas de trabajo y por los medios en que éste se lleve a cabo. "La ruptura de
una. sociedad llena de necesidades y dominada por un modo de producción,
escnbe Sartre, produce antagonismos entre sus miembros; lo económico detennina lo socio-económico. Sin estor principios no hay realidad histórica.
Pero sin hombres vivientes, no hay historia". 26 Ni sucesos históricos específicos; no hay una ciencia que verse sobre la fusión del pasado con el presente en
sus múltiples dimensiones.
De existir una historia en los términos en que la postula y la desea Sartre
¿ cuá~ sería la fo~a de enfrentarse a esas relaciones humanas y a esas per~
sonalidades detemdas que se nos muestran como siendo el objeto central de
su estudio?
Ya notábamos cómo para Sartre se debe dejar de lado todo apriorismo en

el estudio de la historia, cómo se debe hacer un examen sin prejuicios del
suceso histórico para poder "reflejar'' los móviles más o menos ocultos que se
encuentran en ella y se desean y deben conocer. También apuntábamos cómo
para la ideología de la existencia de la que es vocero Sartre una de las metas
a cumplir es el desciframiento dialéctico de la historia, de ese negar superando
Y conservando ;3 1 que puede y debe se1 entendido pasando por la mediación
o mediatización, para emplear la terminolog'ia. hegeliana, de unos hombres
concret~s,_ a quienes hemos llamado unas personalidades, del carácter que
el condicionante de base les ha dado, de los instrumentos ideológicos que
emplean Y del "medium" real de su momento histórico. Estas dos consideraciones nos permiten esbozar lo más brevemente posible el método de conocimiento histórico. q~e postula Sartre en su Crítica de la raz6n dialéctica y
que ya ~n antenondad a su publicación había exitosamente empleado en
los traba3os de exégesis histórico-biográfica de las personalidades de Baudelaire Y de Saint Gene t. 28 ¿ Cuál es, pues, esa vía de conocimiento que se nos
P~senta? Antes que nada es un método totalizador, que enfáticamente se
mega a considerar un aspecto aislado de la vida de los hombres o a ver esa
vida.como separada de su medio. Ya en las primeras páginas de la Introducc16n del Ser ,i la Nada leemos lo siguiente: "Todo es un acto. Detrás
del acto no hay ni esencia, ni eje, ni centro. Rechazamos, por ejemplo, en-

.. Question ... , p. 61.

" Lo que hemos ejemplificado con la geología y la química bien puede hacerse
extensivo a esa consideración simplista de la economía y sus leyes, que pretende hacerla
ver y obrar en la historia con la inexorabilidad que se otorga a las leye! naturales.
No querrmos ni podemos negar la importancia de la economla en los rsl1ldios históricos
pero creemos, y para emplear la expresi6n de Sartre, que "es parasitaria".
u ar. Question ... , pp. 103-104.

40

,. Q

"

.
utstion, . . , pp. 85-86. El subrayado es nuestro

.

u A_qu~llo qu~ Hegel expresa con "Aufheben", ese término de tan düícil traducción.

. S'. bien es Clerto se acostumbra clasificar estas dos obras dentro de la llamada crítica
literana de ~artre,_ pero consideramos que con igual razón se las puede considerar
com~ dos eXJtosos intentos de reconstrucción histórica de toda una época efectuada a
traves de la mediación de estos hombres.

41

�tender por 'genio' -en el sentido que se dice que Proust 'tenía genio' o que
era un 'genio'- un poder singular de producir ciertas obras1 que no se agotarían, justamente, en la producción de ellas. El genio de Proust no es ni la
obra considerada aisladamente, ni el poder subjetivo de producirlas: es la
obra considerada como el conjunto de manifestaciones de la persona. . . la
esencia de un existente no es una virtud sumergida en la nada de este existente, es la ley manifiesta que precede la sucesión de sus apariciones, es la
razón de la serie". 29 Esta totalización que, por tener las notas de negar, conservar y superar es dialéctica, debe pues tener en cuenta y hacer uno, envolver dice Sartre, los actos, Las pasiones, eJ trabajo, los influjos e influencias,
etc., que se dan en el conjunto de Ja vida de una personalidad encuadrada
y sumergida en su momento histórico y, finalmente, definirla con orientación
a su relación con el devenir. Momento del método que debe ser entendido como una pura exposición y practicado sin conceptos preconcebidos, sin metas
a priori o finalidades extrañas al objeto en cuestión.
El método de conocimiento de lo histórico que nos presenta Sartre es a la
vez que totalizador eurístico. Muestra algo nuevo y desconocido por ser regresivo y progresivo. Su principal cuidado es el colocar aJ hombre en su lugar, en su cuadro de acción, en las estructuras de la sociedad que le es contemporánea. Obteniéndose desde un primer momento W1 conocimiento totalizante del momento y aspecto social considerado; pero permaneciendo aún
el hombre-objeto, el mediador de la historia, dentro de los limites de la abstracción. El conocimiento comienza, pues, con la producción material de la
vida concreta y, pasando por el hombre, debe concluir en la Sociedad Civil,
el Estado y la Ideología. En el interior de ese movimiento metódico y real
la persona se encuentra condicionada por esos factores, es cierto, pero en Ja
medida en que ella los condiciona y media. Su acción permanece dc-ntro de
la totalidad pero, sin embargo, mostrándose implícita y abstracta. Sartre se
da clara cuenta de la limitación que implica el que se mantenga su objeto
principal de estudio dentro de los límites vacíos de una abstracción. Quiere
salvar este irnpase formulando un tercer y último paso metódico, que trata
de vivificar y romper los límites del estudio de las personalidades, que muy
esquemáticamente podemos presentar de la manera siguiente:
:. L'Etre ... , Iotroducci6n, p. 12. En la Cuestión de Método, (ed. cit., p. 44),
Sartre se expresa sobre el mismo tema de la siguiente manera: ''Tenemos la ideología
de Valéry como el producto concreto y singular de un existente que se caracteriza en
parte por sus relaciones con el idealismo, pero que se debe considerar en su particularidad y luego a partir del grupo concreto del que ha surgido. Esto no implica que
sus relaciones no cobijen las de su medio, las de su clase, etc.; sino solamente que las
aprehendemos a posteriori. Por medio de la observación y en nuestro esfuerzo por totalizar el conjunto de saber posfüle sobre c1 problema".

42

a) Conocimiento de la biografía de la personalidad a estudiar, estableciéndola como una determinación de la temporalidad: sucesión de hechos
bien establecidos. Es necesario que la determinación biográfica sea a la vez
progresiva y que profundice en la época y viceversa, hasta llegar a una integración de los dos momentos, que debe surgir por sí misma.
b) Intento de determinar, en la época misma, el campo de posibilidades,
instrumentos, etc.; es decir, las principales lineas de fuerza que surgen en las
relaciones que puedan darse entre hombres contemporáneos. En este momento puede aparecer "lo colectivo". El medio común de acción de toda
una sociedad en un momento determinado y que la personalidad particulariza, individualiza y subjetiva aJ proyectar por él su propia objetivación.
e) Momento "diferencial" es aquel en que se estudia la actividad concreta
de la personalidad en cuestión y las diferencias que presenta frente a la llamada actitud común. La diferencia que resulte de este cotejo puede ser considerada como el aporte de la singularidad que es y representa la personalidad.
Al abordar el estudio del diferencial no debe olvidarse el cumplimiento de la
exigencia totalizadora, ya que las variaciones del individuo no son ni representan meras casualidades, ni pueden ser vistas como aspectos insignificantes:
son y forman parte de la totalización vivida que representa el personaje en su
proceso de objetivación. Este momento del método es el que llama Sartre
"analítico y regresivo". En él nada se puede descubrir sin haber investigado
la singularidad histórica del hombre objeto de la historia. Ese vaivén y esa
constante regresión constituyen y representan "la profundidad de lo vivido".
d) La b6squeda del movimiento de enriquecimiento totalizador que, a partir de cada momento anterior se engendra en el nuevo, es llamada por Sartre
estadio "progresivo" y no es otra cosa que el impulso que parte de aspectos
obscuros de la vida de la personalidad para llegar a la comprensión de la
objetivación final: el proyecto. Se trata de inventar, de recrear repensando,
un movimiento: "En verdad se trata de inventar un movimiento, de recrearlo: pero la hipótesis es inmediatamente verificable: sólo puede ser valedera
la que realiza en un movimiento creador la unidad de todas las estructuras
heterogéneas". so
Podemos considerar el método que nos ofrece Sartre para la consideración
Y estudios de la actividad real y concreta de las personalidades en la historia
Y para el conocimiento total de ella, como una descripción fenomenológica
aunada a un doble movimiento dialéctico, de regresión y progreso. Recordemos la definición que de este método nos da su autor: "Definiremos el

'°

CI. Question . .. , pp. 86-95.

43

�método de acercamiento e.-.cistencialista como un método regresivo-progresivo
y analítico-sintético; es al mismo tiempo un vaivén enriquecedor entre el ob.
jeto (que contiene toda la época como significaciones jerarquizadas) y la
época (que contien al objeto en su totali7.ación). En efecto, cuando el objeto se reencuentra en su profundidad y en su ingularidad, en lugar de quedar en el interior de la totalización ... entra inmediatamente en contradicción
con ella: en una palabra, la simple yuxtaposición inerte de la época da
lugar a w1 conflicto vivicnte".11 Y la historia, repitámoslo una vez más, no
es otra cosa que un conflicto \'Íviente en el seno e interioridad de unos individuos representativos o mediadores de su colectividad y conflictos.
Para Sartre la historia sería la narración de la vida de ciertos hombres, de
ciertas personalidades completas, sin libertad, sin posibilidad de elección:
muertas. De personalidade que, como lo quiere el historiador Lucien Febvre,31
entregan su obra a sus continuadores sin saber si ha de ser modificada, desvirtuada o anulada, es é ta la trag-edia de las personalidades y de la hi toria:
"han caído en el dominio público". Entender la historia de la manera como
nos la presenta Sartre es comprenderla sin un afán moralizante. Es comprender y sistemati.7.ar la praxi de los hombres como tal, como acción, lucha
y trabajo humano en Wl mundo social de relaciones e interrelaciones c~nstitutivas del conjunto de lo humano. De las que ciertos individuos, las personalidades o, para emplear el ténnino ya tradicional pero equívoco, los héroes, son sus máximas expresiones, sus más plenos voceros. Figuras que en
esta concepción no serían ni los paradigmas a seguir, ni los ardides de un
espíritu, ni las encamaciones de la historia. Sólo serían, y no es poco. un
cierto tipo, el mejor y más claro, de expresión de lo común que presentan los
hombres de cada época y lugar, sufriendo las particularidades de su vida y
momento. Sólo serían la mediación necesaria para el reconocimiento, comprensión y análisis en el pasado de lo más propio del hombre en cualquiera
de sus proyecciones temporales: la libertad, la escogencia y el compromiso.

IMAGE

Y VERDAD

ÜBSERVACIONES AL MARCEN DE UN PROBLEMA
ESTRUCTURAL DE LA OBRA DE FRANZ KAFKA

DR. HANs-GÜNTER PoIT
Instituto Tccnol6gico y de
Estudios Superiores de Monterrey

Muv Pocos AUTORES alemanes de este siglo (y no sólo de éste) han obtenido
un eco tan persistente en el mundo literario como Franz Kafka. Podría ser
difícil, o hasta imposible, que se definan detalladamente, en la actualidad,
las causas de tal resultado. Mas se puede suponer que la obra de Kafka esté
relacionada profundamente con la situación espiritual de nuestra época. La
cantidad avasalladora de interpretaciones de dicha obra que, en su mayor parte, comenzaron en Alcmania, hace alrededor de quince años y que todavía
no parecen terminar, señala de manera cneral e inequívoca la importancia
de esta obra para nuestro tiempo, aunque es su principal característica que
deje al intérprete, así como al lector. ante una tarea difícil y pesada. La
totalidad ya inapreciable de la literatura acerca de Kafka contiene en su
heterogeneidad un comentario no intentado y concreto podria casi decirse
citacionc traducidas por el autor
abrcvia1uras añadidas entre padntcs.i .

c-fertúan según las c-dicionc, alemanas y con

B1s,lireib1mg eints Kamp/ts, 195·1 (Bc-.).
Eriáhlungen, 1946 (Erz).
Ilochz1i"tsuorbertitunge11 auf dtm Lande, 1953 (Ho.).
Dtr ProztP, 1953 (Pr.).
Das SchloP, 1951 (Sch.).
Tagebilcher, 1951 (Ta.).

FRA:,;;i; KAPKA

-

11

Qu,stion .•• , p. 94.

°

Cf. FEllVU, Lucam, Un destin: Martín Luther, cd. Rieder, Paris, 1928.

44

GusTAV jA oucu, Gesptach, mil K,i/ka, 1951 (Jan.).
FRTEDRICB N1.1?.TZ CH.I!., Dtr Will, .z ur Macht, 1952 ( ie.).

45

�una secreta "continuación" de la obra misma, la cual ya en sí abunda en
"interpretaciones" diferentes y hasta contradictorias.
El hecho de que existen interpretaciones divergentes acerca de una determinada obra literaria, no constituye ningwia extrañeza en la ciencia de la
literatura, que está históricamente orientada y, por tanto, a la vez sujeta a
condiciones lústóricas. La comprensi6n de dicho fenómeno puede sencillamente apoyarse en la variedad de factores personales, psicológicos y condicionados a la época, los cuales fueron decisivos en una interpretación. Tal
vez pudiera lograrse comprender el sentido de la obra en cuestión, a pesar
de las diferentes explicaciones. Sin damos continuamente cuenta, sabemos
que esto, o sea la adecuada comprensión del sentido de una obra, forma, en
cualquier caso, la primera meta de toda consideración literaria.
Por lo pronto no es de decidir si se puede llegar a una sinopsis satisfactoria
de la hermética obra kafkiana. Más que en otros autores cuyas obras han
sufrido diferentes interpretaciones, parece, en el caso de Kafka, fundarse la
causa principal de la contrariedad de los comentarios en sus textos mismos.
La alta categoría literaria de estos textos no ha sido puesta en duda hasta
la fecha. Sin embargo, queda todav'ia en discusión su significado. Una interpretación metódica, que aquí no es sugerida, podría empezar con la pregunta de cuáles son sus características que dificultan el acceso al entendimiento
directo de la obra, y, si estas características, las que deberían ser comprendidas en el concepto de "estilo", pudieran proporcionar indicaciones importantes sobre el sentido oculto. En esto se trata de una premisa, que hoy generalmente en Alemania llega a ser cada vez más decisiva en análisis literarios. Ella, ahora en aplicación especial a Kafka, quiere decir, que el sentido
de la obra no se deja verificar simplemente en un plan ideológico, ya que
-y esto está siendo demostrado por la cantidad de interpretaciones divergentes-- el sentido no se presenta aparentemente en conocida y acostumbrada
forma de una correlación de ideas que el intérprete pueda emplear a su gusto. Para que una interpretación, o una indicación -como en el caso presente- hacia cierta posibilidad de interpretar lleguen a ser fecundas, se
tienen que apoyar en la realidad literaria del texto, y por lo menos en su
parte preparativa, siempre habrán de proceder estrictamente bajo un aspecto
filológioo.
Fácilmente se puede averiguar que los textos de Kafka se caracterizan de
manera que sus manifestaciones se llevan a cabo en forma indirecta y no
inmediatamente comprensible. El mundo representado en ellos, difiere en
importantes puntos de vista, al mundo en que vivimos. Constantemeñte uno
tropieza con situaciones y acontecimientos, los cuales no se dejan armonizar
con el orden de nuestro mundo que está constituído experimental y lógica46

mente. En el fragmento de la novela El Proceso, el personaje principal, Josef
K., es detenido, ''sin que hubiera hecho algo malo" .1'1· Está detenido, y no
obstante queda en libertad pudiendo seguir trabajando por de pronto. La
corte que lo hizo arrestar y que lo continúa citando a interrogatorios, aparentemente no es una corte común y corriente, se junta en obscuros desvanes,
y su incalculable cuerpo de funcionarios, cuya jefatura nunca es conocida,
parece ser corrupto. El proceso que poco a poco absorbe todas las fuerzas de
Josef K., jamás se lleva realmente a cabo. Al fin Josef K. es ejecutado en
las afueras de la ciudad, y por cierto sin haber sido condenado legalmente.
Se puede imaginar que tal historia provoque interpretaciones o más bien
dicho: "traducciones". Pues, al parecer queda indudable que el proceso de
Josef K., su culpa no aclarada y su ejecución súbita quieren decir algo determinado, o sea algo "traducible". En esta reflexión, justificada, se basan las
interpretaciones, obteniéndose resultados distintos. Se supone que el autor
debiera de haber tenido ideas concretas acerca del significado de su historia
y de los acontecimientos particulares de ella. Si fuera correcta esta opinión,
la que fue decisiva en la mayor parte de las interpretaciones, entonces la
obra de Kafka sería una incesante y simple yuxtaposición de alegorías sin
mayor valor artístico. Pero la estructura estilística de esta obra pone de relieve una singular importancia, la que, al parecer, ya no se deja resumir en
conceptos acostumbrados.
En primer lugar, y desde el punto de vista estilístico, hay que hacer algunas
aclaraciones generales. La forma básica literaria de Kafka la constituye la
imagen compleja, la metáfora absoluta. Como tal se distingue de importantes
rasgos del mundo real: le faltan la descripción causal y psicológica, los acontecimientos nacen inmotivados en 1a dimensión de la poesía. No hay pasado,
ni futuro, o solamente restos de estas categorías. Los sucesos, a decir así, se
realizan en un presente absoluto, cuyas partes individuales pueden ser equivalentes, y hasta en ciertas circunstancias, mutuamente substituibles. Predomina en los acontecimientos poéticos el "So-Sein" ( ser así) sin la posibilidad
de una interpretación apropiada, o sea de un análisis ideológico. No hay,
dentro de los textos, ningún pasaje en el que el autor proporcionara un
comentario acerca de la extrañeza del mundo diseñado por él. Llama constantemente la atención el movimiento antitético de los pensamientos. Ningún
pensamiento posee definida validez, siempre se ha de contar con la posibilidad
de que sea movido otra vez y comprendido desde su contrario.
Se hace necesario preguntar, cómo el autor llegó a esta manera excepcional
de escribir, y más, que si él mismo la entendía como un principio metódico.
'' Pr. 9.

47

�Ya en los primeros textos publicados por el autor en 1908 1 se da a conocer
su método literario altamente personal, a pesar de claras influencias del impresionismo. Este método queda característico para toda la obra, salvo ciertas
modificaciones en los trabajos posteriores. Poseemos solamente unas pocas
observaciones de Kafka en cuanto a su método. No se puede derivar de ellas
que su trabajo literario se base simplemente en una perfecta teoría precedente.
Su procedimiento literario es sobre todo expresión artística y espontánea de
su personalidad. Por tanto, el mundo creado por él se presenta primordialmente como su propio mundo.
Después de lo dicho no hace falta comprobar la hipótesis de que el método
literario del autor, ya por sí, posee un alto valor de manifestación, o basta
se concentra u oculta en él, el significado mismo del texto. Se puede ver
claramente, en cuán estrecha relación se encuentra el método con la dificultad del entendimiento que presenta al lector. Aceptando la hipótesis, la
cual tendría que apoyarse en un conocimiento exacto de los textos ( y no en
primer lugar en las interpretaciones ya presentes) , se podría llegar a la
siguiente conclusión: el estilo de Kafka, es decir su metafórica absoluta, la
falta de categorlas normales, así como la constante figura del movimiento
antitético de los pensamientos, se pueden usar por lo menos como primeras
indicaciones, mediante las cuales se obtendría el primer paso hacia el entendimiento, o, hablando en otras palabras: las dificultades y falta de claridad
de la poesía kafkiana no deben ser borradas prematuramente mediante las
mencionadas "traducciones" sino que han de integrarse como factores constituyentes en el análisis.
En un pasaje del fragmento de 1~ novela El Castillo es descrito el funcionario Klamm. "Dicen que tiene otro aspecto cuando llega a la aldea, otro
cuando la deja, otro antes de tomar cerveza y otro después, otro cuando está
despierto, otro cuando está dormido, otro cuando está solo, otro en la conversación y, lo que después de esto queda indudable, casi fundamentalmente
otro arriba en el castillo. Y son, aún dentro de la aldea, muy grandes las
diferencias que se relatan, diferencias de la altura, del porte, de la gordura,
de la barba; sólo en cuanto al vestido concuerdan los relatos, afortunadamente: siempre lleva puesto el mismo traje, un traje negro de chaqueta con
faldones largos". Sigue inmediatamente la explicación: "Ahora bien, que
todas estas difercncias no se deben a ninguna magia, sino son bastante concebibles, ya que se forman a través de la disposición anímica momentánea,
de la magnitud de excitación y a través de los innumerables grados de esperanza o desesperanza en que se encuentre el observador, a quien además le

está permitido ver a Klamm generalmente sólo por momentos" .2 Hay que
tomar en cuenta dos cosas de este ejemplo (el cual aquí no interesa en cuanto
a su posición en la novela) : primero, con referencia a un solo objeto son
posibles distintas manifestaciones equivalentes. Segundo, la causa de este hecho está fundada en diferentes condiciones de la percepción humana. De
ningún modo parece existir la posibilidad de llegar a un resultado seguro.
Una simple descripción, formada por observaciones de varias personas y bajo
distintas condiciones, ya puede conducir a una realidad equívoca. El verdadero objeto -en el caso presente, el verdadero aspecto del funcionario
Klamm- no es visible en la variedad de observaciones particulares; sin
embargo, este verdadero objeto que no aparece, casi es requerido e imaginado
a causa de su propia deficiencia.
Añádase a este ejemplo otro, que forma parte del "Proceso". Se trata
de la leyenda del portero y del hombre del campo que intenta entrar a
la ley. Es generalmente reconocido que esa leyenda constituye un pasaje
central dentro del "Proceso". Josef K. la escucha de parte de un sacerdote en
una catedral. La leyenda empieza sencillamente: "Delante de la ley hay un
portero. A este portero viene un hombre del campo pidiendo la entrada a la
ley". 3 Ya aquí, al principio de la leyenda se plantea la cuestión por el significado de la ''ley''; pues, es poco usual que la ley tenga un portero y que,
incluso se pueda entrar a ella. Sin embargo, pronto se verá que se puede
prescindir de formular el significado de la ley por medio de una "traducción". (Consta, por ejemplo, lo mismo del "Proceso", o para referirse a la
imagen más discutida, del Castillo). Simplemente hay que leer y observar
lo que dice el texto. Y dice todo lo que se puede decir acerca de la ley, del
portero y de] hombre del campo. El hombre quiere entrar. Esto es su única
meta. Toda su vida la pasa esperando delante de la ley, y no deja ni una
oportunidad para conse~r del portero el permiso para entrar. Finalmente
muere, sin haber alcanzado su meta. Por de pronto estos hechos serán suficientes para el análisis. En la novela sigue un grandioso comentario de ~ta
leyenda (son unas de las páginas más brillantes del autor, sólo comparables
a algunos capítulos del Castillo). Resulta muy significativo que el comentario,
la "exégesis" se basa en la realidad poética de la leyenda misma, y que la
toma como un hecho indiscutible, mientras no deja de discutir los detalles,
con el objeto de averiguar su rectitud. Pero de ninguna manera se está discutiendo el significado de la ley. La existencia de la ley así como la inevitable
relación del hombre con la ley, forman el esqueleto indudable de la historia.
Las aclaraciones contradictorias de la exégesis hacen aparecer cada vez con
2

• Hyperion, 1908.

48

1

Sch. 234-235.
Pr. 255.

49
H4

�más seguridad, este hecho fundamental. El destino del hombre del campo
es la ley. Verdad es que para él existe la posibilidad de entrar, pero lo
decisivo es que no es capaz de realizarlo.
La leyenda de la ley no sólo posee un alto valor funcional en el transcurso
de la novela, es decir, no sólo refleja un escalón transcedente de la experiencia espiritual el que alcanza Josef K., quien está acusado por una corte secreta, sino que esta leyenda posee una trascendencia ejemplar para la totalidad de la obra kafkiana. Cuán importante ella debe haber s.ido para el
autor, es fácil de concebir ya que la publicó como texto independiente {sin
la exégesis) junto con los cuentos que reunió bajo el título Un médico de
aldea en 1919. Aproximadamente dos años antes escribió una serie de textos
aforísticos, de los cuales algunos pueden interesar bajo el aspecto del presente análisis.
Principalmente hay que advertir que la mayor parte de dichos textos tiene
una gran semejanza estructural con los cuentos, cosa que se debe esperar en
Kafka. El conjunto de los te&gt;..-tos requiere una interpretación detallada, al
igual que la citación e interpretación de un solo texto siempre se ha de efectuar confonne al nexo general de todos, al menos ql1e uno quiera evitar
juicios exageradamente parciales. Consta que en esos textos se halla más
claramente lo que bien podría ser llamado la "teoría" de Kafka. Mas se ha
de limitar este concepto en igual sentido que le fue dado por el autor en
varias sentencias. Lo teórico, lo que como tal siempre tiende a lo unívoco,
le debía parecer dudoso a Kafka, quien en sus trabajos literarios reiteradamente perfiló lo equívoco. "Desde afuera siempre se va a hundir victoriosamente al mundo mediante teorías, y al mismo tiempo se va a caer con
él en la fosa, pero sólo desde el inte1ior se va a mantener a sí mismo y a él
tranquilos y verdaderos".• También en la exégesis de la leyenda se lleva "ad
absurdum" la teorí~ puesto que ella únicamente proporciona aspectos aislados y comentarios finalmente inútiles. Recuérdense las distintas observaciones sobre el aspecto de Klamm, entre las cuales su figura real, tal como
debe ser en verdad, no es distinguida. La última parte de la sentencia merece
especial atención. En ella se le opone a la teoría su contrario: lo contrate6rico de la existencia que está en relación con la verdad, o basta en sí es
verdad. "No cada uno puede ver la ,·erdad, pero la puede ser". 5 "Ten.emos
cognición. El que se empeña especialmente por ella, se hace sospechoso de
empeñarse en contra de ella,,. 6 EJ empeño por la cognición, o sea el establecimiento te6rico e ideológico de la verdad tienen forzosamente que conver• Ro. 74.
'Ho. 94.
• Ho. 104.

50

tirse en su contrario. El juicio teórico, según la opIIUon de Kafka, nunca
puede concordar con la verdad del hombre y de su mundo. Si quisiera el
hombre decir lo que es, debería mentir l.! no es capaz de reconocer lo que es
en verdad -"pues esto precisamente es lo que es uno"-. "Confesión y mentira son lo mismo. Para poder confesar, se miente. No se puede expresar
lo que uno es, pues esto precisamente lo es uno, solamente se puede comunicar lo que no se es, es decir la mentira. S6lo en el coro puede haber alguna
~ad".1 La última frase contiene una cierta restricción de la negación
radical en lo que se refiere a la posibilidad de cognición. Esta restricción es
importante porque dice, que no obstante la negación en vigor, puede ser
percibida la verdad de algún modo, y ciertamente desde su contrario, desde
la intensificación de lo negativo. "Sólo en el coro'' -esto quiere decir una
intensificación y repetición de la ''mentira", de "lo que no se es"-. El "no"
multiplicado -así parece creer el autor- finalmente señalaría a la verdad
como tal, y sin representarla directamente, la evocaría como el contrario
indispensable.
A propósito de estos pensamientos, deben mencionarse dos sentencias equivalentes sobre el arte. Ellas demuestran que el autor, formulando su escepticismo aludía enteramente a la creación artística, incluyendo también la literaria y sobre todo la suya. "El arte vuela alrededor de la verdad, sin embargo
con la decidida intención de no quemarse. Su habilidad radica en encontrar
en el obscuro vacío un lugar, donde el rayo de la luz pueda ser captado fuertemente, sin que ella hubiera sido pezceptible antes''. 8 "Nuestro arte es un
estar-cegado por Ja verdad : La luz sobre el rostro caricaturesco que se retira,
es verdad, nada más". 9 Las dos sentencias se explican a sí mismas. Queda dicho
con toda claridad de qué se trata. El tema es la percepción de la verdad en
el medio del arte, que por tanto parece presentarse a Kafka como medio
en el cual se realiza el empeño por la cognición. Un reflejo de la verdad
lo puede dar el arte, "nada más". Aunque el arte no alcance su meta se
•
l
caractenza por tenerla como tema indirecto. Sólo indirectamente estaría la
ve~ad presente en la expresión artística. La aplicaci6n de los pensamientos
~enalados a la estructura literaria de Kafka podría ser útil sin duda para la
interpretación. Es posible de describir la estructura metafórica absoluta de
esta obra como expresión poética de un profundo escepticismo. Pero este
procedimiento únicamente podría utilizarse si fuera confirmado mediante la
interpretación minuciosa de los texto,¡ mismos, es decir, que este procedimiento debería ser capaz de comprobar la igualdad de la "teoría" con las
' Ho. 343.
' Ho. 104.
' Ho. 46.

51

�manifestaciones poéticas. La consecuencia de la actitud escéptica seria la resignaci6n, la detención fatigada ante la infructuosidad reconocida. in embargo, no se verifica este resultado lógico en la obra de Kafka, ya que ella
no se basa en la teoría, y por eso nunca posee solamente una estructura
racional, sino se desprende de un acto espontáneo de la personalidad. La teoría que debería desembocar en un silencio completo, queda al lado de la
obra, pudiendo servirse de ella para enfocar con mayor seguridad lo que adquirió forma poética en la obra.
Ahora bien, las breves indicaciones permiten con tatar dos puntos sobresalientes: primero, el prop6sito declarado de la manifestación poética es la
esencia constitutiva del hombre, la verdad de su ser· segundo, est propósito
no puede aparecer :-..i&gt;resamente en el cuadro diseñado por el idioma. La
cognición que se origina en el idioma, forzosamente dtbe tener carácter negativo. El primer punto se refiere a la estructura temática de la obra la cual,
sobre todo, no se deja sino describir por característica~ negativas. Es sabido
que llama la atención la falta evidente de cualquier motivo corrientemente
literario. Con esto tiene que ver el hecho de que es difícil precisar concretamente el tema de una novela o de un cuento. Para explicarlo más detalladamente, e puede d cir: en una cierta obra de Kafka, no se trata, por ejemplo, de un cierto tema de carácter sociológico, psicoanalítico, etc.; y aun
cuando al parecer se presenten temas más definibles, ellos pertenecen a la
dimensión de la compleja forma metaf6rica. Sirvan de ejemplo las frecuentes descripciones de la burocracia. Kafka conocía la burocracia debido
a su propia experiencia profesional, teniendo además suficiente imaginación
para caracterizarla incomparablemente. Es muy probable que en ninguna
otra obra literaria se pueda comprender y estudiar la esencia d la burocracia tan profundamente. Y no obstante ella nunca llega a ser tema directo,
sino conserva su valor de metMora funcional. La falta de lementos expresamente ideológicos, es decir, de asp ctos sociológicos. políticos, científicos y
religiosos, demuestra claramente la específica forma poética de Kafka. Su
trabajo literario no podía servir para discutir y confirmar ciertas ideas. Se
comprende en esto la carencia menoonada de métodos cau$ales. Los personajes de la poesía de Kafka se distin~en obviamente por la falta de determinadas propiedades de carácter. e están convirtiendo en puros sirnos de
un análisis exi tencial el cual
abstiene ampliamente de esquemas de pensamientos disponibles.
En tal ausencia de punto de vista generalmente esp rados, .e señala indirectamente, que éstos ya no tienen importancia referente a la meta de la
creación literaria. El segundo punto amoa mencionado, según el cual no
puede ser alcanzado el fin de la manifestación literaria. podría provocar una

52

seria objeción con~. el procedimiento del autor, quien constantemente p~
rece negar la pos1b1lidad de una cognición definitiva. Consta que en un
mundo altamente organizado y que, por motivos pragmáticos, debe insistir
en resultados positi\'OS, sobre todo en tales de índole e piritual, parece ser
absurdo tal escepticismo. o pued negarse que en los textos de Kafka están
puestas en duda cosas que, por motivos evidentes, constituyen nuestro imP":s~i~dible sistema de valores. in embargo, la objeción que debe quedar
al JU1c10 de cada lector, no puede dispensar de continuar interpretando. Pues,
~n rc~i~a~ hace pasa,r por ~to u olvidar demasiado pronto lo que significa
cog01c16n , y en que r la 1ón se encuentra la n gación d ella en cuanto
a su meta.
El hombre de la obra kafkiana se halla delante de la ley. Esta situación
no se debe a una casualidad (aunque no pu da motivarse), le est.-í esencialmente d~a a ~lucionar al hombre, y es tan c.xclu iva y fundamental,
que no n~ta, n_1 puede tener motivación racional. Una vez llegado ante
la ley, le es lDlpoSible al hombre que la deje. Es su tarea esperar en frente
de 1~ ley y esforzarse por entrar. El hecho de que no entra a la ley, la infruc~?s1dad de su _esfuerzo, no lo dispensan en ningún momento de la obligac1on de persegmr su propósito. Esta situación básica (que ahora puede com~r~derse sin "~du~i6n") fue perfilada por 1 autor en muchas imágenes
sunilares. La re1terac1ón frecuente de imágenes structuralmcnte equivalentes
puede ~-rcibirsc a primera vista como monotonía. Pero es lla la que
la atenc1on a la constante presencia y trascendencia de lo fundamental. En
un aforismo paradójico el autor aludi6 a la tarea imprescindible del hombre:
"Atlas pudo tener la opini6n de que, ti lo de aba, podía dejar caer la tierra
Y alejarse furtivamente; pero más que esta opinión no le estaba pcrmitido".10
La tarea dada al hombre no debe ser abandonada de ninguna manera, puesto
que le fue otorgada con su existencia misma. "Tú eres la tarea. i ringún
alumno en ningun~ parte".11 Con esto se ve muy claramente, que la tarea
no es nada que caiga fuera del ser humano, sino que es meramente idéntica
con él. La cognición. así se puede ahora resumir -se dirige hacia u propio
ser-. El hombre mismo, como ser existente y obligado a la cognición, se
~cucntra fre~te a su propia verdad. tI se está confrontando con ella, principal y exclusivamente para que la verifique. "Verdad" no corresponde al
conc pto que se utiliza para referirse a la rectitud de opiniones y juicios.
Ta1es "verdades", según Kafka, no podrían sino perturbar la vista hacia la
verdad ~ncial. Por con~iguiente, Kafka demuestra i mpre de nuevo la inf ructuos,dad de puras opiniones, hasta llegar a aquel punto, donde la per-

11am;

• Ho. 107.
Ho. 41.

u

53

�turbación completa y la desesperanza comiencen a postular una percepción
positiva del ser.
Después de lo dicho, consta que en la obra de Kafka se trata de la verdad
que es el hombre.
Si bien se ha de decir lo mismo de toda gran poesía y también de la filosofía, es de suma importancia afirmar, que en esta obra ello se hace exclusivo y que la verdad está siendo buscada mediante imágenes absolutas, en
las cuales la verdad se oculta continuamente, y que no son suficientes las
definiciones conocidas para hacerla visible. Por tanto, imagen y verdad se
presentan en una relación casi antitética. Las imágenes creadas por el idioma
de esta poesía, paradójicamente ya no pueden revelar su significado, y hasta
se le oponen a éste e impiden su presencia. La esencia de lo que se ha de
reconocer, no aparece a través de revelaciones y nombramientos exactos, sino
únicamente a través de la señal negativa de la imagen poética. Oskar Janouch,
en sus apuntes de las pláticas con el autor, relata una sentencia de él, la cual
formula simplemente el pensamiento básico: "El hombre no es capaz de
reconocerse a sí mismo. Está en la obscuridad".u En otra ocasión Kafka
interpretó la verdad que le es accesible al hombre ("el rayo de la luz que
intenta captar el arte") con las facultades visuales de hombres que se accidentaron en un túnel ferroviario, y ciertamente a medio camino, de donde
principio y final apenas pueden percibirse. Allí "tenemos nosotros en la confusión de los sentidos o en la más alta sensibilidad de los sentidos meros
monstruos y un juego calidoscópico encantador o fatigoso, según el humor
y la lesión de cada uno en particular".13 S61o señales inseguras, sujetas a
una constante oscilación calidoscópica, entran a la obscuridad del túnel. La
realidad no puede sino ser percibid::i. mediante esas señales, las cuales no
proporcionan ningunas imágenes exactas del mundo real y verdadero. En
el juego calidoscópico con que se halla confrontada la cognición humana,
permanecen en la obscuridad el significado, la verdad del mundo y de la
situación humana.
En cuanto a los conceptos "imagen'' y "verdad" aquí usados para analizar
un problema estructural de la obra de Kafka, únicamente se le puede atribuir una determinación más concreta al primero. Generalmente uno puede
partir del supuesto de que la poesía de K.afka está caracterizada por la
imagen. Esto no quiere decir que consista de una cantidad de metáforas aisladas que tengan significado propio. Esa poesía, más bien, procede desde su
principio hasta su final de manera metafórica. Ya a su principio, se presenta
transformada fundamentalmente con respecto a la realidad, estableciéndose
11

u

54

Jan. 101.
Ho. 73.

en ella una propia dimensión de realidad. A las partes de la estructura ampliamente metafórica ]es corresponde por eso un signüicado funcional, o
sea: ellas tienen valor funciona] dentro de la realidad metafórica. En tanto
se semejan a los elementos particulares de una realidad literaria ''normal"
los que tampoco contienen significado, a menos que estén integrados en el'
orden de la realidad compleja. Esta equivalencia del procedimiento convertidor de Kafka a métodos realistas se expresa directamente, y es decisiva
para la impresión que le causa al lector. Es precisamente aquella semejanza
formal con procedimientos normales, la que puede aclarar el fenómeno de
que en el estilo kafkiano se realizan situaciones irreales como si fueran verdaderamente reales. De allí el carácter específico de los textos de Kafka:
la irrealidad fingida nunca tiene los dudosos aspectos de puras imaginaciones
fantásticas, sino se mantiene y avanza de una manera ''natural" y veraz.
Quizá se comprenda ahora, por qué una vez se defendió el autor contra
la critica de que él metía "milagros" en sus textos. En la misma ocasión,
que está relatada por O$kar Janouch, insistió en que trataba siempre de
retratar la "realidad" (hay que añadir: una "realidad" como él la veía) _u
Para aclarar esta actitud, sea considerado un breve texto, que bien podría
ser meramente realista. Es una situación corriente que alguien en una ciudad desconocida se entere por el camino. Kafka la formula de manera siguiente: "Era muy de mañana, las calles estaban limpias y vacías, yo iba
a la estación. Al comparar la hora de un reloj de torre, con mi reloj, vi que
ya era más tardo de lo que había creído, tenía que apresurarme mucho, el
susto
. al notar esto, me hizo inseguro en cuanto al camino, todavía no sabía
onentarme bien en esta ciudad, afortunadamente había un policía cerca yo
corrí hacia él, y, sin aliento, le pregunté por el camino. Él sonrió y d'ijo:
'¿De mí quieres saber el camino?' 'Sí', dije, 'ya que yo mismo no lo puedo
encontrar'. ci Déjalo, déjalo!' dijo volviéndose bruscamente, como lo hacen
personas que quieren estar solas con su risa".15 Se ve que la misma situación
si fuera descrita de manera realista, no debería divergir mucho de la ma~
nera en que la escribió el autor. El texto, por lo menos bajo el aspecto estilístico, no contiene ningunos elementos irracionales, y no obstante, al leerlo
no deja la impresión de una realidad acostumbrada. Esto sólo puede ocurrir,
porque, ya desde el principio, la idea primitiva está orientada metafóricamente. Se aclara que tal descripción literaria, aunque sea realista en sus detalles, ya no tiende a 1a integración de elementos particulares en una realidad compleja, sino se convierte en la señal de una realidad distinta la cual
está relacionada con la dimensión esencial humana.
'

,. Tan. 38.
11

Be. 115.

55

�Ahora bien, siempre la poesía de Kafka comprende a la vez una cierta
deformación de Ja realidad empírica aunque, como consta por el texto anterior, basta es capaz de adoptarla. Esta relación especifica de la imagen con
lo empírico, o sea la virtual diferencia creada por el idioma, constituye un
factor básico de la imagen literaria del autor. El fenómeno que es en esa realidad literaria el mundo ordenado según aspectos empíricos y lógicos, se revela, y simultáneamente es revocado o incluso suspendido, este fenómeno
no puede interpretarse sino de manera que la realidad empírica perdió su
valor en la poesia de Kafka. Es bien sabido que él no es el único artista
moderno en cuya obra la dimensión artistica y real demuestran una diferencia determinante. La "verdadera realidad siempre es irreal",18 le dijo el autor
a Oskar Janouch, quien en otra ocasión llamó a Picasso "deformador petulante". "Esto no lo creo", le respondió Kafka. "El anota solamente las
.
,
• ' to" 17
deformaciones
que aun
no entraron a nuestro conocmuen
.
La pérdida de la importancia del mundo empírico en la obra artística,
que se presenta como pérdida de principios fundamentales, tiene en Kafka,
como base, un pensamiento crítico y escéptico. La duda en la prioridad de
la así llamada "realidad" se hace aparentemente general. Tal vez el lector
se acuerde de un corto pasaje del cuento "Descripción de una lucha", obra
juvenil del autor. "Por qué actuáis como si fuerais reales. Queréis hacerme
creer, que yo estando de pie en el empedrado verde como caricatura, sea
irreal. Pero en verdad ya hace mucho que tú, cielo, fuiste real; y tú, plaza,
nunca has sido real'' .18 Lo que en aquella obra juvenil todavía se pronuncia
con vocablos directos, se hizo cada vez más persuasivo en el transcurso de
las creaciones literarias de Kafka. La renuncia a importantes categorías de
la realidad, se constituyó artísticamente más terminante en las fases posteriores de la obra. Como documento quizá de más trascendencia se presenta
el fragmento de la novela El Castillo.
En él se describe la tentativa del personaje principal K. de obtener residencia en una aldea, la cual, como poco a poco es revelado, está gobernada por funcionarios de un Castillo cercano. Dentro de este margen temático, que en sí no contiene nada extraño, y bien ~dría ser ~1 _argum~to para una novela realista, se destacan con frecuencia acontecmuentos ":·
comprensibles e ilógicos. Ya la motivación de K. en cuanto a su estane1a
en la aldea, es muy dudosa. No lo emplean como agrimensor que él pretende ser. El Castillo, cuya máquina burócrata influye de manera exclusiva sobre la vida de la aldea, no se le manifiesta directamente a K. Todo lo que

.. Jan. 91.
11 Jan. 88.
11

56

fü. 51-52.

él logra saber acerca de la realidad oculta del Castillo se caracteriza por
una profunda .inseguridad. Falla reiteradamente su intento de alcanzar el
Castillo y de ponerse en contacto directo con las autoridades. Se empeña
exclusivamente en averiguar el significado de la máquina burócrata en cuanto a su propia si.tuación. Está luchando por motivar y asegurar su existencia.
A esta meta se subordinan sus múltiples informaciones y pláticas, hasta su
relación amorosa con la camarera Frieda. La aventura de K. que dura muy
pocos días, en verdad es la aventura de toda una vida. El corto lapso de
tiempo -casi sólo un "momento"- se llena con una red perturbante e inestimable de descripciones, pláticas y comentarios, ante los cuales se parece suspender la categoría real de tiempo. Similar cosa puede decirse del lugar. Nunca se recibe una idea concreta de la aldea y del Castillo. Cuando
K. se propone caminar hacia el castillo, éste se aleja cada vez más, de manera que, por fin, K. tiene que regresar. Lo equívoco y la inseguridad general forman las características más palpables de un mundo con el cual se
enfrenta el personaje principal K.
Precisamente por su ambiente secreto y equívoco, el castillo ha inducido a muchos autores a una sencilla "traducción": el castillo fue interpretado como el cielo, y por consiguiente, el esfuerzo de K. se presentó como anhelo hacia la gracia divina. (Quedándose estrictamente en la realidad literaria del texto, ya no debe discutirse esta interpretación establecida originalmente por Brod, quien de este modo simplificativo creyó prestarle un
servicio a la obra de su amigo. Su interpretación, la cual además debería
ofender verdaderos sentimientos religiosos, no toma en cuenta los fundamentos espirituales de la obra). Bajo el aspecto presente, sin embargo, la
cuestión de las "traducciones" es de poco interés. Pero sí interesa la estructura de la imagen creada por el autor, y su trascendencia en cuanto a una
seria discusión de la obra en general.
El castillo existe. Su relación con la aldea misma es tan estrecha que parecen casi idénticos los dos. A pesar de esta identidad y la virtualidad de
las relaciones, el Castillo (y en cierto sentido también la aldea) queda inaccesible e imperceptible para K. Ni siquiera llega a reconocer la realidad
de la aldea, en la cual se realiza su existencia. Aldea y Castillo, que al cabo son idénticos, representan el ambiente existencial en el cual está metido
K. por razones no aclaradas. En este ambiente, K. tiene que confirmarse
como ser existente, esforzándose por averiguar su situación. En la novela
"El Castillo" se trata, para decirlo en pocas palabras, de una imagen absoluta, cuya estructura refleja la realidad existencial del hombre. Sólo en la estructura que bien puede describirse, está contenido el significado de la novela. K. lucha por aclarar, asegurar y justificar su existencia. Su lucha se

57

�caracteriza por continuas decepciones. La búsqueda de la verdad del ser
conduce a una inseguridad completa, que al parecer nunca es superada. En
este hecho habría de fundarse una interpretación, aceptando las deformaciones de la realidad como significativas, en cuanto a la manifestación general de la novela.
Queda indudable que el autor estaba convencido de que sus diseños poéticos del hombre y de su mundo, ya no podían corresponder a los conceptos normales de la realidad (que comprende sobre todo importantes aspectos ideológicos). Es de suponer que el autor se dio cuenta de la causa de
este hecho. Al final de una reflexión autobiográfica, escribió: "Yo soy fin
o principio". 19 Esta sentencia constituye el resultado de una comparación
entre doctrinas tradicionales y su propia situación espiritual. Sabía con toda certeza que re había salido decisivamente de la tradición, y que en ella
ya no podía encontrar los recursos para describir adecuadamente su situación )' la de su época. Poseemos otro apunte valioso que es una de las muy
pocas observaciones acerca de su método literario, datado probablemente
del año 1922, tiempo en que tenía ya escritos algunos capítulos del "Cartillo".
Habla en ese texto de un día de su juventud. Analizando sus deseos, que
terua en cuanto a su futuro, se le presentó "como más importante y más
atractivo el deseo de obtener un aspecto de la vida ... , en que ciertamente
la vida conservaría sus altas y bajas naturales y pesadas, pero en que simultáneamente, con no menor claridad sería reconocida como una nada, como un sueño, como un flotar... '' Sigue una explicación concreta de la ~
radoja anhelada, mientras que en un segundo párrafo viene formulándose
una serie crítica de su deseo. "Pero él no lo podía desear así su deseo no era
ningún deseo, sino una defensa de la nada, un intento de convertir en burgués la nada ... en la cual entonces apenas hacia los primeros pasos conscientes, la cual, sin embargo, ya sentía como su elemento..." 20
No se deberá clasificar a Kafka como "nihiHsta" por motivo de este texto. El texto demuestra que aquella nada, que deseaba crear el autor poéticamente, se caracteriza por tener una función casi dialéctica. El deseo se
determina como una contradicción; es realmente una paradoja. La vida
como una "nada"' significaría su negación y suspensión. ¿ Cómo podría corresponder su representación artística a su nulidad? El carácter relativo y
experimental de esta nada resulta de que la vida no es simplemente negada, sino de que en su representación real se debería dar a conocer su simultánea irrealidad, su vanidad. La crítica del segundo párrafo no se dirige
contra la posibilidad de hacer manifiesta la paradoja en la obra literaria,

'" Ho. 121.
• B6. 293-29•k

58

sino contra su defensa. La realizaci6n literaria del deseo de Kafka -esto
es el sentido de la crítica- generalizaría la "nada", la haría ''burguesa", le
daría proporciones concretas1 las que no posee en realidad. Por tanto se
convertiría en un vocablo trivial y doctrinario. La nada de Kafka continúa
siendo una paradoja: comprende el ser y el no-ser al mismo tiempo, pretende evocar una más clara perfilación de la realidad y, simultáneamente,
la anulación de ella. No en el pensamiento lógico, pero sí en la manifestación artística podría alcanzar esta paradoja cierta importancia. Las indicaciones sobre la obra de Kafka dadas hasta ahora, parecen afinnar esta suposición.
Persiguiendo el pensamiento expuesto por el autor, en primer lugar se
hace aparente la diferencia con el nihilismo de Nietzsche. La nada se le
presentó a Nietzsche como una consecuencia histórica, perteneciendo a la
dimensión filosófica. El nihilismo que Nietzsche vio manifestarse en el siglo
pasado, se anunció a través de la pérdida de los valores predominantes en la
filosofía occidental. Dijo además del nihilismo, que, una vez reconocido
como un hecho, requeriría inmediatamente un nuevo sistema de valores.
En este concepto del nihilismo, se planteó para Nietzsche un problema urgente de la metafísica, y por tanto, forma un factor importante dentro del
pensamiento metaflsico de Nietzsche. En cambio Kafka experimentó dentro de la realidad de la vida su secreta y simultánea irrealidad, y describir
este fen6meno, era su .deseo especial en aquella su época juvenil. "Fue entonces una especie de despedida, que tomó del pseudo-mundo de la juventud". 21 La formación del deseo y la despedida coincidieron. Habla Kafka,
al final del texto de las "autoridades" las que aparentemente forman
una estrecha relación con el "pseudo-mundo"1 y ciertamente le sugerian
este mundo como el mundo verdadero. En primer lugar, se Yeconoce en
el apunte tardío del autor el ambiente del cuento "Descri.pci6n de una
lucha", que más arriba ya fue mencionado. Lo que en aquella época
para él fue principalmente un sentimiento, esto lo podía formular clara y
críticamente al cabo de aproximadamente veinte años. Resumió en el texto
su sentimiento específico de la vida, y no obstante, más que un solo sentir,
más que una melancolía juvenil que pasaba. La formación del deseo resultó de una determinante comprensión, indicando un momento crítico en la
actitud intelectual del autor. Esta comprensión se revela al final del texto
como el decidido propósito de no dejar engañarse por parte de las "autoridades". Esto constituye una fuerte crítica frente a las "autoridades", correspondiendo a la despedida de un "pseudo-mundo". Podría ser difícil que se
n 811.

294.

59

�definiera cxactamen te el concepto de "autoridades", ya que éste se presenta
bastante general y vagamente. Sin embargo, ampliamente puede ser considerado como un término para personas, grupos sociales y representantes de
ideologías tradicionales, que pretendían defender la realidad de la \Ída (inclusive sus interpretaciones de ella) en un sentido pragmático-positivo. Los
valores de las "autoridades" tradicionales ya no podían tener importancia
en el momento critico al que había llegado el autor. El mundo de los valores de eUos fue claramente presenciado como un "pseudo-mundo" en aquel
momento. A este mundo se le tenía que enfrentar un mundo verdadero,
quedando eso inevitable {como la inmediata exigencia de nuevos valores rn
el nihilismo de Nietz.scbe). He aquí una semejanza estructural de los pensamientos de Nietzsche y de Kafka. En el "nihilismo" de Kafka también se
constituye una pérdida de valores autoritativos. Contiene una desvalorización de lo tradicional (compárese: "Antes era parte de un grupo monumental ..") 12 Se deja determinar esta desvalorización en la ausencia de tradicionales principios de orden, así como en la renuncia a valores ideológicos. La siempre relativa aparición de la "nada" en la obra artística, se haría
en primer término comprensible como la pérdida de valores tradicionales.
La crítica con la que empieza el seo-undo párrafo del texto, se opone consecuentemente a una concreción ideológica y generalmente disponible de la
''nada". Este intento de abrigarse contra la posfüilidad de que llegue a ser
disponible la nada, se efectúa porque ella podría ocultar su función dialéctica. Si se toma en serio el pensamiento expuesto en el texto, se aclara por
qué la obra de Kafka no podía asimilarse a la representación de correlaciones "reales" y tradicionales. Ha desaparecido la confianza en poder percibir el ser adecuadamente mediante reconocidas normas de valores. Por tanto, se presenta la imagen literaria conteniendo elementos negativos y deformativos. Las así llamadas "novelas" de Kafka, al igual que sus cuentos, no
son literatura para un amplio público, puesto que no pueden de ninguna
manera satisfacer sus esperanzas acostumbradas. Es preciso que, por ejemplo, un lector quien a pesar de esto intente leerlos, debe confesar que no
sabe qué hacer con ellos. Cierto es que con tal observación ya se encuentra
a medio paso del problema mismo, qne se plantea en esta literatura. Kafka
ha creado la defonnación de la realidad, la prueba poética de su vanidad
desde una profunda comprensión ontológica. tl no podía dudar de que
debiera tomar un camino poco común y, a la vez, peligrosísimo, para salvar
y empujar el sentido de su obra artística. Varias observaciones, en las cuales
se refiere al fracaso de su "escribir", indican que este sentido no siempre
,. Be. 295

60

se mostraba claro a él. Su deseo testamentario a su amigo Brod de que fueran quemados todos sus escritos no publicados, ha de entenderse como consecuencia de tal inseguridad temporal.
La estnictura de la realidad poética no hace sino relativizar, deformar y
negar totalmente la realidad. La estructura demuestra que la realidad retratada en ella es falsa en cuanto pretende decir lo que verdaderamente es.
Esta diferencia es determinante para ella. El aspecto puramente formal de la
diferencia es la aparente incongruencia (la "nada" relativa) con la realidad.
Pero no se consuma en este aspecto formal de desvalorizar la realidad. La
imagen de Kafka niega en la manera de su estructura literaria especial, la
creencia en la posibilidad de una manifestación directa de la verdad. Se
entiende que de ningún modo puede ser la imagen de algo definible en
ella misma. El símbolo del cosmos Goetheano, en el cual podía manifestarse la identidad de lo particular con lo general, representando orden y verdad no es aplicable al mundo poético de Kafka, aunque éste se constituye
por completo como imagen. El símbolo de Goethe se convirtió -y con él
probablemente por ,,ez última- en presencia directa del sentido, era "Sinnbild" (imagen del sentido). Con su aparición se realizó la profunda identidad, pudo ser expuesta la verdad general bajo el signo de lo particular, de
manera evidente y veraz. Esta relación en Kafka se ha invertido plenamente. La transfonnaci6n espiritual de aquel siglo apenas se puede ejemplificar mejor que con estos distintos conceptos poéticos. Para Kafka no se presenta el sentido de la imagen en la afirmación del sentido, sino primero en
su negación. En su obra, sentido y verdad ya no pueden ser representados,
puesto que la específica imagen crea su propia insuficiencia como última y
peligrosa posibilidad. Su reserva general en cuanto a una indiscutible realidad inteligible sin embargo, se asegura de una creciente importancia en
tanto que llegue a un extremo casi insoportable: al hundirse los acostumbrados nexos racionales y obligatorios. se origina de manera indirecta la e,,.,_
gcncia de un mundo verdadero. Ya no siendo símbolo representativo, esta
imagcn adquiere su sentido únicamente como señal. Debido a que no puede
proporcionar un sentido directamente perceptible, ni particulares entidades
de sentido, se convierte en Ja señal de la reserva misma, y sólo como tal es
signo para lo que es.
La esencia de la imagen Kafkiana se determina, por lo tanto, como diferencia. Sólo manifestando la diferencia a su sentido o a su verdad, puede
cumplir con el fin, el cual indudablemente le queda también a esta poesia,
y al cual Kafka se refirió en sus escasas enunciaciones aforísticas.
La diferencia realizada por el autor en la señal poética, podría definirse,
desde el punto de vista filosófico, como diferencia ontológica. Bajo tal as-

61

�pecto, la diferencia sería parte constituyente de W1a profunda reflexión ontológica, demostrándose con esto el nexo histórico con ciertos puntos de la
"filosofía del ser" de Heidegger. Aunque a primera vista parezca rara semejante relación, se debe admitir que históricamente se pueden presentar
fenómenos concordantes expresados en formas muy distintas, sin que el uno
tuviera influencia directa sobre el otro. Heidegger es el filósofo moderno
que más se empeñó en la e.'\'.posición de la pregunta por el ser. Toda su
obra se caracteriza por el esfuerzo de aclarar e intensificar esa pregunta.
Pero consta que la última palabra de esta filosofía "todavía no" es posible
de pronunciar. Es muy significativo para nuestra época que la obra filos6fica de Heidegger ( que no tiene nada que ver con la moda del existencialismo) se formuló a pasos indirectos y, de cierta manera, negativos, es decir sin resultado positivo, Similarmente a la distinta obra poética de Kafka,
el fin de la filosofía -el ser- jamás aparece en términos concretos, realizándose expresamente su única definición en el concepto de la "difercnci3". Esta diferencia es la relación esencial entre lo existente y el ser, determinándose los dos finalmente en este concepto. La obra poética de Kafka, prescindiendo de formulaciones filosóficas, insiste en una comparable manifestación de "diferencia''. Kafka admite y provoca constantemente a través de
su específica metafórica la incongruencia de la expresión artística con su
verdadero fin. La diferencia se le planteó al autor como experiencia vital.
La nada que anhelaba concretar en su poesía, era ya parte de esta experiencia. Ella det~rminaba, al parecer ya desde los principios de su obra, su
pensamiento existencial, y se entiende que tenía que expresarse persistentemente en la obra, no pudiendo superar la contradicción fundamental. La
"transmisi6n" de la contradicción a la obra artística se realizó necesariamente. La creación literaria ya no era para el autor una actitud corriente de
escribir, sino expresión espontánea y necesidad inevitable. De allí tal vez
se comprenda por qué en un concepto de una carta del año 1912 pudo escribir que él no era otra cosa que literatura. 23 El fin de tal literatura extremadamente existencial, al igual que el imperativo "Tú eres la tarea",2" es
el avance a una dimensión, en la cual la diferencia pudiera ser revelada
con una claridad expresiva y sin ejemplo. El transcurso de la obra de Kafka demuestra esto a primera vista. En tanto que se trata en esta obra de
la re-presentación y aclaración de la diferencia misma, no podía llegar a resultados aplicables. Pues el significado de sus imágenes es precisamente
prevenir a resultados inmediatos, enfocando su carácter provisional y su
insuficiencia frente a la tarea principal

Con mayor precisión ahora se puede verificar el lugar central, que la leyenda de la ley cx;upa en la obra Kafkiana. Ya el título que le dio el autor,
es de importancia: "Delante de la ley''.z 5 Esto quiere decir, que en la situación del distanciamiento se efectúa la vida. La puerta que da a la ley, está
abierta, mostrándose con esto la posibilidad de entrar que existe para el
hombre. Pero el portero le dice que ésta no es la única puerta, y que junto a cada puerta sucesivamente hay otro portero, "uno más horroroso que
el anterior". Las partes de la imagen, que no tienen significado propio, se
convierten aquí en señales de la impenetrabilidad total. La situación existencial del hombre no es caracterizada sino por esta impenetrabilidad; únicamente en esta determinación se hace perceptible la ley en la poesía de
Kafka. La e.~stencia sucede y se consume en vista de la impenetrabilidad.
No se le puede quitar al hombre su tarea exclusiva, la cual consiste en el
ininterrumpido presenciar de la diferencia. El hombre ·la soporta mediante
una constante esperanza de superarla. Pero esta esperanza constantemente
es desengañada. El portero sólo le dice al hombre que "ahora" no puede
entrar, sin embargo no rechaza la posibilidad de que pueda entrar en un
futuro próximo. El hombre, viviendo en la esperanza de llegar a su meta,
aguanta casi pacientemente la pesadilla de un "pseudo-mundo", que le está
impidiendo conocer el mundo verdadero. Los personajes de Kafka no se
vuelven rebeldes porque ya están luchando -ésta es su manera de existiry porque tienen enmedio de un mundo absurdo una esperanza sin ejemplo, la cual les hace posible soportar su situación.
"El mundo que nos concierne, es falso, es decir no es ningún hecho, sino
una ilusión y un intento de integralidad sobre una escasa suma de obseivaciones",28 estas palabras de Nietzsche las hubiera podido considerar Kafka
como propias. Sin embargo, en tanto que Nietzsche llegó al resultado extremo de que "no hay verdad",2 7 se destaca en la dimensión poética de Kafka la ley, con la cual el hombre está imprescindiblemente relacionado. Sus
aspectos de la verdad son falsos; al igual que para Nietzsche el mundo ya
no se presenta como un "hecho" ; lo esencial no es revelado, porque siempre se retira desengañando al hombre, quien espera penetrarlo. Al final de
una reflexión mitológica escribe el autor: "El mito trata de explicar lo inexplicable. Puesto que surge de un fundamento de verdad, tiene que terminar en lo inexplicable". 28
Muere el hombre del campo sin haber entrado a la ley. Josef K. es ejeErz. 158.
Nie. 418.
21 lbid.
"Ho. 100.
11
11

21 Ta. 318.
" Véase nota 11.

62

63

�cutado sin haber sabido el significado de su proceso. El agrimensor K. lucha
en vano por ser admitido oficialmente en la aldea. Ni siquiera logra avanzar hacia los funcionarios inferiores y obtener de ellos una seguridad acerca de su situación existencial. Estos ejemplos poseen una validez total. Verdad e:i que siempre de nuevo se establecen posibilidades y cambios sorprendentes, que podrían significar una evasión de la impenetrabilidad~ pero nunca se vuelven realmente efectivos. La lucha por conciliar la enorme distancia, requiere todas las fuerzas del hombre, tan pronto como ésta se haya hecho "consciente" a través de un acontecimiento repentino, por ejemplo la detención de Josef K., la Uegada del hombre del campo ante la ley, así como la
de K. a la aldea. Con tal acontecimiento determinante, bajo el cual la existencia se transforma radicalmente, empiezan las obras Kafkianas. El pasado
queda casi extinguido con este acontecimiento; entra el hombre a un presente persistente. La aparente infinidad del "momento" se manifiesta en la
estructura de la imagen literaria. Lo que acontece en este "momento" de la
existencia, sigue realizándose en repeticiones, según la invariable situación
básica de la diferencia. La repetición adquiere una función especial; ella es
expresión poética del "momento infinito", 29 y la forma principal que predomina en la imagen.
El concepto de evolución, que enteramente es aplicable y fecundo en la
interpretación de otras obras literarias, ha perdido su importancia en la obra
de Kafka. La evolución está substituída por la repetición, la que no obstante
puede caracterizarse por modificaciones. Estas modificaciones dentro del espacio de la repetición representan el constante propósito de marcar, bajo variados aspectos, la meta de la poesía. Con respecto a esta meta, las modificaciones particulares obedecen a la repetición fundamental. La indiscutible "monotonía'' de la obra, resultado de repeticiones esenciales, debería ser un objeto primordiaJ de un análisis más amplio (un objeto, que sin duda demostraría más detalles que los aquí nombrados) . Basta ahora afirmar que la
repetición corno elemento básico de la poesía de Kafka, llama ininterrumpidamente la atención al significado d~ la señal poética, destacándose como
la principal categoría existencial: se puede sólo repetir, la en sí invariada
situación del hombre, sin remedio inmediato, sin la oportunidad de modificarla seriamente. El hombre de esa poesía vive la diferencia a través de la
existencialmente comprendida repetición de lo mismo.

"momento infinito", que se realiza bajo la signatura predominante de ]a
repetición? El único iin que súbitamente puede irrumpir a este mundo, no
es otro que el de la existencia misma. Sólo la muerte del personaje principal le pone fin y solución a un mundo que se consuma a través de la forzada repetición. Se entiende que la imagen de la poesía Kafkiana no puede
concluir con ninguna solución secundaria, porque tal clase de solución es
rechazada por su evidente insuficiencia. Termina la imagen de Kafka abruptamente con la muerte del personaje principal. Se sabe por las indicaciones
de Brod que para el "Castillo" también estaba prevista la muerte de K.

El súbito fin de la imagen decide irrevocablemente acerca de la diferencia del hombre en relación a la ley. Aquí, en su fin, en vista del agotamiento
de toda esperanza, se efectúa la última y negativa constatación: se aclara definitivamente que el hombre no puede entrar a la ley. La imagen de la existencia, la que la poesía conduce hasta su extremo, sigue manteniendo el carácter de la diferencia. La verdad del ser del hombre no podía sino manifestarse en forma negativa. Pero, esta manifestación inapelable de la diferencia en la imagen, es a la vez la posibilidad extrema y paradójicamente
"positiva" de la poesía de Kafka. Lo inexplicable ciertamente no llega a ser
concebible al hombre; sin embargo, esta poesía adquiere su importancia en
el hecho de que señala lo inexplicable mediante la constatación de la diferencia. Fracasando logra ella la revelación de un "rayo" de la verdad, a la
que está exclusivamente relacionada desde su principio. En la imagen central
de la obra Kafkiana, en la leyenda de la ley, se dice del hombre del campo,
cuyas fuerzas físicas y cuyas esperanzas se están consumiendo: "Finalmente se disminuye su vista, y él no sabe si alrededor de él está obscureciendo o
si sólo le están engañando sus ojos. Sin embargo, es cierto que reconoce ahora en la obscuridad un esplendor, que irn1mpe inextinguiblcmente de la
puerta de la ley".ªº

Con el concepto de la repetición, se pone de relieve la categoría, bajo la
cual es descrita por Kafka la realidad existencial. La imagen y, por tanto,
en cierto sentido la existencia, parecen infinitas. ¿ Cuál fin puede tener el
10

64

Ta. 121; vea también Ho. 273.

• Pr. 257.

65

�INTERPRETACIÓN CRITICA DEL EXISTENCIALISMO...,,
DR. M.rcHELE FEDERICO ScIACA
Universidad de Génova

Los TÉRMINOS "existir", "existencia", "existente" y "existencial", tienen una
resonancia infinita. ¿ Qué cosa, de hecho, no pertenece a la existencia? Berdiaeff dice que todas las Filosofías han sido existenciales: han tratado de
la existencia o especulado sobre ella, pero justamente esta afirmación que
se debe tomar por otra parte con ciertas reservas, impone el problema,
no de la reducción de toda la Historia del Pensamiento al existencialismo o
una interpretación unilateral de ella, sino más bien otro, menos vulgar en
cuanto cabe distinguir, el porqué solamente desde hace cerca de 30 años
hay una Filosofía llamada "cxistencialista", o al menos que se declare explícitamente como tal. Eso significa, que el problema de la existencia, tan antiguo como el pensamiento, o sea, tanto como el hombre, se presenta con
una peculiaridad suya en lo que hoy se llama existencialismo. Se trata evidentemente de una experiencia filosófica más consciente del concepto de
e.xistente, de una filosofía casi galvanizada totalmente por este problema,
planteado en términos nuevos; en resumen, de un modo particular de concebir la existencia. El movimiento en cuestión, no se caracteriza como filosofía de la existencia, sino como aquella determinación de ella, que se llama
precisamente existencialismo.
El existencialismo, es una posición de pensamiento; cada posicíón de pensamiento, diría Camus, es una rebeldía; toda rebeldía es decisión declarada
de decir que no a algo o a alguien. Pero es también decir que sí: El decir no,
a algo o a alguien, incluye el sí a algo más: La negación de un valor que no
se reconoce por tal, es la afirmación de otro considerado valor. ¿ A qué
el existencialismo dice que no? Al conocimiento omniconsciente, a la razón omnicornprensiva de cuanto (que es todo) la razón especulativa puede
conocer y comprender, cerrar en el horizonte de su raciocinio y ¿ lo que queda
fuera? El "conocer objetivo" y la "razón especulativa", lo niega, o no se

67

�ocupa de él. Comienza el asedio a la fortaleza del raciocinio puro; la existencia concreta presiona en contra de los cimientos de la filosofía especulativa; presiona y ataca, pone instancias, formula preguntas, pone en duda
todo el formidable y macizo castillo, piedra por piedra.
. .
El existente que dice que no e interroga, se declara sobre el conocimiento
o razón. Los términos de la relaci6n, filosofía especulativa-existente, son trastocados · no se trata ya de saber qué es lo que la raz6n piensa de la existenci;, sino qué piensa la existencia de la raz6n; al contrario y~ que la ~tencia es aún un término abstracto, qué cosa es lo que el existente htc et
nunc piensa de la filosofía especulativa.
La raz6n ya no hace problemático al existente, sino que él hace probl_emática a la razón; aquel que por esta última era un no problema --el existente el accidental que no interesa a la esencia inteligible- se propone ahora
coro~ problema absoluto, que la filosofía especulativa está obligada a reconocer como su propio límite. Ella por lo tanto es invocada no para resolve~ un
problema para ella insoluble, porque no es :3-cional, sino para ~clararlo s1err:pre más como problema y exasperarlo, casi excavando la radical problematica infranqueable; y con eso, al mismo tiempo, la razón se hace problemática frente a la irreductibilidad o no racionalidad del existente. En este poner el existente como interrogante a la raz6n, y como aquel que dice lo que
piensa de ella, creo se asienta la_ ?'11'acterística fund~ental ~;. cada filo~fía existcncialista verdadera, admitiendo que sea posible una filosofia existencialista" en el sentido que, como filosofía pura pueda resolver integralmente el problema, aquel complejo de problemas que es el existente.
Pero en este punto se puede preguntar ¿ el problema de la Metafísica es
el existente hic et nunc, lo contingente y no lo necesario, lo accidental y no lo
esencial? Quien formula esta pregunta, olvida que el acto de existir funda
todo ser real, y que lo existente no es sólo contingencia y a_ccidente, s~o el
existir de una esencia. Lo real se me presenta como un conJunto de SUJetos,
o sea de esencias universales determinadas en existencias particulares.
El objeto de la metafísica, es lo existente en la plenitu~. de sus elementos,
del cual la esencia es inteligible; por lo tanto, una metafísica, que, para entendemos, podemos llamar existencial, no puede plantears~ este problema,
en cuanto el problema de la eidética o de la esencia lleva mmanente, constitutivo y esencia), el otro del acto de existir, para el cual es todo lo que es.
Esta plática realizada con un uso de términos que consideramos técnicos
tiene a pesar de eso necesidad de ulteriores precisiones.
Existir es manifestarse, estar alli, pero es presencia de algo, de una es~c-.
tura, de un orden. Con el existir, la esencia entra
el mundo, se consoli~a,
para decirlo así, en un hic et nunc cuyos cambios no son en la esencia,

':°

68

sino de la esencia. Por lo tanto, si es verdad que el existente o el sujetivo es
la "encamación" de una esencia, es también verdad que yo no soy mi cuerpo, en cuanto que él retiene la esencia, pero no la agota. Pues yo que existo, me manifiesto por el cuerpo, soy más que mi cuerpo, más que mi existir,
porque soy una esencia que existe. En este sentido, lo existente, no la existencia, que es una anotación universal, se distingue de la esencia que es conceptual y no sensible y a la cual se une algo que la determina.
La esencia sin existencia es universal, el existente es particular; 1a esencia es quod quid est, y la existencia es quo quid est: el nunc, de devenir no
existiría sin el nunc permanente que a su vez, a pesar de ser en sí lo que es,
es real por el acto de existir. Eso prueba, no solamente que el devenir postula el ser, sino que el mismo devenir tiene un ser suyo formal para el cual
es ser deue,iiente. En conclusión, el existente es un ser determinado existencial. Esto no debería olvidarlo ninguna filosofía que se dice existencialista o
existencial (dos cosas muy diferentes) la cual, cuando se sitúa el existente
como problema y lo contrapone a la pura esencia, debería acordarse del nunc
deveniente y colocarse, pues, siempre como ontología y no como pura descriptiva de los elementos existenciales, casi como lo existente sea pura particularidad sin universalidad.
Una filosofía del existente solo, o sea, del solo aspecto particular del ente,
no tiene sentido, no es filosofía (será descripción empírica o fenomenística
o también fenomenológica) y no es ni reflexi6n sobre el existente real, en
cuanto abstrae de la esencia para lo cual el existente es. En este sentido, hace del existente una abstracción, de la esencia por lo cual el existente es.
La expresión de Heidegger que la esencia de la realidad humana consiste
en su existencia ( das W esen Daseins Liegt in seiner Existenz), entendida en
el sentido que la existencia es privada de esencia, no tiene sentido; y no lo
tiene porque no se comprende qué cosa existe: la existencia sin esencia
se desvanece, es una pura "posibilidad", una abstracción. Su manifestarse es el manifestarse de su nada, y como tal, un nada de manifestaci6n
Y por lo tanto, también, un nada de existencia. Los existencialistas dicen que
es pura libertad y temporalidad entendida, la primera como el acto de la
pura constituci6n del ser de la existencia. La libertad, en tal forma, no pertenece al existente, lo "constituye": es de la libertad darse la propia naturaleza a sí misma y con esto transformarse en esencia. Pues procede la esencia; nosotros mismos constituimos nuestro ser, somos como nos afirmamos
aquí hay una ecuaci6n, la existencia como posibilidad pura, es libertad pu-'
ra; pero la libertad como posibilidad pura, es libertad de nada, porque es
la nada de la libertad.

69

�Concedemos que sea y que seamos nosotros uúsmos como nos afirmamos.
Y bien, ¿qué significa yo "so&gt;·" como me afinno? ¿ "Me doy una esencia"?
¿Quién soy yo para hacerme hombre liberalmente? ¿Qué podría también
no hacerme hombre? Palabra~ sin scnLiclo. Si yo pudiera libremente hacerme hombre, no me haría hombre por la simple razón que yo sería Dios. Y
ni Dios viendo que puedo también hacerme "libremente'' no-hombre; y Dios
no puede hacer que un hombre no sea hombre precisamente porque es libertad auténtica y no el Absurdo.
Existencia y libertad, como son concebidas por el existencialismo, son existencia abrurda y librrtad absurda. Adcmá si "nowtros somos como nos afirmamos", significa que la existencia como posibilidad o libertad se da a sí misma
sus especificaciones, esto es su esencia. AqtÚ "esencia con evidencia" quiere
decir otra cosa de lo que es el sentido técnico del término y cso es la existencia,
ahora se le da una determinación, ahora otra, siendo infinitas las posibilidades.
De tal manera que la esencia es ella particular, la determinación y la existencia,
posibilidad infinita, lo universal: se han cambiado los naipes en la mesa y se
cree haber ganado la partida. Pero toda determinación es determinación contingente: corno tal no es esencia; por consiguiente la •xistencia, también determinándose, no se esencializa entonces queda vacía; se niega siempre por
la otra ecuación ex.istcncialista de existencia y temporalidad : el devenir por la
otra ecuación existcncialista de existencia y temporalidad : el devenir temporal se identifica con la existencia, que no es otra co. a más que su proceso
temporal; por lo tanto, la esencia de la existencia es la temporalidad, que es
como decir: la esencia de la existencia es ·u contingencia, o sea su mismo existir ¡ fenomenismo absoluto e inconcluyente!

r

Y así volvemos siempre al mismo punto de Ja existencia que no es la nada
de ser. Justamente obser...a Maritain cm su Court traité de l'existence et de
l'instant (p. 12): si usted "supprimez l'essence, 011 ce qttt pose L'esse, vous supprimez du meme coup l'existence ou l'esse, ces deux notons sont correlatives
et inseparables, et un tel cxistencialisme se dérnre lui-méme". Exasperar la antinomia de esencia y de existencia a tal punto de volver a la una c.,clusiva de la
otra, es esterilizarlas ambas sin resolver nada. La existencia de Kierkegaard, a
veces, es la abstracción de una abstracción.
Para el pensamiento clásico, lo exi tente es una determinación de la c:;encia ·
para el existencialismo, la esencia es una determinación de lo existente: la existencia es una posibilidad que escoge ciertas situacione y escogiéndolas se
determina, se da una esencia que se identifica con ellas: lo existente es sus
situaciones: el sein rs la situación del dasei11. El existencialismo es el contrario de la metafísica y de la ontología clá ica; es la disolución de la esencia y
del ser en las situaciones, o sea en la historicidad pura.

70

El punto de vista gnoseológico, que hemos mencionado arriba, corresponde perfectamente a lo ontológico-metafísico; el existencialismo contrapone la filosofía llamada ''e.xistencial'' a la llamada especulativa o "esencialista"
como contraposición de la esencia a lo exí tente, del objeto al suJ·eto de Jo
•
1 abstracto a Jo singular concreto. En esta contraposición, pide
' a )a
uru,·ena
filosofía especulativa o conceptual dar una respuesta -si puede- a las instancias del sujeto, al grito del singular, como hoy se dice para dramatizar el problema y colorearlo con el lenguaje de la po sía. Por eso el existencialismo es
la rrbclión contra la filosofía de la esencia, del concepto transparente, de )a
~6n cristalina que ordena y sistematiza formas, contra la eidética y cualquier aspecto de la realidad e piritual que se presenta en los términos de la
racionalidad pura, conclusa, definitiva y definiti\'amente definiente.
El existencialismo, que ontológicamente es la disolución de] ser gneoseoló-

•
1
'
gtcamente
es a disolución o el jaque de la ra7.Ón; pues, se prtsenta como /a

crisis (rompimiento) del ser y de la razón, como la liquidación de la filosofía clásica. En este sentido interpreta algunas características de nuestra época.
De manera simplicista y con una bou.tade de efecto fácil, podemos decir
que el e.x-istencíalismo contemporáneo vino al mundo aquel día nebuloso
o aquella noche negra, en la cual, un joven profesor alemán Marti
Heidegger, aburrido y de pésimo hu.mor, se encontró con los libros casi olvidados de un tétrico teólogo danés, Kierkegaard, pesimista y humorista,
Pesimista por humorista y humorista por pesimista. Los leyó, los purifi.
có de ~os mitos de Adán y E\·a, del Demonio y de Dios, del pecado y de
la_ g;acia, y así secularizados los volvió a pen.~r fuertemente; escribió y publico ( 1927) el primer volumen de tm.a obra, en la cual "el ser" se pierde
en el tiempo, se existencial.iza y se descubre ser para la nada y para la muerte. Pero evidentement es superficial considerar al existencialismo como el
drama kierkegaarcliano ( o nietzschiano) "vaciado de su contenido religioso
Y ~e su ace~to personalísimo e irrepetible", vuelto a usar, "caracterizado y
casi estandanzado por algunos profesores alemanes contemporáneos, los cua.
les sobre un esquema del drama de la existencia han tejido el drama de la
existencia. El existencialismo es mucho más y no ha nacido, porque haya sido descubierto y estudiado Kierkegaard, sino que Kierkegaard ha sido d~cubicrto y estudiado porque responde a las necesidades espirituales y a las exigencias filosóficas pre-existentes a su descubrimiento.

La Kierkegaard-Rcnnissance, que caracteriza a gran parte de la filosofía
alemana de la primera post-guerra, se debía al clima propicio que encontró en ~l.emani_a_ ( producida sea por la derrota, o por clima filosófico, por
aquella rev1S1ón critica, a la cual se ha sometido el pensamiento moderno desde los inmediatos desarrollos del he«eliimo) y no al contrario. El e:óstcncia-

71

�lismo (y es este uno de sus prejuicios) ha considerado la "crisis de una época"
como "crisis de la existencia" o del hombre en general, y la crisis de una posici6n filos6fica, la de la filosofía como. tal. La no soluci6n sino la exprcsi6n
de la crisis-encarna el descontento, el desorientamiento, las ansias y las aspiraciones de la conciencia contemporánea, prescindiendo de su derivación histórica y del hecho de Kierkegaard, que cierta.mente no ha sido él solo el que
ha influido sobre Heidegger. Ya dentro en la fenomenología )', bien sea indirectamente, influenciado por las filosofías de la vida. Pero hay otra consideraci6n que hacer: casi al mismo tiempo que en Alemania, el existencialismo nacía en Francia, independientemente de Kierkegaard y en Rusia a través
de un pensar de nuevo la concepción de la existencia expresada en la obra
literaria de Dostojewski. En Espai1a, Unamuno la había precedido casi dos
lustros antes ( al menos en algunas tesis) y en l talia, en la mi ma época, había
comenzado la revisi6n crítica del actualismo de Gentile, justamente en el sentido de una recuperación de la existencia concreta. Fueron todas estas exigencias, que llegaron casi a la vez al punto de maduraci6n, las que llevaron
a la Kierkegaard-Renaissance y a descubrir en el pensador danés, su remoto
y "actual ' maestro, que redescubierto ha sido acaparado a diestro y siniestro,
en algunos puntos rechazado, en otros aceptado y en otros aun interpretado
o traspuesto.
Según los distintos pensadores y según las naciones a las cuales pertenecen, los
precedentes doctrinales del existencialismo, se encuentran en Kierkegaard como en Dostoiewski, en Schopenhauer como en ietzsche, en Dilthey como en
el pragmatismo, en los románticos del primer ochocientos y en Rilke, en Pascal
y en Bergson así como en Husserl, etc. Naturalmente, ninguno de estos peruadores debe identificarse completamente con el existencialismo ( algunos de ellos,
si pudieran ser interrogados, rechazarían todas las tesis existencialistas, aun en
el caso de que con el existencialismo pudieran combatir algunas corrientes racionalistas e idealistas) y muchos de ellos no se reconocen fácilmente en las interpretaciones de los fil6sofos de la existencia; pero no hay duda, por ejemplo, que
el existencialismo cambia desde Husserl el método fenomenol6gico ( aun sin las
tesis doctrinales: Husserl, fil6sofo de la esencia, encierra en paréntesis la
e.xistencia) y encuentra en las esferas huserlianas eidéticas, aut6nomas e incomunicables, un buen principio de disolución del ser que Hartmann, por su
parte, desde 1921 relega a la esfera de lo incognoscible o de lo irracional; y
que en el hist6rico post-hegeliano ( en Dilthey en particular) encuentra la
temporalización de la dialéctica de Hegel y la fractura de ella en muchas
esferas históricas, cada una expresando uno de los innumerables significados
de la existencia.
Pero el existencialismo quedaría sin explicar en su esencia sin el Lute-

72

ranismo; y por lo tanto, según nosotros, no es nunca suficiente insistir
sobre este punto: Kierkegaard es un teólogo protestante; Unamuno está influenciado por el protestantismo: la teología protestante ha tenido un nuevo vigoroso y exuberante retomo al pensamiento con el existencialismo (pensamos en Barth). Aparte de eso, el pecado, el acto de soberbia de la raz6n,
según el luteranismo, ha corrompido irremediablemente la naturaleza huma.
na, la tiene individualizada. Entre Dios y el hombre hay contraposición radical: el hombre, el siervo del pecado, nada puede hacer para los fines de su
salvaci6n y todo aquello que hace es pecaminoso. "Rotura y Fractura" pues,
entre lo Divino y lo humano, entre gracia y libertad, entre fe y raz6n, la
meretriz de Satanás: aquélla, la protestante, es teología de la crisis o de la
fractura irreparable entre Dios y el hombre. El existencialismo teológico acepta esta instancia luterana y la exaspera; no-teológico, laiciza a Lutero, convierte Ja fractura en esencia de lo humano como tal. La nada del hombre
frente a Dios (Lutero) destelcogizado, y lo Heideggeriano "ser'' para la nada.
Se podría objetar que no es luterano el existencialismo francés, y contestamos
que no se entiende completamente sin el jansenismo, que es aún fractura
de lo humano y de lo divino, de la libertad y de la gracia, anulación del hombre en el pecado, del cual solamente el arbitrio de Dios puede redimirlo.
Puesto eso, quien dice que el existencialismo sí es filosofía de la crisis, pero
no en el sentido que lo sea de una época de crisis, como la nuestra, sino en
el otro, que la filosofía, ella misma es crisis, porque crisis es la vida como
tal, o sea rompimiento y fractura, hace dogmáticamente suya aún sin darse
cuenta 1a tesis luterana, sea que la conserve en todo su sentido teológico, sea
que la acepte desteologizada. Afirmar que el existencialismo es filosofía de la
crisis, en este sentido, es hacer de ella una apología barata: se acepta ingenuamente su presupuesto que la existencia es en sí misma fractura y que la verdadera filosofía no puede ser más que filosofía de la crisis. El existencialismo, por
el contrario, es filosofía de la crisis propiamente en el sentido que es crisis
de la filosofía, o sea pérdida del principio del ser y por eso impotencia de
dar un sentido significativo a la existencia, que suspendida en sí misma, no
puede ser entendida más que como "fractura" y "nada". El existencialismo
ha encontrado su ambiente, y por decir asi, el terreno preparado para florecer
en las "sacudidas" de la primer y segunda guerra; sobre la base de esta
situación, de hecho, ha elevado las "fracturas" (históricas) de una generación
atormentada a fracturas de la existencia humana como tal, por lo tanto, no
ya históricas, sino inherentes estructuralmente, ontológicas, al hombre. La
"crisis" así entendida, como principio metafísico, es simplemente un mito; y
el existencialismo en este sentido es la filosofía del mito de la crisis o de la
existencia "rota" y "lacerada" sin que haya sastre que pueda remendarla y

73

�volverla a coser. Eso marca la culminación de la desconexión y después de
la pérdida del ser, sanciona dogmáticamente la fractura entre la "vida" y el
"pensamiento": lo "vivido", vaciado del ser, y la nada de vida, de pensamiento y de existencia, lo absurdo, lo gratuito.
El existencialismo es un movimiento complejo y hay tantos existencialismos como existencialistas. Podemos distinguir dos direcciones principales:
a) el existencialismo como filosofía de lo finito o del hombre todo histórico,
pura temporalidad, cuyo destino es estar en el mundo. De aquí las f ónnulas
heideggerianas: Dasein
ser para el fin ( Sein zum Ende) = ser para la
nada (Sein zuro Nichts)
ser para la muerte (Sein zun Tode). El hombre
es el centinela de la nada. A esta, yo la he llamado, no la ontología, sino la
oudenología de Heidegger.
Todavía el existencialismo como filosofía del fin es la de Jaspers: lo existente está siempre encerrado en una situación finita que intenta sobrepasar
y la sobrepasa, pero para caer en otra todavía finita. La existencia es trascendencia de la situación, desplazamiento de un horizonte a otro, pero se le escapa
siempre el horizonte de todos los horizontes. La trascendencia o lo infinito, como
Umgreifende ( todo circunscrito). Por eso el existente naufraga, se sumerge
frente a la trascendencia: el jaque es el fin supremo.
Otra forma de filosofía de lo finito, es la de Sartre en Francia, por el cual
"el ser es sin razón, sin causa, sin necesidad", gratuito: todo es gratuito, sin
valor: no hay nada serio; el hombre es un costal vacío con un peso muerto. La existencia está condenada a llenarse de algo. Dicho eso, podemos
precisar que dos obras famosas llevan en el título dos errores gramaticales:
no es Sein und Zeit; no L'etre et le néant, sino Sein ist Zeit; L'etre est le

=
=

néant.
El otro filón así llamado "teístico", une indisolublemente los problemas
de la persona y de Dios, confirma y define la existencia como esencial vocación de la trascendencia religiosa: fundar filosóficamente la persona y sacar
de ella "invocación religiosaº. Propiamente en la concreta individualidad
del singular -como enseñan Kierkegaard y en el fondo también Nietzsche
y Unamuno- sucede el encuentro paradójico y absurdo para la razón, de
infinito y de finito, de eternidad y de tiempo, de trascendencia y de inmanencia. Penetrar en el fondo de la existencia concreta es por lo tanto coger la
viviente contradicción que es, sentir la existencia en su "situación" de relación a sí misma y junto a la trascendencia, la existencia como intersección
de encamación y de participación, o sea del yo concreto y singular ( encarnarse y concretizarse), que participa del ser (se inserta allí), que la trasciende. El e.xistencialismo en este sentido se centra sobre lo vivido de la
"presencia" de Dios al yo, de la posición del singular frente a Dios. Buscar a

74

Dios es decidir de sí mismos, y buscarse a sí mismos es tender a Dios. Los
dos ténninos de la búsqueda son recíprocamente "empeñativos": la verdad
del hombre se revela en el reenvío a Dios, como la verdad de Dios se revela
auténtica en el existente humano. No es problema abstracto lo del Dios~o~_re, sino experiencia de vida vivida. Fundar filosóficamente la persona
significa, pues, captarla en su "situación" y en su "participación", escudriñarla
en el estado en el cual se encuentra y viviendo en la libertad que la fonna
y la revela, en la dignidad que la coloca por sobre la particularidad contingente y caduca.
De aquí otra caracteristica del existencialismo en general: la polémica en
con~ de la vida anónima del individuo, uno entre tantos, contra la vida con\'enc1onal. y acostt~brada, donde él pierde el sentido de la responsabilidad
Yde su ~1s~o destino, la ll~da a la existencia genuina. Ser sí mismos y solamente s1 m1Smos, es conqmstar la propia autenticidad la conciencia de ]a
~it~d libra~a, suspendida como la hoja sobre el abisrn'o, entre lo finito y ¡0
mfiruto, el tiempo y la eternidad. Ser sí mismos es vivir íntimamente desespei:adamcnte los términos de la antinomia, la existencia quebrada y r:.i.gmen~n su perenne "problematizarse'&gt;, en su continuo "fracturarse11 • No la
filosofía de la armonía y de la unidad racional, sino la filosofía de la "fractura", de la realidad existencial, que es singularidad, que no se vuelve a repetir, escogida y que trae el riesgo de la decisión sin apelación. En este
sentido, la existencia es "libertad'', suspensión entre problema y certeza entre
búsqueda y verdad; es acto, problema, drama que no se traduce en la' transparencia Y en la luz de la idea, ni se exalta en los lances vitales. Existencia
e_s fractura, siempre librada entre dos mundos, inmanencia y trascendencia
sm. posi~ilidad de síntesis definitiva, sin esperanza de evasi6n en una super~
resIStencia. La existencia es el "centro", el encuentro de las antítesis y su
problema es el problema mismo del ser. La persona exige la solución metafísica, pero el existencialismo no logra dárselo.

t:mª

Singular e inobjetable, el existente se introduce todavía en el mundo se
encuentra en una "situación" determinada. Verdaderamente no es
se
"encuentre" sino que es su situación, aquélla que "actualmente" define su
existencia._ El l:ombre está ligado al mundo y a los otros hombres, unión que,
como la Situac16n, es el ser propio de la existencia humana; ligado al mundo
Y empeñado .en la vida; aquí es todo sí mismo, en esta su absoluta historicidad,
~e la cual tlene el deber de no "evadirse,,; debe aceptar su "destino" ( destmo de nada y de muerte). Por consecuencia, la existencia inobjetivable de
la cual la esencia, más bien o las esencias son sus situaciones su actuarse' no
'
'
se conoce rntelectualmente' 1 que es objetivar: ni la razón ni el intelecto Ja
toman en su autenticidad.

qu:

((•

75

�Esta experiencia vivida, toma en el acto de vivir su finitud y temporaneidad o en la angustia de sentirse finita "lanzada en el mundo", destinada a
la mu:rre. Dicho eso no está completamente equivocado quien ha definido el
existencialismo la nausée de l'impuissance (Gurvitch), la doctrina que vacía
al hombre de toda su riqueza; pero tiene razón el que también ve en ella
(Pareyson) una manera original de proponer nuevamente a la meditació~ la
riqueza de la vida espiritual y "una robusta manifestación del per:5°n~~o
contemporáneo", aunque después la inevitable conclusión del eXJstenciahsmo sea la negación de la persona como valor y de los valores que la persona
misma encama y expresa.
El existencialismo tiene una relevante importancia negativa, representa el
adelanto más coherente del pensamiento moderno inmanentista y al mismo
tiempo la disolución de la ilusión del humanismo absoluto o ateo; es la conciencia crítica de las consecuencias negativas del humanismo puro, el drama
del humanísmo ateo, diría De Lubac. Vale la pena insistir sobre este punto.
El existencialismo, según nosotros, es el punto más avanzado ( tal ~ez c~~clusivo) de la que, en muchas otras ocasiones, he llamado la aut~5?luc1on
del pensamiento moderno, el principio del cual se da por la cnttca del
hegelismo en sus instancias fundamentales de Klerkegaard y de Marx. En
otros términos: el inmanentismo a través de la secularización de lo sagrado,
la separación de todas las formas de la actividad humana d~ _la teología, la
reivindicación de la absoluta autonomía de la razón, autosuf 1c1ente y fundadora ella misma de la verdad, y de la voluntad autónoma, ley de sí misma;
la historicización de la verdad (y de toda verdad) y de los valores espirituales humanos y divinos y de su mismo Dios, ha creído (y es aquí la acriti~da~
esencial de su criticidad do~ática) mejor fundar al hombre Y su digrudad, de garantizar crítica y sólidamente todos los valores humanos (sob~e
todo la libertad y la potencia del conocer) y el hombre de valor, de constrwr
un verdadero humanismo en el cual el hombre fuera principio y fin de sí
mismo y que en la historia encontrara su verdadero cumplimiento, su significado auténtico, su felicidad. Y así el mito del hombre-Dios ha engendrado
poco a poco los mitos del Dios-historia, d~l D!os-ciencia, del Di~s-e~~d?, del
Dios-progreso, del Dios-humanidad, del Dios-libertad, etc.; y la i1US1on lilDlanentística continúa aún a pesar del existencialismo y de otras corrientes críticas, a sobrevivir y a producir nuevos mitos, a creer que después de haber
temporalizado todo y negado (ser y sustancia, verdad y Dios) todo lo del hombre y de lo humano se salve mejor, mejor se funde y se explica, todo sea más
claro y legible. El existencialismo ( y no solamente eso), es el profundizar de
estas incoherentes conclusiones optimistas, acepta el momento crítico del inmanentismo y de sus presupuestos metafísicos y gnoseológicos, pero más cohe-

rentes, menos dogmático en sus consecuencias y no ilusionado concluye que si
~ ~ :erdad ( en sentido metafísico y en sentido gnoseológico) son temporales e

hlstónc_os, ~tonces no hay valores ni verdad; el hombre es su existencia, que
es su S1tuac16n, que es la pura temporalidad, de cuyo éxito el s6lo significa
algo y da a ~ existencia el único significado que se le atribuye: es la nada
y la muerte. Sobre este punto de vista, sus conclusiones pesimistas son la
plena conciencia crítica de las míticas conclusiones optimistas del inmanentismo, la conquista de la autenticidad de la existencia humana o de su novalor, si ella es la que "construye" el inmartentismo moderno, del cual el existencialismo es la disolución, el momento "escéptico" disolvente de lo ''dogmático". Pero el existencialismo no es sólo "crítica" sino también "crisis" del inmanenti~o en el sentido que él asume la concepción inmanentística-historicista de
la vida, como concepción de la vida misma (por lo tanto de la filosofía) como
fractura; y como crisis es también dogmático y acrítico. De hecho, por un
lado, asume una contingencia histórica (la situación de la Alemania y de
Europa desde 1918 en adelante) como categoría de la existencia humana haciendo de un conjunto de es~d~s de ánimo, otros tantos principios metafísi:os, y
~~ otra parte, acepta dogmaticamente las tesis del inmanentismo y del histonCJS~o '! concluye que la existencia (la vida) como tal es "crisis", fractura y
rompuruento sin someter a revisión crítica el presupuesto inmanentista. En
otros términos tiene el mérito, de haber "desenmascarado" el inmanentismo
y de haber demostrado a la evidencia que de "aquellas premisas'' la conclusión
sincera auténtica y no "ingenua" es la nada del ser del hombre y de los valores
humanos y religiosos, y con eso revela a la crisis (y también la hipocresía) de
las ~nc~usiones optimistas y de los ditirambos a la razón, a la dialéctica, a
~ histona, etc.; pero está equivocado en aceptar "aquellas premisas" dogmáticamente y con eso de asumir su crítica del inmanentismo como "crisis» de
la exis~erlcia al afirmar que_ la existencia como tal, es "crisis" o fractura y
laceración ( y por eso se define con la angustia, y en jaques, la muerte, etc.,
y no con Ja razón, el concepto, la idea eterna, etc.) Y así su pesimismo es su
ingenuidad, y en muchos casos también su insinceridad e inautenticidad. A
este punto, su "inexistencialismo" se vuelve "racionalidad" de Jo irracional• su
"asistemicidad" el principio "sistemático" de la asistemacidad; la experi~cia
"inmediata y vivida en elemento constante de la mediación. Una forma de
idealismo trascendental e histórico es exactamente aquello que liquida la ilusión de la trascendentalidad como forma objetiva del conocimiento (Kant)
y como principio metafísico (Hegel). En efecto la trascendentalidad asumida
por el existencialismo, como posibilidad o pura condición indetenninada de la
cual la existencia concreta es una realización temporal y situacional ~tra la
existencia y el ser a la nada y todo lo vuelve imposible, inexplicabÍe, absurdo.

77
76

�El existencialismo tumba el optimismo d 1 humanismo ateo (optimismo
iluminístico, racionalístico, positivístico, marxista, etc.). i el hombre es todo
histórico y Dios no existe su destino es el destino de la nada; no hay nada
erio. Eso es el ateísmo triste y consciente de que la muerte de Dios es muerte
del hombre, y de todo valor. por lo tanto, concluye el proceso de la secularización de lo sagrado (de de el renacimiento a Hegel ) que e teologización de lo
mundano y de lo humano, a lo cual si I la desteologización de lo mundano

y de lo humano ( Feuerbacb, • lanc, etc.).
Concluye afirmando, si lo sagrado es secularizado y lo mundano es desteologizado, no queda más que el hombre y sus situaciones el puro suceder. Pues
el existencialismo es conciencia crítica del humanismo absoluto y su devaluación,
pero al mismo tiempo conciencia dogmática de lo que acepta el presupuesto
de la negación de Dios y del ser, o sea la ilusión inmanentística, también sin
defraudantes saca de él consecuencias defraudantes. El existencialismo es el
inmancntismo ateo desencantado y por lo tanto puramente negativo, sin mitos,
niega a Dios in aceptar la posición de hacer del hombre Dios mismo, o sea,
de divinizarlo, entonces: ne!!ado Dios y negado que el hombre sea Dios, no
queda más que el puro homb11 histórico, botado en el mundo sin valor y sin

se equivoca aceptando como conclusión la ne aci6
sólo humano, o sea de aceptar la contradiccióng Den pura del hombre todo y
que voh·er al problema de lo pos·u· . d 1 h h.
spués de eso, no queda más
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o de pura inmanencia sino de se
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una xi
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recuperada y fundada filosóficamente , os h h h genc1a re tgiosa que va
tradición filosófica clásica de od .
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d
f
ella, que la verdadera y sola
d .
ranza e un uturo de
•
esperanza e la Europa del ma ~
,
s1 11ega a ser, su tradición renovada, o será solament e Ia sombra
nana,
que
sena,
de sí misma.

Traducción de

CELIA MARÍA DEL DECAN

significado. 10 queda mis que la ne0 ación pura.
Pero la negación pura es un absurdo, no se puede negar sin afiimar, cada
negación exige la negación de la negación. que es la afirmación. Pero la e.....istencia no afirma nada, pues es la contradicción pnra o impensabl . De hecho,
más que una filosofía pensada, el existencialismo es un estado de ánimo
viviente y teorizado, o ea unn fenomenología pura una serie de biografías,
buena como material artístico. Pero la filosofía empieza cuando se reflexiona
sobre lo vivido: o sea, cuando la vida inmediata . pone como problema. Por
lo tanto, el existenciali mo está toda ,· z por debajo d la filosofía, en la filosofía de la no filosofía. Pero la afinnaci6n de la nada o del no-valor del hombre
todo histórico, y ele la e.xistencia sólo mundana, pone para la contraclic ión de
esta afinnación, el probkma o la exigencia de la trascendencia y del valor;
o sea la conclusión: una nada de c.xistcncia y una nada de valor, hace nacer
la exigencia metafí ica del ser y la religiosa de Dios. He aquí por qué los marxistas lo combaten. La hacen nacer también por la necesidad de salir de la
contradicción en los término . De hecho, la afirmación de la nada de todo,
de la nada como principio es posible solamente si el ser
o puedo decir,
la nada es, sin admitir el ser. d otra manera la nada misma sería impensable,
no sería. La nadaJ el negativo puro es porque es el ser, mientras el ser se pone
para sí mi mo.
El e.xistencialismo tiene el mérito de haber destruído la soberbia del hombre-Dios, creador de su destino histórico y el infantilismo de esta soberbia. Pero

78

79

�LA CUESTIÓN DEL PRINCIPIO Y FUNDAMENTO
.EN LA FILOSOFlA DE BALMES

DR.

AooLFO MUÑoz ALoNso

Catedrático de Historia de la Filosofía
de la Universidad de Madrid

EL HOMBRE NO ES SÓLO

lo que las palabras le permiten expresar. Es siempre

más. Por alta que sea 1a elevación que alcancen las flechas de sus voces, por

hondo que cave con el estilete de su pluma, el hombre, él, presiente una más
alta cumbre y arranca de un más profundo subsuelo. En el hombre la palabra
verdadera, su hablar, es él mismo, como luz iluminante significativa y como
reflejo caldeado. Sólo cuando el hombre comienza por escuchar, habla y se
habla verdaderamente a sí mismo. Cuando el hombre habla sin antes escuchar, se-escucha, y escucharse es una manera engañosa de abatir el vuelo de
las pocas palabras verdaderas que el hombre puede pronunciar. El espíritu
humano -digámoslo con palabras de Balmes 1- no ha nacido para contemplarse a sí propio, para pensar que piensa.
El pensamiento del hombre no conseguirá nunca expresarse por entero
en lo que dice. El pensamiento es siempre algo más profundo, elevado y luminoso que las palabras en las que se vierte. Quizás porque el pensamiento
es en 9.Í mismo -si es verdaderamente pensamiento--- la auténtica palabra,
y las palabras proferidas ráfagas anunciadoras; algo así como estrellas errantes y centrífugas de un cielo transparente. Si esta consideración es aceptada,
se comprenderá con facilidad lo arduo que resulta profundizar en el pensamiento de un filósofo, utilizando como única guía las palabras por él escritas.
El crítico que se contenta con someter las frases del fil6sofo a un estudio de
contexto o de concordancia de sentidos, interpretando por paralelismos las
frases, corre el riesgo de satisfacer su pretensi6n crítica, pero dejando al fil6sofo estudiado en orfandad de 9.Í mismo.
1

Filos. Fund., libro I, cap. XXIII (O.C. Ed. Casanovas, XVI, pág. 227).

81
H6

�CoNcIENCIA DEL TEMA EN JAIME BALMES

A Jaime Balmes le ha perjudicado la claridad ~-positiva. Al ejercer la
gracia de la cortesía como virtud permanente para con los lectores, ha inducido a los poco avisados a resbalar por los capítulos de sus obras filosóficas
como sobre el espejo del agua mansa y tibia, y no se ha ahondado en La
honda transparencia en la que el pensamiento de Balmes sigue vivo, vivificante y actual. Esta actualidad es la que pretendo revelar, comprometiendo
desde el principio mi intención con el título, de actualísima vigencia en filosofía, hoy, como lo sigue siendo en la vida espiritual desde que San Ignacio

de Loyola la acuñó en sus Ejercicios Espirituales.
No dejan de ser curiosos los hechos siguientes: que Balroes titulase su obra
filosófica más importante Filosofía fundamental; que la Filosofla elemental
sea en su concepción, redacción y publicación posterior a la Fundamental; y
que en un análisis pormenorizado de las cuestiones "fundamentales'' y "elementales" de la filosofía, no sean los "fundamentos" o los "elementos" los que
inquieten intelectualmente a Balmes, sino cabalmente los "principios" {undantes. Esta particularidad nos pane sobre aviso de que hemos de proceder con
suma cautela al enfrentamos con el tema, tanto si los hechos que citamos
obedecieron a una intencionalidad mantenida por nuestro filósofo, como si
suponen la expresividad connatural a su pensamiento y que, precisamente
por la connaturalidad, no es revelada explícitamente.
Antes de seguir adelante convendrá un breve detenimiento en las palabras que empleamos, y en el sentido, alcance y significación que paseen en
nuestro discurso. En este detenimiento una exigencia filosófica, y un procedimiento metodológico al que debemos sometemos, para que discurra después

el tema sin demasiados paréntesis aclaratorios.

DEPURACIÓN CONCEPTUAL DEL VOCABLO PRINCIPIO

El vocablo "Principio" resulta, por equívoco, polivalente, Ya Aristóteles
distingue acepciones variadísimas en las que puede subsumirse, sin forzar su
etimología ni su contenido histórico-cultural.z Acaso el fermento filosófico
de la cultura occidental haya que señalarlo en la cuestión sobre el Principio,
en singular o en plural. La razón gana en independencia y jerarquía cuando
se decide a investigar no las cosas, sino el principio o los principios de las
cosas, y obtiene -la razón- el principado metafísico cuando rompe con las

trabas
de la mítica, de la literatura, de la tradicion,
•, para satt.sfacer su e,ogen.
•
c1a con una respuesta person ªI' que deseche, por ludicas
, .
o ineficientes las
voces que no os~ten la_ originalidad de Principio o Principios, en sus sililbas
o en su c~nnotacion racional. Es el problema de Tales de Mileto como símbolo del filosofar; y es, con mayor precisión histórica el problema de Anaxi
mandra
·
'
. '. en qmen.
se lee por primera vez el vocablo
Principio. El audaz~esasuruento sensorial, pudo valerle el hallazgo feliz del vocabl0 ,
'
a11cieo,,, No
l
,
.
aex11 para su
. .
.
es, c aro está, que nos decidamos por una declarac1·ón del p .
c1p10
· · ·
, . o de Ios p nnc1p1os,
como elaboración exclusivamente filosófica El nnposito
se
salva
y
tal
vez
.
.
·
prop. . .
d'
con mayor exactitud,
Sl se considera la cuesti6n del
?nc1p10 y e los Principios como una primaria intuición ligada I alm
mlSlJla de Grecia
•
, encuentre satisfacciónª con ela
. '. &lt;:° }a que lo racional
solo
h 11
a azgo del PnnCJp10 o de los Principios.

TEOLOGÍA DEL VOCABLO PRINCIPIO

Las acepciones del vocablo Principio son tan diversas
l
'di
¡
, en e uso oot.J. ano y
' que e pretender enumerarlas aquí resultaría impertin t C
esta
• d
en e. on
voz se enc1en e la claridad del mundo. ~nua~--. . E , - .
P. . .
J • .., n , ..a , ,,, aexv in

en el cultural

~ncipio,

en el princip_i~, Dios crea el cielo y la tierra. No cabe signifi~d

0

mas temporalmente
,
Princi
.
. ongmal, y genes1aco
que el denunciado por la palabra
p10 en el primer vers1culo del Pentateuco. En el propósito de M . ,
como coautor del Génesis, el Principio es una exigencia lexical d
~lSes,
puramente tem al
d .
e caracter
.
por ' que a qlllere recto sentido al referirse a l b
d
perosmq
1p· ..
aoracreaa
.
ue sea e nnc1p10 señalado el que la oriaine f d
,
plique Es
'
1p · • .
o-· , un amente o ex.;
mas, e nnc1p10 respecto de un término es explicable en una
relac1on en la que lo principiado participe del fundamento que se
~ al
para establecerla; fundamento que --como
b
.
sen
e
sito bíblico El " · · · ,, d 1
es O vio--- no cabe en el propó"principio". del Epnnc1li~1od Se Génesis, no guarda relación alguna con el
vange o e an Juan.
San Juan en el primer ver.iículo y en el segundo de su Evangeli alim
el v~~ablo "Principio" oon luces de eternidad, en cuanto o u:~to enta
opos1c1ón de distinción- al de temporalidad del G, • E 1 p
_-con
versículos de San J
. . . enesis. n os dos pnmeros
. . .
_uan, el Verbo como Pnnc1p10, no está sometido en cu
Pnnc1p10, a causalidad ni eficiente ni final. al paso
1 cread '
anto
ci ·
'
¡ G, •
'
· que o
o en el prin
p10, segun e
enesis, no puede desprenderse de una l . ,
con el ser que es sin p · • .
re acion trascendental
.
.
rmc1p10, y no es en el tiempo,·
tiempo, mientras el tiempo sea.
aunque sea ya con el

U na alusión al Principio, como explicación mtelectual
.
de la no imposibi• Meta/. V. l

y

2.

83

82

�lidad del Misterio tnrutario revelado, la creemos también conveniente, siquiera sea en breves lineas. Principio es el Padre y el Hijo. El Padre respecto
del Hijo, y el Padre y el Hijo respecto del Espíritu Santo. No aduciríamos
aquí el significado de Principio en las relaciones trinitarias si no fuera porque
cabalmente la razón de Principio, en su depuración conceptual, es el que
toma inteligible a los hombres el Misterio maravilloso de la vida y ser de Dios.
El Principio no adquiere otro significado que el necesario al entendimiento
para admitir en una esencia infinita la distinción de tr pel'50nas, que se
constituyen por las relaciones subsistent de Principio y Principado, sin que
el Principio originador adopte las prerrogativas de causalidad eficiente, ni el
engendrado o alentado descienda a la efectividad de producido o causado.
Todas las acepciones que de la voz Principio pueden emanar, quedan ya
reducidas a un ordenamiento temporal o local respecto de lo principiado,
con la eficacia que esta preeminencia otorgue, según el género o categoría
ontológica d lo principiado, recorriendo toda la gama, desde la futilidad de
lo que se considera principio opuesto a fin, hasta la trascendentalidad de lo
principiado en atención a la gravedad de su Principio. Así -y por vía de
ejemplo histórico- Principio era el nombre clásico con que se designaba en
la Edad Media la primera lección pública que impartía un maestro, sin que
el vocablo adquiera entonces trascendencia doctrinal, sino tan sólo académica,
aunque -como es lógico-, en ese Principío se adivinara por su contenido,
estilo y resolución todo un sistema de ritmo y virtualidades distinta.,. Como
curiosidad valga la anécdota referida a Santo Tomás de Aquino y a San
Buenaventura, que en 1257 y en el mismo día y hora recibían del Canciller
Heimerico la facultad de enseñar t'I "Principio".

FILOSOFÍA DEL VOCABLO PRINCIPIO

Aristóteles acometió el estudio de lo que el Principio sea, en la Metafísica,
declarando sus acepciones.ª Me importa señalar que ha sido Heidegger el que
ha arrancado de esta citación aristotélica, para su estudio De la esencia del
fundamento ( o de la razón). El principio supone siempre ser en alguna manera origen. Y estas maneras de ser origen, Aristóteles las reduce cómodamente
a tres. El origen de donde se deriva el ser o la e.xistencia, el fieri o nacimiento,
el hallazgo o conocimiento. Es decir, lo primero de donde o existe, o nace, o
se conoce. Fundamento o razón de ser, de e.xistir, de ser-verdad en traducci6n
heideggeriana (Was-sciti, Dass-sein, Wahr-sein). Dando por supuesta esta po-

• Meta/. 1, 1013

84

si.~le divisi6n _trifásica de la vo-¿ Principio, con la que no se logra ocultar tambt~ ~a posl~le raíz común genérica, los filósofos han tratado de definir el
pnnc1p10 partiendo de lo principiado, después de haber sido éste declarado
establecido como sistema. En realidad la filosofía mode~ ha elaborad
y
d p · · ·
o un
con~pto ~ nnc1p10 en cuanto regla rectora suprema de los juicios, en dependencia kanuan~ Que es justamente contra lo que nos previene Balmes, y el impulso ~ue mov10 ~u deseo de publicar la Filosofía fundam ntal. ¡ no temiera
que el Juego abus1,·o de palabras desnivelara e ta exposición del tema, me atrevería a decir que podríamos entender en ese sentido también esta fr ..... d ¡
r61
"E
.
'
_._ e
P ogo:
s ?reci.so guardamos de que los errores que se han extendido por
m~a, se arrai~en por principios". Ya sé que no es é te el alcance de la exp~1ón ~almes,ana, pero sí cabe que nosotros le otorguemos esta interpretac16n, dejándonos llevar dt"I vocablo "principios" t&gt;mpleado por Balmes.

CARAcnRES DEL PRI ·etp10 v FUNDAMENTO EN BAL.fES

En_ Ja filosofía de Balmes la cuestión del principio y f undamcnto es la gran
cuest:tón. Por ~r la filosofía de Balmes, filosofía, la gran cuestión es la cuestión
del ser conocido, no la del conocimiento del ser; es la cuestión del fundamento. Por eso el prob~a es ineludible e inesquivable1 para el filósofo y
P_ar:3" el que no lo es. La filosofía es todo menos imaginaci6n, porque el principio ,Y fundamento que busca el filósofo es el de la realidad, que pean~
necera i:ev~l~a u oculta, pero que no por oculta deja de ser.
El pnncip10 Y ~~darnent~ de nuestros conocimientos ciertos no es, para
~es, un_ con~cnto prunero cierto, del que se deriven los demás. Me
mte_r'7~ dejar bien clara esta afirmación. La filosofía de Balmcs rechaza la
posibil•~~d ~e. _que un conocimiento cierto, el que sea, tenga fuerza de
emanaoon v1vif1cante de los demás conocimientos. Lo cual no quiere decir
que
ontol6gicamente una fundamcntaCI·'on rea t, como
. los
. . seres no reclamen
.
1
1
pnnc p 0 s~premo mcausado de existencia. Ahora bien, ese fundamento absoluto no sera, en Balmes, el principio y fundamento de nuestros conocimientos
Y e5te es un primer punto que le separa no sólo de cualqujer ontolocrismo.
0
declarado, smo
·
•
tamb',
1en de Descartes. En rigor, Balmes busca el principio
Y fundamento como principio fundamental, sin que sean ya separables los
dos conceptos.. La inmersión de Bahnes en la filosofía del ser es clara sin
que la enturbien las superficiales consideraciones sobre el ~olasti · ' (
no se l ti .
) d I
cismo o
en e O as CJSm~ • ~ pen~i':°t? de nuestro filósofo. Balmes no pretende
con~ un pnnci~10 de 1.ITad1ac1ón, sino un fundamento focal iluminante.
no aspira a descubnr la semilla fructificante, sino el cimiento básico.
'

a 17 iig.

85

�Este cimiento básico, principio y fundamento tn la filosofía de Balmes, no
es otro que el hombre en cuanto hombre. Al expresarlo así, demasiado me
percato de que no se encuentra en Balmes la expresi6n · y con todo, es
esta expresión la que, a mi entender puede tomar inteligible hoy, de una

manera clara y fiel, el pensamiento de Balmes.'

EL SENTIDO CO 1 , • COMO PluNCJPIO Y FUNDAMENTO

Lo que acontece es que Balmes el hombre, la persona humana, no agota
sus posibilidades en el principio y fundamento !undante de la filosofía. Cuando
se ve obligado a señalar este principio y fundamento fundante, descubre lo
que llamará sentido común. Expresión riquísima de contenido, y que tan
torpemente suele ser interpretada por quienes, idealistas o no, pagan tributo
a Hegel, a cambio de considerar la filosofía como una concepción del mundo
contraria o contradictoria del sentido común.
Si bien se entiende, toda la filosofía -incluso la de Hegel- es una pretensión por encontrar, en lo que Balmes llamara el sentido común, el criterio,
principio y fundamento de las ideas, de la verdad, de la certeza y de la
realidad. Porque Balmes otorga a la palabra sentido su valor de elementalidad primaria incondicionada. Difícilmente se puede expresar mejor que como
el mismo Balmcs lo dice. ''Sentido: esta palabra excluye la reflexión; excluye
todo raciocinio, toda combinación, nada de esto tiene cabida en el significado
d la palabra sentir. Cuando sentimos, el espíritu más bien se halla pasivo
que activo; nada pone de sí propio: no da, recibe· no ejerce una acción,
la sufre. Este análisis nos conduce a un resultado importante: el separar del
sentido común todo aquello en que el espíritu ejerce su actividad, y el fijar
uno de los caracteres de este criterio, cual es el que, con respecto a él, no
hace más el entendimiento que someterse a una ley que siente, a una necesidad instinth-a que no puede declinar''.ª Demos de mano el acierto o la
impericia del vocablo para designar con él lo que Balmes intenta. Lo cierto
es que la palabra deja al descubierto los rasgos y peculiaridades de que go:za
un principio y fundamento. o es una necesidad necesitan.te, para decirlo
en términos bárbaros, sino una necesidad exigida por el hombre en el ámbito
del ser, de su ser-cm-el-mundo, de su existencia espiritual. El vocablo "sentido",
• De todas formas, serán muchos 10.1 autorcJ que lean en Balmcs frases que autoricen y hasta exijan nuestra afirmación. La primera de las Cartas a un 111dphco es

explícita y significativa en este sentido.
• Filos. Fvnd., libro 1, cap. XXIII (Ed. Casanovas, XVI, pág. 315).

86

tal como Balmes lo usa en esta cuestión b .
. . . .,
a la que
le atribuye cuando se 1
·a' o llene una s1gnif1cac1on opuesta
d
e conSJ era como térm'
d la
.
e los órganos sensoriales. eñala la cond' .,
mo ~
operact6n
"idad intelectual el reconocimiento d 1 ;e1on natural o esencial de la acticomo disparo de' la naturalcz
. . eal eseo natural de saber del hombre,
Y no como íructifi 'ó his
de un nivel cultural El · · ·cspmtu
f
tcaCJ n
· tórica
del hombrc&gt;, y no ~go
)b' und.~en~o de la fiJosofía es lo humano
. . .
om re, ni siquiera particul d l h b
un pnncip10 de connaturalidad
., .
.
ar e . om re. Es
,
{
, no apnonco m aposteri6 ·
y
as1
undamemalmente inemplazable.
neo.
por serlo

ª

;n:;iro

Lo mismo acontece con el adjetivo comú
. . .
estar en la órbita del ser
. rsalm n. El pnnctp10 y fundamento, al
, es un1ve
ente necesari
b' .
superadas las difcrcnc1·as di "d al
. o y o Jetivo. Quedan
Vl u es para qued
b' •
universal, principio )' fundame to p
ar o Jetivado como criteño
ridad de las dificultades d 1 1~ . . arece ser que Balmes se percató con cla. 'bl
e exico, y se revuelve contra l ob. .
\.'lSl es por la expresión adoptada "P
.
as Jeciones preen el hecho: sentido comun'
.
ocol 1mporta el nombre si se conviene
sea o no a expresi6
1. _
d
ficarlc, es cuestión de Jengu .
d .
, n ma;i a ecuada para signi.
ªJe, no e filosof1a Lo q
d bem
examinar si en efecto existe esta . 1·
'6
.
ue e
os hacer es
me maci n de que habl
b ·
mas se presenta, a qué caso se a lica . h
,
amos, ªJº qué Corpuede ser considerada como criten' pd
)d asta que punto y en qué grado
.
.
o e vel' ad" e y líneas , d 1
s1 temiera que en la expresió
·
roas a e ante, como
"P
n se van a enredar los crít"
. .
or mi parte no disputar' d
b
.
icos,
ms1ste reiterativo:
1
nada má n el terreno de ~ fiel paf,ª ras, consigno el hecho, y no necesito
1 oso ia. • Como quiera
·
·
nada unporta". &amp;tos temores de Balm~ d
' rep1~0 que el nombre
la C.~'Pr~sión, son los que nos delatan has e ser ,mal entendido por culpa de
e1 pnncipio y fundamento.7
ta que punto él calaba hondo en
m·

EL SE TIDO co MUN
,

Y EL HOMBRE

Ahora bien, ~sta ley fundamental del es íritu h
hombre como vida espiritual co
. _P .
u.mano es, en Balmes, el
'6
, mo sentimiento psicosomáti
.
.
cxprCSI n, como realidad ontopsicolóoica
"
. lin . co, si cupiera la
o· , como me ación natural de n ues• Filos. Fund., libro I, cap. XXII (O. C Ed C
' El tema ha sido tratado desde otros ~ 1. asanova$, XVI, pág. 316).
Como fue~ estabilizadora de la filosofia b~os,_ y a \ 'CCCS c~n au!oridad y acierto.
(en Pensamitnto, núm. extraordinario 1947 CSl3lla, lo estudió Miguel Flor1, S. J.
lana, que sigue al del p Flo ,
1 , d
'. pp. 39-72). El estudio de Marcial Soced
,_
·
n , Y os e Ftdel García y Ca.mil
.
·
en,_ cst= escritos con análoga preocu ación
o ~era que le prefcrtnCJas pronunciadas coa ocasión del p
. . El tema fue predilecto en las concentenano de El Crit,rio; por la índole de

87

�tro espíritu", dice a la letra Balmes. Nos encontramos, pues, con q~e ~l h~~·

bre asiente a la verdad, encuentra el criterio de certeza en una in~l~a?ion
natural de nuestro espíritu. Que este criterio de la certeza _sea el pnnctpio Y
fundamento aparece ostensible en la flexibilidad del lenguaje de 13almes, que
· distintamente en los capítulos del libro 1 de la Filosofía Fundamental
usa in
. . • f dam tal principio de la
)as expresiones de primer pnnap10, pnnap10 un
en ,
evidencia, en sinonimia con el criterio de certeza.
· · t
mo testimonio de la
El principio y fundamento fundan el conOC11IUen o co
. .
verdad y critério de certeza. El conocimiento fundado es un conocimiento
originado en el sentido común, no por el sentido común. F~damento _en
la inclinación natural del espíritu, no por la actividad reíle~va, sen~~nal,
estimativa O volitiva del mismo. Surge el hombre en su radicali~ad_ espintu~l
como verdad verificada en su inexorable potencia, en_ su_ ra~cahdad rad~·
cada, en la evidencia inmediata de sí mismo como mclm~c1ón de ~~tl•
miento. Es la irrequietud, la relatividad inmanente, la abaheda~, la hrutud
que se trasciende r,or exig&lt;&gt;ncias de la realidad que es y se impone por

sí misma.
EL

SENTIDO COML'N Y F.L DESEO NATURAL l&gt;B SABER

Cualquier tentación psicologista de entender el principio Y fundamento
eda radicalmente superada por Balmes desde el primer momento. ~u~stro
:ósofo percibe como sentimiento fundamental la inclinac_ión. de ~ent1m1ento
a "verdades", prescindiendo de las verdades a las que la mc~mac1ón nos conesas verdades.
d uce, Y negan do que sea la inclinación la que haga· surglr
li nac1'6n natu ra1 d e
a
a
solas
con
el
sentido
común
como
me
Balmes se qued
· · ·
f
' ·tu para descubrir en él por profundidades, el pnnc1p10 y unnues tro espm ,
'
.
en su 1 od amen to. Ah ora bien, Jo diga o no Balmes, una cosa es. evidente
• •
f d
t
sofía: la inclinación natural de nuestro espíritu como pnnc1p10 y un am~ o
verdad de la filo•
d e 1a ver d ad en filosofía es primera, primordial y suprema• clin
., dl
'
sofía. La filosofía se funda en una irresistible y universal m ac1on e esp1.
.: .. a la verdad a una verdad, o a unas verdades con las que la
ntu a asenLU
,
.
.
•
•ali
inclinación del espíritu del hombre satisfaga su exigenc1a sm mate1: zarse,
el hombre as1ente ha
defrau d arse, engafuuse O anularse. La verdad a la que
.
b'
da
de revalidar la inclinación natural que el hombre siente por su usque ,

n

. 'd • argumental merece citación explícita la de Ramón Roquer. Nosotros
coinc1 en era
·
.
b·
hemos ensayado una interpretación actualizante, dando lo escrito por otros por sa 1-

hasta tal punto que una verdad que invalide esa inclinaci6n, o la depaupere,
no será una verdad, sino una apariencia de verdad, o una verdad alucinante
o alucinada. Desde Juego no será una verdad primaria fundamental.

LA

VERDAD FUNDAMENTAL FUNDANTE

Balmes no se ha contentado con exponer su doctrina encerrándose en el
silencio claustral de sus meditaciones especulativas, en soliloquio intelectual,
sino que ha llegado a esta conclusi6n después de un recorrido histórico. Cuando
en el análisis de este discurso Balmes insiste en matenerse fiel a la espontaneidad del género humano, no lo hace por un descrédito hacia la historia
de la fiJosofía, como si la filosofía labrara con la historia su mausoleo sino
'
como testimonio de que el filosofar supone una perfectibilidad variable, ardua,
y desnivelada a veces, del ejercicio natural e instintivo del espíritu humano.
No infravalora Balmes la investigaci6n técnica de la filosofía, sino que la
humaniza enraizándola en la naturaleza humana. Con otras palabras: la
filosofía es resolver en evidencias intelectuales personales, las verdades innegables en las que se está, por el mero hecho de existir humanamente. Si esas
verdades en que se está, no son las innegables del existir humano, sino acumulaciones históricas, o subsunciones culturales, o precipitaciones vulgares,
entonces la filosofía cumple su misión retrocediendo el análisis a la verdad
primaria. Es decir, desvolviendo la flecha al arco desde el que se dispar6.
Concretamente a la inclinaci6n humana natural de saber, como verdad fundam~tal fundante. Por eso el escepticismo como toma de posición relativa,
~fenda a esas acumulaciones históricas, subsunciones culturales o precipita•
oones vulgares, es virtud filosófica. Pero el excepticismo como negación o
duda del sentido común en cuanto inclinación y ley del espíritu humano,
no es s6lo la negación o duda de la verdad, es también la negación de la
filosofía misma como posibilidad. Balmes con su doctrina del sentido común
rectamente entendida como principio y fundamento, se presenta en la his-'
toria de la filosofía como el fil6sofo "sensato" por antonomasia, como el
"Doctor Humanus", que quería Pla y Deniel, como el cimentador de la
filosofía "perenne" sobre un principio humano perdurable, mientras el hombre sea considerado ser espiritual con capacidad viva vital de verdades. Balmes
-parecerá curioso pero así es- merece de la escolástica el más encendido
elogio, ya que en él cobra sentido filosófico que Santo Tomás de Aquino
pueda ser llamado en verdad "Doctor Communis".

do, no por relegado.

89
88

�EL PIUNCIPIO Y FUNDAMENTO, PROBLEMA INELUDIBLE

Es preciso observar, llegados a este punto, que Balmes se ha decidido por
su tesis, ante los fallos que advierte en los principios fundamentales enseñados por otros filósofos. En primer término, entiende que el principio y
fundamento ha sido el gran problema de los filósofos, obedeciendo el planteamiento de la cuestión a una exigencia de la realidad que implacablemente la
presenta, y a una instancia inexcusable que reclama el entendimiento. El
principio y fundamento en el orden de los seres, y en el orden intelectual
universal, se identifican en cuanto a la inexorabilidad de su instancia; y quiz.-í, -pero esta afirmación ya no es balmcsiana, la anterior sí ª- también en
un orden supremo de inteligibilidad. Siempre que algún filósofo respeta o
adivina lo que Balmes llamará el sentido común como principio supremo,
merece comprensión y aqui encía en la apreciación de nuestro autor: siempre que algún filósofo, por loado que sea en cuestiones determinadas, desecha
ese criterio, Balmes
ntreticne con fruición en disolver sus a.J'!!Umentaciones.
Así se comprende cómo dedica páginas de crítica justa e inmisericorde a Fichte,
a Schelling, o a Leibniz, y reconoce puntos luminosos -son .sus palabras 11en Kant, y motivos de acuerdo en Descartes. Puntos luminosos en Kant, porque el fil6sofo alemán se fija en el sujeto, sin destruir la objetividad en el
mundo interior, es decir, la objetividad c.-xigida por el mundo interior; acuerdo
en Descartes, interpretando su principio fundamental no como raciocinio o
entimema sino como sentimiento de mi pensamiento que me hace sabedor de

me~ológico seguido por Balm , pues recorre nueve capítulos de la Filoso/ia Fundamental hasta llegar al principio conclusivo del sentido común,
pero no parece aventurado señalar que s el sentido común como principio

Y fundamento el ~u: ~e orienta y presta armas para invalidar los otros. Si se
otorga a otros pnnc1p10s el carácter de supremos y fundamentales es porq
se fundan en la evidencia, y por ser evidentes son verdaderos. Ahora bie:c
~!mes no en_cuentra _en la evidencia un criterio supremo de la verdad obje~
bva de Jo e,1dente, smo en el irresistible instinto de la naturaleza d
·d
l
tal , .
e consi
erar
o
como
:
mstmto
que
es
previo
a
la
reflexión.
En
la
impo
'b'lid
d
d
,
.. ,
s11 a
_e pensar que se ongmana de no admitirse el principio: imposibilidad imposib~e en. el hombre. En la satisfacci6:i intelectual aeJ hombre al admitirlo;
satt'1Íacc16n connatural y cocsencial al espíritu humano.
Cualquier principio fundamental que no sea el instinto intefoctual nos revela_ lo que hay, o que algo se da, pero sólo el instinto intelectual es O se
da siendo. Este instinto intelectual es un becho con d'1c1onante
·
'
queramos
o
no, n~s _percate~os de ello o no, fundante de cualquier activid~, inclwo de
la act1V1dad m,~a de la conciencia intelectual. Este instinto intelectual es
un~ ley que ~bliga con irre i tibie impulso, pero no, por irresistible y neccs:mo, des~reciable en el orden moral. Tiene de instinto lo que tiene de p·ntual e intelectual · La neccs'd
· rsal'd
. . .
es 1
1 ªd , unive
I a d y ob1et1v1dad
del sentid
común_ le co~vierte
infalible. La ª'Plicaci6n de esta infalibilidad ued:
descu_b,erta s~ se advierte que no se amplía su contenido más allá d lq
perrrute y CXJge la consignación d 1 hecho.
e o que

~

mi existencia.'º
Es la no di tinción entre el espíritu y el pensamiento, el pensamiento como
es ncia del alma y la cscn~ia del alma como idfotica a su e.xistencia, lo que
atraía a Balmes. Es este encuentro del hombre consigo mismo en la raíz
piritual de sí mismo que es el pensamiento, lo certero que Balm · cree
de.c;cubrir en los trabajos idco16gicos impugnables de otros filósofos.

EL PRlNCIPlO Y FUNDAMENTO V LOS PRINCIPIO

Y AXIOMAS

Abra:zaclo por Balmcs el principio y fundamento, se sirve de él para descubrir la subordinaci6n que le deben otros principios que son considerados como
primarios. Ya sé que esta afirmación mía supone una rcversi6n cn el orden
• Fil. Fund., libro I, cap. IV; ( O. C. Ed. Casanovas, XVI, p. 45).
' Fil. Fm1d., libro I, cap. VII; (O. C. Ed. C:uano\18J, XVI, p. 70).
" Fil. Fund., libro I, cap. XVII; (O. C. E-d. Casanovas, XVI, p. 167).

90

EL PRINCIPIO y FUNDA fENTO y LAS VERDADES

El ~tido común, como principio y fundamento de la verdad y de la
filosof.1a, l;v:inta un problema acuciante y gravísimo de incaJculables conse
~uencias. nmero, parece que habrá ~ue afirmar que las realidades ue ~
él
l se fu~den no ostentan otra autenticidad que la que el espíritu h~man 0
es collSlcnta. .Segundo' que e1 espintu
, • h umano es la suprema realidad
trc
todas las realidades auténticas o presuntas. Convendrá sin
b
en
ceder con cautela
.
'
cm argo, pro,
. o es que no quepa afinnar la existencia de realidades
~as altas que la, ~el espíritu humano. AJ contrario. La peculiaridad condicionante ~el eSJ:&gt;1?~ humano depone en contra de su incondicionalidad
dela~a la Jm~s1b1lidad de ser concebido como espíritu absoluto El
y
~n:un denuncia la pcrfectfüilidad de la naturaleza humana com~
sci:i do
m trmseca esencial L
,
una vutu
. · .º que s1 parece seguro es que incluso esa realidad abso1
uta es cognoscible mtelectualmente -y me atrevería a deCI·r que también

tid

91

�moralmente- en el grado en que queda descrita e inscrita en la 6rbita del
sentido común. Si se separa de esa órbita, el hombre no obtiene de ella un
conocimiento humanamente fundado. Como también parece seguro que las
demás realidades son intelectualmente conocidas, en el grado en que reciben
la radioactividad del espíritu humano. Partiendo desde el núcleo del instinto
natural.
Al aceptar el sentido común como principio y fundamento de veracidad,
el conocimiento filosófico no es que luego agrande, o ensanche, ese campo
de verdades, sino que transporta a un plano de inteligibilidad superior las
verdades que se presentan como innegables e impone las rectificaciones que
la reflexión convence. Esta transposición y rectificaciones no prueban que
el instinto intelectual sea pobre o falaz, sino que muestran los límites de su
vigencia y efectividad, reducidos a los de puro testimonio vital y existencial
irrecusable; manifiestan el carácter de fundamento, cimiento y base indispensable no necesariamente el de semilla. Es principio, no causa; es fundamento
condicionante, no elemento concurrente; es un impulso natural irresistible
y obvio, no un camino tendido y prolongable. Estas peculiaridades acercan y
distinguen, a la par, al filósofo de Vich de otro pensador también sorprendente, Antonio Rosmini, que por las mismas fechas manejaba un hacha de
luz con análogas preocupaciones filosóficas y sociales, europeas y cristianas. 11

SENnDO COMÚN Y CONSE,NTIMlENTO UNIVERSAL

La distinción y diversidad radical que Balmes establece entre el sentido
común y el consentimiento común, nos ofrecen un testimonio elocuente de
la carga intelectual que deposita en su principio y fundamento. Señalar el
consentimiento general --en latín, con tentadora confusi6n, sensus communiscomo principio y fundamento de la verdad, es abrir una sima, en la que
Ja verdad queda no cimentada, sino sepultada.ª Precisamente el consentimiento común -si quiere aspirar a servir de criterio filosófico-- supone el
sentimiento individual, el testimonio de la conciencia personal, condicionante
Véase MuÑoz ALoNso: Antonio Rosmini, fil6so/o europeo, en O,b¡¡ Catholicus,
6, jumo, 1960, pp. 481-494. Sería interesante un estudio comparativo del "sen·
tido común" de l3almes y la "Fórmula" de Luis Vives, como "razón superior", como
anticipación informativa auténticamente humana. Quizás nos trajera la sorprei.a de
una constante en la Filosofía ellpañola, mantenida y prolongada por los filósofos catalanes, y desdeñada por la que se ha dado en llamar infundadamente "Escuela de
u

m,

Madrid".
,. Fil. Fund., libro l, cap. XXXIII; (O. C. Ed. Casanovas, XVI, p. 329).

92

de cualquier otro criterio. El consentimiento común sólo tiene valor en la medida en que se admita, como único primario, el sentido común; ya que es el
sentido común el que se identifica con el testimonio de la conciencia y con
e] de los sentidos, sin que por ello se otorgue a ]as particularidades "testimoniadas" valor prejuicial. Balmes, en unas frases con tono de aforismo
ha expresado lúcidamente su pensamiento y el alcance de su toma de posi~
ción. La garantía del acierto de cada uno no está --como creyó inexplicablemente Lamennais- en el consentimiento de la totalidad; sino que la razón
de que convienen todos es que cada uno se siente obligado a convenir. 13

SENTIDO COMÚN y FILOSOFÍA

El sentido común humano es equivalente a naturaleza espiritual en acción
si es que la voz misma ''naturaleza", en el sentido de rigurosa indetermina~
ción determinable en que aquí la usamos/' no comporta ya una tensión intrínseca y originaria operativa. La certeza es una calidad aneja a la vida
coro~ ~~idad radicante, como expresión natural de la persona y por eflo
el ~~c1pio y fundamento de la verdad para los hombres ha de ser una peculiandad de la naturaleza humana personal, previa a cualquier enunciación
concreta. El sentido común es la evidencia natural y la conciencia mmediata
de nuestra realidad espiritual, con las servidumbres de su individuación en
la materia. La reflexión sobre el sentido común no prueba, sino que comprueba; no demuestra, sino que muestra; revalida su razón de principio y
fundamento. La razón es, al fin y a la postre, una manifestación extensiva
del instinto intelectual, del hábito intelectual no aprendido. Podríamos decir
que en el mundo de la razón nos conocemos unos y otros, en el del sueño
nos desconocemos unos de otros, y en el del sentido común nos reconocemos todos.

Este reconocimiento, en virtud del sentido común como principio y fundamento, afecta a la filosofía en la raíz misma de su concepción. Es el
surco donde florecen las verdades primeras, donde cobran seguridad los primeros principios y los axiomas supremos. Si el sentido común como instinto
intelectual, corno trascendental del espíritu, es el criterio ineludible y cimentador, la filosofía es un patrimonio común del que sólo usan algunos
u Fil. Fund., libro I, cap. XXXIII (O. C. Casanovas, XVI, p. 331).

u Este
.
. d e la pa Iabra " naturaleza" ha sido puesto de manifiesto
. sen tido pnmar10
por. He.idegger: Von Wessen und Begriff der Arút6teles Physik B. 1 (Ed . "Il p ens1ero
· ",
Milán, 1960; de un manuscrito de Heidegger.

93

�hombres, y del que abusan otros al pretender que el filosofar comience adensando tinieblas, como si hubiera de proseguinc sólo cuando se incineran las
verdades elementales, sin las que el hombre no es ya una verdad, sino, si
acaso, una genialidad absurda. El sentido común no es una resoluci6n de
superficialidad, sino el primer documento humano de autenticidad. Hasta
tal punto resulta cierta esta apreciación que, partiendo de él, como del principio y fundamento, la razón pueda alcanzar cimas que parecían inaccesibles,
y descender a profundidades insospechadas, recorriendo unos itinerarios que
sólo muy pocos son capaces de escalar, por muy a mano que tenaan Ja
antorcha con la que hayan de alumbrarse, bien porque Jas sombras que esa
luz proyecta, o el tener que mantenerla siempre en alto, descansa, fatiga, o
aburre, bien porque entorpece otro género de actividad.
Cuando Balmes nos dice que no quiere estar reñido con la naturaleza, y
que si no puede ser filósofo, sin dejar de ser hombre, renuncia a la filosofía
y se queda con la humanidad,ª está avisándonos, en suave ironía parad6jica, que al decidirse por esta toma de posición está siendo fiel a la vocaci6n
filosófica, renunciando. eso sí, al filosofismo como profesión de oscuridades.

"TAMBIÉN AQUÍ HAY DIOSES"

te .1U \·isíta al penMdo
... r, cosas que -por lo menos durante algú ti
d
tena para una entretcnid ch la Lo5
.
n empo- en ma•
.
ar ·
cittranJeros que quieren visitar al pensador es1
~ran ver o q.~ en el preciso momento en que -hundido en profunda medit.aci ,
piensa. Los v1s1tantCl quieren "vi\ir" esto, no para ser tocad
. onpara poder decir que han ,;sto y oído a alguien del cual a : :
cs6llpensard~ amo s6lo
un pensador.
•
,
o se 1cc que es

ª

En vez de &lt;'ato c-ncuentran los curiosos a Heráclito cerca d
un lugar cotidiano e insignificante. Es cieno q
ah'
e un horno de pan. Este
cli
al .
ue
J se cuece el pan . pero He á
to,
pie del horno, ni siquiera esti ocuoado en home.ar el pan. Está aru', , .
r •
te para cal t
y as1, muestra en ese lugar tan trivial toda la
umcamene.n ane.
ch d
.
La visión de un pensador con frío es
. ~
. estre ez e au vtda.
nante visión pierden de •
di
m ercsante. Lo, cunosos, con esta desilus.io•
inme ato ..u ganas de acercane mis Q ~
Este acontrcimicnto cotidiano Y sin gracia --e,
., que al gwen
. sienta
. . ¿ frío
u van
y sea ver t alll?
cerca ~e un horno- pue~e encontr.:irlo cualquiera Y a cualquiera hora en
en~a
casa. ,Para qu~ entonces ir a bll5Clr a un penMdor? Lo . .
.
u propia
· H ácl.
·
s vmtantes se disponen
tir. . er ,to percibe la desilmionada e unoSJ1.1&amp;
. ._._d en sus caras Reco
a par1
multitud basta la ausencia de una sensación esperada ara dete. .
n.occ q~c en a
a los r ciw llegados a \·olverse. Por eso los anima p . . ~ inmediatamente
con las palabras "También aqw hay dioses".
• Los mvJta «pecialmentc a entrar
CJ

,.:°

;nan

Esta, palabras colocan la "estancia" dd pcruad
.
tantes enten&lt;lieron estas palabras .
d.
or y su actuar a otra luz. S1 los visimme 1atamente -o
·
u
Y vieron entonces todo distinto a esta
aun 11• egaron a entendedasetta historia haya sido contada Y tr:.~uz~so no lo dice el relato, Pero el que
e~ q ur. lo qu relata proviene de la atmósfera d tn ;osotrosd-gente de hoy~ estriba
bufo aqu1" al pie del horno en este 1
1 e es pe.osa or _Y lo caractcnza "tamcia, todo actuar y pensar ;,
vu gar, do nd e todo 0 bJcto Y toda circurutan.
.
• n conOCI...,,, Y usuales esto es•
(
il
. .
sm peligro • normal) también aqut'
el ámb. , .
. seguro tranqu o • intimo
,
'
, en
1to de lo seg
(D
·
dad segun Plat6n y Carta sobre •l H
.
U .
uro.
octnna d• la verumanismo. nivcrsidad de Chile S F
22 1 ; la ,·enión es de Wagner de~ Reyna).
• · ·• pp. 219-

-~!:11'

A quienes e~te principio y fundamento de Balmes les siga par tiendo prefilosófico. cuando no afilos6fico, quizás pueda valerles la respuesta dada por
Heráclito a aquellos visitantes, sorprendidos y desilusionados de encontrarle
calentándose en un homo de pan: "También aquí hay dioses". También
aquí, y precisalJlente porque los hay aquí, cabe encontrarlos en otros raciocinios y discursos. 10 Con la notable diferencia de. que Balmes, al pie del
homo, está ocupado en hornear el pan de la verdad.
" Fil. Fund., libro I, rap. XXXIV (O. C. Ed. Casanovas, XVI, p. 347).
'" La historia la cuenta Aristótcks y la comenta muy agudamente Heidegger en
su Carla sobre el Humanismo. 'o no resistimos a transcribirla: ''De Heráclito JC
cuentan unaJ palabra! que habría dicho a unos extranjeros deseosos de ser recibjdos
por él. Al acercarse lo vieron calentándose cerca de un horno. Se detuvieron sorprendidos, ')' esto sobre todo porque fl les infundió valor -a ellos, los indeciSO!- hariéndol~ entrar con estas palabras: 'Tambifo aqu1 hay dioses'".
El relato habla por sí mismo; pero, no obstante, hay algunos aspecto que destacar.
La multitud de visitantes extranjeros -en su impertinente curiosidad por el pensador- está desilusionada y d~oncertada al ver, en el primer momento, lo que &amp;te e tá haci •ndo. Cree deber encontrar al pensador en condiciones que, contra la
usual manera de vivir de los hombres, lleven todos los rasgos de lo excepcional, de
lo raro, y. por consigufrote, de lo sensacional. La multitud espera encontrar, duran- '

94

95

�LA FENOMENOLOG1A DE LA CARICIA Y DE LA MUERTE EN
JOSÉ GAOS
DR. .AI.AIN GUY
Univers.ité de Toulowe
"Il ne faut pa.s dire que nous nous
af/irmons tels que nous sommes, mais,
au contraire, que nous sommes tels qu,
nous nous affirmons''.

JULES

LACHELIE.R

(Psychologie et métaphysique, Oeuures, I, p . 217)

NADm IGNORA LA GRAN INFLUENCIA ejercida en toda la Hispanidad por el
pensamiento complejo y matizado del filósofo José Gaos, el antiguo Rector
de la Universidad de Madrid durante la Segunda República Española que
es ahora profesor titular de la Universidad Nacional Autónoma de México;
como se ha dicho del desaparecido Vascoocelos, es, en verdad, uno de los
"maestros de la juventud de la América Latina"; es también un sincero
amigo de Francia y yo quisiera, en estas pocas páginas, pagar un poco de
la deuda de amistad que con él he contraído personalmente, como aficiona.
do del pensamiento de lengua hispánica.
Todos saben que este gran historiador de la filosofia (al cual se debe notoriamente la traducción de lS'ein und Zeit de Heidegger y de la Jntroduction a l'Ontologie de Lavelle), que escribe en numerosas revistas iberoamericanas y europeas, pronuncia frecuentes conferencias y participa en numerosos congresos, es el autor de obras profundas y copiosas, señaladas por una
poderosa originalidad y u.na vasta y generosa cultura universal. Basta citar,
entre otras, La crítica del psicologismo en Husserl; Filosofía de la filosofía
e Historia de la filosofía; Dos ideas de la filosofía (una interesante controversia con el neokantiano, Director de la Facultad de Filosofía y Letras de
México, Francisco Larroyo) ; Dos exclusivas del hombre: la mano y el tiem-

97
H7

�po¡ La filosofía de Maimónid s; El pensamirnto hispanoamerirano¡ El pen•
samiento de lt:1Jgua española (magnífico ensayo de interpretación de una
inmensa área cultural, .seguido de notables análisis de filésofos hi~pánicos
contemporáneos) ; En torno de la filosofía mexicana; Filosofía mexicana de

nuestros días; Un método para resolver los problemas de nuestro tien~po.
1A filosofía del pro/esor Northrop ,· Antología fílosófica. La filosofía gnega

mentada, c.xtraña a todo dogmatismo, y que parecen reunir en prioridad el
problema del destino espiritual y el de la vida perdurable...

•
Ocupémono p~mcro de la turbadora meditación de la caricia que encubre Do.r xcfu~i·as del hombre. La mano y el tiempo (México, Fondo de
~ult~ra Econo~1c::a, 1945). Según el filósofo iberoamericano, los dos pri\.1.lcgi~s caractensticos de la humanidad son la mano y el tiempo. ~uestra
erecc16~ sobre el suelo nos ha elevado definitivamente bre el animal; Ja.s
trcm1dades de nuc·tro miembros anteriores, que eran primitivamente patas, han llegado a ser manos. Ahora bien, como ha dicho Anaxáaoras el
hombre _piensa porque tiene una mano. Y la cultura de la ma~o0 nos' da
cuenta _f1.elmentc d toda la superioridad humana. Pero esta mano -que sir": d util para el obrero como para el actor ( recordemos las marionetas itah:mas d~ Podrecca) '. para el médico como para el sacerdote- alcanza, segun Jose Gaos, la cima de su \'ocación en el acto altamente humano de la
caricia.

( con una larga y sustancial introducción crítica). Más recientemente, han
aparecido Sobre Ortega )' Gasset y otros trabajos (de Francisco Romero a
Eugenio Jmaz o Luis R caséns Siches) y Discurso de filosofía y otros trabajos sobrr. la matrria ( tado a tual del idearium del maestro) .
Primero neokantiano, José Gaos no tardó en sufrir la intensa influencia
de Ortega y Gasset pasando así a la fenomenología. D spués la {recuenta•
ci6n de las Obras de Bergson, de Dilthey y de Heid~er, destruyó en él toda confianza en el ontologismo y en la axiología y lo condujo al raciovitalismo y al historicismo. Pero una tercera etapa de su reflexión le ha ~leva~o
ulterionnente a un agnosticismo relativista integral, donde ha descoto sin
compromiso las múltiples coordenadas, refugiándose en un ''personismo"
honesto y prudente, a medio camino del esencialismo y el existencialismo.
En un libro sugestivo, pero desiwal, titulado La crisis del historicismo: Caos
en Mascaroner, Jo ' ánchez Villaseñor d clara: "Como la mayoría d los
pensadores actuales, Gaos profesa la filosofía de la desesperación. Perdida l_a
fe en Dios y en la inteligencia, vaga e éptico y desilusionado por los canunos de la cultura sin esperanzas de encontrar una luz en el caos d opuestas
doctrinas". (México, Ed. Jus, l!H5, p. 140). Aunque contiene una buena
parte de exactitud tal juicio nos par ce sin embargo un poco exc ivo: el
pensamiento de José Gaos no es tan negativo como se pretende; sin duda su
itinerario lo ha conducido, por ahora, a una vi~i6n demasiado P' imista del
mundo; pero, a nuestra manera de ver, tomando la fónnula de Lcibrutz
relativa a la escolástica: "hay oro escondido" en esta tumultuo a mar'a de
ideas y de su1restiones crítica que constituye la obra del mac tro exilado y,
además, quién sabe si ha dicho su última palabra y ~¡ no ublimará, al contrario sus presentes incertidumbres doctrinales, para seguir el consejo dado por Wordswortb, de alcanzar esos finos campanarios que mejantes a

" fovimiento expresivo'' consiste, en substancia, en "pasar o deslizar suav_emenle la par~e interior de los dedos y la palma de /a mano por la superficie de u_11 obJ ·to" (p. 56) ¡ despierta el tacto más sutil y afecta a la vez
las scnsac1~nes ~te_1~as y las sensaciones internas del que acaricia; a pesar
d_e sus vanant&lt;' mfm1tas1 se trata de un movimiento unitario y bil'n caractenzado.

dedos, "pointed to Heaven" . ..
Para hacer ~tir precisamente hasta qué punto la especulación gaosiana
permanece abierta, receptora, y permite conjeturas obre sus futuros rum•
bos metafoicos, quisiera proporcionar aquí dos trows de la rica textura (sobre la caricia y sobre la muerte), que muestran c6mo Gaos tiende a reunir
el análisis fcnomenol6gico más escrupuloso con la gnoseología más ator-

La_ caricia se reconoce en notas específicas, que derivan de una tonalidad
cscnctal: "La suavidad del movimiento", su leit-motiv absolutamente indis..
pen~le. o se trata de apretar, sino más bien de ro?.ar. de de !izar in apoyar ni d~L~crse como lo ~1aría un torpe. ''Glissez, Mortels, n'appuyez pas!"
Los reqwS1tos de cal suavidad son enumerados y profundamente explicados
por José Gaos con una admirable maestría. Se necesita , en prun·er Jugar,

98

La caricia es "el más noble de los movimie11to.r de la mano, lo más noble
def todo
· 1 aquello de que la mano puede str su¡·eto" · (p • 49) • Es que, en este
0 icio, a mano es plcnament c!Ja misma; por ello, en fin se alza, d finitivame~~e sobre el uelo, para alcanzar el plano de la di Linción y de In altitud
espmtual; he ~uí por qué, in duda, empleamos de buena gana las palabras de la '6f am1ha del verbo "acariciar" en un sentido f 1'gurado, ya que haal
c~os usi n_ a las cosas _más delicadas y finas o a las actividades más pre~osas (por eJemplo, se dice que "se acaricia una idea, un deseo, una ilu.
si6n, una ~eranza"). Así corno el vuelo es lo propio del pájaro, la caricia
es lo propio del hombre.

99

�una cierta "morosidad"; el movimiento acariciante se retarda, sin ninguna
brusquedad; no deberá ser rápida, ya que, en este caso, apenas sería percibida por el interesado y no sería suficientemente asumida p&lt;&gt;r el agente;
su tempo tiene, pues, un paso suficientemente lento para alcanzar el "limen" de la conciencia. Además, y como por un correctivo de la nota precedente, la caricia debe ser "fugaz", es decir, no permanecer ~ tiempo,
sino más bien guardar el aspecto de algo fugitivo y momentáneo, casi desvaneciéndose e inestable; cada caricia debe ser breve, entrecortada, de manera que no fatigue, pero, al contrario, que suscite en aquel que es objeto
de ella el deseo de la reiteración; precisamente, tiende a la repetición sin
fin, a la insistencia perseverante, pero siempre ligera; es necesario interrumpirla, para p0der renovarla y prolongarla. Como escribe José Gaos, "la proverbialmente deplorada fugacidad de las caricias no se debe, pues, a la exigüedad de las superficies acariciadas. Es cierto que una frente, una mejilla,
una mano son superficies breves, pero la fugacidad de las caricias es requerimiento de la suavidad del acariciar. Un movimiento de la mano puede
mantene~ uniforme sobre una larga superficie, pero sólo si se pone una
atención, un esfuerzo especial, o todo lo contrario: si es un movimiento inconsciente: o poco menos, y automatizado, como el de quien baja una escalera deslizando la mano por un pasamanos corrido. Mas ambas notas se
opondrían a otras que debe reunir la caricia, como vamos a ver. La caricia
no requiere indispensablemente, en cambio, la repetición, la insistencia; se
puede hacer una sola caricia; pero tiende a la repetición, a la insistencia,
y la lentitud y la insistencia juntas producen el demorarse, la morosidad, en
el acariciar. Esta morosidad en el acariciar y la fugacidad de cada caricia
están en una relación a la vez de condicionamiento mutuo y de opo ición:
porque la fugacidad corta la caricia, porque hace las caricias entrecortadas,
se insiste en ellas, hay morosidad en el acariciar, mientras que, a la inversa,
esta morosidad corrige la fugacidad. Sin embargo, aun las caricias más morosas no son eternas, sino sentidas como espantosamente fueaccs rn conjunto. 'Fugaces caricias' es, pues, una expresión que subraya, no la normal fugacidad d cada carida, ni de todas las caricias, sino una anormal falta de
morosidad en el acariciar, o una anormal, extraordinaria fugacidad de un
conjunto de caricias, o figuradamente. el hecho de que unas caricias se hayan deslizado, y hasta demorado, en las superficies del cuerpo de una persona sin dejar reliquias ni huellas en su espíritu" (pp. 57-59). Así pues, la
caricia no va ni con la contención ni con la discontinuidad; supone una in-

tima y sabia mezcla de asiduidad y experiencia efímera.
La tercera nota de la caricia es su "suavidad"; esta suavidad es doble,
ya que se pide tanto a la mano que acaricia como a la superficie acariciada.

100

Se requiere, a su vez, la "lisura" y la "blandura" Un
11
vendría
,
,
·
mano ca osa no con. .
' porque raspana, harta daño, al menos irritaría la . I•
,
indirectamente el problem
• 1. .
.
pie , Y aqw surge
de su legítimo derecho d a soc1~: é ~ proletano manual no está frustrado
el privilegiado y el ociosoed:canc1ar J~ntegralmente y como se debe? ¿ Solos,
.
manos isas y blancas acaparan esta
aa superior de la mano amante;,. Nuestro autor no plantea aq ,consecuenl' .
mente la cuestión. pero volverá a ello
,
.
u1 exp ,c1t.ala cultura de Ja '
p
un poco mas adelante, a propósito de
mano.
. "hºtrsuta" no puede
ser d bºd
· · or otra parte' una supe re·icie
e I amente acanCJada · "no p d
..
llo" (p 59) s·
. , .. ue en acanc1arse las cerdas de un cepite 1 .
• i ~ qmere acanc1ar los cabellos es necesario extenderlos o
ner os en una rrusma dirección ...

ª

En cuarto lugar ";ene la •·adaptación" d I
J
ciada. Esta ada ta ·6
•
e ª mano ª ª superficie acarinada de la man: Cl n , e.,age, en consecuencia, una "disposición'' detenniy, rec1procamente, una "forma'' dete . d d di b
perficie. En una palabra hay una relació
h
nruna a e e a su.. , d
'
o estrec a entre la actitud o la
SJc1on e la mano y la situación o la estructura de lo qu
. . "Ded popalma h d
e acanaa
os y
.
an e ponerse extendidos, pero no del todo sino
..
cavidad que se ad t
,
en una cierta conEn f
ap e a 1a convexidad de la superficie acariciada" ( 60)
e ecto, no se puede acariciar nada cóncavo
p.
.
replegar los dedos hacia atrás.
, ya que la mano no puede
Una nota
· y humoral interviene enseguida. es la
"tibieza"
p d naturaleza
. . - té nmca
• ara acanc1ar la mano
la
...,...r: .
. .
·
un rad
I T
,
.
y
sut"".. 1c1e acariciada deben poseer
gd"
o
ca on ico y humoral intermediario entre la 4' quedad" )' la ''b
d
m a . o se requiere ni d
· ·
ºd
u~álisis de lo "viscoso", en
~~
~d {recué_rdese ,el pertinente
as, como el u
"
.,
.. ' e Sartre, el fr10 se excluye
no ya a una~err;a;:;,:Ouego. ¿Qmen aca_ric1aría a un lagarto, a una ran~
lor moderado ~na ca.. ~P- af6~ )b.radaSeOe&lt;:'CS1ta pues una cierta tibieza, un ca.
•
nc1a
te
, una cancia
.. enferma
o malsan
.
' quemante, . na
a, anormal. S1 se acaricia la f rcnte febril d
porque se runa su estado afiebrado, sino al cont . e un cnfenn_o_. no es
rarlo y tranquilizarlo E
. . rano, porque se qu1s1cra cu.
. n cuanto a una carioa fría o fr .
senudo O una contrad· .6
.
e.sea. es un contraat rroriza al
b_1cc1 n en los términos; toda caricia glacial aleja o
to, la qu es!uea :':ateto de_ ella. La t mpcratura óptima es a este respec, .
o camino ntrc los dos extremos.
En últtmo
lugar,
la
caricia requiere a la vez una complexión de la ma, d"
no -una ' istinci6n" que le permite cum 1'
.,
ta "cultura" de esta mano ta
.
pd tr su tarea y tamb1en una ciern ncamentc otada p
t na ascensión al r ino humano (po
.. , . l ar~ este m, se necC'Sita
r opos1c1on a remo animal )
1
d
seno el estadio humano ' s requin " un a mano mancipada in ¡ y, en
e
d la
ma Id icién d I tra.bajo'' (p· 63 ) ' g07an d de un desahogo suficiente
cuso e
y quizá

L'~:7:t ~~:::

r

°

101

,

�de la ociosidad. Para acariciar, la mano nece! ita ser refinada, educada, afinada, cuidada, en una palabra· hay, al parecer, oposición entre el trabajo físico y la caricia; el negotium (como decia León Brunschvicg) es incompatible con la plena ci ilizaci6n; sólo, el otium permite llegar al estado supremo del hombre superior; el trabajo parece antagónico a la facultad de acariciar. . . En el hombre librado de toda alienación, no solamente la &lt;' ·tremidad inferior d 1 animal se ha transformado en extremidad superior, sino
qu ha llegado a ser la de un hombr plenamente libre, a diferencia del
Entfrr.mdung qu pesa sobre el esclavo o sobre el A.rbeiter del que habla tan
ju tament
far.·. " 10 es Jimplementr. que. la mano pu,de acariciar, sino
que: es la posibilidad de acariciar lo qllC hact, lo que crea la mano" (p. 63).
José Gao se ocupa en guida de las diversas especies de caricia y sobre
todo de los div rsos fines que puede tratar de alca01.ar. Según él,
acaricia sea cosas (por ejemplo, ciertos escritores acarician devotamente sus manuscritos), sea animales (¿hay que 1ccordar a Colette y sus gatos?), sea
personas ( caso el más general). En cuanto a los íines, e posible di~tinguir
seis especies de ellos. En ciertos caso , la caricia tiende a calmar a un enfermo, a una persona afiebrada o aun colérica; se le pasa, en efecto, la mano
sobre la frente, tratando de tranquilizarlo. En otros casos se trata de consolar a un afligido; Por to se desliza la mano sobr las mejillas del que
llora, o se ''coge" su barbilla en el hueco de la mano. También cuando se
quiere implorar; tal es la actitud en la llíaila (Canto • 'XIV, 465) del viejo Príamo, suplicando a quil s le devuelva el cuerpo de su hijo Héctor y
tomando en sus manos us rodillas para inclinarlo a ello; se necesita, aquí
que Príamo sienta un mínimo de ternura por Aquiles, joven como lo era
antes su hijo; en una palabra,
indi pensable que haya simpatía entre el
suplicante y el suplicado. casi en el sentido de Max cheler -es decir. una
participación afectiva- o, al menos, en el sentido de Tol toi en Señor y
siervo o en La muerte de Ivá11 llilch; esto requiere una reciprocidad de
S&lt;'ntimiento , una correspondencia de sensibilidad. En cuarto lu ar, se acaricia para expresar -y sobre todo para provocar- la afección y el amor;
es la finalidad má común de ese poderoso movimiento rcprcs ntativo de
la humanidad más evolucionada; es lo que se con tata en los amantes o en
la madre acariciando a su hijo; y la etimolo~ía hispana permite además
acercar las palabras caricia y cariño; se acaricia lo que nos es "caro"; aun
e puede acariciar con la sola intención de procurarse un placer a sí mismo,
por un hedonismo espontáneo o reflexionado, y también con la de procurar
a su compañero una voluptuosidad del mismo orden. En fin, en ciertas almas bajas, la caricia tiene por fin engañar al otro y forzar así un servicio, un favor, una ventaja cualquiera; tal es la falsa caricia de los adulado-

res interesados;
es fundamentalrn en t e contra natur.1
.
• .
d o llllSDlo de la expresi6n no al f I
d
.. _, pues mvierte el senti.,
rm • a sean o el Juego d 1 ·
c1on de las r~
nPrsonas . Teru·da cuenta de esta pe
. , e1 afi mtercomunica.
de la caricia no es menos el d
d , 1
rv~1on, a mahdad general
irad
.
on e s1, e amor desmteresad
f
.
P
o por la a piración a la unidad hum
, .
.º Y ratemal, msdiversas. Esta raíz común n . "d d ~ ~ cosnuca baJo sus formas más
.
o unp1 e e nmgun mod 0 1 •
•
parucu.larc hic et nunc.
as mtenc1onalidades
Dcspu'e d e to r·mo análisis fenomeno16 ·cos J ,
blema de conjunto de la naturaleza 1 •gi .. , ~ Gaos plantea el procia. A los ojos del amn f1'l6sof
dy ·1ª- srgni/icaci6n profunda de la cari"d
º
o ma n eno la
. .
ti os del contacto (tocar gustar 1
,
~1cia pertenece a los senejercen a distancia (vist_a, 'd ) , o er~, por opo ic16n a los sentidos que se
, 01 0 ; en etecto d
d d 1
nudo dicho "explorador" p
• epen e e tocar activo a me.
• ero va más allá d 1 ·
'
sentidos funcionando a distancia. De hecho
e situarse en el plano de los
lo que se interpone vo1untariamcnt
e1' redpresenta en suma un obstácue entre
eseo v la
·'
retrao;o uevado libr mente al placer ue
.
~ posesion, es decir un
un dejar para después de un
1 ~6 ~ qm~re obt ner del otro; se trata de
,
a re ao n mtenc1 n l d l
.
tras q•~e el animal
derecho al coito I o a e a uru6n sexual. Mienlargo llempo. As1 e manifestaba en la
puede esperar y diferirlo
trovador y de los caballero C
1
•.
celia •I amor corte ano de los
· on a canc1a nace ¡ ·
· "d
dad , f'I senúmicnto de la d 1· ad
a mtenon ad, la intimi.
e lC eza y de la ret
·6
enudo propio y noble del térm"
y en una obseenci, n,
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103

102

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Este amor espmtual

!04

ditación de José Gaos diciendo que la caricia, hija del pudor, constituye la
traducción espontánea de nuestro respeto hacia los Valores que representa
el ~r amado, lejo de reducirse a un placer vano y fugaz que se tomaría por
sí solo. A la inversa de Sartre, que defme el amor
ual por la lucha sin
gracia y el deseo de poseer y de triunfar, José Gaos ve aquí ( en el fondo,
es verdad) una infinidad de ternura y reserva; apoyándose, de nuevo, sobre la etimología, opone los verbos "coger" y "acoger"; la mano no puede
acariciar sino guardando la posición cóncava, con la cual "acoge" el objeto
amado, en lugar de imponerse brutalmente como un conquistador; se trata
aquí de un acceso a la interioridad espiritual, es decir a la auténtica interioridad. De hecho, las cosas, los seres no-vivientes, no tienen realmente interioridad: es con la vida, es decir con el individuo, que comienza la interioridad, es decir la psique; pero los animales no conocen la interioridad completa, a saber: "la intimidad", toda e piritual, privilegio d 1 alma, de la persona, en una palabra del hombre. "La caricia es intimidad entre personas
como tales" (p. 79).
Esta intimidad, signo irrecusable del espíritu, no es una penetración material, sino más bien una "compt'nctración". un dulce cambio de ternura,
una intuición compartida, análoga diríamos a la Einfühlun({ de Lipps. Mientras que el amor simplemente sexual tiende a la unión camal, el amor matizado del que acaricia renuncia a la posesión y responde "al desinterés, dominio de sí, co11tención en si, continencia" (p. 80). En este sentido, la caricia es esencialmente púdica r no lúbrica: pero como lo señala José Gaos,
guarda siempre alguna ambivalencia, porque tiene, por una parte, tendencia a sobrepasar los límites normalmente impartidos a toda p rsona y porque, por otra parte, prueba también en pennancncia una vacilación fundamental y una o cilación que la mantiene retenida, trémula y temerosa. ccEn
toda caricia hay, en suma, un movimiento de tendencia hacia el objeto y
de retracción desde 'l. de entre~a ,, reserva, material y espiritualmente. Es
el movimiento que expresa con la mayor fidelidad. la repetición, Ja insistericia a que tiende toda caricia. La r petición, la insistencia, con su df'morarsc, con su morosidad, contribuye al ahondamiento, al intimar. y traduce lo
vacilante, insinuante, oscilante, reiterativo de todo trcmular, de toda timide1., de todo pudor'' (p. 82).
Gaston Bachelard pretende que el amor humano es un calorimo ( La
psychanalyse du feu); Jo é Gaos estaría más bien de acuerdo en que sólo
la uni6n corporal exige una fu ión de dos calores de parte de los amantes,
mientras que la caricia, símbolo y expresión de la unión de los corazones,
exige más bien "la fusión de las tibiezas" (p. 84) porque el espíritu, qu es
inmaterial y volátil, se funde en el del otro a temperaturas moderadas; ¿no

105

�es, por otra parte, "ferviente'' por naturaleza y no posee, ademási su calor
propio?
Entrando pues en el terreno de la caracterología, el maestro exilado trata de clasificar bajo el ángulo de la caricia los variados tipos de h~n_ibres.
Discierne primero las variantes cuantitativas: hay personas que acanci~ a
a menudo, otras que acarician poco, otras aún que absolutamente repudian
toda caricia (sin duda las que menos tienen condición humana). Reconoce
igualmente variaciones cualitativas: hay los que acarician poco p_o~ue están preocupados sobre todo por el amor carnal· hay los que acanctan _mucho, pero por mentira, a fin de obtener lo que desean se11.-ualmente, s~~ulando una ternura que de ninguna manera sienten; hay los que acanc1an
poco, porque se limitan a elaborar teorías sobre la caricia, c?~placiéndose
en ello, como grandes imaginativos que son; los seres más acanc1ados son las
mujeres y los niños, quizá porque son más humanos aún qu~ los hombres
y los adultos (¿es necesario recordar que Au~ste _?omt~ ~log1ab~ c~~ efusión "el sexo afectivo", en el cual veía la real1zacion misma del espmtu?) •
Para terminar, Gaos busca el "sentido último" de la caricia. "La caricia
-proclama- está hecha para la carne" (p. 99); se refiere a que_ sólo la
carne reúne las condiciones requeridas por ella de parte de su obJeto; en
resumen, debe decirse también que "la carne está hecha para la caricia".
Sin embargo, no se trata de cualquier carne, sino selectivamente de la carne "viviente", animada por el soplo del espíritu, la de los seres humanos. Haciendo de nuevo un llamado a la filología, el filósofo exilado relaciona la
palabra "carne" a las palabras "cariño" y "caricia", proviniendo todas del
objetivo latino "cams", querido, amado. Todas las cualidades específicas de
la caricia se resumen en una sola: ser tierna y, precisamente, el amor que
traduce la caricia es el amor de la ternura ( p. 101). El análisis de esta "ternura" está lleno de enseñanzas; su cimiento biológico es singulannente interesante: la came viva es tierna y suave por excelencia: sólo la rigidez
cadavérica viene a endurecerla, contra natura; normalmente, esta carne viva está dotada de una mezcla típica de dulzor y firmeza (o de consistencia, de turgencia) ; no es sólo del cuerpo femenino -forma acabada si la
hay- que Fran~ois Villon pudo decir:

Corps feminin qui tant es tendre,
Poli, souef si précieux . ..
Sin embargo, parece que es en el campo humano donde la delicadeza de
la came llega a su grado más elevado, gracias a la bondad de la cultura,
obrera de la suavidad. "La ternura es ese amor que renuncia a lastimar lo

106

tie~o de la carne, manteniéndose en esa suspensión inestable y deliciosa, dcliquwsa, entre la TE N o E N e I A hacia lo amado, esencial a todo amor, y la
n ET EN e 1 ó N ante lo tierno, esencial a este amor" (p. 101). Así la "fenomenología de la caricia" nos introduce en el umbral mismo de la "fenomenología del cariño" y de la ternura (p. 102).
Entreabriendo todavía sus perspectivas, José Gaos propone en fin toda
una filosofía fundada sobre este esquema luminoso de la caricia. Según él,
se pueden clasificar las diversas situaciones de seres en tres grandes etapas.
Al principio --o, sj se prefiere, en lo más bajo de la escala- está el contacto entre los objetos; tal es la rudimentaria "coexistencia de las cosas materiales". Más alto, viene el tocar del objeto por el sujeto. Tal es La "coexistencia de los seres vivos·•; sin duda continúa ésta sujetándose por el contacto, pero comienza a realizarse, además, por "las expresiones de contacto
y a distancia". En fin, es en la "coexistencia humana" donde dominan esta
vez las expresiones a distancia. Gracias a la vista y al oído el hombre se
limita a "contemplar'' de lejos el objeto, sin apropiárselo. Aq~í se afoma el
espíritu que toma sus distancias ante la carne. ''A la distanciaci6n material
del órgano del sentido respecto del objeto corresponde una distanciación espiritual del sujeto respecto del objeto y respecto de su propio cuerpo, carne" (p. 103).
En las emocionantes páginas de su Filosofía de la Filosofía e Historia de
la Filosofla (Ed. Stylo, México, 1947), José Gaos examina, no la muerte
en general, la muerte del universo cósmico o humano, "la muerte de todos", que no es sino un fenómeno anónimo y puramente científico, sino ]a
muerte de ca~a uno de nosotros, tomada en particular, es decir la muerte
que nos conoeme personalmente en nuestra individualidad irremplazable.
¿ Cómo "vivimos nuestra muerte"? -tal es, en efecto, la cuestión: se trata
de saber có~o as~~os a la vez la idea y la realidad de la muerte, y no
solamente como mor1IDos nuestra muerte", ya que "morir la muerte" es
únicamente "el momento y la forma suprema de vivir la muerte" (p. 151) .
Bajo el f~o escalpelo del maestro, el análisis revela dos vías que se encuentran, baJo este ángulo principalmente, en radical oposición: Ja del cat?lico y la del inma~entista. El católico integral vive en la continua presenCla de la muert~ rruentras que el inmanentista en el estado puro vive en su
perpetua ausencia. La prueba de la sinceridad de las creencias religiosas es
sin duda alguna, ésta. "Parece que no haya, incluso que no pueda liabe;
vida humana, ni siquiera vida en general, en ausencia absoluta de la muerte. . . pero no todas las vjdas humanas -para prescindir de las no humanas, cosa forzosa _al menos por hoy- son vidas igualmente en presencia de
la muerte. Hay vidas en que la muerte está presente exclusivamente por su

107

�propia virtud, por decirlo así, por la naturaleza d~ las cosas, por la estru~ti.1ra de la vida, a la que sería inherente la presencia de la ~uerte. Hay vid~
en que Ja presencia de la muerte sobrevive por ~breverur la ~uerte tntSma, ajena, 0 el peligro a la inminencia de la propia. Pero ha: .vidas en que
la muerte está presente por un esfuerzo de la voluntad del ~1v1ente p~r .hacerse la muerte presente constantemente. Vida de esta especie no es umcamente la católica, pero la católica lo es con la eminencia qu~ vamos a ver"
(pp. 151-152). En consecuencia, la paralela entre las dos _acti~des tan c~ntrastadas va a ser llevada resueltamente por el autor de Filoso/ ia de la Filosofía e Historia de la Filosofía, que parece t.ener ~na ,~o~talgia del etos católico en el cual fue educado durante su mfanc1a. Dune, pues ~celara-, hasta qué punto vives o no en la presencia de la ~uerte, y te ~ue ~asta qué punto eres o no católico, no sólo en el fo~~o radica~ de ~ vida, smo
en el total y plenario despliegue de ella -o catolico corr01do mas o menos
por el contagio del inmanentismo de tu medio" (p. 152).
El hecho es que después de Descartes y el advenimiento del esp~tu m,odemo, el tema de la muerte ha desaparecido gener~lmente de la ftlosofia,
de la literatura y de la vida corriente; se la ha conSiderado como una co~
sobfe la que más valdría callarse. El existencialismo -notoriamente e.l ~e Heidegger- ha actuado indudablemente contr~ :sto, pe~ con un .pesun1smo y
una melancolía que recuerda la de los ep1cureos, rruentras que ~ el catolicismo la visión de la muerte se quiere optimista y serena gracias a un
' la angustia por medio de la fe y de lo sobrenatura1: "l
sobrepasar
e c~tolicismo llega al deseo, al afán, al anhelo de morir, al desvivirse por monr, al
muero porque no muero" ( p. 154) ; basta con recordar a Santa Teresa ?e
Jesús y a todos los grandes ascetas y místicos, para los cuales la muerte tiene verdaderamente "un nombre propio", que es el de cada uno de nosotros aunque no sea susceptible de ser transferida a otro, ya que cada uno
escl predestinado a ella en su irreductible idiosincr~ia; ~~ el límite, la
muerte "en olor de santidad" provoca una gran alegria espmtual en la comuni6n de los fieles.
Para el inmanentista, a la inversa, la muerte debe ser cuidadosamente olvidada y pasada bajo silencio -contrariamente al célebre "memento m~ri" de los Antiguos que lo legaron al cristianismo; no es más que "un accidente impersonal" (p. 155). Ahora bien, un accidente es cualqui~r c~sa
que sobreviene bruscamente o ~in razón justificada; ~~ inespe~ad~ e irracional. entre el accidente y el accidentado, no hay relac1on constttutwa o esencial'; no se es víctima de un accidente en virtud de s1.1 personalidad; todo accidente habría perfectamente podido no serlo, es decir que él es, en teoría,
intercambiable con no importa cuál otra persona. EJ capricho del azar rige
l08

al accidente, todo Jo contingente contemporáneo ha recaído sobre ese carácter imprevisible y absurdo del accidente, que es el tipo mismo de la impersonalidad. He aquí por qué, en la concepción inmanentista, la muerte jamás es esperada; hace irrupción, como una intrusa (¿no decía Jesús, como
un ladrón?); 110 está propiamente destinada a tal hombre más que a tal
otro; parece vaciada de toda finalidad personal; es una res nullius. La muerte cotidiana en nuestras ciudades llega a ser comparable a la muerte anónima y en serie de los soldados en la guerra; así no está integrada en la
trama de nuestra existencia de cada día, sino que aparece como un cuerpo extraño.
Al contrario, para el católico, la muerte está en la regla y el plan de Dios
y siempre es esperada con resignación: "no sobreviene. Más bien, va viniendo y acaba por llegar" (p. 158). Así se la considera como familiar (¿no la
esculpían los hombres medievales en las catedrales?); viene para terminar la
obra de personalización que todo cristiano debe cumplir piadosamente en
él mismo esperándola y confonnándose con el precepto divino: "velad y rogad". Es por lo que la muerte es esperada también por los padres y amigos
del moribundo "llamado al más alto servicio" ( como dicen los scouts) ; un
católico jamás puede morir solo; es rodeado de hecho por sus allegados, o,
invisiblemente (mediando la gracia del cuerpo místico), por toda la Iglesia,
militante, sufriente o triunfante. "La muerte del cat6lico es muerte esencialmente en compañía, y en compañía universal, esto es, cat6lica" (p. 159). Se
trata de una muerte comunitaria, lo mismo que todos los actos del catolicismo están a la vez marcados por el sello de la persona y de la ecclesia, s
decir de la asamblea de bautizados o de creyentes de corazón. En comparación, la muerte del inmanentista se cumple terriblemente solitaria...
José Gaos examina enseguida el lugar de la muerte. El católico muere sin
duda, dondequiera, como el no-católico. Pero su lugar normal de muerte es
su hogar y si él muere fuera, sus allegados hacen todo, en todos los casos,
para reconstruir alrededor de él la atmósfera de su hogar. "La tradición es
que el católico muera en su alcoba, rodeado de los suyas" (p. 160) , enmedio
de sus muebles y objetos habituales, en el seno mismo de su medio de vida
en el que ha ejercido su deber de estado. Tal fue. según la emotiva confidencia que nos hace, la muerte del abuelo materno del autor, en una atmósfera recogida y penumbrosa. Completamente a la inversa, el inmanentista muere en las clínicas o los hospitales, es decir en los establecimientos anónimos y
colectivos, donde toda característica personal es, por esencia, proscrita en
nombre de imperativos utilitarios e higiénicos; si el deceso ocurre en su casa y
aun en su cuarto, se puede estar seguro que éstos obedecen a los mismos
cánones de asepsia, de rigidez, de impersonalidad y de inhumanidad que las

109

�clínicas o los hospitales; antes bien, desde que la enfermedad se prolonga y
exaspera, se hacen desaparecer del living-room todos los muebles posibles,
con el propósito de hacer más prácticos los cuidados que deben darse al paciente. "Nada menos doméstico, menos hogareño, menos familiar, nada más
desnudo de envolvente afectividad, más frío, más desolado que esta muerte
entre paredes blancas, cristales brillantes, metales relucientes, batas limpias ..."
(p. 166).

Es necesario considerar también la hora de la muerte. Ciertamente, en una
primera aproximación, parece evidente que creyentes y agnósticos mueren a
toda hora; sin embargo, ~¡ se observa esto más de cerca, pronto se manifiesta
una diferencia. Es que "lac; horas de la vida humana no se diferencian tanto
por el tiempo externo a ellas, anterior y posterior, en que se insertan, cuanto
por las cosas de la uida que las llenan -o que las vacfan de contenido- porque hay horas vacías..." (p. 162). Esta justa observación de José Gaos nos
evoca los versos de Xavier Privas:
A qui sait aime:r les heures sont roses.

Si las rosas de la vida se definen esencialmente por lo que las llena, la
hora suprema de un católico auténtico será siempre fundamentalmente distinta de la de un inmancntista resuelto, aunque cronológicamente en el
tiempo objetivo "de los relojes" (como deda Bergson) vengan a coincidir.
Todo depende aquí del contenido. En esta sutil interpretación, los creyentes
mueren siempre a la misma hora: "A horas de vísperas" (p. 162): su jornada de honrado trabajo (es decir su existencia mortal) ha terminado, es el
momento de deponer el fondo y de calmarse esperando la dicha eterna: es
la hora del ángelus de la tarde, la hora "canónica", en la que la conciencia,
en paz después de la dura labor, el trabajador se retira a su casa, enmedio
de los suyos, con la satisfacción del deber cumplido, en espera de la gloria
del más allá· es también una hora acordada sobre el ciclo de la naturaleza,
'
ya que el católico
tiene hábitos de disciplina en función del curso de la luz;
se levanta temprano y se acuesta temprano. Al contrario, la hora de la muerte
para el inmanentista suena siempre en otro instante, desde el punto de vista
de su contenido: es siempre a la hora del alba, "la hora lívida de la madrugada que antecede a la rosada de la aurora·• (p. 167), es decir en suma en la
última hora de la noche, mientras apunta apenas un día todavía blanquecino.
Es la hora en que los noctámbulos agotados van a acostarse, o los grandes
enfermos se exasperan de insomnio, o la fatiga triunfa de los cuerpos y de las
al.mas. "El inmanentista muere de madrugada, trasnocha para morir'' (p.
167); sin ninguna alegria, aquí el hombre capitula frente a su fatiga y su
110

disgusto; teniendo costumbre de levantarse tarde y de acostarse tarde, se libra
sin esperanza en los brazos de Morfeo, ya que su vida le parece desprovista
de sentido y de toda dimensión de ultratumba. La muerte llega a ser entonces
un sin sentido, del que se quiere alejar la vista lo más posible, ya que se soporta
con desesperación.
El duelo presenta igualmente dos aspectos muy interesantes, según se vea
una u otra de estas dos grandes opciones. En el católico, el sepelio es público
y naturahnente solemne; oraciones, veladas fúnebres, misa de cuerpo presente,
cortejo segwdo a pie y con lentitud, ceremonia en la iglesia, cantos, inhumación ritual. "La muerte, pues, se exhibe, se hace presente a todos'' (p. 171). La
Iglesia trata de asociar a todo el mundo al duelo, y en este sentido puede
también comprenderse, creemos, el verso de John Donne:
No preguntes por quién doblan lar campanas, doblan por ti ...

El espectáculo de una santa sepultura es, para todos los asistentes, una
exhortación implícita a bien morir. A la inversa, en el inmanentista se escamotean al máximo los funerales; se participa al menor número de gentes y
todo se realiza con prisa; ni oraciones, ni cortejo a pie, ni capilla ardiente;
todo se confía a una empresa comercial de pompas fúnebres, que realiza lo
mejor que se pueda el anonimato. Nada de mortajas sino más bien la incineración o, al menos, al embalsamamiento, con el fin de "preservar a los sobrevivientes de la idea, o mejor, las imágenes, de una corrupción inmediata, anterior al plazo en que el recuerdo se haya debilitado lo bastante para que
tal idea o tales imágenes ya no surjan, o ya no ofendan" ( p. 176). Enseguida,
no hay ceremonia; se va al cementerio con prisa en automóvil y la inhumación
se realiza en el menor tiempo posible.
Asimismo, mientras que el católico cumple su duelo llevando vestidos negros y realizando un empobrecimiento general de la carne y de la riqueza mediante una reclusión a favor de la cual trata de mantenerse en unión de su
querido difunto por la oración y la meditación, viviendo ya por anticipación
su vida del más allá, el inmanentista reduce Jo más posible la ostentación de
su duelo; una cinta negra durante algunas semanas, es lo corriente; ningún
retiro tras las paredes de la casa; la vida cotidiana casi no se interrumpe y se
la reanuda lo más pronto posible; así es como se olvida rápidamente al difunto y que viudos y viudas, por ejemplo, se preocupan por "rehacer" su
vida mediante un nuevo matrimonio; bien entendido, el inmanentista no ora
por sus muertos, ya que piensa que éstos no existen ya. Así se produce un fenómeno nuevo hasta nuestros días: la ausencia de todo culto a los muertos o
de todo memorial a los ancestros. "La humanidad ha vivido tradicionalmente

111

�eonviv.meia con .rus mumos. .. 1lOIOtJOI tomOI UIIOI primelOI humanos vivimta ain manlos. Noeotroa ya no tmemos lo que nueatros antepasado, lla-

,a

maban 11.umos difalof# (p. 178). Maurice Bana elogiaba 1A tnu el 161
mollfs y todos conocen las páginas cBebres que c:ouagr6 al Dia de los Muertos,
el 2 de noviembre, en Lorraine (en .Amori et dolor, saenun); los agn6sticos
modernol, al contrario, recman este piadOIO recuerdo debido a los anc:estrol
y se contentan con vivir en el praente, con los 10loa vivientes de este "lacrimarum vaUis".
ve, pues, a ~ punto el homonte apiritual de las dos formas de vida
estudiadas es distinto. Mientras que para el cat6lico la muerte es esperada como una mensajera de la inmortalidad, que viene a completamos y que 1e
la acepta en nombre del Creador, en el inrnam:otista aparece como un escándalo, un accidente estúpido que viene a detener para siempre el desenvolvimiento de una personalidad para anonadarla defmitivamente. ¿ Quién
sabe lo que hubiera podido hacer de grande, exclama el moribundo, si yo
no hubiera muerto tan temprano? ¿Por qué, por otra parte, debo morir hoy,
como tal y tal otro? La muerte parece aqul un accidente, un alogos del cual
quisiera desembarazarse sobre la espalda del prójimo. . . Mientras que la intervención de la trascendencia aporta al creyente la convicción de la resurrección, la inmanencia integral mata todo germen de esperanza y, con a,
toda intimidad verdadera: "en la pura inmannacia no hay más que ligas
aceidentaler (p. 169); aun los que nos son más próximos llegan a ser profundamente extraños para nosotros. Tal es el pesado tributo que paga a
nuestra época escéptica y nihilista el hombre b'berado de las creencias tradicionales.

•
En una de sus más recientes obras, Juan Zaragüeta, el t.minente director
del Instituto Luis Vives de Filosofia de Madrid, escribió justamente: "se
impone adoptar como punto de partida del filosofar el de la vida humana,
de la vida de cada uno de nosotros no para ensimismarnos en ella, que no
deja de semos inmanente: la Naturaleza, la Sociedad, el Ser, Dios" (en Los
veinte temas que he cultivado, Madrid, 1958, C.S.I.C., p. 153). o nos corresponde, ciertamente, saber en qué medida José Gaos ha encontrado en el
análisis del ,yo y del nos esas grandes verdades humanas y divinas que confieren un aentido a la vida; pero, al menos, nos parece innegable que sus investigaciones siempre sinceras y arduas pueden abrimos la ruta de una realidad integral; testigo, su reciente estudio sobre el más allá (en el Discurso
de Filosofía, pp. 123-186), que nos introduce de toda buena fe en el umbral

112

del misterio. Si ea verdad, como lo ha obeeivado el excelente filósofo mexicano Agusdn Basave Femández del Valle (en "Humanital', 1961, No. 2, p.
19), que "el eros fib6fico es un vehemente amor de participar con el meollo
de nu~ penona en lo esencial de todos los entes posi"bles", se puede afirmar, sm temor, que José Gaos está animado de este eros que hace los grandes
s,ers y los mejores intuicionistas.
Traducción de

ALFONSO RANOEL

GUERRA

�LA NEGACIÓN
Sus poteMias y poderes
(en lógica formal, lógica de la razón vital y lógica dialéctica).
DR. JUAN DAVID GARCÍA. BACCA.
Universidad Central de Venezuela

Nv"a, nada, nadi,.-T,,s pa~
bras te"ibles, sobre todo la última.El hombre, sin embargo, se encara. co11
ellas y acaba perdiJndoks el mildo.
ANTONIO MACHADO

l.

NEGACIÓN

LA LÓGICA CLÁSICA -la de los, por antonomasia, clásicos griegos- distínguese de la lógica dialéctica -no clásica todavía, aunque pudiera llegar a
ser lógica de una "clase"-, en que o la negación nunca entró en firme ni en
las cosas ni en las proposiciones, o, si entró, el lógico clásico supo sacarse, bien
presto y limpiamente, tal espina de sus carnes, de su mente.
Se trata de una característica, de una entre varias; sólo que aquí no se
hablará sino de ésta.
Ya el simple enunciado, con ínfulas de principio: dos negaciones afirman
debiera hacemos sospechar que la negación nunca caló gran cosa en la afirmación. El principio de contradicción se encarga de mantener separadas ya
la primera afirmación y la primera negación. Es imposible que a lo mismo
convenga y no convenga lo mismo según lo mismo.
No domarás en esto al no ente: a que sea; o con otra versión, basada en
otra lectura de manuscritos:
No llegarás a ver que el no ente sea. Así Parménides.
Ser o no ser; Éurw .;¡ ovx lc1T:w, (Parménides}, no es tan sólo una disyunción; es ]a separación, necesariamente realizada, total e íntegra, entre ser

115

�tan Perfecta que de una parte ha quedado todo y sólo el ser, y lo
y no ser,
d
las cosas· de la otra, na ª·
que de ser tengan
;
. . ,
rif , tan de cuajo la nada que se
El ser (
se sacó de s1, el!IlllDo Y pu ico
le ha quedado fuera, hasta en palabra aparte.

º"')

' l
, •
ovx lcnw, µ17 e "'ª'• µ17

°"·

al ¡ nuestra de nada.
al b
N o se le Cundieron al gn'ego en una sola p . a ra, cut a e inoperante ne,,
, ) uedó fu era reducido a s1mp1e, ex ema
.
El no ( ovx, µ17 q
'
l
l , dirá inocentemente, con ro.res
.
y 1 l' · a guiada par ta onto ogia,
gac16n.
a ogic ,
. .
edid
r evidente-, de los que
de verdad y con el consentmuento -no p
o, Po
hablan según razón (.tóyos-),

el hombre es mortal, el hombre no es mortal
.
a negativa la otra, pese al conf.
cual modelos de proposiciones, a umat1va un '
..
.
a la íortenido de la primera: de desagradables recuerdos o previsiones' y
di d
del no de la segunda, de un no suelto e inafectante a es, y de un pr~, ca/
ma
,
' ver corroído hasta el tuétano por la negaeton, e
que deseanamos, eso s1,
..
firm
diamantino que eso de
modo que no-mortal diera algo más pos1t1vo,
e y
la
ática y los
., •
d
d mortal por roás que
gram
'
'
.
d
'ert
•
l·n-mortal negaCJon mcorroe ora e
'
..
· · ·d d
tenido· el e una o
es
deseos, le presten superíioales posttl~l a y
~ática el lógico griego
peranza. Si no hubiera sido por su aun espon ea gr
'
hubiera dicho, atendiendo a lo que pensaba:

=

ª

'el hombre es mortal'; no 'fl hombrr: es mortal';
no "no 'el hombre es mortal'". y este no al no le devolvía al mismísimo punto
de partida.
l
·
Lo d"o Parménides
tJ
.
,
Parl a de donde partiere, siempre volveré a o mismo.
l
,
r' • por la afirma. . d 'da y vuelta por el ser, el no ser y e no no se ,
tras viaJe e 1
.
la negación y por la negación de la negao6n.
c10Ln, pl~r. bo'\ica o matemática moderna es, en esto, tan vieja y griega
a og1ca s1m
. •
d ··
hace
l
.ega clásica. y en este punto inicial, pnnc1pal y eos1vo no
c_omo . a gtl~ lo gn·ego: y para que no quepa duda, el signo de la negasmo repe r
' '
·
·
'
ultará
ción ( - ) se quedará fuera de la_ proposici6n (p ) afU11latJva; as1 res
.
'stas que dos negaciones afirmen.
a OJOS vi
.
'6 - .
d
.,.ación p·
p
. . , afirmativa p. pnmera ncgac1 n, p • segun a ne,,
.
Prlop~s1c~o~ de conm:di;ción se formulará con signos de negación, extery e pnnc1plo
.
.
nos unos a otros y a }a ahnnac1ón:

p.p

La negaci611 es, y se la simboliza, externa. Lógica clásica, vieja o moderna,
medieval o contemporánea.
El griego conoció, claro está, un tipo de negación adherente, especificada
por el ser, y apropiada al tipo de ente: la privación, Mas no llegó a crear una
lógica de la privación.
Vivo; muerto: primera negación corrosiva, justamente, de la vida¡ mas
de muerto a vivo no se vuelve por negación de muerto, por un simple nomuerto; el muerto, caso de volver a ser vivo, vuelve por milagro. Resucitar
no es volver a vivir la vida inicial; es inaugurar otra, si es que el muerto
real y verdaderamente se murió .
Mortal, inmortal. Inmortal no es, en rigor, simplemente no mortal; exige
una reorganización peculiar del viviente que murió para que no vuelva a su
tipo de vida anterior, moridera, tan expuesta a no vida o a muerte que de
ordinario, y por ley~ se muere. Inmortal pide resurgir a nueva vida -lo que
podrá exigir, aceptérnoslo por vía de ejemplificación-, que su cuerpo, el
suyo, adquiere las dotes de cuerpo glorioso: claridad, agilidad, sutileza e
.impasibilidad.
La negación de la negación vuelve a la mismísima afirmación inicial; la
privación de la privación no puede retrotraernos a la misma afirmación o
posición inicial, porque ya la primera privación afectó intrínsecamente, de
original manera, a la afirmación.
Dos negaciones afirman lo mismo.
Dos privaciones -la privación de la privación-, reforman o transustancian lo inicial.
La negación de la negación (clásica) retoma al dominio (línea) afirmativa, y al mismo punto del eje afirmativo; todo camina en círculo.
La privación de la privación devuelve al proceso al eje afirmativo, sin
duda; mas no al mismo punto, a otro: de superación, unas veces; de decadencia o aniquilación, otras.
La lógica de afirmación, privación de afirmación, privación de privación
de afirmación está, con palmaria claridad, más cerca de ser lógica de lo real
que la de afirmación, negación ( de la afirmación), negación de negación {de
la afirmación) .
No caigamos en la idolatría del símbolo; ni le atribuyamos virtudes ocultas
o mágicas; mas no menospreciemos sus poderes de resalte clarificador. Si por
p convenimos en designar cualquiera proposición, la lógica clásica escribirá
l. 1) p;

p;p

con signo de negación externa, superpuesta; y con ";" entre las p, por el
motivo que se va a decir.
La lógica de negación afectante (privación) , profunda y revulsiva, podrá
117

116

�servirse de paréntesis para designar -superficialmente, sin duda-, ese calado de la negación, o la encerrona de afirmación con su negación:

rPn

p,
[p],
~
Ni [p] es p, como no-viviente no es lo mismo que ciego; ni ~ [p] ~ es p;
que de la ceguera no se repone uno sino por milagro, o de Dios o de la
técnica, no por virtud de la naturaleza con que se nace; nadie se cura de
ciego, de sordo, de cojo... ni de tonto. La "," indica la peculiar conexión
que se da en este caso en lo simbolizado, punto a declarar inmediatamente.
Dos negaciones afirman lo inicial mismo :
J. 3)
p
(
signo de identidad).
Dos privaciones transustancian lo inicial, lo renuevan:
I. 4)
~[p]}. .P
Como la negación y la negación de la negación clásicas no calan ni ponen
a prueba de ser o no ser al ente, se podrán aplicar a todo, pues todo saldrá
incólume de ellas. Y aun podríamos decir que, para el clásico -maestro viejo o discípulo actual: sean Russell, Camap, Wittgenstein o Godel-, ente Y
proposicí6n son justa y precisamente ese tipo de cosas impermeables a negación, tan compactas y macizas que negación y negación de negación resbalan por ellas. Y tal lógica resbala y patina ella misma por las cosas.
Tales entes cristalinos abundan más en la cabeza que en la realidad.
Y volviendo, por unos momentos, a Machado, la simple y pura negación
nunca da palabras terribles.
La privación es siempre terrible, ceguera, sordera, abulia, afasia, enfermedad, estupidez, muerte... La privación de la privación suena a resurrección renovación transfiguración transustanciación... ,· o a decadencia, muer'
'
'
te definitiva, aniquilación.
Si el lector me perdona la frase -y, si no la perdonare, táchela después de
leída-, diría que la privación pone a parir al ser, pone al ser en trance de
no ser. Y se verá entonces, por una {enomenología que llegará a ser epifanía
o teofanía, si el ser no solamente es ser, sino se pone a ser lo que antes simplemente era: ( -i-o d ~,, el..-ai), y es capaz de reponerse de una amenaza,
algo más que verbal, de no ser, de su no ser.
El lógico clásico -viejo o contemporáneo-, no llegó a tomarle miedo a la
negación; mas tampoco celebró sábado de gloria con la negación de la

l. 2

p ==

==

negación.
El sol es cada día nuevo -se lo parecía así a Heráclito--; y la aurora no
se le antojaba simple negación de la noche; negación, a su tumo, de día.
Para el lógico de la razón vital, el sol es cada día nuevo.
No nos extrañemos, pues, de que los hombres para quienes las palabras
Nunca, Nada, Nadie suenen, y les suenen, a terribles -y difícilmente se re-

118

pongan del susto que les da el solo oírlas o decirlas-, no muestren particular
afecto por la lógica matemática, simbólica, formal, clásica.

II. No,

RENÓ, RECONTRANÓ

El castellano popular ha inventado matices positivos para negaciones afectantes Y corrosivas; negar, ser un negado para; renegar, ser un renegado
de. . • ; negarse a, negar por negar. . . O la escala, muy aragonesa de no
renó, recontranó.
'
'
Si a eso de lógica de la razón vital \.amos algún día a quitarle la deliciosa
Y sugerente vaguedad en que la dejó Ortega, y continúa en manos y obras
de sus devotos
• -que no lo soy-, y de sus admiradores -que sí lo soy-,
t
menes er sera, entre otr~ cosas, separarla de la mala compañía de la lógica
fonnal -la de la negac16n abstracta y negación de negación repetidora-, y
encararla con el problema de esas palabras terribles: Nunca, nada, nadie, y
acabar perdiéndoles el miedo.
Frente a la lógica formal -formalista o formulista-, lógica informante,
~ormadora Y_ transformadora. Vaguedad, a su vez, sugerente, tal es mi ilusión, mas, casi .de seguro, _no deliciosa. Pero no es piadoso repetir o criticar
a Ortega; lo piadoso consiste en transformar la deliciosa y sugerente vaguedad de algu_nas :rases suyas en evidentes y definidas razones. Digamos, pues:
En la 16~ca _VJtal, o de la razón vital, las negaciones tienen que ser intrín~s., prop1~, unpregnadoras de la afirmación, que sólo es una inicial posioon; es decrr, la negación vital, a 1a altura de Ja vida, es privaci6n.
A su vez: toda privación (vital) no puede quedarse en simplemente aguantada, en un paciencia y barajar; ha de actuar de revulsivo· tiene que se
. a renó.
'
r
renegada ; el no, ergwrse
Por fin: no siempre -ni en todos los casos ni en todas las cosa~ 1
renegación de la privación se transustanciará a afirmación re-novada a a~to~
rres~rrección. Hay cariños que matan, y privaciones se dan que a~ban con
la VIda, con algunos tipos de vida. Y la privaci6n de la privación es entonces
nada, nunca; y el viviente -corporal o espiritual-, es nadie.
Hay que exponerse a morir de verdad, y no guardar un núcleo esencial
~ue: ya aquí,. ahora, por razones públicas de que no se entera nuestra realidad, es ya inmortal; como quien tiene siempre de reserva un diamante,
mayor. que el may~r. de la corona inglesa, para poder pagar Ja deuda de la
mort.alidacl ( ~up~lClal) actual en cualquier momento en que nos muramos
-pnmera pnvac1ón-, en que nos fuercen a pagar.
No consiste la gracia de una lógica vital en ese automatismo de 1a lógica

119

�clásica: dado p, se da

p;

y dado

p,

es factible y tiene que ser hecho

~; y sin remedio -¿para qué enfermedad que no se pasó?- volvemos a p.
¿Por qué, dada p, tener que negarla, p? Y ¿por qué dada p, tener que ne-

P==

p,

garla otra vez,
so pena de que ni padamos escribir
p?
_
Cuando la negación no llega a privación, le falta al proceso p ;p ;p fuerza
intrínseca, revulsiva. El proceso no es transeúnte. Se acepta, sin más, que
lo es. No es transeúnte, porque la afirmación no llega a estar transida .de su
negación (privación); y ésta, a su vez, no está transida de su negación (privación).
.
En una lógica clásica p ;p
son pcsiciones inconexas ( los '' :" denotan
este aspecto). En una lógica vital, dicha y entendida por una razón vital, la
proposición inicial implica (signo ",") su propia negación.:.
II. 1)
p,
[p]
; y necesariamente [p] implica ~ lP1 }, su propia resurrección o su propia aniquilación; nunca, la simple y ñoña repetición de lo

;p

inicial.

II. 2)
O sea: puesto que ~ (~]} es nueva proposición (realidad) , inno,·adón de
p, innovación en ser (resurrección) o innovación en no ser (aniquilación) ,
escribamos:

II. 3

~[f&gt;]}. ==· P.

y p no es lo mismo que p, aunque sea su resun·ección o su aniquilación.
La ló!!ica vital formula -de esta manera y referida a este punto nada
más-, ;quel jaillissement de nouvea1tlé, frase de Bergson, sugerente y deli-

ciosa como las de Ortega, vaga también como tantas de él.
No nos disimulemos tres puntos: Primero: no vale aquí, por simplista, el
principio clásico de identidad: lo misroo, del mismo, y de la misma manera.
Identidad de neutral potencia, parecida a lo de 1: 1
1.1
l.Ll
1.1.1.1

=

=

=

etc.
En los dominios de la vida, aun en los del ser, como sostendrá Hegel, la
identidad admite potencias: idéntico, mismo, mismisimo.
Eso de p '== p, vale, cuando más, para los simples seres; o seres simplificados por abstracción o definición.
~pero II. 4) p.
P fuera la fórmula, sublevan te para un clásico,
de la identidad potenciable y potenciada, propia de una lógica en que, por
decirlo con términos matemáticos, no valiera 1.1
1; sino que (1.1) diera
un tipo superior de unidad. Russell lo barruntó, en su teoría de los tipos,
al intentar fundamentar las matemáticas en la lógica. Y su axioma de reductibilidad viene a decirnos -en nuestro lenguaje, y en el de Machado-, que
acabó perdiendo el miedo a nunca, nada, nadie por el método de reducirlos

== .

=

o ap~arlos a simples sí, no, no no; y por el de atribuir, sin más precauciones
o ~~!gos, la ~ropiedad_ de idempotencia a la identidad. Eso de mismo y de
mismJSlIIlO no tiene senndo alguno en lógica clásica, vieja o contemporánea.

Segundo: El principio formal de contradicción:
P·P_,Presupone, incon!esadamente, que la negación y la negación de la
negac1on n~ ~~Jan ni ~ri:oen ni ponen a prueba de ser o de no ser al ser ( o
a la prop~si~o~). ~o insistamos con sutil crueldad, en que para entender lo
q_ue tal pnne1p10 die~ es preciso entender una contradicción; lo cual es, sencillamente, contradecirse. Se pueden pintar, externos, los signos; no se pued~ ent~der sino ª. ~a una, de vez, en una vez re.al. Hay que entender de vez
afmnaoon y negacion para saber qué es lo que dice tal principio. Lo cual
es refutarlo.
No p~actiquemos aquell~ ternura para con las cosas, de que hablaba Hegel, aspu-ando sus contradicciones, cual si fuésemos nosotros inmunes a ellas
y, aspiradas, pudiéramos expelerlas fuera de todo mundo: real e ideal.
'

;ª

P~alógica vital, la expresable por la razón vital, el principio de contrad1ce1on es eso: la contradicción elevada al rango de principio de todo
ente, ~e poner a prueba realmente su ser. La fórmula fuera II. 5) ~p. [p]};
todo bien cerrado, cual bomba o cartucho de explosivos con mecha interna
encendida, a ver. si el ser es realmente ser o no ser; si ~ capaz (posible) de
ponerse a ser; o incapaz de ello, y es depuesto de ser. El punto "." indi
· 1e ""
• "
cano
un sunp
y , smo a la vez, de una vez".

Tercero: Para una lógica formal y formularia los tres llamados principios
--0 ~

tres se~elas de otros, llamados axiomas-, son, en el fondo, uno y
el mtSmo; rep~t1C1ones de lo mismo bajo tres grupos de símbolos que no llegan a ser su piel.

~; p . P; p v p son equivalentes; por tanto, sin orden alguno
preemmencia.. E~ la lógica formal moderna, la preeminencia otorgada
a veces
· · · d e con. . ,-por Anstoteles ya, en Metafísicos T , 1005b-, al p nnc1p10
trad1~on desaparece; y tienen suficiente y perfecta raz6n en esto los ló!!icos
0
formulistas.
'
'
.P -

ni

. _En una lógica vital la disyunción se plantea al implantarse la contradie-

cion. Cuando en un orden no hay contradicción -por la simplicidad

O

sim-

plificación de los entes--, tanto p. p como p v p son pura f 6rmula. la , ·
da al ,
.
,
umca
que guar
gun senbdo es p
p, la identidad inmediata, sencilla, impermeable, por neutralidad, a negación. En este punto son perfectamente
consecuentes los lógicos intuicionistas modernos•• los de la J6ai
· negac1on.
·,
0 .ca sm

==

Vale, pues, simbólicamente para una lógica vital:
11. 60 [~ P , [p] ~ . p v [p]J. Los dos "principios" se instalan a la una, de

121

120

�·
edi como la ex" '') y el resultado vendrá tan sin rem 0
vez d e una vez ( · ·
bo b a saber·
par dentro y puesta a ser m a,
.
Pl~6n de una bomba bien montada
. . )
ta d eras a ser o a no ser, es ya
II 61 [P)· el ente (propos1C16n ' pues
e v
N d"
al
·
'
•
II 62 [ )· Nunca nada, a ie, cu
real y verdaderamente P. O s1 no, .
.
,
ser
terribles resultados de palabras terribles, ya como palabras. Ponerode~ ser ~ -o'
.
di
empresa, del an mo, non '
poner el ser a no ser: algo bien verso, por
simple, inmediato, abstracto, formal: rer o no ser; el ser es, el no ser no es.
METAF1SICA DEL FUNDAMENTO Y FUNDAMENTO
DE LA METAFfSICA PRESENCIAL 1

111.

LóOICA DIALÉCTICA

CABA
Madrid

PEDRO

Hegel levantó todo esto -sea dicho retrospectivamente- al nivel del ser.
·
' oner en marPara hacer el debido homenaje a su filosof_ar, preciso sen~ p
do Tal
empl~ .
cha otro procedimi.ento' más potente y sutil, que el ·aqm
,
endo traprocedimiento se llama dialéctica. y ha merecido, y continua mereCl
'
tados enteros.
l
te aEl autor de este artículo se declara aquí deudor de Hege ' y prome p
garle apenas pueda, es decir: apenas sepa.

Dios

COMO PRESENCIA

v

coMo REVELACIÓN

S1 LA METAFÍSICA es meditación e investigación de los primeros principios,
una metafísica fundada en el hombre, una Antroposofía que se apoya en la
presencia del hombre, ha de buscar su fundamento en la Presencia Divina,
en que la humana se apoya, y de la que es préstamo, semejanza, refracción
y reflexión. Todo el fundamento del hombre, así lógico como ontológico, está
en Dios: el principio de las cosas está en la presencia del hombre. No dice
esto que el hombre ponga o invente las cosas en el mundo (aunque como
coadjutor y vicario de Dios pone algunas, defectuosillas, pero las pone)
sino que ellas para ser, se apoyan en la presencia del hombre que es eco,
semejanza y préstamo de la Presencia Divina. El hombre pone el principio
de las cosas; Dios, el Fundamento. Pronto entenderemos esta frase que en
este momento quizás parezca sibilina.
Para el fundamento de una Ontología y de una Metafísica antropológica
o Antropos6fica contamos con la Presencia de Dios en el hombre y en el
mundo. El hombre se encuentra a sí mismo existiendo entre cosas que trata,
manipula, piensa y conoce como se trata, piensa y conoce, en alguna medida,
s Para mi libro La Filoso/fa dt la Presencia Hu.mana ('México, 1961, Ed. Herrero)
redacté esta Introducci6n, que luego retiré del texto (salvo muy pocas páginas) para
incorporarla a una segunda parte del mismo libro en la que actualmente trabajo. Como
digo, de esa lntroducci6n s6lo pasaron poquísimas páginas a la primera parte del
libro publicado, a su primer capitulo.
Como homenaje y prueba de gratitud a mis lectores mexicanos doy aquí esta Introducción, anticipándola a su publicación en la segunda parte de aquel libro y he
querido que sea también Hu.manitas el que lo dé a conocer.

123

122

�a si mismo. Presencia cosas y se autopresencia. Las cosas son, en tanto que
el hombre -un hombre cualquiera- las presenta y las presencia y conoce
en su ser. Y en ese presentar cosas y conocerlas se autoprescnta y autopresencia. Y al presenciarse a sí mismo, se da cuenta de la Presencia de Dios
en sí mismo y en las cosas. No es que obtenga por inducción la noticia de
que Dios existe, sino que en su misma autopresencia se da cuenta de la
Presencia de Dios.
Quien haya leído con alguna detención el primer volumen de mi "Ontología General de la Antroposofía" habrá notado que la noción que allí se da
de la presencia no coincide con la tradicional, incluyendo la meditación de
Gabriel Marce!. Para mí, la Presencia de Dios está en el hombre de otro
modo que en las cosas; la Presencia actúa en el espíritu humano como inducción o inspiración o prendimiento de luz, y en las cosas como resplandor
o claridad no presencial; es decir el hombre le transmite aptitud para presenciar y verse presente mientras a las cosas les da la aptitud de ser presentadas al hombre, en virtud de su nativa inclinación ofertiva hacia él o respectividad. Santo Tomás, que llama "experiencia!" al conocer de los singulares
presentes 2 y dice que el conocer que hace presentes a las Personas de la
Trinidad es un conocer experiencial, parece admitir dos modos de presencia
Divina: la común o general, según la cual Dios está en las cosas por esencia,
presencia y potencia, y otra "especial", por la que Dios es presente al hombre "como lo conocido en el conociente y el amado en el amante". A su vez,
para la primera admite tres especies de presencia Divina: como Unidad, como
Trinidad y como Revelación personal. Suárez resistiendo a aquella distinción
de modos en la Presencia, dice que hay que distinguir, en términos generales, la presencia de la causa en el efecto, de la del amado en el amante. Estas
concepciones de la presencia no coinciden con la mía pues ni la causa ni
nada natural tienen presencia, sino que lo natural es presenciado y presentado;
en el hombre la Presencia se presencializa; en las cosas se hace presentación.

a)

EVIDENCIA, CONOCIBILIDAD, NOTACIÓN Y SOSPECHA DE LA PRESENCIA DIVINA

Las cosas son conocidas por la acción de la presencia del hombre sobre
ellas. Pero también al actuar sobre las cosas, toma el hombre conciencia de
sí, se autopresencia. Y en la autopresencia siente a Dios, sin claro conocimiento de El. Es un atisbo, un barrunto, una sospechaJ pero con una radical
• Cfr. De Malo, 2. 16, a. 1, ad, 2. I Scnt dist 14, 15 y 16 en diversos apartados, y
Smm. Theol. I, q. 43-a 3).

121

evidencia de la sospecha, el barrunto, y el atisbo; es un preconocer. No cabe
hablar todavía de posibilidad de alucinación o error, porque aún no ha
empezado el conocer ni el saber. En nuestra autopresencia y en el presenciar
cosas, notamos la Presencia de Dios, pero no le conocemos. Sabemos que
está ahí, no sabemos cómo ni qué es, pero como Presencia que transe la
nuestra sabemos que es Presencia, que es un Quién y no un Qué. Las cosas
son y el hombre existe porque existe Dios. El hombre halla sentido en sí
mismo y halla sentido en las cosas, porque Dios le comunica con su Presencia
el sentido y la impulsión existencial. Yo esto no lo sé por un razonamiento previo, sino porque, al conocerme y sentirme presente ante mí mismo y ante
las cosas, siento la Presencia de Dios en la mía. De modo que puedo hacer
razonamientos porque Dios es presente en mí, en mi presencia. Y yo no soy
un hombre privilegiado. Cualquier hombre al mirarse en lo hondo halla a
Dios. No le conoce, no lo Ye, pero lo entrevé, lo barrunta. Si esto es ontologismo ( dicho sea pensando en los filósofos profesionales) ya veremos que
no hay en ello tan mala cosa como ellos suponen. Dios es presente y, como
decía Tirso de Molina, comunicable. Como que nos comunica y comuniza una
brizna de su Presencia. También el hombre como espíritu, como persona, es
comunicable y presente, y hace que las cosas se presenten. Pero la persona humana, como Dios, es invisible. Hay una inefabilidad de toda Presencia: en
la de Dios y en la del hombre, reflejada de El. Y no por eso pierden evidencia,
su misma evidencia, pues Dios, al sernos Presencia, se nos evidencia como
Persona, como Espíritu. Y toda persona metafísica, humana o divina. en
la medida de su invisibilidad, se hace evidente en su presencia. Toda pres~cia
es evidencia y lun1inosidad en cuanto actúa; y es invisible. Por eso, lo evidente no es, sin más, conocible, pero, aunque no conocible, no necesita de~os~ción ni razones que lo justifiquen. La evidencia se hace evidente por
si misma. Es el hombre, no las evidencias quien necesita comprobaciones y
demostraciones de lo que entrevé o ve imperfectamente: y todo lo evidente,
por serlo, se ve de modo incompleto. En "e-videos", la e indica lo que está
fuera, no sólo del que ve sino de la evidencia misma, pues para ver Jo evidente precisa echarse un poco fuera y verlo un poco fuera de su evidencia
misma. Por eso, el ver lo evidente no es ver o conocer: cualquiera para conocerlo hay que quedarse fuera o irse lejos de lo evidente. Todo conocer
empieza más allá de la evidencia, no inclinado sino declinado, lateralmente
desviado de ella: E-videncia es ex-videncia.
Tanto Dios como la persona metafísica humana son evidentes y por tanto
conocibles, pero de conocibilidad indirecta, incompleta y lenta, como es el
conocer de toda evidencia, como el conocer de la luz, pues para verla, hay

125

�que apartarse, buscar zonas menos iluminadas y verla reflejada, indirecta.
Vemos, no la luz sino la claridad, la luz difundida y rebotada en las cosas.
La evidencia pierde grados al hacerse conocimiento, y el conocer pierde grados de evidencia cuando se hace saber. Saber es siempre apartarse del conocer
Jo singular y único para generalizar sus conexiones. A medida q~e el con~r
de Dios y de las personas metafísicas lo reducimos y generalizamos .( digo
"reducimos", no "elevamos" ni "ampliamos") a saber, nos estamos ale1ando
de Dios y de la persona en su singularidad, y, de algún modo y en algún
grado, les estamos desconociendo. Generalizar es des-conocer. Por eso, para
el hombre, s6lo hay un medio rápido, directo y hondo de conocer, el amor
espiritual. Pero advirtamos que ese conocer del amor espiritual, por ser conocer de lo singular ( y nunca completo ni perfecto) no puede elevarse a
saber ni a ciencia. Esto es lo que no parecen advertir los que afirman el
conocimiento por medio del amor y el amor como forma altísima del conocer.
Si el conocer es alejar la evidencia, el saber es un distanciarse y una debilitación del conocer. Y quien conoce por amor halla evidencias intransmisibles,
que ni siquiera dan un verdadero conocer. El amor es evidente, pero sólo de
lo positivo y luminoso; no ve las sombras. Y ya he dicho que ni eso es conocer ni la evidencia es de verdad conocimiento.
Toda presencia -la divina como la humana- es evidente, pero invisible.
Lo que se ve es lo presente y presentado, pero no la presencia misma, que
como la luz, no se ve pero permite ver y empieza a ser vista y conocida cuando se le mira desviada y lateralmente, astillándose sobre las cosas, no como
luz, sino como claridad, como luz quebrada en su intensidad, y fragmentada
en sombras o atenuada en penumbras. Si ya dije que toda ausencia es un
modo alejado de ver la presencia, digo ahora que toda presencia, y sobre
todo la de Dios en el hombre y en las cosas del mundo, es una alusión, una
visión indirecta de su Luz como resplandor y como claridad. Por eso, Plotino,
entre otros y sobre casi todos, afirmó a Dios como Lo Uno (que quizás en
Plotino quiere decir Lo Primero a partir de la Nada), y le llamó ''Parousia",
presencia ("naeovaía", de "náe-ewat" y "náe-ttµt", estar presente y adelantarse, pasando de largo. Parusia se forma con la proposición "naeá",
cerca, en tomo, y "ovaia''i o ser, esencia o sustancia. '·Parusia" es vocablo
que Plotino toma de San Juan y algunos Padres de la Iglesia. Dios es Presencia, no sólo como Pre-Esencia sino como Parusia, como el resplandor omnipresente que circunda y traspasa todo lo que hay; la Parusia o Presencia es
Evidencia y Presencia total y no se deja ver. Deus Praesens es Deus absconditus. Como Parusia es Apocalipsis, se presenta y se oculta. La Presencía de
Dios al hombre es Revelación y, revelar es, a la vez, mostrar y volver en

126

doble velo, es presentarse ausente y omitir presente, retener y oscurecer la
presencia.

b)

MISTERIO y POSITIVIDAD DE LA PRESENCIA DlVINA

Dios se abre como inmensa, total e ineludible claridad del mundo: No sólo
por "la imagen sensible de sus efectos", sino por un resplandor suprasensible
que inunda todo lo creado. Y ello en las cosas de la Naturaleza. y en el interior del hombre; en ambos, se patentiza como presencia retraída y lejana
pero evidente e insoslayable. En ambos es revelación, evidencia misteriosa y
misterio de toda evidencia. Todo lo que nos revela a Dios es misterio: la
presencia, el ser de las cosas del mundo, el hombre, el pensar, el orden, la
unidad, la belleza, la vida y la muerte. Para llegar al problema de la demostración posible de la existencia de Dios hay que partir del misterio de su
presencia. El misterio es el modo de revelarse Dios al hombre, y el hombre
por el misterio le entrevé y empieza su búsqueda. El misterio no nos explica,
sino que nos implica y nos complica en Dios, en su Presencia; la presencia
del hombre está supuesta, implicada, o mejor, complicada en la Divina. Cuando intentamos explicar a Dios empezamos a des-complicar-nos de El; su Presencia se nos hace autopresencia de hombre; y esta autopresencia se hace
autoconciencia y se nos vuelve pensamiento. Y entonces el misterio de la Presencia de Dios empieza a ser problema de su existencia; para pensarlo como
existencia necesitamos alejarnos algo de El. Y con el pensarrúento y el problema, se inicia la búsqueda, de lo que se nos mostró como evidente y hemos
alejado para conocerle. Que no buscaríamos a Dios si no le hubiéramos encontrado, según el dicho agustiniano-pascaliano. 8
Sólo conocemos un poco a Dios por negaciones, distinciones, contrastes y
sombreados que nos presentan las cosas, y por las sombras y el a-sombro del
propio pensamiento humano que no sabe conocer sino lo que se contrasta,
distingue y diferencia de lo otro para luego re-unirlo y pensarlo como unidad.
Separando y distinguiendo lo unido y uniendo lo separado y diferencial, piensa
y conoce el hombre. Cuesta el conocer como el pensar, y supone un gesto
existencial, y por el hombre no es bien ni totalmente conocido lo que conoce
y piensa. Pero que el conocer hu.mano sea impedecto y preciso de negaciones,
distancias, penumbras y diferencias no quiere decir que la Presencia de Dios
presente sombras o manchas como el Sol. Precisamente porque no las tiene
1 Sobre el misterio y el sentido de toda revelaci6n he hablado en mi libro Misterio
en el hombre. Madrid, 1950.

127

�. .
d Dios sólo se logra indirectamente aparni presenta, nuestro co~~~nto e buscando su luz y su presencia por retando la vista de su vi51 ón directa Y
en la presencia de
flexión bien en el interior del hombre, de cada uno, y b"' il minadas ex•
b"
en las cosas de la Naturaleza tam 1en u
.
otros hombres, o ien
n·
.
su Presencia nada tiene
.
1
brada
Pero ios mism0 ' .
•
tenormente y con uz que
. ···
p ·ti· "dad y Afirmación y rebose de
.
E O · resencia pura 1 os1 v1
de negativa. s mmp .
p ·t· ºdad el hombre el mundo Y
•
Rebase y os1 1vi
,
•
Sí. Por ser Omruprescnoa~
, '
, de Dios Ser es un vocablo
Pero
el
ser
está
mas
aca
·
las cosas son 1o que son.
.
d 1
de sombra de ser Y
·
l
e las cosas tienen e uz Y
'
humano para designar O qu
od 1 ser de lo que hay. Por eso
t ama y transe t o e
1
de no-ser, pues e no-se~ r . .
. cf ble e inevitable, cuidaremos de no
mismo, ante la Presencia D1vU1a, m . a
tod la Positividad de los
.
el
orque Dios no sea
a
identificarle con
ser, no p
h
e aplicamos justamente
.
"ser'' es vocablo umano qu
Universos, smo porque
. 'd al
r y Dios de ser es la plena
1
te y va uru o
no-se .
'
'
a lo que no ~ p en.amen .'
absoluta ( ab-soluto quiere decir des-ligado)'
realidad, la afi.nnación _ónnca ~
t d ylos universos en todos los tiempos
primera y última ommprescnc1a en o os
'
y en todos los hombres.

c) D10s

PREVIO:

EL

HOMBRE OBVIO

a Dios en las
E n 1as cosas Y en el hombre notamos a .Dios. Entrevemos ectan
sombras.
'stas son obs•·~culos que refleJan su 1uz y proy
....
·
·
·
"d d , 1..:...,a
cosas po rque e .
l.
. del hombre en la propia 111tun1 a u ....,.. '
,
.
b
Y en trevemos a Dios en e mtenor
.6n sob re s1,, de la propia soro ra,
ombre
como
proyecc1
h
l
d
como asom bro e
· e¡ h oro bre meta. ' divina Al sentirse pre-escnaa,
al interceptar la Presencia
.
b
.
.
b .
saliendo al paso de la presencia divina, la o stacu iza
físico se siente o -vio Y
•
•,
,
•
autopresencia.
refle'a haciéndola evidente y ev1denciandose él mismo en
.
y
_J
• ante las cosas que se le presentan como ob-u1a.s, de
y se siente como pre-vio
..
l
odo que se siente ob-vio en el mundo, y ante Dios, y se siente pre-vzo ~ as
m
d 1
d
orque se siente pre-esencia antes de conocerlas. y piensa
cosas e mun o, p
.
.
d .
cia de Dios es Lo más ob-vio y lo más pre-vto, es ecu,
entonces que la prcsen
.
como 1a P re-Esenc ia de todas las cnaturas.

r

d) Dios

PERSONA Y R.EvELAcIÓN

es una
P ero Io que al hombre le llega de Dios, obviamente, previamente,
. • al
t
·a de la que al refleJ· arla, hace la suya espmtu , su au o-

luz, una presenc.i

128

,

presencia. Por eso, porque la primera noticia de Dios le llega como presencia,
y porque no concibe el hombre otra presencia que la espiritual y personal,
tampoco Dios es presenciado como cosa ni siquiera como la Gran Cosa ( como
lo ha denominado Ortega) sino como persona, como presencia espiritual,
como lo que aparece per se y lo que per-suena por todas las anchurosid.ades
de los universos, y todos los tiempos. Es posible que el vocablo "persona"
nada tenga que ver con un sonar más o menos. Littré y Luis Havet y Brea!
y A. Bailly y otros se resisten a esa etimología de "persona" aludiendo al sonido; y se resisten por razones filológicas, por si la "o" es larga o breve. Pero
es indudable que, aunque no fuera por razones etimológicas, la persona siempre es algo resonante, que socialmente pcrsuena y que antes, en el teatro
griego, se entendió como algo que multiplica el son y la presencia real. El
"prosopón" por el "pro" dice, además, algo que se adelanta en el mundo,
que es !a pre-esencia, lo pre-l'io y lo ob-vio. Pero también la persona, el
"prosopón" griego, es algo que se oculta, algo que se enmascara, como el
"personare" latino que suena mucho pero oculto. Según Cejador "fcrsu" o
"versu", en etrusco significaba dos enmascarados, como en euskaro "bertzu"
deriva de "bertze", el otro. También en teología antigua la tmócnaO"LS' es
lo que está debajo o detrás de algo en pie (de iO"n¡µi, istemi). La palabra
hipóstasis se usó para designar las personas de la Trinidad y la persona humana en general. Pronto el uso de la palabra hizo de ella soporte o cosa.
Dios fue primero concebido como hipóstasis del mundo, no lo que le da principio sino lo que le da fundamento, y por segunda vez remito a lo que luego
se dirá para distinguir el fundamento del principio. Y es fundamr-.nto porque es penona, pro-sopon, es decir quien se adelanta al mundo y pone, anteJl
que todo lo e&gt;...-istente, el "pre" de su Presencia Pero también, porque persona
es alguien que, para manifestarse o presentarse, se oculta. Y así la persona
nos indica también que es revelación. Y, en efecto, también la persona humana es revelación de una a otra: algo, alguien que se manüiesta escondiéndose y que se oculta manifestándose. Lo más decisivo de la persona humana
es la expresión: es el nuevo ser que viene al mundo a decir a los demás y
a sí mismo quién cs. Pero viene a decir quién es, porque no le basta, como
a los demás seres natura.les, ser y mostrarse espontáneamente sino que necesita decirlo, vocearlo, expresarlo en actitudes, gestos y palabras, nada espontáneas, sino buscadas y aun elaboradas ad hoc. La persona humana tiene una
misión ineludible: expresarse e interpretar a las demás personas; decir quién
es ella y quiénes son las demás y qué texto cifrado es el de cada una. Por
eso hay habla, gesto, escritura. El hombre es el único animal que se expresa.
Pero expresarse es callar y decir, manifestarse y ocultarse. Porque hay un
trasfondo, un más allá de su cuerpo y de su psique que es una carga de

129
119

�intencionalidad expresiva, hay pensamiento -y voluntad, gesto y palabra, arte
y silencio en el hombre.
Las cosas no se expresan: desde su ofertividad radical -nada intencionaly que es ofertividad por su referencia al hombre, por su respectividad -las
cosas se muestran en flúida espontaneidad-, como son; y se presentan como
son ganadas por el sentido existencial que brota de la presencia del hombre.
Las cosas se muestran como son -digo- y no gustan de ocultarse, aunque
Heráclito dijera otra cosa. Pero las personas no se muestran como son, porque lo que son está in fieri, es un "siendo", y porque más que mostrarse se
expresan. Y expresarse es disparar y dirigir el disparo desde un trasfondo
intencional último que se retiene: de modo que la persona tras este fondo
intencional, a la vez, lo dispara )1 lo retiene llegando a manifestarse de modo
ambiguo, haciendo esquina en sí misma. No es que la persona por definición
mienta, finja y oculte quién es, sino que viene a expresarse, pero para ello
ha de actuar o esconder un fondo inexpresable. Su intencionalidad expresiva
no logra disparar toda su carga y siempre queda algo por disparar. Y aquello
que se queda, de algún modo da a entender que le queda. Y lo da a entender sin proponérselo en nueva elaboración intencional. Expresarse es, pues,
revelarse y todo el trato y el contrato humano de personas entre sí, es interfrretación, esto es cálcuJo y ajusta no sólo de lo que decimos y quedamos
por decir, y así nos interpretamos a nosotros mismos, sino también interpretación de lo que dicen y ocultan los demás; interpretación en suma, descifrado de lo que todos callan al decir y lo que decimos al callar. También
el hombre es "homo absconditus" por ser "horno praesens" y "loquens". Dios
es para el hombre luz y oscuridad, apertura y retraimiento, manifestación y
ocultación, pero no porque Dios no sea todo luz y presencia sino porque
el hombre está amasado de oscuridad y de luz, de apertura y encubrimiento.
Por eso, Dios se revela al hombre y los hombres se revelan entre sí. El hombre es cifra, porque es representación y semejanza de Dios. El existir del
hombre abre y oculta a Dios, como dice Jaspers, desde otros supuestos, con
otros alcances y aludiendo a la Trascendencia que no sabemos si es Dios.

e)

PRESENCIA, VOZ Y SILENCIO

Y aparece así lo que la presencia, por ser persona, tiene no sólo de luz y
claridad, s_ino también de voz y sonido. Es indudable que hay en el hombre,
como ser físico, lo mismo que en cualquier otro ser vivo, una fotoestesia o
sensibilidad para la luz. Pero además, como ser espiritual, posee el hombre
un sentido no sensorial para la claridad de lo espiritual. Es lo que le hace

130

hablar de "la luz de la inteligencia'*, de "alumbrar" o "dar a luz" una obra,
de sentirse lúcido y de tener ideas claras. El hombre parece estar hecho del
barro impalpable de la luz, y todo lo luminoso le parece al hombre algo
egregio y superior. Conocer y saber le parecen formas altas de visión y contemplación, y parece creer que no hay conocimiento sino de aquello que ha
sido visto o contemplado.
Pero, aun no siendo tan noble el sentido del oído, también el conocer es un
oír o escuchar, y las palabras que nos traen ideas, es decir, visiones, pueden V!!·
nir como sonoridades, como voces habladas. San Agustín habla de un "oído
interior''. El mismo se convirtió oyendo una voz que decía: "Toma y lee".
Y como narra en el capítulo X de sus Confesiones: "Llamaste y clamaste
y rompiste mi sordera"; y Pablo de Tarso oyó una voz y se convirtió. También en lo hondo del hombre, la presencia de Dios es voz, es palabra; y con
una palabra, con una voz hizo Dios los universos. A Dios le entreoímos en
nosotros como un rumor. Le barruntamos en una voz oscura que nos suena
dentro. Pero además, así como para ver a Dios nos hacen falta las sombrasJ
así para oírle nos hacen {alta los silencios. A las preguntas de nuestro pensamiento, da Dios la respuesta silenciosa de la Creación. Y no por ser silenciosa es menos evidente la presencia de Dios, aun cuando no, por ser
tan evidente, nos es suficientemente conocida. También la revelación es palabra contrastada en silencio. La máxima evidencia del hombre cuando más
'
mtensamente se muestra y expresa para sí y para los demás, es cuando calla.
Más que su acción y su palabra, su silencio. Sólo el hombre es capaz de silencios, porque el silencio es aptitud para callar y sólo calla quien tiene habla. Los demás seres del mundo, por no tener habla no saben callar ni elaborar silencio; son mudos, y hasta cuando gritan, hasta cuando emiten sonidos que no es habla, también son mudos de lenguaje. El silencio como la
palabra suponen, no movimiento, sino acción; y la acción es lo propio del
espíritu, como el movimiento es lo propio de la materia. El silencio de Dios
da la primera palabra al hombre. Cuanto más calla el padre más charlotea el
hijo. Sólo cuando el niño llega a hombre aprende a callar profundamente.
San Pablo dice: "Oyó palabras inaudibles que el hombre no puede decir''.•
Y Santo Tomás llama la atención sobre ello.

.

• 11 Corintios -12-5-: S. th. 11, 9.175, a 3.

131

�f) DE

LA

"PARUSlA" AL CONOCER y AL PENSAR

La presencia divina, la ''parusia'' universal suscita en el hombre la autopresencia, la autoconciencia y el hambre de saber y conocer; pero también
suscita un "eros", una "orexis' 1 plotino-agustiniana que no es intelección sino amor y cccharitas" paulina. Es decir, que al retraer y quebrar la presencia
y la voz de Dios en el hombre, no s6lo se origina la inteligibilidad de las cosas y el conocer y el saber del hombre, sino también la vocación y el amor,
y la fe y la esperanza y el sentido existencial f elicitario hacia el bien. Por la
autopresencia, el hombre sabe algo de lo que es y de lo que no es, pues el
hombre es un "siendo", alguien que se encuentra a sí mismo en plena acci6n
haciéndose un ser, caminante hacia una meta, realizador de una voz o vocación. El hombre es siempre exceso de sí mismo en su ser. Es más de lo que
es. Pero es también menesteroso y deficitario: siempre es menos de lo que
puede y debe ser. Y de la tensión entre lo que se encuentra siendo y lo que
puede y debe ser, construye su existir que es verdadera acci6n, como es siempre la del espíritu, como es Dios mismo. Si en el principio fue el Verbo, es
porque el verbo era también acción en el más alto sentido.
Pero no sabemos casi nada de Dios. Dionisio Areopagita decía que lo importante para el hombre es saber lo que Dios es y, sobre todo, lo que Dios no
es. Pero Claudel comenta que decir que sólo conocemos a Dios por negaciones es "no estar demasiado lejos de la herejía". A Dios le conocemos positiva y negativamente según ya dijo San Buenaventura. La primera noticia
de Dios no es por exclusión, sino por presencia, por evidencia anterior a todo conocer y que es lo que nos permite conocer positivamente hombres y cosas. Presenciar no es conocer, pero no hay conocer posible sin la presencia del
hombre ante las cosas y la de Dios en el hombre. Mas ya hemos dicho que
el hombre s6lo puede conocer por contrastes y diferencias. Y así reforzamos
el acercamiento a Dios conociendo, re-conociendo lo que Dios no es respecto
de las criaturas. Pero no sabríamos lo que no es Dios si no tuviéramos noticia positiva de su presencia.
No es Dios esto ni aquello ni lo de más allá, pero todas las cosas so1i en la
presencia de Dios. Y su presencia es omnípresencia. Claudel dice bella y profundamente que cuando La Esposa del Cantar de los Cantares pregunta a
todo el que halla en su camino errabundo si es el amado de su alma, va oyendo complacidamente que todos dicen que no, que no son tl, pero que si quiere hallarle, salga de la ciudad (del Universo) y vaya adonde el amado descansa: en el centro de la hora del mediodía, es decir, en el presente más
pleno y central, todo resplandeciendo en presencia. Para poder hallar y conocer a Dios hay que salir de la ciudad, esto es, hay que salir de esta vida:

~~onoceréis., el, Espíritu de Ver~_ad porque morará entre vosotros y dentro
vosotros . 'Vosotros me vere1s porque yo vivo"· o con el salmista· "En
tu ~uz veremos la luz" ... y muchos otros textos de la escritura. Pe:0
aqw,
el en este mundo?
l Dice .Claudel que "desde esta mism a v1'da y entre' l¿y
os
u os· que
f dnos enuue ven existe una aptitud para ver a D.ios. • • En nuestro
pro~~ on o hay ~ Hijo de Rey que no ha perdido nunca el recuerdo de
aqu a gota de vmo de Juran~on ni de aquel diente de .
madre le frotó los labios ni de aquel grano de sal ardie t
ªJº clon que su
la ¡
.
n e que en a punta de
engua nos pusieron el día del bautismo. Hay en nosotros algo mi t .
meo te amarr d
d
s enosa~ 0 , una mora a capaz de servir de apoyo a la de Dios ( c6~o ~odria Dros encontrar casa en lo pasajero?)' cierta persistencia en e¿xi·stlr, cierta
· mrr
· ada al presente que alimenta 1a continuidad de la
,, m~ taf1sica
6
persona
.
Dice
luego
que
para conocer "no tiene el a 1ma que poner en eJer
.
· · tal
cicio
•
O cual 6rgano intelectual o sensible Ella misma
diend
, .
·
es quien, respon-. o a suav1suno toque, debe colocarse en especial disposición C
.
mieri.to
,.
. las
onoc1di . llamamos a esta disposición" · Esos "suavlSIDlos
toques" son
raaciones sutilísimas de la presencia dh&gt;ina.

g) LA

REVELACIÓN PRESENCIAL

a Dios y no sabe cómo· No le ve, no 1e oye
n ElI hombre
'b se encuentra
l
o o perc1 e; no
o encuentra aquí ni alú ru. a ll'a, pero n·10s l e es presente·'
.
con su presene1a de hombre lo a-diuína, lo pre-siente en el mundo en l '
cosas, en los hombres, en 13:5 criaturas todas, en la ordenación y sentido d:i
mundo, pero no puede decir que le conoce. Siente el homb
D' d
tro de s' l
.
re a ios en1, o expenmenta de un modo indecible, se ve prendido de Dios or
raza de _su ser, por una religación o vinculación inexplicable, suspenafdo
_e su etem1d_ad, p~ro no puede decir cómo es ello, en qué situación o modalidad lo _percibe, m ~on qué últimos sentidos y determinaciones. Más que for~as activ~s de sentir a ,Dios es como un sentimiento pasivo de saberse sennd_o por el; dentro de_ si, la persona siente en lo hondo de sí misma que alguien
le ve, que le mira,
.
Ie exige.
.
La
. que le habla' que le reprende , le co mge,
. persona no ve a DJOs, pero indirectamente le ve, al sentirse ella ligada a
~dios; no le _oye, sino que le entreoye, y al entreoír a Dios el hombre resulta
y por sí mismo · N 0 entí' en d e a D'10s, pero se siente entendido
01 o', por Dios
.
por él. En f~, no encuentra a Dios, pero sí halla el rumor y el resplandor
de su presenaa. y así Dios le resulta evidente, presente, pero invisible, im-

~

' P.

CLAUDEL:

"Sobre la presencia de Dios" en Cruz y Rayo., febrero de 1934.

133
132

�palpable, inaudible, intraducible a conceptos. Oomo persona que es, Dios
es presencia de alguien escondido, la proximidad de algo remoto y la lejanía
de algo próximo; ni ausente del todo, ni desalejable, ni desacercable. Se ve
el hombre a sí mismo como vaga imagen de Dios, al sentirse presente par su
presencia en las cosas del mundo. Se siente en El, partícipe en El, en su resplandor presencial, originado por El, envuelto e iluminado par El, pero le
siente inconcebible, inabarcable o incomprensible. Así, Dios es, a la vez, ocultación y evidencia; en suma, revelación. Sin Dios, ni el mundo ni el hombre
mismo tendrían sentido; pero el sentido, al hacerse intelección y conocimiento, sólo permite llegar a la Deidad, no a Dios persona. Es lo que venía a decir Fray Luis de León. 6
Juan Wahl en sus Estudios kierkegaardianos parece hallar en Kierkegaard
algo referido a la revelación presencial y personal de Dios al hombre, pues
en la página 262 dice: "Hay en nosotros un manantial borbollante en el que
podemos escuchar el rumor sutil (sutil y profundo) cuando el resto de la
reacción calla; en el dulce e invencible ruidillo de este manantial, reside Dios".
Sí. La revelación personal de Dios a cada hombre tiene algo de relumbre presencial y de sonido, rumor o voz que nos habla. Voz y presencia luminosa dan
al hombre la autoconciencia presencial, y en ellá cada hombre profundo, cada persona, entrevé y entre-oye a Dios, sobre todo, porque se siente visto, presenciado y oído por Alguien.
Cuanto más intensa y p1ena es la autoconciencia, más visto y presenciado y
oido se siente el hombre por Dios. La existencia misma, experimentándose presencia humana, se siente impulsada al habla, a la oración, a la súplica, sintiéndose palabra elevada a Dios y con fuerza poética para presentar las cosas y hacer las ser-qué. Y viceversa: cuando más intensa y evidente sienta el hombre, en lo hondo de sí, la presencia y la voz de Dios, tanto más
• Quizás la voz "rcvelatio" (y contesto así a una cariñosa y delicada advertencia de
mi ilustre amigo Valentín García Yebra) no la usó San Jerónimo como "doble relación" ; pero si no lo hizo, tampoco debió de usarla como "manifestación'1 , pues la partícula "re" usada como invers.iva servía mal a lo que traducía, ya que "apokalipsis", no
es lo que se manifiesta, sino lo que se oculta y se muestra como oculto; del mismo modo
que "apócrifo" ( del verbo "kripto") es lo que queda ahí encubierto, pero indicando
que está ahí. Buda decía: "Siempre que el mundo decae en fe, yo me revelo y desaparezco qued311do aquí". "Revelatio" debió de significar siempre darse envuelto en doble
velo. Y, en efecto, Dios, después de revelado históricamente en Cristo, sigue siendo
"Deus absconditus". ¿ O es que podemos decir que ya conocemos plenamente a Dios
p0r habérsenos revelado? Si "revelar" no significó en San Jer6nimo encubrir y manifestar a la vez, hoy debemos darle esa significación. También el hombre, al expresarse, se revela, pues dice quién es, pero lo dice, oculto, tras de su propia expresión.

persona, tanto más presencia existencial se ,
.
te será su voz sobre las cosas que
. ra: y tanto más poe
.'nca y ardien.
.
se arumaran y move ,
rféri
JO el influjo de la acci6n poe't"tea d e esa voz y esa
ran. ° d camente baestá la autenticidad toda del h b
.
presencia el hombre. No
.
om re en sentirse ante Dios
d , K'
kegaard' smo en sentirse ganad
. lad
, como ec1a ierexistencial novísima y primera oExisy.&lt;:rcu ,º
luz como una sangre
.
.
tlT autentica.mente n
sól
.
en presenoa de Dios~ sino también en
..
, 0 es
o sentirse
Por su parte las c
p etrado, part1c1pado, comulgado en El
osas son con máxi.m ·a ·
···
traspasadas reí 'd ,
'
a l entidad, cuando son envueltas
'
eri as y comprendidas por la
.
y
velación presencial de Dios
á
h ,
presencia del hombre. La Re' m s que acemoslo ver e
el hombre se haga ver se sienta . t
.
y onocer, es hacer que
Dios y entendido has~ en 1 . vis ~' y penetrado y envuelto y conocido de
.
as mtenc1ones más calladas No e
terorrelaoón, un relacionarse d e1 horobre con Dios
. como
.
s, pues, una hey mucho menos como con un obJe
. to smo
. expe · ' .
con otra persona,
de su Presencia Personal, de un mo do, mefable
.
nmentarse,
ant
·
¡ saberse. transido
.
una asunción previa a toda . t
.,
enor a a conciencia: en
m egrac10n.
Quiero insistir en que ¡a reve¡ac1on
•, presencial d D.105 al
una visión o intuición de D'
.
e
hombre no da
de una sospecha y un barru10ts, smo que1 nos da la sospecha, la evidencia
n o, que es O que
ll
pensamiento y pm: la fe. Santo Tomás (Sum Th n~s eva a buscarle por el
necesitamos la gracia "para d . .
·
eo · 1 q. 12, a 13) dice que
a qumr un conocim' t d D'
,
to que el que habemos por la razón natural"
ien o e 10s mas perlecne co
.
' y, en otra parte que D' a.·
mo un cierto concepto d e D'10s antes de cono 1 al i
ms e,
preconcepto, pues la razón, co mo imp
. u1 s1on
. , genuincer e,b go l asi como
. . . un
Sí; la busca, porque la tiene
tr .
a, usca a D1v1rudad.
neo de Santo Tomás. "Ado·' oent elvista yDr~velada. De ahí el grito espontá.
r e atens e1tas" L p
•
..
concebirse intelectualment
, .
. a resenc1a Divma puede
e como un ámbito
D 'd d
cepto de Dios
·
.
' una ei a , como un con, pero s1 es expenmentada exist ialm
esa presencia es personal algo
ene
ente como presencia,
. .
'
menos vago que la Deitas
ch
,
d ente y part!apable. Entre el int l tualism
y mu o mas ev1mo una Deitas
1 . . .
e ec
o de los que hablan de Días coy e nust1cismo que trata a D'
,
máximas, cabe la actitud ni mis'n·
. . tel ios ·en
.
cercan1a.s y confianzas
'
ca n1 m ectualista
hall
.
mo Presencia y a partir de ell
.
,.
, que
a a Dios coa, emprnza su busqueda
1
•
humano.
Los
neoplat6nicos
griegos
hi
.
d
I
por_
e
pensanuento
·
,
cieron e a Presencia de D ·

?ºr su

esencia
comun' un concepto. Q mzas
. , f ue Agustín de Hi
, .
.ios una
,
luada y ardientemente vio l a D eitas
.
pona
qwen
mas
como persona
· .6
.
de sí sin quemarse ni 00 f di
.
, Y smti a D10s dentro
n un rse con El. Dicho esto
barruntar a Dios en la Natural
.
' y aunque antes de
eza por medio del pens ·
vaga
noticia de su Presencia por la R eve1ac1on
. , p resen amiento,
ya hay una
.
.al
die pueda sospechar en este plantearmento
.
.
c1
,
no
creo
que narungun' SU b'Jetlv1SII10
· •
o idealismo

Y el hombre es "imagen y seDJejanza" de Dios.

135
134

�más o menos trascendental. lucho antes de hablar de intelección en el
hombre y de intcligibilidad en las cosas nos hallamos en la región de la
Presencia, en el reino del "Pre" fundamental, cuando ni el sujeto ni el objeto, ni la idea ni el ideal han aparecido todavía.

h) A.

TE

DE LA

'OCIÓ

(. 'TELECTUAL DE

Dros

La revelación presencial de Dios al hombre no es un acto gnoseológico
ni siquiera ontológico, sino pre-ontológico, un contagio o prendimiento presencial en que el hombre -la persona metafísica- se autopresenta, se hace autoconciencia y se inicia el "siendo", la impulsión existencial. La Presencia de Dios nos prende en luminosidad, pero también nos centra co~o
autoconciencia, y nos aprieta en rigor existencial, con una voz, un cammo
y un mensaje, y el hombre se ve a sí mismo como llamado por una vocación,
como caminante y como mensajero, con misión y mensaje que ha de entregar a los demás mientras se realiza a í mismo. Y ahí empieza el pensamiento }' la actuación. Dios nos llega pre~cial y misteriosamente, in ~u le
conozcamos; le iremos conociendo a medida que nos vayamos realizando
auténticamente , conociéndonos a nosotros mismos. Y ese Dios presencial
es más evidente y luminoso que el que resulta al término d una andadura
del pensamiento discursivo. Dios resulta al hombre intclcctuah~erite lejos. :
una Ontología antropos6fica y presencial, antes que llegar a Dios. a la Deitas, por la vía de los raciocinios, parte de su revelaci6? presencial. Y .obtiene estos dos hallai.gos un poco sorprendentes: que el J.IJ1petu y la lucidez
del discurso son entonces más intensos y certeros, y que eso mismo, sin advertirlo quizl1s, es lo que hacen todos los que raciocinan sobre la existencia
de Dios. Sólo que lo intelectual desacerca y objetiva y por eso, antes que
pensamiento lógico, la revelación presencial se nos hace fe, la cual, por su
parte, calienta e impetuiza al pensamiento racional comuni~dol: el ~núdo presencial. .. Y la fe, como el amor, es desalejan~e, aproxunati~a. Dios
por la fe cst.-\ más próximo al hombre que por la razon; es m~ evidente y
luminoso como presencia personal que como concepto1 causa pnmera o motor inmóvil. A los otros hombres, por el amor y la fe los .iente próximos o
prójimos. La fe es contacto y participación,
las _demo.straciones intelectuales dan la contemplación respetuosa, la visión a distancia. Demostración. es consideración y cumsiáerare significa dar la vuelta por las estrellas,
en lejana circun-spección. Reconozcamos que el raciocinio,: a cambio, da
más seguridad, sobre todo a detenninado tipo de hombres, que parecen no
descansar hasta que lo saben bien, ha sido bien demostrado. Tal es el caso

mi~?45

de aquel sabio alemán que preguntaba inocente al término de la audición
de una bella partitura: "Bien, pero ¿ qué ha demostrado el autor con esta
sinfonía?" Aunque parezca muy otra, es la misma actitud de Kant cuando
pedía e.--q,eriencia para d)Oder probar la existencia de Dios, pues la que él
postulaba era la e.-xperiencia real y objetiva, no la existencial. Y sin embargo, algo experimentó fu ra y dentro de sí, cuando habló de la majestad impresionante de la conciencia del hombre y de las noches estrelladas. o le
bastó, porque él ansiaba ante todo, una demostración lógica; prefería la
demostración a la presencia. Pero sin demostraciones bien construidas hay
mucho homb~ que experimentan una cálida y vivífica experiencia de Dios;
en cambio, sin el atisbo presencial, ¿ cabría intentar demostración alguna?
Tambi ~n Ortega, otro gran intelectualista, prefiere la idea de Dios a la experiencia de Dios. Filos6ficamcnte nunca pareció contar con un Dios personal; se quedó en la Dei tas, como Scheler, como Zubiri. Por eso def cndi6
al teólogo contra el místico, prefiriendo el teorizante al experimentador de
Dios. Para mí, antes que la experiencia objetiva y la prueba cosmológica,
importa la experiencia interior del hombre, en donde se halla la verdad. Es
dentro del hombre donde Dios se deja más entrever y entreoír, y es a través del hombre como podemos presenciar y presentar las cosas del mundo.
Por eso esta Ontología presencial y existencial toma a Dios como fundamento: su Revelación presencial, como punto de partida, y Ja experiencia
del hombre, como principio del ser-qué, del saber y el conocer.

PRE-NOCIÓN Y FUNDAMENTACIÓN DB LA NOCIÓN DEL FUNDAMENTO

Debemos empezar buscanao una fundamentación filosófica a la nOC1on
y la ontología de todo fundamento, hasta alcanzar el Fundamento de todo
J
porque la palabra "fundamento" y su sentido filos6fico suelen ser u ados
en acepciones tan variadas como equívocas. Unas veces el fundamento se
entiende como virtualidad e influjo, irreversibles, del pensamiento lógico sobre lo real, aun cuando se trale de fundamentar Ja ontología de esa realidad. Y otras, por el contrario, designa a lo ontológico y real como única
fundamentación posibl del pensamiento y sus construcciones lógicas. Kant
mismo, que echaba de menos la experiencia de Dios para poder fundamentar la demostración de su existencia, afirmando así que la experiencia de lo
real debe ser el fundamento de la demostración, afirmó también, y mucho
más frecuentemente, que Jo real, para ser ontológicamente vigente, tenía
que hallar sus fundamentos en apriorismos categoriales y en dictado del
pensamiento sobre la e.xperiencia. Y al tratar de la Metafísica de las cos-

136
137

�tumbres busca su fundamento unas veces en experiencias ontológico-reales,
y otras en apriorismos lógico-categoriales.
.
Ya el hecho de hablar de dos fundarnentaciones, la del pensamiento ~
la de lo real, la lógica y la ontológica, es negar el Fundamento, por;u~ s1
este es "primer principio" no puede haber d~s; ~ ~ f und~ei:1t~
umco,
o no es propiamente fundamento. Pero tambien, 'pruner pnncip10 envuelve aquello que se quiere explicar. Los fundamentos. físicos de ~a casa son
sus cimientos· los biológicos de un árbol son su se011lla Y su raiz; los de un
·
raciocinio son' sus supuestos y los de un silogismo sus premisas,
como 1os de
una teoría los principios en que se apoya y fundamenta. _Pe~o. no bastan el
apoyo y el asentamiento: para ser principios h:u1. de pnncrpiar y gua~ar
continuidad con lo principiado, y entonces el ClIIllento puede no . se~ ~nncipio como no lo es la silla para el que se sienta en ella. _Es pnnc1pio la
premisa del razonamiento. Pero como los principios se. imbnc~ .s~;nen,
para hablar de fundamento hay que ha~lar de ~ "pnmer prm&lt;:p10 . Pero
el calificar a un principio de "primero' , lo calif1camos de lo mismo y notamos que el pensamiento tropieza consigo mismo, sin que_ acerte~os a romper el circulo sortílego. Es erróneo decir que el pensamien~? tiene fundamento en ¡0 real, cuando en lo real sólo tiene apoyo y d~taaon, la data, los
datos y la comprobación y el contraste de sus construcciones. Y_ es erróneo
afirmar que Jo real y fáctico tiene su fund~:11to en el pensanuento donde
sólo hallan principios. Lo real apoya y certifica ~o p~ental Y el, pensamiento da los principios en que ha de hacerse mte~gilile 1~ ontologia, d_e
lo real, pero ni uno ni otro / undamentan sus respec~v~ regi~nes ~nt~logicas. Ni Jo peruamental se fundamenta a sí mismo,_ ru uene_ ;gencia sm lo
real objetivo, ni la realidad objetiva es nada real sm la acc1on ~ensamental
del hombre que la presenta. Más en lo hondo del hombre y hacia atrás, está la presencia que, al hacer posible el pensamienw y presentar ~ lo real, hace posible y aun inevitable la conjunción de lo real y el pensamiento.

,;5

!

a) RAzÓN Y PRINCIPIO

Por esto, no es adecuado decir que el flllldamento da razón de lo f~damentado; y ello, no parque el fundamento no sea_ ~6n bastante o suficiente sino parque, al revés, la raz6n bastante o suficiente de algo no es bast~te ni suficiente para ser proclamado "fundamento", el cual, en su pr,enoción, ya nos avisa que es más que una razón y aun más que toda la razon
de algo. La razón, el pensamiento racional del homb~, puede co~~e~ y reconocer el fundamento de algo y servir como se ha dicho, de pnncip10, pe138

ro no puede engirse en el fundamento mismo. Fundamento quiere decir
más que razón y más que el ser de la razón; quiere decir dar principio sin
principiar. El Fundamento irradia verdad y ser, y la razón de una y otro,
pero desconoce la incertidumbre y la sombra y la duda y los contrastes y la
originación. El Fundamento es todo presencia, y da presencia a todo. No es
cimiento, ni principio ni razón suficiente, ni causa ni semilla. El Fundamento da principio y raz6n suficiente, pero 1os da; los regala sin ligarse, no
es razón ni principio, porque no principia ni se liga a lo principiado. Es lo
absoluto, lo radicalmente desvinculado y aparte. El principio principia, se
embarca e involucra en lo principado, y así la causa y la razón suficiente
son principios del efecto. En el Fundamento no hay más razón que la creación libérrima, sin compromiso con lo creado. El Fundamento no es funda..
mentado, como la Presencia Divina no es presenciada. Y así como para conocer a esa Presencia, para mirarla intencionalmente, hace falta desviar la
mirada del hombre hacia zonas de contrastes y penumbras, así para alcanzar a inteligir el Fundamento hace falta remitirse a lo que no es el Fundamento, sino los principios que ya se dan con la presencia del hombre, ante
sí mismo y ante las cosas. Ni el pensamiento ni lo real dan el Fundamento,
porque ninguno de los dos origina sin principiar, que es lo propio del Fundamento.
Pero los llamados "principios lógicos universales" no principian tampoco lo
ontológico real, sino que otorgan la forma pensamental o lógica de lo real.
Sin duda que los "principios del pensamiento" son los principios (porque
principian) no de la ontología de lo real, sino de inteligir a los entes reales.
Si fueran principios de la realidad ontológica, tendrían que ser también esos
principios del orden de lo ontológico real, y habrían nacido en lo real y no
en el reino del pensamiento. Y si no, tendríamos que admitir que lo real
nació de lo meramente lógico, de los dictados del pensamiento humano, pero sin ser este ontológico-real, sin dejar el pensamiento de ser pensamiento,
más con fuerza ontogénica creadora del orden de lo divino. Mucho menos
vamos a suponer que el pensamiento sea como un jugo o una savia que el
espíritu humano extrae de la manipulación de lo real, pues lo real entrega
datos al pensamiento, pero no lo engendra, que esto sería más inadmisible
que el poder ontogénico del pensar humano.
Ni una cosa ni otra: El pensamiento del hombre da el principio 16gico al
conocer y la intelección de lo real, pero él mismo, no principia lo real sino
que cae o se proyecta sobre lo real. Pero, más, allá del pensamiento, más
atrás, hacia lo hondo, hacia lo que fundamenta, están unos principios universales que el pensamiento no ha elaborado y que sirven de supuestos, de
impetu y de savia al pensamiento, brotando de la autoconciencia existen139

�cial. Son universales estos principios porque vienen, no directamente de Dio~,
pero tampoco de cada hombre, aunque sí de la presencia humana, de la uruversalidad de la copresencia, gracias a la cual los entes de lo real se ~re~entan desglosados del "hay", ganados de la respectividad al hombre, consntuidos
cada uno en ser-qué y en trance de ser conocidos por cada hombre después de
. d
E
l "
,,,
haber sido presentados gracias a la presencia e otros. •n : . ser-que ya se
conjuga la desnuda onticidad de cada uno con .la _res~~tlVldad Y
forma
ensamental. El ser-qué ya aparece como especie mtelig1ble ontolog1camenie principiada o ganada por el principio presencial del hombre, _con el cual
el hombre mismo ha cobrado sentido, conciencia de sí y pensamiento. Y ese
pensamiento ya elaborado, transporta el principio universal tomado en la

,1~

coprescncia por su conciencia autopresencia!.
y no sólo es pensamiento: La respectividad del ser-qué no solam~te da
la aptitud de ser tratado y conocido sino también valorado o entend~do. El
hombre valora reconoce el valor de las cosas. Algo vale cuando algwen valora y valoriz;, La valoración es un principio existencial que viene de la
presencia del hombre como primer valor y primer valorante. _Y. la presencia humana vale por el Fundamento que le otorgó su presencialidad y _que
es más que el principio; y todo principio vale más que la mera regu_la~d~d
0 repetición de los hechos reales, aunque ésta sea universal, y los pnnc1p1os
también. La Presencia Divina es el fundamento, que da razon y no es mera
razón; que da el principio y no es principio, que está presente a todo Y no

puede ser presenciado.
b)

FUNDA!I-IBNTO y

TRASCENDENCIA

Podemos nombrarle como lo Absoluto, pues el Fundamento lo es, en
cuanto total autonomía ante todo lo creado. Pero no parece que baste llamarle La Trascendencia aunque es evidente que es trascendente la_ pres~cia de Dios en el hombre, y lo que hace al hombre trascenderse existencialmente en un "siendo" y en un trascender continuo hacia un conocer y tr~tar las cosas del mundo. Pero solemos entender el trascender como un continuar lo que es, sobrepasándole, y entonces resulta que lo trascen~en~e. es ~o
que principia y sigue en lo principiado, pero no lo que da el p~c1pio sm
principiar. y Por lo tanto no es el Fundamento. Lo que nos ?'asciende puede no fundamentamos; pero lo que nos fundamenta nos es siempre trascendente. y aunque nos esforcemos en concebir lo Trascendente coro? algo que
está más allá de lo trascendido y sin ligamen ru relación con ello, siempre habrá que reconocer que le está trascendiendo, que de algún modo está con

ello aunque esté allende de ello. Pero ahora caemos en la cuenta que también
el Fundamento es fundamento de todo lo que hay; que el Fundamento está
fundamentándolo y que, por mucho que nos esforcemos, siempre el Fundamento par:ce tener algún vínculo o ligamento con lo fundamentado. Quedan pues sm fundamentar, no sólo la Trascendencia sino también el Fundamento. Y si Trascendencia y Fundamento están más allá del hombre están
más acá de la Pre-Esencia cuyo "Pre" queda más allá de la Trasc~dencia
y del Fundamento. Y mientras Lo Absoluto, el Fundamento, la Trascendencia, alud.en a alg~ imp~rsonal, ~ producto ya elaborado por el hombre después
de la pnmera evidencia expenmental de la revelación, la Presencia al menos
por ref!ejá~nos hecha pre~encia humana, está remitiéndonos a algo personal:
a Alguien, innombrable e inconcebible, es verdad, pero que, al hacerse autoconciencia y pensamiento, nos pide una palabra, un silencio, un nombre. No
Lo Absoluto, ni el Fundamento, ni la Trascendencia, sino la Presencia Divina
y Personal, con un nombre: Dios.

c) EL

FUNDAMENTO Y LA PALABRA PRIMERA

Dios no es un nombre ni una palabra, sino el primer pensamiento y la primera palabra; sin ser un pensamiento concreto, ni un concepto acabado, ni
~a _ralabra encapsulando una idea completa, en- ese nombre, cargado de radiaciones de la Presencia, toma principio el pensamiento. Su Presencia está en
todos los hombres y su nombre está en todas las lenguas. En el Principio es
el ~erbo, la palabra que da principio creador; el Fundamento. Al autopresenc1arse el hombre en lo profundo, halla oblicuamente lateralmente la
Presenci~ Divina, a cuya radiación el hombre mismo le ;one sombras,' como obstáculo, y el asombro fundamental, que es la conciencia primera de
esa ~ombra, le hace pronunciar el primer nombre: Dios, algo silencioso y silenciado por ~I asombro. P_or eso el nombre de Dios en todas las lenguas está como aludido y aun evitado o soslayado. En sánscrito "san" o "sat" ( de
donde "sanctus") dice s6lo "el que es". De ahí el verbo sustantivo "as" que
dice "ser". Ahí se originó el griego antiguo "on", que en jónico era "o~ax"
de donde viene "anax", principe, y de "princeps", principio o decreto. Pe~
ro en sánscrito "OM", como en hebreo el nombre de Dios es sagrado y es
indecible.
'

Y ese nombre es inefable porque es el Fundamento· es la Presencia q e
E~
'
u
es ' v1 ente pero no se ve; la Voz que no se oye pero se entreoye. El "fundamentum" latino, derivado de "fundare", está próximamente emparentado
cn"f
o
undir"d
e , erramar, to d o d.
envado d e una raíz "fud", y con ella, &lt;p'IÍOJ,

141
140

�vl., 1)f(W tp'Úa&amp;~, y, tamb lºén "fOS" &gt;
nacer de donde los vocablos gnegos 'I' sán'I, 'l'_t p~e provenir del indoeu'
,
bºén se halla en
sen°
·
.

luz. Esta ra.iz que tam

1
. .
"bhutas" y "bhuta-yoni"' que s1g''bh ,, (ser) de la que se ongman
. . .
al o que
ropeo
u
'
. . .
f ntes algo que pnnc1p1a y g
nifican respectivamente, prmc1p1os y ~e "be:' . lés y al "bind" alexnán. y
se derr'ama. De esa raíz se h~, llegado" abism;: ~ fondo. y de "bhu" se
al griego "bys.ws"' hondo, y a-b~sd' "f d~-entum" y "fundus", tierra,
.,
, "íi!d" de uon e un o.u,
'
formó tamb1en la rau
,
b'én se "mentum" del vocablo
"
d . el mar Pero tam i e
l
y "el profundo , es ~~
.
materia de que se hace aquel o
1·
"fundamentum.", está indicando a p ~ ;
tum" alude a la materia del
se funda ,.. fundamenta, como e
amen
el ºd El "fundamen1
que
•
d que se hace
ru º·
hilo y el "nídamentum" a la mate_na e l
"fundus" todo fundido en
'
"f "
l oerra y a mar,
tum" alude a la luz os • Y ª
· oso ,ue se derrama en
' d la raíz "bhu". El / undamento es algo lwrun
q . d D'
Esta
el ser' e
.
el mar. es la Presencia e ios.
claridad el mundo, sobre la t1~ra y . d l 'sán rito "div"' brillar. Pero de
''D'lOS" ' Dcus, .d ,ó,..
80~ den va
e
se
d d
palabra
~• ., ,
,
·t "bha1'" derramar, de on e
, " l "
formó tamb1en el sanscn o
,
. ,
"Gott''
la raiz b iu ' se
"Bo ,. D'os "God" en ingles y
"bh°',..,..'' suerte y el eslavo y el ruso
g ' i ' .
1 fundamento del
"º- ,
'
D'
ejor Dios es e
en alemán. El Fundaroentum es i~s o, :
mundo hecho Presencia y
mundo i un fundamento he~ho de uzd so re en un C:.ear inagotable.
Pre-Esencia. Una Pre-Esencia que se errama

cl

d) FuNDAM!NTO, ASUNCIÓN E INTEGRACIÓN
"
d
to" uede ser atribuido a Dios. Como
S6lo así el concepto de fun amen
Ep
. f nda y fundamenta toda
•
--i f
d enta . como Pre- sencia, u
.
"Pre" uruvc=, un am
•
.
h
·tar en asunc16n,
Trascendencia nos atrae y ace grav1 ,
esencia y todo ser; como
.
li l aro· cipación presencial. Pero es
. b · S' en ansia de arop ar a P
en elevación aoa 1, • .
•,
•
no di amos pasiva. Aun el hombre en
más donación que participa~ion a~v~ly .
llamado m,iado y atraído que
• ·
cial se s1ente roas I u.roma 0 ,
•
• su conc1enaa presen
.
p t de Dios' 1:1y por la seme1anza
d'
.
Es
seme¡ante
no
ar
e
.
participado de lo avino.
' D'
amarle y pensarle. Todas las
se siente inclinado, llamado a bÉuscar a l 10s yas por su ser. las personas por
.
das 1 ·
1 pero as cos
·
,
criaturas están onenta
1acia ,' .
hacerse un ser que ofrecer y
. .
un buscarse a s1 mismas para
.
al omb
su existir, que es
esd
tividad están ofree1.das
h
re,
tributar a Dios Las cosas, d e ~u respecd h .
Todas las criaturas se
, d , t quedar onenta as acia
.
.,
para, a traves e es e,
.
ha . D'
Pero las cosas, en ascens1on,
,
ara onentarse
oa 105 ·
enlazan y reunen p . .
hombre. las personas, en a.sunci6n. Es una
al través de su respect1v1dad al b
' a a.nmci6n del hombre a Dios.
º6 d las cosas en el hom re y un
integrac1 n e
.
el
1 fundamentado, no se confunCoroo Fundamento, Dios no se mez a a o

l

Dios

de con las criaturas, pues, como sabemos, el Fundamento está siempre aparte
de lo fundamentado. Tampoco lo integra como un todo orgánico a sus partes, pues no somos partes de Dios ni órganos suyos en la acepción biológica.
El hombre se siente ir en asunción, pre-orientado, llamado a tJ, pero habiendo de merecer con su existir el viaje asuntivo. Dios es el Gran asunto de
toda criatura y por tanto del hombre. Y el mayor grado del hombre, ser
asunto de Dios. El hombre, por su semejanza a Dio\ y su jerarquía ontológica, se siente mirado, presenciado, referido a su Presencia, al Fundamento
y al Fundamento trata de volver. Y al través del hombre todos los seres naturales, presentados, integrados en el ser por la presencia del hombre, a
quien están referidos ofertivamente, sueñan con elevarse asuntivamente a lo
sobrenatural que el hombre trae. De ahí el sentido existencial que, partiendo
del hombre, circula por las cosas... El sentido ya sabemos que representa la
circularidad del espíritu en el mundo. Es una circularidad imperfecta, una
espiral para elevarse. Todo circula de sentido porque el espíritu circula buscando a Dios como Fundamento universal y único.

e)

FUNDAMENTO V

SER:

SEMEJANZA, INSPIRACIÓN Y

PARTICIPACIÓN

Dios es Fundamento de todo ser y todo no-ser. Pero por eso mismo no cabe dentro de la noción de ser. Podemos decir que es el Ser Absoluto, Primero, Unico e infundamentado. Pero, con todo eso, lo que estamos diciendo es
que es algo que está más allá y es previo a todo ser, tal y como el hombre
concibe el ser. Hay que fundamentar la noción y la onticidad del ser que la
Metafísica clásica unas veces ba creído sacar de la experiencia, otras del pensamiento y, lo más frecuente y en última instancia, de Dios. Es para mí evidente que, en este último caso, se ha dicho una gran verdad, la de que todo
lo que hay tiene su fundamento en Dios. Pero es la noción misma de fundamento ontológico y el fundamento mismo de noción de ser, lo que ha traído
cierto trabucamiento en la Filosofía clásica y tradicional:
Unas veces, se nos ha dicho que "ser" es todo y cada uno de lo que hay
en el mundo - y ya aparece confusión atribuyendo el ser lo mismo a "todo"
que a "cada uno", y no sabemos si como "noción" mental, o como onticidad,
pues es evidente que ni la noción ni la realidad ontológica puede atribuirse
en el mismo sentido a "todo" que a "cada cosa"- ; y que lo que es, lo es, según lo experimentamos por los sentidos, según unos, o es lo que concebimos
por el pensamiento, según otros; y en cualquiera de estos casos, hay que buscar el principio en que las cosas principian y por el que las cosas se ponen
a ser. Pero otras veces se ha afirmado, de otro modo, que el ser es algo (no

143

142

�se quiere decir "alguien", por temor a que se diga que en ello hay prejuicio,
como si al hombre le fuera posible juzgar sin algún "pre-juicio'') algo universalmente traspuesto a todas esas cosas que hay en el Universo, y que es
lo que las hace ser, con lo cual se alude no a su principio sino a su fundamento. Y se dice verdad al decir que Dios es el Fundamento de todo ser,
que es también lo que yI he dicho. Pero, por lo general, al decir que Dios
es el fundamento de todo ser, se da a entender, y aun .se dice explícitamente,
que, por eso mismo, Dios es también ser, el Ser por excelencia. . . Por falta
de una noci6n fundamentada del Fundamento, no se advierte y reconoce que
si Dios lo es, por eso mismo, no se homogeneíza ni participa, no se. liga ni
ob-liga, con lo fundamentado, y más bien servirá para pensar que, puesto que
Dios es fundamento de todo ser no es ser, o si lo es, será algo distinto radicalmente del ser que estamos fundando, encontrando, tratando y pensando a
cada paso.
Ortega y Gas.set, con su profundidad acostumbrada, habla así del fundamento: "El ser fundamental, por su esencia misIPa no es un dato, no es
nunca un presente para el conocimiento, es justo lo que le falta a todo lo
presente. ¿Cómo sabemos de él? Curiosa aventura la de ese extraño ser.
Cuando en un mosaico falta una pieza, lo reconocemos por el hueco que
deja; lo que de ella vemos es su ausencia; su modo de estar presente es
faltar, por tanto, estar ausente. De modo análogo, el ser fundamental es el
eterno y esencial ausente, es el que falta siempre en el mundo -y en él siempre vemos la h~rida que su ausencia ha dejado, como vemos en el manco el
brazo deficiente. Y hay que definirlo dibujando el perfil de la herida, describiendo la línea de fractura. Por su carácter de ser fundamental no puede parecerse al ser dado que es, precisamente, un ser secundario y fundamentado.
Es aquél por esencia lo completamente otro, lo formalmente distinto, lo absolutamente exótico". Y SP.guidamcnte subraya lo que e e ser fundamental
"tiene de distante o incomparable con todo ser intramundano", declarando
su simpatía -aunque s6lo en eso- "con los que se negaron a hacer casero,
doméstico y casi vecino nuestro al ser trascendente". En vez de unirse a los
que "traen a Dios demasiado cerca y como Santa Teresa, le hacen andar entre los pucheros" prefiere a los que "con mayor respeto y mayor tacto filosófico, lo alejan y trasponen" .1 Creo que ahí falla Ortega: en no ver que si.
la presencia es ausencia, también la ausencia de algo es presencia; en no ver
lo que el er fundamental tiene de Presencia, y lo que la Presencia tiene de
Revelaci6n; y que en toda revelación su lejanía es ~bién su proximidad. La
Ausencia de Dios está en su Presencia y viceversa.· Y el Dios trascendente a
1

quien no conocemos anda entre nosotros y en nuestra vida ordinaria y entre
1~ p1'.cheros., El en~rme intelectual que hay en Ortega, su ingente cabeza
filos6f1_ca, tema ~am~1éo su manquedad, su línea de fractura: siempre Je falt6
el senudo del l'DlSteno y de lo irracional.

_Y no hay el peligro que rehuyen los gnósticos de que Dios, con la proxim1d~ del mun?o) se manche o se h
responsable de su imperfección.
P.rcc1Sam~te ah1 es donde se ve más lúcidamente en qué profundo sentido
la Presencia es creadora, y el Creador es Presente en su obra, sin contaminarse
ella, Y sin qu el carácter absoluto del Fundamento estorbe a la a\l•
tonom1a
de
.
. lo fundamentado., El Creador no sólo inventa seres de 1a nad a,
smo que 1?venta 1~ nada
y de las imposibilidades obtiene posible, y
de los pos1~les, reahdades, sm que el Creador mismo se afecte d nada ni de
se~, ~e po ible ni de imposible. o
afecta tampoco de cerquidadcs ni de
leJaruas. Puede crear impurezas, imperfecciones, seres deficientes sin que por
eso el Creador se contamine de ellos. 'o hay que inventar un Dios segund0
.
1os gn6sbcos
·
como h.1c1~ron
para justificar las imperfecciones del mundo. Ese,
segundo dios que ellos buscan, responsable de los defectos, es el hombre. Tampoco la luz se ensucia con los contactos de la realidad. La luz más bien lim ·
rif
hi . .
.
p1a,
pu 1ca.; giemza. Y acaso Dios con su Presencia borra impurezas y deft'ctos
y fealdades que pone cl hombre. Para ello nos llama a ser el ser que debemos
ser; y pa~a eso hay misericordia y perdón y amnistía para el hombre. Qui7,,í.s
suena ah1 el más profundo sentido de la salvación.

ªª

?e

°:1sma,

. Si es verd~d que en Dios somos, vivimos y nos movernos, no por eso participamos a Dio , tomando parte o porción en El. Para entendernos los hom-

ent;

~res
nosotros misn~.os, "al.e el concepto platónico de '&lt;participación" 0
metexy , pero apenas s1 nos sirve para fundar una buena noción de "f _
d
., Pod
.
un
_a~ento •
cmos decir (sin pensar en partes ni en fracciones) que paruc1pamos
' · ~ 1a p resenc1a
· D1vma,
· ·
" el es~mtu
y que le participamos' actuando
~m~ 6rg~os de Dms, pero es palabra temible en el uso, la de "participac16n
que la. palabra ."participaci6n" debemos usar las d e msp1rac1
· · ·6n
. . MeJor
.
mducc16n o semcJanza acc1onal que facilita la acción presencial y existenoal de ho~bre_ inducido ~ inspirado. Más que participación en Dios, hay
contacto rrustt'noso, comunicación secreta con El Q.. =--'s 1a meJor
· pa¡a b ra
P~ des1gn~ nuestra pos1c1on Junto a Dios, sea la de "sem janza", una mistenosa seme1anza que nos hace aspirar a Dios, imitar a Dios representarle
Y prese~cia~ como Diosi y pensar, hablarle, responderle, y hast~ fundar como
unos diosecitos, seres -por ejemplo en arte- pero sin ser Dios ni participarle. Somos y nos movemos y nos inspiramos en Dios, y Dios nos funda.
menta el ser, todo ser, el nuestro y el de las demás criaturas pero no
ello podemos decir que Dios es, al modo humano de entender el ;er.

º.

.

. ., .

. =

¿noce!:

OaTEoA y GAssr.T: ¿Qud es Filoso/la? 1957, páginas 108-9-10.

145
14-1-

HJO

�oscuramente a Dios, y conocemos el ser y lo fundamos en las cosas al presentarlas como seres-qué, conjugando su especie inteligible, su nuda onticidad,
con nuestra presencia y nuestra intelección; pero, no porque conozcamos oscuramente a Dios y más claramente al ser, y no porque hallemos que todo
ser está fundamentado en Dios y si acaso fundado por el hombre, tenemos
que involucrar en el ser a Dios. Que no podamos pensar nada sino como
siendo, no quiere decir que Dios sea, sino que nuestro pensamiento para
pensar, necesita elaborar la noción de ser; y necesita elaborarla porque él
mismo es y necesita ser; pero es y necesita seguir siendo pensamiento, aunque también por sentirse no-ser con la onticidad de lo real. necesita esa
onticidad y la busca, y con ella, funda el ser-qui de cada cosa. Y llama a
todo y a cada cosa, ser, porque pensar es "siendo" y no hay ser sin pensar
ni pensar sin ser; y hasta Dios le llama ''Ser", incluso en la etimología de
su nombre en todas las lenguas, según vimos. Pero ello mi mo viene a confirmar que la noción de ser le sobre-viene al pensamiento humano del principio universa\ de la co-prescncia hu.mana, y que con esa noción, prenoción,

el hombre presenta y funda el ser-qué y lo conoce.
Y si el primer verbo que en la mente del hombre aparece y se forma es
el verbo "ser''; si el ser aparece, antes que en las cosas, en el pensamiento,
que es como el "verbo" del hombre de tal modo que lo primero que pod mos decir de algo y de todo lo que hay, es que es; y i no podemos designa1
a Dios sino como "Lo que es" y al hacérselo presente al hombre no puede
m nos de aparecérscle como ser, pero como ser presencial, como persona,
tal y como la persona se presencia a si misma, digamos que Dios evidente y
misteriosamente es quien es, no "lo que es". Alguien que nos pre encia y
nos mira y nos da a todas las criaturas la fuerza para ser lo que cada una
es, Dios, en fin, es. desde u "Pre" remoto, el Fundamento, lo que Pro-es;
el "Pro'' universal de todo, Quien lo {undamenta. Por eso, al manipular pensamentalmente el ser de Dios, no olvidamos que su Ser es Pre-Ser, y que,
por tanto, no es, del todo, lo que llamarnos ''ser''. Mucho más cuando luego
vemos que también el hombre es un ser raro que no es ser al modo natural,
sino que su ser es, realmente, un "siendo", y un ''siendo" que es verdadero
ser. gracias a que viene ganado por el tmpetu e.'ti tencial y por la fuerza
de la acción pura del e píritu que en el hombre se hace presencia y autopresencia. El más rico y hondo ser del hombre, no es el ser acabado de
su cuerpo, de su especie o de sus conceptos, sino su "siendo" existencial.

i sólo fuera ser al modo terminado y específico del animal, el astro o planta,
¿ qué ser inactivo y neutro sería el suyo? El ser si quiere alcanzar a ser en
la máxima intensidad para el hombre, tiene que estar siendo, tiene que ser
existencialmente y reafu.ar su "siendo" en la temporalidad que el propio e.icis-

rir va segregando para poder sostenerse existi d
.
hay "siendo'' ni existir Pe
.
en o, pues, sm lo temporal, no
cial del hombre ese ~tilo : esto mismo nos dice que ese "siendo" existencable a Dios de' quien no pode ser que el hombre tiene no es tampoco apli'
emos pensar que
tá h •
ralidad ni elabo , d
se es
ac1endo en la temporan ose un ser que no acaba d
.
las ideas y ajustemos:
e tener. RecoJarnos aqui bien

SEJ4EJANZA, PARTICIPACIÓN y ANALOGÍA

Cicerón tradujo el griego d,.alo la
"
. ,, 1
luego la filosofía escolástica ha ac 'Y t dpor comparatto
proportio" que
unos, a la analogía de proporción . ep a o en sus dos ~ers1ones inclinándose,
el mayor o menor fonnalis
' otros,_ ac~tuando mas la atribución según
mo a que se melina e) estilo
uno. Pero de la analogfa filosófica habl
•
pensamental de cada
de hablar sobre la analogía como semc. aremos mas ~~elan_te. Ahora hemos
ma palabra ("metexy'' d
,
¡anza y la part1c1pac16n. Ya esta últi.
' e µeT-exw, compartir
éste de ,
cer)' qwere decir en Plat' .
Id
' y
µe-r-1:iµ,, pertene,
on, igua ad y dif
.
l
.
que parece igual y el ser igual en l d.f
erencia, e ser diferente en lo
0
1 erente. Claro que PI t'
·· •
f •
a 1a part.1c1pac1ón en las Id
.
a on se re er1a
.6
eas, pues D10 para él está , ali' d
rel ac1 n, de toda participación d 1
. '
,
mas
a e toda
. . .
' e a sem Janza y la dese .
)a 1m1tac16n pitagórica.
meJanza. .. Recuerda

!

Toda semejanza en el mundo de lo e i.ri al
revelación puesto que seme·
sp tu Y personal tiene algo de
1ar es, a 1a vez pare
d
que no es exactamente igual
I d"f
'
cer y es-parecer, lo igual

y por eso lo que se revela pid: e~ in11:l~rte que. no .e~ del todo diferente.
I dif
. g , y el mteltgir humano es buscar
Y a
erenc1a en lo pa ·d .
mente y comparamos que
J
.
rec1 o, acercamos mental. .
.
'
es a operac1ón más elemental
1
ramos, distmguunos y abstraemos y . 1 Id
.
·
as, a ea lo arism y, uego, 1separesulta mtermedio entre lo universal lo sin
, o que en p atón,
concreto" de Hegel
H I
Y
gular, algo as1 como el "universal
.
' pero ege , aun hablando de la Id
ref ,
que m es unÍ\'ersal ni s concreto cuan
..
ea, se ena al concepto
cepto " er'', el propio Hegel die; y uc e.; ~o es um\'ersal de \'erclad como el conel mundo de Jo personal q
ql
gual a nada. Para la reuelació11, para
. .
, ue es e mundo de lo
cial
rrustenoso, val la idea la cual
á
presen
Y por tanto de lo
Idea no basta el ojo n/ iquiera 1~ m·6s qu~ concepto. y para llegar a la
el parecido en lo diferente

Y la inteligencia es más que razó ~a~ n ~
~te; ~ace falta la inteligencia.
rarse" que es ás
n, es razon ex1Stcnc1al, el órgano del "entem que conocer porq e
la enterldad del hombre y co'
. u . ~ conocer por entero, es decir desde
•
n aspu-aoon a I
cosa y de las cosas todas.
ª totalidad de lo que es cada

147

�la
roximación y la comparaci6n
La in igencia, para ~n~er"rse' bu:arazó:~ara elaborar el concepto disde lo distante y de lo dis~to, que anal 'as entre las cosas del mundo p&lt;&gt;rtingue y abstrae. Hay semeJanzas y ll ogt hombres y la inteligencia halla
que hay animales inteligentes que se
en 1~ singular, es decir, el
en la idea -no en el concepto-d hlomb
p ro la noción misma de ''seme.
1 'dad de ca a o re. e
al
l
universo en la smgu an
..
en la filosofía tradicion ; y 0
asa de precwones
.
janza" parece u? poco e:
,a" ues esta palabra no es sino semeJanza.
mismo cabe denr de la analogi. ' p ha. diferencias y no estricta igualdad,
o basta decir que en ~oda ~eJan~\
sobre lo común, sobre un fondo
si se supone que esas d1~erenc1as sel i UJ 'dad implica participación, pu ,
'dad
se enuende que a comun1
.
I"
de comum
, Y
,
d'
"lO 1·guatmente engendr"'do"
..
, pero lo "agua no
como lo homogeneo, ice
• t ) porque allí en lo igual, hay
.
. ., (
cho menos lo seme1an e
'
ed
es lo "1dént1co y ~u .
.
. en la identidad, no, resulta que pu e
distancia entre los tcrmmos igu~lcsady
l .
..:c·1pación entre los térmmos
. d .
unid
rc·a m paru
haber homogene1da m_ com
1 traducción latina de la analogía griega.
homogéneos. y la scmeJanza es a d " . la ,, y "simulaorum")' que co"Similis" deriva de "simul'' (de don e
o de la raíz sanscrita ''sama'''
rresponde al griego ó~~.1ó~; ~mejante: vezEs lo mismo "analogía" que
juntar, de donde qmzas, aµao,, cose ar. ¿

=rsal
·'!n

7u

"sem jan1.a"?

· d1

amiento"

.
"
. "
. r decir "conforme al decir e pens
La \'OZ gn ga analogia quie e cd
d..,..;.. bien igual forma o fi,, nf
.dad" pu e querer ........ '
.
("logos"), p ro co onm
.
d por participac16n,
. d . ar lo que se aJu ta a otra cosa toman o,
gura, o bien es1gn
h
participación. en el otro, no.
fim11·a de ella. En este caso, ay
'
'd d
de
la r
iorma o
te caso sobre un fondo de comun, a ' no
Pero hay part1opaC16n en. es al d
lo que difiere dentro de lo homohomogeneidad. y la scme1anza ~ e a l
e parece otra coa sin serlo
1
,
eme1ante es o qu
géneo y no sobre o :°m~.
.
ver la diierencia con ella. Las cosas
y sin participarla mas bien d7!and"o " arir son gemelo ) no sólo porqueparecen ("parere", aparecer y parere d' p i la presencia lo cual les hace
t
ser presenta as por
.
,
ofertivamente e pres an
arecer y des-aparecer), sino yendo más
a( d) parecer (,• reaparecer, y
en a a la res/1ectiuidad, el ser respecto
,
rquc en el ser-qué de e ' tr Y
d ás de su
atras, po
'
d , del ser ofrecen el parecer; a ero
al hombre, de m~do ~ue, a em~a el "modo" como categoría ontológica; la
onticidad, su apanenc1a (lo que . .
ral d la coseidad, después de
. 'd d
es ino la apanencia gene
.
. al
{enomemo a no
d
'd
el "parecer" mtenoon
d "ha ") toman o se.nt1 o en
ser extraídas las cosas e
y
d d las mientes. Las cosas tienen
otro parecer brota o e
.
del hombre, que es .
.
' ero además de su ser --como mera onb.entre sí parecidos o diferencias, p
que' Del mismo modo
·
ara alcanzar su ser•
ciclad:-, prle~'pisanarec~r''p~::::i!e para acabar de parecer. Las cosas, por sí
necesitan e

º.-: .

ª

148

=

solas, parecen Jo que son, pero el hombre, con su parecer, les hace parecer
otnu cosas que no son.• Por la acción do la presencia humana que les hace
presentarse, las cosas aparecen, trasparecen y desaparecen. Por el parecer intencional del hombre, que las aproxima y las separa de modo también intencional, se parecen y se diferencian. Además de los parecidos y las semejanzas
que llas tienen entre sí, y que el hombre les encuentra o no, hay otras que
el hombre les pone sin tenerlas ellas; por ejemplo; la semejanza en ser numéricas, o existenciales, o meramente conceptos.
De la conjugaci6n de las "apariencias'' o "parecer'' de las cosas, y el "parecer" intencional del hombre, brota la semejanza o analogía, que puede clasificarse así: analogía o semejanza de figura, de operación, de función, de
origen y de acción: pero esta última semejanza es exclusiva de entes espiri•
tual , d personas, po que "acción" ahí, alude sólo a los actos y la actividad
del spíritu, no al mero movimiento. Pero cabe que la semejanza no sea la
analogía, aunque por pt.1ra arbitrariedad de pensamiento. i por analogía
cntendemo un parecido (figurativo, funcional, operativo, acciona! o genitivo)
analogía quier decir lo mismo que semejanza. Pero si se supone que en la
analogía liay o se significa participación entonces no es semejanza, pues ésta
exige una distancia, por mínima que sea entre el modelo asimilante · el
objeto asimilado. Por eso la llamada "analogía de proporción" no puede indicar sem jama, pu la "pro-portio" alude ya indudablemente a partes y
porciones, a comunidad real y no a horno n idad de origen, cuando más.
Hay proporción y participación cuando se toma parte o porció,i de una totalidad común. Pero eso no es semejanza. En cambio se conserva la semejanza
en la llamada «analogía de atribución'' siempre que se "atribuya" por ana..
logía y ~o por pertenencia real, ni pertinencia conceptual. Atribuir inteligencia al hombre, automoción al áñima o gravedad a la masa no es atribución por analogía sino por pertenencia. Atribuir encanto a la mujer bella
y graciosa o nobleza moral al caballero que lo es, tampoco es por analogía,
sino por Juirlinencia. Atribuir automoción al coche de motor, encan!o femenino a la flor, o gravedad a la meditación de un hombre es equivocidad o
analogía d comparación. Pero la atribución por analogta o semejanza, i
no es unívoca ni es equívoca no incluye, antes excluye, la participación. Por
eso en gramática se distingue el adjetivo que califica o determina, e.xtrínsecamente, aunque con\'enga la calificación, y el eplteto, que caracteriza y no es
cualitativo sino calitativo · dice la indole o naturaleza del sustantivo, no su

ci¡a/idad.
o hay semejanzas cuantitativas con proporción o sin ella, como no hay
semejanzas en los conceptos puros, como tales. Si digo, por ejemplo, que el
• Vid páginas 2fi8.:269 de mi La Pruencia como fu.ndam,nto de la Ontofogla.

149

�concepto 4 se parece al concepto 27 en que ambos son números y parti•
cipan en la numeridad o comunidad numeral, podernos hablar de coparticipación, no semejam.a, como son coparticipantes y copertenecientes dos
ramas del mismo tronco. Si hallo semejanza entre casa y habitaci6n no es
en el concepto sino en la imagen. Pero en el caso de dos conceptos, o de dos
números que pertenecen a una comunidad, la conceptual, no hay participaci6n ni co-ptrte.nencia, sino co-pertincncia, mero concurrir a una misma oportunidad o conveniencia. Es una falsa co-participación porque no es real. La
semejanza es siempre figurativa, funcional, operati"a o acciona!, pero no proporcional, aritmética o cuantitativa. La misma proporción matemática, aunque usa vocablos que recuerdan la semejanza ( dos es a cuatro como tres es
a .seis) no es, semejanza, ni siquiera igualdad (mucho menos identidad) sino
equivalencia, igualdad de valor matemático en las relaciones. Pero no haría
falta que hubiera eqwvalencias de ·'razones" matemáticas, si fuera mera
igualdad o semejan1..a aritmética. También podíamos decir: tres multiplicado
por 4 es como dos multiplicado por doce. Si en matemáticas a aquélla se le
llama proporci6n y a ésta no, es porque estamos ante una de las tantas convenciones de los matemáticos que nunca anduvieron muy seguros de la gramática ni del habla. Ahí se trata en verdad de eqwvalencia, no de igualdades
ni de semejanzas, porque no hay semejanzas cuantitativas. Y ello, no porque
yo lo decreté así, sino porque la semejanza o similitud indica ' imagen", y
tas cantidades ni las magnitudes ni los conceptos no se representan en imágenes, que son "figuraciones" y ''re-presentaciones'' de cosa individuales. Para
que haya semejanza entre dos proporciones matemáticas es justamente necesario que no haya igualdad (aunque haya equivalencia) y sí cierto parecido
figurativo de sus cifras.
.
Tampoco debe hablarse de identidad. El concepto identifica todo lo que
cae bajo él y puede hablarse de conceptos idénticos porque son sub umido
en otro concepto má amplio que los idénticos. Pero esa identificación del
concepto, no es la identidad de cada cosa consigo misma. Cuando yo digo
que las cosas son idénticas (id [em] énticas) lo que quiero decir es que son
iguale o semejantes pues todos los entes c6sicos (sin el "qué" que les
hace ser-qué) son idénticos en la coseidad. La semejanza es comparación y
atribución por analogía, pero no es proporción ni participación. Dos figuras
son semejantes, no porque tengan sus dimensiones proporcionales, sino por.
que
parecen en la figura y no en el tamaño; o se parecen en la función,
aunque no en el volumen o la figura; o en la operación, esto es, en el modo
de obrar. En lo que no se parecen nunca es en la cantidad.
No podemos confundir la equivalencia o igualdad cuantitativa de dos
relaciones matemáticas con la semejanza de esas proporciones. Ni hablar de

150

analogía de proporción, sino de atribución

d

.

pro-porción toma parte en lo q e al d
y e comparación, porque o la
toma parte, pero entonces no es pu
u 'óe, y entonces _no es semejanza, o no
•
ropon:1 n en su acepc16n ·
H
Janzas que dan lugar a proporc·iones o matemáti
ngurosa. ay seme•
(
11

porcionales, sino Jas figuras las
cas pero e as no son proI
nes resultan d .
~
cua es, por proporcionadas en sus dimensio,
e Clerta semeJanza) y scmej
clones ( como la operativas y funcionales anzas ~~e no dan lugar a proporhaber proporciones matemát'
y genitivas) y, en cambio, puede
icas que se parecen
tre • ·
.
o proporcion que son equivalentes tre , . en
s1 sm ser equivalentes,
.
al
en
t sin ser semejantes H
ctones re es que no pueden traducirse a
. .
. ay proporla conducta del animal es propo . al mi atemat1cas ( como las operativas:
rc10n a a de su Pcns- •
nal; la novela de Gald6s es
.
. -rCte; o como la accio.
proporcional a la de Ce . t )
h
c1one matemáticas ( las de func1·0
d . ad
"an es y ay propornes eriv as o la de n'
·
·
que, siendo matemáticas O no
al
. d'
umeros 1rrac1onales),
·
son re es ru icen nada d lO al E 1
me,anzas calitatfr.as no ha
.
e
re • n as seesto, la anal~ía entre dos :respro~rc16dn, lsalv~ en la que llamo específica,
. .
. ~
vivos e a m1 ma esp ·
d
.
dtStmtas s1 han sido engendrados de modo i ual
~te ~ aun e eSpec1es
diferencias sobre un f d
d
. g ' es decir, s1 acusan notorias
.
on o, no e comunidad partic' d
.
ne1dad. Pero en este caso la sem .
. tpa a, smo de homogcser de la misma naturaleza
es propiamente calitativa, por no
en el origen.
, ca t a o mdole, sino genitiva por la similitud

r~J;za ,"º

También suele haber confusión indebida entr "
, " "
pues debiendo este último té .
. di
e analogia Y homología"
rrnmo m car solam t "' al
1
•
'
cosas distintas (como los "is6to "
Q , . en e igu co ocación" en
el mismo lugar en la escala at~~ en wnuca, esto es, cuerpos que tienen
orruca. y como lo "isóm
"
.
mo Léculas en análoga posición) d b'. d
. .
eros que tienen las
.,
, e ien o s61o mdtcar eso
.
tam b ten a los términos sinónimos de I L, .
.
s casos, se aplica
ci6n en la Fisiología, }' basta a J
a ~~ca, lo miembros de igual f un.
,.
os acontecuruentos que oc
1 •
tie_mpo ÍlSICO, constituyendo la simultaneidad (n
. urr;n en e mismo
lehsmo de tiempo b' l' .
.
o la smoroma que es paraogico , IDientras la simultan .d d
.
tiempos fisico
. 1táneos
et a es paralelismo de
. . Los seres existenciales no son sunu
ni · , •
.
contemporaneos). a Esto nos U
.
Slncromcos, smo
.
eva a otros matices de la semejanza la anal ,
Ya vimos
que "similis" viene de " s..un ul" , como s1. aln, se afirmara
y
ogia.
,
ana logia en el acontecer temporal L
.
.
una nueva
cosas m jantes gun' he
d' h. a semeJanza ·1ge di tanda entre las
.
'
mos ,c o ya. Pero esa distancia
c1al, Y hay entonces homol ,
.
,
puede ser esp •
y también semejanza figura~:• ;eun;tria, anadl~gía topológica o posicional,
os cosas istantes entre sí
.d
0
temporal y entonces surge la semejanza de cad encias,
.
d e sucesiones,
. ' 0 PareCJ
de fun-

.

,

. 'º

• Véase La Preuntia como /unda.m,nto de la Ontologla.. Página.J 472-473.

151

�ciones, de ritmoS, de edades biol6gicu (sincronía) y también la 8ell1Cjanza
especifica de seres congéneres (de la misma especie o del mismo sexo o género, pero distinta especi ) o la semejanza de conducta IOcial en seres humanos, o de su obra, o de sus tiemposy (coetaneidad, contemporaneidad).
Cabe hasta semejanza con contraposici6n (contrapunto musical) y por alternativa. Y cabe semejanza acciona! o existencial que es semejanza en el espíritu. Todo lo espiritual es análogo o conforme con el espíritu, pero no por
los tiempos de su despliegue ( menos, por la figura, la función, la posición,
etc.) pues no hay tiempos existenciales iguales o parecidos; que tan· diverso
y singular es lo personal, aun perteneciendo al espíritu.
Pero lo temporal viene a marcar una última nota importante de la semejanza y quizás la decisiva: que el suceder (asi la sucesiuidad como la sucesión
y el succedendo histórico) da irrcveni"bilidad a lo que es semejante con diferencias temporales. Los términos análogos o semejantes no son igual y recíprocamente semejantes entre sí, ni con igual y recíproca semejanza, cuando
se refieren a un tercero qu obra como modelo. En la semejanza, lo mismo
que en la imitación pitagórica y platónica, siempre hay un modelo y un
satélite, tomando éste el parecido de aquél y no, claro, aquél de éste. o se
puede decir que el satélite semeje al modelo, con la misma acepción que el
modelo al satélite. No hay reciprocidad. En Geometría puede decirse que
dos figuras son semejantes, igualmente semejantes entre sí, por relación a otra
que es aquella a la cual se semejan. Y por cierto, sin que el modelo sea real,
pues dos triángulos equiláteros son semejantes por referencia al equilátero ideal
que nunca se ha dado en la realidad. Pero ni es posible que sean igualmente
semejantes (dadas sus distintas posiciones y distancias) ni puede suponerse
que la semejanza con el modelo tenga reciprocidad. Mucho menos puede
hablarse de reciprocidad cuando se está aludiendo a semejanza en el orden
tem¡x,ral. El hijo se parece al padre, pero no debemos decir, que, en el
mismo sentido, el padre se parece al hijo, pues éste ya nació con un modelo
distinto al que tuvo el padre, y con el cual refiere la semejanza. El padre
no puede parecene a un hijo que aún no bahía nacido y vendría después
que él. Insisto: Dos cosas semejantes no son igualmente semejantes entre í,
como son igualmente iguales las que se afectan de igualdad. El polígono
menor es semejante al mayor, pero no en igual relación de semejanza que el
mayor es el menor. El hijo es semejante al padre, pero no en la misma acepción que el padre al hijo, pues si así fuera tendría razón el humorista que
dice "Mi padre ha salido a mí y se me parece".
Pero aún es más imposible la reciprocidad en el orden del espíritu, que
por ser presencial y temporal, no admite la noción de reciprocidad, la cual
es del orden de lo especial, operacional, figurativo, pero no espiritual. La p~

152

sencia
lleva inherente;
·
·
.
mtema
a si misma, la aptitud de
.
pero no de ser pre,enciada. T
presenciar y presmaJDp0CO la temporalidad
---!LII'CClproca_ Lo que pasó no puede de. de
es um~nlUIC ni
la evocación, ni el presente hacerse
oser ~ o , aunque se restaure por
pos pasados son igualmente pasad gual seDleJante al pasado, ni dos tiemciarse,
•

:8r

os, no ya cuantitativamente por los tiemnna
tampoco por la calidad hist6 ·
·
.
,-tiempo. Todos los rua...... idos de 1 u:. •
nea O ext tencial de cada
.
.
r-~a ll.llltona son metáforas; L
sima, irrepetida e irrepebole aun 51·end '
a ~nona es uní.
'
o 'parte" 0 "
º6
"
Slendo el espíritu lo más universal.
pom n espiritual, y
·a1
• pero la persona ha de labo
·
CJ mente u propia "porción" d
, .
e
e cspmtu.
Toda pe
.rar existenpersona, pero no puede hab'-.;...
nona es seme1ante a otra
üUX con ngor d
pam' · '6
modo de hablar de "partes"
,
.
.
e
cipaa n, porque no hay
,
en e1 espmtu sino con metáfora
anal •
eqwvoca. En cambio hay en tod 0 I0
..
Y con
og¡a
·
.
'
espmtual
una
·
ru funcional ni especifica, sin
. 1
semeJania, no figurativa,
y~ se da en' la presencia que o;c:::n· ~r:C~6n que ~ todo lo espiritual,
Vienen de Dios, al que el hombre
p.
. esa acción y esa presencia
el hombre funda; y si Dios crea de~ a;meJa e unita. Y_ si Dios fundamenta,
todo lo qu ya hay Dios hizo al h ada, el hombre inventa contando con
a su
hombre halla en sí ·la semejanza conombre
D'
.
. en y semeJanza. y el
recip "dad D.
ios, se siente imagen suya. p
•
roo
: ios no es semeJ·ante al h ombre en la ·
.ero
6 Slll
h om bre es análogo a Di~ un ..J:
•
lll1Sma acepcl n. El
.
--,
wosec1to ayudante coad· t
. .
D1os
no es análogo al homb
El h '
.~
JU or o vicano, pero
dre p
.
re.
ombre es h1Jº de Dios
pa . ero Dios-Padre no se pareee al hom bre su hiJo
..
Y se parece al
Por eso sorprende que las rueb
.
.
a~yen en la analogía, gueri~do
de l~ exi~tencia de Dios se
Dios siguiendo un orden o i'tin·
.p
os seres míenores para llegar a
erano en el conoc ·
d
mente se nos da en la revelació
.
er, mverso el que ontol6gica,
.
n presencial. Y así se u
d .
.
es analogia semeJante al hombre
d
ega a ecu que Dios
o semejante a Dios. El homb . , c~ o es_ el hom~re el que es análogo
re unagma a D1os semeJante a él 1
morfiiza, no porque invente un Di
.
, o antropohondo de sí se sit-nte semejante os se:eJante ~ él, sino porque él, en lo
consecuencia es contraria l ' con po . re semeJanza además, a Dios. y la
anal . D'
a a que se qUJere derivar en la demostraci6
ogia: tos no es el Ser porque sea anál
.
n por
que, al revés, por no ser Dios ser al
~o o semeJante al hombre, sino
hombre semejante a él, tampoco es el gunh ob, smo si acaso pre:Ser, y ser el
om re un ser en la :rru
.•
que las cosas son seres. Porque Dios es cl ue d
' .
sma acepc1on
transcurridos
•

·

'

SIDO

unag'

•

~rt:~:res

es semejante al hombre sino q hac
q
a semeJanza al hombre, no
El y
.,
ue
e que el hombre se sienta seme·an
•
porque nos sentimos semejantes a El l b
J te a
de nuestra inteligencia por med· d 1
' e uscamos en demostraciones
10
,
e as analogías l
.
nuestra inteligencia. Pensamos a Dios anál
y as semeJazizas aptas a
ogo a nosotros porque somos y nor

153

�sentimos análogos a Dios. Pero sabemos que somos análogos o ~ejantes
. antes de toda demostraci6n · por eso buscamos demostraciones. Es
a D 10s
'
.
.
,
"d

lamentable que lo que menos presente ha tenido siempre la F1losofia ha s1 o
la presencia del hombre en el mundo y la de Dios en el hom~re, Y en _las
cosas del mundo. Porque el hombre se siente análogo o seme1ante a _Dios,
halla el hombre dentro de sí una revelación, algo divino, una ~resencra ~mejante a la Presencia de Dios. La presen~a h~ana trascendiendo l~ Smgularidad personal, es universal, con la universalidad de la co-presenoa en
la que participan todas las personas. El espíritu del hombre lo puede rresenciar todo: lo que es y lo que no es, lo futuro y lo pasado: lo qu_e es~ en el
espacio y lo que no está en él. No es partici~aci6n real n~ esencial s1~? preesencial, en el "pre". Lo presencial es lo previo a lo esencial, y el espm~u. no
es esencia sino pre-esencia, y presencia por lo tanto. Y eso no es participación, sino pertenencia, pero una "pertenencia" genuina: Dios pertenece al
hombre de otro modo que unas cosas pertenecen a otras. Y porque el h~mbre es imagen y semejanza a Dios y pertenece al Espíritu ~vino, Dios inspira al hombre. Inspirar es el modo de engendrar en el espm:11. -~ros ~o~o
FuNDAMENTO. Dios es el Fundamento del mundo, no su pnnc1p10 n1 s~lo
su raz6n. menos su causa. Es su autor. La noción de Fundamento en Dios
da: Lo ~rimigenio, no es algo más que "la causa prima", lo originante (fons
creatum), lo eminente más alto, lnl&gt;uiµai, el Modelo de toda per~na el
Sobre-Ser el Gran Misterio y el Gran Distinto. El hombre es semeJante a
Dios, tom~do la noci6n semejanza del concepto de seme}anza que val~ ~ara
el hombre, pero Dios hay que imaginarlo, como lo más d1s;ante y lo D1stmt?,
lo más personal sin ser personal, al modo humano, lo Mas -que-- ser, s~
ser, al modo natural, el Todo siendo el Uno. Dios es Fund~enti, lo_ no ligado al mundo, "el Más Allá, el Otro Maximo, Deus Abscond1tus Y stn embargo presente en todo. No es 16gico al modo humano, con escala de tazonamientos y es el creador de todo pensamiento y él mismo se ha llamado "Lagos".
No cabe en el concepto y por eso el Cris6stomo le llamó "El Indecible",
"árreton", y siendo el Creador de todo orden está más allá del orden. es

abs-ordo, es decir absurdo. Y lo señaló Tertuliano.

INTUICLÓN,

CONCEPTO y

SER DEL FUNDAMENTO

Dios no es el Ente Común, el Ser Trascendental, sino el "Preº Absoluto,
el Fundamento de todo ser. Suárez profundamente, como de costumbre en
él, usó alguna vez, en lugar de la palabra "principio", la d1e ~'praec~p~",
de "praecipere", recibir de antemano, dando a entender esa ultuna pnnc1pa-

154

lidad que vengo llamando el Fundamento. Dios no es ser, como no sea en
esa vaga analogía conceptual que necesitamos usar los hombres para pensar, hablar y poder entendemos. Maritain dice: "No basta encontrar la palabra 'ser', decir 'ser'; es preciso tener la intuición, la percepci6n intelectual de la inagotable e incomprensible realidad así manifestada como objeto".10 Pero, aparte que la palabra "intuición" está bastante deteriorada y no
vale para el caso, no sabemos que en ese "ser", así visto, se albergue Dios.
Y creo que la mirada del hombre, y no sólo del metafísico entrevé a Dios
.
'
y no precisamente al ser palabra que no sabemos qué significa antes de la
Presencia de Dios en el hombre. Ese Ens Trascendental que no s6lo sospecha, sino que lo ve el hombre con mirada de metafísico -según Maritain-,
es el ser, que luego, por elaboración se demuestra que es Dios. Para mí es
evidente la presencia de Dios que es más que ser. Ahí en esa aparentemente
mínima diferencia, radican dos metafísicas distintas. En la de Maritain -que
no me parece del todo la tomista-, por el ser, vemos a Dios; en la mía,
por la presencia de Dios vemos, fundamos, y concebimos el ser. En aquélla,
a pesar de la mirada que ve el ser, hace falta una demostración que permita llegar a Dios; en esta otra, es la Presencia de Dios la que nos inspira en
el pensamiento la fuerza e inclinación para buscarle y hallarle hasta en las
demostraciones. Para Maritain, sólo el metafísico logra esa mirada primera
del ser; para mí, la Presencia de Dios es evidente a todo hombre, evidencia
que lu_e~o racionalizará y hará más patente a su conciencia o no, según la
autenticidad de cada uno. En aquella metafísica, el hombre es el último en
hallarse ser, cuando por reflexión, vuelve hacia sí la visión de los seres del
mundo. En esta otra metafísica, el hombre es el primero en ser, es incluso
pre-ser con respecto a las cosas; es el primero en hallarse siendo y que acaba por ver en las cosas un ser.
A mi parecer, Dios es más que ser y más que un "siendo" al modo existencial del hombre, pues no tiene que elaborarse su existencia a fuerza de
acci6n Y temporalidad como en Hegel, el cual quería que Dios naciera de
los trabajos y contradicciones de la Historia. Bueno, era un Dios que, antes ~e ser Persona, era Idea, mientras Hegel, antes que Idea se creyó personaJe. Fueron demasiadas las arbitrariedades hegelianas de aquel dictador.
Digo que Dios es más que ser y más que "siendo" existencial: que es SobreSer, Omnipresencia, evidencia misteriosa, revelación que se enseña y se esconde a la vez: Se enseña sobre todo ser y se esconde como Sobre-ser. No
es que sepamos que hay Dios porque hay en el mundo un Ser en que albergarse y quedar justificado, sino que el ser de las cosas en el mundo y el "siendo" del hombre son y existen porque existe Dios. Quién es Dios lo presenti-

• J.

MARrTAtN: Siete lecciones sobre el ser. Desclée de Brouwer, pág. 74.

155

�mos

en nuestro propio ''quién" profundo;

alli le oímos y le presenciamos,

sin verle. Lo que Dios es no lo sabemos, porque para saberlo necesitaríamos
hacerlo ser. S6lo rastreamos en el ser de las cosas su huella, su yesplandor Y
su sentido. Es la Pre-Esencia total que se revela en la presencia del hom-

bre.
Sorprende que esa mirada metafísica que proclama Mari~in Y que
permite ver el Ser, no la haya en todo hombre; qu~ _no sea ~ru~•ersalmente
humano, aun siendo ese ser tan universal. Es una v1s16n restnngtda a algunos, privada y secreta como una gracia, con lo cual Maritain toma su_ punto de partida en algo más teol6gico que lo que puede suponerse en m1 concepción de la Presencia, la cual no es ~omo digo-, un don reservado a
algunos hombres. Resulta, en suma, que en la doctrina de Maritain, aquella
visión metafísica viene a ser un modo de revelación privilegiada de lo divino; ya digo, una gracia concedida al metafísico. No puedo compartir tal
concepción. Cuando considero que dentro de los universos, el nuestro es
pequeño, y m él nuestro planeta un átomo, y cada hombre de nuestro planeta un microátomo y in embargo, Dios es presente a cada uno, y le
y le escucha y le habla y le conoce hasta su fondo y sus raíces últimas,
me doy estremecida cuenta de que su Presencia es tan incalcu~able ~onne
e impensable, que es Uni y Omnipresencia, con absoluta universalidad,. y
que es mucho más que ser y más que sobreser. Acepto su grand~ y ~u llllS·
terio y abrumado: quedo en silencio, inundado por su total ev1dencia, que
no me permite conocerle. Siento a Dios en mí, tras mí, sobre mí y sobre to-

mm:

dos, pero no le conozco.
No es un concepto sino un pre-concepto. No es un concepto al modo del
que formamos en el conocer de las cosas reales, por mucha analogía y abstracción que le pongamos. Más bien la potencia o fuerza para anal~ar y
abstraer nos vi ne de la Presencia de Dios en nosotros, y por e o el Dios de
la Analogía lo aceptamo . aun siendo un vago concepto que dice ya poco
d su evid ntc pre ncia. Dios no cabe en el ser; tampoco en un conc pto
par univwal que sea. Todo conc pto aspira a una universalidad que, por
us propias fuerzas humanas, no tendrla, ni aspiraría a tener, si la Pr:c~cia de Dios en el hombre, la co-presencia de todos los hombres, no le h1c1era
propender a ese afán de universalidad. i en el hombre con toda su pequeñez, hay busca y afán de algo uni"ersal, es porque hay alguien qu le empuj hacia ello y como universal se le presenta. No pone el entendimiento
humano conceptos universales sobre las cosas del mundo porque haya apurado y agotado el conocer de todas ellas, sino que hay algo de inducción
ratuita en las afirmaciones universal del nombre. Esa inducción le viene

El entendimiento
tiene hambre de totalidad. En cada cosa bn•r
.. .....,,.. no
·
¡
.........u,v...,
otra, smo a transcosa, lo que da unidad al todo. El pensamiento humano
busca, desde la copresentfia humana que es universal, la coseidad universal
de las cosas.
~ ~rlncipio que inunda de sentido todo concepto y que
Ortega ~lama pnnc1p10 de pantonomía", ímpetu de universalidad, hambre
de totalidad en el conocer. Pero Ortega reserva ese afán de totalidad 1
concepto filosófico, pero no para el concepto que usan 1...
• • particu. ª
.... oenc1as
tru:e5. No comparto esa distinción entre concepto filosófico y concepto cienti!ico, de modo que ~ste sea fragmentario y aquel otro totalitario. Todo con~epto, po~ ~lo, asp1:8' a lo universal. Y también los conceptos que maneJan las c1enetas particulares. son también universales, pero se atienen a un ·
aspecto o ~arte de esos conceptos, que son tan universales como antes y eomo cualqwer~ otro. El concepto "materia" como concepto es universal, aunque la matena no lo sea en cuanto hay algo que no es materia en el universo. Pero aun en_ el concepto "materia" puede quedarse en un aspecto 0
parcela de la ~ a : materia füica, química, biológica, astral, etc. Con Jo
cual vemos también que el pens.1miento se detiene en aspectos y parcialidades, y que puede buscar la totalidad después de demo trar por el análisis.
Es la escala de Jacob donde suben y bajan pensamientos.

1!ªY.

_Con~mos cosas que se nos presentan como fragmentos de algo más amplio --dice Ortega-, en conexión con otras cosas, que, aun siendo otras,
ayuden.ª éstas a ser lo que son {páginas 105 y 106 de ¿Qui es Fi101ofía?).
~n Ca.SJ. tro:~s que están como pidiendo engarces y sostenes. Pero, ¿ no lo entiendo yo _as1. 0 es que las cosas se presenten como trozos o Íf8ol71llentos de
ser universal que en inconcebible catástrof , hubiera saltado en pedazos,
sino que, ~n cada una, vemos una alusión a todas, a la totalidad de lo c6sico.
Es u co 1dad. Ese es el ser metafísico a que quizás alude faritain pe
o·
' ro ese
ser no e~ . 10s, no ~ la Presencia; aunque pueda ser el ser de las cosas, que
son 1~ u°:cas que tlenen ser acabado. Por eso lo decisivo en las cosas es su
con-sut~ncia. Y como el pensar nos \.Íene de la presencia humana que es copresenCJa y nace ya ganado de esa universalidad coprescncial, al otorgar el
ser a las cosas, les alumbra, los ilumina su universalidad c6sica su coseidad
Por l!cr precisamente "co-sa". Y en la coseidad de toda cosa, h~lamos com~
traspu~ta ~a. copresencia humana, y en ella traspuesta invisiblemente la
Preseneta Dwma.
'

1:°

P~ acá, . eJ horizo~t de nuestro mundo, las cosas aparecen ligadas,
aludidas, refendas ntre s1, y con total referencia al hombre. Como dice Or~
tega, con otro sentido, "en algo presente está siempre compresente el
•
do"_ (Id. p. 107). En cada cosa, vemo lo que es y también lo que no
mun6n a que se refiero Ortega es alus.i6n a lo que falta, es decir a lo que no

es~:

de la Pre encia Divina en la suya humana.

157
156

�es, pero que subraya al ser de cada una. No es trozo, sino que a fuerza de
ser lo que es, nos está indicando también lo que no-es. Pero si retraemos la
mirada de las cosas y la posamos en nuestro pensamiento, y luego de aquí, en
nuestro salto volandero, llegamos a la contemplación de nuestra presencia, llegamos a una zona en que ya no hay alusiones a otra, sino nuestra presencia sola anunciándonos invisiblemente la de Dios. Ahí sólo nos vemos, como obstáculos de la Gran Luz, como rumor sutilisimo de nuestro "siendo" junto al
tremendo silencio de Quien es.

Y así, hay coincidencia entre el pensamiento y el ser, porque el pensamiento para pensar necesita sentirse ser, y porque el ser para ser, necesita la concurrencia presencial del pensamiento. No hay ser sin pensar ni pensar sin ser.
¿ Cómo no habían de coincidir? Lo real para ser, se afecta del pensar, y el
pensamiento para pensar, se afecta de ser. Pero por eso mismo, no surge de
ahí una coincidencia que parece fortuita, sino que es previa a ella, porque
si es cierto que el pensamiento, para pensar necesita ser y sentirse ser, si eso
es verdad reconozcamos que esa verdad es anterior a esa coincidencia con el
ser de las cosas que esperan fuera a que el pensamiento, la presencia, llegue,
y queden ellas vestidas del ser-qué de cosas. En su cruda onticidad, sin la presencia del hombre, el ente no llega a ser. Cuando llega, es en forma de serqué: ente iluminado por una verdad que le viene del hombre y que le hace
verdadero. Y por verdadero, es. La verdad viene del hombre, de la presencia, de la copresencia del hombre y no puede ser falseada hasta que se enfrenta con las cosas ... Pero en la auto-presencia, hay toma de contacto con
la verdad venida de la luz de lo divino. Luego esa verdad de la autopresencia relumbrará en las cosas por la acción el pensamiento. Cuando Plotino decía que la inteligencia conociéndose a sí misma, conoce las cosas de lo real,
denunciaba lo divino de la inteligencia, pues ya Aristóteles decía que Dios era
un pensar sobre el pensamiento. Pero el hombre en la autopresencia no se
conoce a sí como cosa sino como siendo existencial, como presencia. Es luego, cuando para alcanzar el saber de cosas, hasta mirar el propio pensamiento; es lo que llamamos reflexión en la que se descubren nuevos nexos y relaciones en las cosas pensadas, ya hechas materia de pensamiento.
No se trata, pues, de dos ontologías, la de ser y la de pensar, las que se enfrentan en esta interpretación del conocer, para luego confrontarlas y ver
que resulta desnivel en su ajuste: o bien que el pensar funde el ser y le es
preeminente, y es lo que se llama idealismo, o bien que lo real da, como en
raíles, el esquema del pensar, de modo que éste no puede desviarse. Pero lo
que yo digo es que el pensar, ya toma su ser, su "siendo", de un ímpetu que
le viene de la presencia, y que, por sentirse ser, proyecta ser en aquello que
entra en su campo presencial. El pensamiento no inventa el ser, pero contri-

buye a que el ente se constituya en ser racias
viene de antes d
.
' ~
una fuerza creadora que le
e ser pensamiento. No mventa gratuitament I
cosas como no inventa su propio "siendo" sino
e e _ser en las
proyecta, quiera o no, como ser Por eso,
que se encuentra SJendo y se
fondo de sentido d l
.
no podemos conocer sino sobre el
no conocido
e o que ya ~mo~, pero podemos saber incluso sobre lo
: .. Esto, lo desconocido, es lo que resulta ind6cºl
como ser-que. y lo identificamos con lo irracional ind b'~ a presentarse
cosas como la poesía el amor la f
,
e I
ente, pues hay
son desconocidas.
'
'
e, que no son racionales, pero no por eso

ª

Pero, además, Dios es tan uni
1
co, como Fundamento
versa que se nos presenta como Uno y Uni-

verso, incluso del propi:~s:~e~::e:v::li~:~ente desligado del_ Uníp
. or eso no cabe D10s en
l h b
que sea. ero todo afán de uni ersalidad

un concepto por muy universal

e om re es frustración. es más h b d
.
.
v
en
miento, que universalidad lograd
am re e uruversal1dad en su entendia en sus conoceros de lo
l B
e1 concepto para ser universal ti
rea . aste ver que
.,
'
' ene que serlo por extensión per
prens10n; para ser concepto h d
. .
'
o no por com.
' a e prescindir y abstra d 1
quedando fuera lo que éste ten
d , .
er e o concreto,
ga e unico Y aun común
·
sal. Todo concepto lo más
, pero no uruver1
generalización tant
,
que ogra es, no universalidad, sino una vaga
o mas vaga cuanto más gen ali
y ,
mo de "ser" es g
al
er ce.
asi, el concepto misener para las cosas
¡h 6
versal que incluya hasta D"
N' . q~e e om re halla, pero no tan uni.
ios. i s1qwera alcanza a la
,.
d
el hombre, que no es todavía ser . " . d "
persona metaf1S1ca
' sino sien o Por eso no basta 1·
top édicamente el concepto "ser''
od I
.
ap icar orquedamos satisfechos de haber
º1o o~~esó~~lle~os en el °?~ndo y
ser en cuanto ser. Pero es cierto ue el
o e la Metafas1ca: el
para pensar las cosas del mundoq T d co~cepto ser es valioso o insustituible
iluminadas por la
.
. o as tienen, al ser presentadas, es decir
, d
presencia, por la copresencia del hombre un s
tura}
eza o m ole, un ser-qué.
,
er, una na-

fu:a:do

Conforme a esa naturaleza radical
.
dicho que Dios como Fund
y a esa presencia humana, son. He
aunque no tan' d Ji d
amento es Absoluto o desligado del Universo
es ga o que no esté Present
od
.
'
no quiere decir desinteresado sm· d
blº de a t a criatura. Desligado
0
,
es-o tga o del univ
d I h
Todo en el Universo tiene cuerda dada desde la
. erso y e ombre.
ra cuánto tiempo y anda po , .
N
Eternidad, no sabemos pa'
r SI nusmo
o sólo Dio
·
do, sino que lo movido por El le
. . p
s mueve sin ser movinatura1eza óntica. al
.
l es aJeno. ara eso Dios dio a las cosas su
'
uruverso eyes. al h b
f
se y ser libre. Todo anda desli ad 'd D' om re, uerzas para determinarDios misteriosamente se reservagla oG e . 10s, por sus propias fuerzas, pero
rac1a como ayuda Dec· d
es el fundamento n
•
. .
·
ir
e 10s que
, o es mscn 6irle en un concepto
ral
gene , ni es una no-

n·

158

159

�ci6n sobre o extraconceptual de que saquemos a Dios como de un juicio sintético a priori. No se llega al Fundamento como una noción sacada par exclusión o inferida por razonamiento, ni por una abstracción como un concepto más, sint&gt; que se funda -con toda pobreza- en la noción de Fundamento, previo o todo pensar y ser, para poder luego elaborar el concepto
de ser y el ser del concepto, los cuales ya traen todas las limitaciones del
verbo humano. Al configurar intelectualmente el Fundamento como lo que
no principia nada -siendo lo Primero y Previo-, y no es ser -dando el
origen a todo .s er- queda excluida la noci6n de concepto universal para
Dios. El vocablo "fundamento" es un producto humano que podemos cargar de diversos sentidos. Yo le pongo la carga de la PreJencia DMna. Pero
no hay Dios porque haya Fundamento, sino que el hombre ha de su(b)poncr
un fundamento al Universo, a los Universos todos, reales y posibles, porque
Dios se presenta y se anuncia epifánicamente al hombre. Antes qu saber
que Dios existe, Dios nos es Presente, y porque Dios nos es presente, sabemo que Dios existe y nos disponemos a pensarle y demostrar su existencia.
Y le aplicamos los conceptos que humanamente podemos. Y en su nombre
conocemos y fundamos cosas. La Presencia Divina fundamenta todo: la presr.ncia humana funda algunas cosas. Toda la aptitud fundadora o poétira
del hombre le viene como su pensamiento y su acción, de la fuerza creadora
d 1 Fundamento, aJ través de la presencia. Y ya sabemos que el pensamiento
no hace ser a lo real, ni lo real da el ser al pensamiento, sino que a ambos
les hace ser la presencia como sentido.
Pero para fundar, para ejercer su impulsividad poética, el hombre no
crea de la nada sino que construye con lo ya dado, con los datos de lo real,
bailando una respectividad en las cosas que les viene misteriosamente de su
impulsividad ofertiva. El concepto de ser no se hace concepto en el hombre
hasta que el ente es presentado y queda constituí.do en ser-qué. También el
pensamiento del hombre se siente ser, pero no porque el pensar artificialmente lo elabore, para si, sino porque el "siendo" existencial le hace sentirse
ser y pensar. El ser del pensamiento es el que hace que el hombre, al topar
con el ente real, lo conozC'a (lo re-conozca, decía certera y profundamente
Plat6n). Y así, el ser del pensamiento al hallar el ser de lo real, hace brotar el concepto de ser que re-conoce universal, sin saber por qué. Queda
así certificado lo óntico real y queda certificado en su fecundidad el impulso
poético o fundador del hombre, al tomar la conciencia existencial de que
ha fundado el er-qué y es capaz de fundar entes universales llamados conceptos. Y el ser del concepto se proyecta en forma de concepto de ser sobre
las cosas, que ya aparecen con sentido al presentarse inundadas por la copresencia humana que les da universalidad presencial. Pero además de esa

universalidad que cobran en la coprcscncia las cosas tienen otra universalidad real, la de la coseidad. Todo hombre, al conocer cosas, re-encuentra en
ellas el resplandor de lo Divino que le atrae, dándole el apetito y el gozo
de conocer. Y así, dos universalidades, la de la coprescncia pumana
la
de la coseidad o cocseidad, es lo que el concepto aspira a unir en una ~la.
Po~ eso en el concepto se pretende unir la universalidad ontológica O maten~} de todo ente conocido y la unhersalidad lógica o formal de todo pensamiento humano.
Pero hay otro conocer, el de personas unas a otras y como tales personas
me.~físicas (no ~í icas, ni soci?l6gic~) para las cuales no vale el concepto
u_n~, crsal. Más bt n, dada la smgulandad y unicidad de cada persona metaÍ1s1ca, ha de ~~ conocida de otro modo y por otros medios, pues ninguna
perso~a metaf1S1ca, e.abe dentro .de un concepto, como no llamemos "concepto a lo que no lo es: por ejemplo, a cualquier nominación. Al conocer
person:5 no buscamos .un concepto universal que valaa para todas, sino que,
~ rcves, por ahondamiento en su singularidad, le buscamos la última estanc1~ d~ su soledad allí donde se presencia a sí mismo, y donde Dios Ucga luuunosamcn te con su Presencia. Ahí queda indicado ya cómo el conocer humano se presenta en dos grandes formas o manifestaciones. Ese otro conocer toma la fonna del amor.

EL "
l

OYEN" y EL "NUMEN".

•o.lBRES PROPIOS Y

O tBRES COMUNES

Llam~ es ªP:lar, fijar la atenci6n, invitarla a fijarse· cualquier nombre
Y cualqu~er_ medio puede valer _para ello. Pero de-nominar es !Jamar por un
no~bre umco, no por un medio o nombre cualquiera, sino por su nombre.
Heidegger en un libro más bien vago y enredador "• qué es pensar?"
_
' es invitado a prePª
rece. confun di r "11 amar'' y "denominar". El de-nominado
senciar Y presentarse por í mismo; el llamado es apelado con nombre com~: no suyo o propio e invitado a que entre en la presentación. El "nomen cuando es .propio, es "numen", carisma, invocación a que dé su nombre y su presencia. En el llamar o apelar no se in-voca sino que se e-voca
extrayéndolo
de lo común. Por eso llamar también es califi.car, a d.JU d',car'
.
una cualidad que tal vez no tiene; el llamado por eJ· emplo: ''llam
ara~
burro,, , o "11 amar su atención".
Creen algunos lingüistas que el "nomen" latino y el "011oµa" griego deri\·an de una voz común que se enlaza con "conocer". Pero no son pocos los
que no hallan razón bastante para justificar la pérdida de la "g'' del "gnos,.

161
160
Hll

�1- . : - - Y h ---do 1li "no" · del nun del lt,e,- griego al ''nomen" .uauuu.
e .,.a-_._....
eere
m
~
"
de
''nuere•• .....
enünn.tisar
mtJA" no tmdrá más que ver con "numen ,
~~-- o ievelar, hacer leiial con )a cabeia, porque quida "numen., está ~)nado con
el sámcrito ~", anunciar, IM'IUftC-iar, hKel,e presente. Tambim "numertJJ" debe nacer ahí, y no en ''nOIDOI" como dicen, que por algo era sagrado~ Ólfiall y pitagóricos. Por llel' num&amp;ico o nu_min090, el ~~re an:
cia algo de Jo que nombra, pero como eJ numen significa algo divmo po~
piraci6n (no por participación) y es, por tanto, la persona más n~mosad
que las COIIU, el nombre 00lllO ''numen" no es "propio" de las ~ smo e
las penonas. En ellas, el nombre anuncia angelinamente, p,o-nuncui Y pre. y n ombra una P•---·
-cia que, a la vez se da y se oculta, que se
naincui
• revela;
.
La vocaci6n exiltencia1 es la llamada, el nombrar a cada uno segun qwen
es. Pero las cosas no tienen vocación propia, sino nombre común. Por eso
Dios nombra a cada hombre, y el hombre nombra a las coas no a cada una,
sino en colección, 9egún su especie o sus conjuntos. El nombre IIÓ'? es pro.
las penonas. Las cosas no tienen cada una un nombre SJDgular Y
: : :sino uno 1010 para su género, •~ ~ e , su ~lección. Por eso :
nomb
común O apelativo; no vocaca6n smo apelación. o es una n
~ 6 n del orden del numen, sino una de-nominaci6n, un nombrar vago Y
genérico, casi des-nominación y de-singailariuuión.
. .
Todo ser-qué ha sido arrancado del "ha( co~uso para consttt~ en
lo que es, dentro de la coseidad universal, S1D abdicar de su comurudad, de
.-.n-l.. cosas que le dan el texto y el contexto. Pero al llesu co-sn, con las d .........
• (ár
gar a "ser-que", gramaticalmente, se configura con tm n~mbre com~ . bol libro río idea} que aun pide, para apeane de la cose1dad y constituirse
1
.' · '.mdivi'd ua1:-,.;6n
en defim1uva
......... , un epíteto, no un adjetivo cualquiera que le
califique O determine, distinguiéndole entre otros, sino un epíte~ que le
califique, 0 al menos, le califique y aísle del resto. Todo ser-qué viene desglosad escindido de la noción universal de ser, para ser-ahE, para sn-tal,
0,
'
,• • !L
y asi, el se r•
retentarse como tal y como cuál, en ansia de de- 1111,wn.
y ~
1
ganando ontoln&amp;ñcidad (no onticidad o condición de ente, anque va uego
-o·
edid
· d
tes de ser, sino ontologicidad, índole ontológica) a m
a qu~ se _escm e
del ser en general y va concretándose más y más con las calificaaones y
determinaciones gramaticales. o se es más ser cuanto más se abstrae y
Úniversaliza sino cuanto más se concreta y singulariza, un ser-qué. Más que
e) nombre ~eral de libro, idea, o árbol dicen las expresion~ "i~ea el~",

"este libro", ''muchos árboles", pero dicen más no en exteDS1ón sm~ en intensidad ontológica. Es más ser, ser-qué cuanto más se concreta ~ mas avanza hacia la unicidad, que, naturalmente, jamás consigue, pues SI _el ser-qué
comiguiere la unicidad, ni él seria ser-qué, sino ser-quién, ni sena el suyo

162

ncmbre comá, 1ine ,,opio. En la ofertividad de Ju cosas, ea la respectividad del ter-q~ hay siempre tendencia OICUl'a de individualizaci6n, y como
si ésta fuera afán de singularizarse y existenci.alizane en el hombre.
Pero a lo más a que puede llegar una cosa es a tener un nt&gt;mbre que le
distingue de todas las demás. Ese nombre es "distinto" pero no ''propio".
Rhin, Madrid, Rocinante, no son nombres comunes, pero tampoco "propios", porque no responden a una vocación, sino a una apelación, todo Jo
concreta y singular que se quiera. •o por ese nombre cambian su condición de ser-qué en ser-quién. El nombre propio no necesita calificaciones
ni determinaciones para ser caracterizado como singular y único. Cuando
decimos "Juan", aun sabiendo que es un hombre socialmente y físicamente
equivalente a otro, no necesitamos añadir más para saber que es único en
el mundo como persona; se nota que se yergue sobre la generosidad flsica o
social para afirmarse como unicidad personal. En cambio, el Rhin o Rocinante, o el planeta Venus a pesar de pretender afirmarse sobre su condición
c6sica de río, de caballo, o de planeta siguen ambos siendo "un" caballo,
"un" planeta y "un" río, un poco distinguidos de los otros. Su nombre es
distinto, pero no propio, porque no son personas sino tentativas de personificación en la proyección poética del hombre. Juan es nombre propio porque,
aunque física y socialmente sea "un,, hombre, un individuo canjeable en el
concepto por otro, metafísicamente es más que unidad, es unicidad, insoslayable, incanjeable e inconfundible. El nombre común es un concepto, mientras el "nombre propio" es propiamente, no un concepto, sino un nombre,
inspirado por el numen de su vocación y su singularidad única
El nombre, en su acepción profunda y numinosa siempre es "propio", y
sólo propiamente conviene a personas, las cuales tienen, secretamente, cada
una el suyo aquel nombre último, indecible. con que Dios llama a cada una
y que es el nombre que conviene a su radical singularidad. El nombre de
las cosas es "común", conviene a muchas, a las cuales, cuantas más sean,
mejor las denomina y comprehende; no conviene propiamente a ninguna
aislada, sino que bajo ese nombre se cobijan, sólo por la nominación, muchas cosas reales, que algo sin duda presentaran de común ellas por sí, pero
algo de común recibir-'m también del hombre. Porque no son cobijadas bajo el nombre común de un modo arbitrario (salvo cuando el nombre es
equívoco) sino porque esas cosas cobijadas o recogidas en la denominación,
tienen rasgos parecidoi -no precisamente comunes en su realidad-. Sólo
se cobija en el "nombre común" lo que, como común o semejante, parece
al hombre y aparece en la cosa, pues todo lo diferencial y distinto es prescindido o abstraído para dar el nombre.
Por eso el nombre común comp.rehende un concepto, o más de uno, con

163

�su comprensión y su extensión, pero entendido así: las cosas, aun constituidas en objetos del pensamiento, quedan en su texto real fuera del pensamiento. Las alusiones, notas, referencias y re-presentaciones de los ejemplares de cosas, distinguidos, abstraídos y, luego, ya en abstracción, reunidos en
el concepto, forman su contenido. Pero las cosas, en su texto íntegro, aun
constituidas en objeto del pensamiento, no constituyen el contenido del concepto, sino que éste se integra de las notas y alusiones del objeto representado. El conjunto de referencias, notas, y alusiones dan la "comprensión" del
concepto. Pero éste no toma en cuenta todas las notas y referencias de las
cosas. El número de notas y referencias de una cosa, da la comprensi6n; el
número de objetos referenciados, la extensi6n. Por eso se suele distinguir: el
"objeto formal", formado con las notas que el concepto toma en cuenta, y
el objeto material que queda fuera, lejos del concepto, con notas, y referencias no advertidas o prescindidas por el concepto que actúa siempre quirúrgicamente. Todo concepto es "objetivo'\ en el sentido material, porque
del objeto material toma sus notas, y "objetivo" en la acepción de formal,
p0rque sólo toma en cuenta algunas; ¿ cuáles? las que las cosas presentan como comunes y las que al pensamiento del hombre le parecen comunes. Unas
notas y otras son las que ¿no son conocidas? Si, lo son, pero quedan abstraídas, prescindidas y no entran en el concepto. Esto debe decimos algo
muy importante: que el concepto sabe, pero no conoce con toda la riqueza
de la idea, en la cual entra la integridad del objeto formal y material, de
la cosa integra pero re-presentada. La inteligencia, por medio de la idea,
que integra la imagen y el concepto, conoce y sabe-puede saber y conocer el
texto total de la cosa. Hay, pues, en el concepto un afán de universalidad,
de extensi6n, pero ello es a fuerza de abstraer, prescindir o restringir las notas, en busca de la comprensi6n que parece tendencia a lo individuado y

singular.
Pero no nos engañemos por ese desafortunado nombre de la "comprensión" que dan los lógicos al contenido del concepto. El concepto, como toda
forma del pensamiento lógico; como el juicio, tiende siempre a universalizar. Y el "comprender" del concepto ha de entenderse de modo doble: como
comprehensi6n, en cuanto quiere abarcar muchas cosas en un conjunto, y
con-prensi6n, en cuanto prende- con o con-pren-de unas con otras, entrelazándolas para asegurarlas mejor en su saber, pues el concepto es violento y
quirúrgico porgue es dominador, abarcador y autoritario. Por eso el concepto es ciego para lo aislado o para lo solo. El concepto "Sol" o el concepto "uno", vale para todos los ce soles" y ''unos" que haya o pueda haber. Sobre la generalidad va siempre montado el concepto, que cuanto más extensión persiga, más concepto es. Lo que quiere decir que esa extensión y esa

164

cc:impren~ón d~l concepto surgen porque éste se forma operando con analogtas y diferencias. Porgue busca la universalidad en la coseidad d
. ·
ldif
·
.~~
as
erenoas. Y cuando llega a lo singular y único lo declara irracional, inefable Y en paz. Pero el hombre conoce, no sólo lo abstracto, sino lo concreto; más, ~cá de lo ~nivers~, _I~ meram~te general, y, dentro de lo general,
~o espec1f1co, ~' al fm, lo _individual y smgular. y si el concepto es ciego paa lo solo, Ja lID~gen es ~ega para lo universal; si no se re-presenta algo, no
lo conoce. Po~a haber unágenes de conjuntos unitarios, pero no hay "imágenes comunes como quería Locke, aunque sí las hay confusas por mezcladas . Y superpues_tas. En el inteligir humano alcanzamos lo solo, lo úni~
co Y ~gu_Iar, gracias a la imaginación que capta justamente lo despreciado
y prescmdido por el concepto: capta la imagen con todas las notas percibidas de lo real. Es lo que se ha llamado "intuición". Estas imágenes e "' tw'
.
JJd
.
ID
oones ~ ongen a otra f ~nna d~l _pensamiento: el pensamiento mágico que
no es prec1~ente pensamiento logico, deductivo o racional. La inteligencia
d~l hombre mt~ra ambas formas del pensamiento. El afán de universalidad le
viene de la cos~1dad de las cosas y de la copresencia humana. La búsqueda y
conocer de lo smgular le brota de la autopresencia singular existencial en cada
uno, frente al ser-qué concreto de cada cosa.
Pero ~o siempre hay ª?ecuación enb·e el contenido del concepto y el nombre coro~. Porque un nusmo nombre puede cobijar diversos conceptos y porgue lno·gnif·
siempre el contenido se da en un solo significado conceptual, n·1 s1quie· ·
1ca_do se recoge en un solo hombre. Los nombres comunes: borrico,
~ e si
Jumento, ~O~ll.lo, :te., comprenden una sola cosa, una sola clase de cosas y con
una sola signif1~c16n. Son los sin6nimos, pero no los equívocos, pues los equí~oc~s ~an el rrusmo nombre con distinto significado; por ejemplo, llamando
b~o al ba?co del z~pa~ero, al animal así llamado, y al hombre poco int~ligente. Aqw, con el significado, varía el contenido conceptual. En el antenor, al 1e debemos llamar "multívoco", o "heterónimo", varía el nombre y
el co~~erudo,_ pe:~ no el significado. En los equívocos, el nombre es el mismo, y
~bién el _s1~ca~o, pero varía el contenido del concepto. Así: león como
an~al_y_ leo?, atnbmdo al hombre valiente; se aplica a cosas diversas con distinta S1gn_if1cacion. Á11álogos s_on los que tienen el mismo significado y el mismo
conteru~o, tenga o no el mtsmo nombre. Borrico y jumento son análogos aunque varia el. nombre, porque tienen igual significación y contenido ,. aunq ue
6
h
son eter mmos. Pero
pueden tener también los análoaos
·' y
.
o , 1·gual• .st'gnif'1cact0n
no~bre aunque vanando la extensión del contenido, en proporcionalidad atribub.va. Tal ocurre con el concepto "ser" según los escola'stJ.'cos tom1s
· tas. n·icen
q~e no es sólo unívoco, sino análogo. Veremos esto detenidamente a su tiempo
Digamos solamente aquí que, para ellos~ no es una analogía formal O nominal.

4:

'

165

�sino metafísica y real. Lo que merece por ahora este comentario: _Sorprende
que siendo la analogación un nombre y un concepto, ofrezca garantias ~e realidad ontológica, pues en la analogía dicen que entra: ~- nombre comun, cosas diversas, y conexión y analogía entre ellas, por relac1on a un tercero que
las analoga. Parece, pues, que hay un "análogo" que es el que, hace que 1~
cosas diversas sean análogas entre sí, Y no que sean las cosas analo?as e~tn~ s1
·rrinan el análogo como un concepto, o un nombre comun. S1 Dios,
las que ono'
.
.d d d
como Ser, es El Análogo, es también quien da analogía de unidad Y urn a e
analogía a las cosas diversas que por El resultan análogas. Pero la prueba de
la existencia de ese Análogo se hace al revés: partiendo de las cosas análogas
hasta llegar a Dios como Análogo universal, si bien sabiendo ya ~ue es el vértice común de toda analogía entre las cosas del mundo; es decrr que _se demuestra su existencia porque ya se contaba de antemano con ella, pues s1 no se
contara ¿ quién fuera capaz de escalar parecidos entre las cosas, hasta lleg~r,
·
'
Quien da el parecido a todo? Asi elaboramos los conceptos obJesm mas, a
b · · ;&gt; s á
ti vos, pero Dios como Análogo, ¿ es también un concepto o Jetlvo. ¿ er
Dios un nombre común?
Los conceptos, aun habiendo brotado de la manipulaci~n de_lo_real, no ~otan todas las notas de lo real, como hemos dicho. Más bien e~an, p~esc~den de aquellas notas que no convienen a su ansia de universalidad. Y Sl Dios
no fuera sino un concepto, aparte de no satisfacer lo más profundo Y ~helante y ardiente del hombre, no sería "análogo" para todo'.,pues que habna prescindido de muchas cosas y muchas notas. Pero hay tamb1en concept~s que ~barcan todo el contenido óntico, que agotan todas las notas. y no depn rcs1du~s
de lo real de las cosas sin comprender. Comparo, por eJemplo, dos cosas diferentes, y por abstracción, prescindiendo las diferencias, me quedo con lo
igual v forjo el concepto, de esa cosa. Quedan sin duda notas de cada una
sin ingresar en el concepto; es el residuo ontoló~co. Pero ahora compa~
dos "cincos" dos conceptos cinco, y como ambos cincos entran en su totahd d dentro 'del concepto "dos" pues no hay diferencias entre un concepto
~ ' otro concepto cinco, resultan totalmente comprendidos sin"C
resk&gt;, aletnco y
d
1
guno. Estos conceptos pueden llamarse "exactos" o "comp etos . uan o
· os "árbol" en el concepto "árbol" no entran todas las notas de algud ecun
,
.
.. . d,,
h
nos de ellos, por ejemplo: verde o alto, pero cuando digo vutu
no ay
rasgo virtuoso de hombre virtuoso que no quede comprendido en aq~el concepto. Los conceptos ideales o de objetos ideales son exactos y no deJan resto real. Dos árboles por ser dos, dejan a muchos árboles fuera. Pero el con.
' como numero
'
"ahstrae.cepto "dos", cubre todo "dos" posible,
aunque as1,
to" no concreto o relacionado con lo real. Pero lo que se abstrae, ¿ es lo elimi~ado y prescindido, o es lo que se retiene aparte de lo prescindido por

166

ser común? El concepto es abstracto, no porque él abstrae, sino porque es
abstraído de lo diferente y diverso, pero el concepto que he llamado "ideal",
ni .abst~e de ~eren_cias ~ue no hay- ni es abstraído de nada, pues no
deJa residuo cliferenctal. Dios no C$ concepto, en la acepción de "abstraído"
o _"eliminado", que eso sería y es la forma del ateísmo, de la negación de
Dios. Pero tampoco es concepto como integración de lo común, después de
prescindir lo cliferente, pues si lo fuera, no sería universal ni comprendería
a. todas las criaturas. Pero dicen los tomistas que sí, que las comprende, en
diverso grado y proporción, y que eso es precisamente la analogía. Pero esta analogía ¿garantiza realidad?
Hay conceptos ( como hipógrifo, justicia, triángulo equiL-ítero) que no se
dan en lo real. ¿ De dónde salen tale&lt;J conceptos? Los principios universales
¿ cómo los adquirimos?, ¿ de dónde su evidencia? La inducción total . qué
1
.
.
' ¿
a garantiza, si no hemos experimentado todo lo que enunciamos O predicamos
en la ley que obtenemos? Por otra parte, los conceptos no ideales, toman
notas d~ lo r~l, pero no todas, de modo que lo que enuncian no es más que
~sa reahda_d mcomplcta. En fin, hay cosas reales que dan una representación
de su _realidad ~ los_ conceptos, pero no dan su realidad misma, y, además,
no deJan que, SJ-qtnera en partes ( luego reunidas en el concepto), ori!rine
una ~lo~a realidad. Así, de muchos animales hemos obtenido el conc:pto
de ammabdad, pero la animalidad misma, siendo concepto, no es animal.
Hay muchas cosas redondas, pero la redondez no tiene realidad fuera de
las co~s re~ondas. Del mismo modo hay analogía de cosas análogas, pero la
analogia misma no queda fuera de eUas. Tampoco el concepto ser, es, fuera
de. las cosas que son. Pero entonces cabe preguntar en virtud de qué son
an.a~ogas las c~sas, _las redondas por ser redondas, y las animales por estar investidas de animalidad. Platón y Agustín hallaron un modelo ideal fuera de
las cosas y al que éstas imitan. Pero Agustín vio más hondo· miró dentro
d .,
,
e s1 Y oyó una voz y vio la iluminación de la Presencia Divina que nos hace
ver en las cosas lo que en éstas no hay; Aristóteles y Tomás afirmaron que
la redondez está en las cosas redondas -no fuera- y la animalidad en los
animales, pero buscando algo más alto, escalaron la analogía y, por ella,
e~con~on a Dios. Pero Aristóteles, como no contaba con Dios, apenas le
vio, y solo hallo un Motor, una Causa, una Trascendencia. Tomás, como contaba ardientemente, iluminada.mente, con Dios, lo encontró y demostró con
total convicción para él. Pero ¿ llevarla la misma convicción a quien no le
hubiese antes encontrado? Si Dios es análogo, puede preguntarse: ¿Hay análogo fuera de los analogados? Y si lo hay, ¿ es resultado o es fuente de )a
., ? N
analogacion.
o es dudosa la respuesta: Es la fuente. Pero a esa fuente
¿cómo hemos llegado?, ¿por el rq2onamiento de la analogía nada más, de
1

167

�modo que si ese razonamiento no fuera correcto, no p0dríamos contac con
la existencia, con la presencia de Dios en el mundo? Y en este último caso,
¿ cómo se nos puede ocurrir semejante demostración, si nada sospechamos de
su existencia? Esto es lo que se busca y se quiere fundamentar en estas páginas, lector, leyendo.
La analogía como concepto no supone necesariamente realidad. Hay en el
mundo cosas análogas, pero no parece seguro que haya un Análogo, que
siendo un concepto, dé realidad a los analogados. Debe ser otra cosa que
concepto: una tremenda realidad de la que los analogados han sacado su
analogía, y el concepto mismo su posibilidad y su evidencia. Mucho menos
ha de ser mero nombre común. Husserl, que distinguía los nombres que son
ponentes de los que no lo son, es decir, los que suponen realidad y los que
no la suponen, decía también que el nombre no "da acto completo" pues
para completar su significación precisa del artículo, el adjetivo, etc. ¿ Será
Dios por analogía un nombre común?
El notnbre común es conceptual y de naturaleza lógica, en tanto que el
nombre propio -como veníamos diciendo- es de estambres mágicos o nu-.
minosos; cuanto menos numinoso, más conceptual y analógico, pues el concepto que no sea lo que he llamado "concepto exacto" o "ideal ( el cual es
unívoco y total) está siempre entre lo unívoco y lo equívoco, aludiendo a
lo universal y a lo singular; y cuanto más se incline a lo singular y más se
distancia de la universalidad, más se acerca a ser propio ese nombre común.
Lo más singular, lo más afectado de unicidad, es la persona, la existencia
humana, y es la que más resiste a un concepto y a un nombre común. Cuanto
más propio sea el nombre, cuanto más apropiada la atribución, más auténtico
es el nombre propio. El nombre común identifica como el propio autentifica,
da una imagen, no un concepto. El concepto (rubio, español, alto, de tantos
años de edad, domiciliado en Madrid, etc.) identifica pero no autentifica.
El nombre propio suscita la voz de la vocación y contribuye -o debe contribuir si es realmente propio- a autentificar a la persona. Al hombre mágico
no le es indiferente poner cualquier nombre a su hijo. Se siente responsable
de ser o no fiel con ese nombre, y de estar o no inspirado al ponerlo al hijo.
y si el concepto nada dice profundo y certero de la persona, menos dirá de
Dios. Dios es nombre propio, no común y no concepto. Los conceptos que
aplicamos a Dios (Trascendencia, Motor, Causa, etc.) son conceptos (como
Bueno, Justo, etc.) pero son posibles porque tenemos el nombre y la experiencia íntima de Dios, y racionalizamos luego esa experiencia. .. El concepto
de Dios, dice poco de su Existencia. Más dice el nombre de Dios, y más su
Revelaci6n y su Presencia en el hombre.
El hombre propio, si es propio y apropiado, está más allá de los predica-

168

bles clásicos, pues el "propium" de los escolásticos (Muw natura) si es,
en efecto naturaleza de la cosa, no es una atribución desde fuera sino una
e,..;~encia de esa naturaleza. Pero no hay otra exigencia de las ~aturalezas
cós1cas Y_ comunes que la de tener un r.ombre c6sico y común, y no un nombre propio que es exigencia singularísima de la singularidad personal. El único
nombre ~ropio de las cosas es el concepto o nombre común; el único concepto aplicable a las personas es el nombre propio. Muchos graves traspiés
de la Metafísica tradicional se deben a no haber distinguido suficientemente
la ontología de las cosas y la de las personas. Y porque de una parte, se atribuyen nombres que parecen propios a personas, ríos, planetas y hasta caballos,
Y, de otra, el nombre, que debía ser carismático en las personas, se hace cuasi
concepto al hacerse nombre social, se ha creído que los nombres propios son
tan conceptos como los comunes y que las cosas y los conceptos tienen un
nombre como las personas, y que, en fin, si todo lo que es, debe ser predicado
como
ser,
todo lo que se predica como serJ es. Pero no·' el nombre "Ju an" ,
•
•
,
•
s1 es cansmatl~o, cala pr?fund~en~e hasta la última singularidad de la perso~a, '. no es ru un apelativo social, m el concepto de "juventud (o joanneidad)
adJu~cado
un hombre, como tampoco el de Pedro indica concepto de
petre~dad, s1~0 algo numérico, inspirado y carismático que responde bien
a qu_1en babia de fundar la Iglesia. Cuando el nombre no es apropiado ni
propio,. es ~~e no es c~rismático, es que no es numen, sino sólo concepto y
de-normn~c1on. A eso tienden apodos y patronímicos. El nombre de Dios sólo
a El conviene.

.ª

NoMBRES v ATRIBUTOS PARA Dios

_Fray ~uis de León en su conocido libro, y San Buenaventura en el suyo,

Itinerario de la mente a Dios, van registrando los nombres que convienen a
El. Veamos esto en el orden filosófico:
Dios no cabe dentro de un concepto porque no es cosa ni ser. Si toda cosa
es 1~ que es por su coseidad universal unida a la universalidad de la copresen~1a, una cosa y todas las cosas son bien poco cosa para lo que Dios nos
sugiere.,con su Pre encía. También es muy poco el concepto de "causa" , que
es noc1on sacada de la experiencia del mundo y no vale más que para las
cosas naturales. Fuera de la Naturaleza, por ejemplo, en el mundo de las
pe:,sonas, no vale l_a noción de Ca~sa, sino la de autor, cuya etimología ("augere , . aumentar) clice que es algwen que pone algo en el mundo. Identüicar
a ~1os con la Causa, aunque sea Primera, del mundo, es empequeñecerle y
aplicarle un concepto obtenido de lo natural. Pero además, la noción de causa

169

�liga y obliga a la producción del efecto. Ni puede una causa dejar de producir efecto -porque si no, no sería causa- ni una vez producido, puede quedar radicalmente desligada de él. .. En fin, si ni el concepto de ser ni el de
cosa son aplicables a Dios, tampoco el de causa. Si Dios es Presencia como
Fundamento y no es Principio, quiere decirse que le da el principio al ser,
pero no lo principia. Mucho menos podremos decir que es la Causa, aun la
Primera Causa, cuando esta noción está sacada de la realidad de lo natural
y va .siempre ligada al efecto. Por eso Dios no se nos presenta como una
cosa, ni siquiera como la Gran Cosa -según ya dije- sino como Presencia
Personal, como Alguien. 'o es una esencia, que1 o significa el ser universal
que Dios no parece ser, o significa un concepto; ni es existencia en la acepción clásica de "algo fuera de la nada", que es bien poco decir. Mucho menos
vamos a decir que Dios es una Idea, tanto en el sentido hegeliano como en
el de "la representación" de Schopenhauer, pues un Dios inventado por el
hombre lo más que puede alcanzar a ser es fantasma o ficción de hombre,
acaso persona de arte, pero nunca Dios. Si decimos que Dios es Legislador
del Mundo, o su Arquitecto, decimos ya que es más que su causa o su ley
o su principio, pero parece que restringimos su acción a la de legislar, construir, etc. Y habría que ir enumerando todas las aptitudes y potencias para
lograr presenciar lo que en Dios hay de Persona. Pero esto supondría ir conociendo cada una y todas las potencias divinas para lograr llegar a la noción
de su Persona. Y no; más bien ocurre que, por entrever a Dios como Persona
Presencial, elaboramos, después, esos atributos de Arquitecto, Legislador, Maestro, etc. Y es n la persona del hombre donde entrevemos la Persona de Dios,
no induciendo de una presencia la otra, de la humana la Divina, sino autopresenciando la nuestra propia y en ella la Presencia de Dios. Y no concebimos presencia que no sea personal. Sólo porque el hombre se ve a sí mismo
como persona presencial, sabe que Dios es Presencia Personal.
Y no esencia, siquiera porque, como hemos dicho ya, no cabe en el ser al
modo humano. Ya dije que Dios se nos presenta como resplandor personal,
como la Persona Máxima, única, inefable, eterna, creadora de nadas y de
seres de la nada, y, entre esos seres, de las personas humanas. Llamándose
"persona", sintiéndose el hombre "persona", se siente levitado, ascendido,
asumido o llamado a ser asumido en la Persona de Dios. Es como una prueba a posteriori de Dios que el hombre saca de su experiencia autopresencia!.
Pero no debemos imaginar que Dios sea Persona al modo humarúsimo, sino
que Dios fundamenta con su Presencia la Personei_d ad total y originante.
Entre la Persona de Dios y la persona humana no hay más que semejanza y
radiación iluminantc de aquélla a ésta. La persona humana, una vez recibido
el soplo del espíritu, el impulso existencial, ha de realizarse como tal entre

170

otras personas y entre cosas. Pero la Persona Divina no necesita realizarse ni
necesita de las personas y las cosas. Si la persona humana funda, la Divina
fundamenta y crea~ sin realidad, sin material de cosas, con los hilos y éteres
sutillsimos de la nada. Y de nada en efecto, parece hecho el espíritu del
hombre y su existencial persona. Pero la persona humana construye siempre
con materiales de derribo.
La persona humana no se adapta a un concepto; mucho menos la Divina.
¿ Cómo, entonces damos nombres y atributos verdaderos a Dios afirmando
que Dios es Persona Absoluta y el Fundamento de toda Personalidad? ... Se
desliza ahí un viejo equívoco: el nombre propio de lo singular e irrepetible
no es un concepto. Si la penona como el espíritu es acción, radiación incansable, no puede quedar inscrita en ningún concepto aunque los admita a
manera de nombres o atributos. Los atributos describen, pero no conciben
ni comprchenden al sujeto. Los nombres pueden ser aplicados a muchos seres
con univocidad, equivocidad, analogía, multivocidad. El nombre propio sólo
a uno y para e&gt;.-presar su singularidad irrepetida. El nombre propio aspira a
ser la designación del atributo esencialísimo que expresa, profundamente, el
sentido de la persona. Si sociológicamente -repito- el nombre personal ha
dejado de ser personal para ser etiqueta distintiva social, nada afecta a lo
que estoy diciendo ... Dios tiene el nombre inaudito y secreto de cada hombre.
Y el nombre de la persona empezó siendo la denominación singularísima y
sustantiva. Y el nombre no es un concepto genérico. El amante llama al amado
por su nombre, un nombre único y esencial que sólo el amante ha sabido
captar. El amor funde los conceptos -siempre minerales- para acceder a
lo hondo y vivísimo y capturarle la esencia, el perfume: la radiación de la
persona. Pero en vez de encapsularla en un concepto se perfuma de ella. Para
que el amante pueda ver lo que hay de sociológico, de concepto genérico y
aun de ser físico en el amado, ha de retraer la mirada de lo profundo del
amado para quedarse en lo superficial. El concepto tiende a hacerse universal en la extensión; el nombre, en la comprensión, si es común, pero no si
es propio.
Dios no es un concepto, pero tiene un nombre, muchos nombres universa).
mente usados por todos los hombres. Su nombre es universal porque todo
hombre tiene alguna experiencia de Dios, aunque varíen los nombres al traducir )'3 con pensamiento reflexivo esa experiencia... Theos, Iahvé Joangoikoa o Gott son nombres distintos, respectivos a un determinado atributo,
de una experiencia universalmente única. Es el Innombrable, no porque no
admita un nombre, sino porque iendo el nombre incapaz de ser único y esencial, ha de ir describiendo sus atributos, y son infinitos los nombres que le
convienen sin quedar agotado en ellos. Dios es el nombre de Aquel que es

171

�Quien es. Otro nombre suyo es Uno y otro Omnipotente, y Creador y muchos más. Pero no le conviene cualquier nombre sacado de atributos humanos o conceptos físicos, sino aquellos que son atributos del espíritu magnificado
en la Presencia Divina, según la halla en sí mismo y en la presencia de los
demás hombres. También halla el espíritu de Dios como Presencia, como
esplendor que circula, ilumina y empapa a toda cosa. Le llama Omnipresente.
También le llama el Gran S~, el Pre-Ser, el Sobre-Ser, el Espíritu Creador,
el Más Poderoso, el más sabio, etc., etc. Si hay pueblos y hombres que no le
han llamado así o de otro modo, es porque no han encontrado el nombre
que les parezca adecuado, pero no porque no hayan tenido la universal e.'q&gt;eriencia de su Presencia, de su poder creador y de su unicidad. No hay un
nombre solo para Dios aun habiendo una experiencia universal de su Presencia
en todos los hombres. Y aun un solo hombre encuentra inspiración en la
Presencia Divina para los más diversos nombres. Pero el hombre nota que
todos son insuficientes para dar la versión adecuada de su experiencia de
Dios. Halla un Quien, un Alguien, y le habla, le invoca, le suplica, pero no
sabe hallarle el nombre único que dijera su unicidad esencial. Dios no es
concebible, conceptualizable, pero no porque el hombre no pueda atribuirle
nombres y conceptos, sino porque todos los conceptos positivos y de orden
espiritual le convienen sin agotarle de sentido. Y todos los negativos de lo
material y limitado y humano. La Presencia de Dios desborda todo lo que
proceda del pensamiento del hombre. Y hay conceptos que no le son aplicables; por ejemplo, extenso. ¿ Qué conceptos le convienen y qué nombres son
los suyos y cómo los sabe el hombre?
La persona al autopresenciarse, se siente a sí misma no concepto ni cosa
natural; se siente fuera de lo natural y de lo cósico. Se siente exlrarreal con
nueva realidad. Se siente frente a la Naturaleza cósmica, extra y sobrenatural. En suma, espíritu, algo espiritual que experimenta ya como algo opuesto
a lo natural, como viento o soplo fundador y poético, como palabra o verbo
que funda, y como algo, alguien, que no está sujeto a la espacialidad, la extensión, la gravedad, el movimiento, la impulsión, la muerte, etc. Y siente
que ese espíritu que experimenta en sí le ilumina interiormente y le sirve
para iluminar fuera, haciéndose eco sobre las cosas. Y siente que es presencia
y que esa presencia está radiada, influida por la otra Gran Presencia, que el
hombre nombra en silencio, estremecido, con respeto, con el balbuceo del
asombro, pues el nombre de Dios es balbuceado como por infante. Y en efecto, se ha notado que las consonantes más infantiles son las que han dado ori~
gen a los vocablos y nombres con que se designa Dios. Todo aquello que
halla en sí, en la autopresencia, y que le inunda de luz y de grandeza, y le
da el primer sentimiento de indefensión, de intemperie y de criatura, todo

ello magnificado por el asombro lo atrib
.
atribuido. y así hall
b '
. . uye Dios Y encuentra que está bien
.
.
a nom res casi mefables com h U
0
son evidencias intraducibles d 1
:
a a preconceptos que
e O que expenmcnta
su modo, y para traerlo a conciencia de ,
. ' pero q~e el hombre a
conceptos. y empieza por sustanti
s1, precisa traducir toscamente a
butos que ha encontrado.
var gramaticalmente los nombres y los atri.

ª

Dios se presenta a cada uno se ,
. .
es cada uno. Es lo que dice San p bgunl rrustenosamente quiere y según quien
.
a o en una carta (I
C
No qwere
esto decir que Dios sea di ti'
or. ap. XII-4 a 11).
s n to para cada un
.
a cada uno según su persona
,
1
o, sino que se revela
.
.
,
segun
e
nombre
con
D'
1 . .
D 10s es qwen es y no ha
Dº
que 10s e distmgue.
Y un 10s para cada h b
·
pe~o se muestra a cada pueblo y cada hombreº; ~• ni. para cada pueblo,
está llamado a ser. ._,.m~n la
., 1
gun qwen cada uno es y
' -"'b-· vocacion
a llamada . t
. 1
nada a cada uno. Por eso los b b ' dan
. exis encia ' la misión asig.
om res
a Dios nomb
d' ·
reconociendo muchos y p f' • d
,
res 1Stintos. Pero
re men o uno y asi unos 1 11am
otros el Misericordioso y si'
.·
e
an el Justiciero y
·
unos 1e sienten ' bº
ven como Amigo y otros como Mae tr p mas ten como Padre, otros le
para otros, es ante todo Amor T d s Amo. ara u~~s, es ante todo Intelecto.
0
'
or' Justi~a, Mº1sencordia,
·
y muchos nombres más es
Di · S 'I o
Sabiduría'
0
Positividad, ni Jo Malo porq::· 1°M nlo esl lo neg~tivo porque Dios es Máxima
el mundo y el hombre y l h e b a es o neganvo' e1 som h:reado que ponen
· e om re pone lo negati
af'
d e Ji beración y afirmación
Si el c
.
vo para mnar su afán
Dios también perverso }' ~
. oncup1scente y el perverso hablan de un
•a
ncupJSCente o malo la
'6
s1 ad la pone el hombre que habla así
'
negac1 n y la perver-

e

y si todos y cada uno decimos " :,, D'
para cada cual, sino porque aludimnu , JOs, no es porque haya un Dios
.
os asi al modo co
ad
siente ante la Presencia de Dios Ese "mi"
. .
n que c a cual se
de Dios que cada uno toma
·
no mclica la posesión de la parte
-por eso no me gusta la I b "
.
ap li cada a Dios- sino al od
pa ª ra Participación"
" •
'
rn o como nos s t ·
.
'
mi patria" no pretende decir que la tri en zmos ser de Dios. Quien dice
( tampoco parte)' pertenencia de s pa . a sCea suya, sino que es el miembro
d D'
,
u patna ada un
•
e ios, o1do, mirado mandado d D'
y.
o se Siente presenciado
•
•
'
e 10s
el
I' ti
·
msprra su política como el
ta
. ,
po J co siente a Dios que le
'
poe su poes1a el · 'f'
amante su amor. y así el D' d A
,
'
CJenti ico su ciencia y el
10s e gustm de Ti
, d F
.
ventura, es el mismo que el de PI t6
d'
ornas, e ranc1sco, de Buena,
a n o e Buda S '1
d
segun es él, y le atribuye diverso no b
. o o que ca a uno le siente
y
rn re.
. aunque cada hombre, y en la medida de
. .
ciba a Dios de modo perso !' .
su autenticidad, sienta y conpresencia, también la revelan·~ isuno, puesto que la presencia humana es co.
cion personal hace
'bl
lectiva, aparte la Revelación hi t, .
. , pos1 e y aun necesaria la cos onca. Tamb1en los grupos humanos (razas,

172

173

�pueblos, naciones, culturas, fases históricas) tienen un modo peculiar de sentir y concebir a Dios, como hay momentos en la vida del hombre y en las
edades de los pueblos en que Dios es sentido con un acento o con otro.
No habla a Dios lo mismo el angustiado y dolorido que el jovial y satisfecho.
Y así los pueblos y las Edades reciben revelaciones de Dios. Pero si, como
decía Goethe: "Todo lo humano es experimentado por todos los hombres",
con mayor razón diremos que es experimentado por todos los hombres lo
Divino. En el trasfondo del hombre, la co-presencia da un sentido universal,
una revelación universal, un pensamiento y hasta un lenguaje universales,
pues parece que todas las gramáticas se juntan por las raí.ces en un origen
común. Y así todos los hombres de Dios dicen en definitiva el nombre de su
Presencia universal.
Y el Universo todo contribuye a esa Teofanía. No sólo se nos revela Dios
a cada persona y a cada grupo personal ("donde quiera os retmáis en mi
nombre a1li estaré con vosotros") sino que le vemos y rastreamos en las
cosas del mundo natural; que si el hombre es imagen, las otras criaturas son
huellas o pisadas de Dios según Fray Luis de Granada. También las cosas
dicen algo de Dios. "De te Altissimo, porta significatione" toda criatura, canta
Francisco de Asís. Si en lo hondo de sí halla el hombre a Dios, también en
la grandeza de lo natural le encuentra. El hombre es una isla empapada del
océano de Dios, una porción de historia y naturaleza rodeada de Dios por
todas partes. Cuando más solo se encuentra es cuando más se siente presente
a Dios. Y cuando más unido a otros en comunidad de fe es cuando más asistido se encuentra de Dios. Y de ahí otros nombres de Dios: Porque halla a
Dios en todas las grandezas, dice que Dios es grande. Porque halla a Dios
en su soledad de hombre, dice que Dios es único. Porque se siente sin fuerzas
para seguir, dice que Dios es Poderoso.

EL

ENCUENTRO coN

Drns coMo

füttS'l'ENCIA

Son esos nombres y atributos, preconceptos que brotan de sentimientos primarios y aun de presentimientos, aunque faltan palabras para designar estas
experiencias. Cuando decimos que sentimos la autopresencia queremos designar, no un sentirse sensorialmente, ni siquiera en vivencias psicológicas definidas, sino un autosentirse, en un primer encuentro consigo mismo a partir
de la autopresencia. Es el ''notar" a Dios que se nos vuelve sentirse. Por la
revelación presencial no conoce~os a Dios, lo sentimos; no le vemos, le tocarnos existencialmente. Le notamos. Lo mismo nos ocurre con nosotros mismos, nos tocamos, nos autoexperimentamos, nos encontramos, no con el que

174

somos sino con el que estamos Jlamados a ser Me com I
, ••
gunos puntos esenciales con Fed . S .
.
p ace comcid1r en al,
enco c1acca una de ¡
f' , .
mas ~audas de nuestro tiempo: "No h --c1·'
as mentes ilosof1cas
por analogías imperfectas) . l
ay
ice- un concepto de Dios ( sino
.
"
m e ser como Idea es Dios.
ti
"
miento de Dios en un doble sentid . ) 1
.
' se ene el sentitimiento; b) Dios no se cono
. o. a . o que ruaste o la existencia es sen.
ce m se piensa en ab tr t
.
bien,
no se da a este "sentir''
'd
s ac o, se siente. Ahora
. .
un sentJ. o puramente P . 16 .
.
.
subJet1vo y por consi0"11iente m· b' ,-; bl
SICo gico y extstenc1al,
.
~o Jeuva e
y
n·
.
rrucnto que es existencia, que
. . . d..
JOS se .siente con el sentíes conciencia e sí en I
. d
es. el. o~ jeto interior del existente espiritual El
.ª esencia el se_r, la cual
pnncip10 ontoló!!ico síntesis d
.t . .
sentir, en este sentido, es el
0
,
e exis encia y esencia p
.
es sentirlo en la totalidad de , .
d
: or tanto, sentir a Dios
.
m1 fillSIIlO, anne razon de
.
.
totalidad, integralmente".11
su existenoa en mi

"Toda v1a
' mas.
, Mi sentir es existir· senti
.
.
podría sentir a Dios si Dios
f ' 1 r .ª D10s es sentirlo existente; no
tencia se identifican. por co ~o . uera be Existente. En Oios esencia y exis.
,
ns1gu1ente asta sentir! ,
mtud, sin que esto signifiqu
mtegro en toda su ple.
·
e que se 1e conozca e
l • d
siento que entre El y yo h
d"
.
n su p emtu . Por esto
ay una zstancia met f' ·
·
mismo tiempo un vínculo radical" He ahí la vi . , a ¡ica. tncomensurable, Y, al
. Por su parte Ortega nos di'ce· :,El D. d l s1on e Dms como Fundamento.
·
10s e cristi ·
•
trascendente y extramundano cu o mocl
an_lSJllo es ~ Dios verdad
ninguna realidad cósmica. N~da ~e él ; !e ser es mcomp~rable con el de
mundo, no es ni siquiera tan"'ent ] '
d punta de sus pies, cala en este
. .
o
e a . mun o Por esta
,
uanismo misterio sumo la en a . . , Q
·
razon es para el crisc mac1on.
ue un Dº
·
.
surable con el mundo se ins 'b
'I
ios ngurosamente mconmen"
en a en e un momento
" h b'
otros - es la máxima
d .
- Y a 1te entre nos. .
para ºJª· •. Para estar c
D' h
por aruqu1lar virtualmente todo l
, .
on ms ay que comenzar
ya que,
efecto, frente a Dios
1::r:~º;, darlo por no existente
daderamente es cuando se ha q d d . .
g . El alma es lo que verue a o sm mund lib da d ,
cuando está sola. y no ha
tra f
o,
era
e el, por tanto,
,
YO
orma de entrar en
-, d
.
l
a traves de la soledad p
, .
compama e Dms que
, orque urucamente ha· l
·
encuentra el alma con su auténtico ser'' iz y
~o a especie de soledad se
sencia de Dios fallan y se ,f
·
allí
en la soledad ante la pre,
_ '
ex ll¾,CTUen 1os conceptos y tod , d
, .
d espucs
anade Ortega. "E
.
·
av1a os pagmas
.
'
.
s cunoso que todos l h b
. .
c1dan en hablarnos de lo que tamb', S
,,...
os om res religiosos coin1en anta 1 eresa 11
' 1f
y que sea justamente en ese fondo d 1 l
ama e ondo del alma';
tran a Dios. El Dios cristian
ª. ma donde, sin salir ele ella, encueno por o visto es trascendente al mundo , pero

°

en

e: ::::;\;

t

, u M. F. SmACCA: "Reflexiones sobre la existencia d
. "
numero 62, Julio-Septiembre de 1957 á 244
e Dios en Revista de Filoso/la
" ÜRTECA v G
' P g.
-65 Y otras. Madrid.
AS SET: l Qué es filoso/la, pág. 184.

175

�inmanente al 'fondo del alma'. ¿Hay alguna realidad bajo esa polvorient~
metáfora?" Me parece entrever cierta ironía en esas palabras. Creo, por m1
parte que hay en el hombre ''fondo", porque hay en Dios Fundamento. En
ese f~ndo, el hombre halla a Dios, y desde ese "fondo", el hombre parte a

fundar el conocer de las cosas.
No se da un conocer racional o conceptual de Dios "porque según Sciacca
su esencia no puede ser captada por la razón, excepción he~ha de im~erfcctas
analogías'', y por "el conocimiento intelectual que prescinde precisamente
d ta existencia de la que se destaca y aísla la esencia". Y el problema de
~os según Sci:cca es el de la existencia, "que es problema ?i:e~ de~ propio del conocimiento conceptual, que el problema de la esenc1~ . S1 i D1?s
es aprehensible en conceptos porque es existenci~, per? no existencia f~ctJca
de cosas, sino existencia personal, sólo que la existencia personal en Dios_ es
sobrepersonal y misteriosa. A su existencia llegamos por el contacto presencial,
y por eso, lo primero -para mí- no es el conocer racional, ~ino la fe y
el amor el conocer de la fe y el del amor. Pero no hay fe m amor para
las esen~ias sino para las personas, que son existencias calientes, radiantes,
sientes O essentes. A Dios le sentimos primero como el calor amor~so de su
radiación en nuestra intemperie de criaturas. "De Dios sólo y Siempre se
tiene inteligencia no amor, no está permitida ninguna abstracció~" -dice
Sciacca-. Dios es existencia porque es Presencia e inunda el Universo con
algo que, luego el hombre, viendo en las cosas la coseidad y la fo~a general del ser, lo sustantiva y unifica como esencia, que es lo que qmer~ rcc~er O encapsular en los conceptos. "Lo que de Dios conozco es la existencia
' 1a ~tenc1a
.
. '' , pues, "_en
yg no la esencia; lo que reconozco (amo)_ es todavia.
el acto del amor a Dios lo conocido (sentido) es la existencia, y lo desconocido
es la esencia". Sciacca no se atreve a afirmar que en Dios no hay esencia.
Pero es igual, porque afirma ahí y en su Fil~sofía y M et_afísica, en I_a pai:te
destinada a la existencia de Dios, que en Dios la esencia es su existencia.
Si la esencia y la existencia de Dios fueran distintas _habri_a en Dios alg~a
dualidad y no esa esencia estaba más allá de su existencia y su presencia,
con lo c~al O la Presencia no sería lo primero ni fundamental, y habría que
buscar lo ~ue la trasciende, o esa esencia está más ~cá ~e. la existenci~, en
cuyo caso siendo evidente la existencia en la Presencia Dmna, la es~c1a ya
estaría pre-vista en ella. Pero, además, como para el hombre la e~cia sólo
halla representación en lo conceptual, lo más elevado que podnamos alcanzar de Dios sería un concepto, y Sciacca nos dice que no hay concepto
ni Idea de Dios. Mas si la esencia y la existencia son lo mismo en Dios, entonces, 0 no hay más que esencia o no hay más que existencia. Y como es~
es la que se nos hace evidente con la Presencia Divina, en esta Presencia

?º

176

se nos da ya la esencia en la existencia. Es que el filósofo intelectualista se
obstina en llevar hasta Dios las nociones que recoge del conocer de las cosas
yJ porque en las cosas cree haber encontrado esencia y existencia, entiende
que debe aplicar estas nociones a Dios. Y sin embargo, si Dios es Presencia
como Existencia, es que es Pre-Esencia y no precisamente conceptos esenciales.
El mismo Sciacca dice que no se trata aquí "de postular el Absoluto con el
acto reflexivo, según el idealismo moderno, es decir, aquí no hay lugar para
la cuestión de la 'noción' de Dios, problema debatido desde Descartes a
Hegel, sino más bien de la presencia de Dios en el hombre entero, no en el
orden del conocimiento conceptual, sino en el orden ontol6gico, es decir de
una presencia que es la misma esencia de la persona. Este es el nuevo (y antiguo) problema metafísico que se ha de recuperar lejos del psicologismo,
sobre el plano de la ontología".18 Y aun remacha más abajo, en la misma
página: "De la interioridad objetiva y de la persona integral emerge la razón
de la existencia de Dios, la cual en el orden ontológico, es más que un conocimiento conceptual, es presencia del Ser". Se ve que Sciacca ha visto hondo;
pero que sigue manejando para Dios la noción de Ser, como sigue aceptando
para Dios la de problema. Ahora bien, para mí, Dios no es problema sino
misterio, y a partir de la presencia del misterio en el hombre hay que enfrentarse con los problemas y elaborarlos, porque los problemas son elaboraciones
del hombre. Del mismo modo la existencia de Dios nos es problema porque
es evidencia, y evidencia misterial. Pero por eso, a partir de la evidente existencia de Dios, empezamos a elaborar nuestros problemas de orden conceptual,
para afianzar humanamente esa evidencia, y, por eso, esa existencia nos parece necesaria y conveniente demostrarla.

11

Revi.rta. de Filosofía, n. 62, pág. 267.

177
H12

�IDEAS SINTE.51S DE ALGUNOS PROBLE~tAS
GENERALES DE ETICA
DR. lsr.tA&gt;:L Orneo PÉREZ
M~xico

ELEMENTOS DE Í:TJCA. La ttica es una rama de la Filosofía que se ocupa de
los actos morales. En toda filosofía o sistema filos6fico hay siempre una conclusi6n ética o unas nonnas morales aplicables a la conducta del hombre.
Recordemos aquel pensamiento de Manuel Kant al decir que hay dos verdades en el hombre: el cielo estrellado sobre su cabeza y la ley moral en

su corazón.

Las ramas de la filosofía son la L6gica, o las leyes del pensamiento, la Psicología, o conocimiento del alma humana, la Ontología o el conocimiento
del ser en su interprctaci6n universal, y la Estética, o el conocimiento de la
bcllci'.a en las diferentes bellas artes.
La 2tica tiene una jerarquía importante como rama de la filosofía. Podemos conocer todas las ciencias que el hombre ha descubierto en la naturaleza, en la especulaci6n intelectual o en el espíritu, pero todo el saber nada vale si el hombre no tiene una conciencia moral.
Los hombres, cualquier hombre, desde el momento que nace, tiene derechos, y si no se los dan, debe exigirlos a los otros hombres que íonnan la
sociedad. Pero la sociedad debe exigirle al hombre -a su vez- el cumplimiento de deberes y obligaciones.
La ttica puede ser material y formal. La material es el cumplimiento de
los actos morales libres y deliberados. La formal son las leyes te6ricas que
justifican los actos morales. Sin el acto moral ni la sociedad ni el individuo
podrían vivir. El acto moral es lo mismo que la salud en el cuerpo físico. Si
el cuerpo está en!cnno debe curarse, y si no lo hace, en corto o en largo plazo, las células )' tejidos de ese organismo le llevan a la muerte.
La !alta de actos morales lleva forwsamente a la ruina del hombre y de
la sociedad.

179

�En la Ética hay una tructura moral y con contenido moral. La Ética
tiene relación con la Antropología y con la Psicología. La relaci6n con la
primera está determinada por los factores hereditarios recibidos de los padr o de los antepasados. Y del medio o de la circun tancia en que el hombre iva.
La influencia de la Psicología sobre la ttica se determina por las experiencias vitales, que pueden hacer del hombre un triunfador o un frustrado. De
aquí la importancia de la educación moral.
El psicoanálisi , fundado por Sigmundo Freud ha asegurado que conocidas las condiciones de creación de un niño o la gestación en la madre
puede determinar en gran parte cuál será su futuro destino. Naturalmente
que a e tas condiciones habría que añadir las circunstancias morales de la
persona, sobre todo en el proceso de evolución de la personalidad, desde la
niñez a la mocedad.

Significado de la ltica. La palabra Ética se deriva del griego ethos, que
significa carácter, y del latín mos, que significa costumbre.
En todo carácter hay siempre una costumbre. El car-.ícter se forma por los
actos morales a lo largo del tiempo y fonna.n la p rsonalidad moral del hombre. Es frecuente confundir el carácter con el t mperamcnto, pero tienen
di tinto significados. Con el temperamento se nace o se muere. El carácter
se aquilata a lo largo de la vida y puede cambiar de un pccíodo a otro.
Cuatro son los temperamento aceptados por la Biología, clasifica.dos por
\'e-L primera por el médico Huarte de San Juan en el siglo XVI y confirmados por Mcndel postcrionnente. Estos temperamentos son sanguíneo, linfático, nervio o y colérico.
El Ethos constituye una segunda naturaleza la naturaleza que el hombre
se ha formado o adquirido, de la misma manera que recibe una primera
naturaleza física y mental con el nacimiento.
En todo caráct r hay actos morales que lo forman y hay costumbres.
Algunos filósofos d la ttica suelen llamar a esta ciencia Filosofía de la
Costumbre. El Ethos es la tructura unitaria y concreta de la personalidad
moral.
Los actos morales se encadenan con los hábitos morales y se generan por
repetición de actos morales. Comprendemo así la enorme importancia psicológica de los actos morales, pues ello determinan nuestra vida moral,
contraen nuestra libertad y a veces nos inclinan a detenninados actos morales de modo ine,·i ta.ble.
La costumbre moral es un cierto modo de naturaleza. La pr ncia del
pasado es mucho más fuerte qu el presente y en la educaci6n tienen principal importancia los hábitos morales. Por eso el talento se forma en el es-

tudio, pero el carácter se adquiere en la experiencia, con frecuencia dolo-

rosa, de la vida.
El problema del conocumento es un problema de hábitos mentales y los
que niegan tener memoria están cometiendo una falsedad. i no tuvieran memoria, ¿ cómo hubieran podido retener los miles de palabras de su
idioma nativo?
Igual que la memoria es la voluntad, o las distintas facultades del entendimiento. El llamado genio no es siempre nativo y cuando lo es, se dan condiciones no bien determinadas en Biologfa.
En general, la formación del genio es más bien un proceso de voluntad y
de entendimiento. En lengua inglesa se define así: "Genius is in infinity for
taking pains". O infinita capacidad de fijar detalles.
Exi ten tres conceptos en el conocimiento de la !tica: el modo ético de
ser, lo hábitos y los actos.
Los hábitos se engendran por repetici6n de actos y el modo ético de ser
o el carácter personal, se adquiere por los hábitos morales. Actos, hábitos y
carácter constituyen el objeto material de la ttica.
Hay actos del hombre en cuanto tal1 que son actos libres y deliberados.
Y actos pro\·ocados por causas naturales, ajenas a la ttica, en las que se
comprenden las representaciones sensibles, como la presencia de un toro
bravo nos obliga a la huída por el temor; o bien son actos irresponsables
que cometemos a la ligera o por precipitación de nuestras decisiones y que
son más bien faltas de aquietamiento de la razón, de armonía interior o
de un modo ético adquirido con firmeza.
El Cristianismo considera que no constituyen falta los movimientos desordenados por impulsos ajenos a la voluntad. En el concepto cristiano el hombre puede salvarse del pecado si está asistido por la gracia divina. Pero requiere una vigilancia que se convierta en hábito y prevenga todo movimiento desordenado antes de que aparezca.
En la vida civil, sin consideración de la moral religiosa, tiene la misma
aplicación y procedimiento. El carácter moral da fortaleza al hombre para no realizar actos inmorales. El Psicoanálisis de Freud dice que la Psicología de la moralidad se fundamenta en un buen manejo del subconsciente.
Hacer el subconsciente consciente es la tarea de la educación.
i el subcon ciente no es bien manejado o dirigido, puede crear catástrofes morales, irreparables, como la de un doctor que había visto siendo niño
la muerte de un hermanito de menor edad, en un paisaje nevado.
Cuando se graduó el doctor tenía frecuentes ataques de cólera, sobre todo
al ponerse la bata blanca. La bata blanca le recordaba a su hermanito muerto en un paisaje nevado.

181
180

�Si el subconsciente es manejado con conocimiento científico de sus tendencias puede dar lugar a grandes obras de educación o a obras duraderas
de la inteligencia. Por eso los educadores deben conocer psicoanálisis y ayudar a sus alumnos para fonnar su personalidad
Los actos morales pertenecen al autor que los ejecuta con responsabilidad, y el autor tiene unos hábitos morales o una historia personal. que gravitan sobre sus actos o decisiones.

La vida p.ricol6gica y la personalidad moral forman el conjunto de la vida
espiritual. Conocidos los antecedentes de una persona puede determinarse
cuál es su vida moral.
En la consecución de los fmes de los actos morales, lo primero es desearlos y lo segundo es el gozo de la consecución de esos fines. La elección es
siempre una decisión para determinar los medios. El consejo de otros fortalece nuestra elección y cuando conseguimos los fines nos asiste la complacencia o la delectación.
El trabajo mental de que la p6l'SOna se reconozca en sus actos conscientes,
afina cada vez más nuestros deseos y nuestros logros, produciéndonos u.na
vivísima satisfacción. En esta tarea de los actos morales ha de intervenir
siempre el entendimiento y la voluntad.
El acto voluntario es efectivo, cuando se procede reflexivamente o por
medio de la razón. Pero no siempre ocurre así. Descubrir la esencia de la
voluntad es descubrir la naturaleza del deseo.
Querer realizar un acto de voluntad que lleve a la consumación del acto
moral, no es una realidad, ni tampoco la intuición, como un aspecto del
acto, frente a la plena realización, ni es tampoco la elección de los motivos.
Querer significa apetecer y amar, o deleitarse en lo querido, con los medios para la consecuci6n de los fines. La esencia de la voluntad es la fruición: todo acontece en función de la fruición.
El acto moral, en su consecuencia última y verdadera, es una "simpatheia",
que en lengua griega y en nuestro idioma significa padecer o sentir con otro,
porque et otro padece o siente.
Significa que cuando nuestro prójimo está alegre, nos sentimos alegres,
y cuando nuestro prójimo está triste y desalentado, nos sentimos tristes y desalentados.
Realizado un acto moral significa que nos acercamos a la plenitud del ser
moral, o Wl estado que todos debemos desear. Si amamos, nos hacemos
amantes, si hacemos justicia, nos hacemos justos.
El verdadero acto moral es la plenitud del amor y la justicia, y aunque
no se realice en su plenitud por nuestra limitación humana, hay algo que
se decanta y permanece en nosotros. Y cuando el hombre llega a la apropia182

ción de sus actos morales, a lo largo de su existencia, es cuando alcanza su
más profunda realidad moral.
Hemos dicho que el objeto material de la Ética son los actos morales y todos estos actos se unifican en una realidad ética más profunda, dando como
resultado el carácter o el ethos. El carácter es la tradición de los hábitos y
el acto moral es la actuación o la acción cumplida. La persona tiene un modo de ser en la bondad y en la maldad.
Toda persona es en su constitución bondadosa y la maldad es una enfermedad mental; todo proceso de realización moral es una plenitud de la
bondad y una eliminación progresiva o rápida de la maldad.

Varios conceptos del carácter. El concepto del carácter que tomamos de
la 1::tica, tiene el mismo sentido que el tomado en la Psicología médica. El
carácter en la Psicología representa una actitud mental bien definida y el
carácter en la enfermedad biol6gica es lo que llaman los médicos los síndromes patológicos.
La Filosofía en general se levanta sobre el ethos humano. El hombre es
el creador de todas las ciencias, artes y filosofías, y las ciencias, artes y filosofías se hacen para el hombre.
Un matemático imprime sentido matemático o carácter matemático a
todo lo que investiga y crea. Isaac Newton, el descubridor de la Gravitación
Universal decía que el Universo está escrito en lenguaje matemático.
El hombre de ciencia establece sus fundamentos científicos en su pensa•
miento o en sus relaciones sociales. El abogado verá al mundo como una
ordenación de leyes jurídicas que rigen todos los actos humanos. El astrónomo verá constelaciones siderales, en que los astros corren siempre sin precipitación y sin descanso. Y el poeta verá en el cielo luces líricas o de emoción amorosa.
Cada hombre ve el Unjverso según su formación mental, pero el Universo tiene sus propias leyes, con independencia de las interpretaciones que los
hombres le den.
La Filosofía se levanta sobre el ethos o sobre el carácter moral de la humanidad. Hay filosofías que establecen la moral en la utilidad económica o
en la utilidad moral. La utiHdad económica será la función del comerciante y la utilidad moral implícita en todo acto moral.
El acto moral, en el concepto cristiano, es un modo de ser de la persona,
de tal manera que el hombre ofrece actos morales, lo mismo que el manzano da manzanas y el vifiedo da uvas.
Para otros filósofos es la moral una morada o una estancia. La morada
o estancia es el lugar donde creamos día a día el edificio íntegro de nues-

183

�tra personalidad moral, que en la casa se reposa y toma nuevas fuerzas para cumplir invariablemente un destino moral.
La Filosofía de los griegos antiguos y de los romanos, llamada estoica,
cuyo principal representante fue el español Séneca, que escribió en lengua
latina, fundamenta la moralidad en la ausencia de necesidades.
Cuanto más es el hombre capaz de vivir, dentro de la mayor sobriedad,
es tanto más libre. Las necesidades son un monstruo que levantamos día a
día y cada vez nos hacemos más esclavos. La libertad es la ausencia de necesidades vanas. El filósofo romano Epicteto, esclavo en la Roma precristiana, fue sometido por su señor, un patricio romano, a la mayor crueldad: le
cortó una pierna para ver si. su esclavo se quejaba y Epicteto contestó: po•
drán dañarme en mi cuerpo físico, incluso matarme, pero mi. espíritu es
libre y nadie podrá dañarlo.
El filósofo Arturo chopenhauer asegura que el carácter moral es congénito con el hombre. La experiencia solamente sirve para conocer ese carácter, pero no para modificarlo. Este filósofo confundió el carácter con el temperamento. Lo que se llama carácter adquirido no es otra cosa que conocimiento de nuestro carácter inteligible.
La Filosofía no está constituída por los hábitos y los actos morales, sino
solamente por el carácter congénito.
El filósofo Bourker dice que todo acto moral deja una huella en el carácter y los hombres nacen con cuatro potencias: entendimiento, voluntad y
apetitos concupiscible e irascible.
Estas cuatro potencias entran en el acto moral y cada hombre adquiere en
el curso de su vida una estructura y un contenido moral, diferente de los
actos morales en cada situación.
La personalidad moral del hombre está constituída por la añadidura de
hábitos morales a sus potencias ingénitas. El ethos no es un concepto práctico, ni se manifiesta ni se modifica directamente, sino por medio de los actos y hábitos morales.
Así se constituye la Ética en Wla ciencia práctica, al reconocer que por
los hábitos descubrimos el Ethos.
Vivencia de los actos morales. EJ objeto material de la Ética se constituye por los hábitos, los actos y el cthos humanos. Pero un acto, un hábito o
un carácter se han de prolongar toda la vida, porque una golondrina no
forma verano. El objeto de la moral sería la vida en su unidad temporal.
Los hombres vivimos en el tiempo, que es la medida de la existencia. Sin
existencia no habría tiempo, de la misma manera que la sombra no sería
posible si no hubiese cuerpos que la proyectasen. Con la ausencia de todo

184

cuerpo físico, desaparece la sombra. Y lo mismo es e1 tiempo en la vida de
los seres, especialmente el hombre, porque tiene consciencia del tiempo.
Los animales tienen su tiempo, pero no tienen consciencia del mismo.
Es muy frecuente escuchar a los hombres que pasa el tiempo, pero en realidad somos los seres los que pasamos por el tiempo.
Ya dijimos que el tiempo es la medida de la existencia y en el tiempo se
forma el carácter del hombre. Al término del tiempo o de la vida moral
existen creadas dos posiciones: A) los que creen en una vida trascendente;
B) los que creen que al término del tiempo ha cesado su vida y lo único que
les cabe es que su obra moral se haya cumplido.
La v.ida es la suma de los actos y de los hábitos morales que forman la
totalidad de la existencia. Podríamos preguntamos: ¿ cómo entender la vida en su unidad de sentido? ¿Cómo alcanzar su significado?
Existen dos caminos o maneras de entender la vida: A) realmente, B) vivencialmente.
La realidad es el ethos o el carácter donde se decanta y permanece ese
fluir y pasar que es la vida. Insistimos siempre en el ethos o carácter, porque la formación de la personalidad moral es una adquisición de nuestra vida.
La vivencia se adquiere por dos clases de a&lt;;:tos: discursivos o por medio de
la razón, mtuitivos o por medio del sentimiento. Los discursivos hacen referencia a todas y cada una de nuestras acciones, de la vida entera, al fin
último o sentido de la vida.
Por los actos intuitivos se descubre la unidad de la vida; estos actos intuitivos son síntesis de la realidad o definiciones del conocimiento.
Podrá admitir la siguiente comparación para mejor comprender el sentido
de los actos discursivos e intuitivos~ en el sentido de la investigación de la
ciencia. Un investigador científico puede pasarse veinte años investigando
una rama de] saber y lo hará por medio del análisis intelectual o por medio de la razón; es el acto discursivo. Pero su obra no tendrá sentido si no
hiciera una síntesis o una ley general, en un día, en una semana o en un
año, lo que en veinte años había analizado y la capacidad de síntesis es en
gran parte in tuitiva.
En la vida moral, los actos intuitivos son los que dan la perspectiva, el
panorama de toda la vida en un breve momento. Por eso los actos intuitivos son privilegiados, en la profundidad que con ellos se alcanza. Algunos
filósofos de la moral les llaman el instante, la repetición y el siempre.
El acto privilegiado sería la hora de la muerte. El instante es la eternidad
en el tiempo, un descenso de lo infinito a la e.."&lt;:istencia finita.
Para el creyente en la trascendencia toma la forma del éxtasis o de la contemplaci6n místicas. Para el no creyente será únicamente la unidad de su

185

�conciencia moral en el tiempo. La Filosofía llamada existencialista de Martín Heidegger ha hecho un análisis de la existencia concreta y su análisis ha
sido exhaustivo, pero el término de la existencia en el tiempo físico no tiene
otra soluci6n que encontrar después de la muerte un mundo de fantasmas,
en que el hombre se halla inerme y desamparado. Nace en él el sentimiento
o la intuición de la nada, por el temor y la angustia de lo desconocido e
incognoscible.
Martín Heidegger pretendió analizar la existencia concreta, para después
crear una segunda parte que sería la Filosofía trascendente, pero él mismo
se había encerrado en una jaula de hierro de donde no podía salir. Y confes6 públicamente que no escribirá esa segunda parte de Filosofía trascendente, porque no puede hacerlo con las bases que ha creado en el análisis
de la existencia concreta.
Para Heidegger es el término de la vida en el tiempo un encuentro con
la nada y la angustia. Podrá entrever el hombre entonces la idea de Dios,
pero no es posible, porque sería lo mismo que un hombre con pretensiones
de entrar en un palacio, cerrándose él mismo las puertas y encontrando el
Mo silencio de una inasible realidad.
El final de la vida está en la memoria, según Bergson y expresada en el
libro llamado Tiempo y Memoria. La memoria es en realidad el recuento de
los actos morales, con esa misma consciencia de unidad que hemos estudiado en el instante. La memoria es un almacén de recuerdos o de vivencias
que alumbran o señalan los caminos de la vida moral
El filósofo Zubiri lo encuentra en el siempre, o una suma de ayer y de
hoy, o de los actos realizados en el pasado o en el presente; todo es uno y
lo mismo. El hombre toma conciencia de sus actos morales en el tiempo, o
una suma constante de la vida moral positiva. El siempre es una vez por
tocias, el fundamento de Jos cambios temporales y el ahondamiento en sí
mismo, en las entrañas puras de la conciencia.
Cuando no tenemos sentido del siempre, vivimos pegados a las cosas temporales o accidentales y nos perdemos en el fluir de la vida, lo mismo que
las aguas de un río corren siempre.
El ethos termina con 1a muerte y entonces empezamos a hacer definitivamente lo que hemos querido ser, bien en el triunfo o en la frustración.
Si el triunfo se ha logrado, el hombre considera su vida en plenitud, y si
hay frustración, siente la falta de lo ql!e no ha vividoJ de lo que ya no puede vivir; el hombre es el orfebre o el destructor de su propio destino.
El hombre proyecta, se propone, se esfuerza y afana en el tiempo; todo
en el ser humano es siempre proyecto, en el niño que quiere ser joven y en
el hombre que aspira a realizar sus ambiciones. Pero el hombre dispone de

186

un tiempo limitado para realizarse a sí mismo y formar su dualidad ética.
Cada hombre tiene su tiempo propio y su destino propio. El ethos es temporal. La historia no es un ciclo cerrado, un eterno retomo, como dicen los hindúes, sino una realización en su tiempo y sólo en su tiempo.
Los conceptos de oportunidad o de momentos propios son esenciales en
la vida moral. Cada hombre tiene su hora y su plenitud.
La perfección es cualitativamente distinta, no s6lo para cada persona, sino
para cada oportunidad y para cada tiempo.
Hay oportunidad para el niño, con los ojos abiertos a la realidad del mundo; sus células y tejidos, su metabolismo orgánico están siempre en combinación de crecimiento y su instinto primario lo lleva a la transformación o a la
superación constantes.
Hay oportunidad para el joven, con su entusiasmo y su anhelo. El joven
vive en proyecto o en ambici6n permanentes. El hombre que no aprovecha
la juventud, pierde la vida, ~o mismo que el que pierde el día, pierde la noche.
Hay oportunidad en el hombre maduro, tomando conciencia del sentido
de lo posible y de que en la vida es cuesti6n de paciencia.
Hay oportunidad en el viejo o aceptaci6n y fidelidad del pasado vivido. El
hombre sin pasado interesante y lleno de experiencias, tiene al término de
su vida una sensación de vacío.
En la tarea de la enseñanza no cuenta el niño supranormal, que suele
apagarse pronto, lo que interesa es el niño normal, que tiene el desarrollo
apropiado a las distintas edades de su vida.
En la vida moral, el carácter se forma a lo largo de actos y hábitos morales. Un hombre que surgiese con un hábito moral ya formado sería inconcebible, porque la fonnación del ethos es el resultado de la lucha, del esfuerzo, y a veces del dolor, a lo largo de la existencia.
El filósofo Séneca decía que nuestro tiempo es limitado y nuestras oportunidades, y en esto nos diferenciamos de los dioses.

Los actos morales y el psicoanálisis. Freud descubrió en el hombre que
había tres dimensiones en el orden moral. La primera es el super-ego, que
es el juez moral, ordenando y dirigiendo todos los actos humanos.
El superego no viene con nosotros en el nacimiento, sino que es una fuerza moral profunda a lo largo de las experiencias de nuestra vida. El superego es como una voz de la conciencia que nos manda siempre obrar con rectitud, y aunque alguien nos influya para actos desordenados, el superego se
resiste y sólo en casos de embriaguez o de ira, podemos perder la conciencia del superego y obrar actos desordenados. Pero después de haber realiza-

187

�do estos actos, nos vienen estados depresivos, que si se prolongan, pueden
frustrar nuestra vida personal y profesional.
Otras veces es otro superego que actúa sobre nuestro propio superego. Así,
por ejemplo, un padre riguroso que enseña a su hijo una moral rígida e inflexible. Entonces el hijo tiene necesidad de una catexis o descarga moral. Generalmente, el hijo para liberarse del superego del padre, tratará de
ser lo contrario de lo que le han enseñado y será como una necesidad moral para descargarse del peso que le agobia. Pero la presencia del padre estará siempre con él aunque su padre haya muerto y también los actos morales que haya realizado contrarios al padre y esa lucha le creará un estado
de angustia y de ansiedad. Pongamos un ejemplo. Un joven en estas condiciones en que el superego del padre pesa en su propio superego y que su
educación moral fue de una grave seriedad religiosa, odia el matrimonio de
la Iglesia, porque el padre siempre le impuso la autoridad de la Iglesia. Se
une en relaciones amorosas con una joven, pero detesta el •casamiento, porque le trae el recuerdo de su padre. Nace un hijo y le tiene una grao adoración, pero detesta a la madre, porque la madre representa la confirmación del padre, que quiere obligarle al casamiento religioso, y en el hijo ve
la continuidad de él mismo y que puede ser víctima de otro superego semejante. Su adoración del hijo, va unida a un sentimiento patético de protección.
Descubierto en este joven, por la catexis, la causa de su ansiedad y de su
angustia, le produjo un estado de desolación y tristeza.
El superego manda al ego la rectitud moral y el triunfo. El ego es la segunda dimensión, en la plena actualidad de la conciencia; es todo lo que
vivimos cada día y el ego es cambiante como son cambiantes nuestras vidas.
Pero los actos que seguimos por medio del ego, pasan después de la experiencia o de la actualidad de cada día a la subconsciencia, que es donde se
almacenan todas las ideas y las experiencias vitales que hemos vivido.
Si el ego no logra el triunfo y no alcanza la rectitud moral, empujado hacia los actos desordenados, entonces el ego está frustrado y puede caer en
depresiones morales, que pueden llevarle en algunos casos hasta el suicidio.
Si el ego está frustrado en todos los órdenes, bien sea amoroso o bien en negocios, personal y profesional, no encuentra solución a su futuro y cree que
no sirve para nada; es frecuente oír que se tiene mala suerte, cuando en
realidad la buena o la mala suerte la creamos nosotros mismos. Podrá ocurrir que una persona tenga más medios en sus circunstancias de poder triunfar que otra, aunque los medios favorables pueden ayudar, pero no son
bastante para dar el triunfo a un hombre. Los medios pueden ser desfavorables, pero el hombre, cualquier hombre, es la medida más alta de todos los

188

seres de la creación. El hombre, aunque sean sus medios desfavorables, puede tener el mismo triunfo que la otra persona de medios favorables y aun
superarla.
El genio del hombre no reconoce estados sociales y viene con el nacimiento o puede formarse con una gran voluntad de trabajo.
Todas estas experiencias del ego son cambiantes y pasan por estados de
entusiasmo y depresión, pasando después al subconsciente.
La historia de un hombre está escrita en su subconsciente. El ego puede
cambiar y pasar de un estado favorable a otro desfavorable, pero el superego es como la luz permanente de nuestra personalidad y de donde sacamos
todos los recursos morales para la dignidad y la grandeza del hombre. El
ego es la prueba diaria de cómo podemos aplicar los mandatos del superego.
El ego es como una pequeña esfera y el subconsciente es como una gran
esfera; el ego representa nuestra vida en cada momento y el subconsciente
es toda nuestra vida desde la infancia hasta que morimos.
El subconsciente manda al ego las motivaciones de la vida en su totalidad, de la misma manera que puede decirse que los pueblos sin historia no
tienen futuro. La subconsciencia es el pasado antiguo y la actualidad es revivir el pasado. Podríamos explicar lo mismo del proceso del pensamiento.
Las ideas surgen en el hombre por lo que ha experimentado en sí mismo y
lo que ha aprendido de las ideas ajenas o del fondo de ciencia y sabiduría
que nos ha legado la humanidad en miles de años de experiencia o de investigaciones.
Las ideas pueden surgir también en el pensamiento del hombre por reflexión propia, perfeccionando lo sabido con nuevas ideas originales. El pensamiento será más completo cuanto mayor sea su experiencia personal o el
medio culto en que se desenvuelva.
La subconsciencia es el tejido de una tela complicada que ha costado muchos años de elaborar.
El subconsciente, aunque está dormido, puede manifestarse en la conciencia por medio de diversos estímulos. Freud dice que nuestra vida moral está en gran parte condicionada a los actos reprimidos o no realizados y la
causa general que determina el estado de enfermedad mental en el hombre es la lybido o el motor sexual que mueve todos los actos en el hombre.
Para despertar esos sentimientos que se han quedado guardados en la subconsciencia, puede lograrse por medio de los sueños. En el estado de vigilia
estamos preocupados por multitud de atenciones diarias y no somos conscientes de nuestro mundo subconsciente; en el sueño todas esas vivencias

189

�despiertan y se nos presentan en forma de símbolos. Los símbolos son las
ventanas que hemos de abrir para explicar el sueño.
Citemos un ejemplo. Una señora de unos cuarenta años tuvo un sueño.
Como buena mujer tenía una necesidad afectiva. Soñó que un palomo llegaba junto a ella y se panía junto a su hombro; ella llevaba una mascada
que le cubría la cabeza y bacía un viento muy fuerte. El palomo quería quitarle la mascada con el pico, pero ella se resistía, porque el viento era muy
fuerte y la iba a despeinar. Como el palomo seguía con la misma terquedad,
ella se vio obligada a asirlo por las patas y golpearlo contra una piedra. Le
partió el cráneo y el palomo sangraba, manchfuidose sus plumas blancas.
Ella comprendió que se vio obligada a la violencia, pero al mismo tiempo estaba apenada por la muerte del palomo.
En este sueño se ven claramente los símbolos amorosos. La sangre es la
maternidad, la mascada es el pudor de la mujer que el palomo trata de burlar. Las plumas blancas son la virginidad de la mujer, manchadas de sangre.
La mujer mató al palomo, porque decia que los hombres eran vanidosos, creídos y jactanciosos y no podía admitir que un hombre se burlara de ella, pero
al darle muerte sintió compasión y estaba muy dolida de ver al palomo fenecido.
En esta mujer había un deseo afectivo, pero su experiencia le había hecho
desconfiar, incluso odiar a los hombres. Estos actos reprimidos a lo largo de
su juventud la llevaron a la violencia.
El subconsciente manda al ego las motivaciones de la vida en su totalidad.
El subconsciente es la experiencia pasada que con el ego cobra actualidad. El
sistema de Freud provocó una revoluci6n en el orden de las ideas e influyó
en la literatura, en la psicología y en las artes en general.
El descubrimiento más importante de Freud fue el subconsciente. Pata darnos una idea de cómo opera en nuestra personalidad el subconsciente, podemos
afirmar que con frecuencia somos invadidos por fuerzas interiores y exteriores.
El poder del pensamiento o de las ideas que ap1·endemos, de las gentes que
conocemos, del cine, de la televisión, todo contribuye a formar en nosotros
una superpersonalidad. Pero estas ideas o experiencias no siempre las hemos
asimilado bien y nos crean dudas o ansiedades. Este sentimiento de angus•
tia, de agobio, por lo que aprendemos diariamente, rápidamente, difícilmente nos podemos curar. Son las llainadas neurosis en que sufre el hombre
contemporáneo. Y pensamos como Freud que la solución está en el subconsciente, pero son pocas las personas que lo advierten dentro de ellas. El hombre es un vendido o un derrotado, pues hemos sido invadidos, como una
ciudad ha sido invadida por un ejército.
El hombre que excepcionalmente está dotado de una mente luminosa, co-

mo si Dios se la hubiese dado no a los d ,
o el duende que juega • . / d
emas hombres, goza del Poltergaist,
te 1 .
' s1gru 1can o que hay en el hombre un subconscienmilaununo~, que licon_ su mente puede alcanzar fenómenos físicos, llamados
. . gros. a exp cación de esta facultad, aplicable solam
.
tif1ca la presencia del Poltergaist, que es un rico subco:~:n: pocos, JUS·
Freud no explica con suficiencia.
e, pero que
Ser fi~l a los mandatos del ~uperego es lograr el triunfo del e o o de la
personalidad
Y ser
· , suprah umanag El triun
f d l
. un Poltergaist, en una dim ens1on
.º e a personalidad está en manos de cualquier hombre o de cu~ uie
Jet que sepa cumplir los mandatos del superego en el ego.
q r muCARLOS

FEDERICO JuNG. Los actos morales y el inconsciente.

Jung fue un discípulo de Freud que encontró otra expli . , d I h
bre aunq
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d
cac1on e oro'
ue aman o en cuenta algunos supuestos amorosos de Freud D'
1
ce que en el hombre
existe 1a h ue11a de una mujer que llama "ánima"
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buscando la realidad y la relación de lo masculino y de lo fe . .
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' que es e protagomsta de los
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a o un nuevo resplandor original a esta idea anJ ung se aparta de Freud pero part d 'l p
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espiritual no existe sin~ en f:::~ud~r:gen.: la m~osciencia del pasado; lo
psicología sin alma J &lt;1 1
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ª ~tenor. Freud construye una
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Y unº evanta una ps1colog1a con alma.
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mágico de algunos pueblos que viven todavía en una etapa in' . ; d concep~o
tura, como los indígenas australianos o los negros de Af. .
ic1a e su c El in
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bre que vemos en las ciud d
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a es, mane1and~ u:i automóvil, tiene el inconscienvo, aunque su apanencia sea de un ho b
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sus reacciones profundas tienen el mismo sentid d
. , m re Cl za o;
vía en la selva. Sus reacciones están ocultas oro e agres10~ que cuando viun temor de ser casti ado or 1 .
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as leyes, pero cuando se le presenta la
s1 n VIO enta, en que sus fuerzas de inh'b' . ,
ocahombre actúa con la ferocidad de las gen1.tes1c10n . n~ . pueden contenerse, este
prumt1vas.

'?

191
190

�En todo ser humano hay un inconsciente personal y colectivo, aunque de
ello no nos demos cuenta y que configura nuestras creaciones culturales o artísticas. El inconsciente personal nos viene de nuestros antepasados familiares. Hacer consciente el inconsciente es la obra de la cultura, que refina nuestros instintos, nuestros sentimientos y nuestra inteligencia, en lo que tienen de
rica experiencia del pasado, depurándolos por el saber consciente en actos
morales positivos y eliminando los negativos.
El inconsciente colectivo lo heredarnos con la estirpe o la cultura de nuestra
raza predominante o de los mestizajes que hayan formado nuestra personalidad. Y es que en el mundo todo tiende al mestizaje. La idea de una raza
pura es un fraude político, porque no hay razas puras y la calidad del hombre se da más en el mestizaje que en las pretendidas razas puras.
Lo que fueron nuestros antepasados colectivos, somos nosotros, aunque depurados por la cultura siempre creciente de la humanidad.
El alma tiene para Jung doble constitución: lo psíquico y lo espiritual. De
lo segundo no podemos conocerlo ni captar su esencia. De ahí las contradicciones para ponerse de acuerdo en lo que es el espíritu. Lo psíquico o el alma es real, con la misma evidencia que es nuestro cuerpo fisico. El alma es
como un soplo vital que anima nuestro cuerpo, da brillantez a nuestros ojos,
movimientos a nuestras ex1;remidades y anima en el hombre la función sublime de la inteligencia, de la inducción científica y de la generalidad filosófica.
En este conocimiento del alma se funda la Psicología y por el conocimiento
del alma podemos determinar los actos morales. Para determinar los actos
morales es necesario que conozcamos los actos del alma, en las diferentes experiencias de la vida o el encuentro con ideas que hemos aprendido de los
ethos en los otros o las ideas que hemos generado en nuestra propia mente.
El mejor medio de expresi6n del alma lo encontramos en los sueños. La
forma mejor de descubrir nuestras vivencias interiores es dejar dormido el
cuerpo; entonces se nos descubre el cuerpo de nuestra vida anímica y podemos encontrar las fuerzas de compensación que necesitamos para el equilibrio de nuestra personalidad.
Existe una técnica de los sueños que consiste en encontrar los símbolos pa-

ra explicar lo que vivimos o lo que deseamos vivir.
En Freud son los complejos luchas de fuerzas instintivas. Para Jung son
fuerzas morales en la naturaleza misma de la psiquis inconsciente.
Para Freud, el sueño es la realizaci6n de un deseo erótico. Para Jung es una
función moral compensadora. Siempre soñamos aquello que deseamos ser,
aquello que en el pasado no fuimos, constituyendo para nosotros una f rus-

°

El sueño es la representaCI·6n mn
· b , 1Jea
. del mconSCiente
.
.
No olvid
ca .en Jung el térm.mo
· in.consciente
·
.
·
emos mmy la función moral com ensad
.

I".'

~:ego de
instintos, '.orno en Freud, sino el complejo
que actúan en la vida psíquica.

~! 1:'::.,nom:
Ja,

bí:~::;;:

~::ci;::c~:~elC:;e~:: a su propia vida, q~e no ha0
•arse d , .
o como una tendencia de aleJ
e S1 mISIDo, y cuando más se ale. ab
que la solución estaba en las fuerzas mor!t a,d menos se ~con traba, puesto
..
es e compensación.
Conciliar ~¡ yo y .el ello es buscar la compensación. El yo es la erso
:e el mcoruoente colectivo. El hombre cuando nace tiene
::.
.
grupo~ que en el curso del tiempo logra emanciparse de esta
talidad, en un proceso personal de indivi"d uacion~
. , para adquirir una menta
menfdad
: de :::::!:aL: ~entalidad del grupo es inconsciente colectivo de su
' e a que nunca puede desprenderse en su totalidad ni d
~ar:eespreotle=, ~ . el proceso de indwiduaci6n le hace "" más pe:.Ona1 euna categona diferente con los otros miembros del gru
b., y
pertenecen al mismo inconsciente colectivo.
po, que tam ien

~

~'!~

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~~

::::~des :euróticas ~ psicopáticas son siempre una discor-

Jvir

do o ha deseado
ista i~;alidad}r~f~da, que es lo que ha vivicia del .
.
.. . .
e conc1 ac10n como fruto de la concienmconsaente mfm1to del alma,
el tema central de la teoría de

Jun:.

es

Las signifi
neurosis d y dpsicosis
, actúan siempre simb6licamente Y hay que conoprimitivo. EIC:o:b~ :~~ acu~ei:1do a la intuición mágica del hombre
dades de la intuición y el ho::tá ci~g~ .en g~eral para conocer las realinaturaleza y sabe
e pmrubvo nene los ojos abiertos ante la
poco, pero lo que sabe es verdadero
Todos Jos pueblos han tenido re resentacione . , ·.
glíficos egipcios el alfabeto f . . p 1
s srmbóhcas, desde los jero'
emcio, e arte de los indíg
·
metáfora en el lenguaje del hombre civiliz d
en_as m~~os o la
las que
a 0 · O en las ideas plasbcas con
expresamos
nuestro
pensamiento
o
la expres·.
No
.
.
ion de nuestra alma.
hay expresión de las ideas si no hay expresión simbóli
L 'd
no puede ser expresada. Por eso afinn
.
, . ca. a l ea pura
nable en su
. I
a Jung que el espnntu no es determiesencia. gual sucede con la mate • ti
bolismos de números de cantidad
d 1 ma ca, que se expresa en siro'
es, e etras o de otros si
. .
nales.
La
matemática
pura
al
d
.
d
.
gnos
convenciod
,
ecrr e sus grandes mvestig d
en saber si están pisando la realidad o si están d r d a ores, no pueci6n.
e iran
en la especulacer el

°

Jung busca también un simbolismo' con eI que pueda interpretar los sue-

tración.

192

193
H19

�ños y establecer la conciliación · entre el yo personal y la personalidad profunda.
Exísten dos tipos de personas, las que tienen conciencia a través de las
emociones y las que tienen conciencia por contemplación interior. Las primeras son extravertidas y las segundas intravertidas. Las emotivas se manifiestan con espontaneidad y con sincera actitud ante la vida; las intraver-

•

tidas lo hacen con premeditación, cálculo y reserva.
En los dos tipos existen cuatro tipos psíquicos, en los que dominan el pensamiento, el sentimiento, la intuición o la sensación.
Las intravertidas manejan el pensamiento y la intuición y las extravertidas
manejan el sentimiento y la sensación.
Como una compensación, el hombre serio busca formas de humor; es como el rocío fresco sobre las plantas secas por la acción solar. Si la planta no
recibiese el rocio o la lluvia, acabaría por secarse. Y en el hombre que solamente es serio, acaba por secársele el alma y suelen ser personas hurañas,
malhumoradas y gritonas, que nadie puede soportar. Desconfiemos de las
personas que nunca ríen. Por eso el humor es saludable y es una forma de
compensación moral para el hombre triste, porque la tristeza es siempre una
enfermedad mental, revelando que algo incompleto se ha producido en esa
persona y hay que llevarlo con formas de humor por compensación. Los humoristas de genio hacen mucho bien a los pueblos.
Pero hay hombres que hacen reír a los demás y ellos tienen una gran tristeza. En la ciudad de Nápoles actuaba el cómico CarlinL Durante días y noches el teatro estaba lleno y las multitudes reían a carcajadas. Un doctor de
Nápoles recibió la visita de un enfermo, el que le dijo que queria curarse de
una melancolia invencible. Examinado el caso, el doctor le aconsejó que fuese a ver a Carlini; pero el enfermo contestó: Carlini roy yo.
En las dos teorías, la de Freud y la de Jung, existen estas dos diferencias.
En Freud es una teoría clínica, tratando de curar enfermos de la mente por
reacciones físicas, y en Jung es educativa y moral El hombre incompleto en
el orden moral, hay que hacerlo equilibrado y completo.
Otro de los grandes temas de Jung son los complejos de inferioridad y de
superioridad. Hay pueblos que tienen complejos de inferioridad lo mismo que
los individuos y otros pueblos tienen complejos de superioridad.
El compléjo de inferioridad es una visión equivocada de sí mismo y del
mundo. Unas veces el complejo de inferioridad está basado en hechos reales
temporales, pero que se pueden superar; todos los individuos y todas las razas, teniendo una constitución normal, son iguales unos a otros. Lo que cambia es el mayor o menor progreso intelectual, por las oportunidades que ha-

El p~eblo alemán tiene complejo de inferioridad y le ha hecho b
c?m~leJO de superiorida~ dando un nivel elevado de progreso c i ~
tecruco. El ho~bre que tJ.ene complejo de inferioridad y aspira a superarlo,
puede convertirlo en complejo de superioridad.

w;

La felicidad por el bien. Aristóteles distinguía dos clases de bienes lo q
d
' s ue
can por causa e otros y los que se buscan por causa de sí mismos. Todos l_os ~ombres de~n hacer el bien para otros, porque el bien ajeno es su
p~opio bien. Los dmgentes políticos de las naciones pueden hacer un gran
bien ª la c_omun_idad de hombres y en esto debe consistir la función de gobemar. El mvesbgador de la ciencia pone el progreso científico al seivicio de
todos los hombres.
Pero cualquier
cal
.
. hombre puede realizar el b'ien en mayor 0
en menor_ es . a, porque sin el bien realizado en otros, no es posible la sociedad. La finali~d del hombre es la realización de actos morales que llevan bienes
realizar también el bien d esiIDJsmoy
'
·
c atlos
, demas.d El hombre debe
.
uan ~s ~ es sean los bienes recibidos, tantos más bienes puede dar a
~os demas. ~1 el hombre no da los bienes reobidos a otros, es como una
uen te que bene tapada su fluencia con piedras y lodo y el agua sin fluir
corrompe.
se
La moi:" es _una apropiación tanto de virtudes como de vicios. El bien no
es ':°n;b1b~e sm la existencia del mal, porque el mal que se realiza es otra
raz~n el bien, y muchas veces la realización del mal reporta bienes p drí
aph~arse aquel pensamiento de Goethe en su obra Fausto, haciendo. de:ir :
Mefist6feles o el nombre simbólico del demonio estas palab . ''Y .
1
. d b
.
'
ras.
o soy e
que quenen o o rar el mal, obra siempre necesariamente el b' "
El hombre ~ue sólo es bueno, no es del todo bueno, porqu:: ·existencia
del mal le obliga a buscar el bien, de la misma manera que entre dos caminos, uno obscuro y otro luminoso, elegimos el luminoso y desechamos el obscu~. El ho~bre que es sabio, nada tiene que aprender, pero el hombre no es
s:i-bio Y ~sprra a serlo; es el principio del descontento o de la rebeldía, anSiando siempre una mayor perfección.
. Si el hombre es bueno o malo solamente, no es ru· b ueno ru. ma1o Somos
Slem-~re algo en oposi:!ón a otro algo que no somos, y en la ciencia t~a afirmacion es una negaoon. No puede establecerse ninguna ley sin la existencia
de otra ley con la que podamos compararla, bien para hacerla más firme opara ~egarla. ~ todos los casos el hombre debe proponerse siempre la realizaCJon del bien, como un camino ascendente de perfección.
La moral es una apropiación, tanto de virtudes como de vicios porque
cuando
. .nacemos nuestra alma es como un papel en blanco donde na'a a se ha
escnto y nos vamos apropiando, por la libertad d e pensamiento,
.
.
las VlI'tudes
o
se bus

°

yan tenido en su desarrollo histórico.

195
194

�d 1 contenido que hemos querido
los vicios, es decir, nuestra vida se llena e
darle.
1 al lo hacen en raz6n del bien, porque lo
Los h0 mbres que apetecen e m , .ó d l mal es porque creemos que
1
estiman bueno. Muchas ve~es ~a e e~e:ue:tra que estuvimos equivocados,
elegimos el bien y la expenenc1a nos
. . . d el dolor de nuestro error.
con frecuencia smt1en o
.
.
fruto doloroso de la experiencia
A nadie se le regala el bien, sino que es
l b" en Para que se diera
del mal que nos hace comprender entonces e i ..
, ,
.
ue antes se diera el maniqueo.
San Agustin, fue necesario q .
en la realidad sea el mal, sin
La intención interna es el bien, aunque
i
t
tero" endo la segun·dad de
q ue nos lo hayamos propuei;to. .
f li 'd d en esto o en to o ro,
Podemos paner e c1 ~ "d d
b
entonces la intención fue buena y
" d . s la felio a en o ra,
que si pro ucuno
cuan.do deliberadamente se hace daños a otro
el acto bueno. Otro caso es
. 1 1 En este caso la intención era
.
.,
ersa de producir e roa •
d y hay mtenoon perv
odi
1 mal acaba por hacerse ano
l
malo El que se pr ga en e
aliza
mala y _e acto es
1 · f" lidad profunda del hombre es siempre re
r
a sí mismo, parque a ma

el bien.
·
patencia toda la fe.
la felicidad y en nosotros existe en
. .
T od o aspira
a
b
· pre felicitante.
. "d d h
. la estructura del bom re es siem
lic1 a
umana'
.
fe!" .d d
si no lo consigue, es porque
El hombre proyecta siempre su _1c1 a , y
.
al
. leados han s1do malos.
los medios mor es _emp
l b
de la felicidad. Si tomamos la
Hay dos errores importantes ~ a usca una suerte o como un destino.
felicidad como una fortuna extdenor, co:e subjetivo o un sentimiento psiy si la tomamos como un esta o puram
16 ·00 de la felicidad.
•
co gi
ha
di en su libro Parerga 'Y Paraltpomena
El filósofo Arturo Schopen ~er ce
ectos. lo que aparenta ante
que al hombre se le puede considerar en tres aspes y .lo que es en realidad.
más 1
los demás se representan que
d
los de
' o que
l
al hombre una pennanente y ver aEste último aspecto es lo que e tra~
ha aspirado a ser y lo ha readera felicidad, porque lo ~ue es, es otaliq~de d Puede aparentar que es rico,
li d
desuno en su to
a .
lizado, cump en o ~
- p de creer que es inteligente, y si no
.
b
él IDISffiO se engana. ue
d
y s1 es Po re,
L demás se está comportan o como
lo es, aunque aparente o engane a os
m'enor medida inspira siempre
b" 1 que es en mayor o
'
un necio. En cam 10, o , t a arece como prudente o sabio, porque la
el respeto de los demás y es e p
did sino en saber poco o mucho,
sabiduría no consiste en saber mucho apren o,
.
. . al
pero propio y ongm .
d f licidades de Aristóteles tienen dos
tido de la Etica estas os e
d 1 d"
1
En e sen
'
f li 'd d en la acumulación e mero
errores, porque si buscamos nuestra e c1 a

o de otros intereses materiales, corremos peligro de perderlos y perder nues-tra felicidad. El dinero o las cosas materiales se tienen o se pierden, en el
capricho cambiante de la sociedad o de la fortuna. En el segundo error o
en un estado puramente subjetivo, sin relación con los otros o con la sociedad, corremos peligro de que nuestro estado psicológjco cambie por hechos
mentales o hechos materiales que no habíamos sospechado.
Solamente podemos encontrar la felicidad, buscándola por causa de otros,
lo mismo que por nuestra propia causa, porque el hombre nacido no es para
la soledad, sino para la comunidad asociativa. Podríamos preguntamos:
¿cuál es entonces la vía o camino para alcanzar la felicidad?
Aristóteles a.segura que la vida entera es como una pirámide de medios
y de fines. En la base de la pirámide coloca los bienes que no se buscan
para sí mismo, sino siempre para otros; en lo alto de la pirámide coloca la
vistaJ la inteligencia, el gozo, el honor que se ha buscado para sí mismo
o el supremo bien. Coloca los bienes par causa de otros en la base, porque
son mayores los bienes en cantidad por causa de otros, y coloca los bienes
por causa de sí mismo en la altura de la pirámide, porque los bienes son
de mayor calidad para sí mismo.
Este bien supremo es perfecto, porque siempre se busca para sí mismo y
nunca para otro; los otros deben buscar también la perfección en calidad
para lograr los bienes supremos. Nadie puede llevar la felicidad a otro,
porque cada hombre debe buscar su propia felicidad, de la misma manera
que no podemos pensar con la cabeza de otro, sino con nuestra propia cabeza, ni caminar con los pies o las piernas de otro, porque el mayor mérito
consiste en que cada hombre se baste a si mismo y busque su propia perfecci6n. En esta realización individual de los actos morales radica la felicidad.
Esta concepci6n de fines y medios reposa en propósitos discursivos y de
conciencia de la voluntad y expresa eia felicidad de carácter único o esa
inclinaci6n que es constitutiva de cada hombre para encontrar el bien y
desterrar el mal.
La felicidad consiste en la propia felicidad individual, porque nadie puede
ser feliz por otro.
La felicidad no puede ser exterior al hombre por dos razones: a) porque
no se daría esa apropiación íntima y necesaria a la que aspira nuestra naturaleza espiritual; b) porque el bien perfecto debe ser autosuficiente o no
necesitar de nada ni de nadie.
El último fin del hombre consiste en una energía y esta energía se entiende
como teoría y como práctica, como propósito y como acto. Arist6te1es le
llama praxis a la teoría convertida en ejercicio o en práctica, porque práctica

197

196

�es lo que se hace o se practica y el fin supremo de la felicidad será Eu-praxis,
que literalmente significa el excelente cumplimiento de la práctica.
La palabra felicidad en el sentido religioso hace pensar en algo beatifico,
pero esto es ajeno a la vida terrena y no todos los hombres buscan esa felicidad. La felicidad en el orden terreno es el cumplimiento de los fines
por causa de sí y por causa de otros.
El suicida no puede buscar la felicidad en el suicidio, porque eso constituye un acto inmoral. Ya dijimos que cuando el hombre nace está desnudo de mente y de cuerpo físico; todo lo logrado es el fruto de una experiencia moral en la realización del bien y las oportunidades de su vida
pueden ser incontables. Al cometer el suicidio él mismo se ha frustrado,
parque una situación desesperada puede traerle otra situación esperanzada.
El suicidio es la muerte de las oportunidades y el hombre como posibilidad
ha terminado. El suicidio es el asesinato de toda posible felicidad y la frustración definitiva de toda una vida y el cese de la proyección de un destino.
Hay qu distinguir claramente la beatitud de la felicidad; la beatitud trasciende el orbe moral del hombre y se ocupa de la felicidad como algo asequible a determinados hombres. La felicidad es siempre estar en situación,
pero toda situación es pasajera, cambiante; el hombre debe entrar en una
situación con el ánimo dispuesto de entrar y de salir a otra situación. E.s
salir de una situación para entrar en otra del mejor modo posible, o buscando la perfección en cada situación. Si la situación es des!!raciada y si
las salidas están cerradas, incluyendo las salidas religiosas, porque no se
tiene fe, el hombre puede ejercitar un acto, en sí malo, que sería el suicidio, pero sería el mejor bien posible, dentro de su desesperada situación; lo
sería para él, pero no lo sería para la moral, porque su muerte no le permitía ejercitar los actos morales. En la muerte cree encontrar el suicida

equivocadamente una salida a su desesperanza.
En la felicidad todos lo hombres buscan el mayor bien y el menor mal,

pero la felicidad es una posibilidad de apropiación de lo mejor. Nos apropiamos o hacemos propios aquellos bienes que antes no nos pertenecían y
que han entrado a formar parte de nuestro ser felicitante.

198

Sección Segunda

LETRAS

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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